NOTAS DEL AUTOR: ¡Achtung, Herr Tarmo Flake ist hier!
Juro que la naturaleza misma no desea que siga escribiendo y el clima se ha puesto en mi contra desatando tormentas que dejan sin energía eléctrica a media ciudad. O simplemente la risible infraestructura de mi país tercermundista es la culpable, que se yo. En todo caso, de alguna manera logré terminar este episodio sin que el ordenador me sorprendiera con una pantalla tan negra como el Abismo Eterno y publicarlo. ¡Disfruten!
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡A la Gran Sirena no le afecta la falta de energía porque su computadora funciona con las pilas del gatito!
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 49
¡Ah, que hermosa mañana!
Y debía serlo, puesto que la noche anterior fue más que divina. Después de recibir los mejores regalos que tanto el dinero como el cariño puro de una familia pueden conseguir, me deleité junto a mi dama europea en una alocada velada bajo las estrellas al ritmo de los años setenta. Eso, sin contar que cerré un excelente día con broche de oro puro al llevar a mi reina de piel azul cargada en brazos hacia la enorme cama, y recordarle entre besos y caricias que ninguna celebración tendría valor para mí si ella no estuviera a mi lado para disfrutarlo. Aquello nos condujo a deshacernos de nuestros atavíos y entregarnos apasionadamente a una ardiente sesión de amor carnal que no me molestaré en relatar.
– "¡Aria, por ahí no, por ahí n-!… Ah, por ahí sí, por ahí sí…"
Definitivamente NO la relataré de ninguna manera. Ignorando los fantásticos recuerdos de nuestra desmedida lujuria, abrí mis seis ojos para recibir la débil luz del sol que, ya sin el obstáculo de las negras cortinas, se abría paso a través del vidrio de la ventana, brindando una mayor iluminación al aposento donde la peliblanca y yo compartíamos el lecho. Y hablando de mi hermosa irlandesa, esta pareció sincronizar su despertador biológico y volvió al mundo consciente al mismo tiempo que yo. Pestañeando un par de veces e incorporándose para estirar ese impoluto cuerpo y emitir un largo bostezo, mi bella segadora me observó con sus orbes oculares, tan dorados como el oro más fino y tan radiantes como el astro rey que ahora residía en los dominios de Urano, otorgándome una gloriosa sonrisa que le devolví instantáneamente.
– "Guten Morgen, Spatzi." – La saludé con un beso en la boca. Aún me preocupa el aliento mañanero, pero a ella no le molesta. – "¿Mi esplendorosa reina disfrutó de un vigorizante descanso?"
– "Dia dhuit ar maidin, A chuisle." – Mimó mi barbilla. – "Me alegra confirmar que he gozado de la afable fruición del sueño a tu lado."
– "¿Incluso…?" – Sonreí maliciosamente y acaricié su mejilla. – "¿Después de regodearnos tan briosamente en la lascivia?"
– "Especialmente después de nuestro exacerbado despliegue de placer." – Me abrazó del cuello. – "¿Guardaste algo de esa energía para hoy?"
– "¿Aún no estás satisfecha, mi insaciable segadora?" – Relamí mis labios, colocando mi índice en los suyos. – "¿Debería permitir el continuar alimentando tu desenfrenada adicción a mi carne alemana?"
– "Me refería a reservar fuerzas para tu trabajo, mi concupiscente cazadora." – Tocó mi nariz con su dedo. – "Por lo otro no me preocupo, puesto que fue necesario un extenso entrenamiento para drenar tus rijosos ímpetus de otorgarme tus ternezas nocturnas, y estas siempre regresan con más potencia."
– "Soy tan salvaje y poderosa como un tanque en la cama." – Mordí su oreja. – "¿Cierto, mi deliciosa doncella?"
– "Tampoco te vanaglories y alardees excesivamente de tus repetidas victorias sobre mi cuerpo, Jaëgersturm." – Suavemente me hizo a un lado y se incorporó de la cama. – "Después de todo, la efectividad de tu Blitzkrieg carnal tiene un límite. El día comenzó y debemos asearnos, vamos."
– "Aww… Yo pensé que deseabas un segundo ataque frontal por parte de este Sturmtiger, guapa." – Me dejé caer en el colchón, estirando mis brazos en su dirección. – "Cárgame."
– "Me temo que tu masa corporal es impedimento para realizar tal tarea." – Recogió sus prendas esparcidas por el suelo. – "¿Podrías ayudarme a ordenar la habitación, arachne perezosa?"
– "Ah, y tan bien que iba todo." – Me levanté con apatía, estirándome por segunda vez. – "Lo decía porque ignoro si venga a dormir hoy a casa. Los nuevos cuarteles están listos y tal vez nos mantengan ocupadas con alguna tarea."
– "Dudo que envíen novatas a misiones peligrosas en su primer día." – Terminó de recaudarlas. – "Y en cualquier caso, ¿insinúas qué prefieres reposar en los apartamentos ajenos que conmigo?"
– "Je, claro que no, linda. Pero quizás nos pidan pasar la noche ahí, por si se suscitara alguna emergencia." – Tomé mi ropa. – "Ya sabes, es más fácil actuar si el equipo se mantiene junto."
– "Espero la distancia que nos separe no sea mucha." – Hizo la cama. – "Durante la semana, incluso cuando Tokio se halla a la vuelta de la esquina, sentía que la longitud era demasiada."
– "¿No puedes estar mucho tiempo alejada de mí, linda?" – Alcé mis cejas provocativamente. – "Podría tratar de convencer a Smith de mudarte a mi lado, si lo deseas. Yo estaría más que encantada."
– "Gracias por la oferta, pero nuestra residencia actual es más placentera que la idea de morar en una recámara de reducidas dimensiones."
– "¿Entonces por qué el interés de no mantenernos tan apartadas?"
– "Para asegurarme que la descendiente de Electra no pose sus fulleras garras en mi propiedad."
– "Oh, vamos, Spatzi. Ya sabes que Cetania es buena niña. Sólo estás inventando excusas para pelearnos…" – Desestimé con la mano y guiñé. – "Y posteriormente reconciliarnos vehementemente bajo las sábanas. Pero, ¿por qué esperar tanto?"
– "Te aplaudo tus atrevidas deducciones, detective Jaëgersturm." – Replicó indiferente y se encaminó a la salida. – "Cuando termines de conjeturar obscenas fruslerías, te estaré esperando en el cuarto de aseo."
– "Lala, si no lo hacemos aquí…" – Le advertí con las manos en la cadera. – "Lo terminaremos en el baño."
– "Cuento con ello…" – Me guiñó un ojo, cerrando la puerta. – "No tardes."
Disentí con la cabeza, riendo. Cada vez más parecemos una veterana pareja de casadas, realizando esta clase de juegos verbales, intercambiando diálogos ligeramente mordaces que difícilmente ocultan nuestro intenso amor, para finalizar con los inevitables arrumacos. Algún día haremos honor a tal alegoría y Lala podrá continuar deleitándome con sus peculiares coqueteos sardónicos matutinos como la flagrante señora Jaëgersturm, eso puedo jurarlo. Recogiendo el resto de mi ropa, que de alguna manera no terminó hecha jirones, me uní a la irlandesa para lavarnos mutuamente y quizás proseguir con nuestras íntimas recreaciones. Desgraciadamente, eran las siete, la segadora debe irse a las ocho y Zoe pasaría alrededor de las ocho y media, así que tuvimos que postergar tan sensual pasatiempo para otra ocasión. Eso no evitó que mi boca mimara a sus pechos brevemente y mis dedos peregrinaran sus glúteos tan pachoncitos con ardiente vehemencia. No puedo evitarlo, soy adicta a mi dullahan.
Y a ella le encanta; La vida es bella.
Regresamos a la habitación para arreglar nuestros atavíos. Ya que sería el primer día, me arropé con el uniforme de las SturmSchütze, incluyendo la banda roja del brazo izquierdo. Da igual si me creen la reencarnación de Joseph Goebbels (con lo delgada que soy) o si me asocian de otra manera con el Tercer Reich; Ahora soy una orgullosa agente y al menos tengo derecho a lucir la cultura de mi patria Sparassediana. Además, mi novia dice que luzco genial y eso es lo único que importa. Me coloqué los broches denotando mi rango en el cuello del saco y las insignias de tanque y guadaña en ambos lados del pecho, sin olvidarme del pin con el granate. La Eisernes Kreuz de mi abuelo se mantenía a salvo en una cajita transparente que Meroune amablemente me proveyó y la guardé en el cajón de la mesita de noche. No la llevaría al tajo, no era una situación tan formal para ameritar cargar con tan prestigiosa condecoración. Sonreí al ver el dibujito que las niñas me hicieron atesorado en el mueble de madera, en verdad que me ha llegado al corazón.
Lala se vistió con su ropa totalmente negra que tanto le adoro por lo excelente que combina con su piel azul. Sigo pensando que esa falda es algo corta, pero el admirar esas gloriosas piernas acentuadas por las oscuras medias es una excelente forma de disuadirme de prohibirle usarla. Ya casi no usa su enorme gabardina color vino, pero su larga bufanda es parte permanente de su imagen como ese mechón en su cabello, el cual al principio me parecía que le restaba belleza (por más difícil que eso fuera) pero ahora me doy cuenta que le agrega ese toque único que la hace tan distinguida. Se complementó con el collar con el edelweiss y la insignia de araña en su pecho. Dándonos el visto bueno y ella tomando su uniforme laboral en la transparente bolsa, salimos de la recámara y nos encontramos con la lamia residente bajando las escaleras.
– "Guten Morgen, Miia." – Saludé a la ofidia.
– "Maidin mhaith." – La peliblanca hizo una reverencia a la poiquiloterma. – "¿Dormiste bien?
– "¿Eh? Chicas no las… Oh, esperen." – La pelirroja insertó sus dedos en sus escamosas orejas y retiró dos tapones para los oídos. – "Había olvidado que los tenía puestos. Perdón ¿qué decían?"
– "Descuida, no es nada." – Disentí con la mano. – "Sólo dábamos los buenos días."
El que hubiera usado protección auditiva respondía toda pregunta que tuviéramos y al mismo tiempo, nos tranquilizaba al saber que ella no sufrió de insomnio debido a nuestras actividades nocturnas. Excelente, la excusa de que la casa estaba embrujada ya no hubiera funcionado. Ahora lo preocupante es si el resto también se prepararon para ello o si el reporte de la amorosa batalla entre la segadora y yo se había esparcido por la casa.
– "Ah, hoy será tu primer día en MON, ¿cierto, Aria?" – La chica serpiente se acercó y me abrazó. – "Buena suerte, amiga. Me saludas a la loca de Smith y al resto."
– "Danke, Miia. Aún me quedan como cuarenta y cinco minutos antes de irme, ¿te acompaño en la cocina'"
– "Por supuesto, te espero después que salga de la ducha." – Se separó y miró a la dullahan. – "Buena suerte en la faena a ti también, Lala. ¿Te molesta si tomo la receta del pollo en salsa agridulce? Quiero agregarle un toque A-la-Míia."
– "Tal fórmula no es de mi autoría de todas maneras, compañera." – La aludida sonrió. –"Adelante, seguro puedes mejorarla."
– "Oki-doki. Bien, me voy a bañar." – La lamia se retiró. – "Por cierto, estos corchos no son muy efectivos, ¿saben? Después de todo, las serpientes podemos 'escuchar' usando las vibraciones del suelo. Tranquilas, que dormí sobre almohadas para amortiguar las apasionadas agitaciones que seguramente tuvieron lugar ayer."
Con un guiño y una risita de complicidad, la reptiliana reptó hasta el cuarto de aseo, dejándonos a nosotras dos atónitas. Tal parece que no importa lo que hagamos, la lujuria se encarga de darse voz de cualquier manera. Aceptando con una tenue carcajada que nuestro secreto no era tan sigiloso, las dos salimos y nos detuvimos detrás de la reja de la entrada.
– "Que te vaya bien, A chuisle. Cuídate mucho y vuelve a casa." – La irlandesa me dio un beso en la boca. – "Ádh mór ort."
– "Igualmente, Spatzi. Prometo que estaré bien." – Acaricié su mejilla. – "Por cierto, sabes latín, ¿verdad?"
– "Claro, ¿por qué?"
– "Uhm, bueno, estaba pensando en un lema. MON usa 'Honorem et Gloriam', pero yo buscaba algo personal, que fuera mi consigna filosófica."
– "Entiendo, ¿Cómo qué se te ha ocurrido?"
– "Los héroes no matan." – Repliqué. – "¿Qué te parece?"
– "Considero que es muy noble y que comparte mi propia ideología." – Sonrió. – "¿Eso deseas que traduzca?"
– "Por supuesto, si no es problema."
– "La interpretación más cercana sería 'Nullus heros quemquam occidit'." – Respondió. – "Aunque podrías considerar 'Vir honestus neminem occidit', los hombres de honor no asesinan."
– "Ya veo. Me gusta la primera." – Le di un beso rápido. – "Danke schön, Spatzi. Ojalá fuera la mitad de sabia y guapa que tú."
– "Eres demasiado generosa con tus alabanzas, A chuisle." – Rió y me dio un enorme abrazo. – "Te amo, Aria. Da lo mejor de ti y regresa a salvo."
– "También te amo, Lala." – Acaricié su níveo cabello. – "Tranquila, las arachnes nunca mueren."
Con un profundo ósculo final, de esos que me hacen sentir como una soldado despidiéndose para ir al frente pero sin el temor de no retornar, la segadora sostuvo su collar con su mano derecha mientras la mía golpeaba el centro de mi pecho. Así, ella se dio la vuelta y se dirigió hasta la parada de autobuses. Viéndola alejarse, con su bufanda y larga cabellera ondeando en el viento, suspiré y regresé adentro para ayudar a la lamia con el desayuno. Kimihito me dio los buenos días y también me congratuló por mi primer día. Sorpresivamente, se acercó a su compañera ofidia y le propinó con breve beso en la escamosa mejilla de esta, volviendo a la reptil tan roja como su cabello y su sangre se tornó endotérmica. Con el muchacho yendo a las duchas, la ahora extremadamente pasmada mujer serpiente regresó de su catatónico estado, esta vez con una energía y motivación tan intensas, que sería capaz de potenciar a la flota entera de Japón.
Con los ánimos por las nubes, Miia dio varias vueltas por la casa, subiendo y bajando repetidamente las escaleras mientras emitía sonidos de inmensa alegría. Podía comprender lo que un sencillo pero significativo ósculo era capaz de desatar. Aún recuerdo lo que Cetania ya ha desencadenado dos veces con sus contactos bucales, aunque en este caso, el resultado era más positivo. Cerea y Meroune fueron las siguientes en aparecer, extrañadas por la exaltada lamia que continuaba gritando a los cuatro vientos lo grandioso que era estar viva. Le aplaudí mentalmente que no perdiera el control y se internara al baño para envolver a su amado anfitrión en un constrictor abrazo escamoso, pero estaba segura que las escaleras terminarían hechas añicos por su constante vaivén. Afortunadamente aún estamos cubiertos por los destrozos que la agitada serpiente provoque.
Pero el gusto de la exclusividad de los contactos labiales de su adorado casero en su cachete no le duró demasiado, puesto que este, al terminar de asearse y liberarse del tan temido abrazo de bienvenida ofidio de la pelirroja, también les proporcionó las mismas muestras de afecto a la centáuride y la sirena. Si bien lo anterior suscitó a que la sierpe siseara con su bífida lengua por los celos, tanto la noble rubia como la ojizarca oceánica cambiaron la tonalidad de su epidermis al color tomate y acabaron inmóviles por varios segundos hasta que las manos de Miia apretando sus tráqueas las regresó al mundo consciente. Tuve que hacer uso de mis dotes autoritativos nuevamente para desarmar tal querella, aunque hay que mencionar que detener a una iracunda liminal de siete metros de largo y con una masa corporal mayor que la mía no es tarea fácil. Me pregunto si deberé solicitar a la capitana que me autorice el uso de tranquilizantes de emergencia un día de estos.
Kurusu saludó a Papi y a Suu de la misma manera, pero al ser prácticamente las pequeñas de la casa, no originó problema alguno. No podría decir algo idéntico sobre Rachnera, ya que ella se adelantó e inesperadamente descendiendo del techo con su seda, plantó un suave beso en posición invertida al muchacho en la punta de su nariz, siendo el acto más inofensivo pero demostrativo de todos: Una arachne es quien te sorprende en el juego del amor, no al revés. No sé si eso se aplique a mí también, pero yo he demostrado ser la excepción, no la regla. Desayunamos relativamente en paz, y digo relativamente porque las tres conocidas buscapleitos se disputaban el lugar junto a Kimihito, pero este logró apaciguarlas y ordenarles que tomaran sus posiciones habituales.
– "Voy a conseguir un nuevo empleo." – Anunció el hospedador, degustando un katsu kare. – "Sonará controvertido, con todo lo que sucedió ayer, pero le pediré a Karu que me ayude un poco con la búsqueda."
– "Mi Señor, perdón por contradecirlo, pero no entiendo por qué desea contactar al doctor Sarver." – Injirió Cerea, pausando el deglutir su ensalada. – "Como usted ha mencionado, el tipo sólo le trajo problemas."
– "Aunque no hay que olvidar que gracias a él, mi Amado obtuvo pases de trato preferencial para un concierto musical." – Acotó Meroune. – "Sin embargo, estoy de acuerdo en que el sujeto no me da muy buena espina."
– "Por cierto, ¿vamos a ir?" – Cuestionó la lamia, tomando su bebida. – "Sé lo que pasó con esas gatas, pero su música no está tan mal. Digo, no creo que haya problema en aprovechar las entradas gratis, ¿no?"
– "Puedes asistir si lo deseas, Miia." – Contestó Shianus. – "Yo en lo personal no disfruto de tan estrambóticas melodías modernas que atentan contra mi sentido del oído a sus excesivos decibeles, interpretadas por mujeres felinas de escasa capacidad artística, dudosa moralidad y..."
– "Yo sí planeo presentarme." – Replicó Kurusu. – "Mika y Rika tienen bonitas voces. ¿Quién me acompañará?"
– "Y concluyo que hay que apoyar el talento que las extraespecies poseen, puesto que es la clave para un mejor entendimiento entre nuestras relaciones, sin contar que esas nekomatas son sumamente talentosas." – Completó Centorea. – "Puede contar con mi presencia, Mi Señor."
Hubo silencio abrupto después de tal declaración y los ojos de todos se centraron en la sonrojada equina que pretendía hacer caso omiso de nuestras miradas sardónicas al comer tranquilamente su platillo con los ojos cerrados.
– "Pero sólo hay siete entradas, no podremos ir todos." – Reiteró Lorelei.
– "Descuiden, confirmo que tanto Lala como yo no somos muy asiduas al J-Pop." – Aseguré. – "No se preocupen por nosotras. Alguien debe cuidar de la casa después de todo."
– "Y así podrán disfrutar sin problemas sus arrum-¡Auch!" – La ofidia fue interrumpida por un pellizco en su brazo. – "¡Rachnera, eso duele!"
– "Tienes una boca muy floja, lombriz gigante." – Respondió la aludida a su lado. – "En todo caso, ¿de verdad es necesario solicitar apoyo a Sarver, Querido?"
– "Bueno, sólo será su consejo. Quizás una que otra asistencia." – Contestó el casero. – "No creo que pase algo terrible por recibir sugerencias de él… Aunque la última vez el me recomendó que visitáramos esa granja, y luego terminé ordeñando a… ¿Saben? Mejor me conformo con el diario."
– "Eso me recuerda…" – La centáuride tomó la palabra. – "Creo… Creo que tomaré la oferta del profesor Geber, planeo asistir a la universidad y hacer carrera."
– "¿Vas a correr en la escuela?" – Preguntó una confundida Papi.
– "No, Papi, quiere decir que va a estudiar para poder titularse y obtener una buena profesión." – Explicó Kimihito a la arpía mientras acariciaba su cabello azul. – "Y me alegra mucho escuchar que deseas superarte, Cerea. ¿Qué tenías planeado?"
– "Gracias, Mi Señor." – Hizo una reverencia. – "Bien, con su delicado estado el día de ayer y la preocupación que sentí al verlo tan frágil, me hizo darme cuenta que protegerlo no se limita sólo a ser una guardaespaldas, sino que también deseo salvaguardar su salud y la de las personas que me importan. Entonces, si le parece buena idea, considero que quizás estudiar medicina sería una buena opción."
– "Eso…" – El muchacho abrió sus ojos y sonrió. – "Es sumamente admirable, Cerea. Te felicito."
– "M-mil gracias, Mi Señor." – Inclinó la cabeza, sumamente ruborizada y disimulando una enorme mueca de felicidad. – "P-prometo no defraudarlo."
– "Sé que no tendrás problema. Una centáuride tan noble como tú sólo puede triunfar plenamente."
– "Cariño, no es justo." – Protestó la poiquiloterma. – "La halagas demasiado."
– "Tranquila, Miia." – El anfitrión le dio palmaditas en su hombro. – "Tú eres la mejor cocinera de la casa…"
– "Ehem…" – Carraspeé, me crucé de brazos sin dejar de mirar al chico con los ojos entrecerrados y susurré. – "Agente de MON y tercera mejor tiradora en la Schutzpolizei de Weidmann…"
– "…Después de Lala, por supuesto." – Corrigió, tragando saliva. – "Y eso que apenas has empezado, imagina a dónde llegarás con el tiempo."
Con la habilidad verbal de nuestro hospedador para devolverle el ánimo a sus inquilinas, proseguimos con nuestro consumo de alimentos. No es que me guste recurrir a las amenazas, especialmente con el buen Kurusu… ¡Pero mi grandiosa Lala es la mejor y punto final! ¿Quién es la reina absoluta de la gastronomía? ¡Mi irlandesa! ¿Quién es la dullahan más guapa en todo el globo terráqueo y el universo entero? ¡Lala, nuevamente! ¿Quién descubrió América? ¡Pues yo digo que ella también!
Pero ignorando mi fanatismo hacia mi segadora, finalizamos de comer y, según mi nuevo reloj, contaba con diez minutos hasta que pasaran a recogerme. Un mensaje de Cetania me confirmó que el transporte ya venía en camino. Me di unos últimos retoques en el baño y apenas salí de ahí, una quitinosa pierna delantera tocando mi hombro me hizo voltear al techo y encontrar a Rachnera, quien me invitó a subir al ático. Obedeciendo, entré a su habitación, casi sin cambios desde la última vez que estuve ahí, excepto que todo lucía más reluciente, habiendo sido recientemente aseada.
– "¿Para qué me querías, Rachnee?" – Le pregunté a mi compañera, observando lo impoluto de la recámara. – "¿Presumirme tus habilidades de limpieza?"
– "Mis aposentos siempre son así de pulcros, cazadora. Es sólo que cuando llegaste, aún no iniciaba mi higienización semanal." – Replicó ella, hurgando en su pequeño ropero. – "No, la razón para traerte, niña insolente, fue esta."
La tejedora entonces reveló dos atuendos idénticos, no sólo entre ellos, sino con el que yo usaba en ese momento. Con una camisa gris envuelta en un saco militar completamente negro como el vestido, adornado con botones dorados y salvo por unas pequeñas excepciones, como el material de la tela, el conjunto era totalmente símil a mi preciado uniforme. Las principales diferencias provenían de las insignias en el cuello del saco y los lemas en las empuñaduras.
A la izquierda, el cuello ostentaba un rango dorado recreado a la usanza del máximo escalón de la jerarquía de la Schutzstaffel (Reichsführer-SS, usado famosamente por Heinrich Himmler) consistente en una guadaña envuelta en hojas de roble, mientras en la empuñadura del saco una áurea banda alrededor desplegaba el nombre de Lala en gótica tipografía. A la derecha, las hojas de roble rodeaban una pluma de ave en mi cuello y el escrito en la muñeca mostraba el nombre de Cetania. La manga izquierda poseía la banda roja con la marca en forma flama de mi abdomen totalmente en negro sobre un círculo blanco, mientras la derecha tenía la llama bordada en dorado. Aquel conjunto era, sin duda, el uniforme más hermoso que haya visto en mi vida.
– "¿Y bien?" – Cuestionó la arachne. – "¿Te gustan?"
– "Son… gloriosos… En verdad, increíblemente fantásticos." – Declaré, admirando los atavíos como babieca. – "¿L-los hiciste tú sola?"
– "Correcto, alemana. Los empecé desde hace una semana, cuando partiste a las oficinas de MON. No las terminé sino hasta ayer y para cuando coloqué la puntada final, ya era demasiado tarde y quedé muy exhausta como para mostrártelos." – Afirmó con algo de jactancia y se cruzó de brazos. – "Que bueno que te agradaran. ¿Sabes lo difícil que es investigar en internet para obtener el diseño y tejer medidas tan exactas? ¿Y luego agregar color a la seda? De no ser tú, tendrías que darme el salario anual para pagarme. Al menos el haberme pasado horas llenándome la cabeza de esos condenados fascistas valió la pena.
– "Rachnera…" – La abracé efusivamente y contuve algunas lágrimas. – "¡Danke, danke schön! ¡Du bist meine liebster Freundin!"
– "Bitte sehr." – Me dio palmadas en la espalda. – "Perdón por no felicitarte apropiadamente al regresar, pero quería que esto expresara lo orgullosa que estoy de ti."
– "Está bien, amiga, yo sé que me aprecias." – Me separé un poco. – "¿Puedo darte un besito en la mejilla?"
– "Hoy debe ser el día internacional del beso o Eros ha estado trabajando horas extra, que nos ha puesto tan cariñosos a todos." – Rió ella. – "Agasájate. Aunque no me molesta si es en los labios, ¿sabes? Sólo no le digas a tu segadora."
– "Oh, tampoco te quiero tanto." – Disentí con la mano y propiné el ósculo a su lado derecho. – "Pero en verdad, te lo agradezco mucho, tejedora. Los detalles son soberbios."
– "Es un placer, Aria." – Sonrió. – "Suerte, cazadora. Sigue poniendo en alto a nuestra especie."
– "¡Jawohl!"
Haciendo ambas el saludo del golpe de pecho, salí del ático al tiempo que el conocido sonido del claxon de la furgoneta de MON hacía eco por la casa. Sin dilación, me apresuré a la entrada, no sin antes ofrecerles una reverencia al resto de los inquilinos y jurarles trabajar duro. Hoy me sentía con buen humor y me creía toda una profesional, así que entré rápidamente a mi habitación, guardé la ropa que Arachnera me obsequió y tomé la gorra de plato (Schirmmütze) que vino incluida con mi atuendo de las SturmSchütze, diferente a mi clásica gorra familiar en el material más duradero y mayor rigidez, aunque también contaba con el símbolo de la araña dorada en el centro. Con esta puesta, raudamente abrí la puerta y saludé a Zombina en el volante, ella me sonrió alzando la mano y me indicó que abordara la parte trasera, acatando yo la orden.
– "Guten Morgen, Kameraden." – Les dije a mis compañeras y me acomodé junto a Cetania. Ella vestía su traje formal negro y sus aretes tribales. – "Hola, Süsse, ¿Cómo estás?"
– "Erm… ¿Aria?, te quiero y todo, pero creo que tu afición se está saliendo de control." – La susodicha me miró, alzando una ceja. – "No es que desee amenazarte, flaca, pero si algún día te veo portando una esvástica en el hombro y alabando a ese demagogo austriaco, juro que te electrocuto hasta hacerte recapacitar."
– "¿Para qué esperar, arpía?" – Expresó Dyne, cruzada de brazos. También estaba ataviada en la ropa de trabajo monocromática. – "Es obvio que esta Nacionalsocialista no tiene remedio. Si quieres, te ayudo."
– "Oh, vamos, chicas, ya saben que así nos vestimos en Sparassus." – Reiteré y volteé en dirección de la conductora. – "Zoe, tú me comprendes, ¿verdad?"
– "Al menos quítate la banda del brazo, Jaëger-SS-turm, ¿quieres?" – Aconsejó la pelirroja. – "Estoy consciente de que no eres una Nazi, ¡pero joder, insistes en probar lo contrario todo el tiempo!"
– "Bah, ustedes no aprecian la elegancia de un atuendo tan selecto." – Mascullé, retirándome el adorno bermellón y guardándolo en una de mis bolsas. – "Pero la tercera es la vencida…"
– "¿Por qué no trajiste la indumentaria formal, granate?" – Cuestionó la zombi sin quitar la vista del camino. – "¿Te quieres sentir la niña única y rebelde?"
– "Está en los cuarteles, junto con el resto de mis cosas. Por cierto, ya están listos los nuevos aquí en Asaka, ¿no? ¿Nos ordenarán pasar ahí la noche como la vez anterior?"
– "Lo ignoro, novata. Le preguntaremos a la Capi cuando la…" – Se pausó al mismo tiempo que el vehículo. – "¡Ah, con un demonio! ¡Pedazo de chatarra inútil!"
– "Es la segunda vez, Lieutenant." – Dijo la rapaz.
– "Tercera." – Aclaró Nikos. – "Igual sucedió al pasar por mí."
– "¡No shit, Sherlock!" – Replicó sardónicamente la heterocromática, golpeando el volante y logrando que volviera a encender. – "Condenada porquería, eso nos pasa por hacer tratos con terceros. ¿Sabían que uno de estos despojos casi provoca que nos rellenaran el trasero de plomo durante una misión? Manako y yo huíamos de un grupo de onis armados hasta los dientes para llevarlos a una emboscada y entonces al jodido motor se le ocurre morir en medio de la persecución. Estás cosas no están protegidas, así que hicieron añicos la furgoneta en un santiamén. A nosotras debieron darnos una medalla por tremenda maratón que hicimos hasta que el resto de las chicas lograron detenerlos. Y para colmo, nos pagaron menos ese mes por haber perdido el vehículo, ¡¿Pueden creer tremenda mierda?!"
– "¿Por qué no solicitan mejores unidades, teniente?" – Preguntó la griega. – "Es decir, son MON, merecen transportes a la altura de su trabajo."
– "Dile eso a los tacaños de finanzas, mantis." – Se detuvo en un semáforo y volteó a vernos. – "Las únicas dos furgonetas con las que contamos han estado en servicio desde que iniciamos. Con todo lo que hemos gastado en repararlas y mantenerlas, podríamos habernos conseguido un blindado de segunda mano con la JGSDF. Y los jodidos mecánicos de la ANP se creen unos eruditos ingenieros y cobran demasiado; ¡Ni siquiera contamos con unos propios! Se los juro, novatas, un día de estos acabaremos recorriendo las calles en bicicletas con rueditas de entrenamiento."
Y conociendo nuestra suerte, eso sonaba demasiado factible. El viaje continuó relativamente normal, aunque fueron necesarias algunas patadas adicionales de la muerta viviente al furgón para evitar que este regresara a su exánime estado. Los explosivos sonidos del motor nos hacían sentir como si hubiéramos abordado alguna especie de vehículo jihad suicida cargado con dinamita a punto de estallar. Traté de hacer plática para distraerme de tan funesto pensamiento.
– "¿Y qué hiciste ayer, pajarita?" – Interrogué a la castaña, a mi lado. – "Digo, además de hartarte de pollo en salsa y pastel. ¿Le compraste sus discos a Yuuko? ¿Hicieron su fiesta al estilo de los setenta?"
– "Ah, si te contara, flaca." – Rió. – "Me hice con una antología de siete volúmenes y ella se puso a bailar toda la noche en la sala. Únicamente se detuvo para preparar la cena y luego regresó a su imitación de Travolta. Tuve que insistirle en que bajara el volumen o se colocara audífonos para que yo pudiera dormir en paz. Creo que se estaba vengando por esa vez que me aventé una sesión entera con la discografía de Iron Maiden... Lo cual ha sucedido demasiadas veces."
– "Es el karma, pajarraca. Y por cierto..." – La acerqué e hice un breve contacto bucal. – "Gracias, guapa."
– "Oh, de nada, flaquita." – Sonrió. – "Uhm, ¿pero por qué?"
– "Por darme una excelente idea." – Guiñé, rodeándola con mi brazo. – "Y también por comprenderme después de mi confesión. En verdad te agradezco el apoyo, no sabes cuanta falta me hacía."
– "Sabes que te amo, Aria, no podría rechazarte." – Descansó en mi hombro. – "¿Ya estás mejor? ¿Te llegó mi mensaje anoche?"
– "Claro, aunque admito que no pude leerlo por estar ocupada."
– "Lo sé. Pueden olerte hasta Montana, casanova." – Me punzó ligeramente un costado con su dígito alado. – "Estás que irradias la evidencia aromática de la alocada sesión amorosa con esa dullahan. Pero lo importante es que estés bien, así que lo tolero."
– "Pues vete acostumbrando a mi perfume irlandés, porque no pienso parar, linda."
– "Bleh, y decía que tu quitina ya era maloliente." – Sacó la lengua y miró a la mantis. – "Oye, Princesa, ¿qué hiciste en tu día libre? ¿Celebraste con tus súbditos de nieve en tu gélido palacio polar?"
– "O quizás organizó una fiesta de té con sus peluches favoritos, invitando a la señoras Ballenita y Calamar a degustar una taza de Darjeeling." – Me mofé, entonces me detuve. – "Erm… No es que yo sepa de eso o algo así."
– "Dime que lo hiciste cuando aún eras una niña, flaca." – Instó la falconiforme, entrecerrando sus ojos.
– "¡P-por supuesto!" – Respondí nerviosa. – "¡Nunca haría algo así de mayor!"
Bueno, quizás la falta de amigas me haya orillado a recurrir a tales prácticas para llenar el vacío que la ausencia de amistades provocaba… ¡Pero únicamente fue en una ocasión y nunca volvió a suceder! ¡Ni siquiera me gusta el Darjeeling! ¡Lo juro! ¡Además que Calamar disfrutó de la velada!
– "Al contrario de ustedes, holgazanes, estuve repasando las leyes de este país para cumplir responsablemente con mi trabajo." – Acotó la helénica. – "Pero confieso que de la misma manera, me permití el relajarme al recorrer algunas zonas recreativas para despejar y relajar mi mente. Necesito estar en perfecto estado para asumir mi puesto como su líder y recordarles que cesen de referirse a mí con tan ridículo sobrenombre."
– "Relájate un poco, Dyne, no hay nada de malo en un mote cariñoso. Significa que tus amigas te han aceptado y la amistad es sumamente importante en todo equipo." – Injirió Zombina. – "De hecho, ¿por qué no se buscan unos buenos apodos? Sería perfecto para asignarles nombres clave."
– "¿Puedo ser 'Raptor'?" – Preguntó la halcón, alzando la mano. – "Digo, soy tan veloz como ese famoso jet caza, sin contar que las aves de presa evolucionamos de los terópodos, así que me queda como anillo al dedo. I mean, I'm a motherfuckin' raptor harpy, after all."
– "Nah, suena demasiado dramático. Encuentra otro más mono." – Desestimó la pelirroja. – "Y ni siquiera se te ocurra sugerir 'Panzer' para ti, Jaëgersturm. Ya tienes suficiente parafernalia del Reich como para seguir aumentándola. Luego vas a sugerir internar a los criminales en Auschwitz, y si bien algunos se lo merecen, la respuesta es no."
– "¡¿Por qué no?!" – Protesté. – "Espera, ¡¿cómo lo supiste?!"
– "¿Lo del campo de concentración?"
– "¿Eh? ¡No, lo del sobrenombre!"
– "Aria, haces tantas referencias a los blindados que a veces pienso que a tu naciste disparada de un cañón. Eso explicaría mucho, de hecho."
– "Bueno, mi padre era conductor de tanques en Alemania del Este. Y me encantan los carros de combate, lo llevo en la sangre." – Expliqué. – "¿Pero por qué no puedo usarlo? ¡Me iría de maravilla!"
– "Porque apenas eres un granate y no has ganado el derecho de elegir tu mote. Anda, escoge uno más bonito, como Patas Largas o Trasero de Fuego."
– "¡Esos son horribles!"
– "Cuestión de gustos." – Encogió los hombros. – "¡Hey, tengo una idea! Díganme, chicas, ¿Cuál es su platillo preferido?"
– "¿Eso a que viene?"
– "Sólo responde, ¿sí, novata?"
– "Pay de durazno." – Replicó la americana. – "Con crema batida dulce y zarzamoras. Simplemente irresistible."
– "Pimientos rellenos con carne de ternera y queso." – Contestó la mediterránea. – "Le agradezco el llevarme a ese restaurante esta mañana, teniente. En verdad que la selección estaba excelente."
– "De nada, Nikos. Agradece a Tio, quien me lo recomendó." – Sonrió la zombi. – "¿Qué hay de ti, araña? ¿Cuál manjar es el que te llena las tripas de felicidad al degustarlo?"
– "Err… ¡El Panzer Torte!" – Afirmé. – "Un manjar muy especial en Weidmann, reconocido por la cocina internacional como uno de los…"
– "Ya te dije que no usarás ese apodo, Jaëgersturm." – Aseveró seriamente.
¡Con un demonio! ¡Déjenme ser un carro de combate! ¡Permitan a una arachne cumplir su sueño, aunque sea con un mote!
– "Cetania, tú sabes más de la alemana que yo, ¿puedes responder a la interrogante?"
– "El cottage pie, Bina." – Dijo la aludida. – "Especialmente si fue preparado por su amada pitufo."
– "Me declaro desconocedora de tal guiso." – La pelirroja se detuvo en otro semáforo. – "Ilústrame, granate."
– "Pastel hecho de carne de ternera, vegetales y cubierto por puré de patata y queso." – Habló la empusa. – "Es británico."
– "Gracias, chicas." – La conductora retomó el camino. – "Veamos… Duraznos, pimientos, pasteles… ¡Ja, lo tengo!"
– "Esto no va a gustarnos, ¿cierto?" – Cuestioné con preocupación.
– "Da igual si les gusta o no, los granates no tienen autoridad sobre una oficial. El veredicto está dado." – La heterocromática manifestó con una sonrisa maliciosa. – "Nikos, tú serás 'Pepper', Cetania es 'Peaches' mientras Jaëgersturm se convierte en 'Potato'. ¿No son geniales?"
– "Je, confieso que tiene pegue." – Concedió la arpía. – "I'm so peachy you can taste my sweet talons in your face. Yeah, I like that."
– "Piperiá. No está mal." – Confirió la pelinegra. – "Aunque de haber sabido, hubiera dicho paprika."
– "¡Un momento, Zoe!" – Interrumpí. – "¡¿Por qué soy una patata?!"
– "Porque ya no eres un tomate, novata. Bienvenida al siguiente nivel." – Retrucó la mencionada. – "Y te queda bien, eres igual de amarilla."
– "Soy ocre."
– "Entonces eres una papa frita. ¿Ves? Es perfecto." – Rió ella. – "Está decidido, los nombres se quedan. Y esa es una orden."
– "¡Aaagh!"
¡Por el martillo de Hefesto! Primer día oficial y ya me gané un horrible seudónimo. Hubiera preferido alguno más honorable, como 'Kriegshammer' (Martillo de guerra, el mismo que Erika Kriegtochter), 'Feuersturm' (Tormenta de fuego, igual que mí antepasada, Serhilda, antes de proclamarse la Segadora de Weidmann), 'Valkiria' o simplemente 'Cazadora'. Al menos 'duraznito' y 'pimiento' mantienen su dignidad, pero ser una patata no es nada gratificante. Cierto, tienen poca grasa, muchas vitaminas y me encantan como las prepara Lala, especialmente fritas, ¡Pero tampoco es que quiera volverme un tubérculo! ¡Ahora si me dan ganas de iniciar el Cuarto Reich! ¡Me las van a pagar! ¡Heil Jaëgersturm!
Refunfuñando más que el ruidoso motor de la furgoneta por mi mala suerte, el resto del camino se desarrolló sin muchos percances, excepto que el vehículo continuaba agonizando cada cierto tiempo, emitiendo estruendosos sonidos que no deberían ser posibles en un transporte particular. La teniente logró mantener la máquina andando, pero finalmente esta expiró su último aliento y con un estrepitoso despliegue sonoro en forma de explosión, el automóvil pasó a mejor vida, dejándonos varadas en medio de la calle. Zombina encapsuló nuestro sentir al proferir vehementemente un tesauro de improperios al vehículo y propinarle suficientes patadas al volante para activar las bolsas de aire y atraparla en su asiento.
– "¡Hedionda chatarra con ruedas! ¡Tenías que fallarme ahora, ¿cierto?!" – La pelirroja continuaba zahiriendo en voz alta y saliendo del carro. – "¡Como quisiera que estuvieras viva para poder matarte a balazos! ¡Ustedes, granates, no se queden viendo como bobas y ayúdenme a mover esta porquería!"
La revivida, irritada aún más por los incesantes repiqueteos del claxon de los automóviles detenidos por nuestra furgoneta inutilizada, no dejó de mascullar al tiempo que las cuatro empujábamos el transporte hacia la acera más cercana. Aunque nuestra fuerza combinada nos permitía trasladarlo sin problemas, las dimensiones de este dificultaban hallar un lugar idóneo para dejarlo reposar. Finalmente encontramos un espacio libre y el tráfico volvió a su cauce normal mientras la heterocromática discutía por su celular con Smith. A juzgar por su expresión de desesperanza y dicterios en desmesuradas cantidades a igualmente fragorosos decibeles, la zombi no obtuvo una respuesta positiva. Descargó su ira contra los faros de la máquina, pulverizándolos de una patada. Ahí, una buseta policial Nissan Caravan conducida por una escamosa persona reconoció a la muerta viviente y se detuvo frente a nosotras.
– "Buenos días, agente Zombina." – Saludó la oficial Mei Silica, bajando de su unidad. – "¿Sucedió algo?"
– "Oh, hola, Mei. Nada, sólo que este cacharro ya expiró." – La mencionada señaló al vehículo, dándole un puñetazo al capó. – "Joder, que ahora la Capi si se desquita conmigo. ¿Conoces a algún mecánico que cobre barato, lagartijita? Si perdemos a esta hojalata, a MON le quedará solamente un transporte, y no hay espacio para todo el equipo."
– "Bueno, si no le molesta, puedo intentar repararlo." – Aseguró la mujer gecko. – "Tengo algunas herramientas aquí guardadas."
– "¿Eh? Oh, vale. No vas a exigir tarifa, ¿verdad?"
– "Descuide, agente, sólo es mi deber de ayudar a una colega de la ley." – Afirmó la chica de glaucas escamas y volteó a vernos. Se acercó a nosotras, empezando conmigo – "Hey, chicas. Leí sobre su ascenso en el periódico; Felicidades, sabía que lo lograrían."
– "Danke schön, Mei." – Estreché su mano. – "Y creer que no hace mucho me veías con sospecha cuando deduje sobre las acciones de esos terroristas. Tranquila, entiendo perfectamente que es parte del trabajo."
– "Bien, dije que nos encantaría tenerla en la fuerza, y lo hizo sobradamente, agente." – Sonrió. – "La vida está llena de sorpresas, ¿cierto?"
– "Totalmente de acuerdo, amiga."
– "Y por cierto…" – Me susurró al oído. – "Aún tengo a Cachito. Gracias por la ballenita, Aria."
– "Je, de nada."
– "La felicito también, agente Cetania." – Saludó a la halcón. – "Es un honor estar frente a tan ilustres heroínas. Si me permite, déjeme informarle que estuve entre las primeras admiradoras suyas, y aún lo sigo siendo."
– "Me halagas, rojita. Le diré a Yuuko que convenza a Mio de hacerte un descuento en el Aizawa." – Rió la americana. – "Gracias por el apoyo."
– "Es un placer, colega." – Volteó hacia la griega y ambas se sorprendieron un poco. – "Un momento, te me haces conocida... ¡Cierto, eres quien estaba riñendo en esa ocasión con esa lámpades! Te llamas Dyne, ¿cierto?"
– "Nikos." – Reiteró la nativa de Mitilene, estrechando con fuerza la extremidad de la oficial. – "Agente Dyne Nikos. Y eso ya fue pasado, ¿entendido?"
– "Vale, ya capto, agente. Lo siento. Auch…" – Talló su mano. – "En fin, enseguida regreso con las herramientas."
La reptiliana pelirroja se encaminó a su auto patrulla y volvió con una caja metálica en manos. Alzando el cofre de la furgoneta y siendo recibida por una negra nube de humo, la ojizarca tosió un poco antes de disipar las emanaciones, tomar sus utensilios y empezar a inspeccionar el interior de la unidad.
– "No sabía que tuvieras conocimientos de mecánica automotriz, Silica." – Mencionó la castaña.
– "Eso es lo que piensan muchos hasta que me ven arrastrándome debajo de los carros con llave y pinza en mano, agente Cetania. Cambié mi piel hace una semana, así que el olor a aceite ha desaparecido por ahora, de lo contrario, sería bastante notorio. ¿Me pasa la Stillson, por favor?" – Respondió la poiquiloterma. La emplumada le facilitó el objeto. – "Obrigada. Se ha vuelto mi trabajo informal desde que mis superiores descubrieron que podían ahorrarse en contratar más personal. Sería mejor si me pagaran por hacerlo, pero sólo soy una novata policiaca. La vida no es justa para quienes defienden la justicia, ¿no lo cree?"
– "Te entendemos perfectamente, amiga." – Opiné. – "Por ejemplo, algunas tiranas regresan de la tumba para otorgarle terribles maldiciones en forma de ridículos apodos a sus subordinadas, sin que estas puedan protestar."
– "Pero la mayoría de las veces se lo merecen, especialmente cuando son tan malagradecidas, incluso después de haberles regalado una Heckler & Koch P30L." – Retrucó la zombi. – "Además de olvidar que sus superiores pueden obligarlas a limpiar el baño con un cepillo de dientes por andar de insolentes. ¿No opinas igual, Potato?"
– "Ah… ¡J-jawohl, Leutnant!" – Admití con saludo marcial. Demonios, yo y mi gran bocota.
– "¿Y cómo va todo en la agencia, Zombina?" – Preguntó Silica. – "¿Les ha servido mi información? Sé que la mayoría sólo son resúmenes cotidianos sin mucha relevancia, pero me gusta ayudar en lo que puedo."
– "Y te agradecemos que cooperes tan entusiastamente con nosotros, Mei." – Dijo la heterocromática, llevándose las manos detrás de la nuca. – "Si bien a MON no le toca tal jurisdicción, tus reportes nos han sacado de uno que otro problema cuando necesitamos presentar los nuestros. Y aquí entre nos, puede que los haya usado para ahorrarme el trabajo de pensar en esas condenadas horas de papeleo. Te debo una, escamosa."
– "Está bien, agente, con saber que al menos le prestan atención a mis datos me doy por bien servida. ¡Ngh! Ah, la alcancé." – Replicó la poiquiloterma, con casi la mitad del cuerpo metida en el motor. La chica apenas mide 165 centímetros. – "Como decía, ustedes si los toman en cuenta. A mis jefes les da igual y la última vez que me consideraron, fue por las deducciones de la señorita Jaëgersturm durante el incidente previo a los atentados del centro. Al menos mis aptitudes de reparadora me otorgaron el privilegio de conducir la Caravan, y con lo que me gusta patrullar las calles, no está tan mal. Aunque todos en el koban nos turnamos para ello."
– "El buen talento siempre se ve desperdiciado por superiores ineptos. La Capi lo sabe muy bien. ¿Quién es el tuyo?"
– "Nishizo Kurita, ¿lo recuerda?"
– "¿Y cómo no? Ese enano gordinflón le estuvo coqueteando a Tio todo el tiempo. Confieso que el taponcete tiene valor para tratar de conquistar a una ogresa." – Rió, meneando la cabeza. – "Es decir, Manako es nuestra rompe corazones habitual, así que fue una inesperada sorpresa que ese orangután pigmeo no parara de elogiar a la rubia. A de ser un complejo de chaparros, ya sabes cómo son todos en la región Kansai."
– "Hey, también soy de ahí. No somos tan malos." – Declaró la reptil. – "Mi familia será mitad brasileña pero me crié en Osaka. Ya es difícil crecer en una nación donde te sientes una extranjera a pesar de haber nacido en el país, especialmente siendo liminal. No me haga sentir mal, ¿quiere, agente?"
Ah, puedo comprenderla. De hecho, ese es el sentimiento principal de toda inmigrante extraespecie al llegar aquí. Hemos tenido suerte de que Saitama y varias partes de Tokio sean de las regiones más tolerantes, pero ignoro como sea la situación en el resto. Y ahora sabemos que la gecko es de ascendencia brasileira; Bueno, eso explica que sea tan buena persona y que esté caderona. Es normal que las mujeres reptilianas tengan pelvis anchas para equilibrar su cola, pero la de Mei era particularmente notoria, quizás magnificada por su pequeña estatura y porque el resto de su cuerpo tampoco estaba mal. ¡Agh, demonios! ¡Deja de saborearte con la mirada a la oficial, Jaëgersturm! ¡Eres una profesional ahora! ¡Carne tienes en casa!
– "Vale, vale, no te molestes, Silica. No quería ofenderte." – La apaciguó Zombina. – "No sabía que vinieras de Osaka. Digo, no tienes el acento tan famoso de allá. Espera, ¿eres de Brasil?"
– "Mi padre es japonés, pero conoció a mamá en Recife. Luego emigraron aquí hace veinte años." – Contestó la ojizarca. – "No fue fácil ser una liminal en la gran urbe, pero tanto mis progenitores como mis tíos me dieron todo su apoyo. Los paternos son originarios de Tama, así que el dialecto es prácticamente similar al tokiota."
– "Ya veo. Creo que he pasado demasiado tiempo con estas novatas, se les nota el origen apenas abren la boca." – Rió la heterocromática. – "Demonios, sólo mira a Potato, se viste como si fuera a marchar en los congresos de Núremberg. Y luego dicen que odian los estereotipos."
– "¡Que así nos vestimos en Sparassus! ¡Es la cultura!" – Protesté. – "¡¿Por qué siempre…?! ¡Bah! Al diablo con todo, piensen lo que quieran."
– "Si le damos material al mundo, lo usarán en nuestra contra, agente." – Mencionó la gecko pelirroja, dándole unos golpecitos al motor. – "No se imagina las veces que me ha llamado 'Chica Samba'. Rayos, a la Caravan le dicen 'Carnaval' cuando la conduzco. Pero una aprende a ignorar las provocaciones y amar sus raíces culturales."
– "Precisamente, chica." – Acotó la teniente y me rodeó con su brazo. – "Relájate, Aria, que esto es puro cachondeo. Sabes que te respeto, amiga."
– "¿Entonces podrías darme otro apodo?" – Cuestioné.
– "No."
– "¡Aaagh!"
– "¡Muito legal!" – Exclamó de repente Silica, con un pulgar arriba. – "Creo que ya quedó. ¿Por qué no lo intenta ahora, agente?"
Zoe se subió al asiento del conductor y mágicamente el transporte, igual que la zombi, volvió de la muerte para rugir sonoramente. La poiquiloterma recibió nuestras ovaciones, haciéndola sonrojarse ligeramente. Cerrando el cofre, ella y la heterocromática se dieron la mano.
– "Sí que eres buena, lagartija. Esos chimpancés de la agencia nos hubieran extorsionado la mitad del salario por menos que eso." – La felicitó la muerta viviente. – "¿No has pensado en transferirte a nuestra estación? En verdad que nos hace falta alguien como tú."
– "Le agradezco el halago, colega, pero no hice gran cosa." – Replicó la aludida, limpiando su llave mecánica con un trapo. – "Con esto debería bastar hasta alcanzar su destino, pero el motor está más que acabado. El distribuidor no les dará otra oportunidad, así que no cese la marcha, sin contar que la batería se jubilará en cualquier momento. Lo único rescatable es el alternador, pero ya muestra demasiadas marcas de óxido en los contactos. Y con lo golpeado que está el resto, me temo que definitivamente necesitarán una nueva unidad."
– "Bueno, al menos podremos retirar con honores a este cacharro. Eso significa arrojarlo al cementerio de chatarra más cercano." – Aseguró. – "De todas maneras, tienes talento, Mei."
– "Nah, sólo soy una aficionada." – Disintió sonriendo. – "Mi tío Ryuu era un verdadero erudito, podría componer un avión con sólo cinta adhesiva y goma de mascar. Aprendí todo de él, ayudándolo con su antigua motocicleta Yamaha XS650 y después, cuando tuvo que venderla para costear el nacimiento de mi prima, un Mitsubishi Diamante de segunda mano. Así, poco a poco fui entendiendo la magia del carburador, las bujías, el combustible y el aceite. Je, me sentí toda una ingeniera de la NASA la primera vez que cambié la batería del coche yo solita y le dije a mi papá que un día construiría uno propio. Extraño esos tiempos tan inocentes."
– "Yo sería la mejor pianista del mundo." – Injirió Dyne. Todas nos sorprendimos por su repentino despliegue de honestidad. – "Pero la realidad siempre se encarga de terminar con tales sueños infantiles, abriéndonos los ojos."
– "En eso concuerdo con usted, agente Nikos." – Respondió suspirando la ojizarca. – "Bien, estoy segura que deben tener un día ocupado y creo que ya debería retirarme para no quitarles más su tiempo. Fue un placer charlas con ustedes, chicas."
– "De acuerdo, nos vemos, lagartija." – Bina agitó su mano. – "Y no olvides nuestra oferta. No pagamos mejor y a veces sólo la mitad, pero al menos nos importas."
– "La consideraré, compañera. ¡Tchau!"
Despidiéndonos de la brasileña, esta abordó su vehículo e hizo un saludo marcial, contestando nosotras de la misma manera. La zombi nos instó a abordar rápidamente la furgoneta, puesto que el motor no duraría mucho y como no debía detenerse, la gasolina habría que ser conservada. Subiéndonos, la pelirroja aceleró y, aunque en esta ocasión podría justificarse, volvió a arremeter contra la integridad física de los transeúntes. Que no usara el claxon por temor a quemar la batería era entendible, pero ignoraba porque forzar la máquina a tan endemoniadas velocidades, especialmente después de casi arrollar a medio distrito central a ciento sesenta kilómetros por hora, si es que el velocímetro no se había descompuesto también. Me alegro que no tengamos nekomatas en nuestro equipo o nos acusarían de genocidio por tantos gatitos que atropellamos en el camino. También nos aseguramos de que un grupo de patos se volvieran decoración permanente del pavimento, así no nos inculparían de discriminación.
Con Tique dándonos un pequeño destello de suerte, el transporte se detuvo a sólo una cuadra antes de arribar a la estación central y mi Mudmaster indicaba que aún contábamos con cinco minutos para llegar a tiempo. No es que tuviéramos una misión importante, pero en mi patria me enseñaron a que la puntualidad era importante para dejar una excelente primera impresión. La rapaz pudo haberse adelantado con su capacidad para volar, pero estábamos juntas en esto y no pensaba abandonarnos. Raudamente nos abrimos paso por las calles y el tráfico, irónicamente rompiendo las leyes para poder ejercerlas. Una vez que alcanzamos las puertas principales, tuvimos que sortear el mar de gente que si bien nos miraron un par de segundos, regresaron a sus azaradas actividades cotidianas al instante. Vivir de prisa se volvería costumbre, al parecer.
Entre más nos acercábamos a la oficina de la capitana, más nerviosa me hallaba. Gracioso; Nunca imaginé que acabaría sudando y con el corazón acelerado por tratar de complacer a Smith, pero aquí estaba yo, rezando porque el llegar ocho minutos tarde no significara que pusimos en jaque alguna operación importante. O que tuvo que postergar la hora de su café por esperarnos, lo cual sería peor para todas. Sin embargo, en lugar de una iracunda Kuroko, lo que encontramos al abrir la puerta de su despacho fue a la coordinadora pelinegra junto a la doppelgänger atendiendo a un par de sujetos en formales atuendos oscuros, ostentando revólveres S&W Combat Magnum en sus fundas. No eran armas de servicio común, así que no debían ser simples policías. Las cuatro esperamos a que la líder se desatendiera de los hombres, aguardando cerca de la entrada en silencio y permitiendo al aire acondicionado refrescarnos el sudor.
– "Entiendo, detective. Sí, podría estar relacionado con este asunto de los terroristas." – Dijo la mujer de oscuras gafas, revisando unos papeles en sus manos. – "Lo discutiré con los altos mandos primero, pero sin duda lo investigaremos a la brevedad posible. Muchas gracias, Marco."
– "Comprendo, gracias a ti por tu tiempo, Kuroko." – El aludido, de cabello rubio y facciones occidentales, le dio la mano. – "Ojalá nuestra evidencia les sirva para dar con algo y detener a esos malnacidos. Doppel, siempre es un placer. Nos retiramos; Vamos, Aki."
Ambos hombres hicieron una reverencia y se encaminaron a la salida, inclinando ligeramente la cabeza al pasar junto a la teniente, quien imitó el gesto. Con ellos fuera, la coordinadora volvió a sentarse, recorriendo las hojas de papel mientras la cambiaformas escuchaba una grabadora de voz portátil, con la bocina pegada a su oreja. La pelinegra hizo un ademán y la pelirroja tomó asiento, siéndole facilitada la mitad del reporte. Pasaron unos minutos entre sonidos de ligera sorpresa y conjetura antes de que la capitana tomara la palabra.
– "¿Qué dicen, diamantes? ¿Creen que nuestro testigo esté diciendo la verdad?"
– "Es una historia más o menos convincente, Capi." – Opinó la muerta viviente, devolviendo los papeles a la primera. – "Diría que es demasiada coincidencia hallarse en medio de un tiroteo y sobrevivir a tan tremendo incendio huyendo en un transporte del enemigo, pero sería ignorar las hazañas de nuestras propias reclutas."
– "Aún así, mucho de esto no cuadra." – Habló la abismal, parando la reproducción de la grabadora. – "El área industrial se halla demasiado alejada de la ciudad, no hay nada de interés para cualquiera excepto material para construcción y esa zona ha estado perfectamente libre de actividad criminal desde hace años. No encuentro razón para que un simple geólogo con muestras de rocas anduviera vagando por ahí, incluso si deseaba perder a los supuestos malhechores que le perseguían… A menos que su maletín contuviera gemas y demás piedras preciosas, en ese caso, deberemos investigarlo por contrabando."
– "Sin contar que el reporte preliminar de los forenses indica que de todas las armas halladas, se toparon con una Avtomat Kalashnikova genuina entre los restos. Las llamas eliminaron todo rastro de huellas dactilares, pero era la única en su tipo." – Informó la heterocromática, cruzada de brazos. – "Encontramos algunas SCAR-H, G36 e incluso una XM8 en los restos, todos artilugios del siglo veintiuno. Ahora, supongamos que uno de los bandos obviamente contaba con mejores recursos para conseguir armamento moderno, pero el que esa AK-47 sea la única discrepancia entre la marea de herramientas contemporáneas no debe pasarse por alto, especialmente si es auténtica de fabricación soviética. La mayoría de las células criminales siempre usan Type 56 chinas porque son más baratas."
– "Podría ser un objeto de valor sentimental, propiedad de alguno de los lideres." – Acotó Smith, girando un bolígrafo con sus dedos. – "Tú misma tienes una Kalashnikov en tus posesiones, Zoe."
– "Lo sé, pero no deja de ser sospechoso." – Reiteró la aludida. – "Y pregúntese, ¿no es extraño que hayan encontrado únicamente proyectiles de 7.62x39 milímetros, usados exclusivamente por el fusil ruso, en todos los cadáveres? Me cuesta creer que en medio de la tormenta de plomo, ninguna de las otras armas impactara a los involucrados. La sola excepción fueron dos cuerpos con restos de balas .50 AE en el cráneo, pero eso hace aún más anormal este asunto."
– "Tal vez no era la única arma rusa presente."
– "¿Qué me dices del maletín hallado a las afueras del lugar? La gomaespuma del interior tenía exactamente la silueta del fusil y sus cargadores." – La pelirroja continuó indagando. – "Aún falta confirmar la procedencia de las huellas dactilares, pero te aseguro que esa maleta no es algo que se cargue todos los días, alguien la llevó especialmente para esa ocasión. Tal evidencia no miente."
– "Y por esa razón te recuerdo que debió ser alguna especie de mensaje por parte de algunos de los miembros. Quizás alguno de ellos perdió a un amigo con esa misma arma y deseaban regresar el favor."
– "Aquí hay gato encerrado, Kuroko." – Aseveró la doppelgänger, asentando su dedo sobre el escritorio. – "Deberíamos interrogar personalmente a nuestro 'amigo' geólogo inmediatamente. Si me dejas un par de minutos con él, puedo persuadirlo de soltar toda la sopa de lo que en verdad conoce."
– "Eso le destruiría la mente, Doppel, y lo sabes." – La pelinegra alzó la mano en señal de alto. – "Tranquila, ya trataremos con él a su debido tiempo; Por mientras, quiero que tú y Bina saquen copias al informe y las distribuyan a Manako y Tionishia, incluyendo la grabación. Vamos, diamantes, Honorem et Gloriam."
Suspirando y haciendo un gesto militar, ambas liminales se retiraron del lugar con documentos en mano. La mandamás prosiguió revisando más papeles y tecleó algunas cosas en su ordenador portátil por varios minutos sin decir nada. Nosotras nos manteníamos expectantes a que ella nos alumbrara un poco respecto a la situación, pero ni siquiera parecía notar nuestra presencia. Nos miramos las unas a las otras, sin saber cómo reaccionar.
– "¿Sargento Nikos?" – Cuestionó repentinamente la coordinadora, alzando la mirada.
– "D-diga, Jerarca." – La mencionada respondió nerviosa, adoptando postura firme.
– "¿Qué carajos hacen tú y tu equipo paradas en ese lugar?" – Expresó la pelinegra, apuntando hacia la parte delantera de su escritorio. – "Frente a mí en posición de atención. Yo les dirijo la palabra a agentes, no maniquíes. Y Jaëgersturm, quítate la gorra cuando estés en interiores."
– "Lo sentimos, Jerarca." – La empusa se apresuró a obedecer y la emulamos. Me deshice de mi tocado. – "¿Cuáles son sus mandatos?"
– "Escuchar su opinión, son parte del equipo después de todo. Ya lo oyeron, ¿qué dicen al respecto?"
– "Sinceramente, no sabemos mucho de que se trataba la discusión anterior, Hauptmann." – Repliqué. – "Pero debo admitir que estoy impresionada con la capacidad deductiva de MON para analizar y formular tan convincentes conjeturas únicamente con datos escritos."
– "Así es este trabajo, Jaëgersturm." – Smith tomó su fiel taza de café en sus manos. – "Quizás algún día seas igual, si es que sobrevives para ese entonces."
– "Entonces, ¿Cuál era la situación que examinaban, Chief?" – Preguntó la estadounidense.
– "Aparentemente hubo un enfrentamiento armado entre grupos delictivos rivales en una fábrica de calzado abandonada, una de ellas parecía estar compuesta de liminales, y en el ajetreo terminaron incendiando por completo el lugar." – Explicó. – "Nuestro único testigo, si los informes de los detectives de la División de Investigación del Crimen Organizado son confiables, es un desafortunado geólogo y profesor de la Universidad de Asaka que quedó atrapado en medio del conflicto y sufrió graves heridas. Cómo demonios sobrevivió a todo eso, no tengo idea, pero lo mismo podría decirse de ustedes, novatas. En cualquier caso, todo apunta a que MON deberá verse involucrado en el embrollo."
– "¿Nosotras también participaremos, Jerarca?" – Interrogó Dyne.
– "Si bien las entrenamos precisamente para incidentes como este, me temo que todavía están demasiado verdes para eso, sargento." – Disintió con la cabeza. – "No, en este caso deberemos cooperar con el SAT en una operación conjunta. Ellos se encargan del bando humano y nosotras de la extraespecie. Será como en los viejos tiempos."
– "Entendido, Jerarca." – Suspiró la mantis. – "Comprendo sus razones, aunque me siento algo decepcionada."
– "Ah, el entusiasmo de los novatos." – Rió ligeramente. – "Recuerdo cuando yo no era más que una aprendiz de policía, ilusionada por recibir mi placa y comenzar a arrestar delincuentes. Ojalá mantengan esas energías una vez obtengan su bautismo de fuego en una misión real. En todo caso, si bien no pueden ser parte de la operación anterior, les tengo una tarea igual de importante; ¿Están listas, granates?"
– "Sí, capitana, estamos listas." – Respondimos al unísono.
– "No las escucho…"
– "¡Sí, capitana, estamos listas!" – Exclamamos.
Kuroko, con pétrea expresión y juntando sus manos, se dio la vuelta en su silla giratoria, admirando el paisaje urbano a través del impoluto vidrio de la ventana de su oficina. Una lenta nube cubrió al sol, otorgando a la sala un dramático aspecto mientras la coordinadora seguía hablando.
– "Bien, porque nos encontramos en una emergencia de prioridad máxima." – Declaró con seriedad. – "Debido a los recientes percances y recortes presupuestales, nos hemos visto en la necesidad de hacer pequeños sacrificios para poder realizar nuestra labor sin que el factor económico se interponga en el camino de la ley y el orden. No ha sido fácil, pero nuestra voluntad es mayor que los constantes obstáculos que la vida osa imponernos.
Sin embargo, a pesar de nuestra incesante dedicación a preservar el delicado equilibrio entre el capital y el deber, me temo que debido a los recursos empleados en su intensivo adiestramiento y los conflictos de reciente aparición, el panorama ha desembocado en una tesitura que ha mermado uno de nuestros componentes más esenciales para el eficaz desempeño de nuestra tarea principal. Las reservas de tan crucial elemento han escaseado hasta el punto de racionarlas meticulosamente, pues debo admitir que nuestra subsistencia depende de ello. Desgraciadamente, la merma dio paso a exigüidad absoluta y corremos el riesgo de no poder continuar con la noble misión de salvaguardar la paz sin su presencia.
Entonces, es mi deber, mis apreciadas novatas de Monster Ops: Extermination, quienes me enorgullecieron tanto al resultar victoriosas en sus arduos entrenamientos, demostrando su abnegado compromiso con nuestros más profundos ideales, el encargarles la gigantesca responsabilidad de llevar a cabo tan trascendental cometido, pues confío en que sus excepcionales habilidades serán de vital importancia para cumplirlo impecablemente. Díganme, agentes de MOE, ¿están dispuestas a aceptar tan significativo compromiso en aras, no sólo de la justicia, sino de la libertad misma?"
Las tres respondimos con un gesto de lealtad de manera diferente; Yo con mi clásico golpe de pecho, Cetania con un saludo militar y Dyne con el brazo extendido y el antebrazo alzando su puño cerrado. Sea cual sea la misión, la ejecutaríamos con valor, fuerza y brío. La capitana, girándose y observándonos, se retiró las gafas y sonrió.
– "Muy bien, equipo. Sabía que hice la elección correcta con ustedes." – Ella metió su mano en el saco de su elegante traje y reveló un billete de 5,000 yenes. – "¿Podrían comprar café? Se me acabó."
Ahí fue cuando recordé que aún deseaba matar a Smith. Casi nos caemos al suelo después de oír eso mientras ella continuaba con su sonrisa y el brazo extendido.
– "¡Hauptmann! ¡¿Nos está tomando el pelo?!" – Vociferé, recuperando la compostura. – "¡Dígame que es una broma, por favor!"
– "No es ningún chiste, Aria, en verdad se nos gastó el café en la estación." – La pelinegra hizo mueca de tristeza. – "Incluso la máquina que servía esa horrible mezcla barata se ha quedado seca. Requiero un reabastecimiento inmediato."
– "Chief, entiendo que adore su cafeína, ¿pero en verdad nos necesita para ello?" – Cuestionó la castaña. – "¿No podría hacerlo usted misma o alguna de sus subordinadas?"
– "Lo siento, Cetania, pero como acabas de ver, tenemos demasiado trabajo en las manos." – Agitó los papeles. – "Ustedes habrán disfrutado de un día libre en completa paz, conviviendo con sus seres queridos y recibiendo lindos relojes, aretes de moda o celebrando por sí mismas al comprarse un tiburón de peluche junto a un paquete de brownies marca Sara Lee en el Fureai Shōtengai."
– "¿C-cómo lo…?" – Tartamudeó la helénica.
– "No interrumpas, Nikos." – Ordenó la mandamás. – "Como decía, he estado trabajando sin cesar desde ayer, ya sea protegiendo las identidades de algunos caseros que resultaron no ser tan santos como creíamos..." – Ante esto, ella fijó su mirada en mí, yo silbé inocentemente. – "O tramitando el resto de sus identificaciones para que puedan desempeñarse plenamente como protectoras de la ley; Y todo eso sin una sola gota de tan divino brebaje. No tengo en casa, aquí estamos más secos que el Sahara y ahora nos salen con esta tontería de la fábrica en llamas. ¡Llevo casi cuarenta y ocho horas esclavizándome sin mi gloriosa cafeína! Mi deber con la justicia es enorme, pero ni el más imparable ejército puede continuar la lucha sin raciones para alimentar su subsistencia. Así que ahora, y me importa un bledo si les agrada o no, ustedes se encargarán de aprovisionarme para salir de tan seria encrucijada, yendo al centro comercial más cercano y comprando el más delicioso, refinado y apoteósico café que este cochino mundo haya conocido en toda su miserable existencia. Nada de las porquerías baratas del Stertbooks ni esas blasfemias líquidas de las máquinas expendedoras, exijo únicamente auténticos granos de Coffea arabica sin adulterar, ya sean criados en el continente africano nativo o Sudamérica; ¡¿Entendido, novatas?!"
– "¡Sí, señora!" – Contestamos sincronizadas.
– "Bien." – Se colocó los lentes de sol y volvió a sentarse. – "De prisa, niñas."
– "Erm… Disculpe, Hauptmann…" – Alcé tímidamente la mano. – "¿Pero cuál desea en específico? ¿Alguna marca o variedad en particular? ¿Al menos puede decirnos donde comenzar la búsqueda?"
– "Eso es parte del reto, cabo. Deberán confiar en su juicio, así como yo he decidido hacerlo." – Aseveró Smith, revisando su teléfono. – "Tomar tal clase de decisiones sin información previa será común en su vida diaria, acostúmbrense. Y recuerden, gasten únicamente en el café; Cualquier consumición extra será multiplicada por diez y descontada directamente de su salario. ¡¿Y bien?! ¡¿Qué esperan?! ¡Muevan el culo, granates!"
Asintiendo con vehemencia, la griega tomó el papel moneda y partimos en busca del santo grial derivado de cafetos para la líder de MON. Como le hace ella para sonar tan seria con tan absurdas proposiciones, es un misterio; Lo peor, ¿por qué logra convencernos de aceptar? Pero ignorando la destreza autoritaria de nuestra excéntrica superior, al menos ya teníamos algo en que enfocarnos y lo mejor: No salió de nuestro bolsillo. Abriéndonos paso nuevamente por ese conglomerado de personas, muchas de ellas también murmurando sobre la falta de tan popular brebaje, la sargento decidió que el mejor lugar para hallar el objetivo sería el Andariel's World Emporium, uno de las mayores cadenas de tiendas de autoservicio. Sólo había un pequeño problema: Aquel sitio se encontraba demasiado lejos, no podíamos usar el capital en transporte y dado que la ruta de los autobuses gratuitos no estaba disponible en la zona, únicamente podríamos trasladarnos a pie.
– "¿Por qué mejor no vamos al Tama-Foxxo de ahí?" – Sugerí, apuntando a un minimercado a los lejos. – "Tienen una gran selección de productos y saldría más barato."
– "Nah, venden puras chorradas de tercer mundo, flaca. Capaz y le infecte los riñones a la jefa." – Desestimó la halcón. – "Además, tienen como ocho empleados pero sólo dos cajas, las cuales nunca funcionan al mismo tiempo. La última vez me compré una tarjetita para el Spotify que ya había sido activada y me pasé como media hora discutiendo para que al final me dieran únicamente un frappé aguado como compensación."
– "No intentes tomar atajos, Potato, iremos a Andariel's y punto final." – Dijo la mediterránea, emprendiendo camino. – "Apresurémonos, ¿quieren?"
– "Ugh, en verdad suena horrible ese mote." – Renegué con un bufido.
– "Podría volar hasta allá y traerlo en un santiamén, Sarge." – Informó la falconiforme, siguiéndola con las alas en la nuca. – "Sé dónde queda, no tardaré."
– "¿Conoces de café, Peaches?" – Cuestionó la nativa de Lesbos, sin voltear ver. – "¿Tienes algún criterio respecto a la materia que pudiera auxiliarnos en la causa?"
– "Uhm, creo que no. No me gusta." – Respondió la mencionada, encogiendo los hombros. – "¿Tú sí… Pepper?"
– "Antes de ascender el escalafón en la Guardia Costera y volverme una subteniente, comencé como una simple asistente del capitán Arkantos. Entre mis obligaciones, además de lidiar con la distribución de sus reportes a sus superiores y demás materias burocráticas, era la preparación de alimentos para ayudarle a sobrellevar las largas horas de hastío administrativo, incluida la de tal oscura bebida."
– "Je, ¿Acaso eras su sirvienta, Dyne?" – Rió la rapaz. – "Dime que también te vestías como en esos maid-cafe."
– "Oye, ser asistente del capitán no está mal, pajarita." – Tercié yo. – "Generalmente se debe ser un oficial también para obtener tal puesto, es un privilegio que te asignen la tarea con un rango menor."
– "¿Te sientes bien, flaca? Ahora empiezas a defender a la princesa de hielo."
– "Honor militar, emplumada. Nikos conoce el orgullo de ser soldado y es mi deber apoyarla."
– "Te lo agradezco, Jaëgersturm." – Dijo la chica de ojos verdes, viéndome de reojo. – "Pero sigues siendo una triste patata."
– "Y tú una gruñona virginal, grillo engreído." – Le saqué la lengua. – "Eso me gano por querer ser solidaria con un chile verde antipático..."
– "Ah, definitivamente…" – La americana estiró su cuerpo. – "Hoy será un largo día."
Intercambiamos un par de mordaces comentarios en el trayecto hasta arribar al supermercado. Con un área de más de 25,000 metros cuadrados y tres pisos, el edifico era un imponente titán arquitectónico. Las imágenes de una carismática sirena (que me recordaron mucho a Mero, debo confesar; Quizás era lo rosado de su cabello) decoraban los carteles tanto en el exterior como adentro, rayando casi en culto a la personalidad, que instaban a aprovechar las ofertas en sus diversos departamentos. No sé si Smith haya exagerado sobre la precaria situación económica, porque el sitio estaba que bullía de gente y las filas parecían no tener fin. Pero no había tiempo que perder prestando atención al océano (je, bastante adecuado) de personas cargando bolsas y cajas varias o los anuncios en los altavoces reafirmando su compromiso con el buen servicio, los bajos precios y el dominio universal. Esperen, ¿qué fue eso último?
– "¡Hey, Blondie, I guess I found the damn coffee!" – La arpía llamó mi atención desde el otro extremo del pasillo. – "Mira, con cincuenta por ciento de descuento y un boleto para la rifa de una plancha."
– "Suena tentador, ¿vas a poner en práctica lo que las gemelas Yamato nos enseñaron, duraznito?" – Pregunté al acercarme. – "¿No quemarás tus calzones?"
– "Muy graciosa, patas de alambre. De hecho, y aunque no lo creas, ayudo a Yuuko a desarrugar la ropa. ¿Mamá Pitufo sabe siquiera eso o sigue desgarrando tus pantis en la lavadora?"
– "Cerea le enseñó correctamente y ahora se encarga de sus propios atuendos. Mi azulita es una toda savant hogareña, pajarraca."
– "Uy, la enana ya sabe lavar ropa. Detengan las prensas, que encontramos al ama de casa del siglo." – Replicó con sarcasmo. – "Puedo enfrentarme a un grupo de sujetos armados y no dices nada, pero esa decapitada agrega detergente a sus trapos viejos y tú eres la que pierde la cabeza. No te entiendo, flaca."
– "Yo únicamente la defiendo, tú eres quien la trajo en la conversación."
– "Bleh, es sólo que sigo pensando en la fiesta de Mio. Ya falta poco y aún no hacemos nada, y sabes lo importante que es."
– "Tranquila, linda, que todo saldrá bien. Tampoco es que necesitemos prepararlo todo días antes; Y con Lala en nuestras filas, tendremos las vituallas listas en poco tiempo."
– "Sí, creo que debo conceder que esa loca añil sabe hacer su trabajo." – Suspiró. – "Yuuko también está haciendo su parte, ¿sabes? No sólo con preparar el pastel, sino también en convencer a Mio de que no labore ese día y la lleve a algún lugar para distraerla mientras nosotras disponemos la sorpresa."
– "¿No sospechará Mio de algo tan obvio como entretenerla en su cumpleaños?"
– "Ah, mi hospedadora tiene algunos trucos bajo la manga que ni ella misma se conocía." – Guiñó. – "Sólo espero que la cantidad de invitados no sea otro problema. ¿A cuántos ya tenemos en la lista?"
– "Veamos, contando a Yuuko, a ti…" – Enumeré. – "A mí y Lala, también están el resto del hogar Kurusu, más la mantis cascarrabias; Doce en total. ¿No has invitado a nadie más?"
– "Bueno, por un momento me imaginé que MON se uniera, pero creo que ya sería demasiado. Será lo mejor para la pobre Aizawa. ¿Recuerdas como Smith agotó las reservas de cerveza esa noche?"
– "Y Bina y Sandy tampoco se quedaron atrás." – Reí tenuemente. – "¿Te imaginas te terminen ebrias hasta las calcetas y se desplomen sobre el pastel?"
Sin contar que si las anécdotas de Kimihito son testimonios válidos, las reservas alimenticias peligrarían a niveles de hambruna mundial con la insólita capacidad del grupo de élite para devorar los platillos. Me sorprende que el muchacho pudiera hacerlo todo por él mismo antes de que la dullahan y la lamia se le unieran en la cocina.
– "Hey, deberíamos sugerirle a la doctora que salga del pastel haciendo un strip-tease, para ver la reacción estupefacta de todos." – Bromeó la halcón. – "La negra aceptaría al instante."
– "En verdad que pensamos exactamente igual, plumífera." – Ambas reímos más fuerte. – "¿Y si convencemos a Yuuko de hacerlo?"
– "Se lo propuse ayer, mientras le ayudaba en la cena. Su respuesta fue golpearme la frente con el cucharón y no darme nuggets de pollo con forma de dinosaurios. Y con lo que me esmeré preparando la salsa barbecue para acompañarlos." – Meneó la cabeza. – "En todo caso, confío en que será una fiesta inolvidable. ¿Ya compraron presente?"
– "Ya te obsequié el permiso de gozar de los talentos culinarios innatos de mi amada irlandesa, ¿no te basta con tan exorbitante honor?"
– "Entonces nuestro regalo será una infección estomacal, bravo." – Giró los ojos. – "Hablo en serio, flaquita. Espera, ni siquiera se te había ocurrido, ¿verdad?"
– "Oh, perdone, agente. Había olvidado que una ofrenda física para la pareja sentimental de la señorita Honda era más importante que mi propia vida. No irá a arrestarme, ¿O sí?" – Me crucé de brazos. – "Joder, Süsse; Hemos estado ocupadas literalmente esquivando balas y tú preocupada por qué cosa voy a obsequiarle a Mio. Ya pensaré en algo, ¿sí? No seas tan desesperada."
– "Aria, yo fui quien aconsejó a Yuuko de llevar a cabo la reunión. Ella pensaba simplemente en pasar el día con su novia, pero la persuadí de hacerlo en grande." – Aseveró. – "Esta fue mi idea, mi manera de agradecerle todo lo que ha hecho por esta yanqui fastidiosa, y quiero que salga lo mejor posible, ¿entiendes?"
– "Vale, lo capto, Cetania, no te angusties." – La abracé suavemente. – "Ya, ya, preciosa. Te prometo que le llevaré algo bonito, ¿de acuerdo? ¿Cómo qué se te ocurre que podría agradarle?"
– "Podrías empezar con tu reloj, Potato." – Dijo una mediterránea voz detrás de nosotras.
Nos volteamos y encontramos a Dyne, con su estoica expresión seria y un peluche de pulpo bastante realista y llamativo en sus manos.
– "¿Dónde te habías metido, niña pimienta?" – Cuestionó la castaña.
– "Eso podría preguntarles a ustedes dos, par de bobas. ¿Qué hacen aquí?"
– "Consíguete unos anteojos telescópicos, saltamontes malhumorado…" – Repliqué, apuntando hacia los estantes alrededor nuestro. – "Porque si aún no te has dado cuenta, cegatona, estamos comprando el maldito café."
– "Entonces tus seis ojos deben ser más inútiles que tu cerebro, araña estúpida, porque esta sección es la de café sin moler." – La pelinegra tomó una bolsa y la acercó a mi rostro, apuntando a la etiqueta. – "Granos enteros, retrasada mental, métetelo por el culo si es necesario. ¿Acaso esperas que la Jerarca se ponga a triturar los granos en su oficina, alemana zopenca? Después vas a querer llevarle las plantas para que las siembre junto al escritorio, pedazo de idiota."
– "¡De acuerdo, no me había fijado!" – Exclamé. – "Lo lamento. No soy una experta en cafeína, no la consumo. Cesa tu cabreo y dame un respiro, ¿de acuerdo?"
– "Lo haré cuando dejes de ser tan imbécil. Agh, y pensar que deberás cubrirme la espalda en combate." – La griega disintió y depositó el empaque en su lugar. – "Por aquí, taradas; Su sargento va enseñarles como no seguir decepcionando a la existencia misma. ¡De prisa!"
La helénica se trasladó al siguiente sector, mascullando más insultos y nosotras, suspirando la seguimos. Entiendo que parezca absurdo que cometiéramos un error tan garrafal fácilmente evitable con sólo leer, pero me declaro una absoluta neófita en cuanto a la preparación de tal bebida. Las arachnes seremos famosas por embriagarnos con el café como si fuera alcohol, pero nunca he probado una gota de tal mejunje en mi vida y no estoy interesada en consumirla. Al menos la americana me acompañaba en el sentimiento. Dándonos la vuelta, hallamos otro pasillo repleto de diversas marcas y presentaciones de café, desde bolsitas pequeñas hasta sacos tamaño industrial. Nuevamente, me sentía perdida entre los diferentes términos y logos que clamaban ser la mejor la opción para el comprador.
– "Este." – Declaró la empusa, entregándonos un empaque metalizado de áureos tonos. – "CVFY Supreme; Orgánico, brasileño, grano arábigo suave tostado y molido de manera profesional, sabor fuerte y sin adulterar."
– "Sorprendente, espartana." – La falconiforme silbó. – "¿Crees que le guste a la jefa?"
– "Por supuesto. Es el mismo que el capitán Arkantos tomaba." – Aseguró. – "Y si has notado los envoltorios vacíos a lados de la cafetera que la capitana posee en su oficina, te darás cuenta que ella gusta de consumir producto sudamericano de calidad."
– "De acuerdo, me convenciste, pimientito." – Asentí. – "¡Pero por el arco de Artemisa! ¡¿Cinco mil yenes por únicamente dos kilos de miserable café?! ¡¿Está preparado con el oro prehispánico de los nativos o algo así?!"
– "Es el precio a pagar por la excelente calidad, mensa." – Me arrebató la bolsa. – "¿Y quién eres para quejarte del coste, en primer lugar? Cargas con una fortuna en la muñeca como si nada."
– "¿De qué hablas?"
– "No tienes ni idea, ¿cierto, garrapata subnormal?" – Rió sardónicamente. – "¡Tu Casio Mudmaster, papanatas! ¡Ese reloj cuesta nada menos que setenta mil yenes!"
– "Espera, ¡¿Qué?!"
– "Como lo oíste, zoquete."
– "¿Cómo sabes eso?"
– "Era el mismo que el comandante Papagos vestía en la fuerza." – Reveló la lesbia, enseñando el que ella poseía. – "Gulfmaster, veintidós mil morlacos, mi recompensa por años de servicio en la Guardia Costera. Me gustan los relojes buenos, así que al menos aprecia el tuyo, necia."
– "¡Joder, flaca! ¡Y reclamas que no tienes dinero para pagar un celular decente!" – Dijo la arpía. – "¿De dónde sacas tanta plata?"
– "¡Fue un regalo de graduación!" – Contesté, cubriendo el reloj. – "¡Meroune es de recursos y me lo obsequió junto con Cerea, ¿de acuerdo?! ¡No sabía que era tan valioso!"
– "Tu nunca sabes nada, borrica de ocho patas." – La pelinegra bufó y se encaminó a la salida. – "Muévanse, cabos, ya perdimos demasiado tiempo."
Mientras la sargento se alejaba, yo exhalé y miré nuevamente el aparato que Lorelei y Shianus me donaron amablemente. Sabía que lucía fino y que su valor era cuantioso, pero no imaginaba que un pequeño pedazo de plástico poseyera el mismo elevado importe de mi uniforme de las SturmSchütze. Bien, por lo menos significa que la centáuride y la sirena me aprecian lo suficiente para desembolsar setenta de los grandes para esta torpe arachne. Sacudiendo mi sesera para evitar seguir pensando en tal gasto, seguimos a la chica de ojos verdes e hicimos cola para pagar la compra. Por suerte era la caja rápida y tardamos unos pocos minutos formadas, con mi tamaño ocupando casi toda la sección a pesar de estar adaptada para liminales. Salimos del lugar y un grupo de mujeres con pelucas rosadas nos entregaron volantes de la tienda y tickets de promoción.
– "¡Gracias por comprar en Andariel's!" – Exclamó con entusiasmo una de ellas. – "¡Vuelvan pronto! ¡La Gran Sirena es el camino hacia la luz! ¡Ofertas de locura todos los días!"
– "Mira, flaca, en la compra de leche de minotauro Amanda Gold, recibe un boleto para el sorteo de una sala de muebles Troncazo." – Informó la arpía. – "Alpiste para aves Akiyama de dos kilos a cincuenta por ciento de descuento y te llevas una lata comida para gatos de quince onzas Kamiya Chow de regalo."
– "¿Para qué tendrías gatos de mascota si ya tienes pájaros?" – Pregunté, leyendo los anuncios. – "¿No se los comerían?"
– "¿Por qué te vistes como Nazi, si niegas ser una, Potato?" – Retrucó Nikos, al frente y con la bolsa en sus brazos. – "No cuestiones la lógica detrás de tales decisiones corporativas, araña."
– "Juro que un día practicaré los experimentos de Josef Mengele contigo, grillo fastidioso." – Deposité un volante en la basura. – "¿Y de dónde sacaste ese maldito pulpo? ¿Se lo quitaste a un niño después de asustarlo con esa cara de pepino amargado que te cargas?"
– "Lo obtienes por juntar veinte puntos de compra. No es la primera vez que vengo aquí."
– "Es verdad, flaquita, aquí lo dice." – La rapaz mostró un panfleto. – "También habían juegos de vajillas, un aparato para masajes portátil, etcétera. ¿Por qué decantarse por el octópodo, Pepper?"
– "Es de la colección Neptune Kingdom, edición limitada. Ya tengo el calamar gigante y el tiburón tig-" – Se pausó y se ruborizó al instante. – "¡¿Q-qué carajos te importa, cabo?! ¡Muévanse rápido que se nos hace tarde, taradas!"
La verde empusa, tornada colorada, aceleró el paso y sin importarle que chocara con los viandantes o que la luz para peatones estuviera aún rojo, cruzó las calles irresponsablemente, ganándose mil y un vituperaciones de los conductores que frenaban para evitar atropellarle. Estaba segura que ella hubiera deseado que lo hicieran para quitarle el bochorno que debía sentir en ese momento. La castaña y yo nos miramos por unos segundos y reímos ligeramente, siguiendo a la avergonzada mantis. ¿Quién se imaginaría que la avinagrada princesa de hielo era amante de los animales marinos de felpa?
– "La vida está llena de sorpresas, ¿no, flaquita?" – Mencionó la halcón, alcanzando a la sargento. – "Pero, hey, ya descubrimos que tú y pimientín tienen más en común de lo que imaginaban."
– "Cierto, aunque debes admitir que la enojona tiene buen gusto para elegir sus muñecos, ese cefalópodo era tanto realista como tierno." – Reí. – "Me pregunto si dejaría a su calamar gigante batallar contra mi cachalote."
– "¿Cuál? Tu ballena se la regalaste a Mei en la feria, casanova. Aún no se me olvida." – La americana me miró de reojo, alzando una ceja. – "Y no te hagas la patata inocente, que bien sé que le estabas mirando el trasero cuando estaba encaramada en la furgoneta."
– "¿Y tú no, pervertida?" – Sonreí maliciosamente y coloqué mi brazo alrededor suyo. – "¿Acaso no se te antojó cenar un buen filete de lagartija?"
– "Sabes que sí, compañera de armas." – Me rodeó con su ala. – "Pero hablando en serio, Dyne sigue siendo una caja de misterios. ¿Has notado como todavía no sigue la disciplina del gatillo a pesar de ser soldado?"
– "No sería la primera en desarrollar paranoia de combate, suele suceder en los veteranos de guerra. Ella es más desconfiada que nosotros, supongo que no debió tener una vida fácil." – Miré a la griega seguir caminando, alejada. – "Pero sospecho que la princesa actualmente es de familia pudiente. ¿Has visto la forma en que come cuando usa cubiertos? ¿Casi como una aristócrata de alta alcurnia? Incluso se limpia la boca con pequeños toques para remover los restos, jamás se pasa la servilleta de una jalón."
– "Tú también, flaca. Nunca subes los codos a la mesa, pones servilletas en tus pedipalpos y cortas la carne de forma refinada."
– "Es típica etiqueta germana, y mi abuela, que tenía delirios de millonaria, me los inculcó." – Repliqué. – "Pero dime, ¿Nikos nunca te ha contado algo de su pasado?"
– "No más que a ti. ¿Qué tal tú?"
– "Cuando asaltábamos la Torre Roja, me confesó que le gustaba tocar el piano de pequeña. Ahí me acordé del que Yuuko tiene en su casa y la invité a la fiesta."
– "Bueno, nadie en la morada tiene talento musical, a menos que cuentes mis gritos de heavy metal." – Bromeó. – "Sería genial oírla interpretar alguna pieza clásica y quitarle el polvo a las olvidadas teclas."
– "Concuerdo, Süsse."
Acaricié su platinado cabello frontal y proseguimos el rumbo. A mitad del camino, deambulando por un pequeño parque y zona recreativa, noté algo de púrpuras tonos que llamó mi atención de inmediato. La antorcha en mi mente se encendió y tomando a mi compañera de un ala, raudamente me dirigí en dirección de la mediterránea para avisarle que tomaríamos un par de minutos para hacer algo importante. Esta se rehusó a concedernos el tiempo en primera instancia, pero al explicarle la razón, Cetania también se unió a la petición y la nativa de Lesbos finalmente accedió, dándonos cinco minutos exactamente. Ajustando el cronómetro de mi reloj, la rapaz y yo nos trasladamos hacia nuestro objetivo: Un fotomatón.
Hacía días que la voladora me había solicitó una fotografía mía para agregarla al interior de su collar en forma de rojo corazón que ostentaba en su cuello. Al igual que yo, ella considera que una imagen física es más significativa que cualquier clase de retrato digital, especialmente la de la persona amada, por ende ella deseaba una a pesar de que ya me había capturado y resguardado en la memoria de su teléfono en repetidas ocasiones. Y con ocho fotografías por unos pocos yenes, la oferta era demasiado tentadora para dejarla pasar. Entrando al techado inmueble donde residían esa y varias máquinas similares más, nos introdujimos a una de las tres que ofrecía espacio para voluminosas especies como la mía.
– "¿Has usado antes alguna de estas, flaca? Esta es más avanzada a las que empleé con Atseelia."
– "Nein, pero confío en que saldremos vivas de aquí. Es únicamente una cabina de fotos, ¿Qué tan difícil puede ser?"
– "Como digas." – Ella insertó un billete en el aparato. – "Estas son de las adhesivas, ¿no?"
– "Eso dice. Yo me imaginaba que sería como esas de cuatro imágenes, como las que había en la zona comercial central de Holconia." – Reí al recordar. – "Me las tuve que tomar solita porque no tenía a nadie más para acompañarme, excepto la antipática de mi abuela. Y para colmo, lo estricto de la vieja Diva me hacía posar demasiado seria."
– "Por lo menos tú podías salir bien. Cuando probé una con Atseelia, de tres intentos, en todas aparecí con los ojos cerrados. Ella juró no volver a pedirme que la acompañara y yo le agarré rencor a las fotografías por un tiempo."
– "¿Es por eso que la de tu pasaporte de inmigrante te tiene mostrando los dientes como si fueras a arrancarle el rostro al fotógrafo?"
– "Nah, eso era porque entonces seguía siendo medio asocial. Pero llegar aquí, empezar a trabajar y, especialmente el conocerte, me ayudaron a pulir esa huraña personalidad mía." – Juntó sus alas y pestañeó rápidamente. – "Ahora soy mucho más agradable, ¿verdad?"
– "Quizás, pero aún eres un duraznito fastidioso y un incordio alado."
– "Bah, cállate, patata." – Sacó la lengua. – "Como sea, ¿Cuál fondo quieres? ¿Corazoncitos, gatitos, paisajes naturales, una pila de cadáveres, el espacio?"
– "La playa. Dicen que en el mar, la vida es más sabrosa."
– "Alright." – Siguió operando la pantalla táctil. – "Cuantos botones. Estas cosas ofrecen más opciones que la vida misma."
– "Je, Japón nos abrió las puertas, ¿no lo crees?"
– "Sin duda, esta es la verdadera tierra de la libertad. Quizás nuestra influencia americana después de ganarles la guerra tuvo que ver."
– "No arruines el ambiente, yanqui." – Le di un golpecito. – "Apurémonos o Pimiento Gruñón… Quiero decir Morrón, nos arrastrará del cuello por tardar."
– "Ya voy, ya voy. Bien, sonríe flaca."
Una luz arriba de la gran lente circular y la pantalla de veintidós pulgadas frente a nosotras nos advirtieron que nos mantuviéramos quietas y nos preparáramos para el primer destello. La rapaz tomó la iniciativa y me abrazó de manera que nuestras mejillas se juntaran. Regresándole el gesto, la pegué totalmente hacia mí y ofrecí una sincera sonrisa de felicidad al igual que ella. El flash nos iluminó con su fulgor, captando el momento. Satisfechas con la previsualización mostrada, la castaña oprimió el botón virtual y el monitor nos dio cinco segundos para la siguiente toma. Me coloqué detrás de la pajarita y la rodeé desde atrás, reposando mi barbilla sobre su cabeza; A ella le gustó la idea y la lente nos capturó en tan tierna pose. Después de experimentar con nuestras idols internas otro poco, quedaron tres tomas más para finalizar.
– "Bueno, las dos solas y una extra mía para Lala." – Sugerí a mi compañera. – "¿Te parece bien, duraznín?"
– "Ugh, no. Yo estoy pagando, flaca, y no gastaré mi dinero en regalos para esa enana peliblanca." – Disintió con el ala. – "Además, la última la tenía reservada para inmortalizarnos con un glorioso beso, y eso es irrevocable."
– "Oh, vamos, guapa." – Acaricié su pelo. – "Sólo una y ya. Tenemos cinco juntas, más las que llevarás en tu collar. Luego nos sacamos otras y te dejaré besarme todo lo que quieras; Anda, ¿Qué dices?"
– "Uhm…" – Caviló por unos segundos y se volteó, cerrando los ojos y alzando petulante la barbilla. – "¡No!"
– "Anda, sólo una, ¿Qué te cuesta?, di que sí…" – Pellizqué su mejilla. – "¿Sí?"
– "No." – Abrió un ojo y estiró su extremidad. – "A menos que pagues por esta sesión… ¡Tres mil yenes!"
– "¡¿Qué?! ¡¿Y por qué tanto?!"
– "Es mucho menos de lo que cuesta ese beso perdido." – Siguió con su brazo extendido. – "Ya, no te hagas la despistada, ¡Money, money, money!"
– "Los de Lala son gratis."
– "Reflejan el valor de su dueña." – Encogió los hombros burlonamente. – "¡Money, money, money!"
– "¡De acuerdo, aquí tienes! ¡Mis cinco mil, enteros!" – Le entregué todo el fajo. – "Condenada pajarraca capitalista…"
– "Ay, en verdad me los diste. Tu sí que juegas en serio." – Me lo regresó. – "Tranquila, era broma, flaquita; Yo nunca te haría algo así. Pero aún no sé que le ves a esa pitufo que sacrificas todo por ella."
– "Porque la amo, emplumada." – Reiteré, guardando los billetes en mi cartera. – "Así como te quiero a ti, eres tan valiosa como mi irlandesa."
– "¡Qué horror! ¡Y todavía te atreves a decirme cosas tan feas!" – Fingió indignación. – "¡Con lo mala que anda la economía nacional, acabas de devaluarme severamente!"
– "Me matas de risa." – Aplaudí lentamente. – "¿Ya terminaste o vas cobrarme también por seguir soportándote?"
– "Sí, sí. Ush, y luego dices que Dyne es la malhumorada." – Regresó a la pantalla táctil. – "Ahora hazte a un lado, patatina, que la superestrella necesita espacio para su magnífica beldad."
– "Asegúrate de no romper la lente. Y nada de embellecerte digitalmente, que no existe software capaz en este mundo de quitarte lo fea."
– "Piss off, Blondie." – Se colocó sus manos protéticas para mostrarme el dedo medio. – "Shove it up your arachnid ass."
– "Toda una dama de categoría." – Murmuré, girando los ojos. – "No tardes, grosera."
A pesar de ser tan vulgar anteriormente, la falconiforme logró adoptar una pose y expresiones dignas de una solemne dignataria, imagen acentuada por su elegante atuendo monocromático. Con sus exóticos aretes y su collar contrastando con su intenso rojo al blanco de la camisa y negro del saco junto con la corbata, la estadounidense fue espléndidamente retratada por el cristal de la cámara en la pared, emitiendo un clic digitalizado y enseñando una excelente toma de la arpía sonriente. Contenta con el resultado, confirmó que la imagen fuera guardada y me cedió el paso para que yo tomara mi lugar. Olvidando nuestra pequeña reyerta de hace unos momentos, le propiné un rápido contacto bucal y un ligero apretón de glúteos antes de colocarme en el rango de la lente.
Con mis moretones ya desaparecidos y mi atavío actual, estaba más que lista para una opulenta fotografía como una laureada militar Sparassediana merecía. Me retiré la gorra y se la di a Cetania, quien operó la consola para asegurarse que la toma fuera impecable. Con un pulgar arriba, me informó que me preparara y con una exhalación, relajé mi cuerpo, dibujando una mueca de felicidad en mi rostro y dejé que la intensa iluminación de los fotones concentrados digitalizara mi imagen en virtuales bits polícromos. Repetí el proceso para la secuela, ya que la primera fue prácticamente intachable. De esa manera, la sesión terminó y después de revalidar que no deseábamos fotomanipulación de ninguna clase, comandamos al aparato a imprimir las fotos.
La tecnología no deja de sorprenderme, puesto que incluso nos ofreció la opción en enviar directamente tales capturas a nuestros celulares por medio del puerto infrarrojo. Mi teléfono carecía de tal periférico, pero Cetania contaba con uno válido y pronto su artefacto móvil recibía las tomas de manera inalámbrica. Ya listas y con la castaña transfiriéndome las instantáneas a mi anticuado celular por Bluetooth, salimos de la cabina para admirarnos en papel adhesivo. El tamaño elegido para ser impresas era el ideal para poder recortarles la cara y agregarlos al pendiente de la halcón, aunque eso sería cuando volviéramos a la estación y contáramos con unas tijeras para tal tarea.
Contentas por haber compartido entretenida sesión fotográfica, mi contraparte guardó las hojas cuidadosamente en su saco y me rodeó con su emplumada extremidad, regresándole el gesto y apresurándonos a reencontrarnos con una impaciente Dyne, esperando sentada en una banca frente a una fuente, observando las piruetas que el sistema hidroneumático de la obra le hacían dar al vital líquido.
– "Diez minutos. Estuve debatiéndome entre sacarlas arrastradas del cuello y abandonarlas a su suerte." – Mencionó Nikos, incorporándose. – "Aunque no sé por qué tuve que considerar tales opciones en primer lugar."
– "Nos quieres, Pepper-chan, admítelo de una vez." – Provocó la arpía. – "Debiste acompañarnos, te hubiéramos puesto corazoncitos con orejas de pandita para verte más mona. Y una corona para tu pulpo."
– "Yo te pondré los ojos morados si no te callas, plumífera." – Gruñó la aludida, metiendo el peluche en su saco y caminando raudamente. – "Once minutos, cabos, el tiempo es oro."
– "Erm, ¿no olvidas algo, princesa pimiento?" – Cuestioné, agitando la bolsa plástica con el café adentro. – "Cinco mil yenes; ¿A cuánto tiempo equivale eso?"
Por segunda ocasión, la impávida mediterránea mostró sus mejillas ruborizadas y con un resoplido, me arrebató la bolsa de las manos y se alejó de las dos, prestando celeridad a su caminar y refunfuñando imprecaciones a niveles subsónicos. Sonriendo y disintiendo con la cabeza, le seguimos el paso.
– "¿Sabes, flaca? Siempre me pareció curioso que no te guste tomar bebidas alcohólicas, incluyendo cafeína." – Mencionó la rapaz. – "Pensé que era por tu formación militar, pero concluí que eso no tenía nada que ver."
– "¿A qué viene eso?"
– "Que no supieras nada sobre el café. Ya sabes, a las arachnes les gusta, ¿Por qué a ti no? ¿Tu religión lo prohíbe o algo así?"
– "Para nada, los bares de Weidmann siempre estaban bien abastecidos del oscuro brebaje. Más bien, bueno…" – Hice mueca de disconformidad. – "Verás, mi abuela era muy tradicional y siempre compraba granos enteros, para molerlos y calentarlos ella misma. Lo hacía en las noches, casi siempre a las nueve y los fines de semana, entonces la casa se impregnaba del característico olor. Para muchos, eso sería un nostálgico recuerdo familiar; Pero en mi caso, era todo lo contrario. La anciana Diva preparaba una gran cantidad y mantenía la tetera en la estufa para que se mantuviera caliente mientras ella se sentaba en mesa a beber. Estaba sola, vieja y amargada, así que ella tomaba taza tras taza hasta embriagarse por completo; Ahí empezaba la parte que yo más temía."
– "¿Te maltrataba?" – Preguntó la griega de repente, habiendo ralentizado su marcha para acoplarse a nuestra velocidad. – "¿Se emborrachaba y te golpeaba?"
– "No, claro que no, ella no era tan mezquina." – Negué con la cabeza. – "Diva siempre me advertía que me retirara a mi cuarto y no entrara a la cocina porque no le gustaba que le interrumpieran cuando disfrutaba de su bebida. Pero en realidad, lo hacía porque ella solía llorar a solas. Lenta y amargamente, las lágrimas recorrían sus arrugadas facciones mientras se lamentaba el ya no tenerlo junto a ella; A mi abuelo, Wolfgang. Incluso cuando me lo prohibía, yo siempre me quedaba en las escaleras, oyéndola desahogarse en llanto, susurrando en ocasiones lo suficientemente alto para escucharla confesar cuanto lo extrañaba. Yo nunca me atreví a irrumpir en sus afligidas sesiones, ni podía ver su desdichada expresión, pero yo sabía perfectamente que su alma estaba más que torturada y únicamente bebiendo, podría conciliar el sueño en esas noches de sufrimiento. Mi abuela tomaba para olvidar, pero jamás lo conseguía, porque el amor del hombre más importante en su larga vida no podía ser suprimido con alcaloides líquidos. Los recuerdos, para ella y para mí, siempre serán tan amargos como el café mismo."
Hubo un momento de silencio completo, nosotras simplemente caminando con la mirada baja, flemáticas ante el caos de la bulliciosa urbe desarrollándose a nuestro alrededor. En ese momento, pensé en la pequeña ironía de que algo que desinhibía nuestros instintos y alegraba nuestra quitinosa alma, me estrujara el corazón. Conjeturando en mis cavilaciones privadas, recordé que Kuroko, de la misma manera, había asociado tal bebida con un momento poco grato. Pero ella lo seguía consumiendo, no sólo porque le agradaba su fuerte sabor, sino para jamás olvidar a esa niña que abandonó este mundo demasiado pronto. Qué pequeño y cruel es el mundo.
– "Lo siento, Jaëgersturm." – Habló la helénica, sacándome de mis reflexiones.
– "Perdón, Aria." – Se disculpó la nativa de Montana. – "No era mi intención hacerte remembrar los pesados ayeres."
– "Está bien, no es su culpa, chicas. Lo pasado es pasado." – Forcé una sonrisa. – "Vamos, ya casi llegamos."
Sin decir nada, las tres regresamos a la central. El tropezado ambiente de la estación seguía en su apogeo y llegamos hasta la oficina de la capitana, hallándola a ella y al resto de las chicas reunidas y leyendo algunos documentos afásicamente. En silencio, tomamos algunas sillas y nos sentamos mientras MON finalizaba de estudiar los papeles. O en mi caso, simplemente asenté mi cuerpo en el suelo; No es fácil ser tan grande.
– "¿En verdad esa máquina era un artefacto mágico elfo?" – Interrogó Tionishia, preocupada. – "Es decir, ¿magia de la real y no como los trucos de la televisión?"
– "Como diría Saadia: La magia es ciencia que aún no logramos comprender, Tio. Y ahora que fue neutralizada, mucho menos podremos entenderla." – Contestó Smith, pasando a la siguiente hoja. – "Según el reporte, operaba con una especie de líquido, un tipo de veneno neurotóxico derivado de las secreciones de serket y cuyos efectos eran el ablandamiento de la fuerza de voluntad y moldeamiento de la psiquis, similares a una lobotomía, aunque más forzada y dolorosa para facilitar la sugestión tanto de manera física como verbal."
– "En resumen, una máquina de control mental." – Acotó Manako. – "Eso es verdaderamente horripilante, Jefa. Querer destruir el libre albedrío, nuestro regalo más preciado, es..."
– "Una auténtica infamia. Lo sé, Manacchi." – La coordinadora disintió con la cabeza. – "Hay que ser un auténtico desalmado para llegar a esos extremos. Debemos capturar a esos hijos de puta a como dé lugar, antes que se repita el incidente de Yokohama."
– "Ni me lo recuerde, Jefita, aún tengo pesadillas con eso." – La ogresa tembló con una mueca de terror. – "Ojalá no haya más de esos terribles aparatos rondando por ahí."
– "Comparto el sentimiento, amiga." – Smith cerró la carpeta y talló su sien. – "Con un demonio, esto se complica cada vez más y hay más dudas que respuestas."
– "Pero ahora tenemos una pista sólida, Hafh'drn." – Injirió la cambiaformas. – "Veneno de serket, geólogos que milagrosamente sobreviven a un encuentro de las supuestas bandas rivales y que son amigos de una escorpiona, sin mencionar que están a cargo de una wyvern que fue secuestrada por un grupo de traficantes que aún no logramos desmantelar del todo. ¿No te parece demasiada coincidencia?"
– "No saltemos a conclusiones apresuradas, Doppel." – Reiteró Kuroko. – "Esto podría ser una treta para inculpar a alguien más. No olvides los atentados del centro y sus supuestos liminales terroristas."
– "Despejaríamos toda duda si interrogáramos al señor profesor. Si en verdad es inocente, entonces no tiene de que preocuparse."
– "Tus métodos no son precisamente los más seguros para el raciocinio humano, alférez. Pero descuida, que llegaremos al fondo de esto, tenlo por seguro." – Aseveró la capitana, Doppel mostró una ligera sonrisa de resignación. – "Bina, has estado inusualmente callada, ¿Qué tienes que decir?"
– "Simijo." – Replicó secamente la zombi, colocando los documentos en el escritorio.
– "Totalmente de acuerdo." – Smith se echó a reír, igual que el resto. – "Pero en todo caso, ya tenemos trabajo. Necesitaré arreglar algunos asuntos pendientes primero y entonces le haremos una visita sorpresa a nuestro testigo. Pero primero, a prepararnos; Zoe, alista y calibra las armas, Tio y Manako, ustedes finalicen los reportes y véanme en treinta minutos, Doppel, te quedas conmigo. Si tenemos suerte hoy, trataremos la situación con la DICO y el SAT más tarde y en menos de lo que una arpía pone un huevo estaremos arrojando a esos malnacidos tras las rejas. ¿Capisce?"
– "Entendido, Capitana." – La pelirroja y las demás saludaron marcialmente. – "¡Honorem et Gloriam!"
Con una reverencia, el escuadrón se retiró de ahí, dándonos una ligera afirmación silenciosa al salir. La líder y la abismal intercambiaron un pequeño diálogo inaudible y esta última también se ausentó del lugar. Ya a solas, la sargento se levantó de su asiento y ofreció la bolsa de compras a la mujer de oscuras gafas, quien la tomó al instante. Como si de un arqueólogo inspeccionando el tesoro de una tumba egipcia de algún fastuoso faraón de la decimoctava dinastía se tratara, Smith observó meticulosamente el dorado empaque, leyendo y releyendo cada pequeño escrito y etiqueta. Parecería demasiado, pero para una experta del producto de las rubiáceas, debía ser asunto de alta prioridad, especialmente si sus subordinadas han decidido soltar cinco mil pavos para adquirirlo.
Todavía sin pronunciar palabra alguna, la mandamás abrió el paquete e inhaló el aroma de los granos molidos concentrados. Haciendo una muy sutil, casi imperceptible mueca de alegría, la cual nos tranquilizó un poco al notarla, Kuroko levantó la tapa de su cafetera marca Mr. Coffee y tomó un pequeño envoltorio cóncavo que me recordó a los envoltorios de los panquecitos y lo colocó en la parte superior del aparato. Tomando una cuchara plateada diseñada específicamente para la tarea, ella insertó el utensilio dentro de la bolsa y agitándolo un poco, se hizo con las dosis exactas que depositó en lo que supuse que era el famoso filtro para la bebida. Repentinamente, la coordinadora extendió su mano, como si esperara algo de nosotras. Nos miramos confusas por varios segundos, indecisas sobre cómo actuar a la afásica actitud de la capitana.
Entonces, la respuesta a la misteriosa interrogante fue revelada cuando Doppel abrió la puerta y le entregó una enorme botella con agua. Sonriéndole a la peliblanca, Smith agarró el envase y la cambiaformas flotó hasta situarse a lado de su asiento giratorio. La líder de MON tomó la jarra principal, la llenó con el diáfano líquido hasta la marca superior y la usó para repetir la acción con el depósito trasero de la máquina. Una vez acabada la acción, cerró la tapa y encendió el botón del aparato. Ella se sentó y pasaron varios minutos silenciosos mientras la cafetera transfería el agua de un recipiente a otro, tiñéndola con el color característico del brebaje y ambas superiores se entretenían viendo algo la pantalla del ordenador portátil.
Cuando la gota final cayó en la jarra, marcando que la operación había terminado, Kuroko tomó otra taza del cajón de su escritorio, blanca como el cabello de su contraparte, y se la facilitó. Doppel agarró la taza negra de su jefa y la otra en sus manos y flotó hacia la máquina, vertiendo la oscura bebida caliente en los recipientes, entregándole el perteneciente a su compañera. La capitana observó como el líquido creaba un fino vapor y sopló por unos segundos para amenizar la temperatura. Concediendo que el calor se había disipado lo suficiente, afirmó con su cabeza a la abismal y ambas dieron un sorbo al tiempo que nosotras tres esperábamos nerviosas el veredicto final. Habiendo pasado su preciado elixir por su esófago hasta su estómago, ambas mujeres se miraron por un momento y volvieron a asentir. Cinco mil yenes, dos catadoras, una oportunidad; Todo se decide aquí.
– "Buen trabajo, granates." – Declaró calmadamente la agente, tomando otro trago. – "Sargento Nikos, ¿convengo que el coste de este fino producto abarcó en su totalidad la cantidad monetaria ofrecida?"
– "Así es, Jerarca." – La aludida depositó la nota de compra a su alcance. – "Fue caro, pero el equipo supuso que el elevado importe era proporcional a la calidad del mismo."
– "Bien pensado, Pepper." – Dio un sorbo final y depositó la taza vacía a un lado. Parece que ya adoptó esos horribles apodos. – "Ahora que su primera misión fue cumplida exitosamente, deberán dirigirse al primer piso, en el ala este, donde les tomarán las fotografías para recibir sus placas oficiales. Adelante, novatas."
Inclinando la cabeza, dejamos la oficina y nos encaminamos al lugar indicado. Ya que todo salió mejor de lo esperado, congratulamos a la griega no sólo por haber hecho la elección correcta, sino también por darle el crédito al escuadrón entero. La helénica alegó (de mala gana) que somos un equipo después de todo y nos instó a cesar de felicitarla por nimiedades. Aún así, pude notar su muy discreta sonrisita formándose en sus labios. Arribamos a nuestro destino y nos encontramos a la cíclope y la ogresa, con la primera dándonos la bienvenida detrás de un ordenador mientras la segunda nos saludó ajustando un fondo azul frente a una cámara digital y nos invitó a arreglarnos si los deseábamos, entregándonos un pequeño espejo y peine.
– "Entonces, ¿ustedes son las que se encargan de las fotos, chicas?" – Preguntó la castaña, acicalando sus flecos frontales.
– "Únicamente por ahora, Cetania-san, Itsuki es el responsable pero hoy se reportó enfermo." – Aclaró la francotiradora, tecleando datos en la computadora. – "Además, supongo que los asuntos de MON son nuestra prioridad de todas maneras. Disculpe, pero usted es una halcón plomizo, ¿cierto?"
– "Correcto, ¿por qué la pregunta? Creí que la información ya estaba lista desde hace tiempo."
– "Mil perdones, Cetania-san, sólo es para asegurarme de no cometer errores al ingresarla al sistema." – Hizo una reverencia. – "Así nos ahorramos más papeleo. Cuando Tionishia se unió, ella fue una troll por una semana hasta que logramos corregirlo."
– "Y después de eso, me convertí en una oni." – Se unió la rubia, acomodando el trípode. – "Bueno, técnicamente las onis y las ogresas somos prácticamente iguales, pero nuestra piel no alcanza tan drásticos tonos monocromáticos y nuestros cuernos son más grandes, así como la altura. También somos más guapas."
– "Tio-san, poca la veces la veo vanagloriándose de esa manera." – Rió ligeramente la chica de un solo ojo. – "Le complacieron los regalos que su admirador secreto le envió en esta ocasión, ¿cierto?"
– "¡Esos bombones estaban deliciosos, Manacchi! ¡Tú también los probaste!" – Expresó la mujer de un solo cuerno, jubilosa. – "Obviamente significa que mi atractivo es igual de dulce."
– "Podría tratarse de Doppel-san jugándonos otra de sus bromas."
– "Nopiti-nop, esta vez es un verdadero seguidor del buen gusto." – La imponente agente replicó con seguridad. – "Nadie me enviaría golosinas tan deliciosas si no apreciara mis agraciados dotes."
– "Así se pone ella cuando le regalan caramelos, son su debilidad y hasta que no se revela quien es su fan de la semana, no para." – Nos susurró la cíclope. – "Lo sé, incluso ella puede ser presa de la fatuidad."
– "Manacchi, ¿acaso estás molesta porque tu último admirador resultó ser mujer?" – Cuestionó una inusualmente maliciosa ogresa. – "Era una demonio menor, ¿verdad?"
– "¡T-Tio-san, no diga esas cosas!" – La modesta francotiradora perdió la compostura. – "¡Además, s-sólo fue un error de su parte, ella n-no sabía que yo era chica y…!"
– "¿Pero qué dices? Si esa diablita te visitó en los cuarteles exclusivamente a traerte flores." – Aseveró la rubia. – "Tenía una camiseta con tu imagen y te pidió que le firmaras tu poster tamaño gigante y hasta sus pechos. Por supuesto que sabía perfectamente que eras una fémina."
– "¡B-bueno, pero yo no estaba interesada! ¡No soy de esas raras que…!" – Se pausó de inmediato e hizo infinidad de reverencias. – "¡Oh, m-mil perdones, Aria-san, Cetania-san! ¡No era mi intención pronunciar tan ofensivas palabras! ¡Discúlpenme, por favor! ¡Lo siento, lo siento!"
– "Descuida, Mana-chan, te entendemos." – Sonreí. – "¿Al menos la demonio era linda? ¿Le firmaste los pechos o sólo le diste un besito?"
– "¡Aria-san, deténgase!" – La abochornada chica de púrpura cabellera se escondió debajo del escritorio. – "¡No es divertido!"
Si bien disfrutaba de ver tan verecunda a Manako, admito que sentía algo de envida de que todos tuvieran su club de fans menos yo. Incluso la arisca de Dyne robaba una que otra mirada entre los empleados del edificio sin esforzarse. Bueno, no me quejo realmente, ya tengo dos chicas que me aman y todo, pero no hay nada de malo en desear algo de reconocimiento al formar parte de tan distinguido grupo. Claro, ya tuve mis quince minutos de fama con la prensa y esa fastidiosa nutria finlandesa, pero me refiero a algo más personal; No sé, que un par de colegialas me pidan una foto o algún fanático militar desee que autografíe su tanquecito a escala, cosas sencillas. Ay, que vanidosa soy.
– "No seas malvada con la alférez, flaca." – La americana me dio un golpe en el brazo.
– "¡Auch! Vale, lo siento, lo siento." – Suprimí mi risa. – "Está bien, ya estamos acostumbradas a que nos vean raro, especialmente a mí."
– "¿Quién no miraría feo a una maldita Nazi degenerada como tú, Potato?" – Contestó mordazmente la mediterránea. – "Alégrate que recibirás tu placa, de lo contrario, el resto de la fuerza policial te pondría tras las rejas al instante."
– "Manako, ¿Si le dejo los ojos morados a la Princesa Pimiento, se los puedes borrar con Photoshop?" – Interrogué a la mencionada. – "Y si le arranco la tráquea a este grillo del demonio, ¿cuántos años duraría mi sentencia?"
– "Oh, Aria, por favor no hables así de tu compañera." – Dijo la ogresa, colocando el flash. – "Ah, ya podemos comenzar. ¿Preparadas, chicas? ¿Quién va primero?"
– "Yo." – La nativa de Lesbos levantó una extremidad de mantis. – "Entre más rápido terminemos, menos tiempo pasaré junto a la hija de Heinz Guderian."
– "Danke schön, Unteroffizierin." – Agradecí con sinceridad. – "Adoro ser comparada con el linaje del genio tanquista e impulsador de la Blitzkrieg que aplastó a los franchutes en Sedán."
– "Bleh, lo que sea." – Encogió sus hombros y se paró frente a la lente. – "Estoy lista. Cuando quiera, alférez."
– "Okis-chokis, Dynerín." – La rubia colocó su dedo en el disparador. – "Sonríe, que va a salir un pajarito."
– "Sólo que sea esta pajarrac-¡Auch!" – Exclamé al sentir el afilado pulgar de la falconiforme en mi costado. – "Era broma, arpía malhumorada."
– "No te muevas, Dyne, aquí viene." – Tionishia apretó el botón y el flash se activó. – "¡Perfecto! Aunque no sonreíste, saliste divis-divis, mantisita. Manacchi, te la estoy enviando por Wi-Fi."
– "La estoy recibiendo, amiga." – La aludida giró la pantalla para que admiráramos la toma. – "Listo. Una impecable captura, si me permiten añadir."
– "Joder, Pepper, pareces supermodelo." – Bromeé, silbando. Su mote es medio pegajoso. – "En una de esas apareces en PlayMonster como la chica del mes."
– "Belleza helénica, araña. Hécate me bendijo con lozana gallardía." – Se jactó la pelinegra. – "No me odies por ser perfecta."
– "Admito que tienes talento, verdosa; Es decir, siempre hayas nuevas formas de ser más pesada que antes."
– "Sigue llorando, patata podrida. Peaches, vas tú. Quítate los aretes."
– "Roger, Sarge." – La voladora obedeció.
La rapaz posó para la cámara y, al contrario de esa ocasión cuando Takashi le tomó el retrato en nuestro primer encuentro, la castaña nos ofreció una linda sonrisa y una mirada cálida, resaltada por su guapura natural, quedando perfectamente inmortalizada en la memoria digital. Muérete de envidia, mantis amargada, que mi pajarita es más sublime que la mismísima Afrodita. Con un pulgar arriba de parte de Manako, la halcón se observó en la pantalla y afirmó con la cabeza, satisfecha con el resultado. Fue entonces mi turno. Retirándome la gorra y arreglando con la mano mi cabello, exhalé para relajar mis músculos y sonreí. Tionishia activó el disparador y todo salió de maravilla.
– "Aria, cerraste los ojos."
Excepto por eso. Bueno, a cualquiera le pasa, especialmente si el flash es increíblemente cegador y tienes una luz incandescente golpeándote los seis globos oculares al mismo tiempo. Ordenando no moverme y seguir con mi expresión alegre, la rubia volvió a hacer otro intento, aunque en esta ocasión lo único que se encendió fue la cámara misma, al explotar con todo y chispas.
– "¡Simijo, que susto!" – Gritó la ogresa al ver el aparato humeando. – "¡Ya no prende! Manacchi, ¿recibes señal?"
– "Negativo, Tio-san. Ha pasado a mejor vida."
– "Joder, flaca…" – Habló Cetania. – "¿Acaso acabas de echar a perder la cámara?"
– "Sabía que eras fea, arachne." – Se rió Nikos. – "Pero no tanto. Las pruebas no mienten."
– "¡C-cállense! ¡No es mi culpa!" – Repliqué, sonrojada. – "¡Eso pasa por comprar imitaciones pirata! ¡Seguro era marca The Gambler!"
– "En todo caso, deberé ir por otra." – Tio suspiró. – "Ah, es una lástima. Itsuki va a enojarse cuando sepa que su preciada Kodak murió. Regreso enseguida, no tardo."
Ella se retiró y nosotras esperamos pacientemente. O eso me gustaría decir, pero tanto la griega como la americana no paraban de mofarse de mi desafortunado incidente y relacionarlo a mi aparentemente exiguo atractivo físico. Luego de un minuto refutando sus malas bromas, la rubia volvió con otra cámara, de apariencia más vieja, pero funcional. Repitiendo el proceso, la mujer ajustó el aparato y me ordenó mantener la postura. Finalmente, el destello del artilugio marcó que la toma resultó correcta y la fotógrafa retiró la pequeña tarjeta SD para facilitársela a su colega de morados cabellos. Esta la insertó en la ranura lectora del ordenador y reportó el resultado.
– "Tio-san, la memoria es completamente nueva, ¿cierto?" – Interrogó la cíclope.
– "Claro, Manacchi. Yo misma la saqué de su empaque, ¿por qué?"
– "Tal vez sólo sea un falso positivo, pero el antivirus me arrojó una advertencia de infección."
Yo no buscaba donde esconder mi cara enrojecida hasta el infinito. La falconiforme y la helénica reían tanto que el estómago empezó a dolerles y los empleados de alrededor comenzaban a hacer comentarios burlones. ¡¿Qué se trae la tecnología contra mí?! ¿Es porque una vez usé rondanas en las máquinas arcade para jugar gratis? ¿O quizás porque mi Game Bollo murió cuando lo arrojé contra la pared al no poder capturar a mi Eevee? ¿Tal vez por arruinar la videocasetera familiar al insertar esa película para adultos al revés? Afortunadamente la francotiradora logró arreglar el problema y nos mostró que a pesar de tantos contratiempos, la fotografía salió impecablemente perfecta. Me permití sonreír al verme tan bien y le supliqué a la chica que me la transfiriera a mi celular, junto con la de la rapaz, aceptando ella con gusto.
Con las imágenes ya archivadas, la revelada experta en el diseño gráfico de un solo ojo acondicionó los datos visuales para acoplarlos al resto de los documentos y formar lo que sería nuestro carnet profesional. Mientras tanto, le pedimos prestada una tijera para que la halcón y yo recortáramos las instantáneas adhesivas que aún guardábamos. Tomando las medidas necesarias para que estas cupieran dentro del collar, recortamos las imágenes del tamaño exacto y las insertamos en el dije. La di un beso en la mejilla a mi amada emplumada; Ahora ella me cargaba en ambos corazones. Durante ese tiempo, Manako había impreso las credenciales en papel de alta calidad, resplandeciendo bajo la luz de la iluminación artificial sobre nosotras, emulando al metafórico sentimiento de nuestra brillante carrera que ahora iniciaba.
Tomando una guillotina para papel, la cíclope cercenó las hojas hasta dejar tres rectángulos perfectos, entonces la ogresa las cubrió una por una con material especial del tamaño justo y las introdujo en la máquina plastificadora. Lentamente, las identificaciones salían por la parte trasera del aparato, protegidas por una sólida capa de polímero transparente. Admito que mis pedipalpos repiquetearon el suelo por las ansias. Buscando en el cajón de su mueble, la francotiradora reveló tres carteras especiales negras, abriéndolas verticalmente y exponiendo el logo de la Agencia Nacional de Policía (ANP) en áureo color rodeado por un octágono plateado. En la parte superior de la placa, el nombre Monster Ops: Extermination había sido grabado en relieve inverso sobre el dorado fondo, así como nuestros números profesionales en la parte inferior.
Manako introdujo las tarjetas en el compartimiento y nos las entregó. Sonreí al tener de nuevo una identificación al servicio de la justicia en mis manos, la última vez fue cuando fui parte de la Schutzpolizei y esa hace mucho que quedó nulificada. Mi retrato en primer plano yacía arriba de mis datos principales: Mi ocupación (Agente Especial Liminal), nombre y número de serie. El plástico que lo recubría poseía una sutil litografía que cambiaba el tono de sus colores con la dirección de la luz, garantizando su autenticidad. La insignia estaba provista de un clip en el posterior, ya sea para llevarla en el cinturón o un portaplacas. Sonreí al notar la pequeña casualidad; Nuevamente, las coincidencias de la vida me otorgaron el serial NPA-00194400. La guerra siempre será parte de mí.
Las veteranas de MON nos saludaron marcialmente a las tres, regresándoles el gesto y estrechando sus manos, sin olvidarnos de un cálido abrazo de felicitación, aunque Tionishia sigue siendo demasiado fuerte para mi gusto. Después de explicarnos las reglas respecto a nuestros deberes y derechos, despejando varias dudas en el proceso, y enseñándonos los diversos libros y documentos sobre leyes que después nos entregarían para que estudiáramos con más calma, una llamada para la cíclope le hizo ordenarnos que nos dirigiéramos hacia la sala de tiro, donde Zombina nos esperaba. Nos trasladamos hasta ahí, yo ya portando mi placa en mi cinturón con orgullo. Adoro tales adornos, me hacen sentir una galardonada leyenda, aunque será el tiempo quien decida si al final soy digna de portarlos.
Y pretendo demostrar que lo soy.
Abriendo las puertas dobles de la zona de práctica, hallamos a la teniente organizando y limpiando con un paño varias armas en el suelo, incluyendo mi Maschinengewehr 3 y mis pistolas. No sé qué era lo más llamativo, ver mis herramientas de batalla recién lustradas o que la pelirroja anduviera solamente en sus pantalones cortos y un top negro, sin sostén, exponiendo demasiado de su costurada piel y su agraciada figura. Tratando de no desconcentrarme por el estado tan descubierto de nuestra voluptuosa superior, la saludé y ella nos sonrió de vuelta.
– "Veo que ya les dieron sus placas. Felicidades, granates, bienvenidas a la fuerza." – Congratuló la heterocromática, bruñendo una P226. – "Cárguenlas todo el tiempo con ustedes y asegúrense de no perderlas. Serán solamente acero inoxidable, pero igual de valiosas que las nuestras de materiales reales."
– "¿Reales?" – Cuestionó Dyne. – "¿En verdad poseen insignias de oro y plata, teniente?"
– "Viene con el rango, Pepper." – La mencionada sacó la suya de su chamarra que yacía a su lado y se la dio a la pelinegra. – "Comprueba que no miento."
Si bien no somos expertas en metales nobles, el brillo y la apariencia del emblema de Bina era evidente, notándose más fino que los nuestros, además de ser más grande. Pero quizás lo más llamativo era que detrás del portaplacas, residía una pequeña navaja retráctil escondida, y que a pesar del reducido tamaño, se notaba increíblemente fuerte.
– "Para emergencias." – Aclaró la muerta viviente, regresando a su actividad. – "Nunca hemos tenido que usarlo en combate, pero es perfecto para cuando necesitamos algo filoso, como cortar la hilera al zurcirme."
– "Es linda, Zoe." – Declaré, la mantis habiéndomela pasado y regresándoselo a su dueña. – "Aunque no sé si una navaja táctica tan pequeña sea tan confiable en la lucha. Ya sabes, porque el seguro puede fallar y no mantener la hoja firme."
– "Por eso sólo la uso en tareas mundanas, Patatita." – La guardó de vuelta. – "Para las misiones cargo un cuchillo de hoja fija S&W del Hostage Rescue Team, por si las cosas se ponen realmente serias. ¿No desean un arma blanca también, novatas?"
– "Nuestras extremidades son tan efectivas como bayonetas, Bina." – Dijo la castaña, mostrando sus afiladas garras de rapaz.
– "Pero no son tan versátiles para forjar una cerradura o usarlo como destornillador improvisado, duraznín." – Retrucó la zombi. – "Siempre cuenten con herramientas extra, puede salvarles el trasero en más de una ocasión. Lo sé perfectamente."
– "Entendido, Leutnant." – Concedí. – "¿Pero para qué nos citaste?"
– "Fácil, amiga. Ten." – Colocó la pistola en mis manos. – "¿Notas algo diferente en tu querida Hummel?"
– "Erm… ¿Se cortó el cabello? ¿Encontró pareja?" – Bromeé, buscando alguna diferencia, sin éxito. – "Vale, me rindo."
– "Las miras, Potato, las miras." – Aseguró, señalando el sistema óptico. – "Las anteriores te fallaron, así que reemplacé las TruGlo por SIGLite nocturnas. ¿Qué te parece?"
– "Oh…"
Observé de nuevo, comprobando que en efecto, los tres puntos brillantes que conforman el alza de mi arma eran nuevos. Los tubos de tritio SIGLite son más confiables, estables y diseñados específicamente para la P226. Dado que los otros se descompusieron en el peor momento posible, y aunque pude resanarlos en la prueba final, este cambio, tan vital para desempeñar eficientemente el trabajo, era más que bienvenido.
– "Ya veo. Bueno, no sé qué decir, excepto: Mil gracias, Zoe." – Le sonreí. – "Se ven geniales."
– "Y deberían. Tuve que pedirlas personalmente a nuestro distribuidor y pagar extra para que llegaran a tiempo, sin contar que las cambié por mi misma para ahorrarnos gastos." – Aseguró la pelirroja y le dio la suya a la mediterránea. – "También lo hice con la tuya, Pepper. Sé que no te habían dejado mal, pero no podemos arriesgarnos."
– "Entiendo y se lo agradezco, teniente." – Replicó la nativa de Lesbos, inspeccionándola. – "Aunque además del sistema óptico, noto algo ligeramente diferente, pero no sé que sea."
– "Uhm, ¿esto era lo que deseabas mostrarnos, Bina?" – Injirió la americana. – "Por cierto, ¿dónde está mi fusca?"
– "Contestaré a esas preguntas haciendo otras." – Respondió la heterocromática. – "Dime, Peaches, ¿qué calibre es tu USP?"
– "Nueve milímetros Parabellum." – Contestó la mencionada.
– "Correcto. ¿La tuya, Pepper?"
– "Igual que la cabo Cetania, teniente." – Aseguró la empusa.
– "¿Qué hay de ti, papita alemana?" – Zombina se incorporó y me entregó mi otra pistola, la H&K P30L, y se dirigió a tomar un maletín. – "Tus bebés son .40 Smith & Wesson, ¿cierto?"
– "Así es, Zoe." – Repliqué, viendo que la P30 no tenía cambio alguno, porque no lo necesitaba.
– "Bien, como ya debieron haber notado, tenemos un pequeño problema de discrepancia balística. Así que como su superior y la experta en el tema, decidí que todas deberían adoptar el mismo cartucho." – Declaró la muerta viviente, abriendo el compartimiento. – "De esa manera nos ahorramos problemas monetarios y de logística. Nikos, además de sustituir la mira de tu SIG Sauer, también reemplacé el cañón y la corredera para aceptar el calibre .40, como Jaëgersturm. Son balas más grandes y el retroceso del disparo es obviamente mayor, pero su capacidad penetrativa es superior al Parabellum."
– "Entendido, Señora." – La mantis jaló la corredera para mirar el nuevo cañón, más grueso. – "Gracias de nuevo."
– "Un placer, sargento." – La pelirroja enfocó su vista en la falconiforme. – "Cetania, ya que no pude hallarte una similar del mismo diámetro del proyectil y como sé que tú y Aria son más inseparables que uña y mugre, concluí que era mejor darte una herramienta que compartiera exactamente los mismos cargadores que el de tu novia. Saluda a tu nueva arma, niña durazno, ¡atrápala!"
La arpía diestramente logró atrapar sin sus manos postizas el objeto que Zoe le arrojó, descubriendo una flamante Heckler & Koch VP40. Como su nombre lo indicaba, era una variación calibre .40 de la pistola VP9 y era totalmente intercambiable con mis cargadores, por lo que distribuir munición en batalla sería más rápido y sencillo. Bañada en tonos bicolor (Flat Dark Earth, corredera negra y el resto en color arena), retén ambidiestro, alzas nocturnas de tritio y cachas plásticas intercambiables, sin mencionar que era obra de la ingeniería alemana, la pistola era casi idéntica a mi P30L e igual de grandiosa. No contaba con martillo externo como la mía, pero eso se debía a que estaba diseñada para respuesta rápida y siempre se hallaba preparada para actuar.
– "Pretty cool, thanks, Bina." – Agradeció la halcón. – "¿Qué dices, flaca? ¿Te agrada?"
– "Ahora estamos unidas en corazón, alma y arma, linda." – La rodeé con mi brazo, juntando nuestras herramientas. – "Aunque la mía es más larga y grande."
– "No importa el tamaño, sino como la uses. Además, mira la culata, la tengo más gruesa que la tuya." – Se pausó. – "¿Alguna vez te imaginaste que diríamos esta clase de cosas, siendo lesbianas?"
– "Tú eres quien las está convirtiendo en eufemismos, genio. Pero en fin, me gusta la nueva pequeñita." – Le mostré un pulgar arriba a la teniente. – "Hey, Zoe, excelente elección de tu parte."
– "Es mi trabajo, Potato. Y lo adoro." – Guiñó y nos lanzó nuestras fundas pistoleras, más una extra para los cargadores. – "Ahora tienen licencia para llevarlas consigo. Antes teníamos de esas famosas que se colgaban en el hombro, como los detectives de la televisión, pero se volvían incómodas después de un tiempo. Manténganse preparadas, úsenlas con responsabilidad, coman frutas y verduras, blah-blah… No necesito repetirles lo que el sentido común dicta, ¿verdad? Sólo cumplan debidamente con su trabajo y no habrá problemas."
– "Lo haremos, Leutnant." – Desabroché mi cinturón para agregarlas. – "Aunque, si me permites decirlo, nunca te he visto cargar algún arma, excepto en los entrenamientos."
– "¿Sí? Bueno, verás…" – Apuntó repentinamente al cielo. – "¡Mira, un tanque volador!"
– "¡¿Dónde?!"
No sé cómo demonios caí en tan obvia broma, pero le funcionó a la occisa. Cuando reaccioné y pretendía reclamarme el hacerme ver (aún más) como una boba, me encontré con ella dando vueltas al tambor de un revólver Smith & Wesson Modelo 29 en negro con un monstruoso cañón de doscientos cuarenta y un centímetros, el mismo que el mítico Clint Eastwood lanzara al estrellato con su personaje 'Harry el Sucio'. En tales filmes (que debo admitir me influenciaron un poco al unirme a la Schutzpolizei), el héroe titular clamaba que su enorme calibre la hacía la pistola más poderosa del mundo. Y aunque ya existen otros con proyectiles mucho más potentes, el poder de una tremenda .44 Magnum es sin duda de temer.
– "I'm feeling lucky, punk." – Dijo la heterocromática, parafraseando la cita más célebre de la película. – "Te presento a La Redentora, patata. Te excomulga de tus pecados a plomazos y te manda al cielo con un divino destello."
– "Gloriosa." – Musité con sinceridad. – "Espera, ¿dónde la tenías metida, si andas casi en cueros?"
– "Una chica tiene muchos escondites disponibles." – Guiñó sugestivamente. – "¿Quieres que te los enseñe?"
Ay, mamá araña. Me encuentro perturbada… pero curiosa. No, definitivamente perturbada… Y curiosa…
– "Es broma, tonta." – Contestó girando los ojos y dándose la vuelta. – "¿Ves? Llevo la funda en la parte trasera del cinturón. Mi chamarra suele cubrirla, así que casi no se nota."
– "Un momento, Bina." – Habló la estadounidense. – "¿Cargas con un revolver metido prácticamente entre las nalgas? ¿No sería más cómodo con uno de dimensiones más pequeñas?"
– "Por supuesto que no. Me encantan que sean largos, duros y que lastimen."
– "Ahora eres tú la de los eufemismos." – Reí. La rapaz y la zombi también.
– "Agh, estoy rodeada de pervertidas…" – Masculló la griega, disintiendo lentamente con la cabeza.
– "Como sea, suficiente de palabrerías." – Anunció la muerta viviente. – "Probemos estas bellezas, granates, necesitarán entrenar lo más que puedan para los cursos."
– "¿A qué se refiere, teniente?" – Interrogó Dyne.
– "A que volverán a sus sesiones diarias de adiestramiento." – Afirmó la aludida. – "Regresarán al Campo Asaka y Titania será su instructora, lo habitual."
– "¿Eh? ¿No habíamos aprobado ya?" – Fue el turno de la halcón de preguntar.
– "Chicas, no esperaban que una semana fuera suficiente, ¿verdad? Se graduaron y ahora son agentes oficiales, pero incluso con esas intensas sesiones, aún no están preparadas para una misión auténtica." – Aseveró Zombina, cargando su arma. – "Se ejercitarán por dieciséis horas todos los días por tres meses, estudiando más a fondo las tácticas que aprendieron durante la semana. Pero tranquilícense, que no será tan abrumador con lo que pasaron. Eso no significa que no sea duro. Bienvenidas al infierno, granates."
– "Joder, Zoe." – Suspiré. – "Eso no ayuda levantarnos la moral, ¿sabes?"
– "Superaron las dementes pruebas que la Capi les impuso, Jaëgersturm. Parecía absolutamente insano e imposible, pero aquí están ahora. Ustedes lo lograron porque son capaces de hacerlo, nunca lo olviden."
– "Y después de eso, ya no habrá más, ¿verdad?" – Interrogó Cetania, igual de resignada.
– "Si es que no mueren antes. Puede que las envíen a realizar trabajos de menor categoría en el proceso, pero igual de peligrosos." – Manifestó la pelirroja. – "Créanme, yo también pensé que era un fastidio, pero después de enfrentarme a toda clase de rufianes durante estos tres largos años, el entrenamiento es juego de niños. Ustedes también pensarán lo mismo, recuerden mis palabras."
– "Comprendido, señora." – Exhaló la pelinegra, jalando la corredera de su P226. – "Empecemos."
– "Bien dicho, Pepper. Vamos, niñas, alístense." – Se detuvo unos segundos. –"Por cierto, ¿ya les pusieron nombres a sus pistolas? Darles identidad suena a obsesión, pero ayuda a desarrollar un sentimiento de amistad con su herramienta que las hace sentir menos solas bajo las balas. Además, es divertido, ¿Qué dicen?"
– "Si tú lo dices, Zoe…" – Curioseé la que ella me regaló. – "Bueno, ya que la P30 es alemana y es herramienta militar, elegiré el nombre más germano que existe, título de una famosa canción de la Wehrmacht y el mismo de mi heroína personal: Erika."
– "Genial, araña." – La superior me congratuló. – "¿Peaches, nos haces el honor de revelar la identificación de tu nueva amiga?"
– "Uhm…" – La mencionada caviló por un momento. – "Helena, como la capital de Montana y la famosa catalizadora de la guerra de Troya, quien era considerada la mujer más hermosa del mundo."
– "Muy bien, muchachita, muy bien." – La teniente asintió con la cabeza. – "¿Pepper?"
– "Gorgo." – Contestó la helénica, sin pensarlo mucho. – "Reina de Esparta durante la segunda invasión Persa."
– "Y tan fiera como tú, empusa." – Sonrió la heterocromática. – "¿Ven? Ahora le han dado un toque personal a sus posesiones. Eso ayuda a hacer la jornada más amena. Bien, hora del bang-bang."
Colocándonos el equipo de seguridad y alistando las armas, las cuatro nos dispusimos de probar nuestra puntería por alrededor de media hora, descargando casquillo por casquillo la munición de goma sobre los blancos de papel y madera en la distancia. La última (y única) vez que disparé a Erika fue cuando nos enfrentamos a Tionishia, y la apunté hacia mí, para darme un tiro de pintura al vencerla de forma poco honorable. Pero ahora, podía disfrutar de su excelente desempeño y fiel tino junto a Hummel, cuyas alzas renovadas eran mucho mejor que las anteriores, gracias a la experta calibración de Zombina. Nikos se acostumbró rápidamente a la fuerza que el calibre cuarenta despedía, demostrando su profesionalismo. Por el otro lado, la arpía no lo hacía mal, pero noté que operaba a Helena sólo con sus pulgares aviares, restándole puntería.
– "¿Por qué no usas tus prótesis manuales, Süsse?" – Le cuestioné. – "Sería más fácil controlar la patada de la pistola."
– "Debo aprender a hacerlo sin ellas, Blondie. No siempre podré ponérmelas en el fragor del combate." – Contestó. – "Además, no puedo volar con las manos puestas. Volar es mi principal arma, así que debo tener las alas siempre listas, ¿no crees?"
– "Concuerdo, guapa." – Le sonreí y volví a apuntar a mi blanco. – "Tú puedes, vaquera."
– "I'm not afraid to shoot strangers." – Recitó la emplumada, parafraseando a su banda favorita. – "Now bring your daughter to the slaughter."
Nuestra sesión continuó normalmente, con nosotras probando el resto de nuestro arsenal. Usar a Mugi sigue siendo un deleite; Nada como sentir ese traqueteo al jalar del gatillo y el repiquetear de la cinta de munición expulsando los cartuchos vacíos y llenando el suelo de cobre al tiempo que el aire se impregna de pólvora. Por suerte los cubreorejas mitigan los acúfenos del constante estallido, aún no me olvido de cómo me quedó zumbando la cabeza después de asistir al concierto de Iron Maiden y después la semana entrenando. Pasados los treinta minutos, la teniente declaró el fin de la práctica y nos ordenó regresar a la oficina de la capitana. Estrechando su mano para agradecer los nuevos dispositivos y juguetes, nos retiramos de ahí, en dirección al despacho de la agente.
Abriendo la puerta, nos encontramos con algo imprevisto. Bueno, creo que nadie esperaría hallar a dos mujeres tan diferentes, una de ellas flotando en el aire totalmente desnuda, tomando café como si nada en horas de trabajo, pero lo inusual no eran Kuroko y Doppel disfrutando de su bebida, sino lo que la líder de MON cargaba en uno de sus brazos, meciéndolo suavemente y emitiendo sonidos graciosos mientras la cambiaformas agitaba un peluche en forma de tiburón blanco para entretenerlo con poco esfuerzo. De todas las imágenes que alguna vez esperé concebir tanto en mi vida privada como laboral, jamás de los jamases esperé que el dúo más impredecible al servicio de la NPA y el gobierno fueran capaces de verse tan normales (y, debo confesarlo, tiernas) al sostener a tan pequeña criatura en manos.
– "Erm… ¿Hauptmann?" – Solicité la palabra. – "¿Qué es eso?"
– "Un bebé, Aria." – Replicó la coordinadora.
– "Eso puedo verlo."
– "¿Entonces por qué la pregunta?"
– "Me refiero a la razón de que tenga un niño en su posesión."
– "Bueno, ya que son parte del equipo, supongo puedo revelárselo." – Calmó al infante. – "Doppel, asegura la puerta, por favor. Jaëgersturm, la gorra."
– "Sabía que este día llegaría…" – La subordinada obedeció y colocó seguro a la entrada, regresando a su posición original. Yo me deshice de mi tocado. – "Pero no es que pudiéramos mantenerlo en secreto por más tiempo, ¿cierto, Kobayashi?"
– "Estoy cansada de fingir, Nya." – Replicó Smith, colocando al niño en su carriola. – "Pero después de sobrevivir a mis dantescas pruebas, ellas merecen saberlo."
– "¿Estás segura de esto, mi capitana?"
– "Tarde o temprano saldría a la luz." – Suspiró. – "Sólo una cosa, novatas, ¿prometen, no sólo por su propio honor como servidoras de la ley, sino como compañeras, aliadas, mujeres y ciudadanas de esta gran nación, guardar el secreto?"
– "No estamos seguras a que se refiere, Jerarca." – Mencionó la nativa de Mitilene.
– "Sólo prométanlo." – Aseveró con mueca circunspecta la mandamás. – "¿Sí o no?"
– "De acuerdo." – Contestamos las tres.
– "Bien."
Ella exhaló y asegurándose que el bebé durmiera plácidamente, abrazando su pez de felpa, asentó sus codos en la mesa y nos miró solemnemente, retirándose las gafas.
– "Mi nombre real es Kuroko Kobayashi. No conocí a mi padre y aún no deseo hablar de mi progenitora, si es que algún día lo hago. Cambié mi apellido a Smith para desligarme de mi pasado, asumiendo la personalidad tan flemática que conocen y así proteger a mis amistades. Doppel actualmente se llama Nya, descendiente directa de unos de los más poderosos entes de este plano existencial y entre menos sepan de su verdadera naturaleza, será mejor para sus mentes. Sí, demasiadas sorpresas directas, pero tengan paciencia.
Chicas, en mis años como coordinadora del Programa de Intercambio, capitana de Monter Ops y atareada empleada gubernamental, he visto y vivido infinidad de peculiares sucesos, suficientes para llenar volúmenes con mis anécdotas, ya sean sobre familias anfitrionas y sus percances, o los mortales encuentros con la basura que pulula el bajo mundo. No es por presumir, pero considero que mis acciones han hablado por si solas y me he desempeñado de manera sobresaliente. Claro, he cometido más errores tanto laborales como personales, igual que cualquier simple humano que estuviera en mi delicada posición, entre mantener el orden social a nivel local de los hogares huésped y hasta nacional, con los incidentes criminales.
Sin embargo, y estoy segura que ustedes más que nadie lo saben a la perfección, nada de eso sería posible para una sola persona sin el apoyo y ayuda de grandes individuos que le auxiliaran en todo momento. MON no es únicamente mi equipo de reacción, cuatro elementos cruciales en la lucha contra la injusticia, sino una gran familia, mi familia a la que le debo prácticamente todo. Esas valientes y excepcionales mujeres son como mis hermanas, mis confidentes y absolutas compañeras. Las aprecio como nadie podría hacerlo, y sé que ellas piensan lo mismo de mí. No hay día que pase sin que agradezca el contar con su invaluable amistad. Pero, entre todas ellas, hay alguien a quien considero algo más que una aliada, una coligada. No, esta persona es más que todo eso, alguien que supera el límite de la camaradería para cruzar la delgada línea entre querer y amar.
Esa persona es Nya."
Diciendo eso, la peliblanca se colocó detrás de la coordinadora y la rodeó con sus brazos, descansando su barbilla sobre la cabeza de la agente, sonriendo con tranquilidad. Esta última prosiguió.
– "Sonará absurdo, ridículo, totalmente inverosímil, y nos las culparía por agregar más adjetivos que expresen su incredulidad ante tan disparatada idea. Es una locura pensar en que una hija del Caos Reptante y una irresponsable adicta a la cafeína como yo formaran una relación sentimental, lo sé, es algo que el sentido común nos dicta de manera casi implícita. Las probabilidades de que tal cosa sea real son tan escasas que aceptarla destruiría el concepto de improbabilidad y haría trizas la lógica universal con la fuerza de un martillo de guerra.
Y aún así, nos amamos.
En este insano mundo donde las guerras se desenvuelven con aparatos bélicos sobrevolando la atmósfera, idiotas millonarios incultos llegan a ser presidentes del país más poderoso, se conquista a la luna antes de nuestro propio océano y mitos del ayer resultan ser completa verdad, ¿Qué tan irracional es el romance entre una abismal y una simple mortal?
He luchado por la igualdad entre nuestras especies por años no únicamente por mi honesto deseo de traer paz y prosperidad entre las distintas sociedades y erradicar esas barreras que frenan el progreso, sino porque al final, a pesar de tantas diferencias y más allá de las discrepancias físicas, filosóficas y hasta existenciales, el amor es tan poderoso e impredecible que sus apoteósicas flechas pasionales lograron unir en cuerpo y alma a dos entes que jamás en sus vidas pensaron cruzarse alguna vez.
No es fácil mantener las apariencias, especialmente cuando se encuentra en un puesto tan importante como el mío. Por ello confío en ustedes, chicas, porque al igual que yo, conocen lo difícil que es sobrevivir a este mundo cuando todos nos juzgan. Si alguien más se enterara de esto, más que el esperado desconcierto, causaría rechazo y escándalo. Saben de primera mano lo que la prensa puede hacer, el daño que es capaz de causar con unas cuantas palabras falsas e imágenes engañosas. De suceder, nuestro arduo trabajo se vendría abajo y todo por lo que luchamos se desintegraría en un instante, como si las llamas del infierno lo consumieran.
Pero, incluso si todo esto se revelara, si los ojos del planeta entero se posaran y apuntaran acusatoriamente con sus impasibles dedos, arrojando innumerables injurias contra nuestras entidades y condenándonos a una eternidad como parias excomulgadas de la sociedad decente, nosotras no dejaríamos de seguir expresando nuestro profundo querer, porque no hay obstáculo tan inamovible que pueda detenernos y ni grilletes tan apretados que puedan anclarnos si estamos juntas. Amo a Nya, ella a mí y nadie en este jodido universo podrá negarlo.
Y la prueba más grande de ese inmenso cariño, es este bebé.
Un abismal como Nya carece de género definido y puede adoptar el que ella desee. Por nuestras preferencias, ha elegido ser una mujer como nosotras. Pero de vez en cuando, y siento si esto las incomoda, en nuestros apasionados encuentros carnales le pido que realice algo más que dejarme probar ese perfecta entidad corpórea femenina que manipula a placer. En uno de esos pequeños deslices de lujuria desenfrenada, ella liberó más que sus divinos gemidos de satisfacción dentro de mí, regalándome su semilla y haciéndole germinar en mi vientre.
Así es, este pequeño es nuestro hijo.
Su nombre es Samael, elegido por las incontables connotaciones históricas que se le atribuyen. Tiene catorce meses y es nuestro secreto mejor guardado. ¿Cómo logre ocultar mi embarazo por nueve meses? La historia se haría demasiado larga y realmente no es tan importante. Lo hacemos pasar por el retoño de un familiar lejano y a pesar de nuestro trabajo y dejarlo bajo el cuidado de alguien más, nos esforzamos para estar siempre a su lado, que crezca conociendo a sus madres, que jamás se sienta solo o rechazado. Por eso les pido con toda el alma a ustedes, a quienes decidí depositar mi completa confianza, que sigan pretendiendo en nuestro juego de simular. Los pecados que he cometido no deben afectarle a esta criatura, inocente de falta alguna.
Quizás, algún día, cuando el mundo sea capaz de aceptar tal cosa, podamos convivir en paz, como una verdadera familia. Mientras tanto, habrá que continuar con esta fachada, porque la sociedad no está lista, porque tal vez nadie lo esté jamás. Pero, aunque ese momento no llegue, nada cambiará que este divino angelito, este diminuto pedazo de alegría seráfica, es nuestra sangre, nuestro tesoro, nuestro querer…
Nuestro hijo."
Smi…Kobayashi dejó salir una lágrima al tiempo que el abrazo de Nya se hacía más firme alrededor de ella. Acariciando con delicadeza la cabeza del niño que reposaba tan dulcemente, ambas sonrieron. Nosotras nos hallábamos afásicas en su totalidad, completamente absortas por tan abrupta revelación, que nos sacudió con el poder de una explosión nuclear. Podría calificar todo de un sueño, algo fantasioso sacado de alguna historia ficticia mal escrita y descartarlo como un engaño, pero eso sería ignorar el hecho que yo, al igual que Kuroko, nunca me imaginé que hallaría la felicidad en una hija del Eterno Abismo.
Ya he perdido la cuenta de cuantas veces he repetido esto, pero el mundo en verdad es pequeño. La coordinadora y yo tenemos mucho, demasiado en común. Ambas somos pruebas vivientes de que en ocasiones, lo imposible es todo lo contrario. Y es por eso que no puedo faltar a mi juramente implícito. Prometí proteger al inocente, y eso es lo que haré; Mantendré el secreto, pretenderé seguir este engaño muy necesario para evitar que ese pequeño sueño condensado en tan igualmente diminuta personita se derrumbe. Conmovida, alcé la mirada y les ofrecí una enorme sonrisa a ambas madres, quienes regresaron el gesto.
Y entonces empezaron a reír.
– "¡Sí que eres impresionante, hermana!" – Exclamó la doppelgänger de repente. – "¡En verdad lograste engañarlas!"
Esperen… ¡¿Qué?!
– "¿J-Jerarca?" – Habló Nikos. – "¿Qué está sucediendo?"
– "¡Sorpresa, novatas!" – Declaró la agente, soltando una risa igual de enérgica y transformándose en otra cambiaformas. – "¡La gran Doppel lo hizo de nuevo!"
¡¿Qué qué?!
– "¡W-wait a fuckin' minute! ¡Time out!" – Cetania se incorporó, agitando sus alas frenéticamente. – "¡¿Pueden explicarnos que carajos pasa?!
– "Que Doppel-chan les vio la cara, granates." – Respondió Kuroko sorpresivamente, entrando por la puerta. – "¿Estás bien, Eka?"
– "Sin duda, fue divertido." – La primera peliblanca cambió su aspecto hasta adoptar la forma de una fémina ligeramente similar a la otra, pero más alta, usaba un extraño collar y con un cabello que se tornaba de diferente color constantemente. – "Las chicas se morirán de la risa cuando se los cuente."
Esperen, ¡¿Qué no la entrada estaba trancada?! ¡¿Por qué hay dos abismales en la sala?! ¡Qué alguien me explique!
– "Smi… Kobay… ¡Hauptmann!" – Logré articular, parándome. – "¡Por el amor de todo el Olimpo, aclare qué demonios está ocurriendo de una vez!"
– "Tranquila, Jaëgersturm, siéntate." – Ordenó la agente. Obedecí. – "Lamento que hayan tenido que pasar por esto, equipo, pero es parte del acuerdo con nuestro benefactor actual en pos del progreso de la institución. Doppel, ¿me sirves por favor?"
– "Bien, estoy tranquila, ¡Estoy tranquila!" – Intenté calmarme. – "Sólo díganos de que se trata esto, Hauptmann. Usted es la verdadera, ¿cierto? ¿Quién es Doppel? ¿Y la otra que se parece a ella? ¿Quién soy yo?"
– "Paciencia, Aria." – Volvió a instar la pelinegra mientras una cambiaformas vertía café en su taza. – "Gracias, amiga. Como decía, todo lo anterior no fue más que una muy bien planeada y ejecutada broma por parte de nuestra Doppel." – Señaló a la que le sirvió la bebida. – "Y una de las huéspedes de el patrocinador que nos facilitará su apoyo." – Apuntó a la otra. – "Conozcan a Ekaterina."
– "Hola, MOE." – La segunda abismal saludó amistosamente. – "Pueden llamarme simplemente Eka."
– "La señorita aquí fue muy amable en traernos a este pequeñín para que reciba nuestros cuidados." – Prosiguió la mujer de gafas oscuras, degustando el café tranquilamente. – "Se preguntarán la razón. Bueno, al contrario de la extremadamente absurda y falsa historia que la alférez y su compañera les hicieron creer, el bebé actualmente es hijo de un viejo conocido nuestro y que nos ha metido en… curiosos percances con anterioridad; Me refiero al profesor Karurosu Sarver."
– "Un momento." – Hablé yo. – "¿Se refiere al tipo que es ex-novio de la doctora Redguard, anfitrión de la saltarina Rachel Tzeranth y que persuadió al mío de meterse con un grupo de idols nekomatas estando totalmente ebrio?"
– "¿El que pertenece a la compañía The Gambler y posee una casa llena de autómatas en su patio?" – Se unió la rapaz.
– "¿Y los rumores dicen que está completamente loco y quizás sea un peligro en potencia?" – Injirió la helénica.
– "Veo que ya conocen bien las travesuras de Karu." – Rió Ekaterina. ¿Cuándo piensa dejar de cambiar el color de su cabello? – "Sin duda, el mismo. Créanme, y eso es sólo la punta del iceberg."
– "Correcto, niñas." – Concedió la coordinadora. – "Para no extendernos más y permitirle a la invitada retirarse a su hogar lo antes posible, digamos que el señor Sarver nos debe uno que otro favor por… indultarle algunas pequeñas faltas que podrían mermar su historial. El más reciente, el asunto de esas nekomatas, nos brindó la oportunidad perfecta de matar dos pájaros de un tiro, aceptando un acuerdo que beneficiará a ambos partidos por igual. En compensación por ignorar ese insignificante descuido con felinas celebridades, el profesor se ha comprometido a usar sus recursos monetarios y tecnológicos para proveernos de un medio de transporte que sustituya a la vetusta furgoneta que pasó a mejor vida el día de hoy."
Eso me tranquiliza. Y le sirve de escarmiento al condenado chiflado ese que sólo nos mete en problemas. ¡Aún no olvido lo de la medicina que me dio voz de ardillita! Aunque si mis sospechas son correctas, no me gusta a donde se dirige esto.
– "Vale, eso tiene más sentido." – Opinó la castaña. – "¿Pero qué tiene que ver el bebé en esto?"
– "Bueno, como deberás imaginar, cabo, un vehículo diseñado para nuestras exigentes necesidades no es materia que deba tomarse a la ligera, pero afortunadamente Sarver es racional y muy generoso, haciéndonos una muy altruista propuesta." – Aclaró Smith; Puedo seguir llamándola así, ¿verdad? – "Él ha jurado donarnos una unidad móvil mejorada y funcional a cambio de únicamente cuidar a su preciado retoño, Haruhiko Sarver, por poco tiempo. Por ende, y dado que ustedes serán la que más necesiten obtener experiencia, les encomiendo que se hagan responsables de custodiar al angelical Haru hasta mañana. Tómenlo como una prueba para medir su capacidad de proteger al indefenso y de paso desarrollar sus instintos maternales."
– "¡Woah, woah! ¡Un momento, Chief!" – La americana alzó las alas en señal de alto. – "¿Nos está solicitando que actuemos de niñeras?"
– "Correcto, Cetania. Solamente vigilen al querubín por veinticuatro horas y tendremos un vehículo nuevecito de paquete totalmente gratis. ¿No es genial?"
– "Jerarca, no nos entrenaron para esto." – Reiteró la empusa.
– "Las adiestramos para hacerle frente a las situaciones más adversas, sargento." – Kuroko la miró con seriedad. – "Si el atender a un niño de catorce meses por un día es tarea demasiado difícil para usted o sus camaradas, le sugiero devuelva su arma, su placa, empaque sus cosas y regrese a la jodida isla del mediterráneo de donde salió. ¿Katalavaíneis?"
– "S-sí, Jerarca. Lo siento."
– "Bien. Ya que todo quedó convenido, dejo a Haru bajo su tutela. No me decepcionen, novatas." – Ella se cruzó de brazos. – "Mañana, misma hora, mismo lugar. ¿Entendido, MOE?"
– "¡Sí, Señora!" – Saludamos militarmente.
– "Buena suerte. Honorem et Gloriam." – Se encaminó a la salida. – "Tanta dulzura del bebito me dio antojo, chicas. Vayamos por unos helados, yo invito y Eka paga."
– "¿Hauptmann?" – Llamé su atención.
– "¿Sí, cabo Jaëgersturm?" – Se detuvo en la puerta.
– "Sólo para confirmar… Esa historia anterior, fue completamente falsa, ¿verdad?"
– "Aria, piénsalo…" – Hizo mueca burlona. – "¿Doppel y yo? ¿Qué sigue? ¿Nuestro anime con nuestro propio tema musical? Y luego dicen que la loca soy yo."
Con una risa grupal de sus invitadas, el trío se retiró del lugar, dejándonos solas con el infante, que acababa de despertar, como su gradualmente creciente lloriqueo anunció. Yo era la más cercana y, quizás por lo bonito que se veía en esa pijama de tiburoncito o porque mi instinto materno y justiciero me incitó a protegerlo, lo tomé en mis manos, protegidas por mis guantes, y lo arrullé un poco, aunque sin mucho éxito. Entonces, algo captó mi atención y respondió a la interrogante de porqué el chiquillo no sosegaba su malestar. Con un distintivo y nada agradable olor, el joven Sarver nos hizo saber que necesitaba un cambio de pañal.
– "Bien, compañeras, no será la misión más glamorosa, pero sin duda estará llena de constantes peligros." – Bromeé y me di la vuelta. – "Pero bueno, es sólo un bebé. ¿Quién me…?"
Ahí descubrí que mis aliadas eran expertas en desaparecer de un lugar sin hacer ruido alguno.
– "¿…Ayuda?"
Esté será un largo día.
NOTAS DEL AUTOR: Arañas y bebés, ¿Qué puede malir sal?
Bueno, en este capítulo me decanté por tocar varios temas que empezaron de forma cotidiana y gradualmente escalaron a más serios. Cada pequeño pedacito fue para mostrar las diversas personalidades de los coloridos personajes que conforman MON e incluso otras fuerzas de la ley. Desde la amistosa Mei, la despreocupada Zombina, las amables Manko y Tionishia y las locuras que únicamente a Doppel y Smith pueden ocurrírseles, cada una de ellas brindan un enorme caleidoscopio de experiencias a nuestras heroínas.
Y al mismo tiempo, seguimos descubriendo nuevas facetas del trío principal; Aria revelando el porqué de su aversión al café, Cetania haciendo hincapié en la importancia de la fiesta y apoyando a su amada arachne, sin olvidarnos del bien escondido lado tierno de la fría Dyne; Siempre hay algo nuevo que explorar con el escuadrón MOE. Incluso la escena de las armas, que podría parecer una simple excusa para satisfacer mi fascinación con los instrumentos bélicos, encapsuló perfectamente el carácter de cada una de las integrantes, condensada de manera casi lacónica en el acto de nombrar a sus pistolas.
Jaëgersturm se toma su tiempo para hacer que su P30L posea un título significativo, demostrando lo meticulosa que es en un tema que le interesa, como su uniforme e insignias; Su arma no es únicamente una herramienta de trabajo, sino una extensión de ella y lo que representa. Por ende, Erika, que tiene tantas connotaciones asociadas, fue el alias elegido. Por su parte, Cetania es más neutral y representa a la persona común, decantándose por un nombre que le recuerda a su hogar y un personaje con el cual comparar su belleza. Y Nikos, siendo la menos interesada en rebuscadas metáforas y la más directa de las tres, adoptó a una fiera monarca de una de las sociedades guerreras más reconocidas por su tenacidad sin pensarlo dos veces, poniendo en evidencia que al igual que para una espartana, la fuerza y decisión en ser la mejor lo son todo.
Y bueno, sé que deben querer arrojarme a la hoguera por jugar tan feo con esa confesión final que resultó ser sólo una broma, pero ese chiste tan cruel simboliza perfectamente lo que Smith y Doppel han demostrado ser en el tiempo que las conocemos; Una actrices, quizás las mejores que hay. Con su ingenioso engaño y poder de enmascarar las apariencias, ambas han logrado confesar una enorme verdad y aún así hacerles creer a las novatas que todo es una ilusión. La humana ha dominado en cierta forma la habilidad de su contraparte abismal, amalgamándose y exhibiendo que su lazo sentimental es más profundo de lo que parece. Y a pesar de esos antifaces que ostentan con maestría impecable, ambas están comprometidas con sus amistades y su trabajo. Mejor metáfora no podría haber.
En todo caso, me he extendido lo suficiente y es tiempo de que me calle, pero no sin antes agradecer profundamente a los compañeros Alther y Arconte, cuyos personajes y situaciones narradas en sus propios trabajos me ayudaron mucho a desarrollar la trama para este episodio. Les mando un abrazo tamaño Panzer VIII Maus y mis sinceras congratulaciones por ser tan amables de permitir el uso de sus obras. De la misma manera, envío un saludo a los amigos Paradoja el Inquisidor y Onix Star, a quienes les hice uno que otro guiño. Quizás no seamos agentes de élite como MON, pero estamos igual de locos, especialmente yo, por eso compaginamos tan bien.
Los invito a dejar sus reseñas, queridos lectores, ya saben que le alegran a uno el día y le dan motivos para seguir esta demente trama que de alguna manera ustedes continúan disfrutando. Y siempre se los agradeceré de corazón. ¡Que tengan un excelente día y nos vemos hasta la próxima! ¡Auf Wiedersehen!
