NOTAS DEL AUTOR: ¡Ya estamos de regreso!

Sí, otro episodio cortito.

Sí, más meloso que el anterior.

Sí, somos peor que una novela de Televisa.

No, no hay devoluciones ahora.

En la otra caja le atienden, joven…

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena los invita a conocer a su tía que vive en el puerto de Innsmouth! ¡Pescado gratis para todos!


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 63


– "Entonces, déjame ver si lo entiendo. Tu madre llegó de visita."

– "Correcto."

– "Y entonces, tu padre, quien tu progenitora no había visto desde hace veinte años, y tú jamás conociste, arribó también a visitarlas."

– "Ja."

– "Y éste revela que se enamoró de una empusa antes de conocer a tu madre."

– "Así es."

– "Y el resultado de ello es Dyne, quien ahora es tu media hermana."

– "Afirmativo."

– "Y dado que Cetania es tu pareja, podríamos decir que MOE es efectivamente el grupo exclusivo de la familia Jaëgersturm."

– "Supongo que es una afirmación válida."

– "Porra. Y luego dicen que las tramas de las telenovelas son irreales."

Reí ante ese comentario.

Era cierto; todo lo anterior parecía el guión de algún drama televisivo barato. Pero si algo demostró la existencia de seres como nosotros a la humanidad, es que la realidad suele superar a la ficción más de lo que se cree. Empero, el programa más absurdo e inverosímil de la caja idiota poseería más factibilidad que los sinsentidos de los que he sido testigo (y partícipe) desde que arribé a este país. Empezando con liberar legiones de insectos blatodeos en un restaurante de quinta; utilizar un horrible disfraz de ave antártica; ser atacada con una ametralladora antiaérea; hallarme perseguida por una doppelgänger por media ciudad y salir con el trasero quemado al enfrentarse a una dragona titánica, mi vida era aún más disparatada que las irracionales teorías conspirativas de la Internet.

Las chicas y yo habíamos sido dadas de alta y, junto a mi familia, habíamos salido de la ciudad de Okayado, en dirección a Asaka. Aunque Meroune había recurrido a la influencia de su real linaje para mover los hilos de los directivos del hospital, dándonos éstos autorización de retirarnos a nuestros hogares sin problemas, fue necesario contactar a Smith para que nuestra evacuación se llevara a cabo sin causar revuelo. Y se lo agradecimos a la agente, pues al cruzar la salida nos evitamos el lidiar con una pared hecha de cámaras, micrófonos e inquisitivas preguntas, cortesía de la entrometida prensa y su insaciable hambre de crónicas. El ver una pequeña figura de rubios cabellos, ostentando un par de peludas orejitas mustélidas entre la multitud, fue señal de que Kuroko nos había ahorrado un par de corajes con cierta nutria finesa.

Por suerte, logramos escabullirnos sin incidentes y, después de que mis progenitores tomaran algunas cosas del hotel donde se hospedarían posteriormente, Lorelei envió una suntuosa limusina adaptada para extraespecies, la cual fue abordada por mis padres y Lala. Yo y mi equipo fuimos transportadas en nada menos que la Dama de Hierro, nuestro camión blindado Rheinmetall YAK, conducido por nuestra reptiliana compañera Mei Silica. Yo me encontraba en la parte trasera, con Cetania a mi lado. Mi hermana silentemente acompañaba a la pelirroja chofer, meditando en el asiento del copiloto.

– "En todo caso, más allá del parentesco, lo más impresionante de todo es que me hallo a lado de auténticas heroínas." – Comentó la gecko. – "En serio; creo que ya ganaron su lugar en la historia con esto. Hasta al superintendente Kuribayashi se le cayó el bigote al enterarse de su tremenda hazaña."

– "Todo el mundo sigue mencionándolo, y agradecemos que aprecien el sacrificio." – Respondí. – "Pero sinceramente, la fama es lo de menos, Mei."

– "Saber que esos granujas ya no volverán a causar daño a nuestros seres queridos es suficiente para nosotras." – Añadió la rapaz, descansando en mi hombro.

– "Y estar vivas es mejor recompensa que cualquier laureada presea." – Terció la empusa, saliendo de su silencio.

– "Mírense, complementándose la una a la otra. Sí que son un equipo familiar." – Rió la brasileña. – "Pero mi punto se sostiene, chicas; ustedes lograron triunfar ante lo imposible. Je, y pensar que llegué a mencionarle a Aria que ella podría sernos útil en la fuerza, después de demostrar conocimientos forenses después primer atentado, ¿recuerda?"

– "Y al igual que esa ocasión, todo terminó en escombros chamuscados." – Remembré. – "Llevo el fuego tatuado en mi abdomen; debe ser el destino que las cosas comiencen y concluyan en llamas."

– "Eres un ave de mal agüero, Jaëgersturm." – Mencionó mordazmente la pelinegra. Entonces, se dirigió a la piloto. – "Silica, ¿soy yo o la limusina frente a nosotras se hace cada vez más pequeña?"

– "Disculpe mi aparente lentitud, agente Nikos, pero la entrenadora Titania fue muy insistente en que tuviera el mayor cuidado conduciendo nuestro transporte." – Explayó la reptil ojizarca. – "Ella misma hubiera sido quien estuviera con ustedes ahora, pero su estatura apenas le permitía observar por encima del volante. Dado que las operativas de MON se encontraban ocupadas, fui la elegida para la tarea."

– "Creí que estos vehículos contaban con asientos ajustables." – Comenté.

– "Ha estado algo malita, quizás por el frío, así que no tiene muchas energías para alcanzar su altura máxima."

– "Al menos cumpliste tu sueño de comandar la Dama de Hierro, Cherry-top." – Rió la castaña. – "¿Qué se siente cabalgar a tan fastuosa bestia?"

– "Lo mismo que debes sentir al besar a Aria, amiga." – Respondió la pelirroja.

– "Ay, ¿tan feo?"

– "¿Incluyendo el mal aliento?" – Acotó la italiana.

– "¡Hey!" – Me quejé. Las demás rieron.

– "Bueno, hablando en serio, mi cuerpo me dice que pise el acelerador y embista contra ese gatito de enfrente." – Contestó la gecko. – "Pero mi cerebro me dice que la suboficial Jättelund me mandará al paredón en caso de desobedecerla."

– "Y después se haría un cinturón con tu piel." – Bromeé. – "Y no precisamente la reptiliana."

Ahí reaccioné.

– "Espera, ¡¿dijiste suboficial?!" – Cuestioné, sorprendida. – "¡¿Ascendieron a Titania?!"

– "Sim. La Patrona le entregó sus insignias ayer por la tarde, mientras comíamos todas en la cafetería." – La gecko se detuvo en un semáforo. – "Pensé que eso le alegraría a la entrenadora, pero se mantuvo bastante melancólica mientras las chicas le aplaudían. Agradeció la promoción y se retiró a su cuarto, sin terminar su comida."

– "Debió recordarle cuantos amigos fenecieron bajo su mando en su país natal." – Opiné, sombría. – "No es fácil estar al mando, cuando tus órdenes determinan el resultado de la misión y las vidas de tus compañeros están en juego."

– "Aunque no toda la responsabilidad recae exclusivamente en el mandamás del grupo, flaca, sino en todos los involucrados." – Acotó la americana. – "Cuando organizábamos nuestras parvadas de expedición, en mi tribu, bastaba con que alguna de nosotras errara el vuelo para que la caza se fuera al caño. Créeme, fui testigo y protagonista de diversas metidas de pata. Nada crítico, por fortuna, pero dejaba en claro que el éxito de un trabajo en conjunto depende de que todos realicen su tarea correctamente."

– "Correcto, Cetania, el compromiso es de todos. Pero aún así no podemos subestimar el peso que implica estar a la cabeza." – Respondí. – "Se debe ser el ejemplo, el bastión principal, el pilar primordial que sostiene a sus aliados en los hombros. Y si se llega a fallar, el cuerpo acéfalo cae. Se está constantemente en peligro, no sólo de nuestros propios errores, sino del enemigo. Es demasiada presión para una sola persona."

Sin mencionar que ese era precisamente el tema que traté con Roberto anteriormente. Como era evidente, mis comentarios estaban dirigidos a mí misma, la nueva sargento primero de MOE. Aún seguía atemorizada por lo que vendría, conmigo como responsable. El transporte volvió a moverse.

– "Un gran poder conlleva un gran riesgo." – Mencionó la mediterránea. – "Es lo que llaman el principio de la espada de Damocles."

– "¿Eh?"

– "Se refiere a la leyenda griega contada por Timeo de Tauromenio. La historia relata que Damocles era un siervo en la corte de Dioniosio I de Siracusa, y añoraba el poder del rey." – Dilucidó Mei. – "Dionisio le cumplió su deseo y le cedió su puesto al cortesano, quien se regodeó en las albricias de la autoridad absoluta. Entonces, éste se dio cuenta que sobre el trono real pendía una afilada espada, sostenida únicamente por un solitario pelo de crin de caballo, amenazando con perforarle el cráneo en cualquier momento. Asustado, Damocles le rogó al rey que intercambiaran de nuevo, pues había comprendido que el poderío de un monarca implica exponerse a demasiado peligros."

Una excelente metáfora, había qué reconocer.

– "Precisamente. Grazie, Silica." – Asintió la nativa de Milán. – "En todo caso, entendemos tu punto, Potato. Descuida; mientras no seas una excesiva idiota, podrás desempeñarte en tu puesto. Eso era lo que te inquietaba en realidad, ¿o me equivoco?"

– "Incluso tuerta tienes excelente ojo, grillosa." – Reí ligeramente. – "Comprendes bien a tu hermanita menor, Dy-nee-chan."

– "Ugh, no empieces con esas cursilerías, Potato. Suficiente castigo tengo con…"

– "Compartir la misma sangre que yo. Sí, sí, tu vida es una tragedia romana, bua-bua." – Injerí, volteando los ojos. – "Admite que estás feliz de que seamos familia, princesa de hielo."

– "Si no formaras parte de ésta, lo sería entonces."

– "Lo siento, pepino amargado, pero esta alemana viene incluida en el paquete y no hay devoluciones." – Afirmé. – "Y no digas que prefieres ser adoptada, que ese puesto le pertenece a la pajarit-¡Auch!"

– "Al menos no ando de incestuosa, flacucha bocona." – Cetania me propinó un golpe en mi brazo vendado. – "No olvides que besaste a tu propia hermana, degenerada. ¡Con todo y lengua!"

– "¡Un momento, eso último no es cierto!" – Protesté.

– "Lo es." – Aseveró una incómoda Dyne. – "Degenerada."

– "¡E-estaba asustada! ¡Ni siquiera sabía que estábamos emparentadas!" – Exclamé. – "¡Además que no puedes hacerte la inocente, pajarraca! ¡Tú misma admitiste tener un sueño húmedo con Atseelia!"

– "¡Qué mala eres, flaca! ¡Herirme así, revelando mi oscuro pasado!" – Se cubrió el rostro dramáticamente. Ignoro cómo no se mordió la lengua. – "¡No es a mí a quien amas, sino a tu consanguínea! ¡Mi corazón no soporta esta traición!"

– "¡Aaargh!"

– "¡Ya llegamos!"

Las palabras de la pelirroja cesaron la reyerta al darnos cuenta que finalmente alcanzamos nuestro destino. Una sonrisa se dibujó en mi semblante al contemplar las níveas paredes y el rojo techo, rodeado por una verde barda compuesta de vegetación. Hogar, dulce hogar. Asintiéndole a la rapaz, la tomé del brazo y bajamos juntas de nuestro transporte. Los rayos de Helios acariciaron nuestra piel con mayor intensidad, y la brisa ululaba entre los árboles con un suave arrullo, como si nos dieran también la bienvenida. La limusina con mis padres y Lala se hallaba frente al camión, con sus ocupantes saliendo al mismo tiempo que nosotras.

– "Danke schön, Mei. Es bueno estar en casa." – Congratulé a la brasileña. – "¿Quieres acompañarnos? Estamos a tiempo de un buen almuerzo."

– "Muito obrigada, Aria, pero me temo que mis órdenes fueron bastante estrictas." – La aludida encogió los hombros. – "Debo regresar lo antes posible."

– "Aww, es una lástima. Al contrario de esa enana azul, el dueño de la casa cocina divino." – Dijo la arpía. – "Quizás para la próxima, ¿vale, Cherry-top?"

– "¿Cherry-top?"

– "Así les decían a las patrullas en América." – La estadounidense señaló el cabello de la ojizarca. – "Ya sabes, por las luces arriba de éstas, rojas como cerezas."

– "Oh, entiendo. Je, muy ad-hoc." – Rió Silica. – "Bueno, creo que entonces me retiro, chicas. En otra ocasión con gusto aceptaré su invitación. Gracias por la consideración."

– "A ti, por tomarte la molestia de traernos." – Mencionó Dyne, ofreciéndole la mano. – "Me quedaré un rato y después volveré a la base. ¿Sabes si ya llegaron las nuevas armas de las que habló la Jerarca? Deseo entrenar cuanto antes."

– "Hermana, acabas de salir del hospital, tus heridas aún no sanan del todo" – Le recordé. – "El arsenal no se irá a ningún lado; relájate aunque sea esta semana, ¿quieres?"

– "Necesito practicar y afinar mi puntería lo antes posible." – Señaló su herida ocular, cubierta por un blanco parche. – "No quiero joder la misión y terminar en la morgue sólo porque no pude atinarle al enemigo."

– "Aún así, necesitas descansar, mantis." – Opinó la castaña, colocando un ala detrás de ella. – "Anda, que es día de celebración."

– "Concuerdo con ellas, sargento." – Se unió Mei. – "Estoy segura que la Patrona o la entrenadora Jättelund concordarían en posponer todo adiestramiento hasta recuperarse por completo."

– "Cabo, Silica." – Replicó Alexandra. – "Las sargentos ahora son ellas dos."

– "¿Eh? ¿De verdad? Pero…"

– "Es una larga historia, Mei. Luego te contamos, ¿vale?" – Injerí. – "Ya no te quitamos más tu tiempo. Gracias por todo, rojita."

– "Muito bem. En ese caso, nos vemos después, agentes." – La mencionada reverenció. – "¡Boa sorte! ¡Y felicidades por el ascenso!"

Agitando las manos, nos despedimos de la poiquiloterma, quien abordó el YAK. Prontamente los doscientos cincuenta caballos de fuerza del vehículo retumbaron por las calles de la zona, alejándose hacia el horizonte urbano. Me di la vuelta y me encontré con la hermosa sonrisa de mi amada irlandesa, seguida del dulce sabor de sus añiles labios. Detrás de ella estaba mi madre cargando a su esposo en su tórax arácnido. Con la familia reunida, cruzamos la reja principal y prestamente toqué el timbre. El retintín de la campana electrónica fue seguido por un corto periodo de silente expectativa, aprovechado por los presentes para unos últimos retoques de atavío y peinado. Hay que mantenerse presentables, después de todo. La puerta de madera emitió un pequeño ruido y paulatinamente reveló a una conocida ojizarca detrás de ésta.

– "Aria." – Sonrió ella, haciendo una reverencia. – "Me alegro de verte. Bienvenida de vuelta."

– "Danke, Cerea." – Imité el gesto.

– "Lala, Cetania, señora Jaëgersturm, Dyne; igualmente me llena de júbilo su presen…" – La centáuride se pausó al notar al acompañante de mi madre. – "Oh, perdone mi descortesía, caballero. Mi nombre es Centorea Shianus, gusto en conoce-"

– "¡Aria-nee! ¡Volviste!"

¡Pomf! La sensación de cálidas plumas y gelatinosos apéndices me rodearon de repente. El impacto me hubiera derribado de no ser por mi físico arácnido. Papi y Suu no perdían el tiempo con recepciones de etiqueta o corteses reverencias; las niñas, perfilando su cariño más puro, saltaron directamente hacia mí para darme la más honesta bienvenida. Aunque ambas pilluelas interrumpieron la presentación de la rubia, saliendo debajo de su bruna falda adaptada para su equina figura, el dúo plumas-gelatina era demasiado tierno para enojarse con éste. Sonriendo, rodeé a ambas con mis brazos y acaricié sus cabecitas con mi mano buena. El brillo del astro rey era no era competencia para el fulgor de los corazones de ambas pequeñas.

– "¡Aria-nee, te extrañábamos!" – Declaró la arpía añil, sin romper el abrazo. – "¡Ah, Lala-nee! ¡Y también Katania-nee, Dynos-nee, y señora mamá de Aria-nee! ¡Pasen, pasen!"

– "También las eché de menos, chiquillas." – Les di palmaditas en la espalda. – "¿Se portaron bien?"

– "¡Sí! ¿Verdad que sí, Suu?" – Preguntó la emplumada a su verde amiga. Ésta asintió. – "Bueno, en realidad sólo un poquito, porque Esposo y Miia están preparando mucha comida, y le dije a Suu que escondiera las zanahorias porque saben feo y luego le echamos la culpa a Cerea. ¡Pero no le digas porque…!" – La parlanchina pajarita se pausó al ver a mi padre. – "¿Y ese señor quién es?"

– "Entremos primero, ¿vale?" – Me encaminé al interior. – "Cerea, ¿podrían preparar un poco de té? Tenemos mucho que contarles."

Afirmando con la cabeza y llevándose a las pequeñas (y seguramente pensando en un castigo para reprenderlas por inculparla falsamente de un crimen), Shianus nos condujo por el genkan hasta la sala principal. Yo había formado en mi mente varias posibles formas de recepción por parte de los inquilinos, incluyendo una fiesta de bienvenida y, en el más disparatado de los casos, un desfile casero en honor a las heroínas del momento. Por supuesto, aquello sólo éramos yo y mi infantil imaginación. En lugar de un jolgorio y algarabía, nos encontramos con Rachnera y Meroune en medio de una sesión de limpieza hogareña. Eso no significa que su recibimiento haya sido menos entusiasta.

– "Aria-sama, es nuestra la sonrisa al tenerla de nuevo entre nosotros." – Me abrazó Meroune, agachándome yo para devolver el gesto. – "Permítame congratularla a usted y sus amigas por su abnegada valentía."

– "Danke schön, Mero-sama." – Sonreí. – "Sólo cumplí con mi trabajo."

– "Es bueno verte de pie, cazadora." – Fue el turno de Rachnera. – "Aunque comenzaba a acostumbrarme a volver a ser la única arachne de la casa."

– "Llegué para quedarme, tejedora." – Bromeé. – "Me alegra verte también, Rachnee."

– "Qué bueno que trajiste a toda la familia, llegaste a tiempo para el inicio de la celebración." – Ahí, ella notó a nuestro invitado. – "¿Es él quien creo que es?"

– "Y es apenas la punta del iceberg, tejedora." – Afirmé. – "No tienes idea de lo que viene a continuación."

– "¡Hey, gente! ¡Hola, gente! ¿Ya comenzó la fiesta?"

Yo y mi bocota.

– "¡Hauptmann!" – Exclamé al ver a la agente. – "¿Qué hace aquí?"

– "Siempre cuento con tiempo para festejar con mi equipo." – Parafraseó lo que dijera en el hospital. – "Y trajimos uno que otro regalo. Somos intrusas agradecidas."

– "Iremos por más té. ¿Rachnee-sama?" – Mencionó Lorelei, siendo llevada por Rachnera camino a la cocina. – "Sea bienvenida, coordinadora. Todos, por favor, pónganse cómodos."

– "Muchas gracias, Meroune." – Reverenció Kuroko. Mantuvo en secreto el estatus real de la sirena. – "Diamantes, ¿qué hacen en la puerta? Pasen de una vez, o se regresan a pie."

El resto de MON también hizo acto de aparición. Ataviadas en sus brunos trajes formales, saludaron cordialmente a los presentes mientras se acomodaban en los asientos adyacentes. Noté que todas miraban con curiosidad a mi progenitor, que ya debía estar más que abochornado por lo mucho que resaltaba. O quizás se debía a que se veía tierno sentado encima del tórax de mi madre, de mayores dimensiones que los ciento ochenta centímetros de su esposo. Nadie había hecho mención hasta ahora de nuestras heridas faciales, siéndoles seguramente familiares por las imágenes de los reportes. Y también porque no necesitábamos dar explicaciones ante lo evidentemente dura que fue la batalla. Pero aquello me alegraba; nos seguían tratando como las de siempre, sin fijarse en grotescos detalles cutáneos.

Las cicatrices no cambian a la persona, después de todo.

Pasando por todas las muestras de afecto de mi familia anfitriona y las bienvenidas a mis compañeras y progenitora, todos fuimos invitados a tomar un lugar en la mesa. Smith y compañía venían preparadas, habiendo traído sus propias sillas, dejando el número justo para el resto de los invitados. Yo y mi madre no necesitábamos de asiento, y Doppel era capaz de usar su cabello como silla flotante. Con mis adoradas pajarita y segadora a mi lado, los platos nos fueron servidos. Mi progenitor continuaba siendo el foco de atención, pero todos aguardaban tácitamente hasta que el misterio del germano fuera finalmente revelado.

Aunque honestamente, las facciones europeas, el porte militar, y la forma en que su mujer lo celaba implícitamente, manteniéndolo cerca de él todo el tiempo, ya debería haber dejado en claro de quién se trataba. Finalmente, después de un breve momento de charla trivial, llegó la hora de que él diera a conocer su identidad. Tomando su vaso y haciéndolo sonar con una cuchara, creando un sonido plástico con el envase debido a que los de vidrio ya estaban todos ocupados, el soldado se incorporó, obteniendo la atención de todos. Tosió un poco antes de pronunciar palabra.

– "Bien, en primera, les agradezco a todos, especialmente al señor Kurusu, por recibirme tan amablemente en su morada. Danke schön, herr Kurusu." – Mi padre inclinó su cabeza al dueño de la casa. Éste asintió recíprocamente. – "En segunda, perdonen de antemano si mi acento resulta difícil de entender. Tuve poco tiempo para practicar el japonés, así que he solicitado a Vera que sea mi intérprete auxiliar. Ahora, permítanme presentarme. Mi nombre es Helmutt Jäger, Panzerfahrer del Gebirgspanzerbataillon 8 en la Bundeswehr."

– "¿El sobrino de doña quién?" – Preguntó una confundida Miia.

– "Tanquista del 8º Batallón Montañés de Blindados en el ejército alemán." – Esclareció mi madre. Le dio un ligero codazo a su marido. – "No los ahogues con jerga marcial, Süsser."

– "Danke, Mausi. Sí, eso quise decir. También soy el afortunado esposo de la mujer más hermosa que existe en este planeta." – Él abrazó a su cónyuge. Entonces, extendió su brazo en dirección nuestra. – "Y también, el orgulloso padre de Aria y Dyne."

Desconozco qué onomatopeya podría describir la reacción en cadena que esa última declaración desencadenó entre los comensales, pero supongo el mencionar que Mero, una sirena, pasó a ahogarse con el agua en su vaso, basta para dejar en claro la estupefacción grupal que se suscitó en ese momento. Incluso Smith, quien conocía la identidad de mi padre, perdió el habla de inmediato. Los ojos de todos, que parecían amenazar con salirse de sus cuencas por lo abiertos que se encontraban (especialmente el de Manako), desviaron su atención del militar para centrarse en la empusa y yo; sin duda intentando hallar la conexión entre ambas. Alexandra se hundió en su asiento, ruborizada. Yo ofrecí una sonrisa nerviosa, igual que mis novias. Mi madre suspiró, llevándose la mano al rostro. El ambiente se tornó silente y pesado.

– "Sí, permítanme explicarles con detalle." – Prosiguió mi progenitor. – "Pero primero, ¿un poco más de té, si no es mucha molestia?"

Atendiendo mi irlandesa la solicitud de su futuro suegro, debido a que los demás aún continuaban anonadados, mi padre se dio a la tarea de relatar el encuentro con la empusa en aquella granja, los problemas de vivir en un país dominado por el yugo soviético, y los sucesos que lo trajeron finalmente hasta el país del sol naciente. Fue una versión más breve que la ofrecida a nosotras en el hospital, pero no omitió los puntos clave que ayudaron a esclarecer todo este dramático desbarajuste filial. Para cuando él terminó de exponer su anécdota, el apetitoso banquete servido apenas había sido tocado, y el silencio volvió a tapizar el aire con su afásico pincel. Zombina fue la primera en dar su opinión.

– "¡Ja! ¡Se los dije! ¡Páguenme!"

Esperen, ¿qué?

– "¡Ay, no!" – Se lamentó Tionishia, con la mano en la boca. – "¡Y son cien mil esta vez!"

– "No es justo, Bina-chan." – Exhaló Manako, decaída. – "Eso es mucho dinero para una sola persona."

– "Ya sé a quienes les daré de beber el próximo vinum sabbati que consiga." – Masculló Doppel, cruzándose de brazos. – "O quizás las sacrifique en el monolito de Stregoicavar."

– "Sin quejas, lloronas. Hicimos una apuesta." – Replicó la zombi, haciendo un bailecito en su silla. – "¡Hoy sí le pegué al grande!"

– "¡Simijo, Jaëgersturm! ¡No otra vez!" – Se quejó Kuroko, estrellando su puño en la mesa. – "¡Y con lo elevada que está la maldita inflación! ¡Ustedes y Zoe ya lo tenían planeado, ¿verdad?!"

– "¡¿Eh?! ¡No!" – Me apresuré a contestar. – "¡Hasta hoy me vine enterar de todo esto! ¡Somos inocentes!"

– "¡Inocentes mis ovarios! ¡Esto no se queda así! ¡Exijo una prueba de sangre, ADN, embarazo, lo que sea!"

– "Jefita, mejor cálmese. Se le va a subir el té." – Le aconsejó la ogresa. – "Respire profundo. Recuerde los consejos de la doctora Redguard."

– "¡Vanessa! ¡Eso es! ¡Seguramente esa negra traidora se los dijo!" – Vociferó la coordinadora. – "¡El examen de sangre o algo se lo reveló antes! ¡Es un complot contra mi persona, lo sé!"

– "¿Un café, agente Smith?" – Kimihito ofreció una humeante taza a la pelinegra. – "Reserva selecta recién salida. Granos arábigos suaves molidos a mano. Receta de familia."

– "…"

– "…"

– "¿Importado?"

– "Tan colombianos que van acompañados de arepas con chorizo."

La capitana tomó la taza y sumergió sus papilas gustativas en el oscuro brebaje a base de cafeína. La combinación de Coffea arabica y la magia innata sobre la sapidez de los cafetos de nuestro casero tuvieron un efecto instantáneo; el semblante iracundo mutó en expresión serena, borrando el infausto mohín asesino que la impetuosa líder de MON dibujó en su boca. Efectivos métodos para sosegar a la rampante bestia aparte, aún quedaba el hecho de que medio mundo solía realizar apuestas sobre los temas más inesperados a nuestras espaldas. No me sorprendería que apostaran sobre quién fenecería en nuestra primera misión.

– "No pierdes el toque, Cariño-kun. Buen trabajo." – Opinó una sonriente Smith. Volteó hacia la occisa pelirroja. – "De acuerdo, Zoe, tendrás tu dinero. Treinta mil y listo."

– "¡Oh, vamos, Capi! ¡Acordamos que serían cien mil!" – Protestó la zombi. – "¡Incluso la enana de Titania puso sus ahorros en la balanza! ¡Ni siquiera pensamos que en verdad sucedería; no puede arrebatarme esta victoria!"

– "Puedo y lo haré." – Aseveró la jefa, dando otro sorbo a su bebida – "El contrato con Sparassus nos proveyó de un completo arsenal; no es necesario que gastes tanto en armas en esta ocasión."

– "¡Al menos déjelo en la mitad! ¡Casi junto para una GTAR-21 nueva!"

– "Treinta mil, Zoe." – Dictó Kuroko. – "Punto final. Nosotras también tenemos que comer, ¿sabes?"

– "¡Pero…!" – Se pausó, cruzándose de brazos y torciendo la boca. – "¡Bah, cómo quieran! Lo completo con el bono navideño después."

– "Dejando eso de lado, sigo absorta por su revelación, Herr Jäger." – Comentó Smith a mi padre. – "Aunque el que diferentes especies liminales compartan un mismo parentesco me es algo común, tomando en cuenta que más del noventa por ciento de tales uniones jamás llegan a formalizarse, como usted ejemplificó; el hecho que sus dos retoños resultaran precisamente mis subordinadas es una coincidencia digna de alguna película."

– "Mundo pequeño, ¿cierto?" – Respondió mi progenitor. – "En todo caso, me entristece que no pudiera estar ahí para verlas crecer, aunque fuera una sola vez. Y no sólo con mis hijas, sino con sus madres. Es la cruel ironía de la vida, que nos mantiene tan lejos de quienes más queremos cerca. Ojalá todos aquí comprendan mi situación."

– "La existencia siempre nos pone trabas de una forma u otra." – Comentó Rachnera, meneando la púrpura bebida uva en su diáfano vaso. – "Y en ocasiones pareciera que somos los malos de nuestra propia historia; pero el superar esa clase de retos es lo que demuestra nuestra fortaleza."

– "Al menos usted es responsable, Helmutt." – Expresó Kimihito. – "He tenido el infortunio de conocer a gente que prefirió huir del compromiso, sin importarles que con eso desampararan a su pareja e hijos, condenándolos a crecer en un hogar quebrado… o en ninguno."

– "Nuestros orfanatos se encuentran llenos de inocentes, tanto humanos como liminales, cuyos padres, de alguna manera u otra, los abandonaran a su suerte." – Terció la coordinadora, observando su taza. – "Y esos son sólo los que logramos encontrar. Me he visto en la execrable situación donde los hallamos formando parte del contrabando principal de traficantes o, en los caos más abominables… bueno, no es algo que me guste recordar."

– "Comprendo." – Suspiró mi padre. – "De todas maneras, muchas gracias a todos por entenderme. Por favor, si hay algo en lo que pueda servirles, con gusto ayudaré en lo que necesiten."

Tan pronto papá pronunció esto último, Papi se acercó hacia él, observándolo con sus siempre curiosos ojos ambarinos, escudriñándolo con detenimiento. Suu, convertida en una bolita gelatinosa encima de la cabeza de su compañera azul, la emulaba.

– "¿Usted es el papá de Aria-nee?" – Interrogó la voladora. La limo apuntó con su probóscide.

– "Uhm, sí."

– "¿También el de Dynee?" – Preguntó enseguida. Ya le adoptó apodo a la mantis.

– "Por supuesto."

– "¿Por qué es tan bajito?"

– "Actualmente, un metro ochenta es la media de estatura masculina en Alemania, así que…"

– "¿Es soldado?"

– "Claro, soy conductor de tanques en…"

– "¿Por qué lleva la misma flor que Lala-nee en su boina?"

– "Es una edelweiss, el símbolo por excelencia de las fuerzas montañ-"

– "¿Está casado con la mamá de Aria-nee?"

– "Correcto."

– "¿Y la quiere mucho?"

– "Indudablemente, la amo como a nadie."

– "¿Y también está casado con la mamá de Dynee?"

– "Bueno, técnicamente pasamos sólo una noch-"

– "¿Entonces tiene dos esposas?"

– "Erm, podríamos decir que sí, aunque…"

– "Aria-nee…" – Papi volteó a mirarme, seria. – "Tu papá salió igualito a ti…"

El sagital corte del fulgurante halo de luz que la inocente pajarita despedía era capaz de atravesar la más gruesa niebla, y la inamovible bruma de la tensión fue disipada al instante con una sonora carcajada, que fue acompañada a coro por el resto de los comensales. La risa es la panacea de todo mal, y con los ánimos restaurados, el soldado teutón y nosotras nos dispusimos a contestar tranquilamente cualquier otra duda respecto al tema de nuestro parentesco, el reencontrarse con la familia, e incluso sobre nuestra peligrosa misión. Procuramos mantener los escabrosos detalles de esto último en secreto; tanto por profesionalismo como por nuestra salud mental. A pesar de tan necesaria censura, la admiración que sentían por nosotras era palpable, y ciertamente bienvenida.

– "Ojalá tuviera yo la resistencia termal de esa nidhögg. Especialmente ahora que estamos en invierno." – Dijo Miia, degustando sus huevos. – "Nada de gastar en calefactores, enrollarse bajo un segundo colchón de sábanas, ni mucho menos quedarse paralizada en las mañanas."

– "O preocuparse por patologías respiratorias." – Complementó Lala, probando un currywurst. – "Incluso para una hija del Abismo, las exiguas temperaturas suelen traer inconvenientes para las personas que le rodean."

– "Aunque por el lado positivo, dormir a lado de tu ser amado nunca sería más agradable." – Injirió Rachnera, deglutiendo un tonkatsu. – "Compartiendo un cálido abrazo antes de dormir, y despertar bajo ese afectuoso estrujón para combatir a la inclemente frigidez ambiental."

– "Hey, esa es una buena idea, Rachnee." – Asintió la lamia.

– "Aunque dudo que eso derrita tu gélido corazón, lombriz gigante."

– "¡Mira quien lo dice, garrapata degenerada!"

– "Lo sorprendente es la resistencia que ustedes tres poseen, chicas." – Habló Centorea, ignorando a esas dos. – "Tomando en cuenta el tiempo que pasaron luchando, el tamaño y agresividad de esa dragona, es increíble que no resultaran con quemaduras de tercer grado, si no es que totalmente calcinadas."

– "La lluvia y la propia locura de la reptil fueron piezas clave en nuestra supervivencia." – Dilucidó Cetania, bebiendo su jugo de durazno. – "Después de tanto tiempo siendo usada como conejillo de Indias, la dracónida no estaba totalmente dentro de sí, además de hallarse desnutrida. De encontrarse en plenas facultades, no hubieran dado ni con nuestras cenizas."

– "Es la imprevisibilidad de un trío de blancos tan pequeños en un espacio tan accidentado lo que contribuye a un mayor índice de triunfo." – Declaró la empusa, devorando un pimiento relleno de carne y queso. – "Es como tratar de aplastar mosquitos en tres direcciones diferentes mientras se esquivan escombros en el suelo. Un tamaño tan grande, aunque imponente, también posee sus desventajas."

– "Y cuando esos insignificantes insectos están armados con un arsenal de balas y misiles antitanque, es aún más difícil aplacarlos." – Añadí, mordiendo una patata frita. – "Eso sin contar los camiones kamikaze."

Eso me recordó lo increíblemente útil que el armamento pesado fue en contra de la nidhögg. Si ella era apenas una probada de lo que podría venir, necesitaríamos estar preparadas para toda clase de eventualidad.

– "Hauptmann, ¿tenemos autorización para hacernos con un lanzacohetes?" – Cuestioné. – "Un Panzerfaust-3 haría maravillas contra objetivos acorazados, vivos o no."

– "Lo siento, Jaëgersturm, no somos militares." – Smith deglutía ochazuke. – "Incluso tu ametralladora rayaba en lo ilegal por ser uso exclusivo del ejército. De no ser porque la Agencia Nacional contaba con experiencia previa sobre la resistencia liminal, deberían conformarse con proyectiles de 5.56 y calibres menores."

– "Al menos dennos más granadas cegadoras y de humo, especialmente de cuarenta milímetros." – Comentó la rapaz. – "Nos salvaron el trasero en más de una ocasión."

– "Por eso no se preocupen, pero traten de no depender demasiado de tales artilugios." – La agente dio un trago a su bebida. – "No queremos que se intoxiquen con el gas, o se destruyan las retinas y tímpanos por uso excesivo de explosivos aturdidores."

– "Es verdad, el tinnitus no se quita ni cuando eres capaz de reemplazarte partes del cuerpo." – Comentó Zombina, devorándose una pierna de pollo. – "Y una vez casi fumigábamos a la pobre Tio cuando tratamos de limpiar un reducto de traficantes, usando un par de granadas de humo. Cambió de piel morena a blanca por la falta de oxígeno."

– "Si mal no recuerdo, esa fue culpa tuya, Bina-san." – Acotó Manako, comiendo un onigiri. – "Y no era simple humo, sino gas lacrimógeno que le quitaste a los malhechores."

– "Pero al menos los detuvimos." – Acotó la ogresa, comiendo un dulce daifuku. – "Y fue gracias a ese descuido que logramos convencer a los altos mandos de conseguirme el traje blindado."

– "Progresamos con sacrificios, después de todo." – Expresó Doppel, con un dejo sardónico. – "Hafn'drn, ¿qué hay de eso?"

– "Aún no, Dop." – Replicó la capitana. No preguntamos de qué se trataba. – "Pero hablando de arsenal, les pregunto, Amatistas, ¿se sienten bien con sus armas actuales y el papel que desempeñan? ¿Desean cambiar de puesto?"

– "Ser artillera de ametralladora es un puesto honorable para cualquier sparassediana, Hauptmann." – Respondí, alzando mi vaso. – "En honor a la valiente Mugi. Ruhe in Frieden, alte Kamerad."

– "Excelente, Jaëgersturm. Ahora tendrás de dónde elegir." – Volteó hacia la falconiforme. – "¿Qué hay de ti, Cetania?"

– "Me desempeño bastante bien con la carabina, Chief. Precisa y letal, como un ave de presa." – Habló la americana. – "Y el lanzagranadas es una bendición. Ojalá pudiera usar munición Hellhound, como los Marines."

– "Podemos darte uno que pueda usarse por separado, así el peso del arma permitiría mayor precisión. ¿Cabo Nikos?"

– "El combate cercano es lo mío." – Contestó la italiana, moviendo sus espolones. – "Además, al contrario de la alférez Manako, apenas comienzo a acostumbrarme a la falta de visión binocular."

La mención de la cíclope era el momento perfecto para tratar el tema de la ausencia de cierto elemento preciso en nuestras filas.

– "Hauptmann." – Hablé. – "Necesitamos una francotiradora."

– "Apoyo la moción, Jerarca." – Injirió la mantis. – "Hasta ahora Cetania ha demostrado la más hábil puntería de las tres, pero la capacidad de proveer apoyo cercano de la falconiforme se perdería en caso de otorgarle un rifle de precisión."

– "Y me siento más a gusto con fusiles de asalto, Chief." – Se unió la halcón. – "Una experta en largas distancias sería de enorme utilidad al equipo. Neutralizar potenciales amenazas sin darles tiempo de reaccionar nos hubiera ahorrado muchos problemas en la fábrica."

– "En eso estoy de acuerdo, Amatistas; sus roles no pueden llenar satisfactoriamente aquel hueco como lo haría una especialista." – Replicó la capitana, apoyando su barbilla entre sus manos. – "Desgraciadamente, deberán esperar a que encontremos candidatas aptas para ocupar el puesto. Confiamos en que la buena publicidad de nuestros actos y el aumento de presupuesto contribuyan a una mayor afluencia de reclutas. Con suerte, contaremos con buenos prospectos para volverse parte de nuestro grupo."

– "Por ahora, y dado que han aprobado su prueba de fuego tan fastuosamente, también podrán combatir a lado de nosotras." – Afirmó Tionishia, consumiendo su quinto daifuku. – "Me encantaría tener más compañía cubriéndome la espalda."

– "Sólo que se suban una encima de la otra, grandulona." – Bromeó la muerta viviente.

– "Bina-san, no seas grosera." – Le reprendió Manako. Ella nos miró entonces. – "Será un placer trabajar juntas, compañeras. Trataremos de enseñarles todo lo necesario para pulir sus habilidades natas."

– "Eso no significa que seremos más laxas en el adiestramiento, novatas." – Aseveró la cambiaformas. – "Tan pronto acaben sus días de holgazanería, regresarán al mundo de los oprobios marciales y las balas de pintura. Esa gnómida incluso se pulió las piedras de sus brazos y piernas para castigarlas más efectivamente."

– "Creo que haberlas acompañado desde el principio hubiera sido un mejor entrenamiento." – Opiné. – "Qué mejor que aprender directamente de las profesionales, ¿no?"

– "Necesitábamos probar primero que nos encontrábamos en su misma liga, Potato." – Respondió Alexandra. Sonrió maliciosamente. – "Además no te quejes, que por fin podrás pasar más tiempo con tu adorada pelirroja."

– "Ah, en eso te doy la razón, Dynee-chan." – Contesté, sonriente. – "Esa Mei se carga unas nalgas que deberían ser ilegales. Y la forma en que mueve su colit-¡GAH!"

Traté de voltearle el juego a mi hermana, pero terminé cayendo en la trampa de todas maneras. Daba igual si ignoraba su insinuación referente hacía mi infatuación con Zoe, mi lengua (y mi estupidez) eventualmente me traicionaría al final. Pero incluso en mi más profundo lapsus linguae, algo bueno podía salir de ahí. Para prueba, una tersa y femenina mano de añiles tonos se había coligado con un castaño pulgar cubierto de suaves plumas, junto a una tercera extremidad, esta vez de quitinosa índole y cubierta por guantes de seda; todas unidas para cortarme el paso directo de oxígeno a través de la tráquea, para acallar mis insolentes declaraciones. Las mujeres que amo y mi madre cooperando para darme mi merecido, mientras mi consanguínea reía a carcajadas.

¿No es hermosa la unión familiar?

– "¡Ack! ¡V-vater! ¡Hilf m-mir!" – Pedí ayuda mi padre.

– "Disculpar, ¿dónde estar baño?" – Se incorporó él, exagerando su acento germano.

– "Al fondo, a la izquierda." – Indicó Centorea.

– "Danke schön, Fräulein." – Se encaminó. Ahí lo oí susurrar antes de retirarse. – "Perdona, hija…"

¡Y juraste que ya no me abandonarías!

Pero ignorando las promesas rotas de mi progenitor, no podía culparlo por alejarse de tan intimidante campo de batalla, dominado por el Eje germano-americano-irlandés. Él sabía que, incluso en presencia de las mismas representantes de la ley, nada lo protegería de la anoxia, literalmente a manos de su mujer. Afortunadamente, la bondadosa Tique decidió regalarme una pizca de compasión y Kurusu anunció que era momento de concluir tan excelente banquete con un igualmente apetitoso postre. Habiéndose preparado para la eventualidad, demostrando que nuestro casero (desafortunadamente) ya estaba acostumbrado a tales acontecimientos, Kimihito presentó no uno sino tres pasteles, que las chicas se encargaron de repartir en los platos de los comensales.

– "Quiero agradecer las mujeres que cohabitan mi humilde morada por haberme ayudado a confeccionar las tartas que tienen frente a ustedes." – Habló el dueño de la residencia. – "Cada una aportó su toque personal a cada una de los postres, y esperamos a que todos los disfruten tanto como yo me gocé de prepararlos al lado de tan hermosas damas."

– "Aww, eres tan tierno, Cariño." – Miia aprovechó para darle un beso rápido en la mejilla. – "Nosotras también nos deleitamos contigo."

– "Creí que esas muestras de afecto entre especies eran ilegales aquí, hija." – Me susurró mi padre.

– "Privilegio de protagonista de harem, papá." – Contesté.

– "Gracias, Miia." – Prosiguió el pelinegro. – "Y también, en nombre de ellas y mío, deseamos felicitar a nuestra compañera Aria, junto al resto de MOE, por ser un ejemplo a seguir para la sociedad y el mundo. Me siento honrado de que una integrante de tan prestigiosa unidad sea una de mis inquilinas, que aquí también haya encontrado a una maravillosa persona con quien compartirá el resto de su existencia y, especialmente, que no deja de ser la misma carismática persona a pesar de todas las contrariedades de la vida."

Ahí, alzó su vaso.

– "¡Gracias por su arduo trabajo, chicas! ¡Que triunfen una y otra vez sobre la adversidad!" – Exclamó, brioso. – "¡Y ahora, brindemos por las laureadas heroínas de Okayado! ¡Kanpai!"

Contagiándonos a todos su energía, y aunque ninguna de nuestras bebidas contenía alcohol, nos unimos en el brindis con el muchacho. Pronto iniciamos a degustar el exquisito manjar a base de levadura y merengue. Como ya se había informado con anterioridad, cada una de las hospedadas de la residencia agregó su propio toque repartido entre las tres tartas. La primera, una rellena de fresa y vainilla, con cubierta sabor a café, se encontraba decorada con una herradura y el broche para el cabello de Miia, hechos en colorido betún. El sonriente rostro de Kimihito, habilidosamente dibujado con la manga pastelera, acompañaba a los símbolos de la ofidia y la equina. Sencillo, pero bonito.

El segundo, sabor mora azul y limón, tenía la firma de Papi y Suu. Aunque en lugar de ser una fina signatura hecha con estilógrafo, se trataba de las caritas de ambas niñas, perfectamente recreadas con el estilo particular de las jóvenes artistas. Dado que la arpía no poseía la destreza de una extremidad con cinco dedos, el semblante a base de dulce de la pajarita podría parecer un cuadro impresionista hecho por un muy ebrio Picasso, pero que no perdía la ingenuidad y sinceridad que caracterizaba a la alegre emplumada. La limo había sido mejor recreada, ostentando un brilloso tono verdiazul con sabor cítrico. Ambas caritas se hallaban rodeadas por un círculo de galletas.

El tercer pastel, diseñado por nuestro dúo de empresarias, era el más artístico, como era de esperarse de un par de diseñadoras de lencería exótica. La cubierta era de merengue color morado oscuro sabor uva, decorada en su circunferencia con una corona de betún en forma de arañitas y pececitos de color blanco y rosado. En el centro reposaba la misma calavera que ostentaba la tejedora en su abdomen, pigmentado en áureos tonos, y rodeada por un fondo de albugíneas telarañas.

Aunque éste era sin duda un patrón admirable, la influencia de la sirena parecía bastante exiguo, hasta que al partirlo se reveló el relleno rosado envuelto en pan de chocolate, el cual formaba un patrón en forma de sirena circular que se mantenía en las paredes de cada trozo, sin importar la manera en que fuera cortado. No cabía duda que debió ser el más difícil de crear, al grado que uno sentía culpa de devorar tan sobresaliente obra de arte culinaria. Pero tal sensación desapareció una vez nuestras papilas gustativas se regodearon en la dulce sapidez de la tarta. Lorelei y Arachnera mantuvieron la modestia y acreditaron su éxito a su casero y a Miia, quienes las asesoraron en la tarea. Yo sonreí al verlos tan unidos y, sobre todo, tan felices.

Este era un día para recordar

– "Hagan un poco de espacio, glotoncitas, que aún tenemos una sorpresa más para nuestras guerreras." – Nos indicó Rachnera a mí y mis aliadas. – "Querido, ¿nos haces el honor, por favor?"

Asintiendo con la cabeza, el muchacho se dirigió a la cocina mientras Cetania, Dyne y yo intercambiábamos miradas expectantes. Volteé en dirección hacia Lala, esperando a que me aclarara un poco la duda, pero ella sólo me guiñó el ojo. La intriga aumentó al ver a Kimihito regresar de la cocina. Antes que atisbáramos lo que el chico cargaba en las manos, nuestros ojos se encontraron con una negra barrera nos envolvió en la oscuridad. La irlandesa me había tapado los ojos con su bufanda, cubriéndome los seis completamente, evitando que pudiera espiar. Por los comentarios que podía escuchar, Papi bloqueaba la visión de la rapaz con sus alas, mientras Suu hizo lo mismo con la empusa. Ignoro si esto último surtió efecto, ya que la limo es bastante transparente.

– "Uno… dos… dos y medio…" – Contaba la tejedora. – "¡Ahora!"

Los obstáculos nos fueron retirados y pudimos contemplar la tan ansiada sorpresa. Ocupando el centro de la mesa, como si fuera la atracción principal, yacían tres figuras de al menos veinte centímetros de alto, hechas a partir de helado, y reforzadas con cubierta de chocolate de diversos tonos. Se notaba que eran el trabajo de un profesional, manufacturadas con maestría. El aire gélido que despedían les daba un toque casi místico. Pero no era la increíble mano de obra y precisión con la habían sido esculpidas lo que nos agradó más, sino las imágenes que éstas representaban:

Las nuestras.

– "Un obsequio especial de la talentosa Mio Aizawa." – Presentó Rachnera. – "Con ayuda de su amada Yuuko Honda."

Recreadas a nuestra semejanza en el estilo chibi, los tres postres podrían pasar por novedosas figuras de acción, pero éstas eran perfectamente comestibles. Lo más curioso, era la estética elegida para personificarnos: el cuerpo de la Dyne en miniatura era un pimiento verde, con la cabeza llevando la seria expresión que caracterizaba a la pelinegra. Mio y Yuuko lograron imitar incluso la nueva apariencia que la mediterránea ostentaba, y la empusa de helado vestía un pequeño parche en su ojo de almendra faltante. La milanesa lo encontró halagador, aunque le recordara la pérdida de su globo ocular, ya que debía ser el primer tributo que alguien le hacía; especialmente de alguien a quien no le debía nada. Una discreta sonrisa se formó en sus labios.

Para la nativa de Montana, la dueña del Aizawa (o quizás su propia casera) decidió otorgarle el toque picaresco innato de la arpía, utilizando un durazno en la zona de la cadera, de tal manera que la hendidura central del fruto daba forma a los glúteos de la castaña. Incluso se dio a la tarea de colocarle una tanga color rojo para acentuar la sensualidad. La estadounidense rió ante tan ingeniosa vista, apreciando también el trabajo en sus alas de dulce, con la gradualidad de colores detalladamente imitada casi a la perfección. Tan orgullosa se encontraba de su figurita, que pidió que la inmortalizáramos en fotografía antes de que fuera inevitablemente consumida.

Y para finalizar, yo fui esculpida de la misma caricaturesca manera, reemplazando mi abdomen arácnido con una amarilla patata de mantecado. Mi pequeña yo iba ataviada con el bruno uniforme de la SturmSchütze, con todo y la banda roja del brazo; aunque el logo de la araña fue cambiado por un corazoncito. La cicatriz facial, la flama en mi abdomen, incluso la difunta Mugi como el arma en mis manos; entre más admiraba los rasgos de tales estatuillas, más me maravillaba de la habilidad de Mio y Yuuko.

– "Las tenemos desde hace cuarenta y ocho horas en la nevera, pero siguen tan frescas como el primer día que fueron preparadas." – Prosiguió la tejedora. – "Adelante, heroínas, pruébense a sí mismas."

– "Cuando lo dices así, suena algo indecente, Rachnera." – Opinó Cerea. – "Esa era la intención, ¿cierto?"

– "Quizás, rubita." – La arachne le guiñó. – "Vamos, chicas, que ustedes se derretirán si no usan dedos y lengua."

– "Todo lo contrario a la vida real." – Bromeé. Volteé hacia la segadora. – "Spatzi, ¿sabías de esto?"

– "No me aparté de tu lado en toda la semana, pero ambas chefs nos informaron de sus planes." – Afirmó la peliblanca, besando mi mejilla. – "Adelante, que tu congénere tiene razón; el manjar perderá solidez si no se apresuran a degustarlo."

– "¿Podemos elegir?" – Preguntó la falconiforme. – "Quiero comerme a Aria."

– "El sentimiento es mutu-¡Ay!" – Exclamé al sentir el pinchazo de la dullahan en mi brazo. – "Auch. Tranquila, linda, que no era un eufemismo. Lo dijimos con buenas intenciones."

– "Yo no." – Retrucó la halcón, alzando las cejas y relamiéndose los labios.

– "Bonito tema de conversación para discutir en la mesa, degeneradas." – Reprendió la italiana.

– "¡Ya déjense de tonterías y cómanse esas cosas de una buena vez!" – Aseveró mi progenitora, apoyando su puño en la mesa. – "¡De prisa, que el tiempo corre!"

Acatando el tono marcial de la coronel, las tres nos apresuramos a tomar nuestras efigies y empezar a deglutirlas. Nos elegimos a nosotras mismas, para evitar más bromas subidas de tono y malentendidos. Además, la mía venía con relleno de fresita. Sí, era una lástima tener que derrumbar tan hermosas efigies, pero el sabor justificaba el demolerlas a base de cucharadas. Entre mordida y sentir la pluralidad de sabores derretirse sobre mi lengua, aprecié la bondad de las personas a quienes realmente importábamos. Sí, habíamos salvado a la ciudad de ser calcinada, rescatado rehenes y desmantelado una célula terrorista; éramos heroínas en todo el sentido de la palabra. Pero tal fama eventualmente se desvanecería hasta ser un expediente más en los archivos policiacos. Era aquí, entre la simpleza de nuestros familiares y amigos, que se respiraba la verdadera gratitud.

– "Spatzi, Süsse, agradézcanle a Mio y Yuuko cuando las vean." – Solicité a mis amadas, convidándoles de mi helado. – "Y pídele la receta a tu jefa cuando puedas, Lala; está buenísimo."

– "Ten por seguro que intentaré descubrir los secretos de esta deleitosa vianda, A chuisle." – Asintió la irlandesa, lamiendo su cuchara. – "¿Alguna forma en especial que desees ver recreada?"

– "Amor, podrías darme una bola amorfa e insípida, y me parecería más empírea que la Capilla Sixtina."

– "Ay, qué cursi eres flaca." – La castaña volteó los ojos, riendo tenuemente. – "Pero lo que dices es verdad."

– "¿Qué mi azulita es la mejor del mundo?"

– "No, que el mantecado está delicioso." – Pasó la lengua por la cuchara. – "Je, éste lo hizo Yuuko. Reconocería esa marca barata de mermelada de melocotón en cualquier lado. Siempre compra la más económica, aunque ya no esté en su época de escasez pecuniaria."

– "Las costumbres que desarrollamos cuando crecemos en la pobreza difícilmente nos abandonan, Cetania." – Injirió mi padre. – "Yo continúo comprando ropa en establecimientos económicos, nunca he pisado un restaurante con precios de tres cifras, jamás he utilizado una tarjeta de crédito, o siquiera poseo un celular de más de un gigabyte de memoria. Desde pequeño me hice a la idea de que para vivir, sólo lo necesario. Y soy terrible en matemáticas, así que prefiero no enredarme con las cuentas."

– "Lo comprendo a la perfección, Helmutt." – Habló Kimihito. – "Cuando mis padres se fueron a trabajar a América, aprendí la superfluidad verdadera de muchos lujos. Pero, hey, eso es lo que forja nuestro carácter, ¿cierto?"

– "Y fue gracias a esa exigüidad crematística que pudo pulir sus habilidades en las artes cisorias, mi Amado." – Agregó Meroune. – "Pero lo más importante, las carencias nos hacen apreciar el valor real de las cosas. Yo, nacida entre lujos y posibilidades infinitas, jamás experimenté esta misma satisfacción que siento al hallarme rodeada de personas que, para pena mía, mis progenitores consideren de casta baja. Ahora me doy cuenta de lo ciega que me encontraba encerrada en ese mundo de vanagloria y soberbia elitista."

– "Y agradecemos que te hayas retirado la venda a tiempo, compañera." – Rachnera colocó su mano en el hombro de la sirena. – "En lo personal, detesto las mentiras de los buenos modales insinceros. Siempre aborrecí la hipocresía del sonreír por compromiso; y aprecio a personas que son honestas conmigo, aunque eso signifique que no les agrade."

– "Rachnera y yo no nos llevamos bien al principio. Llegué a decirle que la odiaba." – Acotó Centorea, con sus orejas caídas. – "Pero entre nosotras había un respeto implícito que, a pesar de nuestras diferencias, nos hacía confiar la una en la otra. Me enorgullece asegurar que el aprecio que tengo ahora por la tejedora es genuino."

– "Somos un grupo bastante disparejo, de eso no hay duda." – Arachnera colocó su brazo alrededor del cuello de la centáuride. – "Pero a pesar gritos, reyertas y demás malentendidos, sólo entre nosotros nos entendemos. Somos una familia unida, y es lo mejor que nos pudo haber pasado."

Sonreímos ante tal declaración. Era una gran verdad, que simbolizaba perfectamente el objetivo final del Programa de Intercambio.

– "¿Y si uno de nuestros familiares resulta ser una zanquilarga polígama insoportable?" – Interrogó la empusa. – "¿Y con olor a patatas, para colmo?"

– "En eso caso, dile a tu mamá que la próxima vez no se enamore del primer flacucho que se encuentre por ahí." – Replicó Rachnee. – "En serio, no confíes en alguien que te invita un triste pimiento en tu primera cena."

Todos estallaron en una risa grupal, incluso mi estoica madre; y su marido, a quien no le importaron los chascarrillos a su expensa. A mí tampoco, era bueno reírse de vez en cuando de una misma. Ya concluida la comida (jamás me sentí tan llena en mi vida), ayudé a levantar la mesa, aunque no hice mucho debido a mi brazo vendado. Aún así, yo quería retribuirles la amabilidad a todos por tan magnífico recibimiento para mi familia, e insistí en hacer algo más que transportar platos. Quizás debí hacer caso a Lala y relajarme, porque mientras trataba de acomodar las cosas en la alacena, un pequeño dolor al estirar mi brazo me hizo soltar una bolsa de harina sobre mi cabeza, cubriéndome enteramente de polvo blanco.

– "Te lo advirtieron, flaca; relájate, que acabas de salir del hospital." – Dijo la halcón, sacudiéndome con sus alas. – "Es lo que le dijiste a tu hermana, pon el ejemplo."

– "Seguía el mismo que ella, Süsse." – Tosí. – "Ya sabes, siempre ser útil"

– "Ser útil también significa no intervenir de manera contraproducente, Potato." – Arguyó Alexandra, colocando la vajilla en el fregadero. – "Y no justifica que seas una garrapata torpe."

– "Vale, vale, ya entendí. ¡Achú!" – Estornudé. – "En todo caso, me hacía falta un baño que no fuera con esa condenada esponja petrificada del hospital."

– "¿Quieres que te acompañe, A chuisle?" – Preguntó la segadora.

– "Descuida, linda, que soy niña grande y puedo asearme solita." – Besé su frente y acaricié su barbilla. – "Ya podrás limpiarme con la lengua en la noche. Ten paciencia."

– "No seas tan descarada, flaca." – Comentó la rapaz.

– "¿No te mordiste la lengua, Peaches?" – Retrucó la mediterránea.

– "Hey, no le hables así a tu futura cuñada, Pepper." – La americana le sacó la lengua. – "Se te va a reventar el otro ojo de lo enojada que siempre andas."

– "A lo mejor su verdadero padre es un oni rojo, de esos furibundos." – Bromeé. – "Je, así podríamos llamarla Pepper-oni."

Las chicas respondieron a mi broma arrojándome una toalla a la cara.

Suspirando y lamentándome de que no apreciaran mi refinado sentido del humor, me retiré hacia el cuarto de aseo para removerme el albugíneo polvo. Ya adentro del baño, me deshice de mi vendaje (no estaba enyesado, así que no era problema) y me dispuse a lavarme con la regadera de mano. Mientras el cepillo enjabonado me adecentaba la epidermis, sonreía para mis adentros, experimentando la felicidad que antes me fuera tan escasa, pero que ahora rebosaba como una briosa fuente, repartiendo la alegría sobre todos nosotros; esta singular conglomeración de disímiles entes reunidos bajo el mismo techo. Rachnera tenía razón; somos muy diferentes, pero únicamente entre nosotros nos entendemos perfectamente.

Palpé las diversas heridas en mi piel, cicatrices que me remarcaban la importancia de mantener a salvo esa miríada de risas y cariño que mi familia y amigos, esas que se alojaban en cada rincón de la morada y creaban un agradable eco, como la que compartían en ese momento, para que nunca se extingan. Pero ya habría tiempo de pensar en el trabajo sin fin de una defensora de la ley; hoy era un día para recordar. Secándome, lavándome los dientes y colocándome un cambio de ropa limpia, salí de ahí para reunirme con los demás. Sus carcajadas ya eran perfectamente audibles desde el baño, y aumentaron la intensidad de decibeles conforme me acercaba a la sala.

– "¿De qué tanto se ríen?" – Pregunté al entrar, curiosa. – "¿Están viendo una comedia en Net…flix?"

Meine göttin… Ten piedad de mi alma…

– "Soy un pingüinito y tengo aletitas, soy un pingüinito y tengo dos patitas~"

No… ¡Santa Arachne que tejes en el cielo! ¡NO!

– "Soy un pingüinito y tengo una colita, y cuando yo la agito ésta hace: ¡Chiqui-chiqui-chi! ¡Chiqui-chiqui-chi!"

El horror… ¡El horror!

– "¡Señora Jaëgersturm, regrésela, regrésela!" – Pidió Zoe, entusiasmada. – "¡Desde el principio!"

– "Soy un pingüinito~"

Puedo asegurar que ni siquiera haber sido atrapada por un espectro Abismal de horror cósmico pudiera haberme causado ese inicuo sentimiento que me hizo expulsar el alma y casi experimentar un arresto cardiaco en ese momento. La totalidad de mi ser se tornó completamente blanca al instante; la nieve parecería el más oscuro petróleo a mi lado. Afásica, pavorosa y temblorosa, permanecí inerme en mi lugar mientras frente a mí se desplegaban inefables abominaciones gráficas. Creí que estaba segura, que jamás volverían a encontrarme, permaneciendo para siempre encerradas en el vacío eterno del olvido. Pero ya era tarde. El candado de la caja de Pandora fue quebrado, y las peores calamidades concebibles corrieron infaustamente a la libertad. Ahora, la más ignominiosa de ellas se había manifestado en la pantalla de cuarenta pulgadas de la sala:

Un video de cuando era niña.

Debe ser una costumbre… ¡no, una ley! el que los padres siempre revelen el embarazoso pasado de sus retoños. Estoy consciente que se hace con las mejores intenciones, que sólo están tan orgullosos de sus pequeños, que desean compartir la dicha de remembrar las dulces memorias del pasado con el resto del mundo. Aunque en mi caso particular, ignoro si mi madre simplemente no me estaba castigando por lo de Cetania y Dyne. ¿Y qué mejor arma para azotarme con el dilacerante látigo de los vergonzosos recuerdos, que esas penosas grabaciones de cuando yo estaba en el kindergarten? Ésta, en particular, era la más humillante de todas.

En esa endemoniada grabación, extraída de las profundidades más recónditas del Tártaro, me encontraba yo, disfrazada de pingüino, y bailando ese estúpido jingle del maldito comercial de pastelitos dulces que solían transmitir en la televisión de Sparassus. Pero era tan pegajoso que a mi yo de cinco años le parecía la mejor canción del mundo, al grado de querer interpretarla durante el festival veraniego de la escuela. Y ahí estaba, la prueba irrefutable de que la historia se repite, y que las aves antárticas siempre representan problemas para mí. La terrible letra, la arrítmica estructura de la rima, ese absurdo movimiento de mi abdomen al cantar el coro; todo se coligaba en tan bochornosa evidencia gráfica.

Pero al menos, todos se encontraban felices.

A pesar de lo ridículo que pudiera ser ver a una araña danzar al compás de tan irrisoria tonada, la risa que emanaba de cada de las bocas de los presentes era un coro que cantaba al unísono, casi en sincronizada armonía. Desde la siempre risueña Papi hasta la circunspecta Dyne, pasando por la discreta Manako y desinteresada Doppel; nadie se quedaba atrás en desternillarse a carcajadas hasta que el oxígeno escaseara de sus pulmones. Incluso mi padre y Lala se había unido a Cetania, Miia y Zoe, quienes rodaban por el suelo, con sus manos en sus estómagos y lágrimas escapándose de sus ojos. Sólo mi madre era quien se mostró reservada, contemplando con una mirada nostálgica a su pequeña Pulguita bailando despreocupadamente, disfrutando el momento, gozando la vida.

Siendo feliz.

Al final, y aceptando que no tenía sentido lamentarse por lo inevitable, salí de mi estado de shock y, todavía sin perder el extremo rubor en mi cara, me asenté junto a mi progenitora.

– "La cámara era de cassette." – Le comenté. – "Tampoco tenemos reproductor VHS, ¿de dónde sacaste la grabación?"

– "La mandé a convertir en digital y guardar en un USB antes de venir, Töchterlein." – Respondió ella. – "La última vez que vine fue una ocasión demasiado triste, así que deseaba recompensarlo mostrándote que a pesar de que estuve ausente la mayor parte de tu vida, siempre atesoré tan efímeros momentos que compartí contigo."

– "Te lo agradezco, Mutti, pero no era para revelarlo ante el resto."

– "Oh, vamos, hija; no es nada malo." – Ella acarició mi cabeza. – "Además, hay qué aprender a reírse de una misma de vez en cuando."

– "Odio cuando me trago mis propias palabras…" – Musité.

Sentí algo tocar uno de mis pedipalpos.

– "Spatzi, se te cayó la cabeza." – Le dije a Lala.

– "Perdona, A chuisle, pero es demasiado hilarante." – Respondió la aludida, conteniendo la risa. – "Incluso mi mitad acéfala está tan divertida que no puedo controlarla."

– "No me hagas repetir lo que sucedió en nuestro primer encuentro, linda." – Le recordé cuando arrojé su cabeza bajo el sofá. – "¿Dónde está tu cuerpo?"

– "Oigan, no anden dejando cochinadas tiradas por ahí." – Dijo la nativa de Montana, acercándose con la mitad perdida. – "Ten, flaca. Ponle su correa para que no se escape."

– "A las dos las encadenaré por burlonas." – Le repliqué, colocando la cabeza de la peliblanca en su lugar. – "Y así dicen que me quieren."

– "Ya, flaquita, no te pongas brava." – Alegó la estadounidense, dándome un besito en la mejilla. – "Nos reímos contigo, no de ti."

– "Concuerdo con la peste alada, A chuisle." – Acotó la oriunda del Éire, dándome uno en el otro cachete. – "Nuestro jolgorio es consecuencia de la alegría que experimentamos por ti, no una ofensa hacia tu dignidad."

– "Lo sé, lo sé. Disculpen, chicas, es sólo que era uno de mis secretos mejor guardados" – Suspiré. – "Ahora todos tendrán material fresco para fastidiarme. Al menos no puede ser peor."

– "Señora Güera." – Habló Papi a mi madre. – "¿Qué es ese librote que tiene ahí?"

– "Me llamo Vera, arpía. Y ese es el álbum de fotos de Pulguita." – Contestó la aludida. – "¿Quieren verlo?"

Yo y mi bocota.

– "¡Sí, sí!" – Respondió la pajarita azul.

– "¡Yo también!" – Exclamó la rapaz, alzando su ala.

– "Esto se pone cada vez mejor." – Rió Doppel, acercándose.

– "¡Mutter, halt!" – Le imploré a mi progenitora.

– "Aquí tenía cinco meses de nacida." – Continuó ella. – "Seguía siendo relativamente pequeña para su edad. Pensé que sería bajita, como su padre, así que la apodamos Pulguita."

Demasiado tarde.

– "Aww, qué mona." – Dijo Miia. – "¿Usted le hizo el traje de pandita, señora Vera?"

– "No, las Cazadoras no producimos tela, y soy terrible costurando." – Mi madre disintió con la cabeza. – "Fue un regalo de nuestra vecina, una Tejedora. Aún lo tengo arrumbado por la casa, si es que su abuela no lo vendió antes."

– "Está muy bien diseñado, sería una lástima que se perdiera" – Comentó Meroune, estudiando el bordado. – "Rachnee-sama, tome nota; estos trajes pueden ser una mina de oro."

– "Sin duda." – Asintió la mencionada. – "Podría hacerlos más elásticos, para que se ajusten a los cuerpos en crecimiento de los bebés."

– "¡Kyaaa!" – Exclamó Tionishia, extática. – "¡Lleva uno precioso de ranita!"

– "Ah, ese lo conseguí en Ophistolium a buen precio." – Explicó mi progenitora. – "Meine Töchterlein tenía tres años en ese entonces. ¿Ven esa manchita morada en su frente? Se la hizo dando saltitos de rana."

– "Sí que te gusta meterte en el personaje, hija." – Rió mi padre.

– "¡Flaca, mira! ¡Estás vestida de pajarito!" – Apuntó Cetania. – "¿Qué es? ¿Un perico?"

– "Una garuda." – Replicó mamá. – "Aria había cumplido un año cuando un de las tantas migraciones anuales de arpías descansaba en Sparassus, la primera que ella podía recordar. Quedó embelesada con los colores de la garuda y quería imitarla. La pijama fue la manera de satisfacerla."

– "¿Lo ven? Estábamos destinadas desde el principio." – La castaña sonrió, jactanciosa. – "¿Y qué sucedió con tan primorosa prenda, suegrita?"

– "Me parecía ridícula y la usé para lavar el baño." – Contestó mi madre, abúlica. – "Y no me digas suegra, plumero parlante."

– "Bleh, anciana amargada." – Musitó la halcón, torciendo la boca. – "Me cae mejor doña Alexandra, que en paz descanse."

– "Ésta luce bonita." – Señaló Manako. – "¿Por qué llevaba una guadaña?"

– "Disfrazada como su antepasada, Serhilda Jaëgersturm, la conquistadora de Holconia." – Respondió mamá, sonriendo. – "La primera vez que participó en un concurso del kindergarten. Su abuela insistió en que usara una real, pero la convencí de que una plástica era menos peligrosa para una niña de cuatro años. Y me alegro de haberlo hecho; Aria se puso a agitarla y tumbó a su profesora fuera del escenario."

Algo que honestamente hice adrede. Odiaba a esa vieja urraca con cara de orco desnutrido.

– "¿Qué sucedió después?" – Preguntó Kimihito.

– "La descalificaron. Una decisión bastante draconiana, debo decir." – Replicó la coronel. – "Lo mismo pensó su abuela, y les armó un escándalo. Al final, le dieron una medalla de chocolate y el derecho de continuar en el concurso, pero sin posibilidad de competir por un puesto. Lástima, pudo haber ganado el premio del primer lugar."

– "¿Cuál era la recompensa, Frau Jaëgersturm?" – Cuestionó Centorea.

– "Ser la actriz principal en la obra escolar." – Mamá cambió de página, apuntando a otra imagen. – "La triunfadora representaría una historia sobre nuestra nación, y esperábamos que Aria protagonizara la de nuestra más afamada predecesora. Pero como ven aquí, fue degradada a extra. La ganadora fue una saltarina que interpretó a Helga "Drachentöter" Langschwert, la matadragones de Palystes."

– "Quizás Mo chuisle no haya obtenido el estrellato de tal teatro infantil, pero ahora es una heroína auténtica." – Injirió la segadora, sonriéndome.

– "Soy testigo de la innegable verdad." – Añadió la falconiforme, acariciando mi mentón con sus plumas. – "Ella es la auténtica cazadora de dragones."

– "¡Eso es!" – Proclamó Papi, incorporándose. – "¡Esperen, ya vuelvo! ¡Ven, Suu!"

Un bólido añil, seguido de uno verde, cruzó la sala y subió las escaleras con celeridad. El resto permaneció confundido por el repentino despliegue enérgico de la pajarita.

– "Creo que ya sé a qué se refiere." – Sonrió Rachnera, mirando en su dirección. – "No tendremos álbum de fotografías, pero igualmente obtendremos buenos recuerdos de esto."

La arpía de azul plumaje regresó tan raudamente como desapareció, pero esta vez llevaba entre sus pulgares una carpeta color manila y un pequeño caballete de plástico. Sin decir nada, y con Suu fungiendo como su sombrerito viviente, la emplumada se posó frente a todos, acomodó el mueble hecho de polímeros y, carraspeando como si fuera a declarar frente al estrado de las Naciones Unidas, nos hizo ademán de acercarnos. Tomando en cuenta que la ONU es tan útil como una bicicleta sin ruedas, lo que fuera que Papi deseara declarar era más importante que cualquier debate político.

– "Suu y yo queremos presentarles unos dibujos que hicimos mientras Aria-nee y las demás se encontraban en el hospital." – Expuso la voladora, acomodando la carpeta en el soporte. – "Los hicimos con los colores que Esposo nos compró, ojalá les gusten."

Luego de la pequeña introducción, la limo se deslizó por la parte superior del caballete. Ya encima del marco, Suu hizo gala de sus habilidades de transformación y, revelando una lámpara de mano que se encontraba flotando dentro de su acuoso cuerpo, movió el objeto interno hasta la punta amarilla de su probóscide cefálica. Ahí, la gelatinosa liminal encendió la lámpara e iluminó directamente la carpeta, dándole un toque ligeramente más serio. Tomando en cuenta que la luz del día era más que suficiente para apreciar tales dibujos sin problemas, las niñas debieron sentirse muy orgullosas de sus obras para tomarse la molestia de tanto drama. Era tierno, e inspirador verlas entusiasmadas por algo que adoraban.

– "Éste es el primero." – Comenzó la arpía, enseñando uno donde retrataba a todo MON. – "No está tan bonito porque no me acordaba cómo eran los uniformes, pero luego Suu se transformó y pude hacerlo bien casi al finalizarlo."

Ella fue recorriendo su singular galería de interpretaciones a su estilo de mi vida. Desde lo que (según ella) es mi faena diaria en Monster Ops hasta mis hazañas durante el asalto a la fábrica y posterior enfrentamiento con la nidhögg. Quizás sólo tuviera una certeza de menos de cuarenta por ciento, y los dibujos no fueran a ganar ninguna medalla la excelencia artística; pero la pasión que emanaba de tan infantiles líneas polícromas, junto con el brío en que la joven ave relataba la historia detrás de cada pieza que mostraba, y la manera en que Suu se transformaba para enfatizar cierto punto en la narración de su compañera, eran tan cautivadoras como contemplar una de las exhibiciones más importantes del Louvre parisino.

Igual que la primera vez que ella nos enseñó sus obras hechas con crayones, la emplumada volvía a reafirmar que la magia del arte derivaba de un alma honesta, y ésta podía provenir de cualquier persona y lugar. La arpía era capaz de estampar sus sentimientos detrás de cada trazo, por más primitiva que fuera la técnica empleada, y llegar a arrancarnos una sonrisa genuina. En ese aspecto, Papi (y Suu también) era una auténtica artista. Al terminar, habiendo ella mostrado un perfecto final con la halcón, la dullahan y yo conviviendo en paz, reflejando mi objetivo final en la vida, todos les dimos un muy merecido aplauso a ambas por tan apreciable momento.

– "¿Te gustaron, Aria-nee?" – Preguntó la chiquilla, abrazándome junto con la limo. – "No sabía qué ataques tenía la dragona, así que le puse sólo aliento de fuego. Y te puse el casco del Dovahkiin para protegerte."

– "Sí, Papi, me encantaron." – Acaricié sus cabecitas. – "Muchas gracias, niñas, en verdad las aprecio."

– "¡De nada!" – Me dieron un ósculo en la mejilla y corrieron hacia la estadounidense. – "¡Cetania-nee! ¿También te gustaron a ti?"

– "¡Uf!" – Dejó escapar la americana al ser derribada por el vigoroso achuchón. – "Je, claro que sí, pequeñitas. ¿Puedo pedirles uno sólo conmigo y Aria?"

– "¡Claro! Pero…" – La arpía más joven juntó sus plumas tímidamente. – "Aria-nee, sin Lala-nee a su lado, no se sentirá feliz del todo. Y no me gusta dibujar personas tristes."

– "Damn, eres demasiado inocente para refutarte tal lógica."

La halcón las abrazó y, riendo, el dúo juvenil se dirigió hacia la mantis. Ésta silentemente asintió con la cabeza y acarició las de las pequeñas. Con eso, las niñas fueron de persona en persona, recibiendo más elogios. Cuando llegaron con mi madre, Papi le ofreció el retrato que hicieron de la arachne mayor. Antes de que ésta pudiera decir algo, su marido tomó la ilustración y besó las frentes de las diminutas artistas, agradeciéndoles en su idioma natal. Entonces, mi progenitora, quien había expresado su desdén hacia las descendientes de Taumas y Electra, rodeó con sus brazos a la pajarita de añiles plumas, obsequiándole un abrazo muy maternal. Suu fue igualmente agregada al achuchón.

Sonreí.

Comprendí lo que esta privada exposición de arte representaba; la perfecta metáfora de nuestro estado actual: progreso. No sólo en la calidad artística de las dibujantes, sino en la actitud de los demás presentes. La residencia Kurusu evolucionó de una conglomeración de extrañas rivalizando por la atención de un hombre, a ser una alianza familiar. MON aumentó el número de sus efectivos y obtuvo mayores facilidades para realizar su trabajo, mientras ganan el reconocimiento que una unidad tan importante merece. Dyne encontró que no era la última de su estirpe; mi padre abandonó la soledad para descubrir a dos de sus descendientes; mi progenitora dejaba atrás sus anticuados prejuicios.

Y la felicidad, lo que yo más deseaba en la vida, comenzaba a serme más habitual.

– "Bien, esta fue sin duda una agradable velada." – Expresó Smith, levantándose de su asiento. – "Buena comida, revelaciones y risas. Valió la pena el saltarse el trabajo para esto."

– "Además de que necesitábamos relajarnos después de toda esta semana tan ocupada." – Comentó Zoe, estirándose. – "Lástima que incluso muerta, el tiempo me sea tan exiguo. ¿De vuelta al tajo, Capi?"

– "Aww, ¿no podemos quedarnos un poco más?" – Protestó la ogresa.

– "Lo lamento, Tio, el trabajo nunca cesa para Monster Ops." – Respondió Kuroko. – "Esta condenada investigación nos dejará todavía más papeles para procesar."

– "O más bien dejarle toda la carga a sus subordinadas…" – Susurró Manako.

– "¿Dijo algo, alférez?"

– "¿Eh? No, Jefa." – La cíclope tragó saliva.

– "Bien, prepara el transporte." – La agente tronó los dedos. – "Cinco minutos."

– "¡S-sí, Señora!" – La francotiradora realizó una nerviosa reverencia. – "G-gracias a todos por sus atenciones. Nos vemos luego."

– "Entonces, ¿ya es momento para eso, Hafn'drn?" – Preguntó Doppel, jugando con su cabello.

– "A eso iba, Dop." – La pelinegra carraspeó. – "Seré breve. Quiero hacer público el anuncio de que Monster Ops: Extermination se ha ganado no sólo el aprecio de la ANP y las instituciones respetables de esta nación, sino también de sus ciudadanos y, como pudimos atestiguar hoy, el de sus seres queridos. Y ese mérito no hubiera sido posible sin la excepcionalidad de sus miembros, especialmente la persona que hoy se ha consagrado como la cabeza del equipo."

Smith me señaló, con la mano extendida.

– "Me es un honor el presentar a la sargento primero Aria Jaëgersturm, aquí presente, como la líder de MOE." – Manifestó. Entonces apuntó a la rapaz. – "Y a la sargento Cetania, quien será la segunda al mando. Felicidades por su ascenso, agentes."

La castaña y yo inclinamos la cabeza para agradecer los aplausos que siguieron a continuación. Aunque algunos ya estaban enterados de la noticia, no disminuyeron el brío de su vitorear. Progresábamos en los escalafones de la ley, pero era más grande la gloria de hacer orgullosos a quienes nos importan.

– "¿Qué hay de Dyne, Frau Smith?" – Cuestionó mi padre. – "Ella también participó en el operativo."

– "Uhm, papá…" – Intenté hablarle.

– "La agente Nikos hizo una apuesta previamente con sus compañeras, donde se disputarían la atribución de autoría de frenar directamente a Völund Jerkson, el cabecilla de la célula terrorista Fimbulvetr." – Arguyó de inmediato Kuroko. Ya venía preparada. – "Básicamente, quien lo capturara o dejara fuera de combate, obtendría el liderazgo. Desgraciadamente, aunque las tres fueron capaces de someter al peligroso criminal, éste liberó a la hercúlea dragona que causó el ignominioso deceso del blanco principal, transfiriendo el objetivo original hacia la reptil."

– "En pocas palabras, Aria fue quien le dio el golpe final a la nidhögg, incapacitándole." – Injirió la mantis. – "Le cedí mi puesto a ella, como habíamos acordado."

– "Aunque no lo hubiera logrado sin la invaluable ayuda de mis amigas, papá." – Afirmé. – "El rango me pertenece, pero el crédito es de todas. Honorem et Gloriam."

– "Honorem et Gloriam." – Replicó el resto del equipo.

– "Entiendo. Y tienen razón." – Suspiró el militar. – "Aún así, sí que fue una apuesta temeraria. Y más aún por haberla cumplido hasta el final."

– "Calcaribus semper fidelis." – Aseveró la empusa. – "Soy fiel a mis cicatrices, padre."

– "Finalmente te refieres a mí de esa manera." – El aludido sonrió. – "Gracias, hija."

– "Prego." – La italiana volteó la mirada, intentando camuflar una tenue sonrisa.

– "¿Eso era todo lo que deseaba comunicarnos, Chief?" – Preguntó la castaña.

– "No tan deprisa, sargento." – La capitana hurgó dentro de su saco. – "Les dije que había traído obsequios, ¿recuerdan?"

Ahí, la coordinadora develó tres áureos boletos, extendiéndolos como un abanico y agitándolos ligeramente.

– "Entradas exclusivas para la apertura del Shimarin Onsen, el nuevo hotel con aguas termales en Fujikawaguchiko, prefectura de Yamanashi." – Dilucidó la agente, guiñando. – "Acaban de inaugurarlo. Y MON, junto a las heroínas de Okayado, obtendrán el privilegio de ser las primeras clientas. Tres comidas, servicio a cuarto, shows folklóricos, sala de masajes y, por supuesto, el onsen. Un día y noche enteros de relajación absoluta sin nadie quien nos interrumpa. Y todo con una hermosa vista al Monte Fuji junto al lago Kawaguchi. ¿Qué les parece?"

– "Holy molly, Chief. Sounds motherfuckin' sweet." – Silbó la nativa de Montana. – "¿Seguro que no es actualmente una trampa, como en las películas de terror?"

– "Tranquilas, Amatistas, que es perfectamente real." – Contestó la pelinegra, acomodando sus gafas oscuras. – "Por 50,000 yenes cada cupón, más vale que lo sea."

– "Meine göttin, ¿cómo es que pudo costearlos?" – Interrogué.

– "Lo desconté de sus ahorros, por supuesto." – Sonrió inocentemente Smith.

– "Wunderbar." – Mascullé, sardónicamente. – "Sigue sonando demasiado bueno para cre... Cierto, la nidhögg."

– "Precisamente, Jaëgersturm. Nada es imposible." – Nos entregó los boletos. – "Y fue gracias a ustedes que nos hicimos con la afortunada exclusiva. Será una excelente probada del paraíso antes de que el trabajo las machaque."

– "¿Quiénes más estarán invitadas, Jerarca?" – Cuestionó la milanesa.

– "Únicamente MON y MOE. Así que despreocúpense de lidiar con Titania antes de tiempo."

– "O la fastidiosa de Redguard…" – Espetó Doppel, en voz baja. – "Y la idiota de Wilde…"

– "¿Cuándo nos iríamos?" – Interrogó Cetania, guardando el cupón.

– "Dentro de tres días. Aún le faltan un par de detallitos, pero estarán perfectamente funcionales cuando lleguemos." – Elucidó Smith. – "Está a dos horas y media de aquí, si tomamos el tren de la estación Shinjuku, así que podremos disfrutar de tan apoteósicas amenidades el mayor tiempo posible. ¿Algo más?"

Era una oportunidad que no podía desperdiciar.

– "¿Podemos invitar a alguien más?" – Fue mi turno de preguntar.

– "Solamente reservamos para nosotras ocho, Jaëgersturm." – Dictó Kuroko, disintiendo con la cabeza. – "Así que a menos que costees la entrada…"

– "Lo haré, descuéntelo de mi salario." – Decidí. Miré en dirección de la segadora. – "Quiero que Lala también disfrute de ello."

– "A chuisle, agradezco la intención, pero no es necesario." – Se intentó excusar la dullahan. – "Te aseguro que puedes prescindir de mi presencia. Me sentiría una intrusa en el espacio reservado para tus colegas.

– "Y yo me sentiría incompleta si no me acompañas, Spatzi." – La rodeé con mi brazo. – "Tampoco es que seas una desconocida; eres mi pareja, mi futura esposa, mi amor."

– "Pero, el trabajo, y…"

– "Mio entenderá. Anda, date esos gustos de vez en cuando." – Alcé su barbilla con mi dedo, mirándola fijamente a sus enigmáticos ojos dorados. – "Y concédeme el placer de tu seráfica compañía."

– "Acepta, enana, que esta araña cursi no estará satisfecha hasta que lo hagas." – Instó Cetania, volteando los ojos. – "Sabía que era demasiado bueno…"

– "De acuerdo, A chuisle." – Asintió la peliblanca, sonrojada. – "Iré contigo."

– "Danke. Ich liebe dich, Spatzi." – Besé sus finos labios. – "Hauptmann, ya sabe qué hacer."

– "Comprarse tapones para los oídos." – Bromeó Rachnera. – "Y ahora vas por partida doble. Sí que le sacaste lo casanova a tu padre."

Todos rieron ante el comentario. Y no podía negar que había mucha verdad en tal chascarrillo.

– "Entonces seremos nueve. Cuanto más, mejor, ¿no?" – Comentó la coordinadora, revisando su reloj. – "Bueno, entonces nos veremos en tres días. Nos reuniremos aquí mismo, y saldremos temprano hacia el hotel. Queremos llegar lo antes posible, así que las quiero listas para entonces."

– "Claro, Hauptmann." – Le ofrecí la mano. – "Y gracias por todo lo que hace por nosotras."

– "Diría que yo soy quien les agradece, pero mejor lo dejamos en un empate, ¿vale?" – Rió tenuemente. – "Es hora de que nos retiremos, Amatistas. Felicidades de nuevo por su victoria, y disfruten con sus seres queridos. Se lo han ganado."

Smith realizó entonces un saludo marcial.

– "¡Nullus heros!" – Exclamó.

– "¡Quemquam occidit!" – Gritamos las tres, al unísono.

Con eso, ella y el resto del equipo partieron hacia la salida. Mientras tanto, yo tomé en mis brazos a las dos mujeres que amaba y las besé en sus labios, robándoles el aliento. Tan feliz como podría estarlo, contemplé el brillo del astro rey que, demostrando su posición en la jerarquía cósmica, envolvía la sala con su fulgurante resplandor. El trino de los pajarillos resonaba en la distancia, unidos en una pacífica sinfonía que enfatizaba la calma y tranquilidad absoluta que sentía en mi corazón. Era una escena perfecta. Cumplir la misión, reencontrar a mi familia, y seguir disfrutando junto a mis amistades de este hermoso mundo.

La vida es hermosa.

– "Señora Jaëgersturm." – Habló de repente Kuroko, dándose la vuelta. – "Si no es molestia, ¿podría facilitarme una copia del video de su hija?"

– "Oh, no se preocupe, agente Smith." – Contestó mi madre. – "La amiga que me ayudó a transferirlo me dijo que cualquiera podría encontrarlo en un sitio llamado YouTube o algo así."

La vida es dolor…


NOTAS DEL AUTOR: Cuando la vida te sonríe, te convierte en un meme…

Y bueno, así concluye otro capítulo de este arco lleno de mágicos momentos donde, a pesar de los vergonzosos recuerdos de la infancia, nuestra arácnida protagonista se regodea en las albricias que sólo su familia y amistades pueden brindarle. Además, degustó delicioso helado y una entrada al paraíso hecho agua termal; ¿no es grandioso?

Por supuesto, conociendo su suerte, esto es meramente la calma antes de la tormenta.

No tengo mucho qué comentar, excepto que deseaba mostrar un simple día con todos los miembros de la estirpe Jaëgersturm reunidos, exhibiendo esa peculiaridad que tanto los distingue. Y también la paz que se respira en la residencia Kurusu, con las chicas llevándose mucho mejor que cuando la germana pisó por primera vez la casa, o incluso en el manga mismo. Eso no significa que las inquilinas no quieran arrancarse la tráquea de vez en cuando, pero al menos ahora se otorgan unas palabras de cariño antes de degollarse entre sí.

Eso es normal en todas las familias, ¿verdad?

En todo caso, quiero agradecer a todos mis compañeros del grupo Los Extraditables, por su constante apoyo y sugerencias. También les envío un saludo a todos mis lectores que continúan en este viaje, y les recuerdo que sus opiniones siempre serán bienvenidas. No sean tímidos, que ya amarré a los tiburones de Meroune para que no les muerdan la mano al depositar su recado virtual. En serio, tenemos una colección de dedos en cercenados en perfecto estad- ¿Son esas luces la policía?

¡Santa Sirena Rosada, ya nos descubrieron! ¡Bien, me tengo que ir! ¡Gracias por leerme, y nos vemos hasta la próxima! ¡Auf Wiedersehen!

¡Esclavo, saca el machete, que ya nos cayó el chahuistle!