NOTAS DEL AUTOR: ¡Guten Tag, Kameraden! ¡Tarmo Flake is hier!
La gran prueba para determinar si Monster Ops: Extermination es un éxito o fracaso sigue su curso y nuestras heroínas lo están sintiendo, tanto en la mente como en el cuerpo. Y espero ustedes también, si es que mis niñas hacen bien su trabajo y logran hacerlas preocuparse por las pobrecitas. Eso no significa que vaya a tener piedad. Pero demasiada palabrería de mi parte, empecemos con las aventuras del trío más infortunado en este plano existencial. ¡Disfruten!
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena es a prueba de balas, armas nucleares y mosquitos!
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 42
– "¿Mamá?"
– "¿Qué sucede, hija?"
– "¿Eres una heroína?"
– "No lo sé. ¿Tú qué piensas?"
0~0~0~0~0
No tengo idea.
Así de simple, no me explico cómo demonios seguimos vivas en este desquiciado entrenamiento. Si recuerdo bien y el vértigo no me ha afectado las neuronas, después de finalizar exitosamente la primera fase de nuestra prueba final, la teniente Zombina y el trío que conformamos el escuadrón MOE aseguramos una camilla médica y colocamos al 'rehén' rescatado en dicha misión a esta. Todo iba relativamente bien, a pesar de que la muerta viviente nos enseñara una importante lección sobre retención de enemigos, marcándonos con una pequeña pero significativa mancha de pintura amarilla y otra sobre el conservar tanto munición como la calma en el fragor del combate. Incluso fue tan increíblemente amable para obsequiarme una fantástica pistola de la famosa compañía Heckler & Koch. En términos sencillos, mejor resultado no pudimos haber esperado de un grupo de novatas arrojadas al calor de la batalla de manera tan inusitada. Al menos, hasta que la condenada camilla, a poco más de siete metros en el aire, se desplomara como un meteorito hacia el suelo, con todo y rehén. Que dicha víctima de tan cruel jugarreta de la fuerza de gravedad fuera la desquiciada Titania Jättelund solo hacía la situación más exasperante.
– "¿Ella sigue viva, Leutnant?" – Pregunté a la pelirroja.
– "Por desgracia." – Bromeó la zombi, checando el pulso de la jötunn, sosteniendo su muñeca. – "Sólo está inconsciente. Estará bien."
– "Lamentamos mucho tan inexcusable error, Teniente." – Se disculpó Dyne con una marcada reverencia.
– "Ya les dije que fue la grúa del helicóptero la que falló, no es culpa suya. Las tres hicieron correctamente el trabajo." – Reiteró la heterocromática. – "Descuiden, no las descalificaremos por esto. Y no se preocupen por que esta enana vilipendie contra ustedes, que yo abogaré por su inocencia."
– "Se lo agradecemos, Lieutenant." – Cetania inclinó la cabeza. – "Espero nuestro próximo rescate resulte sin incidentes similares."
– "Yo también. Relájense, niñas; Para cuando ustedes acaben la segunda fase, si es que lo logran, ya tendremos todo reparado." – Aseguró la chica de afilados dientes. – "Sin embargo, me aseguraré de incluir paracaídas, por si las moscas."
– "Je, bien pensado, Zoe." – Reí ligeramente. – "Aunque, sinceramente, no me siento tan mal por el infortunado percance de nuestra querida instructora."
– "Ah, te entiendo, alemancita, esta liliputiense es una auténtica fastidiosa." – La revivida también se carcajeó. – "Pero bueno, creo que ya es momento de que regrese y me asegure que esta revoltosa de pelos rosados no se convierta en la primera baja real de Kibō."
– "Por cierto, jefa." – Habló la rapaz. – "¿Por qué estos edificios se hallan tan bien construidos y detallados, si se supone que son para adiestramiento?"
– "Pues, porque aunque no lo creas, pajarita, este lugar no es únicamente usado por la JGSDF sino también por los cineastas de todo el mundo." – Colocó una mano en la cadera y apuntó hacia los inmuebles adjuntos. – "¿Ven esa casita de ahí? Fue donde Erin Tarantino grabó parte de Dragones de Reserva. En esa tienda se llevó el tiroteo para Duro de Maullar, con Rin Willis. Y en esa rústica al estilo occidental de la izquierda rodaron la biografía de James Bullock. Y todos pagan bien, por eso las mantienen bien cuidadas."
– "That's awesome." – Asintió la arpía. – "¿Crees que nos hagan alguna película a nosotras un día de estos, Bina?"
– "Con suerte les rendirán tributo con una parodia porno. Recen para que al menos elijan actrices similares a ustedes y sea en 3-D." – Bromeó la pelirroja, revelando una goma de mascar de su bolsillo y encaminándose al Blackhawk que descendía lentamente. – "En fin, suficiente de tan refinada discusión sobre el séptimo arte. Ya es hora de retirarme. Suerte, tomates, la necesitarán."
– "Auf Wiedersehen, Leutnant." – Agité la mano. – "Gracias de nuevo por la pistola, honraré el derecho a usarla."
Zoe nos ofreció dos pulgares arriba, o más bien uno solo, ya que le faltaba una mano y abordó el helicóptero, el cual había aterrizado, y empujando a la gnómida con ella. Antes de que el pájaro metálico se alejara y nos dejara por nuestra cuenta, la mujer con heterocromía nos ofreció un último consejo.
– "Un poco de sabiduría extraoficial, equipo: Las apariencias engañan, no lo olviden."
Con un rápido guiño, el transporte militar volvió a surcar los cielos, creando otro torbellino de aire con sus gigantescas aspas y levantando polvo por todo el lugar. Me alegro de usar el cabello corto, mis compañeras lucen graciosas de lo despeinadas que quedan cuando eso pasa. Eso sí, que el vestido se me levante y se me noten los calzones no es divertido. Ya con el vehículo volador alejándose de nuestra vista en el nublado cielo, anunciando una próxima lluvia, el equipo entero suspiró al recordar que esto apenas comenzaba. El final del principio, como recitaría el célebre Winston Churchill respecto a la segunda batalla de El Alamein. Y al igual que los británicos después de derrotar al imparable Rommel y su Panzerarmee del Afrika Korps, el futuro no parecía tan oscuro luego de nuestra victoria inicial. Sólo espero los papeles no se intercambien de nuevo y suframos nuestro propio Market Garden después de esto. Nuestra sargento tomó la palabra.
– "Revisión de equipo." – Ordenó Nikos. Obedecimos sin dilación. – "Aria, ¿Cuánta munición extra cargas contigo?"
– "Cuatro cintas de doscientos cincuenta proyectiles para la Ameli y ocho cargadores para Hummel, más tres en mi cintura. Zoe me dio cuatro para la P30L." – Contesté, reabasteciendo mi ametralladora. – "Tengo cuarenta cartuchos para tu Mossberg y cinco recambios para tu MP5. También traje siete cargadores para tu USP, Cetania."
– "Te lo agradezco, Blondie." – Sonrió la castaña, revisando su pistola. – "Espera, ¿Bina te dio balas de pintura?"
– "Correcto. Supongo que también es válido si atacamos al adversario con su propia munición, así que podríamos usar sus armas en caso que la nuestra se agote."
– "Excelente." – Dijo la mantis, alistando la escopeta. – "Con tu horrible puntería, necesitaremos cada proyectil disponible."
– "Tú no eres precisamente Lyudmila Pavlichenko, señorita 'Le atino a todo excepto al enemigo'." – Retruqué. – "Desperdiciaste demasiados perdigones en esas pobres botellitas. ¿Estabas en una cruzada contra el alcohol o algo así?"
– "¡Era fuego de supresión, araña idiota!"
– "¡¿Disculpa?!" – Señalé mi arma. – "¡¿Quién es la que tiene el papel de apoyo y la ametralladora aquí?!"
– "¡Seguramente tu jodida madre, porque te gastaste sus balas en una pared y ni siquiera volviste a cargarla!"
– "¡Oh, perdóneme, Sargento!" – Espeté. – "¡Solo trataba de evitar que el oponente le pintara de amarillo el culo mientras usted se cubría como una maldita tortuga detrás de su escudito!"
– "¡No tendría que hacerlo si tú le hubieras atinado desde un principio, Nazi de mierda!"
– "¡No me culpes por tus errores, grillo asqueroso!"
– "¡Puta lesbiana!"
– "¡Sociópata virginal!"
– "¡Por las plumas de Palakwayo, ya cálmense de una buena vez!" – Intervino la falconiforme, interponiéndose entre nosotras. – "¡Parecen niñas peleando!
– "¡Ella empezó!" – La pelinegra y yo nos apuntamos al mismo tiempo.
Una increíble sensación de déjà-vu se apoderó de mí.
– "Un momento, pajarraca." – Acoté. – "¿No te comportaste de la misma manera con Lala cuando visitamos la feria?"
– "¡Sí! ¡Y por lo que veo, no aprendiste nada!"
– "¡Tú misma eres testigo de lo insoportable que es este insecto!"
– "¡Insecto la que te parió, saco de estiércol!" – Vociferó la helénica.
– "¡Al menos a mí me parieron!" – Repliqué mordazmente. – "¡A ti seguramente te mearon!"
¡Bang!
Un repentino disparo en nuestra dirección nos hizo pegar el pecho a tierra de inmediato. El corazón nos dio un salto y la respiración se aceleró después de varios segundos de haberse paralizado al ver el proyectil impactar el vidrio de las ventanas y dejar residuos color azul en los restos de cristal roto que cayeron al suelo. Ninguna de las tres tenía idea de dónde o quién, pero nos apresuramos a encontrar refugio detrás de la pared más cercana. Ya que la casa que habíamos limpiado se hallaba detrás de nosotras, había al menos tres ángulos diferentes donde el enemigo podría estar. Intenté regresar adentro del inmueble, pero otro disparo pasó demasiado cerca de mí, quebrando otro pedazo del cristal y tuve que volver hasta un enorme contenedor de basura para resguardarme. La halcón, a varios metros alejada, mantenía el perfil bajo detrás de una barda baja, con la griega a su lado.
– "¡Maldita sea! ¡Un jodido francotirador!" – Se quejó la nativa de Mitilene, sosteniendo su subfusil. – "¡¿Acaso es Manako?!"
– "¡Lo dudo, de lo contrario ya estaríamos descalificadas!" – Contesté con la Ameli preparada. – "¡De todas maneras, necesitamos ubicar en dónde se esconde el desgraciado!"
– "No hay necesidad de gritar, tenemos la radio." – Nos señaló la arpía, usando el comunicador. – "Lo buscaré por aire. Podría caerle encima y electrocutarlo."
– "No creo que esté sólo." – Opiné. – "El edificio de nueve pisos está en dirección frente a nosotras. Debe estar rodeado de sus aliados."
– "En todo caso, necesitamos que la rapaz haga un vuelo de reconocimiento. Vamos, Cetania." – Indicó la empusa. – "Informa de inmediato todo lo que encuentres. Y trata de aplacar a ese miserable, ¿de acuerdo?"
– "Roger that, Sarge." – Confirmó la aludida. – "Necesito un segundo para elevarme. El viento no está a nuestro favor, así que las granadas de humo se descartan. ¿Quién lo distrae?"
– "Yo." – Me ofrecí. – "Soy bastante rápida."
– "Denegado, araña, eres demasiado grande. Déjamelo a mí." – Contestó Nikos. – "No tardes, arpía."
– "¡Yes, ma'am!" – Respondió la mencionada. – "Después de usted."
Dyne se incorporó y corrió fugazmente desde su posición hasta la mía, evitando una bala que impactó al suelo, permitiendo a la castaña alzar vuelo y revelando la dirección en donde nuestro tirador había hecho su nido. Excelente trabajo de su parte.
– "Está en el oeste, emplumada." – Indicó la sargento por radio. – "Avísame cuando lo ubiques."
– "¡Roger!"
Un disparo se escuchó y otro proyectil voló cerca de la americana, pero su velocidad en el aire dificultaba que el oponente acertara.
– "Deberíamos seguir moviéndonos." – Sugerí, buscando al retador en el horizonte. – "Nunca hay que quedarse inerte por mucho tiempo en la mira del enemigo, especialmente si ellos pueden rodearnos."
– "Ahórrate tus consejos de guerra cuando seas mi superior, Jaëgersturm." – Refutó la mantis, observando también. – "¿Has combatido alguna vez a un francotirador?"
– "No, pero he estado en una batalla real. ¿Olvidaste los atentados?"
– "Eso fue diferente. Luchaste contra dementes armados, no soldados entrenados."
– "También yo, por años, en la academia militar de Weidmann. Y nosotras lo hicimos justo ahora, en esta misma casa."
– "¿Quieres salir y hacer que fracasemos por tu culpa?" – Me miró con seriedad. – "Adelante, pero entonces te volaré las ocho patas con tu propia ametralladora."
– "Nos enfrentamos a un verdadero novato. Ningún profesional caería con un técnica tan simple como ser distraído y atacaría a un objetivo volador con un arma de tan baja cadencia de disparo."
– "¿Crees tener la victoria en tus manos?"
– "No, algo más certero: Una oportunidad." – Le afirmé, escuchando otro ataque del enemigo – "Sígueme."
– "¡Jaëgersturm, vuelve!"
Sin escucharla, me aventuré a dejar la seguridad que mi contenedor plástico de desechos proveía para correr hasta la siguiente construcción. No sólo resulté ilesa, sino que quedé completamente fuera de su ángulo de visión. Una molesta pelinegra me siguió detrás, reprendiéndome por negarme a seguir sus órdenes. Ignorando sus imprecaciones posteriores, abandoné mi lugar para continuar avanzando y obtener una línea de tiro más favorable. Mi plan estaba resultando bien, puesto que los disparos en mi dirección cesaron, como esperaba.
Demasiado bien.
– "¡Fuck, fuck, fuck!" – Exclamó entonces la nativa de Montana. – "¡Están por todos lados! ¡Casi me dan!"
– "¡Cetania, cálmate!" – Decretó la líder, alcanzándome. – "¡¿Qué demonios sucede?!"
– "¡Era una trampa! ¡Todos están concentrados en la zona adyacente al edificio alto!"
– "¡¿Dónde está el francotirador?!" – Inquirí. – "¡¿Puedes ubicarlo?!"
– "¡Ametralladora!" – Replicó ella.
– "¡¿Qué?!"
– "¡No es un francotirador! ¡Es una ametralladora! ¡Y montada en una especie de plataforma!" – Hubo una pausa, sonidos de disparos y otro grito. – "¡Holy shit! ¡Esa estuvo cerca! ¡No puedo continuar en el aire sin arriesgarme, voy a regresar!"
– "¡¿Puedes desactivar el arma?!" – Preguntó Nikos.
– "¡Negativo! ¡Ay, hijo de perra! ¡Los desgraciados me tienen ubicada! ¡Voy de vuelta!"
– "¡No los traigas hacia aquí, arpía!"
– "¡¿Acaso quiere me maten?! ¡Además, no parecen querer moverse de sus ubicaciones! ¡Crap, that was even more closer!"
– "Mierda… ¡Bien, date prisa!"
– "¡Ten cuidado, Cetania!" – Advertí a mi amiga.
Solté el botón del comunicador y me recargué en la pared, mascullando nuestra mala suerte.
– "Una jodida torreta, ¿puedes creerlo?" – Coloqué mi mano en la frente y miré al cielo. – "Sabía que había sido demasiado fácil. Fuimos directo a una trampa."
– "Sí, y seguramente esa pajarraca traerá la trampa hacia nosotras."
– "Descuida, no lo harán." – Aseguré, revisando mis pistolas. – "Esos tipos no se moverán de sus lugares."
– "¿Cómo puedes estar tan segura?"
– "Son guardias. Tienen una buena posición, techo y abastecimiento, el lugar ideal para la defensa. No sacrificarán sus posiciones, ni siquiera con una patrulla expedicionaria buscándonos dentro de las casas. Al menos, no por ahora."
– "¿Ahora eres experta en las tácticas del adversario, araña pretenciosa?"
– "¿Qué? No, idiota." – Guardé mis armas. – "Sólo me apego a lo que aprendí en la maldita academia. Eras subteniente, ¿cierto?; Debiste instruirte con cosas similares en la Guardia Costera."
– "¿Y acaso crees que los criminales seguirán las mismas reglas?"
– "Pero no estamos combatiendo delincuentes, sino soldados entrenados. ¿O ya lo olvidaste?" – Repliqué de manera condescendiente e inclinando la cabeza. – "El enemigo está enfrente de ti, no en tu cabeza."
– "Me sorprende lo osada que eres para afirmar conocer el comportamiento del adversario, arachne." – Disintió con la cabeza.
– "Siguen siendo tropas de la JGSDF, y estas obedecen un código de honor. Usemos ese conocimiento a nuestro favor."
– "Estás loca."
A pesar de que el cielo se nublaba más a cada minuto, ocultando al sol, una clara sombra apareció sobre nosotras. Esquivando un aluvión de proyectiles, la castaña aterrizó y se sentó junto a mí, sudada y con la respiración agitada.
– "Edificios a ciento cincuenta metros de aquí. Aproximadamente treinta hombres, tal vez más. Rifles de asalto y subfusiles, ningún francotirador o ametralladora. La mayoría se concentra en ambos inmuebles que corren paralelo en línea recta tanto izquierda como derecha. La torreta dejó de funcionar, parece que sólo deseaba atraernos hacia ellos. Calle principal despejada para la emboscada. Ninguno abandona su puesto." – Soltó toda la información necesaria. – "Aparte de eso, estoy bien."
– "Buen trabajo, Cetania." – Le ofrecí que bebiera de mi cantimplora. – "¿Alguna de las chicas se hallaba ahí? ¿Quizás Titania buscando venganza?"
– "Gracias, flaquita." – Bebió un enorme trago. – "Ah, negativo; Únicamente esbirros comunes. Tienen mejor puntería que los primeros, de milagro evité quedar marcada."
– "¿Alguna otra manera de llegar hasta la Torre del Homenaje?" – Cuestionó la helénica, refiriendo a la construcción de nueve pisos, nuestro objetivo. – "No me digas que el único camino es precisamente en medio de la emboscada."
– "Lo siento, Dyne, hoy no es tu día de suerte." – Suspiró la estadounidense. – "Las paredes que acordonan la zona están como a cincuenta metros de distancia del refugio más cercano. No necesito decir que esos sectores están más que bien vigilados."
– "Nos acribillarían apenas saliéramos de aquí." – Bufó la sargento.
– "Tantas jodidas trabas. Juro que estos bastardos desean que fracasemos." – Tallé mi sien. – "Y henos aquí, atrapadas como ratas en una trinchera. Mierda."
– "Carajo…" – La griega tomó una piedrita y la arrojó lo lejos. – "Necesitamos atravesar esa galería de tiro, ¡necesitamos atravesarla cómo sea!"
– "Quisiera poder transportarlas volando hasta la cima de la Torre, pero de igual manera el techo está bien resguardado. Al menos no pueden apuntar hacia muy abajo desde ahí." – Admitió la falconiforme. – "Si tan sólo tuviéramos alguna especie de tanque o algo así…"
Las sagradas llamas del Olimpo se encendieron en mi cabeza.
– "Dyne, dame tu escudo." – Le ordené a la mantis, estirando mi mano en su dirección y sin dejar de ver la casa frente a nosotras.
– "¿Qué? ¿Para qué?"
– "Sólo préstamelo, ¿quieres?"
– "Planeas alguna estupidez, ¿cierto?"
– "Quizás, pero es la oportunidad que necesitamos." – Volteé a verla. – "Confía en mí."
– "Ah, demonios…" – Me lo entregó con reluctancia. – "Bien, jode toda la misión, araña idiota. Me da igual."
– "También te quiero, empusa rastrera." – Me incorporé. Entonces le propine un beso rápido a los labios de la rapaz. – "Danke, Süsse."
– "Uhm… De nada." – Respondió la americana. – "¿Pero por qué?"
– "Por darle cuerda a esta rubia demente." – Sonreí mientras rompía la ventana de la casa arrojandóle el escudo. – "Vengan, causemos unos cuantos destrozos aquí adentro."
– "Genial, pasamos de defender la ley a quebrarla." – La halcón se levantó y me siguió. – "Te advierto que si terminamos en la cárcel, no te defenderé de ser abusada en las duchas, flaca."
– "Tú serías la primera en hacerlo, avechucha degenerada." – Le dijo Nikos, adentrándose con nosotras. – "¿Y bien, alemana retrasada? ¿Cuál es tu magnífica idea?"
– "Al igual que en la Gran Guerra, cuando ambos bandos se atrincheraban, la tierra de nadie se extendía por kilómetros frente a ellos y era imposible moverse sin ser aniquilado, se llegaba a un punto muerto donde ningún adversario se atrevía a avanzar, el cual podía durar semanas." – Expliqué, colocando el objeto protector junto a una puerta. – "Es ahí cuando entra el Mark I británico, el primer blindado de la historia en usarse en combate."
– "Un momento, Jaëgersturm." – La pelinegra colocó su mano en señal de alto. – "¿Acaso estás planeando…?"
– "Precisamente…" – Sonreí. – "Ahora, veamos que tan filosas son tus extremidades de mantis."
…
– "¡Jaëgersturm, sabía que eras una idiota, pero no de este calibre!" – Vociferó la helénica. – "¡Has perdido completamente la razón!"
– "¡Estoy de acuerdo con ella, flaca! ¡Ay!" – Injirió la falconiforme. – "¡No sé cómo diablos accedí a este sinsentido tuyo! ¡Este plan es completamente absurdo!"
– "¡Por eso funcionan, querida!" – Repliqué sin quitar la vista del frente. – "¡Nadie espera que tales ideas sean exitosas!"
Nunca me he considerado una persona normal, ya sea en el sentido liminal, humano o lógico. Siempre he actuado de maneras extrañas y eso es algo que todos alrededor de mí se han encargado de recordarme. En ocasiones, es una curiosidad que forma parte de mi singular ser; En otras, un aspecto que suele definir mis decisiones en la vida, ya sean para bien o para mal. Pero, en este preciso momento, he hecho algo que a todas luces es una absoluta y tremenda locura. Sólo en la mente del lunático más acérrimo cabría lugar para conjeturar y llevar a cabo tan incomprensible maquinación. Y esa desquiciada mente resultó ser la mía.
– "¡Caterva militar en las proximidades!" – Avisé a mis 'pasajeras'. – "¡Prepárense, soldados!"
– "¡Fuck! ¡Vamos a morir!" – Exclamó la arpía. – "¡¿Por qué estamos haciendo esto, flaca?!"
– "¡Porque la fortuna le sonríe a los osados!" – Contesté. – "¡Panzer vor!"
– "¡Fuuuck!"
De alguna y rematadamente inverosímil manera, decidí tomarme el comentario de mi compañera alada sobre blindados de combate de la manera más literal posible. Tomando puertas y objetos metálicos, todos cortados magistralmente por las pinzas de la empusa y mis garras con las mismas dimensiones que su escudo balístico, las usé para equipar a cada una de mis aliadas, ingeniosamente amarradas a mi cuerpo usando la cuerda para rapel, con sus propias barreras protectoras y emplearlas a manera de blindaje, cubriendo la mayor parte de mi figura alrededor. Estábamos demasiado pegadas y era algo incómodo, pero al menos no perdí mi velocidad o nos impedía usar las armas.
Yo sostenía el pavés transparente de Nikos en mi mano izquierda mientras que la otra cargaba con la ametralladora española. Dyne, haciendo uso de sus penetrantes espolones mantoideos, tenía dos puertas de madera a mi costado mientras sus brazos inferiores protegían mi retaguardia con su escopeta. Por su parte, Cetania se había colocado en medio de las dos con sus guantes-mano especiales y mientras el ala izquierda me protegía la parte superior con un pedazo de una barda de madera gruesa y alargada, la restante se encargaba de cuidar los ángulos elevados con su pistola USP. Por muy poco ortodoxo (o seguro) que toda esa confusa mezcla pudiera sonar, actualmente era efectiva. En términos sencillos y haciendo tanto honor a mi fascinación con las máquinas de guerra como a mis orígenes griegos y sangre germana, nos convertimos en una rauda falange, un vehículo viviente, rápido, protegido, armado y contundente.
Un tanque.
– "¡Achtung! ¡Enemigos a las tres en punto!" – Advertí al pelotón. – "¡Feuer frei!"
– "¡¿Qué?!" – Preguntó la mantis.
– "¡Que abras fuego! ¡Dispara!"
– "¡Aaahh!"
Levantando su protección derecha y arriesgándonos ser impactadas por proyectiles de azulada cromática, la lesbia abrió fuego en contra de un grupo de tres personas con su Mossberg 590, impactando a uno y haciendo al resto buscar protección. Yo no dejaría que ella hiciera el trabajo sola y con mis doscientas cincuenta balas en el cargador, propiné fuego de supresión a quienes entraran en mi línea de visión al tiempo que mi barrera de policarbonato recibía impactos de los proyectiles del contrincante. Con ráfagas cortas y controladas, me aseguré que el adversario no asomara la cabeza mientras mis pasajeras se encargaban de eliminarlos. La rapaz aprovechaba la confusión de nuestro ataque doble para deshacerse con su pistola de los incautos que aún no lograban asimilar nuestra inesperada proeza. La puntería era mala debido al constante movimiento y mi acelerada velocidad de traslación, pero nuestro objetivo de mantener las armas del oponente lejos de nosotras y sin activarse estaba funcionando. Pero aquello no era suficiente.
– "¡Aria, espera!" – Me habló la chica voladora. – "¡¿A dónde vas?!"
– "¡Es ahora o nunca, pajarita! ¡No vamos sólo a eludirlos, vamos a neutralizarlos!"
– "¡Pierdes tornillos a cada segundo, araña idiota!" – Exclamó la sargento. – "¡Deberíamos ir a la Torre ahora que podemos!"
– "¡Si los ignoramos ahora, nos rodearan cuando estemos encerradas!" – Refuté su idea. – "¡Te dije que teníamos una oportunidad, aprovechémosla!"
– "¡Comprendo, pero al menos deja de moverte tanto!" – Dijo la americana. – "¡No puedo atinarle a nada a esta velocidad!"
– "¡Nada de eso! ¡Si ralentizamos la marcha, nos expondremos a ser atacadas! ¡Detenerse no es una opción!"
– "¡Se supone que somos un tanque!"
– "¡Como dijera Hasso von Manteuffel en la Batalla de las Ardenas: Es mejor moverse rápido que tener un gran blindaje!"
– "¡Nos darán en la cara si nos acercamos!"
– "¡Si toman nuestras vidas, tomaremos las de ellos!" – Proclamé. – "¡Dispararán sus mosquetes pero nosotros los atravesaremos!"
– "¡The Trooper!" – Sonrió la castaña, entendiendo la referencia a Iron Maiden y alistando su arma. – "¡Fuck yeah, Blondie! ¡Let's fuck'em up!"
– "¡Malditas dementes!" – Espetó Nikos, recargando la escopeta. – "¡Completas chifladas!"
La halcón y yo lanzamos nuestro grito de guerra y la carga comienza, convencidas de ganar en este campo de batalla. Hay una decena de edificios y nos metemos con celeridad al más cercano, en busca de nuestra presa. Huelo la pólvora de nuestras armas y el sudor de mis compañeras impregnando el aire tan pronto me arrojo a una muerte segura. La falconiforme dispara por una de las aberturas tan pronto nos acercamos al primer soldado, tratando fútilmente de atravesar nuestra improvisada barrera de madera y materiales sintéticos. La empusa se une a la acción y su Mossberg reclama su superioridad en distancias cortas, acabando al instante con toda resistencia con sus perdigones calibre doce. Mi ametralladora es la perfecta herramienta disuasoria y obliga al resto a huir, dejando que mis aliadas finalicen a sus camaradas del otro lado. Limpiado el inmueble, me dirijo al siguiente, lista para proseguir con el exterminio.
Y sin toda pizca de humildad, éramos realmente buenas en ello.
– "¡Joder, que buen disparo, Dyne!" – Congratulé a la pelinegra. – "¡Creo que le rompiste las bolas!"
– "¡Ja! ¡Y no has visto nada aún, Aria!" – Respondió la aludida, dejándose llevar por la emoción. – "¡Los que tienen rifles valen el doble de puntos!"
– "¡Run to the hills!" – Cantaba la arpía a todo pulmón al tiempo que descargaba su USP sobre el contrincante. – "¡Run for your lives!"
– "¡Indestructible! ¡Imparable! ¡Invulnerable!" – Declamé apretando el gatillo de mi Ameli. – "¡Inmortal! ¡Ich bin der Panzerkriegmeister!"
Cualquiera que hubiera intentado narrar tan bizarro evento hubiera sido considerado un completo enajenado. Después de todo, ¿Desde cuándo ver a una arpía estadounidense y a una empusa griega montar a una arachne alemana dando vueltas de trescientos sesenta grados sin detenerse es cosa común? ¿Especialmente si todas las integrantes están armadas, disparando sus herramientas y riendo como locas, protegidas detrás de tan improvisados escudos? ¿Y que, encima de todo, tal locura funcionara? Pero, improbabilidades aparte, por esos muy pequeños y efímeros momentos, las tres integrantes de Monster Ops: Extermination habían logrado manifestar físicamente el concepto ideológico del trabajo en conjunto; Concentradas, eficientes, fuertes…
Unidas.
– "¡Necesito recargar!" – Dijo la rapaz. – "¡Cúbranme!"
– "¡Toma mis pistolas, Süsse!" – Le sugerí, entregándoselas. – "¡Calibre .40 Smith & Wesson! ¡Enséñales un poco de libertad al estilo americano!"
– "¡Woo! ¡Te amo, flaca!"
– "¡Yo también, emplumada!" – Le arrojé un beso al aire y me dirigí a la mantis. – "¡Hey, ojitos! ¡Te canjeo mi Ameli por tu Mossberg!"
– "¡De acuerdo!" – Intercambiamos. – "¡Pero no le dejes tu hedor a lesbiana quitinosa!"
– "¡No te preocupes, gruñona!" – Bombeé el sistema de recarga con una mano. – "¡Únicamente la usaré para darme placer con el cañón!"
– "¡Sé que lo harías, degenerada hoplófila!" – Bromeó la usualmente estoica helénica. – "¡Ja! ¡Molon labe, hijos de perra!"
No éramos tres diferentes personas con distintos propósitos, sino un solo equipo, un verdadero escuadrón que se movía, atacaba y se apoyaba en unísono por un objetivo común. Esa preciada cohesión, la que tanto es crucial y primordial para un grupo que depende de que tan bien logren compaginar en medio de la lucha, finalmente la habíamos alcanzado. Y lo más importante, lo estábamos disfrutando. No era el hecho de atacar a otros, sino el estar cumpliendo el objetivo, lograr el cometido, triunfar en la misión. Una labor que parecía totalmente imposible, ahora se estaba efectuando satisfactoriamente. Para cuando el último y solitario contrincante quedó cara a cara frente a nosotras, nuestras armas encañonadas lo convencieron de rendirse pacíficamente y permitirme esposarlo sin resistencia. La chica de Mitilene le dio un poco de agua y el nos agradeció la amabilidad. Después de todo, el sólo era un soldado ayudándonos a entrenar, al igual que el resto. Me siento mejor sabiendo que una vez que 'eliminamos' a uno de ellos, estos pueden relajarse en sus lugares, sabiendo que no seguirán siendo atacados. Dejando al hombre descansar dentro de la habitación, nosotras salimos, vigilando que no nos sorprendieran de nuevo y revisando que estuviéramos fuera de ángulo de cualquier otro tirador.
– "Odio admitirlo, Aria, pero hiciste lo correcto. Ninguna fue alcanzada por la pintura." – Sonrió la empusa, secándose la frente. – "Me alegro que estemos en el mismo equipo."
– "Danke, Dyne." – Regresé el gesto y recargué la Ameli. – "Excelente puntería, por cierto. Y tú también, pajarita, parecías una forajida del viejo oeste."
– "I'm the baddest bitch in Montana, Blondie." – Hizo pistolitas con sus dedos protéticos y habló con exagerado acento yanqui. – "Hasta Clint Eastwood se quitaría el sombrero ante esta vaquera alada. Yippee ki-yay."
– "En todo caso, todavía no hay que celebrar, aún nos queda finalizar el verdadero objetivo." – Nikos apuntó al enorme edificio rojo de nueve pisos a treinta metros de nosotras. – "¿Dices que el techo está custodiado, Cetania?"
– "That's right, Sarge." – La mencionada movió sus brazos cansados. – "Y con todas las ventanas clausuradas, tendremos que hacerlo de la manera difícil. Y no creo que tengan elevador."
– "Podría escalarlo, pero seguramente también me atacarían al verme hacerlo." – Tallé sus hombros, ella lo agradeció. – "Al menos podemos agradecer que esto no puede empeorar."
El masaje al adolorido cuerpo de mi colega alada se vio interrumpido cuando escuchamos algo a lo lejos. Captó nuestra atención de inmediato y sin querer abandonar la seguridad del inmueble, subimos al segundo piso de este para tener una mejor vista. Fue ahí que vimos al tipo que apresamos anteriormente levantarse y empezar a hiperventilarse. Su aterrorizada expresión era de miedo puro.
– "Ay no…" – Se quejó el azarado hombre, viendo hacia afuera desde la pequeña ventana sin vidrios. – "En verdad lo hicieron… Esos dementes hijos del demonio en verdad lo hicieron…"
– "Uhm… ¿De qué hablas?" – Cuestionó la sargento. – "¿Qué fue lo que hicieron quienes?"
– "Sus jefes… Están dementes…"
– "De eso no hay duda." – Acoté. – "Pero, ¿por qué lo dices?"
– "Ya es demasiado tarde…" – Tragó saliva y comenzó a alejarse para bajar las escaleras. – "¡La muerte viene! ¡Sálvense quien pueda!"
El alarmado sujeto corrió despavorido, como si el mundo fuera a acabarse. Nosotras tres nos miramos confusas por tan repentina actitud. Sólo será un cabo, pero al menos debió mostrar una mayor disciplina. Además, realmente no entendíamos que podía ser tan terrorífico para inquietarlo de esa manera. Encogiendo nuestros hombros, volteamos de nuevo y, en la lejanía, distinguimos un inusual brillo que pronto se convirtió en dos. Entrecerramos los ojos para poder diferenciar mejor al llamativo objeto que entró en la periferia, avanzando lentamente y ocultado en gran parte por el polvo que el viento arrastraba, creando nubes que me recordaron a las tormentas de arena del desierto. Finalmente, la nube de tierra se disipó y nos permitió descubrir la indiscutible razón por la cual las demás tropas que habíamos derrotado también se pusieron en marcha, como una parvada de aves, huyendo de los edificios cercanos.
– "Tengo un mal presentimiento sobre esto…" – Musitó la rapaz.
Con el cielo cubierto por los negros cumulonimbos de la tormenta inminente, la figura frente a nosotras se mantenía ligeramente opaca, pero perfectamente distinguible para nuestros ojos. Quisimos no poder hacerlo. Entonces, las acumulaciones de cargas electroestáticas en las formaciones gaseosas de la atmósfera finalmente chocaron sus polos opuestos y crearon un luminoso relámpago, el cual cubrió a nuestro nuevo enemigo de un blanco manto de luz natural que lo hizo parece sacado de la pesadilla más ominosa y dantesca que pudiéramos imaginar. El trueno retumbó en el cielo, como la fatal melodía del Tártaro o el rugido de una bestia del Inframundo. No veíamos su rostro o expresión alguna, pero eso lo hacía más monstruoso. Después de todo, cuando se carga una imponente armadura junto a una descomunal ametralladora M61 Vulcan, no se necesita mucho para causar arritmia cardiaca en el adversario. La lluvia comenzó a caer, como si el planeta entero vertiera lágrimas por nuestro perentorio funeral.
– "Tenías que abrir la bocota, ¿cierto, flaca?" – Dijo Cetania, tragando sonoramente.
– "Oh, Arachne mía, perdona mis pecados…" – Hice lo mismo.
– "Te odio, Jaëgersturm." – Masculló Nikos.
Colocamos el pecho en tierra apenas vimos la gigantesca herramienta de muerte girar como una hélice y emitir ese chirrido característico que presagiaba la aniquilación segura. Tan pronto besamos el suelo, el más desmesurado huracán de metal y pintura azul entró por las ventanas, abriéndose lentamente paso por las debilitadas paredes y destrozándolas como el puño de un dios iracundo. Nuestra visión entera se tornó añil como el resto del interior del edificio y el olor al polietilenglicol de los proyectiles inundó nuestras narices. Había una fuerte lluvia afuera, pero el único sonido era el del edificio colapsando alrededor nuestro por el incesante ataque que la monumental Tionishia y su titánica arma a más de 2,000 disparos por minuto desencadenaron sobre nuestras cabezas. Si antes tenía esperanza en la victoria, ahora únicamente esperaba sobrevivir lo suficiente para ver a Lala por última vez antes de recorrer el Aqueronte.
– "¡Hay que salir de aquí!" – Grité a todo pulmón, cubriendo mi cabeza del escombro. – "¡Lejos de esa demente!"
– "¡Que fantástica idea, araña!" – Respondió sardónicamente la empusa. – "¡Eres una tremenda lumbrera de sabiduría!"
– "¡Dejen de pelear y usemos ese hoyo en la jodida pared!" – Vociferó la castaña. – "¡Ahora!"
Arrastrándonos por el suelo como gusanos y evitando levantar más de lo necesario nuestras vulnerables seseras, lentamente avanzamos hacia el lado contrario de la habitación, donde los proyectiles de veinte milímetros habían hecho catastróficos estragos. De donde demonios pudieron hallar una versión portátil de un arma hidráulica diseñada para aviones y blindados, no tengo la menor idea, pero lo único importante en ese momento era evitar que esas cónicas cargas de dolor nos arrancaran la piel, huesos y hasta el alma. Quizás sean balas de pintura, quizás la cadencia de fuego sea mucho menor a la posible por el aparato y tal vez las paredes sean atravesadas porque en realidad son de madera delgada; Pero no iba a esperar a que una me acribillara para averiguarlo. Aunque fuera munición falsa, una metralla siendo despedida a un casi un kilómetro por segundo era suficiente para traspasar nuestros blandos y vulnerables cuerpos como un cuchillo al rojo vivo cortando mantequilla.
Tuvimos que saltar para escapar de ahí, cayendo pesadamente sobre el lodo que la torrencial precipitación había formado. Mi amiga halcón quiso emprender vuelo, pero otra furtiva ráfaga la obligó a abandonar tal plan y aterrizó con fuerza, manchando su calzado eléctrico.
– "¡God-fuckin'-dammit!" – Espetó la falconiforme. – "¡Se jodieron mis tasers! ¡Ya no podremos electrocutar a la desquiciada!"
– "¡Rayos, Cetania! ¡¿Acaso piensas que tendrías oportunidad de hacerle daño a través de su armadura?!" – Le pregunté mientras la ayudaba a levantarse. – "¡Te mandaría de vuelta a Montana con un golpe antes de poder acercarte!"
– "¡Olvídense de eso y busquemos un escondite!" – Ordenó la helénica. – "¡Rápido antes que-OH, MIERDA!"
Si el horror puro existe, tiene forma de ogresa y su nombre es Tionisha. La imparable rubia, como una locomotora salida del Abismo Eterno, atravesó la estructura de la que habíamos salido sin esfuerzo alguno, enviando pedazos de madera, cemento y metal al aire detrás de la nube de polvo que su turbadora destrucción corporal provocaba. Las tres, en extremo pánico, nos alejamos de ella cuando la vimos alzar su brazo izquierdo y correr en nuestra dirección con la intención de triturarnos los huesos de un sanguinario puñetazo tamaño ogro. Escapamos a segundos de que su pesada extremidad impactara el piso, creando una onda expansiva que nuestras entidades físicas enteras lograron recibir tanto del suelo como el aire. Perdí el equilibrio y casi tropiezo en mi retirada, aunado a la dificultad que el barro húmedo proveía. Sin avisar, la falconiforme me tomó en sus garras enlodadas y me alzó en el aire, desesperada por sacarnos de la vista de la imparable mujer, dejando atrás a una desamparada empusa.
– "¡Cetania, olvidaste a la Unteroffizierin!" – Indiqué a la arpía. – "¡No podemos abandonarla ahí!"
– "¡Lo sé, pero tú eres de mayor importancia! ¡Primero te resguardo y enseguida volveré por ella!"
Soltándome a menos de un metro sobre el techo de una vivienda destruida, la emplumada se lanzó a por la pelinegra, quien se hallaba huyendo de la implacable integrante de MON y descargando infructuosamente su escopeta sobre esta. Antes que otro saludo en forma de puño cerrado por parte de Tio hiciera contacto con la cara de Nikos, la americana tomó a su aliada de los hombros y la alejó del mortal peligro al tiempo que el golpe de la rubia creaba otro tremendo cráter en el enlodado humus terrestre. La castaña ya se encontraba en mi posición cuando una ráfaga de la Vulcan enemiga voló por los cielos y, aunque fuera sólo un roce, chocó contra el hombro derecho de la rapaz y le hizo perder el equilibrio y la estabilidad, provocándole el precipitarse a la superficie. Con un grito de dolor, la nativa de Montana se desplomó, soltando a la sargento directamente sobre mí, chocando pesadamente el cuerpo de la mantis contra el mío.
Haciendo a un lado a mi compañera, me apresuré a ver como se encontraba la arpía y la vi usar sus últimas fuerzas para extender sus amplias alas para amortiguar su involuntario aterrizaje. El corazón se me detuvo al observarla impactar un pequeño charco que la lluvia formó. Grité su nombre, mirando desesperada como ella trataba de arrastrarse por el fango al tiempo que la ogresa se dirigía a ella, haciendo rodar los seis cañones de su salvaje arma sin jalar del gatillo percutor, creando ese horrible sonido agudo que enmudecía incluso al diluvio que se desarrollaba alrededor. Sin pensarlo un segundo más, escalé la pared del inmueble donde yo estaba y me arrojé al estar a cinco metros del piso. La suavidad del barro amenizó un poco mi caída y me desplacé con celeridad en dirección de la rubia, dando un gigantesco salto para tratar de detenerla.
Gran error.
Sin siquiera inmutarse o voltearse, ella me detuvo en el aire con una sola mano, apresándome de mi cuello, casi asfixiándome con esa dura coraza que usaba como armadura. Al igual que un pedazo de basura, la tremenda fémina musculosa me arrojó despreocupadamente siete metros lejos de ella, golpeando yo de espalda el enlodado piso y cubriéndome con este mi uniforme. Me incorporé para descubrir que ahora ella se movía en mi dirección, alzándose como un castillo ante mi minúscula persona, vista aún más espeluznante con los relámpagos iluminando el turbio cielo, que por fugaces centésimas de segundo volvían el ambiente en blanco y negro de alto contraste, dejando admirar únicamente la silueta dicromática de la indetenible ogresa, caminando lentamente hacia mí. En pánico, tomé mi ametralladora y accioné el gatillo, liberando más de doscientas cincuenta balas cuyo efecto era nulo sobre el inquebrantable blindaje de Tionishia. Con mi agitada respiración y la desesperanza en mi rostro, me alejé lentamente hacia atrás, contemplando como los proyectiles rebotaban inocuamente sobre la impenetrable aleación de metal.
Era inútil.
Terminé con el cañón al rojo vivo despidiendo intenso humo por la bocacha y desintegré por completo la cinta de munición, con los restos de esta esparcidos a mi alrededor y perdiéndose entre el espeso barro, pero la rubia todavía seguía allí, aproximándose de paso en paso, demostrando silenciosamente con su impavidez la futilidad de mis intentos por frenarla. Mi espalda tocó una pequeña barda, donde me arrinconé, tratando de mantener la calma con dificultad al mirar la sombra de la mujer de un solo cuerpo envolverme por completo, ya frente a mi persona. Tionisha se erguía sobre mí, opacando mi propia altura con su estoica impasibilidad. Con total tranquilidad, ella depositó su pesada arma en un pequeño montículo elevado, deshaciéndose de todo el trabajoso equipo necesario para hacer funcionar tan despiadada herramienta, como el barril con el motor eléctrico y la cinta permanente que alimentaba a la hambrienta recámara metálica. Entonces, conmigo paralizada y sin oposición, extendió su brazo derecho y me levantó sin dificultad de mi chaleco antibalas, a una altura superior a la de ella.
Yo quedé colgada, con los hombros caídos y mi inmenso cuerpo arácnido meciéndose con flácida ignominia, frío, empapado, derrotado y cansado, esperando a que el verdadero tanque viviente me arrancara el conocimiento de un soberbio puñetazo. Antes de perder la consciencia y, si corría con suerte, despertar en una cama de hospital, alcé la mirada al cielo. Un solitario cuervo surcaba el nublado firmamento, indiferente al inclemente tiempo y graznando aciagamente ante mi infortunio. Bajé la mirada y encaré a la ogresa, tratando de hacer contacto visual a través de su empapado y opaco visor ambarino. Parece que aquí terminaba mi odisea heroica, mi gran e intrépido viaje, en esta ciudad falsa llamada irónicamente Esperanza. Una cruel metáfora encerrada en un contradictorio título, ofrecer una ilusión de confianza para luego aplastarte con la decepción. Como Dyne mencionó efusivamente esa noche, todo el idealismo se viene abajo cuando la realidad nos golpea.
– "Por favor, perdóname." – Habló de repente Tionishia, con la voz triste. – "En verdad me duele hacer esto. Sólo sigo órdenes."
– "Está bien. Es tu trabajo." – Disentí lentamente con la cabeza. – "El enemigo no tendría piedad con nosotras, tú tampoco deberías."
– "Te lo ruego, no me odies. A mí esto también me parece totalmente cruel y absurdo. Yo no deseaba esto."
– "No te culparé por cumplir con tu deber, Tio. Eres inocente de todo pecado."
– "Gracias, Aria." – La escuché hipar. – "Yo en verdad tenía fe en que lo lograrían. Me devasta saber que fui yo quien se los impidió."
– "El destino así lo quiso." – Exhalé. – "La vida no siempre nos recompensa el esfuerzo."
– "De acuerdo." – Sollozó otro poco. – "Trataré de ser gentil, sólo será un pequeño golpe."
– "¿Puedo hacer una petición final?"
– "¿Cuál?"
– "Quiero ver tu rostro." – Solicité. – "Ese casco oculta tu tierna sonrisa. Deseo admirarla por última vez. Por favor."
– "Lo haré. Pero no voy a soltarte. ¿Estás de acuerdo?"
– "Claro. Además, la apreciaré mejor desde un ángulo alto como este." – Reí.
Con eso, la rubia quitó el seguro de su yelmo moderno y con una mano, lo retiró, descubriendo su cara. La lluvia había cesado durante nuestro pequeño diálogo y un pequeño hueco entre las nubes se abrió para dejar que un pequeño rayo de luz se escapara, cayendo sobre nosotras, iluminando a ambas y otorgándonos una ligera apariencia dorada entre la gris oscuridad que aún reinaba. Sus ojos, enrojecidos, denotaban lágrimas recorriendo sus mejillas. Nos miramos por unos segundos y entonces Tio, con esa afabilidad y benevolencia tan grandes como ella misma, me ofreció una sincera sonrisa, regresando algo de alegría a mi persona y retirado esa expresión de pesadumbre que nunca le sentaba bien al rostro de la amistosa ogresa. Le devolví el gesto y su mueca se hizo aún más grande.
– "Nunca fallas en ser increíblemente encantadora. Danke schön, Tio, eres una buena amiga." – Asentí ligeramente. – "Ahora, espero puedas perdonarme."
– "¿Eh? ¿Por qué?"
– "Por esto…"
Sin previo aviso, Dyne dio un gigantesco salto y le propinó un poderoso golpe por atrás a la rubia con una de las puertas que habíamos usado como escudo. Si bien un pedazo de madera de pequeñas dimensiones no le causó mucho daño a la férrea cabeza de la fortaleza rubia, le distrajo lo suficiente para que me soltara al igual que su casco, el cual tomé prontamente para activar y depositar en su interior una granada de humo. Sin permitirle procesar nuestro sorpresivo ataque, volví a colocar ese yelmo cerrado sobre su dueña, encerrándola en una prisión de metal, polímeros y gases derivados del clorato de potasio. La azarada mujer trató de retirarse tan claustrofóbica jaula, pero tanto Nikos como yo se lo impedimos, luchando por no ser arrojadas por la fuerza de la ogresa en el proceso. Cuando el toser de ella disminuyó de intensidad, desistí de continuar recluyéndola de esa manera y la liberé de su opresivo morrión, arrojándolo lejos. Aguantamos la respiración al tiempo que la nube gris se dispersaba y Tionishia colapsaba de rodillas, combatiendo el exceso de agentes irritantes en sus pulmones.
Pasándonos de lado, ella se apresuró a deshacerse de su sofocante blindaje, quitando los seguros y removiendo la prisión que mantenía las uniones herméticamente, mostrando un atuendo de ropa deportiva debajo de la armadura. Sin embargo, la chica de un solo cuerno no resistió y con una última expectoración, se desplomó en el piso, cayendo de lado y perdiendo la consciencia. Durante el tiempo que ella perseveró en devolver el oxígeno a su cuerpo, yo ya me había encaminado en la dirección donde mi amada arpía se encontraba. Pero ella ya se había levantado y la encontré a mitad del trayecto, aún herida en su hombro. Eso no evitó que corriera a abrazarme al verme sana y salva, haciendo yo lo mismo. Me alegré al sentir sus enlodadas pero cálidas plumas envolver mi manchado uniforme. Nos dimos un beso rápido en los labios y con delicadeza nos separamos para reunirnos con la pelinegra.
– "Uf, mil gracias por eso, Dyne. Me salvaste el exoesqueleto." – Le agradecí suspirando. – "Es lo bueno de no poseer pupilas, ella nunca notó que te estaba observando hacer señas por atrás."
– "Lo importante es que seguimos relativamente ilesas." – Dobló su cuello. – "¿Estás bien, rapaz?"
– "Recibí medio proyectil de veinte milímetros, ¿tú qué crees?" – La aludida talló su hombro adolorido. – "Crap, esta cosa duele tanto que no me permite volar. ¿Desde cuándo la buena de Tio recurre a medidas tan severas?"
– "Sólo sigue órdenes, Cetania. No es su culpa." – Afirmé, sacando un vendaje y desinfectante de mi kit médico. – "¿Necesitas que te cure?"
– "Descuida, no es grave, sólo dolor." – Aseguró. – "En todo caso, deberíamos continuar hacia ese condenado edificio cuanto antes, desconocemos que otras sorpresas puedan tener preparadas si continuamos aquí."
– "Correcto, emplumada." – La mediterránea cargó su Mossberg. – "Vamos, niñas, esta mierda aún no termina."
– "Esperen, no piensan dejar a Tio en ese estado, ¿o sí?" – Les cuestioné, yendo hacia la rubia inconsciente. – "La pobre está desmayada, al menos asegurémonos que sigue respirando."
– "Aria, ¿Qué estás haciendo?" – Interrogó la castaña.
– "Lo que ella haría por nosotras: Ayudarla." – Repliqué, revisando el pulso de la ogresa. – "¡No se queden ahí viendo y auxílienme!"
– "Jaëgersturm, en este ejercicio ella es el enemigo." – Afirmó la griega, apuntándola acusativamente. – "Tenemos una misión y eso no incluye velar por el bienestar del adversario."
– "Nuestra misión es salvaguardar al inocente, sargento." – Le reiteré colocando el brazo de la rubia alrededor de mi cuello. – "¿Qué clase ejemplo daríamos si ignoramos esta clase de incidentes?"
– "Aria, esta herida en mi omoplato es debido a ella." – Declaró la americana.
– "Y el humo en sus pulmones es debido a nosotras." – Le recordé, arrastrando a Tionishia con dificultad. – "Cumplía su deber y ya estamos a mano. Ahora, podemos seguir a la intemperie discutiendo vanamente sobre moralidad en medio de la batalla o ayudarme a cargar a una mujer que requiere atención médica. ¿Qué eligen?"
– "Carajo, flaca…" – Meneó la cabeza la falconiforme, acercándose. – "No hagas vernos como unas desalmadas. Vale, te apoyo, perdónanos."
– "¿Quién carajos te crees, alemana? ¿La descendiente de Filofrósine?" – Mencionó la mantis, caminando hacia nosotras. – "No me explico por qué te comportas tan bondadosa, araña."
– "Vivo con personas que me enseñaron el valor del perdón y de hacer lo correcto." – Auxilié a Cetania, que cargaba la pierna derecha. – "Además, como inmigrantes y liminales, debemos aportar lo que podemos en beneficio de la sociedad. ¿No estás de acuerdo?"
– "Demonios, detesto cuando usan mis palabras en mi contra." – Colocó el otro brazo de la ogresa alrededor de ella. – "Vayamos bajo esa estructura a la derecha, estaremos menos expuestas ahí."
Con dificultad, trasladamos nuestra pesada carga debajo de un inmueble de una sola pieza y acostamos a Tio en el piso. Hubiéramos llamado a Smith para informar del estado de la integrante de MON, pero ella no llevaba radio alguna para comunicarse. Puse mis dedos en su cuello, confirmando que su pulso era correcto. Su respiración era lenta y rasposa, denotando que aún quedaba algo de material irritante en su garganta. Coloqué su cabeza para que su tráquea no quedara obstruida y abrí su boca, para que permitiera el mayor paso de aire posible. Afortunadamente la respiración boca a boca no era necesaria, especialmente porque nuestros pulmones no podrían suplir suficiente oxígeno a los suyos. Ya más tranquilas al saber que la vida de la rubia no corría peligro, nos retiramos nuestros uniformes para revisar que no tuviéramos alguna herida oculta. Al verle el hematoma rojizo a la rapaz, me apresuré a colocarle el alcohol que nuestro equipo médico proveía.
– "Ah, gracias, flaca." – Suspiró la castaña. – "Auch. Incluso con todo el lodo en mi atuendo, la mancha azul sigue siendo visible."
– "Honestamente, me sorprende que de todo ese tifón de balas, solamente una te alcanzara." – Mencioné, esparciendo el medicamento por el área afectada. – "Al menos no es grave. ¿Te duele mucho?"
– "Trata de ser impactada por un arma de ese calibre y después me dices, araña boba. ¡Ow!" – Se quejó al rodear su hombro con un vendaje. – "Oye, ten cuidado. No soy tu inmortal dullahan para tratarme tan rudamente."
– "A Lala la trato con la delicadeza de una Edelweiss." – Apreté la gasa. – "Incluso en la cama, soy más tierna que una ballenita de peluche. Ni siquiera mis dientes le han dañado cuando cubro su vulnerable piel con mis besos. O cuando la devoro."
– "Eso, sígueme presumiendo tus hazañas amatorias con tu condenada pitufo." – Contestó con sarcasmo. – "Sabes perfectamente como levantarme la moral. ¡Ay!"
– "Te lo ganas por hablar mal de mi chica, cacatúa bocona." – Di otro apretón. – "Además, tú la mencionaste primero. No la invoques si no soportas que hable de ella."
– "Auch. ¿Así tratas a tu amada pajarita herida?"
– "No." – Le di un golpecito en la cabeza. – "Así trato a las que osan imprecar contra mi gloriosa diosa azul."
– "Perdón por ser una hereje." – Me sacó la lengua. – "¿Vas a quemarme en la plaza?"
– "Y te arrojaré turbosina, para que ardas por días." – Bromeé. – "Al menos no soy como mis antepasados. Serhilda Jaëgersturm, la conquistadora de Holconia, era Dama Ejecutora en la Orden Arachne Sagrada durante la guerra contra la empusas. Su trabajo era castigar en nombre de la Emperatriz a quienes cometían blasfemias contra nuestra diosa o las leyes del imperio. Una eficaz verdugo y auténtica psicópata."
Y lo digo de manera literal. Ella ha sido diagnosticada de haber padecido un desequilibrio mental por nuestras historiadoras modernas. Dudo que eso le hubiera importado, especialmente si eso hacía que las tropas le tuvieran respeto y terror.
– "Suena como una persona agradable." – Bromeó la halcón. – "Pero es la clase de soldado que tu belicosa nación buscaría."
– "Estás en lo correcto. Era comandante en jefe de su propia división en el ejército. La militar de mayor rango en nuestra familia." – Expliqué. – "Combatió junto a la mítica caza-dragones, Helga Langschwert y mi heroína personal, Erika Kriegtochter. Esta última y Serhilda seguramente se odiaban a muerte por tener ideologías tan contrarias." – Sacudí su ropa. – "Demonios, hasta a mí me hubiera dictado sentencia. El safismo estaba estrictamente prohibido en ese entonces."
– "Tu linaje sí que es interesante flaca." – Rió ligeramente. – "¿Segura que no heredaste su locura?"
– "Quizás." – Reí también, sentándome. – "¿Sabes algo? Ella se hizo famosa por arrancarle las extremidades afiladas a las empusas caídas y usarlas como guadañas para decapitarlas. La llamaban la Segadora de Weidmann."
– "Bromeas." – La americana me miró incrédula.
– "Hablo en serio. Está en nuestros libros de historia." – Miré al techo. – "La historia siempre se repite."
– "¿Por qué nunca me lo contaste?"
– "Porque nunca preguntaste." – Repliqué con mueca burlona. – "Cuando se lo dije a Lala, creyó que le estaba tomando el pelo. Pero te lo juro, las coincidencias así abundan."
– "Te creo, flaca." – Se recargó en la pared. – "¿Recuerdas mi apellido, cuando era aún parte de la tribu Wankatanka?"
– "Iktomi, ¿cierto?"
– "Correcto. Es el nombre de una de las deidades de la mitología Lakota. Un espíritu tramposo y embaucador, como Loki en la religión Nórdica. Suele actuar como un bromista, pero es muy poderoso y respetado por darle al pueblo el regalo del lenguaje." – Relató la emplumada. – "También es un cambiaformas. ¿Sabes cuál es su representación más común?"
– "No, ¿Cuál?" – La miré.
– "Una araña. La famosa historia del atrapa-sueños cuenta que las buenas ideas quedan adheridas en su red, mientras las malas son evacuadas por el hoyo del centro." – Sonrió. – "En su forma humana, suele vestir de rojo intenso, como la flama en tu abdomen, y seis puntos en su frente, como tus ojos."
– "Ahora yo soy la impresionada." – Regresé la vista al techo. – "¿Crees que el destino nos haya unido, Cetania?"
– "Nuestro encuentro fue un acto divino, flaquita. No podemos disgustar a los dioses, debemos permanecer juntas para la eternidad."
Oh, por eso no te preocupes, pajarita. Me aseguraré personalmente de eso.
– "Conociéndote, no sé si eso sea buena idea." – Me reí. – "Si tu apellido tenía tanta conexión con mi especie, ¿por qué dejaste de usarlo?"
– "Porque corté todo vínculo con la tribu, ya lo sabes. Yo tampoco les agradaba mucho, así que ambos bandos ganamos. Además…" – Me guiñó. – "Cetania Jaëgersturm suena mucho mejor, ¿no crees?"
– "No está mal. Lala Jaëgersturm también se oye divino."
– "Bueno, las mascotas suelen adoptar el de sus dueños. ¿Al menos esa pitufo sabe alzar la patita y ladrar cuando se lo ordenan?"
– "Normalmente te amonestaría por insultar a mi segadora, pero igual podría suceder si llevamos nuestra relación al plano de un trío sadomasoquista."
– "Ay, contigo, araña; Todo lo transformas en tus degeneradas fantasías." – Torció la boca. – "Dyne, ¿y ese milagro que no estás recriminándonos por discutir perversiones?"
– "Porque mientras ustedes pierden el tiempo con sus absurdas historias de abuelas canosas, yo estoy ocupada planeando cómo asaltar ese edificio sin salir dañadas." – Respondió la mantis, sin dejar de ver la Torre Roja. – "Si tan sólo supiéramos lo que nos espera adentro."
– "Alrededor de treinta hombres armados con subfusiles y otras armas cortas distribuidos por los nueve pisos." – Habló alguien detrás de nosotras. – "Es posible que posean ametralladoras y escopetas en los niveles superiores."
Las tres nos volteamos y descubrimos a Tionishia incorporándose, aún tosiendo un poco pero en mejor estado que cuando la transportamos. La sargento tomó su cantimplora y le ofreció agua a la ogresa, esta agradeciéndole y dando un trago que acabó con toda la reserva.
– "Gracias, Dyne." – Sonrió dulcemente la rubia, tosiendo ligeramente y regresando el contenedor. – "Yuck, ese humo en verdad sabe horrible. Eso no fue nada amable, chicas."
– "¡Ah! ¡Por favor, discúlpanos, Tionishia!" – Le hice varias reverencias. – "¡No era nuestra intención lastimarte de esa forma! ¡Lo sentimos mucho!"
– "Está bien, Aria. Yo también me comporté muy ruda." – Miró a la rapaz e inclinó su cabeza. – "Oh, Cetania. Te ruego que me perdones por haberte atacado de esa manera. ¿Te encuentras mejor?"
– "Sí, sólo que por ahora no puedo volar." – Señaló sus vendajes. – "Descuida, serán apenas un par de horas. Ya sabes, resistencia de cazadora."
– "Uf, me alegro." – Suspiró aliviada. – "Pero, en verdad que me siento terrible por mis acciones, chicas. Entiendo que sea parte del trabajo, pero ustedes no merecen un trato tan cruel en su entrenamiento."
– "Bueno, si podemos con esto, podremos con todo." – Dije yo. – "Créeme, hemos obtenido mucha experiencia de todo este sufrimiento. Lo importante aquí es no rendirse."
– "Concuerdo con Jaëgersturm." – Se unió la pelinegra. – "Mientras nos quede aliento, finalizaremos la misión. Entonces, como decías, ¿treinta hombres?"
– "Decena más, decena menos." – Replicó la ogresa. – "Es lo que oí decir al general Nagumo cuando daba instrucciones a sus tropas. La Jefa no me reveló mucho. Es todo lo que sé, lo juro."
– "Bien, al menos ya sabemos a qué nos enfrentamos. Gracias por todo, Tionishia." – Le dio la mano, ella la estrechó. – "Ese golpe con la madera no te dolió, ¿verdad?"
– "Un poquito." – Soltó una risita. – "No hay problema. Siempre choco con la parte superior de los marcos de las puertas y no me lastima."
– "Excelente. Entonces, supongo que es hora para que nosotras partamos." – Bombeó el mecanismo de recarga de la escopeta. – "¿Cómo estamos de provisiones, araña?"
Rápidamente tomé la bolsa donde cargaba el abastecimiento y la revisé.
– "Sin contar lo que tenemos en nuestras armas, entre el tiroteo kamikaze que realizamos y nuestros intentos por detener a Hulk Rubia, me temo que las municiones no abundan. Me quedan dos cintas para ametralladora, cinco cargadores para las P226 y dos para la MP5. Hay veinte cartuchos de escopeta, más dos granadas cegadoras y una de humo." – Mencioné, enseñando las existencias. – "Cetania, ¿Cuántos cargadores disponibles tienes?"
– "Únicamente dos para la USP. Me gasté los de Hummel y la P30." – Respondió la falconiforme. – "Tengo tres flashbangs, ninguna de gas."
– "Yo perdí mis granadas cuando nos pusimos como locas en el modo tanque." – Confesó Nikos. – "¿Eso es todo lo que hay?"
– "A menos que tomemos las armas de los enemigos también." – Miré a la rubia. – "Tio, podemos hacer eso, ¿verdad?"
– "Uhm… No recuerdo ninguna regla que lo impidiera." – La mencionada encogió los hombros. – "Pero las balas de pintura duelen más que las de goma. Sean gentiles, porfis."
– "Je, dímelo a mí." – Le dijo la arpía. La ogresa le dio una sonrisa de disculpa. – "En todo caso, toma mi pistola y aturdidores, flaca. Yo me quedaré aquí un tiempo."
– "¿No vienes?" – Le interrogué, tomando su USP.
– "No puedo disparar con esto en el hombro, sólo sería un blanco más. Y ya tengo mi medalla azul, suficiente condecoración por ahora." – Rió. – "Las alcanzo cuando limpien el objetivo, ¿vale?"
– "¿Cómo sabemos que el adversario no vendrá por ti, estando sola?" – Indagó la mediterránea, colocándose el uniforme. – "Ni siquiera arma tienes."
– "Por eso no se preocupen, chicas." – Injirió la integrante de MON. – "Yo cuidaré de Cetania. Es lo menos que puedo hacer por tratar de detenerlas tan violentamente."
– "Después de lo que te provocamos, sería abusar de tu bondad, Tio." – Aseguré, ajustando mi chaleco. – "Y esta pajarraca sabe esconderse bien. No le pasará nada."
– "Insisto, me sentiría mal si no lo hiciera. Como su superior, se los ordeno."
– "Como digas, jefecita. Pero después no te quejes si te saca de quicio. Es más molesta que un cotorro cafeinado."
– "También te deseo lo mejor, patas aguadas." – La rapaz infló sus mejillas.
– "Si ya terminaron su despedida de telenovela, es hora de irnos. Muévete, Jaëgersturm." – Ordenó la helénica. – "Tionishia, gracias por la ayuda."
– "¡Que su victoria sea tan dulce como un bombón!" – Nos dio el adiós la amigable ogresa, agitando su mano. – "¡Honorem et Gloriam!"
Antes de aventurarnos al exterior, tomé la P30 que Zombina me obsequió y amartillé el arma. Apuntándome al centro de mi chaleco, jalé del gatillo y un proyectil amarillo me impactó el pecho con fuerza, pero sin hacerme caer.
– "¡¿Qué carajos estás haciendo, Jaëgersturm?!" – Exigió saber la griega. – "¡¿Desarrollaste un tumor cerebral o algo así?! ¡¿Por qué mierda te disparaste?!"
– "Por honor." – Respondí, guardando la pistola. – "Tionishia me había vencido limpiamente y aproveché un momento de distracción para robarle la victoria segura. No es que deseara perder, pero ganarle de esa manera no le sienta bien a mi orgullo de guerrera. Además, después de esto, la cantidad de manchas dejarán de importar."
– "Estás completamente chiflada, Aria." – Meneó su cabeza la castaña. – "¿Por qué me enamoré de ti?"
Mi respuesta fue entregada a manera de un intenso beso en sus labios, empapados por agua de lluvia, pero que no impedía degustar el dulce sabor de estos.
– "Porque también hay que estar loca para amarme." – Dije al separarme. – "Nos vemos en la cima, Süsse."
Despidiéndonos con una sonrisa, golpeé mi pecho con el puño y me incorporé, encaminándome junto a Nikos al inmueble bermellón, alzándose imponentemente ante nosotras. Dyne pareció no reaccionar ante mi melosa manera de actuar con la halcón, quizás porque ya está acostumbrada y se aburrió de luchar contra ello o simplemente estaba demasiado concentrada en el objetivo como para importarle. Mejor para todas, supongo. Mientras más nos acercábamos, el pulso se me aceleraba al igual que la respiración y el sudor reemplazaba al agua de la lluvia que aún no se secaba de mi piel. Eché un vistazo a mi Ameli y demás artilugios para estar preparada y recé mentalmente para sosegar mis nervios. Mi camarada empusa también estaba tratando de calmar su ansiedad, evidenciado por el ligero temblor en sus extremidades superiores. Nos escondimos bajo un pequeño lugar derruido que había a lado de este mientras planeábamos como irrumpir.
– "Nueve pisos." – Mencioné. – "Nueve círculos infernales."
– "La Divina Comedia." – Acotó la pelinegra. – "Joder, tiene demasiado sentido. Incluso es rojo."
– "¿Encontraremos al demonio mismo en la cima?"
– "Lo ignoro, pero espero sobrevivir para llegar eventualmente al cielo."
– "Primero tendríamos que pasar por el purgatorio."
– "Créeme, araña; Aquí expiaremos nuestros pecados."
– "Lo que digas. ¿Quién será Virgilio?"
– "Tú lo serás."
– "¿Reconoces mi eterna sabiduría para guiarte a través de los horrores del eterno sufrimiento, desdichada mortal?"
– "No, es porque yo llegaré al paraíso mientras tú te quedas a la mitad."
– "Si yo no llego, entonces todas pierden."
– "Harás otros de tus dramáticos numeritos y terminarás muerta o algo así." – Encogió los hombros. – "Entonces te llamarán mártir y te extrañarán por dos minutos mientras yo me consagro como la estrella de MOE."
– "Sí que necesitas una sesión en el cuarto círculo, avariciosa." – Le saqué la lengua. – "Yo también te quiero, grillita."
– "Qué bueno, yo no." – Rió. – "¿Sabes, Aria? Aunque eres una maldita idiota, en verdad has demostrado que mereces ser parte de esto."
– "¿De este grupo de élite o del enorme sufrimiento que nos espera?"
– "Ambos."
– "¿Es eso un cumplido o un insulto?"
– "Ambos."
Típica Dyne. Me pregunto si habla en serio o es su extraño sentido del humor, pero ella respondería seguramente que es ambos.
– "Bueno, en ese caso, me permito decir que también me alegro que estés con nosotras, Nikos." – Afirmé. – "Cuanto te conocí y mostraste esa personalidad tan fría, combinada con tu apariencia de princesa, creí que eras la típica niña rica que se había unido por capricho."
– "Ja, ya quisiera yo ser adinerada." – Resopló con una risa. – "Un momento, ¿apariencia de princesa? ¿En serio luzco como una aristócrata?"
– "Quizás no una millonaria, pero si de una familia importante. Tú sabes, una heredera o algo por el estilo. Especialmente con ese peinado hime."
– "Eso es exactamente lo que pensé de ti, Jaëgersturm." – Reveló. – "Al verte con ese condenado uniforme Nazi, pensé que era una maldita araña estirada, obsesionada con códigos y reglas estrictas."
– "Soy la única heredera de mi familia, pero me alegro de romper el molde."
– "¿De qué hablas? Aquí, tú eres quien quiere seguir las tácticas de la academia y mantener el orden. Joder, esa segunda mancha amarilla en tu chaleco demuestra lo obsesionada que estás con las boberías del honor y demás fruslerías. Eres tan idealista que pareces caricatura estereotípica."
– "Soy una soldado disciplinada, Dyne. Lealtad y honor."
– "¿Por eso ignoraste mis órdenes cuando esa torreta nos disparaba?"
– "También sé cuando refutar una mala decisión. No soy un robot, mantis."
– "Sólo eres una idiota soñadora crecida en una versión arácnida del Tercer Reich."
– "Eso no lo niego." – Reí. – "Sinceramente, sólo en la batalla es donde muestro esta clase de autocontrol. Quizás porque el caos alrededor es tan intenso que hace ver a una boba irresponsable como yo como un parangón de disciplina."
– "Tal vez. En todo caso, es bueno que al final resultaras mejor de lo que esperaba, Jaëgersturm." – Sonrió. – "Bien, ya perdimos mucho tiempo parloteando como cotorras. ¿Lista para una catarsis balística, araña?"
– "Vamos a que nos purifiquen con dolor, empusa." – Regresé el gesto. – "¿Cómo entraremos?"
La griega apuntó una de sus extremidades espoloneadas hacia una pequeña ventana cubierta de madera, a un metro encima de nosotras.
– "Si hay alguien esperando, y te aseguro que lo están, nos acribillarían apenas nos vieran querer romper la barrera." – Aseveré.
– "Mis garras raptoras son suficientes para destruirla de un golpe." – Declaró. – "Pero será únicamente un señuelo. Tan pronto rompa la ventana, arrojaremos una granada cegadora y entraremos por la puerta principal. Es como tú dijiste, no esperan que lo hagamos de la manera difícil."
– "¿Sabes? Ahora yo empiezo a dudar de mis propios consejos. Pero de acuerdo, puede funcionar." – Empuñé la ametralladora. – "Te sigo, Dyne."
– "Bien." – Alistó su escudo. – "Subamos ahí y empecemos la fiesta."
Las dos nos trepamos sobre la plataforma que el techo destruido de la pequeña construcción a lado del enorme edificio proveía y lentamente nos acercamos hasta la entrada obstruida con tablones. Lucían perfectamente delgados, como si invitaran a querer infiltrarse por ahí. Obviamente era demasiado bueno para ser verdad y el enemigo probablemente tenía la mira concentrada en ese punto. El plan de la mediterránea era nuestra mejor oportunidad.
– "Ya que llegamos tan lejos y podríamos fallar en cualquier momento…" – Habló la pelinegra. – "Confieso que cuando halagaste la belleza de mis ojos, el corazón me dio un salto."
– "¿Eh? ¿En verdad?"
– "Sí." – Sonrió sutilmente. – "Pero no te hagas ilusiones, pervertida. Simplemente fue una reacción a no ser lisonjeada en un largo tiempo. Te dije que no siento nada por nadie."
– "Descuida, tampoco es que desee seducir a una gruñona como tú." – Reí tenuemente. – "Pero, si nos estamos sincerando de esta manera… ¿Recuerdas cuando admití haber fantaseado por un efímero momento contigo?"
– "Quisiera no hacerlo, ¿por qué lo preguntas?"
– "Bien…" – Carraspeé antes de proseguir. – "En esa ocasión, me imaginé que te lo hacía por… erm… la retaguardia."
– "Lo sé." – Mencionó despreocupadamente. – "No soy ciega, sé que siempre me estás viendo el trasero. Tu preferencia por los posteriores no es ningún secreto, pervertida."
– "Espera, si ya lo sabías, ¿por qué nunca me recriminaste?"
– "Vanidad." – Encogió los hombros. – "Mientras mantengas alejadas tus sucias garras de mí, no hay queja en que admires la perfección de mis gloriosas posaderas, incluso si tal veneración proviene de una asquerosa y sucia lesbiana como tú."
– "Vale, entonces no habrá problema en que siga pensando en sentir tus glúteos chocando rítmicamente contra mi entrepierna y el strap-on." – Bromeé y me pausé de inmediato. – "Sólo quieres que siga hablando para poder vengarte después, ¿verdad?"
– "Correcto."
– "¿Mi sentencia será reducida si revelo que al menos usé lubricante?"
– "No."
– "Scheisse."
Bueno, al menos moriré confesada. Y espero Lala no se entere, porque me manda a la hoguera. Ignorando tan peculiares y extrañas conversaciones que surgen entre la nativa de Mitilene y yo, nos preparamos para quebrar la madera y dejar ciego al adversario con un bien plantado explosivo flashbang. Sin embargo, la helénica parecía hesitar en continuar.
– "¿Qué sucede?" – Le cuestioné.
– "Algo me dice que las engañadas seremos nosotras."
– "Tranquila." – Coloqué mi mano en su hombro. – "Recuerda, el enemigo está enfrente de ti, no en la cabeza. A uno lo puedes vencer, el otro te aterroriza sin siquiera existir si le permites que te domine."
– "¿Crees que esto funcione?"
– "Por supuesto." – Le sonreí. – "Yo creo en ti, Dyne. Honorem et Gloriam."
Con una mueca de satisfacción, la mediterránea usó su poderosa pinza de mantis e hizo añicos los tablones que impedían la entrada al recinto de manera impecable con esta. Tan pronto las astillas en el aire se hicieron presentes, tomé una granada aturdidora y la arrojé por el agujero, seguida de otra un segundo después, para estar seguras. Sin dilación, bajamos de un salto de la pequeña plataforma y, como si fuéramos un dúo de una película de acción Hollywoodense, abrimos la puerta principal de una patada y con armas encañonadas. No seríamos tan famosas como los legendarios héroes de la pantalla grande, pero igualmente estábamos dispuestas a dejar boquiabierto al público con nuestra valentona osadía. Entramos rápidamente y con el dedo en el gatillo, ansiosas de repartir dolor a diestra y siniestra con balas y perdigones. Los contrincantes también estaban ahí.
Apuntándonos. Todos al mismo tiempo.
– "Te odio, Jaëgersturm." – Mencionó la empusa.
– "Sí." – Afirmé. – "Yo también me odio."
No sé cómo saldremos de esta, o si podremos salir en primer lugar, pero de algo si puedo estar muy, pero muy segura: Esto va a doler. Y mucho.
NOTAS DEL AUTOR: ¡Ah, otro cliffhanger! ¡Lo sé, siempre los dejo a medias, ahórrense los tomatazos!
Bueno, este episodio fue sencillo de escribir. Uno de mis aspectos favoritos de las buenas películas bélicas, es el desarrollo entre personajes que se dan en medio de las batallas. La adversidad es donde uno se conoce más a sí mismo y más aún si sucede en grupo. Los lazos creados entre las tropas en la guerra son quizás los más fuertes, después del amor sentimental y entre familias. Aquí, poco a poco, vimos como Aria y Dyne han dejado de antagonizar tanto y lentamente empiezan a volverse lo que un equipo eficiente siempre necesitará para existir: Verdaderas aliadas. Claro, todavía no son grandes amigas como lo es Cetania para la arañita, pero el progreso, aunque tardado, es seguro. Y porque esas dos siempre dan para diálogos interesantes.
Respecto a la idea del Aria-Panzer, es algo que se me ocurrió un día a manera de broma y quería usar desde hace tiempo. Agradezco y mando saludos al compañero Alther por inspirarme con tal idea. Digo, si las arachnes ya son blindados vivientes, ¿por qué no hacerlo realidad? Y con lo mucho que Jaëgersturm ama los tanques.
De igual manera, deseaba ofrecerle un papel a Tionishia que fuera de acuerdo a lo que una imponente ogresa puede hacer en papel de guardaespaldas: Intimidar. Si bien ella y Manako son las liminales más amables y puras que existen en el universo de MonMusu, no hay que negar que la titánica rubia cumple perfectamente con su cometido de asustar al enemigo solamente con su innegable presencia. Y qué mejor manera de volverla la adversaria perfecta que meterla en su armadura impenetrable y agregarle una ametralladora anti-aérea para asegurar que la intimidación sea total. Decidí dotarla con una M61 Vulcan en lugar de la más conocida M134 Minigun (que tanto ha vuelto famosa Terminator, Depredador y Matrix) porque esta última luciría muy pequeña en manos de la enorme ogresa. Y porque quería destrucción apocalíptica a base de proyectiles de veinte milímetros.
En todo caso, ojalá lo hayan disfrutado al leerlo como yo al escribirlo. Los invito a darse una vuelta por la sección de comentarios y dejar el suyo, para alegrarme el día y darme ánimos mientras redacto el siguiente episodio. Aprovecho para enviar más saludos a los colegas Paradoja el Inquisidor, Arconte y Onix Star, a cuyas historias hice pequeños guiños.
¡Gracias por seguir leyendo mis tonterías! ¡Nos vemos hasta la próxima! ¡Auf Wiedersehen!
