NOTAS DEL AUTOR: ¡Hola a todos, queridos lectores! ¡Porque nadie lo pidió, Tarmo Flake regresa una vez más!
Sin fijarme, convertí este arco en el más largo de todos. Quizás debido a mi amor por la acción, tal vez porque realmente disfruté creando a tantos nuevos personajes y expandiendo los ya existentes para enriquecer un ya muy floreciente universo, o simplemente no puedo dejar de escribir cualquier sinsentido que se me venga a la cabeza. En cualquier caso, significa que aún queda material de sobra para rato. Y que también debería callarme y empezar de una vez. ¡Disfruten!
Mientras tanto, yo voy a mi bunker reforzado porque sé que querrán matarme al final… Pero hice feliz a nuestra Señora, ¡valió la pena!
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena nunca pierde porque nadie compite contra ella!
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 44
"Un bosque crece cuidando de las semillas, no quemando sus árboles."
– Erika Kriegtochter, Heiliges Sparassus Reich.
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Ya es hora.
Finalmente, después de entrar al profundo infierno y salir vivas de este, nos dirigíamos a nuestro encuentro con el destino. En mi opinión, hemos sufrido lo suficiente como para poder reclamar una justa victoria, pero tal decisión no está en mis manos y, sinceramente, aún puedo probar que estoy más que capacitada para obtener este importante puesto. Sin embargo, por mucho que adore el soñar con un aclamado triunfo, debo aceptar que de la misma manera que me es posible obtener el éxito, puedo fracasar estrepitosamente con la misma facilidad. No debo hacerlo; Mi honor, mi orgullo y las esperanzas no solo mías, sino las de todos que depositaron su fe en mí, están en juego. Y ya sea lo último que haga, juro que hoy voy a condecorarme con la gloria. Por mí, por ellos, por todos…
Por Lala.
Luego de haber neutralizado la infame Torre Roja, quedar moradas tras nueve pisos de dolor absoluto y soportar una fugaz pero inoportuna lluvia con granizo a la intemperie, el inclemente clima dio paso a una pequeña tranquilidad que permitió al helicóptero de transporte poder recoger al grupo que conformaba el escuadrón MOE y a Doppel, quien actuó como la inesperada rehén a rescatar. Cuando el pájaro metálico arribó a nuestra posición, únicamente la cambiaformas era la que lucía en mejor estado (cosa ya fácil con su habilidad) que las tres casi muertas que la acompañaban. No sólo por el frío impacto de la sólida precipitación que tuvimos que soportar por varios minutos sin techo alguno, sino por las incontables equimosis en nuestro físico que eran pruebas irrefutables del tortuoso camino que hemos recorrido desde hace una semana. Afortunadamente, la doctora Redguard se encontraba en el transporte y se ofreció a tratarnos durante el viaje a la última zona.
– "¿Estás bien, Aria?" – Preguntó Saadia, revisando mi mejilla. – "Ya sé que estás más vapuleada que un boxeador profesional, pero me refiero a tu estado mental. ¿Te pasa algo?"
– "Bueno, Ärztin, ¿Cómo se sentiría usted si estuviera en mi posición?"
– "Muerta." – Replicó, riendo. – "¿Estás nerviosa?"
– "Estoy aterrada hasta los túbulos de Malpighi. Este temblor no es por el frío."
– "Te entiendo perfectamente." – Colocó una bandita en mi cuello. – "Cuando faltaban días para realizar mi examen de ingreso al MIT, me hallaba tan nerviosa que hasta comer se hacía imposible sin que mi mente divagara en el posible resultado, casi siempre fatídico, gracias a mi pesimista imaginación. Y cuando por fin entré, volví a experimentarlo cuando trataba de recibir mi título. No sé cuánto dinero me ahorré en cortaúñas, pero me acostumbré al sabor de la queratina."
– "¿Qué le hacía no desmoronarse, doctora?"
– "Mi orgullo y mi ego. Era una jovencita soberbia." – Admitió. – "Pero lo más importante, era para demostrarle a las personas que te importan, el porqué su esperanza en ti vale la pena."
– "Estoy de acuerdo, Sandy." – Sonreí, viendo al bello horizonte que la altura me proveía. – "Hay que recompensar a quienes nos dieron su apoyo y fe. Y en verdad que me esforzaré por lograrlo."
– "Ese es el espíritu, Aria, nunca te rindas." – Echó un vistazo al Monte Fuji, alzándose frente a nosotras. – "Es hermoso, ¿cierto?"
– "Una excelente metáfora doble, si lo pensamos bien."
– "¿A qué te refieres?"
– "La montaña es tan imponente como los retos a los que nos enfrentaremos, e igual de enorme como nuestra voluntad. Y al final, únicamente nuestra perseverancia será quien decida si enarbolaremos la bandera de la conquista en la cima."
– "Bonito pensamiento, cazadora." – Sonrió. – "¿Qué harás si lo logras? ¿Cómo lo celebrarás?"
– "Aún no lo sé, doc. Pero estaría tan feliz que repartiría besos a diestra y siniestra."
– "¿Puedo reservar uno?"
– "Claro." – La miré de reojo. – "Aunque solamente en la mejilla."
– "Aww…" – Torció la boca. – "Bien, pero que sea grande."
Nos reímos y dejamos que algo de la tensión en mi cuerpo se disipara. Conforme avanzábamos, el panorama de la ciudad falsa involucionaba hasta lucir como una verdadera zona post-apocalíptica, y nuestro objetivo se encontraba hasta el territorio más alejado, modelado como un sector industrial. Debíamos ingresar a la gigantesca fábrica central, la llamada Fortaleza, y proteger la supuesta 'bomba' de ser activada. Según las instrucciones anteriores de Smith, estaría intensamente custodiada y sería una auténtica odisea. Tomando en cuenta lo que ya hemos experimentado, no me imagino cómo podría superar el nivel de peligro sin recurrir a medidas completamente letales. Y conociendo a nuestra coordinadora, cualquier cosa era posible. Demonios, las probabilidades de que el mencionado explosivo sea un artefacto real eran actualmente altas.
El viaje no duró mucho y pronto llegamos al lugar. Habiéndonos abastecido con algo de munición, las tres compañeras nos preparamos para el esperado descenso. La luz de advertencia pasó a verde, anunciando que era momento. Antes de bajar por la cuerda, nos miramos por unos segundos y nos tomamos de las manos para después sonreír. Así, y afirmando con la cabeza, nos deslizamos por la soga hasta un claro en el techo de la fábrica, despidiéndonos de todo apoyo y, al menos en mi caso, rezando internamente para tranquilizar la incertidumbre que me consumía el alma. No teníamos información alguna sobre lo que hallaríamos ni alguna otra forma de planear una irrupción eficiente a excepción de los diagramas que vimos en la base, únicamente contábamos con nuestros instintos, audacia y una plegaria a Tique como soporte. Sin embargo, no estábamos solas, porque somos una unidad de compañeras, un equipo de camaradas, un grupo de auténticas amigas, una compañía de verdaderas aliadas.
Somos MOE.
– "Bueno, chicas, aquí empieza la fiesta. Según los planos que estudiamos brevemente, debería haber una toma de aire en esta dirección." – Declaró Dyne, hincándose y dibujando un mapa con su dedo y el polvo en el suelo. – "Como siempre, estamos en desventaja y seguramente han de tener todos los puntos de acceso perfectamente resguardados. Jaëgersturm, ¿alguna sugerencia?"
– "¿Me confiarás nuestro primer movimiento?" – Me extrañé por la solicitud.
– "Confiar es lo que hacemos, elegí hacerlo contigo." – Aseguró. – "Y tus planes han resultado hasta ahora, así que asumiré el riesgo. Entonces, ¿algo que aportar?"
– "Hmm…" – Cavilé por unos segundos. – "Seguramente la 'bomba' se halle en el centro, para evitar que lleguemos a ella rápidamente sin importar que ángulo tomemos. Eso significa que el camino más rápido es precisamente en medio del edificio, y que entonces es la zona más peligrosa. Necesitamos entrar por el punto menos obvio y más alejado."
– "¿Ese es tu veredicto?"
– "Igualmente podrían esperar que hiciéramos precisamente eso. Ya viste como nos sorprendieron al inicio de la Torre." – Suspiré. – "Honestamente, cualquier decisión es una moneda al aire."
– "¿Por qué no nos separamos y nos reunimos en algún punto ya adentro?" – Habló Cetania. – "Así cubrimos mayor área y evitamos que nos embosquen al mismo tiempo."
– "Si atrapan a una, todo se acaba." – Reiteró Nikos. – "Pero estoy de acuerdo con tu idea, rapaz. Actuar en conjunto, incluso separadas, es parte del entrenamiento. Nos coordinaremos por radio, así que mantengan el canal siempre abierto. Traten de comunicar todo evento y de ser lo más discretas posibles."
– "Y después de todo, ¿Por dónde entraremos?" – Cuestioné, agregando el supresor a mi pistola. La Ameli no cuenta con ninguno, aunque tampoco es que hiciera mucha diferencia.
– "Tú irás por este camino de aquí, donde los desechos industriales serían drenados." – Me indicó un lugar a la izquierda, alejado de nuestra posición actual, dibujando un tubo. – "Yo tomaré la posición superior por la toma de aire y Cetania podría escabullirse por una serie de ventiladores que deberían estar a la derecha de este punto."
– "Un ataque en tridente." – Musité. – "Bien, me parece excelente."
– "Concuerdo." – Asintió la castaña. – "A tu orden, Dyne"
– "Entonces, hagámoslo." – Nos miró fijamente y extendió su mano al frente. – "No podemos fallar ahora, chicas. Demos lo mejor de nosotras y pateemos traseros como las hijas de puta que somos. Honorem et Gloriam."
– "Honorem et Gloriam." – Contestamos al unísono, colocando nuestras extremidades sobre la suya.
Con ese juramento, nos apresuramos a tomar nuestras posiciones, no sin antes propinarle un profundo beso de buena suerte a mi amada falconiforme. Y también una fuerte nalgada, ¡porque demonios, me encanta sentir mi mano rebotar en esas gloriosas posaderas! Luego de mimar a mis dedos con tan suaves almohadas de carne, escalé la fachada del inmueble hasta el sector sugerido. Me encontré con una serie de tres gigantescos tubos de desagüe, afortunadamente secos. Eso no evitó que oliera peor que la comida que Miia solía preparar al principio, y eso ya es espeluznante en sí. Asumiendo que no habían sido usados y cambiando mi respiración a mis filotráqueas abdominales, me adentré por el metálico y oscuro sendero. Conforme avanzaba, la escasa luz del exterior se hacía aún más exigua, obligándome a recurrir a mi casco de visión nocturna cuando mis seis ojos ya no pudieron captar suficientes fotones en la atmósfera. Encendí también el apuntador láser de mi P226, ya habiéndole arreglado por ahora su mira defectuosa.
Afortunadamente mi aparato ocular no impedía mi capacidad de detectar luz ultravioleta. Si bien eso no significa que veo huellas o demás cosas brillantes como la cultura popular ha perpetuado, puedo percatarme de las casi imperceptibles pruebas de cambios en el ambiente, como un objeto que contenga químicos reflejantes notables solamente en el umbral más allá del espectro visible, como el exoesqueleto de los escorpiones… O un explosivo plástico. Es por eso que me detuve cuando me topé con algo que parecía discrepar con la uniformidad del lugar, esperándome inocentemente al final del camino que se había vuelto estrecho; Una mina Claymore. Advirtiendo por radio a mi equipo de la trampa, como Manako nos advirtió en el adiestramiento, y notando que no había manera de darle un rodeo sin activarla, nuestra sargento me otorgó el permiso para neutralizarla con un buen disparo.
Alejándome precavidamente, me fié de la mira que anteriormente me defraudara en lugar del láser y apunté hacia el objeto enemigo. Jalando del gatillo, liberé una relativamente discreta bala calibre .40 Smith & Wesson y esta impactó al artilugio, garantizando que Hummel todavía mantenía su excelente puntería y desencadenando la liberación de un cúmulo de pintura, como si de una explosión se tratara, que logró manchar la salida y parte del interior del tubo. Era un tinte verde brillante (o eso asumí con la electrónica visión nocturna), diseñada para diferenciarse de la roja cromática que los proyectiles del enemigo usarían en esta fase. Tenía lógica, de esa manera se sabría que fuimos eliminadas por 'explosivos' y no balas. No nos advirtieron de tal cosa, pero era de suponer que sólo necesitábamos algo de esa glauca pintura en nuestro uniforme para ser descalificadas. Al menos no hizo ruido al encenderse y no resultó ser una real. Le informé al resto sobre los resultados.
Escalando el interior del desagüe para evitar manchar mis piernas con el tinte, logré salir de ahí y entrar al edificio principal. El ver ese distintivo color me recordó rápidamente a la pequeña Suu, que seguramente debía estar junto con la siempre alegre Papi, ya sea aprendiendo algo en sus clases caseras diarias ayudando en las tareas cotidianas o simplemente divirtiéndose con sus juegos de video. Sonreí al pensarlo, en verdad que extrañaba a todos esos peculiares inquilinos que conformaban mi disfuncional, pero increíblemente cariñosa familia anfitriona, especialmente a mi eternamente bella dullahan. Pronto yo estaría de nuevo con ellos, no sólo como su más reciente integrante, sino también como una flamante defensora de la justicia. Con el espíritu reforzado por el cálido cariño que ellos me otorgaban desde los recuerdos de mi corazón, me encaminé de nuevo a la búsqueda del adversario. Que comience la cacería.
– "Estoy adentro." – Avisó nuestra líder de grupo por radio. – "Tuve que usar mis gafas especiales. Todo está tan negro como mi cabello."
– "O tu corazón." – Retruqué, riendo.
– "O tus ojos, si no te callas, araña estúpida." – Declaró la nativa de Lesbos. – "Arpía, ¿Cómo va todo por ahí?"
– "Sinceramente, prefiero las noches en el lago Saint Mary." – Comentó la aludida. – "Estos apuntadores láser brillan como sables de luz con la visión nocturna. Podrían delatarnos."
– "Concuerdo." – Apagué el mío. – "Seremos asesinas invisibles como los Nachtjäger de la Luftwaffe que azotaban a los cazas británicos."
– "O las Brujas de la Noche soviéticas." – Acotó la mediterránea.
– "Correcto, las Nachthexen." – Complementé. – "Hey, excelente mención, Princesa."
– "No eres la única que sabe de historia, cabeza hueca. Y deja de llamarme así."
– "Explosivo, mina colocada en la base del corredor de la parte norte. Como a quince metros a la derecha del tercer ventilador." – Interrumpió Cetania. – "Casi indetectable en tan lóbregas condiciones, supongo no es un señuelo. Puedo evitarla fácilmente."
– "¿Puedes marcarla?" – Cuestionó la griega.
– "No tengo con qué, pero mientras se mantengan alejadas de esta zona, no habrá que preocuparse. ¿Todas activarán simplemente pintura o serán diferentes?"
– "Esperemos no tener que averiguarlo de la manera difícil." – Opinó la helénica. – "Usa tus garras para dejar una señal o algo."
– "Haría ruido, Sarge, pero dejaré una pedazo de venda de mi botiquín como advertencia." – Hizo una pausa. – "Enemigo, como a treinta metros de mi posición. No se ha percatado de mi presencia."
– "Ten cuidado, Cetania." – Le advertí. – "¿Está solo o es parte de una patrulla?"
– "No, parece estar en su rutina de guardia. Puedo eliminarlo sin problemas desde aquí."
– "Concedido, pero asegúrate de no fallar, emplumada." – Dijo la mediterránea.
– "Yes, ma'am."
Hubo un pequeño momento de silencio en la charla. Yo me escondí y esperé a que la americana confirmara la baja el oponente. Podía lograrlo y despejar el camino, o errar y alertar al contrincante de su presencia, condenándola. Me tranquilicé al escuchar la pequeña estática de su respiración antes de hablar.
– "Tango down." – Replicó la nativa de Montana. – "Aún equipado con visión nocturna, ni siquiera me vio venir."
– "Sabía que lo harías, linda." – La congratulé. – "¿Puedes ocultar el 'cadáver' para evitar revelarte?"
– "Estoy en eso, flaca. ¿Soy yo o hace demasiado frío aquí?"
– "Yo también lo siento. Creí que era un efecto de exponernos al granizo." – Mencionó la empusa. – "Por cierto, gracias por eso, araña idiota."
– "Pensé que te sentirías en tu elemento, Princesa de Hielo." – Le contesté. – "Todo despejado por aquí, pero este condenado clima me hace paralizar los dedos. Como odio el frío."
– "Es lo bueno de haber crecido en el norte del país. Me recuerda al Parque nacional de los Glaciares, aunque en lugar de truchas, ahora atrapo soldados." – Mencionó la rapaz. – "Ah, listo, este tipo ya está bien camuflado. Cooperó sin objeción. Hey, ¿Qué no trabajabas en una nevería, flaquita?"
– "Sí, pero al menos esas pingüinas mantenían la temperatura a un nivel considerable." – Respondí, con un ligero temblor de mi cuerpo. – "O Smith intenta simular un escenario ártico o desea iniciar su propia línea de helados a base de liminales."
– "¿Quién querría probar mantecados con tu desagradable sabor, alemana?" – Se burló la mantis. – "Esperen, un grupo de tropas acaba de aparecer, como a veinte o veinticinco metros. Tres hombres, se mueven con cautela, ya deben saber que estamos aquí."
– "Con ese condenado helicóptero haciendo escándalo, no me sorprendería." – Dijo la halcón.
– "El Blackhawk está diseñado para ser sigiloso, produciendo solamente veinte decibeles, a pesar de la cacofonía que escuchemos al abordarlo." – Aclaré. – "El ruido ambiental suele mayor que la máquina y provee un excelente camuflaje sonoro en las condiciones ideales, especialmente en las alturas de las que descendemos. Si saben de nosotras, es porque ya sabían que vendríamos de todas maneras."
– "Gracias por la trivia, profesora Jaëgersturm." – Rió la estadounidense. – "¿Los tienes en la mira, mantis?"
– "Estoy esperando a que estén al rango óptimo." – Replicó la mencionada. – "Ustedes sigan avanzando."
Acatando el mandato, proseguimos nuestro cauteloso recorrido por la enorme construcción. Deseaba avanzar por el techo y así evitarme el ser sorprendida por más trampas, pero había demasiados ventiladores en este, impidiéndomelo. Nikos confirmó la baja exitosa de tres contrincantes y siguió el plan de reencontrarnos. Durante el trayecto, no hallamos mucha resistencia y pudimos deshacernos de todos sin miedo a represalia de fuego. Kuroko nos advirtió que el lugar estaría infestado con seguridad, pero quizás se refería a las innumerables minas falsas que atestaban la zona. Marcamos varias y eliminamos algunas. El mayor peligro era que al hacerlo, la 'explosión' sucedía en un lugar diferente a donde el activador se hallaba, sin mencionar que el verde brillante anunciaba que alguien había estado ahí, delatándonos. Por suerte, la oscuridad probó ser una excelente aliada y logramos deshacernos de la resistencia eficientemente en relativo silencio. En un extremadamente inesperado golpe de suerte, las tres logramos reunirnos sin incidentes mayores, terminando cerca del centro, donde sospechábamos que nuestro objetivo a proteger se encontraba.
– "¿Esto está en modo fácil?" – Bromeó la falconiforme, recargando su USP. – "O somos muy buenas o ellos muy malos."
– "El edificio es demasiado grande para una guarnición tan pequeña de soldados." – Acotó la empusa. – "Neutralicé a cinco."
– "Seis." – Afirmó la rapaz, guiñando y girando su pistola con un dedo protético. – "Soy la pacificadora."
– "Tres." – Admití. – "No hay muchos por el sector del desagüe."
– "Me sorprende que no te hayan detectado, araña." – Dijo la mantis, revisando su MP5. – "Especialmente porque hueles peor que los desechos mismos. ¿Qué se siente entrar por el lugar del cual seguramente saliste?"
– "Estás de suerte, Princesa; Tengo una bala que lleva tu nombre y hoy me siento generosa." – Respondí sardónicamente. – "¿Te sorprendió alguna trampa? Luces más verde que un moco."
– "Ustedes dos serán perfectas para la rutina cómica en la fiesta de Mio." – Injirió la castaña. – "Si ya terminaron su espectáculo, dúo Tonta y Re-Tonta, busquemos esa condenada bomba. Y recen porque todo no se vaya al caño."
– "Descuida, pajarraca." – Alisté a Hummel. – "Lo peor que puede pasar es que un batallón ente-"
– "Ni. Se. Te. Ocurra. Abrirla. Jaëgersturm." – Conminó la griega, colocando un dedo en mi boca. – "Sólo muévete y no digas nada."
Afirmando con la cabeza de manera afásica, nos dimos a la tarea de dar con ese McGuffin que, ahora que ya no había enemigo aparente, debía esperar por nosotras. Me mantuve callada porque reconozco que en ocasiones mi lengua es casi un amuleto de mala suerte. Debería acudir con algún brujo loco a que me exorcice las malas vibras uno de estos días, aunque seguramente terminaría pegándoselas al pobre chamán. Dejando a un lado los pensamientos sobre mi inexplicable serie de desafortunados eventos que permean mi corta existencia, logramos dar con una pequeña cabina cerrada, en el centro del inmueble, una aparente estación central de comunicaciones. Las ventanas eran opacas y no permitían mirar adentro, ni siquiera si usábamos las lámparas de nuestras armas para auxiliarnos en la completa oscuridad. Presintiendo lo peor, ya sean tropas o trampas, nos decantamos por arrojar una granada cegadora y una de humo a través del vidrio y esperar a alguna reacción. La sargento y yo las aventamos y tan pronto las soltamos, nos preparamos para la respuesta del oponente, que nunca llegó. Esperando tiempo suficiente, nos arriesgamos a echarle un vistazo al interior.
Con precaución y tratando de evitar una descarga de pintura explosiva, nos adentramos en la habitación, donde la nada volvió a darnos la bienvenida. Algo más relajadas, pero sin perder la cautela, revisamos el cuarto, de dimensiones similares a la recámara que comparto con mi amada Lala. Excepto que no hay librero, ni mesita de noche ni una arachne cazadora desnuda complaciendo apasionadamente a una igualmente desvestida dullahan sobre una enorme cama. Sacudiendo mi cabeza para apartar las pecaminosas ansias de sentir el calor de mi segadora Abismal, ayudé a mis compañeras en la búsqueda, pero no encontramos mucho en el lugar, salvo por unos archiveros y unos escritorios alrededor. Claro, eso sólo si ignorábamos el enorme aparato en forma de caja en medio de la estancia, con un contador digital LED rojo y un tenso cable conectado a una infame mina soviética cóncava MON-50, anunciando a todas luces ser nuestro objetivo. Tragué saliva al ver los números en la pantalla, marcando que sólo contábamos con tres minutos para hacer algo antes de que… Bueno, lo ignoro, pero no ha de ser bueno. ¡¿Y por qué demonios usaron una mina rusa?!
– "¿Y ahora qué hacemos?" – Interrogó la rapaz. – "¿Hay un botón de apagado o algo así?"
– "Sí, seguramente ha de estar junto a los que fijan la hora y la alarma." – Repliqué mordazmente, revisando la bomba. – "Carajo, dijeron que había que protegerla, no desactivarla. ¿Alguna idea, Unteroffizierin?"
– "Afloja el cable." – Respondió secamente. – "Sonará a solución Hollywoodense, pero incluso con los dispositivos reales, una pequeña falla en el contacto convierte en inofensivo al artilugio. Si el alambre está fuertemente estirado, la electricidad necesaria para activar el detonador se ejecuta y adiós mundo cruel. Pero, si la tensión se elimina, el fusible deja de funcionar. Simple."
– "¿Cómo sabes todo eso, Dyne?" – Pregunté, sorprendida. – "No aprendimos tanto en el entrenamiento."
– "Era zapadora en el ejército, ¿sí?" – Contestó, revisando el cable del artefacto y removiéndose las gafas. – "Luz, necesito luz."
Retiré mi casco e iluminé las manos de mi aliada mediterránea con la lámpara de mi pistola y ella se tomó tensos segundos para iniciar su labor. El reloj seguía contando hacia atrás sin detenerse y ni siquiera el imperante frío podía detener nuestro sudor escapándose de nuestra piel con la misma celeridad que deseábamos escapar antes que una descarga de pintura o algo peor nos castigara por haber fallado. Pero la nativa de Mitilene mantenía una estoica concentración, a pesar de que también se veía tan aterrorizada como nosotras. Con sumo cuidado, agarró uno de los contactos en la mina, unida al cable activador. Lentamente, giró el tornillo manual, procurando de no hacerlo bruscamente o mover el explosivo, todo mientras los segundos proseguían su rauda cuenta regresiva. Por unos momentos, el único sonido eran las aspas de los ventiladores en el techo, nuestras trémulas respiraciones, el sonoro latir de nuestros corazones y las quitinosas manos de la pelinegra, dando vueltas a las uniones de metal y plástico. Final y milagrosamente, el tornillo liberó el cobrizo cordón, sin haber desencadenado ninguna reacción adversa.
Pero el reloj no se detenía.
La sangre se me tornó fría y, aún en la completa oscuridad, pude ver a mi amiga alada tornarse casi blanca del miedo. La griega no parecía ser afectada por tan fatídica cifra numérica en la rojiza pantalla digital o el inclemente frío que entorpecía los movimientos corporales y nos ordenó serenarnos. Faltando cinco segundos para llegar a ceros y posiblemente terminar descalificadas o en pedazos chamuscados, preferí cerrar mis seis ojos y esperar a que Caronte me ofreciera recorrer el río Estigia sin problemas y con descuento incluído.
Pero entonces, nada pasó.
Me refiero a nada sorpresivamente letal o indeseado, ya que apenas los dígitos mostraran que la carrera hacia atrás había acabado, un agudo sonido fue emitido de la pequeña bocina conectada a la misteriosa carcasa y la única luz de la cabina, obsequiada por una solitaria y vieja bombilla intermitente sobre nosotras, se encendió repentinamente. Extrañadas, nos miramos confundidas, sin decir nada. ¿Se acabó? ¿Finalizamos la prueba? ¿Habíamos triunfado o perdido?
– "¿Y ahora?" – Cuestioné al grupo. – "¿Ya…? ¿Ya terminamos? ¿Por fin?"
– "Eso parece." – Habló la americana, encogiendo los hombros. – "Aún continuamos ilesas y nada más ha sucedido."
– "En ese caso…" – La helénica tomó la palabra. – "Misión cumplida, es hora de retirarnos. Me estoy congelando."
– "Yay…" – La desganada falconiforme alzó un ala con la misma apatía. – "Cetania, play of the game…"
– "Bueno, ¿no era esto lo que queríamos?" – Dije yo. – "¿Ganar sin problemas?"
– "Supongo que te concedo la razón ahora, Jaëgersturm." – Suspiró la nativa de Mitilene. – "Aún así, no esperaba esta clase de anticlímax."
– "Debemos haber perdido algunos tornillos en el camino si nos encontramos lamentándonos por triunfar en completa paz." – Opiné, riendo tenuemente. – "Bueno, ¿Qué estamos esperando? Hora de que Smith nos bese el trase-"
¡BANG!
Un totalmente inesperado disparo, salido de la nada, rompió el vidrio de una ventana e impactó la bombilla, regresándonos a la absoluta oscuridad en un parpadeo. Nosotras besamos el suelo tan pronto el foco fue destruido, y después de salir del shock inicial, nos apresuramos a colocarnos las gafas de visión nocturna. Con estas activadas, las tres nos miramos, estupefactas y sin saber lo que había sucedido. No teníamos idea si aquello fue una bala o si nos confundimos y la vetusta luz explotó por sobrecalentamiento. Yo tenía instintivamente mi arma en mis manos y, temerosa, me levanté lentamente hacia una de las tres ventanas que la cabina poseía, buscando indicios de contrincantes que pudiera explicar lo ocurrido, pero la presencia de estos era nula. Los segundos pasaron y lo acontecido no volvió a repetirse. Cesando paulatinamente nuestra hiperventilación, tomamos valor para incorporarnos.
¡BANG!
Nuevamente, ese espantoso incidente volvió a tomarnos desprevenidas, esta vez golpeando demasiado cerca, sólo milímetros, de las garras de la halcón, quien se había comprimido en la pared del susto, dejando una enorme mancha negra en el piso, posiblemente color roja de no ser por el verde tinte de la visión nocturna. No es que importara realmente el color que fuera, nosotras ya habíamos sido alcanzadas por dos proyectiles y nos eliminarían con cualquiera sin importar la cromática recibida. Sin tiempo para siquiera captar la lógica de la situación, un tercer proyectil le arrebató la lámpara auxiliar al subfusil de Dyne. Para cuando el cuarto y el quinto destruyeron la de Hummel y la de la USP de la arpía, supimos que tal precisión quirúrgica sólo podía pertenecer a un verdadero profesional en el arte del combate lejano.
No había duda, era Manako.
– "¡Scharfschütze!" – Exclamé instintivamente, cubriéndome. – "¡In Deckung!"
– "¡Fuckin' sniper!" – Espetó Cetania, pegada al suelo. – "¡We're fucked up! ¡So fucked up!"
– "¡¿Podrían dejar de hablar en marciano y calmarse!?" – Reprendió Nikos, con el pecho a tierra. – "¡Hay que huir de esta maldita trampa!"
– "¡Es la francotiradora del jodido MON, mantis!" – Le reiteré. – "¡Si salimos de aquí, estamos más que jodidas!"
– "¡So fucked up!" – Continuaba mascullando la rapaz. – "¡So unbelievably fucked up!"
– "¡Ya cállate, ave de mal agüero!" – La regañó la mediterránea. – "¡Hay que irnos, si continuamos aquí, entonces nos perforarán los pulmones con pintura!"
Pero no podríamos llevar a cabo esa orden, ya que enseguida una cacofonía de pasos se hizo presente y, como un iracundo enjambre de avispas, dos pelotones de tropas aparecieron por ambos flancos, tanto en los pisos inferiores como superiores, equipados perfectamente y, sin ofrecer oportunidad para evitarlo, abrieron fuego contra nuestra vulnerable posición al mismo tiempo. Todas, creando un multicultural despliegue de vulgaridades verbales al vociferar una enciclopedia de improperios al unísono, nos resguardamos de la vorágine de bermejas balas que se desencadenó sobre nosotras. El ambiente, bajo el lente de la gama espectral aumentada, se tornó de un intenso verde y negro, contrastando con el blanco cegador del fulgor de las armas, los incontables apuntadores láser y el humo que las armas despedían. Un caótico mundo tricromático, sin colores medios, tan radicalmente inflexible como este endemoniado adiestramiento, de victoria a fracaso en un simple parpadeo.
Sin salida.
Esa era yo, esas éramos nosotras tres, rodeadas sin aparente esperanza alguna, simplemente esperando a que el infausto rojo manchara nuestros ya cansados cuerpos y nos matriculara como perdedoras, atrapadas en un claustrofóbico bulto como la División Aerotransportada del 101 en las Ardenas. Lo único que podía pensar en ese entonces era en los rostros de mi familia en Asaka, siempre recibiéndome con sus sinceras sonrisas, escuchándolos reír con sus alegres voces y reconfortarme con sus muestras de verdadero afecto. Pensé en Lala, en todo lo que hemos disfrutado y sufrido juntas, y especialmente en cómo, a pesar de lo extremadamente improbable que aquello sonará al principio, logré obtener su amor incondicional y lealtad eterna. Luché arduamente por ello, me esforcé y no cedí terreno, aunque la vida me continuara sitiando con su ejército de contrariedades, como los aludidos paracaidistas estadounidenses, congelándose en el cruel invierno belga, luchando contra los Panzers de la SS y la artillería germana.
Artillería… ¡Eso es!
– "¡Si están disparando, no pueden actuar a tiempo!" – Grité al equipo. – "¡Usemos las granadas de humo de un lado y cegamos al otro con las flashbangs!"
– "¡El enemigo está demasiado lejos!" – Reiteró Dyne. – "¡No llegarían a ellos!"
– "¡Improvisaremos nuestros obuses!" – Afirmé. – "¡Usemos tu escopeta!"
– "¡¿Estás loca?!" ¡¿Cómo haremos eso?!"
– "¡Coloca el extremo del envase en el cañón y dispara hacia ellos!"
– "¡Las granadas son demasiado grandes para entrar la boca del arma!"
– "¡Dame tu Mossberg!" – Le extendí la mano y volteé hacia mi amiga emplumada. – "¡Cetania, tu botiquín!"
– "¡Sea lo que planees, te adelanto que estás absolutamente chiflada, flaca!" – Contestó la castaña, entregándome su bolsa médica, la más equipada de las nuestras. – "¡Pero confío en ti!"
Rápida y desesperadamente, tomé una de las gasas y la corté lo suficiente para enrollarla a la base de una granada cegadora, formando un pequeño cono. Usando la cinta adhesiva y alfileres de seguridad, confirmé que la unión fuera lo suficientemente fuerte para resistir ser despedida desde un arma. Tratando de no activar la escopeta de la empusa y terminar sin dedos, coloqué el improvisado artilugio en el cañón y se lo entregué a su dueña. Desconcertada por mi demente idea, pero entendiendo que la situación requería medidas desesperadas, la mantis apuntó su herramienta hacia nuestra derecha al tiempo que yo lanzaba una granada de humo al lado contrario. Quitándole el seguro al explosivo y apretando el gatillo, la helénica liberó una descarga de perdigones plásticos con la fuerza necesaria para impulsar el artefacto activado lo bastante lejos para alcanzar a nuestros atacantes.
Funcionó.
Gracias a la aparentemente minúscula pero actualmente significativa ayuda de la tela médica, el envase logró resistir la munición de la Mossberg y salió despedida como un cohete hacia donde los oponentes de la izquierda seguían propinándonos su roja lluvia de pintura. Tal disparatada táctica los tomó por sorpresa y, con el efecto aumentado por sus aparatos de vista nocturna, perdieron la concentración cuando el resplandor penetró sus retinas como una luz divina que nos alumbraba el camino libre. Así, con ellos distraídos, aprovechamos para eliminarlos con celeridad, evitando exponernos demasiado para no caer presa de los insistentes adversarios que atacaban a ciegas detrás de la barrera de humo o los muy peligrosamente cercanos disparos de la cíclope francotiradora, que aún continuaban hostigándonos. Que la frecuencia de estos no disminuyera, indicaba que ella no se hallaba del lado derecho, o al menos, en un sitio donde pudiéramos verla. Ella era capaz de darnos desde distancias absurdamente lejanas y por lo que sabía, podría estar desde el otro extremo del inmueble o incluso asediarnos desde afuera. Con una verdadera as del rifle de precisión, todo era posible.
Con la derecha limpia gracias a nuestro eficiente actuar a pesar de no contar con las miras láser, repetimos el proceso del lado restante, obteniendo otra afortunadísima conquista y neutralizando el peligro más directo. Cantaríamos el éxito, pero aún nos quedaba el miembro más letal: La propia Manako. Comparado con ella, incluso toda la guarnición de efectivos en la base era un simple juego de niños. La tímida agente no requería de miras telescópicas ni complicados aditamentos para refinar su ya perfecto tino, valiéndose únicamente de su enorme y sensible globo ocular para asestar ese contundente golpe a su presa. Nadie creería que detrás de ese cohibida y pequeña chica de cabellos púrpura se escondía una auténtica cazadora de férreos nervios y paciencia infinita. Manako era una inesperada contradicción a su naturaleza, y una que demostraba que nuestro talento no debe estar limitado por la estirpe en la que nacimos. Y, si nuestras poco ortodoxas ideas o contrastantes filosofías también son evidencia válida, nosotras igual lo hemos comprobado.
– "¡Bien pensado, Aria!" – Me congratuló la griega. – "¡¿Ahora qué hacemos con la émula de Simo Häyhä?!
– "¡Blitzkrieg!" – Respondí, revisando la munición de mi ametralladora. – "¡Ataque directo en pinzas mientras la bombardeamos con lo que tenemos!"
– "¡¿Quieres que ataquemos directamente a una excelente tiradora en campo abierto?!" – Interrogó una estupefacta falconiforme. – "¡Demonios, flaca, yo te amo, pero ahora sí que perdiste la cabeza! ¡Ni siquiera sabemos dónde está!"
– "¡Izquierda!" – Apunté a la dirección. – "¡Entré por ese lado, hay una serie perfecta de plataformas que ofrecen un ángulo perfecto para atacar esta posición! ¡Tendremos que cubrirnos apenas salgamos de aquí!"
– "¡¿Y acaso crees que sobreviviremos un segundo bajo su mira?!"
– "¡Por supuesto!" – Le aseguré, sonriendo. – "¡Yo iré por la izquierda, Dyne por la derecha y tú puedes volar al centro! ¡Cuidado con los ventiladores del techo!"
– "¡¿Cómo puedes estar tan segura que esto funcionará, Jaëgersturm?!" – Cuestionó la helénica. – "¡Tú eras la que se rehusó al principio!"
– "¡Porque aún estamos en el juego! ¡Y nuestra voluntad puede más que una bala!"
– "¡Eres una demente, araña!"
– "¡Soy una demente con muchas habilidades, Dyne!" – Reí ligeramente. – "¡Vamos, ahora! ¡Los, los, los!"
Sin dejar de recordarme que era un plan absurdamente estúpido, opinión que yo compartía, las tres huimos tan rápido como pudimos de ese ataúd de concreto y nos dispersamos, evitando por excesivamente minúsculos centímetros que nuestro cuerpo se tornara bermellón en el proceso. Una vez llegada a mi destino de cubrirme con una pila de barriles oxidados, continué rápidamente hasta la siguiente barrera. Cetania era la más vulnerable, al no haber protección alguna en el aire, pero al mismo tiempo, la falta de obstáculos en el cielo le permitía maniobrar con mayor libertad que al estar atrapada por la gravedad, usando cualquier cobertura en los niveles superiores para pausar su avance momentáneamente. Progresábamos despaciosamente, pero sin dejar que el corazón deteniéndose al escuchar el escalofriante sonido del fusil enemigo abriendo fuego o la inesperada mancha de pintura nos afectara la perseverancia de moverse hacia adelante. ¿Cómo es que podíamos sobrevivir a la mejor tiradora liminal de la crema y nata en cuestión de seguridad y protección?
Fácil, su propia naturaleza.
La configuración monocular es una bendición para la pesquisa de objetivos en condiciones ideales, pero un detrimento en la oscuridad. El lente de visión nocturna no le permitirá procesar naturalmente la distancia y profundidad como hacerlo con su ojo descubierto, restándole eficiencia, sin contar que tal aparato le restringe su campo visual y necesitaría un artilugio potente, pero estorboso para compensar las deficiencias que la tecnología le ha impuesto. Si eligió arriesgarse y optar por ello, entonces no puede moverse mucho sin perder de vista el rápido blanco que continua acercándose a ella sin cesar. Y, si ella no está moviéndose, la alcanzaremos; Pero si se mueve, entonces no está disparando. La francotiradora se encuentra en una paradoja, como ella misma; Recolocarse para evitar ser atrapada, pero sin defenderse… O pelear, pero ser capturada. Con tres personas avanzando sin parar, el tiempo se le acababa al igual que las opciones y ni su puntería impoluta le ayudaría contra estas. Desafiando a su suerte, la agente de MON recurrió a destruir las trampas que no habíamos desactivado en nuestra incursión, liberando explosiones de verde pintura que amenazaban con dejarnos fuera de la competencia. Pero, al optar ella por tal táctica, nosotras podemos concentrarnos en avanzar con presteza y cerrar el cerco que la chica de un solo ojo ha creado sobre sí misma.
Los papeles se han intercambiado.
Identificando el nido donde nuestra oponente se había instalado, una pequeña cabina cerrada, se ordenó abrir fuego incesante sobre la plataforma en la que ella residía. Escalando las paredes, esta cazadora arácnida hizo honor a su apellido y liberé una tormenta sobre el contrincante gracias a mi abundante reserva de munición, obligando a la adversaria a tomar cobertura sin poder tomar represalia. Por el otro lado, Dyne subió las escaleras metálicas y saltando como heroína de acción sobre la balaustrada de hierro, acortó camino hasta rodear el baluarte de la cíclope, sin interrumpir su continua descarga de perdigones sobre las ventanas de este. Destruimos el opaco vidrio de la construcción por completo, llenando de cristal el interior, revelando a la acorralada francotiradora a punto de cambiar su rifle Accuracy International Arctic Warfare por una pistola Glock 19 y apuntarla a mi dirección. Mientras ella se preparaba a encañonar su herramienta, quitándole el seguro tan pronto puso sus manos en esta, yo le arrojé mi ametralladora vacía, impactándola y sacándola de balance. Raudamente di un salto por la ventana y me lancé para apresar a la habilidosa chica.
Y me golpeó la cara.
Con una agilidad impresionante, la cohibida Manako me asestó un severo puñetazo en la frente cuando estuve a punto de sujetarla, dañando una lente de mi máscara especial. Sin dilatar su tiempo, la guerrera de cabellos púrpuras arremetió contra mí con la fuerza de un misil, usando su cuerpo entero para vapulear mi estómago. Sin darme oportunidad de sostenerla con mis pedipalpos o brazos, ella se separó y con una artística vuelta sobre su eje, su bota me lastimó el costado izquierdo con una fuerza que jamás esperé que la cíclope poseyera. Impulsada por tremenda patada, choqué contra la pared de la cabina y parte de una ventana, cortándome la mejilla derecha con el poco vidrio que aún sobraba en el derruido marco. La tiradora intentó arrojar otro golpe a mi rostro mientras yo me hallaba desorientada, pero una audaz Nikos le detuvo por detrás, apresándola con sus brazos inferiores y extremidades de mantis.
¡Y también le partió la cara!
Impulsando su cabeza hacia atrás, Manako golpeó la boca de la mediterránea y forcejeó para soltarse. Alcé mi puño para tomarla desprevenida, pero ella contraatacó aferrándose a la pelinegra y pateándome con ambas piernas. Con una gran flexibilidad y casi desafiando la gravedad misma, la cíclope se impulsó en dirección al frente y dio una vuelta de doscientos setenta grados hacia adelante sin soltar a la sargento, cayendo sobre su espalda y aplastando a la pobre helénica en el proceso. Incluso si la chica de MON no pesaba mucho, la fuerza y sorpresa del impacto no le sentó bien a su contrincante y la obligó a liberarla. Yo estaba en proceso de saludar su cráneo con mis nudillos, pero la mujer de un solo ojo se hizo a un lado y me detuve antes de herir a mi propia aliada. De esa manera, la letal francotiradora no se escatimó energías en otorgarme una medalla en forma de sonora trompada y hacerme tambalear, para lanzarse a una intensa sesión de pugilismo cíclope, repartiéndome puñetazos a diestra y siniestra.
Mi inexperto ser bloqueaba algunos e intentaba devolverle el favor, pero con un simple movimiento de manos, ella alejaba mis extremidades endurecidas. Las bajas temperaturas no ayudaban a agilizar mis congelados miembros, y mientras mi boca expulsaba dióxido de carbono como la fumarola de un volcán, mi contrincante en amarillo uniforme apenas y dejaba ver un rastro a pesar del esfuerzo físico de su agitado combate. La sargento griega, recuperada, se unió a nuestro forcejeo y pronto dos novatas se encontraron en vigorosa reyerta contra una agente de élite, quien no cedía ante nuestro asalto doble. Con una enorme maestría, la cíclope detenía todo ataque y negaba cualquier acometida ya sea con puños cerrados o algún movimiento de artes marciales. Una arachne y una empusa unidas no parecían rival para una auténtica experta, apenas logrando unos cuantos aciertos débiles, mientras ella nos los regresaba con el doble de poder. Manako era simplemente imparable.
Y todo en la completa oscuridad.
Estaba enojada con ella por dañarnos tanto y completamente asombrada por su eficiencia en tan terribles condiciones. Si utilizar un rifle de precisión sin luz disponible es una hazaña, que pudiera defenderse sin arma alguna de dos fuertes contrincantes era completamente extraordinario. Ignoro qué clase de entrenamiento haya tenido ella o cuanta experiencia haya obtenido en sus incontable misiones, enfrentando a lo peor del mundo criminal, pero más que desmoralizarme ante su impasible poder, la impavidez de la cíclope me motivaba a seguir peleando. Porque yo deseaba ser precisamente eso, quería volverme un impenetrable castillo, un bunker inexpugnable, una montaña inconquistable, un tanque indestructible. Pero antes de convertirme siquiera en una fortaleza hecha de almohadas, necesitaba derrumbar a esta infranqueable muralla que me impedía el camino al éxito. Y cuando la infantería y los blindados son incapaces de demoler un obstáculo, se recurre a la artillería pesada.
O en nuestro caso, la fuerza aérea.
Haciendo gala de su fastuosa velocidad y dominio del aire, Cetania irrumpió sorpresivamente como un caza Lockheed Martin F-22 Raptor en nuestra posición y, con una garra extendida, pateó a la chica de púrpura cabellera en el centro de su cara torácica con tal fuerza que la aventó hacia afuera por la ventana detrás de ella. Tal era su impulso que la arpía continuó sosteniendo a la cíclope sin detener su contundente ataque al salir de la cabina y sin soltarla, la estrelló fuertemente contra el suelo. Junto con la mantis, yo me apresuré a descender hasta donde ellas se encontraban. Sin darle oportunidad a la francotiradora, la rapaz volvió a afirmar su pie sobre su presa, estampándola enérgicamente en el piso. La castaña alzó la garra, mostrando ese peligroso calzado con afilados clavos que repartían electrochoques a voluntad, intentando intimidar a la agente en el suelo para que se rindiera. Pero eso no fue suficiente para desairar a la terca chica de un solo ojo y, con celeridad, esta reveló un taser de su autoría que diligentemente colocó en las escamas aviares de la falconiforme, liberando una descarga de energía eléctrica que paralizó a la americana en segundos.
Ya habiéndose deshecho del ave de presa, la profesional de MON decidió que en lugar de proseguir una batalla contra tres novatas, la mejor opción era huir. La pelinegra la persiguió, conmigo a su lado, pero la tiradora estrella apuntó su pistola Glock en la retirada y nos obligó a tomar cobertura tras un sólido soporte del edificio para evitar sus disparos, con ella corriendo en dirección hacia las escaleras, perdiéndose. Reanudando la búsqueda, le seguimos el paso a toda velocidad y ella volvió a aparecer en nuestra periferia, con la oriunda de Mitilene tratando de darle con su P226 al momento que yo trepaba las paredes para probar suerte con Hummel. Ella era ágil y logró evitar nuestros proyectiles, pero en su desesperación, acabó en un camino sin salida. Al querer regresar, fue impactada por el costado al ser atrapada por Dyne, pero esa infame arma eléctrica le hizo ceder con un sonoro grito de dolor por parte de mi aliada, cayendo y tiritando de espaldas por el estímulo extremo a su sistema nervioso.
Queriendo esfumarse por tercera vez, la francotiradora arrojó su taser hacia mí, dándome. Por suerte, fue el inofensivo extremo del mango plástico el que me tocó y pude correr hacia ella sin interrupciones. Acercándome y dispuesta a poner a fin a esta demasiado longeva trifulca, aceleré el paso con intención de derribarla. La adversaria trató de recurrir a su Glock, sin embargo, ya era demasiado tarde para que apretara su gatillo y me eliminara con nueve milímetros condensados en cónica forma metálica. Con los movimientos aprendidos durante mis entrenamientos con Zoe, logré asestar un golpe desarmador en la muñeca de mi oponente, obligando a su infractora mano a soltar su arma. Tal pistola se disparó al impactar el piso, dándole a la nada, pero no es que pudiera verla o importarme, ya que por fin pude superar la destreza de nuestra tenaz contrincante y con un poderoso salto, la apacigüé con ambos pedipalpos en su estómago y sujeté ambas manos, aprehendiéndola en la superficie.
Con celestial sincronización, tan pronto la cíclope cayó, la iluminación del edificio entero regresó. Yo me retiré la pesada máscara de visión nocturna y ella se aturdió por el repentino influjo de luz a su sensible globo ocular, efecto magnificado por sus gafas especiales. Le quité las suyas en ese instante, quería que ella pudiera admirar a todo color como mi mano derecha tomaba la P30L que su amiga zombi me obsequió y la colocaba enfrente de ella. La estrella de MON se paralizó al ver el cañón de once centímetros se ostentaba tan peligrosamente cerca de su indefenso iris, del mismo color púrpura que su corto cabello, amenazando con liberar una destructora bala calibre .40 Smith & Wesson y destrozarle el nervio óptico. Que haya decidido olvidarme de la disciplina de batalla y mi dedo estuviera tan tentadoramente a punto de apretar el gatillo no debió tranquilizarla. Ambas respirábamos profundamente y el sudor se resbalaba de nuestros rostros, creando un patrón irregular de humedad en el polvoso piso.
– "Se acabó…" – Aseveré. – "Ríndete, Manako."
– "Pero yo no soy ella." – Aseguró ella, riendo.
– "Manako…" – Dijo alguien detrás de mí. – "Soy yo…"
La chica en el piso rápidamente cambió de forma ante mis ojos, tomando un aspecto físico más pequeño y con su corto pelo alargándose hasta ser tan extenso como su dueña y volviéndose blanco al tiempo que su piel adquirió una tonalidad más oscura y sus ojos se duplicaron en su cambiante rostro, mostrándose dorados con negra esclerótica. No era otra sino Doppel, mostrando una sonrisa burlona. Anonadada, me di la vuelta y me encontré con la verdadera cíclope, con su Glock apuntándome al pecho y una mirada fría. Impidiéndome razonar tan abrupto cambio de eventos, la mujer de un solo ojo activó su arma.
El tiempo corrió en cámara lenta y el mundo entero se tornó monocromático cuando observé horrorizada como la corredera hecha de polímeros se movió hacia atrás, liberando un cruel proyectil de nueve milímetros del cañón con una roja punta, como la sangre, adherida a la extremidad del cono de latón e iluminada por el fogonazo detrás de este. Sintiendo el aplastante poder de la derrota contenido en tan diminuto paquete, mi cuerpo fue impulsado hacia atrás cuando el objeto salvajemente impactó contra mi tórax humanoide, cubriéndolo de un bermellón infernal, sacudiendo mi entidad por completo, deteniendo mis pulmones, el pulso y despedazándome el alma como el fuego del Tártaro. No caí, sino que mi mitad superior se detuvo hasta donde mi elasticidad lo permitió y por reacción regresó a su posición original.
Pero yo ya no lucía como la vencedora que logró imponerse a la invencible francotiradora profesional de MON. Ahora, mi rostro únicamente cargaba con una humillante mueca de desesperanza al descubrir que ese infausto rojo, contrastando con la ausencia de color que me rodeaba, machaba mi pecho, marcándome como lo que siempre me esforcé en demostrar que no era; Un error. El casquillo vacío de la bala tocó el suelo, haciendo eco sin problemas en el gélido y afásico inmueble. Pasé mi temblorosa mano sobre la carmesí salpicadura, tiñendo mis dedos enguantados con ese aciago color que representaba mi fallo ante los ojos de mis superiores y compañeras. Moví mis dígitos para remover la suciedad, pero esta sólo se esparcía con cada oscilación, expandiéndose cada vez más en mi palma, como un virus infeccioso. No podía creerlo, mi mente aún se negaba a aceptar lo que todos pudieron atestiguar, parecía imposible. Pero no había duda alguna, la evidencia no mentía.
Fracasé.
Doppel se liberó de mí e incorporó, sin que yo reaccionara de forma alguna. Mis amigas, que presenciaron lo ocurrido, se mantenían afónicas, inmóviles, sin dar cabida a lo que sucedió. Escuché pasos que aumentaban de volumen lentamente y vi a Smith vestida en su amarillo uniforme junto al resto del equipo, acompañadas de un hombre bien vestido de la JGSDF, quizás un general, aunque no es que me importara ya. Yo sólo continuaba viendo hacia el vacío, con la mirada perdida y únicamente captando el color rojo en el gris universo. La coordinadora, con sus botas reforzadas resonando, se detuvo a un metro de distancia de mí. Indolentemente, levanté mi cabeza y reuní mis últimos restos de mi destrozado orgullo para poder encarar a la mujer y verla a sus ojos, ocultos por sus negras gafas. Sin decirnos nada, la pelinegra se retiró los lentes para sol y nuestras miradas se encontraron sin obstáculos.
Ella estaba decepcionada.
No pronunció palabra, y sus expresiones faciales eran tan neutrales y pétreas que no indicarían estado de ánimo alguno. Pero, sus ojos, esos castaños ojos, ahora me contemplaban con desilusión. Continuamos viéndonos por varios mudos segundos, hasta que ella cerró los suyos e inhaló profundamente, llenándose los pulmones de oxígeno, para luego exhalar con lentitud. Noté que una vena en su sien estaba siendo suprimida con una gigantesca fuerza de voluntad y sus manos, convertidas en puños, temblaban sin sutileza. Con apatía, Smith volvió a mirarme, sin dejar que ese desencanto abandonara sus globos oculares. El aire, era tan helado y tan pesado que la tensión volvió el respirar un desafío. Mi corazón bombeaba sangre a todo mi cuerpo, pero mi piel estaba blanca de la vergüenza. Con otro profundo suspiro, la mujer del gobierno tomó la primera palabra.
– "Aria…" – Habló con frialdad. – "Perdiste…"
Mi alma se fracturó en mil pedazos. Las lágrimas recorrieron mis mejillas al instante y el temblor en mi cuerpo terminó en un débil pero audible llanto ahogado. Ni Kuroko, ni su equipo o siquiera el general que las escoltaba respondieron ante mi desdicha y atestiguaron en silencio como una infeliz arachne lloraba amargamente al ver como sus sueños se destruyeron por un simple proyectil de bermeja cromática. El ruido de los ventiladores, el temblar de mi exoesqueleto por el insoportable frío, mis propios llantos; Todo se combinó para transformarse en una infeliz cacofonía de sufrimiento. La saliva que me escurría de mi trémula boca no tenía sabor alguno que no fuera el de la cruel derrota y mi nariz únicamente podía oler mi pútrido hedor a fracaso. La bala no me quitó la existencia, pero me arrancó la vida y me aplastó la voluntad. Lo estropeé, lo arruiné todo como la maldita imbécil perdedora que soy. Si el mundo entero optaba por odiarme eternamente, no podría culparlos; Les fallé a todos, a mis aliadas, a mi familia biológica y a anfitriona, incluso a mi nación, especie y deidad principal.
A Lala.
El dolor en mi inconsolable alma se intensificó, así como mi llanto. De todas las personas a las que decepcioné, ninguna me afectó tanto como el recuerdo de la dullahan. Le juré por mi vida que lo lograría, que regresaría a ella con el triunfo en mis manos y la victoria en el corazón. Le prometí no rendirme, no permitir que cualquier adversidad me impidiera avanzar hasta lograr regodearme con las mieles del éxito en la cima de la gloria misma. Mi honor, mi honra, mi dignidad, todo lo puse en juego en esta arriesgada travesía. Construí soberbiamente mis sueños con las piedras de la esperanza, empeñada a solidificarla con mis repetidas conquistas sobre los contratiempos, optimistamente creyendo poder lograrlo. Y al final, un minúsculo objeto desmoronó esa fortaleza de cristal en la que puse mi fe. En la misma supuestamente torre inexpugnable que esa inmaculada irlandesa que se atrevió a ofrecerme su corazón colocó su confianza. Y yo le fallé.
– "Su pequeño experimento no dio resultado después de todo, agente Smith." – Mencionó el hombre del ejército, indiferente y con sus manos detrás de él. – "Creo que todo esto prueba que una semana no es tiempo suficiente para preparar a un grupo de novatas para retos tan grandes."
– "Eso parece, general Nagumo." – Respondió la pelinegra, con algo de incomodidad en su voz. – "Sin embargo, hay que admitir que lucharon con todo hasta el final."
– "Pero no lo suficiente. Los fracasos son inadmisibles, agente."
– "Lo sé…" – Carraspeó ligeramente, tallando su garganta. – "Pero, ¿acaso no hay…? ¿No hay manera de indultarles esta pequeña falta? Es sólo un disparo."
– "De tres, Smith." – Reiteró el militar. – "En la vida real, ella ya estaría tratando de cruzar el río Sanzu."
– "Es una arachne, es más resistente que cualquier humano."
– "Pero no inmortal. Y me temo que, según las reglas acordadas, esto la descalifica a ella y a sus acompañantes."
– "E-entiendo eso, general, pero yo… Yo coloqué mi esperanza en esto…" – El labio inferior de Kuroko comenzó a temblar y su voz se turbaba. – "Ellas… Ellas eran el primer paso a un mejor futuro…"
– "Lo lamento mucho, Kuroko." – Nagumo colocó su mano en el hombro de la mujer. – "No siempre se puede ganar."
– "Nuestros fondos, nuestros recursos, nuestra credibilidad…" – Continuó la coordinadora, luchando para que las lágrimas no la traicionaran. – "Todo eso se irá al caño junto con ellas… Realmente, general… ¿Realmente… hemos perdido?"
– "Es un trago amargo…" – Disintió lentamente con la cabeza. – "Pero la realidad es así de dura."
– "Entonces, así terminan nuestros sueños…" – Miró al suelo, con las manos temblando aún más. – "Con un decepcionante anticlímax."
– "Lo siento, agente."
– "No…" – La aludida alzó la cabeza repentinamente. – "Aún no…"
Sin previo aviso, la líder de MON insertó su mano dentro de su funda en la cintura y reveló una imponente pistola IMI Desert Eagle calibre .50 Action Express color negra, la cual no dudó ni un segundo en apuntar en dirección al rostro del azarado mandamás militar a su lado. Yo salí inmediatamente de mi letárgico estado y traté de incorporarme, al igual que mis compañeras, pero las subordinadas de la impredecible Capitana empuñaron sus propias armas contra nosotras. Tionishia apresó rápidamente a Dyne, sentándose en su espalda y evitando que sus extremidades se libraran de tan efectiva técnica. Por su parte, Manako colocó otro cargador a su Glock y lo encañonó hacia Cetania mientras Zombina tumbaba al piso a la castaña con un manotazo al cuello y la enjaulaba firmemente con su rodilla al tiempo que le colocaba las esposas plásticas en alas y garras. Doppel simplemente me sostenía del cuello con una fuerza digna de una Abismal.
– "¡Kuroko, ¿Qué demonios crees que haces?!" – Interrogó el sorprendido Nagumo. – "¡¿Has perdido completamente la razón?!"
– "No…" – Replicó con demoniaca voz la mencionada. – "Sólo el respeto que te guardaba, Katsu. Creí que me apoyabas en esto, que finalmente habías visto la luz, pero veo que sólo te importa cumplir esas malditas reglas estrictas que esos vejetes idiotas han impuesto sobre nosotras."
– "¡¿De qué hablas?! ¡Tú fuiste la que accedió a esto! ¡Aceptaste seguir los mandatos!"
– "¡Yo deseaba poner a prueba sus habilidades, no matarlas en el proceso!" – Vociferó la coordinadora. – "¡Pero obviamente aquello no era suficiente para ti y tus queridos amigos de los altos mandos! ¡No, ustedes querían más! ¡Un verdadero infierno para llevarlas al límite! ¡Un absurdo espectáculo de dolor para divertirse malsanamente!"
– "¡Tu misma has dicho que pueden soportarlo! ¡Dos de ellas se enfrentaron a esos malnacidos en el centro comercial!"
– "¡Oh, por supuesto! ¡Qué tonta he sido!" – Smith rió de manera exageradamente sardónica y se dio una palmada en la frente. – "¡Son liminales! ¡Si lograron detener a cuatro dementes milagrosamente intactas, también pueden con todo un jodido ejército de soldados entrenados! ¡Eso sin contar a las mismísimas agentes de MON! ¡¿Por qué carajo no vendarles los ojos y dejarlas moribundas en medio del desierto, para hacerlo más interesante?!"
– "¡Estás exagerando todo, demente!"
– "¡¿Demente?! ¡¿Así es como me llamas?!" – Cuestionó con vesania. – "¡¿Osas tacharme de loca, cuando tú fuiste quien propuso que usáramos balas reales?! ¡¿Y qué hay de los nueve pisos y tus muy ingeniosas ideas para hacerles, según tus propias palabras, vivir una experiencia fílmica?! ¡Oh, y no olvidemos el excelente plan de querer calcinarlas en esa pequeña habitación si no lograban desactivar la jodida bomba, que gracias al Caos Infinito logré desechar!"
– "¡Y si tanto te quejas, ¿por qué consentiste que se llevara a cabo en primer lugar?!"
– "¡Porque tenía esperanza! ¡Por primera vez en mucho tiempo, tuve fe en alguien, en que esto funcionaría!" – Confesó con furia. – "¡Y ellas lo hicieron! ¡Demostraron que están más que aptas, pero tú y esos jodidos carcamales no pueden aceptar que estas tres mujeres sean mejores que ustedes! ¡Debería… debería matarte en este maldito momento!"
– "¡Smith, espera!" – Injerí yo. – "¡No lo hagas!"
No tengo idea de qué demonios esté sucediendo. Hoy he sido asaltada tanto física como mentalmente por tantas cosas en tan poco tiempo que siento que el cerebro va a explotarme, pero sea lo que sea, no puedo permitir que ella acabe volándole la cabeza a alguien, especialmente un gerifalte del ejército. Quise moverme, pero el agarre de la cambiaformas era demasiado fuerte. Aún así y con mi tráquea siendo triturada, logré propinarle una fuerte patada con mis pedipalpos a la peliblanca, haciéndola soltarme y sin dilación corrí hasta interponerme entre la irascible agente y el general Nagumo, tomando la mano de Smith y con un dedo queriendo colocar el seguro del arma y con otro alejar su dedo del gatillo.
– "¡Aria, no me jodas ahora! ¡No tú!" – Zahirió la mujer del gobierno, batallando por retirar mis garras. – "¡Ni siquiera te atrevas a defenderlo! ¡Suéltame!"
– "Escucha a tu superior, mortal…" – Advirtió Doppel, habiéndose recuperado y empuñando un arma similar a la de su jefa, en blanco puro. – "Ambas tenemos balas muy reales y no dudaremos en abrirte otro hoyo."
– "Ella ya no me da órdenes…" – Declaré sin dejar de ver a Kuroko a los ojos. – "MOE ha dejado de existir. No estoy bajo su jurisdicción."
– "No, Aria. Mientras aún me quede aliento…" – Prosiguió la pelinegra. – "Todavía puedo volver este proyecto en realidad. Aléjate y déjame enviar a este desgraciado a las fauces del Eterno Vacío."
– "Entonces, detente, por favor, Hauptmann…" – Le imploré, con voz resquebrajada. – "Por el honor de nuestra unidad, por nuestro legado."
– "Nuestro legado será cosa del pasado si permitimos que este mono lo destruya….." – Ladeó un poco la cabeza. – "Carajo, Jaëgersturm, ¿Tienes idea de a qué clase de hijo de puta tratas de salvar?"
– "¿Realmente importa? ¡Es una persona!" – Las lágrimas volvieron a recorrerme las mejillas. – "¡Estamos aquí para protegerlas, no arrancarles la vida! ¡Es el propósito de este equipo! ¡Es el objetivo de la ley y la justicia!"
Smith rió de nuevo con sarcasmo.
– "¿Justicia? ¿Ley? No me hagas reír…" – Contestó ella, escupiendo a un lado. – "¿Sabes la razón por la cual este patán las sometió a tan excesivas y draconianas pruebas? Por miedo. Él y toda esa maraña de retrógradas cobardes que conforman los puestos importantes están temerosos de perder sus amados y lucrativos puestos frente a personas como ustedes. Creen que si permitimos que las extraespecies puedan tomar riendas en el asunto y poder defenderse de sus agresores humanos, el statu-quo de las fuerzas armadas se sacudiría por su intervención. En el fondo, ellos las odian a ustedes tanto como esos nativistas.
El ilustre general Katsu Nagumo aquí, ha sido siempre uno de los mayores opositores a la participación liminal en la sociedad. El mismo nos puso trabas cuando se propuso la creación del propio MON, alegando que cualquier especie no-humana era demasiado impredecible para confiarle una responsabilidad tan alta como la seguridad. Pero nosotras ganamos y él continuó jugando a regañadientes. Eso nunca lo detuvo, y, sabiendo que sus acciones contra los terroristas y la opinión positiva que dejaron en el público harían cada vez más difícil desaprobar las leyes que nos llevarían al verdadero progreso, el aceptó que fueran adiestradas bajo su vigilancia. Claro, no sin antes asegurarse que no tuvieran oportunidad alguna de ganar.
Pero yo opté por hacer el pacto con el diablo, porque sabía que ustedes tres podrían demostrarle a este papanatas que ni siquiera sus más insanas y maquiavélicas confabulaciones las detendrían. Y me dieron la razón, triunfando una y otra vez sobre ese nefasto complot que el presente aquí maquinó. Llegaron hasta este punto, limpiaron el lugar y neutralizaron la amenaza explosiva. La victoria era suya, hasta que él ordenó cambiar planes a última hora y organizar una escaramuza final para detenerlas. Y en mi soberbia, acepté y dejé que Manako y Doppel las sorprendieran mientras un escuadrón las asediaba salvajemente en esa pequeña cabina. Y aún así, pudieron contra toda contrariedad y casi alcanzaron el laureado éxito… Hasta que nos excedimos y recordé que nadie es invencible. Dejé que todo se me subiera a la cabeza y acabé minando mi propia esperanza. Admito que su fracaso… fue mi culpa.
Sin embargo, aún podemos salvar este sueño, esta esperanza, aún podemos corregir ese error. Y lo único que debemos realizar…"
Smith amartilló la enorme pistola.
– "Es eliminar al único testigo." – Proclamó con frígida voz. – "Doppel, ¿puedes fingir algo para inculparlo?"
– "Puedo ser lo que desees, Smith." – La peliblanca se transformó en un clon idéntico de Nagumo. – "Un suicidio, un ataque de ira, nada es problema para mí."
– "Kuroko, detente." – Insistí sin quitarme de la mira del cañón. – "Tú no deseas hacer esto."
– "Oh, sí, Aria. He deseado hacerlo desde hace mucho." – Espetó con un bufido. – "Debo completar lo que debí concebir hace varios ayeres, librarnos de todos los obstáculos que nos impiden pavimentar el camino al futuro."
– "¡Un futuro a base de muerte no es la respuesta!"
– "¡No me salgas con tu jodido idealismo hipócrita en este momento, Sparassediana! ¡Te vistes como una maldita Nazi, vienes de un país que se formó con el genocidio y aún así dices ser la buena aquí! ¡Tú eres la menos indicada para criticarme por lo que hago!"
– "¡Yo no soy lo que mi nación representa! ¡Sólo soy una simple arachne de piernas largas que desea ayudar!"
– "Entonces hazte a un lado y permíteme mejorar al mundo, purgándolo de la basura indeseada." – Conminó. – "Apártate, Jaëgersturm. No lo repetiré."
– "Esto no es lo que Kahvi hubiera querido…"
– "¡No te atrevas a meterla a ella en esto, hija de puta!" – La furiosa líder se rindió a las lágrimas. – "¡Sólo quítate! ¡Ahora!"
– "Sobre mi cadáver, Kuroko."
– "¿Aria, por qué haces esto?" – Hipó. – "¿Por qué, después de oír lo que este pedazo de basura ha hecho, pretendes protegerlo?"
– "Porque soy un escudo, no una espada." – Aseveré, retirando mis manos del arma. – "Y mientras aún me quede aliento, yo seguiré haciendo lo correcto."
– "En ese caso…" – Su expresión regresó a la impavidez de piedra. – "Que el Diablo te recompense el sacrificio."
Con un simple movimiento de su dedo, Smith jaló del gatillo. Mi visión se tornó inmediatamente en un altamente contrastante rojo puro al contemplar el martillo activar el percutor, provocando a la corredera de la pistola retraerse con perfecta suavidad al momento que un casquillo vacío era expulsado de la recámara y el fogonazo producido por la pólvora se liberaba del cañón. El brazo de la agente se contrajo del inmenso poder que su monstruosa herramienta descargaba. No pude escuchar nada después de la detonación, ni siquiera el pesado proyectil, más grande que una bala Magnum, atravesándome el cuerpo y esparciendo mi interior como una sangrienta explosión de fuegos artificiales. Con mis oídos sordos, únicamente podía admirar el rostro indolente de quien alguna vez me ofreció ser parte de este gran sueño; El mismo que ella acababa de destruir, literalmente, con sus propias manos. A pesar del mortal golpe que acababa de recibir, mi cuerpo, como mi voluntad, se mantuvo firme y no retrocedí en mi afán de proteger al hombre detrás de mí, no importaba que tan mezquino se hubiera comportado y que tan grande fuera su odio por mi especie; Matar no era justicia.
El arma regresó a su posición original y el humeante envase metálico vacío, prueba irrefutable de haber sido usado, caía al piso, creando un mudo ruido al impactar el frío suelo. Con treinta gramos de pólvora concentrada, yo estaba más que muerta. Tomé mis últimos momentos conscientes para echar un vistazo final al mundo del cual partiría en los próximos efímeros segundos. Mis compañeras todavía seguían ahí, incapaces de comprender la tragedia que se desarrolló frente a sus ojos, incapaces de ayudar a su aliada que había exhalado su concluyente suspiro. Dyne se mantuvo inmóvil y llorando, mientras Cetania, en la misma lastimera condición, movía enérgicamente la boca, quizás gritando mi nombre en un vano intento por evitar que visitara el río Estigia, pero yo no podía escuchar ya nada. El resto de MON no movió ni un solo dedo o mostró otra expresión que no fuera un abúlico estoicismo. Las luces del edificio se habían apagado, cediendo únicamente un solitario haz de luz alrededor nuestro, como si el mundo decidiera enfocar toda su atención sobre mi desgracia. Cerré mis ojos, no había vuelta atrás, era momento de partir. Perdóname, Lala.
Pero yo todavía continuaba ahí.
Abrí de nuevo mis seis órganos oculares. Los colores lentamente estaban regresando al igual que el sonido a mis oídos. Parpadeé en repetidas ocasiones para asegurarme que aún me encontraba en el plano terrenal de los vivos y no en la barca de Caronte o en las profundidades del Hades. Kuroko no pareció moverse, con la monumental pistola en mano y el cañón despidiendo caliente humo. Pero, esta vez había algo diferente en ella.
Estaba sonriendo.
Desconcertada, sacudí mi cabeza y miré hacia abajo, viendo mi pecho con esa roja mancha que me había matriculado como una perdedora, pero estaba compuesta de pintura, no hemoglobina. Pasé mis dedos por esta, confirmando que en efecto no se trataba de sangre. Tampoco descubrí algún hoyo o cualquier clase de herida, mi chaleco seguía intacto. Me encontraba confusa, sorprendida, estupefacta; Viva. Alcé la cabeza para mirar de nuevo a la coordinadora, insistente en no abandonar la enorme sonrisa que le adornaba la cara, acompañada ahora de un constante torrente de lágrimas que delineaban un fino trayecto por sus mejillas. El resto de las luces se encendieron y me asombré al descubrir a casi todo el batallón entero en las plataformas a nuestro alrededor, con la misma mueca de felicidad y aplaudiendo con brío. ¿Qué…? ¿Qué fue lo que pasó?
– "Aria…" – Habló Smith, con alegría. – "Bien hecho."
Prontamente, las integrantes de MON también se unieron a la sobrecogedora ovación grupal, sonrientes de oreja a oreja y liberando a mis compañeras. Entonces, Kuroko dejó caer la Desert Eagle y sin dilación, rodeó mi espalda con sus brazos y reposó su cara en mi hombro, llorando a cántaros, gimiendo por el llanto y, sorpresivamente, riendo con júbilo. Lentamente le regresé el abrazo, sin procesar del todo tan repentino cambio. La agente afirmó su agarre.
– "Gracias…" – Sollozó la pelinegra. – "Gracias por todo."
– "¿De qué hablas…?" – Articulé patidifusa. – "¿Por qué me agradeces?"
– "Por demostrar que yo tenía razón. Ustedes son la prueba que necesitábamos."
– "¿Pero… qué fue lo que hicimos?"
– "Comprobar que la causa por la que tanto han abogado ustedes, es la correcta." – Mencionó alguien detrás de mí. Me di la vuelta para asombrarme de ver al propio general Nagumo, ileso. – "No cabe duda, están más que aptas y listas para la tarea. Las felicito."
– "¿De qué…?" – Parpadeé varias veces. – "¿De qué hablan?"
– "Aria, ¿no lo entiendes?" – Me preguntó Smith, girando mi rostro hacia ella. – "Acabas de mostrarnos no sólo que están completamente capacitadas para neutralizar las amenazas, sino que también están totalmente dispuestas a proteger la vida de otros, aún a costa de las suyas, sin importar las circunstancias."
– "¿Yo… yo hice eso?"
– "Lo hicieron todas. Todas han pasado las pruebas inmaculadamente y han reclamado justamente la victoria." – Acotó la agente, abrazándome con más ahínco. – "Lo lograron, Aria. Ganaron, todas ganaron. Estoy orgullosa de ustedes."
Kuroko siguió descargando su felicidad en forma de lágrimas por un tiempo, conmigo encajando todas las piezas del ajetreado rompecabezas lentamente en mi anonadada mente. Cuando me di cuenta, ella ya se había retirado y me encontré rodeada por Cetania y Dyne, estrechándome en sus brazos, llorando, riendo y sacudiéndome con inmenso alborozo. Finalmente, todo tuvo sentido y logré comprenderlo. Una sonrisa se formó en mi rostro y mis ojos desencadenaron todo un sistema fluvial por mi cara al momento que mis extremidades superiores envolvieron a mis fieles compañeras, uniéndonos en una singularidad de satisfacción y regocijo combinada con incesantes lloriqueos. Después de todo el esfuerzo, el dolor y el sacrificio que nos obligaron a soportar, nuestra férrea perseverancia finalmente rindió frutos y conquistamos la tan anhelada cima del éxito, coronándonos con el laurel del triunfo y enarbolando la bandera de la gloriosa victoria.
Nos separamos, extasiadas de dicha, alzando las manos al aire, declarando a todo pulmón inconmensurable satisfacción eterna por nuestro bienaventurado resultado y regodeándonos con las eximias alabanzas que el público entero nos ofrecía con toda sinceridad a las tres. Por un pequeño momento en la existencia, éramos las estrellas más brillantes en el universo. Y como una supernova, el interior de nuestros corazones se nos iluminaba a cada segundo con el resplandor de mil cuásares, relumbrando a través de la galaxia del bienestar en nuestra alma. La existencia misma no podía sernos más destellante, así como nuestro futuro.
– "Smith…" – Me dirigí a la coordinadora, quien se hallaba secando sus ojos. – "¿Entonces, eso significa que MOE…?"
– "Así es, Aria." – Replicó la capitana. – "La división Monster Ops: Extermination queda oficialmente inaugurada y funcional. Bienvenidas a la élite."
– "Danke schön, Hauptmann." – Hipé, la emoción era demasiada.
– "No, amiga." – Sonrió, disintiendo tenuemente con la cabeza. – "Gracias a ti y tus amigas. Todo esto es debido a las tres. Soy yo quien está en deuda eterna con ustedes."
– "Tú nos ofreciste la oportunidad entrar aquí, Chief." – Se unió la rapaz.
– "Yo únicamente les mostré la puerta, ustedes fueron quienes decidieron cruzarla." – Respondió la mencionada. – "Y lo hicieron magníficamente."
– "Jerarca, debería darse más crédito." – Opinó la empusa. – "Su adiestramiento resultó, sus ideas fueron las correctas. Esta victoria también es para usted y el resto de MON."
– "Te agradezco el halago, Nikos, pero en este momento, la gloria les pertenece completamente." – Afirmó la pelinegra. – "Se lo merecen más que nadie."
– "De acuerdo, Hauptmann." – Sollocé. – "Prometemos trabajar duro por ti."
– "No sólo por mí, Aria, sino por todos los que creyeron en nosotras, en lo que representamos." – Proclamó Kuroko, alzando la mirada. – "Y por quienes aún tienen fe en lo que defendemos."
La coordinadora se dio la vuelta y les habló al resto de los presentes.
– "Y mi perpetua gratitud también estará con todos ustedes, señores, quienes facilitaron su ayuda para que este sueño se convirtiera en realidad. Incluso dudando de la ética de nuestros abrasivos métodos, lograron dar lo mejor de sí y ofrecieron un desempeño sobresaliente. No sólo han auxiliado a que un trío de excepcionales individuas se unan a las selectas filas para salvaguardar la paz de este país, sino que también han colocado las primeras piedras para la siguiente etapa en nuestro progreso como nación. Todos ahora orgullosamente formamos parte de la historia en las relaciones humano-liminal, un hito que siempre será recordado por los tiempos venideros." – Ella hizo una humilde reverencia. – "En nombre mío, de mi equipo, todo el Departamento de Justicia, así como el gobierno y demás dependencias, muchas, pero muchísimas gracias. Que los dioses los bendigan"
Con otro sonoro encomio, las diversas tropas, que iban desde los cadetes hasta otros altos rangos de la milicia, vitorearon con denuedo el efusivo panegírico de la veterana trabajadora del Programa de Intercambio. Exclamando un impetuoso 'Honorem et Gloriam', todos nos unimos junto a ella, voceando el lema prácticamente oficial de MON, y ahora también el nuestro. Zoe, Tionishia y Manako igualmente nos congratularon y nos ofrecieron sus honestas muestras de afecto a las tres. Doppel no se prestaba para tan sentimentales despliegues de felicidad, pero la sutil sonrisa que permeaba su oscuro rostro era sin duda genuina. Con lo efusivo del ambiente, tomé a Cetania en mis manos y uní mis labios con los suyos en un apasionado ósculo, recibiendo incluso más ovaciones de los animados espectadores. No podíamos estar más contentas al vernos luego de separar nuestras bocas, el amor que sentía por la castaña era tan grande como la dicha que seguía elevándose en mi interior, y ella lo sabía perfectamente. Con ternura, acaricié sus delicadas facciones y la americana me correspondió recorriendo mi rostro con sus suaves alas. Ahí, sentí que alguien más me jaló hacia el otro lado.
Y entonces, Dyne también me besó.
En la mejilla, claro. Y de forma muy breve. Tampoco es que deseara que hubiera sido en la boca o algo así. Digo, no se lo hubiera rechazado, pero no es que mi ya tumultuosa vida amorosa necesitara agregar otro elemento a la lista de pretendientes. Ya tengo a una agente de la muerte y a otra de la ley, ¿Qué más puedo necesitar en esta vida? Claro, otra justiciera más no haría daño, y sería fantástico… ¡Pero eso no significa que quiera sumarle un quitinoso problema más a mi existencia! Aunque, si las circunstancias lo permiten y tanto la segadora como la pajarita no se oponen, entonces… ¡Ay, no es hora para estupideces!
Sacudiendo mentalmente mi sesera para despejarme de tan bobos pensamientos, le ofrecí una mueca de aceptación a la mantis, cambiando rápidamente la suya por una de sorpresa, finalmente dándose cuenta de lo que había hecho. Con un rojo más fuerte que la pintura en mi pecho permeándole la cara y posiblemente planeando desquitarse violentamente con mi pobre personita más tarde, la griega comenzó a escupir repetidamente al piso, pero sin soltarme. Me hubiera reído, pero eso me hubiera costado otro moretón a mi ya vapuleado cuerpo y me conformé con darle palmaditas a su espalda. La falconiforme no se guardó nada y se carcajeó sonoramente al igual que las chicas de MON. Entre risas y celebraciones, recordé que debía informar de mi bienaventurado progreso a la persona más hermosa de este mundo.
– "Smith…" – Le dije a mi superior. – "¿Me permites hacer una llamada?"
– "Estoy tan animada en este momento que te lo regalaría, pero me encanta este modelo." – Rió la capitana, entregándomelo. – "Anda, ella también merece sentirse orgullosa de ti."
– "Gracias, Kuroko." – Le sonreí. – "No tardaré mucho."
Buscando la función de teléfono en el móvil de la agente y descubriendo que el iOS puede ser más lento que Android, marqué el número que me aprendí de memoria y esperé a que alguien en la residencia Kurusu contestara. Pude hacerlo al restaurante donde mi bella irlandesa laboraba, ya conocía la secuencia, pero hoy era domingo y seguramente no trabajó. Mientras el tono de espera repicaba en la bocina, yo observaba complacida a una contenta Cetania reposar pacíficamente su cabeza en mi hombro. Del otro lado, la helénica continuaba esputando su saliva y tallándose la lengua, para luego escupir nuevamente al recordar que sus guantes se hallaban sucios. No puedo imaginar lo que nos deparará el futuro y a que peligros nos enfrentaremos, pero no hay nadie más con quien desee hacerlo que con estás invaluables aliadas.
Riendo internamente al contemplar como la mediterránea proseguía batallando contra los gérmenes en su boca, el característico sonido de que la llamada había sido recibida y de alguien tomando el auricular captó de lleno mi atención. Entonces, una voz tan divina como el Monte Olimpo y paradisiaca como el jardín de las Hespérides tomó la palabra, recibiéndome con ese elegante acento irlandés que nunca fallaba en lograr colocar un sentimiento de satisfacción en mi alma, preguntando por la identidad del interlocutor. Había un dejo de esperanza, sabiendo yo que ella esperaba que fuera precisamente su amada alemana la que se comunicaba. Queriendo demostrarle que su optimismo no estaba errado e inhalando profundamente, le pronuncié unas simples, pero claras palabras a la suntuosa dueña indiscutible de mi arácnido corazón.
– "Spatzi…" – Exclamé con voz llena de dicha. – "Lo logramos."
NOTAS DEL AUTOR: ¡Ajá! ¿Qué dijeron? ¡Este imbécil de Tarmo Flake nos quiso ver la cara y casi nos engaña con el aparente fracaso de nuestras heroínas! ¡Arrójenlo a la hoguera por andar de chistosito!
¡No! ¡Esperen! ¡Era broma, no lo vuelvo a hacer! ¡Aaahhh!
Bueno, tonterías aparte, finalmente hemos llegado al final de este inusualmente largo arco narrativo y podemos relajarnos al saber que las chicas lograron cumplir su sueño. No solo será un alivio para el ahora oficial equipo MOE, sino para todos nosotros, puesto que ya deben estar más que hartos de leer ridículas situaciones y excusas para plasmar liminales haciéndolas de estrellas de cine de acción. Vale, prometo regresar a la temática de vida cotidiana y tonterías regulares a las que están acostumbrados… Por ahora. Aunque tampoco garantizo que mis promesas valgan de algo. ¡Es broma, suelten las escopetas!
En fin, sinceramente, este episodio sería incluso más extenso, pero mejor lo reservo para otra ocasión, ya ha sido demasiada adrenalina y sufrimiento por ahora. Deben tener miles de preguntas, como si nuestras protagonistas realmente enfrentaron a Manako o sólo un ingenioso engaño de Doppel, o algo más. Descuiden, que las respuestas llegarán… Eso creo, a veces todo se me olvida y-¡Hey, esa araña tiene las patitas peludas! ¡Ven aquí y déjame abrazarte! ¡Ay no, es venenosa!
Volviendo a asuntos más serios, para esta entrega tenía planeado dos posibles finales, el que acaban de ver y otro donde ellas realmente habían sido descalificadas. Opté por la versión optimista porque pensé que luego de arrastrarlas como muñecas de trapo entre balas de pintura, ogresas en armadura y francotiradoras nocturnas, el no entregarles la victoria sería una bofetada a su esfuerzo y a mis lectores. El trabajo duro se recompensa, y ni siquiera La Gran Sirena sería tan cruel para arrebatarles la conquista. Claro, eso no evitó que también incluyera la segunda opción en el escrito. Como la misma Aria en su vida amorosa dice, si no puedes decidirte, ¿por qué simplemente no elegir ambas?
En todo caso, les agradezco infinitamente a todos mis fieles lectores que lograron resistir por cuarenta y cuatro capítulos todos estos disparates y absurdas fruslerías grabadas en tinta virtual. Sin su sincero apoyo, ignoro si sería capaz de seguir publicando mis dementes ideas con el mismo ahínco. Sonaré a lo mismo, pero en verdad que me siento honrado de que la gente continúe disfrutando de esta humilde historia.
Muchas gracias por continuar en este barco, y espero no decepcionarlos. Sin más que decir, me despido y nos vemos hasta la próxima. ¡Auf Wiedersehen!
¡Ama, necesito antídoto inmediatamente! ¡¿Cómo que no hay?! ¡Pero entonce-GHHH…!
