NOTAS DEL AUTOR: ¡Achtung! ¡Tarmo Flake ist hier! ¡Panzer vor!
Nueve meses. Han pasado nueve meses desde que me lancé a escribir esta locura. Y aún así, a pesar de tanto tiempo con la cabeza repleta de arañas sáficas, cocineras inmortales y arpías amantes del heavy metal, no me canso de continuar expandiendo este relato. ¿Cuánto camino falta por recorrer? Ni yo tengo idea, pero algún día, cuando decida colocar el punto final, podremos mirar atrás y decirnos: Fue un excelente viaje.
O quizás se lamentarán no haber invertido mejor su tiempo, pero ya será muy tarde. ¡Comencemos!
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena sigue de vacaciones y no me manda ni una postal!
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 46
– "¡Horneemos un tanque!"
Los vehículos blindados, según la poca información que poseo como inexperta en el tema, son máquinas soberbias que combinan la precisión de la ingeniería mecánica con la letalidad de la pólvora y el metal, engendrando una férrea amalgamación de ataque y defensa diseñados perfectamente para avanzar hacia el enemigo y no detenerse a pesar de sus inclementes represalias violentas, todo en completa seguridad para sus operadores. Son auténticos artilugios de combate formados a partir de acero, polímeros y el talento de sus creadores. Los más exitosos continúan influenciando el futuro, incluso después de haber sido sustituidos por modelos con mejores prestaciones y de superior eficiencia, porque sentaron las bases fundamentales para que su legado persista ante el paso del tiempo, resistiendo el asedio de los años tan infatigablemente como sus indestructibles armaduras. Un tanque no es sólo poder imparable, sino fortaleza inquebrantable; Una fuerza que yo me he empeñado en recrear no con metales y plásticos, sino con huevos, harina, sacáridos y pasta comestible.
Y nadie dijo que aquello fuera fácil.
– "¡Suu, no pares de batir los huevos! ¡Mero, el horno necesita una mayor temperatura! ¡Papi, no te comas el merengue!"
Azúcar, leche, levadura, colorantes y sabores naturales, huevos, mantequilla y bicarbonato de sodio. Precalentar la estufa a trescientos cincuenta grados Fahrenheit, engrasar y agregar la harina a las cacerolas para la tarta, agregar los lípidos junto con la crema, los sacáridos y los huevos. Aglutinar la pasta con los colorantes, el cacao y añadir a la mezcla. Adherir sal y la harina con la mazada y vainilla. Adicionar un poquito de bicarbonato y vinagre y hornear por veinticinco minutos. Todo lo anterior suena sencillo en teoría. Y debería serlo para alguien que ha logrado conseguir un modesto empleo en un humilde pero reconocible restaurante e incluso ha influenciado lo suficiente para que sus creaciones sean anexionadas a la rotación alimenticia desde el primer día de contratación. Sin embargo, a pesar de que la confección de una tarta dulce suena como un ritual que todo cocinero que se respete debe realizar alguna vez en su vida, aquí me encuentro yo, la gran Segadora del Inframundo, la poderosa Mensajera de la Muerte, la inmortal hija del Abismo Eterno, batallando contra un revoltijo de ovoalbúminas y glúcidos para poder recrear la efigie de un antiguo carro de batalla.
– "Uf, en verdad que no esperaba que esto resultara tan complicado." – Suspiró Meroune, recostándose en su silla después de ayudarme a colocar la tarta en el horno. – "Pero debo admitir que si bien nuestras penas no han sido pocas, estoy disfrutando como nunca el ser parte de esto. Me siento viva a pesar de matarnos tanto."
– "El sentimiento es mutuo, amiga." – Me relajé, ajustando el níveo cronómetro de cocina. – "Pero, experimentar algo nuevo es parte de la experiencia de vivir. Además, hemos aprendido un sinfín de valiosas lecciones en esta pequeña cápsula de tiempo. Especialmente la de mirar antes de agregar, o terminar con sal en lugar de azúcar."
– "Oh, Lala-san, usted sí que me sorprendió en esa instancia." – Rió educadamente al recordar mi mencionado error. – "En todo caso, incluso si nuestro ponderado pastel derivara en una nada apetecible quimera de ingredientes y sabores, estoy más que segura que Aria-san lo adorará."
– "Yo también lo creo así, Mero." – Alcé la mirada. – "Pero no descansaré hasta lograr preparar algo digno de mi valiente guerrera, aún me tome este y los demás días restantes por completo."
– "Sé que podrá, Lala-san." – Tomó mi mano. – "Nosotras le apoyaremos en todo."
– "Gura míle, Mero. Sé que cuento con mi familia." – Volteé a verla, sonriendo. – "Ahora, ¿Qué tal si comenzamos la producción del bizcocho para las orugas de nuestro vehículo?"
– "¡A la carga!" – Exclamó la alegre sirena, con un efusivo puño en el aire.
– "Un momento…" – Miré alrededor. – "¿Dónde están las niñas?"
– "Lala-nee…" – Habló una blandengue vocecita a nuestra derecha. – "P-perdón…"
Papi, cohibida y con la cabeza baja, sostenía entre sus añiles extremidades aviares una caja que alguna vez poseyó productos alimenticios secos a base de mantequilla y harina con sabor derivado del fruto del cacao. El empaque, creando un pequeño eco gracias a la ausencia de contenido en su interior, no dejaba de agitarse por las trémulas alas de la arpía, cuyas facciones denotaban un delgado pero visible sendero de lágrimas peregrinando desde la cuenca de sus globos oculares hasta sus mejillas y mandíbula. Sus labios, temblorosos y arqueados hacia abajo, ostentaban restos minúsculos de las atezadas gollerías, soltando pequeños sollozos y en su nariz había indicios de húmeda mucosidad. No se necesitaban más signos para darse cuenta del cariacontecido estado en el que se hallaba.
– "L-lo siento, Lala-nee…" – Hipó la joven. – "Yo quería probar sólo una… Pero, es que estaban muy ricas y…"
– "Papi…" – Le dije a ella. – "Está bien…"
– "Es que yo… yo…" – Gimoteó. – "¡P-perdóname, Lala-nee!"
La pequeña arpía azul corrió en mi dirección, abrazándome con fuerza y hundiendo su rostro en mi estómago. A pesar de la potencia de su embestida, su liviano peso corporal no me hizo tambalearme, pero la firmeza de su agarre era notable. Ella pasó de un simple goteo a llanto total, con sus lágrimas humedeciendo parte de mi oscuro vestido. Algunas de sus plumas cayeron al suelo en el ajetreo, mientras ella seguía implorándome el eximirla por consumir en su totalidad parte de los ingredientes. Suu, quien se había retirado por unos momentos, regresó a la cocina y tan pronto encontró a su inseparable compañera llorando amargamente, se apresuró a confortarla con celeridad. Lentamente, los quejidos de la joven fueron disminuyendo de intensidad, con sus castaños ojos viéndome, avergonzados.
– "S-soy una niña mala…" – Balbuceó. – "Esas e-eran las últimas… Y yo me las comí…"
– "Descuida, Papi." – Le reconforté, mimando su cabeza. – "Sólo son galletas."
– "P-pero… Eran las especiales… Las que costaban caro… Y también tomé de las otras… Y las otras también…" – Hipó nuevamente. – "Y ahora… Y ahora Aria-nee se quedará sin probarlas…"
– "Shh… Está bien, Papi, está bien." – La acerqué aún más a mí. – "Compraremos más, muchas más."
– "Discúlpame, Lala-nee…" – Nos separamos lentamente, ella viéndome con temor. – "No estás… No estás molesta conmigo, ¿verdad?"
– "Claro que no." – Le aseguré. – "Tenías hambre y saciaste tu apetito, es normal. Tranquilízate"
– "¿Me van a seguir queriendo?"
– "Por supuesto, siempre te querremos." – Miré a la limo. – "¿Cierto, Suu?"
– "Suu siempre querrá a Papi, porque Suu no puede odiar a la familia que ama." – Aseveró la glauca criatura a su amiga, usando su lenguaje en tercera persona y un acuoso tentáculo para girarle la cabeza lentamente en su dirección – "Y Suu ama mucho a Papi."
Colocándole un tierno beso en la frente a la arpía, las lágrimas de la pequeña voladora, aún gimiendo y aspirando la mucosidad de su nariz, cesaron paulatinamente, siendo absorbidas por la piel de la limo. Si bien Suu suele actuar de la misma infantil manera que su contraparte ornitológica, puede comportarse muy maternalmente cuando la situación lo requiere. Incluso para una Abismal, la naturaleza de su especie sigue siendo un misterio; Pero al menos puedo confiar en que nuestra gelatinosa residente está ahí para ayudarnos. Con su humor restaurado, la arpía regresó a sus cotidianos alborozos y la algazara en su voz. Sin embargo, con las existencias de barquillos y galletas totalmente agotadas, requeriríamos una visita al comercio más cercano.
– "Mero, ¿podrías vigilar la estufa mientras nosotras estamos fuera?" – Le pregunté a la sirena. – "Necesitamos reabastecer nuestras reservas de víveres azucarados."
– "Oh, por supuesto, Lala-san." – Sonrió la aludida. – "Descuide, que la tarta estará segura. No le quitaré las aletas de encima."
– "Te lo agradezco." – Hice una reverencia y me dirigí a mis hermanas menores. – "Niñas, vamos a la tienda."
– "¡Jawohl!" – Exclamaron ambas con un saludo marcial. Reí; Alemania no solo ha conquistado países, aparentemente.
Las tres salimos en dirección al establecimiento que se hallaba a un par de cuadras de nuestra morada. A pesar de la conveniencia de contar con un local cerca para surtirnos, la calidad de los productos expendidos en un pequeño almacén de autoservicio perteneciente a una cadena internacional no es precisamente la mejor. Muchos de sus artículos utilizan ingredientes demasiado sintéticos, que tratan de compensar con un precio mucho más asequible. Aunque yo insistía en darle lo mejor a mí querida Aria, el tiempo necesario para un repaso por el centro comercial era demasiado tardado. Además, mis recursos monetarios igualmente comenzaban a mermarse, así que debía ahorrar. De todas maneras, mi plan era que nuestra primera tarta fuera un pequeño ensayo para refinar mi técnica antes de elaborar el pastel real, así que podíamos darnos el lujo de sustituir los materiales por algunos más baratos.
– "¿Lala-nee?" – Preguntó de repente la joven de azul plumaje.
– "¿Qué sucede, Papi?"
– "Tú te vas casar con Aria-nee, ¿verdad?"
Casi tropiezo al escuchar cuestión tan sorpresiva y directa. Si bien ya he tomado mi decisión de pasar mi imperecedera existencia a lado de Mo chuisle, la idea (o el concepto mismo) del himeneo aún se encontraba en el lejano horizonte. En mi opinión, una ceremonia o un documento que avalara la unión de un par de personas no era más que una anodina formalidad, puesto que la dedicación y la pasión de una relación era prueba suficiente para demostrar su compromiso ante cualquiera. Mi amor por Aria es innegable, un papel que confirme tal axioma es simplemente innecesario. Sin embargo, eso no significa que yo descarte la posibilidad de que Jaëgersturm un día me sorprenda colocando un anillo en mi dedo o alguna otra costumbre que las Sparassedianas posean, como su estrafalario ritual para marcar a su pareja. Y yo aceptaría al instante su propuesta.
Por unos efímeros momentos en el tiempo de Planck, me imaginé a mí misma, ataviada en un albo vestido confeccionado a la usanza medieval pagana, muy arraigado a nuestras celticas raíces. No pude evitar el ruborizar mi azul epidermis facial al fantasear con portar un velo estilo mantilla con toques oscuros que contrasten el blanco atuendo de imperial silueta, cargando un enorme ramo de níveas flores. En Japón, los brotes de tal color son generalmente asociados con la muerte y no recomendados para un evento romántico, aunque en mi caso, no podría haber mejor elección. Desconozco si mi alemana optara por arreglarse con un atuendo similar al mío o si adoptaría el papel reservado para el género masculino y se decantaría por un traje oscuro. Sonaba insólito que una hija del Abismo, cuyo destino era traer impasiblemente el fin de la vida, ahora se encontrara sonrojándose como una adolescente soñadora ante la sencilla reflexión de contraer nupcias con la arachne que le robó el corazón.
Y yo no podría estar más feliz por ello.
Desgraciadamente, la sociedad nipona aún no ha avanzado lo suficiente para reconocer el coyugamiento formal entre dos entes poseedoras del cromosoma doble XX, y ni que decir si ambas personas son liminales. Hasta ahora, solamente unos contados barrios emiten certificados para uniones del mismo sexo (Setagaya, Shibuya, Naha, etcétera) aunque no son considerados legalmente actas de matrimonio. Incluso para una agente de élite y empleada del departamento de justicia, no es fácil casarse. Pero como mencioné anteriormente, tampoco es que me importe la aprobación que un trozo de papel pueda darnos en teoría. Y si lo pienso detenidamente, tanto Aria como yo no fuimos concebidas en familias que posean tales prácticas, así que no contábamos con muchas razones para un llevar a cabo suceso de tal índole. Sin embargo, estoy segura que a mi germana adoraría que el mundo entero conociera y aceptara públicamente nuestro maridaje y se validara ante la ley, sin contar que, en el fondo, yo también anhelaba lo mismo.
– "Bueno, Papi, yo…" – Lo cavilé por un momento. – "Realmente no lo sé."
– "¿Por qué no?" – Cuestionó con un tono casi ofendido. – "¿No la quieres?"
– "¡Claro que sí!" – Me apresuré a reiterar. – "Es sólo que… Aún es muy temprano para eso."
– "Pero sí lo van a hacer, ¿verdad?"
– "Por supuesto." – Mimé su cabeza. – "Tú y Suu pueden ser nuestras damitas pajes que lleven los aros de boda."
– "¡Ah, sí, sí! ¡Quiero hacer eso!" – Declaró la joven. La limo asintió silenciosamente con su probóscide, aprobando la idea. – "¡Y la que lleve la cola del traje de la novia! ¡Y la que arroja flores en el altar!"
– "Claro, Papi." – Reí ligeramente. – "Pueden ser todo eso."
– "También vendrás a la nuestra, cuando mi Esposo se case con todas, ¿verdad?"
– "¿Acaso crees que me perdería las nupcias de mi propia familia?"
– "¿Y también vendrá la Terminadora Smith? ¿Y sus amigas de MON? ¿Y Kii?" – Comenzó a enlistar. – "¿Y los niños con los que jugamos en el parque? ¿Y los señores que conocimos en los puestos del mercado? ¿Y también mi mamá y mis hermanas?"
– "Todos lo que desees, pajarita." – Reí de nuevo. Era adorable tener ese optimismo tan inocente, pero honesto. – "Y yo prepararé el pastel, uno muy grande y delicioso, ¿te parece?"
– "¡Sí! ¡Gracias, Lala-nee!"
Ella me abrazó y dio entusiastas saltitos. Su compañera me ofreció una sonrisa y movía su probóscide de un lado a otro de alegría. Suu casi no hablaba, pero sus expresiones eran más que suficientes para comunicar su estado de ánimo sin necesidad de palabras. Me resulta curioso pensar que debajo de esas actitudes tan pueriles, se hallan adultas hechas y derechas, en edad para procrear; Pero yo no soy quién para juzgar las extravagancias de la naturaleza, no pienso morderme la lengua. Llegamos a nuestro destino y nos hicimos con una variada cantidad de galletas y otras golosinas, asegurándome de contar con repuestos por si Papi decidía deglutir su propio peso en chucherías de alto contenido calórico y bajo valor nutrimental. Con dos bolsas de plástico cada una, regresamos a la casa, donde encontramos a Lorelei charlando con el resto de las inquilinas.
– "Bienvenidas, Master Chef y aliadas." – Bromeó Rachnera. – "¿Planeando reabastecernos para sobrevivir el apocalipsis?"
– "Todavía falta para el juicio de los Exteriores, Arachnera." – Contesté, depositando el mandado sobre la mesa. – "Sólo nos asegurábamos de contar con suficientes existencias para la correcta decoración de nuestro blindado a base de harina de trigo."
– "Veo que les está quedando bien." – Opinó Miia, observando la ventana del horno, vuelto tan rojo como su cabello. – "Ah, huele delicioso."
– "Gracias, Miia. Es sólo la base, pero esperamos nuestro experimento resulte favorable para un grupo de primerizas." – Saqué el contenido de las bolsas. – "Centorea ¿puedes colocarlas en los cajones de arriba, por favor?"
– "Claro, Lala." – La equina las acomodó en el lugar indicado. – "¿Tomaste el sobre que entregaron para ti esta mañana?"
– "Así es, lo guardé en mi habitación. La leeré antes de reposar."
– "Oh, qué bueno. Creí que se había deslizado detrás de la repisa." – Organizó la última caja. – "¿Guardo todas o te dejo alguna afuera?"
– "Ya aparté las que usaremos, gracias. Rachnera, pásame ese recipiente." – Le ordené a la tejedora.
– "Aquí tienes, segadora." – Me lo facilitó. – "Y, ¿Cuándo vas a contarnos las interesantes historias que nuestra heroína residente te revela en sus románticas misivas?"
– "Eso es privado entre Mo chuisle y yo, tejedora." – Le respondí y miré discretamente a Shianus, ella sutilmente me afirmó que no había expuesto nada de nuestro pequeño secreto. – "No es que no confíe en tus intenciones, Rachnera, pero al igual que la primera carta, no creo que haya algo que pueda interesarte."
– "Lo que suceda con mi mejor amiga y congénere me importa mucho, Lala." – Afirmó la arachne. – "Incluso si sólo es cháchara cotidiana, únicamente comparto el sentimiento de todas nosotras al querer enterarnos sobre el estado actual del miembro más reciente de esta familia. No tienes que hacerlo si no lo deseas, no intento presionarte, pero espero entiendas que mis motivos van más allá de un mero sentimiento egoísta de simple cotilleo."
– "Entonces entenderás mis razones para negar tu solicitud en este momento."
– "Vale, lo comprendo, mujer." – Alzó su mano en señal de paz. – "Pero me sigo sintiendo mal por mantenernos en la oscuridad."
– "Creí que ya estabas acostumbrada, araña solitaria." – Acotó la lamia mordazmente.
– "Muy graciosa, señorita 'Estoy aquí porque me avergüenza admitir que tampoco sé preparar una tarta y esperaba a que la dullahan me enseñara cuando nadie nos viera'." – Retrucó la aludida con mueca burlona.
– "¿Quién te lo dij…?" – La ofidia se pausó. – "No, espera…"
– "Te atrapé." – Arachnera le guiñó el ojo.
– "¡Aaargh!" – Se quejó la pelirroja, jalándose el pelo. – "¡Pequeña demonio arácnida!"
Ignorando la querella entre la serpiente y la mitad invertebrada, las cuatro integrantes de este atípico escuadrón gastronómico pusieron manos (alas y tentáculos incluidos) a la obra para confeccionar lo que serían las ruedas oruga y la torreta del tanque. Meroune nos suministró su aparato electrónico táctil para poder observar con mayor detalle los intrincados diseños que tan soberbia máquina de guerra ostentaba; De esa manera, no mancharía la enciclopedia de Jaëgersturm y el internet nos auxiliaría con una mayor cantidad de fotografías y diagramas de todos los ángulos posibles de dicho vehículo, para así obtener un resultado más fidedigno. No éramos ingenieras profesionales ni poseíamos el fervoroso entusiasmo de mi teutona novia respecto a los blindados, pero nuestro ingenio a la hora de recrear piezas mecánicas con galletas y pan compensaba nuestra falta de adiestramiento militar.
– "Buen trabajo, Suu, ese fondant ya tiene la textura perfecta." – Felicité a la limo, ella respondió agitando su apéndice cefálico con alborozo. – "Mero, aglutina el mazapán con más ahínco."
– "Lala-nee, ¿las mariposas serán sabor chocolate o vainilla?" – Cuestionó la arpía.
– "Se llaman orugas, Papi, y usaremos las bicolor."
– "¿Relleno la dulla, Lala-san?" – Interrogó la sirena.
– "Aún no, primero necesitamos cubrir los bizcochos con la crema de mantequilla. Hablando de eso, ¿Cuánto falta para que los últimos estén listos?"
– "Aproximadamente diez minutos. Sólo nos falta el cañón."
– "¿Podemos hacer que dispare?" – Preguntó inocentemente la joven emplumada. – "¿Y hacer que arroje virutas de chocolate? ¿Y confeti?"
– "Creo que nuestra aptitud repostera no es tan avanzada, Papi-chan." – Le contestó Lorelei. – "Descuida, nos quedará muy delicioso, aún si no ataca."
– "¿Pero cómo va a destruir a los malos si no puede lanzar munición?"
– "Su dulzura será tanta que incluso el enemigo se verá obligado a claudicar ante su irresistible sabor." – Repliqué sagazmente. – "Los conquistaremos llenándoles el estómago con ricura, no plomo."
Todas rieron por tan tonta pero jocosa declaración. Con las piezas finales saliendo de la estufa, proseguimos a cubrirlas con nuestras mixturas de mazapán y la plastilina comestible a base de sacarasa, sin olvidarnos de los colorantes. Hornear y mezclar es la parte sencilla del procedimiento, el verdadero reto viene de darle forma a la masa, ya que sólo hay una oportunidad y el aparentemente mondo diseño del vehículo resultó más complicado al examinarlo con detenimiento. Usando un fino cuchillo plástico específicamente concebido para esa delicada tarea, metódicamente retiré el sobrante de pan para otorgarle una apariencia más cercana a la máquina bélica. Ya con la forma básica lista, usé el fondant para recubrirlo mientras Meroune y Suu hacían despliegue de sus habilidades artísticas al agregar color al blindaje de pasta, incluyendo el camuflaje atigrado característico. Sonreí por el patrón cromático elegido; Ocre y café anaranjado, el mismo que el quitinoso exoesqueleto de mi hermosa arachne. Y al menos es históricamente correcto.
La pequeña voladora se entretenía colocando las galletas sobre dos bizcochos que fungirían como los tractores oruga, pegándolos con la mezcla dulce. Cuadradas de chocolate para la cadena, circulares de vainilla para las ruedas. Pequeños montículos de merengue agregaban los remates finales. Para el cañón, optamos por palitos de pan dulce rellenos de chocolate, sugerencia sorpresiva de la arpía azul, quien insistió en que los llamados Pockys eran parte importante de un manjar confitado. No puedo confirmar que tal afirmación sea verdadera, pero al menos probó ser un excelente soporte para la pieza de artillería. Lentamente, nuestro carro de combate tomaba forma, y nuestras energías aumentaron al acercarnos cada vez más hacia la meta. Después de un par de horas de batallar contra merengues, mezcolanzas y la limo que discretamente tomaba pedacitos hasta que lo notamos, el producto fue completado. Las cuatro lo admiramos con el orgullo que cualquier ingeniero militar sentiría al ver a su preciada máquina salir de la fábrica.
– "Eso…" – Habló Papi, mirando fijamente a nuestra obra. – "¿Es un tanque?"
– "Supongo que sí…" – Contestó la ojizarca de rosados cabellos, anonadada de la misma manera. – "¿Tú qué dices, Suu?"
– "¿Por qué tiene un tumor en la parte de arriba?" – Interrogó la mencionada.
– "Es la torreta." – Respondí.
– "El cañón se desprendió."
– "Usamos demasiado fondant, el peso lo provocó."
– "Pero después fue absorbido por el pastel mismo." – Reiteró la princesa oceánica. – "Lenta y trágicamente."
– "No es necesario mencionarlo." – Expresé.
– "¿Creen que le gustará a Aria-nee?" – Cuestionó la arpía.
– "No tengo idea…" – Musité.
– "¿Está vivo?"
– "Lo dudo, de lo contrario, ya hubiera caído bajo el filo de mi falce."
– "Eso que está en la parte trasera…" – Señaló la acuática. – "¿Es una burbuja de aire o dejamos algo atrapado debajo?"
– "Quizás ambos." – Repliqué.
– "Hola, chicas, ¿Cómo están?" – Nos saludó Kimihito acompañado de Miia. Se pausó al ver la creación en la mesa. – "Uhm… ¿Puedo preguntar qué es esa masa amorfa color ocre en la mesa?"
– "Un tanque." – Dijimos las cuatro al unísono.
– "Iba a solicitar que me instruyeran para hacer el mío…" – Habló la pelirroja. – "Pero luego vi esto y se me pasó."
– "¿Cómo lograron que se moviera por sí solo?" – Indagó Kurusu. – "Esperen, ¿debía moverse en primer lugar?"
– "Lo ignoramos." – Contesté, invocando a Seelenverkäufer. – "Pero ahora enfrentará el juicio del Eterno Vacío y lo devolveré al Caos Infinito."
– "¡Un momento, Lala-san!" – Intervino la sirena. – "Aún no le hemos dado una oportunidad para comprobar su sabor."
– "¿Estás dispuesta a sacrificar tu integridad estomacal para certificarlo, descendiente de Poseidón?" – Le miré. – "¿Te atreverás a caminar la delgada línea entre el dolor terrenal y el sufrimiento de la oscuridad imperecedera?"
– "Bueno, yo…"
La resolución a nuestra incertidumbre fue aclarada cuando la limo, ignorando el instinto de auto-preservación, decidió sostener un cuchillo con un acuoso tentáculo para cortar la tarta. Mientras el filo del punzocortante objeto se abría paso a través del pan y el merengue, el resquicio permitió revelar el índigo interior sabor a arándano azul y las amalgamaciones de queso crema vinculando entre secciones. Antes que el dueño de la residencia pudiera evitar que la verdiazul joven deglutiera una potencial amenaza culinaria, la susodicha engulló el sedicioso trozo y todos observaron estupefactos, quizás por última vez, a la pequeña infractora. El bolo alimenticio lentamente recorrió su gelatinoso esófago, deslizándose suavemente hasta la posición donde su epigastrio residiría; Ahí, el fragmento comenzó a desintegrarse paulatinamente hasta esfumarse dentro del cuerpo de la glauca niña. Esperamos afásicamente, entre incertidumbre y temor, a que ella reaccionara, ya sea con gritos, lágrimas o un abrupto estado de inmovilidad. Entonces, ella nos dio el veredicto.
Sonrió.
Sin esperar otra confirmación, ella se hizo con otra porción y la colocó cuidadosamente en un plato junto a un tenedor, extendiendo una extremidad para invitarme a catarlo personalmente. Aunque técnicamente soy sempiterna, no soy invulnerable o indestructible (al menos a manos de otro que no sea un Abismal), especialmente desde que mis poderes aún no se encuentran desarrollados del todo, así que incluso el veneno terrenal es capaz de provocarme un serio daño, dependiendo de la potencia. No es que no confíe en mis propias creaciones, pero siendo una mensajera de la muerte, cabe la posibilidad de que inadvertidamente haya elaborado mi propia última cena. El metabolismo y la estructura bioquímica de una limo no es algo con lo que esté familiarizada y su aparentemente nula reacción adversa después de yantar tan poco apetecible piscolabis podría no aplicar a otra especie que no sea una masa gelatinosa con raciocinio.
Pero, el capitán debe hundirse con su barco y, aceptando el riesgo, tomé el platinado cubierto para hundirlo, no con poco temor, en el esponjoso bizcocho. Atravesándolo con facilidad, el tridente sostuvo firmemente una pizca lo suficientemente grande para contener todo lo necesario que pudiera mantenerme en catatónico estado hasta la próxima glaciación, para finalmente meterlo en mi boca. Ya adentro, metódicamente mastiqué el pan, dándole oportunidad a mis papilas gustativas de apreciar el sabor de la vaccinium corymbosum combinada con el suero láctico y la harina de trigo. Era muy suave, con la dulce sensación del confite invadiendo mi boca mientras la acidez de los arándanos le otorgaba ese toque que repiqueteaba en la punta de la lengua. Ya habiendo molido lo suficiente el blando tentempié, cerré mis áureos globos oculares y le permití al bolo trasladarse hasta mi sistema digestivo con un sonoro ruido de ingestión.
– "Delicioso…" – Musité, abriendo mis ojos. – "Esto está… realmente bueno."
– "¿Eh? Lala-nee, ¿estás segura?" – Cuestionó juiciosamente la arpía.
– "Sí, en verdad está delicioso." – Miré al resto de los residentes. – "Si fuera una mortal, podría perecer feliz."
– "Papi…" – La limo habló a su amiga azul, con tenedor en mano. – "Pruébalo."
– "¿Estás segura, Suu?" – Dudó la aludida.
– "¿Acaso Papi...?" – Su humor decayó ligeramente. – "¿No confía en Suu?"
– "¡No quise decir eso! ¡Perdón!"
La susodicha se apresuró a consumir el pastel. Con celeridad, colocó sus labios sobre el trozo de tarta y lo engulló de un solo bocado. Tragando sonoramente, pasaron unos segundos donde ella procesaba el alimento. Entonces, sus ojos se iluminaron de inmediato.
– "¡Oye, pero que rico!" – Exclamó la emplumada, lamiéndose los labios. Su glauca contraparte le sonrió.
– "Bueno, supongo que si mis socias lo aprueban, no debo dudar de su palabra." – Afirmó Lorelei, tomando una porción pequeña. Su reacción fue la misma. – "¡Por los tentáculos del abuelo Cthulhu, qué gloriosa sensación! ¡Amado, Miia, ustedes también deben ser parte de esta divina experiencia!"
– "C-creo que yo pasaré…" – Se excusó la ofidia, alejándose lentamente. – "Estoy a dieta y-¡GLUGH!"
– "Por el trueno de Zeus, sólo cómelo, mujer…" – Rachnera, apareciendo inesperadamente del techo, obligó a la serpiente a deglutirlo. – "Total, mueras o no, todos salimos ganando."
– "¡Argh! ¡Condenada araña, me las vas a…!" – La poiquiloterma se detuvo cuando el confite hizo efecto. – "¡Hey, no está mal!"
De esa manera, todo el grupo acabó devorando vehementemente el azucarado manjar en su totalidad, dejando únicamente unas cuantas migajas que Suu se encargó de expurgar. El veredicto fue universal; A pesar de la poca apetitosa apariencia del blindado falso, su sabor era realmente excelente. Me permití ser ligeramente seducida por las ínfulas de la soberbia al recibir repetidas ovaciones de los inquilinos, pero me aseguré de mantener los pies en el suelo y recordarles a todos que el crédito también era para las entusiastas niñas y la noble sirena, obteniendo ellas sus merecidas alabanzas. Antes de pasar a la cena, ocasión no mermada por nuestra ingesta de repostería previa, la familia me hizo prometerles que confeccionaríamos viandas similares en el futuro, y nosotras gustosas aceptamos, no sin antes agradecerles la ayuda mostrada hacia nuestras novatas personas. También acordamos seguir refinando nuestra técnica hasta lograr que ese carro de combate finalmente luciera decente, como Jaëgersturm merecía. Ya siendo de noche, me preparaba para retirarme a mi habitación y leer la carta de Mo chuisle en completa calma, cuando una pequeña extremidad alada jaló la manga de mi negra vestimenta.
– "¿Lala-nee?" – La arpía añil jaló se dirigió a mí.
– "¿Uh? ¿Qué sucede, Papi?"
– "Yo quería… Y Suu también… Queríamos…"
– "Desean que les lea lo que Aria me envió, ¿cierto?"
– "Erm… Bueno, sí…" – Sonrió con mueca apenada y tallando detrás de su cabeza. – "¿Por favor?"
– "Está bien, se lo ganaron por haberme ayudado." – Suspiré. – "Pero por favor mantengan el secreto, ¿de acuerdo?"
– "Claro." – La joven afirmó sonriendo. Su gelatinosa compañera la imitó. – "Oh, y Mero-nee también quiere escuchar, pero nos dijo que no te contáramos."
– "Oh, Papi-chan…" – Exhaló la aludida, saliendo de su escondite detrás de la pared que conecta la sala con la entrada. – "Le ruego me perdone, Lala-san, pero me temo que también estoy interesada en los sucesos que Aria-san se procuró en relatarle a usted, si no le molesta mi intromisión en su vida privada."
– "Supongo que tampoco puedo dejarte fuera de esto, Mero. Descuida, no hay problema." – Le sonreí. – "Bien, lo haremos en un lugar más privado. ¿Puedo sugerir la terraza? Me encantaría algo de aire fresco para contrarrestar este incómodo aumento de temperatura."
– "Una excelente idea, Lala-san." – Reverenció. – "Uhm, pero primero deberíamos informar a mi Amado para que me transporte por las escaleras."
– "Tranquila, de eso me encargo yo." – Me ofrecí a cargarla.
– "Oh, Lala-san, eso no es necesario."
– "No, pero quiero hacerlo. Descuida, cargar con una sirena en manos debe ser más fácil que con la pesada Seely."
– "¿Seely?"
– "Mi guadaña. Mo chuisle le escogió tal título."
– "Ya veo. Un lindo nombre." – Se rió educadamente e inclinó su cabeza. – "Bien, si usted insiste en hacerme el honor de llevarme, acepto su solicitud, Lady Lala."
– "Se lo agradezco, Princesa Lorelei." – Reí también. – "Chicas, ayúdenme con la silla de Mero."
– "¡Jawohl!" – Exclamaron al unísono. Su acento, especialmente el de la limo resultó impecable.
Después de tomar la misiva de mi recámara, acarreé a la ojizarca de cabello rosa hasta el segundo piso y la ayudé a acomodarse en su asiento móvil. Las cuatro salimos al balcón y le permitimos a Eolo que nos amenizara el calor con su viento nocturno. Selene, tan alta en el cielo junto a la totalidad de la Vía Láctea, nos proveía con luz suficiente para permitir una placentera lectura. Sin dilación, invoqué a mi falce, ejerciendo nuevamente como abrecartas para acceder a la blanca hoja donde la alemana estampó sus pensamientos. Como siempre, me aseguré de no revelar detalles íntimos y omitir las menciones no favorables (para mí) respecto a Cetania. Quizás censurar de esa manera la información a mi familia no sea del todo correcta, pero si ya estoy exponiendo los secretos que mi novia me dirige, supongo puedo darme el lujo de excluir lo que mi juicio dicte.
– "Mi querida Lala: ¡Gorrioncito, buenos días!" – Relaté. – "Ojalá te encuentres bien de salud…"
Narré cómo nuestra adorada Sparassediana fue adiestrada personalmente en combate cercano por la muerta viviente, pero prescindí de mencionar el aparentemente involuntario accidente con la zona posterior de la susodicha. Pude notar esa ligera infatuación que Aria sigue experimentando por la zombi, pero estoy tranquila, porque sé que es simplemente la admiración que una novata siente por su superior. También señalé que la arachne aún tiene problemas con las alturas, cosa entendible al ser una liminal exclusivamente terrestre y crecer en una nación con una predilección a la defensa antiaérea. Aún no me explico porque decidió enamorarse de esa rapaz a pesar de sufrir acrofobia. No dije nada respecto a ese otro ósculo con la hija de Electra, de hecho, suprimí toda evocación respecto a esta. El detalle de recibir un bolígrafo decorado con imágenes de mamíferos cetáceos provocó a Meroune remembrar una curiosa anécdota sobre sus días en el reino Neptune. También aprendí que Mo chuisle ha desarrollado una predilección por el pollo en salsa agridulce, un gusto que puedo satisfacer perfectamente.
La sesión a la intemperie no duró mucho debido a que el cansancio y la exigua cantidad de tiempo para recuperar energías drenaron totalmente a mi atareada alemana y se vio obligada a cesar su escritura prematuramente. Sin embargo, aún con tan corto recado, mis oyentes encontraron muy agradables las singulares ocurrencias de la germana y agradecieron la entretenida asamblea, prometiendo guardar el secreto. Por segunda ocasión, ayudé a la heredera de la familia Lorelei a cruzar las escaleras y después de otorgarles nuestros besos de buenas noches a unas somnolientas Papi y Suu, la transporté hasta su habitación acondicionada para su particular naturaleza acuática. Ahí, la dejé que se reintrodujera a su piscina. Luego de darse un chapuzón, se sentó en la orilla de la alberca para platicar un poco.
– "Permítame expresar mi gratitud otra vez por permitirnos una amena velada, Lala-san." – Congratuló la ojizarca. – "Pero si me autoriza ser tan atrevidamente inquisitiva, quisiera preguntar la razón para prescindir de las evocaciones a Cetania-san."
– "¿De qué hablas, Mero?" – Entrecerré mis ojos. – "¿Qué insinúas?"
– "Le ruego me disculpe el comportarme tan arriscada con una buena amiga como usted, Lala-san, pero puedo asegurar que las nulas referencias de la señorita rapaz en el recado no es debido a una omisión voluntaria por parte de Aria-san." – Aseveró. – "Esas pequeñas pausas en su lectura lo evidencian."
– "Únicamente me cercioraba de adelantarme para no revelar alguna clase de intimidad."
– "Una razón muy comprensible y válida, pero las sutiles muecas en las comisuras de sus labios constatan que usted deliberadamente suprimió la presencia de la arpía." – Sostuvo. – "Y estoy convencida de esta teoría porque ese era el mismo comportamiento que tomaba mi madre cuando enunciaba los manifiestos reales. Su relación con mi progenitor no era la mejor, y cada vez que este era nombrado, ella se detenía momentáneamente para evitar hablar de él. Y yo lo sabía, pero pretendía ignorarlo."
La sirena, aún en ese diminuto traje de baño y sentada de manera tan simple, no dejaba de emanar ese aire tan regiamente noble de su estirpe. Me miró directamente con sus enormes y profundos ojos azules.
– "No pretendo inmiscuirme en sus asuntos privados, Lala-san." – Volteó la vista a la derecha. – "Lo que sucede entre usted, Aria-san y Cetania-san no es de me incumbencia. Además, no soy precisamente un paradigma de buen comportamiento como para decirle cómo manejar su vida sentimental. Sería hipócrita de mi parte adjudicarme tal título."
– "Correcto…"
– "Sin embargo, y estando plenamente consciente de mis errores pasados, humildemente le imploro que no reniegue la oportunidad de subsanar su relación amistosa con Cetania-san." – Me observó otra vez. – "Me parece que ambas serían unas excelentes compañeras si hicieran a un lado su rivalidad."
– "¿Pretendes que congenie con la persona que ha declarado disputarme el cariño de la mujer que amo, hija de Poseidón?"
– "Comprendo perfectamente sus razones para no simpatizar con alguien que anhela hacerse con el corazón de su pareja, Lala-san. Es completamente lógico y no puedo culparla por querer defender lo que ama. Admiro su entrega por querer proteger a nuestra amiga araña." – Hizo otra reverencia. – "Pero, personalmente opino que antes de querer impugnar en contra de su adversaria sentimental, debería replantearse si el desprecio mutuo es la mejor solución a sus problemas. Es decir, las dos ya comparten el aprecio por la misma arachne y, tal vez, podrían descubrir que poseen más en común de lo que se imaginan. Y aquello haría muy feliz a esta última."
– "¿De qué parte estás, Mero?" – Le cuestioné. – "¿De la mía o del retoño de Taumas?"
– "Del lado de la paz." – Aseveró. – "No es mi intención ordenarle a hacer algo que no desea. La tiranía es algo que yo nunca acepté, al igual que Aria-san rechazó la de su nación. Podría decirse que ambas deseamos lo mismo; Que las personas a nuestro alrededor dejen de alzar el puño y se den la mano en su lugar. Mi solicitud es sencilla, segadora: En vez de prescindir de la presencia de la señorita arpía, trate de renunciar a sus prejuicios sobre ella, entable el diálogo y despeje las nubes de la hostilidad. No hace mucho, una alemana y una irlandesa cesaron sus discrepancias y encontraron la dicha del amor."
La sirena me invitó a acercar mi oído a ella. Reticentemente acaté a su mandato.
– "Entonces, es posible que usted y Cetania-san finalmente entiendan…" – Susurró. – "Que las guerras son innecesarias si todos son aliados."
Separándose, la mujer oceánica me contempló con una extraña mirada y una muy sutil sonrisa de complicidad. Sin decir nada, me retiré de su habitación y raudamente me trasladé al cuarto de aseo. Usé la perilla para permitir al agua fría despejarme la mente, todavía inquieta por las palabras enigmáticas de la ojizarca. Ella deseaba que entablara amistad con la peste voladora, y aunque tal sentimiento fuera franco y bien intencionado, había algo en la fémina de rosada cabellera que no me sentaba bien. Concedo que incluso una dullahan de sabiduría milenaria puede hallarse dudosa de vez en cuando. O tal vez era yo misma, convenciéndome de negar lo que mi subconsciente ya había descifrado con tan obvia sugestión. Honestamente, a mí, una hija del Abismo, aquello me aterraba demasiado como para seguir indagando y preferí ignorarlo. Tenía cosas más importantes en que ocuparme, pensaba. Saliendo de la gélida ducha, me dirigí a mi recámara. Me cambié a mis ya habituales ropas nocturnas y guardé el sobre en la mesita de noche para descansar y sacarme las fruslerías de esa demente sirena de mi cabeza.
– "Aria es sólo mía…" – Musité a la nada. – "Y de nadie más."
Cerré los ojos y me dispuse a dormir. Mañana será otro día.
…
Sábado, un día más para finalizar la semana. Bostezando y estirando mi cuerpo, inicié mi rutina de asearme y vestirme para laborar. Me arropé con un atavío consistente en una blusa de mangas cortas color verde lima y una falda hasta la rodillas negra, sin olvidarme de mi fiel edelweiss y mi pin arácnido. He pensado en cambiar mi peinado, pero no parece desentonar con el resto de mi apariencia, así que opto para que permanezca con su aspecto habitual. Además, a Aria le gusta como luce. Al salir del cuarto, me encontré con Kimihito y Miia. Parece que la lamia ha adoptado la costumbre de levantarse temprano junto a nuestro casero, quizás para fortalecer el lazo sentimental que ambos comparten gracias a su destreza en la cocina. La cultura popular dice que el camino más rápido al corazón de un hombre es su estómago, y la pelirroja parece que va por la ruta correcta en esta ocasión. Ella se ha esforzado para llegar a este punto y merece disfrutar de su éxito. Sonriéndoles y despidiéndome de ambos, tomé el autobús a mi trabajo.
No hubo nada remarcable durante mi viaje, excepto por un pequeño grupo de enfermeras, una de ellas siendo una joven dragonewt que tomaba notas de sus colegas sobre el correcto procedimiento de tratar a un paciente con hipertermia. Con este extraño aumento de calor en estos días, es entendible que haya habido un incremento en victimas del poder del implacable Helios e incluso infecciones bacterianas. Eso me recordó que el sistema de aire acondicionado en la residencia debería ser ajustado para evitar que nuestro ensayo para preparar otra tarta no se vea afectado por el bochorno imperante. A pesar del poco satisfactorio resultado en cuanto a la fachada de mi vehículo blindado a base de harina, no me daría por vencida y volvería a tratar esta tarde. Confiaba en que ahora sería más fácil y trataría de hacerla de dimensiones reducidas, para ahorrar material y no derrochar el poco capital que me sobraba en más ingredientes. Papi ha demostrado una insólita capacidad para consumir golosinas de chocolate en cantidades consideradas ilegales por cualquier nutriólogo y no me apetece tener que guiarla por el Estigia debido a una mortal indigestión.
La faena transcurrió regularmente, si bien algo ocupada. Parece que la palabra sobre la calidad de los manjares servidos aquí se ha esparcido y la afluencia de clientes imita a la temperatura ambiental. No seré tan fatua como para atribuirme tal éxito a mis viandas de europeo abolengo, porque la verdadera causa es debido a nuestra combinación de excelente servicio, exquisitos platillos, precios asequibles y una sobresaliente campaña publicitaria por parte de Mio, resaltando la amalgamación del talento culinario de sus empleadas humanas y liminales. Reí al darme cuenta de la situación tan irónica; Hace unos ayeres, Aria mencionó sarcásticamente que aquel pretencioso comedor francés iba a convertirme en publicidad viviente, y ahora, finalmente sucedió. Aunque en esta ocasión, ella lo encontraría como un cumplido. Además, Jaëgersturm se encuentra en una situación semejante, al volverse una de las heroínas de los atentados y anunciada postulada para pertenecer a MON. Ella se esforzará por representar dignamente a su nación y especie mientras yo me encargo de que mis creaciones le den buena imagen al restaurante.
Después de todo, somos tan parecidas.
– "¿Estuviste fumando de la buena, Azul?" – Preguntó de repente mi colega. – "¿Por qué la sonrisa de soñadora?"
– "Oh, lo siento, Sanae." – Volví en mí. – "Sólo estaba pensando en lo pequeño que es el mundo."
– "Bueno, con más de siete billones de humanos, sin contar a las extraespecie, y todos atrapados en una superficie de quinientos millones de kilómetros cuadrados, es lógico que este triste planeta empiece a sentirse algo apretado." – Respondió mientras cortaba un poco de repollo. – "¿Planeas irte a vivir a la luna o algo así?"
– "Más bien reflexionaba sobre las coincidencias que permean mi existencia." – Coloqué la masa en la plancha caliente. Yo preparaba un okonomiyaki. – "La vida está llena de concomitancias."
– "Sé perfectamente de lo que hablas, amiga." – Picó algunos hongos. Ella hacía nabeyaki udon. – "Una vez me topé con una empusa gruñona cuando estaba en la plaza comercial, antes de los atentados. Me llamó idiota y no sé que más, únicamente por haber chocado accidentalmente con ella y haber arruinado su comida. Le reclamé alegando que al menos yo si tenía un trabajo decente que me permitía comprar algo más que fideos de envase."
– "Qué apocada eres, mi modesta lámpades."
– "Soy una humilde hija del Inframundo, segadora." – Retrucó sardónicamente. – "Como decía, la fastidiosa casi intentó golpearme con sus espolones y yo pensaba defenderme, pero una policía reptiliana nos detuvo antes de liarnos a trompadas. Antes de irse, la mantis me aseguró que llegaría lejos y me callaría la boca con su éxito; Yo me mofé arguyendo que eso sería cuando las arañas salven al mundo. Y luego tu novia va y lo hace."
– "Ya entiendo." – Reí ligeramente, agregando la mezcla al calentado. – "¿La has vuelto a ver, a la empusa?"
– "Afortunadamente no, pero si esa insoportable de verdes ojos cumplió su amenaza, juro por la divina Hécate que voy a comerme una cebolla cruda entera." – Inclinó su cabeza. – "No conoces a ninguna, ¿verdad?"
– "Negativo, pero Mo chuisle sí; Y es parte de su equipo." – Continué moviendo el platillo. – "¿Me pasas la sal, por favor?"
– "Ay, no me espantes así, Azul." – Me la entregó. – "Mejor dime como te fue con tu dulce tanque. ¿Mandaste a tu familia anfitriona a la morgue o el doctor les dio esperanza de recuperarse?"
– "Ninfa, si continúas farfullando sobre mis aptitudes de repostería, te tragarás esa cebolla en el Tártaro."
– "Creí que ya no te dedicabas a tomar almas." – Tapó su cacerola.
– "Haré una excepción por ti, hija de Nix."
– "Que dicha la mía." – Replicó burlonamente. – "Pero hablando en serio, ¿Cómo te fue?"
– "Todo quedó a pedir de boca, excepto por el diseño." – Suspiré. – "Terminó luciendo más como un trozo de fango atigrado que un carro de combate."
Y también hizo que Suu se tornara morada, pero eso fue un efecto secundario de la alta concentración de colorantes artificiales y la desconocida estructura molecular acuosa de la limo. O eso quiero creer.
– "Bueno, si dices que el fallo fue únicamente el aspecto exterior, me parece un logro remarcable para el primer intento de una completa novata." – Golpeó despreocupadamente sus dedos a manera de baquetas de batería en la mesa contigua. – "Y lo hiciste tú solita. Date una medalla, campeona."
– "De hecho, tuve ayuda de mis compañeras. Fue una divertida experiencia para aprender juntas."
– "Oh, ya veo. Quizás ahí esté el error, ¿Qué no has oído de que muchas manos en un plato…?"
– "Hacen un garabato." – Completé. – "Lo sé, pero gracias a esa colaboración el sabor resultó mejor de lo esperado. Además, yo fui la encargada de trazar el aspecto del diseño, así que la responsabilidad fue completamente mía."
– "Que noble al defender a tus amigas." – Sonrió. – "Ah, tienes buen corazón, Abismal. Mi glacial bomba sanguínea podría aprender un poco de la tuya. Pero descuida, que la práctica hace al maestro. Tú sigue intentando y pronto trabajarás para alguna empresa militar."
– "Te agradezco la esperanza que has depositado en mí, Paromia." – Esparcí los ingredientes finales al okonomiyaki. – "Haré más pruebas hoy. Yo sólo espero que a Mo chuisle le agrade."
– "Y si no, la obligas a comer una cebolla cruda."
– "¿Cuál es tu obsesión con la allium cepa?"
– "Hey, son deliciosas cuando están fritas. Dan mal aliento pero contienen fósforo, para hacerte más inteligente."
– "Y por lo que veo, has desmentido completamente tal mito."
– "Oh, besa mi pálido trasero, cabeza floja."
Típica Sanae, pero eso me agrada de ella. Proseguimos el tajo de manera normal, con la asistencia de comensales fluctuando, pero sin decaer. Platicamos otro más en el receso, con las palabras de Meroune aún resonando en dentro de mí.
– "Sanae…" – Llamé la atención de mi amiga al tiempo que disfrutábamos una hambagu. Admito que es deliciosa. – "¿Puedo confiarte algo personal?"
– "Oh, Hécate mía. ¿A quién mataste?"
– "No es tiempo para bromas mujer." – Bajé la mirada. – "Es algo delicado y deseaba saber tu opinión."
– "Vale, perdona lo anterior." – Menguó el tono de su voz. – "¿Qué sucede, Lala?"
– "Bien…" – Jugué nerviosamente con mis palillos. – "¿Tú conoces de la persona que auxilió a Mo chuisle durante los atentados? Una arpía."
– "¿La que se besuqueó con ella en el vagón del tren?" – Comió despreocupadamente su platillo. – "Creo que todo el mundo la conoce, Azul. Pero ya reclamaste a tu teutona, ¿no?"
– "Así es. Su corazón y alma me pertenecen, pero…" – Titubeé un momento. – "Verás, la rapaz también será parte de MON junto con Aria, y ella sigue enamorada de mi chica. Y esta última también le corresponde."
– "Un momento." – Pausó su consumo. – "Dices que la arachne es oficialmente tu pareja… ¿Y al mismo tiempo quiere conquistar a la arpía? Por cierto, ¿Cuál era su nombre, Kitana, Montana, Pharah?"
– "Cetania. Y sí, me temo su amor es recíproco." – Alcé la vista al techo. – "Lo peor es que, los sentimientos de la descendiente de Taumas son actualmente genuinos. Su cariño es auténtico."
– "Pero Aria te adora con todo su quitinoso ser, ¿o no siempre dices eso?"
– "¡Por supuesto que sí! ¡El amor entre nosotras es más sólido que mil diamantes!" – Le aseveré, mirándola a sus rojos ojos y mostrándole mis accesorios. – "¡Este collar, mi broche, toda mi ropa; Ella lo compró, y eso es meramente lo material! ¡Sus besos me roban el aliento y sus palabras me derriten el corazón! ¡Por Azathoth, ella es fuego puro en la cama! ¡Nuestra pasión es más grande que el universo mismo!"
– "De acuerdo, ya entendí, ustedes son inseparables, de eso no hay duda. No alces tanto la voz, Azul." – Me invitó a volver a sentarme. – "¿Piensas que te está siendo infiel?"
– "Aria jamás me sería desleal. Y sé que cumplirá completamente, incluso si alguna vez hubo fuertes tentaciones." – Aseguré. – "Pero… No sé, no descarto que Cetania todavía intente algo, a pesar de que ella misma ha jurado conquistarla honradamente, demostrando su plusvalía como persona. Y odio admitirlo, pero incluso yo pienso que ella tiene todo lo necesario para reclamar una posible victoria. Puedo entender que es lo que Jaëgersturm ve en ella."
– "En resumen y hablando sin pelos en la lengua, tu araña desea formar su propio ménage à trois, ¿correcto?"
– "Yo…" – Exhalé, derrotada y concediendo lo que tanto me empeñé en negar. – "Sí, es evidente que eso es lo que Mo chuisle pretende."
– "Entiendo." – Dio otro bocado a su vianda. – "Y, ¿Cuál es el problema?"
Esperen, ¿qué?
– "¿A qué te refieres, Sanae? ¡Ese es precisamente el inconveniente!"
– "¿Qué, no te gustan las mujeres?"
– "¡Me refiero a que actúes como si nada!– Disentí con la cabeza. – "Por el Eterno Abismo, Paromia, ¿te parece poca cosa?"
– "Oye, tú misma me has dicho que tu casero tiene a seis liminales tras su huesudo trasero, y que él las quieres a todas ellas." Me apuntó acusativamente con sus palillos. – "Vives el poliamor prácticamente todos los días y te comportas como si fuera una práctica desconocida. ¿Quién te entiende?"
– "¡Eso es completamente diferente!"
– "¿Qué tiene de distinto? Significa que la cama deberá más grande para alojar a más personas. Tú y la arpía aman a la misma persona, las tres son lesbianas. Te repito, ¿Cuál es el jodido problema?"
– "¡Yo no quiero una relación polígama ni compartir a Aria! ¡Mucho menos con esa peste alada!" – Vociferé. – "¡¿Por qué te comportas tan casual ante tan polémico tema?!"
– "Yo misma estoy en un noviazgo de tres individuos."
– "¿Eh?" – Me frené de inmediato. – "¿D-de verdad?"
– "Sí, con mi anfitrión, Kenta, y nuestra segunda residente. Nada del otro mundo." – Tomó un trago de su bebida. – "Ah, al principio igual se me hizo chocante; Apenas llevábamos un mes de novios, cuando de repente, esa coordinadora loca nos planta otra inquilina, una dragonewt. Y Kenta, con su gusto por los reptiles y su lagartija mascota, quedó embobado con esa escamosa de inmediato. Ya te imaginarás como reaccioné al ver a esa poiquiloterma, a pesar de ser tan cohibida, tan cerca de mi hombre y este correspondiéndole. Demonios, recreamos el Ragnarök con nuestras discusiones diarias."
– "¿Y entonces… cómo es que… bueno, hicieron la pases?"
– "Bueno, ya sabes cómo es esto; Luego de destrozar la casa por enésima ocasión, comprendimos que jalarnos de las greñas y arrojarnos vituperios cada vez que abríamos la boca no resolverían el problema. Honestamente, la dragoncita no es mala chica; Es sumamente amable y tan pronto tuvo la oportunidad, se metió a estudiar medicina en la universidad de aquí. Ahora mismo continúa sus estudios y trabaja como enfermera en el hospital general Hopkins." – Explicó la ninfa, sin interrumpir su desayuno. Yo también regresé a degustar el mío. – "Nos pusimos a hablarlo entre los tres y llegamos a la conclusión de que en lugar de seguir riñendo como orangutanes rabiosas por nuestro anfitrión, sería mucho más sencillo compartir nuestro afecto por la misma persona. Ya sabes, la unión hace la fuerza y eso."
– "Las guerras son innecesarias si todos son aliados…" – Repetí las palabras de Lorelei.
– "Precisamente." – Deglutió. – "Los tres cooperamos en la economía casera, ayudamos en la casa, etcétera. Peleamos por tonterías como cualquiera, pero al final del día, nos adoramos y olvidamos nuestras disputas. Siete meses de excelente paz y tranquilidad lo confirman, Azul."
Estaba estupefacta. Jamás imaginé que mi amiga hubiera llegado a esa clase de arreglo. Y que haya funcionado.
– "¿Cómo… cómo es eso?" – Le pregunté, consumiendo el resto de mi plato. – "Es decir, ser una concubina y demás."
– "Un momento, segadora, que aquí nadie es concubina." – Reiteró, con mirada seria. – "Nuestra relación es completamente equitativa. No hay jerarquías y nadie es inferior a otro, los tres somos exactamente iguales. Somos novios, no esclavos. Eso sí, yo soy la que lleva las riendas en la cama. Soy la verdadera domadora de dragones."
– "Me alegro por ti, Sanae, en verdad." – Disentí ligeramente con la cabeza. – "Pero esa clase de cosas no son para mí."
– "Eso decía yo al principio, pero aquí estoy ahora, sin poder imaginarme una vida sin mi querido Kenta y mi tímida Ingegärd. De verdad que los amo." – Sonrió. – "Digo, una vez que aceptas tu verdadera sexualidad, te das cuenta de las puertas que se abren frente a ti. Yo crucé una y encontré la eterna felicidad. ¿Por qué no le das una oportunidad a la pajarita y cesas de afligirte?"
– "Nunca." – Exclamé, volteando mi rostro y cruzándome de brazos. – "Jamás compartiré a Jaëgersturm con esa execrable rapaz."
– "¿Cuál es la traba, pregunto nuevamente? Están interesadas en la misma mujer, la cual te ama con toda el alma, todas son lesbianas atractivas y poseen trabajos estables." – Enumeró con los dedos. – "Demonios, serán agentes del jodido MON, ¿Qué más puedes pedir? ¿Qué seas billonarias, arrojen rayos láser por los ojos y detengan balas con las manos?"
– "No es eso."
– "¿La tal Cetania es una mala persona? ¿Te trata mal a ti o a la arachne? ¿Algún horrible vicio?"
– "Tampoco. Ella es…" – Exhalé. – "Considero que es buena persona. Algo excéntrica, ruidosa y con afición por estrambótica música con la misma escandalosa índole, pero no soy quién para hablar de rarezas. Incluso fue la arpía la que convenció a nuestra superior de darme el empleo."
– "¿Eh? ¿De verdad?" – Alzó una ceja.
– "Sí. Mio y su hospedadora son amantes."
– "Con que esa era la pareja misteriosa de la jefa." – Volvió a su comida. – "Otro enigma del siglo veintiuno resuelto. Todas sospechábamos que Aizawa salía con alguien, pero no imaginaba que fuera otra mujer; Y para colmo, resulta ser la casera de tu rival. Qué pequeño es el mun… Cierto, no me lo recuerdes."
Reí junto a ella. Nuestra vida es un menú de infinitas coincidencias.
– "Tuvimos nuestras discusiones, una de ellas terminando en casi completo desastre." – Retomé el diálogo. – "Más allá de algunos actos oportunistas, como ese infame ósculo, ella se ha comportado sorprendentemente civil. Con toda honestidad, estoy convencida de que en otras circunstancias, seríamos buenas amigas."
– "Entonces sé su amiga y colíguense por su adorada araña."
– "Pero yo no quiero un trío, Sanae."
– "¡Pues entonces no lo hagas, mujer!" – Alzó la voz y las manos.
– "¡Tampoco es para que me grites!"
– "¡¿Cómo no voy a gritarte si actúas de esa manera?! ¿Querías mi opinión? Ya te la di, pero si no planeas escucharme, ¿para qué diablos la solicitas en primer lugar?"
– "¡No esperaba que me revelaras tu propio poliamorío!"
– "¡Bueno, siento que mi vida no haya resultado de acuerdo a sus designios, su majestad!"
– "¡Pues debist…!"
Me detuve, cerré mis ojos y suspiré. Sólo me estaba exaltando innecesariamente y descargando mi enojo contra mi inocente compañera.
– "Perdóname, Sanae. No debí tratarte así."
– "Por supuesto que no." – Se cruzó de brazos. – "Sé que eres una dullahan, pero no pierdas la cabeza de esa manera, especialmente conmigo, ¿quieres?"
– "Lo sé, lo lamento. Es sólo… Te lo confesé a ti porque… No lo sé. Creo que todos en mi familia apoyarían tu misma idea."
– "Pero aquí no importa lo que digamos yo o los demás, Lala, sino lo que tú desees." – Pacificó su expresión. – "¿Ya hablaste con tu novia al respecto? Es una decisión que las dos deben tomar."
– "No." – Negué con la cabeza. – "Me atemoriza tocar el tema. Esperaba que te opusieras a tal concepto y me proveyeras con excusas para seguir evitándolo."
– "Huir no resuelve ningún problema, segadora."
– "Créeme, eso es algo que yo y Aria conocemos perfectamente."
– "Entonces entiendes lo que trato de decir." – Colocó su mano en la mía. – "Mira, tarde o temprano van a tener que afrontar la materia, por más que pretendas ocultarla. El gato ya salió del costal y no se volverá a meter. Pero específicamente, ¿qué es lo que te preocupa? ¿Qué pueda gustarte?"
– "Temo a que yo termine haciendo algo estúpido que hiera a Mo chuisle y vuelva a perderla."
– "¿Alguna vez rompieron?"
Si tan sólo supieras, Sanae. Fue peor, mucho peor.
– "Por poco y era definitivo." – Miré al suelo, dolía recordar ese infausto incidente. – "Luego de ver ese amargo beso en la pantalla, me llené tanto de ira que dejé que la furia sustituyera a mi raciocinio por completo. Casi termino quebrando mi juramento de no matar e injurié terribles monstruosidades contra la mujer que amo, originando una vorágine de acontecimientos que casi finalizan en cataclísmica pesadilla. Afortunadamente, mi consciencia me hizo recapacitar y le perdoné sus nulas faltas. Al día siguiente, la misma Cetania presentó pruebas concretas que exoneraban a la alemana de toda culpa."
– "A pesar de que eso le hubiera otorgado la victoria, la hija de Taumas decidió ayudarte."
– "Lo hizo por Jaëgersturm, no por mí."
– "¿Intentó hacerse con ella después de que ustedes discutieron?"
– "No; Aria y yo hicimos las paces al día siguiente. Pero…" – Hesité. – "Cuando Cetania exhibió su testimonio para eximir a la rubia, la arpía se adjudicó la responsabilidad por completo, a costa de su reputación. Me hubiera dejado el camino totalmente libre, pero aún así lo hizo. Y eso es lo que no entiendo; ¿Fue altruismo auténtico o solamente un intento de generar simpatía entre los testigos?"
– "¿Tú qué opinas?"
– "Estoy indecisa, como acabas de oír."
– "Si estuvieras convencida de la vileza de esa emplumada, no dudarías en tu juicio, segadora." – Bebió otro poco. – "Pero yo no voy a decirte que hacer con tu vida, esa es tu decisión. Y ya conoces mi veredicto; Dialoguen y punto."
– "Lo haré… Cuando lo crea idóneo."
– "¿Y cuándo será eso, dullahan irresoluta?"
– "Lo ignoro."
– "¿No te fías de tu germana?"
– "Confío plenamente en ella." – Afirmé. – "Pero quizás yo no confíe en mí."
– "Bueno, eso también es algo que debes resolver por tu cuenta." – Terminó el último bocado. – "Pero sólo para estar segura; Tú seguirás amando a esa araña, pase lo que pase, ¿verdad?"
– "Por toda la infinitud del tiempo imperecedero." – Proclamé. – "Y puedo garantizar que ella concuerda con lo mismo."
– "Entonces no hay de qué preocuparse." – Finalizó su jugo sabor a frutas. – "Tranquila, Azul, todo saldrá bien. Tu barco llegará a buen puerto, quizás con algún pasajero extra, pero estará seguro. Lo importante es que tú y tu chica sean felices."
– "Gracias, Sanae." – Sonreí tenuemente. – "En todo caso, te ruego que guardes el secreto de esta conversación. ¿Puedo contar con tu confidencialidad?"
– "Soy una tumba."
– "Con ese aliento a cebolla, no lo dudo."
– "Sigue así y pasarás de azul a morada, Abismal."
Me reí, mi humor había regresado a su normalidad. Quizás no coincidiera con su mentalidad tan abierta respecto a una relación de más de dos, pero al menos sé que cuento con su apoyo sin importar mi dictamen. Acabando de degustar raudamente mi vianda, que ya se había enfriado después de una charla tan extensa, regresé a la faena. Concluido mi horario de trabajo, me cambié y pasé a retirarme a casa. Antes de tomar la ruta al paradero del transporte público y de que mi amiga arrancara el motor de su motocicleta, una conocida figura alada hizo su aparición. Cabello corto color púrpura, escamas añiles, ojos de reptil grises y un uniforme de enfermera; Era la misma dragonewt de esta mañana. Saludando modosamente a mi greco-japonesa compañera, esta última se dio la vuelta para recibir a la dracónida mujer. Sin dilación, ambas féminas juntaron tiernamente sus labios, enfrascándose en un corto pero sincero beso de amor.
– "¡Hey, Azul!" – Me habló Paromia, tomando a la recién llegada de la cintura. – "¡Ven, quiero que conozcas a mi linda novia, Ingegärd! ¡Hoy es sábado y siempre nos vamos juntas a casa!"
– "Sanae, por favor, no insistas." – Le reclamó la sonrojada poiquiloterma con una tímida voz. – "Sabes que me da pena cuando me llamas así en público."
– "Tranquila, dragoncita. Esta es la dullahan de quien te hablé, ¿recuerdas?" – La lámpades le dio palmaditas en su espalda. – "La pretendiente de la arachne, ¿Cierto, Azul?"
– "La arachne se llama Aria Jaëgersturm, hija de Nix, no lo olvides." – Le reiteré, entonces le ofrecí mi mano a la reptiliana. – "Gusto en conocerte, compañera. Soy Lala."
– "Ingegärd. El placer es mío, señorita dullahan." – Contestó cortésmente. – "Permítame felicitarla por haber hallado empleo en el restaurante y ser la orgullosa pareja de una heroína local."
– "Te agradezco el cumplido, amiga."
– "Oye, Escamitas, ¿no vas a congratularla por tener el honor de trabajar al lado de la mejor chef de la ciudad?" – Cuestionó la lámpades.
– "Tienes mucha razón, Sanae." – Asintió la susodicha, dándome la mano nuevamente. – "Y la gratifico por gozar de la oportunidad de laborar junto a la legendaria Kanako Moriya y sus platillos, los cuales colocaron al Aizawa en la cima de la popularidad."
– "Es un honor." – Reverencié.
– "Ja, ja, muy graciosas." – Respondió sardónicamente la ninfa, torciendo la boca.
– "Te lo mereces por tonta y presumida." – Dijo la dragonewt, inflando sus mejillas. – "Además, tampoco es que esté mintiendo."
– "Sí, sí, yo también te adoro, lagartija." – Le sacó la lengua. – "Como sea, ya es hora de llevar a esta damisela a casa para una buena sesión disciplinaria. ¡Vamos, nalgona, muévete!"
– "¡S-Sanae, no me digas así en público!" – La ruborizada dragona se tornó aún más colorada al sentir la atrevida mano de su contraparte chocando sonoramente en su posterior. – "¡Ay! ¡Eres una pervertida!"
– "Pero eso te encanta, ¿o no?" – La aludida se relamió la boca y guiñó un ojo. – "Ya súbete, que hoy te toca abajo. Kenta ya debió haber preparado la cama. Serás de sangre fría, pero te enciendes sabroso bajo las sábanas."
– "¡Ya cállate, boca floja!" – Le recriminaba la reptil, acomodándose en la motocicleta y propinándole inofensivos golpecitos a la espalda de su indiscreta amante. – "¡Tonta, tonta, tonta!"
– "¡Ja! ¿Lo ves, Azul? La traigo más loca que una cabra montés." – Rió Paromia, colocándose el casco. – "Bueno, nos vemos la próxima semana, Lala. Cuídate y mucha suerte a ti y a tu arañita. ¡Ya su!"
– "Igualmente, amiga. Tú también, Ingegärd. Vayan con cuidado." – Agité mi mano. – "¡Slán go fóil!"
Encendiendo el fragoroso motor, la lámpades se alejó a toda velocidad con su abochornada pasajera, quien la abrazaba por su gran afecto y para tratar de no caerse del vertiginoso vehículo que su acelerada conductora pilotaba. Tosiendo un poco por el polvo, las vi desaparecer en el horizonte, perdiéndose entre el conglomerado de automóviles y transeúntes calles más abajo. Si bien la chica de verdes cabellos se comporta de manera imprudente con su compañera sentimental, el profundo y sincero amor que ambas compartían era completamente palpable. En verdad eran felices, incluso con las descaradas bromas que se jugaban. No pude evitar sonreír por el júbilo que ellas experimentaban, tan bella, tan libre; Tan honesta. Esa era la clase de gozo que yo deseaba para mí y Mo chuisle. Y ya me regodeaba en este, puesto que estar con ella es la satisfacción absoluta y perfecta. Aria y yo éramos felices, no necesitábamos fastidiosas pestes aladas que se entrometieran entre nosotras.
Abordé el autobús y me trasladé hasta la residencia Kurusu. Saludando a todos al entrar y tomando ese conocido sobre color crema reposando junto al teléfono, me dirigí a la cocina para otra sesión de ingeniería repostera. En esta ocasión, yo solicité trabajar de manera solitaria, ya que no sería una porción muy grande y simplemente se trataba de refinar la técnica. Además, la familia parecía estar muy entretenida en un torneo grupal de videojuegos con nuestras campeonas virtuales, estas últimas apabullando a sus impotentes contrincantes en una contienda de carreras virtuales demasiado parcial. Consintiendo todos a mi petición, me dediqué a pulir lo aprendido el día de ayer. Gracias al beneficio de la experiencia, logré preparar el bizcocho y el relleno en la mitad del tiempo que la vez anterior. Mientras los últimos ingredientes se horneaban en la estufa, yo le daba cuidadosamente forma al pan. Agradecí a Meroune por facilitar su tablet para guiarme con el diseño del tanque y luego, con todo ya listo, llegó el momento de agregar la cubierta y el color.
Usando un fino cuchillo y una pequeña espátula, corté y aplaqué el fondant mezclado con mazapán, adaptándolo a su base de harina. Concluyendo tan laboriosa fase y contenta con el resultado, era momento de agregar los toques decorativos finales. Metódicamente exprimí la dulla a manera de pincel artístico para que el merengue delineara esos intrincados detalles que caracterizaban al carro de combate. Números de serie, camuflaje, el logo de Sparassus. Parecía demasiado para un simple pastel, pero mi alemana no podía ser meritoria a tartas de inferiores rasgos. Colocando una última gotita para rematar la punta del cañón hecho con un palito de chocolate, limpié mi frente y exhalé, admirando mi obra de arte en miniatura. Los comentarios aprobatorios de los inquilinos respecto al aspecto fueron el veredicto suficiente para campantemente darme por satisfecha. Estaba lista para la guerra de mañana.
Después del consumo de nuestros alimentos vespertinos y posterior degustación del dulce postre, siendo este alabado por su deleitable sabor, ayudé en la limpieza de la casa, junto a mis hermanitas. Aunque parecieran que ellas no contribuyen mucho al hogar con sus infantiles mentes, Papi y Suu son excelentes ayudantes cuando se concentran en algo. Con sus extensas reservas de energía, ambas son incansables asistentes y siempre se encuentran dispuestas a cooperar. Hay que admitir que aunque la arpía sea distraída en ocasiones y sufra de anómalas lagunas mentales en los momentos menos indicados, ella es capaz de enfocarse perfectamente si así lo desea, como ya lo demostraron sus aptitudes para el ocio electrónico y su colaboración en la cocina. Lo mismo pienso de la limo, que actualmente esconde una gran inteligencia pero prefiere la despreocupación de un juvenil actuar. Además, la glauca chica es una excelente aspiradora natural. Desconozco si sus reprobables actos de romper el espacio personal para cometer sus lascivos ataques sean una respuesta natural a su necesidad de líquidos o sólo un acto libidinoso enmascarado tras una fachada de inocencia, pero gracias al Abismo Eterno estos ya han cesado desde hace días y ella parece haber recapacitado que tales acciones no eran las correctas. Me alegro, Suu es actualmente una buena persona y, junto a su compañera alada, afables apoyos morales.
El resto del día transcurrió de manera ordinaria, con nuestro casero acompañado de Meroune y Centorea para realizar una excursión a los puestos comerciales cercanos y reabastecer los víveres, además de algunas cosas para el botiquín médico casero. Con los incidentes que colocaban en riesgo al humano ya disminuidos, gracias al esfuerzo del autocontrol que las inquilinas han mantenido, los vendajes y medicinas para las heridas subcutáneas no se han agotado tan abruptamente como en el pasado, pero nunca está de más ser precavidos. Además, era un momento perfecto para que la sirena y la centáuride congeniaran con su amado benefactor. Mientras yo me relajaba leyendo un poco de literatura florentina, deleitándome con la más famosa obra de Dante Alighieri, no pude dejar de pensar en las palabras de la ojizarca acuática y mi amiga lámpades; Una abogaba por mi reconciliación con la hija de Electra y la segunda me proponía que dialogara sobre el evidente trío que Mo chuisle estaba tratando de llevar a cabo conmigo y la rapaz. Ignoré ese sentimiento molestándome la psiquis y proseguí con la rutina hogareña.
El casero y sus asistentes regresaron con un variado menú de ingredientes, los cuales fueron acomodados en las alacenas y refrigeradores. Llegó el momento de la cena, sin novedades remarcables, y llegado el horario nocturno, todos se dieron las buenas noches antes de regresar a sus aposentos, a excepción del dueño del la morada y Rachnera. Aparentemente, la tejedora se había ofrecido para auxiliar a nuestro anfitrión con las siempre parcas finanzas domésticas. Conociendo la personalidad seductora de la mujer de oscuro exoesqueleto, cualquiera pensaría que ella utilizaría la economía casera como excusa e intentaría persuadir al objeto de sus deseos para dejarse llevar por sus instintos, pero la arachne actualmente estaba demostrando que mis suposiciones eran equivocadas y, haciendo uso de su mente tan afilada como sus quitinosas extremidades, llenaba la hoja de cálculo diestramente con cuentas, números y demás operaciones aritméticas mientras su contraparte le dictaba los datos necesarios para calcular los gastos, impuestos y el resto de las finanzas. Jamás pensé en ver a la femme fatale como una audaz tesorera, pero la persona con tres pares de ojos concentrados en el papel donde anotaba sus veredictos sobre el balance del capital dejó en claro que la vida no cesa en sorprendernos todos los días.
– "Ernst Engel nos sonríe esta vez, Querido." – Mencionó la arachne, con una mueca de satisfacción y mostrando los resultados en la calculadora. – "Hemos ahorrado casi un treinta por ciento en relación al mes anterior y aún estamos plenamente aprovisionados. Parece que no tendremos que preocuparnos por subsistir con sopas envasadas y reciclar agua de lluvia."
– "Uf, me alegro de escuchar eso." – Exhaló el muchacho, recostándose en el sillón. – "Incluso con la ayuda del gobierno y las riquezas de Mero, siento que el dinero nunca es suficiente. ¿Qué lo tornó diferente esta vez?"
– "Ya no gastamos tanto en repararte los huesos y el consumismo de nimiedades superfluas ha disminuido considerablemente, especialmente ropa. La única que ha gastado en vestimenta ha sido Aria, y lo hizo con su propio salario."
– "También has ayudado zurciendo varias de nuestras prendas viejas, Rachnee." – Le recordó el chico, sonriendo. – "Vuelvo a agradecerte por remendar con tu seda esas camisas, ni yo pude repararlas."
– "Es mi deber y un placer el que siempre luzcas presentable, Querido. Y hablando de seda…" – Sacó un sobre que ella tenía escondido entre sus pechos. – "El laboratorio envió mi paga hoy en la mañana. Lo de siempre, 90,000 yenes. Son 800 dólares, ¿Cómo logramos acabar con casi todo?"
– "Bueno, Rachnee, ten en cuenta que mantener a nueve personas, ocho de ellas siendo liminales con gran capacidad de consumo, pueden agotar las arcas considerablemente, sin contar las reparaciones a la casa que el gobierno no cubre."
– "Querido…" – La arachne colocó su índice en el pecho del mencionado y lo alzó hasta la punta de su nariz. –"¿Dices que soy una tragona?"
– "En el sentido empírico de que tu metabolismo requiere una cantidad cuantiosa de alimento para satisfacer tu ingesta calórica diaria."
– "Sólo es otra manera de llamarme glotona." – La tejedora se acercó al rostro del hospedador, acariciando con delicadeza sus facciones. – "Que malo eres, Querido; Debería castigarte llevándote a mi cuarto."
– "¿Desde cuándo disfrutar de tu dichosa presencia sería un castigo para mí, Rachnera?"
La aludida se detuvo en seco y abrió sus seis ojos de inmediato al oír tal halago. Sus mejillas pasaron a un rojo intenso como sus globos oculares y lentamente retrocedió, sin que la sobrecogida expresión de su cara la abandonara. Yo me hallaba fuera de su periferia, pero en un ángulo que permitió admirar tan sorpresivo acto de honestidad por parte de nuestro anfitrión. Los afásicos segundos en las manecillas del reloj siguieron transcurriendo hasta que la tejedora, recobrando la compostura, tomó la palabra.
– "Con las cuentas ya hechas y el dinero entregado, creo que ya es hora de irme a visitar los jardines de Morfeo." – Informó la arachne, haciendo una reverencia y esforzándose por mantener un férreo estoicismo que caería en cualquier momento. – "Buenas noches, Querido, que duermas bien."
– "Buenas noches, Rachnee. Gracias por todo. Descansa." – Respondió el susodicho, sin borrar su sonrisa.
– "Hasta mañana." – Ella se dio la vuelta y emprendió ruta a su recámara.
– "¿Rachnera?"
– "¿Qué sucede?" – Pausó su marcha, sin voltear.
– "No hay día que pase sin que agradezca el que llegaras a nuestras vidas."
– "G-gracias…" – Musitó, ahogando un sollozo. – "Yo también pienso lo mismo de ti… Kimihito."
Arachnera, roja a más no poder, se retiró con celeridad a subir las escaleras hasta el ático, haciendo resonar sus ocho blindadas extremidades en el proceso. El muchacho continuó sonriendo y tomó un sorbo de su taza con chocolate caliente para comenzar a acomodar los papeles en la mesa. Me sentí algo mal por haber 'espiado' tan íntima conversación, pero tampoco es que quisiera haberme retirado e interrumpirlos. Después de todo, mantenerme en las sombras sin presencia alguna era algo que ya estaba acostumbrada a hacer. Colocando los archivos en una carpeta manila y asegurándola con una banda elástica, el dueño de la casa alzó la mirada en mi dirección.
– "Ya puedes salir, Lala." – Indicó el muchacho. – "No es necesario ocultarte como solías hacerlo."
– "Lamento haberme inmiscuido en su charla privada, Kimihito." – Ofrecí una reverencia. – "Perdí la noción del tiempo al sumergirme en las obras europeas."
– "Descuida, está bien. No me avergüenza admitir que estimo mucho a Rachnee, así como al resto de las chicas." – Terminó de recoger los papeles. – "Bueno, también es momento que me retire a dormir. Nos vemos hasta mañana, Lala, que pases buenas noches."
– "Uhm… ¿Kimihito?"
– "¿Sí?"
– "¿Podemos hablar un momento, si no es molestia?"
– "Por supuesto. ¿Quieres algo de chocolate?"
– "Te lo agradezco, pero ahora no tengo antojo de cacao líquido. ¿Sería posible hacerlo en la terraza?"
– "Es un asunto delicado y no quieres que nadie nos oiga."
– "Deducción correcta."
– "De acuerdo, permíteme guardar esto primero."
El pelinegro tomó los documentos y los guardó en la parte alta de la alacena. Así, los dos subimos al segundo piso y salimos hasta el balcón donde solía dialogar con Jaëgersturm de noche, cuando aún me empeñaba en negar mis sentimientos por ella. Nuestra pequeña ágora donde discutíamos de los temas que nos revoloteaban en la cabeza, oírla revelarme recuerdos embarazosos de su pasado o simplemente disfrutar de la presencia de la otra, bajo la imperecedera luz de los astros celestes. Pero ahora, me encontraba aquí con el dueño de la casa, nerviosa por tener que tocar el tema que, así como el amor por la teutona en su ocasión, traté de refutar por mucho tiempo. Pero, después de ver su pequeño despliegue de sinceridad y desarmar a la circunspecta arachne tejedora con una sencilla frase, usando únicamente la verdad como arma, supe que podía confiarle tan delicado asunto a él. Después de todo, era la persona más indicada para entender mi situación.
– "Una linda noche." – Mencionó el casero, viendo el firmamento. – "La luna tiene un halo alrededor. Creo que lloverá mañana."
– "Es verdad. Cuando vivía en las montañas de Wicklow, el satélite selenita solía adquirir tal antelia multicolor y anunciaba una mañana provechosa para los cultivos." – Remembré, observando el aro lunar. – "Aunque tomando el cuenta el lluvioso clima del Atlántico Norte, la precipitación era demasiado común como para extrañarse de tal fenómeno atmosférico."
– "¿Extrañas Irlanda, Lala?"
– "Siempre sentiremos nostalgia por nuestro lugar de origen. Mo chuisle, a pesar de haber huido de su patria, nunca olvida hacer un pequeño saludo Sparassediano antes de dormir." – Sonreí. – "Nuestros orígenes jamás nos abandonarán."
– "Mañana será el último día de su entrenamiento." – Me miró. – "¿También estás nerviosa?"
– "Como nunca. No imagino lo intranquila que deberá sentirse ella, pero tengo fe en su glorioso triunfo e incólume retorno."
– "Sé que Aria volverá, tanto exitosa como sana y salva. Nunca se atrevería a fracasar sin tu permiso."
– "Gracias, Kimihito." – Le sonreí. – "Confiemos en su laureada victoria."
– "De nada. Y entonces, ¿Qué deseabas discutir?"
– "Oh, bueno…"
Hesité por varios segundos, jugando con mis dedos torpemente. ¿Cómo podía tratar el controversial tema?
– "Es sobre Aria y Cetania, ¿verdad?" – Cuestionó Kurusu, sin darme tiempo de comenzar.
– "¿Eh? ¿P-pero…?"
– "Yo también ostenté esa mirada alguna vez, Lala." – Replicó, apoyando sus brazos en el barandal metálico y admirando el panorama urbano en la lejanía. – "Es decir, no imaginaba ser impuesto a compartir mi hogar no con una, sino varias mujeres y tener que elegir una en matrimonio. Incluso en un mundo donde las leyendas mitológicas resultaron ser ciertas, tan disparatado compromiso es sencillamente una locura aquí y en todos lados. Pero, después de todo, nuestro objetivo es afianzar los lazos entre nuestras especies. Uno termina encariñándose con esas excéntricas personas y lo que menos se pretende es quebrarles el corazón. Je, no es fácil elegir, ¿no lo crees?"
– "Completamente de acuerdo." – Lo imité. – "¿Alguna vez dudaste de siquiera aceptar a una?"
– "No te mentiré, al principio me pareció totalmente inaceptable." – Su mirada descendió. – "Es decir, ya me estaba acostumbrado a la vida solitaria y de repente una agente del gobierno me informa que ahora soy hospedador de una mujer serpiente de casi ocho metros de longitud con la fuerza de mil boas constrictoras y que para colmo se ha enamorado súbitamente de mí y desea romper la regla más importante. Es más, su asignación a mi tutoría fue un error, su familia era otra. Suena a historia cliché de esos mangas que se venden donde trabajo."
– "¿Cómo lo soportaste?"
– "Es curioso, pero a pesar de tan brusca imposición, poco a poco empecé a entender la extravagancia de cada una de mis inquilinas. Por ejemplo, con Miia, a pesar de lo imprudente de su actuar en ocasiones, me identifiqué en cierto nivel. Era como verse en el espejo."
– "¿A qué te refieres?"
– "Lala, yo no nací siendo una persona con talento para cocinar, remendar y mantener bajo control, al menos la mayoría del tiempo, a tantas personas bajo el mismo techo. Antes de que mis padres partieran por motivos de trabajo, yo ni siquiera sabía cómo freír un miserable huevo o coser un botón sin pincharse con todo y dedal. Demonios, incluso sufrí mi fase de gótico solitario dramático, actuando peor de como lo hacías al principio." – Confesó. – "Era un niñato idiota, no lo negaré. Pero entonces, mis progenitores debieron ausentarse. Ellos no estaban de acuerdo con dejar a su tonto hijo solo en casa, pero logré convencerlos de que estaría bien. Me dejaron suficiente capital para unos meses y así me vi en necesidad de aprender a subsistir por mí mismo. No me enorgullece reconocer que tuve que madurar porque ya no podía seguir siendo un niño, pero esa es la verdad."
Los ojos de Kimihito se clavaron en el horizonte, con determinación brillando en ellos.
– "No fueron tiempos sencillos; Entre encontrar un empleo y darme cuenta que sin el apoyo de mis tutores la manutención era una pesadilla, sin contar los condenados impuestos y demás, casi termino rogándoles a mis padres que volvieran. Pero, aceptando que jamás sería un hombre si no me enfrentaba a las adversidades, me empeñé en no claudicar. Seguí esforzándome por no ser un inútil perdedor y, poco a poco, todo fue rindiendo frutos, descubriendo que podía lograr cosas que antes consideraba imposibles si me lo proponía." – Expuso. – "Cuando Miia reveló ser tan torpe, pero genuinamente empecinada a seguir intentándolo, la conexión fue instantánea. Me reflejé en ella, esa inepta pero cariñosa lamia era yo, era lo que viví. Y mírala ahora, creando maravillosas viandas a mi lado, superándose día a día, demostrando lo increíblemente valiosa que es. Pero aún así, no siente que su talento sea digno del todo. Esa pelirroja será una extraespecie, pero es tan humana como yo, como todas. Centorea nació con la nobleza intrínseca que siempre soñé poseer, Papi y Suu son almas libres como mi niño interno, Meroune emana una amabilidad y ternura que me siento tan pequeño junto a ella, y Rachnera es madura y sensata, algo de lo que yo carecí por mucho tiempo. Yo he crecido, ellas también. Porque esto no se trata de especie, raza o género, sino de entrega, de voluntad, de corazón."
El muchacho sonrió.
– "Y ellas, con sus indomables corazones, me han robado el mío." – Declaró. – "Por eso he decidido que todas merecen ser igualmente felices. Abandonar siquiera a una sola sería una injusticia. Voy a casarme con las seis, todas serán mis esposas. Y voy a amarlas como nadie lo ha hecho, porque es lo que deseo y lo que ellas también. Porque es lo correcto."
Fue mi turno de que una mueca de felicidad cruzara por mi boca. Verlo a él, con esos ojos ardiendo con decisión y un sólido espíritu de hierro, me recordó a la misma pasión de acero de Jaëgersturm. Esa misma entrega que me hizo enamorarme perdidamente de una torpe alemana, con todo y sus defectos; Porque sabía que su alma era tan fuerte como un castillo teutón, tan imparable como un tanque germano, tan majestuosa como el amanecer sobre el río Rin, y tan gloriosa como sólo una arachne como Aria puede ser. Kurusu tiene razón, sólo alguien extraordinario puede robarnos el aliento de esa forma. Y me alegro que en nuestro caso, hayamos encontrado a ese alguien tan especial.
– "¿Cuándo les confesaré esto a las chicas? No tengo idea." – Suspiró. – "Siéndote sincero, quiero seguir disfrutando de este pequeño lapso de soltería antes de dar ese gran paso. Quizás porque disfrute toda esa atención que ellas me otorgan o tal vez tengo miedo de comprometerme con algo tan grande, pero ten por seguro que un día les haré saber que ellas han sido dignas de ser las dueñas de mi alma desde hace mucho. Y que me siento extremadamente honrado de que todas me aceptaran en su corazón. El afortunado soy yo."
– "Puedes contar con que todos tus conocidos apoyarán tu decisión, Kimihito."
– "Gracias, Lala. Sólo espero poder explicarle a mi padres que deberán ahorrar para muchos regalos de bodas y comprar cámaras de lente amplio para las fotos familiares." – Rió. – "Demonios, las remodelaciones para la casa nos dejarán en bancarrota."
– "¿Y cuando lleguen las nietas?"
– "Ay, santa Madoka, creo que van a desheredarme."
Ambos soltamos sonoras carcajadas. Necesitábamos esto.
– "¿Dónde están tus progenitores?" – Le pregunté.
– "En algún lugar de América. Viajan mucho por el continente y hace tiempo que no los veo, pero siempre se aseguran de hablarme cada mes. Suelen hacerlo a mi teléfono móvil y mayormente cuando estoy en mi habitación, por eso las chicas no me han escuchado platicar con ellos." – Volvió a apoyarse en la balaustrada. – "Me mandan lo suficiente para mí, pero no tienen idea aún que soy parte del Programa de Intercambio."
– "¿Alguna razón para no revelarles tan importante información?"
– "Digamos que quiero demostrarles que su enclenque retoño logró adjudicarse a seis inimitables señoritas e incluso ser el afortunado anfitrión de una exitosa agente de la justicia junto a su inconfundible novia, una poderosa mensajera de la muerte." – Me guiñó. – "No tuvieron mucha esperanza en mí y valdrá la pena ver sus caras estupefactas. No me llevo mal con ellos, pero aún así deseo darles una lección."
– "Comprendo. En todo caso, creo que al final se sentirán orgullosos de ti. Después de todo, eres su hijo."
– "Ojalá." – Suspiró. – "Pero aún no me has dicho lo que deseabas externarme, Lala."
Miré hacia el otro lado, había olvidado la razón para reunirnos bajo el cielo nocturno en primer lugar. Un nudo se formó en mi garganta y con dificultad tragué algo de saliva. El pulso se aceleró, mi Abismal bomba sanguínea resonaba como artillería naval y la respiración se volvió agitada. Nuevamente, la descendiente de la impasible segadora del Leinster, la sempiterna Laetitia, sentía el temor recorrerle la espina dorsal como a cualquier mortal. Pero, si algo que todos los que conozco me han enseñado infinidad de veces, es que ignorar el problema no lo resuelve. Debía encararlo, al menos de manera parcial, antes de hacerlo directamente con Aria. Exhalando un par de veces, encontré algo de valor observando la tranquilidad de la Vía Láctea desde aquel solitario balcón.
– "Aria me ama. Sé que su afecto es auténtico y sincero, tanto como es empíricamente posible en este plano existencial, de eso nunca habrá alguna duda." – Me pausé. – "Pero, ella también siente lo mismo por Cetania. A pesar de que esa rapaz no me agrada, me es imposible negar que el cariño que experimentan es tan verdadero como el nuestro. Mo chuisle, es igual que tú, Kimihito; No quiere abandonar a ninguna porque se sentiría vacía si cualquiera faltara. Desea que las tres convivamos en armonía en una relación poliamorosa. Traté de negarlo por mucho, pero es más que evidente que esa es su intención."
– "Entiendo. ¿Crees que Aria obra mal por ambicionar el amor ambas al mismo tiempo?"
– "Ella sólo sigue lo que su corazón le dicta, y no puedo culparla por querer unirnos." – Explayé. – "Si lo pensamos detenidamente, es la unión la que nos llevó hasta este punto. El destino te dejó a cargo de nosotras, incluyendo a Jaëgersturm, y esta se unió a mí. Así todas, coligándonos, reforzamos los lazos entre los habitantes de esta casa, volviéndonos más fuertes. Ella, en conjunto con la arpía, combatió a los terroristas y ahora serán parte de una coalición para evitar que esos extremistas logren separar a la sociedad, a familias como la nuestra. ¡El objetivo principal del Programa de Intercambio es precisamente la incorporación pacífica entre las especies, por el Eterno Vacío!"
– "Todo es mejor en alianza." – Dijo el casero.
– "Exactamente." – Afirmé con la cabeza. – "Compartimos las mismas preferencias y devoción por la misma mujer, sin contar que ambas poseemos espíritus apasionados, entregados e imparables. Honestamente, no odio a Cetania; Ha probado que es una persona noble y, a pesar de que me disgusta aceptarlo, concedo que es digna de su afecto. Pero… Pero…"
– "Tómate tu tiempo." – Colocó su mano en mi hombro. – "Con confianza, Lala."
– "Es sólo que, después de todo, soy egoísta, sumamente avara." – Confesé. – "Aria es mía; Su cuerpo, su corazón, su propia alma, todo me pertenece. Nunca me he comprometido tanto con alguien antes, especialmente una mortal. Ella es completamente única y no deseo que nadie más posea tan exclusivo tesoro. ¿Es tan malo el quererla únicamente para mí? ¿Es pecado defender mi propiedad? Yo planté y enarbolé mi bandera primero, sólo reclamo lo que por derecho es mío. La victoria está en mi posesión, ¿por qué debo compartirla?"
Suprimí las lágrimas y traté de normalizar a mis estremecidos pulmones. El silencio se hizo presente, tensando el ambiente. Kimihito veía al suelo, cavilando sobre formular alguna contestación apropiada. Yo continuaba luchando para no rendirme al llanto. Finalmente, el pelinegro retomó el diálogo.
– "Las razones de tu preocupación son sumamente válidas, Lala." – Tomó mi barbilla y la alzó para mirarme directamente. – "Sinceramente, yo también opino que la alemana debe ser tuya. Aunque fuera también inmortal, ella jamás encontraría a alguien tan maravillosa como tú de nuevo. Has hecho más que lo necesario para adjudicarte el triunfo. Sin embargo, la decisión final sobre el rumbo de su relación no recae sólo en ti, sino también en Aria. Tal vez yo no sea el más indicado para opinar, dada mi estancia personal en tal materia, pero el único consejo que puedo darte, es el mismo que has ejercido sobre las demás en estos días y también ahora: Dialoguen. Así de simple, háblenlo; Juntas, unidas, porque el amor no es cosa de una sola persona. Y, ya sea la resolución que tomen, todos las apoyaremos incondicionalmente. Porque somos familia."
Hipando, mostré una leve sonrisa. Era verdad, esto no era una guerra de una sola mujer; Cuento con soporte de todas estas bondadosas personas que me aceptaron con los brazos abiertos y aún continúan haciéndolo. Ya no estoy sola, ya no.
– "Tienes toda la razón. Cuando Mo chuisle vuelva, conversaré sobre esto." – Hice una reverencia. – "Go raibh míle maith agat, Kimihito."
– "Gracias a ti, por sincerarte. Da gusto verte crecer y tomar las riendas de tu vida. Tanto yo como Aria estamos orgullosos que estés con nosotros."
– "Igualmente. Te agradecemos todo lo que haces por nosotras. No hubiéramos hallado el amor sin este santuario que nos reuniera."
– "Y no te olvides de la agente Smith, quien nos puso aquí en primer lugar." – Hizo ademán de temblor. – "Pero eso será en otra ocasión, creo que ya es momento de que vuelva adentro antes que me dé un resfriado. ¿Regresamos?"
– "Deseo quedarme un momento más para meditar, si no es molestia." – Saqué el sobre que guardaba. – "Aún me falta revisar la misiva de mi novia."
– "Vale, entiendo. Bueno, en ese caso, te deseo buenas noches y mucha suerte, Lala."
– "Igualmente. Oíche mhaith."
– "Oh, pero antes de irme, quiero hacerte la misma pregunta que me hizo mi madre hace mucho, antes de partir a América. ¿Puedo?"
– "Adelante." – Accedí, afirmando con la cabeza.
– "¿Qué es lo que más deseas en la vida?" – Cuestionó. – "No es necesario que respondas, te lo dejo de tarea."
– "Comprendo, gracias. ¿Puedo saber qué le contestaste?"
– "Que se lo diría cuando regresara."
– "¿Ya formulaste una respuesta?"
– "Ninguna definitiva, pero un día de estos me llegará la iluminación." – Sonrió. – "Hasta mañana."
– "Hasta mañana."
Kurusu cerró la puerta, quedando yo con mi carta y mis pensamientos, sin contar a Selene y las Pléyades como luminosas compañeras. Agradeciéndole mentalmente a él por soportar a esta dullahan tan sentimental, materialicé a Seely para liberar al papel contenido en el sobre. Bajo el resplandor del cielo nocturno, comencé a leer los pensamientos que mi amada Sparassediana había plasmado para su querida Spatzi. Reí ligeramente al ver que ella también pasó el día con asuntos médicos, recordando a la dragonewt de la mañana. Su percance con la ogresa, la aparente aptitud de la arpía para la medicina, el castigo para su amiga empusa. Mi valiente arachne continúa su lucha, a pesar de los castigos derivados de las balas de pintura y el esfuerzo físico. No mencionaré el asunto de limpiar los retretes, porque ni siquiera el Caos Reptante podría imaginar las abominaciones que debió enfrentar en tan insalubres condiciones. Pero, como he mencionado con anterioridad, ella seguía tratando de unir a su equipo, ya sea aceptando un escarmiento en conjunto o ayudando en las labores de limpieza de textiles.
¿Es acaso una alianza la respuesta a mis problemas?
Era irónico, ella afirmó haber pasado el día más tranquilo en sus ensayos, mientras yo considero este como el más agitado. Y al mismo tiempo, ambas recordamos que siempre contaremos con la ayuda de nuestras amistades para apoyarnos. Lo repito y lo reitero, qué pequeño es el mundo. Finalizada mi lectura y propinándole un beso a tan bellas palabras de mi araña de europea ascendencia, inserté la hoja de nuevo en el sobre y me relajé bajo la mirada de la bóveda celeste y las luces urbanas. Un suave viento soplaba alrededor, meciendo mi níveo cabello a su compás y presagiando la lluvia de mañana. Observando la negrura del espacio contrastando con las brillantes estrellas, sonreí al pensar en la dicotomía de la luz y el caos del oscuro universo. Alzando mi mano al cielo, tomé simbólicamente una de las estrellas en mis dedos, pensando en la interrogante de hace un momento.
– "Lo único que quiero en la vida…" – Le hablé al firmamento. – "Es ser feliz."
NOTAS DEL AUTOR: ¡Gran Arachne, ya superamos las 400,000 palabras! ¡Über alles! *Dispara H&K MG5 al aire* *Mata dos pajaritos y esconde la evidencia*
Bueno, cuarenta y seis episodios, y la araña sigue andando. Al igual que un batallón de blindados T-34/76 en Kursk, este tanque continúa cargando a la batalla, aunque la campaña aún necesite mucho para finalizar. Pero es lo bueno de la imaginación, la cual provee combustible infinito para la marcha. Y ya que estamos hablando de formaciones de carros de combate, ese es uno de los temas que deseaba seguir retratando: La unión que en el hogar Kurusu se continúa reforzando día a día. Como los mencionados vehículos, los inquilinos han aprendido el valor de la fuerza en grupo. Es esa cohesión lo que ha desarrollado las relaciones entre los individuos y mejorado la calidad de vida en la casa. Ya no actúan como extraños reunidos bajo el mismo techo, sino como lo que siempre han sido en el fondo: Una familia. No será perfecta, ¿pero acaso alguna lo es? Es decir, la mía es peor que la de Charles Manson y aquí sigo.
Y al mismo tiempo, Lala ha empezado a externar sus disyuntivas, descubriendo que su dilema es más común de lo que ella pensaba y aceptando que callarlo no resolvería nada. Así ha aceptado que, en efecto, tal cosa es asunto de más de uno y deberá discutirlo con su amada arachne cuando esta regrese. Pero ella puede sentirse tranquila, porque sabe que tiene el apoyo de las personas que le rodean, de la misma forma que los batallones acorazados o el mismísimo equipo MOE combaten al unísono, protegiendo los flancos y cubriéndoles la espalda a sus aliados.
En todo caso, espero que todo esto haya sido de su agrado. Los invito cordialmente a seguir expresando sus opiniones y reseñas, que nunca serán rechazadas. Y nuevamente deseo agradecerles a todos aquellos que continúan en este viaje, leyendo esta historia tan disparatada. Sin su apoyo y palabras de aliento, dudo que hubiera podido llegar tan lejos. Tantos meses de arduo trabajo no se escriben de fácil manera, pero son ustedes los que me motivan a seguir en la lucha. Y mientras a este blindado le den combustible, seguiremos moviéndonos hacia adelante hasta llegar a nuestro destino y reclamar la victoria.
Sin más que agregar, me despido. ¡Hasta la próxima! ¡Los pasteles te ponen gordo, pero valen la pena! ¡Auf Wiedersehen!
