NOTAS DEL AUTOR: ¡Willkommen züruck, Kameraden! ¡Tarmo Flake ist hier!
A veces desearía no tener trabajo que me distrajera de la escritura, pero luego recuerdo que las cuentas no se pagan solas y que no trabajo en MON para darme el lujo de holgazanear, así que se me pasa. Pero bueno, aunque tarde, aquí hay otra entrega de esta historia que de alguna manera no me canso de seguir expandiendo. Es lo bueno de no tener pareja… Y quizás por esa actitud es que sigo soltero.
Ya me deprimí, ¡empecemos de una vez! *Solloza amargamente en la esquina*
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena es feliz cuando la obedecen incondicionalmente!
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 48
– "¿A chuisle?"
– "Zzz…"
– "A chuisle, despierta…"
– "Zzzinco minutitos más…"
–"Pero ya debo irme a trabajar…"
– "Que te vaya bienzzz… Me saludazzz a la familiazzz…"
–"Aria, no puedo laborar si no me sueltas…"
– "Zzz… ¿Eh? ¿Qué? Oh…"
Desperté al compás de la voz más bella del mundo, indicándome que debía partir a cumplir su faena al iniciar la nueva semana. Regresando al estado consciente, estiré mi cuerpo y di un gran bostezo. Parpadeé varias veces mis seis globos oculares y mientras degustaba el amargo sabor del aliento matutino, sonreí. Estaba de nuevo en la conocida cama del habitual cuarto de la familiar casa, disfrutando de la tenue luz que las oscuras cortinas no se molestaban en filtrar y con ese aroma a hogar que le llena a una los pulmones de tranquilidad. Y lo mejor, me hallaba a lado de mi amada, venerada, adorada, inmaculada, hermosa y absolutamente perfecta Lala. Mi preciada dullahan, ya liberada de mi cariñoso abrazo que le proveí desde anoche, se sentó en el borde de la cama y también desperezó su preciosa figura esbelta. Mi corazón latió con fuerza al admirar su nívea y larga cabellera resplandecer por los rayos de Helios, ocultando gran parte de su espalda, pero sin esconder su impoluta y suave piel azul desnuda brillando con el sol. Una imagen tanto sensual como espléndida.
El paraíso sigue existiendo.
Luego de nuestro seráfico encuentro bajo la luz de la plateada luna y declararle con mis besos y abrazos cuanto la necesitaba y amaba, le ofrecí a mi linda irlandesa que nos dirigiéramos directamente a nuestro aposento actual para disfrutar del mundo onírico en su magnífica compañía, lo cual ella aceptó sin dilación. Yo me hallaba cansada y lo único que más deseaba en ese momento era estar junto a la mujer que amo. No hubo encendidas caricias que desataran una apasionada tormenta de lascivos arrumacos y lujuriosos despliegues de erotismo que concluyeran en fogosa ninfomanía sáfica; Simplemente nos acostamos y unimos nuestros cuerpos en un cariñoso abrazo para visitar juntas el pacífico reino de los sueños. Eso sí, le pedí que me deleitara el sentido del tacto y la vista al solicitarle que durmiéramos completamente sin ropa. Ella accedió al instante e informó que la oferta de saciar nuestras carnales fantasías seguía totalmente en pie; Yo estaba deseosa, pero mis energías habían sido mermadas por tan agotador día y postergué tan deliciosa idea para otra ocasión.
– "Dia dhuit ar maidin, A chuisle." – La segadora me dio los buenos días con una afable sonrisa. – "¿Dormiste bien?"
– "Guten Morgen, Spatzi." – Le sonreí también. – "Mejor que nunca. Si no me hubieras despertado, hubiera continuado hasta mañana."
– "Siento haberte despojado del placer de la serenidad que el descanso provee, amor, pero me instaste a evitar el perderte nuestro aseo matutino." – Me besó en los labios. – "Y eso es una orden, cabo Jaëgersturm."
– "Jawohl, meine Kaiserin." – Reí tenuemente. – "¿No te molestan los ósculos con mi horrible aliento?"
– "¿Crees que puede disgustarme el hacer contacto bucal con la mujer que adoro?"
– "Bueno, es que yo siempre deseo darte lo mejor, así que pensé que sería preferible a esperar a que cepille mis dientes." – Repliqué. – "Así no tienes que aguantar la respiración."
Ella respondió clavándome otro beso, más profundo y ardoroso, con su lengua recorriendo las paredes de mi cavidad oral y soslayando diestramente el lastimarse con mis afilados dientes. Desde aquel primer encuentro nuestro, he sido más que escrupulosa con el olor de mi boca, especialmente la halitosis matinal, no por nada las reservas de crema dentífrica en la casa se han visto algo escasas. Sin embargo, con esa impetuosa muestra de cariño sincero de parte de la peliblanca, olvidé mis temores sobre higiene bucal y me dejé llevar por la apoteósica sensación de experimentar el dulce sabor de mi estimada segadora. Al despegarnos, ella continuó observándome con esos dorados iris y una pequeña sonrisita de complicidad.
– "A pesar de que soy inmortal..." – Declaró, sosteniendo mi rostro con sus manos. – "No puedo esperar tanto, A chuisle…"
– "Ay, mamá araña; Me voy unos días y te conviertes en una conquistadora de primera."
– "¿Mi entusiasmo por coquetearte te desagrada?"
– "¿Bromeas? ¡Necesito más de esta Lala tan atrevida!" – Imité el gesto. – "Como te amo, mujer."
Luego de un tercer ósculo, igual de celestial, y de mimar a mis dedos apretando esos suaves glúteos pachoncitos, nos dirigimos al baño para empezar el día con una vigorizante ducha. Revisé mi celular y la hora denotaba que aún faltaba para que los demás inquilinos rondaran por la casa, así que mi irlandesa y yo accedimos a correr desnudas por el pasillo hasta el cuarto de aseo. Aquello se había vuelto un juego implícito entre nosotras, hallando emoción en desafiar nuestra suerte arriesgándonos a ser descubiertas sin atavíos encima. Pero espero no se vuelva costumbre o algún día nos agarrarán con las manos en la masa... Y en las nalgas. Afortunadamente, nadie apareció para captar nuestra destapada epidermis y cerramos con seguro la puerta. Me lavé vehementemente mis dientes mientras Lala preparaba su banquito para sentarse y se despegaba la cabeza, sosteniéndola con sus manos y protegiendo su cuello con un gorro para baño. Me senté detrás de ella y comencé.
– "¿Sabes, Spatzi?" – Hablé a mi azulita al tiempo que lavaba su espalda. – "Siempre me pregunté por qué sueles quitarte la cabeza cuando te lavas. ¿Te gusta verte al natural tanto como a mí?"
– "En parte era para seguir practicando mi control sobre mi acéfala mitad." – Respondió ella. – "La colocaba en mis piernas y la comandaba a adecentarme, mejorando mi coordinación con mi cuerpo. Aunque ya lo domino prácticamente por completo, todavía quedan detalles por pulir. Además, tallar mi parte posterior es mucho más fácil sin mi largo cabello estorbando."
– "Ya veo." – Exprimí la esponja. – "¿Alguna vez esta sensual mitad hizo algo indebido y batallaste para retomar el dominio sobre esta?"
– "Únicamente cuando la convences de obligarme a satisfacer tus extraños fetiches, como la auto-subyugación oral. Pero, eso es algo que espero de alguien como tú."
– "¿Dices que me ves sólo como una pervertida?"
– "No." – Sonrió. – "Digo que espero a que sacies tus lascivos deseos conmigo como más te plazca, A chuisle."
– "¿Tan larga te ha sido mi ausencia que ahora estás ansiosa por que demuestre mi lujuria, Spatzi?" – Reí ligeramente. – "Creo que Rachnee te estuvo corrompiendo todo este tiempo. Debería agradecerle."
– "Te extrañé mucho, A chuisle. Por suerte, tus adoradas misivas informando de tu progreso diario ayudaban a sosegar la privación de tu presencia."
– "Ah, mis cartas cargadas de amor y tinta azul, fueron divertidas de escribir. Ya terminé aquí, ¿puedes darte la vuelta, guapa?" – Le solicité. – "Y dime, ¿Te gustaron? ¿Lograste entenderlas? Es irónico que sea principiante en mi propio idioma, pero ser novata es algo a lo que me acostumbrado."
– "Descuida; A pesar de algunos errores gramaticales y de sintaxis, pude comprender en su totalidad las interesantes anécdotas que me relataste en tus letras." – Afirmó, girándose y colocándose la cabeza. – "Pero… Uhm…"
– "¿Sí?" – Tallé arriba de su pecho. – "¿Qué sucede?"
– "Espero no te moleste, pero con excepción de nuestro casero y la lamia, acabé relatando tan personales recados a las inquilinas de la morada." – Se tornó triste. – "Lo siento, Aria."
– "No lo sientas, que de todas formas tenía planeado contárselos a todas." – Le di un beso rápido. – "Ya me ahorraste el trabajo, así que te lo agradezco. Además, no es haya que plasmado cosas indebidas. Esas son exclusivas para tu deleite personal, Spatzi."
– "Entiendo, me alegro." – La felicidad regresó a su rostro. – "Ahh… Tus dedos se comportan tan audaces como siempre y me toman por sorpresa."
– "¿Deseas que me detenga?"
– "Para nada… Hmm…"
Gozando de la divina sensación de mis intrépidas manos rodeando sus hermosos senos, proseguí con el tallado y aseo de mi amada segadora. Únicamente me limité a estimular sus carnosos botones pectorales, a pesar de que ella gustosamente me invitó a que no restringiera mi libidinoso espolear solamente a mis articulaciones, pero yo sabía que una vez que mi boca probara el néctar de la irlandesa, no habría marcha atrás y, después de una semana sin desahogar mis instintos, terminaríamos grabando nuestras siluetas en el suelo, la pared y hasta el techo; Sin contar que ella llegaría tarde a su trabajo, nos perderíamos el desayuno, el almuerzo y el baño sería clausurado por reparaciones urgentes. Era irónico que estuviera negándome a dar rienda suelta a mis pasiones con la peliblanca, pero ese no era el momento para satisfacer la dicha del cariño físico. Comprendiendo, ella me dejó terminar y luego fue su turno de adecentar mi lacerado cuerpo. Se montó en mi segundo tórax y empezó el lavado y ligero masaje de mi espalda.
– "Eterno Abismo, sólo observa esta equimosis." – Mencionó con preocupación, pasando su mano con delicadeza por un moretón. – "¿Segura que estás bien, A chuisle?"
– "Tranquila, querida, un poco de sangre subcutánea no va a matarme." – Aseguré. – "Nada más son hematomas por balas de pintura, nada de qué preocuparse."
– "¿Qué sucederá cuando sean por proyectiles reales? ¿Qué harás si te dan? " – Me abrazó, reposando su cabeza en mi espalda. – "¿Qué haré si te pierdo, Aria?"
– "De eso se tratan los ensayos, Lala." – Tomé una de sus manos alrededor mío y la besé. – "Para que nunca puedan darnos. Estaré perfectamente, no te aflijas."
– "No me gusta verte herida." – Sollozó ligeramente. – "Tu dolor es el mío también."
– "Y a mí no me agrada verte triste. Anda, devuélvele la felicidad a tu inmaculado rostro." – Acaricié sus brazos. – "Porque tu bienestar el igualmente el mío."
Ella abandonó su desconsuelo y, limpiando sus lágrimas, me ofreció una sonrisa que pude admirar al darme la vuelta. Reconfortándola con otro beso y peregrinando mis manos por su mojado cuerpo, apacigüé sus tribulaciones y volvimos a la tarea de continuarnos aseándonos mutuamente. Aún así, la irlandesa no evitaba hacer una ligera mueca de inconformidad al verme reaccionar cuando la barra de jabón rozaba alguna de mis moraduras. Aún dolían.
– "¿Por qué no me permites curártelas?" – Preguntó la dullahan, cepillando mis pedipalpos. – "Al menos déjame tratar las de tu cara. Menguan tu lozana belleza teutona."
– "Son medallas de honor por haber superado tan duros entrenamientos. Ya sabes, le soy fiel a mis cicatrices."
– "Suficientes condecoraciones tienes para eso, sin contar que tu retorno en una pieza es bastante evidencia de tu éxito." – Aseveró, agregando más jabón especial al cepillo. – "Si no puedo atenderlas, entonces retíratelas tu misma, pero no quiero verlas cuando regrese del trabajo."
– "Incluso con mi acelerada velocidad de recuperación, dudo que eso sea posible, Spatzi. Están prácticamente frescas."
– "Aria…" – Me miró fijamente, colocando su dedo en el centro de mi pecho. – "Si vuelvo de laborar y tu cara aún ostenta esos horribles hematomas, te negaré dormir a mi lado hasta que te asciendan de rango."
– "Pero…"
– "Nada de objeciones, Jaëgersturm; Es una orden."
– "Jawohl, meine Kaiserin."
– "Además…" – Se sonrojó. – "Quiero que luzcas bien esta noche."
– "Oh…" – Sonreí maliciosamente. – "Haberlo dicho antes, calenturienta. Tranquila, mi reina azul, esta araña se encargará de remover tan espantosas heridas al concluir tu faena. Podrás hacerme unas nuevas en la cama."
– "Bien." – Resumió su lavado con una sonrisita. – "A todo esto, ¿cómo te fue en el último día? No lo discutimos mucho ayer."
– "Uf, podría llenar doce tomos con todo lo que sucedió, sería mejor platicarlo en cuando nos acostemos. Y de paso, también me das tu reporte de batalla, que no supe nada de ti, guapa."
– "Entiendo." – Afirmó con la cabeza. – "¿Sabes? Ayer tuve tres incómodas instancias de incertidumbre, sabía que estabas pasando por malos momentos. Una durante la primera lluvia de la mañana, otra antes de la granizada y una última, la más fuerte, como un cuchillo repentino, minutos antes de que me informaras de tu triunfo. Esta me hizo caer en este mismo lugar. Afortunadamente Cerea me acompañó en tan terrible momento."
– "Oh…" – Bajé la mirada, sabiendo perfectamente lo que sucedió en tales momentos. – "Sí, no estabas equivocada en tus corazonadas. En verdad que me las vi negras en esas ocasiones. La final que describes, fue literalmente como una bala. Por un momento pensé que todo mi esfuerzo había sido en vano. Pero afortunadamente sólo fue otro de los dementes planes de Kuroko, tratando de probar mi convicción con la justicia. Siento haberte angustiado de esa manera."
– "Está bien, lo principal es que has vuelto a mi lado y es lo único que importa." – Me abrazó nuevamente. – "Te amo, Aria."
– "Y yo a ti, mi querida Lala." – Acaricié su sedoso cabello. – "Prometo ser más cuidadosa y no alarmarte tanto nuevamente, ¿de acuerdo?"
– "Bien." – Suspiró. – "Sé que exijo lo imposible, pero nunca dejaré de preocuparme por ti."
–"Descuida, Spatzi, que yo no me dejaré vencer por nada ni nadie, no sin tu permiso." – La abracé con más fuerza. – "Y no deseo decir esto en este bello momento, pero se nos hace tarde y no quiero que llegues retrasada por mi culpa."
– "De acuerdo."
Acabamos la tarea y regresamos a nuestra habitación. Noté lo llamativo que lucía su uniforme de cocinera, y aunque me moría de ganas de ver a mi segadora en tan bonitas prendas, ella me sugirió esperar hasta que regresara del trabajo ya que no podía ensuciarlo antes de laborar. Comprendiendo, le adulé su buen lucir en sus atavíos regulares, aunque solo fueran su camisa y vestido de toda la vida. Yo también me arropé con mis atuendos cotidianos, con esa camisa blanca y el negro vestido, sin olvidarme de mi banda roja en el brazo izquierdo; Sé que siempre estoy negando conexión alguna con el condenado Reich, pero honestamente, siento que mi vestimenta ordinaria no está completa sin ella. Hace mucho que dejé de usar mi gorra, quizás porque aquí el sol no me llega tan directo como en Weidmann, o tal vez porque prefiero dejarla como recuerdo de mi antigua yo. Además, la he reemplazado por los broches que mis dos damas me obsequiaron y estos últimos son más bonitos.
– "Centorea me mostró la manera correcta de lavar la ropa." – Mencionó la irlandesa, colocándose el collar con la flor edelweiss. – "Mi técnica es aún inexperta, pero he aprendido lo básico. Incluso logré limpiar el atuendo de las WAVES."
– "Eso es fantástico, linda." – Contesté, acomodando mi pin de guadaña en el pecho izquierdo. – "Me encanta que siempre estés tratando de mejorar. Chef, ama de casa, políglota, inmortal, sensualmente hermosa y excelente pareja; No podrías ser más perfecta."
– "Yo no soy tan grandiosa como tú, A chuisle." – Ajustó el broche de araña del mismo lado que el mío. – "Enfrentarme al crimen es algo que no puedo hacer."
– "Bueno, con tu habilidad de volverte niebla intangible e invocar a Seely, serías una agente de temer." – Situé el distintivo de tanque a mi derecha. – "Por cierto, ¿te gustó el nombre para la guadaña?"
– "Es lindo y ya lo he adoptado." – Sonrió y me facilitó un cepillo verde para el pelo. – "¿Me ayudas?"
– "Jawohl, Spatzi." – Acicalé su lisótrica cabellera. – "Je, debes creer que soy una loca por adoptarle motes a unas simples herramientas."
– "Comprendo tu afán por querer otorgarle una identidad a tus utensilios de trabajo." – Arregló el cuello de su camisa. – "Es decir, ¿recuerdas que yo me refería a todos por otro título que no fuera 'mortal'? Es algo similar."
– "Aún me siento halagada por ser la primera a quien llamaras por su nombre." – Di otra repasada a su níveo pelo. – "Cuando lo pronunciaste con ese seráfico acento irlandés, fue como escuchar un coro divino conformado por el Olimpo entero y mi corazón se llenó de tanta dicha que mi pequeño interés en ti pasó a enamoramiento completo."
– "¿Realmente fue tan especial oír tu nombre?"
– "Por supuesto…" – La volteé hacia mí y besé sus labios. – "Porque fuiste tú quien lo hizo."
– "Siempre sabes que decir, A chuisle." – Sonrió plenamente.
– "Lo aprendí de la mejor." – Le guiñé.
Terminándonos de arreglar, salimos de la habitación. Ahí, bajando las escaleras, se encontraba una conocida pelirroja. Esta se detuvo al verme por unos segundos, sorprendida. Pronto, una sonrisa se cruzó por su rostro y usando sus fuertes músculos que impulsaban su masiva cola de reptil, se apresuró a recibirme.
– "¡Aria, bienvenida!" – Saludó la lamia, abrazándome. – "¡No sabía que habías llegado ya!"
– "Danke, también me alegro de verte, Miia." – Intenté resistir su fuerte agarre. Juro que ella es una boa constrictora. – "Regresé exactamente a media noche. Siento haber retornado tan tarde."
– "Está bien, lo importante es que estás de una pieza." – Me soltó. Ah, hermoso oxígeno. – "Y buenos para ti también, Lala. ¿Yendo al trabajo?"
– "Maidin mhaith, Miia." – Hizo una reverencia. – "Así es, gracias por preguntar. ¿Dormiste bien?"
– "Excelente." – Dio un pulgar arriba. – "Lo cual es extraño, porque… Bueno, tú sabes; Aria estando de vuelta y entonces…"
– "Cesa la preocupaciones, que Mo chuisle no se hallaba en condiciones adecuadas para un amoroso encuentro." – Afirmó la dullahan.
– "Pero por si las dudas, les recomendamos que usen tapones para los oídos esta noche." – Injerí yo. La peliblanca me pellizcó el brazo. – "¡Auch! Ay, oye, sólo le decía la verd-¡Ow!"
– "De acuerdo, de acuerdo, sólo era broma." – Rió ligeramente la ofidia. – "Bueno, voy a tomarme un baño, chicas. Que te vaya bien hoy, Lala; Aria, es un gusto que volvieras."
Ambas le agradecimos y ella reptó hasta el cuarto de aseo, dejándonos solas en la salida.
– "Cuídate y mucha suerte en el trabajo, Spatzi." – Le dije, sosteniéndola en mis brazos. – "Estoy muy orgullosa de ti."
– "Lo mismo puedo decir de ti, A chuisle. Es bueno tenerte en casa, junto a mí."
– "Aquí es a donde pertenezco." – Acaricié su barbilla. – "Te amo, mi segadora."
– "Y yo a ti, mi cazadora." – Colocó su índice en mi nariz. – "Y no husmees el refrigerador hasta que regrese."
– "Erm, ¿alguna razón en especial?"
– "Sólo hazlo." – Volvió a tocarla con el dedo. – "¿Verstanden, soldat?"
– "Jawohl, meine Königin."
– "Sehr gut. Regreso a las cuatro."
Acatando la orden, nos unimos con otro beso, largo y profundo, algo de lo que jamás me cansaré de dar y recibir. Eso y apretarle al trasero; Como me encantan esas posaderas tan bien formadas. Con mi clásico golpe en el pecho y ella sosteniendo su edelweiss, la observé alejarse y doblar a la izquierda en dirección a la parada de autobuses. Suspirando por ver partir a mi bella diosa de añil epidermis, cerré la puerta y pensé en si debería buscarle algún servicio de transporte privado a mi irlandesa. No lo sé, contratar alguna especie de taxi que la recoja a diario o hasta comprarle algún vehículo particular, como una moto o un automóvil. Demonios, de poder hacerlo, le conseguiría un tanque Leopard II con todo y tripulación para que ni el tráfico más tupido la detuviera. Ignoro si ella sepa conducir al menos una bicicleta con rueditas de entrenamiento, pero si una demente como Smith es capaz de ponerse tras el volante, mi Lala se puede convertir en la próxima campeona de carreras F1.
Ignorando mis bobos pensamientos sobre segadoras rápidas y furiosas, me trasladé a la cocina para hacerme algo de desayunar. Si bien no poseo ya acceso a las deliciosas viandas de mi peliblanca o al menú de la cafetería de los cuarteles, aún cuento con el habilidoso Kimihito y la sous-chef Miia para aplacar el rugir de mi estómago, sin contar mi propia destreza en la cocina. Apenas pensaba en abrir la puerta del congelador, recordé el mandato de mi emperatriz europea y retrocedí. Desconocía el motivo de tal advertencia, pero soy una soldado obediente y no pensaba en contradecir el decreto de la mandamás. Por suerte, había suficientes víveres en las repisas para hacerme con algo rápido mientras esperaba a la pelirroja y a Kurusu. Y hablando de este último, me parece extraño que no lo haya visto ya despierto a esta hora. Son las ocho, hoy es día hábil y generalmente es el primero en amanecer, aunque tal vez le hayan dado el día libre como a mí. Decantándome por llenar mis dientes de caries con unas galletas waffer sabor vainilla y chocolate, la lamia salió del baño y le asistí en la preparación del desayuno.
– "En verdad que es impresionante. Ya me gustaría a mí visitar el Foro Internacional." – Opinó la ofidia, moviendo la sartén con el arroz. – "Ayer las tratamos de ver si las estaban televisando, pero no tuvimos éxito."
– "Si, bueno, ningún canal de televisión cubrió el evento. Con eso del grupo musical en la ciudad y demás." – Respondí, cortando unas verduras. – "De hecho, nuestra fiesta de celebración se vio interrumpida cuando informaron a Smith de que alguien irrumpió en los camerinos de las susodichas. Un tal Sarver. Es el casero de una amiga saltarina."
– "Sarver…" – Caviló un momento la poiquiloterma. – "¡Ah, Karu! Sí, lo conozco. Nos visitó cuando tú y Lala salieron en su primera cita. Un tipo raro como nadie, pero parecía algo listo, además de que él y mi Cariño resultaron ser viejos amigos. Diría que no entiendo de dónde saca amistades tan extrañas, pero sería morderme la lengua bífida."
– "¿En verdad? Arachne mía, por lo que nos ha contado la doctora Redguard, el tipo está más loco que una cabra. Aunque claro, siendo su ex-pareja y eso, tal opinión es más que parcial." – Reí, pelando una patata. Amo las papitas. – "Así que es conocido de Herr Kommandant. Sólo espero que un día de estos no lo arrastre a algún incidente. Por cierto, ¿lo has visto? Es inusual que no haya aparecido ya."
– "Ya somos dos." – Movió el arroz. – "Nos avisó que ayer saldría por la noche con un conocido, aunque no sé si haya regresado. ¿Lala no te contó?"
– "Me temo que no. A lo mejor se pasó un poquito de copas y debe estar roncando como león en este momento." – Terminé el pelado y tomé otro tubérculo. – "O le dio gripe por andar de noche por ahí. Con ese frío de ayer, no me extrañaría."
– "Conozco a mi Cariño, el jamás se embriagaría sabiendo que tiene trabajo o saldría sin un abrigo." – Afirmó la lamia, probando un poco de su guisado. – "Ah, quedó perfecto. Como decía, él no es así de irresponsable. Además, sólo porque salió con su amigo y uno de estos acabó en problemas no significa que…"
– "Miia, no estarás pensando en lo mismo que yo, ¿o sí?"
– "Bueno, es posible que…" – Sacudió la cabeza. – "No, claro que no. La noche debió cansarlo, es todo."
– "Cierto." – Volví a mi tarea. – "¿Y cómo estuvo todo por aquí? ¿Hicieron fiesta para celebrar mi ausencia?"
– "Uh, si te contara. Lala empezó a hacer de todo. Se puso a lavar ropa, le ayudó a Papi a vencer su miedo a los rayos, ayudó a plantar un árbol en el jardín, etcétera. Parecía pila nueva." – Relató. Tomó algo de carne del refrigerador secundario. – "Me aprendí una buena receta para preparar katsudon y Cerea sigue buscando trabajo en el diario. Rachnera ha estado remendando algunas ropas viejas y Papi y Suu siguen siendo tan ellas, pero les gusta ayudar más en la casa. Mero últimamente ha estado recibiendo muchos paquetes y oigo cantos extraños cuando paso por su habitación, pero ha de ser algo de sirenas. Ha sido divertido, y todo sin querer matarnos como antes."
– "En verdad que han sucedido grandes cosas. Bueno, me alegra que convivamos como una buena familia." – Empecé con las zanahorias. – "Yo nunca conocí tal experiencia, sólo tenía a mi abuela y ella era tan…"
– "Tan ella."
– "Precisamente." – Una ligera mueca de disgusto cruzó por mis labios. – "Ay, demonios; Tan temprano y ya estoy deprimiéndonos. Mejor dime como hacer ese katsudon, que suena delicioso."
– "Ah, claro. Primero calientas el caldo dashi y…"
Continuamos charlando sobre temas de gastronomía, con Miia tomando más ingredientes de la nevera secundaria. Discretamente pregunté la razón de no usar el principal, pero ella ingeniosamente evitó revelar el secreto. Desistí mis intentos por indagar en tal incógnita, que de todas maneras la peliblanca me ordenó no insistir en el tema, y seguimos con la preparación del desayuno. Nuevamente, la privación de la compañía de nuestro casero comenzó a preocupar a mi ofidia colega, quien volteaba expectante cada vez que oía alguien acercarse a la cocina, pero su entusiasmo decaía un poco al descubrir que se trataban de Centorea o Mero, quienes me felicitaron sobradamente por mi triunfo e incólume regreso a la morada. Lorelei ahora había adoptado el honorífico 'sama' para referirse a mí, a pesar de mi persistencia en que no era necesario, pero al final su labiosidad logró convencerme de aceptar el honor. Las siguientes en hacerse presentes fueron Papi y Suu, ambas saludando con un gran bostezo hasta que me notaron.
– "¿A-Aria-nee?" – Preguntó la joven arpía, tallando sus ojos. – "¿Eres tú?"
– "Hola, Papi." – Agité mi mano. – "Hola, Suu. ¿Cómo han estado?"
– "¡Aria-nee!" – Exclamó la pajarita. – "¡Volviste, volviste!"
Cargaré con casi la mitad de mi peso en los entrenamientos, incluyendo todo el equipo necesario y mis armas, pero el abrazo de alguien tan liviana como Papi fue capaz de hacerme retroceder al chocar su masa corpórea contra mí. Pero no es que me quejara, porque al sentir sus cálidas plumas azules rodearme y su jubilosa risa llenar con algarabía al ambiente, el interior de mi alma brilló tanto el sol en el exterior. La pequeña emplumada era la más infantil de todas las inquilinas, pero igualmente la más sincera y sus honestas muestras de cariño puro podían curar cualquier clase de depresión al instante. La limo también se unió a la bienvenida y mis manos quedaron llenas al sostenerlas. Instintivamente di vueltas con ellas, fundiendo nuestro jolgorio en una sola risa grupal.
Por un pequeño momento, pensé en lo afortunada que era al contar con estas diminutas personitas como un gran apoyo moral en mi vida. Estas pequeñas, con sus caritas ostentando tan nobles sonrisas, eran invaluables regalos que deseaba mantener intactos, apreciados tesoros que debía proteger, enormes razones para seguir luchando. No, ellas sólo eran una pequeña parte de esta enorme familia a la cual le debo más que todo, a la cual no puedo fallar ahora que he conseguido llegar a tan importante peldaño. Pero las preocupaciones de tan grande responsabilidad no importaban en esa efímera pero significativa instancia, donde las expresiones de afecto de mis dos hermanitas menores me hacían olvidar de todos los problemas en mi cabeza.
Luego de habernos quedado sin oxígeno de tanto reír, la añil arpía me solicitó esperar unos momentos mientras ella recogía algo de su habitación. Como un rayo, el dúo plumitas-gelatina desapareció de la periferia y tan pronto como se esfumaron, regresaron con una pequeña pila de papeles, ofreciéndola entusiasmadamente. Limpiándome las manos para retirar los restos de ingredientes, tomé las mencionadas hojas y las examiné. Mis seis ojos carmesí se abrieron al ver el contenido. Plasmados con polícromos crayones, se encontraban las representaciones de los habitantes de nuestra singular residencia en su más simple expresión. Ya sea la humorística figura de Centorea con una enorme espada y una zanahoria en su mano, la jocosa armonía de Kimihito y Miia con sombreros de chef o la tierna imagen de las jóvenes artistas con una maceta en manos y honestas sonrisas bajo el resplandeciente astro rey, los coloridos pinceles a base de ésteres habían impregnado con infantil maestría la pulpa de celulosa procesada.
Pero lo más enternecedor, lo que realmente me tocó el corazón y desencadenó que las comisuras de mis globos oculares se llenaran de lágrimas, fue el admirar ese increíblemente conmovedor dibujo donde mi bella dullahan y esta torpe arachne se encontraban tomadas de las manos, regocijándose con algazara, sin preocupación alguna y decoradas con rojos corazones alrededor. Ambas sosteníamos nuestras herramientas personales, con Lala tomando a su inconfundible guadaña y yo con un arma genérica. Daba igual que ninguna de las ilustraciones poseyera proporciones realistas, que la técnica fuera simplista o que la paleta del espectro de la gama visible se limitara a pocos tonos; Tan diáfano y noble despliegue de admiración y cariño que ambas niñas habían inmortalizado con sus crayones era más que indiscutible.
Era curioso; Con mis atareados días, nunca he tenido oportunidad suficiente para retratarme en una fotografía junto a la mujer que amo, siendo ella la única que me ha bendecido con su retrato personal. Pero ahora, una arpía y una limo unieron esfuerzos para lograr unirme a mí con mi pareja sobre el níveo lienzo del papel y la cera de colores. Y no podría pensar en hallar cuadro artístico más valioso en este mundo. No tendrá el estilo Renacentista de Da Vinci, el sublime impresionismo de Renoir o el estrambótico surrealismo de Salvador Dalí, pero aquellas líneas polícromas habían sido dotadas de la misma pasión que el más experimentado pintor. Un entusiasmo que sólo alguien que tenía el corazón tan abierto para poder expresarse tan libremente era capaz de lograr. Sin importar la opinión mundial, para mí ese dibujo ahora era de los cuadros más lujosos y apreciados del universo.
– "Perdón porque ese se vea tan feo, Aria-nee." – Se disculpó la voladora, agachando la cabeza. – "Lo hice de último y se me gastaron los colores, así que nada más pude usar seis."
– "Es precioso." – Musité, observándolo maravillada. – "Realmente excelso."
– "¿Eh? ¿De verdad?"
– "Por supuesto." – La miré con una gran sonrisa. – "Muchas gracias, Papi, me encanta."
– "¡Oh, bueno, de nada!" – La alegría regresó a su rostro. – "¡Los hice anoche! ¡¿Verdad que se parecen?!"
– "Claro. Incluso lograste recrear los detalles de la armadura de Lala y el atuendo de Mero." – Mencioné. – "¿Los coloreaste tú solita?"
– "¡Suu me ayudó! ¡Verdad, Suu?" – Con esa declaración, la glauca chica se transformó en una fidedigna copia de la emplumada con una probóscide en la cabeza. – "¡Miia-nee, Cerean-nee, Mero-nee, miren también!"
– "Las congratulo por tan sobresaliente trabajo, pequeñas." – Meroune examinó su caricaturesco retrato. – "Si no es molestia, ¿puedo preguntar por qué mi piel fue recreada con anaranjados tintes?"
– "El rosado de su cabello hubiera tornado semi-monocromático su epidermis, restándole belleza y armonía al resto del pigmento." – Contestó la gelatinosa limo. – "El naranja es la tonalidad más aproximada a la piel, Gran Sirena."
– "Comprendo, Suu-chan." – La oí susurrar. – "Pero no uses el título, aún no."
– "¡Suu se comió el resto de los crayones y ahora dice que es una artista!" – Acotó la arpía. – "¡Ella se pintó solita! ¡Quedó muy bonita!"
– "Es cierto, es destacable." – Opinó Miia, mirando con satisfacción que apareciera junto a su amado Kurusu. – "Gracias, Papi."
– "¡De nada! Cerea-nee, ¿a ti también te gustó como saliste? ¡Yo misma le puse la zanahoria!"
– "Un detalle muy distinguido." – Concedió la rubia. – "Aunque no me explico la razón de que esté usando calzado en mis pezuñas."
– "¡Fue mi idea! ¡En la tele dicen que esos zapatos te hacen correr más rápido! ¡Y yo quiero que seas la más veloz del mundo!"
– "De acuerdo. Gracias, Papi." – Rió tenuemente la equina por la respuesta de la ilustradora alada.
– "¿Y por qué dibujaste sola a Rachnee?" – Cuestionó la lamia.
– "Porque Rachnera Arachnera es tan eminente que requiere una hoja entera para plasmar su avasalladora persona." – Exclamó una seductora voz arriba de nosotras. – "Es lo normal para nuestra gloriosa especie."
La mencionada tejedora, haciendo gala de su destreza para el sigilo, se infiltró sorpresivamente en la cocina. Anunciándose con tal declamación, descendió del techo usando su seda abdominal entre el grupo y tomó delicadamente su ilustración. Sonrió satisfecha y sin decir nada más, le otorgó un beso en las frentes de las pequeñas artistas como agradecimiento y obteniendo abrazos de su parte. Ella me miró y asintió en silencio, regresando yo el gesto.
– "O quizás porque estás muy gorda, araña." – Retrucó la ofidia burlonamente.
– "Bueno, yo no soy la que ha deformado los escalones con su cuerpo de víbora venenosa." – Replicó sardónicamente la aludida. – "¿Has pensado en regresar al gimnasio? Oí que lo reabrieron después de reparar el equipo que destruiste con tu cola de dinosaurio."
– "Yo te voy a dar tu cola…" – Siseó la ofendida serpiente, pero desistió al notar que la carne casi se quema. – "Como sea, ¿no has visto a mi Cariño, patas de cangrejo?"
– "Espera, gusana colorada, ¿Qué dices? ¿Querido aún no se ha levantado?"
– "Justo eso iba a preguntar yo. Su ausencia a estas horas no es algo común en alguien tan puntual como Mi Señor" – Injirió Shianus. – "Papi, Suu, Aria, ¿no saben si él se halla todavía en sus aposentos?"
– "No escuchamos ruidos proviniendo de su habitación." – Contestó la limo. Su compañera añil se unió al desconocimiento del paradero del hospedador.
– "¿No será posible que haya optado por reposar en la estancia de su compañero de juerga?" – Inquirí. – "Me es difícil imaginar a Herr Kommandant faltando sin que haya avisado de su estado con anterioridad, por lo que posiblemente alguna causa mayor lo ha obligado a pasar la noche en vivienda ajena."
– "Ha llegado un poco tarde en ocasiones, pero jamás se ausentaría tanto en días hábiles." – Afirmó Rachnera. – "Rayos, no quiero comenzar a alarmarme pero quizás deberíamos entrar a su recámara para asegurarnos que está ahí en primer lugar."
– "¿Qué hay de tus telarañas que usas para informarte de todo?" – Le susurré a la tejedora. – "¿No que siempre sabes cómo se encuentra desde el ático?"
– "Las retiré de su cuarto." – Confesó. – "Lo creas o no, respeto la privacidad de mi Querido."
De repente, alguien tocó a la puerta, llamando nuestra atención de inmediato. Asintiendo en silencio al grupo, yo me decidí por recibir al invitado. Mientras dirigía mis ocho extremidades hacia la entrada, me preguntaba sobre la identidad de la persona detrás de esta. Con lo sucedido, podría ser un simple mensajero entregando un paquete para la sirena, simple correo o, y los Olímpicos no lo quieran, algún oficial de policía informándonos que nuestro casero sufrió algún percance. Exhalando antes de abrir, giré lentamente la perilla y revelé paulatinamente a una muy conocida figura de heterocromáticos ojos y rojo cabello.
– "¡Leutnant!" – Exclamé al ver a Zombina. – "¿Pero… qué haces aquí?"
– "Bueno, pasaba por aquí y decidí traerle un regalo de graduación a mi novata favorita." – Señaló a la persona que sostenía en sus brazos. – "¿Supongo que esto te pertenece?"
– "¡Herr Kommandant!" – Volví a emitir, sorprendida. – "¡¿Pero qué le pasó?!"
– "¿Recuerdas lo de ayer? Parece que estuvo celebrando de más y terminó en un peliagudo asunto con unas nekomatas." – Respondió la zombi, entregándomelo. – "Descuida, se encuentra algo mareado y con resaca, pero en buen estado. Si sobrevive a ustedes, puede con un poco de alcohol."
– "Scheisse, jamás creí verlo así." – Lo agarré cuando amenazó con caer el suelo. – "Espero Lala no deba ayudarlo a abordar la barca al Inframundo por intoxicación."
– "Nah, si crees que él está mal, debiste ver al otro." – La pelirroja disintió con la cabeza. – "Entre el exceso de etílico y los regaños de Redguard, sin contar que sus inquilinas lo esperaban con una muy cálida recepción a base de golpes, el pobre de Sarver será quien visite la otra vida."
– "¿Aria? ¿Quién es?" – Preguntó Miia, acercándose. Se pausó al ver al hombre de sus deseos en tan paupérrimo estado. – "¡Cariño! ¡¿Qué te sucedió?!"
– "Un poco de veisalgia." – Replicó la teniente. – "No es tan grave como parece, pero sugiero que lo alimenten bien y le den mucha agua. Una que otra aspirina aliviará la cefalea."
– "Vale, lo entiendo." – La ofidia casi me lo arrebató de las manos y lo arrastró hacia adentro. – "¡Cariño, resiste! ¡Yo voy a salvarte!"
La lamia, jalando del cuello al ya vapuleado muchacho, regresó a la casa. Las demás se apresuraron a auxiliar a Kimhito, más por liberarlo del brusco trato de la poiquiloterma que de su malestar. Centorea solicitó con férrea voz a la serpiente que preparara algo con carne y huevos, esta obedeciendo al instante. Meroune se encargaría de encontrarle una bebida energética para rehidratarlo lo antes posible mientras las niñas conseguirían medicina para el dolor de cabeza. Rachnera, dejando todo indicio de su seductora personalidad, transportó al afligido Kurusu hasta su habitación, caminando con él en brazos con delicadeza. Así, la centáuride se apresuró a asistir a Miia para acelerar el proceso de cocinado. A pesar de que nuestro hospedador se hallaba en precaria situación, parte de mí sonrió al ver actuar a sus inquilinas como un equipo por el bienestar del hombre que aman. En verdad que se han vuelto más unidas.
– "Bueno, supongo que lo dejo en buenas manos." – Mencionó la integrante de MON. – "Mentiría si dijera que no me encuentro incrédula ante esto. ¿Quién pensaría que hasta el santurrón de Cariño-kun caería presa de una mala parranda?"
– "En un mundo donde los muertos regresan de la tumba y entrenan a arañas gigantes para proteger a los ciudadanos, todo es posible, Zoe." – Contesté. – "¿No es gracioso? Eso es lo que me dijo la capitana cuando recién emigré aquí."
– "Te entiendo perfectamente. Arañas salvando al mundo, usar balas reales; Joder, se cumplió." – Rió tenuemente para sí misma. – "En todo caso, me alegro que esto no pasara a mayores, al menos para él. La Capi logró sacarlo impoluto y evitó que se agregara a su expediente. Estoy segura que el chico no lo hizo adrede, sino bajo la influencia de sus constantes libaciones a Baco. Y con ese condenado de Sarver a su lado, tampoco me extraña mucho."
– "Y todas les agradecemos por tomarse la molestia de protegerlo, Zoe." – Suspiré. – "Por cierto, ¿por qué MON tuvo que atender tal asunto? Entiendo el lado de las gatitas, pero los humanos son jurisdicción de la policía regular."
– "Porque ambos son hospedadores bajo la responsabilidad de Kuroko, así que sus problemas son los nuestros también." – Explicó ella, acercándose y murmurando a mi oído. – "Además ¿ya olvidaste quien está bajo el cuidado de tu embriagado casero?"
– "Ya somos niñas grandes, y ahora soy ciudadana independiente."
– "No, tonta, hablo de cierta jovencita de azul plumaje."
¡Por los diamantes de Hades! ¡Era verdad! Todavía me cuesta creer que el imperturbable superintendente Kuribayashi haya procreado a tan inocente aglutinación de ternura y plumitas. Aunque, si el Caos Infinito fue capaz de dar existencia a una deidad pura como Lala, no soy quien para juzgar los orígenes de las personas. Hmm, ¿entonces debería llamar Papi Kuribayashi a la pajarita a partir de ahora o sigue la regla liminal de continuar con su apellido materno? ¿Y tiene apellido en primer lugar? ¿Adoptará el de Kurusu cuando la desposen? ¿Por qué siempre divago en estas cosas?
– "¡Oh! ¡Gran Hera, casi lo olvido!" – Reaccioné. – "Tienes razón, definitivamente no queremos que él se meta en más líos."
– "Así es. Luego nos embargan el salario y a la Capi le dan ganas de arrojarnos por la ventana. Ojalá bromeara." – La muerta viviente suspiró. – "¿Y cómo has estado, granate? ¿Cómo trata la vida a la Exterminadora germana?"
– "No echo de menos ser despertada por una gnómida iracunda, eso te lo puedo asegurar." – Reí. – "Aún es temprano, pero regresar a casa, tomarse una ducha con Lala, que la hija del jefe te haga un bonito dibujo y que todos te admiren se siente simplemente maravilloso. No merezco tanta felicidad, pero tampoco voy a rechazarla. ¿Qué hay de ti? ¿No te hizo mal todo ese vodka de anoche?"
– "Je, ¿Y qué podría pasarme? ¿Morirme?" – Inclinó su cabeza. – "Ya estoy acostumbrada, al igual que la Capi. Manako y Tio tienen jaqueca ligera y aunque el metabolismo de una zombi es más resistente que el del humano viviente, Saadia logró romper la barrera y acabó devolviendo todo el estómago después de sermonear a su ex. Digan lo que digan, aún hay fuego entre esos dos."
– "Incluso con uno artificial, la doc sigue teniendo su corazoncito. ¿Tú no, Zoe?"
– "Mi único amor en la vida es aplacar criminales y disparar mis bebés de metal y pólvora." – Guiñó y ofreció chocar su puño. – "¿No compartes el sentimiento, cabo?"
– "Absolutamente, teniente." – Hice contacto con el mío. – "¿Nos vemos mañana a la diez?"
– "Correcto. Justo ahora vamos a empezar a alistar sus documentos y demás equipo para que puedan fungir como agentes hechas y derechas." – Respondió sacando unos dulces sabor limón de su bolsillo. – "Procura que tú y las demás lleguen temprano. Iremos a visitar los nuevos cuarteles secundarios en la ciudad y demás. ¿Quieres uno?"
– "Ah, danke schön." – Lo agarré. – "Claro que asistiremos temprano en el primer día de trabajo, teniente. Por cierto, ¿no has visto a la entrenadora? ¿Sabes si está bien?"
– "Lo ignoro, ¿por qué la pregunta?"
– "Nada, descuida." – Disentí. – "Ya no te quito más tu tiempo, Zoe. Gracias de nuevo por todo y por traer sano y salvo a Herr Kommandant."
– "Es mi trabajo, Aria. Nuestro deber." – Sonrió y me ofreció la mano. – "Nos vemos mañana. Cuídate, compañera."
– "Igualmente, amiga." – La estreché. – "Auf Wiedersehen."
Con saludo marcial, la pelirroja abordó la furgoneta en la que se transportó y partió en camino a seguir su trabajo. Seguí agitando mi mano mientras se alejaba, ya sea que me viera o no. Regresé adentro y presté mi ayuda a las azaradas Miia y Centorea, que se empeñaron en preparar suficientes energías calóricas para su hospedador. No es que yo no estuviera preocupada por el bienestar de la persona que me dio abrigo en su morada, al contrario, pero el entrenamiento de la semana anterior me ayudó a mantener la calma en momentos así. Eso no mermó mi ahínco en auxiliar a su recuperación y me comprometí a relevar a la centáuride para que ella pudiera encargarse de coordinar al resto de las chicas. Yo seré una soldado entrenada y familiarizada con las órdenes, pero era la ojizarca rubia quien poseía el corazón de líder en esa ocasión y la dejé que tomara naturalmente el control. No puedo decirle 'no' a la voluntad de una mujer enamorada después de todo.
Afortunadamente, los vestigios del alcohol y la jarana nocturna habían pasado lo peor cuando Kimihito arribó a la residencia y prontamente él se encontró consumiendo vehementemente los alimentos que le elaboramos e hidratándose con la pequeña reserva de bebidas con electrolitos orales que Meroune nos facilitó conseguir luego de una visita rápida a la tienda más cercana por parte de ella y Rachnera. Junto a los cuidados de Cerea y los abrazos de Papi y Suu, la recuperación del muchacho lucía positiva. Ya con su jaqueca disminuida y liberado de los constantes mimos de sus seis sobreprotectoras enfermeras liminales, me ofreció sinceras disculpas por acabar de esa manera el día de mi retorno, pero le aseguré que más que suficiente había hecho con darme asilo en primer lugar y le insté a seguir reposando para recuperar fuerzas. Con tal asunto ya fuera de nuestra lista de pendientes, la tranquilidad regresaba a nuestra pacífica casita.
– "¡¿Cariño, cómo es eso que te encontraron en el camerino de unas malditas gatas?!"
Quizás hablé demasiado pronto. La televisión matutina seguía su ronda de noticias, alternando entre importantes de nivel mundial y las insignificantes que parecían más bien rumores esparcidos por las redes sociales que periodismo serio. Pero entre esa maraña de información verídica y amarillismo se encontraba el trémulo reporte del polémico incidente entre dos hombres muy irresponsables y el doble de ebrios y sus aventuras no tan amorosas con la banda musical extraespecie. Por supuesto, tan controversial primicia desató una tormenta de fuego instantánea en la morada Kurusu y las represalias por parte de las enardecidas habitantes no se hicieron esperar, con Miia, Du Neptune y Shianus como las principales inquisidoras.
– "¡Mi Señor! ¡¿Cómo es posible que haya caído en la tentación de las féminas de felinos rasgos?!" – Indagaba una ofendida Centorea. – "¿Acaso no le ofrecemos suficiente compañía? ¿No está satisfecho con nuestro desempeño y duro trabajo?"
– "Amado, comprendo que no seamos las más ejemplares huéspedes y nuestros comportamientos en ocasiones rayen en lo reprobable..." – Dijo la oceánica, consternada. – "Y sé que esto sonará extremadamente irónico proviniendo de mí, pero todo lo anterior no me parece tan grave para ser meritorio de obligarle a nadar en las turbias aguas de la infidelidad."
– "¡Y no sólo con una, sino con varias a la vez!" – Vociferó la lamia, echando candela por sus ojos y sacudiendo al pelinegro como si fuera un títere. – "¡¿Por qué me haces esto, Cariño?! ¡Creí que tu corazón era mío! ¡¿Por qué me obligas a dudar de tu amor?!"
– "Ch-chicas, si me dejan explicarlo…" – Trató de hablar el infortunado hombre.
– "¡Todo es culpa de ese maldito Sarver!" – La ofidia agitó el puño en el aire. – "¡Pero me las va a pagar! ¡Nadie toca mi propiedad! ¡Aria, te dieron armas en MON, ¿verdad?! ¡Préstame todas!"
– "Me temo que…" – Intenté refutar tan alocada idea.
– "Miia, por favor. Desiste en tu afán de hacerte con artilugios bélicos para desatar su vesánica vendetta sobre el amigo de nuestro administrador." – Exclamó la centáuride. – "Las balas no son la respuesta."
– "Exacto, hazle caso a Centorea." – Afirmé.
– "¡Porque podemos matarlo lenta y dolorosamente a golpes!" – Declaró la rubia, revelando su espada, esta vez era de verdad. Esperen, ¡¿Qué?! – "¡Con mi noble filo atravesaré ese impuro corazón que se atrevió a enviciar la impoluta alma de Mi Señor!"
– "¡U-un momento, Cerea!"
– "¡Corromper las mentes inocentes es mi trab- Digo, un acto de ignominia máxima!" – Acotó Meroune, blandiendo una caracola gigante. ¡¿De dónde sacan estas cosas?! – "¡Nadie osa usurpar el dominio de la Gran Sirena! ¡Muerte al facineroso y guerra eterna a sus seguidores!"
– "¡Esto se va a descontrolar! ¡Vamos a calmarnos, ¿Sí?!" – Imploré sin éxito. – "¡Alto!"
– "¡A las armas, ciudadanas! ¡Formemos batallones!" – Proclamó la equina ojizarca, alzando su cuadrúpedo cuerpo con la tizona en el cenit de su brazo. – "¡Que una sangre impura inunde nuestros surcos!"
– "¡DIJE ALTO!"
Las tres alborotadoras se detuvieron al instante al verme de brazos cruzados y una fría mirada en mi germano rostro después de mi corto pero horrísono decreto verbal. Mi estoica expresión se combinaba con mi impasible respiración y los guturales sonidos provenientes de mi garganta. Instintivamente, el trío instigador suspendió su álgido arrebato y bajaron sus contundentes armas ante la pétrea faceta y el aura militar que esta depredadora alemana ostentaba afásicamente. Pasaron varios segundos en silencio hasta que lo rompí al tomar de nuevo la palabra.
– "Lamento el tener que prorrumpir de forma tan súbita en medio de su obstinada porfía, pero como no únicamente agente de la ley, sino también ciudadana oficial de esta nación, me veo obligada a aplacar su exaltado arrobamiento de venganza en este preciso instante." – Proferí, circunspecta. – "Ahora, señoritas, ¿serían tan amables de otorgarle a nuestro casero el privilegio de exponer sus razones que lo llevaron a tan controvertible decisión o debo verme en necesidad de aplicar las sanciones correspondientes por alegar descaradamente sus deseos de lastimar a un humano?"
– "Pero…"
– "Señorita Shianus, ¿es preciso recordarle el artículo cinco de la ley de ejecución de los deberes policiales? ¿Acaso me veré obligada a detenerla en el acto?"
– "No, Aria." – La aludida bajó la cabeza. – "Lo lamento."
– "Bien." – Miré al muchacho. – "¿Señor Kurusu, podría concedernos la oportunidad de exteriorizar su versión de la historia, si no es mucha molestia?"
– "C-claro, Aria. Gracias." – El mencionado carraspeó y comenzó su relato. – "Bueno, sé que la televisión afirma demasiado y aunque mucho de ello sea sensacionalismo, las pruebas son innegables. Sí, desafortunadamente me excedí de copas y acabé en los camerinos de esas nekomatas. Y sí, puede que con mis sentidos desinhibidos, haya actuado de manera poco decente. Sin embargo, y esto puedo afirmarlo con seguridad y ampararme a las pruebas que la agente Smith presentó ante las autoridades, jamás hubo contacto físico más allá de unos cuantos besos a las mejillas de las susodichas. ¿Eso me excusa de tan licenciosa conducta? Lo dudo, ¿Me arrepiento y me siento mal por haberles preocupado y fallado no sólo como hospedador, sino persona? Por supuesto, ¿pero, todo lo anterior amerita el uso de violencia contra uno de mis mejores amigos, quien también ha expresado su remordimiento respecto al incidente? Claro que no. Chicas, sé que me porté de manera más que incorrecta y desean descargar su ira sobre algo o alguien, sin embargo, nada de eso cambiará el pasado o el resultado de este."
Hubo un momento de silencio, donde las tres mujeres miraron al suelo con los hombros caídos. Kurusu se incorporó y tomó su chamarra, de donde sacó unos cuantos rectángulos polícromos con el nombre del grupo liminal; Boletos. Se los ofreció a las tres, quienes tomaron uno con timidez. Los admiraron por un momento, con rostros algo incrédulos.
– "Entradas VIP para su próximo concierto la semana que viene, logré conseguirlos de ellas mismas. No intento obtener amnistía ni sobornarlas, pueden hacer lo que deseen con ellos. Cometí un error y, aunque creo que afortunadamente no pasó más allá de un malentendido, no dejo de sentirme terrible por ello. Ustedes no merecen que las decepcione." – Continuó Kimihito, tallando su frente. – "Pero, si aún pueden permitirme entrar en su corazón de nuevo y si mis palabras aún tienen valor alguno, únicamente quiero pedirles que me perdonen. ¿Es posible… recibir tan magnánimo regalo suyo?"
La respuesta a su plegaria vino de un suave abrazo de parte de la pelirroja poiquiloterma, seguido de la centáuride postrándose en sus miembros delanteros y la sirena haciendo una reverencia en su silla de ruedas.
– "Tú perdónanos, Cariño." – Acotó Miia. – "Sobreactuamos demasiado por una pequeña equivocación. Se supone que ya no somos así de recelosas."
– "Lo sentimos mucho." – Meroune siguió con sus gestos de indulto. – "No debimos juzgar prematuramente y dejar que nuestros prejuicios afectaran nuestro juicio."
– "Somos nosotras las que han fallado, Mi Señor." – Centorea colocó la mano en su pecho, contrita. – "Rogamos indulgencia por dudar de su nobleza."
– "Operibus credite et non verbis." – Musitó el pelinegro. – "Cree en hechos, no palabras. La evidencia no me favorecía, es más que natural que hayan desconfiado."
– "Ese es el problema, Mi Señor; Sospeché de la palabra de quien he jurado defender y seguir por siempre. Si no creo en usted, ¿Qué clase de mujer caballero soy?" – La rubia emitió un ligero sollozo. – "He fracasado en cumplir mi mayor promesa, no soy digna de su misericordia."
– "Descuida, Cerea. Errar no es sólo humano." – El casero acarició la mejilla de la ojizarca, provocándole un ligero rubor en estas. – "De todas maneras, no puedo traicionar a mis lindas inquilinas por unas cuantas gatas con demasiado dinero y maquillaje. Ustedes son más valiosas que mil de ellas."
– "Gracias, Cariño." – La lamia afianzó el abrazo. – "Lamento todo el teatro, ¿podemos olvidar este peliagudo asunto de una vez?"
– "Por supuesto, Miia." – Él observó al resto. – "Creo que al final, todos nos debemos una disculpa, ¿no lo creen?"
– "Concuerdo absolutamente, Amado." – Concedió Lorelei. – "Nuevamente le solicitamos comprensión por nuestras salvajes declaraciones y profundo agradecimiento por obsequiarnos tan únicos pases para una función musical."
– "Está bien, Mero, lo importante es que su humor mejore. Después de todo, ustedes lucen aún más hermosas cuando están alegres."
Con la precisión de un caza Eurofighter Typhoon y la fuerza del bombardeo masivo de un escuadrón de B-2 Spirit, esas simples palabras impactaron directo al corazón de las tres mujeres y reclamaron una victoria sentimental absoluta para el joven hospedador. Prontamente, Kimihito se vio envuelto en un mundo de afectuosas escamas, cabello, piel y agraciadas glándulas mamarias a la altura de su rostro. Encontrando una oportuna bocanada de aire, él solicitó a sus devotas enamoradas darle un segundo para evitar que sus pulmones perdieran el poco oxígeno que resguardaban. Ya libre de tan suave y tan honestamente envidiable prisión, Kurusu volvió a agradecerles a ellas por exonerarlo de sus faltas y a mí por dejarle explicarle. Yo solamente contesté que hice lo que cualquier persona sensata realizaría en tan precaria situación. Aunque comparto la opinión de que todo es culpa de ese tal Sarver.
Nos sorprendimos al ver a Rachnera junto con las niñas, esperando en la puerta y atestiguando tan bulliciosa escena. Las pequeñas también corrieron a mimar a su querido benefactor mientras la tejedora sonreía por la pacífica resolución del problema. Dejando solo al muchacho para que su jaqueca siguiera disminuyendo, regresamos a nuestras actividades cotidianas, llámense terminar nuestros desayunos. Acabada la ingesta de alimentos, la centáuride tomó el papel de enfermera temporal y siguió el progreso de la recuperación del dueño de la casa. Si bien Kurusu ya no precisaba de tal atención, tampoco deseaba arruinar la oportunidad para pasar más tiempo con la rubia. Miia logró hacer a un lado sus característicos celos y aceptó que lo principal era que su Cariño se repusiera, ya tendría tiempo de seguir ganando terreno con sus platillos. Además, ella sabía que se encontraba en buenas manos con la guerrera equina.
Sonreí ante tan perceptible afecto y confianza que se respiraba en la morada. No más peleas, no más disputas, únicamente paz. Disfrutando de tal tranquilidad, le solicité a Papi quedarme su lindo dibujo para poder conservarlo tras el vidrio de un marco y poder colgarlo en mi habitación. Sonará demasiado por un boceto hecho a base de crayones de cera, pero el valor sentimental que ese pedazo multicolor de papel contenía era mayor que la colección artística entera del Louvre. Aceptando ella con entusiasmo, la arpía mostró también sus obras maestras a Kimihito, para beneplácito de este. Así, disfruté de un día sereno junto a la limo y la pajarita en el mundo de las carreras virtuales. Me sigo arrepintiendo de no usar trucos para obtener ventaja sobre mis veteranas rivales, pero igualmente me divertí evadiendo cáscaras de banana y arrojando caparazones quelonios. Al demonio los gorilas gritones, mi princesa de vestido azul y su motocicleta son las dueñas del camino. Luego de ganar (¡por primera vez!) la copa champiñón, Cerea y Meroune, esta última con una pequeña caja envuelta en papel de regalo en mano, se acercaron a mí.
– "Disculpe, Aria-sama, pretendíamos mostrarle esto desde la mañana, pero el altercado se interpuso en nuestro afán de recompensar su esfuerzo." – Dijo la mujer de rosados cabellos, entregándome el obsequio. – "De parte mía y Centorea-sama, de todo corazón. Felicidades nuevamente, Aria-sama."
– "Enhorabuena, Aria." – La cuadrúpeda inclinó la cabeza. – "Disfrútalo."
– "Oh, bueno, muchas gracias, amigas." – Sonreí. – "¿Puedo… abrirlo?"
– "Por supuesto, es suyo de todas maneras." – Respondió amablemente la sirena.
Con cuidado, retiré el rosado listón que ataba el azul empaque de celofán, revelando una caja negra de reducidas dimensiones con la palabra G-Shock y otros términos abreviados impresos en esta. Tal nombre se me hacía conocido y mi curiosidad se disparó al máximo. Retirando el sello adhesivo que garantizaba que el contenido estaba intacto, encontré con un manual en diferentes idiomas, demasiado grueso para operar lo que el volante incluido ya había revelado cual sería mi presente: Un reloj digital. Y no cualquier cronógrafo, sino uno de calidad. Hallando otro contenedor debajo de los papeles, esta vez de metal y con forma hexagonal, ostentando las mismas palabras plasmadas en relieve y flexionando mis dedos en anticipación, quité la tapa del estuche metálico y tomé la bolsa de polietileno interior que contenía el aparato en cuestión.
– "Meine göttin…"
Casio G-Shock Mudmaster. Sin duda, era un reloj de pulsera, ¡Y qué reloj! Como si me hubieran leído la mente, el modelo presentado contenía tanto la pantalla de cristal líquido como manecillas. Aquel era mi estilo favorito, ya que combinaba la conveniencia de la era moderna con la elegancia de lo análogo, todo armonizando en una estilosa pieza de metal y polímeros que marcaban perfectamente el horario actual. Con áureos números arábigos en gran tamaño para representar los cuatro puntos cardinales y una pantalla negra digital que era iluminada por luz azulada, rodeado en oscura resina, el objeto poseía un diseño soberbio. Admirado el tamaño de la pequeña bestia, tomé el manual y le eché un vistazo a las funciones incluidas. Resistencia al agua y lodo, hora mundial, doble cronómetro, barómetro, brújula, altímetro, energía solar de reserva, sincronización automática por señal de radio para calibración autónoma del tiempo, cristal de zafiro auténtico… Ya parezco esos molestos anuncios de la televisión, pero esta cosa tiene más habilidades que yo y la lista no parecía tener fin.
– "Mero-sama…" – Tragué saliva sonoramente. – "¿C-cuanto les costó esto a ustedes?"
– "Oh, no se preocupe por el precio, Aria-sama." – Disintió con la mano. – "Yo pagué la mayor parte y ya sabe que el dinero no me es problema. Además, usted necesitaba de uno. Pruébeselo, insisto."
– "De acuerdo…"
Quitando la etiqueta de marca de la correa, inserté un extremo a la hebilla y la sujete a mi muñeca hasta que quedara lo suficientemente firme para que la carátula no se moviera, pero tampoco que me apretara. A pesar de que sentía que ese pequeñín valía más que mi salario entero (y eso si Smith no se portaba tacaña), debía admitir que lucía sumamente espléndido en mi quitinoso antebrazo. La hora ya había sido ajustada por sí sola, como evidenciaba el paralelo con el reloj de la sala, lo cual me alegró porque si el grueso instructivo era indicación alguna, necesitaría graduarme como ingeniera aeroespacial únicamente para aprender a cambiar la alarma.
– "Danke schön, chicas…" – Musité, encantada con el obsequio. – "Es realmente hermoso."
– "De nada, Aria." – Sonrió Shianus. – "Solicité ayuda a Mero-sama para que juntas lo encargáramos por Internet. Me tranquiliza que haya sido de tu agrado."
– "Pero, ¿cómo supieron que necesitaba uno?"
– "Confesamos que eso es debido a conocer el contenido de las misivas que usted enviaba todos los días a Lala-san, relatadas por ella misma." – Manifestó la oceánica. – "Lamentamos si nos entrometimos en los asuntos privados entre usted y su pareja, Aria-sama, pero lo hicimos con las mejores intenciones."
– "Está bien, no tengo secretos para mi familia." – Continué sonriendo, de verdad era lindo. – "Gracias de nuevo, quisiera poder regresarles el favor."
– "Ya has hecho mucho por todos aquí, compañera." – La rubia colocó su mano en mi hombro. – "Deja de afligirte tanto, que los obsequios son para disfrutarse."
– "Cierto, tienes toda la razón, Cerea." – Suspiré sonriendo. – "Me encanta tirarme al drama, ¿cierto?"
– "Ya somos dos, Aria-sama." – Replicó Lorelei. – "Por eso me cae tan bien."
Las tres reímos ante la buena broma y permití que las ínfulas de la vanagloria me dominaran por unos minutos al presumir mi nuevo reloj a las demás. Pasado un tiempo y mientras yo probaba la galaxia de funciones que el aparato podía realizar en mi habitación, la pantalla de mi celular se encendió, indicando que la batería estaba a punto de extinguir sus últimas reservas de energía. Me pareció extraño puesto que su casi nulo uso durante la semana conservó perfectamente la carga sin necesidad de reponerla. De hecho, ni siquiera sonó o hizo otra clase de anuncio que no fuera el del candado virtual siendo retirado. Una detenida inspección al teléfono reveló que, de alguna extraña manera, lo había dejado en el modo avión, cortando toda clase de conexión y comunicación. Ignoraba cuando es que activé tal condición pero con celeridad me apresuré a devolverse su estado original.
– "¡Ay, mamá araña!"
Como la repentina aparición de los Messerschmitts ME-109 nocturnos hostigando a la RAF británica, un bululú de mensajes y alertas inundaron al aparato telefónico, haciéndole sonar, vibrar y creo que hasta insultarme al mismo tiempo. Después de tensos segundos donde no sabía si quebrarlo o aventarlo por la ventana para cesar su estrepitoso escándalo, el celular calmó su imitación de bomba a punto de estallar y pude revisar la avalancha de avisos pendientes recolectados en estos días. Ofertas irrelevantes, correo basura, publicidad de alguien llamada la Gran Sirena que no se puede saltar, más ofertas, Cetania me compartió un video de Bruce Dickinson conduciendo un tanque T-34/85 (eso sí es importante), Zoe me advirtió un par de veces que Titania me despertaría bruscamente (esa Zombina, al menos se molestó en avisar) y varios mensajes de mi ex-jefa Winona.
– "Aww, que tierno…"
Entre la maraña de recados que la arpía antártica me dejó, muchos de ellos maldiciendo mi nombre por mi nula respuesta, se encontraba una colección de muy bellas fotos de ella y su ahora esposa Pin ataviadas en los nupciales atuendos del himeneo, con la canadiense arropada en un formal (e increíblemente redundante para una pingüino) traje esmoquin, mientras la rusa hacía gala de un níveo y radiante vestido de novia de corte español con un gigantesco ramo de flores violetas en sus aletas. Y a juzgar por las extremadamente jubilosas expresiones de las recién casadas, todo había salido de maravilla. Y debía serlo, puesto que celebraron su boda en nada menos que el parque nacional Waterton Lakes en Alberta, Canadá, con unas preciosas vistas con el lago y las nevadas montañas de fondo. En otra de esas sorpresas de la vida, tal lugar colinda con el Parque Nacional de los Glaciares en Montana, donde mi amada rapaz solía residir. Si eso no es profético, ignoro que más pueda serlo.
Aprovechando los últimos restos de energía para disculparme con la ahora señora Winona Dragovskaya y explicarle el porqué de mi ausencia de respuestas, alguien tocó a mi puerta. Enviando el mensaje segundos antes que la batería decidiera reposar, recibí a mi invitado, encontrándome con Rachnera y las niñas, sugiriendo que las acompañara al patio trasero. Saliendo y solicitando a Kimihito que me facilitara su adaptador de pared para mi celular, dejándolo recargar en la sala, seguí a la tejedora y las pequeñas hacia el jardín. Papi tomó una jocosa regadera con forma de ballena y Suu la llenó con cristalina agua usando la manguera al tiempo que mi congénere me mostraba al nuevo residente vegetal de la casa. Era apenas un delgado palito con algunas endebles ramas, pero lucía sano. La joven de azul plumaje regresó y comenzó a irrigar al arbolito con el vital líquido mientras tarareaba una melodía.
– "Es un azarollo, también conocido como serbal de los cazadores. Muy común en Europa, especialmente Irlanda." – Explicó Arachnera. – "Como imaginarás, lo eligió tu adorada azulita. Aunque la idea de sembrar un arbusto fue mía. ¿Puedes adivinar la razón de tan inusual despliegue de interés en la botánica?"
– "Erm… ¿Te gustan las plantas?"
– "Un poco, pero no es la respuesta."
– "¿Te volviste vegetariana?"
– "Amo demasiado la carne."
– "¿Es un cultivo de buena suerte?"
– "No que yo sepa."
– "¿Sirve como repelente contra insectos y plagas?"
– "De hecho, sus frutos atraen aves y abejas."
– "¿Estaba en oferta?"
– "Es importado y algo costoso, pero lo dejaron a precio razonable."
– "¿Tienes la habilidad de comunicarte con la vida vegetal?"
– "¿Qué soy? ¿Una dríade?"
– "¿Es parte de un ritual secreto para invocar a los Dioses Exteriores y traer el final a este mundo?"
– "¿Acaso en tu trabajo consumen sustancias ilegales o sólo eres así los lunes?"
– "Bueno, me rindo." – Encogí los hombros. – "Diría que era una alegoría a como las semillas de la amistad germinaron en un gran árbol para esta familia, pero no quiero sonar tan tontamente poética."
– "Eliges toda las opciones más disparatadas antes de optar por la correcta." – Disintió lentamente. – "Tu cerebro trabaja al revés, Jaëgersturm. ¿Cómo le hiciste para que te aceptaran en MON?"
– "Smith está más loca que yo, así que la demencia se neutraliza." – Bromeé. – "Pero en serio, bonito detalle para representar tan idílica metáfora. ¿Cuándo tardan en crecer?"
– "La dueña de la tienda dijo que veinte años. Será un adulto cuando seas una señora de edad."
– "Y el azarollo seguirá creciendo."
– "En verdad…" – La tejedora sonrió. – "Es bueno tenerte de vuelta, Aria."
– "Gracias, Rachnee. Es fantástico volver a mi hogar."
– "Por cierto, buena manera de pacificar al trío justiciero en el cuarto." – Me rodeó con el brazo. – "Lucías como la cazadora que siempre debes ser."
– "Te agradezco el halago, pero sólo estaba parafraseando el código policial de Sparassus." – Confesé. – "Ni siquiera me han dado mi placa, aún no puedo fungir legalmente como agente. Pero no lo hice tan mal, ¿cierto?"
– "Fuiste muy convincente." – Se acercó con sonrisa maliciosa. – "¿Jugarás a la oficial malvada con tu princesa azulada esta noche, esposándola a la cama y sentenciándola a complacerte de por vida?"
– "Normalmente descartaría eso como otra de tus pervertidas fruslerías…" – Regresé el gesto. – "Pero me leíste la mente, compañera."
– "Estoy tan orgullosa de ti, mi alumna. ¿Van a invitarme?"
– "Sólo si traes la cámara, el látigo y las botanas."
– "Cuenta con ello."
Carcajeándonos por la broma (y espero que sea broma), proseguimos con la jardinería. La mujer de cabellos lila se unió a las niñas y también regó el resto de las plantas, con Suu actuando como una irrigadora automática con sus tentáculos multifuncionales. Yo me uní a las chicas y tomé la podadora manual para retocar el césped. Con cuatro personas trabajando en un área pequeña y la limo demostrándonos que podía digerir la hierba con facilidad (y recordándole que no era una rumiante), terminamos en pocos minutos. Mi reloj indicó que pronto serían las cuatro de la tarde y mi segadora regresaría en poco tiempo. Acabada la sesión de jardinería, regresamos adentro y me dispuse a esperar a la peliblanca. No tuve que permanecer sin la compañía de la dullahan por mucho, puesto que, como si estuviéramos conectadas, algo me indicó dentro de mí que ella ya se encontraba cerca.
Sin querer aguardar más, abrí la puerta y, al igual que ella el día de ayer, me paré en la entrada, sintiéndome una honorable samurái resguardando el castillo de su señora. Y entonces, la emperatriz del universo entero apareció, caminando por el lado izquierdo de la acera. Al verme, ella sonrió y aceleró el paso en mi dirección. Entusiasmada, abrí la reja y corrí al encuentro con mi añil reina de áureos ojos, sosteniéndola firmemente con ambos brazos y proporcionándole la calurosa bienvenida al unir nuestros labios con ternura. Ya que ella había caminado lo suficiente, la cargué apoyándome con mis pedipalpos y las trasladé dentro de la casa. Una vez cerrada la puerta, la deposité cuidadosamente en el suelo y ella se retiró el calzado para andar en pantuflas azules y proteger sus largas medias negras.
– "¿Cómo te fue hoy, Spatzi?" – Le pregunté a la irlandesa, tomando su bufanda. – "¿Algo interesante?"
– "Nada fuera de lo común, aunque un par de comensales solicitaron órdenes considerables de comida mexicana. La palabra de nuestra calidad se sigue extendiendo, aunque atribuyo gran parte del éxito a la campaña publicitaria basada en repartir aleatoriamente boletos de descuento." – Replicó ella, colocándose las sandalias. – "Mi amiga Sanae se preocupó cuando recibió un mensaje de su progenitora enferma, pero no es grave. Deberé tener más cuidado al preparar la comida, las infecciones estomacales parecen estar a la orden del día. ¿Cómo estuvo tu mañana, A chuisle?"
– "Bueno, Miia me enseñó un par de recetas, Papi y Suu demostraron que serán las próximas estrellas de la Galería Uffizi, Rachnera tiene toque para la botánica, Meroune y Cerea me regalaron a esta belleza tecnológica…" – Enumeré, mostrándole el reloj en mi muñeca. – "Y cuanto a Herr Kommandant, se vio envuelto en algunos incidentes gatunos y… Mejor lo discutimos en la habitación."
– "¿Entonces son ciertos los rumores que permean los diarios?" – La segadora exhibió un periódico dentro de su uniforme de trabajo. – "¿Es nuestro anfitrión uno de los involucrados en tal escándalo?"
– "Scheisse, la prensa sí que se mueve rápido cuando se tratan de jugosos chismes." – Musité al leer el encabezado. – "Y en primera plana."
Echando un vistazo rápido al rotativo, la fotografía de la noticia mostraba a MON custodiando a dos sujetos con la cabeza cubierta por ropa. Reí ligeramente al notar a Saadia en reyerta y jalando de la bata a quien supuse era el doctor Sarver, con Zoe intentando calmarla. Al menos la primicia no revelaba nombre incriminatorio alguno, únicamente quedando en conjeturas descartables. Dirigiéndonos ambas a la sala y mientras Lala era recibida por el dúo plumas-gelatina con un abrazo y saludando al resto, yo busqué alguna mención sobre la conferencia en el foro internacional. Finalmente la hallé, en una esquina sin mucha importancia. Una simple nota breve que anunciaba el ascenso de tres nuevas integrantes de Monster Ops: ¿Extradition?
– "Que porquería. Ni siquiera se molestaron en aprenderse correctamente el condenado nombre." – Me quejé, asentada junto al sillón donde reposó la dullahan. – "Por el casco de Athena, encima de que salí a la mitad en la foto, me llaman Aria Jaegerjaquez. Hubieran contratado a Saukki, esa nutria es un fastidio pero sabe hacer su labor."
– "Es sólo un tabloide, A chuisle, estoy segura que otros diarios de mayor prestigio lo han manejado de manera digna. Tranquila." – Mencionó la peliblanca, acariciando mi brazo. – "Voy a preparar el almuerzo, ¿te parece bien el pollo en salsa agridulce?"
– "Le hiciste caso a las cartas." – Sonreí, bajando el periódico y dándole un beso rápido a mi novia. – "Te amo, Spatzi. ¿Quieres que te ayude?"
– "Eres la festejada, A chuisle, disfruta de tu día libre." – Me propinó otro ósculo en la mejilla y se incorporó. – "Tus hematomas ya casi desaparecen, dales un pequeño empujón mientras cocino, ¿vale?"
– "Jawohl, meine Königin." – Hice un saludo militar. – "Agrega un poquito de arroz condimentado, ¿sí, linda? Me encanta ese ligero sabor a tomate."
– "Por supuesto." – Se volteó antes de retirarse. – "Y dime, ¿Qué te parece mi atavío?"
– "El negro siempre combina gloriosamente contigo, guapa. Y esa boina te hace ver como un SAS británico, es perfecto." – Silbé provocadoramente. – "¿Segura que no eres de las fuerzas encubiertas al servicio de Mio Aizawa?"
– "Aún soy verde, no tengo el rango suficiente para ser parte de los actos subversivos que nuestra líder realiza contra la competencia. ¿Planeaba arrestarme, oficial Jaëgersturm?"
– "Me temo que sí, Spatzi. Tu juicio será acordado para hoy en la noche, donde dictaré mi sensual sentencia. La jueza ha hablado."
Asintiendo y riendo, la irlandesa se unió a Kimihito y su ofidia ayudante en la cocina. Relajándome, seguí revisando las primicias de tan amarillista publicación impresa. Juré que sentí una especie de temblor sacudir la casa, pero debían ser mis intestinos reaccionando al delicioso olor que emanaba de la estufa. Entonces, mi celular interpretó Flight of the Icarus de Iron Maiden, anunciando que era una llamada de cierta pajarita amante del heavy metal, y sin desprenderlo del cable cargador, apreté el verde botón en pantalla para responder a mi emplumada compañera.
– "Guten Tag, está hablando con la agente más sexy en toda la prefectura de Saitama." – Contesté juguetonamente. – "¿A quién le brindo la oportunidad de disfrutar de tan inigualable honor?"
– "¿Sí, pizzería pingüinosa? Quiero la especial alemana de tres ingredientes con tocino y cucarachas extra." – Replicó la arpía. – "¿Aceptan la tarjeta de descuento Mathematic Card?"
– "Muy graciosa, pajarraca." – Dije con sarcasmo. – "¿Qué deseas, urraca bocona? ¿Y por qué me llamas hasta esta hora?"
– "He intentado hacerlo toda la mañana, pero me dicen que no estás disponible. ¿Dónde has estado?"
– "Oh, bueno, lo creas o no, resulta que mi teléfono se mantuvo en modo avión desde quien sabe cuándo."
– "¿En serio? Al menos eso explica que no entendieras de que hablaba cuando referenciaba mis mensajes. Como sea, quería saber cómo andabas, araña despistada."
– "Perfectamente. Dormí como bebé y al despertar, además de disfrutar de la compañía de mi segadora, todos me tratan como a una laureada heroína. ¡Y sin necesidad de combatir terroristas!"
– "Te entiendo, flaca. Yuuko no paraba de elogiarme, y se puso peor al ver mi foto en el diario. Incluso me compró un par de aretes y una camiseta nueva como regalo. ¿Estás en tu casa? ¿Qué tal si paso por ahí para que los veas y de paso saludo a la familia?"
– "Por supuesto, linda." – Me pausé un segundo. – "Espera, dame un momento."
Desconecté el teléfono para llevarlo conmigo y me encaminé a la cocina, hallando a la peliblanca preparando el almuerzo e intercambiando conversación con Miia y Kurusu.
– "Oh, ¿qué sucede, A chuisle?" – Preguntó ella, cortando la carne de pollo.
– "Uhm… Cetania dice que quiere pasar a visitarnos." – Respondí tímidamente. – "¿Qué dices?"
Apenas escuchó el nombre, el cuchillo que usaba para tajar la pechuga aviar golpeó la madera como una guillotina. O en el caso de la dullahan, una guadaña, partiéndola en dos al instante. Que sus ojos se entrecerraran por la mera mención de su rival no me ayudó a calmarme.
– "¿Qué quiere la hija de Electra?" – Cuestionó sin esconder su disconformidad.
– "B-bueno, únicamente visitarnos, presumir los obsequios que le dio su casera, y platicar un poco, nada inusual." – Contesté nerviosa. – "Y-y no olvides que ella te invitó a la fiesta de su hospedadora, ¿tal vez quiera tratar los detalles contigo?"
– "…"
– "¿Spatzi?"
– "Bien…" – Volteó a ver al dueño de la casa. – "Kimihito, esta es tu propiedad, ¿estás de acuerdo con la presencia de la descendiente de Taumas?"
– "Por mí no hay problema, Lala." – El muchacho ofreció una sonrisa y encogió los hombros. – "Digo, ¿Quién más confiable que una agente policial para disfrutar una buena comida? ¿Cierto, Aria?"
– "Cierto, Herr Kommandant." – Asentí con la cabeza. – "Entonces, ¿la dejarás venir, Spatzi?"
– "Sí, supongo que sí." – Suspiró. – "Dile que se comporte y no habrá problemas."
– "Gracias, guapa, le confirmaré tu aprobación."
Ella afirmó silenciosamente y volvió a su actividad, yo regresé a la sala.
– "Lala dice que sí, pajarita. Estás autorizada para aterrizar en la base Kurusu."
– "Lo sé, lo escuché todo. No puedo creerlo, flaca, ¿escapaste de un estado fascista para caer en la dictadura de esa pitufo?"
– "Oye, no hables así de ella. No puedes culparla porque aún le seas poco grata."
– "Creí que, no sé, cubrirte el abdomen de balas y demás por una semana para lograr graduarme como una miembro de MOE sería suficiente para que cambiara de opinión. Ha de estar celosa del éxito esta fastuosa rapaz."
– "Infausta, querrás decir…" – Mascullé.
– "¡Te oí!"
– "Sí, sí. En fin, no tardes, plumero parlante, comeremos pollo a la irlandesa en salsa agridulce."
– "Aquí tienes un filete de primera clase y tú conformándote con sobras de gallina aguada." – Bromeó. – "Realmente te gustó lo que servían en la cafetería, ¿cierto? Bien, llegaré en unos minutos, no empiecen sin mí."
– "Vale, te espero, Süsse."
– "¡Alright!"
La castaña colgó y con una pequeña mueca de alegría en mis labios, me di a la tarea de buscarme algo para quitar los manchones morados de mi rostro y parte de mi cuerpo. No sólo porque mi ama absoluta me lo ordenara para una fogosa noche de amor, sino porque deseaba estar presentable para mi primer día en mi nuevo puesto. Le había encargado a Centorea que fuera tan amable de lavar mi uniforme negro y ella gustosa aceptó en dejarlo listo para que pudiera lucirme en la oficina. Agregándome crema con aloe vera en las equimosis faciales, el timbre de la entrada sonó y me apresuré a darle la bienvenida a la recién llegada. Abrí la puerta y revelé a una hermosa arpía de presa vistiendo una llamativa camiseta en rojo rubí con los caracteres '勇気' (yūki, coraje) impresos en el frente con negras letras, que no sólo le hacía verse genial, sino que también remarcaba su agraciado busto estadounidense.
Se había acomodado el cabello para que dejara ver sus puntiagudas orejas complementadas con un par de aretes multicolor con forma del famoso atrapasueños de los nativos americanos. A pesar de tan sutiles cambios, la verdadera belleza venía de la propia falconiforme, luciendo radiantemente atractiva por el simple hecho de estar feliz. Ella posó coquetamente, extendiendo sus coloridas alas de halcón, esperando mi opinión de su apariencia. Mi contestación fue un pulgar arriba con la mano izquierda mientras la otra se encargaba de retratarla con la cámara de mi celular. La complacida chica emuló a una fatua supermodelo al seguir posicionándose en poses igualmente alabanciosas. Luego de unas cuantas imágenes más en la memoria digital (y recordarme el comprarme una con mayor capacidad), entramos a la casa donde la rapaz fue bien recibida por las pequeñas.
– "¡Cetania-nee!" – Exclamó Papi al verla, corriendo a darle su característico abrazo. – "¡Hola, hola! ¿Cómo estás?"
– "También me alegro de verte, hermanita." – Replicó la castaña, sosteniéndola. – "¡Uf! Sí que tienes fuerza, pequeña. ¿Has estado haciendo ejercicio?"
– "¡Es que ahora si me como mis verduras, porque Esposo me dijo que así voy a crecer grandototota y fuertototota!" – Afirmó. – "¡Y también tetototona como tú! No tanto como las de Cerea, ¡pero también son enormes!"
– "Erm… ¿Gracias?" – Fingió no extrañarse por tal declaración. Yo compartía el sentimiento. – "Oh, hola, Suu. ¿Todo bien?"
La limo cumplimentó estrechando su ala con un acuoso tentáculo de su gelatinoso cabello. Cargando a Papi en sus brazos, la americana saludó al resto. Al ser también parte de MOE, fue tratada con mayor respeto que la última vez, y si bien la halcón disfrutaba de tal cortesía, les pidió que no cambiaran su modo de actuar con ella. Por supuesto, la segadora era la única que no se reservaba los comentarios sardónicos y tuve que insistirle para que no fuera tan hostil. Aunque no muy contenta, ella acató seguir su propio consejo y se comportó más amable. Sirviéndole un plato específicamente arreglado para alardear sus habilidades culinarias, la dullahan se sentó a mi izquierda sin quitarle la vista a la arpía acomodada a mi derecha. Esta última decidió ignorar las miradas frías de la abismal y relató nuestras peripecias en los entrenamientos a los residentes.
– "Y entonces Tionishia me da en la espalda con la ametralladora, haciéndome caer al lodo." – Narró, gesticulando con ayuda de sus manos protéticas. – "Sólo fue un roce, pero en verdad dolió como no se imaginan. Yuuko dice que incluso con mi eficiente sistema inmunológico, el hematoma desaparecerá en una semana."
– "Woah, en verdad que la tuvieron difícil, chicas." – Opinó Miia, degustando un katsudon. – "¿Qué hubiera pasado si te hubiera impactado directamente?"
– "La destroza, literalmente." – Injerí, probando mi platillo. – "Balas de veinte milímetros, especialmente diseñadas para acabar con amenazas aéreas. Incluso en pintura, son excesivamente letales."
– "Creo que la agente Smith debería reconsiderar sus estrafalarios métodos de adiestramiento." – Dijo Shianus, disintiendo con la cabeza. – "Todo lo que han contado raya en lo innecesariamente sádico."
– "Descuida, Centorea, que eso no es nada comparado con lo que los criminales nos tendrán reservado." – Manifestó la falconiforme. – "Dudo que los malhechores nos presten acceso a tratamiento médico y reabastecimiento de munición entre fases de batalla. Será duro, pero nosotras lo somos más, ¿cierto, flaquita?"
– "Honorem et Gloriam." – Guiñé y chocamos nuestros nudillos. – "De granates a diamantes, Süsse."
– "¿Süsse?" – Lala alzó una ceja. – "¿Llamas de manera tan afectuosa a la hija de Taumas?"
– "Tranquila, S-pat-zi…" – Contestó con sarcasmo la arpía. – "Pronto ella se referirá a mí como 'Mi amor' y no tendrás que oír ese fatídico sobrenombre que te quita el sueño nuevamente."
– "Los proyectiles polícromos laceraron tu cuerpo en demasía, mas no menoscabaron tu capacidad de articular tan risibles befas, peste alada." – Retrucó la irlandesa. – "Y la pregunta no iba dirigida a ti, ¿podrías abdicar de inmiscuirte en asuntos ajenos, si no es molestia?"
– "Todo lo que concierna respecto a la mujer que amo también es de mi incumbencia, niña azul." – Acotó la rapaz. – "Y antes que digas algo, tú también replicarías de la misma manera. Podemos seguir con esta absurda querella e incordiar a todos, o proseguir pacíficamente con nuestros alimentos como personas civilizadas. Yo me decanto por satisfacer mi hambre, ¿Qué hay de ti?"
– "¿Aria?" – Lala indagó en mi dirección. – "Aún no oigo tu respuesta."
– "Es sólo un mote, linda." – Aseguré, tratando de deglutir el pollo. – "Además, después de compartir las trincheras en tan dantescos ensayos, Cetania se lo ha ganado con todas las de la ley, ¿no lo crees?"
– "De acuerdo." – Accedió ella y regresó a comer el mismo plato que el mío. – "Eres libre de continuar, Cetania."
– "Thanks a lot, your Majesty." – La aludida torció la boca. – "Y luego dicen que los americanos somos imperialistas. Como sea, yo estaba herida y solamente Aria y Dyne se mantenían en pie para hacerle frente a la ogresa…"
La castaña reanudó su vehemente crónica, recapturando la atención de los comensales y disipando la tensión en el aire. Suspiré a que la disputa no pasara a mayores y de que Lala la llamara por su nombre, eso significa progreso, ¿cierto? Dejando a un lado mis optimistas hipótesis, acabamos tranquilamente, felicitando yo con un beso en la boca a mi chef del inframundo por tan magníficas viandas y ella jactándose con petulancia para despertar con eficacia celos en la estadounidense, quien tuvo que admitir a regañadientes que la habilidad para la gastronomía de la peliblanca no había perdido un ápice de su maestría. Pero su despliegue de (totalmente merecido, he de admitir) orgullo no se detuvo ahí y pronto, sin decir palabra alguna, la abismal hizo ademán para que Papi y Suu le ayudaran a sacar algo del tan misterioso refrigerador al cual se me prohibió el acceso. Rápidamente me di cuenta del porqué de la inusual orden.
– "Meine göttin…"
Siendo sostenido por las tres, fue presentado frente a mí el más esponjoso, grandioso, hermoso y absolutamente fantástico pastel que cualquier repostero hubiera podido concebir. Pero no era el apetitoso aspecto, el dulce aroma que despedía o la diestra técnica para cubrirlo de merengue y galletas; El verdadero atractivo que lo distinguía del resto de los postres y demás confituras en la existencia, era que había sido modelado con la apariencia de unas de las máquinas más bellas que el ingenio humano ha podido engendrar, artilugio de batalla veterano de la guerra y signo irrefutable del poderío militar alemán: Un Panzerkampwagen VI, el legendario tanque Tiger.
Afásica, me acerqué lentamente hacia el blindado, con mis seis ojos tan rojos como las fresitas alrededor del plato y tan abiertos que podrían hacerse pasar por rojas luces de semáforo al tiempo que mi boca apenas y podía controlar su trémulo estado. La flama de la velita bicolor en la torreta brillaba tanto como mis globos oculares y mis pedipalpos repiqueteaban el suelo de la emoción. Mi respiración se aceleró al inspeccionar de cerca la maravilla hecha confite; Tenía el color de camuflaje correcto en ocre y café anaranjado usado en la batalla de Kursk y que también imitaba al hallado en mi exoesqueleto, sin contar que sus ruedas oruga habían sido recreadas ingeniosamente con galletas de chocolate tanto redondas como planas.
Los pequeños detalles no dejaban de asombrarme, como la ametralladora coaxial en el chasis, el intrincado patrón de la armadura e incluso la inclusión del número 205, plasmado en carmesí colorante artificial; Cifra hecha famosa por Michael Wittmann, el Barón Negro, uno de los mayores ases alemanes, siendo responsable por aniquilar a gran parte de la 7ª División Blindada británica durante la invasión de Normandía, acabando con nada menos que catorce carros de combate, quince transportes armados y dos armas anti-vehículos… Todo en menos de media hora. Con más de cien bajas reclamadas con su cañón de ochenta y ocho milímetros, el tipo, a pesar de pertenecer a las infames Waffen-SS, en verdad que era admirable.
¡Pero no tan admirable como mi Lala y su pastel!
Si ya estaba sorprendida por la exactitud de la representación en masa y crema, me quedé atónita cuando la dullahan tomó el cañón y reveló que este poseía una ranura para insertar un malvavisco, cosa que ella demostró colocando uno sabor vainilla con cuidado dentro del recipiente. Ya puesto, ella me invitó a que me ubicara del lado opuesto; Obedeciendo, me indicó que soplara por el tubo que sobresalía detrás de la torreta. Acatando la orden, junté mis labios en la protuberancia y exhalé con fuerza, provocando que la golosina saliera despedida vigorosamente a más de treinta centímetros del freno de boca. Suu hábilmente atrapó el esponjoso proyectil y lo disolvió dentro de su cuerpo. Sonreí de mejilla a mejilla, mi tanque era capaz de disparar, en verdad lo hacía.
Animada, solicité a la segadora que me facilitara más dulce munición, dándome ella una pequeña bolsa de bombones en miniatura. Cargando más obuses hechos de confitura, los arrojé hacia las hambrientas bocas de Papi y la limo, que no se cansaban de atraparlas con precisión. Después de un minuto admirando dulces volar por el aire, me incorporé y con ahínco tomé a mi irlandesa en brazos y clavé un beso tan profundo que incluso una inmortal como ella necesitó hacerse de oxígeno luego de que el ósculo se extendiera. No satisfecha con eso, volví a propinarle varios más, con lágrimas en mis ojos de tanta algazara en mi interior por tan extremadamente suntuoso regalo.
– "Te amo tanto, Lala." – Sollocé con júbilo. – "Gracias, en verdad, muchas gracias. Es completamente hermoso."
– "Sabía que te encantaría, A chuisle." – Limpió mis lágrimas.
– "No imaginé que fueras tan talentosa." – Hipé. – "Gran Arachne, estoy tan orgullosa de ti."
– "Te agradezco el cumplido, amor." – Acarició mi mejilla. – "Pero esta misión fue un trabajo de equipo." – Giró mi vista hacia los demás inquilinos. – "Todos en la casa me asistieron, todos y cada uno. Y no podría haberlo logrado sin su invaluable ayuda. El crédito es de la familia entera, A chuisle, porque te queremos."
Me encaminé hacia ellos y los abracé briosamente, uno por uno, cumplimentándolos por su gigantesca bondad y prometiéndoles jamás decepcionarlos. Incluso Cetania recibió uno muy efusivo, y aunque ella no era parte del grupo, le agradecí por haber estado a mi lado en nuestras horas más difíciles. Separándome de la falconiforme, hice mil y un reverencias a los presentes, sin dejar que el llanto abandonara mi cara.
– "N-no merezco tanta amabilidad, en verdad que no." – Declaré, gimoteando. La segadora me secó las lágrimas. – "Gracias, Lala. Ustedes son demasiado buenos conmigo, y yo sólo me meto en problemas."
– "Aria, ya hemos esta conversación infinidad de veces." – Acotó Rachnera. – "Tomando en cuenta donde naciste, sé que la repentina atención y gratitud debe serte aún difícil de asimilar, pero deberías aceptar que eres parte innegable de nosotros y que lo hacemos por el simple hecho de apreciarte. No pienses en retribuciones o seguirte afligiendo con no sentirte digna, mereces esto y más por lo que has hecho, así que relájate y disfruta de tu celebración, ¿de acuerdo?"
– "Me uno a ella, flaca." – Injirió la americana, colocando un ala en mi mano. – "Estuve junto a ti por una semana y todos los días me demostraste que vales más que todos los metales preciosos del planeta. Vamos, eres una soldado fuerte, una gran guerrera, una agente de MOE; Eres la magnífica Aria Jaëgersturm."
– "D-de acuerdo… Gracias, Cetania." – Le sonreí. – "Y gracias, familia. Y-yo… Yo jamás tuve a personas que me estimaran tanto, ni siquiera en mi patria. Perdón por ponerme tan sentimental."
– "Descuida, Aria, te entendemos perfectamente." – Kimihito también me reconfortó con su mano en mi hombro. – "Ven, prueba la tarta que nos esmeramos en preparar."
– "Jawohl, Herr Kommandant." – Incliné la cabeza, ahogando otro sollozo. – "Aunque me siento mal por tener que arruinar tan perfecta creación."
– "Un tanque debe ser destruido únicamente por un oponente digno." – Declaró la irlandesa, sosteniendo mi mano. – "Y tú eres la más meritoria entre nosotros para tal tarea, A chuisle. Mereces el honor del primer bocado."
– "Como digas, Spatzi." – Sonreí. – "¿Puedo pedir que nos tomen una fotos primero? Deseo conservar este maravilloso recuerdo por siempre."
– "No te preocupes, amiga, que ya te tengo cubierta." – Habló Miia, con la cámara en mano. – "Cariño, ¿tenemos algún trípode? Así podré captarnos con el temporizador."
– "Podemos usar esta silla, tiene la altura perfecta." – Replicó Kurusu, jalando el mueble. – "Ponla aquí mientras nosotros nos acomodamos."
Mientras la poiquiloterma asentaba el aparato, nosotros con celeridad nos agrupamos para ser retratados por la lente. Conmigo en el centro, tomé a Lala de la cadera y la pegué a mi izquierda al tiempo que la cintura de la rapaz era atraída hacia mi lado derecho. Ninguna objetó y ofrecieron su mejor sonrisa. Rachnera y Meroune se situaron del lado de la peliblanca, Centorea, Kimihito y Miia, quien activó el temporizador para que nos fotografiara en intervalos de cinco segundos, se ubicaron junto a la halcón. Papi y Suu, se instalaron frente a mí, sostenidas de mis pedipalpos. El sonido de la cámara nos informó que nos mantuviéramos quietas y prontamente el fulgor del flash iluminó la habitación y nuestros ojos. Intercambiando expresiones, alternando entre simples sonrisas, sacar la lengua y demás gestos graciosos, el sentimiento que en ese momento permeaba a la casa y especialmente a mí, era de completa y absoluta dicha.
Acabada la sesión de fotos y tallando nuestros globos oculares por las constantes descargas a demasiados lúmenes, nos sentamos a degustar tan bien creada obra culinaria. Después de soplar la vela y desear mentalmente que esa felicidad se mantuviera por siempre, la dullahan me facilitó el afilado cuchillo para hacer una incisión al pastel y hacerme con un trozo. Colocando su mano sobre la mía para darme confianza y disipar mi temor de hacerlo incorrectamente, ambas empezamos por el centro de la tarta y el filo del metal se abrió paso sin problemas por la torreta y el chasis, hasta las orugas. Haciendo un segundo corte y formando un triángulo desigual debido a la forma rectangular del blindado, colocamos el pedazo en el plato y los presentes me animaron a darle el mordisco inaugural.
Haciéndome con un tenedor, clavé el utensilio en la suave masa de pan y azulado relleno, con algo de merengue en la corteza y tomé un fragmento. Un poco de líquido saborizante fue expulsado cuando el metálico objeto atravesó el alimento y acerqué la porción a mi boca. Insertándolo en mi cavidad bucal, degusté lentamente el postre, dándome tiempo para que mis papilas gustativas se regodearan con el celestial sabor que raudamente invadió mi lengua. Abriendo mis seis ojos y emitiendo un sonido de satisfacción, tomé otro bocado y volví a deleitarme la úvula con la apoteósica sensación del arándano azul combinado con los demás ingredientes de repostería. Mis ininterrumpidas muestras sonoras de complacencia fueron la señal necesaria para que los demás también se hicieran con su porción correspondiente.
Catando gustosamente, el pequeño carro de combate se hacía cada vez más exiguo conforme transcurrían los minutos, dejando apenas parte del chasis y la consumida torreta, junto los restos de lo que alguna vez fueran las ruedas tensoras. Sólo el cañón se mantenía intacto, ya que estaba hecho de plástico al ser un juguete y se lo ofrecí a las niñas para que se divirtieran con él, jugando a lanzarle bombones. Nuevamente, la castaña se vio obligada a reconocer el talento de la segadora para la cocina, pero se aseguró de felicitar al resto de sus ayudantes en tan majestuosa tarea. Rachnera aprovechó para hacer hincapié en que los patrones de la armadura y la ingeniosa idea de proporcionarle capacidad combativa al tanque fueron de su autoría. Finalmente, y debido al exquisito sabor que este poseía, el pastel fue consumido en su totalidad por el hambriento pelotón de nueve liminales y un humano.
Ahogando un descortés eructo, me propuse a lavar los platos, con la americana ofreciéndose a ayudar, provocando que la dullahan le reclamara por querer cumplir las tareas que a ella le correspondían. Logrando calmarlas y haciéndoles (sorpresivamente) a cooperar en el aseo de los utensilios pacíficamente, las tres nos empeñamos en dejar la vajilla resplandeciente.
– "Hey, azulita" – La arpía de presa tomó la palabra. – "Aún planeas auxiliarnos a mí y a Yuuko en la fiesta, ¿cierto?"
– "Una dullahan nunca falta a su palabra, descendiente de Taumas." – Replicó la mencionada, restregando un plato hondo. – "Has invocado personalmente al abismo y no podrás deshacerte fácilmente de su presencia."
– "Un simple 'sí' era suficiente. En fin, ya que trabajas para ella, ¿Mio ha dicho algo al respecto? ¿Sospecha de lo que tenemos planeado?"
– "Todo apunta a que la susodicha, si bien tiene una ligera esperanza de recibir infinidad de halagos por su aniversario, especialmente de su pareja sentimental, la idea de ser sorprendida por una inesperada celebración no figura entre sus conjeturas." – Afirmó. – "Al menos, no que yo sepa. La jefa Aizawa es reservada en sus asuntos privados."
– "Ya veo. ¿Qué hay de los demás trabajadores? ¿No han fraguado algo similar para conmemorar a su mandamás?"
– "No ha habido palabra alguna excepto congratularla verbalmente. Quizás reciba algún obsequio físico de sus más antiguos colaboradores, como la chef Kanako, pero no parece que planeen realizar un evento parecido al nuestro."
– "Uf, me alegra. Imagina que hubiéramos organizado la fiesta y que ellos también." – Suspiró la emplumada. – "Ya estoy más tranquila. Thanks, Lala."
– "'Sé do bheatha."
No dije nada para arruinar el ambiente, únicamente sonreí y proseguí aseando la porcelana en silencio. Reí internamente, era irónico que mantener la paz de la ciudad me resultara más sencillo que controlar la calma entre las mujeres que amo, aunque dudo que exista entrenamiento que pueda prepararme para sobrevivir a los torbellinos vivientes que son mis fieras damas. Entre charlas triviales y una que otra contestación sardónica ya sea de parte de la irlandesa o la estadounidense, yo hubiera deseado que mi reloj multifunciones poseyera capacidad de leer el futuro, puesto que de alguna manera, la tubería del grifo sufrió un desperfecto y la presión del agua decidió que era buena idea darme directo en la cara y empaparme completamente de exoesqueleto a cabeza, no sin antes hacerme tropezar con las alacenas de la cocina y derramar una nada agradable combinación de ingredientes en polvo, fluidos y demás estados de la materia sobre mi arácnida persona.
La heroica intervención de mis compañeras logró detener el inclemente torrente al cerrar la válvula que controlaba el flujo del líquido a la cocina mientras yo buscaba algo con que secarme. La arpía me facilitó una toalla y no evitó carcajearse por tan hilarante serie de eventos. Y aunque ella también quiso ocultarlo, la dullahan también encontró mi desafortunado percance muy cómico y se unió a la nativa de Montana en la risa grupal. Yo me excusé para darme un baño y removerme el collage de sustancias que me permeaban el cuerpo. Ya alejada de la cocina, admití que en verdad aquello fue sumamente risible y, a pesar de que recibí la peor parte del trato, ayudó a proveer un momento de alegría entre nosotras. No dilaté mucho en asearme y cambiarme a ropas nuevas.
Durante mi tiempo en las duchas, escuché un barullo proveniente de la sala; Aparentemente teníamos visitas. Quizás sea el ya afamado (y malvado, según la opinión mayoritaria de la casa) profesor Sarver tratando de disculparse con Kimihito por haberlo metido en problemas. Bueno, eso sería lo más razonable, aunque también pensé que podría tratarse de las chicas de MON al distinguir al menos dos voces claramente femeninas. Terminando de secarme, salí al encuentro del resto de la casa, reunida en la sala. Ahí, un sujeto, envuelto en diversos vendajes, intercambiaba un diálogo con Centorea sobre la universidad o algo así y se dirigió en mi dirección al notarme. Experimenté un déjà-vu y presentí que su rostro se me hacía conocido, aunque no lograba ubicar sus facciones detrás de las vendas. El muchacho se acercó y hurgó en sus bolsillos, revelando un pequeño fajo de billetes.
– "Esta es tu parte por tu trabajo del otro día, el jefe quiere que tú y 'el Bomba' reciban a los rusos y…" – Habló él. Todo me sonaba a locuras sacadas de algún videojuego de esos que Papi adora. – "…Recibirás a otra parte cuando la mercancía esté en la calle."
Antes que pensara en propinarle un rápido golpe en el cuello y dejarlo inconsciente para llamar a la institución mental más cercana, idea que Lala, detrás de él, parecía compartir con la mirada, el hombre rió y depositó el efectivo en mis manos.
– "Tranquila, era broma." – Aclaró el. – "Debes ser Aria, me han hablado de ti…"
– "Espero sean cosas buenas." – Dije mentalmente. – "¿Y qué es ese aroma?"
No es que quiera ser grosera, pero el sujeto olía a escamas reptilianas, eso o los medicamentos tenían una esencia muy particular. Pero bueno, no soy nadie para criticar, mi aroma a quitina tampoco es perfume francés. El seguía hablando y yo sólo escuchaba como una boba sin pronunciar ni jota, anonadada por la cantidad excesiva de gasas y compresas que lo rodeaban. Yo me preguntaba si estaba tratando con una momia, el reveló que el dinero era en efecto la misma cantidad que Cetania pagó al sujeto que poseía la evidencia en video que me exoneró en esa ocasión del infausto malentendido que aquel beso entre ella y yo desencadenó. El chico explicó que había logrado convencer al otro de que devolviera la cantidad íntegra. La castaña no se hallaba en la sala para presenciarlo, pero los diez mil yenes serán prueba suficiente de que aún hay gente buena en el mundo.
– "Por cierto…" – Me sacó de mi tren de pensamientos. – "Felicidades, no todo el mundo tendría suficiente valor como para confesarse de esa forma."
– "Oh, vaya… Danke." – Le agradecí, apenada. Miré a mi izquierda y hallé una bolsa con gomitas que seguramente las niñas dejaron, las cuales le ofrecí al invitado. – "Uhm, ¿te apetece una? Están ricas."
– "Claro, ¿de qué sabor son?"
– "Veamos…" – Miré la etiqueta. –"Ah, fresita."
– "¡Tú!" – Exclamó alguien detrás de nosotras.
Dándome la vuelta, me encontré con una mujer lagartija… Excepto que poseía cuernos en la cabeza, grandes alas en lugar de manos y afilados dientes igual de enormes; Una wyvern. Súbitamente recordé que era la misma dracónida que casi me degüella viva cuando le ofrecí una humilde oferta de mantecado a ella y su supuesta amante dragona, que también se encontraba presente. Ignoraba que demonios hacía esa demente en la casa, pero esperaba que no fuera venganza por tal ocasión. Sin darme tiempo de seguir remembrando aquel incidente, la loca alada pegó un tremendo salto y su pierna se arrojó peligrosamente hacía mi vulnerable rostro teutón. Observé a la rapaz apareciendo justo a tiempo para reaccionar y prepararse a lanzarse contra la reptil al mismo tiempo que Lala, habiendo invocado a Seelenverkäufer, y el sujeto vendado se apresuraban a cubrirme, con este último adelantándose y recibiendo de lleno el doloroso impacto en su pecho.
Me agaché, viendo al desafortunado tipo volar por los aires y atravesar la ventana hasta el exterior. La wyvern masculló por su intervención y tomó al hombre en sus garras para alzarse hasta los aires de un poderoso aleteo, levantando polvo y pedazos de vidrio en el proceso. La segunda poiquiloterma, la dragonewt rubia, ofreció disculpas por tan brusco comportamiento de su amiga y se retiró en busca de esta. Luego de tensos segundos donde me preguntaba si yo continuaba de una pieza o si debería empezar a pensar en mi epitafio, sacudí mi cabeza y logré articular algo más que balbuceos.
– "¡Meine göttin, ¿qué demonios fue eso?!" – Grité, confundida. – "¡Casi muero! ¡Herr Kommandant, ¿Por qué no llamó a la policía?!"
– "Pero tú eres una…" – Retrucó el aludido.
– "Bueno, sí, pero… ¡Eso no importa! ¡¿Qué hacía esa psicópata en la casa?! ¡Demonios, si tan sólo tuviera mi ametralladora a la mano!"
– "¿Debería ir tras ella y brindarle algo de libertad al estilo americano?" – Preguntó la halcón, flexionando sus garras. – "I could fuck her shit up, Blondie."
– "Te acompaño." – Se unió la abismal, revisando su guadaña. – "N'ghft stell'bsna, n'gha sll'ha…"
– "Chicas, chicas, tranquilícense, por favor." – Instó Kurusu. – "Era el profesor Geber. Labora en la universidad y solamente deseaba que sus compañeras trataran un asunto."
– "¿Eso incluía arrancarme la existencia?" – Cuestioné, sacudiendo mi camisa. – "Herr Kommandant, si desea castigarme por lo de la tubería, el sujeto me dio suficiente para pagar la reparación."
– "Aria, descuida, no es nada contra ti." – El muchacho se rascó detrás del cuello. – "Lamento que esto haya sucedido, créeme que tampoco lo esperaba. Las dragonas lucían muy amables al entrar. ¿Estás bien?"
– "Sí, eso creo." – Suspiré. – "Ahora entiendo por qué luchamos contra su especie en el pasado. Juro que un día esas escamosas van a matarme. ¿Y dice que el tipo es un inocente docente? ¿Qué hace él con una neurótica a su lado? ¿Es su esclavo personal o algo así?"
– "Lo sé, te repito que no imaginaba que ella reaccionara de esa forma. Quizás te confundió con alguien más. Al menos el profesor te salvó de la ira de la loca." – Kimihito miró la ventana rota, con Papi y Suu limpiando los restos de vidrio. – "Pobre amigo, y se ve que es buena persona. Incluso le ofreció a Cerea la oportunidad de terminar sus estudios en el colegio local."
– "Lo cual le agradezco, pero ahora no sé si sea buena idea." – Mencionó la centáuride, cerrando el periódico y mirando al casero. – "Mi Señor, no es que cuestione sus decisiones, pero no me explico por qué permitió acceso a Draco, la dragonewt, sabiendo que es una previa infractora."
– "¿Por qué lo hiciste, Cariño?" – Interrogó de repente Miia, llamando nuestra atención.
La pelirroja había hecho acto de presencia, con una mueca de preocupación esparcida en su rostro. Reptó lentamente hasta nosotras, sin apartar la mirada de nuestro anfitrión, para luego observar el suelo. Se talló el brazo derecho tímidamente y volvió a hablar.
– "¿Por qué?"
– "Perdóname, Miia, no lo hice con malas intenciones." – La consoló el chico, acariciando su rojo cabello. – "¿Draco te hizo algo?"
– "No, ella no intentó nada…" – Disintió con la cabeza. – "Se comportó más civilizada de lo que puedo recordar."
– "Me alegro. ¿De qué quería hablar contigo?"
– "Dijo que deseaba ser mi amiga. Incluso se arrodilló e inclinó su cabeza, implorando mi perdón, algo que una persona tan orgullosa como ella jamás haría." – Relató. – "Aseveró que estaba totalmente arrepentida de sus acciones pasadas y me rogó por una segunda oportunidad, de empezar de nuevo, únicamente como compañeras."
– "Eso, creo que es bueno, proviniendo de Draco. ¿Qué… qué le contestaste?"
– "Nada. Yo…" – Hizo mueca de duda. – "No sé. Por un lado, sonaba sumamente sincera, en verdad que sí; Pero por el otro, aún no olvido lo que intentó hacerme."
– "Disculpen la intrusión." – Interrumpí. – "¿Pero qué es lo que ella perpetró, si no es molestia?"
– "Ella…" – Replicó la lamia, casi susurrando. – "Intentó abusar de mí."
Aquellas palabras fueron como un balde de agua ártica cayendo sobre mí. Lala y Rachnera, esta última habiendo escuchado el altercado, supieron el efecto que tal declaración significaba para mí y me sostuvieron cuando mis ocho extremidades inferiores amenazaron con perder su fuerza. La falconiforme y el resto se extrañaron por mi comportamiento mientras yo combatía esa horrible sensación que hace mucho creí haber apaciguado y que ahora me consumía el alma nuevamente. Recobrando un poco la calma, tomé la palabra.
– "Lo siento, Miia." – Me disculpé. – "No tenía idea. Pero, ¿Tú… tú crees que en verdad puedas eximirla de tan grave error?"
– "No lo sé, Aria, realmente no lo sé." – Rodeó su cuerpo con sus brazos. – "Es decir, no me incomoda que ella tenga esas preferencias, siendo tú y Lala prueba de ello. Incluso, pienso que podríamos ser buenas amigas si lo intentamos, pero... Pero su proceder fue totalmente inaceptable. La mirada que tenía en ese momento, era horripilante. Y aún así, su disculpa sonó tan real. Y esa es la cuestión, ¿Cómo… cómo sé que ella estaba siendo sincera? ¿Cómo puedo confiar en que haya en verdad cambiado? ¿Es posible confiar en un monstruo?"
– "Tienes todos los motivos para ser cautelosa, Miia." – Desvié la mirada. – "No es de mi incumbencia suponer por otras personas, pero si bien la tal Draco cometió una falta enorme, creo que es posible que ella haya sido franca en su deseo de ser exonerada."
– "¿Cómo puedes estar tan segura, Aria?"
– "Porque yo… Miia, verás…" – Titubeé antes de seguir. Lala apretó mi mano, en señal de apoyo. – "Yo… Yo también traté de abusar de mi mejor amiga."
El mundo se tornó afásico después de tan impactante manifiesto. Mi mayor secreto, mi más grande pecado, mi total vergüenza, había quedado finalmente al descubierto. El corazón me apretaba como si dos placas de metal lo estrujaran con vehemencia y mi hiperventilación aumentaba a cada segundo, pero ya no podía contener más tan abyecto misterio dentro de mí. La reveladora confesión de Titania la noche anterior me había instigado desde el momento que expuso su turbulenta historia, e incluso después de regresar y ser recibida con brazos abiertos por la dullahan y mi amorosa familia, esa despreciable sensación de culpa continuaba rondándome la mente, inyectando veneno paulatinamente, carcomiendo mis pensamientos poco a poco. Pero ahora no había marcha atrás, exhibí el verdadero y miserable ser que se escondía debajo de mi ocre quitina a todos los que me importaban. Porque no podía continuar negar lo que era en el fondo. Una criminal, un engendro, un monstruo.
Un error.
Me traté de cubrir con mis brazos y cerrar mis ojos, no podía mirarlos a la cara y no quería que me vieran. Habré tomado un baño, pero de nuevo, como esa vez que me sobrepasé con Lala, todo mi ser se sentía aborreciblemente sucio, impuro, inmundo y detestable. Deseaba salir corriendo, huir lo más lejos posible, pero el firme agarre de la irlandesa me lo impidió, acercándome a su cálido ser y abrazándome completamente. Hace mucho que ella sabía mi oscuro pasado, y aún así me brindó el regalo máximo del perdón, aceptándome en su magnánimo corazón. Tanta bondad de la inmaculada segadora era demasiado para una execrable violadora como yo. Abrumada por el excesivo peso de mis aberraciones, me rendí a un intenso llanto, manchando la impoluta piel de la perfecta peliblanca con mis nauseabundas lágrimas y lastimando sus oídos con mis patéticos berridos.
– "No sé… No sé por qué lo hice…" – Hipé, haciendo un esfuerzo titánico por respirar y mantener la cordura. – "Simplemente perdí… perdí la cabeza… Y de repente, estaba tratando de quitarle la ropa. Y-y-yo no me podía controlar y l-la acorralé. Le dije que la amaba y confesé mi orientación de tan infame forma, que aún no puedo creer que me haya atrevido. Y yo no… Yo no deseaba que fuera así, ¡no debería ser así! Pero no me contuve… Y acabé dañando mi única amistad en el mundo."
Volví a llorar, derramando más lágrimas sobre el vestido de la dullahan. Quería abandonar mi cuerpo, desaparecer de la tierra, esfumarme como el polvo y no volver a ensuciar a nadie con mis falsedades. La piel me ardía como el fuego y el pecho me dolía peor, como si se quemara. Me separé del abrazo de la irlandesa y con ambas manos, emití un horrísono grito de desesperación, desplomándome en el suelo y estampando mi cabeza contra el piso, siendo detenida en el acto por la segadora, Rachnera y Cetania, pero me arrastré para alejarme de ellas. No deseaba que se emporcaran con esta nefanda delincuente.
Temblando como si me hallara en medio de una ventisca polar, jalé de mi cabello como una enferma mental, gimoteando y exclamando agudos chillidos de dolor. Lala, la siempre noble Lala, pudo abrirse camino ante mis intentos para apartarla y logró envolverme con su relajante abrazo. Sus cálidas lágrimas recorrieron mis mejillas, como agua que purificaba lentamente mis horrorosos pecados y sus caricias me brindaban una paz infinita, trayendo algo de luz a la ominosa oscuridad que se cernía como un fantasma en mi alma. Inesperadamente, un segundo par de brazos, esta vez de parte de la rapaz, me rodearon el cuerpo, invitándome a abandonar tan deplorable estado emocional.
Ninguna de ellas objetó sobre tan cercana presencia de la otra, haciendo a un lado sus diferencias para sosegar la aflicción de la estúpida arachne a la que habían decidido amar. Aquello era grandioso, fantástico, parte de mi gran sueño hecho realidad… Pero yo no era digna de eso, no lo merecía. Nada en mí era encomiable, y sin embargo, ese par de abnegadas mujeres lograban calmar mis ímpetus de auto-desprecio con sólo su mera presencia. Su existencia era primordial para que los últimos restos de mi sanidad mental no cayeran ante mis propios impulsos destructivos; Las necesitaba, las necesitaba por completo, mi vida dependía de ello.
Pero aún requería de purgarme del todo.
Recobrando algo de tranquilidad, le imploré a Suu que se acercara. La limo obedeció y se hincó ante mí, ahí le insté a que usara su probóscide para leerme la mente y llevar a cabo una tarea muy especial. Accediendo, la glauca niña usó su apéndice cefálico para hacer contacto con mi cabeza. Le supliqué que me tuviera paciencia mientras me concentraba en recrear el pensamiento exacto, atravesando las pantanosas y anegadas aguas de mis enlodados recuerdos hasta lo más profundo de mis temores, abriendo esa espeluznante caja de Pandora que jamás deseé conocer de nuevo. Sintiendo la conexión entre las dos, pasaron varios segundos en los que canalicé mi memoria, asegurándome que la gelatinosa pequeña lograra captar la figura de mis pesadillas.
Como una descarga eléctrica, la limo cerró sus ojos y su acuoso cuerpo entero tembló, creando ondas concéntricas dentro de ella, pero no interrumpió el enlace. Quince segundos dentro de mi nebulosa cabeza para que ella obtuviera lo que necesitaba y, asintiéndole para que procediera, Suu hizo gala de su habilidad para transformarse y su cotidiana apariencia de jovenzuela dio paulatinamente paso a una adolescente de dimensiones casi tan anchas como uno de los sillones individuales. Sin dilación, su azul se volvió color epidermis y au verde se tornó rojo. Deprequé a la rapaz y a la dullahan que me sostuvieran para evitar desmayarme, puesto que las alucinaciones que me han quitado el sueño por largo tiempo, volvían a tomar forma.
La glauca criatura terminó su transformación y mi corazón casi se detiene al remembrar las punzantes agujas del recuerdo perforando mi psiquis, catalizadas por la persona que ahora se presentaba frente a mí. Cabello rojo hasta los hombros, amarrado en una coleta, tres pares de ojos del mismo tono bermellón y ese negro exoesqueleto complementado por un amplio abdomen blanco con puntos oscuros y puntiagudas protuberancias carmesí en la circunferencia. Lo había hecho, Suu logró convertirse en la arachne espinosa. El fantasma había vuelto, y esta vez, fue por decisión propia.
– "¿Es ella, Aria?" – Cuestionó la arpía. – "¿Tú amiga?"
– "Así es…" – Contesté, agachando la mirada. – "Su nombre es Akantha, la única amistad duradera que tuve en mi patria. Una fantástica tejedora. Su fiera personalidad y esa alma tan rebelde eran simplemente encantadoras. Se mantuvo a mi lado a pesar de mis torpezas y excentricidades, era mi mayor apoyo cuando mi propia familia se comportaba fríamente. Compartíamos el mismo anhelo de escapar de nuestra prisión territorial y conocer el mundo. Mi primer amor."
Esa pequeña sonrisa nostálgica se quebró al ceder a mi llanto.
– "Y entonces, lo arruiné, lo arruiné todo. Me volví una bestia y dañé a la única persona que jamás debí perjudicar." – Expresé, desabotonando mi camisa y mostrando la herida en mi costado derecho. – "Ella me detuvo antes que mi ofensa pasara a mayores, marcándome para toda la eternidad con esta cicatriz. Es mi estigma impreso en carne y sangre, la llaga que me recuerda que a pesar de todas las lesiones posibles, la mayor amargura fue el ganarme su sempiterno desprecio. Cargaré con esta señal por mi deshonra hasta el día que muera. Y lo merezco, lo merezco completamente. No hay día que no me arrepienta de mí proceder, que no desee arrodillarme frente a ella y rogarle por una pizca de perdón, de simplemente expresar cuanto lo siento. Me perturba en las noches, me desgarra los sueños y me persigue durante el día. Y no puedo, jamás podré obtener su compasión.
Porque ella me odia.
Escapé como una cobarde, hui del pasado hasta llegar a este recinto. Ustedes…. Ustedes han sido tan extremadamente generosos conmigo, tan benévolos; No soy digna de su bondad, no lo soy. Les he mentido, he ocultado este inicuo secreto por demasiado tiempo a pesar de que me consideran parte de su magnánima familia. Y ustedes no lo merecen, porque son gente justa, buenas personas. Son meritorias a algo mucho mejor que esto. Me han dado todo, sin esperar nada a cambio. Me han ofrecido este techo en donde vivir, sustento para alimentarme, amistad sincera y honesta, de la que es difícil de conseguir… Y yo los traicioné.
Esa es la mayor infamia de todas; Me jacto de defender la ley, cuando la he roto tan descaradamente. He expresado mi desdén por el crimen, pero yo soy parte de este. Finjo tener honor cuando todos saben que es una farsa. No soy una heroína, no soy un ejemplo a seguir, únicamente soy una maldita hipócrita que ha logrado ganarse el respeto de gente decente a base de engaños. Me comportado como una farisea, actuando como un parangón de moralidad, he reprochado de sus acciones y llegué a externarles mis incordios de manera agresiva. Lo lamento, en verdad lamento que tuvieran que soportar mis ridículas diatribas, llenándolos de culpa por errores que jamás cometieron. Deberían detestarme, rechazarme, volverme la paria que en realidad se esconde debajo de esta máscara de integridad. Y estaré totalmente de acuerdo con ello.
A veces… A veces sólo quisiera morir, exhalar el último aliento y borrarme, pero el daño ya está hecho. Y no puedo escapar más, incluso la otra vida seguirá siendo otra prisión a la cual estaré condenada. He sobrevivido hasta ahora porque la muerte misma se rehúsa a tomar mi existencia. Demonios, soy tan vituperable que incluso exánime seguiría estorbando como un pestilente cadáver. Y daría igual, porque ya estoy muerta. Yo sólo… sólo…
Perdóname, Akantha… ¡Por todos los cielos, perdóname! ¡Lo siento, lo siento tanto!"
Mi triste lloriqueo se intensificó. Ni siquiera podía degradarme propiamente sin sonar absurda y exigir amnistía a alguien que no se encontraba ahí. Era absolutamente patética. La gran agente se había derrumbado, la gloriosa soldado que todos me creían, había mostrado su endeble interior y el pútrido olor del fracaso debía estar inundando la sala. Yo me odiaba lo suficiente, daba igual si el resto del mundo compartía el sentimiento. Era acreedora a su repudio, totalmente merecedora de ser negada de privilegio alguno que osaran concederme, que me apedrearan hasta deshacerme de mi impío ser.
Pero nadie lo hizo.
En lugar de expelerme de la morada, el dueño de esta se hincó frente a esta despreciable acosadora, ostentando una tenue expresión comprensiva. Intenté contrariar tal decisión de su parte, pero él continuó sonriendo. De la misma manera, Lala y Cetania no cesaban en sostenerme en sus brazos, tratando de apaciguar mi exaltación con el simple contacto físico. Suu había regresado a su forma habitual y junto con Papi, imitaron la honesta mueca de aceptación para conmigo. La joven arpía de añil plumaje intentó ofrecerme otra de sus sinceras muestras de afecto, pero moví mis pedipalpos para alejarla. Aún así, continuó avanzando, ignorando el peligro de mis afiladas extremidades, haciéndome detenerme instintivamente al estar ella tan cerca. Sin oponer resistencia, le permití reposar su cabeza sobre mi estómago, abrazándome.
– "¿Por qué?" – Pregunté, confundida. – "¿Por qué a pesar de todo, siguen tolerándome? ¿No les doy suficiente asco?"
– "Porque al final del día, eres Aria Jaëgersturm." – Respondió Kimihito. – "Una simple arachne de piernas largas que me hizo sentir orgulloso de ser parte del Programa de Intercambio y de esta grandiosa familia."
– "Me impulsó a superarme a mí misma." – Habló Miia.
– "Me hizo saber que mi plusvalía era mayor de la que pensaba." – Acotó Cerea, inclinando su cabeza.
– "Me recordó que sin importar nuestro origen o linaje, todos compartimos los mismos problemas." – Reiteró Meroune. – "Y que juntos podemos superarlos."
– "Siempre juega con nosotras." – Afirmó Papi.
– "Nos quiere y cuida como a sus hermanas menores." – Complementó Suu.
– "Está ahí para cualquiera, y siempre dispuesta a ayudar." – Testificó Rachnera. – "Ya sea limpiando la casa o protegiendo al inocente."
– "Es la prueba viviente de que nuestro legado no debe regir nuestro destino." – Dijo Cetania. – "De que la voluntad lo puede todo. Es por eso que me he enamorado tanto de ella."
La irlandesa giró lentamente mi cabeza para encararla.
– "Me hizo ver que no estoy sola en este mundo, porque cuento con su absolutamente apoteósica compañía y cariño. A que mis problemas desaparecen cuando ella sonríe, que mis aflicciones se esfuman cuando me habla, que la amargura en mi corazón se convierte en dulce ambrosía al besar sus tersos labios y sentir sus cálidas caricias recorrer mi cuerpo." – Mimó mi mejilla. – "Y lo más importante, me dejó amarla plenamente, dándome un significado por el cual disfrutar de mi eterna existencia, un motivo para realmente vivir. Y eso es lo más valioso para mí."
Me besó con ternura, sus labios uniéndose a los míos, su aliento inundando mi boca y sus lágrimas mezclándose con las que recorrían mi rostro, sin contar que los enlaces que conectaban a nuestros corazones se hacían más fuertes a cada segundo. Era impresionante; A pesar de todo el esfuerzo que yo había cultivado por años para degradarme, para odiarme, para rebajar mí autoestima a su punto más irrelevante y trivial, la dullahan era capaz de deshacer todos esos sentimientos negativos con extrema facilidad. No era meritoria a tan seráfico regalo, pero ella lograba hacerme sentir como la mayor triunfadora del universo. Lala es mi heroína, mi verdadera redentora, mi auténtica salvadora.
– "No sé qué decir…" – Gimoteé, absolutamente conmovida por la actitud de todos. – "L-les agradezco profundamente el apoyo que me brindan, pero… Eso no cambia lo que hice. No puedo dejar de sentirme terrible."
– "Aria, cometiste un error, uno grave sin duda, pero al menos estás más que consciente de ello y has tratado de reformarte." – Opinió Kurusu, sentándose tranquilamente en el suelo. – "Todos metemos la pata alguna vez en nuestras vidas, algunas veces de manera más severa que el resto, pero nadie es perfecto. Demonios, yo he incurrido en tantas faltas que ignoro como rayos le hice para no caer en malos pasos. Y no necesito recordarte tus logros en este país, que debemos admitir, son formidables. Dudo que un monstruo, como te haces llamar, lograra pertenecer a un organismo tan selecto como MON. Es decir, Smith es su líder, y ella no es precisamente un parangón de buen comportamiento."
– "Cualquier falta que usted, las chicas o Smith pudieran haber cometido palidecen comparadas con mi aberrante intento de violación." – Aseveré. – "Quise abusar de alguien que confiaba en mí, no hay excusa para eximirme de tal infracción."
– "¿Ya olvidaste nuestro encuentro en el ático recién llegaste, cazadora?" – Injirió Rachnera. – "¿Acaso Lala ha olvidado nuestra primera interacción? Salvo por Suu, todos los residentes de esta casa han sufrido el ataque de mis lascivos tratos. No estoy muy orgullosa de ello y tampoco pretendo que se me indulte por admitirlo, pero ya deberías saber que, por más disparatado e reprochable que suene, tales acciones son más o menos comunes en esta morada desde mi llegada. Y aún así, con todo ese horrible defecto, todos continúan considerándome una buena persona."
– "Yo he puesto en serio peligro la vida de Mi Señor en reiteradas ocasiones, especialmente durante la luna llena." – Confesó una ruborizada Centorea. – "Incluso has sido testigo que hoy también me dejé llevar por los oprobiosos achares y casi me decanto a cometer un violento acto de agresión física basado en un rumor."
– "Mi celopatía extrema habla por sí misma." – Dijo Miia. – "Y aunque fuera de manera involuntaria, casi mueres cuando te obligué a probar esa horrible comida que solía concebir."
– "Conocí a Esposo después de secuestrarlo." – Papi se rascó el cuello y rió apenada. – "Incluso mamá lo hizo. Eso nunca se me olvida."
– "Y creo que mis egocéntricos deseos de tragedia, causando por poco el deceso de mi Amado, son prueba suficiente para hacerle ver que todas tenemos cola que nos pisen, Aria-sama." – Articuló Meroune. – "Nadie aquí es ajeno a equivocarse."
Sentí un acuoso tentáculo en mi hombro.
– "Suu también se ha portado mal con Aria." – Admitió la limo, encogiendo los hombros y su probóscide. – "Pero ella la perdonó y Suu ha jurado no tratar de hacerle daño a su hermana mayor nunca más."
– "Te insulté." – Reiteré. – "Te llamé acosadora e imprequé injurias de manera hipócrita. Y no deberías haberlas recibido en primer lugar."
– "Pero Suu obró genuinamente mal y se arrepintió." – Un tentáculo sostuvo mi barbilla. – "Así como su hermana, Suu desea redimirse con buenas acciones."
Un par de plumas rozaron mi derecha, haciéndome voltear.
– "Yo egoístamente quiero alejarte de los brazos de la mujer de tu vida, flaca." – Reconoció la castaña. – "No entiendo como sigues tolerándome cuando actúo tan mezquina."
– "Porque has probado ser digna de amar, Cetania." – Aseguré. – "Eres una noble persona y fiera guerrera. Me salvaste del fusil de ese malhechor en los atentados."
– "¿Y tú no me resguardaste de tres psicópatas primero, cazadora? Ese apoyo que me bridaste cuando descubrí ser adoptada, ese viaje a la capital para un concierto, la ardua semana entrenando juntas… ¿No te dicen nada de ti misma?"
Los delicados dedos de la irlandesa me giraron a la izquierda.
– "¿O acaso yo debo recordarte esa inicua pelea que Cetania y yo protagonizamos en la zona comercial? ¿Aquella donde casi traiciono mi propia palabra para arrancarle la existencia, todo por un ósculo ilícito?" – Manifestó. – "El peor error de tan absurda trifulca, fue el orillarte a considerar finalizar la tuya, A chuisle. Jamás me perdonaría a mi misma por herirte tan profundamente, pero tú lo hiciste sin pensarlo dos veces. Y lo repetirías cuantas veces fuera necesario, porque al igual que yo, nunca podrías odiar a quien amas con toda el alma. Yo soy la que se siente indigna de ti."
– "Aria, nadie niega lo delicado de tu falta e imagino que es algo que quizás jamás podrás sacar por completo de tu sistema." – Kimihito llamó mi atención. – "No seré Akantha y tal vez mi veredicto no sea tan importante como el de ella; Sin embargo, en mi humilde opinión, creo que los percances que has sufrido toda tu vida ya han sido suficiente condena para seguir flagelándote. Lo que has hecho por nosotros en esta residencia y la ciudad misma, ya es bastante para considerarte exonerada de tus pecados. Te lo digo como tu amigo: No podrás cambiar el pasado, pero puedes corregir el presente para asegurar un mejor futuro."
– "¿Usted… Usted en verdad lo cree, Herr Kommandant?"
– "La vida es una lucha constante para sobrevivir a este cruel mundo." – Colocó su mano en mi hombro. – "Y tú eres una gran soldado."
– "Eres igual que Alemania, A chuisle." – Mencionó la segadora. – "Siempre logras volver a ponerte de pie."
– "Danke schön, Spatzi…" – Sonreí y alcé la mirada. – "Gracias a todos, sinceramente, muchas gracias. Siento haberme puesto a llorar así, pero, hace mucho que tenía guardado esto y en estos últimos días, con toda la presión creo que finalmente descargué todo. Lamento habérselos ocultado por tanto tiempo."
– "Te entendemos, cazadora, no es fácil confesar algo tan polémico." – Expresó la tejedora. – "Anda, levántate, una Sparassediana debe ser fuerte."
– "Jawohl…" – Las chicas se separaron para que me incorporara. – "Soy una melodramática sin remedio, ¿cierto?"
– "Mientras no le quites el puesto a Mero…" – Bromeó Miia.
– "Oh, Miia-san, no sea maleducada." – La aludida se cruzó de brazos.
Con mis ánimos repuestos, solté una sonora carcajada y los últimos restos de la tensión se desvanecieron en el olvido. Luego de regalarles un abrazo a todos los inquilinos, nuestro anfitrión organizó una visita a la ferretería más cercana para comprar materiales para arreglar la tubería acompañado de la lamia, la centáuride y la sirena; Tanto para pasar tiempo con ellas como para recordarles que el incidente de él y las nekomatas no afectó su cariño por el trío. Mientras ellos se preparaban para su caminata, la americana también inició su regreso a casa. Agradeciendo la hospitalidad y haciendo una reverencia, la peliblanca y yo la acompañamos a la puerta.
– "Bueno, después de todo este tiempo, aún sigues sorprendiéndome, flaca." – Exclamó la halcón, deteniéndose en la entrada. – "¿Estarás bien?"
– "Sí, descuida. Gran parte de la culpa se ha disipado. Gracias por venir, Cetania."
– "Agradécete a ti por ser tan valiente. Pero me alegra que ahora sepa un poco más sobre mi arachne favorita. Entonces, ¿nos vemos mañana?"
– "Por supuesto. ¿Te llegó el mensaje de Smith?"
– "Yep. Zombina pasará a recogerme primero alrededor de las ocho y media. Nuestro primer día de trabajo en MOE, ¿Qué crees que nos pongan a hacer?"
– "Conociendo a Kuroko, seguramente nos enviará en una misión de altísima prioridad para conseguirle café colombiano o alguna otra tontería." – Reí. – "Pero mientras no nos mande a detener a una célula criminal armadas únicamente con un palito de paleta, estaremos bien."
– "Te entiendo. ¿Dyne se ha comunicado contigo?"
– "Nunca le he dado mi número, ¿y tú?"
– "Nah, ya conoces a la princesa de hielo. Bueno, creo que ya es momento de dejarte a solas con tu afónica Spatzi." – Miró a la dullahan. – "¿Qué sucede contigo ahora, azul? ¿No vas a atacarme verbalmente con tus socarronerías?"
– "Tengo prioridades más grandes que gastar mi tiempo en recordarte tu intrascendental existencia con mi ingeniosa mordacidad, mortal." – Replicó la irlandesa. – "Vuelve a tu guarida antes que olvides como usar el resto de tu minúsculo cerebro."
– "Ay, contigo. Al menos la mantis no es tan rebuscada cuando desea ser sardónica." – La falconiforme giró sus ojos. – "En todo caso, aún cuento contigo para lo de la fiesta, ¿verdad?"
– "Te reitero que mi compromiso no será anulado, arpía. ¿Ya has decidido la fecha en la cual recibirás el fastuoso privilegio de enriquecer tu sapiencia culinaria con mis dotes naturales?"
– "Aún quedan tres días, y si la jefa no nos sale con alguna sorpresa, tal vez mañana empecemos el planteamiento propiamente. Pero bueno, ya es tarde." – La rapaz me dio un suave abrazo. – "Nos vemos, flaca. Felicidades por haber aprobado."
– "Lo mismo para ti, pajarita." – Regresé el gesto. – "Honorem…"
– "Et Gloriam." – Completó y miró a la abismal. – "¿Puedo propinarle una muestra de afecto labial en la mejilla de su propiedad, su Majestad?"
– "Tu insolencia te vedaría de tan grandiosa oportunidad, peste alada." – Respondió la peliblanca cruzada de brazos. Suavizó entonces su expresión. – "Pero no negaré que Mo chuisle no estaría del todo contenta si no recibiera tal ósculo de tu parte, por muy nimios que sean. Adelante."
– "Se ha vuelto muy generosa últimamente, flaca. ¿Segura que no te la reemplazaron mientras andabas fuera?"
– "Deja ya de parlotear y dame el beso, pajarraca." – Le di un golpecito en la cabeza.
– "Vale, vale. Huy, se nota que te mueres por ellos." – Rió ella y sus labios hicieron contacto con mi mejilla izquierda. – "Oh, sabes a pomada de la Tía Fana, aloe vera con fresitas."
Ahí recordé algo importante.
– "Casi lo olvidaba." – Metí la mano en la bolsa de mi camisa, sacando el fajo de billetes. – "Esto te pertenece, Süsse. Tus diez mil, íntegros."
– "Ah, quédate con ellos, Blondie." – Desestimó con su ala. – "Es mi cuota por ser tan atrevida. Y sabes que por ti, no me importa quedarme sin un centavo."
– "Me sentiría mal por ello. Tómalos."
– "Bien, si tanto insistes." – Eran diez billetes y ella agarró cinco. – "Te dejo la mitad. Úsalo para comprarle algo bonito a tu domadora azul o a la próxima no le quitará el candado a la cadena."
– "Muy graciosa, avechucha." – Torcí la boca. – "Pero creo que tienes razón. De hecho, estaba pensando en conseguirle un celular a Lala. ¿Qué dices, Spatzi?·
– "Considero que es momento de adaptarme plenamente a la era de la comunicación digital si planeo mantenerme en contacto contigo, A chuisle." – Concedió la mencionada.
– "Buena idea, flaca, pero no creo que cinco mil yenes sean suficientes para un teléfono." – Opinó la castaña. – "A menos que le compres esos monoaurales que parecen ladrillos o uno que se congele al abrir la cámara."
– "No hay problema, aún me quedan dieciséis mil cuatrocientos guardados." – Afirmé.
– "Uhm… ¿Aria?" – Injirió la segadora. – "Me temo que usé completamente tal cantidad para hacerme con los ingredientes necesarios para la elaboración del tanque en miniatura."
– "¿Eh? ¿Lo gastaste todo?"
– "Lo siento, A chuisle."
– "Bueno, no hay porque afligirse, Spatzi. Mi dinero es completamente tuyo de todas formas." – Le di palmaditas en su cabeza. – "¡Pero por la espada de Ares! ¡¿Cómo es posible despilfarrar dieciséis mil yenes en un pastel?!"
– "¡E-era la primera vez que preparaba uno! ¡Quería que fuera perfecto y compré material para practicar! ¡No deseaba incordiar las reservas monetarias de nuestro casero y por eso decidí usar nuestros fondos! ¡Además que las niñas me pidieron algunos dulces y otras golosinas y…!"
– "Está bien, amor, está bien." – La abracé y acaricié a espalda. – "Descuida, es sólo dinero. Te agradezco que hayas optado por emplear nuestros fondos, de todas maneras ya soy ciudadana japonesa y Herr Kommandant no recibirá reembolsos por mis gastos a partir de ahora."
– "Oh, no lo sabía."
– "Tranquila, linda. Hablaremos de eso después, ¿sí?" – Besé su frente y me volteé hacia mi compañera emplumada. – "Bien, parece que tendré que recurrir a sacarlo en abonos chiquitos para endeudarme bonito."
– "Lástima que decidieras darme la otra parte, inversionista." – Se mofó la americana, sacudiendo los billetes. – "En fin, ya es hora de irme. Yo voy a un viaje melódico por el tiempo para hacerme con unos discos para Yuuko. Le gusta la música disco, ¿sabes?"
– "De acuerdo, que te vaya bien, pajarita." – Le di un abrazo. – "Hasta mañana."
– "Igualmente, flaca."
Al separarnos, tomó la mano de la dullahan con ambas alas.
– "Por favor, cuídala, ¿de acuerdo, Lala?"
– "Descuida, Cetania." – Sonrió. – "La eterna vigilancia de mi Ojo de Balar no abandonará su tarea."
– "Je, de acuerdo, azulita." – Regresó el gesto y se preparó para alzar el vuelo. – "Bien, en ese caso nos vemos. ¡See ya, ladies! ¡Take care!"
– "¡Slán abhaile!"
– "¡Auf Wiedersehen!"
Viéndola elevarse por los aires con la velocidad de un caza supersónico, mi dama y yo cerramos la puerta cuando la rapaz de perdió entre el ambarino cielo vespertino. Regresamos a las actividades diarias, disfrutando de una tarde relativamente calmada compartiendo una entretenida sesión multijugador en las carreras virtuales con Papi y Suu, para después deleitarnos en la cena con las vituallas que nuestros chefs caseros nos elaboraron esmeradamente. Lo mejor, además de la pacífica convivencia familiar, era saber que nadie me había alterado su opinión respecto a mí, aún después de conocer mi penosa infracción; En verdad me apreciaban y me sentí más que afortunada por tenerlos a mi lado.
La noche llegó y me hallaba preparando mi atuendo para asistir a laborar el día de mañana. Le agradecí a Shianus por dejar impecable mi uniforme de las SturmSchütze, blandito al tacto y con aroma a nieve alpina. Parece que la irlandesa le sugirió a nuestro anfitrión hacerse con el suavizante de telas Myrtenaster, como recomendé en mis misivas. Pasado el crepúsculo y con Helios retirándose a reposar desde hace mucho, todos nos despedimos para adentrarse a los reinos del mundo onírico. Yo invité anteriormente a mi peliblanca a una pequeña reunión en la terraza para disfrutar un momento a solas y mientras salíamos del baño luego de asearnos, nos encontramos con Kurusu subiendo las escaleras a su habitación.
– "Ah, hola, Herr Kommandant." – Le saludé. – "¿Listo para visitar los aposentos de Morfeo?"
– "Así es, Aria." – Bostezó. – "Necesitaré energías para mañana. Voy a encontrarme un nuevo empleo."
– "¿Oh, te despidieron del actual?" – Cuestionó con preocupación mi contraparte.
– "Para nada, más bien renuncié." – Aclaró. – "No es que fuera malo pero… Bueno, honestamente pagaban una miseria y sinceramente creo me merezco más."
– "Entendemos, Herr Kommandant. Buena suerte." – Incliné la cabeza. La dullahan se hizo lo mismo.
– "Gracias, chicas. Oh, y no se preocupen por si desean… ehem… seguir celebrando más tarde." – Sacó un par de objetos cónicos de sus bolsillos y los colocó en sus oídos. – "Buenas noches, que descansen, tortolitas."
Despidiéndolo, alzando nuestras manos y atónitas por tan directa afirmación, el muchacho entró a su cuarto. Al escuchar la puerta de su recámara cerrarse, la segadora y yo nos miramos por unos segundos para romper en una ligera risa por la bizarra situación. Bien, al menos sabemos que él no perderá el sueño por los apasionados sonidos que sin duda produciré al explorar fervientemente las artes amatorias con mi querida irlandesa. Ya sin nadie alrededor, tomé de la mano a mi reina de añil epidermis y nos dirigimos hasta el balcón del segundo piso. Cerré la puerta y ambas nos relajamos bajo la luz de los astros del firmamento. El clima nos favorecía y una muy agradable brisa nos recorría el cuerpo, moviendo las hojas de los árboles y creando relajante sonido contrastando al barullo citadino. Nos colocamos sobre el barandal, reposando los brazos sobre la balaustrada y viendo la actividad de la jungla de concreto desarrollándose sin parar a lo lejos.
– "No sé qué resplandezca más en este momento, Spatzi." – Hablé a mi compañera, alzando la vista. – "Las fulgurantes estrellas o mi alma por tener la suerte de haber encontrado este santuario junto a ti."
– "Concuerdo en tal pensamiento, A chuisle." – Miró al cielo. – "Pero opino que la alegría que experimento al estar a tu lado es más intensa que el resplandor de un cúmulo de cuásares. Tanta es mi dicha que podría afirmar que tal metáfora cuántica ha pasado a ser una realidad física."
– "Linda, eres tan ingeniosa que sabes cómo tornar los fenómenos científicos en románticas proclamaciones." – Besé su mejilla. – "¿Puedes hacer lo mismo con alguna alusión a la Segunda Guerra?"
– "Mi amor por ti es capaz de atravesar la línea Maginot y la alegría que tu existencia me brinda se propaga dentro de mí con mayor velocidad que un Panzer III durante la Blitzkrieg."
– "¿Te he dicho que te amo, mi agraciada poetisa del Éire?" – La acerqué a mí. – "Deberías escribir un libro. Con tu prosa, te codearías con el mismísimo lugar de Shakespeare en el mundo literario."
– "Agradezco tus lisonjas, amor, pero dudo que unas cuantas frases en sentido figurado superen a los legendarios genios del pasado." – Tocó mi nariz con su dedo. – "Me alegro que te sientas mejor, Aria. Me preocupé al verte en tal estado durante tu revelación."
– "Lo necesitaba, querida. Los secretos de tan oscura naturaleza, se convierten en veneno y sin darte cuenta te han infectado la mente de manera irremediable. Además, si debía arriesgarme a que me echaran de la casa, que mejor cuando ahora puedo resguardarme en los cuarteles, al menos hasta que me encierren por mi delito."
– "Por suerte nada de eso pasará." – Suspiró aliviada y tomó su posición anterior. – "Entonces, ¿ahora ya no tienes necesidad de residir aquí, A chuisle?"
– "Correcto. Legalmente estoy nacionalizada, debo hacerme responsable por mis gastos y la única ayuda extra será mi estatus como liminal." – Descansé en el barandal también. – "Hay más detalles que Smith seguramente nos revelará mañana. No te preocupes, que no pienso abandonarte a ti o a la familia. Eso no sucederá ni en un millón de años."
– "Lo sé." – Sonrió. – "Te felicito nuevamente por haberlo logrado, Aria. Eres admirable."
– "Danke, Lala. Aunque no podría haberlo hecho sin la invaluable ayuda de Cetania y Dyne. Eso y un poco de la asistencia de la diosa Tique."
– "Hablando de la arpía…" – Se pausó unos segundos. – "En verdad la amas, ¿cierto?"
– "Sé que no te gusta que lo diga, pero sabes que mi corazón también late por ella como lo hace por ti, Spatzi." – Exhalé. – "Ella se ha vuelto tan importante como tú. Es más que una mujer para mí."
Eso me dio una alocada idea, de las que sólo a una arachne tan extrovertida podrían ocurrírsele en ese momento. Tomando mi celular de mi bolsa y comprobando que la conexión con la señal del internet hogareño estuviera aún activa, rápidamente entré al portal de videos en línea más próximo y logré encontrar la lista que estaba buscando. Cuando las primeras notas de la conocida melodía empezaron a sonar por la monofónica bocina de mi teléfono, tomé a la dullahan de las manos y la acerqué hacia mí. Ella se extrañó por la súbita acción.
– "¿Qué pasa, Aria?"
– "Dime, Lala, ¿has visto alguna vez la filmografía de John Travolta?"
– "Me temo que no, ¿por qué?"
– "Bueno, entonces déjame enseñarte un poco de la cultura de los años setenta. Te sugiero que llames al doctor…" – Asumí pose de danza. – "Porque tengo fiebre de sábado por la noche."
– "Pero es lunes…"
– "En ese caso..." – Le di una vuelta. – "¡Bailemos hasta que lo sea!"
Sin previo aviso, me moví con brío por el suelo de la terraza, unida a la peliblanca y guiándola improvisadamente al compás de mi espontánea coreografía. Siguiendo el consejo inadvertido de la casera de Cetania, me transporté en el tiempo hasta la época de los zapatos de plataforma y las enormes esferas de espejo girando sobre una pista de luces multicolor, cuando el famoso trío musical liderado por Barry Gibb, mejor conocido como los Bee Gees, resonaban en las concurridas discotecas y el público se unía en una sinfonía de psicodélicos ritmos conformados por pianos sintetizados, trompetas estrambóticas, bajos cadenciosos y violines electrónicos.
Con su éxito 'More Than a Woman' reproduciéndose en mi aparato móvil, me dejé envolver por las tonadas representativas del auge de la música disco y propine a mi hermosa dama una agitada serenata con las inconfundibles voces de los cantantes británicos. Aunque la luna ya estaba en proceso de llegar a su fase donde se mantenía oculta, todavía proveía suficiente iluminación para volver el ambiente etéreamente inolvidable. Recorrimos nuestra pequeña pista de baile repetidamente, experimentando movimientos que difícilmente iban de acuerdo a las tonadas, pero que no importaban en lo absoluto porque, al final de todo, tanto Lala como yo nos estábamos divirtiendo.
Superando su desconcierto inicial, la segadora aceptó que mi peculiar danza no se detendría y pronto ella imitó mis jocosas oscilaciones. Ella agitaba su cadera, yo hacía un vaivén con mis pedipalpos, la dullahan seguía el ritmo de la música y yo emulaba al famoso actor americano en la película que cinceló su nombre en los anales de la historia cinematográfica con sus alocados movimientos. La canción terminó y dio paso a la ultra-popular 'Stayin' Alive', la cual marcara un antes y después en la época. Prosiguiendo, despreocupadas de testigos que presenciaran tan inusual danza de un par de neófitas y dejando al tiempo pasar, Lala y yo alcanzamos el cenit de la algarabía y nos tomamos de las manos, dando vueltas sobre nuestro eje, riendo jubilosamente bajo el manto nocturno y disfrutando de la vida.
Daba igual si éramos completas inexpertas, si no seguíamos el ritmo o si la calidad del audio no permitía apreciar en su totalidad las intrincadas notas; En ese efímero momento de la existencia, toda la culpa que me carcomía el alma desapareció por completo y fue reemplazada por una extremadamente abundante sensación de bienestar absoluto y una gloriosa dicha tan inmortal como la magnífica diosa de piel azul que ahora se mecía en mis brazos. No había más sufrimiento que me atormentara el alma, no más penas que me obligaran a encerrarme en mi mundo de dolor, no más afiladas espinas que me perforaran la piel como dagas; Sólo éramos yo y la mujer que amaba bailando bajo las estrellas al compás de animada música. Acercando a esa apoteósica dullahan que me iluminaba el corazón hacia mi persona, tiernamente uní sus labios con los míos, degustando su dulce sabor y llenándome el alma con lo que siempre deseé para mí, para ella, para todos.
– "¡Lala!" – Declaré a mi esplendorosa pareja con una gigantesca sonrisa. – "¡Soy feliz!"
NOTAS DEL AUTOR: *¡Ah, ah, ah, ah! ¡Stayin' alive, stayin' alive!*
Bueno, que puedo decir, mi padre me inculcó el disfrutar de la música de los hermanos Gibb y el resto de los ídolos de la época setentera y me pareció que terminar con excelente nota el episodio más alegre para nuestra protagonista al ritmo de sus canciones era la mejor idea.
Quizás tal evento no se desarrollara en un lugar más idóneo como una relajante playa, un soberbio palacio o una concurrida pista de baile, pero el intenso sentimiento que la segadora y la arachne comparten hacen que cualquier extraordinario escenario que pudiera imaginar pase a segundo plano; Porque el amor no se trata de dónde, sino con quién lo experimenten, y en el caso de nuestra pareja, no hay nadie más con quien quisieran estar en tan idílico suceso.
Podría extenderme más, pero creo que las acciones hablan por sí solas; Jaëgersturm obtiene un poco de paz y tranquilidad después de tanto que la vida la ha vapuleado. Tal vez sólo sea un parpadeo casi indiferente en la infinita línea del tiempo, pero esa felicidad es más grande que la eternidad misma. En todo caso, espero que hayan disfrutado la lectura y los invito a dejarme sus reseñas, que con gusto contestaré, como siempre, por mensajes privados. Me gusta tratar con mis lectores de manera personal y discreta, así siento que hay mejor conexión.
Ah, y antes que se me olvide, mientras relataba las obras maestras de Papi y Suu, decidí invocar a mi niño interior (que es más maduro que mi yo adulto) y me di a la tarea de recrear los finos retratos que el dúo plumitas-gelatina inmortalizaron en fino lienzo con crayones y mucho amor. Quizás es excusa para no esforzarme al dibujar, pero espero que mi risible exégesis de las capacidades artísticas de la joven arpía y su glauca compañera limo les saquen aunque sea una sonrisa incómoda:
tinyurl PUNTO com/papidraws
Y sí, al igual que la pajarita, el dibujo de Aria y Lala fue hecho únicamente con seis colores de crayón grueso. Me gusta ser consistente con los personajes.
Aprovecho para agradecer infinitamente a los compañeros Alther y Arconte, que me proporcionaron amablemente sus ideas para desarrollar dos escenas primordiales en este capítulo. Espero mis interpretaciones de sus creaciones hayan sido de su agrado, puesto que en verdad ayudaron mucho a darle forma a un tema que desde hace mucho deseaba tocar. Y no olvidemos ese discreto guiño al camarada Onix Star. Gracias nuevamente, compañeros, me siento honrado por su cortesía. Sin nada más que decir, les deseo un buen día y nos vemos hasta la próxima.
¡Auf Wiedersehen!
