NOTAS DEL AUTOR: ¡Achtung, kameraden! ¡Hauptsturmführer Tarmo Flake ist hier!
Bien, decidí tomarme unas vacaciones y parece que me extendí demasiado, así que les pido disculpas por este pequeño retraso. Ya sé que hubieran preferido que no regresara, pero hierba mala nunca muere y Nuestra Señora Oceánica usa el mejor fertilizante. En fin, empecemos de una vez. ¡Vorwärts!
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena volvió de sus vacaciones y únicamente me trajo esta camiseta!
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 47
Hoy es el día.
Desperté, abriendo mis áureos ojos y siendo recibida por la tenue luz que se filtraba por mis oscuras cortinas hasta mis negras retinas. Parpadeando un par de veces, estiré mi cuerpo junto a un gran bostezo. El cielo se mantenía claro, sin signos de lluvia alguna, aunque la temperatura decayó mucho desde anoche, sintiéndose más fría. Al ser fin de semana, no debía irme a laborar, pero en todo caso deseaba comenzar el día desde más temprano que de costumbre. Volteé a ver el pequeño ropero de madera café donde reposaban las pertenencias de mi querida Aria, específicamente la oscura gorra militar con la dorada araña en el centro. Sonreí, la fecha en mi mente indicaba que hoy ella debía aprobar en su entrenamiento para poder graduarse y convertirse con todos los derechos en una flamante agente defensora del orden, tan brillante como el emblema de su prenda. Cumpliría su sueño de probar de lo que ella estaba hecha, alzaría la reputación y el prestigio de su nación e incluso su especie. Y lo más importante:
Volvería a casa.
Con tan maravilloso pensamiento alumbrándome el interior como un cuásar a toda potencia, me levanté de mi lecho y me dirigí con celeridad al cuarto de aseo. Abriendo paso al agua y dejando que el tibio líquido recorriera mi añil epidermis, me aseguré de adecentar mi cuerpo en su totalidad con sumo ahínco y de que mi largo cabello recibiera un excelente trato por el shampoo y el acondicionador. Al terminar, propiné el mismo trato metódico a mi cavidad bucal, pasando el cepillo con el dentífrico por mi dentadura esmeradamente. No es que lo necesitara realmente, siendo mi saliva completamente antiséptica y la halitosis una imposibilidad, pero deseaba que mi Weidmanniana me encontrara totalmente presentable, digna de una laureada triunfadora. De regreso en mi cuarto, tomé el atuendo militar que ella tanto adora verme usar y me cercioré de tomarme mi tiempo para arroparme con el cuidado que el más alto rango marcial podría exigir.
Ajustando mi saco y viéndome al espejo, aprecié lo formal que el conjunto me hacía lucir. Acomodando el oscuro pañuelo alrededor del cuello de mi blanca camisa, de forma que luciera como una pequeña corbata, me peiné de manera que mi característico mechón frontal desapareciera. Cubrí mis piernas con medias negras semitransparentes, sin olvidarme de mi dorado broche en forma de araña y mi collar con la flor edelweiss. Colocándome el sombrerito bicolor con la insignia de un ancla y los níveos guantes que completaban el atavío, me di un último vistazo en el cristal reflejante. Estaba perfectamente decorosa para recibir a mi gloriosa heroína alemana. Incluso me di el lujo de practicar ese saludo militar que tanto le había visto realizar. No seré una soldado de nacimiento, pero igualmente luchaba a mi manera con la misma vehemencia que la más fiera guerrera de cualquier leyenda mitológica. Soy una dullahan después de todo.
Salí de mi habitación, siendo recibida por Miia, quien bajaba las escaleras. Ofreciéndome los buenos días y sus buenos deseos para mi germana, le agradecí y me le uní en la preparación del desayuno después que ella tomara un baño. Al verme tan estilosamente arreglada, me dijo que no era necesario manchar mi pulcro atuendo en la cocina, pero yo insistí en que el rosado delantal sería suficiente para mantener mi indumentaria en impoluto estado. Aceptando que no podría hacerme cambiar de opinión, la lamia aceptó y se retiró para su ducha matutina. Era agradable verla concentrar su entusiasmo cotidiano en algo productivo, y sobre todo, que se hallara tan contenta por ello. Al regresar, nos dispusimos a iniciar con los primeros alimentos del día. Kimihito nos saludó al descender los escalones y al igual que su ofidia compañera, se preocupó por el estado en que mi ropa podría terminar al arriesgarme con los ingredientes y la estufa, pero le convencí de que sus preocupaciones eran infundadas. El también se unió luego de bañarse.
El resto de la casa apareció poco a poco, siendo Centorea la última en levantarse y excusándose por tan impuntual comportamiento, aparentemente la ensalada de ayer le sentó tan bien que su horario de descanso se extendió inadvertidamente. Kurusu la tranquilizó y proseguimos con la faena, terminando en poco tiempo gracias a nuestra triple cooperación. Como mencioné, mi traje se conservó inmaculado gracias a mi cuidado, resultado de mi experiencia trabajando en el Aizawa y la ayuda anónima de un pequeño aerosol diseñado para evitar que el polvo se pegue a la tela. Este fue adquirido por Jaëgersturm durante nuestro recorrido por aquella tienda de textiles, muy útil para mantener en impecable forma su apreciado uniforme Sparassediano. Mientras degustábamos nuestros platillos, el timbre de la entrada sonó y yo me ofrecí a recibir al invitado. Al abrir la puerta, me encontré con una colorida arpía de cabello verdiazul y alas con tonos grises y blanco vistiendo un atavío similar al de la oficina postal; Una paloma mensajera.
– "¡Bonjour, mademoiselle!" – Saludó la joven francófona. – "Ah, esperaba que la señorita centauro me recibiera como siempre. En todo caso, traigo un recado para la señorita Lala."
– "Esa sería yo." – Le aclaré.
– "Ah, je suis enchantée. Je m'appelle Cerise Aimée." – Hizo una reverencia y me entregó el sobre junto a una pequeña libreta. – "Esto le pertenece. Si me hiciera el favor de firmar aquí."
– "Por supuesto." – Signé la hoja y tomé la carta. – "Disculpa, ¿puedo preguntar si pasarás por los cuarteles de MON?"
– "De ahí vengo precisamente. Con esta van cuatro misivas que entrego para usted a esta dirección. ¿Deseaba enviar una de vuelta para el remitente?"
– "Precisamente. ¿Me esperas un momento, por favor?"
– "Adelante, aquí estaré."
Con diligencia, me encaminé a mi habitación y tomé la pequeña caja envuelta en azul papel de embalaje. Adentro residía la Eisernes Kreuz del antepasado de Mo chuisle, perfectamente protegida por su contenedor transparente y un arca de poliestireno. Me cercioré de guardarla con esmero y extremo cuidado la noche anterior, sabiendo que hoy tendría la oportunidad de encontrarme con la persona encargada de entregar la correspondencia. Si bien el objeto es una reliquia familiar y por ende un tesoro invaluable, estoy segura que la colúmbida es lo suficientemente responsable para resguardar tan inestimable posesión. Además, Aria se gradúa hoy y sé que seguramente recibirá alguna clase de reconocimiento de sus superiores. Y qué mejor oportunidad para vestir tan decorosa medalla, una auténtica condecoración alemana otorgada a los más valientes guerreros germanos del siglo XX. Incluso si se trata de un recuerdo de los regímenes más crueles de la historia, sólo Jaëgersturm sabrá cómo llevarla con inmaculado orgullo, sin los horrores del pasado que traten de disminuir su honorable prestigio.
– "Por favor, te ruego que protejas este envío con sumo celo. Es una antigualla extremadamente valiosa para Mo chuisle." – Le informé a la paloma. – "¿Puedo confiar en que cumplirás tan importante misión?"
– "Descuide, mademoiselle, su paquete está en buenas alas." – Hizo un saludo marcial. – "Somos las repartidoras exclusivas de la agencia, las Colombes Guerrières, adiestradas meticulosamente en la Academia Madame Marie. Le aseguro que bajo nuestra vigilancia, ninguna misiva ha sido extraviada o dañada, nuestro historial es tan intachable como nuestro espíritu. Puede estar tranquila, que su encomienda llegará sana y salva. Es más, la convertiré en mi prioridad principal y la entregaré inmediatamente,"
– "Como digas, amiga." – Le sonreí. – "¿Te debo algo por tus servicios o…?"
– "No se preocupe, nuestra organización trabaja únicamente para miembros de la institución y sus familias, y es totalmente sin costo."
– "De acuerdo." – Incliné la cabeza. – "Te agradezco mucho la amabilidad, querida Cerise."
– "El placer es mío, señorita Lala." – Colocó la caja en su morral. – "¿Algo más en que pueda ayudarle?"
– "¿Hay alguna manera de contactarte a ti o tus compañeras, por si necesito utilizar sus servicios?"
– "Claro, contamos con teléfono particular, aunque necesitaría obtener una identificación oficial que la señale como beneficiaria de la organización. Tenga, este pequeño folleto tiene toda la información disponible." – Me facilitó uno. – "O podría ser agregada al registro por un miembro de la agencia. ¿La señorita Aria es su amiga, supongo?"
– "De hecho, es mi novia."
– "Oh. Bueno, eso explica los corazoncitos en el campo del remitente. Mucho mejor, le darán trato preferencial." – Rió ligeramente, acomodando su bolsa. – "¿Otra solicitud en que pueda servir?"
– "Creo que eso sería todo. Gracias de nuevo, Cerise."
– "De nada." – Se despidió con una reverencia. – "Bien, hora de irme. Que tenga un excelente día. ¡Au revoir!"
– "¡Slán!"
La mensajera extendió sus amplias alas y de un salto emprendió el vuelo, elevándose velozmente en el aire. El cielo ya comenzaba a tapizarse de cumulonimbos, anunciando el próximo aguacero. Espero la chica llegue antes de que el chubasco la alcance. Sonriendo al observarla desaparecer en la lejanía de las alturas, regresé a la mesa. Era agradable volver a desayunar con todos ellos, compartiendo nuestros pensamientos mientras nos deleitábamos con buenos platillos. Charlamos sobre temas triviales, pero también sobre Mo chuisle. El ambiente respecto al triunfo de mi amada era positivo y les agradecí por sus palabras de aliento. Finalizada la merienda y el aseo de la casa, nuestro casero decidió que podríamos aprovechar el tiempo para dar un paseo. Si bien nuestras reservas de víveres perecederos se mantienen estables, el dueño de la casa nos participó que la morada necesitaba algunas reparaciones para evitar que la lluvia en los próximos meses nos causara inconvenientes. Aparentemente los trabajadores del programa gubernamental expandieron la residencia pero no se molestaron en arreglar los pequeños defectos. También sería una perfecta oportunidad para hacerme con el resto de los ingredientes para el pastel definitivo y de seguir conviviendo con mi querida familia.
Sin embargo, las condensaciones de la atmósfera no nos dejarían abandonar el hogar y nos castigaron con un repentino diluvio acompañado de truenos y relámpagos. La intensidad de la precipitación, la letalidad de esta para Suu y la astrafobia de Papi eran más que suficientes razones para no aventurarse afuera, aún con paraguas. Con la excursión cancelada, nos resignamos a continuar las actividades cotidianas. Kimihito, con ayuda de Rachnera y su seda, se propusieron a resanar los pequeños agujeros que permitían al agua colarse adentro. Mientras yo colocaba los recipientes para recoger el líquido filtrado, un extraño sentimiento de incertidumbre, como una punzada pequeña, fue experimentado por mi persona repentinamente. Conocía perfectamente esta sensación, significaba que Aria estaba sufriendo un momento demasiado tenso. Estaba consciente que ella pasaría por penurias en su inflexible adiestramiento y que estaría sujeta a lacerantes momentos la mayoría del tiempo, pero en esta ocasión la emoción era más fuerte, casi dolorosamente reminiscente a la que mi corazón sintió durante esos fatídicos atentados.
Fue efímero, fugaz, pero difícilmente descartable. Me gustaría estar a su lado, desarrollar la habilidad de mi matriarca de poder utilizar el espacio Abismal como portal y socorrer a la cazadora, pero me era imposible. Desconozco que esté pasando ella en estos momentos, pero aún con la preocupación, yo sólo podía esperar a que fuera capaz de hacerle frente y confiar en que mi arachne saldría bien librada. Exhalando, volví a mi labor de evitar que la humedad se acumulara en el piso. El resto de las chicas también colocaba cubetas y demás contendores en las goteras que aún faltaban por ser compuestas. Meroune asumió el papel de niñera y calmaba a la asustada Papi, recordándole que las violentas descargas eléctricas atmosféricas no le harían daño dentro de la casa y que Júpiter nunca lastimaría a una pajarita tan buena como ella al tiempo que su glauca compañera le reconfortaba con un cálido abrazo con su amarillo impermeable.
Arachnes militares, Abismales inmortales o arpías juveniles, todas compartíamos miedos por igual. El temor puede avasallarnos con la fuerza titánica del puño de un dios iracundo, pero es nuestra voluntad la que transforma ese pánico en determinación. Al igual que un soldado que lucha desesperadamente su ultima resistencia, el miedo a morir fue lo que impulsó a Jaëgersturm a no permitirse perecer a manos de esos psicópatas separatistas, el temor a fracasar la motivó a no rendirse; Logró conquistarme porque la idea de jamás demostrar cuanto me amaba le aterrorizaba. Logró volver el pavor en combustible para alzarse frente a la adversidad, volver las armas del enemigo contra este. Si bien lo anterior puede parecer un pensamiento al azar, ver a la pequeña arpía atemorizada por los centelleantes despliegues del poder de la naturaleza me recordó a mis días en el condado de Wicklow y la forma en que ayudé a mi amiga Eve a superar su propia aversión a los relámpagos.
– "Papi, ven aquí un momento." – Le hablé a la emplumada, ella obedeció, abrazándome cuando otro se hizo presente. – "¿Quieres que te diga el secreto para vencer a los rayos?"
– "¿D-de verdad hay uno?" – Preguntó la acongojada joven.
– "Sí, es muy sencillo." – Acaricié su cabecita. – "Escucha, cuando veas a la luz aparecer, no tengas miedo y rápidamente comienza a golpear al aire."
– "¿Eh? ¿Golpear al aire?"
– "Correcto, lo haces con todas tus fuerzas." – Le mostré un ejemplo con mis manos. – "Así. Y mientras lo haces, cuenta el tiempo pasa hasta que el estruendo se oiga."
– "¿Y eso es todo? ¿En verdad funciona?"
– "Claro que sí. Hagámoslo juntas cuando suceda el próximo, ¿de acuerdo?"
– "B-bueno… Suu, ¿tú también lo harás?" – Cuestionó la chica de azul cabello a su amiga limo. Esta afirmó con su probóscide.
Tan pronto el destello iluminó repentinamente el cielo, Papi emitió un gritito agudo y sin dilación comenzó un frenético acto de pugilismo imaginario, con nosotras dos imitando su vigorosa ofensiva a la nada. Pasaron diez segundos desde el fulgor hasta el estrépito, lo que según la manera más sencilla y cruda para calcular la distancia, arrojaba que la tormenta se hallaba a tres kilómetros de distancia. Otro centelleo tornó blanco el ambiente por una centésima de tiempo y nuevamente las tres arrojamos puñetazos al vacío. Con dieciocho segundos transcurridos, ahora la tempestad se encontraba a doble longitud de nuestra posición.
– "¿Lo ves, hermana? Se está alejando." – Declaré a la arpía. – "¡Estamos ganando! ¡Prosigamos!"
– "¡Sí!" – Exclamó la aludida. – "¡Tomen esto, relámpagos!"
Veintisiete segundos, nueve kilómetros; La juvenil descendiente de Taumas ya no cerraba los ojos al atacar al enemigo imaginario, ahora sus castañas pupilas brillaban tan fuerte como los rayos que tanto pánico le hicieron sufrir y su sonrisa había regresado lentamente a su cara. Sus añiles alas se movían con poca gracia al carecer de entrenamiento y por el hecho de no estar diseñadas para el combate cuerpo a cuerpo, pero el entusiasmo de la niña por derrotar a su némesis ambiental compensaba su exigua preparación defensiva. Lo importante no era demostrar una aptitud para la batalla ni considerar lo infructuoso que sonaba el querer someter a la electricidad pura, sino tratar de dominar ese terror que nos consume y conquistarnos a nosotros mismos. Y Papi lo estaba logrando. Para cuando el último clamor del vendaval retumbó en los cielos y estos dieron paulatinamente paso a la calma, la arpía ya no denotaba el más mínimo signo de inconformidad; Por hoy, ella había alzado su bandera de la victoria, había ganado.
Inflando su pecho con orgullo, la chica voladora sonrió con sus alas en la cintura, contenta de su triunfo sobre el malvado adversario. Suu y yo emulamos el gesto, observando las gotas de la ventana escurrirse por el vidrio y revelando el cielo lentamente volver a su claro y soleado estado. Miré a los demás inquilinos, todos aprobando mi imaginativo método para contrarrestar tales fobias. Con los negros nubarrones despejados, resumimos nuestra tarea de recorrer las calles. Llevando paraguas suficientes por si las dudas y algunos impermeables extra, todos los habitantes de la morada salimos en dirección al centro comercial. Hace mucho que los aires de temor causados por esos infaustos actos de violencia a manos de los infames perturbadores de la paz habían sido sosegados y la vida en Asaka bullía con vigorosa algarabía como se acostumbraba. Lo mejor era disfrutar del momento de todos nosotros juntos, peregrinando las calles de la jungla de concreto y observando el progreso de la integración entre las distintas especies.
Hace unos años, ver a una pareja conformada de un humano y una joven nekomata sería una escena salida de alguna fantasiosa serie animada que este país ha hecho tan populares, pero ahora tal instancia se desarrollaba frente a nuestros ojos con toda naturalidad. Qué pequeño es el mundo, son las mismas personas que asistieron al restaurante aquella vez, y aún seguían demostrando su amor sin importarles las restricciones legales. Un hombre, no en muy buen estado como evidenciaban sus vendajes, pero sonriente, es ayudado por una reacia wyvern a cruzar la calle mientras otro sujeto asiste junto a su variopinto grupo de compañeras liminales, una pequeña arachne incluida, a visualizar la nueva película de un célebre soldado y su amiga dracónida ambientada en los tiempos de la Gran Guerra. Y todo esto es posible gracias a esa paz que ahora permeaba nuestra cotidianidad. Esa armonía que personas como Aria, el resto de MON y, debo admitirlo, Cetania, trataban de conservar.
Y honestamente, vale la pena luchar por ello.
Me vi reflejada en esos pensamientos; Nuestra familia es prácticamente eso, un microcosmos dentro de este gran mundo y que representa exactamente lo mismo. Arachnes, centauros, lamias, arpías, limos, sirenas y dullahan, todas reunidas bajo el mismo techo con el objetivo de aprender a convivir con la humanidad. No fue un viaje fácil, con demasiadas piedras en el camino creadas por nosotras mismas o infortunados malentendidos que nos dificultaron crear lazos, siendo yo instigadora también de tales percances al principio. Pero poco a poco, esa hostilidad dio paso a la alianza, trayendo consigo la siempre bienvenida concordia. Y si bien aún solemos chocar de vez en cuando, hemos madurado desde nuestros tumultuosos inicios. Y aquí estamos hoy, comprando tranquilamente. Nunca ha habido una paz mala, como dijera el eximio Benjamin Franklin en su carta a Josiah Quincy.
Dejando las citas famosas a un lado, nos hicimos con materiales para reparar el domicilio y algo de pintura. Recordé que era momento para conseguir los ingredientes que formarían el pastel conmemorativo, pero con desencanto descubrí que mis reservas monetarias habían sido menguadas y debería prescindir de algunos elementos para lograr mi cometido. Afortunadamente, el amable Kurusu me ofreció a cubrir los gastos y, yo agradeciendo nuevamente su bondad, acepté. Pensé por un momento y decidí que la tarta no sería únicamente para celebrar merecidamente a Mo chuisle, sino también para aplaudir la amalgamación de nuestras amistades, nuestra unión familiar, y propuse que todos formáramos parte de su elaboración, recibiendo respuestas positivas al unísono. Sonreí para mis adentros, nuevamente la paradójica ironía volvería a un carro de combate en símbolo de paz. Ya estoy acostumbrada.
Compramos suficiente para preparar al menos dos tartas y el doble de galletas, para satisfacer la necesidad de sacáridos de nuestras jóvenes residentes. Con bolsas y manos llenas, emprendimos camino a casa. Durante el trayecto, pasamos junto a una tienda de jardinería, adornada en su exterior con variadas flores multicolores y plantas en macetas perfectamente alineadas. Nuestro casero expresó su deseo de reavivar el pequeño jardín que teníamos en la parte trasera de la casa, estando este algo menesteroso de vida vegetal y lo seguimos al interior. Al entrar, fuimos recibidos por un dúo conformado de una matango de avanzada edad y su joven asistente, una barometz, atendiendo unas azucenas. La amable mujer hongo nos saludó primero, presentándose como Piantella y ordenando a su compañera, Giardina, que hiciera su trabajo y atendiera a los clientes.
Las matangos son conocidas por expulsar esporas alucinógenas y serían consideradas poco aptas para el Programa de Intercambio, pero la afable anciana de amarillo píleo y verdes ojos difícilmente lucía como un peligro y el hecho de poseer tal local confirmaba que no tenía dificultades para ser aceptada. Mientras la excéntrica corderita vegetal de Tartaria asistente le explicaba a nuestro hospedador los beneficios de la composta natural y los grandes descuentos en esta, noté que Rachnera tenía sus seis ojos fijos en los brotes de árboles desplegados en la parte trasera del inmueble.
– "¿Querido?" – Habló la tejedora a nuestro anfitrión. – "¿Puedes venir un momento?"
– "¿Sí, que sucede, Rachnee?" – Se acercó el muchacho, inspeccionando una pequeña pala.
– "¿Qué planeabas cultivar, Querido?"
– "Bueno, pensaba en algo como algo como azaleas, para que le den algo de color distintivo a la casa. ¿Por qué la pregunta?"
– "¿Qué tal si plantamos un árbol?"
– "¿Eh? ¿Un árbol?" – El chico talló detrás de su cuello. – "Creo que no estaría mal, tenemos suficiente espacio después de todo, aunque confieso que no sabría cual elegir."
– "Bien, hay gran cantidad para seleccionar. Escojamos uno entonces."
– "¿Alguna razón para tan inusual petición, Rachnee?"
– "Es sólo un pequeño capricho de tu araña favorita." – Sonrió haciendo una coqueta pose.
– "Pero Aria aún no vuelve." – Bromeó él. Reí ligeramente al oírlo.
– "Muy gracioso, Querido." – La tejedora torció la boca. – "Sólo deseo disfrutar de la experiencia de agregar un nuevo integrante vegetal al vecindario botánico de la morada."
– "Tú generalmente no participas en actividades donde puedas ensuciarte, Rachnera." – Acotó Centorea, inspeccionando unos crisantemos. – "Si deseas divertirte con los cultivos, podrías trabajar en el rancho de Cathyl."
– "Únicamente deseo sembrar un arbolito, no volverme una granjera." – La arachne se cruzó de brazos y puso mueca maliciosa. – "Además, el único animal de carga aquí eres tú, yegua pechugona."
– "Chicas, tranquilas." – Acotó Kurusu. – "Actualmente me gusta la idea de Rachnee. Escojamos alguno para plantarlo, ¿les parece?"
– "Gracias, Querido." – La tejedora le envió un beso al aire.
– "¿Alguna variedad que sea de su agrado, mi Amado?" – Preguntó Meroune. – "A pesar de ser una criatura oceánica, me decanto personalmente por los abedules."
– "Me encantan los frondosos robles fresnales, Mi Señor." – Mencionó Centorea. – "Proveería una excelente sombra a la casa contra el inclemente sol."
– "Un cerezo luciría hermoso y agregaría un toque de tradicionalidad." – Opinó Miia, admirando una maceta con Bellas de Día.
– "No soy experto en fitología, así que asegúrense que se vea bonito." – Admitió el pelinegro. – "Y que no sea muy caro, así que llevemos sólo uno."
Salimos a la parte de atrás donde la pluralidad de brotes, semillas y heterogeneidad de plantas no simplificaban el trabajo de elegir para mis compañeras. Yo, habiéndome crecido en el ambiente de la agricultura, estaba más acostumbrada a los plantíos y prontamente un particular tallo llamó mi atención de inmediato. Con un pequeño cartel rectangular con el nombre común y científico escrito en la negra bolsa de conservación, el familiar vegetal me transportó instantáneamente a los campos de mi bella Irlanda. Acafresna, mejor conocido como serbal de los cazadores o azarollo, muy común en Wicklow y básicamente toda Europa. Extendiéndose hasta Rusia y parte de China, es una especie muy escasa en suelo nipón, donde es más fácil encontrar a sus primos del mismo género. No dudé en sugerir tal espécimen como mi elección definitiva.
– "Sorbus aucuparia." – Dijo Arachnera, leyendo los datos en la tarjeta. – "Lala, ¿te decidiste por este porque su nomenclatura binominal tiene el nombre de tu amada alemana?"
– "Me temo que tu deducción es equivocada en esta ocasión, tejedora." – Aclaré. – "Si bien su denominación taxonómica posee tan agradable coincidencia, te aseguro que el interés en meramente nostálgico."
– "¿Nostálgico? ¿Por qué?"
– "Me recuerda a mi hogar." – Confesé, sonriendo tímidamente. – "Solía haber uno muy grande cerca de mi casa en el viejo condado. Tiene un gran valor sentimental para mí."
– "Entiendo." – Sonrió también, entonces me susurró. – "Si entiendes la razón de esta inesperada solicitud horticultural, ¿verdad, segadora?"
– "Creo saber la razón." – Murmuré. – "Y concuerdo contigo, es una excelente manera de expresar tan bella metáfora."
– "Sabía que comprenderías." – Colocó su dedo en sus labios. – "Y recuerda, es secreto."
– "Soy una tumba."
– "No sé si eso fue una afirmación alegórica o una mala broma."
– "Tú eres la lista aquí."
– "Eso fue sarcasmo." – Torció la boca.
– "¿Lo ves? Eres brillante."
Ambas reímos, ese pequeño intercambio verbal era algo que Jaëgersturm haría y ahora yo lo estaba adoptando. Convenciendo a Kurusu de adquirir el azarollo y después de recibir toda una enciclopedia de consejos por parte de la anciana Piantella sobre el cuidado y conservación del árbol, regresamos a la residencia. Procuramos acelerar el paso, puesto que las nubes se hallaban deseosas de liberar una segunda descarga diluviana sobre nosotros. Por segunda ocasión, ese repentino sentimiento de preocupación e incertidumbre regresó por un par de segundos, haciéndome detener a mitad del camino. Seguramente Mo chuisle estaba pasando inclementes penurias en ese momento. La sensación desapareció fugazmente y, sosteniendo mi edelweiss, deseándole todo lo mejor a mi teutona, proseguí con la marcha.
Nuestra previsión de trasladarnos raudamente garantizó la segura arribada al hogar, ya que apenas cruzamos la puerta, el frío troposférico desencadenó la precipitación de material sólido, es decir, granizo. Mientras las congeladas partículas caían y resonaban por la morada, Papi se mantenía en posición de combate por si sus némesis eléctricos deseaban una revancha, con Suu como su eterna aliada de batalla. Con toda actividad exterior frenada, opté por iniciar la construcción del vehículo blindado dulce. Mi anuncio fue contestado por los demás, especialmente a la limo y la arpía, que olvidaron por completo su litigio contra las fuerzas de la naturaleza y se apresuraron a unirse al grupo.
Con todos nuestros soldados preparados, dimos marcha a la afanosa labor de recrear el tanque más delicioso que este plano existencial haya presenciado. Y juro por el Eterno Abismo que íbamos a lograrlo. Tomándome el papel del comandante en jefe de la obra, ordené al primer pelotón alistar bayonetas (cuchillos) y preparar los cascos (tazones y platos) mientras el segundo se encargó de que la munición (ingredientes) abasteciera plenamente a las tropas para el campo de batalla (el horno). La niebla de guerra (harina) fue sometida diestramente por las expertas manos de la soldado primera clase Miia y la cabo Shianus mientras las granadas (huevos), bajo la supervisión del capitán Kurusu, no representaron peligro para la compañía. Juntando la mezcla con la precisión que toda maniobra militar requería, la masa amorfa poco a poco fue tomando forma y entonces fue llevada a las trincheras de la estufa para que el fragor de los trescientos cincuenta grados Fahrenheit le diera la experiencia de combate necesaria y lograra endurecerla como a todo buen soldado.
La masa, convertida ahora en un veterano bizcocho, aún caliente y listo para continuar la lucha, fue expuesto a un suministro de nuevas armas y uniforme en forma de saborizante con gusto a arándano azul y cubierta de queso crema. Pero este guerrero a base de ovoalbúminas y sacáridos no contendería solo, ya que pronto se le unieron sus compañeros de menor tamaño, quienes juntos formarían la división Panzer Torte. Ninguno de mis milicianos se quedó sin ordenes que cumplir, y yo, la mariscal de campo auto-designada, me aseguré de que tales mandatos se cumplieran, poniendo el ejemplo con mi propio esfuerzo en la campaña. Con tantas partes que recrear y decorar, admito que mi ofensiva se extendía por demasiados frentes al mismo tiempo, pero en esta ocasión, la líder suprema supo dirigir el teatro de guerra y logró comandar a las huestes en la dirección correcta.
Después de una fiera pugna contra el tiempo, algunas instrucciones mal recibidas y los sabotajes inesperados de la cadete Papi a nuestras reservas de galletas, la fase final de la Operación Tormenta Pastelosa había llegado a su cúspide y sólo requeríamos de un último empuje para ondear nuestra laureada bandera de la victoria. Todo estaba preparado, el fondant cubría la armazón a la perfección y poseía el tono de colorante adecuado, únicamente necesitando agregar el cañón y pulir los detalles que transformarían la capa uniforme en una efigie fiel del mítico Tiger I. Y para eso, la teniente Arachnera ofreció sus adiestrados dedos tejedores para la delicada tarea. Recibiendo mi permiso para actuar, esta se ajustó sus guantes y con un fino palillo, minuciosamente recreó los diminutos pero importantes rasgos del vehículo armado. Unas muescas por aquí, una delineación por allá, Rachnera confirmaba que su habilidad no sólo se limitaba a la tela. Incluso se dio el lujo de replicar el intrincado patrón en forma de red cuadrada alrededor de la armadura.
Pero su ingenio no se detuvo ahí y, revelando su arma secreta, un lanzador de malvaviscos en miniatura, unió este a otro pequeño tubo y cuidadosamente lo insertó en la torreta del tanque. Esto provocó que algo de la cubierta se rompiera al salir una parte del objeto por detrás, pero ella se encargó de remendarlo sin que dejara rastro. Tomando algo de la elástica plastilina comestible, rodeó el cilindro casi por completo con esta y, gracias a la asistencia de la sargento Suu, lo colorearon para que se acoplara al resto de la estructura. Entonces, habiendo dejado un par de lugares sin revestir con el fondant, usó sus dedos para apoyarse y darle vuelta al tubo, delatando una oquedad que permitió agregar un diminuto bombón. Girando el cañón otra vez, la arachne le pidió a la limo que se parara frente a la tarta a una distancia de no más de treinta centímetros y abriera la boca. La glauca joven obedeció y la tejedora, colocándose detrás de la torreta, puso sus labios en la protuberancia posterior y vigorosamente sopló en este, haciendo que el dulce insertado saliera arrojado en dirección a las fauces de la acuosa chica, quien gustosamente devoró la golosina.
Rachnera lo había logrado, nuestro tanque podía disparar.
Con una mueca jactanciosa, que se había ganado el privilegio de ostentar con todas las de la ley, nuestra aprobación por su excelente resultado final la condecoró como nuestra heroína de la batalla conclusiva y le otorgaron el honor de enarbolar el estandarte de la gloria. La alférez Meroune se encargó de inmortalizar el momento con su tablet, retratando a cada una de las combatientes junto al blindado en miniatura, salvando las imágenes en la memoria electrónica para la posterior impresión en papel especial. Kurusu también nos capturó con la lente de su teléfono móvil, recurriendo a su cámara dedicada para obtener mejores tomas y su función de temporizador para una fotografía grupal. Dándoles a todos las gracias por su invaluable ayuda junto a una gran reverencia, tapé el manjar con su cubierta plástica cerca del refrigerador, por si necesitaba guardarlo en caso de que la festejada llegara tarde.
Misión cumplida.
La lluvia había cesado desde hace mucho y ya que el cocinar nos dejó llenas de harina o manchas de merengue, acordamos terminar el resto de las actividades planeadas antes de tomar un baño. La primera tarea fue plantar el serbal que conseguimos. Mi elegante atuendo ya había sido embardunado con mezcla para la tarta y betún, así que me resigné a seguir ensuciándolo con tierra. Por suerte, la amable Centorea se apuntó para devolverle su impoluto estado y secarlo tan pronto como fuera posible apenas finalizáramos la faena actual. Dándole las gracias y ya tranquila, sabiendo que yo continuaría luciendo presentable para mi cazadora germana, proseguí.
Dejamos que el dueño de la casa cavara el hoyo en el jardín para traspasar la acafresna de su aprisionadora bolsa a la cómoda tierra. A pesar de la lluvia, el suelo se había secado y lo humedecimos para facilitar la excavación. Preparado todo lo que la matango nos recomendó, Rachnera y yo tomamos el pequeño tallo y con cuidado lo depositamos en el humus. Amasando el piso para cubrirlo y permitiendo que Papi añadiera un poco más de agua con una graciosa regadera azul en forma de ballena, el azarollo por fin podía darse por bienvenido a nuestra residencia y formar parte del vecindario vegetal.
La arachne y yo nos miramos y asentimos silenciosamente, sabiendo lo que este simple árbol representaba: Nuestra familia. Al igual que una planta, nuestras llegadas a esta casa fueron semillas que germinaron y paulatinamente empezamos a extender nuestras raíces. Como todo, no fue un inicio sencillo; Los malentendidos nos provocaron el luchar entre nosotras y en casos como el mío, ni siquiera me molesté en desarrollar mucha amistad. Todo aquello era como una plaga que amenazana con destruir los tiernos brotes que apenas se asomaban mientras la competencia entre algunas de las inquilinas corría el riesgo de volverse una infección fúngica y devorar nuestros nutrientes hasta secarnos, destruyendo el cultivo que el pobre Kurusu se empeñó en hacer crecer. Pero por fortuna, el arbusto se dio cuenta que no pasaría mucho tiempo hasta que la disputas nos arrancaran el sustento y ese hermoso sueño se marchitara, separándonos.
Con algo de ayuda de cierta cazadora, quien se encargó de exterminar las pestes y las enredaderas de enemistad con un poco de buena voluntad y alentando a una segadora a seguir su ejemplo, la luz del sol alumbró aquel endeble tallo y lentamente se transformó en un pequeño tronco, extendiendo las ramas de la amistad y haciéndolas florecer. Este azarollo somos nosotros, todo lo que hemos experimentado desde la llegada de Aria y el descubrir nuestro propio deseo de cambiar, ha sido ingeniosamente condensado en un diminuto paquete de madera y clorofila. Rachnera es en verdad ingeniosa, mejor manera de materializar una metáfora no podría haber. Y, en otro de los tantos giros irónicos de mi vida, este cultivo, el mismo tipo de serbal que mi madre alguna vez me obligó a cortar y que presenció el infausto momento cuando ella me solicitó tomar su existencia para separarnos, ahora se volvía un símbolo de unión y paz. El pasado ya no podía seguir devorando mis raíces ni quitarme la luz. Sonreí, algún día, en el futuro, tendré que alzar la mirada para observar por completo a este brote; Y cuando eso suceda, podré decir que al igual que la amistad, los lazos familiares y el amor… El azarollo sigue creciendo.
Terminamos el resto de las obras en el jardín y mientras Kimihito solicitaba ayuda de las niñas y Rachnera para comenzar con algunas reparaciones en el techo, yo me excusé para darme un baño. Como prometió, Shianus tomó mi vestimenta y la introdujo en la lavadora al tiempo que yo me duchaba. Con la honorable centáuride protegiendo fielmente mis atavíos de la suciedad, me relajé bajo el tibio chorro de agua, desterrando la mugre de mi piel y mi cabello. Entonces, ese perturbador sentimiento, esa monstruosa sensación de horror se apoderó de mí una vez más. Al contrario de las instancias anteriores, el efecto fue peor, percibiéndose ominoso, desgarrador, destructivo. Caí sonoramente al suelo como un tronco derribado, desprendiendo mi cabeza en el proceso, pero el dolor de resbalar no se comparaba con lo experimentado. Centorea corrió a mi auxilio tan pronto notó mi precario estado, implorándome el explicarle lo que sucedía, pero mi mente se encontraba demasiado ocupada procesando esa abyecta pesadez en mi interior. No podía responder a la rubia a mi lado porque me era imposible describir lo que dilaceraba a mi alma. Era como si… No, no podía ser.
Fracaso.
El corazón se me aceleró ante tan aciago pensamiento. ¿Acaso Aria había fallado? No, me negaba a siquiera pensar en la idea del amor de mi vida sucumbiendo ante la nefasta derrota. Quizás se lastimó, o fue una de sus compañeras, tal vez la arpía, lo que fuera; Me rehusaba a creer que Jaëgersturm no había sido capaz de lograrlo, era improbable, totalmente imposible, una conjetura demasiado descabellada para ser aceptada dentro del mismísimo Caos Infinito. Mi cuerpo se abrazaba desnudo a sí mismo, temblando sin gracia alguna y siendo sacudido por una azarada centáuride mientras mi cabeza apretaba los dientes y cerraba sus ojos, batallando por expulsar esa amarga sensación que le injuriaba la existencia. El dolor gradualmente disminuyó, permitiéndome recuperar la consciencia y a Cerea el colocar mi cabeza en su lugar. Agradeciéndole por su preocupación, la equina rubia me ayudó a incorporarme y me facilitó otro conjunto de ropa. Ya arreglada e intentando contestar sus dudas sobre lo ocurrido, el teléfono de la entrada emitió su característica alarma.
¿Podría ser…?
Intercambiando miradas brevemente con mi cuadrúpeda compañera, raudamente me dirigí hasta la dirección en donde el aparato de comunicación a larga distancia continuaba su incesante repique agudo, exigiendo ser atendido a la mayor prontitud posible. Sin importarme que mis pies mojados me provocaran casi estampar el suelo con mi rostro o que mi cabello húmedo dificultara mi visión por más que intentara hacerlo a un lado, no paré mi acelerado tropel hasta alcanzar el blanco receptor. Campaneando por quinta ocasión, retiré el níveo auricular de su cuadrada base y rápidamente lo coloqué en mi oído. Por tensas milésimas de segundo, los fragorosos latidos de mi bomba sanguínea y mi trémula respiración opacaban la estática de la bocina. Aplacando con dificultad mis intranquilos nervios, logré que mis turbadas neuronas sosegaran su reyerta mental y pude comandarlas para permitirme articular algo más que incomprensibles farfullas. Carraspeando para deshacer los nudos en mi garganta, tímidamente pregunté por la identidad del llamante, esperanzada en que la persona quien me convocaba fuera en efecto, mi adorada arachne.
– "Spatzi…" – Respondió una deífica voz con fuerte acento alemán. – "Lo logramos…"
Así como el astro rey se alza sobre los Alpes y reemplaza la oscuridad de las montañas germanas con su ambarino irradiar combinado con el inmaculado fulgor de los nevados picos añiles, mi corazón fue excelsamente imbuido con el resplandor de mil galaxias enteras. Las negras sombras de la duda que alguna vez plagaron mi imaginación fueron disipadas con la acrisoladora refulgencia de la verdad y mi alma se llenó de imperecedera y gloriosa dicha. Mi amada Aria lo hizo, mi valiente cazadora finalmente triunfó. Con una sonrisa tan amplia que rivalizaría con la del famoso gato de Cheshire y las lágrimas comenzando a formarse en las comisuras de mis ojos, contuve la agitación de mis temblorosos labios para no exclamarle en exceso a mi querida Sparassediana por tanta algarabía contenida dentro de mí. Conmocionada y no deseando tartamudear, me tomé otro par de segundos para pensar en una respuesta apropiada, hasta hallar algo igualmente de sencillo, corto y con el mismo impacto que sus palabras.
– "A chuisle…" – Hablé con voz llena de felicidad. – "Estoy orgullosa de ti."
No podía verla, pero mi corazón estaba más que seguro que ella sonrió completamente al oírme. Escuché un débil pero audible gritito de emoción de su parte, quizás acompañado de pequeños saltitos. Luego, este se transformó en una jubilosa algazara a todo volumen. Incluso a tan altos decibeles, su germánico timbre de voz era una beatífica apoteosis para mis oídos. Si yo estaba contenta, ella se regocijaba de gozo infinito. Y no podía culparla, pertenecer a tan selectiva institución debía hacerla sentir en la cumbre de la victoria absoluta, un premio más que merecido por su férrea perseverancia. Ella retomó la palabra, ahogando sus propias ganas de llorar de alegría.
– "Danke schön, Spatzi." – Hipó. El sentimiento era mucho para ella y se rindió a las lágrimas. – "T-te amo."
– "Yo t-también, Aria." – Lloré junto con ella. – "¿Estás bien, amor?"
– "¡Mejor que nunca!" – Exultó. – "¡Es decir, después de todo lo sufrido y pensar que lo habíamos arruinado…! ¡¿Cómo expresarlo?! ¡Ah, la vida es extremadamente hermosa como tú, Lala!"
– "Tus tiernas palabras me dejan en claro las albricias que experimentas, A chuisle." – Reí ligeramente. – "Entonces, ¿Es oficial? ¿Eres miembro de MON?"
– "¡Y de las mejores!" – Emitió otra exaltación. – "¡Y no te olvides de Cetania y Dyne! ¡No lo hubiera logrado sin ellas!"
– "Por supuesto, mis felicitaciones también van para ellas." – Sonreí. Estaba demasiado contenta que incluso la mención de la rapaz me parecía aceptable. – "¿Supongo que eso significa que vendrás hoy?"
– "Oh, bueno, espera un momento, linda…" – Se pausó. La oí preguntarle algo a la mujer del gobierno pero no distinguí específicamente lo mencionado. – "Bueno, Smith dice que aún debemos volver a las oficinas y después presentarnos frente a la prensa, los altos mandos del departamento de justicia, gobierno, etcétera. Todo apunta a que será un día agitado, así que no puedo asegurarte nada. Perdóname, querida, no sé si pueda hacerlo."
– "Está bien, A chuisle, lo importante es que te encuentres a salvo." – Suspiré. Iba a tener que esperar un poco más para volverla a ver. – "Por cierto, te envié un pequeño obsequio con una de las arpías mensajeras después que esta me entregara tu carta."
– "¡Ah, claro! Dime, ¿las leíste todas? ¿Te gustaron?"
– "Por supuesto, amor. Me sentía más viva con cada párrafo que plasmabas con la azul tinta. ¿Cómo está Mugi?"
– "Zombina la está cuidando. Ya quiero presentártela a ella y Hummel. La P30L aún no tiene nombre pero le hallaremos uno bonito." – Rió. – "¿Y qué fue lo que me mandaste? Dime por favor que es una foto tuya sin ropa o al menos en ropa interior."
– "Espero que no te molestes, pero decidí que por ser un día sumamente especial, debías vestir un galardón digno de alguien tan honorable como tú, A chuisle." – Contesté. – "Te envié la Eisernes Kreuz de tu difunto abuelo. Me aseguré de protegerla tanto como me fuera posible para su incólume entrega. ¿Crees…? ¿Crees que hice bien?"
– "¡Es perfecto!" – Replicó con algarabía. – "¡Irá divinamente con mi uniforme de las SturmSchütze! ¡Un millón de gracias, Spatzi! ¿Sabías que te amo?"
– "Lo sé." – Reí yo. – "Me alegro la idea te haya sentado bien. Lo hice porque estaba segura que tu abuelo estaría satisfecho con el logro de su querida nieta."
– "Es posible, dudo que el viejo Wolfgang haya sido como la gruñona Diva. ¿Y cómo estás tú, mi irlandesa hermosa? ¿Cómo va todo en la residencia de Herr Kommandant? ¿Y el trabajo?"
– "Todo va de maravilla. Han pasado tantas cosas que no podría contarlas por teléfono sin terminar afásica. Te lo revelaré después de tu retorno."
– "Ya no puedo esperar. Otro motivo para regre…" – Hubo una pausa. – "Ah, demonios. Perdóname, guapa, pero la jefa dice que debo colgar. Descuida, ya podremos hablar a gusto cuando vuelva. Prometo hacerlo tan pronto me sea posible."
– "Tranquila, A chuisle, atiende primero tus deberes como una buena soldado."
– Como ordenes, mi dueña y señora." – Otra risa. – "Escucha, dile a todos en les agradezco profundamente por todo el apoyo que me otorgaron y que esta victoria es para ellos también. Dales a Herr Kommandant y a Rachnera un abrazo de mi parte por soportar a esta llorona. ¡Ah, qué rayos, abraza a todos en la casa por mí! ¡Y dile a Papi que quiero revancha en Mayro Kratt!"
– "Por supuesto, Aria. Por favor, cuídate. Aquí te esperaré."
– "Danke, Lala. ¡Te amo con toda el alma! ¡Y lo sabes bien porque eres la dueña de esta! ¡Auf Wiedersehen!"
– "¡Slán go fóill! ¡Gráím thú!"
Un tenue pitido se oyó en el auricular, señalando el final de tan corta pero reconfortante conversación. Un par de minutos, intranscendentales para el universo, pero absolutamente vitales para mi persona; Un escaso lapso de tiempo que me hizo elevarme hasta el cenit de la beatitud existencial y otorgarle más dicha a mi inmortal vida. Colocando la bocina en su lugar de reposo, me di la vuelta para descubrir a mi familia reunida. Me veían con expectación, no habiendo escuchado del todo mi charla y preguntándose si mi llorar en ese momento era de bienaventuranza o tristeza. Mi neutral expresión, producto que mi intento por mantener la compostura no debía dejar en claro que no debían preocuparse. Papi, con algo de duda, se acercó lentamente hacia mí, esperando a que confirmara sobre el estado actual no sólo de nuestra arácnida residente, sino el mío también. Hincándome en una pierna y extendiendo mis brazos hacia ella, la arpía de azul plumaje dio un par de pasos adelante, todavía sin saber la respuesta a la interrogante que le revoloteaba en la mente. Entonces, despejé toda incógnita que ella y los demás pudieran tener.
Sonreí.
Con eso, el rostro de la pequeña liminal voladora se encendió como la celestial armadura de Palas Atenea resplandeciendo en el Monte Olimpo y me ofreció una extensa sonrisa junto a sus propias lágrimas para abrazarme efusivamente de un gigantesco salto. La atrapé en mis brazos y dejando escapar toda la intensa fruición que en mi interior se contenía, solté una sonora carcajada llena de felicidad, regocijándome en el goce de la gloria y dando vueltas junto con mi hermana emplumada, quien se unió a mi fervoroso júbilo y briosa celebración. Propinándole yo un cariñoso beso en la frente y ella extendiendo sus añiles alas, la alcé en el aire con ambos brazos y proseguí girando sobre nuestro eje sin parar de reír con fuerza. Luego de varias revoluciones, la abracé con ahínco, permitiendo que las gotas que nuestros ojos humedecieran nuestra ropa. Separándonos calmadamente de nuestro cálido abrazo, afirmé silenciosamente con la cabeza y ella devolvió el gesto. Incorporándome, hice una profunda y sincera reverencia al resto de los presentes, agradeciendo infinitamente su continuo soporte para conmigo y Jaëgersturm.
Hoy, el triunfo era de todos.
Luego de que nosotros intercambiáramos apretones de manos y más abrazos entre palabras de felicidad y expresiones de orgullo respecto a mí y mi amada arachne, regresé con energía renovada a mis actividades cotidianas. Llegada la hora del almuerzo, me desplazaba por la cocina tarareando melodías en mi delantal rosado y junto a Miia y Kurusu, nos encargamos de preparar un festín de platillos alemanes para celebrar. Coloqué la enorme tarta con cuidado dentro del frigorífico para conservarla, ocupando en su totalidad el centro de la nevera. Mientras degustábamos, Rachnera tomó el control remoto del televisor y encendió el localizado en la cocina, con la esperanza de que la cazadora teutona destacara en alguna primicia periodística, pero no tuvimos éxito al recorrer los noventa y seis canales por satélite en su totalidad. Tal vez su ceremonia de graduación, si es que la había, se mantuviera como un estricto asunto privado entre las autoridades correspondientes, sin la intrusión de la inquisitiva prensa. No había problema, después de todo, saber que se hallaba bien y que pronto volveríamos a vernos era más que suficiente para mí.
Pasando el resto del día disfrutando de los juegos electrónicos junto a Papi y Suu, obteniendo una muy grata victoria sobre mis adversarias en aquel sangriento torneo de artes marciales virtual, llegó la noche, aún sin recibir más noticias de la rubia sparassidae. Si bien la ausencia de comunicación me hacía suspirar con algo de incertidumbre, yo comprendía que su nuevo puesto debía mantenerla ocupada. A lo mejor recibía nuevas instrucciones, equipo o simplemente celebraba junto a sus compañeras el haber superado la meta. Sea cual sea el motivo, mi orgullo por ella no decaía en lo más mínimo. Cenamos tranquilamente y después de congratular a la centáuride por su buen trabajo, me vestí con mi fino atavío, ya impoluto y con un agradable aroma a lavanda. Dando poco para las diez post merídiem, yo me encontraba en la ventana que daba al exterior, en dirección a la entrada, aguardando por el retorno de mi amada. La mayoría de las chicas ya se habían retirado a descansar después de darnos las buenas noches, quedando yo sola. Al poco rato, Kimihito apareció, luciendo un poco más arreglado de lo regular y acomodando su camisa azul.
– "¿Todo bien, Lala?" – Preguntó el muchacho, acercándose. – "Puedes arrimar un sofá para no cansarte de estar parada."
– "Gracias, Kimihito. No presento fatiga por la inmovilidad en esta posición, pero considero que sentarme en el mueble será mucho más ameno." – Seguí su consejo y movimos uno pequeño frente a la ventana. – "¿Saldrás a alguna parte?"
– "Así es, visitaré a mi amigo Karurosu e iremos a algún lugar por un par de tragos." – Arreglo con poco éxito su rebelde cabello. – "Descuida, solo serán unas cuantas cervezas, mañana tengo trabajo. De acuerdo, tal vez tome algo un poco más fuerte, pero es ocasión especial; Celebraré la graduación de Aria."
– "Está bien, mereces relajarte un poco después de todo lo que haces en la casa." – Le sonreí. – "Yo vigilaré a las chicas en tu ausencia, toda la noche si es necesario."
– "Descuida, Lala, volveré temprano. O eso espero, ese Sarver siempre me arrastra a alguna de sus locuras." – Rió un poco. – "¿Sabes? Con todo lo que ha pasado en estas semanas, he estado pensando que si alguna vez deseo dar ese gran paso que discutimos ayer, necesitaré un mayor sustento que el que una tienda de historietas puede proveer."
– "¿A qué te refieres?"
– "A que intentaré encontrar un nuevo empleo, uno más remunerable."
– "Me parece una buena idea. ¿Has tomado una elección?"
– "Todavía no, quizás lo discuta con Karu esta noche. Bueno, me voy." – Me sonrió y se dirigió a la salida. – "Sinceramente, tú y Aria me motivaron a hacerlo. Me di cuenta que merezco algo mejor que el sueldo mínimo. Además, no puedo fiarme siempre de que el gobierno cubra todos mis gastos. Ya no soy ese adolescente bueno para nada, sino un hombre, por el amor de Madoka."
– "Te aplaudo tu resolución y confío en tu éxito, compañero." – Afirmé con la cabeza, acompañándolo. – "Cuídate y que te diviertas."
– "Gracias, Lala. Tú también pásala bien." – Se colocó sus zapatos. – "Y si Aria regresa, dale mis felicitaciones y que sepa que estoy increíblemente orgulloso de ella."
– "Por supuesto. ¡Go dté tú slán!"
Haciendo un saludo marcial, el casero cerró la puerta y se retiró. Los minutos pasaron, escuchaba el sonido del las manecillas del reloj, sin que esa quitinosa figura ocre se manifestara en mi campo visual. Entonces, oí los finos pasos de ocho piernas recubiertas por dura armadura natural. Naturalmente, saludé a mi compañera recién llegada.
– "Buenas noches, Rachnera." – Volteé a verla. – "¿También las esperarás?"
– "¿Aún no llega?" – Preguntó ella, observando hacia afuera.
– "Quizás no regrese hoy."
– "Sé que lo hará, la conozco. En este momento debe estar abordando el tren o quizás la furgoneta de MON."
– "Tal vez tengas razón." – Miré de nuevo a la ventana. – "Mo chuisle y yo apreciamos que te preocupes tanto por ella, tejedora."
– "Eso espero, estoy interrumpiendo mi descanso embellecedor."
No dije nada más y proseguí mi sempiterna vigilancia en silencio. La arachne se mantuvo a mi lado, parada y ocasionalmente cambiando su pose, pero sin moverse de su lugar. Pasados treinta minutos, no esperé a que ella diera el primer paso y le ofrecí algo que seguramente había deseado escuchar en todo el día.
– "¿Quieres oírla?" – Le cuestioné. – "La carta que me envió, ¿Deseas que te la lea?"
– "No es necesario que reveles las conversaciones personales, segadora." – Contestó. Aún sin poseer pupilas en sus globos oculares color bermellón, noté que ella disimuladamente me veía de reojo y volvía su atención al horizonte.
– "En ese caso, espero no te moleste que recite la misiva en voz alta para mi deleite particular."
– "Sólo trata de no hacer ruido." – Fingió desinterés.
– "Descuida, el Abismo susurra lo suficientemente alto para ser oído por los elegidos."
Manifesté físicamente a mi fiel guadaña y con delicadeza abrí el sobre, tomando la blanca hoja y comenzando a declamar los párrafos que la decoraban.
– "Meine geliebte Lala." – Entoné. – "¡Spatzi, Guten Tag! Ich hoffe, dir geht es gut…"
– "En japonés, por favor." – Habló ella, aún sin darse la vuelta.
– "Creí que no era de tu incumbencia. Y ya que el recado es para esta irlandesa únicamente, supongo tengo el derecho a disfrutarla en el idioma en el que fue originalmente redactado." – Repliqué. – "A menos que también desees entretenerte con las inusuales ocurrencias que la Sparassediana me explaya en sus particulares epístolas."
– "Si vas a interrumpir la tranquilidad del ambiente hablando, prefiero que sea en un idioma que pueda entender."
– "Como desees, descendiente de Arachne." – Accedí inclinando su cabeza y relaté el mensaje. – "Mi querida Lala. ¡Buenos días, Gorrioncito! Espero te halles en excelente estado…"
Le narré en su totalidad el comunicado, sin censurar referencias a la hija de Taumas, cuyas acciones en contra del bienestar de mi teutona a manos de su calzado eléctrico no me sentaron con mucho agrado, o simplificar la narración. También ella escuchó atentamente como Jaëgersturm expuso la inusitada seriedad que la generalmente tímida cíclope francotiradora mostraba durante los ensayos para detectar explosivos y del posterior ejercicio que incluía a estos últimos. Actualmente fue una nota corta respecto a sus actividades y, al llegar a la parte final, donde la rubia plasmó un breve pero honesto pasaje sobre el sentirse más que afortunada al recibir mi afecto, permití a mis ojos expulsar otro par de lágrimas de alegría. Mi compañera arachne continuaba observando al exterior a través del transparente vidrio, pero la sonrisa que ella fútilmente intentaba ocultar denotaba que compartía ese sentimiento de felicidad conmigo por tan conmovedoras palabras.
– "La tonta y sentimental alemana que ha jurado amarte y protegerte por toda la eternidad…" – Leí el último renglón, con la voz algo quebrada. – "Aria Jaëgersturm."
– "Hermoso." – Musitó la tejedora.
– "Igual que ella."
– "Tienes mucha suerte, segadora. Gracias por compartirlo."
– "De nada, Rachnera." – Guardé la hoja dentro del sobre. – "Aunque, si anhelabas el enterarte de todo esto, únicamente debiste solicitarlo..."
– "Lo hice justo ayer."
– "…De manera amable." – Completé. – "Sabes que algo tan privado no es para contarlo enfrente de todas. Meroune y las niñas obtuvieron tal privilegio al auxiliarme y pedirlo cortésmente. Admito que en el caso de Centorea, fue una especie de trueque por su tutoría respecto al aseo de prendas."
– "¿Entonces me he ganado tal derecho por dejarte elegir el azarollo?"
– "No." – Disentí con la cabeza. – "Lo hice porque has sido un invaluable apoyo para Mo chuisle desde que ella llegó a esta morada. La gran admiración y respeto que siente por ti son completamente válidos y puedes estar segura que comparto tal opinión sobre tu persona, Rachnera. Gracias por estar siempre a su lado."
– "Eso ya me lo había dicho ella, segadora."
– "Pero no te sentías digna de recibir tales alabanzas de su parte." – Aseguré. – "Porque tú también la admiras, ¿cierto?"
– "¿Cómo no reverenciar a tan sobresaliente persona, que ha logrado tanto en tan poco tiempo?"
– "Y que no le hubiera sido posible sin el constante soporte de una venerable aliada." – Reiteré. – "Tejedora, Aria y yo te debemos mucho, y siempre te agradeceremos por todo. Eres una excelente amiga."
– "De nada."
– "Y es por esa misma razón que aún no me explico porque insistes en usar esta máscara de supuesta apatía, cuando te mostraste tan cordial y amistosa durante la plantación del serbal. Pensé que te sincerarías más conmigo, con tu familia."
Hubo otro momento de afónicos minutos, ninguna de las dos cambiando su posición o la dirección de su vista; Yo a ella, y esta al horizonte. Finalmente, la mujer de cabello lila se dio la vuelta, con la mirada baja y con una expresión de resignación.
– "No es fácil ser una arachne, ¿sabes?" – Expresó Arachnera. – "Entre el rechazo del mundo por esta terrorífica apariencia y los erróneos arquetipos preconcebidos sobre nuestra especie, una debe aprender a desconfiar de todos, a andar con cautela, a no mostrar debilidad o se corre el riesgo de la traición. Conozco perfectamente esto último. Si alguna vez abriera mi corazón, la primera daga envenenada no tardaría en atravesarlo. Eso es lo que siempre me dije a mi misma la mayor parte de mi vida. Y en mi caso, tuve muchos motivos para seguir tan excluyente filosofía. Incluso es la principal razón de porqué terminé en esta residencia.
He tratado de mantener la apariencia de una impasible y fría calculadora cuyo corazón aún es un gélido tempano inaccesible, una fortaleza de hierro impenetrable; Todo sin contar que mis descarados despliegues de lascivia me han consagrado como una degenerada interesada únicamente en placer carnal. Si bien mi notable lujuria es parte inherente a la naturaleza de mi estirpe y admito mi propio disfrute de tan concupiscentes actos, en realidad es mi manera de lidiar con mis propios demonios.
Tengo miedo, Lala. A pesar de vivir bajo un techo donde sé que estoy totalmente a salvo en compañía de personas sinceras, los años de esconderse y vivir bajo las sombras no se borran tan fácilmente. Aún puedo ver los ojos de todos aquellos a quienes nunca les agradé, llenos de odio y repulsión ante mi presencia. Y lo peor, esas mezquinas sonrisas falsas como víboras, que únicamente injurian veneno cuando les das la espalda y esconden el cuchillo de la falsía detrás de la suya. Duermo mucho porque pasé demasiado tiempo sin poder hacerlo correctamente, despertando a mitad de la noche desconcertada y empapada en sudor. Y aunque estas, gracias a la Divina Arachne, han disminuido considerablemente su recurrencia, todavía padezco tales pesadillas. Yo no pedí nacer así, con esta maldición hecha de quitina y músculo; No pedí ser un monstruo.
Este pequeño santuario casero ha sido mi mayor refugio, un techo tanto literal como metafóricamente que me ha protegido del daño que el mundo me ha hecho. Kimihito es un beato para haberme admitido en primer lugar, y las chicas, sin importar nuestras tontas reyertas, han llegado a aceptarme. Cuando recién me instalé, cada vez que Papi o Suu me ofrecían un abrazo, mi alma se regocijaba en alegría porque eran muestras de genuino afecto. Tales sucesos eran tan escasos en mi vida que podría contarlos con mis piernas y serían más que suficientes para tal tarea. Nunca le agradé a nadie, y al descubrir que no todas las personas eran unos fariseos de doble cara, me sentí tan abrumada que pensé que no merecía tal bondad. He cambiado, me he abierto cada día más y trato de abandonar mi antifaz de indolencia, pero aún me falta para que el pasado se borre por completo.
Y entonces, Aria apareció, revelándome su historia, sus temores, sus errores. Y me di cuenta que ella era yo, éramos exactamente la misma persona. Compaginé con ella al instante, más allá de ser mi congénere, y la adopté como una hermana menor. Pero lo que más fascinó de esa alemana, fue que a pesar de todo el rechazo y repudio que tuvo que sufrir, continuaba adelante con una sonrisa sincera. No dejó de cometer faltas, pero no se detuvo y prosiguió con su marcha hacia la superación personal, sin importarle si debía humillarse en disfraces con forma de aves antárticas mal hechos o arriesgar la vida contra un grupo de extremistas. Y mírala ahora, constantemente demostrándonos de lo que es capaz.
Pero el punto más trascendental y significativo fue que Jaëgersturm tuvo la gran osadía de sincerar su corazón y reunir el valor suficiente para declararse ante la mujer de su vida. Lala, cuando ella expresó todo lo que sentía por ti en esa fragorosa noche de pasión, sentí envidia. Estaba celosa de las agallas de la cazadora para exponer sus verdaderos sentimientos. Tal vez lo haya expresado con un acto carnal, que podría descartarse como vana liviandad hedonística, pero que en realidad fue la explosión de todo el amor que ella había reservado para tu persona. Y ese intento afecto y lealtad que le demuestras todos los días es prueba innegable de que aquello es la absoluta verdad. Aria es extremadamente valiente, mucho más que yo. Si te soy honesta, por un fugaz momento mi corazón sintió algo más que amistad por ella. Demonios, ¿deseas que te revele algo más delicado e impactante?
Soy virgen.
Aunque te parezca mentira, jamás en mi vida he mantenido relaciones, ya sea con humanos o liminales. Todos mis conocimientos en las artes amatorias fueron forjados por imitación y mi propia creatividad, más mi aptitud natural como arachne. Actúo como la mayor dominatrix que estas personas hayan conocido usando los clichés más trillados sobre sadomasoquismo, los cuales funcionan perfectamente dada mi afinidad a la seda y mi impasible máscara de terror autoritativo innato. Cuando me impongo sobre alguien, aprisionándolo en mi red, únicamente finjo que tengo el control. Al final del día, no soy más que una neófita. Pero lo sigo haciendo porque es la manera más fácil de lidiar con mi propio temor al rechazo. Pienso que si los someto con miedo, no tendrán valor para herirme, y en parte el ser avasalladora tiene sus ventajas.
Soy orgullosa, sumamente fatua y soberbia, como cualquier liminal poderosa. Debo demostrarlo imponiéndome sobre mis supuestas rivales y atrapando a mi presa en mi telaraña. Sin embargo, me siento mal por ocultarme tras ese disfraz tan absurdo. Yo… Yo soy una simple tejedora solitaria con sueños, pasiones, deseos que realizar y cumplir. No exijo mucho, sólo que me amen. Y mi Querido, mi Kimihito, ya lo hace; Lo hace a diario. Él es absolutamente cautivador, único entre todos, un verdadero y resplandeciente diamante. ¿Qué si estoy enamorada? ¡Lo idolatro como una fanática! Kurusu es el hombre con quien deseo pasar el resto de mi vida, envejecer a su lado y ver nuestros retoños crecer. Y yo no lo merezco, porque no soy sincera. Yo en verdad quiero expresarle cuanto me importa, cuanto lo espero, cuanto lo necesito.
Cuanto lo amo.
Sé que él me quiere igualmente como a todas, de eso no tengo dudas, pero yo ansío expresárselo y que él me corresponda, escucharlo pronunciar dulcemente mi nombre bajo la luz de las estrellas y darnos un tierno beso con la sonrisa de Selene sobre nuestras cabezas. Lo confieso, soy una romántica perdida. Pero también soy una cobarde, una irresoluta araña que se oculta tras el pretexto de la indiferencia y lujuria porque le teme a dar ese gran paso. Me es más fácil huir que afrontar el problema. Y yo no le pido mucho, solamente que me escuche y comprenda; Un hombro en el cual apoyarse para llorar, una mano en la espalda que me reconforte cuando mi voluntad se desplome, un par de ojos que me vean con cariño y una bella sonrisa que me devuelva la alegría a mi rostro.
Lo único que quiero en la vida, es ser feliz."
Rachnera interrumpió el soliloquio con sus seis ojos humedecidos y un temblor en sus labios. La orgullosa y estoica mujer de negro exoesqueleto, el parangón de la madurez y seriedad en la residencia Kurusu, había dejado ver su más vulnerable flanco en un pequeño pero significativo arranque de franqueza. En esas ironías de la vida, aquella que siempre abogó por la verdad absoluta, mostró que ella ha ocultado sus propios secretos. Y yo no podía culparla, porque sabía perfectamente lo que ella y Aria experimentaron; Esa endeble confianza que se desarrolla por el continuo rechazo y la poca autoestima que trae consigo, para luego camuflarla con una careta falsa para disimular nuestros temores. No éramos tan distintas después de todo. Conmovida por su despliegue de sinceridad, me acerqué a ella y la rodeé con mis brazos, recibiendo el mismo trato como respuesta. Transcurrió alrededor de un minuto en lo que ella terminaba de sollozar y desahogarse en lágrimas mientras yo le daba ligeras palmadas en la espalda.
– "Perdón por esto, Lala." – Se disculpó, hipando tenuemente. – "Yo…"
– "Está bien, amiga, no necesitas decir más." – Le susurré. – "Te comprendo completamente. Y te apoyo."
Pasado otro minuto, ella sosegó su llorar y con una profunda exhalación se separó de mi abrazo.
– "Gracias por escuchar, Lala, en verdad." – Expresó ella, sonriendo ligeramente. – "Lo necesitaba."
– "¿Te sientes mejor?"
– "Sí, creo que sí." – Limpió una última lágrima. – "Tenía rato que deseaba externar esto. Soy una sentimental, ¿cierto?"
– "Hablas con una mensajera de la muerte que se tomó la molestia de preparar una tarta con la efigie de un vehículo de batalla únicamente para hacer sonreír a la mujer que ama, llora al leer las cartas que esta me manda y se queda toda la noche en vela para esperarla." – Reiteré. – "Ambas somos lo mismo, Arachnera."
– "Supongo tienes razón." – Rió un poco. – "Pero me parece que deberás aguardar por su retorno de manera solitaria, segadora, yo necesito estar un tiempo en mi habitación."
– "Te entiendo, Rachnee."
– "Finalmente me llamas Rachnee. ¿Significa que ya somos hermanas?"
– "Creí que eso había quedado claro desde hace mucho."
– "Sí, pero el sobrenombre es como un ritual en esta casa, ¿sabes? Aún falta para que me agregues el 'sama' al final, pero soy paciente."
– "Espero tengas mucha, porque dudo que eso suceda." – Reí, era buena verla recuperar su humor. Incliné mi cabeza. – "Oíche mhait."
– "Buenas noches." – Regresó el gesto y se emprendió la retirada.
– "¿Rachnera?" – Le hablé antes de irse.
– "¿Sí?" – Se dio la vuelta.
– "Te volviste mi hermana desde que decidiste cuidar de mi querida Aria." – Sonreí. – "Y siempre lo serás."
– "Igualmente, Lala." – Reverenció. – "Si me lo permites, ¿puedo ofrecerte un consejo, de mujer a mujer?"
– "Por supuesto"
– "No le cortes las alas al amor." – Guiñó tres ojos. – "Hasta mañana."
Dicho aquello, la tejedora se encaminó a la escalera hasta abandonar mi periferia. Comprendí íntegramente a que se refería con tales palabras. Desconozco si sea una novedad en boga, pero parece que todo el mundo opina lo mismo en estos días. Quizás yo no esté de acuerdo, pero agradezco la sugerencia de todas maneras. Además, me alegra que se muestre más abierta conmigo y el resto de la casa. Tal es su nivel de confianza que no necesitó recordarme el mantener el secreto, demostrando nuestro progreso. En ocasiones, sólo se necesitan un par de oídos dispuestos a prestar atención a las inquietudes de nuestro corazón para lograr que nuestra alma se mueva hacia adelante. Reí por enésima ocasión al darme cuenta que eso era lo que Sanae me había dicho con anterioridad. Mundo pequeño.
Las manecillas indicaban que quince minutos más y sería medianoche sin que Mo chuisle hiciera acto de presencia. Mi fe no decaía en que ella volviera, pero hasta para una sempiterna hija del Abismo, la ansiedad comenzaba a filtrarse. Suspirando, preferí tomar el aire fresco que imperaba en el ambiente y me dirigí a la salida. Tomé mi oscura bufanda, la coloqué alrededor de mi cuello y me aventuré hacia el exterior. Cerrando la puerta detrás de mí, volví la entrada a la morada mi nuevo punto de espera. Manteniéndome firme como una fiel guardia Pretoriana, permanecí quieta, aguardando distinguir a esa rubia de ocre exoesqueleto entre la ligera neblina noctívaga que el inusual frío nocturno había desatado. No me importa si debo persistir hasta que Helios me salude con sus áureos rayos matutinos o si mi cuerpo se congela por la baja temperatura reinante, pero no desistiré hasta verla a ella y tenerla entre mis brazos; Para aplacar a la inquietud en mi interior, para calmar a los deseos de ir en su búsqueda, para estar junto a la mujer que amo. Porque la quiero aquí, en el lugar a donde ella pertenece; Su hogar, nuestro hogar. Aria, por favor…
Vuelve a casa.
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– "¡Auf Wiedersehen!"
– "¡Slán go fóill! ¡Gráím thú!"
Lo hicimos.
Luego de interminables sufrimientos, adversidades a granel y que nuestros cuerpos fueran vapuleados hasta triturarnos los huesos, lo hicimos. Contra todo pronóstico, contra toda posibilidad, incluso contra toda lógica; Habíamos triunfado. Cetania, Dyne y yo logramos consagrarnos en esta institución y alcanzamos el cenit de la dicha. Seremos simples reclutas, pero la gloria experimentada es mayor que la de mil heroicas batallas. Nuestro esfuerzo rindió frutos y saboreábamos la divina ambrosía de la victoria, el celestial néctar del éxito, el elixir de la conquista. Y oír nuevamente la apoteósica voz de mi bella Lala era la guinda final que coronaba este día como el más jubiloso de mi arácnida vida.
La vida, al igual que mi irlandesa, es extremadamente hermosa.
Aún costaba creer que nos encontráramos aquí, golpeadas, magulladas y con hematomas tapizándonos casi en su totalidad la epidermis, pero de una pieza. Entre balas de veinte milímetros, armas de electrochoques, fusiles de francotirador y suficientes puñetazos para jubilar a un boxeador, mi mente aún necesitaba algo de tiempo para aceptar que todo eso fue superado. Con una indeleble sonrisa en mi cara, exhalé profundamente, agradecida con todo el universo, y observé a mi linda rapaz descansar sobre mi hombro izquierdo, igualmente con una mueca de felicidad adornando su agraciado rostro americano. Moviendo mi brazo para rodearla con este, acaricié su castaño cabello con suavidad, provocándole exclamar pequeños sonidos de satisfacción. Del otro lado, mi amiga empusa, aún sostenida de mi brazo y ya sin reservas de saliva, había disminuido sus expectoraciones para colocar una sutil facción de alegría en sus impasibles labios. Liberé mi extremidad y con esta tomé sus dedos entre los míos, ella no objetó y afianzó el agarre.
– "Bueno, niñas, sé que lo merecen, pero creo que ya han sido suficientes lágrimas por hoy." – Anunció Smith, ajustando sus lentes oscuros. – "De pie, escuadrón MOE, aún nos queda un largo día por delante."
– "Como ordene, Jerarca." – Accedió la mantis.
– "Hauptmann, sigo agradecida contigo… Con usted, por todo esto. Todas lo estamos." – Le mencioné, incorporándome. Ahora es obligatorio tratarla con respeto. – "Es decir, es un auténtico honor."
– "Jaëgersturm, les mencioné que fue su esfuerzo lo que las trajo aquí, no yo." – Reiteró la agente. – "Pero en todo caso, no puedo dejar de sentirme orgullosa por su excelente desempeño. Felicidades nuevamente, equipo."
– "Thanks, Chief." – Dijo la falconiforme. – "¿A dónde nos dirigiremos ahora?"
– "Sugiero que a un buen cirujano plástico porque pasaron de tomates a berenjenas." – Rió la pelinegra. – "¿Pero qué tal si primero estrechan la mano del buen general Nagumo, que accedió a esta locura? Casi le da un infarto cuando le apunté con la pistola."
– "Oh, descuida, Smith, no es necesario." – Habló el aludido. Nosotras nos apresuramos a obedecer la orden de nuestra superior. – "Ah, gracias, chicas. Como decía, ya estoy acostumbrado a tus dementes planes. ¿Recuerdas cuando entrenaste a tus entonces novatas haciéndolas correr bajo la artillería de ciento cincuenta y cinco milímetros? ¿O las atacaste con los helicópteros en medio de la noche?"
– "Y casi muero por segunda ocasión." – Injirió Zoe, alzando su índice. – "Terminé literalmente con el trasero agujereado y las tetas repletas de metralla."
– "Fue divertido, ¿cierto?" – Rió Kuroko. – "Saadia se la pasó todo el día burlándose porque me llamaste 'mamá' del susto."
– "¡Ya te expliqué que estaba cantando para tranquilizarme!" – La zombi se ruborizó. – "¡Así iba la melodía!"
– "Cómo digas, hijita. Descuida, a Mami Kuroko le gusta tu melodiosa voz de canario afónico." – Se mofó la coordinadora. Zombina sólo le lanzó miradas asesinas. – "En todo caso, te agradezco por toda la ayuda, Katsu. No confiaría en nadie más que el mayor partidario militar de la unión humano-liminal para un proyecto tan ambicioso como este. Eres el mejor general de todo Japón, amigo."
– "Cesa tus lisonjas, Kuroko, mi esposa se pondrá celosa." – Nagumo se carcajeó. Yo fui la última en estrechar su mano y el nos miró a las tres. – "Además, son ustedes, señoritas, quienes merecen los halagos aquí. Nunca dejaron de sorprenderme con su astucia y valor para enfrentarse a las contrariedades que incesantemente les arrojamos. Especialmente usted, agente Jaëgersturm; Me impresionó su desprendido sacrificio para salvarme la vida a pesar de que fui plasmado como un verdadero villano."
– "Únicamente hice lo que creí correcto, Generaloberst." – Le respondí haciendo una reverencia. – "Me siento sumamente honrada por sus alabanzas. Danke schön."
– "El placer es mío al haber ayudado a instruir a tan valientes mujeres." – Sonrió, emulando el gesto. Hizo un solemne saludo marcial. – "¡Honorem et Gloriam!"
– "¡Honorem et Gloriam!" – Repetimos las tres al unísono, regresando el ademán.
Afirmando con la cabeza, el mandamás se volteó hacia Smith y el resto de MON, despidiéndose de ellas y retirándose. Al contrario de los altos mandos que me adiestraron en Sparassus, el viejo Katsu Nagumo era una persona amable y me hubiera gustado haber platicado más tiempo con él, pero ahora lo importante era regresar a los cuarteles y empezar a recibir las órdenes de nuestra coordinadora. Sin embargo, aún tenía demasiadas preguntas revoloteándome en la mente y deseaba iluminación sobre estas.
– "Estoy segura que han de tener cientos de cuestiones, novatas." – Mencionó la capitana. A veces creo que ella lee la mente. – "Adelante, háganlas."
– "¿Cuándo es nuestra primera misión, Jerarca?" – La griega tomó la palabra. Sí que es entusiasta.
– "Sargento Nikos, no esperaban combatir terroristas apenas terminaran graduándose de su adiestramiento básico, ¿verdad?"
– "No, Jerarca, pero creía que nuestro intensivo pero breve entrenamiento significaba que tenía una tarea preparada para nosotras."
– "Honestamente, el tour expreso hacia Ciudad Dolor que tomaron fue para aplacar a los orangutanes desesperados del gobierno." – Confesó la pelinegra, cruzándose de brazos. – "Dado que todo había vuelto a la normalidad después de los atentados, el entusiasmo de esos simios gordos respecto al proyecto del segundo equipo de reacción estaba decayendo. Yo necesitaba completar su formación de la manera más rápida posible y contar con la aprobación de autoridades competentes, en este caso siendo el ejército, para evitar que nuestro sueño se perdiera entre la carpeta de pendientes. Me dieron una semana para ello, así que moví cielo, mar y tierra para encontrar una solución. Gracias a Azathoth que Katsu comparte mi opinión de que las extraespecie son una excelente elección para la protección civil y me auxilió en divisar estos ensayos en tiempo récord."
– "Entonces, todo lo malo que dijo del general, era mentira, ¿cierto?" – Injirió la castaña. – "¿No nos mandarán a la horca por atentar contra la vida de un gerifalte del la JGSDF, incluso si fue actuado?"
– "Descuida, Cetania. Ya escucharon a Nagumo, está más que habituado a mis fortuitos métodos de enseñanza. Y en su defensa, todos los escenarios en los que combatieron fueron idea mía. ¿Les gustaron?"
– "Perdone, Hauptmann, pero no entiendo porque dice que deseaba vernos triunfar cuando sus absurdas reglas e intrincados obstáculos eran más que excesivos." – Fue mi turno. – "Salimos vivas de milagro."
– "Aria, ¿realmente creíste que era físicamente posible salir ilesas de todo aquello?" – Kuroko alzó su ceja. – "Se enfrentaron a tropas entrenadas y a las veteranas de MON, ni siquiera el más avispado de las fuerzas especiales podría concluir tal odisea sin errores. Yo sabía que esa restricción de los tres disparos era irrealizable, pero de alguna razón ustedes se mantuvieron impolutas hasta el final. Y aunque hubieran acabado tapizadas de colores, sé que eso no hubiera sido suficiente para detenerlas."
– "¿Entonces para qué agregar una norma que suponía que fallaríamos?"
– "Motivación, una razón para esforzarse más de la cuenta. Era eso o usar balas reales. Y estas últimas resultaron ser demasiado caras."
Sí, definitivamente todas esas fueron maquinaciones de Smith. Al menos la tuvimos relativamente fácil. Digo, si usó artillería contra sus propias compañeras de toda la vida, lo nuestro fue un paseo en el parque. Pero hubiera preferido un método menos agresivo para inspirarnos; No lo sé, un emotivo discurso, promesas de poder y riqueza, un viaje con todos los gastos pagados a Brasil, permitirnos golpearla en la cara, un strip-tease grupal de MON… Cualquier cosa que no sea presión psicológica y aflicción física.
– "Un momento, Chief. ¿En nuestra última prueba, nos enfrentamos a la verdadera Manako o fue otra de las ilusiones de Doppel?" – La arpía interrogó.
La aludida simplemente comenzó a cambiar de forma, transformándose en la tímida francotiradora, luego en Tionishia, Zoe, la propia agente de gobierno y… Un momento, ¿Ese es el mismo sujeto con lentes que nos traicionó en la Torre Roja? ¿Acaso ese desgraciado todo este tiempo fue…?
– "Quizás sí, quizás no. Yo soy todos y soy nadie." – Alegó la Abismal. Entonces con su cabello prensil, nos tomó del chaleco a mí y a la mediterránea, atrayéndonos hacia ella, con una amplia sonrisa maléfica en su rostro. – "Recuerden, novatas: No hay aliados en territorio enemigo; No vuelvan a confiar ciegamente en el adversario, ¿entendido?"
– "Sí, Señora." – Replicamos ambas.
– "Bien." – Nos dejó libres y miró a la pelinegra de oscuras gafas. – "Tengo hambre, ¿no es hora de comer?"
– "Correcto, Doppel." – Smith miró su reloj de pulsera. – "Si ya acabamos con nuestro talk-show y sus aparatos digestivos no se han convertido en puré, les sugiero que nos acompañen a la cafetería, niñas. De prisa, diamantes."
– "¡Sí, Señora!" – Hicimos otro saludo al mismo tiempo.
– "¿Disculpen? ¿Y a ustedes quien las invitó?"
– "P-pero…" – Balbuceé. – "Usted dijo que…"
– "Diamantes, Jaëgersturm, diamantes." – Aclaró la coordinadora. – "Tú no eres todavía ni carbón aguado y ya te quieres mandar sola."
– "¿Qué se supone que hagamos entonces, Jerarca?" – Preguntó Dyne.
– "Darse un buen baño, hieden peor que un orco en un sauna." – Aseguró la agente. – "Especialmente tú, sargento Nikos; Pon el ejemplo y lleva a tu equipo a las duchas."
– "Pero…"
– "¡Ahora!"
Bueno, de vuelta al tajo. Sabía que la adicta a la cafeína sería una jefa estricta, pero pensé que nos trataría mejor luego de ayudarle a hacer realidad su proyecto. Demonios, y a mí que me rugen las tripas. Al menos las palabras de aliento y los aplausos fueron genuinos. Ignorando el gruñido de mi estómago haciendo eco en mi abdomen arácnido, las tres recientes formadas agentes de MOE nos dirigimos hasta la sala de aseo. Por supuesto, al no contar con guía alguno para orientarnos por una base en donde nunca habíamos estado antes, tuvimos que preguntar a uno de los soldados que aún se recuperaban de nuestro feroz ataque. Afortunadamente, el que lo dejáramos medio ciego con nuestras granadas de luz y su cuello ostentara un enorme moretón por nuestros proyectiles no parecieron afectar su amigabilidad hacia nosotras y nos indicó el camino correcto. Noté que sus ojos brillaban ligeramente al ver a mi compañera empusa, pero prefirió guardarse su admiración en secreto. Bien por él, no necesitaba un espolón en la cara luego de sufrir por nuestra culpa.
– "¡Hola, novatas!" – Saludó de repente una voz con acento occidental detrás de nosotros. – "¿Perdidas en el campo de batalla? ¿Por qué tan solitas?"
– "Ah, hola, Sandy." – Dije al notar que era la doctora Redguard. Vestía un formal atuendo negro similar al de la coordinadora debajo de su bata médica. – "Bueno, Smith se largó a comer sin nosotras. Íbamos en dirección a las duchas."
– "Esa Kuroko, siempre tan amigable. Al menos no lo hizo después de una asignación real." – Rió la afroamericana. – "Síganme, chicas, un trío de vulnerables jovencitas no deberían andar por su cuenta en una base militar llena de hombres fuertes y musculosos… Sin invitarme."
– "Ahora somos oficialmente agentes, doctora." – Mencionó la rapaz con tono bromista, caminando tras ella. – "Solicito nos trate con mayor respeto."
– "¿Quién es la miembro de mayor rango, novatas?" – Preguntó la zombi. – "¿No eres tú, Nikos?"
– "Correcto." – Respondió la susodicha. – "Soy una OR-5; Una sargento."
– "Bueno, pues me alegra informarles que gracias a ustedes me ascendieron. Dos espigas abajo y flor de cerezo arriba." – Declaró sonriendo la muerta viviente y nos enseñó la insignia en el cuello de su oscuro saco. – "OR-6, sargento primero."
– "Un momento, Saadia…" – Injirió la castaña. – "¿Eso quiere decir que eres nuestra superior?"
– "Así es, señorita a-gen-te." – Contestó la egresada del MIT con mueca jactanciosa. – "Médico de combate, según el decreto oficial. No las acompañaré en la misiones, sólo es pura formalidad. Esas cosas me matan de aburrimiento."
– "Siempre me he preguntado." – Interrogué. – "¿Por qué usamos rangos militares si se supone que somos parte de la policía?"
– "De hecho, MON inició como una coalición entre el departamento de justicia y el ejército. Seríamos la división extraespecie del Grupo de Fuerzas Especiales de la JGSDF." – Explicó la nativa de Chicago. – "Dado que el gobierno aún no estaba seguro de que los liminales pertenecieran a las fuerzas armadas, se acordó que servirían como parte de la seguridad pública y estarían sujetas a las leyes civiles. Por supuesto, logramos obtener uno que otro beneficio extra que la gendarmería común no posee, como el uso de armas de alto calibre, pero continuamos siendo responsabilidad de la Agencia Nacional de Policía. Aún nos quedaron algunos vestigios de tal proyecto, entre ellos los rangos marciales."
– "Amazing." – Silbó la falconiforme y volteó a verme. – "Lástima, nos perdimos el conducir tanques, flaca."
– "Ah, scheisse, la vida es injusta." – Torcí la boca. – "Al menos me dejan usar a Mugi como herramienta de servicio."
– "Tranquilas, 'Exterminadoras'; Les aseguro que este trabajo les dará más batallas que la Tercera Guerra Mundial." – Rió Saadia. – "Por cierto, ¿quieren que las acompañe en las regaderas? Para protegerlas de mirones ocultos y demás."
– "Ugh, claro que no." – Repliqué. – "Si sabes tanto de los inicios de MON entonces eres más vieja de lo que aparentas. No deseo ver tu decrépito cuerpo al desnudo, abuelita."
– "Como tu superior, debería someterte a acción disciplinaria por tu insolencia, novata. Pero la magnánima de Redguard te perdonará si le permites tallarte la espalda."
– "Prefiero un juicio en Núremberg."
– "O ser encerrada en un Gulag." – Acotó la halcón.
– "O en un campo de concentración." – Se unió la griega.
– "Yo también las quiero, sinvergüenzas." – Masculló sardónicamente la doctora. – "Pero ya me las pagarán cuando les haga inyecciones sorpresa."
Ignorando las amenazas de Sandy, salimos del industrial edificio para encontrarnos con Kuroko y las demás esperando por nosotras. Luego de un par de segundos de comprender que la capitana sólo nos había jugado una broma, esta nos invitó a abordar el helicóptero de regreso a la base principal para saciarnos el apetito. Smith sí que es una excelente actriz, desde fingir que no le importamos (Y aún no sé si eso es actuado) hasta estructurar elaborados intentos de homicidio de alto rango falsos, ella nos tomó el pelo por completo. Durante el vuelo, admiré de nuevo al imponente Monte Fuji, con su formidable tono blanquiazul elevándose a más de 3,700 metros sobre el nivel del mar y las nubes. Sonreí, finalmente conquistamos la congelada cima de esa montaña tan arriscada y nos volvimos tan grandes como esta. Nuevamente, los tonos níveos y añiles del volcán me recordaron a mi amada dullahan, quien debe estar más que entusiasmada por mi retorno. Yo también ansío verla, sentirla, besarla, amarla. Pronto, Spatzi, muy pronto.
– "Volveré…"
– "¿Con quién carajos hablas, Jaëgersturm?"
– "¡Demonios, Dyne, no me arruines la inspiración!"
El UH-60JA Blackhawk aterrizó en la pista de los cuarteles, donde finalmente y ya sin la histeria que me mantuvo en trance al llegar, pude admirar el complejo donde nos encontrábamos. ¡Glorioso! No puedo encontrar otra palabra para describirlo, es decir, ¡Es la zona de entrenamiento principal de la JGSDF! ¡Hay desde tanques hasta helicópteros, todos funcionales! ¡Puedo oír los cañones de los blindados y los obuses desde aquí! Si bien no podría quedarme a turistear por la base y tomarme una foto encima de un tanque Type-74, al menos pude deleitarme con la vistas que la sede del ejército nipón ofrecía, como las piezas de artillería FH-70 dándole la bienvenida a los visitantes con banderines japoneses en la punta del cañón con el Monte Fuji en el fondo, o las tropas desfilando a lado de una fila de lanzacohetes M270 en camino a sus hangares. Oh, Arachne mía, gracias por traerme a este paraíso. Tengo que regresar uno de estos días, traerme una cámara con memoria suficiente para un billón de fotos, sustento alimenticio para una semana y también a Lala, para que tome mi alma por si termino muerta de tanta emoción. Dejando a un lado mi (admito que algo insana) obsesión por los artilugios bélicos, los escuadrones MON y MOE (O Neutralizadoras y Exterminadoras, como Smith les apoda respectivamente) nos encontramos degustando los platillos en la cafetería. La comida no era tan buena como en nuestros cuarteles, pero tampoco es que me quejara por calmar a mis ácidos gástricos.
– "Te lo repito, Manako, tienes un buen gancho." – Mencioné a la cíclope mientras deglutíamos. – "Y sé que fuiste tú porque los golpes, aunque fuertes, van de acuerdo a tu peso y estatura."
– "Uhm… Gracias, Aria-san." – Respondió la francotiradora. – "Lamento si me propasé un poco con ustedes, no quería lastimarlas demasiado."
– "Nah, está bien, Manacchi." – Contestó Cetania, comiendo algo de carne de pollo. – "Estas quitinosas necesitaban unos buenos puñetazos en la cara; No era justo que yo fuera la única con una herida dolorosa. Por cierto, excelente puntería de tu parte, Tionishia."
– "Afortunadamente sólo fue un pequeño roce." – Dijo la ogresa, tomando su bebida. – "Perdón por eso, Cetania, únicamente seguía órdenes."
– "¡Oh, vamos, chicas! ¿Qué acaso fui yo la única que se divirtió disparando a los tomates?" – Se quejó Zombina, un pedazo de carne colgaba de su colmillo. – "Me hacen sentir como la mala del cuento. Doppel, tú estás conmigo, ¿verdad?"
– "Que mala eres, Bina." – La cambiaformas fingió ofenderse, mordiéndose el meñique. – "Mientras tú agredías cruelmente a las indefensas reclutas, yo tuve que soportar el ser atacada por ellas sin medio alguno para defenderme. Ay de mí."
– "¡Bah, como quieran! Yo sí admito que me entretuve." – La pelirroja se limpió la boca y la torció. – "El tiroteo en la sala de juegos fue genial, ¿no es así, Jaëgersturm? Con todo haciéndose añicos, las bolas de billar en el aire, ¡las botellas explotando!"
– "¡Por supuesto!" – Afirmé. – "¡Armsel Strikers dobles! ¡Veinticuatro cartuchos! ¡Casi no la contamos!"
– "¡Exacto! ¡Y como resonaban esas bebés!" – Exclamó la heterocromática. – "¿Recuerdas como te hiciste bolita apenas me viste encañonarlas?"
– "¡Cómo no! ¡Te creías toda una sheriff del viejo oeste! ¡Por poco y el abdomen pasaría de ocre a café del susto!"
– "¡Y luego tomaste valor para encararme y derrotarme! Claro, la mantis te ayudó volándome la mano y eso, ¡pero verte correr por el techo fue genial!"
– "Ay, demonios, ya dense un beso, ¿quieren?" – Injirió la doctora Redguard. – "Joder, la hoplofilia es signo de psicopatías y tendencias violentas, ¿saben?"
– "Besa mi frío trasero, Sandía." – La teniente mostró la lengua. – "Y sé que eso te gustaría, degenerada."
– "Yo no soy la que invita a arañas sáficas a su cuarto por la noche."
– "¿Qué, estás celosa, tetas putrefactas?"
– "¿De ti? Ni en tus sueños, nalgas secas."
– "Al menos las mías son originales, tú se las robaste a algún indigente."
– "Ven aquí y comprueba si estas gloriosas posaderas de chocolate no son auténticas."
– "No gracias, estoy comiendo."
Haciendo caso omiso a la reyerta de las occisas beligerantes, la helénica se dirigió a nuestra capitana.
– "¿Qué haremos después de esto, Jerarca?" – Preguntó la empusa, ella comía algo de sopa de fideos. – "Mencionó una conferencia con las autoridades."
– "Correcto, Nikos, tendremos una reunión en la tarde y las presentaremos ante los mandamases del departamento de justicia y el gobierno." – Confirmó la coordinadora, consumiendo calmadamente su plato de ramen. – "El superintendente del departamento regional de policía de la región Kanto, nuestro jefe, Takeichi Kuribayashi, también estará ahí. Les sugiero vestirse con su atuendo formal y arreglarse lo mejor posible; El hombre será amable, pero estricto, y quiero que le den una excelente impresión."
– "Entendido, Jerarca." – Asintió la mediterránea. – "¿La prensa también hará acto de presencia?"
– "Sí, pero nada de cámaras de televisión ni reporteros del medio, son demasiado problemáticos. A lo mucho serán noticia de los diarios y la Internet."
– "Hauptmann, ¿puedo pedirle un enorme favor?" – Cuestioné yo, finalizando mis alimentos. – "¿Sería posible autorizarme el uso de mi uniforme de las SturmSchütze en lugar de la vestimenta acordada?"
– "¿Ese traje que te hace lucir aún más como una Nazi?" – Interrogó la agente, pausando su deglutir.
– "Uhm, sí. Es una ocasión muy especial y la tradición nacional dicta vestir con nuestros mejores atavíos." –Expliqué. – "Y no hay nada de mayor clase para una Sparassediana que arroparse con el mismo atuendo de la guardia de élite de nuestra canciller. Prometo que será sólo por esta vez, por favor."
– "Entiendo. Normalmente me rehusaría, pero en vista de su impecable éxito, supongo puedo concederte tal capricho." – Resumió su tarea. – "Tienes suerte que el estigma del Tercer Reich no sea tan prominente en Japón como en occidente. Sólo asegúrate de no empezar a gritar 'Heil Hitler' o algo así en frente de todos, ¿vale? El asistente del comisionado viene de una familia judía y no quiero un altercado por ello."
– "Descuide, Hauptmann, soy alemana, no nacionalsocialista." – Hice una reverencia. – "Le agradezco infinitamente por su amabilidad. Danke schön."
– "Bitte sehr."
– "Chief, ¿ya estamos en servicio activo?" – Interrogó la rapaz, terminando su porción y limpiando su boca con la servilleta. – "¿Y cuáles son nuestros deberes y restricciones? Es decir, ¿podemos cargar con nuestras armas, atrapar criminales en la calle aún sin el uniforme o cosas así?"
– "Bueno, Cetania, en primera, MOE ya es un hecho, pero aún no están en funcionamiento completo, al menos no hasta después de nuestra conferencia para volverlas oficiales del todo. Por eso es tan importante." – Aclaró Smith. – "Y en segunda, el Departamento de Seguridad de la ANP nos permite la posesión de un arma para defensa personal en todo momento, siempre y cuando carguen con su placa y permiso correspondientes. También están en capacidad de detener sospechosos en el acto, pero sólo como apoyo a las autoridades de policía correspondientes. Esto no es una película de Clint Eastwood, no quiero que anden por ahí creyéndose Harry el Sucio o las heroínas de la semana. Traten de hacer lo correcto pero sin quitarle el trabajo a los humildes oficiales, ¿de acuerdo?"
– "Yes, ma'am." – Consintió la castaña. – "Y… ¿Cuánto nos van a pagar?"
Kuroko volvió a detenerse. Rayos, pajarraca, ¿tenía que salirte lo avara en este momento?
– "Haciendo las preguntas importantes." – Se rió Doppel. – "Me gusta su honestidad."
– "Eso aún queda por decidirse, Cetania." – Acotó la coordinadora, retomando sus palillos. – "No te preocupes, tendrás tu salario a final de mes. Las fiestas decembrinas están cada vez más cerca, así que en poco tiempo también recibirán un bono. Todas lo tendremos, gracias a Nyarlathotep. Y enhorabuena, necesitaba una cafetera nueva."
– "Jerarca, ¿puedo saber la razón para no ocultar nuestras identidades, siendo nosotras blancos potenciales para represalias de los criminales?" – Indagó la nativa de Mitilene. – "No es que tenga miedo, pero me parece que mantenernos en el anonimato sería una idea más viable en estos tiempos tan violentos."
– "Porque más que una unidad de respuesta, sargento, somos un símbolo, una idea." – Respondió la aludida. – "Estamos aquí para demostrar que las extraespecies estamos plenamente en favor del orden y paz públicas, y que tenemos las agallas para enfrentarnos a quienes deseen perturbar tan preciada tranquilidad. Al mostrar nuestras caras, les hacemos saber a los malhechores que poseemos más valor que ellos al exponernos en público y que carecemos de temor ante sus amenazas. Mientras tanto, la población nota que nosotras somos mujeres como cualquiera, tratando de hacer nuestra parte por mejorar al mundo. Les ofrecemos rostros con los cuales identificarse y que los hagan sentir que son resguardados por individuos amigables y con una identidad real, no desconocidos tras una máscara. Y lo mejor, comprobamos que sin importar nuestro origen, todos somos personas dispuestas a ayudar, despejando los infaustos prejuicios que alguna vez los liminales tuvieron que padecer y aún siguen sufriendo. MON, MOE, incluso el Programa de Intercambio; Todo esto no es sólo firmar papeles, atender altercados o acabar con delincuentes, sino crear auténticos lazos de unión entre las especies para asegurar un mejor mañana, uno donde no necesitemos de violencia en primer lugar para solucionar los problemas. Y espero estar viva para ver ese sueño hecho realidad."
– "Honorem et Gloriam." – Declaramos al unísono en voz baja ante tan espléndido monólogo.
Entendía perfectamente a la capitana, y estaba más que de acuerdo con tal pensamiento. Quizás sonara a idealismo utópico, pero eso precisamente lo que yo admiraba. Y, si nuestro más reciente triunfo es prueba suficiente, sus deseos son posibles. Sin decir nada más, concluimos la merienda y con eso, nos retiraríamos de vuelta a Tokio. Nos despedimos de nueva cuenta del amistoso Katsu Nagumo y otros enlistados antes de abordar el Blackhawk. Me permití inflarme un poco con la vanagloria de ser llamada, según palabras del veterano gerifalte, una mujer con más pantalones que muchos de los generales actuales. Hoy he recibido muchos cumplidos, pero uno más no hace daño.
Subiéndonos al pájaro metálico, mi querida pajarita se sentó a mi lado, tomándome del brazo y sonriendo al tiempo que admirábamos el horizonte esclarecerse. Lejos se hallaban los nubarrones de la tormenta y los dominios de Urano resplandecían con su azulado tapiz celestial, con unas cuantas blancas nubes peregrinando la atmósfera a lenta velocidad. Después de una agitada mañana entre lodo, balas, humo y golpes, finalmente podíamos disfrutar de lo que todo combatiente ansía una vez acabada la campaña, lo mismo que el añil cielo despejado sobre nosotras representaba.
Paz.
– "¿Blondie?"
– "¿Qué pasa, Süsse?"
– "¿Alguna vez imaginaste que estaríamos aquí?"
– "Sinceramente, mi interior era como el campo de batalla donde dos fieros lobos se disputaban la posesión de mi espíritu. Uno creía en nuestro éxito y el otro no era tan optimista." – Relaté. – "Pero gracias a ti, a Lala y a todos aquellos que me apoyaron, alimenté al que tuvo fe en la victoria y pudo vencer a su contraparte."
– "Linda alegoría. ¿Y ese lobo también piensa que podemos llegar aún más lejos?"
– "El cielo es el límite."
– "Pero estamos en un helicóptero, y yo puedo volar."
– "Bueno, la exósfera se eleva hasta los 10,000 kilómetros de altura, así que a menos que este transporte y tú sean capaces de soportar la presión del espacio exterior, creo que mi metáfora tiene mucha validez."
– "Je, eres tan nerd, flaca. Por eso me encantas." – Rió la americana reposando en mi hombro. – "Gracias por estar a mi lado, Aria."
– "Igualmente, Cetania. No lo hubiera logrado sin tu presencia."
– "¿Siempre estaremos juntas?"
– "Por toda la eternidad."
Acaricié la cabeza de mi falconiforme chica, quien mantenía sus ojos cerrados, con una mueca de satisfacción. Pasado un tiempo, noté que ella cabeceaba, sacudiendo su sesera para no dormirse. La comprendía, yo también estaba ávida de reencontrarme con la cama y ofrecerle una visita extendida al reino de Morfeo; Entre el ajetreo de los ensayos por una semana entera, el cuerpo comenzaba a resentirlo y en verdad que merecíamos el descanso. Si pudiera, lo primero que yo haría después de ducharme sería regresar a la casa y acostarme en mi suave cama junto a mi lozana dullahan, donde podría soñar tranquilamente hasta el siguiente amanecer mientras mis manos rodean ese aterciopelado cuerpo irlandés y mis pulmones se arroban con su dulce esencia femenina. Pero si bien aún no puedo disfrutar de mi pachoncita segadora, cuento con la cálida arpía para alegrarme el corazón. Dándole un beso en su cabeza, le permití sosegar la fatiga con una siesta ligera.
El brazo se me entumió y me dio calambre, pero valió la pena por ver su carita durmiente.
Ya en los cielos de la urbe tokiota, divisamos las conocidas oficinas de la agencia y el piloto nos avisó que iniciaría el descenso. Sosteniendo a la halconcita, me afiancé a las agarraderas del vehículo para no tambalearme y lentamente el Blackhawk bajó hasta la plataforma, la cual brillaba con rojas luces de aterrizaje. Posándose casi perfectamente sobre la enorme H amarilla, el helicóptero paulatinamente cesó la rotación de sus aspas y el motor se detuvo. Feliz de estar en tierra, desperté a la rapaz, que de alguna manera logró conciliar reposo a pesar de las constantes oscilaciones. Estirando mi cuerpo, sentí un dedo índice pinchar mi costado izquierdo.
– "¿Aria?" – Dijo Zombina con un arma en sus manos. – "Creo que esta dama de hierro te pertenece."
– "¡Mugi!" – Exclamé abrazando jubilosamente a mi amada Maschinengewehr 3. – "¡Danke schön, Leutnant!"
– "Je, es un placer, amiga." – La pelirroja sonrió. – "¿Qué te parece si la probamos en la sala de práctica? Te has ganado el derecho a darle su bautizo a tu bebé."
– "¡Por supuesto!" – Repliqué entusiasmada, entonces miré a la capitana. – "¿Podemos hacerlo, Hauptmann? ¿Bitte?"
– "Adelante, aún tenemos tiempo antes de la reunión y primero debo organizar unos papeles." – Contestó la pelinegra, ajustando sus gafas y removiéndose el polvo que el helicóptero levantó. – "La reunión será en cuatro horas, para ese entonces las pasaremos a recoger a los cuarteles y las quiero totalmente preparadas. Recuerden, vístanse bien y actúen de la mejor manera posible. Bina, tú te quedas con ellas; Vanessa, asegúrate de quitarles el color a berenjena y dejarlas más presentables que actrices de cine. ¿Capisce?"
– "¡Roger, ma'am!" – Ambas zombis saludaron marcialmente.
– "Yo necesito ir al tocador." – Informó la emplumada, bostezando. – "Y un osito de peluche."
– "Me quedaré con el equipo." – Mencionó la mantis. – "Prometo que estaremos listas para la conferencia, Jerarca."
– "Cuento con ello, Nikos. Diamantes, síganme." – Ordenó la coordinadora, el resto de MON obedeció.
Nosotras bajamos las escaleras y bifurcamos los caminos, con Kuroko yendo a su oficina, la rapaz y la empusa en busca del baño mientras Saadia se excusó para conseguir su equipo en la sala médica. Zoe y yo nos encaminamos a la zona de tiro. Al llegar, la heterocromática insertó la llave en la cerradura y desbloqueó las puertas. Encendí la luz y fuimos recibidas por los blancos de práctica y el resto de nuestras compañeras metálicas, yaciendo inertes. Durante todo ese tiempo, yo no paraba de vibrar por la emoción de utilizar mi arma, cosa que la occisa notó, pero no dijo palabra alguna al respecto y sólo sonrió ante mi fervoroso estado. Bina abrió uno de los compartimientos alrededor y se hizo con una inusualmente larga tira de balas para ametralladora para después abrir otro contenedor y revelar una muy grata sorpresa.
– "Como lo prometí, Jaëgersturm." – La pelirroja enseñó su tesoro. – "Me la traje de casa para celebrar tu ascenso. ¿No es linda?"
– "Es hermosa…"
Proveniente de la Unión Soviética y veterana de la Segunda Guerra Mundial, la teniente exhibió una ametralladora ligera Degtiariov, conocida comúnmente como DP. Creada en 1928 por su homónimo creador, esta belleza auxilió al Ejército Rojo durante sus contiendas contra la Wehrmacht y los finlandeses. A pesar de que su diseño era poco práctico para los estériles escenarios donde prestó servicio y era propensa a fallar bajo el lodo o demás suciedad, la DP era una venerable combatiente de temer. Cómo logró la muerta viviente hacerse con una versión original alimentada por el disco de cuarenta y siete cartuchos y no una copia modernizada, no tengo idea, pero no voy a cuestionar sus métodos para seguirme impresionando constantemente.
– "Es un lío conseguir munición para esta cosa, pero verla en acción le perdona todo los inconvenientes." – Expresó ella, colocándose los lentes protectores. – "Decomisada en una redada de traficantes elfos oscuros checos. Las usaban para abastecer a partisanos en naciones pequeñas del archipiélago malayo. Cobraban menos que los vendedores chinos y tenían una tremenda colección de armamento ruso auténtico. De ahí me hice con la Kalashnikov en mi cuarto y una Dragunov que guardo en casa."
– "¿Alguna Mosin-Nagant? ¿PPSh-41? ¿Un rifle PTRD?"
– "Negativo, esta era la única de la época de la Guerra Patriótica. Y está en excelente condición."
– "Como te envidio, Zoe." – Disentí con la cabeza. – "Ya quisiera yo tener tu suerte."
– "Aria, combatir a toda esa escoria no es algo que yo llamaría suerte." – Me miró con seriedad. – "Por cada cargamento que detenemos, hay otros más que llegaron a su destino y ahora son usados para causar terror al inocente."
– "T-tienes razón." – Bajé la vista. – "Lo siento, Zoe, no medí mis palabras."
– "Está bien, araña. Para eso estamos aquí, para asegurarnos que esos miserables dejen de infectar al mundo. Y contigo a nuestro lado, creo que es posible." – Puso su mano en mi hombro. – "Y quién sabe, tal vez un día les demos un golpe certero a algún grupo de idiotas coleccionistas y te lleves una MG-42 genuina de trofeo. O dos."
– "Cierto, sería genial." – Sonreí ligeramente. – "Quizás tres."
– "Hey, ¿quieren que nos esposen? Se supone que debes atrapar a los traficantes, no unírteles."
Ambas reímos. Con el humor restaurado, me coloqué la máscara de seguridad y mi amiga me proveyó con la cinta alimentadora. Si bien el peso era mayor al ser un calibre superior al de la Ameli, fue la extraña punta hecha de metal puro lo que me llamó la atención. Inspeccionando más de cerca, mis seis ojos se abrieron al descubrir el porqué de mis sospechas.
– "Zoe…" – Hablé a la chica con heterocromía. – "¿Acaso esta es munición real?"
– "Estamos celebrando, rubia." – Declaró ella. – "7.62 x 51 milímetros. Balas de núcleo de plomo encamisadas en ojivas de cuproníquel."
– "Full metal jacket..." – Musité. – "La capacidad penetrante del proyectil, combinado con los 1,300 disparos por minutos de Mugi…"
– "Hasta Schwarzenegger saldría corriendo."
– "¿Seguimos siendo las buenas de la historia, verdad?"
– "Creo que sí."
– "Wunderbar." – Contesté, estupefacta.
– "Si eso te parece fantástico…" – Me entregó su arma. – "¿Por qué no intentas con las dos al mismo tiempo?"
– "¿Eh? ¿D-de verdad?"
– "Oí que te gustan los tríos." – Guiñó con sonrisa burlona. – "Anda, mereces disfrutar del nirvana."
– "Teniente, ¿acaso intenta seducirme?" – Incliné mi cabeza. – "Porque está funcionando, y mucho."
– "Gracias por la oferta, cazadora, pero esa pelea entre tus novias me dejó en claro que no debo meterme con la propiedad de una dullahan. Incluso muerta puedo sufrir." – Rió. – "Vamos, que a mis dedos les dará rigor mortis si no jalo algún gatillo."
– "Uhm, ¿y cuál usarás tú?"
– "Que bueno que lo preguntas, porque tenía ganas de probar a esta pequeñita."
Mi superior abrió un tercer contenedor y de su interior reveló a la contraparte estadunidense de las armas en mis manos; Una Browning M1919A6 calibre .30, la clásica ametralladora de las tropas americanas. Esta variante en particular contaba con culata de rifle para mejor manejo por parte de la infantería, bípode integrado y una bocacha apagallamas al final del ligero cañón. Hasta ser reemplazada por la M60 que tan famosa volviera Sylvester Stallone en sus películas, la Browning prestó fiel servicio a todas las divisiones de las fuerzas armadas del coloso del norte como la herramienta de soporte principal, pero aún se mantiene activa gracias a su gran fiabilidad. Veterana honorable, sin duda.
– "Regalo de los Marines en la base naval de Okayado." – Explicó la pelirroja. – "Uno de los pocos casos donde el grupo delictivo estaba compuesto exclusivamente de féminas. Mujeres orco que estaban echando lumbre de peor manera que una lamia en sus días. Aparentemente detuvimos a sus angelicales y secuestradores retoños en un operativo anterior y ellas tomaron varios reclutas presos en represalia. Para no hacer el cuento largo: Entramos nosotras por diez minutos y las niñas verdes terminaron esposadas. Al menos se reunieron con sus hijos brevemente antes de ser enviadas al reformatorio especial. Me gané a esta lindura y uno que otro admirador."
– "¿Hay algo que no puedas hacer, Zoe?"
– "Seguir sin disparar."
– "Concuerdo con usted, teniente." – Reí. – "Hagamos que arda Troya."
Abriendo la cubierta de Mugi y dejando libre la recámara, inserté con cuidado la cinta dentro del alimentador y una vez fija, cerré la tapa, alcé la mira y jalé de la palanca de carga. Le di unas palmaditas a su oscuro cuerpo de aleación de metal y polímeros. La muerta viviente también colocó sus municiones en su Browning, usando un proceso similar con su pesado artilugio. Excepto la parte de mimarla, la única loca que hace eso soy yo. La DP ya había sido previamente cargada y su disco pesaba lo suficiente para indicar que estaba lleno. Con armas listas, nos colocamos los auriculares especiales y nos acercamos a la zona designada. Encañonando ambas ametralladoras, miré a mi superior, quien asintió silenciosamente; Le regresé el gesto y, exhalando profundamente, coloqué mis dedos en los gatillos y los activé para sentir por primera vez el rugido de mi herramienta germana.
Paradisiaco.
He disparado gran cantidad de aparatos en el pasado, desde rifles hasta subfusiles, pasando por escopetas y otras ametralladoras, pero la sensación que una auténtica Rheinmetall MG3 otorgaba al ser despertada era colosalmente sublime. Mi brazo, aún con mi fuerza natural de arachne, fue impulsado hacia atrás tan pronto el primer proyectil fue expulsado desde ese largo cañón de quinientos sesenta y cinco milímetros, seguido del clásico fogonazo que la bocacha se encargó de ocultar. Los gases de la descarga eran despedidos por los agujeros de escape y mantenían la puntería estable a pesar de la excesiva cadencia de tiro. La cinta, a pesar de contar con medio millar de efectivos, desaparecía raudamente entre las fauces de la hambrienta arma, que ya había devorado al menos la mitad vehementemente. El estentóreo resonar del acero, el temblequeo de los cartuchos siendo expulsados, los blancos siendo abatidos con celeridad. Tanto poder me hizo sentir como mis antepasados combatiendo a los Aliados en las costas de Normandía, intentando repeler la invasión anfibia más impresionante de la historia, descargando sus atronadoras máquinas de muerte sobre los soldados con la desgracia de caer bajo la tormenta de plomo.
Simplemente glorioso.
Mi sonrisa fue instantánea y amplia como la del famoso gato de Cheshire. Mi cumpleaños se celebra precisamente el seis de junio, y como ávida fanática de la Segunda Guerra y Sparassediana germana, la Operación Overlord siempre ha sido especial para mí. Por un momento, me convertí en una artillera de la 352ª División de Infantería repeliendo a las tropas estadounidenses en la playa de Omaha con el fuego del acero alemán; En una Panzerjäger de la 716ª división acribillando sin piedad y esparciendo las tripas de británicos y canadienses en la playa Juno o en una granadera del 1058º Regimiento luchando fieramente contra los paracaidistas americanos en Poupeville. Soy una defensora de la ley y he jurado proteger al inocente, pero por una pequeña cápsula de tiempo en los infinitos eones de la historia, dejé que el fragor de la batalla y la sed de sangre tomaran posesión de mi cuerpo, regresándome a mis raíces como cazadora. Y amé cada centésima de segundo.
Del otro lado, la Degtiariov también cantaba su sinfonía de muerte bajo las llamaradas de sus cuarenta y siete cartuchos, expulsándolos con celeridad por el eyector inferior de su esbelta figura rusa. Zoe igualmente se dejó llevar por el inmenso placer de disparar tan soberbias creaciones bélicas y su Browning escupía balas de calibre .30 con extremo arrebato. Fueron apenas unos muy efímeros segundos en los que nuestras reservas de munición pasaron de abundantes cantidades a exiguos restos, tapizando el suelo con una populosa suma de casquillos vacíos y humeantes, saturando el ambiente con el fuerte olor a pólvora y la cacofonía del traqueteo. Fugaces momentos donde los blancos frente a nosotras fueron desintegrados por la vorágine de cuproníquel que dos dementes armadas con tres monstruosas ametralladoras desataron sobre sus indefensos cuerpos de madera y plástico. Diminutos instantes que hicieron acercase aún más a una araña novata y una zombi veterana, disfrutando al unísono de su intenso tiroteo y reforzando los lazos de amistad que ya compartían. Irónico, solidificábamos nuestra alianza con una herramienta diseñada para destruir.
La pelirroja fue la última en terminar, puesto que su arma no era tan veloz como la soviética y ni que decir de la glotona Mugi. Al caer el casquillo final y emitir ese agudo eco por la sala, los cañones de nuestros artilugios despedían un claro humo blanco que se perdía entre el resto que permeaba el aire. Suspirando sincronizadas, cruzamos las miradas y sonreímos, mostrando nuestros afilados dientes. Zombina me dijo en esa ocasión que limpiábamos las herramientas, que yo le recordaba a ella cuando inició, una entusiasta de las balas con demasiados sueños idealistas en la cabeza. Le agradecí por el halago, eso era precisamente lo que yo deseaba ser; Talentosa y respetada como la gran teniente y líder de MON en combate, una verdadera e incansable protectora de la justicia, siempre lista y dispuesta a darlo todo por quienes amamos. Un cadáver reanimado era la personificación viva de tal pensamiento, vaya contradicción.
– "Teniente, ¿es bueno disfrutar tanto de esto?" – Le pregunté, tornándome seria. – "Hablo del gusto por las armas mientras declaramos salvaguardar la paz, ¿no es una discordancia?"
– "Piensa que es igual que tus manos, Aria. Puedes usarlas para rescatar a alguien de caer por un risco, o puedes emplearlas en quebrarle el cuello." – Ejemplificó la heterocromática. – "La forma en que uses tu talento, para unir o destruir, es lo que nos convierte en héroes o criminales. Y yo prefiero enterrar un proyectil en la mano de un delincuente y evitar que continúe dañando a las personas a quedarme de brazos cruzados viendo morir al mundo. Si un poco de violencia previene más sufrimiento, entonces vale la pena usarla."
– "¿El fin justifica los medios?"
– "Siempre y cuando no termines destruyendo tu alma en el proceso."
Tragué saliva antes de hacer la siguiente pregunta. Era muy delicada y a pesar de que somos parte del mismo equipo, todavía soy una novata. Si recibía una negativa a ser respondida o cualquier otra forma de evitar el tema, lo entendería perfectamente. Pero, necesitaba hacerla, ahora que soy un miembro de la organización.
– "Zoe, ¿Alguna vez… le han quitado la vida a alguien?"
La expresión de la mujer cambió de inmediato a taciturnidad, tal cuestión pondría a cualquiera con carácter cetrino. Bajando la melancólica mirada, la teniente meditó por unos momentos antes de contestar tan pesada interrogante.
– "Sólo en una ocasión." – Replicó. – "Y fue más que suficiente."
– "Entiendo." – Incliné la cabeza. Sabía que se refería a lo que Smith relató. – "Por favor, disculpe si la incomodé, Leutnant. Únicamente fue mi inquisitiva curiosidad."
– "Descuida, son gajes del oficio, Jaëgersturm." – Respondió, ofreciendo una tenue sonrisa. – "Mejor dime, ¿Qué se siente usar munición verdadera? Genial, ¿cierto?"
– "Correcto, Zoe. Es simplemente otro mundo." – Sonreí también, intentando despejar la incomodidad del ambiente. – "Además, los proyectiles reales son como tener sexo, mientras los de goma son igual a juguetes para autosatisfacerse; Y honestamente, mi primera vez con Mugi debía ser genuina."
Las puertas se abrieron súbitamente.
– "Joder, flaca, me voy por un momento y te encuentro comparando el disparar una ametralladora con hacer el amor." – Dijo Cetania, apareciendo sorpresivamente. – "Bina, ¿segura que esta fetichista militar no te ha propuesto una orgía con todo el armamento?"
– "No, estaba reservando eso para después de su primera misión." – Bromeó la pelirroja. – "¿Dónde está la grillita?"
– "La doc le está dando medicina para el estómago. Esa comida de la base le sentó mal. Le dije que el verde de esos fideos no era condimento." – La arpía bostezó. – "Creo que a mí me hace falta un café o acabaré roncando en la conferencia. ¿Ya nos vamos? Tengo sueñito."
– "¿Por qué no compartes un momento de calidad con tu amada teutona y te le unes en una sesión de entrenamiento?"
– "Bina, estuve una semana entre armas, balas y mucho dolor, ya no quiero saber de entrenamiento por el resto de mi vida." – La rapaz talló su sien. – "Sólo pido pegar las pestañas por un par de horas."
– "Está bien, pajarita, te comprendo." – Me acerqué a ella. – "Y sinceramente, yo igual requiero de un buen descanso. Leutnant, ¿podemos retirarnos?"
– "Sí, creo que ya acabamos aquí. Las veo en el estacionamiento, las llevaré a los cuarteles en un momento." – Estiró su cuerpo. – "Aria, deja tu MG3 conmigo, la necesito para empacarla y trasladarla a las barracas de Asaka."
– "¿Ya están listas las nuevas instalaciones, Zoe?" – Le entregué mi arma.
– "Aún no, quizás mañana o en un par de días." – La colocó en un contenedor. – "En todo caso, será mejor que guarden las pertenencias que trajeron y las dejen listas para la mudanza. Claro, si es que desean moverlas; Sus habitaciones actuales aún les pertenecen después de todo."
– "Jamás pensé que llegaría a tener tres techos disponibles." – Mencionó la castaña. – "Un día nos darán nuestra propia nación independiente."
– "Oye, emplumada, no olvides que aún nos queda nuestra base secreta y los tiburones con rayos láser." – Bromeé.
– "De hecho, sus cuartos son su única vivienda propia a partir de ahora." – Habló la heterocromática, almacenando el resto de los artilugios. – "Pueden optar por residir ahí permanentemente, sería más económico para sus familias anfitrionas."
– "¿Eh? ¿A qué te refieres, Zoe?"
– "A que ahora son independientes, Aria." – Expresó una conocida voz detrás de nosotras.
Smith entró con una taza de café en una mano y una carpeta color azul en la otra.
– "Son parte de una dependencia importante del gobierno y por ende, han obtenido el privilegio de ser ciudadanas de la soberana nación del Japón. Como tales, obtienen todos los derechos que gozan los habitantes autóctonos del país, más la pequeña inmunidad al ser todavía liminales." – Explicó ella, tomando un sorbo de su bebida. – "Eso significa que ya no son consideradas estudiantes de intercambio y que sus hospedadores ya no están obligados a mantenerlas. Reparaciones, reembolsos, apoyos; Todos eso ya no aplica a ustedes, cualquier clase de reposición saldrá directamente de sus bolsillos."
– "Un momento, Hauptmann." – Injerí. – "¿Eso significa que deberé abandonar la residencia Kurusu?"
– "¡¿The fuckin' hell?! ¡Yo no pienso dejar a Yuuko!" – Exclamó la falconiforme. – "¡Ella me ha cuidado más que mi madre adoptiva!"
– "¡Tampoco planeo irme de mi hogar!" – Reiteré. – "¡Prefiero que me fusilen antes de renunciar a mis seres queridos! ¡O a mí amada Lala! ¡Esto es tiranía más allá de Stalin!"
– "Calmen sus bulliciosos ovarios, que yo jamás dije tal cosa, novatas." – Aclaró la coordinadora, alzando su ceja. – "Aún son inquilinas de sus respectivas familias y pueden seguir residiendo con ellas, sólo que ahora ustedes deberán hacerse responsables por sus propios gastos. ¿Entendieron, gritonas?"
– "Oh… Bueno, eso tiene más sentido." – Sosegué mis ímpetus. – "Debería aclararlo mejor la próxima vez, jefa."
– "Quizás deberían dejarme terminar de hablar antes de explotar como ardillas hiperactivas." – Retrucó la pelinegra. – "Si ya terminaron con sus ridículas zaragatas, le sugiero largarse de aquí y empezar a prepararse para la jodida presentación, ¿entendieron, reclutas?"
– "¡Si, Señora!" – Contestamos al unísono.
– "Por cierto…" – Tomé la palabra. – "¿Dónde está la instructora?"
La puerta se abrió violentamente de una patada.
– "¡Jijas de su chingada madre, ya se las cargó el payaso! ¡¿Cómo se atreven a olvidarse de mí!? ¡Primero me dejan caer como cochino en matadero desde el aire y me abandonan en el hospital de la base! ¡Después esos hijos de puta me niegan transportarme en helicóptero y luego ni un puto taxi consigo por falta de fondos! – Zahirió la siempre amable y pacífica Titania, vistiendo su atuendo civil. – "¡Tuve que hacerme chiquita y colarme en la carriola de un mocoso cuya familia venía en dirección a Tokio! ¡¿Saben lo que es compartir un maldito asiento en un jodido carrito compacto bajo este calor junto a un bebé chillón?! ¡¿Y todavía que ese escuincle del demonio crea que eres un maldito peluche y te babee toda la jeta?! ¡Y ni siquiera quiero empezar a hablar sobre ese nauseabundo olor!"
Bueno, eso responde a mi pregunta. Quizás demasiados detalles para mi gusto, pero al menos se encuentra a salvo. Huele a mil diablos y luce peor, pero ya se halla fuera de peligro.
– "¡Me las van a pagar! ¡Agárrense las nalgas, que nos regresamos para un entrenamiento más intenso! ¡Y voy a usar balas reales esta vez!"
Pero nosotras no. No sé de donde, y para este punto ya ni me molesto en cuestionarlo, pero la iracunda gnómida se hizo con una ametralladora FN Mark 48 y una cinta alimentadora más larga que ella misma, las cuales pretendió utilizar como cordial invitación a tomar el transporte más cercano y obedecer a sus mandatos. Por suerte, cuando estábamos a punto de huir hacia la estación de policía más cercana para denunciar a esa demente (y luego recordar que nosotras ya trabajábamos ahí), Kuroko usó sus poderes anti-enanas y logró apaciguar los briosos refunfuños de Jättelund informándole que su excelente desempeño como instructora le ganó un ascenso y con ello, un aumento de suelo. Con haber escalado la pirámide jerárquica y la promesa de pingües beneficios monetarios, cualquier persona normal abandonaría toda clase de arrebato vengativo.
– "¡Me vale madres! ¡Ya les dije que se las cargó el chorizo! ¡Tengo al chamuco metido y no me lo sacarán ni a putazos!"
Por supuesto, Titania no es normal… O una persona. Ignoro el noventa por ciento de sus abstrusas palabras, siendo la mayoría coloquialismos que únicamente ella es capaz de descifrar, pero no pretendía quedarme ahí para averiguar el significado de sus improperios hispanos. ¿Son todos los mexicanos así de horrísonos o sólo nos tocó la más escandalosa? Y con lo buenos que están sus tacos campechanos y los acorazados. Afortunadamente, la capitana nuevamente recurrió al labioso poder de la palabra y susurró algo en el oído de la latina que le detuvo al instante y le devolvió la (maléfica) sonrisa a su rostro. Asintiendo al tiempo que tallaba sus manos y reía como villana de caricatura, la gnómida desistió en su intento por desquitar su furia y acordó mantener la calma. Dyne hizo acto de presencia y con eso nos encaminamos al estacionamiento, donde la zombi con heterocromía nos trasladó junto a Saadia de copiloto hasta los apartamentos de MON.
Bajando de la furgoneta, saludamos la abuelita Yamato al entrar, ofreciéndole un fuerte abrazo a ella y sus nietas. Nos felicitaron a las tres por nuestro triunfo y nos ofrecieron un apetitoso regalo en forma de abundantes cantidades de sándwiches helados sabor a chocolate y vainilla. Cetania y yo reímos al recordar lo que esos mantecados significaron esa agitada noche de luna llena y aceptamos el ofrecimiento, excepto por la griega, quien no deseaba saber nada de comida por ese momento y se fue directamente a sus aposentos. Degustando un par de golosinas congeladas, solicitando que nos guardaran el resto en la heladera y viendo que contábamos con tiempo de sobra, nos dirigimos a nuestras recámaras para recobrar algo de las energías que ni la comida o los postres a base de leche nos habían logrado restaurar. La americana se encontraba tan exhausta que tuve que sostenerla entre mis brazos por las escaleras.
– "Cetania…" – Hablé a la somnolienta halcón. – "Cetania, ¿quieres dormir en mi cuarto?"
– "¿Me quieres llevar a la cama para celebrar, flaca?" – Preguntó ella, abriendo perezosamente un ojo. – "¿O pretendes aprovecharte de mi vulnerable estado? ¿Por qué la tentadora oferta?"
– "Dime, ¿tienes despertador?"
– "Nope."
– "¿Lo ves? Yo sí, de esa manera podremos descansar y levantarnos a tiempo."
– "¿No puedes simplemente avisarme a mi habitación cuando te despiertes?"
– "Extraño dormir junto a alguien, ¿vale? Ahora, ¿vas a aceptar sí o no?"
– "Está bien, accedo, flaca." – Badalló de nuevo. – "Pero cuéntame una historia antes de dormir."
– "Había una vez una arachne alemana muy sexy que conoció a una tonta pero sensual arpía, entonces una hermosa dullahan apareció…"
– "No me gustan los de terror."
– "Y decapitó a la pajarraca. Fin."
Ella rió y abrí la puerta de mi recámara. Apenas la castaña divisó la cama, aún agujereada pero luciendo muy cómoda, la falconiforme se deshizo de su chaleco, sus accesorios e incluso su traje, quedando únicamente en su atractiva ropa interior roja. Entonces caminó como si una fuerza electromagnética la atrajera al lecho y de un pequeño salto cayó boca abajo en el lado izquierdo del colchón, rindiéndose al sueño instantáneamente. Si coordinar ocho piernas ya es cansado, el volar debe serlo mucho más. Viendo a la chica respirar tranquilamente, me deshice de mis atavíos de batalla hasta terminar en mis oscuras bragas. Mi uniforme azul necesitaría una seria lavada para remover toda la pintura y el lodo que la permeaba, pobre de la gemela Yamato a quien le toque tal tarea.
Y hablando de cosas de tan bello color, me acerqué a la radiante foto de mi adorada irlandesa, dándome la bienvenida y felicitándome con su gloriosa sonrisa y esos misteriosos ojos dorados que continúan irradiando amor profundo. Sonriéndole de vuelta, besé tiernamente el cristal, ya impregnado de ósculos anteriores que todavía me rehúso a borrar. Ya ansiaba hacer contacto con esos dulces labios añiles, saborearlos metódicamente con mi lengua y abrazarla para nunca dejarla ir. Tantos días sin ella y el extrañarla en demasía pronto serían recompensados. Muy pronto. Con un bostezo invitándome al mundo onírico y asegurándome de no incordiar a la rapaz yaciendo en pacífico reposo, preparé la alarma de mi reloj-tanque y me acomodé en la cama para acompañar a mi querida ave de presa en su viaje por el reino de los sueños, no sin antes darle un besito en su mejilla y rodear su estómago con mi brazo, provocándole darme una sutil mueca inconsciente de alegría.
Dormimos alrededor de dos horas, dejándonos precisamente con una para ducharnos y arreglarnos de manera presentable. Abriendo los ojos al compás de la versión de ocho bits de la Panzerlied, la pajarita y esta arachne salieron de su crioperservación, estirando sus figuras y preparándose para ducharse. Torpemente y en su estado letárgico, la castaña saludó a la segadora en la fotografía y le sacó la lengua burlonamente, jactándose de haber compartido el lecho conmigo. Le amonesté con un ligero golpe en la cabeza por tal falta de respeto a una diosa inmaculada como Lala y le indiqué que recogiera sus harapos del suelo. Haciendo caso omiso a sus protestas y silenciándola con un ósculo en su boca, además de un grato apretón de glúteos, las dos nos trasladamos hasta las regaderas y dejamos que el agua nos refrescara la piel. Nos extrañamos al ver a entrar a la empusa poco tiempo después, ya que se supone que ella se aseó con anterioridad, pero la mediterránea alegó que la fatiga le obligó a dejarse vencer por el sueño. Incluso la impasible Nikos no es inmune al cansancio.
– "Bien hecho, chicas." – Exclamó la helénica, pausando el enjuague a sus articulaciones mantoideas. – "En verdad lo hicimos, juntas."
– "De eso se trata esto, Dyne." – Le sonreí al tiempo que tallaba mi exoesqueleto con mi cepillo especial. – "Somos un equipo después de todo."
– "Y el mejor de todos, nadie como MOE." – Acotó la estadounidense, lavando su cabello. – "We're the meanest bitches in da house, baby."
– "Es imposible de creer que ustedes dos, par de pervertidas, sean las personas en las que más confíe ahora." – La mediterránea disintió con la cabeza, riendo. – "Y espero no me decepcionen y acabe como paleta en una morgue por sus tonterías."
– "Podríamos aprovechar para convertirte en zombi, pero no sé si hacerte casi inmortal sea buena idea." – Bromeé. – "Por cierto, besas bien, mantisita. ¿Qué siente probar un bistec de primera?"
– "Ugh, eso explica mi malestar estomacal. Ignoro por qué demonios lo hice."
– "Cuidado con los alemanes, Sarge." – Habló la castaña, removiéndose el shampoo del pelo. – "Primero les dejas conquistarte el corazón y después terminan invadiendo tu cama y tomando tu virginidad."
– "Bleh, ya empecé a arrepentirme de esto." – Masculló la griega y resumió su aseo.
Acabado el baño y con media hora sobrante, regresamos a las habitaciones para comenzar el oneroso proceso de arroparnos finamente en nuestros más distinguidos atavíos. Y en mi caso, ese sería ese bello uniforme de las SturmSchütze. Abriendo el ropero y revelando el atuendo negro con toques dorados nativo de las galardonadas fuerzas de élite de mi patria, lo retiré de su lugar para probármelo en el espejo del baño. Colocándome cuidadosamente la gris camisa debajo del atezado vestido y cubriéndola lentamente con el oscuro saco, me abroché los áureos botones y me puse el cinturón con la plateada hebilla y la dorada araña en el centro de esta. Agregué el arnés a la correa y la acomodé alrededor de mi lado derecho. Mi brazo izquierdo contenía una banda bordada en platinada tela que leía Ehre und Treue, Honor y Lealtad, el lema de Sparassus. Tanto el cuello como los hombros contenían espacio para agregar los rangos correspondientes, aunque todavía no contaba con alguno para colocar. Opté por no usar la banda roja, ya lucía demasiado Nacionalsocialista de todas maneras y no quería levantar impresiones equivocadas.
Un momento, ¿no estoy olvidado algo muy importante?
¡Por supuesto! ¡El obsequio de mi querida azulita! Dándome los últimos retoques frente al espejo y dándole un solemne saludo marcial al retrato de la dullahan, salí de ahí y raudamente bajé las escaleras para encontrarme con la señora Yamato. Al verme, sus afables ojos se abrieron de inmediato y con celeridad empezó a hurgar en los cajones del escritorio café de la recepción. Sin dilación, reveló un paquete en azul embalaje y me lo entregó, ofreciendo disculpas y responsabilizando a su avanzada edad por haberse olvidado de tan grande asunto. Le calmé diciéndole que no se preocupara y admiré el lindo empaque, con mi nombre escrito en tinta negra con perfecta caligrafía, tan impecable como la remitente. Usando mis afilados dedos quitinosos como navajas, retiré la envoltura con un corte preciso y me permití admirar el contenido. Haciendo a un lado la protección de poliestireno, con reverencial atención tomé la transparente cajita que resguardaba el valioso tesoro y la abrí.
– "Te amo, Lala…"
Agradeciendo entre susurros a mi pareja por otorgarme la oportunidad de lucir tan decorosa prenda en un día tan importante, tomé el metálico objeto entre mis manos, pasmada tanto por su belleza teutona como el saber que es el único recuerdo físico de mi difunto abuelo. Eisernes Kreuz, la famosa Cruz de Hierro, segunda clase, auténtica reliquia de la Segunda Guerra Mundial. Una condecoración otorgada únicamente a osados soldados que probaron gran valentía encarando al enemigo o demostraron actos más allá de la llamada del deber; Héroes. Si bien es conocido que el Tercer Reich no tuvo precisamente muchos motivos para ser recordado positivamente, la Luftwaffe, la fuerza aérea, era reconocida por los Aliados por ser de las pocas divisiones con más soldados honorables que luchaban por su patria y sus familias, y menos fanáticos de la filosofía barbárica de los Nazis. Desconozco si Wolfgang Sturm se ganó este distinguido emblema por una acción venerable, pero me aseguraré de que yo la vista con la dignidad que toda alemana debe mostrar con las posesiones militares familiares; Con honor.
Observé la cinta tricolor; Rojo, blanco y negro, esquema reintroducido por Paul von Hindenburg antes que Hitler llegara al poder y que se convirtieron en colores nacionales hasta el final de la guerra, donde el conocido rojo, negro y dorado volvieron a reinar. Contemplé la sólida figura negra rodeada de bordes plateados, con la fecha 1939 al frente y 1813 en el posterior. Una enorme esvástica, tan oscura como los tiempos que representaba, se desplegaba en el centro de la cruz. En todo caso, mi ideología es completamente diferente a la de esos dementes y la esvástica es símbolo de buena suerte en las religiones asiáticas. Tenía tres opciones para cargarla en mi uniforme y me decanté por usar la barra para medallas que mi atuendo incluía de fábrica y guardaba en mi bolsillo izquierdo del saco. Retirando la banda de la reliquia e insertando el aro en el clip de la barra (y coincidiendo nuestros colores nacionales con los mismos tonos de la cinta), mi Eisernes Kreuz colgaba distinguidamente en mi pecho izquierdo a lado de los emblemas que tanto Cetania como Lala me obsequiaron. Pasado y presente, unidos para representar amor y heroísmo. Mejores trofeos no podrían existir.
Recibiendo alabanzas de parte de la dueña del inmueble y posteriormente de la rapaz y la empusa, esta última admitiendo renuentemente que yo lucía con gran hidalguía, la doctora Redguard apareció a tiempo para hacer magia de última hora y tratar de ocultar nuestros hematomas con maquillaje. Nunca en mi vida me he interesado por emplear cosméticos, sentimientos que mis compañeras y hasta la segadora comparten; Las liminales lucimos hermosas al natural, por muy presumido que aquello pueda sonar. Además, la única vez que lo intenté fue cuando usé un lápiz labial de adolescente, pero desistí cuando descubrí que era alérgica al aceite de coco y quedé bembona por varios días. Por lo menos el efecto de estos cosméticos era mínimo y ocultaron perfectamente los moretones sin verse artificiales. Saliendo, una segunda furgoneta, conducida por una muy puntual Smith, se detuvo frente a nosotras y nos pidió abordar la nuestra. Con Titania como nuestra chofer, y afortunadamente sin indicios de querer torturarnos, el motor del vehículo arrancó y nos trasladamos hasta el edificio donde se llevaría a cabo la conferencia de presentación de las integrantes del nuevo escuadrón Monster Ops: Extermination.
El corazón de las tres bombeaba a toda potencia y era más fragoroso que el transporte en el que viajábamos. Por un momento creí que el maquillaje que Sandy nos aplicó cedería ante la amenaza del frío sudor que pretendía invadirnos, pero las continuas exhalaciones profundas ayudaron a mitigar el nerviosismo y la excesiva velocidad de la conductora de rosados cabellos. Mi mente se mantuvo tan concentrada que no me di cuenta cuando el carro detuvo su marcha y Jättelund nos ordenó bajar. Tragando saliva, mi equipo se reunió con las veteranas y después de intercambiar miradas y asentir en silencio, marchamos juntas al interior del gigantesco complejo de edificios. Tomando en cuenta el multitudinario tamaño de los inmuebles y la enorme afluencia de transeúntes, sin contar los carteles, nos hallábamos en un lugar importante.
– "Hauptmann…" – Le hablé a la coordinadora. – "¿D-dónde estamos?"
– "Foro Internacional de Tokio." – Respondió sin detener su desplazamiento. – "Ya que es un evento de mediana magnitud, se decidió que sería en un lugar público y de fácil acceso a la prensa. Pero como dije, nada de intromisión de las televisoras, solamente fotógrafos y periodistas al estilo tradicional. Fueron los únicos interesados."
– "¿Alguna razón para que un medio tan masivo como la televisión no asista?" – Preguntó Nikos.
– "Creyeron que un grupo de idols nekomatas que está promoviendo su gira internacional por los alrededores era más valioso que ustedes. Además, muchos de los altos mandos vinieron a asistir a otros eventos que se llevarán más tarde y aprovecharon esa ventana de tiempo para atender a la presentación." – Replicó la agente. – "Chicas, no quiero desanimarlas, pero esto es sólo una promoción de tres agentes policiales, no el nombramiento del nuevo emperador. Sin embargo, aunque al mundo ya no le interese, sigue siendo de suma vitalidad para nosotras. Además, es mejor así. Si sucediera algún imprevisto, tendríamos tiempo de corregirlo antes que salga en cadena nacional. Por aquí, vengan."
La gloria es efímera como dicen. Bueno, realmente no importa; No hago esto por fama, dinero o consagrarme en las páginas de la historia, y si las personas deciden olvidarme, que así sea; Lo único valioso para mí es el apoyo de mis seres queridos y la dicha de aportar mi parte para hacer del país (y el mundo) un mejor lugar. Aún así, sin tanta presión exterior, no dejé de sentirme intranquila durante todo el trayecto. Al igual que en la base de Gotemba, mi mente estaba demasiado concentrada en seguir a Kuroko como para molestarme en el sobresaliente trabajo arquitectónico o lo impresionante del interior; Es decir, es el condenado foro internacional, un imponente conglomerado de edificios de 5,000 kilómetros cuadrados con siete salas igual de gigantescas. Debería estar anonadada con la boca abierta por tan vasta maravilla de cristal, metal y concreto, pero no había tiempo para seguir admirando el complejo y prontamente llegamos a un formidable pasillo exterior del cuarto piso del edificio G, el hermoso inmueble construido de vidrio.
Ahí, las paredes cafés anunciaron nuestra área sobre una extensa banda negra que recorría la parte superior de las puertas, el cuarto de conferencias G405. Entrando, nos encontramos en una sala con quince mesas blancas con tres asientos cada una, perfectamente alineadas frente a una pantalla de proyección. A su lado, una nívea pizarra residía acompañando a las paredes amarillas y cafés mientras un solitario reloj a nuestra derecha marcaba el paso de los segundos. La capitana nos solicitó que aguardáramos tras una de las puertas amarillas que daban a un pequeño vestidor, esperando a que los invitados hicieran acto de aparición. Viendo que a pesar de la hora, el sitio se encontraba todavía vacío, me sorprendería que más de diez personas asistieran. Sé que dije que no me interesaba la fama, pero esperaba que después de arriesgar la vida en el centro comercial y pasar una semana de dolor puro nos prestaran un poquito más de atención. Por suerte el aire acondicionado evita que me muera de calor al estar encerrada como adorno de navidad en este cuartito junto a las demás.
Entonces, un barullo, indicativo de un grupo de personas, se oyó abrir la entrada principal y nuestra jefa se apresuró a darles la bienvenida. Los nervios me carcomían tanto que las palabras de Smith parecían ecos en mi cabeza, desorientados, como si una pieza de artillería hubiera detonado a mi lado, aturdiendo mis sentidos. Súbitamente, un ligero codazo por parte de la mantis pelinegra me ordenó que era momento de salir frente a todos. Tragando sonoramente saliva, exhalé antes de aventurarme a dar la cara. Al oír mi nombre ser mencionado, me hice la recia y usando mi porte militar natural, salí de ese claustrofóbico escondite para caminar hasta donde la coordinadora se hallaba; Frente a todos y con un control remoto en sus manos que usaba para comandar el proyector de video, este último mostrando grabaciones de nuestra hazaña en el campo a los pies del Monte Fuji. Aparentemente nuestros trajes contenían una pequeña cámara escondida que logró capturar nuestro intenso adiestramiento de primera mano, sin nuestro conocimiento. El destello del flash de los numerosos fotógrafos y demás reporteros me tensaron algo más de lo que ya estaba.
Ignorando ese caso de cinematografía in-fraganti, los videos mostrados parecieron tener un efecto positivo en los presentes, quienes asentían con una sonrisa al tiempo que la elocuente Kuroko les reiteraba sobre nuestras aparentes virtudes no sólo en el campo de batalla, sino como exitosas integrantes del Programa de Intercambio y ciudadanas de la soberana nación del Japón. Comparándonos con laureadas heroínas a través de la historia, entre ellas Juana de Arco o Mariya Oktiábrskaya (una valiente mujer y condecorada heroína de la Unión Soviética quien financió la compra de su propio tanque T-34, el cual ella misma condujo para enfrentarse a los alemanes en la guerra), la agente de MON convencía con cada palabra que salía de su incansable boca a los mandamases, embelesando nuestras proezas que yo y la arpía realizamos ese infame día de los ataques en Asaka y cautivándolos con la promesa de un mejor mañana bajo la vigilancia del majestuoso grupo de respuesta MOE. Por un pequeño momento, imaginé a nuestra superior como nuestra canciller dando un brioso discurso para animar a las tropas, ella poseía la voz, la dicción y el léxico tan amplios como cualquier líder militar requería. Smith será una apática y demente con ideas demasiado extremas, pero en verdad la admiro.
– "Dyne Nikos…" – Llamó ella a la empusa, esta obedeció y se paró a lado de la capitana. – "Por su excelente liderazgo durante su exhaustivo adiestramiento y empeño por resguardar la justicia, la condecoro con la insignia del granate rojo y le otorgo oficialmente el rango OR-5 de Monster Ops: Extermination. Muchas felicidades, sargento Nikos."
La jefa colocó un bonito emblema dorado rectangular con una piedra semipreciosa (granate piropo) en el centro, ajustándolo del lado izquierdo del saco de la helénica, arriba de su nombre. También tomó dos pequeños pines con la imagen de una espiga apuntando hacia arriba y una flor de cerezo en la parte superior, y los acopló al cuello del negro atuendo de la liminal de verdes ojos, marcándola como sargento. Con una sonrisa y saludando marcialmente a Kuroko, la nativa de Mitilene hizo una reverencia a los presentes, recibiendo sonoras alabanzas en forma de aplausos. Regresando a su lugar original, la lesbia dio paso a la falconiforme, vistiendo también su distinguido uniforme oscuro como el resto de MON.
– "Cetania…" – Prosiguió la agente del gobierno. – "Por su destacado heroísmo tanto en su entrenamiento como sus acciones en el centro comercial de Asaka, salvando incontables vidas en el proceso, sin mencionar su fuerte convicción por salvaguardar la paz, es un honor para mí el entregarle la insignia del granate rojo y elevarla al rango OR-3. Muchas felicidades, cabo Cetania."
De la misma manera, la castaña inclinó humildemente la cabeza y obtuvo gratas aclamaciones. Un hombre al frente en particular, con la insignia de la Agencia Nacional de Policía en su hombro y una apariencia que exigía respeto absoluto, incluyendo su bigote, lucía muy satisfecho con la promoción de mi compañera como evidenciaba su amplia sonrisa y enérgico aplaudir. No pude distinguir el nombre en su saco, pero juro que escuché que uno de los acompañantes le llamó Takeichi. Demonios, creo que ese es el temido Superintendente Takeichi Kuribayashi, nuestro jefe indiscutible. Ese mostacho tan corto me recuerda a cierto dictador demagogo austriaco, pero entre más lo pienso, más miedo me da, así que no lo haré. Al menos parece estar contento, así que vamos por buen camino. Fue mi turno.
– "Aria Jaëgersturm…" – Temblé ligeramente al oírla pronunciarlo. – "Su proceder en aquellos tensos momentos durante los infaustos atentados y el fragor de la exigente instrucción, son evidencia suficiente que comprueban su abnegado compromiso con salvaguardar las leyes y estatutos que mantienen la tranquilidad en nuestra ilustre nación. Es por eso que me honra el premiar su esfuerzo con la insignia del granate rojo y recibirla con el rango OR-3. Felicitaciones, cabo Jaëgersturm."
– "Danke schön, Hauptmann…" – Musité.
– "Cállate, tonta, lo vas a arruinar." – Masculló, fingiendo una sonrisa a los presentes y arreglando los pines en mi cuello. – "¿Quieres que te degrade aquí mismo? Cierra la boca, novata."
– "Perdón."
– "¿Agente Smith?" – El avasallador hombre de bigote llamó la atención.
– "Uhm… ¿S-sí, Superintendente Kuribayashi?" – Replicó nerviosa la aludida. Ay, mamá araña, entonces sí era él. – "¿Qué se le ofrece?"
– "¿Por qué su recluta está vestida de esa manera?"
Pude ver de reojo a la coordinadora tensarse y apretar con fuerza sus puños. Scheisse, ella tenía razón, esta apariencia de Nazi sólo me trajo problemas. La oblicua mirada sentenciadora que me arrojaba la pelinegra, sin duda condenándome por la eternidad al Tártaro, sólo hacía el aire más pesado y el maquillaje en mi rostro comenzaba a caerse por el incomodo sudor. Gran Arachne, protege mi flacucho exoesqueleto y sálvame de toda Kuroko. Prometo que si salgo viva de esto, seré mejor persona, donaré a la caridad, solucionaré la hambruna mundial, traeré paz universal y no usaré cheats cuando juegue contra Papi y Suu en Mayro Kratt. Y no volveré a comerme las galletas en secreto y culpar a la pajarita. ¡Están muy ricas, no puedo evitarlo!
– "Es el atuendo tradicional de su patria, señor." –Se atrevió a contestar la capitana. – "Sparassus posee fuertes raíces germanas y han adoptado tan singular indumentaria en su vida diaria. Podrá parecernos algo sorpresiva tal elección considerando el trasfondo histórico del cual se derivó el atavío en cuestión, pero debemos comprender que el entendimiento entre las diversas culturas debe prepararnos para aceptar los diferentes puntos de vista y lograr vivir en armonía. Los actos de la cabo aquí presente son prueba factible de que su manera de vestir no tiene relación alguna con las ideologías extremistas del siglo XX y que en su lugar, deberíamos aplaudirle el afán por comprobar que el oscuro pasado de su etnia no le impide desempeñar su papel con entusiasmo."
– "No, yo lo decía porque me interesa donde conseguir uno similar. Es muy elegante."
– "Oh… Uhm… Bueno, yo…" – La agente me apretó la mano y susurró. – "Aria, di algo, maldita sea."
– "Erm… Disculpe, señor Kuribayashi." – Hice una reverencia. – "Pero si su deseo es hacerse con un traje como el mío, le sugiero que visite Radiant Raiment, en Asaka. La dueña, Jezabel, es muy amable e incluso puede ofrecerle un pequeño descuento, como lo hizo conmigo."
– "Entiendo." – Asintió nuestro superior. – "Muchas gracias, cabo. Smith, puede continuar."
– "Se lo agradezco, jefe." – Reverenció la mencionada, suspirando disimuladamente y carraspeando antes de seguir. – "Como decía, es un gran placer y un enorme honor el condecorar a nuestras más recientes integrantes. Estoy convencida que con su invaluable ayuda, nuestra visión de una nación próspera y segura se acercará aún más a hacerse realidad. Ellas no sólo representan nuestro deseo de proteger lo que tanto amamos, sino el sueño de todos aquellos que creen fuertemente en el porvenir del país y la convivencia pacífica entre humanos y liminales. Porque somos más que agentes de la ley; Somos un escudo que ampara al inocente, una mano que auxilia al necesitado, un techo que abriga al desamparado, una pequeña luz de esperanza en la oscuridad… ¡Somos MON! ¡Honorem et Gloriam!"
Una atronadora vorágine de vítores y aclamaciones estalló en la pequeña habitación al tiempo que los ojos de Kuroko brillaban con una convicción legendaria y su respiración agitada paulatinamente regresaba a la normalidad. Incluso con algo tan sencillo como un breve soliloquio, la coordinadora seguía demostrando su plusvalía como líder y encargada de tan ambicioso proyecto. Y con ese apasionado monólogo, la presentación terminó en nota positiva. Estrechando las manos de todos los altos rangos y siendo retratadas por un mar de cámaras fotográficas, ofreciendo nosotras nuestras mejores sonrisas, la capitana solicitó a su escuadrón que nos guiara de vuelta a los cuarteles mientras ella respondía la oleada de preguntas que los reporteros arrojaban sin tregua. Con Zombina a la cabeza, salimos de la sala de conferencias y nos trasladamos en dirección al estacionamiento.
– "Gran Arachne, me alegro que todo haya resultado al final." – Exclamé con alivio, alzando mis manos al aire. – "Que susto lo de Kuribayashi. Por un momento creí que Smith me mandaría a la horca por arruinarlo todo."
– "Eso hubiera sido lo mejor." – Se mofó Dyne y se dirigió a la pelirroja. – "Teniente, ¿puedo preguntar el significado de este distintivo dorado?"
– "Es su rango secundario, simbólico, que refleja su dureza según la experiencia. Ya dejaron de ser tomates y han ascendido al territorio de las piedras semipreciosas, sargento." – Replicó la muerta viviente. – "Como mencionó la Capi, ahora son granates. Gemas bonitas y brillantes, pero siguen siendo vulnerables a quebrarse. Descuiden, todas lo fuimos alguna vez y aquí estamos."
– "¿Cuál es el resto del escalafón, Bina?" – Interrogó la falconiforme.
– "De menor a mayor: Granate, amatista, esmeralda, rubí, zafiro y diamante." – Enumeró. – "No se confíen, pasar de amatista a esmeralda requiere mucho esfuerzo. Pasé todo un año antes de abandonar esa piedra púrpura y ostentar la verde joya. Y ni hablar del diamante."
La heterocromática mostró el áureo emblema en su pecho, desplegando un fino y transparente diamante en el centro. Demonios, hasta ahora me vine a dar cuenta que todas las chicas de MON llevan uno en sus atuendos, al igual que sus rangos en los cuellos del saco. La zombi exhibía la insignia con una barra horizontal y dos flores de cerezo, el perteneciente a teniente primera. Manako, Tionoshia y Doppel (la cual se encontraba inesperadamente vestida) cargaban con la barrita y una sola flor, denotándolas como tenientes de segunda clase o alféreces. Por supuesto que, estoy más que convencida que cualquiera de ellas superaría en combate al más reacio general de las fuerzas armadas. Los rangos, al final del día, únicamente son una formalidad y no una testificación fidedigna de habilidades.
– "Interesante jerarquía, Zoe." – Asentí. – "¿Alguna razón detrás de tal alineación?"
– "La escala de dureza de Friedrich Mohs." – Acotó ella. – "Ya sabes, empiezas como una frágil roca y terminas siendo el mineral más resistente del planeta. Ganarnos a este pequeñín nos costó mucho trabajo, pero quien sabe, quizás algún día ustedes también sean gloriosas joyas inmaculadas."
– "Danke, Zoe. Procuraremos dar lo mejor."
– "Eso espero. Estas piedritas son genuinas y nada baratas, ¿saben? Y ni siquiera piensen en venderlas o juro que las enviaremos a las minas de África para recuperarlas."
– "En todo caso, estamos más que agradecidas por brindarnos esta oportunidad, Bina." – Sonrió la rapaz. – "No las decepcionaremos."
– "Sé que serán de las mejores, Cetania." – Mencionó la afable ogresa. – "Y estoy segura que todos en la conferencia piensan lo mismo. Incluso le agradaste mucho al señor Kuribayashi."
– "Sí, también lo noté." – Dije yo. – "¿Alguien sabe por qué?"
– "Es porque Cetania le recuerda mucho a su esposa, Aria-san." – Contestó la cíclope.
– "¿Su mujer es una arpía?" – Indagó la empusa.
– "Correcto, Dyne-san. Aunque la señora del jefe sea de la especie común, su gusto por las arpías les hace decantarse por estas."
– "Nadie resiste el encanto de las pajaritas." – La castaña rió ligeramente y me guiñó.
– "Te doy la razón en esta ocasión, emplumada." – Regresé el gesto. – "¿Y el jefe tiene hijas?"
– "Has conocido a la suya todo este tiempo, Aria." – Declaró Smith repentinamente detrás de nosotras con un vaso de café. ¿Esto de aparecer de la nada se volverá costumbre? – "Y espero que la trates mejor a partir de ahora."
– "¿Eh?" – Me volteé. – "¿A qué se refiere con que la conozco, Hauptmann?"
– "Que has vivido junto a ella desde que emigraste, cabo."
– "Hauptmann, las únicas arpías que conozco son Cetania y…"
Esperen… ¡¿QUÉ?!
– "¡Un momento! ¡¿No estará hablando de Papi, o sí?!"
– "Precisamente." – La agente bebió tranquilamente.
– "Te dije que no tenía ni idea, cerebro podrido." – Parló la cambiaformas, sonriendo con satisfacción y extendiendo su brazo hacia Zombina. Esta, refunfuñando, le entregó varios billetes.
– "¡¿Qué?! ¡P-pero… pero…!" – Tartamudeé como idiota por varios segundos hasta hilar mis neuronas. – "¡¿Por qué nunca me lo dijo antes?!"
– "Porque nunca preguntaste, genio." – Respondió Kuroko, depositando el envase vacío en la basura. – "¿Y cómo está la pequeña princesa del jefe? Espero que Cariño-kun esté haciendo correctamente su trabajo, no me gustaría tener que retirarle el apoyo económico o deportarte en represalia."
– "Bueno, ella sigue siendo tan distraída y amigable como siem-¡Eso no importa! ¡¿Acaso Kimihito sabe siquiera que la responsabilidad de cuidar a la hija del jefe de la policía está en sus manos?!"
– "Lo dudo." – Encogió los hombros. – "De hecho, tampoco creo que Papi recuerde la identidad de su progenitor y viceversa. Me gusta así, suficientes problemas tengo como para preocuparme por esa niña azul. Sólo cuida que no se escape nuevamente o se meta en algún lío como su madre. Y esa es una orden."
– "J-Jawohl, Hauptmann."
Este mundo es extremadamente pequeño. A este paso media ciudad estará conectada de alguna manera a alguien importante. ¿Qué sigue? ¿Suu es actualmente descendiente de Surtur, el destructor del universo? ¿El padre de Miia es un espía internacional? ¿Mero planea conquistar el mundo?
– "Ay, mamá, y yo que le dije que iba a comérmela." – Mencionó la halcón. – "Espere, ¿el mandamás no sabe que tiene una hija?"
– "Está enterado, pero no que es precisamente la que vive con Cariño-kun. Admito que tampoco se lo he comunicado." – Replicó Smith. – "Aunque si llegara a verla, su parecido con su esposa la delataría al instante. Que sea nuestro secreto, ¿vale? Estoy a punto de obtener un aumento y no voy a perderlo esta vez."
– "¿Cuántas veces ya van, Capi? ¿Tres? ¿Cuatro?" – Cuestionó la pelirroja con los brazos en la nuca. – "¿Cuál fue la excusa la última vez? ¿El tesorero se gastó el presupuesto en un concierto?"
– "Ugh, ni me lo recuerdes. ¿Quién diría que Takani era fan empedernido de ANM48?"
– "Pues yo creo que Gorou tiene muy buen gusto." – Acotó Tionishia, mostrando solidaridad con un admirador de su grupo favorito. – "¿A dónde iremos ahora, Jefita?"
– "Nosotras a una divertida sesión de papeleo." – Suspiró la agente pelinegra. – "Ustedes, granates, vuelvan a las barracas y pónganse menos feas de lo que ya son, porque esta noche celebramos su victoria en el Kcalb's Club y hoy es ladies night. Eso las incluye también, mis diamantitos. Dejemos la burocracia para mañana y humedezcamos el gañote hasta morir de cirrosis."
– "¡Ja! ¡Esa es mi Capitana!" – Zombina la rodeó con su brazo. – "¿Podemos pedir el Octubre Rojo? ¿El que trae todos los vodkas disponibles y veneno de serket? ¿Y que es considerado un peligro inflamable en cincuenta naciones?"
– "Hoy nos beberemos todas las reservas de la Federación Rusa si es necesario, Bina. ¡Vamos, equipo! ¡A salvar al mundo reduciendo las existencias de alcohol! ¡Tomemos hasta que nuestras preferencias se pongan en duda!"
– "¡S-Smith-san, no diga esas cosas!" – Exclamó una ruborizada Manako. – "¡Suena como la doctora Redguard!"
– "Y hablando de esa peste muerta, ¿no se supone que ella debía esperarnos aquí con la gnómida en la furgoneta?" – Preguntó la Abismal, viendo alrededor. – "La condenada abandonó su puesto. Te advertí que no le dejaras las llaves, Kuroko."
– "Un momento, Doppel. Oh, es precisamente Sandy." – Indicó la coordinadora, respondiendo a su celular. – "¿Vanessa? ¿Dónde demonios te metiste tú y esa enana del demonio? ¿Eh? Oh, ya veo. Sí, de acuerdo, pero guarda algo para mí. No, claro que no. También te odio, fastidiosa. Vale, nos vemos."
– "¿Qué dijo?"
– "Se nos adelantaron, ya se encuentran celebrando ahí."
– "Pero aún es temprano, Jefita." – Injirió la ogresa.
– "Es Redguard, Tio, siempre encuentra una forma. Y Jättelund seguro le ayudó." – La capitana rió, guardando su teléfono. – "Bueno, de aquí a que lleguemos, estaremos a tiempo para la hora feliz nocturna. Sandy dice que dejó las llaves de la segunda unidad debajo del neumático derecho delantero, ¿Quién la conduce?"
– "Disculpe, Jerarca." – La nativa de Lesbos alzó la mano. – "Pero me gustaría intentarlo. Solía manejar los vehículos de la Guardia Costera, incluyendo los botes. Considero que estoy apta para tal tarea."
– "Excelente, sargento Nikos, necesitaba a alguien para trasladar a tu equipo a partir de ahora. Vamos."
– "Gracias, Jerarca."
Con la empusa al volante y la arpía de copiloto, dejándome solita en la parte trasera, las muy malvadas, nos desplazamos hasta el lugar indicado, lo cual tomó casi una hora y media debido al tráfico y porque nuestra verde chofer no se acostumbra aún a manejar del lado contrario. También hay que mencionar que prefiero a la griega que a Smith o Zoe, quienes parecían odiar a los peatones y aceleraban como si el mundo fuera a acabarse, obligando a la pelinegra helénica a mantenerle el paso. Lo bueno de ser parte de la policía, es que no podríamos multarnos por exceso de velocidad, especialmente si no dejábamos testigos. Pobre abuelita con el bastón, nunca nos vio venir. Con el cielo ya oscureciéndose y habiendo escuchado un buen repertorio de Iron Maiden en la radio, finalmente nos estacionamos cerca del famoso bar.
Era un lugar de dos pisos decorado con luces moradas en el exterior y bellos toldos rojo carmesí, junto a la trabajada fachada decorada con imágenes de demonios y tengus que le daba un aspecto neobarroco. Contaba con excelente vista a la urbe y, espero, precios asequibles. Los forzudos tipos cuidando la entrada saludaron a la coordinadora y a MON, aparentemente ellas ya eran viejas conocidas y también a nosotras, sorprendidos por ver caras nuevas. Uno de ellos se quedó viendo a Dyne muy detalladamente, pero esta ni lo notó. La célebre Nikos, rompiendo caras y corazones a donde quiera que vaya; Y luego dicen que los alemanes somos fríos. Ya adentro, subimos hasta el segundo nivel y una ligeramente ebria Saadia nos invitó a unírseles a ella y a Titania.
Reunidas y sentadas, la doctora empezó a relatar alguna historia sin importancia sobre sus días de universitaria y como todo era mejor en sus tiempos mientras las botellas vacías de whisky empezaban a acumularse a su lado. No dije vasos porque la afroamericana lo consumía directamente del envase con la vehemencia de un nómada desértico. La instructora, por el otro lado, prefirió degustar lentamente su tequila, tan mexicano como ella, con un pequeño vasito. Smith hizo su ronda de cervezas con Tio, Manako y Doppel mientras Zombina se decantó por el eslavo sabor del vodka. La mediterránea solicitó tentura de su nación y la falconiforme pidió piña colada con ron. Yo no tomo ni alcohol o café, así que opté por simple soda. Soy niña buena.
– "Y entonces Bina termina de pacificar al vampiro y ahí nos damos cuenta que en el ajetreo, ella terminó completamente desnuda…" – Relataba animada Kuroko con lata en mano. – "Y Manacchi le grita '¡¿Zombina-san, por qué andas sin ropa?!' A lo que Bina le responde: '¡¿Y por qué tú no?!'"
Todas las presentes nos unimos en la fragorosa carcajada al escuchar tan jocosa anécdota. Convivimos de nuestra jarana oyendo más hilarantes historias sobre cómo Doppel fingió ser la ogresa por un día y casi convenció a todos en la agencia que estaba embarazada, o de la vez que MON se equivocó de dirección y en lugar de detener a unos hombres lobo alborotadores, acabaron en pleno combate contra un grupo de demonios menores con demasiadas drogas y armas en su poder. El etanol soltó un poco la lengua de la capitana y terminó revelando que dejó a un pobre tipo a cargo de una iracunda wyvern sólo para ver su reacción o como se adjudicó la recompensa por detener a unos traficantes de liminales sin informarle al sujeto que los atrapó. El tiempo pasó y a pesar de que la egresada del MIT, la teniente pelirroja y Smith habían absorbido la mitad de su peso en malta fermentada y demás brebajes, era la gnómida quien estaba rompiendo su récord de libaciones. Por suerte, su férreo espíritu latino le hacía soportar las cantidades excesivas del fuerte agave destilado.
– "¡Pinche Eduardo, jijo de su puta madre! ¡El cabrón me dejó por una jodida aluxe yucateca!" – Exclamó la híbrida jötunn, hecha un mar de lágrimas y llenando su vaso. – "¡Eso me pasa por enamorarme de un tampiqueño! ¡Todos los hombres son iguales! ¡El amor es mentira!"
– "Instructora, creo que ya bebió demasiado." – Opinó la emplumada.
– "¡No me des órdenes, pinche gringa hija del puto Trump! ¡Si no fuera por Santa Anna, ustedes estarían besándonos los pies en el norte!" – Acabó de un trago su tequila y lo aporreó en la mesa. – "¡Esta madre es una vil imitación china! ¡Con un carajo, mi orina es más fuerte que esta horchata aguada! ¡Mesero, tráeme algo genuino de Jalisco o te doy un levantón!"
– "Señora, en verdad está ebria. Es hora de parar." – Aconsejó la nativa de Mitilene. – "Si quiere llamo a un taxi para que regrese a los cuarteles."
– "¡Tú cállate, chapulín nalgas verdes! ¡Te crees la muy salsa pero no durarías ni un segundo en un operativo real!" – La colérica gnómida casi se cae de su asiento de no ser por mí. – "¡Y no te hagas pendeja, que sé muy bien que eres igual de tortillera que el resto de tus machorras amigas! ¡Todas aquí se están volviendo lesbianas desde que esta garrapata alemana llegó! ¡Malditas degeneradas lame-papayas! ¡¿Y dónde está ese puto tequila?!"
– "Jaëgersturm, ¿podrías ser tan amable de llevar a la señorita Jättelund un momento afuera? Gracias." – Ordenó la coordinadora. Exhalando, me levanté y tomé a la latina del brazo.
– "¡Suéltame, Nazi marimacha! ¡No me toques, que ando chida!" – Vociferó la mexicana. – "¡Que me sueltes, te dije! ¡Déjame si estoy llorando, quiero estar sola con mi dolor! ¡Si me ven que… Hay, mamá…! ¡Apúrate, idiota, que voy a cantar Oaxaca!"
Ignorando sus vituperaciones verbales, la llevé hasta el pequeño balcón exterior, un bonito espacio que permitía admirar el paisaje tokiota nocturno bajo un rojo toldo. La blanca luz de la barra luminosa y yo fuimos las únicas testigos de ver a la mujer de rosados cabellos tomarse de la oscura balaustrada de concreto para realizar arcadas y posteriormente devolver todo el contenido líquido por su esófago. Por suerte, la única víctima de su vómito fue un infortunado gatito. Ella exigió una botella de agua mineralizada y con celeridad regresé adentro para buscarla. Kuroko contaba algo sobre la identidad de la gran sirena o no sé qué y yo volví con un frío envase de la bebida para ofrecérselo a la gnómida. Dándole un sorbo y exhalando profundamente, sus energúmenos ímpetus cesaron paulatinamente y se permitió reposar con sus codos sobre el barandal, viendo el panorama de la jungla de concreto.
– "Gracias, Jaëgersturm." – Dijo Titania, tomando otro poco de agua. – "Dime, ¿te gustó mi actuación?"
– "¿Eh? ¿Qué acaso todo lo anterior fue actuado?"
– "Casi, ese maldito tequila es de mala calidad y me sentó mal, pero es lo más cercano al real que puedo conseguir por aquí." – Ahogó un eructo. – "Sinceramente, deseaba platicar un poco contigo."
– "Pudo simplemente haberlo dicho." – Me coloqué junto a ella, observando el horizonte.
– "Sí, pero así creerán que estoy vilipendiando como una borracha y nadie nos interrumpirá." – Tapó la botella y se recargó de espaldas. – "¿Puedo hacerte algunas preguntas algo personales? Descuida, se guardar secretos perfectamente. Es sólo para despejar algunas dudas."
– "Bueno, usted sigue siendo mi superior, dudo que pueda negarme." – Descansé mi cabeza en mis brazos. – "Adelante, Instructora… Uhm, ¿Cuál era su rango, de nuevo?"
– "OR-7, brigada." – Respondió. – "Y llámame Titania, ya no eres un tomate."
– "De acuerdo, Titania. ¿Qué deseabas saber?"
– "Dices que en tu nación todos adoptaron el estilo de la Alemania de los años cuarenta, ¿cierto? Dime, ¿Cómo demonios se sienten sobre los horrores del Tercer Reich? Es decir, siempre te veo orgullosa de tu linaje, ¿pero no se supone que los germanos perdieron la guerra?"
– "Es algo que incluso mi novia me ha cuestionado en una ocasión." – Reí ligeramente. – "Pero como siempre digo, somos Sparassedianas y alemanas, no Nacionalsocialistas. Tomamos la imagen y hasta el sistema de gobierno del régimen Nazi, pero al contrario de las hordas del Führer, Sparassus actualmente ganó su gran contienda contra su enemigo. Logramos extinguir a las empusas por completo de la isla y, aunque eso fue hace siglos, es nuestro mayor logro. Vencimos, así que no hay ese resentimiento del pasado. Ya sabe, los triunfadores no tienen nada de qué avergonzarse porque son los buenos."
Me incorporé para imitar su pose.
– "En cuanto a los crímenes del Reich; Bueno, nosotras no provocamos el Holocausto o las atrocidades que tanto han dañado la imagen de mi patria étnica. Usamos el fracaso germano como un ejemplo de cómo NO hacer las cosas." – Reiteré. – "No recurrimos a campos de concentración, a eutanasia involuntaria u otras prácticas tan monstruosas. Que la canciller Stalherz sea como ese loco austriaco por su gran capacidad de oratoria y carisma dictatorial no resta puntos a que ha sido la autócrata relativamente más benévola, especialmente su familia, en comparación con sus antecesoras, cuando aún éramos el Imperio de Sparassus. Eso no evita que algunas de nuestras leyes sean demasiado draconianas."
– "¿Qué tan severas son?"
– "Bien, para empezar, debido a que huí de mi país y traicioné el juramento de servir en las fuerzas armadas de por vida, mi abuela pagó literalmente con su vida a cambio de absolvernos a mí y a mi madre. La anciana Diva exigió ser fusilada en lugar de encarcelada, por orgullo y porque sabía que estaba enferma, claro, pero no deja de ser perturbador." – Contesté. – "También recuerdo que cuando recién llegué aquí, me tope con un hombre peculiar. Alto, tez algo morena, de facciones muy similares a las tuyas, quizás hasta era tu paisano. Andaba en muletas y su estatura junto a su apariencia extranjera atraían mucho la atención. Pero lo llamativo no era su linaje latino o su atuendo militar, sino el hecho que le faltara una pierna; Entonces pensé que de vivir en un territorio como el nuestro, su vida sería un infierno, porque en mi nación no hay peor cosa que ser discapacitado. Si no eres apto para la vida marcial, te consideran un inútil. Incluso si puedes destacarte en campos como comunicaciones o propaganda, siempre debes poder siquiera cargar con un rifle a la batalla para defender la patria. Mi abuela, a pesar de su edad, estaba en buena condición para la lucha. Por eso siempre he tratado de buscar algo en que desempeñarme, probar que soy fuerte y capaz. Mi existencia depende de ello."
– "Suena a una autentica pesadilla."
– "Lo es, pero siento que tampoco es tan malo, ¿sabe? Es decir, la cultura japonesa también se basa en que el trabajo duro es la base de toda felicidad, así que compaginamos perfectamente con tal filosofía. Además, me inculcaron a siempre valerme por mi misma, a poder salir adelante por mis propios medios. Creo en ese aspecto, es algo positivo." – Argumenté. – "No diré que pretendo justificar nuestra obsesión por un estado ultra-militarizado o que carezcamos de otros pecados, pero en comparación a los fascistas que hicieron sufrir tanto al mundo, nosotras somos menos malvadas. Pero, si puedo ser honesta, personalmente siento una especie de atracción por ese poder absolutista que esos maniáticos deseaban imponer. No sé, como que hay algo de villanía atrayente sobre el Reich, especialmente estos fantásticos uniformes. Son elegantes y su estilo implica dominio. Eso siempre lo vi y experimente, pero difícilmente lo tuve yo, así que quizás trato de compensar tal ausencia de respeto con terror… Soy horrible, ¿cierto?"
– "Eres una depredadora criada en una dictadura, es natural sentirte atraída por el deseo de emanar autoridad. Joder, es la esencia de los seres vivos, la supervivencia del más fuerte. Incluso decimos que conquistamos el corazón de alguien cuando lo amamos." – Arguyó Jättelund. – "Y es el suprimir ese instinto de querer imponerse sobre los demás lo que nos separa de las bestias. De los monstruos."
– "Es verdad."
– "Dime, ¿odias a tu patria?"
– "Hubo ocasiones en que renegué de ella, si escapar no era prueba lo suficientemente clara, pero honestamente, al final no puedo detestar la tierra que me dio la vida y me vio crecer. Creo que después de todo, estoy orgullosa de ser Sparassediana y alemana al mismo tiempo."
– "En verdad que nos parecemos, araña."
– "Comprendo, Titania, ¿pero porque deseabas saber esto?"
– "Para comprobar de donde viene esa culpa que te impide destacarte como la soldado que eres."
– "¿A qué se refiere?"
– "Jaëgersturm, yo te entrené, evalué tu desempeño y llegué a la conclusión de que la mayor razón por la cual no eres una mejor guerrera es por miedo. Pero no es a perder, porque cuentas con gran apoyo moral, como la amistad de la arpía o esa zombi." – Aseveró, viéndome directamente a los ojos. – "No, esto es algo más profundo, más hondo y que se encuentra enterrado dentro de tu ser. Algo que no te deja en paz y te crea ese sentimiento de auto-desprecio, de no sentirte digna de todo esto. Dime, no como tu superior, sino tu amiga, ¿Qué es?"
Enmudecí. Mis extremidades se paralizaron y mis seis globos oculares bermellones no podían apartar la vista de la persona frente a mí. Mis trémulos labios dieron paso a un gran temblequeo facial y el resto de mi maquillaje se deshizo antes las gigantescas gotas de sudor a pesar del frío ambiental. Esos enormes ojos de la gnómida me escudriñaban el alma, me penetraban la mente y revelaban mi indefenso interior. Deseaba huir, pero no podía mover mis piernas, deseaba gritar pero mi garganta se hallaba afásica. No había lugar donde ocultarse de la juzgadora mirada de la jötunn. Ella volteó hacia el otro lado y me permitió recuperar el control motriz. Pasados varios tensos segundos, reuní valor para hablar de nuevo.
– "Yo… Bueno…" – Titubeé, con la cabeza caída. – "Le hice mucho daño a una persona muy especial."
– "¿Te arrepientes?"
– "No pasa un día que no desee volver en el tiempo y evitar tan aciago error." – Suprimí una lágrima. – "¿Cómo… cómo lo supiste?"
– "Tu mirada." – Afirmó. – "Yo también la tuve y aún la poseo, igual que Smith. Es nuestro estigma que nos pesa en el alma y nos envenena lentamente el corazón."
– "¿Tú… también hiciste algo terrible?"
La gnómida cerró sus ojos e inhaló para posteriormente exhalar con profundidad. Se sentó contra la balaustrada y miró al cielo estrellado. Sus ojos eran entre nostalgia y dolor.
– "Aria, soy mexicana. Mi madre habrá emigrado de Holanda y mi padre será algún gigante nórdico, pero nací y crecí orgullosamente en tierras aztecas. Mi pueblo natal es Alvarado, en el estado de Veracruz. Una ciudad llena de locos pescadores y dementes comerciantes, pero todos son gente tanto extravagante como amistosa. Cuando mi madre, Janekke, me dio a luz, yo era una cosa tan diminuta que difícilmente podría decirse que existía. Al ser una híbrida, para una diminuta mujer del tamaño de dos manzanitas el criarme no fue nada fácil. Pero, ignorando los problemas de instruir a una niña que puede cambiar su tamaño, admito que adoraba mi hogar.
Había un pequeño parque, le decíamos el Parque de los Pajaritos por la fuente con forma de un par de aves en el centro de este, donde los pequeños del pueblo nos reuníamos al salir de la escuela, a jugar canicas, a presumir nuestros juguetes, ya sean tradicionales o los caros que anunciaban en la televisión o a divertirnos con nuestras activas imaginaciones, sin importar que la era digital comenzara a alejarnos más de los exteriores. Solía correr por horas en los verdes pastos y acabar completamente cubierta de tierra, arena y agua, sin importarme que mi progenitora me sermoneara por ensuciar la casa al volver. Mi estatura relativamente normal me permitió hacerme de buenos amigos en la escuela y a pesar de que yo era una verdadera problemática y una lépera que hacía infinidad de esfuerzo por ocultar su origen liminal, me convertí en una ciudadana amante de mi hermosa nación.
Pero, las nubes negras del crimen organizado aparecieron en el horizonte y pronto oscurecieron el cielo de mi pacífica ciudad. Al principio, lo acepté, como muchos compatriotas, porque la corrupción era cosa de todos los días y los jodidos narcotraficantes tenían demasiado poder para que una simple enana como yo pudiera hacer algo. Ya era una adulta después de todo y tenía otras cosas en qué ocuparme. Eso cambió cuando en un maldito tiroteo entre carteles, mi señora madre, quien por alguna razón decidió abandonar la seguridad del hogar, fue abatida por una bala perdida. AK-47, las famosas 'cuerno de chivo', 7.62 x 39 milímetros, casquillo de acero, la bala prácticamente la desintegró. Eso jamás se me olvidará, así como tampoco el observar el agua de la emblemática fuente y la efigie de las aves manchadas de intenso rojo. Yo crecí ahí, Aria; Ahí tuve tantas experiencias alegres y recuerdos que atesoraba con ahínco. La primera vez que gané un torneo de balero, esa gran victoria sobre el mejor jugador de canicas de la clase 3-C, incluso mi primer beso inocente fue en aquel preciso lugar, frente a las diáfanas cascadas que emanaban de la estatua.
Y todo eso se esfumó en un instante.
No era únicamente ver a la mujer que me dio la vida yacer inmóvil entre las aguas, no sólo mirar a la gente que conocía contemplando estupefacta a una increíblemente pequeña figura humanoide tornando bermellón el líquido. Era mi nación; Estaba muriendo, Aria, mi país estaba enfermo, infectado, había contraído un cáncer que lentamente reclamaba a sus inocentes víctimas y se extendía por toda la patria. Ese fue mi llamado al deber. Como pude, tomé todos mis recursos disponibles y logré ser aceptada en el Heroico Colegio Militar. Concluí todo los cursos necesarios y me esforcé por lograr mi sueño principal, la Brigada de Fusileros Paracaidistas. Deseaba, tanto metafórica como literalmente, volar tan alto que ningún maldito hijo de puta armado pudiera estar sobre mí o mi país. Caería como una gloriosa águila sobre el enemigo y acabaría con la plaga que esparcía su veneno entre mi gente.
Y lo hice.
Gracias a los violentos tiempos que se sufrían y la necesidad de tropas, mi admisión a la división fue aprobada y prontamente me vi tomando el intensivo curso. Era doloroso en demasía y capaz de socavar la voluntad de cualquiera, como un taladro que te perfora el alma sin piedad. Pero no me rendí, porque en mi corazón el fuego ardía con más vigor que el lacerante sol en mi piel durante los arduos ensayos. Era una liliputiense que apenas pasaba los requisitos de estatura mínimos y sus brazos y piernas cubiertos de roca eran un estorbo pesado para mi descender en paracaídas, pero yo continué luchando hasta obtener mis alas de plata y mi prestigiosa boina roja. Lo había logrado, estaba lista para hacer lo que debía hacer.
Salvar a la patria.
Los primeros enfrentamientos jamás se olvidan. Sacar a esas ratas de sus escondites, combatir de noche, arriesgar la vida contra un enemigo que se ha infiltrado en la población y proteger a los civiles. Todo en una sola misión, y eso es simplificarlo al punto más lacónico. Era un infierno saber que en cualquier momento esos desquiciados terminarían con tu vida o la de tus compañeros, sin contar a los inocentes que caían en sus garras. Lo admito, incluso con todo mi deseo de hacer justicia, nada de eso me agradaba. Sin embargo, cada vez que capturábamos a un líder importante, que destruíamos un laboratorio clandestino o decomisábamos armamento ilegal, sabía que hacía lo correcto. Y lo más importante, cuando rescatábamos a alguien de las fauces de esos cerdos, que lográbamos restaurarle un esposo a una mujer afligida, un hijo a una madre desesperada, una familia que volvíamos a reunir, estaba más que convencida de jamás permitirme fracasar. Mis compañeros, mis conocidos, el país entero me consideraba una heroína como toda la brigada. Y yo también lo creí.
Hasta ese día.
Nunca se me borrará de la memoria aquella fatídica fecha. Estaba de vuelta a donde todo empezó, en Alvarado. Se desarrolló como la peor pesadilla, despertando a media noche del día anterior en la casa donde nos hospedábamos durante un operativo para capturar a un pez gordo del Cartel del Golfo. A pesar de que tratamos de pasar desapercibidos, un maldito soplón les dio a aviso a los narcos de nuestra posición y fuimos atacados de sorpresa. El traqueteo de las armas de ambos bandos causó un silencio al resto del pueblo mientras nos disputábamos el control de la superioridad de fuego sobre el adversario. Logramos contenerlos por veinte minutos, pero el súbito enfrentamiento nos privó de comunicación y logística y nuestras reservas escaseaban a cada segundo. Por suerte, recibimos apoyo de la infantería de Marina de la Tercera Zona Naval de Veracruz y nos unimos en la cacería de esos bastardos.
Fue una persecución intensa y violenta, pero luchamos hasta la madrugada, cuando logramos cercarlos y evitar que los pérfidos escaparan. Quizás una que otra rata lograra colarse en la oscuridad, pero nuestro premio mayor, el encargado principal de lavar su dinero, estaba en nuestras manos. Era un día de gran victoria para la brigada y la patria en sí. Ahí, entre las confesiones de ese asqueroso hijo de perra, fue revelada sin querer la identidad del infame que le arrebató la existencia a mi progenitora. Como un interruptor, toda esa ira, esa furia que había desatado mi larga odisea entre este mar de sangre y muerte, regresó. Volví al inicio. Mi nuevo objetivo ahora era encontrar a ese despreciable y hacerle pagar por todo mi dolor. Sólo había un pequeño detalle.
Ya estaba muerto.
Sin embargo, el demonio no me abandonó del todo y me proveyó de lo más cercano al mezquino difunto: Su hijo. Investigando y a pesar de faltar a mi propia ética, soborné a quien fuera necesario para lograr dar con el paradero del retoño del canalla que me convirtió en huérfana. Cuando por fin di con él, me di con la sorpresa que todo este tiempo estuvo escondido bajo mis narices con una nueva identidad. Pero a pesar de sus esfuerzos por desaparecer del radar, nadie es capaz de eludir a una vengativa gnómida y sus inquisitivos métodos para recaudar información. En un irónico giro, los soplones que alguna vez nos delataron terminaron traicionándolo por un poco de dinero y supe en donde debía dar mi golpe: Puerto de Tampico.
Era capitana segunda, así que, de manera no oficial, pude hacerme con una pequeña guarnición de leales tropas y nos dirigimos hacia el famoso fondeadero de la ciudad. Mayo trece, era de noche y la zona bullía con actividad de la urbe y los desembarcos nocturnos de mercancía. Nuestro objetivo se encontraba en un edificio en construcción. Se hallaba rodeado de otros albañiles, ninguno con aspecto de pertenecer al crimen organizado. Aparentemente, el sujeto pretendía hacerse pasar por un honrado civil laborando entre gente honesta. Era absurdo, su padre vivió entre extremas riquezas a base de dinero sucio y gozó de los profanos placeres de la vida; Y ahora su retoño se hallaba recogiendo bloques de concreto para terminar un inmueble. Ignoraba si era muy listo o muy tonto, pero cuando eres el vástago de un monstruo tan prominente, es imposible esfumarse.
Vestida en mi atuendo militar, con todo el equipo y hasta mis condecoraciones pasadas, caminé hasta él sin quitarle la vista penetrante de encima. Sus compañeros me notaron y luego de segundos de preguntarse por mi dramática aparición, comprendieron que mi intención era únicamente con el bastardo de la camisa roja y pantalones blancos cubierto de restos de cemento fresco cargando una cubeta vacía. Estos se alejaron y mis aliados, quienes también me acompañaban, prepararon sus armas para un posible contraataque, que nunca sucedió. Cuando esa execrable lacra advirtió mi presencia, se quedó quieto, confundido y atemorizado de ver a una militar con una AK-47, la misma arma que mató a mi madre, siendo preparada para la lucha. Quedé a centímetros de él, todavía inmóvil y anonadado.
No tenía idea de quién era yo.
Eso no era problema, le ayudé a despejar las dudas sobre mi identidad al revelarle el nombre de su padre y su conexión con el cáncer que consumía a México. Y le hice saber que su progenitor fue el responsable por hacer que yo me encontrara ahí, frente a su aborrecible despojo de persona, al arrebatarme a mi única familia. La cubeta en sus manos cayó al suelo y lentamente, con los ojos abiertos como platos, él comenzó a caminar torpemente en reversa, resbalando y volviéndose a incorporar para huir hacia el interior del edificio. Le pedí a mis hombres que esperaran y gracias a mi condición física, le seguí fácilmente el paso al miserable hasta entrar al inmueble, donde su desesperación le hizo chocar con una serie de tubos para construcción, golpeándose la cabeza.
Cuando él volvió en sí, sus manos estaban atadas firmemente con un par de esposas metálicas y sus ojos totalmente vendados mientras el cañón del fusil chocaba con su espalda. No necesité mucho para convencerlo de empezar a subir las escaleras. Durante el trayecto, el farfulló disculpas sobre la involucración de su padre en tan horribles actos y pidió perdón por todo el mal que este le causó a la nación. Era patético escucharlo suplicar clemencia entre lágrimas y su molesto hipar. Cuando llegamos al quinto piso, el hijo de perra supo que no pensaba en desistir y el terror lo invadió. Confesó que no pretendía seguir los pasos de su antecesor y que únicamente deseaba volver a empezar una nueva vida. Alegó incluso que su esposa esperaba una niña. Excusas más patéticas jamás pudieron ser espetadas. El era más que culpable, responsable de ejecuciones y organizar bloqueos, sin contar que todo el lavado de dinero que obtuvo no desapareció en actos de beneficencia. Y él lo sabía, como todo el mundo.
Alcanzamos el noveno y último piso, hasta ascender al techo. El aire, debatiéndose entre frío y caliente, resonaba en las alturas, ululando una melancólica sinfonía que anunciaba el lúgubre futuro del cerdo en mis manos. Lo moví hasta una pequeña plataforma que sobresalía y, cual pirata de los siete mares, lo hice caminar lentamente por ese tablón de concreto, en donde cualquier movimiento brusco acabaría con su existencia. Afásico, no pronunció palabra alguna y se quedó inmóvil al tiempo que yo retiraba la venda de sus ojos. Eso causó que su garganta volviera a la vida y el temblor en su cuerpo le provocara por poco caer, salvado por mi mano que firmemente sostenía su vituperable ser. En ese momento, hallándose sin salida a más de treinta metros en las alturas, hizo lo que cualquiera de su calaña haría.
Rogó por su vida.
Mi sonrisa, debajo de mi pasamontañas, era demasiado evidente. Yo lo estaba disfrutando; Después de tantos años de padecer los golpes, las balas, el hambre, la falta de sueño y la soledad por la ausencia de mi matriarca, estaba contenta. Toda esa ira, toda esa vesania que me atiborraba cada fibra de mi persona se había concentrado hasta ese preciso punto en aquella zona geográfica. Era hora de tomar mi venganza. Dándole la vuelta con cuidado, lo hice encararme y, sin dejar de apuntarle con el arma, me retiré la negra máscara para descubrir mi rostro. Me lo cubrí anteriormente con roja pintura, casi tribal, denotando un patrón simple como si tres garras hubieran cruzado mi cara. Mi maquiavélica mueca de felicidad no desaparecía y mis ojos brillaban como antorchas por el fuego de la vendetta que exigía sangre como un coro infernal en mi cabeza. Mis manos ardían en deseos de destrozar su tráquea como un ave rapaz degollando a su presa, mis dientes rechinaban de furia y mi respiración era tan irregular como la suya.
Él siguió rogando.
Suplicó, se postró, humillándose como una patética larva de mosca, igual que la forma de vida más baja que pudiera existir, implorando para que absolviera sus pecados y le permitiera continuar viviendo. Incluso se ofreció a ser encarcelado de por vida, todo con tal de no abandonar este plano terrenal. Yo le contesté fríamente que perdió tal derecho cuando su familia me quitó a la mía. Con esa gélida declaración, me acerqué a él y lo obligué a pararse. Metódicamente lo hice voltearse, regalándole una magnánima oportunidad de observar el paisaje urbano por una última ocasión antes de encontrarse con el piso. Exclamando un intento final para ser eximido, un pequeño empujón con el cañón de mi arma bastó para que el detestable saco de estiércol se desplomara sin gracia alguna hacia abajo, emitiendo risibles gritos de horror absoluto.
Impactó el piso en pocos segundos. La gravedad le hizo estrellarse la cabeza primero y doblar su espina dorsal en una casi imposible pose hiperbólica, esparciendo una enorme mancha roja en el suelo de tierra. Me permití un momento para admirar al cadáver reposar como una grotesca muestra de nuestra irrelevante presencia en la existencia, continuar derramando su carmesí líquido y filtrando el resto de su masa encefálica que aún se escapaba por las comisuras de sus innumerables heridas. Alcé la vista para reencontrarme con el panorama de Tampico. Nadie, aparte de unos cuantos, tenía idea alguna del oscuro desenlace que se había desarrollado en aquel edificio a medio terminar. Lo único finalizado había sido la vida de un repugnante insecto y mi búsqueda de culpables. El viento nocturno soplaba, enfriándome el cuerpo tanto como mis congeladas palabras.
Y entonces me di cuenta… Que me convertí en ellos.
Mi sonrisa paulatinamente dio paso a una mueca de horror. Mis ojos, abandonaron las llamas de la cólera para ahogarse con las lágrimas que recorrían mis mejillas. Patidifusa, observé mis trémulas manos; A pesar de que no había jalado el gatillo en todo el día y que mi higiene personal siempre fue un paradigma entre la brigada, en ese momento sólo podía observar sangre brotándome de los dedos, cubriendo mis palmas como una infección y tornando mi visión tan obcecada al grado que el único tono que pudiera percibir fuera ese nefasto rojo. No había ovaciones al final, ningún coro a manera de guinda que exaltara mi gran venganza o siquiera la satisfacción de haber completado mi misión. Sólo horror, miedo, incertidumbre y arrepentimiento. Ya no era una ilustre soldado, una respetable paracaidista, una laureada heroína.
Era un monstruo.
En un arrebato de rabia y haciendo honor a los nombres comunes con que era conocida nuestra estirpe no humana, me transformé en una bestia y acabé quitándole la vida a un hombre desarmado que simplemente se encontraba trabajando en una construcción. Una execrable ironía, una nefasta paradoja, una desdichada contradicción viviente; Yo, quien juré proteger al pueblo, a mi cultura, a mi patria… Ahora la estaba matando. Me volví en ese mismo cáncer que arrebataba la existencia a sus habitantes, mi furia era tanta y mi mente estaba tan distorsionada que pronto recurrí a ejecutar gente tan despiadamente como los bastardos que combatí por años. Crucé tan delgada línea y me volví tan detestable como el enemigo que prometí destruir. Me traicioné a mí misma y a la humanidad entera.
¿Sabes que es lo peor? Que a pesar de todo, él decía la verdad. Había cesado sus operaciones con el crimen, se distanció de su padre, de toda esa mala vida y decidió empezar desde cero para mantener a su esposa y futura hija de manera honesta. Llevaba nueve meses desde que adoptó su nueva identidad… Y yo la extinguí en menos de nueve segundos. Las semillas que nos llevaron a tan abyecto episodio germinaron de diferente manera para ambos: Mi error fue tener a mi familia en el lugar y la hora equivocados, su pecado fue ser el hijo de un criminal. Mi honor fue luchar por la patria, su redención fue tratar de empezar de nuevo. Y al final, mi castigo únicamente fue ser degradada, su condena fue desaparecer de este mundo."
Titania había dejado que las lágrimas le invadieran la cara y sostenía su cabeza con ambas manos, temblando ligeramente y permitiendo a su afónico llanto desahogar el sufrimiento que herméticamente había guardado en lo más profundo de sus recuerdos todos estos años. Recobrando algo de calma, ella prosiguió.
– "Doce; doce bajas confirmadas a mi nombre. Doce criminales que perecieron bajo el juicio del plomo de mis armas. Él se volvió la decimotercera y última de mi carrera. Mi depresión posterior fue suficiente para que me dieran de baja. No perecí por las balas o por armas punzocortantes, pero desde ese día, yo estaba más que muerta. Intenté regresar a la vida civil, pero los años de vivir entre sangre y horrores nunca te abandonan y difícilmente pude conseguir empleo sin que los recuerdos desataran alguna especie de shock repentino. Me despertaba por las noches, sudada y perdida, buscando a un oponente que no se encontraba ahí. Y por más medicamentos que tomara, por más que deseara bloquearlo de mi cerebro, esa horrible imagen seguía tatuada en mis retinas, atormentándome eternamente con saber que en mi espalda reposaba tan inexorable culpa como una pesada cruz.
¿Sabes que fue lo peor? Que después de desgarrarme el cuerpo y alma en los peores abismos que el mundo pudiera conocer, nada cambió. La corrupción y la apatía que ha infectado a mi país me hicieron ver que, sin importar cuánto luchara, todo fue en vano. Los cerdos que capturamos se hallaban extintos o tras las rejas, pero entonces otro tomaba su lugar y el ciclo comenzaba de nuevo. Era como removerle un pelo a un gato; Sin importar cuánto nos esforzáramos en detener a un grupo, dos más aparecían y reclamaban el vacío que el primero dejó. El gobierno era cómplice y nosotros no éramos más que ridículas marionetas en su asqueroso teatro guiñol, míseras herramientas desechables que podían ser intercambiadas en cualquier momento. La sociedad también lo toleró y dejó que esas bestias que tanto daño les causaban, los dominaran.
En otra de esas irrisorias ironías, los grupos delincuentes a quienes traté de exterminar me ofrecieron la mano para reclutarme en sus filas. Para ese momento, daba igual a que bando decidiera unirme, todos eran exactamente lo mismo. Me decepcioné tanto de mi país que comencé a ver únicamente lo negativo. Detestaba a esas cucarachas que se encontraban en el poder, aborrecía a quienes vendían nuestra patria al mejor postor y repudiaba a quienes se quedaban de brazos cruzados mientras el país ardía. Un día me sorprendí al hallarme deseando que algún enemigo nos invadiera para purgarnos desde la raíz. Ese pensamiento no era únicamente abominablemente anti-patriótico, sino que era exactamente lo que un maldito criminal desalmado diría. Ya no había diferencia entre mí y un jodido terrorista que ansiaba recurrir a la violencia para resolver los problemas. El cianuro del odio que residía en mi corazón me había envenado por completo."
Jättelund claudicó a su voluntad y el doloroso llanto escapó de su boca. Yo ya me localizaba a su lado, rodeándola con mis brazos al tiempo que sus sollozos le expurgaban el sufrimiento.
– "No me arrepiento de haber limpiado al país de esos asquerosos que torturaron a mi nación con sus injusticias. Eran personas vivientes como tú o yo, pero eso no significa que debiera perdonarles sus errores. Hice lo que tenía que hacer y cumplí mis órdenes, era mi trabajo. Pero, llegar hasta ese punto, ese reprobable estado donde abandonas la moralidad, la ética y cometes exactamente la misma infamia a la que te opusiste toda tu vida, simplemente no tiene excusa. Podría alegar que todo lo que hice era mi deber como guardiana de la paz, que era una muestra de infinito amor sincero por mi patria al intentar defenderla, un acto de heroísmo para salvaguardar la justicia.
Excusas para justificar asesinato.
¿Qué justicia puede haber cuando ejecutas a un hombre que sin manera alguna de defenderse ruega por su vida, pero no recibe oportunidad de ser escuchado? ¿Desde cuándo se pretende proteger la vida de una nación si nos dedicamos a extinguirla? ¿Dónde está el heroísmo en arrancar la existencia tan fríamente como un animal? Una vez que recorres el camino del rencor, sólo puedes adentrarte más en la oscuridad. Pronto, nos encontramos apoyando un régimen violento y totalitario, ejecuciones por venganza, encerrando a quienes detestamos en campos de muerte y destruyéndoles la mente para evitar que puedan actuar contra nosotros, despojándolos del libre albedrío como los auténticos engendros infernales en los que el odio nos ha convertido.
En monstruos.
Decidí irme de ahí, abandonar a la tierra que me vio nacer, porque no soportaba continuar manchándola con mi hipocresía. Si no podía deshacerme del pasado, entonces trataría de crearme un nuevo futuro. Opté por Japón porque anhelaba estar lo más lejos de casa. Crucé el vasto océano Pacífico y me encontré sola y sin otra identidad que no fuera una extranjera. Me apresuré a aprender el idioma nativo y en poco tiempo conseguí trabajo aquí, como instructora. Y lo hice porque, a pesar de todas las penurias y decepciones que mi lacerante experiencia me ha dejado, aún sigo creyendo que el cambio es posible. Este país no será perfecto, pero al menos, y me duele admitirlo, tiene más oportunidades de lograr su objetivo de prosperidad y paz que mi amado México. Al menos por ahora.
Quiero aplicar lo que sé, usar mi talento para ayudar a personas como tú a desarrollar sus habilidades para proteger lo más valioso que esta tierra posee. Que cuando ustedes rescaten una vida, detengan a un extremista o simplemente ayuden a mantener el orden, parte de mi afligida alma también encuentre redención por sus herejías pasadas. Tal vez nunca me exculpe por mis pecados, pero podré dormir en paz, sabiendo que logré aportar algo para hacer de este mundo un lugar más tolerable. ¿Habrá valido la pena? Eso lo decidirán las generaciones venideras.
Pero, sin importar que haga, aún tengo miedo. Me he esforzado por olvidar el nombre del sujeto que asesiné, en borrar toda semblante que no sea su vaga descripción física o sus ropas en colores primarios. Evitando darle una identidad definida, un rasgo humano, una cara existente, su ausencia no es tan pesada; Es lo único que evita que me desmorone por completo. Yo… Yo maté a tanta gente, Aria. A tanta gente. Derramé sangre, extinguí la vida e hice destrozos. Hay una niña que crecerá sin conocer a su padre, que el estigma de los errores de su familia la atormentaran por el resto de su existencia. Tal vez eso la motive a ser una mejor persona, quizás le envenene la cabeza y la obligue a ajustar cuentas, no lo sé, pero sea cual sea el resultado, habrá sido totalmente mi culpa y aceptaré las consecuencias, por más que me aterroricen.
Porque soy un monstruo."
Ignoro cuanto tiempo ha pasado desde que la gnómida comenzó a remembrar sus perturbadas memorias, pero mi uniforme ya se hallaba empapado de sus lágrimas y la saliva que escapaba a raudales de su boca. Ahí, en mis quitinosas manos, la impávida e impetuosa Titania Jättelund había abandonado su caparazón de circunspección para mostrar a la vulnerable mujer que residía en el interior. En ese momento, ella no era mi cruel instructora o mi impasible superior, sino una indefensa personita, tan pequeña y delicada como ella lo fue al nacer. Todo volvió a su estado primordial, ella había vuelto a ser esa niña en México, llorando por su madre y buscando alivio entre mis brazos. Al final del día, sin importar la manera en que hayamos crecido, todos somos tan diminutos y frágiles como un bebé.
Las manecillas del incansable reloj seguían agregando minutos a la noche y quejidos al hipar de la latina. El viento, como en su aturdidor relato, soplaba gélidamente, haciéndome tiritar. Dejé otro intervalo de tiempo pasar, mientras la fémina de rosados cabellos se deshacía de los últimos restos de su tribulación actual. La respiración regresó despaciosamente a su ritmo regular y sus globos oculares cesaron su plañir. Permitiendo que el sinsabor de su saliva fuera expulsada, manchando el suelo y la balaustrada, la mexicana se incorporó, dándome la espalda y limpiando la mucosidad de su nariz, manchando su camuflado uniforme. Sin movernos, no dijimos nada, con el ruido ambiental llenando el vacío de nuestro nulo hablar, hasta que ella volvió a tomar la palabra.
– "Los héroes no matan."
Con eso, la híbrida jötunn se retiró, abriendo la puerta y dejando que la barahúnda del interior del bar se filtrara. Las risas jubilosas de las chicas permeando el vivaracho ambiente con algarabía contrastaban con el silencio que aquella sencilla pero profunda frase dejó en el balcón exterior. Desconozco si alguien haya notado el emotivo momento que se desarrolló a cabo en esta compacta terraza, pero el impacto que esa pequeña gnómida ha dejado en mi es tan grande como el universo mismo. Levantándome, tomé la botella de agua a medio consumir y alcé la vista al cielo. Las estrellas brillaban con suficiente fuerza para vencer a la contaminación luminosa de la bulliciosa ciudad, titilando en el pacífico firmamento.
Me puse a cavilar en mis metáforas que me revolotean por la cabeza cuando estoy sola; Al igual que Ícaro, volamos tan alto entre las nubes de la soberbia que perdemos contacto con el suelo y con nuestros ideales, y las alas que alguna vez nos elevaron hasta la gloria, se caen por el peso de nuestro propio orgullo, de nuestros errores. Cerré mis ojos, pensando en si alguna vez yo, sin quererlo, me dejaría llevar por toda esa altivez que me volviera tan ingrávida como el gas, que me ascendiera hasta que mis humos de grandeza me intoxicaran tanto que perdería el control y cometería actos reprobables. Ya lo hice una vez, y nunca en mi vida deseo repetirlo. Al igual que Titania, yo sólo buscaba redención.
Y quizás aquí, con mis acciones, pueda hallarla.
Volví adentro y me senté en mi lugar. Cetania se preocupó por nuestra tardanza, pero le informé que no era importante y proseguimos celebrando nuestra graduación. Jättelund no estaba ya, había solicitado irse directamente a su hogar para reposar, no sin antes que Smith le consiguiera un taxi para recogerla. Yo no estaba incómoda, pero en esos momentos, no podía dejar de pensar en mi hogar, en lo mucho que necesitaba volver con mi familia, con Lala; Pero tampoco deseaba echar a perder el animado entorno que se disfrutaba entre las presentes. Luego de un par más de anécdotas compartidas sobre las misiones de MON y uno que otro lascivo relato de la doctora Redguard, el repiqueteo del teléfono de la coordinadora interrumpió el ritmo del festejo súbitamente. Ella tomó el aparato y contestó.
– "Smith aquí, ¿Qué sucede?" – Replicó la jefa. – "¿Eh, en serio? Demonios, ¿justo ahora? Sí, ya veo. Vale, entiendo. Espera, ¿hablamos del mismo tipo? Oh, dioses exteriores, sólo él podría ser."
– "¿Cuál es el problema, Capi?" – Preguntó Zombina, llenando otro vaso de vodka. – "¿Ya nos gastamos el presupuesto en alcohol?"
– "Je, no vas a creerlo." – Rió la pelinegra y se dirigió a Saadia. – "¡Oye, Vanessa, tu novio volvió a las andadas!"
– "¡Ya te dije que lo nuestro terminó hace años!" – Respondió la aludida con voz más que alcoholizada. – "¿Y ahora que hizo ese condenado de Sarver? ¿Destruyó su casa? ¿Inició la Tercera Guerra Mundial? ¿Se le acabó el papel de baño?"
– "Aparentemente decidió visitar a ese grupo de idols nekomatas…" – Contestó la agente. – "En su camerino… Personal e íntimamente."
– "¡Lo sabía! ¡Ese maldito mujeriego, siempre andando tras cualquier gata!" – Sandy aporreó la mesa con su botella vacía. –"¡Así son todos los hombres! ¡Te prometen esta vida y la otra, y luego te tiran como a un cadáver! ¡Debo tener el cerebro podrido para haberme fijado alguna vez en él! ¡Al carajo todo, me vuelvo lesbiana completa!"
– "Sí, sí, tu segunda vida es un calvario, bu-bu-bu. Ya muérete, llorona." – Desestimó Kuroko con la mano y volvió al celular. – "¿Eh, hay alguien más? Sí, puedes decirme… ¡¿Qué qué?! ¿Estás completamente segura? Es decir, ¿estás absolutamente convencida que también está involucrado? Por Azathoth, que eso sí que no me lo esperaba. Vale, iremos inmediatamente. Bye."
– "¿Cuál es la novedad, Hauptmann?" – Interrogué comiendo unas frituras de botana.
– "Descuida, granate, ya lo sabrás después." – Guardó su teléfono. – "Por ahora, ustedes tres vayan a casa y mañana tómense el día libre. Nos veremos en las oficinas centrales pasado mañana a primera hora, ¿vale? Ya debemos irnos."
– "¿Una misión de emergencia?" – Cuestionó Doppel.
– "Así es, Doppel-chan. Máxima prioridad." – La coordinadora se levantó. – "Bueno, diamantitos, se acabó el recreo. Si su hígado aún funciona, acompáñenme inmediatamente. Tú también, Vanessa, no querrás perdértelo. Pero pasen primero al baño, que no haré paradas a mitad del trayecto."
– "Ugh, que estafa." – Se quejó la pelirroja. – "Ni tiempo tuve de embriagarme como se debe. Aún no empezamos siquiera con los besos."
– "Bina-san, deja de esparcir esos rumores. Podrían creérselos." – La reprendió Manako, alistándose el saco.
– "¿Les dejaremos la segunda unidad a las novatas, Jefita?" – Indagó Tionishia, sacudiendo su traje.
– "Negativo, la necesitaremos. Tú y Manacchi la conducirán. Bina, Doppel, Vanessa, vienen conmigo" – Afirmó la capitana. – "Granates, les pediré un taxi que las lleve a la estación de tren más cercana."
– "Yo puedo simplemente volar." – Dijo la arpía.
– "Permiso denegado, cabo, aún no tienes el rango suficiente para andar por ahí alcoholizada." – Aseveró Smith. – "Bien, a darle. Honorem et Gloriam."
Haciendo un saludo militar, nos despedimos del equipo MON al verlas arrancar el motor y trasladarse en las furgonetas. Nuestro transporte arribó pocos minutos después, un vehículo de dimensiones suficientes para albergar mi masivo tamaño, y lo abordamos para llevarnos a la estación. Ahí, esperamos unos minutos hasta que el puntual tren nos recogió. En el viaje, la americana estaba algo pasada de copas y la falconiforme terminó adormitándose sobre mis hombros. Rodeé a la pajarita con mi brazo, acariciando su cabeza. La helénica, quien no estaba afectada por la bebida, no decía nada pero nos veía de reojo con una muy pequeña sonrisa en sus labios, quizás por lo lindo de la escena o por los efectos del etileno en su cuerpo, aunque no me atreví a preguntarle. Dado que la línea iba directo a Asaka, la mediterránea se despidió de nosotras en la parada más cercana a su residencia, en los cuarteles de Tokio. Deseándole buenas noches y estrechando nuestras manos, la nativa de Mitilene se encaminó por su propia ruta.
La voz en la bocina nos indicó que habíamos alcanzado nuestro destino y mi compañera y yo sentimos un pequeño alivio al regresar a nuestra amada ciudad. Saliendo de ahí, las dos caminamos con rumbo a nuestras moradas, siendo la de la castaña la primera base. Era una noche tranquila, con poca gente en las calles, dado que muchos o ya se encontraban durmiendo para laborar mañana o aún permanecían disfrutando los últimos momentos del domingo. Divisamos la conocida residencia Honda, con la lucecita del pórtico encendida, al igual que una de las ventanas. Yuuko se había quedado a esperar a su inquilina, haciendo sonreír a la rapaz. Ambas nos detuvimos justo frente a la reja principal.
– "¿Aria?" – Habló ella al tiempo que nos acercábamos al inmueble. – "Gracias de nuevo por convencerme de entrar a MON. Jamás imaginé llegar tan lejos."
– "Gracias a ti por estar siempre a mi lado. Sin tu presencia para no darme por vencida, dudo que hubiera aprobado el primer día."
– "¿Prometes seguir recorriendo esta gran aventura conmigo?" – Sostuvo mi mano. – "¿Y nunca dejarme sola?"
– "Te juro que jamás te dejaré caer, Cetania. Estaremos juntas por siempre." – Afiancé el agarre. – "Te amo."
– "Te amo, Aria."
Nos unimos en un suave contacto bucal. El sabor de la piña y el ron en su aliento le dieron un toque exótico al ósculo. Fue breve, sin juntar nuestras lenguas o un fuerte abrazo; No por falta de pasión, la cual nos sobraba, sino porque no requeríamos de intensos despliegues románticos para probar lo mucho que nos queríamos. Su mirada avivada y su sonrisa que se dibujaba en su angelical rostro al estar junto a mí era suficiente para hacerle saber a todos que su corazón me pertenecía, y viceversa. Separándonos lentamente y asintiendo en silencio, la arpía abrió la entrada metálica y tomando una llave escondida debajo de una piedra junto a una maceta, la insertó en la puerta, se introdujo a la casa y me dio una última señal de despedida, colocando su ala derecha en medio de su pecho, antes de que la café puerta la ocultara al cerrarla.
Suspirando satisfecha por dejarla en sus aposentos sana y salva, me di la vuelta para encaminarme a mi propio domicilio. Transité en silencio, disfrutando de la tranquilidad característica del barrio y la suave brisa que revoloteaba unas cuantas hojas en el aire. Las estrellas lucían más brillantes en esta diminuta zona geográfica, a pesar de estar prácticamente a un lado de la gran capital y sus destellantes focos que nunca descansan. La Vía Láctea siempre lucia tan hermosa en esta época del año, con las constelaciones residiendo en el infinito espacio y delineando, casi como si tuvieran vida propia, la ruta a mi hogar. Un pequeño haz de luz que la luna proveía en el horizonte, señalaba que mi destino estaba cerca.
A pocas cuadras, un enorme reloj digital me indicó que faltaban dos minutos para la medianoche, tan tarde era. Mientras tarareaba la canción homónima de cierto grupo británico, el corazón se me intensificó al peregrinar por la familiar acera, ya estaba muy próxima. Mi mente se concentró únicamente en seguir avanzando hacia adelante y mi respiración en proveer suficiente oxígeno para calmar mis nervios. Mi inquietud se derivaba en preguntarme si ella también había optado por postergar su horario regular de descanso para esperarme. Sé que ella no requiere de dormir, pero ha adoptado la costumbre de compartir el tiempo nocturno y reposar tranquilamente a mi lado. Mi bomba sanguínea aceleró su latir así como la velocidad en mis piernas. Necesitaba verla, sentirla, oírla y, sobre todo, amarla.
Una codiciosa nube decidió robarle el brillo al astro selenita e interrumpir la iluminación del satélite natural, dejándome únicamente con el fulgor de las luminarias urbanas, las cuales no me permitían observar más allá de unos pocos metros en el horizonte. Cuando pude distinguir el vago rojo vino del techo de la morada Kurusu, no dilaté en moverme con mayor celeridad. Entonces, como si los dioses hubieran escuchado mi silenciosa plegaria, las luces de alrededor se apagaron por completo y la astuta nube volvió a permitir que el resplandor de la luna apartara a la oscuridad y la inesperada neblina que el frío había invocado, guiándome hacia el lugar correcto.
Y entonces la vi.
El astro menguante producía una iluminación tenue, pero lo suficientemente clara para discernir a esa femenina figura a menos de trece metros de mi posición. Sonreí al instante. Ese níveo cabello sedoso y que resplandecía como plata bajo los rayos de Selene, esa tersa piel azul cuya suavidad no posee parangón en este mundo, esos áureos ojos rodeados de la más negra y hermosa esclerótica que la existencia misma haya presenciado; Toda esa perfección hecha realidad se hallaba envuelta en un exquisito añil atuendo cuasi-militar mientras una oscura bufanda ondeaba al compás del viento nocturno. Era ella, la persona a quien le entregué mi alma sin dudar, a quien le compartí mis secretos sin arrepentirme, a quien respeto y venero todos los días a cada hora. Corrí de inmediato hacia su lugar. La primera en aceptarme y amarme como jamás imaginé, la que me sostiene de la mano cuando estoy al borde precipicio, la que me ofrece consuelo cuando me encuentro en el fondo y la que me da alas para elevarme más allá del cielo. La que disipa toda la culpa, toda la desesperanza, todo el mal que me aflige; Y todo eso lo logra únicamente con sonreír.
Aquella cuyas piernas raudamente se desplazaron al mismo tiempo que yo acortaba la distancia entre nosotras. La que abrió con rapidez la reja para encontrarse conmigo lo antes posible, sin importarle que fuera en medio de la calle. La persona a quien le abrí mis brazos sin parar mi marcha y respondió de la misma manera, con la vista encontrándose con la mía. La mujer que saltó enérgicamente al estar a menos de un metro de mí y a quien atrapé a salvo en mis brazos. La liminal a quien abracé con todas mis fuerzas y me rodeó firmemente con los suyos. La doncella que sostuve fielmente y le hice dar vueltas en nuestro eje sin separarnos. La honorable dama a quien saludé con el más profundo y encendido beso que jamás hayamos experimentado. La idolatrada reina a quien extrañé por tantos días sin poder contar con su apoteósica presencia.
Lala.
Mi amada dullahan, mí adorada irlandesa, mi bella segadora, mi hermosa Abismal, mi apreciada novia. Mi futura esposa.
Con ardiente ahínco y brío, continuamos el ferviente ósculo, degustando el interior de nuestras bocas y aspirando nuestro mutuo aroma. Su sabor me embriagaba de felicidad, su esencia me hechizaba con regocijo, su cuerpo me mesmerizaba con frenesí y su existencia me extasiaba de dicha eterna y gozo infinito. Al faltarnos oxígeno, nos separamos con lentitud, mirándonos alucinadas y sonriendo maravilladas. No pronunciamos palabra alguna, no había necesidad, el estar juntas era todo lo que requeríamos para llenarnos el corazón de paz sempiterna, tranquilidad inagotable y felicidad absoluta. Abrazándonos fervorosamente de nuevo, nuestras lágrimas expresaron todo lo necesario. Ya puedes cesar tu preocupación, Lala, porque ya estoy aquí, en el lugar a donde yo pertenezco. A tu lado, por siempre y para siempre. En este santuario de libertad, en esta morada de esperanza, en este castillo en miniatura que nos protege del mal del mundo. Descuida, mi amor, porque por fin, oyendo a tus más profundos deseos, he vuelto.
Ya estoy en casa.
NOTAS DEL AUTOR: ¿Capítulo doble? ¡Capítulo doble!
Bueno, en verdad que desgasté el teclado en esta ocasión. Creo que incluso borré mis huellas dactilares en el proceso, pero valió la pena.
En este largo episodio, deseaba retratar dos historias que corrieran paralelas tanto en orden cronológico como en temas. Ambas comienzan con la felicidad de estar con las personas que te estiman y quieren, moviéndonos a pequeños problemas que se resuelven con un poco de unión. Luego, los relatos se bifurcan en medio, con uno dedicado a las ocurrencias cotidianas caseras y otro con los sucesos de ser una nueva integrante en una unidad policial. Pero, a pesar de esas discrepancias que nada parecen tener en común, nos damos cuenta que los paralelos vuelven a emparejarse cuando los dos lados presentan, cerca del final, confesiones de personajes que difícilmente mostraron ser tan vulnerables y, en cierto modo, tan humanos. Todo eso complementado por el colofón que es prácticamente idéntico, narrado por separado desde los puntos de vista personales de nuestras protagonistas. De esa manera, el círculo vuelve a completarse.
Rachnera es mi personaje oficial favorito, y quizás la arachne más incomprendida por aquellos que no ven más allá de su fachada de dominatrix y la descartan como una simple degenerada. Pobres de aquellos que jamás verán la luz porque se rehúsan a abrir los ojos. Pero dejando de lamentarnos por los no iluminados, vemos que la tejedora es mucho más de lo que su negro exoesqueleto y su apariencia tan lasciva logran exhibir. Ella es la inquilina más sensata y madura del clan Kurusu, siendo la que nunca lo ha herido de gravedad una vez instalada y la que actúa como hermana mayor para las integrantes más jóvenes. Arachnera es increíblemente interesante porque es de las pocas que Okayado ha retratado con una motivación real para actuar de la manera que lo hace.
Podría explayarme sobre las infinitas virtudes de ella y su gloriosa especie, pero el punto principal es que era mi deseo retratar su delicado interior sentimental, revelar a la inerme flor que reside debajo de ese grueso caparazón de quitina. Porque ella, como todos nosotros, es una simple persona.
De la misma manera, Titania nos destapó su tumultuoso pasado, y al igual que la tejedora, observamos a la diminuta criatura endeble que alberga tan fría coraza. Cuando elegí a la gnómida para ser la instructora y volverla una paisana, lo hice pensando en que su irónico tamaño sería perfecto para representar el ascenso y caída que ella encarnizaba. Una enanita que logró llegar a lo más alto, literal y figurativamente al volverse paracaidista, para desplomarse estrepitosamente por su propio deseo de venganza. Su trágico pasado, está ligeramente basado en mis propios pensamientos como mexicano.
Yo una vez me decepcioné tanto de mi propia nación que comencé a odiarla, a pesar de que años antes estuviera enamorado de esta. Al igual que Jättelund, un día me sorprendí al encontrarme deseando que alguien nos invadiera o atacara, de esa manera olvidaríamos nuestras diferencias y nos uniríamos como una única patria y defenderíamos esta hermosa tierra con ahínco. Y me di cuenta que pensar en destruir mi país para tratar de expurgarlo era exactamente lo que cualquier terrorista fanático haría. No puedo aplicar una metáfora tan extremista como imaginar en aniquilar algo para después reconstruirlo (borrón y cuenta nueva) a una nación entera, porque las personas no son edificios ni construcciones, sino seres vivos. Joder, eso es exactamente lo que pensaron cientos de crueles dictadores a lo largo de la historia.
Y la frase que resume de manera lacónica la mayor filosofía que tanto Aria como Lala han tratado de seguir: Los héroes no matan. Esa es la condensación de todo lo que traté de desarrollar desde el principio. Los esfuerzos de Jaëgersturm y Cetania por controlar sus impulsos de cazadoras natas, la dullahan oponiéndose a su naturaleza como tomadora de almas, todo aquello define a ellas tres. Es una ideología que en ocasiones parece demasiado fácil de quebrar, pero ahí reside el reto de aceptarla. Hay que tener más fuerza de voluntad para contrarrestar los instintos y la tentación de cruzar esa línea que separa a los justos de los monstruos.
Bueno, mejor me detengo o los seguiré aburriendo con mis diatribas de cavernario. Como siempre, los invito cordialmente a dejarme sus opiniones y a seguir en sintonía, porque este tanque sigue su marcha. Aprovecho para enviar muchos saludos por las referencias que hice a los compañeros Paradoja el Inquisidor, Alther, Onix Star y Arconte, quienes juntos defendemos el castillo Grays… Digo, quienes juntos formamos un excelente grupo de amigos unidos por una misma causa. Me gustaría llamarnos el Kampfgruppe Kreativentruppen y andar en blindados, pero la Gran Sirena anda algo corta de presupuesto.
¡Y eso es to-to-todo, amigos! ¡Nos vemos hasta la próxima! ¡Auf Wiedersehen!
