NOTAS DEL AUTOR: ¡Achtung, herr Flake ist hier!

Un episodio cortito para que disfruten. Un paso cada vez más cerca del episodio número setenta, uno de muchos más por recorrer. ¡Disfruten!

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena les recuerda que su departamento de armamento nuclear está en oferta! ¡Misiles balísticos intercontinentales a 80% de descuento!


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 69


Cómo odio el frío.

Sparassus posee una dicotómica dualidad de climas bastante inusual para ser una isla en medio del Pacífico, pero sería irónico que una araña parlante gigante comentara sobre la singularidad de tal fenómeno. El rango atmosférico va desde el tropical en la costa; el templado en el centro; una zona semi-desértica en la región de Isopeda; hasta las gélidas nieves del territorio norte, donde las cadenas montañosas probaron ser intensos campos de batalla durante la guerra contra la empusas.

Mi aldea natal, Weidmann, pertenecía al clima playero, así que el calor de los trescientos sesenta y cinco días del año me acostumbró al sudor, a disfrutar de las golosinas congeladas y al sol en la piel. Mi genética liminal evitó que mi dermis adquiriera un tono tostado. En todo caso, el clima frío de Japón, especialmente en épocas decembrinas, me hacía disfrutar más del amoroso abrazo de mis amadas Lala y Cetania a mi lado; mientras que mi hermana reposaba tranquilamente encima de mí. No podía haber manera en la vida más satisfactoria de despertarse.

– "¡Aaahh! ¡Ayuda!"

Excepto por eso.

– "Ugh, ¿tan rápido amaneció?" – Cuestioné al abrir mis seis ojos luego de oír la voz de Yuzu gritar. – "Cinco minutitos m-¡Waahh!"

– "¿A chuisle?" – La dullahan fue la siguiente en levantarse. – "¿Qué suce-¡Aahh!"

– "Ush, ¿por qué tanto alboroto, flaca?" – Fue el turno de la arpía, tallándose los ojos. – "¿Te picó la guadaña de esta enan-¡Holy fuck!"

– "¡Con un demonio, déjenme dormir, escandalosas!" – Vociferó Dyne, estampando su puño en mí para levantarse. Ahí se pausó. – "¡¿Pero qué carajos?!"

Nadie se espera a que, tan pronto el resplandor de Helios nos retira de los aposentos de Morfeo, lo primero que se contemple sea un albugíneo y peligrosamente ardiente chorro de agua explotando como un géiser a través del suelo de madera, perforando el techo y salpicando todo alrededor en el proceso. Nosotras cuatro ignorábamos qué demonios estaba sucediendo, pero no íbamos a averiguarlo mientras el torrente amenazaba con hervirnos conforme la potencia de aquella salvaje fuente continuaba aumentado su grosor, atravesando todo a su paso.

– "¡Se acaba el mundo, y nosotras en bolas! ¡Lindas, hermana, síganme!" – Exclamé, incorporándome de inmediato. – "¡Hay que salir lo más pronto de…!"

Pero ellas ya se habían adelantado.

– "Aquí…"

Que no digan que no piensan rápido.

Sin dilación, me apresuré a tomar mis pertenencias y correr a la mayor celeridad que mis ocho extremidades me permitían. Mientras recorría los pasillos de la posada y alcanzaba a las demás, huyendo tan frenéticamente como yo, podía escuchar la horrísona cacofonía del mortal chorro destruyendo la estructura del edificio; tan terrorífica como si las puertas del Tártaro se hubieran abierto para liberar a Cronos y el resto de la estirpe pre-Olímpica, trayendo consigo la segunda Titanomaquia. Me gustaría hacer alusiones al Ragnarök, pero no quería hacer aquel momento todavía peor al remembrar a la nidhögg.

MON, junto a las kitsunes y el resto de las empleadas, también se habían disparado en una maratón por alcanzar la salida. La aurora apenas comenzaba a acariciar el firmamento con sus rosáceos dedos, por lo que nos valíamos de la poca iluminación de una diminuta lámpara en manos de Satsuki, la zorrita de pelo púrpura, para guiarnos. No es que hubiera mucho camino hasta el exterior, pero en esa súbita descarga de adrenalina, el universo parece haberse encontrado con una onda gravitacional de suficiente magnitud para dilatar el paso del tiempo. Y además, quería evitar quedar aplastada por aquella estampida de liminales corriendo en la misma dirección.

Me sucedió en el jardín de niños, y no quiero revivir el trauma.

Finalmente alcanzamos cruzar la salida, destruyéndola en el proceso bajo nuestro tren extraespecie; aunque dudara que la dueña nos culpara por daños a la propiedad. Asegurándonos de que todas ya estaban afuera y a salvo, contemplamos estupefactas cómo un enorme géiser, habiéndose abierto paso por toda la estructura, se alzaba imponente encima del tercer piso, coronando el hotel como un ominoso obelisco líquido. Raudamente se le unieron un par de pilares de agua más, de menores dimensiones, pero con la misma fuerza destructiva.

– "¿Están todas bien?" – Nos preguntó Smith. – "¿Necesitan ayuda médica?"

– "Descuide, Hauptmann, estamos completas." – Respondí, sosegando mi hiperventilación.

– "¿Qué hay de ustedes?" – La capitana se dirigió a las empleadas. – "¿Todo bien?"

– "Además del susto, nos hallamos perfectamente." – Replicó Satsuki, contemplando al resto de sus compañeras. – "Practicar los simulacros realmente ayudó."

– "¿Qué demonios sucedió, Capi?" – Cuestionó Zoe, vestida apenas en su ropa interior. – "¿Por qué de repente todo se transformó en una película de Michael Bay?"

– "Explosión geotérmica." – Contestó la coordinadora, cruzada de brazos. – "Estas aguas termales, como todas alrededor, fueron creadas a partir de una corriente subterránea calentada por la actividad volcánica del Monte Fuji. Tomando en cuenta que el volcán aún está activo, la temperatura se elevó lo suficiente para provocar tan estruendoso despertar."

– "Y pensar que Nadeshiko me advirtió que esto podría suceder."

Aquello fue proferido por Nao Shima, la dueña de la posada, mientras se bajaba de su motoneta y caminaba hacia nuestro grupo.

– "¡Okami!" – Exclamó Satsuki, ofreciendo una reverencia, imitada por el resto de sus empleadas. – "¡Ah, lamentamos profundamente lo que ha acontecido! ¡Todo sucedió tan de repente y nosotras…!"

– "Tranquila, que no es que fuera culpa de alguien." – Le calmó su jefa. – "¿Se encuentran todas bien?"

– "Afortunadamente, Shima-san." – Le contestó Kuroko. – "¿Decía usted?"

– "Mi esposa me previno de que un inadvertido aumento en la actividad geotermal podría desencadenar el inquietante espectáculo que atestiguan ahora." – Suspiró la mujer de añil cabellera. – "Originalmente esta sería una simple posada con vista al lago, pero un pequeño sismo ocurrido hace tres meses reveló las aguas subterráneas. Sin dilación, me apresuré a anexarlas, aunque ahora veo que fue una decisión demasiado temprana."

– "Uhm, hace un mes sentí una especie de temblor mientras estaba en la posada Kurusu." – Comenté. – "No le tomé importancia, siendo común la actividad telúrica en Japón, pero creo que el movimiento agitó lo suficiente el subsuelo, acrecentando la temperatura lentamente y resultando en esto."

– "Es la teoría más factible." – Asintió Smith. – "Aún así, el cambio debió ser al menos perceptible conforme el sustrato iba cediendo a la presión. ¿No notaron alguna anomalía?"

– "Percibimos una elevación en el agua, pero entre el clima invernal y la naturaleza de las aguas termales, no imaginamos que se estuviera cocinando tal hervidero." – Disintió la señora Shima con la cabeza. – "El cambio debió ser bastante gradual, pasando inadvertido."

– "Actualmente, nuestra habitación se sentía inusualmente calurosa la noche anterior." – Dijo Manako. – "Tio-san y yo tuvimos qué dormir con la puerta exterior abierta debido al bochorno."

– "Creí que había sido la única." – Afirmó Zombina. – "Pensé que había bebido demasiado."

– "Ya somos tres. Quién creería que terminaría así." – Agregó Cetania. – "¿Usted no lo sintió, Chief?"

– "Me dormí temprano, y atribuí la extraña temperatura al exceso de alcohol." – Replicó la capitana. – "Doppel no siente nada cuando está reposando en su forma original."

– "¿Qué haremos ahora, Okami?" – Le preguntó Bjørg, la kraken, a su jefa. – "¿Se acabó el sueño?"

– "¿Bromeas, calamar? ¡Observa el tamaño de ese géiser!" – Respondió Nao, sus ojos brillando. – "¡Ahora es un mega-onsen, el más grande de toda la prefectura! ¡Imagina cuántas personas pueden caber, y que pagarán por asistir! ¡Seremos millonarias, niñas, millonarias!"

Y se irán a la quiebra con tantas demandas por quemaduras…

– "Shima-san, no soy una geóloga experta, pero me parece que este sitio es demasiado peligroso como para continuar un proyecto de edificación." – Aseguró la coordinadora, ajustándose sus gafas oscuras. ¿De dónde las sacó? – "Incluso si la actividad termal disminuye, desconocemos el riesgo latente que implica para cualquiera el residir bajo una inestable tetera volcánica. Sin contar que también sería bastante irresponsable e ileg…"

– "Dos noches con todo incluido por sólo 60,000 yenes." – Se apresuró a ofertar la dueña. – "Sólo para usted y su equipo."

– "30,000 y doble ración de sake."

– "50,000 y permiso para tomar dentro del onsen."

– "35,000."

– "45,000 y todo lo anterior."

– "40,000, todo lo anterior y no uso la grabación para denunciarla ante las autoridades."

– "…"

– "…"

– "Hecho."

– "Y, entonces…" – Kuroko rodeó el cuello de Nao con un brazo, ofreciendo su mano libre. – "¿Cuándo dice que será la reinauguración?"

Ignoro qué es lo más escalofriante: si la ominosa manera de chantajear de una supuesta representante de la ley, o el hecho de que ésta esté dispuesta a arriesgarse a convertirse en estofado con tal de ahorrarse unos cuantos morlacos. Luego de que la capitana determinara los estatutos de su extorsi-Digo, su amistoso acuerdo, y dado que no había nada que pudiéramos hacer, llegó el momento de que nosotras regresáramos. Por su parte, la okami Shima había informado a las autoridades para que se encargaran de determinar las acciones a tomar; no sin antes haber contactado a sus inversionistas para proponerles su lucrativo plan de expansión, claro. Las termales no son tan calientes como la avaricia.

– "Bien, niñas, espero hayan disfrutado de la visita." – Dijo Smith, encaminándose a los transportes. – "Aparte de tan candente despertador líquido, considero que fue una agradable experiencia, ¿no piensan lo mismo?"

– "Bastante, Jefita." – Sonrió Tionishia, detrás de ella. – "Aunque me siento mal por la señora Nao y sus compañeras."

– "Tranquila, que todo está cubierto por el seguro. Sí, incluso las fallas geológicas." – Comentó la pelinegra. – "Ojalá los cuarteles contaran con uno, pero ya saben que nuestro bienestar es secundario para los altos mandos. En fin, partamos de una vez."

– "Hey, Chief." – Habló la rapaz. – "¿Qué hay con la pijama de serpiente que lleva puesta?"

– "Esos cupones del cereal de Kemono Cuatas no se iban a cambiar solos, Amatista. Y no es cualquier ofidia, sino una tsuchinoko." – Le respondió la coordinadora. – "¿Y por qué ustedes no llevan nada encima, degeneradas? La exhibición pública es delito."

– "Hauptmann, un condenado géiser de agua hirviendo atravesó nuestra habitación; tenemos suerte de todavía conservar la epidermis." – Le contesté. – "¿Y no se mordió la lengua, Kuroko Corleone?"

– "Oigan, un momento." – Habló de repente Satuski, mirando alrededor. – "¿Dónde se metió esa inútil de Yuzu?"

– "¡Echen paja!"

Todas alzamos la vista para encontrarnos con la fuente de aquellas palabras, atisbando a una pequeña kitsune de rubia cabellera que se hallaba en trayectoria de emular el impacto del asteroide que catalizara la extinción del Cretácico. Reaccionando con mis reflejos de cazadora, me apresuré a colocarme debajo de la descendente zorrita y, para suerte de la canina, logré atraparla sana y salva entre mis brazos. Afortunadamente mi falta de guantes no resultó en alguna cortadura. Gentilmente deposité en el suelo a Yuzu, completamente empapada.

– "Por la gran Inari, muchísimas gracias, señorita arachne." – Reverenció la kitsune. – "Me salvó la vida."

– "Sólo hago mi trabajo, amiga." – Le sonreí. – "¿Cómo es que te volviste astronauta improvisada?"

– "Pues, me encontraba reposando plácidamente en mi cuarto, ¡cuando de repente un chorro de agua aparece de la nada, explotando como un volcán!" – Relató la rubia. Conozco esa historia. – "Intenté huir de ahí, y despertar a Satsu-chan, que dormía como un lirón…"

– "¡Hey!" – Protestó la kitsune de pelo púrpura.

– "¡Pero entonces me vi rodeada por otro géiser, arrinconándome en una esquina! Permanecí atrapada por un momento cuando la presión pareció disminuir, dándome tiempo de escapar." – Prosiguió. – "Me les uní a las demás en la carrera hacia la salida, pero me sorprendió otro chorro, y luego otros más, esta vez atrapándome en un círculo de vapor ardiente."

– "Bien, eso explica que creyera que estuvieras con el resto del grupo." – Dilucidó Satsuki. – "Aunque no el cómo terminaste en el aire."

– "Encontré un pequeño espacio entre las vaporosas expulsiones, y el único camino era el cuarto de limpieza." – Continuó la empleada. – "Ya adentro, el suelo parecía seguirme como una serpiente, rompiéndose y delineando el paso, dejando escapar más agua. Asustada, tomé una tina de madera para lavar ropa y la usé como escudo al momento que un gigantesco géiser me elevó a varios metros. Y así acabé aquí."

– "Bueno, sí que eres afortunada que la tina te protegiera de la temperatura, zorrita." – Ahí, alcé el pulgar y sonreí ufanamente. – "Y también contaste con la magnífica suerte de que esta fastuosa alemana estuviera ahí para rescatarte heroicamente. No lo olvides, pequeña: MOE siempre estará ahí para proteger al inocente."

Y entonces, la tina me cayó encima.

Bueno, tomé el golpe por la zorrita; que no digan que soy una mentirosa. Luego de recuperarme de tremendo porrazo, nos despedimos de las chicas del onsen y, abordando nuestros transportes blindados, emprendimos el regreso a casa. A poco tiempo de retirarnos, un convoy de policías, bomberos, ambulancias y los latosos reporteros se dirigía a toda velocidad en dirección nuestra. Por suerte ellos estaban más interesados en el espectáculo acuático que aún se distinguía en el horizonte, pasándonos de largo. Nosotras, aún vistiéndonos en la parte trasera, nos agachamos para evitar ser vistas, levantándonos una vez los perdimos.

– "Quizás suene pretencioso de mi parte, pero creo que puedo darme una idea de lo que deben vivir día a día." – Opinó Lala, colocándose su ropa interior. – "Aunque sea sólo una fracción bastante diminuta."

– "¿Casi morir por calor excesivo?" – Preguntó la halcón, abrochándose el sostén.

– "Hablo de que esto pudo ser lo más cercano a ver la paz reinante interrumpida por un insospechado cataclismo, experimentando la incertidumbre y la adrenalina recorrerles las venas." – Aclaró la dullahan. – "Pero manteniendo profesionalmente la calma para actuar correctamente ante el desastre. Te felicito por reaccionar apropiadamente al evitar que la vulpina se lastimara, A chuisle."

– "Danke, Spatzi, pero como dije, es nuestro deber." – Le sonreí, señalando mi cabeza. – "Y justifica el chichón."

– "Potato será más torpe que un renacuajo en tierra, pero al menos cumple su trabajo cuando debe." – Dijo Alexandra, abrochando su camisa. – "Ojalá su cerebro hiciera lo mismo, pero no estamos para milagros ahora."

– "¿Te sientes bien, Pepper?" – Le cuestionó la falconiforme, arreglándose el cabello. – "Difícilmente elogias a esta flacucha. ¿Aún sigues bajo el influjo del alcohol?"

– "Ale ya abandonó su polar imperio para mostrarnos a la verdadera grillita debajo del témpano." – Intenté rodear a la mantis con mi brazo, pero ella me dio un pellizco en el costado. – "¡Ay! ¿Lo ves? Como buenas hermanitas. Antes hubiera sido un golp-¡Auch!"

– "Servido, hermana." – Declaró la italiana, habiéndome regalado uno en la cabeza. Y luego otro, seguido. – "Éste es por no dejarme dormir a gusto. Ni mi escopeta me deja tan sorda como tus ronquidos."

– "Por eso no escuchamos el géiser hasta que era un pilar de piso a techo." – Bromeó la castaña. – "Pero en serio, mira que aceptar pasar la noche con la reina de las lesbianas y sus dos lacayas; es algo que no esperé ver de ti, Pepper. ¿Segura que no es una broma elaborada de Doppel?"

– "Creo que Dyne simplemente encontró la tranquilidad en las aliadas y la familia que, me atrevo a suponer, anhelaba desde hace mucho." – Opinó la irlandesa, sonriéndole. – "¿Es mi conjetura acertada, compañera?"

– "Y que estaba algo ebria." – Acotó la ligeramente ruborizada mediterránea, acomodándose en su asiento. – "Ahora, si me disculpan, intentaré recuperar el reposo perdido. Despiértenme al llegar."

– "Sintonicen la próxima semana para otro episodio de grillita en negación." – Rió la americana. – "Deberíamos repetir esto algún día, ¿no lo creen?"

– "Ciertamente; es para experimentarse cuantas veces sea posible." – Asentí. – "Sólo asegurémonos que no estemos en peligro mortal la próxima vez."

– "¿Debido a la amenaza geotérmica?" – Preguntó la peliblanca. – "¿O porque el verde resplandor del papel moneda es capaz de cegar a los encargados del lugar lo suficiente como para omitir informarnos de tales riesgos?"

– "Especialmente lo segundo, linda." – Confirmé. – "De todas formas eso no importa ahora, se supone que vamos a ir a la… ¡ah, cierto!"

Aún debíamos tratar con Smith el asunto de Sanae y su futura bebé. Me acerqué a Zombina, quien se encontraba concentrada en la carretera y tarareando la canción que sonaba en sus auriculares.

– "Zoe." – Toqué su hombro. – "Zoe, ¿me oyes?"

– "Went through to Texas, yeah Texas, and we had some fu-¿Eh?" – Se removió el aparato. – "¿Qué sucede, Potato?"

– "Perdona la interrupción, ¿pero puedes comunicarme con la jefa? Le tengo una proposición."

– "Dudo que te venda su pijama, casi se gana una diabetes por tanto cereal consumido." – Bromeó la pelirroja. – "Hablando en serio, ¿qué planeas?"

– "Sólo sugerirle un buen lugar para desayunar."

– "Déjame adivinar: ¿American Food?" – Acertó la occisa. – "¿Le pedirás un aumento mientras degusta la comida preparada por tu casero? Qué diabólica."

– "Quizás." – Encogí los hombros. – "Pero el objetivo está más allá de promocionar la habilidad culinaria de Herr Kommandant. Anda, pásame el comunicador."

– "¿No sería mejor esperar a que las dejemos en su casa?"

– "Ahora que se encuentra de buen humor después de su (éticamente reprochable) trato con la dueña del onsen, considero que es el momento apropiado." – Le guiñé. – "Soy diabólica, ¿recuerdas?"

– "Es tu pellejo, araña." – Me pasó el walkie-talkie. – "Pero adelante, que en lugar de resaca me levanté con hambre de dinosaurio. ¿Crees que sirvan hamburguesas de wapití?"

– "Con suerte habrá de gato callejero con pulgas extra." – Bromeé, oprimiendo el botón de la radio. – "Hauptmann, soy Jaëgersturm, ¿me recibe?"

– "Tuvimos un sirenito, justo al año de cas-¿Qué?" – La capitana se pausó, oyéndola tomar el comunicador. – "¡Simijo, araña, no me interrumpas cuando ando inspirada! ¿Qué quieres?"

– "Déjeme hacerle una oferta que no podrá rehusar."

– "Lo siento, Jaëgersturm, esas pijamas eran de edición limitada, existencias agotadas." – Respondió la coordinadora. – "Y estás demasiado fea para arruinar tan fastuoso atavío."

– "¡Jefita, el gatito, el gatito!" – Escuché a Tio advertirle. – "¡Ay, no, pobrecito!"

– "Rayos, la cola sólo vale treinta puntos." – Refunfuñó Kuroko. – "Como sea, desembucha rápido, patas largas, que arruinas mi puntería al volante."

Ignoro si fue Smith quien influenció a Zoe, o viceversa.

Por suerte la primera parte de mi plan actualmente fue exitosa, convenciendo a nuestra superior de llenar nuestros estómagos en el American Food. Sin ninguna novedad el resto del viaje, llegamos hasta nuestro destino, entrando al restaurante. Era un lugar bastante minucioso en su decoración, dividido en cuatro áreas representantes de cada país del continente americano, desde el sur de Argentina hasta el norte de Canadá, aunque éste último se encontraba en reparaciones por un pequeño incendio controlado, según la nekomata que nos guió hasta una enorme mesa en la sección estadounidense.

Desgraciadamente la segunda mitad de mi estrategia parecía peligrar al descubrir que Kimihito no había laborado ese día. Tique se hallaba de buenas, sin embargo, y aunque carecían del toque especial de Kurusu, los platillos servidos no mermaron el buen humor de la coordinadora que, al igual que nosotras, comenzó a devorar sus alimentos. Sin dilación, yo y las chicas le comentamos sobre el asunto de la lámpades y su embarazo a la agente, logrando que su semblante despreocupado se tornara serio. Dejando su sándwich de chow-mein a medio comer, la pelinegra caviló mientras Lala le daba los últimos detalles.

– "Ciertamente es un caso interesante, y coloca a nuestro amigo Kenta en una posición difícil." – Opinó Smith, retirándose los lentes de sol. – "No por el hecho de haber embarazado a una liminal, o lo de su poligamia, sino por el asunto de que un defensor de la ley terminara quebrando uno de los estatutos primordiales del Acta."

– "Delitos policiacos, entendemos la ironía máxima." – Suspiró la dullahan. – "Pero ignorando el hecho de tan inusual falta, ¿hay algo que pueda hacer por ellos, agente?"

– "¿Quién era el coordinador de tu amiga Paromia, Lala?"

– "Un tal agente Will."

– "Carroll..." – Masculló Doppel.

– "Simijo…" – Gruñó Kuroko.

– "¿Persona poco grata, Hauptmann?" – Pregunté.

– "Un bastardo que conozco desde que estábamos en la academia de entrenamiento. Sólo nos vemos en las reuniones de la ANP, y únicamente porque no puedo evitarlo." – Espetó la capitana. – "¿Creen que soy una bruja tacaña, insensible y extorsionadora? Carroll me hace ver como una monja."

– "El maldito incluso estuvo en contra de formar MON." – Injirió Zombina. – "Está en esto por el dinero y el poder, no porque crea en el Programa o el Acta. Ni siquiera soporta a los liminales, el muy mezquino."

– "No me gusta hablar mal de nadie que no sea un criminal, pero una puede sentir la tácita hostilidad que irradia en nuestra presencia." – Añadió Manako. – "Tampoco es que sea delito, pero es bastante incómodo."

– "Fuck; ¿entonces estamos en desventaja, Chief?" – Cuestionó la rapaz.

– "Al contrario, con mejor oportunidad no podríamos contar." – Sonrió la aludida. – "Ese pelagatos estaría más que dispuesto a deshacerse de un huésped más bajo su tutela. Sólo debemos lograr que firme la transferencia de coordinador y listo."

– "El problema sería que él acepte." – Arguyó Tionishia. – "Posiblemente desee saber la razón de su interés en la familia de Sanae-san."

– "Sería arriesgado revelarle sobre el embarazo de Paromia-san." – Opinó la cíclope. – "Recuerde que él denunció el pequeño romance entre Kiyome y su casero."

– "Podríamos dejarlo simplemente fuera de servicio." – Dijo Doppel, partiendo su pierna de pollo. – "Temporalmente, claro. No sería la primera vez."

– "Hagámoslo por las buenas esta vez, Dop." – Smith desestimó con la mano. – "Pero mantengámoslo como plan B, ¿vale? Aún tengo el hacha."

Tengo curiosidad de preguntar, pero tengo más miedo de enterarme. Piensa en cosas bonitas, Aria, ve a tu lugar feliz…

– "O simplemente podríamos cambiarlos de casa." – Sugirió Zombina, con una papita frita en la boca. – "El papeleo es una monserga para cualquier agente, y ese flojonazo estaría feliz de relegarnos la responsabilidad. Le decimos que deseamos hacernos cargo porque obtendríamos más puntos con el superintendente o algo así, y listo."

– "Y de todas maneras necesitarán una vivienda con espacio para la bebé." – Asintió Kuroko. – "Excelente sugerencia, Zoe."

– "Aún te funciona la sesera, cerebro agusanado." – Comentó la cambiaformas. – "Ahora el asunto está en encontrarle vivienda nueva a nuestro trío. Viven y laboran en Tokio, ¿no? La mayoría de los lugares disponibles son apartamentos individuales, y no podemos acondicionarlos."

– "No podemos usar las casas de seguridad de la policía como refugio temporal porque no están en peligro." – Acotó la pelirroja. – "Y dado que es un hogar huésped, por ley debe ser una residencia fija."

– "Hauptmann, la hermana de Roberto trabaja en bienes raíces." – Hablé yo. – "Tal vez sea posible hallar un buen hogar."

– "Aunque tuvieran una residencia ya lista y en venta, dudo que puedan adquirirla lo suficientemente pronto." – Afirmó la aludida. – "Necesitamos que el cambio sea rápido para deshacernos del maldito de Will lo antes posible. Tampoco podemos alojarlos en alguno de sus hogares, a menos que sean sus parientes."

– "Entonces, ¿qué tal la casa que pertenecía al padre de Kenta?" – Ofrecí. – "Tienen una en… en…"

– "En Gunma, cerca del Monte Akagi." – Completó Alexandra. – "Una casa de campo, propiedad privada alejada de la urbe."

– "Desconocemos las dimensiones, e incluso si aún esté bajo su posesión, pero debería ser suficiente para que vivan tranquilos mientras consiguen un mejor techo." – Añadió Cetania. – "Quedarían como a dos horas de camino hacia su trabajo, pero dudo que la distancia les sea un problema."

– "Me parece que ya tenemos nuestra respuesta entonces, chicas." – Asintió la capitana. – "Tan pronto terminemos de comer, empezaremos con los arreglos."

– "Agente Smith…" – Lala se incorporó para ofrecerle la mano. – "Go raibh míle maith agat. De parte de todas nosotras."

– "Sólo hago mi traba-¡Ah!"

– "De verdad, gracias por todo." – La peliblanca la había jalado para darle un abrazo. – "Es en verdad una heroína."

– "Agradézcanse a ustedes y siéntanse orgullosas por ayudar a que una nueva familia tenga la oportunidad de formarse." – Sonrió Smith, dándole unas palmaditas en la espalda. – "Haremos todo lo posible para que ellos obtengan la felicidad que merecen, lo prometo."

– "Danke schön, Hauptmann." – Le sonreí, dándome un golpe en el pecho. – "Honorem et Gloriam."

– "Honorem et Gloriam." – Repitió el resto al unísono.

– "Alábenme cuando hayamos confirmado que nuestro plan tuvo éxito, por mucho que merezca la zalamería." – Replicó la coordinadora, siempre tan modesta. – "Me gustaría tratarlo ahora mismo, pero debemos preparar terreno primero. Aunque en lo personal creo que el resultado será positivo; muchos de nosotros en la ANP y el gobierno mismo estamos a favor de la unión definitiva entre especies, pero la burocracia prefiere hacer maromas antes de que veamos el cambio que deseamos."

– "Nada ha cambiado en cinco mil años." – Comentó Doppel. – "Ni siquiera el omnipotente faraón era capaz de lograr que sus torpes sacerdotes aprobaran sus dictámenes. Lo afirmo y repito: la política no funciona."

– "En todo caso, tranquilícense, pondremos todo nuestro empeño en esto, y nuestros superiores también." – Nos aseguró Kuroko. – "Ahora, ¿qué tal si terminamos de hincarle el diente a estos manjares antes de que se enfríen?"

Asintiendo y con la moral en alto, continuamos con nuestro desayuno. Miré a mis novias y, después de intercambiar unas silentes miradas, sonreímos. Habíamos sacrificado nuestra pequeña escapada en la casita de campo, pero a cambio de ello, pavimentamos el camino para que un hombre y dos mujeres continuaran juntos en la nueva aventura que les esperaba. Acampar podemos en cualquier lado; ellos no contaban con el lujo de intercambiar moradas. ¿Qué es nuestro capricho, comparado con la seguridad de saber que una niña no deberá vivir en una familia dividida?

La capitana tenía razón, había mucho a nuestro favor, especialmente si recordamos que Papi es la hija del superintendente Kuribayashi, quien, esperábamos, no se negaría a auxiliar a una futura familia. Y dada la naturaleza de las arpías comunes, la poligamia tampoco le sería un tema incómodo, aunque seguramente se trataría con discreción. Confiando en que todo iría viento en popa, los platillos nos supieron mejor de lo esperado; no hay mejor condimento que la felicidad.

Una vez finalizadas, fuimos transportadas a nuestras moradas. Habiendo llegado, la coordinadora se excusó para pedirle una taza de café a nuestro casero, y posiblemente reprenderlo por no asistir a trabajar ese día.

– "¿En verdad no quieres quedarte, Ale?" – Le pregunté a mi hermana, mientras bajábamos del transporte.

– "Ya conviví demasiado tiempo con ustedes, Potato, exceder la dosis es letal para mi cordura." – Respondió Dyne, cruzándose de brazos. – "Me he relajado lo suficiente, ahora necesito entrenar."

– "Al menos date una ligera pausa antes de saturarte los pulmones de plomo, Pepper." – Opinó Cetania. – "Sólo falta que quieras practicar sola en el Campo Asaka."

– "Sabemos que deseas pasar el tiempo sola, pero aún así nuestra invitación sigue abierta para ti." – Agregó Lala.

– "Les agradezco, pero quizás en otra ocasión." – Respondió Nikos, subiéndose al asiento del copiloto. – "Adiestrarse constantemente es axiomático para una guerrera."

– "Te encanta ser testaruda, hermana." – Reí tenuemente, ofreciéndole la mano. – "Cuídate entonces, Ale; nos veremos luego. Recuerda que siempre serás bienvenida."

– "Lo sé." – Asintió ella. Ahí, bajó el tono de su voz. – "Cuídense también."

– "¿Eh? No te escuché, hermana."

– "¡Que no te soporto, Potato!" – Exclamó la empusa, sonrojada.

– "Ah, claro, también te quiero, Ale. Nos saludas a las chicas en los cuarteles." – Le sonreí. Le ofrecí mi mejilla, inflándola. – "¿Qué tal otro besito, como el de ayer?"

La mantis contestó dándome una patada en el cachete y cerrando la puerta. Por suerte estaba usando zapatos en lugar de sus botas. Qué bonita familia. Kuroko había regresado y se dirigía hacia nosotras.

– "Espero tengan todas sus vacunas, niñas, porque Cariño-kun ha contraído el virus de la influenza." – Informó la pelinegra, llevando un cubrebocas. – "Eso explica su ausencia laboral y de que todavía carezca de mi dosis recomendada de cafeína al estilo Kurusu."

– "Ah, scheisse, gripe. Y ayer se veía tan sano." – Disentí con la cabeza. – "¿Y cómo se encuentra él?"

– "Centorea informa de que su estado es estable, pero se mantendrá aislado hasta que se cure, posiblemente para mañana." – Replicó la capitana, retirándose la prenda. – "Por ahora se encuentra bajo el cuidado de Suu, que es inmune y ya tiene experiencia en velarlo. Aún así, les recomiendo tomen precauciones si no desean enfermarse."

– "Lo tendremos, Hauptmann." – Asentí. – "Además, entre descansar y su harem, creo que Herr Kommandant se repondrá más pronto que en un hospital. Si no muere en el intento, claro."

– "¿Alguna precaución adicional, coordinadora?" – Preguntó la irlandesa. – "Según los testimonios de las inquilinas, la última vez usted actuó algo… vehemente en su afán por protegerlas de los agentes patógenos."

– "Y lo usó de excusa para dejarle todo el trabajo de oficina a MON." – Añadí. – "No lo digo yo, me lo contó Zoe."

– "No seas chismosa, Potato." – Dijo la zombie, en el asiento del conductor. – "Pero es verdad."

– "Puede que enviar al equipo de contención biológica y poner en cuarentena a la casa entera les parezca excesivo, pero sólo me aseguré de evitar una posible pandemia." – Aseguró la mandamás, indignada. – "Incluso me tomé mi tiempo para visitarlos personalmente, sin contar que me gané una infección también en esa ocasión; muestren un poquito de agradecimiento."

– "Le dije que había reunido demasiado karma negativo, Jefa." – Comentó Manako. Smith le echó una mirada asesina. – "Y-yo me regreso."

– "Ay, pues discúlpenme por preocuparme por su bienestar, melindrosas." – Smith se cruzó de brazos, torciendo la boca. – "A la próxima que necesiten buscarle casa a la coscolina de su amiga lámpades, a ver si encuentran a otra magnánima coordinadora para que les ayude. ¡O que le importe en primer lugar!"

La la la la~ ¡Oh, welcome to the Japari Park!~

La rabieta de la capitana fue interrumpida cuando sonó su teléfono móvil. Al principio pensé que se trataba del celular de Lala, ya que compartían el mismo molesto tono de esa tonta serie animada; pero si la pijama que la pelinegra llevaba en la mañana es evidencia, las diabólicas Kemono Cuatas han logrado expandir su malévola influencia a las esferas de Monster Ops. Sin dilación, la agente tomó el teléfono.

– "¡Con un demonio, ¿que no puede una tener un segundo en paz?!" – Smith casi rompe la pantalla para contestar. – "¡Habla Smith, escupe o te sodomizo con tu espina dorsal! ¿Eh, tan rápido? Excelente. Sí, ya veo. De acuerdo, iremos enseguida."

– "¿Quién era, Chief?" – Indagó la rapaz.

– "Titania, ya se siente mejor y está lista para torturarlas." – Contestó Kuroko, guardando el teléfono. – "Oh, y las armas de Sparassus finalmente llegaron y están siendo acomodadas en la armería."

– "¿De verdad? ¡Wunderbar!" – Mis seis ojos brillaron intensamente. – "¿Podemos ir a darles un vistazo, Hauptmann?"

– "Ah, ahora sí soy su capitana y no una vituperante evasora de responsabilidades, ¿verdad?" – Retrucó ella, con las manos en la cintura. – "Pues ya que soy tan malvada como un orco salvaje, se joden, Amatistas."

– "Pero…"

– "¡Ningún pero! ¡Deben aprender a respetar a sus superiores!" – La coordinadora abrió la puerta del transporte. – "¡Eso te incluye a ti, chapulín malhumorado!"

– "¿Pero qu-¡Wah!" – Exclamó la italiana al ser lanzada hacia afuera. – "¡Jerarca, ¿qué hace?!"

– "Te dejo con tus semejantes. Que lo disfrutes." – Sentenció Smith, ocupando su lugar. – "¡Y olvídense de sus malditas vacaciones! ¡A partir de mañana regresarán a entrenar, que no les pagan por holgazanear!"

– "¡Carajo, Potato, esto es tu culpa!"

– "¡No se ponga así, Chief! ¡Nosotras apreciamos todo lo que hace!" – Se apresuró a declarar la halcón. – "¿Quién es la agente más querida? ¡Ku-ro-ko, Ku-ro-ko!"

– "¡Ku…!" – Dije yo, alzando las manos.

– "¡Ro…!" – Fue mi turno de la falconiforme, extendiendo sus alas.

– "Cómo las odio…" – Masculló la mediterránea.

– "Eso también vale."

– "Déjense de tonterías, Amatistas. No significa no." – Aseveró la capitana. – "Cinco de la mañana. Preparen el lubricante, porque ni Jättelund ni yo tendremos piedad con sus fofos traseros."

– "Agente Smith, ¿puedo ofrecerle una taza de café?" – Injirió la segadora, haciendo una reverencia. – "Aunque mi habilidad no se compara con la de nuestro hospedador en la elaboración de su brebaje predilecto, confío en que la inigualable sapidez de la Coffea arabica colombiana cumpla con sus altos estándares en cuanto a calidad."

– "…"

– "…"

– "Diez minutos, dullahan." – Ordenó la pelinegra. – "Dos de azúcar. Olvida la crema."

– "Tuigim." – Reverenció de nuevo la peliblanca. – "Regreso enseguida."

La peliblanca ingresó a la morada al tiempo que yo rezaba en silencio a Niké para que el plan de mi irlandesa tuviera éxito. Mientras tanto, nosotras nos mantuvimos quietecitas y calladas, con la avasalladora mirada de Kuroko (y también Dyne) sobre la pajarita y yo. Zoe intentó ajustar la radio para extinguir el incómodo silencio, pero la mandamás prefirió que la única tonada fuera el ruido urbano. Finalmente, nuestra añil salvadora regresó con una argenta bandeja, y en ésta, una jarra con el preciado líquido. Agregando el brebaje en la taza, la Abismal echó los cubitos de sacarosa y se la ofreció a nuestra jefa.

– "Chévere." – Asintió Smith luego de degustarlo. – "Casi me siento en los cafetales del Quindío. Gura míle, Lala."

– "Me alegra que satisfaga su ingesta." – Sonrió la dullahan.

– "Si sigues así, podría contratarte para ser nuestra chef en la cafetería." – Rió la agente. Ahí, nos miró. – "¿Y bien? ¿Vienen a probar sus nuevos juguetes o seguirán asoleándose como lagartijas?"

– "¡Ah, claro, Hauptmann! ¡Enseguida!" – Reaccioné. Volteé en dirección de la segadora y le di un beso en sus azules labios. – "Danke schön, Spatzi. Du bist der beste."

– "Lisonjas apreciadas, A chuisle, pero innecesarias." – Me regresó el ósculo, acariciando mi barbilla. – "Sólo hago mi trabajo, que es demostrar mi aptitud en las artes culinarias."

– "Y lo haces muy bien, linda. Otro bechito pa' ti." – Adoro el sabor de sus labios. – "¿No hay problema en que te deje solita?"

– "Atiende al llamado de tu patria, A chuisle. Descuida." – Me dio una palmadita en el hombro. – "Yo me quedaré a ayudar en la recuperación de nuestro casero."

– "Está bien, querida. Cuídate también, no te me vayas a poner malita."

– "Ya estás bastante fea de por sí como para que te enfermes, enana." – Bromeó la americana. – "Ustedes dos son más cursis que novela latina. Vamos, flaca, o tanta melosidad te subirá el azúcar."

– "Descuida, incordio alado, que la acritud de tu exigua beldad contrarrestará cualquier exceso de dulzura." – Retrucó la irlandesa. – "Trata de no dispararte a ti misma, por mucho que lo merezcas. A mí me corresponde librar al universo de tu insoportable existencia."

– "Felicidades, Potato, estas dos finalmente están coqueteando." – Injirió mi hermana, subiéndose a la parte trasera del camión. – "De prisa, que la vida es demasiado corta para desperdiciarla en flirteos."

– "Ya vamos, amargada. Uy, me agradas más ebria." – Le repliqué. Abracé a mi nativa del Éire. – "Nos vemos entonces, Spatzi. Y dale nuestros buenos deseos a Herr Kommandant."

– "Lo haré, A chuisle. Tendré lista la comida para cuando regreses." – Lala agitó su mano. – "Cuídense. Ádh mór ort."

Mostrándole un pulgar arriba a mi amada, abordamos la Dama de Hierro y nos encaminamos directo a los cuarteles. Me encontraba expectante, con mis pedipalpos repiqueteando ligeramente el suelo metálico del vehículo; las armas de mi nación no sólo me hacían sentir orgullosa de nuestra industria nacional, sino que me harían sentir como en casa, con los recuerdos agradables de haber servido a la ley. Irónico que extrañe mi patria después de haber huido de ésta, pero yo intentaba escapar de mi propio pasado, no de mi país. Mis errores jamás mermaron mi patriotismo.

– "Chicas, una duda: ¿usaremos las mismas herramientas que tenemos ahora?" – Nos preguntó Cetania, recargada en mi cuerpo. – "¿O cambiaremos de modelo?"

– "Me siento a gusto con mi Mossberg, nunca me ha fallado." – Aseguró Dyne. – "Lo mismo con mi MP5. Hacen bien su trabajo y es lo único que importa; no las cambio por nada."

– "La Mossberg está muerta." – Habló Zombina, conduciendo. – "Las únicas escopetas que nos quedan son una Remington 220F recortada, y un par de Armsel Strikers."

– "Simijo…" – Masculló la italiana. – "Las de cañón basculante y las semiautomáticas no son mi tipo."

– "Descuida, hermana, seguramente habrá nuevas escopetas." – Le tranquilicé. Acaricié el pelo de la castaña. – "¿Qué hay de ti, Süsse? ¿Te decepcionó el rifle M4?"

– "No, más bien el condenado M203, el lanzagranadas." – Aseguró. – "Cumple bien su función, pero el sistema de alimentación es un fastidio; hay que tener cuidado de no tirar accidentalmente la granada del tubo en medio del calor de batalla. Y el alza interfiere con la del rifle, así que prácticamente tengo que calcular y rezar para que atine al blanco."

– "Ese lanzagranadas es el único en nuestra posesión, sargento. Aparte de que tienes suerte de que te permitamos usarlo fuera del ámbito militar" – Dijo Kuroko, ajustando la radio. – "Zoe, ¿qué demonios le hiciste a esta cosa? Sólo capta señal de la base aérea de Yokota."

– "Lo tiene en amplitud modulada, Capi, oprima el botón de la izquierda." – Le replicó la muerta viviente. – "Déjela ahí, esa está buena. Twistin' the strangle grip, won't give no mercy~"

– "En fin, cómo te decía, arpía, a excepción de las unidades anti-motines, ninguna fuerza policiaca posee autoridad para cargar con un lanzagranadas." – Resumió la coordinadora. – "Pero como dice la araña, es muy posible que contemos con una mayor selección de arsenal. Desconozco cuál, específicamente; el pedido fue hecho por los altos mandos de la ANP y no se me ha informado del contenido."

– "Todas son armas alemanas." – Aseguré. – "Heckler & Koch, Rheinmetall; incluso algunas históricas de la guerra, como Mauser y Erma Werke. Nuestra industria es exclusivamente germana."

– "Algo que no entiendo, flaca, es que si se supone que son creadas en tu país, ¿por qué llevan los nombres de las empresas originales?" – Cuestionó la halcón. – "¿Es que tienen licencia para reproducirlas o algo así?"

– "Precisamente, Süsse. Poseemos contratos con tales empresas para crear copias legales." – Dilucidé. – "Simplemente me refiero a éstas por su nombres tradicionales porque son más familiares."

Y porque dudo que muchos sepan que nuestra Sparassusreich-Waffenfabrik P228 es la misma pistola que comercializa la firma SIG Sauer.

"El intercambio armamentístico alemán-sparassediano moderno data desde la formación del primer Imperio Germano, en el siglo XIX, cuando suplíamos a las tropas del Káiser." – Relaté. – "Incluso la debilitada república de Weimar, después de la Primera Guerra Mundial, nos tenía bajo su contrato. Nuestra economía florecía, así como la industria."

– "Así se logra la diplomacia verdadera: apelando a los bolsillos de los aliados." – Comentó Alexandra. – "Entonces, ¿sus fábricas son subsidiarias de tales empresas?"

– "Nein, son cien por ciento nacionales. Las armas llevan los logos tanto de nuestra industria como la de ellos." – Expliqué. – "Pero nosotras nos tomamos la libertad de mejorar los diseños y usar materiales más resistentes. Por ejemplo, el cañón del rifle G36 de Heckler & Koch sufría de sobrecalentamiento en usos prolongados, así que eliminamos el desperfecto y ahora es un fusil bastante fiable."

– "Bien hecho, aunque tal trabajo no debe ser barato." – Opinó Zombina, deteniéndose en un semáforo. – "O menospreciado; mira que hallar tremendo arsenal robado en aquella fábrica. Me alegro que hayan destruido todo, sería el colmo que nos dieran con las mismas herramientas que usamos, Potato."

– "Son armas de calidad, al menos podemos contar con una muerte rápida." – Reí ligeramente. – "Yo sólo quiero una sustituta para la difunta Mugi. Espero los de arriba hayan encargado ametralladoras también."

– "Oh, ¿y ahora qué quiere esa maldita enana?" – Se quejó la capitana, contestando su resonante teléfono. – "Smith aquí. Sí, estamos en camino. Oh, ¿realmente? Lo sé, tú sólo espéranos. No, no la mates. Ya sé, ya sé, ya vamos. Ush, ¿por qué no hicimos un muro aquí también?"

– "¿Qué pasó ahora, Chief?" – Interrogó la rapaz.

– "Este día sólo sigue llenándose de sorpresas, y apenas comienza." – Suspiró la aludida, guardando su celular. – "Llegaron las demás herramientas. Sí que fue rápido esta vez, pero al menos cumplieron su palabra."

– "¿Habla de lo que discutimos en el hospital, Jerarca?" – Preguntó Nikos.

– "Quizás~" – Nos guiñó. – "Acelera, Zoe. La viejita en andadera vale el doble de puntos."

Pisando el acelerador hasta el fondo, la teniente posiblemente superó la barrera del sonido al tiempo que los neumáticos rechinaban por tatuar el asfalto con el bruno caucho (o las tripas de la ancianita, una nunca sabe). Para ese entonces ya no nos inmutábamos por la patológica falta de respeto hacia las reglas viales de nuestras superiores. Ignorábamos si eso era bueno o no, pero no íbamos a quejarnos por tal inmunidad; una aciaga preocupación menos. Con la velocidad del relámpago conjurado por Thor, llegamos hasta los cuarteles y nos introdujimos al estacionamiento techado.

– "¿Remodelaron, Chief?" – Preguntó la nativa de Montana mientras caminábamos a la entrada. – "Luce algo diferente desde la última vez que los vimos."

– "Afirmativo, han estado dándole más retoques a la fachada. Aún falta para terminar todo el edificio." – Respondió la coordinadora. – "Empero, esta empresa que contrataron únicamente expanden, más no se asegura de que la construcción sea sólida. Pero mientras no se nos venga encima, podremos vivir con los desperfectos."

– "En verdad no deberíamos aceptar tan mal trato, Hauptmann." – Argüí. – "No seremos perfectas, pero somos un pilar en la vigencia del Acta. Merecemos al menos una base decente."

– "Un paso a la vez, Jaëgersturm. Aún debemos arreglar el asunto de la lámpades." – Contestó la capitana, abriendo las puertas de cristal. – "Al menos ella no afectaría el presupuesto, por lo que tiene mayores oportunidades de ser aprobada. Lo sé, sólo en esta loca academia de policía un embarazo es más fácil de solucionar que las grietas de una pared."

– "Somos Monster Ops, Jerarca." – Remarcó mi hermana. – "Todas estamos locas."

– "Especialmente yo, por emplearlas." – Rió Kuroko. Ahí, saludó a la recepcionista. – "Buenos días, Chiasa, escuché que nuestro equipo ya está aquí."

– "Buenos días, capitana. Afirmativo, la instructora Jättelund ya se encuentra en la armería junto con éste." – Respondió la chica de castaño cabello. – "Sin embargo, me temo que también hay…"

– "Descuida, estoy enterada. No hay problema." – La agente se dirigió hacia el elevador. – "O eso espero, por eso nos apresuramos. Por cierto, ¿tienes el paquete?"

– "Claro, capitana." – Chiasa le entregó un sobre. – "Aquí tiene."

– "Gracias. Zoe, vienes con nosotras. Diamantes, dense un baño, nos espera un día ocupado."

Las demás asintieron y se retiraron. Chiasa le ofreció una reverencia a Smith y, volteándose en nuestra dirección, la recepcionista nos saludó marcialmente a mí y mis dos compañeras. Nosotras emulamos el gesto y agradecimos tácitamente con una sonrisa. Era rejuvenecedor para la moral que reconocieran nuestros esfuerzos. Nos internamos al ascensor, mientras mi abdomen temblaba ligeramente por la ansiedad de admirar el reluciente arsenal. Abriéndose las metálicas puertas del elevador, fuimos recibidas por Keiko, la pelinegra guardia de la armería, también saludándonos marcialmente. Sí, nada mejor para el alma que el aprecio a nuestra ardua labor.

– "Vaya, vaya, pero si son las tres huastecas."

Y entonces, la felicidad murió.

– "Guten Morgen, Frau Jättelund." – Saludé a Titania. – "Más de una sem…"

– "¡Más de una semana holgazaneando, como siempre, huevonas!" – Interrumpió la gnómida. – "Se fueron a divertir y a toquetearse a sus divinas aguas termales, pero ni siquiera se toman un minuto para saludar a su instructora. Ah, pero como vencieron a una lagartija sobrecrecida, ya sienten que no necesitan a esta chaparra gruñona, ¿verdad?"

– "Instructora, su nariz aún sigue roja." – Señaló Dyne. – "¿No debería estar reposando?"

– "¡No me digas qué hacer, saltamontes nalgas-verdes! ¡Tantos días aquí y no me has dirigido la palabra!" – Vociferó la latina. Se volteó hacia la capitana. – "¡Tú también, Kuroko! ¡Tengo que soportar las inyecciones que esa maldita negra me receta, quedarme todo el día en la cama como una jodida gallina empollando, mientras la comida no sabe a nada! ¡Y encima de todo, tengo que atender asuntos que no me corresponden! ¡No me pagas para estas cosas!"

– "Cierto." – Asintió la coordinadora. Entonces, le ofreció el sobre. – "Tu bono navideño. Doscientos mil."

– "¿Netos?"

– "Íntegros. Y de nada; prescindimos de reparar las paredes para juntarlo, ¿sabes?" – Arguyó la mandamás. – "Regresa a tu descanso, que no estoy de humor para que me contagies. ¿Tomaste la medicina de Redguard?"

– "Sí, sí. No seas jodona, Smith." – La mexicana se encaminó al elevador. – "Las cajas están allá, siguen sin abrir. Por cierto, también…"

– "Lo sé. Descansa, Jättelund; ya podrás darles de palos a estas Amatistas cuando te mejores."

– "Eso es lo que me da esperanzas para recobrarme pronto." – Sonrió maléficamente la gnómida. – "Preparen la Pomada de la Campana, novatas, que les haré más grande el hoyo. ¡Achú!"

Me quejaría de la sodomita obsesión en las amenazantes metáforas de nuestras superiores, pero no iba a morderme la lengua. La veracruzana se retiró, estornudando y limpiándose con un pañuelo. Curioso, mientras a nosotras casi nos calcinaban vivas las explosiones hidrotermales, el resto cogían resfriados debido al gélido clima. Pasamos hacia la bodega de la armería, listas para liberar a nuestras nuevas amigas de batalla de sus lignarias prisiones. Entonces, nos sorprendimos al hallar algo más que cajas esperándonos.

– "Guten Morgen, Kameraden." – Nos saludó una inesperada invitada. – "Por fin aparecen; mi teléfono no tiene señal y ya me estaba aburriendo."

La chica en cuestión era una arachne saltarina cubierta en rosado exoesqueleto, con sus seis ojos carmesí haciendo juego con el corto cabello de verde tonalidad. Una de las inquilinas del profesor Sarver, y también una nativa de mi patria. La última vez que hablé con ella, (es decir, con la real, no una imitación de su amiga doppelgänger) fue para solicitar ayuda para hallarle un cañón a mi ametralladora. Ahora, la historia se repetía, al parecer.

– "¿Rachel? ¿Qué haces aquí?" – Le pregunté a mi congénere, Rachel Tzeranth. – "Espera, ¿acaso Sarver forma también parte del contrato con Sparassus?"

– "¿Eh? No, zanquilarga, Karu no tiene nada qué ver con su cargamento." – Esclareció la saltadora. – "Yo sólo estoy como embajadora de buena fe en cuestión de productos de mi excelso casero. Pero primero veamos qué les trajo Arachne Claus desde la madre patria, ¿vale? Yo también tengo curiosidad."

– "Sólo por hoy te concederemos el privilegio, Tzeranth." – Mencionó Smith. – "Estamos agradecidas por tomarte la molestia de venir hasta aquí."

– "Qué bueno, porque estoy segura que esa enana mexicana me pegó sus bichos." – Rachel hizo mueca de disgusto. – "Al menos mamá es enfermera y me dio su receta de caldito de pollo. Si me pongo malita, espero me paguen la indemnización."

– "Prometemos no arrestar a tu casero por sus locos experimentos, ¿te basta?" – Retrucó Kuroko. – "Suficiente charla. Zoe, revisemos si esas arañas fascistas no nos estafaron."

– "Como diga, Capi. Quiero probar estos bebés lo antes posible." – Asintió la pelirroja, tomando unas barretas y ofreciéndonoslas. – "¿Una manita, por favor?"

Aceptando, todas (incluso Rachel) tomamos una palanca y las usamos para abrir las cajas de madera. Dentro de éstas, se revelaron los contenedores de verde tonalidad que resguardaban nuestras nuevas armas, ostentando el inconfundible logo de la araña. Eran ocho contenedores en total, todos de gran tamaño. No parecía mucho, pero era bastante para nuestra fuerza tan pequeña.

Ya que la saltarina y yo conocíamos de los particulares seguros usados en nuestro país, no necesitamos de leer instructivos y raudamente los retiramos. Cargamos entre todas tales cajotas y las colocamos en fila. Nos separamos en dos grupos, con las veteranas y Rachel tomando el ala derecha. Las MOE tomamos la izquierda y destapamos los polímeros arcones. Yo me sentía como si estuviera desenterrando un cofre pirata.

Y al igual que éstos, encerraban en su interior valiosos tesoros.

– "Meine göttin…" – Musité, hipnotizada. – "Cuánta hermosura."

Al contrario de los pedidos estándar, que contenían a cada arma en un maletín individual, los encargos para fuerzas policiacas o militares utilizaban altos contenedores que se erguían verticalmente, y que se abrían como un armario, mostrando tres secciones llenas del dichoso arsenal. Sparassus no reparaba en gastos cuando se trataba de presumir su industria.

El primero, que yo abrí, contenía una panoplia de pistolas de diversos calibres y marcas. Eran alrededor de veinticuatro modelos, con una copia cada uno, dándonos cuarenta y ocho piezas en total. Cada una venía con un juego de cachas extra y una mira antiaérea, como es ley en mi país. Parecería innecesaria en una pistola, pero no debería extrañarse de una nación ultra-militarizada con carencia de fuerza aérea y desventaja ante las amenazas del cielo. Un manual de instrucciones para cada modelo y pegatinas promocionales también eran agregados.

– "Creo que ya encontré ganadora." – Dijo Alexandra, con una escopeta en manos. – "Me recuerda a la Mossberg original, pero se siente algo más ligera."

– "FABARM FP6, calibre doce, capacidad de ocho disparos, hecha de aleación Ergal 55." – Enumeré. – "Utilizada por la GSG9 alemana. De procedencia italiana, pero distribuida por Heckler & Koch. Es casi un aforismo de lo que eres, hermana: una explosiva ítalo-germana que pega fuerte."

– "Me gusta el acabado en negro y verde olivo, combina con tu cabello y quitina." – Comentó Cetania. – "Si duda te quedaría bien, Pepper."

– "¿Alguna desventaja frente a la Mossberg?" – Interrogó la mantis, revisándola de arriba a abajo.

– "Sólo treinta y cinco metros de alcance letal, cinco menos que tu escopeta anterior." – Informé. – "Lo compensa con una velocidad de salida mayor, por lo que el impacto (y el retroceso del arma) son muy altos."

– "Más dolor para el enemigo siempre es bienvenido." – Jaló la corredera de recarga con una sola mano. – "Y no es que piense en combatir a largas distancias de todas maneras. Se queda."

Así es como una nueva integrante se unió a nuestro grupo. Zombina y Smith revisaban un par de contenedores con más subfusiles y armas de defensa personal. Yo abrí otro, revelando toda una miríada de carabinas y rifles de asalto. Después de las pistolas, esta era la categoría de mayor abundancia, con dos contenedores dedicados a tales herramientas.

– "Süsse, ven aquí, linda." – Llamé a la castaña. Ella se acercó. – "Dices que te gusta tu rifle M4 pero el lanzagranadas es un fastidio, ¿verdad?"

– "Correcto, flaca."

– "Entonces, ¿qué tal si te ofrezco esta Heckler & Koch 416 A5?" – Le mostré el fusil. – "Mismo calibre, mismo cañón de catorce milímetros, misma ergonomía, pero con tecnología alemana."

– "Se parece mucho a la M4." – Opinó, revisando el rifle. – "¿La diferencia?"

– "Un sistema interno de pistón a gas que permite al arma disparar incluso después de haber sido sumergida en agua, lodo o arena." – Aseguré. – "Seguros ambidiestros; compatibilidad con prácticamente todos los accesorios de la M4 en el mercado; y lo mejor de todo… ¿Rachel?"

La saltarina, que entendió al instante mi tácita señal, y cuyo contenedor que había elegido estaba dedicado a los accesorios para nuestro arsenal, como supresores, miras réflex y refacciones para guardamanos y cachas, me arrojó un aparato de treinta y cinco milímetros, el cual desplegué frente a la americana.

– "Esto: lanzagranadas M320, diseñado por los genios de Heckler & Koch, y perfeccionado por la patria sparassediana." – Declaré, inspirada. – "Acepta todas las granadas de cuarenta milímetros, incluyendo humo y cegadoras. La apertura lateral permite una recarga más rápida de proyectiles y los sostiene mejor, sin temor a que se salgan del tubo. Su alza no interfiere con la del rifle, o con otros accesorios. Además, puedes usarlo como un arma aparte. ¿Qué te parece?"

– "Que suenas a comercial de Heckler & Koch. ¿Cuánto te pagan por la publicidad?" – Bromeó la halcón, contemplando el lanzagranadas. – "Pero me convenció. Si no tengo qué volver a aprender todo lo que sé, entonces me las quedo."

– "Confía en la vieja Aria, pajarita." – Le guiñé. – "Mi hoplofilia no es de adorno."

– "¡Hey, alemana!" – Me habló Zoe de repente. – "¡Atrápala!"

Mis sentidos arácnidos reaccionaron al ver a la muerta viviente arrojarme un gran objeto. Lo capturé rápidamente y, evitando que me diera de lleno en la cara, contemplé lo que tenía entre manos. Una sonrisa, tan enorme como la del gato de Cheshire, me tapizó el rostro.

– "Sparassus über Alles…"

Una ametralladora MG3.

Y no cualquier MG3, sino el modelo KWS (abreviación de Kampfwertsteigerung, mejoras de combate), una versión actualizada para la veterana Maschinengewehr. Esta edición moderna incluía rieles Picatinny tanto en la cubierta del cañón como la tapa, permitiéndole adaptar más y mejores accesorios. Contaba con un agarre delantero para sostenerla mejor, y que también funcionaba como asa de transporte, además de una culata plástica ajustable y selector de fuego automático o individual. En resumen, eran las mejoras necesarias para el siglo XXI, pero con el encanto clásico de la Segunda Guerra Mundial, cubierta en un majestuoso negro metálico.

Perfección pura.

– "Maki." – Proclamé, acariciando la cubierta perforada del cañón. – "Te llamarás Maki."

– "Creo que es amor a primera vista." – Comentó la teniente. – "¿Por qué el nombre, araña?"

– "La protagonista de mi primer manga yuri, Maki Yazawa." – Respondí, abriendo la tapa. – "Mugi Yamanaka era su pareja. ¿Quieren saber lo gracioso? Mugi también murió en la historia."

– "Eres profeta de la desgracia, Potato. Espero tampoco mates a ésa." – Dijo Nikos, abriendo el último contenedor. – "Fusiles de tirador designado y francotiradores."

– "Manacchi ya tendrá con qué divertirse." – Expresó Smith, echando un vistazo al resto del arsenal. – "Este aumento en nuestras reservas armamentísticas ya nos permitirá equipar a las posibles nuevas reclutas, si es que llegan."

– "Sería fantástico, Chief; aún necesitamos a una francotiradora." – Opinó la falconiforme. – "Por cierto, ¿qué es lo que se supone que ibas a mostrarnos, Rachel?"

– "Oh, nada especial, arpía, excepto unos cuantos regalitos de parte del magnánimo Karurosu Sarver para sus liminales favoritas, después de sus inquilinas, especialmente esta fastuosa arachne de verdes cabellos, claro." – Replicó ufanamente una nada modesta saltarina. – "A cambio de que la agente Smith le perdonara algunos… pequeños malentendidos legales, mi casero se comprometió en ofrecerles estos encomiables tributos a las más recientes heroínas. Pero como no estaban disponibles, nos conformamos con ustedes."

– "Qué generoso." – Giré los seis ojos. – "Recuerdo que la capitana me habló de ello en el hospital. Ahora, ¿acaso es alguna especie de aparato termonuclear? ¿O sólo haría desaparecer a media ciudad?"

– "Aún no, Karu apenas logró teorizar una granada de pulso electromagnético que…" – Se pausó al ver que estaba regando la sopa. – "Ehem, quiero decir no, no hay razón para preocuparse por explosiones atómicas, hermana zanquilarga. Son simples artilugios para auxiliarles en su intrépida y dedicada labor para salvaguardar la paz de esta hermosa nación y sus lindas coordinadoras gubernamentales."

– "Y también las que son como la Capi." – Bromeó la muerta viviente. – "¡Auch! ¿Qué demonios?"

– "Tu trasero todavía conserva la sensibilidad." – Comentó Kuroko, habiéndole pinchado con una bayoneta. – "De acuerdo, Tzeranth, déjate de tanta zalamería y muéstranos lo que ese demente nos preparó."

– "Ya voy, ya voy." – Bufó la arachne. – "Ush, le hace falta marido a ésta."

La chica de rosado exoesqueleto entonces se dirigió hacia donde yacían unos objetos cubiertos por una lona. Retirándola, mi compatriota develó tres contenedores en tres diferentes tamaños. Rachel oprimió el teclado del monitor electrónico integrado en una de las cajas como sistema de seguridad, ingresando la contraseña.

– "Violación de código B00M, acceso no autorizado." – Exclamó entonces una robótica voz. – "Iniciando secuencia de autodestrucción. Diez segundos hasta implosión. Que tenga un excelente día."

Nada como un poquito de amabilidad antes de morir.

– "¡No, máquina estúpida! ¡Que abras la puerta, no que la destruyas!" – Tzeranth golpeó la pantalla con una barreta. – "¡Muévete, chatarra! ¡Ay, ¿por qué seguimos usando Windows XP para el software?!"

– "Hola, gracias por utilizar The Gambler Security Systems; la protección que usted y su familia merecen." – Dijo la voz. – "Le agradeceríamos que tomara su tiempo para llenar una pequeña encuesta para evaluar el desempeño de nuestro producto, sólo llevará un minuto."

– "¡Que-la-abras-pedazo-de-hojalata!" – Remarcaba Rachel, usando dos barretas. – "¡Hazlo, o te meto un USB con música reggaetón!"

– "Corrección de órdenes, código L00T ingresado, acceso autorizado." – Rectificó la máquina. – "Gracias por usar productos The Gambler. Que pase un excelente día."

Juro que estoy atrapada en una dimensión tan absurda que bien podría ser una historia de Internet. Las puertas de la primera caja, la más grande, se abrieron y contemplamos al rectangular objeto que aguardaba: un escudo balístico. De color azul oscuro y con una apariencia de firmeza absoluta, como un monolito de granito, la herramienta poseía una pequeña ventana para permitir la vista, y a su lado, un par de luces blindadas, tanto para iluminar el camino como para cegar a los posibles atacantes. A altura media, había una pequeña puertecilla.

– "Escudo balístico Leónidas TH-480, fabricado en aleación de carburo de boro y lonsdaleíta. Único en existencia y exclusivo para ustedes." – Explicó la saltarina. – "Que su aparentemente escaso grosor no les engañe, este bebé es tan resistente que hasta los tanques se mueren de envidia. Y todo sin perder ligereza."

– "¿Qué tanto puede aguantar?" – Preguntó Smith.

– "Podrían arrojarle un misil antivehículo y apenas le harían un rasguño." – Afirmó mi congénere, empuñándolo. – "Y no es pura publicidad; en verdad es efectivo. Protección garantizada, o les pagamos la autopsia."

– "Interesante." – Asintió la capitana. – "¿Zoe?"

Con una velocidad inusual para lo que se supone era un cadáver, la pelirroja teniente desenfundó a La Redentora, su imponente revólver Smith & Wesson modelo 29, la misma arma que usara Harry el Sucio en sus filmes. Sin pausas, la zombie descargó seis proyectiles calibre .44 Magnum, impactando sin piedad al escudo. Una vez las balas se agotaron, únicamente quedó el cañón humeante del revólver, el eco del último casquillo cayendo al suelo, y el corazón palpitante de una saltarina convertida en quitinosa bolita, con su rosado exoesqueleto casi blanco del susto.

– "Bueno, no mentías en cuanto a la durabilidad." – Comentó la coordinadora, recogiendo los proyectiles aplastados del suelo– "Tomando en cuenta el calibre y la distancia, es impresionante que no haya ninguna clase de rasguño. Fue como un mosquito intentando picar la coraza de un rinoceronte."

– "¡¿Q-qué demonios fue eso?! ¡Creí que me matarían!" – Vociferó Rachel, apuntando a la seda pegada a la pared. – "¡Hasta me hicieron expulsar mi telaraña del susto! ¡¿Perdieron la cabeza, chaladas?!"

– "Tranquila, Tzeranth, sólo estábamos comprobando la eficacia." – La pelinegra se ajustó sus gafas. – "Zoe se aseguró de no apuntarte al cuerpo en caso de que el material no soportara."

– "Espere, ¿debía hacerlo?" – Preguntó la occisa, guardando su arma.

– "¿No ha pensado Sarver en producirlos en masa?" – Prosiguió Kuroko. – "Tanto el ejército como la policía estarían interesados en abastecer sus filas con tan sobresalientes obras de arte."

– "La lonsdaleíta es un material extremadamente escaso, formado únicamente por la actividad de meteoritos ricos en grafito al chocar con la superficie terrestre." – Elucidó la arachne, incorporándose. – "Replicar la estructura atómica hexagonal es bastante tardado y costoso. De hecho, este modelo es único porque es experimental. En todo caso, Karu lo hizo siguiendo sus especificaciones."

– "Así es, y me alegra que las haya cumplido al pie de la letra." – Respondió Smith, tomando el escudo y entregándoselo a mi hermana. – "Necesitabas uno, ¿cierto, Alexandra?"

– "Correcto. Grazie, Jerarca." – Nikos le ofreció la mano a la mandamás y luego a la saltarina. – "Envíale mis agradecimientos también al profesor, Tzeranth. Aprecio el esfuerzo."

– "Puedes usar la compuerta de en medio para disparar tu arma sin prescindir de la protección." – Indicó Rachel, evitando estrecharla. – "El vidrio está diseñado no sólo para resistir balas, sino que tampoco se quiebra, manteniendo la visibilidad clara en todo momento. También notarás que el material apenas refleja la luz, ayudándote a conservar el sigilo."

– "Entiendo. Gracias de nuevo."

– "Bitte sehr. Ahora, algo para la emplumada."

La arañita entonces tomó el contenedor más pequeño, un portafolio, el cual entregó a la nativa de Montana. Abriéndolo ésta, se encontró con un par de manos postizas, muy similares a sus antiguas prótesis, pero del mismo color de su piel y el área de las muñecas transparente, algo más larga. La halcón se las colocó, notando cómo la parte traslúcida se mezclaba con su castaño plumaje, dándoles una apariencia bastante natural.

– "Estas preciosuras no sólo son estéticamente atractivas, sino que tampoco interferirán con tu sentido del tacto. Será como si fueran tus manos reales." – Detalló la saltarina. – "Puedes llevarlas puestas todo el tiempo, si lo deseas; fueron creadas para el uso permanente. Y, según instrucciones de la agente Smith, están diseñadas para permitirte el vuelo aún puestas."

– "Tal consejo fue gracias a Jaëgersturm, fue ella quien lo sugirió cuando la visité en el hospital." – Agregó Kuroko. – "De todas formas, necesitabas un poco de ayuda para cuando te encuentres en batalla, donde cada centésima de segundo es lo que nos separa de la delgada línea entre la vida y recorrer la barca de Caronte."

– "Comprendo, Chief, gracias. También a ti, Rachel." – La americana hizo una reverencia. Ahí, ella me dio un beso. – "Y muchas gracias a ti, flaquita, sabe perfectamente lo que requería."

– "Amar significa conocer bien a tu pareja, Süsse." – Le regresé el ósculo. – "Además, después de oír la misma queja ad infinitum durante los entrenamientos, era fácil de adivin-¡Auch!"

– "Hey, sí que se sienten naturales." – Declaró la arpía, habiéndome pellizcado el costado. – "Son tan bonitas que no deseo estropearlas."

– "Descuida, que el material es sumamente resistente, no se quema, soporta las altas presiones, y tampoco es tóxico." – Replicó Tzeranth. – "Podría mordértelas un dragón y seguirían como nuevas. Tecnología Sarver, calidad The Gambler."

– "Consume frutas y verduras." – Bromeé. – "¿Y bien? ¿Qué hay para la araña favorita de todos?"

– "Ah, pues Karu me compró este vestido en Mamazon." – Rachel giró sobre su propio eje, como una bailarina de ocho patas. – "Importado. Cien por ciento seda de arachne peruana. ¿Verdad que es divino?"

– "Combina bien con tu exoesqueleto." – Opinó Zoe.

– "Esa sí es arachne." – Mencionó Dyne. – "No como la que nos tocó a nosotras."

Sacándoles yo la lengua a las burlonas, riendo al unísono, la saltarina abrió el contenedor final, una caja de tamaño mediano. Insertando la contraseña en el teclado, esta vez sin batallar con el software, mi congénere mostró un regalo inusual: una alabarda. Más específicamente, era un hacha de petos, un arma medieval diseñada para cubrir todas las necesidades de batalla de la infantería, combinando los elementos de cortar, pulverizar y penetrar en un solo axioma bélico. Ésta era del tamaño de un hacha normal, así que podía usarse con una sola mano.

De un lado, poseía una negra y enorme cabeza de hacha skeggöx (hacha vikinga con barba de gancho, como la que Cetania le quitó a esas arpías cuervo), con patrón damasquino en la hoja. Lucía tenebrosamente afilada, perfecta para cercenarle la pierna incluso a un oni. Del otro, una cabeza cúbica de martillo con múltiples protuberancias ofrecía la mejor opción para triturar desde huesos hasta derribar la más férrea puerta. En la parte superior, se erguía una cuchilla de filo bilateral, básicamente una hoja de espada; útil por si se necesitaba mantener al adversario a raya, cortarle, o simplemente empalarlo como un cerdo.

En medio de todo ello, se ostentaba la cruz germana, con una pequeña araña en el centro, todo grabado en relieve cóncavo. El mango poseía forma rectangular para ayudar con el agarre. Había tres pequeñas marcas de color rojo, verde y azul, las cuales aún desconocía su función. El logo de la compañía también estaba grabado en éste, en relieve inverso. Completamente hecha en metal de oscuro tono, la alabarda era tres armas en una; tres veces el dolor para el enemigo.

– "El martillo de Erika Kriegtochter, la espada de Helga Langschwert, y el hacha que Serhilda Jaëgersturm empleaba antes de su guadaña." – Musité, palpando el oneroso patrón del metal. – "Las tres grandes heroínas de Sparassus, reunidas aquí, en espíritu. Apoteósico."

– "Me alegro que te guste, zanquilarga, tu jefa no fue muy específica en los detalles y tuvimos qué improvisar." – Contestó Rachel, cruzándose de brazos. – "Nuestra única orden fue hacer algo para matar dragones sin problemas."

– "Bueno, tampoco es que Jaëgersturm me haya dado muchas indicaciones respecto a lo que deseaba." – Arguyó Kuroko, ajustando sus gafas oscuras. – "Únicamente me señaló su cicatriz facial, así que, basándome en su experiencia y sus reiterados comentarios respecto a las figuras históricas de su patria, supuse que se refería a un arma para hacerle frente a una criatura tan peligrosa como la nidhögg."

– "Su intuición fue correcta, Hauptmann." – Asentí, sintiendo lo ligera que era. – "Sé que una alabarda en el siglo XXI queda más que fuera de lugar, pero yo provengo de una tierra atrapada en el romanticismo estético de Tercer Reich que adora a panteones de religiones aún más antiguas, todo un anacronismo viviente. Sólo deseaba una herramienta tan noble como la que empleaban mis antepasadas."

– "Los elfos, cíclopes herreros y centauros comparten tal idea, Potato. Armas honorables para laureados guerreros." – Dijo Bina. – "Además, dudo que tu nuevo juguete sea meramente ornamental, ¿cierto, saltarina?"

– "Correcto, fue creada para la batalla." – Le respondió Rachel. – "Está hecha de nitruro de boro cúbico, un material aislante, ignífugo y más fuerte que el más sólido diamante. Podrías partir rocas por años y nunca perdería su filo."

– "En verdad que el profesor no repara en gastos." – Le di vueltas al arma. – "Me encanta, en serio, ¿pero no crees que es algo corta?"

– "Por eso no te preocupes, patona."

Mi congénere tomó la alabarda en sus manos y me mostró un pequeño interruptor, oculto tras una de las puertecillas en el mango, la de color verde. Oprimiéndolo, el mango repentinamente reveló que podía extenderse, como el tubo que ajusta la altura de un ventilador de pedestal. De esa manera, pasó a tener casi ciento ochenta centímetros de altura, volviéndose un arma a dos manos.

– "Los seguros son bastante firmes, así que no te preocupes porque de repente se haga más grande o chica durante la lucha. Golpea como desees con total tranquilidad." – Explicó Tzeranth, mostrando otros interruptores. – "Éste de aquí, el azul, esconde la cuchilla superior, para no cortarte accidentalmente al tomarla con las manos. Ahora, ¿notas cómo el interior de la barba del hacha también posee filo? Oprime aquí y… ¡ta-dá!"

Para nuestra sorpresa, la hoja del hacha reveló actualmente componerse de dos piezas, con el pico del hacha moviéndose hasta colocarse horizontalmente sobre el resto de la hoja, formando así una pequeña guadaña de doble filo. El pequeño vapor que despedía el arma cada vez que un interruptor era activado confirmaba que su mecanismo era a gas.

– "Ésta fue mi idea, de hecho. Supuse que te gustaría usar la misma arma de tu antepasado y la de tu novia azul." – Declaró una ufana Rachel. – "Ahora ya puedes ser una segadora también. ¿A poco no soy la mejor?"

– "Vale, te daré la razón esta vez, Rach." – Le sonreí, ofreciéndole la mano. – "Danke schön, Kamerad. Prometo cuidar tan valiosa obra maestra."

– "No es nada para el inteligente Karu y su aún más lista y bella ayudante." – La saltarina infló su pecho, estrechándola. – "Pero bueno, ya cumplimos con nuestra parte del trato. Confiamos en que usted mantenga la suya, agente Smith."

– "Seré de todo, Tzeranth, pero no una mentirosa." – Asintió la coordinadora, estrechándole la mano también. – "Gracias por haber venido. Envía nuestros agradecimientos a tu casero."

– "Sí, cuídate, arañita." – Le sonrió Cetania, dándole un pulgar arriba con sus manos nuevas. – "Y si tienen más de estas maravillas, nos avisan."

– "Fue un placer." – Agregó Alexandra, alzando su escudo. – "Haremos buen uso de sus obsequios."

– "Sehr gut, en ese caso ya me retiro." – Rachel hizo una reverencia. – "Y a nombre de toda la morada Sarver, las felicitamos por su increíble hazaña en la ciudad de Okayado. No duden en contactarnos si se les ofrece algo. Nos vemos."

– "Te acompaño, necesito darme un baño." – Dijo Kuroko, encaminándose a la salida. – "Zoe, Amatistas, terminen de acomodar aquí, ¿vale? Pueden practicar con sus juguetes nuevos cuando terminen."

– "Jawohl, Hauptman. Danke." – Asentí.

Ambas se dirigieron a la salida y nosotras proseguimos con ordenar el arsenal en donde correspondía, separándolo por categorías y guardando los documentos que lo acompañaban. Ya con todo en su lugar, acordamos que era momento de probar a nuestras recién enlistadas compañeras, empezando con agregarle los accesorios habituales. Maki, mi ametralladora, fue enchulada con una hermosa mira holográfica EOTech y un apuntador láser; no necesitaba más.

– "Potato." – Me habló la teniente. – "Ten. Ya debías extrañarlas."

– "¡Ah, Hummel, Erika! Por fin nos volvemos a ver." – Exclamé al tener a mis fieles pistolas en mano. – "Y lucen como nuevas. Danke, Zoe."

– "Te dije que les cambié las cachas y reemplacé las miras." – Replicó la pelirroja. – "A la próxima espero nos traigan equipo especializado para el mantenimiento; quitar sangre seca de dragón con trapitos y alcohol no es muy divertido."

– "Es cierto, ¿qué sucedió con Helena, mi VP40?" – Preguntó la rapaz. – "La Chief me dijo que la habían recuperado. ¿No se dañó mucho?"

– "Helena se salvó también de milagro, Peaches, aunque el armazón se fracturó." – Informó la zombi, entregándole su pistola. – "Fue sencillo de reparar, pero sólo tenía ese repuesto con tono Flat Dark Earth. ¿Deseas que lo cambie al negro clásico?"

– "Nah, me gusta más así. El color desértico me recuerda a los Marines; ¡oorah!" – Aseguró la castaña, dándole vueltas. – "Thanks, Bina. Y, ¿qué elegirás tú para estrenar?"

– "Éstas." – Indicó la revivida, mostrando dos HK MP7. – "Adoro los subfusiles."

Mi hermana era la única que conservó intacta a Gorgo, su P226 TacOps; y con lo testaruda que era, no la cambiaría por otro modelo más reciente. Y yo tampoco lo haría con las mías, la fidelidad es uno de nuestros aforismos filosóficos. Una vez terminadas, fuimos a la galería de tiro y nos alistamos para empezar a llenar el aire de la cacofonía del traqueteo y el olor a plomo. Tan pronto oprimí el gatillo, una sonrisa se dibujó en mi rostro al volver a sentir el poder de mil trescientos disparos por minuto de mi MG3. En cierta forma, aquí, entre la sinfonía de las balas y el eco del metal, una parte de mí se sentía en casa. El campo de batalla es el segundo hogar de una sparassediana.

Mi corazón sigue siendo el de una soldado.

– "Te concedo la razón nuevamente, flaca, la HK416 se siente mejor que la M4. Puntería así no he tenido antes." – Comentó la halcón durante nuestro descanso. – "El peso adicional del lanzagranadas no afecta porque puedo usarlo como agarre extra. Estas manos ayudan también."

– "Nunca se falla con la ingeniería alemana, Süsse." – Repliqué, tallándole los hombros. – "¿Y esto también se siente bien?"

– "Mmm, bastante. Sí, ahí, flaquita." – Gimió suavemente. – "¿Qué hay de ti, Pepper? ¿Qué tal la escopeta?"

– "Bastante similar a la Mossberg, aunque me gusta más la ergonomía de la corredera, es más fácil de bombear." – Expresó Alexandra, moviendo su brazo. – "Eso sí, la condenada patea como Potato."

– "¿Cómo yo?" – Me extrañé. Entonces, reaccioné. – "Ja, ja, muy graciosa, pimientosa. Llamarme mula es tan original como una imitación china."

– "Yo me refería a que, al igual que las patadas de tus pedipalpos, la fuerza impulsa rápidamente al arma hacia arriba y luego cae horizontalmente." – Dilucidó la pelinegra. Sonrió burlonamente. – "Aunque te agradezco el ahorrarme la comparación."

– "Ya, Pepper, no seas mala con tu hermanita." – Dijo la falconiforme. – "¿No ves que de tanto golpe ya quedó malit-¡Auch!"

– "Tampoco la apoyes, pajarucha." – Le pellizqué el brazo. – "En fin, quisiera probar también a Asynjörd, pero no creo que tengamos blancos de plástico para desperdiciar."

– "¿Asynjörd?" – Interrogó Zombina, tomando un poco de agua. – "Espera, ¿así nombraste a tu alabarda?"

– "Una mezcla de Ásynja, las diosas del Asgard nórdico, y Jörd, la madre del famoso Thor." – Expliqué. – "Siempre quise un martillo de guerra; Thor usa a su célebre Mjolnir, y Erika Kriegtochter, de sangre nórdica, llamaba al suyo como la progenitora del dios del trueno. Y como en lugar de elegir prefiero optar por ambas opciones, me decidí por tal amalgamación. ¿Les gusta?"

– "No es fácil de recordar a la primera; y parece nombre de videojuego de Blizzard." – Opinó la pelirroja. – "Hubieras escogido algo con más caché, como Exterminatus, o La Matagigantes."

– "Lawbringer, Justiciera, también suena llamativo; es lo que somos a final de cuentas." – Añadió la nativa de Montana. – "O Bonecrusher, quebrantahuesos. Así le llamaban a nuestra líder tribal; siempre se le veía decorada con diversos ornamentos óseos. Era tan tétrico como suena."

– "Es una condenada alabarda, Potato, ¿por qué carajo debe llevar nombre en primer lugar?" – Exclamó mi hermana. – "¡Los objetos no son personas!"

– "Ash, ustedes no saben apreciar el simbolismo." – Torcí la boca. – "Como sea, el nombre se queda, ustedes se joden y yo sigo practicando."

– "Ya, flaca, no te lo tomes tan a pecho." – La estadounidense me acarició la cabeza. – "Ese entusiasmo por hacer todo de manera significativa es lo que te caracteriza. Tu empeño es admirable."

– "¿Entonces puedo también nombrar a tu arma, Süsse?" – Pestañeé rápidamente. – "Tengo muchos disponibles e igual de bonitos."

– "Se llama rifle y listo, flacucha." – Me dio un golpecito en la cabeza. – "Vamos, antes que también quieras ponerle nombre a mis calzones."

– "¿Cuáles?" – Habló la italiana. – "Si ya sabemos que ni usas."

Bueno, que la emplumada sea ahora la víctima de las bromas de mi consanguínea era un buen cambio de lo habitual. Luego de comprobar que las nuevas manos de la arpía emulaban a la perfección los gestos obscenos, proseguimos afinando la puntería. Poco después, durante el segundo receso, Titania hizo acto de aparición.

– "Veo que no perdieron tiempo con sus juguetes." – Opinó la gnómida. – "¿Se divierten?"

– "Uhm, sí, instructora." – Replicó la rapaz. – "¿No estaba descansando?"

– "Me siento mejor, la doctora Redguard diagnosticó que ya estoy bien." – Afirmó la mexicana, sentándose. – "Finalmente, ya me sentía como drogadicta con tantas pinchaduras en mi brazo. Vine a celebrar mi alta descargando un poco de plomo."

– "Pasas demasiado tiempo encerrada aquí, enana." – Comentó Zombina. – "De hecho, nunca te hemos visto hacer otra cosa que no sea adiestrar a las Amatistas o practicar tu puntería. Son vacaciones, búscate aunque sea un novio para no andar tan sola en Navidad, y de paso quitarte lo amargada."

– "No fastidies, cerebro de gusano, que el último que tuve me dejó por una aluxe. Tampiqueños infieles." – Masculló la latina. – "Además, todavía me quedan dos meses enteros para soportar a estas revoltosas; descargar mi ira contra los blancos evita que las llene de plomo a ellas."

– "También la queremos, instructora." – Contesté sardónicamente. – "¿Qué planea hacer cuando termine nuestro entrenamiento? ¿Regresará a su natal Veracruz?"

– "Ya no hay nada en México para mí." – Aseveró la mujer de cabello rosado, disintiendo con la cabeza. – "Quizás siga aquí, o en algún otro lado, moldeando a más reclutas; espero no como ustedes. O tal vez me retire a una casa de campo, lo suficientemente aislada para olvidarme del mundo."

– "La ironía del soldado." – Expresó Nikos. – "Defendemos la sociedad de la cual queremos alejarnos."

– "Luchamos por ella porque así garantizamos que gocemos de paz al retirarnos, empusa." – Acotó Titania. Ahí, notó mi alabarda. – "Jaëgersturm, ¿qué haces con esa cosa? ¿Planeas defender Constantinopla?"

– "Ah, es Asynjörd, ¿verdad que es bonita?" – Le contesté, alargando el mango. – "Me la obsequió Rachel, la saltarina de hace un rato. Como su casero es un demen… digo, un renombrado inventor, y nos admira tanto, le pareció aceptable dotarnos con un apoyo adicional para comb-"

– "Corta la cháchara, ¿quieres?" – Injirió, estirando la mano. – "Préstamela un momento, quiero verla de cerca."

– "No la vaya a rayar, que está nuevecita." – Se la di. – "Je, cuando nos conocimos en aquel autobús usted llevaba un martillito. ¿Qué le parece el mío?"

– "Ese martillito es parte de mi herencia como gnómida. Somos expertos en trabajar minerales y metales, después de todo." – Aseguró, revisando el arma. – "Todo luce bastante sólido, aunque debes asegurarte de practicar el tomarla; con lo bruta que eres, te cortarías al intentar agarrarla en batalla."

– "La cuchilla superior puede guardarse." – Le mostré, oprimiendo el interruptor. – "Y con éste, el hacha se transforma en guadaña. ¿A poco no es la más versátil?"

– "La versatilidad teórica es inútil si el usuario es incapaz de aprovecharla." – Proclamó Jättelund. – "¿Sabes al menos cómo usarla? Cualquiera puede pegar con esto, pero pocos combatir."

– "Bueno, no tenemos nada con qué probarla aún."

– "Había una pequeña cantidad de maniquíes de gel balístico, pero no nos han reabastecido desde entonces." – Explicó Zombina. – "¿Por qué no usas a la fastidiosa de Saadia? No es que la vayamos a extrañar."

– "No es mala idea." – La mexicana se encaminó a la salida. – "Jaëgersturm, sígueme."

Sabiendo que era mejor obedecer, especialmente porque aún cargaba la alabarda en manos, seguí a la instructora, tomando juntas el ascensor. Tuve que disculparme con la mirada a la pobre Mei, que casi tira su caja de herramientas al ver a la gnómida, con expresión de pocos amigos, llevando tremenda arma y pasando cerca de ella. Yo me preguntaba cuál era el objetivo real de la mujer de rosados cabellos, hasta que nos detuvimos justo frente a la puerta del consultorio de Saadia.

– "No me digas que acaba de salir esta cabrona." – Masculló Titania al notar que tenía seguro. – "¡Carajo, Redguard, deja de rascarte el higo y abre de una vez, o pasarás de negra a morada!"

– "¡Argh, for fuck's sake!" – La escuchamos gritar del otro lado y destrabar la puerta. – "¡Ya te dije que no tengo tampones reusables, maldita mojad…! ¿Qué haces con esa alabarda?"

– "Te la clavaré en el ojete si no nos dejas pasar. Y seguro te gustaría, degenerada." – La veracruzana se internó al consultorio. – "Santa cachucha, ¿qué es ese olor a marisco? ¿Te estabas metiendo el estetoscopio en la raja?"

– "Encargué sopa de langostinos para comer, porque la cafetería de aquí es peor que el Fried Harpy." – Señaló un plato en su escritorio. – "Estaré muerta, pero tengo clase."

– "¿Y qué hace esa nariguda aquí?"

– "¡Andáte a la reputa que te parió, conchuda!" – Le reclamó Emily, sentada junto al escritorio. – "Yo también pagué por este plato, así que como donde se me pegue la boluda gana, sorete!"

– "En todo caso, ¿qué coño quieres, enana?" – Interrogó Vanessa. – "¿Seguirme dando más razones para reelegir a Trump?"

– "Sólo necesito algo de tu oficina." – La gnómida volteó a verme. – "¿Qué haces parada ahí como culo abandonado, araña? ¡Agarra ese maniquí de allá, bruta!"

Me alegro de que no quiera volver a su país, suficientes problemas tienen los mexicanos como para soportar otro fastidio más. Tomando el torso humano que la doctora tenía en una esquina, salimos de ahí, no sin antes ofrecerle yo tácitas disculpas a la estadounidense y la argentina por el tirano comportamiento de la instructora. El maniquí no era el que Redguard utilizaba para adiestrarnos en sus clases médicas, sino uno de esos generalmente hallados en laboratorios escolares, de los que se abren para mostrar a los alumnos los órganos internos. Ya de regreso a la armería, la nativa de Veracruz nos hizo envolver el muñeco en cinta adhesiva, hasta quedar como una momia.

– "Podemos usar esto para cubrirlo." – Indicó Titania, con un pedazo de metal grueso. – "Simulará un buen escudo."

– "Woah, espera, enana, esa es una pieza de refacción del traje acorazado de Tio." – Advirtió Zoe. – "No podemos darnos el lujo de dañarlo innecesariamente. ¿Por qué no usas el escudo de Pepper? Está diseñado para ser impenetrable."

– "Demasiado grande; y sólo es para dar un ejemplo. Descuida, pueden cobrármelo si lo destruyo." – Jättelund lo pegó al maniquí con más cinta. – "Listo. No es muy firme, pero servirá. Pongámoslo aquí."

– "¿No sería más fácil usar simplemente la pieza metálica, instructora?" – Cuestionó Dyne. – "Es decir, entendemos el punto que desea probar; todo esto es innecesario."

– "Bastante fácil, ¿cierto?" – La latina le entregó entonces la alabarda. – "Hazlo tú en ese caso, empusa, dale justo en el centro y conviértelo en polvo. Tú eres la experta en lucha cuerpo a cuerpo."

– "Lo haré." – Suspiró la milanesa. – "Pero me sigue pareciendo innecesario."

Acercándose al maniquí, la mediterránea empuñó el arma, apuntando la cabeza del mazo hacia el objetivo y afianzando el agarre. Ahí, emitiendo un furioso bufido, sus dos fuertes brazos envueltos en verde quitina impulsaron el pesado martillo hasta impactarlo con la pieza blindada. La cacofonía del metal chocando resonó dentro del cuarto donde nos encontrábamos, mientras el muñeco, apoyado sobre uno de los contenedores, salió volando, como era de esperarse.

– "Sí que es maciza la alabarda, logró hacerle un pequeño rasguño al blindaje." – Expresó la mexicana, examinando al maniquí y mostrándonoslo. – "Pero como puedes ver, mantis, nuestro compañero de plástico, aunque algo magullado y aflojado de la cinta, sigue intacto. ¿Olvidaste comer tus Kiki Krispis esta mañana?"

– "El escudo cumplió su objetivo de proteger al usuario." – Opinó Cetania. – "El golpe le habrá dolido, pero logró conservar la vida. Y considerando que el material fue creado para sobrevivir el asedio de proyectiles, es mucho para que incluso un martillo tan sólido lo atraviese. Es como darle un puñetazo a un tanque."

– "Excelente analogía, rapaz. Ese es precisamente el punto que deseo tratar." – Jättelund acomodó nuevamente el muñeco. – "Jaëgersturm, tú eres la entusiasta de los carros de combate, ¿puedes decirnos sus vulnerabilidades, a pesar de su inescrutable armadura?"

– "Bueno, aunque los tanques se basan en ser fortalezas inaccesibles, el verdadero peligro reside en las concusiones producidas por los impactos." – Elucidé. – "Los obuses enemigos quizás no dañen la coraza del blindado, pero el golpe puede ser capaz de noquear a los pasajeros, inutilizándolo de inmediato. La mayoría de sus derrotas no se debe a que sean destruidos, sino a que la tripulación es neutralizada desde adentro."

– "Perfectamente explicado, alemana. Tienes diez." – La mujer de rosados cabellos tomó la alabarda. – "No se trata de romper la coraza, sino de quebrar al que se esconde detrás de ésta. Y aunque parezca imposible…"

Con un bélico grito, como un hersir vikingo animando a sus tropas en fiera contienda, la gnómida impulsó la férrea cabeza del mazo con una trayectoria ascendente, impactando con fuerza el blindaje, resonando con eco, y provocando que el maniquí volara por los aires, estrellándose en la pared. Más que ver cómo el muñeco era lanzado como una muñeca de trapo, fue la técnica tan perfecta que la latina empleó, con la gracia de una valkiria.

Será una gnómida, pero la sangre nórdica de su padre gigante seguía fluyendo en ella. Mostrándonos el posterior quebrado del maniquí, la mexicana retiró la cinta adhesiva, dejando caer las tripas falsas, quebrándose éstas al caer al suelo. El metal, por el otro lado, seguía intacto.

– "Sólo se necesita asestar el golpe desde el ángulo correcto para lograrlo." – Finalizó Titania, aplastando el corazón del muñeco entre sus manos. – "No hay enemigo invencible, no hay barrera impenetrable. Por muy duro que luzca, siempre terminarán quebrándose como vil plástico, ¿de acuerdo?"

– "Sí, Señora." – Asentimos al unísono. Mensaje entendido a la perfección.

– "Perfecto." – Me devolvió mi arma. – "Linda rompecráneos, arachne. Cuida de no decapitar a nadie, ¿sí?; limpiar la sangre será un fastidio."

– "Jawohl, meine frau."

– "Tienen mucho que aprender aún; con todo y dragones en su lista de derrotados." – Jättelund se hizo con una MG4. – "Pero continuaremos con eso después, que quiero practicar. Ahora quítense esos harapos y métanse a las duchas; huelen peor que un perro en restaurante chino. ¡De prisa!"

Sin dilación nos encaminamos hacia las regaderas. Redguard perdió una pieza de su consultorio, nosotras no queríamos perder las costillas.

– "¿Novatas?" – Nos habló de repente la instructora.

– "¿Sí, Señora?" – Cuestioné.

– "Buen trabajo."

Sonriéndonos, la gnómida regresó a recargar su ametralladora. Una pequeña mueca de alegría fue esgrimida por nuestras bocas, deleitándonos momentáneamente en las ínfulas del orgullo. Titania podría ser tan excéntrica como Kuroko, incluso más atemorizante, pero también demostraba su efectividad, y tenía todo el derecho de sentirse satisfecha de nuestras victorias; triunfos que ella ayudó a moldear.

De mejor humor, dejamos que el agua fría nos lavara las impurezas del cuerpo. Así era nuestra vida, llena de sucesos extraordinarios que el diáfano líquido de la ducha se encargaba de disipar. Ya aseadas, procedimos a ataviarnos. Ahí, al abrir nuestros casilleros, los vimos: relucientes uniformes, junto a una pequeña nota.

'Feliz Navidad. Pónganselos. – Titania.'

Las tres nos miramos por un segundo y volvimos a sonreír; esa gnómida, vaya manera de darnos la sorpresa. Tomamos las prendas y contemplamos el nuevo diseño con el que habían sido creados. La camisa y el pantalón (incluso en mi caso, para mis pedipalpos), eran los clásicos azules, ostentando el logo de la ANP en el hombro derecho, mientras la carita chibi de Smith, que había recibido una remodelación y de alguna insólita manera logró hacerse aún más fea, se exhibía en el izquierdo. Nada había cambiado respecto a los anteriores, excepto que el material lucía más resistente.

Ahora, el chaleco antibalas era de las piezas más llamativas. El que usábamos antes era kevlar reforzado, capaz de proteger al cuerpo de esquirlas y proyectiles pequeños, pero de limitada efectividad con balas de calibre menor, y totalmente inútiles contra más grandes. Éstos, según la leyenda en el bordado interior, eran de placas cerámicas Nivel III.

– "Es más grueso que los otros." – Comentó Cetania, examinando el suyo. – "¿Qué tanto creen que pueda resistir?"

– "Calibres Magnum de pistola e incluso de rifles." – Respondí. – "Puede protegernos de una bala de 7.62x39 milímetros, la que emplea la AK-47."

– "La favorita de los terroristas." – Asintió la rapaz. – "Supongo que no soportaría un tiro a quemarropa."

– "Pero nos salvará el trasero a distancia." – Injirió Alexandra. – "En verdad hicieron caso a nuestras sugerencias; no veo punto débil inmediato."

Pero lo más interesante no era la resistencia superior del material, sino el diseño, recreado a la usanza de las célebres armaduras samurái. La coraza, que también cubría el área del cuello, parecía estar dividida en placas a los lados, con todos los compartimientos y bolsas para nuestras herramientas. La cintura y los hombros también se hallaban cubiertos por esa estética a manera de armadura de láminas. Eso incluía nuestros traseros y el área de la entrepierna; nadie querría una bala en las zonas íntimas. La protección incluso se extendía a mi abdomen arácnido y mis ocho piernas, con pequeñas placas extendidas.

Las protecciones para rodillas y codos estaban complementadas con botas y guantes más gruesos. En el caso del calzado para la arpía y míos, eran protectores adaptados a las garras aviares y mis pedipalpos. Los cascos lucían también a la usanza samurái, similares a los cascos kabuto, con láminas en la parte trasera. Éstos también poseían un visor que podía levantarse. Y atrás de nuestro chaleco, el nombre de MOE escrito en áurea tipografía, con el logo de la ANP debajo de éste, también en dorado.

– "Y pensé que este día se había arruinado con lo de la explosión termal." – Opiné, colocándome las últimas piezas. – "Son bonitos, ¿verdad?"

– "El logo con la carota de Smith sigue siendo horrible, pero las hombreras ayudan a taparlo." – Rió la halcón. – "Me dieron guantes. Guantes sobre manos postizas; hoy es el día más raro para esta arpía."

– "Una italiana, una alemana y una americana; descendientes de criaturas griegas; vestidas como guerreras niponas; y bajo las órdenes de una gnómida mexicana." – Dijo Nikos, ajustándose las botas. – "Desde que las conozco, lo cotidiano ya me parece poco común a estas alturas."

– "No es tan malo, hermanita." – Contesté. – "Al menos no puedes quejarte de que tu vida sea aburrida."

– "Sí, supongo que puedo darte la razón." – Asintió la pelinegra. – "No hay nada que me entretenga más que verte sufrir."

– "Y eso que sólo puedes verlo a medias." – Retruqué. – "Oh, es cierto. Un segundo, Ale"

Casi había olvidado lo que cargaba en el bolso, y que por suerte todavía llevaba conmigo. De ahí, saqué una pequeña cajita con un listón que le entregué a la nativa de Milán. Tomándolo ella, me miró extrañada, conmigo sólo asintiendo. Desatando el lazo, la mediterránea abrió el paquete y descubrió ahí un bruno objeto.

– "¿Te gusta?" – Le pegunté.

– "¿De quién?" – Cuestionó ella, sosteniéndolo en sus manos.

– "Rachnera. Me lo entregó la última vez que estuviste en la casa." – Repliqué. – "Lo hizo con las mejores intenciones. Anda, póntelo."

Pasando un par de afásicos segundos, Dyne se lo colocó alrededor de rostro. Se trataba de un simple parche ocular, de negro tono con la figura de unas níveas fauces de tiburón onerosamente bordadas. Se hallaba sostenido por tres tiras que convergían en una unión de la parte trasera, ofreciendo mejor soporte y comodidad.

– "Te ves bien, Pepper." – Cetania le ofreció un pulgar arriba, guiñándole. – "Pareces la veterana que eres."

– "Comparto la idea, hermana." – Asentí con la cabeza. – "En verdad luces genial."

– "Gracias." – Musitó ella, intentando disimular su sonrisa. – "Agradécele a la tejedora por el obsequio."

– "Ella te agradece a ti, por aceptarlo."

– "Al menos ella las aceptaría sinceramente, al contrario de esa saltarina." – Arguyó, la empusa. – "Ni siquiera me dio la mano. Sólo se necesitaba un ojo para darse cuenta que no estaba muy a gusto de mis presencia."

– "No culpes tanto a Rachel, sino a la cultura de nuestro país. Por suerte no resultó hostil, como mi madre."

– "Como sea, es un bonito regalo. Lo usaré a partir de ahora."

– "Vaya, vaya, nunca esperé encontrarme a Catalina Creel aquí." – Habló de repente alguien más. – "Veo que están de buenas, novatas. ¿Les gustaron sus nuevos trapos?"

– "Ah, hola, instructora." – Saludé a Jättelund. – "Sí, en verdad que nos cayó de maravilla su pequeña sorpresa. ¿Cuándo llegaron?"

– "Justamente hoy; quedarse a entrenar con la zombie fue la excusa perfecta para preparársela." – Replicó la latina, cruzándose de brazos. – "Traten de cuidarlo mejor; consentirlas sale caro. ¿Cómodas?"

– "Bastante. Me sorprende lo ligeros que se sienten a pesar de estar tan acorazados." – Declaró la falconiforme. – "Y también lo bien hechos que lucen."

– "Sus logros pagaron el ascenso en calidad, arpía. Logros que no repetirán a menos que continúen adiestrándose." – Aseveró la mexicana. – "En todo caso, ¿se sienten motivadas en su objetivo de seguir protegiendo a este país con su sangre, sudor y lágrimas?"

– "Señora, en estos momentos nos sentimos como si pudiéramos derrotar a todo un ejército." – Proclamó una jactanciosa Dyne. – "Que arrojen a sus bestias; MOE las están esperando."

– "Eso es lo que quería oír, empusa." – Sonrió. Entonces, ésta despareció. – "Regresamos al Campo Asaka, ahora. ¡Muévanse, rápido, rápido!"

Antes de darnos cuenta, nos hallábamos dentro del transporte, preguntándonos cómo una insignificante enana, cuya altura original era de dos manzanitas, podía seguir tratándonos como basura. No sé qué me dolió más: que ella nos dominara; el coscorrón que le propiné a mi hermana por abrir la bocota; el que me esperaba a mí al no avisarle a Lala que no llegaría a cenar esa noche…

O el hecho de que, debido al entusiasmo de probarme el uniforme, olvidé colocarme ropa interior.


NOTAS DEL AUTOR: Bueno, otro episodio lleno de fruslerías, comprimido en apenas unas cuantas horas.

Ahora que ya hemos tratado el tema de Sanae, me concentré en presentar los juguetes con los cuales MOE repartirá justicia, y también dolor, para los criminales. Como pudieron notar, todo el arsenal es alemán, con armas utilizadas por las distintas organizaciones de seguridad germanas, desde la Bundeswehr hasta el GSG9. Y sí, la mayoría son de Heckler & Koch, ya que son de las empresas alemanas más exitosas en el campo bélico. Les juro que no me pagan por hacerles propaganda… aún.

Dado que Mugi pasó a mejor vida, y que Aria sin una ametralladora es como una pizza sin queso, decidí otorgarle otra MG3, pero adaptada a las necesidades modernas. Pude ofrecerle una HK MG5, que usa el mismo calibre y es el reemplazo directo de la anterior, pero uno no puede resistir al encanto de la Segunda Guerra Mundial. Confieso que el nombre elegido es en honor a Maki Nishikino, una de los personajes de Love Live!; mientras Mugi era una referencia a Tsumugi Kotobuki, de K-On!

En cuanto a las armas de Cetania y Dyne, no había mucho qué cambiar, excepto ofrecerle equivalentes germanos de sus herramientas anteriores. Ahora, los regalos del profesor Sarver fueron simples auxiliares para complementar las habilidades de las chicas. La empusa es nuestra luchadora a cortas distancias, así que el escudo, con el nombre del más famoso rey espartano, le permitirá resistir el asedio enemigo mientras reparte justicia a escopetazos calibre doce. En cuanto a la arpía, un par de manos son suficientes para ella, pues en sí ya posee todas las herramientas naturales para dominar al adversario.

La alabarda, admito que fue derivado de jugar mucho Skyrim. Me encantan los martillos de guerra, especialmente los inspirados en las fantasías vikingas: son grandes, pesados, y cumplen su trabajo con la mayor sencillez del mundo. Jaëgersturm, de raíces germano-nórdicas, y siendo admiradora de la legendaria Kriegtochter, naturalmente querría usar la herramienta usada para vencer a la nidhögg. Empero, también quería otorgarle una guadaña, para honrar a su antepasada, y un hacha, para acentuar la temática vikinga. Al final, la alabarda era la respuesta perfecta a la disyuntiva.

En fin, ya me extendí demasiado. Agradezco a mis compañeros de Los Extraditables por todo su apoyo, especialmente a Alther, quien me concedió permiso para usar a Rachel Tzeranth, junto a Onix Star y JB-Defalt, a quienes hice unos pequeños guiños. Y por supuesto, a todos mis lectores que continúan aquí. Espero yo siga entreteniéndolos por mucho tiempo más.

Y ya, para finalizar, aquí una pequeña galería con el arsenal de MOE, las armas personales de Jaëgersturm y Nikos, junto al nuevo look de la mantis y el odiado chibi de la agente Smith. Sé que dibujo horrible, y originalmente serían más, pero surgieron algunos contratiempos que impidieron concluir el resto. Y disculpen la calidad, que mi escáner murió hace mucho y mi pulso de maraquero no permiten una fotografía estable. Por ahora, deléitense con éstos. Sólo reemplacen el PUNTO por el signo actual, junten todo, y listo.

tinyurl [PUNTO] com/moegal2

No olviden dejar sus opiniones, que siempre son bien recibidas. ¡Hasta la próxima! ¡Auf Wiedersehen!