Cambias

Es inevitable, lo entiendo

El tiempo pasa.

¿Tu corazón también cambiará?

Capítulo VI:

Alexandra se consideraba una mujer de mucha paciencia, sin embargo, su enfermedad progresaba rápidamente y eso la desesperaba. Tenía mucho miedo de que al irse corrompieran a su pequeña, no por sus hermanos, es más que obvio que ellos tenían una conexión especial, sobre todo con Subaru, Raito y Reiji; tampoco eran las otras esposas, aunque de ser así, la más peligrosa era Cordelia, pero notó como esta se iba encariñando con Yumi sin saberlo. Había algo, algo muy oscuro; no sabía que era, pero lo sentía, sabía que estaba ahí, rondando alrededor de su pequeña e inocente hija. La peliverde siempre había sido muy suspicaz ante esto, desde pequeña podía percibir cosas que otros no: Malas energías, anormalidades, incluso podía jurar que aquellas sombras que vemos siempre en la esquina de nuestros ojos cuando nos enfocamos al frente son reales, estaban ahí.

Por muy extraño que parezca, le gustaba la adrenalina, pero no en exceso, por esa razón le había atraído Karl. Se había perdido en las calles persiguiendo a un gato de dos colas cuando apenas tenía 19 años, ahí conoció al Rey vampiro; tuvieron dos años de relación a escondidas de la sociedad y a los 21 quedó embarazada, al saberlo, algo en su interior le dijo que no debía decírselo a Karl y huyó. Sin embargo, su hija de 4 años siempre estaba triste y cuando le preguntó por qué esta le dijo que todos los niños del círculo tenían mamá y papá, ¿Por qué solo ella tenía mamá? Eso le caló en lo hondo y se sintió el ser más miserable del mundo; había privado a su hija del calor de un padre; no iba a decir que el Rey vampiro era un grandísimo padre porque con solo mirar la situación se notaba, pero era su padre, para bien o para mal.

Decidió contactar con él y vaya fue sus sorpresa cuando supo que tenía una hija, apareció a su lado en un abrir y cerrar de ojos. Fue increíble ver cómo sin siquiera haberse visto antes, ella se levantó y corrió hacia él llorando y gritando "papá". Desde ese día, nunca les faltó nada, Karl siempre daba vueltas y traía regalos a Yumi, quizás demasiados, por un momento llegó a pensar que su hija se volvería egoísta, pero muy al contrario, le dijo a su padre que no necesitaba de tantos regalos. Una vez se enteró de su enfermedad y por miedo a dejarla sola, decidió casarse con Karl para así asegurarse de que estaría en "buenas manos", todavía dudaba de su decisión, tal vez si no hubiera hecho eso, no sentiría esa aura maligna que trataba de penetrar a su pequeña, pero aún era muy inocente y la oscuridad, aunque la abrazaba, no lograba tocarla.

Alejándonos del tema, la cuarta esposa se encontraba hablando con Beatrix mientras Yumi leía junto a Reiji, Shu seguramente había vuelto a escaparse.

–Entiendo tu preocupación–Dijo Beatrix dejando su taza de té sobre la mesa.

–Estoy cansada–Alexandra dejó caer los hombros mientras suspiraba denotando su cansancio–Tengo miedo, Beatrix–

–No deberías–Le afirmó–Si llegas a faltar yo me haré cargo, de no ser así estarán sus hermanos–

Alexandra le sonrió a la rubia mayor. En el tiempo en el que llevaba viviendo en el castillo, se había hecho muy buena amiga de Beatrix, Christa era muy amigable pero muy melancólica, rara vez la veías por los alrededores, con Cordelia, ni hablar, apenas se miraban. Hablando de la hermana y tercera esposa del Rey vampiro, esta misma, hoy se encontraba paseándose con su hijo Subaru por el castillo, hoy se notaba mucho mejor. Subaru la observaba a cada rato preocupado, su madre cambiaba de humor muy rápido.

Los peliblancos se sentaron en una de las múltiples salas del castillo y comenzaron a charlar, hoy definitivamente Christa se sentía muy bien.

– ¿Y qué tal con Yumi-chan?–A Christa le agradaba la pequeña, por laguna razón siempre le sacaba una sonrisa.

–La vi jugando con los trillizos, se llevan muy bien–Dijo Subaru con una sonrisa–Sobre todo con Raito, él le esta enseñado el piano–

Christa le acarició los cabellos y Subaru se sonrojó, él podía contar con los dedos de una mano los mimos que le daba su mamá; casi nunca la veía por estar encerrada en la torre y cuando lo hacía siempre se estaba peleando con él por culpa de su doble personalidad, por lo que quería disfrutar al máximo las caricias de su mamá. Lastimosamente nada es para siempre, sobre todo estando Cordelia en el castillo, eso Subaru lo tenía muy claro. La mujer de ojos verdes al verlos se les acercó y empezó a decirle groserías a su madre mientras él fruncía el ceño y se aguantaba las ganas para no responderle a esa asquerosa y repugnante mujer. Justo cuando estaba por perder el control, su madre se levantó del sofá con cara de disgusto y enfrentó a Cordelia.

– ¿Acaso sabe usted a quién ama más Karl Heinz?–Le preguntó Christa a Cordelia dejándola confundida– ¡Karl Heinz me ama más a mí y a ti ni siquiera te mira!–Le gritó a la mujer.

– ¡¿Cómo te atreves?!–Cordelia se molestó tanto que agarró a Christa por el cuello tratando de estrangularla. Le habían gritado la verdad en la cara, ya eran dos personas.

Subaru, asustado y sin saber que hacer sacó su daga, no estaba pensando, mucho menos quería hacerlo.

– ¡Cordelia!–El grito proveniente de la gran puerta hizo que la nombrada soltara a Christa la cual cayó sentada en el sofá tosiendo y llevándose las manos al cuello adolorido.

– ¡Madre!–Subaru guardó la daga y agarrando a su madre de las manos la llevó hacia fuera, no quería ver la riña que se iba a formar con su padre y Cordelia ahora.

Cordelia se volteó lentamente hacia su marido, el cual se notaba enfadado. ¡Claro que lo estaba! Era más que sabido que Christa era su amada y pequeña hermana, aquella que convirtió en esposa y por culpa de sus descuidos, y su estúpida manía de anotarlo todo en aquel estúpido diario, confundió a su tercera esposa; hizo que la peliblanca creara dos personalidades de él mismo: Karl Heinz, aquel que la había secuestrado y violado, y su ni-sama, el hermano que siempre la salvaba y que la había dejado a su suerte a pesar de seguir soñando que algún día la iba a venir a rescatar.

–Cordelia…–Karl se llevó las manos al puente de la nariz masajeándolo y cerró los ojos tratando de calmarse para no matar a esa mujer. ¡Cuánto se arrepentía de haberse casado con ella! Si solo se hubiera dado cuenta que con Christa era más que suficiente para sus planes… y para todo– ¿Qué estabas haciendo? ¿En que estabas pensando?–Seguía preguntando sin darle tiempo a responder–¡¿Qué te he dicho?!–Dio un puñetazo a la pared más cercana dejando un gran orificio en ella y asustando a Cordelia– ¡No me interesa que te acuestes con Ritchard ni con quien lo hagas!–Ella abrió los ojos sorprendida, ¿su esposo lo sabía?– ¡Te he dicho que no molestes a Christa y a Beatrix! ¡Y ahí vas tu como si de un imán se tratara!–Volvió a pegarle a la pared esta vez rompiéndola dejando un gran hueco, podía ver el pasillo a través de él. Karl suspiró al ver que estaba perdiendo el control, se dio la vuelta dándole la espalda dispuesto a salir de la sala–No lo vuelvas a hacer–Desapareció nada más terminó sus palabras.

Cordelia apretó los puños molesta. Esas dos siempre antes que ella; aunque debía admitir que sentía más odio hacia Beatrix, la segunda esposa, ¿razón? La rubia le había dado los primeros hijos a Karl ganándose el puesto que a ella le correspondía. Sabía que Beatrix era muy amiga de Karl, que solo este se había casado con ella para tener descendencia y esta había aceptado, sabía que fue su propia culpa por no quererle dar hijos; por eso la odiaba, porque ella le dio lo que ella misma no quiso darle en aquel momento. ¿Christa? Con ella al principio si tenía problemas, pero dejó de preocuparle cuando esta empezó a rechazar a Karl, más aun cuando este la encerró en las torres y hacía todo lo posible por alejarse de ella. ¿Alexandra? Con ella no había ningún problema, se notaba que la peliverde ya no sentía nada hacia el Rey Vampiro, se casó con el para poder mantener a su hija con compañía por si ella no aguantara su enfermedad. Se fue caminando hacia los jardines, necesitaba respirar.

Cordelia nunca se dio cuenta que Karl ama con locura a Christa, y que si debía mantenerla encerrada para que estuviera junto a él, si no podía aparecerse frente a Christa para que se mantuviera tranquila y feliz, lo haría…porque él la amaba y se maldecía el día en que decidió escribir aquello…*

-o-o-o-

–Yumi, ¿Cómo están las galletas?–Preguntó Kanato mientras probaba el pastel de cuquita y chocolate que le habían preparado.

–Están muy ricas, Kanato-chan–Dijo Yumi cogiendo otra galleta de almendra y vainilla.

– ¡Yumi-chan!–Raito llegó corriendo hacia ellos y abrazó a la rubia fuertemente, la cual sin inmutarse, pero sonriendo por la llegada del mayor de los trillizos, seguía comiendo su querida galleta de vainilla– ¡Vamos a jugar!–Raito restregaba su mejilla derecha con la izquierda de Yumi.

–Raito, ¿acaso eres ciego? ¡No ves que Yumi está tomando el té conmigo! ¡Ve a jugar a otro lado!–Le gritó Kanato al trillizo mayor. Desde hace unos días atrás estaba que perdía la paciencia– ¡Y a Teddy le incomodas!–

–Jo~ Kanato-kun, no es justo. Yo también quiero pasar tiempo con mi linda hermanita–La abrazó más fuerte.

–Puedo pasar tiempo con los dos, no se peleen–Yumi señaló una silla vacía para que el castaño se sentara–Son hermanos, no veo la razón para enfadarse por algo así–Dijo sirviéndole a Raito té y algo de galletas.

– ¡Gracias, Yumi-chan!–Raito comenzó a degustar su té mientras Kanato lanzaba una y mil maldiciones que solo Teddy podía oír.

Yumi sonrió. Así debía ser, los hermanos se deben llevar bien…La rubia alzó su mirada hacia el castillo buscando la habitación del menor de los trillizos. Cordelia había vuelto a encerrarlo para que estudiara. ¿Acaso Ayato no podía jugar? Entendía que era el heredero de Cordelia, pero era demasiado, sobre todo para un niño de apenas 9 años que lo que debería hacer es divertirse; así mismo pasaba con Shu, aunque el primogénito se las arreglaba muy seguido. Ella volvió a mirar su taza de té. Sentía que algo malo iba a suceder.

"Deberías de matarla, mata a Cordelia" Abrió los ojos asustada y apretó los puños. Era esa voz de nuevo, esa oscura voz que provenía desde el interior de su cabeza, tal vez hasta de su alma. "Vamos…tu puedes. Solo déjame salir…"

– ¡No!–Gritó levantándose dejando a los dos trillizos, que se hallaban discutiendo, perplejos por su actuar.

– ¿Yumi-chan?–Preguntó Raito al ver lo pálida que se encontraba su hermana.

Eso la despertó de su trance– ¿Sucede algo?–Preguntó Kanato visiblemente preocupado.

–N-no…–Se llevó una mano a pecho–Solo estoy cansada–Hizo una reverencia–Con vuestro permiso–Y se marchó hacia dentro del castillo.

– ¡Es tu culpa!–Le gritó Kanato a Raito una vez Yumi desapareció–Siempre llegas en el mejor momento–

–Pero si yo no hice nada~ –Se defendió el peli castaño.

-o-o-o-

Hola Hola! Disculpen la extensa demora, estoy en clases y ya saben.

Diabolik Lovers no me pertenece, es propiedad absoluta de Rejet. Los OC son de mi completa autoridad.

Chicos, en serio, perdónenme, prometo actualizar más a seguido–Les guiñé un ojo.

No le hagan caso a la menstruación andante–Un Edgar de apenas 11 años se asomó por la ventana–Siempre dice lo mismo–

¡Edgar!–Le grité acercándome a él.

No me grites–Sacó una manzana–Cógela, es para ti–

Mi cara de enfado se esfumó al momento– ¡Edgar te AMO!–Cogí la manzana y le di un largo beso en la mejilla.

¿Q-que haces? ¡Que tienes 16!–Shu entró en el cuarto justo en ese momento para alejarme de Yuma.

Jo, no es justo–Me crucé de brazos–Shu es muy celoso con Edgar–

¿¡QUE!?–Gritaron ambos.

Lo quiere solo para él–

¡QUE NO!–

JU JU, Yaoi, JU JU–

¡QUE NO!–Shu y Edgar pusieron cara de asco.

Voy a vomitar–Dijo el castaño claro.

¡Nos vemos en la próxima! Recuerden dejarnos preguntas a mí y a mis queridos niños!–