Disclamer: Todos los personajes, lugares y partes de la trama pertenecen a la gran Rumiko Takahashi, no a mí. Yo solo me he inventado esta disparatada historia.
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Advertencia: Esta historia surgió de un momento de desparrame mental y absurdez absoluta, leerla bajo vuestra responsabilidad fans de Ranma ½
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—A quien más quiero—
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4.
Primera doncella: la cocinera titubeante.
—Pero, ¿por qué no quieres decirme en qué consiste exactamente tu plan, Nabiki?
La chica chistó al tiempo que se bajaba ligeramente las gafas de sol por el puente de la nariz. El cielo estaba encapotado ese día, así que la utilidad de esas gafas era nula, pero Ranma pensó que todo formaba parte de esa apariencia misteriosa e intrigante que la chica había elegido adoptar ese día. Y no pudo darle peores sensaciones.
—Basta con que yo lo sepa… por el momento —respondió, a pesar de todo, cuando el chico solo esperaba silencio.
Nabiki había sonreído de un modo absolutamente aterrador cuando Ranma, que por fin pudo ponerse en pie, se acercó hasta su cuarto para pedirle ayuda.
Ayuda.
Sí, había decidido arriesgarse con lo que fuera que a Nabiki se le había ocurrido para descubrir cuál de sus prometidas le quería más. Una parte de él ya se estaba arrepintiendo, pero otra estaba expectante, casi enloquecida por la curiosidad que no dejaba de revolverse en su estómago a cada paso que daba.
¿Sería verdad que después de ese día podría resolver sus dudas?
Hasta el momento Nabiki había sido de lo más enigmática. No había querido explicarle el plan, no había querido decirle qué papel tendría que llevar a cabo él en ese asunto; ni siquiera había querido enseñarle lo que llevaba en el abultado bolso que colgaba de su hombro izquierdo.
En un momento dado el chico estuvo seguro de que lo había visto moverse solo.
—No te preocupes, Ranma —le dijo ella. Echó hacia atrás su fina melena y sonrió—. Tú déjamelo todo a mí.
—¿A ti? ¿Yo no tengo que hacer nada?
—Solo has de esconderte y escuchar.
Sospechoso.
Pero comprendió, abrumado, que ya era tarde para echarse atrás. Jamás recuperaría su dinero.
Cuando dejó de rumiar esas malas ideas y levantó la vista, descubrió que Nabiki le había llevado hasta el restaurante de Ukyo. El Ucchan's.
Ranma se rascó la cabeza con el ceño fruncido. Le ponía nervioso no saber qué era lo que Nabiki se proponía; a pesar de todo no podía fiarse de ella.
—¿A qué te refieres con que tengo que esconderme?
—Escóndete fuera del local, pero cerca de una ventana y abre bien las orejas. Has de procurar que nadie te vea, especialmente Ukyo —Nabiki sonrió—. Yo hablaré con ella.
—Pero, ¿qué le vas a decir…?
Nabiki no contestó. Echó a andar y se adentró en el restaurante.
Ranma bufó de los nervios. Estaba empezando a tener un presentimiento igual de horrible que el que tuvo justo antes de su cita con Akane. Pero no le quedó otra opción que obedecer.
Buscó una ventana abierta y trepó para apoyarse sobre el alfeizar. Asomó los ojos al interior del restaurante, por suerte a esas horas no había nadie y todo estaba tranquilo. Tenía una buena visión de la plancha donde Ukyo estaba cocinando, podía ver el perfil de su rostro y se dio cuenta de que parecía muy concentrada. De nuevo se preguntó por qué Ukyo no se había interesado por su estado aquellos días.
La chica parecía estar bien y no especialmente ocupada con su trabajo en el restaurante.
Ranma empezó a notar retorcijones en el estómago. ¿Y si acababa descubriendo que en realidad no le importaba especialmente a ninguna de las tres? ¡Sería una buena noticia si así lograba que dejaran de molestarle…! Pero desde luego, sería un mazazo para su orgullo masculino.
No, no, ¿qué estoy pensando? Todas ellas están locas por mí. ¡Así ha sido siempre! Se dijo, fanfarrón como solo él sabía ser. Hay una buena razón por la que Ukyo no ha venido a verme. Seguro que la hay.
La figura de Nabiki atravesó el restaurante con seguridad y templanza hasta llegar a la barra. Apoyó su enorme bolso en ella y, después de asegurarse de que la cocinera había notado su presencia, se quitó las gafas de sol. Ukyo la miró de reojo y le hizo un gesto despegado con la cabeza. No le prestó atención de verdad hasta que acabó lo que estaba cocinando.
Colocó el Okonomiyaki sobre el plato y se pasó un brazo por la frente perlada de diminutas gotas de sudor.
—¡Huele delicioso! —Opinó Nabiki mirando de reojo el plato—. ¿Puedo tomar un poco?
—¿Traes dinero? —preguntó Ukyo frunciendo ligeramente las cejas.
—Esperaba que me invitaras…
—¿Y por qué haría algo así?
—Quizás porque te interesaría saber algo nuevo sobre tu prometido… —La sonrisa de Nabiki se volvió sibilina. Aguantó la mirada a la cocinera cuya reacción no se hizo esperar. Le puso el plato delante y le lanzó los cubiertos, después abrió los ojos de par en par.
—¡¿Le ha pasado algo a mi Ran-chan?! ¡¿Está bien?!
¿Bien? Pensó el chico apretando los dientes desde la ventana ¡Pero si me dejasteis para el arrastre!
¿A caso no se acordaba del estado lamentable en que había quedado, en parte por culpa de su maldita espátula gigante?
Era como… como… si no le diera ninguna importancia a esas heridas que ella misma le había causado.
Nabiki empezó a comer con calma, saboreando la comida y sin apresurarse en absoluto a pesar de la mirada desesperada de Ukyo y las prisas que esta le metía. La Tendo terminó el plato y se limpió la boca con la servilleta. Después apoyó las manos sobre la barra, ahora sí, dispuesta a hablar:
—Pues sí, a Ranma le ha pasado algo malo.
—¡¿El qué?!
Nabiki echo mano de su enorme bolso y rebuscó en él unos segundos. Lo que acabó sacando de él dejó a Ranma con la boca abierta.
Un enorme tarro con una rana dentro.
La rana era bastante pequeña, pero podía verla perfectamente desde donde estaba, echada al fondo del tarro, con sus enormes ojos pegados al cristal. Nabiki dejó el tarro sobre la barra y Ukyo frunció el ceño, confundida.
—¿Qué es esto? —preguntó.
—Ranma.
—¿Cómo?
—¿Podría comer otro plato? —preguntó Nabiki como si nada, pero la paciencia de Ukyo parecía haberse agotado. Agarró el tarro con la punta de los dedos y con una mueca de repugnancia tan intensa que de ningún modo podría haberla disimulado, zarandeó el tarro ante los ojos de la otra chica—. ¡Cuidado, le harás daño a Ranma!
—¿Por qué está rana asquerosa tiene el mismo nombre que mi querido Ran-chan?
—No tiene el mismo nombre, es que se trata de Ranma. Ranma Saotome —declaró Nabiki.
—¿Cómo? —murmuró Ukyo.
—¿Cómo? —murmuró también Ranma desde la ventana. Achicó los ojos centrándose en el rostro de Nabiki y captó esa mirada suya astuta en todo su esplendor.
—¿Cómo va a saber esto mi Ran-chan? ¡Es imposible! ¡Explícate de una vez!
—Bueno, pero antes hazme otro okonomiyaki. Esta vez con más gambas y menos salsa, por favor.
A la pobre Ukyo no le quedó más remedio que acceder a su deseo pues la otra dejó muy claro que hasta que no volviera a llenarse el estómago, no soltaría una palabra más.
Dejó el tarro sobre uno de los taburetes, con bastante alivio y se puso a maniobrar con la masa. Mientras esparcía los ingredientes sobre la plancha para que se cocinaran, Ukyo miraba de reojo al anfibio atrapado en el bote y lo hacía, de hecho, como si en realidad no quisiera hacerlo. A través del cristal parecía que el animalillo intentaba devolverle la mirada con esos ojos enormes y saltones. Ranma se preguntó si estaría intentando descubrir si realmente era él, pero la cocinera no hacía más que estremecerse de puro asco y apartar la mirada cada pocos segundos.
En realidad, daba la sensación de que vigilaba que el animal no se liberara del tarro y le saltara encima.
Tras unos cuantos minutos, colocó el nuevo plato humeante ante Nabiki que se relamió cuando el olor a comida recién hecha llegó hasta su nariz. En esos momentos parecía realmente feliz, casi como si en su interior de mujer fatal aún se ocultara una pequeña niña glotona y dichosa.
—¡Buen provecho! —exclamó justo antes de empezar a dar cuenta del plato.
Ukyo esperó cruzada de brazos y dando golpecitos al suelo con el pie hasta que el plato estuvo vacío de nuevo. Lo retiró de mala gana y alargó su espátula, aún con restos de masa y salsa, hacia el rostro de la chica.
—Bueno, ahora sí me vas a contar lo que ha pasado.
Estaba decidida a sacarle la información a la castaña antes de que esta le sacara más comida gratis. Por suerte para ella, parecía que Nabiki estaba por fin satisfecha.
—No sé si sabes que hace unos meses apareció por el dojo un hombre que traía agua de Jusenkyo para intentar convertir a Ranma en una rana —empezó a explicar.
Ranma sí se acordaba de aquel incidente… en verdad había llegado a creer que ese hombre perturbado le transformaría en rana, aunque después resultó ser un farsante.
Ahora que pensaba en aquello… durante su pelea con ese tipo, Akane le había salvado de recibir un buen remojón del agua que "supuestamente" le habría transformado en rana. Por unos segundos pensó que sería ella la que cargaría con esa maldición, Akane se lanzó sobre él sin dudarlo, para salvarle… En un gesto heroico y totalmente desinteresado.
Casi lo había olvidado pero en aquella ocasión, Akane se sacrificó por él.
¿Significa eso que… entonces ella… sí me… quiere?
—¡¿Estás diciendo que ese terrible hombre ha transformado a mi Ran-chan en esta rana?! —Los gritos de Ukyo le sacaron de sus pensamientos y Ranma regresó su atención a lo que ocurría en el interior del restaurante.
Ukyo miraba con autentico pavor el tarro donde la ranita-Ranma se había sentado sobre sus patitas en el centro de este y miraba, con bastante interés, lo que ocurría con las enormes figuras que había al otro lado del cristal.
—Eso me temo —respondió Nabiki—. Pobre Ranma… después de sufrir tanto por transformarse en mujer, le ha tocado esto. ¡Hay que ver la mala suerte que tiene!
—¡Iré a por un poco de agua caliente!
—Espera Ukyo, no te apresures —La detuvo la otra—. Ahí dentro Ranma no puede oírnos y hay algo de lo que debemos hablar —Por un instante, la afilada mirada de la chica revoloteó hacia la ventana desde la cual el artista marcial seguía la conversación. Sintió un escalofrío. Fue como si la oyera en su cabeza decirle: Ahora, abre bien las orejas—. Te he traído a Ranma porque tal vez quieras que se quede contigo.
—¿Conmigo?
—Sí, verás… en este estado mi padre no cree que pueda ser un buen heredero para el dojo…
—¿Por qué no? Ranma puede volver a la normalidad… ¿no?
—Es difícil pensar que algún día pueda librarse de esta nueva maldición, así como nunca logró librarse de la primera. Y con esta forma es mucho más vulnerable a sus enemigos —Nabiki cambió su tono de voz, lo volvió más apagado y a la vez más dramático. Incluso se llevó las manos a la cara y entornó los ojos. Era capaz de mudar su expresión completamente y que siguiera pareciendo sincera, pero Ranma sabía muy bien que tal mirada de compasión en ella no podía ser real—. Tengo que decirte que incluso Akane le ha rechazado. Dice que es incapaz de amar a un hombre que en cualquier momento puede transformarse en una repugnante y verrugosa rana.
—Oh… v-vaya, así que Akane-chan… ¿ella ha dicho algo así?
—Ni siquiera ha sido capaz de cogerle en sus brazos —Nabiki agarró el tarro y le quitó la tapa. Ukyo dio un respingo y retrocedió un paso cuando la otra metió la mano para coger a la diminuta ranita—. Es verdad que es fría, pegajosa y bastante viscosa pero… yo creo que ha sido muy cruel —Nabiki ahueco las manos y alargó los brazos hacia la cocinera—. Desde luego que no es tan atractivo como antes pero…
—¡Ah! —exclamó Ukyo cuando la ranita hizo un ruido. El animalillo trató de saltar para escapar de las manos que lo sujetaban, pero Nabiki lo sujetó—. ¡Ten cuidado!
—Tú eres su amiga de la infancia, ¿no? Y he sido testigo de hasta qué punto amas a Ranma —continuó Nabiki. Balanceó sus brazos de forma que la cárcel que eran sus dedos, a través de los cuales asomaba su carita la rana, se acercaban cada vez más al rostro pálido y sudoroso de Ukyo—. He pensado que a ti no te importaría convivir con él a partir de ahora.
. A ti no te importara tener que cuidarle cuando se transforme en rana, ¿verdad? Estar pendiente de que nadie lo aplaste sin querer, o que algún animal más grande intente comérselo. Y seguro que no te asusta encontrártelo por la casa convertido en rana en plena noche, en el baño, cada vez que se ponga a llover… ¿No te molestara tener que cogerlo en tus manos y traerlo de vuelta a casa si eso le ocurre en plena calle?
. Tú le seguirás amando a pesar de todo, ¿verdad?
—Nabiki… —Ranma apretó los dientes, indignado.
¿Ese era su brillante plan para descubrir cuál de sus prometidas era la que más le quería? ¿Forzarlas a aceptar a una rana por prometido? ¡Le pareció una estrategia retorcida hasta para ella!
¡Era absurdo!
No le servirá de nada se dijo, en absoluto preocupado. No debí confiar en ella… ¡Lo ha hecho solo para sacarme el dinero!
Semejante triquiñuela no funcionaría. Rana o mujer, era una transformación temporal. Algo que se solucionaba con un poco de agua caliente, ¿verdad? Ninguna de sus prometidas, que habían asumido su "mitad femenina" con naturalidad y desahogo iban a inquietarse porque ahora, en lugar de mujer, fuera una rana.
¡Cierto! Un animal no era lo mismo que una chica pelirroja, requeriría de un poco más de ayuda por parte de la mujer que lo aceptara pero en esencia era lo mismo. ¡Un detalle sin importancia! Tan irrelevante que no obraría el milagro que Nabiki se proponía.
Ranma estaba tan seguro de que su amiga lo cogería y "adoptaría" en su restaurante, así como ya había hecho otras veces, que sonrió sacudiendo la cabeza y se acomodó para presenciarlo.
En unos instantes, aquella majadería habría terminado y…
—¿Ah? —Ranma se fijó en que ya habían pasado varios minutos y Ukyo no había ni intentado coger a la rana. Tampoco había respondido a la pregunta. Se mantenía erguida, tensa y con los ojos desorbitados clavados en el animal sin animarse a decir nada—. Espera… ¿qué está pasando?
¿Acaso Ukyo le… estaba rechazando? ¡No, no podía ser! ¿Solo por ser una rana?
¡Imposible!
—¿Qué ocurre, Ukyo? ¿No estás feliz? Por fin Ranma es todo tuyo…
La susodicha entreabrió la boca con dificultad pero nada salvo un triste quejido escapó de sus labios. Ya no estaba pálida, se estaba poniendo roja por momentos, quizás porque apretaba sus manos contra su espalda como si aquel gesto fuera a salvarle la vida.
—¿A caso no amas a Ranma tanto como dices?
—¡Sí! ¡Lo amo! Pero… ahora…
—¿Qué? No te importaba cuando se transformaba en una chica…
—¡Una rana no es una chica!
—Pero sigue siendo Ranma… ¿Acaso no es lo mismo? ¿Tu amor no es tan fuerte? ¡¿Solo porque sea una rana?!
—Yo… yo… es que… yo…
Parecía superior a sus fuerzas, el pánico con que miraba al pobre animal que por fin parecía haberse calmado en manos de su despiadada dueña. Ukyo murmuraba una y otra vez, se tambaleaba apoyada en la encimera pero simplemente incapaz de alargar la mano y rozarle.
¿Tanto asco le daban las ranas?
Pero… pero… ella piensa que soy yo. ¡Realmente cree que soy yo! ¿Cómo puede mirarme de ese modo?
Ranma estaba perplejo.
Si de algo había estado seguro siempre era del amor incondicional de Ukyo hacia él. Ella siempre le apoyaba, le seguía e incluso le consentía más que ninguna otra. ¿No significaba eso que debía amarle sin importar qué apariencia tuviera?
Oh, vaya…
Si alguien le hubiese preguntado horas atrás cuál de sus prometidas le quería más que las otras, él probablemente habría respondido que Ukyo. Y ahora estaba viendo que se habría equivocado.
Si no podía aceptar que se transformara en rana, entonces tampoco podía aceptar de verdad que a veces se transformara en mujer… luego no le aceptaba a él del todo. Y si no le aceptaba tal y como era… tampoco podía quererle de verdad.
Le había engañado.
Ranma se tambaleó sobre el alfeizar mientras se llevaba una mano a la cara. ¿Qué estaba pasando? Se sintió débil, como enfermo de nuevo. Ukyo le había engañado. Sus palabras habían sido falsas… ¡Su madre llevaba razón! ¡Él no podía saber lo que sentían realmente esas chicas por él, a pesar de lo que le decían y las locuras que llevaban a cabo por conquistarle! ¡Ahí estaba la prueba!
Jamás lo habría creído posible, pero… ¿Y si todas le habían engañado igual? ¿Y si había estado pensando, como un tonto, que contaba con el amor de todas ellas y al final resultaba que ninguna le quería de verdad?
¿Y si después de ese día Ranma descubría que en lugar de contar con tres prometidas… no podía contar con ninguna?
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5.
La suerte del héroe está echada.
Finalmente abandonaron el Uchan's. Y Ranma se alegró profundamente de marcharse de allí.
Tras varios minutos de estupor, la cocinera acabó volviendo en sí pero no para disculparse y aceptar a Ranma. Al chico le pareció patética la excusa que su "buena amiga" dio para librarse de él de mala manera.
—Un restaurante no es un lugar adecuado para que viva una rana —Soltó atropelladamente y sin atreverse a mirar al anfibio a los ojos—. Podría aplastarlo un cliente, caerse en una olla hirviendo o… ¡Quién sabe! Estará más seguro en otro lugar.
¿Otro lugar? ¡¿Dónde?!
¿Acaso no había oído que ya no tenía a dónde ir? En teoría, le habían echado del dojo… ¡Qué espanto!
Ranma estaba estupefacto. Jamás se habría esperado una respuesta así de Ukyo, de ella no.
Su amiga había aceptado muy bien sus transformaciones en mujer, así que, ¿cómo era posible que…? Aunque ahora que lo pensaba, Ukyo solo interactuaba con su "yo femenino" si no le quedaba más remedio, y más de una vez la había usado para atraer clientela nueva al restaurante.
Si se hubiera casado con Ukyo… ¿Le habría exigido que en su presencia siempre fuera un hombre? ¿Qué reservara su maldición solo para el trabajo? ¿Obligaría a su propio marido a exhibirse ante clientes maleducados y viejos verdes solo para ganar más dinero?
Nunca había pensado en cosas como esta, pero…
Pensativo, Ranma saltó al suelo cuando vio a Nabiki salir del restaurante. Su orgullo le exigía que se mostrara como si nada, pero aquello había sido un duro golpe y Nabiki era demasiado avispada como para no notarlo.
—Yo tampoco me esperaba una respuesta como esta, la verdad —Le dijo ella, con bastante más delicadeza de la que habría sido esperable—. Al final, los que mejor crees conocer te acaban sorprendiendo.
Eso era verdad. Absolutamente.
—No me importa —replicó el chico a pesar de todo—. Ya te he dicho que no me interesa casarme con ninguna de ellas…
—Aunque eso fuera verdad, eres demasiado vanidoso como para que esto no te haya importado.
¡Sí, ciertamente le dolía! Y no todo era por orgullo o vanidad… la mayor parte sí, pero no todo.
Quizás se había acostumbrado a que las personas más allegadas a él le trataran con normalidad pese a su maldición, quizás había llegado a pensar que eso era lo natural y por eso había creído desde el principio que sería igual con el asunto de la rana.
Aquello le había cogido por sorpresa, y no le gustaba nada.
Aunque… pensándolo bien… ¡Claro que transformarse en rana no era lo mismo que transformarse en chica! ¡Por supuesto!
—Quizás… no debería culpar a Ukyo por no querer casarse con una rana… —reflexionó él. Nabiki chasqueó la lengua al instante.
—No serías una rana todo el tiempo…
—¡Aun así se trata de una repugnante rana viscosa!
La chica mostró una expresión ofendida y apretó el tarro de cristal contra su pecho. La rana, por otro lado, permaneció expectante, totalmente relajada, croando de vez en cuando pero por supuesto ajena a todo lo que se decía de ella.
—Nadie aceptaría casarse con un chico que se transforma en rana —decidió Ranma más tranquilo. Eso era. No era por él, simplemente era absurdo esperar que alguien aceptaría a un animal como futuro marido—. Al igual que no lo harían con uno que se transformara en… cerdito.
Por un instante sintió una honda compasión por su amigo Ryoga. ¡Él sí que tenía un auténtico problema! Aunque… a la buena (y peculiar) Akari no parecía importarle su problemilla. ¿Quería decir eso que sí existían personas dispuestas a compartir su vida con un animal? Quizás… Si el amor era lo bastante fuerte…
¡Entonces era verdad! ¡No tenía tanto que ver con el asunto de la rana, sino con que Ukyo no le amaba tanto como aseguraba!
Y si ella no lo hacía…
—Perdona pero, ¿no estabas tú dispuesto a casarte con Akane cuando creías que se había transformado en un pato?
El corazón de Ranma dio un vuelco. Nabiki le miraba de nuevo con una sonrisilla muy desagradable. Parecía satisfecha por haber dado en el blanco.
Casi me había olvidado de aquello.
Moose secuestró a Akane con la intención de convertirla en un pato como le pasaba a él (otro pobre desgraciado) y durante unas horas Ranma creyó que efectivamente su prometida era víctima de esa maldición. Sí, aun así él estuvo dispuesto a casarse con ella para no dejarla sola, para redimirse porque aquel hecho tan lamentable fue su culpa… lo habría hecho de no haberse descubierto a tiempo que aquel pato tan bonito no era realmente Akane.
Debí haberme dado cuenta cuando vi lo hermoso que era ese pato, porque Akane no es…
—Lo estabas, ¿verdad? —insistió Nabiki.
Ranma se ruborizó sin saber cómo escapar a esa pregunta. Agitó su rostro fastidiado e incluso gruñó frustrado.
—¡Sí, lo estaba! ¡Pero era distinto! Aquello fue por mi culpa, así que…
—Como ves… sí es posible.
Ranma guardó silencio. Necesitaba asimilarlo.
—Por desgracia para ti, esto demuestra que Ukyo no es la que más te quiere —insistió Nabiki sin parecer ni un poco apenada—. Pero aún te quedan dos prometidas, así que no está todo perdido.
. ¡En marcha!
No está todo perdido… No obstante, Ranma se sintió más perdido que nunca. En su vida había pocas cosas que tuviera realmente claras; que él era poseedor del infalible encanto Saotome era una de esas cosas y ahora parecía que esa creencia empezaba a venirse abajo.
¿Debía seguir adelante? ¿Y si descubría algo más que no le gustaba?
—No puedo ser tan cobarde… —se dijo con determinación. Ya había llegado muy lejos. Además, él solo hacía esto para librarse de sus pesadas prometidas y poder dedicar todo su tiempo y energía a convertirse en el mejor artista marcial de todos. Ese era su único objetivo. Si acaso descubría que… ninguna… de sus prometidas le amaba de verdad podría librarse de todas sin tener que elegir a ninguna, ¿verdad?
Quizás eso sea lo mejor que me pueda pasar pensó con cierto rencor.
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6.
Segunda doncella: La doncella carcelera.
La segunda parada de aquella extraña aventura fue, por supuesto, el Neko Hanten.
Había tal silencio alrededor del local que Ranma podía oír incluso los latidos de su corazón. Por alguna razón estaba más nervioso ahora que antes, cuando no tenía ni idea de lo que Nabiki se proponía. Necesitó tragar varias veces cuando ambos llegaron ante las puertas acristaladas del restaurante. Apretaba los puños y notaba el sudor empapando sus muñequeras; hasta su reflejo en el expositor de platos que había junto a la puerta le miraba con inquietud.
Maldita sea, incluso tenía el estómago revuelto.
Después de lo ocurrido con Ukyo, ya no sabía qué esperar.
Shampoo siempre había sido la más decidida de sus prometidas, la más exigente, la más insistente pero… también la más inestable. ¿Quería que fuera ella la elegida? ¿Sería feliz si resultaba que Shampoo era la que más le quería de todas?
Estúpida Akane, si tú no… Ranma se detuvo de inmediato, nervioso y confuso. ¿Por qué pensaba en Akane? Aquello no tenía nada que ver con ella… aún.
Sin embargo su imagen había cruzado por su mente un instante, solo uno, pero había resplandecido con intensidad alejando cualquier otro pensamiento.
Si tú no… ¿qué?
¿Qué quería decir con eso? ¡Se sintió frustrado! Si Akane no fuera tan testaruda, sino fuera tan mal pensada, si se hubiese dignado a ir a verle, aunque fuera solo una vez, durante los días que estuvo recuperándose, él… él…
¡Bah! ¡Cómo si eso me importara lo más mínimo! ¡Cómo si eso fuera a cambiar algo! Se llevó los brazos a la parte de atrás de la cabeza e hizo una mueca. Quería mostrarse relajado, indiferente, como si Akane pudiera verle a través de un agujerito y quisiera dejarle claro que le daba igual su actitud despegada y su falta de interés.
—¿Estás listo, Ranma? —preguntó Nabiki sacando el tarro de la rana de su bolso.
—Psst, por supuesto —respondió el otro con chulería—. Adelante.
Nabiki sonrió.
—Te veo muy seguro esta vez… —Se volvió hacia la puerta y se echó hacia atrás su corta melena con un ágil gesto de su mano—. Veremos a ver qué pasa.
¡A él le daba igual, eso era lo que pasaba! Era un artista marcial y le daba igual lo que pensaran esas chicas de él. Esta vez, Ranma estaba decidido a lograr que, oyera lo que oyera, no le afectara lo más mínimo.
En cuanto Nabiki entró y las puertas de cristal se cerraron con un limpio movimiento tras ella, Ranma se encaramó de un salto a lo alto del expositor y asomó la cara a través de una ventana que había justo encima. De nuevo, tenía una buena vista para no perderse detalle de lo que allí dentro ocurriera.
El restaurante estaba vacío a esas horas. Y por lo que parecía no había rastro ni de Moose ni de la bisabuela de Shampoo; cosa que agradeció. Cuanta menos gente fuera testigo de esa pantomima mejor para todos.
No obstante, la joven y exuberante amazona sí estaba allí.
Se recostaba cómodamente en una silla al otro lado de la barra mientras se observaba las uñas a través de un esquivo rayo de sol que se colaba por el tragaluz del techo.
Levantó la mirada en cuanto Nabiki entró y saludó. Su naricilla se arrugó con sospecha a pesar de que sonrió igual que haría con cualquier otro cliente. Su melena purpura se agitó al ponerse en pie y hacer la reverencia.
La verdad es que Shampoo es sin duda la más guapa…
Ranma no pudo evitar pensarlo al verla, pero curiosamente esa idea no produjo en él ningún tipo de deseo o expectativa sobre lo que iba a pasar.
¿Y no debería haber sido así? Debería querer que la chica más guapa le aceptara, a pesar de ser una rana, demostrando así que merecía casarse con ella… pero Ranma no se sintió diferente al detenerse al contemplar la suavidad de sus facciones, su esbelta figura coronada por sus llamativos senos, ni siquiera al recordar la sensación de ese cuerpo frotándose contra el suyo o al rememorar el olor floral que siempre desprendía.
Lo sabía… Los temas románticos no van conmigo.
Eso le hizo sentir un poco mejor. Tanto así, que contempló con total tranquilidad como Nabiki llevaba a cabo el mismo ritual que ya había realizado en el Uchan's. Primero se las ingenió para sacarle a Shampoo varios platos de fideos que degustó sin cortarse un pelo y solo cuando la amazona se negó a servirle más, hizo el gran descubrimiento. Sacó el tarro de cristal y lo colocó sobe la barra.
La narración que hizo esta vez de lo que le había pasado a Ranma fue incluso más dramática que la primera, más adornada y rebuscada. El chico se temió que Shampoo no se tragara semejante cuento, pero su semblante fue cambiando según lo que oía de un modo que dejó muy claro que había picado el anzuelo.
Entonces, llegó el momento en que Nabiki sacaba a la rana-Ranma del tarro y se lo ofrecía a la compungida prometida y le preguntaba si sería capaz de seguir amándole a pesar de su nuevo aspecto.
Shampoo se quedó mirando la rana con sus ojillos muy abiertos y frunció los labios como si lo meditara. No era la reacción de pánico y repugnancia que había tenido Ukyo, pero Ranma no le quitó ojo.
Finalmente la china tomó una decisión. Sonrió y alargó las manos sin dudar para tomar al afortunado anfibio.
—¡Muy bien! ¡Yo cuidar de Airen! ¡Mío para siempre! —Anunció, feliz.
Vaya pensó Ranma, anonadado.
—Ah… ¿de veras? —Nabiki se quedó perpleja unos instantes, pero sonrió para disimular—. Vaya, pues… eso es… fantástico… —Carraspeó un poco y súbitamente alzó el tono de voz—. ¿Has oído Ranma? Shampoo te quiere a pesar de todo. ¿Quién lo habría dicho?
El chico asintió desde la ventana, aún descolocado.
Shampoo le había aceptado sin más, totalmente. Como si su nueva apariencia no le importara en absoluto. ¡Increíble!
Bueno, después de todo ella se transforma en ga… ga… ¡Gato! Se dijo con cierta dificultad. Sí, la china mejor que nadie sabía lo que eso significaba, era lógico que lo aceptara con más facilidad que Ukyo, por ejemplo, que jamás había pasado por algo semejante.
Y también será porque me quiere añadió mentalmente, sí eso era importante. Shampoo es la que más me quiere… se repitió. Debía estar, como mínimo, orgulloso. ¡El encanto Saotome aún funcionaba! Así que supongo que ya no hay más que pensar. Debería elegir a Shampoo como prometida.
El asunto estaba aclarado. Ni siquiera hacía falta repetir ese paripé delante de Akane. Lo más seguro era que ella sí le rechazara por ser una rana, ella siempre le rechazaba, ¿no es cierto? Siempre le apartaba y le insultaba.
De hecho, puede que aquello fuera un alivio incluso para ella. Akane nunca había aceptado su compromiso con él y si se veía libre… ya no tendría que pelearse con Ukyo y Shampoo, ni estar celosa cuando esas dos se le acercaban demasiado.
¡Vaya, como iba a mejorar su vida sin los continuos enfados de Akane, sus insultos, sus golpes, sus…! ¡Seguro que ya ni siquiera se empeñaría en hacerle comer su asquerosa comida!
¡Todo iban a ser ventajas! ¿Verdad?
Sí, lo serían…
Akane…
—Oye, ¿qué estás haciendo con eso?
La voz de Nabiki llamó la atención de Ranma de nuevo al interior del restaurante. Sus ojos rodaron y se encontró con que Shampoo había metido a la ranita-Ranma en un enorme bote lleno de agua fresca y algunas algas. La rana pataleaba con sus patas traseras y estiraba la cabeza por encima del agua, confusa, sin saber qué demonios había ocurrido. Pero la cosa no había terminado. La rana tuvo que observar, aterrada, como Shampoo colocaba un tapón con agujeros en la parte superior, atrapándole sin misericordia. Después, para mayor humillación, le ató un bonito lazo rosa al tarro.
—Pero, ¿qué diantres…? —Ranma pegó la cara y las manos al cristal de la pared.
Shampoo sonreía muy satisfecha y no dejaba de hacerle muecas extrañas a la rana que se sumergió del todo en un vano intento de huir.
—¡Kyaa! ¡Shampoo muy feliz! —Anunció con gran regocijo— ¡Aquí vivir mi Airen!
Nabiki dio un respingo al oír eso. Incluso ella parecía confusa por lo que estaba pasando.
—¿En ese bote? ¿No piensas sacarle para que recupere su forma humana?
—¡Oh, no! ¡Así más fácil de manejar! —A veces Shampoo se hacía líos con idioma y usaba palabras equivocadas, aparte de esa incapacidad crónica que siempre había demostrado a la hora de conjugar los verbos; no obstante, en aquel momento Ranma pensó que la chica había dicho justo lo que quería decir—. ¡Shampoo y Airen estar juntos para siempre!
—Pero… ¿Lo dejarás convertido en rana?
—No siempre —replicó la otra—. Solo hasta llegar China.
—¿Te lo vas a llevar a China?
¡¿Cómo?!
—Yo llevar Airen a China como rana, él no escapar —Shampoo estiró un dedo y lo movió de forma graciosa mientras desgranaba los detalles del terrorífico plan que se le acababa de ocurrir—. En China, nosotros casar en mi aldea.
. Después de boda, Airen recuperar su forma verdadera.
—¿Después de la boda, dices?
—¡Claro! ¡Así Airen poder empezar a darme niñas! ¡Niñas fuertes y bellas como Shampoo! —Shampoo apretó sus puños, cada vez más emocionada. Sus mejillas estaban encendidas y su voluptuoso pecho subía y bajaba cada vez que ella se movía—. Y después… ¡Otra vez rana! ¡Él nunca escapar de mí! ¡Los dos muy felices!
.
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7.
Se suspende la misión.
¡¿Felices?!
Ranma, espantado, se lanzó al suelo sujetándose la cabeza. ¡Shampoo estaba loca! ¡Loca de atar!
Pretendía tenerle encerrado en ese tarro el resto de su vida, excepto cuando le sacara de allí para… para… ¡¿Y decía que así serían felices?! Y lo más inquietante de todo era lo rápido que se le había ocurrido ese plan aterrador, la sonrisa chispeante con que lo había contado, como si no tuviera nada en absoluto de malo para ella tener a una persona secuestrada de por vida con el único fin de que este satisficiera sus deseos cuando ella así lo decidiese.
¡Aquello era increíble… era una pesadilla… era…!
—Ranma…
Ranma saltó al oír su nombre y alzó las manos en una posición defensiva. Estaba aún alerta, demasiado impresionado por lo que acababa de oír pero por suerte se trataba de Nabiki que había salido del restaurante. En sus manos traía un buen fajo de billetes que no tardó en meter en su bolso.
—¿Y ese dinero?
—Es el pago que ha hecho Shampoo a cambio de quedarse contigo —La chica le guiñó un ojo—. ¿O pensabas que le saldría gratis obtener por fin al hombre de sus sueños?
—¡¿Le has sacado dinero por una asquerosa rana?!
—Pues claro, ¿qué te creías? ¡No estoy haciendo todo esto gratis!
Por supuesto que no pensó Ranma, tan alterado que aún apretaba los puños Y tampoco lo haces para ayudarme.
Ranma se sintió enfermar. Todo ese día había sido una autentica pérdida de tiempo; no solo no había sacado nada en claro, sino que tenía muchas más dudas sobre sus prometidas que antes.
Bueno, en realidad, no tantas, pensó con rencor.
Lo único que deseaba era marcharse al dojo y que todo terminara ya. No quería volver a pensar en ese asunto nunca más.
El chico se metió las manos en los bolsillos y sin decir una palabra más, echó a andar dejando a su espalda el Neko Hanten.
Por un fugaz instante se preguntó cuánto tiempo tardaría Shampoo en descubrir la verdad y lo qué pasaría cuando ocurriera. Sintió pena por la rana, probablemente la amazona la usaría para alguna de las salsas del menú del restaurante en cuanto supiera que no era él. Al instante se imaginó a la china apareciendo, rabiosa en el dojo y exigiendo su dinero o una cita con él como pago. Era lo más lógico.
Sin embargo, Ranma se dio cuenta de que estaba tan enfadado que no se creía capaz de soportar un numerito semejante una vez más. Lo había hecho muchas veces, pero ya no tenía por qué consentir esa clase de comportamientos. Ni a Shampoo ni a Ukyo.
El estúpido truco de Nabiki había servido para abrirle los ojos y su orgullo herido no pensaba olvidar sin más. Se había acabado el Ranma comprensivo que aguantaba golpes y abrazos estranguladores.
A partir de ahora todo iba a ser distinto.
Nabiki, que caminaba unos pasos por detrás de él, se dedicó a observarle con curiosidad los primeros minutos, pero al ver que el chico no reaccionaba adelantó unos metros al trote hasta situarse a su lado, aunque cuando habló lo hizo mirando al frente.
—Bueno Ranma, estarás contento… —dijo en primer lugar. Era consciente de que el semblante del otro era de lo más sombrío, pero Nabiki decidió insistir y ver lo que pasaba—. ¡Ya has encontrado a una prometida dispuesta a aceptarte seas como seas!
Ranma dio un respingo.
—¡¿Estás de broma?! —replicó, malhumorado.
—¿Qué ocurre? —Continuó ella haciéndose la tonta—. ¡Pero si incluso te quiere como padre de sus hijos!
—¡Pero, ¿qué estás diciendo, Nabiki?! —estalló Ranma, parándose de golpe. Su rostro se puso rojo y sus brazos empezaron a hacer grandes aspavientos sin que él pudiera controlarlos, fruto de la indignación que sentía—. ¡¿Has oído alguna de las locuras que ha dicho Shampoo?! ¡Ella no me quiere! ¡Solo pretende usarme! ¡Pero si hasta se alegraba de que fuera una rana! Así puede hacer conmigo lo que quiera…
—Bueno, ¿y qué?
—¡¿Cómo qué "y qué"?!
—¿No es mejor eso a que te rechazara de mala manera como ha hecho Ukyo? ¡Yo lo veo como un avance! ¿Tú no?
—¡Pues…!
No, ninguna de las dos reacciones le parecía mejor que la otra. De hecho, ambas le horrorizaban y decepcionaban por igual. No quería pensar en ellas. ¡Ni siquiera se habían preocupado por saber cómo se sentía él después de transformarse en rana! ¡Sus sentimientos! ¿Es que les daba igual? Claro que tampoco es que se hubieran preocupado mucho por él después de la paliza del otro día…
Era terriblemente descorazonador, más de lo que había creído. Ranma no dejaba de repetirse que le daba igual, que no le importaba, que no tenía intención de casarse con nadie pero… ¡Le seguía molestando! ¡Maldita sea!
—Está bien… Aún nos queda Akane —repuso Nabiki después de observarle unos minutos más en silencio—. Aunque tendré que ir a buscar otra rana…
¿Akane?
—¡No! —Ranma se abalanzó sobre la chica y la cogió por los hombros. Clavó en ella su mirada, una mirada salvaje y encendida bajo un ceño fruncido—. Ni hablar. A Akane no la metas en esta absurda historia.
—Pero… ¿cómo sabrás…?
—¡Sé perfectamente que Akane también me rechazará si cree que soy una rana! —Solo en el momento en que lo dijo en voz alta fue plenamente consciente de que llevaba razón. ¡Estaba seguro!
Nabiki hizo una mueca a pesar de lo cual parecía muy despreocupada y tranquila, aunque las manos del chico la sostenían con más fuerza de la que él mismo era consciente.
—¿Eso es lo que te preocupa? ¿Temes ver cómo Akane te rechaza?
Los dedos de Ranma se hincaron con más fuerza en los puntiagudos hombros de Nabiki debido a un temblor involuntario que barrió su cuerpo.
—¡No lo temo! ¡Aunque eso será lo que ocurrirá!
—¿Entonces?
—¡Pues…! —Su voz decayó y Ranma tuvo que forzarse a seguir hablando en un tono ronco y desencantado—. No me hace falta verlo. No quiero… que Akane se crea que me importa tanto.
Era una excusa pobre y estúpida, pero no se le ocurrió nada más en aquel momento y la afilada mirada de Nabiki le inquietaba demasiado como para concentrarse.
Optó por marcharse y desentenderse de ese asunto. Pegó un salto y aterrizó con agilidad en el primer tejado que vio. Desde lo alto pudo respirar hondo, tragar saliva para empujar el nudo que se le había formado en la garganta y volver a saltar, aún más lejos.
Nabiki, desde el suelo, le observó alejarse a la velocidad con que desaparece la luz de un relámpago en una tormenta y después suspiró. Se masajeó los hombros con calma, estaban un poco doloridos. Desde luego, había logrado alterarle de verdad.
—En fin…
Se tocó el estómago agradablemente satisfecho y palpó el abultado fajo de billetes que sobresalía del bolsillo interior de su bolso. No estaba del todo mal. Se puso las gafas de sol con una sonrisa.
—Ha sido un buen día —murmuró para sí misma. Se metió las manos en los bolsillos y echó a andar mientras se encogía de hombros—. Además, Akane está sin blanca así que…
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Ranma sobrevoló Nerima de un extremo al otro de tejado en tejado hasta prácticamente quedarse sin fuerzas. Al final cayó de rodillas sobre el tejado de una casa que no conocía, en un barrio que nunca había visto. Tuvo la mala pata de escoger una de esas casas antiguas con el tejado de pizarra, con tejas cuyos bordes eran afilados y que le rasparon las piernas cuando se dejó caer sobre él.
Rodó como pudo para amortiguar la caída y quedó tumbado sobre él, con la pizarra clavándose con saña en su espalda y riñones. Cada bocanada de aire que cogía para saciar la necesidad de sus pulmones era una tortura, pues su piel se hincaba aún más en ese tejado. No pudo moverse en unos minutos, las piernas le temblaban por el sobreesfuerzo que había hecho.
En realidad se había desorientado a propósito. Sentía que no quería ver nada que le fuera mínimamente conocido, mucho menos quería tropezarse con un rostro familiar.
Se quedó tendido y con los ojos azules clavados en un cielo que comenzaba a volverse rojizo. Pronto se haría de noche y tendría que volver al dojo. Pero no quería hacerlo. No quería ver a Nabiki, no quería batallar con la indiferencia de Akane… sino hubiese sido por la presencia de su madre allí y porque sabía que la preocuparía si no aparecía, probablemente habría huido a algún bosque y se hubiera pasado una semana y media entrenando.
Quizás echar abajo media docena de árboles le haría olvidar todo lo que había descubierto ese día.
Después de tanto saltar de una casa a otra, su mente se había ido aclarando, su humor se había relajado y todo ello había hecho que la verdad, la auténtica verdad sobre sus sentimientos se revelará ante sus ojos.
Estaba furioso. Pero no con sus prometidas.
Estaba furioso consigo mismo.
Descubrir que sus prometidas no le amaban tanto como ellas mismas decían le había molestado más de lo que habría creído posible. Y era un malestar que nada tenía que ver con lo que sintió aquella ocasión, cuando Shampoo dejó de amarle por obra de la joya reversible. Aquella vez su orgullo estaba herido. Nada más. No era un dolor real, era solo un ataque a su vanidad que no podía consentir; por eso hizo lo que hizo.
Esa misma vanidad, que seguramente era su peor defecto, era la causa de que nunca hubiera reparado en lo vacíos y superficiales que eran los gestos de sus prometidas hacia él. ¡Los gestos! Él solo se fijaba en sus palabras, y cómo estás le hacían sentir bien, las había aceptado sin más. Sin preocuparse por descubrir si eran reales o no.
Nunca quiso profundizar. ¿Era solo vanidad o era temor a ver lo que había visto hoy? Lo que hoy, por fin, había visto eran sentimientos frágiles, afectos débiles, excusas, condiciones…
Ukyo solo le amaba por costumbre y por su aspecto. Shampoo le quería para usarle en sus retorcidos planes de procreación y para exhibirle como un trofeo frente a sus hermanas amazonas. ¡A ellas no les importaba lo que él sintiera o quisiera!
Egoísmo. Eso es lo que se había encontrado hoy tras el supuesto amor de esas chicas.
Pero no. No estaba molesto con ellas… porque él era igual de egoísta o más.
¿Acaso no había estado dispuesto a engañarlas de mala manera solo para poner a prueba sus sentimientos? ¿No había considerado la opción de casarse con una de ellas, tan solo por el hecho de que esa chica le amara de verdad? Solo porque pensó que así su vida sería agradable y tranquila.
Pero, ¿y la vida de la chica? ¿Cómo habría sido? En eso no había pensado, ni se le había pasado por la cabeza.
¿Y si él no hubiera sido capaz de amar a la elegida tras la boda? A fin de cuentas, la mujer con la que se casara algún día… ¿no se merecía también ser feliz y tener una buena vida? ¿No se merecía ser amada por su marido?
¡Era un maldito egoísta! ¡Ni por un segundo pensó en eso!
Su madre tenía razón en lo que le dijo; su responsabilidad era elegir a la chica a la que más quisiera, porque solo si la amaba con todo su corazón podría hacerla feliz.
Porque sí, su deber era hacer feliz a su mujer.
Aunque… ahora ya no estaba seguro de poder ser un buen marido para nadie. Quizás… la cuestión era que él no se merecía a ninguna de esas chicas. Ni a Ukyo, ni a Shampoo… ni a Akane.
Akane… Solo una pequeña parte de sí mismo se alegraba de que, al menos ella se hubiera quedado fuera de toda esa mentira. Se sentiría mucho más despreciable si también la hubiera engañado a ella.
Solo espero que ella nunca llegue a enterarse de todo esto.
No sabía si podía fiarse de Nabiki… y no le quedaba más dinero con que sobornar a la mediana para que guardara silencio.
Las sombras comenzaron a caer sobre él y se dijo que había llegado el momento de volver a casa.
Justo antes de ponerse en pie y saltar al suelo, se le ocurrió una última idea. Aterradora y ciertamente desagradable… ¿Y si él, Ranma, no era capaz de amar a nadie?
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¡Hola a todos!
Aquí os dejo la segunda parte de la historia. ¿Qué os ha parecido el plan de Nabiki? ¿Y la reacción de las prometidas? La cosa se pone fea para Ranma, ¿verdad?
Quiero agradecer mucho, muchísimo a todos los que leísteis la primera parte, la seguisteis o la marcasteis como favorita. Me hace mucha ilusión saber que os ha gustado la idea y espero que disfrutéis también con el desenlace.
Y muchas, muchas, muchas gracias a los que me habéis dejado una bonita review alegrándome estos días con vuestras palabras de ánimo:
: ¡Hola! Te agradezco mucho tus palabras, me alegro que te haya gustado ^^ Aquí está ya la continuación y en breve, el desenlace. Besotes y gracias por leer.
Heather Ran: ¿Miedo? ¿Por? ¡Bueno, sí! Cualquier cosa en que ande Nabiki debe dar miedo, jajaja. ¿Te imaginaste algo como este plan que se le ocurrió? ¡Gracias por escribirme y por leer! Besotes
Ranma84: ¡Muchas gracias! Aquí te dejo el segundo capítulo para que, espero, lo disfrutes igual. Te agradezco tus palabras y tu apoyo. Un besote y nos vemos en el siguiente. ^^
Namikazee: ¡Gracias por tu mensaje! Espero no haberte hecho esperar mucho, pero aquí está el segundo capítulo. Espero te haya gustado igual que el primero y sigas en el tercero. Muchas gracias por tu apoyo. ¡Abrazos!
Akanita87: ¡Hola! Sí, volví ^^ ¡Y también me alegra leerte de nuevo por aquí! Te agradezco mucho tus palabras y que sigas apoyando mis historias como lo hiciste la primera vez. Pues tengo algunas ideas para fics situados como dices tras el final del manga, pero todavía no tengo muy claro cómo desarrollarlos del todo. Me falta pensar algunas cosas, pero sí quisiera escribir algo después de lo que pasó en Jusenkyo ;-) Muchas gracias por tus palabras, me animan un montón que después de tanto sigas queriendo leer lo que escribo. ¡Te mando besotes y un fuerte abrazo! ^^
Frida-chan: ¡Frida-chan! ¡Gracias por seguir leyendo mis historias, me hace mucha ilusión! Sí, ¿verdad? Todos queríamos saber a quién elegiría Ranma si tuviera que hacerlo de verdad pues tanto en el manga como en el anime se le presentan oportunidades pero siempre se hace el loco ¬¬ La verdad es que en un inicio este fic iba a ser mucho más corto y sencillo pero según lo escribía me di cuenta de que era un buen momento para mostrar los auténticos sentimientos (bueno, como yo me los imagino) de Ranma al respecto del tema de las prometidas, como tú dices. En el manga da la sensación como que el pobre lo acepta todo porque no le queda más remedio pero… Debía pensar algo más allá de todo eso. ¡Espero que te guste mi idea de cómo podían ser esos sentimientos y su elección final! ¡Te mando un fuerte abrazo y muchas gracias de nuevo!
VIP98: ¡Gracias por tu review! Espero que te haya gustado la continuación y volver a leerte en el capítulo final. ¡Muchos besotes!
Hatsuhana: Jajajaja, sí, le han dado una buena paliza. ¡Hola! Me alegro que te guste, trato de hacerlo lo mejor que puedo ^^ ¡Eres muy amable! Espero no demorarme mucho con las actualizaciones y que no tengáis que esperar demasiado. Besotes y muchas gracias por tus palabras. ^^
DanisitaM: ¡Jajajajaja! ¡Vaya, eso no me lo esperaba! Pero si te gusta Ranma así… ¡Muchas gracias! La verdad es que tuve que revisar mucho algunas de las partes de esta historia para expresar bien lo que quería decir de Ranma sin que resultara pesado. ¿Qué le hicieron? Imagina lo peor… Estoy de acuerdo en que Ranma es muy obtuso, por eso quise hacer esta historia de modo que, a su ritmo, se diera cuenta por sí mismo tanto de lo que él siente como de lo que realmente sienten sus prometidas, en lugar de quedarse con lo obvio que no es siempre lo que parece. ¡Y espero que el desenlace de esta historia no decepcione a nadie! Me alegro que te gustara "Un prometido de verdad", espero que con esta te ocurra igual hasta el final. ¡Te agradezco un montón tus palabras! ¡Y te mando un besazo! Bye ^^
Guest: ¡Muchas gracias! Aquí tienes la nueva actualización recién salida del horno. ¡Espero que te guste! Besotes.
SARITANIMELOVE: ¡Algo habrá hecho él también! Aunque al pobre siempre le caen golpes allá a donde vaya, jajaja. ¡Me alegra te haya gustado! ¿Qué te ha parecido el plan de Nabiki? En breve estará el desenlace pero hasta entonces gracias por escribirme y te mando un fuerte abrazo.
Caro: ¡Hola de nuevo! Sí, la conocemos de sobra para esperar cualquier cosa, jajaja. ¡Gracias por escribir! ¡Besos!
Pues hasta aquí. Nos vemos lo antes posible con el siguiente capítulo. Estad atentos que aún queda por aparecer en escena la tercera prometida en discordia, jajaja.
Besotes para todos.
;-)
