NOTAS DEL AUTOR: ¡Achtung, Kameraden! ¡Herr Tarmo Flake ist hier!

Por nuestra Ama y Señora, cincuenta capítulos. Cincuenta episodios de fruslerías sobre una araña germana sáfica que tiene peor suerte que un atún en un tanque de tiburones hambrientos.

Honestamente, aún no sé qué es lo que les sigue atrayendo a todos de Aria Jaëgersturm y sus incontables tonterías que he plasmado en virtual tinta durante estos meses. Y hablo en serio, cuando empecé este proyecto, supe desde el principio que estaba lanzándome a una jugada poco prometedora. Una arachne lesbiana con afinidad por las armas y la Segunda Guerra Mundial es un nicho demasiado pequeño para expandirse más allá de los individuos interesados en tan particulares temas, pero de alguna milagrosa manera, esa torpe alemana ha logrado ganarse un pequeño pero significativo espacio en la lectura de varias personas.

Y por eso, a todos aquellos que creyeron en este sueño y aún continúan aquí, les dedico esta larga y conmemorativa entrega. ¡Danke schön, Kameraden! ¡Les agradezco el apoyo! ¡Panzer vor!

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena hizo fiesta y los invita a todos! ¡Las arachnes entran gratis! ¡Concurso de camisetas mojadas en la noche!


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 50


¡Hola, yo soy Gok-! No, esperen, me equivoqué de universo alterno. O quizás no, después de todo lo que ha sucedido en mi corta vida, especialmente tomando en cuenta que básicamente convivo a diario con seres que no eran más que leyendas hace unos años, pero ese no es el punto. Lo siento, déjenme comenzar de nuevo.

¡Hola, yo soy Haruhiko Sarver! ¡Mucho gusto en conocerlos!

En primera, deseo aclarar que si bien mi hipocampo cerebral aún no está desarrollado del todo debido a mi temprano estado de crecimiento, mis memorias son lo suficientemente claras para poder relatarlas, frescas desde los metafóricos bancos de la remembranza alojados hipotéticamente en mis redes sinápticas. Y en segunda, es mi deber anunciarles que soy un bebé. No, con lo anterior no estoy diciendo que soy un inmaduro, y aunque técnicamente lo sea desde el punto de vista biológico, me refiero a que en verdad soy un niño pequeño, puesto que mi edad actual es nada menos que de catorce tiernos meses.

Sí, ya sé que deben estarse preguntando como en el nombre de la ciencia es posible que una criatura tan joven sea capaz de articular complicadas reflexiones cuando ni siquiera puede formar sentencias vocales coherentes, lograr caminar completamente erguido sin caerse o evitar realizar sus necesidades fisiológicas sobre sí mismo. Bueno, ese es otro los tantos misterios de la vida que seguramente los filósofos helenísticos alguna vez se preguntaron cuando recién abrieron los ojos, para después olvidarse de seguir mortificándose el alma con interrogantes sin respuesta cuando es más fácil llenar la pancita con leche materna que nuestro vacío de sabiduría.

Además, cuando mi guardiana actual se trata de una literal fémina arácnida, cualquier cosa es posible. Al menos es muy cariñosa.

– "¡Scheisse, scheisse! ¡¿Qué hago, qué hago?!" – Exclamó la mujer con un distintivo acento germano. – "¡Cetania, Dyne, ¿Cómo se atreven a dejarme solita con este demonio?! ¡Lo arrojaré por la ventana si no regresan!"

Ah, una Arachnoidea Sparassidae de la especie Heteropoda venatoria; Una arachne cazadora. Sé de ellas puesto que mi padre, el profesor Karurosu Sarver, suele dejar varios libros sobre las extraespecie en su habitación. Y no sólo son las llamativas ilustraciones polícromas lo que llaman mi atención hacia tales textos, sino la enorme cantidad de información que se hallan entre los explicativos párrafos, detallando cada una de los peculiares hábitos y comportamientos de las distintas liminales que repentinamente fueron reveladas al mundo, ofreciendo una auténtica cornucopia de conocimiento que cualquier aficionado a la ciencia biológica encontraría más que fascinante.

Oh, sé lo que deben de estar pensando: ¿Acaso también lees, pequeño mentiroso?; Y entonces yo contestaré que de hecho… Sí, soy capaz de interpretar los caracteres ordenados de manera que formen palabras, las cuales son la base de nuestro lenguaje no oral o corporal. Sonará disparatado que posea una habilidad reservada para infantes de al menos cinco veces mi edad actual, pero vuelvo a reiterar que me hallo en un mundo habitado por seres mitológicos que probaron ser tan reales como la señorita de ocho patas que me sostiene en sus brazos actualmente.

A menos que me encuentre en alguna especie de sueño híper-realista o alguna simulación virtual creada por una sociedad avanzada de máquinas después de esclavizar a la humanidad, supongo que mis afirmaciones de descifrar los escritos de los libros son lo suficientemente veraces para ser aceptadas. Eso o la leche que me han estado dando contiene sustancias alucinógenas. Eso explicaría mucho, pero prefiero creer que mis capacidades de interpretación lingüística se encuentran sumamente avanzadas, a pesar de la discrepancia entre mi desarrollo cerebral y físico. De hecho, he formulado una teoría que justifica el porqué de…

Oh, esa sensación de nuevo.

Y he aquí una de las mayores desventajas de no tener edad suficiente para controlar de mejor manera el comportamiento de mi sistema digestivo. He logrado pasar de una dieta a base de líquidos mamíferos puros a semisólidos derivados de este, adicionados con dulces sabores frutales, como yogurts y papillas, pero me temo que a pesar de continuar escalando el peldaño de la jerarquía alimenticia, mi avance intestinal sigue mermando mis capacidades de retener los desechos de mi cuerpo. Afortunadamente, mis tutores y guardianes legales me han provisto de ropa especialmente diseñada para tan embarazosos casos. Sólo espero que a la señorita arachne no le moleste mi súbita acción, aún no domino del todo a mi joven cuerpo.

Ya sé, usaré mi modo lindo y juguetón, quizás así amenice su intranquilidad.

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¡Por la gran Arachne, que alguien me ayude!

¡De todas las misiones, de todas las órdenes, de todas las incontables estratagemas que la demente de Smith pudiera haber maquinado en su insana cabeza de psicópata… Y a mí tenía que tocarme la peor! No sé qué es lo que más me preocupa: El que la vida de este niño me haya sido puesta bajo mí cuidado tan súbitamente o el hecho que el olor proveniente de su pañal se haya hecho más intenso. ¡¿Qué se supone que haga?! ¡No tengo conocimiento alguno sobre bebés! ¡Eso era trabajo de las saltarinas en Sparassus, yo soy únicamente una soldado! ¡¿Y qué clase de loca irresponsable deja a un retoño humano con un depredador tan peligroso como una arachne?!

Bueno, obviamente Kuroko. Ella es la única capaz de abandonar sus deberes para enjaretarme a este maloliente crío mientras disfruta de un helado con un par de abismales. El aroma a porquería sigue acrecentándose y no encuentro manera de cesar sus balbuceos. ¡Agh, maldita mi suerte! ¡¿Por qué siempre me toca la peor parte?! ¡¿Y dónde están esas supuestas amigas mías cuando más las necesito?! Suficiente, renuncio, ¡Que la gente combata criminales por su propia cuenta!

– "¡Wah!" – Exclamó el niño de repente.

– "¿Eh? ¿Q-qué sucede?"

– "¡Wah!"

– "¿A qué te refieres con 'wah'? ¡Ni que fueras pingüino!"

– "¡Aka!" – Logró articular. – "¡Aka!"

– "¡Habla bien, condenado enano llorón!" – Me pausé al darme cuenta de lo que yo decía. – "¡Bueno, ya sé que no puedes, pero pretende entenderme!"

– "¡Aka!" – Repitió de nuevo. Creo que ahora sé a qué se refiere.

– "¡Sí, ya sé que te hiciste encima, pequeño fastidioso!" – Aseguré. – "¡Pero ni la maldita de Smith o esas jodidas cambiaformas me facilitaron alguna muda de indumentaria!"

El chiquillo entonces apuntó a su carriola azul con diseños de planetas. Yo no entendí la razón, pero él insistió en que su diminuto índice señalara hacia su transporte personal. Obedeciendo, revisé el interior del carrito y me hallé con una bolsa roja, esta vez repleta con figuras de diversos tiburones. Ignoro cuál sea la obsesión de sus progenitores con tales predadores marinos, pero no voy a morderme la lengua; De tener mi propia hija, llenaría su habitación con tanquecitos, aviones y demás bélica temática, además que tendría peluches de blindados. ¡Y no es para compensar el hecho que nunca me compraran uno de niña!

En todo caso, abriendo la bolsa, mi alma sosegó su desesperación y, habiendo encontrado la solución a mis plegarias, inhalé profundo para tranquilizarme. Mala idea, el olor aún me perfora la nariz. Intercambiando mi sistema respiratorio pulmonar por las filotráqueas abdominales, tomé un pañal extra y, a pesar de mi nula experiencia, me dispuse a evitar que la criatura siguiera revolcándose literalmente en sus heces. Importándome un bledo si la capitana se enojaba por usar su escritorio y despejando los adhesivos laterales de la prenda, tragué saliva y cerré los ojos mientras lentamente retiraba el material hecho de polímeros súper absorbentes. Arachne mía, ten piedad de mi alma.

El horror…

¡Por el trono de Hades! ¡¿Cómo es que un humano tan pequeño es capaz de producir cantidades tan obscenas de materia fecal?! ¡¿De qué hedionda dimensión salió este mozalbete que ahora parece reírse de mi infortunio?! ¡¿Y por qué demonios puedo sentirlo si no estoy usando mi nariz?!

– "¡¿Por qué a mí, dioses imperecederos?!" – Me lamenté mientras contenía mis crecientes nauseas. – "¡¿Por qué me han abandonado?!"

El horror… ¡El olor! ¡Es peor que una manada de jabalíes muertos en medio del más caliente verano! No poseo sentido del olfato en mi método de absorción de oxígeno alterna, pero de alguna manera se ha infiltrado dentro de mí y me escarba los bronquios como fuego. No, no puedo describir lo que mis globos oculares atestiguaron frente a ellos, por la salud mental de cualquiera, me es imposible relatarlo. Tomando el poco valor que mi endeble espíritu aún se empeñaba en mantener, tomé a Haruhiko de una pierna y lo alcé ligeramente para permitir a su pañal deslizarse, procurando de no manchar al chiquillo. Creo que algo de suciedad empañó el cristal que recubre la parte superior del mueble de la coordinadora, pero me da igual. ¡Es mi primera vez haciendo esto, no sean tan duros juzgando! ¡Y esa loca se lo merece por darme una misión excesivamente mortal!

Ay, no; Ahora viene lo peor.

Desesperada, me apresuré a descartar la fétida prenda en el contenedor de basura más cercano (por suerte era de tapa móvil, así el apeste no se escaparía) y escrudiñé la maleta en búsqueda de papel higiénico para limpiar el trasero de ese diablillo. Sin embargo, por más que me esforcé en hallar algo para la tarea, los resultados fueron nada favorables y no encontré medio alguno para asear a la criatura que seguía pataleando y amenazaba con descargar otro llanto si no me encargaba de adecentarlo a la prontitud posible. Resignada y sin mucha salida, me aventuré a hurgar en los cajones del escritorio de mi superior hasta hacerme con un montón de hojas sin valor alguno. Con celeridad, tomé algo del agua de la botella que la agente usó para su café y humedecí el papel para evitar irritar al niño.

Ya mojados, tragué otro poco de saliva al tiempo que mi temerosa mano sostenía un extremo de la celulosa procesada y la pasaba por las posaderas del pequeño. Trataba de pensar en cosas bonitas como gatitos corriendo, campos de flores, peces de colores y París en llamas para evitar derrumbarme al ver como la nívea hoja se tornaba café entre más la restregaba. De alguna manera, el pañal fue capaz de contener la mayoría de la suciedad y en poco tiempo el trasero del chavalín quedó impoluto y fresco como… Bueno, como el de un bebé. Con él ya contento y habiendo quitado todo rastro de materias indeseables del vidrio del escritorio, exhalé para relajarme y proseguí con la faena de arropar al chiquitín.

Localizando más pañales, me topé con un recipiente plástico conteniendo talco boratado y perfumado, perfecto para devolverle pulcritud y evitar que el chicuelo se irritara las posaderas, sin contar que le otorgaría un agradable aroma. Alzando sus piernitas y deslizando el desechable debajo de él, lo volví a asentar para esparcir el polvo con ese clásico olor a bebé sobre la zona principal. Ahora que se halla limpiecito, puedo darme el lujo de observar lo lindo que luce el diminuto angelito cuando está contento. Sonriéndole también me acerqué y con mi índice, acaricié su pancita, provocándole más risas. Después de más carcajadas de algarabía infantil, me dispuse a acomodar los adhesivos laterales para acabar con la faena.

– "Eres un buen niño, Haru. Ahora, no se te vaya a ocurrir volver a hacerte del baño después de todo lo que me costó el…" – Me pausé. – "¡¿Qué es lo que acabo de decirte, mocoso del demonio?!"

¡Por el martillo de Hefesto, no de nuevo! ¡¿Cómo le hace este enano para alojar tanta pudrición dentro de él mismo?! ¡Y ahora huele peor que antes! ¡¿Qué los dioses no tienen piedad?! Resignándome a regresar a la primera casilla, volví a hurgar los estantes cercanos en busca de papel para asear el diminuto pero destructivo trasero de este condenado arrapiezo que me ha tocado el infortunio de velar por su bienestar. Mandando al carajo el revisar el contenido de las hojas que tomé de los cajones, las restregué molesta para asear al diablo en miniatura y de mala gana le arrojé medio recipiente de talco a su pañal antes de sellarlo y dar final de una vez por todas a esta demente labor. Con Tique mostrándome misericordia, todo se llevó a cabo sin problemas y el hijo de Sarver volvió a estar presentable dentro de su trajecito selacio afelpado.

Bien, debería calmarme y dejar de pensar en lanzarlo desde el techo. Es sólo un bebé, ni siquiera sabe articular palabras más complejas que las monosílabas, así que mucho menos es capaz de controlar su esfínter. No me quejaría mucho, ya que alguna vez yo también fui una pulguita que únicamente lloraba, babeaba, dormía, comía y hacía del baño todo el día… ¡Pero al menos no iba por ahí cagándome encima! De hecho, las arachnes, sin importar especie, expulsamos nuestros desechos envueltos en pequeñas bolsas naturales de seda (la única instancia en la que una cazadora es capaz de producirla), de manera completamente higiénica y salutífera. ¡Somos más limpias que estos monos sin pelo! ¡No me odien por ser la especie superior! ¡Heil Arachne!

De acuerdo, creo que vestirme de esta manera sí me está afectando.

Al menos la pesadilla ha terminado y puedo concentrarme en buscar a mis (¡nada solidarias!) compañeras para evitar sufrir esta cruel batalla sola. Colocando y asegurando el bebé en su carriola (e ignorando el desorden que hice en la oficina de Smith), me encaminé a la salida. Antes de abrir la puerta, dos conocidos rostros se hicieron presentes.

– "¡¿Dónde demonios estaban ustedes dos?!" – Les pregunté a la rapaz y la mantis. – "¡Me dejaron sola y abandonada! ¡¿Y se hacen llamar mis aliadas?!"

– "¿Tienes que gritar todo el tiempo como demente, Potato?" – Preguntó sarcásticamente la pelinegra. – "Fuimos a buscar el resto de las pertenencias del joven Sarver, escandalosa."

– "Tranquila, flaca, es sólo que notamos que la tal Ekaterina se llevó un enorme bolso con ella y pensamos que podría sernos útil." – Indicó la castaña, cargando un bulto en su hombro. – "Y lo será; Aquí está sus juguetes, cremas y demás amenidades. ¿Cómo está el querubín, mamá araña?"

– "¡Es el hijo del diablo!" – Afirmé. – "¡Le tuve que cambiar no una, sino dos veces el maldito pañal! ¡Casi muero por el hedor!"

– "Ya deberías estar acostumbrada, apestosa." – Replicó sardónicamente la griega. – "Al menos confío en que el retoño ya se encuentre limpio y no haya pasado un mal rato en tu vituperable presencia, garrapata crecida."

– "Dyne, en verdad me gustaría meter tu cabeza al inodoro hasta que dejaras de respirar, pero sería mal ejemplo para el niño." – Contesté. Mis amenazas contra la mantoidea se detuvieron cuando el mencionado empezó a llorar. – "Ay, por las barbas de Poseidón, ¿y ahora qué?"

– "¿Lo ves, idiota? Tu cara de vomito ya lo asustó. Dámelo antes que le causes un trauma irreparable, cerebro de lechuga." – La helénica lo tomó en sus brazos, arrullándolo. – "Descuida, pequeño, la malvada Nazi no seguirá espan…tando…te…"

La mediterránea se pausó cuando Haruhiko, inocentemente como todo chaval de su edad, le apretó uno de sus senos. Estoy segura que ese fue el primer contacto de tal clase que la nativa de Mitilene experimentaba con alguien del sexo opuesto, aunque en este caso el 'afortunado' fue un simple niño. Por suerte, Nikos era una mujer bastante madura y con los pies bien puestos en la tierra, por lo que su reacción ante tan imprevisto acto fue la comprensión absoluta.

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– "¡Por todos los cielos, Sarge!" – Gritó la halcón plomizo a su amiga. – "¡Baja al pobrecito de una vez! ¡Recapacita!"

– "¡Dyne, maldita psicópata, no lo hagas!" – Se unió la alemana. – "¡No arrojes al bebé por la ventana!"

– "¡Debo hacerlo! ¡Suéltenme, inútiles!" – Protestó la empusa, siendo sostenida por sus aliadas. – "¡Este hijo de su humana madre debe aprender a no manosear a la gente! ¡Le enseñaré que nadie se mete con la gran Dyne Nikos!"

– "¡Es sólo un niño, insecto chalado!" – Exclamó la teutona, deteniendo los espolones de la mantis. – "¡No lo hizo con malas intenciones!"

– "¡No me importa! ¡Que sufra la ira de Hécate por sus pecados!"

Ah, la presión barométrica a esta altura es ligeramente diferente. No parece que casi dos metros en el aire sean diferencia alguna entre la altitud del suelo tokiota y mantenerse a nivel del mar, pero incluso una criatura tan joven como yo es capaz de notar el sutil cambio en los hectopascales atmosféricos. Eso o simplemente estoy inventando verborreas científicas para evitar pensar en que mi vida está literalmente en manos de una iracunda griega liminal que amenaza con lanzarme por una de las aperturas del inmueble, atravesando el cristal rodeado por un marco plástico a gran velocidad. Si las numerosas cortaduras por el vidrio no terminan con mi temprana vida, quizás la fuerza de gravedad haga que el impactar sea quien me brinde un prematuro final.

Estaría preocupado si no contara con un paracaídas escondido.

¿Sorprendidos? Lo sé, incluso para mí parece algo inverosímil, pero créanme, es verdad. Como el hijo único (o al menos el único confirmado) del doctor Sarver, mi padre se han encargado personalmente que su heredero se mantenga a salvo en todo momento y me ha suministrado diversos medios de supervivencia tan simples pero efectivos que incluso un infante es capaz de aprovecharlos. Todo aquello sonará a fruslerías sacadas de alguna historia fantasiosa, pero mi progenitor es un científico muy talentoso que ha logrado enormes avances en la conservación del bienestar familiar, especialmente para asegurar mi tranquilidad. Ahora, sólo debo activar el botón escondido en… Un momento, un momento. Ay, no…

Lo dejé en mis otros pañales.

Bueno, fue lindo conocer este mundo. Quizás parezca demasiado frío que acepte mi funesto desenlace con tanta indiferencia, pero sin artilugio alguno para hacerle frente a la adversidad y con mi incapacidad para materializar alguna especie de Deus ex machina de la nada, no tengo remedio alguno que cerrar los ojos y aceptar que la vida es demasiado efímera. Aunque, con tantas guerras, presidentes lunáticos, terrorismo internacional y la cancelación de 'Caritele Redux: Carisaurio Unleashed', supongo que abandonar este plano existencial no es tan malo. ¡Adiós, amigos! ¡Fue un gusto conocerlos!

Oh, quizás hablé demasiado pronto. La Falco femoralis logró rescatarme de las quitinosas extremidades de la Mantis religiosa sancta al tiempo que la arachne teutona apaciguaba sus ímpetus homicidas, aunque no su irreverente boca, la cual continuaba lanzando repetidas ignominias hacia mi juvenil persona. Ah, que hermosa sensación es el estar rodeado en estas cálidas plumas de interesante patrón multicolor. Puedo entender el porqué la germana, a pesar de que sus preferencias no son provechosas para el ciclo biológico estándar, siente una enorme atracción hacia su colega arpía. Pero tampoco diré que desapruebo tales gustos, por muy raro que me parezca, puesto que dos individuos del mismo género no podrán procrear descendencia alguna. O quizás sí, tomando en cuenta las cosas que Ekaterina me ha contado sobre el poder del Abismo y demás.

Pero yo que sé, de todas formas a mí me trajo una cigüeña de París.

De hecho, ignoro por qué estoy tocando el tema de la atracción romántica, puesto que jamás he experimentado tal cosa. Lo único que más adoro en esta vida, más allá del concepto estándar de complacencia, son a mi señora madre y a mi peluche de dragoncito, ese tan mono que mi progenitor guardaba bajo su cama.

Aunque, bueno, confieso que en una de las guarderías en las que mamá solía llevarme, llegué a sentir algo por una chica muy linda. Era mayor que yo, siendo estudiante de primaria, como evidenciaba su uniforme escolar. La vi pasar por la ventana del aula durante las sesiones de estimulación aritmética con los dados gigantes de colores, acompañada de una fénix de edad similar, riendo y contando anécdotas que hasta el día de hoy me son un misterio.

Sólo fue un fugaz momento en la existencia del espacio-tiempo, pero no pude dejar de admirarla al grado que mis compañeros lograron adjudicarse mis juguetes frente a mis narices. Sin embargo, incluso para un iluso como yo, estaba claro que alguien tan hermosa nunca se fijaría en alguien como yo, ignorando las obvias desigualdades en nuestro lapso de vida, y decidí dejar de ilusionarme. Confieso que esa noche lloré con más ganas para que mi madre me abasteciera de sobremanera con leche, para desahogarme de mi estúpido corazón roto y dormir para olvidar las penas.

Ay, por todos los quarks de la galaxia de Andrómeda, voy a deprimirme y ni siquiera he aprendido a cantar el tema de Barrio Sésamo. ¡Rápido, necesito alegrarme con algo de inmediato! Sin mi dracónido animal de felpa para mitigar mis penurias, debo recurrir a la siguiente opción más viable. Bien, mi rango visual actual no es el más óptimo, ya que el plumaje de mi guardiana me impide observar más allá del rango posible, y dado que mi falta de movilidad es otro punto a considerar, supongo que no tengo más remedio. Sólo espero que resulte mejor que el intento anterior.

– "Aria…" – La mujer alada habló a su pareja sentimental. – "¿Acaso este mocoso me está agarrando las tetas?"

– "Eso parece."

Bitácora de Haruhiko Sarver; Fecha desconocida, pero pronto entraremos en celebraciones invernales. Me encuentro en la estación policial que funge como las oficinas centrales de MON en Tokyo, administrada por el superintendente Takeichi Kuribayashi. Mi necesidad de alejar los malos recuerdos de mi idilio no desarrollado me orilló a tomar medidas drásticas y a tratar de encontrar consuelo mimando las glándulas mamarias de la extraespecie alada que todavía me sostiene en sus extremidades, aunque no se por cuanto más.

Aún así, y a pesar de que obtuve el efecto adverso, debo afirmar que es una sensación increíblemente relajante. La fina textura de la epidermis pectoral junto a la increíble firmeza que la juventud y el vigor de una sobresaliente salud le otorgan a su americana dueña, sin mencionar el considerable tamaño que ostentan, se han combinado para proveer a mis rechonchos dedos de una apoteósica experiencia dactilar. Un busto grande y acolchadito, el arquetipo perfecto que garantiza una excelente fuente alimenticia y lozana energía maternal. Su decantación por la compañía femenina le impedirá embarazarse y por ende concebir leche natural, pero estoy seguro que el simple acto de succionar tan prominentes pechos suministraría el mismo resultado en cualquier recién nacido. O mujer, en su caso.

Por supuesto, no pienso hacerlo. No soy tan tonto como para condenarme a una muerte instantánea, mi edad no me suple con inmunidad diplomática. Al menos la alemana puede estar satisfecha, ha elegido correctamente a su pareja y su pasión por el sexo femenino la llevará a disfrutar plenamente de las dádivas que su adorada ave de presa ofrece. Es una lástima que ahora esta última no haya encontrado mi inocente proceder aceptable y, en un irónico intercambio de papeles, sea la griega quien trate de salvaguardar mi moza persona de la ira de la rapaz. La entropía del universo nunca cesa de sorprenderme.

– "¡Cetania, suelta a ese niño!" – Imploró Jaëgersturm a su contraparte. – "¡Suéltalo ya!"

– "¡Eso es lo que intento!" – Respondió la estadounidense. Hablaba en serio. – "¡Le mostraré de primera mano lo que se siente volar por los aires!"

– "¡Cabo, te ordeno que deposites al infante de vuelta a su carriola en este instante!" – Fue el turno de la sargento de tomar la palabra. – "¡Entiendo tu aflicción, pero arrojarlo desde aquí sólo empeorará las cosas para nosotras!"

– "¡¿Are you fuckin' kiddin' me, Pepper?!" – Cuestionó la mujer de áureos ojos en su idioma natal. – "¡No one but Blondie can touch my tits! ¡This little son of a bitch is a filthy pervert! ¡And I'm gonna waste him fuckin' hard!"

– "¡Demonios, pajarraca, se supone que eres la policía!" – Insistió la rubia. – "¡Pon el ejemplo!"

– "¡Fuck the police!"

– "¡Süsse, por favor!" – La sparassidae la sostuvo de los hombros. – "¡Deja de exagerar!"

– "¡Qué exagerar ni que nada! ¡Suéltame!"

– "¡Es lo que te digo yo a ti! ¡Baja al pobre Haru!"

– "¡Lo haré!" – Aseveró. – "¡De la manera más rápida que conozco! ¡Por vía aérea!"

Nuevamente, ignoro cómo o por qué, pero de alguna manera entre insistencias verbales y los abrazos de su compañera de ocho patas, la furiosa falconiforme desistió de su vesánica vendetta contra mí y logré volver a la seguridad de mi guardiana de seis ojos. Tal vez el exoesqueleto de sus manos sea algo duro, incluso con los sedosos guantes, pero aún así me agarra con delicadeza y suavidad. Naturalmente, el sentirme a salvo me hizo querer agradecerle de la mejor manera que sé.

– "¡Por todos los cielos, Aria!" – Vociferó la mujer de castaño cabello, rodeando con sus alas vehementemente a la alemana. – "¡Suelta esa maceta! ¡Le vas a destrozar la cabeza!"

– "¡La Gran Arachne exige sacrificio para que el infractor pague por sus pecados!" – Respondió Jaëgersturm, encolerizada. – "¡Los herejes deben morir! ¡Angriff!"

Tal vez debería replantearme esa manía de agarrarle los pechos a cada mujer que conozco…

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Debería empezar a buscarme otro empleo.

O mejor dicho, otra jefa. Esto no es lo que tenía en mente cuando decidí unirme a una supuesta unidad policiaca de élite. Entiendo que debamos arriesgar nuestra propia vida en el proceso de resguardar las del resto del mundo, pero dudo que enfrascarnos en letales litigios con desalmados criminales sea tan horrible como tener que soportar a una sinvergüenza criatura diabólica que no sólo tiene la desfachatez de defecarse encima, sino que también osa manosear a mis gemelas pectorales y las de mi chica para después esconderse tras su máscara de inocencia. ¡Pero esto no se quedará así, mocoso! ¡Te voy a componer a chancletazos!

Bueno, al menos ahora es Dyne quien se encarga de tenerlo en brazos. Y si la pelinegra decide usarlo como balón de fútbol y patearlo hasta la China, no objetaré, ese pequeño demonio merece un buen correctivo.

– "¿Y qué hacemos ahora?" – Preguntó la rapaz, sentándose de alas cruzadas. – "Es decir, ¿alguien tiene idea de cómo cuidar a un crío? ¿Sarge?"

– "Ochi." – Negó con la cabeza la griega, meciendo suavemente a Sarver. – "Mis conocimientos respecto a custodiar infantes son demasiados exiguos. Especialmente lo que se portan tan mal. Pero esas son las órdenes y no podemos retractarnos."

– "Comprendo." – Suspiró la castaña. – "¿Qué tal tú, Blondie? Vives con esa limo y la hija del jefe."

– "Papi y Suu son como niñas pequeñas, pero no bebitas." – Reiteré, asentada en el suelo. – "Y tampoco sé nada. Las saltarinas son las niñeras designadas de nuestra nación, mi ocupación era el combate."

– "Joder, aún no entiendo en que pensaba Smith al encomendarnos esto." – La halcón miró al techo. – "No me preocupo por nosotras, sino por Haru. Si algo le sucede, no podría perdonármelo."

– "Es una responsabilidad más grande de lo que creíamos." – Opinó la helénica, ignorando que su dedo estaba siendo mordido. – "¿Alguna sugerencia?"

– "Tú eres la líder aquí, pimiento gruñón." – Dije mordazmente. – "Guíanos con tu enorme sabiduría."

– "Somos un equipo, papanatas. Pero gracias por tu invaluable apoyo." – Retrucó. – "De todas formas, quizás no deberíamos mortificarnos tanto, es sólo un niño a final de cuentas. Si los animales salvajes pueden criar a sus retoños, nosotras también."

– "Conmovedor, pero proviniendo de una mantis, conocidas por ser caníbales con sus descendientes en la naturaleza, no es muy confiable." – Repliqué sardónicamente. – "Las sparassidae serán cazadoras sanguinarias, pero también son fieras madres que defienden a sus hijos hasta la muerte. Y eso es hecho científico."

– "¿Dices que tú serías mejor guardiana que yo, arachne?"

– "Comparado con una hematófaga tan colérica, supongo que soy menos peligrosa."

– "Excelente." – Depositó a Sarver en mis manos y me dio palmaditas en el hombro. – "Felicidades, mamá Jaëgersturm, que disfrutes el día con tu amado bebé. Nosotras nos lamentaremos a solas por no poder gozar de tan distinguido privilegio. Hasta mañana."

– "¿Eh? ¡Un momento, mantis! ¡No puedes hacerme esto!"

– "Quiero y lo hago. Como tu líder, es mi deber el usar mi enorme sabiduría para guiarte." – Sonrió maliciosamente. – "Y esa es una orden, cabo. Peaches, larguémonos."

– "Pero…" – Intenté protestar.

– "Bye, Blondie. Have fun." – La americana se despidió agitando su ala. – "¡I love you! ¡See ya!"

Y así, el irresponsable dúo volvió a esfumarse por la puerta de caoba, y aunque se cercioraron de cerrarla lentamente, el ruido provocado causó profundo eco en la solitaria oficina, resonando como la campana que marcaba mi condena eterna. Y ahí, con la sentencia pataleando tenuemente en mis manos, quedó una desamparada araña lamentándose por su aciago destino. Suspirando, me incorporé y me resigné a echarle un último vistazo al chavalín que se había vuelto mi tarea más difícil hasta ahora. Bien, tal vez sea un molesto llorón balbuceante y con dedos demasiado atrevidos, pero en el fondo, esa sonrisita infantil es contagiosa y pausadamente la mía regresó a mi desairado rostro.

– "¿Qué voy a hacer contigo, Haruhiko?" – Le pregunté, dejándolo tomar mi índice en sus manitas. – "No sé nada de ser madre, quizás porque la mía siempre estuvo ausente, así que ignoro cómo tratarte. Pero, aún así, voy a intentar que pasemos un rato agradable y te mantendré a salvo, como la protectora que se supone que soy. Por ti, por mí, por el honor. Al menos, ¿podrás darme tu opinión de tan peculiar situación?"

Su respuesta fue la adecuada: Volvió a hacerse en su pañal.

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¡Ah, que seráfica sensación es tener el trasero limpio!

Tal vez la tal Aria se degrade demasiado e insista en que sus talentos maternales son parvos, pero por lo menos posee la suficiente paciencia para cambiar mis sucias prendas por tercera vez sin querer (demasiado) lanzarme con todo y carriola debajo de las llantas de un autobús en movimiento. Y lo hace bien, a pesar de ser tan amateur. Mi posterior nunca estuvo tan oloroso (en el buen sentido) y seco gracias al talco de la tía Nalgasuave, y esa loción de la abuela Shirohibe me complementa con ese perfumado aroma que me hace sentir como todo un rompecorazones. Mi nueva pijama de triceratops que ella me hizo vestir sólo acentúa mi look de galán.

Transportándome en mi carricoche, la rubia tomó la ruta hacia el primer piso, pasando un mar de gente que la veían algo extraño mientras ella se sonrojaba ligeramente y a una máquina dispensadora de bebidas de nulo valor nutricional ya muy vetusta, hasta un cuarto con una cruz roja gigante en las verdes puertas. Me puse algo nervioso al recordar tan infame símbolo simétrico; ¿Acaso era momento para esas dolorosas vacunas? ¿Es en verdad de gran prioridad reforzar mi sistema inmunológico cuando la medicina actual ha logrado controlar y hasta erradicar las enfermedades que han azotado a la humanidad por siglos? ¡Ay, no! ¡Quiero a mi mami, quiero a mi mami!

– "Shh, tranquilo, bebé, no llores." – Insistió la alemana, meciéndome. – "No pasa nada; Cálmate, lindo. Sí, huele a muerto, pero esa debe ser Sandy que no se baña, la muy puerca."

Unas cuantas ligeras agitaciones de su parte bastaron para apaciguar mis deseos de gatear hasta el útero de mi progenitora para sentirme de nuevo a salvo. Sosegando mis lloriqueos y sin dejar de cargarme, empujó mi carrito, abriendo las puertas y encontrándonos en una sala médica. La presencia del olor del etanol y las jeringas me pondrían nervioso si no fuera por las llamativas láminas informativas del cuerpo humano y liminal que decoraban las paredes. El estudiar las intrincadas estructuras biológicas de los metazoos me distrajo lo suficiente mientras la teutona platicaba con la encargada de la oficina. Los altos decibeles en los que esta última parecía comunicarse con alguien por teléfono me evitaban en concentrarme en la anatomía de las serkets presentada a mi izquierda.

– "¡No, no, no! ¡Pedí específicamente la pizza con pepperoni extra, no pimientos! ¡No, también quiero los pimientos, con un demonio!" – Abroncaba la mujer de negra tez cutánea. – "¡Sí, queso hecho con leche de minotauro, no sean tontos! ¡Y que los champiñones formen la palabra 'Saadia es la más sexy'! ¡¿Cómo que estoy llamando a una lavandería?! ¡No, su mamá es hombre!"

Asentando con fuerza el gracioso auricular con forma de caracola de cangrejo ermitaño en su lugar, la doctora de verdes ojos y agraciada figura se desplomó en su asiento, colocando sus manos sobre su cabeza y murmurando improperios que mis juveniles oídos no debieron haber escuchado. La rubia carraspeó para llamar su atención, pero la otra optó por seguir musitando anatemas en voz baja, sin hacerle caso. La germana tuvo que recurrir a repetir su nombre ad nauseam para captar su interés, esta vez obteniendo éxito.

– "¿Y ahora qué, Nazi fastidiosa?" – Cuestionó la afroamericana con desgano. – "¿No ves que estoy ocupada pensando en qué demonios com...? ¿Y ese bebé?"

– "Kuroko nos los encargó y terminé cuidándolo sola."

– "Ah, joder, ¿el ritual era hoy?" – Comenzó a buscar en los cajones de su escritorio. – "Rayos, lo olvidé por completo. Espera, por aquí tengo la daga ceremonial. ¿Te sabes el juramento a la Madre Noche?"

– "Muy graciosa, Saadia. En realidad vine para que le des una checada al mocoso este." – Me sentó en el mueble, frente a la chica. – "Ya van tres veces que hace sus necesidades y en todas fui yo la que tuvo que sufrir cambiándole el pañal. No luce enfermo, pero tú eres la experta aquí."

– "Soy científica actuando de médico general, araña, no pediatra." – Sacó un recipiente térmico con chocolate frío, sirviéndolo en un vaso de plástico. – "Y en todo caso, si el niño no se queja por cólicos u otra forma de dolor abdominal, significa que es un proceso completamente natural y no veo razón para alarmarse. Él está sano, sólo tienes mala suerte, lesbiana salada."

– "Para ser una inexperta, suenas muy segura, Redguard."

– "Soy la más grande genio que el condenado MIT alguna vez tuvo la fortuna de aceptar, Jaëgersturm." – Se jactó la fémina de nívea bata, tomando su bebida. – "Pero claro, no podían aceptar que esta diosa de ébano fuera más inteligente que cualquiera de sus vejestorios misóginos, así que me impusieron toda clase de trabas para evitar que estirara mi gloriosas alas. Y aún así, me recibí con todos los honores."

– "Nah, más bien eras una degenerada buscarruidos que le gustaba holgazanear en lugar de estudiar."

– "Y organizar salvajes fiestas con eróticos desenlaces con las fraternidades femeninas del campus." – Acotó riendo la doctora. – "En todo caso, ¿a quién le robaste tan linda criaturita, novata? ¿Finalmente tú y Montana decidieron dar el siguiente paso y adoptar a su heredero?"

– "Lo creas o no, este angelín es el hijo de Karu Sarver."

No sé qué lo más impactante; Ver a la matasanos escupir su brebaje con la fuerza de un géiser del parque Yellowstone o la repentina explosión que el líquido provocó a su ordenador. Con algo del oscuro chocolate aún goteando de los igualmente negros labios de la absorta estadounidense, esta nos miró estupefacta por varios afónicos segundos, con todo su cuerpo temblando.

– "¿D-dijiste Sarver?" – Preguntó ella. – "¿El mismísimo profesor Sarver? ¿El demente de Karu?"

– "A menos que tenga un hermano gemelo, la respuesta es sí."

– "Aria, si esto es una broma…"

– "Nope." – Le mostró mi tarjeta de identificación de la guardería. – "Haruhiko Sarver, hijo único de Haru Kumino y Karurosu Sarver. Catorce meses de edad, le gusta el jugo de manzana verde."

De acuerdo, retiro lo dicho, ahora lo más impresionante es la titánica rabieta que la supuesta profesional desató en un picosegundo, profiriendo infinidad de oprobios excesivamente explícitos y tan ofensivos que aprendí más variaciones de la palabra para referirse a las mujeres de la vida galante en menos tiempo que le tomó al electromagnetismo separarse de las fuerzas fundamentales durante el Big Bang. Y todo en dos idiomas. Lo peor fue que no sólo nuestro sistema auditivo fue invadido por tan rimbombante despliegue de vulgaridad bilingüe, sino que el resto del lugar fue presa de las violentas acciones por parte de Saadia. Pobre estatua de porcelana con forma de tortuguita, moriste por la patria.

– "¡Ese desgraciado, malnacido, hijo de su progenitora! ¡Condenado embustero y desalmado!" – Imprecó ella, pateando un archivero. – "¡Primero te promete el cenit de la felicidad absoluta y luego te tira a la basura como condón usado! ¡Y para colmo, se le ocurre también reproducirse! ¡¿Quién le dio permiso de traer más huérfanos a este mundo?! ¡¿Quién se cree ese bastardo?!"

– "Sandy, estás exagerando."

– "¡Que exagerar ni que ocho cuartos! ¡¿Cómo se atreve a andar esparciendo su mugrosa semilla por todos lados?! ¡¿A cuántas inocentes mujeres más ya ha engañado con sus mentiras?!" – Estampó su puño en la pared. – "¡Pero esto no se queda así! ¡Ese esperpento va a conocer quién es la verdadera Saadia Vanessa Redguard y a su imparable patada chicagüense! ¡Le dejaré el cerebro más aguado que lo se carga entre las piernas!"

– "Ahora entiendo porqué rompió contigo…" – La arácnida giró sus ojos, aún a falta de pupilas, el gesto fue evidente. Entonces, notó mi mano agitándose hacia la iracunda Redguard. – "Oh, creo que el chaval quiere decirnos algo."

– "¿Qué, ahora hablas idioma bebé?" – Contestó con sarcasmo Vanessa. – "Si bien la comunicación verbal es posible a su edad, dudo que este párvulo posea el raciocinio suficiente para articular más de tres palabras coherentes. Además, ¿de qué podría informarnos? ¿Qué su amigo imaginario le dice que incendie cosas?"

Claro que no, matasanos de dudosa rectitud moral. Esa fue una etapa de la cual alegro informar que ya he superado soberbiamente. Y cesa tanta perífrasis, que ese es mi trabajo. No, mi mensaje es simplemente un producto de tu irascible conducta, indigna de una experta en las materias concernientes a una galena, para calmar tales explosiones emocionales tan súbitas. Eso o tal vez estoy temeroso que tu impetuosa rabia termine dirigida a mí y a mi quitinosa cuidadora.

– "¡Aada!" – Exclamé repentinamente, balbuceando como todo bebé. – "¡Aada!"

– "¿Qué dijo este pequeñajo?" – Interrogó la afroamericana.

– "Me parece que intenta repetir tu nombre." – Dijo la rubia. – "Vamos, Haru, ¿puedes decir Saa-dia?"

– "¡Aada!" – Repliqué. – "¡Aadia!"

– "Concedo que sus habilidades oratorias son apabullantes…" – Mencionó sardónicamente la mujer de ojos verdes. – "Miren, si ya terminaron con su interesantísimo teatro de boberías, les sugiero me dejen sola y…"

– "¡Mamá!"

Cuatro letras, dos sílabas, un sustantivo, cero ruidos después de enunciarla. Robert Burton dijo alguna vez que una palabra hiere más profundo que una espada; En ese caso, creo que la mía fue un misil balístico intercontinental, puesto que apenas me oyó pronunciar tan sensible término para una Homo sapiens del género femenino, Redguard abrió sus ojos color esmeralda y un leve temblequeo invadió su cuerpo para gradualmente escalar a una vibración absoluta. Entonces, y con la celeridad de una fulguración solar atravesando la cromósfera del astro rey, la doctora salió disparada de su oficina, emitiendo un perforador grito y jalando de su negro cabello hasta que el eco de su voz se desvaneció en la lejanía.

Mirándonos incrédulos, Jaëgersturm y yo encogimos los hombros y colocándome ella en mi carricoche, salimos de ahí. Cerrando una de las puertas, nos topamos con las familiares caras de la arpía y la empusa, ambas igualmente confundidas por ver correr a Saadia como avestruz hiperactivo por el pasillo y chillando a todo volumen.

– "Normalmente preguntaría qué demonios sucedió, pero conociendo a la doc, no necesito explicaciones. En fin, ya volvimos de la tienda." – Habló la rapaz, mostrando un colorido envase de vidrio. – "Ta-da, papilla de manzana verde para el chiquilín; Su sabor favorito, según esa doppelgänger que lo trajo."

– "Entonces… ¿Todo es tiempo fueron simplemente a comprar?" – Cuestionó la germana. – "Un momento, ¿por qué no me dijeron?"

– "Porque la sabihonda y experimentada arachne era mejor guardiana que nosotras, según sus palabras." – Contestó sarcásticamente su compañera mantis. – "Además, ir por víveres es mucho más placentero sin tu presencia, patata engreída. Incluso nos dieron un descuento y compramos suficientes provisiones por sólo una fracción del presupuesto."

– "Y hasta nos conseguimos una tarjeta de regalo con mil yenes para la Google Store y una barrita de goma de mascar." – Anunció la castaña, enseñando los objetos mencionados. – "No es mucho, pero salió gratis gracias a que el cajero del Tama-Foxxo se infatuó con Pepper. Cuidado chicas, aquí viene la conquistadora espartana a quitarles al novio."

– "Cierra el pico, Peaches." – Le reprendió una ligeramente sonrojada griega. – "Como sea, se nos fue otorgada la cantidad de cuarenta mil yenes para los gastos del joven Sarver y como la líder, me aseguraré que empleemos tal capital únicamente en la manutención del niño. Y según la lista de quehaceres que también fue facilitada por la cambiaformas, el horario actual indica que es momento de alimentarlo. Potato, eres voluntaria, dale de comer."

– "¿Por qué todo yo?" – Aria recriminó. – "¿No se supone que somos un equipo? ¡También pon de tu parte, grillo fastidioso!"

– "Mi trabajo es administrar los recursos y demás logística, cabo. Tanto aquí como en tu patria, tu rango sigue y seguirá siendo inferior al mío, así que cállate y acata la orden." – Aseveró la mediterránea, con mueca jactanciosa. – "¿Quieres ayuda, alemana inútil? De acuerdo; Peaches, auxilia en tan imposible misión a tu amante. Cuida que sea ella la que no derrame baba en su ropa."

– "Por mí no hay problema, pero esto es abuso de poder, ¿sabes?" – Respondió la halcón, abriendo el recipiente con papilla. – "Aún me pregunto qué es lo que tus admiradores ven en ti, pimiento. Han de creer que eres una de esas muñecas sexuales que se mueven solas."

– "En ese caso, sería mejor que siguieran usando sus manos." – Rió la germana. Notó mi interés en el alimento. – "Oh, parece que Harukin está ansioso por su puré. ¿Tienes hambre, chiquitín? ¿Quieres manzanita? ¿De la rica y suavecita?"

– "Je, que tierna eres, flaca. Me recuerdas a las nodrizas de la tribu." – La americana sonrió, insertando una cuchara en la comida con sus manos protéticas. – "A ver, Haru, abre la boquita que aquí viene el avión. Di 'Aaahh', ¿Sí, bebé?"

No es necesario fingir tales juegos haciendo alusión a los vehículos aéreos, descendiente de Electra, puesto que la pasta derivada de las pomáceas de la variedad Granny Smith está entre mis preferidas. Así que puedes cesar tan irrisorias maniobras para incitar mis deseos de consumir energías calóricas y proteínas antihistamínicas, por muy necesarias que sean para mi óptimo desarrollo. Seré un bebé, pero no un inmadu… Un momento… ¡No estás usando mi cucharita azul con forma de estegosaurio! ¡¿Cómo te atreves a alimentarme sin tan crítico elemento?! ¡No, me rehúso a aceptar una omisión tan ofensiva! ¡No quiero, no quiero!

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¡Ay, como quisiera no estar aquí!

Justo cuando parecía por podríamos suministrarle sus nutrientes esenciales sin problemas, este mocoso decide llorar con esa aguda voz de vocalista de heavy metal con esteroides y patalear como si luchara por su vida. Y me sigo preguntando, ¿Cuál es el maldito problema ahora? Dudo que las palabras de Cetania le hayan asustado o la apariencia de alguna de nosotras, por mucho que la impasible expresión de Nikos le otorgue un intimidante y permanente ceño fruncido a esta. ¿Tal vez Sandy se equivocó y en verdad el niño se encuentra mal estado? Joder, espero que no; Suficientes problemas tenemos como para tratar con un infante enfermo. Esperen, parece que nuevamente señala a la gran bolsa donde están el resto de sus cosas.

Raudamente y por fin dignándose a mover su inútil trasero, Dyne inspeccionó las pertenencias, mostrando una por una los diversos objetos contenidos. Biberones, sonajas, un bonito peluche de pingüino, chupones, una copia de Necronomicón, lo usual, pero nada que cesara el llanto del niño. Sin embargo, al revelar la mantis una cuchara plástica moldeada a la usanza de un animal prehistórico, los sonidos del pequeño parecieron confirmar que aquel utensilio polímero era la respuesta. Dándole una oportunidad al colorido dinosaurio, la falconiforme volvió a intentar alimentar al joven Sarver, en esta ocasión obteniendo un resultado positivo al deglutir el bebé su papilla con ahínco.

– "Todo esto por un tireóforo extinto. Y tiene el apetito de uno también." – Mencionó la arpía, observando como Haru devoraba su comida vehementemente. – "Siempre me pregunté, ¿Qué tienen los dinosaurios que le gustan tanto a los niños?"

– "Son grandes, poderosos y hay uno para todos los gustos. Es lo mismo que siento por los tanques, pajarita." – Respondí, mimando la cabeza del infante. – "Hacen lo que quieren, no hay nada que los detenga, así que no deben preocuparse por castigos, bañarse o hacer sus deberes. Y lo más reconfortante: Hace mucho que desaparecieron. Los monstruos no pueden hacerte daño si ya no existen, pero siguen siendo geniales."

– "Sin contar que lo exótico siempre será llamativo para cualquiera." – Acotó Dyne, acariciando discretamente uno de los peluches del pequeñín. – "De ahí la atracción de las extraespecies para los humanos. Somos la novedad, la moda, e incluso después de asimilarnos, seguimos siendo diferentes."

– "Al menos podemos contar con que eso es en el buen sentido, ¿cierto?" – Dijo la rapaz, escarbando los últimos restos de puré. – "Digo, si ignoramos a la escoria criminal, la mayoría de las personas nos tratan con respeto, especialmente en lugares como este, donde la integración entre ambos mundos es el principal objetivo."

– "La sociedad aún necesita seguir avanzando para alcanzar la tan ansiada paz, Cetania." – Injerí yo, sonriendo al escuchar al bebé eructar. – "Pero ahora somos parte de ese engranaje, ¿no? Luchando para lograr que ese sueño se cumpla."

– "Eso espero, porque no me atrevería a arriesgar mi vida todos los días, especialmente a su lado, si no tuviera efecto alguno sobre ese utópico pero factible proyecto." – Expresó la pelinegra, colocando el muñeco de vuelta al bolso. – "Al menos poder golpearles la cara a esos hijos de puta y el saber que el orden se mantiene intacto hacen que soportarlas a ustedes valga la pena."

– "Y el salario, Pepper, no olvides el jugoso salario." – Indicó la castaña, depositando el envase vacío en la basura. – "Estuve investigando y descubrí que un miembro especializado de las unidades anti-terroristas puede ganar hasta 9,593,460 yenes al año. Aquello equivale a casi 800,000 mensuales."

– "Meine göttin…" – Silbé de la impresión. – "Eso es más dinero del que podría esperar ganar en… Bueno, en cualquier lado. A menos que recurriera a medios ilegales."

– "Aprecio el optimismo, Peaches, pero dudo que nuestros cheques sean tan gordos." – Opinó la nativa de Lesbos, esta vez tomando el ave antártica de felpa disimuladamente. – "De lo contrario, la Jerarca no estaría quejándose todo el tiempo de sus escasos recursos monetarios ni tendríamos que recurrir a cuidar bebés para conseguir una unidad móvil. Eso, aunado a que todavía somos novatas con poca experiencia, dificulta que nos paguen la misma cantidad que un veterano profesional."

Sin contar que Smith podría sorprendernos con algún acto de tacañería y terminar truncando nuestros emolumentos por cualquier nimiedad. Demonios, ni siquiera estoy segura si no canjeará el nuevo transporte por algún capricho personal. No es que desconfíe de mi jefa, pero… Bueno, es Kuroko, no se puede evitar.

– "Creo que la lesbia tiene razón esta vez, Süsse. Estamos en la élite, pero apenas en el primer escalón." – Coloqué de nuevo al niño en su cochecito. – "Descuida, siempre podremos recurrir a otros métodos, como el comerciar fotos comprometedoras nuestras, para complementar nuestras exiguas situaciones económicas. Además, ¿por qué te preocupa tanto la paga? ¿Yuuko tuvo que vender su riñón para que no les corten la electricidad o algo así?"

– "Eh, tú sabes, flaca, soy una maldita yanqui capitalista." – Bromeó, encogiendo los hombros. – "Nah, sólo pensaba en que podríamos darnos el lujo de recompensar a nuestros caseros. Te lo dije, Yuuko ha sido increíblemente amable conmigo y deseo agradecerle. La fiesta para Mio es sólo el primer paso."

– "Te comprendo. Si este reloj ya es evidencia suficiente, mi familia se ha gastado una cantidad considerable de plata conmigo. Dyne, ¿me pasas el dragoncito, por favor?" – Ella titubeó un momento, pero me lo facilitó. – "Danke. Como decía, me gustaría remunerarles con algo. No lo sé, organizar un viaje a la playa, al campo. Incluso al parque de diversiones, esta vez donde no terminemos combatiendo psicópatas. Y por supuesto, pasar tiempo de calidad con Lala, hace mucho que no salimos en una cita propia. Si nos pagan el bono de fin de año, tendré suficiente para ello."

– "Bueno, viendo lo terrible que eres en matemáticas, no me fío mucho de ti administrando las finanzas, flacucha." – Bromeó la estadounidense. – "Tal vez no deberías gastártelo todo en consentir tanto a tu pitufo. A ella le consigues toda una colección de atavíos mientras a ti te sigo viendo con los mismos trapos de siempre. La única excepción es el uniforme que cargas, pero sólo es uno. Que use de su dinero, para variar."

– "Entonces dile a Mio que le aumente el sueldo, plumífera." – Sonreí ligeramente al ver como Haru jugaba felizmente con su animalito de felpa. – "Por cierto, ¿Cuánto le pagarán? Una chef tan talentosa merece ser remunerada sobradamente."

– "¿Quién soy? ¿La tesorera del Aizawa? Pregúntale a tu querida decapitada, genio." – Me sacó la lengua. – "Y si no le gusta el salario, que regrese a Irlanda a cuidar ovejas o lo que sea que hiciera en su condenada granja."

– "Oh, así que andas muy elitista el día de hoy, ¿cierto, señorita empresaria?" – Incliné la cabeza. – "Dígame, magnate del imperio industrial, ¿en qué cargo tan influyente se desempeñaba usted antes de llegar a estas humildes tierras y tener que rebajarse a compartir su tan valioso espacio personal con los indignos plebeyos del hoi polloi?"

– "Pues aunque no lo creas, yo era una diosa del baile." – Empezó a imitar alguna especie de danza lenta, meneando sus alas. – "Mis movimientos hipnotizaban a todo admirador y me quedaba con su dinero. Y aún tengo el toque."

– "¿Eras bailarina exótica o algo así? ¿Les hacía un strip-tease a las hordas de mirones calientes?" – Cuestioné burlonamente. – "Demonios, pajarraca, no me salgas que tuviste que vender tu cuerpo para subsist-¡AY!"

– "Te lo mereces por idiota, araña mensa. Ni que fuera una halcón de cascos ligeros." – La castaña me propinó otro golpe en la cabeza. Haru y Nikos se rieron. – "No, bruta, era junto a Atseelia, parte del equipo de danza tribal del hotel turístico Lido Azzurro, en Hachijō-jima."

– "Auch, estaba bromeando, urraca violenta. Lo siento, ¿sí?" – Tallé mi herida. Genial, otro chichón. – "¿Dijiste danza tribal? ¿De qué trataba?"

– "De danzar." – Replicó burlonamente. Nadie rió esta vez. – "Ay, qué público tan amargado. Hablando en serio, era nuestro trabajo, prácticamente exclusivo que yo y mi hermana adoptiva teníamos en el lugar. Cada tres días, los dueños del hotel nos contrataban para realizar lo que nosotras bautizamos como 'la expresión espiritual y mística de las tribus de la costa occidental'. Era en realidad algo que a Atseelia y a mí se nos ocurrió de la nada, pero logramos convencerlos de que era cultura verdadera. Nos colocábamos bikinis, muy modestos debo recalcar, y faldas hechas de hojas de palma; Ya saben, lo estereotípico que esperarían del concepto hawaiano, porque fingíamos ser precisamente inmigrantes de ahí. Entonces, ya preparado el ambiente con grandes antorchas, un grupo de cuatro personas en trajes tribales tocando enormes tambores y la luz de las estrellas, iniciábamos una coreografía que simplemente improvisamos. Y de alguna manera, a los visitantes les agradaba."

La falconiforme realizó lo que supuse sería el mencionado baile, moviendo sus emplumadas extremidades en sincronía mientras su cadera se meneaba como una serpiente, recordándome un poco a Miia. Si bien no parecía nada especial, lo colorido de sus alas y lo sensual que ella lucía al hacer tan sencilla danza le otorgaban un llamativo atractivo a su acto. Pude imaginar a la arpía, moviéndose bajo la luz del fuego de las antorchas isleñas con briosa y salvaje música, cautivando como una hechicera al público con el provocativo vibrar de su cintura y su esculpido cuerpo mientras las vistosas plumas no dejaban de crear una pintoresca atmósfera. Incluso el bebé quedó embobado por un momento por tan interesante despliegue coreográfico.

– "Nos llamábamos integrantes de la tribu Yumni, que es idioma lakota para 'torbellino', y decíamos habitar a las faldas del volcán Kohala." – Prosiguió explicado y bailando. – "Obviamente todo eran patrañas y cualquier hawaiano hubiera desmentido el teatro a la primera, pero afortunadamente los turistas, incluso los de mi patria, no tenían idea alguna que mintiéramos. Además, la existencia de los liminales aún era un secreto, así que fingíamos que nuestra apariencia eran muy elaborados trajes nativos y estos eran tan convincentes que nadie nos cuestionaba.

Los visitantes nos adoraban, incluso los dueños, quienes nos daban oportunidad de probar los baños termales, aunque debíamos rechazar tales ofertas ya que no podríamos hallar excusa para evitar retirarnos nuestras supuestas indumentarias. Ganábamos moderadamente, hasta que el Acta provocó una repentina afluencia de extraespecies en las cercanías y dejamos de ser tan únicas. Seguimos trabajando junto a otras especies, como arpías comunes, melusinas, ondinas, escilas y sirenas, pero ya no era lo mismo. Al final, Atseelia fue la primera en dejar la isla y mudarse a Asaka. Yo me volví parte de un pequeño show aéreo en el hotel. Seguí laborando hasta que, bueno…"

La rapaz cesó su danza y bajó un poco la mirada, luciendo algo melancólica.

– "Mi madre adoptiva era realmente terca al rehusarse a aceptar mis preferencias y me harté de su insistencia en que encontrara pareja, así que huí, vagando por el resto de las islas cercanas, incluso pasando sobre Sparassus, buscando mi propio lugar en este mundo. Finalmente, llegué a Okayado y ya saben el resto. En ocasiones extraño el hermoso clima y las fastuosas vistas de la playa, especialmente de noche, pero no tanto lo que solía llamar hogar. Cierto, tenía empleo y buena paga, pero yo prefería ser libre. Además…" – Alzó la vista, sonriendo. – "De no hacerlo, nunca te hubiera conocido, Aria. Y tú eres más valiosa que cualquier cantidad monetaria, porque no existe riqueza más grande en este mundo que tu amor."

La rapaz dejó que las comisuras de sus ojos condensaran una pequeñas lágrimas, pero sin permitirse rendirse al llanto. Mi reacción fue rodearla suavemente entre mis brazos y plantarle un tierno beso en sus hermosos labios. Había escuchado con anterioridad el tumultuoso pasado de la castaña durante nuestra aventura en el concierto de rock, y aún así, volver a oírla exponer su corazón de esa manera siempre me conmovía por completo. Lo único que deseaba en ese momento, era proteger a mi hermosa americana de todo lo malo que tuvo que sufrir y disipar los dolores que aún le afligen. Ella lo ha hecho en infinidad de ocasiones, y le sigo estando eternamente agradecida por ello.

– "Te amo, Cetania." – Declaré con sinceridad al separarnos. – "Tú también eres inestimable para mí."

– "Gracias, flaquita." – Me abrazó con más ímpetu y reposó sobre mi pecho. – "Perdón por ser tan sentimental. Soy una llorona cursi, ¿no crees?"

– "Oye, esas son mis líneas." – Bromeé, ella rió también y acaricié su cabello. – "Je, ¿Qué haría sin ti, mi niña de Montana?"

– "Posiblemente ya estarías creando la base ultra-secreta custodiada por tiburones con rasho láser."

– "Nuestro primer chascarrillo cuando nos conocimos. ¿Recuerdas lo enojada que estabas por esperar por casi cuatro horas?"

– "¿Y quién no? Ya sé que el pobre Takashi se esforzaba por hacer su trabajo, pero tampoco es para que fuera tan lento." – Rió, viendo al techo. – "¿Te acuerdas de lo que dijo Smith? Que le tuviéramos paciencia porque era sólo un novato. ¿No es grande la ironía actual?"

– "La historia se repite, linda." – Miré entonces al pequeño. – "Pero parece que nuestro melodrama terminó por arrullar al querubín. Luce tan lindo el verlo tan sereno, ¿verdad?"

– "Esa es la clase de paz y tranquilidad que tratamos de proteger, Jaëgersturm." – Habló Dyne, observando al bebé. – "Pero suficiente de sus melosos diálogos de telenovela, debemos pensar en que hacer a partir de ahora. La tal Ekaterina nos facilitó su lista, pero si tienen algo, soy toda oídos."

– "¿Qué tal si primero damos un paseo por los alrededores?" – Sugirió la halcón. – "Prácticamente tenemos el día libre, así que disfrutemos el momento. Luego decidimos con que tarea comenzar."

– "Apoyo a la pajarita. Igual necesito algo de aire fresco después de respirar tanta pólvora y pañales sucios." – Declaré, asegurando a la criatura con los cinturones de seguridad, tratando de no despertarlo. – "Yo llevo el cochecito, si no hay problema."

– "Adelante, Potato." – La empusa se estiró sus extremidades de mantis. – "Peaches, carga con el bolso. Yo llevaré la lista y el dinero. Vamos, MOE, Honorem et Gloriam."

– "Oh, eso me recuerda." – Hablé yo, remembrando las palabras de Lala en la mañana. – "¿Qué tal si buscamos nuestro propio lema?"

– "¿Nuestro lema?" – Preguntó la falconiforme.

– "Sí. Claro, si no hay problema."

– "De vez en cuando esa papilla que tienes por cerebro tiene buenas ideas, araña." – Concedió la griega. – "Considero que sería apropiado agregarnos algo de singularidad y creo que tenemos derecho a poder distinguirnos del equipo principal. Y como su sargento, propongo que adoptemos la misma frase que Leónidas I usó contra el rey Jerjes I, cuando este último exigió la rendición del ejército espartano: 'Molon labe'."

– "Vengan por ellas…" – Repliqué. – "Desafiante y decidida. Igual que tú, mantis."

– "Precisamente. Además era el mismo que empleaba el Primer Cuerpo del ejército Helénico antes de ser disuelto."

– "Quizás demasiado provocador. Le queda a las fuerzas armadas, pero se supone que somos policías."

– "¿Qué hay de Semper Fidelis, siempre fieles?" – Propuso la arpía. – "O simplemente Semper Fi. Lo utilizan los Marines estadounidenses y medio mundo, pero tiene su pegue."

– "No está mal, pero sería mejor algo menos trillado." – Acotó la mediterránea. – "Jaëgersturm, ya que tú lo planteaste y rechazas mi proposición, entonces debes tener una mejor en mente. Habla."

– "Nullus Heros Quemquam Occidit." – Respondí.

– "¿Y eso qué significa, alemana?"

– "Los héroes no matan." – Contestó una voz detrás de nosotras.

Volteamos de inmediato, hallándonos a Smith con Doppel detrás de ella y flotando lentamente hacia nuestra dirección.

– "Oh, Hauptmann, Leutnant. Gusto en verlas." – Saludé marcialmente, igual que las demás. – "Pensé que estarían comiendo con Ekaterina."

– "Olvidé mi cartera." – Admitió la coordinadora, encogiendo sus hombros. – "Este trabajo me va a dejar peor que esa minotauro olvidadiza. En fin, ¿Cómo está nuestro precioso boleto al nuevo transporte, niñas?"

– "Durmiendo y roncando como un hermoso angelito." – Replicó la castaña, señalándolo. – "Aunque es todo un demonio cuando se encuentra despierto. ¿Lo heredó de su papá o de la madre?"

– "Sinceramente, los dos serían la respuesta correcta, granate." – Rió ligeramente la agente. – "En todo caso, ¿Qué era toda esa conversación en latín?"

– "Intentábamos adoptar un lema para nuestra unidad, Jerarca." – Fue el turno de la nativa de Mitilene para tomar la palabra. – "Únicamente tratando de agregar algo de peculiaridad al equipo."

– "Ya veo. Y 'Los héroes no matan' fue la elegida para ser su consigna, debo suponer."

– "Es lo que estamos decidiendo, Hauptmann." – Aclaré. – "¿Qué opinan ustedes?"

– "Pretenciosa." – Respondió Doppel, cruzada de brazos. – "Demasiado idealista, recalcitrante y quijotesca. ¿Quién te crees? ¿La salvadora divina que vino a erradicar el mal con sus sermones sobre la buena voluntad y la paz mundial? En este trabajo enfrentarán a la muerte y deberán estar dispuestas a aceptar el tomar las de otros si es necesario. Tanta presunción pacifista resulta ofensiva, arachne."

– "Concuerdo con la alférez, es demasiado engolado." – Delegó Kuroko. – "Por eso creo que es perfecta para un grupo de novatas. Se les queda. Felicidades, granates."

– "Muchas gracias, Jerarca." – La empusa hizo una reverencia. Nosotras también. – "Le agradecemos su confianza."

– "Hafh'drn, no hablarás en serio ¿o sí?" – Cuestionó la peliblanca a su compañera. – "Cuando Manako sugirió 'Justitia salus mea' la rechazaste por sonar muy sermoneadora."

– "Y es por eso que debemos dejarlas elegir, Doppel." – La pelinegra colocó su mano en el hombro de la Abismal. – "Sus acciones decidirán si son dignas de llevar tan utópico eslogan o si deberán comerse sus palabras. Parece imposible de cumplir en este oficio, pero ahí reside el reto de atenerse a su juramento, ¿no lo crees?"

– "De acuerdo, lo que digas, Kuroko." – Suspiró. – "Tú eres la jefa aquí."

– "Descuida, amiga, que tu Honorem et Gloriam sigue siendo el nuestro y mi favorito." – Sonrió. – "Ven, no hagamos esperar más a Eka y sus anécdotas de la residencia Sarver. Novatas, cuiden del niño y nos veremos mañana, ¿de acuerdo?"

– "¡Sí, Señora!" – Contestamos al unísono.

Con eso, ambas prosiguieron su camino hacia las escaleras para llegar a la oficina de la coordinadora. Mientras tanto, nosotras tres nos dirigimos hacia el exterior para cavilar sobre cómo proceder el resto del día con el retoño. Algunos se quedaron viendo algo extrañados al vernos, tres liminales, pasar con el pequeño en su carricoche, aunque para la mayoría era una escena tierna. Con cuidado al bajar los escalones de la entrada, salimos del edificio, siendo recibidas por el sol al tiempo que yo bajaba la cubierta del carrito para evitar que Helios quemara la delicada epidermis de Haruhiko. Ahí, escuchamos un grito que nos hizo alzar la vista de inmediato y recordarnos que a veces las mujeres sí caen del cielo.

Literalmente.

Resultó que la fuente de tan agudo chillido no era otra sino la mismísima doctora Redguard, quien, posiblemente provocado por las palabras del joven Sarver, optó por dar un salto libre hacia el vacío desde el techo del inmueble hasta colisionar contra el suelo con la fuerza de un meteorito. Si bien evitó golpear el concreto, el pasto seco no hizo mucho por amortiguar el impacto y la afroamericana terminó extendida en el piso, inerte, afásica y dejando una marca en la tierra al hundirse en esta. Nosotras nos miramos por unos segundos, confundidas.

– "Erm…" – Habló la sargento, saliendo de su estupefacto estado. – "¿Deberíamos preocuparnos por el bienestar de la zombi?"

– "Uhm… Nope." – Respondió la rapaz, sin dejar de mirar a la inmóvil Saadia. – "Ya está morida de todas formas."

– "Pero..." – Injerí yo. – "¿Es correcto el dejarla ahí?"

– "¡Por el horror de Azathoth! ¡¿Qué carajos sucedió aquí?!" – Escuchamos vociferar a Kuroko, a todo pulmón desde el segundo piso. – "¡¿Quién dejó estos pañales cagados en mi oficina y embarró de mierda mis documentos importantes?! ¡GRANATEEES!"

Ignorando el hecho que aplastamos a la pobre doctora en nuestra rauda huída, las tres salimos disparadas con más velocidad que las balas de nuestras armas. Cuando observamos a Smith, sin importarle la altura o su vida, atravesar el cristal de la ventana con escopeta SPAS-12 en mano y una mirada capaz de petrificar a la mismísima Medusa, nosotras ya habíamos desaparecido de escena con celeridad. Me alegro que las ruedas del cochecito sean de polímero ultra-reforzado, porque se hubieran desintegrado de tanto que las remarqué en el pavimento y la espalda de Sandy durante mi fuga. Después de alejarnos lo suficiente y confiando en que nuestra perseguidora tenía asuntos más importantes que la sed de sangre, nosotras descansamos bajo las sombras de los árboles del parque Otsuka.

– "¡Joder, imbécil! ¡¿Ya viste lo que provocaste con tus barrabasadas?!" – Me reprendió la mantis, encorvada y recuperando su aliento. – "¡Ahora sí que nos quitan el sueldo, el trabajo y hasta la vida!"

– "¡¿Y acaso es mi culpa que me abandonaran cuando más las necesitaba?!" – Protesté, inhalando pesadamente. – "¡Les dije que no sé nada de cuidar bebés! ¡No tienes derecho a recriminarme!"

– "¡Al menos pudiste hacerlo en un lugar más indicado, como el baño, araña idiota!" – Exclamó la mediterránea, sentándose en una banca. – "¡¿Y por qué rayos los dejaste en donde labora la jefa?! ¡¿Creías que le resultaría gracioso o algo así?!"

– "¡Dame un respiro, ¿quieres?! ¡Este mocoso se hizo tres veces seguidas! ¡Tres!" – Reafirmé. – "¡Y solamente yo estuve ahí para hacerle frente a la adversidad! ¡Tú sólo estás aquí como el grillo inútil que eres!"

– "¡No me hables de esa manera, cabo! ¡Soy la líder, muestra más respeto como el soldado que clamas ser!"

– "¡Oh, como lo siento, princesa! ¡Lamento haber herido sus nulos sentimientos! ¡No era mi intención llamarla de esa forma, majestad! ¡Lo que quise decir, es que sólo has contribuido con rascarte el culo sin hacer nada, insecto holgazán!"

– "¡Voy a partirte los dientes si continúas jodiéndome, Jaëgersturm!"

– "¡Empusa que ladra, no muerde!"

– "¡¿Podrían callarse, maldita sea?! ¡Ya despertaron al niño!" – Nos amonestó la falconiforme, tomando al agitado infante con sus manos postizas. – "Ya, ya, bonito. Shh, tranquilo, nene, ya pasó. Ustedes dos también podrían bajarle algo a sus ímpetus, escandalosas."

– "Acabas de presenciar lo injusta que es esta gruñona, Süsse." – Reiteré. – "Y tú tampoco me auxiliaste en asear a Haru, no puedes regañarme por cometer errores."

– "Pero sí por andar gritando como loca en medio del parque." – Aseveró, arrullando al chiquillo. – "Honestamente, no sé quién es más inmaduro aquí; El chavalín o ustedes, par de bullangueras. En todo caso, deberían tranquilizarse, a Smith no le va a durar su enfado, niñas malcriadas."

– "¿Por qué no regresas y dialogas entonces con ella, embajadora de la paz?" – Cuestionó sardónicamente la helénica.

– "Tampoco soy suicida, pimientín." – Respondió la americana, habiendo logrado sosegar a la criatura. – "Ahora, podemos seguir perdiendo el tiempo con nuestras reyertas infantiles o comenzar propiamente con nuestro trabajo. Pepper, ¿podrías hacernos el honor de consultar la lista?"

– "Bleh, lo que sea. Si algo nos pasa, haré que produzcas telarañas a golpes, Jaëgersturm." – La nativa de Mitilene me amenazó mientras sacaba el pedazo de papel de su saco. – "Veamos… Darle de comer, que duerma su siesta… Según los designios de la doppelgänger, nuestra siguiente parada es el acuario público Tokuma."

– "Tokuma… Ah, está como a trece kilómetros, cerca de Shibuya." – Informó la halcón, revisando el mapa en su celular. – "¿A pie o tomamos el taxi?"

– "Como tú eres la que no se cansó corriendo..." – Respondí, asentando mi cuerpo en la sombra. – "Descansemos un rato, ¿les parece? Las ocho piernas me están matando."

– "Sí, supongo que estaría bien. Hay mucho sol como para estar caminando ahora." – Concedió la arpía, sentándose a mi lado. – "Uf, ni siquiera en los entrenamientos me fatigaba tanto como ahora. Sólo espero la capitana no nos salga de improviso con la escopeta detrás de los arbustos."

– "No hables, pajarraca." – Ordenó la empusa, recostada en la banca y mirando hacia arriba con los ojos cerrados. – "Y trata de que ese problema humano no llore de nuevo, quiero algo de paz."

Aceptando el mandato de la sargento, nos dedicamos a pasar un tiempo en completa calma, reposando bajo la protección de la sombra que las pocas hojas de los árboles aún proveían de la inclemente estrella que brindaba su incandescente energía al planeta. El viento menguaba el intenso calor y el trino de los pajarillos, revoloteando en el cielo o buscando alimento en el suelo, entreteniendo a Haruhiko, nos daba un aire de tranquilidad. Cetania y yo intercambiamos el sostener y jugar con el peque mientras la mantis observaba en silencio a la gente pasar.

– "¿Cuánto tiempo más esta quietud logrará mantenerse?" – Preguntó hacia nadie en particular la pelinegra, mirando al horizonte. – "¿Cuánto más podremos seguir disfrutando de esta placidez?"

– "Lo ignoro, Dyne…" – Repliqué mientras el niño se ocupaba de abrazar su pingüino de peluche. – "Pero espero que bajo nuestra vigilancia, se mantenga ininterrumpidamente."

– "Has tenido esta sensación antes, ¿Cierto, Pepper?" – Habló la rapaz, viendo a una nekomata platicando con su pareja. – "La calma antes de la tormenta, el presagio no anunciado del caos venidero."

– "Demasiadas veces, especialmente en estos días." – Respondió la aludida. – "En un segundo, el mundo se torna en un infierno y terminas perdiendo algo que… Olvídalo. Vamos, la temperatura ha descendido y debemos ir al centro recreativo. Trasladémonos a pie para ahorrar, quien sabe cuánto cobren por la entrada."

Levantándose del asiento, la griega emprendió camino hacia el suroeste de nuestra dirección. Preferimos no indagar en lo que Nikos trató de decirnos, sabiendo que no revelaría nada, pero podía comprender que su vida no debió ser sencilla y no puedo culparla por su hermetismo emocional. Colocando al chiquillo en su carrito, seguimos a la mediterránea en silencio. En el trayecto nos topamos con un par de personas, una de ellas era alguien con quien alguna vez intercambiara una pequeña charla en mis días de trabajadora en el Polo Sur, un ex-soldado de México que había perdido una pierna, aunque el nombre se me escapó de la mente.

No pensé encontrarme de nuevo con él, lo había descartado como esos sucesos que desaparecen de la mente con el tiempo, pero igual es agradable ver a un combatiente no darse por vencido a pesar de su incapacidad. Aunque si mi memoria no me falla, creo que es el mismo sujeto que mencioné a la instructora Titania esa noche. Qué pequeño es el mundo. Iba acompañado en esta ocasión de una voluptuosa minotauro de cabello castaño, quien supuse era su huésped. O quizás algo más, por lo felices que lucían compartiendo un algodón de azúcar, tan rosado como el moño en la cola de la imponente chica.

– "¿Roberto? ¿Roberto García?" – Preguntó la falconiforme al hombre. – "¡Hey, Big Boy! ¿Te acuerdas de mí?"

– "¿Eh?" – El sujeto se dio la vuelta y sonrió al ver a la estadounidense. – "¡Oh, hola, Cetania! ¿Cómo has estado, comadre?"

– "Muy bien. ¿Qué tal tú, Big Boy? ¿Cómo te trata la tierra del sol naciente?" – La aludida estrechó su mano protética con la del militar. Genial, me ahorró la pena de no recordar su nombre. – "¿Y quién es la atractiva señorita a tu lado? No me digas que pasaste de poner en su lugar a los ladrones de bolsos a poner anillos de compromiso en los dedos de las damas."

– "Nada de eso, amiga, Amanda es únicamente mi inquilina del Programa de Intercambio." – El chico se sonrojó, riendo nervioso al igual que su compañera. – "Estamos bien, deambulando un rato. ¿Qué haces por aquí?"

– "Paseando al niño." – Señaló a Haru. Ignoro si el pequeño lo entendió, pero el también alzó la mano a manera de saludo. – "Y te comunico que no es mío. Nuestra jefa nos volvió niñeras por un día y estamos cuidándolo."

– "Ya veo." – El latino devolvió el gesto al retoño. – "Pensé por un momento que era tu hijo y me extrañé de no verle alas."

– "Sería un milagro, Big Boy. Ya sabes, las arpías somos mono-genero." – Rió la castaña. Entonces me rodeo con su ala y me pegó hacia ella. – "Además, al igual que esta hermosa arachne, juego para el otro equipo. Pero quien sabe, quizás algún día decidamos adoptar."

– "Oh, entiendo. No sabía que fueras lesbiana, Cetania. No es que tenga problema con ello." – El soldado me miró. – "Espera… Aria, ¿eres tú, verdad? ¿La de la nevería?"

– "Ja, freund, la misma." – Extendí mi mano. – "Gusto en verlo de nuevo, Unteroffizier."

– "Igualmente, Aria. Que sorpresas nos da la vida, hasta ahora me vengo enterando que tú y la comadre son pareja." – La estrechó. – "Pero descuida, yo no discrimino. Sería irónico viniendo de un extranjero, ¿no lo piensas igual, amiga?"

– "Concuerdo, Roberto." – Sonreí. – "Por cierto, ¿cómo conoció a la pajarita?"

– "¿No te contó? Bueno, resulta que un día, un bueno para nada decidió tomar el bolso de tu amiga con todo y cartas. Por suerte, logré interceptarlo y devolverle su pertenencia a su dueña." – Relató. – "Dado que lo hizo en un acto desesperado por hallarse en precaria situación económica y que mi golpe fue escarmiento suficiente, lo dejé libre, pero no sin advertirle que se buscara un empleo."

– "Entiendo. Espera, Cetania, ¿dejaste que un mojigato te arrebatara el bolso de encima, así como si nada?"

– "Oye, estaba lloviendo y el atracador me tomó por sorpresa tan pronto aterricé." – Se defendió la falconiforme. – "El agua volvió demasiado pesadas mis alas como para poder volar y alcanzarlo. De lo contrario, le hubiera abierto un nuevo trasero en un parpadeo. No te lo conté porque admito que me daba pena confesar que fui incapaz de defenderme de algo tan simple como un ladrón de quinta. Ya sabes, orgullo de cazadora."

Algo perfectamente comprensible. Pero al menos no es tan vergonzoso como no saberse las operaciones aritméticas básicas. Debería dejar de jugar tantos videojuegos con Papi y ponerme a estudiar esas canciones didácticas que usan los niños para aprender las condenadas tablas de multiplicar. ¡Pero ya casi domino la Copa Champiñón! ¡Ser la campeona es más importante que las matemáticas!... Vale, sólo soy floja. Y me quejaba de lo apática de Smith.

– "Está bien, Süsse, siempre serás mi invencible guerrera." – Acaricié su cabello.

– "Thanks, Blondie." – Me dio un besito en la mejilla. – "Pero al final, el buen Rob Zombie aquí presente se encargó majestuosamente de ese pusilánime sin que yo me metiera en problemas por atacar a un humano."

– "Gracias, Cetania." – Reverenció el mencionado. – "Incluso con muletas, aún tengo el toque. Además, es mi deber como soldado servir a la sociedad."

– "Bien dicho, García." – Nikos también estrechó su mano. – "No hay que permitir que una carencia nos convierta en inútiles."

– "Hola, Dyne. Me alegro de verte también."

– "¿También conocías a la Princesa Pimiento?" – Interrogué.

– "Suprimió un intento de robo por parte de un inexperto maleante en el Andariel's." – Explicó la pelinegra. – "El arma del agresor ni siquiera contaba con balas, pero igual causó pánico entre los presentes. Si el subteniente no hubiera actuado primero, yo lo hubiera hecho."

– "Hey, Big Boy, ¿acaso eres héroe en tu tiempo libre?" – La emplumada le dio un ligero codazo amistoso. – "No querrás quitarnos el trabajo, ¿verdad?"

– "Je, descuida, Cetania, sólo estuve en el lugar y momento correcto." – Rió y nos miró algo extrañado. – "Uhm… Perdón por si esto suena obvio, ¿pero trabajan juntas o algo?"

Las tres respondimos tomando nuestras placas y mostrando con orgullo nuestras credenciales con la resplandeciente insignia brillando con sus tonos áureos y plateados. El mexicano las observó, legítimamente sorprendido y emitiendo un ligero silbido, sonriendo.

– "Como decimos en mi tierra: 'Ora sí que se rayaron, chamacas." – Dijo él, asintiendo con la cabeza. – "Agentes especiales; Quién lo creería. Eso explica las pistolas, creí que eran guardias de seguridad privada o algo así. ¿Saben? No soy mucho de leer los chismes del diario o los que la caja idiota suele transmitir, pero hubo mucho barullo cuando sucedieron los atentados del centro comercial; Todo el mundo hablaba de las valientes chicas que pasarían a ser parte de MON y… Esperen, ¿fueron ustedes?"

– "Las mismas, Unteroffizier." – Afirmé, guardando la placa y haciendo un gesto marcial. – "Monster Ops: Extermination, para servirle. Nullus heros quemquam occidit."

– "Se recontra rayaron." – Volvió a silbar. – "Las heroínas, en carne, quitina y hueso. Y pensar que cuando las conocí sólo eran simples empleadas de empleos regulares. Lo repito y lo reitero, la vida no deja de sorprendernos. Ahora ya no dejarás que cualquier caco te quiera ver la cara, ¿verdad, comadre?"

– "Así es, Big Boy. Como decía Robocop: Servir al público, proteger al inocente, que se obedezca la ley… Y esparcir la palabra de los Irons." – Hizo los famosos 'cuernitos' de la música metal con sus manos postizas. – "Be quick, or be dead."

– "¡Ja! Bien dicho, compañera." – García emuló el gesto y volteó a ver a su bovina acompañante. – "¡Por el bigote de Zapata, que desconsiderado soy! ¡¿Cómo te me fuiste a olvidar?! ¡Mil perdones, Amanda, no era mi intención dejarte ahí! ¡Ven, conoce a las chicas!"

– "¡Oh! E-está bien, Robie. Puedo oírlos perfectamente desde aquí." – Respondió la minotauro, saludando tenuemente. – "Sigan sin mí."

– "Por supuesto que no, linda. Sería una grave falta de respeto el excluirte de nuestra conversación. Vamos, con confianza, no tengas pena." – Le aseguró el muchacho. Entonces nos susurró. – "Ignoro que le pase ahora. Es algo tímida, pero no tanto." – Regresó a la mujer cornuda. – "Amanda, ¿Qué sucede? ¿Te pasa algo? ¿Por qué te haces bolita?"

– "B-bueno, es que… ¿Cómo decirlo?" – Ella juntó sus dedos y su cola imitó el temblor de sus largas piernas. – "L-la señorita arachne…"

– "¿Sí? ¿Qué hay con ella?"

– "S-su t-traje… Es como el que usaban los N-Na…"

Scheisse, lo olvidé, mi uniforme sigue despertando dudas sobre mis afiliaciones ideológicas. Que esté usando la gorra en esta ocasión solo acentúa más mi apariencia intimidante. Bueno, eso es parte del objetivo después de todo, pero yo debo representar seguridad para lo sociedad, no terror. Al menos no llevaba la banda roja del brazo o la chica ya hubiera llamado al Mossad israelí para que me apresaran por crímenes de guerra. Antes que pudiera aclarar la razón de mi indumentaria, un quitinoso puño me golpeó el brazo.

– "¡Con un demonio, Potato! ¡Siempre tienes que arruinar todo!" – Vociferó la empusa, dándome otro golpe. – "¡Deja de vestirte como una maldita Nazi, araña fascista!"

– "¡Auch! ¡Lo siento, ya déjame!" – Me tallé y me apresuré a ofrecerle repetidas reverencias a la azarada minotauro. – "¡Mil perdones, señorita, de verdad! ¡Le aseguro que mis atavíos no tienen relación alguna con el Nacionalsocialismo o su ideología! ¡Es simplemente la vestimenta habitual en mi patria, Sparassus! ¡Se lo juro por la Gran Arachne!"

– "E-entonces… Usted no es… mala, ¿verdad?" – Cuestionó con temor la bóvida. – "No va a apresarnos o incinerarnos en hornos, ¿cierto?"

– "¡Claro que no! ¡Ni que fuera una psicópata! ¡Por favor, guarde la calma!" – Corregí, agitando mis manos vehementemente.

– "Amanda, descuida. Aria es una buena persona." – Reiteró su compañero. – "Ahora trabaja en MON, ¿recuerdas?"

– "Bien, de acuerdo." – Se calmó paulatinamente. – "Lo siento, es sólo que después de leer tanto sobre los horrores que esos monstruos le hicieron al mundo y luego verla vestida así..."

– "Tranquila, amiga, te comprendo perfectamente." – Coloqué mi mano en su hombro. – "Pero así es la cultura de mi país y deseo cargarla con orgullo. Perdona si te incomodé, no era mi intención."

– "Está bien." – Sonrió, estirando su brazo. – "Lamento haber pensado mal de usted. Soy Amanda, gusto en conocerla, Aria."

– "Igualmente." – Regresé el gesto y le guiñé. – "Y no te preocupes, que no incinero a nadie, especialmente vaquitas tan lindas como tú. Excepto a esos condenados franceses, a quienes haré en chuletas."

Ante esto, la mujer volvió a temblar y a pesar de su enorme tamaño, se escondió detrás de su casero. Ay no… ¡Por el casco de Ares! ¡Yo haciendo mis terribles bromas y tenía que toparme justo con una francesa! Una serie de coscorrones, esta vez la rapaz uniéndose a la mantis en mi castigo físico, me amonestaron por ser tan desconsiderada. Luego de una eternidad rogando por amnistía a la pareja, la minotauro decidió absolverme de mis imprudentes ofensas hacia sus raíces galas. Cuidar mocosos, huir de una demente jefa y ser vapuleada en el cráneo; Hoy no es mi día.

– "En fin, ignorando los insensibles comentarios de cierta cabeza hueca." – La arpía lanzó una mirada acusadora. Yo silbé inocentemente. – "Fue grato hablar contigo y tu inquilina, Big Boy. Espero podamos encontrarnos de nuevo e intercambiar anécdotas. Por cierto, ¿A dónde se dirigen ahora, si no es molestia preguntar?"

– "Oh, de hecho íbamos a aprovechar estos tickets de descuento para un restaurante después de pasear un rato." – Roberto metió la mano en la bolsa de su uniforme y reveló un par de boletos. – "Se llama Aizawa. Es la primera vez que iremos, ¿han oído de él?"

– "¡Por supuesto que sí!" – Exclamé enseguida. – "¡Mi novia, Lala, trabaja ahí! ¡Y es la mejor cocinera que existe en este planeta… No, el universo entero!"

– "¿Eh? ¿Su novia?" – Dudó Amanda. – "Pero creíamos que Cetania era su pareja…"

– "Es algo complicado." – Respondí, ofreciendo una sonrisa de resignación. – "Sólo digamos que mi corazón es demasiado grande para una sola mujer."

– "Pero no más que tu boca, galófoba." – Mencionó sardónicamente la halcón. – "Como sea, esa fastidiosa dullahan y yo estamos compitiendo por el cariño de esta boba rubia. Ni yo sé por qué me enamoré de esta tonta, pero así es el amor."

– "Luchando en dos frentes al mismo tiempo igual que Alemania, ¿cierto, Aria?" – Rió el soldado. – "En todo caso, ya que saben del lugar, ¿hay algo que nos recomienden?"

– "¡Todo es fantástico!" – Aseveré. – "Y aunque el menú disponible abarca una amplia gama gastronómica internacional, les sugiero que prueben la cocina irlandesa, especialmente el cottage pie, no se arrepentirán."

– "Entendido, compañera."

– "Cuidado, Big Boy." – Injirió la falconiforme. – "No te vaya a dar salmonella y termines de vacaciones permanentes en la morgue. Las dullahan no sólo toman vidas con su guadaña."

– "No digas fruslerías, pajarraca." – Le di un golpecito en la cabeza. – "Y le voy a decir a Mio que andas hablando mal de su restaurante."

– "Ouch. No es contra el Aizawa, babosa; Únicamente contra esa pituf-¡Ay!"

– "Te lo mereces." – Le asesté otro. – "Y más por injuriar contra las habilidades culinarias de la fastuosa Lala."

– "Infausta, querrás decir…" – Me sacó la lengua. – "Whatever. Ya no les quitamos más tu tiempo, Big Boy, Amanda. Nosotras debemos llevar al chiquitín a…"

Para horror de todos los presentes, descubrimos aterradas que el carrito junto con Haru había desaparecido. Sin perder tiempo, miramos hacia los alrededores, buscando frenéticamente con los ojos a la carriola de color azul. Ignorábamos cuando o como pudo esfumarse, pero no había tiempo para analizar las probabilidades de tal acontecimiento.

– "¡Ay, ese niño no tiene frenos!"

No fue sino hasta que escuchamos el grito de esa fémina nekomata, anunciándolo a todo pulmón, que descubrimos al transporte infantil abriéndose paso raudamente por el camino a desnivel. Sin poder despedirnos apropiadamente de la pareja, las tres nos lanzamos en una desesperada carrera para alcanzar al pequeño. Desconocía que demonios sucedió, puesto que el parque en sí tiene un suelo perfectamente plano, pero la acelerada velocidad a la que el cochecito se desplazaba cuesta abajo era más preocupante que las causas. Con la arpía lanzándose al aire e, inesperadamente, Nikos subiéndose en mi segundo tórax y aferrándose con un brazo para aprovechar mi rapidez, no perdimos tiempo y nos enfocamos en detener al fugitivo.

Pero de alguna loca manera, el vehículo no cesaba la marcha e incluso parecía incrementar su celeridad. No había pendiente alguna o forma en que la gravedad afectara su aceleración, aunque eso no le importaba a la ágil carriola, empeñada en consagrase junto a Andy Green al superar la barrera del sonido en un transporte terrestre. A mí me daba igual si también pudiera volar o viajar en el tiempo, sólo me interesaba rescatar al infortunado crío que debía estar viviendo el peor momento de su corta vida. Sea lo que sea, no podíamos dejar que algo le pasara, recompensa o no; ¡Es un bebé, por el amor de Eros!

Insólitamente y con una destreza que sólo podría calificar de inaudita, el cochecito, dándole fiera batalla a nuestras capacidades motrices y aerodinámicas, se dirigió a una pequeña rampa y, como si fuera una motocicleta acrobática, dio un gigantesco salto que captó la atención de los testigos al verla flotar y ejecutar un majestuoso giro de trescientos sesenta grados en el aire. Por más impresionante que se viera una simple carriola realizando piruetas voladoras, esta aún contenía a un indefenso chaval en su interior. Afortunadamente y demostrando que la familia Sarver ha de estar en buenos términos con Tique, el carricoche aterrizó con gracia y precisión, como si de un jet AV-8B Harrier descendiendo sobre la plataforma de un portaaviones se tratara, antes de proseguir con su maratónica travesía.

– "Smith nos va a matar, Sarver nos va a matar…" – Repetía cada vez que algo fatal estaba a punto de ocurrir sobre el pequeño. – "El mundo entero nos colgará de la torre más alta y nos usarán de piñatas…"

– "¡Carajo, Jaëgersturm!" – Vociferó la griega. – "¡Deja de quejarte y mueve tus ocho inútiles patas!"

– "¡Es lo que hago, grillo estúpido!"

– "¡Pues acelera de una vez, papanatas! ¡Un caracol parapléjico podría moverse más rápido que tú, saco de estiércol!"

– "¡Podría, pero tengo que cargar con tu pesado trasero y tu aún más pesada actitud, saltamontes idiota!

– "¡No inventes excusas y apresura el paso, garrapata imbécil, o te meto un balazo por tu quitinoso culo!"

– "¡Otra vez esa amenaza! ¡Yo creo que la degenerada obsesionada con el posterior eres tú, sucia perv-!"

– "¡Cuidado, idiota!"

– "¡GACK!"

Por reñir con esa vituperable mantis del averno y a pesar de contar con seis perfectamente funcionales globos oculares, choqué de lleno contra un árbol y aunque por suerte no me lastimé con las astillas de la madera reseca, el impacto fue suficiente para que la planta nos obsequiara un muy nada agradable regalo en forma de pulpa de madera procesada con saliva himenóptera, la cual cayó directamente sobre el regazo de la mediterránea. Un pequeño insectito salió de este, saludándonos con un poco amigable zumbido.

– "¿Acaso esto es…?" – Musitó la pelinegra, temblando. – "¿Un nido de…?"

– "Me temo que sí…" – Repliqué, tragando saliva.

– "Te odio, Jaëgersturm…"

Me hubiera gustado responder que accidentalmente nos topamos con la casita de un grupo de amistosas abejitas melíferas y que logramos concordar un pacto mutuo de no agresión. Desgraciadamente la vida real no es un paraíso de diplomacia entre arachnes, empusas y animales. En lugar de las afables Apis cerana japonicas, que podrían darnos oportunidad de escapar ilesas, nuestra fatídica suerte nos llevó a encontrarnos con la ahora destruida residencia de un grupo de Vespa similimas, conocidas coloquialmente como avispones nipones, con una actitud más colérica que mi aliada de Mitilene y una picadura que provoca una seria anafilaxia extremadamente potente, incluso mortal.

La vida es dolor…

Gritando como almas condenadas al sufrimiento eterno en la dantesca visión del Infierno retratado por Alighieri en su magnum opus literario, la helénica y yo emprendimos una exasperada carrera con el objetivo siendo alejarse lo más posible del encolerizado enjambre de bichos holometábolos que nos perseguía con su horrísona salmodia iracunda, creando una cacofonía salida de la peor pesadilla, aunada a la ominosa visión de la negra nube que todo el grupo había formado en el aire. Un literal escuadrón aéreo de muerte cuya única misión era acabar con el par de intrusas que se atrevieron a perturbar la paz de su panal.

– "¡Juro que voy a matarte, Jaëgersturm!" – Exclamó Dyne mientras se aferraba a mí como si su vida dependiera de ello. Y de hecho, lo era. – "¡Si no lo hacen estos animales, yo misma te daré el pase directo al Estigia! ¡Usaré tus intestinos para decorar las paredes de mi habitación!"

– "¡Gracias por la oferta, mantis, pero esa tarea está reservada exclusivamente para mi amada Lala!" – Le contesté, corriendo a toda mi capacidad. – "¡Descuida, es muy posible que ahora mismo esté en camino para llevarnos a ambas hacia la otra vida, después que nuestras amiguitas nos reemplacen la sangre con veneno!"

– "¡Al menos piensa en cómo deshacernos de ellas! ¡Ya casi nos alcanzan!"

– "¡¿Cómo es que un nido de esas pestes pasó desapercibido en un área urbana tan poblada?! ¡Hace mucho que hubiera sido erradicado!"

– "¡¿Cómo es que una pulga Nacionalsocialista como tú no está tras las rejas?!" – Respondió mordazmente. – "¡Olvida la lógica y concéntrate en sacarnos de este apuro!"

– "¡¿Otra vez yo?! ¡Pensé que tú eras la sargento, pimiento amargado!"

– "¡Tú nos metiste en este aprieto, germana estúpida! ¡¿De qué te sirve tener tantos ojos si estás más ciega que un topo con cataratas?!"

– "¡Si no fueras tan jodidamente insoportable, no hubiera discutido contigo y me pude haber concentrado en-!"

– "¡Cuidado de nuevo, imbécil!"

– "¡Imbécil tu abu-! ¡Scheisse!"

Frené de inmediato cuando por poco y terminamos bajo las llantas de un camión de carga. Con el enjambre detrás de nosotros, los gritos de las personas alrededor nos recordaron que no estábamos en medio del bosque, sino en la ciudad, llena de habitantes que podrían salir heridos gracias a nuestras tonterías, faltando a nuestro deber más grande como agentes de la ley. Tomando una decisión, me arriesgué a dar un rodeo a las calles para regresar a donde todo empezó, ignorando las protestas de la inconforme pelinegra.

– "¡¿Qué haces, retrasada?!" – Cuestionó ella. – "¡¿Quieres terminar con el exoesqueleto lleno de piquetes?! ¡Si quieres morir, adelante, pero no me incluyas en tus planes suicidas!"

– "¡Necesitamos alejarnos de las personas o corren el riesgo de ser atacadas también! ¡Aprovechemos que los avispones están concentrados en nosotras y volver al parque!"

– "¡¿Para qué?! ¡¿Para que piquen en su lugar a los que se encuentran ahí?!"

– "¡Ahora no hay tantos transeúntes! ¡Y si tenemos suerte, tropezaremos con un panal de abejas!"

– "¡Estás totalmente loca, desquiciada araña! ¡¿Deseas más insectos tras nosotras?!"

– "¡Los avispones y las abejas son enemigos comunes! ¡Olvidarán su venganza para lazarse a la batalla contra sus némesis!"

– "¡¿Qué te hace creer que eso funcionará, chiflada?!"

– "¡Es lo mejor que tengo ahora! ¡Si posees una idea superior, soy toda oídos!"

– "¡Sería más fácil ahuyentarlas con humo!"

– "¡Y a donde vamos hay mucha madera! ¿Ves? ¡Aún tenemos oportunidad!"

Sin detenerme, corrí como nunca, haciendo caso omiso al tráfico citadino o a las quejas de los conductores que frenaban de golpe para evitar arrollarnos. No importaban sus insultos, ya que tan pronto veían la oscura nube zumbadora detrás de nosotras, sus improperios pasaban a afasia total o se unían al resto de los sonidos de pánico. (Des)afortunadamente, los insectos estaban demasiado empecinados a llenarnos el trasero de veneno como para prestarles atención y logramos dirigirlos hacia donde deseábamos. Ya en el parque y, como si de algún generoso acto misericordioso divino se tratara, divisé el preciado objeto que buscaba, colgado de una solitaria rama y con algunos habitantes que podrían convertirse en mis guerrilleras improvisadas.

– "¡Dyne, ahí está nuestro nido de abejas!" – Informé a la susodicha, acercándome. – "¡Debemos hallar una forma de bajarlo de ahí!"

– "¡Estréllate contra el árbol, eres experta en ello!"

– "¡No es tiempo para bromas, empusa! ¡Rápido, dispárale con tu P226!"

– "¡¿Por qué no lo haces tú?!"

– "¡No puedo concentrarme en disparar y evitar chocar con estos monstruos persiguiéndome, genio!"

– "¡¿Y qué tal si simplemente nos dirigimos hacia allí y dejamos que se enfrenten?!"

– "¡Necesitamos que las abejas estén alertas y furiosas para que peleen o serán sorprendidas por los avispones y todo terminará demasiado pronto! ¡Apresúrate!"

– "¡¿Quieres que abra fuego en medio del parque?!"

– "¡¿Quieres morir por sobredosis de acetilcolina?! ¡Feuer frei, dummkopf!"

– "¡Hécate divina, dame fuerzas para no matar a esta arachne!" – Tomó su arma de su funda. – "¡Pyr katá voúlisi!"

Jalando el gatillo de su pistola, la helénica liberó un proyectil .40 Smith & Wesson hacia el panal, pero mi celeridad motriz le hizo errar el tiro. Probando nuevamente su suerte al tiempo que yo daba un rodeo debajo de un árbol para retrasar a nuestras perseguidoras aladas, la mediterránea logró acertar y aunque destruyó gran parte de la estructura, fue suficiente para provocar a los insectos antófilos y hacerles salir de su escondite. Atraídos por el sonido y el aroma de sus enemigas, los véspidos dirigieron su atención y sus dolorosos aguijones hacia estas, enfrascándose en una batalla aérea que nos permitió recobrar el aliento y dándonos preciosos segundos para formular una manera de librarnos de ambos grupos.

– "¡Necesitamos humo y lo necesitamos ahora!" – Aseveré, buscando desesperadamente en los alrededores. – "¡Aquí hay madera! ¡Ahora precisamos de alguna forma para hacer fuego! ¡¿Tienes fósforos?!"

– "¡¿Me viste cara de chica exploradora?! ¡¿De dónde sacaré cerillas, Einstein?!" – Reclamó con sarcasmo la lesbia. – "¡¿Y dónde está esa condenada arpía?!"

La contestación apareció literalmente frente a nosotras como una estrella fugaz.

– "¡aaaAAAYUUUDAAAaaa!"

Con otra porción del enjambre persiguiéndole los talones, Cetania atravesó nuestro campo visual a velocidad extrema, cargando el cochecito en sus garras y creando un efecto doppler con sus gritos al pasarnos. Por fortuna, la multitud de avispones detrás de ella abandonó su implacable persecución para unirse a la cruel batalla por el dominio del orden de los himenópteros. Ya sin sus venenosas acosadoras, la rapaz maniobró hasta aterrizar donde nosotras, casi estrellando la carriola en el proceso.

– "¡Por el arco de Artemisa, pajarraca! ¡¿Quieres también matar al bebé?!" – Le reclamé, corriendo a recoger el carrito, descubriéndolo vacío. – "¡Santa araña patona! ¡No me digas que lo dejaste caer en tu huída!"

– "¡Ni que fuera tan irresponsable, flaca cabeza de chorlito!" – Replicó la castaña, recuperando el aliento. – "¡Así lo encontré! ¡Me disponía a seguir escudriñando hasta que un bululú de avispas salió de la nada y comenzó a hostigarme! ¡Y por lo que veo, ustedes fueron las responsables!"

– "¡Fue culpa de ella!" – La griega y yo dijimos al mismo tiempo que nos apuntábamos con el dedo.

– "¡Da igual! ¿Qué se supone que hagamos ahora?"

– "Alguna especie de fumarada." – Respondí. – "Una fogata, lo que sea. Hay madera por aquí, pero requerimos fuego."

– "Ese poquito no será suficiente para formar el humo necesario." – Opinó la mantis. – "Y en todo caso, no contamos con nada para encender una llama."

– "Puede que haya algo en las pertenencias de Haru." – Indiqué, revisando el vehículo. – "Cetania, ve si encuentras algo en el bolso. Dyne, tú también."

– "No me des órdenes, Potato." – Accedió de mala gana, ayudando a la halcón. – "Carajo, debí quedarme en Mitilene y ahorrarme tantos dolores de cabeza."

– "¿Y perdernos de tu afable personalidad? Sería una lástima, princesa pimiento." – Contesté burlonamente. – "Veamos… Tengo pañales extra-absorbentes, un dragón felpudo y una sonaja bicolor. ¿Qué hallaron, equipo?"

– "Biberón, toallitas húmedas, loción para bebé en aerosol, pijamas, más peluches y uno de esos juguetes que dicen los sonidos de los animales." – Enumeró la falconiforme, habiéndose colocado sus manos protéticas. – "Aparte de saber que los gatos hacen 'miau', dudo que esto nos sirva para iniciar un incendio."

– "Únicamente basura." – Gruñó Nikos. – "Cámbiale las pilas a tu inexistente cerebro, patata, que tus planes fallan más que una licuadora china."

Eso me dio una idea y súbitamente sostuve la cabeza de la empusa para darle un beso rápido en la frente.

– "¡¿Q-q-qué demonios fue eso, Jaëgersturm?!" – Interrogó una muy sonrojada helénica. – "¡D-dame una razón para no clavarte el espolón en t-tu cráneo!"

– "¡Joder, flaca, no es momento para confesar tus sentimientos por Pepper!" – Vociferó la americana. – "Espera, ¡¿también andabas tras la mantis?! ¡¿Qué tan ambiciosa puedes llegar a ser, sinvergüenza insaciable?!"

– "¿Podrían dejar de armar escándalo? Suficiente tengo con los insectos." – Repliqué, tomando el juguete electrónico del bolso. – "Sólo le agradecía a la sargento por actualmente hacer algo más que fruncir el ceño al avivarme el ingenio, y esta es nuestra solución. Peaches, ¿aún tienes esa goma de mascar que les regalaron?"

– "¡No es hora de ponerse a jugar y masticar chicle, flaca infiel!"

– "¡Sólo dámelo, mujer! ¡Y ya te dije que no intentaba nada con Dyne, celosa!"

– "¡Bien, toma!" – Me lo facilitó, inflando sus mejillas y volteando molesta la vista. – "Ahora entiendo a esa dullahan. Y al final de todo, ¿Qué rayos planeas hacer? ¿Educarlas didácticamente?"

– "No, plumífera, sólo aplico las técnicas de supervivencias que me enseñaron en la academia militar." – Contesté, abriendo el empaque del masticable. – "Extrae las baterías del juguete, ¿sí, linda?; Princesa, toma el aerosol."

– "Al menos dinos cuál es tu grandiosa estrategia, teu-tonta." – Sugirió la mediterránea, obedeciendo.

– "Un simple truco para crear una fogata con objetos cotidianos." – Contesté, cortando con mis afilados dedos parte del envoltorio metálico del chicle. – "Sólo asegúrate de que tener listo el atomizador y cuando te lo ordene, lo rocías sobre la flama, ¿verstanden?"

– "¿Vas a hacer fuego usando esto?" – Cuestionó la emplumada. – "¿No sería mejor golpeando rocas o usar una lupa?"

– "Sí me consigues un par de pedernales o una lente magnificadora, entonces lo consideraré, Süsse. Por ahora, esta es nuestra más factible opción. ¿Me pasas la pila?" – Le solicité y me la dio. – "Danke. Bien, necesitamos algo que incendiar."

– "¿Qué tal si te inmolas por el equipo y te prendes fuego?" – Dijo sardónicamente la pelinegra. – "Te dije que la madera por aquí no es suficiente. A menos que desees calcinar el parque entero, no tenemos nada."

– "¡Ya sé! ¡La carriola!" – Exclamé. – "¡El material es inflamable y sinceramente no la necesitamos!"

– "No es de nuestra propiedad, Potato." – Reiteró la nativa de Lesbos. – "No podemos darnos libertad de destruir posesiones ajenas."

– "Tampoco es que tengamos muchas alternativas, Pepper. El tiempo corre y nuestras amiguitas regresarán con una venganza." – Volteé a ver a la castaña. – "Tu me apoyas, ¿verdad, Süsse?"

– "Considero que estás loca, rubia." – Opinó la aludida. – "Pero tiempos desesperados requieren medidas desesperadas."

– "Si esto nos mete en problemas, araña…" – Conminó Nikos.

– "Somos MOE, podremos con las consecuencias." – Le guiñé tres ojos. – "Prepárense, equipo, que haremos arder a Troya. Alles brennt."

Retirando ellas todo lo contenido en el cochecito y yo tomando los materiales, iniciamos nuestra osada misión de control animal. Colocando un extremo de la envoltura metalizada sobre el polo positivo de la pila y con el carrito ya vacío en su totalidad, uní el otro cabo en el polo negativo de la batería, creando un débil pero adecuado circuito eléctrico. Dado que el material no es el mejor conductor, este libera la energía en forma de calor concentrada en el centro del empaque. Al igual que Prometeo robando la llama sagrada a los dioses, una pequeña flama se manifestó en mi primitivo encendedor improvisado al tiempo que decreté a mi compañera griega que activara el aerosol.

– "¡Se prendió esta mierda!"

Como un lanzallamas arrasando contra los soviéticos en las ruinas de Stalingrado, el efímero fuego, al hacer contacto con el gas del aromatizante, dio paso a una voraz flama y, cual furioso dragón, abrasó enteramente a lo que alguna vez fuera un bonito carricoche de añiles tonos. Con el transporte calcinándose, le di un fuerte empujón con mis pedipalpos, llevándolo justamente debajo de la vehemente lucha entre los insectos, que ya había declarado una contundente victoria para los avispones. Pero la gloria les duraría poco a los triunfadores de amarillos tonos, ya que la intensa humareda producida por la carriola en llamas les pegó de lleno, apenas permitiendo a unos cuantos afortunados escapar de la asfixiante nube negra hacia la seguridad del cielo despejado, dispersándose para desaparecer de escena.

Los que no corrieron con la fortuna de alejarse del epicentro, cayeron presa del monóxido de carbono y del inmenso calor. Incluso a nuestra distancia, de unos diez metros, la temperatura era incómoda. No tuvimos que preocuparnos porque algún inocente resultara herido ya que desde hace mucho tanto humanos como liminales se alejaron en una periferia de al menos treinta metros, observando estupefactos como un trío de intrépidas mujeres extraespecie desencadenaban una voraz fogata en medio del parque. Al menos podemos contar con que nuestros puestos evitarán que nos lleven esposadas al kōban más cercano.

– "Admito que tus imprudentes tonterías funcionan de vez en cuando, Jaëgersturm." – Declaró la griega, viendo arder los cadáveres de los avispones entre las abejas. – "Espero también sepas como darle fin a tu pirómano acto."

– "Lo siento, Unteroffizierin, desgraciadamente los cursos para bomberos no eran el enfoque de mi entrenamiento." – Respondí, admirando las llamas. – "Cetania, ¿no habrá por casualidad un extintor en el bolso?"

– "Podemos arrojarle una botella de zumo de manzana." – Contestó la aludida, suspirando. – "O si estamos tan desesperadas, rompemos la tubería de agua que alimenta a la fuente, aunque ignoro si estemos autorizadas para la destrucción del espacio público."

– "De hecho, sí. Cuando la causa es justa, los agentes de la ley pueden recurrir a tales métodos." – Reveló la mantis. – "Pero no quiero que el ayuntamiento le dé más razones a la Jerarca para mandarnos a la horca. Llama a los bomberos, Peaches."

– "Eso no será necesario, agente Nikos." – Mencionó alguien detrás de nosotras.

Volteando, nos encontramos con una conocida persona, cargando en sus manos aguamarinas un rojo extintor como su cabello. Raudamente, oprimió el activador de la válvula y de la manguera salió impulsada un frío gas conformado por partículas de químico seco, el cual creó una densa nube que con presteza se encargó de ahogar el oxígeno circundante en el área del incendio, cortando la principal fuente de alimentación de las flamas y neutralizando la combustión. Pronto, de la carriola sólo quedó un cadáver consistente en metal chamuscado y plástico derretido cubierto por níveo polvo. Asegurándose que la amenaza fue erradicada por completo, la chica de baja estatura depositó el matafuego en el suelo y limpió con su antebrazo el sudor en su frente.

– "Uf, me alegro que no pasara a mayores. Por fortuna recargamos los extintores desde ayer." – Suspiró la ojizarca oficial de policía. – "Buenos días, amigas. Una situación demasiado ardiente, ¿no lo creen?"

– "Guten Tag, Mei." – Saludé a la escamosa. – "Sin duda. Ignoro si sea buena suerte nuestra o mala tuya, pero siempre parecemos reunirnos gracias a alguna clase de percance. Espero no quieras apresarnos por ser imanes de infortunios."

– "Descuide, agente, al menos con ustedes nunca paso un rato aburrido." – Rió la gecko. – "En todo caso, ¿podrían iluminarme sobre lo que sucedió aquí? Primero recibimos una alerta de un trío de locas esparciendo caos en la ciudad y después nos avisan que el peligro reside en una turba ponzoñosa de insectos, todo para que al final me venga hallando con ustedes jugando a las pirómanas. Movilizamos a media fuerza de policía, MON, control animal y los bomberos por todo esto, ¿saben?"

– "Uhm… Lo sentimos, Mei, no era nuestra intención." – La arpía ofreció una sonrisa arrepentida. – "Espera, ¿informaron también a MON?"

– "Las sospechosas eran liminales, agente. Pero no esperaba que fueran sus propias integrantes las causantes. Por suerte ya me ahorraron el papeleo, esto es su jurisdicción ahora."

– "Bien por ti, pelirroja." – Habló la helénica. – "Aunque dudo que nuestra superior sea tan benévola con nosotras por agregar más trabajo a su apretada agenda. De todas maneras, te agradecemos la ayuda, Silica. Ya van dos veces que nos auxilias."

– "Proteger y servir es nuestro trabajo, amiga." – Sonrió. – "Y entonces, ¿Qué fue lo que sucedió? ¿Cuál es la razón de tan encendido incidente?"

– "Lo creas o no, estábamos persiguiendo a ese mismo cochecito hace unos minutos, hasta que… Erm, de alguna misteriosa manera un nido de avispones se materializó de la nada y comenzó la persecución más absurda que pueda imaginar." – Aclaré. – "Tuvimos que recurrir a usar al pobre carricoche como fogata para acabar con el enjambre. Nos amonestarían por contaminación ambiental de no ser por ti, lagartijita."

– "Comprendo, ¿Pero por qué estaban tras la carriola en primer lugar?"

– "Fácil, simplemente…" – Me pausé. – "¡Hera en el Olimpo, el bebé!"

¡¿Cómo demonios nos pudimos olvidar de algo tan importante?! ¡A veces creo que la amnesia se está volviendo pandemia! Sin dilación, las tres empezamos a rastrear por el paradero del pequeño Sarver y a rezar para que sus padres o Smith no nos dieran el tratamiento de la mafia italiana y nos arrojaran al fondo del río encadenadas a pesadas piedras. O quizás sólo nos acribillen al estilo clásico con un subfusil Thompson. En el frenético escudriñamiento del lugar, la mantis nos informó de haber escuchado una risa infantil al norte. Con la poiquiloterma uniéndose al grupo, nos aprestamos a correr en tal dirección.

La intuición y el agudo sentido del oído de la pelinegra fueron acertados y logramos divisar al preciado pequeño, totalmente sano y salvo como su animada risa lo dejaba en evidencia. Tales carcajadas tan briosas se debían a que Haruhiko se encontraba feliz en brazos de una lamia de rojizas escamas junto a otra más pequeña de tonos dorados. No eran otras sino Steno Sprins y su hijita, Ami. Hace mucho que no las veía, especialmente a la niña, ¿Aunque quien puede olvidar a tan cariñosa culebrita de áureas membranas reptiloides y afable personalidad que además te llama hermana mayor?

– "¡Aria Onee-chan!" – Exclamó la jovencita ofidia al verme, reptando hacia mí con sus brazos extendidos. – "¡Onee-chan, hola! ¿Cómo has estado?"

– "¡Hola, Ami-chan!" – Me incliné para recibirla y ella me abrazó con descomunal fuerza. – "¡Ouf! Veo que has estado comiendo tus Kiki-Krispis, hermanita."

– "¡Sí! ¡Y también muchos huevos, porque mi mamá dice que tienen muchas proteínas! ¡Y yo debo crecer mucho para ser tan fuerte como tú, Onee-chan!"

– "Je, así es, linda." – Acaricié su cabello. Ah, ese shampoo que usa en verdad que lo deja sedoso. – "Hola, Steno-san, gusto en verla también. Veo que lograron dar con nuestro Haruhiko."

– "Un placer, Aria-san." – Respondió la madre. – "Sí, hallamos al querubín gateando despreocupadamente por la acera. Pensamos que era de alguna de las parejas alrededor, pero al ver que estas se preguntaban lo mismo, me apuré a agarrarlo para evitar que algo le pasara. Estaba a punto de llamar a la policía para reportarlo cuando vi el humo, ¿sucedió algo?"

– "Es una larga historia, Steno-san, pero de todas maneras le agradezco que haya tomado custodia del chiquitín." – Ami se soltó para que yo tomara al niño en mis manos y con una libre se la extendí a la lamia adulta. – "Y no es broma, este diablillo es literalmente nuestra misión más importante ahora. Danke."

– "Bueno, estoy encantada de ayudarle en lo que sea, amiga." – La estrechó. – "No preguntaré como terminó aquí en primer lugar ni cuestionaré sus métodos, pero espero sea más cuidadosa en el futuro."

– "No se preocupe, que no despegaré mis seis ojos de este chaval."

– "Onee-chan, ¿por qué llevas dos pistolas en el cinturón?" – Cuestionó entonces la infante ofidia. – "¿Son para atrapar más gente mala?"

– "Je, supongo que sí. Mira." – Le mostré mi placa. – "Lo logré, hermanita; Ahora soy agente de MON."

La chiquilla tomó la identificación en sus manos y la admiró con sus brillantes ojos, tan dorados como las escamas que le recubrían la extensa cola. Emitiendo un sonido monosílabo de asombro, la menor pasó sus dedos por el emblema debajo de mi carnet, palpando el relieve del metal inoxidable. Se lo entregó a su progenitora, quien después de examinarla, me ofreció una sonrisa y una aprobación con su cabeza, la cual devolví. El resto del grupo, que prefirió observar lo llamativo del áureo tono de la pequeña serpiente, se unió a la conversación. Haru dormía plácidamente en brazos de Silica, que deseó cagarlo por considerarlo tan lindo.

– "Lo que puede desencadenar una simple carriola vacía." – Mencionó Steno, riendo al escuchar la anécdota. – "Que afortunadas al evitar ser picadas, los avispones atacan repetidamente y las especies endémicas son particularmente peligrosas."

– "Al menos supieron respetar las reglas y perseguirnos únicamente a nosotras." – Expresó la castaña, dejando que Ami viera su placa. – "No quiero imaginar el desastre que hubiera sido desatar a esas ponzoñosas sobre la población."

– "Eso es lo curioso, lo increíblemente fieles que fueron los insectos al centrare en ustedes." – La madre caviló unos momentos. – "Hmm, es solo conjetura, pero quizás fue el olor."

– "¿A qué se refiere, Steno?" – Indagó la pelinegra.

– "Bien, los himenópteros usan principalmente el sentido del olfato para polinizar y comunicarse, pero los avispones asiáticos han especializado tal habilidad. Por ende, una vez que detectan un aroma que consideren suficientemente atractivo, se concentraran en este." – Explicó. – "En su caso, debieron considerarlas un peligro de alta prioridad, fundamentalmente por haber destruido su nido."

– "¡Con un demonio, Jaëgersturm! ¡Esto es tu culpa!" – Me vociferó la empusa. – "¡Hueles tan mal que hasta los insectos nos odian, maldita araña apestosa!"

– "¡¿Nos has pensado que quizás tú seas la causante, grillo hediondo?!" – Protesté. – "¡A veces me pregunto si tu sempiterna expresión malhumorada se debe a esa pestilente actitud de mierda que tienes!"

– "¡¿Podrían cesar su patética reyerta, escandalosas?!" – Interrumpió la falconiforme. – "¡Estamos en un lugar público y hay niños oyendo!"

– "Uhm… Perdón por inmiscuirme, agentes, pero la razón de que el enjambre les fijara su atención exclusiva podría deberse simplemente a la esencia de su shampoo." – Opinó Mei. – "¿Recuerdan que solía tener el cabello negro? Después de teñírmelo, usé un acondicionador capilar con aroma natural a flores para mantener el tinte. Desgraciadamente no sólo ayudaba a conservar el color, sino también atraía a toda clase de insectos, especialmente abejas. No necesito decir que la tintura y ese acondicionador no volvieron a formar parte de mí aseo diario."

– "Ah, la entiendo, oficial." – Habló la señora Sprins. – "Una vez me compré un colorante dorado para parecerme a mi hija y las hormigas se me pegaban como si fuera azúcar. Y mi amiga Rin le hizo un escándalo al tipo del salón de belleza cuando su tinte rubio cambió de colores y le dejó el pelo como payaso de circo barato."

– "Oh, fuck… Creo que la lagartijita tiene razón." – Expresó la americana, cubriendo su boca con sus alas. – "Hoy he estado usando el shampoo que me recomendó Dyne; Belladona, ese que huele a dalias. Eso explicaría el porqué me siguieron también."

– "Un momento, Peaches…" – Terció la aludida. – "¿Insinúas que es mi culpa?"

– "Vaya, vaya, Pepper…" – Sonreí maliciosamente. – "Parece que esta vez, la olorosa era otra. ¿Qué se siente morderse la lengua, verdosa?"

– "¡C-cállate, Jaëgersturm! ¡Sólo eres una estú-túpida patata!" – La ruborizada mediterránea empezó a alejarse. – "¡Dejemos de perder el tiempo y vayamos a ese maldito zoológico de una jodida vez!"

– "Es un acuario." – Reiteré.

– "¡Aaargh!"

Mascullando insultos a granel, la nativa de Lesbos se retiró, jalando su largo cabello oscuro y pateando a un infortunado gatito que se cruzó en el camino de la encolerizada helénica. Riendo tenuemente por finalmente poder ganarle a la griega en su juego, me despedí de las lamias. La halcón, la pelirroja y yo le dimos un abrazo a Ami y esta también le propinó un beso al pequeño Haru, quien, en un muy generoso acto para un bebé, señaló a su bolso hasta que nos indicó por medio de gesticulaciones y balbuceos que le entregáramos un curioso peluche con la efigie de un famoso protagonista de videojuegos de espionaje a la niña. No tengo conocimientos en pediatría, pero hasta para mí es insólito que un crío de catorce meses se muestre tan inteligente y exhiba actitudes altruistas, pero el ver a la tierna ofidia alegre por su regalo es suficiente para nosotras.

Pasando nuevamente por el lugar del siniestro, los bomberos y un grupo de policías se encontraban en el lugar. Devolviéndonos al bebé, la poiquiloterma se apresuró a darle los detalles a sus compañeros. No podíamos dejarla sola y también dimos nuestra historia para corroborar el reporte oral de la gecko y aclarar toda duda (Y evitar que Smith aparezca y nos mate). Nuestras placas se han convertido en nuestras mejores armas, ya que tan pronto los oficiales vieron la resplandeciente insignia, aceptaron las razones de las acciones tomadas y comunicaron por sus radios que el problema había sido controlado. Y aunque no deseo sonar tan jactanciosa, admito que me agradaba esa pequeña inmunidad que un simple emblema nos proveía. Sólo espero no abusar de esa autoridad… Mucho. Mientras tanto, Nikos se entretenía haciendo pucheros bajo la sombra de un arce, frente al auto patrulla.

– "¿Ya se te pasó el coraje, pimientosa?" – Le pregunté. – "Mei se ofreció a llevarnos a Tokuma. ¿Vendrás o te quedarás hasta que también te salgan ramas?"

– "Bleh, lo que sea." – Se incorporó. – "Lo que me preocupa es cómo vamos a explicar la pérdida del carricoche a la Jerarca. Su jueguito de enseñar las credenciales no funcionará con la jefa."

– "Tú misma lo dijiste, Pepper; Si lo consideramos necesario, podemos tomar medidas drásticas para preservar la paz." – Parafraseó la rapaz. – "No quiero decir que el fin justifique los medios pero… Bueno, en esta ocasión sí. Además es sólo un cochecito de bebé; El demente de Sarver ha de tener una división entera de repuestos. Recuerda, tiene un puesto importante en la misma compañía que fabricó nuestros aparatos de visión nocturna."

– "Suerte dándole esa coartada a Smith, plumífera." – Se sacudió el uniforme. – "Vamos, se hace tarde y me está dando hambre. Espero haya un buen restaurante cerca del acuario."

– "¿Por qué no vamos al Aizawa?" – Sugerí. – "Si las seráficas vituallas, creadas exclusivamente por los mejores chefs mundiales, especialmente la más nueva integrante, no te curan lo amargada, al menos te llenarán el estómago."

– "No estoy interesada en consumir ahí para inflarles el ego a ti y a tu dullahan, Potato." – Retrucó la empusa, abriendo la puerta del copiloto del Nissan Caravan. – "Y no deseo una infección estomacal. Métete a la patrulla y cierra la boca, ¿quieres?"

– "Ugh, como quisiera arrojarte al tanque de los escualos, saltamontes antipático." – Murmuré, entrando por la parte trasera. – "¿Y todavía me acusaste de querer conquistar a esta sociópata, pajarraca?"

– "¿Quién sabe? Quizás sólo le guste hacerse del rogar." – Bromeó la americana. – "Y con lo ambiciosa que eres, esta tsundere ha de ser un buen reto para ti."

– "Cierra el pico." – Exclamamos la mediterránea y yo.

– "Ni un solo momento aburrido." – Rió ligeramente Mei, encendiendo el motor. – "Si esto es lo cotidiano, debería unirme."

Pisando el acelerador, la reptil inició el trayecto hacia Tokuma. El viaje se realizó de manera tranquila; Silica nos relataba algunas jocosas anécdotas sobre su trabajo al ritmo de música eurodance resonando en la radio, aunque al igual que yo en Weidmann, difícilmente había algo realmente interesante que relatar para una simple oficial. Arribamos al lugar y nos estacionamos, la gecko siendo una gran conductora y logrando aparcar el vehículo en un espacio que parecía imposible de acomodar la furgoneta. Desafortunadamente para las personas en la parte delantera, eso también significó que tuvieran que salir del transporte por la puerta de atrás, ya que los laterales estaban obstaculizados por los demás coches.

– "Lamento eso, agente Nikos, pero no había más lugar en el estacionamiento." – Se disculpó la pelirroja, cerrando la puerta trasera. – "Parece que hoy se inauguró la nueva atracción de las sirenas tropicales cantantes, así que el lugar está a reventar."

– "Pensamos que sólo nos darías el aventón, Mei, no que también nos acompañarías en el recorrido." – Dije yo, sosteniendo al pequeñín. – "¿No tendrás problemas por andar paseando en horas de trabajo?"

– "Deme un respiro, Aria. Entre andar soportando a mi jefe, estar patrullando desde la mañana, ayudar a unos niños a bajar su globo de un árbol, reparar su transporte y atender la emergencia que desataron en el parque, merezco aunque sea un pequeño receso." – Enumeró la ojizarca. – "Además, yo estoy pagando mi tarifa, así que tengo derecho a elegir qué hacer con mi tiempo, ¿no?"

– "Auch, sí que sacas el carácter cuando te lo propones, lagartijita." – Mencionó la castaña, rodeándome con su ala. – "Cuidado, flaca, que esta oficial es de sangre caliente y es más fiera que un tiranosaurio."

– "Oh, vamos, Cetania, tampoco es para tanto." – Contestó la aludida. – "Por cierto, agente Nikos, ¿mencionó que tenía hambre? La Oda del Viejo Marinero sirve un excelente okonomiyaki y una divina sopa de mariscos. Y Brave New World es perfecto por si se decanta por platillos del nuevo continente."

– "¿Ya has venido con anterioridad, Silica?" – Preguntó la helénica, formándose para pagar en la taquilla.

La mencionada esperó hasta que entramos para contestar. Nos sentamos en una banca, detrás de la gente admirando un gran tanque con variopintos peces de la región. Mei alzó la vista, algo nostálgica.

– "Siempre he sentido una afinidad por el mar, ¿sabe? En ocasiones pienso que no es coincidencia que fuera concebida y posteriormente naciera en ciudades costeras. Y me encanta nadar, así que naturalmente el agua me sienta bien." – Explicó la poiquiloterma. – "De hecho, solía viajar con mi familia a las playas de Shirahama en los veranos que nuestros ahorros permitían costearnos el privilegio. Si bien no podíamos darnos el lujo de gastar mucho u hospedarnos en los suntuosos hoteles que pululaban el área, disfrutábamos de sobremanera el recorrer sus costas de blanca arena y remojarse en las tibias aguas del Pacífico. Mi sangre fría adoraba el calor del sol tostándome la piel, cosa que me daba un buen bronceado al terminar el día. Pero lo mejor, era regodearse entre la población en completa tranquilidad, haciéndome pasar por una habilidosa cosplayer, sin que nadie sospechara el origen liminal que yo y mi madre compartíamos.

Pero, a pesar de que me era posible convivir normalmente con la gente, no era hasta que me encontraba bajo el agua, usando los ondulantes movimientos horizontales de mi fuerte cola para impulsarme, que me sentía totalmente libre. Era como volar, pero sustituyendo la inmensidad del cielo por el vasto océano. De alguna manera, me hallaba más a gusto entre peces, algas y corales que entre personas. Tal vez porque sabía que de enterarse de mi naturaleza extraespecie, sería tratada diferente, e incluso después del Acta, sigo siendo algo excluida; Pero los habitantes marinos representaban para mí esa calma, paz y, sobre todo, liberación que yo tanto deseaba. Adoraba su compañía, siguiendo bancos de pececillos multicolores y acompañando a diminutos cangrejos a sus aventuras submarinas desde la orilla, ataviada en mi traje de baño.

Dejé de realizar esas excursiones cuando la economía nos obligó a cesar de disfrutar tales gustos. Me concentré en mis estudios, gracias a las clases particulares impartidas por una de mis tías, que era profesora, y después de nuestra revelación al mundo, viajé hasta aquí y pude formar parte de la fuerza de policía. Es irónico; En Osaka contamos con un acuario mucho más grande que este y jamás me interesó porque prefería la experiencia real. Pero aquí, he pasado tanto tiempo sin visitar el mar, que el recorrer estos tanques y poder, de cierta manera, convivir con mis viejos amigos acuáticos, es lo mejor que me queda.

Hay que apreciar las cosas mientras aún estén con nosotras, ¿cierto?"

Respondimos asintiendo afásicamente nuestras cabezas, completamente de acuerdo con nuestra pelirroja compañera. Nos mantuvimos inertes y en silencio hasta que Haru, que había tomado una pequeña siesta, despertó de pronto y dándose cuenta que se hallaba en uno de sus lugares favoritos, nos instó con gestos que lo acercáramos a la gigantesca pecera para que observara a todo detalle la fauna marina del sur de Japón. Bueno, ya estábamos aquí y pagamos dos mil yenes cada una, así que era mejor empezar a disfrutar la visita al interesante mundo submarino.

Aunque ver a cuatro liminales peregrinar el lugar con niño humano en brazos no era muy común más allá de las guarderías, nadie hizo algo más que simplemente mirarnos con curiosidad, aunque los niños no eran tan circunspectos como sus progenitores y no se molestaban en ocultar su interés por tan inusual grupo, informando a sus padres de nuestra presencia al toparse con nosotras. La fama entre los infantes no parecía sentarle bien a Dyne, quien simplemente los ignoraba mientras Cetania y Mei se comportaban con mayor afabilidad. En mi caso, yo era intimidante para grandes y pequeños, especialmente con mi atuendo, pero de vez en cuando algún valiente pequeñín me saludaba con la mano y le sonreía al regresarle el gesto.

Entreteniéndonos con el impresionante ecosistema ofrecido sobre nuestras cabezas al pasar por el gigantesco túnel bajo el agua y asombrándonos al contemplar al imponente tiburón ballena nadar encima del público, seguido de un banco de macarelas, por un pequeño momento volví a ser tan niña como los menores a nuestro alrededor. Siempre adoré la majestuosidad de las criaturas que habitaban las indomables vastedades oceánicas, particularmente los cetáceos, a quienes de vez en cuando divisaba deambular en las cosas de Weidmman. Y las sirenas, nuestras aliadas, nos inculcaban parte de su cultura para la conservación del hábitat. Eso también incluía su decantación por el drama, aunque por suerte no adoptamos tales costumbres.

La brasileña y la americana se mantenían ocupadas junto al niño observando a las tortugas del Estrecho de Cook y a un pulpo expertamente camuflado, la griega miraba con detenimiento a un tiburón martillo del lado opuesto, nadando lentamente en las añiles aguas. La pelinegra tocó discretamente el vidrio del tanque, como si intentara acariciar al depredador selacio. He notado la afinidad de mi compañera por tales animales, aunque jamás le he preguntado. Quizás fuera la historia de la reptil, o tal vez lo calmada que se veía la chica de ojos esmeralda sin su hosca expresión, pero me sentí motivada a entablar conversación con la arisca mediterránea.

– "Sphyrna lewini, tiburón martillo común. Pueden crecer hasta seis metros, pesar más de cuatrocientos kilogramos y vivir hasta los treinta años." – Hablé, leyendo el cartel informativo y situándome a lado de la helénica. – "Es lindo, ¿verdad?"

– "Hermoso." – Replicó, sin voltear la cabeza. – "Puede rastrear a su presa no sólo con su desarrollado sentido del olfato, sino también usando la ampolla de Lorenzini para detectar los impulsos bioeléctricos de los seres vivos, de la misma manera que la emplean para guiarse con el campo electromagnético terrestre."

– "Un auténtico rey de los mares." – Sonreí ligeramente. – "¿Es por eso que te gustan tanto los escualos?"

– "Por la misma razón que te atraen las ballenas, los carros de combate y esos uniformes tan fascistas: Irradian poder majestuoso y quieres esa misma grandeza innata, dominar solamente con la presencia." – Me vio de reojo. – "Pero eres una arachne armada y vestida como una totalitaria, ya intimidas naturalmente, ¿no es lo que deseabas?"

– "Brillante deducción, mantis. Es verdad que inspiro miedo con mi aire militar y estos tiránicos atuendos..." – Cruzamos la mirada. – "Pero yo deseo que me respeten, Dyne, no que me teman. Dominar metafóricamente al mundo conquistando corazones, no doblegando almas."

– "Hilarante idealismo, araña." – Hizo mueca sardónica, regresando la vista al tanque marino. – "Espero seas fiel a tu palabra cuando la vida te calcine con el fuego de la realidad. Y hablo en serio, ojalá no me decepciones."

– "Yo también pienso lo mismo de mí, Nikos, no quiero fallar a mi promesa." – Suspiré. – "De todas maneras, creí que estarías de mejor humor al hallarte rodeada de las efigies vivientes de tus animales de felpa. ¿Por qué luces tan apagada?"

– "Tan mayestáticas criaturas no son felices en cautiverio. Estas prisiones de cristal les estresan demasiado y mueren en un año." – La nativa de Mitilene extendió su quitinosa palma sobre el vidrio. – "Y en todo ese tiempo, lo único que ansían, es su libertad."

Pude entender la amargura verdadera detrás de tales palabras, agregando una pieza más al complicado rompecabezas que era Dyne Nikos. No dije nada, no deseaba arruinar ese fugaz momento de sinceridad encerrado en alegoría entre la sargento y yo. Pero, incluso con la escasa ventana de tiempo en la que la empusa atrevió a sincerarse, sonreí en el interior, contenta por la efímera pero significativa ocasión de ver nuevamente a través de la dura coraza tan inaccesible de la mantis.

– "Pero no es que sea mi problema." – La estoica máscara regresó a su rostro y sus dedos cesaron el contacto. – "Tengo hambre, comamos de una vez. Date prisa y llama al resto, Potato."

– "¿Puedo sugerir el…?"

– "No."

La mediterránea emprendió camino fuera de la zona actual, ignorando las protestas de una serket con quien chocó en su trayecto, siguiendo de largo hasta verla sentarse en una banca frente a una estatua de delfines. Meneé ligeramente mi cabeza; Parece que no podré visitar a mi querida Lala el día de hoy. Suspirando, volví con las demás y les informé que la princesa de hielo deseaba satisfacer sus necesidades gastrointestinales. Por recomendación de la chica lagartija y porque el Aizawa estaba descartado, se decidió que La Oda del Viejo Marinero sería el lugar para cumplir tan importante tarea. Que el nombre le recordara a la arpía a cierta canción de Iron Maiden también ayudó a inclinar la balanza a favor de la pelirroja.

La fachada exhibía una muy bien recreada representación de una vieja fragata del siglo dieciséis, ostentando las banderas del Imperio Británico. Y al igual que en el famoso poema del cual la pieza de rock está basada, al entrar encontramos agua por todas partes. Al menos eso era parte de la imaginativa decoración y no debido a algún malfuncionamiento en la red de cañerías, puesto que el líquido estaba contenido debajo del piso por un resistente material transparente que permitía ver a los peces de los tanques contiguos nadar bajo nosotras. Nos sentamos en una amplia mesa para albergarnos y acatando las sugerencias de la poiquiloterma, pedimos una orden cuádruple de okonomiyaki y diversas bebidas. Mientras esperábamos a que nos sirvieran, platicamos un poco.

– "Siempre asientas tu cuerpo, arrodillándote, flaca." – Mencionó la rapaz, reproduciendo a bajo volumen la mencionada melodía en su celular. – "¿No sería más fácil voltear una silla para poder reposar tu parte humanoide en el respaldo?"

– "Ja, Süsse, pero eso es costumbre de niños en la cultura arachne." – Contesté, observando un banco de pescaditos arremolinarse cerca de la mesa. – "Ya soy adulta, no puedo andar recargándome en los asientos como una mocosa. Y además de que no me canso, sentarse de rodillas es la tradición japonesa y se supone que ya somos ciudadanas, ¿no?"

– "Y aún así te rehúsas a usar los palillos apropiadamente, residente ejemplar." – Dijo sardónicamente la empusa. – "Siempre utilizas cubiertos, por más nipona que sea la comida. ¿Qué tal si practicas lo que pregonas y empiezas a integrarte, bocona?"

– "Normalmente retrucaría tu mordacidad, amargada, pero te concedo la razón esta vez. Hay que poner el ejemplo."

– "Je, es gracioso. En mi caso fue diferente." – Habló la mujer de glaucas escamas, sosteniendo a un durmiente Haruhiko. – "Nací en Osaka y tuve que aprender las costumbres brasileiras de mi madre, como el lenguaje y la animada actitud de nuestra gente. Aprender a bailar fue un dolor de piernas, ya que me muevo con la gracia de un saco de plomo, pero lo complementé, según mi progenitora, con un excelente meneo de cadera. Eso sí, no me pidan que les dé una demostración, al menos no mientras estoy sobria. ¿Qué tal ustedes, agentes? ¿Cómo lidiaron con integrarse al país siendo extranjeras?"

– "Ah, ese desquiciado alfabeto me hizo perder las plumas del coraje. Pasé año y medio únicamente estudiando con mi madre y mi hermana caracteres, símbolos, contextos y pronunciación." – Relató la halcón. – "Sin contar que el sistema métrico en lugar del imperial ya me daba suficientes dolores de cabeza. Confieso que aún prefiero comunicarme oralmente que escribir y el no tener manos propias es la excusa perfecta. Deberíamos conquistar el mundo y estandarizar el abecedario latino."

– "Me alegro de que en Sparassus se hable tanto japonés como alemán. Mi pronunciación será demasiado occidental, ¿Pero a poco no se oye bonito ese acento germano?" – Reí tenuemente. – "¿Y tú, espartana? ¿Fue difícil pasar del griego a los kanjis?"

– "Mi intelecto, muy superior al tuyo, me permitió una rápida adaptación al idioma, Potato." – Contestó la mencionada. – "Y antes que recrimines, tú ni te sabes las operaciones aritméticas que hasta un niño de primaria podría resolver, así que no hables."

– "Eres insoportable, ¿lo sabías, maldita chapulín latosa?" – Le repliqué, casi susurrando. – "No andes revelando cosas que no debes frente a todos, idiota."

– "Pfff, como si tu existencia fuera relevante, olorosa." – Desestimó con un ademán manual. – "Seguro aún te preocupa que se enteren de tus degeneradas preferencias."

– "No, pero tampoco pienso andar gritando cosas personales a cualquiera."

– "¡Aria!" – Exclamó ella, incorporándose y apuntándome con el dedo. – "¡Aria es lesbiana! ¡Y tampoco se sabe las tablas!"

Usé mi gorra para taparme la cara, roja de la extrema vergüenza. Mientras planeaba mi venganza contra la griega, consistente en despellejarla viva con agua hirviendo y usar su cabeza como tambor para crear tétricas melodías con sus huesos, noté que el ambiente no parecía cambiar durante los tensos segundos que siguieron a la bochornosa declaración de la mantoidea. Aventurándome a dar de nuevo la cara, descubrí que, a pesar de los altos decibeles en que se profirieron mis íntimos secretos por la ruidosa pelinegra, los comensales ignoraron por completo tal manifestación y prestaron nula atención a la excesivamente ruborizada arachne que se había hecho bolita de la pena.

– "¿Lo ves? A nadie le importas, papanatas." – Se mofó la helénica, inclinando la cabeza. – "Recuerda, borrica, sólo existimos cuando somos útiles. Y en mi opinión, tú aún eres un mito."

– "¡¿Todo esto para probar tu sociópata filosofía?!"

– "No." – Sonrió y presumidamente hizo a un lado su cabello. – "Sólo me gusta verte sufrir."

– "¡Du bist ein idiot! ¡Si no fuera ilegal, ya te hubiera abierto la caja torácica con tus propios espolones, grillo imbécil!" – Me acerqué a ella con las manos en posición de ataque. – "¡Al carajo, voy a hacerte tragar esa lengua tan insolente que cargas!"

– "Señorita, siento interrumpirla, ¿pero podría moderar el volumen de su voz, si no es molestia?" – Me sugirió de repente la mesera, una bullywug. – "Está incordiando a los demás clientes. Su orden estará lista en unos minutos, por favor, espere con calma."

– "¿Eh? ¡Oh! B-bien, lo lamento." – Me disculpé, regresando a mi posición original. – "S-sí, tendré paciencia."

– "Gracias." – La mujer rana asintió con la cabeza. – "Regreso en un momento con sus platillos, señoritas."

Rezongando en mi lugar, tuve que soportar la mirada burlona de Nikos y las risas poco disimuladas de la falconiforme y la reptiliana. Incluso Haruhiko parecía disfrutar de mi humillación y rió junto a las demás. Una metafórica nube de tormenta se había posado sobre mí y desató un tifón de mala suerte, y yo sin paraguas. Por el lado positivo, el okonomiyaki mejoró mi exiguo humor con su buen sabor, aunque estaba más que segura que sería mil veces mejor si fuera uno elaborado por mi habilidosa irlandesa. Ya verán, un día de estos les demostraré que el talento culinario de la segadora es insuperable.

¡Y me aprenderé las tablas, para que dejen de burlarse!

Intercambiando más diálogos para amenizar el ambiente y sacarme de mi cariacontecido estado, finalizamos de degustar los manjares y decidimos que ya había sido suficiente agua por ese día, además que la gecko había extendido demasiado su receso, así que hicimos una parada en la tienda de regalos antes de retirarnos. Entre acuarios caseros, pescaditos en oferta y libros para colorear que captaron la total atención del bebé, ahora en brazos de la arpía, yo me recreaba recorriendo la enorme selección de juguetes sobre la fauna marina, abarcando un amplio espectro que iban desde el hiperrealismo hasta la ciencia ficción. Bueno, parece que alguien se nos adelantó y patentó la idea de tiburones con rayos láser y misiles termonucleares, pero a mí me interesaba más en la abundante gama de cetáceos ofrecidos.

Los precios eran algo elevados, como en cualquier lugar comercial diseñado para vaciar la cartera de los padres que asistieran con sus impulsivos retoños, cultivados en la consumista cultura moderna, pero consideré que mil cuatrocientos yenes por una cubeta con ciento veinte piezas de animales oceánicos era una buena oferta. No es que fuera a ponerme a jugar con muñecos en miniatura de plástico (en público…), pero serían perfecto material didáctico para Meroune durante sus clases a Papi y Suu. Y vienen como tres figuras de cada criatura, así que puedo apartar las mías.

¡¿Qué me ven?! ¡Es mi dinero y puedo comprar lo se me pegue mi recontra regalada gana con él!

Sin embargo, tampoco es que pueda andar gastando mis últimos cinco mil yenes en caprichos, aún tengo que conseguirle un teléfono a Lala y… Hmm, tal vez a ella le agrade un cetáceo de felpa… Bueno, el último que le obsequié fue hace mucho y perdió todo el color por ser marca pirata. Y nadie puede resistirse a la colección Neptune Kingdom, que tiene a los cachalotes de peluche más realistas y lindos que existen. Aunque, también debería de hacerme con uno para la pajarita; Igualdad ante todo, es mi filosofía en el amor. ¡Ah, qué diablos! ¡Si quiero y puedo, lo hago! Pero aún quedaba el pequeño problema de que los tres artículos estaban fuera de mi limitado presupuesto. Si tan sólo contara con alguna reserva extra de capital, algo como…

¡Eso es!

– "Uhm, ¿Dyne?" – Hablé a la mantis, que revisaba agachada los muñecos de sus predadores favoritos. – "Dyne bonita, ¿Cuánto nos queda de los cuarenta mil para Haru?"

– "Ni siquiera lo pienses, Jaëgersturm." – Dijo de manera tajante, inspeccionando un esfírnido. – "No usarás ese dinero para tus boberías personales."

– "¡No es por mí, es por la ciencia!" – Aseguré, alzando el dedo índice. – "¡Será para apoyar a una buenas amigas en sus asignaturas académicas y desarrollar plenamente su conocimiento sobre nuestros ecosistemas marinos! ¿Piensas restringir el acceso a tan valiosa herramienta educacional e interponerte en el camino del enriquecimiento cultural con una excusa tan banal como las finanzas?"

– "Te dije que no, cabo." – Replicó, igual de cortante.

– "Es para la hija del superintendente Kuribayashi, tonta." – Le susurré. – "¿Acaso quieres decepcionar a la niña del jefe y arriesgarte a que Smith nos ponga de patitas en la calle por tu avaricia, saltamontes tacaño?"

– "¿Cuántas veces debo repetirte que 'no' significa 'no, Potato?" – Aseveró. – "Destruimos la propiedad del profesor Sarver y el día apenas comienza. Y puedes conseguirte packs más grandes y baratos en cualquier otro lado."

– "¡Pero esas son copias norcoreanas que se quiebran apenas las sacas del empaque! ¡Además, esta contiene belugas, narvales y hasta marsopas!" – Le mostré el recipiente. – "¡Tanta diversidad no puede pasar desapercibida! ¡Mira, incluso hay una enorme gama de selacios! ¡Es una ganga!"

– "Si tanto lo quieres, usa tu propios fondos."

– "Ya lo hice, pero únicamente me alcanza para estas ballenas que pienso regalarle a mis novias."

– "Ellas, tú o la hija de nuestro superior, Jaëgersturm. Decide."

– "¿Por qué no satisfacer a todos y evitamos problemas?"

– "Porque no es tu dinero. Por última vez, no."

– "Oh, vamos, pimientín. Nos hemos metido en infinidad de problemas por ese mocoso desde que lo conocimos. Lo menos que podemos hacer es aprovechar las oportunidades que el cuidarlo nos otorga. Carpe diem." – Coloqué mis manos en mi cintura. – "Lo hicimos en la Torre Roja con las granadas cegadoras, ¿recuerdas? Y te aseguro que también quieres llevarte a uno de tus pachoncitos amigos escualos contigo."

– "Ahí no teníamos muchas opciones, pero aquí sí, y los caprichos son innecesarios. Denegado."

– "¡Bah, cicatera!"

¡Vaya con la codiciosa princesa! ¡Ella seguro se crió con toda la parafernalia que los billetes pudieran conseguir, pero ahora se pone sus moños, la muy egoísta! ¡Ha de gustarle pagar con tarjeta para no dar propina! Pero antes que siguiera espetando y adjudicándole más defectos a la pelinegra, un pequeño objeto de verticales rayas me dio una idea al instante. Sonreí maliciosamente, era un plan infalible. Sólo necesitaba el segundo elemento de mi brillante estratagema.

– "¡Cetania, la arpía más hermosa que existe en este universo y demás dimensiones alternas conocidas y por conocer! ¡Aquella que me robó el corazón a primera vista! ¡La halcón a quien amaré por toda la eternidad!" – Declaré mi excesiva zalamería a la castaña. – "¡Préstame a Haruhiko!"

– "¿Eh? ¿Por qué?"

– "¡Lo necesito!"

– "Ignoro que planees, flacucha." – Lo alejó, desconfiada. – "Pero me suenas muy sospechosa."

– "¡Sólo dámelo, mujer!"

– "Aria, el bebé estará gordito y todo, pero no es una fuente rica en vitaminas."

– "¡Que no es eso! ¡Ya, pásamelo!"

– "Uhm…" – Meditó por unos segundos. – "No."

– "Ni que fuera tu hijo, pajarraca."

– "Tampoco el tuyo." – Alzó la barbilla, cerrando los ojos altaneramente. – "Y la respuesta sigue siendo negativa."

– "¡Pero, Cetania…!"

– "A menos que…" – Abrió un ojo y apuntó a su izquierda. – "Me compres ese peluche de tortuguita de carey. El realista."

– "Pero yo quería dar… Vale, de acuerdo, es tu elección de todas form…" – Me detuve al ver el precio. – "¡¿Was?! ¡Nein, nein, nein! ¡No tendré suficiente para llevarle algo a Lala!"

– "Lo siento, flaca, pero es tu dullahan o yo. Decide."

– "¿Por qué no las dos?"

– "Nope." – Volvió a señalar. – "Tortuga."

– "Pero… ¡¿Cuatro mil quinientos yenes por un condenado muñeco?! ¡Ta' muy caro, mi chava!"

– "Es el precio para llegar a mi corazón y a Haru. ¿Verdad, bebito? ¿Verdad que sí? Bailemos juntos para que mami Aria nos dé lo que queremos." – Empezó a menearse junto al pequeño. – "Tortuguita para la pajarita, porque ella es la más bonita~."

– "Bah, ni que te quisiera tanto, tetas aguadas." – Me di la vuelta. – "Quédate con la custodia del mocoso, tacaña, yo prefiero ser libre."

– "La pajarita más boni… Wait, ¡¿what?!"

Tapando mis oídos mentalmente para hacer caso omiso a las vituperaciones de la rapaz, volví a la primera casilla de mis designios. Bueno, si quiero que se hagan las cosas, debo hacerlo por mí misma. Tomando al suave elemento que actuaría como mi arma principal para apelar a las escasas, pero existentes reservas de bondad de mi compañera, más una de emergencia, me dirigí hasta la griega y, usando la voz más infantil y absurda que pudiera conjurar en ese momento, acerqué mi primera carta ganadora hacia el rostro de la susodicha.

– "Buenas tardes, amiga; Mi nombre es Sonrisitas, el tiburón tigre de la colección Neptune Kingdom, edición limitada." – Dije, pinchando el hombro de la helénica con la nariz del peluche. – "Me han informado que aquí hay una señorita dispuesta a darle asilo a un solitario depredador en su humilde morada, y quizás, con algo de suerte, también dentro de su corazón. ¿Usted sabe donde podría encontrarla?"

– "Ya lo tengo." – Replicó secamente la mediterránea, sin prestarle atención. – "Tus risibles intentos por coaccionarme con animales de felpa son notables, pero inútiles, Jaëgersturm."

– "Mil perdones, señorita empusa, pero no conozco a nadie con ese apellido, aunque confieso que suena con mucha categoría." – Respondí sin salirme del personaje y recurriendo a mi as bajo la manga. – "Por cierto, ¿ya conoce a mi amiguita Maki? Ella también está necesitada de un hogar y una hospedadora que la trate con el cariño que se merece."

No hubo contestación de parte de la mantis, pero incluso sin pupilas, la forma en que veía repetidamente de reojo al segundo peluche, de color gris y modelado a la efigie de un Isurus oxyrinchus, mejor conocido como tiburón mako, evidenciaba que este había captado el interés de la nativa de Lesbos.

– "Dyne~… Estoy en oferta~…" – Aseveró con melodiosa voz mi acolchada marioneta, agitándola con la mano. – "Puedo ser tuya por sólo tres mil yenes~…"

– "N-no caeré con tan infantil táctica, Po-Potato…" – La pelinegra ratificó de manera poco convincente. – "Es m-mí deber como la líder imponer el ejemplo y conservar nuestros li-limitados fondos monetarios e-exclusivamente en el mantenimiento de Ha-Haruhiko."

– "Soy muy suavecita, resistente al agua y huelo a vainilla~…"

– "Patéticas pre-pretensiones para mani-nipularme…"

– "Y mi prima, Azula, la tintorera, también viene incluida conmigo por solo dos mil más~…" – Revelé la artillería pesada: Prionace glauca, un tiburón azul. – "Dos por una~… Y somos las únicas en la tienda~…"

– "N-n-n-no f-funcionará…" – Manifestó, con la voz tan temblorosa como su cuerpo. – "D-d-desiste ya…"

– "¡Oh, pero que desgracia! ¡Nuestra futura ama nos ha rechazado! ¡Ay de nosotras!" – Alejé los muñecos lentamente. – "¡Ya no podremos sentir su cálido abrazo en las noches ni protegerla de los malos sueños! ¡Deberemos deambular desamparadas por el mundo, a merced de los crueles pescadores que ansían arrebatarnos la libertad! ¡Alea jacta est!"

– "¡De acuerdo, te daré el dinero! ¡Pero únicamente dos mil!" – Estiró su brazo para arrebatarme los juguetes, pero yo los quité. – "¡¿Q-que haces?!"

– "Seis mil." – Ordené, con sonrisa soberbia. – "Las cosas buenas cuestan y mis chicas merecen lo mejor."

– "Eres una hija de…"

– "Ah, ah. Mala respuesta." – Denegué con el dedo mientras la otra mano dejaba los peluches fuera de su alcanza. – "Seis mil o yo seré quien se lleve estas cositas."

– "Vil araña embustera, juro que voy a…" – Masculló hasta finalmente rendirse. – "Está bien, seis mil… ¡Pero ni un yen más! ¡Y eso es definitivo!"

– "Ahora hablamos el mismo idioma." – Sonreí burlonamente. – "Primero el efectivo, luego los tiburones."

– "Grrr… Bien, toma." – Me entregó seis billetes de a mil. – "¡Listo, ahí tienes! ¡¿Contenta?!"

– "Danke schön, Unteroffizierin. Estoy segura que usted será una excelente tutora para sus nuevas hijas." – Le ofrecí sus preciados animalitos. – "Niñas, saluden a mami Nikos."

– "¡Eres una idiota, Jaëgersturm!" – Me los arrebató y los pegó a su pecho. – "Pero esta me la pagas…"

Aún agachada, la mantis me dio la espalda y se movió hasta salir de mi periferia. Yo reí tenuemente al verla caminar como cangrejo y ruborizarse hasta alcanzar el mismo tono que tales crustáceos. Sí, es irónico que una agente de MOE recurra a técnicas tan mezquinas como el secuestro de seres de felpa, pero es por una buena causa. Eso y porque necesitaba desquitarme de su bromita del restaurante. Pero al menos ya tengo para alegrar a todas; Y la pelinegra, aunque lo niegue, también se contentó por hallar más integrantes para su colección. Me encaminaba a hacerme con los regalos para mis amadas chicas cuando choqué por error con alguien.

– "¡Auch!" – Se quejó la persona. – "¡Hey, con cuidado!"

Retrocediendo y tallando mi brazo, me di cuenta de la razón del porqué el impacto me pareció inusualmente duro. Frente a mí se hallaba una mujer de blanca piel que contrastaba con su largo cabello amarrado en coleta del mismo negro color que sus quitinosos brazos. Pero lo más interesante no es que esa pudiera ser la misma manera de describir a otra arachne o que vistiera con una llamativa playera haciendo alusión al videojuego de bloques soviéticos más popular del mundo, sino el resto de su cuerpo esbelto, consistente en un oscuro exoesqueleto, casi tan grande en longitud como el mío, pero en la parte delantera residían dos enormes pinzas mientras del lado contrario se ostentaba una larga cola terminada en puntiagudo aguijón.

Tragué saliva momentáneamente, aunque no por que tuviera miedo o porque su apéndice posterior luciera demasiado doloroso al tacto, sino porque me había topado con alguien que formaba parte de nuestra violenta historia. Al igual que con la primera vez que conocí a la griega, desconocía como respondería la chica al encontrarse con alguien que seguramente no hubiera dudado en devorarla siglos atrás. Después de las empusas, las serkets o mujeres escorpión fueron las primeras adversarias de nuestras antepasadas. Y ahora tenía a una frente a mí.

Mucho antes de fundar Sparassus, las arachnes que posteriormente formarían mi nación se enfrentaron a las escórpidas en tierras africanas, hasta que decidieron mudarse a un ambiente que no favoreciera tanto al enemigo. Aunque no hemos retratado a las alacrancitas tan negativamente como a las mantis, especialmente desde ambas especies son arácnidas, tampoco es que mi patria sea muy amigable con ellas. Y cuando andas vestida como una fanática del Tercer Reich, todo puede desembocar en una situación poco favorable. Tratando de no desatar otro incidente después de salvar mi ocre trasero de los avispones, me aseguré de tratar a la artrópoda de la manera más cordial posible.

– "¡Ah, mil perdones, amiga! ¡Lo siento mucho, en verdad!" – Hice infinidad de reverencias. – "Te ruego me disculpes, fue mi error."

– "Descuida, está bien." – Ella acomodó su camiseta. – "La culpa fue mía por andar leyendo las etiquetas sin mirar a donde voy. Digamos que ambas fuimos algo torpes, ¿vale?"

Alzando la vista, finalmente se dio cuenta de mi identidad. Noté como sus seis ojos, tan rojos como los míos, se abrieron por la sorpresa y noté un ligero retroceso en su mitad humanoide. Por suerte, ni sus afiladas pinzas o su ponzoñosa cola reaccionaron de manera adversa.

– "Un momento, yo te conozco…" – Mencionó la quelífera. – "¡Ah, eso es! ¡Ya recordé!"

Bueno, en este punto creo que cualquiera a cien kilómetros a la redonda podría identificarme; Ya sea como la laureada justiciera que arriesgó sus ocho patas para salvaguardar la vida de los inocentes durante los infames atentados, la enamorada perdida que compartió un apasionado ósculo con su compañera arpía en un vagón de tren o simplemente el más reciente elemento de MON, mi nombre y rostro se habían vuelto más o menos famosos, aunque fuera por un fugaz momento en las primicias. Desconocía por cuál de esos tres ejemplos ella llegó a saber de mí, si es que no todos, pero estaba esperanzada en que su opinión de mí fuera positiva.

– "¿Eh? Oh, por supuesto. Estuvo en las noticias después de todo." – Me ruboricé ligeramente y jugué nerviosamente con mis dedos. – "No es algo que me guste presumir realmente, pero creo que tampoco puedo negarlo."

– "¡Claro! ¡Eres la que usaba ese horrible disfraz de pingüino!"

– "Je, la mism… Espera, ¡¿Qué?!"

– "¡Y también la que liberó las cucarachas en el Fried Harpy!"

– "¡¿Qué qué?!"

– "¡Y la que no se sabe las tablas!"

– "¡¿Qué qué qué?!"

– "Sí eres tú, ¿no?"

– "Erm, bien, yo… Sí, supongo." – Suspiré y le mostré una sonrisa resignada. – "Aunque no es precisamente algo por lo que me gustaría ser remembrada."

– "Descuida, arañita, todas tenemos cola que nos pisen. Je, ¿captas?" – Movió la suya y ofreció su mano. – "Soy Aiur, aunque todos me dicen Ari. Gusto en conocerte."

– "Aria Jaëgersturm, aunque todos me dicen Ari-a." – Bromeé y estreché su mano. A ella le pareció un pésimo chiste, pero igual fingió una risita. – "El gusto es mío. En serio, pensé que una arachne te obligaría a entrar en modo defensivo. Ya sabes, los litigios del pasado y eso."

– "Tranquila, que mi alineamiento es neutral bueno, aunque a veces me considero del lado caótico." – Guiñó tres de sus globos oculares. – "Además, tengo puntos extra en Inteligencia para saber que no eres hostil a pesar de que luces muy Nazi, pero no negaré que el dado también me ha favorecido en Carisma y Lindura, aunque esta última no sea un atributo estándar. Diría también que Sabiduría, pero no me gusta presumir."

– "Uhm… ¿Qué?"

– "Ay, olvídalo. A veces se me sale lo nerd." – Disintió con la cabeza. – "Como sea, ¿Qué hace una prima arácnida como tú por aquí? ¿Planeas liberar a los delfines del cautiverio?"

– "No, simplemente vine a pasear a un niño que un conocido nos encomendó a mí y mis amigas." – Señalé a la rapaz quien se hallaba entretenida viendo a Haru morderle el cabello a la reptiliana. – "Ando comprando recuerdos para la familia y mis novias."

– "Ya veo. Un momento, ¿dijiste novias?" – Miró de nuevo a la castaña y la pelirroja, esta última limpiando la saliva de su pelo. – "Oh… Ehem, sí, entiendo. ¡Ah, esas cubetotas de animalitos! Mi hermanp me compraba similares de pequeña, aunque eran de dinosaurios o invertebrados. Je, las batallas épicas entre los reyes del Carbonífero y la era Mesozoica que solía crear. Una extraña ser niña y ponerse a jugar con ellos, aunque ya estamos demasiado viejas para eso, ¿verdad?"

– "Uhm, claro… Muy viejas…" – Silbé disimuladamente. – "¿Y qué hacías que te encontrabas tan distraída, Aiur?"

La pelinegra enseñó un paquete con diversas criaturas prehistóricas de distintos periodos geológicos. Mis tiempos de fascinarme con la historia del pasado hace mucho que quedaran atrás, pero distinguía al clásico plesiosaurio, el pez armado dunkleousteus, varios trilobites, un anomalocaris e incluso un basilosaurio, un cetáceo primitivo del Eoceno. Verla cargar con tantos muñecos y el hecho que yo lograra recordar todos esos nombres fácilmente después de tantos años me hizo sonreír al darme cuenta que ambas éramos igual de nerds. Uhm, me pregunto si debería invitarla un día de estos para retar al dúo plumitas-gelatina en Mayro Kratt. Quién sabe, podríamos derrotar a las campeonas de las carreras virtuales.

– "Son para un proyecto de la universidad. Nuestro profesor sustituto de geología les dará un recorrido por la asignatura a un grupo de chavalines de una escuela primaria y me pidió que consiguiera material didáctico para apoyar sus explicaciones. Prefiero a mi maestro original, pero está en el hospital. Al menos aproveché para cumplir mi misión y de paso entretenerme." – Se acercó a mi oído y musitó. – "Y aquí entre nosotras, estoy en una cita no oficial con alguien muy especial, así que es doblemente genial. Quien diga que los escorpiones no tenemos corazón, jamás ha escuchado latir el mío como el amplificador sónico de Lúcio. Pero bueno, esa personita que me hace segregar veneno afrodisiaco me está esperando y no quiero retrasarme más."

– "Comprendo." – Sonreí. – "Suerte en tu proyecto y tu rendezvous, amiga. Le envías mis saludos a tu profesor."

– "Claro. Hey, ¿esas armas son de verdad? ¿Eres policía o…?" – El timbre de su teléfono la interrumpió. – "Disculpa. ¿Hola, quién habla? ¿Eh, en serio? ¡Sí, vamos enseguida! ¡Gracias, doctor, ya salgo!" – Guardó el celular. – "Perdona, Aria; Me acaban de avisar que mi profesor, Geber, ya se halla mejor. Siento irme tan de prisa, pero ya podremos platicar en otra ocasión. ¡Nos vemos! ¡Atenta a los cielos, caminante!"

– "¡Auf Wiedersehen!" – Agité mi mano, entonces reaccioné. – "Espera, ¿Geber?"

Antes que pudiera preguntar si se trataba del sujeto al que Smith deseaba investigar, la escórpida se apresuró a pagar sus cosas y la vi reunirse con una mujer escamosa. ¡Un momento, conozco a esa dragonewt! ¡Es la misma que estaba con ese excéntrico disque-docente y la wyvern psicópata! ¡Entonces sí es el mismo que buscamos! Sin embargo, ambas se alejaron y preferí no seguirlas. Al final, decidí no indagar; Tal vez conociera a un supuesto sospechoso, pero eso no significaba que ella o su amiga estuvieran involucradas en los planes de ese tal Geber. Además, si su cita era esa dragona rubia, significaba que estábamos en el mismo equipo y sentí que no podía traicionar a una hermana de armas sáfica.

Y ya tengo suficientes problemas con cuidar a ese diablillo en miniatura como para andar calentándome más la cabeza. Despejando ese asunto de mi mente, me hice con el cetáceo para mi segadora y el quelónido para la falconiforme. La rapaz y Silica se encontraban luciendo un par de graciosos gorros con forma de pulpo mientras Haru, riendo en brazos de la pelirroja, ostentaba uno de rape espinoso, esos pescados abisales con señuelos bioluminiscentes en sus cabezas. La sargento se unió a su moda acuática y llevaba a un tierno tiburoncito en la sesera, aunque su taciturna expresión contrastaba con la sonrisa del selacio.

– "Aunque no te lo merezcas, ten, pajarraca de los siete mares." – Le entregué la tortuga a la estadounidense. – "Para que veas que aún te aprecio a pesar de ser un incordio alado."

– "Aww, y esta es más bonita que la otra." – La tomó y me abrazó. – "Thanks, Blondie, you're so sweet."

– "Sabes que te quiero, yanqui emplumada." – Le di un beso rápido en sus labios. – "Lindo pulpo, ¿son de los que salen en los mangas hentai?"

– "No digas esas cosas frente el niño, cochina." – Golpeó mi brazo. – "Mira, uno con forma de orca para ti. Pensaba en ser generosa y conseguirle uno a tu pitufo, pero ninguno está protegido contra piojos."

– "Voy a cocinarte en yakitori si continuas de bocona, urraca." – Fue mi turno de regresarle el gesto en su ala. – "Pero estaría encantada que le regalaras uno a Lala. Ese rorcual azul le quedaría perfecto."

– "Era broma, flaca. No creerás que pienso gastar mi dinero en esa decapitada, ¿o sí?"

– "Sería una buena forma de agradecerle por ayudarte con la importantísima fiesta de Mio."

– "Bleh, sigue siendo demasiado caro."

– "¿Mitad tú y mitad yo?"

– "Ah, qué diablos." – Agarró la ballena y le depositó en la canasta junto a los demás productos. – "Tu regalo me puso de buen humor, así que haré una excepción esta vez."

– "Danke, Süsse." – Acaricié su barbilla. – "Du bist meine Engel."

– "Soy la más divina, no lo olvides." – Me abrazó, fingiendo soberbia. – "Considérate afortunada de recibir mis celestiales muestras de cariño, pecadora."

– "Que dulces son ustedes dos." – Sonrió la poiquiloterma, batallando para que Haruhiko no le mordiera de nuevo el cabello. – "Me recuerdan a los tíos Kanami y Kou. Son más melifluos que miel de abeja."

– "Ugh, no queremos saber más de abejas por hoy, Mei." – Mencioné. – "Pero gracias, de alguna manera esta escandalosa amante del heavy metal me vuelve loca… En todos los sentidos."

– "Sí, sí, son un axioma de amor y ternura, blah blah…" – Se quejó la empusa, tomando la canasta y colocando su gorrito en esta. – "A veces quisiera tragar cianuro para poder soportar sus absurdos despliegues de melosidad. Si ya terminaron su teatro romántico, aún tenemos que cumplir los mandatos para entretener a este mocoso."

– "¿No es lo que estamos haciendo, genio?" – Cuestioné. – "El chiquillo me parece muy feliz ahora. Y honestamente, quiero ver el show de la sirenas cantantes."

– "Sólo sigue las órdenes, Potato. Y ya estoy harta de tanto olor a pescado, vámonos de una vez."

– "Como digas, Pepper." – Accedió la castaña, estirando su cuerpo. – "¿Cuál es nuestra siguiente parada, almirante?"

– "Veamos…" – Revisó la lista. – "Zoológico de Ueno. Genial, más animales."

– "Te sentirás como en casa." – Retruqué mordazmente. – "Aunque ignoro cómo te permitirán la entrada sin querer encerrarte primero."

– "Me matas de la risa, araña payasa." – Guardó la hoja. – "Bien, al menos queda cerca de aquí. De prisa, equipo."

Pagando todo, incluyendo el sombrerito para la oficial ojizarca como forma de agradecerle su ayuda, Silicia volvió a ofrecerse para trasladarnos a nuestro destino y las cuatro salimos del lugar. Esta vez la pelinegra y la escamosa conductora pudieron abordar sin problemas el vehículo al hallarse el estacionamiento más despejado. Ya adentro y con el bebito tomando una rápida siesta, partimos hacia la dirección.

– "Gracias de nuevo por tomarte tantas molestias con nosotras, Mei." – Congratulé a la gecko. – "No entiendo cómo le haces para soportarnos a todas, especialmente a este grillo malhumorado."

– "En estas pocas horas de estar con ustedes, he hecho más cosas que toda la semana anterior. Créanme, el trabajo de oficial es letárgicamente aburrido y de no ser por cosas como esta, estaría cocinándome en este auto, gruñendo por el calor y el hastío." – Respondió la poiquiloterma, sin despegar la vista del camino. – "Pero supongo es el precio a pagar por ser una de las naciones con menor índice criminal, ¿no le parece, agente?"

– "Y aún así, los delitos cometidos tanto por liminales como humanos han ido exponencialmente incrementándose desde la proclamación del Acta. Bonita manera de seguir perpetuando los estereotipos sobre los extraespecie." – Mencionó la arpía, sosteniendo al niño durmiente. – "¿En verdad esta oleada de fechorías está ligada a nuestra aparición? ¿Somos realmente propensos a romper las leyes?"

– "Más bien es consecuencia de la ley y demanda, Cetania. Es decir, ningún grupo criminal operaría si no tuviera una buena razón para ello, y según la mayoría de los casos que llegan a las estaciones, siempre habrá mercado para armas, drogas o cualquier otro medio ilegalmente lucrativo, sin importar origen." – Respondió la pelirroja, deteniéndose en un semáforo. – "Por ejemplo, mi madre se creció en una favela en Recife; Para ella, el crimen era el estado natural de las cosas. Y daba igual si eran extranjeros o sus propios paisanos, la sangre corría por igual, indiscriminadamente. Curiosamente, eso provocaba que los malnacidos se olvidaran de nacionalidad, especie, género o incluso edad, puesto que todos se aliaban para tomar el control e imponerse sobre los grupos rivales. Eso es algo triste, ¿no le parece?"

– "La paz entre individuos sólo es posible cuando comparten un enemigo en común." – Acotó la mantis. – "Conozco perfectamente de lo que hablas, Silica. Incluso tolero a este par de pervertidas y sus tonterías porque las tres luchamos por el mismo objetivo, al igual que MON."

– "Aunque con esa actitud de limón agrio que te cargas, a veces pienso que debería unirme a los malos para no seguir sufriendo a tu lado." – Dije sardónicamente.

– "Me gustaría que lo hicieras, sucia Nazi. En verdad, así podría llenarte el culo de plomo sin repercusiones y hasta me darían una medalla."

– "Deberían relajarse, chicas. Recuerden mi historia, hay que apreciar las cosas mientras duren. No sabemos si podríamos perder la oportunidad de gozar momentos tan pacíficos como este. O no tan agitados, en su caso." – La brasileña rió ligeramente. Ahí, su celular le hizo estacionarse para poder contestarlo. – "Oficial Silica aquí, ¿Quién habla? ¿Eh, agente Zombina? ¿Cómo consiguió mi número? Oh, sí, ya recuerdo. ¿Oh? Sí, ellas están precisamente conmigo, ¿Qué sucede? ¡¿Eh, en serio?! ¡Por supuesto, agente, enseguida se la paso!"

La reptil le facilitó el teléfono a Dyne, alegando que la teniente deseaba comunicarle algo importante a ella. Esta tomó la palabra y luego de un par de intercambios verbales entre ambas, la empusa sonó sorprendida. Colgando, le regresó el aparato a la mujer de glaucas escamas y se mantuvieron afónicas por unos segundos hasta que la griega volteó lentamente en nuestra dirección. Entonces, esos enormes ojos tan verdes como el jade se encontraron con los míos, con una expresión preocupada.

– "El restaurante Aizawa…" – La helénica rompió el silencio. – "Acaban de asaltarlo…"

Pocas palabras me hubieran estremecido con la fuerza de una locomotora como las que la mediterránea profirió en ese entonces. Esa infausta vorágine de los peores sentimientos que pudiera experimentar se me arremolinó con fuerza ciclónica en mi interior. Sentí a mi corazón estrujarse y mi alma congelarse al igual que el más gélido invierno polar en un instante. Los juguetes que llevaba en mis brazos cayeron al suelo de la furgoneta y quedé absolutamente afónica, incapaz de escuchar el rogar de la rapaz para hacerme reaccionar, los llantos del bebé por el súbito movimiento de esta o siquiera los latidos de mi casi inerte bomba sanguínea.

Lala, mi amada Lala, estaba en peligro… Y yo no estaba ahí para protegerla…

Mis hombros cayeron y asumí una pose tan exánime como la de un cadáver. Mi visión, tornada monocromática, me permitió observar en cámara lenta a la americana, aún insistente lograr que le respondiera al tiempo que mecía ineficazmente al niño, el cual no paraba de derramar pequeñas lágrimas que se combinaba con la mucosidad que brotaba de su nariz. Antes de darme cuenta, el mareo debido a mi falta de oxígeno al cesar toda clase respiración tan abruptamente me hizo finalmente regresar al mundo consciente. Hiperventilándome y dándome cuenta de que no estaba haciendo nada, alcé la mirada y me apresuré a colocarme detrás del asiento de la pelirroja.

– "¡Mei! ¡Rápido, llévame hasta el Aizawa!" – Le imploré desesperada a la reptil, sacudiendo sus hombros desde atrás. – "¡Por favor, te lo ruego!"

– "¡Jaëgersturm, detente!" – Nikos me sostuvo un brazo. – "¡La teniente me especificó que la situación está bajo control! ¡Tranquilízate!"

– "¡Mei, te lo suplico, llévame!" – Las lágrimas ahora recorrían mis mejillas. – "¡Acelera!"

– "¡Jaëgersturm, piensa un poco!" – La mantis volvió a llamar mi atención. – "¡Ahora no podemos arriesgarnos a llevar a Haruhiko al lugar del siniestro! ¡MON ya se encuentra ahí, ya no hay peligro!"

– "¡Tú no entiendes, empusa! ¡Jamás entenderás!" – Me liberé de su agarre. – "¡Debo salvarla! ¡Debo salvar a Lala!"

– "¡No pierdas el control, arachne!"

– "¡Mei, por lo que más quieras, ayúdame! ¡Como profesionales, como amigas, como personas!" – La abracé con fuerza, como si mi vida dependiera de ello. Y lo estaba. – "¡Por favor, llévame con ella! ¡Con la mujer que amo! ¡Lo es todo para mí! ¡Bitte!"

Dejé que mi llanto opacara al del pequeño, manchando el cuello del uniforme de la poiquiloterma y sosteniéndola con firmeza, implorando que se apiadara de mí y me permitiera actuar para salvaguardar a la persona que significaba mi mundo entero. Entonces, sentí la escamosa mano de la gecko acariciar una de las mías alrededor de ella.

– "Sosténgase fuerte, agentes…" – Aseveró la ojizarca, sonriendo y ajustando su cinturón de seguridad. – "Romperemos los frenos y la barrera del sonido. ¡Força!"

Pisando a fondo el acelerador y activando la sirena de la patrulla, Silica hizo que el vehículo saliera disparado a velocidad excesiva, tocando repetidamente el claxon para hacer aún más hincapié sobre la prisa que llevábamos. Mientras la oficial policiaca se abría paso raudamente sobre las calles, quebrando infinidad de reglas de tránsito si fuera una simple civil, yo me mantuve agradeciéndole repetidamente en el trayecto hasta que las cálidas plumas de Cetania me abrazaron, invitándome a tomar asiento y desahogarme en su hombro, oferta que tomé sin dilación.

La falconiforme le entregó al niño a la helénica para poder consolar a mi afligida persona. Ella se encargó de reafirmarme que no me preocupara, acariciando mi espalda, cabeza y mejillas al tiempo que seguía recordándome que mi irlandesa es inmortal y capaz de invocar a su poderosa guadaña en caso de hallarse en peligro, sin contar que ya había probado de primera mano sus notables habilidades combativas. Si bien yo sabía que todo eso era verdad, no podía dejar de sentirme terrible y proseguí exclamando gemidos de dolor y humedeciendo el saco de su traje con mis lágrimas.

– "Serénate, Aria, todo estará bien." – Afirmó la halcón, reconfortándome. – "No le pasará nada a la dullahan, ya lo verás."

– "¿Cómo puedes estar tan segura?" – La miré directamente a sus áureos iris. – "¿Cómo saber si no le ha pasado nada?"

– "Porque tu corazón te lo diría." – Sonrió, retirando una lágrima de mi mejilla. – "Además, es Lala. Si yo no pude contra ella, mucho menos un delincuente de quinta. Relájate, tu azulita está a salvo."

– "Danke, Cetania." – Sonreí débilmente, pero con sinceridad, reposando mi cabeza en su regazo. – "¿Estás preocupada también por Mio?"

– "No tanto como Yuuko cuando se entere, pero sin duda me hallo inquieta." – Su sonrisa cedió un poco. – "Sin embargo, es en estos momentos cuando debemos mantener la calma y confiar en que nuestros seres queridos son tan fuertes como nosotras."

– "Tienes tanta razón, linda, tanta." – Sostuve su pulgar, ella afianzó el agarre. – "Siempre puedo contar contigo para soportar a esta insegura araña, ¿cierto?"

– "Always, Blondie…" – Besó mi frente. – "Always…"

Era fantástico saber que ella se mantendrá eternamente a mi lado, haciéndome inmensamente feliz. Pero incluso con el apoyo incondicional de mi amada americana, esa funesta sensación quemándome el interior no se extinguiría hasta asegurarme personalmente que la segadora no corría peligro alguno. Mi cabeza decía que me calmara, mi corazón que no me detuviera y mi alma sólo buscaba sosiego en la verdad. Entre más nos acercábamos a las conocidas arterias que llevaban hasta el restaurante, sentía más ganas de salir del transporte, pero la parte sensata de mi cerebro me impedía cometer demencias.

Estando a casi un kilómetro del lugar, tomé mis pistolas para cerciorarme que ambas se hallaran perfectamente abastecidas y listas para actuar de ser necesario. La adrenalina me invadía las venas y mi inmenso deseo de proteger lo que amaba me hacía repetir una y otra vez el cargar continuamente los cartuchos en las armas. Sacaba el cargador y volvía insertarlo de manera robótica y frenética al tiempo que mi hiperventilación se acrecentaba.

– "Jaëgersturm… ¡Jaëgersturm!" – La sargento me sacó de mi eufórico trance. – "¡Tranquilízate, cabo! ¡Estás como loca!"

– "P-perdón, Dyne…" – Intenté calmar mi respiración, abasteciendo de munición nuevamente a mi P30L. – "Lo siento, sólo estoy nerviosa."

– "Y eso no es mejor." – Extendió su mano. – "Dame tus armas, Potato. No quiero que termines hiriéndote a ti o a alguien más por tu histeria."

– "Está bien, Nikos, me encuentro perfectamente." – Repetí la acción. – "Perfectamente me encuentro, perfectamente."

– "Cabo, no lo repetiré." – Exigió la pelinegra. – "Entrégame tus pistolas."

– "Aria…" – La castaña sostuvo mi mano, deteniendo el ligero temblor. – "Por favor…"

– "Bien…" – Cerré mis ojos, suspirando. – "Dáselas."

Ella obedeció y se las cedió a la helénica junto a mis cargadores. Esta les retiró las balas y guardó los artefactos en su saco, regresándome mis armas vacías. Yo proseguía inhalando profundamente para deshacerme, con poco éxito, de la turbación que se rehusaba a abandonarme. Tan pronto pude distinguir el sonido de las sirenas, mi pulso, como mi respiración, volvieron a su tenso estado. Insistí a la poiquiloterma que se diera prisa y ella accedió parcialmente, puesto que el tráfico no estaba de nuestro lado. Ya a menos de cincuenta metros, le ordené frenar y apenas la furgoneta se ralentizó lo suficiente, salí de ahí con celeridad para correr enérgicamente hasta el conglomerado de personas y carros policiacos que formaban una polícroma barrera antes de alcanzar al inmueble.

Mostrando afásicamente mi placa y los presentes cediéndome el paso, mis seis ojos buscaron con vehemencia a la peliblanca. El sudor en mi cuerpo me había bañado por completo y no sabía cuánto más resistiría sin sufrir un paro cardiaco por la incertidumbre. Al no hallarla en el exterior, decidí entrar por mi cuenta, mi angustia creciendo al notar los casquillos de bala en el suelo y las definitivas marcas de impacto en el techo y parte de algunos muebles. El olor a pólvora aún era perceptible en el aire, si bien mucho ya había sido enmascarado por los residuos del aroma proveniente de la cocina. Descubrir más cartuchos vacíos cerca del camino que conducía a esa zona me provocó un malestar aún más grande.

Y entonces la vi.

Vestida en su negro atavío con detalles verdes y con la cofia envolviendo su larga cabellera, mi querida, adorada y preciada irlandesa se hallaba gesticulando algo inaudible a la alférez Manako. Agradeciendo infinitamente a Tique y al resto de las deidades en mi panteón cultural, corrí hacia ella, gritando su nombre al tiempo que ella voltease en mi dirección y sus hermosos ojos dorados se abrieran al observarme acercarme a su persona con los brazos extendidos. Sentí un titánico alivio al sentir su cuerpo hacer contacto con el mío, como si todo ese excesivo temor fuera apartado en todas direcciones y se desintegrara en el aire. La levanté del suelo por el entusiasmo, abrazándola fuerte para nunca dejarla ir y rodeándola por completo para protegerla de todo mal.

Sosteniéndola, le retiré la red de la cabeza y acaricié con vehemencia su níveo cabello, derramando lágrimas sobre este. No me importaba si había interrumpido algo importante, si mi presencia estaba contaminando alguna escena del crimen o si transpiración combinada con el olor de mi quitina me otorgaba un aroma desagradable e impregnaba el uniforme de la segadora; Lo único importante para mí en ese momento y por toda la eternidad, era y será que la mujer por quien lo doy todo, mi absolutamente indispensable y amada Lala, se encontrara a salvo.

– "¡Lala! ¡Lala, Lala!" – Repetí su nombre sin terminar mi abrazo. – "¡Gracias, Arachne mía! ¡Gracias a todos los cielos!"

– "¡A chuisle!" – Exclamó, aún sorprendida por mi súbita aparición. – "¡Me alegro también de verte!"

– "¡Y yo aún más! ¡Dime, ¿estás bien?!" – Le pregunté, separándome para verla a la cara, sin soltarla. – "¡¿Te sucedió algo?! ¡¿Necesitas ayuda médica?! ¡Lo que sea, lo haré!"

– "Descuida, A chuisle, estoy perfectamente." – Replicó, dándome palmaditas en la espalda. – "Sólo fue el susto, me encuentro completamente incólume."

– "¡¿Estás segura?! ¡¿No tienes alguna herida o algo?!" – Exclamé, sacudiéndola ligeramente de los hombros. – "¡Te ruego me digas si algo te pasa!"

– "Aria, tranquilízate, no sucede nada." – Colocó su suave mano en mi mejilla. – "Me hallo totalmente ilesa. No tienes de qué preocuparte."

– "Sí, tienes razón… Pero…" – Volví a estrecharla. – "¡Demonios, perdóname! ¡Perdóname por favor!"

– "Aria, descuida, no es necesario pedir absolución por eso."

– "¡No, lo hago porque falté a mi promesa más importante!" – Expresé. – "¡Juré protegerte, estar siempre a tu lado para evitar que alguien te hiciera daño… Y no lo hice! ¡Maldita sea, ¿por qué no lo hice?! ¡Te ruego me disculpes, Lala!"

– "Aria…"

– "Yo debí… Yo debí estar aquí… Cuidándote, resguardándote… Salvándote." – Dije entre gimoteos. – "Eres lo más valioso que tengo y ni siquiera soy capaz de defenderte. ¡Soy una idiota! ¡Una mentirosa! ¡Una maldito err-!"

– "¡Aria, detente ya!" – Ordenó la dullahan. – "¡Deja de imputarte tan despectivos términos!"

– "Pero, Lala… Pude perderte…" – Reiteré. – "Si algo llegara a pasarte, yo… ¡Arachne mía, te suplico tengas piedad!"

La segadora se encontraba indemne, sin rasguño o aflicción alguna. Debería alegrarme, apaciguar mis ímpetus y agradecer porque su integridad se mantuviera a salvo. Pero, simplemente no paraba de sentirme terrible por no estar en el momento que ella más me necesitó. Entrené para esto, me esforcé específicamente para situaciones tan críticas como esta, la abandoné por una semana para prepararme… Y la decepcioné. Yo no paraba de llorar y entonces, la irlandesa me sacó de ese melancólico trance sólo con tomar mi barbilla con sus delicados dedos.

– "A chuisle, está bien. No es tu culpa."

– "Pero… Es mi trabajo, mi deber, ¡mi obligación el cuidar de ti!" – Aseveré, sollozando. – "Debí estar aquí… Debí estarlo…"

– "Ya estás aquí, Aria. A mi lado, donde te necesito. Por favor, tranquilízate."

– "Yo… Sí, estás en lo cierto. Totalmente en lo cierto." – Suspiré, hipando. – "Lo siento, Lala, es sólo que…"

– "Te entiendo perfectamente, amor. Pero ya pasó, ni yo ni nadie más que los criminales resultaron heridos en tan aciago evento. Puedes relajarte."

– "De acuerdo, querida." – Exhalé profundamente. – "Lo principal es que estés intacta. Lamento tan excesivo despliegue de sentimentalismo."

– "No hay problema, cualquiera en tu situación experimentaría lo mismo. Alégrate, todo salió bien."

– "Vale." – Un tercer y último suspiro disminuyeron mi malestar casi por completo y me separé lentamente de ella. – "¿Cómo… cómo sucedió?"

– "Dos sujetos, humano y ogresa, armados con Ruger Super Redhawk e IMI Uzi, respectivamente." – Contestó Smith de repente, detrás de mí. Estaba vestida con su traje amarillo de batalla y cargaba con algunos papeles. – "Según los testimonios tanto de Lala como de los comensales, más las grabaciones de seguridad, ambos abrieron fuego apenas entraron, exigiendo el dinero de la caja y las pertenencias de los clientes. Hubieran logrado su cometido de no ser por las heroicas acciones del ex-subteniente García, quien los neutralizó majestuosamente. Debería contarle a Titania sobre como uno de sus compatriotas salvó el día."

– "Espere, Hauptmann. ¿Mexicano? ¿García?" – Interrogué, uniendo las piezas. – "¿Se refiere al subteniente Roberto García? ¿El casero de una minotauro llamada Amanda?"

– "Precisamente, granate." – Alzó ligeramente la vista, entregando los documentos a la cíclope. – "¿Lo conoces?"

– "Yo y las demás hablamos con él hace pocas horas en el parque Otsuka. Incluso nos participó que vendría aquí."

– "Mundo pequeño." – Acomodó sus lentes y Manako se retiró con una reverencia. – "Por lo menos los únicos daños fueron los proyectiles al inmueble y algunas instancias de shock emocional por parte de algunos presentes, pero ya se encuentran mejor. No puedo decir lo mismo del par de truhanes que ahora se encuentran camino a la prisión más cercana, pero se lo merecían. Tenemos los videos por si deseas analizarlos, aunque la prensa de alguna manera ya se hizo con estos y no dudo los esparcirán por las redes en poco tiempo."

Bueno, por suerte no corrió sangre, especialmente la de mi peliblanca. Las proféticas palabras de Nikos y Silica me vinieron enseguida a la mente; El mundo se tornó en un instante en un infierno y hubo posibilidad de perder lo que más quería. Vigilamos que alguna desgracia le sucediera al pequeño Haru y evitamos que un enjambre de iracundos avispones atacara a la población, pero en las mayores ironías de esta impredecible existencia, estuvimos ausentes donde el deber nos necesitaba. Una pequeña omisión que pudo cambiarlo todo para siempre. La vida es una cruel bromista y nosotras somos simples bufones en su sádico teatro.

– "Aria…" – Kuroko alzó una ceja. – "¿Dónde está Haruhiko?"

– "Lo dejé con Dyne, en la furgoneta de la oficial Mei Silica. Descuide, nos estacionamos a más de cincuenta metros de aquí y está custodiado por las chicas." – Respondí. – "Sé que no debimos traerlo, pero usted sabe lo extremadamente importante que es esto para mí."

– "Lo entiendo y no puedo culparte. Por eso no quería avisarte hasta después, pero Bina insistió en que era mejor informarte lo antes que pudiéramos." – Colocó su mano en mi hombro. – "No es que desconfíe de ti, Aria, pero conozco perfectamente lo fácil que es perder el control en esta clase de situaciones, y más cuando los seres amados se hallan envueltos en casos así. Créeme, lo he vivido. Únicamente deseaba que no cometieras alguna imprudencia a costa de la seguridad de Haru, ¿vale?"

– "Descuide, Hauptmann, reconozco que puedo ser muy impulsiva a veces." – Sonreí resignada. – "Su trabajo por encima de todo es proteger, especialmente a los más vulnerables. No le guardo rencor."

– "Bien, aunque tampoco es que pudieras quejarte mucho, después de lo que sucedió en mi oficina." – Entrecerró sus ojos amenazadoramente. – "Pero eso será tema de otra ocasión, por ahora debemos hacer que todos regresen a casa por hoy. Afortunadamente con toda la evidencia nos ahorramos papeleo y más vueltas, así que podemos volver al trabajo cuanto antes. Aún tenemos que atender el asunto del profesor Geber y apenas será mediodía. Simijo…"

– "Oh, sobre eso..." – Hesité antes de proseguir. –"Durante nuestra visita al acuario Tokuma, me encontré con una de sus alumnas, Aiur, una serket emperador, de las que tienen brazos humanos y quelíceros. Estaba en compañía de una dragonewt. No recuerdo el nombre de esta última ahora, pero ambas fueron a visitar al geólogo al hospital porque ya se encontraba mejor."

Me sentí mal. No es que deseara traicionar a Aiur, especialmente si es una prima escórpida y con las mismas preferencias, pero era mi debe el informar a mi superior de todo que pudiera contribuir a la causa. Quién sabe, quizás terminaríamos salvándola de algo peor y entonces esta pequeña deslealtad a mi palabra pudiera redimirse. Eso no significaba que mi culpa disminuyera, pero ya era tarde para retractarme. Lo siento, amiga, es por tu bien.

Y sinceramente, sólo deseaba sentirme útil.

– "¿Algo más?" – Revisó su reloj de pulsera. Muy lindo, parece de plata. – "¿Alguna mención sobre el incidente o cualquier cosa que nos ayude en la investigación?"

– "Nein, Hauptmann, lo siento."

– "Bueno, eso no nos dice mucho, pero al menos significa que está consciente y podremos entrevistarlo apropiadamente." – Fue interrumpida cuando Doppel le informó algo al oído. – "Gracias, alférez, iré enseguida. Ah, que este sigue siendo un día demasiado largo. Ven, novata, debo darle un mensaje público al pobre Roberto. Trae a tu dama, no querrán perdérselo."

Obedeciendo, tomé la mano de Lala y seguimos a la coordinadora, no sin antes propinarle un profundo beso a los labios de mi chica y darle otro enorme abrazo de alegría. Rodeándola del hombro, caminamos tras la agente hasta afuera. Tratamos de no entorpecer el trabajo del equipo investigativo recogiendo los casquillos y fotografiando los hoyos dejados por los disparos y nos encontramos con el resto de las chicas, hablando entre ellas y con el soldado latino, que tenía a su compañera minotauro limpiándose las lágrimas a su lado. Smith lo saludó y nosotras le hicimos una reverencia.

La furgoneta de MON y una barrera de policías era lo único que nos resguardaba de las inquisitivas preguntas y lentes de los reporteros atiborrando la zona. También había varios civiles, que supuse eran los comensales, hablando por teléfono con sus familias o simplemente manteniéndose juntos debido al susto.

– "¿Todo bien, flaca?" – Preguntó la castaña. – "Parecías correcaminos con esa velocidad a la que saliste del auto. Pensé que te matarías por imprudente. La próxima vez espera a que el vehículo se estacione, ¿quieres?"

– "Comprende, pajarita, era una emergencia." – Contesté. – "¿Y dónde está Haruhiko?"

– "Lo dejamos en la furgoneta con Silica." – Respondió la mantis. –"Ya nos enteramos de lo sucedido, me alegro que todo saliera bien. ¿Eso significa que ya estás mejor, araña demente?"

– "Sí, mucho mejor, Dyne." – Sonreí y besé en la mejilla a la irlandesa. – "Esta es mi novia, sargento, la dullahan más hermosa, grandiosa, talentosa y divina que existe y la futura chef estrella del Aizawa. ¿Mencioné que es fantástica?"

– "Por favor, A chuisle, no ponderes excesivamente mis dotes." – Se sonrojó, sonriendo también. Le ofreció la mano a la pelinegra. – "Soy Lala, un placer conocerte. A chuisle me ha hablado mucho de ti."

– "Dyne Nikos, igualmente." – Regresó el gesto. – "Conociendo a Jaëgersturm, deduzco que no son cosas buenas."

– "Mentiría si lo negara." – Rió ligeramente. – "Aunque también ha admitido la admiración que siente por tu entrega con la justicia y destreza en batalla, además que considerarte una buena amiga."

– "¿En serio?" – Me miró, alzando una ceja. – "¿En verdad piensas positivo de mí en privado, Potato?"

– "¿Potato?"

– "Su nombre clave. Le queda a la perfección."

– "¡Ay, tenías que ir con el chisme, grillo bocón!" – Reclamé. – "¡Spatzi, no le hagas caso!"

– "Pero opino igual que ella, te encantan tales tubérculos después de todo, especialmente fritos. Y eres tan ocre como estas." – La segadora sonrió maliciosamente. – "Creachán, significa 'patatita'. Me gusta más que A chuisle."

– "¡Aaagh! ¡¿Ahora también tú, linda?!" – Apunté acusadoramente a la griega, cuya amplía sonrisa burlona se había instalado en su rostro. – "¡Pero esta me la pagas, empusa!"

– "Por cierto, ¿has visto a Mio, flaca?" – Cuestionó la falconiforme, preocupada. – "¿Está a salvo?"

– "Aquí estoy, Cetania." – Replicó alguien detrás de ella. Sí, definitivamente esto se volvió costumbre.

La dueña del comedor, la epónima Mio Aizawa, nos saludó a todas. Su cabello, tan añil como la piel de mi dullahan, estaba algo revuelto y su ropa empapada en sudor, pero mantenía su sonrisa sincera que le daba la bienvenida a los clientes. La emplumada la abrazó, feliz de que la pareja de su casera y futura festejada se hallara a salvo. Entonces, Smith carraspeó y se colocó frente al mexicano, tomando la atención de todos los presentes. Aunque el hombre era más alto que la agente, esta ostentaba un aire autoritario innato que obligaba a escucharla. Tal vez era porque la imponente Tionishia, en su traje de combate, resguardaba su retaguardia.

– "Roberto García de la Madrid. Creo que todos aquí ya fueron testigos o conocen perfectamente de tus acciones en este lugar, así que iré directa al grano." – Aseveró la pelinegra, cruzada de brazos. – "Atacaste a un ciudadano de esta nación violentamente e incluso a una ogresa con un arma, hiriendo a esta última en la pierna con un proyectil calibre .44 Magnum. No necesito recordarte que según la ley de nacionalidad actual y a pesar de tener ascendencia japonesa, sigues siendo un extranjero en este país. Y, por supuesto, has violado el mandato más sagrado del Acta de Intercambio Interespecies al abrir fuego contra una liminal. Está más que claro que tus actos, especialmente el último, me temo que son considerados delitos y de los graves."

El aire se tornó tenso en un picosegundo. Hubo una bocanada sorpresiva casi grupal entre los presentes después de oír las frías palabras de Kuroko, que permanecía impasible como el resto de MON. Cuando ella mostró un par de esposas metálicas, García, igual de estupefacto que su amiga bovina, tomó a esta del brazo, recibiendo que ella lo rodeara con los suyos. Vi también como varias personas estaban más que ansiosas por protestar, sin duda para reclamar que tan funesto veredicto era totalmente draconiano para la persona que salvó sus vidas. Lala también parecía compartir el sentimiento, apretando mi mano y yo correspondiéndole. No estuve ahí, no fui testigo, y Smith será mi superior, pero incluso yo sé que eso es demasiado cruel para el mexicano.

Después de todo, el hizo lo mismo que yo y Cetania durante los atentados: Lo correcto.

– "Sin embargo…" – La coordinadora prosiguió. – "No sólo ayudaste a detener y neutralizar a un par de forajidos con un largo historial criminal proporcionalmente inverso a sus jóvenes edades, sino que también lograste evitar que alguno de ellos hirieran de gravedad o peor, causaran el deceso de las infortunadas víctimas presentes en el lugar del siniestro." – Guardó los grilletes. – "Por lo tanto, según lo que nos dicta el sentido común así como la opinión de todos los concurrentes, incluyendo la mía, es mi deber y placer informarte, querido Roberto, que quedas completa y absolutamente exonerado de todo cargo que pudieran imputarte y reconocer públicamente tus actos como auténtico y bien merecido heroísmo."

Antes que el aludido pudiera decir algo, la capitana alzó su mano en señal de espera y de la bolsa derecha de su uniforme reveló un pequeño broche dorado en forma de escudo con alas alrededor, el cual colocó en el lado izquierdo del pecho de García.

– "Y por ende, también es mi satisfacción el obsequiarte un título simbólico, condensado en este pequeño emblema que te designa como persona distinguida y colaborador del equipo Monster Ops: Neutralization. A nombre de la Agencia Nacional de Policía y del Departamento de Justicia, recibe mis más sinceras felicitaciones por ir más allá del deber y recordarnos que, sin importar nacionalidad, género o especie, debemos trabajar juntos por un mejor futuro." – Smith terminó de acomodar el pin y realizó un saludo militar. – "Buen trabajo, soldado."

Me uní a las briosas ovaciones del público y aplaudí al chico por su merecido reconocimiento. Este, a pesar de ser un experimentado combatiente, se sonrojó ligeramente cuando las cámaras de los reporteros lo retrataron junto a su animada inquilina, quien lo abrazó con un entusiasmo tan grande como ella misma. Ahí, la propia Mio se acercó al galardonado militar y después de un sincero abrazo de agradecimiento, le entregó al menos una docena de boletos color rojo con bordes dorados.

– "Toma, son válidos para consumir todo lo que desees en el restaurante, totalmente gratis. No tienen fecha de caducidad, así que tú y tu amiga pueden usarlos cuando deseen." – Indicó Aizawa. – "Sé que mereces mucho, mucho más por haberme protegido y también a los demás, pero espero estos tickets logren expresar mi profundo agradecimiento por lo que has hecho. En verdad, gracias."

Con un apretón de manos final y más aplausos de nuestra parte, García inclinó su cabeza y nos agradeció por tanta amabilidad y prometió seguir dando lo mejor de sí para la sociedad. La prensa, siempre hambrienta, trató de invadirlo con su ejército de preguntas y cuestiones masivas, pero Smith logró retirarlo de ahí y evitar que los medios continuaran hostigando al hombre o a la minotauro con sus recalcitrantes interrogaciones, muchas de ellas tratando de confirmar los rumores de un supuesto romances entre ellos de la manera menos educada posible. He estado en la misma situación, y no es recomendable. El periodismo es peor que la sarna.

Antes que ambos partieran en una Nissan Titan de la policía para que los escoltara a casa, yo me acerqué y, con honestidad, le di un enorme abrazo al tipo.

– "Danke schön, Roberto." – Le congratulé. – "Hablo en serio, un millón de gracias."

– "Oh, de nada, amiga." – Me miró algo extrañado. – "¿Pero, por qué?"

– "Por proteger a la mujer que amo." – Respondí, separándome. – "No estuve aquí para salvarla, pero tú evitaste que esos miserables le pusieran un dedo encima. Siempre estaré eternamente en deuda contigo por esto, y si necesitas algo en lo que yo pueda ayudarte, no dudes en solicitarlo."

– "Entiendo, Aria. Gracias."

– "Gura míle, Roberto." – Fue el turno de la irlandesa, ofreciéndole la mano. – "Protegiste magistralmente a mis compañeros y a mí. Bien hecho."

– "Me halagan demasiado, chicas, pero les agradezco de verdad." – Rió, estrechándola algo apenado. – "Sólo hice lo que mi honor me dictó."

– "Lo honorable, lo correcto." – Contesté. – "¿Has pensando en unirte a alguna empresa de seguridad o parecida? Digan lo que digan, aún puedes lograr grandes cosas."

– "Bueno, en ocasiones, aunque no sabría por dónde empezar. Necesitaría pensarlo y discutirlo con Amanda primero." – Sonrió, guiñando. – "¿Crees que podré entrar a MON?"

– "De acuerdo, pero deberás usar vestido, sostén y tacones." – Seguí la broma. – "Y tienes que cortártelo, como todas lo hicimos alguna vez. Duele, pero quedas hecho toda una dama."

Viéndome raro, el latino rió por tan bizarro chiste, uniéndonos junto a él. Su amiga francesa nos observaba inocua, ajena al terrible chascarrillo que proferí, pero contenta y orgullosa por ver a tanta gente agradecida con su hospedador, moviendo su cola felizmente con todo y moñito, al igual que sus bovinas orejas. Ofreciéndole la peliblanca y yo el saludo de golpe de pecho, el hizo uno marcial. Después de un último adiós para él y Amanda, ambos se introdujeron al vehículo y se retiraron, dejando atrás a los incesantes reporteros que me recordaron al bullicioso enjambre de himenópteros que intentó también atacarnos con su ponzoña. Otra metáfora profética que se hace realidad este día.

– "Ah, será un fastidio tener que cerrar para remendar el desastre que esos malhechores dejaron, pero así es la vida. Sólo espero que eso no dañe nuestra afluencia de clientes." – Informó Mio a nosotras, suspirando. – "Bien, Lala, las demás se retiraron y creo que es hora que vuelvas a casa. Descuida, que para mañana ya podremos continuar con nuestra jornada habitual, no permitiré que un robo fallido me afecte las ganas de trabajar. Anda, regresa con tu familia, mereces descansar."

– "Se lo agradezco, jefa Aizawa." – La mencionada hizo una reverencia. – "Lamento no haber hecho más durante aquellos agobiantes momentos, pero admito que incluso esos sujetos nos tomaron por sorpresa. Pude haber invocado a mi falce y haberlos neutralizado, pero de alguna manera, no actué."

– "Descuida, azulita, que es mejor así, sin correr riesgos innecesarios. No es el primer atraco al que sobrevivo, y el último sujeto que trató de creerse Superman en esa ocasión terminó en el hospital con dos balas en el trasero." – Replicó la dueña. – "Además, si algo te sucedía, tendría a una agente de MOE tras mi cabeza por no ofrecer mejor protección a mis empleados. Je, mi cabeza, muy adecuado."

Y desataría la Tercera Guerra Mundial por mí misma, pero afortunadamente eso no será necesario por ahora.

– "Oh, vamos, Mio; Aria no es así, ¿verdad, flaca?" – Acotó la falconiforme, con sus alas en la cintura. – "Claro, lloraría un río por el deceso de su pitufo, pero se le pasaría después de un rato y entonces yo estaré ahí para demostrarle que nada de valor se perdió."

– "Sumamente hilarante, hija de Taumas." – Respondió sardónicamente la abismal. – "Pero te recuerdo que aunque soy vulnerable a los artilugios mortales, mi vida es actualmente sempiterna e imposible de erradicar."

– "Deberíamos poner a prueba tan flagrante declaración, ¿no te parece?" – La voladora desafió. – "¿Qué tal si empezamos por comprobar cuantas balas puedo alojar en esa cabezota tan vacía que te cargas?"

– "Me temo que se encuentra más repleta que la tuya, puesto que la mayoría de tu materia orgánica ha abandonado el desolado lugar que conforma tu masa encefálica para alojarse grotescamente en tu zona pectoral."

– "¿Celosa de mis gloriosas bebés?" – La arpía hizo rebotar sus senos. – "Y eso que llevo sostén. Pero claro, la envidia es natural en una pecho plano como tú."

– "Mi figura es más que perfecta, adefesio alado." – Se cruzó de brazos. – "Correctamente esculpida con dimensiones más que atractivas, especialmente mi agraciada zona posterior, la cual es deleite y adoración irrefutable de mi amada Mo chuisle."

– "Pfff, nalgas aguadas y llenas de celulitis." – Desestimó mordazmente, dándose unos golpecitos en el suyo. – "Pero mi trasero, como puedes ver, es el cenit de la saludable beldad y rebota como gelatina sin perder firmeza. Puedes arrodillarte y besarlo para que confirmes la veracidad de mis decretos y aceptes mi superioridad sobre tu pequeña personita, enana."

– "Aria, ¿Por qué no detienes a este par de colegialas presumiendo sus nimiedades en medio de la acera?" – Cuestionó Aizawa. – "Me recuerda a mis días de secundaria con Yuuko, y al menos éramos menos descaradas."

– "Generalmente me llevo la peor parte cuanto intervengo en sus querellas, así que me abstengo de interrumpir." – Repliqué. Entonces sonreí. – "Además, lo estoy disfrutando."

– "Ah, Mio, ¿iras a ver a Yuuko?" – Interrogó la americana, deteniéndose al ver a la irlandesa invocar a Seely. – "Aún no le he dicho, pero no dudo y pronto le llegue la primicia."

– "No te preocupes, Cetania, que eso es precisamente lo que haré después de arreglar esto. Si se comunica contigo, dile que estoy bien y que me gustaría ir al cine en la noche, ¿vale?"

– "Roger, ma'am."

– "Bien. En ese caso, debo regresar adentro y ver si no tengo que conseguirme nuevas ollas. Nos vemos mañana, chicas, y recuerden que en el Aizawa hasta las balas saben mejor."

– "Je, claro, Mio." – Reí. – "Una pena que nosotras no pudiéramos disfrutar de una buena comida el día de hoy. Y tantas ganas que tenía de sorprender a mi Spatzi con una visita con todo MON."

– "Pueden hacerlo mañana. Si todo sale bien, los actos de Roberto nos darán mayor publicidad y podríamos ampliar el lugar." – Guiñó. – "Además, sería buena oportunidad para promocionar nuestro menú mexicano, ¿cierto, Lala?"

– "Concuerdo, jefa." – Concedió la aludida. – "Que tenga un buen día."

– "Lo mismo para ustedes. Bye."

La propietaria del restaurante se metió al inmueble, siendo interrogada en el camino por otro oficial. Pobre Mio, las horas también serán largas para ella. Olvidé preguntarle si obtendría descuento la próxima vez que viniera, por ser la novia de su empleada y todo, pero ya será en otra ocasión.

– "A chuisle, aquí debo partir yo." – Me avisó la segadora, haciéndome voltear al acariciar mi mejilla. – "Regreso a nuestra morada, estoy segura que todos deben estar preocupados si las noticias han llegado hasta ellos."

– "Lala, no quiero… No quiero dejarte ir, dejarte sola. No después de esto…" – La abracé, pegándola a mí. – "Estaría intranquila si te alejas de mí de nuevo."

– "Estaré bien, amor. Ya pasó." – Acarició mi espalda. – "Te estaré esperando en casa, toda la familia también. No hay de qué preocuparse.

– "La vida es tan cruel y en un segundo…" – Hipé, llorando de nuevo. – "No, Lala, no voy a soltarte. No deseo fallarte nuevamente."

– "Aria, en ningún momento has errado. La cosas pasan y ya. Soy una hija del Caos Eterno, estoy más que acostumbrada a la entropía universal que permea la existencia."

– "Para eso estoy aquí, querida, para poner orden a esa vorágine que amenaza con alejarte de mi lado."

– "A chuisle, insisto, estaré bien."

– "Al menos…" – Sollocé. – "Al menos déjame acompañarte, para asegurarme que arribaste incólume."

– "Todavía tienes que cumplir tu trabajo."

– "No me importa, tú eres mi misión más importante." – Besé su frente con ahínco. – "Smith es sólo mi jefa, tú eres mi vida."

– "Hermosas alabanzas, A chuisle, aprecio tu infinito cariño." – Se separó lentamente, viéndome y sonriendo comprensivamente. – "Pero no quiero ser la razón de que faltes a tus obligaciones y a tu palabra para con la sociedad. Te reitero que alcanzaré mi destino indemne."

– "¿Cómo estar segura? ¿Cómo sé que la casualidad no desatará otra desgracia que vuelva a ponerte en peligro, y sin mí para defenderte?"

– "Aria…" – El ala de la falconiforme me tocó la otra mejilla, haciéndome voltear. – "No te preocupes, yo la escoltaré a la residencia."

– "Cetania…" – Parpadeé un par de veces, algo incrédula. – "¿Estás… Estás segura?"

– "Será la misión más sencilla que hiciera en mi vida." – Encogió los hombros. – "Y mira que sobrevivimos a comprar ese condenado café y a cuidar a Sarver."

– "G-gracias, Süsse." – Limpié una lágrima. – "Pero, ¿por qué? Creí que ustedes…"

– "Aunque me cueste aceptarlo, esta azulosa es extremadamente valiosa para ti. Y si te es importante, entonces para mí también lo es. Mi trabajo es cuidar a la ciudadanía, ¿no?" – Sonrió. – "Además, la necesito viva para la fiesta y no pienso dejar mal a Yuuko."

– "Entiendo. Spatzi, ¿estás de acuerdo?"

– "Ya que ambas fueron entrenadas bajo las mismas circunstancias, supongo puedo confiar mi integridad física en alas de esta descendiente de Electra." – La irlandesa suspiró, sonriendo. – "Go raibh míle maith agat, Cetania, te lo agradezco."

– "You're welcome, Lala." – Regresó el gesto.

– "Sigues siendo mi ángel, pajarita." – Exhalé, tranquilizándome. – "Por favor, cuídala."

– "Calmadita mi rubita, que soy una profesional." – Guiñó. – "Y como no se puede morir, será un excelente escudo viviente si algo sale mal."

Sin darme tiempo de refutar su mala broma, la fuerte voz de Smith captó nuestra atención.

– "¡Con un demonio! ¡Como quiero que este día ya se acabe!…" – Renegó ella, dejando caer sus hombros para luego incorporarse. – "¡Diamantes, de prisa! ¡Tenemos una misión!"

– "¡Hauptmann, ¿Qué sucede?!" – Me apresuré a interrogar, con la rapaz y la irlandesa detrás de mí.

– "Otra situación, cabo. Comedor 'American Food', a ocho minutos de aquí, y eso sin tráfico." – Declaró la agente, disintiendo con la cabeza. – "Simijo, ¿Qué se traen los criminales contra los restaurantes? ¿Y por qué siempre los que sirven comida decente?"

– "¿Otro robo, Chief?" – Preguntó la halcón. – "¿Un par de valentones armados que desean vaciar las arcas?"

– "Peor, Peaches: Situación de rehenes." – La coordinadora gruñó, moviéndose impacientemente en su lugar. – "Elfos oscuros, seis individuos, rifles de asalto, al menos cinco personas privadas de su libertad y otras posible víctimas."

– "¿Cuál es la razón de sus actos, Jerarca?" – Cuestionó Dyne, uniéndose. A su lado, Mei sostenía a Haru.

– "La liberación de sus compañeros de la organización Los Hijos de Mephala o algo así, a quienes encerramos hace tiempo. Ignoro cuál de los cinco que claman ser el grupo original, pero da igual, no acataremos sus mandatos." – Kuroko proseguía golpeando inquieta el suelo con su pie. – "¡Por el Eterno Abismo, diamantes! ¡No tenemos todo el maldito día!"

– "Hauptmman, ¿podemos unirnos?" – Pregunté. – "Con ambos equipos, tendremos superioridad total sobre los criminales."

– "Denegado, Potato. Si bien podrían ser capaces de enfrentarse a unos secuestradores de quinta, no tienen sus uniformes ni sus armas, y no tenemos tiempo para ir a buscarlos." – La capitana de desesperaba más a cada segundo. – "¡Diamantes, última oportunidad o juro que las sodomizo con sus propias espinas dorsales!"

Zombina apareció, corriendo con celeridad hacia la superior, seguida del resto. Tenía una pieza de papel higiénico pegada a su bota.

– "¡Lo siento, Capi! ¡Parada de emergencia! ¡Y Tio rompió el lavabo cuando se limpiaba la cara! ¡Creo que la dueña nos enviará la cuenta después!"

– "¡Chief, podemos hacerlo!" – Insistió la americana. – "¡Sólo denos munición y acabaremos con la amenaza!"

– "Dije que no, cabo. Esta misión es de MON y punto final." – Dictó la coordinadora, revisando su pistola IMI Desert Eagle. – "Zoe, ¿trajiste las perforadoras? No quiero que nos pase como en la ocasión de los hombres lobo."

– "La tengo cubierta, Capi. Tres para usted." – La zombi sonrió, dándole los cargadores. – "¿Cómo será esta vez? ¿Directo o jugamos a las escondidas?"

– "¿Cuál fue el último qué hicimos?" – Recargó su arma.

– "Improvisamos una película de acción cuando el troll reveló la M249." – La pelirroja rió tenuemente, revisando su fusil FAMAS. – "Hoy llegamos tarde, así que necesitamos algo similar para nivelar la falta de diversión. ¿Directo?"

– "De acuerdo, pero nada de duelos al estilo del viejo oeste, que no traje mi sombrero vaquero. Tio, ¿Qué tal están tus arietes?"

– "Listos para saludar a los malos, Jefita." – La ogresa tronó sus dedos. – "¿Uso los guantes?"

– "Nah, que les duela. Pero trata de no romperles muchos huesos, con que queden parapléjicos es suficiente."

– "Jefa, ¿dónde quiere que me ponga?" – Cuestionó la cíclope, cargando un pesado rifle francotirador Barrett M107.

– "Veamos…" – La mencionada observó los alrededores. – "Ese edificio, el de las tres antenas gigantes. Tendrás un buen ángulo y te protegerás del sol. ¿Doppel?"

– "A la órden, Hafh'drn." – La cambiaformas tomó a la chica de un solo ojo de los costados. – "Sostente, Manako."

– "Por favor, sea gentil conmigo, Doppel-sAAAHH!"

Como un misil y con la velocidad de uno, la doppelgänger se elevó junto a la tiradora estrella por los aires mientras el largo cabello de la abismal giraba como un taladro alrededor de ellas, envolviéndolas. La admiramos ascender hasta el techo del lejano y gigantesco edificio que se imponía sobre el cielo tokiota como el verdadero coloso arquitectónico que era, depositar a la chica y volver nuevamente.

– "¿Puedes hacer eso, Spatzi?" – Susurré a mi novia, viendo a la cambiaformas regresar.

– "Los poderes de una hija del Caos Reptante son superiores a los míos, A chuisle."

– "¿Qué tal tú, Süsse?" – Murmuré a la halcón.

– "Las abismales son unas tramposas." – Replicó, torciendo la boca. – "Al menos mis aleteos son gráciles."

Doppel aterrizó tan rápido como despegó y sonriendo jactanciosamente, como si supiera que nos había impresionado, movió petulantemente hacia atrás su nívea cabellera. Tal vez fuera presumida, pero sus habilidades y rango le permitían vanagloriarse de sus capacidades. Con una afirmación silenciosa, MON se encontraba listo para actuar.

– "Sin dilación, equipo, ya nos hemos retrasado mucho." – La capitana emprendió la marcha. – "Granates, nos vemos mañana las diez. Al menos podrán disfrutar de un día libre. Vamos, diamantes."

– "¡Hauptmann, aún podemos ayudar!" – Indagué. – "¡Somos parte del equipo!"

– "¿Y quién va a hacerse cargo de Haruhiko?"

– "Yo lo haré." – Lala alzó su mano. – "Considero que la residencia Kurusu sería el lugar más seguro para el pequeño, sin contar que estaría en vigilancia constante de personas capacitadas. Garantizo el bienestar del infante y satisfactorio retorno íntegro, por mi honor como descendiente del Eterno Abismo."

– "De todas maneras no hay más espacio en la furgoneta." – Smith disintió. – "Apenas podría entrar una de las tres y necesitamos todo la capacidad disponible por si debemos trasladar detenidos."

– "Yo podría transportarlas." – Mei dio un paso adelante. – "C-claro, si le parece aceptable, agente Smith"

– "Sin armas, equipo ni experiencia…" – La aludida talló su sien. – "No quiero arriesgarlas."

– "Jerarca, incluso si no somos parte de la operación, sería una excelente manera de ganar experiencia al observar a las veteranas de MON en acción." – Terció la helénica. – "Tómelo como parte del entrenamiento."

– "Simijo…" – La agente suspiró, acomodando sus gafas. – "Bien, pero no quiero quejas ni lloriqueos por si les pica un mosquito, granates verdes. Silica, aprecio que desees cooperar, pero no esperes paga alguna. Y asistirán únicamente como espectadoras, sin meter las manotas, ¿de acuerdo?"

– "¡Sí, señora!" – Saludamos al unísono.

– "Vale, ¡muévanse, entonces, novatas! ¡Honorem et Gloriam!"

Con prontitud, las guerreras de MON abordaron su vehículo, con Smith ocupando el asiento del conductor y Doppel a su lado. Sin importarle las reglas de tránsito, ponerse el cinturón o esperar a que el resto de sus subordinadas se hallaran adentro, la impaciente pelinegra aceleró a todo motor y después de marcar el suelo con el caucho quemado de las llantas, salió despedida a esa velocidad que sólo ella es capaz de alcanzar detrás del volante.

Deberíamos preocuparnos por ver a la pobre Zoe luchar contra la aceleración y sostenerse con una mano del parachoques para evitar caerse mientras el resto de su traje hacía fricción con la carretera, pero (desgraciadamente) ya era costumbre atestiguar tan flemático comportamiento de la capitana hacia sus subalternas. Y la teniente ya está muerta, así que no hay problema.

– "Es nuestro turno, equipo." – Indicó Nikos. –"Silica, trata de seguirle el paso, pero no nos mates en el proceso. Cabos, adentro."

– "En un momento, Dyne." – Le advertí y me volteé hacia la dullahan, con el pequeño en manos. – "Por favor, linda, cuídate mucho. Prometo volver pronto."

– "Descuida, A chuisle, ve a cumplir tu deber." – Me propinó un suave ósculo en los labios. – "Yo y el niño te esperaremos en casa."

– "Confío en que sí." – Besé la frente del bebé. – "Y tú también, Haru, obedece a mamá Lala, ¿vale?"

– "¡Wah!" – Respondió el menor. Desconozco que haya querido decir, pero estaba riendo.

– "Igualmente, chavalín." – Mimé su nariz y miré a la rapaz. – "Cetania, ¿aún acompañaras a ambos a la morada?"

– "Nunca falto a mi palabra, flaca. Llamaremos a un taxi." – Guiñó. – "Despreocúpate, apenas termine mi tarea, las veré en el lugar acordado. Lo conozco, aunque nunca entré. Je, tenemos mala suerte con los restaurantes, ¿no crees?"

– "Somos imanes de desastres, pajarita." – Reí ligeramente y la abracé. – "Danke, Süsse. Protégelos por mí."

– "Con mi propia vida si es necesario. Por aquí, pasajeros." – Se dio la vuelta y con su ala guió a segadora y niño en dirección a la parada más cercana. Agitó su ala hacia nosotras. – "No me tardo, chicas. Como dice Terminator: ¡I'll be back!"

– "¡Hasta la vista, babies!" – Alcé mi mano. – "¡Váyanse por la sombrita y no hablen con extraños! ¡Las amo a ambas!"

– "Sí que te encanta retrasar todo, araña sentimental." – Mencionó la mantis. – "Adentro, Potato, o terminaremos trapeando los destrozos si llegamos tarde."

– "¿Dyne?"

– "¿Qué quieres?"

– "Gracias por quitarme la munición. Ignoro qué hubiera hecho con armas cargadas en esos momentos." – Sonreí. – "Eres sensata, por eso te admiro."

– "Sólo haz tu trabajo, Jaëgersturm…" – Se dio la vuelta, ligeramente sonrojada. – "Ya métete, que la gasolina no es gratuita."

Riendo por ver a la mediterránea ruborizada ante los cumplidos, tomé asiento en la parte trasera y la reptiliana volvió a hacer gala de su destreza al volante, dominando magistralmente las obtusas vueltas y evadiendo a los peatones y carros ajenos con la maestría de una corredora de Formula 1, la ojizarca logró distanciarse a pocos metros del transporte de MON y en menos de lo que esos gatitos fueron aplastados por la imprudente conducción de Smith, logramos llegar hasta la zona del conflicto, estacionándonos justamente enfrente del restaurante. Algunas patrullas ya se hallaban en el área, con algunos elementos custodiando las salidas y formando obstáculos con sus carros, pero sin poder actuar sobre los malhechores liminales.

De no ser porque ahora mismo se había convertido en campo de batalla, el restaurante podría hacerle competencia, al menos en estética, al Aizawa. Con sus paredes de ladrillo rojo y las macetas alrededor, sin contar con el techito triangular sostenido por un par de columnas y ostentando el nombre del comedor arriba de las hermosas puertas de madera, el inmueble tenía una fachada tanto clásica como afable. Desgraciadamente, ahora el único menú disponible era una ensalada de balas con sangre propia como salsa secreta.

Tan pronto nos estacionamos, las tres nos bajamos de la furgoneta, usándola como escudo hasta llegar a lado de Kuroko, que operaba un aparato de radio multifrecuencia en una maleta especial. Al vernos, nos pidió que mantuviéramos un perfil bajo, resguardándonos con escudos balísticos que los elementos anti-motines le aprovisionaron a la capitana. Era una lástima que sin nuestro equipo, nos encontráramos sin oportunidad de actuar, pero al menos tendríamos la oportunidad de atestiguar la eficiencia de las profesionales de la organización de élite, que ya debía hallarse adentro, a juzgar por su ausencia

– "Lamentamos en retraso, Jerarca. Culpa de Potato, como siempre." – Habló la nativa de Mitilene, alistando a Gorgo, su P226. – "¿Está todo bien?"

– "De maravilla, sargento Pepper. Acabo de encargarle a Bina un filete miñón con ensalada César y rica agua de horchata." – Respondió la mandamás, ajustando los controles de su consola. – "¿Deseas comer más sarcasmo aquí o te lo envuelvo para llevar?"

– "Disculpe, Jerarca." – Se ruborizó. – "Quise decir que cual era el estado de la situación actual."

– "Nada agradable, como puedes ver, Nikos." – Le dio unos golpes al aparato hasta lograr que la señal se activara, sin éxito. – "Silica, ¿Qué haces aquí? Creí que sólo traerías a estas novatas. ¿Esperas a que te reclute también o algo?"

– "Perdón por colarme, agente, es sólo que no pude resistir a la oportunidad de observar de primera mano al legendario Monster Ops en acción." – Replicó la poiquiloterma, con un revólver New Nambu M60 en sus escamosas manos. – "No se preocupe por mí, soy una niña grande y puedo cuidarme solita."

– "Me alegro, porque estás a punto de perder tu rabito color aguamarina si continuas exponiéndolo de esa manera." – Señaló al apéndice de la reptil, parcialmente al descubierto detrás de un neumático. – "Toma el ejemplo de Jaëgersturm y reduce tu silueta, primeriza. Nunca le dejes oportunidad al enemigo de herirte."

– "¡Oh, mil perdones! ¡Foi sem querer!" – Recogió su cola alrededor de ella. – "Confieso que nunca antes había estado en algo así. Ni siquiera he tenido que usar mi arma desde mi instrucción."

– "Eso es bueno, Mei." – Opiné. – "Significa que el crimen se ha mantenido bajo y no te has visto envuelta en tan terribles percances. Lo mejor que puede pasarle a un policía es jamás tener que recurrir a la violencia."

– "Por eso no deberías estar aquí, gecko." – Aseveró la capitana. – "Si algo te pa-¡Mierda!"

Agachamos cabezas cuando los proyectiles volaron hacia nosotras. La cacofonía del plomo impactado el metal del vehículo resonaba con mayor eco por la forma de la caja vacía de la furgoneta. La griega y yo tratamos de no cerrar los ojos al tiempo que las balas creaban protuberancias a las paredes del transporte mientras que la pelirroja se tapaba sus puntiagudas orejas por el susto. Smith solo se hizo a un lado, cubriéndose impávida ante la tormenta de disparos y aún tratando de establecer comunicación con las demás.

– "¡¿De dónde vino eso?!" – Exclamé. – "¡Las ventanas están intactas!"

– "Hay una pequeña a lado de las principales. ¡Zoe! ¡Zoe, ¿me escuchas?! ¡Zoe!" – Repetía la mujer del gobierno, sacudiendo la radio. – "¡Maldito Andariel's World Emporium! ¡Sólo venden cachivaches chinos inútiles! ¡¿Sacrificamos medio salario para esto?!"

– "Uhm… ¿Agente?" – La ojizarca pidió la palabra.

– "¡Tio, Manako, Doppel, abuelita Chona! ¡Que alguien me conteste, con un demonio!"

– "¿Agente?"

– "¡Es la última vez que dejo que esa condenada de Vanessa nos consiga el equipo! ¡Y para colmo, se gastó la mitad en una sex-shop! ¡¿Quién necesita tantos vibradores dobles, por el horror de Azathoth?!"

– "¡Agente Smith!"

– "¡¿Qué, qué quieres, lagartija?! ¡¿No ves que esta cochinada no sirve?!"

– "Bueno, ¿ya intentó oprimir el botón de encendido? Ese, el rojito de ahí."

Accediendo a la sugerencia, la coordinadora usó su índice para activar el interruptor indicado. Al hacerlo, la estática de la bocina hizo su aparición en toda su gloria de cuatrocientos megahercios. Pasaron varios segundos de incómodo silencio hasta que Kuroko, con su larga cabellera negra tapándole el rostro, se retiró sus gafas de sol, dejando ver una minúscula pizca de sus ojos. Desearíamos no haberlo hecho.

– "Gracias… oficial Silica…" – Dijo la capitana, con una voz similar a las escuchadas en las películas de terror, pero por parte de los monstruos. – "Me… aseguraré… de… recompensarla... por esto…"

– "Erm, n-no es necesario, agente-te." – La reptiliana empezó a retroceder lentamente. – "¡O-oh, pero miren la hora! C-creo que mi mamá quiere que vaya por el pan. Lame-mento no poder quedarme, pero el deber me lla-llama. ¡Tchau!"

Será una gecko, pero Mei corrió como velocirraptor por su vida y, olvidándose de su vehículo, desapareció de escena en tiempo récord. Bien por ella, pero nosotras aún estábamos en la mira de la impredecible líder de MON y posiblemente de algún culto demoniaco, a juzgar por el temblequeo de su cuerpo y la inhumana manera en que su cabeza se había inclinado, contemplándonos con un brillo escalofriante en el único ojo visible detrás de su pelo. Ese profundo sonido gutural que producía al respirar no ayudaba a disipar la tensión.

– "Ustedes dicen algo…" – Conminó ella. – "Y le pediré a Doppel que las arroje personalmente a las fauces de su abismal padre… ¿Capisce?"

– "Sí, señora…" – Musitamos con voz de ratones ultra-horrorizados.

– "Bien." – Sonrió y su aspecto humano regresó al instante. ¡¿Cómo hace eso?!" – "Zoe, ¿puedes oírme? Responde, teniente."

– "¡Capi! ¡Finalmente!" – Replicó la heterocromática. – "Por un momento pensé que Redguard nos estafó con la radio. ¿Sucedió algo?"

– "Es lo que yo pregunto, ¿aún siguen sin poder infiltrarse?"

– "Estoy en los conductos de aire, pero son demasiado estrechos y hay cucarachas." – Tosió. – "No necesito respirar, pero el hedor es horrible. Me siento como Tom Skerritt en la primera película de Alien. ¿Por qué no pudimos simplemente atacar de frente? Como si esos malnacidos pudieran dañarme."

– "Pero a los rehenes sí, descerebrada. ¿Segura que son los conductos que llevan a la cocina y no el baño?"

– "Uhm… Bueno, logro distinguir un olor algo ácido, pero no quiero aspirar más profundo o corro el riesgo de vomitar mi corazón artificial."

– "¿Dónde están Tio y Doppel?"

– "Esperando a Manako, ¿y ella?"

– "Aguardando a que nos des tu señal, genio. Apresúrate, ¿quieres? Dijiste que en menos de cinco minutos ya estaríamos recibiendo a la prensa."

– "Oiga, Capi, la reto a que se ponga en mis botas. Ni siquiera Doppel transformada en una limo podría maniobrar por estos espacios tan reducidos y menos con este rifle." – La muerta viviente se pausó. – "Espere, distingo algo. Oh, simijo."

– "¿Qué sucede?"

– "Tenía razón, era el baño. Debí tomar la ruta equivocada cuando doblé a la izquierda en esa intersección. Hey, está más limpio que el de la estación, y eso que no es muy difícil."

– "Demonios, Bina. Eso es algo que esperaría de los granates." – La coordinadora talló su frente. – "Por favor, date prisa o la pobre Mana-chan morirá de insolación y hoy Helios no tiene piedad con la epidermis."

– "Lo sé, Capi, perdón. Ya voy de reversa, deme un minuto."

Smith suspiró, apoyando sus codos en la parte delantera del vehículo y soplando uno de sus mechones frontales. Si bien nosotras comprendíamos el valor táctico de una entrada sigilosa (es precisamente lo que nos enseñaron en el entrenamiento), no entendíamos porque no dejar que la teniente se 'sacrificara' y el resto desmantelara a los delincuentes mientras se encontraban distraídos y confiados. Claro, podrían conocer las tácticas habituales del famoso MON, pero el vidrio polarizado de las ventanas escondería la apariencia de la zombi desde el exterior.

– "Hauptmann, ¿podría dar mi opinión al respecto?" – Solicité audiencia.

– "Compártela con el equipo, Potato."

– "Desde aquí puedo ver claramente las figuras de los criminales." – Señalé a las ventanas. – "Están difusas y opacas por el filtro solar, pero son perfectamente distinguibles. Ahora, ¿a qué distancia se encuentra Manako?"

– "Mil setecientos metros al sur de nosotras, decenas más, decenas menos."

– "Bien, ella está dentro del rango óptimo de su M107. ¿No sería más fácil que ella, siendo la mejor tiradora del grupo, los eliminara con su rifle semiautomático? Dudo que alguien resista el calibre .50 Browning, incluso si son proyectiles de goma."

– "Lógica conclusión, cabo." – La agente revisó su reloj. – "Sargento Nikos, ¿quisiera contribuir a la conversación y darnos su criterio?

– "Como la alférez francotiradora nos dijera en los ensayos: Si luce demasiado sospechoso, entonces es un señuelo." – Expresó Dyne. – "La mafia griega solía hacer esto todo el tiempo. Tomas a un rehén, te aseguras de amarrar sus manos y pegarle un arma vacía en estas, entonces lo obligas a exhibirse frente a la mira del enemigo y esperas a que el adversario muerda la carnada. Se debe hacer de manera que no pueda diferenciarse el obvio engaño, ya sea realizándolo a distancias alejadas o de noche. Pero aquí, gracias al polarizado, pueden darse el lujo de hacerlo en plena luz del día a longitudes tan descaradas."

– "¿Qué dices, cabo Jaëgersturm?, parece que Pepper ha descifrado el plan del enemigo."

– "Comprendo, Hauptmann, pero en ese caso, ¿por qué no atacar directamente, nuevamente? Si ya sabemos donde están las víctimas, entonces podremos evitarlas y concentrarnos en el adversario real."

– "Porque necesitamos contar con información segura antes de proceder, granate. O bien Nikos tiene razón y nos hallamos ante un clásico cebo, o resulta que nos enfrentamos a los asaltantes más torpes de la historia." – Explicó con seriedad Kuroko. – "Incluso cuando improvisar es casi cotidiano en este trabajo, la precaución es prioridad absoluta y hay que cerciorarse de todas las posibilidades existentes antes de actuar. Piensa, luego existes."

– "Entendido, Hauptmann." – Asentí. – "Siento haber omitido tan primordiales detalles."

– "Estás molesta, ¿cierto?"

– "Claro que no." – Disentí con la cabeza. – "Acepto mis errores y me alegro que usted sea quien los corrija."

– "No, hablo de todo lo ocurrido hoy. Que te dejara a cargo de un bebé ajeno, que no estuvieras presente para proteger a la mujer que amas y que alguien más se haya llevado el momento heroico que sientes que te pertenecía por derecho. Incluso en estos momentos debes estar con ganas de entrar ahí y atrapar a esos desalmados para recuperar tu supuesto honor perdido." – Me atisbó desde el rabillo del ojo. – "¿O acaso me equivoco?"

Exhalé; Realmente soy transparente. Me asenté en el suelo, con el vehículo cubriéndome la espalda.

– "Debí ser yo, Hauptmann. Debí ser yo quien llegara en su blanco corcel a rescatar a mi amada damisela. No es sólo honor u orgullo, sino mi propia esencia como soldado, amante y arachne. La mujer de mi vida, atacada, y yo sin poder hacer nada. Me hiere en lo más profundo de la dignidad." – Declaré, cabizbaja. – "No estoy furiosa con ese soldado, al contrario, le agradezco que haya arriesgado su propia existencia por todos, es exactamente lo que yo haría, especialmente por Lala; También sé que de cualquier manera aquello hubiera ocurrido y sin nadie para hacerles frente, pudo haber resultado en un auténtico desastre. Estoy feliz porque todos estén bien.

Pero, demonios, me siento tan inútil por quedarme sin actuar. Y es ahí donde me doy cuenta que mi peor enemiga, soy yo misma. Es decir, mírenme, furiosa porque no estoy en la mira de un desgraciado armado, exponiéndome a morir, y todo por mi soberbia. ¿Qué tan miserablemente fatua y vacía debo ser para envidiar la mala suerte de otros? A veces creo que estas ropas son mi verdadera yo, una patética fascista que detesta que alguien más se introduzca en su territorio y trata de defenderlo acérrimamente aunque eso la destruya en el proceso. Soy patética, ¿cierto?"

La capitana simplemente se acomodó sus gafas oscuras y colocó su mano en mi hombro.

– "Eres una soldado, Aria, tu lugar está en campos de batalla como este. Luchar y defender es un aforismo para tu belicosa especie, para cualquiera que se haya entrenado como tú, ya sea de manera militar o policiaca, porque proteger la patria significa cuidar a sus habitantes, a las personas que amamos y conforman nuestro universo entero. Sin ellos, la vida pierde sentido y nuestro honor se transforma en otro concepto abstracto sin valor alguno. No eres patética, Aria, sólo tan apasionadamente entregada a tus ideales que en ocasiones estos te nublan la mente. En cierto modo, eres tan humana como yo. Y ya que tu padre también lo era, aquello tiene mayor validez.

No soy ajena a esos sentimientos. Yo me sentí tan irrelevante cuando era una primeriza con sólo una placa y un revólver tan viejo que sentía que los espíritus de mis antepasados lo reclamarían. Ya sabes mi historia, lo abominable que es ese sentimiento de impotencia y ver el mundo arder mientras tus manos se hallan metafóricamente atadas. Pronto, ese entusiasmo que te llevó a querer darlo todo muta en ira, rencor, odio… Y terminas volviéndote el monstruo que juraste destruir.

Pero, incluso cuando tu corazón se llegara a infectar de ese aciago veneno, debes mantener la calma, alejarte esos impulsivos deseos de ajusticiar a esos enemigos imaginarios y concentrarte en el verdadero problema. Entonces, sólo así vencerás al cuchillo de doble filo que es tu ego y encaminarte hacia la auto-superación. En lugar de ver esto como una ocasión perdida, velo como una oportunidad que la vida te ha otorgado para mejorar lo que ya eres, pulir tus habilidades, ser superior.

Lala está a salvo, Cetania también, tu familia y amigos incólumes. No has perdido a nadie, no has recibido un golpe más devastador que mil balas ni te has perdido en una espiral sin retorno. Tienes todo para salir adelante sin preocuparte de nada, excepto por seguir desarrollando a tu cuerpo y mente. Entrena, ensaya, adiéstrate, dalo todo. Cuídate a ti misma antes de salvar al mundo, Jaëgersturm, porque tú eres el mundo entero para tus seres queridos. Y así, cuando llegue la hora de la verdad, podrás tener la seguridad de que será tu propia destreza la que te sacará de apuros y no la confianza ciega en el impredecible azar. Entonces, regresarás a casa y podrás exclamar con tu verdadero orgullo y honor, que lo hiciste, que lograste tu mayor victoria, la más grande conquista:

Estar viva."

Smith me sonrió, con sus ojos mostrando una mirada reconfortante, casi maternal. Era un discurso simple, reafirmando lo que alguien de mi edad y con la sensatez de una adulta ya debería saber. Pero, de alguna manera, Kuroko era capaz de transformar un pequeño monólogo en una sesión terapéutica y poco a poco ayudarme a exorcizar mis demonios internos que siempre amenazaban con apoderarse de mi mente. La pelinegra demostró nuevamente porque ella es la líder de este prestigioso equipo, y me siento tan feliz de que así sea. Sonriéndole de vuelta, me incorporé y asentí silenciosamente. La empusa, sin decir nada, se había encargado de cubrir las partes de mi cuerpo expuestas por la parte inferior del transporte con su escudo, como una buena amiga.

– "Danke." – Musité a ambas.

– "A veces creo que soy la mamá de todas ustedes." – Rió la coordinadora. – "Y eso me sentir tanto conmovida como vieja. Y aún no llego a los treinta."

– "No beba tanto café entonces, Hauptmann. El exceso le causará insomnio y nerviosismo que acelerarán el proceso de envejecimiento."

– "Lo haré cuando dejes de ser una lesbiana amante de lo militar que seguramente algún día provocará algún incidente por la forma tan fascista en que se viste."

– "Touché." – Acepté ese golpe, suspirando. – "¿Dónde está Cetania?"

Como si la hubiera invocado, la familiar silueta falconiforme de la arpía apareció en el cielo, con su voluptuosa figura contrastada por el fulgurante brillo del ardiente astro rey. Con presteza, ella descendió de las alturas y aterrizó raudamente, levantando algo de polvo en el proceso. Tan pronto tocó suelo, se apresuró a tomar sus manos protéticas y a desenfundar a Helena, resguardándose como nosotras.

– "Hace tanto calor que por un momento pensé que mis alas se derretirían como las de Ícaro." – Bromeó la castaña. – "¿De qué me perdí?"

– "¿Estás bien? ¿Cómo están Lala y Haru?" – Pregunté. – "¿Llegaron a salvo?"

– "Tranquila, flaca, que la lindura y la bestia arribaron sanas y salvas."

– "Sé que no significa mucho para ti, pero tampoco le digas bestia a Haruhiko." – Retruqué. – "Aunque te agradezco el cumplido para mi diosa."

– "Bluaj, ni en tus sueños, araña patona." – Me sacó la lengua. – "Hablando en serio, ambos están bien. Odio admitirlo, pero la dullahan se veía tierna con el pequeñín en sus brazos, tanto que algunas de las inquilinas pensaron que se había vuelto madre de improviso. Y esa lamia casi ahorca al señor Kurusu porque pensó que había sido infiel o algo así, pero supongo que eso es lo habitual en tu casa de locos, ¿no?"

– "Por desgracia. Me pregunto si algún día nos tocará detener a Miia por algún ataque de histeria. Aunque podrías decir lo mismo de mí." – Reí y besé su mejilla. – "Gracias, Cetania, te amo, pajarita."

– "Soy tu angelita de la guarda, flaca."

– "Por los Dioses Exteriores, ¿Esta es la clase de cursilerías que debes soportar a diario, Nikos?" – Cuestionó la capitana. – "Creí sólo exagerabas."

– "Y es peor cuando están solas, Jerarca." – Respondió la aludida. – "Espero que mi habitación en los cuarteles de Asaka se encuentre al menos diez metros alejada de las suyas."

– "Sólo estás celosa porque nadie te quiere, grillo fastidioso." – Bromeé. – "Y con esa actitud de pepino agrio, morirás sola y amargada."

– "¿No quieres unírtenos, Pepper?" – Guiñó la halcón. – "Siempre hay espacio en nuestro harén. Eso sí, yo seré la tachi y ustedes las nekos."

– "Ay, demonios, y pensé que Vanessa era una pesada con sus tonterías." – Smith meneó la cabeza. – "¿Por qué no las transferí a Hokkaido y me quedé sólo con la mantis?"

– "Capi, ¿está ahí?" – Preguntó de repente Zombina. – "Tengo contacto visual. Son siete sujetos, no seis."

– "¿Qué más, Zoe? ¿Ves a los rehenes?"

– "Afirmativo. Están amordazados y les colocaron armas de juguete en las manos con cinta adhesiva. Deben parecer sospechosos desde afuera, ¿cierto?"

– "Precisamente."

La helénica sonrió sutilmente, su deducción fue la correcta.

– "Bien, sólo veo a cuatro de las cinco víctimas, una de ellas es actualmente uno de los malhechores con una MAC-10." – Siguió informando la teniente. – "Hay otro sujeto dando órdenes a este último desde una pequeña pared que divide las secciones del interior. No lo escucho muy bien, pero creo que tienen también a uno de los dueños bajo su poder, nuestro quinto prisionero. Sin noticias del resto, pero no se hallaban en el baño, así que me decanto por la cocina, donde está la salida de emergencia. Es todo, Capi."

– "Ya veo, ¿las demás están en sus posiciones?"

– "Esperando mi señal. Quiero que Manacchi elimine al tipo por la ventana y entonces arrojaré una cegadora para acabar con el segundo. Le ordené a Tio que se prepare para irrumpir la cocina y Doppel los sorprenderá transformándose en uno de ellos. Cuando usted desee, Capi."

– "Que arda Troya, teniente."

– "Roger, ma'am. ¿Están los granates ahí?"

– "Todas. Silica tuvo que retirarse, ¿por qué la pregunta?"

– "Cavilaba sobre quién sería la que lo dijera. ¿Recuerda? ¿Qué dice? Yo elijo a la patata."

– "En este punto ya ni siquiera es apuesta, Zoe. Concéntrate en la misión."

– "Vale, como diga Capi. Al menos tengo buen público." – Rió. – "Let's kick some asses."

La transmisión emitió ese característico sonido de estática y hubo un par de afónicos segundos hasta que una enorme bala calibre .50 BMG salvaje apareció y atravesando el oscurecido cristal que decoraban los marcos de las ventanas, quebrándolo por completo en el proceso, impactó a uno de los blancos; El tipo que la muerte viviente había descrito, soltando su subfusil en el aire al ser impulsado hacia atrás por el impacto del proyectil en arma. Con su herramienta fuera de su alcance, otro segundo ataque a su izquierda, esta vez por un calibre mucho menor, lo inutilizó al darle en su hombro.

Apenas el primer hombre cayó al suelo, se produjo un breve pero intenso destello en el interior y pudimos escuchar con toda claridad el resto de los disparos de la FAMAS de la pelirroja. Nosotras no fuimos afectadas a la distancia, pero no pudimos enfocar bien cuando la zombi encargó de ordenar a los rehenes que pegaran el cuerpo al piso mientras vigilaba que nadie más apareciera. Logramos mejorar nuestra visión, pero nos volvimos a cubrir cuando las balas del enemigo se escaparon nuevamente hacia nosotras.

Era fácil distinguir quién era MON y quién un criminal común, y no sólo por el habitual sonido de las Kalashnikovs, el arma predilecta de los vándalos alrededor del mundo, sino por los intervalos sonoros entre ráfagas. Las descargas de los adversarios eran largas, en modo automático, sin duda reacción defensiva al pánico; Por el otro lado, la heterocromática simplemente apretaba el gatillo una vez y una detonación de tres disparos salía despedida del cañón de su rifle de asalto. La cantidad de ruido disminuyó y la muerta viviente confirmó que dos más ya habían caído.

Pero la chica de puntiagudos dientes y cosida epidermis no era la única estrella, ya que pudimos observar como la última ventana intacta dejó de serlo cuando uno de los elfos desafió a la gravedad y voló hacia el exterior a través de esta. No necesitó de alas o alguna aeronave, ya que la amable Tionishia le había regalado un viaje de sólo ida con todos los moretones pagados a Ciudad Dolor con un soberbio puñetazo en la mejilla izquierda. La ogresa nos saludó al vernos, con esa sonrisa tan afable que la caracteriza, respondiendo nosotras de la misma manera, y esta volvió a su estado de alerta. El sujeto decoró inerte el piso con su cara haciendo juego con los restos de cristal a su alrededor.

No pudimos ver a la cambiaformas, pero un horrible grito que perforó nuestros tímpanos proveniente de adentro nos indicó que la abismal debía estarle dando un muy, pero muy mal rato a otro de los bastardos. Mejor para nosotras, hay cosas que una mortal no debería ver, luego no se puede dormir con la luz apagada por el miedo. Los disparos ya habían cesado y todo lucía en calma, sin embargo, aún quedaba un último elfo y parecía que ninguna de las chicas había dado con él.

Excepto nosotras.

Súbitamente, el hombre restante apareció por una pequeña puerta a la derecha del edificio, y sabiendo que su libertad y vida dependían de ello, corrió lo más que pudo mientas sus largas piernas trabajaban a capacidad máxima. No era un centauro ligero, una arpía terrestre o una arachne cazadora, pero en verdad que se desplazaba con una celeridad impresionante. Sin embargo, aunque estuviera totalmente desarmado y más aterrado que una gacela en una convención de leones, nadie se tomaba la molestia de atraparlo.

– "¡Chief, se va a escapar!" – Exclamó la rapaz. – "¡¿No va a hacer nada?!"

– "Una humana no puede atacar a un liminal, granate." – Acotó la mencionada, observando despreocupada con los codos apoyados sobre la furgoneta. – "Soy la líder de este equipo, pero no puedo actuar sobre los criminales, únicamente dar órdenes desde el exterior. ¿No es gracioso?"

– "¡¿Por qué no nos permite detenerlo, Jerarca?!" – Interrogó Dyne. – "¡Tenemos autorización y somos más que suficientes!"

– "Les dije que serían exclusivamente espectadoras, sargento. Y ni siquiera intenten abrir fuego o me veré obligada a aplicarles medidas disciplinarias severas." – Bostezó. – "Además, esto aún no termina. Abran sus ojos, novatas, aquí viene el tiro de gracia."

Las palabras de la mandamás probaron ser proféticas, pues en el instante que la última sílaba salió de sus labios, Manako envió un saludo en forma de proyectil calibre .50 Browning hacia donde el malhechor aún procuraba huir. La cíclope había demostrado su completo dominio sobre la puntería y fácilmente podría incapacitar al sujeto con un tiro bien ubicado, pero el objetivo de la tímida chica de un solo ojo no era el despavorido elfo, sino uno de los rojos hidrantes para incendios hallados en el camino.

Tomando ventaja de la enorme distancia, el efecto Eötvös y el viento inclinaron la pesada bala hacia una de las tomas gemelas, desintegrándola y haciéndole honor a la función principal del rifle anti-material. Sin embargo, lo espeluznante no era la extrema precisión de la francotiradora o lo cerca que estuvo de reventarle la cabeza al hombre y esparcir sus sesos en el aire, sino que la efectividad del cartucho indicara que de hecho, la pequeña Manako estaba usando munición muy real y demasiado letal.

Afortunadamente, el blanco se limitó únicamente al metal de la estructura urbana y la cíclope cesó su hostigamiento tan pronto el chorro de fría agua a presión envolvió al criminal por completo, sacándolo de balance e impulsándolo por el aire hasta caer lacerantemente al suelo, resbalando por la humedad y quebrándose uno que otro diente al impactar el concreto con su quijada. Tique (o la deidad que los elfos tengan para la suerte) no le sonreía al infeliz, pues entretanto este intentaba torpemente incorporarse y fallar patéticamente en ponerse de pie, una muy seria Zombina se acercaba lentamente hacia él.

Meneando sus hombros, sincronizándolos coreográficamente con el movimiento de sus piernas y cargando su enorme revólver Smith & Wesson Modelo 29 de calibre .44 Magnum en su mano derecha al tiempo que se relamía tétricamente los labios, la pelirroja podría ser la estrella de su propia producción hollywoodense por lo increíblemente dramática e intimidante que se veía. Únicamente necesitaría acompañarse de espectacular música heavy metal e ingeniosas tomas de cámara para consagrar ese momento que se desarrollaba frente a nosotras como una joya de la cinematografía por la eternidad.

Y lo mejor aún estaba por venir.

Arrastrándose como el insecto rastrero que era, el liminal intentó huir fútilmente de la agente que ya había llegado hasta él. Esta colocó su enorme bota reforzada encima de la espalda del elfo y lentamente lo obligó a mantener su posición. Ya que el agua también estaba empapando a la mujer occisa, la francotiradora de cabello púrpura detonó un segundo disparo con su M107, el cual pasó a milímetros de darle al rostro de una indiferente zombi y destruyó la parte superior del hidrante, desviando el potente chorro hacia arriba y despejando la vista para que pudiéramos contemplar en su totalidad y sin censura a la heterocromática apuntar La Redentora a la cabeza del contrincante.

– "Hay dos clases de personas en este mundo, gusano…" – Declaró Zoe por radio. Su voz realmente era sobrecogedora como su pose. – "Las que recuerdan cargar sus armas…" – Amartilló su voluminoso revólver. – "Y las que mueren por olvidarlo…"

El mundo se tornó afónico, corriendo en cámara lenta, acentuando el ya muy marcado ambiente tan escénico que lo permeaba. Tal era el afán de la teniente de no soltar su Modelo 29, que se amarró cinta adhesiva alrededor de la mano y la empuñadura para afianzar la firmeza, dejando libres únicamente sus dedos. Daba igual si se hubiera encontrado a uno o cien metros del sujeto, con el monstruoso calibre de su letal herramienta, le pulverizaría completamente cualquier parte de su cuerpo, incluso con proyectiles de goma.

De esa manera, alzó su amarillo visor protector y, sonriendo como una lunática y exhibiendo su afilada dentadura, tan ávida de carne humana como sólo una no-muerta podría estarlo, la pelirroja acortó la distancia de su revólver a la del ya resignado bastardo, el cual entendió lo infructuoso que sería rogar por clemencia y aceptó su destino. Zombina tomó su mano libre y la colocó bajo su muñeca, por si necesitara mayor puntería. Totalmente innecesario, puesto que ni el menos avispado podría fallar estando a medio metro del objetivo, pero absolutamente vistoso y eficientemente avasallador para los testigos. La chica deseaba imponerse ante el enemigo y el resto, y en verdad que funcionaba.

– "¿Te sientes con suerte, granuja?"

Y entonces, lo hizo.

Moviendo su mano izquierda hacia atrás y agarrando la parte que unía su extremidad derecha a su hombro, la heterocromática arrancó las uniones de su brazo y, blandiéndolo como un martillo de guerra, golpeó al desgraciado con este, impactando brutalmente su cabeza con el metálico cuerpo oscuro de su gigantesco revólver, noqueándolo al instante y dejándole un rojo chichón tan alto como el Monte Everest.

Impresionante.

Colocando su extremidad cercenada alrededor de su cuello y retirando la cinta para enfundar su arma, la teniente se dio la vuelta y caminó hacia nosotras, pavoneándose con un pronunciado movimiento de cadera y una jactanciosa sonrisa. Al alcanzar nuestra posición, chocó manos con la capitana usando su brazo arrancado y se paró frente a nosotras tres, con la otra mano en su cintura.

– "¿Y bien?…" – Alzó sus cejas sugestivamente. – "¿Quién se tocará esta noche pensando en mí?"

– "Ugh…" – Refutó Nikos al instante.

– "No thanks." – Cetania hizo mueca de desagrado.

– "Yo…" – Contesté. Todas se me quedaron viendo. – "¡Y-yo no, quiero decir!"

– "¿Lo ve, Capi? Le dije que sería Potato, ella nunca decepciona." – Rió la pelirroja, extendiendo su mano hacia su jefa. – "¿Gané?"

– "Solo porque ofrecieron un buen espectáculo a estas niñas." – Le entregó unos billetes a su subordinada. En este punto ya ni me molesto en preguntar. – "No te lo gastes todo en esos mangas yaoi, ¿sí?"

– "Descuide, ahora serán yuri y futanari." – Rió, contando el dinero. – "En todo caso, ¿cuánto tiempo hicimos?"

– "Diez minutos, demasiado lento." – Replicó la coordinadora, empezando a escribir en unos papeles. – "Te estás volviendo perezosa, Bina. ¿El formaldehido ya no te hace efecto o sólo te estás pudriendo?"

– "Hey, ni que fuera la anciana de Saadia." – Torció la boca. – "En fin, Tio y Doppel ya liberaron a todos los prisioneros. Ningún muerto, ni heridos ni nada. Y esos elfos estaban tan verdes que uno de los rehenes se les escapó antes que llegáramos. Honestamente, fue demasiado fácil, hasta los granates hubieran podido hacerlo."

– "¿Se da cuenta, Hauptmann? Incluso la teniente reconoce que esta era nuestra oportunidad." – Afirmé. – "Debimos hacerlo. Incluso tenía preparada mi frase épica para la ocasión."

– "Mas nunca dije que lo hubieran completado satisfactoriamente, patatita." – Reiteró Zombina. – "Esta eficiencia no se alcanza de la noche a la mañana, Jaëgersturm. Y fue una fortuna que nos topáramos con aficionados, de lo contrario, pudo terminar mucho peor."

– "Entiendo. Lo siento."

– "Por eso deben entrenar, niñas, para algún día ser tan efectivas como Zoe." – Habló Kuroko, guardando el portafolio-radio. – "¿Le avisaste a Doppel que recogiera a Mana-chan?"

– "Yep. Ah, mire, es un pájaro, es un avión..." – Apuntó a la abismal elevándose en el cielo. – "Entonces, ¿eso significa que ya acabamos? Todo este asunto de los restaurantes me abrió el apetito."

– "Sí, supongo que sí. ¿Te apetece algo? Y que no sea de nuevo Burger Fox, esos tacaños no quisieron validar mi cupón de descuento para la cajita Tama." – Dijo la agente, entregándole los documentos. – "Ten, dale mi reporte a la policía y vayamos a comer."

– "Hey, ¿Qué tal el Moonchild? Queda cerca y las meseras me conocen. ¿Recuerda a la chica mariposa que nos invitó una ronda?"

– "No estoy de humor para heavy metal a esta hora, y esa mariposa lo hizo como disculpa por desplomarse ebria en nuestra mesa." – Sacó su celular. – "Ya pensaremos en algo, acabemos con este asunto primero, ¿vale?"

– "Roger, ma'am." – Saludó marcialmente.

La muerta viviente se retiró y la pelinegra charló con sus superiores por teléfono al tiempo que veíamos a Tionishia escoltar a los elfos esposados (que aún podían caminar) a la furgoneta. El resto sería transportado en ambulancias. Doppel regresó con la cíclope en sus brazos y la depositó gentilmente en el suelo. En menos de tres minutos, el incidente quedó aclarado y el tratamiento posterior residió en manos de la policía y la prensa, que ya había comenzado a abarrotar el lugar.

Hora de brillar una vez más.

Las cámaras y micrófonos no se hicieron esperar para MON y, tomando la metafórica batuta, Zombina dirigió a su grupo hacia el rango de estos y les indicó sutilmente que tomaran heroicas poses, cosa en la que ya debían tener experiencia en demasía. Con el flash iluminándolas y las lentes retratándolas, el cuarteto de veteranas volvía a consagrarse como las defensoras de la justicia liminal por excelencia. El orgullo les brotaba en sus amplias sonrisas, o incluso las tímidas, en el caso de la pequeña Manako. Y toda esa apoteósica fama la tenían más que merecida.

Terminada su sesión con los medios, ellas regresaron y, con el equipo entero reunido, nosotras les ofrecimos nuestras sinceras felicitaciones en forma de reverencias y abrazos por su impecable hazaña. No sólo nos dieron una cátedra impoluta de trabajo en grupo, sublime coordinación o inmaculado manejo de las armas, sino una titánica motivación para esforzarnos en nuestros ensayos. Queríamos esa fuerza individual, ese brío en conjunto y esa genialidad en batalla.

Queríamos ese honor y gloria.

Pero nuestro pequeño ascenso hacia el renombre debería esperar, puesto que era momento de volver al tajo. Por suerte y ya que Lala se había ofrecido con anterioridad para hacerse cargo del joven Sarver, para nosotras significaba que retornaríamos a nuestros hogares, según las órdenes de la capitana. Esta les indicó a sus subordinadas que se encargaran de trasladar a los truhanes hacia la estación principal más cercana para su proceso judicial y ella personalmente nos llevaría a nuestras moradas, tomando prestado la Nissan Caravan que Mei abandonó con todo y llaves. Agradeciéndole la amabilidad a la mandamás, abordamos el vehículo y emprendimos la marcha. Insólitamente, ella conducía a velocidad normal. Si es el hambre lo que se necesita para que ella actúe tan humana, nos encargaríamos de que se ponga a dieta.

– "Deberíamos transferir a esa gecko a nuestra división." – Mencionó Smith, con la vista en el camino. – "Desde el espejo retrovisor se podía apreciar esa destreza al manejar. Y si la suavidad de este volante es evidencia adicional, la chica nos serviría mucho como mecánica. ¿Ustedes que opinan, granates?"

– "No estaría mal, Jerarca." – Asintió la empusa. – "Ha demostrado ser útil y sus servicios serían apreciados, sin contar que es trabajadora y sensata."

– "Además de que la chica es agradable y abierta." – Acotó la emplumada. – "También bastante servicial, nos ayudó mucho el día de hoy, ya sea transportándonos o incluso cuidado a Haru."

– "Y tiene un buen trasero." – Tercié. Todas voltearon a verme con miradas acusadoras. – "¡¿Qué?! ¡Es verdad!"

– "Jerarca, ¿podemos cambiar a Silica por esta arachne fastidiosa?" – Preguntó la mantis.

– "Lo siento, sargento, deberá soportarla mientras esté aquí. Aunque consideraré su propuesta. ¡Ah, muévete, imbécil!" – Imprecó la agente a un terrible conductor. – "En fin, deben estarse preguntando cómo es que carecemos de personal de mantenimiento en la estación. Bueno, resulta que nuestro anterior técnico decidió pasarse de copas para celebrar que su mejor amigo sería padre y terminó sin pantalones en medio del edificio. Cuando las chicas lo vieron, lo primero que hizo Bina fue tomar un marcador y pintar su trasero con obscenidades mientras Manako sufría un infarto por tan horrible visión de contemplar ese posterior tan flaco y peludo. Eso ya fue hace… ¿Qué, cinco meses? Y así seguimos."

– "¿Por qué no contratar a otro, Hauptmann?" – Cuestioné. – "Mecánicos no escasean."

– "Pero sí el presupuesto, cabo. Era nuevo personal o financiar su entrenamiento. Deberían agradecer que elegimos la opción más cara y arriesgada." – Se detuvo en un semáforo. – "Pero ya que ustedes se han graduado y nuestros fondos están asegurados, podemos darnos el lujo de reclutar tan fundamental pieza para nuestras oficinas. Y ya que pertenece a la fuerza policial, será mucho más fácil. Ah, qué diablos, vamos a hacerlo. Si la ven, díganle que deseo hablar con ella, ¿de acuerdo?"

– "Sí, señora." – Asentimos.

– "Genial, necesitábamos a alguien que también hiciera mandados, limpiara los pasillos, el baño, en especial el inodoro que está tapado desde hace tres años, etcétera."

La coordinadora sonrió maliciosamente. Oh, Mei, ¿en qué te hemos metido?

– "Hey, ya que ando revelando mis verdaderas intenciones, ¿quieren que les confiese algo?" – Interrogó la líder. – "¿Se acuerdan de la supuesta medalla que le di a ese soldado mexicano, García? Era falsa."

– "¿De qué habla, Jerarca?" – Se extrañó la nativa de Mitilene.

– "A que tal condecoración no era real, Nikos. Yo nunca cargo con insignias para repartir a los héroes de improviso, ¿saben? Y sinceramente, con la forma tan xenófoba que tratamos a los extranjeros, me alegra que el pobre Roberto no haya terminado esposado por atacar a un japonés nativo, ignorando las vidas que salvó." – Explicó. – "Lo sé, es absurdo y cruel, por eso me di a la tarea de inventarle un reconocimiento y dejarlo bien ante la prensa para exonerarlo lo más pronto posible. Y me alegra que funcionara. De hecho, ese pin lo saqué de esas máquinas que te regalan chicle y juguetes por una moneda. Descuiden, que ya le haré llegar un galardón genuino, pero mientras tanto guarden el secreto, ¿capisce?"

– "Somos una tumba, Chief." – Rió la americana. – "Ojalá no le reclame por engañarlo."

– "Si lo hace, lo pongo a construir otro muro aquí en Japón y haré que él lo pague." – Bromeó la líder. Que insensible puede ser Smith. – "Aún nos queda interrogar a ese tipo en el hospital y demás asuntos, pero parece que este día no será tan malo. ¿Podrá mejorar?"

El timbre de su teléfono sonó de repente. Tragamos saliva, todo indicaba que la propia Kuroko tentó a la suerte y ahora se desataría otra racha de problemas para ella y nosotras también. Sin siquiera detenerse (o usar el manos libres… O el cinturón de seguridad, la muy irresponsable), la capitana oprimió la pantalla de su celular y colocó el aparato en su oreja al tiempo que le enseñaba el dedo medio a otro imprudente conductor que casi nos impacta.

– "Smith, ¿con quién tengo el gusto? ¿Eres tú, tía Pancha?" – Dijo la conductora, aplastando al tercer gatito en este viaje. – "¡Ah, Sarver! ¿Qué sucede? Sí, nuestras novatas están cuidándolo ahora mismo. No, no están conmigo en este momento." – Nos indicó guardar silencio y obedecimos. – "Lo sé, pero tranquilo, ¿Qué mejores niñeras que las heroínas del centro comercial, sin contar que dos de ellas son militares profesionales? Precisamente. Sí, mañana a las diez, ¿Quién pasará a recogerlo? ¿La arañita? Vale, lo entiendo."

Bien, la cosa no se descontroló. Suspiramos aliviadas, particularmente porque la líder decidió usar el sentido común y estacionarse para proseguir su diálogo.

– "Perdón, ¿Qué decías? Claro, es todo un gusto. Nah, todavía, pero quizás un día de estos. Sí, aún sigue molesta porque rompieras con ella, pero comprendo el porqué no funcionaría. Ni que lo digas, pero ese es nuestro trabajo. ¿Sí? Ya veo; Está bien, con una nos basta, no hay problema. De acuerdo, pierde cuidado. Sí, ellas estarán más que encantadas." – Volteó y nos mostró un pulgar arriba. – "Oh, ¿de verdad? Bueno, tenía que suceder un día de estos. Lo sé, es parte de la vida. Claro, te deseo suerte. ¿Eh? ¡¿En serio?! ¡¿No me estás gastando una broma como las de Eka, verdad?! Oh, comprendo. Bueno, no sé qué decir, excepto… ¡Darte un millón de gracias; No, un billón! ¡Por supuesto, Karu, siempre puedes contar con nosotras! ¿Sabías que eres mi científico favorito? ¡Sin duda, nos vemos, compañero!"

Finalizando la conversación, la mandamás le dio un giro a su teléfono lanzando en el aire y atrapándolo, riendo como niña pequeña. Guardando el celular en su saco, nos ordenó acercarnos a ella y entonces nos dio un efusivo abrazo a las tres. Si bien apreciábamos el gesto de nuestra superior, aún no entendíamos que había transformado a la coordinadora en esa cariñosa y sonriente mujer que vibraba en su asiento como palomitas de maíz siendo cocinadas y emitía chillidos de algarabía como si se hubiera sacado la lotería.

– "¡Ahh, la vida es hermosa, granates! ¡Divinamente seráfica y gloriosa!" – Declaró Kuroko, usando el tablero como tambores. – "¡Finalmente la fortuna nos sonríe y recompensa nuestro esfuerzo, sudor y lágrimas! ¡Me alegro de haberlas entrenado, chicas! ¡Realmente valió la pena soportar sus horribles olores corporales, decadentes fetiches oófagos, insufribles actitudes tsunderes, falta de modales sociales y ese irritante safismo descarado!"

Demasiada sinceridad para nuestros gustos, pero tampoco es que podamos contradecirla. Un momento, ¿en verdad huelo tan mal? ¡Pero si uso aromatizante especial todos los días! ¡Con un demonio, y ya había superado lo de mi aliento matutino!

– "¿Hauptmann?" – Tomé la palabra. – "¿Qué sucede? ¿Qué le dijo el profesor Sarver?"

– "¡La mejor noticia que he recibido en esta semana! ¡La que redime todo lo malo que me ha pasado!"

– "Por favor, Chief, explíquese para poder entender mejor." – Sugirió Cetania. – "Y no agite tan fuerte ese peluche, que es de Mei, ¿please?"

– "Bien, bien, déjenme empezar por el principio." – Inhaló y exhaló profundamente. – "De acuerdo, tengo dos noticias: Una buena y otra genial. Bien, primero la menos impactante; ¿Recuerdan el transporte que Karu nos prometió entregarnos después de cuidar al bebé? Pues de hecho eran originalmente dos, sin embargo hubo un problema con la producción y sus distribuidores, así que solamente logró conseguirnos uno. No hay problema, con la lagartija dándole mantenimiento a la otra unidad podremos sobrevivir hasta que la segunda llegue. ¿No es genial?"

– "Sin duda, Jerarca." – Opinó Dyne. – "Y entonces, ¿Cuál es la otra?"

– "¡Lo más hermoso del mundo, Nikos! ¡Más glorioso que cuando Gea y Urano dieron vida al mundo!" – Exclamó Smith, sosteniendo la cabeza de la griega y agitándola. – "No van a creerlo, granates, pero ya que Sarver necesita realizar un viaje lejano hacia no sé dónde y ya que necesita asegurarse primero que sus inquilinas no corren peligro o algo así, está profundamente agradecido con nosotras por proteger a su amado retoño. Es por eso y gracias a los dioses Exteriores y Primigenios, que el magnánimo profesor ha decidido recompensar nuestros servicios sobradamente, expresando su enorme gratitud lacónicamente condensada en una muy jugosa remuneración económica. Y lo mejor, podemos obtenerla ahora mismo."

– "¿Está diciendo que nos van a pagar por vigilar a Haru?" – Indagué. – "Bueno, yo esperaba algo así aunque no tan pronto ni en efectivo. ¿Cuánto será?"

– "¡Cuatrocientos mil yenes! ¡¿Pueden creerlo?!"

– "¡¿Qué qué?! ¡Por la espada de Ares, ¿está segura, Hauptmann?!"

– "¡Por supuesto! ¡Karu estará demente, pero sabe cumplir sus promesas!" – Aseveró la capitana. – "Veamos… Son treinta mil para ustedes, cincuenta mil para las chicas, cien mil para mí por ser la líder y todavía sobran diez mil. ¡Sí, gracias Azathoth misericordioso! ¡Sacrificaré cien vírgenes en tu honor!"

– "Bueno, hoy sí que nos sacamos el premio mayor, Chief." – Rió la castaña. – "¿Qué comprará con su tajada?"

– "¡Ah, pues muchas cosas! ¡Wooo!" – Gritó eufórica la aludida. – "¡Y eso que la Navidad aún no llega! ¡Este año sí que pondrá bueno! ¡¿No opinan lo mismo?!"

– "Por supuesto, Jerarca." – La helénica también sonrió. Una mueca de felicidad no sardónica, eso ya es insólito en la mediterránea. – "¿Dónde podemos reclamar tan abundante apoyo monetario?"

– "¡Eso es lo mejor, mantis bonita, porque nos los dejó justo en nuestras narices!" – Prorrumpió extasiada la coordinadora. – "¡Escondió todo dentro del cochecito del bebé! Por cierto, ¿Dónde lo dejaron?"

Entre el ominoso silencio imperante y las miradas asesinas de mis compañeras, supe que sin duda, este sería un largo, tedioso, pesado y muy doloroso día.

Ay, mamá araña…


NOTAS DEL AUTOR: ¡Lo hicimos, camaradas! ¡Finalmente superamos las 500,000 palabras! ¡Somos actualmente la historia más larga de la sección MonMusu en Fanfiction-Net! ¡Wooo! *Dispara al aire con un Panzer VI Tiger I* *Destruye un avión y esconde la evidencia bajo la alfombra*

Cincuenta capítulos, medio millón de palabras, simplemente increíble. Bueno, realmente me sorprende que hayamos llegado tan lejos. Parecía un reto imposible, algo que nos tomaría demasiado tiempo. Y si bien estos meses no han sido pocos, al igual que los batallones blindados durante las fases iniciales de la Blitzkrieg, aún me impresiona cuanto camino hemos logrado recorrer en este lapso de tiempo. Y hablo en plural porque los incluyo a ustedes, mis queridos lectores en la ecuación; Sin su constante apoyo, ya sea dejándome su apreciadas reseñas o simplemente honrándome con agregarme a su lista de seguimiento, esto no sería posible. De verdad, de todo el corazón, muchas, pero muchas gracias por acompañarme en esta travesía.

Ya que este era un momento prácticamente único y especial, decidí otorgarle a este episodio una mezcla de todos los diversos temas que han abarcado los capítulos anteriores: Humor, aventura, amistad, acción, tensión, drama y por supuesto, amor. Desde el inicio con el pequeño hasta el final con el desafortunado desenlace para nuestra pobre heroína, fue mi afán el plasmar ese conjunto de emociones que han permeado todo este relato y ofrecerles una probada de cada uno para conmemorar las risas y lágrimas que (espero de forma positiva) hayan manifestado al sumergirse en mi historia.

Hay tantas referencias y alegorías en todo lo que nuestras protagonistas se han encontrado hoy, como los avispones (Cuya nomenclatura binominal fue otorgada por el entomólogo Frederick Smith), las especies encontradas en el acuario (Reales e inspiradas por el acuario de Osaka, Kaiyuukan), el nombre de los restaurantes algunos restaurantes (Canciones de Iron Maiden) y demás que me sería imposible enumerarlas del todo, pero ahí están para el avispado que logre captarlas. Lo sé, pésimo chiste.

Y para celebrar con bombo y platino, me di la oportunidad de incorporar las creaciones de los grandes aliados y hermanos de batalla que me han apoyado en esta campaña para expandir el yuri, el amor por las arachnes y la palabra de la Gran Sirena por todo el globo (aunque sea un globito de payaso, pero ya es algo); Me refiero por supuesto a los compañeros Paradoja el Inquisidor, Alther, Onix Star y Arconte. Sí, ya sé que siempre estoy referenciándoles de una manera u otra, pero es mi manera de agradecer con toda sinceridad tantas palabras de aliento y fidelidad a mis locos relatos. ¿Qué si habrán más en el futuro? ¡Claro que sí, adoro hacerlo! ¡Y no cobran, que es lo mejor!

También aviso que aprovecharé este hito literario para darme unas pequeñas vacaciones, no muy extensas, así podré ponerme al corriente con varios asuntos de mi vida personal y recargar un poquito las pilas. Descuiden, que la araña y compañía regresarán pronto.

Pero en fin, ya me he extendido demasiado y sólo puedo agradecerles nuevamente a todos por hacer esto posible. Los invito a dejarme su opinión y a esperar la siguiente entrega, que espero pueda satisfacer sus expectativas o al menos curarles el insomnio por el aburrimiento. Y recuerden, las arachnes son amor.

¡Hasta la próxima! ¡Obedezcan a la Gran Sirena! ¡Auf Wiedersehen!