Te sentía tan cerca, que parecías ser parte de mí. Eso, me encantó de sobremanera.

Esa noche, en la que dormimos juntos, me recordó a mi madre. Ella me hacía los cuentos de su nisan, de cómo dormían juntos cuando eran pequeños.

Como nosotros, ¿no crees?

Capítulo 4:

Agarró la rosa blanca con cuidado y la cortó con la tijera. Se la llevó a la nariz y respiró su aroma. El cabello rubio de la niña se encontraba trenzado, vestida de violeta con vuelos en blanco.

Era Yumi.

La niña se levantó con un ramo de rosas blancas. Sonrió orgullosa. Esas flores eran para su mamá, quien le vigilaba desde el balcón sin que se diera cuenta. Alexandra llevaba su cabello suelto hasta la cintura, pues había decidido cortárselo. Vestía un hermoso vestido negro de mangas largas con escote en V, pero no dejaba a la vista sus enormes pechos, pues el escote poseía vuelos en blancos. Del escote para abajo estaba adornado por lazos de color turquesa hasta la cintura. Una cadena de oro se colgaba en su cintura. A cada lado del mismo, el vestido dejaba ver los vuelos blancos de este.

Hermosa era la palabra exacta.

Yumi no se daba cuenta de la presencia de su madre, quien decidió entrar al castillo a leer un libro. Hace mucho que no se entretenía.

–Yumi–La voz la trajo a la realidad, mirando a su derecha, encontrándose con Shu–Buenos días–

–Buenos días, Shu-nisan–Saludó Yumi con una sonrisa.

–Yumi, ¿quisieras venir conmigo un momento?–Shu le sonrió. Yumi le miró confundida–Estuve hablando con un amigo mío sobre ti, y quiere conocerte–

–Ah–Hizo una expresión de sorpresa–Está bien–Dejó las flores cerca del rosal.

Ambos comenzaron a caminar por el bosque bajo la atenta mirada de Cordelia.

Cordelia se encontraba en los rosales rojos, vio la escena de los dos rubios. No pudo escuchar la conversación pero se imaginó que era para escapar. Hace mucho que sabía de las escapatorias del primogénito.

Con respecto a Yumi, esa niña no le caía nada bien, pero mientras no interfiriera en sus planes le daba igual. La había visto jugar con sus trillizos. Cosa que no le importó mucho, pero aun así se molestó, al punto de decirle a Ayato que se alejara de ella. Se dio la vuelta y se sentó en un banco. Debía de buscar alguna utilidad para aprovecharse de la misma. Pensaba mientras veía a dos de sus trillizos jugar. Ayato se encontraba encerrado en su habitación estudiando. Así debía ser.

Ayato era su heredero, debía ser el mejor.

-o-o-o-

Los dos rubios llevaban ya un buen tramo caminando y hablando acerca de si mismos y sus madre. Yumi se sorprendió, pues Shu había sido el único de sus hermanos que le había asegurado que el amor que sentía por su madre era mutuo.

Llegaron a un río, a lo que Yumi sonrió y el brillo se notaba en sus ojos. Sin pensarlo se quitó los zapatos y metió los pies en el río, comenzó a jugar, ganándose varias risitas de su hermano mayor. Sintieron un ruido, a lo que Yumi dejó de jugar y Shu miró a su izquierda sonriendo.

–Hola, señorito–era Edgar.

–Buenos días, Edgar–Shu miró a su hermana, la cual ya estaba a su lado con los zapatos puestos–Ella es mi hermana pequeña, la que te comenté–Señaló a la misma–Se llama Yumi–

–Mucho gusto–La rubia extendió su mano hacia el peli castaño, el cual se encontraba sonrojado, pero estrechó la mano con la misma.

–E-el placer es mío–Afirmó el mismo. Sonrió después de separar las manos de ambos–Vaya, Shu, tienes una hermana muy bonita–De una bolsa sacó una manzana, la cual se la dio a Yumi–Es para ti, la he cosechado yo mismo–

Yumi la cogió sonriente y le dio un mordisco, abriendo los ojos por la sorpresa–Esta deliciosa–Afirmó.

Edgar asintió. Los tres jóvenes se la pasaron hablando y jugando hasta que llegó la tarde y Shu había dicho que era hora de regresar al castillo, por lo que se despidieron de Edgar y se dirigieron al castillo. Ya en el castillo, Shu y Yumi se sentaron en una mesa en el patio para charlar acerca de lo divertido del día de hoy. Risas venían, risas iban.

–Ne, Shu–El rubio le dirigió la mirada– ¿Edgar sabe que somos…?–

–No–A pesar de no haber terminado la pregunta, el mayor sabía a lo que se refería: Vampiros–No debemos poner en exhibición nuestra existencia, Yumi–Le explicó el niño, a lo que Yumi sonrió y le dio un sorbo a su té.

–Shu–Ambos rubios miraron hacia el frente para ver a Beatrix y detrás de esta, Reiji– ¿Dónde estabas?–Al llegar notó la presencia de la menor quien le sonrió.

–Buenas tardes, Beatrix-sama–Saludo la niña–Shu se encontraba conmigo, espero que no haya sido molestia–Salvó a su hermano.

Beatrix le sonrió, le agradaba esa niña. Hace tiempo sabía de las escapadas de su hijo. Pero es que lo veía tan solo que se alegraba de que tuviera un amigo. Lo que le dolía era que no se lo contara.

–Si estaba contigo no debe haber problema–Comentó la mujer.

–Buenas tardes, Reiji-nisan–Ya Yumi se encontraba al lado de Reiji– ¿Cómo sigue tu lectura?–

–Buenas tardes, Yumi–Contestó el saludo–He avanzado bastante, gracias por su preocupación–Reiji hizo una leve reverencia.

Su madre le miró sorprendida. ¿Su hijo menor tenia tales modales?

–Espero que me enseñes algo más–Pidió la niña, a lo que Reiji asintió–Que bueno. Nos vemos–Yumi hizo una reverencia y se marchó.

Beatrix se sentó al lado de su primogénito y al lado de la misma Reiji. Los tres comenzaron a tomar té. Reiji colocó un gran libro rojo en la mesa, sorprendiendo a los presentes. Pero este hizo caso omiso. Hojeó las páginas hasta llegar más allá de la mitad y comenzó su lectura.

– ¿Qué lees, Reiji?–Shu se acercó a su hermano.

–Química–Fue lo que respondió, a lo que Shu sonrió.

Beatrix sonrió a la vez se ponía a bordar una manta. Le encantaban sus dos hijos, aunque no lo demostrara muy a menudo, los quería, a los dos.

-o-o-o-

Desde una habitación, Ayato, el menor de los trillizos se encontraba mirando por la ventana a sus hermanos correr de un lado para otro y a su madre sentada en una banca pensativa.

Odio

Eso era lo que sentía en esos momentos. Odio a su madre, odio al mundo, odio a todo. Sus hermanos podían jugar y él no. Apretó el lápiz que llevaba en la mano. Quería salir de ese lugar y gritar a los cuatro vientos sus penas.

Pero tenía miedo

Su madre era cruel, eso lo sabía. Le había amenazado con tirarlo al lago varias veces, y él no sabía nadar. Tiró el lápiz a la pared, logrando que este se rompiera. Se sentía impotente. Apenas era un niño y lo único que hacía desde que tenía uso de razón era estudiar, estudiar y estudiar.

"Algún día"

Pronunció una vocecita en su cabeza, a lo que él sonrió sínicamente. Se llevó la mano derecha a la cara, tapándose la mitad y comenzó a reír sínicamente.

–Algún día–Dijo para sí.

-o-o-o-

Yumi entró en la habitación de su madre, la cual era de un azul marino. La buscó con la mirada y la encontró en la cama, acostada leyendo un libro. Al notar la presencia de su hija, dejó el libro a un lado y le hizo una seña para que se acercara. Yumi se acercó a su madre, la cual se encontraba con un hermoso camisón de encajes blancos y bordes dorados. Yumi se sentó al lado de ella y la abrazó.

–Mamá–Alexandra comenzó a acariciarles los cabellos de manera maternal–Hoy fuimos a ver un amigo de Shu–Comentó Yumi, a lo que su madre asintió para que siguiera–Estuvimos jugando a las orillas de un río–Miró a su mamá contenta–Era humano mami–

– ¿Shu tiene un amigo humano?–Comentó Alexandra sorprendida.

–Él no sabe que somos vampiros, no te preocupes–Intentó calmar a su madre, logrando la tarea.

Yumi se volvió a acurrucar en el pecho de su madre. Sintió los latidos de Alexandra, calmados y débiles.

–Madre tiene unos latidos calmados–Comentó Yumi, ganándose una mirada de su madre, haciendo que esta dejase de acariciarla.

El miedo se notó en la mirada de Alexandra. Su hija estaba mirándola de manera extraña. Entonces lo notó. El deseo de probar.

Su hija…

Estaba siendo testigo del lado vampírico de su hija. Karl le había explicado que al igual que los humanos, las mujeres vampiros, se desarrollan antes que los hombres. Pero el caso de su hija era excepcional, ella poseía un lado humano. Debería tardar más.

"El lado más fuerte prevalece"

Dijo una voz en su cabeza. Comenzó a temblar. Su hija, su pequeña hija, sería vampiro.

– ¿Madre?–Alexandra despertó de su ensañamiento, logrando ver a la misma Yumi de todas las mañanas, ya no había rastro de aquella vampira– ¿Sucede algo, mami?–Pero Yumi solo recibió un abrazo.

–Nada cariño–Pero ella seguía temblando–No es nada–

Cayó la noche y como era de esperarse, se fueron a dormir. Yumi se cambió y se colocó el camisón turquesa que su padre le había regalado. Se asomó al balcón, admirando el cielo nocturno. Sintió un ruido bajo de sí. Al mirar más allá del balcón, logró ver a Subaru, quien le miraba sorprendido, se había dado cuenta de su presencia.

– ¿Subaru?–Yumi parecía confundida– ¿Qué haces ahí abajo?–

–Nada–Respondió el mismo.

–Sube–Le pidió Yumi.

– ¿Estás loca?–Le susurró– ¿Qué dirán si nos ven?–

–Solo será un momento–

Subaru parecía indeciso si subir o no, pero al final se decidió por hacerlo. Trepó un árbol cerca del balcón y llegó al mismo. Al llegar logró ver aún mejor a Yumi. Se acercó a ella y esta le sonrió. Él se sonrojo pero no dejó que ella lo notara, pues volteó el rostro.

– ¿Y bien?–Preguntó el peliblanco– ¿Para qué me querías?–

–Estaba sola–Yumi se recostó al barandal del balcón–Solo quería compañía–

Se encontraron en un silencio, que solo era interrumpido por los grillos o el viento de la noche, pero no era incómodo, al contrario, se sentía bien. Subaru sintió algo en su hombro izquierdo. Lo miró y encontró a una Yumi completamente dormida. Suspiró. Mira que quedarse dormida en el balcón, sobre todo de pie. La cargó como princesa y la llevó adentro de la habitación. La acostó en la cama y la arropó bien. Cuando estuvo a punto de marcharse, sintió que le agarraban la mano, a lo que él se sorprendió.

– ¿Yumi?–

–No te vayas–Pidió la niña–Tengo miedo–Apretó la mano de Subaru.

Suspiró–No me iré, tranquila–Intentó calmarla.

–Me están observando–El comentario preocupó al chico de 7 años, por lo que sacó su daga de plata y miró a todo lados, incluso se asomó al balcón, el cual cerró después.

–No hay nadie–Afirmó el.

Ella negó en la cama. Se llevó la mano al pecho–Es aquí–Subaru le miró confundido–Siento que algo se está descontrolando–Explicó la joven–Hoy asusté mucho a mi mami–Comenzó a llorar–Tengo miedo de lo que pueda hacerle–

Subaru ya se encontraba a su lado y le estaba secando las lágrimas–No llores, Yumi–Esta abrió los ojos para encontrar unos rojos con preocupación–Todo va a estar bien. Si algo…cuando vuelva padre le dices tú problema–Comentó el niño, ganándose la atención completa de la rubia–Seguro él sabe lo que te pasa–

Yumi le sonrió–Gracias, Subaru–La niña le agarró las manos– ¿Puedes dormir conmigo hoy?–Subaru la miró indeciso–Por favor, solo por hoy–Subaru suspiró resignado.

–Solo por hoy–Afirmó, ganándose una sonrisa de la rubia.

La rubia se hizo a un lado, dejando que el peliblanco se acomodara en la parte izquierda de la cama. Se acurrucaron entre las sabanas.

Yumi puso sus manitas a la altura de su barbilla y miró a Subaru. Este hizo lo mismo. Ambos unieron los deditos meñiques. Se encontraban cara a cara. Las miradas se encontraban en contraste. Azul y rojo.

Sin darse cuenta se habían quedado dormidos.

De la puerta casi sin abrir les miraba Alexandra con una triste sonrisa.

Había escuchado toda la conversación. Su hija se había dado cuenta de lo que escondía en su interior. Sabía que si no lo lograba controlar, podría hacer cosas malvadas.

Un dolor en el pecho nuevamente. Cerró la puerta con cuidado y comenzó a caminar hacia su habitación. Casi llegando a la misma, el mismo dolor, pero esta vez más fuerte, haciendo que Alexandra tambaleara y se tuviera que recostar a la pared. Entró en su habitación y fue al cajón de la mesita de noche. Se encontró con un pomito blanco. Al cogerlo y abrirlo, encontró unas pastillas. Cogió dos y las ingirió. Sintiéndose más aliviada, cerró el pomito y lo guardó en su lugar. Se acostó en la cama.

Tenía miedo de dejar a su hija sola. No es que Subaru le cayera mal ni nada de eso. Más era por su horrible enfermedad. Ni Karl, rey de los vampiros, encontraba una cura para ella.

Sabía que algún día le llegaría su hora.

¡Miau! ¡Miau! ¿Cómo están? ¡Espero que bien! Gracias a todos aquellos que preguntaron por mi salud. ¡Ya estoy mucho mejor! Este es el cap. que más me gustó escribir. Espero que a ustedes también les haya gustado–

Diabolik Lovers no me pertenece, son de Rejet. Y algún día voy a encadenarlos a todos para que nunca se vayan…buajajajajaja! (Risa malvada)

Carmison-hime–Shu (de 10 años) apareció en mi habitación–Veo que te has mejorado–Se sentó en una silla cerca de la mía.

Asentí eufóricamente–Sip. Cuando quieras podemos ir a jugar con Edgar–Le guiñé un ojo mientras este me sonreía.

Aun no deberías salir, Carmison–La voz de Yumi se escuchó–El tiempo está empeorando y está lloviendo muy seguido–La rubia se encontraba sentada en el medio de la cama, me sonrió dulcemente.

Mi linda Yumi-hime–Le saludé–Definitivamente, debiste haber estado en la historia original. ¿No lo crees, Shu?–El aludido sonrió.

Como le dije a Edgar, serías la pequeña luz que iluminaría de apoco nuestra infancia–Yumi le sonrió.

De eso ya se encargara otra persona, pero no va a ser precisamente vuestra infancia lo que arregle–Karl Heinz apareció.

¡Karl-sama!–me levanté de mi asiento e hice una leve reverencia– ¿Qué hace aquí?–

No es obvio–Se acercó a Yumi–Vine a ver a la hija que me negaron en la historia original–Le acarició los cabellos–Siempre quise una hija–

Padre–Yumi le sonrió.

No es nada–Me volví a sentar–Solo tienes que darme la mitad de tus riquezas, convertirme en la esposa de Shu, o Subaru, o Shin, o Ruki, o Yuma, y la deuda esta saldada–El rubio se sonrojó pero aun así me sonrió

¡Me vas a vender!–Me miró sorprendida la princesa del castillo.

No lo digas así, vamos a ponerle otro termino–Me coloqué el dedo índice en el mentón–Te estoy ofreciendo–

¡Es lo mismo!–Subaru entró golpeando la fuerza.

¿Pero porque te quejas si te conviene?–Le pregunté logrando que este se sonrojara y saliera de la habitación.

Vamos, vamos, no deben pelearse así–Alexandra entró con una bella sonrisa.

Ohayo, Alexandra-sama–Le saludé– ¿Se siente bien hoy?–

Suspiró–Estoy en eso–

Bueno chicos, eso es todo por hoy, no olviden dejar sus preguntas a mis queridos Sakamaki, y si, Yumi y Alexandra están disponibles también, incluyendo a Karl y sus esposas. ¡Nos vemos!