NOTAS DEL AUTOR: Capi corto, lo sé. Disfruten.

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena los invita a ver su película! ¡De venta en puestos de productos apócrifos!


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 66


– "¿Me da por favor el paquete de dos hot-dogs, y un vaso regular de Rica-Cola?"

– "Por cien yenes más le agrandamos su paquete a Jumbo." – Replicó la cajera, sonriendo de mejilla a mejilla. – "O si lo desea, por ciento sesenta se lo hacemos Titánico; por doscientos cincuenta obtiene el Colosal y un paquete gratis de gomitas; por trescientos le damos el Monstruoso, el cual incluye gomitas, papas fritas, chocolates Carlangas V, y una pastilla para la indigestión."

– "No gracias, me basta con el normal." – Disentí con la cabeza. – "¿Tú que pedirás, Süsse?"

– "Palomitas, flaca. Ya sabes que el clásico es el mejor." – Respondió la arpía. – "Y que le pongan mantequilla extra. Ah, y también unos nachos, con ese queso que tiene chile jalapeño."

– "¿Y para tomar?"

– "Una Rica-Cola de dieta. No quiero subir de peso."

– "De acuerdo, linda" – Miré hacia mi otra novia. – "¿Spatzi?"

– "Opino que las rosetas de maíz cubiertas de sacarosa líquida son de mi agrado, A chuisle." – Contestó la dullahan. – "Las acompañaré con limonada de tamaño habitual."

– "Jawohl, Spatzi."

– "¿Eso sería todo, amiga?" – Preguntó la empleada, sin quitar esa inquietante sonrisa.

– "Síp, por favor." – Abrí mi cartera. – "¿Cuánto le debo?"

– "Bien, veamos…" – Comenzó a teclear en su ordenador. – "Paquete regular de hot-dogs; dos refrescos de cola, una de dieta; propina forzada; dos palomitas; una limonada; tarifa adicional por agregar hielo; nachos con queso marca Tío Pedro; tarifa por mantequilla extra… serían solamente 1,453 yenes."

– "¡¿Qué qué?!"

– "¡Ay, mil perdones! Creo que cometí un error." – La cajera hizo una reverencia. – "Olvidé preguntar: ¿ya cuenta con la tarjeta Club Spice, amiga?"

– "Err, ¿la dejé en casa?"

– "Oh, ya veo. No hay problema." – Su sonrisa no desaparecía. – "¿Cuenta con la tarjeta de descuento Okayado & Friends, amiga?"

– "Sólo cóbrame de una vez…"

– "Por supuesto." – Tecleó de nuevo. – "Serían 3,541 yenes entonces, amiga."

– "¡¿Qué qué qué?!" – Mi quijada casi llega al suelo. – "¡Avaros capitalistas hijos de…! ¡Bah, de acuerdo! Sólo porque ya va a empezar el show."

– "Muchas gracias, amiga. En un momento se lo traigo." – Se ausentó unos segundos y regresó con una bandeja. – "Aquí tiene. ¿Algo más en lo que pueda servirle, amiga?"

– "No, gracias."

– "De acuerdo." – Hizo otra reverencia. – "Le agradecemos su preferencia, amiga. ¡Que tenga un buen día!"

¡Y que a ti te despidan!

Antes de que esta tragicómica escena tomara lugar, supongo debo explicar los precedentes que nos llevaron hasta aquí. Después de que saliéramos del Museo de Ciencias Naturales y las niñas terminaran su sesión de futbol improvisado con un grupo de pequeñines, sin contar nuestra exigüidad de dinero para continuar con el paseo, tomamos el tren de regreso a casa más próximo. Había sido una experiencia entretenida, además de enriquecedora, especialmente para las chiquillas, cuyas juveniles energías ya habían sido agotadas por el agitado juego y la disminución del efecto de la sacarosa artificial de las golosinas consumidas. El dúo plumitas-gelatina ahora reposaba tranquilamente sobre Lala y Cetania, ambas abrazadas tiernamente a sus onee-sans, recorriendo los reinos de Morfeo.

Mientras tanto, nosotras tres disfrutábamos charlando sobre el paseo por las galerías culturales de Japón y el mundo. Y yo, en lo particular, gozaba de la apoteósica sensación de paz que se desarrollaba entre mis amadas, abandonando cada vez más la animosidad que su disputa por mi exclusividad sentimental había desarrollado. Las vituperaciones y mordacidades mutuas no abandonaban su vocabulario, claro, pero las incidencias de anécdotas graciosas o incluso consejos iban en aumento. La amistad entre ellas crecía majestuosamente, como el azarollo plantado en el patio de la residencia Kurusu.

Sí, la vida era hermosa.

Llegando a la casa, con Cetania acompañándonos también y cargando a una dormilona Suu en sus alas, fuimos recibidas por el resto de los inquilinos. Las niñas despertaron al sentirse en la calidez de su hogar y con presteza recuperaron su jovialidad habitual, dándoles a todos un reporte bastante completo de la experiencia. Tal informe se hallaba cargado de la pasión que sólo una mente libre como la de Papi puede expresar con su sinceridad, además de bastantes onomatopeyas referentes a extintos reptiles gigantes, e incluso fidedignas representaciones de estos, cortesía de Suu y su habilidad de transformarse. Luego de acordar con la rapaz que acompañara la familia en la mesa, recibimos las buenas nuevas de parte del dueño de la morada.

– "Oh, y antes de que se me olvide, chicas." – Kimihito hurgó en un cajón cercano. – "Una arpía mensajera dejó un par de recados de parte de Smith. Uno para Cetania, y otro para ti, Aria."

Entregándonos él dos sobres color manila, la americana y yo compartimos un par de miradas expectantes. Si el grosor y peso de los empaques era indicación alguna, parecía que Tique había vuelto a sonreírnos. Sin dilación, abrimos los paquetes para descubrir el circunspecto semblante Yukichi Fuzukawa plasmado en castaño papel moneda. Aunque un billete de diez mil yenes, tan nuevo que aún conservaba ese distintivo olor, no debería provocarnos asombro alguno, fue la cantidad de éstos lo que nos hizo esgrimir una genuina sonrisa y, aunque fuera por un infinitésimo picosegundo, sentirnos agradecidas con nuestra capitana de negra cabellera e igualmente brunos lentes para sol.

Noventa billetes de diez mil; novecientos mil yenes en efectivo.

Eso equivalía, según el convertidor de moneda de nuestros celulares, a 8,250 dólares estadounidenses. No es necesario decir que nuestra primera reacción, después de sobrevivir a un pequeño arresto cardiaco, fue el abrazarnos jubilosamente, brincando como chiquillas por la excelsitud de tan generoso obsequio crematístico. Luego de haber sufrido por la carestía económica, no había nada más seráfico que sentirse como las más pudientes monarcas, aunque fuera por un efímero momento. Con celeridad, las tres empezamos a planear en cómo aprovechar tan anchas reservas de capital, con la irlandesa participando en calidad de mediadora, asegurándose que la euforia capitalista no nos llenara la cabeza de fatua ambición derrochadora.

Ya que estábamos arregladas y que la noche aún no caía, optamos por volver a recorrer la urbe. Sin embargo, debido a que deberíamos despertar temprano para visitar a las aguas termales, y que tampoco íbamos a agotar nuestros recién ganados ahorros en una noche de juerga, decidimos que disfrutar de una película sería una excelente manera de pasar el resto del día. Las niñas estaban bastante ocupadas admirando sus peluches y modelos a escala, así que únicamente seríamos mis parejas y yo. Despidiéndonos de la familia, agradeciéndole a Kurusu y enviándole una miríada de mensajes similares a Smith, nuestro triunvirato se puso a discutir los planes de batalla para esa tarde.

– "Hasta ahora no me había dado cuenta de que no hay cines en Asaka." – Comentó la estadounidense, revisando su celular. – "Casi todos están en Nerima. ¿Qué ordena, sargento Flaquita?"

– "Iremos a Nerima entonces. Hay que explorar el resto de Japón, después de todo." – Afirmé, también comparando opciones. – "¿Qué les parece el United Cinemas, en Toshimaen? Tienen sala 4DX, con espacio para liminales."

– "¿De esas donde los asientos se mueven y te sueltan humo y olores para aumentar la inmersión?" – Preguntó la falconiforme. – "Sí, ¿Por qué no? Nunca he ido a una."

– "Ya somos dos, Süsse." – Miré a la segadora. – "¿Qué hay de ti, Spatzi? ¿Tu primera familia te llevaba a gozar del séptimo arte en tercera dimensión?"

– "Me temo que jamás he estado en un cine antes, A chuisle." – Respondió la aludida. – "Prefiero la tranquilidad de las hojas de papel a la bulliciosa pantalla grande. Sin embargo, compartir mi primer largometraje a tu lado es una oferta irresistible."

– "Danke, linda. Será una experiencia para las tres." – Le di un besito rápido. – "Entonces, ¿qué filme desean ver?"

– "Comedia romántica y drama parecen ser las únicas elecciones disponibles." – Aseguró la peliblanca, mostrando la cartelera en línea. – "Empero, no conozco ninguno de estos títulos, así que confiaré en su juicio."

– "¿Te sientes bien, canosa?" – Interrogó la halcón a la Abismal. – "Te estás portando bastante civilizada. ¿Es sólo zalamería para disfrutar de nuestras abundantes arcas monetarias?"

– "Ah, ¿sigues todavía aquí, incordio alado?" – Replicó sardónicamente la mencionada. – "Pensé que a esta hora las ufanas lechuzas debían retirarse a sus nidos."

– "Fiu, por un momento me preocupé." – Retrucó la rapaz. Volteó a verme. – "Y ya que hablamos de enanas risibles, tengo ganas de una buena comedia, flaca."

– "Jawohl. Veamos cuáles hay." – Recorrí los títulos en exhibición. – "Me enamoré de una wyvern, dirigida por Abe Race; Los pecados de la gata, de Sergei Zavalev; Profesor Harem, de Charlie Rivers…"

– "Esta temporada sí que ha estado floja." – Opinó la arpía, disintiendo con la cabeza. – "¿Qué hay de Y con mi hermana somos tres, de Miguel Bracketmount? Se ve entretenida."

– "Nah, para ver cosas argentinas nos basta con la doctora Wilde." – Bromeé.

– "¿Y qué tal Patitas: el pingüino bailarín?"

– "¡Ugh, ni pensarlo!"

Ahí, atisbé algo de interés.

– "¡Hey, ya están estrenando The Lost Soldier, de Peter Nichols!" – Señalé la pantalla. – "La han estado anunciando últimamente. Tenemos que verla."

– "La biografía del soldado James Bullock, el pionero del Acta de Intercambio, ambientada durante la Ofensiva de Meuse-Argonne." – Leyó Lala la sinopsis. – "Primera Guerra Mundial. Es fácil ver por qué tu entusiasmo, A chuisle."

– "¿Qué no hay como tres películas más del tal Bullock?" – Mencionó la americana. – "Juro que he visto hasta la versión para adultos anunciada por ahí."

– "Sólo recuerdo el videojuego, el libro y la serie anime." – Enumeré. – "Pero vamos, Süsse. ¿No te interesa ver la historia de uno de tus compatriotas en la guerra que acabaría con todas las guerras?"

– "Flaca, casi nos llenan el trasero de plomo. No quiero más balazos y explosiones en mis vacaciones." – Acotó la castaña. – "Ya lidiaremos con eso cuando volvamos a entrenar."

– "Pero así nos acostumbramos más rápido, sin peligro, aparte de pasar un buen rato."

– "Tú sólo quieres ver a los alemanes en acción, ¿verdad?"

– "Un poquito." – Junté mis dedos.

– "¿Aunque sean los malos?"

– "Sólo son malos si estás de parte de los Aliados."

– "No tienes remedio, cazadora." – Disintió con la cabeza, riendo. – "Ah, de acuerdo. Pero más te vale que esté buena. La última que vi era tan mala que parecía serie original de Netflix."

– "Bien, ¿qué esperamos entonces?"

Y así, nos dirigimos hacia la estación de Asaka. Tomamos la habitual línea Tobu-Tojo e hicimos aproximadamente cincuenta minutos de recorrido. Llegando a la estación Toshimaen, el cielo ya se estaba vistiendo su ambarino tono como la miel, y pronto se mudaría a su negro atuendo nocturno. Una de las cosas que me gustaban de la prefectura tokiota, eran sus contrastantes estilos entre los numerosos barrios que la conformaban. Nerima, por ejemplo, era un dicotómico ejemplo de la majestuosidad urbana con la cotidianeidad de los puestos pequeños, de aspecto económico. Las calles que se encontraban en la estación, aunque algo estrechas, daban fe de esa coligación de aspectos tan diferentes.

Había muchos sitios a los qué visitar, como el parque de diversiones Toshimaen, donde seguramente las niñas nos hubieran arrastrado sin duda alguna. También estaba la estación Oizumi Gakuen, conocido como el lugar de nacimiento del anime, y ubicada justamente a lado de los estudios Toei. Empero, nuestra estación se encontraba a una calle de distancia del cine, y el tiempo no nos permitiría una excursión más extensa.

Llegamos con prontitud al gigantesco edificio, que se jactaba de albergar nueve salas con la más reciente tecnología de punta para el disfrute máximo de un buen largometraje, destacando sus espacios ajustados a liminales. Eso, por supuesto, significaba que los precios eran igual de enormes. Afortunadamente, los miércoles había descuentos para damas. ¿Quién dice que las viejas costumbres no nos convienen?

– "Ah, scheisse; qué estafa." – Expresé, viendo los anuncios en pantalla. – "¿Cómo que no la tienen en 4DX? Quería revivir la Gran Guerra."

– "Aún podemos disfrutarla en tercera dimensión regular, A chuisle." – Injirió la dullahan. – "Sería lo mismo, pero sin la pomposa parafernalia."

– "Concuerdo con la canosa, flaca. Y saldría más barato." – Añadió la nativa de Montana. – "Además, no quiero que me echen agua ni gas encima mientras me zarandean como muñeca de trapo."

– "Pues ya ni modo." – Exhalé. – "Supongo es lo mejor; digo, ¿quién quiere oler constantemente el gas mostaza, el lodo de las trincheras, o la inicua lluvia de artillería?"

– "Y nos darían flashbacks de esa condenada dragona." – Agregó la halcón – "Formémonos, que la cola es corta."

– "Esperaba ciertamente más personas aglomeradas." – Mencionó la irlandesa. – "¿Quizás la calidad de los filmes exhibidos no es tan atrayente?"

– "Nah, es sólo la época, linda. Los blockbusters suceden en las vacaciones de verano." – Repliqué. – "Y como las pelis de temporada son navideñas o de bajo perfil, la afluencia es menor para un drama de guerra."

– "Qué horror. Imaginen que seamos las únicas en la sala." – Comentó la rapaz, cruzada de alas. – "¿Ya ves, flaca? Deberíamos elegir la del pingüinito que baila el Pasito Perrón."

– "Con este frío no quiero nada de aves antárticas, Süsse." – Temblé ligeramente. – "Por cierto, ¿compramos botanas, o esperamos a comer después de la película?"

– "La segunda opción garantizaría que tendríamos un tema de conversación durante la ingesta de alimentos." – Respondió la segadora. – "Empero, me resulta intrigante la experiencia de degustar durante la presentación los refrigerios expendidos, como marca la tradición popular."

– "Quieres una primera vez en el cine clásica, ¿no, Spatzi?" – Le sonreí. – "De acuerdo, compremos golosinas."

– "No olvides que aquí te las venden a precios inflados, flaca." – Advirtió la emplumada. – "Saldría más barato comer luego en un restaurante."

– "Oh, vamos, pajarita; es la tradición. Además, ¿qué tan caras pueden estar?

Soy profeta de mi propia desgracia.

Compramos los boletos para la función en tres dimensiones, eligiendo los asientos centrales de la fila más elevada, ya que la pajarita clamaba que de estar demasiado cerca, su excelente visión le haría ver las imperfecciones de la superficie usada para proyectar el filme. No es fácil poseer vista de halcón. Con tickets en mano, nos hicimos con los tentempiés en la cafetería, donde la turbadora sonrisa eterna de payaso asesino de la cajera me provocó más escalofríos que los inefables precios. Cargando nuestras bandejas, entramos a la tercera sala, encontrándola moderadamente llena. Mientras los avances y comerciales previos a la función principal desfilaban sobre la ciclópea pantalla, observé de reojo un acontecimiento ciertamente más intrigante que la película.

– "Lindas, lindas, miren ahí." – Hablé a las chicas, señalando hacia la derecha. – "¿Es esa en la segunda fila quien yo creo que es?"

– "Está muy oscuro, flaca, no puedo distinguirla desde aquí." – Dijo la falconiforme, entrecerrando los ojos. – "Hold on, gimme a sec. No puede ser. ¿Acaso esa es…?"

– "Sí, aunque la vista no es clara, parece que no hay incógnita en su identidad." – Acotó la peliblanca. – "Es tu hermana, A chuisle."

– "¿Qué hace Ale en este lugar?" – Cuestioné. – "¿Y precisamente en nuestra sala?"

– "Tal vez se simplemente deseaba entretenerse como nosotras." – Arguyó la nativa del Éire. – "Seguramente recibió su salario como ustedes."

– "Conozco a Dyne, Spatzi; no es de la que gastarían tanto por un filme." – Repliqué, intentando obtener una mejor vista. – "O de las que asistirían al cine. Ella prefiere la paz de los libros."

– "Bueno, Lala también se decanta por la lectura, y aquí la tienes hoy, flaca." – Comentó Cetania.

– "Porque deseaba disfrutar la experiencia acompañada." – Aseguré. – "¿O me equivoco, Spatzi?"

– "Admito que mi interés no sería el mismo sin tu presencia, A chuisle." – Confesó la aludida.

– "Entonces, suponiendo que alguien tan solitaria como Pepper no es de las que vendrían por su cuenta…" – Habló la arpía. – "¿Cuál es la razón de que esté aquí y ahora, flaca?"

En ese preciso momento una segunda figura apareció por la tenue luz del corredor que daba hacia la sala, cargando en sus manos, si la escasa iluminación no mentía, una bandeja con palomitas y dos vasos de bebida. La persona intercambió un breve diálogo con la milanesa antes de sentarse a su lado. Los ojos de las tres se aumentaron su tamaño, mientras nuestras bocas permanecieron afásicas ante el asombro de la identidad del acompañante de la italiana. Con un rojo cabello corto, una larga cola de aguamarinas escamas y vistiendo un sencillo atuendo casual, Mei Silica compartía los aperitivos con su mediterránea amiga. Y por la forma tan juguetona en que la gecko arrojaba rosetas de maíz hacia la boca de Nikos, todo apuntaba a que no era meramente una salida entre compañeras.

– "Hay que aceptar que tu hermana es bastante audaz, flaca." – Dijo la halcón, silbando ligeramente. – "Apenas sale del hospital y ya enamoró a nuestra mecánica."

– "Debió heredarlo de papá, el conquistador de empusas." – Expresé, sonriendo tenuemente. – "Igual que su buen gusto. Buena atrapada, hermanita."

– "Su ascendencia germana se clama otra victoria." – Comentó la dullahan. – "¿Intentarás comunicarte con ella, A chuisle?"

– "Todavía no empieza la película; le enviaré un mensaje." – Saqué mi teléfono. – "Trataré de ser discreta. No quiero que nos decapite por interrumpirla en plena cita romántica."

– "Pregúntale quién es la pasiva." – Bromeó la castaña.

Abriendo la aplicación de mensajería instantánea, mandé un recado breve y muy casual, mientras mis ojos superiores no perdían detalle de esas dos tortolitas.

[A: Guten Tag, Schwesterchen.]

Esperé alrededor de un minuto, mientras el signo que indicaba que el mensaje había sido recibido, mas no leído, se mantenía sin cambio alguno. Una minotauro y una golem se sentaron en la misma fila que ellas, tapándonos la vista, pero aun era capaz de atisbar a la pelinegra continuar charlando con su pelirroja pareja. Ergo, no debió notar la misiva, o sencillamente tenía el celular enmudecido para evitar interrupciones. Fue en ese momento cuando mi teléfono vibró.

[D: ¿Qué rayos quieres, Potato?]

Lotería.

[A: Oh, nada, hermanita. Sólo preguntar cómo estabas.]

[D: Ocupada.]

[A: Eso lo sé, pimientín. ( ^.~ ) ]

[D: Genial, ¿puedo continuar?]

[A: O ho ho. Por supuesto, soldado. Pon nuestro legado en alto.]

[A: ¡Demuéstrale al mundo de qué están hechos nuestros genes!]

[D: Potato, ¿estás bajo la influencia de bebidas enervantes o algo así?]

[A: Bueno, estoy disfrutando de un buen momento con las mujeres que amo.]

[A: Así que digamos que estoy ebria de amor.]

[D: No estoy para cursilerías, cabeza hueca.]

[A: ¿No te mordiste la lengua?]

[D: ¿De qué carajo hablas?]

[A: Que ya te descubrí~]

[D: ¿Qué?]

[A: Que sé lo que estás haciendo en este momento.]

[A: Y me gusta lo que veo.]

[A: Te atrapé con las manos en la masa, grillita traviesa.]

Hubo un momento de pausa. Juré que la escuché asustarse desde su butaca, pero pudo ser el tráiler para la nueva película de Arnoldo Checheneguer. Después de casi un minuto, obtuve respuesta.

[D: ¿Dónde estás?]

[A: Más cerca de lo que crees.]

[D: Me estás jugsando uan broma.]

[A: ¿Tan asustada estás que escribes mal?]

[A: Si no me crees, voltea a tu izquierda.]

La conversación volvió a detenerse momentáneamente. Las chicas y yo observamos entre la lobreguez cómo la nativa de Milán alzó ligeramente la cabeza, sin duda buscándome. Se sentó rápidamente.

[D: ¿ODNFE ESTAS POTATO?]

[A: Escondida en el mismo lugar donde dejaste a tu ortografía.]

[D: ¡RESPODNE!]

[A: Donde te dije, tonta. Alza la vista y voltea a la izquierda.]

[A: También deberías ver a Lala y Cetania, a mi lado.]

[D: Q]

[D: ¡¿QUÉ?!]

[D: ¡¿LAS TRAJISTE?1]

[A: No, vinieron conmigo. Y deja las mayúsculas, que no estoy ciega.]

[D: ¿Dónde eestás?]

[A: Estoy alzando la mano. ¿Me ves?]

[D: Sólo veo la pared.]

[D: ¡Maldita! ¡Me estabas tomando el pelo!]

[D: ¡Nazi bastarda! ¡Pagarás por esto!]

Se agregó a Cetania en la conversación.

[C: Howdy y'all! (◑‿◐) ]

[D: ¿Qué haces aquí, Peaches?]

[C: Lo mismo que tú, Pepper. () ]

[C: Aunque desgraciadamente Pitufina también su unió.]

[D: Espera, ¿de verdad estás con Potato?]

[C: Yep.]

[C: ¿Y qué hay de ti? ¿Disfrutando también la compañía? (≖‿≖) ]

[D: Esto es una broma, ¿verdad?]

[D: Las dos planearon esto.]

Se agregó a Lala en la conversación.

[A: Spatzi, Ale no cree que la atrapamos in fraganti~]

[L: Lamentamos el inmiscuirnos en tu vida privada, Dyne.]

[L: Te ruego nos creas cuando decimos que esto no es más que una coincidencia de las circunstancias.]

[C: Una enorme coincidencia. Qué guardadito te lo tenías, grillita. (≖ᴗ≖✿) ]

[A: Aunque ignoro por qué esconderlo. Si me hace tan orgullosa que mi hermanita sea normal, como nosotras.]

[C: ¿Podemos unirnos, Pepper? ( ͡° ͜ʖ͡°)=ε✄ ]

[A: Podríamos intercamb]

[C: (ಠ ∩ಠ) ]

[C: (`Д´) *Furious chirpin'* ]

[A: Olvida eso; mis domadoras dicen que no.]

[A: Sus puños en mi cabeza también.]

[C: ¡Y que no se te olvide, flacucha! (●'Д'●) ]

[L: No intentes inmiscuir a tu consanguínea en tus lascivos planes, descendiente de Arachne.]

[A: Vale, ya entendí, guapas. Auch.]

[A: Pero bueno, ¿ahora sí me crees, pimiento enojón?]

Pero jamás hubo contestación. Al pasar más de un minuto y no notar movimiento alguno, supimos que el signo de visto no pasaría de ahí.

[A: Dyne, ¿qué pasa?]

[A: ¿Dyne?]

Dyne se ha retirado de la conversación.

[A: ¡Dyneee!]

[C:(д) ]

[C: GAME OVER]

[L: Perdónanos, Dyne.]

De esa manera decidimos dar fin a nuestra intromisión y dejar en paz a la azorada pelinegra. Posiblemente ya estuviera planeando el lugar para deshacerse de nuestros exánimes cuerpos, después de ejecutarnos al estilo mafia siciliana, pero el saber que habíamos visto un lado tan sensible de la italiana justificaba el arriesgarse a terminar como alimento para los peces en el fondo de un lago. El anuncio de apagar nuestros móviles apareció en pantalla junto al de colocarnos los lentes en tercera dimensión, así que guardamos los aparatos al tiempo que la iluminación disminuía paulatinamente. Ya tendríamos tiempo de seguir el progreso de la casanova; era hora del show.

La irlandesa y la americana contaban con un par de gafas de oscuras lentes especiales para apreciar el efecto estereoscópico. Pero en mi caso, al contar con tres pares de ojos, mis gafas consistían en una especie de máscara cuadrada, casi reminiscente a los visores de un buzo, pero dividida en dos hileras de lentillas tridimensionales. El tamaño de éstas se ajustaba perfectamente a todas las posibles alineaciones de globos oculares de mi especie. Era curiosa la manera en que la sociedad humana se había adaptado a la presencia de los liminales en el curso de tres años. Ya lista, los créditos iniciales comenzaron a proyectarse.

– "Süsse, ¿me pasas un poco de tus nachos, bitte?" – Bisbiseé a la rapaz.

– "Ten, flaquita." – Me los facilitó. – "Debí pedir también gomitas, para contrarrestar tanta sal."

– "Danke, linda." – Di un bocado a las frituras. – "Sí quieres, Spatzi puede compartirte sus palomitas acarameladas."

– "Ugh, no gracias. Esas cosas son una invención diabólica." – La arpía sacó la lengua. – "Las palomitas son saladas; ergo, deben ir aderezadas con sabores similares. Agregar caramelo es ir contra la naturaleza."

– "El maíz, especialmente en su forma expandida, posee un sabor neutro previo a recibir el toque del cloruro de sodio, peste alada." – Retrucó la Abismal. – "Por ende, puede llevar cualquier acompañamiento que se desee, sin importar el lugar en el amplio espectro del sabor que ocupen."

– "Bueno, entonces dame de las tuyas, canosa engreída."

– "Ten, para que te calles y me dejes disfrutar el filme en paz." – Le pasó todo el paquete.

– "Un momento, ¡yo no quiero esta cochinada!" – La americana se las regresó. Entonces, las atrajo hacia ella. – "Bueno, sólo un poquito."

– "Lindas, guarden silencio." – Les insté. – "Pongan las dos sus palomitas en medio y problema resuelto."

Acatando la orden, las chicas colocaron sus recipientes sobre mi bandeja… y apoyaron ésta sobre mi tórax arácnido. No me molestaba ser usada como mesa, me gusta que mi enorme tamaño sea de utilidad. Ya con el problema resuelto, nos relajamos para disfrutar el espectáculo. La película se notaba bastante prometedora, iniciando con un grisáceo y lúgubre campo desolado, posiblemente el bosque de Argonne, donde la mayor ofensiva americana tomó lugar.

– "En una época donde los ríos se tiñen de infausto rojo; el aire se contamina con el bruno humo de la guerra; la negra tierra es abonada por huesos, carne y metal…"

Qué buena narración.

– "El mundo parecía haber llegado a su fin. La idea del futuro se volvía tan efímera como la vida de un soldado atrapado en la tierra de nadie. Empero, aún queda una última esperanza… "

Y qué buen doblaje.

– "¡Patitas, el pingüino bailarín!"

¡AAARGH!

Antes de arrojarle fútilmente mis hot-dogs a medio comer a los encargados de la proyección por haber cometido tan execrable traición, decidí saltarme las reglas y encendí mi celular para obtener una mejor fuente de luz. Con el brillo de la pantalla, descubrí cuál era la causa de la infame estafa: por alguna ridícula y absurda razón, terminamos metiéndonos en la sala equivocada. Ya que aún teníamos nuestros boletos y que no planeaba quedarme a ver una horrible película sobre un pingüino en CGI pésimamente animado, convencí a las chicas de salir de ahí raudamente, evitando tropezarnos en la oscuridad y sentirnos abochornadas por ser tan brutas; cosa que realmente únicamente aplicaba a mí, ya que yo fui quien las lideró al lugar incorrecto.

Por suerte nos permitieron el paso a la sala acertada, donde la película estaba a segundos de iniciar. No tuvimos problemas con alguien más ocupando nuestras butacas, ya que el lugar se encontraba escasamente poblado. Ignorando la exigüidad de público, nos acomodamos y, dándonos un profundo respiro por las irracionales situaciones que únicamente nos ocurren a nosotras, procedimos a despejar la mente con una relajante anécdota situada en uno de los conflictos globales más cruentos de la historia.

Sí, otra de esas ironías. Ya estamos acostumbradas.

– "Flaca, flaca." – Me susurró la emplumada. – "¿Qué el actor de Bullock no es Tom Hardy?"

– "Ah, el de Mad Max y la de Batman, ¿verdad?" – Miré más fijamente al protagonista. – "En efecto, es él. No tenía idea de que era el protagonista."

– "La barba y la cubierta de lodo lo hacen ver diferente." – Dijo ella, comiendo palomitas. – "Oye, después de todo sí están buenas con caramelo, canosa."

– "Finalmente concedes la razón a la sabiduría del Abismo Eterno, incordio alado." – Replicó la irlandesa.

– "Sí, sí." – Desestimó con el ala. – "¿Qué tal mis nachos, sabihonda?"

– "Demasiada sal." – Replicó la segadora.

– "¿Y por qué te los comiste todos?"

– "El queso combinado con capsaicina compensa el exceso de cloruro de sodio."

– "Te pondrás más gorda y fea de lo que ya estás."

– "Mi beldad es tan eterna como mi existencia." – Contestó la peliblanca. – "¿Qué hay de ti, adicta al exceso de carbohidratos?"

– "Lo que consumo se va al lugar correcto." – La halcón se dio ufanos golpecitos en el pecho. – "Tú, en cambio, sólo acumulas celulitis, cabeza floja."

– "Ya, chicas; las dos son hermosas." – Injerí, tallando sus hombros. – "Spatzi, si deseas más nachos, te los compro a la salida."

– "Está bien, A chuisle; puedo recrearlos con mejor sabor y menos grasas saturadas."

– "Bueno. ¿Disfrutando la película?"

– "Ciertamente; posee el balance correcto entre drama y acción características de una historia de guerra." – Sonrió. – "¿Es cómo la imaginabas?"

– "Siento que necesita más alemanes." – Reí ligeramente. – "Pero la actuación es soberbia. Deberían darle un Óscar a Hardy por esa interpretación."

– "Me encanta el soundtrack." – Opinó la rapaz. – "Si no me equivoco, es de John Williams. Por ocasiones me recuerda a la música de Jurassic Park."

– "Y tú querías ver la del pingüino feo ese, Süsse."

– "Oye, es parte del Marvel Universe; seguro había cameo de los Vengadores."

– "Ya ni saben qué invent-" – Me pausé. – "¡Ah, finalmente!"

Explosiones, balas y toda la cacofonía de la guerra. Sonaba inusual en una sobreviviente de un evento tan traumático como el asalto a la fábrica, pero esa era parte de la mentalidad que una soldado debía adoptar para soportar el horror de la batalla. No negaré que, por muy efímeros momentos, mi cuerpo reaccionaba al horrísono estruendo de las detonaciones y los lastimeros gritos, aunados al efecto tridimensional; sin embargo, era capaz de separar la realidad de la fantasía, recordándome que ninguna de las crueldades en pantalla podría dañarme. Soporté el infierno en carne propia, puedo con uno ficticio.

Aunque el demonio aún hallaba formas de atormentarme.

– "A chuisle." – Me habló la irlandesa. – "¿Estás bien?"

– "Claro, linda." – Le sonreí. – "¿Por qué lo dices?"

– "Tu mano." – Señaló mi extremidad izquierda. – "Adoptó la posición defensiva."

– "Oh, es sólo el frío, Spatzi." – Estiré los dedos rápidamente. – "Este aire acondicionado está un poco alto."

– "Nunca la colocas de esa manera cuando estás con nosotras." – Afirmó la Abismal. – "Aria, ¿sucede algo? Dímelo, por favor."

– "No es nada, en serio." – Sonreí de nuevo. – "Anda, te estás perdiendo la película."

– "La amiga de Bullock; la dragonewt." – Injirió la arpía, refiriéndose a la dracónida en pantalla. – "Le recuerda a la nidhögg."

– "Cetania, tus plumas…" – La dullahan se refirió al esponjado plumaje de la rapaz. – "¿Tú también?"

– "Aun tenemos las memorias frescas, segadora." – Sonrió tenuemente la castaña. – "Es inevitable."

– "Incluso cuando no posee los diabólicos cuernos, los dos intimidantes pares de alas, o el hercúleo tamaño, el parecido de la estirpe es suficiente para inquietarnos." – Añadí. – "Perdona, Spatzi, no deseábamos preocuparte."

– "Aunque sea involuntario, ¿no deberían tratarlo con un profesional?" – Aconsejó la peliblanca. – "Puede convertirse en un inconveniente en el futuro."

– "Es únicamente una reacción inconsciente, ya pasará." – Afirmé. – "Hablaremos con la doctora Wilde cuando volvamos a los cuarteles, ¿vale?"

– "Espero que así sea, A chuisle." – Contestó ella. – "No deseo que esto escale hasta ya no poder tolerar la presencia de especies reptilianas."

– "No tenemos problemas con los reptiles en sí, o no hubiéramos poder mantenernos tranquilas a lado de Mei, o Miia." – Arguyó la falconiforme. – "Sólo dragones, hasta ahora. Y como dijo Aria, es meramente una manifestación psicosomática de un evento tan reciente. Desaparecerá."

– "De acuerdo, confiaré en su palabra." – Exhaló la irlandesa.

Proseguíamos viendo la película, pero ni el más imponente sistema de sonido digital pudo enmudecer las palabras de la Abismal, repitiéndose con eco en mi cabeza. Era verdad, debía hacer algo para asegurarme que esto eventualmente no transmutara en un percance mayor. Sería paradójicamente problemático que una representante del Acta sufriera de animadversión hacia una especie liminal sólo por una infausta experiencia con una criminal. Intercambié una breve mirada con Cetania, asintiendo las dos silentemente. Suspirando y estirando mi mano, volví a enfocarme en el filme. La aparición de un grupo de arachnes en la trama me devolvió una sonrisa genuina en el rostro, despejándome la mente.

– "¿Son de tu patria, A chuisle?" – Preguntó la segadora, comiendo sus últimos restos de palomitas.

– "Nein, son lycosianas. El acento las delata." – Repliqué, degustando mi bebida. – "Suenan demasiado italianas, aunque se supone que hablan francés. El italiano de Sparassus es más germano, con un mayor énfasis en la Z y la R."

– "Aunque Tom Hardy sí que sabe imitar el acento de Carolina del Norte." – Agregó la estadounidense. – "Aun no me decido si me gusta más su actuación aquí, en Dunkirk, o Mad Max."

– "Creo que ya desciframos la incógnita de quién es tu actor favorito, emplumada." – Rió la peliblanca. – "Pero es fácil ver la razón de tal elección; aplaudo también las habilidades histriónicas del actor."

– "¿De dónde dijiste que era Hardy, Süsse?" – Interrogué. – "¿Inglaterra?"

– "Yep. Hammersmith, en Londres." – Asintió la nativa de Montana. – "Sé lo que estás pensando. ¿Quieres que te diga algo más escalofriante? Ahí vivió John Milton, el escritor de 'Paraíso Perdido'."

– "Sabía que Kuroko estaba relacionada con demonios." – Reí también. – "No te conocía lo cinéfila, pajarita. ¿Por qué no lo dijiste antes?"

– "No lo soy, sólo conozco algunos datos curiosos." – Encogió lo hombros. – "¿Recuerdas la enorme tele que tiene Yuuko en la sala? Podríamos pasar una noche viendo pelis en Netflix, ¿qué dices?"

– "¡Por supuesto! Suena divertido." – Acaricié su cabeza. – "Lala también viene, ¿verdad?"

– "Ay, flaca." – Giró los ojos. – "No aceptarás a menos que diga que 'sí', ¿cierto?"

– "¿Bitte?" – Pestañeé rápidamente.

– "Ash, de acuerdo. No tienes remedio." – Resopló. – "¿Tú qué dices, canosa? ¿Vendrás?"

– "Confieso que no aceptaría si no fuera por el peligro que implica el que Mo chuisle se quede a reposar en tus perversos aposentos, descendiente de Electra." – Contestó la dullahan, cubriéndose la cara dramáticamente. – "Por lo tanto, esta fastuosa guardiana jura proteger a su amada de los inicuos hechizos de la hija de Taumas, mientras deleita sus áureos globos oculares con las amenidades representativas del séptimo arte. Con la presencia de Honda, aseguro que mantendrás tus pérfidas plumas y tus ignominiosas garras bajo control, como Bullock mantuvo la línea ante la ofensiva alemana."

– "Ya le gustaron las películas a esta enana, ¿verdad, flaca?"

– "Un poquito." – Respondí.

Las tres reímos, acordando de esa manera algún día visitar la residencia de la halcón para pasar un rato agradable en nuestro cine casero. Sólo espero Yuuko nos conceda el permiso, y que no nos cobre las palomitas a precios absurdos. Entre las explosiones y demás escenas bélicas mostradas en pantalla, mi corazón brillaba de alegría por la naturalidad con la que la irlandesa se desenvolvía con quien anteriormente fuera su acérrima contrincante, demostrando que la áspera coraza de animadversión cedía cada vez más, acercándome, parsimoniosamente, a mi objetivo final. Con la sonrisa de Tique y Niké iluminándome tanto como el proyector digital, estiré mis brazos alrededor de las mujeres que significaban todo para mí, atrayéndolas hacia mi cuerpo, disfrutando de su deífica calidez.

La vida es hermosa.

– "Buen disparo, extraño; ese alemán me tenía en la mira." – Dijo James Bullock, resollando después de una dura batalla. – "¿Puedo saber tu nombre?"

– "El nombre de un guerrero no importa hasta que cumple su cometido." – Contestó el misterioso personaje encapuchado, revelándose. – "Pero tú puedes llamarme… ¡Patitas, el pingüino bailarín!"

¡AAARGH!

¡Condenado Disney! ¡Le puso sus garras a Lucasfilm, a Marvel, y ahora también hasta a las biografías de soldados americanos! ¡Ya no hay respeto con Mickey Mouse! Por lo menos la batalla final entre la granja de Madame Marie, las arachnes y Hulk contra el Kaiser Guillermo II mutante fue entretenida. Después de ver la escena post-créditos, insinuando que Mecha-Hitler aparecerá en la secuela, me retiré junto con las chicas a la salida. No era precisamente como imaginábamos, pero para ser la primera experiencia cinematográfica en compañía de mis amadas, supongo fue una sorpresa tolerable. Sólo espero no ver a ese maldito pájaro antártico arruinar la de Jurassic Park 5, o juro que destruiré todo Hollywood montada en un tiranosaurio con rayos láser.

Aunque estoy segura que usarán esa idea en la película.

– "Bueno, ¿quieren comer algo antes de regresar?" – Les pregunté a mis novias, estirándome. – "Por la forma en que se acabaron las palomitas, creo que aún tienen espacio para más."

– "Uf, no gracias, flaca." – Negó la arpía, dándose golpecitos en el estómago. – "Me siento más rellena que pavo en Navidad."

– "A pesar de que conozco el nulo valor nutricional de tales alimentos procesados, considero que mi apetito ha sido saciado, A chuisle." – Replicó la Abismal. – "El filme se extendió más de lo esperado, y me parece que es momento óptimo de volver a nuestro hogar."

– "Vale, guapas. Sí, creo que ya es tarde." – Bostecé. – "Pero yo si tengo un poquito de hambre. Dejen me compro aunque sea un pedazo de pizz… ¡Ay, casi me olvido de Dyne!"

– "¡Oh, ahí está!" – Señaló la rapaz.

Entre la multitud que se retiraba de la sala, regresando los lentes y colocando la basura en su lugar, distinguimos el largo cabello negro de la empusa, dirigiéndose hacia el lado contrario. Pronto se le unió Mei, ambas caminando a paso acelerado, seguramente tratando de escapar discretamente de nosotras. Aunque podría considerarse de malos modales el andar tras de ella a pesar de que no deseaba ser interrumpida, Alexandra seguía siendo mi hermana y naturalmente me importaba su bienestar. Sólo deseaba que supiera que estaba feliz por ella y Silica, y que contaba con todo el apoyo de la familia para ser feliz. Sacando ventaja de mi estatura y mi natural e intimidante porte de predadora, logré abrirme paso entre la muchedumbre y colocar una mano en el hombro de la mantis.

Resultó que no era ella.

De hecho, ni siquiera era un liminal. En lugar de una iracunda empusa italiana de verdes ojos, me encontré con un hombre de iris café y de rasgos bastante orientales, mirándome con la misma confusión que la persona que lo acompañaba. Ésta última, aunque sí pertenecía a la misma especie que nuestra mecánica, poseía una delgada barba, tan roja como su cabello. Sí, estaba segura que eran las mismas personas que vimos en las butacas, pero ahora que las penumbras ya no impedían una visión clara, me daba cuenta de mi error. Ofreciéndoles mil y un disculpas al tiempo que hacía infinidad de reverencias, regresé completamente ruborizada con las demás, apresurando el paso.

Al menos acerté en algo: ellos sí eran pareja.

– "Seis ojos; habilidad para ver luz ultravioleta; tercera mejor tiradora de la Schutzpolizei de Weidmann... Y no puedo distinguir a mi hermana de un tipo con cabello largo." – Expresé, suspirando mientras comía un pedazo de pizza. – "Soy una vergüenza para mi estirpe."

– "No te deprimas, flaca, que hasta mi vista de halcón me falló." – Me confortó la castaña, con su ala en mi espalda. – "Pero en serio, usan prácticamente el mismo peinado que esas dos. Es fácil confundirse cuando únicamente puedes distinguir la parte superior de la cabeza."

– "El ángulo desde el cual los observábamos era bastante engañoso." – Agregó la irlandesa. – "Aunado a la poca visibilidad de la sala y la reacción que obtuvimos de ella en el intercambio de virtuales mensajes, nuestros yerros son comprensibles."

– "Diablos, incluso olvidamos que Pepper es tuerta." – Remarcó la estadounidense. – "No tendría sentido asistir a una función en tercera dimensión. Las tres somos igual de tontas."

– "Lo que no entiendo todavía, es la reacción de Ale en el chat." – Comenté. – "¿Por qué se puso tan nerviosa?"

– "Es posible que la hayamos irrumpido en un plácido momento de ocio." – Sugirió Lala. – "Por la anómala manera de expresarnos, debió pensar que la estábamos espiando sin razón alguna. No hay sentimiento más desesperante que saber que se es observado todo el tiempo."

– "¿No sería gracioso que actualmente sí haya invitado a Mei a salir a algún otro lado, y nuestra conversación haya sido una tremenda casualidad?" – Dijo Cetania. – "Nos suceden tantas coincidencias que cualquier cosa ya es posible."

– "Bueno, ya lo sabremos cuando la veamos de nuevo." – Di una última mordida a mi comida. – "Nada mal esta pizza, aunque prefiero las de la cafetería. ¿Algo más para hacer, lindas, o ya nos vamos a casa?"

– "Nah, ya tengo sueñito, flaca." – Badalló la halcón. – "Y mañana hay que levantarse temprano. ¿Ya se prepararon?"

– "Tengo mis pertenencias perfectamente ordenadas para el viaje. Sólo lo necesario." – Afirmó la peliblanca. – "Conozco el procedimiento; no es la primera vez que voy a un onsen."

– "Ah, me contaste que una vez tú y la familia fueron a uno asistido por una yuki-onna." – Remembré. – "¿Alguna vez bañaste también con tu primer hogar huésped, Spatzi?"

– "Asistí al viaje, mas no participé en la atracción principal." – Dilucidó. – "No me sentía lo suficientemente cómoda con personas tan distantes como para compartir un baño grupal. Tampoco me persuadieron de ello."

– "Das ist gut." – Sonreí. – "Ellos no eran dignos de admirar tu deífica figura esculpida por los dioses al natural."

– "Qué bueno que tú y el resto de MON estará allí también, flaca." – Comentó la falconiforme. – "Así podré borrarme la horrible imagen de esta canosa desnuda."

– "Deberías sentirte sumamente agradecida de poder apreciar la perfección corpórea de una hija del Abismo, peste alada." – Increpó la segadora. – "Y antes de que menciones a tu superior, la descendiente del Caos Reptante, te recuerdo que su verdadera forma es imposible de soportar para una mortal; especialmente una con un cociente intelectual tan exiguo como el tuyo."

– "Excelente; le pediré a Doppel que me destroce la cordura y me borraré tus malos recuerdos."

– "Para que eso suceda deberías estar cuerda en primer lugar."

– "Entonces no hay proble…" – La rapaz se pausó. – "¡Ay, maldita decapitada! ¡Me la volteaste!"

Con una jactanciosa victoria para la nativa del Éire, las tres abordamos el tren de regreso desde la estación de Nerima hasta regresar a Asaka. Nuestro triunvirato se dirigió a la residencia Kurusu, para que la arpía recogiera sus cosas. Para entonces ya eran las 10:33 y la familia reposaba tranquilamente en la morada.

– "Alright, nos vemos mañana entonces, chiquillas." – Anunció la estadounidense, lista para abordar el taxi que le pedí. – "Smith vendrá por nosotros a las ocho, ¿cierto? Estaré aquí media hora antes."

– "Correcto. Asegúrate de dormir bien, Süsse." – Le aconsejé, abrazándola y besándola. – "Cuídate, linda. Saluda a Yuuko de nuestra parte, ¿vale?"

– "Vale, flaca. Cuídate también." – Me propinó otro ósculo. – "Y más te vale que tú tengas la cabeza y los calzones puestos cuando nos recojan, enana canosa, o te dejamos atrás."

– "Mi puntualidad se mantiene impoluta, incordio emplumado." – Replicó la dullahan. – "Tú trata de no ser un lastre por la obscena cantidad de carbohidratos consumidos a lo largo del día."

– "Yo devoro un banquete y obtengo energía; tú muerdes una papita y te pones como morsa." – Retrucó la castaña. Ahí, le ofreció el ala. – "En todo caso, no fue tan malo que te nos pegaras como percebe, azulosa. Nos vemos mañana."

– "Igualmente, Cetania." – La irlandesa regresó el gesto. – "Oíche mhaith."

– "Good night. ¡Take care, see ya!"

Agitando su extremidad alada, la americana abordó el vehículo, el cual delineó una línea en dirección a la casa de Honda. Sonriendo, cargué a mi chica de añil epidermis en brazos y nos dirigimos a darnos un reconfortante baño antes de acostarnos. Estábamos exhaustas, realmente cansadas, pero todavía con la pequeña euforia que sobra luego de un día tan activo. Mientras nos retirábamos las ropas, mi celular vibró, tomándolo yo enseguida.

– "¿Quién es a esta hora, A chuisle?" – Preguntó la segadora, depositando sus medias en el cesto de ropa. – "¿La arpía olvidó algo?"

– "La doctora Redguard me envió una foto de ella y la doctora Wilde en la Expo-Neko." – Contesté, enseñándole el teléfono. – "Se vieron envueltas en un lío con cierta líder de un clan y terminaron realizando la ceremonia del té con ésta."

– "Lucen bien en kimono, aunque la expresión no es la más placentera." – Comentó. – "¿Sabes, A chuisle? Es irónico que yo, siendo una creación del la Imperecedera Oscuridad, una sempiterna hija de la Inefable Vorágine de Horror, disfrute tanto de las aparentemente mundanas amenidades mortales. No me comporto como mi matriarca; con el desdén hacia la finitud de los seres vivos."

– "Porque desde pequeña aprendiste que, incluso cuando cada persona que conozcas apenas sería un parpadeo en tu eternidad, son capaces de dejar una huella tan imborrable como tu vida, Spatzi." – Respondí, sonriéndole amablemente. – "Es como el Programa de Intercambio; sin importar nuestros orígenes, compartimos mucho en común con más individuos de lo que creíamos."

– "Concuerdo completamente." – Asintió con la cabeza. – "Hoy descubrí que comparto con Cetania el gusto por los largometrajes, y que incluso deseo repetir la experiencia. Antes me hubiera parecido un disparate aceptar tal idea."

– "Y entre más tiempo pases con ella, más pronto te darás cuenta de que son más parecidas de lo que pensabas." – Acaricié su barbilla y le propiné un beso en sus labios. – "Te amo, Lala."

– "Y yo a ti, Aria." – Puso su índice en mi nariz. – "Eso no significa que tu osado plan esté a un paso más cerca de completarse, ambiciosa cazadora."

– "Lo sé. Y no me preocupo." – Tomé su mano, besándola. – "No se necesitarán dar paso alguno cuando estén más cerca."

Guiñándole, y sin darle tiempo de protestar, la cargué de nuevo y la deposité gentilmente dentro de nuestra enorme tina, con el agua ya previamente caliente. Me le uní, disfrutando a su lado del improvisado onsen. Las arachnes somos algo más sensibles a la temperatura, y el calor de las aguas termales podría fácilmente marearme, así que era buena idea practicar de una vez. Luego de asearnos y mimarnos bajo la privacidad del baño nocturno, practicamos nuestro confirmado ritual de correr desnudas por los pasillos hasta nuestra recámara. Ya dentro, procedimos a colocarnos nuestra ropa de dormir; es decir, la dullahan con una de mis camisas viejas, y yo con mi traje de Eva.

– "Hmm, así…" – Musitaba la irlandesa, sintiendo mis labios por su cuello. – "Conoces mis puntos débiles, A chuisle."

– "Es una verdadera lástima." – Contesté, pasándole parsimoniosamente mi lengua. – "Ya no podré seguir escuchando más de tus lascivos gemidos mientras trato de hallarlos."

– "Pero ahora que sabes los botones correctos, mis concupiscentes gimoteos de placer cobrarán mayor intensidad." – Aseveró, rodeándome el cuello con sus brazos. – "Y no tengo empacho en ofrecerte una sinfonía completa de éstos."

– "Oh, Spatzi, eres tú la que conoce cómo encenderme." – Me mordí los labios. – "Empero, mañana deberemos madrugar, y me temo que nuestra amorosa sesión retrasaría nuestra adecuada estadía en los reinos de Morfeo."

– "¿Desobedecerás nuevamente el lúbrico deseo de tu monarca suprema, descendiente de Arachne?" – Sostuvo mi barbilla. – "¿O mis sospechas de mantenerme en este impúdico estado para facilitar persuadirme de mostrarme más tolerante a tu rijosa propuesta con la hija de Taumas resultaron ser verdaderas?"

– "Tal vez lo sean." – Sonreí. – "¿Qué harás de confirmarse mi siniestro plan?"

– "¿Sientes esto?" – Colocó mi mano en uno de sus glúteos. – "No podrás satisfacer tu adicción por un mes."

– "¿Tan draconianas son sus sanciones, meine Kaiserin?"

– "¿Osarás contradecirme, alemana?" – Hundió aún más mi mano en su suave carne posterior. – "¿O piensas que puedes vivir sin esto?"

– "Sabes que no, mi emperatriz absoluta." – Me acerqué a su rostro. – "Pero tú tampoco puedes vivir sin mí."

Asalté sin cuartel el baluarte de sus labios, donde nuestras lenguas se unieron en fiera beligerancia, intentando aplacarse la una a la otra con intensa vehemencia. Así éramos nosotras, en una contienda constante por dominar a nuestra pareja, sometiéndola a nuestros lujuriosos deseos. Pero al final, ambos bandos cesaban hostilidades para unirse en una sola nación; una llena de besos, caricias, y el indeleble cariño que nuestros corazones emanaban desde el fondo de nuestras encendidas almas. El sexo es una batalla, el amor es la guerra; y nosotras nos encontrábamos en el cenit del fogoso combate.

– "Spatzi…" – Hablé, jadeando. – "Si lo hacemos ahora, despertaremos tarde."

– "Estoy consciente, pero tampoco deseo detenerme."

– "Ni yo." – Suspiré, acostándome sobre ella. – "Scheisse, a veces quisiera que los días fueran de cuarenta y ocho horas."

– "Está bien, A chuisle; entiendo nuestro dilema." – Exhaló, sonriendo resignadamente. – "No podemos faltar a nuestra promesa después de todo."

– "Perdóname, amor. Ya van dos veces que prendo la estufa, sólo para salir con que estoy a dieta."

– "Jocosa analogía." – Rió ella. – "Descuida; comprendo que Crono no nos sonría en esta ocasión. Podemos postergar el placer carnal para una noche con un horario más laxo."

– "Debería haber una manera de poder satisfacernos sin dilat…" – Me pausé. – "Spatzi, dices que mi lengua es una experta, ¿verdad?"

– "Una opinión parcial debido a que es la única que conozco, pero no pongo en duda tus habilidades con tu órgano bucal, A chuisle."

– "Entonces…" – Sonreí, alzando las cejas. – "¿Sesenta y nueve?"

– "Sesenta y nueve."

Sin perder el tiempo, nos colocamos en posición para gozar la gloria del cunnilingus mutuo…


NOTAS DEL AUTOR: Espero lo hayan disfrutado, queridos lectores. Un saludo a mis compañeros de Los Extraditables. Nos vemos en el millón~ ¡Auf Wiedersehen!