Capítulo 3
GAM
Un grupo de ayuda mutua, también conocido como GAM, es un espacio en el que se reúne un grupo de personas con un problema en común, para brindarse apoyo y lograr superar ese problema. Existen de diferentes tipos: para adicciones, enfermedades, duelos, etcétera.
La idea es sentirte bien después de cada sesión.
OoOoO
Nunca pensé en ir a un grupo de ayuda mutua. La idea jamás pasó por mi cabeza ni un solo segundo. Aunque ha sido difícil, trato de llevar las cosas con Willis de la mejor manera que puedo. No niego que el proceso ha sido complicado. Pero un grupo de ayuda mutua... no, eso definitivamente no es una buena idea.
Cuando lees sobre GAM o ves en las películas cosas parecidas, todo parece ser perfecto e incluso divertido. Los protagonistas asisten y por arte de magia se sienten bien o encuentran al amor de su vida. Yo sé que eso no va a pasarme, eso es solo ficción, yo vivo una realidad; pero mi doctor fue muy insistente y recomendó el grupo apenas pisé el hospital.
Ha pasado una semana desde que me enteré que mi querido Willis crece y crece como flor en primavera. No quise perder más tiempo, así que me inscribí a clases de guitarra, piano, repostería y baile. Prácticamente llené mi agenda para lo que resta del mes.
Y aquí estoy, en un enorme salón, sentada en una silla que forma parte de un gran círculo de armonía, escuchando distintas historias.
—Hola, mi nombre es Melissa Flint y tengo una enfermedad terminal. Esta semana he puesto frases motivadoras en toda mi casa para darme ánimos día a día —dice una chica que está sentada casi frente a mí.
Escucharlos a todos resulta abrumador. El encargado del grupo los hace hablar uno a uno para contar sus progresos de la semana.
¿Quieren saber mi progreso? Alimento a Willis mientras respiro. Ese es mi progreso, gracias.
Estuve en el hospital hace cuatro días. Me atacó una migraña terrible en medio del supermercado. Traté de controlarme, pero el dolor apareció tan de repente que no me dejaba caminar; y aumentó tan rápido que apenas fui consciente de lo que pasaba a mí alrededor. Cuando reaccioné estaba en una cama en la sala de urgencias, me contaron que me encontraron tirada en el suelo en medio de uno de los pasillos y me habían llevado al lugar de inmediato. Ahí vi al doctor Malfoy.
Él me dijo que debía salir acompañada a partir de ese momento, que por ahora era solo el intenso dolor, pero después podría ser alguna discapacidad mucho más difícil. Me habló del grupo de ayuda mutua y recomendó que hiciera amigos ahí.
Suelo seguir las reglas y obedecer órdenes, pero debo reconocer que esta no es una de mis favoritas.
—Hermione, ¿quisieras presentarte, por favor?
Genial, mi turno llegó.
Me levanto del asiento y tomo aire para comenzar.
—Hola, mi nombre es Hermione Granger, tengo 27 años y tengo un Willis en la cabeza —listo, esa es mi presentación. Sencilla y completa.
Pronto puedo notar que todos me miran con extrañeza. Me debato entre sentarme o quedarme parada.
—¿Podrías hablarnos un poco más de eso? —pregunta el encargado del grupo.
Asiento con la cabeza e intento continuar.
Suelto un suspiro.
—Willis es mi tumor cerebral. Lo llamé Willis porque odio llamarlo tumor —explico como si fuera obvio.
—Y, ¿cómo lo has sobrellevado?
¿Además de que se come mi cerebro como un zombi?
—Tenemos una estrecha relación de amistad. Él me deja vivir mientras yo le doy un hogar. Es algo muy justo.
Todos me miran atónitos. Sé que no esperaban una respuesta así. Precisamente por eso es que no quería ir a uno de estos grupos en los que esperan escuchar palabras optimistas. Sé que no es la mejor manera, pero tomarlo tan frío es lo único que hace que siga adelante.
—Gracias, Hermione. ¿Quién sigue?
Vuelvo a sentarme y espero que el tiempo de compartir progresos termine, de verdad quiero desaparecer de ese lugar. No esperaba que me ayudara, pero tampoco esperaba que me sintiera desperdiciando el tiempo que no tengo.
No es placentero escuchar las historias de los demás. Enterarte cómo su enfermedad mejora o empeora no ayuda a mejorar mi manera de ver las cosas. Tampoco ayuda su optimista idea de "si yo lo logré, ustedes pueden hacerlo", si ellos lo vencen, no me siento optimista, me siento molesta porque sé que no estoy luchando contra Willis y sé que eventualmente él ganará.
Cuando todo termina, tomo mis cosas y me dispongo a ser la primera en salir del lugar. Prefiero mil veces tomar una clase de física a volver a este lugar. Pero antes de que pueda hacer mi desaparición, el encargado del grupo me llama.
—Hermione, ¿puedo hablar contigo?
—Claro —respondo resignadamente—. ¿Qué necesita?
Me hace una seña para que lo espere un segundo y comienza a hablar con una de las integrantes del grupo. Me quedo parada en el marco de la puerta con los brazos cruzados y analizando qué tan rápido podría escapar sin que se dé cuenta de que me voy.
Sonrío. Mi idea me hace sentirme como una adolescente que quiere huir de su profesor.
—Hola, Hermione —saluda de nuevo, cuando se acerca a mí.
—Hola —respondo por cortesía.
—Nos sorprendiste a todos con tus palabras de hoy —me mira detenidamente, supongo que espera una explicación—. Escucha, linda, aquí tratamos de ayudar a la gente a superar su día a día con la enfermedad que los acompaña. Pienso que es probable que necesites ayuda de un profesional para que te haga ver el mundo de una mejor manera. Que te ayude a aceptar el viaje que te ha tocado hacer.
Y por eso es que no quiero ayuda de profesionales.
—Yo he aceptado mi viaje. Estoy consciente de lo que significa Willis en mi vida. No es un juego, Willis y yo somos buenos amigos. En tanto yo esté viva él también lo estará, en cuanto me mate, dejará de tener hogar. Es el trato —le explico comenzando a alterarme.
—Deberías verlo de una manera diferente. Quizá si...
—No necesito verlo de ninguna otra manera. Voy a morir, lo sé de antemano. Willis es inoperable e intratable, además de que crece a una velocidad impresionante. No necesito aceptar que estoy en un viaje directo a la muerte, eso ya lo sé. Solo quiero vivir. Vivir cada día como si fuera el último, porque no sé hasta qué momento eso va a ser verdad.
El hombre me mira con resignación.
—Bien. Espero verte aquí mañana, Hermione.
No pienso volver.
—Claro. Hasta mañana —me despido.
Sé que no va a funcionar de nada asistir. Sé que no voy a regresar. También sé que necesito amigos, pero en ese lugar las probabilidades de conseguir uno son muy escasas.
Camino de vuelta a casa para esperar que sea hora de ir a la clase de piano. Aún me pregunto cómo es que logré tomar tantas clases para cumplir con la lista que hice hace un tiempo.
He tachado algunos puntos que ya cumplí, pero muchos de ellos serán más complicados de hacer. Ansío encontrar la manera de completar la lista. El juego de "Quien gana" apenas está comenzado y no quiero ser la perdedora.
OoOoO
Mientras espero la hora de mi siguiente clase, voy al parque local a terminar de leer uno de los muchos libros que planeaba leer a lo largo de mi vida. Sé que ir no significa precisamente ir a leer. En realidad la paso viendo a la gente. Los niños jugar con sus mascotas, las madres cuidándolos, parejas caminando de la mano y sonriendo. Un dolor me azota en el cuerpo.
No puedo decir que me quejo de mi vida amorosa. A los catorce años conocí a mi primer amor, Viktor Krum. Tuvimos una relación corta, pero llena de ilusión y amor. Cuando él se fue me destrozó por completo, pero con el tiempo logré superarlo. No hubo nadie más en un largo tiempo hasta que entré a la universidad. Ahí conocí a Cormac McLaggen, él sí que fue otra cosa. No estaba con rodeos, fue muy claro desde el inicio y su coqueteo era muy evidente. Debo reconocer que con él aprendí a divertirme de verdad. Fiestas, bailes, sexo. Fue una de las relaciones más intensas que viví. Pero claro, una persona así tenía que arruinarlo todo de alguna manera... y él lo hizo. Después de un largo año de aventuras, todo terminó en una noche de alcohol con peleas y engaños. Jamás lo volví a ver.
Hace cuatro años volví a encontrarme con Viktor, ambos éramos muy distintos. Claramente, nueve años eran demasiados como para que cada uno hubiera forjado su propio carácter. Salimos, congeniamos y lo intentamos de nuevo a pesar de todo... hasta que mi trabajo terminó por alejarlo de mí al igual que a todas las personas que estaban a mí alrededor.
Sigo arrepentida de haberme entregado tanto a ese horrible trabajo; si aún conservo una relación con mis padres es porque ellos jamás dejaron de buscarme y porque, obviamente, soy su hija y nuestro lazo es irrompible; fue tan fácil para mi jefe deshacerse mí y contratar a alguien más que ahora sé que mi trabajo nunca fue realmente valorado y todos los años perdidos nunca valieron la pena.
Ahora pienso en Willis, en todo lo que ha cambiado mi vida, en todo lo que se ha convertido. Sin él continuaría trabajando en ese horrible lugar, seguiría con mi aburrida rutina y viviendo la vida estresante y nada producente que estaba llevando.
Sin Willis no lo hubiera conocido a él.
No he vuelto al bar, no he intentado siquiera pasar por ahí por error. No quiero verlo. Quiero quedarme con el agradable recuerdo que dejó en mi mente. Su sonrisa, su cabello rojo, su voz diciéndome "ángel" y ese beso inesperado que me hizo sentir que estaba viva. Es mejor así, al menos eso es lo que creo.
Si él apareció en mi vida, es gracias a Willis, aunque también el no intentar algo más es gracias a Willis. Al final, todo lo bueno y lo malo que me ocurre es gracias a Willis.
Sigo mirando a las parejas, recuerdo mis relaciones pasadas e imagino una vida con un nuevo amor. De alguna manera quiero sentirlo, quiero volverme a enamorar, pero hacerlo ahora sería muy egoísta. No puedo permitirme amar a alguien y dejarlo amarme cuando sé que mi vida está por terminar y solo le dejaría dolor. Es una injusticia que solo dos personas tendrán que vivir: mis padres. Detesto tener que hacerles esto, pero no hay más remedio. Aún no les he hablado ni un poco de Willis. Ellos siguen viviendo su feliz vida sin ningún problema y así quiero que continúen. Al menos por un par de meses más.
Miro el reloj y me doy cuenta que es hora de la clase de repostería.
Río.
Soy pésima cocinando, pero un punto en la lista dice claramente "Preparar un postre para mi madre", así que, al menos algo tengo que aprender.
OoOoO
Hay dos cosas que definitivamente amo hacer: cantar y bailar. Nunca lo he hecho bien y nunca me he dado tiempo de hacerlo. Nunca, hasta ahora.
A pesar de mi trabajo, trataba de mantenerme al día con la música y creo que eso es lo que me hizo continuar viviendo en ese trabajo sin intentar llegar al suicidio.
Uno de los miedos que más tenía era no poder hacer ninguna de esas dos cosas. Con Willis sé que dejaré de hacerlas. El karaoke me había ayudado a disfrutar de cantar, no planeo volver, así que desde ahora parece que esa actividad estará limitada a mi casa. Las clases de baile me ayudarán a terminar con el sueño frustrado de ser bailarina.
La única clase del día que disfruto por completo es la de baile, y quizá esa es la razón por la que decidí dejarla al final. Después de todo lo mala que soy en las otras clases, el baile me ayuda no solo a divertirme y demostrarme que no soy tan mala como creo, sino a desestresarme de todo y olvidarme por una hora de Willis.
Cualquier canción es suficiente para hacerme sentir bien y comenzar a moverme como si estuviera en la cima del mundo. Cada movimiento, cada paso, cada nota me hace feliz, y la felicidad es lo que más necesito en estos momentos. Al terminar cada clase, tengo una sonrisa marcada en el rostro y el cansancio que siento vale la pena.
Es la quinta clase de la semana, tendré que esperar por dos días antes de volver aquí y eso no suena demasiado placentero, sin embargo me mantengo optimista. Tomo mis cosas y me preparo para ir a casa y continuar mi lectura, ver alguna película de la interminable lista o cumplir con algo pequeño que se me ocurra, puede incluso que vaya a casa y siga bailando y cantando como si no hubiera un mañana.
Pero cuando estoy por llegar a la salida, una voz interrumpe mis pensamientos.
—Hola, ángel.
La voz hace brincar mi corazón. Cierro los ojos e intento creer que mi mente me está haciendo una jugada.
—¿No planeas decir nada? —vuelve a hablar.
Doy media vuelta y lo veo.
Su sonrisa y sus ojos hacen que pierda el sentido por un segundo. Tengo miedo solo de sentir eso.
—Hola —saludo como si no esperara que estuviera aquí... aunque en realidad no esperaba que estuviera aquí—. Que sorpresa, no creí encontrarte en un lugar como este.
Da un par de pasos y lo tengo enfrente. Mi nerviosismo aumenta.
—Mi hermana viene aquí de vez en cuando —dice, mirándome con intensidad. La misma intensidad con la que me miraba en el bar.
—¿Ah sí? Bueno, no tenía idea.
Quiero escapar antes de que su interrogatorio comience.
—No sabía que bailaras... a menos que...
—La lista de Willis —completo sin entender por qué tengo la necesidad de explicarle todo lo que me ocurre.
—¡La lista de Willis, claro!
Me ha descubierto y por un momento creo que no hay escapatoria. Sin embargo, un silencio comienza a invadir nuestro espacio. Esta clase de momentos eran los que no quería guardar en mi memoria y es por eso que solo quería quedarme con el hermoso recuerdo de lo que sucedió hace un par de semanas.
—¿Nos vamos? —preguntan a mi espalda. Una chica pelirroja lo mira distraída. Imagino que ella es su hermana.
—Sí —responde Ron—. Ginny, ella es Hermione. Hermione, ella es mi hermana Ginny.
La chica me mira con una ligera sonrisa, yo solo la saludo con una mano. La he visto bailar toda la semana y realmente admiro su pasión.
—Qué tal, Hermione. Eres nueva, ¿cierto? —asiento con la cabeza y ella amplía su sonrisa—. Eres buena.
—Gracias —jamás esperé un comentario como ese.
—¿Quieres acompañarnos? Iremos a cenar algo antes de ir a casa —menciona—. Será divertido, anímate —dice al notar que yo no daba una respuesta.
No estoy del todo segura si quiero ir con ellos, pero con Willis aprendí que cualquier ocasión es digna de ser aceptada.
—Bien, ¿por qué no?
Ginny vuelve a sonreírme y se aproxima a la salida.
Miro a Ron, quien no ha dejado de mirarme desde que su hermana apareció, parece alegre de saber que iré con ellos.
Subimos al auto azul en el que Ron estaba esperando cuando salimos hace dos semanas. Ahí me doy cuenta que él siempre pudo acortar nuestro encuentro llevándome a casa de manera rápida y aun así decidió caminar conmigo y hablar un largo rato.
—Acabo de enviarle un mensaje a Harry, dice que nos esperará en el restaurante —dice Ginny a su hermano.
Ron asiente y continúa atento al camino, entonces Ginny comienza a contarme un poco sobre su vida. Habla sobre su pasión por el baile, de su trabajo y lo bien que la pasa en él, de Harry quien es su pareja desde hace más de dos años. Por un momento pienso que ella tiene la excelente vida que yo planeaba para mí.
Cuando llegamos a nuestro destino, conozco a Harry quien de inmediato me agrada. Sus ojos verdes detrás de sus redondas gafas le dan un toque amistoso. Cenamos con tranquilidad, hablando ocasionalmente. Ron solo me mira de vez en cuando y habla poco. Un rato más tarde Harry y Ginny se van, dejándonos solos a Ron y a mí.
—¿Vas a continuar así de silencioso? —pregunto, un minuto después.
El pelirrojo me mira y permanece serio.
—¿Por qué no volviste al bar?
Desvío la mirada. Entiendo su pregunta, he tratado de evitar la conversación toda la noche, pero sé que es inevitable, debo hablar con él.
—No he podido —miento. Me odio por mentirle a él y aún no sé por qué.
—Creí que habíamos pasado una tarde divertida.
—Lo hicimos. No había pasado una tarde tan divertida como la que tuvimos, es solo que...
—No esperabas lo que pasó después —declara, concluyendo mi frase.
Me quedo callada. Quiero decirle que lo que pasó era exactamente lo que esperaba que pasara, pero no quiero continuar dándole y dándome ilusiones que sé que no son justas para ninguno.
—No es eso —me duele tener que decir aquello.
—Hermione, tú me agradas mucho y quiero llegar a conocerte de verdad —me mira a los ojos y me toma la mano. Mi corazón se acelera.
Me pierdo en el azul de sus ojos, yo también quiero conocerlo, pero hacerlo implicaría contarle todo y no quiero hacerlo, ya rompí mi promesa personal de no hacer que alguien aparte de mí y mi médico sepan mi condición.
—Podemos ser amigos —es lo único que me permitiría.
—No quiero ser tu amigo, espero que entiendas eso.
Su determinación hace que me atraiga más. Él definitivamente sabe lo que quiere, esa era una característica que buscaba en una pareja... cuando buscaba pareja.
¡¿Por qué demonios tienes que hacer las cosas tan bien?!
—¿Podemos intentarlo al menos? —quiero que se quede a mi lado y eso es egoísta, pero no quiero alejarlo. Tenerlo cerca ya me hace sentir bien y eso es suficiente por ahora.
—De acuerdo, pero me encargaré de convencerte de que no quieres ser solo mi amiga.
Esas palabras me enchinan la piel. No necesito ningún convencimiento, podría besarme justo ahora y yo caería rendida.
Suspiro y asiento, tratando de cerrar el trato.
OoOoO
Ron parece encontrar la manera de verme después de la clase de baile el siguiente lunes. Intento mantener la mente fría cuando estoy con él, tratarlo como un amigo y charlar como lo haría con cualquier otra persona, pero es realmente difícil cuando me mira y se acerca a mí.
Para el tercer día lucho contra mí misma para no cometer una estupidez.
—Tengo una duda —dice mientras caminamos por la calle después de la clase de baile.
Hoy Harry llegó a ver a Ginny y no fue nuestra acompañante como en los días anteriores.
—Dime.
—¿Willis es algo más? —su pregunta me hace voltear a verlo.
—¿Algo más, cómo qué?
No quiero confundirme y terminar diciendo cosas que no son.
—No lo sé. ¿Más que un amigo?
Sonrío.
No quieres saber lo que es.
—Es solo un amigo. No le haría esto si fuera algo más.
—¿Esto?
—Salir contigo. No soy una persona infiel. Aunque él no es nada más que mi amigo, así que no hay nada de malo.
—Es quiere decir que sí sientes algo por mí.
Eso es obvio.
—Deja de decir esas cosas.
—Estoy teniendo un progreso, eso es bueno.
Te sorprenderías de conocer tu verdadero progreso.
—Tal vez deberías callarte.
Ron ríe y niega con la cabeza. Yo le devuelvo la sonrisa y continúo caminando, mirando al frente.
—¿Y qué tal va esa lista?
Pésimo.
—No lo sé, progresando —pienso en mi lista, me quedado estancada y haciendo las mismas cosas que ya he hecho una y otra vez—. He avanzado un poco en algunos puntos, pero hay algunos que son más difíciles de hacer y aún no los cumplo.
Ron parece pensativo.
—¿Y Willis qué opina de eso?
Que es un asco.
—Él dice que voy lenta, que si no me apresuro me va a ganar.
—¿Y quieres que te ganen?
No, definitivamente no quiero que me gane. Aún no me siento preparada para que me gane.
—No.
—Ven, acompáñame —dice de repente. Él toma mi mano y comienza a guiarme un poco rápido hacia no sé dónde. No se detiene, ni me dirige una sola palabra.
Cuando me doy cuenta, estamos subiendo escaleras en un edificio desconocido para mí, abre una puerta y me hace entrar al lugar.
—Bien, este es mi hogar —dice, sentándome en uno de los sillones—. Disculpa el desorden, pero tengo ganas de hacer algo.
Abro los ojos y la boca, intento decir algo, pero las palabras simplemente no salen. No sé si me siento asustada o entusiasmada. Trato de guardar la calma, pero mil ideas pasan por mi mente y yo de verdad quiero dejar de pensar en todo eso.
Ron me mira divertido.
—Tranquila, no te haré nada... que tú no quieras, por supuesto —desvío la mirada, sé que me he enrojecido—. Vuelvo en un segundo —anuncia antes de desaparecer del lugar.
Mi mente no deja de imaginar escenas que me gustaría que pasaran, pero que definitivamente no es buena idea que ocurran.
¡Demonios, este hombre me está enloqueciendo!
Respiro profundamente dos veces, tratando así de disipar todo pensamiento.
Cuando Ron aparece nuevamente, tiene una libreta y un bolígrafo en la mano, toma asiento frente a mí y se prepara para escribir.
—Hagamos una lista, una mejor a la que evidentemente nunca cargas a todos lados —propone.
Sonrío, en realidad sí cargo la lista a todos lados.
—¿O sí cargas la lista? —me mira sorprendido, yo asiento con la cabeza—. ¿Y por qué jamás me la has enseñado?
—Porque es personal, no tengo por qué enseñártela.
—Entonces hagamos una nueva lista. Una en la que nos combinemos, lo que tú quieres hacer y lo que yo quiero hacer, y vayamos a cumplirla.
—¿En serio quieres hacer eso?
—Quiero que cuando terminemos, vayamos con Willis y le demostremos que lo hiciste. Que se alegre por ti y que sepa que estarás en buenas manos cuando él se vaya.
Lo miro a los ojos. Jamás podremos hacer eso. Cuando Willis se vaya, yo me iré con él.
Comienzo a negar con la cabeza.
—No.
—Ángel...
—No. No, es una pésima idea. No lo haré —me levanto del asiento y camino hacia la salida—. Debo irme. Esta no es una buena idea, Ron, lo siento.
Abro la puerta y salgo lo más rápido que mis pies me permiten.
Tengo miedo, mucho miedo de que Ron se entere de la verdad, de que sepa quién es Willis, de que todo el perfecto mundo que me he creado se derrumbe si él se entera de todo.
—Ángel —Ron me toma del codo y detiene mis pasos—, sin ir con Willis, ¿qué dices? Hagamos la lista, cumplamos los puntos y ahí termina todo.
—Escucha, Ron, la situación con Willis es demasiado delicada. No lo veremos, ni ahora ni nunca, ¿entiendes?
—Sí, lo siento —su rostro claramente lo siente—. Solo la lista, ¿sí?
—Lo pensaré. Debo irme.
—De acuerdo. Te acompaño.
—Bien.
Odio esto, pero definitivamente es lo mejor.
Ocultar a Willis es lo mejor.
OoOoO
—¿Qué tal ha estado, señorita Granger?
El doctor Malfoy me mira directamente.
Siento que escuchado esa pregunta demasiadas veces hoy. Primero la enfermera, después el radiólogo y ahora él.
Sé la razón de su pregunta, estoy segura que las noticias que está por darme no son buenas.
—Igual, supongo —digo encogiendo los hombros—. Bueno, solo si no contamos esto —le muestro mi mano izquierda, la cual ahora posee un ligero temblor en el dedo anular y el meñique.
El doctor la examina con detenimiento.
—¿Hace cuándo está así?
—Una semana —digo mirándola—. Solo aparece cuando está en reposo, por todo lo demás no hay ningún problema.
—Parece que su tumor está causando síntomas.
Asiento, en silencio.
—Se llama Willis —le recuerdo.
Él suelta un suspiro.
—Pase a la mesa de exploración, por favor.
Una vez más me hace realizar los miles de ejercicios de siempre, aunque en esta ocasión se enfoca más en mi mano. Después de un rato volvemos al escritorio y él, como siempre, mira su computadora y teclea con rapidez.
—¿Asistió al grupo de ayuda mutua que le recomendé? —pregunta, y continúa escribiendo.
Una vez y fue un fracaso.
—Sí.
—¿Y encontró lo que necesitaba?
—Yo no necesitaba nada, usted fue quien dijo que necesitaba algo. Y no, no encontré nada. Esas cosas simplemente no son para mí.
El doctor permanece callado por unos minutos y vuelve a mirarme serio.
—Creo que un grupo así puede ayudarla a sobrellevar todo esto.
—No, yo no creo eso. Esos grupos están hechos para gente distinta a mí. Ellos comparten sus historias, tienen enfermedades, luchan contra ellas todos los días. Yo no. Yo convivo con Willis, yo no lucho contra él, no peleo como todos los demás. Solamente existo con él y, de verdad, no quiero escuchar historias en las que las personas ganan, en las que luchan y lo intentan. No somos personas iguales. Ellos son luchadores, yo solo... yo solo soy una persona que se acostumbra a vivir con el enemigo. Así que no, doctor, yo no creo que ese grupo me ayude a sobrellevar todo esto. Lo haré a mi modo, gracias.
El doctor me mira molesto, suelta un suspiro y vuelve a su computadora.
Lo observo por un rato y las palabras de Ron vienen a mi mente. Él quiere intentar terminar de realizar cada parte de la lista que hice, él de verdad quiere ayudarme a cumplir con todo. Aún no le he dado la respuesta, pero en ese momento comprendo que terminar con la lista es exactamente lo que quiero hacer. El temblor en mi mano es solo la primera señal de las muchas cosas que están por sucederme, es ahora o nunca y debo hacerlo ya.
—¿Puedo hacer un viaje? —pregunto.
—¿Viaje?
—Quiero terminar de hacer todas las cosas importantes antes de que simplemente no pueda hacerlo.
—Puede ser riesgoso.
—¿Riesgoso? ¿Qué puede pasar? ¿Qué muera? —suelto una risa—. Ya voy a morir —el doctor niega con la cabeza—. Solo quiero medicamento para sobrellevar todos los síntomas.
—Puede permanecer en la ciudad. Lo que pasó hace unas semanas fue el inicio, si yo no hubiera estado ahí para su tratamiento...
—No hubiera pasado nada. Cargo conmigo esto —le muestro entonces una carta que hice cuando me enteré de la existencia de Willis—, explica todo sobre Willis. Tiene su número para cualquier emergencia. ¿Es eso suficiente para usted?
—Hermione...
—Por favor —lo miro suplicante—. Que sea mi último deseo antes de... —no quiero decir "morir" —. Ya sabe...
Él parece pensativo.
Al menos considere mi oferta.
—De acuerdo —dice resignado—. Solo evite viajes en avión.
—Iré a Australia en un mes, así que eso va a ser imposible.
—¿Y es necesario?
—Mis padres viven ahí y aún no saben nada de Willis. Así que sí, es muy necesario.
El doctor vuelve a mirar su computadora.
—La nueva tomografía muestra los mismos cambios que el mes anterior. El crecimiento es constante. Por lo tanto, le daré permiso de hacer su viaje —suspira—. Solo llámeme en caso de cualquier emergencia.
Sonrío levente y asiento con la cabeza.
OoOoO
El siguiente paso es claro. Debo informarle a Ron mi decisión y solo se me ocurre una idea para hacerlo.
Acudo al bar esa misma noche. En cuanto llego, voy directamente con el chico que se encarga de poner las pistas en el karaoke. No lo dudo, de inmediato pido que la siguiente canción sea la mía.
Dos minutos después comienza a sonar Feel de Robbie Williams. Elijo esa canción porque ha estado resonando en mi mente desde hace varios días, muchas cosas de su letra me recuerdan a Willis y parece ser la mejor manera de decirle todo a Ron sin que en realidad diga nada.
Cuando la música termina, voy directo a la barra. Ron me mira con su especial sonrisa.
—Acepto —le digo sin más. Él parece confundido ante esa simple palabra—. Hagamos la lista y cumplamos cada maldito punto de ella. ¿Harías esto conmigo?
—Esperé mucho por que dijeras esto. Comencemos ya.
Sonríe.
Me derrite por completo. Estoy segura que esto no es una buena idea, pero también sé que no voy a arrepentirme de esta decisión.
Willis, tenemos una lista que cumplir.
OoOoO
Un grupo de ayuda mutua está diseñado para enfrentar tu enfermedad, aprender a lidiar con ella y superarlo con la ayuda de los demás que entienden perfectamente tu dolor.
Yo entendí que no necesito estar con personas que estén enfermas como yo, yo necesito estar con personas que tengan los mismos sueños que yo.
¡Hola!
Con unos días de retraso, he vuelto con un nuevo capítulo.
En realidad fue algo difícil hacerlo, de verdad me costó mucho lograr sacarlo a la luz, pero creo que cumple con los puntos exactos que quería tocar. El próximo promete ser mejor... espero. También espero que este les haya gustado a pesar de todo.
Quiero agradecerles los comentarios que han dejado, no saben lo feliz que me hacen al leerlos.
Por ahora me parece que es todo.
Muchísimas gracias por leerme.
Nos vemos en los comentarios y/o en el siguiente capítulo.
Saludos,
LoveDreamer
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