NOTAS DEL AUTOR: ¡Achtung, Herr Tarmo Flake ist-ARGH!

*Sonido de platos rotos y balazos*

NOTAS DE MEROUNE: ¡Saludos, súbditos y subyugados! ¡Su omnipotente diosa, la Inmaculada y Excelsa Gran Sirena, está de vuelta para celebrar un año más de su glorioso y eterno reinado!

Antes que nada, nos disculpamos por este indefendible retraso. Flake-san tuvo algunos problemas con su adiestramiento y tuvimos que… reeducarlo para recordarle a quién le pertenece su miserable existencia. No se preocupen, que mis sirenas selacias de la Habitación 101 se encargarán de entrenarlo adecuadamente y cumpla con su trabajo. Por favor ignoren los gritos de dolor que puedan oír ocasionalmente.

Y sin más preámbulos, ¡que comiencen las alabanzas a mi impoluta persona, y también que inicie la lectura!

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado-san. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia, creada sin fines de lucro, fue hecha con el simple propósito de entretener y extender la palabra de la Inmortal Deidad Rosada. ¡La Gran Sirena mandó a sacrificar a Santa porque no le trajo regalos el año pasado!


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 72


Desperté.

El albugíneo resplandor de Helios entrando por la ventana me dio la bienvenida a un nuevo día. Mientras bostezaba, estirando mis músculos faciales y ajustando mi visión, la tenue sinfonía del nemoroso ambiente matutino resonaba en el aire, con el canto de pajarillos y los insectos que habían reemplazado a sus congéneres nocturnos en sus conciertos habituales. El olor a rocío, vegetación, madera y tierra húmeda indicaba otra mañana tranquila en medio de ese paraíso privado, oculto entre las montañas de Gunma. Pero ni el más idílico refugio del bosque podría compararse con la apoteosis pura de encontrarme con la vista más deífica que cualquier ser de este universo, mortal o no, pudiera contemplar.

Mis amadas esposas.

Abrazadas a mí, las mujeres que le daban el significado a mi efímera vida reposaban tranquilamente, sin preocupación alguna, mientras recorrían los infinitos dominios de Morfeo. A mi izquierda, Lala, con su nívea cabellera y añil epidermis, era una imagen de belleza y perfección exquisitamente esculpido por el Eterno Abismo. Y del lado derecho, Cetania y ese cabello castaño, junto a sus flecos platinados, formaba una estampa de indomable juventud que caracterizaba a la enérgica rapaz. La serena respiración de ambas, la calma que emanaban, lo hermosas que lucían con el simple hecho de existir, el calor de sus cuerpos pegados al mío... cuadro tan perfecto no podría hallarse en otro lado.

Una obra maestra de la que yo era parte.

Como guinda del pastel, mi sentido del tacto se deleitaba con la celestial sensación de mis manos acariciando las suaves y pachoncitas posaderas de mis diosas terrenales. No deseando arruinar tan seráfica escena, y portando una satisfecha sonrisa, decidí sumergirme nuevamente en el mundo onírico. Empero, no pasó mucho tiempo hasta que el reloj biológico de mis cónyuges les indicara que era momento de despedirse del reino de los sueños. Casi sincronizadas, ambas emitieron un pequeño bostezo antes de abrir lentamente sus ventanas del alma. Pronto, cuatro preciosos y dorados globos oculares se encontraron con seis ojos color carmesí.

Nos besamos.

Nuestro ritual diario daba comienzo. Sin necesidad de proferir palabras, nosotras compartimos un apasionado ósculo triple, donde labios y lengua se dieron los buenos días con ahínco. Hacía mucho que mi temor por el mal aliento había desaparecido; descubrí que tomar un vaso de agua en la madrugada y no abrir la boca mientras se duerme ayudan bastante a combatir las bacterias del desagradable hálito matutino. Luego de tan dulce beso, sin que las muecas de alegría se borraran de nuestros semblantes, les propiné una sonora nalgada a sus lindos traseros, una por glúteo, señalándoles así la pauta para que se levantaran y estiraran propiamente, acatando ellas la orden con una risita pícara.

Contemplar ese par de venusinas figuras desnudas, flexionando los músculos para deshacerse de la pereza restante, nunca fallaba en aumentar mi temperatura corporal; especialmente desde que ambas realizaban poses descaradamente concupiscentes en el proceso, siempre ensalzando la perfección corporal con la que habían sido bendecidas. Mayestáticas y ponderadas curvas que yo agradecía de poder disfrutar a placer. Sin dilación, yo también me incorporé, uniéndomeles en los lúbricos despliegues de sensualidad, que eran el primer paso del amoroso protocolo que habíamos adoptado desde nuestra primera noche como un matrimonio

El segundo paso, era la veneración de nuestros atributos.

Por supuesto que las tres valoramos más las virtudes del alma, como honestidad, inteligencia y bondad; fue la combinación de todo ello lo que nos llevó a culminar en tan inquebrantable unión conyugal. Empero, es menester recordar que el atractivo de nuestro cuerpo tampoco puede ser negado; después de todo, es el contacto físico por el cual transmitimos más directa e íntimamente nuestra pasión hacia el ser querido. Además, eran parte de los sicalípticos juegos de pareja que no podían faltar en nuestra aún no finalizada luna de miel. Y seríamos unas tontas si no aprovecháramos el poder gozar de total libertad para tales diversiones.

Somos jóvenes, después de todo; la calentura es axiomática.

La primera fue la rapaz, quien ni lenta ni perezosa, se inclinó y comenzó a menear juguetonamente sus agraciadas glándulas mamarias hacia los lados, dejando que la gravedad las hiciera chocar como si fueran las esferas de un péndulo de Newton, para luego tomarlos entre sus alas e, impúdicamente, lamer sus apetitosos pezones erectos con parsimonia. Los nuestros les emularon, saliendo de sus escondites, tornándose más firmes y gruesos. Los gloriosos pechos de la falconiforme eran su orgullo, su solemne emblema, y era digna de sentirse ufanamente satisfecha de presumirlos.

Verlos brincar de un lado a otro era una erótica exhibición que reafirmaba la energía y jovialidad características de la castaña. La dullahan y yo, complacidas por el entusiasmo y voluptuosidad de nuestra adorada americana, le propinamos un beso en su boca y, entrelazando manos, rodeamos sus carnosos botones pectorales con nuestros labios. Succionamos con ahínco al tiempo que la halcón dejaba escapar un gutural gemido que resonó en los rincones de la casa; sinfonía de amor que nos estimulaba a cada segundo; un afrodisiaco auditivo de alto índice de efectividad.

Siendo sus pezones las zonas erógenas más sensibles de la estadounidense, sus jugos de amor iniciaron el lento peregrinaje desde su feminidad hasta a sus muslos. Pero nuestro fogoso trato no duró demasiado; la intención seguía siendo calentar motores para empezar bien el día, y yo era la siguiente en la fila. Pero, ¿cuál era el atributo físico elegido en mi caso?; ¿Mis enormes pechos copa H, herencia que goza toda mi estirpe?; ¿Mi esbelta figura, que a pesar de ser delgada, continuaba exhibiendo los atléticos resultados de mi constante entrenamiento militar?; ¿O quizás habría que incluir mi diestra lengua, sumamente hábil en las artes sáficas orales?

La respuesta, según mis amadas, era mi entrepierna.

El sacro mons veneris, la hendidura que me denota como una perfecta mujer. Caliente, húmeda, suave, y siempre deseosa, era fácil entender por qué mi vulva había sido la elegida de digna atención por mis esposas. Poseía una gran elasticidad, sin que perdiera su estrechez, y debido a nuestro enorme tamaño, también era algo profunda; lo suficiente como para que, y para este punto ya no me molesta en revelarlo, insertara mi mano y parte de mi muñeca enteras. Confieso que Lala fue la primera en descubrir tal flexibilidad durante nuestras primeras sesiones íntimas, mientras Cetania lo hizo apenas en la segunda noche apasionada. Claro que, debido a sus alas, sólo se limitó a sus manos postizas.

La juventud y la lujuria son receta perfecta para atreverse a experimentar tales locuras.

Compartiendo un beso triple, y sujetando mis manos, mis cónyuges se agacharon al tiempo que yo me alzaba ligeramente, dejando mi monte de Venus a la altura de sus hambrientas bocas. El sicalíptico concierto de gemidos, interpretados por esta lasciva araña, invadió el nemoroso ambiente junto al acompañamiento creado por el sonoro asalto de ósculos a los que mi feminidad era sometida. Había vivido muchos años sin valorar mi persona, sumida en el desprecio propio, por lo que esta clase de atenciones hacia mi cuerpo eran parte de mi catarsis; una idílica cura para elevar mi autoestima.

Los labios de mis esposas se encontraron con mis delicados y mojados pétalos; tiernas y excitantes muestras orales de cariño que repartían a diestra y siniestra por mi glabra zona íntima, humedeciéndola con saliva y mis propios jugos vaginales. En ocasiones, una que otra fugaz lengua se atrevía a aumentar el volumen de mis gemidos, arrojando mil y un descargas eléctricas por toda mi entidad corpórea. La temperatura se acrecentaba, la hiperventilación dominaba a mis pulmones y mi mente se transformaba en un lúbrico desfile de concupiscentes pensamientos. Un poco más, sólo un poco más…

Y entonces, se terminó.

Abruptamente, lo único que sentí recorrerme la entrepierna fue el aire invernal que se colaba por la ventana. Suspiré mentalmente, y expresé mi insatisfacción con un ligero mohín; ambas se habían encargado de tentarme más de la cuenta adrede, negándome el placer de ascender al orgásmico nirvana. Pero no podía culparlas, reglas eran reglas; ya podríamos seguir más tarde, con mayor profundidad. Además, era momento de deleitarnos con el siguiente plato del menú; uno exquisitamente cocinado en las lejanas tierras célticas del Éire. Lala, como toda una sensual modelo, caminó hasta la salida, meneando provocativamente esas soberbias caderas con las que fue dotada.

Abriendo la puerta, la irlandesa se dejó envolver por la albugínea neblina matutina y el resplandor del astro rey, cuyo fulgor se tornaba ligeramente verde al atravesar la tupida vegetación que rodeaba a la cabaña. Con aquel brillante fondo de claras tonalidades iluminándola, la añil epidermis que rodeaba el venusino cuerpo de la segadora resaltaba señorialmente, creando una imagen que emulaba las más enaltecedoras ilustraciones literarias. Coronada por ese luminoso halo natural, la peliblanca apoyó sus manos en el marco de la puerta, y, con una jactanciosa sonrisa decorándole el semblante, se inclinó para resaltar su máxima gloria.

Jamás dejaré de remarcar mi eterna obsesión con la impecable obra de arte que conformaba el trasero de la dullahan, ni de alabar su perfección bajo cualquier canon de belleza imaginable. Esas gigantescas montañas carnosas se extendían como un vasto océano azul, y, al igual que las olas del indomable mar, cada glúteo se agitaba ante cada movimiento que su celta dueña realizaba, demostrando la enorme suavidad que poseían, sin dejar de resaltar su inmortal firmeza. Podría hablar incansables horas sobre el magnum opus que era la Abismal, pero prefiero expresar mi devoción rindiendo los debidos ritos sagrados.

Caeruleam clūnēs, auream cūlus sancti.

Mi panteón será helénico, pero dudaba que a los dioses olímpicos les importara que juntara mis manos y, arrodillándome en mis pedipalpos, imitara la pose de una pía monja en actitud de rezo. Era parte del juego, y como una orgullosa soldado, era mi deber dar lo mejor de mí en todo momento, incluyendo mis capacidades histriónicas. Además, mi diosa de piel azul no merecía menos que la mayor lealtad hacia su divinidad. Murmurando una plegaria en alemán, expresando mi amor incondicional a las deíficas posaderas frente a mí, juguetonamente simulé persignarme.

Por supuesto, era una irreverente versión pervertida que yo había improvisado, asegurándome de hacer la señal de una cruz de hierro, lamiendo primero mi mano para después posarla sobre mis senos, mi entrepierna, y finalmente, el centro de mi pecho, donde residía mi corazón. Quizás fuera una actuación de broma, pero mis sentimientos eran bastante reales. Por su parte, la rapaz, la más reciente adición al culto de la Gran Dullahan, se decantaba por un ceremonial de índole más arcaica, reverenciando su cuerpo sumisamente, con sus alas estiradas, hasta tocar el suelo, como una primitiva rendiría tributo al ídolo de su tribu.

Y la segadora, tanto magnánima como vanidosa, nos recompensaba con permitir venerar su magnificencia personalmente. Tentadoramente, la fastuosa peliblanca se propinó un par de fuertes nalgadas, haciendo rebotar sus suntuosos atributos, e indicando que podíamos proceder a probar la ambrosía de los dioses. Con celeridad, un torrencial diluvio de caricias, ósculos y lamidas cayó las asentaderas de la irlandesa, empapando tan abundantes campos epidérmicos con una apasionada tormenta, tornándolos brillantes y resplandecientes con nuestra saliva.

Ahí, mientras la castaña y yo nos saturábamos las papilas gustativas con la sapidez de tan primoroso manjar, una nívea cortina capilar se posó en medio de nosotras; la Abismal se había retirado su cabeza. La americana y yo, sabiendo lo que nuestra emperatriz celta deseaba, sostuvimos su sesera y, después de besarla, la colocamos en posición. Ahí, la segadora, manteniendo un aire regio, usó sus manos para hacer a un lado sus gozosos glúteos, revelando el delicado y lindo hoyito que se escondía entre éstos, palpitando ligeramente en anticipación, como si nos saludara entusiastamente al vernos.

Parsimoniosamente, acercamos a la añil regente hacia el expectante agujerito hasta que, tiernamente, sus labios colocaron un ósculo sobre éste, provocándole a su cuerpo temblar alegremente de placer. Bendecida así por la diosa misma, sus fieles lacayas tuvieron carta libre para imitarla, plantando un breve pero gustoso beso en su zona erógena. Con eso, nuestras tres lenguas volvieron a encontrarse, concluyendo así el lúbrico ritual de cada mañana. Finalizando, estallamos en una sonora carcajada, abrazándonos, sintiendo el calor de nuestros cuerpos, y los corazones latir en sincronía.

¿Era realmente necesario practicar tan sexual ceremonia a diario? No. Pero, ¿acaso nos importaba un bledo? Después de todo lo que hemos vivido, nos habíamos ganado el derecho de disfrutar la vida como se nos pegara la regalada gana, y al carajo lo que piense el mundo. Un día estamos bajando de un barco como extranjeras, y al siguiente nos hallamos luchando contra un titánico reptil con aliento de fuego para salvaguardar nuestro nuevo hogar. Exprimiríamos cada hora, minuto y segundo de nuestra existencia para amarnos al máximo. Éramos felices, completamente, y eso es lo único que importaba.

Y, sinceramente, ¿quién no haría lo mismo, estando en nuestro lugar?

Así, estimuladas y contentas, iniciamos otro grandioso día lleno de amor, aventura, y safismo en aquel paraíso privado entre las montañas.

Gloria eterna a Arachne.

[…]

– "Ya, flaca, no me aprietes tanto las nalgas." – Dijo la arpía, pelando las patatas. – "Espérate al menos hasta después de llenar el estómago. Mejor asegúrate de que el agua esté bien hervida."

– "Concuerdo con Cetania, A chuisle." – Agregó la dullahan, preparando la salsa. – "Mesura tu impetuoso apetito de lúbricos placeres, que necesitamos energías calóricas para solazarnos plenamente en las rijosas bondades de la carne."

– "Saben que verlas vistiendo únicamente un delantal es demasiado irresistible para mí, linduras." – Respondí en medio de ambas, besándoles los hombros. – "Además, son demasiado pachoncitas como para evitar apretujárselas."

– "Es la maldición de ser tan perfecta." – Comentó la nativa del Éire, sonriendo.

– "Sé que te encantan, flaca pero no me distraigas cuando llevo cuchillo en manos." – Contestó la nativa de Montana. Entonces, me dio una palmada en el brazo. – "¡Ay! ¡Te dije que te estuvieras quieta, araña mañosa! ¡No me hagas clavarte esto en la raja!"

– "Auch. Vale, ya entendí, Süsse." – La reconforté con un beso en la mejilla. – "Tampoco me salgas tan delicada, pajarucha, que bien que adoras que te ponga contra la pared."

– "Tres días, flaca, tres días sin parar. Ya me duele la cola de tanto hacerlo por atrás." – Replicó la halcón. Ahí, le apretó un glúteo a la irlandesa. – "Y tú, azulosa, no deberías incitar a esta flacucha. Ignoro cómo le haces para aguantar tanto."

– "La sangre Abismal me otorga muchas ventajas ponderables, A chroí." – Le respondió la segadora, moviendo el cucharón con una mano, y apretándole una nalga con la otra. – "Entre ellas, una eminente capacidad regenerativa. Cualquier inconformidad sana rápidamente."

– "Básicamente, podemos hacerte el amor indefinidamente, sin lastimarte." – Comenté, dándole un beso. – "La mujer perfecta para una adicta al sexo como yo. Fue una apoteósica serendipia el haberte conocido, Spatzi."

– "El sentimiento es mutuo, A chuisle." – La peliblanca devolvió el ósculo.

– "Además, si bien recuerdo, la más entusiasta en estas ardientes noches has sido tú, Süsse." – Rodeé la cintura de la falconiforme. – "Fuiste tú la que propuso lo del ritual matutino, después de todo. Y casi nos da un resfriado cuando nos convenciste de hacerlo bajo la lluvia."

– "Sin contar que por poco nos resbalamos cuando sugeriste darnos placer bajo la cascada de nuestro estanque privado." – Señaló la dullahan. – "¿Y no eras tú la que clamaba llevar la concupiscencia en el ADN, A chroí?"

– "Es que no esperaba que ustedes fueran más calenturientas que yo." – Contestó la arpía, pelando otra patata. – "Ni en el entrenamiento me agoto tanto como en nuestras sesiones."

– "Los Abismales poseen más energía que cualquier mortal, linda." – Dilucidé, abrazándola por detrás, besando su cuello. – "Y las arachnes evolucionamos para copular frecuentemente, asegurando así la especie. Estamos diseñadas para esto."

– "Es lo que me gano por enamorarme de un par de ninfómanas." – Disintió con la cabeza, riendo y acariciando mi cabeza. – "Pero sólo esperen a que yo esté en época de celo. La concha les va a quedar aguada de tanto que nos las tallaremos."

– "¿Recrearás esa jocosa anécdota sobre esa calurosa noche con tu amiguito verde, Süsse?"

Sonriendo maliciosamente, tomé un pepino y juguetonamente lo pasé entre los glúteos de la rapaz, recordándole esa ocasión cuando usó uno para satisfacerse, quebrándolo accidentalmente dentro de su zona íntima. La castaña me pinchó un costado para que la dejara, y yo, entre carcajadas, contraataqué con más caricias y ósculos, abrazándola para hacerle simular un forcejeo.

Lala entonces tomó el vegetal de mis manos y, con la misma sonrisa pícara, lo usó para pasarlo por la entrepierna de la americana. La halcón, riendo también, le pinchó inofensivamente el trasero con una de sus garras. Romper en esta clase de jugueteos era parte de la rutina diaria, y no podíamos estar más felices por ello. Luego de un par de achuchones más, regresamos a nuestras tareas.

– "Hablando de objetos fálicos para onanistas prácticas, tremenda sorpresa que nos preparaste anoche, A chuisle." – Dijo la irlandesa, probando la salsa y añadiéndole sal. – "Sabía que deseabas hacerte con uno, pero no esperaba que revelaras poseer un dildo con arnés, especialmente uno adaptado a tu figura."

– "Ajustable, texturizado, seis velocidades, brilla en la oscuridad, y hasta arroja líquidos." – Enumeró la falconiforme, picando una zanahoria. – "Sólo le falta sabor a fresitas para ser el strap-on definitivo."

– "¿Dónde lo conseguiste, A chuisle? ¿Vino incluido con la lencería que te obsequió tu congénere Tejedora?"

– "De hecho, fue un regalo de la doctora Redguard." – Elucidé, retirando la cacerola del fuego. – "¿Recuerdan que, durante nuestra visita en el museo, había un artículo sobre dimensiones alternas o algo así? Resulta que había sido escrito por la propia Saadia. Me lo reveló por teléfono, e hicimos el trato en secreto."

– "Holy Molly, ya hasta me había olvidado de ese detalle." – Comentó la arpía. – "Supongo que ni ella misma lo sabía, o ya nos lo hubiera restregado en la cara antes."

– "Precisamente, Süsse. No tenía idea que el museo había publicado un artículo que ella escribió en sus años de universitaria, según reveló." – Asentí. – "Tampoco es que los directivos supieran que la autora había regresado como una zombie. Y dado que los registros de su alma mater indican que había pasado a mejor vida, no había necesidad de contactarla previamente."

– "Ahora que recuerdo, cuando nos entregaron nuestras nuevas armas, te excusaste para pasar a su consultorio antes de que nos fuéramos a entrenar con Titania." – Señaló la rapaz.

– "Correcto. Debieron verla; parecía que le hubieran entregado el mismísimo premio Nobel."

– "Qué astuta, flaca. Ya se me hacía raro que quisieras visitar a la loca de Sandy para conseguir solamente un par de paletitas." – Entonces, la castaña entrecerró los ojos. – "Espera, ¿segura que no estaba previamente usado? No nos vaya a pegar alguna infección."

– "Descuida, linda, venía en paquete sellado y todo." – Aseguré. – "Y me alegro, porque la muy tacaña me lo siguió cobrando a precio completo. Al menos era de buena calidad."

– "En todo caso, fue un buen detalle el otorgarte tal presente, A chuisle." – Opinó la segadora. – "Estuviste muy enérgica en el arte de la penetración. Lucías como toda una imperiosa predadora mientras nos hacías el amor."

– "No olviden que es ajustable, lindas." – Acoté, acariciando sus barbillas. – "Ustedes también pueden ser las dominantes."

– "¿Crees que puedas hacerte con más, flaquita?" – Preguntó la estadounidense, mordiéndose los labios. – "Así podremos darnos rico al mismo tiempo. Imagina formar un trenecito de amor."

– "Mmm. Me encanta cómo piensas, Süsse." – La abracé, besándole el cuello. – "Veré si le solicito un par a Rachnera. Seguro me los consigue a mejor precio."

– "Y que sean de esos que se les puede agregar vibradores extra dentro de la ropa." – Comenzó a lamer mi mejilla. – "Para tener todos los hoyos llenos."

– "Eres tan irreverentemente sucia, pajarita." – Mordí ligeramente su oreja mientras le apretaba los senos. – "Por eso te amo tanto."

– "Formulen depravados planes en otra ocasión, rijosas." – La peliblanca nos golpeó la cabeza con un cucharón de metal. – "Hija de Taumas, pela esas cebollas, y nada de llorar. Descendiente de Arachne, pon esas manos a trabajar y corta más leña para alimentar a las implacables flamas. ¡De prisa!"

Lala era la que llevaba los pantalones en la relación, aunque prefiriera usar vestido y ahora se encontrara desnuda. Asintiendo al unísono, la halcón y yo nos concentramos en nuestras tareas. Mi habilidad con Asynjörd, mi alabarda, había mejorado en estos días que fungí como la leñadora, y ya no me astillaba tanto. Luego de reunir suficiente madera y avivar las llamas de nuestra estufa improvisada, nos dimos un festín con los últimos remanentes de la carne de venado, preparados fastuosamente por nuestra chef de azul semblante, y su plumífera ayudante de cocina, que cada vez aprendía más sobre el arte culinario por parte de la dullahan.

Después de saciar el hambre, nos dirigimos a darnos un relajante baño en nuestro estanque. Como era costumbre, únicamente llevamos una mochila con nuestras toallas y pertenencias, mientras yo cargaba con Asynjörd, amarrada a la mochila. Era ciertamente relajante el recorrer tan nemorosos paisajes y esplendorosos sin llevar nada encima, recibiendo el fresco abrazo de los vientos decembrinos ululando ligeramente su invernal tonada a través de las ramas de los imponentes árboles. Una vez llegamos a nuestro destino, no dilatamos en zambullirnos y chapotear como niñas pequeñas en tan diáfanas aguas, cuya baja temperatura no nos incomodaban en lo más mínimo.

– "Me temo que esa fue nuestra última ración disponible de carne, chicas." – Mencionó la irlandesa, remojándose el cabello. – "Y nuestras reservas de vegetales apenas durarían para un entremés. Nuestra estadía no tenía contemplada una extensión tan prolongada."

– "La ciudad de Showa está a unos cinco kilómetros de aquí. Podría ir por provisiones." – Expuse, sumergida hasta los hombros. – "Con mi velocidad podría demorar apenas unas pocas horas de ida y regreso."

– "Sería más rápido si las traigo volando, ¿no te parece, flaca?" – Injirió Cetania, dejándose flotar boca arriba. – "Puedo cargar varias veces mi propio peso. Te ahorras tiempo y una caminata maratónica."

– "Lo sé, linda, pero sería bastante equipaje, y con la altura es posible que las bolsas se rompan por la gravedad." – Acoté, atrayéndola hacia nosotras. – "Lo ideal sería darte una mochila para nivelar el peso, pero te sería muy incómodo alzar vuelo."

– "Cargo con más en los entrenamientos, flaca; y con balas detrás de mí. Las bolsas del mandado son pan comido." – Aseguró la arpía, acomodándose en mi abdomen arácnido. – "Es más: si quieres, te llevo volando, como esa vez que te transporté a las oficinas centrales de Tokio para ingresar a MON, ¿recuerdas?"

– "Y casi me da un infarto al hallarme huyendo de esa condenada wyvern que se nos topó en el aire." – Contesté, jalándole ligeramente la oreja. – "O cuando te dejaste caer en picada, como un Stuka a punto de bombardear Londres."

– "Pero sigues de una pieza, ¿no?" – Me sacó la lengua burlonamente. Yo sólo le arrojé agua a la cara. – "Hablando en serio, un viaje de aquí hasta la villa no es nada. Tampoco me voy a traer toda la tienda encima."

– "Deberíamos pensar en la logística necesaria para abastecernos correctamente si es que planeamos vivir aquí." – Arguyó la segadora, colocándose detrás de la castaña. – "Nos hallamos lejos de una fuente de alimentos certificada. No hay peces en estas aguas, y a menos que optemos por una dieta vegetariana, careceremos de sustento cárnico y proteínico."

– "Y tampoco podemos depender de que nuestros úrsidos vecinos nos provean de más carne de cérvidos." – Agregué, caminando hacia la orilla. – "Sin contar que de aquí hasta Asaka son casi cien kilómetros. Necesitaríamos dos horas para llegar a nuestros trabajos, y eso si salimos a tiempo."

– "Necesitaremos encontrar otra casa, ¿cierto?" – Dijo la americana, recargada en mi espalda. – "Es decir, conservar también ésta, claro, pero habrá que conseguir una principal en la ciudad."

– "Parece que así será, lindas." – Afirmé, depositándolas en la orilla. – "Pero, por el lado amable, ahora tendremos dos niditos de amor. Uno de ellos exclusivo, completamente aislado del tedio urbano."

– "Bajo el cuidado de mamá osa, para mantenerlo privado." – Bromeó la halcón, acostándose en el suelo, extendiéndose. – "¿No es gracioso? Apenas tres días de ser pareja, y ya debemos preocuparnos por los gastos de vivienda y demás. Incluso siendo antiterroristas profesionales, tendremos que avisparnos con las finanzas a partir de ahora."

– "Y apenas había llenado mi cochinito." – Me acomodé en medio de ambas. – "Descuiden, lindas, que cumpliremos ese objetivo, aunque debamos empeñar hasta los calzones para alcanzarlo."

Antes que la falconiforme pudiera hacer una broma sobre el que ella prescindiera de ropa interior, o de que yo aún no hubiera reemplazado la mía, que Lala dejara llena de agujeros luego de su primer intento fallido por lavarla, el timbre de mi celular captó mi atención. La marcha germana que resonaba en la monofónica bocina identificaba a la persona que llamaba como mi padre.

– "Ojalá sea para avisarnos que se sacó la lotería y que nos hereda todo." – Reí tenuemente, incorporándome. – "Ya vuelvo, lindas. No empiecen sin mí."

– "Lo intentaremos, A chuisle, más las garantías son efímeras." – Respondió Lala, besando el estómago de Cetania. – "¿Deseas que ascienda o descienda, A chroí?"

– "Juega mientras con mis gemelas, enanita, que el clima me las pone frías." – Contestó la arpía, poniéndose cómoda. – "Salúdanos a los suegros, flaca."

Dejando a mis amadas dándose cariño, preparando terreno para la diversión, saqué mi teléfono de la mochila y oprimí el verde botón en la pantalla táctil.

– "Guten Morgen, Vater." – Saludé. – "¿Cómo están tú y Mutti?"

– "Guten Morgen, Töchterlein." – Replicó él. – "Nos encontramos bien, gracias. ¿Y ustedes?"

– "No me quejo. Las chicas se llevan un poco mejor que antes, y te mandan saludos." – Dije mientras sonreía al ver a la dullahan mimar los pechos de la rapaz. – "Hace tres días que no te comunicas. ¿Se echó a perder tu celular?"

– "Lamento tal retraso, hija. Es simplemente que tu madre me ha tenido bastante ocupado." – Se disculpó. – "Y de hecho, hablaba para informar algo relacionado a ambos."

– "Ay, no." – Expresé. – "Voy a tener otra hermanita, ¿verdad?"

– "¿Eh? Claro que no, Töchterlein. Tu mamá será una calenturienta y todo, pero siempre se asegura de colocarme un preserv-"

– "Vale, vale, ya entendí. No necesito los rijosos detalles." – Injerí, temblando ligeramente. – "Sólo bromeaba, papá. Anda, ¿qué deseabas decirme?"

– "Bueno, seré directo: tu madre y yo nos regresamos a casa, hija." – Esclareció. – "Perdona que te lo revele tan repentinamente, pero justo ayer nos llegó la noticia a los dos, precisamente."

– "Mundo pequeño, coincidencias enormes." – Opiné. – "Pensé que habían extendido su estadía por otra semana más."

– "Y lo hicimos, pero los astros se alinearon y nuestros superiores decidieron que era momento de volver." – Lo escuché suspirar. – "Créeme, yo más que nadie deseo quedarme y pasar tiempo con ustedes, pero ni siquiera nuestros rangos pueden ayudarnos a extender la prórroga. Lo lamento, Aria."

– "Scheisse. Y tan bien que estaba saliendo todo últimamente." – Disentí con la cabeza. – "No te preocupes, papá, que entiendo lo que es estar a merced de nuestros dirigentes. ¿Ya le avistaste a Dyne?"

– "Acabo de darle la noticia hace unos momentos. Opina igual que tú." – Respondió. – "Aún así, esto arruina todo nuestros planes. Había tantos lugares que deseábamos visitar; y mucho más qué hablar con nuestras pequeñas."

– "So ist das Leben, Vater." – Encogí los hombros. – "¿Hoy mismo se irán?"

– "Tenemos qué, si deseamos llegar a tiempo." – Afirmó. – "Yo tomaré un avión en el aeropuerto internacional de Tokio, y tu madre abordará el próximo barco al puerto de Feuerspinne."

– "¿Y a qué hora sería?"

– "Planeamos partir en la tarde, así que deseaba saber si sería posible que nos reuniéramos para disfrutar de estos últimos momentos juntos." – Propuso. – "¿Estarías de acuerdo en una última comida en la residencia de Herr Kurusu, hija?"

– "Por supuesto que acepto, papá, pero primero debo consultarlo con las chicas." – Argüí. – "¿Qué respondió Ale?"

– "Que se encontraba ocupada entrenando." – Esclareció. – "No sé si fue una excusa para no sentirse triste, o para evitar las tensiones con tu madre. O ambas."

– "Es lo más probable, conociéndola. Te diré lo que haré, papá: si las demás aceptan, convenceré a mi hermana de asistir, ¿vale?"

– "De acuerdo, Aria. Gracias por tu ayuda, y perdona nuevamente por darte tan inesperado anuncio."

– "Al menos no enviaron un pelotón para llevarlos a rastras." – Bromeé. – "Te llamo en un momento papá."

– "Vale, te espero, Tötcherlein. Y no hay mucha prisa; tu madre y yo queremos darnos una última sesión amoro-"

Apreté el botón de colgado tan rápido como pude. Me gustaría quejarme de que sigue sin aprender cuándo parar su lengua, pero me mordería la misma en el proceso. Guardando el teléfono, regresé con mis esposas, sonriendo al atisbar a la irlandesa reposar tranquilamente sobre las glándulas mamarias de la americana, mientras ésta le acariciaba tiernamente la cabeza. Dándoles un ósculo a ambas, procedí a emular a mi fastuosa segadora, acostándome y usando los agraciados pechos de la castaña como suaves almohadas.

– "¿De qué hablaste con papi suegro, flaca?" – Preguntó la falconiforme, mimando mi cabello. – "¿Resultó que Mei también es tu hermana?"

– "Pobre papá, ya lo volvimos un meme viviente." – Repliqué, disintiendo ligeramente con la cabeza. – "De hecho me llamó para avisar que, por órdenes de sus superiores, tanto él como mamá deben partir de vuelta a casa esta tarde, así que deseaban que los acompañemos en un último almuerzo familiar. Planeo convencer a Ale para que venga también, así que, ¿qué dicen, lindas? ¿Vamos?"

– "Opino que es consenso general el que no hay razón para no disfrutar tal momento con tus progenitores, A chuisle." – Declaró la dullahan. – "Ahora son nuestra familia también, así que apoyo la noción de tal reunión."

– "Y no necesitamos recordarte que, de todas nosotras, eres la única que aún posee una buena relación con sus padres, flaca." – Añadió la halcón. – "¿Piensas que te privaríamos de pasar un rato ameno con ellos?"

– "Sin contar que, dado nuestro dilema actual con las provisiones, el concluir este retiro temporal sería lo más sensato."

– "Lo sé, queridas. Sólo quería escucharlas confirmarlo." – Les propiné un beso a las dos. – "Danke schön. Le avisaré a mi hermana ahora."

Sacando el teléfono de mi bolso, que había dejado a un lado de la orilla, y sin dejar de abrazar a mis esposas, marqué el número de la empusa. Luego de un par de segundos de escuchar el monótono tono de marcado, aún sorprendida de que la señal fuera tan clara en tan recóndito lugar, mi consanguínea atendió.

– "Guten Morgen, Ale." – La saludé.

– "Potato." – Replicó Dyne. – "Sabía que llamarías."

– "Entonces ya sabes qué es lo que voy a preguntarte." – Respondí. – "Yo y las chicas pasaremos el día con ellos; nuestra última oportunidad de tiempo juntos no puede desperdiciarse."

– "Es la misma conclusión a la que llegué." – Afirmó. – "Decidí ir también."

– "Sabía que no te negarías, hermana." – Sonreí. – "Descuida, estoy segura que mamá se sentirá de mejor humor ahora que papá le dio sus cariñitos. Quizás es lo que también necesitas para que se te quite lo huraña."

– "Tu presencia será más insoportable que la de Vera, araña fastidiosa." – La escuché gruñir. – "Déjate de tonterías y dime dónde planean reunirse."

– "Propongo la residencia Kurusu; así podremos saludar a la familia y de paso dejar nuestras pertenencias ahí." – Sugerí. – "Son las nueve, y llegaremos alrededor de tres horas, promedio. Espéranos ahí, ¿vale? No hay prisa de todas maneras."

– "Molto bene. Me dará tiempo de darme un baño." – La escuché bostezar.

– "¿Apenas estás despertando?"

– "Es domingo. Puedo darme el lujo de extender mi reposo, especialmente después de entrenar tanto." – Contestó. – "Por cierto, ¿están ahí las demás?"

– "¿Howdy, Pepper?" – Saludó la arpía. Tenía puesto el modo altavoz.

– "Dia dhuit ar maidín, Dyne." – Habló la dullahan.

– "Hola, chicas." – Respondió la mantis. – "Tres días sin comunicarse; pensé que esta araña las había hecho extraviarse. ¿La han pasado bien?"

En ese momento, le hice una tácita señal a mis esposas; quizás era momento de sorprenderla con una breve pero contundente respuesta. La rapaz sonrió pícaramente y la irlandesa se sonrojó, mas no protestó, autorizando así nuestro pequeño plan. Regalándoles un ósculo en agradecimiento, las tres nos acomodamos y, ya listas, alcé mi teléfono para obtener un mejor ángulo. Entonces, con un simple movimiento de mi pulgar, el fulgurante resplandor del flash y el lente capturaron una excelente estampa digital de nosotras tres, abrazadas y al natural, esgrimiendo una genuina sonrisa en nuestros rostros. Con prontitud, le envié tan pecaminosa fotografía a mi consanguínea.

Pero más que un atrevido despliegue gráfico de concupiscencia sáfica, nuestra intención era exhibir los cutáneos tatuajes que fungían como el anillo de bodas de mis amadas, asegurándose de mostrar su cuello. Las marcas de mis colmillos, sin contar nuestra evidente cercanía, eran todo lo que mi hermana necesitaba para obtener su respuesta. Esperamos un par de segundos antes de que ella replicara, sin duda decidiendo si debía felicitarnos por haber contraído nupcias, o escaldarnos a base de floridas imprecaciones por mandarle tan descarado material.

– "Finalmente haces algo bien en tu vida, alemana torpe." – Opinó la pelinegra.

– "Danke schön, Schwesterlein." – Agradecí. – "Uhm, ¿lo dices por mi matrimonio, o porque te gustó la foto?"

– "Lala, Peaches, ¿podrían darle un par por mí?"

– "¡Ay! ¡Ay!"

– "Grazie, cuñadas."

– "Auch. ¿Quién las entiende?" – Me quejé, tallando mi sesera. – "Ni una semana llevamos de casadas, y ya se quieren quedar viudas."

– "Te lo mereces por preguntar tonterías, flacucha." – Dijo la castaña. – "Pero en serio, Pepper, ¿a poco la foto no te pareció sex-¡Ack!"

– "Gracias de nuevo, Lala." – Comentó la italiana.

– "Tá fáilte romhat, Dyne." – Respondió la segadora luego de darle otro a la americana. – "Incluso con la torpeza habitual de mis esposas, puedo asegurar que las tres nos hallamos en el cenit de la felicidad, bonificada por la idílica locación en la que nos hallamos."

– "Ow. Pegas duro, enana." – La halcón le dio un golpecito en el brazo a la peliblanca. – "Pero esta pitufita agresiva tiene razón, Pepper; este lugar es divino. Deberías venir algún día."

– "Trato hecho." – Replicó la aludida. – "Pero cuando ustedes no estén presentes."

– "Por nosotras no hay problema, pimientín, pero luego no te quejes cuando te coman los osos." – Respondí. – "Dejándonos de juegos, voy a confirmarle a papá de tu asistencia. Gracias por venir, Ale. Prometo portarme bien, ¿vale?"

– "Sé que no lo harás, pero tampoco tengo elección." – Suspiró la milanesa. – "De acuerdo, nos vemos hasta entonces."

– "Auf Wiedersehen, Schwesterlein." – Sonreí. – "Y asegúrate de no pasarle la foto a nadie. Aunque no te culparía si decides conservarla para tu disfrute person-¡GACK!"

– "Slán go fóil, Dyne." – Se despidió Lala, con sus nudillos en mi sesera. – "Salúdanos a la familia cuando la veas."

– "See ya, Pepper." – Añadió Cetania, emulando a la irlandesa. – "Y también a todas en los cuarteles."

– "Grazie, cuñadas. Manténganla con correa y bozal." – Dijo mi hermana. – "Ci vediamo."

Ignoro si el exiguo control sobre mi insensata lengua es un infortunado lapsus, o si el dilacerante entrenamiento con Titania me hizo desarrollar una adicción patológica al castigo físico. Eso, o mi abuela me tiró de chiquita demasiadas veces. Por suerte mis amadas le dieron un besito a mi chichón para que se bajara la hinchazón. Y no seré galena certificada, pero garantizo que los ósculos son la panacea de todo mal. Marqué el número de mi progenitor, expresando él su alegría de que Dyne convalidara su presencia. Todo estaba listo.

– "Bueno, lindas, aunque no nos guste, se acabó la luna de miel. Próxima parada: la jungla de concreto y cristal." – Comenté a las chicas, guardando el celular y acostándome de espaldas en la orilla. – "Qué rápido pasa el tiempo. A pesar de que han sido más de setenta y dos horas, pareciera que Cronos aceleró las manecillas del reloj."

– "Será una verdadera lástima el abandonar este empíreo edén para reemplazarlo por urbanas cacofonías." – Opinó la dullahan, acomodándose a mi izquierda. – "No me encuentro entusiasmada por llenarme nuevamente los pulmones de smog."

– "O el volver a usar ropa." – Suspiró la rapaz, abrazándome por la derecha. – "Pero, bueno, de todas formas ya no tendremos que preocuparnos por conseguir más provisiones."

– "Al menos contamos con el consuelo de que regresaremos nuevamente." – Las reconforté a ambas, rodeándolas con mis brazos. – "Todo esto será nuestro, y, entre la tranquilidad y nuestro cariño, nada nos faltará."

– "No te hagas, que aún me debes mi mansión con piscina y mis sirvientas, flaca." – Bromeó la arpía. – "Me lo prometiste, ¿recuerdas?"

– "Agrandar la cabaña será lo primero que haremos. Le pondremos tres pisos, con el tercero reservado para ser nuestro cuarto de juegos amorosos." – Le contesté. – "Y en cuanto a las sirvientas… ¿crees que a mamá osa le interese el empleo?"

– "Y Pepper será nuestra guardaespaldas personal." – Agregó la castaña. – "Mei puede conducir nuestra limusina."

– "Conociendo a Mo chuisle, ella exigiría un tanque como auto familiar." – Se unió la segadora.

– "Descuiden, será sólo un Tiger I." – Aseguré. – "Suficiente para abrirse paso entre el tráfico, y evitar que nos multen por romper las leyes viales. No hay delito si no hay testigos vivos."

– "¿Y le pondremos estéreo digital para que suene Iron Maiden mientras arrollamos vehículos?" – Preguntó la americana.

– "Contrataré a la banda para que toque personalmente." – Argumenté. – "Después de conseguir nuestros tiburones voladores con rasho láser, claro."

Las tres reímos. Aquella broma que compartiera con la falconiforme durante nuestro primer encuentro, y que simbolizaba la primera sonrisa genuina que esgrimimos cuando recién llegamos a este país, siempre nos recordará lo mucho que hemos avanzado desde entonces.

– "Hablando de las futuras amenidades de nuestro hogar, ¿cómo compartiremos nuestras moradas actuales?" – Injirió la peliblanca. – "No creo que nuestros caseros tengan problemas en acogernos a todas bajo el mismo techo, pero sería inapropiado agregar más carga a ellos, especialmente desde que ustedes son consideradas ciudadanas japonesas y muchos de los beneficios del Programa del Intercambio ya no aplican."

– "Una vez Yuuko mencionó que aceptaría a Aria en su casa en caso de que nos casáramos. Pero tienes razón, seríamos demasiado para nuestros caseros." – Habló la arpía. – "Espera, Lala; si eres nuestra esposa, ¿no te haría eso también ciudadana por matrimonio?"

– "Técnicamente, pero desconozco si la ley nipona contemple los rituales liminales dentro de su marco para conceder nacionalidad." – Remarcó la nativa del Éire. – "Deberemos consultarlo con la coordinadora Smith una vez tengamos la oportunidad, aunque dudo que ella desee tomar la monserga del papeleo en estas fechas."

– "En todo caso, por ahora, creo que deberemos resignarnos a seguir como siempre." – Suspiró la arpía. – "Trataremos de juntarnos tanto como podamos, pero hasta que nos hagamos con una residencia propia, continuaremos viviendo separadas."

– "Podríamos poner en práctica el intercambio semanal, lindas." – Injerí. – "Süsse, tú y Spatzi se la pasarán juntas los lunes y sábados; martes y miércoles serán para Lala y yo; mientras jueves y viernes serán para mí y la pajarita. Alternaremos entre las residencias de nuestros caseros para así aligerarles la carga."

– "Y los domingos, las tres cohabitaremos la misma morada." – Agregó la dullahan, conmigo dándole la razón. – "Me parece que es una solución aceptable, tomando en cuenta las circunstancias. Aunque continúa siendo una pena el deber separarnos por tantos días."

– "Je, antes no podíamos ni vernos en pintura, y ahora no deseamos estar lejos por demasiado tiempo." – La rapaz le dio un beso a la irlandesa. – "La vida da bastantes giros inesperados, ¿cierto, enanita?"

– "Tantas que la cabeza se me cae de lo mareada que he terminado." – Rió la aludida, acariciándole la barbilla. – "Mas tengo curiosidad, A chuisle: ¿por qué el particular orden que has elegido?"

– "Porque como los domingos serán nuestros días especiales, no las extrañaré tanto al iniciar la semana." – Repliqué, apretando los glúteos de ambas. – "Y de la misma manera, pasar el sábado sin mí las dejará bien calientes para cuando toque darle amor a su alemancita."

– "Que maquiavélicamente lascivo plan, flaca." – La castaña hizo lo mismo con uno de mis pechos. – "Y soberbio. ¿Piensas que un día sin ti nos pondrá como gatas en celo? No te postres en tal altivo trono, Blondie."

– "Sin contar que tu arrogante estratagema ignora completamente la posibilidad de que saciemos nuestra concupiscencia en los días anteriores a nuestra reunión dominical." – Observó la irlandesa, pasando su lengua por mi pezón. – "¿Qué te hace creer que tu ausencia estimulará nuestra rijosa hambre de lascivos placeres, vanagloriada descendiente de Arachne?"

– "No es lo que crea, Spatzi, sino la indeleble realidad de las cosas." – Repliqué, deslizando mis dedos hacia sus feminidades. – "Quizás necesiten que les reafirme el porqué una vez que prueban a una Jaëgersturm, ésta se vuelve elemento primordial en su dieta diaria."

– "Mmm, tal vez." – Gimió la americana, mordiéndose los labios al sentir mis dígitos en su intimidad. – "¿Debajo de la cascada?"

– "Debajo de la cascada."

Efímera fue la espera, hallándonos prontamente en el lugar acordado para dar rienda suelta a una muestra final de sicalipsis pura. Mientras nuestras manos, alas y bocas se encontraban ocupadas recorriendo cada centímetro de aquel collage de húmedas pieles, los pajarillos ofrecían nemorosa sinfonía en los alrededores, fundiéndose sus cantos con nuestros sonidos de amor. Sonreí; hoy debía despedirme de las personas que me trajeron al mundo, y que gracias a eso puedo gozar de esta apoteósica dicha con mis esposas. No había mejor manera de agradecerles que disfrutar de la vida que me otorgaron.

Aquella que ahora, sin duda alguna, puedo decir que merezco plenamente.

[…]

– "¡Aria-nee, volviste!"

– "¡Puf! Me alegro de verte también, Papi." – Exclamé cuando la pequeña arpía me abrazó de un salto. – "¿Cómo han estado tú y Suu?"

– "¡Ah, muy bien, muy bien! Estuvimos jugando Mayro Kratt 9, y luego ayudamos a regar el jardín y el azarelo…"

– "Azarollo."

– "¡Sí, eso! Y luego jugamos Dog of War 7, y Miia hizo estofado, y luego se incendió la cocina y…"

– "Bienvenida también a casa, Lala." – Saludó Suu con una reverencia, mientras su compañera seguía parloteando. – "¿Disfrutaron de su viaje?"

– "Perfectamente, Suu. Gura míle." – La dullahan acarició la cabecita gelatinosa de la limo. – "Nos da gusto verlas. ¿Se portaron bien? ¿No causaron problemas?"

– "Hemos sido obedientes." – Sonrió la glauca chica, moviendo alegremente su probóscide. – "Suu y Papi son niñas buenas."

– "Por cierto, ¿dónde está Kitana-nee?" – Preguntó Papi.

– "La dejamos en casa de Yuuko." – Le respondió la segadora, cargando a Suu en brazos – "Vendrá en un rato, luego de saludarla y arreglarse."

– "Dyne y mis padres también nos visitarán en cualquier momento." – Añadí, llevando a la pajarita abrazada hacia la sala. – "¿No les avisaron?"

– "Sí, nuestro Amo nos informó por teléfono de ello." – Replicó la limo mientras la irlandesa la depositaba en el sofá. – "Por eso Miia se apresuró a preparar comida extra."

– "Y hablando de eso, ¿cómo que se incendió la cocina?" – Indagué, dejando a la arpía a su lado.

– "¿Otra vez exagerando las cosas, Papi?" – Protestó la lamia aludida, colocando sus manos en su cintura mientras reptaba hacia nosotros. – "Únicamente se activó la alarma por el humo, nada catastrófico. Ni que fuera Nerón para andar de pirómana."

– "¡Pero todo se volvió negro por el humo! ¡No se podía respirar!" – Aseguró la emplumada. – "¡Mero-nee se ahogaba! ¡Cerea-nee llamó a los bomberos! ¡Y Rachnee rió!"

– "En primera, eran huevos rellenos ahumados, ¡por supuesto que habrá algunas emanaciones inofensivas!" – Contestó la ofidia. – "Y en segunda, no hubo nada de caos, sólo unas cuantas quejas de las chicas. Excepto lo de Rachnera; esa araña sí que es fastidiosa."

– "Ya extrañaba estas anodinas discusiones familiares." – No pude evitar reír, ofreciéndole la mano a la pelirroja. – "Guten Morgen, Miia. ¿Wie gehts?"

– "Atareada con las visitas próximas y desmintiendo a estas revoltosas, pero supongo estoy bien." – La poiquiloterma estrechó las de ambas. – "Bienvenidas de vuelta, chicas. ¿Cómo estuvo el retiro?"

– "Les contaremos todo en la mesa." – Asintió la peliblanca. – "¿Necesitas ayuda en la cocina?"

– "Te lo agradezco, Lala, pero deben estar cansadas por el viaje." – Arguyó la sierpe. – "Un poco más y tendré lista la carne. Ustedes descansen, que tengo todo bajo control."

– "No hay problema, que echo de menos la estufa y el gas butano." – Insistió la dullahan, corriéndose las mangas de su traje. – "Con celeridad, que los invitados llegarán pronto."

Las viejas costumbres mueren difícilmente. No podía culpar a mi Abismal por querer reencontrarse con la vajilla y las bondades de la estufa hogareña; por mucho que disfrutáramos nuestro tiempo en la naturaleza, la vida es mucho más sencilla cuando se cuenta con gas, sartenes, y mil y un condimentos para crear maravillas culinarias. Además, no había que mancharse las manos de hemoglobina al destazar animales a la antigua o ahuyentar molestos dípteros hematófagos. Y la lamia necesitaría todo el auxilio en caso que cierta agente gubernamental y su equipo decidiera caernos de improviso.

Mientras las chicas se encargaban de la gastronomía, yo asumí el papel de cuentacuentos para las pequeñas de la casa, ávidas de escuchar las pericias que yo y mis amadas pasamos en los indomables dominios del bosque, mientras sus juveniles mentes ya preparaban el engranaje para el posterior asalto de preguntas. Por supuesto, omití los rijosos detalles de nuestros íntimos encuentros, o siquiera el hecho que habíamos contraído matrimonio; aquello sería revelado una vez todos los invitados se hallaran reunidos.

Reí para mí misma; estaba segura que tal confesión no sorprendería a absolutamente nadie, pero igualmente se alegrarían de nuestra unión.

La puerta sonó en ese momento, sonriendo yo al reconocer el patrón con que la invitada hacía sonar el timbre. Dejando a las niñas devorar los dulces que habíamos comprado en el camino a casa, recibí a la recién llegada, emperifollada ésta con un chaleco verde, un pantalón vaquero azul con algunas rasgaduras, y una camiseta sin mangas roja que dejaba ver su ombligo. Una bufanda rodeaba su cuello, agregándole ese toque decembrino a su jovial apariencia.

– "Te esperábamos, Süsse." – Saludé a mi rapaz con un ósculo en sus labios. – "Luces hermosa, mi vida."

– "Siempre dices lo mismo, flaca. Y te agradezco." – Ella devolvió el ósculo. – "Ya quería estrenar la ropa que compramos desde aquella vez."

– "¿Cómo está la suegra Yuuko?"

– "Deseando que no la llames así que aún se siente joven." – Rió. Ahí, se hizo a un lado, señalando a su acompañante. – "Por cierto, mira a quién me encontré saliendo de la estación mientras yo volaba hacia aquí."

– "Bienvenida, Ale. Te ves bien." – Rodeé con mis brazos a Dyne. – "Te extrañé, hermanita."

– "Yo extrañaré la paz que obtuve con tu ausencia, patata molesta." – Respondió fastidiada Nikos, pero no hizo intento de zafarse. – "¿Ya llegó papá?"

– "Aún no, pero no debería tardar." – Repliqué, separándome. – "Adelante, que la comida estará lista en un momento."

– "Perfecto, la cafetería es un caos desde que despidieron a la cocinera principal." – Aseguró la empusa, adentrándose. – "Por cierto, chicas, me tomé la libertad de agregar a Mei a la pijamada. Espero no sea inconveniente."

– "Para nada, Pepper. Sabes que nos cae bien la lagartijita." – Afirmó la americana. – "De hecho, habíamos pensado precisamente en ofrecerle una invitación, ¿cierto, flaca?"

– "Así es. Nos leíste la mente, Ale." – Injerí. – "Aunque es inusual que seas tú quien invite a alguien."

– "Sólo es para agradecerle lo paciente que ha sido con nosotras, y por su propio bien." – Se apresuró a asegurar la pelinegra. – "Entre el tedio del trabajo, las prácticas de tiro y la horrible comida, Silica necesita una distracción de vez en cuando."

– "¿Ella entrena en la galería de tiro?"

– "Incluso solicitó a la Jerarca que le permita patrullar. Sigue siendo oficial de policía después de todo." – Explicó la italiana. – "Comenzó hace un par de días. Le ayudo a mejorar cuando coincidimos. Es decente con su revólver."

– "¿Planeas quitarle el trabajo a Titania, instructora Pimientín?"– Bromeó la falconiforme. – "¿O acaso intentas que la escamosa se una al equipo?"

– "Suficiente tiene ella con ser empleada de Smith; sería cruel que también sufriera el abuso de esa gnómida o los criminales." – Acotó la milanesa. – "O tener que pasar más tiempo con ustedes."

– "Suenas inusitadamente preocupada por el bienestar de la gecko, hermanita." – Opiné, sonriendo maliciosamente. – "¿Acaso al travieso Cupido se le escapó una de sus flechas mientras no estábamos?"

– "La única fuga aquí es la de tu presuntuosa imaginación, cerebro de patata." – Instó la mediterránea, volteando la mirada.

Antes que pudiéramos mencionar ese discreto rubor invadiéndole las mejillas, mi consanguínea sacó tres pedazos de papel de su bolso, ofreciéndonoslos.

– "Oh, gracias, Pepper." – Agradeció la rapaz mientras los tomaba. – "¿Cupones de regalo?"

– "Cada uno es válido para un retrato de 24 x 36 en The Tengus's Booth, el mayor centro fotográfico del centro de Tokyo." – Informó Alexandra. – "Listos en menos de una hora, incluye marco de ébano genuino y vidrio a prueba de ralladuras. O al menos eso alega el panfleto. Supuse querrían fotografiarse para celebrar su unión. Felicidades de nuevo."

– "Danke schön, Schwesterlein." – Sonreí, abrazándola de nuevo y besando su frente. – "Es un hermoso detalle de tu parte."

– "Aunque parezca poco, significa mucho para nosotras." – Añadió mi esposa arpía, uniéndose al abrazo y plantándole un ósculo en la mejilla. – "Tú también deberás ser parte del cuadro familiar, Dyne. Estaría incompleto sin ti."

– "Imaginé que lo sugerirían, por eso decidí arreglarme para la ocasión." – Manifestó Nikos, disimulando su propia mueca de felicidad. – "Pero suficiente de achuchones, ¿sí? que estamos en público."

– "¿Qué tiene de malo que todos sepan lo mucho que quiero a mi hermanita bonita?" – Dije, restregando mi mejilla en la suya.

– "Anda, Pepper, que el espíritu decembrino entre en tu corazón." – Agregó la castaña, emulándome.

– "¡Agh! ¡Me están arrugando el atavío, mensas!" – La pelinegra intentó soltarse. – "¡Ya, déjenme!"

– "¡Ay! Vale, vale. Tampoco no nos pinches con los espolones." – Me separé. – "Pero no puedes estar amargada por siempre, Grinch. Hoy los abrazos andan sueltos."

– "Kanna se regresó a los antiguos apartamentos. No hay quien lave la ropa hasta que hallen reemplazo." – Manifestó la italiana, sacudiéndose la camisa. – "Y suficiente tengo con que me impregnes con tu aroma a garrapata desnutrida como para querer más abr-¡Waaah!"

– "¡Dynee! ¡Hola, hola!"

Sobre aviso no hay engaño. Como un brioso ariete azul asediando los muros de Constantinopla, la siempre energética Papi se lanzó directo hacia la nativa de Milán, envolviéndola en sus añiles alas y derribándola en el proceso, afectuosamente impregnándole el espíritu festivo al restregar su mejilla en la mediterránea. La honesta simpatía de la pajarita evitó que Dyne profiriera protesta alguna. Por su parte, Suu se comportó más civilizada que su compañera y se limitó regalarle un cariñoso achuchón a Cetania, reciprocándole la nativa de Montana con gusto.

Ya adentro, la falconiforme decidió ayudar a nuestro par de cocineras residentes mientras las pequeñas intentaban persuadir a mi consanguínea que probara un videojuego sobre niños calamar o algo así. No lo lograron, pero nos convencieron de que las observáramos mientras se arrojaban tinta virtual. Para seguirles el juego, yo tomé equipo con Papi y la empusa con Suu. La imagen de mi hermana olvidándose efímeramente de su estoicismo usual para apoyar a la limo nunca cesaba de hacerme reírme discretamente, haciéndola callar con un intenso rubor en sus mejillas. Poco a poco comenzaba a contagiarse de nuestra alegría.

Las chicas avisaron que la comida estaría pronta a estar lista y las asistimos a colocar la mesa. Dada la cantidad de invitados especulada, tuvimos que unir un par de mesas y cubrirlas con mantas, además de usar algunas sillas extras del jardín. En ese momento, un conocido dúo hizo acto de aparición. Ambas iban envestidas de la misma manera, en bonitos abrigos rojos, aunque el diseño era algo atrevido. Aunado al evidente cráneo blanco ostentado en el frente, el sastre de tan singulares atuendos era bastante obvio.

– "El pronóstico estaba en lo correcto: hoy será un día animado." – Sonrió Rachnera al vernos, empujando la silla de su socia marítima. – "Bienvenidas, chicas. Saben que están en casa."

– "Nos alegra que se encuentren sanas y salvas." – Agregó Meroune, juntando sus manos. – "A pesar de lo súbito del anuncio, hemos hecho todo lo posible porque nuestra congregación sea perfecta. Le solicitamos a Miia-san que preparara los platillos que ustedes disfrutan con mayor ahínco."

– "Lamentamos haberlas puesto en una carrera contra el tiempo tan fortuitamente." – Reverenció mi esposa dullahan.

– "Nuestra gratitud siempre será eterna por todo lo que hacen por nosotras." – Se añadió la rapaz.

– "Vamos, chicas, que somos familia, lo hacemos con gusto. Y el ejercicio siempre viene bien." – Desestimó Arachnera con la mano. – "Y hablando del paseo, aquí están el resto de los ingredientes, Miia. Tuvimos que ir hasta el centro. Conseguir hongos chantarela es toda una odisea en invierno."

– "Bueno, si se desea un rostbrätel auténtico, deben usarse ingredientes genuinos de Turingia, ¿no?" – Dijo la ofidia, tomando la bolsa que le ofreció la Tejedora. – "Gracias, Rachnee. Lala, Cetania, aún falta darle el toque final al bufet."

– "Oh, antes que se me olvide." – Instó mi hermana. – "¿Peaches?"

– "¡Ah, claro!" – Expresó la nativa de Montana, dirigiéndose a la sala. – "I'll be back."

La halcón regresó con una caja grande y otro par más pequeñas. Alexandra tomó la mayor y nos reveló el contenido: un enorme pan del tamaño de un pastel cubierto de nívea azúcar y rellenos con trocitos de pasas y frutitas confitadas.

– "Panettone, uno de los manjares milaneses navideños tradicionales. Auténtico casero; no fue fácil de conseguir." – Dilucidó la pelinegra. – "Curiosamente era uno de mis favoritos de pequeña, antes de saber sobre mis raíces italianas. Mundo pequeño."

– "Luce delicioso, Dyne. Gracias." – Agradeció la lamia, tomándolo. – "En serio; las niñas asaltaron la cocina sin que me diera cuenta y casi no había suficientes pastelillos para el postre."

– "Es lo menos que puedo hacer para corresponder su gratitud." – Reverenció la pelinegra.

– "Y nosotras no nos quedamos atrás tampoco." – Habló mi mujer emplumada, develando dos botellas. – "Sidra… ¡Angioletti! Para no romper la tradición de obsequios del mediterráneo. Están algo calientes, pero aún queda tiempo para que se enfríen."

– "Colóquenlas en una cubeta con hielo; así se conservará el sabor natural del brebaje." – Aconsejó mi consanguínea, tomando las botellas y dirigiéndose a la cocina. – "Ayudaré, no puedo quedarme sin hacer nada."

– "Dyne-sama, no es necesario que usted o las demás se tomen la molestia." – Injirió la sirena. – "Son nuestras invitadas de honor, después de todo."

– "Pero somos familia. Es un placer cooperar." – Retrucó Lala, sonriéndole. – "Además, esta será una excelente oportunidad para probar la carne bañada en sidra. Vamos."

Con aquella irrebatible afirmación, las cuatro regresaron a la zona de batalla culinaria justo al momento que las pequeñas se nos acercaban.

– "Ah, me pareció oler algo dulce." – Comentó Papi, olfateando el aire. – "¿Trajeron pastel? ¿Puedo comer?"

– "Papi-chan, tienes la boca y ropa llena de caramelo." – Le señaló Lorelei, colocando sus manos en la cintura. – "Y tú, Suu-chan, no has digerido siquiera tu comida. Aún puedo ver esa gomita flotando dentro de ti."

– "Pero…" – Intentó protestar la limo.

– "Nada de eso. Los padres de Aria-sama llegarán pronto y es intolerable que no estén presentables." – La princesa tomó las manos de ambas. – "Las dos vendrán conmigo y se ataviarán decentemente. Poseo algunos atuendos que les quedarán perfectos. Suu-chan, empuja mi silla."

– "¡Pero…!" – Instó la arpía azul.

– "Nada de peros, Papi-chan." – Sentenció la mujer ojizarca. – "Si no, no comerán nada excepto los espárragos secos que Miia-sama preparó."

– "¡Te oí, mojarra rosada, te oí!" – Gritó la lamia desde la cocina.

– "¿Suu-chan?"

Sin rechistar, la gelatinosa empujó la silla de la heredera del Reino Neptune, seguida por una cabizbaja Papi, en dirección al cuarto de la sirena, dejándonos a mí y la Tejedora solas.

– "¿Segura que no las envestirá en algún traje de lolita gótica?" – Le dije a mi amiga.

– "Descuida, que se guarda su moda particular para ella misma." – Replicó. – "En todo caso, pensé que no te vería de nuevo en una pieza, zanquilarga."

– "Sólo fuimos a una cabaña, Rachnee, no a los Campos Cataláunicos a detener a los hunos."

– "No me refería a eso, Cazadora." – La Tejedora me susurró al oído. – "Visión ultravioleta y buen sentido del olfato, ¿recuerdas? Puedo ver lo bien que te trataron tus amadas."

– "Oh… ¿Es tan evidente?"

– "Como si te lo hubieras tatuado con tinta luminiscente. Y el aroma podría captarlo incluso con catarro. ¿Los Campos Elíseos son tan reales como cuentan las leyendas?"

– "Mejor." – Le murmuré. – "Los verdes pastos son regados virtuosamente con nuestro amor, y el canto de los pajarillos es precedido por sicalípticas sinfonías. Cons-tan-te-men-te."

– "Conquistar está en nuestra estirpe, pero tú lo llevas a hegemonía absoluta." – Rió, dándome palmaditas en la espalda. – "Sabía que lo lograrías, Aria; mereces esta felicidad."

– "Danke schön, Rachnee." – Emulé su gesto. – "Tú también la obtendrás."

– "Más pronto de lo que crees, alemana." – La vi guiñarme uno de sus ojos superiores. – "Por cierto, ¿qué tal los juegos de lencería que entregué a tus musas? ¿Se te dilataron hasta los túbulos de Malpighi?"

– "Glorioso. Casi cincelo el piso de madera de tanto que repiqueteé mis pedipalpos." – Respondí. – "Empero, me temo que deberé pedirte otro juego porque, debido al impulso de Selene, puede que hayan terminado como jirones en el suelo."

– "Joder, Cazadora, me esforcé bastante en esos diseños, ¿sabes?" – Torció la boca. – "Deberé comenzar a cobrarte extra si vas a desperdiciar mi arduo trabajo así de fácil."

– "Prometo con el dedo chiquito que no pasará de nuevo." – Declaré, levantando el meñique. – "Aunque ahora sabemos que ni la seda de arachne puede resistir a una germana calenturienta."

– "En todo caso, deberías ponerte algo de perfume para disimular." – Colocó un dedo en mi frente. – "No querrás que tu madre deba respirar por sus filotráqueas para evitar que tu concupiscente fragancia la incomode, ¿o sí?"

– "No sería la única a quien la delatara el olor. ¿Qué crees que mis padres han estado haciendo todo este tiempo? ¿Jugar a serpientes y escaleras?"

– "Divertirte con tu harem deja huellas más grandes, Cazadora, especialmente por tantos días activos." – Aseguró, asumiendo una pose pensativa. – "Podrías complementar tu aromático plan con una distracción visual. ¿Puedo sugerir algo como, no lo sé, un atuendo nuevo?"

– "Oh… ¿Y dónde podría encontrar alguno tan rápido?" – Cuestioné, entendiendo perfectamente sus intenciones.

Sonriendo y dándose la vuelta, la mujer de cabello lila tácitamente me indicó que la siguiera. Subiendo las escaleras y ascendiendo hacia su habitación, en el ático, me di un momento para contemplar los cambios que la recámara de mi congénere exhibía, ahora habituada para el incesante trabajo de la manufactura y costura de textiles. La rueda de hilar y centenar de cajas formaban parte de la decoración, dejando apenas espacio para moverse, a pesar de la amplitud de éste. Costaba trabajo creer que una sola persona pudiera producir gran cantidad de prendas en poco tiempo, pero sabía que, incluso entre nuestra estirpe, Rachnera era una insigne Tejedora.

– "Lore y yo planeamos expandir su habitación para no usar la mía como bodega." – Comentó la arachne, revisando unas cajas. – "Hay bastante espacio, y está lo suficientemente aislada térmicamente para evitar que la humedad afecte la tela. Sólo colocar unas cuantas paredes extra; así nos ahorramos plata y dolores de cabeza con la constructora."

– "Ya comienzas a hablar como toda una empresaria, Rachnee." – Opiné. – "¿Qué sucederá cuando el negocio se expanda?"

– "De hecho, está sucediendo ya, Cazadora. Justo ahora contamos con una nueva repartidora." – Anunció. – "Es muy leal y confiable, créeme. Ya la conocerás pronto."

– "Es bueno saber que el barco flota viento en popa, amiga." – Expresé con sinceridad. – "¿Y después? ¿Colocarán su propio taller de Tejedoras?"

– "Tendríamos que planear el lugar dónde colocarlo, contratar constructoras, papeleo interminable… No gracias." – Disintió con la cabeza. – "Lore llegó a una conclusión más simple: absorber una empresa existente y simplemente transferir nuestra marca. El resto se lo dejamos a los abogados y representantes comerciales, cosa que la princesa del Reino Sirena no tendrá problema en obtener."

– "Y creí que yo era ambiciosa." – Reí. – "¿Qué opina Herr Kommandant de todo ello?"

– "Nos apoya completamente. Incluso se toma la molestia de llevarnos chocolate caliente cuando Lore y yo pasamos la noche discutiendo tales asuntos." – Una mueca de felicidad se dibujó en su rostro. – "Su paciencia es algo que no hallaremos en otro hombre. Eso es lo más importante, Aria; saber que las personas que amas están siempre contigo."

– "La vida es hermosa, ¿cierto?"

– "Especialmente cuando la compartes con alguien."

Esbozando una sonrisa mutua, Arachnera prosiguió rebuscando hasta que su expresión confirmó que había hallado la pieza en cuestión. Con un ademán de su dedo me indicó que me diera la vuelta, obedeciéndole yo, expectante.

– "Firme, soldado." – Ordenó ella. – "Extiende tus brazos y mantente quieta. Nada de espiar."

– "Jawohl, frau Kommandanterin." – Accedí. – "No vas a pedirme que me desvista, ¿verdad?"

– "¿Por qué? ¿Quieres que vea cómo el frío te pone las luces altas?" – Bromeó mientras la sentía envolverme con la prenda. – "He estado durmiendo vestida estos días por ello, a pesar de que Miia ha mantenido el calefactor activo las veinticuatro horas. Al menos ustedes tres contaban con su calor corporal."

– "Y eso que todo ese tiempo, salvo por el calzado y bufandas ocasionales, estuvimos completamente al natural."

– "Bromeas." – La Tejedora se detuvo al ver que no había falsedad en mis palabras. – "Espera, ¿de verdad, Cazadora?"

– "Acordamos ya no usar nada una vez tengamos nuestra casa propia. Fue nuestra primera regla, de hecho." – Declaré, mostrando los meñiques. – "Lo juro con ambos dedos chiquitos. ¿Y sabes qué fue lo mejor? Lala fue quien lo propuso. Ahí supe que ella y la pajarita ya eran más que buenas amigas."

– "De acuerdo, Jaëgersturm, dime la verdad: ¿con qué ente demoniaca hiciste pacto?" – Preguntó Rachnera, resumiendo su tarea. – "Porque estoy dispuesta a aceptar el trato. La morada sería sin duda mucho más interesante si adoptaran la moda nudista."

– "Estoy más que segura que Herr Kommandant ha pensado lo mismo que tú más de una vez." – Opiné. – "Y Suu suele andar sin su impermeable regularmente. Ya tienes dos aliados en tu concupiscente plan; ¿qué hay del resto?"

– "A Papi le da igual la ropa; las demás tienen qué recordarle que se ponga algo luego de salir del baño." – Elucidó mi congénere, abotonando mi nuevo atavío. – "Creo que el exhibicionismo es axiomático en las arpías. Aunque tú sabes mejor eso que yo."

– "Extender las alas es más sencillo con nada puesto." – Ahí bajé el volumen de mi voz. – "¿Te comparto un secreto? Yuuko permite que Cetania ande en cueros por la casa. Tal vez sea posible que Lala y yo obtengamos el mismo privilegio ahora."

– "¿Segura que no moriste y ascendiste prematuramente al Jardín de la Hespérides?" – Rió la Tejedora. – "Y pensar que eras la misma araña pudorosa que se ponía como tomate por siquiera la idea de tomar un baño con el resto de las chicas."

– "Prescindimos de mucho más que la vestimenta en nuestro retiro, Rachnee." – Afirmé. – "Pero aunque nos liberamos al deshacernos de muchos prejuicios, jamás abandonamos el amor que nos unió el primer lugar. De lo contrario, nos habríamos aburrido del hedonismo absoluto rápidamente."

– "Mente lasciva y lengua de poeta; tus musas te han inspirado más que Afrodita a Safo, Cazadora." – Formuló raudamente mi compañera, chasqueando sus dedos. – "Por eso mereces este presente. Ya puedes abrir los ojos."

– "Meine göttin…"

El espejo frente a mío no mentía. El regalo de mi congénere no era otro sino un laborioso abrigo camuflado al mero estilo de las zamarras utilizadas por las tropas alemanas, especialmente las Waffen-SS, durante la Segunda Guerra. Éste en particular imitaba el patrón Erbsenmuster, el camuflaje empleado durante 1944, casi al final del conflicto; y también uno de mis favoritos. Estaba formado por multitud de puntos de cuatro colores, simulando los distintos terrenos hallados por toda Europa, particularmente Francia y Alemania, donde se llevaron a cabo el resto de las batallas antes de la caída del régimen Nazi. Diseñado para ser efectivo en cualquier época del año, era uno de los atuendos más icónicos de tan belicosa era.

En pocas palabras: era simplemente hermoso.

– "Tu expresión lo dice todo, germana." – Comentó la Tejedora, sonriendo. – "Me alegro, porque imitar ese patrón me dejó exhausta. Tuve que emplear todas mis hiladoras para acabar a tiempo."

– "Es tan suave y cálido. Aísla perfectamente la temperatura. Y huele a fresitas." – Opiné, palpando la tela. Ahí, volteé hacia mi amiga. – "Danke schön, Rachnera. Du bist der beste."

– "Ni lo menciones, Cazadora. Una mujer casada debe vestir lo mejor." – Guiñó tres ojos, volviendo a las cajas. – "Y eso no es todo; aquí tengo un par de más para las señoras de Jaëgersturm."

– "Meine göttin…"

Mis repetidas alusiones a la deidad principal de mi panteón no eran hipérbole, en verdad que Arachnera se había lucido con la fidelidad de sus reproducciones de los uniformes germanos. El atuendo de mi irlandesa estaba basado en el estilo Platanenmuster (Hoja de plátano o sicómoro), utilizado por las huestes de élite alemanas hasta 1942. Con los puntos oscuros y ocres sobre un fondo café deslucido, se identificaba como la variante de otoño e invierno. Tomando en cuenta que tales estaciones son generalmente asociadas con lúgubres alusiones a la muerte, era una elección muy ad-hoc para la segadora del Inframundo.

Para mi rapaz esposa, debido a su figura aviar, la Tejedora le había preparado un chaleco con el mismo patrón Platanenmuster, pero en la variación para primavera e invierno, con tonos verdes y marrones más refulgentes. Ambas estaciones eran más vivas y calurosas, precisamente cómo describiría lacónicamente a mi bella halconcita. De la misma manera que los atavíos originales, todas las prendas carecían de insignias o parches militares, pero exhibían las firmas bordadas de Rachnera y Meroune en dorada tipografía cursiva dentro del cuello, junto a Grandeur Silk, el nombre de su empresa.

– "Sé que te gusta la consistencia en cuestión de uniformes, así que me aseguré de que pertenecieran al mismo periodo." – Indicó mi compañera, guardándolos con expresión satisfecha. – "Comencé a hacerlos justo el mismo día en que partiste, porque sabía que regresarías con buenas nuevas. Fue bastante complejo el investigar y recrearlos meticulosamente, pero mi honor de arachne no me permitiría ofrecer un trabajo inferior a una recién casada."

– "¿Aún tienes fe en esta torpe flacucha, Rachnee?"

– "Mi confianza ha probado ser correcta hasta ahora, Cazadora. Sigue así." – Sostuvo. – "¿No hemos tenido ya esta charla antes?"

– "Al contrario de mí, tu nunca decepcionaste." – Afirmé. – "Desde el inicio, para una extranjera hallada en un lugar desconocido y que por primera vez se veía fuera de su zona de confort, esta recámara fue un pilar importante para evitar que mi antigua yo optara por retractarse de haber salido de su tierra natal. Te debo mucho, Rachnera; y aún continúas siendo generosa conmigo."

– "Por supuesto que sí. Después de todo eres Aria." – Aseguró, colocando sus manos en mis hombros. – "Mira dónde estás ahora, Cazadora: viviendo el sueño. Hiciste la ficción realidad, y resultó mejor que cualquier utópica fantasía que imaginaras. Con toda la ineptitud que te atribuyes, lograste tus objetivos, y es sólo el comienzo. Y siempre estaré ahí para apoyarte."

– "Sé que sí, Rachnee, sé que sí." – Disimulé la acuosidad en mis ojos. – "Je, mírame, soy como una hermana menor llorona."

– "Todas las arachnes somos hermanas en sí, Aria. Es un gusto cuidar de la mía." – Sonrió, limpiando una furtiva lagrimita de mi globo ocular. – "Además, no creer en ti sería menospreciarme también. Sabes que me quiero demasiado como para pensar menos de mí."

– "No lo negaré. Tienes suficientes razones para ello." – Asentí, sonriendo también. – "Danke schön, Rachnera. Yo y mis esposas te agradecemos lo que tú y los demás hacen por nosotras."

– "Somos familia, Cazadora, no lo olvides. Sabes que la unión nos lleva lejos." – Guiñó tres ojos. – "Y hablando de familia, tampoco me olvidé de tu consanguínea."

La mujer de oscuro exoesqueleto mostró entonces un abrigo de diseño particular, pensado específicamente para las cuatro extremidades de la mantis, con las mangas superiores siendo algo más cortas para así permitir mejor movilidad a los espolones mantoideos de la pelinegra. El atuendo se hallaba decorado con el patrón Telo Mimetico modelo 1929, el empleado por los paracaidistas italianos durante la guerra, y posteriormente usado por los alemanes después de la rendición de su antiguo aliado. Era de apariencia simple pero de material bastante resistente que cumplía su trabajo; una manifestación física del aforismo filosófico fundamental de mi hermana.

– "No conozco las medidas exactas de Dyne, así que tuve que basarme en la memoria y pedirle a Suu que se transformara para auxiliarme." – Informó la Tejedora. – "Aún así confío en que será un atuendo cómodo. Que me señale cualquier desperfecto y lo arreglaré de inmediato."

– "Descuida, que sé que le gustará a Ale." – Manifesté, admirando el atavío. – "Se nota que amas tu trabajo, Rachnee. El esmero plasmado trasciende el simbolismo que cada pieza representa."

– "La prolijidad de nuestras creaciones son garantía de calidad en Grandeur Silk, germana. No aceptes imitaciones." – Ella infló el pecho, jactanciosamente. – "Hablando en serio, gracias por tus palabras, zanquilarga. Podré hacerme rica con este negocio, pero tu sinceridad posee más valor que el papel moneda."

– "Ay, vamos, que la cursi aquí soy yo." – Desdeñé con la mano, riendo. – "Ya estás demasiado crecidita para esas melosidades. ¡Ay!"

– "Te atreves a llamarme vieja cuando tú eres la que se casó primero, flacucha." – Ella respondió jalándome una mejilla. – "¿Así es como me agradeces después de esforzarme tanto con tus trajes fascistas?"

– "Vale, vale, era broma. Ya, ya." – Continué riendo, tallándome el cachete. – "¿Qué te parece si se los entregamos ahora? Mis padres llegarán pronto y quiero que las chicas estén presentables."

– "Calma tus ansias, Cazadora, que no hay prisa." – Acotó, colocando su mano en señal de alto. – "Sugiero esperar a que primero reveles tus nupcias al resto del grupo. Así podré hacer mi entrada y causar una mejor impresión. Misma oportunidad, doble impacto."

– "Aprovechar el furor de mi matrimonio para aumentar la imagen de tu negocio. Arachnera, usted es diabólica." – Señalé, cruzada de brazos. Ahí, le extendí la mano. – "Así como yo saqué ventaja de nuestro viaje para regresar como mujer desposada. No pienso morderme la lengua."

– "Aww, arruinaste la broma." – Torció la boca, antes de echarse a reír y estrecharla. – "Por cierto, me temo que Lore ya está enterada también. Puede que mi positiva actitud haya delatado tácitamente las noticias a la perspicaz sirena. Descuida, ella es sumamente discreta y no truncará el gran momento."

– "Está bien, Rachnee, no hay problema. Honestamente, no me sorprendería si todos ya lo dedujeron." – Le aseguré mientras me retiraba el abrigo. – "Es decir, ¿las supuestas rivales aceptan un viaje a solas con la misma mujer que aman justo el día de luna llena y, cuando regresan, la animosidad entre ambas ni siquiera parece asomarse? No hay que ser Sherlock Holmes para unir los hilos."

– "Ya sea que lo sepan o no, ten por seguro que compartimos tus deseos, Aria." – Afirmó, acariciando mi hombro. – "La felicidad de ustedes es igualmente la nuestra, y todos les deseamos lo mejor en su nueva vida juntas."

– "Ojalá pudiera hacer algo más que agradecer por tu magnanimidad." – Le sonreí, colocando mi mano sobre la suya.

– "Ya te he dicho que no nos deben nada." – Dijo, asumiendo expresión pensativa. – "Aunque, si pudieran fungir como caritativas voceadoras no oficiales de nuestra egregia empresa, Lore y yo nos mostraríamos más generosas con ustedes a futuro, ¿vale?"

– "Dalo por hecho, Rach. Estoy segura que más de una en los cuarteles podría aprovechar tus vastos conocimientos en sugestivos diseños textiles." – Ahí, mis mejillas se tornaron rojas al recordar cierto asunto. – "Uhm… ¿Rachnee? ¿Puedo pedirte algo más?"

– "Ese rubor me intriga demasiado como para negarme." – Una mueca cómplice ser erguió en sus labios mientras acercaba su rostro al mío. – "Soy toda oídos, Cazadora."

A pesar de que estuviéramos solas, nunca está de más ser precavida. Mirando hacia todos lados, tímidamente comencé a susurrarle lo que me traía entre manos. Mi congénere se mantenía ávidamente complacida de escuchar los mil y un secretos de pecaminosa naturaleza que le exponía. Conforme mi cara obtenía intensas tonalidades carmesí, los rojos ojos de mi amiga Tejedora se abrían como platos para gourmet al tiempo que su pícara sonrisa le tatuaba el semblante. El ligero rebote en su abdomen arácnido contrastaba con el retraimiento que yo exhibía.

Parecía irónico, considerando que hace unos momentos no tuve problemas de describir la sicalíptica situación que yo y mis amadas vivimos en la cabaña, pero el asunto iba más allá de pasearnos en traje de Eva en privado. Era un tema más íntimo, el único reservado a los miembros de mayor confianza de un grupo selecto, y ella era parte de éste. Al finalizar, la Tejedora mantuvo su voto de silencio, pero sin que la mueca de complicidad abandonara su facción.

Entonces, en un sorpresivo gesto fraternal, sostuvo mi cabeza entre sus manos y, parsimoniosamente, plantó un beso en mi frente, mostrándose satisfecha al reanudar el contacto visual. No necesitábamos más palabras para manifestar lo que se entendía implícitamente: Rachnera estaba orgullosa de su pequeña hermana y de la confidencialidad que ésta le depositaba. Tampoco era imperioso confirmar que el secreto estaría perfectamente a salvo con ella; honor de arachne.

– "Dame una semana. Estos días estaré ocupada con el trabajo y necesito encontrar al proveedor que cumpla los estándares." – Comentó la Tejedora, con su brazo alrededor de mi cuello. – "Eso sí, no será barato todo lo que pides. Descuida, que mi cuota será reducida, además de garantizar tu satisfacción absoluta, ¿de acuerdo?"

– "Vale." – Asentí, suspirando. – "Gracias por comprender, Rach. Sólo a ti te consignaría algo tan delicado."

– "Me honras más de lo que crees, de verdad." – Contestó, acariciando mi cabello. – "Además, bien podríamos ser gemelas de lo similar que pensamos. Mundo pequeño, ¿cierto?"

– "Bueno, no conozco arachne que no tenga su lado lascivo."

– "Sólo que nosotras somos más apasionadas al respecto."

– "Quizás demasiado." – Reí, alzando mi puño. – "Gloria eterna a Arachne, Rach."

– "Gloria eterna, Aria." – Los chocamos. – "Volvamos de una vez, que creerán que te rapté para fugarme contigo."

– "Eso es algo que diría Mero, ¿no?" – Reí, adelantándome hacia afuera. – "Por cierto, Rachnee…"

– "¿Sí?"

– "¿Quién dio el primer paso?" – Cuestioné, deteniéndome en la salida y volteando a verla. – "¿Tú o la sirena?"

Las ocho piernas de la Tejedora rindieron tributo a las decoraciones del Partenón al tornarse tan inmóviles como las célebres metopas del peristilo. Me permití una celebración interna al atisbar una de las insólitas ocasiones en que la gran Rachnera era apresada indefensamente por la sorpresa. Yo permanecí con mis seis globos oculares sobre los de ella, cuyo semblante se había tan puesto tan rojo como mis ojos.

– "Había olvidado que posees los mismos sentidos que yo, Cazadora." – Admitió, disintiendo con la cabeza. – "¿Fue el olor, o quizás alguna evidencia visual que no haya notado en mí?"

– "La vestimenta que le hiciste a Lorelei, actualmente." – Repliqué. – "Deja al descubierto parte de su cadera, y también la marca de tus colmillos."

– "Atrapada por mi propia seda, irónico revés." – Suspiró, esbozando una sonrisa resignada. – "Pero se siente bien sacarlo del pecho. Quién sabe, quizás deseaba subconscientemente que alguien lo desenmascarara."

– "Aunque en tu caso, ¿realmente es necesario ocultarlo?" – Le interrogué, cerrando la puertilla que daba ático. – "Serán un harem oficial una vez Herr Kommandant las lleve al altar. No habrían aceptado tal acuerdo sin considerar el hecho que todas serán esposas, no sólo de él, sino de las demás."

– "Aria, jamás he ocultado mi bisexualidad ni mi atracción hacia el resto de las habitantes de esta morada. Tu dullahan incluida." – Manifestó en un arranque de franqueza. – "Empero, no deseo que el resto piense que amo menos a mi Querido por ello. La parcialidad de nuestros corazones era lo que nos dividía en primer lugar, y no quie… No queremos ser las catalizadoras de sembrar la duda respecto a nuestra lealtad."

– "Cetania no me quería menos sólo porque Lala había reclamado primero el título de mi pareja, y viceversa, Rachnee." – Mencioné. – "Estar de acuerdo con un harem significa aceptar que el amor puede compartirse con más de uno. Y dudo que Herr Kommandant siquiera considere que el cariño que le profesas se vea eclipsado por el de la princesa. Él las ama a todas por igual, y esa imparcialidad aplica para ustedes."

– "Temo que ello desate un alboroto y, en consecuencia, el resto desee tomar a mi Querido como protesta." – Talló su brazo. – "Todo lo que hemos logrado hasta ahora se vendría abajo. Sé que suena paranoico, pero no olvides que sigo siendo la libertina instigadora y, ergo, la mala del cuento. Es el precio a pagar por mi ambici-¡Ay!"

– "Rachnera Arachnera, ¿dónde está la hermana mayor que admiro tanto?" – Indagué seriamente, habiéndole pinchado el brazo. – "La arachne que conozco nunca temería a algo tan absurdo como represalias por compartir el corazón con otra mujer, especialmente cuando ambas están destinadas a la eterna unión."

Mi congénere no respondió mientras yo, con denuedo, proseguía mi discurso.

– "Tú y Meroune aceptaron sus sentimientos, ¿y qué? ¿Acaso dejas de ser la misma Tejedora de siempre? ¿Acaso ella cesa de ser la heredera del Reino Neptune?" – Exterioricé. – "Mírate, pasaste de ser una nihilista misántropa a la protectora de este variopinto grupo de inquilinas, y la más digna de ser la esposa de Kimihito Kurusu. Aquellas lágrimas que derramaste cuando él te besó en la fiesta, esa alegría que exultabas desde el fondo de tu alma, no fue euforia pasajera sino la culminación de ver tus sueños hechos realidad."

– "Aria…"

– "No olvides que evitar juzgar las apariencias es el axioma filosófico de todo liminal, e incluso del Programa de Intercambio." – Afirmé, sin romper contacto visual. – "¿Tienes miedo de ser señalada por personas que han vivido el ostracismo de una manera u otra? ¿Qué han sufrido los errores de prejuicios lo suficiente para evitar repetirlos? Sinceramente, Rachnee, subestimas a tu propia familia."

– "Finalmente lo hice, ¿cierto?" – Ella miró hacia el otro lado. – "Decepcionarte."

– "¿Decepcionarme? Nunca. Sólo preocuparme de tal manera que ahora tengo que darte el sermón que tú deberías darme a mí." – Giré su rostro hacia mí, tomándola de la barbilla. – "Cesemos esto, ¿vale? que Mero se sentirá celosa de que le robes el papel dramático."

La tensión se disipó y el color regresó al rostro de la Tejedora al compartir una carcajada. Rachnera era tan humana como cualquiera, y de vez en cuando hasta la más veterana necesita que le ratifiquen el valor que poseen. Además, después de ser la que principalmente recibe tales lecciones, intercambiar papeles me sentaba bien. Luego de un abrazo reconfortante y un par de palmaditas en la espalda, la mujer de oscuro exoesqueleto abrió la puertilla del ático. Mis progenitores llegarían en cualquier minuto y el olor de la comida acariciando nuestras narices despertó el estómago de ambas.

– "Respóndeme una duda antes, Rach." – Hablé. – "¿Cómo lo haces con una sirena?"

– "Con mucha paciencia y cuerdas de seda, Cazadora." – Replicó, retomando su habitual humor. – "¿Te cuento un secreto? Se humedece mucho."

– "Y luego dicen que mis chistes son malos." – Giré los ojos. – "Por cierto, nunca me aclaraste quién fue la que dio el primer paso."

– "Me gustaría jactarme de mi fama de dominante, pero con toda honestidad, no sabría responderte." – Confesó. – "Comenzamos a pasar mucho tiempo juntas y eventualmente nos sinceramos. Sucedió tan naturalmente que no puedo atribuirle el crédito a ninguna. Aunque, quizás esos hermosos zafiros que lleva por ojos arrojaron un hechizo en mí."

– "Mi madre te daría la razón." – Reí, recordando que mi padre también es ojizarco. – "Lo importante es que ambas disfruten su relación. Y ten por seguro que todas estaremos con ustedes."

– "Y en caso que mis aciagas predicciones se cumplan, Lore gozará con la tragedia desencadenada." – Bromeó, tomando mi mano. – "Te pediré que por ahora guardes el secreto, Cazadora. Ya hallaremos el momento para anunciarlo, cuando las demás se muestren más… receptivas."

– "El persuadir al resto es parte de la diversión, ¿cierto? Arachnera, usted es diabólica." – Disentí con la cabeza. – "Pero te entiendo. Aquí entre nos, yo haría lo mismo en tu situación. No hay nada de malo en jugar un poco con tantas mujeres tan atractivas."

– "Sabía que me entenderías, Cazadora."

– "Somos casi hermanas, Rachy." – Le guiñé. – "Y después de todo, aún debes ayudar a tu repartidora a descubrir su lado sáfico. Si se enterara que la malvada araña logró pervertir a la inocente princesa, podría ponerse a la defensiva, ¿verdad?"

Una Rachnera tomada por sorpresa dos veces el mismo día era una vista demasiado extraordinaria como para no permitirse llenarse de ínfulas de airosa vanagloria.

– "De acuerdo, Jaëgersturm, confiésalo todo: ¿dónde colocaste las cámaras espía?" – Respondió ella, cruzándose de brazos. – "Primero lo de Lore y ahora esto. Has estado insólitamente perceptiva el día de hoy."

– "Bueno, tejedorcita, no es mi culpa que hayas olvidado retirar los trazos planos de su traje formal." – Señalé los dibujos pegados en la pared. – "Eso incluye también los de ese atrevido traje de baño que planeas diseñarle. O tal vez fuera el enorme suéter con mucho espacio en la zona pectoral que está colgado ahí. No es necesaria la visión ultravioleta para notar tantas atenciones a cierta centáuride."

– "Estoy tan cansada que me comporto como una idiota. Por Arachne, no creí necesitar vacaciones tan pronto." – Suspiró la mujer de cabellos lila, tallando su sien. – "Bien, me atrapaste, alemana. Aunque sé que reiterarás que harías lo mismo en mi lugar; después de todo, ambas apreciamos las féminas con carácter y cualidades notables."

– "Y la carne bien puesta en los lugares correctos." – Agregué, palpando mis pechos. – "Por cierto, ¿qué opina tu Lore acerca de tu pícara estrategia?"

– "Es lo bueno de la realeza, Cazadora, siempre saben cuándo apoyar una expansión territorial beneficiosa." – Rachnera se permitió una sonrisa cómplice. – "Yo me encargo de acicalar el corazón de Shianus, y ella de cuidar las escamas de nuestra lamia residente. En cuanto a las pequeñas, ya sabes que Suu suele ser muy afectuosa, sin importar el género. No me sorprendería que haya iniciado una cruzada similar independientemente con la arpía."

– "Mientras no decida que ella es Federico Barbarroja y quiera levantar su Sacro Imperio Romano." – Temblé ligeramente al recordar esos acuosos tentáculos. – "Vale, Rach, suficiente de develar secretos, que me rugen las tripas. Por cierto, ¿aceptarías un último consejo sobre el suéter de la equina?"

– "Como dicen tus compatriotas: Feuer frei."

– "Reemplaza los hoyos de la herradura bordada por arañitas." – Sugerí. – "No se notarán desde lejos, pero sí a la vista de Cerea. Un pequeño detalle que subconscientemente dirigirá sus pensamientos en la dirección correcta. Puedes agregar peces, por si quieres ser más ambiciosa."

– "¿Quién es la diabólica ahora, Cazadora?" – Respondió, alzando una ceja. – "Pero actualmente no es mala idea. La consideraré. Ahora, volvamos, que refinar nuestra estrategia será más fácil con el estómago lleno."

El día había estado lleno de serendipias y demás inesperados pero bienaventurados eventos; uno de tantos que comenzaron desde aquella luna llena. Quién sabe, quizás las aguas de aquella laguna poseían propiedades catárticas y me depuraron la mala suerte. De vuelta con el resto, nuestras predicciones fueron correctas, con la comida prácticamente ya lista, apenas necesitando unos últimos retoques de las chefs caseras. La puerta se abrió, haciendo acto de aparición el dueño de la morada, junto a la heredera de la familia Shianus, emperifollada en el traje formal que viera en la pared de mi amiga. Ambos cargaban varias bolsas del mandado.

Ni lenta ni perezosa, la Tejedora envolvió a su casero en una afectuosa bienvenida en forma de achuchón, dejándole sentir la dicotomía entre el pecho masculino y las ponderadas bondades pectorales de su arácnida inquilina, finalizando con un tierno encuentro de labios mutuo. Una mueca satisfecha reclamó mi rostro, los temores de mi amiga estaban más que infundados; ¿quién podría dudar de su amor con tan mayestática estampa romántica? Aunque, claro, sabía que la arachne aún no terminaba con su caravana de afecto.

Ofreciéndome a ayudar a mi hospedador con el mandado, ambos nos encaminamos hacia la cocina, dejando a Rachnera y Centorea solas. Tácitamente le deseé buena suerte a mi congénere al tiempo que la observaba de soslayo rodear con el brazo el cuello de la rubia centáuride, obteniendo una expresión incómoda y ruborizada de la ojizarca. Luego de darles un par de besos a mis mujeres para animarlas, volví con la Tejedora justo en el preciso momento que ella terminaba de plantar un audaz y fugaz ósculo en la mejilla de la absolutamente absorta y sonrojada cuadrúpeda, para rápidamente tomar las bolsas restantes y encaminarse a la cocina, guiñándome al pasar junto a mí.

Aunque ver a Cerea en casi catatónico estado y desplegando un color que rivalizara el más fresco tomate era ciertamente entretenido, tampoco podía dejarla decorando el pasillo como estatua viviente. Tuve que saludarla tres veces para que ella saliera de su estupor, recibiéndome ella distraídamente. Intercambiamos un diálogo breve, congratulándola yo por su nuevo empleo y el buen gusto de su atavío, antes de que ella se disculpara para darse un rápido baño, pues la caminata la había hecho sudar. Aceptando su obvia excusa, y evitando reír, le dejé el camino libre.

Meroune regresó con las niñas, habiendo engalanado a la arpía azul con un vestidito negro bastante decente. Suu llevaba su impermeable de pajarito, el mismo que usara en nuestra visita al museo, pero la sirena le agregó unos cuantos listones para dejarla aún más mona. Éstas regresaron a proseguir con sus videojuegos mientras Arachnera volvió para discutir de negocios con su socia acuática. Mientras tanto, yo atisbé a mi hermana, ocupando un solitario lugar en uno de los sofás, con el diario en manos. Me asenté junto a ella.

– "Sí estás consciente de que ese es el diario de ayer, ¿cierto, Ale?"

– "Quiero ponerme al día." – Replicó la milanesa, sin apartar la vista. – "No lo leí ayer."

– "Y tampoco hoy. Esas son las tiras cómicas."

– "Me gustan las tiras de Mickey Mouse."

– "Pero estas son de Popeye el Marino."

– "¿Qué rayos quieres, Potato?"

– "Fastidiarte." – Le sonreí impertinentemente. Desistí cuando la vi entrecerrar su ojo. – "Hablando en serio, yo y las chicas te agradecemos por cubrirnos el trasero con lo de la sidra. Créeme que planeábamos traerle algo a la familia como souvenir, pero lo abrupto de la despedida de papá no dejó mucho tiempo para recordar tal detalle hasta que fue tarde."

– "Verlas de vuelta es más importante para tu familia que algún obsequio material, Potato. Especialmente cuando les darás tan sorpresiva noticia." – Manifestó, tomando un vaso de limonada. – "Además, que tus padres partan tan pronto es la coartada perfecta para expurgarte de tal omisión."

– "Tienes razón, Ale, pero ya sabes, aún así es inevitable sentirse algo malagradecida." – Suspiré. – "Por cierto, ¿no estabas ayudando a las chicas?"

– "Éramos demasiadas, yo salía sobrando." – Replicó, ofreciéndome su bebida. – "¿Quieres?"

– "Danke. ¿Cómo era el dicho? Muchas manos en un plato hacen un garaba-" – Me detuve al probar el brebaje. – "¡Agh! ¡Sabe a mil diablos!"

– "Confundir la sal con azúcar tiene ese efecto." – Tomó el vaso de vuelta. – "Mi especialidad es tocar el piano y patear traseros criminales, no las ollas y el aceite de oliva."

– "Te comprendo; yo apenas sé calentar huevos y hacer pasta rudimentaria." – Tosí, golpeando ligeramente mi pecho. – "Pero no te sientas tan mal, Ale, que una vez, estando medio dormida, le eché jugo de uva a mi cereal y terminé escupiendo la cara de mi abuela a la primera probada. Nunca volvieron a comprarme mis hojuelas azucaradas sabor chocolomo."

– "Con razón Lala y Peaches se casaron contigo; sabían que sola terminarías envenenándote como la bruta que eres." – Rió ligeramente, meneando la agria limonada. – "Trata bien a mis cuñadas, Potato. Mujeres así escasean hoy en día."

– "Danke, Schwesterlein. Te lo prometo." – Le sonreí, tomando su mano. – "Y te aseguro que algún día tendrás a tu propia domadora que te traerá de cabeza y hará de tu vida un lío, pero que no podrás vivir sin ella. Quizás dos."

– "Suficiente tengo conmigo misma como para querer más problemas, alemana avariciosa." – Sacudió la suya, zafándose y levantándose. – "Entre tú y esta maldita limonada me saldrán piedritas en el riñón. Voy por una soda."

– "¿Me traes una de uva, por favor, hermanita?"

– "Seh, seh." – Disintió con la mano, yendo a la cocina. – "Con todo y cereal, patas aguadas."

Dejé escapar una tenue carcajada; nada como el humor sardónico de mi consanguínea para recordarme que incluso la pétrea Nikos se permite divertirse de vez en cuando. Fue en ese momento que, para colocar la guinda a tan venturosa secuencia de eventos, el timbre de la entrada sonó, levantándome enseguida para darles la bienvenida a los invitados principales.

– "¡Mutti!" – Exclamé, saludando a mi progenitora con un abrazo. – "¡Willkommen! ¿Wie geht es Ihnen?"

– "Mir geht es gut, danke, Tochterlëin." – Reciprocó el achuchón. – "¿Und dir?"

– "Bastante bien. El viaje fue grandioso, la familia está reunida, la vida es hermosa." – Le repliqué, separándome. – "Pero hablaremos de eso en la mesa, que los esperábamos. ¿Dónde está papá?"

– "¡O ho ho! ¡Helmutt Claus ist hier!" – Expresó mi padre, apareciendo atrás de su esposa con varias cajas en sus manos. – "¡Frohes Fest, Totchterlëin!"

– "Felices fiestas para ti también, papá. Aunque pareces más gnomo que Santa." – Reí al verlo con gorro navideño gigante y larga barba postiza. – "¿Y todos esos regalos?"

– "Sabemos que aún falta para Navidad, pero sólo deseamos compartir prematuramente un poco del espíritu festivo con la familia, hija." – Aseguró él. – "¿Podemos pasar? Llevo cargando todo esto desde hace tres cuadras."

– "¡Ah, claro! ¡Pasen, pasen!"

Mis padres debieron asaltar el taller del Santa Claus real porque venían cargados. Incluso mi madre llevaba algunos paquetes en su tórax arácnido. Ya adentro, las siguientes en recibirnos fueron las pequeñas, cuyos globos oculares se fijaron de inmediato en la variopinta cantidad de presentes, corriendo hacia nosotros más raudamente que los renos de Papá Noel.

– "¡Santa, Santa! ¡Hola, hola!" – Emitió briosamente Papi, abrazando a mi progenitor de un salto. Suu le imitó. – "¿Qué me trajiste? ¿Verdad que me trajiste algo? ¿A Suu también, verdad?"

– "¡O ho ho! ¡Un segundo, niñas, un segundo!" – Rió mi padre, con su mujer evitando que se cayera de espaldas. – "El viejo Santa está cansado de su viaje. Primero pónganse quietecitas, ¿vale?"

– "¡Jaibol!" – Dijo la arpía, haciendo un infantil saludo militar, y aguantando una risita.

– "Tú nunca me regalaste nada de en Navidad." – Le susurré a mi madre.

– "No celebramos tradiciones judeocristianas en Sparassus, hija." – Musitó de vuelta.

– "Pero tenemos el Julefest, que es como Navidad pero con tradiciones paganas germánicas."

– "Y tu abuela era una tacaña, por eso tampoco lo celebraba." – Replicó. – "Además, tú querías la colección completa de Cretacic Park. Cada maldito dinosaurio costaba un ojo de la cara."

– "Te pedí la máquina de raspados del Pingüino Picudo, la que hacía hielo de verdad."

– "Tú puros dulces y dulces. Por eso se te cayeron los dientes de leche antes de tiempo." – Disintió con la cabeza. – "¿Y qué no te dieron esa máquina en tu cumpleaños?"

– "¡La abuela me dio un juego de química, y era pirata! ¡Pasé tres días en cama por intoxicación!"

– "Juro que heredaste esa torpeza del lado de tu padre." – Suspiró. – "Y no, me refiero a la que yo te obsequié."

– "¡Sí, y luego se la regalaste a la vecina!"

– "Porque reprobaste el examen de matemáticas."

– "¡No pude estudiar porque estaba intoxicada!"

– "Helmutt Claus sólo les trae regalos a los niñas que se portan bien." – Dijo mi progenitor a las pequeñas, ignorándonos. – "¿Conocen a alguna que viva por aquí?"

– "¡Yo, yo!" – Las chiquillas alzaron las manos y ala al mismo tiempo. – "¡Fui buena, fui buena!"

– "Sehr gut, sehr gut. Veo que dicen la verdad." – Asintió, sonriendo. – "¿Y si les doy uno, prometen compartirlo y no pelearse?"

– "¡Sí, sí! ¡Seremos buenas!" – Las pequeñas formaron una equis en su pecho, Suu lo hizo usando su probóscide. – "¡Lo juramos con el corazón!"

– "De acuerdo, veamos si los elfos de mi taller lo metieron en la bolsa. ¡Ah, aquí está!" – Mi padre entonces les entregó una caja grande. – "Directo del Polo Norte para ustedes, chiquitinas. Adelante, ábranlo."

La vehemencia del entusiasmo del dúo plumitas-gelatina no poseía paralelo alguno. Éstas destrozaron la envoltura con todo y moño a tal velocidad que cuando apenas procesábamos cuál era el presente recibido, ellas ya lo habían sacado de la caja.

– "¡Una máquina de raspados!" – Exclamó jubilosa Papi.

– "¡Y hace hielo de verdad!" – Agregó Suu.

Juro que lo hicieron a propósito.

– "El original del Pingüino Picudo; de tres velocidades y con sistema de enfriado turbo." – Elucidó mi padre. – "Incluye más de treinta sabores para que les hagan unos raspados de fresa, kiwi y de anís. Funciona con pilas de las del gatito."

– "¡Gracias, gracias, señor papá de Aria-nee!" – Las niñas lo abrazaron de nuevo.

– "Agradezcan también a mi esposa, quien fue la que tuvo la idea."

– "¡Claro! ¡Muchas gracias señora mamá de Aria-nee!" – Obedecieron las chiquillas.

– "De nada, pequeñas. Felices fiestas." – Mi progenitora les acarició la cabecita. – "Llamen a los demás para que vengan por los suyos, ¿vale?"

– "¡Vale! ¡Suu, vamos a mostrárselo a todos!"

– "Eres tan generoso que Santa se pondría el traje verde de envidia." – Comenté, viendo a las pequeñas alejarse. – "Ya que andas reviviendo mis traumas de la niñez, ¿no le trajiste algo a tu hijita del alma?"

– "Todos mis buenos deseos, Aria." – Sonrió inocentemente. Desistió al ver que su broma no me causó gracia. – "Ay, bueno, te compré una ballenita de peluche."

– "Aww, sabías que me gustan los cachalotes." – Respondí, tomando el muñeco. – "Y huele a fresitas. Danke schön, Vater."

– "Hey, tampoco se olvide de la pajarita más bonita, Suegro Claus. O de esta enana." – Habló entonces Cetania, acercándose junto con Lala. – "¿Howdy, Pops? ¿'Sup, Ma? ¿How ya doin'?"

– "Dia dhuit ar maidin, muintir." – Saludó la irlandesa con una reverencia. – "Un gusto verlos de nuevo. Sean bienvenidos a su humilde hogar."

– "Gracias, chicas. Nos alegra que hayan venido a despedirnos." – Manifestó mi padre, reciprocando sus abrazos. – "Sentimos haberles interrumpido su viaje de esta forma."

– "Unos días más y hubiéramos celebrado la Navidad juntos." – Añadió mi progenitora, regalándoles achuchones también. – "Por eso esperamos que acepten estos obsequios como disculpa."

– "Innecesario es el continuar imputándose faltas debido a factores externos fuera de nuestro control." – Aseguró la peliblanca. – "Es mejor disfrutar las exiguas horas restantes en familia."

– "Lo material va y viene; lo importante es que ustedes estén bien." – Aseguró la castaña, desestimando con el ala. – "Aunque un regalito de vez en cuando no cae nada mal. ¿Qué me compró, suegro? Fui niña buena este año."

– "Fue un año muy austero, claro." – Bromeó la Abismal.

– "Querido Santa, porfis, quiero que traigas un bate de béisbol, de esos de metal." – La halcón simuló escribir una carta. – "Haré un home run con la cabeza de esta enana. Te quiere: Cetania. Post data, los calzones del año pasado estaban rotos; no los compres en el Anduriel's."

– "Creí que se llevaban mejor." – Comentó mi progenitor.

– "Lo hacen." – Acoté. – "Antes pedía un garrote envuelto en clavos."

Nos echamos a reír y decidimos repartir las ofrendas al resto de la residencia. Luego de las bienvenidas y saludos, comenzó la repartición de obsequios. Mis amadas y mi hermana recibieron perfumes, que si bien no eran importados ni caros, como suele exigir la pedantería del hoi oligoi, tampoco eran de esas aguas aromáticas cuyo olor dura menos que un helado en el desierto. Auténtico eau de parfum, concentración del veinte por ciento, dura hasta ocho horas. Fragancia de flores para mi irlandesa, melocotón para la americana, y oceánico para la oriunda de Milán.

– "Tu madre está más feliz de lo usual, flaca." – Me susurró la castaña cuando mis padres se alejaron. – "No se notó reticente conmigo, o incluso con Pepper."

– "Eso sería bueno si no fuera por el otro asunto evidente." – Repliqué. – "No es fácil ser una depredadora tan sensible, ¿cierto, Süsse?"

– "¿De qué hablan ustedes dos?" – Interrogó mi hermana.

– "Creo que se refieren a que sus agudos sentidos involuntariamente les traicionan." – Le contestó la peliblanca. – "Digamos que las huellas de… los deberes conyugales de sus progenitores se manifiestan con demasiada claridad para dos cazadoras con desarrolladas percepciones visuales y olfativas."

– "No debí preguntar." – Nikos hizo mohín de disgusto. – "Me alegro de no poseer tales capacidades sensoriales."

– "Compartimos el sentimiento, Dyne." – La Abismal asintió. – "Lo siento más por ti, A chuisle. La vista ultravioleta debe parecerte una abyecta maldición en este momento."

– "Es como si acabaran de salir de su habitación luego de luna llena." – Un escalofrío recorrió mi columna. – "Mi madre tiene a su marido en todo el cuerpo y viceversa, literalmente. Tengo piedad por los que tuvieran que lavar las sábanas en aquel hotel."

– "Empero, en el mismo caso, ¿no crees que tu mamá también piense lo mismo de nosotras?" – Señaló mi esposa alada. – "Las tres estamos cubiertas de pies a cabeza de nuestra pasión. Seguro ya sabe de nuestras nupcias."

– "Es posible, aunque estoy segura que su reacción al verme hubiera sido mucho más entusiasta." – Opiné. – "Tal vez está esperando a que yo lo haga público."

– "O quizás no desea pensar mucho en que detecta lo mismo en ustedes." – Sugirió la empusa. – "Sigamos su ejemplo y olvidémonos del asunto."

– "Pero, en todo caso, el verla de buen humor indica que se encuentra satisfecha con su matrimonio." – Opinó la segadora, sonriendo.

– "Precisamente, Spatzi." – Le dije a mi esposa, tomándola a ella y a la halcón por la cintura. – "Por eso estoy satisfecha con mi ballenita: el mejor regalo que puedo obtener es saber que mi familia está conmigo y es feliz."

– "Aunque el perfume no te caería mal." – Injirió Alexandra. – "Con o sin olfato desarrollado sigues siendo una patata olorosa."

– "Ojalá que tu perfume sea de esos marca patito y huela a drenaje." – Le saqué la lengua.

– "Debe ser el mismo que usas, apestosa. Oh, espera, ese es tu aroma natural."

– "Tú también estás cubierta de quitina, mensa."

– "Pero yo si me baño." – Retrucó. – "Y no estoy tan fea."

– "¡Fea tu abuela!

– "Es también la tuya, idiota."

– "¡Mamá, Ale me está molestando!"

– "¡Aria, no grites dentro de la casa!" – Me regañó mi madre.

– "¡Papá!"

– "Obedece a mamá, hija." – Dijo mi padre.

¡Qué bonita familia!

Ignorando la mordacidad de la mantis, la repartición de presentes prosiguió. Para el dueño de la casa, una reluciente y fina cartera de piel de cocodrilo (si el reptil estuviera hecho de cuero de imitación, claro) se convertiría en la nueva morada de sus tarjetas y efectivo. Un regalo sencillo para una persona sencilla como Herr Kommandant. Miia obtuvo un estuche de maquillaje, el cual, después de agradecer, se retiró a probárselo inmediatamente. Cerea recibió un bonito collar dorado con forma de zanahoria, que si bien tal hortaliza antes fuera objeto de mofa para la centáuride debido a su predilección por consumirlas, ella apreció sinceramente el presente, llevándolo con elegancia.

Para la heredera del Reino Sirena, nada más apropiado que una antología de obras trágicas, incluyendo los autores axiomáticos del género como Sófocles, Eurípides, Corneille y el infaltable Shakespeare. La biblioteca casera ya contaba con algunos de los títulos, pero esta era una edición especial, con biografías, ensayos sobre los autores y suficientes notas para crear una obra aparte; toda la parafernalia literaria necesaria para sumergirse de lleno en el mundo de las letras. Y aunque Meroune no lo aparentara, ella disfrutaba mucho la lectura; no es de extrañar que mi dullahan compartiera algo de su colección personal con ella.

El presente de Rachnera fue un muy bonito bolso de cuero que hacía juego con el oscuro exoesqueleto de mi congénere, decorado con arañas bordadas en dorado. La Tejedora hizo una buena imitación de modelo de pasarela, posando con su nuevo accesorio en mano, muy augusta. Papi y Suu regresaron y, con todo ya listo, pasamos a sentarnos para comenzar la tan esperada merienda. Las palabras de Lorelei fueron acertadas: el bufet disponible abarcaba toda la miríada de sabores y estilos que los presentes habíamos expresado; desde mi adorado cottage pie, hasta los pimientos rellenos de mi hermana y el Thüringer rostbrätel que prefería mi progenitor. No faltaba nada.

– "¿Alguien quiere un raspado?"

Excepto eso.

– "Papi, los dulces son para después de comer." – Indicó Kimihito, dándole palmaditas a la cabeza de la arpía. – "Guárdalos en el refrigerador por mientras, ¿sí?"

– "Bueno, ¡pero prometan que se los comerán!" – Insistió la pequeña. – "Aún no prueban nuestras combinaciones, ¡y están muy buenas!"

– "Es vigorizante ver que disfrutan su obsequio, niñas, pero tanta azúcar les picarán los dientes." – Comentó Centorea, sirviéndose ensalada. – "Se quedarán chimuelas antes de darse cuenta."

– "Yo no tengo." – Señaló Suu, enseñando su dentadura hecha de limo.

– "Yo me los lavo a diario." – Afirmó Papi, emulando a su amiga. – "Además, hay bastantes sabores como para no querer probarlos. ¡Ya verán, les gustarán tanto que pedirán más!"

– "Tampoco les cortemos las alas tan temprano. Esto podría ser un buen presagio." – Injirió Rachnera, balanceando su copa de sidra. – "Hoy comienzan como un par de chiquillas con un juguete, y tal vez mañana estén emprendiendo su propia franquicia de postres helados. ¿No te parece, Cery?"

– "Concedo la posibilidad, aunque es una especulación bastante optimista." – Ahí, Cerea volteó su rostro ligeramente sonrojado. – "Y no me llames Cery…"

– "Aún así, no seas tan pesimista, Ce-ry." – Replicó la Tejedora, sonriendo por provocarle. Shianus sólo torció la boca.

– "Rachnee tiene razón, no es tan irracional como suena." – Habló la rapaz. – "Crecí cazando animales salvajes en las cordilleras de Montana, y acabé como una antiterrorista profesional al otro lado del mundo."

– "Yo inicié reparando los tractores de la granja en que trabajaba, y ahora soy capitán de una compañía de blindados en Bad Frankenhausen." – Acotó mi padre.

– "Yo apenas sabía hacer sopa instantánea cuando mis progenitores se fueron a América a trabajar." – Añadió Kurusu. – "Y terminé laborando en el American Food. El ciclo está completo."

– "El talento suele llegar de lugares inesperados, pero sólo si le permitimos crecer." – Instó la dullahan.

– "Crecer, como el azarollo del patio." – Expresó sonriente la arpía añil.

– "Una excelente analogía, Papi-chan. Muy inteligente." – Le felicitó Meroune. La limo le acarició la cabeza con su probóscide.

– "Tus clases le han ayudado a articular mejores metáforas, Lore." – Le sonrió Rachnee. – "¿Quizás podrías también esculpir su naciente amor por la preparación de tentempiés a base de hielo?"

– "Te agradezco el elogio, Rachy, pero me temo que soy como un pez fuera del agua en materia de gastronomía." – Contestó la sirena. – "Mi Amado, Lala-sama o Miia-sama serían mejores opciones para instruirles, si lo desean."

– "Y hablando de Miia, ¿dónde está ella?" – Cuestionó Centorea. – "No podemos empezar hasta que no estén todos."

– "¡Miia, la comida se está enfriando!" – Imprecó la Tejedora. – "¡Ya deja de rascarte el higo y baja de una buena vez, gusana colorada!"

Escuchamos el deslizar de la enorme lamia bajando las escaleras y, con celeridad, la mencionada se presentó ante nosotros, exhibiendo los resultados de su sesión de maquillaje.

– "¡Puf! Por favor, disculpen mi tardanza. Sólo deseaba quedar lo mejor posible." – La ofidia hizo una reverencia antes de tomar asiento. – "¿Y bien, qué opinan?"

– "Estás preciosa, Miia." – Le elogió Kimihito. – "La mascara resalta el dorado de tus ojos."

– "Aww, muchas gracias, Cariño. Me pongo guapa por ti."" – La poiquiloterma le dio un brioso beso en los labios y tomó asiento. – "Me abulté las pestañas e hice más gruesas mis cejas, además de que usé el labial más rojo que encontré. Me parezco mucho a cierto personaje de cine."

– "¿El Guasón?" – Opinó inocentemente Papi, tomando su sopa miso.

– "¿Pennywise?" – Habló Suu, comiendo tonkatsu.

– "¿Freddy Krueger?" – Se mofó Rachnera, cortando su carne.

– "¡No, bobas, hablaba de Cleopatra!" – Exclamó la enojada lamia, cruzada de brazos. – "La mítica encarnación interpretada por Elizabeth Taylor. Incluso provengo de una tierra árida como la gran reina egipcia; sólo necesito algo de joyería y darme baños de leche de burra para acentuar mi noble look."

– "Pobre Liz Taylor, ¿qué hizo para que la compararan contigo?"

– "Rachnera, no te digo lo que te mereces sólo porque hay invitados." – Miia agitó su puño.

– "En todo caso, aunque entendemos que deseen retribuirnos por los inconvenientes de su abrupta partida, ¿realmente están de acuerdo en gastar tanto por nosotros, señores?" – Preguntó mi casero a mis padres. – "Todo lo que hemos hecho ha sido con gusto y por voluntad propia, no queremos que sienta que nos debe algo."

– "Herr Kurusu, desde que yo y mi marido llegamos aquí, no hemos recibido menos que una magnanimidad que sobrepasa las expectaciones para un par de extranjeros." – Aseguró mi progenitora. – "Y lo más importante, han cuidado de nuestra hija, apoyándola y tratándola como una más de ustedes. Han sido la familia que yo y Helmutt no pudimos ser todos estos años. Si podemos usar nuestras crematísticas reservas para retribuir aunque sea una centésima nuestro agradecimiento, que así sea."

– "Además, ambos vivimos solos en nuestra patria, no tenemos vicios y únicamente gastamos en comida, vestimenta y uno que otro nimio lujo." – Agregó mi padre. – "Tan pronto me enteré que la hija que nunca conocí se hallaba en el país del sol naciente, tomé todos mis ahorros del banco y me vine tan pronto me fue posible. Ambos somos oficiales, así que la paga es buena."

– "Tú sigues siendo el que más aportó, Süsser." – Indicó su mujer. – "Ya que la carrera militar es tan común en Sparassus, mi rango de coronel no es tan extravagante. Por eso le estamos tan agradecidos a usted, Frau Lorelei, por proporcionarnos la estadía en tan lujoso hotel; hizo nuestra estancia más acogedora y agradable de lo que ya era."

– "Creo que todos entendemos su punto de vista, Vera-sama, porque debo decirle que no fue molestia alguna." – Respondió Meroune, haciendo una noble reverencia. – "Me llena de satisfacción el que hallaran placentera su estadía. En verdad extrañaremos el que no puedan quedarse para celebrar las fiestas decembrinas."

– "Siempre tendremos el próximo año." – Asintió mi progenitor, sonriendo. – "Aunque ignoro qué pueda superar las sorpresas de éste. Viajo al otro lado del mundo, me reencuentro con mi esposa y no una, sino dos hijas, ambas miembros de una fuerza antiterrorista, sin olvidarme de las mujeres que mi Aria ama con toda el alma, y, por supuesto, los grandiosos inquilinos que recibieron amablemente a este viejo soldado bajo su techo."

– "La vida está llena siempre está llena de sorpresas, señor Jäger." – Asintió Kimihito.

– "Y aún no es la última del día." – Aseveré, levantándome de mi asiento.

Con tal declaración y la atención de todos sobre mí, era el momento perfecto para la gran revelación. Sin necesidad de indicaciones, la rapaz y la dullahan me emularon. Durante esa breve pausa, el ambiente se tornó afásico, expectante, con sólo el sonido del reloj en la sala y el distante barullo urbano dominándolo. Inhalé y exhalé lentamente antes de alzar la mirada para tomar la palabra. Había preparado de antemano un emotivo monólogo, pero, ahí, deduje que ya habían sido suficientes facundias por ese día.

– "Es innecesario repetir lo que siempre he dicho: lo eternamente afortunada que soy por haber tenido la fortuna de hallar este santuario habitado por personas tan maravillosas." – Manifesté. – "Y ahora, finalmente puedo afirmar que mi dicha es absoluta. ¿Lindas?"

Al comando, mis mujeres se retiraron las bufandas que habían cargado todo el día, permitiendo que los testigos respondieran a sus dudas al contemplar las indelebles marcas de colmillos en los cuellos de mis amadas. Antes de que el silencio se apoderara de nuevo de la mesa, un par de suspiros ahogados escaparon de las bocas de las chicas. Mientras las tres permanecíamos quietas, dejando a tales tatuajes dérmicos hablar por nosotras, nuestras bocas esgrimían sonrisas satisfechas, orgullosas. Nuestra sorpresa había salido a pedir de boca.

– "¡Ay no!" – Expresó de repente Papi. – "¡Las mordió un vampiro!"

Excepto por eso.

– "No, Papi, esas marcas las dejó Aria. Con eso las señala por toda la eternidad." – Explicó Kimihito a la pequeña. – "Significa que ahora están casadas."

– "Ohh…" – Ahí, la arpía reaccionó. – "¡Se casó! ¡Aria-nee se casó!"

Volviendo a transformarse en ese bólido de añil tonalidad, la niña voladora corrió hacia nosotras, dejando un rastro de azules plumas en su camino, y, de un salto, me envolvió vehementemente en sus alas, jubilosa por escuchar que su Aria-nee había finalmente cumplido sus votos matrimoniales. Suu se unió al abrazo y, haciendo gala de sus habilidades como limo, se estiró hasta quedar sentada en mi tórax arácnido, rodeándome con sus acuosos brazos una vez recuperó su forma humanoide. Mis esposas, riendo, completaron la escena y se agregaron al achuchón grupal.

Fue mi hermana la que llevó la batuta inicial del resto de las congratulaciones, iniciando ella los primeros aplausos que desencadenaron en una ovación entera por toda la morada. Usé toda mi voluntad para no dejar que las lágrimas me traicionaran, a pesar de que en ese momento tal reacción sería la más apropiada mas la mueca de felicidad en mi rostro se había vuelto emblema permanente, agradeciendo silentemente el seguir viva para disfrutar de tanta ventura. Separándonos, las tres ofrecimos reverencias a la familia, que proseguía aclamando la unión. En ese instante, mi madre se acercó.

– "Naciste en el hospital general de Weidmann, justo a las seis de la mañana." – Relató ella, colocándose frente a mí. – "Tu exoesqueleto aún no tomaba su tono actual y tu cabello apenas si era un minúsculo conjunto de mechoncitos dorados."

Mi progenitora dijo esto mientras pasaba delicadamente su mano por mi cabello.

– "Eras tan diminuta que cabías enteramente en mi mano. Tan suave que temía cortarte con mi quitina. Lucías tan frágil que parecía que cualquier suspiro te desvanecería." – Continuó, riendo tenuemente al recordar. – "Y aún así, eras una pequeña pulguita bastante problemática. Tu primer llanto se escuchó por todo el hospital; comías tanto que yo era la primera en quedar dormida al amamantarte, y siempre buscabas la forma de escaparte de tu cuna para dormir conmigo."

Colocó su mano en mi hombro.

– "Mírate ahora; una mujer digna de ser recordada junto a las heroínas de nuestra patria." – Aseguró. – "Has llegado más lejos de lo hubiera podido imaginar, o lo que podré lograr, y apenas inicias el camino en tu vida. Mi hija, mi sangre, la parte más importante de mi existencia, el milagro de mi ser… todo lo que una irresponsable como yo no se merece."

– "Mamá…" – Musité.

– "No, sabes que tengo razón; lo arrepentida que estoy de no haber estado ahí para verte crecer, para guiarte o instruirte. Para ser una madre." – Colocó un dedo en mi boca. Sus ojos se tornaron acuosos. – "Pero mi retoño es una mujer magnánima y, a pesar de que el sufrimiento que le hizo pasar le ha dilacerado para siempre, fue capaz de perdonar a esta testaruda anciana. Nuevamente, lograste hacer algo más allá de lo que yo imaginaba: devolverme el cariño que creí perder hace mucho."

Retirando su índice, alzó la vista, encontrándose con la mía.

– "No importa cuántos años pasen, cuántos kilómetros nos distancien o qué eventos depare para nosotras el veleidoso futuro; tú siempre serás esa pequeña arañita que me hizo la madre más orgullosa de todo Sparassus."

Ella realizó el saludo de honor de nuestra patria, dándose un golpe en el pecho.

– "Y aún lo sigo siendo."

Con eso, los brazos maternales me rodearon en un muy reconfortante y cálido abrazo, correspondiendo yo con la misma ternura que la autora de mis días me otorgaba, sintiendo la tibieza de sus lágrimas caer sobre mi ropa. El resto de la casa atestiguaba silentemente, sin interrumpir tan eximia estampa. No hubo más palabras, lamentaciones o necesidades de reiterar cuántos nos queríamos; el amor entre una madre y su hija habla por sí solo.

– "Curioso, ¿no lo crees, töchterlein?" – Habló ella, sin romper el abrazo. – "Yo y tu padre nos unimos para tenerte; tú lograste juntar a dos mujeres para amarte, y al final todos estamos reunidos aquí, juntos también, como siempre debió ser. El ciclo está completo."

– "La familia siempre estará unida de una forma u otra, Mutti." – Le repliqué. – "Pero, ¿sabes?, hay algo en lo que te equivocaste."

– "¿A qué te refieres?"

– "Tú has logrado algo que yo nunca podría hacer." – Afirmé, mirándola fijamente. – "Permitirme conocer a personas tan grandiosas, a mi padre, mi hermana y, sobre todo, a los amores de mi vida; nada de eso hubiera sucedido si tú no me hubieras dado la vida en primer lugar. La que está orgullosa soy yo por tener oportunidad de ser tu hija."

– "¿Aria?" – Me susurró.

– "¿Sí, Mutti?"

– "No me arruines el discurso, que lo ensayé perfectamente."

– "¿Eh?" – Parpadeé varias veces, mirándola incrédula. – "Espera, ¿lo sabías?"

– "Aria, yo te di a luz, no necesito de mi olfato o visión para darme cuenta de lo obvio." – Contestó. – "Has tenido la misma expresión que yo cuando me uní con tu padre. Fue como si me volviera a ver en aquel espejo de aquel deslucido cuarto en la ciudad de Dresde."

– "¿Papá lo sabe?"

– "En sus propias palabras: 'cuando personas enamoradas van a pasar un tiempo a solas en una cabaña del bosque sólo pueden suceder dos cosas: o dan rienda suelta a sus pasiones, o se les aparece un asesino con máscara de hockey y machete en mano'. Y como ustedes regresaron vivas…"

– "Eso, o simplemente le dijiste que nuestro olor nos delató la sorpresa." – Suspiré al verla guiñarme tres ojos. – "Bueno, tarde o temprano lo iban a saber. ¿Estás feliz con mi decisión?"

– "Aria, una arachne nunca duda de su decisión en cuanto al matrimonio. Grábatelo en la cabezota." – Me dio una palmadita en ésta. – "Y si no estuviera satisfecha con tu elección entonces no te habría dado todo ese monólogo. Deja de decir tonterías y abraza a tu papá mientras yo felicito a mis nueras."

Sólo mi progenitora es capaz de sermonearme luego de haberse puesto tan sentimental. Por lo menos ya nos ahorramos muchas explicaciones. Le di un achuchón a mi padre, que estaba tan alegre como su esposa por su pequeña.

– "En serio, que las sorpresas nunca paran contigo. Estoy muy orgulloso de ti." – Dijo él, besando mi mejilla. – "Felicidades, hija. Te quiero mucho."

– "Danke, Vater. También te quiero." – Reciproqué el beso. – "¿Te sentiste en la gloria como yo cuando te uniste a mamá en matrimonio?"

– "Especialmente después de consumarlo por cinco días seguidos."

– "¡Papá!"

– "Vale, es broma, es broma." – Rió tenuemente. – "Pero te entiendo, hija. Un flacucho sin nada remarcable como yo siendo notado por una belleza como tu madre ya de por sí era una hazaña. Que también decidiera volverme su pareja de por vida y ser la progenitora de mi hija fue simplemente…"

– "¿Apoteósico?"

– "Iba a decir jodidamente glorioso, pero lo tuyo suena mucho mejor."

Ambos reímos y nos dimos otro abrazo. Todo iba bien en el mundo.

– "Felicidades y bienvenida a la familia, Lala." – Le dijo mi madre a irlandesa, abrazándola. – "Cuida mucho a mi Pulguita, y que sean muy felices."

– "Go raibh míle maith agat, suegra." – Le replicó la segadora. – "Protegeré su alma eternamente. Una dullahan nunca falta a su palabra."

– "Llámame mamá, que me hace sentir menos vieja."

– "Como desee, mamá."

– "Siempre supe que serías la conyugue de Aria; reúnes todos los requisitos que necesita una buena esposa para una Jaëgersturm." – Ahí, mi madre volteó a ver a la rapaz. – "Tú no."

– "¡Hey!" – Protestó la aludida.

– "Pero mi hija te eligió por una razón, y confío en el juicio de ella." – Mi progenitora extendió sus brazos y sonrió. – "Bienvenida a la familia, Cetania."

– "Bueno, así sí." – La arpía la envolvió con sus alas. – "Gracias, Ma; ya verá que esta pajarita también es la mejor nuerita."

– "Protégela, no sólo aquí, sino también en batalla." – Acotó. – "Ahora eres una también una Jaëgersturm, llena de orgullo el apellido."

– "Con garras y alas, Ma."

– "Felicidades de nuevo, les deseo lo mejor en su nueva vida a las tres."

Las congratulaciones y buenos deseos prosiguieron con el resto de la familia. La algarabía estaba en su auge y, como me lo había informado en privado, Rachnera aprovechó el momento para anunciar que tanto ella como su socia de rosados cabellos tenían un último obsequio para las recién casadas. Luego de un momento, ambas regresaron con paquetes en manos y se los distribuyeron a sus dueñas.

– "Hice uno para ti también, Dyne." – La Tejedora le entregó el suyo. – "Cuando sea turno de abandonar la soltería, le daré el suyo a tu pareja. O parejas, si eres igual que tu hermana. Cortesía de la casa también."

– "Te agradezco el gesto, Rachnera. También por este detalle." – Le contestó la empusa, señalando su parche ocular. – "Empero, admito que aún se siente extraño que no muestres hostilidad hacia mi especie. Sé que no eres Sparassediana, pero la animosidad entre ambas estirpes es universal."

– "He conocido la injusticia de ser rechazada por mi origen por suficiente tiempo como para albergar tan inútiles prejuicios, Nikos." – Le respondió la arachne, ofreciéndole la mano. – "Mi cordialidad hacia ti es genuina, no una obligación otorgada por tus lazos filiales o presión social. Seré de todo, excepto una hipócrita."

– "Capisco. Molte grazie, Rachnera." – La estrechó.

– "Hey, Rach, ¿podemos abrirlos ahora?" – Preguntó la castaña. – "Demasiada curiosidad."

– "Eres la festejada, pajarita, date gusto." – Consintió la Tejedora. – "Lo mismo para todas; presuman las obras maestras de Grandeur Silk."

Todas asentimos y abrimos los empaques. Sí, yo sabía perfectamente de qué se trataba, pero no era preciso fingir sorpresa, pues vestir las prendas germanas de la Segunda Guerra Mundial nunca cesaba de ser mayestático para mí. Revelamos los camuflados atavíos y sin dilación nos envestimos. Puede que la estética bélica no fuera precisamente lo que las demás esperaban pero tampoco se quejaron, quizás porque el trabajo de Arachnera les daba ese toque de finura que sobrepasaba la relativa simpleza de las indumentarias.

Y porque, como dice el refrán: a centauro regalado no se le mira el diente.

– "Muy suaves, y aíslan perfectamente las bajas temperaturas." – Comentó la peliblanca, palpando la textura. – "No soy experta, pero puedo afirmar que el patrón es lo más fiel al original. Te felicito por otro magno trabajo, Rachnera."

– "Gracias, Lala. Mis dedos adoloridos se enaltecen de prolijas lisonjas." – Replicó la mencionada. – "Planeaba hacerlos reversibles, como los originales, pero la complejidad del diseño requería demasiada seda y, ergo, energía. Hubiera engordado de tanto comer para recuperar las fuerzas empleadas. No es fácil ser una Tejedora."

– "Apreciamos tu esfuerzo, Rach. Mira lo perfecto que me queda." – Habló la estadounidense, observándose en el espejo de la sala. – "Estoy segura que a Yuuko y a Mio le encantarían también. Quizás te encarguen unos pronto."

– "No hay problema, ahora que poseo más experiencia debería ser menos agotador. Y el dinero siempre es bienvenido." – La arachne se estiró. – "¿Qué tal tú, italiana, te agrada?"

– "Sabía que era cuestión de tiempo para que esta patata hallara manera de agregarnos a su moda fascista." – La mantis disintió con la cabeza mientras se ajustaba el abrigo. – "Pero, qué diablos, confieso que me gusta el diseño. Dijiste que era italiano, ¿cierto, Potato?"

– "Telo mimetico M1929, empleado por los italianos y posteriormente los alemanes." – Dilucidó mi padre antes que yo pudiera contestar. – "Tu abuelo utilizó precisamente ese patrón cuando estuvo en la campaña de Normandía. Eventualmente cambió al patrón Erbsenmuster en el '45, antes de ser capturado por los soviéticos en Hungría."

– "Sabía que el abuelo usaría alguno de estos, pero no esperaba que fueran precisamente el mío y el de Ale, papá." – Expresé, demasiado acostumbrada a tales coincidencias.

– "El caprichoso destino nuevamente une al pasado y el presente." – Comentó mi madre.

– "Qué pequeño es el mundo." – Asintió la nativa del Éire.

– "Y más puntos para esta Tejedora por atinarle a tal casualidad." – Declaró Rachnera. – "Por cierto, Lore, ¿no crees que es momento de otra simbólica unión?"

– "Sin duda, Rachy." – La sirena se acercó hacia mis padres, con una cajita en mano. – "Vera-sama, Helmutt-sama, reciban este obsequio en nombre de mi socia y yo. El tiempo, aunque se demore, siempre vuelve a reunir los lazos de aquellos cuyos corazones jamás se alejarán, sin importar la distancia."

Con tan ligeramente críptico aforismo, la heredera del Reino Neptune les entregó el presente a mis progenitores. La dorada envoltura de los paquetes, denotando las siglas personalizadas 'GS' (Grandeur Silk), fue retirada por mi madre con celeridad y con precisión gracias a sus afiladas garras, revelando una cajita negra con las palabras G-Shock y Baby-G y un par de alas de demonio y ángel en dorado; relojes de la marca Casio. Siendo una compañía japonesa, no me sorprende que sea la misma marca del reloj que Lorelei me obsequiara cuando me gradué de mi entrenamiento, pero me hace pensar si la princesa no posee algún acuerdo con la empresa para promocionar sus productos. Tampoco sería de extrañarse que así fuera.

Los cronógrafos eran preciosos, de mecanismos tanto digitales como análogos, envestidos en tonos negros con áureas decoraciones. Poseían exactamente el mismo diseño, pero el de dama era algo más pequeño. En las correas se atisbaba el mismo diseño de las alas, con una demoniaca para el de hombre y una angelical para las féminas, formando el par al juntarlas. Las palabras de Mero ya tenían sentido, pues qué mejor metáfora sobre tiempo y unión que un par de relojes con diseño compartido.

– "Casio SLV-18A-1A, edición doble para parejas 'Together we are One'." – Recitó mi padre, leyendo la etiqueta del interior. – "Resistencia al agua de hasta doscientos metros, vidrio mineral, hora mundial, cinco alarmas y doble cronómetro. Mein gott, son hermosos."

– "Imaginamos que les agradarían." – Habló Rachnera. – "Teorizamos que, al igual que su Pulguita, la combinación análogo-digital más otras funciones, además de una resistencia a golpes y ralladuras, eran bastante convenientes para un par de militares."

– "Lo constato. Este pequeñín incluso logró sobrevivir a la mismísima nidhögg." – Afirmé, mostrando el mío. – "Y me gusta la estética de dos sistemas horarios a la vez. Va con alguien que prefiere tener ambas opciones en lugar de elegir."

– "El mío ha durado bastante, aunque quizás ya deba cambiar la batería." – Agregó Alexandra, mirando el suyo. – "Tal vez ahorre para uno nuevo."

– "Ay, no es justo, yo tengo qué usar mi celular como cavernícola." – La halcón torció la boca. – "Flaca, cómprame uno también. Y que sea original, nada de esas imitaciones norcoreanas."

– "Pero tú no puedes por tus alas." – Señalé.

– "Me vale, cómprame uno."

– "Me temo que debo unirme a las solicitudes de Mo chroí, A chuisle." – La dullahan enseñó el reloj que le regalara, ahora con el vidrio quebrado. – "El que me ofrendaste en esa ocasión no ha logrado sobrevivir las inclemencias del calor de la cocina."

– "Anda, flaca, que tus señoras esposas se lo merecen."

– "Ay, lindas, no empiecen ahora." – Suspiré.

– "Frau Lorelei, ¿cuánto costó todo esto?" – Cuestionó mi madre. – "Sé lo que dijo mi esposo antes con respecto al dinero, pero siento que esto es demasiado."

– "Insisto en que no se fije en precios, Vera-sama." – La mujer de ojos azules desestimó con la mano. – "Citando las palabras de mi Amado, todo lo hacemos con gusto, y no queremos que sientan que nos deben algo. Su hija ha dado un gran paso; la ocasión amerita que reciban tan elegantes dádivas."

– "Mero-nee tiene mucho dinero porque ella es la pri-¡Hmph!" – Papi fue silenciada de repente.

– "La principal inversora en algunos pequeños negocios, cuyos ahorros ayudaron a formar el nuestro." – Explicó Rachnera, tapando la boca de la arpía. – "Con todo respeto, Frau Jaëgersturm, ya hemos tenido esta conversación antes, y sabe es redundante repetir que la generosidad en esta casa es genuina. Concéntrense en disfrutar de sus regalos, ¿de acuerdo?"

– "Está bien." – Mi madre hizo una reverencia. – "Disculpen mi reticente actitud, es sólo que no estoy acostumbrada a tanta prodigalidad. Nuestra cultura se basa en siempre trabajar por conseguir lo que se desea. Obtenerlo sin esfuerzo puede ser algo incómodo."

Además de que mi abuela no era precisamente la más altruista. Ver toda esta bondad como algo natural no es sencillo cuando se crece en un ambiente tan cicatero.

– "Comprendemos su punto de vista, Frau Jaëgersturm." – Asintió la Tejedora. – "Pero si le sirve de consuelo, piense que es su recompensa por haber tenido que cuidar a su hiperactiva Pulguita. Seguro sus travesuras le sacaron canas verdes en más de una ocasión."

– "Cómo olvidar cuando vendió la vajilla de su abuela para comprar sus ridículas revistas." – Sentí la ominosa mirada de mi madre sobre mí. – "O esa vez que le dieron un Panzerschreck que arrojaba pelotas y la vecina se quedó sin gatito."

– "¡No hay gatos en Weidmann!" – Protesté.

– "Porque tú los extinguiste todos."

– "¡Sólo fueron dos, y el segundo se lo buscó por usar mi maqueta escolar como arenero! ¡Además que no es mi culpa que saliera corriendo justo cuando pasaba el camión de la basura!"

– "¿Qué les parece si mejor regresamos a la mesa?" – Sugirió mi padre, interponiéndose entre nosotras. – "La comida se enfriará y sería una falta de respeto desperdiciarla."

– "Sí, tienes razón, Süsser." – Suspiró mamá. – "Muchas gracias de nuevo, Frau Lorelei y Arachnera. Apreciamos su longanimidad."

– "Un placer, Vera-sama." – Reciprocó la sirena.

Exhalé profundamente. Un poco más y mi progenitora terminaría revelando más de mis fechorías de pequeña, como esa ocasión en que usé sus sostenes como paracaídas para mis soldaditos. Tal vez no fueran muy efectivos, pero qué bonitos se veían. La mesa se tornó amena mientras charlábamos sobre trivialidades, discutiéndole nuestros planes. Tocamos el tema de hacernos con la cabaña y de comprar otra casa, así como también decidimos seguir en nuestros hogares actuales hasta entonces.

– "Es una pena; la casa sería más divertida si las tres vivieran aquí." – Comentó Rachnera, meneando su copa. – "Pero comprendemos que deseen conseguir su techo por medios propios."

– "¿No lo dirás porque pensabas contratar también a Cetania como repartidora?" – Indagó Centorea.

– "Ella ya posee empleo, ojizarca." – La Tejedora le sonrió, descansando su barbilla en su mano. – "Además, ya tengo a mi obediente Cery para cumplir con tan afanoso papel."

– "No me llames Cery..." – La ruborizada centáuride volteó su rostro. Rachnee era poco discreta con su coquetería.

– "La oferta sigue en pie de todas maneras, chicas." – Convino Kimihito. – "Cetania, siempre podrás consideras esta casa también la tuya."

– "Thanks, Mr. Kurusu, truly appreciated." – La mencionada inclinó su cabeza. – "De todas maneras no tendrán qué preocuparse mucho, porque la mayoría del tiempo residiremos en los cuarteles de MON. Para cuando terminemos nuestro entrenamiento seguramente ya habremos reunido suficiente para pagar la primera casa."

– "Es bastante ambicioso lo de hacerse con una segunda vivienda, aunque es entendible." – Asintió Miia. – "El bosque está demasiado alejado como para vivir ahí por siempre."

– "Confiamos que podremos costear todo ello entre las tres." – Manifestó Lala. – "Incluso, y aunque suene denodadamente audaz, nos gustaría celebrar una ceremonia nupcial propiamente hecha."

– "Una boda. Qué romántico." – Sonrió Cerea. – "Pero, ¿no creen que sería demasiado gasto ya?"

– "Tal vez parezca innecesario, y quizás sea nuestro ego hablando, pero deseamos consagrar nuestro amor con bombo y platino." – Elucidé, tomando las manos de mis amadas. – "Queremos compartirlo con el mundo, especialmente con ustedes. Una gran festejo para las personas que nos permitieron hacer todo esto posible. Después de todo, ¿no harían lo mismo en nuestro lugar?"

– "Está en lo correcto, Aria-sama. En más de una ocasión hemos acordado que conmemoraremos las nupcias de la manera tradicional." – Aseguró Meroune. – "Pero concuerdo con Centorea-sama que sería desmesurado agregar tal ceremonia a su lista de gastos. Para darle una idea de lo que hablo, una boda regular suele costar alrededor de dos millones y medio de yenes."

Tuve que golpearme el pecho para evitar ahogarme con mi bebida debido a la impresión.

– "¡¿QUÉ QUÉ?!" – Exclamé. – "¡¿Por qué tanto?! ¡Planeamos invitar sólo a nuestra familia a cercana y amigos, no a todo Japón!"

– "Una boda tradicional al estilo Shinto incluye la renta del templo; kimonos ceremoniales, tanto para ustedes como para los miembros de su familia; alimentos; bebidas; sacrificios; transporte; fotógrafo;…" – Enumeró la sirena. – "Por supuesto, pueden optar por una mucho más pequeña por una fracción del precio, aunque no tendría toda la parafernalia que seguramente buscan, y tal vez no estén acomodadas para liminales."

– "O simplemente pueden hacer el papeleo habitual que las señala como matrimonio ante la ley por sólo seis mil yenes." – Instó Kimihito. – "Comprendemos la boda que sea una idea muy romántica, pero es realmente un lujo que sólo unos pocos pueden costear, al menos en este país."

– "Scheisse…" – Suspiré, cabizbaja. – "Mis sueños se hundieron como el Titanic."

– "2,500,000 yenes son alrededor de 20,123 euros." – Musitó mi padre, consultando su celular. – "Mi salario es de 3,000 euros mensuales. Hija, ¿cuándo falta para que finalice su entrenamiento?"

– "Vater, no estarás considerándolo en serio."

– "Un soldado alemán nunca miente, hija. ¿Cuánto falta?"

– "Tres meses. Aún si no gastaras nada, apenas serían nueve mil euros."

– "¿Olvidas que también tienes una madre, Aria?" – Habló mi progenitora. – "Tres meses de salario y mis ahorros en casa cubrirán el resto."

– "Mamá, papá, por favor, no es necesario."

– "Es verdad, y tal vez sea nuestro ego hablando, pero deseamos que nuestra hija se case con bombo y platino." – Retrucó magistralmente mi madre. Entonces, colocó su mano en mi hombro. – "Aria, tú eres la razón de nuestra existencia, nuestro mayor logro como pareja. Daría lo que fuera por ti. Si es tu sueño es tener una ceremonia como nunca podrías tener en Sparassus, entonces que así sea."

– "Hija, veinte años pasé jurándome a mí mismo que si volvía a encontrarme con ustedes, nada, absolutamente nada les faltaría." – Declaró mi progenitor, colocando la suya en el otro. – "Mi vida no tuvo realmente sentido hasta que ustedes regresaron a ésta. Por favor, como tu padre te pido que aceptes, que lo haré con mucho gusto."

– "Es una decisión que no puedo tomar sola." – Miré a mis esposas. – "¿Lindas?"

– "Podemos esperar más tiempo para llevarla a cabo." – Contestó la dullahan. – "Es una ceremonia meramente simbólica en nuestro caso."

– "Y francamente el encontrar casa es una prioridad mayor que despilfarrar plata en tanta fruslería." – La rapaz encogió los hombros. – "Y quizás para ese entonces ya ni ganas tengamos."

Repentinamente, mi madre estampó su puño contra la mesa, haciendo saltar toda la vajilla en éste. Fue un milagro que no la quebrara con ese puñetazo atómico.

– "¡Ah, no, eso sí que no! ¡Como la madre de esta araña y la suegra de ustedes dos, les ordeno que celebren esa boda, les guste o no!" – Vociferó ella, con el tono más marcial que poseía. – "¡Caminarán hasta el altar, las declararán esposas y luego festejarán con todos sus seres queridos! ¡Será el día más feliz y lo recordarán por el resto de sus cochinas vidas! ¿VERSTANDEN?!"

– "¡Sí, señora!" – Respondimos las tres al instante.

– "¡Con ganas, como si tuvieran ovarios!"

– "¡SÍ, SEÑORA!"

– "¡Frau Arachnera!" – Ella apuntó hacia la Tejedora. – "¡Harás los mejores vestidos de novia que este miserable mundo haya atestiguado en su pútrida existencia! ¡Los quiero tan magníficos y gloriosos que la reina de Inglaterra se suicidará de la envidia! ¡¿Entendido, Tejedora?!"

– "¡Jawohl, mein Frau!" – La aludida hizo un saludo militar.

– "¡Herr Kurusu, Frau Sprins!" – Fue el turno del casero y la lamia. – "¡Un pastel tan exquisito y gozoso que hasta el ir al baño sea una experiencia divina! ¡Y tan alto que un alpinista pueda considerarlo un reto mortal! ¡¿He sido clara?!"

– "¡Sí, señora!" – Contestaron, firmes.

– "Puedo encontrar un digno conjunto que provea la música." – Mi hermana alzó tímidamente un espolón.

– "¡Y que sea alemán!" – Le dictó antes de señalar a Mero. – "¡Frau Lorelei, ¿cuál sería el lugar más icónico de Japón?!"

– "El Monte Fuji, Vera-sama." – Respondió la sirena, intentando guardar la calma. – "Los hoteles con área para ceremonias abundan cerca del lago Kawaguchi."

– "¡El mejor que encuentres!" – Le instó antes de fijar su vista en mis amadas y yo. – "¡Y ustedes tres, más les vale que estén ahí en el gran día, porque juro que yo misma las ejecutaré en el paredón si se atreven a faltar! ¡¿ESTAMOS DE ACUERDO?!"

– "¡SÍ, SEÑORA!" – Volvimos a confirmar.

– "Sehr gut." – Mi madre se sacudió satisfecha las manos. – "¿Algo más?"

– "¡Yo pongo los raspados!" – Declaró alegre Papi.

La tensión se esfumó como la niebla ante el fulgor del astro rey por la mañana en ese instante, disipada por la briosa risa grupal que estalló de inmediato. Siempre que nadie lo espera, la arpía de azulado plumaje, cual ave fénix, resurge para recordarnos el lado ameno de la vida. Agradeciéndole yo y mis cónyuges a mis padres y la familia por ayudarnos a cumplir nuestro sueño de una ilustre ceremonia nupcial, no sin antes remembrarles que nosotras cooperaríamos en todo lo posible, finalizamos de deglutir el resto del banquete. Como le prometimos a Papi, cerramos con broche de oro con sus raspados, que de hecho estaban bastante sabrosos, acompañándolos con el panetonne que brindó mi consanguínea. Mejor comilona no pudimos haber pedido.

Con todo ya terminado, nos despedimos de los inquilinos y, luego de que la segadora y yo nos diéramos un último cambio de atuendo, acompañamos a mis progenitores hasta el aeropuerto. Lala se engalanó con su atuendo de las WAVES americanas, acentuando el suntuoso perfil que poseía. Yo me envestí en el traje de las SturmSchütze que me hiciera Rachnera hace tiempo y, porque la situación lo ameritaba, agregué la Cruz de Hierro de mi abuelo y la gorra que me heredara mi abuela.

Honor a mis antepasados y gloria eterna a Arachne.

Restaban aproximadamente tres horas, con media hora reservada para los posibles retrasos que pudiéramos encontrar, así que nuestra primera tarea fue dirigirnos hacia el centro fotográfico y aprovechar los vales que Alexandra proporcionó. Arribamos al lugar en poco tiempo y nos preparamos para inmortalizar el momento en un solemne retrato. Había un cuarto para darnos un último retoque, pero yo y mi hermana lo usamos solas porque el espacio no daba para todos.

– "Gracias de nuevo por todo esto, Ale." – Le dije a la empusa mientras me peinaba. – "Fuiste la heroína anónima el día de hoy."

– "Lo hice por papá y tus esposas, no por ti, Potato." – Contestó, ajustando su camisa. Nos habíamos quitado los abrigos. – "Y para agradecerle a tu hogar huésped por la hospitalidad."

– "Eres terrible para fingir tu desinterés, Ale." – Le di un beso en la mejilla. – "También te quiero, hermanita."

– "¡Agh, no quiero que tus gérmenes salgan en la foto, patas flacas! ¡Sácate!" – Me empujó hacia atrás. – "Te huele la boca a panetonne. Pobres Lala y Peaches, las compadezco."

– "Y yo lo hago de quien decida enamorarse de alguien tan testaruda como tú, pimiento amargado." – Le respondí, acomodando mi Cruz de Hierro. – "Por cierto, ¿no has recibido más cartas de diablitas calenturientas?"

– "No. ¿Y qué diablos te importa a ti, garrapata olorosa?"

– "Porque lo que tú necesitas es que metan la lengua hasta por nunca te da el sol para que se te quite lo gruñona." – Le provoqué. – "Te propongo algo, cuando encuentres a la pobre chica que se arriesgue a darte su iluso corazoncito, les prestaremos la cabaña por una semana. Si no regresan habiéndose chupeteado de pies a cabeza y con sortija en la mano, renuncio a MON y me largo a trabajar al Fried Harpy."

– "Lo harías, ¿verdad?"

– "¿Volver a ese pozo de infecciones estomacales? Ni aunque me torturaran en un Gulag." – Temblé ligeramente. – "¿Lo de prestarte la cabaña? Por supuesto. Quiero que seas tan feliz como yo en este momento, Ale; y créeme, ese lugar es casi mágico."

– "¿Te confieso algo? Yo sabía que a Peaches le atraía la segadora desde que noté cómo la miraba en el onsen, pero a la dullahan la advertí interesada en la arpía desde antes." – Manifestó la pelinegra. – "Fue en la fiesta de Mio cuando lo deduje."

– "Bueno, ambas se dieron su primer beso ahí. Aunque fue Süsse quien lo propuso."

– "Lo sé, pero en ese entonces yo no estaba enterada de tal ósculo." – Afirmó. – "La segadora se mostraba ligeramente inquieta en su presencia. No era la esperada inconformidad ante su rival, sino ese nerviosismo que florece cuando estás ante alguien que te interesa, pero no quieres que lo sepa. Un indicio muy leve, pero inconfundible."

– "¿Cómo reconoces ese nerviosismo, Ale?" – Le sonreí maliciosamente. – "¿Acaso la Princesa de Hielo también ha sentido maripositas en el estómago por alguien? ¿Tal vez será alguna compañera con quien practicas puntería?"

– "No metas a Mei en esto, ¿quieres?"

– "Nunca mencioné nombres, grillita." – Mi sonrisa se hizo mayor. – "Y qué raro que te refieras a ella por su nombre en lugar de su apellido, como acostumbras."

– "Eres una idiota, Jaëgersturm." – Se dio la vuelta. Pude atisbar el rubor invadiéndola.

Ojalá también pudiera capturar ese momento en un cuadro. Nada como fastidiar a tu hermana mayor para tu deleite personal.

– "No, no lo he experimentado, pero reconozco el sentimiento cuando lo veo." – Habló de nuevo. – "Tenía dos ojos en ese entonces, era más claro que el agua: a Lala le gustaba la americana. Era experta en fingir lo contrario, debo darle crédito."

– "La halconcita tiene ese algo que la hace irresistible, ¿cierto?"

– "Tiene espíritu, una personalidad honesta y noble, y aunque también es una degenerada, es agradable. Mucho más que tú." – Se arregló el cabello. – "Y es guapa, tiene esa apariencia exótica junto a su energética actitud. No hay que pensarlo mucho."

– "¿Qué hay de mi Spatzi?"

– "Ella es más tranquila, de temple solemne, responsable y muy inteligente, si bien su apariencia pueda dar la impresión de displicente frialdad." – Elaboró la milanesa. – "Pero eso es lo que la hace tan atractiva en primer lugar, el halo de misterio que emana. Una vez pasada esa capa exterior, te encuentras con la clase de mujer que sería excelente ama de casa, esposa y madre."

– "Me recuerda a cierta grillita de pétreo corazón."

– "Gracias, Potato, me halaga que reconozcas mi sensatez e inteligencia." – Sonrió sardónicamente. – "Podrías aprender un poco de ellas, pulga insolente."

– "Por eso me casé con ellas, para que me reformen y me quiten lo bruta."

– "Son liminales, no magas." – Retrucó, riendo. – "Potato, hablando en serio, trata de no arruinar esto. Convertiste la fantasía en realidad, estás viviendo el sueño, no lo eches a perder."

– "Suenas a alguien que conozco, y concuerdo, hermana."

– "No bromeo, esas dos son un milagro y jamás te perdonarás si las pierdes." – Aseveró la italiana, tomándome de la barbilla. – "No olvides lo que te costó alcanzar esa cima; la sangre, sudor y lágrimas que derramaste para llegar a la meta. Es ahora cuando más firme en tu decisión de proteger lo que amas debes ser."

– "Lo sé, y créeme que haré todo lo posible por darles la felicidad que merecen. Juro que cuidaré de ellas con mi vida misma." – Declaré, colocando mis manos en sus hombros. – "Por eso deseo saber algo, y quiero que me respondas con toda sinceridad. Es algo que sólo a ti puedo solicitar, Alexandra."

– "¿De qué se trata?"

– "Si algo llegara a sucederme…" – La miré fijamente. – "¿Podrías cuidar a Lala y Cetania por mí?"

– "Aria, acabas de contraer matrimonio, es demasiado pronto para formular tan funestos escenarios."

– "Hermana, ambas conocemos demasiado bien la fragilidad de la vida." – Formulé. – "Somos ínfimas flamas expuestas ante los inclementes ventarrones. En ocasiones, el viento no logra apagarnos, pero termina restándonos brillo…"

Dije esto último acariciando cerca de su herida ocular, donde antes reposara un verde ojo. Mi consanguínea no rompió contacto visual conmigo.

– "Y en otras, nos extingue de inmediato, en un egoísta arrebato." – Le dije mientras sostenía el collar de su madre, que se había puesto. – "Mañana yo ya no podría estar aquí; y si me viera recorriendo el río Estigia en el siguiente parpadeo, al menos podré estar tranquila sabiendo que los mayores tesoros de mi vida están bajo el cuidado de la persona a quien le confío la mía en batalla, y con quien comparto mi sangre."

– "No fenecerás, Jaëgersturm, eres demasiado pertinaz para morir tan fácilmente." – Respondió Nikos, tomando mi mano. – "Por Hécate, tu esposa es una dullahan; lograste conquistar a la muerte misma."

– "Pero ni siquiera una jueza del Inframundo es capaz de detener la abyecta guadaña del infortunado destino." – Aseguré. – "Todos deseamos lo mejor para quienes amamos, y yo quiero una garantía que no expire una vez yo cese de existir. ¿Qué dices?"

– "¿Realmente estás segura de otorgarme tal privilegio?"

– "Eres mi hermana." – Repliqué al tiempo que acariciaba su cabello. – "Compartimos algo más que los genes: nuestro deseo de luchar por lo que creemos, y ambas creemos en que la vida de nuestra familia lo vale todo. ¿Quién mejor que tú para cuidar de la mía?"

– "No soy precisamente la más indicada para una relación, Aria. Lala ni siquiera conoce de mi pasado."

– "Ella entendería que lo que has hecho hasta ahora avalan tu redención. Cetania también garantiza tu verdad." – Expresé. – "La vida es injusta y disfruta arruinar el más níveo lienzo con ignominiosas manchas indelebles; mi deceso sería el ejemplo más claro para ella."

– "Y aunque así fuera, ¿qué verían ellas en mí?"

– "¿Y qué vieron ellas en mí?"

– "No soy tú, no puedo sustituirte."

– "Mi deseo no es que me reemplaces, sino que continúes el legado siendo tú misma." – Reiteré. – "Ayudarles a amainar el dolor y, eventualmente, tatuar sonrisas permanentes en sus rostros. No pienso únicamente en ellas, sino en ti también, Ale."

– "No te detendrás hasta que acepte, ¿cierto?"

– "Me conoces bien, Ale." – Le sonreí. – "Tengo la cabeza bastante dura."

– "Sorprendentemente tozuda para estar tan vacía." – Suspiró para luego asentir con la cabeza. – "De acuerdo, acepto."

– "Danke schön, Ale." – La abracé y le planté un beso en su frente. – "Te quiero, hermanita."

– "Ya sé, ya sé." – Me dio un par de palmaditas en la espalda. – "Uhm, gracias, Potato. Prometo cuidar bien a tus musas de ser necesario."

– "Sé que sí. Tienes un poquito de mí en ti, aunque no te guste." – Reí tenuemente.

– "Has de referirte a tus piojos, patas flacas." – Se separó. – "Vamos, que ya tardamos demasiado."

– "Jawohl." – Me dirigí a la salida junto con ella. – "Ah, pero no se te ocurra arrojarme de un quinto piso para quedarte con las chicas, ¿vale?"

– "Duerme tranquila, Potato. Te haré morder una cápsula de cianuro mientras duermes para que no duela."

Después de compartir una carcajada, nos reunimos con los demás y tomamos posiciones mientras el fotógrafo daba los últimos arreglos a la cámara.

– "Dyne, ¿estás usando el collar de tu madre?" – Le susurró mi padre a la mantis.

– "Correcto. Supuse que era la ocasión correcta para usarlo." – La aludida acarició el lirio de pétalos púrpura de la prenda. – "No era justo mantenerlo guardando polvo en ese solitario cajón."

– "Te queda perfecto, hija." – Mi progenitor le sonrió. – "Ella estaría muy orgullosa de ti, Dyne."

– "Gracias, papá." – Mi consanguínea alzó la vista, reciprocándole la mueca de felicidad. – "Sé que sí."

– "Bien, todo listo." – Avisó el fotógrafo. – "Manténganse quietos y sonrían."

Mis padres se acomodaron a mi izquierda mientras que nosotras en el centro, conmigo rodeando con ambos brazos a mis esposas y, éstas, abrazándome tanto a mí como a Alexandra, colocada en medio de las tres. Con sonrisas decorándonos los semblantes, el flash activó su albugíneo destello, capturando la estampa en digitales pixeles. Así, mientras esperábamos que la fotografía fuera procesada, nos sentamos en un parque cercano, admirando el ameno panorama cotidiano de patitos nadando en el lago artificial, siendo alimentados por viejos y niños; relajante viñeta escondida entre la caliginosa jungla de concreto y vidrio.

– "¡Quack!"

– "¡La tuya!"

– "¡Quack quack!"

– "¡Tu mamá es hombre!"

– "¡Quack quack quack!"

– "¿En verdad entiende lo que dice?" – Cuestionó mi padre.

– "No es que lo entienda, pero puede interpretar lo que intenta decirle." – Contesté. – "Y admítelo, ese pato suena bastante grosero."

Mientras ambos observábamos sentados a la rapaz en disyuntiva verbal con el ánade, Nikos se hallaba entretenida con el absurdo show, y mi madre y Lala disentían con la cabeza al mismo tiempo, alimentando a las otras aves con galletitas. Pero a pesar de tanta fruslería, y de que en vez en cuando la irlandesa tuvo que explicarle a algún oficial que la falconiforme era, de hecho, también una policía, todos disfrutábamos de aquel descanso. Eran esta clase de ocurrencias tan tontas que hacían la vida interesante.

– "¿Qué harás ahora que vuelvas a casa, papá?" – Interrogué, viendo cómo mi hermana detenía a la halcón de patear al patito.

– "La rutina diaria. Darle revista obligatoria a la tropa, mantenimiento a los vehículos, y entrenar." – Contestó, riendo tenuemente cuando el furioso palmípedo comenzó a perseguir a la mantis. – "Extrañare bastante esto, especialmente a ustedes. Diablos, ya me había acostumbrado a despertar en brazos de tu madre."

– "Unos cuantos meses más y volveremos a vernos, Vater. Te sigo agradeciendo que hayas decidido costear la boda."

– "Todo por mi pequeña Pulguita." – Acarició mi cabello. – "Cuida bien de tus señoras, hija. Trata de mantenerlas satisfechas en todos los aspectos, especialmente en los íntimos deberes conyugales."

– "Ay, vamos, papá…" – Hice mohín de incomodidad.

– "De verdad. No tienes idea de cuántas veces he oído de que las esposas de mis soldados terminan comiendo afuera porque en casa no las alimentan bien, si me entiendes." – Rió ligeramente. – "Pero hablando en serio, el mejor consejo que puedo darte es que no te esfuerces innecesariamente en mantener su cariño."

– "¿A qué te refieres?"

– "En que te tomes las cosas con calma y recuerdes que el amor viene del corazón, no del lujo. Enfócate en el sentimiento, no lo físico." – Dilucidó. – "Sé que deseas darle lo mejor, y que merecen nada menos que lo mejor, pero no te obsesiones con intentar estándares tan altos en cuestión de amenidades. No trates de comprar el anillo más ostentoso, sino uno que les recuerde la eterna joya que es la promesa que tomaron de siempre amarse."

– "O la boda más exorbitante, sino una que celebre nuestra felicidad con quienes realmente importan." – Agregué, asintiendo él. – "Comprendo, papá."

– "Me alegro." – Suspiró. – "Tenía miedo de tener que sobrevivir a base de sopas de vasito lo siguientes meses. Nueve mil euros es bastante plata, hija."

– "¡Ay, papá, si serás payaso!" – Lo empujé hacia atrás.

Riendo y abrazándonos, pasamos el resto parloteando en familia. Habiendo transcurrido una hora, volvimos al centro fotográfico. Fue una suerte que nadie notara al pato flotando patas arriba en el lago. El encargado del local nos mostró el retrato finalizado, perfectamente cuidado tras un diáfano vidrio reforzado y un marco de ébano genuino. Siguiendo nuestras instrucciones, se reemplazó digitalmente el fondo verde por una refulgente imagen de los Alpes bávaros, colocando la guinda de tan precioso escenario.

– "Una para ti, Vater." – Repartí las fotos – "Ésta es tuya, Mutti. Y ésta para ti, Ale."

– "¿Por qué no conservaste una para ti, Potato?" – Cuestionó la italiana. – "Pudimos pagar una extra."

– "Porque los hermosos recuerdos vivirán en mi corazón." – Afirmé, tomando a mis chicas por la cintura. – "Y ya tengo a las integrantes más preciosas del cuadro a mi lado de todas maneras."

– "Qué tierna, A chuisle." – Lala me besó la mejilla. – "Por cierto, mamá, ¿no habrá problemas en su país si ven que usted y Mo chuisle están con Dyne?"

– "Estará perfectamente a salvo en mi casa, Lala, y como coronel estoy exenta de revisiones sorpresa de equipaje." – Aseguró mi progenitora. – "Y ni siquiera una nación entera me arrebatará a mi hija y mi marido."

– "Así se habla, Mausi." – Su esposo le obsequió un ósculo. – "Bien, sigamos."

Con tres copias en mano y el tiempo cada vez más exiguo, nos dirigimos al aeropuerto. Finalmente, a una cuadra del sitio, llegó el momento para decir adiós.

– "Orgullo alemán, Aria, nunca lo olvides." – Mi progenitor me abrazó. – "Te quiero mucho."

– "Ehre und Treue, Vater." – Le reciproqué. – "También te quiero."

– "Les deseo la mejor de las suertes, chicas." – Mi padre se despidió de mis cónyuges. – "Mi pequeña está en sus manos. Mantengan su corazón latiendo y su sonrisa plasmada siempre en su rostro."

– "Será un placer, suegro." – Le respondió la peliblanca. – "Cuídese usted también."

– "Su hija estará tan alegre como ahora cuando regrese." – Prometió la castaña. – "Godspeed, Pops."

– "Sígueme llenando a mí y a tu madre de orgullo, Dyne." – Mi progenitor se despidió de la empusa. – "Cuida a tu hermana menor, y que ojalá pronto encuentres la felicidad como ella."

– "Todo es posible en este mundo, papá, hasta los milagros." – Rió la pelinegra, besando su mejilla. – "Buon viaggio."

– "¡Oh, Helmutt! ¿Qué será de mí?" – Declaró mi madre, abrazando dramáticamente a su marido.

– "Te irás en ese barco, Mausi." – Le respondió, con el mismo tono exagerado.

– "Sólo lo dices para dejarme ir."

– "Lo digo porque es verdad. Ambos sabemos que le perteneces a Sparassus. Eres parte de su suelo, de su identidad, lo que la hace moverse. Si ese barco zarpa y tú no estás ahí, quedarás arrepentida. Tal vez no hoy, o mañana, pero pronto y por el resto de tu vida."

– "¿Y qué hay de nosotros?"

– "Siempre tendremos Dresde."

– "Te amo. Bésame como si fuera la última vez."

– "¿De qué demonios están hablando?" – Susurró la mediterránea.

– "Casablanca, 1942, con Humphrey Bogart e Ingrid Bergman. Excelente film." – Le replicó la americana. – "La actuación de tus padres es terrible, pero la pasión es real, flaca."

– "Here's looking at you, kid." – Respondí, citando la famosa cinta.

Luego de ese amateur despliegue de talentos histriónicos, mi progenitora se despidió también.

– "Una Jaëgersturm siempre conquista, hija." – Dijo ella, besando también mi mejilla. – "Protege a tu familia, que es tu legado y alma."

– "Siempre, Mutti." – Le devolví el ósculo. – "Nos veremos pronto."

– "Cuiden a mi Pulguita." – Mamá les dio un achuchón a ambas. – "Y recuerden, si se porta mal, denle con un rodillo en su cabezota."

– "¿Qué tal una guadaña?" – Bromeó la nativa del Éire.

– "¿O arrojarle una chancla?" – Se unió la estadounidense.

– "Al menos no les sugirió usar mi alabarda…" – Musité.

Entonces, las miradas de mi madre y Alexandra se encontraron. Hubo un afásico momento en que el ambiente se tornaba paulatinamente tenso a cada segundo.

– "Tú no eres mi hija, y yo no soy tu madre." – Manifestó mi progenitora.

Ahí, y sorpresivamente, ella abrió sus brazos.

– "Pero, sin importar nuestras diferencias, siempre serás mi familia." – Aseguró, esbozando una sonrisa. – "Ven aquí y despídete de la vieja Vera, Dyne."

De esa manera, arrojando por la borda inefables siglos de inquinas y animadversiones, arachne y empusa se unieron en un abrazo más que simbólico. Confieso que mi visión se tornó acuosa, pero supe evitar el que las lágrimas se escaparan. Con eso, mis progenitores, tomados de la mano, se encaminaron en dirección al edificio, donde mi padre abordaría un avión y mi madre tomaría un taxi hacia Okayado, para abordar el barco a Sparassus.

– "Oh, y antes de que se me olvide." – Mi progenitor se dio la vuelta y regresó conmigo. – "Para ti, hija."

Depositó en mis manos su boina negra de tanquista, con el emblema de la división Panzer y la Edelweiss. Innecesario es mencionar que era algo que yo más que nadie adoraría.

– "¿No te dirán nada tus superiores si no regresas con ella, papá?" – Interrogué.

– "Soy un oficial condecorando merecidamente a una leal soldado alemana. ¿Qué rayos van a decirme?"

– "Danke schön, Vater." – Sonreí. – "Es preciosa."

– "No tanto como mi familia." – Guiñó. – "Auf Wiedersehen, chicas. ¡Über Alles!"

– "¡Über Alles!"

Todas realizamos el golpe de pecho característico de mi patria, dándoles el adiós a las personas que me trajeron a este mundo, aquel que está lleno de innumerable cosas hermosas. Cosas que me recuerdan la dicha de existir, de vivir, de amar.

Cosas por las que vale la pena luchar.

– "¡QUACK QUACK QUACK!"

– "¡Ay, mamá araña, sigue vivo! ¡Corran por sus vidas!"

Y contra las que vale la pena luchar…


NOTAS DE MEROUNE: Los palmípedos son seres malignos, lo juro…

En fin, esperamos hayan disfrutado de esta entrega, mis queridos súbditos. Sé que la larga ausencia les hizo creer que Flake-san había arrojado la toalla, pero les aseguro que sus demoras serán menos frecuentes.

El comienzo fue una simple mirada a la hedonista fantasía que Aria-sama y sus mujeres habían deseado desde hace mucho, reforzando el hecho que disfrutan de su amor y juventud a plenitud con juegos de sicalíptica índole y mucho cariño, sin que ello eclipse el sentimiento verdadero de sus corazones.

Una vez en mi base de operaci-Digo, la residencia, regresamos a las ocurrencias que se han vuelto la norma desde que el Programa de Intercambio seleccionó a mi Amado. Ciertamente es interesante ver que Aria-sama no pierde su perspicacia, descifrando la verdadera relación entre yo y mi Rachy, además de sus planes con Centorea-sama. También atestiguamos que la especie no es lo único que la Tejedora y la Cazadora tienen en común, uniéndose como hermanas de armas en cuestión de intimidades, y como personas con inseguridades y virtudes, como cualquiera.

La relación entre Aria-sama y Dyne-sama ha avanzado mucho más y, aún cuando la empusa mantiene esa mordacidad indeleble de su persona, se nota que el mensaje de que ahora son una familia está bastante claro para ellas dos. La promesa de cuidar de las esposas de Aria-sama es quizás la muestra más evidente de la confianza que la Cazadora deposita en su consanguínea, pues le da la llave a su tesoro más preciado. Los temores de Jaëgersturm son comprensibles, especialmente cuando arriesgar la vida es el axioma de su trabajo.

Pero como ya nos hemos extendido lo suficiente, les recuerdo que no olviden dejar sus opiniones y reseñas en la sección correspondiente, que siempre las leemos con mucho gusto, queridos subd… lectores.

Les enviamos un saludo a nuestros compañeros de Los Extraditables, que siempre apoyan el trabajo de Flake-san, y a ustedes, que son la razón de que hayamos regresado después de tanto tiempo. ¡Hasta la próxima, y que sea un año lleno de productividad y alabanzas hacia la Gran Sirena! ¡Iä, Iä!