NOTAS DEL AUTOR: ¡Achtung, Tarmo Flake ist hier! ¡Feuer frei!

6 de Junio de 1944 – Día D, Hora H.

Hace 74 años, en las costas de la Europa occidental, se llevó a cabo la invasión anfibia más grande que la humanidad jamás haya intentado, cuando las fuerzas Aliadas desembarcaron en las costas de Normandía, en la Francia ocupada, dispuestas a liberar al continente de las garras del Nacionalsocialismo. Americanos, británicos, franceses e incluso canadienses se unieron para hacerle frente a la máquina de guerra alemana, en lo que sería recordado como el día más largo.

Siendo un entusiasta de la Segunda Guerra Mundial, elegí precisamente tan histórica ocasión para hacerla el cumpleaños de Aria Jaëgersturm, el personaje que es la encarnación de mi amor por tal periodo histórico. Ergo, hoy es el día perfecto para celebrar este gigantesco hito que me ha llevado prácticamente dos años en alcanzar. ¡Disfruten, que me siento con la energía de un millón de tropas!

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena atravesó las puertas del Infierno, mientras se abría paso al Cielo a través de las líneas Nazis! ¡Primo Victoria!


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 67


– "¿Empacaste tu jabón, A chuisle? Procura llevar tus propios productos de aseo, es más higiénico."

– "Jawohl, meine Kaiserin."

– "¿Ropa extra?"

– "Doblada y acomodada."

– "¿Celular?"

– "Cargado al tope."

– "¿Dinero?"

– "Abundante y a salvo en mi cartera."

– "¿Beso?"

– "Los que desees, mi reina."

Encontrándose nuestros labios, nos preparábamos para el viaje. Habíamos despertado temprano, con nuestros juegos amorosos de la noche anterior siendo suficientes para satisfacer (aunque temporalmente) los ardientes deseos, sin que éstos se prolongaran demasiado. Nos habíamos ataviado de manera regular, sin tanta parafernalia, ya que solamente era una estadía en un hotel; además de que la mayoría del tiempo nos la pasaríamos en yukatas. Ya con maletas y demás arreglado, comimos algo ligero en lo que esperábamos la llegada de Smith. El timbre sonó entonces.

– "Guten Morgen, Süsse." – Recibí a Cetania con un beso en sus labios. – "¿Preparada para la aventura?"

– "I'm always ready for the good times, Blondie." – Guiñó la arpía. – "Buenos días para ti también, Mamá Pitufo. ¿Ya dejaste de pitufirascarte tus aguadas pitufinalgas?"

– "Obtendría más hilaridad al contemplar pintura secarse, incordio alado." – Replicó la irlandesa, acomodando su bufanda. – "Si ya concluiste tu peripatética rutina de nula comedia, entonces te sugiero pasar para evitar continuar desplegando públicamente tu inicua presencia."

– "Ah, pero ayer en el restaurante del museo bien que dejaste seca mi cartera, canosa." – La rapaz entró. – "Con permiso. Y luego te devoraste mis palomitas."

– "Igual que tú lo hiciste con las mías, peste alada." – La segadora se dirigió a la cocina. – "¿Té o café?"

– "Iced tea, please." – La castaña se encaminó a la mesa.

– "Yo se lo traigo, Spatzi." – Me dirigí al refrigerador. – "Ya verás lo bien que me sale el té helado, Süsse."

– "Thanks, Blondie." – La americana tomó asiento. – "Por cierto, hablé con Yuuko con lo de pasar la noche viendo películas y ella lo autorizó."

– "Agradece de nuestra parte a Honda por su amabilidad." – Comentó la peliblanca, sentándose también.

– "Yuuko es la más buena de las caseras." – Afirmó la estadounidense. – "Curioso cómo una humana, con quien quedé bajo su cuidado casi imperativamente por una agente gubernamental, es más maternal conmigo que mi propia madre adoptiva."

– "Tal vez ella también pasó por tiempos difíciles de pequeña." – Opiné, sirviéndole un vaso de la fría bebida. – "O simplemente quedó embelesada por tu hermosura innata, tanto física como interior."

– "Gracias por tanta zalamería, flaquita. Quizás tengas razón." – Sonrió la halcón, dando un trago. – "Ah, te quedó delicioso. Entonces, ¿cuándo haremos lo del cine en casa?"

– "¿Qué tal este domingo?" – Respondí, sirviéndole también a la Abismal. – "Así nos divertiríamos antes de regresar a nuestros entrenamientos el lunes."

– "Casi olvidaba que acordamos eso. Sí, sería buena manera de despedir el fin de semana."

– "¿Volverás a ausentarte semanalmente, A chuisle?" – Interrogó Lala, con gesto preocupado.

– "Sólo a practicar un poco la puntería y saludar al resto de los cuarteles, Spatzi." – Acaricié su cabeza. – "Además, quiero ver si el nuevo arsenal que el contrato con Sparassus proveería ya está disponible."

– "Entiendo." – Suspiró. – "No es que desee impedirte el continuar puliendo tus habilidades combativas, pero esperaba que continuáramos disfrutando de estos agradables días pacíficos."

– "Nosotras también azulosa. No residiremos en los cuarteles sino hasta después de año nuevo." – Dilucidó la falconiforme. – "Únicamente nos mantendremos preparadas por si surge alguna emergencia."

– "No es fácil ser una agente de MON." – Hablé, tomando un trago. – "Y la ley nunca descansa."

– "Igual que ustedes dos, ¿cierto, tortolitas? No me extraña que esta decapitada se portara tan amable esta mañana." – Dijo Cetania, cruzándose de alas. – "La evidencia de su agitada noche es tan clara que pueden olerla hasta Montana."

– "Y saborearla a cada ósculo que compartes con Mo chuisle." – Sonrió malvadamente la dullahan.

– "…"

– "…"

– "Sesenta y nueve, ¿verdad?"

– "Sesenta y nueve."

– "Fuck my life…" – Masculló la americana. – "Flaca, ¿podrías ponerle limón extra a mi té, por favor?"

Yo no me decidía si alegrarme porque Lala parecía más dispuesta a hacer bromas más subidas de tono con la pajarita, o si preocuparme que en verdad disfrutara de torturar a la pobre emplumada. Saturando el brebaje de la rapaz con el verde líquido cítrico, esgrimiendo ella un exagerado mohín al degustar la excesiva acidez, cambié el tema de inmediato para despejar la tensión en el ambiente. Mientras discutíamos sobre los títulos que planeábamos ver en nuestra ya programada noche de películas, el resto de los inquilinos nos saludó, camino a las duchas. Ahí, escuchamos que llamaban a la puerta. Era hora.

– "Hey, gente; hola, gente." – Saludó Smith cuando la recibimos. – "¿Qué cuentan?"

– "Buenos días, agente." – Sonrió Kimihito. – "¿Desea café?"

– "Te sorprenderá la respuesta, pero ahora no, Cariño-kun. Vengo por este triunvirato de revoltosas y tenemos prisa."

– "Ya vamos, Hauptmann." – Respondí, cargando el equipaje. – "Herr Kommandant, cuídese. Nos despide del resto de las chicas, ¿vale? Regresamos mañana."

– "De acuerdo, Aria, ve con cuidado. Ustedes también, chicas. Que se diviertan."

Despidiéndonos del casero, abordamos rápidamente la parte trasera de la Dama de Hierro, dándole los buenos días a Zoe, quien fungía como conductora, mientras la capitana se transportaría con el resto de MON en la otra unidad. Dyne se encontraba en el asiento del copiloto, y apenas cruzamos miradas, ella regresó la suya al frente. Debía seguir molesta por lo sucedido el día de ayer, pero no iba a tocar ese tema en ese momento, así que decidí simplemente saludarla.

– "Guten Morgen, Ale. ¿Estás bien?"

– "Sin novedad en el frente, Potato." – Contestó ella. – "Buongiorno, Peaches, Lala."

– "Morning, Pepper." – Replicó la estadounidense. – "Sí que has adoptado rápidamente tu lenguaje étnico."

– "Soy italiana; honro la memoria de mi madre hablando su lengua natal." – Respondió Nikos, acomodándose en su asiento. – "Ahora, si no es molestia, me desvelé leyendo un libro muy interesante y me gustaría seguir durmiendo un poco. Despiértenme cuando lleguemos."

– "Descansa, hermana."

Sabía que sólo era una excusa, y nosotras no insistiríamos en indagar.

– "¿Y qué han hecho en sus días libres, Amatistas?" – Preguntó Zombina, siguiendo el vehículo de la coordinadora. – "¿Cómo aprovechan la ausencia de gritos y balazos de esa gnómida escandalosa?"

– "Fuimos al Museo de Ciencias Naturales." – Contesté. – "Nosotras tres, más Papi y Suu."

– "Ah, el Hahaku. ¿Se divirtieron?"

– "Fue una educativa experiencia. Y las niñas se pusieron como locas con los dinosaurios."

– "Igual que tú cuando te encontraste con aquel caza de combate, A chuisle." – Injirió la irlandesa. – "Cinco personas pueden avalar tu sobreexcitación por una reliquia de la guerra."

– "Ja, ¿se mojó las pantis con el Zero? Típico de Potato." – Rió la pelirroja. – "Tio y Manacchi ya fueron una vez; nos trajeron chocolates con formas de fósil como regalo. ¿Qué se consiguieron?"

– "Una excelente lección en la cicatera naturaleza de la economía." – Respondió la halcón. – "Entiendo que necesiten sacar dinero de algún medio para mantener andando un lugar tan magnífico, pero únicamente los precios de la cafetería deberían ser considerados robo descarado."

– "Una lección que todas sufrimos, especialmente por la insistente vehemencia de nuestras pequeñas invitadas para convencernos de cubrir todos sus caprichos." – Agregó la dullahan. – "Incluso Mo chuisle se les unió en la caravana de consumismo desenfrenado al posar sus ojos en una réplica a escala de su aeroplano."

– "Oigan, es un avión muy bonito después de todo." – Me defendí. – "Pero tienen razón en lo absurdo de los costes. 1,250 yenes por un omelette con forma de panda es un crimen. Y para colmo ni luce como en la foto del menú."

– "¿Crees que eso es malo? Los ladrones de las dulcerías del cine se ríen de esas gangas." – Arguyó la zombie. – "Una vez acompañé a Vanessa a ver el estreno de The Avengers 8: Hulk va a Tampico; un par de palomitas, refrescos, nachos, gomitas y dos conos de helado fueron suficientes para acabar con el treinta por ciento de nuestros ahorros. Y para colmo se le ocurrió que debíamos verla en 4DX. Acabamos cubiertas de caramelo, Rica-Cola y ese asqueroso queso artificial con tanto brinco."

– "Te entendemos. Después del museo, asistimos precisamente al de Toshimaen a ver la de James Bullock." – Habló la halcón. – "Creo que ahí tienen golosinas de mejor calidad, porque el queso de los nachos estaba exquisito."

– "Espera, ¿saliste una vez con Saadia, Zoe?" – Interrogué. – "Creí que no se caían bien."

– "Nadie dijo lo contrario, araña. Pero estaba aburrida ese día, y ella invitó los boletos, así que me pareció buena idea." – Explicó la muerta viviente. – "No odio a Redguard; la negra es bastante agradable cuando se está en privado. Y siempre puede opinar sobre casi cualquier tema; se nota que la resurrección no le pudrió el cerebro."

– "¿No intentó nada raro?"

– "¿Por qué? ¿Celosa?"

– "Un poqui-¡Digo, no! Es que no es secreto que la doc es un axioma de lascivia. Y mira quién te lo dice."

La araña que acababa de morderse la lengua, diría cualquiera. Al menos no me gané una reprimenda en la sesera por parte de mis novias.

– "¡Ay!"

Demasiado tarde.

– "Excelente sistema de control." – Rió tenuemente la teniente. – "Nah, Sandy se portó bastante civil. De hecho fue cuando el demente de Sarver la dejó, así que estaba demasiado circunspecta como para ejercer su usual concupiscencia. Nos la pasamos bien: paseamos por la ciudad un rato y nos atiborramos de golosinas. Ella sólo deseaba despejarse la mente con una amiga. ¿Qué hay de ustedes? ¿Estuvo buena la de Bullock?"

– "Ciertamente disfrutable en cuestión de actuaciones y banda sonora." – Respondió Lala. – "Empero, no podemos decir lo mismo de las decisiones del director al incluir su largometraje dentro del ficticio universo en la antológica franquicia corporativa de la que forma parte, prescindiendo de la fidelidad histórica en el proceso."

– "Ah, ¿también ahí aparece ese maldito pingüino de nuevo?" – Cuestionó la pelirroja, disintiendo con la cabeza. – "Esos de Disney están exagerando con esto del multiverso. Sólo falta que lo agreguen digitalmente a películas viejas para completar el malvado plan de la compañía del ratón."

– "Pero al menos no fue aburrida; la batalla final hizo que valiera la pena pagar por el 3D." – Injirió Cetania. – "En todo caso, ¿cómo va todo en los cuarteles? ¿Qué hay de nuevo?"

– "Como la mantis durmiente dice, sin nada qué reportar." – Zombina se detuvo en un semáforo. – "Ella y Titania han estado entrenando su puntería en la armería. A veces me les uno. La gnómida se pregunta, según sus palabras, cuándo dejarán de holgazanear para poner sus flácidos traseros en forma."

– "Más pronto de lo pensado." – Respondí. – "Regresaremos este lunes para continuar el adiestramiento. De preferencia con el nuevo arsenal de mi patria."

– "Bueno, entonces deberás esperarte, sparassediana, porque aunque el contrato con la industria de tu país fue aprobado, aún falta que arribe el pedido." – Esclareció la occisa, retomando la marcha. – "Por cierto que ese acuerdo les salvó el pellejo a ustedes tres. Salvo por sus pistolas y el cuchillo de la araña, ustedes destruyeron todo su condenado equipo, incluyendo los uniformes. De no ser por aquel convenio, tendrían que combatir al crimen con palos y piedras. Esas cosas son caras, Amatistas."

– "Aún sigo triste por perder a la valiente Mugi." – Comenté. – "Pero al menos mantuve mi promesa de mantener a Erika de una pieza, Zoe."

– "Más te valía, Potato. Me pasé toda una tarde limpiando esa pistola." – Aseveró. – "Casi le gasté las cerdas al cepillo removiendo la sangre de dragón y quitando todas las marcas de quemaduras. Tienes suerte que los daños hayan sido mayormente superficiales."

– "Tratamos de explicárselo a la nidhögg, pero no hizo caso." – Encogí los hombros. – "¿Aún sigue la ametralladora Amelie disponible? No es Mugi, pero se defiende bien."

– "Según el último conteo de inventario, aún está viva." – La heterocromática subió la calefacción. – "Brr. Me dará rigor mortis con este frío. Ya quiero zambullirme en el onsen."

El viaje continuó sin problemas, con las cuatro intercambiando trivialidades. Dyne se despertó de su siesta a la mitad del camino y, aunque algo renuente, también de unió a la conversación. Arribando a nuestro destino, la ciudad de Fujikawaguchiko, en la prefectura de Yamanashi, sentimos el cambio de ambiente de la bulliciosa capital al de la pacífica serenidad de una ciudad más rural. Los imponentes rascacielos de reflejantes cuerpos cristalinos fueron reemplazados por modestos edificios y diversos locales que le otorgaban esa sensación rústica, familiar y tranquila que los turistas, la principal fuente de ingresos del lugar, buscaban. Naturalmente, las aguas termales eran una excelente opción.

Mientras recorríamos las pequeñas calles, bajando una ligera elevación, el Monte Fuji, el símbolo nipón por excelencia, se erguía majestuosamente sobre un añil manto, encumbrándose su nívea cima más allá de las albugíneas nubes. Habíamos contemplado esa misma imagen, desde mayor altura, durante el día final de nuestra graduación. Aquel regio volcán nevado se volvió una alegoría de un gran cambio en esa ocasión, confirmándolo cuando regresábamos con el laurel de la victoria, y esperaba que aquella buena fortuna nos sonriera en ésta también.

Proseguimos el camino, alejándonos cada vez más del centro, y acercándonos más a la zona donde el lago Kawaguchi, el segundo más grande de los famosos Cinco Lagos del Fuji, concentraba la mayoría de los lujosos hoteles. Aunque la nieve aún no cubría con su lechosa capa a la ciudad, el ambiente frío provocaba un alza en la demanda de lugares cálidos, y la cantidad de automóviles estacionados en los establecimientos de alojamiento nos hicieron sentir afortunadas de tener todo un hotel para nosotras solas. Quisiera ser millonaria para poder darme esa clase de lujos mucho más seguido.

Aparcamos en el estacionamiento designado, con un gran letrero indicando que el lugar pronto sería abierto al público. Nosotras, las encargadas de probar antes que nadie las instalaciones, bajamos ordenadamente de los vehículos. La edificación era realmente imponente: poseía sólo tres pisos, sin contar el principal, pero éstos eran tan enormes como una casa sola. El estilo arquitectónico era realmente tradicional, como una estampa estructural del periodo Edo, realzando ese mayestático aire señorial, pero al mismo tiempo, sintiéndose muy acogedor. Sin duda una sensación que yo no podía describir más allá de su abstracta interpretación, pero para resumir, era solemnemente tranquilizante.

Tan pronto llegamos las puertas, fuimos recibidas por las reverencias de un par de jóvenes kitsunes ataviadas en hermosos kimonos, ofreciéndonos guiarnos hasta la recepción. El interior del edificio era lo que una podía esperar de tan suntuoso exterior, con un estilo muy característico de los ryokan, hoteles a la usanza tradicional japonesa, como pisos de tatami, puertas corredizas, mesas bajas y futones. No había pistas del estilo occidental más allá de los carteles en inglés y las extranjeras en nuestro grupo. La okami, es decir, la gerente, era una mujer de pelo azul oscuro envuelto en un bollo y circunspecto, pero amable aspecto, vistiendo una curiosa bufanda tricolor.

– "Bienvenidas sean todas a la Posada Shimarin. Las estábamos esperando." – Nos hizo una reverencia, junto a las dos kitsunes. – "Soy Nao Shima, para servirles. Espero su estancia sea absolutamente placentera. ¿Desean un pequeño tour por el lugar?"

– "Si no es molestia." – Respondió Smith.

– "Ninguna. Pueden dejar su equipaje aquí. Nuestras chicas se encargarán de subirlo." – Sonrió la okami, dando un par de palmadas. – "Yuzu, Satsuki, ya saben qué hacer."

Con otra inclinación de su cuerpo, las jovencitas zorro nos invitaron por los hermosos (y amplios) pasillos de la posada. Después de que nos cambiáramos a las sandalias ofrecidas (con excepción mía, de Cetania, y Doppel, que podía flotar), como toda etiqueta japonesa exige, admiramos el ancestral estilo nipón plasmado en cada centímetro cúbico. Incluso el elevador no desentonaba con la artística visión, habiendo sido arreglado de manera que la estética de éste pudiera mezclarse con sus alrededores impecablemente.

Las kitsune nos explicaban la ubicación de las diferentes amenidades. Había una sala de juegos en el tercer piso, donde podíamos practicar actividades como ajedrez, shōgi (el ajedrez japonés), o simplemente relajarse con la pequeña selección de libros disponibles, según informaron las zorritas. Pudimos observar el jardín exterior, cubierto de bellas flores silvestres y chocitas campestres, aumentando el aire rústico y sereno; todo sin siquiera visitar las aguas termales aún. Nos detuvimos a la entrada de los cuartos, en el segundo piso.

– "Siempre estamos disponibles para servirles, pero si no nos hallamos en las cercanías, sólo deben tomar el teléfono disponible para comunicarse a la recepción." – Indicó Yuzu, la kitsune de rubios cabellos. – "¿Desean entrar ahora, conocer las aguas termales, o prefieren satisfacer su apetito primero?"

El rugir de nuestros estómagos al unísono fue toda la confirmación necesaria.

Cada una de las habitaciones contaba con una mesa para que cuatro personas comieran a gusto, pero preferimos seguir en grupo. Fuimos conducidas al comedor principal, asombrándonos de las enormes dimensiones que hacían sentir el lugar demasiado solitario, a pesar de que éramos nueve personas. Sin embargo, tampoco podríamos quejarnos de retrasos en el servicio. Se nos fueron ofrecidos diversos platos típicos nipones, reposando en enormes bandejas, con recipientes más pequeños dentro. Desde el infaltable arroz, hasta la sopa miso, pescado y huevos, todo servido en grandes porciones saciar el hambre de sus liminales huéspedes, para había variedad para todas. Sin dilación, comenzamos a deglutir.

– "Reciba nuestros más sinceros agradecimientos por habernos compartido el experimentar de esta fastuosa estadía, coordinadora Smith." – Congratuló Lala, degustando un poco de tofu. – "Especialmente al aceptarme como parte de su selecto grupo."

– "Ni siquiera has visto la atracción principal, segadora. Entonces ahí sí querrás besarme los pies." – Replicó la capitana, sirviéndose un vaso de sake. – "Dale las gracias a tu arachne, quien cubrió tus gastos."

– "Tomando en cuenta lo que aquí ofrecen, salió relativamente barato." – Comentó Tionishia. – "¿Recuerda al primer onsen al que fuimos todas, Jefita? Ese con el jardín bonito."

– "El Yoshiike, en Hakone, Tio-san." – Apresuró Manako. – "Bastante hermoso, pero yo sólo recuerdo lo embarazoso que fue el tener que atravesar la zona mixta después de salir de la sección para mujeres."

– "Suena a un pésimo diseño." – Habló Cetania, comiendo una ensalada.

– "Es algo bastante en común en este país, pero aún así las miradas se sintieron incómodas." – Opinó Zoe, disfrutando su pescado. – "Y la comida era de quinta. Incluso la cafetería de los cuarteles posee más calidad."

– "El helado estaba bueno." – Injirió Tionishia. – "Y las aguas en verdad que eran relajantes."

– "Demasiado." – Dijo Doppel, riendo tenuemente. – "Bina casi pasa a volverse estofado de zombie cuando el calor desprendió sus costuras y su cabeza quedó flotando."

– "Juro que casi muero por segunda ocasión. Sentía a mi cerebro freírse como huevo." – La pelirroja disintió con la cabeza. – "Y no hablemos del baño, que olía a rayos, por muy bonito que luciera."

– "Esa fue tu culpa por mezclar vodka con la comida china, cadaverosa." – Respondió la cambiaformas. – "Compadezco a quienes tuvieran que limpiar las tripas putrefactas que dejaste tiradas."

– "No exageres, pelos de elote, que apenas fue un poquito de malestar estomacal."

– "Aún me pregunto cómo logró meter de contrabando la botella." – Habló la cíclope. – "Era una estancia corta, no llevamos bolsa de equipaje con nosotras."

– "Una zombie tiene muchos compartimientos, Manacchi." – Le guiñó la heterocromática.

– "Perdí el apetito." – Masculló Dyne, haciendo a un lado su plato.

– "Meine Göttin…" – Musité. – "¿Fue el grande o el peque-¡Auch!"

– "En boca cerrada no entran moscas, descendiente de Arachne." – Instó la dullahan, habiéndome dando un coscorrón.

– "Vale, basta ya de escándalo, niñas, que no estamos en un hostal de segunda." – Dictó Kuroko, sirviéndose más sake. – "Sólo somos nosotras, pero debemos demostrar que tenemos tanta clase como estas ostentosas paredes."

– "Hauptmann, es muy temprano para beber." – Le recordé.

– "¿Sargento Cetania?" – Smith dio un trago a su vaso

– "¿Sí, Señora?" – Preguntó la castaña.

– "Pincha a Jaëgersturm."

– "Sí, Señora."

– "¡Auch!"

Disfrutar de tan hermoso lugar era suficiente para tolerar la presencia de mi irresponsable superior. Luego de llenar nuestros estómagos, ahora sí, nos encaminamos a nuestras habitaciones, en el segundo piso. Las kitsunes, más otras dos, habían transportado nuestras pertenencias, que en sí no eran muchas.

– "Bien, como lo acordamos antes de venir, Diamantes." – La capitana tomó la palabra. – "Tio, Manako, ustedes compartirán el cuarto del ala este."

– "Sí, Señora." – Respondieron ambas, al unísono.

– "Como yo soy la jefa, tomaré la suite central, que tiene la mejor vista." – Afirmó. – "Dop, ¿trajiste el café colombiano?"

– "Siempre, Hafh'drn." – Afirmó la doppelgänger.

– "Excelente, entonces serás mi compañera." – Le sonrió. Se volteó hacia la teniente. – "Zoe, tú conoces lo que es perder un ojo y eres una experta en combate cercano, así que aconsejarás a Nikos en el ala oeste. ¿De acuerdo?"

– "Sí, Señora." – Contestaron la mantis y la zombie.

– "Perfecto." – Ahí se dirigió a mi dirección. – "Jaëgersturm, todas sabemos que deseas pasar tiempo con tus parejas, por lo que las palabras sobran. Empero, debido a que todas las presentes no queremos que la paz de nuestro descanso se vea interrumpida a medianoche, o antes, tú y tus chicas tomarán un cuarto en el primer piso, a su elección. ¿Alguna objeción?"

– "Uhm, no, Señora." – Repliqué.

– "Correcto. Y recuerden, que esto es un hotel decente; la discreción es oro." – Se ajustó las gafas oscuras. – "De acuerdo, veinte minutos para flojear y después disfrutaremos de la atracción principal. Hay panfletos disponibles en sus habitaciones sobre la etiqueta y reglas a seguir, así que léanlos. ¡Muévanse!"

Chasqueando ella sus dedos, todas nos adentramos en las recámaras asignadas. Diseñadas a la antigua usanza, nuestras habitaciones eran tan tradicionales como si hubiéramos regresado en los tiempos del áureo blasón de la flor de jengibre del shogun Tokugawa. Las puertas corredizas, (fusuma) se hallaban bellamente decoradas por suntuosas pinturas retratando paisajes clásicos, mientras el tokonoma, un pequeño cubículo donde se colocan flores y decoraciones de acuerdo a la estación, adornaban una de las paredes.

Una chimenea ligeramente hundida de forma cuadrada (irori), con una olla suspendida por una palanca de hierra, residía plácidamente en uno de los extremos; perfecta para cocinar o calentar té. Una alacena con los ingredientes para preparar tal brebaje también estaba disponible. Siguiendo el rastro del suelo cubierto de tatami, encontramos un chabudai, las habituales mesitas bajas, donde en lugar de sillas se usaban almohadas (zabuton) para sentarse. Del otro lado, cerca de la panorámica ventana, un kotatsu de verdes tonos y mayores dimensiones, esperaba a que los residentes internaran su cuerpo debajo de éste para calentarse.

Las paredes contenían monocromáticas y finas pinturas sumi-e, siendo la guinda del artístico pastel. Los oshiire, los roperos donde se guardaban las colchas, estaban repletos de toallas y futones, como para casi toda una familia entera. Con la excepción del baño, las lámparas, el teléfono y la luz del repetidor de señal wi-fi, no había rastro alguno de influencia occidental. Las recámaras también eran espaciosas, por si la adaptación para extraespecies no era lo bastante clara ya.

En resumen, eran hermosamente relajantes.

– "¿Soy yo, o Doppel es la más apegada a Smith?" – Dije, asentándome sobre un zabuton, cerca de la panorámica puerta al exterior. – "Pensé que Bina, siendo la teniente, sería la más cercana a su superior."

– "El rango profesional no se traduce en una amistad mayor, A chuisle." – Dilucidó la segadora. – "Si dices que la coordinadora y la hija del Caos Reptante coligan frecuentemente, quizás se deba a que confían más que en la occisa revivida."

– "Tal vez tengas razón. Aunque no explica por qué la doppelgänger posee un rango menor." – Repliqué, estirándome boca abajo. – "Quizás es como dice Ale sobre la importancia de nuestra utilidad. Una cambiaformas inmortal es posee mayores ventajas sobre una zombie, pero Zoe es mejor líder en combate."

– "¿De qué hablan ustedes dos?" – Preguntó la arpía, saliendo de lavarse la cara.

– "De la aparente propincuidad entre su capitana y la descendiente del Dios sin Rostro." – Le replicó la peliblanca. – "Mas le explico a Mo chuisle que eso seguramente es debido a un gran sentimiento de camaradería entre ambas."

– "Ah, ya veo. Pues será el sereno, pero Kuroko tiene el aroma de esa cambiaformas impregnado en todo el cuerpo." – Afirmó la rapaz, peinándose. – "Y no hablo de un vago olor, sino que prácticamente comparten la misma fragancia corporal. Es casi como el tuyo, que se ha mezclado casi homogéneamente con el de Aria."

– "Una de las características de los seres del Abismo es la lenta influencia en los mortales cercanos a éstos." – Elucidó la nativa del Éire. – "Puede incluir un cambio parsimonioso, pero auténtico en diferentes aspectos, ya sea la actitud de la persona, el olor corporal, e incluso el prohibido conocimiento milenario; fatídico para cualquier mente no preparada ante las revelaciones ancestrales del Caos Imperecedero."

– "Yo siento que mi léxico se ha expandido considerablemente desde que conozco a Spatzi." – Comenté. – "Cuando llegué aquí, tus hieráticos amaneramientos lingüísticos me eran absurdamente inteligibles, pero ahora se han vuelto parte de mi vocabulario cotidiano. ¿Es esa la influencia de la que hablas, linda?"

– "No es errado atribuirlo a la innata persuasión de mi estirpe, A chuisle, pero la mayor parte del crédito es tuya." – Declaró la irlandesa, dándome un beso rápido. – "Aunque confieso que me es halagador el que me consideres como la catalizadora de tu incremento en tu habilidad lingüística."

– "Ay, sí, muy predominante, Pitufina." – Dijo sardónicamente la castaña. – "¿Y yo qué, flaca? ¿No he sido una influencia positiva?"

– "Tú y esa palabra sin antónimos, peste alada." – Retrucó la dullahan.

– "Como tú y altura, enana." – Le sacó la lengua. – "Vamos, flaquita, sabes que esta fastuosa pajarita es buen ejemplo."

– "Süsse..." – Me incorporé, besándola tiernamente en la boca. – "De no ser por ti, me hubiera vuelto una lápida en el cementerio durante los atentados. Te debo literalmente la vida, y eres tan importante como ésta."

– "Es mi deber, guapa." – Me devolvió el ósculo. – "Y mi eterno placer."

– "Las dos son igual de valiosas para mí, jamás lo olviden." – Tomé el brazo de la segadora y la atraje hacia mí. – "Olvidemos las rivalidades por hoy y unámonos en disfrutar de este pequeño escape al paraíso, ¿sí?"

– "De acuerdo, A chuisle." – Asintió la Abismal. – "Ya he aceptado compartir este deífico aposento con tan latoso incordio alado después de todo."

– "Y yo prometo no arrancarle las canas a esta decapitada. Lo juro con la pluma chiquita." – Contestó la americana, alzando su ala. – "Ups, se desprendió."

– "Anden, denme un besito en el cachete las dos, al mismo tiempo." – Insistí. – "Me traerá suerte."

– "Ya aprobamos acompañarte a esta posada de asueto, a pesar de que ambas estamos conscientes de tus intenciones, descendiente de Arachne." – Expresó Lala.

– "Suficiente suerte tienes como para darte más." – Agregó Cetania. – "Vamos, enana; no te juntes con esta flacucha."

Dándome un pinchito en los brazos, las dos se encaminaron hacia el punto de reunión acordado. Disintiendo con la cabeza mientras reía, seguí a ambas hasta el pasillo que daba al exterior. Ahí, mi hermana y el resto de MON ya se encontraban reunidas, intercambiando trivial charla, esperando a que nuestra capitana y su Abismal guardaespaldas hicieran acto de aparición. Yuzu, la kitsune rubia, también se encontraba ahí, lista para darnos guiarnos. Una vez se nos unió la pareja faltante, la joven vulpina encabezó nuestra marcha.

La cabina donde se alojaban el baño y el onsen estaba conectada al edificio principal por un camino techado que permitía admirar la hermosura del jardín, recubierto de florecillas a pesar de hallarnos en invierno. Tal jardín era ciertamente amplio, con delineados caminos de piedra natural formando espirales senderos entre la flora y las tradicionales linternas de piedra (tōrō), que no pueden faltar en la arquitectura oriental. Pequeños puentes de madera unían las tierras separadas por riachuelos que albergaban policromáticos peces koi. Junto al rumor de los insectos, cantando su sinfonía para la naturaleza imperante, el aire tan folklóricamente acentuado no podía ser más nipón.

Llegamos a las cabañas, divididas en secciones para hombres y mujeres, junto a una mixta. Yuzu nos dio unas cuantas instrucciones más y se retiró después de una reverencia. En ese momento, Satsuki, la kitsune de pelo púrpura, apareció para informarle a la coordinadora que tenía una llamada de los cuarteles. Refunfuñando por haber sido interrumpida, pero sin negarse a atender los asuntos oficiales, la agente siguió a la chica zorro. Mirándonos todas y encogiéndonos los hombros, proseguimos con nuestro plan. Finalmente, era momento de gozar de la razón principal de haber venido.

– "De acuerdo, Amatistas y dullahan; es hora que ustedes conozcan la tradición de MON." – Dijo Zoe, desabrochando su cinturón. – "¡La última en desvestirse se bañará sola!"

Sin dilación alguna, los Diamantes de Monster Ops comenzaron a removerse la vestimenta. Nosotras cuatro permanecimos en un curioso estado de admiración y algo de temor al ver a nuestras superiores desnudarse. Admiración (y excitación) por poder observar los perfectamente torneados cuerpos de las chicas; y miedo porque al final del día, ellas eran las veteranas y nosotras unas simples novatas, mas una turista, que tenían en deífico privilegio de contemplarlas de manera tan íntima. ¿Quién podría evitar sentirse nerviosa?

– "¿Van a seguir jugando a las estatuas todo el día?" – Nos exclamó la zombie. – "De prisa, flojonazas, o les pegaremos de toallazos por lentas."

Demostrándonos Bina que hablaba en serio, usando la suya como látigo, nos apresuramos a arrancarnos el pudor como nos deshicimos de nuestros atavíos. La irlandesa era la más sonrojada de todas, siendo ella la que menos contacto tenía con MON como para sentirse totalmente tranquila, pero el saber que yo estaba ahí le dio el valor suficiente de enseñarnos la belleza escondida debajo de sus oscuras ropas. Además, tampoco negaré que poder examinar detalladamente con mis seis globos oculares el sinuoso físico de las chicas fue la perfecta representación del paraíso en el que nos encontrábamos.

Es innecesario mencionar el hormigueo en mi cuerpo cuando el sostén de la pelirroja cedió para revelar sus dos firmes senos de clara epidermis, coronados por un par de rosados pezones de areola mediana, tan erguidos como los míos en ese momento. Aquellas redondeces de copa E compartían el mismo tamaño que los de mi segadora, con noventa y cinco centímetros. Su núbil trasero, a pesar de no poseer las gloriosas dimensiones de la dullahan, seguía siendo sicalípticamente tentador, además de que todavía conservaban la increíble suavidad esperada. Para completar, su glabra feminidad también se mantenía libre de costuras que menguaran el atractivo de la heterocromática.

Aunque estaba consciente de que las secciones de su cuerpo, incluyendo la piel, podrían haber pertenecido a otra persona, confiaba en la información que la pelirroja misma me participó, donde afirmaba que siempre elegía partes lo más fielmente parecidas a su figura original. Después de tan esplendoroso banquete visual, mi atracción hacia ella sólo continuaba reforzándose.

Manako, por el otro lado, era bastante plana en el aspecto pectoral. Sus pechos eran copa A, apenas siendo discretas protuberancias en su caja torácica, con los pezoncitos más rosados y delicados que haya visto decorándolos; como botoncitos entre piquetes de mosquito. Su cadera era igualmente menuda, aunque las asentaderas poseían una redondez que hacía juego con sus bien torneadas piernas, otorgándole el atractivo en su zona posterior para compensar la exigüidad mamaria. Como imaginaba, no poseía vello alguno en su zona íntima. El resto de su cuerpo tenía pequeñas cicatrices que daban fe de su trayectoria como guerrera, aunque su puesto la obligara a mantenerse lo más alejada del calor de la batalla.

Ahora, cuando se trataba de Tionishia, era fácil deducir la razón de que incluso yo, una arachne de más de dos metros de altura, se sintiera tan diminuta en comparación con la ogresa. Con ciento sesenta centímetros (según los datos de la doctora Redguard, los cuales quizás haya o no ojeado), la rubia era dueña de un par de montañas copa P que empequeñecían al Himalaya completo; ni siquiera Centorea o Amanda, las mujeres mejor dotadas que he conocido hasta ahora, superaban las extraordinarias proporciones de la alférez. Tan imponentes masas de carne eran hogar de grandes y oscuros botones pectorales, tan sicalípticos que casi hacían desear a una retroceder en la línea del espacio-tiempo para ser amamantada día y noche, succionando con ahínco tan seráficos dispensadores de leche.

Y por si aquellos abundantes pechos no bastaran, su cadera era una invitación a desatar sus más perversas fantasías hasta sufrir de indigestión con tanta carne disponible. Mientras la mujer de un solo cuerno se retiraba parsimoniosamente, casi provocativamente, su ropa interior, las sustanciosas posaderas quedaban al descubierto junto al resto de su intimidad, con una ausencia de vello entre los núbiles labios inferiores que la denotaban como una perfecta fémina. La venusina forma, la apoteósica suavidad, la exquisitamente exótica piel oscura, ¡y lo majestuosamente pachoncito de su trasero! El cuerpo de Tio era un axioma de belleza y erotismo concentrados, sin contar que contaba con la experiencia de ser una agente de élite.

La única razón por la cual no terminé viendo pajaritos y pequeños corazones alrededor de la ogresa cada vez que posaba mis ojos sobre ella, es porque Tionishia, al igual que personas como Manako o Amanda, es también un aforismo viviente de ternura y amabilidad. La apacible gigante es un faro de bondad cuya áurea luz resplandece con una fuerza tal que aparta la oscuridad que reside en lo profundo de mi alma, y me ahuyenta como vampiro ante el fulgor del sol. En pocas palabras, la alférez es demasiado pura para que mis impías manos se posen sobre su impoluto ser. Además no deseo imaginar lo que mi perversión me llevaría a solicitarle; ese cuerno sería capaz de atravesarme el cu…

Demonios, mis pensamientos se tornan perturbadores cuando estoy caliente.

En cuanto a Doppel… era un caos. Al contrario de la nativa del Éire, la cambiaformas no era dueña de figura definida; o al menos, de una que no causara la implosión del raciocinio al instante. Lala misma me había advertido de jamás posar mis ojos sobre la Abismal cuando se hallara reposando, o incluso somnolienta, pues su estirpe requiere de energía y concentración para mantener su apariencia 'normal'. De toparme con la doppelgänger en tales estados, sería testigo de su inefable forma real, la misma que su abominable padre les heredó a todos sus vástagos. Entonces, perdería la cordura, encerrándome sempiternamente en una prisión mental de execrables monstruosidades demasiado infaustas para describirse.

Esa era la mayor ironía de ella: Doppel podía elegir ser quien deseara, sin límite alguno. Podría decidirse por adoptar el cenit de la epicúrea lascivia, o la manifestación del terror mismo; todo a, literalmente, un giro de cabello. Empero, la enigmática alférez flotante optaba por un cuerpo que hacía ver al de la cíclope como un hito de voluptuosidad. Tal vez esa era parte de su filosofía como embajadora de la discordia, según el folklor Abismal; o quizás una transformación más pequeña le permitía ahorrar mayor energía, no lo sé. Aunque en esta ocasión decidió hacer un pequeño cambio: enseñarlo todo.

Aunque sonara contradictorio, dada su habitual desnudez, la cambiaformas era una experta de la provocación, utilizando su cabello a manera de censura para esconder sus partes críticas. Todo el mundo quedaba boquiabierto por la aparente desfachatez de pasearse con traje de Eva, pero nunca eran capaces de atisbar más allá de la nívea barrera que su pelo imponía. Ese era el secreto de su libertad para caminar en una extremadamente delgada línea legal, entre conservar la decencia y el exhibicionismo con unas cuantas hebras capilares. Ser impúdicamente ética era la dicotomía caótica que sólo Doppel podría llevar a cabo exitosamente.

Pero ahora, podíamos ser testigos de la apariencia de aquellas facciones que tan ¿celosamente? resguardaba tras su pilífera capa de platinada tonalidad. O al menos, los que suponíamos eran los elegidos para su transformación habitual. Como era de esperarse, no poseía cicatrices, lunares u otras imperfecciones cutáneas, ni siquiera recreadas. Y como no esperábamos, sus pezones eran de un rosado suave, contrastante con su oscura piel. Siempre pensé que serían igual de oscuros como los de Tio, aunque la misma clase de sorpresa me llevé al comprobar por primera vez que los de la segadora también eran rositas, creyendo que serían azules. Su mons veneris se hallaba escasamente adornado por un fino y albugíneo pelaje, siendo la única de todas quien poseía vello púbico.

Bien dicen que todos bajo la ropa somos iguales; tan pronto las veteranas se hallaron al natural, nos sentimos más confiadas y también nos deslindamos completamente de nuestras vestimentas. Como dictan las reglas, habíamos qué lavarnos perfectamente antes de hacer uso de los baños. Las aguas se comparten entre todos, y lo ideal es dejar el menos rastro de ADN ajeno entre el líquido. Depositando nuestras prendas en las cestas, y sacando nuestros objetos personales de aseo, comenzamos a adecentarnos, sentándonos en los bancos (yo sólo me acomodé en el suelo) y mirándonos en los espejos frente a nosotras.

– "¿A chuisle?" – Me habló Lala, facilitándome un cepillo de mano y quitándose la cabeza. – "¿Mi espalda, por favor?"

– "¡Ay, no se vale, enana! ¡A ti te lavan en casa; ahora es mi turno!" – Protestó la arpía, acercando su banco. – "¡Flaca, tállame la espalda a mí primero!"

– "Yo solicité primero la atención de Mo chuisle, vástago de Electra." – Replicó la dullahan, empujando a la emplumada de su lugar. – "No intentes interrumpir las demandas del Eterno Abismo."

– "¡Piss off, Blueberry! ¡Sólo quiero que me ayude a lavarme; no te vas a morir por eso!" – La rapaz le sacó la lengua, reclamando su asiento. – "¡Además, se supone que este era un viaje exclusivo de MON! Recuerda que no eres más que una colada."

– "Y te recuerdo que Mo chuisle cubrió la cuota que me autoriza el uso de esta posada, incordio alado." – La irlandesa la empujó nuevamente, tomando su lugar. – "Aria, la espalda."

– "Nein." – Respondí. – "Ni tampoco a ti, Süsse."

– "¿Por qué?" – Preguntaron ambas.

– "Por quebrar su promesa de portarse bien." – Dilucidé, incorporándome. – "Si van a seguir peleándose como animales, entonces báñense con la lengua, como las gatas salvajes que son."

Había sonado bastante tajante y agresiva para mi habitual persona, pero argumenté mentalmente que tenía que enseñarles la lección por faltar a su palabra. Parte de mí se sentía mal por rechazar las órdenes de mis amadas, pero también debía probarles que las promesas debían respetarse. Las veteranas se encontraban charlando y no quise interrumpir su conversación, así que me acerqué hacia donde estaba Dyne, asentándome a su lado.

– "¿Puedo echarte una mano, hermana?" – Le pregunté. – "Tranquila, sólo será la espalda."

– "Normalmente preferiría que te mantuvieras alejada al menos a diez metros de mí, Potato." – Replicó ella. – "Pero supongo mi consanguinidad me ha hecho más tolerante a tu presencia. Si tocas donde no debes, te meto el cepillo por la raja."

– "Eso me gustarí-¡Ay!" – Ella me pinchó con su espolón. – "Vale, vale, era broma, Ale. Ow."

– "Nada de tonterías." – Aseveró, ofreciéndome un pasador. – "Amárrame el pelo primero; las reglas dicen que no se puede meter en el agua."

– "Jawohl, Schwesterchen." – Le comencé a acomodar el cabello. – "¿Sabes? Siempre envidié lo sedosamente lacio que lo conservas. Cuando yo lo tenía largo, batallaba a diario para mantener mi melena perfectamente peinada."

– "Poseo buenos genes, araña." – Arguyó, enjabonándose el frente. – "Trata de no usar shampoos o acondicionadores que ostenten contener miel, son una farsa y dejan grasoso el cuero cabelludo

– "Está bien, no es que importe ahora." – Seguí amoldando su pelo. – "¿Crees que me vería más femenina si me lo dejo algo más largo?"

– "Tú lucirás como la machorra que eres sin importar la longitud capilar, patas largas." – Contestó, sardónicamente. – "Y si eres tan bruta con un peinado tan corto, de tenerlo largo seguramente se te atascaría cuando recargues tu arma."

– "Sé que estás bromeando, pero actualmente eso es verídico." – Reí tenuemente. – "En serio; cuando practicaba con mi fusil Karabiner 98k, en Weidmann, llegué a atorar mis mechones en el cerrojo del arma. Lo peor es que luego tenía que desarmarla para retirarle todo el pelo."

– "Espero nuestro padre no me haya heredado el ADN defectuoso, como a ti." – Disintió ligeramente Nikos con la cabeza. – "Empero, tampoco negaré que en ocasiones el mío pudiera causar uno que otro inconveniente. Estos días estuve pensando en cortármelo."

– "Sería una lástima, Ale; el estilo hime te queda a la perfección. Te hace ver como si fueras de la realeza." – Afirmé, enrollando su cabellera. – "¿Cuál peinado tenías en mente?"

– "Nada particular, sólo rebajarlo hasta los hombros." – Dilucidó. – "Pero ya no importa, llegué a la misma conclusión de que ésta es mi mejor apariencia."

– "Para ser tan solitaria te preocupas mucho por tu imagen. ¿No será que hay alguna chica que te hace temblar los espolones, grillita?" – Sonreí maliciosamente. – "¿Quién es? ¿Mei? ¿Keiko, la de la armería? ¿O le dijiste 'sí' al chocolate podrido de Sandy?"

– "Tengo tanto interés en iniciar una relación sentimental como tú en aprender matemáticas, Potato."

– "Sólo quiero que mi hermanita encuentre la felicidad que merece." – Le contesté, dando los últimos retoques. – "Además, ya estoy aleccionándome en la aritmética. Los libros de texto de Papi sí que son efectivos."

– "¿Cuánto es seis por nueve?"

Bien, veamos… Dos por dos es cuatro; cuatro y dos son seis, pero la inflación de este año fue mayor a la del anterior y… ¡Carajo, Dyne, no me tortures así!

– "Uhm…" – Medité un par de segundos más. – "¿Con impuestos o sin ellos?"

– "Eres una idiota."

– "Ay, cómo se nota que no estás al tanto de las fluctuaciones financieras." – Le di un par de palmaditas en la cabeza. – "Listo, Ale; ¿qué te parece?"

– "Ya era hora. Si hablaras menos y te movieras más ráp…" – Se pausó al mirarse al espejo. – "¡Jaëgersturm, ¿qué diablos hiciste?!"

– "Querías que el pelo no se te mojara, ¿verdad? Los bollitos dobles, creo que les dicen odango, te quedan bien."

– "¡Sí, ¿pero tenías que agregarle colitas?! ¡Parezco una jodida Sailor Moon!"

– "Es que me acordé de la serie y me pareció qu-¡Gah!"

– "¡Figlia di puttana! ¡Eso me pasa por confiar en una maldita patata!" – Vociferó al tiempo que me ahorcaba, habiéndome tirado en el suelo. – "¡Quítame estas ridiculeces o yo te haré un corte con todo y cráneo!"

– "¡Agh, h-hermana! ¡No pu-puedo respirar!"

– "¡Tremenda idiota que eres! ¡Puedes usar tus malditas filotráqueas!"

– "¡Las estás-Gah! ¡Las estás aplastando!"

– "¡Qué bueno! ¡El azul post-mortem te queda mucho mej…!"

– "Hey, yo creo que te queda a la perfección, grillita." – Injirió de repente Zoe, sonriendo pícaramente. – "Tienes una manchita muy curiosa justo en medio del perineo."

– "Qué monada." – Agregó Doppel, maliciosa. – "Tiene forma de luna menguante."

La italiana debió recordar sus antiguos días en la granja, porque su color cambió inmediatamente a un rojo más intenso que el más puro tomate. Que sus superiores revelaran tan singular nevus melanocítico con forma del satélite terrestre localizado entre su zona íntima más oculta debió serle un shock instantáneo, igual que para nosotras. Había compartido las duchas con la milanesa infinidad de veces, pero jamás pude atisbar tan sacrosanto lugar. Debió detenerse, paralizarse lo suficiente para poder dejarme recuperar el control de mis pulmones y filotráqueas abdominales.

– "¡Gaaah! ¡D-detente, Dyne!"

Por supuesto, no lo hizo.

Mi hermana decía que no hay nada más frustrante que ser lastimada por algo de lo que no puedes vengarte, como golpearte el dedo del pie con un sillón, o que se te caiga la comida al suelo por la fuerza de gravedad. Y en el caso de la mediterránea, le sería imposible fraguar represalias en contra de las alféreces y la teniente, que fácilmente podrían someterla antes de enviarla al paredón. Ergo, desquitó toda su ira conmigo, negándome el preciado oxígeno. Podría decirse que yo tenía parte de la culpa, por provocarle con tan estrafalario estilo capilar, pero yo desconocía completamente de su secreto, o que las chicas detendrían su conversación para andarle viendo la entrepierna a la pelinegra.

– "Qué bonita familia." – Comentó la zombie, acercándose. – "Bien, Amatistas, siempre es divertido verlas matarse entre sí, pero las necesitamos vivas. Ya suéltala, Princesa Kaguya."

Entendí la referencia a la protagonista de cierta leyenda japonesa. Lástima que la ausencia de aire me impedía reírme. Demostrando que su puesto le otorgaba inmunidad ante sus subordinadas, la osada pelirroja comenzó a enrollar su pequeña toalla mojada y, emulando la sagacidad de una serket atacando con la cola, le propinó un latigazo al glúteo de la mantis, provocándole saltar con un jocoso gemido de sorpresa, liberándome. Mientras una excesivamente ruborizada empusa se dirigía al rincón más alejado y parcialmente oculto del baño, tomando suficientes toallas para cubrirse de pies a cabeza, yo me alegraba de respirar nuevamente.

– "Eso fue bastante grosero, Bina-san." – Opinó Manako, disintiendo con la cabeza. – "Y no debería mirar indiscretamente a las personas en sus partes íntimas."

– "Lo siento, Manacchi; intenté no darme cuenta, pero la falta de ropa me lo dificultó." – Retrucó la pelirroja. – "Vamos, como si las manchas cutáneas fueran gran cosa para empezar. ¿Recuerdas la que tiene Tio en el-¡Guh!"

– "Creo que es hora de meternos al agua, chicas." – Interrumpió la sonrojada ogresa, tomando la cabeza de Zombina, tapándole la boca en el proceso. – "Ah, tengo tan tenso el cuerpo. No puedo esperar a zambullirme."

– "Olvidaste el resto, cornuda." – Señaló Doppel a la figura exánime y decapitada de la occisa.

– "Descuida, Dop, no hay problema de que contamine en este estado." – Respondió la rubia, mostrando una bolsa plástica en manos.

– "Ahora sí que la provocó esa cerebro podrido." – Musitó la cambiaformas. – "Hasta aquí puedo sentir la ira acumulándose detrás de la sonrisa."

– "Vamos, hay que calmarla antes que regrese la jefa." – Suspiró la cíclope, arrastrando el cuerpo de Bina. – "¿Por qué no me dediqué a la horticultura?"

Comprendía a la francotiradora; no hay nada más terrorífico que una ogresa actuando de manera pasiva-agresiva. Al menos fue lo suficientemente considerada para no volver la sesera de la teniente en puré. Con ellas encaminándose a las aguas termales, me incorporé y resumí mi aseo. Dyne continuaba resguardada tras su fortaleza de prendas para secar, quizás planeando regresar a su época de mafiosa, fraguando una fría y dulce venganza. La dullahan y la rapaz ya habían terminado de limpiarse y, habiendo tomado un par de pequeñas toallas para cubrirse, se retiraron hacia el exterior.

– "Miau, miau." – Dijo la arpía al pasar junto a mí.

– "Onomatopeya felina." – Se mofó la irlandesa, detrás de la castaña.

Las dos me pasaron de largo, sin decir más. Por supuesto, aún estaban molestas por dejarlas solitas con cepillo en mano y llamarles gatas. A veces me preguntaba si la poligamia era realmente la respuesta; dos mujeres significan el doble de problemas. Exhalando, finalicé de limpiarme y me dirigí a la salida.

– "No tiene caso esconderse cuando ya todas te vieron completa, Ale." – Le comenté a mi hermana. – "Anda, olvidemos esta locura entre los vapores de la distensión líquida."

– "Déjame en paz, Potato." – Replicó, resumiendo su baño. – "Iré cuando me plazca."

– "Como desees." – Encogí los hombros. – "Al menos no mencionaron el lunar que llevas en la nalga derecha."

Una botella de shampoo pasó cerca de mi cabeza mientras yo reía, abriendo la puerta al exterior. No necesité de toalla; tratar de mantener el pudor en un onsen era fútilmente absurdo. Mientras me acercaba, admiré la hermosura del vaporoso paisaje frente a mí; y no lo digo únicamente por la belleza de las chicas remojándose. El rotenburo, es decir, el baño al aire libre, era una enorme piscina natural formada por la actividad geotermal, mayormente volcánica, siendo el Monte Fuji el escultor principal de todas las aguas termales en el área.

Ésta se elevaba a unos cuarenta centímetros por encima del suelo, obteniendo la forma de una gran olla irregular. Justo al lado, otra capa, de menor altura, creaba un aro de aguas menos profundas, perfectas para niños y liminales que no toleren demasiada agua, como los limos. El vapor que emanaba de las aguas me daba la razón al usar tal metáfora. Una barda de madera nos resguardaba de miradas indiscretas, si es que había alguna en este lugar tan alejado.

Parte de la piscina estaba protegida por un techo, con grandes rocas que ocultaban la vista, y la opacidad del agua, casi con apariencia lechosa, formaban barreras naturales para obtener un poquito de privacidad. Las lámparas de roca decoraban las cuatro indefinidas esquinas de nuestra acuosa caldera, mientras que en el centro, una hermosa cascada en miniatura armonizaba con su tenue sinfonía. Un shishi-odoshi, esas famosas fuentes hechas con un tubo de bambú que resuenan cuando el agua en la punta las empuja, creando un sonido particular, era la guinda de tan idílico panorama.

– "Ahh, esto es vida. Justo lo necesario para olvidarse de que estamos en invierno." – Expresé al sumergirme lentamente. – "Sparassus no posee actividad volcánica, y aunque contamos con baños públicos calientes, nada se le compara a esto."

– "Pensé que las arachnes eran poco tolerantes al calor del agua." – Comentó Zoe, ya habiéndose cosido el cuerpo.

– "Las cazadoras, junto a las saltarinas, somos las más activas de nuestra estirpe. Ergo, soportamos mejor las altas temperaturas que el resto de nuestras congéneres." – Dilucidé. – "Rachnera no soporta más de un par de minutos en un baño caliente sin que empiece a sentir la cabeza ligera. Por eso prefiere los saunas."

– "Aquí también hay salas de vapor, Aria-san, pero creo que aún no están en funcionamiento." – Aseguró Manako, viendo los árboles a nuestro alrededor. – "Las instalaciones aquí me recuerdan a cuando visitamos las termales de Maenohara."

– "Ah, el de Itabashi, ¿no? Los jardines ahí eran preciosos." – Opinó Tionisha. – "Me encantó que nos colocaran cientos de juguetes de ranitas flotantes para bañarnos."

– "Esa era la piscina para niños, grandulona." – Retrucó Doppel. – "Y sacaste toda el agua cuando te sumergiste, a pesar de que te lo advertimos."

– "Bueno, pero aún así fue divertido."

– "Ustedes sí que tienen suerte para conocer tantos de estos lugares, chicas." – Dijo Cetania, remojando su plumaje.

– "Sólo una bien merecida recompensa por exponer el pellejo todos los días, emplumada." – Replicó Zombina, sumergiéndose más. – "Ojalá los altos mandos pensaran igual; estos viajes siempre los sacamos de nuestros bolsillos, ¿saben?"

– "Pero cada yen vale totalmente la pena." – Afirmó la americana, dejándose flotar. – "Bañarse en los helados lagos del Parque de los Glaciares era hermoso, pero esto es casi apoteósico. Siento que mi piel se suaviza a cada minuto."

– "Son aguas alcalinas, ricas en bicarbonato de sodio y otros minerales." – Habló Lala, sentada apaciblemente, con el agua hasta los hombros. – "Es un exfoliador natural que neutraliza la acidez natural de la epidermis, por lo que resulta en una piel mucho más suave y limpia."

– "Aún así, no es recomendable excederse en tal tratamiento." – Aconsejó la ogresa. – "Alterar el PH del cuerpo puede eliminar las bacterias encargadas de combatir el acné, además de causar enrojecimiento y otros problemas."

– "Gracias por el aviso, doctora Tio. Lástima que la magia geotermal no funciona con las muertas." – Dijo la zombie, revisando su mano. – "Aunque ignoro si estas aguas también las afecten a ustedes dos, Abismales."

– "La composición química de mi dermis es prácticamente igual a la humana, por lo que los resultados son positivos." – Aseguró la segadora. – "¿Qué hay de ti, hermana del Caos?"

– "Se siente bien y eso lo que único que me importa." – Alegó la doppelgänger, sumergiéndose.

– "¿No es eso peligroso?" – Pregunté, viendo a la cambiaformas crear burbujas bajo el agua. – "Es decir, está casi hirviendo."

– "Para nuestra estirpe eso es inofensivo, A chuisle." – Contestó la nativa del Éire. – "Una descendiente del Morador de la Oscuridad puede soportar esto y más."

– "Ahh…" – Exclamó Doppel, resurgiendo lentamente de las aguas. – "N'ghft ehye ahor nafl'fhtagn ephaii…"

– "Ay ya deja de ser tan dramática, Lovecraftiana." – La pelirroja le arrojó agua con la mano. – "Y hablando de sobreactuar, ¿dónde está tu hermana, Potato?"

Quizás las enigmáticas palabras de la doppelgänger eran alguna especie de rito invocador, pues la presencia de Dyne fue manifestada al concluir la occisa su declamación. Usando la toalla más absurdamente grande que encontrara, diseñada para liminales de mayores proporciones, la empusa se encontraba envuelta como si de una faraónica momia se tratara. Parsimoniosamente se acercó hacia nosotras, con su semblante debatiéndose entre la pena y la cólera. Que su rostro se mantuviera rojo no ayudaba a que luciera más decidida.

– "Otra más. ¿Quieres dejarte de tonterías, Pepper?" – La muerta viviente volteó sus dicromáticos ojos. – "¡Aquí ya todas nos vimos la cueva entera! ¡Ya métete de una vez, santurrona!"

La italiana se preparaba para romper el protocolo y contestarle a su superior, pero la teniente fue más veloz y, con el presentimiento que tenía práctica previa, tomó un extremo de la toalla que envolvía a la pelinegra y de un jalón se la arrebató. Como un giroscopio rueda sobre su eje, la milanesa dio un par de vueltas hasta que la resbalosa acuosidad del húmedo piso le hizo perder el equilibrio, peligrando con darse un doloroso panzazo caliente. Afortunadamente, la propia Zombina no abandonaría a su subordinada y se apresuró a tomar a la mediterránea en sus brazos.

Y entonces, se le cayeron.

Para suerte de Alexandra, el desprendimiento de las extremidades sucedió cuando se encontraba a unos pocos centímetros del agua, así que únicamente cayó de trasero… con todo y zombie incluida. Salpicándonos, una nerviosa Nikos se apresuró a incorporarse para retirarse al punto más alejado de grupo, pero, recordando su deber para con sus aliadas, se detuvo en su huida para ayudar a la pelirroja hundida. Asegurándose de no resbalar nuevamente, Dyne alzó a la muerta viviente, cuyo cabello totalmente mojado le tapaba la cara. Mientras la heterocromática tosía, mi hermana y Doppel recuperaron los brazos perdidos.

– "De no estar muerta ya, me hubiera cocinado como un fideo. A lo mejor el agua me ablandó como a uno." – Comentó Zoe, mientras le cosían una extremidad. – "Eso, o tu trasero es más pesado de lo que pensaba, Pepper."

– "Le recuerdo que esto sucedió por su culpa, teniente." – Contestó la aludida, costurándole el brazo. – "Si se hubiera abstenido de mencionar… mi marca de nacimiento, entonces no estaríamos causando alboroto en lo que se supone sería un pacífico retiro."

– "Vale, vale, admito que me propasé un poquito." – Disintió con su otra mano, ya reparada. – "Me comporté como lo haría Potato, ¿verdad? Quizás tu hermana me pegó sus mañas."

– "¡Hey, tampoco me digas así, Zoe!" – Protesté. – "¡A lo mejor tú fuiste quien me las pasó a mí!"

– "Ya eras una degenerada desde que te conocí, flaca." – Injirió la halcón. – "En serio; no creas que no noté cómo le veías las nalgas a las otras liminales en las oficinas de inmigración. Y ni qué decir de que me contemplaras las tetas todo el tiempo."

– "Durante nuestro primer encuentro, después de hacer contacto visual conmigo, la atención del sexteto que conforman tus globos oculares se posó directamente a mis caderas, A chuisle." – Terció la dullahan. – "Y puedo afirmar que antes de desarrollar sentimientos por mí, el agraciado busto de tu congénere tejedora te atraía casi magnéticamente."

– "Sin contar las feromonas que soltó al ver a las demás en cueros." – Añadió la falconiforme. – "Diablos, estoy segura que ahora mismo su temperatura debe ser más alta que el agua."

– "¿Ustedes también? Demonios." – Exhalé. – "Me convertí en una broma de ocho patas."

– "Y en un excelente meme de Internet." – Agregó Doppel. – "¿Cierto, chica pingüino?"

– "¡Aaargh!"

– "Cosechas lo que siembras, Potato." – Dijo la pelinegra.

– "Pero no todo fue tan malo, ¿sabes, Pepper?" – Zombina le guiñó. – "Después de todo, tienes el trasero pachoncito."

Sin importarle el rango, la furiosa y ruborizada italiana pateó a la teniente de nuevo al agua, mientras ésta última reía a carcajadas. La milanesa le arrojó el brazo que no terminó de zurcir y se metió nuevamente al agua. Cetania le hizo señas de que se sentara a nuestro lado, idea que no le convenció mucho a la mediterránea; pero, sabiendo que al final nosotras tres éramos sus mejores aliadas, no tuvo más remedio que aceptar la propuesta, descansando ella junto a la segadora. La muerta viviente salió del agua, aún riendo y sentándose en la orilla para remendarse la extremidad faltante.

– "Hacía tanto que no me divertía así." – Expresó la heterocromática. – "Ustedes son tan fáciles de provocar, Amatistas. Me alegro de que vinieran."

– "Fastidiar a Pepper es hacer trampa, Bina." – Arguyó la arpía. – "Especialmente con esas bromas subidas de tono."

– "Y es infantil." – Masculló Nikos.

– "Concuerdo con la pajarita, Zoe." – Injerí. – "Es decir, esta gruñona se enoja hasta por recibir cumplidos inofensiv-¡Ay!"

– "No fastidies, araña." – Espetó Alexandra, picándome el costado con su espolón.

– "Auch. ¿Acaso miento?" – Repliqué. – "Alguien te dice algo bonito y tú les respondes a porrazos. Te vas a quedar sola, Ale."

– "En su defensa, A chuisle, tu lengua suele tener la mala costumbre de elogiar más la carnal atracción hacia el físico que la beldad de la persona." – Argumentó Lala, ligeramente sonrojada. – "Siempre remarcas la sublimidad de mi posterior."

– "Pero insisto más en lo hermosa que eres, Spatzi." – Acoté – "Y tampoco es que esté errada. Adoro esas majestuosas posaderas que te cargas, amor."

– "Y acabas de darle la razón, flacucha bocona." – Comentó la rapaz, creando olitas con sus alas. – "Por lo menos te aseguras de hacer tales comentarios en privado, o con tus amistades cercanas, como ahora."

– "Danke, Süsse. Seré directa, pero no indiscreta." – Le sonreí. – "Sólo con ustedes me siento libre de ser como soy."

– "Te entiendo, Potato; no podemos evitar sincerarnos cuando nos sentimos en confianza." – Aseguró la teniente. – "¿Saben? Mientras el virus zombie se encargaba de regresarme al mundo de los vivos, parte de mi cerebro se dañó, específicamente la corteza prefrontal ventromedial. Comenzó a atrofiarse antes que la degradación cesara por la infección."

– "El área que determina la moralidad y el juicio." – Dilucidó Manako. – "En pocas palabras, suele ser impulsiva, Bina-san."

– "Precisamente; las fruslerías en mi cabeza se me escapan sin querer y luego termino diciendo o haciendo cosas de las que me arrepiento." – Suspiró la pelirroja. – "Diablos, la primera vez que compartimos las duchas, cuando MON se formó, le dije a Tio que sus melones se veían bastante apetitosos."

– "Ahí supimos que jugabas en ambos bandos, agusanada." – Acotó Doppel, riendo tenuemente. – "Y la jefa casi nos mata porque esta gigantona quebró la pared al caerse petrificada. Nos descontaron el quince por ciento del salario por tu impertinente lengua."

– "Bueno, no esperaba que Bina fuera tan directa con sus lisonjas." – Contestó la sonrojada ogresa, juntando sus dedos. – "No me molesta que mis compañeras adulen mi cuerpo, pero me tomó por sorpresa en esa ocasión."

– "Eres demasiado tolerante, rubia. ¿Qué hay de esa vez cuando le dio una nalgada a Manako mientras nos vestíamos?"

– "¡D-Doppel-san, no revele tales cosas!" – Exclamó la totalmente abochornada cíclope. – "¡Adem-más, esa fue usted haciéndose pasar por Bina-san!"

– "Sí, ¿pero de quién crees que fue la idea?"

– "¡Esa no es excusa!"

– "El gemido que proferiste dice todo lo contrario." – Sonrió maliciosamente la cambiaformas. – "¿Acaso te gustó?"

– "¡Doppel-san!"

– "Y eso no fue lo peor." – Retomó la palabra Zombina, disintiendo con la cabeza. – "La Capi también estaba con nosotras, y entonces, con toda honestidad, le dij…"

– "Si expulsas otra palabra, te darás un baño sauna en el interior del Monte Fuji, Zoe."

La aludida volteó la cabeza tan rápidamente (y, tétricamente, casi por completo) que las costuras de su cuello casi se le saltan. Detrás de la occisa reanimada, se encontraba una Kuroko Smith cruzada de brazos, sin que la falta de gafas para sol o ropa alguna disminuyeran su amenazante mirada, penetrando hasta el interior de la zombie con tal fuerza que su alma debió expirar su último aliento. La agente, tan benévola y comprensible, ayudó a la teniente a salir de su rigor mortis dándole una amistosa patada en la espalda, arrojándola al agua por tercera ocasión. Esbozando una humana sonrisa, la coordinadora se nos unió en el baño grupal, remojando su cuerpo paulatinamente, disfrutando de la gradual sensación envolverla.

– "Ahh, suave panacea líquida, libérame del estrés que me agobia." – Manifestó la capitana, relajándose. – "Necesitaba esto; en verdad que sí."

– "Ya te habías tardado, Hafh'drn." – La recibió la doppelgänger. – "¿Por qué la demora en esta ocasión?"

– "Asuntos oficiales, como siempre. Dos, para ser exacta." – Contestó, acomodándose la toalla que envolvía su cabello. – "El primero vino de mis empleadas favoritas, como imaginarás."

– "¿Qué hicieron ahora esas retrasadas?"

– "La bruta de Vanessa se terminó gastando el presupuesto que le otorgamos para cubrir la Expo-Neko." – Elucidó la pelinegra. – "Alega que Adeline las metió en problemas con una gata ninja o algo así, no lo sé. Ignoro por qué les sigo dando trabajo."

– "Hubieras enviado a las novatas, para eso son."

– "Ninguna de ellas tiene los conocimientos de la graduada del MIT. Redguard será un lío de persona, pero sabe cómo hacer un reporte profesional." – Contestó Smith. – "En fin, simplemente debía transferirle unos cuantos fondos a su cuenta (y luego cobrarle intereses), las dos regresaban, y nuestros superiores permanecían contentos con nuestro sobresaliente trabajo, ¿cierto?"

– "Aquí viene lo bueno." – Musitó Cetania, expectante.

– "¡'Pues te jodes, Kuroko' debieron gritar los dioses, porque resulta que el único cajero en toda la jodida posada no acepta la maldita Okayado Card, y ni aplicación de celular tiene!" – Imprecó la agente. – "¡Y ahí me ven de idiota, apresurándome a vestirme para tomar un maldito taxi hacia la oficina bancaria más cercana! ¡Pero, oh, sorpresa; el único servicio de transporte disponible me dice que no pueden enviar una unidad porque el camino hacia la montaña está bloqueado!"

– "Es exactamente lo que decía el aviso en la carretera al dirigirnos hacia aquí, Jerarca." – Mencionó Alexandra. – "Seguramente será retirado cuando inauguren el hotel formalmente."

– "¡Díselo a ellos, Nikos, porque aparentemente la palabra de una maldita agente gubernamental no posee validez alguna!" – Vociferó Smith. – "¡De ser por mí, dejaría a esas dos inútiles varadas en medio de Akibahara! ¡No tendría que soportarlas, ni pagarles; y nada de valor se perdería!"

– "Pero los altos mandos exigen brevedad a la hora de entregar los resultados de la investigación." – Acotó la dullahan.

– "¡Precisamente! Así que tuve que recurrir a mi última opción: correr como galgo hasta hallar cualquier clase de transporte." – Disintió Kuroko con la cabeza. – "Excelente momento para recordar que tenía las malditas sandalias puestas."

– "Chief, que yo recuerde, en los panfletos informativos decían que la posada dispone de bicicletas para rentar." – Injirió la castaña.

– "No sé manejarlas, Cetania. Bien, luego de casi rasgarme los callos de tanto ajetreo, encuentro un bicitaxi disponible, como caído del cielo." – Aclaró la capitana. – "Amablemente me subo y le solicito al conductor que me lleve al banco más cercano… ¡Y luego resulta que había justamente un maldito cajero universal detrás de mí, a media cuadra! ¡Corrí como alma que lleva el diablo para terminar pasándome de largo!"

Iba a comentar sardónicamente sobre la desafortunada sucesión de eventos, pero me mordería la lengua; si alguien conoce lo que es ser golpeada constantemente por mala suerte, soy yo.

– "¿Qué hizo después, Jefa?" – Preguntó Manako.

– "Oculté mi avergonzada cara y tomé el transporte, hasta llegar al cajero. Le pedí al sujeto que me esperara, y entré rápidamente." – Prosiguió la aludida. – "Le deposité más de lo necesario debido a que, según palabras de Redguard, la inepta de Wilde quebró un valioso jarrón de la familia de esa nekomata, y la tenían bajo custodia hasta que Vanessa cubriera la cuota, o amenazaban con demandarnos."

– "Debió dejar a la argentina ahí." – Opinó Doppel. – "Secretarias abundan, y con mayor talento; sin contar que sería más barato."

– "Sí, pero el reporte se hubiera perdido junto con ella. Mi sueldo es más valioso, Dop." – Le respondió la coordinadora. – "En fin, para no extenderme, le avisé que el dinero ya estaba depositado y, suspirando de alivio, volví para abordar el bicitaxi camino a la posada… ¡Y el desgraciado se atrevió a abandonarme!"

– "¡Ja! ¡Ese es un clásico!" – Exclamó Zombina, saliendo debajo del agua. – "Honestamente se lo merece, Cap-¡Glugh!"

– "No interrumpas, Zoe." – Contestó Smith, usando su pierna para hacerla resbalar. Ya van cuatro zambullidas. – "Afortunadamente una patrulla de la policía pasaba por ahí y me hizo el favor de traerme. Más de media hora sufriendo para que ese par de mujerzuelas compraran su libertad. No negocio con terroristas, pero aparentemente sí con gatos."

– "Simijo…" – Musitó la cambiaformas.

– "Sin duda." – Exhaló Kuroko. – "Cómo odio a esas dos."

– "Ya, ya, Jefita. Se le va a subir el azúcar." – Tionishia le dio palmaditas en la cabeza. – "Sandy y Emy no lo hacen adrede."

– "Cierto, sólo son idiotas." – Volvió a suspirar, cerrando los ojos. – "En asuntos menos depresivos, Titania me habló para avisarme que estará un par de días en reposo; la gripe cobra su primera víctima invernal."

– "Ha pasado tanto tiempo que ya extraño a la entrenadora." – Comenté, acomodándome mejor en mi lugar. – "¿Cómo están las demás en los cuarteles? ¿Alguien nos extraña, al menos?"

– "Kanna dice que ya no gasta tanto en aromatizantes para contrarrestar el olor a quitina, y la cañería ya no se tapa con plumas sueltas." – Bromeó la agente. – "Hablando en serio, es lo mismo que el resto de la ANP; están sorprendidas con su hazaña, las consideran las hijas de perra más valientes y suertudas del mundo."

Un aforismo bastante válido, al menos en el aspecto de la suerte.

– "Al menos esto ayudará a que MON obtenga mayor prestigio." – Comentó Dyne.

– "Y de hecho ya comenzó a hacer efecto, Amatista." – Replicó Smith. – "El resto de las oficinas ya están terminadas y en funcionamiento. Nuestras filas, al menos las secretariales, se han visto extendidas por la afluencia de rostros frescos."

– "¿Nuevas empleadas, Chief?" – Cuestionó la americana. – "¿Finalmente repararán la máquina de dulces que se traga los billetes?"

– "Sólo una ayudante para Kanna y unas tres oficiales más, nada extraordinario. Son transferencias de las oficinas en Tokyo, pero algo es algo." – Encogió los hombros. – "Al menos el garaje ya luce mejor con un par de patrullas más. Los cuarteles, aunque son exclusivos de MON, también fungen como estación policiaca, ¿saben? Estamos creciendo, chicas."

– "Mei ya tiene más juguetes para entretenerse." – Expresé. – "Ojalá también le sigan nuevas reclutas, Hauptmann; aún necesitamos una francotiradora para MOE."

– "Todo a su tiempo, Jaëgersturm. No todas desean enfrentarse a dragonas gigantes para vivir." – La capitana se reacomodó. – "Ah, esto me recuerda cuando recién comenzábamos y éramos una especie de superestrellas. Las conscriptas formaban fila para realizar el examen de aplicación, y las Diamantes, en ese entonces solamente Amatistas, se divertían dándoles órdenes a las novatas."

– "¿Recuerdas a esa mujer de cuatro brazos, la de Okinawa?" – Habló Doppel. – "Podía cargar el doble de peso que Tio, pero tenía peor puntería que un ciego."

– "Oh el kobold que deseaba unirse porque estaba infatuado de Manacchi." – Agregó la ogresa.

– "E incluso usted, Tio-san." – Añadió la cíclope. – "No olvide las flores que nos llevó."

– "Ugh, ese fue el peor." – Disintió la coordinadora con la cabeza. – "Se la hacía de muy macho, pero al primer impacto de bala, cabe decir que de goma, resultó ser un perro callejero más y salió huyendo con el rabo entre las patas."

– "Cabe recordar que ese disparo fue de su autoría, Jefa." – Acotó Manako.

– "Y jamás sentí más satisfacción al negarle a alguien la admisión a nuestro cuerpo de élite." – Replicó la líder, jactanciosa. – "Y sólo fue un roce en los entrenamientos, tampoco exageres."

– "¿Qué sucedió con todos esos reclutas, Jerarca?" – Interrogó Alexandra.

– "No estaban hechos para pertenecer a Monster Ops. Ustedes son las primeras en sobrevivir al entrenamiento y la primera misión, Amatistas." – Nos congratuló. – "Pero no se preocupen por esos prospectos perdidos. La mayoría se unieron a otros cuerpos policiacos, e incluso a empresas de seguridad privada, como TALIO."

– "¡Aaay!" – Exclamó de repente la estadounidense, saltando del agua. – "¡¿Qué demonios?!"

Zombina, de quien aparentemente nos olvidamos por completo, había emergido después de su quinto chapuzón involuntario. Emulando perfectamente a sus homólogos del séptimo arte, la muerta viviente, expulsando agua por la boca mientras profería un espeluznante sonido, tomó una de las piernas de la nativa de Montana y se aferró a ésta para ayudarse a sacar su cuerpo por completo. Naturalmente la halcón no estaba muy a gusto y sacudió a la occisa para zafarse de ésta, hasta que logró que el torso de la teniente se le desprendiera de la parte inferior. Reuniendo el resto de las piezas faltantes, colocamos a la pelirroja en la orilla mientras Kuroko, tomando responsabilidad de habérsele pasado la mano con su subordinada, le ayudó a remendarse.

– "Blegh, ahora sé lo que siente una langosta cuando la cocinan." – Dijo Zombina, escupiendo otro poco de agua. – "Demonios, Capi, ya sé que no necesito oxígeno para sobrevivir, pero pudo haberme intoxicado el cerebro por exceso de sodio. Son aguas alcalinas, ¿sabe?"

– "Fue tu culpa. Y no es que lo uses mucho de todos modos." – Retrucó Smith. – "¿Segura que eres tú la que no infectó el agua con su sangre de formaldehidos?"

– "Soy una muerta muy limpia."

– "¿No trajiste el hilo impermeable? No me extraña que las uniones se aflojen tan fácilmente."

– "Juré que sí, pero creo me confundí. Tampoco esperaba ahogarme." – Le replicó la pelirroja, moviendo el brazo. – "Listo, ya puedo coserme yo sola. Gracias, Capi."

– "Simijo, Zoe, suficientes líos tengo con las barrabasadas de Redguard y Wilde como para que me des más." – La coordinadora se incorporó, estirándose. – "A la próxima voy a depilarte la cabeza para usarla como bola de boliche."

– "Je." – Reí.

– "¿Qué es lo hilarante, sargento Jaëgersturm?"

– "Es que, si de depilar hablamos, es a usted a quien le hace falta una buena podada, Hauptmann."

– "¡Ja!" – Rió la zombi. – "¡Eso es exactamente lo que le dije en esa ocasión!"

Cada vez me convenzo más de que yo y Zoe somos hermanas perdidas.

Para asegurarse de que mirara con detalle el posible parentesco, la amable Kuroko, demostrando que el puesto aún la mantiene en buena forma, tomó a la teniente y me la arrojó a la cara. Haciendo uso de mis veloces reflejos arácnidos, me coloqué en posición para detener el vuelo de la muerta viviente y ser la heroína que le salvara de una dolorosa colisión (para mí). Empero, el brazo a medio coser que le colgaba se desprendió en el trayecto, dirigiéndose directamente hacia mi semblante. Nadie espera en su vida ser abofeteada por una mano desmembrada, pero finalmente puedo certificar la posibilidad de tan imprevisible suceso.

Pero al menos obtuve un pedacito de cielo… en parte.

Digo esto último literalmente: el torso de la pelirroja fue el siguiente, golpeándome la cara justo en medio de sus pechos. Era una fortuna que la piel de Zombina fuera bastante suave, así el porrazo no fue tan malo. Aunque mi físico evitó que aquel impacto me derribara, la heterocromática, más por reflejo que por otra cosa, me rodeó con su único brazo, dejando que la momentánea pérdida del equilibrio me hiciera irme de frente, al tiempo que yo también la abrazaba. En las infinitésimas centésimas de segundo que duró nuestra unión, mientras la gravedad nos llevaba hacia otra zambullida, pude contemplar cómo mi rostro se acercaba al de Zoe, a pocos centímetros de sus femeninos labios. Cerré mis ojos y me permití disfrutar de la apoteósica experiencia.

Y entonces, nuestras frentes chocaron.

No hubo ósculo, sólo un impacto craneal, y el agua caliente dándonos el vaporoso remate. La resistencia liminal fue lo que previno que me sufriera el mismo destino que Pincitas, la langostita que jamás vivió lo suficiente para ser una buena mascota. Todavía con la teniente en brazos, emergí del agua para tomar una bocanada de oxígeno y, de un brinco que pondría celosa a una Saltarina, salí de ahí, soltando a la muerta viviente y desplomándome yo a su lado, en la orilla. El clima decembrino lentamente me ayudó a recobrar mi temperatura habitual.

– "Bien, chicas, ya pasaron más de diez minutos, salgamos para evitar que el calor se nos suba a la cabeza." – Ordenó Smith. – "Vamos a lavarnos y luego nos sumergimos de nuevo. Y quiten los estorbos del suelo, no hay que contaminar."

¿Cómo es que somos líderes de nuestros escuadrones?

Acatando la orden, todas se retiraron para tomar el descanso obligatorio entre baños. Tionishia tomó a su desmembrada compañera en brazos, o al menos la mitad de ésta, con Manako cargando el resto. En cuanto a mí, se necesitó de la fuerza combinada de la dullahan y la arpía para arrastrarme hasta la cabina de aseo. Mi hermana, junto a Doppel, simplemente reía en voz baja. Ya adentro, salí de mi aletargado estado al sentir dos fríos chorros de agua no alcalina empaparme el abdomen arácnido, siendo la irlandesa y la americana quienes me los administraban con las regaderas móviles. Pararon cuando me incorporé.

– "Ow, un poco más y mi quitina se pondría roja como cangrejo al vapor. Y para colmo me gané un chichón." - Comenté, sacudiéndome el cuerpo. – "Danke, guapas, ya me siento mucho mejo-¡Glub!"

– "Inútil es aparentar cándida inocencia, descendiente de arachne." – Acotó la segadora, rociándome la cara con mayor potencia. – "El ojo de Balar no es necesario para revelar la evidente iniquidad contenida en tu conato."

– "Ni siquiera cuando estás a punto de romperte la cabezota pierdes oportunidad para intentar algo con ese cadáver andante." – Agregó la rapaz, añadiendo otro helado chorro a mi rostro. – "Y dudamos que ese golpe te haya quitado las ganas de intentarlo de nuevo."

– "Si están conscientes de que puedo escucharlas, ¿verdad, chismosas?" – Habló Zombina, en el otro extremo de la cabina. – "Y Peaches, te recuerdo que apenas eres una sarg-¡Glub!"

– "Hoy todas somos simples ciudadanas, niñas." – Declaró Smith, callando a la teniente con su regadera. – "Somos lo mismo debajo de la ropa, así que siéntanse libres de tratarse con naturalidad. No habrá amonestaciones por ignorar el rango."

– "Le tomaré la palabra, Hauptmann." – Contesté, tapándole la regadera a mis novias con la mano. – "¿Puedo decirle Kuroko?"

– "Ya no son Granates, así que con o sin tal regla, ustedes obtienen el derecho de tutearnos; si así lo deseas, Aria."

– "Danke schön, Kuroko." – Sonreí. – "Entonces… ¿también obtenemos derecho a cambiarnos nuestros motes? Ya no quiero ser un tubérculo."

– "No hasta que tu dureza en la escala de Mohs sea mayor a nueve, Amatista." – Respondió ella, girando el chorro hacia su cuerpo. – "Además, con lo bien que hierves, podrías servir para una buena sopa de patatas."

– "Y acompañada de caldo de pollo y de chapulines." – Bromeó Doppel.

– "¡Ja, buena esa, Dop!" – La coordinadora chocó su mano con un mechón de cabello de la cambiaformas.

– "Hey, el caldo de pollo es bueno para la gripa. Te mantiene calientita." – Protestó la castaña. – "Por eso esta flacucha no se enferma con el frío corazón de esta pitufo."

– "Lástima que en lugar de una humilde gallinácea, el único espécimen disponible sea una infausta urraca." – Retrucó la segadora, jalándome del brazo hacia ella. – "Cuidado, A chuisle; no sabemos las condiciones insalubres a la que te expondrías al probar tan venenoso platillo aviar."

– "Nice try, Blueberry, pero aquí la infección andante eres tú." – La emplumada me tomó del otro. – "La misteriosa tonalidad dérmica, sin ser oni, limo o undina; la facilidad para desprenderse la cabeza, sin ser zombie o creación artificial; y ese horrible aroma que ya le pegaste a mi pobre flaquita. No cabe duda, eres una leprosa."

– "Deberías aprender las bases del humor, incordio alado, que la prolongación de tu (ciertamente, carente de imaginación) soliloquio mermó todo indicio de comicidad que desearas aplicar."

– "Estoy sorprendida, enana canosa; poder hablar después de morderse la lengua no es tarea sencilla."

– "Igual que intentar hilar tus escasas ideas con una sesera tan vacía, plumero parlante."

– "Al menos la mía no se cae a cada rato por la lepra."

– "Y yo al menos tengo una que sí funciona."

– "¡Por todos los cielos con ustedes dos!" – Exclamó de repente Zombina. – "Si así se portan en público, ¿cómo planeas controlarlas en privado, Potato?"

– "Ahora combatir una fenrir y una dragona no parece tan peligroso, ¿cierto?" – Le respondí. Entonces le sonreí maliciosamente. – "¿Quieres ayudarme esta noche, Zoe?"

El chichón se hizo más grande, y doble.

Parecería que mi inteligencia fue drenada en algún momento como para ponerme una soga al cuello tan descaradamente, pero mi aparente autodestructiva declaración era actualmente parte de una arriesgada estrategia para cesar la reyerta entre mis amadas, haciéndoles firmar una tregua para aplacar la concupiscente lengua de la araña a quien, por alguna insólita razón, aún le tenían cariño. Me sorprendí un poco al darme cuenta que había logrado convertir mi infatuación con la teniente en un armisticio instantáneo. Con su pelea ya dejada atrás, ambas me obligaron a tallarles la espalda al mismo tiempo. Por supuesto, acepté sin protestar, aunque hubiera preferido que el trato incluyera que ambas me devolvieran el mismo favor, pero no se puede todo en la vida.

– "¿Lo ven? Si hubieran sugerido esto desde el principio, no tendría la sesera morada de tanto coscorrón." – Expresé mientras el cepillo las adecentaba. – "Todo se soluciona cuando trabajamos en equipo, en lugar de dividirnos como rivales."

– "Y como siempre, el remedio es una alianza para detener a Alemania." – Injirió Dyne, enjuagándose el cabello.

– "Tú también tienes sangre alemana, Ale." – Retruqué. – "Y con la actitud que te cargas, creo que resultaste más fascista que Mussolini."

– "Si ser más sensata que una cabeza hueca como tú es fascismo, entonces que viva Il Duce."

– "Y hace una semana que eras la más griega de todas." – Giré los ojos. – "Sieg heil para ti también, hermana."

– "Genial, ya casi tenemos nuestro equipo del Eje." – Comentó Kuroko, enjabonándose las piernas. – "Sólo necesitamos que Tio o Manako exclamen '¡Tenno heika Banzai!' para completar el trío."

– "Bueno, ya estamos en Japón para empezar, Chief." – Replicó la rapaz, lavando su pecho. – "Espere, ¿qué acaso Tio y Manako son las únicas niponas?"

– "Correcto, Cetania. Yo provengo de las montañas en la prefectura de Nara." – Contestó la ogresa, cepillando la espalda de la cíclope. – "Aunque nadie lo nota porque casi no uso el dialecto Kansai."

– "Igual que Mei suele ocultar su acento osaqueño." – Declaró la italiana, tallando sus quitinosos brazos. – "¿Era dura la vida de una montañesa, alférez?"

– "Para nada, Dyne; yo me divertía escalando tan empinados y pedregosos caminos todos los días." – Explicó la rubia. – "Según los viejos de mi aldea, la comunidad antiguamente solía desplazarse constantemente debido a que los humanos solían levantar templos por todos lados una vez nos avistaban a nosotros u otro liminal."

– "Me atrevo a adivinar que se refiere al periodo Asuka, en el Siglo VII." – Complementó Lala. – "Coincide con la introducción del budismo a Japón, de donde se derivaron los conceptos que moldearon el folklor de su estirpe."

– "Correcto, Lala; era la época de oro de las leyendas niponas, y los ogros, junto con los onis, se hallaban en apogeo de la fama." – Asintió Tio. – "Por ejemplo, las estatuas y adornos del templo Hōryū-ji, en la antigua Ikaruga, estuvieron fuertemente influenciados por los constantes encuentros entre los liminales nativos y los exploradores humanos."

– "¿Cómo era todo en la aldea con la aparición del hombre?" – Cuestioné. – "¿Cómo sobrevivieron a la urbanización?"

– "Bueno, una de las ventajas de la abundante presencia de lugares sagrados es la cantidad de supersticiones en torno a éstas, y la evolución de los mitos. Pasamos de ser fantasmas de mal agüero a protectores de las montañas." – Respondió la ogresa, enjuagando el cabello de su compañera. – "Mi aldea, ya habiéndose establecido en el monte Yamato Katsuragi, era la causa principal de la mayoría de las leyendas referentes a éste. Curiosamente, eso fue lo que volvió aún más famoso al lugar, así que mi gente siguió buscando hasta hallar un espacio perfectamente oculto y de difícil acceso para los humanos."

– "¿Convivían con otras especies?" – Fue el turno de la americana.

– "Onis y trolls, aunque los ogros predominaban. También había una gnómida que viajó en un barco europeo, pero un día la aplastaron y se murió." – Explicó Tionishia. Ignoro cómo mantuvo una expresión alegre. – "Éramos una comunidad relativamente pequeña, pero muy trabajadora. Desde niña yo ayudaba a mis padres a cortar leña y a recolectar hongos, hasta que pude cargar troncos cuando crecí. Mamá solía hacer un estofado de venado con salsa de setas shiitake, además de que igualmente podía hacer dulces manju. Eran mis favoritos."

– "¿Ha hablado recientemente con sus progenitores, alférez?" – Le interrogó Alexandra.

– "Por cartas que les envío cada mes con las arpías mensajeras. No es necesario decir que los extraño." – Suspiró ella. – "Estoy segura que también querrán saber de mi hermanita."

– "¿Hermana?" – Cuestioné.

– "Supongo que es mi turno."

Aquello fue declarado por Manako, quien ya limpia, se dio la vuelta y tomó un cepillo de mayores proporciones, agregándole el viscoso jabón líquido de ambarinas tonalidades a las cerdas. Con eso, se subió a una parte alta del baño para sentarse y así poder tallar la espalda de su enorme compañera.

– "Provengo de la prefectura de Wakayama, en la península de Kii." – Dilucidó la francotiradora. – "De la misma manera que Tio acaba de relatar, la región en la que nací se encontraba rodeada de templos y santuarios; centros sagrados que fueron abandonándose con el tiempo mientras otros se erigían en los alrededores. Estoy segura que han escuchado del Monte Kōya, el Kōyasan."

– "El centro principal del budismo shingon en todo Japón, siendo el Kongōbu-ji, el Templo de la Montaña del Diamante, el más importante." – Aclaró Tio, lavándose el frente. – "Más de ciento veinte templos distribuidos por toda la región. Algunos ahora son más bien santuarios convertidos en hoteles turísticos."

– "Correcto, Tio-san, gracias. Yo me crecí en uno de ellos, donde aprendí los rituales budistas." – Prosiguió la cíclope. – "Además del gran significado espiritual que el Kōyasan representa, el sitio en sí es precioso. Cada mañana me despertaba junto al trinar de los pájaros nemorosos, y en la noche me arrullaban las sinfonías de los insectos; todo siempre acompañado del suave rocío."

– "Me recuerda a mi niñez en mi natal Wicklow." – Sonrió la segadora. – "Perdone la interrupción, puede continuar."

– "Descuide, Lala-san, que comprendo el sentimiento." – Le tranquilizó la chica de un solo ojo. – "La arquitectura milenaria, las huellas del ayer que contaban la tácita historia de innumerables peregrinajes, aún llevados a cabo el día de hoy; era mágico. También era irónico que tan precioso patrimonio cultural haya sido testigo de una prohibición que impedía a las mujeres el acercarse hasta los sagrados recintos por considerarlas impuras, mientras en el templo principal eran puestas en práctica las enseñanzas del amor entre hombres por Kūkai, el mismísimo fundador del budismo shingon."

– "Un auténtico exponente del yaoi enemistándose con las mujeres; qué pesadilla." – Comentó Zoe, disintiendo con la cabeza. – "Me alegro de vivir en el siglo XXI."

– "Sí, bueno, los monjes del área dedicaban su vida a la meditación, y poseían tres reglas primordiales para evitar distracciones: nada de flores dentro del templo, nada de música y, sobre todo, nada de mujeres." – Reanudó Manako. – "Parece un dictamen bastante impráctico en estos tiempos, pero no es que pudiera cambiar las prácticas religiosas. Empero, yo fui una excepción a tan estrictas normas y, gracias a la bondad del Mahācārya, el Gran Maestro del templo, me crié entre la vida de ritualistas mantras y sutras envueltas en las humeantes cenizas del incienso."

– "Dice que se crió ahí." – Injerí. – "Pero no ha mencionado a sus padres, Manako-san."

– "Jamás los conocí, Aria-san." – Replicó la francotiradora, suspirando. – "Me encontraron cerca de una estatua de Jizō, el patrón protector de los niños, con sólo una manta y mis lágrimas cubriéndome."

– "Ya tenemos algo más en común, alférez." – Musitó la halcón. – "Prosiga."

– "Gracias. El Mahācārya declaró mi aparición como la manifestación de un hitotsume-kozō, un yōkai de un solo ojo que generalmente es visto como un ser benigno." – La cíclope echó más jabón al cepillo. – "Sus discípulos naturalmente se sintieron inquietos por una criatura como yo, incluso siendo sólo una bebé, pero él viejo monje les recordó que debían abandonar el juzgar las apariencias externas, y observar detenidamente el alma de uno mismo antes de atreverse a medir otra. Así obtuve mi nombre, que significa visión, percepción."

Alejarse de las distracciones del mundo también debió lograr que los prejuicios de éste se disiparan para el viejo monje, debimos pensar todas en ese momento. Dejando el cepillo de lado, la francotiradora tomó el que usaba para uso personal y continuó adecentando a su amiga, así como reanudó su historia.

– "Confieso que era una niña muy curiosa, recorriendo los alrededores con el ahínco de todo infante. Poder observar detalles que solían pasar desapercibidos por el ojo humano también contribuían a alimentar mis indagaciones." – Narró, con aire nostálgico. – "Me dedicaba a mantener el templo limpio, a colaborar en los ritos y estar siempre disponible para cualquier tarea. Si bien seguía siendo parte de tan homogénea sociedad, no podía decirse que pertenecía enteramente a ésta."

– "¿Le trataban de manera diferente?" – Preguntó la empusa.

– "No realmente, eran buenas personas, especialmente el Mahācārya." – Afirmó Manako. – "Empero, dado que las reglas debían respetarse, yo dormía en un pequeño edificio separado que anteriormente fungiera de bodega. Comía generalmente sola, me bañaba de noche, y siempre me mantuve oculta al público. Era una vida relativamente solitaria, pero en sí iba con la filosofía que se practicaba."

– "¿Era fácil de soportar algo así?" – Cuestionó la rapaz.

– "Es complicado, Cetania-san. Por un lado, sí, admito que crecer tan aislada no era lo mejor para desarrollar las habilidades sociales. He aquí mi retraída personalidad." – Remembró. – "Incluso en los grandes festivales, donde la cantidad de turistas se duplicaba, yo permanecía en las sombras, demasiado tímida para atreverme a algo más que admirar a las personas que acudían a diario al santuario. Ignoraba cómo reaccionarían a una persona como yo, así que preferí el anonimato."

– "¿Qué la hizo salir de ahí, Manako-san?" – Interrogué.

– "No es algo que me guste recordar, Aria-san." – Respondió ella, tornándose circunspecta. – "Perdone tal hermetismo, pero no deseo arruinar el buen ambiente."

– "Le ruego me disculpe, no era mi intención indagar." – Le ofrecí una reverencia. – "Aunque me temo que la cuestión original aún está vigente."

– "Cierto. Bien, por azares del destino terminé como la más reciente habitante de la aldea de Tio-san, donde fui recibida calurosamente por ella y su familia." – Esclareció la cíclope. – "Y puedo asegurarles que el cambio de la estoica serenidad del templo al bullicio habitual de la comunidad de ogros fue más que bienvenido. Aunque viví por poco tiempo entre ellos, sentí que era parte del poblado desde el primer día."

– "Posteriormente nos hicimos parte del Programa y conocimos a la Jefita. Incluso compartimos la misma casa una vez nos instalamos." – Añadió Tionishia, sonriendo. – "Manacchi será pequeña y delgada como palito, pero ella ha sido mi ojo protector desde que nos encontramos. Le debo mucho."

– "No exagere, Tio-san." – Musitó una ruborizada pero sonriente Manako. – "Esto le parecerá extraño, viniendo de mí, ¿pero desea mostrárselas?"

Asintiendo despreocupadamente, la ogresa se incorporó, con su espalda en nuestra dirección. Entonces, y para nuestra (muy agradable, debo remarcar) sorpresa, la rubia alzó su posadera derecha para enseñarnos una diminuta cicatriz cerca del área entre la unión de la pierna y el glúteo. Observé detenidamente la hendidura… ¡no, no hablo de esa hendidura! ¡Me refería la cicatriz! Ehem… Contemplé con ahínco su herida, y por el tamaño y forma, deduje que el autor de tal tatuaje cutáneo había sido un impacto de bala.

– "Es a usted a quien le debo todo, Tio-san." – Declaró la francotiradora. – "No estaría aquí sin usted."

– "Siempre tan modesta, Manacchi. Date un poco de crédito." – La chica de Nara se sentó nuevamente, viéndonos. – "En todo caso, así es como terminamos aquí. Los habitantes de nuestra aldea fueron realojados, pero el correo nos mantiene al tanto de lo que sucede."

– "Habrá que enviarle algo a mamá antes del fin de año, Tio-san."

– "Síp. Ojalá le podamos conseguir por fin el vinilo. No lo encuentro ni por Internet."

– "Y espero nos envíe más dulces. Los últimos estuvieron muy buenos, ¿verdad?"

– "¡Exquisi…!" – La ogresa se pausó. – "¡No, espera!"

– "Sabía que mamá no se había olvidado la vez anterior de preparárnoslos." – Rió tenuemente la cíclope. – "Está bien, Tio-san; al menos los disfrutó."

– "Perdón, Manacchi. Sabes que son mi debilidad." – La rubia se rascó detrás de la cabeza. – "Prometo dártelos todos la próxima vez."

– "La hermandad entre las integrantes de MON no es sólo un decir." – Reí ligeramente. – "¿Qué hay de usted, Hauptmann?"

– "Mi madre es japonesa, pero mi padre es estadounidense." – Declaró Smith. – "Soy una hāfu, es decir, de raza mixta; nipona, pero no pura. ¿Qué acaso mi apellido no era lo suficientemente evidente?"

– "Admito que sospechaba, pero no podía confirmarlo."

– "Supongo que somos medio paisanas, Chief." – Dijo la nativa de Montana. Miró las demás – "¿Y ustedes?"

– "Americana." – Reveló la pelirroja, echándose shampoo. – "No les diré de dónde precisamente. Secreto de estado."

– "Scheisse." – Troné los dedos.

– "Fuck." – Me emuló Cetania. – "Ya no soy única."

– "Egipto." – Respondió entonces la cambiaformas, utilizando su cabello en lugar de las manos. – "Específicamente en Cheni, conocida por ustedes como Tinis, durante la Primera Dinastía."

Todas, con excepción de las veteranas, permanecimos anonadadas por eso último.

– "¡¿Was?! ¡¿L-la Primera Dinastía egipcia?!" – Interrogué, sorprendida. – "¿Qué acaso aquello no sucedió en el año… erm…?"

– "3,100 Antes de Nuestra Era, A chuisle." – Respondió Lala, sin inmutarse. – "Hace aproximadamente 5,114 años, según el calendario gregoriano."

– "¡¿You fuckin' kiddin'me?!" – Expresó la arpía, tan estupefacta como yo. – "¡¿Cinco jodidos milenios?! ¡¿Y justo en el albor de uno de los imperios más importantes?!"

– "¿Qué parte de inmortal aún no les queda claro de mi naturaleza, novatas?" – Replicó la doppelgänger, cruzándose de brazos. Su cabello no paró de seguir el aseo. – "Para una Abismal, cincuenta siglos son apenas una siesta corta. Estar presente cuando las hegemonías del Nilo cultivaban el esplendor que los sellaría en la historia no es la gran cosa."

– "No puede culparnos por desconocer el privilegio de la sempiterna existencia, alférez." – Contestó la milanesa. – "Especialmente si pudo atestiguar el nacimiento de una cultura tan trascendental."

– "Como sea. Dije que estuve ahí, no que fuera una pieza fundamental en su creación." – La agente encogió los hombros. – "Yo y otras hermanas mías fuimos invocadas en el ritual predecesor del festival Sed del faraón Sekhen. No les daré detalles, pero involucra sacrificios humanos que el regente conducía para complacer a sus deidades."

– "Según tengo entendido, las hijas del Mensajero Nocturno nacen en la Ceremonia Oscura, la cual, además de la inmolación, incluye canibalismo." – Injirió la dullahan. – "¿Asumo que la veracidad de tales ritos es constatable?"

– "H' ah mgleth, fhalgof'n Laetitia-ot." – Le respondió Doppel, asintiendo. – "¿Sabes qué es lo más divertido? Que no nos manifestamos hasta que estamos dentro del estómago de quienes se dieron tan… ciertamente humano festín. Sacrificio doble."

Y pensé que los xenomorfos de Alien ya daban miedo. Me alegro que mi azulita haya nacido por simple partenogénesis y no de execrables prácticas barbáricas.

– "That's fuckin' gross." – Opinó la falconiforme, temblando. – "Y saltándonos el asunto de la antropofagia suicida, ¿cómo era el gran imperio del Nilo?"

– "Bastante seco, para empezar." – Rió la cambiaformas. – "El Neolítico subpluvial había concluido, y el norte de África había pasado de una fértil región al adusto territorio donde pululan las dunas. Por suerte no tuve qué sufrir mucho de tan desértico panorama; Narmer acababa el trabajo de su antecesor: unir el Bajo y Alto Egipto en un solo reinado, cuando ordenó sellarme a mí y mis hermanas."

– "¿Sellarlas?" – Interrogué. – "¿Como un estado letárgico o algo así?"

– "¿Han oído de los Sellos de R'lyeh? Pequeñas piedras con forma de estrella de cinco puntas, capaces de debilitar a nuestra estirpe hasta dejarla en un profundo sueño." – Dilucidó la Abismal. – "Pero al contrario de las fruslerías que August Derleth esparciera en sus escritos, nuestra vulnerabilidad a tales objetos no es por influencia de los Dioses Arquetípicos, sino a la radiación específica que despiden, creando un efecto similar al de la balas Schwinger, aunque sin necesidad de depender de la sangre Abismal."

– "Suena bastante peligroso para su especie, alférez." – Comentó la estadounidense.

– "Sólo pueden aletargarnos, no matarnos, hija de Taumas. Al menos, no rápidamente." – Respondió Doppel. – "Son materiales bastante escasos y sólo hay unos cuantos dispersos por todo el mundo. Además, la potencia de la radiación decae súbitamente con alejarse más de un metro de la fuente, por lo que se necesita que el sello se encuentre junto a nosotros para que no pierda efecto. Basta hacerlo a un lado para que despertemos de nuevo."

– "Limitada efectividad y escasa disponibilidad; por eso no es usado como disuasorio contra su estirpe." – Expresó la mediterránea. – "La pregunta es: ¿por qué emplearla después de tomarse la molestia de despertarlas?"

– "Éramos simples herramientas, descendiente de Hécate." – Le contestó la mujer flotante. – "Fuimos empleadas para dominar a los enemigos de Egipto, incluyendo al propio país, hasta lograr unificarlo por medio del miedo. Una vez el faraón Semerjet, el sexto de la dinastía, se hizo con el poder, nuestra utilidad cesó e intentó regresarnos al sueño eterno."

– "Semerjet, mejor conocido como El Usurpador, por tratar de eliminar el nombre de su antecesor para darle credibilidad a su mandato." – Injirió Lala. – "Pero traicionar al Abismo fue su mayor infamia."

– "Una revuelta interna en su séquito y centenas de muertos después, Semerjet finalmente logró dos cosas: encerrarnos dentro de la necrópolis de Abidos, y que su nombre fuera borrado de los registros reales por su sucesor." – Afirmó Doppel. – "Su traición fue un suicidio a su reinado, sacrificando a su legado. Irónico, dormimos por el mismo medio que nos hizo despertar."

– "¿Fue partícipe en aquella masacre, alférez?" – Cuestioné.

– "Nunca afirmé tal cosa." – Desestimó la cambiaformas con la mano. – "Además, de ser afirmativa la respuesta, ¿me encerrarías por algo sucedido antes de que el nombre de tu familia existiera siquiera?"

– "Dudo que nosotras estemos también muy limpias, Jaëgersturm." – Expresó Smith, posando su mirada en mí. Sus ojos giraron a la izquierda. – "¿No concuerda conmigo, cabo Nikos?"

– "Sí, Jerarca." – Respondió Dyne, entendiendo la alusión.

– "Aún recuerdo cómo la arena mantuvo su manto carmesí por una semana, mientras los cuerpos continuaban apilándose alrededor del palacio. Y ni hablar del olor." – Doppel se estiró. – "Por Azathoth, que estas conversaciones me hacen sentir vieja. Volvamos al agua de una vez, que siento que me arrugo."

– "Porque obviamente cinco mil años no son nad-¡Ay!"

Será un fósil con milenios de antigüedad, pero su cabellera es tan dura como un mazo.

Tallando mi sesera, preguntándome si mi cráneo no quedaría alterado permanentemente por tantas contusiones, terminamos de lavarnos. Ya libres de toda impureza, regresamos por la segunda sesión de tratamiento dérmico a base de líquidos alcalinos a elevadas temperaturas. Con mis novias colocándose a mi lado, todo el grupo dejó escapar un suspiro al unísono al tiempo que la agradable sensación del agua mineral nos exfoliaba el cuerpo y nos relajaba, permitiéndonos entrar en humor para seguir charlando tranquilamente. En resumen, vivir la verdadera experiencia del onsen.

– "Uhm…"

– "¿Qué sucede, Manacchi?" – Le preguntó la ogresa a su amiga.

– "Me siento superada por todas ustedes." – Respondió la sonrojada cíclope, con las manos en su pecho. – "Poseen atributos tan grandes que incluso flotan con facilidad."

– "Ni tanto; las mías están bastante tiesas, aunque siguen siendo suaves al tacto." – Dijo Zoe, tocándose los senos. – "Y Doppel ni siquiera tiene."

En ese momento, la cambiaformas se transformó en una versión más voluptuosa de su figura original, una apariencia más madura, y con glándulas mamarias que superaban a las de la propia Tionishia. Sin decir nada, la Abismal prosiguió disfrutando de su baño. Bina sólo volteó los ojos.

– "Aún así, desearía tenerlas más grandes." – Suspiró la francotiradora.

– "Tener un busto tan prominente no es tan sencillo, Manako." – Opinó Cetania, palpando el suyo. – "Estas cosas pesan, y no son precisamente muy aerodinámicas que digamos. Los sostenes ayudan, pero siguen siendo unos melones muy grandes, y hay que aletear más fuerte para mantener la velocidad. El precio de la hermosura."

– "Hallar un buen brassiere también es una monserga." – Comentó Tio, apretando los suyos con sus brazos. – "Mi tamaño dificulta encontrar ropa de mi talla, y las prendas íntimas son aún más difíciles, sin contar que suelen ser algo costosas."

– "Y aunque nos rehusemos a usar sostén, queda el problema de la gravedad." – Agregó Smith, tallándose los hombros. – "Las envidio a ustedes, ¿saben, chicas? Sus fuertes músculos les evitan sufrir los mismos dolores de espalda que yo a causa del peso extra."

– "Dormir boca abajo es tan difícil cuando se tienen un par de globos enfrente." – Añadió Alexandra, mirándose las suyas.

– "Lo mismo aplica para un agraciado posterior." – Se unió Lala. – "Confieso que a veces mis desarrollados glúteos me han hecho chocar accidentalmente con muebles u otros objetos."

– "Y las miradas, no olvidemos las miradas. Sin importar que seamos tiernas nekomatas o escalofriantes arañas, la gente siempre posa sus ojos primero en las glándulas mamarias o el trasero." – Declaré. – "Suelo creer que derrotamos a los soldados del campo de entrenamiento porque éstos estaban demasiado distraídos fantaseando con nosotras."

– "Por eso prefiero andar con sostén; no quiero tener la vista de todos sobre mí cuando ande con las luces altas debajo de la ropa." – Comentó la rapaz, riendo tenuemente. – "Además, no hay nada como quitarse todo y tirarse a la cama, dejando a mis bebés rebotar libres a placer; o flotar, en este caso."

– "El punto es que a pesar de que no compartes el mismo estándar pectoral de todas nosotras, no deberías sentirte mal por ello." – Insistió Doppel, regresando a su forma original. – "Obsérvame a mí e imagina que esta fuera mi forma definitiva; el reducido tamaño es perfecto para mi rol como infiltrada, sin que un busto enorme o un par de prominentes posaderas me impidieran el acceso a pequeños espacios o reposar en el suelo por periodos extensos, como toda francotiradora a la espera."

– "Una estatura y medidas menores se traducen también en un perfil más bajo, y menor posibilidad de ser detectada o herida." – Aporté. – "También significan mayor agilidad y flexibilidad. Seré rápida y todo, pero sigo siendo un blanco bastante grande."

– "¿Recuerda nuestra pelea durante el entrenamiento de graduación, alférez?" – Preguntó la empusa. – "Su velocidad y tamaño le permitieron evadir nuestros ataques, e incluso hacernos retroceder. Más allá de su experiencia en combate o la dificultad agregada por la falta de luz, la ligereza fue pieza clave en su superioridad de lucha."

– "Agradezco sus palabras, chicas." – Sonrió ligeramente. – "Pero sigo convencida de que me sentiría mejor si mis medidas aumentaran, aunque fueran un poco."

– "No necesitas de una curvilínea figura para ser bella, hermanita." – Le sonrió la ogresa, abrazándola. – "Eres encantadoramente tierna y amigable tal como eres. No te cambiaría por nada."

Además de que su falta de busto lo compensaba con un redondito posterior. Quizás el cuerpo de la francotiradora no fuera mi tipo, y ni siquiera podía compararse al resto del grupo, pero había que concederle que la naturaleza le ofreció un trasero aceptable. Aunque no puedo culparla por seguir acomplejada en tan pechugona reunión, especialmente al vivir al lado de la escultural Tionishia.

– "¿Lo ves, Mana-chan? No importa si tienes montañas o toda la cordillera de los Andes en el pecho, porque ya eres atractiva a tu modo." – Le reiteró Zombina, guiñándole y rodeándole el cuello con el brazo. – "No olvides que a ti es a quien más escriben los admiradores, Ojito. Y sin importar el género."

– "Suertuda." – Dije yo. – "A nosotras no nos escriben ni para pedirnos la hora."

– "De hecho, una de las arpías mensajeras le entregó un par de misivas el día de ayer a tu hermana, Potato." – Aseguró la muerta viviente. – "Y por lo bien que olían, no debían ser simples saludos."

– "Oh, ¿es verdad eso, Pepper?" – Le interrogó la halcón, acercándose. – "Cuenta, cuenta."

– "Nada que te importe, Peaches." – La mantis se cruzó de brazos.

– "Vamos, Ale, no seas así." – Insistí. – "Las chicas ya nos revelaron parte de sus secretos. ¿Qué te cuesta confirmar las palabras de la teniente?"

– "Oblígame, araña."

– "Te acuso con papá."

– "¿Qué edad tienes? ¿Cinco?"

– "Sólo hazlo, cabo." – Ordenó la coordinadora. – "No es que recibir correo de admiradores sea gran cosa."

– "¿Qué hay de ser todas iguales este día?"

– "Algunas somos más iguales que otras." – Sonrió jactanciosamente la capitana. Entendí esa referencia.

– "Preferiría la Habitación 101." – Disintió con la cabeza la italiana. También entendí esa. – "No es nada relevante: una pertenece a un sujeto irrelevante que no está enterado de mis preferencias. La otra, a una demonia menor que sí lo está."

– "Vaya, vaya; así que ya empezaste a armar tu harem, pimientín." – Le provocó la falconiforme, sonriendo maliciosamente. – "¿Y qué fue lo te envió tu adorada diablita? ¿Un meloso poema, comparándote con el idílico reflejo de la argenta luna sobre un diáfano lago en verano? ¿Su eterna devoción hacia tu fastuosa persona? ¿Calzones con raja de canela?"

– "Diablos, arpía, cada vez suenas más a Potato." – Meneó su cabeza la milanesa. – "No, de hecho sólo fue una congratulación por mis heroicos actos, para después explayar sus propias virtudes, comparándolas con las mías. Y una confesión extra."

– "¿Cuál? ¿Se estimula con la colita, pensando en ti?"

– "Sí, pero tampoco es eso." – Replicó la mediterránea. – "Es una súcubo; y también está interesada en ti."

– "Oh… Espera, ¿en serio?"

– "Que se muera Potato si miento."

– "¡Hey!" – Protesté.

– "Woah. Admito que no esperaba eso; al menos no tan pronto." – Contestó una sorprendida americana. – "Bueno, me alegra que tenga tan buen gusto, pero me temo que esta pajarita ya está tomada."

– "Danke, Süsse." – Le di un ósculo en sus labios.

– "Sabes que te quiero, flaca." – Sonrió, abrazándome.

– "Al menos tu voto de fidelidad se mantiene impoluto, incordio alado." – Habló la segadora.

– "No me envidies por ser atractiva, Pitufina." – La aludida le sacó la lengua.

– "Las dos son hermosas." – Les di un besito rápido a ambas. Ahí, miré a mi hermana. – "Y entonces, Ale… ¿Crees que esa diablita tenga espacio para una arachn-¡Ay, esperen, lindas! ¡Es broma, es broma! ¡Gah!"

Entre el bombardeo sin cuartel que mi sesera recibía a manos de mis amadas domadoras, y mis insistentes imploraciones de inocencia, Manako se echó a reír jubilosamente, disipando los malestares que sus entendibles inseguridades respecto a su cuerpo despertaran. Con las demás uniéndosele, el humor regresó al ambiente y proseguimos distendiéndonos los músculos bajo el terapéutico calor de las aguas.

– "Y por fin, Pepper…" – Tomó la palabra la nativa de Montana. – "¿Aceptarás el contrato de tu pequeña Mefistófeles?"

– "Te aconsejaría evitar toda clase de convenios con demonios, Dyne." – Opinó Lala. – "Los rechazados del Abismo sólo jugarán contigo hasta que pierdan interés."

– "Dudo siquiera que sea lo que clama ser." – Injirió Doppel. – "Las lilim (nombre dado a las hijas de Lilith, la demonia primordial) no cortejan a nadie tan inocuamente con misivas escritas. Toda seducción se lleva a cabo en persona, para que sus potentes feromonas, el verdadero secreto de su persuasión, hagan efecto."

– "¿Opinas igual que yo, hermana del Caos, en que la identidad real de tal admiradora es simplemente una descendiente de Belial?" – Le preguntó la irlandesa.

– "Es posible, dullahan. Debe tratarse de una demonia común haciendo una de sus bromas." – Asintió la cambiaformas. – "Habla, empusa. ¿La susodicha te envió alguna fotografía para convencerte de aceptar su propuesta?"

– "Negativo, sólo una breve descripción." – Respondió la pelinegra.

– "Como imaginé; mis sospechas eran acertadas." – Aseguró la alférez. – "Lo más seguro es que sea una demonio menor. De ser una mayor, no dudaría en presumir su voluptuosidad por medios gráficos. Las ancestrales ni siquiera se molestan con tales fruslerías."

– "¿No sería contraproducente si Ale la conociera y descubriera la verdad?" – Cuestioné.

– "¿Cómo distingues a una lilim de una diabla común, arachne?" – Interrogó retóricamente la doppelgänger. – "Las súcubos pueden ser desde seductrices con venusinas figuras, hasta depredadoras de apariencia inocente y cuerpos infantiles. Variedad para todo fetiche, al contrario de las apariencias fijas de las beliales, las comunes."

– "Suponiendo que ese sea el caso, ¿por qué mentir sobre su estirpe real en primer lugar?" – Interrogó la estadounidense.

– "Incluso entre las especies más lúbricas, las súcubos (e íncubos) sobresalen por su concupiscencia." – Contestó Doppel. – "La mayoría prefiere, por muy puritano que sea, una noche de pasión (o varias) con la encarnación de la lujuria misma. Y dado que no todo el mundo conoce las diferencias entre una belial y una lilim, es fácil aprovecharse de la fama de éstas últimas."

– "¿Cuáles son las principales características para identificarlas?" – Solicité iluminación, levantando la manita.

Ahí, Doppel materializó unos anteojos con su cabello, para acentuar su porte de Abismal profesora. Aunque claro, seguía desnuda.

– "Como mortal, sólo puedes distinguir dos: La cola y el olfato." – Declaró, con aire académico. – "La primera es más fácil a simple vista: las colas de las lilims, aunque similares en forma a las de una belial, suelen poseer puntas más redondeadas, con formas que faciliten una fácil inserción."

– "Err… ¿Las usan para lo que creo que las usan?" – La falconiforme alzó su ala.

– "Son demonios, ¿tú qué crees?" – Replicó sardónicamente la alférez. – "Son prensiles, y bastante sensibles. Cuando se encuentran estimuladas, los cuerpos cavernosos de la cola se llenan de sangre, aumentando su grosor, igual que el miembro masculino, pero sin perder elasticidad."

– "Bastante conveniente para una personificación de la concupiscencia el poseer un fálico apéndice flexible." – Opinó la segadora.

– "Es más que un dildo viviente, hija de Laetitita; imagínalo mejor como una erotómana navaja suiza." – Manifestó la cambiaformas. Entonces, se hizo crecer una demoniaca cola para detallar su explicación. – "Como pueden ver, la punta puede abrirse como una flor para revelar una cavidad interna. Posee la misma textura, suavidad y hasta la lubricación de una vagina. Es capaz de mover sus músculos para aumentar la estimulación, e incluso puede expandirse para alojar miembros realmente prominentes, o cualquier otra extremidad que deseen."

– "Como ese tal Cell, de Dragon Ball, ¿recuerdan?" – Injirió Zombina, riendo. – "Ese Toriyama. Ahora entiendo de dónde se inspiró, el muy pillo."

– "¿Qué hay del sabor?" – Tomé la palabra. – "Uhm, lo pregunto para una amiga."

– "En eso no puedo ayudarte, zanquilarga. Jamás me atrevería a que una criatura que rechazó a nuestro linaje me colocara sus traicioneras manos encima." – Aseveró la doppelgänger. – "Proseguimos. Además de actuar como un onahole, los músculos permiten replicar la capacidad de succión. No poseerá una lengua, pero es capaz de estimular de la misma manera que lo haría una boca. Bastante versátil, ¿cierto?"

– "En resumen: podemos penetrarle el agujero, dejar que ésta nos penetre el nuestro, o que nos lo succione hasta dejarnos la raja como pasita." – Dilucidé. – "Y hablamos sólo de la colita. Scheisse, ¿saben cómo invocarl-¡Ay!"

– "No seas vulgar, flaca." – Me reprendió la arpía, pinchándome.

– "Incluso el más execrable vástago de Lucifer rehusaría tus propuestas, patata degenerada." – Espetó Alexandra.

– "Auch. Bueno, ¿y qué hay del olfato?" – Cuestioné.

– "Las súcubos poseen una mayor cantidad de receptores olfativos, igual que un kobold o un orco, pero éstos están diseñados para captar las feromonas, al mismo tiempo que ellas emiten la suyas." – Explayó la cambiaformas. – "Las beliales, por otro lado, nacieron con un oído bastante sensible, capaz de distinguir con escalofriante exactitud la dirección de los sonidos. Así es como pueden planear sus maquiavélicos planes sin que nadie sospeche."

– "Incluso hemos usado algunas beliales como agentes encubiertas para espiar objetivos y personas sospechosas." – Informó Tionishia. – "Empero, es difícil hallar una que no se decante por gastar bromas en lugar de cooperar correctamente."

"Un momento, ya nos descarrilamos del punto inicial." – Interrumpió la italiana. – "¿Cómo diablos supo esa belial que soy lesbiana? Hasta donde sé, ustedes son las únicas enteradas."

– "Dudo que lo supiera, o le importara, Nikos." – Respondió Smith. – "Las beliales no son conocidas por la sutilidad, o pensar en algo más que no sea satisfacer sus propios deseos. Ya fuera que estuviera enterada de sus inclinaciones o no, su ambición es tal que te propuso un encuentro doble contigo y Cetania, confiada en que aceptarían. Lo de fingir ser una lilim fue la guinda de su pastel de falsedades."

– "Aunque aún nos queda responder a la cuestión original: ¿qué harás, Pepper?" – Le cuestionó la rapaz. – "Sí, tu Afrodita endiablada resultó un fraude, pero sigue siendo una mujer dispuesta a convidarte de su paradisiaca fruta."

– "¿Aceptarías tú en su lugar, incordio alado?" – Le preguntó la nativa del Éire.

– "Si fuera soltera como la grillita, por supuesto que sí, azulosa." – La castaña encogió los hombros. – "No es como si deseara casarme con ella; sólo querría divertirme probando (irónico, lo sé) un pedazo de cielo sabiendo que puedo irme al infierno en la próxima misión."

– "Ese es actualmente un muy buen punto, Peaches." – Opinó la zombie. – "Como veterana en la batalla y la vida en sí, insisto en que disfruten de ésta última lo más que puedan. Nunca saben cuándo terminarán besando una bala en lugar de a sus amadas. Y no siempre tendrán a infección viral o guardiana del Inframundo que las rescate."

Una afirmación la cual concordaba al cien por ciento. Rodeando a mis chicas con mis brazos, las atraje hacia mí, pegándolas a mi cuerpo. Ellas respondieron reposando sobre éste, tácitamente dándole la razón a la pelirroja.

– "¿Y bien, Ale?" – Hablé a mi consanguínea. – "¿Qué decidiste, por fin?"

– "Que no." – la aludida se cruzó de brazos. – "Agradezco el interés de esa demonio, pero no es mi tipo."

– "¿Y cuál sería tu tipo, si es que existe para alguien tan exigente como tú?"

– "Alguien que no sea tan insoportable como tú, Potato."

– "¿Qué tal yo?" – Habló la americana.

– "¿Qué acabo de decir, Peaches?"

– "Terminarás sola y amargada." – La emplumada le sacó la lengua. – "Bleh, ¿qué hay de Pitufina?"

– "Lala se ajusta más a mi ideal de buena compañera. Es la única de ustedes tres que actúa civilizadamente." – Admitió. – "Pero honestamente, que pierda la cabeza me parece terrorífico. No te ofendas, segadora, pero créeme cuando te digo que no deseo ver cuerpos decapitados."

– "Comprendo que mi acefalismo pueda ser inquietante, Dyne. Intimidar es parte de mi naturaleza Abismal." – Aseguró la peliblanca. – "Descuida, que no hay ofensa alguna. Y te agradezco que me consideres dentro de tus cánones aceptables de atracción."

– "Ahí lo tienes, flaca, la respuesta a nuestros problemas." – Declaró la halcón. – "Intercambias a esta canosa con tu hermana; le aseguras el cuello con cinta adhesiva; tú y yo quedamos libres para amarnos a nuestras anchas, y todas felices como perdices."

– "No gracias, Süsse; a mi azulita no la cambio por nada." – Proclamé. – "Y a ti tampoco, pajarita; me gusta aumentar el amor, no disminuirlo."

– "Podríamos invitar a una súcubo real~" – Provocó, la muy bromista.

– "Negativo, linda. Mi alma es propiedad de esta hermosa dullahan." – Le di un beso a la Abismal.

– "También te quiero, A chuisle." – Me regresó el gesto la irlandesa.

– "Ah, tú muy fresca, ¿verdad, flacucha?" – La falconiforme se cruzó de alas. – "A esta enana le das tu alma, ¿y a tu amada Cetania qué? ¿Tus calzones rotos?"

– "No-piti-nop. A ti, mi fastuosa halcón, te doy todo, todo…" – Hice circulitos con mi dedo sobre mi pecho. – "Lo que me sobra."

– "¿Lo pervertida?"

– "¿Lo torpe?" – Expresó Lala.

– "¿Lo olorosa?" – Dijo Dyne.

– "¿Lo hoplófila?" – Habló Zoe.

– "¿Lo idiota?" – Agregó Doppel.

– "¿Lo inmadura?" – Añadió Kuroko.

– "¿Lo ambiciosa?" – Sumó Manako.

– "¿Lo impulsiva?" – Remató Tionishia.

– "Exijo una segunda opinión." – Solicité.

– "También eres fea." – Acotó mi hermana.

Qué bonita es la amistad.

– "Con amigas así..." – Inflé las mejillas. – "Yo también las quiero."

– "Ya, flaca, sabes que sólo jugamos." – La arpía me acarició la barbilla con sus plumas.

– "Yo no." – Aseguró Alexandra.

– "Yo tampoco." – Se le unió la cambiaformas.

– "Bueno, la mayoría sólo bromea." – Aseveró la rapaz. – "Y te apreciamos bastante, cazadora, aunque no lo parezca."

– "Tu novia está en la razón, Jaëgersturm." – Sonrió la coordinadora. – "Te estimamos mucho a pesar de ser una lúbrica; inexperta; vehemente; irreflexiva; efusiva; semi-fascista y obtusa arachne híper-sáfica."

– "Estuvo practicando todos esos adjetivos para esta ocasión, ¿verdad, Hauptmann?" – Le interrogué, torciendo la boca.

– "Quizás. Entre más te conozco, más fácil es agregarlos." – Encogió los hombros, fingiendo inocencia. – "Igual que las sorpresas que siempre nos deparas. ¿Quién imaginaría que tú y la dullahan más rebelde que he tenido bajo mi tutela terminarían juntas?"

– "Reitero se me indulte por mi actitud en el pasado, y los contratiempos que mis frecuentes fugas de mi primer hogar huésped pudieran traerle." – Aseguró la irlandesa. – "Empero, ya que mis acciones al final dieron como fruto el encontrar a la deífica arachne que ahora me acompaña, no puedo decir que estoy arrepentida de quebrantar los estatutos establecidos en mi estadía."

– "Descuida, que nos ahorraste el trabajo de encontrarte otra residencia al quedarte en la actual." – Le sonrió la capitana. – "Al igual que tu araña, eres toda una caja de sorpresas, Abismal. Por la forma en que te le pegaste a Cariño-kun cuando pregunté dónde deseabas quedarte, pensé que lo habías elegido porque lo hallabas atractivo."

– "La máscara que pretendía ser yo aún no había sido retirada, así que todavía actuaba de manera diferente a la actual segadora que ve usted aquí hoy." – Afirmó la peliblanca. – "Sin embargo, mentiría si dijera que Kurusu no irradiaba el aura de comprensión que mi anterior familia carecía. Es una buena persona, y me alegro de haber tomado la decisión correcta al optar ser su huésped."

– "Me siento feliz por ti, aunque me hiciste perder la apuesta de que serías la siguiente en ir tras los huesos (o alma) de Cariño-kun." – Rió tenuemente la agente. – "Aria era mi caballo ganador en la segunda ronda, y terminó enamorándose de la yegua que me hizo zozobrar en primer lugar."

Sería buen momento para despejar la duda sobre cuántas apuestas de ese tipo han hecho a nuestras espaldas, pero estaba segura que ya habían perdido la cuenta. Podría apostar que en ese momento también habían fraguado otra.

– "Le hundimos el barco de las ilusiones monetarias por avariciosa, Hauptmann." – Reí también. – "No contaba con nuestra astucia."

– "O que repentinamente me aparecieran lesbianas por todos lados, como Pokemones salvajes." – Acotó Smith, disintiendo con la cabeza. – "Tú, Lala, Alexandra, Cetania, incluso Keiko, la de la armería. Es como si estuviéramos atrapadas en una pésima historia escrita por un pobre diablo con demasiado tiempo libre."

– "También están Yuuko, Mio, mis ex-jefas pingüino, y Draco." – Enumeré. Hubiera incluido a Aiur, pero creo que hundimos ese barco. – "Y si contamos a las bi, tenemos a Zoe, Saadia y Rachnera. ¿Los ataques de Suu cuentan?"

– "Agrega a Wilde a la lista de lame-almejas." – Me dijo la zombie. – "No lo ha confesado, pero esas miradas que suele echarles a las chicas de los cuarteles, o a nosotras, son toda la evidencia necesaria."

– "Silica también lo es." – Afirmó mi hermana.

– "¿Eh? ¿Mei? ¿Por qué lo dices?" – Cuestioné.

– "Estaba comiendo en la cafetería, y la vi platicando con Kanna." – Relató. – "Por la manera en que sus añiles ojos se fijaron en el posterior de la nekomata conserje cuando ésta se alejó, es sencillo deducir un veredicto."

– "Tal vez sólo fue una falsa impresión." – Opinó Lala. – "Es probable que la reptil únicamente estuviera pensando en algo mientras su amiga se dirigía en dirección contraria."

– "No, estoy bastante segura." – Arguyó la mediterránea. – "La gecko movía sutilmente la cola, más allá de lo usual; de la misma manera que Potato agita suavemente su abdomen cuando habla contigo o Peaches. Son tics que nos delatan."

– "¿Qué hacías tú viéndole la colita a la lagartija en primer lugar, Pepper?" – Le interrogó la falconiforme.

– "Las otras opciones eran ver mi plato medio vacío; el smog citadino; la cocinera regañando a una de sus ayudantes; o ver el perpetuamente pétreo rostro de la instructora."

– "Vale, te doy la razón." – Acató la halcón, sonriendo. – "Son buenas noticias, ya tenemos una brasileña en el club."

– "¿Segura que no son proyecciones tuyas, Ale?" – Pregunté. – "A veces queremos que algo sea tan cierto que comenzamos a interpretar cosas que no son."

– "Admito que no soy infalible, pero después de pasar tiempo conviviendo con las maestras del safismo excesivo, puedo garantizar mi resolución en base a pruebas empíricas." – Aseguró. – "Peaches infla levemente su pecho, y Lala levanta ligeramente el posterior cuando están contigo."

– "¿Realmente lo hago?" – Se preguntó la dullahan, sonrojándose. – "Qué bochorno."

– "Tranquila, que es comportamiento normal, Spatzi." – Le di un besito para reconfortarla. – "¿Cierto, Ale?"

– "Lo es. No hay que ser una genio para saber que tales conductas son universales en cualquier especie." – Continuó la milanesa. – "La centáuride de tu residencia, Centorea, agita también su cola cuando habla con tu casero; lo mismo que aquella minotauro, Amanda, al charlar con García."

– "¿Y cuál sería tu tic entonces, chapulín sabelotodo?"

– "Guiño con mi ojo derecho."

– "¡Ay, qué tramposa!"

Más allá de la ingeniosa forma de retrucarme, me alegraba que mi consanguínea se mostrara más dispuesta a bromear sobre su condición ocular. Años viviendo entre la iniquidad de la mafia debieron desensibilizarla lo suficiente para no preocuparse por lo irremediable. Fuerte e inamovible como una montaña, esa era Dyne.

– "¿Lo ven? Tenía razón; más de una decena de lame-almejas, y la mitad reunida bajo nuestro techo." – Suspiró Kuroko. – "Debí preverlo cuando planeé contratar personal exclusivamente femenino para evitar incomodidades entre las trabajadoras."

– "Al menos esa sí fue una buena decisión, Chief." – Señaló la estadounidense. – "Sí, no se salva de las miradas lascivas, especialmente con esta flacucha cerca…"

– "¡Hey!" – Protesté.

– "Pero al menos asegura un ambiente más agradable para sus empleadas, como ahora, bastante cómodas siendo nosotras mismas." – Prosiguió la americana. – "Sí, soy parcial por obvias razones, pero sigo pensando que fue la opción correcta. Además, piense en lo que se ahorra en anticonceptivos."

– "Jerarca, ¿puedo cambiar de habitación en los cuarteles?" – Habló la mantis. – "No quiero despertarme a media noche por sonidos indecentes proviniendo del cuarto de Potato o Peaches."

– "Vamos a ser extra-ruidosas para que te arrullemos, Pepper." – Le guiñó burlonamente la arpía.

– "Lo siento, Alexandra, pero las necesitamos juntas para responder raudamente a cualquier emergencia. Y no uses tapones para los oídos, que no deseo tener que derribar tu puerta en caso que no atiendas al llamado." – Le contestó Kuroko. Ahí, nos señaló a mí y la emplumada. – "Y a ustedes dos, tortolitas, ya les dije que los cuarteles no son moteles. Si quieren rendirle culto a Safo, háganlo en la comodidad de su casa."

– "Tranquila, Chief, sólo era broma." – Desestimó con el ala la castaña. – "Pero Pepper tiene razón en algo: las paredes de nuestras recámaras son bastante delgadas. No exagero; estaba cantando mientras me lavaba la cara y Mei me felicitó desde el otro lado."

– "¿Lo ve, Jefa? Le advertí que Tio-san y yo podemos mantener conversaciones cuando estamos en el baño." – Habló Manako. – "Si durmiera en los cuarteles se habría dado cuenta antes."

– "Ehh, yo no he notado ningún problema." – Zombina encogió sus hombros.

– "Porque duermes como un tronco todo el día, carne de cementerio." – Le replicó Doppel.

– "Ah, simijo, ¿cuántos dolores de cabeza más deberé soportar?" – La capitana se talló la sien. – "Primero la pared en la oficina de Adeline se cae a pedazos; Kanna se queja de una fuga en las tuberías; luego se descascara el techo en el consultorio de Vanessa; y ahora ni privacidad tenemos. ¡¿Por qué carajos el jefe contrató esa constructora barata?!"

– "Eso explica que nos autorizaran el contrato del arsenal con Sparassus; minimizar costes es su manera de expandir el presupuesto." – Comentó la cambiaformas. – "No me sorprendería que la estructura colapsara si llegáramos a usar el helipuerto del techo. Al menos nos desharíamos de las novatas."

– "¿Qué haremos, Jefita?" – Cuestionó Tionishia. – "¿Nos regresamos con la abuelita Yamato mientras arreglan los cuarteles?"

– "¿Y perder el financiamiento que tanto necesitábamos? Ni soñarlo." – La capitana desestimó la mano. – "Escuchen, estos cambios son beneficiosos: no necesitan salir de la comodidad de sus aposentos para entablar conversaciones con sus compañeras, además de que con esto aprenderán a mantener la discreción que tanto les he pedido guardar, y a no maltratar el edificio. ¿Lo ven? Salimos ganando; punto final."

– "Pero, Chief…" – Habló la arpía.

– "¡Punto final, dije!" – Vociferó Smith, dándole un puñetazo al agua. – "¡Carajo, novatas; primero Vanessa y Adeline jodiendo con el dinero, y ahora ustedes con el maldito edificio! ¡Denme un puto respiro aunque sea por hoy, ¿quieren?!"

– "Err…" – Acepté el riesgo – "¿Hauptmann?"

– "¡¿Qué?! ¡¿Qué quieres?!"

– "S-sólo tenía curiosidad sobre…"

– "¡No, no me importa si mueren aplastadas! ¡Pero no lo hagan, que no hay presupuesto para funerales!"

– "¡Ú-únicamente curiosidad sobre su costumbre de llamar a las personas por su segundo nombre!" – Me apresuré a finalizar. – "Uhm… ¿Si fuera tan amable?"

– "Ah, eso. Una técnica que aprendí cuando era una policía primeriza." – Reveló la pelinegra, calmándose al sentir el cabello de la alférez Abismal masajearle los hombros. – "Hmm, gracias, Dop. Como decía, es para acostumbrar a tus subordinados a distinguir que, cuando se refieren a ti por tu segundo nombre, sabes que alguien importante se dirige a ti. Y actualmente funciona."

– "¿Igual como yo me dirijo a mi hermana por Ale?"

– "Dije alguien importante, araña."

No hay dicotómicos contrastes de moralidad en Kuroko, sólo maldad pura.

Mientras el grupo reía por la estocada a mi orgullo, el ambiente regresaba a su calma natural, mientras el sonido de las tibias aguas discurriendo por su cauce natural saturaba el aire con su sosegadora sinfonía tenue. El clima en el exterior se tornaba cada vez más frío, y la temperatura iría disminuyendo raudamente tan pronto pasaran las horas, ni qué decir días; pero en ese momento, sólo existía la calidez de pasar tiempo de calidad con mis dos familias: la que estaba unida a mí por sangre y sentimientos; y la que cuyos lazos se forjaron por compartir la misma convicción en pos de la justicia. Y en ese momento, éramos una sola.

– "Ya que estamos todavía con el tema, quisiera que me despejaran una duda, chicas." – Expresó Zombina. – "¿Cómo descubrieron que preferían lamer papayas en vez de chupar bananas?"

– "Quid pro quo, occisa caminante." – Acotó Lala. – "Usted primero."

– "Mi primer beso fue con una chica, y me gustó." – Respondió la pelirroja, tomando una pose relajada. – "No les diré quién; información sólo para oficiales."

– "¿Has besado hombres?" – Indagó la rapaz.

– "Ah-ah, Peaches, ya fue mi turno." – La heterocromática negó con su dedo. – "Les toca a ustedes."

– "En el albor de mi adolescencia; cada vez que me topaba con material prohibido, me fijaba completamente en las féminas, ignorando la presencia masculina." – Injerí. – "Posteriormente mi curiosidad me llevó a interesarme en mangas yuri; aunque para ese entonces ya estaba más que claro en qué equipo jugaba yo."

– "¿Con toparte te refieres a que te lo encontrabas, o lo buscabas activamente?" – Cuestionó la teniente.

– "Bueno, ya sabes cómo es esto, Zoe." – Encogí los hombros. – "Un día vives feliz en la pía inocencia, y al siguiente la curiosidad te lleva a hacer tratos en lo oscurito con la alumna que te consigue lo que sea si cuentas con plata suficiente."

– "Santo cielo." – Expresó la sonrojada ogresa.

– "La desventaja del sistema clandestino es que no puedes controlar la calidad." – Exhalé. – "Muchas veces me tuve que conformar con algo tan inofensivo que podría usarlo como material didáctico; o con marranadas tan fuertes que una súcubo se persignaría hasta hacerse monja."

– "¿Qué hiciste con todo ello, flaca?" – Preguntó la halcón. – "¿Lo conservaste?"

– "De hecho, es una anécdota bastante vergonzosa." – Reí tenuemente, sonrojándome. – "Ah, qué diablos. Bien, la mayoría eran revistas y siempre las guardaba debajo de la pila de ropa en mi ropero. Un día mi abuela, con el bicho de la remodelación habiéndole picado, entró de sorpresa y comenzó a echar patas arriba mi habitación. Ya que no podía decirle simplemente que se largara, simulé ayudarle y me dispuse a hacerme disimuladamente con el material infractor y esconderlo hasta que estuviera a salvo. Sencillo, ¿verdad?"

– "¿Tu plan falló y el crimen fue expuesto, A chuisle?" – Interrogó la irlandesa.

– "Aún no, linda. Verán, el problema residía en que la pila de ropa se hallaba hasta el fondo del ropero y me demoraría en removerla a tiempo para que la vieja Diva se no se fijara." – Relaté. – "Estando ella cada vez más cerca de la evidencia incriminatoria, necesitaba distraerla a la brevedad posible. El foquito en mi cabeza se encendió y, excusándome para tomar agua, bajé rápidamente a la cocina. Ahí encendí una cerilla y, trepándome al techo, la acerqué a la alarma contra incendios."

– "Creo que ese foco en tu cabeza era actualmente el fuego que Prometeo robara a los dioses, Potato." – Opinó Dyne.

– "Excelente analogía, hermana, ya verás por qué." – Asentí. – "El plan funcionó y el constante pitido hizo que mi abuela interrumpiera su labor. Arrojé la cerilla y culpé a la mala calidad del aparato cuando Diva exigió explicaciones, otorgándome el tiempo necesario para subir y tomar desesperadamente todas mis eróticas publicaciones. Cogí una bolsa para basura y, aunque estuviera deshaciéndome de un largo historial de ahorros invertidos, metí todos los tomos hasta el fondo y los cubrí con papeles y demás desechos."

– "Cuánto material valioso perdido. Tan catastrófico como el incendio de la biblioteca de Alejandría." – Rió Bina. – "Esto se puso bueno, Potato, ¿qué pasó después?"

– "La alarma fue silenciada y yo logré rescatar mi quitinoso trasero de ser agarrada con las manos en la impúdica masa. Colorín colorado, esta patona se ha salvado, ¿cierto?" – Proseguí. – "Nope; desde joven ya estaba más salada que el Mar Muerto. Sucede que al día siguiente las encargadas de recoger la basura hacían su faena diaria; desgraciadamente, una de las empleadas era una tarántula con garras titánicas. Ésta rompe la bolsa accidentalmente y el contenido entero se desparrama frente a todos… cuando mi abuela se encontraba ahí, atestiguándolo todo."

– "Mojarlas primero y arrojarles una solución de cloro hace maravillas en desintegrar la tinta del papel." – Dijo la capitana. Todas fijamos nuestra vista en ella. – "Ehem, continúa, Jaëgersturm."

– "Pues, cómo imaginarán, el resto del contenido en la bolsa y el hecho que sólo fuéramos dos en la casa terminaron por señalarme como la dueña de tales obscenidades." – Suspiré, disintiendo con la cabeza. – "Me gané una paliza en mis glúteos humanoides que me hizo confesar la fechoría de la alarma, obteniendo aún más castigo. Jamás aprendí a mantener cerrada mi bocota, al parecer."

– "Tomaste la llama prohibida y los dioses te sancionaron." – Habló Nikos, aludiendo a Prometeo. – "Tenías razón, patata. Y bien merecido te lo tenías."

– "¿Sabes qué es lo peor? Que la tarántula que rompió la bolsa era la madre de la amiga que me vendió las revistas."

Todas estallamos en una carcajada al unísono. Entre el concierto de risas, la niebla de las penas pasadas eran apartadas por el resplandeciente fulgor de la amistad que se hacía cada vez más fuerte.

– "Que digan lo que quieran de ti, cazadora, pero al menos sabes cómo entretenernos." – Declaró Smith, calmando su risa. – "Aunque tengo curiosidad por saber qué clase de suciedades se consiguen en tu nación. ¿Arachnes y humanos únicamente? ¿Se interesan en otras especies? ¿Qué veías tú?"

– "Hay de todo para todos, Hauptmann. Ya sea piel, escamas, quitina o plumas, el entretenimiento adulto se encarga de complacer lo mayor posible." – Contesté, haciendo olitas en el agua. – "Usted sabe que el Reino Sirena del Pacífico es nuestro mayor aliado, por lo que la especie es común en Sparassus. Ya se imaginará lo popular que deben ser los tritones en una población enteramente femenina."

– "Considerando la, disculpen, libido usual de las arachnes, y la incapacidad de procrear entre ambas estirpes, nos hacemos una buena idea." – Aseguró la ogresa, ligeramente ruborizada. – "Por lo menos ayudan a hacer más amena las draconianas restricciones que impiden el ingreso de humanos a la isla."

– "Si lo dice por lo de satisfacer la calentura, está en lo cierto, Tio. Pero ni el rey de Neptune mismo podría sustituir al esposo y padre de una sparassediana." – Le respondí. – "Los tritones sólo son eso, diversión; nunca entablamos relaciones sentimentales con ellos. Y dada la tendencia de éstos por lo trágico, prefieren ser usados como juguetes sexuales que amantes. En fin, nadie se queja, todos felices, la vida sigue. Y antes de que pregunten: no, ni mi abuela ni mi madre recurrieron a ello; nuestra lealtad es honor."

– "Bueno, por lo menos es un sistema más ordenado que el de mi tribu. Ahí, simplemente se agarraban al que veían primero." – Acotó la americana. – "¿Qué pasó luego de que te destaparas como la cochinota de la cuadra?"

– "Me dediqué únicamente a coleccionar mangas yuri, con la excusa de que eran simples dramas adolescentes." – Dilucidé, reacomodándome en mi lugar. – "Empero, aunque no fuera explícitamente pornografía, aún las compraba a escondidas de mi abuela. Por suerte, en esta ocasión las obtenía en puestos establecidos. Oh, y mi madre nunca se enteró; la anciana Diva ya estaba sufriendo las consecuencias de la edad y el recuerdo se le esfumó."

– "Evadiste ingeniosamente hasta ahora la cuestión original, arachne. No más distracciones." – Sentenció Doppel, sonriendo maliciosamente. – "No es secreto que adoras los traseros y la sodomía, como toda zanquilarga; ¿qué es lo otro que solía alimentar tus impúdicas fantasías?"

– "No puedo escaparme de ésta, ¿cierto?" – Exhalé, sonrojándome. – "De acuerdo; les sonará a cliché, pero el fetiche que más consumía yo eran las orgías. Nada como un bacanal sáfico para que me gastara la mitad de nuestra reserva de pañuelos."

– "Es imposible fingir sorpresa ante ello, Potato." – Comentó la empusa.

– "No tienes que repetirlo, Ale. El colmo de la predictibilidad, ¿no?" – Sonreí, apenada. – "Aún así, con todo y lo predecible que resulté, tales desenfrenos grupales me atraían porque todas las involucradas disfrutaban por igual. Sin ropa, sin restricciones, sin escalafones ni roles predeterminados; las participantes eran el activo aforismo de la equidad y del placer absoluto."

– "Una esperaría que te decantaras más por el dominio innato de una predadora, Jaëgersturm." – Opinó Kuroko, riendo. – "¿Te volviste comunista o algo así?"

– "Han de ser los genes de mi abuela rusa. Nah; supongo que el pasar toda mi vida escuchando las diatribas supremacistas de la vieja Diva me hicieron apreciar el concepto de igualdad." – Argüí. – "Y honestamente, el sexo se disfruta más cuando eres capaz de intercambiar papeles de ama y esclava indistintamente. Pero aquí entre nos, me encanta que mi azulita me domine en la cama, ¿cierto, Spatzi?"

– "A chuisle, por favor." – Lala volteó su ruborizado rostro. – "No seas tan descarada."

– "Nada de avergonzarse, segadora, que como Abismal tu destino es subyugar a los mortales." – Declaró la cambiaformas. – "Muy bien, la araña resultó ser exactamente lo que esperábamos; es decir, aburrida. Sigue la descendiente de Héc… Ah, simijo."

– "¡Manacchi!" – Exclamó Tionishia.

Tal vez debido a la temperatura, o por lo acalorado de nuestra conversación (o quizás ambos), la francotiradora se había tornado tan roja como un granate, y tan inerte como las lámparas de piedra que decoraban los caminos de la posada. Sin necesitar de órdenes, la rubia ogresa tomó a su compañera en brazos y salió del agua, trazando un húmedo camino hasta el baño, con el objetivo de revivir a la cíclope. Haciendo ademán de que no nos preocupáramos, Smith nos hizo regresar a la plática.

– "Así nos pasó en el Shirahone, ¿recuerdas, Hafh'drn? Esa niña sí que es sensible." – Comentó Doppel, estirándose. – "Como decía, es turno de la mantis."

– "Al contrario de esta patata perversa, yo carezco de risible anécdota." – Narró la empusa. – "Todas aquí conocen mi historia, ¿cierto?"

– "Hasta el último detalle, Sameko-chan." – Afirmó Zombina, inclinando la cabeza.

– "Confieso estar fuera del círculo." – Expresó la peliblanca. – "Estén sin preocuparse, comprendo que es un asunto entre camaradas del grupo."

– "Tampoco es que necesites saberla, Lala." – Respondió la pelinegra. – "Bien, esa arpía terrestre, Brianna; conviví suficiente tiempo con ella para que el pudor inicial desapareciera y se mostrara menos recatada conmigo. Eventualmente me di cuenta que atisbar su cuerpo mojado al salir de la ducha, o por el sudor, despertaban en mí una inevitable atracción. Admito que era guapa."

– "¿También era lesbiana?" – Cuestionó la coordinadora.

– "No, Brianna jamás mostró interés en otra cosa que no fuera dinero." – Replicó la italiana, mirando al cielo. – "Tampoco me enamoré de ella, o le informé sobre mi descubrimiento; simplemente encontré mis preferencias a su lado. Ho finito."

– "Veloz y directa al punto. Muy de ti, Pepper. " – Opinó Cetania. – "Creo que me toca, ¿verdad? Pues igual y les cuento. Conmigo fue bastante sencillo, de hecho. Ya saben: comunidad enteramente femenina, aisladas de la sociedad humana, libido elevada, especialmente en los meses en celo y luna llena; mujeres hermosas y ganosas abundaban en tan glacial valle."

– "Incluso dentro de tu propia familia." – Injirió Zoe con un guiño, haciendo alusión a la confesión del sueño húmedo de la emplumada. – "¿O no, Peaches?"

– "Por supuesto que sí, wormhole, las rapaces somos el epítome de la belleza." – La castaña extendió fatuamente sus alas. – "I'm motherfuckin' fabulous."

– "¿Wormhole? Oh…" – La muerta viviente entendió el sobrenombre. – "I see what you did there, birdbrain."

– "Can't touch this." – La halcón le sacó la lengua burlonamente. – "Como sea; había un par de chicas cerca de mi vecindario, unas gavilanas; no tenían mucho pecho, pero cargaban unas piernas que harían morir de envidia a cualquier supermodelo. Y dado que se notaban bastante atrevidas, además de siempre andar juntas, me gustaba imaginar que un día se desenfrenarían conmigo."

– "Ah, ¿así que también estabas en eso de los tríos, Süsse?" – Hablé yo.

– "No te emociones, flaca, que nunca dije que las quería a ambas al mismo tiempo." – Señaló la falconiforme. – "Si andaban juntas todo el tiempo, entonces había posibilidad de que también fueran adoradoras de Safo. Por supuesto, todas esas eran irrisorias conjeturas de mi yo de doce años. Las condenadas no me hubieran invitado ni a su casa-cueva"

Algo perfectamente entendible, al menos para mí. Yo amasaba tal cantidad de fantasías sobre las chicas atractivas que me rodeaban que de ser escritora, alcanzaría el millón de palabras en poco tiempo.

– "Si me permites desviarme un poco del tema, ¿cómo eran sus viviendas?" – Preguntó con curiosidad la irlandesa. – "Papi dice que su tribu empleaba tipis o yurtas, como diversos pueblos nómadas."

– "Pues de hecho, no éramos muy diferentes, azulosa." – Aseguró la nativa de Montana. – "Nosotras teníamos dos clases de moradas: la primera eran las cuevas, creadas naturalmente y expandidas si se deseaban. Las otras eran precisamente los tipis, hechas con pieles y huesos de los animales cazados. No éramos salvajes; contábamos con amenidades modernas, pero era la tradición cazadora el sacarle utilidad a los restos de las presas."

– "¿Por qué dos?" – Indagó la mediterránea.

– "Las cuevas fungían como la residencia principal. Eran excelentes para cuando el frío, especialmente en invierno, se tornaba inclemente. Contábamos con conductos que servían de chimeneas, en caso que encendiéramos una fogata para calentarnos." – Explicó la pajarita. – "Los tipis eran como tiendas de acampar. Podíamos colocarlos donde deseáramos, y cuando las temperaturas se elevaban, eran ideales para descansar frescas. A las guardias les decíamos 'las nómadas' porque solían dormir más en ellos que en sus casas. Nosotras las armábamos afuera de las cuevas, para reunirnos y platicar, ya sea comiendo junto al calor de una fogata o el manto estelar nocturno. Y en ocasiones, practicar nuestras danzas."

La rapaz se incorporó para darnos una pequeña muestra de los bailes tradicionales de los Wankatanka. Moviéndose en un ritmo lento, la voladora acompasaba colocando sus alas en la misma dirección mientras sus caderas se ondulaban seductoramente, haciendo que ese apoteósico cuerpo desnudo, brillante por la humedad y envuelto en la neblina de las aguas termales, luciera aún más erótico de lo que ya era. Cetania era una mujer preciosa, y verla dejarse llevar por su ritmo al tiempo que tarareaba una melodía en voz baja, le daban ese dicotómico aire majestuoso de sencilla libertad.

– "Esta era la danza del cielo benévolo, para asegurar un vuelo estable y despejado." – Relató la castaña. Ahí, cambió sus movimientos por otros más pronunciados. – "Éste es para la abundancia de presas. No teníamos para cosas como caza favorable o fortalecer a nuestras crías; una arpía debía ser fuerte y eficaz naturalmente."

– "Me recuerdan a las danzarinas reales del harén de Neferkara, precisamente realizadas por arpías horus." – Comentó la doppelgänger. – "El legado de mi viejo hogar aún vive."

– "Ah, sí quieren bailes para complacer al faraón, entonces, ¿qué tal éste?" – La americana meneó pronunciadamente las caderas de manera circular, agitando en el proceso sus imponentes pechos. – "Danza de la fertilidad, quizás la más importante para una especie monogénero. Podía realizarse también frente a la potencial pareja."

– "Pues sí debe ser efectiva, porque hasta a mí comienza a gustarme." – Sonrió pícaramente Zoe. – "¿Así les haces sus stripteases a Potato?"

– "Esto no le haría ni salivar aunque sea por el sueño." – Replicó. – "Si quisiera que ambos labios se le humedecieran de anticipación, haría algo como esto."

No será una lilim, pero Cetania demostraba que también era una seductriz nata al darse la vuelta y agitar briosamente sus agraciados senos frente a mí. Comprobando que su eufemismo era real, tanto mi boca como mi entrepierna aumentaron la producción de humectación, ignorando que estuviera rodeada de agua. Con ese contoneo de caderas y la hermosura ingénita de la halcón, mis seis ojos no perdían ningún detalle de tan erótico espectáculo, especialmente cuando sus gloriosas nalgas empezaron a aplaudir al ser agitadas.

– "De acuerdo, ya comprendimos tus dotes en coreografía sicalíptica, descendiente de Taumas." – Se acercó la dullahan. – "Cesa este lúbrico despliegue de una ve-¡Buf!"

– "¡Spatzi!"

Sin previo aviso, la chica de azul epidermis perdió literalmente la cabeza cuando una de las glándulas mamarias de la rapaz accidentalmente le propinó una cachetada directa. No debió ser muy dolorosa, dada la tremenda suavidad de los pechos de la emplumada, pero el peso fungió como excelente ariete para decapitar a la peliblanca. Dándose cuenta de lo sucedido, la arpía se adelantó a mí y velozmente recogió la sesera flotante de la Abismal, centésimas de segundo antes de que el agua caliente se infiltrara dentro de ésta. Las demás sólo trataban de contener la risa.

– "¡Oh, fuck; sorry, Blueberry! My bad." – Se disculpó la castaña, usando sus plumas para secarla. – "No era mi intención darte un 'tetazo', ¡¿pero quién te manda a acercarte tanto?! ¡¿Qué acaso querías que te bailara también a ti?!"

– "¡N-no farfulles bagatelas, hija de Electra!" – Le contestó la irlandesa, tosiendo. – "¡L-la bruma que nos envuelve dificultó el calcular adecuadamente la distancia! ¡Y únicamente deseaba parar tan impúdica escena!"

– "Ay, qué horror; bailar desnuda en un onsen. Merezco la horca por tan execrable herejía." – Expresó sardónicamente la estadounidense. – "Déjate de boberías, Sor Pitufina, que no estamos en el convento de Santa Teresa." – La emplumada me la entregó. – "Ten, flaca, acomódale bien el cerebro, si lo encuentras."

– "¿Estás bien, linda?" – Le cuestioné a la dullahan mientras colocaba su cabeza en su sitio. – "¿No te entró agua? ¿Necesitas algo?"

– "Descuida, sólo es un poco de monóxido de dihidrógeno con minerales." – Tosió otro poco. – "Gura míle, A chuisle. Lamento tan penoso evento."

– "No te preocupes, que igual fue como una pelea con almohadas, pero más suavecitas."

– "¡Ja, igual que en esa ocasión!" – Estalló Smith en una sonora carcajada. – "¿Te acuerdas, Zoe? ¿Cuándo quisiste asustar a Tio, y ella se volteó tan rápido que te decapitó con sus pechos?"

– "Ugh, quisiera no hacerlo. Me di un tremendo festín involuntario de lodo y piedras al aterrizar." – La pelirroja sacó la lengua de disgusto. – "No entiendo por qué la cornuda usa esa armadura, si esas montañas que se carga con más poderosas que un ariete romano."

– "Vale, vale, ya dije que lo lamento. Para la próxima sólo no te atravieses así, ¿de acuerdo, azulada?" – Se justificó la falconiforme. – "Bien, ¿en qué nos quedamos?"

– "En que tu tribu gustaba de moverlas como Shakira." – Dijo Alexandra.

– "Y con los pies descalzos." – Rió la arpía, alzando una de sus garras. – "Pero sí, las danzas eran parte de la vida diaria. Y con excepción de la época otoño-invernal, todas se realizaban con nada más que pintura corporal y adornos para la cabeza hechos con plumas y cráneos de presas. Andar sin ropa era habitual y, ya confesándolo, me gustaban tales bailes precisamente por ello."

– "Ya tenemos una nudista más en el grupo además de ti, Dop." – Comentó la capitana, entre risas. – "¿Te agradaba por las vistas, o por sentirte libre?"

– "Mitad y mitad, Chief, aunque lo era más por la segunda. Es casi como lo que dijo Aria; ahí, en esos círculos que formábamos alrededor de la gran hoguera, todas éramos iguales debajo de nuestras ropas." – Replicó la halcón, sumergiendo su cuerpo de nuevo. – "Mi tribu veía el safismo negativamente, y yo estaba excluida sin necesidad de decir pío. Pero, en esos rituales podía ser yo misma y también ser parte del grupo al mismo tiempo; una de las pocas ocasiones en que no me sentía sola."

– "Esa soledad terminó cuando conociste a Aria, igual que yo." – Asintió Lala.

– "Correcto, segadora; encontramos la respuesta en tan quitinoso paquete." – Cetania le sonrió a la irlandesa y a mí. – "Fue también gracias a ella que aceptaste ser quien eras, ¿cierto?"

– "Fue la calidez de su honesta amistad lo que derritió la gélida estalactita en que se había convertido mi hermético corazón." – La peliblanca me miró, con mueca de felicidad. – "Aún recuerdo esa mañana lluviosa en la morada Kurusu, cuando los misterios del destino nos otorgaron una corta pero significativa ventana de tiempo para entablar conversación. Esa aparentemente anodina charla fue el mayor catalizador para que nuestro contacto evolucionara a la expresión más pura de amor."

– "He decidido madrugar para admirar la precipitación provista por la condensación de las formaciones gaseosas presentes en la atmósfera." – Hablé yo, parafraseando las palabras de Lala en esa ocasión. – "Jamás olvidaré ese rostro ruborizado por el sencillo hecho de revelar sus irlandeses orígenes; y ese ínfimo, pero íntimo despliegue de humanidad que me hizo saltar el corazón. Tienes razón, Spatzi; esa conversación fue lo que empezó todo."

Imitando aquel momento que inició nuestro romántico viaje, las mejillas de la dullahan se tornaron de color carmesí mientras mi mano acariciaba su sedoso cabello platinado, decorando su ruborizado semblante con una angelical sonrisa, tan radiante como la primera vez que tuve el deífico privilegio de atestiguarla manifestarse. Nuestros labios se encontraron para tácitamente reiterar el nirvana que ambas habíamos alcanzado en nuestra relación.

– "¿Recuerdas también cómo desapareciste tan pronto Papi nos interrumpió?" Le pregunté al separarme.

– "Incluso en los albores de nuestro idilio, las arpías continuaban interponiéndose entre nosotras." – Bromeó la Abismal. – "Pero mientras también sigan interponiéndose entre tú y las balas, puedo tolerar su presencia."

– "El sentimiento es mutuo, Pitufina." – La rapaz le sacó la lengua.

– "¿Y así es como te uniste al club de las pulidoras de perlas, segadora?" – Cuestionó Zoe. – "¿Sólo porque Potato fue amable contigo?"

– "Puede parecer una razón demasiado trivial para no sólo declararme una completa lesbiana, sino proclamarle amor eterno a una mortal; pero juro por el Abismo Eterno que jamás estuve más segura de algo en mi sempiterna existencia." – Sostuvo la irlandesa. – "También puedo avalar que las inquilinas de la residencia Kurusu, que han expuesto su indeleble cariño hacia su casero en tan poco tiempo de haberlo conocido, comparten tal testimonio."

– "Inclúyeme a mí en la lista de partidarias, Blueberry." – Injirió la americana. – "Me interesé en esta alemana porque fue la primera en sacarme una carcajada genuina desde que nos conocimos. Y entre más pasaba tiempo junto a ella, más me veía como su compañera de por vida."

– "También te quiero, Süsse." – Fue el turno de mimar a la nativa de Montana. – "Tú me gustabas desde hace mucho, pero era tan bruta que necesité que me besaras para que me diera cuenta."

– "Tres pares de ojos y todavía tan ciega para no ver lo enamorada que estaba esta halconcita de ti, flacucha." – Me pinchó una mejilla. – "Te atraía más el fofo trasero de esta enana que mis virtuosas gemelas. Vale, tiene su encanto, pero mis nenitas no son para desperdiciarse tampoco."

– "Y no lo hubiera sabido si no fuera porque todas nos encontramos en el mismo punto." – Acaricié su barbilla. Ahí, volteé a ver a la coordinadora. – "Hauptmann, a usted le pertenece todo el crédito de que haya encontrado a mis novias, a mi familia, incluso mi vocación. Si me lo permite, Kuroko Smith es la verdadera heroína de esta historia."

– "Yo sólo coloqué el tablero, Aria. Fueron las piezas mismas quienes se movieron solas." – Afirmó la agente, haciendo hacia atrás su bruna cabellera. – "Aunque agradezco tan zalameras palabras. Es agradable que reconozcan el invaluable trabajo que desempeño."

– "Je, qué modesta, Capi." – Rió tenuemente la zombie. – "Y pensar que dejó a Potato con Kurusu sólo porque le daba flojera hallarle un hog-¡Guh!"

– "Prosigue, Hafh'drn." – Informó la cambiaformas, sumergiendo la cabeza de la pelirroja con su cabello.

– "Dewa-netjer en-etj, Dop. Como decía, me siento halagada, Jaëgersturm, pero simplemente hago mi trabajo." – Respondió la capitana. – "En todo caso, creo que ya es momento de salir, a menos que deseen cocerse como langostas. ¿Tú qué opinas, Zoe?"

– "¡Blugh blugh!" – Replicó la heterocromática bajo el agua.

– "Lo mismo pensé, bocona." – La pelinegra badalló, estirando su cuerpo. – "Vamos, niñas. La última en retirarse dormirá desnuda a la intemperie."

– "Eso le gustará a esta loca pajarraca exhibicionista." – Acotó Dyne.

– "¡Hey!" – Se quejó la emplumada. – "No estoy loca, Pepper."

Levantándonos, salimos del agua para ducharnos y deshacernos de los minerales residuales. No nos molestamos en cubrirnos con las toallas, el pudor había desaparecido. Yo iba a protestar por dejar flotando el cuerpo inerme de la teniente en el hirviente estanque, pero preferí no arriesgar a unírmele con un par de chichones más en la sesera. Cuando entramos a la cabina de baño, Manako ya se había recuperado y se adecentaba junto a su compañera ogresa. Alegrándonos por el bienestar de nuestra francotiradora estrella, nos agregamos a la conversación mientras nos lavábamos.

– "Chief." – Habló la estadounidense. – "¿Puedo hacerle una pregunta algo personal?"

– "Sí, ya me he depilado antes la zona íntima, Cetania." – Le contestó Smith. – "Y no, no pienso hacerlo de nuevo; demasiada comezón primero, y luego raspa. Prefiero el look natural."

– "Err, no, Chief, me refería a otra cosa." – Negó con la cabeza una confundida halcón. – "Espere, ¿a qué vino eso?"

– "Oh, disculpa por eso, rapaz; es la costumbre." – Desestimó con la mano la coordinadora. – "Fue lo primero que me preguntó Bina cuando empezábamos, y después Titania, en la ducha matutina. ¿Qué deseabas preguntar?"

– "Bueno, he notado un particular sentido de compañerismo entre usted y la alférez." – La falconiforme señaló a Doppel usando su cabello para la espalda de Kuroko. – "Es decir, uno mayor que con el resto del equipo. Y también que usted tiene impregnado su olor corporal."

– "Ah, eso. No es gran cosa." – Encogió los hombros la capitana. – "Aún así, es posible que la revelación les parezca inverosímil."

– "Son amantes, ¿verdad?" – Injerí. – "La broma de que Haru era su retoño, el beso falso en la fiesta, el olor que ambas comparten, el que usted le permita andar sin ropa… Todo era un ingenioso plan para confesar su relación mientras le hacen creer lo contrario a todas, y así continuar manteniéndolo en secreto. ¿Cierto?"

– "Cabo Nikos, ¿podría darle un coscorrón a su hermana?"

– ¡Auch!"

– "Grazie, Alexandra." – Le sonrió la pelinegra a la otra. – "Como estaba diciendo, en sí no es nada extravagante, pero irónicamente inusual al mismo tiempo. Doppel y yo actualmente nos conocemos desde antes que MON se creara, que yo ingresara a la Agencia Nacional de Policía, o de que llegara a la pubertad siquiera."

– "¿Desde que usted era una infante?" – Cuestionó la irlandesa.

– "Siete años, para ser específica." – Aclaró Smith. – "Mi padre, John Smith, era un bast…ión aventurero. Casi nunca estaba en casa, siempre viajando para continuar sus variadas investigaciones, especialmente criptozoología. Él trabajaba en la facultad científica de la Universidad de Miskatonic, en Massachusetts, y cuando se mudó a Japón, se quedó con muchos artefactos. Nuestra morada estaba repleta de esos objetos y otros que el obtenía en sus excursiones; algunos valiosos, otros siendo meramente curiosidades."

– "¿Su padre es de Massachusetts, Chief?" – Interrogó la arpía.

– "Arkham, en el condado de Essex, con mis abuelos siendo de Innsmouth y Dunwich." – Respondió la coordinadora, enjuagándose el cabello. – "En todo caso, me encontraba sola en casa, estando mi padre de viaje en una expedición, mientras Yuu, mi madre, había salido de compras. Me hallaba castigada por agarrarme a golpes con un par de niños en la escuela, sin acceso a televisión u otros medios de entretenimiento, así que aproveché la ausencia de mi progenitora para escaparme de mi habitación y buscar algo qué hacer."

– "¿Por qué intercambió trompazos, Hauptmann?" – Indagué.

– "No es fácil ser de raza mixta, Jaëgersturm. En un país tan étnicamente homogéneo, cualquier indicio de genética extranjera es suficiente para que te señalen con el dedo." – Contestó Kuroko, suspirando. – "Tal vez el vivir esa discriminación haya influenciado en mi afán de perseguir la igualdad entre humanos y liminales. En fin, ellos me empezaron a poner sobrenombres, así que yo les puse los ojos morados. Por suerte, aquellos incidentes disminuían conforme mi reputación se extendía. Ocho peleas, quince moretones, y dos dientes rotos después, finalmente entendieron que yo no era una niña cualquiera."

– "A veces, el mundo no cambia hasta que lo obligamos." – Declaró Dyne.

– "Un apotegma bastante real." – Suspiró la agente. – "Lo más irónico de todo, es que uno de esos bravucones me fastidiaba debido a que yo le gustaba precisamente por ser una hāfu. Mi semblante occidental y la blancura de mi piel eran atrayentes para él."

– "Los niños, con su aún inmadura racionalidad, encuentran discutir ser la manera más efectiva de llamar la atención." – Comentó Lala. – "Y al mismo tiempo, su curiosidad natural los atrae hacia lo que consideran exótico. Aquel chiquillo debió sentirse confundido por gustar de alguien que era blanco de sus infantiles burlas."

– "Algo así como hace Ale; me trata mal porque le cuesta admitir que quiere a su hermanit-¡Ay!" – Me tallé el pinchazo que me propinó la mantis. – "Ouch. ¿Y qué sucedió con ese mocoso, Hauptmann? ¿Compartieron su primer beso bajo el árbol de la escuela o algo así?"

– "Digamos que, si aún no posee descendencia alguna, entonces habré comprobado que mis puños son más efectivos que una vasectomía." – Respondió la capitana, sonriendo tétricamente. – "Tuvieron qué cambiarme de colegio debido a ello, pero al menos les dejé en claro el mensaje."

Sin duda; incluso a mí me dolió tan impactante declaración. Pero con eso comprobábamos que nuestra mandamás ya llevaba la actitud necesaria para hacerle frente al crimen y estar al mando de una unidad de élite. Y también soportarnos. Además, admiraba su coraje para hacerle frente a sus problemas, aunque fuera combatiendo fuego con fuego. A pesar de que yo no sufriera problemas de abusones en mis años escolares (más allá del ostracismo auto-impuesto por mi propia actitud introvertida), mis soluciones generalmente constituían el evadir la tormenta. Kuroko podría ser impredecible y un verdadero demonio en ocasiones, pero de algo podía estar muy segura: ella era una inspiración para nosotras.

– "Un martillo es más efectivo, Capi." – Comentó de repente Zombina, ya habiendo regresado. – "¿Les está contando sobre cómo conoció a Doppel? Siempre menciona lo de darse trompazos cuando lo relata."

– "En efecto, Zoe, y estas niñas hacen las mismas preguntas que tú. Qué nostalgia." – Le respondió la aludida. – "¿Cómo estuvo el chapuzón?"

– "Ugh. Creo que todo el formaldehido en mis venas fue reemplazado por minerales líquidos." – La muerta viviente inclinó su cabeza, sacando un poco de agua de su oído. – "Y para colmo usted no va a pagarme el cambio de sangre, Capi."

– "Tu mantenimiento es gratis, agusanada." – Le replicó la cambiaformas. – "Y tú te lo buscaste, no te quejes. Sigue, Hafh'drn, que aún falta lo mejor."

– "A eso voy, Dop. Cambia el cepillo, que éste raspa." – Dijo la coordinadora, enjabonándose el pecho. – "¿En qué estaba? Ah, claro, el castigo. Bien, ya habiéndome fugado de mi recámara, exploré la casa hasta llegar a la lúgubre entrada del sótano. Solía tenerle miedo a la oscuridad, y aunque ya no creía en monstruos bajo la cama, aquella ominosa negrura aún me era imbatible. Que el interruptor de la luz no funcionara la mitad del tiempo tampoco ayudaba a vencer mi nictofobia."

– "Yo también le temía a la oscuridad." – Declaró Tionishia. – "Hubo una temporada en que una tormenta provocó un deslave en las cercanías, arrasando con la línea de árboles que mantenía oculta nuestra aldea. Ya que no podíamos migrar a otra zona por el peligro de derrumbes, tuvimos qué pasar noches sin encender antorchas en la noche, para evitar ser descubiertos. Dormía en la habitación de mis padres para poder conciliar el sueño."

– "Sin importar origen, el miedo es universal." – Acotó Smith. – "Y a cualquier hora del día, el sótano permanecía en la lobreguez absoluta. Empero, en esa ocasión, Helios fue lo suficientemente amable para arrojar uno de sus fulgurantes destellos directamente sobre la entrada. Mi curiosidad superó a mi temor y, logrando que la solitaria bombilla del techo encendiera, me aventuré con parsimonia a bajar las escaleras. No había nada de interés, excepto que descubrí que mi pijama de pollitos no había sido raptada por una ventisca, como alegaba mi madre."

– "De pollitos, qué tierno." – Rió tenuemente la falconiforme. – "Ok, no mentiré, Yuuko también tiene una. Queda entre nosotras, ¿vale?"

– "Nuestros labios están sellados, Cetania." – Afirmó Kuroko. – "Seguí revisando el lugar, pensando en retirarme antes de que mi progenitora regresara cuando, y aún ignoro la razón, escuché que alguien (o algo) me susurró casi imperceptiblemente 'tekeli-li' al oído. Pensé que era un insecto que había volado cerca, pero el ambiente se mantenía tan inclementemente afásico como siempre. En ese momento, atisbé la enorme puerta negra metálica, con un misterioso signo amarillo grabado en ésta; el laboratorio de mi padre."

– "El susurro, tako-lili, o como sea, ¿no era Doppel llamándola?" – Pregunté.

– "Negativo, arachne; esa es lengua de los Antiguos." – Aseveró la cambiaformas. – "Ignoro el significado, una descendiente de un Dios Exterior no usa el lenguaje de seres tan repugnantemente inferiores."

– "Solemos asociarlo como una expresión de aflicción, mas el vocablo continúa siendo una especie de tabú entre nuestra estirpe." – Añadió Lala. – "Quizás sólo fuera una alucinación provocada por la presión sanguínea resonando dentro del conducto auditivo, aunada a la incertidumbre de recorrer un espacio que estimulara de sobremanera las fobias de la coordinadora."

O quizás era signo de esquizofrenia. Conociendo a la capitana, era muy posible.

– "Es posible, pero fuera alucinación o no, decidí abrir la puerta, que jamás tenía llave debido a que la única potencial intrusa sería la niña que temía a la oscuridad." – Prosiguió la agente. – "El chirriante sonido de las oxidadas bisagras y la negrura completa del cuarto casi me hacen reconsiderar la opción de retirarme con denuedo, pero mi mente insistía en que no cediera. Logré hallar el interruptor de la iluminación, encontrándome con todos los tesoros que el viejo John había reunido en su carrera como investigador, aventurero, evasor de responsabi…"

– "Ehem." – Carraspeó Manako.

– "Lamento eso, es la costumbre." – Alegó Smith. – "Contemplé todos esos cachivaches y demás hallazgos; en su mayoría elementos arqueológicos antiguos como vasijas asiáticas, tomos empolvados, escritos en enigmáticos idiomas, piedras de extraña apariencia, y estatuas de aspecto aun más irreal. No serían de mucho interés para mí, pero entre toda esa selección de nimiedades logré posar mis ojos sobre un enorme objeto cubierto por una nívea manta, olvidado ínfimamente en una polvosa esquina."

– "Flaca." – Me bisbiseó Cetania. – "Mi turno."

– "Claro, Süsse. Ya terminé de todas maneras." – Le contesté a la castaña en igual voz baja. Le di unas palmaditas a la añil espalda de Lala. – "Listo, Spatzi, te la dejé reluciente como un cielo de primavera. Le toca a la pajarita."

– "De acuerdo, A chuisle. Go raibh maith agat." – Me sonrió la nativa del Éire, incorporándose y dirigiéndose hacia la rapaz. – "No uses el shampoo que facilitan aquí, arpía, el olor no se molesta en ocultar la exigua calidad."

– "Por eso me traje la botella grande de Yuuko. Espero no me regañe." – La americana se levantó de su lugar. – "Te dije que la marca Belladona te dejaría el cabello bonito y aromatizado, Pepper. Te dejo con Pitufina."

– "De acuerdo. Molte grazie, Peaches." – Le agradeció Alexandra a la falconiforme, con la dullahan ocupando el lugar de ésta. – "Hola, Lala."

– "Me alegra que decidieras integrarte más a nuestras actividades, Dyne." – Le congratuló la segadora.

– "Tú y Peaches son más tolerables que Potato. Agradezco la molestia." – Acotó la empusa, pasándole el cepillo. – "¿Por favor?"

– "No hay problema."

Tallando la espalda de la estadounidense, sonreí visiblemente al ser testigo de tan pequeña pero satisfactoria escena familiar. Una pequeña e irónica paz en medio de la narrativa de cómo una demente coordinadora y una descendiente del Caos Reptante tuvieron su primer contacto.

– "Busqué por todos lados, pero no hallé apunte alguno que arrojara información sobre tan antigua pieza o el por qué de la demacración. No era tan áureamente ostentosa como la de Tutankamón, pero seguía siendo un bonito sarcófago." – Continuó la capitana, absorbida en su narración. – "Desconozco qué me impulsó, pero me invadió una imperante sensación de continuar mis atrevidas indagaciones y, realizando algo que haría a cualquier arqueólogo sufrir un arresto cardiaco inmediato, me propuse a abrir la milenaria tumba."

– "¿Eh? ¿De verdad?" – Cuestioné. – "Hauptmann, no soy experta egiptóloga, ¿pero un sarcófago no sería demasiado pesado para una pequeña de siete?"

– "No prestaste atención por hablar como perico, ¿cierto, Jaëgersturm?" – Me reprendió Smith, disintiendo con la cabeza. – "Mencioné que el sarcófago era una simple caja de bruno ébano con algunos grabados mutilados. Nada de los regios féretros humanoides con doradas ornamentaciones que uno imagina en los museos."

– "Al contrario de las generaciones posteriores, las primeras dinastías egipcias empleaban materiales más simples y resistentes al calor para honrar a sus muertos." – Elucidó Doppel. – "No fue sino hasta el Imperio Nuevo que los famosos y onerosos sepulcros antropomórficos se hicieran la media común."

– "Correcto, y aunque el material fuera relativamente ligero para facilitar la transportación, éste seguía siendo pesado para una menor." – Retomó el relato nuestra líder. – "Por supuesto no iba a dejar que la gravedad me detuviera, y usé una vara de hierro a manera de palanca, valiéndome de una lápida y yo misma, actuando como contrapesos. Logrando mi objetivo, la tapa del ataúd cedió, revelando una tupida capa de polvo que me hizo estornudar. Sé que era peligroso respirarlo, pero era demasiado pequeña para atenerme a las precauciones básicas."

– "Por eso siempre lleven puestas sus máscaras antigás y equipo protector cuando deban arrastrarse por terreno hostil, Amatistas. Y siempre lávense minuciosamente antes y después de una misión." – Nos aconsejó Zoe. – "Nunca sabemos si los malhechores se harán con agentes patológicos, o si pescarán alguna enfermedad por contacto con sustancias contaminadas. Es más fácil (y humillante) morir por infecciones que por las balas."

– "Tampoco olviden que en caso de encontrarse frente a material delicadamente peligroso, deberán asegurarse de informárnoslo lo más pronto posible." – Agregó la francotiradora. – "Nosotras somos equipos de neutralización y exterminio anti-terroristas, pero el lidiar con problemas especializados como amenazas biológicas, químicas y nucleares es trabajo de los técnicos dedicados que cooperan con nosotros, junto al SAT."

Era interesante ver cómo una anécdota se transformaba súbitamente en una cátedra por parte de nuestras superiores sobre peligros más allá de nuestra jurisdicción, recordándonos así que todavía llevábamos el título de novatas en la frente. Las tres asentimos silentemente; toda sugerencia para asegurar nuestra longevidad en el campo de batalla siempre era bienvenida.

– "Vale, continuemos. Yo no tenía idea de qué iba a encontrar una vez develara el secreto de aquel negro féretro, pero tampoco esperaba hallar algo parecido a lo que residía dentro de éste." – Kuroko prosiguió. – "Entre la dicotomía de mi escaso conocimiento histórico y exacerbada imaginación infantil, pensé que encontraría una clásica momia, un vampiro (ya no tenía miedo a los monstruos, de hecho), o incluso un tesoro escondido. Empero, mis ilusiones se quebraron al hallar únicamente una nebulosa y amorfa incorporeidad, tan negra como el ataúd en que reposaba; una nube de gas indefinida."

– "¿Debilitada por el Sello de R'lyeh, hermana?" – Le cuestionó Lala a la doppelgänger.

– "En efecto. Pierdo esta apariencia antropomórfica cuando me encuentro baja de energía; incluso cuando duermo, retornando a mi indescriptible forma real." – Afirmó Doppel. – "La radiación del Sello evita que nuestra estructura se altere, 'congelándonos', por así decirle, en la forma que hayamos obtenido en ese momento. Yo y mis hermanas fuimos adormecidas en tres ocasiones, tres traiciones, todas mientras dormíamos. Era la única manera en que podían detenernos."

– "Pensé que los Abismales no requerían conciliar el sueño." – Comenté.

– "Tanto el reposo como los alimentos son prescindibles para nuestra estirpe, pero el mantener la metamorfosis corpórea requiere de energía extra, A chuisle." – Explicó la irlandesa.

– "Soy relativamente joven para una hija del Dios sin Rostro, por lo que mis habilidades aún no me permiten conservar mi transformación por más de unos días." – Aseguró la alférez. – "Dormir y comer me permiten recuperar la fuerza necesaria. Empero, el Sello hizo su efecto y permanecí atrapada por demasiado tiempo, dejando que la constante radiación, cual hambriento hoyo negro, devorara literalmente mi ser lentamente, átomo por átomo. Incluso mis poderes fueron afectados por la prolongada exposición a esa maldita piedra."

– "Es decir, ¿la radiación la estaba fisionando a escala cuántica, alférez?" – Interrogó Cetania. – "¿Y la nube que la Chief encontró, era usted, convertida en gas por la desintegración molecular?"

– "¿Cómo diablos entiendes todo eso, Peaches?" – Le cuestionó mi hermana.

– "Las clases médicas con Redguard." – La rapaz encogió los hombros. – "Pasar tiempo con una egresada del MIT tiene sus ventajas si prestas atención, Pepper."

Yo acaricié el pelo de mi inteligente pajarita, haciéndola inflar su pecho orgullosamente.

– "De no ser porque, al abrir el sarcófago, la piedra cayó al suelo, liberándola de su sueño, Doppel hubiera sido incapaz de recuperar su corporeidad, volviendo a ser materia primordial." – Continuó Smith. – "Al cesar el efecto del Sello, la única bombilla del cuarto se apagó de repente, tiñéndome en penumbras y evitándome contemplar la forma real de la Abismal y perder la cordura. Sólo pude atestiguar la cacofonía del renacimiento de la semilla del Caos Reptante, mientras yo buscaba desesperadamente el interruptor de la luz."

– "Spatzi, tú no tienes una forma aterradora como la alférez, ¿verdad?" – Le susurré a la segadora.

– "Tranquila, A chuisle, que eso sólo aplica a las cambiaformas." – Me calmó la peliblanca. – "Lo que ves ahora es lo que soy."

– "Me quedo con la nubecita de gas." – Bromeó la halcón.

– "Silencio." – Sentenció la italiana.

– "Restauré la iluminación al tiempo que el horrísono estruendo cesaba. Por segunda vez en ese día, mis expectativas sobre lo que guardaba tan oscuro cofre mortuorio probaban ser erróneas." – Injirió Kuroko. – "La informe nebulosidad reveló, en lugar de un cadáver proveniente del Egipto Ptolemaico, a una pequeña mujer de negra tez epidérmica, envuelta en vendas, como una momia. Desconozco cuánto tiempo permanecí ahí, inerte, anonadada en la disyuntiva de quedarme ahí o finalmente salir corriendo. Opté por acercarme, lenta y parsimoniosamente, pero decidida."

– "O demente." – Rió tenuemente la doppelgänger.

– "Estando a menos de medio metro de esa misteriosa durmiente, contemplé más de cerca sus facciones, obviamente extranjeras, descubriendo que las vendas eran actualmente su cabello." – Siguió narrando la coordinadora. – "Me atemorizaba, pero al mismo tiempo me mesmerizaba, y me fui acercando gradualmente hasta que, tomando valor, pasé mi mano sobre su estómago. Palpé la sedosa textura de ese peculiar vendaje capilar, mis dedos siguiendo el ascendente trayecto hasta llegar a la zona del esternón. Tan misteriosa y suave a la vez. Y entonces, sucedió."

Le hice una seña a la nativa de Montana de que había terminado, con ella agradeciéndome tácitamente. Agachando mi cuerpo, le hice señas de que trepara a mi tórax arácnido, hincándose ella en éste y reciprocando el adecentarme mi espalda. Lala no objetó.

– "La que yacía dormida repentinamente abrió uno de sus ojos, penetrándome el alma con su terrorífico y áureo resplandor ocular. Sentí en los má profundo de mi infantil ser la incandescente mirada de ancestrales eones e inefables horrores, concentrados en ese iris dorado rodeado de una esclerótica tan negra como las fauces del Eterno Abismo." – Las gesticulaciones de Smith se hicieron más intensas. – "Las vendas se desintegraron, exhibiendo la abundante y exótica piel negra del pequeño cuerpo. Yo continuaba paralizada, claro, incapaz de hacer otra cosa que no fuera congelarme al observar cómo la argenta cabellera de tan misteriosa persona ondulaba alrededor de ella, como la mítica Medusa agitando sus serpientes que llevaba por pelo."

– "Confieso que todo eso fue simple teatro." – Admitió la cambiaformas. – "Aquella niñita tan asustada me recordó tanto a la joven Nitiqrty, que pensé que había hallado a una de sus descendientes."

– "Tampoco es que tuvieras tiempo de preguntar, Dop." – Le replicó la pelinegra, riendo tenuemente. – "Lo primero que hice fue caerme de trasero al piso, pateando en el proceso el Sello de R'lyeh de nuevo hacia el sarcófago."

– "No es verdadera amistad si tu amiga no se deshace de ti después de despertarte." – Bromeó Zombina. – "Pero eso te pasa por andar sin ropa frente a menores, Abismal inmoral."

– "Ten, se te cayó la lengua de lo fuerte que te la mordiste, tetas podridas." – La doppelgänger le arrojó una barra de jabón a la boca.

– "Yomi, y es Rosa Venus morado, mi favorito." – La muerta viviente fingió comerlo. – "Disculpe la interrupción, Capi. ¿Qué pasó luego de poner a dormir a esta enana voladora?"

– "Intentar cerrar el sarcófago, por supuesto." – Contestó la líder, lavándose las piernas. – "No fue sencillo, con el peso y todo, pero el miedo me proveyó de fuerza suficiente para lograr la hazaña. Una vez la tapa estuvo en su lugar, sin importarme si la había dejado bien asegurada, me dejé caer al suelo nuevamente y permanecí ahí, hasta que pude salir de mi estupefacto estado. Regresé a mi habitación y no salí de ahí en todo el día."

– "¿La descubrieron?" – Interrogó Nikos.

– "No. Mi madre nunca entraba a ese cuarto, y mi padre… bueno, yo fui la última visitante de aquel lugar. Así permaneció por años." – Respondió la capitana, exhalando. – "Por mi parte, jamás me atreví a hablar de ello, mucho menos intentarlo nuevamente. Pero esa mirada, tan aguda e hipnotizante, nunca me abandonó. La imagen de esa mujer escudriñándome afásicamente con un único globo ocular se grabaría en mi mente como un tatuaje. Doppel ya no se iría de mi vida, de eso podía estar segura."

– "Entonces, ¿cómo despertó de nuevo?" – Fue mi turno de cuestionar.

– "Necesitaba encontrar candidatos para MON. Naturalmente, una hija de Nyarlathotep residiendo en tu propia morada sería la primera opción." – Replicó ella, despreocupadamente. – "¿Una sagaz enciclopedia viviente de rápido aprendizaje, políglota, inmortal, y con capacidad para imitar casi cualquier ser vivo? La decisión fue instantánea."

– "Incluso se deshizo de esa vituperable roca." – Alegó la cambiaformas. – "Traerme nuevamente al mundo mortal y librarme para siempre del castigo que mis enemigos me impusieran tan zaínamente cuenta como ritual de resurrección; por eso la llamo Hafh'drn: sacerdotisa, invocadora."

– "Puede parecer arriesgado el prescindir de mi única manera de defenderme de una criatura del Caos, la cual vivió tres veces la traición a manos humanas, exponiéndome a su vesania." – Aceptó nuestra superior. – "Pero, sinceramente, si nuestra especie es capaz de atrocidades indescriptibles, colocar mi confianza en una creación del Abismo Eterno no suena tan demente después de todo. Pero creo que ya nos extendimos con esto; Doppel está con nosotras y lucha por lo mismo que ustedes, y eso lo único que importa al final."

Kuroko era lista; supo evadir magistralmente la indagación inicial de la rapaz con su minuciosamente practicada y extensa narración, cortándola cuando creyó prudente no revelar más. No era la primera vez que debía contarla, refinándola a cada iteración hasta perfeccionarla en aquella cuasi-literaria crónica. Yo aún seguía sospechando que había hilo en aquella historia; MON se formó justo después del incidente de la pequeña Kahvi, por lo que seguramente invocar a una criatura del Caos debió ser, en parte, motivado por venganza contra los asesinos. Sin embargo, mi curiosidad estaba lo suficientemente satisfecha.

Además, habíamos descubierto, de manera sutil, cosas bastante interesantes: el abandono paternal y lo importante que éste moldeó la voluntad de la capitana para asegurar la unidad familiar interespecie; la influencia Abismal en su léxico, denotando la gran amistad que forjó posteriormente con la cambiaformas; la curiosidad por lo desconocido, pieza clave en su afán por trabajar junto a criaturas mitológicas; y ese espíritu guerrero que la harían la cabeza de Monster Ops una vez fuera mayor.

– "Usted ya estaba destinada a ser una pieza fundamental del Programa, Hauptmann." – Asentí. – "Ahora, por curiosidad, ¿alguna vez Doppel estuvo a la cabeza del grupo, antes de Zoe? Ya sabe, siendo su amiga más antigua y eso."

– "No, la jerarquía de mando en MON siempre ha sido por mérito propio y no debido al nepotismo." – Replicó Smith. – "Dop es una excelente agente, pero Zoe es una líder nata, y sus habilidades le otorgaron el rango actual. No esperen trato preferencial únicamente porque somos del mismo equipo; la amistad no se traduce en parcialidad aquí, ¿capisce?"

– "Sí, Señora." – Respondimos al unísono.

– "Somos amigas, Amatistas, y siempre tendremos predilección con ustedes, pero si desean ganarse el respeto que creen merecer, deberán trabajar para obtenerlo." – Proclamó la capitana. – "Tal vez sea indulgente y laxa con ustedes y sus caseros; quizás haya usado mis influencias para favorecerlas de alguna manera; es posible que incluso haya perdonado ofensas que ameritarían un severo castigo... pero todo eso se debe a sus logros y hazañas. Han reunido muchos puntos, pero éstos no son eternos."

– "Sí, Señora." – Volvimos a asentir.

– "Excelente." – Kuroko suspiró. – "Simijo, Amatistas, estamos de vacaciones, ¿por qué debo aleccionarlas? Ese es el trabajo de Titania, con un demonio."

– "Porque está enferma, Jefita." – Le contestó Tio. – "Y alguien debe quedarse en los cuarteles para mantener el orden."

– "Seguramente nos querrá practicar trepanación con su martillito al volver." – Rió la doppelgänger, dándose la vuelta en su asiento. – "Sin la inútil de Wilde para encargarse del papeleo, esa gnómida tendrá un dolor de cabeza peor que el de la fiebre."

– "El aumento de rango viene con uno de salario también, eso debería calmar sus agrestes ímpetus." – Replicó la agente pelinegra, reciprocando el tallarle la espalda a la Abismal. – "¿Por qué contratamos a esa enana come-tacos en primer lugar?"

– "Porque usted estaba demasiado desvelada para continuar con el resto de los postulantes, Jefa." – Expresó Manako. – "Pero creo que la instructora Jättelund fue una excelente opción, basándonos en el desempeño de nuestras compañeras."

– "Y porque cobraba barato." – Añadió Zombina. – "No nos recortaron el presupuesto por reclutarla."

Por supuesto, la flojera y tacañería de Smith fueron la razón con que termináramos con esa liliputiense psicópata. Quizás la mexicana no haya sido liberada del sello de ancestrales maldiciones, pero igualmente era una bestia milenaria que aterrorizaba las almas y corazones de todo infortunado que se cruzara en su abyecto camino. Y todavía quedaban como dos meses de soportar tal tortura.

– "Jerarca." – Habló Dyne. – "Siempre me he preguntado, ¿quién o quienes entrenaron a MON?"

– "Actualmente es una historia muy interesante, Nikos. Y quizás algo nostálgica." – Sonrió la mandamás. – "Fue la solemne y sabia Hong Meiling, una dragona ryūjin de la lejana China, quien instruyó sus vastos conocimientos a las entonces primerizas agentes de Monster Ops. Era amable, incluso graciosa, pero hasta ahí terminaba la ilusión. Esa escamosa hacía honor a su extravagante manera de vestir al estilo más estereotípico de maestro de kung-fu, porque ni aunque fuéramos descendientes de Bruce Lee podríamos haber igualado su velocidad y fuerza. Los ojos morados de mi infancia regresaron por todos los meses que estuvimos bajo su tutela."

– "¿Una dragona china experta en artes marciales?" – Preguntó la arpía. – "¿De verdad?"

– "Sí, y también nos enseñó a meditar para alcanzar la máxima concentración; los secretos del feng-shui; el combate de la grulla; y cómo entrenar a un panda interpretado por Jack Black." – Contestó la coordinadora. Entonces, se echó a reír. – "¡Ay, por Azathoth, deberían ver lo crédulas que son! ¿Qué acaso piensan que estamos en los años ochenta o algo así? ¡Sólo bromeaba, ingenuas!"

– "No puede culparnos por creer algo que desconocemos, Hauptmann." – Protesté, torciendo la boca.

– "Ya, ya; es sólo que aún tengo el maratón de Karate Kid de ayer en la cabeza." – Atenuó su risa. – "En realidad, nosotras fuimos entrenadas por el Tokushu Sakusen Gun, o Grupo de Fuerzas Especiales, la unidad anti-terrorista de la JGSDF."

– "El equivalente militar del SAT." – Agregó Alexandra. – "Debió ser irónico que les permitieran herir humanos en los ensayos, para arrebatarle el privilegio una vez hechas profesionales."

– "Sin duda, pero eso es lo que sucede cuando eres la pieza inicial de una propuesta tan arriesgada en un país tan tradicionalista. No es fácil ser innovadoras." – Kuroko encogió los hombros. – "En fin, nos preparamos por seis meses en la sede original de la Fuerza de Preparación Central: el Campo Asaka. Y al igual que ustedes, nos graduamos en el área de maniobras al este del Monte Fuji."

– "¿Fue tan criminalmente brutal como el nuestro?" – Interrogó la castaña.

– "¡Ja! ¿Creen que esa enana mexicana fue cruel con ustedes? La ingenuidad de la juventud." – Smith disintió con la cabeza. – "Las baterías antiaéreas, proyectiles de veinte milímetros y la oleada de soldados no se compara con sobrevivir a un helicóptero AH-1 Cobra disparándonos su ametralladora detrás de nosotras. Y con fuego real. Pregunten a Vanessa si quieren; ella es testigo de que casi nos volvemos queso gruyere. ¿Ven estas cicatrices? Las metrallas de esos proyectiles queman profundo, con todo y equipo protector."

Nosotras también nos ganamos unas cuantas cicatrices en el adiestramiento; aunque ahora palidecían con los estragos resultados por la primera misión. El hecho que las heridas fueran menos abundantes en las veteranas no denotaba una menor falta de riesgo, sino su mayor profesionalismo para evitar los errores que nos llevaron a cargar con tales marcas de por vida.

– "Desde eso se decidió que la pieza principal de nuestros uniformes sería negra e impermeables." – Añadió la occisa viviente. – "No hay nada más vergonzoso que la ropa se torne amarilla del susto."

– "En tu caso era café, trasero viejo." – Se mofó la cambiaformas. – "Ignoro a qué le tenías miedo, si ya estás muerta, anciana. Diablos, te han llenado el cuerpo de plomo tantas veces que seguramente es tu fetiche."

– "Tú eras la que se hacía una escurridiza pelotita de cabello blanco cuando escuchabas las aspas del Cobra, enana." – Retrucó la occisa. – "Y te recuerdo que la reliquia ancestral aquí eres tú, vejestorio. ¿No extrañas a las demás momias del museo?"

– "Lamento romper tus erróneos preceptos, abuelita, pero los baños en leche de burra conservaron a la perfección mi impoluta epidermis." – Doppel se transformó en una versión más adulta, con impecable piel resplandeciente. – "El digno tratamiento que la consejera de la reina merece."

– "Dop, no arruines mi progreso y regresa a tu forma original." – Le ordenó la capitana. La alférez obedeció sin rechistar. – "El diseño de nuestros uniformes está basado en los trajes anti-radiación del Special Security Team, el SST. La idea era la rápida distinción en el campo de batalla, así no nos confundirían con los equipos humanos."

– "Una terrible decisión desde el punto de vista táctico." – Opiné.

– "Pero es la única que obtuvimos, Potato. No nos dieron el privilegio de elegir." – Acotó Zoe. – "Continuábamos siendo una apuesta arriesgada, y con cuatro no-humanas siendo parte esencial, no esperábamos que nos trataran dignamente. El gobierno y el ejército estaban llenos de detractores. Poco les importaba si éramos blancos fáciles; e incluso estamos convencidas de que esa era su intención real. Somos monstruos prescindibles, carne desechable para alimentar a la enorme trituradora de la sociedad."

– "Ahora suenas igual a Pepper, Bina." – Comentó la halcón. – "Aunque tampoco negaré que hay algo de razón en ese negativismo."

– "Por eso continuamos luchando, para demostrar que se equivocaron al subestimarnos." – Agregó la ogresa. – "Y lo logramos; pasamos de ser un grupo de baja prioridad a ser el axioma actual de la aplicación de la ley del Acta."

– "Logramos convertir nuestros nombres y rostros en sinónimos de justicia liminal." – Añadió Manako. – "Y solamente tuvimos qué dejar que nuestras acciones hablaran por sí solas."

– "Por eso continuamos usando esos uniformes tan chillones." – Terció la cambiaformas. – "Se volvieron nuestros aspectos definitivos; la imagen icónica que se queda impregnada en la cultura popular. Un perfecto e irónico vehículo propagandístico para elevar el prestigio de una institución que alguna vez nos menospreciara."

– "Y eso que tú ni lo usas, enana." – Le retrucó la heterocromática.

– "Porque no importa lo distintivo que resulte, continúa siendo más horrible que tu cara, agusanada." – Le contestó la alférez. – "Me hace parecer Piolín africano. Ni un shoggoth es tan abominable."

Y sinceramente, emplear un atuendo es irrelevante cuando tu habilidad y papel principal es transformarte para infiltrarte entre las filas enemigas. Sí, sería mejor que anduviera vestida, para respetar la decencia común, pero mientras hiciera su trabajo, daba igual cómo estuviera arreglada. La utilidad siempre se antepone a las normas sociales.

Je, ahora sueno más a mi hermana.

– "De hecho, el diseño del suyo era el que habíamos solicitado originalmente, Amatistas." – Declaró Smith. – "Esa es la razón de que los tuviéramos listos tan prontamente; sólo debíamos desempolvar los viejos bocetos y encargarlos a producir. Aunque se decidió el patrón negro-azul por motivos económicos; el camuflaje urbano era más costoso."

– "Los colores están bien; se camuflan perfectamente en la oscuridad y mantienen ese aire profesional." – Opinó la falconiforme. – "Aunque espero tengan más, que esos terroristas nos los dejaron peor que si esta pitufo los hubiera metido a la lavadora."

– "Meteré tu cabeza en una algún día de estos, incordio alado." – Le respondió la dullahan.

– "En todo caso, necesitamos unos nuevos." – Dijo Alexandra.

– "Y están de suerte, Amatistas, porque ahora podemos darnos el lujo de solicitar algo mejor que su equipamiento anterior." – Aseguró la coordinadora. – "No les daremos exoesqueletos ni trajes blindados como Robocop, que esto no es Hollywood, pero trataremos de que sean más sofisticados. ¿Alguna sugerencia que tengan para éstos?"

– "Mayor protección balística." – Repliqué de inmediato. – "Nuestros costados son vulnerables; y no hablo de los proyectiles, sino de amenazas como metrallas y ataques físicos. No me importaría sacrificar un poco de movilidad por una mejor defensa."

– "Un casco sería bienvenido, Chief." – Añadió la nativa de Montana. – "Ignoro cuántas veces estuvimos a milímetros de terminar con una cirugía craneal forzada. Ni siquiera en el aire se está a salvo de que nos revienten la sesera."

– "Una máscara híbrida que combine las funciones antigás y de visión nocturna también sería una excelente adición." – Agregó la mediterránea. – "Si eso no es posible, entonces que los cascos que menciona Peaches posean visores opacos. Nos ayudaría con el destello de las granadas cegadoras."

– "Propuestas bastante lógicas; entiendo." – Asintió Smith con la cabeza. – "Veré que puedo hacer, Amatistas. ¿Algo más?"

– "¿Podemos reemplazar el logo de nuestros hombros? No el de la ANP, sino el otro, el de su carita chibi." – Hablé yo. – "No es que no nos agrade usted o algo, pero sentimos que nos resta seriedad. Digo, nuestro acrónimo ya de por sí es MOE…"

– "Si el logo se va, tú también, Jaëgersturm."

– "Jawohl, Hauptmann."

– "Sehr gut. ¿Otra cosa?"

– "No, Señora." – Contestaron mis aliadas.

– "Excelente, gracias por participar." – Kuroko se estiró. – "Bien, creo que ya fue demasiada agua mineral por ahora, niñas. ¿Qué tal si estrenamos la sala de juegos del tercer piso, antes de comer?"

– "Claro, Jefita." – Respondió Tio. La cíclope le imitó.

– "Sé que este lugar es tradicional, pero espero tengan una mesa de billar." – Respondió Bina, echándose agua encima. – "No he probado los tacos desde que destruimos la del día final de entrenamiento."

– "¿Snooker, bola ocho o pool libre?" – Le interrogó mi hermana.

– "Veo que eres mujer de cultura, Pepper."

– "Sabe dónde me crié, teniente. Y me agradaba más que las cartas, el dominó o el ajedrez."

– "¿Y eres buena, verdosa? ¿O eres de las que usan los palos como bate de béisbol?"

– "Pruébeme."

– "Ah, ah, no te apresures, grillita." – La pelirroja negó con el dedo, guiñándole. – "Espera al menos a que sea de noche, ¿vale?"

Con excepción de la milanesa, todas estallamos en una carcajada. Nadie mejor que Zombina para tornar las palabras de mi consanguínea en contra de ésta, a manera de sugerentes eufemismos. Terminamos el aseo y nos vestimos con las yukatas disponibles, además de un saco extra encima debido al frío. Siendo de algodón, eran bastante cómodas, y todas se ajustaban a nuestros peculiares físicos. Además, ya que únicamente teníamos nuestra ropa interior debajo de éstas, también eran bastante frescas.

Satsuki, la kitsune de pelo púrpura, nos guió hasta la tercera planta, donde la sala de juegos nos esperaba.

Corriendo la puerta nos encontramos con el enorme salón y las amenidades que la zorrita y su compañera nos habían informado, pero las entretenciones tradicionales no lo eran todo. A la izquierda, residían los libros y el shōgi. Diversiones tranquilas para seguir relajando la mente.

Del lado contrario se encontraban pasatiempos más contemporáneos, como tiro al blanco con dardos, una mesa de ping-pong, e incluso una cabina de videojuegos arcade. La boca de la zombie esgrimió una sonrisa al encontrarse con su preciada mesa de billar, cubierta de rojo roble y con un verde tapete de lana. Aquellas atracciones eran anacrónicas al período que el resto de la posada ostentaba, pero eran necesarias para satisfacer a todo tipo de clientes.

– "Tacos de fibra de vidrio; no repararon en gastos aquí." – Comentó Zoe, sacándole punta a uno de los palos de billar. – "Bien, Pepper, hora de comprobar de que eres mantis de palabra. ¿Americano?"

– "Como desee, teniente." – La nativa de Milán acomodó las bolas en la mesa. – "¿Cuál es la recompensa?"

– "El privilegio de ser humillada por tu superior, cabo." – Respondió la heterocromática, inspeccionando su taco. – "Pero si quieres podríamos comenzar con mil yenes, para calentar."

– "Tres mil." – Acotó la pelinegra. – "Nada de juegos preliminares."

– "Pero si eso es lo más divertido antes del acto principal." – Le replicó la muerta viviente, estirándose.

– "Creí que ya había cesado con las insinuaciones."

– "No estoy diciendo nada sugerente, empusa. Tú eres la de la mente cochambrosa." – Rió la occisa. – "Bien, ya que te gusta saltarte a la acción directa, ¿qué tal si lo subimos a cinco mil y que la ganadora reciba un masaje de pies?"

– "¿Es realmente necesario lo último?"

– "¿Quieres que sea de cuerpo completo?" – Volvió a bromear Zombina. – "Lo siento, cabo, tu rango aún está muy verde."

– "¿Puedo yo?" – Alcé la mano. – "¡Ay!"

– "Acceso denegado." – Dijo Lala después de pincharme el costado.

– "Siga participando." – Rió de nuevo Bina. – "Hablando en serio, mi cuerpo se entume en climas fríos, y necesito de un masaje para evitar que el rigor mortis me deje en cama. Con o sin apuesta te lo ordenaría."

– "Limitémonos al dinero." – Dyne acomodó el triángulo. – "¿Reglas?"

– "Te lo pierdes." – La teniente encogió los hombros. – "Bola ocho en orden descendiente, sin restricción de color. Seré benévola y dejaré que saques primero."

– "Molto bene."

Mientras Zoe y mi hermana proseguían con su apuesta, el resto ya tomaban sus lugares en sus actividades predilectas. Manako y Tionishia se centraron en una partida de ajedrez, mientras Smith y su Abismal compañera tomaron un par de cafés en lata de la máquina surtidora, probando su tino con los dardos.

– "¿Algo que te guste, linda?" – Le pregunté a mi azulita.

– "Te sonará monótono, pero deseo sumergirme en el mundo literario, A chuisle." – Me sonrió. – "Con toda la tensión de estos días, este día de ocio es el momento perfecto para relajarme con una buena lectura."

– "La emperatriz del castillo puede descansar tanto como su voluntad le dicte." – Le di un beso en sus labios. – "Yo iré a probar esa máquina de videojuegos. Ahora que no está el dúo revoltoso, tengo oportunidad de ganar. Süsse, ¿me acompañas?"

– "¿Por qué no? Suena divertido. Tampoco es que pueda hacer mucho sin mis manos postizas." – Movió sus dígitos. – "Ahí te ves, canosa. Y recuerda que aquí no tienen Condorito."

– "De hecho sí; y es una antología de aniversario." – Retrucó la irlandesa, mostrándole un ejemplar en el librero. – "Puedes retirarte, peste alada. Yo me entretendré leyendo las desventuras de un ave antropomórfica con más carisma que tú."

– "También te odio, decapitada." – Le sacó la lengua mientras nos encaminábamos hacia el juego.

– "Pelean igual que una pareja con años de casadas." – Reí. – "¡Auch!"

– "Y tú no llegarás a la tercera edad si sigues diciendo tonterías, flacucha." – Aseveró la rapaz, pinchándome el brazo. – "Hablando de matrimonios, ¿tus padres se han comunicado contigo?"

– "Aún no. Finalmente vuelven a verse, están en un cuarto privado de un lujoso hotel, y si yo soy prueba empírica, llevan los mismos calenturientos genes que me heredaron." – Enumeré. – "Sólo espero que siete meses después no me convierta en la hermana de en medio."

– "Me debato entre gritar por lo tierno que sería tu nueva hermanita, y entre volarme los sesos por imaginarme a tus papás dándole duro, flaca." – La castaña tembló. – "En todo caso, deberían mandarte aunque sea un mensaje entre sesiones para informarte que están bien. ¿Qué tal si cuando se vinieron, se fueron?"

– "Y luego dices que yo soy la de las tonterías, pajarucha." – Le di pellizqué el brazo. – "Mientras papá no deje nuevamente panzona a mi madre antes de irse, me da igual si no me envían aunque sea un emoticón. Además, ya le hacía falta que le midieran el aceite a la vieja Vera. Y conociéndola, será a él a quien lo tengan contra la pared."

– "¿Lo ves, flaca? Tú eres la puerca aquí." – Me regresó el pellizco. Llegamos a la cabina. – "¿Tienes monedas?"

– "A menos que me las haya escondido en los calzones, no llevo nada encima, Süsse."

– "¿Y entonces? ¿Le picamos con un alambre hasta que nos dé crédito?"

– "Las rondanas funcionan igual." – Sugerí. – "Oye, espera, se supone que somos policías, hagámoslo por las buenas. Busquemos a las kitsu… Oh."

Mis seis ojos se encontraron con una pequeña pila de redondos discos metálicos, con un papelito pegado a éstos. Abriéndolo, nuestras preocupaciones fueron disipadas al encontrar que, como motivo de ser las primeras clientas, la casa nos otorgaba veinte fichas gratuitas para disfrutar del entretenimiento electrónico. Monedas adicionales estarían disponibles por quinientos yenes. Feliz, inserté una ficha en la ranura.

Era una de esas multijuegos, computadoras con emuladores instalados que se volvieron casi la regla por defecto de las arcades en sus días finales. Eran técnicamente ilegales, pero nos daba igual. Japón era uno de los pocos con una cultura respetable de estas viejas máquinas y no era raro que desearan mantener viva la tradición aunque fuera evadiendo un poquito la ley. Y honestamente, ¿a quién le importaba, mientras yo pudiera revivir los días cuando era una pulguita?

– "¿Cuál se te antoja, linda?" – Le pregunté a la americana, recorriendo la lista de títulos. – "¿Street Fighter 3?; ¿Darkstalkers?; ¿The King of Figh…? ese no, sólo lo jugaban las arañas vagas; ¡Huy, Sunset Riders, el de los vaqueritos! ¡Y Alien vs Predator! Cuántos clásicos."

– "Se nota que en lugar de aprenderte las tablas, te adiestrabas en apretar botones, flaca." – Rió la halcón. – "¿No que Pokémon era el único juego que probaste?"

– "El único que poseí y jugué propiamente, guapa. Éstos los probaba de vez en cuando." – Remarqué. – "La vieja Diva era más tacaña que un usurero y siempre decía que 'los Atari', como les decía, eran pérdida de tiempo. La mayoría del tiempo yo era mera espectadora."

– "Pobre flaquita. ¿Y por qué no desquitas la infancia perdida bajándolos en tu celular?"

– "La cochinada que me regaló Smith se traba hasta cuando le cambio el papel tapiz, mucho menos soportaría un juego." – Contesté. – "Además, hay algo de romanticismo nostálgico en insertar la moneda, las palancas y botones, el sonido de la bocina y el arte de la cabina."

– "Te comprendo, Blondie. Es como yo, que aún compro discos compactos; o Yuuko, con sus vinilos de los años setenta." – Asintió. – "La era digital le ha restado algo de la magia a los pequeños placeres de la vida."

– "Míranos, hablando como un par de ancianas." – Exclamé. – "Finalmente sucedió; nos volvimos el matrimonio viejo."

– "Bueno, espero que eso también se cumpla de manera no metafórica, cazadora." – Me guiñó. – "Por fin, ¿qué elegirás? No conozco ninguno de estos títulos."

– "Sehr gut, entonces prepárate para ser iluminada, pajarita." – Proclamé, encendida. – "Comenzaremos con el único juego que me hizo ganarme una buena tunda por saltarme clases para terminarlo. Y valió la pena."

– "Metal Slug 3, ¿verdad?"

– "Met-¡¿Cómo lo sabes?!"

– "Aria, tengo la lista frente a mí y tienes el nombre seleccionado."

– "A-aún así, ¡agárrate, que esta es la guerra!" – Anuncié briosamente, oprimiendo el botón de inicio. – "¡Mission one, START!"

Y entonces se fue la luz.

Soportando las carcajadas de la estadounidense, mientras la negra pantalla me imposibilitaba la anhelada reunión con mi pasado, una kitsune de rosados cabellos nos informó que hubo un pequeño desperfecto con el suministro eléctrico y que pronto sería arreglado. Haciendo una reverencia al tiempo que nos suplicaba perdonar el contratiempo, la liminal nos prometió que nos recompensarían con una ración extra en el almuerzo. Antes que se retirara, le solicité unas fichas más, obteniéndolas sin costo extra. Mientras esperábamos a que la energía retornara, nos unimos al juego de la capitana y la alférez.

– "Si le das al blanco en tres intentos, te subo el sueldo, Jaëgersturm." – Afirmó Kuroko. – "Si lo logras a la primera, también el rango."

– "Jawohl." – Preparé mi tiro. – "¿Cuál es el truco?"

– "Que no le atinarías ni aunque te ofreciera el puesto de superintendente." – Replicó, cruzada de brazos. – "Adelante."

– "Bueno, le sugiero prepare esa medalla junto a un cuantioso cheque, Hauptmann." – Le contesté, desafiante. – "¡Angriff!"

– "Strike one." – Dijo Doppel cuando erré el primer intento.

– "Me gusta ser sargento de todas maneras." – Encogí los hombros. – "Ahora sí, ¡angriff!"

– "Strike two, Blondie." – Declaró Cetania.

– "Se supone que estás de mi lado, Süsse." – Troné mis nudillos. – "La tercera es la vencida. ¡Über alles!"

– "Strike three. ¡Out!" – Exclamó la cambiaformas, gesticulando con la mano.

– "Bleh, el dinero no lo es todo." – Torcí la boca. – "¿Deseaba humillarme en mi primera vez jugando a esto, Hauptmann?"

– "Sí." – Confirmó la muy cínica. – "Pero el objetivo principal es demostrarte que estás fuera de balance en tu tórax humano. Sargento Cetania, ¿podrías intentar tu suerte, por favor?"

Asintiendo con la cabeza, la arpía tomó un dardo y, para sorpresa nuestra, estuvo muy cerca del blanco.

– "Gracias, sargento. Toma una bebida por parte mía." – Congratuló la coordinadora. Volteó a verme. – "¿Por qué crees que tu novia, a pesar de carecer de manos, obtuvo mejores resultados?"

– "¿Vista de halcón? ¿Qué es la mejor tiradora del grupo? ¿Tique le sonrió el tiro?"

– "Tal vez una combinación de todo ello, pero la razón es que la rapaz posee un mejor balance de sus brazos." – Dilucidó Smith. – "Como arachne, tu equilibrio se basa principalmente en el soporte de tus ocho extremidades inferiores, lo cual te brinda un estribo natural al utilizar armas, o mantener la carrera sin disminuir velocidad. No has entrenado tus extremidades superiores, por eso erraste el tiro."

– "Pero soy una cazadora, Hauptmann." – Argüí. – "Mis garras perforan fácilmente la carne, y mi puntería es buena con mi arsenal."

– "Sí, pero cortar con tus garras no necesita demasiada precisión, y las armas dependen más del equilibrio de tus piernas y del ánima estriada del cañón que de tu dominio muscular."

– "Hauptmann, ahórreme todo esto y dígame lo que intenta probar."

– "Colócate como si empuñaras tu ametralladora y toma otro dardo." – Ordenó, yo obedecí. – "Perfecto, ahora, te sostendré el antebrazo de esta manera. Trata de mantener esta misma posición y tira de nuevo. ¿Lista? ¡Ya!"

Siguiendo sus instrucciones, arrojé la pequeña saeta hacia la diana, sorprendiéndome de haberme acercado mucho más al preciado centro. Incrédula, admití que la pelinegra llevaba la palabra de la razón.

– "Usaste menos fuerza que en intentos anteriores, y así el proyectil no sufrió un desequilibrio una vez la fuerza cinética le fue transferida de tu mano a éste." – Explicó. – "Cetania usa principalmente sus brazos en su vida diaria, y Alexandra debe coordinar cuatro extremidades a la vez; inconscientemente saben controlar el balance para evitar desperdicio de energía. Los boxeadores, golfistas y hasta jugadores de bolos aprenden a dominar su fuerza para asegurar precisión. Tú también deberías; te ayudará más de lo que crees."

– "Entonces, ¿me está diciendo que debo adiestrar mis extremidades superiores? ¿Ganar más fuerza?" – Suspiré. – "La entiendo, Hauptmann, ¿pero no hubiera sido más sencillo aconsejármelo?"

– "Prefiero el aprendizaje empírico al teórico, sargento." – Me guiñó. – "El hierro no se forja con martillos imaginarios. Y una no aprende a derrotar dragones hasta sobrevivir a las llamas del Niflheim."

– "Uhm, ¿Chief?" – Tomó la palabra la castaña. – "Respecto a eso…"

– "¿Las memorias de la nidhögg continúan demasiado vivas, sargento?"

– "Su experiencia habla por sí sola, Chief." – Exhaló la rapaz. – "¿Cómo lidió con las pesadillas que se viven despierta? ¿Qué hizo para controlar la reacción automática que provoca aquel fantasma imaginario que se niega a abandonarnos?"

– "Me gustaría ofrecerles una respuesta mágica que las libere de la consternación que las embarga, chicas, o al menos, una que no hayan escuchado ya." – Sonrió tenuemente. – "Empero, me temo que la solución reside en su propia voluntad y lo dispuestas que estén a hacerle frente a este debate interno. Solamente puedo recordarles que recorrieron el sendero del infierno en carne propia, y lograron derrotar al demonio. Pueden hacerlo de nuevo, lo saben bien."

– "Estamos seguras de que somos capaces, Hauptmann, pero el asunto aquí es el temor específico invocado por esa nidhögg." – Injerí. – "Ayer fuimos a ver una película, y tan pronto una dragonewt apareció en pantalla, sentí una infausta mezcla de ira, temor y repulsión. Cetania también lo experimentó, y nuestros cuerpos reaccionaron por instinto. No odiamos a los dragones, pero ahora no podemos controlar lo que nos provocan."

– "A lo largo de mi carrera he llegado a detestar a orcos, demonios, y elfos por igual." – Confesó Smith. – "Incluso especies con quienes comparto amistad, como ogros, zombies, y también arachnes y arpías. No porque tales estirpes compongan la mayoría de los grupos delictivos, sino porque muchos de sus individuos cometieron atrocidades imperdonables y nos dejaron una cicatrices mentales tan grandes como las que ostentan ustedes en sus semblantes."

– "Llegamos a esa conclusión también, Chief." – Aclaró la falconiforme. – "Pero lo que Völund y sus secuaces hicieron también fue una abyecta blasfemia; y sin embargo, el impacto psicológico es relativamente menor."

– "Por supuesto que lo es; un humano, por más vil y abominable que sea, no se compara con la leyenda del Ragnarök." – Respondió Kuroko, ajustando su yukata. – "Conviven con humanos todo el tiempo, y han comprobado que vituperables engendros como Jerkson son la excepción de la regla; que el resto del mundo es gente de bien. Esa nidhögg era la primera ejemplar de su estirpe, y posiblemente última, que verían en su vida; aquella primera impresión las dejará marcadas de por vida."

– "¿Qué podemos hacer para que el horror desaparezca?" – Indagué. – "No deseamos que esto escale hasta ser irremediable."

– "Puedo recomendarles un buen psicólogo profesional, uno que los expíe de todos sus demonios internos." – Colocó su mano en mi hombro. – "Pero, honestamente, odio a esos malditos lavacerebros; y como saben, prefiero resultados más contundentes."

Chasqueando los dedos, la coordinadora ordenó afásicamente a su compañera, quien prestamente obedeció. Nuestros corazones casi se paralizan al contemplar cómo la pequeña figura de la doppelgänger mutaba en el monstruo recubierto de escamas que fuera autor de nuestras más ignominiosas angustias. Pudimos escuchar cómo uno de los palos de billar caía al suelo, sin duda obra de mi hermana, que también permaneció afásicamente sorprendida por ver a su némesis manifestarse. La nidhögg estaba frente a nosotras, de una fracción de su tamaño, pero con las facciones perfectamente recreadas, desde la negrura de sus escamas hasta la capucha de piel que recubría su cuello.

Odio, miedo, y asco se arremolinaban en mi ser… ¿pero era por verla a ella, o por mi incapacidad de suprimir tales reacciones?

– "El enemigo se encargará, incluso aunque se halle en su último suspiro, de que jamás se olviden de él." – Enunció la capitana, caminando alrededor nuestro. – "La bestia que ven frente a ustedes ya no les abandonará; se ha impregnado aquí y en la otra vida. Es tan eterna como sempiterno es el tiempo. O eso creen."

– "¿De qué… de qué habla, Jerarca?" – Cuestionó Nikos.

– "No le temen a esa dragona; está muerta, hundida en el fondo del lecho marino, sirviendo de alimento a los peces. Ya no podrá hacerles daño jamás." – Articuló la agente. – "Las riquezas mueren, los familiares mueren; uno también debe morir. Pero sé de una cosa que jamás muere: la reputación de un hombre muerto."

– "Estrofa setenta y siete de Gestaþáttr, del Hávamál nórdico." – Respondí. – "¿Entonces le tenemos miedo a lo que la nidhögg representa?"

– "Buena puntería, Jaëgersturm." – Asintió, colocándose a lado de Doppel. – "Esta dracónida es todo ese execrable mundo al que deberán enfrentarse a partir de ahora; la manifestación física de la ciclópea amenaza que se cierne encima de la paz de este país; la fiera devoradora de almas que osa con destruir todo lo que aman. Enorme, impasible, casi invencible; ese es el mal al que realmente le rehúyen."

– "¿Cómo podemos superarlo?" – Interrogó una azorada halcón.

– "Recordando que ustedes ya lo hicieron desde que están aquí, vivas, y todavía son capaces de repetirlo cuantas veces sea necesario." – Respondió la capitana, con voz firme. – "Nosotras hemos luchado contra ese monstruo desde hace tres años; y éste nos ha dilacerado, vapuleado, torturado y quebrado hasta los huesos. Pero aquí seguimos, tan firmes como el primer día, demostrando que no hay adversidad que la voluntad no pueda doblegar. Después de todo…"

Kuroko chasqueó nuevamente sus dedos, y la cambiaformas regresó a su apariencia habitual.

– "Aprendemos a vivir con lo que nos aterra." – Declaró, colocando su mano sobre el hombro de Doppel. – "Y entre más tiempo nos hallemos entre nuestras fobias, más pronto entenderemos que, al igual que las transformaciones, sólo son ilusiones; nosotras decidimos qué tan reales son."

Tomando uno de los dardos, Smith jugó con éste por unos momentos, dándole vueltas entre sus dedos. Repentinamente, arrojó el objeto hacia la diana como si de un cuchillo se tratara, haciéndolo girar en el aire y clavándolo majestuosamente a milímetros del blanco. La coordinadora continuaba sorprendiéndonos día a día.

– "La reputación de esa bestia no morirá fácilmente, pero la suya será superior. Aún están vivas, todavía pueden influir en el destino de esta institución, y cuentan con las herramientas y el espíritu necesario para oponerse a la iniquidad que nos acecha." – La mandamás tronó sus dedos. – "Entonces, únicamente quedará el recuerdo, mas no el temor, porque ustedes siguen aquí, y ella no. Son hábiles cazadoras, diestras exterminadoras, efectivas agentes de la ley, inamovibles aforismos de fortaleza. Son MOE; y será el dragón quien les tema a ustedes a partir de ahora."

– "Sí, Señora." – Respondimos al unísono.

– "Bien." – Nos sonrió, asintiendo. – "No lo olviden, Amatistas: siempre hay una luz al final del camino."

Casi proféticamente, la electricidad regresó y el ígneo foco encima de la capitana se encendió, haciendo su metáfora aún más llamativa al otorgarle un luminoso halo alrededor. Su discurso no disiparía el trauma ni solucionaría el problema a corto plazo, pero nos motivaba a no dejar que el horror nos coaccionara en la aflicción constante, a seguir temblando bajo las sábanas para escudarnos del monstruo que acechaba bajo la alegórica cama de nuestra psiquis. Ahora lo comprendía; acabamos con una leyenda, y forjamos la nuestra, una que todavía continuaba expandiéndose. El monstruo continúa asediándonos, pero le seguiremos haciendo frente.

Podemos derrotarlo definitivamente.

– "Usted y sus costumbres, Chief." – Suspiró la emplumada, disintiendo con la cabeza. – "¿Por qué siempre nuestras pláticas se tornan en usted aleccionándonos?"

– "Todos los días aprendemos algo nuevo, Cetania, especialmente si eres novata." – Le replicó Smith, tomando un sorbo de su bebida cafeinada. – "Alégrense de que al menos tengan a esta sabelotodo para impartirles cátedra; nosotras aprendimos a la vieja usanza, recibiendo los golpes de la vida."

– "Con razón es tan fe-¡Auch!" – Vociferé al sentir un piquete en mi costado. – "¡Hauptmann, esas cosas duelen!"

– "No me hagas instruirte a las malas, Jaëgersturm." – La coordinadora preparó otro dardo. – "¿Te quedas o te vas?"

Tomando a la falconiforme del ala, me apresuré a regresar a la cabina de juegos, alejándonos lo más posible de la puntería de esa psicópata adicta al café. Honestamente, ¿quién necesita traumarse con lagartijas gigantes, cuando se tiene a esa endemoniada mujer para atormentarle la existencia? Echando un par de monedas a la máquina, me olvidé de que trabajo para tremenda Gorgona y me sumí en el nostálgico mundo de los pixeles y audio a dieciséis bits junto a mi pajarita. Igual que en la película que disfrutamos ayer, era irónico que me relajara con entretenimiento bélico.

– "Oye, que esa era mi heavy machine gun, flaca." – Dijo la estadounidense, concentrada en el juego. – "¡Ja! ¡Muere, zombie asquerosa! ¡Métete tus tripas por tu raja aguada!"

– "¡Te oí, pajarraca!" – Le gritó Bina desde la mesa de billar.

– "Estoy hablando de las que aparecen en el juego, teniente." – Respondió la castaña, fingiendo inocencia. – "Aunque también eres asquerosa…"

– "¡También oí eso!"

– "Ya, Süsse, o luego se desquitará en el entrenamiento." – Le aconsejé. – "¿Entramos a la cueva o seguimos de largo?"

– "Agh, me quedé sin granadas. ¿Qué hay adentro, flaca?"

– "Sasquatchs que te congelan y una paquidérmica sorpresa."

– "Con este frío no quiero nada de temperaturas bajo cero, flaca." – Respondió, estirando su brazo. – "Auch, hasta las plumas se me entumecen. ¿Cómo le hacías para soportar desgastarte la muñeca así?"

– "Adiestrar cuerpo y mente en el legendario arte del Dedo-Fu, el dedo veloz." – Le demostré oprimiendo rápidamente los botones. – "Furtivos y efectivos; el adversario no tiene oportunidad."

– "Conociéndote, seguramente no te entrenaste precisamente con videojuegos." – Alzó pícaramente las cejas.

– "Me descubriste, guapa." – Emulé su expresión. – "Practiqué mucho con Lala."

– "¿Y no te salieron hongos?"

– "Creí que reaccionarías diferente."

– "Ya me acostumbré a que arruines las bromas metiendo a esa canosa, flacucha." – Acotó. – "Oh, for fuck's sake. Condenados aliens de un solo ojo, denme una oportunidad."

– "Y espera llegar a la misión final. ¿Te diviertes, linda?"

– "Es bastante entretenido." – Afirmó. – "No probé los videojuegos hasta que emigré de la tribu. Sólo una de las vecinas tenían una consola portátil, un Game Bollo; y por supuesto que jamás lo prestaban."
– "Bueno, estamos casi igual." – Suspiré. – "Estas cosas, por muy juveniles que parezcan ahora, eran mi efímero escape de la monserga diaria, y una de las pocas oportunidades de socializar fuera del ambiente escolar. Significan tiempos felices, y por eso los aprecio"

– "¿De verdad no tuviste amigas además de, bueno, ya sabes, flaca?"

– "Akantha era la única que poseía la paciencia para soportarme, Süsse." – Exhalé. – "Por eso les agradezco a ti y a Lala que continúen a mi lado, a pesar de que soy un quitinoso incordio. Las amo."

– "De un incordio a otro, sabes que jamás te abandonaré, flaquita." – Me dio un beso rápido. – "Incluso confío en que esa decapitada no te cambiará por otra araña."

– "¿Qué hay de ti?"

– "Bueno, Rachnera se me hace muy sexy, ¿sabes?" – Me guiñó burlonamente. – "Pero hablando en serio, ya no debes preocuparte por esos lóbregos ayeres, Aria. Nos tienes a nosotras para apoyarte."

– "Es verdad. Además, siempre contaré con mi amada familia." – Miré hacia la mesa de billar. – "¡Ale, hermanita linda, ¿verdad qué me quieres?!"

Mi consanguínea respondió mostrándome indiferentemente el dedo medio, sin despegar su único ojo de su partida con la zombie. Nosotras reímos y continuamos librando la guerra virtual contra los digitales adversarios. Una vez decidimos parar para evitar gastar las reservas de monedas, elegimos otro título (Aero Fighters 2, uno de avioncitos) y nos dispusimos a seguir charlando sobre trivialidades. Mientras mi delfín piloto (qué bonito) arrasaba con los cielos de Francia, una hermosa mujer de añil tonalidad se acercó a mi lado, contemplando silentemente mi destreza con los aeroplanos.

– "¿Quieres probar, Spatzi?" – La invité. – "Sólo usas dos botones."

– "Mi habilidad en las electrónicas amenidades sigue siendo poco satisfactoria, A chuisle." – Disintió con la cabeza. – "Prefiero admirar la pasión que emanas al recordar tus nostálgicos pasatiempos de la niñez, manifestado en ese refulgente destello en tus radiantes ojos carmesí."

– "Y yo quiero que te diviertas también, amor." – La acerqué hacia los controles con una de mis piernas. – "Anda, si yo puedo, tú también."

– "No deseo arruinar tu buena racha, o la de Cetania."

– "No sería mucha diferencia, enana." – Replicó la arpía, habiendo gastado su última vida. – "Soy la maestra del aire, pero no puedo ni sobrevivir tres segundos con un avioncito ficticio. Aria heredó su pericia de su abuelo piloto."

– "¿Qué puedo decir? La Luftwaffe vive en mí." – Proclamé fatuamente. – "Pero en serio, Spatzi, dame el placer de compartir una parte de mí, por muy tonta que te parezca."

– "Nada de ti me parece tonto, A chuisle." – Me acarició la barbilla. – "Está bien, hagamos esto. ¿Podrías instruirme, por favor?"

– "Con mucho, mucho gusto, meine Königin." – Me puse detrás de ella, tomando sus manos con las mías, guiándola. – "Con esta palanca mueves al personaje, con este botón disparas, con éste otro arrojas una bomba…" – Ahí, moví mi mano y apreté uno de sus glúteos. – "Y con éste me enciendes como el motor de un cazabombardero."

– "El sentimiento es mutuo, A chuisle." – Sonrió seductoramente, girando su cabeza para besarme. – "Y por suerte, cuento con más interruptores para nuestro lúbrico deleite."

– "Ay, qué fresca, flaca malvada." – Protestó la rapaz, inflando sus mejillas. – "A Pitufina le manoseas las nalgas celulíticas, y a tu hermosa halconcita ni le pellizcas un cachete."

– "Pero creí que ya sabías jugar, linda." – Le respondí, apretando el otro glúteo de la dullahan.

– "Se me olvidó al dar tres pasos." – Pestañeó rápidamente. – "¿Me enseñas de nuevo?"

– "Es el deber de toda líder instruir correctamente a sus subordinados." – Le contesté mientras le daba un suave nalgada a la irlandesa. – "Sigues tan pachoncita como me gusta, ricura. No tardo."

– "Lávate las manos después de tocar antihigiénicas criaturas." – Bromeó la segadora. – "Las infecciones fúngicas son comunes en aves callejeras."

– "Hoy sí me lavé la cucaracha, enana bocona." – La americana le sacó la lengua. Sonrió al sentirme rodearla por atrás. – "Je, espero impacientemente instrucciones, sargento."

– "De acuerdo, lo primero son los controles básicos." – Me hice con sus manos. – "Mueves la palanca para desplazarte por la pantalla, suavemente, sin forzar nada; debes disfrutar del momento."

– "Roger that~"

– "Oprimes este botoncito aquí, para estimular a tu personaje a iniciar su ataque. Trátalo con cariño, que es muy importante." – Proseguí con mis sugerentes alegorías. – "El botón secundario suelta la bomba. Eso lo hace muy delicado, y por ende, hay que ser muy responsable. A mí me encanta oprimirlo para escuchar las explosiones."

– "Mejores lecciones que en la escuela." – Se mordió los labios. – "¿Qué mas, Profesora Eufemismos?"

– "Bien, debes recordar que el contrincante no se dejará dominar fácilmente, así que debes buscar sus puntos débiles."

Delicadamente, mis dedos pellizcaron uno de sus pezones. La nativa de Montana gimió tenuemente, esbozando una sonrisa en su ruborizado rostro por la sensación.

– "A menos que desees fingir ser la damisela en peligro para luego revelar tu fiera interior." – Continué, dándole palmaditas a su trasero. – "De todas formas, ya no hay escape de tan adictivo juego. ¿Has entendido, mi amada?"

– "Uhm, creo que necesito una lección más."

– "Será un enorme placer."

– "No pierdas el tiempo instruyendo a una emplumada de ínfimas capacidades cognoscitivas, heredera de los Jaëgersturm." – La peliblanca jaló de la manga de mi yukata. – "Tu reina demanda centrar tu atención exclusivamente en ella."

– "Ah, Spatzi; eso es lo bueno de los juegos." – Rodeé las cinturas de ambas, atrayéndolas hacia mí. – "Que más de una pueden disfrutarlo al mismo tiempo."

Mis audaces dedos recorrieron la tersura de sus bien formados posteriores, palpándolos debajo del cómodo algodón de nuestras vestimentas. Ellas no objetaron mi lascivo trato y simplemente reaccionaron con leves gemidos al tiempo que mis caricias elevaban su temperatura corporal. Sabiendo que tampoco podíamos ser tan descaradas en público, les di un último apretón a sus glúteos e inserté dos monedas en la ranura de la máquina.

Mi corazón se llenaba de algarabía al advertir que mi pasado, presente y futuro, se habían coligado en ese pequeño y efímero instante de la interminable rueda del tiempo; uno donde nuestra única preocupación era disfrutar, juntas, el momento. Nos sentíamos perfectamente, lo suficiente para olvidarse de inútiles rencillas. Con la alegría rebosándome, besé las bocas de las dueñas de mi vida, haciéndoles reír de felicidad. Ya haríamos tonterías en privado, pero en ese momento, era hora de gozar una virtual aventura. ¡Que comience el juego!

Y entonces, se volvió a ir la luz.


NOTAS DEL AUTOR: Una vez los Aliados aseguraron la playa, tras sobrevivir a la inhumana masacre y resistencia del adversario, la batalla por la liberación de Europa apenas comenzaba. Para todos los involucrados, era meramente el amanecer el día más largo.

Y les pido, mis queridos lectores, que esperen al segundo asalto. Nos veremos muy, pero muy pronto. ¡Auf Wiedersehen!