NOTAS DEL AUTOR: ¡Achtung, kameraden! ¡Tarmo Flake ist hier!

Bueno, lo prometido es deuda. Les dije que regresaría a la temática de la vida cotidiana y, al contrario de los políticos, yo si cumplo. De manera mediocre y tardada, pero que no digan que soy un mentiroso y embustero.

¡Hey! ¡Les advertí que no lo hicieran! ¡Me las van a pagar!

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena se fue de vacaciones y no me llevó!


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 45


– "Te amo, Lala."

– "Yo igual te amo, Aria. Cuídate."

– "Tú también."

Besando por última vez los labios de la arachne que es la dueña indiscutible de mi corazón, dejé que mi alma se regocijara con ese mayestático sentimiento que ella me provoca cada vez que nuestras bocas se unen en su íntimo contacto, intercambiando algo más que fluidos salivales y nuestra esencia bucal: Amor. Simple, puro, auténtico, perfecto. Sentí sus fuertes pero tiernos brazos sostenerme con firmeza, aferrándose a mi persona, deseando no abandonarme, aunque sabía que era momento de decir adiós. Yo me esforcé por no rendirme al llanto en ese momento; Quería que las imágenes que se quedaran grabadas en su hipocampo al despedirse fueran de una mujer llena de esperanza, no lágrimas. Separándonos debido a su necesidad de oxígeno, admiré sus tres pares de bellísimos ojos, tan brillantes como rubíes, y que a pesar de no poseer pupila o iris alguno, despiden cantidades infinitas de afecto visual.

Aceptando que el deber la llamaba, ella asintió lenta y silenciosamente con la cabeza, regresándole yo el ademán con la mía. Así, la germana tomó el enorme contenedor de cartón corrugado entre sus manos y se dio la vuelta para encaminarse al interior del transporte oficial de la dependencia gubernamental de la que ella ha decidido ser parte. Colocando sus pertenencias dentro de la furgoneta, mi amada alemana me miró de nuevo y, con ese semblante militar que la caracteriza y adoro de ella, llevó su mano derecha al centro de su pecho y lo golpeó con fuerza, jurándome implícitamente regresar victoriosa y, lo más importante, sana y salva. Respondí a su honesta promesa ofreciéndole una mirada de aprobación y sosteniendo con mis dedos la flor de las nieves que colgaba de mi cuello y que ella me obsequió hace algunos días, simbolizando su empeño en jamás descuidarme a mí o nuestra hermosa relación. Sé que ella cumplirá magníficamente tal compromiso.

Con ese gesto, la mujer que amo abordó el transporte movido a base de combustibles fósiles y este se alejó de mi vista, alzando polvo al iniciar su ruidosa aceleración y despareciendo lentamente en la lejanía, adquiriendo un ligero tomo ambarino, como el cielo vespertino, anunciando el final del día y la inminente negrura que cubriría la atmósfera nocturna. Cuando el objeto finalmente se volvió un borroso punto indistinguible en el horizonte, exhalé lentamente, encontrándome con sentimientos contradictorios en mi interior; Triste por la partida de mi adorada rubia, sin poder estar junto a ella para consolara, y alegre por verla querer perseguir su ambicioso sueño. Pero al final le sonreí al firmamento, porque estoy más que segura que a pesar de las inclemencias que ella enfrentará en su inflexible entrenamiento y que tanto el dolor físico como mental podrán asediar su espíritu como un ariete romano, mi querida Sparassediana no claudicará a su palabra y volveremos a reencontrarnos, con ella fungiendo como una conspicua agente del orden social. Porque tiene la voluntad, la fuerza y la habilidad para lograrlo. Porque es una guerrera nata, una militar sobresaliente, una gloriosa descendiente de Arachne.

Porque ella es Aria Jaëgersturm.

Satisfecha con saber que mi esperanza será remunerada, regresé al interior de la morada donde habitamos. No tendría ya más tareas importantes que realizar hoy, incluyendo la cena, puesto que me aseguré que nuestro almuerzo proveyera tanto las energías calóricas necesarias como la satisfacción gastronómica suficiente para no requerir una tercera reunión para la ingesta de alimentos, pero igualmente quería ocuparme con alguna actividad antes de tomarme un merecido descanso. Mi mente divagó por un momento en lo sucedido entre Aria y esa arpía, recordando que ella aún persigue el amor de la araña, el cual hace mucho que reclamé para mí, y que en esta difícil semana, ambas terminarán de crear lazos sentimentales más sólidos, especialmente al padecer juntas bajo el fragor de la batalla. Sin embargo, aunque el pensar en ofrecerle la victoria a la hija de Taumas aún me parece una absoluta ridiculez, no experimenté esa incertidumbre y recelo que siempre asocié con la mujer halcón. En su lugar, sentí una minúscula sensación de tranquilidad, calma, incluso... ¿Seguridad?

Sé que Cetania está intensamente enamorada de la arachne y que es capaz de hacer lo imposible por salvaguardar su bienestar, especialmente ahora que ha decidido también ser parte del mismo grupo de élite. Eso, sin contar que ya ha demostrado que tratará vehementemente de serle fiel a su palabra de no recurrir a infaustos métodos para obtener el favor sentimental de la germana. Quizás esa seguridad que comenzaba a crecer dentro de mí, se debiera a que me fiara ligeramente en la rapaz, porque sé que mi amada estaría en buenas manos. Sacudí mi cabeza de inmediato, sólo era mi cerebro tratando de convencerse de que la descendiente de Electra no representaba un peligro tan grande para mi relación. Es una peste alada, por supuesto que tratará de jugar sucio para satisfacer sus egoístas deseos de arrebatarme la devoción de Jaëgersturm. No importa que tan sinceras sonaran sus declaraciones al considerarme una rival digna, que yo haya aceptado en auxiliarla con la celebración anual de la pareja de su casera o que ella esté dispuesta a admitir una posible derrota, la cual le llegará sin duda. Además, aunque lo intentara, sé que mi alemana me sería íntegramente fiel hasta la muerte, incluso con la fuerte tentación de estar a solas con la molesta arpía. Yo confío plenamente en Aria.

Porque la amo. Y ella a mí.

Sacándome ese tema de la cabeza, cerré la puerta al entrar y me dirigí a la sala para hallar alguna actividad. En el corto camino, me encontré con Miia, lavando los platos por sí sola. Naturalmente, me presté a ofrecerle mi compañía a mi alumna y aligerar su carga. Ella me dijo que no era necesario que me tomara la molestia, pero insistí y al final aceptó. Colocando los utensilios bajo el tibio tratamiento del agua y detergente con aroma a frutas, la ofidia y yo charlamos un momento sobre temas triviales y otros respecto a su desempeño en las artes cisorias. Incluso cuando la considero lo suficientemente apta para no necesitar mi tutela, la lamia aún desea seguir mejorando, cosa que le admiro. Ya habiendo acabado con el aseo de la vajilla, discutimos un momento sobre sus aptitudes culinarias.

– "Entiendo, si agrego tomate en rodajas finas, no eliminaré el sabor natural de las patatas." – Parló la pelirroja, tomando notas mentales y recargándose en la pared. – "Lo comprendo muy bien, pero sigo teniendo problemas a la hora de agregar mi toque personal. Siempre termino adhiriendo algo que arruina el delicado balance. Creo que soy muy obstinada con darle una pincelada única a la comida."

– "No hay nada de malo en anexar tu sello individual a tu propia creación Miia." – Aseveré, sentada en una silla de la mesa. – "Pero usualmente esa clase de acciones se reservan cuando ya se posee un mayor control al seguir la receta original. Incluso yo no me arriesgo tanto. No se puede añadir la cereza al pastel si la levadura todavía no está lista."

– "Es verdad." – Rió ligeramente. – "Aún así, me gustaría poder complementar mis desabridos platillos con algo único, que me pertenezca. Mi Cariño lo adoraría."

– "Yo opino que eso es innecesario, Miia." – Acoté, enseñándole mi collar. – "Como puedes ver, esta edelweiss no fue plantada, cortada, disecada y luego puesta para decorar tan bella alhaja por Aria, ella simplemente la compró. Pero la autoría de la fabricación de tal dije no es importante, porque Mo chuisle me lo obsequió a mí como muestra de compromiso en nuestra relación, es un regalo de la persona que amo y por lo tanto, tiene tanto significado como si ella misma lo hubiera manufacturado con sus propias manos."

Me acerqué a la serpiente y coloqué una mano en su hombro.

– "No importa que tus creaciones sean tan ordinarias como clamas, o que te limites a seguir una receta que otro haya formulado, porque tú las creaste, tú las hiciste no sólo con tus extremidades físicas, sino también tu amor y cariño para quienes te interesan. El secreto de una buena comida, como una buena relación, no está únicamente en el cocinado, la técnica o especias, sino también en cuanto empeño y pasión se ponga para concebirla." – Le aseguré, sosteniendo su mano derecha con ambas mías. – "Has mejorado de manera impresionante en corto tiempo, porque creíste en poder lograrlo, y ahora nos demuestras tu talento y afecto cada vez que nos regalas la oportunidad de probar alguna de tus exquisitas viandas. Y estoy completamente segura que Kimihito las considera auténticos manjares, a pesar de su gran talento y maestría en la materia, porque no hay mejor aderezo que el amor puro. Así que, no sigas flagelándote el orgullo ni consideres tus guisos como nimias bagatelas; Lo que tú prepares siempre tendrá un valor inigualable para todos nosotros. ¿Qué cosa puede ser más personal y única que algo que tú preparaste?"

Al finalizar mi inspirado soliloquio, la lamia me miró fijamente con sus ambarinos ojos, afásica por la simple pero honesta reiteración de su competitividad gastronómica y la importancia que esta tenía en la recepción hacia sus vituallas. Dejé libre su mano y ella bajó la mirada por un momento, para después alzarla, esbozando una pequeña sonrisa.

– "Gracias, Lala. Tienes… Tienes mucha razón." – Agradeció, conmovida y jugando con un mechón de su cabello granate. – "Soy tan tonta, ¿sabes? Antes, mi deseo era prepararle algo que le encantara a mi Cariño, y ahora que puedo hacerlo, siento que eso no es suficiente, que siempre me falta algo más."

– "No te consideres una ilusa por no creerte capacitada para satisfacer las demandas que piensas que debes cubrir, Miia. Mo chuisle tampoco se creyó digna de aceptar ese puesto en MON o incluso de mi amor. Siempre se consideró poco meritoria de mi afecto o que sería incapaz de llegar tan lejos. Y aún hoy, ella aún no se valora del todo." – Aseveré. – "Puedo comprenderla, porque también pasé por lo mismo. Una vez que logramos un progreso, nuestro pesimismo decide que es momento para bajarnos la moral. Pero, mientras contemos con personas que nos apoyen y recordemos que el mayor enemigo está en la cabeza, podremos demostrar nuestra plusvalía y comprobar que las mayores exigencias, son las que nosotros mismos nos imponemos. Aunque ella no lo reconozca, mi hermosa alemana es prueba tangible de ello."

– "Eso es muy inspirador, Lala." – Sonriendo aún más. – "Realmente Aria te ha cambiado la vida, ¿cierto?"

– "En más de un sentido." – Le sonreí también. – "Es decir, ¿Acaso me imaginaste dándote consejos de esta manera? ¿O conversando tan casualmente, sin que yo recurriera a mi repertorio de predecibles clichés fúnebres sobre la muerte? Y al hacerlo conmigo, también influenció en ti. Mírate ahora, ¿pensaste alguna vez en descubrir que poseías todo ese talento en el mundo de la espátula y el sartén?"

– "Ni siquiera creí ser capaz de preparar algo que no causara muerte secundaria a un zombi." – Rió tenuemente. – "Pero hablando enserio, me alegro que ella haya llegado a nuestras vidas. Es una gran persona."

– "Gracias, Miia. Comparto completamente tu opinión sobre Mo chuisle." – Reverencié. – "¿Necesitas que te asista en algo más?"

– "Bueno, creo que me doy por bien servida con el alentador discurso. Pero, si no es molestia, ¿puedo preguntar qué significa Mokush… Makush… Bueno, ese mote por la que llamas a la arañita?"

– "Mo chuisle es gaélico irlandés y significa 'mi pulso' o 'mi sangre'." – Aclaré. – "Cuando hablo directamente con ella, la llamo 'A chuisle'. Quizás yo sea inmortal, pero ella es la que me mantiene viva."

– "Aw, que tierno. Eso es muy hermoso." – Junto sus manos y sus ojos se tornaron acuosos.

– "Gracias."

– "Uhm… Lala, ¿puedo preguntar cómo llamar a mi Cariño en irlandés, si no es problema?"

– "Hmm…" – Cavilé uno segundos. – "El término más aproximado sería A mhuirnín, aunque también podrías probar con A ghrá, quiere decir 'amor'."

– "A-wúr-nin… A-gré…" – Repitió fonéticamente. – "Vale, lo tengo. Te lo agradezco. ¿Cómo dices Gracias?"

– "Go raibh maith agat. En situaciones menos formales puedes usar Gura míle."

– "Oohh… Bueno, entonces, Gura míle, Lala."

– "'Sé do bheatha." – Sonreí. – "De nada."

Con otro agradecimiento de su parte, ella se excusó para darse un baño y yo retomé mi dirección hacia la sala. Quizás limpiaría un poco o simplemente optaría por darme unos momentos de asueto y leer tranquilamente en el sillón. Ahí me encontré con Papi y Suu, ambas divirtiéndose con sus pasatiempos electrónicos frente al televisor principal. Fue la glauca limo quien notó mi presencia primero y con la distinguible probóscide en su cabeza, me invitó a unírseles en su recreación virtual. Despejar la mente por unos momentos con algo de ocio inofensivo me pareció una buena idea y me senté junto a ellas en el gran sofá que permitía una vista perfecta de la pantalla de cristal líquido.

– "¡Ah, hola, Lala-nee!" – Exclamó la pequeña arpía al verme. – "¿Quieres jugar con nosotras a Immortal Kombat: Blood Orgy?"

– "Te ruego me perdones, Papi, pero me temo que soy una completa neófita en esta materia y mi participación no te sería satisfactoria del todo." – Me disculpé. – "Me conformo con observar su desempeño desde la seguridad del mueble y evitar el obstaculizar su apacible jarana."

– "…"

– "…"

– "¿Vas a jugar sí o no?"

Considero que no pierdo nada con darle una oportunidad a tan comunes distracciones. Aceptando su ofrecimiento, la joven descendiente de Taumas colocó en mis manos el curioso aparato de mando color blanco, con más botones que dígitos pudiera ella poseer, sin contar que su diseño no era muy ergonómico. Ella procedió a darme una cátedra entera sobre la principal función de cada interruptor y la manera de combinarlos para descubrir aún más utilidades para controlar al personaje que me simbolizaría. Si bien es sabido que la memoria de las arpías comunes no es la más polivalente, mi compañera de azules cabellos mostró ser un sorpresivo tesauro de conocimientos respecto a términos técnicos y demás referentes al juego en cuestión, dejando ver una gran pasión en sus palabras y despejando muchos mitos en cuestión de preceptos que yo tuviera sobre su inteligencia. Admito que mis prejuicios estaban más que equivocados y comprobé que su especie es increíblemente confiable cuando su concentración se aglutina al interesarse profundamente en algo.

– "¡Eso, Lala-nee! ¡Ahora oprime arriba, arriba y una U…" – Dictaba la juvenil emplumada. – "¡Ah, te olvidaste de hacer la triple pirueta aérea asesina invertida!"

– "No pensé que dividir mis habilidades motrices y mi capacidad de observación resultaran inefectivas en esto." – Confesé. – "¿Es necesario realizar una abundante cantidad de movimientos tan prolijos para recrear una acción tan simple como un golpe?"

– "Bueno, puedes simplemente patear a Sub-Zero y matarlo… ¡Pero eso es para noobs, y tú no quieres ser una noob! ¡Arriba, arriba, vuelta en U y pirueta! ¡Vamos, tu puedes!"

Hay que aceptar que su entusiasmo por la perfecta ejecución de la agresión imaginaria llega a niveles peligrosamente obsesivos, pero le admiro la vehemencia que posee. Suu, sin opción alguna para unírsenos, se conformó con masajear los hombros de su compañera, ovacionar sus repetidos triunfos sobre mi inexperta persona y a ofrecerle una botella de agua para no desviar su atención hacia el televisor. Su apéndice cefálico también me reconfortaba cuando la arpía exponía mi bisoño desempeño y castigaba al actor bajo mi control con criminal vesania de mil maneras posibles. Elegí a un misterioso sujeto enmascarado con gutural voz para representarme, principalmente porque el amarillo color de su traje, su pirómana afinidad con el fuego y su nombre derivado de conocidos artrópodos arácnidos venenosos me recordaron instantáneamente a Aria. Por supuesto que, el tipo no poseía la férrea voluntad de la teutona, de lo contrario el no estaría siendo vapuleado sin cesar por un hombre mitad reptil con capacidad de arrojar venenosos esputos.

– "¡Suu wins! ¡Flawless Victory!" – Declaró efusivamente la verde limo al derrotarme, imitando perfectamente la tétrica voz del anunciador. – "¡FATALITY!"

– "¿Lo ves, Lala-nee? ¡Te dije que no atacaras cuando Suu bloqueaba!" – Me reprendió Papi, disintiendo lentamente con la cabeza. – "¡Primero rómpele las piernas y después les arrancas los intestinos!"

– "Lamento mi baja eficiencia, pero aún no comprendo del todo este complicado mando." – Traté de eximirme.

– "¡Sólo por eso le pondrás el traje de pingüino payaso a tu personaje!" – Ordenó la arpía.

– "Pero…"

– "¡Nada de peros! ¡Y haz la triple pirueta en esta ocasión! ¡Suu, hazle un brutality si no la usa!"

Acatando las órdenes de la inesperada sátrapa voladora, pasé el tiempo viendo mi infructuoso progreso contra dos expertas de las artes letales digitales, sin mencionar las incontables incongruencias que el ya de por si fantasioso contexto poseía. Creo que es imposible que una espina dorsal pueda ser arrancada con tan extrema facilidad usando una mano, que una bomba sanguínea continúe funcionando después de tan abrupta extracción o que un cuerpo humanoide de comunes dimensiones posea tan desmesuradas cantidades de hemoglobina y que además pueda ser expulsada con la fuerza de una erupción volcánica de excesivas magnitudes, pero tampoco es que considere esto como una enciclopedia realista sobre los efectos reales de la violencia física.

Luego de una tortuosa sesión de infinito fracaso a manos de las invictas expertas en ocio electrónico residenciales, llegó el tiempo de la cena. Aunque me encargué de abastecer plenamente los paladares de los inquilinos durante la corta visita de la heredera de los Jaëgersturm y salvo por el caso del humano, el metabolismo de las habitantes de esta morada pareció despertarles el apetito y me vi en necesidad de satisfacer sus exigentes estómagos. No es que me quejara de alimentar a mi inusual familia, al contrario, me gusta mantener la calma del ambiente por medio de la complacencia alimenticia; Es más sencillo que lidiar con liminales hambrientas. Además, me encanta verlos charlar completamente en paz.

– "¡Rachnera! ¡Ese tonkatsu es para mi Cariño!" – Recriminó la lamia a la arachne. – "¡Suéltalo, ahora mismo!"

– "Perdona, pero esto lo hago meramente por seguridad." – Retrucó burlonamente la tejedora, tomando un pedazo de la carne empanizada. – "No queremos que mi Querido acabe en un ataúd por envenenamiento, ¿verdad?"

– "¡Te voy a mostrar lo que es veneno, araña del demonio!"

Bueno, casi en paz. Las discusiones en la mesa son enérgicas, pero inofensivas, así como las amenazas que las ocupantes suelen proferir contra su prójimo. O eso espero, de vez en cuando es necesario intervenir para evitar un enardecido enfrentamiento entre comensales. Por suerte esa clase de incidentes han disminuido significativamente en las últimas semanas y al final resultan ser simples desacuerdos que terminan resolviéndose tan rápido como empezaron. Muy diferente a las verdaderas disputas que amenazaban con la armonía hogareña y la integridad física de nuestro anfitrión, muchas de las cuales siempre evité involucrarme pero que de alguna manera lograban arrastrarme hacia ellas. Me alegra el saber que hemos progresado desde aquellas situaciones dignas de las tribus bárbaras. Ya finalizada la cena y con el dúo conformado por Kurusu y Miia relevándome del cargo de lavar los trastes, me dirigí al baño para asearme y descansar en mi habitación.

A pesar de mi inagotable energía Abismal, entre el trabajo, la confesión de Cetania y el despedirme de Aria, sin contar el tiempo con Papi, Suu y la cocina, el día me había dejado totalmente exhausta. Al llegar a mi cuarto, me cambié a mi ropa interior y una camisa blanca que mi querida alemana me había permitido usar para dormir, que también incluía prácticamente todo su guardarropa. Lo suyo era mío y viceversa, como siempre decía. Me quedará algo grande, pero eso es lo que la hace perfecta para el reposo. También estaba una camiseta que esa molesta peste alada le obsequió, pero jamás me atrevería a usar tan vulgar prenda. Miré al ropero donde encima residían su vieja gorra y la Eisernes Kreuz de su difunto abuelo, junto a mi fiel guadaña. Suspiré al recordar que aún me esperan cinco días sin sentir el calor de esa hermosa rubia alrededor de mi añil epidermis.

– "No te rindas, A chuisle." – Musité, mirando sus pertenencias y con la mano extendida en mi pecho. – "Y vuelve a casa."

Acaricié el níveo colchón de la cama, siempre notando lo grande que luce sin ella para cubrir el espacio vacío. Y aún así, sin su presencia, puedo verla junto a mí, durmiendo pacíficamente y exhalando esos sonoros ronquidos que pasaron de molestia pequeña a simples indicadores de que el amor de mi vida se hallaba recorriendo plenamente los aposentos de Morfeo. Suspirando y enviando un beso al aire, procedí a cubrirme con la blanca sábana y reposar mi cabeza en la almohada para rendirme al sueño. Mañana será otro día de batalla.

Desperté temprano, a las seis de la mañana, siendo mi reloj biológico la mejor alarma. Aunque dormir me es actualmente innecesario, me he acostumbrado a cesar mis actividades diarias en el horario nocturno para compartirlo con Mo chuisle. Adoro lo sumamente relajante que es disfrutar de su compañía, haciéndome experimentar una enorme calma y sentimiento de seguridad cuando ella descansa a mi lado. Esta mañana Helios pareció haberse levantado de buenos ánimos y sus rayos se filtraban con ahínco por la oscura cortina de mi recámara, calentando el interior tenuemente. Estiré mi cuerpo y me preparé para el baño matutino. Me aseé con calma y regresé a mi estancia para vestirme con una camisa blanca de manga larga, falda corta negra y largas medias oscuras, sin contar los zapatos sin tacón del mismo color que Aria me compró durante nuestra visita a la tienda de ropa. Hacía calor, así que omití mi bufanda. Colocándome mi dorada insignia con forma de araña en el lado izquierdo de mi pecho y tomando mi uniforme de trabajo en una bolsa plástica, me dirigí a laborar.

– "Ah, buenos días, Lala." – Me saludó mi casero, en camino a su ducha habitual. – "¿Yendo al tajo?"

– "Maidin mhaith, Kimihito." – Hice una reverencia. – "Así es, deseo seguir presentándome puntualmente."

– "Entiendo. Es una lástima que ya no me acompañes en la cocina, pero instruiste perfectamente a Miia y es una excelente asistente. Te lo agradezco."

– "Me halaga tu alabanza y la aprecio, compañero, pero te aseguro que el crédito es de la propia Miia. Fue su empeño y esfuerzo lo que la hizo llegar hasta donde está."

– "De todas maneras, no dejaré de agradecerte por ayudarle tanto." – Inclinó la cabeza también. – "Pero no te quitaré más tu tiempo, Lala. Buena suerte en el trabajo."

– "Gura míle. Igualmente te deseo un productivo día." – Le sonreí. – "Regreso a las tres de la tarde. Slán."

Partí con una mueca de felicidad en el rostro. Si bien la lamia progresó de sobremanera bajo mi tutoría, en verdad que fue la pelirroja misma la que se decidió a mejorar. Yo le mostré la puerta, ella fue quien se atrevió a cruzarla, para bien de todos. Y además, antes que yo fomentara una mentalidad positiva en alguien más, Aria fue la que me socorrió a mí con su sincero corazón. Tarareando una tenue melodía tradicional irlandesa, abordé el transporte público para dirigirme hasta mi destino. Durante el viaje, vi a un pequeño niño jugando alegremente con un par de figuras de acción, un zombi y una especie de agente policiaco. Me reí ligeramente al pensar en defensores de la ley y muertos vivientes. Seguramente mi alemana debe estar entrenando con ahínco en este momento junto a las integrantes de MON, incluyendo a esa mujer occisa quien me proveyó el diente para otorgarle el (irónico) regalo de la segunda vida a Yuuhi. Aún recuerdo como inmaduramente me comporté con ella y sus compañeras cuando arribé a este país. No estoy muy orgullosa de mi infantil conducta y espero poder disculparme con el grupo algún día de estos.

El transporte se detuvo en la parada designada y luego de bajarme, caminé un poco hasta llegar al establecimiento donde laboro. Le di los buenos días a Mio Aizawa, mi superiora y futura acreedora a una fiesta sorpresa por parte de sus seres queridos para celebrarle un aniversario más de vida, de la cual me comprometí a ser parte. No es que desee ayudar a esa fastidiosa arpía rapaz mejorando los lazos sentimentales entre mi jefa y su casera, pero no puedo perder la oportunidad de continuar demostrando mis talentos culinarios a mi jerarca, especialmente en una ocasión tan personal como su cumpleaños. Me trasladé a la cocina y me introduje en el vestidor para cambiarme a mi atuendo de trabajo. Podría asistir a mi faena diaria ya ataviada en este, pero el código de higiene señala que de esa manera podría ensuciarlo y contaminar los alimentos, idea con la cual concuerdo.

Mi indumentaria como cocinera primeriza consistía en un saco negro que se cerraba en medio con dos hileras de seis botones, tres de cada lado y contaba con dos bolsas debajo de la parte frontal. Siempre me aseguro de colocarle el pin dorado de arácnido diseño en mi lado izquierdo. Lo acompañaba de un pantalón oscuro del mismo material diseñado para reducir los incidentes de quemaduras y accidentes por combustión. También usaba un delantal en la cadera, que cubría desde esta a mis rodillas. Tanto este como los botones y los bordes del uniforme eran de color verde, señalándome como una novata. Como medida de higiene, amarraba mi largo cabello y lo sujetaba con una red para este, complementándolo con un pequeño gorro verde, de bajas dimensiones, casi una boina. El famoso y tradicional sombrero alargado únicamente estaba reservado para Kanako, la chef principal y veterana del Aizawa, quien fungía como mi superior dentro de la cocina cuando Mio se ausentaba. Jaëgersturm aún no me ha visto arropada en el uniforme, pero estoy segura que coincidiría conmigo en la opinión de que luce algo militar. Y ella lo adoraría al instante.

Ya trajeada, me dispuse a tomar la primera orden que la propietaria me comandó y empecé a preparar una hambagu, básicamente una hamburguesa de bife servida con patatas fritas, arroz, vegetales y salsa agridulce. Los platillos occidentales se han vuelto aún más populares aquí y, si se me permite presumir un poco, parte de eso ha sido gracias a que mi superior quedó impresionada con mi aptitud, abriéndome la oportunidad para aportar un súbito influjo de gastronomía irlandesa desde el primer día. Por suerte, aquello no desató la envidia de mis asociadas, quienes han laborado aquí por más tiempo que yo; De hecho, me felicitaron por contribuir con la diversidad de manjares disponibles, cosa que les agradecí profundamente. No calificaría nuestra amistad como algo más allá de lo laboral, pero puedo confiar en que desarrollaremos un mejor sentimiento de camaradería conforme el tiempo avance.

– "Lala, estás agregando demasiado tomate a la salsa, y no olvides el queso feta." – Me corrigió Kanako, con su atuendo de toque rojos. – "Necesitas más vinagreta. ¿Quieres que los griegos nos declaren la guerra?"

– "Disculpe mi torpeza, jefa." – Me excusé. – "Creo que ya he marinado el pollo lo suficiente, ¿le parece que así está bien?"

– "Hmm, sí, no está mal. Pero no te excedas con la sal esta vez, ¿de acuerdo?"

– "Jawohl." – Repliqué, imitando a mi araña germana.

Era irónico; Aria y el resto de la casa me consideran un paradigma de sabiduría culinaria, pero aquí, una auténtica avezada en el tema me recuerda que no importa nuestro aparente nivel de habilidad y ventaja, siempre hay alguien mejor. Ahora me hallo en la disyuntiva de no sobrepasarme con la cantidad necesaria para que el cloruro de sodio no arruine el pollo helénico a la parrilla, pequeño defecto que mi alemana también posee, o arriesgarme a enmascararlo añadiendo más cantidad de leche cuajada de alto contenido butírico. Al final del día, ese verde en mi uniforme que me categoriza como una novata no es del todo erróneo. Pero, tales correcciones eran fundamentales en mi lento pero provechoso ascenso hacia la excelencia. Cada día aprendía algo nuevo y refinaba lo que ya me jactaba de dominar, descubriendo en su mayoría, que aún me faltaba mucho para la verdadera maestría.

Nuestro horario de receso llegó y, tomando el extra de pollo griego que preparé, me senté a degustarlo junto a Sanae Paromia, la segunda de menor rango en la escala jerárquica, siendo apenas un nivel superior al mío como indicaba su traje en tonos amarillos. También era con quien más compaginaba, quizás porque ella era una lámpades y junto a mí, las únicas liminales entre los cuatro trabajadores que componían la cocina del Aizawa. Kanako era humana, al igual que la sous-chef, Suwako. Como ya es evidente, todas éramos mujeres. Sanae era de complexión delgada, como yo, poseía un largo cabello aguamarina que solía amarrar en una coleta, piel azul increíblemente pálida, casi blanca y ojos rojos rodeados de negra esclerótica. No era una Abismal, sino una ninfa del Inframundo, descendiente de la diosa Hécate. Teníamos poco tiempo de conocernos, pero era la más amistosa de todas y rápidamente hicimos conexión.

– "Sigo pensando que un poco más de albahaca no haría mal, amiga." – Comentó la mujer de puntiagudas orejas. – "El aceite de oliva ya enmascara suficiente el gustillo como para que le afecte."

– "El verdadero secreto del sabor no es desvelado al probarlo." – Le contesté, colocando un pedazo de carne en mi tenedor. – "Sino hasta que las papilas gustativas tienen tiempo para procesarlo después de engullir."

– "Lo sé, pero aún así creo que no estaría mal experimentar." – Masticó primero y luego habló. – "De hecho, lo hice cuando no estabas viendo. Apuesto a que no te habías dado cuenta."

– "Actualmente, lo descubrí después del primer bocado." – Retruqué. – "Confieso que no está mal, pero pierde algo del distintivo sabor del resto de las especias. No te delataré con Kanako, pero trata de avisarme antes de intentar algo así de nuevo, ¿de acuerdo?"

– "Vale, me comportaré como es debido, Abismalita." – Rió ligeramente. – "¿Y qué me cuentas de tu novia, la arachne? Sigue entrenando para entrar a MON, ¿no?"

– "Correcto, en estos momentos Aria debe estar en sus duros ensayos." – Tomé otro poco de pollo. – "Sólo espero no regrese con más hematomas. Debiste verla cuando retornó ayer. Sólo fue un día y ella podría emular a una berenjena. Y aún le queda el resto de la semana."

– "Ah, sé de lo que hablas, azulosa." – Bebió su limonada. – "Mi amiga nekomata, Mika, trató de entrar ahí y dijo que una zombi demente casi le mete una bala entre los ojos. Tiene el pelaje negro pero casi terminó tan pálida como yo al volver."

– "Puedo confirmar la veracidad de tales relatos, Sanae." – Tomé un poco de mi bebida. – "Mo chuisle me relató que su instructora le dio los buenos días literalmente abriendo fuego contra ella. Sólo eran salvas, pero sin duda la turbaron de sobremanera a primera hora de la mañana."

– "Oh, Hécate, entonces era real." – Rió, disintiendo con la cabeza. – "Pobre Mika, y yo que le dije que la habían corrido por estar algo llenita. Ojalá tu chica logre quedarse, azulosa."

– "Gracias, Sanae."

– "Y dime, ¿la extrañas?"

– "Cada segundo de cada hora." – Suspiré, perforando los últimos restos de mi comida. – "Me siento como Penélope esperando a que Ulises vuelva de combatir en Troya. Y al igual que la esposa del rey de Ítaca, aguardaré su retorno fielmente."

– "Aww, que tierna eres, Lala." – Sonrió la lámpades. – "Ojalá no se encuentre con Circe en el camino y acepte su oferta de qued-¡Auch! ¡Oye, no me pinches!"

– "Entonces no dejes que tu lengua hable de más, hija de Nix." – Aseveré, colocando mi tenedor en su lugar.

Sé que no lo hizo con malas intenciones, pero su broma no me pareció muy agradable. Quizás la teutona no corriera riesgo de ser seducida por la hechicera de la isla Eea, pero igualmente estaba en peligro de caer bajo la brujería de la descendiente de Electra. Sacudí mi cabeza para despejarme tales fruslerías mentales, sólo era un comentario inofensivo, no una profecía. Regresando a mi faena, el día transcurrió sin incidentes remarcables. Llegada la hora de finalizar la jornada, me cambié a mis ropas ordinarias y me despedí de mis compañeras para tomar el transporte a casa. El cielo indicaba un buen clima a agradable temperatura y me relajé de la fatiga por unos momentos sintiendo los tenues rayos del astro rey filtrándose por el cristal del bus. Arribé a mi morada y fui recibida por Centorea.

– "Ah, bienvenida de nuevo, Lala." – Saludó la rubia, con un sobre color crema en sus manos. – "¿Confío en que el trabajo ha sido provechoso el día de hoy?"

– "Tráthnóna maith duit, Cerea." – Me retiré los zapatos. – "Sí, hoy fue una mañana agradable, gracias por preguntar. Uhm, ¿esa carta es para mí?"

– "Correcto." – Me la cedió. – "Una arpía paloma la entregó durante nuestro desayuno. Creo que te alegrará al saber la identidad del remitente."

– "Aria…" – Musité con un enorme brillo en mis ojos al leer el nombre. Le ofrecí una enorme sonrisa y reverencia a la centáuride. – "Go raibh maith agat, Centorea."

– "Es un placer." – Inclinó su cabeza también. – "Estoy en medio de lavar la ropa, ¿deseas que asee tu uniforme?"

– "Claro, si no es molestia." – Se lo facilité. – "¿Te parece si leo el contenido de la postal en el cuarto de lavado, para hacer tu labor más amena?"

– "Oh, bueno, por mi hay problema, pero, ¿sería correcto que me enterara de las misivas personales que Jaëgersturm te escribe?"

– "Descuida, sé que a ella no le importaría. Y me encargaré de omitir detalles íntimos, si llegara a haberlos."

– "Vaya, si que te has puesto de buen humor en un instante." – Sonrió. – "De acuerdo, Lala, acepto. Vamos."

Así, acompañé a la mujer equina al baño, donde la primera sección estaba reservada para la lavadora y el lugar para colocar la indumentaria a limpiar. La descendiente de Néfele introdujo una carga de vestimentas en la máquina, agregó los detergentes necesarios y oprimió el botón para que el aparato empezara su ciclo de enjuagado. Mientras tanto, invoqué remotamente mi dalla para usarla como un inusual pero efectivo abrecartas, descubriendo el blanco folio donde las palabras de mi amada arachne residían. Había algunos restos policromáticos de pintura en la casi nívea hoja, pero no le presté mucha importancia. Descubrí que ella optó por rubricar su mensaje exclusivamente en su lengua madre étnica, tal vez para asegurarse que únicamente una políglota como yo fuera capaz de descifrar su contenido, o simplemente deseaba recrear ese romanticismo de la correspondencia tradicional tan común durante los conflictos armados mundiales del siglo XX. En cualquier caso, ambas opciones calzaban perfectamente con la singular personalidad de mi apreciada Sparassidae. Me cercioré de leer unos párrafos por adelantado para asegurarme de no revelar algún bochornoso secreto reservado solamente para mi persona.

– "Mi querida Lala..." – Inicié la oratoria. – "¡Buenos días, Gorrioncito! ¿Cómo te encuentras? Yo espero que bien…"

Nuestros ajuares repetían sus continuas revoluciones dentro del aparato y nosotras proseguíamos disfrutando de las inusitadas exposiciones que la rubia germana había plasmado en su escrito. Aunque muchos de los detalles mencionados no sonaran muy placenteros, la cazadora siempre se encargaba de añadir ese característico toque personal de expresarse que convertía una experiencia aparentemente poco grata en algo más afable. La mención sobre su rudo despertar nuevamente a manos de su gnómida instructora y la ignominiosa anécdota sobre esa molesta arpía despertaron nuestros sentidos de hilaridad al instante, especialmente esa última, donde pequé de romper mi cortesía moral y disfruté del infortunio sufrido por la rapaz. Me permití llenarme vanidosamente de fatuidad al leer sobre mi excelente porte en el marcial atuendo que ella me obsequió, inmortalizado en fotografía y resguardado en un dorado marco, sin contar que incluso esa peste alada reconoció mi distinguida prestancia. No mencioné que Mo chuisle también planeaba entregarle una fotografía suya a la emplumada, especialmente porque la intrascendental mujer halcón no es lo suficientemente digna de cargar con tan bella imagen en un collar barato. Interrumpí la narración después de descubrir que mi guadaña ahora se llamaba Seely, para recuperar el aliento de mis risotadas.

– "Por Quirón, Aria sí que es una excelente bromista." – Reía la centáuride jubilosamente. – "Por un momento pensé que la tal Mugi era una persona."

– "Confieso que también caí presa de tan errónea impresión." – Contesté, aliviada al descubrir que sólo era su ametralladora. – "Pero debemos admitir que sus efusivas descripciones técnicas demuestran lo afanosa que es con su trabajo."

– "Y de qué forma. Espero Mugi no sea tu nueva rival sentimental." – Paulatinamente bajó la intensidad de su carcajada y se relajó, cruzando sus brazos. – "Ah, en verdad que admiro a Jaëgersturm. Si te soy sincera, no imaginé que ella fuera a ascender tan alto cuando la coordinadora la asignó a esta casa. Y dado que solamente sería una huésped temporal, creí que no tendría que molestarme mucho en desarrollarnos buenas migas. No lo tomes a mal, Lala, pero nunca tuve una muy buena impresión inicial sobre las arachnes, gracias en parte a Rachnera. Me alegro que la germana me haya despejado muchos prejuicios sobre ellas."

– "Es comprensible el temerle a una especie de apariencia intimidante y que ha demostrado ser históricamente belicosa, particularmente una proveniente de una nación militarizada como la de Aria. Y la tejedora tampoco ha contribuido mucho a cambiar los preceptos que se tienen sobre ellas." – Admití, recargándome junto a ella en la pared. – "Sin embargo, eso es precisamente lo que cualquier liminal debería evitar en primer lugar. Ya sabemos lo que el miedo y el rechazo, cuando llegan a niveles inaceptables, suelen desencadenar, como lo demostraron esos fatídicos atentados."

– "Concuerdo contigo, segadora." – Suspiró y miró al techo. – "Al menos podemos confiar en que Jaëgersturm estará ahí para hacerles frente y recordarle al mundo que debemos afianzar nuestros lazos, o corremos el riesgo de caer en la obcecación destructiva."

– "Totalmente de acuerdo, Centorea." – La imité. – "Ella nos ha unido, ¿no te parece?"

– "Magníficamente. Pero, ¿ese fue su objetivo desde el principio?"

– "Ella sólo deseaba ser aceptada en este loco mundo, privilegio que nosotros le entregamos incondicionalmente." – Sonreí tenuemente. – "Ha hecho tanto por todos a su alrededor, y aún piensa que jamás podrá retribuirlo. Tanto candor es prueba de su desinterés y sinceridad."

– "Realmente la amas, ¿cierto?"

– "Con toda el alma." – Sonreí por completo.

La cuadrúpeda paulatinamente se tornó seria y jugó con sus dedos antes de volver a hablar.

– "Lala…" – Musitó la ojizarca mujer. – "¿Tú crees…? ¿Tú crees que Mi Señor también me ame con tanta entrega?"

– "Kimihito está más que encantado contigo, amiga centáuride." – Le afirmé, viéndola a sus celestes ojos. – "El te considera de las más distinguidas y leales personas que ha conocido en su vida, completamente extraordinaria. Incluso Mo chuisle reconoce tu verdadera sangre noble, tu franco espíritu guerrero e hidalguía intrínseca, opinión que comparto absolutamente con ella. Posees el linaje con el que muchos sólo pueden soñar."

– "¿No lo… dices sólo para hacerme sentirme mejor?" – Se ruborizó y sus patas delanteras se alternaban nerviosamente en tocar el suelo. – "¿E-en serio opinas todo eso?"

– "Centorea, ¿aún no te sientes digna del afecto de tu amado Señor, después de las veces que te ha demostrado cuanto le importas?"

– "Q-quizás… Un poco…" – Bajó la mirada. – "Sé que él me quiere, al igual que a todas. Su corazón es vasto y magnánimo, pero a veces… Bueno, en ocasiones pienso que él podría… No lo sé, encontrar a alguien mejor que esta torpe rubia con risibles y anticuados delirios de justiciera medieval."

– "Nunca se me cruzaría por la mente que nuestro bondadoso casero te viera menos que una perfecta esposa, Shianus." – Aseveré. – "El jamás pensaría en rechazar tu inmaculado cariño. Eso te lo puedo asegurar."

– "Segadora…" – Alzó la vista, encarándome. – "¿Alguna vez has pensado que Aria podría dejarte por Cetania?"

Atrapándome ella de sorpresiva manera, me paralicé por tan directa interrogante. Titubeé un poco mientras reorganizaba mis pensamientos.

– "Yo… Yo reconozco que dentro de mí aún reside la minúscula, pero existente duda sobre si la hija de Taumas podría obtener una victoria sobre mi persona respecto al afecto de Mo chuisle. Incluso cuando ya he reafirmado en incontables ocasiones mi absoluta posesión del alma de la arachne y me he encargado de asegurar que su ánima persista a mi lado después de su deceso, admito que todavía siento temor de vez en cuando. Honestamente, estoy preocupada de que los próximos días serán la oportunidad perfecta para que la rapaz continúe desarrollando su relación con el objeto de sus deseos, cosa que considero hace mucho se ha solidificado." – Concedí, pero seguí alzando la cabeza pausadamente. – "Sin embargo, a pesar de que tal posibilidad es pequeña, pero plausible, no temeré mal alguno. Porque yo amo a Aria, y ella a mí. Sus palabras llenas de devoción son sinceras y sus sentimientos completamente honestos, así como su apasionado querer. Porque ella me ha comprobado una y otra vez que ambas poseemos el valor más importante en una relación: Confianza. Plena, absoluta, infinita, real. Yo tengo esperanza en que… No; ¡Yo estoy totalmente convencida de que ella jamás va a abandonarme, por mucho que ame a la descendiente de Electra! ¡Siempre estará a mi lado, y yo junto al suyo! ¡Lo sostengo en mi corazón y lo reafirmo en mi alma!

¡Yo confío en Aria Jaëgersturm!"

Concluí mi emotivo monólogo con un brioso golpe en el centro del pecho con mi mano derecha. Transcurrieron afásicos segundos mientras mi respiración volvía paulatinamente a la normalidad y el abrupto cese de movimientos por parte de la lavadora indicara que el ciclo de limpieza había terminado. Cerea se mantuvo un momento estupefacta por mi súbito despliegue de exaltación, casi rayando en el fanatismo, hacia mi amada arachne. Pero, incluso si aquello pudiera haber parecido demasiado ferviente, la ojizarca simplemente reaccionó de una forma que respondió y disipó toda duda sobre su opinión respecto a mi punto de vista.

Sonrió.

– "Eres la tangible evidencia de la entrega absoluta, segadora." – Convino con una reverencia. – "Aria es realmente afortunada en tenerte. Ahora estoy más que segura de que ella nunca renunciará a tu amor."

– "Gracias, Cerea." – Volví a descasar en la pared. –"Siento si mi repentino arrebato te pareció chocante."

– "Yo considero que fue muy apasionado."

– "Quizás es sólo mi manera de encubrir mis propias inseguridades." – Me senté en el piso, viendo al frente.

– "Entonces, incluso después de tu denodado discurso…" – Asentó su cuerpo. – "Admites que tienes algo de miedo."

– "Así es." – Volteé a mirarla. – "Pero eso me da razón para esforzarme más por el afecto de Mo chuisle. Tal vez es ese temor lo que nos hace querer dar siempre lo mejor de nosotras. Es decir, si realmente sintiéramos que hemos alcanzado el pináculo de nuestro potencial, careceríamos de motivos para continuar mejorando. Y si la pasión se esfuma, al igual que una flor que ha perdido el sustento, nos marchitamos."

– "Significa que si Mi Señor me hiciera su esposa, ¿la pasión que me motiva se perdería al lograr mi objetivo?"

– "Al contrario, Shianus. Tu nuevo objetivo sería ser aún más feliz." – Disentí con la cabeza. – "El fuego de tu interior se encendería como una fulguración solar, porque el amor es combustible infinito."

– "¿Cómo es que nunca te oía hablar así antes, Lala? ¿Tan profunda y sincera?"

– "Necesitaba a alguien que derritiera el hielo en mi corazón y avivara las llamas de mi alma." – Le guiñé un ojo. – "Por suerte, Aria tiene ese fuego tatuado en su abdomen. Y creo que ya sabes lo ardiente que puede ser."

– "Oh, ni siquiera me lo recuerdes." – Rió, ruborizada ligeramente. – "De todas maneras, te agradezco por los ánimos, Lala. Gracias por escuchar."

– "El sentimiento es mutuo, Cerea." – Me incorporé. – "¿Deseas oír el resto de la misiva?"

– "Me temo que seguir enterándome de los pensamientos que Jaëgersturm te ha reservado sería entrometerme demasiado en su vida privada. Descuida, segadora, puedes retirarte si lo deseas. Yo aún tengo que seguir lavando antes del almuerzo."

– "En ese caso, ¿te importaría enseñarme algunos secretos del aseo de prendas?"

– "¿Eh?" – Sus orejas equinas se movieron sorprendidas. – "¿Quieres que te enseñe a lavar ropa?"

– "Correcto. Me interesa aumentar mis habilidades como buena pareja." – Le aseguré. – "Y recuperarme de la decepción que fue mi primer intento con las prendas íntimas de Mo chuisle."

– "Oh, sí, ya recuerdo. Bueno, no seré la mejor tutora ni la más versada en la materia, pero te aleccionaré lo que conozco, si eso te parece aceptable."

– "Por supuesto. Gura míle, Cerea."

Agregando ambas otra carga de indumentarias en la máquina, la rubia me instruyó metódicamente su erudición sobre el enjuague, secado e incluso planchado de la tela. Nuevamente, hoy me demostraron que todos siempre tendrán algo que enseñarnos. Y en el caso de la noble centáuride, ella resultó ser una excelente tutora; Algo insegura, pero muy educada, comprensiva y paciente, todo sin perder el distinguido abolengo de su estirpe. Luego de comprender el delicado balance entre detergente, aromatizante y monóxido de dihidrógeno, y compararlo mentalmente con el mismo cálculo preciso que se necesita para lograr la exquisitez en la cocina, llegó el momento de hacer gala de mis continuamente progresivos conocimientos gastronómicos durante el almuerzo. Opté por deleitar los paladares de los inquilinos con algo de omuraisu y una ensalada especial para mi ojizarca maestra, obteniendo una satisfactoria felicitación de su parte y sus equinos pabellones auriculares. Algunas preguntaron sobre el contenido del sobre, pero les comuniqué que era una simple misiva de la araña teutona sin importancia para alguien que no fuera yo, asuntos privados. Le guiñé con complicidad a la centáuride, sería nuestro secreto.

Acabada la merienda y limpieza de trastes, Papi y Suu me invitaron de nueva cuenta a unírseles en sus juegos virtuales. Mi primera experiencia con ellas no fue la más imparcial debido a las discrepancias entre nuestras cualidades para el ocio electrónico, pero parte de mí me animaba a volver a probar mi pericia y recuperar algo del orgullo que el dúo logró arrebatarme el día de ayer. Aceptando el desafío, la arpía de añil plumaje me facilitó un mando circular, esculpido a la efigie del volante de dirección usado en los transportes. Un diseño muy ad hoc, ya que la temática imperante del título elegido en esta ocasión era precisamente la competencia entre automóviles. Decantándome por un fragoroso miembro de la familia Hominidae para representarme y sabiendo que no debería continuar las derrotas del día anterior, me relajé para disfrutar de un pacífico momento en las carreras de fantasía en compañía de las integrantes más jóvenes de la morada.

– "¿Lala?" – Me habló la glauca limo.

– "¿Qué sucede, Suu?" – Le pregunté al tiempo que un furtivo caparazón rojo me arrebataba el decimosegundo lugar.

– "¿Qué le regalarás a Aria por haberse graduado?"

– "¿Eh?" – Volteé a verla. – "Bueno, yo…"

Ignoré a mi personaje en la pantalla siendo asediado por una especie de planta giganta y mi mente se concentró en tratar de conjeturar alguna respuesta. Era verdad, ¿Qué pensaba obsequiarle a la araña cuando regresara? Es decir, aparte de mis incondicionales muestras de afecto que escalarían a íntimas caricias en la noche, cosa que me encargaría de complacer apasionadamente. No es que dudara de su éxito, al contrario, yo sabía que ella triunfaría soberbiamente, pero me apena conceder que por mi cabeza aún no había pasado la idea de encontrar un presente para mi propia novia.

– "Creo que todavía no he pensado en algo, Suu." – Admití, retomando el control. – "¿También crees que ella lo logrará?"

– "¡Claro que sí!" – Fue el turno de Papi para opinar. – "¡Se va a volver parte del grupo de la Terminadora Smith y atrapará a los malos! ¡Aria-nee no puede perder porque ella es Aria-nee!"

– "Gracias, Papi." – Le sonreí, acariciando su cabeza. – "Pero sigo sin formular algo en concreto. ¿Alguna idea que propongan, chicas?"

– "¿Qué tal un pastel?" – Sugirió la limo verdiazul, alzando su probóscide para enfatizar. – "A ella le gustará."

– "¡Sí, y que tenga fresas! ¡Y chocolate! ¡Y chispitas! ¡Y…!" – La joven alada continuó declarando sus imaginativas adiciones, haciendo caso omiso a la pantalla.

– "¿Saben? No es mala idea. Sí, me parece que eso estaría bien." – Mimé a la acuosa limo. – "Muchas gracias, Suu. ¿Les gustaría que lo hiciéramos?"

– "¡Sí! ¡Sí!" – La pajarita azul soltó su control para saltar jubilosamente, alzando su emplumada extremidad. – "¡Me apunto! ¡Yo quiero ayudar!"

– "Por supuesto, Papi." – Bajé la mirada entonces. – "Sin embargo… Confieso que jamás he preparado un pastel."

– "¡¿Eh?! ¡¿En serio?!" – Pestañeó, incrédula. – "¡Pero tú sabes hacer de todo, Lala-nee!"

– "Es extraño, lo sé. He fabricado postres con anterioridad, pero jamás incluí entre mis creaciones a las famosas tartas."

– "No creo que sea muy difícil el hacer un bizcocho tan común." – Aseguró Suu, colocando su mano en mi hombro. ¿Siempre fue así de seria? – "Pero tú deseas que sea completamente especial, ¿cierto?"

– "Correcto, Suu. Aria merece únicamente lo mejor." – Le sonreí y me incorporé, colocando las manos en la cintura. – "Supongo que eso no nos deja otra opción. Aprendamos a prepararlo, juntas."

– "¡Sí! ¡Vamos, vamos!" – Exclamó eufórica la arpía. – "¡¿Podemos empezar ahora?!"

– "Calma tus ímpetus, Papi." – Traté de tranquilizarla. – "Aún tenemos tiempo de sobra. Prometo conseguir los ingredientes mañana, ¿está bien?"

– "Bueno." – Acató la aludida. – "¡Pero que no se te olvide!"

Reí ligeramente por la ironía de que fuera alguien tan distraída quien me lo dijera, pero comprendí su preocupación. Después de todo, ambas jovencitas adoran lo dulce y ser parte de su elaboración es suficiente para animarlas más de lo habitual, así que no desean perderse tal oportunidad de colaborar. Con esa promesa, regresamos a nuestra sesión de juegos, y admito que ya comenzaba a disfrutarlo más. Desconectarse del mundo por un par de minutos era necesario, y a pesar de que los cacofónicos parlantes solían aumentar los decibeles en el ambiente, el simple acto de compartir un momento de distensión con la familia era tan gratificante como adjudicarse la primera victoria después de un sinfín de intentos por alcanzar el primer puesto. Aunque sigo pensando que la cubierta ósea de un quelonio, por más colorida que sea, no debería ser capaz de causar semejante caos al impactar.

Luego de un tiempo esquivando restos del fruto del árbol Musa paradisiaca o ser catapultada en el aire por un proyectil con capacidad consciente, el resto del día transcurrió de manera cotidiana. Normales charlas y discusiones menores en la cena. El entusiasmo de Papi por el prospecto de la preparación de la tarta casi le hizo develarlo, pero eso no sería necesario porque yo fui quien traslució el plan para el comestible regalo de mi arachne. Nuestro casero se ofreció a ayudarme, pero rechacé cortésmente su proposición, cosa que el entendió; Esta era mi oportunidad de probarme a mí misma. Incluso declaré que usaría mis propios fondos para costearlo, y el asintió. Por supuesto, eso no significaba que rehusara toda clase de apoyo, ya que les participé que podían auxiliar con la decoración una vez que la parte primordial estuviera completada. Todos aceptaron de buena gana y les hice una reverencia por alentarme. Acabada la faena diaria, me aseé para retirarme a mi habitación.

Ya en el cuarto, me cambié a ropas más holgadas, las cuales nuevamente consistían en ropa interior y una camisa de la alemana, para descansar bien y amenizar el inusual calor que permeaba el ambiente esa noche. Admiré por un momento mi atavío de trabajo, luciendo impoluto después de haberle aplicado una dosis efectiva y contundente de detergente líquido con olor a lavanda. Cierto, Shianus me asistió la mayor parte del tiempo, pero ese pequeño paso para una dullahan era un gran salto para mi orgullo. Confío en que al difunto Neil Armstrong no le molestará que adapte su frase más famosa para una metáfora sobre limpieza de telas. Me acosté en la cama y encendí la lámpara de noche para poder leer el resto del recado de Mo chuisle. Como imaginaba, su enardecimiento por las herramientas bélicas siempre se desborda cuando toca tal tema, especialmente si se trata de la Segunda Guerra Mundial. Sonará contradictorio que una germana con vestimentas que evoquen las usadas por un régimen tan cruel como el Nacionalsocialista sea una amable persona que se dedique a mantener la paz y seguridad de la sociedad, pero yo soy una agente de la muerte que ha renunciado a tomar otra vida que no sea la de esa misma arachne, y únicamente será al final de esta, la cual me encargaré de proteger eternamente. Ambas somos la antítesis de lo preestablecido, discordancias a nuestra naturaleza, paradojas vivientes.

Y me alegro de compartir ese honor con ella.

Proseguí ojeando la misiva, sonriendo satisfecha al llegar al final de esta. Sólo la heredera de los Jaëgersturm sabe cómo lograr despedirse de manera que me derrita el corazón con su sentimentalismo y me sacuda el alma con su humor al mismo tiempo. Le propiné un beso a la hoja, deseándole lo mejor a esa valiente araña que aún a costa de sus horarios regulares de descanso, sigue luchando por quienes desea proteger. Suspirando, coloqué el mensaje dentro del sobre y lo atesoré con cuidado en el cajón superior de la mesa de noche. Me incorporé y caminé hasta la ventana, haciendo a un lado la negra cortina. Volteé a mi izquierda, viendo a mi guadaña, aceptando llamarla Seely, reposar tranquilamente en su lugar. Alguna vez la usé para amenazar y conminar contra la integridad física de los que me rodeaban, para mantener esa máscara de psicopompo delirante a la que nadie tomaría en serio. Pero ya no necesito fingir, no hay necesidad de más ridículos estratagemas para continuar con mis argucias. Ahora soy libre, soy feliz.

– "Eres mi conquistadora…" – Musité, mirando al platinado astro selenita. – "Y también mi libertadora, A chuisle. Te amo."

Acostándome y cubriéndome con la blanca sábana, cerré los ojos para visitar los aposentos de Morfeo.

Despertar, levantarme, bañarme, irme al tajo; La rutina es parte intrínseca de un sistema laboral ordenado. Y por más monótono que aquello pudiera sonar (y lo era), ser pieza fundamental del engranaje que mantiene a la economía casera a flote y el propio desarrollo personal es suficiente motivación para seguir tan invariable hábito. Tampoco me quejo, en verdad me gusta mantenerme ocupada y aportar algo a este demente, pero agradable mundo, por muy pequeña contribución que sea. Y porque los 16,400 yenes que tomaré prestados de los fondos monetarios de Aria no van a pagarse a menos que cumpla con mis horarios acordados de trabajo. Si bien ella me ha autorizado el uso absoluto y sin restricciones de sus bienes capitales, me sentiría mal de simplemente tomar el dinero sin tratar de colaborar de mi parte. Ambas creemos en una relación igualitaria y la división ecuánime de responsabilidades. Despidiéndome de mi hospedador y de Miia, quien decidió madrugar esta mañana, salí de la casa para abordar el transporte público.

En el viaje, me puse a cavilar sobre el postre especial que deseaba obsequiar a mi Sparassediana. Mi mente se encontraba en una disyuntiva sobre los sabores a usar, la composición del relleno y el merengue o si me decantaría por un estilo menos tradicional y recurriría a híbridos, como tartas de crème caramel y helado. Que fuera mi primera vez preparando una no hacía las cosas más fáciles. Era gracioso, Aria no era la única novata que deseaba superarse en estos días. Riendo mentalmente por tan graciosas coincidencias, mi imaginación divagó un tiempo viendo a un par de hermanos kobold sentados a mi lado, niño y niña, divirtiéndose con un juego de video en sus teléfonos portátiles. Era de temática bélica y competían en una disputa por ver qué ejército vencería al rival. Entre los sonidos electrónicos y los pixeles desplegados a usanza de vehículos de batalla en las pantallas de cristal líquido de los aparatos, una idea se encendió en mi mente como la llama que Prometeo tomó de los dioses.

– "Un tanque…" – Musité tronando mis dedos. – "El pastel debe ser un tanque."

El autobús se detuvo en la parada designada y, aunque ellos se extrañaron por el gesto, agradecí a los peludos consanguíneos por ayudarme inesperadamente en despejar mi primera duda sobre la confección del manjar dulce. Ahora sabía que forma otorgarle y tenía un nuevo objetivo. Sin embargo, antes de planear la primera fase de construir un vehículo blindado a base de levadura y glaseado, debía terminar mi jornada diaria. Esta se desenvolvió de manera regular, sin incidentes memorables, aunque me mantuve sumamente ocupada, especialmente cuando un grupo de excursionistas, creo que estudiantes de geología, según las conversaciones que podía distinguir desde la cocina sobre minerales y vestigios de biomas extintos, decidió pegarnos una visita y hacernos funcionar a toda nuestra capacidad por un tiempo extendido, incluyendo nuestra hora de receso que tuvo que ser postergada.

Durante el ajetreo, me pregunté si este sería mi propio Día D, ya que la afluencia de comensales parecía no disminuir conforme las horas pasaban, como los históricos desembarcos en las costas francesas atestándose de tropas Aliadas, asediando la cocina con órdenes incesantes que nos hicieron recorrer casi todo nuestro menú disponible en su totalidad. Ignoro qué clase de sucesos hayan desatado tal profusión de clientes esta mañana, pero parece que la idea de preguntarle a Sanae sobre un lugar recomendable para hacerme con ingredientes para un pastel deberá posponerse. Gracias al Vacío Eterno, el bombardeo de consumidores dio paso a una tregua cuando Mio nos concedió veinte minutos para recuperar energías, las cuales aprovechamos sin dilación para satisfacer nuestra ingesta calórica diaria. Aproveché tal ventana de tiempo para charlar con mi compañera.

– "Un pastel, ¿eh?" – Mencionó la lámpades, degustando su udon. – "Bueno, cuando emigré a Asaka, hace como dos años, había una repostería llamada Tohru no Keki como a cinco cuadras de aquí, pero ignoro si aún continúe activa. Lindo lugar, la dueña era una dragona que gustaba vestir de sirvienta. Elaboraban excelentes tartas de queso con fresa, así que debían usar ingredientes igual de buenos."

– "Ya veo, lo investigaré cuando salga." - Deglutí mis fideos estilo Okinawa. – "Gracias, Sanae."

– "De nada, dullahan enamorada." – Rió. – "Pero en serio, ¿nunca habías hecho uno antes?"

– "Nunca tuve necesidad de hacerlo." – Confesé. – "Cuesta creer que admitieran mis platos irlandeses desde el primer día pero yo no sepa cómo preparar un postre tan común, ¿no lo crees?"

– "Ah, descuida, azulosa, te entiendo perfectamente." – Sorbió su pasta. – "Yo apenas sabía guisar kake soba cuando me contrataron, aunque no lo creas. Y mírame ahora, seis meses y ya soy gorro amarillo. Quizás en otros seis ascienda al azul."

– "¿Cómo lograste sobrevivir a la inflexible tralla de la inquisidora Kanako y su fiel lacaya, Suwako la Impasible?"

– "Simple: Tenía una ratita mascota que era experta cocinera, controlaba mis movimientos usando mi cabello y yo obtenía todo el crédito." – Tomó su bebida. – "Se llamaba Nazrin. Murió de envenenamiento por salsa de ajo rancia. Le hice un funeral incinerando sus restos en una caja de zapatos llena de gasolina y fuegos pirotécnicos. La extraño."

– "Tal vez sea un producto del Caos Infinito, pero eso suena muy implausible hasta para mí."

– "¡Ay, contigo, mujer! ¡Ni siquiera puedo hacer referencias a mis películas favoritas! ¡Obvio que es una broma!" – Me sacó la lengua. – "Pero la respuesta, señorita inverosímil, se llama libro de recetas y mucho empeño. ¿Eso es más admisible para tus estrictos estándares de credibilidad, Abismal?"

– "De acuerdo, ya entendí. Calma tus vesánicos ímpetus, Paromia." – Gesticulé defensivamente. – "En verdad que te exaltas como si hubieras observado tus propias antorchas inductoras de locura, enviada de Hécate."

– "Y aún me la debes por pincharme ayer con ese tenedor." – Apuntó sus palillos hacia mí. – "Pero hablando en serio, ojalá tu regalito salga a pedir de boca. ¿Ya decidiste con que variedad recompensarla?"

– "Me encuentro arbitrando entre un pastel de terciopelo rojo con fresas y uno de lima." – Comí un pedacito de carne de cerdo. – "A Mo chuisle le encantan las frutas ácidas, así que cualquier opción es buena."

– "Ah, yo te aconsejo el rojo. Siempre me encantó el famoso red velvet." – Tomó un poco de huevo. – "El chocolate es más romántico que una lima. ¿Lo harás en el diseño clásico o en forma de corazón?"

– "De hecho, deseaba darle la apariencia de un tanque."

La greco-japonesa alzó una ceja y me miró extrañada.

– "¿Cómo que un tanque?" – Interrogó ella. – "¿Uno de agua o algo así?"

– "No, hablo de uno de guerra. Un vehículo blindado."

– "Estás consciente de que el red velvet no es precisamente la mejor opción para darle un aspecto tan complicado como un carro de combate, ¿verdad?" – Cuestionó la ninfa. – "El queso crema no es tan maleable como otros glaseados. Te iría más fácil con un bizcocho de mármol u otra tarta esponjada."

– "Oh… Sí, entiendo…" – Bajé la mirada, decepcionada. – "Bueno, te mencioné que jamás hice uno antes, así que desconozco cuál sea el ideal."

– "Tranquila, no te desmoralices, Lala." – Tomó mi mano. – "¿Por qué no eres creativa? Por ejemplo, puedes hacer el velvet para la base y usas bizcochos para las ruedas y demás. Será todo un collage de sabores y te llevará algo más de tiempo hornear los distintos ingredientes, pero tu chica lo amará, eso tenlo por seguro."

– "Sí… Sí, tienes razón." – Mi ánimo regresó y alcé la vista. – "Puedo hacerlo. Go raibh míle maith agat, Sanae."

– "Parakaló, azulosa." – Me guiñó. – "¿Segura que no quieres mi ayuda?"

– "Es un reto que decidí aceptar, amiga. No te preocupes, estaré bien."

– "De acuerdo. Suerte, general Corazón." – Rió. – "No te olvides de guardarme un pedacito, ¿vale?"

Ofreciéndole mi agradecimiento con un abrazo, mi colega y yo volvimos a la faena. Hubo otra pequeña plétora de clientes, aunque no tan conglomerada como las anteriores. A pesar de lo agotador que la jornada se tornó en poco tiempo, mis energías no fueron menoscabadas y me despedí de mis colegas al llegar el tiempo de volver a nuestras moradas, decidida con gran reciedumbre a crear esa vianda con vehemente brío. Sanae se retiró montando su motocicleta, tan verde como su cabello y yo tomé el autobús de línea. Pude haberme dirigido al centro comercial directamente para adquirir los componentes necesarios, pero resolví que tanto como Papi como Suu debían acompañarme en tal tarea, al ser ellas quienes me inspiraran en este desafío. Además, necesitaba revisar la enciclopedia ilustrada sobre máquinas de guerra que la alemana poseía, para tomar referencias de diseño y lograr replicarlo con la mayor exactitud posible. Ella se esfuerza todos los días, así que yo también.

Llegué a mi residencia y mientras me retiraba el calzado para andar libremente en mis medias, noté un sobre color crema encima de la repisa a lado del teléfono casero. Sonriendo, ya conociendo a la afectuosa remitente, tomé la carta en mis manos y suspiré de felicidad al ver ese nombre de ascendencia teutona escrito en la característica caligrafía semi-formal de mi arachne, plasmada en índigo tono fino. Me encaminé a la sala para reclutar a la arpía y la limo en la travesía que hoy nos aguardaba, me encontraba animada y deseaba empezar cuanto antes. Entrando a la estancia y esperando ver a un juvenil par de traviesas divirtiéndose frente al televisor, me extrañé al descubrir que el lugar brillaba tanto por la excelente limpieza que se llevó a cabo como por la ausencia del dúo mencionado. Nuestro anfitrión apareció junto a Centorea, ambos cargando una cesta de ropa en sus manos.

– "Bienvenida de nuevo, Lala." – Saludó el muchacho. La centáuride hizo una silenciosa reverencia. – "¿Todo bien en el trabajo?"

– "Sí, de maravilla. Gracias por la preocupación." – Incliné la cabeza. – "Disculpen la pregunta, Kimihito y Centorea, ¿pero por casualidad podrían informarme del paradero de nuestras residentes más inquietas, si no es molestia?"

– "Oh, creo que hoy les tocaba clase con Mero." – Mencionó Kurusu. – "¿No es así, Cerea?"

– "Está en lo correcto, Mi Señor." – La aludida sonrió. – "Podrás encontrarlas en la habitación de Lorelei-sama, Lala."

– "Entiendo, muchas gracias."

– "Perdona que cuestione, Lala, ¿pero las buscabas para algo en específico?" – Interrogó el casero.

– "Mi intención era invitarlas a un recorrido por los establecimientos comerciales para la pesquisa de ingredientes de repostería." – Expliqué. – "Confío en que mi pase independiente me brinde el derecho de actuar como su tutora y permitirnos el libre deambular. Por supuesto, confieso que aquello son suposiciones mías y no estoy al tanto del estado actual de las leyes."

– "Descuida, segadora, puedes tranquilizarte." – Acotó la rubia. – "La coordinadora nos explicó que, en efecto, podemos fungir como las guardianas de Papi y Suu en caso que Mi Señor se halle ausente. No deberías tener problemas en salir a pasear con ellas. Además, no creo que Smith sancione a la novia de su más nueva recluta solamente por ir de compras, ¿no te parece?"

– "Tu lógica tiene mucho sentido, Centorea." – Le ofrecí una reverencia. – "Les agradezco infinitamente la información que me han brindado, familia. Ahora, si me disculpan, me dirigiré a la recámara de nuestra sirena. Gura míle."

Me preguntaron si deseaba dejarles mi uniforme para ser lavado y acepte. De ahí, me encaminé a los aposentos de la heredera del Reino Neptune, no sin antes tocar la puerta. La cordial voz de la mujer de rosadas facciones capilares me invitó a pasar, hallando a la limo y la arpía junto a ella, escuchando interesadamente sus clases didácticas. Lorelei, usando un par de anteojos y vistiendo un atuendo recatado de color oscuro que le otorgaban una apariencia más profesional a su ya natural aura noble, inclinó su cabeza mientras el revoltoso dueto me recibió con un abrazo. Había algo escrito en la pizarra verde detrás de ella, que se encargó de limpiar con celeridad.

– "¡Lala-nee, hola!" – Apretujó la emplumada. – "¿Vienes a aprender cómo el mundo será propiedad absoluta de la Gran Sir…?"

– "Papi-chan, por favor guarda la calma." – Ordenó la acuática, entonces me sonrió amablemente. – "Buenas tardes, Lala-san. ¿A qué debemos su agradable visita?" –

– "Perdón por interrumpir tu cátedra en este momento, Meroune." – Reverencié al tiempo que acariciaba las cabezas de mis afectuosas hermanas menores autoproclamadas. – "Pero deseaba a este par de jovencitas para que me asistieran en la compra de productos para la elaboración del pastel una vez sus lecciones finalizaran."

– "¡Oh, sí! ¡Yo quiero ir, yo quiero ir!" – Declaró la jovial chica aviar. – "¡Mero-nee, ¿podemos ir con Lala-nee ahora?! ¡¿Verdad que sí?!"

– "Papi, me temo que primero deberás esperar a que la clase termine." – La reconforté. – "Ten un poco de paciencia, nos iremos pronto."

– "Oh, está bien, Lala-san, de todas maneras me parece que nuestra sesión ha sido suficiente por hoy." – Dijo la mujer de ojos color azul oceánico, impulsándose en su silla de ruedas hacia mí posición. – "Y, si me permite el honor, estaría encantada de unírmeles en su divertida excursión."

– "No es necesario que te tomes la molestia, Lorelei. Únicamente es una visita al mercado, nada excepcional."

– "Lamento discrepar con tal opinión, Lala-san, pero me parece que un obsequio para alguien como Aria-san, especialmente proviniendo de usted, no puede ser menos que excepcional." – Retrucó la princesa – "Reincido en mi interés de brindarles tanto mi compañía como mi ayuda para elegir únicamente lo mejor para nuestra arácnida heroína. Insisto."

– "De acuerdo, Meroune." – Suspiré, sonriendo. – "Eres bienvenida."

– "Se lo agradezco mucho." – Regresó el gesto. – "Papi, Suu, vayan. Podemos aprender sobre los… erm… peligros del culto a la personalidad en otra ocasión. Las alcanzo en unos minutos, primero deseo cambiarme a ropas más cómodas y arreglarme un poco antes de salir. No tardaré."

Dejando a la sirena retocarse en privado, yo me excusé con mis 'hermanas' para guardar el recado de Mo chuisle y tomar el resto del dinero de la cajita reservada dentro de la mesa de noche. Comprobando que todo el contenido monetario neto se hallara intacto, lo introduje en una de las bolsas de mi camisa. Aria me dejó su cartera con todo y capital, ya que alegó que no lo necesitaría. Le advertí que se llevara al menos la mitad por si se suscitaba una emergencia, pero ella reiteró que iría a entrenar, no a gastar. Espero tal exigüidad de fondos no le cause problemas después, pero al menos cuento con más que suficiente para hacerme con todos los materiales. Antes de reunirme con el resto del grupo, tomé uno de los tomos ilustrados de la germana para elegir la máquina de guerra en la cual basaría la efigie que decidiría el diseño del postre. Inclinándome por su favorito, el llamado Panzerkampfwagen VI alias Tiger I, y en especial porque su estructura rectangular facilitaría en gran medida el trabajo requerido, volví con mis compañeras y me ofrecí a empujar personalmente la silla de la descendiente de Poseidón, cargando una enorme sombrilla rosada para protegernos del inclemente Helios, para iniciar nuestra pequeña odisea mercantil.

– "Los chefs del Reino me compartieron varios de sus secretos cuando vivía en el palacio real, especialmente los de los postres que tanto deleitaban el paladar de mi madre." – Explicó la oceánica en el camino. – "Naturalmente, una acudiría a una repostería para hacerse con los ingredientes, siendo expertos en el tema. Pero, como se imaginará, los comerciantes no venden sus propios recursos al simple plebeyo, ofreciendo en su mayoría productos de menor ralea para asegurar que sus creaciones parezcan superiores. Sé que no todos los negociantes son tan deshonestos, pero la mayoría sí, por desgracia."

– "Comprendo perfectamente." – Asentí con la cabeza, vigilando que las jóvenes no derramaran el helado que me decanté por comprarles. – "Si te soy sincera, esa sería mi primera opción para comenzar, como la novata que soy. ¿Recomiendas algún lugar en especial, Meroune?"

– "Afortunadamente, mi Amado ya nos ha embelesado el paladar con su dominio absoluto en el arte de la confitería con anterioridad, y logré conocer uno o dos lugares que son perfectos para adquirir lo que buscamos. También nos hemos hecho buenos amigos de los trabajadores, así que podemos confiar en que obtendremos únicamente lo mejor."

Las cuatro nos detuvimos un momento a descansar bajo la sombra de los árboles, el calor era imperante.

– "Papi, Suu, no se alejen mucho." – Le indiqué a las chicas, divirtiéndose con un pequeño felino que encontraron. – "Continúo agradeciendo enormemente tu ayuda, Meroune."

– "Es un placer, Lala-san. Pero por favor, llámeme sólo Mero."

– "Como desees, Mero."

– "Ahora la agradecida soy yo." – Rió educadamente. – "Siempre estoy dispuesta a auxiliar a mi familia, querida amiga, especialmente si se trata de Aria-san. Me recordó que soy más que una inagotable cartera marina parlante enajenada con malaventuras absurdas, incluso usando mis propias palabras. Verdaderamente, ella es más noble que muchos de mi propia estirpe."

– "Y aún así, ella nunca se siente digna de tanta bondad." – Suspiré, mirando al cielo.

– "Pienso que es como todo en la vida; Si nos consideráramos acreedoras a lo que deseamos desde el principio, no nos esforzaríamos por dar lo mejor de nosotras para ganarlo, especialmente el amor." – También alzó la mirada. – "Yo he estado bregando continuamente contra esa incoherente ideología que mi especie decidió adoptar, conteniendo esos impulsos que casi me envenenan la mente por completo, alejándome del innecesario melodrama y las pirras malsanas de la tragedia. Y, aunque sé que mi Amado, bueno, me ama, creo que todavía debo seguir probando mi plusvalía, ya sea derrotando a mis propios demonios, contribuyendo al hogar o sencillamente manifestando mi continuo afecto hacia su persona. ¿No lo cree así usted también, Lala-san?"

– "El querer prepararle un inocente pastel a esa mujer que ha ratificado continuamente su eterno amor hacía mí, sólo para demostrarle cuanto me importa, es más que evidencia suficiente para corroborar que tu y yo pensamos exactamente igual, Mero. Nunca dejemos de luchar por ser felices, porque vivir es felicidad, felicidad es amar…." – Le sonreí. – "Y amar es vivir."

– "No importa si es un emotivo discurso o un simple pensamiento romántico…" – Regresó la sonrisa. – "Usted siempre habla con gran pasión y verdad, Lala-san. Sería una excelente monarca."

– "Ya tengo emperatriz a quien servir." – Disentí con la cabeza tenuemente, sin perder mi mueca de alegría. – "Y honestamente, la corona luce mucho mejor en ti, amiga."

Ambas reímos y, con las energías ya recobradas, continuamos nuestro deambular por la zona comercial. Como la sirena había argumentado anteriormente, ella había desarrollado buenas migas con los proveedores y, siguiendo nuestra lista en mano, logramos hacernos con gran parte de los ingredientes. Me tranquiliza que Lorelei decidiera acompañarnos, porque confieso que decidir entre tantas marcas diferentes de los mismos componentes, sin contar las interminables combinaciones de harina, azúcar especializada, levadura y colorantes artificiales necesarios, me hubieran hecho perder literalmente la cabeza sin su ayuda. Eso, y porque el amplio espacio en su silla de ruedas nos evitarían terminar cargar con las voluminosas bolsas del mandado.

– "¿Neón o clásico?" – Preguntó la verdiazul limo, sosteniendo dos cajas de diferentes colorantes comestibles en sus tentáculos. – "Betty Crocker o Chefmaster? ¿Tradicional o en gel?"

– "Los Scarlet's Natural, Suu." – Indicó la ojizarca acuática. – "Es más caro que los sintéticos, pero previene molestas alergias y tiene tonos más bonitos."

– "Lala-nee, ¿llevamos estas gomitas sabor mora?" – Cuestionó la arpía con una caja de golosinas en sus emplumadas extremidades. – "¿Y también las que parecen de limón pero saben a tamarindo?"

– "Claro." – Asentí. – "Y busca galletas de vainilla cuadradas, por favor. Normales, no rellenas."

– "Jawul… Jiwehl… ¡Lo que dice siempre Aria-nee!" – Hizo un jocoso saludo militar. Me reí al oírla querer imitar la confirmación en alemán. – "¡Ya vuelvo!"

– "Hmm… ¿Lala-san?" – Habló la mujer de rosados cabellos.

– "¿Qué sucede, Mero?" – Pregunté mirando los ingredientes de la harina marca Izayoi. Oh, contiene sangre humana auténtica.

– "¿Puedo darme el lujo de hacer una sugerencia?"

– "Por supuesto."

– "¿Le parece si en lugar del tradicional relleno rojo, lo hacemos azul?

– "Eso…" – La volteé a ver. – "Me parece buena idea. Adelante."

– "Sabía que le agradaría." – Sonrió ella, añadiendo el pigmento a nuestra canasta. – "Aria-san adorará al descubrir que dentro de su tanque se encuentra un suave y dulce relleno añil esperando por ella, para protegerla del implacable asedio del enemigo."

Reí ligeramente al oír tan acertada metáfora. Proseguimos las compras hasta que todos los elementos pendientes fueron completados. Chocando nuestras manos y alas en señal de victoria, regresamos a casa. No sólo encontramos absolutamente todo lo planeado y más, sino que resultó más barato de lo esperado. Como forma de gratificar a la sirena por su apoyo, le propuse hacerla parte de nuestro selecto equipo de cocina, aceptando ella con una afectuosa muestra de cariño, rodeando mi cuerpo con sus brazos y sintiendo su cola golpear con suavidad mis piernas. Pude detectar su ligero y agradable aroma a caramelo y sal marina, por más contradictorio que aquello sonara.

Así, las cuatro volvimos a la residencia, con la misma cantidad de platos, todavía calientes, esperando por nosotras en la mesa. Agradeciéndole a nuestro hospedador y a la lamia por su enorme consideración, guardamos los ingredientes y degustamos nuestros alimentos. Ya finalizadas, reclamamos la cocina para nosotras solas. Quizás faltaran tres días más para que mi rubia retornara, pero quería estar lista y refinar mis habilidades lo antes posible. Con recetario confitero en una mano y la otra en el corazón, nos preparamos para dar comienzo a la segunda fase de nuestra dulce batalla. Tronando mis dedos y tomando la batidora eléctrica como si fuera una pistola, miré a mi intrépido escuadrón, dispuestas de igual manera con sus armas prestas para el combate.

– "Bien, equipo…" – Declaré con vehemencia, haciendo una pose dramática. – "¡Horneemos un tanque!"


NOTAS DEL AUTOR: ¡Panzer torte, vorwärts!

Ah, eso pasa cuando te enamoras de locas arañas militares, terminas haciendo pasteles en forma de blindados con tres dementes más. Y es fantástico.

Confieso que hace mucho que anhelaba escribir este episodio, uno donde mostrara la influencia positiva que nuestra protagonista germana, inadvertidamente, ha tenido tanto en su amada dullahan como en la residencia Kurusu, pero necesitaba hallar el momento adecuado. Aquí, podemos ver que mientras Jaëgersturm se flagela el cuerpo y alma con balas polícromas y pirados estratagemas militares en su duro entrenamiento, Lala también libra su ardua guerra por superarse, así como el resto de los inquilinos.

También era mi intención mostrar que la segadora es tanto maestra como alumna, demostrando que aún con toda su sabiduría, aún tiene mucho por aprender, como todos nosotros que recorremos este tumultuoso camino llamado vida. Irónico para una mensajera de la muerte, lo sé, pero las contradicciones son algo que caracterizan a esta historia.

Sin embargo, el aspecto más importante que deseaba retratar, eran los enormes lazos de amistad y afecto que todos los habitantes de tan singular morada comparten, y que demuestran el porqué a pesar de ser tan distintos y disfuncionales, su unión no puede romperse. Y aún así, un solo capítulo no me da abasto para expresar todo eso, así que opté por dividirlo en partes. Pero, ¡hey!, eso quiere decir que hay más diversión esperándonos en el futuro.

En todo caso, confío en que este regreso al slice-of-life les haya agradado. Sí, los nombres de las compañeras de trabajo de la irlandesa son un guiño a la saga de juegos Touhou Project, la cual me ha influenciado desde hace tiempo (mi canal de YouTube es evidencia suficiente). Y sí, tanto la segadora como su arácnida novia tienen amigas griegas descendientes de la diosa Hécate, sólo que a Aria le tocó la más gruñona y violenta. Todos esos paralelos son completamente intencionales. O simplemente abuso del déjà vu, yo que sé.

Sin nada más que decirles, los invito a dejarme sus reseñas, opiniones y demás locuras, que me encantan leerlas. Le envío un saludo al compañero Arconte, quien me proveyó con un par de idea para esta entrega. ¡Nos vemos hasta la próxima! ¡Coman en el Aizawa! ¡Consuman productos hechos por habitantes del Inframundo! ¡Auf Wiedersehen!