Capítulo 4

Jacob Jolij

Hace un tiempo, un neurocientífico de una universidad de Holanda determinó la ecuación a través de la cual ciertas canciones pueden mejorar nuestro estado de ánimo.

Jacob Jolij tomó distintos aspectos en su estudio, como la letra, la melodía y el ritmo y armó con estos un top de las canciones que te harán sentir mejor con tan solo escucharlas.

La pregunta es ¿de verdad todo el mundo se alegraría al escuchar estas canciones aún en el peor escenario?

OoOoO

Miro el departamento detenidamente. Recorro con la mirada cada rincón y trato de recordar algo que me haga sentir feliz, pero no encuentro nada en mi memoria. Los recuerdos que llegan a mí solo son de las noches que llegaba cansada y frustrada del trabajo, los momentos en los que quería tirar todo por la ventana y volver con mis padres. Todos los recuerdos son momentos que detesto. Todos los rincones solo son lugares vacíos en los que en realidad nunca me sentí cómoda ni feliz.

Sonrío.

Dejar este lugar es más fácil si no hay nada que me ate a él. Tomo todo lo que me queda y voy directo al ascensor. Mientras bajo, pienso en todo lo que ha cambiado mi vida en tan poco tiempo. Si alguien me hubiera dicho hace un año que dejaría mi trabajo y que además me aventuraría a hacer un viaje con alguien que conocería en un bar, definitivamente no lo hubiera creído. Aunque claro, también es difícil creer que tengo a Willis en mi cabeza, comiendo y terminando con nuestra vida como si no hubiera nada más en el mundo que ello.

Mi mente divaga por un momento y se estaciona en Ron.

Tardamos una semana en preparar todo para nuestro viaje, desde decidir a dónde iríamos, hasta terminar diciendo que dejaríamos que la carretera nos llevara y solo nos preocuparíamos en cumplir los puntos de la lista que armamos.

Aunque nadie lo sabe en realidad, después de cumplir la lista planeo irme con mis padres, por lo que me encargué de vender el departamento a un muy buen precio apenas la semana pasada, a pesar de que el encargado de bienes raíces me dijo que era una locura dejar tan buen lugar que tanto tiempo me costó conseguir. Por supuesto no le mencioné nada acerca de que Willis es la principal razón de que me deshaga de todo lo que tengo en Londres.

Al llegar abajo, entrego las llaves al portero y salgo rápidamente del edificio que fungió como mi domicilio por tres años. Fuera, recargado en el auto azul, está Ron. Mira distraídamente su celular y yo me permito contemplarlo por unos segundos antes de hacerlo consciente de mi presencia. Su cabello rojo está algo alborotado por el viento que hace, su cuerpo está totalmente relajado. De pronto levanta la cabeza y me mira, una sonrisa se dibuja en su rostro.

—Comenzaba a preguntarme cuánto tiempo más tardarías en salir, ángel —dice acercándose a mí para ayudarme con el montón de cosas que llevo en los brazos y manos.

—Gracias —digo cuando me quita una enorme bolsa de la mano, y le sonrío amablemente —. No planeaba tardar tanto, es solo que esto no es fácil de cargar sola.

—Lo imagino, ¡parece que vas a mudarte!

No estás tan equivocado.

—Es solo lo necesario —refuto—. Además, esta es para caridad. Un punto de la lista, ¿recuerdas?

—Entonces espero que lo dejemos pronto, necesitamos espacio en el auto para dormir.

Lo miro desafiante.

—Tenemos un acuerdo para eso —le recuerdo.

—Sí, sí, ir a un hotel cada noche, pagar una habitación para los dos y seguir después con el camino —recita con diversión—. Lo sé, ángel, no es necesario que pongas esa cara. Sé que ansías dormir en el mismo lugar que yo.

Ruedo los ojos mientras él me sonríe, devuelvo la sonrisa y termino de meter las cosas al auto. Por alguna razón ya no es tan extraño escucharlo llamarme "ángel", de hecho, se ha convertido en la única manera en la cual me llama.

Una vez arriba del auto, Ron enciende el motor, toma el volante y mira al frente, pero no avanza.

—¿Qué pasa? —pregunto, mirándolo.

—Debo darte tu tarea de copiloto —dice con seriedad.

—¿Y cuál es mi tarea?

—Proporcionar comida y mantener la música activa —señala, sin moverse un poco de su posición.

—¿De dónde planeas que saque música?

—No lo sé, ¿tu celular, tal vez?

—No creo que te guste la música que tengo.

—Eso no lo sabes. Además, tu trabajo es mantener la música activa, no que me guste —se mueve un poco, hurgando entre la bolsa de su pantalón—. Utiliza esto —dice, entregándome un cable—. Sé que el auto es viejo, pero me encargué de poner esta radio la semana pasada.

Sonrío.

Él comienza el viaje.

No tengo idea de qué poner, así que lo único que pasa por mi mente es poner la única canción que normalmente toda persona conoce.

—Dicen que si la persona a tu lado no sigue al menos una parte de la letra, no deberías estar con ella —menciono antes de poner Play.

El auto se inunda con el ruido de Bohemian Rhapsody de Queen. Ron sonríe ampliamente y comienza a cantar. Nunca lo había escuchado cantar, sin embargo resulta divertido dividir las partes de la canción y cantarlas junto a él.

La primera hora del viaje pasamos bromeando acerca de lo excelentes que somos cantando, y jugando a hacer más duetos con nuestra incomparable voz.

—¿Sabes? Hace un tiempo, mientras iba camino al trabajo —digo cuando aparece una canción sin mucha gracia que no vale la pena seguir—, cuando tenía trabajo — reflexiono, riendo—, escuché en una estación de radio que alguien en una universidad holandesa había hecho una lista de las canciones que te hacen feliz con tan solo escucharlas.

—¿En serio? —pregunta Ron, frunciendo el ceño—. ¿Y qué canciones tiene?

—Tengo la lista, ¿quieres escucharla?

—¿Tienes la lista? ¿Necesitabas sentirte feliz o qué?

—¡Las canciones me gustan! Y por lo menos la primera sí te hace feliz, además de que queda perfecta con... esto.

En realidad no sé cómo decirle a nuestra loca aventura para cumplir los puntos de una lista, dado que ese nombre me parece demasiado largo.

—Esto... —repite tratando de entender a lo que me refiero—. Quiero escucharla.

Entonces busco la canción y me encargo de ponerla a todo volumen. Nuevamente Queen es quien anima nuestro viaje, esta vez con Don't stop me now.

—Tienes razón —sonríe el pelirrojo—, te hace feliz y queda con esto —recalca la última palabra.

El resto del viaje continuamos escuchando las canciones de la lista y bromeando entre nosotros.

Nuestra primera parada es un orfanato.

OoOoO

Nos encontramos en el auto de nuevo. Estuvimos toda la mañana y la tarde en el orfanato, conocimos a los niños y jugamos mucho tiempo con ellos, realmente disfrutamos de la diversión que tuvimos, por un momento logré sentirme como una niña de nuevo. La directora nos agradeció nuestra disposición y nos invitó a acudir nuevamente al lugar, ambos aceptamos de inmediato... aunque por mi mente pasó que el que yo volviera sería poco probable.

Ahora estamos muertos de hambre y deseando tener un poco de descanso.

—Toma, es hora de que taches el punto en la lista —dice Ron, entregándome la libreta en la que anotamos nuestras misiones como decidimos llamarlas.

—Listo —informo—. Ahora hay que seguir con el resto —digo, revisando la larga lista que tenemos por cumplir.

—Será fácil, te lo aseguro.

Ron sonríe y continúa en el camino. Un semáforo nos detiene y entonces me mira.

—Me gustaría regresar. Creo que es buena idea hacerlo, ¿no?

Sonrío débilmente.

Realmente me gustaría.

—Es una idea extraordinaria.

De pronto la atención de Ron se centra en un punto detrás de mí.

—Mira, un teatro —dice con la mirada iluminada—. Parece que hay una función hoy. Deberíamos venir —propone, emocionado.

—Claro —acepto de inmediato, un poco extrañada con la repentina felicidad que tiene.

No decimos nada más en el camino, sin embargo, puedo notar que Ron está más que emocionado con asistir a la función. Por un momento deseo preguntarle las razones, pero al final decido que debo esperar un poco, seguramente hay una buena historia detrás de todo.

Desde el inicio de la función, la mirada de Ron refleja alegría, emoción y brilla de una manera que jamás había visto en una persona. Por un momento me pregunto si al menos una vez en la vida tuve la mirada que Ron tiene en estos momentos, pero llego a la conclusión de que si eso ocurrió, ya es demasiado lejano y ahora no es más que un recuerdo olvidado.

Durante toda nuestra estancia en el teatro, me dedico a escuchar y mirar la obra, admirando cada cierto tiempo al pelirrojo a mi lado, extasiada con el amor que parece tener a todo esto. Cuando todo termina y los aplausos aparecen, me sorprendo con una pequeña lágrima saliendo de mis ojos.

—Te conmovió —declara Ron.

—Quizá —digo, limpiando con rapidez mi rostro.

—Eso es bueno, quiere decir que lo entendiste a la perfección.

—Es que el final...

—Lo sé —sonríe y toma mi mano y la besa—. Es hora de irnos.

Nos hospedamos en un pequeño hotel cerca del lugar en el que está el teatro y una vez que estamos recostados, cada uno en su cama, decido preguntarle acerca de todo su comportamiento con el teatro.

—A ti también te conmovió —digo, tratando de comenzar la conversación.

Ron centra su atención en mí y sonríe.

—Más que eso. El teatro es mi vida —confiesa.

—¿En serio?

—Estudié teatro, por varios años. De hecho, terminé una carrera en ello —lo miro sorprendida y espero a que continúe. Él suspira—. Cuando mi hermano Fred murió, eso dejó devastado a George, es decir, habían compartido literalmente toda su vida, desde el vientre de mi madre, así que perderlo fue más que difícil para George. A todos nos dolió, no voy a negarlo, pero en él...

—Fue distinto —concluyo por él.

—Sí —hace una pausa y vuelve a tomar aire, creo que abrí una vieja herida y ahora no estoy segura de que esto haya sido una buena idea—. Ellos habían planeado dirigir su propia empresa o algo así. Mi madre casi se infarta cuando se enteró que ellos habían abierto un bar —ríe un poco—. Con la muerte de Fred, George dejó abandonado el lugar, que apenas estaba comenzando a prosperar, así que Ginny y yo nos hicimos cargo de él. Trabajamos mucho en el bar y al mismo tiempo trabajamos en que nuestro hermano volviera y continuara con lo que habían planeado. Fue difícil, demasiado complicado convencer a George de todo, pero lo logramos.

—¿Y por qué te quedaste? —pregunto sin pensar y me arrepiento al segundo de haberlo hecho.

Ron me analiza, me mira detenidamente como tratando de leerme y ni siquiera sé por qué.

—Ginny continuó con su vida en cuanto George regresó, pero yo no pude hacerlo, fue demasiado difícil alejarme, especialmente porque me di cuenta que a mi hermano le afectó que Ginny se fuera, era obvio que no quería estar solo y yo no estaba dispuesto a dejarlo. Me quedé a su lado, hasta el día de hoy.

Todo parece tener sentido ahora, él era demasiado noble como para abandonar a su hermano a su suerte y a cambio de eso había sacrificado lo que más quería.

—¿Y no piensas volver al teatro?

—Me agrada el bar. Me hace conocer mucha gente y distraerme todos los días.

—¿Sabes qué vi yo esta noche? Vi a un hombre que realmente ama el teatro, que a pesar de lo que diga, le gustaría ir a una obra por sobre todas las cosas —clavo mi mirada en él—. Si tu hermano está bien ahora, me parece que es momento de que tú sigas adelante, que hagas lo que amas, que seas feliz por lo que toda tu vida te preparaste para ser.

—¿Tú crees?

—Estoy segura de ello —suspiro—. Promete que cuando todo esto se termine vas a preparar la mejor obra de tu vida y la presentarás en —me detengo por un momento para pensar—, en el orfanato.

No sé exactamente por qué le hago prometerme esto, lo único que sé es que quiero que esté bien, que tenga un buen objetivo, que siga viviendo su vida haciendo lo que le hace feliz. Sé que tendré que irme de su lado, que él no va a compartir más que esta aventura conmigo y sé que es lo más egoísta que he hecho en mi vida, pero por todo lo que ya siento por él, quiero que sea feliz cuando yo no esté.

—De verdad eres un ángel guardián —responde, con una sonrisa en su rostro—. Lo prometo, siempre y cuando tú vayas conmigo.

Su petición me hace quedarme sin aire por un segundo. No puedo prometerle eso, pero no hacerlo significaría contarle las razones.

—Lo prometo —y como una niña pequeña, cruzo los dedos detrás de mí. Debo mentir, no puedo contarle la verdad.

OoOoO

Continuamos nuestro camino al día siguiente, hacemos distintas paradas en la carretera, pero pronto un inconveniente se cruza en nuestro camino, llegamos al límite del país, ese límite marcado por arena y mar.

—Vaya —dice Ron—, no esperaba que esto ocurriera tan pronto.

—Tal vez es una señal —digo, mientras miro por la ventana.

El mar parece tranquilo y una buena idea para detenernos y cumplir con algunos puntos en la lista.

—¿Una señal? —dice no muy convencido.

—Hay muchas cosas para cumplir aquí, además sabes que teníamos plan...

—Bien, ya vamos.

Ron desvía el camino y comienza a buscar un lugar en el que podamos hospedarnos. Es claro que no le agrada tener que hacerlo.

—Quizá si escuchas algo que te haga feliz, te sientas mejor —digo al tiempo que pongo la canción número cuatro de la lista de Jacob Jolij, el investigador de la lista de reproducción feliz.

Uptown girl de Billy Joel comienza a sonar.

Ron en automático cambia su expresión.

—No necesito una canción para sentirme feliz —dice tratando de contener una risa.

—Sin embargo, creo que tu humor cambió —río ligeramente y miro al frente —. ¿Sabes? Creí que un punto en la lista era pasar toda una noche en la playa, sin dormir.

—¿Propones que no busquemos un lugar en donde quedarnos?

Me mira desconcertado, yo encojo los hombros y sigo mirando al frente.

Pasamos todo el día en la playa, asoleándonos, nadando, relajándonos con el sonido de las olas. Ron me mira de vez en cuando mientras me mojo los pies y después de un rato, se acerca a mí.

—¿Lo disfrutas?

—Es fantástico. Realmente quería hacer esto —respondo lanzando una patada al agua. Por alguna razón su pregunta hace que una parte de mí sienta que traiciono a mis padres, pues esta parte de la lista planeaba cumplirla con ellos, sin embargo, creo que hago lo correcto en este momento. El mar y el ambiente hacen que me sienta realmente viva.

—Ya casi tenemos todos los puntos cumplidos que se podían hacer aquí —dice Ron después de un rato.

Lo miro, el viento le da directo en la cara, su cabello se revuelve, él está mirando al cielo. Sonrío sin siquiera proponérmelo, estoy dispuesta a guardar cada imagen de Ron en mi memoria.

—¿Y por qué te molestó tanto que llegáramos?

Él baja su mirada y me mira con ternura.

—No es nada —dice con suavidad—. Tenía planes, pero creo que tendré que cambiarlos.

Levanto una ceja y él sonríe.

Por un momento me siento en las nubes, su mirada y su sonrisa son suficientes para hacerme sentir de esa forma, el ambiente se carga una energía indescriptible. El sonido de las olas inunda nuestro silencio.

—Creo que pudiste decirme que tenías planes —digo después de un rato.

—Lo consideraré la próxima vez —responde—. ¿Crees que a Willis le gustaría esto? —pregunta un minuto después.

Mis brazos se tensan, el temblor de mi mano amenaza con aparecer y casi puedo escuchar que Willis responde un "Sí" dentro de mi cabeza.

No deberías preguntar eso.

—Supongo —digo después de un suspiro—. Yo creo que le gustaría.

—Yo también lo creo. Me gustaría llamarlo, hablar con él sobre todo esto, hacerle saber que estarás bien.

Incluso aunque pudieras llamarle, no estaré bien.

—No creo que Willis acepte hablar contigo.

—Tal vez solo tenemos que convencerlo.

—O tal vez deberíamos dejarlo en paz.

—Ángel, sabes que quiero que sepa que estarás bien, entiendo que él no se sienta con ánimos de ver a nadie, pero solo quiero hablar con él.

Quisiera explicarle, hacerle entender que es imposible, que Willis no es un alguien, es un algo, un algo que está terminando lentamente con mi vida.

—Por favor, Ron, ¡deja el asunto en paz!

Ron suspira sonoramente y se aleja.

Me quedo en mi sitio, con el agua cubriendo mis pies y alejándose con cada ola. Quisiera que todo fuera distinto, que Willis no existiera, que desapareciera. Quisiera ir a una consulta médica un día y que me dijeran que todo era un error, que Willis no existe, que viviré por setenta años más, que puedo disfrutar de la larga vida que me espera. Pero sé que es imposible, que Willis está ahí, que no se irá y que me llevará con él a la muerte.

Respiro profundo e intento que no me afecte, no quiero llorar, no quiero ser débil, no ahora, pero por más que muerdo mi labio no evito que una lágrima salga de mis ojos. La limpio con brusquedad e intento tranquilizarme, me prometí no llorar más, no lamentarme por mi situación. Debo ser fuerte.

—Hay una actividad.

Ron me sorprende apareciendo media hora más tarde detrás de mí.

Lo miro y me mantengo callada.

—Como ofrenda de paz —dice—. Un crucero y nado con delfines —mueve la cabeza tratando de ser gracioso mientras menciona las últimas palabras—. Por favor, ángel. Es parte de la lista, ¿no es así?

—¿De dónde sacaste esto?

Mantengo una mirada seria.

—Internet… por la paz entre nosotros, ¿quieres?

Suspiro, resignada. Él siempre logrará ganar, lo sé.

—Solo porque tengo que pasar mucho tiempo contigo para cumplir toda la lista. ¡Solo por eso!

Él sonríe.

OoOoO

Estamos sentados en medio de un mar de personas, la mayoría de ellos lloran.

Ron aprieta mi mano. Lo miro y no sé qué responder a su no formulada pregunta que claramente dice "¿Y ahora qué hacemos?".

Nos levantamos de vez en cuando mientras algunas personas nos abrazan y agradecen que estemos ahí, acompañándolos.

—Quizá deberíamos irnos —susurra Ron, cuando volvemos a sentarnos.

—Es un funeral, Ron, no podemos irnos. Llegamos hace cinco minutos.

—No sabíamos que era un funeral, ni siquiera conocemos al muerto.

—¡Ron, no te expreses así! Esta persona era importante para los demás —lo reprendo, tratando de no gritar.

—Ángel, nos confundieron con amigos del difunto —mira alrededor y suspira—, y vaya que tenía muchos amigos y conocidos.

—Sólo nos quedaremos un rato más y nos vamos. No podemos ser groseros.

Ron acepta a regañadientes.

Fue inevitable quedar atrapados en el funeral del señor Santana, pasamos por ahí, tratando de ser sigilosos y una de las familiares se acercó a nosotros agradeciendo que pudimos acompañarlos, lloró un poco y nos dejó sentados en uno de los sillones cerca del ataúd. Escapar o explicarnos jamás fue una opción.

Mientras esperamos que pase tiempo prudente para poder irnos, pienso en Willis. En esta situación es prácticamente imposible no pensar en él. El señor Santana realmente tenía una cantidad impresionante de amigos, todos lloran y lamentan que se haya ido.

Ido. La palabra en sí me causa gracia. ¿A dónde se supone que vamos después de la muerte?

Pronto lo averiguaré.

Más tarde, cuando estamos preparándonos para dormir, externo un pensamiento que me ha estado atormentando desde el momento en el que llegamos a ese funeral repleto de personas.

—Cuando muera, mi funeral será muy triste —digo, mientras me acomodo en la cama.

Ron, quien ya está recostado, voltea hacia mí.

—¿Por qué lo dices? ¿Llorarán demasiado?

Suelto una risita.

En parte…

—Estará en extremo vacío —respondo.

—No lo estará, tienes familia y amigos, no creo que esté muy vacío.

—¿Tú crees? —pregunto con sarcasmo—. No tengo más familia que mis padres, mis abuelos murieron cuando yo era una niña, no tengo amigos además de ti, no tengo pareja, no tengo contacto con nadie más. Me dedicaba por entero a mi trabajo y dudo que mi exjefe se digne a aparecer en mi funeral cuando prácticamente renuncié porque odiaba ese trabajo. Créeme, Ron, si muriera mañana, mi funeral sería vacío y triste.

Ron me mira fijamente.

—Tienes un punto —acepta él—, pero no tienes de qué preocuparte. Cuando volvamos voy a presentarte a todos mis hermanos, con ellos y sus parejas ya tendrás más de una docena de asistentes, te presentaré a algunos amigos que tengo, después nos casaremos, tendremos hijos y ellos nos darán nietos, así que tendrás mucha familia, conseguirás un trabajo que ames y así tendrás un jefe y más amigos que te acompañen. Ese puede ser nuestro plan cuando esto se termine.

Sus palabras suenan a una solución tan sencilla que no puedo evitar llorar. Últimamente resulta inevitable controlar mis sentimientos y estoy realmente conmovida con todos los planes que tiene conmigo.

No me doy cuenta cuando Ron llega hasta mi lado y me envuelve en un abrazo. Lo aprieto con mis brazos, no quiero que se aleje, no quiero dejarlo, quiero tenerlo a mi lado para siempre. Odio haberlo conocido cuando mi vida está tan próxima a terminar.

—Tranquila, ángel. ¿Qué sucede? ¿Por qué estás así?

No puedo hablar, las lágrimas y el llanto no parecen querer desaparecer. Ron acaricia mi espalda y mi cabello y besa de rato en rato mi cabeza.

—Gracias —logro articular después de un rato—. No sabes cómo me alegra haberte conocido.

Intento sonreír. Ron vuelve a abrazarme y yo simplemente no quiero dejar de abrazarlo. Nos quedamos un rato más ahí, mientras mi mente no deja de decirme lo egoísta que soy y que Ron no merece que le haga esto.

OoOoO

Han pasado tres semanas desde el inicio de nuestra aventura, la lista de cosas por hacer antes de morir comienza a tener más puntos realizados que pendientes.

Todo ha sido realmente extraordinario. Hemos logrado hacer que Ron se convierta en un mago; aparecer en televisión en una nota deportiva; hablar hasta el amanecer, riendo a cada segundo al grado de sentir que nos dolía el estómago y llorábamos de tanta alegría; viajar en un auto deportivo que rentamos en un lugar que encontramos en el camino; he aprendido a decir "Hola" en diez idiomas distintos; nos escabullimos en un evento para viajar gratis en helicóptero; fuimos al cine y nos encargamos de entrar a todas las funciones existentes. Hace un par de días fuimos a un zoológico, en donde logramos cumplir nuestro sueño de acariciar a un tigre y montar un elefante.

Ahora la carretera vuelve a ser nuestra compañera, encontramos en internet un lugar cerca de nosotros en el que cumpliremos un paso más de la lista: salto en paracaídas. Ambos estamos emocionados por cómo resultará esa experiencia, de alguna manera sentimos miedo.

Nos detenemos para cargar gasolina. Cuando salgo del auto mi cabeza está a punto de matarme. He tratado de mantenerme serena, pero lo cierto es que necesito el medicamento que me recetó el doctor. Solo hay un problema, el frasco solo tiene una dosis más en su interior. He tenido que aumentar las tomas debido a que Willis cada vez es más molesto, incluso mi temblor es cada vez menos controlable y temo que Ron comience a notarlo.

Tomo la última dosis, sabiendo que no será suficiente y que mi prioridad ahora es conseguir más medicamento a como dé lugar.

Cuando llegamos al lugar de paracaidismo, Ron me codea, la canción número tres de la lista de reproducción feliz está sonando. Good vibrations de The beach boys parece animar demasiado a todos los presentes, incluso Ron parece más animado a subir a esa avioneta y lanzarse al vacío.

Intento parecer entusiasmada, pues una parte de mí en realidad lo está, pero mi mente se centra en cómo me siento, se concentra en saber si el dolor viene o no, si mi mano se mueve o se mantiene quieta.

En el lugar nos dan la información precisa de lo que vamos a hacer, nos dan un pequeño entrenamiento y nos hacen firmar un papel en el que nos hacen responsables de nuestras vidas y aceptamos que no tenemos ninguna enfermedad. Firmo y acepto todo, Willis no es una enfermedad, en este momento Willis es mi amigo… un amigo que amenaza con matarme de dolor cuando se termine su dosis de medicamento.

Sin embargo, al subir a la avioneta, por un momento, el miedo del dolor desaparece. Todo parece perfecto aquí, casi se puede decir que el aire es más fresco, y mientras caemos desde las alturas todo parece valer la pena: dejar mi trabajo, ir al bar, conocer a Ron, dejar que él se metiera en mi vida más de lo que tenía planeado, hacer este viaje y estar aquí, cerca de él, cumpliendo los sueños que siempre tuve esperando por el momento correcto.

La ilusión se termina al llegar al suelo.

Cuando mis pies tocan tierra firme, es como toparme con la realidad.

Ron se acerca a mí con una sonrisa.

—¡Ha sido increíble! —grita con emoción—. ¿Estás bien? —la expresión de su cara cambia a una de profunda preocupación.

El suelo se mueve, todo comienza a ponerse oscuro y de pronto parece difícil respirar. Intento tranquilizarme, pero el dolor de cabeza no me permite moverme ni un poco.

—Estoy bien —intento articular, aunque parece que mi voz no suena tan segura como quisiera.

—Te llevaré a la enfermería —responde él, y cuando menos me lo espero, me toma entre sus brazos y me lleva cargando hasta el servicio médico.

Al llegar, Ron me recuesta en la camilla del consultorio, el médico le pide salir y después me mira.

—Buenas tardes, señorita.

—Granger, Hermione Granger —le informo tratando de controlar el dolor. La última vez que me dejé llevar por él, terminé en un hospital sin saber cómo.

—Parece que se desmayó después de la gran aventura —dice, colocando el brazalete del baumanómetro—. ¿Tiene alguna enfermedad o algo de lo que debamos preocuparnos? ¿Su periodo llegó como normalmente lo hace?

—No estoy embarazada —respondo, cerrando los ojos, el dolor comienza a ser insoportable.

—Quizá lo está y no lo sabe.

Realmente me gustaría que Willis fuera solo un embarazo, créame.

—No lo estoy —respondo después de soltar un suspiro—. Solo necesito algo para el dolor, es todo.

—Tranquilícese, parece que su presión está algo elevada.

—Es por el dolor, necesito medicamento, morfina, si no la tiene aquí entonces será mejor que me vaya a conseguirla antes de que este dolor me mate.

Intento respirar con profundidad para mitigar un poco el dolor, pero no parece ayudar demasiado. Noto entonces que el médico me mira detenidamente y clava su mirada en mi mano, que ahora mismo tiembla sin control.

—Parece que tenemos un problema mayor aquí —dice sin dejar de mirar mi mano.

En ese momento entiendo lo que quiere decir.

—No soy adicta —respondo, tratando de controlarme.

—Ese puede ser un problema que primero tendría que aceptar.

Quiero tranquilizarme, pero Willis está haciendo que pierda la cabeza… casi literalmente.

—No soy adicta. Tengo un problema mayor, mi médico me recetó ese medicamento, lo necesito, es en serio —intento explicar, pero parece demasiado complicado para el médico el creer en mis palabras.

—Sé que aceptarlo es complicado, pero tiene que entender que necesita ayuda, ¿su novio sabe de esto?

Río ante sus palabras.

—Él no es mi novio —vuelvo a respirar—. Tengo un tumor cerebral. Mi medicamento se terminó esta mañana y realmente lo necesito, el dolor es insoportable, me ha enviado al hospital un par de veces. Si quiere corroborar la información, puede llamar a mi médico, aquí está el número, solo le advierto que mientras más tarde, más cerca estará de tener un cadáver en este lugar —digo quitándome un brazalete con todos los datos importantes sobre Willis y yo y que cargo desde el momento que decidí hacer este loco viaje.

El médico lo mira no muy convencido y toma el teléfono.

—¿Tiene un tumor cerebral y no lo informó? ¿Sabe lo peligroso que es realizar actividades como esta con una condición médica como la suya? Usted pudo…

—¿Morir? —completo con diversión, reiría muy fuerte si Willis no estuviera presionando tan fuerte sobre mi cerebro—. ¿Sabe? Voy a morir, así que da igual, necesito el medicamento.

Un par de minutos de convencimiento y una llamada después, el dolor comienza a mitigarse gracias al medicamento.

—Su tumor es raro —comenta el médico mientras escribe su receta.

Lo sé, no es necesario que me diga más sobre mi querido amigo Willis.

—Intratable e inoperable, además sin más síntomas que este temblor y el dolor.

—No debería arriesgarse con estas cosas.

—Ya me lo han dicho, pero si voy a morir, prefiero que sea habiendo tenido todas las experiencias que siempre quise vivir —quisiera que todos entendieran mi punto, pero sé que es demasiado complicado que lo hagan.

—¿Su novio lo sabe?

—Es mi amigo, y prefiero que se quede en la ignorancia.

—Se veía preocupado cuando la trajo. ¿No cree que debería saberlo? Digo, por si en algún momento el tumor se manifiesta con algo más que solo el dolor y el temblor.

Una vez más quisiera que entendieran mis razones.

—Lo tengo bajo control, gracias.

—Si yo fuera usted, se lo diría.

Sus palabras me hacen reflexionar, y por un momento pienso que decírselo no es tan mala idea. No quiero preocuparlo en algún momento si Willis decide darme más síntomas de la noche a la mañana.

Cuando el medicamento termina de pasar por mis venas y tengo una receta en la mano, salgo del consultorio tratando de parecer normal.

—¿Cómo estás? —pregunta Ron cuando me acerco a él.

Viva, aún.

—Bien, solo se me bajó la presión y controlarlo fue un poco difícil para el médico.

—Me tenías preocupado.

Ron me mira de arriba abajo, como tratando de encontrar el problema en mí.

—Estoy bien.

—No te dejaré volver a tener una descarga de adrenalina tan fuerte como esta.

Río y lo abrazo con fuerza. Me duele no decirle nada, pero sé que, si un pequeño desmayo lo preocupó tanto, saber quién es Willis en realidad lo va a destrozar.

OoOoO

El camino parece tranquilo, hace varias horas que amaneció, pero estamos tan cansados que realmente no sabemos las razones por las que salimos tan temprano del hotel y decidimos seguir con nuestro viaje.

Permanecemos callados por un buen rato, ocasionalmente hacemos comentarios. Sin embargo, Ron se detiene de pronto en una de las calles y estaciona el auto frente a uno de los locales.

Suspira sonoramente y apaga el auto.

—¿Recuerdas que te dije que mi madre es muy estricta? —pregunta, acomodándose en el asiento para mirarme.

—Sí —respondo devolviendo la mirada.

Se ve cansado, realmente cansado, pero aun así intenta sonreír.

—Bien, pues uno de mis sueños cuando era más joven era tatuarme —dice riendo—. Nunca lo hice porque sabía que mi madre me reprendería después de enterarse. Sin embargo, creo que ya no es tiempo de que me asuste mi madre. Nos tatuaremos —informa tranquilamente y baja del auto.

Sus últimas palabras me dejan sorprendida y es entonces cuando me doy cuenta que estamos estacionados frente a un local en el que se dedican a hacer tatuajes.

Bajo del auto aún intentado procesar la información que acaba de darme, nunca en mi vida pasó por mi mente tatuarme.

El lugar es colorido, principalmente porque está tapizado de diseños de tatuajes en cada una de las paredes. Ron me mira por un segundo y después se concentra en todos los diseños que están frente a él.

—¿Y qué piensas tatuarte? —pregunto, intentando encontrar un diseño que no me parezca aterrador. La simple idea de una aguja inyectando tinta en mi piel me produce escalofríos, a pasar, o quizá principalmente porque ellas me recuerdan al día en el que investigaron todo sobre Willis.

—No lo sé, jamás me puse a pensar qué quería —dice distraído—. ¿Tú qué piensas tatuarte?

—Yo no pienso tatuarme.

—¿Por qué no? Dijimos que haríamos esto juntos.

—No quiero. Esto no era parte del plan.

—Lo es. Hay una parte que dice que hagamos todo a pesar de no tenerlo planeado.

—Solo dice que no hay que seguir el plan al pie de la letra.

—Es lo mismo.

Suelto un suspiro.

—Me da miedo.

—No hay por qué temer —nos interrumpe uno de los tatuadores. Imagino que lo es, pues sus manos tienen puestos unos guantes blancos y él está repleto de tatuajes—. Lamento tardar en salir, mi hermano y yo estamos terminando un trabajo. ¿Ya tienen algún diseño elegido?

—No aún —responde Ron.

—Bien, los dejaré decidir y en un momento comenzaremos —dice, para después desaparecer detrás de una puerta.

Ron y yo volvemos a concentrarnos en los diseños que están ahí.

—¿Qué tal un dragón? —digo tratando de aguantar una risa.

—O un tigre —responde Ron—, es que no creo que un dragón se vea bien en ti.

Río.

—No lo decía para mí —digo acercándome a él—. Además, un tigre me suena a la canción número cinco —comienzo a tararear Eye of tiger de Survivor.

Ron niega con la cabeza.

—Definitivamente no será un tigre —anuncia.

Pasamos varios minutos tratando de decidir qué diseño nos gusta, al final, cuando Ron entra al cuarto para comenzar con su trabajo, yo no estoy enterada de cuál fue su decisión.

—¿Y tú? ¿Ya pensaste qué te gustaría? —pregunta el hombre que nos recibió.

—No me agrada mucho la idea de un tatuaje.

—Suele ser aterrador, pero te acostumbras. Puedes escoger algo que te represente, algo que te guste demasiado como para tenerlo siempre en tu cuerpo —su voz suena muy convencida, y por alguna razón me tranquiliza.

—No, gracias —digo caminando a una de las paredes.

Él suspira, resignado al no poder convencerme. Entonces, veo un diseño que me da una idea.

—Sabes… creo que sí quiero hacerlo.

Una vez en la habitación, el hombre me recuesta en una camilla y prepara todo para comenzar su trabajo.

—Creí que no te convencería —dice, acomodando sus guantes.

—Solo pensé que podría arrepentirme de no hacerlo.

Y realmente no puedo darme esa clase de lujos.

—Dolerá un poco —advierte, mientras comienza a limpiar mi piel—, pero no será nada que no puedas soportar.

Bueno, soporto dolores de cabeza impresionantes, creo que podré con esto.

—De acuerdo.

Mientras él comienza, cierro los ojos, pero el sonido y la sensación sólo me hacen volver a recordar los días en los que tenía que meterme en máquinas para saber el progreso de Willis. No quiero recordar eso, no quiero sentir que Willis está ahí, no quiero saber si crece igual o más rápido, no quiero enterarme cuando él sea tan grande que no me permita vivir.

Abro los ojos e intento respirar.

—Tranquila, todo va bien —dice el hombre, ajeno a todos los pensamientos que me están atormentando.

—¿Alguna vez te has preguntado qué harías si murieras mañana? —pregunto para despejar mi mente. No quiero pensar en Willis y, aunque claramente esta pregunta tiene todo que ver con él, me hace relajarme.

El hombre se queda quieto, como la mayoría de las personas lo hacen cuando les hago esa pregunta.

—Iría con mi esposa y mi hija a pasar el tiempo que me resta de vida.

Sonrío, esa es la respuesta que casi todo el mundo me da. Me pregunto si es simplemente porque quieren de verdad compartir sus últimos momentos de vida con sus seres queridos o porque piensan que necesitan darles un poco más de tiempo y aprovechar para enmendar aquellos ratos en los que no pudieron estar con ellos.

—¿No pasas suficiente tiempo con ellas?

—Hago lo que puedo, pero me parece que a ellas les debo un poco más —responde—, es solo que…

—Esperas el momento adecuado —completo, siempre es la razón de todos. Él asiente—. Yo creo que esperar al momento adecuado es sólo una pérdida de tiempo, nunca sabes cuándo vas a morir y, quien sabe, puede que mueras sin haber hecho lo que de verdad querías solo porque querías esperar a que fuera el momento adecuado. Te absorbe el trabajo sin que te des cuenta, te olvidas de tus amigos y de tu familia para ser completamente eficiente y ganar dinero y te olvidas de vivir, de ser feliz —reflexiono para mí misma—. Y yo creo que simplemente hay que vivir la vida haciendo todo lo que queremos sin esperar el momento, porque cualquier momento es el momento.

—Quizá debería seguir tu consejo —responde él, sin dejar de hacer su trabajo.

—Es lo que pienso.

—Es una buena filosofía.

Durante el resto del tiempo, nos dedicamos a hablar sobre muchas de las cosas que nos gustaría hacer antes de morir. Jamás le menciono que ya tengo fecha de caducidad.

Espero sentada a que Ron aparezca, mientras repaso mentalmente el resto de la lista de misiones. Una parte de mí no quiere que la lista termine, pero al mismo tiempo Willis se encarga de hacerme saber que, si no me apresuro, él ganará el juego.

—Hola —saluda Ron al salir de la habitación. Se ve más pálido de lo normal, pero parece satisfecho.

—Hola —respondo con una sonrisa—. ¿Me dejarás saber qué fue lo que te hiciste?

Ron asiente con la cabeza, me da la espalda y se quita la camisa. Verlo hacerlo es un gran espectáculo para mí.

Entonces lo veo, no es diminuto, pero tampoco es enorme. Ahí, en la parte más alta de su espalda se asoman las clásicas máscaras de teatro, aunque con un diseño algo peculiar, que las hacen verse realmente increíbles.

—Wow —es lo único que puedo decir.

—¿Te gustan?

—Se ven fantásticas.

—Es el inicio de todo lo que haré al volver —dice sonriendo—. ¿Y tú? —pregunta dando media vuelta.

Verlo sin camisa me descoloca un poco, pero intento manutenerme serena.

Me acerco a él y descubro mi clavícula derecha, Ron mira el tatuaje y luego a mí. Las pequeñas alas que adornan mi piel parecen moverse con mi respiración que se acelera.

—Creí que no eras un ángel —dice, esta vez mirándome profundamente a los ojos.

—Solo hacían falta las alas —replico casi susurrando.

Siento que su rostro está cada vez más cerca del mío, su aliento me roza en la cara. Entonces recuerdo que no debo ir más allá, es demasiado con todo esto como para permitir que algo más pase, así que, a pesar de que muero por volver a sentir sus labios, me alejo.

OoOoO

—¿Y qué hacemos aquí?

—Vamos a divertirnos.

—¿Divertirnos?

—Es una sorpresa.

Caminamos tranquilamente por los pasillos de un edificio al que acabamos de ingresar.

Subimos seis pisos por las escaleras y, por un momento, siento que el corazón se me sale del pecho, sencillamente no cuento con la condición adecuada para hacer esto, además de que un miedo me abruma. Temo que Willis reclame la falta de oxígeno que sucede a causa de esta fatiga.

Respiro profundo e intento tranquilizar mis pensamientos y mis latidos.

—Espero de verdad que nos divirtamos —reclamo a Ron una vez que la voz puede salir de mi garganta.

Él ríe ligeramente y me da su mano.

—Te aseguro que te encantará.

Me guía por más pasillos hasta llegar a una recepción en donde él da nuestros datos, y después esperamos sentados en la sala de espera del lugar.

—Ron...

—Tranquila —dice. Su mano, que no ha soltado la mía, aprieta el agarre—, es una sorpresa que te aseguro que te encantará —vuelve a decir y a sonreír.

Intento mantenerme serena.

Cinco minutos más tarde nos llaman y nos hacen pasar a una habitación con tres puertas distintas.

—Hola, buenas tardes —saluda un joven rubio y con una agradable sonrisa—. Hola, Ron.

—Hola —devuelve el saludo Ron—. Hermione, quiero presentarte a Colín. Colín, ella es la chica de la que te conté.

Miro a Ron de reojo, mientras saludo a Colín.

¿De verdad le ha hablado de mí? Eso definitivamente no lo esperaba.

—Mucho gusto, Hermione —dice, tendiéndome la mano, que aprieto con firmeza—. Acompáñenme de este lado, aquí comenzaremos.

Colín nos lleva por un estrecho pasillo hasta una de las habitaciones que al parecer estaban más escondidas que el resto.

Ron parece emocionado con todo, yo no tengo idea de lo que ocurre y a cada paso me siento más angustiada que antes.

Cuando llegamos, Colín me pide que entre y permanezca quieta en medio de la sala hasta que me den más instrucciones.

La habitación a la que entramos es grande, con una plataforma circular al centro, todo color blanco y me recuerda a la sala de tomografía del hospital. Quiero salir corriendo de ese lugar, temo sentirme así. Sin embargo, el lugar es más acogedor, con una mayor cantidad de calor que la sala en la que escaneaban a Willis, intento tranqulizarme.

—Ahora, te pondremos estos lentes, estos audífonos y esta estructura se encargará de evitar que caigas —dice Colín mientras me guía para subir a la plataforma y coloca unos lentes que reconozco al instante, son los que se usan en realidad virtual.

Tan pronto como terminan de asegurarme y colocar todo el equipo, me dejan completamente sola.

Los recuerdos de Willis vuelven a mi mente. Por un momento me pregunto cuánto habrá crecido desde la última vez que lo escanearon.

Seguramente se ha encargado de ser un zombi sin remedio que está por terminar con la parte de mi cerebro que no hace mucho y los problemas comenzarán a aparecer.

—¿Hermione? —escucho por los auriculares. Me sobresalto—. Si me escuchas, levanta la mano —indica claramente la voz de Colín. Levanto la mano sin saber qué pasa a mi alrededor.

—Hey —saluda la voz de Ron. Un cosquilleo extraño me recorre—. ¿Recuerdas la primera vez que hablamos sobre qué hacer antes de morir?

Su pregunta me hace sonreír, jamás podría olvidar cada día que he pasado con él.

Asiento con la cabeza, esperando que él me vea.

—Entonces cierra los ojos y espera la sorpresa que tendrás cuando te diga que los abras —su voz aún suena emocionada. Hago lo que me pide, con la adrenalina recorriendo mis venas—. Ábrelos.

Entonces el mundo parece otro. Un escalofrío recorre mi cuerpo, por alguna razón hay viento alrededor, el sonido me transporta a donde mis ojos me han logrado llevar.

—¡Estoy en la selva! —grito—. ¡Oh por Dios! ¡Ron, estoy en Madagascar! —anuncio con toda la emoción que soy capaz de transmitir.

Todo a mi alrededor parece maravilloso, no puedo creer que Ron recordara que le dije que me gustaría viajar ahí, no puedo creer que se le ocurriera esta idea. Estar aquí es como estar allá, al menos por un momento que parece real, al menos porque esto es lo más cercano que tendré en esta vida.

—Mira a tu izquierda —dice Colín. Obedezco la orden y veo que un lémur se acerca a mí. La emoción aumenta—. Ten cuidado, podría ser real.

Entonces, siento como un pequeño cuerpo sube a mi espalda de la misma manera en la que el lémur en la imagen lo hace. Me quito el visor y noto que el lémur es real, que está ahí.

—Es amistoso —anuncia Ron, con su radiante sonrisa.

—¿Cómo lograste hacer todo esto?

—Dijimos que haríamos todo lo que queríamos antes de morir, y esto era más factible que viajar, ¿no crees?

Lo abrazo sin pensarlo, de verdad me siento afortunada de haberlo conocido, de tenerlo en mi vida, de que me ayude con todo. La culpa de no decirle la verdad acerca de Willis comienza a aparecer.

Debo decirle la verdad antes de que sea demasiado tarde.

—Tienes que probarlo —propongo quitándome todo el equipo y entregándoselo a él.

Un rato después, los papeles están invertidos y él espera ansioso saber qué se siente estar en Madagascar. Sin embargo, yo tengo planes distintos para él.

—¿Ron? —hablo por el micrófono que tienen incorporado en una habitación anexa en la que podemos ver a Ron enfundado en el traje de realidad virtual. Ron levanta la mano—. Cierra los ojos —le pido sonriendo. Los chicos preparan el escenario que vivirá Ron y entonces me piden que le diga a Ron que abra los ojos.

Cuando lo hago, veo la sorpresa en lo poco que se ve de su rostro.

—¡Ángel, estoy en las nubes! —grita.

Mi sonrisa se amplía.

La sala de realidad virtual seguramente se convertirá en mi parte favorita de este viaje.

OoOoO

El olor de la naturaleza se impregna en nuestras fosas nasales. El aroma de la tierra, los árboles y el pasto es embriagante. Ahora nos encontramos en una zona de acampar en medio del bosque, comienza a anochecer y mientras esperamos, Ron se ha encargado de poner algo de música.

Ha sido un día pesado, llegamos al final del mapa y, según nuestros planes, el llegar aquí significaba estar a punto de terminar esto, pues aquí podíamos hacer puntos específicos de ella como plantar un árbol, subir a un globo aerostático, abrazar un árbol y continuar cantando hasta perder la voz. Hemos hecho todo.

—¿Revisaste el clima? —pregunto al notar unas amenazantes nubes a lo lejos.

—Estará bien, solo necesitamos una bella luna llena y ya —responde Ron, mientras acomoda una mesa junto al auto.

—No confío demasiado en tu plan —susurro, estoy segura que nos alcanzará la lluvia.

Ron planeó dejar de último momento una cena a la luz de la luna… literalmente. Según él, quería que eso se hiciera cuando estábamos en la playa, pero al haber llegado demasiado pronto ahí, pensó que dejarlo como cierre sería la mejor opción. No me permitió ayudarle en nada y me ha mantenido sentada junto a la hielera todo el rato mientras él se encarga del resto.

Más tarde, cuando la noche está recién iniciando, Ron come algo molesto por como resulta todo. La luna no es tan luminosa como él supuso, puesto que un par de nubes la esconden de vez en cuando, además de que la comida terminó siendo una pizza fría con unas copas de vino tinto.

—¿Creíste que sería más romántico? —pregunto burlona, tomando un sorbo de vino.

—La idea era que fuera una cena romántica a la luz de la luna, así que sí, pensé que sería más romántico —su molestia es clara.

—Hey, tómalo como un ensayo. Cuando tengas que hacerlo con la mujer que quieres, te aseguro que te saldrá bien.

—Estoy con quien quería que saliera bien.

Mi corazón se acelera.

—Ron…

Él ha estado insinuándose durante todo el viaje, la mayor parte de las veces sutilmente, aunque es claro lo que en verdad quiere. Yo quiero lo mismo, a él, pero tenerlo es más de lo que puedo permitir, así que siempre pongo una barrera entre nosotros. No he podido decirle la verdad y dudo poder hacerlo en algún momento, así que lo más noble es no permitir que todo se me salga de las manos y lastimarlo.

Pasamos un rato más en silencio. Cuando estamos por terminar de cenar, es necesario encender una vela, pues la luz de la luna desaparece y queremos al menos poder vernos el uno al otro.

—Podemos arreglarlo —dice Ron, resignado a que todo ha sido un fracaso.

—No es necesario.

—Ven —me tiende su mano, la cual tomo sin rechistar, tratando de no hacerlo sentir más mal de lo que seguro se siente—. Quizá esta sea la única manera de que no sea tan malo —dice, moviendo algunas cosas en su celular.

—¿Qué haces? —digo frunciendo el entrecejo.

—Bailemos.

Me quedo esperando ver qué pretende que bailemos y entonces una melodía conocida comienza a sonar.

—No esperas que bailemos eso ¿o sí?

—Por supuesto que sí.

Y la canción número dos de la lista feliz, Dancing queen de Abba, hace que Ron comience un extraño baile que me siento obligada a seguir.

—Dijimos que esto nos haría felices, ¿cierto? —dice Ron sonriendo.

Asiento con la cabeza y me dejo llevar por la melodía y por él.

Cuando la canción termina, ambos estamos riendo como locos al darnos cuenta de que nuestro baile fue siendo progresivamente más ridículo.

Estamos frente a frente y la atmósfera cambia de un segundo a otro, estamos agitados por el baile, pero por alguna razón comienzo a sentir que mi corazón palpita más rápido.

Él se acerca lentamente a mí.

El mundo se paraliza.

Y cuando creo que la distancia está por consumirse, una torrencial lluvia cae sorpresivamente sobre nosotros.

Corremos a guardar todo lo que teníamos fuera de auto, esa burbuja que habíamos creado se rompe en un dos por tres.

Una vez que todo está dentro, me quedo mirando a la nada, recordando lo mucho que quería quedarme bajo la lluvia cuando era niña y mi madre no me lo permitía.

—Hay que entrar, pescaremos un resfriado.

—No quiero —respondo—. Mi madre jamás me dejó hacer esto, y siempre quise quedarme disfrutando de la lluvia.

Ron sonríe ligeramente y se queda a mi lado, también tratando de disfrutar de esa lluvia.

—¿Cómo se supone que terminaba tu idea de todo eso? —pregunto con seriedad, un minuto después, aun sintiendo que mi corazón está acelerado.

—Nada que podamos hacer ahora —responde él—. Un beso… algo que no has querido repetir por razones que desconozco.

Sí, justo esa es la respuesta que sabía que me daría, la respuesta que quería escuchar.

—Tal vez sea bueno hacerlo… solo con fines de cumplir la lista —me excuso. Quiero mandar todo a la mierda, quiero besarlo al menos una vez más, olvidar por un segundo todo lo que me ha hecho evitar a toda costa que eso pase. Ron enfoca su mirada en mí—. Además, siempre soñé con besar a alguien bajo la lluvia.

—Si esa es la condición, entonces deberíamos aprovechar que yo siempre quise besar a alguien a la luz de la luna… que en teoría está detrás de todas esas nubes. No nos queda más remedio que hacerlo, ¿cierto?

Asiento con la cabeza y acorto la distancia entre nosotros sin dudarlo, no quiero perder el poco valor que repentinamente se apoderó de mí.

Tomo su rostro entre mis manos y lo beso. Él rodea mi cintura y me acerca aún más a él. Permito que nuestros labios se fusionen, que nuestros alientos se hagan uno solo. Quiero decirle todo lo que me pasa con ese simple beso. Quiero que sepa lo mucho que significa para mí, lo mucho que lo quiero. Necesito que él se quede en mi vida, deseo con todo mi ser que se quede a mi lado, que me acompañe en el corto camino que me queda, pero sé lo difícil que sería para él, lo mucho que se atrevería a sacrificar si me atrevo a pedírselo. Así que me encargo de besarlo con lentitud, con agonía, con pasión, permitiendo que mi mundo se vaya en ello.

Anoto mentalmente un punto más realizado de mi lista personal: enamorarme y amar de verdad. Porque entiendo en ese momento que el querer evitarle sufrimiento es mi manera de demostrarle mi amor, la única manera que me queda de hacerlo.

Un trueno resuena en todo el lugar y ese es el momento en el que nos separamos y nos miramos a través de las gotas de la lluvia que comienza a hacerse más fuerte.

—Deberíamos irnos —le digo, después de soltar un suspiro—, antes de que nos caiga un rayo y terminemos muriendo —intento bromear.

—Si muriera ahora, moriría feliz.

Sus palabras me dejan paralizada, eso hasta que un rayo más cae, nos metemos al auto y nos vamos directo al hotel.

OoOoO

El agua cae por mi cuerpo mientras recuerdo la sensación de los labios de Ron sobre los míos. Cierro los ojos por un momento y la imagen de Willis aparece de pronto.

Hace una semana tuve un sueño, un sueño en el que Willis se presentaba como una persona real y me decía que le hablara con toda la verdad a Ron. En el sueño, Willis decía que no podía seguir ocultándole su existencia a él, que antes de que fuera demasiado tarde, debía decirle la verdad.

Cuando abro los ojos, noto que mi mano está temblorosa de nuevo, es claro que la dosis de medicamento ya no es demasiado eficaz, estoy la dosis máxima y sé que después de esto vendrán cosas peores. Hace un par de días desperté angustiada porque no recordaba mi nombre, sabía en donde estaba y con quien estaba, pero no podía recordar cómo me llamaba.

Ocultar a Willis comienza a ser más difícil ahora.

Salgo de la regadera y me miro al espejo. Aun parezco normal. Nadie diría que tengo un Willis en la cabeza, a menos que alguien se fije en mi mano que no deja de temblar.

Tomo los medicamentos, me visto y salgo a la habitación del hotel.

Debo mantenerme serena, como si Ron y yo no nos hubiéramos besado hace menos de una hora.

—Ven, debes tener el honor de hacer esto —dice Ron en cuanto me ve.

Me acerco a la silla en la que está, un pequeño charco de agua se ha formado a su alrededor y él simplemente se ha puesto una toalla encima mientras esperaba su turno para tomar un baño.

Ron me entrega la libreta en la que escribimos la lista de "Cosas por hacer antes de morir". Está casi completa, solo le hace falta un punto por cumplir.

—Agregué lo último que no estaba contemplado —menciona, señalando ese punto por cumplir. Siento como me sonrojo—. Solo queda que lo marques como "Hecho".

Tomo el bolígrafo rojo que me entrega, su mano roza con la mía y una descarga recorre mi columna. Tacho el último punto y lo miro. Sus ojos están fijos en los míos, ese azul me escanea y siento que me traspasa, justo como la primera vez que me miró.

No puedes hacer nada hasta que le digas la verdad.

Rompo el contacto y camino hacia la cama con la libreta en la mano.

—Bueno, parece que hemos terminado —digo, mirando con interés la lista. Mi mano tiembla y estoy segura que no es por culpa de Willis. Mi corazón no ha podido calmarse.

—Sí, terminamos —responde Ron, levantándose de la silla haciendo su camino hacia el baño—. Tomaré una ducha antes de que me enferme —su voz suena extrañamente triste.

Desaparece tras la puerta, suelto un suspiro y me recuesto en la cama.

Miro la lista al fin completa. Estoy segura que de no haber estado con Ron, jamás habría podido cumplirla.

Sonrío ligeramente, hasta que me doy cuenta que esto es todo, la lista se ha terminado y hay que volver a la realidad, el sueño que había planeado se ha cumplido y con eso la sentencia que el doctor me había dado está también por concluir. No tengo idea de lo que vendrá después, ahora es solo mi temblorosa mano, mi memoria parece querer ser la siguiente. Volver no es una opción, no tengo un lugar en el cual quedarme, solo me queda ir a pasar el resto de mi vida con mis padres.

Ese pensamiento me hace sobresaltarme de pronto. Aún no he podido hablarles de Willis, y hacerlo ahora será mucho más complicado, me había gustado mantenerlo para mí como mi secreto personal. El siguiente paso es claro.

No sé cuánto tiempo me quedo perdida en mis pensamientos, solo soy consciente de mi alrededor cuando Ron sale del baño solo con una toalla atada a la cintura, algunas gotas aun caen por su cabello.

Lo admiro, sencillamente me gusta todo de él.

Esta es la última noche con él.

Willis lo sabe, yo lo sé. No volveré a verlo después de hoy, ese era el trato… al menos conmigo.

Tengo que dejar de lado todos estos pensamientos antes de que me vuelva loca, pero comienza a resultar imposible. Su figura parece irresistible.

No soy consciente de como mis pies me han llevado hasta él.

—Hay una cosa más que me gustaría hacer si muriera mañana —mi voz suena ronca detrás de él.

Ron da media vuelta y me mira.

—¿Ah, si?

No digo nada más, simplemente me acerco y lo beso.

Qué importa que exista Willis.

Qué importa que vaya a morir.

Qué importa que me esté muriendo de miedo por lo que va a pasar.

Quiero estar con él, quiero llevarme a la tumba su recuerdo, el recuerdo de sus besos, de sus caricias, de su manera de mirarme, de su voz diciéndome "Ángel". Si esta es la última noche que pasaré con él, quiero que sea la noche que mejor recuerde de mi vida, quiero que sea una noche que me haga pensar que valió la pena vivir la vida que me tocó.

Sé que no habrá un después, sé que esto es todo, no quiero parecer cruel ni egoísta, solo quiero terminar esta historia sin que sea demasiado dramático, demasiado triste.

Nuestro beso se vuelve más intenso a cada segundo. No puedo evitar la necesidad de acariciarlo. Quiero recorrer cada centímetro de su cuerpo, así que deslizo mi mano a lo largo de su pecho y su abdomen, sintiendo un poco de agua en ellos.

Ron me besa con avidez, baja por mi cuello y acaricia mi espalda con la duda de ir más allá. Tomándome por la cintura, me acerca a él todo lo que le es posible, me mira por un segundo y vuelve a besarme con pasión, su lengua me invade.

Quiero disfrutar de este momento, quiero olvidarme de todo, olvidar que existe Willis, olvidar que esto es todo. Solo lo quiero a él.

Vuelvo a besarlo, esta vez como si la vida se me fuera en ello, acariciando su cuello y sus hombros.

Siento como sus manos van más abajo por mi espalda hasta llegar al borde de la ligera playera que utilizo para dormir, deshaciéndose de ella. Por un momento me siento expuesta, pues ahora me encuentro semi desnuda frente a él, que me mira y sonríe ampliamente. Lo miro con ternura, sintiendo a cada segundo que deseo que esto continúe. Él acaricia mi clavícula en donde se encuentra el tatuaje que decidí hacerme hace poco.

—Eres un verdadero ángel —susurra antes de volver a besarme.

Ron me aplasta contra la puerta, toma mi pierna con su mano y siento su cuerpo contra el mío, su excitación y la mía son más que obvias en esa posición.

Me dejo llevar por él.

Lo acaricio y lo beso al tiempo que él me toma entre sus brazos y me tumba en la cama.

En el camino perdió la toalla que llevaba en la cintura, por lo que ahora lo tengo frente a mí completamente desnudo. Mi respiración se entrecorta, lo recorro con la mirada apenas siendo consciente de ello. No puedo creer que de verdad esté pasando esto.

Ron sonríe ligeramente antes de colocarse encima de mí, acercando su rostro a pocos centímetros del mío.

—Te quiero, ángel —dice antes de volver a reclamar mi boca.

Me dejo llevar por las sensaciones mientras él continúa con sus besos y caricias. No puedo evitar soltar un gemido cuando siento que su mano toca mi pecho.

Sus labios no parecen querer dejarme y siguen besándome mientras continuamos propinándonos caricias que nos excitan cada vez más.

Sus besos van de mis labios a mi cuello, descendiendo hasta mis pechos y mi abdomen, en donde vuelve a subir para comenzar de nuevo. No soy consciente del momento exacto en el que se deshace del resto de mi ropa interior. Estoy hipnotizada por este hombre.

Sus ojos se fijan en mis labios, mientras que sus caderas se abren paso entre mis muslos.

Lo abrazo y lo beso nuevamente, exigiendo solo con ese beso que concluya con la agonía de esperar a convertirnos en uno mismo.

Suelto otro gemido cuando lo siento entrar. Me arqueo para pegarme más a él. Él suelta un ligero gruñido, hundiendo su rostro en mi cuello y comienza a moverse con un ritmo torturantemente lento.

Ron vuelve a besar mi cuello, acelerando sus movimientos.

—Te amo, Ron —susurro en su oído. No quiero callarlo, porque sé que probablemente es la única vez que podré decirlo.

Él regresa a mi boca. Sus caricias se vuelven más tiernas, sus movimientos más placenteros. A cada segundo siento como el ritmo va aumentando y va siendo más profundo. No nos preocupamos por soltar gemidos y suspiros que resuenan en toda la habitación, solo importa ese momento, ese único momento que nos queda y sé que perdurará en nuestra memoria hasta el final de los días.

OoOoO

La lista de Jacob Jolij fue creada para alegrar con una melodía la vida de los demás, pero yo creo que cada momento feliz lo crea cada uno, con su propia melodía, con sus propios pensamientos y recuerdos.

¡Hola a todos!

Bueno, pues en esta ocasión, y disculpándome por tardar tanto en traer una nueva actualización, les traje el nuevo capítulo de este fic, con la esperanza de que continúen aquí y no me hayan abandonado por haber tardado siglos y milenios en escribir. Espero que les haya gustado, sinceramente a mí me gustó mucho.

Muchas gracias por leerme, por seguirme y comentar, de verdad los amo por eso.

Saludos,

LoveDreamer

230317