NOTAS DEL AUTOR: ¡Achtung, Tarmo Flake ist hier! ¡Feuer frei!

Y lo prometido es deuda. ¡Segundo asalto de este largo Día D!

Debo remarcar que esto era parte del episodio anterior, pero lo dividí para que fuera más digerible, además de tenerlo listo para el día del cumpleaños de nuestra germana protagonista. Por ello, junto con el episodio previo, celebro oficialmente haber superado el millón de palabras con este capítulo. ¡Comencemos de una vez! ¡Primo Victoria!

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena fue partícipe en la masacre de la Abadía de Ardenne! ¡23 canadienses eliminados, y por ella solita!


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 68


– "Lamentamos mucho este penoso inconveniente." – Proclamó Satsuki, la kitsune de morado cabello, arrodillándose.

– "Rogamos que tan inoportunos incidentes no degraden su opinión sobre nuestra posada." – Dijo Yuzu, la rubia, imitando a su compañera.

– "Estamos trabajando lo más raudamente posible para restablecer el suministro eléctrico." – Habló Ren, una de rosada cabellera, en la misma posición.

– "Está bien, no hay de qué preocuparse." – Kuroko disintió con la mano. – "Tomando en cuenta que este es un lugar para alejarse del bullicio urbano y que la temperatura es tolerable, no requerimos críticamente de electricidad ahora."

– "Agradecemos profundamente su comprensión y magnanimidad, Smith-san." – Satsuki hizo otra reverencia. – "Por favor, aunque sea parcialmente, compensaremos este vergonzoso tropiezo con nuestra mejor selección de platillos, completamente ilimitada."

– "Insisto en que no es nada, pero tampoco puedo rechazar esa oferta." – La capitana volteó a vernos. – "¿Qué dicen, chicas? ¿Tienen hambre?"

El silencio por la falta de aparatos eléctricos funcionando hizo que el gruñir de nuestros estómagos resonara como el rugido de un tiranosaurio.

– "Supongo que eso es un sí." – Declaró la coordinadora. – "¿Podrían servirnos también sake extra, si no es molestia, kitsunitas?"

– "¡Ah, por supuesto, Smith-san! ¡Sus deseos son órdenes!" – Afirmó Satsuki, realizando un sonoro aplauso con sus palmas. – "¡Yuzu, Ren, de prisa, que los huéspedes esperan! ¡Y díganle a Okiku que cocine bien el calamar en esta ocasión!"

– "Deberías acompañarnos también, Suki." – Le indicó Ren. – "Sabes que Okiku no cocina a menos que se lo ordenes. Se cree toda una muñeca de porcelana, la muy delicada."

– "De acuerdo." – La kitsune se incorporó y nos sonrió. – "Por favor, tomen asiento; sus alimentos serán servidos enseguida. Lamentamos nuevamente esta insatisfactoria circunstancia."

– "C'est la vie." – Contestó Smith.

Con una reverencia, las tres serviles liminales se encaminaron a cumplir con su misión de saldar la deuda con sus clientas. Desde agentes de la ley hasta trabajadoras de un onsen, todas experimentaban percances que lograban resolver con la unión de equipo.

– "¡Te lo dije, maldita pelos de algodón de azúcar!" – Le vociferó Satsuki a su compañera de rosados cabellos. – "¡Te advertí sobre usar alambres en lugar de fusibles!"

– "¡No es mi culpa que la patrona sea una tacaña de primera, aliento de doberman!" – Reclamó Ren. – "¡La muy cicatera sólo tenía un par de repuestos, y todos oxidados! ¡Echaron chispitas tan pronto los coloqué!"

– "¡Chispitas tienen las galletas! ¡No tenías que haber usado alambres oxidados en su lugar, condenada hija del Perro Cobarde!"

– "¡Que te den por el orto, conchuda amante de Scooby Doo!"

Qué bonita es la amistad.

Luego de que oyéramos gritos procedentes de la cocina, onomatopeyas de platos rotos, y de que Yuzu saliera volando hasta estrellarse con una pared, la gigantesca mesa fue prontamente adornada con un buffet tan vasto y variado que las exposiciones gastronómicas internacionales quedarían como monumentos a la hambruna mundial. Desde todo tipo de carnes hasta el más extraño y exótico guiso, los platos debían contener todo el repertorio disponible en el menú de la cocina japonesa. Y con la reserva extra de sake que se nos fue otorgada, nos daríamos un apoteósico festín que incluso los héroes del Valhalla desecharían la ambrosía divina para probar un bocado de nuestro fastuoso banquete.

– "Titania nos hará entrenar horas extra para bajar todo el peso que ganaremos." – Comentó Cetania, sirviéndose más del sukiyaki. – "Pero al diablo, nos merecemos esto."

– "Ciertamente, está exquisito." – Opinó Tionishia, devorándose un oden. – "Aunque sigo prefiriendo los que prepara Bombón."

– "Herr Kommandant es un as de las artes cisorias, de eso no hay duda, alférez." – Injerí, deglutiendo una carne hambagu. – "Pero el título de la chef indiscutible, en mi humilde opinión (y por lo tanto en la única que vale), le pertenece a mi Spatzi. No cambiaría su cottage pie ni por cien de estas vituallas."

– "Agradezco el inflarme las ínfulas con tan sinceros encomios, A chuisle, pero debes admitir que la técnica empleada en estas viandas es impecable." – Aseguró la dullahan, degustando un plato de curry. – "Sin duda la chef Kanako podría replicarla con facilidad, pero yo necesitaría mucha prueba y error para acercarme a una fracción de esta perfección culinaria."

– "Eso me recuerda, Cariño-kun está ahora laborando en un restaurante, ¿cierto?" – Cuestionó Kuroko, comiendo omuraisu. – "¿No era uno que conocemos?"

– "El American Food. Sí, el mismo del incidente con los elfos oscuros, Hauptmann." – Respondí, tomando mi bebida. – "Lo contrataron rápido, pero tuvo que esperar unos días mientras los dueños terminaban de arreglar el desastre de esos locos."

– "Al menos tu casero les ayudará a que el público se olvide de lo sucedido." – Dijo Zoe, degustando salmón asado. – "Hey, Lala, ¿qué hay del Aizawa? ¿La gente todavía menciona lo del asalto?"

– "La mayoría de los clientes desconocen lo ocurrido anteriormente, pero el recorte periodístico de los valientes actos del soldado García continúan exponiendo la evidencia de aquel fatídico día." – Le contestó la irlandesa. – "No nos hemos valido de tan extraordinaria situación para aumentar nuestra popularidad, debo aclarar; nuestra filosofía es expandir la fama a través de excelente comida y servicio, no explotando tragedias."

– "Ojalá las empleadas de la cafetería pensaran similar." – Comentó Dyne, deglutiendo yakisoba. – "La última vez sirvieron fideos con cátsup, clamando que era spaghetti con salsa de tomate. Me habré criado como griega, pero una ofensa de ese calibre hiere a mi italiana interior."

– "Entonces finalmente sucedió." – Expresó Manako, consumiendo pasta udon. – "Nico, la cocinera principal, se divorció de su marido."

– "Les dije que ese canalla le estaba siendo infiel. Pero que no se haga la inocente; Nico también andaba de cola suelta." – Comentó Zombina, tomando un trago de sake. – "¿Recuerdan cuando la atrapamos en la calle, coqueteándole al sujeto del Ferrari? Me sorprende la confianza que tiene, especialmente con lo fea que es ella."

– "Cleopatra era poco agraciada en el aspecto estético, y era la mujer más denodada que conociera." – Declaró Doppel, mordiendo carne korokke. – "Su aura de confianza y su destreza con las artes amatorias fueron las verdaderas razones de que fuera la más célebre de los regentes ptolemaicos. Doy fe de ello."

Tuve que tomar un enorme trago de mi bebida para evitar atragantarme por tan sorpresiva declaración.

– "¿Habla de LA Cleopatra? ¿Filopátor Nea Thea?" – Interrogó la rapaz. – "Honestamente, alférez, ya no debería sorprendernos su historial. Se ha coligado con cada personalidad que podría decirme que estrechó manos con Julio César y Marco Antonio, y yo le creería."

– "No, Cleo era bastante celosa con sus amantes principales. Jamás intercambié siquiera palabras con ellos." – Aseguró la cambiaformas. – "En todo caso, conocer a gente importante es consecuencia de ser invocada precisamente por ésta. Una vez Octaviano derrotó a las fuerzas de Marco Antonio, mi trabajo como guardaespaldas real llegó a su fin, y fui sellada hasta que la Hafh'drn me despertó de nuevo."

– "Una siesta de más de dos mil años." – Injirió la capitana, riendo tenuemente. – "Dop tuvo que aprender mucho para ponerse al día."

– "Los conocimientos adquiridos de primera mano sobre tales sucesos históricos ayudarían mucho a comprender el pasado, alférez." – Opiné. – "Sus testimonios poseen más valor que siglos de estudios basados en restos arqueológicos y conjeturas."

– "Por si lo olvidaste, novata, no fui la única invocada durante los rituales." – Reiteró la doppelgänger, meneando su vaso con su cabello. – "Abismales de todo el mundo, y que experimentaron más que yo, ya han compartido sus vivencias con la comunidad histórica y científica. Y eso solamente los que cooperan con la humanidad; muchos todavía yacen dormidos, o se rehúsan a iluminar a los mortales."

– "Doppel-chan nos ha ayudado con datos sobre su estirpe y otros liminales con los que convivió en aquellos tiempos." – Añadió Tio. – "Muchos de nuestros informes para la guía enciclopédica del Acta fueron completados gracias a ella."

– "En todo caso, espero que el humor de la cocinera regrese pronto a la normalidad." – Habló Alexandra. – "Estoy segura que la mala calidad de la comida aceleró el malestar de la entrenadora Jättelund. Y lo peor es que ésta última se desquitará con nosotras en los entrenamientos."

– "Si Nico se encuentra indispuesta, entonces creo que no quedará más remedio que reemplazarla." – Aseveró Smith. – "Zoe, ¿sabes si la nieta de la abuelita Yamato, esa que nos obsequió el pastel de Tio, sigue estando libre?"

– "¿Iris? Creo que sí." – Contestó la pelirroja. – "Preguntémosle a Kanna cuando regresemos."

– "Creí que siempre cuidaba nuestro escaso presupuesto, Chief." – Dijo la falconiforme. – "Y ahora ya está contemplando contratar nueva chef."

– "Las nietas de la abuela Yamato cobran menos, Amatista." – Respondió con brutal honestidad la coordinadora. – "Nico firmó su carta de despido cuando pidió un aumento para pagar el tratamiento para su hija hospitalizada… excepto que ella no tiene ni perro quien le ladre. Lo único que aumentó fueron las ganas de arrojarla del décimo piso."

– "Pero los cuarteles sólo tienen cinco pisos, Hauptmann, contando la azotea y la armería subterránea." – Acoté.

– "Significa que la dejaré caer del techo dos veces." – Dio otro sorbo a su botella de sake. – "Doble diversión; y gratuita."

La teoría de que Kuroko eximió a mi hermana de su pasado debido a que ella misma era una desalmada mafiosa sigue estando vigente; y conociendo a la demente de Smith, sería la hipótesis más benévola. Continuamos comiendo nuestra reserva casi infinita de exquisitas vituallas, descubriendo nuevos sabores conforme nos atrevíamos a probar platillos que antes hubiéramos ignorado. A pesar de mi desdén por el calamar, un par de limones y la salsa tártara son perfectos acompañamientos para aritos fritos hechos con el molusco. La tarde caía sobre nosotras, dándole al ambiente una hermosa capa de luz ligeramente ambarina.

– "Entonces la Capi les arma un escándalo a los pobres, exigiendo saber quién fue el desgraciado que se atrevió a mancillar la pureza de Manacchi." – Relataba Zombina. – "Todo era divertido hasta que también nos escarmentó por no haber protegido a nuestra compañera. Simijo, Capi, ya ni el superintendente se encoleriza como usted."

– "Bueno, la reacción de la Jefita era bastante entendible, Bina-chan." – Intervino la ogresa. – "A mí también casi se me cae el cuerno al ver a Manacchi embarazada."

– "Al menos pregunte la próxima vez que desee jugar esa clase de bromas, Doppel-san." – Dijo la cíclope. – "Tio-san me apretujó contra su cuerpo toda la noche debido al susto."

– "Tampoco puedes quejarte de no dormir cómodamente, Ojito." – Le replicó la cambiaformas. – "Cuando me toca despertar a la cornuda, ésta tiene la manía de usarme como oso de peluche, sin siquiera estar consciente."

– "Lo siento, Dop-chan, es la costumbre." – Se disculpó Tionishia. – "De pequeña me gustaba abrazar mis muñecos para sentirme segura, especialmente durante las tormentas. Ahora que soy mayor, todos revientan si intento lo mismo."

– "Me alegro de carecer técnicamente de osamenta." – Expresó la doppelgänger. – "De todas maneras, la suavidad es tal que ni los Sellos de R'lyeh me harían cerrar los ojos tan rápidamente. Confieso que me gusta tomar esas siestas extendidas."

¿Y a quién no le gustaría dormir abrazada a la ogresa? Claro, el riesgo de morir de fracturas óseas era bastante alto, pero la experiencia valía la pena.

– "Hasta que la Capi las despierta a ambas por flojas." – Añadió la muerta viviente. – "Ignoro cómo no se ha mordido la lengua."

– "De suceder, te arrancaré la tuya y la usaré de repuesto, Zoe." – Le contestó la aludida. – "Mientras, a ti te pondré la de Vanessa, para que ganes una infección."

– "¿Y cuál le pondrá a Redguard?"

– "Ninguna; sería una mejora que permaneciera muda." – La coordinadora tomó otro trago de la botella de sake. – "Hey, Amatistas, están bastante calladas. Compartan algo con el grupo, no sean tímidas ahora."

– "Nuestras anécdotas no son tan buenas como las suyas, Hauptmann. Al menos las mías." – Argüí – "Pero, bueno, ya qué. Cuando tenía tres o cuatro años, controlé mejor mi tensión superficial en las piernas, así que me la pasaba caminando por las paredes y el techo. Es parte natural de nuestro crecimiento, pero mi curiosidad era peor que la de un gato, metiéndome en todos lados y causando líos para mi abuela; era una pulguita bastante jodona."

– "No ha cambiado mucho." – Injirió mi hermana.

– "El sentimiento es mutuo, grillita. De hecho, precisamente un día de esos aprendí a que alguien como tú me traería problemas." – Le contesté. – "En fin, yo me encontraba haciendo mi usual exploración casera, cuando de repente mis seis ojitos captaron una diminuta y verde figura recorriendo parsimoniosamente el techo de mi morada: una mantis religiosa. Considerando que las mantis en Sparassus son criadas exclusivamente para servir de alimento a las mascotas, como ranas, lagartijas o arañas, ver una de ellas libre era una oportunidad poco común."

– "Qué sádicas son en tu país, flaca." – Opinó la halcón. – "¿Y qué pasó?"

– "Me trepé al techo para verla de cerca, claro. Nunca entendí el odio hacia las empusas y sus parientes animales, si a mí me parecían tan interesantes." – Proseguí. – "Cuando llegué frente a ella, la criaturita alzó sus espolones a manera de advertencia. Yo, divertida con su despliegue de autodefensa, la imité."

– "Qué tierna, A chuisle." – Sonrió Lala. – "Me imagino lo curiosa que debió ser la imagen de tu persona emulando a la santateresa, estando de cabeza."

– "Pues a la mantis no le parecí muy linda que digamos, Spatzi, porque la muy brava intentó atacarme con sus extremidades raptoras." – Seguí relatando. – "Como una buena soldado, no retrocedí y me lancé también al ataque, intentando atraparla en mis manos. El insecto respondió volando en dirección contraria, aterrizando en el ventilador del techo. El aparato era de esos viejitos, hecho de madera, y me permitiría un buen agarre, así que me lancé."

– "Y te caíste." – Se apresuró a concluir Doppel.

– "Nein, atrapé exitosamente a ese bichejo escurridizo. Intentó perforarme las manos, pero mi quitina era inmune a sus esfuerzos." – Le respondí. – "Hasta ahí, todo bien. Empero, era época calurosa, y como vivíamos a doscientos metros de la costa, el estío tropical hacía imperativo mantener la temperatura a niveles no infernales. Mi abuela pensó lo mismo, y desde la cocina, donde se encontraba, encendió el interruptor del ventilador en ese momento. Al principio me gustó, porque me recordaba a los juegos del parque; hasta que aceleró."

– "Un giro inesperado." – Rió ligeramente la occisa viviente.

– "Demasiados, Zoe. Mis ocho patitas se aferraron al centro del ventilador mientras el mundo se volvía un difuso manchón." – Disentí con la cabeza, riendo. – "Mi abuela llegó corriendo tan pronto escuchó mis chillidos, pero en vez de apagar el aparato, como toda buena persona haría, me dejó expulsar más gritos hasta que sintió que tuve suficiente. Cuando el mecanismo se detuvo, yo me tambaleaba como gelatina. Entonces, mareada en exceso, me dejé caer, siendo atrapada por la anciana. Ahí aprovechó para darme una buena tunda, la muy cariñosa."

– "¡Ja! Y luego afirmas que no tienes buen material, araña." – Opinó Kuroko. – "Por el lado amable, te acostumbraste al dolor desde pequeña. Ya venías moldeada para la profesión."

– "Pues será el sereno, Hauptmann, pero me quedé sin cenar esa noche." – Revelé. – "¿Sabe qué es lo peor? Que mientras la vieja Diva me recordaba explícitamente lo inútil que era, el condenado ventilador se desprendió y nos partió el culo a ambas. ¡Y el maldito insecto se paró en mi cara y me picó mi ojito!"

El estallido de carcajadas no se hizo esperar, uniéndomeles yo en las risotadas, y creando un eco típico de animados jolgorios, resonando en el ambiente de camaradería que la buena comida y bebida habían acrecentado. Admitía que era una jocosa historia, aunque a mi parecer, sólo era una de tantas en mi peculiar repertorio de fruslerías. La teniente se desternilló tanto que cayó hacia atrás, derramando el sake encima de su atavío. Se incorporó, sin parar de reír, abriendo su yukata para secarse el líquido.

– "Bina-san, no haga eso en público." – Expresó Manako, sonrojándose. – "¿Por qué no lleva ropa interior?"

– "¿Realmente haces esa pregunta en un onsen, Manacchi?" – Retrucó la heterocrómatica, agitando su vestimenta. – "Creí que tenías buen ojo para lo obvio."

– "¿Ya estás ebria tan rápido, Zoe?" – Cuestionó Smith. – "¿Cuántas botellas van apenas? ¿Cuatro?"

– "Este sake es del bueno, Capi. Y usted lleva más que yo." – Le señaló la pelirroja. – "Además, ¿quién se queja? Sólo somos nosotras, y a estas cuatro seguro les encanta la vista."

– "Concuerdo." – Declaré. – "¡Ay! ¡Spatzi, esos palillos están afilados!"

– "Al contrario que tu lengua, descendiente de Arachne." – Replicó la irlandesa.

– "No es lo que dijiste anoc-¡Argh!"

– "Gura míle, Cetania."

– "You're welcome, Blueberry." – Contestó la americana después de darme un golpe en la sesera. – "Y no, Bina, no todas disfrutamos de verte las tetas. Algunas tenemos buen gusto."

– "Lo sé, he trabajado con ellas por tres años." – Le retrucó la occisa – "Pero no te hagas la inocente, Peaches, que ni el más crédulo se lo tragaría. Estaré muerta, pero tus ojos se veían muy vivos al estudiar nuestra anatomía."

– "No negaré que es placentero, y quizás mis globos oculares hayan contemplado con más ahínco algunas de las agraciadas curvas que cruzaban mi campo visual." – Confesó la falconiforme. – "Pero eso no incluyen las tuyas. En serio; más que el físico, lo que me gusta de una mujer es su personalidad."

– "Oye, eso sí me ofende; insinúas que no soy divertida." – Asentó su puño en la mesa. Entonces se relajó. – "Bleh, te lo pierdes, emplumada. Tú sí me caes bien, ¿sabes?"

– "Lo sé, soy un amorsh." – Pestañeó rápidamente. – "Está bien, tampoco me caes mal, Bina; más bien odio cuando esta araña bruta no controla es lengua tan larga que posee. Creo que eres cool, aunque a veces me parezcas demasiado temeraria."

– "Hey, no te culpo, incluso yo admito que puedo ser bastante irresponsable. Pero te agradezco el halago, pajarita." – Replicó la revivida, dando un trago y suspirando. – "Ah, ¿les soy honesta, chicas? Con o sin alcohol, difícilmente oculto que también me encanta esto. Nada como estar rodeada de hermosas mujeres para alegrar al alma, ¿cierto?"

'Especialmente si te aman', hubiera dicho yo, pero me limité a levantar mi vaso a manera de brindis, siendo imitada por la mujer con heterocromía.

– "¿Ya vas a empezar a mostrar la hilacha, agusanada?" – Doppel giró los ojos. – "Un poco de alcohol y te sale lo lesbiana, igual que la bruja de Redguard."

– "Soy bi, enana; aprendí a apreciar lo bueno de ambos mundos." – Reiteró Zombina. – "Sólo deseo mostrar solidaridad con mis hermanas sáficas."

– "Y encima lo vuelves incesto." – Disintió con la cabeza. – "No le des más cuerda a la imaginación de estas niñas, ¿sí? Ni a tus admiradores les coqueteas tanto."

– "No estoy coqueteando, sólo digo la verdad, negra flotante." – Aclaró Bina. – "Adoro estar en compañía de ustedes; son mis amigas del alma, confío mi segunda vida en sus manos, no hay nadie a quienes estime más en el mundo. ¿Qué hay de malo en confesar que han llegado a parecerme atractivas? Tampoco es que me hubiera enamorado, ¿o sí?"

– "¿No sería incómodo para sus aliadas el que hable tan libremente de esa manera, teniente?" – Interrogó Alexandra.

– "Por mí no hay problema, Dyne-san. Comprendo lo que Bina-chan quiere decir." – Respondió Tio, sonriendo inocentemente. – "Me gusta que me digan que soy bonita."

– "Eres demasiado benévola para tu propio bien, grandulona." – Le comentó la cambiaformas. – "¿Qué hay de ti, Ojito?"

– "Bina-san quizás sea demasiado directa, pero entiendo que desee halagarnos." – Contestó tímidamente la francotiradora, volteando al otro lado. – "Eso no quita lo embarazoso de tales declaraciones. Contrólese, por favor."

– "La última vez que me llamaron guapa fue con los abuelitos del asilo, cuando estuvimos de visita informativa." – Habló Smith, destapando otra botella. – "Rompía narices, pero no corazones. Y eso es tan triste que voy a seguir tomando hasta olvidarlo."

– "¿Qué hay de nosotras, Zoe?" – Tomé la palabra. – "¿También te parecemos unas bellezas?"

– "En cuestión de virtudes físicas, tú y Peaches tienen el busto, mientras tu azulita y tu hermana poseen el posterior." – Dilucidó. – "Ahora, en cuestión de personalidad, ¿quieren la verdad? Me gusta la de Pepper."

– "¿Eh? ¿Por qué?"

– "Por decidida, así de simple." – Encogió los hombros. – "Sí, es una huraña, gruñona, misántropa, hosca, áspera, arisca y asocial… Pero tiene los ovarios suficientes para lograr lo que se propone. Como la líder del escuadrón, admiro su espíritu."

– "Debería hallarme complacida, pero no gracias, teniente." – Replicó la italiana, temblando. – "No haga más difícil nuestra compartida estancia."

– "No miento, grillita; palabra de muerta." – Le guiñó juguetonamente. – "Quién sabe, si te animas, podría dejar que ese masaje de pies sí se vuelva uno de cuerpo completo."

– "Jerarca, solicito permiso para intercambiar de compañera de cuarto. ¿Jerarca?"

– "Hoy quiero saborear mi dolor~" – Cantaba tristemente la coordinadora entre tragos. – "No pido compasión ni piedad~"

– "La capitana se halla indispuesta, sargento." – Acotó Zoe. – "Como la segunda al mando, rechazo su propuesta de trasladar su puesto nocturno. Le sugiero mantener sus dedos en forma; esos pies no se tallarán solos."

– "Te odio, Nikosss…" – Mascullé, casi siseando como una víbora.

– "Y yo odio mi vida." – La milanesa exhaló, cabizbaja.

Con otra carcajada de parte del resto, y el desafinado trinar de la ebria Kuroko, la tensión volvía a disiparse. La teniente se encargó de aclararle a la mediterránea que sólo estaba bromeando, sin perder la ocasión de fastidiarle con sus insinuaciones. Más allá de las provocaciones, podía percibir que mi consanguínea, muy en el fondo, se divertía con las boberías de nuestro singular grupo; quizás hallando paz en la genuina amistad que le brindábamos.

– "De acuerdo, chicas, ahora les toca a ustedes revelar la evidencia." – Retomó el diálogo la pelirroja. – "¿Quién de nosotras les atrae más? Y sean honestas, que Dop sabrá si mienten."

– "Y-"

– "Potato, ya sabemos tu respuesta, ni te molestes." – Me aconsejó, alzando su mano en señal de alto. Yo crucé los brazos, de mala gana. – "Empecemos contigo, segadora, ¿vale?"

– "Mi amor por Mo chuisle es indeleble, Zombina." – Arguyó la Abismal. – "Pero sé que te refieres a una elección hipotética basada en mis gustos, sin peso alguno más allá de satisfacer la curiosidad, ¿correcto?"

– "Exacto, sólo por diversión." – Sonrió pícaramente. – "Así que anda, revélanos a quién de nosotras te gustaría estimular con la guadaña. Sin miedo, que estás entre amigas."

– "Mi opinión sobre ustedes puede ser parcial, pues he convivido un tiempo limitado con el grupo." – Dilucidó la nativa del Éire. – "Sin embargo, si tuviera que decidir en este momento, y basándome en mis empíricas observaciones, supongo elegiría… elegiría a Tionishia."

– "Vaya, vaya, sí que te gustan grandotas, azul." – Provocó Zoe, con las manos en la cadera. – "¿Por qué Tio?"

– "Encuentro su personalidad honesta e inocente, pero dedicada y comprensiva, casi maternal, bastante agradable. Creo que es una opinión que todas compartimos." – El añil semblante de la dullahan se ruborizó y ella jugó con sus dedos. – "A-además… me gusta que mi pareja sea más alta que yo…"

– "Oh, cielos." – La ogresa se llevó la mano a su sonrojada mejilla. Ahí, le sonrió tiernamente. – "Mil gracias, Lala-chan, tú también me agradas."

– "Gura míle." – Lala tosió como distracción. – "Es sólo una suposición imaginaria, por supuesto, mi único interés es la heredera de los Jaëgersturm."

– "Entonces, ¿te gustaría que fuera más tierna contigo, Spatzi?" – Abracé a la segadora por atrás, besando su cuello. – "¿Qué te diga cosas dulces al oído mientras el nocturno manto estelar y la argenta Selene bailan sobre nosotras?"

– "Me basta con que seas tú, A chuisle." – Sonrió ella.

– "¿Tan pervertida?"

– "Tan majestuosa." – Afirmó la peliblanca.

– "La tierna ahora eres tú, linda." – Besé su naricita. – "Te quello, mi prechocha achulita."

– "Ay, ya entendimos, romanticonas." – Cetania agitó una de sus alas sobre nosotras. – "No se pongan cursis ahora o nos dará indigestión."

– "No arrojes tus impías plumas sobre nuestro impoluto cariño, incordio alado." – Le contestó la irlandesa. – "En lugar de continuar tu peripatéticas rabietas celosas, toma tu turno en esta ronda de preguntas."

– "Cierto, Peaches, te toca a ti." – Asintió Bina. – "¿A quién eliges?"

Con una sonrisa presumida, la rapaz se incorporó y caminó al otro lado de la mesa, donde se alineaban las integrantes de MON. Esquivando a una borracha Smith, la emplumada se sentó a lado de Tionishia y, como si se tratara del peluche más grande que existiera, rodeó con sus alas a la rubia de un solo cuerno. Sin borrar la sonrisita jactanciosa, la arpía reposó su cabeza sobre el cuerpo de la ogresa, que permanecía afásicamente sorprendida, pero sin mostrar indicio alguno de que le desagradara la acción de la castaña.

– "¿Acaso no era obvio?" – Preguntó la halcón. Entonces apuntó con su ala a la izquierda. – "Elijo a Doppel."

– "¡¿Doppel?!" – Exclamamos todas, casi al unísono.

– "¿Qué tiene de malo?" – La castaña encogió los hombros. – "Es inmortal, políglota, lista, profesional y hasta se codeó con la realeza. Incluso compartimos el gusto por el nudismo. Y lo mejor de todo…"

– "Las posibilidades de una cambiaformas en la cama son infinitas." – Injerí. Agité mi cabeza de inmediato. – "¡No, esperen, ¿qué estoy diciendo?! Süsse, te quiero y todo, ¡¿pero perdiste la razón?!"

– "¿No te mordiste la lengua, amante de pitufos?" – Retrucó la estadounidense. – "Y no me dejaste terminar. Iba a decir que lo mejor era que su experiencia a través de la historia la hacía más sabia y comprensiva. Por eso me enamoré de ti, flaquita, porque me entiendes; y eso es todo lo que necesito."

– "Sigo siendo la semilla del Caos Reptante, vástago de Electra." – Le contestó la doppelgänger. – "No dejes que mi puesto como defensora de la ley te ciegue de mi verdadera naturaleza."

– "¿Pero satisfarías mis más degenerados fetiches?"

– "Dominar mortales es mi deber." – La Abismal encogió sus hombros.

– "¿Lo ven? La decisión está dada."

– "¿Y por qué abrazas a Tio entonces?" – Interrogó Alexandra.

– "Está pachoncita." – Guiñó la nativa de Montana. – "Y no le molesta, ¿verdad, alférez bonita?"

– "Por supuesto que no, Cetania-san." – La rubia le dio palmaditas en la cabeza. – "Pero, ¿podría por favor retirar sus alas? Sus pulgares me lastiman."

– "¡Whoops, my bad!" – La arpía se apresuró a soltarla. – "No era mi intención, Tio. ¿Está bien?"

– "Descuide, mi piel es sensible, pero resistente." – Afirmó, sin perder su sonrisa. – "También le agradezco los elogios; es mejor escucharlos directamente que leerlos en cartas."

– "Usted sería mi segunda opción, de hecho. Bueno, ya me regreso a mi lugar." – La rapaz se incorporó y se encaminó a su asiento. – "Bien, ya me puse en evidencia, le toca a Pep-¡Aaah!"

– "Oh, mil perdones, Cetania-san, no era mi intención hacerla tropezar." – Se disculpó Manako, levantando a la americana. – "¿Se encuentra bien?"

– "Metí las alas a tiempo. Reflejos de halcón." – Le contestó la castaña. – "Aunque el sake debe estar haciéndome efecto, porque juro que su pierna no estaba en el camino."

– "Tal vez la falta de electricidad le hizo errar el paso."

– "Alférez, ¿acaso usted…?" – Cuestionó la empusa.

– "Es su turno, Dyne-san." – Le interrumpió la francotiradora.

No se necesitaban de mis seis ojos para ver lo que sucedía, pero no podía culparle por querer proteger a quien consideraba su familia. Pero, ¿cómo es que el púrpura puede tornarse verde de envidia?

– "Admito que eso me da mucha curiosidad. Responde a nuestras dudas, Pepper." – Habló la zombie. – "Y di la verdad; no demuestres que me equivoqué en confesar que admiro tu valentía."

– "El respeto que tengo por usted y el equipo es parejo, teniente. Y es meramente profesional." – Alegó Nikos. – "Me temo que no me imagino desarrollando sentimientos más allá de la camaradería laboral."

– "Tampoco estamos insinuando que elegirás a tu media naranja, mantis, sólo es para divertirse." – La pelirroja disintió con la mano. – "Sirve para sincerarse con tus amigas, y también contigo. A veces necesitamos externar lo que tenemos adentro."

– "Convivir es primordial para mantener la unidad que caracteriza a un equipo." – Formulé. – "Charlas aparentemente inmaduras como ésta, donde intercambiamos esta clase de secretos, son una manera de reforzar los lazos y acercarnos más como compañeras."

– "Y darle combustible a nuevas y enfermas fantasías que únicamente requerían de ser confirmadas por las involucradas." – Opinó la mediterránea. – "¿O me equivoco, Potato?"

– "Me conoces bien, hermanita." – Le guiñé tres ojos. – "Excepto lo de Süsse y Doppel; no quiero tener pesadillas."

– "Tranquila, flaquita." – La emplumada me acarició la espalda. – "Le pediría que únicamente se transformara en ti."

– "Ugh. La que tendrá pesadillas seré yo." – La doppelgänger le arrebató la botella de sake a la capitana. – "Turbio brebaje catártico, ayúdame a purgar mi mente."

– "¡Nooo! ¿Por qué me haces esto?" – Protestó la coordinadora, ahogada en alcohol y llanto. – "¡Por Abismales como tú, Dop, hay agentes como yo~! ¡Hic! ¡Que se pueden moriiiir por dignidad, mordiendo el corazón~!"

– "Y para colmo cantas peor que Wilde, Hafh'drn." – Le contestó la cambiaformas. – "En todo caso, aún no contestas, descendiente de Hécate."

– "¿Realmente es necesario?" – Alexandra volteó la mirada. – "Es decir, seguramente ya lo sospechaban."

– "Soy yo, ¿cierto?" – Dijo Zombina, pestañeando rápido. – "Es entendible, grillita; compartes el ADN con Potato, después de todo."

– "Te odio, Nik…" – Me pausé. – "¡No, esperen, eso es mejor! ¡Ale, podríamos compart-¡Argh! ¡Esperen, lindas, era brom-Gah!"

– "Lamentamos la interrupción." – Se disculpó Lala dándome unos buenos coscorrones. – "Corrección de rutina."

– "Prosigue, Pepper." – Agregó Cetania, ayudándole a la irlandesa.

– "Bien. Hécate, ten piedad de mí…" – La milanesa suspiró. – "Me gus… elijo a la Jerarca."

Zeus, el dios del rayo y regente del Monte Olimpo, debió caerse de su celestial trono, porque tan pronto mi consanguínea soltó tremenda bomba, la electricidad regresó con tal fuerza que las lámparas encima de nosotras explotaron de inmediato, devolviéndonos a las ligeras penumbras. Doppel mutó el tamaño de su esófago para evitar atragantarse por tal confesión, y yo recurrí a respirar por mis filotráqueas cuando mi bebida me invadió la nariz del susto. Creo que incluso una de las kitsunes dejó caer los platos que llevaba en las manos, pero quizás fuera la onomatopeya de mi cerebro gritando de incredulidad.

Crono igualmente fue afectado, pues el tiempo pareció detenerse en ese momento, mientras observábamos estupefactas a la increíblemente ruborizada mantis que ya debía estar contemplando el recorrer el Estigia voluntariamente, clavándose un espolón en la garganta. Aquella mórbida idea debió acrecentarse en su mente cuando observó a Smith, habiendo interrumpido de inmediato su pésimo cantar, gatear como una (muy ebria) pantera hacia ella, mirándola directamente a su único ojo con sus castaños globos oculares y ostentando el axioma de las expresiones atónitas. Ambas pelinegras quedaron cara a cara, afásicas, humedeciendo sus yukatas por el sudor.

– "O estoy borracha, o estoy quedándome loca. Quizás ambos." – Habló Kuroko. – "Pero me pareció oírte decir que te gusto, Alexandra."

– "Sólo dije que la elegía usted de todas las opciones disponibles, Jerarca." – Se apresuró a esclarecer Dyne, roja como tomate. – "Y no respire tan cerca de mí."

– "¿Por qué?"

– "Le huele la boca."

– "No, ¿por qué me elegiste a mí? ¿Qué tengo que pueda interesarte?"

– "Poder." – Replicó mi hermana. – "No sólo en cuestión de jerarquía, sino en su persona. A pesar de estar rodeada de seres que fácilmente podrían someterla, usted emana esa aura tan regia que infunde respeto y obediencia, incluso cuando actúa de manera poco ortodoxa; y siempre encuentra manera de que algo funcione, por más arriesgado o impráctico que pudiera parecer. Influye, consciente o inconscientemente, en las personas a que su visión, aunque no sea la más correcta, se vuelva la más viable."

– "¿Realmente piensas eso de mí?"

– "Una leona no necesita rugir para que los demás sepan que deben respetarle." – Aseguró la mediterránea. – "No lo digo como su subordinada, sino como una simple persona admira esa fortaleza. Sabe quién soy, y también sabe que no obedecería a sus demandas si no creyera lo que le digo ahora, Jerarca."

– "¿Me admiras?"

– "Es el mejor ejemplo que tengo hasta ahora."

– "Además de mi personalidad, ¿qué otra cosa te atrae de mí?"

– "Uhm… ¿Los lentes oscuros le quedan bien?"

– "No, no, no." – La agente negó con el dedo. – "Hablo de mi físico. ¿Algo que te guste?"

– "Por favor, Jerarca…"

– "Es una orden, cabo. ¿O acaso insinúas que soy fea?"

– "Tampoco. Es sólo que…" – La nativa de Milán tragó saliva. – "Sus piernas, me gustan sus piernas."

– "Ah, eres una empusa culta. Sí, confieso que fui bendecida con hermosos muslos." – Smith sonrió jactanciosamente. – "¿Entonces e atraen las piernudas, Alexandra?"

– "Los traseros, m-me encantan los posteriores." – Contestó mi hermana, nerviosa por la mirada avasalladora de su jefa. – "Piernas atractivas suelen significar glúteos atractivos."

– "Realmente eres la hermana de Jaëgersturm." – Rió.

Kuroko, con una tétrica expresión que anteriormente asociáramos únicamente con Doppel, colocó su dedo índice encima del centro del pecho de la azorada mantis, el esternón. El corazón de mi consanguínea podía oírse hasta Italia.

– "¿Qué más, Alexandra?" – Prosiguió cuestionando la agente, moviendo su dedo. – "¿Qué otra cosa hallas fascinante de esta vieja coordinadora?"

– "Diablos, Jerarca…" – Nikos intentaba soportar la presión del asedio.

– "No lo repetiré~"

– "Mierda…" – Mi hermana exhaló. – "De acuerdo: me gusta que no se depile. E-encuentro las entrepiernas al natural más atractivas que las rasuradas."

– "Bueno, eso sí que no lo esperaba." – Smith hizo ademán de acomodarse los lentes, pero no los tenía puestos. – "¿Eso es todo?"

– "Sí, no tengo más." – La mantis exhaló. – "¿Por qué insiste en esto, Jerarca?"

– "Porque una líder debe conocer bien a sus tropas, especialmente en detalles tan íntimos. Y honestamente, me divierte verlas tan nerviosas como gatitas asustadizas." – Kuroko rió, incorporándose. – "Aunque, como Zoe ha dicho, esas confesiones son las más sinceras y las más reveladoras. Espero también hayan aprendido algo más sobre ustedes mismas."

– "Aparte de saber que mi consanguínea comparte el mismo fetiche (y otros) que yo, ignoro que más podríamos hallar, Hauptmann." – Comenté, recuperándome del shock.

– "Nos encuentran atractivas porque representamos lo que desean ser." – Arguyó la capitana. – "Zombina es la fastuosa líder osada, valiente y, sobre todo, libre, en la que anhelas convertirte, Jaëgersturm. Lala admira a Tionishia porque, ahora que ha abandonado el estoicismo para exponer su corazón, puede ser tan cariñosa y dulce como desee, igual que la ogresa."

– "Concedo que enarbola el estandarte de la razón en su deducción, agente." – Confirmó la dullahan.

– "Gura míle, segadora." – Agradeció Smith. – "Doppel es la versatilidad y la experiencia que Cetania busca tanto para su profesión, como para su vida. No es fácil ser la más joven del grupo, así que la capacidad de adaptarse a cualquier situación y la seguridad que brinda el conocimiento son sus virtudes más valiosas."

– "Tremenda puntería, Chief." – Suspiró la rapaz. – "Justo en el blanco."

– "Y en cuanto a Nikos, ella misma lo ha expuesto: poder y respeto, especialmente el propio." – Proclamó Kuroko. La mediterránea asintió. – "Por supuesto, no hay que negar sus preferencias personales, pero los aspectos psicológicos juegan un papel importante en determinar la razón de sus elecciones. Aún tienen mucho que aprender, y entenderse a sí mismas es la primera lección. ¿Entendido?"

– "Sí, Señora." – Contestamos las cuatro.

– "Buenas alumnas." – Abrió otra botella. Entonces nos guiñó. – "Oh, y descuiden, que sus secretos están a salvo con nosotras. Tampoco es que a alguien más le interesen los elogios hacia nosotras."

– "¿Y usted, Hauptmann?" – Le pregunté. – "¿Qué piensa de nosotras?"

– "¿Sinceramente?" – Kuroko nos miró detenidamente, asintiendo silentemente, como si aprobara lo que veía. – "Voy a beber hasta olvidar que ustedes siguen aquí, especialmente este pimiento italiano con fetiche por la sodomía y el vello púbico. Simijo…"

Mi hermana estaba demasiado ocupada reclamando su propia botella de sake como para protestar. Sí, la peculiar manera de Smith de ilustrarnos era reprobablemente poco ortodoxa y hasta legalmente cuestionable pero, igual que en sus métodos de adiestramiento policiaco, ella ofrecía resultados contundentes. Tal vez hayamos expuesto demasiado nuestros interiores, mostrado un lado vulnerable, pero que igualmente necesitábamos externarnos a nosotras mismas. Esa era el verdadero fin, darnos cuenta que seguimos siendo bastante parecidas en el fondo, que todas tenemos deseos y anhelos similares; la pequeñez del mundo.

– "Ah, qué decepción. Además de Potato, no tengo más admiradoras." – Dijo Zombina, deglutiendo el resto de su plato. – "Hey, ya para finalizar de una vez este tema y olvidarme de mi decreciente popularidad, ¿cuál de las chicas de la base les atrae? ¿Kanna? ¿Chiasa, la recepcionista? No me salgan con Redguard."

– "Mei." – Replicó de inmediato Alexandra, sirviéndose un vaso de sake.

– "Mei." – Respondí.

– "Sin duda, Mei." – Contestó la rapaz

– "Ídem." – Enunció la dullahan.

– "Ya somos cinco entonces." – Declaró Bina, dando un enorme trago a la botella. – "Ahh, debimos invitar a la gecko; hubiera sido interesante ver su reacción."

– "Olvídalo, nalgas carcomidas; la poiquiloterma es demasiado inocente para que la envicien." – Injirió Doppel. – "Y suficiente tenemos con éstas cuatro como para agregar una adoradora de Safo más."

– "¿No deberías ser tú la más interesada en corromper mortales, enana?"

– "Mi ocupación es esparcir caos; someter es trabajo de los Dioses Exteriores." – Aclaró la cambiaformas. – "Pero tú y tus amiguitas son una desordenada vorágine que confunden al Abismo mismo."

– "Ahí va esa duda de nuevo." – Habló Cetania.

– "¿Qué pasa, Süsse?" – Cuestioné.

– "Nada, es sólo que Lala y Doppel se refieren a ellas mismas como Abismales, pero he escuchado a la gente decirles también Abisales." – Respondió ella, tomando carne en sus palillos. – "Sé que debería tomar la palabra de ellas mismas, pero sigo con esa cuestión."

– "Depende de la variación etimológica que prefieras usar." – Enunció la irlandesa. – "Nuestro nombre nativo es Shogg, pero los mortales nos bautizaron con sus propias lenguas, siendo el vocablo sumerio Abzu, el oscuro océano primordial de su religión, el más extendido. Posteriormente los griegos usarían Ávyssos, y al ser conquistados por Roma, mutaría al latín Abyssus."

– "Los egipcios nos llamaban Seba-hai-kekewey; la oscuridad que descendió de las estrellas, haciendo alusión a nuestro origen." – Añadió la doppelgänger. – "Los antiguos celtas irlandeses nos bautizaron como Sidorcha, un acrónimo de síol ón dorchadas; semillas de la oscuridad."

– "Pero la expansión del Imperio Romano y el cristianismo logró que Abyssus se volviera el término de-facto en sus territorios anexados." – Continuó la dullahan. – "La Era del Descubrimiento en Europa esparció el nombre por el resto del globo, culminando en la variación actual."

– "Empero, Abisal también hace referencia a la zona homónima del océano, y puede ser fácilmente confundido con el término para los Profundos, seres acuáticos que rinden culto a los Primigenios." – Elucidó Doppel. – "Ergo, preferimos Abismal, que simboliza el horror y repulsión innata que debemos transmitir a los mortales."

– "Bueno, una duda menos en la lista. Gracias, chicas." – Expresó la falconiforme.

¿Quién necesita enciclopedias etimológicas cuando se cuentan con tesauros vivientes como la doppelgänger y la irlandesa? Acaricié la cabeza de la nativa del Éire, ganándome unas caricias en mi barbilla de su parte.

– "Ahh, ya no puedo más." – Declaró Tionishia, sosteniendo su estómago. – "Tengo la pancita a reventar. Ya no necesitaré siquiera cenar."

– "No me cabe ni un solo bocado." – Aseguró Manako, haciendo a un lado su plato. – "Estuvo realmente espléndido, ¿no lo creen?"

– "Concuerdo, fue un exuberante desfile de exquisitas viandas." – Opinó Lala. – "Me he propuesto a igualar la maestría para crear tan loables vituallas; mi orgullo Abismal lo exige."

– "¿Dispuesta en dejar en bancarrota al American Food, azulosa? Pobre de tu casero." – Bromeó Cetania. – "Bien, ¿qué haremos ahora, Chief?"

– "No hay nada más difícil que vivir sin tíii~" – La capitana estaba perdida en su desafinado trinar.

– "Erm, ¿tenemos qué preocuparnos por eso?" – Pregunté.

– "No hasta que llegue a 'Rata de dos Patas'." – Contestó Zoe.

– "¿Por qué canta en español?" – Cuestionó Alexandra.

– "Titania las reproducía en su celular todo el tiempo cuando fraguaban los planes de adiestramiento, y se le pegó el gusto." – La pelirroja miró a su compañera cambiaformas. – "Y hablando de teléfonos, aún no me devuelves el mío, tramposa."

– "Acepta la derrota, dientes mohosos." – Replicó Doppel.

– "¿Qué sucedió, Bina?" – Indagó la halcón.

– "Esta negra flotante y yo apostamos a que podíamos engañar a la bruja de Emily, cambiando sus pastillas por laxantes." – Relató la teniente. – "Pero la maldita de Wilde se dio cuenta antes de tragarse la primera píldora."

– "¿Te fallan esos ojos disparejos? Te advertí que no usaras un frasco transparente." – Le reprendió la Abismal. – "Hasta un ciego se daría cuenta del engaño."

– "Lo hicimos a oscuras, a mitad de la noche, ¿acaso también tengo visión nocturna?"

– "Eres una idiota."

– "Y tú una enana escapada de un museo." – La heterocromática le sacó la lengua. – "Como sea, Emily encontró el fraude, y como no soy precisamente una blanca palomita, me acusó como niña chiquita con la Capi, quien estaba en su periodo. Naturalmente, se hallaba más irritable que de costumbre y me castigó."

– "Te hubiera obligado a lavar los baños con un cepillito, pero yo intervine en tu ayuda."

– "Sí, haciéndote la inocente para escapar del escarmiento." – Aseveró la muerta viviente. – "En fin, este vejestorio convenció a la Capi de únicamente decomisarme el celular y darle una limpiada al arsenal de la armería. ¡Y si mal no recuerdo, ya pasaron tres días sin que me lo devuelvas, egoísta!"

Mientras la revivida y la Abismal armaban una reyerta verbal por el aparato telefónico, los cronones se congelaron alrededor de mi persona al darme cuenta de lo que aquello significaba. La autora de aquellas comprometedoras fotografías que me hicieran dormir a la intemperie, con un par de chichones en el cráneo, no era otra sino la que una vez fuera la herramienta principal de los antiguos faraones para cimentar su poder. Por un lado, significaba que Zoe no tenía idea de mi pequeña travesura; y por el otro, que la doppelgänger tiene más armas para joderme, y yo se las di voluntariamente. Las dos ya habían cesado su discusión cuando Yuzu, la amable kitsune rubia, hizo acto de aparición.

– "A nombre de nuestra patrona y todo el staff de trabajadoras, les agradecemos profundamente que continúen disfrutando de nuestras instalaciones." – Proclamó la joven, realizando una reverencia. – "Para asegurarnos de que su satisfacción sea más que absoluta, nos hemos asegurado de ofrecerles acceso exclusivo a uno de nuestros mejores servicios."

– "Después de tremendo banquete, ignoro qué pueda ser mejor." – Declaró Zombina.

– "Un par de aspirinas, para empezar." – Injirió Smith, acercándose mientras se tallaba la sien. – "Y agua mineral, por favor."

– "Yo se la traigo, Jefita." – Se ofreció la ogresa.

– "Gracias, Tio. Y un café de lata, si no es molestia." – Agradeció la capitana, y volteó hacia la kitsune. – "¿Cuál es ese servicio del que hablaban?"

– "Bueno, es uno que oficialmente estábamos reservando para la inauguración, pero creímos que era la mejor manera de compensar tan embarazoso descuido con el suministro eléctrico." – Explicó Yuzu. – "Por suerte logramos que las empleadas especializadas pudieran asistir el día de hoy. Si son tan amables de seguirme, les mostraré el camino."

Entre lo críptico de sus palabras y el exceso de reverencias, fuimos detrás de la zorrita, ascendiendo nuevamente al tercer piso. Ahí, entre todas las habitaciones que aún no poseían función y nuestras caninas guías omitieron durante el tour de introducción, residía un enorme cuarto sin anuncio alguno. Sin decir nada, Yuzu movió una de las puertas corredizas, revelando el espacioso interior decorado de esotérica manera, con varitas de incienso saturando el aire con su aromática esencia, y una tenue melodía que invitaba a desprenderse de las preocupaciones. Y en medio, una gran cantidad de camas individuales de diversos tamaños y formas, diseñadas para todo tipo de físico.

Dando un par de palmadas, la kitsune dio la pauta para que se presentaran un singular grupo de bellas féminas de acentuada tez dérmica, vistiendo ropas un poco más reveladoras que los kimonos y yukatas habituales. Ofreciéndonos una reverencia, ellas se movían grácilmente por el lugar, a pesar de que carecían de miembros inferiores bípedos; después de todo, eran sirenas anguila. Los aceites, lociones y demás productos asociados que cargaban en sus manos confirmaban el lugar en donde nos encontrábamos:

Una sala de masajes.

– "Por favor, disfruten de nuestro exclusivo servicio terapéutico con las mejores masajistas en toda la prefectura." – Yuzu inclinó de nuevo su cuerpo. – "Nuestras masseuses son profesionales con años de experiencia, y asegurarán que su estancia sea la más placentera que puedan experimentar. Siéntanse libres de solicitarlo cuantas veces deseen, pero les aseguro que sólo necesitarán de una sesión para darse por satisfechas."

– "¿Significará que incluyen final feliz?" – Le susurré la emplumada.

– "No seas cochina, flaca." – Me bisbiseó. – "Pero espero que sí."

– "Nuestra familia conoció las habilidades de las anguílidas cuando visitaron la playa cercana al hotel de la familia Lorelei." – Mencionó la segadora, también en voz baja. – "Sin embargo, no fui espectadora. Me quedé en casa hasta que visité a nuestro casero en el hospital, después el incidente con la monarca del Reino Neptune."

– "¿Cuál fue el consenso de la experiencia, Spatzi?" – Pregunté.

– "Si las palabras de Cerea y Miia son de fiar, diría que fue…" – La peliblanca se ruborizó ligeramente. – "Íntimamente intenso."

– "La respuesta es sí, entonces." – Opinó la castaña.

– "Empero, me temo que debido al número de su grupo, únicamente hay espacio para tres integrantes por sesión." – Yuzu hizo otra reverencia. – "Lamentamos nuestro reducido personal, pero el resto no se presentará sino hasta pasado mañana, cuando inauguremos oficialmente nuestra posada al público."

– "Tantas reverencias te lastimarán la espalda, zorrita." – Le contestó Kuroko, recibiendo sus aspirinas y café. – "Gracias, Tio. Te agradecemos las atenciones, Yuzu, y descuida, que ninguna lleva prisa."

– "Está bien." – Asintió la kitsune. – "Las dejo entonces en manos de nuestras masajistas. Cuando regresen a sus habitaciones, las encontrarán perfectamente acomodadas para disfrutar placenteramente el resto de la noche. Gracias por su preferencia."

– "Vale." – Le sonrió la capitana. Tomando las píldoras, volteó a vernos. – "De acuerdo, los Diamantes van primero: Manako, Tio, Doppel, adelante. Yo me uniré en la segunda ronda, después de tomar una siesta."

Las tres aludidas se comenzaron a quitar las yukatas y nosotras nos retiramos al salón de juegos a esperar nuestro turno. Cada sesión duraba aproximadamente una hora, así que había tiempo de sobra para disfrutar las amenidades. Confiando en que la energía no volvería a ausentarse sorpresivamente, regresé a la cabina de videojuegos, aunque no estaría acompañada de mis novias, ya que se hallaban tan llenas que optaron por leer tranquilamente junto a mi hermana mientras digerían la comilona. Por suerte, eso significó que Bina sería mi aliada en la electrónica aventura de darnos unos buenos porrazos en Cadillacs and Dinosaurs.

– "Y por fin, ¿quién ganó la apuesta entre tú y Ale?" – Interrogué a mi pelirroja compañera mientras golpeaba a un velocirraptor.

– "Empate, hasta que se fue la luz." – Contestó, dándole una paliza al jefe del nivel. – "La niña es hábil, sabe medir su fuerza para asegurar el tiro perfecto, pero yo vengo perfeccionando el billarístico arte desde hace décadas."

– "¿Décadas?" – Cuestioné, sin despegar la vista de la pantalla. – "Vamos, Zoe, no te ves tan vieja."

– "Te sorprenderías. ¿Qué edad crees que tengo, Potato?"

– "¿Veintitrés? ¿Veinticuatro? Es difícil saberlo con los cambios de piel."

– "Tengo solamente veintiún años… desde que reviví." – Aseveró. – "También es la misma edad a la que perecí. Haz las cuentas."

– "Tramposa, sabes que no puedo hacer cálculo avanzado y darle trompadas al adversario al mismo tiempo." – Torcí la boca. – "Veamos, si tengo dos manzanas y me robo cuatro… ¡Santa Arachne, ¿tienes cuarenta y dos?!"

– "¡Ouch! Tampoco estoy tan vieja como para que me grites, ¿sí?" – La heterocromática sacudió su cabeza. – "¿De qué te sorprendes? ¿Tienes a una Abismal más antigua que la pirámide de Guiza y te espanta que yo tenga unas decenas extra?"

– "Bueno, es que, tú sabes, no puedo creer que nacieras antes que mi propia madre." – Respondí, anonadada. – "Es decir, pensé tu resurrección era mucho más reciente, quizás tres o cuatro años."

– "Nope, dos décadas como criatura salida de película de terror." – Rió tenuemente. – "Ya bailaba el paso del zombie antes que Michael Jackson inventara Thriller."

– "Meine Göttin; sigo sin creérmelo." – Exhalé. – "Y, ¿cómo era haber nacido en plena Guerra Fría?"

– "Ugh, hasta que fui adolescente, todas las noches me iba a la cama pensando si me despertaría el reloj o un misil soviético." – Gruñó. – "Vietnam; Watergate; la crisis del petróleo del '73; el maldito Atari 2600 que nunca me trajo ese barrigón barbudo… pero todos parecen recordar únicamente a Travolta moviendo el trasero al ritmo de los Bee Gees. Y no hablemos de la moda."

– "¿Llevabas un afro o algo así?"

– "Nah, pero era horrible." – Encogió los hombros. – "Lo único que aún me agrada son los pantalones acampanados, como los que llevaba Pepper en la fiesta. Quizás algún día me los ponga de nuevo."

– "¿Qué tal en nuestra cita?" – Le recordé. – "Subí de rango, como ordenaste."

– "No es mala idea, tal vez te complazca." – Me guiño. – "Pero, ¿qué hay de tus domadoras? No quiero tener que llevar un revólver para aplacarles los celos."

– "Sólo saldremos, Zoe, no es que vaya a pedirte matrimonio." – Argumenté. Sonreí, entonces. – "Aún no ahorro para el anillo."

– "Mereces todos y cada uno de esos coscorrones que te dan." – Rió, disintiendo con la cabeza. – "¿Te cuento un secreto? La chica con quien compartí mi primer beso me recuerda mucho a ti."

– "Es el destino, teniente."

– "En tus sueños." – Me dio un golpecito en el brazo. – "Pero sí, era tan bruta como tú, actuando antes de usar ese cuajo amorfo al que llamaba cerebro. No era tan sáfica, claro, pero de conocerse, estarían jugando a las espeleólogas en la primera cita."

– "No lo dude." – Le hice ademán de que se acercara. – "¿Sabes? No estás tan lejos de tu suposición; Lala y yo perdimos nuestra virginidad cuando me le declaré."

– "Viene de familia, hija del donjuán Jäger." – Bromeó. – "Pero me alegro por ti, araña; debemos disfrutar de la vida lo más que podamos, a menos que desees pasar el resto de tus días como este cadáver andante."

– "Danke, Zoe, lo haré." – Le sonreí.

– "De hecho, deberías ir con tus novias ahora." – Aconsejó. – "Entiendo que se den su espacio para disfrutar sus gustos personales, pero en estos momentos todo se trata de compartir. No hallarás mejor oportunidad para hacer avanzar tu polígamo plan que en este paraíso. Así que simplemente pasen más tiempo juntas, gocen su juventud, diviértanse; y la coligación se convertirá en simbiosis más pronto de lo que imaginas."

– "¿De verdad lo crees?"

– "Más sabe la zombie por vieja que por muerta." – Guiñó. – "Actúa rápido, alemana, como la Blitzkrieg."

Empujándome hacia la dirección donde se encontraban las demás, la teniente me ofreció un pulgar arriba, animándome silentemente a que compartiera el resto del día con las mujeres que amaba. Emulando su gesto, agradeciéndole afásicamente la sugerencia. La segadora y la halcón, concentradas en su lectura, sonrieron al verme asentar mi cuerpo en medio de las dos, coligándonos, como dijera la pelirroja, con una trivial pero placentera charla. Incluso mi hermana acabó uniéndose, aunque su discurso comprendiera mayormente en recordarme lo mucho que me odia. Yo también la quiero.

– "Ahh, que ni los baños reales de Cleo se comparaban con esto." – Exclamó Doppel, regresando de su sesión. – "¿Por qué diablos no reclutamos anguilas en lugar de estas tres flojonazas?"

– "La vida es hermosa." – Declaró Tionishia, con una expresión que denotaba su satisfacción. – "Soy una bolita de felicidad. ¿Qué hay de ti, Manacchi?"

– "Algo invasivo, pero muy efectivo. Estoy rejuvenecida." – Proclamó la cíclope, ajustando su yukata algo sonrojada. – "Llamemos a la jefa."

Cuando Smith se reunió con nosotras, la decisión de quién las acompañaría a ella y Zombina se resolvió por el giro de la botella de sake que la capitana aún tenía en su posesión. El verde envase vacío eligió a mi consanguínea como la triunfadora, resultado que me alegró porque significó más tiempo con mi dúo plumitas-guadaña. Incluso pudimos por fin cumplir lo de jugar aquel título de aeroplanos. Pasada una hora, el trío regresó con nosotras, y por lo que exhibían sus semblantes, la pasaron de maravilla.

– "¿Saben? Si nos aumentan el presupuesto, no sería mala idea agregar un salón de masajes en los cuarteles." – Comentó Kuroko, bastante relajada. – "Reduciría la eficiencia laboral a la mitad, pero también los niveles de estrés."

– "Me siento joven de nuevo." – Declaró la occisa, estirándose. – "Sólo me falta la música ochentera y el temor a la guerra nuclear para revivir mis días mozos."

Pero mientras capitana y teniente habían alcanzado el nirvana, Nikos parecía que había atestiguado la destrucción de Pompeya.

– "Ale, ¿qué te pasó? ¿Por qué tienes el ojo como plato?" – Le interrogué. – "¿Acabas de asaltar Omaha Beach o algo así?"

– "Aria…" – Me susurró, sin parpadear. – "Me alegro… me alegro de ser lesbiana."

– "¿Eh? ¿Por qué?"

– "Tres anguilas, tres anguilas para cada una…" – Musitó. – "Seis manos, tres colas, treinta dedos; todos masajeándote, recorriéndote, lubricándote… complaciéndote…"

– "Santa Araña, ¿qué estás diciendo, hermana?"

– "Aria…" – Me miró. – "Creo… creo que ya no soy virgen…"

– "¡¿Qué qué?!"

– "Necesito un tiempo a solas..."

Siendo más zombie que la propia Bina, la mantis se dirigió hacia la habitación que compartía con la pelirroja, tambaleándose en el camino como cadáver viviente. Mientras tanto, mis puños comenzaron a temblar y el fuego en mi interior alcanzó niveles tan elevados que mis seis ojos carmesí se iluminaron con las flamas de la decisión. Estiré mi cuello, haciendo tronar los huesos de éste, al igual que mis nudillos. Flexionando mis músculos, preparándolos para la pronta acción, me encontraba lista. Tratando de calmar mi hiperventilación, volteé a ver a mis amadas.

– "Quédense aquí, lindas, y espérenme." – Les advertí, mirando hacia la condenada sala de masajes. – "Debo arreglar unas cuantas cuentas primero."

– "¿Eh? ¿Por qué?" – Preguntó la falconiforme. – "¿Sucedió algo, flaca?"

– "Sí." – Entrecerré mis ojos. – "Metieron sus manos donde no debían."

– "Piensa antes de actuar, A chuisle." – Sugirió la dullahan.

– "Descuida, Spatzi." – Coloqué mi mano en su hombro. – "Las arachnes nunca mueren."

Dándole un beso a cada una, me di un golpe en el pecho con el puño, y cargué hacia la batalla, con la yukata ondeando como la capa de un daimio preparándose para asaltar un castillo feudal. Y al igual que un ominoso comandante de las aguerridas huestes, mi mente estaba enfocada en hacerles ver de qué estaba hecha esta araña. Las puertas corredizas se abrieron dramáticamente, captando la atención de todas las presentes, que permanecieron afásicas al contemplar las llamas en mis rojos globos oculares. Era una reacción natural que lúbricas y amorales criaturas perdieran el aliento cuando se encontraran con una digna representante de la justicia; una dispuesta a darles su merecido por haberse sobrepasado con su consanguínea.

– "¿Quién está a cargo en este lascivo lugar?" – Cuestioné, seriamente.

– "¿Algún problema, señorita?" - Respondió la sirénica anguila de aspecto más maduro.

– "Muchos." – Afirmé, acercándome a ella. Ahí, me retiré la yukata. – "¡No se vale, yo también quiero!"

Oh, vamos, no digan que no se lo esperaban.

– "Entiendo perfectamente, señorita." – Sonrió la sirena. – "¿Desea algún tipo de masaje en especial?"

– "¡El que tenga el final más feliz!" – Repliqué, conteniendo escuetamente mi entusiasmo. – "¡E-es decir, el más completo!"

– "Por supuesto, recuéstese por aquí, si no es molestia." – Me señaló una enorme cama. – "Sin embargo, me temo que ya es nuestra hora de descanso, así que no podremos atenderla. Descuide, que la dejaremos en manos de nuestra maestra misma, la autoproclamada diosa del masaje estimulante de Flakstad. Es Noruega, pero habla excelente japonés."

– "¿Eh?"

– "Gracias por su preferencia." – Se despidió la sirena, junto a sus compañeras. – "Bjørg-sensei, alguien solicita sus servicios."

Antes que procesara lo declarado, el acuático grupo desapareció tras la salida trasera. Al mismo tiempo, la mencionada veterana hacía acto de aparición. A diferencia de sus subordinadas de tez morena, la (sumamente voluptuosa) noruega ostentaba una dermis bastante blanca, incluso más que la mía, como cualquier habitante de las nórdicas tierras. También era mucho más grande que yo, denotando que con ella bastaba para atender a una colosal arachne zanquilarga. Sin embargo, lo que más resaltaba de ella era el cefalópodo cuerpo debajo de su torso humanoide, compuesto por diez gigantescos tentáculos de rojo color, como su cabello. Por supuesto, de todas las criaturas posibles, tuvo que tocarme la protagonista de las más terroríficas leyendas marítimas vikingas.

Una kraken.

– "God kveld, Frøken." – Saludó la noruega, moviendo sus escalofriantes tentáculos. – "Soy Bjørg, y será un gusto aplicar mis terapéuticos métodos con usted. Por favor, recuéstese."

– "¿S-s-sabe qué? Ya me siento mucho mejor." – Comencé a alejarme lentamente. – "¡Lamento haberla molestado! ¡Nos vem-¡Waah!"

– "Oh, vamos, no sea tímida. Recuéstese; insisto." – La enorme calamar usó sus poderosas extremidades para colocarme en la cama. – "Comenzaremos con la espalda, y posteriormente iremos descendiendo para una más profunda búsqueda de satisfacción."

– "¡No se preocupe, que no me hace falt-Guh!"

– "Tranquila, respire profundo y póngase flojita." – Ordenó la pelirroja, silenciándome con un tentáculo en la boca. – "Intentaré ser gentil…"

He visto suficiente material de obscena índole para saber cómo terminará esto…

[…]

– "Ahh…" – Suspiró Cetania. – "Tenías razón, flaquita, esto es como alcanzar el Valhalla."

– "Nunca miento, Süsse." – Asentí. – "¿Qué tal tú, Spatzi?"

– "Tan apoteósica experiencia a base de denodadas frotaciones es un concepto del cual me alegro estar disfrutando a tu lado en estos momentos, A chuisle." – Respondió la nativa del Éire. – "Le congratulo la destreza en ejecutar su oficio, señorita Bjørg."

– "Tusen Takk, Frøken Lala, sólo aplico las técnicas que mi familia ha utilizado desde tiempos inmemoriales." – Nos sonrió la kraken, masajeándonos a las tres con sus hábiles tentáculos. – "Tanto en Noruega como en Japón, siguen siendo las más efectivas, si me permiten el petulante despliegue de ínfulas."

– "Está bien, en su caso es bastante justificable." – Suspiré, gozando del trato. – "¿Y bien, lindas, qué quieren hacer después?"

– "Ya hicimos mucho, flaca; relajándonos, pero mucho en fin." – Replicó la arpía. – "Sólo deseo darme un baño y retirarme a mi cuarto."

– "Apoyo la noción, A chuisle." – Se sumó la Abismal. – "El ocio se disfruta más en inactividad."

– "Bueno, igual es tarde y, después del banquete, descansar pacíficamente suena a la mejor opción." – Acoté. – "Ahh, la vida es hermosa, mis amadas, pero no tanto como ustedes."

– "No seas cursi, flaca, que estamos en público." – Dijo la castaña.

– "Descuiden, que mi esposo se porta igual de meloso conmigo." – Respondió la mujer calamar. – "Ciento cincuenta años mayor que él y me sigue mimando como cuando nos conocimos. Qué lindo es el amor."

Y si la edad de la nórdica es evidencia, también longevo. Entre cambiaformas egipcias, muertas vivientes americanas y calamares noruegos, me sentía aún más joven, tanto en el buen sentido como en el aspecto de la inexperiencia. La vida siempre se encarga de remembrarme el que sólo he existido por una ínfima fracción de tiempo, y que debería sentirme más que afortunada por lo que he logrado en tan comprimido lapso temporal. Y lo estaba.

Una vez terminada la sesión y habiéndonos despedido de la kraken, nos dirigimos, bastante extasiadas por deífico masaje, hacia las aguas termales para una última zambullida. Rodeé a mis amadas con ambos brazos y las atraje hacia mí, recorriendo en armonía los hermosos pasillos. Smith, el resto de MON y mi hermana ya se habían adelantado y, con la excepción de Dyne, estaban en proceso de retirarse a sus cuartos cuando arribamos.

– "Bien, chicas, fue un día bastante agitado para tratarse de un retiro, pero supongo es inevitable cuando se trata de ustedes." – Dijo Kuroko, ataviándose con su yukata. – "Nosotras nos vamos a dormir ya, que mañana volvemos al tajo. Ustedes no se preocupen por tal cosa, recuerden que son libres hasta año nuevo."

– "Debería darse más tiempo libre, Hauptmann, aunque entiendo las responsabilidades que cargan." – Comenté. – "Gute Nacht, compañeras, que descansen. Y Hauptmann, gracias por invitarnos; nos la pasamos genial."

– "La noche aún es joven, Jaëgersturm." – Me guiñó la agente. Entonces, me ofreció la mano. – "Buenas noches, nos vemos en la mañana."

– "Danke schön." – La estreché. – "Que sueñe con las arañitas, capitana."

– "Y también los pajaritos." – La halcón ofreció su ala.

– "Invasión zoológica en los reinos de Morfeo, qué entretenido." – Bromeó la coordinadora. Le ofreció la mano a la italiana e irlandesa. – "Ustedes también descansen. Alexandra, no caigas en la trampa de Bina; ese masaje no puede resultar en nada bueno."

– "¡Hey!" – Protestó la zombie.

– "Buonanotte, Jerarca." – Se despidió la milanesa. – "Agradezco el considerarnos."

– "Oíche mhaith, agente." – Fue el turno de Lala. – "Comparto la opinión de mis amigas en congratularle el hacernos parte de esta experiencia."

– "Y se nota que están agradecidas; nos estamos dando la manos únicamente para desearnos buenas noches. Qué dramáticas." – Remarcó Smith. – "De acuerdo, nos vamos ya. Traten de no hacer ruido, que el alcohol seguramente me dará jaqueca en la mañana, ¿vale?"

– "Descuide, Hauptmann, que para eso traje mordazas." – Sentí un piquete doble en mis costados. – "¡Auch! Sólo bromeaba, lindas."

– "Denle otro, para que le quede claro."

– "¡Ay!"

– "Gracias." – La capitana se dirigió a la salida, pero se detuvo a último momento. – "¿Amatistas?"

– "Diga, Hauptmann."

– "Si lo desean, conozco a un par de psicólogas que podrían auxiliarlas con lo de la dragona."

– "Oh…" – Miré a mis compañeras por unos segundos. – "Lo pensaremos, capitana. Gracias por la molestia."

– "Gracias a ustedes por su trabajo." – Nos sonrió, realizando un saludo marcial, igual que las demás. – "Honorem et Gloriam, Amatistas."

– "Honorem et Gloriam." – Le replicamos al unísono.

Las veteranas salieron de escena y nosotras resumimos nuestro baño. Combatir las pesadillas antes de que estas se manifiesten era una buena idea, y lo más seguro es que pronto nos viéramos nuevamente recostadas en el sillón, contándole nuestros temores a una profesional de la mente humana/liminal. Pero, en ese momento, no deseábamos pensar en ello y arruinar el buen humor, únicamente queríamos seguir relajándonos bajo ese poético paisaje, con el caliginoso manto de las aguas termales y los astros sobre nosotras.

– "Un millón de estrellas."

– "¿Qué dijiste, flaca?" – Preguntó la halcón.

– "Nos rodean un millón de estrellas en este momento." – Respondí, apuntando al cielo. – "Su cegador fulgor tarda miles, millones de años en alcanzarnos, por lo que cada vez que alzamos la vista, estamos admirando el pasado del universo, y de nosotras mismas; como ahora."

– "Tu lírica expresión denota tu felicidad, A chuisle." – Opinó la irlandesa, sonriendo. – "¿Puedes explicar las intrincaciones de tu metáfora?"

– "Cuando salí de Sparassus, fue en una noche como esta, con el mismo panorama astronómico que disfrutamos ahora." – Relaté. – "Mientras el barco se mecía sobre las vivas olas, me preguntaba si al llegar a mi destino hallaría lo que más necesitaba en la vida: una familia que me apoyara, una persona que me guiara, y una que me amara."

– "Podría decirse lo mismo de todas nosotras." – Comentó Alexandra, mirando también al cielo. – "Lo único en que yo pensaba cuando admiraba el firmamento, era en obtener la libertad de conducir mi vida por donde deseara, sin grilletes que me ataran a un camino que no deseara recorrer."

– "Yo tenía a las estrellas y la aurora boreal, pensando exactamente en lo mismo." – Agregó la castaña. – "Ahora tengo a Yuuko, a mi trabajo, y a ustedes."

– "Somos cuatro, entonces. Siempre recordaré las noches en Wicklow." – Añadió la Abismal. – "El futuro que anhelábamos se convirtió en presente, y ahora miramos hacia el pasado, lleno de los mismos puntos brillantes que alguna vez consideráramos imposibles de alcanzar."

– "Ese millón de estrellas somos nosotras." – Declaré, sonriendo. – "Y seguiremos brillando por siempre."

– "Realmente cursi." – Dijo Cetania, disintiendo con la cabeza mientras reía. – "Aunque bastante cierto."

– "Ilumíneme de cerca, lindas." – Sugerí, atrayéndolas a mí. – "Formemos nuestra propia galaxia de amor."

– "Científicamente cursi." – Rió Lala, abrazándome. – "Pero acepto, seremos tus eternas supernovas, A chuisle."

– "Brindaremos energía y calor a tu cuásar, flaquita." – Rodeándome también con sus alas. – "Resplandeceremos como mil sistemas solares."

– "¿Juntas?" – Cuestioné.

Ellas respondieron dándome un beso al mismo tiempo, uno en cada mejilla.

– "Las estrellas están alejadas a muchos años luz, A chuisle." – Dijo la dullahan, acariciando mi barbilla.

– "Y éstas necesitan descansar." – Adicionó la rapaz, haciendo lo mismo con mi estómago. Miró a Nikos. – "Good night, Pepper. See ya tomorrow."

– "Oíche mhaith, Dyne." – Se despidió la peliblanca.

– "Buonanotte, chicas." – Replicó mi consanguínea. – "Hasta mañana."

Ambas se levantaron y salieron del agua. Sin preocuparse por tomar toallas para cubrirse, las dos se alejaron en dirección a la cabina de baño, para asearse. Mientras se alejaban, sus hermosos traseros se contoneaban a cada paso, hipnotizándome hasta que la puerta corrediza quitó tan apoteósica vista de mis seis ojos.

– "Ignoro cómo le haces, patata torpe, pero esas mujeres están locas por ti." – Comentó Dyne, acomodándose en su lugar. – "Aunque ignoro cómo es que, a pesar de ser tan grande, sigues metiendo las ocho patas con esa lengua tan insolente que te cargas."

– "No negaré que soy bruta como roca, Ale, te comprendo." – Le contesté, acomodándome también – "Pero por eso las amo; paciencia para soportarme no la encontraré en ningún otro lado. Es por ello que voy a seguir trabajando duro para recompensarlas como merecen."

– "Asegúrate de no morir para que sea realidad. Sería el colmo que aparte de idiota, también fueras incumplidora."

– "Je, cada vez eres más descuidada, grillita. Ni siquiera con tu acritud habitual puedes ocultar que te preocupas por tu querida Pulguita."

– "Jum, tampoco te coloques en tan ufano pedestal, Jaëgersturm." – Bufó. – "Sólo te aconsejo que te comportes como la supuesta que líder que eres ahora. No fui degradada para que salieras con tus fruslerías."

– "Lo sé, lo sé." – Desestimé con la mano. – "Por suerte cuento contigo para auxiliarme en desempeñarme satisfactoriamente de acuerdo a mi rango, ¿verdad?"

– "¿No puedes pedirle consejo a tu noviecita pelirroja? Sería excelente excusa para pasar más tiempo con esa occisa cuarentona."

– "Lo grité, ¿cierto? Diablos, ya quemé a la pobre Zoe." – Reí, suspirando. – "Ah, pero igual tengo algo por las mujeres maduras, ¿sabes? Esa experiencia es muy útil, y no sólo en el campo de batalla."

– "Ugh, sigues siendo una degenerada necrofílica."

– "Ay, mira quién lo dice, señorita 'me gusta la psicópata porque tiene el mono peludo'." – Le saqué la lengua. – "Ignoro a quién le habrás sacado el fetiche, porque las Jaëgersturm somos lampiñas."

– "Papá ha de tener sus filias ocultas, si no es que Vera es la verdadera mente maestra." – Contestó. – "Por cierto, ¿se han comunicado contigo?"

– "Lo mismo que le dije a Süsse, que seguramente deben estar ocupados jugando a los conejitos en celo." – Repliqué. – "En el fondo, quieres a papá, ¿cierto, Ale?"

– "¿Quererlo? Lo conocí por unas cuantas horas, no puedo afirmar tal cariño." – Aseveró. – "Pero gracias a él vine a este mundo, e hizo feliz a mi madre; asó que estoy agradecido con él."

– "Esa es tu peculiar manera de admitir que sí." – Le sonreí.

– "Patata torpe." – Volteó la mirada de nuevo, sonrojándose.

Me gustaba cuando mostraba ese tan oculto lado vulnerable, porque esa era la verdadera Dyne, la que años de injusticias no pudieron borrar de su ser. Riendo, caminé hacia la ruborizada italiana y me coloqué a su lado. Quise acariciar su cabello, pero me detuve a mitad del camino.

– "Uhm, ¿puedo?" – Interrogué.

– "Me guste o no, eres mi hermana."

– "Lo sé, pero cuando alguien te da la mano, tú enseguida se la quieres cercenar con el espolón."

– "No lo haré contigo, por muy tentada que esté." – Se ruborizó más. – "Sólo no lo hagas en público, ¿sí?"

– "Aww, ¿te da pena que tu hermanita te demuestre cariño, Onee-chan?" – Acaricié su cabello. – "Pelón, Ale, e que Pulguita te quele mucho."

– "Tampoco seas ridícula, idiota." – Alejó mi mano. – "Suficiente tengo con soportar tu presencia, no seas más fastidiosa. Incluso ya volviste a Peaches y Lala parte de tus boberías."

– "Je, como la tontería de ayer en el cine, ¿verdad? Te confundimos con un tipo de pelo largo, y pensamos que su pelirrojo novio reptil era Mei, que te había acompañado a ver una película en 3D."

– "Demonios, incluso les contagiaste tu estupidez." – Disintió con la cabeza. – "¿Qué diablos haría yo en el cine con Silica? ¿Y más en una función en tercera dimensión?"

– "Lo sé, y créeme que no nos dimos cuenta de tan garrafal error sino hasta después de la presentación." – Encogí los hombros. – "Pero por un par de horas, fui feliz porque pensé que mi hermana había empezado a mirar hacia adelante en cuestión de vida sentimental."

– "Sabes que no estoy interesada en una relación ahora, Potato."

– "Bueno, dejando de lado nuestro error, ¿qué estabas haciendo, que te mostraste tan nerviosa durante la conversación?"

– "Eso no te incumbe." – Se hizo a un lado, evitando la mirada.

– "Me importa porque eres mi consanguínea, Ale, y si cometí un error, en verdad lo lamento." – Hice una reverencia. – "Pero al menos me gustaría saber cuál fue mi falta. Somos hermanas, puedes decírmelo."

– "No es importante, déjalo. Únicamente pensé que me estaban espiando, es todo."

– "Me imaginé que eso era. Perdónanos, no era nuestra intención." – Me disculpé. – "¿Sucedió mientras estabas en el baño?"

– "No."

– "¿Estabas leyendo algo muy interesante?"

– "No realmente."

– "¿Te interrumpimos entrenando?"

– "No."

– "¿Acaso... tú sabes… dándote placer?"

– "No." – El rojo de sus mejillas se intensificó. – "Simplemente…"

– "Está bien, no insistiré. Perdona si sueno inquisitiva, pero lo hago porque me preocupo por ti."

– "Lo sé." – Giró, dándome la espalda. – "En realidad, estaba… estaba llorando en mi cuarto."

– "¿Eh? ¿Por qué?"

La pelinegra se volteó, mostrando que la humedad en su único ojo no era debido al agua que nos rodeaba.

– "¿Merezco esto? ¿Crees que estar aquí, disfrutando de tan grandiosas amenidades con mi familia y mis grandes aliadas, sea digno de alguien como yo?" – Cuestionó la mediterránea, rodeándose con los brazos. – "Todas saben lo que hice, la eterna cicatriz que llevo en mi espalda y que me dilacera más que la que ostento en el rostro. Únicamente Lala es quien desconoce de mi ayer, pero ignoro si su opinión de mi cambiaría al enterarse, y no la culparía por ello. Tanta sangre en mis manos, tantas vidas arrebatadas, y el mundo me mira como una heroína; una máscara que oculta al verdadero monst-"

Interrumpí el soliloquio de la nativa de Milán colocando un dedo en su boca. Sin pronunciar palabra, la atraje hacia mí y, cariñosa y parsimoniosamente, la rodeé con mis brazos.

– "He recorrido ese camino muchas veces, demasiadas. Lo caminé, escapé de él, y volví de nuevo; hallar la salida en aquella oscuridad no es fácil." – Dilucidé. – "Conoces mi pecado, entiendes la culpa; y aunque no se compara con los horrores de los que fuiste testigo y partícipe, me ha lacerado el corazón como una espina."

Las lágrimas se empezaron a manifestar en mis comisuras oculares.

– "Jamás me sentí merecedora de toda esta felicidad que me rodea, Dyne." – Sollocé. – "Nunca fui meritoria del privilegio de recibir el cariño de dos mujeres que me seguirían hasta el fin del mundo; de la dicha de una madre y un padre que me aman por sobre todas las cosas; del júbilo de contar con una comprensiva familia adoptiva; de la fortuna de ser parte de un prestigioso cuerpo de la ley. Me odié a mí misma por tanto tiempo que sentía que sólo les hacía perder el tiempo a tan maravillosas personas."

Tomé el rostro de mi consanguínea y suavemente la hice mirarme a mi rostro lloroso.

– "Hay monstruos que arruinan naciones y generaciones; se hacen merecedores del peor castigo existente, y entonces escapan incólumes, desde la seguridad de su búnker, pegándose un tiro en la cabeza." – Aseveré. – "Y hay almas inocentes cuyas voluntades desean hacer lo correcto, pero son borradas de la faz de la tierra por un artefacto atómico, producto de una guerra de la que ellos no fueron partícipes. La vida no conoce de justicia, castigos ni recompensas; sólo sucede, sin importar cuál sea el resultado."

Mi semblante entonces, aún con lágrimas, esbozó una pequeña sonrisa.

– "No importa si crees que aún no has saldado tu cuenta con tu pasado, obteniendo prematuramente la dicha del amor de tus amigos y familia porque, al final, estás haciendo todo lo necesario para redimirte." – Proclamé. – "Y no importa si te tardas diez o cincuenta años en expiar tus pecados, porque estoy segura que habrás pasado tu vida demostrando que la bondad en tu alma y lo correcto de tus acciones no pueden ser opacadas por el ayer."

Mi abrazo se hizo más intenso.

– "Tú eres más fuerte que eso, por eso estás aquí hoy, gozando de este paraíso." – Expresé briosamente. – "Porque eres la laureada heroína que salvó a una ciudad; la valiente guerrera que escapó de la mafia; la orgullosa hija de un viejo soldado, y también la prestigiosa hermana de una torpe arachne."

Suavemente, le di un beso en la frente.

– "Porque cuando la vida te intenta poner de rodillas, tú le partes la cara." – Afirmé. – "Eres Dyne Alexandra Nikos; los retos te tienen miedo, no al revés."

Pasó uno, dos, quizás más minutos donde los únicos sonidos proferidos eran la pequeña cascada del onsen, el parsimonioso repiqueteo del shishi-odoshi, y el arrullo nocturno de los insectos. Todo había salido de mi corazón para reconfortar a la azorada mantis, que continuaba mirándome silentemente. Uma pequeña sonrisita comenzó a dibujarse en su cara.

Y la azorada empusa rompió en risa.

– "¿Qué… qué clase de absurdo soliloquio fue ese, Potato?" – Cuestionó entre carcajadas. – "¿Partirle la cara a la vida? ¿Lo sacaste de alguno de tus bobos mangas o algo así?"

– "Oye, Smith es la de los monólogos, yo apenas tengo veinte añitos." – Le apreté la nariz. – "Dyne mala, no te burles de tu hermanita menor."

– "Es que, en serio, qué tontería." – Me arrojó agua para que la soltara, sin parar de reír. – "¿Y así piensas darnos motivadores discursos para subirnos la moral en batalla?"

– "Ay, ¿y qué querías? ¿Una prédica estilo William Wallace, con fanfarrias y fuegos artificiales?" – Le regresé el agua arrojada. – "Quería subirte el ánimo, chillona. Al menos lo logré, ¿no?"

– "Me demostraste que sigues siendo una patata torpe, y además con pésima habilidad oratoria." – Me agarró las manos para frenar mi ataque. – "Mejor contrata a Lala para que te enseñe cómo expresarte."

– "¿No será que la quieres conquistar, ladronzuela?" – Usé mis pedipalpos para sorprenderla, echándole agua desde atrás. – "Ya confesaste que ella te agrada y que te encantan los traseros, como a mí."

– "Sería lo mejor para ella, así la rescataría de tu mal ejecutada poligamia." – Contraatacó con sus espolones, mojando mis costados. – "¿Por qué no eres más directa con ambas y las obligas a sincerarse? Sólo necesitan un empujón para que tu sueño se haga realidad."

– "¿Lo dices en serio?" – Mis ocho patas se unieron al acuático ataque. – "¿Cómo puedes estar segura?"

– "Estoy tuerta, no ciega, araña mensa." – La pelinegra usó sus extremidades mantoideas para hacerme cosquillas en la espalda. – "Peaches le ha estado viendo el culo a la dullahan desde que tomamos el primer baño."

– "Carajo, Ale, ¿acaso quieres que me venga aquí mismo?" – Intensifiqué el asalto. – "Sólo de oír eso siento que la humedad que siento no es por el agua."

– "¡Sigues siendo una garrapata degenerada!" – Ahora ella me lanzaba tsunamis en miniatura.

– "¡Y tú una chapulín amargada!" – No me rendí y todas mis extremidades trabajaron al unísono.

– "¡Torpe!" – Me soltó las manos para ir con todo.

– "¡Huraña!" – La guerra se desató.

– "¡Pervertida!"

– "¡Aburrida!"

– "¡Tetas infladas!"

– "¡Nalgas hinchadas!"

– "¡Fea!"

– "¡Dyne!"

– "¡No te sabes las tablas!"

– "¡Y tú sigues siendo Dyne!"

Entre impelernos el mineral líquido y llamarnos con todo el tesauro de inofensivos adjetivos despectivos, ambas reíamos como un par de niñas, despreocupadas de actuar como tales, disfrutando del momento. Las gotas de agua brillaban en el aire, homogeneizándose con la humedad nocturna y la neblina provocada por el calor al evaporarse. Luego de quedar (redundantemente) empapadas, iniciamos un forcejeo con nuestras manos, simulando batallar, como las hermanas que éramos. Finalmente, y sonriéndonos con sinceridad, nos unimos en un tierno abrazo, el más honesto que habíamos compartido desde que nos conocimos.

– "Gracias." – Dijo la italiana, pegada a mí. – "De verdad, aprecio lo que haces por mí."

– "Y siempre lo haré, Alexandra." – Mimé su cabeza. – "Somos hermanas, después de todo, y debemos apoyarnos."

– "¿Aunque tal apoyo sea tan inútil como tú?"

– "Especialmente por eso." – Asentí. – "¿Quién más tolerará mi ineficacia que mi amada consanguínea?"

– "Torpe." – Me picó una mejilla. Entonces, acarició mi espalda. – "Te quiero, Aria."

– "Y yo a ti, Ale." – Besé su frente. – "¿Te parece si nos salimos ya? Me estoy cocinando."

– "Sí, no queremos que nos acusen de dejar el agua con sabor a araña al vapor." – Se despegó. – "Pienso seguir entrenando mañana, así que me dormiré de una vez. Sólo espero que esa muerta no ronque como camión."

– "Tápale la boca con una calceta. No es que necesite oxígeno de todas maneras." – Bromeé, saliendo del agua. – "Hey, Ale."

– "¿Qué sucede?"

– "¿No quieres dormir con nosotras? Ronco como tanque, pero creo que te sentirás más a gusto." – Le propuse. – "Es decir, seguramente piensas que Smith te asignó a Zoe como compañera de cuarto sólo para mantenerte vigilada, ¿cierto?"

– "No eres tan torpe como creía, Potato." – Afirmó, entrando a la cabina de baño. – "No puedes culpar a la Jerarca; eximir a una mafiosa así como así, y todavía dejar que duerma entre tus tropas no es cosa de todos los días."

– "Bueno, creo que actualmente ella confía en ti, pero tampoco puedo asegurarlo. Entonces, ¿qué dices?"

– "¿No interrumpiré tu noche especial con tus enamoradas?"

– "Descuida, no habrá problema." – Me asenté en el baño, tomando la regadera de mano.

– "Por Hécate, no estarás pensando en proponer que me les una, ¿verdad?"

– "Las hermanas comparten~" – Contesté. Recibí dos piquetes. – "¡Auch! ¡Obvio que estaba bromeando, malhumorada!"

– "Contigo no se puede estar segura." – Se lavó el cuerpo. – "Escucha, ignoro si estoy algo ebria como para decir esto, pero por mí no hay problema. Empero, si soy un obstáculo para sus planes íntimos, no deseo ser un incordio."

– "Confía en mí, Ale." – Le guiñé tres ojos. – "Tu hermanita tiene uno que otro as bajo la manga."

– "Las tarjetitas que salen en las frituras no cuentan."

– "Scheisse." – Chasqueé los dedos. – "¿Y las cartitas del UNO?"

– "La mitad."

Riendo, acordamos que compartiríamos la habitación, aunque primero informaríamos a Bina de ello. Ya limpias, le formulé a la milanesa que se subiera a mi abdomen arácnido, aceptando para mi beneplácito. Así, araña y mantis, alemana e italiana, mujeres separadas por kilómetros de distancia en el pasado, se unían como la familia que eran, bajo el manto de un millón de estrellas.

[…]

– "Sí, y Palakya me advirtió que me dejaría caer al lago Saint Mary con una roca atada a las alas si lo volvía a hacer." – Proseguí relatando. – "Naturalmente, me agarré a golpes con la vecina al día siguiente."

– "¿Y tu matriarca cumplió su promesa?"

– "No, pero me hicieron dormir afuera de la morada, y sin cenar." – Temblé. – "De todas las estaciones, tenía que elegir el invierno para hacer mis fechorías. Pero al menos le di una buena paliza a esa chismosa."

– "Quizás no debiste responder con violencia ante las apócrifas declaraciones de la calumniadora." – Replicó. – "Considero que exponer su mendaz falacia era más viable."

– "Soy una halcón, azulita; no denuncio a mi presa, sino que la destrozo." – Argüí. – "Y, bueno, cuando estás en la pubertad y comienza el desbarajuste hormonal, una tiende a actuar de manera menos civilizada. A veces debía cazar el doble porque usaba fuerza excesiva en mis presas."

– "Sigues siendo una salvaje, rapaz." – Lala disintió con la cabeza mientras se acomodaba en su futón. – "Aunque, si soy sincera, personalmente tampoco hubiera permitido que esparcieran ponzoñosas filfas sobre mi persona."

– "¿Lo ves? Me hubiera venido bien una ayudita." – Declaré, acomodando la almohada. – "Imagínate; tú portando a ti guadaña, Seely, y yo con un par de hachas tomahawk, entrando dramáticamente en la cueva de esa mentirosa. Ni Stallone ni Schwarzenegger se atreverían a meterse con nosotras."

– "¿Siempre eres tan predilecta a tan imaginativas hipérboles?"

– "Sólo de lunes a sábado, los domingos no laboramos. Dullahans pagan doble. Come frutas y chatarra."

Estallamos en un ataque de risa. Era curioso que recordara la misma broma que Aria me había contado la primera vez que nos conocimos, y ahora la empleara para divertir a mi todavía rival de amores. Tal vez fuera el efecto de las múltiples amenidades de tan apoteósico lugar, pero en lugar de ese recalcitrante antagonismo que exhibiera a la dullahan con anterioridad, experimentaba una sensación de bienestar en su compañía. En efecto, habíamos alcanzado la conclusión de que nuestra concomitancia era mucho más amistosa ahora, pero en ese momento, la sensación era de comodidad casi absoluta en su presencia.

Quizás no debí tomar tanto sake.

– "Te dije que era una anécdota simplona, por eso no la conté cuando Smith nos lo pidió." – Comenté, soplándome con un ala. – "Y ya vimos que la de la flaquita era mejor. Pobre ventilador."

– "Mo chuisle es una caja de chascarrillos sumamente jocosos." – Contestó la irlandesa, arreglando su cabecera. – "La tuya tampoco estuvo mal; demostraste que tu honor es muy importante para ti, aunque las consecuencias no fueran agradables."

– "Cuando te sientes una extranjera en tu propia comunidad, el honor es lo único que nos queda, segadora." – Manifesté, colocándome en posición boca arriba. – "Irónico: nuestra reputación no es afectada porque, como aves de presa, se espera que siempre luchemos fieramente por lo que creemos correcto. Es casi como si nos dijeran que pelear era mejor que la manera civilizada."

– "Las disputas en tu tribu debieron ser frecuentemente intensas." – Opinó la peliblanca, acostándose también. – "Aunque no puedo afirmar que mi juventud fuera tan pacífica. Entre la sangre y las entrañas de los animales sacrificados en el matadero donde laboraba, mi niñez se tiñó de rojo antes de que mi piel se tornara azul."

– "La frialdad desarrollada por tanta matanza, como cazadora, me ha sido útil para lidiar con este trabajo, Lala." – Suspiré. – "Antes, pensaba que este oficio era aventura e interesantes incidentes, como en la televisión. Una vez sucedieron los atentados, me quité la venda y contemplé la verdadera cara del crimen. Agradezco contar con mis aliadas y familia para apoyarme por momentos tan difíciles."

– "Sabemos que podrán con la adversidad, Cetania." – Afirmó. – "Tú, Mo chuisle y Dyne son cazadoras natas después de todo. Nacieron para vencer."

– "Thanks, Blueberry, much appreciated." – Le sonreí. – "Hey, Lala, ¿imaginaste que nos veríamos así alguna vez? ¿Compartiendo historias, como camaradas, en una posada tan bella como esta?"

– "No realmente, pero me alegro que así sea ahora." – Devolvió el gesto. – "He visitado muchos lugares, ya sea con mi primera familia anfitriona, o la actual, pero ésta es una en la que realmente me siento como parte del grupo y no una simple espectadora."

– "Dímelo a mí, chaparra. Crucé el Atlántico, desde América a Asia, cruzando por infinidad de lugares; pero jamás me sentí a gusto en ninguno de ellos, ¿sabes?" – Me coloqué de lado, apoyando mi cabeza en un ala. – "Palakya y Atseelia eran tan distantes que bien podrían haber sido turistas que compartían el mismo destino que yo. Y a pesar de poder volar literalmente a donde se me placiera, continuaba atrapada en mi prisión de baja autoestima."

– "Otra de las contradicciones que nos permean, emplumada." – La nativa del Éire emuló mi pose. – "Hallamos la libertad en las cuatro paredes de nuestras moradas actuales, y en el amor de una arachne nativa de una nación fascista, que además no tiene empacho en vestirse como tal."

– "Aria es la razón de todo esto, azulada." – Asentí con la cabeza. – "Te sacó de tu burbuja asocial, a mí de mi sensación de soledad, especialmente al descubrir que era adoptada. Nos ayudó a encontrar un buen empleo; y aunque tuvimos nuestras diferencias, manifestándolas de explosivas maneras, henos aquí, discutiendo nuestra trayectoria."

– "Y nosotras somos la razón de que ella también haya llegado hasta aquí, diría la aludida." – Afirmó, soplándose con la mano. – "Solas nos encontrábamos a la deriva, pero juntas dirigimos el barco hacia el faro de la esperanza. Al final, fue una cooperación de los tres partidos lo que nos brindó nuestra posición actual. La alianza fue la respuesta."

– "La base del Acta y del Programa de Intercambio; qué poética ironía, azul." – Reí ligeramente, incorporándome. – "Uff, qué calor; voy a abrir un poco la puerta, ¿vale?"

– "Coloca otro katori senko, por favor. Los dípteros no cesan su hematofagia incluso en invierno."

– "Roger that."

Corriendo la puerta que permitía observar el paisaje exterior, hecha de madera y papel, permití a la argenta luz de Selene penetrar al interior de nuestra habitación, otorgándole al ambiente un ligero toque azul característico de la estación invernal. Tomando una cerilla, hábilmente la encendí. Manejar cerillas con mis poco diestros pulgares fue de mis primeras lecciones en la juventud; primordial cuando el clima era demasiado húmedo para encender fogatas con piedras o rozar madera. No negaré que más de una vez me quemé mis plumitas, pero eso sucedía cuando no me limpiaba el aceite de las presas cazadas.

Usé el fuego para encender el katori senko, nombre japonés dado a las famosas espirales usadas para repeler mosquitos. Éstas en particular se encontraban dentro de un recipiente con forma de tierno cerdito conocido como kayariki. La flama activó la punta de la verde espiral y pronto la nariz del cochinito de porcelana emitió el humo que, junto al que antes ya había encendido, mantendría alejados a los hambrientos vampiritos zumbadores. Regresé a mi futón, colocado a lado del de la irlandesa, y me acosté para seguir charlando.

– "Mira que estamos locas, canosa; abrir la puerta en pleno diciembre." – Mencioné, extendiéndome boca arriba. – "En fin, opino lo mismo que tú; encontramos nuestro tesoro al otro lado del océano. Y no lo vamos a soltar, ¿verdad?"

– "Lo celaremos como el legendario Fafnir protegía su vasto tesoro."

– "Ay, no me hables de dragones ahora, enana." – Abrí ligeramente mi yukata. – "Y, ¿qué tal todo en el Aizawa? ¿Qué cuenta tu amiga, la lámpades?"

– "Por el Eterno Abismo, casi lo olvido." – Exclamó ella, llevándose la mano a la mejilla. – "Pensé en anunciarlo, pero las constantes distracciones me lo esfumaron del pensamiento."

– "Ah, tranquila, que no es decreto imperial. ¿Qué pasó? ¿La despidieron por sustituir la sal por arsénico?"

– "Buenas nuevas, actualmente." – Manifestó, sonriendo. – "El médico compañero de su pareja dragonewt, del hospital Hopkins, fue el heraldo de la fastuosa noticia: Sanae está embarazada."

– "¡Holy molly! ¿For real? ¡Ay, qué lindo!" – Expresé, genuinamente contenta. – "¿Cuánto lleva la chica?"

– "Al menos dos semanas, según el doctor." – Contestó. – "Cuando se lo revelaron, sintió una extraña mezcla de alegría absoluta y preocupación, especialmente por ser madre primeriza, pero la felicidad que impregnó su corazón desbordaba a cada poro de la lámpades. Su sonrisa es prácticamente indeleble ahora."

– "Una nueva vida le sonreirá en nueve meses. Bienaventurada sea ella y su retoño." – Cerré los ojos, alegre. – "Y creí que este día no podía ser más excelso, segadora."

– "Opino lo mismo." – Ahí se tornó algo seria. – "Empero, sus mayores dudas son el estado legal de su estatus liminal. No ha contraído nupcias oficialmente con el padre, su casero, y aunque no tendría problemas en celebrar el matrimonio, los obstáculos que estipula el Acta podrían colocarla en una situación poco favorable."

– "¿Quién es su coordinador? ¿Smith?"

– "Me temo que no, pertenece a otro distrito." – Exhaló, sentándose en el futón. – "Le preocupa también el hecho que no hay ley que ampare a una segunda madre, en este caso, la dragonewt, que también es su pareja."

– "Bueno, ese sí que es un lío legal." – Me rasqué la cabeza, incorporándome como ella. – "Mira, no seré abogada, pero creo que lo del matrimonio triple se arregla alegando que comparten las tradiciones polígamas de algunos liminales. Con tantas tribus y demás naciones esparcidas por el globo, dudo que alguien investigue la veracidad de tales declaraciones. Ahora, sobre el aspecto laboral, ¿en qué trabaja el padre?"

– "Es oficial de policía; labora en un koban tokiota, cerca del acuario Tokuma."

– "Hmm, ya veo. Es sólo hipótesis, pero tal vez Smith nos auxilie." – Teoricé. – "Hemos estado trayendo a los cuarteles a varias empleadas de las oficinas centrales en Tokio, y tal vez la capitana lo podría transferir a algún espacio vacante. Con el amparo de la líder de MON, junto a los eventos recientes, el chico contaría con un valioso apoyo por si la ley decide no jugar a su favor. Lo discutiremos con Kuroko a primera hora, ¿vale?"

– "¿Realmente harías eso, Cetania?"

– "Segadora, no deseo ver a ningún niño separado de sus padres, ya sea por una razón u otra. Todas pensamos lo mismo, puedo asegurarlo." – Garanticé, apoyando mi pulgar en el suelo para enfatizar. – "Jamás tuve el privilegio de contar con los míos; y me sentiría mal que, siendo las heroínas que nos proclamamos, no intentáramos defender el derecho más importante para la paz en esta sociedad: la unión familiar. Lucharemos día y noche de ser necesario, pero la justicia estará de nuestro lado; lo juro."

Sin esperármelo, la dullahan se incorporó y, de la forma más honesta, me rodeó con sus añiles brazos para propinarme un suave abrazo. Pude sentir su respiración sobre mi yukata y mi cuello, tan cálida como su suave cuerpo. Esgrimiendo una mueca de felicidad en mis labios, devolví el gesto, envolviéndola con mis alas. Permanecimos así, afásicas, serenas, por casi un minuto, hasta que lentamente cesamos la unión.

– "Go raibh míle maith agat, Cetania." – Agradeció, secándose la pequeña humedad en su ojo. – "Eres realmente noble, y lo aprecio con toda el alma."

– "No es sólo un placer, Lala, sino también lo correcto." – Asentí. – "Nuestra única arma será la verdad, y nuestro lema, la razón. Será quizás la batalla más venerable que podamos librar entre tanta iniquidad a la que estamos acostumbradas."

– "Toda lucha que has librado, al igual que Mo chuisle, ha sido igual de digna." – Determinó. – "Desde resguardar a los civiles durante los atentados, a mantenerte firme en tu resolución de obtener el favor sentimental de Aria, siempre has sido un axioma de respeto. Cetania, te admiro."

– "Vamos, azulita, no exageres." – Reí, ruborizándome. – "Sólo hago mi trabajo: proteger y servir. Cualquier oficial te diría lo mismo, incluso el afortunado padre de la criaturita."

– "Tal vez sea cierto, pero prefiero elogiar a los ejemplos empíricos a mi alcance." – Aseguró. – "En verdad, gracias."

– "De acuerdo, cumplidos aceptados, canosa." – Le arrojé mi almohada. – "Párale, que me asusta verte ponderarme tanto."

– "Como era de esperar en una descendiente de Electra." – La segadora me devolvió la pieza. – "Continúas siendo una salvaje incapaz de apreciar las refinadas encomias de una suntuosa hija del Abismo."

– "Ahh, esa es la pitufo que conozco." – Exhalé aliviada, con mi ala en mi corazón. Entonces, le aventé la almohada otra vez. – "Y que no soporto. ¡Toma!"

– "Imberbe incordio alado, debes saber que un disparo parto es una declaración bélica para mi regia estirpe." – Expresó la irlandesa, gesticulando dramáticamente. – "Las huestes del Caos Eterno serán tu ignominiosa perdición, y las has despertado. ¡Afrenta tu ominoso destino!"

– "¡Auch! Con que sí, ¿eh?" - El cojín me dio en la frente. – "Si eso quieres, ¡usaré tus armas en tu contra!"

Ahí, tomé su almohada y le di con ambas.

– "¡Fullas y embustes, que has recurrido a tan impíos subterfugios!" – Reclamó, devolviendo el favor. – "¡El veredicto se ha dictaminado, mortal! ¡Ésta es una argucia que puede ser emulada!"

– "¡Ow, esa me dio en las tetas!" – Dije, riéndome y repitiendo. – "¡Sabía que estabas celosa de mi agraciada figura, enana! ¡Trágatelo!"

– "¡Farfulla, rapaz, que la envidia es vocablo desconocido para mí!" – Devolvió los tiros. – "¡Pero puedo detectar el resquemor que habita en ti por no poseer mi deífico posterior, aquel que la zanquilarga idolatra con ahínco!"

– "¡Mis gemelas son más suaves y firmes que tus pompas aguadas, nalgona!" – Decidí ir más allá y, deshaciéndome del atavío, le lancé mi yukata a la peliblanca. – "¡Para que escarmientes! ¡No necesito de armadura para vencer a tan inofensiva chaparrita!"

– "¡Mefisto te diezme, mortal! ¡Me has dado de lleno!" – Lala también se quitó su vestimenta. – "¡Pero tampoco requiero de protección adicional, pues no hay nada en ti que atente contra mi segura victoria! ¡Toma!"

– "Así que ese atormentador olor era tu aroma." – Respondí, con la yukata en la cara. – "¡Ah, no soporto el hedor a pitufita! ¡Tómalo de vuelta!"

– "Has caído en mi astuta trampa, Abismal." – La segadora se amarró la prenda a manera de bufanda, alrededor del cuello. – "¡Con ambas yukatas en mi posesión, me has otorgado parte de tu poder! ¿Quién es la genio ahora?"

– "¡Oh! ¿Y ahora, quién podrá defenderme?"

– "Disculpen, ¿pasa algo ahí adentro?" – Nos paralizamos al oír la voz de Yuzu detrás de la entrada. – "Escuché gritos y vine a revisar."

– "Err… ¡Es que había una cucarachita rondando por ahí!" – Contesté de inmediato. – "¡Y se puso a volar por todos lados!·

– "¡Ay, qué horror!" – Observamos su silueta transparentada temblar. – "¡¿Necesitan insecticida?! ¡La patrona guarda una pistola debajo de su-"

– "¡Acción de su parte es innecesaria, pues la amenaza ha sido neutralizada!" – Le respondió la irlandesa. – "Agradecemos su preocupación, pero ya puede estar tranquila."

– "Uf, qué alivio. En ese caso, me retiro." – Hizo una reverencia. – "Buenas noches, señoritas. Disfruten de su estancia."

– "Y por favor, no vuelvan a interrumpirnos así, que intentamos dormir." – Aseveré.

– "¡Ah, por supuesto! ¡Mil perdones!" – La kitsune realizó más reverencias. – "¡Lamento la intromisión! ¡Buenas noches y hasta mañana!"

Con eso, la zorrita se alejó raudamente, oyéndola cerrar rápidamente la gran puerta del pasillo que daba a nuestra habitación. Una vez estuvimos seguras de que nos encontrábamos solas, Lala y yo nos miramos y estallamos en una carcajada, cubriéndonos la boca con la mano. Casi nos atrapan con las manos en la masa, o más bien, en la almohada, y todo por divertirnos como chiquillas a mitad de la noche. Ya calmadas, volvimos a acostarnos.

– "Casi sufro arritmia cardiaca por ese susto." – Comentó la segadora, retirándose la yukata del cuello. – "Me hallaba tan sumergida en mi caracterización que ignoré por completo nivelar los decibeles de mi voz."

– "¿Como cuánto sake crees que bebimos, azulosa?" – Le pregunté, colocándome boca abajo. – "Es decir, sólo ebrias se nos podría ocurrir jugar a las Power Rangers nudistas."

– "No soy mucho de ingerir embriagantes brebajes, pero creo que consumí alrededor de media botella."

– "Yo un poco más. Sí, creo que estamos algo achispadas; eran de esas botellas grandes." – Meneé mis piernas. – "¿Eso explicará también el calor? Digo, estamos en invierno y siento que me hallo en medio de una noche veraniega."

– "Es posible, pero me atrevo a decir que la estructura arquitectónica de nuestra recámara, combinada con las irregularidades termales de las aguas y el calentamiento global, afectan directamente la temperatura que nos rodea en este momento."

– "Bueno, al menos nos ahorraremos en calefacción. Ahh, aunque este es un calorcito agradable." – Me coloqué boca arriba. – "Como fui criada entre los glaciares de Montana, el frío no me afecta, pero me tenía hasta las plumas tener que dormir como rollito de canela cuando la temperatura bajaba demasiado. ¿Cómo era en Wicklow, azul?"

– "Conozco tus pesares, voladora, pues mi aldea natal compartía el helado clima que impera al norte de Europa." – Emuló mi posición. – "En estos momentos, la nieve debe decorar el escarpado panorama de las cordilleras homónimas que bautizan el nombre de la región, cubriendo el cielo con un hermoso manto añil, con un toque de gris helado, mientras los copos caen perezosamente sobre el usualmente verde suelo. Nada más hermoso que el río cerca de la aldea, transportando pequeños trozos de hielo que se disuelven conforme avanzan el recorrido."

– "Aunque digas que tuviste una niñez dura, se nota que amabas tu tierra natal, segadora." – Le sonreí. – "Yo también extraño Montana; el recorrer los añiles cielos de junio, libres de nubes y con el sol calentando mi plumaje; admirar la idílica imagen del amanecer entre los picos nevados, como una pintura hecha realidad; ver mi perfecto reflejo en el lago Saint Mary mientras esperaba a que algún pez estuviera a mi alcance; o bañarme en las aguas de los cientos de pequeñas lagunas ocultas entre las montañas, desconocidas todavía para el hombre."

Los pequeños placeres que hacían mi vida más llevadera en la estricta tribu, y que pocas veces había disfrutado desde que vivo en la selva de concreto, vidrio y rascacielos. La dullahan sonrió tenuemente, colocando sus manos detrás de su cabeza a manera de almohada.

– "Me hubiera gustado gozar de esa libertad, ¿sabes, Cetania?" – Habló ella, mirando al techo. – "Desplazarme a placer por los despejados reinos de Urano, rodear las albugíneas nubes y, cuando deseara meditar a solar, hallar un lugar escondido para deshacerme de todos mis problemas. Cuanto amaría nadar en uno de esos lagos ocultos y dejar que las diáfanas aguas rodearan mi figura, envolviéndome en su relajante acuosidad."

– "Hmm, qué bonito pensamiento, azulita." – Cerré mis ojos y moví mis alas, simulando un lento nado. – "Sentir cómo la frescura del transparente líquido nos recorre los rincones del cuerpo, acariciándonos sutilmente a cada movimiento, invitándonos a sumergirnos más en ese diminuto océano de tranquilidad. Y luego, emerger del agua y dejar que el sol se filtre por las gotas que rodean a nuestra húmeda piel desnuda, otorgándonos un resplandor casi divino. Esa es la vida. ¿Has pensado en cumplir esa fantasía?"

– "Japón está pululado por místicos sitios donde podría llevar a cabo tan idílicas ilaciones, siendo el adyacente lago Kawaguchi el más cercano." – Comentó. – "Empero, la urbanización reduce las posibilidades de hallar tan escondido tesoro; aunque irónicamente por eso se mantenga oculto en primer lugar. En todo caso, deseo hallar ese espacio privado donde podamos gozar de tal apoteosis y, aunque sea por un par de horas, olvidarnos del resto del mundo."

– "Algo como este onsen, pero menos comercial." – Manifesté, flexionando lentamente mis piernas en el aire. – "Como una casita de campo cerca de una laguna o río solitario, donde nadie nos interrumpa; algo similar nos vendría bastante bien, ¿no crees?"

– "Concuerdo contigo, sería deífico experimentar tal aislamiento para dedicarnos exclusivamente a nosotras." – Hizo lo propio con las suyas.

– "¿Se lo has propuesto a Aria?"

– "Sí, incluso buscamos por la red, pero desafortunadamente todos los sitios carecían de naturaleza o la privacidad que buscábamos." – Suspiró tenuemente.

– "Tenías razón, la urbanización está acabando con nuestros sueños de fuga."

– "Cetania, tú que has viajado más, ¿conoces algún lugar para realizar algo así?"

– "No realmente, pero en mis vuelos he atisbado sitios que podrían cumplir tales requisitos." – Me di la vuelta, reposando sobre mi estómago. – "Hora de refrescar la espalda. Como decía, aunque desde el aire lucían perfectos, ignoro si sean buenos sitios. Podríamos acampar, al menos."

– "¿Sabes? Acabas de despertar mi curiosidad. Y esa no sería mala idea, de hecho." – También se giró. – "Me crié en el campo, pero jamás pude explorar los alrededores de mi aldea, como el bosque cercano, u otros sitios que hasta el día de hoy desconozco su contenido. Acampar me agradaría."

– "Hagámoslo entonces." – Opiné. – "Tiempo de sobra tenemos, y por protección de animales silvestres no tendrías que preocuparte, sea tierra o aire. Aria y yo podríamos dar rienda suelta a nuestros instintos depredadores y cazar algún animalejo para comer. Lo asamos en la fogata, contamos anécdotas jocosas alrededor del fuego, y disfrutamos de la belleza de la naturaleza. ¿Qué dices?"

– "Aceptaré la proposición." – Sonrió. – "¿Podrán cazar libremente? ¿No se necesita permiso?"

– "Supongo, pero, hey, somos las heroínas de Okayado." – Inflé mi pecho ufanamente. – "Si podemos con dragonas titánicas, dudo que nos prohíban atrapar conejitos."

– "Lo digo por si no habría problema legal al tratar de determinar si una urraca bocona es cazadora o presa."

– "¡Ay, tú eres la que empieza, condenada enana!" – Le arrojé otra vez la almohada. – "La que debería cuidarse eres tú, que los pitufos son presa fácil y de un escopetazo te desinflan esas nalgas aguadas."

– "¿Qué hay de tu busto? ¿No reventaría también al primer proyectil?"

– "¿Quieres comprobarlo? Lánzamela." – La Abismal obedeció y la almohada chocó contra mi pecho. – "Ta-da; mis gemelas son de auténtico acero americano."

– "El abundante wolframio irlandés de mi posterior posee una mayor resistencia y firmeza, emplumada. Además de una blandura que asegura una experiencia superior en las concupiscentes artes amatorias."

– "Qué canosa tan presumida." – Giré los ojos. – "¿Qué sigue? ¿Sabe a moral azul?"

– "A fresita."

Nos desternillamos de risa ante tan absurda conclusión de tan ínfima conversación, al grado de que giré por el suelo, viéndome envuelta en el proceso por el futón y por la sensacional algarabía que me salía entre carcajadas del alma. En verdad estaba divirtiendo. Sosegando el jolgorio, nos volvimos a acostar con la vista al castaño techo, mientras la luz del astro selenita seguía tornando la iluminación con un toque ligeramente azul y plateado. Ahí, Lala se retiró su cabeza y, alzándola con sus brazos, la movió para recorrer su voluptuosa figura con la vista.

– "¿Qué haces, chaparra?" – Le cuestioné a la cabeza alzada en el aire. – "¿Comparándonos?"

– "Uhm… Cetania, ¿puedo preguntarte algo?"

– "Ya lo estás haciendo, ¿no? ¿Qué pasa?"

– "Es un poco íntimo." – Distinguí sus mejillas sonrojarse. – "Dime, ¿crees que mi cuerpo es raro?"

– "Es decir, ¿aparte del hecho que puedes separarte la sesera?" – Retruqué. – "Fuera de bromas, no entiendo a qué te refieres."

– "Bueno, tú creías que el color de mis pezones era azul, como el resto de mi dermis; y esa fue la misma suposición que tenían las chicas de mi morada la primera vez que compartimos el baño." – Dilucidó. – "Por eso me surge tal duda sobre mi físico. ¿Piensas que sea normal? ¿Soy más rara de lo que pensaba?"

– "Las discrepancias entre expectativas y realidad son comunes, segadora, y lo sabes." – Le contesté. – "Pero supongo es parte de tu naturaleza Abismal, ¿no? Doppel también los tiene rosaditos. Sí, es una cambiaformas y todo, pero también es tu congénere, en cierto modo. Y si me lo preguntas, creo que el rosa te sienta mejor."

– "¿Realmente lo crees?" – Se miró detenidamente.

– "Confía en mí, dullahan, tus tetas son bonitas." – Desestimé con un ala. – "Digo, los pezones azules parecerían hechos de chicle o algo así. En vez de que Aria te los chupe, los mascaría."

– "Sí, supongo tienes razón." – Suspiró tenuemente, colocándose la cabeza en su sitio. – "Gura míle, Cetania, me siento tranquila."

Aunque no me sorprendería que Jaëgersturm lo hubiera intentado, perdida en el éxtasis del deseo. Y con los colmillos que se carga… Auch, hasta a mí me dolió pensar en eso.

– "¿Por qué la repentina inseguridad en tu figura?" – Interrogué.

– "Desde que el poder del Abismo despertó en mí, y mutó mi apariencia humana en esta añil mujer que ves ahora, me he sentido con dudas por como luzco ahora." – Reveló. – "Mo chuisle siempre me reafirma mi beldad, y sé que tiene razón y la adoro por ello, pero de vez en cuando esos temores resurgen. Hoy, rodeada de tantas féminas de ponderadas facciones, me sentí algo intimidada."

– "Esa Tionishia se lleva medallas en casi todo, ¿verdad?" – Comenté. – "Si no te mata a golpes, lo hace a sentones o apretujándote contra sus imponentes melones que lleva por pechos."

– "Lo decía más bien por ti." – Confesó, ruborizada. – "Si te soy honesta, siento envidia de tus loables glándulas mamarias. Entre tus senos y los de Mo chuisle, me afirmo la menos agraciada."

– "¿Y eso qué, azulosa? Nadie es perfecta como para destacar en todo." – Acoté. – "Es decir, mira el tremendo culo que te cargas para ser tan enanita."

– "Pero, ¿es mi posterior suficiente?"

– "Lala, nalgas más perfectas no hallarás ni en la ogresa, y tú sabes que Aria te las idolatra como lo divinas que son." – Insistí. – "Ni ella ni yo podemos competir con tu trasero, segadora, o incluso tus lindas piernas; así que ya no te sientas mal, ¿vale?"

– "De acuerdo, tomaré tu palabra." – Suspiró. – "Gracias de nuevo, creo que estaba exagerando. Ahora yo soy el incordio, ¿cierto?"

– "Nah, está bien, irlandesa; a todas nos pasa." – Encogí los hombros. – "¿Te cuento un secreto? Mis pechos eran los más grandes de toda mi tribu, incluso superando a las arpías más maduras y en lactancia. Y muchos de los rumores para degradarme, como el que te conté, comenzaban por la envidia de las demás hacia mis gemelas."

– "Como acabas de demostrar, tus bebés aún son capaces de despertar los celos, incluso entre las hijas del Abismo." – Sonrió tenuemente. – "Aunque ya no formo parte de la lista. Me has restaurado la confianza con tus encomias hacia a mis glúteos, y te lo agradezco."

– "Soy honesta, Lala; y ya te diste cuenta que también te envidiaba por eso." – Admití. – "Por eso Aria nos ama, la complementamos en cuerpo y alma. Aunque, ¿en qué nos supera?"

– "En concupiscencia. Su lujuria es inagotable." – Afirmó la peliblanca, sonrojándose. – "Pero he sido perfecta cómplice en satisfacer sus lúbricas maquinaciones. Por ejemplo, uno de nuestros juegos más recientes es el recorrer los pasillos de nuestra morada completamente desnudas al salir del baño, hasta llegar a nuestro cuarto. Nos aseguramos que no haya nadie alrededor, pero aún así, nos gusta sentir la prohibida adrenalina del peligro."

– "Ay, qué rico se oye. Con Yuuko no podría hacer lo mismo." – Comenté. – "A ella no le molesta que ande en pelotas por la casa, así que no hay esa emoción."

– "¿Honda también comparte tu nudista predilección?"

– "No, ella es muy recatada y todo eso. Incluso únicamente me lo permite cuando tenemos las persianas cerradas y sólo estamos las dos en la casa. Pero como dije, no me dice nada y yo lo aprecio."

– "¿Crees que nos permita tan benévola libertad a la arachne y a mí cuando acudamos a disfrutar del séptimo arte en tu casa?"

– "Se irá de viaje, así que no te preocupes." – Entonces, sonreí maliciosamente. – "Admítelo, también te gusta andar desnuda, ¿verdad? Por eso ni siquiera has intentado colocarte el yukata hasta ahora."

– "Bueno, estamos en un onsen. Y puede que Mo chuisle haya influenciado en el goce ante la exigüidad de vestimenta... un poco." – Intentó ocultar su sonrisa cómplice. – "Aunque, por supuesto, únicamente reservo el honor de contemplarme en natural estado a quienes considero dignos de tan majestuoso privilegio."

– "¿Ahora formo parte de esa lista, segadora?"

– "Muestra gratis de cortesía."

Las ocurrencias de la nativa de Wicklow estaban en su auge esa noche, igual que la cantidad de risas por minuto que escapaban de nuestras bocas. Ya no me daba pena admitir que la irlandesa y yo compartíamos mucho; teníamos demasiado en común. Y que eso me alegraba, pues no había ya duda alguna de que contaba con una buena compañera, quizás la mejor, después de Aria y Dyne. Pudiera ser por la algarabía que impregnaba al cuarto; el olor a incienso del katori senko que se respiraba en el aire; o porque el sake continuaba su efecto en nosotras; pero, sin darnos cuenta, terminamos moviendo nuestros futones hasta terminar más cerca, a la distancia perfecta para escuchar nuestros bisbiseos.

– "Hey, Azul, te propongo algo." – Susurré. – "Es algo más descabellado, pero ya que estamos sincerándonos… anda, ¿qué dices?"

– "Me es imposible aceptar hasta no conocer las estipulaciones de tu solicitud, Cetania."

– "Bien." – Me mordí los labios. – "¿Cuál es tu mayor fantasía en la cama?"

– "¿Eh?" – Se sonrojó.

– "No te hagas, sabes a qué me refiero." – Insistí. – "¿Qué fantasía sexual te gustaría realizar con Aria? O al menos, la que más desees hacer realidad."

– "Veo que tu curiosidad es tan ilimitada como tu lascivia, emplumada." – Su rubor se intensificó y volteó la mirada. Ahí, me miró de reojo. – "Quid pro quo, hija de Taumas. Tú primero."

– "No es la gran cosa, ¿sabes? Hasta te parecerá inocente." – Declaré. – "Pero, bueno, yo visualizo la mía llevándose a cabo en un lugar como éste, muy tradicionalmente nipón. Sería un verano, donde el calor está en su apogeo y el verde pasto se torna dorado por el astro rey. Incluso hay una campanita de viento que se mece perezosamente. Entonces, Aria y yo, ataviadas en hermosos kimonos, comenzamos con el jugueteo y las caricias."

– "No está mal." – Musitó para sí misma. – "Disculpa, Cetania; continúa, por favor."

– "Je, está bien, azul. Bien, cuando comienza la acción, Aria hace gala de su papel dominante y me coloca en posición sumisa, alzándome mi trasero desnudo y deseoso. Yo lo menearía para excitarla al máximo." – Proseguí, sonrojándome también. – "La alemana me penetraría enérgicamente mi conchita, ya sea con uno de esos strap-ons en la cintura, o usando sus dedos, hasta hacerme sudar. Y he ahí el centro de la fantasía; me excita imaginarme completamente empapada en sudor, siendo follada briosamente por la igualmente empapada arachne, gimiendo como animales salvajes bajo el sol veraniego."

– "¿Sin ventilación alguna?"

– "Sólo un pequeño abanico eléctrico, demasiado diminuto para una sola persona." – Relaté, mordiéndome los labios. – "Activaríamos el modo de giro automático, apuntando directo hacia nuestros sexos. Así, cada vez que la ráfaga de aire nos alcanzara, sentiríamos la fría brisa en nuestras conchitas, estimulándonos más. Quiero sudar tanto que hasta la ropa se nos resbale de la humedad y formemos un charco de exudaciones debajo de nosotras. Y así termina, segadora. ¿Qué dices? ¿Muy ñoña?"

– "Actualmente, me parece imaginativamente… estimulante." – Proclamó, juntando sus dedos. – "Combinar las altas temperaturas con el fogoso calor del sexo es una excelente simbiosis. Y, dada la sencillez, también es bastante factible de reproducir. Considero que tal fantasía es algo que esperaría de una cazadora tan activa como tú."

– "Me alegro. Me daba algo de pena que pensaras que parecía sacado de alguna película para adultos." – Reí, rascándome la cabeza. – "Bien, ya conoces mi secreto; te toca a ti, chaparra."

Si el sonrojo de la Abismal ya era intenso, ahora casi brillaba tan fuerte como los cuerpos astronómicos titilantes en el firmamento nocturno. Jugando nerviosamente con un mechón de su níveo cabello, la mujer de tersa piel añil exhaló antes de revelarme sus privadas inventivas.

– "¿Conoces los huevos vibradores?" – Preguntó nerviosamente. – "Pequeños aparatos de forma redonda u ovoide conectados a un mando. Se colocan en las zonas erógenas, estimulándolas al vibrar."

– "Claro, en mi país les decimos love eggs, los huevitos del amor." – Asentí. – "Una vez una de las chicas de nuestra clase se los robó a su mamá y los llevó a una de nuestras sesiones escolares, pensando la muy bruta que eran para masajes. Si hubieras visto la cara de nuestra profesora al ver a la tonta activarlos en medio de sus lecciones."

– "Imagino el bochorno." – Rió, tranquilizándose un poco. – "Bien, me gustaría que Mo chuisle me obligara, no sugiriera, a usar unos cuantos. No me los colocaría en el clítoris u otra zona exterior, sino que me los insertaría en mi entrepierna e incluso mi cavidad rectal. Perdona que me pause, me es escandaloso compartir esto."

– "Tranquila, Lala; tu secreto está a salvo conmigo." – Coloqué mi ala en su hombro. – "Adelante, que de hecho me está gustando."

– "D-de acuerdo. Me gustaría que fueran inalámbricos, así la germana podría controlarlos a distancia." – Jugó nerviosamente con la tela del futón, pero sin intenciones de parar. – "Y luego, Aria me ordenaría esconderlos bajo mi ropa interior y dar un paseo, ya sea en privado o por la calle, sin saber cuándo se le antojaría activarlos. El pensar en que estoy a su lasciva merced, alimenta mis más erotómanas maquinaciones mentales."

– "Woah, en verdad que te gustan las emociones extremas, segadora." – Asentí, y una sonrisa pícara se dibujó en mi semblante. – "¿Te digo algo? A mí también se me antojó lo mismo."

– "¿Lo dices en serio?"

– "Pinky swear, Blueberry." – Hice ademán de jurar con dedo chiquito, aunque careciera de meñique. – "Aunque mi versión era con dildos, también incluían insertármelos en ambos hoyos y andar con éstos por ahí. Y es que, el tabú de hacer algo tan descabelladamente prohibido lo hace aún más tentador, ¿no te parece?"

– "Veo que el aforismo alusivo al diminuto tamaño del mundo sigue siendo un apotegma bastante válido."

– "Y con Aria somos tres." – Reí. – "Lala, ¿estás pensando lo mismo que yo?"

– "Me atrevo a figurar tus intenciones, ¿pero crees que la heredera de los Jaëgersturm esté de acuerdo?"

– "¿Pues quién es tu novia, segadora? A la rubia le va a escurrir una cascada cuando se entere." – Exclamé. – "Diablos, no me extrañaría que haya pensado exactamente lo mismo."

– "Sí, con ella es muy plausible. Por eso combinamos tan bien." – Concedió. – "¿Cetania?"

– "Dime, chaparra."

– "Chaparra."

– "Ok, ese fue malo. ¡Buu!" – Le saqué la lengua. – "Ya, en serio, ¿qué sucede?"

– "¿Acaso ya aceptamos la poligamia?"

Eso me sacó del trance, devolviéndome a la realidad. Ella tenía razón, ¿cómo es que de repente nos hallamos formulando tan concupiscentes planes de innegablemente grupal índole? Ya no éramos acérrimas rivales, ¿pero desde cuando habíamos evolucionado hasta encontrarnos tan íntimamente cerca, en ausencia de ropa, y revelándonos nuestros sicalípticos secretos? El silencio se apoderó de la sala, con ambas fijando la vista en cualquier cosa que no fueran nuestros enrojecidos rostros o nuestros desnudos cuerpos, que sudorosos brillaban bajo la luz de la luna. Aquello debió ser el fin de la conversación; la conclusión de la animada charla; el omega de tan divertida sesión de preguntas y respuestas; regresándonos al statu quo habitual.

Era momento para fingir que todo lo anterior había sido una mala pasada provocada por el alcohol, y dejar de hablarnos por el resto de la noche. Pero de alguna manera, no lo hicimos; permanecimos ahí, en nuestros mismos lugares, sin siquiera hacer intento de vestirnos. Por alguna razón, ninguna parecía estar dispuesta a dar el primer paso a darse la vuelta; ya no había la imperante necesidad de alejarse lo más pronto posible para evitar más malentendidos. Nuestra presencia mutua se había vuelto más que tolerable, y lo que anteriormente hubiera sido un desenlace inmediato, ya no poseía el mismo impacto.

No deseábamos separarnos.

– "Lala…" – Rompía la insoportable afonía ambiental. – "¿En verdad quieres seguir con esto?"

– "¿Nuestros indecentes propósitos con la arachne?"

– "La hostilidad entre nosotras." – Aclaré. – "Es decir, ¿realmente vale la pena continuar esta, admitámoslo, innecesaria reyerta por el corazón de la mujer que nos ama incondicionalmente por igual?"

– "No mentiré, opino que tal animadversión ha sido reducida a meramente un vestigio de antiguas disputas, pero eso tampoco significa que haya claudicado en mi intento de proclamarme el título de ser la señora de Aria Jaëgersturm."

– "Pero es que esa es la parte que no tiene sentido ya; tú y yo somos prácticamente las señoras de Aria, especialmente tú, segadora." – Insistí. – "Cohabitan bajo el mismo techo, comparten todo y confían plenamente la una en la otra. Conozco matrimonios más antiguos y con menos cariño que el que ustedes dos se profesan. Lala, en lo que a mí respecta, tú ya eres su esposa. Y yo también soy la suya, porque dudo que la arachne se quede sin colocarme el anillo."

– "Estoy plenamente consciente de ello… y te concedo nuevamente la razón." – Suspiró. – "Pero eso significa que estamos de acuerdo con el plan de formar un matrimonio de tres. ¿Acaso esa es tu intención?"

– "¿No lo somos ya, segadora?" – Exterioricé. – "Míranos, conviviendo a gusto, en paz, sin importarnos la cercanía física, la desnudez o revelar nuestros pensamientos; concentradas únicamente en pasarla bien en compañía de la otra. ¿Hubieras imaginado algo así hace un mes? ¿Hubieras sido capaz de revelarle tu erótica fantasía a esa peste alada, que aparecía a incordiar el amor aún no declarado que sentías por tu preciada teutona? ¿Somos las mismas que se enfrentaron a muerte en el centro comercial?"

– "Tal vez sólo hemos hecho las diferencias temporalmente a un lado para evitar alterar la paz que implica un lugar como este."

– "Lo dudo." – Disentí con la cabeza. – "Ahora que estamos en privado, sin la supuesta presión para mantener apariencias, es cuando mostramos nuestras verdaderas personas. En este pequeño espacio a solas hemos encontrado que somos exactamente lo mismo; las dos somos la cara de la misma moneda, y ambas caras son idénticas. ¿Acaso esas carcajadas que compartimos son falsas? ¿Eres capaz de fingir el rubor en tu rostro cuando escuchaste mis pecaminosos pensamientos, o me develaste los tuyos? ¿El sonido de nuestros corazones latiendo en este momento, es también una apócrifa fantasía, segadora?"

– "Cetania…"

– "Me gusta esto; me gusta que podamos estar sin intercambiar improperios, sin perder la paciencia, sin degradarnos verbal y moralmente por nimiedades." – Confesé. – "Ya no quiero considerarte una enemiga, ya no deseo pensar despectivamente de ti. Lala, ya me cansé de pretender que no te aprecio, o que me importas. Después de Aria y Dyne, eres a quien considero mi amiga más confiable. No… tú estás al mismo nivel que ellas dos; confío plenamente en ti."

– "¿Tanto me estimas?"

– "¿Tú no? Me has dejado que comparta tu espacio personal, que conviva libremente en tu morada, que bese repetidamente los labios de la mujer que amas..." – La miré fijamente. – "E incluso, me has dejado probar los tuyos."

– "Lo sé, sin embargo..." – Tomando una de mis alas entre sus manos, me observó con sus áureos ojos rodeados de negra esclerótica. – "¿Qué es lo que realmente quieres decirme?"

Suspiré. Mi cabeza era una vorágine de confusión, pero un solo pensamiento se mantenía incólumemente inamovible e inalterable. Con mi otra extremidad, rodeé sus manos y la contemplé; dorado hallándose contra dorado, mortal contra inmortal, arpía contra dullahan, mujer contra mujer.

– "No me importa si Aria te elige a ti, a mí, o ambas." – Expresé. – "Únicamente deseo que sigamos tan amistosamente unidas como ahora, para siempre."

– "¿Para siempre?"

– "Eternamente."

Ella sonrió, y yo también. Nos incorporamos, sentándonos con las piernas cruzadas, todo sin romper la unión de nuestras extremidades o la mueca de alegría. Así, tomadas de la mano, nos quedamos inertes, silentes, con únicamente el sonido de nuestra sincronizada respiración y, si es que mi imaginación no me gastaba bromas, el latido de nuestras bombas sanguíneas. La negra nube que había estado opacando el astro selenita se retiró, retornándole al satélite su refulgente esplendor. Mis pupilas se dilataron al contemplar cómo, bajo la iluminación de la argenta luna, Lala brillaba casi idílicamente, resaltando el azul de su suave piel y delineando las numerosas curvas de su voluptuosa figura.

¿Siempre fueron tan hipnotizantes sus dorados sus ojos? ¿Sus labios siempre lucieron tan vivos, y con resplandor que les otorgaba una apariencia tan atrayente? ¿Y por qué sentía que no deseaba dejar de admirar aquella sonrisa que éstos esbozaban? Mesmerizada, sin pronunciar palabra, y puedo jurar que prácticamente por instinto, me acerqué hacia la irlandesa, sin que ella mostrara indicios de detenerme. Cerré mis ojos, y me encomendé a los dioses de mi panteón a que me ayudaran a tomar la decisión correcta antes de que lo inevitable sucediera.

Y entonces, la puerta se abrió.

[…]

– "Ya volví, lindas. Disculpen el retraso, pero de tanto comer, nosotras…" – Me pausé. – "Uhm, no es que me queje, al contrario, ¿pero por qué las dos están desnudas?"

– "Uhm… Porque te estábamos esperando, flaquita." – Me guiñó Cetania, arropándose con su yukata. Ahí, notó a mi hermana en mi tórax. – "Te dijimos 'Tio', no 'Nikos', araña. ¿Quieres volver la orgía en bacanal incestuoso?"

– "Agh, ¿para esto vine, Potato?" – Se quejó Alexandra. – "Si quisiera malos chistes hubiera permanecido con esa muerta."

– "Ya, ya, que es tarde. Bájate, que esta vez te pasaste con los frijoles, grillo tragón" – Agaché mi cuerpo para dejar que se retirara. – "Spatzi, ¿por qué estás usando la yukata de Süsse?"

– "Considero que el diseño castaño de las flores me queda mejor que el azul." – Replicó la nativa del Éire, haciendo una pose. – "¿Qué opinas?"

– "Que me gusta más tu diseño al natural." – Le guiñé. Ella sólo rió. – "En todo caso, espero que no les moleste, pero Ale va a acompañarnos esta noche. ¿Están de acuerdo, guapas?"

– "Es tu hermana, flaca." – Acotó la rapaz. – "Pero, ¿por qué? ¿Sucedió algo con Bina?"

– "Digamos que… no me sentía del todo a gusto compartiendo habitación con un cadáver." – Argumentó la empusa. – "Lamento si mi presencia es una inconveniencia a sus planes."

– "Te recordamos que eres la consanguínea de Mo chuisle, Dyne; prácticamente nuestra cuñada." – Le respondió la dullahan. – "Y descuida, que no interrumpes nada."

– "Sólo plática aburrida entre chicas." – Agregó la castaña, abriendo el clóset. – "Que suerte que aquí dan suficientes futones para todo un ejército. ¿Dónde quieres que lo ponga, Pepper?"

– "No te preocupes, yo lo haré, Peaches." – La pelinegra tomó la pequeña cama. – "Gracias por permitirme quedarme, chicas. Aprecio su tolerancia."

– "Eres de la familia, Alexandra." – Le reiteró la segadora, ayudándole con la almohada. – "Si soportamos a tu hermana, tú eres más que bienvenida."

– "¡Hey!" – Protesté.

– "Además que es raro contemplarte tan sociable, grillita." – Comentó la americana. – "¿No será que no deseas pasar la noche junto a Bina porque no sabes cómo expresarle lo que sientes por ella?"

– "No, es porque tu novia arácnida intercambió lugares conmigo, Peaches." – Le respondió la italiana. – "Así que será Potato quien duerma junto a su amante pelirroja. ¿Quieres echarles porras?"

– "Hey, enana, ¿crees que el repelente de mosquitos funcione en empusas? También chupan sangre."

– "Lo dudo; no fue capaz de alejarte a ti, incordio alado." – Bromeó la Abismal.

Yo y la milanesa nos unimos a la irlandesa en las risas. Todo apunta a que ella y la halcón no pasaron mal rato estando solas.

– "Bleh, las odio a ambas." – La estadounidense nos sacó la lengua. – "¿Eh? Bueno, flaca, ¿por qué ahora tú estás desnuda?"

– "¿Qué tiene de malo? Estamos en privado, y me gusta." – Me dirigí a la puerta que daba al exterior y la abrí. – "Además que hace un tremendo calor. ¿Es esto un onsen o un sauna?"

– "¿Lo ves, azulada? Te dije que el clima estaba loco esta noche." – La falconiforme también se retiró su atavío. – "Ah, qué diablos, andemos al natural. Ya saben que soy alérgica a la ropa."

– "Y también a la decencia, alada exhibicionista." – Retrucó Lala, deshaciéndose del suyo. – "Sin embargo, concedo que la incrementada temperatura nos obliga a prescindir de nuestras indumentarias."

– "Ah, por eso andaban en cueros cuando llegamos, guapas." – Comenté, estirándome y asentándome frente a la puerta. – "¿O acaso Doppel las convenció de formar su club nudista? ¿Puedo unirme?"

– "Sólo fue el calor y la conveniencia, A chuisle." – Argumentó la dullahan, colocándose a mi izquierda. – "Ya que pasamos la mayor parte del tiempo en ausencia de vestimenta, se nos hizo sencillo continuar así en la solitud de nuestros aposentos."

– "Además de que apoyas la idea en su totalidad, flaca." – Añadió la arpía, sentándose a mi derecha. – "Hey, Pepper, ven aquí. La luna está grandota, como una pelotota."

– "No." – Contestó tajante la mediterránea, ya habiéndose acostado. – "Sueño."

– "Gute Nacht, Ale." – Le deseé buenas noches. – "Que sueñes cosas bonitas."

– "Sí, que te mueras."

Balbuceó la mantis, antes escucharla respirar tranquilamente, ya dormida. Después de un día más agitado que relajado, el dormir era la mejor manera de cerrar el día para mi hermanita.

– "En verdad que no cambia." – Rió Cetania, apoyando su cuerpo en el mío. – "Por eso la apreciamos."

– "Así es el amor de familia, ¿cierto?" – Expresó la peliblanca, emulando a la emplumada. – "Tan vasto y brillante como la luna."

– "Y tan lleno de cráteres. Esos espolones duelen." – Bromeé, acariciando la cabeza de ambas. – "¿Se la pasaron bien, queridas? ¿Se divirtieron?"

– "Aguas termales, videojuegos, masajes, banquetes, convivir con las veteranas, y además pasar tiempo junto a la araña que amo." – Enumeró la rapaz. – "De haberlo sabido antes, yo misma hubiera traído a Pepper desde su país natal para formar MOE lo antes posible."

– "Comparto el sentimiento con la alada, A chuisle, ha sido una experiencia sumamente satisfactoria." – Agregó la irlandesa. – "De hecho, lo hemos disfrutado tanto que te tenemos una proposición. ¿Cetania?"

– "¿Eh? ¡Ah, claro! Sí, tenemos una propuesta para ti, flaquita."

– "Bueno, estamos de suerte, porque yo también. ¿Me permiten primero?" – Les repliqué. – "Nos encontramos a la dueña cuando veníamos hacia acá, y ella nos reveló que debido a que aún quedan unas cuantos detalles a arreglar, el lugar continuará cerrado al público en general, como hoy. Y, bueno, ¡al diablo el entrenamiento! ¿Qué les parece si nos quedamos otro día más? Todo este onsen, sólo para nosotras."

– "Oh, pues, no está mal, flaca. ¿Pero no serán otros cincuenta mil por cada una?"

– "Ahí está el detalle, que debido a que no todos los servicios están disponibles, y algunos hoy fallaron, nos harán un descuento." – Elucidé. – "Únicamente nos cobrarán treinta mil por cada persona. Y dinero no nos falta. Entonces, ¿qué dicen?"

– "No hay duda de que es una excelente oportunidad, A chuisle." – Dijo la segadora. – "Empero, nos gustaría que escucharas nuestros planes antes de tomar tu decisión."

– "Por supuesto, amor, ¿de qué se trata?"

– "Lala y yo estuvimos charlando y bromeando, ya sabes, como amigas." – Inició la castaña. – "Y el tema del campismo salió de repente. Para no hacerte el cuento largo, nos gustaría que fuéramos a acampar a algún lugar lejos de la ciudad, donde seamos únicamente nosotras y la naturaleza. El onsen es bonito y todo, pero sigue siendo algo artificial."

– "Pensamos que podría atraerte el poder distraerte del barullo y el smog urbano." – Continuó la nativa del Éire. – "Explorar el Japón silvestre, divertirte cazando, prender una fogata y compartir experiencias junto al fuego. Y de noche, contemplar la belleza estelar que se nos presenta en este momento, arrullándonos con su suave silencio."

– "Eso…" – Hablé. – "¡Es perfecto! ¡¿Por qué no se me ocurrió antes?! Sin reservaciones, sin distracciones, sin nadie que nos fastidie. Incluso podríamos tramitar una licencia de caza; imaginen cenarnos un buen jabalí asado, o un buen estofado de venado. ¿Sabían que las amo, mis corazones?"

– "Y nosotras a ti, A chuisle." – Lala me dio un beso. – "Ahora sólo queda buscar algún lugar ideal. Es una actividad popular en este país, así que no debería ser problema."

– "Aunque, también pensábamos que podría ser aún mejor." – Injirió la americana. – "Si lográramos encontrar alguna especie de casa de campo, ubicada en algún lugar solitario, podríamos experimentar lo mismo, pero sin preocuparnos por comodidades o un techo sólido. Un buen retiro temporal para nosotras, ¿qué tal?"

– "Me gusta mucho más." – Repliqué. – "Pero creo que hallar una vivienda en medio de la nada, como si fuera cuento de hadas, será bastante difícil."

– "Sí, ese es el problema principal, flaca." – Suspiró la halcón. – "¿Quién puede tener una cabañita disponible para nuestro revoltoso grupo?"

– "Conozco a alguien."

Mi hermana, quien se había despertado, nos sorprendió a todos profiriendo aquellas palabras, sentándose a nuestro lado, cerca de la arpía.

– "Oh, bienvenida de nuevo, Pepper." – Le saludó la falconiforme. – "¿Qué pasó con pasearte por los reinos de Morfeo?"

– "Me dormí en el viaje camino aquí, ¿recuerdas? Mi tour aún deberá esperar." – Le contestó la mantis. – "Y quise descifrar qué tanto estaban cuchicheando."

– "Sólo te sentías solita, hermanita." – Dije yo. – "¿Por qué estás desnuda?"

– "Donde fueres, haz lo que vieres." – Respondió, encogiendo los hombros. Excelente refrán. – "Y hace calor. Creo que el invierno se está rebelando por el calentamiento global."

– "Es un horno." – Opinó la dullahan. – "¿Habías mencionado algo de nuestro interés?"

– "Sé dónde encontrar el lugar que buscan, la casa de campo. O eso espero." – Afirmó la empusa. – "Cuando laboraba como empleada de aquel supermercado, solía tomar el bus camino a las oficinas de MON, en Tokio. La parada se hallaba a lado de una estación policiaca, un koban, y mientras esperaba al transporte, solía escuchar las conversaciones de los oficiales estacionados ahí."

– "Sigue." – Indiqué, acercándome. Las otras también.

– "Escuché a decir a uno de ellos que su padre había construido una pequeña vivienda a tres kilómetros del Monte Akagi, en la prefectura de Gunma." – Relató la milanesa. – "Es un lugar oculto por el bosque, pero con un claro perfecto para admirar el paisaje, además de ubicado en un río en las cercanías. Su progenitor lo usaba como retiro familiar y él lo visitaba una vez al año. Es propiedad privada, está alejado de la urbe principal, y según el policía, difícilmente lo usa. Está equipada con todo; creo que es lo que necesitan."

– "Es precisamente lo que andábamos buscando." – Opinó la nativa de Montana. – "Dyne, muchas gracias."

– "Agradezcan al oficial y a su incapacidad de nivelar el volumen de su voz. Incluso pude enterarme que se llama Kenta y es parte del Programa de Intercambio. Pobres de los oídos de sus dos huéspedes."

– "Espera, ¿policía? ¿Kenta? ¿Anfitrión?" – Cuestionó la Abismal. – "¿Acaso una de sus huéspedes es una dragonewt?"

– "Me parece que sí. ¿Lo conoces?"

La irlandesa y la estadounidense se miraron unos momentos, para estallar en una carcajada cómplice. Yo y mi consanguínea encogimos los hombros, confundidas por la reacción de esas dos.

– "Lo conocemos, Pepper, no habrá problema ya." – Asintió la rapaz. – "Bien, el veredicto está dado, chiquillas: viajaremos a Gunma. ¡Vámonos de campamento!"

– "¡Danke schön, Ale!" – Abracé enérgicamente a la pelinegra. – "¿Qué haríamos sin ti?"

– "¡Ack! ¡Vale, qué bueno, pero ya suéltame!" – Protestó. Obedecí. – "Ugh, acabas de arruinar toda una hora de masaje con ese apretujón, araña idiota."

– "Ah, pero no te quejaste cuando lo hice en el ons-¡Ay! ¡Tus espolones lastiman, párale!"

– "Pero en serio, te agradecemos el auxiliarnos, Dyne." – La peliblanca hizo una reverencia. – "El que decidieras descansar con nostras esta noche no fue una coincidencia."

– "Pepper es nuestra grillita de la suerte." – La castaña le dio palmaditas en la espalda con un ala. – "Por eso se apellida como la diosa de la victoria."

– "Es posible que el lugar no esté disponible ya, no me halaguen tanto." – Nikos se cruzó de brazos. – "Pero gracias, ojalá todo vaya de acuerdo a sus planes."

– "Hermana, ¿no quieres acompañarnos?" – Le propuse. – "Mereces disfrutarlo también."

– "La flaca tiene razón, tú hallaste la solución, Pepper." – Se unió la emplumada. – "Ven, será divertido."

– "La familia se mantiene unida." – Opinó la segadora. – "Y nos agradaría contar con tu presencia."

– "Qué miedo, ya se volvieron una sola mente." – Comentó la italiana. Entonces, dejó ver una pequeña sonrisa. – "Grazie, lo pensaré."

– "Esperamos aceptes, Ale." – Le sonreí de vuelta. Giré mi vista al firmamento. – "Las estrellas brillan con más fuerza ahora."

Colocando mis brazos alrededor de sus cuellos, tomé a mis amadas y, dándole un profundo beso a cada una en la boca, me recosté de espaldas en el suelo, con ambas a mi lado. No era tarea fácil con mi físico, pero logré quedar perfectamente boca arriba, acostada frente a la puerta, bañándonos con la luz lunar. La mediterránea se levantó de su lugar y, sin decir nada, nos facilitó nuestras yukatas; no para vestirnos, sino para emplearlas como cojines sobre mis piernas extendidas, fungiendo como colchón para mis novias. Agradeciéndole a mi consanguínea por su oportuna idea, me concentré en repartirle besos a mi dúo de fastuosas bellezas.

Entonces, como si la noche no quisiera medirse con las sorpresas, una yukata más se posó encima de mi estómago. Todas permanecimos confundidas cuando observamos a la nativa de Milán acercarse hacia nosotras, tratando cuidadosamente de no pisar mis ocho piernas arácnidas o a la irlandesa, quien comprendiendo con una sonrisa, se hizo ligeramente a un lado para permitirle el paso. Así, Alexandra y yo cruzamos miradas, esperando mi respuesta.

Yo asentí, sonriendo.

Con eso, mi hermana acomodó la prenda y, uniéndola a la mía, de mayores dimensiones, se hizo una gran manta encima de mí. Lentamente, la pelinegra recostó su cuerpo, intentando hallar la mejor estabilidad sobre una araña flacucha. Cuando pareció haber encontrado su lugar ideal, terminó en una posición donde prácticamente se mantenía abrazada a mí. Me pareció un acto sumamente enternecedor de la estoica mediterránea y, con un instinto casi maternal de mi parte, la rodeé gentilmente con mis pedipalpos, sosteniéndola firmemente en su lugar mientras acariciaba suavemente su cabello.

– "Gute nacht, Ale." – Le dije, besando su frente. – "Gracias por ser mi hermana."

– "Good night, Pepper." – La halcón hizo lo mismo, en su mejilla izquierda. – "Gracias por ser mi aliada."

– "Oíche mhaith, Dyne." – Siguió la dullahan, en su mejilla derecha. – "Gracias por ser mi amiga."

– "Buonanotte a todas." – Respondió mi consanguínea, permitiendo que una solitaria lágrima le recorriera el rostro. – "Gracias por ser mi familia."

Con tales agradecimientos, provenientes de nuestros honestos corazones, nos propusimos a dormir, con la luna y los astros que hacían del infinito universo su hogar como nuestra manta. No éramos las personas más comunes que podían existir, tampoco éramos un axioma de perfección o quizás un buen ejemplo a seguir, y hacíamos cosas que parecerían carecer de sentido, pero al final seguíamos luchando unidas, y eso es lo único que importaba.

Mientras seguía meditando silentemente, el ala de Cetania se estiró y, posándola encima de mí y mi hermana, la dejó en el aire. Antes que procesara aquello, Lala emuló a la rapaz, dejando su brazo en la misma posición que ésta. Entonces, ambas bajaron sus extremidades al mismo tiempo, rodeándonos con éstas y, para mi enorme satisfacción uniéndonos en un enorme abrazo cuádruple. Recibiendo un beso por parte de mis mujeres, cerramos los ojos y procedimos a tener los más dulces y hermosos sueños que pudiéramos concebir, mientras las estrellas continuaban titilando en el cielo.

Y que nunca cesarían de brillar para nosotras.

– "¿A chuisle?" – Habló Lala de repente.

– "¿Sí, Spatzi?"

– "Pronto será luna llena…"

Bueno, ¿quién dijo que era fácil ser una Arachne?


NOTAS DEL AUTOR: ¿Qué se puede decir cuando alcanzas la meta del millón? ¿Qué más puede un simple escritor aficionado sobre haber plasmado tal cantidad de tinta virtual en igualmente digitales páginas?

Nada, sólo agradecer a todos los lectores que con su enorme apoyo me motivaron a alcanzar tan encomiable hito.

Y es que, no hay nada que no haya dicho ya. Han sido dos años de construir, pulir y cuidar esta historia; y el final aún no se observa en el horizonte. Este proyecto nació como un simple pasatiempo pasajero, algo que quizás sería visto por unos cuantos y entonces regresaría a la oscuridad de la Internet. Pero gracias a mis compañeros, a mis seguidores, a todos aquellos a los que mi singular creación les ha llamado la atención, lo que comenzó como una efímera fruslería, se convirtió en mi trabajo más exitoso. Todo se lo debo a ustedes, y siempre, siempre, les agradeceré tan loable magnanimidad.

Ese millón de palabras, ese millón de estrellas luminosas, son ustedes, pues su apoyo es más resplandeciente que mil galaxias.

Pero, dejándonos de melosas metáforas y agradecidos aforismos, este fue uno de los episodios en los que más puse mi empeño para desarrollar a mis cuatro personajes principales, junto a las veteranas de MON, que son parte importante de las primeras.

Doppel fue la más sencilla, pues tanto el lore de Lovecraft y la cultura del Antiguo Egipto son cosas que conozco, especialmente la última, y sólo debía dejar fluir mi imaginación, además de apegarme a los respectivos cánones, tanto del universo de MonMusu, el de Lovecraft, y el histórico.

De la misma manera, Kuroko siempre se me figuró como alguien mitad americana, lo cual estoy seguro fue intencional por parte de Okayado. Su padre posee el mismo nombre del aventurero protagonista de uno de sus primeros trabajos, El Reporte de las Chicas Monstruo. El abandono paternal, como mencionó Aria, fue uno de los catalizadores que moldearían la personalidad de la agente a futuro. Dado que Smith no desearía verse sola, la gran amistad que tiene con su equipo sería parte primordial para combatir sus temores personales. Y el nombre de su madre, Yuu, está basado en Yuu Kobayashi, la actriz que le da voz en el anime.

Y dado que la cambiaformas está relacionada en más de una forma con Smith, el pasado de la coordinadora se combina con el de la doppelgänger para un combo doble.

Manako y Tio siendo casi hermanas es algo que hasta considero canónico, pues ambas comparten muchos aspectos en común, como ser las más educadas, tranquilas y tiernas de su peculiar escuadrón. Okayado no es ajeno a juntar personajes de similares características (Como el dúo Papi-Suu, siendo las más infantiles; o Miia-Mero, siendo las excéntricas chicas sin piernas del hogar Kurusu), así que tal posibilidad es bastante plausible. Incluso me aseguré de que las regiones donde habitaban estuvieran relacionadas de alguna manera; en este caso, las leyendas derivadas de sus especies. Los onis y los cíclopes son comunes en el folklore nipón, después de todo.

Zoe revelando ser americana no es una invención mía; Okayado ha expresado que la pelirroja estuvo fuertemente inspirada en las representaciones del país de la libertad. No confirmó que la teniente fuera precisamente una yankee, pero no me sorprendería que así fuera. Y tomando en cuenta que Bina carga con una placa militar en su cuello que indica muy posiblemente la fecha de su resurrección, asumir que la heterocromática es actualmente muchísimo más vieja de lo que luce no es nada descabellado. Y, hey, así ganamos una MILF más, ¿no es genial?

Pasando a nuestro cuarteto principal, lo primordial aquí fue hacerlas convivir y mostrarse más sinceras las unas a las otras. Pudimos ver la dicotomía doble entre Lala y Cetania; donde la educada y culta dullahan esconde un muy pervertido interior. Y de manera inversa, la usualmente bulliciosa y despreocupada pajarita nos mostró que sus fantasías son más románticas de lo que podríamos pensar. Y sí, esas dos han progresado bastante desde que eran némesis mutuas. ¿Qué les depara en el futuro? Pues deberán seguir leyendo esta historia para saber~

Mientras tanto, Dyne, ya encontrándose en medio de buenas compañeras y una familia que la valora, puede exhibir su lado más vulnerable, sociable, e incluso tierno, como el juego de arrojarse agua con su hermana. Aria siempre ha sido la contraparte de su consanguínea, siendo la idealista y torpe que contrasta el realismo y eficacia de la empusa, pero que juntas funcionan perfectamente. Y esta era la oportunidad perfecta para unirlas más, denotando que comparten algo más que el código genético paterno.

Y, bueno, finalizar con algo que englobe lo que ha sido esta historia desde el principio, cortesía del grupo más irreverente: amistad, familia, humor y, el ingrediente principal y más importante, yuri y más yuri. Después de todo, ¿dónde más leerían sobre una araña, sus dos novias y su hermana, durmiendo con solamente los astros estelares como cobija? Sí, ya sé que existen esa clase de historias, y más explícitas, pero hay niños viendo, así que no podemos hablar de ello ahora.

En todo caso, ya para terminar, quiero agradecer, además de mis lectores, a mis amigos de Los Extraditables, quienes han sido un bastión moral para este loco fanático de las arachnes y la Segunda Guerra Mundial.

Agradezco a Paradoja el Inquisidor, por ser mi primer seguidor, y también el más longevo. Gracias a él, Dyne obtuvo su segundo nombre, además de otras ideas que él me ha sugerido. Y es que entre locos nos entendemos.

También Onix Star merece mención, quién es uno de mis compañeros más queridos por ser bastante honesto en nuestras charlas, y ayudarnos mutuamente a mejorar nuestros escritos. Es quizás con quien más he compartido este universo, y sus personajes son los más recurrentes en la historia. Pero, hey, ¿quién puede resistirse al poder de Amanda, la tierna minotauro?

Alther me ha proveído de buenos momentos al autorizarme el uso de sus creaciones, que van desde pequeños momentos con una arachne saltarina, hasta cosas que verán más adelante. Un científico loco siempre ayuda para conseguir material e trabajo interesante.

El compañero Arconte ha sido uno de mis seguidores más fieles; tanto que me siento como la mantis al creer que no merezco a un aliado tan bondadoso. No me da pena decir que él es como un hermano menor que me pide y sigue consejo, y le agradezco la confianza; sólo desearía que yo fuera un mejor ejemplo para el chico. Además, fue su influencia lo que nos trajo momentos tan memorables como la nidhögg, así que el crédito de ello también le pertenece.

Y por último, pero no menos importante, el compañero JB-Defalt, a quien conocemos dentro del grupo como Russ, tal vez el amigo que siempre me hizo falta, pero que no conocí sino hasta hace poco. Y a pesar de que nuestra amistad es la más reciente, ha demostrado que es bastante sólida, a pesar de nuestras (nada escasas) reyertas. Gracia a él y sus dotes del dibujo, ahora podemos estrenar portada nuevecita. Y como sé que es un crimen no mostrarla en toda su gloria, aquí tienen la dirección para poder admirar tan hermoso retrato con mayor calidad. Sólo reemplacen el [PUNTO] por el símbolo actual y listo.

tinyurl [PUNTO] com/ariaportada

Habiendo dicho todo esto, sólo me queda recordarles que su opinión siempre será bienvenida, y que espero que mis creaciones continúen entreteniéndolos. ¿Cuánto falta? No lo sé aún. ¿Acaso llegaremos a los dos millones? El cielo es el límite. ¿Tendremos más yuri? Siempre, chiquitines, siempre.

Muchísimas gracias por leerme, y nos vemos a la próxima. ¡Auf Wiedersehen!