¿Sabes que fue lo que me sorprendió?

Encontrarte nuevamente en ese lugar. Pero esta vez, los papeles se habían invertido.

Yo no era tu salvador ahora. Si no hubieras llegado, ¿Qué hubiera sido de mí?

Cenizas…

Capítulo 3:

Cerró el libro y lo volvió a dejar en su estante. El pelinegro se estiró para alcanzar otro. Al cogerlo se dirigió a una larga mesa de caoba y se sentó en uno de los asientos. Abrió el libro y comenzó a leer. Sus ojos rojos iban al compás de su lectura, más de una vez se acomodaba los lentes, se trataba de Reiji. Llevaba todo el día leyendo. ¿Por qué? Él quería ser el mejor, deseaba que su madre le prestara la atención que él quería y dejara de ver a su hermano como el mejor.

Él quería serlo.

– ¿Qué haces?–La voz logró sorprenderlo, sobre todo de ver a la causante frente a él subida sobre la mesa.

Se trataba de Yumi, su nueva hermana, la cual iba vestida con un vestido verde que le llegaba a las rodillas y unas sandalias blancas. Su cabello rubio era adornado por una cinta verde.

– ¿Qué haces aquí?–Dejó notar su enfado–Bájate de la mesa. ¿Acaso no tienes modales?–

Yumi pestañó un par de veces, pero terminó por obedecer y sentarse a su lado. En ese momento, Reiji pudo notar la rodilla izquierda de la niña, la cual estaba vendada.

– ¿Cómo te hiciste eso?–Preguntó sin pensar a lo que después quería darse un buen cocotazo, eso a él no le importaba.

–Ayer salí de castillo y me persiguieron unos lobos–Reiji abrió los ojos con sorpresa.

– ¿Y sigues viva?–Una pregunta absurda, claro que lo estaba, se regañó así mismo– ¿Y solo te hiciste un raspón?–

–Eso es porque me caí–Miró la rodilla con una sonrisa, recordando a Subaru, quien le había ayudado–Subaru me rescató de los hambrientos lobos–

–Hmph–Cerró los ojos y los volvió a abrir para concentrarse en su lectura–No es mi problema de todas formas–

– ¿Por qué preguntas entonces?–Yumi lo miraba confundida.

–Eso no debería de interesarte–Siguió su lectura.

–Cuando algo no es de tu interés no se pregunta–La niña vio el libro y se acercó más a Reiji– ¿Qué lees?–

–Algo–No creía que ella entendiera lo que leía.

– ¿Qué?–Sentía curiosidad.

A Reiji le salió un tic en la frente, esa niña lo estaba desquiciando–Algo–

– ¿Qué?–

Reiji la miró enfadado–Deja de preguntar estupideces–Una venita se lograba ver en la frente de Reiji.

– ¿Lo que lees es estúpido? ¿Lees cosas estúpidas?–A Reiji le resbalaron los lentes a la vez que una gota tipo anime le salía en la frente.

Suspiró mientras se acomodaba los lentes. Cogió el libro y lo situó en medio de los dos. Yumi sonrió complacida.

–Es un libro de química–La niña le observó confundida–Se utiliza en la preparación de pociones–

– ¿Cómo la que le dieron a Julieta para dormir?–Preguntó.

–Si–Se sorprendió al averiguar que la niña había leído tan dificultosa obra.

–Jo–La rubia comenzó a leer muy interesada–Yo quiero una que me haga dormir–Aclaró.

– ¿Para qué?–Preguntó Reiji.

–Quiero que venga alguien y me despierte con un beso de amor verdadero, como el de la bella durmiente–Los brillos salían de sus ojos de tan solo imaginar la escena. Reiji arqueó las cejas. Debía de esperárselo, era una niña. Suspiró y siguió su lectura. – ¿Y tú?–La pregunta confundió al niño– ¿Para qué quieres las pociones?–

La verdad nunca lo había pensado, al principio por el aburrimiento, después le fue atrayendo.

–Creo que me gusta–Fue la respuesta

–Si te gusta la estudiaras ¿verdad?–

–Tal vez–

Yumi se le abalanzó arriba– ¿Me harás una poción para dormir?–

–O-oye–Reiji estaba sonrojado. Yumi se le había abalanzado arriba y le estaba abrazando–Lo haré, pero sepárate, me es incómodo–

Yumi se separó de él con una gran sonrisa–Gracias, Reiji-nisan (hermano) –y con eso se retiró de la sala.

Reiji simplemente estaba sorprendido. Suspiró y se acomodó los lentes, esa niña no tenía modales. Sonrió sin darse cuenta y siguió su lectura. Debía admitir que le agradó su compañía.

"Atención"

Yumi corrió hasta salir del castillo, llegando al jardín trasero. Ya en este, logró divisar a su madre cerca de uno de los rosales. Se acercó a la misma, quien le miró con amor y ternura.

–Buenos días, mamá–Esperó a que su madre se agachara a su altura para darle un beso en la mejilla.

–Buenos días, Yumi–Le acarició los cabellos– ¿Dónde estabas?–

–Estaba en la biblioteca, leyendo un libro de Química con Reiji–La noticia dejó sorprendida a Alexandra.

– ¿Química? ¿Y entendiste algo?–Yumi asintió.

–Reiji me explicó que en la química habían componentes con los que se podían hacer pociones–Le explicó a su madre orgullosa. Había aprendido algo nuevo.

–Reiji ha de saber mucho–Le sonrió a su hija.

Estaba tan orgullosa de ella, no solo por lo aprendido recientemente, sino que su hija sabia llevar controlada la situación. Vio a su hija mirar para todos lados.

– ¿Pasa algo?–Preguntó su madre.

–Estoy buscando a Subaru–Contestó Yumi sin dejar de mirar.

– ¿Para qué?–No le molestaba que fuera a verlo, después de todo, ese niño le había salvado la vida. Aparte, era su hermano.

–Debo darle las gracias por lo de anoche–Miró a su madre con una gran sonrisa– ¿Sabias? Ayer me estaban persiguiendo unos horribles lobos que me querían comer–Comenzó a relatar la historia entusiasmada sin saber que su madre ya se la sabia.

–Por eso debes tener más cuidado–Le acarició el rostro.

–Pero Subaru llegó en el momento en que me caí y me defendió–Los ojos de Yumi brillaban.

– ¿Te defendió?–Ya lo sabía, pero no quería desilusionar a su hija.

–Sí. Llegó, se puso delante de mí y sacó una daga de plata e hirió a uno de los lobos, después se fueron asustados–Alexandra arqueó las cejas. Subaru andaba con un arma blanca. ¿Tan pequeño?–Mami, debiste haberlo visto, ¡parecía un príncipe!–

Alexandra abrió aún más los ojos mirando a su hija. –Yumi–La voz de su madre sonaba preocupada– ¿A caso tú…?–Sin embargo fue interrumpida por la misma Yumi quien miraba en otra dirección.

–Mira, son los trillizos–Señaló a los mismos, quienes corrían por el patio–Ellos deben saber dónde está Subaru–Se separó de su madre y comenzó a caminar en dirección a los trillizos.

–Espera, Yu…–No pudo terminar, pues una punzada en el pecho la hizo callar.

Alexandra se levantó y comenzó a caminar hasta adentrarse en el castillo. Necesitaba sus pastillas.

Yumi llegó a donde los trillizos, quienes la vieron llegar y se acercaron a ella. Ella les sonrió complacida de obtener toda la atención de los mismos.

–Buenos días, Yumi–Le saludó Raito.

–Qué bueno que has llegado, Yumi–Ayato le sonrió.

– ¿Pasa algo?–Preguntó ella.

–Queremos que juegues con nosotros–Siguió Kanato, quien tenía agarrado a su peluche.

Yumi asintió–Está bien, juguemos–Ya buscaría a Subaru mas tarde.

Comenzaron a correr de un lado para otro, jugaron a las escondidas e intentaron atrapar un gato negro que andaba por ahí, pero al parecer este se burlaba de ellos, pues se había subido en una estatua muy alta, ninguno de ellos llegaba.

–Jo–Protestaron Yumi y Kanato.

–No se molesten, lo atraparemos–Raito intentó animarles.

–Ore-sama lo atrapará para ustedes, ya lo verán–Cuando estuvo a punto de acercarse nuevamente a la estatua una voz le paralizó.

– ¿Ayato?–Era Cordelia, quien se acercaba a los cuatro niños con su respectivo caminar–Con que aquí estabas. Apúrate y ven conmigo–

Raito cogió a Yumi de la mano y miró a Kanato en señal de que debían marcharse, y así fue.

– ¿Y Ayato?–Preguntó Yumi mirando hacia atrás a su hermano quien hablaba con Cordelia con la cabeza gacha.

–Él no jugará más–Fue lo que respondió Kanato.

– ¿Por qué?–No recibió respuesta alguna. Volvió a mirar hacia atrás para ver a un Ayato entrar corriendo al castillo–Entró al castillo–Tras esas palabras, los dos hermanos se detuvieron.

–Será mejor que te vayas–Dijo Raito.

– ¿Por?–Preguntó Yumi.

–Madre está molesta con Ayato–Kanato se escondió tras su peluche.

Yumi miró a Cordelia, quien se sentó en un banco de mármol blanco. Yumi veía a Cordelia hermosa, quizás demasiado. Sin embargo, esa actitud y forma de ser le restaba belleza.

–Deberíamos ir, Kanato–Aconsejó Raito a lo que Kanato asintió.

–Esperen–Ambos se detuvieron– ¿Dónde está Subaru?–Preguntó.

–No sabemos–Raito fue quien le respondió–Debe estar en los rosales blancos o cerca de la torre oeste–Explicó antes de despedirse e ir a donde su madre.

Yumi pudo observar como al llegar los dos hermanos, Cordelia sonrió y comenzó a decirle algo a Kanato, a lo que el peli morado asintió y comenzó a cantar. Desde donde estaba no podía oírle, pero imagino que era lindo, pues Raito también sonrió mientras miraba a su madre.

Se volteó y divisó los rosales blancos, estaban un poco lejos, pero debía buscar a Subaru. Comenzó a correr en esa dirección. Al llegar, se dio cuenta que los rosales formaban una figura, que no era más que círculos. Miró a ambos lados y no encontró rastro del peliblanco. Sintió un ruido y miró a su izquierda, logrando ver a un peliblanco adentrarse al bosque. Yumi se asustó, pues el bosque era peligroso, había lobos sueltos, por lo que decidió seguirlo.

Estuvieron un rato caminando, pero Subaru no se daba cuenta de la presencia de su hermana. Llegaron a un claro, algo apartado del castillo. Yumi se escondió tras un árbol, curiosa de lo que iba a hacer su hermano. Lo vio colocarse en el centro del claro y sacar de su bolsillo la daga de plata. Aquella noche no la había podido ver bien, pero ahora, a la luz del día, podía apreciar las texturas y grabados que esta poseía. Era sencillamente hermosa.

La desenvainó dejando ver su cortante filo. La alzó a la altura de su pecho y se apuntó a si mismo con la daga a la vez que cerraba los ojos. Colocó sus dos manos en esta para hacer presión. Yumi se asustó. No sabía que iba a hacer su hermano, pero sintió que era algo muy malo. Por lo que decidió salir de su escondite, corrió a donde Subaru y agarró las dos manos del mismo, donde también estaba la daga.

–No lo hagas–Rogó la rubia.

Subaru abrió los ojos sorprendido. ¿Qué hacía ella ahí? En los ojos de su hermana pequeña había temor, preocupación. Entrecerró las cejas, estaba molesto.

–Vete–Prácticamente le gruñó.

–No–Negó firmemente sin soltar las manos de Subaru.

– ¡Que te largues!–Le gritó enfadado.

– ¡No quiero!–Yumi le devolvió el grito–Vas a hacer algo muy malo ¿a qué si?–Yumi entrecerró los ojos–No quiero que lo hagas–

– ¡¿Qué sabrás tú?!–Le volvió a gritar–Yo solo trato de cumplir con el deseo de mi madre–Subaru bajó la cabeza–Soy un ser despreciable…–Alzó la cabeza para que Yumi encontrara la soledad en la mirada del peliblanco– ¡Alguien tan corrupto como yo debería desaparecer!–

Yumi bajó la cabeza–No–Subaru le miraba confundido–Si te vas… ¿Quién va a protegerme de los lobos?–Subaru abrió los ojos sorprendido. Yumi alzó su cabeza dejando ver su rostro bañado en lágrimas.

Subaru bajó la cabeza–Es…el deseo de mi madre, por eso yo…–Yumi soltó las dos manos del peliblanco y se abalanzó hacia él.

Por la fuerza en la que Yumi se abalanzó a Subaru, ambos cayeron al suelo. La daga rebotó algo lejos de ellos. Yumi abrazaba con fuerza a Subaru mientras lloraba desconsoladamente.

– ¡No!–Gritó la misma–Si ese es el deseo de tu madre, yo también pediré uno–Yumi se acomodó de tal manera en la que pudiera verle la cara a Subaru, quien estaba sorprendido–Quiero que me protejas a mi–Subaru abrió aún más los ojos–a nuestros hermanos–Seguía llorando–A tu mamá–El peliblanco sintió una punzada en el pecho–Si tú te vas… ¿Quién nos cuidará?–Con eso se desplomó sobre el peliblanco a llorar.

Ella le abrazaba, él no, él tenía ambos brazos sobre el césped. Alzó su mirada al cielo. Sintió algo resbalar por su mejilla. Era una lágrima. Una sonrisa se asomó por su rostro. Era la primera vez que se sentía necesitado, especial.

"Querido"

Se acomodó en el suelo para quedar ambos sentados, él con las piernas abiertas y ella entre estas, la cual seguía llorando. Alzó sus brazos y abrazó a Yumi, quien al sentir los brazos de su hermano dejó de llorar para míralo.

–Cumpliré tu deseo–Ambos se miraban a los ojos, azul contra rojo–Protegeré a nuestros hermanos, protegeré a mi madre–Hizo una pausa–Te protegeré–

Yumi le volvió a abrazar sonriente– ¿Para siempre?–Preguntó.

–Para siempre–

Con ese juramento se había firmado el tratado con el destino. Ahora ambos llevaban cadenas irrompibles sobre sí. Cadenas que no pesaban, cadenas que no dañaban, cadenas que no se sentían, cadenas que no se veían.

Pero estaban ahí.

Desde lo lejos, en un balcón del castillo, se encontraba mirando la escena el Rey vampiro. Karl había visto desde un principio lo que había sucedido.

Subaru había llegado al claro, sin darse cuenta que Yumi le perseguía, y había intentado suicidarse. Su hija era demasiado inocente, logrando salvar a Subaru del cruel destino que el mismo se había impuesto.

Sin embargo, la preocupación le carcomía por dentro. Esos dos…Debía hacer algo lo más pronto posible. Se dio la media vuelta y se adentró al castillo. Perdiendo de vista a sus dos hijos pequeños, los cuales regresaban del bosque a los jardines del castillo.

No podía permitir que su hija cometiera el mismo error que él.

-o-o-o-

El mayor de los Sakamaki se encontraba caminando por el bosque, en dirección al río donde había quedado con su mejor y único amigo Edgar. Se había vuelto a fugar de las obligaciones impuestas por su madre. Amaba a su madre, y era sabido que ella a él. Pero ella le prestaba demasiada atención, al punto de agobiarle. Él quería que también se fijara en Reiji, su hermano menor.

Al llegar a la orilla del río y no encontrar a Edgar, supuso que se demoraría, así que optó por ver la fluidez del rio. Podía oír los cantares de los pájaros y a los siervos pasar por el otro lado del río.

–Oye, Señorito–La voz hizo que Shu se volteara hacia la derecha y alzara la mano para atrapar una manzana que había sido lanzada por un chico de cabellos castaños–La he cosechado yo, así que debe estar deliciosa–El niño se aproximó al rubio con una sonrisa a la vez que le daba un mordisco a su manzana.

Shu le sonrió y comenzó a comer la suya. Edgar era un niño de su edad que vivía en un pueblo no muy lejos de allí. Le había comentado que era granjero y le gustaba cosechar todo tipo de plantas. Estuvieron hablando un buen rato, en una conversación, Edgar le prometió traerle un regalo. Shu intentó que Edgar le dijera que era, pero este se negó con la excusa de que era una sorpresa.

–Ahora tengo una hermanita–Comentó Shu a su amigo ganándose toda la atención de este.

– ¿Otro?–Se encontraba sorprendido, pues Shu ya le había comentado que tenía 5 hermanos. Su hermano de sangre, unos trillizos y el menor de todos–Tu padre sí que no pierde tiempo–Volteó su mirada al río. Él siempre quiso tener hermanos– ¿Y cómo es?

–Tiene 7 años–Edgar escupió la manzana.

–Espera–Detuvo el hablar de Shu– ¿Es de otra mujer también?–Shu asintió. Volvió a mirar al rio.

–Es muy linda–Siguió Shu–Su madre también lo es–Le dio un mordisco a su manzana–Es muy noble, antes de venir aquí la vi jugando con los trillizos–Se rio al recordar como intentaban atrapar al gato.

–Pareces feliz, señorito–Se burló su amigo.

Shu asintió–Todos somos varones y casi nunca hablamos entre nosotros por las disputas entre nuestras madres–Shu miró al horizonte–Siento que ella unirá los lazos que se rompieron–Sonrió–Tal vez eso era lo que hacía falta: Una niña que nos controlara–

–Un pilar–Terminó Edgar el argumento de su amigo–Ne, Shu–El rubio le dirigió la mirada–¿Por qué no la traes un día?–

–Lo haré–Le sonrió.

Se levantaron y comenzaron a jugar nuevamente. Edgar era su único amigo, y lo más seguro, Shu también era el único amigo de Edgar. Era una lástima que esta amistad se acabaría muy pronto.

-o-o-o-

El rey vampiro se encontraba sentado en su trono, meditando cada detalle de lo pensado. Creía que estaba siendo injusto, pero era la única manera en la que podría separar el destino de sus dos hijos. Alexandra se encontraba descansando. Es era otra de sus preocupaciones. Los dolores se intensificaban con el tiempo, las pastillas que tomaba por ahora surtían efecto, pero él mejor que nadie sabía que eso no duraría mucho tiempo.

Vio la gran puerta de la sala real abrirse, dejando pasar a una mujer de cabellos rubios y ojos azules, vestida de rojo. La puerta se cerró tras ella y esta comenzó a caminar hasta quedar a unos cuantos pasos de los escalones que daban a la plataforma donde se encontraba Karl.

Se trataba de Beatrix.

– ¿Me ha llamado?–Preguntó la mujer serenamente.

Karl le hizo una señal para que subiera a donde él se encontraba. Ella obedeció y se acercó a él. Esta se posicionó al lado derecho del trono, frente con frente a Karl.

– ¿Sucede algo, Querido?–La voz preocupada de Beatrix se hizo notar.

–Suceden muchas cosas, Beatrix–Karl la miraba con semblante serio– ¿Qué te ha parecido mi otra esposa?–La pregunta relajó a Beatrix.

–Una mujer elegante–Comentó.

–Está enferma–Beatrix miró sorprendido a su esposo–Es humana como debiste haberte dado cuenta–El semblante de Karl cambió a uno de preocupación–Su corazón se volvió muy débil tras el embarazo de Yumi–Empezó con su explicación–No puedo convertirla, con ese corazón tan débil–

Hubo silencio en la sala. Karl se debatía por dentro y Beatrix analizaba la situación: A Alexandra no le quedaba mucho tiempo de vida.

–Yumi se quedara sola–Siguió Karl, ganándose la atención de la rubia–Tengo miedo de lo que podría sucederle si Alexandra se va–Beatrix se sorprendió de las palabras del Rey vampiro.

Esas palabras solo le fueron dedicadas a su primogénito una vez, y ahora eran dedicadas a su última hija. Entonces recordó las palabras de su hijo Shu: "Ella es sencillamente especial" Tal vez ella iluminara un poco la oscuridad en la que vivían.

–Te tendrá a ti–Afirmó Beatrix

–Yo casi nunca estoy aquí–comentó el mismo.

–Tendrá a sus hermanos–La afirmación logró que Karl le prestara atención–Hace un rato Shu y yo la vimos jugando con los trillizos de Cordelia–Karl entrecerró las cejas– Se estaban divirtiendo–

El Rey vampiro se relajó ante la explicación. De solo pensar que Cordelia hiciera algo…

–Hay un problema que me preocupa aún mas–Beatrix le observó intrigada–Mis seis varones, son vampiros puros. Mi única hija es semi-humana–Beatrix entendió el mensaje, pero aun así dejó que Karl terminara–Algún día ellos despertaran como vampiros y tendrán sed de sangre–

–Yumi sería la presa más fácil a conseguir–Terminó ella por él.

–Estaba pensando en alejarla de aquí al cumplir los 12 años–Beatrix lo observó sorprendida.

–No hay necesidad de tal cosa–Karl le prestó atención–Si para ese entonces, Alexandra no está–Hizo una pequeña pausa–, yo cuidare de ella–

Karl se sintió aliviado. Tenía tres esposas maravillosas: Alexandra, Beatrix y Christa, su amada hermana. Tres astros comparados con Cordelia, quien siempre lo estaba sacando de las casillas. Suspiró aliviado y le sonrió a su esposa, la cual le devolvió el gesto.

–Ya puedes retirarte–Beatrix hizo una reverencia y salió de la sala, dejando al Rey vampiro solo nuevamente.

Confiaba en que Beatrix la cuidara. Pero si eso no llegara a suceder, ya tenía otros planes. Se levantó del trono y desapareció de la sala. Debía irse por viajes de negocios.

¡Chachachachán! Otro cap. más. Cada día se pone más interesante. ¿Qué le esperará a la pequeña Yumi? ¡Es un secreto, es un secreto!–

Diabolik Lovers no me pertenece, son de Rejet…y los compartimos con el fin de no formar una guerra mundial por la custodia de todos sus personajes.

Muchos hicieron preguntas a mis lindos chiquitines–Dije inflando los cachetes–Son tan moninos–Dije desde mi camita con un moquito saliendo de mi nariz–El próximo cap. Será para responder sus preguntas–Estornudé fuertemente y me sacudí la nariz con un pañuelito–Toy enfermita–Dije con carita de bebé.

Humana sin delicadeza–Reiji abrió la puerta con una taza de té y unos medicamentos–Te he traído la medicina–Se sentó a mi lado y me tendió la taza de té y las pastillas.

Gracias, Reiji-chan–Lagrimitas salían de mis ojos–Eres tan amable conmigo–

No te equivoques–Dijo para levantarse y acomodarse los lentes–Solo lo hago porque preocupas a tus lectores y no dejas dormir a nadie con tus estornudos–

Que cruel–Gruñí mientras me terminaba el té.

Carmison-chan–Raito se sentó en la esquina de la cama– ¿Cómo te sientes hoy?–

Me siento algo mejor, gracias, Raito-chan–Le sonreí sinceramente a la vez que este me devolvía la sonrisa.

Estoy celoso–Kanato apareció desde la puerta.

Kanato-chan–Le saludé–Estoy enfermita y no quiero que ustedes también se enfermen–Reiji rió por lo bajo.

Nosotros no nos enfermamos, humana sin modales–

Oye–Mi lindo y pequeño Subaru de 7 años apareció por la puerta– ¿Por qué tanto escándalo?–

¡Subaru-chan!–Agité emocionada mis manos– ¡Dame un besito en la cabeza para mejorarme!–Dije haciendo pucheros.

¿Ah?–Subaru se sonrojó–N-no voy a hacerlo. Capaz de que se me pegue tu estupidez–Dijo mientras se volteaba en dirección contraria a mí.

Me entristecí y me tapé en mi cobija hasta la cabeza. Subaru se acercó y comenzó a zarandearme. Raito sonrió y los miró a ustedes.

Hola chicos, creo que hoy yo responderé los comentarios~ –

: hasta yo hubiese preferido eso a lo que sucederá en un futuro...

Nos vemos!