NOTAS DEL AUTOR: ¡Achtung, Tarmo Flake ist hier!

Sé que me demoré más de lo usual, pero después de ocho años sirviendo fielmente mi instalación de Windows sufrió un aneurisma digital y murió repentinamente, llevándose consigo una gran cantidad de datos. Afortunadamente mi material para adultos sobrevivió, así como los archivos del fic, por lo que después de reconstruir lo perdido pude ponerme al corriente a la brevedad posible. Además, este episodio se extendió más de lo esperado debido a las nuevas ideas que brotaban constantemente.

El punto es que ya estoy de vuelta, chiquitines, ¡así que comencemos!

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena les recuerda hacer respaldos y ofrecerle sacrificios regularmente o les romperá las piernas a coletazos!


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 75


Estoy muerta.

Gracias a las estupideces de esa inicua arpía y la arrogancia de mis supuestas habilidades políglotas, el primer encuentro con los progenitores de Carla, las personas a quienes más respeto debería guardar en su propia casa, terminó en una garrafal metida de pata de parte mía. Erróneamente exclamé mis intenciones nupciales con su hija, con un brío que despilfarraba una seguridad que sólo agravó la situación. Las miradas frías de los señores Silica, el incómodo silencio y el rifle en manos del padre de familia no ayudaban a sosegar mi nerviosismo. Bien, fue un placer haber conocido este mundo, sólo espero Caronte no me niegue el viaje en su barca por los lóbregos parajes del Estigia.

O eso creí.

En realidad la señora Silica estalló en una briosa carcajada que ayudó a disipar mi circunspecto aspecto al instante. Su pareja compartió su sentido del humor y rió también, bajando el fusil y revelándolo vacío. Por supuesto, yo seguía desconcertada por tal reacción mientras la quijada de Hakumei apenas se recuperaba del shock.

– "Oh, vaya, no esperaba eso, en verdad que no." – Dijo la mujer entre risas. – "La historia se repite, ¿no lo crees, amor?"

– "Lo escuché todo, linda. Bastante impresionante." – Replicó su esposo, esbozando la misma sonrisa. – "¿Crees que sea una señal?"

– "Quizás, pero anda, que debemos presentarnos primero."

Calmando su risa, marido y mujer tributaron otra reverencia, esta vez dirigida a todas.

– "Perdonen nuestra pequeña descortesía, amigas, sólo fue una bromita." – Declaró la señora, inclinando la cabeza. – "Sean bienvenidas a nuestro humilde hogar. Mi nombre es Laura Sya Silica, y creo que ya saben que soy la madre de Mei."

– "Y yo el padre de nuestra pequeña Calabacita. Un placer conocerlas." – Agregó su esposo. – "No se fijen en el rifle, sólo estaba limpiando esta vieja reliquia. Por favor, siéntanse como en su casa."

– "Es freut mich, Sie kennen zu lernen." – Aria imitó el gesto. – "Aria Jaëgersturm, para servirles."

– "Tá áthas orm bualieadh libh." – Fue el turno de la dullahan. – "Lala Jaëgersturm, un placer."

– "Pleased to meet ya too." – Terció la halcón. – "Cetania Jaëgersturm, at your orders."

– "Trajimos algunos obsequios." – La arachne mostró las cajas con daifukus y pan de melón. – "Esperamos sean suficientes para agradecer su hospitalidad."

– "Obrigada, muy amable de tu parte, Aria-san." – Sonrió la señora Laura. – "¿Gustan de tomar asiento? Enseguida les traeré un poco de té. Calabacita, lleva esto a la cocina, por favor."

– "¿Eh? ¡Ah, c-claro, ya voy!" – La pelirroja volvió en sí y tomó las cajas.

– "Y ve si tu abuela no se quedó dormida en la tina." – Le indicó su progenitora. – "Amor, llama a los demás, ¿quieres? Se supone que las señoritas vinieron a hablar con Ryuu."

– "Enseguida, linda." – Respondió su marido. – "Uhm, aunque creo que la señorita verde ya no está con nosotros."

– "¿Uh? ¿Qué, quién?" – Parpadeé un par de veces antes de enfrascarme en denodadas reverencias. – "¡Ah, lo siento mucho! ¡Les suplico perdonen mi impertinente lengua, sólo fue un err-!"

– "Tranquila, chica, que sabemos que fue una broma." – Contestó el hombre, riendo tenuemente. – "Anda, toma asiento, ¿vale? el té de mi esposa te ayudará a relajarte."

– "D-de acuerdo, disculpe mi exaltación." – Suspiré. Recuperada mi compostura, le ofrecí la mano. – "Dyne Alexandra Nikos, gusto en conocerlo, señor…"

– "Tachibana." – Contestó él, estrechándola. – "Yukio Tachibana."

Salí de mi estupor para entrar en otro. Tachibana, el apellido que Giovanna adoptó y usó desde que se hizo cargo de mí, tomándolo en honor a la primera vez que sus manos se mancharan con el abyecto acto de arrebatar la vida de otra persona, nuevamente volvía a encontrarme. El mundo ya no era pequeño, sino microscópico; el universo era una picoesfera concentrada en un espacio a nivel cuántico más pequeño que la escala de Planck. Cada insignificante suceso se magnificaba para repetir otro en un constante uroboros existencial del que nosotras éramos meras actrices temporales en los sempiternos engranajes de la vida.

Fuimos, somos y seremos, en eterno movimiento.

Sacudí mi cabeza, ya habría tiempo para anodinos debates existencialistas en otra ocasión. Retirándome las botas, la bufanda y colocándome las sandalias ofrecidas por la morada, me dirigí junto con las demás hacia la sala y tomé asiento. Me di un momento para observar el interior de la residencia, la cual emanaba un aire bastante hogareño clásico de una familia de nipona del siglo XXI. Retratos de los familiares se hallaban esparcidos por las albugíneas paredes y plantas de interior reposaban en las esquinas. Curiosamente algunos floreros y una que otra estatuilla ostentaban la figura de parejas de lagartijas, similar a las estatuas de ranas u gatitos que algunos colocan en sus casas. Incluso el péndulo del reloj central poseía reptiliana forma.

El termostato se mantenía operando a una temperatura de treinta y cuatro grados, bastante agradable tanto para nosotras como las habitantes de poiquiloterma índole. Había un distintivo olor a frutas en el aire, y éste no opacaba el aroma de la comida que emanaba de la cocina. Y desde ahí se podía distinguir el butsudan, el pequeño altar de orígenes budistas donde los practicantes veneran las deidades budistas y a sus ancestros. Todos aquellos detalles parecerían irrelevantes, pero denotaban que los habitantes eran gente bastante sencilla y valoraban la unión familiar.

Y que los reptiles eran muy apreciados.

– "Disculpen la demora, chicas, aquí está el té." – Dijo la señora Sya, acomodando la mesita. – "Mei nos dijo que les gustaba el de sabor durazno, espero no haberme equivocado."

– "Nos encanta, muito grazie, señora Silica." – Agradecí.

– "La señora Silica era mi madre, pueden llamarme Laura." – Afirmó, sirviendo la bebida en nuestras tazas. – "¿Y bien? ¿Cómo las ha tratado mi pequeña? Espero no les dé muchos problemas a tan distinguidas defensoras de la ley."

– "Al contrario, nosotras somos quienes le hemos dado dolores de cabeza a la pobre." – Bromeó la alemana mientras llenaban su recipiente. – "Danke, Laura-san. Su hija nos ha salvado el pellejo en varias ocasiones, las agradecidas somos nosotras."

– "Sin contar las molestias que se ha tomado para facilitar una reunión con su cuñado y poder discutir los asuntos respecto a la compra y licencia de una motocicleta." – Agregó la segadora. – "Su ingénita de ayudar es prueba intrínseca que su deseo de servir a la nación es genuino."

– "Una oficial ejemplar, simple y sencillamente." – Declaró la castaña, probando su bebida. – "Mmm, el té está bueno. Bailey Ridge, ¿cierto?"

– "Uhm, bien deducido, Cetania-san." – Asintió Laura con la cabeza. – "Tienes la lengua entrenada."

– "Eso me dicen mis esposas a diario." – Guiñó.

– "Lo avalo." – Confirmó la teutona.

– "A chroí, A chuisle, por favor…" – Susurró la irlandesa, sonrojándose.

– "Maldita sea, Peaches…" – Mascullé, entrecerrando mi ojo.

– "Bueno, entonces ya somos dos, pajarita." – Comentó la mujer pelirroja, riendo. – "Ya sabes, ventajas de ser una gecko."

– "Ay, vamos, Mamãe, que suenas igual que Papai." – Acotó Carla, apareciendo con una bandeja con galletas. – "La abuela se volvió a dormir en la tina y estuvo peleando con Pangy porque dejó la llave abierta y el agua se salió. Vendrán una vez terminen de secar todo el tiradero."

– "¿Te aseguraste de darle sus pastillas?" – Su madre tomó una galleta. – "A esta hora le toca su Diabion."

– "No, reemplazó sus tabletas por tic-tacs sabor naranja y escondió las reales en el cajoncito de la alacena." – Elucidó la joven ojizarca, sentándose y mordiendo otro bizcocho. – "Además se estuvo quejando de que no le trajeron su Libro Vaquero del súper. Ahora entiendo porqué el tío Hiraku la envió sola en el avión."

– "Ya, ya, que sabes que sólo está así por sus reumas." – Desestimó con la mano su progenitora. – "Pero bueno, ¿cómo está la comida? ¿Ya se terminó de cocer?"

– "Mamá dice que unos diez minutos, que la carne necesita más tiempo porque es a fuego lento." – Mei probó una más.

– "¿Mamá?" – Preguntó una confundida Jaëgersturm. – "¿Pero qué no ella está aquí?"

– "Oh, así le digo a mi tía, Aria." – Aclaró Hakumei. – "Ya saben, como todos vivimos bajo el mismo techo, mis tíos son como unos segundos padres para mí."

– "Mi cuñada y yo nos repartimos la tarea de criar a las niñas y las tratamos como nuestras hijas por igual." – Añadió Sya. – "Dado que mantener una familia, especialmente cuando tu pareja es una liminal y no puede conseguir trabajo, el compartir el mismo hogar y las responsabilidades ayudan bastante. Además, no era fácil vigilar a esta traviesa Calabacita todo el tiempo, así que necesitaba toda la asistencia posible."

– "No me llames así, Mamâe..." – Masculló Carla.

– "Y, bueno, ya que no estábamos seguros cómo reaccionaría la gente si algún día descubrían que una lagartija gigante habitaba entre ellos, decidimos que las pequeñas no deberían sufrir mucho por la ausencia de alguno de sus progenitores." – Dilucidó Laura con algo de melancolía. – "Mi esposo y su hermano juraron que cuidarían de mí y mi cuñada, y viceversa, en caso que algo nos sucediera. Las niñas no carecerían de padres, eso era seguro."

– "Comprendemos perfectamente eso." – Afirmó la rapaz, haciendo alusión al trato similar que mi hermana y yo habíamos hecho. – "Muy sensato, Laura-san."

– "Obrigada, Cetania-san." – La mujer volvió a su habitual sonrisa. – "Afortunadamente logramos mantener el secreto hasta la declaración del Acta, para descubrir que la sociedad actualmente era bastante tolerante a nuestra presencia, o al menos a la de mi estirpe."

– "Los liminales como hombres reptil, elfos, arpías o minotauros son generalmente más aceptados debido a su antropomórfica fisionomía, sin contar su popularidad en historias o medios de entretenimiento." – Elucidó la Abismal. – "Uno puede acostumbrarse rápidamente a ellos e incluso sentir curiosidad por esa innata exoticidad. El problema viene con especies de apariencia más radical o que la cultura popular denota como seres malignos."

– "No es fácil ser una arachne." – Injirió la Cazadora, contemplando sus garras. – "No puedo imaginarme lo difícil que debió ser para mi especie durante los primeros días del Acta, cuando el mundo apenas se enteraba que éramos reales. Aún hoy somos material de pesadillas."

– "Lo bueno es que esos tiempos están quedando cada vez más en el pasado y la sociedad nos ve cada vez más como parte de ellos." – Opinó la señora Silica. – "Especialmente gracias a personas como ustedes que ponen el ejemplo."

– "Si Potato es quien pone el ejemplo entonces estamos perdidas." – Declaré.

La arachne me sacó la lengua al tiempo que las demás reían. Entendíamos el dilema que debió ser para Sya el tener qué ocultarse del mundo e intentar levantar una familia ante la ominosa incertidumbre del secretismo. Me alegraba que el residir con el miedo de ser descubierta no afectara su personalidad, ya que la bondad que ella destilaba se sentía genuina, sin ningún indicio que fuera una máscara perfeccionada por los años de fingir. Madre e hija eran realmente idénticas más allá de la similitud física. Excelente, no sería difícil ganarme su favor y… Esperen, ¿por qué me estoy preocupando por eso?

– "Por cierto, le ruego disculpe mi atrevimiento, pero es mera curiosidad." – Injirió la segadora. – "Entonces podríamos decir que usted y sus cuñados son una especie de matrimonio compartido."

– "Para nada, no lo consideramos así, pero supongo que parece uno en la práctica." – Rió nerviosamente Laura, desestimando con la mano. – "Ay, qué cosas me hacen decir, chicas. En todo caso, sólo somos una familia muy unida."

– "Además, de serlo, significaría que tendría qué mantener a dos mujeres, al idiota de mi hermano y sus vástagos con mi dinero." – Alegó el señor Tachibana, bajando las escaleras que daban a la sala. – "Y ahora que mi suegra está en casa, terminaría volviéndome loco. Soy sólo un hombre, tengan piedad."

– "¿Acaso estás insinuando que tu querida esposa no aporta nada a esta casa, Yukio?" – Le cuestionó Sya, cruzándose de brazos. – "Te recuerdo que nadie cocina, barre y lava tus calzones por arte de magia."

– "Jamás impliqué tal cosa, mi reina." – Yukio rodeó con sus brazos a su mujer por atrás y besó su mejilla. – "Sólo digo que debo mantenerte bien provista de todo el material para cumplir tu duro trabajo como ama de casa."

– "Ah, ¿entonces eso es lo que soy para ti, Tachibana?" – Retrucó la gecko, pinchándole la mejilla. – "¿Una mera sirvienta lavatrastos-cuentachiles-mojaplumeros que únicamente debe recibir dinero para ser feliz?"

– "Por supuesto que no." – Aseguró él, abrazándola aún más fuerte. – "También eres mi lagartijita del amor que debo mantener satisfecha a base de arrumacos. Espero estar haciendo un buen trabajo hasta ahora."

– "Mmm, puede que necesites aumentarme el sueldo en ese aspecto." – La pelirroja comenzó a besarlo. – "La cuota actual ya no es suficiente para cubrir los gastos."

– "U ju ju, con mucho gusto, querida."

– "Ehem, Mamâe, Papai…" – Tosió una ruborizada Carla. – "Visitas..."

– "Oh, claro, qué descortesía." – Sonrió Yukio colocando un plato de pan de melón en la mesa. – "Sírvanse, chicas, están calientitos. Ahora, ¿en qué estábamos, guapa?"

Hakumei no exageró cuando mencionó que sus padres eran como un par de adolescentes en pleno apogeo de pubertad. Ella se tapaba la cara y nosotras fingíamos concentrarnos en el sabor de los panes para ignorar las peligrosas cantidades de melosidad desplegadas ante nuestros ojos. Excepto Potato, ella observaba la escena con sus dedos en la barbilla, como si tomara notas. Sé que no soy quién para quejarme, ¿pero en verdad era mucho pedir por padres normales?

– "¡Má, Pá, la abuela se volvió a atorar en la taza!" – Escuchamos gritar desde el piso superior. – "¡Ay, me está pegando! ¡Ayuda!"

– "Ay, no de nuevo. ¡Ya voy!" – Suspiró Laura, levantándose. – "Te dije que debimos haberla llevado con nosotros, Yukio, ya estaría dormida y no fastidiando."

– "Oye, no es mi madre, mujer, no me culpes." – Se defendió su marido. – "Y te recuerdo que tú fuiste la que quería que ella nos visitara, ¿o ya se te olvidó?"

– "Porque alguien deseaba acoger a su querida suegrita cuando el malvado Hiraku no tenía corazón para cuidarla." – La mujer giró los ojos acusadoramente hacia su esposo. – "Ya vuelvo, y si me da un bastonazo juro que tú y Ryuu dormirán el patio por una semana. Ush, me pondré vieja de tanto coraje."

– "Los besos combaten las arrugas, ¿sabías?"

– "Excelente, ¿quieres venir y dárselos a tu suegra?" – Contraatacó Sya.

– "No dije nada, linda."

– "Ya regreso." – La poiquiloterma subió las escaleras. – "Y no te comas las de sabor fresa, que son mis favoritas."

– "¿Me crees capaz de desobedecerte, mi reina?"

Tan pronto su mujer estuvo fuera de vista, el padre de Mei tomó asiento y, guiñándonos, se hizo con un pan de melón con cubierta de fresa. Yo suspiré internamente, daba igual que fuera un matrimonio joven, como Potato y mis cuñadas, o uno con varios años de experiencia; los absurdos juegos de poder, el constante malabar de pelear y reconciliarse, todo era lo mismo para cualquier etapa de la vida conyugal.

– "Presten mucha atención a eso, chicas." – El señor Tachibana señaló a su ausente esposa. – "Ese es su futuro una vez aceptan los grilletes maritales."

– "¿Innecesarias discusiones por cualquier ínfimo detalle?" – Preguntó la Cazadora.

– "Y a veces ni eso." – Aseveró nuestro anfitrión. – "Pero, al contrario de lo que dictaría el sentido común, eso es precisamente lo que indica que aún hay chispa en la relación. Un matrimonio sin esas bobas peleas es tan interesante como ver secar la pintura, y al menos ésta última cumple su función al hacerlo."

– "Comprendo lo que dice." – Injirió la segadora. – "Al contrario de una relación destinada al fracaso, donde la química es exigua y el interés nulo, un consorcio exitoso siempre tendrá esas pequeñas discrepancias de opinión que al final se resuelven en un acuerdo entre los partidos involucrados. Tales reyertas sirven como periódicas depuraciones que garantizan un óptimo desempeño, figurativamente hablando."

– "Suenas igual que mi padre, Lala-san." – Rió Yukio. – "Pero es una gran verdad. Aunque en ocasiones se ponga como wyvern salvaje, es esa fiereza en su usualmente serena actitud lo que me recuerda la razón que me hizo enamorarme de mi Laura: una mujer sin iniciativa aburre pronto, no importa qué tan atractiva sea."

– "En eso tiene mucha razón, Yukio-san." – Declaró la halcón, haciéndose con un pan. – "Si hay algo que amo de esta flacucha es que nunca se rinde para salir adelante, porque si de belleza hablamos, hubiera llamado al exterminador."

– "Cómo te amo, plumero parlante." – La alemana besó su mejilla al tiempo que le jalaba la oreja. – "Creí que irías contra Lala, como siempre."

– "Es que al menos ella sí se puede quitar la cabeza para esconder lo fea."

– "Puedo ayudarte a obtener el mismo resultado con mi guadaña, incordio alado." – La peliblanca emuló a su conyugue arácnida.

Las tres rompieron en risas, seguido de ósculos bucales para reafirmarse su amor. Carla, habiéndose mantenido silente en todo este tiempo, sólo observaba con una pequeña sonrisita las melifluas manifestaciones de cariño de sus compañeras. El señor Tachibana contemplaba riendo y devorando su pan dulce; tal escena debía traerle recuerdos de su juventud.

– "Me porté mal, ¿cierto, guapas?…" – Oí susurrar a la americana. – "Castíguenme en la noche…"

A mí sólo me traería traumas.

– "¿Y qué hay de ti, Dyne-chan?" – Me habló el padre de la gecko, tomando té refinadamente. – "¿Has aprendido algo sobre cómo será la vida con mi hija en el futuro?"

– "¡Gah! ¡Gack!" – Tosió la pelirroja, evitando atragantarse con su galleta. – "¡Papai, no digas esas cosas! ¡¿No que sabías que había sido una broma?!"

– "Bueno, el hecho que no haya sido verdad en esa ocasión no significa que no lo sea en el futuro." – Respondió su progenitor, obviamente divertido con la reacción. – "¿No recuerdas cómo sucedió cuando conocí a tu madre?"

– "Sí, me lo has repetido infinidad de veces." – La ojizarca se talló la sien. – "No vayas a empezar ahora, por favor."

– "¿Cómo sucedió, Tachibana-san?" – Interrogué. Mi curiosidad era mayor que la incomodidad.

– "¡Ale, no!" – Reclamó la poiquiloterma.

– "Todo comenzó cuando yo era un jovenzuelo de veintitrés, recién salido del colegio y listo para enfrentarme al mundo." – Inició su relato el padre de familia, con expresión nostálgica.

– "Ay, no…" – La gecko se llevó las manos a la cara. – "Trágame, tierra."

– "Excepto que un solo hombre contra el mundo entero requería más dinero del que poseía, así que me fui por la segunda opción: recorrerlo." – Siguió él.

– "Creí que diría que intentaría hallar a su media naranja." – Oí cuchichear a la arachne.

– "Ni siquiera tú lo hiciste, y eso que eres una cazadora, flaca." – Le replicó la nativa de Montana.

– "¿Qué culpa tengo de ser tan atractiva que las chicas vienen solitas a mí?"

– "¡Silencio!" – Les sentencie en voz baja.

– "Tenía al planeta a mi disposición y ya estaba harto del frío nipón, como el que sienten ahora, así que, tomando el viejo globo terráqueo de mi difunto padre, le hice girar y coloqué mi dedo al azar." – Prosiguió relatando nuestro anfitrión. – "Cuando mi índice detuvo la revolución de la esfera, la respuesta a mi próximo destino se hallaba bajo mi huella dactilar: Recife, Brasil. Era perfecto, y justo en época de carnaval, así que hice mis maletas y me lancé hacia la aventura."

– "Curioso método, debo admitir, Tachibana-san." – Opinó la Abismal, degustando su té. – "El azar es relativamente imparcial, aunque igualmente peligroso. ¿Qué hubiera sucedido si su dedo elegía alguna zona de alto riesgo o poco recomendable?"

– "Bueno, Lala-san, era joven, intrépido, y con más pies más grandes que cabeza..." – Respondió Yukio, señalando sus zapatos. Como padre, como hija. – "Pero tampoco era tonto; me encargué de vetar lugares poco recomendables como el Medio Oriente, casi toda África, la estepa siberiana, Argentina, y los Estados Unidos. Eso último fue debido a que mi padre me hubiera imprecado por el resto de su vida por viajar a la tierra de quienes intentaron erradicarlo durante la guerra."

– "Debe sentirse raro que ahora una invasora occidental esté en la casa de su hijo." – Mencionó la americana.

– "Ah, descuida, Cetania-san, que por suerte yo y mis hermanos jamás compartimos su punto de vista respecto a los yankees." – El señor Tachibana desestimó con la mano. – "Y honestamente, gracias a la inversión de tu país en nuestras compañías fue como mi padre se hizo con su fortuna. No hubiera conocido a mi mujer sin el apoyo estadounidense."

– "¿Qué puedo decir? Por mucho que nos deteste, el mundo nos necesita más de lo que cree." – Manifestó ufanamente la castaña, extendiendo levemente sus alas. – "Pero ya le interrumpimos mucho, Tachibana-san, continúe, por favor."

– "Bien, llegué en plena celebración veraniega y, para alguien criado en la rigidez de la tradición nipona, la variopinta cultura brasileña iba mano a mano con sus policromáticos trajes carnavalescos, al igual que su exótica personalidad." – Relató él. – "Seré honesto, chicas, a mi edad lo primero en que me fijé fue en lo preciosas que eran las mujeres; de todos los tonos de piel, estaturas y figuras para cada gusto existente. Y bastante amistosas. Créanme, si alguna vez viajan ahí, se sentirán en el paraíso."

– "¿Algún lugar que recomiende, Tachibana-san?" – Interrogó Jaëgersturm, con un brillo en sus ojos.

– "El Pinguim Night Club, en Boa Vista. Buen ambiente, bastante espacio para bailar, amigable con la comunidad LGBT y estoy seguro que ahora estará adaptado a liminales." – Enumeró Yukio. – "Recuerdo que yo me encontraba en medio de la pista, anonadado por el color y el sonido tan estridentes, más estrambótico que cualquier pub japonés, y a pesar de que me movía con la gracia de un cangrejo cojo pronto me vi rodeado por dos chicas negras, restregando sus posteriores contra mi cuerpo y animándome a abandonar esa circunspecta actitud."

– "¿Estaban buenas?" – Indagó la arpía.

– "¡Peaches!" – Reprendí.

– "Las tenían de este calibre, Cetania-san; caderas que te mandaban al cielo de un sentón, en ambos sentidos." – Gesticuló con sus manos el señor Yukio, para ilustrar. – "Y lo mejor es que no llevaban nada debajo de la falda. Tuve que correr al baño luego de que empezaran a besarse entre ellas mientras se metían las manos dentro del escote."

– "¡Papai!" – Protestó Carla.

– "Le entendemos." – Asintió la germana. – "¿Llegó a tiempo?"

– "¡Potato!" – Exclamé.

– "Arruiné unos buenos calzoncillos Calvin-Klein ese día." – Contestó el señor Yukio.

– "¡Papai!" – Reprendió su hija.

Los tres se echaron a reír, las demás nos limitamos a suspirar y tallarnos la frente; los dioses los crean y ellos se juntan. Lo único benéfico de aquel intercambio de bochornosas anécdotas era que al menos podía estar tranquila de que las barrabasadas de la arachne y la rapaz no nos meterían en problemas.

– "En fin, cuando volví a la pista esas tentaciones de ébano ya no se encontraban ahí, así que me resigné a continuar solo." – Resumió el padre de familia, llevándose a la boca otra rebanada de pan. – "Los dioses me sonreían esa noche, sin embargo, y pronto sentí un suave cuerpo detrás de mí. Volteando, me encuentro con una escultural mujer envuelta en un traje de látex bastante ajustado, y una máscara del mismo negro color. Una recién llegada del carnaval, deduje, y acepté su tácita propuesta de compartir la pieza resonando en los parlantes."

– "¿No se trataba de una dominatrix?" – Preguntó la halcón, bebiendo de su taza.

– "No, era un traje de una sola pieza, como el que usan los motociclistas. Me abrazó por detrás y volvió a restregarse contra mí, yo estaba en el cielo." – Aclaró Tachibana. – "La única razón por la cual no llegamos a algo más fue porque descubrí que aquel par de veleidosas demonias negras me habían sustraído la cartera del bolsillo, con mis preservativos, mis identificaciones y el resto de mis ahorros. Estaba demasiado preocupado por hallarme varado en tierras desconocidas como para pensar en placer."

– "¿Reportó el incidente a las autoridades?" – Cuestionó la irlandesa.

– "Correcto, y sólo se burlaron de mí por caer en una de las trampas más comunes para los extranjeros." – Suspiró Yukio. – "Les seré honesto, cuando mi Calabacita se unió a las fuerzas de la ley le rogué que no se dejara corromper como los oficiales en la patria de su madre. Llámenme nacionalista, ¡pero demonios, que nuestros policías sí son útiles!"

– "Y nadie te culparía, querido, nuestra policía está podrida." – Declaró la señora Silica, bajando las escaleras. – "¿Les contaste lo de la chica vestida en látex?"

– "Justo ahora, linda." – Su marido la recibió con un beso y le cedió el asiento.

– "Obrigada, querido." – La gecko reposó. – "¿Les revelaste también que se trataba de una liminal sanguijuela que deseaba demostrarte su hermafroditismo con tu trasero?"

– "Espere, ¿de verdad?" – Cuestioné, dejando caer mi galleta al plato de la sorpresa. – "¿Cómo lo supo?"

– "Era Marcia, una de mis vecinas en la favela. Solía seducir turistas para costear sus noches de juerga." – Confesó Laura, dirigiendo su mano hacia los panes. – "Yukio, ¿te comiste los de fresita, verdad?"

– "No me di cuenta, linda." – Su conyugue fingió inocencia. – "¿Quieres que te busque más?"

– "Y chocolate caliente. De prisa." – La pelirroja mujer tronó los dedos. Su esposo obedeció de inmediato. – "Y tú, Calabacita, no seas laxa con Dyne-san; cuando se porte mal, debes recordarle quién es la que manda en la relación. Si no te haces respetar como novia, no esperes buen trato como esposa."

– "¡Ay, Mamâe, ¿tú también?!" – Carla ya no sabía dónde esconder su rubor. – "¡¿Por qué a mí?!"

Desconozco si se debía a un confundido estado de paroxismo catalizado por la constante incomodidad o si repetir la misma broma ya comenzaba a hacerla sonar real, pero mi única reacción ante las insinuaciones de mi idilio con Hakumei fue el acompañar a su madre en las carcajadas. Ir en contra de la marea era caer en la inopia de la futilidad, así que llevaría el barco con viento en popa mientras me encontrara en aguas brasileñas. Digo, si no puedes contra la adversidad, únetele.

¿O es que acaso comenzaba a agradarme la proposición?

– "Bueno, ya, ¿en qué se quedó mi marido? Ah, claro, lo de su cartera." – Tomó la palabra Sya. – "La comida estará pronta a ser servida, así que para no hacerles el cuento largo resumiré que Yukio terminó en las favelas donde yo habitaba, justo detrás de la zona hotelera. Aquellos dicotómicos contrastes entre la ostentosa clase alta y las zonas marginales son un infame ícono de la desigualdad social brasileña."

– "Le entiendo perfectamente; en Mitilene una podía observar la majestuosidad de los edificios que realzaban la imagen de la ciudad, y a su lado los barrios bajos, separados únicamente por una endeble muralla." – Injerí. – "La opulencia y la decadencia urbana convivían en semi-armoniosa paz desde que tengo memoria."

– "Una prueba de que tan inusitado statu quo es bastante común en el resto del mundo." – Asintió la gecko mayor. – "Vale, resulta que Marcia, la sanguijuela, había conducido a mi futuro esposo a tan peligroso lugar porque él ya no tenía nada qué perder: sentiría vergüenza si pidiera ayuda a su familia por algo tan absurdo, y no contaba con el apoyo de las autoridades. Si deseaba regresar a casa, debería retomar lo que le pertenecía."

– "¿Ahí fue donde la conoció a usted, Laura-san?" – Interrogó la falconiforme.

– "Correcto. Y aunque me gustaría decir que sentimos una descarga eléctrica cuando me encontré con sus ojos negros y las mariposas volaron a nuestro alrededor en un cielo estrellado, en realidad me encontré con un muchacho tan tímido y asustado de hallarse un lugar donde pululaba el crimen que sentí más lástima que amor."

– "Y aún así, moviste la colita cuando me conociste, pastelito." – Replicó su marido, con un plato de panes. – "Aquí tienes tu chocolate también, linda. ¿Me permites proseguir el relato?"

– "Adelante, que tengo hambre." – Insistió la poiquiloterma, mordiendo su pan de melón. – "Mmm, yomi."

– "De acuerdo, lo admito, estaba tan asustado como ratón por internarme a la cueva del lobo; las patrullas podían escucharse a lo lejos y el sonido del disparo ocasional era parte del ruido ambiental." – Continuó el señor Tachibana, sentándose junto a su mujer. – "Y en medio de ese pozo de iniquidad, se encontraba una amable familia de mujeres mitad reptil que convidaron un trozo de pan y chocolate a un completo extraño a mitad de la noche. Incluso en el octavo círculo de infierno, los ángeles bondadosos no cesaban su existencia."

Quise hacer un comentario respecto a ello, recordando el rayo de luz que fue Olympia para mí, pero preferí guardar silencio. Al menos era otro punto en común que compartíamos.

– "Ahora, sucede que después de desembucharles mi tragicómica historia, Laura y su compañera sanguijuela revelaron que, coincidentemente, conocían a las tipejas que me timaron." – Elucidó Yukio. – "Eran un par de mujerzuelas que llevaban años robándole a medio mundo, y no sólo a turistas descuidados como yo, sino a la mayoría de los habitantes de la favela. Luego de meditarlo, y porque, nuevamente, la impetuosidad de la juventud, decidí que me vengaría y reclamaría lo que me pertenecía."

– "Al final sucedió: enfrentarse contra el mundo." – Señaló la zanquilarga. – "¿Qué opinó Laura-san?"

– "Lo acompañé, de hecho." – Replicó la aludida. – "Llámenlo el destino, pero de alguna manera sentí que este flacucho japonés con zapatos grandes lograría lo que se proponía. Ese fue el momento en que empecé a sentir algo por él; me gustan los hombres decididos."

– "Y los pies no son lo único grande en mí, querida." – Rió su esposo.

– "Cierto, esta cabezota llena de aire es enorme." – La reptil le propinó un golpecito en la sesera. – "En fin, Yukio, yo y Marcia, que ya había sido robada tres veces por esas malnacidas, tomamos las varas de metal más sólidas que pudiéramos hallar, excepto la sanguijuela que poseía un bate metálico, y nos dirigimos como los dementes que éramos hacia la casa de las brujas. Todos sabíamos dónde vivían, pero nadie se atrevía a tocarlas por los rumores de que eran las amantes del sujeto que controlaba el ala este de la favela."

– "Y aún así se lanzaron a lo que pudo ser su última noche." – Comentó la segadora. – "Como mensajera de la muerte, ciertamente toma mucha fuerza de voluntad el desafiarla."

– "Yo me acuesto con ella todas las noches, Spatzi." – Injirió la sparassediana.

– "Comienzo a dudar de tal decisión, descendiente de Arachne." – La dullahan le dio un porrazo en la testa. Sentí un déjà vu con esa escena. – "Perdonen la interrupción, ¿cómo fue el desenlace de tan atrevido duelo?"

– "Explosivo; en serio, fue digno de una película." – Explicó el señor Tachibana. – "Me sentí como Clint Eastwood a punto de fulminar a los malhechores cuando pateé la puerta de la vivienda y me encontré con esas perras contando lo que habían robado esa noche. Laura y Marcia hicieron su entrada dinámica por las ventanas, arrojando una piedra antes de cruzarlas."

– "No les dimos ni momento para decir 'pío', nos lanzamos directamente hacia ellas y las cundimos a varazos y batazos hasta vengarnos por todas las que nos habían hecho." – Se unió Sya. – "Y antes de que digan algo, las malditas tenían una pistola debajo de la mesa donde se encontraban y de no ser por nuestro raudo actuar ya estaríamos seis metros bajo tierra. No eran unas angelitas."

– "Descuiden, que como miembros de MON, comprendemos perfectamente su decisión." – Aseguró Aria. – "Nuestro trabajo es atacar al enemigo antes que cause un daño mayor, ustedes hicieron lo mismo."

Sin contar que Potato y Peaches fueron quienes truncaron los infaustos planes de los terroristas durante los atentados del centro comercial. En ocasiones, se necesita quebrar la ley para preservarla. Contradictorio apotegma, pero así es la vida.

– "Me alegro, porque al final las dejamos inconscientes." – Indicó la gecko mayor. – "Tomamos lo que nos pertenecía, incluyendo una bonita pulsera que me habían quitado hace meses, y nos fuimos de ahí. El resto de los vecinos, que atestiguaron el alboroto, aprovecharon para entrar a la vivienda y devolverles el favor a esas zorras hasta vaciarla por completo. Ya saben, ladrón que roba a ladrón…"

– "Nos preocupaba que su supuesto amante se vengara por nuestra osadía, pero resultó que las pirujas se habían enemistado con todo el mundo gracias a su avaricia." – Continuó Tachibana. – "Era cuestión de tiempo para que alguien les abriera la cabeza como un coco. Vapuleadas y sin apoyo, desaparecieron de ahí y jamás volvimos a saber de ellas."

– "Esa es nuestra historia, de cómo dos personas viviendo al otro lado del mundo se unieron por una causa común." – Terció Laura, abrazando a su pareja. – "Y de cómo decidieron que debían unir sus vidas por toda la eternidad."

– "Aprendan la lección, chicas." – Yukio besó a su conyugue. – "Nada atrae los corazones de dos personas como agarrarse a trompazos con alguien más."

– "Ya ni Esopo se avientas esas fábulas." – Opinó la arpía. – "Pero son más realistas."

Todas reímos; sí, era una historia sumamente inusual, aunque, nuevamente, ¿qué no lo era en nuestras vidas? Desde combatir dragones hasta encontrarnos con familia perdida, no había momento ordinario en nuestras existencias. Lo extravagante e improbable se había vuelto tan común que era irónicamente lo cotidiano lo que resaltaba para nosotras por su rareza.

– "Ahora me pregunto, nunca mencionó el hecho de descubrir que los liminales eran reales." – Comenté. – "¿Qué dijo al darse cuenta de todo ello, Tachibana-san?"

– "Para ese entonces las cosas habían sucedido tan rápido que encontrarme con una mujer reptil y su amiga sanguijuela ya ni me inmutó." – Confesó el mencionado. – "Calabacita, ¿ya les contaste sobre tu abuelo? ¿Cuándo rescató a los aldeanos en Saipán?"

– "Sí, antes de venir." – Contestó Mei, ya habiéndose recuperado del bochorno. – "También lo del Shuri, de cómo trabajó en la fábrica de autos y cuando me llevaba a pasear en el Civic."

– "Bueno, pues y aunque ustedes no lo crean, mi padre solía contarnos a mí y mis hermanos que cuando salvaba a todas esas personas en Saipán, juraba y perjuraba que una de las niñas sobrevivientes tenía escamas y cola de reptil." – Indicó Yukio. – "Siempre creí que debió ser el estrés de la batalla o simplemente la edad lo que le hacía recordar el evento de esa manera. Encontrarme con Laura fue todo lo que necesité para arrepentirme de haber dudado de su palabra. Mi padre habrá sido de todo, pero nunca un mentiroso."

– "Y bien que se encargó de recordártelo cuando me presentaste con él." – Su mujer le pinchó una mejilla. – "Por eso quería tanto a Calabacita, le recordaba a esa pequeña."

– "Lo sé, le pedí perdón infinidad de veces. En fin, ¿quieren escuchar una última anécdota, chicas? Prometo que será corta, ya es hora de comer."

– "Adelante, Tachibana-san, es su casa." – Respondí.

– "Gracias, Dyne. De hecho, es referente a lo que mencionaste al conocernos." – Informó Yukio. – "Cuando al tercer día volví a visitar la casa de Laura, deseaba sorprenderla a ella saludándola en portugués. Para ese entonces le había informado a Ryuu de lo sucedido y prometió ayudarme en todo para conquistar a la gecko. Él me envió una lista de frases útiles a mi celular, así que, con todo memorizado, me dirigí a la morada de mi enamorada."

– "Lástima que no estuve ahí para verlo, estaba de compras." – Mencionó Sya, riendo tenuemente.

– "Pues bien, toco la puerta y le echo un último vistazo a mi teléfono. Me preparo para saludar a mi pelirroja, pero en su lugar soy recibido por su señora madre, Carla Zhang Silica." – Contó el señor Tachibana. – "Ahí estaba yo, frente a frente con su progenitora y mudo como pescado. Entonces se me prendió el foco y usé la frase que Ryuu aseguró era para mostrar cortesía a la mayor de la casa: Sua filha tem uma boa bunda. Toque meu pau."

– "Su hija tiene un buen trasero, tóqueme el miembro." – Tradujo Lala, conteniendo la risa.

– "En efecto. Lo que sigue es un japonés corriendo por su vida mientras una iracunda gecko intenta atraparlo con un rodillo para cocina en su mano." – Yukio se llevó la mano a la cara, riendo mientras disentía con la cabeza. – "Les recuerdo que en esa época no había smartphones ni tablets, así que debía confiar en las traducciones de mi hermano. Tuve que pedirle perdón de rodillas a la señora Carla para que me exonerara y me permitiera seguir viendo a su retoño."

– "¿Lo ves, Pepper? Lo tuyo fue bastante suave en comparación." – Me habló la halcón. – "¿No vas a agradecerme por ayudarte a tener más en común con tus suegros?"

– "Tachibana-san, ¿qué hizo con su hermano una vez volvió a reunirse con él?" – Pregunté.

– "Le hice calzón chino extremo y le pateé el trasero en venganza." – Replicó él. – "Y eso sólo porque logré conquistar a mi Laurita."

– "Patearla bastará." – Le aventé una mirada asesina a la castaña.

– "Por cierto, ahora que hablamos del idioma, ¿cómo le hicieron para comunicarse?" – Interrogó la arachne.

– "Mi madre era maestra en una escuelita casera y dominaba bien el inglés. Ella me enseñó." – Informó la señora Silica. – "De hecho, me comunicaba con Yukio en anglosajón al venirme a Japón antes de aprender nipón."

– "Y aún así, este renacuajo lo habla peor que un niño de preescolar."

Todos volteamos hacia el origen de esa voz, encontrándonos con una copia fidedigna del señor Tachibana: pelo negro, complexión delgada, un rostro afable y los mismos pies grandes. No era otro que Ryuu, el hermano de Yukio. La única diferencia es que Ryuu portaba anteojos y una camisa formal mientras su gemelo se había ataviado con una camiseta. Las chicas y yo nos incorporamos para ofrecerle una reverencia y presentarnos.

– "Gusto en conocerlas, chicas. Ryuu Tachibana, para servirles." – Sonrió él, reciprocando el gesto. – "Perdonen que me aparezca hasta ahora, llevo días afinando la motocicleta de un cliente importante y sólo necesitaba un ajuste para finalizar."

– "No hay necesidad de disculparse, Tachibana-san, comprendemos que es un hombre ocupado." – Manifestó la zanquilarga. – "Le agradecemos el recibirnos y hacer espacio en su agenda para auxiliarnos con la motocicleta y licencia de mi esposa."

– "Vamos, que no es nada, es mi tema favorito de todas maneras." – Ryuu desestimó con la mano. – "Además, siempre estoy dispuesto a darle la bienvenida a otro conductor responsable. Calles más seguras significan menos accidentes y más clientes dispuestos a hacerse con un flamante corcel de dos ruedas."

– "Sólo quieres ganarte el favor de las agentes de MON, cuatrojos." – Injirió su hermano.

– "Chicas, ¿ya les han contado que este renacuajo de agua sucia una vez se quiso escapar de la escuela primaria y terminó colgado de los calzones en la rama de un árbol?"

– "Oye, tampoco inventes mentiras, Ryuu." – Le reclamó su consanguíneo. – "No estaba escapando, sólo estaba escalando. Y me caí del árbol, no quedé colgado."

– "¿Y por qué regresaste con los calzones todos agujereados? ¿Quién te los rompió?" – Retrucó Ryuu. – "¿Será que después de todo sí terminaste aceptando la invitación de esa sanguijuela?"

– "¿Nunca te has preguntado cómo luciría mi puño en tu cara, hermanito?"

– "Mejor que la tuya, sin duda, renacuajo." – Ryuu se acicaló con la mano. – "Yo siempre estaba rodeado de nenas en el colegio, tú solamente atrajiste al rarito del salón."

– "Sí, el pobre siempre me confundía contigo, cuatrojos." – Contestó Yukio. – "Y te hallabas rodeado de mujeres porque fuiste Julieta en la obra escolar. Uy, sí, 'Romeo, Romeo, ¿dónde estás que no te veo? Muack, muack'."

– "Tomé el papel de Julieta porque, uno: la directora decidió invertir géneros por mero capricho." – Explayó Ryuu, señalándolo con el dedo. – "Y dos: Neopolitan sería Romeo y significaría que le daría un beso en la escena final. ¿Crees que iba a desperdiciar esa oportunidad con la más buena de la clase?"

– "Sí, y luego volvieron a invertir papeles y Tsubasa se quedó como Romeo, ¿por qué insististe en seguir siendo Julieta?"

– "¡Pasé semanas aprendiéndome mi personaje! ¡No tenía tiempo para memorizar otro!"

– "¡Acepta que te gusta que te re-empujen el takoyaki!"

– "¡Te parieron por el culo!"

– "¡Te recogieron de un basurero!"

– "¡Temporada de patos!"

– "¡De conejos!"

– "¡¿Podrían dejar de comportarse como niños?! ¡Tenemos visitas, por todos los cielos!"

Juro que esta familia está obsesionada con presentarse sorpresivamente.

Al voltear nos encontramos con una imponente mujer de brazos cruzados, cuyos ciento noventa centímetros de altura empequeñecían a nuestros anfitriones y a nosotras mismas, con excepción de la zanquilarga. Poseía un par de áureos ojos que combinaban con su fulgurante cabello rubio y sus facciones caucásicas, e iba ataviada en un sencillo conjunto de blusa verde y vestido blanco que acentuaban su aire maduro. Era fácil deducir que se trataba de la tía de Carla, y por la recia expresión que caía sobre el par de hermanos, podía conjeturar que era menos paciente que su cuñada. Pero su férrea personalidad o sentido de la moda no eran lo llamativo en ella. No, lo verdaderamente sobresaliente era su naturaleza.

También era una reptil.

Escamas azules decoradas por un patrón de puntos negros que otorgaban un reticulado patrón dicotómico; una larga cola que poseía una ligera coloración amarilla esparcida y que lucía más prensil que la de Mei o Laura; además de largos dedos coronados por garras delgadas, posiblemente útiles para escalar. Continuando con la inflexible mirada sobre su marido y cuñado, una lengua bífida salió de su boca, probando el aire e internándose nuevamente. Desconocía la especie en cuestión, pero sabía que no se trataba de una gecko. En todo caso, los hermanos cesaron su reyerta y nos tributaron una reverencia como disculpa.

– "En serio, tantos años y siguen siendo un par de revoltosos." – La mujer se talló la sien. – "Necesitan tablazos, no abrazos."

– "Ya, chaparrita, sólo estábamos jugando." – El señor Ryuu le acarició la espalda. – "¿Ya está lista la comida, guapa?"

– "Sí, y ahora, si desean comer más que las sobras, les sugiero que acomoden la mesa para nuestras invitadas." – Ordenó la rubia, apuntando impávidamente hacia la cocina. – "No lo olviden: si veo un cubierto mal alineado haré que le den un baño de esponja a mamá, ¿entendieron?"

Ni siquiera hubo respuesta por parte de los infractores, tan pronto terminó de sentenciar la reptil ambos se encaminaron hacia la cocina; las mujeres siendo quienes llevan los pantalones de la relación parece ser algo común en los matrimonios extraespecie. Eso o sencillamente los hombres sumisos son más abundantes de lo que pensaba. La poiquiloterma borró el enfado de su rostro y nos exhibió una expresión más serena. Curiosamente, sus ojos ahora lucían a medio cerrar, como si estuviera cansada; quiero suponer que era algo inherente en algunas especies reptil, dando lugar a la creencia que son flojas.

– "Mil perdones por la inmadurez de esos dos; veinte años como padres y aún no crecen." – La escamosa hizo una reverencia. – "Prazer em conhecê-las."

– "El gusto es nuestro." – Replicamos al mismo tiempo que inclinábamos la cabeza.

– "De acuerdo, eu chamo-me Eva Pannotia Lamarca Tachibana. Soy una Varanus macraei, es decir, una varano de McRae." – Comenzó a elucidar ella. – "Soy madre de dos hijas, la señora de Ryuu Tachibana y la tía de su amiga Carla. Nací en Braga, Portugal, y sí, el rubio es mi color natural. ¿Alguna otra pregunta?"

– "Uhm, gracias, Pannotia-san." – Dijo la arachne.

– "Sólo mi madre me dice Pannotia, por favor, chicas, llámenme Eva."

– "Claro, Eva-san." – Corrigió la alemana. – "Me parece que ya resolvió nuestras dudas por ahora."

– "Sé que fui un poco directa, pero como maestra de escuela estoy acostumbrada a presentarme así a mis alumnos en cada nuevo ciclo escolar." – Esclareció la portuguesa. – "Ahorra tiempo y cuando los párvulos apenas procesan lo dicho yo ya estoy colocando la primera actividad en la pizarra."

– "Directa al grano y concisa." – Remarqué. – "¿En qué nivel escolar se desempeña?"

– "Primaria, aunque no hay mucha diferencia en casa." – Bromeó, refiriéndose tanto a sus hijos como su marido. – "Puede que sea algo estricta con los chiquitines, pero como dicen por ahí: Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres."

– "Pitágoras de Samos." – Habló la dullahan. – "Excelente aforismo."

– "Bien deducido, compañera. ¿Eres profesora también?"

– "No, pero igual debo lidiar con un par de malcriadas."

– "Eso no es lo que dices cuando te damos tus nalgaditas en la noche, enana." – Provocó la rapaz.

– "No es fácil casarse con una infante mental, ¿cierto?" – Suspiró la segadora, ignorando a la emplumada.

– "Tú lo has dicho, camarada." – Eva le imitó. – "¿Sabes qué es lo peor? Cuando finalmente comienzas a mejorarles el comportamiento, les llega la vejez y todo el progreso se va al caño."

– "¿Algún consejo para esta primeriza?"

– "Lo mismo que hizo mi señor padre: viaja al Más Allá temprano y déjale la carga a tus hijos."

Ambas rieron ante tan ligeramente oscuro humor. Luego de eso nos presentamos correctamente e intercambiamos una corta charla con la señora Lamarca. Al contrario de la tradición de su cuñada, la familia de la varano acostumbraba a adoptar el apellido de su pareja, aunque el apellido materno siempre se conservaba. No pasó mucho hasta que la señora Laura regresó y nos indicó que la comida estaba ya a punto de servirse y que podíamos pasar al comedor, a lado de la cocina, así que nos dirigimos allí. Tanto la mesa como el espacio eran más mayores a los existentes en la residencia Kurusu, debo notar.

Sobre el mantel que, siguiendo la tradición, ostentaba curioso diseño de lagartijas, la cocina japonesa había formado coalición con la brasileña y portuguesa para ofrecernos opciones tan variadas de platillos y bocadillos de exquisita apariencia que bien podría ser el bufet reservado para una conferencia internacional de líderes mundiales. Ciertamente Carla no exageró cuando afirmó que su familia gustaba de preparar cantidades exorbitantes; incluso cuando nuestro grupo puede llegar a ser un pozo sin fondo, nos sentimos intimidadas por tremenda cornucopia de la abundancia.

– "Mamâe, Mamá, les dije que sólo era un pequeño desayuno para las chicas." – Comentó Hakumei. – "Aquí parece que agregaron almuerzo, cena y bocado de medianoche en uno solo."

– "Sólo queremos demostrar nuestra hospitalidad a nuestras distinguidas invitadas con una fina selección de nuestra gastronomía casera." – Le respondió su progenitora, sacando las bebidas del refrigerador. – "¿Qué te sucede hoy, Calabacita? Has estado inusualmente callada, y cuando hablas sólo pareces quejarte."

– "Su novia nos visita por primera vez, ¿qué esperabas, Má?"

Sí, definitivamente esta familia está obsesionada con apariciones sorpresa.

Con voz campante y plantada detrás de nosotras se hallaba una chica de unos titánicos dos metros de altura y distintivos ojos dorados. El azul combinado con negro en sus escamas, la larga cola y los ojos a medio cerrar la exhibían como la hija de la señora Eva. Curiosamente, al contrario del encuentro con su madre, ahora se trataba de lo aparentemente común lo que la hacía resaltar: colocando sus manos en la cintura y con las piernas firmemente abiertas, su jactanciosa pose acentuaba su peculiar estatura. Con su rubio cabello hasta los hombros, un peinado que recordaba a alguna estrella de los años setenta, una camiseta negra con un albugíneo 'Andy Warhol's BAD' estampado y unos brunos pantalones coronados por unos lentes oscuros estilo aviador y un collar con un corazón de vidrio, la joven varano exudaba personalidad.

– "Well, lookie here, ¿aren't ya'll quite the atomic bunch?" – La rubia se retiró las gafas de sol y las colocó en el cuello de su camiseta. Ahí, me ofreció la mano. – "Tú debes ser Alexandra, ¿cierto? Soy Debbie, pero puedes llamarme Deb."

– "Oh, piacere di conoscerti, Deb." – Devolví el saludo. – "Dyne Alexandra Nikos. ¿Cómo me reconociste?"

– "Día, tarde y noche. Ale esto, Ale aquello, Ale lo otro…" – La varano señaló a Carla sin romper contacto visual conmigo, para luego apuntarme a mí. – "One way or another she's gonna getcha, Sugar."

– "¿Eh?"

– "Si llegaste hasta aquí significa que Pá Yukio no disparó el rifle, lo cual se traduce en que pasaste la prueba. Felicidades." – Continuó Debbie, haciendo ademán de tomar un auricular de teléfono. – "La pregunta es: ¿Are ya gonna call her… or gonna let her hanging on the telephone?"

– "¿Eh?"

– "Please, Sugar, don't be so dull…" – La reptil se colocó de nuevo los lentes. – "Or life will ripe ya to shreds."

– "…"

– "…"

– "¿Eh?"

– "¡Ay, no le hagas caso a esta payasa, Ale! ¡Está más loca que una satiresa!" – Intervino Mei, colocándose a mi lado. – "Pangy está insufrible desde que se propuso a copiar a esa tal Diva Hairy o como se llame. Lo peor es que lleva meses así, ¡y aún no la soporto!"

– "En primera, es Debbie Harry, ya Pipsqueak." – La varano bajó los lentes para echarle una mirada seria a la gecko. – "Y en segunda, si valoras tu peripatética existencia, no me digas Pangy, taponcete."

– "Oh, perdón, miss Harry, la confundí con alguien más." – Respondió mordazmente la pelirroja. – "Creí que era Mitsuko Pangea Lamarca Tachibana, alias Pangy, mi fastidiosa prima que tiene de americana lo que yo de alta."

– "Última oportunidad, Pipsqueak." – La rubia se retiró las gafas. – "Pide perdón y prometo ser magnánima con tu decadente rostro."

– "Pan-gy."

– "Run and hide, sunday girl…" – La varano tronó sus dedos. – "Or I'm gonna getcha…"

– "¡Pangy, Pangy, Pangy, Pangy, Pan-!"

– "Bolita."

– "Pang-¡¿Cómo me llamaste?!" – Exclamó Carla, tornándose tan roja como su cabello. – "¡Repítelo, lagartija aguada!"

– "¿Qué sucede? ¿Demasiada pizza en tus oídos para oír correctamente, Bo-li-ta?" – Deletreó burlonamente Mitsuko, inclinándose al rostro de su prima y pavoneando sus caderas a cada sílaba. – "Deberías comerte ese orgullo, ¿sabes? Ups, ya lo hiciste. No tienes llenadero, cerdita."

– "Mitsuko, juro que…"

– "¡Oink, oink, oink!" – Pangea jaló su nariz hacia arriba para imitar la de un cerdo. – "¿Tener hamburguesa de cangrejo? ¡A Bolita gustar mucho! ¡Oink, oink, oink!"

– "¡Waaaargh!"

Con ese grito de guerra, Silica imitó a cierto personaje animado famoso por derrotar a los adversarios de un solo golpe y se arrojó hacia su prima, con su puño apuntando a la boca de Mitsuko. Empero, la estatura de la rubia le ofrecía avezada ventaja y, con mínimo esfuerzo, Lamarca capturó el brazo de la pelirroja para atraerla hacia ella y atraparla con su brazo en una efectiva llave. La gecko permaneció con la cabeza presa, incapaz de hablar al ser su semblante presionado contra el cuerpo de su prima. Intentó usar su cola para dilacerar a la varano, pero ésta usó la propia para bloquearla con suma facilidad. Tales reyertas debían ser bastante comunes para ambas.

– "Sorry about that, chéries, she thinks she's Brenda Starr." – Se disculpó Pangea, colocándose los lentes y sin soltar a Mei. – "Sí, mi nombre es Mitsuko Pangea, pero insisto en llamarme Deb. Ya saben, nombre artístico y eso. Vaya manera de conocernos, ¿cierto?"

– "Este día ha sido todo menos cotidiano, estamos acostumbradas." – Aclaró Lala. – "Uhm, ¿segura que Mei puede respirar?"

– "Don't worry, chéri, she's a Pipsqueak but also quite sturdy." – Aseguró Pang… Deb. Ahí restregó sus nudillos en la sesera de su prima. – "Estás bien ahí, ¿cierto, enana?"

– "¡Mff, mff!" – Replicó la aludida, luchando por escapar del agarre. – "¡Mfftan mfilas!"

– "I know that's the hardest part for ya, but ya gotta be more polite, Pipsqueak." – Contestó la varano. – "Ya don't wanna get grounded, ¿don'tcha?"

La rubia puso en libertad a su rehén y Hakumei rescató a sus pulmones con una rauda bocanada de oxígeno. No sé qué era lo que más me preocupaba: la facilidad de Lamarca para dominar a Silica, o que ni su progenitora ni tía levantaran palabra alguna, concentradas en la cocina. Sí, esta clase de enfrentamientos debían ser demasiado comunes.

– "¿Decías, Pipsqueak?" – Preguntó Mitsuko.

– "¡Gah, que te apestan las axilas, puerca!" – Exclamó la pelirroja, tosiendo. – "¡Caralho, Pangy, hasta las superestrellas usan desodorante, ¿sabes?!"

Sin responder, exhibiendo una evidente contracción nerviosa en su ceja, la varano, con un audaz movimiento, propinó un contundente coletazo a las corvas (la parte trasera de la rodilla) de su prima, obligándola a caer al suelo. La rubia fue lo suficientemente considerada para tomar a Silica del cuello y evitar que se estampara la cara en el piso. De esa manera, Deb la depositó boca abajo en el suelo y, aún sin pronunciar palabra alguna, usó la espalda de la pelirroja como asiento, asegurándose de que el cuello de ésta le impidiera alzar la cabeza pero no bloquearle la respiración.

La expresión jactanciosa regresó a Lamarca y, ajustándose las gafas oscuras y cruzándose de piernas mientras asentaba su barbilla en el dorso de su mano, nos miró satisfecha consigo misma. Lo confieso, Mitsuko era demasiado engreída para su propio bien y su obsesión por usar expresiones americanizadas la hacían difícil de entender la mayoría del tiempo, pero la confianza y seguridad en la petulante actitud que rezumaba convertía esa presunción en efectiva solemnidad. Además, poseía buenos movimientos para una chica de complexión delgada, sin músculos o alguna otra ventaja física más allá de su estatura.

– "No se queden mudas como pollitos con frío, chéries, no les queda." – Nos dijo la varano, jugando con el corazón de vidrio de su collar. – "Speak up. Preséntense."

– "Aria, un placer, Deb." – Contestó mi hermana. – "Pero creo que Mei no está muy cómoda."

– "Tranquilas, lo venimos practicando desde niñas, ¿cierto, Pipsqueak?" – Le habló la rubia a la pelirroja.

– "Te odio…" – Espetó la aludida, sin poder levantar la cabeza.

– "I told ya." – Rió Mitsuko. – "Vale, es igualmente un gusto, Aria. ¿Azulita?"

– "Lala." – Habló la segadora, con una reverencia. – "Permíteme elogiar tu atavío tan avant-garde. Te queda bien."

– "Thanks, chérie, you're quite atomic too." – Le agradeció Lamarca, haciendo una pistolita con su mano. Entonces apuntó a la rapaz. – "Pajarita, ¿cómo te llamas y de qué parte de la tierra de la libertad provienes?"

– "Cetania, Parque de los Glaciares, Montana." – La halcón se mostró ligeramente sorprendida. – "¿Tan obvio es mi linaje?"

– "Eres la única que he visto sonreír ante mis frases, sólo una oriunda del país del gran consumo descifraría la jerga gringa." – Explicó Deb, usando su cola para ajustar sus gafas oscuras. – "Te lo agradezco, chérie, significa que he estado empleando correctamente el lenguaje."

– "Incluyendo tu acento, suena muy natural." – Opinó la segadora. – "¿Deduzco que tu progenitora te instruyó en las intrincadas peculiaridades del idioma?"

– "Cincuenta-cincuenta, chérie; Mom me instruyó en el anglosajón, pero el acento y argot yankees pertenecen a mi autoría."

– "Y el look, sí que luces como la Debbie genuina." – Agregó la arpía. La halagada varano infló su pecho. – "¿Aunque de verdad era tan diva?"

– "Estoy consciente que la Harry real es más glamorosa y salvaje que mi ligeramente envanecido enfoque."

– "¡Querrás decir imposiblemente arrogante, güera oxigenada!" – Imprecó la gecko. – "¡Ay!"

– "Pero considero que jamás podría hacerle justicia a tan fastuosa diosa, por mucho que lo intente." – Prosiguió Lamarca, colocando su pie sobre la cabeza de su prima. – "Además, Debbie ha tenido tantas facetas en su vida que no sería implausible que en algún momento exhibiera una similar a la mía. Es la virtud humana y liminal el explorar diferentes aspectos en su vida, ¿no les parece?"

– "Has hallado una identidad que te sienta a gusto y la has adoptado." – Manifesté.

Adoptar una nueva identidad era algo que yo conocía muy bien. Al menos podía simpatizar con el abstracto pensar de la rubia, por mucho que su actitud continuara siendo recalcitrante.

– "En efecto, sugar. Y al contrario de ciertas niñas falsas con tendencias góticas de quinta que desean aparentar lo que no son tiñéndose el cabello de negro…" – Mitsuko miró a la pelirroja. – "Lo mío no es una fase. Tengo veintiuno, no estoy para ilusas etapas de adolescente. Soy una perra, lo admito, pero soy una perra con clase."

– "Por cierto, ¿puedo saber quién es Debbie Harry?" – Preguntó la alemana. – "El nombre me suena, pero no lo reconozco."

– "La vocalista del grupo que comparte el apodo que te puse, flaquita: Blondie." – Replicó Cetania. – "Te seré honesta, me recordabas un poco a ella, por eso te motejé así. Eso y porque eres mi rubita bonita."

– "Tu esposa es una mujer culta, Aria, trátala bien." – Indicó Lamarca. – "¿Te gusta el estilo de la gran Deb, Montana?"

– "Soy más de heavy metal, pero me gusta las que canta con su estilo punk." – Contestó la castaña. – "Mi casera, Yuuko, tiene una gran colección de la era disco y agarré gusto por 'Heart of Glass'. Espera, ¿cómo supiste que estábamos casadas?"

– "Una arachne presente, marcas de mordida en sus cuellos, y soy una varano." – Afirmó Deb, mostrando su lengua bífida. – "Órgano de Jacobson, saboreo el aroma de su amiga araña impregnado en ustedes dos, chéries."

– "Asombroso." – Asintió la Cazadora.

– "Lo es, ¿cierto? No me gusta presumir pero…"

– "¡Ja, ja, ja!" – Rió sarcásticamente Hakumei.

– "No me gusta presumir mucho, pero es una de mis virtudes: siempre detecto detalles que pasan desapercibidos."

– "¿Sabes qué cosa pasó desapercibida también? Que tu abuela sigue ausente, señorita." – Le reprendió la señora Eva a su hija. – "Ve a buscarla, que no podemos empezar sin ella presente. Y deja a Mei-chan en paz, que ya están grandes para eso. Apúrate, Pangea."

– "Mom, ya sabes que soy Deb." – La rubia se ajustó las gafas. – "Y esa vieja me dejó el bastón marcado en la espalda por querer sacarla de la tina. Lidia tú con ella."

– "Esa vieja es tu abuela, y si no vas por ella en este instante yo te abriré la cabeza con esto." – La señora Lamarca agitó su rodillo para amasar. – "No lo repetiré de nuevo, Pangy."

– "¡Caralho, mamá, que soy De-¡AY, AY, AY!"

– "¡A mí me respetas mientras vivas bajo mi techo, mocosa!" – Vociferó Eva, propinándole fuertes nalgadas con su geta, su sandalia de madera. – "¡Trae a tu abuela o te pego de verdad! ¡De prisa!"

No sé qué fue más doloroso para Deb, recibir un kármico castigo enfrente de todas, o el hecho que los pies de su estirpe fueran bastante grandes, requiriendo calzado del mismo tamaño. Juro que hasta a nosotras nos dolió el trasero al ver cómo la dura madera de la gigantesca sandalia materna cincelaba su ignominiosa huella en los glúteos de la infortunada varano. La excepción fue Carla, quien como el macabro payaso de la historia de Stephen King, se levantó del suelo con una igualmente siniestra carcajada, regodeándose cínicamente en el schadenfreude del sufrimiento ajeno de su prima.

– "¡Y tú déjate de reírte como hiena, que aquí no está Simba!" – La señora Laura jaló la oreja de su hija. – "¡Avísale a papá y a Ryuu que está lista la comida! ¡Y ve a cambiarte la blusa, que ya estás vieja para revolcarte por el suelo como cochinito!"

El karma es un arma de dos filos.

La señora Silica nos invitó a sentarnos mientras llegaban los demás. Agradeciendo, todas tomamos lugar del mismo lado de la mesa. En ese momento, noté que la cantidad de sillas daban un total de doce. Contando a la abuela, ese era una silla de más. Podría atribuir la lógica de la simetría de los números pares y concluir que el asiento extra sólo era para completar el juego, pero entonces remembré que la señora Tachibana mencionó ser madre de dos hijas. Tomando en cuenta la empírica evidencia de la implícita ley de presentaciones sorpresa que imperaba en la residencia ese día, deduje que seguramente la integrante restante aparecería en cualquier momento.

– "Mamá, ¿quiénes son?"

Con esa capacidad de predicción debería sacarme la lotería.

Volteando a nuestra izquierda, en una sincronía que se hacía habitual, nos encontramos con dos enormes ojos tan dorados como Helios contemplándonos. Escamas azules salpicadas por negro, una colita con ligero amarillo y ataviada en un vestido verde con una coqueta piña estampada, la curiosa invitada se trataba de una pequeñita de alrededor de seis o cinco años. El parecido con Eva era innegable, excepto por un pequeño detalle: el cabello de la chiquilla, exhibiendo un corte comúnmente llamado de honguito, era actualmente de color castaño. Pero, discrepancia cromática capilar aparte, la niña lucía tan adorable como una muñeca, especialmente con la ballenita de peluche que cargaba.

– "¿Acaso esa es la ballena que te regalé esa vez en la feria, Mei?" – Susurró la zanquilarga.

– "En efecto, es Cachito." – Confirmó la aludida. – "Te lo agradezco, le encantó."

– "Ah, Panthy, ven, saluda a nuestras invitadas." – Llamó su progenitora a la niña, haciendo ademán de acercarse. – "Son las amigas de Mei-chan que venían a visitarnos hoy, ¿recuerdas? Anda, preséntate."

– "¡Hola!" – Nos dijo la chiquilla, alzando la mano, para luego voltearse de nuevo con su madre. – "¿Vinieron a comer, mamá?"

– "Sí, pero se van a ir si no te presentas adecuadamente." – Le advirtió su madre, dándole la vuelta. – "Anda, practica para cuando entres a la escuela, ¿vale?"

La pequeña sacudió el vestido y asentó repetidamente sus pies en el suelo, como si buscara apoyarse firmemente para dar una demostración importante. Ese ímpetu e inocencia infantiles hacían la ya innata tierna escena en algo sumamente ameno. La expresión casi desinteresada que sus ojos a medio cerrar aparentaban no demeritaban los puntos de lindura para la varanito.

– "Mi nombre es Izombi Pantalones Lamaraca Tachibanana." – Recitó la niña con una reverencia. – "Tengo…"

– "Izumi Panthalassa Lamarca Tachibana." – Corrigió el señor Ryuu, entrando al comedor. – "No imites las malas bromas de Pangy, bebé, tú eres una niña lista."

– "¡Que soy Deeeeeb!" – Oímos a Mitsuko gritar desde el piso superior.

– "Papá, mira, son las amigas de Mei-chan." – Informó la infante a su progenitor, jalando de su mano.

– "Lo sé, nenita, ya las conozco." – El señor Tachibana le revolvió el cabello. – "Pero ellas aún no te conocen bien. Sé niña buena e introdúcete como se debe, ¿sí?"

– "Bueno." – Volvió a comenzar la chiquilla, inclinando la cabeza. – "Soy Izumi Panthalassa, mucho gusto en conocerlas. Espero que seamos amigas."

Reciprocamos el gesto a la niña y nos introdujimos también. Con eso, la joven castaña pudo regresar a su usual huroneo infantil y corrió hacia Jaëgersturm, subiéndose a su banco para quedar a mejor altura.

– "¿Qué te pasó en la cara?" – Cuestionó la reptil.

– "Panthy, no incomodes a Aria-san." – Le advirtió su madre. – "Bájate de ahí."

– "Está bien, Eva-san, no me molesta. Proteger y servir, ¿recuerda?" – Replicó la zanquilarga, acomodando a la pequeña en sus pedipalpos. – "Esto, chiquitina, me lo hicieron una fenrir y una dragona."

– "¿Qué es una fenrir, Aria-nee?" – Volvió a preguntar Izumi.

– "Una mujer lobo, pero mucho más salvaje. Me rasguñó con su garra hasta aquí." – La arachne le indicó la parte inferior de su herida. – "Luego, la dragona lo completó hiriéndome hasta acá."

– "¿Te dolió mucho?"

– "Sí, bastante. Me salía sangre y ardía."

– "¿Aún te duele?" – Interrogó Panthalassa, estirando para tocarle la cicatriz.

– "No, de hecho ya no siento nada ahí." – La Cazadora la alzó para facilitarle la tarea. – "¿Lo ves? Se siente rugosa, ¿verdad?"

– "¿Y aquí te lo hizo una dragona?"

– "Sí, una nidhögg. Era más grande que esta casa."

– "Mi abuelito también era un dragón." – Proclamó la niña, extendiendo las manos para enfatizar. – "Era muy altote."

– "¿De verdad?"

– "Un dragón de Komodo, actualmente." – Elucidó Carla, llegando junto a su padre. – "Medía dos metros y medio. Por eso mamá Eva y Pangy son tan altas; los varanos de McRae no suelen ser tan grandes."

– "Mei-chan, ¿yo también seré grandota como el abuelo?" – Le cuestionó Izumi, bajándose de la alemana.

– "Quizás, si te portas bien y haces tus deberes." – Le replicó su prima, recibiéndola con un abrazo. – "Y no dejas tus vegetales en otro plato. Ya sé que Mamâe deja las zanahorias muy secas, pero tienen muchas vitaminas para tu cuerpecito."

– "¡Hey!" – Protestó la señora Silica.

– "Pero no me gustan, saben feo." – Panthalassa se cruzó de brazos. – "Papá se los da al perico y nadie le dice nada."

– "¡Así que fuiste tú, Ryuu!" – Exclamó Eva. – "¡Y yo peleando con mamá porque pensé que ella era culpable!"

– "¡Sólo fue una vez, linda!" – Se excusó el acusado. – "¡Lo juro! ¡Si no, que se muera Yukio!"

– "¡El que se morirá será otro, cuatrojos!" – Advirtió el padre de Carla.

– "Aún así, debes comértelos o te quedarás chaparrita." – Prosiguió Hakumei, ignorando la pelea detrás de ella. – "¿No quieres ser un dinosaurio?"

– "Está bien." – Aceptó una resignada pequeña. Ahí, tomó la mano de la gecko. – "¡Ah, mira, Mei-chan, a Aria-nee le hicieron esa herida por una infeliz!"

– "Fenrir." – Corrigió la germana. – "Pero sí, era una infeliz la desgraciada."

– "Sin duda, te dejó más fea de lo que eres." – Injerí. – "Lastima que no arregló lo del olor."

– "¿No te mordiste la lengua, saltamontes tuerta?"

Ignorando nuestra discusión, y continuando con su gesta de inquirir en los misterios de las invitadas, la niña se encaminó hacia el asiento de la rapaz y, habiéndose subido a sus piernas, empezó a palpar el plumaje de las alas.

– "Son bonitas, ¿verdad?" – Preguntó la rapaz, acariciando con su otra ala la espalda de la pequeña.

– "Están esponjaditas. ¿Puedes volar muy lejos, Cetania-nee?"

– "Kilómetros y kilómetros, sin cansarme." – Respondió la halcón, inflando su pecho con orgullo. – "Volé hasta aquí desde Estados Unidos."

– "¿Eres de allá?"

– "Yep, de Montana. Es un lugar precioso, con lagos llenos de peces y muchos animales, además de mucha, mucha nieve."

– "Me gusta la nieve, aunque me dé frío." – Aseguró la varano, examinando una pluma en sus manos. – "Mamá dice que cuando se enteró que yo iba a nacer, empezó a nevar de repente."

– "Fue un precioso día de Enero, recién había salido del médico cuando veo el primer copo aterrizar en mi estómago. La frialdad me hizo voltearme." – Remembró la señora Lamarca, con una mirada nostálgica. – "Y ahí, frente al consultorio había una preciosa fuente con forma de tortuga, y la mueca del animalito parecía que me sonriera. Ahí decidí que el nombre de mi niña sería Izumi, 'fuente'."

– "Y porque esta dragoncita es una fuente de ternura, ¿o no, bebita?" – Agregó Ryuu, besando la frente de su hija.

– "¿Les cuento algo? Mi padre nos contó que cuando le pidió matrimonio a mamá, frente al castillo Shuri, también inició una nevada." – Añadió el padre de Carla, apoyando sus brazos en el respaldo de su asiento. – "Por eso, después de mi hermano Hiraku, que llevaba el nombre de su mejor amigo, papá me nombró Yukio: niño de la nieve."

– "¿Qué no fue porque conoció a mamá en la playa, como en esa novela de Yukio Mishima?" – Mencionó su gemelo. – "Por eso a mí me bautizó Ryuu, en honor un personaje de la historia de nombre similar."

– "Te llamas así porque naciste en el año del dragón en el calendario chino, y el primer regalo de papá a mamá fue un pececito dorado que nombró 'Dragoncito'."

Mientras los hermanos continuaban su disputa sobre el origen de sus nombres, Panthalassa contemplaba la cicatriz que ostentaba la falconiforme.

– "¿Te la hizo también una loba, Cetania-nee?" – Indagó la niña.

– "Una arpía cuervo, actualmente." – La americana tomó la mano de la pequeña y le hizo pasar el dedo por la herida. – "Llevaba unas garras postizas de metal y me cortó mientras luchábamos cuerpo a cuerpo. Yo gané, por supuesto, soy la arpía más fuerte que existe."

– "¿Muy fuerte? ¿Puedes volar muy alto?"

– "Hasta más allá de las nubes." – La emplumada alzó a la chiquilla por encima de su cabeza. – "Si tus papás te dan permiso, puedo llevarte a volar un día de estos."

– "Ohhh." – Los ojos de la reptil brillaron ante la propuesta. – "¿Puedo? ¿De verdad puedo volar como ave?"

– "Oh, vamos, Cetania-san, que no es necesario prometerle eso a la niña." – Dijo la señora Lamarca.

– "Ningún problema, Eva-san, me encantaría recorrer el gran azul con esta escamosa azulita. ¿Verdad que sí, Panthy-chan?" – La arpía restregó su mejilla con la de Izumi. – "Ya he cargado bebés anteriormente, e incluso a esta araña patona. Puede estar segura que su angelita estará en buenas alas."

– "Tranquila, Panny, la nena estará bien." – Opinó el señor Ryuu, sujetando a su hermano en una llave. – "¿No recuerdas cuando yo lanzaba a Pangy al aire cuando estaba chiquita?"

– "Y luego se te cayó en una piscina, no se te olvide, Tachibana." – Le recordó Eva, entrecerrando sus ojos.

– "Eso explica que esté tan chalada." – Arguyó Hakumei.

– "Aunque dudo que Cetania-san sea tan torpe como tú, enanucho." – Suspiró la varano mayor. – "Vale, Cetania-san, te concedo el permiso, pero mantén a salvo a mi pequeña. Y tú también, Panthy puede ser algo hiperactiva."

– "No se preocupe, Eva-san, que por algo soy una profesional. Si puedo con terroristas, podré con este remolino." – La rapaz hizo una reverencia. – "Le agradezco la confianza."

– "¿Volaremos hoy?" – Preguntó la ilusionada infante.

– "El clima no es muy agradable, te congelarías." – La estadounidense le dio palmaditas en la cabeza. – "No te desesperes, ya verás que pronto nos elevaremos hasta el infinito y más allá. Pero tienes que portarte bien y obedecer a tus papis, ¿de acuerdo?"

– "Ok." – Panthalassa asintió efusivamente. Ahí empezó a palpar el cabello de la halcón. – "Tenemos el mismo pelo."

– "Panthy heredó ese bello castaño de su abuelo." – La señora Lamarca respondió la implícita incógnita en el aire. – "Es más, si miran sus ojos, verán que poseen un ligero toque de rojo. Ella es más una dragoncita de Komodo que una simple varano."

– "Por eso tengo dientes filosos." – La chiquilla estiró su boca para permitirnos admirar sus triangulares dientes. – "Como de dinosaurio."

La niña deseaba demostrar sus paleontológicas afirmaciones queriendo morder a la emplumada, pero ésta, siguiendo el juego, corrió detrás de Jaëgersturm y se subió a su tórax. La zanquilarga, uniéndose a la charada, empleó sus prolongadas patas para alzarse de manera que Izumi no tuviera esperanzas de alcanzarla. Empero, la naturaleza arbórea de su especie, el denuedo de la criatura y con el espíritu de un Varanus komodoensis en su interior, la menor de la familia Tachibana inició la tarea de escalar por la dura coraza de las extremidades arácnidas, valiéndose de sus garras en manos y pies, y su fuerte cola prensil.

La falconiforme supo que estaba perdida cuando la chiquilla logró llegar hasta el fémur de la Cazadora y, asegurándose de no tirar nada cuando descendió de un salto, buscó refugio tras la segadora. La alemana dejó que la varano se asentara en su tórax y la transportó hasta la irlandesa. Bajando de la teutona, Panthalassa se paró frente a la dullahan, la irlandesa entronada como la monarca del Inframundo y el único obstáculo que se interponía entre la reptil y la arpía. Ambas se miraron fijamente, dorado encontrándose con dorado, azul contra azul, reptil contra Abismal, mortal contra inmortal.

– "Mortal, si a la hija de Taumas deseas llegar, estos tres acertijos deberás descifrar." – Sentenció la peliblanca, cubriéndose la mitad del rostro dramáticamente. – "Mas si las incógnitas fallaras en acertar, negado el acceso encontrarás. ¿Preparada estás?"

– "Tienes la piel azul." – Mencionó la niña, tocando el muslo de la nativa del Éire. – "¿Eres un pitufo?"

– "¡S-silencio, poiquiloterma! ¡El juicio inicia ahora!" – Declaró la dullahan, extendiendo su brazo hacia el frente teátricamente. – "¡Pregunta número uno: ¿cuál es la capital de Irlanda?!"

– "¡Saltadilla!" – Alegó la niña.

– "¿Quién descubrió América?"

– "¡El que llegó primero!"

– "¿Por qué los pollitos dicen pío, pío, pío?"

– "¡Porque tienen hambre y frío!"

– "Tu arrogancia ha sido tu talón de Aquiles, mortal. Has fallado la prueba." – Entonces, la segadora empujó a la emplumada hacia adelante. – "Tu premio de consolación es una urraca vieja y fea. Gracias por participar en la Lalafixia, vuelva pronto."

– "¡Hey!" – Reprochó Cetania.

– "Tienes canas como mi abuelita." – Dijo Izumi, olvidándose de morder a la plumífera. – "Lala-nee, ¿cuántos años tienes?"

– "Veintiuno, y no son canas, es blanco platinado." – La irlandesa la sentó en sus piernas. – "Tampoco soy un pitufo, sino una dullahan."

– "¿Y qué hace una dula… dullahan?"

– "Damos juicio a las almas y actuamos como faros en su peregrinaje por los inhóspitos caminos de la existencia postmortuoria." – Esclareció la Abismal, acariciando su cabello. – "En términos simples, guiamos a los muertos al Más Allá."

– "¿Eres un fantasma?"

– "No exactamente, pero soy capaz de exorcizar almas perdidas para su correcta deposición."

– "¿Por qué tus ojos son negros en vez de blancos?" – La chiquilla observó la oscura esclerótica. – "Se ven bonitos, ¿Cómo le haces?"

– "Así nací, es mi herencia como hija del Abismo."

– "¿Y ese señor Abismo qué hace?"

La inagotable curiosidad infantil, siempre buscando temas nuevos. Aún con todo y su naturaleza non sequitur, aquel despliegue de inocencia nunca fallaba en colocar una sutil sonrisa en quienes la atestiguaban. Por suerte la segadora era sumamente paciente y logró saciar lo suficiente el incesante y anodino interrogatorio de su escamosa anfitriona. Luego de terminar con la chica de añil epidermis, la pequeña se excusó para ir al baño y todas volvimos a nuestros asientos.

Las señoras de la casa decidieron que un aperitivo en lo que esperábamos a la última integrante no haría daño, y sinceramente la demora ya comenzaba a ser notable. Nos sirvieron unos onigiris en miniatura para calmar al estómago por unos minutos.

– "¿Estás bien, Carla?" – Le pregunté discretamente a la gecko sentada a mi lado, que tomaba una bolita de arroz. – "Lamento no haberte ayudado hace un momento con tu prima."

– "Descuida, tampoco me lastimó mucho. Ya sabes, entrenamiento policiaco." – La pelirroja me ofreció una sonrisa. – "Además mi madre me enseñó a no intervenir en asuntos familiares ajenos, no importa lo incómodo que sea."

– "El sentimiento es horrible, ¿cierto?" – Le di una mordida a mi onigiri. – "La impotencia ante algo que sabes en que puedes actuar y tener las manos atadas por seguir las normas sociales."

– "Podría decirse lo mismo de nuestro oficio policiaco; a veces la propia ley imposibilita que se haga correctamente justicia." – Afirmó. Yo asentí, recordando el asunto de Kahvi y Smith. – "De todas maneras no hay necesidad de disculparte, Pangea y yo peleamos desde que tenemos memoria, somos como hermanas."

– "Si intercambiaran papeles conmigo y Potato no habría diferencia." – Reí tenuemente. – "Pero oíste lo que dijo tu padre, las mejores relaciones son las que inician con riñas y concluyen con ambos bandos mejorando gracias a la experiencia."

– "Qué horror, entonces es peor de lo que pensé." – Arguyó Silica. – "Diecinueve años y el único avance ha sido en el aumento de nuestros traseros."

Compartimos una carcajada; buen chascarrillo. Mi sentido mantoideo volvió a activarse en ese instante y me di la vuelta. Permanecí quieta, con medio onigiri en los labios, al tiempo que cruzaba mirada con esos enormes globos oculares que combinaban áureas y rojizas tonalidades. Era mi turno para ser el centro de atención de la pequeña Panthalassa.

– "Eres una pirata."

Me permitiré una pequeña victoria: al menos es la primera niña en la vida que no me confunde con un grillo.

– "¿Perdón?" – Cuestioné, deglutiendo el resto del bocadillo.

– "Tienes un parche, eres una pirata." – Reafirmó la chiquilla. – "Lo eres, ¿verdad?

Qué diablos, ¿por qué no?

– "Yarr." – Repliqué, imitando el acento corsario. – "No te fíes de mi apariencia, mocita, en realidad soy la temida Sameko-chan, la más terrible bucanera de los siete mares."

– "Ohhh." – Sus ojos brillaron con candor infantil. – "¿Y tienes un barco muy grande?"

– "Dos, de hecho. Ahora mismo tengo uno anclado en el puerto de Kobe." – Aseguré, cruzándome de brazos. – "Planeo hacerme con un tercero, pero primero debo hallar la Sirena Dorada de Lemuria, el filón más codiciado del Índico."

– "¿Y has peleado con muchos adversarios en tus viajes?"

– "¿Ves los bordes en mis espolones?" – Le mostré mis extremidades mantoideas. – "Cada pequeña espina significa una victoria. Las redondeadas son las derrotas."

– "No veo ninguna redonda."

– "Precisamente. Invicta en mil peleas y el récord se mantiene aún." – Proclamé, ufana.

– "¿Cómo perdiste tu ojo?"

– "Una nidhögg, la dragona más fiera de las aguas nórdicas, y yo la vencí." – Agité mi puño briosamente. – "Era una noche de tormenta, el viejo Eolo azotaba las velas con ignominioso ventarrón y fulminantes relámpagos, cuando de pronto, escucho un rugido que pondría la piel de gallina a cualquier filibustero de agua dulce, ¡pero, arr, no para mí! Le ordené a mi tripulación que izaran la bandera y preparan mis pantalones cafés, porque la pelea de nuestras vida iba a desatarse."

– "¿Y qué pasó, qué pasó?"

– "Lo siento, mocita, eres demasiado joven para escuchar algo tan cruento." – Me excusé, levantándome el parche. – "Pero lo importante es que recuerdes que yo sigo aquí, la dragona no, ¿sabido?"

– "¡Pero yo quiero saber qué sucedió!" – Protestó.

– "Basta, mis anécdotas no son para oídos imberbes."

– "¡Debes decirme!" – Insistió, estampando sus pies en el suelo. – "¡O le digo a papi Yukio que no te deje casarte con Mei-chan!"

Todo histriónico escenario y rol de bucanera índole se esfumaron en ese instante con tan fortuita declaración. Golpeé mi pecho briosamente para evitar atragantarme con la bola de arroz, acto que imitó Silica, igualmente impactada. La expresión de Panthalassa, con un mohín homogéneo de tristeza y furia, seguía firme, así como su desafiante pose. Luego de darle una palmada en la espalda a Carla, librándola de su dilema, mi esófago audazmente logró deglutir aquel glutinoso bolo y me devolvió la capacidad de respirar.

– "¡Un momento, Panthy, no sé a qué te refieres con eso pero...!"

– "Lo sabía, no eres una pirata." – La varano miró al suelo, alicaída. – "Sólo eres un grillito con parche."

Cruel destino, arrancándome incluso el placer de ese triunfo.

La joven castaña, decepcionada y con brazos cruzados, regresó a su asiento, lejos de nuestro grupo. Yo suspiré, la desilusión plasmada en ese lozano rostro era en parte mi culpa por alimentar falsas esperanzas en una mente impresionable. Un lóbrego escalofrío me recorrió la espina dorsal: mentir sobre mi pasado a una miembro de esta familia no me era ajeno, y de la misma manera, temía al posible desenlace cuando mi teatro cayera. Logrando suprimir aquellas nefastas conjeturas, sacudí mi cabeza y esperé, circunspecta, a que diera inicio el banquete, a pesar de que ni la más sápida ambrosía me quitaría la acritud de la boca.

¿Acaso me crucé con un ave de mal agüero el día de hoy?

– "My skin cries, my blood sighs…" – Se lamentó Mitsuko con voz quejumbrosa, regresando. – "And the dream is lost on me…"

– "¿Dónde está tu abuela, Pangea?" – Interrogó su madre.

– "Parada de emergencia en el baño, baja enseguida." – Replicó la rubia. – "Y por última vez, que soy Deb."

– "Ya van tres veces el día de hoy." – Comentó el señor Ryuu. – "Les advertí que llevarla al Fried Harpy ayer no era buena idea."

– "Dad, tiene más de noventa años, me sorprende que su esfínter aún funcione." – Contestó Deb, intentando ajustar sus gafas de sol rotas. – "¡For fuck's sake, es vieja lagarta me debe un par de Ray-bans nuevos! ¿Tenemos super-pegamento?"

– "¡Pangea, no le digas así a tu abuela!" – Le reprendió su progenitora. – "¿Y qué haces con ese animal?"

– "La vie… abuelita me pidió que lo dejara libre un rato. Creo que ya no lo soporta." – Elucidó la hija. – "¡Y que me llames Deb!"

– "¡Deb, Deb, Deb!"

Aquel estridente chirrido no provenía de un reptil, o una persona siquiera. Empero, innecesario fue el tener que mover la cabeza para darle la bienvenida al recién llegado, pues éste optó por darse a conocer personalmente. Con grácil destreza, el invitado se subió a la mesa y alzó su cuerpo para que lo admiráramos, el muy vanidoso. Ostentando un verde plumaje decorado por ocasional azul y rojo, amarillo pico y un curioso antifaz natural colorado sobre ojos y narina, el animalillo no era otro sino un perico. Y al igual que la joven Izumi, el pájaro comenzó a inspeccionar a las cuatro extrañas frente a él.

– "Qué lindo color posee. Y está tan pachoncito." – Mencionó Cetania, acercando su ala hacia el ave. – "Ven, chiquitín, esta rapaz no te comer-"

– "¡Aaack! ¡Fea, fea, fea!" – Imprecó el loro, agitando sus alas amenazadoramente. – "¡Largo, largo! ¡Fea!"

– "Hey, tampoco es para qu-¡Woah!"

– "¡Fuchi, fuchi!" – El animal aleteó con fuerza para alejarla. – "¡Aack! ¡Largo de aquí, largo de aquí!"

– "Al diablo con el Fried Harpy, voy a iniciar mi propia franquicia con carne de cotorro insolente." – Manifestó la castaña, ahuyentando a la criatura con sus alas. – "Sácate, rata con alas."

– "Lamentamos eso, Cetania, de por sí es un animal delicado." – Se disculpó Hakumei, sonriendo resignadamente. – "A mí tampoco me agrada, pero es la mascota de la abuela. Nos iría peor si le tocamos una pluma."

– "¡Fuera, fuera, aack!" – Parloteó el psitaciforme, esta vez corriendo hacia Jaëgersturm. – "¡Largo de aquí! ¡Largo de aquí!"

– "Tienes suerte de que hayan clausurado Auschwitz, pajarraco." – Replicó la Cazadora, alejando su mano para evitar ser picada. – "Delicado o no, es bastante agresivo. ¿Seguro que no está en celo o algo?"

– "Posiblemente sea una reacción adversa a sus aromas, A chuisle." – Arguyó Lala. – "Tú y Mo chroí son depredadoras, es natural que tema al olor de potenciales enemigas, especialmente tan grandes."

– "O simplemente necesitan bañarse mejor." – Bromeé. – "Más allá de su temperamento, luce exótico, en especial la coloración alrededor de los ojos. ¿Qué especie es?"

– "Amazona de anteojos rojos, pero le dicen charao. Es macho." – Informó Mei. – "La abuela dice que un día entró por su ventana y desde eso se quedó. Lo amargado ha de ser por la edad, lo tiene desde hace años."

– "Vivir con esa anciana dejaría a cualquiera tan agrio como limón." – Espetó Deb, colocando pegamento a sus lentes. – "Por cierto, te toca a ti cambiarle el papel de la jaula, Pipsqueak. Y no le pongas periódico, que se lo come."

– "Le voy a poner los posters de tu cuarto para que le dé indigestión, fastidiosa."

– "Hazlo y te trepanaré con una cuchara, puerquita."

El loro ignoró a esas dos y se paró frente a la segadora. La Abismal aplicó su especialidad en diplomacia gastronómica y tributó una ofrenda en forma de bolita de arroz al psitaciforme, la cual fue devorada con ahínco. Como agradecimiento, el emplumado alzó su pata y la irlandesa reciprocó el gesto acercándole el dedo, sellando el pacto con un improvisado estrechón de garras e índice. La vasta experiencia tratando con brutas bestias y latosas pajarracas ayudó bastante a la peliblanca.

Fue mi turno. Oh, Hécate, juro que si este animal se hace encima de mí entonces me aseguraré de sacarle los huevos a mano, aunque sea macho. Quizás el ave presintió que yo no sería tan benévola con belicosa actitud, porque simplemente permaneció en su lugar, contemplándome fijamente, haciendo la cabeza de lado ocasionalmente, como es común en los pájaros. Luego, alzó su cuerpo e, inflando su pecho, empezó a caminar con paso casi marcial, yendo de izquierda a derecha mientras extendía sus alas hacia atrás.

– "¿Qué rayos está haciendo?" – Interrogué, extrañada.

– "Lo ignoro, es la primera vez que veo algo así." – Carla encogió los hombros, igual de desconcertada que yo. – "¿Quizás retándote a un duelo a muerte para probar quién es más digno de ser verde?"

– "Te está cortejando." – Habló entonces Cetania, comiendo despreocupadamente su onigiri.

– "¿Qué?" – Pregunté, patidifusa.

– "Que le gustas, grillita." – Reiteró la castaña, acercándome una galleta. – "Toma, es de coco."

– "¿Y esto para qué?" – Indagué, tomándola.

– "Para tu novio verde, por supuesto." – Hizo ademán de obviedad, la muy sarcástica. – "Hazle saber que aceptas su propuesta."

– "¡Déjate de tonterías, Peaches, que no estoy para…!"

Pero era demasiado tarde, el condenado loro me arrancó la galleta de la mano y, como si fuera el sobreviviente de algún apocalipsis zombie, la devoró raudamente por completo. Tan pronto terminó de deglutirse el bizcocho, el ave se acercó y confiadamente se subió a mi brazo, escalándolo hasta llegar a mi hombro. Ahí empezó a acicalar un mechón de mi cabello delicadamente.

– "Oye, oye." – Habló el pájaro, rozando mi mejilla con su pico. – "Dame un besito."

¿Por qué a mí?

Con excepción de Potato y Peaches, que no se molestaban en ocultarlo, todos los presentes intentaban disimular la risa. Pude haber mandado a esta verde molestia a volar con un espolón, pero seguía siendo la mascota de la abuela de Silica y no deseaba problemas por ornitocidio casero. Empero, aunque los ojos de todos los presentes estaban posados en mí y mi incómodo acompañante, un par de globos oculares resaltaba entre aquella plétora ocular: dos enormes gemas áureo-rojizas observándome directamente.

– "Pánfilo te eligió…" – Dijo Panthalassa, estupefacta. – "Sí eres una pirata…"

– "Uhm…" – Miré hacia ambos lados. – "¿Yarr?"

– "¡Sí, sí lo eres!" – La niña comenzó a dar saltitos en su propio lugar. – "¡Dynee es una pirata de verdad!"

Sin previo aviso, Izumi corrió a abrazarme, tácitamente perdonándome por haber roto sus ilusiones la primera vez. Me encontraba tan anonadada por la abrumadora cantidad de sucesos en microscópico intervalo temporal que mi única reacción fue reciprocar el achuchón de la joven varano y mimar su cabecita. Sí, yo no era una bucanera, ¿pero qué importa todo cuando puedes alimentar la sonrisa de una niña? Estos son los diminutos placeres que Carla me enseñó, y los que no supe que necesitaba hasta ahora; la clase de pequeños goces por las que vale la pena soportar las cargas de la vida.

Sonreí; por un fugaz momento en el tiempo, las cosas eran perfectas.

– "¿Qué rayos es todo ese escándalo?" – Habló alguien de repente. – "Joder, que me estaré quedando sorda pero pueden escucharlos hasta Albacete."

Finalmente, la comensal final hace acto de aparición. La invitada, como me esperaba, se trataba de una versión mucho mayor de la señora Eva, con una larga cabellera cuyas doradas hebras capilares hacía mucho habían perdido la batalla contra las albugíneas canas, y el veterano campo de batalla que comprendía su epidermis arrugada daban testimonio de su longevidad. Envestida en un solemne kimono rojo decorado con dorado y protegida por una gruesa bufanda, la anciana se apoyaba en un negro bastón de ébano para caminar, aunque no lucía para nada débil y su mirada aún mantenía ese fuego de sus descendientes; maravillas de la genética liminal.

– "Ah, mamá, te estábamos esperando. Siéntate, enseguida te sirvo tu sopita." – Eva se levantó a recibirla. – "Por cierto, estas son las compañeras de Mei-chan, las que trabajan en MON."

– "¿Eh? ¿Dónde?" – La anciana entrecerró sus ojos, buscándonos. – "Ay, pero qué feas botargas compraron. ¿Por qué las pusieron en la mesa?"

– "Esas son las invitadas, mamá, no seas grosera." – Le susurró su hija. – "¿Por qué no trajiste tus gafas?"

– "Se me olvidó otra vez. Bah, sólo estoy un poquito ciega, no es nada." – La vieja encogió los hombros e hizo a un lado la mano de Pannotia. – "¿Dónde está mi comida? Desde la ofensiva de Aragón no sentía tanta hambre."

– "Abuelita, abuelita, mira." – La pequeña Panthalassa me llevó de la mano hasta la matriarca. – "Esta es Dynee, ¡y es una pirata!"

– "Uhm, buongiorno." – Saludé tímidamente. – "Soy Dyne Alexa…"

– "¿Cómo que una piñata? ¿Está viva?" – La nonagenaria me inspeccionó de cerca. – "He visto muñecas vivientes, pero no piñatas. Joder, pero qué feas las hacen ahora…"

– "Pirata, abue." – La corrigió la chiquilla. – "Mira, tiene hasta perico en el hombro."

– "Ya sé que es piñata, no estoy sorda, niña." – Desestimó la veterana. Ahí, dio un sobresalto. – "¡Ay, ¿cómo que una piñata?! ¡¿Entonces es mexicana?! ¡Escondan todo!"

– "¡Oiga, tampoco me diga tan fe-¡Ay, ay!" – Interrumpí mi protesta al ser impactada por un férreo bastón.

– "¡Condenada frijolera, largo de esta casa! ¡A robar a otro lado!"

– "¡Largo, largo!" – Imitó el perico. Vaya lealtad.

– "¡Mamá, cálmate por favor!" – La señora Eva se apresuró a detenerla – "¡No es mexicana, es una agente de MON! ¡Te van a arrestar!"

– "¿Qué importa que use jabón? ¡Te dije que no dejaras entrar mexicanos a la casa!" – La anciana prosiguió. – "¡Y esto es por estar del lado de los malditos republicanos, traidora!"

– "¡Abuela, ya! ¡Ale no es mexicana!" – Hakumei la sostuvo de los hombros. – "¡Es italiana, i-ta-lia-na!"

– "¿Eh? Ah, bueno, los italianos son guay." – La vieja cesó de inmediato. – "¿Por qué dijeron que era mexicana entonces? Ya saben que no me agradan esos changos latinos."

Tallé mi sesera tan pronto quedé libre. Además de gruñona y racista, también era fuerte; ya podía sentir los chichones alzándose debajo de la piel. Mi pelirroja compañera se apresuró a facilitarme una bolsita con hielo, agradeciéndole el gesto. Me alegraba que la instructora Jättelund no se hallara presente para oír las diatribas de esa psicópata arrugada, ignoro qué clase de masacre mundial se desataría entre esas dos.

– "Dije pirata, abue, ¡pi-ra-ta!" – Panthalassa se aseguró de hablar fuerte. – "Dynee es una bucanera, luchó contra una dragona."

– "¿Y eso qué? Yo me enfrenté a los brigadistas en Tarragona y no ando presumiendo." – Aseguró la veterana. Su arrugado índice me presionó el pecho. – "Estuve ahí, italiana, cuando los Nacionalistas entraron a Cataluña. Les pateamos el culo tan fuerte a los Republicanos que aún puedes escuchar sus gritos."

– "Mamá, en ese tiempo no tenías más de quince años." – Señaló Eva. – "¿Y cómo que luchaste en Cataluña? ¿No que fuiste parte de una caravana cirquera durante la Guerra Civil?"

– "¡Y nos atacaron esos Rojos gilipollas! ¡Comunistas de mierda, me arruinaron mi vestido de chifón! ¡Era seda pura, no las baratijas sintéticas de hoy!"

– "Ya, ya, suegrita, que se le va a subir el azúcar." – Le aconsejó Ryuu, guiándola hasta su asiento. – "Venga, no le vaya a dar un infarto. Ojalá tengamos esa suerte…"

– "¡Ah, déjame, Ludovico, que yo puedo sola!" – La anciana le ahuyentó la mano. – "Estoy vieja, no inválida."

– "Soy Ryuu, suegra."

– "Sí, sí." – La matriarca ocupó el extremo de la mesa, como la regente. – "Pardiez, que no veo nada. Bibiana, sé una niña normal y tráele sus lentes a tu abuelita, ¿quieres?"

– "¡Soy Deb, abuela!" – Le reclamó Mitsuko. – "¡Y rompió sus lentes cuando me estuvo dando bastonazos arriba!"

– "Tengo otros en el cajoncito del buró. Ve a buscarlos." – Ordenó la nonagenaria. – "El azul, no el café. ¡Y no revuelvas mis pastillas como la última vez!"

– "¡Esa fue usted cuando buscaba comida para ese mugroso pajarraco!"

– "¡Pangea, no le grites a la abuela!" – Le reprendió Pannotia. – "¡Ve a buscar sus gafas, ahora!"

– "¡Y quítate esos lentes de sol, que no estás en la playa de Patacona!" – Agregó la anciana. – "¡Sólo las lesbianas y las locas usan gafas de sol dentro de la casa!"

– "¡Fuck my life!" – La rubia obedeció de mala gana, estampando sus pies en el suelo. – "¡Fuck, fuck, fuck!"

– "¡Fuck!" – Imitó Pánfilo, imitando sobre la mesa el paso de la varano. – "¡Vete de aquí, dame comida!"

– "Federica, deberías educar mejor a esa niña." – Manifestó la senil. – "Hoy se viste como zorra, mañana termina en un burdel."

– "No exageres, mamá, es sólo una fase." – Replicó la señora Lamarca. – "Y soy Eva."

– "Si tu padre estuviera vivo ya le hubiera aplicado un buen correctivo a cinturonazos."

– "Claro que no, ¿ya olvidaste que yo fingía ser como Elizabeth Taylor cuando tenía trece? A papá le daba risa." – Aseguró Eva. – "Cierto, Pangy ya lleva más de seis meses, pero tampoco es que sea algo malo. Sigue trabajando en sus composiciones y ya ha habido avances de su entrada a la universidad de música en Shinmachi."

– "Mientras no termine como una yonkarra esnifando farlopa del culo de un malviviente, está bien." – Afirmó la mujer mayor. – "Esa mariposa checoslovaca de la caravana terminó como carne de segunda luego de querer iniciar su carrera de artista independiente."

– "Ay, mamá, no hables de eso en la mesa, ¿quieres?" – La rubia tembló. – "Ni siquiera te has presentado con nuestras invitadas, ¿por qué no las saludas?"

– "Ni siquiera puedo verlas. Deberías decirle al inútil de tu marido que arregle esas goteras, pareciera que estamos detrás de una catarata."

– "Ojalá ella estuviera detrás de un ataúd…" – Masculló Ryuu. Su esposa le picó el costado. – "¡Auch, linda, eso duele!"

– "There ya go." – Deb le entregó sus anteojos a la abuela. – "Ahora, si fueran tan amables de alimentarnos."

– "Ah, y son los azules que están mogollones." – Inspeccionó las gafas. – "Gracias, Clodomira."

– "¡Que soy De…! ¡Bah, qué importa!"

La veterana se colocó los espejuelos que más bien parecían goggles de piloto de antaño, y tomando en cuenta su edad bien podrían serlo. Ya puestos, sus ojos ligeramente grises por la edad fueron magnificados por los profundos cristales otorgándoles una apariencia cómica, como si los contempláramos con una lupa. Aún así, nos reservamos el derecho a reírnos para evitar un bombardeo a base de dilacerantes bastonazos.

– "¡Hostia, que nos invaden los bichos!" – Expresó la anciana. – "Petronila, hay una garrapata, un grillo, un pollo y un pitufo en la casa, y tú haciéndote la prima."

– "Mamá, no les faltes al respeto. Te dije que son las amigas de Mei." – Le susurró la varano portuguesa. – "Tres de ellas son agentes de MonsterOps, ¿acaso quieres que te deporten?"

– "¡A mí que intentan deportarme y yo que les doy un buen hostión en el culo!" – Imprecó la vieja. – "¡No me dejé joder por ningún puto Rojo durante la guerra para que un condenado grupo de animales de zoológico haciéndose pasar por la pasma tengan el morro de sacarme de mi casa!"

– "Actualmente el asunto de deportaciones y repatriación liminal es tarea del Departamento de Inmigración del Programa de Intercambio y sus dependencias correspondientes." – Acotó Jaëgersturm. – "Empero, aunque el estatus de su familia la coloca exenta de varias restricciones del Acta, la agresión física o verbal hacia un miembro de la ley es pauta de acción para cualquier oficial calificado y conlleva las pertinentes sanciones civiles que tomen efecto en la prefectura correspondiente."

– "¿Me vas a arrestar por expresarme en mi propia morada?"

– "Erm, no, no veo razón para ello."

– "¡Entonces deja de perifrasear como perico a una indefensa ancianita y preséntate correctamente!" – Ordenó la nonagenaria, apuntando con su bastón. – "¡¿Qué acaso no les enseñan modales en la academia?!"

– "¡Ah, c-claro!" – La arachne se colocó en posición firme de inmediato. – "¡Aria Jaëgersturm, sehr erfreut!"

– "Ah, alemana. Qué nostalgias de la Legión Cóndor. Vale, siéntate." – La varano asintió aprobatoriamente y apuntó a la siguiente. – "Tú, niña azul, ¿de dónde eres?"

– "Lala Jaëgersturm, tá áthas orm buaileadh leat." – Reverenció la segadora. – "Provengo de Wicklow, Irlanda. El añil de mi dermis se debe a que soy una dullahan."

– "Esas que se quitan la cabeza, ¿no? Recuerdo verlas visitar los campos de batalla regularmente." – Mencionó la veterana. – "Llevaban túnicas negras y guadañas hechas con vértebras. Dejaron de asustarme cuando se volvieron comunes conforme avanzaba la guerra."

– "Debieron ser inmigrantes, mi estirpe suele limitarse a las tierras anglo-célticas." – Mencionó la Abismal. – "¿Quizás se trataban de algún psicopompo regional? Parcas existen en todo el mundo."

– "No, eran dullahans: piel azul, negra esclerótica, hablaban quijotescamente." – Aseguró. – "Fue una como tú la que se llevó a mi querido Fifen cuando llegó su hora."

– "Mi congénere únicamente cumplía su trabajo." – Lala inclinó su cabeza. – "Lamento su dolosa pérdida."

– "Bah, ¿qué pérdida? Te dije que el cabrón ya estaba en sus últimas." – Desestimó la vieja. – "Tenía la cara tan arrugada como sus huevos, respiraba con dificultad y ya ni se le paraba. Ambos sabíamos que estiraría la pata pronto, la mujer azul sólo le ahorró el sufrimiento."

Tomando en cuenta la insufrible personalidad de este vejestorio, no me sorprendería que la acción de aquella segadora fuera un acto de suma misericordia divina.

– "Caralho, mamá, ¿por qué te expresas así de papá?" – Interrogó su hija. – "¿No que lo querías más que a tu vida?"

– "Pues sí, pero ya se piró al Más Allá, se la suda cómo hable de él." – La anciana encogió los hombros. – "Además, si no lo quisiera tú no hubieras nacido, Macaria, así que cállate."

– "Soy Eva, mamá."

– "No me respondas, Pancracia. Como sea, tú, arpía, tu nombre."

– "Cetania Jaëgersturm, nice to meet ya." – Dijo la rapaz inclinando la cabeza. – "Soy del Parque de los Glaciares, Monta…"

– "Te pedí tu nombre, no la historia de tu vida." – Reclamó la adorable viejita.

– "Pero…"

– "¡Y todavía te atreves a contestarme! ¡Qué coñazo!" – La nonagenaria estampó su bastón en el suelo. – "¿Es esta la clase de gamberras que traes a la casa, Micaela?"

– "Soy Carla, abue." – Corrigió Mei. – "Y es usted la que está faltando el respeto."

– "No digas chorradas, Gumersinda, que a mí me educaron bien." – Afirmó la senil. Ahí le alzó una ceja. – "No será ella la tía de quien estás encoñada, ¿verdad?"

– "¡C-claro que no, abue! ¡Deje de hacerse esas ideas!" – El rubor impactó a Silica como un obús. – "¡Cetania ya está casada con Aria y Lala!"

– "Pipsqueak mueve la colita por lil' Sugar aquí, abuela." – Indicó Deb, apuntándome. – "¿Por qué no le pide a su nieta política que se presente?"

– "Ah, así que era la saltamontes." – La anciana se ajustó las gafas. – "Jolines, Filomena, ¿tenía que ser la más fea?"

– "¡No le crea nada a Pangy!" – Exclamó una imposiblemente roja Hakumei. – "¡Y soy Carla!"

– "¡Que me llamo Deb, enana del demonio!" – Reprendió Mitsuko.

– "¡A los piratas no les importa que sean feos, sino que sean fuertes!" – Alegó Izumi.

– "¡Suficiente!" – La veterana estampó el bastón en el suelo, como juez con mallete. – "¡La única que grita aquí soy yo!"

– "Suegra, va a quebrar la madera así." – Informó Ryuu. – "¡Auch!"

– "No me interrumpas, Telésforo." – Su suegra le picó el costado. – "De acuerdo, langosta italiana: tu nombre y razones del por qué cortejas a mi pequeña Domitila."

– "Dyne Alexandra Nikos." – Recité casi robóticamente. – "No estoy cortejando a Carla, sólo somos amigas."

– "Mira, chavala, eso no te lo creen ni las tías de Toledo. Ah, pero las churris que desee tener Petronila es cosa de ella." – Señaló la anciana. – "Bien, me llamo Rocío Rodinia Lamarca, viuda de Dúrcal. Nací en Valencia pero me crié en Albacete, La Mancha, y por eso me considero manchega. Ahora que ya pasamos por toda esta gilipollez espero podamos comer de una jodida vez. ¡Quiero mi sopa!"

Con un contundente golpe al suelo con ese robusto bastón, las señoras Lamarca y Silica nos llenaron los platos, por suerte aún calientes. El menú se componía en su mayoría de carne, como era de esperar de una familia conformada mayoritariamente por reptiles depredadores, y, como mencioné anteriormente, era una coligación de gastronomía oriental con europea. Aunque el platillo que más resaltaba en ese momento era una heterogénea unión de chuletas porcinas, chorizo, bananas fritas, tocineta, arroz, huevo, frijoles y sepan cuántos ingredientes más. Un bufete en miniatura, y sólo era el primer plato.

– "Se llama virado à Paulista, tradición de los antiguos bandeirantes portugueses del siglo XVI. Emblemático de São Paulo." – Dilucidó la señora Laura, cortando su chuleta. – "Como era pobre en Brasil, raramente lográbamos reunir todos los ingredientes, e incluso al llegar aquí conseguirlos era difícil y caro."

– "Por suerte desde la proclamación del Acta, muchas extraespecies ayudaron a abrir un mercado más amplio para las importaciones." – Añadió Eva, probando un chorizo. – "Ahora podemos darnos el lujo de comerlo diario, y Sya no desperdicia oportunidad."

– "¿Qué puedo decir? Si quieres y puedes, hazlo."

– "Mi instructora militar solía decir lo mismo, volviéndola mi filosofía personal desde entonces." – Aseguró Aria, abrazando a sus mujeres. – "Y ahora miren hasta dónde me llevó."

– "No te preocupes, alemana, que los divorcios son más sencillos hoy en día." – Habló doña Rocío.

– "¡Hey, no me refería a eso!"

– "Pero no es que antes una deseara separarse, especialmente con un marido como el mío." – Aseveró la señora Dúrcal. – "Los hombres de hoy son una decepción; se depilan las piernas, se visten como nenas, prefieren soya a la carne real y lloran como una magdalena si se cortan con papel. ¡Puros chupapollas literales!"

– "¡Chupapollas!" – Repitió Pánfilo, subiéndose al hombro de la anciana.

– "Ay, mamá, no empieces." – Se quejó Pannotia.

– "¿Qué coños sucedió con los machos de pelo en pecho que se partían la espalda bajo el sol y que no temían a darse hostias a puño limpio?" – Rodinia agitó su puño. – "Tu padre, hija, ese sí era un hombre. Todo un vigas, sólido como tronco, con más pelo que escamas, y bien cachas. Además, follaba como un condenado toro. Me dejó los huecos todos aguados por exceso de uso, pero valió la pena."

– "¡Mamá!"

– "¡Bah, que estas niñas ven guarradas más fuertes en la tele y no te pones como monja!" – Desestimó la anciana Lamarca. – "Y tú, Eustaquia, no repitas lo que escuches o se te caerán los dientes. Tápate los oídos, ¿vale?"

– "Sí, abue. ¡Y soy Panthalassa!" – Izumi obedeció. – "La la la la…"

– "Como iba diciendo, recuerdo cuando mi Fifen y yo recién habíamos llegado a su natal Braga, en Portugal. Yo estaba frente al río Cávado, dándome un baño." – Relató Rocío, con aire nostálgico. – "Entonces, él apareció: me rodeó la cintura desde atrás, me alzó y abrió las piernas y, sin siquiera pedirme permiso, comenzó con un brioso mete-saca. Yo casi me desmayaba con ese martillo de carne partiéndome en dos mientras Fifen gemía como bestia."

– "Oh, bucaneer, ¿can ya take me far away from here?" – Recitaba Deb, cubriéndose las orejas. – "¿Save my soul from sin?"

– "Mira, Casimira, ya sé que eres bollera y eso pero estoy segura que entiendes cuando te digo que tu abuelo era un puto amo de las folladas." – Comunicó la viuda de Dúrcal a una pasmada Carla. – "Era la leche, literalmente; me llenó los ovarios de tanta lefa que me sorprende que no tuviera quintillizas."

– "I am a man who walks alone, and when I'm walkin' a dark road…" – Musitaba Cetania mientras contemplaba a la nada.

– "Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti…" – Incluso la Abismal luchaba por mantenerse cuerda.

– "Y apenas fue el primer día; a partir de ese entonces, hacer el amor bajo los dorados cielos de Braga se hizo costumbre." – Suspiró la anciana. – "Oh, Fifen, ¿por qué tenías que majarte la chistorra con una puerta? Ya no volvió a ser la misma."

Yo y mi hermana mantuvimos la suficiente calma para no caer en la facinerosa espiral desmoralizadora, por mucho que costara mantener una expresión neutral ante los atávicos horrores que las narraciones de la señora Lamarca invocaban. Y cuando una degenerada como Jaëgersturm teme a tan escabrosos temas, entonces una sabe que está ante algo que haría ver al Necronomicón como un cuento infantil. Los padres de Hakumei ya estaban más que acostumbrados a las soeces declaraciones de la veterana, aunque podía atisbar que comían más despacio de lo normal, en un ejercicio de autocontrol supremo.

– "Un izquierdazo, un derechazo, todo adentro, ese Komodo se movía como los grandes." – Prosiguió la ibérica. – "Después, en la noche, arrullábamos a los pececitos y asustábamos a uno que otro despistado con nuestros gemidos de amor."

– "¡Caralho, Mamá, por favor detente de una maldita vez!" – Insistió Pannotia.

– "¡Si le hubiera dicho eso a tu padre en ese momento entonces no hubieras sido concebida, insolente!" – Replicó Rocío. – "¡Deberías estar agradecida que todavía podía embarazarme a los cincuenta! ¡¿Y dónde está mi comida?!"

– "¡Te las estás comiendo!"

– "¡Este potaje apenas y alcanza para un crío! ¡Dame un atascaburras y no chorradas!"

– "El médico dijo que tu colesterol está…"

– "¡Que le den por al culo al cenutrio del médico, que no sobreviví tres putas balas en la cadera para negarme un jodido plato en mi casa!" – Contraatacó Rodinia. – "¡Te dije que quiero un atascaburras y eso me darás, o la atascada será otra!"

– "¡Ay, bueno, ya voy!" – Eva se levantó de la mesa. – "Ush, ya entiendo a Hiraku…"

– "¿Ya me puedo destapar los oídos?" – Preguntó Panthalassa. – "No me gusta no poder escuchar nada."

– "Ya, niña, es seguro." – Asintió la anciana. – "Herculano, sé útil por una vez en tu vida y tráeme mi dentadura para masticar, ¿quieres?"

– "¿No quiere también su escoba para no tener que caminar?" – Respondió mordazmente Ryuu.

– "¡¿Qué dijiste, perroflauta zarrapastroso?!" – La vieja agitó amenazadoramente su bastón.

– "Que enseguida vuelvo, suegrita."

– "Dynee, ¿por qué no comes tu chorizo?" – Me interrogó la niña. – "¿No te gusta? ¿Puedo comerlo?"

– "Panthy, es de mala educación pedirle su comida a los invitados." – Le dijo su madre.

– "No se preocupe, Eva-san, está bien. Toma lo que desees, Panthy." – Le respondí, ofreciéndole el plato a la pequeña. – "Moderar la ingesta calórica es parte de nuestro régimen de entrenamiento."

– "Qué ridiculez, ¿desde cuándo tragar menos es benéfico? En los tiempos de la guerra eran precisamente los que menos comían los primeros en desfallecer." – Injirió la española. – "Yo devoré todo lo que se cruzara en mi camino, sin importarme el colesterol, las proteínas o cualquier chorrada de esas y mírenme, viva y sin ningún problema de salud. Siento que podría vivir para siempre."

– "Todo menos eso…" – Masculló el señor Ryuu, regresando. – "Aquí tiene su dentadura, suegrita. Trate de masticar bien o podría atragan… Como decía, no pierda tiempo masticando."

La nativa de Albacete se colocó sus dientes postizos, de apariencia más sólida y puntiaguda, como los que poseía la pequeña Panthalassa, sin duda imitando a los de su difunto marido. También se hallaban cubiertos de un llamativo color dorado, eso último siendo un mero despliegue vanidoso.

– "Maldigo los caprichos de la edad, yo perdí mis dientes mientras mi marido logró conservar los suyos intactos hasta su muerte." – Mencionó la manchega. – "Fifen llevaba auténticos cuchillos en la boca, créanme. Recuerdo que incluso llegaba a depilarme con ellos cuando me comía el coñ…"

– "¡Y dinos, Debbie, ¿cómo va tu admisión al colegio musical?!" – Interrumpió la señora Silica, alzando la voz. Hécate la bendiga.

– "¿Eh? Oh, va bien, supongo. Deberé realizar el examen de aptitud extracurricular." – Elaboró Pangea, colocando una pajilla a su vaso. – "Si no lo logro, deberé buscar alguna alternativa. Aún me quedaría la universidad en Toyonaka."

– "¿Eres música, Deb?" – Preguntó la arpía, su hambre habiendo regresado. – "¿Qué instrumento tocas?"

– "Los teclados, chérie, tanto musicales como los de computadora." – Replicó la rubia, meneando su vaso. – "¿Has escuchado de la classic demoscene? Básicamente es crear demos tecnológicos, generalmente con algún software antiguo como el de la Commodore Amiga o la Atari ST. Yo me enfoco en la música lo-fi."

– "Lo heredó de su abuela Hakumei, que era pianista." – Comentó el señor Yukio, tomando su bebida. – "Era maestra de música en el colegio Yazawa, en Okinawa. Mamá murió antes de poder instruir a su nieta, pero sin duda su espíritu vive en ella."

– "Qué coincidencia, Ale también toca el piano." – Mencionó mi consanguínea, devorando la carne. – "Puede reproducir tonadas con sólo escucharlas. Diles, hermana."

– "Sí, lo toco, pero no es nada sobresaliente." – Afirmé, deglutiendo el arroz. – "Soy una mera aficionada, nada más."

– "Well, lookie here. Sí que eres una caja de sorpresas, Sugar." – La varano me miro bajando sus gafas de sol. – "¿Qué tal una demostración luego de las viandas? Tenemos un piano de pared en la sala principal."

– "Uhm, bueno, yo…"

– "El viento es favorable." – Musitó la dullahan, mirándome de soslayo y señalando con los ojos a Carla. – "¿Tomará el águila la oportunidad?"

– "No veo problema en una pequeña demostración." – Manifesté, inclinando mi cabeza. – "Si ustedes gustan, claro."

– "Sería un placer, Ale-chan." – Sonrió Laura. Esperen, ¿Ale-chan? – "A ese piano le hace falta una buena desempolvada de todas maneras; desde que Deb tiene sus teclados electrónicos ha estado bastante solo."

– "El día que pueda conectar un cable MIDI a un aparato estrictamente cordófono entonces consideraré emplearlo." – Respondió Mitsuko, lanzándole un pedacito de arroz al loro. – "Tampoco es que lo desprecie, yo más que nadie valoro lo antiguo."

– "En eso coincidimos, Deb." – Comentó el señor Yukio. – "Yo uno de los pocos aferrados a la nostalgia que aún compran discos físicos, especialmente vinilos. Prefiero el pequeño crack del acetato que la supuesta pureza acústica de un archivo FLAC."

– "Hay un encanto cuasi-romántico en las imperfecciones del sonido análogo, ¿cierto?" – Agregó Cetania. – "Por mucho que disfrute de las bondades del siglo XXI, aún siento añoranza por mis viejas cintas. Es como si ese formato obsoleto te transportara a una época mejor con tan sólo reproducirlo."

– "Acabas de quitarme las palabras de la boca, Cetania-san." – El padre de Carla alzó su vaso. – "Por esa razón tengo una tienda especializada en formatos antiguos: vinilos, cassettes, cintas 8-track, etcétera. Me decían loco por centrarme en tales antigüedades, pero afortunadamente hay un mercado relativamente saludable para ello."

– "Espere, ¿usted vende discos viejos?" – Preguntó la castaña, su interés habiendo despertado. – "¿No tendrá por ahí de Iron Maiden?"

– "Los Irons, Judas Priest, Black Sabbath, y mis favoritos: Kiss." – Enumeró el señor Tachibana. – "No sería una disquería clásica sin auténticos clásicos, ¿no les parece? ¿Qué acaso Mei no les dijo en qué trabajaba?"

– "Bueno, ellas nunca preguntaron y sinceramente no lo creí tan importante." – Contestó Hakumei, encogiendo sus hombros. – "Además la tienda está cerrada hasta Año Nuevo, ¿no?"

– "Cierto, pero aún así sabes que tu viejo se beneficiaría de potenciales clientes, Calabacita." – Le indicó su progenitor. Ahí se levantó de su asiento. – "¿Saben qué? No puedo quedarme quieto ahora que me picó el gusanito de la nostalgia. Enseguida vuelvo, traeré el tocadiscos."

– "Oh, Yukio, no ahora." – Dijo Laura. – "Deja a las chicas comer tranquilas."

– "Vamos, linda, por fin tengo público que puede apreciar lo que hago." – El señor Tachibana le regaló un ósculo en la mejilla. – "Y quizás ya pueda juntar para nuestro viaje, ¿o no quieres?"

– "Al menos intenta ser discreto con tus negocios, renacuajo." – Le provocó Ryuu.

– "¿No te mordiste la lengua, señor 'pienso cobrarles a las invitadas por una consulta que ofrezco gratis a cualquiera de mis clientes'?"

– "¡Papá Ryuu, dijo que no haría eso!" – Le reclamó Carla.

– "¡Oye, no pongas palabras en mi boca, condenado fideo aguado!" – Protestó Ryuu a su gemelo. – "Es sólo que pensaba iniciar a partir de hoy… y tampoco es que vaya a cobrar mucho."

– "¡Ryuu!" – Reprochó Eva.

– "Bueno, de todas maneras nosotras pensábamos pagar por tomarse la molestia de atendernos." – Injirió la Cazadora. – "Como decía mi abuela: si eres buena en algo, jamás lo hagas gratis."

– "Gracias, Aria-san." – El hermano de lentes le hizo una reverencia. – "¿Lo ven? Y ustedes reprochándome."

– "Avaro." – Declaró Yukio.

– "¡Avaro, avaro!" – Repitió Pánfilo.

– "¡Renacuajo!" – Exclamó Ryuu.

– "¡Cuatrojos!" – Respondió su hermano.

– "¡Ya cállense!" – La señora Rocío volvió a poner orden estampando su bastón. – "¡Tú, Anastasio, ve a traer esa cosa que querías y deja a tu hermano en paz! ¡¿Y dónde está mi atascaburras, Teodora?!"

– "¡Paciencia, madre, que el bacalao debe cocerse bien!" – Replicó Eva, apresurándose a pelar las patatas.

Ignoramos la reyerta entre madre e hija, por suerte ninguna desviándose a otra escabrosa anécdota de parte de la española sobre ella y su lascivo marido. Entonces escuchamos el distintivo chirrido de un objeto con ruedas siendo movido: el padre de Carla había regresado con el mencionado tocadiscos. El aparato se trataba de esos famosos reproductores estilo 'boombox' e incluía una sencilla casetera y capacidad para radio AM/FM. Pero lo verdaderamente llamativo de aquel look retro era la parte inferior que se extendía para revelar una tornamesa para tocar vinilos. Curiosa cápsula del pasado que englobaba lacónicamente el concepto del niché por la nostalgia.

– "Auténtico Panasonic SG-J555. Por 25,000 yenes y en excelente condición lo considero una ganga." – Mencionó el señor Tachibana, conectando el aparato a la electricidad. – "Nada de réplicas modernas con lectores USB ni grabación MP3, sólo el puro e inalterado poder de los años ochenta. ¿Recuerdas, linda, que celebramos nuestro aniversario con este pequeño?"

– "Barry White a cuarenta y cinco revoluciones por minuto en una oreja y tú susurrándome cursilerías en la otra, ¿cómo olvidarlo?" – Le sonrió Laura. – "Tengo especialmente grabado el sonido de nuestros traseros estampándose en el suelo cuando derramamos la champaña al irse repentinamente la luz."

– "¿Quién diría que el alcohol en el piso sería más efectivo que beberlo?" – Yukio acarició la barbilla de su esposa. – "Terminamos abrazados y no me dejaste ir en toda la noche."

– "Tuviste suerte que me hallara bajo la influencia de las uvas fermentadas, porque la boca te olía a chardonnay, Romeo." – La mujer pelirroja pasó su índice por los labios de su marido. – "Eso, o sólo estaba ebria de amor."

– "Estabas hipnotizada por el extremadamente atractivo adonis que tenías frente a ti, querida."

– "La falta de luz ayudó bastante." – Retrucó la gecko.

– "Consíganse un cuarto, ¿quieren?" – Reclamó Ryuu, disintiendo con la cabeza. – "No todos queremos enterarnos de lo que hacen en privado."

– "Eso quisiera pero alguien más no nos dejaría usarla." – Respondió su gemelo. – "¿Acaso se te olvidó cuando tú y Panny se pusieron hasta la cola de borrachos y terminaron echándose un polvo en la nuestra?"

– "Sin contar que olvidaron colocar seguro a la puerta." – Agregó Sya. – "La pobre Pangy tenía apenas once cuando los encontr…"

– "¡For fuck's sake, má Laura!" – Imprecó Deb. – "¡No arrojes años de terapia a la basura!"

– "Ignoro de qué tanto se quejan cuando ustedes dos se aprovechan de su idéntica apariencia para sus bromas." – Señaló Pannotia a los gemelos. – "Ya perdí la cuenta de cuántas veces abrazo a mi marido por detrás sólo para descubrir que es Yukio. ¡Y para colmo suelen vestirse igual!"

– "Aún no me perdono esa noche cuando me encontré a mi supuesto esposo durmiendo en la sala." – Añadió Laura. – "Me le subo encima y empiezo a desabotonarle la camisa, cuando murmura tu nombre, Panny. Lo peor es que lo único que se le despertó fue otra cosa."

– "Ush, que si bien sabré lo que eso, Sya." – Respondió Eva. – "¿Recuerdas esa vez que le metí la mano en el pantalón a Yukio durante aquel apagón de invierno? Si Ryuu no se depilara el paquete ni cuenta me hubiera dado de mi error."

– "¡Hey, no es nuestra culpa que ni a sus maridos reconozcan!" – Arguyó Ryuu.

– "Además, ¿Quién las envía a manosearnos sin confirmar primero nuestras identidades?" – Se le unió Yukio. – "Se me hace que lo hacen a propósito, par de cochinotas."

– "¡Aaaargh!" – Exclamó Mitsuko, tapándose los oídos. – "¡Ve a tu lugar feliz, Deb, ve a tu lugar feliz!"

– "Uhm, ¿hola?" – Intervino una igualmente apenada Carla, apuntando hacia nosotras. – "¿Decencia? ¿Invitadas?"

– "Oh, cierto, cierto." – Yukio tosió. Desconozco cómo nosotras mantuvimos la cordura. – "Ehem, como decía, este pequeñín resultó relativamente barato tomando en cuenta lo antiguo que es y lo bien cuidado que está. Pero suficiente de palabrerías, que la música puede hablar por sí sola. Ahora, ¿alguna pieza en especial que deseen oír?

– "¡Iron Maiden, Iron Maiden!" – Replicó al instante la halcón, alzando su ala.

– "¡Iron Maiden, aaack!" – Imitó Pánfilo.

– "Por mayoría aviar." – Rió el señor Tachibana, revisando su colección. – "Bien, espero esto sea de su agrado, mis emplumados amigos."

El progenitor de Hakumei oprimió un botón en el aparato y objeto circular de acetato inició a girar sobre la plataforma al tiempo que el hombre colocaba la aguja en posición. Prontamente una tonada compuesta de estridentes guitarras y briosas percusiones se hizo presente en los parlantes de la consola, colocando una sonrisa en la nativa de Montana. A pesar de la edad del aparato y la tecnología usada, la fidelidad del sonido no tenía mucho qué envidiarle a los formatos actuales. Mi cuñada no tardó en menear la cabeza al ritmo de la estrambótica música, con el perico emulando sus movimientos. Pájaros, ¿quién los entiende?

– "¡Live to fly, fly to live, aces high…!" – Cantaba la arpía. – "Live after Death, el mejor álbum en vivo de la historia. ¿Es esa la versión japonesa?"

– "Correcto, Cetania-san, una primera impresión de 1985." – Explicó el señor Tachibana, mostrando la portada. – "Incluso conserva los posters e insertos originales. Lo encontré perfectamente sellado en una tienda de Izumi a buen precio. Compra instantánea."

– "¿Una tienda mía, pá?" – Preguntó Panthalassa.

– "Je, no, hijita, tu tío se refiere a la ciudad de Izumi." – Le explicó su madre. – "Fue donde te compramos ese libro para colorear de la Princesa Tomate, ¿recuerdas?"

– "Ah." – Asintió la niña y continuó devorando su carne. – "Ojalá me compren otro."

– "Freakin' awesome. Deben valer una fortuna ahora." – Expresó la castaña. – "¿Y dice que también los vende?"

– "Tesoros como éste son para uso personal, pero tengo varias ediciones regulares en la tienda." – Guiñó el padre de Carla. – "Y sólo por ser amiga de mi Calabacita, te ofrezco un quince por ciento de descuento neto en la compra de dos vinilos. Aplica restricciones, consulte bases con la esposa, consume papitas y chorizo."

– "Y creí que me había casado con el hermano payaso." – Comentó Eva, sirviendo el plato a su madre. – "Aquí está tu atascaburras, mamá. Ve que no se te caiga la dentadura al soplarlo, que está caliente."

– "Ah, te tardaste bastante, Perejila." – Respondió la anciana Rocío, desestimando con la mano. – "Llévatelo, ya no tengo hambre."

– "¡Caralho, mamá, no me jodas ahora!"

– "¡Ja, te atrapé!" – Rió la señora Dúrcal, tomando el plato. – "Qué crédula eres, Leopondia, ahora entiendo cómo te confundes de marido."

– "Ush, ya estás grande para estas tonterías, mamá." – La señora Lamarca se cruzó de brazos. – "¿Qué diría papá si te viera comportándote como niña chiquita?

– "Le traería recuerdos. Remembro cuando la edad comenzó a afectarlo." – Elucidó la manchega. – "Como no podía comprar esas pastillitas azules, tardaba bastante en lograr una erección, y cuando él finalmente la tenía tiesa, yo me hacía la dormida. Me encantaba verlo tan frustrado, al grado que intentaba despertarme dándome golpecitos en la cara con su poll…"

– "¡Como iba diciendo, quince por ciento en vinilos y diez en cassettes!" – Interrumpió heroicamente el señor Yukio. – "Las ofertas no se detienen allí; en la compra de un reproductor de cintas portátil te obsequiamos un cassette de tu elección completamente gratis."

– "Y tenemos justamente nuestro catálogo disponible en la casa." – Se unió Laura. – "Lo obtendrían antes que cualquier cliente regular en la tienda."

– "Precisamente. Gracias, linda." – El señor Tachibana le regaló un ósculo rápido. – "¿Qué dices, Cetania-san? Exclusividad a precios asequibles; no hallarás mejor trato en toda la región de Kansai."

– "Tiene tantos años que mi Walkman y la cinta que me introdujo a los Irons pasaron a mejor vida." – La americana remembró con aire nostálgico. Entonces, el ofreció el ala a su anfitrión. – "De acuerdo, Yukio-san, tiene una venta. ¿Cuándo podemos ver los productos?"

– "¿Te parece bien después de comer? Los negocios son mejor con el estómago lleno." – El padre de Mei cambió el disco. – "Ahora, ¿qué tal unos besitos para ayudar con la digestión? ¿Entienden? Let's rock n' roll all nite, and party everyday."

– "¡Me cago en la leche, no otra vez esos escandalosos pintarrajeados, Filemón!" – Protestó la señora Rocío. – "¡Suficiente tengo con que ustedes jodan la marrana todo el día como para escuchar más gritos! ¡Pon a Raphael, esa sí es música!"

– "Pero…"

– "¡No seas coñazo y haz lo que te digo, Silvano!"

– "¡Hazlo, hazlo! ¡Aaack!" – Repitió Pánfilo.

Resignado, el señor Tachibana obedeció a quien actuaba como su suegra, a pesar de no estar emparentado con ella; líos de compartir la misma casa. Con la voz del artista preferido de la anciana resonando por los altavoces, el progenitor de Carla regresó a la mesa para continuar degustando las viandas. El virado ya era de por sí suficiente para llenar cualquier estómago, con mi plato aún ostentando una buena porción. Empero, con excepción de Panthalassa quien aún devoraba un pedazo de chorizo, tanto mi familia como la de Silica ya había vaciado sus vajillas.

– "Bueno, ahora viene el plato principal, comelones." – Anunció la señora Laura, moviendo la cola como su hija. – "Panny, échame una escama."

– "Guardé la salsa en el cajón de arriba." – Dijo Eva, ayudando a su cuñada. – "¿Les echaste la paprika?"

– "Y la cebolla estilo cajún, como dijiste."

– "¿Cuándo fue la última vez que la preparamos?"

– "En Suvaco da Cobra, cuando visitamos a esa enana, ¿recuerdas?"

– "Quisiera no hacerlo, el olor se nos impregnó por días." – Contestó Pannotia, cargando una bandeja hacia la mesa. – "Sé que no podía ser exigente, pero, caralho, qué horrible lugar para vivir."

– "Oye, Juanita era agradable, tampoco insultes su casa." – Sya comenzó a servir nuestro lado de la mesa. – "Y aquí lo tienen, amigas, la especialidad de esta casa."

– "Hamburguesas." – Remarcó Lala, oliendo el aroma que despedían. – "¿Acaso detecto cangrejo con salsa Worcestershire?"

– "Excelente nariz, Lala-san, te has entrenado bien en la cocina." – Asintió la gecko mayor. – "Agregué un poco de salsa tártara, para darle ese punch a la carne."

– "¿Ha intentado mostaza en polvo? Sazona similarmente al orégano en un emparedado."

– "¿Lo ves, Panny? Te dije que la mostaza quedaría perfecta." – Señaló Laura a su cuñada. – "Obrigada, Lala-san, tomaré el consejo para la próxima. Quizás no sea un platillo de mi patria, o siquiera japonés, pero todo gourmet sabe que el buen comer no posee fronteras."

– "Al igual que la buena música." – Agregó la vieja Rodinia, disfrutando la tonada del tocadiscos. – "Y estoy aquí, aquí, para quererte~"

– "Ninguna hamburguesa está completa sin papitas." – Eva nos facilitó las patatas. – "Yo quería las onduladitas, pero Pangy insistió en que las largas y planas eran más retro. Al menos ella me ayudó a pelarlas."

– "Soy Deb, Mom." – Corrigió la rubia varano. – "Y si vamos a comer algo clásico como las pomme frites, hay qué hacerlo al estilo de los diners de los años cincuenta, empezando por hacerlas a mano. Menos grasas saturadas y conservadores de esa manera."

– "En eso estoy de acuerdo, las papas que venden en los supermercados son un insulto al paladar." – Comentó Aria, probando una. – "Wunderbar, están buenas, Laura-san."

– "Ustedes y sus patatas, cuando lo mejor está en los aritos de cebolla." – Injirió la nativa de Montana, comiendo una rosca frita. – "Nada como una amarilidácea cubierta con pan molido y freída para reclamar ese sabor tan americano."

– "Y aquí está la tuya, Calabacita." – La señora Silica le entregó la suya a su hija. – "Le puse ojitos de pepperoni y aceitunas negras, como te gusta."

Ciertamente era una vianda digna de la gecko: con largas papas formando las piernas, rodajas de tomate fungiendo como las pinzas, y las mencionadas rodajas de pepperoni con aceitunas como ojos, aquella hamburguesa con forma de cangrejo era un perfecto crustáceo de apetitoso aspecto. El amor de Laura firmaba implícitamente la culinaria obra.

– "Mamâe, por favor." – Susurró una ruborizada Carla. – "Ya no soy una niña."

– "Oh, vamos, Mei, que siempre serás mi Calabacita linda." – Laura la abrazó, restregando su mejilla con la de su retoño. – "¿No recuerdas cuando te hacía tus pulpitos de salchicha y onigiris de vaquita? Hasta se los presumías a Maki-chan."

– "Maaa…"

Era imposible decorarse el semblante con una sonrisa ante tan tierna escena, el incondicional amor materno que le profesaban a Hakumei era un pequeño placer que ella nos obsequiaba, recordándonos la dicha de poseer una familia que actúa como tu bastión moral y tu razón para enfrentarse día a día la escoria del planeta. Quizás tanto yo como el resto de las chicas encontramos solidaridad en nuestras malas experiencias con nuestras figuras maternas, pero el carecer de ese sostén primordial en el pasado no nos privaba de admirar y apoyar tan fastuosa unión frente nuestros ojos. Sonreí aún más al voltear hacia a mi familia y confirmar mis deliberaciones al atisbar las muecas de alegría en sus bocas: la felicidad de Carla ahora era también la nuestra.

– "Ave Imperatrix…"

– "¿Dijiste algo, Ale?" – Habló mi hermana.

– "Que tienes un pedazo de perejil en los dientes, Potato." – Disimulé, tomando mi bebida. – "Descuida, ayudará a que tu hocico no huela tan mal."

– "Ojalá te de indigestión, amargada." – Replicó al tiempo que le daba una mordida al sándwich.

– "El sentimiento es mutuo." – La emulé.

– "Hey, Blueberry, ¿será que no puedas recrear éstas en casa?" – Preguntó la castaña. – "Quiero saber qué tal saben con tu toque."

– "Ese es mi objetivo, A chroí." – Le respondió la segadora. – "Pero deberé indagar con las chefs respecto a los secretos de su receta para afinar detalles. Mei, ¿crees que tu progenitora y tu tía faciliten la clave gastronómica para imitar sus culinarias maravillas?"

– "Não faz mal, Mamâe y Mamá comparten todo." – Aseguró Carla, mordiendo una papita. – "Eso incluye la filosofía capitalista de sus esposos; aprovecha ahora o también querrán cobrarte."

Las cinco reímos y proseguimos con nuestro degustar, deleitándonos las papilas gustativas con la seráfica sapidez de aquel manjar. Además de la primordial carne hecha a base de crustáceos, la hamburguesa se componía de una generosa dotación de lechuga, tomate, queso, cebolla morada, jamón y pedacitos de piña, sin contar los aderezos y salsas adicionales. Mi estómago ya se encontraba casi al límite de su capacidad, pero tampoco podía despreciar la hospitalidad de nuestros anfitriones y continué devorando. Al menos el sabor hacía que cada mordida valiera la pena.

– "Hmm…" – Murmuró la señora Rocío, tallando su barbilla. – "Es posible…"

– "¿Qué sucede, mamá?" – Le indagó Eva.

– "La alemana." – Rodinia señaló a la arachne. – "Me recuerda a alguien…"

– "¿Quién? ¿Yo?" – Se preguntó la Cazadora. – "Bueno, dicen que me parezco a Michelle Pfeiffer con el cuerpo de Christina Hendricks."

– "Ay, ya les dijiste feas, flaca." – Provocó Cetania.

– "Silencio, pajarraca, que tú pareces Abelardo de Plaza Sésamo."

– "Déjense de chorradas, que hablo en serio." – Instó la anciana. – "Ponte más cerca, Hermenegilda, que no veo tres en un burro."

– "Me llamo Aria, Rocío-san." – Corrigió la germana, acercándose. Ahí, la varano la jaló de la barbilla. – "¡Auch!"

– "No te muevas, Adelfa, o me tardo más. Sé considerada con esta viejecita, ¿quieres?" – La abuela se acomodó sus gafas. – "Hmm, ya veo. Sí, como lo sospechaba, es idéntica."

– "¿A qué te refieres, mamá?" – Interrogó Pannotia.

– "La cicatriz, es exactamente igual a la de ese germano que siempre iba a ver mis shows." – Contestó la matriarca, soltando a la rubia. – "Incluso las facciones de la cara son similares. Dime, araña, ¿alguno de tus antepasados luchó en la Segunda Guerra?"

– "Mi abuelo paterno estaba en la Hitlerjugend." – Elucidó Jaëgersturm, ajustándose el cabello. – "El materno era piloto de la Luftwaffe."

– "Piloto, eso era." – Manifestó la vieja Lamarca. – "Ya olvidé su nombre, empezaba con W. ¿Cómo era? ¿Wilfrido, Wenceslao, Wevoduro?"

– "¡Wolfgang!" – Exclamó mi hermana, visiblemente entusiasmada por la posibilidad. – "¡Wolfgang Sturm!"

– "¡Ah, precisamente, Wolfgang!" – Confirmó Rodinia, chasqueando sus dedos. – "Rubio, ojos azules, alemán más estereotípico no podrías hallar. Siempre pedía ese pastel irlandés de patatas."

– "¡Mi abuelo, era mi abuelo!" – Declaró vehementemente la nativa de Sparassus, acercándose a la mujer. – "¡¿Usted lo conoció?! ¡¿Hablaron?! ¡Bitte, cuénteme todo lo que sepa!"

– "¡Hostia, que eres más cutre de cerca! ¡No te me pegues tanto, garrapata!"

– "¡Ah, Ich bedaure!" – Aria ofreció una reverencia antes de adoptar distancia suficiente. – "Perdón, es sólo que conozco tan poco de mi abuelo que no pude evitarlo. Si no es molestia, me gustaría escuchar más de él."

– "Si quieres escuchar, adelante, pero primero me gustaría terminar de llenarme el buche."

– "Por supuesto, Frau Lamarca." – La zanquilarga tributó otra reverencia. – "Guten Appetit."

– "Abuelita, tú conoces a mucha gente." – Comentó Panthy, limpiándose la cátsup de la boca. – "¿Cuántos años dijiste que tenías?"

– "Todos." – Musitó Ryuu.

– "¡Todos, todos! ¡Aaack!" – Repitió el perico, delatándolo.

La señora Rocío aleccionó a su yerno con un bastón directo a la sesera y reanudó el terminar su plato. Jaëgersturm, por el otro lado, no se molestaba en ocultar su emoción, con su abdomen arácnido brincando en anticipación de saber más sobre su antepasado. Me alegré, no sólo mi consanguínea podría desliar otro enigma respecto a su familia, sino que la anciana Rodinia se mantendría entretenida lo suficiente para no incordiar al resto. Condenada araña, es un fastidio pero no se puede negar que es bastante útil. Ya terminadas las hamburguesas, mi estómago parecía una mina submarina de lo inflado que se encontraba; ni siquiera un quark podría alojarse en él.

– "Ahh, quedé como pollito de engorda." – Comentó la rapaz, tocándose la barriga. – "Laura-san, Eva-san, las felicito por tan fastuoso viaje por el país del sabor."

– "Obrigada, Cetania-san." – Le sonrió Sya. – "Aunque es una lástima que Calabacita estuviera fuera para ayudarnos. Deberían probar sus empanaditas rellenas de jamón, queso y pimientos; le quedan divinas."

– "Mis empanadas no se comparan con lo que tú y Mamá preparan, Mamâe." – Aseguró Carla. – "¿Olvidaste cómo mi bauru sabía a pollo chamuscado?"

– "Tenías cinco años en ese entonces, apenas si podías alcanzar el horno." – Le contestó su madre. – "La vatapá que realizaste te quedó bastante aceptable, y ése era mucho más complicado que un sándwich."

– "Mis primeros intentos gastronómicos tampoco fueron un éxito." – Injirió Lala. – "Pero al igual que tú, Mei, tuve excelentes tutores que me ayudaron a pulir mis técnicas y descubrir a la cocinera que habitaba en mi interior. Sólo es cuestión de no rendirse."

– "Y sinceramente, ya eres suficientemente buena, Pipsqueak." – Terció Mitsuko, en un inesperado momento de solidaridad. – "Sólo aléjate de la crema de coco; la conviertes en cianuro con sólo tocarla."

– "Además, si hablamos de horrores culinarios, no olvides mi lomo de ternera chamuscada durante la fiesta de Mio." – Le recordó la americana. – "Sí que fuiste valiente para comértelo tú solita."

– "Harán que me sonroje y ni siquiera han probado lo que cocino." – Hakumei juntó sus dedos, ya ruborizada. – "Obrigada."

– "Hey, si algo nos ha enseñado esta visita es que heredaste lo mejor de tu familia." – Manifestó la arachne. – "De la misma manera, debes seguir puliendo tus habilidades, rojita; mantener a tu empusa bien alimentada es piedra angular de un buen matrim-¡Ack!"

– "Límpiate los dientes antes de hablar, garrapata olorosa." – Le reprendí con un firme codazo en su costado.

– "Oigan, no me digan que ya se llenaron." – Habló entonces Eva. – "Espero que no, porque esto hay que cerrarlo con broche de oro."

Antes que pudiéramos responder, la varano ya había colocado la guinda del bufet: una especie de helado o smoothie color morado oscuro servido en una copa, coronado por una capa de granola y rebanadas de fresa, kiwi y piña. Un aura de vapor de agua ondulaba al compás del aire, indicando que se encontraba frío.

– "O mejor dicho, con broche de dulce." – Añadió la señora Lamarca. – "Helado de açai al estilo Pannotia, mejor postre no encontrarán en toda la prefectura Kansai."

– "El mío es el que tiene más piña." – Proclamó Panthalassa, alzando sus manitas. – "Dame, mami, dame."

– "Toma, bebé. Cuidado, no lo vayas a tirar." – La varano le entregó el suyo a la niña. – "Y ustedes, chicas, no se preocupen si ya se sienten a reventar, el açai es bastante ligero en el estómago."

– "Fue mi hija fue la que insistió en que les prepararan esto porque sabía que le agradaría a ustedes." – Yukio insertó su cuchara en el postre, mirándome discretamente de soslayo. – "Así es mi Calabacita, siempre tratando de complacer a quienes aprecia."

– "Y desperdiciar tan buena oferta sería criminal para una agente de MON." – Tercié, tomando mi porción. – "Buon appetito."

Aunque la carne de cangrejo ocupaba la totalidad de mi aparato digestivo, no deseaba menospreciar la generosidad de la familia y pronto regodeé a mi lengua con la deleitosa sapidez de la palma brasileña junto a las frutas de temporada y la granola. Juro que la indirecta del señor Tachibana no tuvo nada que ver en mi denuedo por hacer un hueco en mi tupido estómago. Afortunadamente la afirmación de Eva no resultó hipérbole, esa morada pasta era muy ligera y prontamente la terminamos. Ya concluido, agradecimos a todos debidamente.

– "Ah, querida, estuvo glorioso." – Dijo el señor Ryuu mientras besaba a su mujer. – "¿Qué fue lo que hice para merecer a una chef internacional como tú?"

– "Beber demasiado junto al río Cávado y perder la conciencia." – Contestó la anciana Rocío. – "Luego flotar en éste hasta ser confundido por un cadáver abandonado por mi hija, que se encontraba dándose un baño."

– "Además de que te hallabas desnudo, Ryuu." – Añadió Eva.

– "Ugh, no otra vez." – Pangea dejó caer su cara en la mesa. – "I see all the lonely souls, nowhere left to go…"

– "Oigan, eso no es cierto." – Protestó el aludido. – "No perdí la conciencia, sólo me quedé dormido mientras nadaba."

– "Nah, sólo eras un cuatrojos inútil que no podía ver ni su nariz sin sus lentes." – Acotó Yukio. – "Y un bobo tan grande que terminaste pagando casi cuarenta mil yenes por una botella de alcohol casero porque supuestamente era reserva especial."

– "¡Hey, no me culpes por no saber portugués, renacuajo!" – Contestó su hermano. – "¡Al menos a mí no me persiguieron con cuchillo en mano por insultar a mi futura suegra!"

– "¡Renacuajo, renacuajo!" – Gritó Pánfilo.

– "¡Renacuajo el más feo de tu casa!" – Imprecó Yukio.

– "¡Ése serías tú, cara de sapo!" – Retrucó Ryuu.

– "¡Más respeto, que soy mayor que tú!"

– "¡Quince segundos de diferencia no cuentan, bruto!"

– "¡Bruta tu abuela!"

– "¡También es la tuya, retrasado!"

– "¡Invitadas, no olviden a las invitadas!" – Interrumpió Carla, tratando de que la situación escalara. – "¡Aún falta que Ale me toqu-Digo, nos toque el piano! ¡El piano!"

– "Oh, es verdad. Vale, perdón por eso, chicas, es sólo que a veces este cuatrojos lo pide a gritos." – Afirmó Yukio, cancelando el puñetazo a su gemelo. – "Panthy, si fueras tan amable de llevar a las señoritas hacia la segunda sala."

– "Sí, pá." – La niña tomó mi mano. – "Ven, Dynee, es por aquí."

– "Quién lo diría, Pepper." – Comentó la halcón, detrás de mí. – "Ya tienes una hermanita más."

– "Con gusto la cambiaría por la tengo ahora." – Respondí.

– "El sentimiento es mutuo, pepino amargado." – La alemana me sacó la lengua.

Nuestro destino estaba apenas en el otro cuarto, cruzando el salón de estar. Parecía extraño que poseyeran dos habitaciones separadas con aparentemente la misma función, pero si el anterior intercambio de mordacidades con Potato fue empírica evidencia suficiente, a veces los residentes necesitan un pequeño espacio para mantener la frágil paz. Esta sala en particular era más grande, con largos sillones en forma de L, un librero bastante surtido, una televisión de sesenta pulgadas y una conglomeración de sistemas de audio donde convivían consolas modernas, viejos tocadiscos y un sinfín de posibilidades para casi cualquier formato posible.

Empero, la estrella principal era aquel objeto rectangular que ocupaba el espacio central, en perfecta simetría con la geometría de la estancia. Cubierto por una sólida estructura de bruno ébano satinado, el hermoso instrumento albergaba las cincuenta y dos teclas blancas y treinta y seis negras que lo denotaban como un piano vertical. El frente ostentaba un nombre conocido para mí: Kawai, la empresa que fabricara el glorioso piano de cola que fuera mi recompensa durante mis días como músculo de la familia Bakos. El modelo 506N no sería tan majestuoso como el anterior, pero no carecía de la dignidad de su musical estirpe.

– "Es el mismo que usaba la abuela Hakumei para impartir clases." – Dilucidó Carla, desempolvando el asiento. – "¿Ves la marca en el costado de la caja? Fue culpa mía."

– "¿Lo golpeaste por error?" – Pregunté, levantando el atril para revelar las teclas.

– "La abuela, de hecho. Fue la primera vez que me conoció." – Aclaró la pelirroja. – "El abuelo Mitsuru y yo la encontramos practicando, ella estando de espaldas, sin que se percatara de mi presencia. Su esposo le dijo entonces que se volteara y saludara a su nieta. Al hacerlo, la abuelita pega un salto de la sorpresa y tira el busto de Mozart que tenía arriba del piano."

– "Podría decirse que dejaste tu huella." – Repliqué, palpando la marca. – "¿Qué hizo después ella?"

– "Se talló los ojos dos veces para comprobar que no estaba alucinando." – Contestó Silica. – "Curioso que no haya pensado primero en que se trataba de un disfraz, pero el abuelo ya le había hablado de su encuentro con la niña reptil durante la guerra, así que comprobar que su marido le estuvo diciendo la verdad en todos estos años la tomó desprevenida."

– "Cuando recién llegué al país, consideraba la existencia de muertos vivientes una improbabilidad." – Comentó Aria. – "Pero algo como una cambiaformas me parecía perfectamente posible. El punto es que nuestra incredulidad suele actuar de maneras inexplicables."

– "Y mira que yo tampoco creía en cosas como psicopompos capaces de llevarte a la otra vida." – Manifestó Cetania, sentándose en el sillón. – "Pero aquí estoy junto a una, y la volví mi esposa, para rematar."

– "El individualismo es universal, sin importar especie." – Declaró Lala, tomando asiento junto a sus mujeres. – "El Programa de Intercambio no ha sido únicamente para que los humanos convivan con nuestras estirpes, sino para conocernos mejor a nosotros mismos. Y es curioso, me siento tan humana que a veces olvido que soy una jueza del Inframundo."

– "Tú eres Lala-nee." – Dijo entonces la pequeña Izumi, colocando su dedito en el pecho de la segadora. – "No se te olvide, ya estás grande."

– "Es verdad, Panthy, soy Lala-nee." – La dullahan acarició el cabello de la chiquilla. – "¿No es irónico que en ocasiones los niños nos recuerden las lecciones que olvidamos como adultos?"

– "Es que no te acomodaste bien la cabeza hoy, enanita." – Bromeó la falconiforme. – "Vale, creo que ya te quitamos suficiente tiempo, Pepper, hora de demostrarle a Cherry-top lo diestros que son tus dedos."

– "Ignoraré la escabrosa insinuación de tal declaración y intentaré armonizar tus incultos oídos con mi talento, Peaches." – Respondí mientras la gecko me acercaba el asiento. – "Grazie, Carla. ¿Tienes alguna partitura cerca?"

– "Sí, recuerdo que guardamos unas por aquí." – La pelirroja revisó un cajón cercano. – "Nada por aquí, pero ya encontré ese condenado catálogo de zapatos que la señora Nishikino clamó haber perdido."

– "Ten, Sugar, prueba con éstas." – Pangea me facilitó varias. – "No son Chopin o Schubert, pero igual son clásicas."

– "Mis antiguos superiores solían hacerme estas peticiones todo el tiempo, estoy acostumbrada." – Contesté, sonriendo al ver el contenido de las hojas. – "¿Cuál deseas oír primero, Deb?"

– "La que tiene el título que haría sonreír a Heráclito y su amor por las retóricas figuras literarias."

– "¿Eh?"

– "Ésta, Dyne." – Me indicó amablemente la Abismal.

– "Entiendo." – Acomodé la partitura en el atril. – "Grazie, Lala."

– "'Sé do bheatha."

Estirando mis dedos y exhalando ligeramente, los diminutos martillos iniciaron la percusión de cuerdas y las primeras notas de la canción resonaron en la sala. 'El sonido del silencio' de Simon & Garfunkel, un título que era un perfecto oxímoron; sólo alguien versado en hieráticas ampulosidades como la segadora podría entender la oscura referencia de Mitsuko. Pero más allá de comprobar que Pangea parecía ser la persona más lista de la casa (contradiciendo ese look de rubia tonta, reafirmando el concepto de oxímoron), la pieza musical formaba parte de mi repertorio habitual durante la época Bakos.

Mis dedos se deslizaban armoniosamente por la dicotómica carretera conformada de teclas blancas y negras, fina dualidad de ébano y marfil cuyas polifónicas notas comenzaba a atraer al resto del público. Sin romper la eufonía que permeaba el ambiente, los demás miembros de la familia, incluyendo al generalmente escandaloso perico, silentemente tomaron su lugar y reposaron para oírme seguir dándole vida al viejo piano. Innecesario es remarcar lo halagada que me encontraba en ese momento, especialmente un par de añiles ojos plenamente centrados en mi persona y la tenacidad de mis dedos.

No estaría en el Teatro Regio de Turín, o La Scala en Milán, pero sin duda no podía exigir mejor auditorio en ese momento. La nota final fue dada, dejándola retumbar unos momentos con el pedal de resonancia, evocando una conclusión más digna a la melancólica pieza. El silencio dio paso a una (y me permito jactarme) bien merecida ovación de parte de los escuchas, retribuyéndoles el gesto con genuinas reverencias. Pero el concierto privado apenas daba comienzo y prontamente continué con la ulterior obra a mi disposición.

Ignoro cuánto tiempo pasó, pero tampoco es que me importara, entre la apoteosis de tocar mi instrumento favorito y la calma que la música había implantado yo me sentía como toda una intérprete profesional. En ese pequeño momento, en aquella infinitésima captura temporal, mis metafóricas alas se habían extendido cual ave fénix y, emulando a la mítica criatura, renacía bajo el fuego de mi pasión musical. Esa empusa en el piano, esa pequeña mujer de negra cabellera y verde quitina concentrada en el teclado, era la verdadera Dyne Nikos; libre, sin preocupaciones, sencillamente disfrutando de la vida.

Feliz.

– "¡É grande, é grande!" – Aplaudió Hakumei. – "¡Bravo!"

– "Te luciste, hermana." – Me congratuló la arachne.

– "Sobresaliente." – Agregó la segadora.

– "Bien hecho, mantis." – Asintió la señora Rocío.

– "Molte grazie, son muy amables." – Incliné mi cabeza. – "Mas sigo siendo una aficionada, una simple intérprete que no cobraría un par de yenes por una demostración callejera."

– "No te menosprecies, Ale-chan." – Manifestó el señor Yukio. – "Pierce Brosnan inició como tragafuegos en un circo y terminó interpretando cuatro veces al mejor James Bond desde Sean Connery."

– "Y Debbie Harry fue secretaria, mesera, bailarina a gogó y hasta conejita de Playboy antes de ser cantante." – Terció Mitsuko. – "Curiosamente, su madre biológica era pianista profesional. Llevaba la música en la sangre."

– "El punto, Pepper, es que nadie viene al mundo sabiendo lo que será en el futuro." – Cetania pasó su ala por mi espalda. – "No olvides que tú tampoco naciste siendo una agente policiaca, así que dale un poco de crédito a tu talento innato, ¿vale? Tanta modestia no te queda."

– "Eres buena, Ale, y lo sabes." – Insistió Carla.

– "De acuerdo, pero aún así, son demasiadas lisonjas para mí." – Ofrecí una sonrisa. – "Gracias de nuevo."

– "Por cierto, Ale-chan, ¿te sabes alguna de los Beatles?" – Preguntó el señor Ryuu.

– "Honestamente me extrañaba que nadie los hubiera solicitado antes." – Declaré, estirando mis dedos. – "¿Cuál le gustaría escuchar, Ryuu-san?"

– "Yesterday, si no es molestia."

– "Con gusto. Relájese y disfrute."

La célebre balada compuesta por el cuarteto de Liverpool era de las más solicitadas por Papagos, la mano derecha de Janus. A pesar de que ese cerdo era un desalmado, admitía que tenía buen gusto. Además, para mí, la canción representaba la primera tonada que interpreté para Giovanna cuando logré hacerme con mi piano Kawai GX-1; un pequeño recuerdo del ayer, una pacífica memoria para resguardar. Fue entonces que noté que el tío de Mei había empezado a tararearla en voz baja, arrobado en un nostálgico trance.

– "¿Why she had to go? I don't know, she wouldn't say…" – Entonó el señor Ryuu al tiempo que sus ojos se humedecían. – "I said something wrong, now I long for yesterday…"

– "Mamá adoraba esa, ¿cierto?" – Comentó su hermano, sentándose a su lado. – "¿Recuerdas que insistió en grabar sus interpretaciones en cinta? ¿Y que siempre las ponía cuando salíamos en el coche?"

– "Nos sentíamos millonarios porque teníamos autoestereo." – Rió tenuemente Ryuu. – "Tsubasa estaba que se moría de envidia porque él sólo tenía esa radio con la perilla dañada."

– "Y tú se lo restregabas en la cara al pobre." – Yukio le dio un pequeño empujón. – "¿Te acuerdas cómo se vengó regalándonos ese cassette con la cinta floja?"

– "¿Acordarme? Papá nos aplanó el trasero a base de cinturonazos." – Contestó el gemelo de lentes. – "Sigo extrañando mi conejo Pepito. ¿Por qué lo vendió? Apenas si alcanzaba para pagar la compostura."

– "Para aleccionarnos sobre el peso de nuestras consecuencias." – Afirmó el padre de Carla. – "Eso y para alejarte de ese condenado conejo; tenías nueve, por todos los cielos, ¿no podías elegir un muñeco más masculino?"

– "¿De qué serviría, si tú chillaste como niña cuando vendieron tu Godzilla?"

– "El rey de los monstruos vale cada lágrima derramada, cuatrojos."

– "Sí, claro." – Ryuu le dio otro empujón. Ahí, suspiró y miró hacia el techo. – "¿Cuánto hace que partieron?"

– "Catorce años. En marzo es su aniversario." – Contestó Yukio. – "¿Llevaremos crisantemos?"

– "Los amarillos, le gustaban bastante."

– "Esperemos Hiraku y Takako puedan unírsenos en esta ocasión." – Manifestó Ryuu.

– "Lo harán, ya terminaron la reconstrucción del ala este."

– "Ojalá y sí."

Cuando la tonada llegó a su conclusión, inicié de nuevo sin interrumpir el ritmo, o aquel pacífico momento entre consanguíneos. La mano de Silica se posó en mi hombro, agradeciéndome tácitamente la consideración y le sonreí el gesto. Así nos mantuvimos por otro rato, conmigo interpretando más obras del grupo británico. Me permití una broma interna mientras tocaba: ¿no era uno de su álbumes llamado Sargeant Pepper's o algo así? De mantener mi antiguo rango el nombre me hubiera quedado como anillo al dedo.

– "Vale, creo que ya fue suficiente nostalgia, tenemos un par de asuntos con nuestras invitadas, ¿no te parece, Yukio?" – El hermano de anteojos se levantó. – "Muchas gracias, Ale-chan, te agradezco alegrar el corazón de este viejo."

– "No fue nada, Ryuu-san, gracias a usted por permitirme hacer uso de sus instrumentos." – Reciproqué.

– "Bien, ahora veamos lo de la moto y la licencia, chicas." – Indicó Ryuu. – "Aria-san, Cetania-san, ¿vendrán con Lala-san?"

– "Me gustaría, pero aún tengo asuntos con Yukio-san, Ryuu-san." – Contestó la arpía. – "Sorry, Blueberry."

– "Perdón por dejarte solita, Spatzi, pero sabes lo importante que es el tema de mi abuelo para mí." – La arachne le regaló un ósculo a la segadora.

– "Te consentiremos lo que desees como recompensa." – La rapaz le dio otro.

– "Descuiden, que no hay problema." – Respondió la dullahan, reciprocándoles el gesto. – "Yo soy la de la licencia de todas maneras."

– "Acompaña a tu mujer, alemana, que yo necesito ir primero al baño." – Anunció la anciana, dirigiéndose al sanitario. – "Hostia, ¿pero qué le puso Ramona a ese atascaburras? Voy a cagarme hasta la concha."

– "Ugh, abuela…" – Tembló la gecko.

– "Por cierto, Sugar, me gusta tu estilo, sabes improvisar." – Me habló entonces Deb, colocando su mano en mi hombro. – "Ven, vamos a mi cuarto."

– "Qué descarada, Pepper, y justo frente a Cherry-top. ¿No tienes vergüenza?" – Provocó la halcón, cubriendo su sonrisa burlona con un ala. – "Si Panthy-chan no tuviera seis seguro también la agregarías a tu harem."

– "Juro que voy a desplumarte viva, pajarraca." – Espeté.

– "¡Tengo cinco!" – Aclaró la pequeña, enfatizando con los dedos de su mano. – "¡Los cumplí hace meses!"

– "Felicidades, Panthy-chan, ya eres una niña grande." – La americana le acarició la cabeza. – "Y aunque te veas más alta de lo que aparentas, debes seguir teniendo cuidado que no te vaya a robar esta grillita."

– "Lárgate de una vez, Peaches." – Le di una ligera patada y volteé hacia Pangea. – "Lamento eso, ¿decías?"

– "Acompáñame a mi habitación, hay algo que quiero que veas." – La varano se encaminó hacia la escalera, haciéndome seña de seguirla. – "Puedes traer a Pipsqueak contigo si quieres, pero no le quites el ojo de encima, suficiente me estoy arriesgando con ella cerca de mi santuario."

– "Descuida, que me quedaré muy quietecita." – Respondió sardónicamente la pelirroja. – "Tus aquelarres estarán a salvo, Pangy."

– "Una más y sufrirás las verdaderas consecuencias, taponcete." – Advirtió Mitsuko. – "Por aquí, Sugar. Cuidado con los pies al entrar, y no bromeo."

Subimos las escaleras, la habitación de la varano siendo la más cercana. La puerta era blanca, contrastando con las cafés del resto de la casa, aunque lo distintivo era la decoración de ésta: el rostro de la heroína musical de Deb estilizado al modo stencil, hecho con diferentes materiales y divido entre los cuatro paneles que conformaban la puerta. La silueta se dividía correctamente en los colores correspondientes, sin importar el tipo de pintura usado. Sobresaliente, debo admitir.

– "Se lo pedí a una compañera de la preparatoria como pago por ayudarle con sus estudios." – Elucidó la rubia, respondiendo a la implícita pregunta. – "Talentosa, ¿cierto? Le pediré que sea la directora de arte cuando grabe mi primer disco."

– "¿Aún vas a la preparatoria, Deb?" – Interrogué.

– "Tengo qué. Resulta que la tutoría casera no es precisamente la más aceptada por el Ministerio de Educación Nacional." – Contestó la varano, insertando la llave. – "Ya deberías saberlo, Sugar, ni siquiera éramos reales antes del Acta. Incluso Pipsqueak la tuvo más fácil para volverse una azul."

– "Y aún así no pasaría de simple patrullera. No poseo documentos que avalen formación académica alguna, así que mi rango siempre será bajo." – Silica disintió con la cabeza. – "De hecho, la razón por la cual elegí la prefectura de Tokyo en lugar de la de Osaka era porque los requisitos eran menores. Obtengo permiso para usar armas de fuego y emplear equipo policiaco moderno, pero no para obtener un diploma escolar."

– "Normalmente retrucaría señalando mi posición como agente de élite." – Comenté. – "Pero sin mi historial en la Guardia Costera o los actos de Potato y Peaches en el centro comercial, dudo que Smith nos considerara algo más que un par de nombres en su lista. Para mí sería peor, ni siquiera estaba en ella."

– "No es fácil ser liminal." – Afirmó Hakumei.

– "Por todos los cielos, ¿qué hacemos deprimiéndonos a estas horas? ¿Qué somos, emos de secundaria?" – Pangea giró la perilla. – "Suficientes lágrimas, chéries, hora de… ¡Con un demonio, esta no es mi llave! ¡Pipsqueak, ¿acaso tú la tienes?!"

– "¡¿Y yo para qué querría entrar a tu habitación, lagartona?!"

– "¡Es lo que quiero saber! ¡Dame la llave!"

– "¡Que no la tengo!"

– "¡No la tengo! ¡Aaack!"

Todas volteamos hacia la fuente de aquella voz tan chillona, encontrándonos con Pánfilo, que llevaba la mencionada llave en su pico. Sin decir nada, el perico, alzando sus alas como lo hiciera previamente, caminó hacia nosotras hasta quedar frente a mí. Ahí, subió y bajó su cuerpo, sin soltar la llave de su boca; de alguna manera comprendí el gesto y le ofrecí mi mano, el ave subiéndose a ésta de un salto. Demostrando docilidad, el pájaro soltó la llave. Las tres nos miramos y encogimos los hombros, era inusual que este pajarraco se portara tan civilizado.

– "Dame un besito."

Por supuesto, nunca haría el bien sin esperar nada a cambio. Ignorando la solicitud de esa rata emplumada y alejándola a pesar de sus protestas, Mitsuko nos abrió las puertas a su santuario privado. No exageraba cuando advirtió prudencia con nuestros pies: su recámara estaba repleta de cables y aparejos que parecía más algún set hollywoodense de sci-fi que una habitación regular. Pero en lugar de monumentales máquinas destinadas a ayudar la invasión de alguna raza alienígena, los aparatos conectados se trataban de simples órganos electrónicos, bocinas, computadoras, consolas de audio y sinfín de herramientas que definían aquel aposento como un estudio casero.

Y al igual que su dueña, aquel improvisado estudio de grabación era un collage de contrastantes épocas: pantallas planas LCD convivían con vetustos monitores de rayos catódicos y el lustroso plástico de los modernos teclados se regodeaban junto las amarillentas carcasas de las computadoras antiguas, análogo residiendo con digital y todos los matices intermedios. Pude distinguir consolas de videojuegos y otros medios portátiles conectados a infinidad de cables, como las tétricas víctimas del experimento de algún científico loco, todos sirviendo el propósito de crear música para su ama.

Como guinda a tan singular cóctel tecnológico, las paredes, pintadas de verde pistache, igualmente exudaban su aire particular: incontables posters y afiches de la banda predilecta de Pangea adornaban los muros y hasta el techo, algunos siendo sencillos carteles promocionales mientras otros ostentaban expresiones artísticas más sofisticadas, como los cuadros reminiscentes al estilo de Andy Warhol y otras obras que posiblemente fueran también trabajos de algún compañero de colegio. Una aparente heterogénea mezcla de conceptos que daban el toque personal que se esperaría de una persona como Mitsuko.

– "Welcome to the Orchid Club, chéries." – Habló la rubia, extendiendo sus manos parsimoniosamente y girándose hacia nosotros, como si liderara una exposición artística. – "Elegí ese tono para las paredes porque el verde estimula la creatividad, ¿saben?"

– "Ahora entiendo por qué deseabas que te acompañara." – Respondí, contemplando el resto del aposento. – "Todo esa preciada inspiración verde se halla atrapada tras una indiscriminada capa de afiches."

– "Confieso ser un poco obsesiva con demostrar mi devoción hacia la gran Debbie, pero tu presencia se debe a otra razón, Sugar." – Manifestó Lamarca. – "Aquí no cultivo sueños, sino planto las semillas que me obsequiarán dulces frutos en el futuro. Siéntanse libres de admirarnos a ambos, mi santuario y a mí, que no rechazamos elogios."

– "Qué modesta." – Mei giró los ojos.

– "La modestia es falsa humildad, Pipsqueak. Prefiero sonar altanera a pretender una realidad deshonesta." – Contestó la varano. – "¿Desde cuándo el mentir se volvió una norma común en la sociedad?"

– "Eso dígamelo usted, señorita 'Odio-que-me-llamen-por-mi-nombre-real'."

– "Ah, ah, no tan rápido, Pipsqueak." – Pangea negó despreocupadamente con el dedo. – "Deb es mi pseudónimo, algo que una artista actual como yo puede darse el lujo de poseer y defender. No ves a la gente llamando Vincent a Alice Cooper, o a los fans de Slash saludándole como Saul, ¿cierto? Tienes suerte que no te agarre a cuchillazos como Sid Vicious cada vez que me dices Pangy."

– "Cierto, pero todas esas celebridades cuentan con la fama para respaldar aquella decisión." – Retrucó Hakumei, cruzándose de brazos. – "Sé que tienes talento, Mitsuko, pero deberías obtener el derecho de la notoriedad antes de llenarte la cabeza con las ínfulas de la petulancia, de lo contrario sólo eres una lagartija fanfarrona."

– "Sensato si bien algo predecible argumento, Pipsqueak." – La rubia se levantó de su lugar. – "¿Pero para qué extender agitados litigios dialécticos cuando simplemente puedo mostrar mis armas principales?"

Sin decir nada más, Pangea cerró las persianas y apagó las luces de la habitación, con solamente la pantalla de la computadora que había encendido como única fuente de iluminación. Ignoro de ordenadores, pero era obvio que el modelo no era de esta década, o incluso la pasada, como evidenciaba ese característico color amarillento y la primitiva apariencia de los periféricos de entrada. El nombre Amiga se leía en la calcomanía del teclado y la parte trasera del aparato era hogar de un ejército de conexiones, al grado de marear. Luego de casi dos minutos de contemplar a Deb congelada en una despreocupada pose, disimulando calma ante la lentitud de la máquina, el programa principal finalizó su carga.

La demora en incómodo silencio fue recompensada con el estruendo que escapaba del sistema de audio conformado de más de doce bocinas y un subwoofer distribuidas estratégicamente alrededor de la habitación. Sería un verdadero asalto sónico de alto impacto de no ser porque la música reproducida por aquel vetusto ordenador era de baja fidelidad. No soy ingeniera de audio ni clamo serlo, pero no se necesitaban conocimientos en el campo acústico para notar la no tan grandiosa calidad del sonido, reminiscente a las escuchadas en los famosos centros arcade de antaño, percibiéndose sumamente sintetizada, casi robótica.

Pero esa era precisamente la intención.

No tendría sentido encender un aparato tan arcaico si se esperaba tecnología de punta. Al igual que su tío Yukio, Deb se decantaba por la nostalgia acústica, especializándose en el distintivo sonido de los sintetizadores computarizados proliferantes en los albores de la informática. El espectrograma digital en la pantalla evidenciaba el uso de ocho canales usando diferentes muestreos musicales, un abanico sumamente limitado para los estándares actuales, pero que no demeritaba la actual calidad artística de la tonada. La música poseía actualmente buen ritmo, y no quedaría fuera de lugar resonando dentro de una discoteca de los noventa o una película con Keanu Reeves combatiendo clones de Hugo Weaving dentro de un mundo virtual.

Y entonces, con el ambiente ya establecido, la rubia dio paso al siguiente paso de su plan. Un par de luces púrpura se encendieron enfocando a Mitsuko quien, extendiendo sus brazos dramáticamente, dio usó a sus dos manos para tocar los dos teclados que se encontraban en cada uno de sus costados. No sé qué fue lo que más me sorprendió de aquello: que pudo ajustarse a la tonada sin quebrar el ritmo de la reproducida en la computadora, que pudiera tocar dos teclados al mismo tiempo sin despegar la vista de nosotras, o que fuera capaz de todo lo anterior usando gafas oscuras en un ambiente con luz tan escasa.

Para culminar su fatua exhibición de talento, su cola encendió un par de interruptores más y pronto los cientos de diminutos espejos de la bola disco colgada en el centro de la habitación fueron iluminados por un par de luces multicolores, tapizando el resto del cuarto con una polícroma constelación en movimiento. Pangea se movía al compás de la música, aún sin quitarnos la vista de encima y esgrimiendo una ufana sonrisa. El espectáculo llegó a su final, con Mitsuko enfatizando las últimas notas al mantener sus dedos sobre las teclas, permitiendo al sonido disminuir gradualmente. Con eso, ella asumió su pose despreocupada, cruzando las piernas y usando su cola para encender el interruptor de la luz principal.

– "Picture this, chéries: deseo la fama, deseo el triunfo, y poseo las herramientas para lograrlo." – Habló la varano. – "¿Es engreído actuar como si ya los poseyera? Quizás, ¿pero acaso es delito creer lo suficiente en mí misma para saber que los obtendré? Pueden detestar mi actitud, y no las culparé por hallarla exasperante…"

– "Y eso siendo amables." – Espetó la gecko.

– "Pero eso significa que mi esfuerzo deberá ser el doble por alcanzar mis metas." – Prosiguió Pangea. – "Después de todo, si fallo en mi cometido no podré seguir presumiendo con la misma certidumbre de ahora y traería vergüenza a mi familia. Al final toda esta presunción tiene un objetivo noble, ¿no les parece, chéries?"

– "Tu vanidad supera tu nobleza, no intentes mentirte." – Comenté con fría sinceridad. – "Pero tu pragmática actitud hacia conseguir lo que ansías, aunque riesgosa, es la diferencia entre cruzar la línea final o quedarse a mitad del camino."

– "Thank you, Sugar, tanto por el aliento como por la cruda honestidad." – Sonrió Lamarca. – "¿Saben por qué mi positiva actitud a pesar de estar consciente de lo imprevisible del mañana?"

– "¿Qué estás loca?" – Acotó Mei.

– "Sí." – Replicó Mitsuko, encogiendo los hombros. – "Pero también es porque lo imposible no existe. Además, si los ñoños de Skrillex y Deadmau5 son capaces de hacer millones con sólo darle play a sus grabaciones de licuadoras descompuestas en su Macbook, yo tengo posibilidades de ser la siguiente sensación del género, ¿no les parece?"

– "Pangea, nadie duda de tu habilidad. Incluso yo te concedo el talento." – Respondió Carla. – "Pero necesitas algo más profesional que componer en una computadora vieja. De esos podrías encontrar por millares en YouTube."

– "Y precisamente por eso quiero entrar al colegio de música. Mi talento se verá desperdiciado a menos que obtenga un diploma que me respalde como una opción seria." – Declaró Pangea. – "Cierto, podría esperar a que algún productor descubriera mi trabajo y me abriera las puertas a la gloria, pero no dejaré algo así a la suerte. No estoy tan loca para lanzarme del avión sin paracaídas."

– "¿El ave canta aunque la rama cruja, como que sabe lo que son sus alas?" – Pregunté, citando a cierto poeta latino.

– "You betcha, Sugar. Quiero que mis alas sean tan mayestáticas como yo." – Deb hizo otro ademán presumido. – "Y las necesitaré, mi objetivo es laborar en alguna compañía de videojuegos que reconozca mis fastuosas creaciones."

– "Espera, ¿videojuegos?" – Indagué con ligera incredulidad. – "Vale, eso explica que estés rodeada de computadoras y consolas, ¿pero por qué precisamente tal rama?"

– "Vamos, Sugar, ¿acaso aún no te das cuenta? Adoro ser el centro de atención, incluso he logrado extender esta conversación enfocada en mi persona hasta este punto." – La varano extendió sus brazos. – "Que mi trabajo forme parte del entretenimiento electrónico no sólo satisfaría a mi niña interior, sino que lo asociaría con diversión para los jugadores. Koji Kondo, Nobuo Uematsu, Jeremy Soule, todos son nombres que se han inmortalizado en el mundo de los pixeles y los bits. Y el mío también lo será."

– "Al final del día sigues siendo una nerd, Pangea." – La pelirroja descansó su barbilla en su mano. – "¿Quién diría que pasarías de la querida primita que me ayudaba en Mayro Kratt a la insoportable lagarta con aires de diva?"

– "Ninguna nerd luce tan bien como yo, Pipsqueak." – La rubia se acomodó el cabello. – "Por eso me contratarán rápidamente, sería excelente material publicitario, incluso me usarían como vocera principal para un E3."

– "Creí que tu ambición era ser una artista más enfocada en el mundo de la farándula." – Opiné. – "Vocalista, en específico. Ser el rostro de un grupo, igual que Debbie Harry."

– "Y lo sería de no ser porque carezco de las cualidades vocales para ello, Sugar." – Aclaró Lamarca. – "No soy Moby para tocar y cantar al mismo tiempo. Ser DJ no me queda, y prefiero la tranquilidad de componer en estudio que en vivo. Formar parte de una banda también se descarta: sería integrante de fondo y el vocalista se robaría toda la atención. Pero es ahí donde podré brillar gracias a mi trabajo y no meramente por mi apariencia."

– "Lo siento por quien desee contratarte." – Comentó Carla. – "Seguro los volverías loco antes que tu nombre aparezca en los créditos."

– "Podría ser una infernal aleación de los egos de Beyoncé, Lady Gaga y Kanye West juntos y aún así seguiría siendo la primera en recibir mi cheque mensual." – Aseguró Mitsuko. – "Al mundo, y especialmente a las compañías, les importa un bledo quién seas, sino lo que hagas, y yo pienso hacer mucho dinero para ellas y para mí. Una no come de ovaciones y zalamería después de todo."

Otra arrogante declaración, pero crudamente cierta. La razón por la cual no me encuentro contando mi días en una celda de Belle Reve es porque probé que soy una excelente herramienta para disminuir el índice delictivo en el país. Demostrar nuestra utilidad es, y seguirá siendo, el aspecto más importante en la sociedad.

– "De acuerdo, suficiente de anodina charla, pasemos directamente a los negocios." – La rubia reposó su barbilla sobre el monitor de la computadora. – "Verás, Sugar, no te invité a mis aposentos para robarte el aliento con mi belleza; ese se supone es el trabajo de Pipsqueak, aunque sabemos que no está calificada para la tarea."

– "Estás a un golpe de comprobarlo, Pangy." – Contraatacó la pelirroja, tronando sus dedos.

– "Tienes suerte de que mis pósters sean sagrados, Bolita, o decoraría mis paredes con tu sangre." – Pude percibir la mirada asesina de Pangea detrás de las gafas de sol. – "Como decía, Sugar, te traje aquí porque después de atestiguar tu destreza dactilar he deducido que serías un excelente aporte a mi proyecto musical, así que seré directa: ¿Quieres ayudarme a hacer algo juntas? Ahora mismo, de hecho."

Juro que esperaba el momento en que Peaches o Potato saldrían de algún escondite para hacer bromas de escabrosa índole respecto a ese comentario, pero por fortuna mi paranoia sólo fue un fugaz pensamiento.

– "¿Por qué no?" – Encogí los hombros. – "Según tu lógica, sería formar parte del génesis de una futura superestrella. De acuerdo, ¿qué deseas que haga?"

– "Ay, Ale, no tienes que hacerlo." – Aconsejó la ojizarca. – "¿Por qué no vamos abajo? Te prepararé un poco de té y platicaremos de algo mientras esperamos a las demás."

– "Take it easy, Pipsqueak, que no intento robarte a tu novia, si eso te preocupa." – Injirió la varano. – "Sólo deseo una cooperación física totalmente voluntaria con tu querida mantis. Y la que decide es ella, no tú."

– "Vamos, Carla, suena interesante." – Insistí. – "De hecho, me gustaría que cooperaras también."

– "Opino lo mismo." – Secundó su prima. – "¿Qué tal si nos auxilias a combatir la resequedad en nuestras gargantas y nos traes un poco de té de melocotón? Y galletas Chocozombie, antes que Panthy se las termine, ¿por favor?"

– "Lo haré porque es de mala educación no hacer agradable la estancia a los invitados." – Respondió la gecko, levantándose. – "Y contigo cerca debo trabajar el doble para que Ale no termine encerrándonos en una mazmorra de por vida."

– "Hey, guárdate tus fantasías eróticas para cuando estén a solas, ¿quieres? Sólo trae el té, por todos los cielos."

– "Eres insoportable, lagartona." – La brasileña disintió con la cabeza. – "Ale, ¿qué vas a querer?"

– "Té de durazno está bien, Carla, te lo agradezco." – Le sonreí.

– "De acuerdo, ya vuelvo. Y si esta víbora con patas intenta algo eres libre para decapitarla."

– "Descuida, tengo experiencia con rubias revoltosas."

Con la pelirroja cerrando la puerta, Lamarca no perdió tiempo y me indicó tomar posición en un tercer teclado hallado a mi izquierda. Antes de encenderlo, antes de siquiera poder hacer otro movimiento, mi ojo parpadeó un par de veces para asegurarse que no se trataba de ilusión: Yamaha YPG-235, el mismo modelo que me regalara Olympia. Me alegraba que Pangea se hallara ocupada prendiendo otro ordenador, o tendría que batallar para sacarme del trance nostálgico que me impactó como una locomotora.

Permití a una discreta lágrima humedecer mi verde ojo, sin dejarle recorrer la carretera de mi mejilla. Palpé ese cuerpo de plástico, remembrando las innumerables noches que perdí el sueño por quedarme a seguir componiendo mis infantiles creaciones. No sabía cuánto extrañaba aquel rectángulo de color champaña metálica, con esa pequeña pantalla LCD añil juntos a las dos bocinas laterales y sus setenta y seis teclas, hasta que volví a reencontrármelas. Le di una pequeña palmada a mi vieja amiga, habían sido demasiados años lejos.

– "¿Sucede algo, Sugar?" – Habló Mitsuko. – "Sé que es un modelo algo básico, pero cumple perfectamente su función como auxiliar."

– "Este teclado fue el primero que tuve, con el que empezó mi afición." – Elucidé, pasando mi mano por los botones. – "Me lo regaló una muy buena amiga. Es como si me presentaran a la nostalgia misma en persona."

– "Tu expresión es la definición de nostalgia ahora mismo, Sugar." – Afirmó la varano. – "Vale, además de poner esa sonrisa en tu rostro, me las has puesto a mí: significa que aceleraremos el proceso significativamente. Disculpa que te saque de este pequeño viaje al pasado, ¿pero podrías ajustar la mitad a Órgano y la otra a Coro?"

– "De acuerdo, volver a tocarlo es mejor que contemplarlo." – Ajusté las opciones. – "¿Intensidad y reverberación?"

– "Veinticinco y cincuenta en ambos, respectivamente." – Respondió, finalizando de acomodar los cables. – "Ahora, ¿ves las partituras a tu derecha? Tócalas, quiero ver cómo suena."

– "Vale." – Comencé a interpretar las notas frente a mí. – "¿Qué te parece?"

– "Sube la reverberación del órgano a ochenta, baja el tono a cuarenta y dos." – Indicó Mitsuko. – "Tocaré primero esta parte y te unirás cuando te indique, ¿vale?"

Concentrada y directa, Pangea se hallaba en control de su entorno de trabajo, un positivo que la ayudaría a contrarrestar los inconvenientes de su ufana actitud. Comprendía el objetivo de su solicitud: deseaba agregar una especie de golpe dramático a la pieza musical que se encontraba componiendo, pero ni la combinación de ominosos coros y seráficos arpegios parecía convencerla, opinión que yo compartía.

– "¿Has probado con usar trompetas en esta parte?" – Sugerí. – "Combínalo con una gaita céltica y obtendrías ese punch que buscas."

– "Quiero que sea reminiscente a un escenario retro-futurista, no una épica medieval." – Respondió la varano. – "Pero igual a Blondie le funcionó usar un estilo diferente cuando escribieron Atomic. De acuerdo, démosle una oportunidad, Sugar."

– "Bien." – Inicié a tocar. El resultado no estaba nada mal. – "¿Y ahora?"

– "Cambia la gaita por clavicordio, aumenta reverberación a noventa e intensidad a veintiocho." – Ordenó, chasqueando sus dedos. – "Sube el tono a cincuenta y tres. Toca a mi señal."

– "De acuerdo."

Repetimos el proceso y, como la eureka que encontró Arquímedes de Siracusa, Lamarca abrió sus ojos al descubrir que, en efecto, ese pequeño cambio era precisamente lo que buscaba para su creación. Hicimos otra prueba, cambiando ligeramente el tiempo de ejecución, demostrando que habíamos tomado la decisión correcta. Mitsuko me ofreció su palma, chocándola con la mía en respuesta.

– "¿Quién pensaría que un toque de spaghetti western quedaría como anillo al dedo?" – Comentó una satisfecha Pangea, tecleando en el ordenador. – "Eres un trébol de la suerte, Sugar, ahora entiendo por qué le agradas tanto a Pipsqueak."

– "Hay qué ser útil todo el tiempo." – Contesté. – "Pero, ¿en serio me trajiste sólo para esto?"

– "No te dejes engañar por la aparente simpleza de tu tarea, Sugar; gracias a tu innovación acabo de ahorrarme toda una noche de insomnio." – Replicó Deb. – "Sin ti tendría que samplear la tonada por mí misma, probarla y afinar los detalles que encuentre. Es un trabajo intensivo y tedioso, y para colmo no tendría garantizado que encontraría la solución tan pronto. Así que gracias de nuevo, empusa, te recordaré cuando esté en la cima."

– "Qué honor." – Dijo entonces Mei, habiendo regresado. – "Té helado y las últimas galletas que Panthy dejó. Este es para ti, Ale."

– "Grazie, Carla." – Congratulé mientras ella me servía mi porción. – "¿Lo preparaste tú?

– "Não há de quê. Y sí, yo lo hice, espero te guste." – Me sonrió y volteó hacia su prima. – "Y tú, lagar-tonta, deja de usar a mis amigas como tus empleadas. Una cosa es que papá desee oír una canción y otra a que tú las traigas para tus frívolas peticiones."

– "Te recuerdo que es voluntario, enana, y no escuché a tu novia quejarse." – Retrucó la rubia, tomando su bebida. – "Espera, ¿acaso usaste melocotones reales?"

– "No había más Bailey Ridge. No tiene mucha ciencia de todas maneras."

– "Has mejorado." – Replicó con inusual benevolencia la rubia.

– "Obrigada."

– "¡Calabacita! ¡Calabacita, ¿dónde andas?!" – Escuchamos a Laura llamar desde abajo. – "¡Ven a ayudarme, la abuela no encuentra sus dientes!"

– "¡Dile que busque con ese condenado perico ladrón que tiene de mascota!" – Le respondió su hija. – "¡Yo estoy ocupada!"

– "¡Deja de poner excusas y ven a ayudarme en este instante, jovencita! ¡No me hagas subir ahí con geta en mano!"

– "¡Aaagh!"

Furibunda y estampando el suelo, la gecko salió de la habitación, azotando la puerta en el proceso. Ver a la apacible Silica en iracundo estado seguía siendo algo nuevo para mí, así que, a pesar de que Mei lucía en ese momento como un frenético deinonychus, al grado que ni Mitsuko se atrevió a reclamarle el maltrato a su habitación, yo no podía dejar de admirar nuevas facetas en la siempre interesante pelirroja.

– "Increíble cómo una enanita como ella puede intimidar cuando se lo propone, ¿cierto?" – Comentó su prima, probando una galleta. – "Confieso que voy a extrañarla cuando me vaya a la universidad."

– "Eres una experta en ocultar el aprecio que le tienes tras esa máscara de ensoberbecimiento." – Opiné, deleitándome con el relleno de cacao del bizcocho. – "¿Por qué el seguir con la charada? Creí que detestabas la falsedad."

– "Pipsqueak ha sido prácticamente mi hermana desde que tengo memoria, Sugar. Mi primera compañera y confidente." – Declaró la poiquiloterma. – "Solíamos dormir juntas cuando éramos pequeñas, cuando la economía familiar se encontraba un poco exigua. Hallándonos tan aisladas del mundo, sólo nos teníamos una a la otra para soportar nuestras travesuras infantiles."

– "Eran bastante cercanas, eso puedo entenderlo." – Asentí con la cabeza. Ahí la miré fijamente. – "Entonces, ¿lo haces para que no te eche de menos cuando partas?"

– "El mundo necesita más personas como tú, Sugar, la cantidad de tiempo que ahorras es imprescindible." – Rió ligeramente, tomando su té helado. – "Precisamente, intento alejarla para que mi ausencia no le afecte. Y el éxito de mi plan no se puede negar: tú y tu familia son las primeras compañeras que invita a la casa desde la hija de Tsuno-san. Al contrario de lo que aparenta, Mei es bastante introvertida, y decidir apartarla un poco de mí era necesario por si quería encontrar su propio camino."

– "Ambas son la definición perfecta de apariencias engañosas." – Afirmé. – "Mi primera impresión de ti no era bastante favorable, pero ahora me queda claro que tienes más cerebro debajo de esa dorada cabellera."

– "Igual que la Deb real." – Sonrió, satisfecha. – "Pero sí, me alegro que Mei finalmente hiciera amigas reales. Y lo sé porque nadie que haya invitado ha roto su amistad con ella, incluso si me baso en meramente un ejemplo anterior a ustedes."

– "Dudo que alguien quisiera hacerlo." – Opiné. – "No hay otra como ella."

– "Damn, Sugar, trata de disimularlo un poco, ¿quieres?" – Provocó la varano. – "Pero creo que tenerte secuestrada aquí comienza a afectarte. Me quedaré trabajando el resto del día; anda, regresa con tu solamente amiga gecko, que ya debe extrañarte. Gracias por tu trabajo, ojalá nos veamos nuevamente en el futuro."

– "Sí, creo que ya pasamos demasiado tiempo aquí." – Le ofrecí la mano. – "Ci vediamo, Deb, fue interesante experimentar un nuevo enfoque musical. También espero volver a vernos."

– "Sounds like a plan." – La estrechó. – "Un pequeño consejo, Sugar: Hakumei será una ratoncita algo impredecible y todo, pero es una buena persona; cuídamela bien, ¿de acuerdo?"

– "Cuenta con ello." – Asentí y me dirigí a la puerta. Antes de salir, miré hacia atrás. – "Oh, y Deb…"

– "¿Sí?"

– "No vuelvas a llamarme Sugar." – Aseveré.

– "Cold as ice cream and still as sweet." – Rió tenuemente la rubia. – "Me gusta tu estilo, empusa. De acuerdo."

Me retiré de allí y bajé las escaleras, encontrándome con la gecko lavando los platos. Sin pronunciar palabra me coloqué a su lado y me uní en su labor, agradeciéndome ella con una resignada sonrisa silenciosa, reciprocándole yo con un gesto similar.

– "Se me escapó la lengua y le dije tonta a la abuela por haber perdido su dentadura." – Explicó la escamosa, enjuagando un vaso. – "Me siento mal por gritarle, pero no por decirle sus verdades."

– "Dicen que las más tranquilas son las más peligrosas." – Comenté. – "Eres la prueba fehaciente que avala al aforismo."

– "Oh, vamos, Ale, tampoco es que sea así todo el tiempo." – La ojizarca se sonrojó. – "Siento que ni siquiera me conozco hoy, tan pronto llegué a la casa me sentí tan…"

– "¿Normal?"

– "Un término bastante suave, pero sí." – Respondió la pelirroja. – "Siento que el resto de mi familia es tan única que yo bien podría ser un personaje genérico. Y ni hablar de la presencia; es decir, esta conversación entre ambas ahora es más larga que todo lo que dije en la mesa. Me sacas de la ecuación y no habría hecho diferencia alguna."

– "Respóndeme algo, Carla: si no estuviéramos de visita el día de hoy, ¿hubieras sido una persona diferente?" – Cuestioné, mirándola fijamente. – "¿Acaso la gecko que se divirtió comiendo esos daifukus desaparecería? ¿La pelirroja que juega a ser un dinosaurio se hallaría extinta? ¿Es Carla Hakumei Silica una ilusión que únicamente existe en nuestra presencia?"

– "Bueno, no, pero…"

– "Es verdad que la excentricidad de tu familia resalta sobre todo; la personalidad de Deb es capaz de opacar hasta las de Jaëgersturm y Cetania, pero eso no significa que la persona que eres cese de existir." – Proseguí mientras lavaba los cubiertos. – "Observa a Lala, es la más silente de nuestro grupo y aún así no hay quien la reemplace. Y no se debe a su apariencia o la innata naturaleza Abismal, sino a que su mera presencia nos recuerda lo única e importante que es, igual que tú."

– "Comprendo tu punto, pero de todas maneras me siento mal por… no sé, siento que puedo hacer más que mantener la boca cerrada e intercambiar el comentario ocasional."

– "Ahora comienzas a sonar como Deb, tratando de obtener un poquito de protagonismo." – Reí ligeramente. – "Se nota que ella te influenció, por más que desees negarlo."

– "Diecinueve años siendo mi hermana mayor, por supuesto que algo se me iba a…" – Silica sacudió su cabeza. – "Ay, ese no es el punto, Ale."

– "Esa es precisamente la cuestión, Carla: tú eres la amalgamación de tu familia." – Manifesté. – "Tienes la voluntad de tu abuelo, las ganas de sobresalir de tu prima, la amabilidad de tu madre y tía, la picardía de tu padre y tío, y la ternura que compartes con Panthalassa. Incluso podría decirse que heredaste la explosividad de tu abuela Rocío, aunque no compartan sangre. Todo eso comprimido en pequeño paquete."

Entonces, colocando la vajilla en su lugar y usando mi dedo, dejé una bolita de espuma en la punta de la nariz de la brasileña.

– "Y aún así, nadie, pero nadie puede confundirte con alguien más que no sea Carla." – Aseguré. – "Porque no importa qué tan fulgurante sea el espacio, ninguna estrella pierde su luz. Jamás lo olvides."

– "¿Qué tal cuándo los gases en su interior se agotan y se convierten en enanas blancas?"

– "Bueno, ya estás enanita de por sí, ¿no?"

– "¡Ah, ¿entonces insinúas que estoy en mis últimas, empusa engreída?!"

– "Me temo que sí." – Simulé dejar la cocina. – "Regreso con Deb, a ella aún le queda energía de sobra."

La chica de escamas aguamarinas me reprendió jalándome del cabello y metiendo sus dedos en mi boca para estirarla, conmigo tomando sus mejillas y extendiéndolas también. Mi acometida se dificultaba con la audaz colita de la reptil haciéndome cosquillas en el costado, pero ese era el objetivo, recordarle que esa mujer que aún se divertía como pequeña no desaparecía entre el resto de sus familiares. Esa estrella que tenía por alma resplandecía tanto que otorgaba calor al sistema planetario que conformaba nuestro grupo, una calidez que necesitábamos… que yo necesitaba y no supe que requería hasta conocerla.

– "Eso eres." – Dije de repente mientras forcejeaba con sus brazos. – "Eres nuestro sol."

Los cronones detuvieron su marcha y el tiempo se paralizó en ese instante y todo alrededor nuestro se esfumó de repente, quedando únicamente nosotras dos en esa congelada cápsula temporal. Los intensos ojos de la nativa de Osaka volvían a encontrarse con el mío, mi verde reflejándose en el idílico azul de sus ventanas del alma. Nuestra respiración se ralentizó proporcionalmente al tiempo que nuestros latidos aumentaban su intensidad, así como la distancia entre ambas, sin romper contacto visual, disminuía.

– "Repítelo…" – Murmuró ella, contemplándome fijamente. – "Repítelo de nuevo…"

– "Eres nuestro sol..." – Obedecí, susurrando también. – "De tu familia, de nuestro grupo… y también el mío…"

– "¿Por qué?"

– "Porque es la verdad. Es lo que siento en el interior, y sé que tú también."

– "¿Así…?" – Su sonrojo era intenso. – "¿Así lo crees en verdad?"

– "Lo juro."

– "Ale…"

– "Carla…"

– "¿P-puedo… puedo sincerarme contigo?"

– "Es lo que te pedí que hicieras siempre…"

– "B-bueno, entonces…" – La gecko tragó saliva antes de continuar. – "Creo que no deberíamos hacer esto…"

– "¿Eh? ¿Por qué?"

Usando su cola para indicarme, volteé a la dirección que esta apuntaba.

– "Oh…"

Un par de enormes ojos amarillos con ligero pigmento rojo nos observaban fijamente. Panthalassa, habiendo aparecido quién sabe cuándo, era la única testigo de aquel encuentro privado, sin contar a su ballena de juguete. Rápidamente Hakumei y yo nos separamos y fingimos reanudar el lustrar la vajilla familiar con hacendoso ahínco, esperando a que el trabajo desviara su atención de nuestros ruborizados rostros, el agua enjabonada ocultara el sudor que nos recorría el cuerpo, y su inocencia infantil la protegiera de cualquier riesgosa pregunta que su curiosidad pudiera formular.

– "Panthy, aquí estabas, te estaba buscando." – Habló entonces la señora Laura, entrando a la cocina. – "Oh, Ale-chan, no tienes qué lavar los platos también, el castigo es para Calabacita."

– "Ah, n-no se preocupe, Laura-san, es un placer ayudar." – Aseveré, tratando de calmarme.

– "Está bien, pero no le hagas más fácil el escarmiento a Mei." – Indicó la señora Silica. – "Y tú, Panthy, te dije que limpiaras tu habitación, bebé."

– "Ya voy, má." – Le respondió la pequeña varano. – "Es que Dynee y Mei-chan se iban a besar."

– "¡Panthy, no digas mentiras!" – Exclamó Hakumei, roja como tomate. – "¡Mamâe, no le creas nada! ¡Son cuentos de niños!"

– "¡Yo no digo mentiras!" – Declaró la niña, estampando su pie en el suelo. – "¡Te ibas a besar con Dynee! ¡Estaban agarradas de la mano y todo!"

– "¿De verdad, hijita?" – Interrogó la gecko mayor, mirándonos de reojo. – "Cuéntame todos los detalles."

– "Dynee la tenía así de las manos, como pá Yukio hace contigo cuando te va a besar." – La varanito le dio el ejemplo con sus brazos. – "Y le estaba susurrando cosas que no escuché, pero se parecía a como hace el cartero a la abuelita cuando ustedes no están."

– "¡Así las quería agarrar, puerc…!" – La mujer reaccionó entonces. – "¡Espera, ¿cómo que la abuela y el cartero?!"

– "Sí, el viejito que viene en moto por las mañanas." – Reveló Izumi. – "Le dices cosas al oído y abuelita se echa a reír. Hasta le mueve la colita."

– "¡Ese condenado fósil pelafustán, intentando aprovecharse de una inocente ancianita!" – Imprecó una furibunda Sya. – "¡Pero esto no se queda así, ahorita mismo le digo a Eva! ¡Yukio, carga ese rifle, hay que darle una lección a otro más!"

La madre de Mei despareció de escena y nosotras permanecimos patidifusas, indecisas de cómo reaccionar. Nos salvamos de una posible reprimenda, pero obtuvimos demasiada información respecto a la vida secreta de la anciana Lamarca. La pequeña Panthalassa permaneció ahí, mirándonos con una sonrisita y las manos detrás de la espalda, meneándose inocentemente.

– "Cachito y yo tenemos hambre." – Dijo la niña. – "Si me dan un daifuku de foquita, prometo no decirle a pá Yukio que las caché."

Esta pequeña tiene futuro como negociadora experta; si tuviera dieciocho, Smith la contrataría. Aceptando sus demandas, sacamos el postre solicitado del refrigerador y ella lo devoró cual diminuto tiranosaurio en sólo tres mordidas. Irónico que un par de policías recurrieran a un soborno, pero tampoco es que fuera delito darle dulces a una menor. Además, a pesar de que éramos inocentes, las evidencias circunstanciales no estaban a nuestro favor.

– "Dynee, ven, te quiero mostrar mi cuarto." – Izumi entonces me jaló de la mano. – "Tengo muchos juguetes, y vestidos, y…"

– "De acuerdo, no jales tan fuerte tan fuerte, Panthy." – Le repliqué.

– "Panthy, no seas maleducada." – Le reclamó Mei. – "Mamâe te dijo que debías recoger tu habit-¡Auch! ¿Y eso por qué?"

– "¡Por decirme mentirosa!" – Le contestó la varano, habiéndole dado un manotazo en la cadera. – "¡Yo siempre digo la verdad, Mei-chan! ¡Si sigues así ya no te voy a querer!"

– "Vale, vale, tampoco es para que reacciones así." – La ojizarca se talló. – "Le estás sacando lo violenta a la abuela, ¿sabes?"

– "¡Violenta, violenta!"

– "Ah, Pánfilo, ahí estás." – La chiquilla le ofreció la mano. – "Súbete."

El perico se encaramó sobre la palma de la infante y ella, aún embelesada en su fantasía bucanera, me ofreció a que cargara con el ave. Incapaz de rehusarme, postré al loro en mi hombro y seguimos a la castaña escaleras arriba, hacia sus aposentos. Hallándose al lado de la de Pangea, la puerta de su habitación era de un bonito color rosa y decorada por una piña hecha de foami con el nombre de la chiquilla escrito con plumón. Sin más prefacios, la más joven de la casa nos permitió acceso a su santuario.

Pegatinas de frutas tropicales y figuras de tortugas hechas en etilvinilacetato decoraban las paredes color rosado pastel mientras un ejército de juguetes aguardaba futuras órdenes en los estantes cercanos a la cama principal, ésta cubierta por una colcha con imágenes de aquella película donde buscan a un pez payaso perdido. No había televisión alguna a la vista, sólo un pequeño radioreloj con la forma de la mascota de estudio Ghibli y varios libros a lado de la cama; buena decisión de sus padres debo decir, entre más alejemos a los niños de la caja idiota mejor para el futuro del mundo.

Todo aquello era lo esperado de los aposentos de una pequeña con apenas un lustro de vida, pero nada de ello sería resaltable de no ser por un último detalle: postrada en una cómoda se encontraba un enorme acuario perfectamente decorado con plantas acuáticas, piedrecillas de colores y, por supuesto, un barco pirata hundido, incluyendo un esqueleto resguardando su cofre del tesoro. Pero más allá de la curiosa escenografía, la verdadera estrella era la habitante de aquella maqueta submarina: una tortuga con peculiar hocico en forma de nariz porcina. El reptil de pequeño tamaño nadaba despreocupadamente en aquella gigantesca caja, deleitándose con recorrer los intrincados rincones del laberinto que el barco de fantasía ofrecía.

– "Se llama Toñita pero le decimos Ton-chan." – Explicó la chiquilla, subiéndose a una silla para mirarla mejor. – "Papá me la regaló en mi cumpleaños. Me dijo que es una tortuguita de Ramón."

– "Ramsay." – Le corrigió Carla. – "También es conocida como tortuga nariz de cerdo. Aún es diminuta, pero pueden crecer hasta setenta centímetros."

– "Cuando yo sea adulta ella también estará grandota." – Proclamó orgullosa la niña, tomando un recipiente para alimentarla. – "Miren, le encantan las bolitas. Es tan comelona como Mei-chan."

– "¡¿P-por qué dices esas cosas, Panthy?!"

– "Pero es verdad; siempre que pedimos pizza debemos comprar dos porque tú te comes la mitad de una entera."

– "Y es capaz de devorar una colonia de focas cuando se lo propone." – Agregué. – "Es un verdadero dinosaurio."

– "¡Dinosaurio!" – Repitió el perico.

– "¡Ay, no se le unan!" – Nos reclamó sonrojada la pelirroja.

– "Má Laura dice que, cuando estaba chiquita, una vez intentó comerse la hoja de un libro de cocina." – Reveló Izumi. – "Que lo hizo porque la pizza de la página se veía rica."

– "¡Tenía apenas tres años!" – Justificó la brasileña. – "¡Mamâe había dejado las páginas con aroma a comida y esa foto era bastante realista!"

– "¿Al menos le echaste salsa Worcestershire?" – Provoqué a la gecko.

– "¡Yaaa!" – Silica me empujó.

– "Vale, vale, ya me detengo." – Repliqué, conteniendo mi risa. – "¿Tú hiciste esos animales en las paredes, Panthy-chan?"

– "Sí, pero mi hermana Mei me ayudó." – La varano señaló a su prima. – "Ella me hizo los moldes y yo los recorté. Usé tijeras redonditas para no lastimarme. También tiene en su cuarto, ¿quieres verlos, Dynee?"

– "No es necesario, Panthy." – Dijo Carla.

– "Me encantaría." – Contesté.

– "¡Ale!"

– "¡Vamos, vamos!" – Exclamó el loro.

– "¡Pánfilo!"

Demasiado tarde para protestar, la varanito me tomó de la mano y me condujo hasta la habitación de la brasileña, justo enfrente a la de Deb. Puerta blanca, unas cuantas manchitas negras de pintura esparcidas por el albugíneo manto y, rubricando el sello particular de su dueña, una curiosa pegatina de una motocicleta con pizzas en lugar de ruedas. El cuarto no tenía llave puesta y la niña nos permitió acceso con sólo girar la perilla. El interior de los aposentos de la gecko, como el resto de los anteriores, exudaba la personalidad de sus dueñas.

La cama tamaño matrimonial que regía el centro de la estancia era hogar de un pequeño pelotón de peluches, varios de ellos de diversos cangrejos, incluyendo uno de un cangrejo ermitaño con bolígrafos en lugar de tenazas. Por supuesto, también había de su plato italiano predilecto. Mientras tanto los estantes y su mesa de noche fungían como garaje para sus figuras de automóviles y motocicletas, algunos bastante realistas, denotándolos como modelos a escala.

Similares a las de su prima mayor, las paredes color verde pistache se encontraban tapizadas por algunos pósters, aunque no al nivel excesivo de Pangea. Me llamó la atención que, además de los esperados afiches de diversas pizzerías y algunos promocionales de vehículos, los gustos musicales de la pelirroja fueran todo menos lo que yo había preconcebido.

– "¿Billy Idol? ¿De verdad?" – Cuestioné, observando su cartel en la pared. – "¿Qué no es un cantante de punk?"

– "Culpa a Papai, me prestaba sus viejos discos y terminé agarrándole gusto." – Elucidó la aludida. – "De hecho tengo una chaqueta de motociclista inspirada en las que usaba Billy, y que yo solía vestir cuando recién obtuve mi licencia. Debe estar por ahí guardada."

– "Entiendo, sólo me tomó por sorpresa. No asociaba la rebeldía contigo."

– "Bueno, nadie esperaría que una fiera pirata fuera tan buena pianista y me regalara a cierto gatito, ¿cierto?" – Retrucó Silica, mostrándome el peluche que le obsequiara. – "Además, ¿no tienes guardado algo que aún nadie sepa de ti?"

– "Touché." – Declaré, tragando ligeramente saliva. – "En todo caso, ¿dónde están las figuritas prometidas?"

– "Las estoy buscando, pero no están por ningún lado." – Contestó la pequeña Izumi, revisando los cajones. – "Mei-chan, ¿por qué las quitaste de la pared?"

– "Porque ya no soy una niña, Panthy." – Le replicó la gecko, tomándola de la mano. – "Y como ya no tenemos nada qué hacer aquí, creo que es hora de regresar, que alguien aún debe arreglar su habitación."

– "¡Pero no quiero!"

– "Me vale, ahora volvamos, que tus mamás se enfadarán si no las obedeces."

– "¡Ack, ack, miren, miren!" – Gritó de repente el perico. – "¡Aquí, aquí!"

– "¡Ya las encontró!" – Expresó la chiquilla, soltándose de su prima y corriendo hacia el loro. – "Buen trabajo, Pánfilo, veamos que…"

Lo que aquel avechucho había hallado no se trataban de inofensivas figuras hechas de polímeros esponjosos, sino la reserva secreta de pecaminosas publicaciones ilustradas de la pelirroja, escondidas debajo de una manta. En la portada de la revista que la niña sostenía en sus manitas, un par de mujeres con prominentes posteriores y bañadas en lubricante compartían un ósculo tan obsceno que no precisaba del nudismo o el enorme strap-on que la fémina más alta ostentaba para provocar escabrosas reacciones.

La reacción que Silica y yo compartimos, después de medio segundo tratando de procesar la sorpresa, fue apresurarnos a salvar lo que quedara de la pureza mental de la pobre Panthalassa, pero nuestra sincronizada acometida nos hizo chocar cabezas accidentalmente, cayendo ambas al suelo. Oh, Hécate, sálvala de esa perversión impresa, no la dejes caer en el hoyo de iniquidad que consumió a Jaëgersturm.

– "Se besan como mamá y papá cuando están solos." – Opinó Izumi, enseñándonos la revista. – "Mei-chan, ¿por qué la muchacha lleva esto en la cadera? ¿Eso quieres hacer también con Dynee?"

¡Simijo, Hécate, al menos hazme creer que la inocencia aún existe!

– "¿Panthy? ¿Panthy, dónde estás?" – Escuchamos a la señora Eva a lo lejos. – "Ven, hija, tu abuelita quiere hablar contigo."

– "¡Ya voy!" – La pequeña dejó la revista y se apresuró a la salida. – "¡Mei-chan, volveré, aún me debes las figuras!"

Y con eso, la niña y el perico abandonaron la habitación. La pelirroja y yo nos miramos, aún incrédulas a tan rápido e improbable sucesión de eventos suscitados hasta ahora. Entonces reímos. Dispersamos la bruma de la tensión desternillándonos en una carcajada dual, lo necesitábamos. La ruborizada poiquiloterma se cercioró de guardar su sicalíptica colección en un cajón alto, en el lugar que menos llamara la atención. No le dije nada, sería hipócrita de mi parte reclamarle por algo tan natural para una chica solitaria, especialmente después de las ilegales fantasías que he fraguado con ella como protagonista.

– "Bueno, ahí lo tienes, otro terrible secreto que sale a la luz." – Comentó la sonrojada ojizarca, asegurando el cajón con llave. – "¿Quieres que te dé más munición? Fue lo primero que compré al cumplir dieciocho. Aún no olvido el rostro de la cajera al ver a una lagartija de lentes oscuros y vestida como espía de los años sesenta colocando un montón de revistas para adultos sobre el mostrador."

– "Tienes tus prioridades." – Reí tenuemente. – "Y te fuiste directo a lo fuerte, nada de simples caricias."

– "Pensé en comprar sólo mangas yuri, pero cuando tienes a la ley de tu parte, ¿por qué no aprovecharla por completo?" – Carla encogió los hombros. – "Ahora, ¿podemos ignorar este tema antes que quede permanentemente como un tomate? Suficiente tengo con revelarte esta vergonzosa faceta mía."

– "Opino que todas la tenemos, pero de acuerdo." – Acordé, aguantando la risa. – "Al menos posees buenos gustos en tus fetiches, ¿sabes? A mí también me encantan las nalgonas."

– "¡Ay, no empieces!" – La brasileña me arrojó un peluche de rana. – "¡Y deja de verme el trasero!"

– "Misión imposible, abarca todo mi horizonte." – Retruqué, arrojándole una moneda que cayó detrás de ella. – "Ups, se me escapó, ¿podrías recogerla, Carlita? Creo que deberás inclinarte bien para alcanzarla."

– "¡Te dije que pararas!" – La sofocada reptil me lanzó una caja. – "¡Borra esa sonrisa de tu cara o te aviento a ti por la ventana!"

Adoraba provocarla, y aunque poseía suficiente material para alborotarla, preferí centrarme en el contenido de la caja que me había aventado. En el interior del recipiente se hallaba la razón principal de nuestra visita a la estancia de la escamosa: numerosas figuras compuestas de foami conformaban el surtido personal de Hakumei, como cangrejos, vehículos, algunas pizzas (bastante bien hechas y con diferente selección de ingredientes cada una) e incluso un autorretrato estilo chibi de la pelirroja autora. Silica será una adulta, una agente de la ley, pero todavía conservaba ese lado tan candoroso que la distinguía de cualquier otra persona en el mundo.

– "Qué tierno, les hiciste los ojos en forma de corazón." – Opiné, mientras le enseñaba a Mei la efigie que se parecía a ella. – "Y están bien hechas. ¿Te gustan las manualidades, Carla?"

– "Mamá Eva tenía mucho foami que le sobró de sus clases, así que nos regaló un poco." – Dilucidó la ojizarca, sentándose a mi lado y tomándola en sus manos. – "Supuse sería buena manera de habituar a Panthy para las actividades escolares, ya que el próximo año entrará al kindergarten. Ya sabes, no tiene amigos fuera de la familia."

– "Y ayudas a desarrollar su creatividad mientras reafirman sus lazos familiares." – Manifesté, tomando una figura con forma de moto. – "Tu prioridad siempre serán las personas que amas. Afortunada la mujer que se convierta en tu esposa."

– "Qué cosas dices, Ale." – Volteó la mirada, intentando disimular el rubor que la invadía. – "¿A quién podría gustarle una lagartija enana que huele a aceite de motor y pepperoni y que hace figuritas como niña de preescolar mientras oculta un lascivo lado oscuro?"

– "Lo ignoro." – Me acosté de espaldas en la cama, con las manos detrás de la cabeza. – "Tal vez a alguien que esté consciente de lo especial que es ella, porque sabe que en ningún otro lugar podría hallar una mujer que fusione el candor juvenil, la concupiscencia y el honor de esa manera tan libre, tan notable, tan admirable. Alguien que la acepte como es, porque es esa personalidad particular lo que le llamó la atención en primer lugar."

– "Suena a alguien a quien la escamosa se sentiría atraída también, ¿sabes?" – La brasileña emuló mi pose. – "¿Qué podría hacer la lagartija para que esa persona corresponda sus sentimientos?"

– "Nada, seguir siendo esa mujer tan única que siempre ha sido." – Reciproqué, sin despegar mi vista del techo. – "Eventualmente el calor que la poiquiloterma emana derretirá el hielo que aprisiona el corazón de la otra persona, aunque…"

– "¿Sí?"

– "Puede que menearle la colita sensualmente acelere el proceso."

La guerra se había declarado: una almohada me dio de lleno en la cara, dejándome el rostro con un ligero olor a lavanda y vulnerable a otro ataque. Sin esperar el segundo impacto, devolví el proyectil hacia la beligerante poiquiloterma, quien ya se había atrincherado en su búnker de cojines y poseía más munición que yo. La represalia fue feroz: un esponjoso aluvión de almohadas llovió sobre mí, con mis brazos y espolones como único refugio ante tan agresivo asedio de objetos rellenos de poliestireno. Por suerte aquella lluvia de artillería cojinezca no bastó para derrotarme y, tomando la almohada más grande y gruesa, inicié mi venganza.

Entre las risas que ambas compartíamos a cada inofensiva colisión de nuestras suaves armas con nuestros cuerpos, por tercera ocasión en el día el tiempo se detenía para todos excepto nosotras dos. La sonrisa de la mujer frente a mí eclipsaba el más fuerte fulgor de Helios colándose por la ventana, y el policromático ambiente del cuarto a mi alrededor palidecía lóbregamente ante el resplandor del rojo, azul y aguamarina que formaban parte de la viva paleta corporal de la majestuosa gecko, divirtiéndose con su indomable espíritu libre.

– "Te ves hermosa cuando te ríes." – Expresé sin pensarlo dos veces.

¡Pomf! Silica cayó como si se hubiera transformado de pronto en un objeto inanimado. Por suerte aún estábamos sobre la cama o se habría creado un chichón del golpe. Y si ella se tornó completamente roja, yo pasé por todos los colores del espectro luminoso al percatarme de lo que mi subconsciente había proclamado inadvertidamente, obligándome a darme la vuelta para intentar controlar mi excesivamente acelerado corazón e hiperventilación. Increíble cómo un sexteto de palabras son capaces de convertir un animado juego en un tenso momento afásico en un pestañeo.

O eso es lo que creí que sucedería…

Al igual que el resto de su familia, Hakumei desafió mis predicciones y su reacción ante tan súbita revelación de mi opinión respecto a su beldad fue el arrojarme dos almohadas al mismo tiempo. Lo único que si pude augurar fue el rubor colonizando su semblante y el resto de su cuerpo. Antes que pudiera siquiera pensar en abrir la boca, el resto de sus reservas de cabeceras cayó sobre mí, siendo continuado por un ejército de peluches al acabarse los cojines. Pero ahí, en medio de ese cañoneo de obuses de felpa, pude atisbar el sutil fantasma de una sonrisa en el rostro de la abochornada ojizarca. Tal vez ella me estuviera impeliendo con una interminable lluvia de proyectiles, pero sin duda mi ataque fue el más devastador de todos.

– "¡No se vale!" – Escuchamos a alguien exclamar de repente. – "¡Yo también le entro!"

Un segundo frente fue abierto con la unión de la káiser Panthalassa I a la guerra, con el general Pánfilo von Plumas como su consejero bélico. La pequeña varano no requirió de mayor presentación que continuar la batalla sin tomar bando alguno, tanto yo como su prima éramos sus adversarias por igual. Pronto las risas regresaron a impregnar el ambiente, conmigo esquivando almohadas, peluches y uno que otro perico con delirios de misil balístico. No había espacio para embarazosos líos provocados por mi impertinente lengua, sólo ingenua diversión.

Sólo felicidad.

– "¡Yo gané!" – Declaró Izumi, alzando victoriosamente sus puños al cielo. – "¡Soy la reina del castillo!"

– "Los ataques con loro no se valen, Panthy." – Opinó Carla, acomodando las cosas en su lugar. – "Por cierto, ¿de qué quería hablar la abuela?"

– "Ah, lo que pasa es que se molestó porque creían que el cartero la estaba corneando…"

– "Cortejando." – Corregí, ayudando a la gecko a limpiar el cuarto. – "Aunque no estás muy lejos del eufemismo."

– "Bueno, entonces abuelita les dijo que el señor Norimaki sólo le estaba diciendo las cosas que hacían sus nietos." – Prosiguió la niña. – "Pero como la abuela no escucha bien, el señor Norimaki debe acercarse a su oído para contárselo."

– "Vale, creo que ya entiendo el malentendido." – Dijo Mei. – "¿Pero qué hay de eso de que le movía la cola?"

– "La abuela dice que es porque le pican las escamas, pero como es mala educación rascarse en público, la mueve para aliviar la comezón."

– "¿No te dijo nada a ti por iniciar el rumor?" – Le pregunté.

– "Niña, con lo tanto que te gusta joder la marrana y la cotilla deberías ser política." – Recitó la varano explícitamente. – "Y mamá me castigó con dejarme sin postre por chismosa, pero papá me perdonó y ya estoy bien."

– "Al menos evitamos que el pobre cartero terminara empalado por la bayoneta del abuelo." – Comentó la pelirroja, entregándole la caja de figuras de foami a su prima. – "Aquí tienes, Panthy, te las regalo pero sólo si prometes no andar levantando falsos a las personas aunque no sea tu intención, ¿vale?"

– "Yo nunca miento, sólo digo lo que veo." – Afirmó la pequeña, colocando manos en cadera. – "No es mi culpa que los adultos no me entiendan."

Técnicamente la niña tenía razón y decidimos que ya había sido suficiente de batallas con almohadas y deducciones precipitadas. Salimos de ahí, con la chiquilla dirigiéndose a su habitación para decorarla con los recortes obsequiados. Por nuestra parte, el juego había despertado nuestra sed y la ojizarca propuso refrescarnos la garganta con otro poco de ese té sabor durazno, aceptando yo gustosa, ergo, nos encaminamos hacia la cocina. Empero, algo nos hizo detenernos antes de cruzar el umbral principal.

– "Mmm, te amo, linda."

– "Y yo también. Por cierto, amor, ¿despachas gasolina?"

– "No, ¿por qué?"

– "¿Y esa manguerota?"

– "Ohh, creo que necesitas que te llene el tanque."

El té puede esperar.

Afortunadamente no atestiguamos visualmente aquella escabrosa escena, pero la imagen mental era suficiente para causar trauma permanente. Raudamente desaparecimos de ahí para ahorrarnos una larga sesión psicológica con la doctora Wilde y nos dirigimos hacia el pasillo que daba al patio trasero de la residencia para que el aire fresco nos despejara la sesera.

– "Mmm, oye, querido, ¿eres mensajero?"

– "No, ¿por qué?"

– "¿Y ese paquetón?"

¡Aaargh!

Ni siquiera nos molestamos en revelar la identidad de los fogosos implicados en ambos casos; los gemelos compartían la misma voz y tanto el acento brasileño de la señora Silica como el portugués de su cuñada sonaban idénticos para mí. Tampoco es que me interesara desenmarañar el misterio y no poder ver a la familia de Carla a la cara nuevamente. Por suerte la casa estaba conectada de manera que pudimos escapar a la segunda sala con celeridad, encontrándonos con mi hermana hincada a lado del sillón donde reposaba la señora Rocío, prestando total atención a la narración de la anciana.

– "Fue ahí que la caravana nos llevó a París. Era septiembre, para ese entonces los alemanes ya estaban bien asentados en el país." – Relataba la veterana. – "Recuerdo bien esos tiempos, me colocaba un traje reminiscente al de la famosa Mistinguett y ofrecía de los bailes más hipnotizantes que Europa hubiera visto."

– "¿Misti-qué?" – Interrogó la cazadora.

– "Mistinguett, ella solía actuar en el Moulin Rouge, el cabaret más grande de Francia." – Dilucidó Rodinia. – "Casi me da un síncope al darme cuenta que realizaría mi número en el mismo lugar que la artista más famosa del país pisara en años anteriores. Y con mi baile tan salvaje, nos volvimos una sensación inmediata entre el público."

– "Asumo que mi abuelo formaba parte de los espectadores."

– "Era de mis mayores admiradores. Cada noche podía verlo en el mismo asiento de la primera fila con una copa de calvados Domfrontais en su mano izquierda." – Reveló la vieja Dúrcal, girando su bastón en su lugar. – "Y por si eso no era suficiente, la cicatriz facial y el enorme mostacho de morsa que se cargaba lo hacían inconfundible. Lucía como un Nietzsche rubio, pero menos nihilista y más delgado."

– "Me pregunto si su rango era de oficial, un bigote de ese calibre estaba prohibido en la Luftwaffe."

– "Ah, era medio fanfarrón, cuando hablaba conmigo siempre me estaba presumiendo que le permitían llevar ese pelambre debajo de la nariz porque era el as de su escuadrón." – Contó Rocío. – "¡Y le olía horrible la boca! El gilipollas no parecía captar que el calvados y el cottage pie no son buena combinación para el aliento, pero no podía decirle nada por cortesía laboral."

– "Ehem, ¿y sobre qué más solían habla-¡Auch!"

– "¡Además que el pagafantas era un cochino pervertido!" – Exclamó la anciana, habiéndole dado un bastonazo en la cabeza a la arachne. – "¡Siempre estaba agarrándonos el culo a mí y mis compañeras! ¡Había una élfida, Mimí, a la que le manoseaba hasta las tetas, el muy cabrón!"

– "Ow, bueno, tomando en cuenta que era un cabaret y los hombres en tiempos de guerra extrañan el calor de una muj-¡Ack!"

– "¡Las demás no se atrevían a protestar por miedo a los Nazis, pero yo no me arrastré bajo el fuego de los Rojos para que un pijo alemán me toqueteara el fundillo!" – La varano le propinó otro golpe en la sesera. – "¡Siempre que sus manos bajaban de más, yo le regalaba una reverenda bofetada al palurdo! ¡Pero el maldito o era un masoquista, o tanta guerra lo había dejado aún más cenutrio de lo normal, porque volvía a intentarlo después de cada cachetada!"

– "¿Tal vez pensaba que era una costumbre frances-¡Aaack!"

– "¡Se me hace que eres igual de mañosa que tu abuelo, tienes las mismas manotas que él! ¡Condenada araña, ahorita mismo me vas a pagar todas las que me hizo ese pelafustán!"

– "¡Ay, espere, ni que fuera mi culp-¡Waaah!"

Carla intentó intervenir, pero yo le recordé que su integridad física era más valiosa que los chichones de la araña. Además, fuera culpable o no por los pecados de su antecesor, esa patata merecía una buena tunda. Dejamos a la germana lidiar con el problema que ella insistió en meterse y nos dirigimos a la otra sala, hallándonos con mis cuñadas platicando tranquilamente. Había una gran cantidad de cintas de audio en la mesita al lado de la rapaz, seguramente las que compró al padre de la gecko. Ambas nos saludaron y tomamos asiento junto a ellas.

– "¿Cómo está Mo chuisle?" – Preguntó la dullahan.

– "Sobrevivirá." – Respondí, despreocupada. – "¿Cómo les fue a ustedes?"

– "Me reencontré con un viejo compañero." – La arpía nos mostró un walkman, un modelo viejo. – "Sony WM-22, el mismo que hallara cuando era joven y me presentara a la mejor banda del mundo. Hasta los audífonos son idénticos. Me hice con suficientes cintas para mantenerlo bien alimentado."

– "¿Cuánto costó todo eso?" – Indagó la poiquiloterma. – "Espero Papai haya sido justo con sus precios."

– "No te preocupes, Cherry-top, que con gusto pagaría el triple por este bebé." – La castaña le dio beso al aparato. – "Tampoco será la última vez que mi cartera hará dieta; tengo los ojitos puestos en un vinil de edición especial de Live after Dead. Pronto haré que el tocadiscos de Yuuko conozca la buena música."

– "¿Qué hay de ti, Lala?" – Interrogó la brasileña a la irlandesa. – "¿Pá Ryuu fue de ayuda?"

– "Bastante, gracias, Mei. Despejó todas las incógnitas respecto al tema." – Sonrió la peliblanca, enseñándonos un folleto. – "Incluso me auxilió en la elección de mi siguiente transporte personal: Yamaha Vino Classic."

– "Ah, Vino, las de estilo italiano." – Comentó la pelirroja, leyendo el afiche. – "50cc, espacio ancho para las piernas, del tamaño justo para una persona de tu estatura, y el diseño está bien mono."

– "Igual que su futura dueña." – Dijo la americana, abrazando a su esposa. – "Chiquita, diseño europeo y tiene mucha pierna."

– "Precisamente, es una excelente opción para la ciudad." – Opinó Silica. – "¿La elegirás en el mismo color?"

– "Correcto, considero que el azul y el blanco combinan perfectamente con mis tonos primarios." – Replicó la Abismal. – "El precio también es bastante asequible."

– "Creo que he visto este modelo antes." – Mencioné, observando la foto. – "¿Qué no es el mismo que llevaba la dueña del onsen, Lala?"

– "En efecto, buena memoria, Dyne." – Asintió la nativa del Éire. – "Desde que atisbé la singular silueta de aquella motoneta me hice a la idea de poseer un ejemplar similar, aunque desconocía el nombre del modelo. Afortunadamente la experiencia del señor Tachibana fue pieza clave para acelerar la búsqueda."

– "Se los dije, pá Ryuu es capaz de reconocer una motocicleta por su silueta, y hasta deducir el modelo por los colores usados." – Aseguró la ojizarca. – "Por cierto, ¿qué tienda te recomendó para comprar todo? ¿Nadeshiko's Camp o Chiaki's Tent?"

– "Nadeshiko's, tu tío afirma que ofrecen mejores ofertas si una adquiere el paquete para motociclista completo."

– "Y que él puede arreglarte un mejor precio porque es socio. En verdad que no cambia." – Agregó Carla, disintiendo con la cabeza. – "Lamento eso, mi tío y la dueña tienen un consorcio: él le envía clientes y ella los manda a su taller. Actualmente en Chiaki's las ofertas son superiores, aunque su selección de modelos y accesorios es mucho menor."

– "Les repito que el dinero no es problema." – Informó entonces Jaëgersturm, habiendo regresado y saludando a sus mujeres con un beso. – "Ya hicimos las cuentas, podemos pagar todo si hacemos pequeños sacrificios. Eso significa que deberás aguantarte para tu próxima compra impulsiva, Süsse; nada de discos por un mes."

– "Oye, puedo comer sopas de vasito si quieres, flaca, pero no me dejes sin mi amada música." – Respondió la halcón. – "Espera, ¿cómo sigues viva? Hasta aquí podíamos oír los bastonazos."

– "Genes germanos y rusos, linda; dos guerras mundiales atestiguan su resistencia." – La rubia se tocó uno de los chichones. – "¡Auch! Aunque sufrieron su Stalingrado. Y tuve suficiente de la verdadera personalidad del viejo Wolfgang, a veces el pasado debe quedarse donde está."

– "¿Muchas ilusiones que tenías preconcebidas respecto a tu antecesor quebradas, A chuisle?" – Le cuestionó la dullahan.

– "Para nada, ya me imaginaba que el abuelo no era un santo. Nadie lo es en la guerra." – La araña desestimó con la mano. – "Pero tampoco quería acabar enterándome que tú y Cetania son mis primas lejanas o algo por el estilo."

– "Bueno, ahora que lo mencionas, flaca, en mi tribu decían que yo lucía bastante germana." – Dijo la falconiforme.

– "Incluso el Abismo experimenta atávicos horrores ante tan inicua posibilidad." – Tembló la irlandesa.

– "En todo caso, ¿ya está todo arreglado, lindas? ¿Necesitan algo más?" – Les preguntó la zanquilarga. – "Tengo la panza llena, conocí gente interesante y escarbé la historia familiar; estoy más que satisfecha."

– "Opino lo mismo, flaca." – Acotó la arpía, estirándose. – "Fue entretenido, deberíamos visitarte más seguido, Cherry-top."

– "Especialmente si seguimos siendo recibidas con tan mayestáticas ambrosías culinarias por parte de tu familia." – Agregó la segadora. – "Sus destreza en las artes gastronómicas me han dado un objetivo más para superar."

– "Mientras cocines con amor no hay límites, Lala-chan."

La señora Laura había regresado, junto a su esposo y cuñados. Ella traía una bandeja con té helado y nos lo ofreció, con nosotras endulzándonos el paladar con el sabor de melocotones.

– "Entonces, ¿ya piensan partir?" – Interrogó la señora Silica, tomando asiento. – "Una lástima, pensaba en que se quedarían para el almuerzo. Hice varias hamburguesas con anticipación."

– "Es muy amable su hospitalidad, Laura-san, pero ya hemos robado bastante su tiempo." – Contestó la arachne, haciendo una reverencia. – "Le agradecemos a usted y su familia por todo, y les recordamos que serán recibidos con la misma cordialidad en nuestras residencias. De hecho, ¿no les gustaría celebrar la Nochebuena con nosotras? Mi casero estaría encantado de que nos acompañaran."

– "Me temo que ya tenemos planes para esas fechas, Aria-san." – Sonrió el señor Yukio. – "Con excepción de las niñas y la abuela, nos iremos a celebrar las fiestas a Okinawa, y de paso visitar a mi hermano Hiraku."

– "Aww, ya me estaba imaginando el banquete que prepararían Laura-san y Eva-san junto al señor Kurusu y Lala." – Manifestó la nativa de Montana.

– "No te excedas en tu ingesta calórica, A chroí, o sustituirás al pavo en la mesa." – Bromeó la Abismal.

– "¿Cómo que ya se van?" – Escuchamos entonces a Deb, bajando las escaleras. – "Ninguna visita a la familia está completa sin el ritual obligatorio."

– "¿De qué hablas, hija?" – Interrogó la señora Eva.

– "De enseñarle a nuestras invitadas las grabaciones de cuando Pipsqueak era aún más enana, por supuesto." – Pangea se ajustó sus gafas oscuras. – "Su nov…digo, amiguita especial está presente, es la oportunidad perfecta para humil…demente mostrarle una mirada más íntima de su querida compañera, ¿no les parece?"

– "Las grabaciones se encontraban en obsoletas videocintas Betamax afectadas por la humedad." – Informó Hakumei, mirando fijamente a su prima. – "Y fueron completamente destruidas cuando se incendió la cocina el año pasado, sólo quedaron cenizas."

– "Sí, ese misterioso incendio que consumió únicamente las cintas; cintas que casualmente se hallaban en la cocina en ese momento, contigo como única testigo" – La varano rubia le devolvió la mirada. – "Afortunadamente las voraces flamas de aquel facineroso crimen no contaba con mi astucia."

– "¿A qué te refieres, lagartona?"

– "A esto, enana." – Mitsuko sacó de sus dedos, cual mago, una memoria USB. – "El pajarito de la intuición me dijo que aquellos sinceramente hilarantes recuerdos peligraban en su formato original, así que me di a la tarea de traspasarlos a un medio enteramente digital para preservar las memorias audiovisuales de un pasado que cierta pirómana estaba dispuesta a destruir."

– "Pangea, ¿no te atreviste a…?"

– "En primera, soy Deb, y en segunda, por supuesto que me atreví. ¿Quién querría deshacerse de tan preciosos tesoros familiares?" – Pangea sonrió tétricamente. – "Lo mejor: gracias a mi habilidad y las bondades digitales del siglo XXI fui capaz de lo restaurarlo a su antigua gloria eliminando el ruido digital, escalándolo a alta definición y renovando el audio. En pocas palabras: se ve y oye mejor que las cintas originales."

Sin darle tiempo a la gecko para que intentara deshacerse de la evidencia, la poiquiloterma de rubios cabellos le arrojó la memoria a su tía brasileña, quien la atrapó sin problemas y, sin esperar más, se dirigió hacia la enorme televisión de la sala.

– "¡Mamâe, no!" – Protestó Carla.

– "Mamâe, sí." – Le replicó su progenitora, encendiendo el televisor. – "Vamos, Calabacita, sabes que deseo verte cuando eras apenas una lagartijita. Y tus amigas seguramente lo encontrarán tierno."

– "¡Pero…!"

– "Aquí están las palomitas, Deb." – Habló de repente Panthy, cargando un enorme recipiente con el aperitivo mencionado. – "La abuelita casi le da un bastonazo al microondas porque no podía pararlo."

– "En mis tiempos sólo se necesitaba un poco de maíz palomero y una buena olla." – Acotó la anciana Rocío, detrás de la pequeña. – "Pascasio, deja de rascarte el higo y tráeme algo para beber, ¿quieres? El té de durazno es para niños."

– "¡Para niños, para niños!" – Repitió Pánfilo, en el hombro de la vieja.

– "Veré dónde guardamos el cianuro…" – Masculló el señor Ryuu, encaminándose a la cocina.

– "¿Desde hace cuánto tenías planeado esto, cola floja?" – Espetó Hakumei, arrojándole dagas oculares a su prima.

– "Desde que supe que traerías gente a la casa, taponcete." – La varano sostuvo sus gafas de una pata con sus dientes. – "El destino coloca las oportunidades frente a nosotras, es nuestra decisión estirar la mano o no."

– "Juro que…"

– "¡Shh! Cállense." – Indicó la pequeña Izumi, comiendo sus palomitas. – "Ya inició."

– "¡Ay, no!"

Demasiado tarde, la función había comenzado. Mitsuko, quien hasta ahora descubríamos que había cerrado las cortinas previamente, ajustó el ambiente teátrico apagando las luces, dejando únicamente el resplandor del monitor como iluminación. Incluso se dio el lujo de agregar una introducción personalizada al video, con música de su autoría y logos que parodiaban los de casas cinematográficas de Hollywood. Debo darle crédito por el esfuerzo, ¿quién diría que reemplazar al león de la Metro-Golden Meyer por un dinosaurio sería tan hilarantemente efectivo?

Intenté consolar a mi pelirroja amiga colocando mi mano en su hombro, empero, no tendría efecto: la ojizarca había entrado en estupor tan pronto su madre oprimió el botón de reproducción. Al menos pude sentarla para evitar que se cansara de imitar a una estatua. Mi hermana y cuñadas se unieron al resto de la familia y se acomodaron para disfrutar el show. Dado que era fútil detener la maquiavélica maniobra de Pangea, me senté a lado de Panthalassa, quien me convidó de las palomitas sin despegar sus ojos de la pantalla.

– "Oh, pero mira qué hermoso, Yukio." – Declaró la señora Sya. – "¿Puedes creer que hayamos hecho algo tan hermoso?"

– "Lo hiciste tú, linda." – Su marido la besó. – "Todo lo heredó de ti."

La primera escena era la persona detrás de la cámara intentando enfocar un ovalado objeto. Finalmente la lente logró afinarse y se reveló que la estrella no era otra que un huevito reposando en los brazos de la señora Silica, de apariencia más joven pero con el mismo aire maternal que el paso del tiempo jamás logró borrar. Sonreía orgullosa mientras acariciaba aquel ovoide de cáscara color beige y pequeñas manchitas rojas, tarareando una dulce canción a la niña dentro. Era una escena bastante enternecedora y todos los presentes dejamos escapar un ligero suspiro.

Carla seguía paralizada.

– "Má, ¿aún no nace?"

Esa aguda vocecilla provenía de una diminuta Pangea entrando a escena, aparentando apenas unos tres años de edad y cargando un peluche de cangrejo que, coincidentemente, viera anteriormente en el cuarto de Hakumei.

– "No, pero pronto nacerá tu hermanita, Pangy." – Le respondió Sya, haciéndole ademán de que se acercara. – "Ven, salúdala. Dile: hola, Mei."

– "Hola, Mei, te sientes chistosa." – Comentó la niña, palpando el ovoide. – "Mami, ¿yo también nací de un huevo?"

– "Así es, eras un huevito igual de bonito, con manchitas amarillas, bebé." – Le respondió Eva, entrando a cámara. – "Jamás te despegaba de mí, manteniéndote caliente todo el tiempo."

– "Parecías arpía de tanto que estabas sentada sobre Pangy, Eva." – Rió Laura. – "¿Recuerdas cómo sudabas por ajustar la calefacción al máximo?"

– "Era invierno, no querría arriesgarme con mi primera hija." – Le replicó Pannotia, abrazando a la pequeña Mitsuko. – "Y mira que le hizo bien, dos años y ya está grandota."

– "Quizás el amamantarla tanto tenga algo que ver, Eva." – Replicó el camarógrafo.

– "Oh, cállate, Yuukio, que esa fue idea de tu hermano." – Contestó Laura. – "¡Oh! ¡Sentí que se movió!"

– "¿Ya va a nacer?" – Preguntó entusiasmada Pangea, moviendo su cola.

– "Todavía no, bebé, sólo nos está avisando que su llegada será pronto." – La señora Silica besó el huevito. – "Apresúrate, mi Carlita, que queremos conocerte."

El camarógrafo hizo un acercamiento a la aún no nacida Hakumei, esperando a que volviera a mostrar signos de movimiento, pero la bebé en el interior no le dio el gusto. Mi ojo atisbó los de Cetania, hallándolos tanto centrados en la pantalla como bastante humedecidos; podía comprender el repentino despliegue sentimental ocular, después de todo tanto arpías como geckos son ovíparas y el contemplar un ovoide debió traerle recuerdos de su tribu, o quizás despertar el instinto materno de la halcón. Mi hermana tampoco pasó por alto el estado de su esposa y la tranquilizó, acariciando su espalda y atrayéndola hacia ella.

Volviendo a la película, la imagen se fue a negro y dio al siguiente clip con una pequeña pizca de salto en el tiempo: nos encontrábamos nuevamente con Laura como la primera en aparecer, empero, en esta ocasión el papel principal lo ostentaba la diminuta bolita de carne en sus brazos, envuelta en una mantita verde que resaltaba el rojo de su escaso mechoncito rojo y sus escamas aguamarinas. La neonata Carla dormía plácidamente, cuando Pangea se acercó a su prima y comenzó a soplar su rostro, cosa que a la niña no le agradó y usó su diminuta manita para intentar alejar a la varano.

– "¿Para qué hacías eso?" – Le susurré a Deb, detrás de mí.

– "No lo sé, supuse que como aún acababa de nacer, soplar era más gentil que tocarla." – Respondió Mitsuko, encogiendo sus hombros.

– "Luce ciertamente encantadora." – Musitó Lala, sonriendo. – "Es como si inconscientemente una…"

– "Tratara de envolverla en su pecho y protegerla." – Completó la americana. – "No se puede evitar, luce tan vulnerable y tiernita."

– "Eso es precisamente lo que pensaba en ese momento." – Comentó la señora Silica. – "Los geckos de William poseemos una tasa bastante baja de nacimiento, y aunado a que la genética liminal rechaza otro cromosoma humano que no sea el femenino, reproducirnos es muy difícil. Carla fue un precioso rayo de esperanza, y como hija única me hice devota a ella, la cuidaría con toda el alma."

– "Y se convirtió en la mujer que es hoy gracias a ti, querida." – Yukio besó la frente de su mujer. – "¿Te acuerdas cómo dormías con ella sobre ti, y siempre te despertabas cada media hora para ver si seguía respirando?"

– "¿Y tú qué dices, renacuajo?" – Le preguntó Ryuu, dándole su bebida a su suegra. – "Cada vez que Mei estornudaba tú ya estabas marcándole al doctor para que la revisara."

– "Igual que tú, cuatrojos, haciendo guardia toda la noche para que ni una mosca se posara en Pangy." – Retrucó su hermano. – "Demonios, insistías en desinfectar los chupones después de cada uso para evitar las bacterias."

– "Idea que copiaste para tu propia hija, renacuajo de agua puerca." – Contestó Ryuu. – "¿Ya olvidaste cómo le decías a Laura que se lavara los pezones con alcohol para mayor limpieza?"

Mientras los gemelos continuaban remembrándose cada bochornosa instancia en el cuidado de sus retoños, otro salto en el tiempo nos llevó a una nueva escena. Ahora Hakumei celebraba su primer año de vida, como lo denotaban la áurea corona de papel en su cabeza, el atavío rosado de princesa y el enorme pastel con una vela en forma del número uno frente a ella. Su madre, con un gorrito de fiesta, la sostenía para que su hija extinguiera la flama de un soplido. Todas estallamos en sincronizada carcajada al atestiguar que Carla cumplió con la orden estornudando con tal fuerza que arrojó un poco de merengue al lente de la cámara.

– "Increíble cómo alguien tan diminuta poseía pulmones de acero." – Manifestó Yukio, riendo mientras disentía con la cabeza. – "Lo gracioso es que ni con esa explosión logró apagar la vela. Eso sí, me cubrió completamente de merengue y mocos."

– "Jamás olvidaré las noches sin dormir porque esta llorona parecía sirena de ambulancia." – Dijo Pangea, ajustándose las gafas. – "Peor aún, a partir de los tres compartíamos la misma habitación. Si no la abrazaba comenzaba a imitar a una mandrágora con megáfono."

– "Me recuerda a cierta varano que se casi me quebraba la espalda al abrazarme cuando había tormenta." – Declaró Mei, habiéndose recuperado de su estupor. – "O que no podía ver alguna escena de terror en la televisión porque no me soltaría el resto de la noche, temerosa de que el malvado vampiro le succionara la sangre."

– "¿Qué esperabas? Tenía cinco, y tenían qué rentar precisamente la versión más horripilante de Drácula." – Le replicó su prima. – "Por supuesto que a ti no afecta, tú tienes a tu hematófaga de verde quitina ahora. Seguro fantaseas con que te chupe algo más que la hemoglobina."

– "Pangy, ¿tienes hambre? Tengo un delicioso pastel de puño para ti solita."

– "No, pero tú quizás quieras probar algo más festivo." – Deb usó su cola para apuntar hacia la pantalla. – "Bon appétit, petite Citrouille."

– "¿De qué demonios hab…?"

Carla exhibió una perfecta imitación de El Grito de Edvard Munch al posar su vista en el monitor, y no se necesitaba ser un pintor noruego para comprender la razón. La pequeña Hakumei, ahora con tres años, como indicaban los subtítulos que Mitsuko agregó en la parte inferior, nadaba en quizás la piscina más inusual que haya imaginado: una calabaza. Literalmente, la piscina poseía la forma de la famosa planta cucurbitácea de color naranja y cuya popularidad explota en Halloween. Mei, ataviada en un traje de baño que incluía faldita y un cangrejo decorándole el trasero, reía briosa mientras pataleaba en aquella alberca y jugaba con su compañera.

Una calabaza.

Nuevamente, lo decía en el sentido más literal: la gecko se estaba dando un baño con una calabaza real. La niña parecía haber encontrado un amigo en aquella planta anaranjada, abrazándola como lo haría como con un peluche y haciéndola flotar, cual pelota de playa. Entonces, en un pequeño arrebato de ímpetu infantil, la pelirroja arrojó al aire a su amiga cucurbitácea con demasiada fuerza y la gravedad se encargó de que el impacto fuera contra su padre, el camarógrafo. El pobre señor Tachibana cayó al suelo estrepitosamente y la calabaza se partió en dos, pero la cámara quedó en posición idónea para no perderse el resto de la escena.

Carla lloró por la pérdida de su amiga y raudamente una preocupada Laura corrió en auxilio de su retoño, usando el poder de sus maternales abrazos para calmar a la sollozante pequeña. Mei entonces dijo que tenía hambre y dejó que su progenitora la cargara, asegurándole que irían a comer dulces en la cocina. Ambas salieron de cámara mientras el infortunado señor Yukio permanecía inerte, sin siquiera pronunciar pío.

– "De todas las dudas que surgen, sólo tengo una." – Hablé yo. – "¿Por qué una calabaza?"

– "Habíamos visto 'Es la Gran Calabaza, Charlie Brown' hace unos días y Mei quedó embelesada con ellas." – Respondió Sya. – "Fue doloroso para nosotros también cuando se quebró, ¿saben? no fue barato conseguir una anaranjada como la de la película, no son nativas del país."

– "Ahora sabemos de dónde salió su apodo." – Dijo mi hermana. – "Aunque opino que una pelota con la misma forma hubiera sido una elección más razonable, y segura."

– "Lo es, y le compramos una en primer lugar." – Aseguró la señora Silica. – "El problema es que ella insistió en que quería una de verdad. Afortunadamente el buen Tsuno-san maneja esa clase de ingredientes exóticos y obtuvo una importada. No se preocupen, hice un buen pay de calabaza, así que no se desperdició."

– "Yo me encuentro bien, gracias por preguntar." – Injirió su marido, torciendo la boca.

– "Ay, Yukio, te has recuperado de cosas peores, no seas llorón." – Laura desestimó con su mano.

Proseguimos a la siguiente sección, y los papeles habían intercambiado, ahora se trataba de Yukio como actor, con Sya detrás de cámara. El padre de familia sostenía a su hija y el pequeño discurso con su mujer nos informó que estaban visitando nuevamente a los progenitores del señor Tachibana, en Okinawa. Carla tenía cinco años e iba ataviada con un sombrero ancho para el sol y un vestido decorado con cangrejos. Su amor por los crustáceos ya debía ser fuerte para ese entonces. Cruzaron la puerta y la niña no dilató en correr hacia sus abuelitos, sin siquiera molestarse en removerse las sandalias primero. Fue en ese momento que finalmente conocimos al veterano de guerra que fuera ejemplo a seguir para la joven gecko.

– "No puede ser…" – Musité entonces.

El mundo no podía ser más pequeño, pensé; el anciano que recibió a Carla no sólo era una copia más canosa y arrugada de sus hijos, sino que también ostentaba un ineludible parche ocular en su ojo derecho, igual que yo. Cada vez que creía haberme habituado a estas serendipias, la vida me recordaba que siempre es capaz de tomarnos por sorpresa cuando desee. No creo en el destino, y cuando lo menciono siempre es de manera metafórica, pero si la existencia tenía alguna especie de plan para mí y la brasileña, entonces no estaba siendo nada sutil.

Tampoco es que me quejara.

No puedo relatar con claridad el resto del video, mi mente estaba demasiado centrada en la trascendental coincidencia como para recordar la grabación. Lo que sí puedo afirmar es que Hakumei heredó esa sonrisa tan hipnotizante de su abuela homónima y, si el audio no mentía, también el timbre de voz. Salí de mi abobado estado al sentir la escamosa mano de la pelirroja darme palmaditas en la espalda, sonriéndole yo nerviosamente y tratando de arreglar mi cabeza para regresar la vista a la pantalla.

– "Qué hombre tan guapo era ese tal Mitsuru." – Opinó la vieja Rocío. – "La guerra lo dejó bien macizo, mira cómo se notan todavía esos bíceps."

– "¡Mamá!" – Le reclamó Pannotia.

– "¿Qué? ¿No puedo congratular la belleza masculina ahora?"

– "No es eso, sino que deberías respetar la memoria de papá."

– "¡Y una polla como una olla, Francisca! ¡¿Tu padre le miraba el culo a cada mujer que veía y yo no puedo decirle guapo a alguien?!"

– "¡Shhh!" – Exclamó Panthalassa. – "¡No peleen, que aún no acaba la película!"

Eva bufó ante la testarudez de su madre y la vieja Rodinia siguió comiendo palomitas despreocupadamente. En el siguiente clip el tiempo sufrió un ligero revés y ahora Carla tenía cuatro años.

– "Las escenas no están en estricto orden cronológico porque considero que el ritmo fluye mejor con unos pequeños ajustes." – Elucidó Deb. – "Tómenlo como una antología de su artista favorito donde el orden de las cancones no importa, sino que sus mejores éxitos estén presentes."

– "Genial, mi propio Best Of." – Mi compañera ojizarca giró los ojos. – "¿Para cuándo el tuyo, lagartona? ¿O acaso esos clips se perdieron misteriosamente?"

– "Los guardo para mi futura película biográfica protagonizada por Scarlett Johansson." – La rubia ajustó su cabello. – "Eva Green como segunda opción. No me incluyo porque estaré ocupada dirigiendo."

– "Tendrás suerte si logras siquiera un tráiler del día de los inocentes en YouTube."

Las primas finalizaron prontamente su reyerta para no interrumpir el video. Reconocí al instante un lugar familiar: la pizzería del señor Tsubasa. O al menos la cocina, la cual atisbé brevemente durante mi última visita. La gecko vestida como Yoshi, el dinosaurio de cierta saga de videojuegos, se hallaba meneando sus piernitas sobre el banco en que se encontraba sentada mientras impregnaba sus manos con la harina de la mesa. Entonces una mujer de rojo cabello apareció, pero en esta ocasión no se trataba de Laura sino la que supuse sería Neopolitan, la esposa de Tsuno-san, como evidenciaba su perfil europeo y ojos heterocromáticos.

– "Abre grande, Mei-chan." – Dijo la señora Nishikino.

– "¿Qué es eso, tía Neo?" – Preguntó la niña.

– "Pizza de pepperoni, con la receta especial de familia." – Aclaró la mujer. – "Anda, te va a gustar."

– "¿Tiene dulce?"

– "Le agregué piña porque sé que te agrada, ¿ves?" – Sonrió Neopolitan. – "Abre, que aquí viene el avioncito pizzero."

– "Bueno." – La pequeña abrió la boca. – "¡Ahhhm!"

Introduciendo el triángulo de masa, queso y piña, la señora Nishikino ordenó a la gecko probar bocado. Obedeciendo, la ojizarca dio un mordisco casi tímido a la comida, masticándolo lentamente, examinando que las promesas de dulzura de su anfitriona no fueran decepcionantes falsedades. Silica tragó y siguió saboreando la sapidez en su lengua, no enteramente convencida de que fuera tan satisfactoria, pero suficientemente motivada para probar una segunda vez. En esta ocasión, el bocado incluía una rodaja de pepperoni.

¡Chomp!

La infante permaneció en un afásico trance cuando aquel trozo se deslizó por su esófago y sus papilas gustativas terminaron el resto del trabajo. Raudamente Carla tomó el pedazo restante y lo deglutió de una mordida, cual hambriento depredador jurásico. Los gemidos de placer escapaban de su garganta, sus mejillas se hinchaban por todo lo que debía masticar y su colita no paraba de agitarse con vehemencia: era el génesis de Mei-Mei-Roni del planeta Mozzarella, la integrante más devota del Culto Pizzoso en este sector de la galaxia.

– "¡Más!" – Demandó Hakumei, relamiéndose los labios y alzando los brazos. – "¡Mas pizza, tía Neo!"

La pantalla cortó repentinamente a negro por un par de segundos. Cuando la imagen regresó, Mei se hallaba en el suelo, boca arriba y presa por la gravedad y la enorme barriga que se cargaba. Su cara estaba tapizada por manchas de salsa de tomate, pepperoni y champiñones, al igual que su traje. Pero encontrarse a punto de reventar por consumo excesivo de alimentos no detuvo el denuedo de la chiquilla quien, reuniendo las pocas fuerzas que le quedaban, intentaba terminar el último trocito de pizza en su mano. Empero, la indigestión era más fuerte y la gecko izó la bandera blanca ante ésta.

– "Feliz cumpleaños, Bolita." – Le congratuló sardónicamente Deb, detrás de cámara.

– "¿Pangy?" – Susurró la pelirroja, derrotada.

– "¿Qué?"

– "Me hice popó."

El clip finalizó, Mitsuko ostentaba una sonrisa jactanciosa, Carla hundió su cara en un cojín cercano y las carcajadas del resto volvieron a resonar por la residencia. Pangea jugaba como una maestra sus cartas: habíamos atestiguado el nacimiento de la obsesión de la brasileña por la pizza, descubrimos por qué detestaba el apodo de 'Bolita' y al dinosaurio del videojuego, y nos remató con una bochornosa confesión de escatológica índole. Sí, la pobre Hakumei era la víctima principal, pero era imposible resistir la perfecta ejecución de la broma.

– "Si alguien me necesita, estaré colgándome en el árbol del patio." – Dijo una afligida Carla. – "Le regalo mis peluches a Panthy. Fue un gusto conocerlos a todos."

– "Suelta el dramatismo, Pipsqueak, que aún no acabamos." – Informó Pangea. – "Guardé lo mejor para el final."

– "¿Qué podría ser peor que-¡Eeek!"

Por supuesto que el maquiavélico desfile de humillación de Mitsuko no terminaría sin una espectacular conclusión, un extraordinario grand finale, un titánico clímax para dar el golpe de gracia. La última escena, anunciada con bombo y platino en los títulos de entrada, inició con lo que podría considerarse el réquiem de Silica.

– "¡Mueve la colita, Mei!"

Briosa, sonriente, y vistiendo únicamente una braguita, la pequeña Carlita de cinco obedeció a su madre y movió su cola enérgicamente al ritmo de la canción 'Rebel Yell' de Billy Idol, como especificaban los títulos en la esquina de la pantalla. Podría remarcar que la gecko bailaba con la gracia de una licuadora, señalar las manchas de pizza en su boca y pecho, comentar sobre la ropa interior con decoración de cangrejos o el hecho que la pequeña Hakumei estaba bastante gordita en ese entonces; pero no, lo que despertó la sonrisa que tatuaba mi rostro en ese momento se debía a otro aspecto más sobresaliente.

¡In the midnight hour, she cried more, more, more!

Era la felicidad que irradiaba.

¡With a rebel yell, she cried more, more, more!

El lente captaba más que una niña bailando con música rock: capturaba la esencia misma de la alegría condensada en una lacónica toma audiovisual. Carla era la expresión más pura de la despreocupación, el estandarte icónico de la inocencia y, sobre todo, el espíritu definitivo de la libertad absoluta. Mientras todos se desternillaban de la risa, yo sonreía con genuino respeto: esa era la Hakumei verdadera, la que residía en el corazón de la mujer actual, exhibiéndose en su naturaleza más prístina. Con eso, la sesión cinematográfica concluyó, los créditos finales atribuyéndole autoría a la primogénita de la señora Lamarca recorriendo la pantalla.

– "Bueno, que digan lo que quieran, mi niña sí sabía cómo mover el bote." – Opinó Laura, entre risas. – "¿No lo crees, Calabaci…? ¿Mei?"

Sin embargo Carla no se encontraba entre nosotros, se había esfumado como la bruma matutina ante Helios. Fui la primera en levantarme de mi asiento para iniciar la respuesta a (admisiblemente justificable) tal desaparición, pero probó ser innecesario al ver a la gecko regresar a la sala. Con una mirada seria, reminiscente a las atisbadas durante nuestros entrenamientos de puntería en los cuarteles, la ojizarca llevaba un vinilo en sus manos, el cual colocó en el tocadiscos central. Subiendo el volumen de los parlantes, encendió la consola y el círculo de acetato inició sus revoluciones.

Last night a little dancer came dancin' to my door…

La voz de Billy Idol y el estrambótico sonido del rock punk inundaron el ambiente, dándole pauta a la pelirroja de que, sin borrar esa expresión tan circunspecta de su semblante, nos diera una segunda dosis de la danza que realizara años atrás. Su rojo cabello se agitaba al ritmo de las estridentes notas, su cola imitaba el movimiento de su yo más joven, sus brazos iban de arriba abajo, sincronizados al compás de la tonada.

– "¡In the midnight hour, babe, more, more, more!" – Cantaba la poiquiloterma a todo pulmón. – "¡With a rebel yell, more, more, more!"

Permanecimos afónicos, tanto por el inesperado baile de Silica como por el denodado vigor con el que interpretaba la canción mientras continuaba agitándose en salvaje coreografía. Pronto comprendí el por qué de sus cabriolas: no sólo estaba demostrándole a Deb que su plan de fastidiarla no funcionaría en esta ocasión, sino que le mostraba al mundo que no tenía miedo de enfrentar a su bochornoso pasado. La niña del video y la adulta frente a mí eran la misma persona, y su actitud hacia la vida continuaba persistiendo a pesar del asedio del tiempo y los prejuicios desarrollados al crecer.

Y no estaba sola.

Panthalassa se unió de inmediato a su prima, agregándose al coro a pesar de no saber la letra; la pequeña Izumi era un análogo perfecto de lo que fue Mei a su edad, sin importarle nada más en el mundo que divertirse, una rebelde.

– "¿Por qué no?"

Ver a las encarnaciones de juventud compartir el escenario fue toda la motivación que necesité para añadirme al grupo de danzarinas. No sé bailar, jamás ha sido mi fuerte y tampoco pretendo mejorar en ello, pero mi exigüidad de habilidades coreográficas eran lo de menos, mi único objetivo era demostrarle a la ojizarca que contaba con esta empusa para apoyarla en lo que sea. Una sutil sonrisa se cruzó en la boca de la pelirroja y prosiguió ofreciendo su mejor personificación del cantante británico.

Antes de darnos cuenta, una fémina de plumas de color castaño ya nos hacía compañía, deleitándose con el intenso ritmo al que estaba acostumbrada. Sin dilación, quitina color ocre y añil epidermis se sumaron a la celebración en la improvisada pista de baile. La fiesta finalmente se completó con la integración de sus padres y tíos, quienes seguramente revivieron memorias de su alocada juventud con el estrepitoso ambiente. La señora Rocío se dedicó a partirse de la risa, hallando la situación hilarante.

¿Quién diría que una sencilla reunión familiar terminaría en festival? Pero era otra de las sorpresas que la vida guardaba bajo su interminable cortina de serendipias. La canción llegó a su fin e intercambiamos una risa grupal, congratulándonos tácitamente por formar parte de la espontánea danza. Mei se atrevió a regalarme un sorpresivo abrazo, haciendo mi sonrisa aún más amplia. Deb, por su parte, permanecía silente e impasible, cruzada de brazos en el sofá, no muy feliz de que su aparente obra maestra se viniera abajo tan súbitamente. Con el mismo mutismo, la varano se incorporó y caminó hasta su prima, quedando frente a frente.

– "No sé cómo le haces, Pipsqueak." – Manifestó Pangea. – "Ya sea llorando o con tu propia testarudez, siempre logras convertir una situación desfavorable en una victoria."

– "Voluntad siempre al frente. Me lo enseñó una buena amiga." – Declaró Carla, mirándome de reojo. – "¿Te enfurece, Pangy?"

– "Por supuesto que sí, taponcete." – Aseveró Mitsuko. Ahí, sonrió. – "No imaginas lo mucho que extrañaré tu cabeza dura en la uni."

Antes de que Mei pudiera responderle, la varano se retiró el collar en forma de corazón de vidrio y se lo colocó a la ojizarca.

– "Forgive and forget, Pipsqueak." – Dijo la rubia. – "Te queda bien, ¿sabes? aunque no tanto como a mí, claro."

– "Pangea… Este collar te lo heredó la abuela Hakumei." – Reveló la brasileña. – "Fue su regalo antes de partir."

– "Y yo te lo obsequio a ti antes de irme de casa. No me perdonaría si llegara a perderlo en la universidad." – Contestó Mitsuko, encogiendo los brazos. – "Descuida, cuando sea famosa podré conseguirme uno hecho de diamantes. No dejaré que me superes tan fácilmente, Bolita."

Riendo ante la acostumbrada vanidad de su prima, Carla hizo las paces abrazándola, siendo el gesto correspondido por Pangea. El pequeño silencio fue roto cuando comencé a aplaudir por tan breve pero conmovedora escena, siendo seguida por los demás. Incluso el perico movía su cuerpo de arriba abajo, celebrando a su manera. Hakumei se ruborizó al tiempo que Mitsuko le alborotaba el cabello, sin ocultar su sonrisa estampada en la boca, agradeciéndonos implícitamente por todo. Al final no pudimos haber pedido mejor desenlace; era la conclusión ideal para un día tan especial. Por un pequeño momento, todo era perfecto en el mundo.

Hasta que alguien llamó a la puerta.

– "Ah, esas deben ser las pizzas que encargué. Ten, Má." – Comunicó Deb, dándole unos billetes a su tía. – "Sé que no ha pasado mucho tiempo desde que desayunamos, pero hay que cerrar con broche de oro, ¿no les parece?"

– "Oh, Pangy, no debiste." – Comentó Laura. – "En serio, yo quería que comiéramos más hamburguesas de cangrejo antes de despedirnos."

– "Puede envolvernos unas para llevar, si le parece, Laura-san." – Sugirió Lala. – "Si le soy honesta, iba a solicitarlo de todas maneras."

– "Me parece buena idea." – Asintió Sya. – "Vale, voy a abrirle la puerta al repartidor. No vayan a cobrarnos de más por hacerlo esperar."

– "No se moleste, Laura-san, yo lo haré." – Me dirigí a la puerta.

– "Muy amable de tu parte, Ale-chan." – La señora Silica me sonrió, entregándome el dinero. – "Me alegra que mi nuera sea tan considerada."

Simplemente reí ante la provocación y caminé hacia la entrada. Cierto, mi estómago aún procesaba aquel banquete imperial, pero si algo me enseñó Carla es que siempre hay espacio para una pizza caliente. Mi estómago rugió tenuemente mientras abría la puerta, hora de seguir llenando el tanque.

– "Buongiorno." – Saludé. – "¿Cuánto le deb…?"

– "QUACK, QUACK."

¡¿Cómo es que nos encontró?! ¡¿Por qué sigue vivo?! ¡¿Por qué sus ojos son rojos?! ¡¿Y por qué en el nombre de Hécate es que lleva un cuchillo?!

– "¡Corran por su vid-¡Waaah!"


NOTAS DEL AUTOR: Qué bonita familia.

Bien, finalmente pude plasmar un proyecto que llevaba tiempo cociéndose en mi cabeza.

Los padres y tíos de Mei son parecidos al matrimonio de Helmutt y Vera, en el sentido de que son ejemplos perfectos del éxito de una relación humana-liminal, y también por el hecho que los cónyuges son bastante devotos a los deberes matrimoniales, así que hablar de ellos sería prácticamente hablar de los padres de la arachne, aunque no podemos dejar de lado alguno detalles interesantes.

Yukio es referencia a Yukio Mishima, mi escritor japonés preferido; Ryuu es una referencia a un personaje de sus novelas y también una alusión a la naturaleza escamosa de la familia Tachibana, su nombre significando 'Dragón'.

Para Laura y Eva, deseaba que ambas tuvieran en común los siguientes aspectos: que fueran reptiles, que hablaran el mismo idioma natal, que tuvieran coloración azul, y que fueran especies endémicas de alguna región limitada (Madagascar e Indonesia, respectivamente). Al ser tan similares se realza la idea de que ambas fungen como madres para sus hijas.

Ahora, si tienen conocimientos de paleontología, notarán que los segundos nombres de la familia Lamarca provienen de la historia geológica del planeta. Rodinia fue un antiquísimo supercontinente del Neoproterozoico que después fue seguido por Pannotia y finalmente Pangea, durante el periodo Carbonífero. Panthalassa es el superocéano que rodeaba a Pangea, ergo, la pequeña Panthy es la hermana de Pangy.

Con la familia Silica ejecuté algo similar, con los segundos nombres de sus integrantes (Zhang, Sya) siendo nombres chinos, siendo Hakumei la única excepción. Eso se debe a que Mei originalmente provendría de tierras chinas, pero preferí hacerla brasileña porque sus mujeres son más hermosas y de personalidad más viva. Además, los nombres de la señora Silica (Laura Sya) son una referencia a Laurasia, otro supercontinente prehistórico.

Mitsuko Pangea, quiero decir, Deb, fue la primera integrante que creé y por eso le di cierto protagonismo extendido en este capítulo. Originalmente ella sería una nerd introvertida que apenas hablaría con monótona voz, pero se me hizo demasiado aburrida, así que prefería hacerla más activa, pero sin quitarle el aspecto de nerd. Debbie Harry es una de mis artistas preferidas y Blondie es de mis bandas favoritas, así que quise rendirle tributo con uno de mis personajes, aunque la prima de Carla sea demasiado diva. Al igual que la Debbie real, Mitsuko es una chica lista detrás de una máscara de rubia tonta, y aunque choque cabezas constantemente con la pelirroja, el aprecio que le tiene es innegable.

Izumi Panthalassa fue la última en ser creada. No deseaba una loli que todo el tiempo es tierna y linda, eso es demasiado cliché e irreal, así que me enfoqué en una simple pequeña con la curiosidad y algo de egoísmo característico de los niños de su edad. Eso sí, es un rollito de canela y aunque no tuvo mucho protagonismo como deseaba, espero les haya agradado su aparición. Su nombre es alusión a uno de mis primeros personajes originales que creara para el fandom de Metal Slug.

Rocío Rodinia Lamarca, viuda de Dúrcal, es una obvia referencia a la cantante española Rocío Dúrcal, aunque confieso que el parecido termina meramente en el nombre y la nacionalidad, puesto que las personalidades son completamente opuestas; especialmente en el hecho que la Rocío real amaba a México y viceversa. Pero fuera de las alusiones a otra de mis artistas preferidas (sí, ya estoy viejo), mi intención era divertirme con una anciana irreverente que rompiera con el estereotipo de la abuelita amable. Su mascota, Pánfilo, es un tributo al loro mascota del mismo nombre que mi abuela poseía, aunque el perico verdadero no era tan fastidioso.

Y claro, mostrar que Dyne ya está tan cerca de Mei que hasta sus futuros suegros la tratan de nuera, con todo y bromas pesadas de arpías americanas.

Y con eso termina esta pequeña trivia. Ojalá haya disfrutado este largo episodio y los cordialmente los invito a dejar sus reseñas y opiniones en la sección correspondiente. Envío un saludo a mis amigos Los Extraditables, que me proveyeron ciertas ideas para este capítulo. ¡Hasta la próxima! ¡Obedezcan a la Gran Sirena! ¡Auf Wiedersehen!