Disclaimer: los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Llévate la luna
Chapter 2
Sofocada por la carrera que había dado de la playa a su casa, bajó el panel de la ventana de su dormitorio. Lanzó los converse que llevaba en la mano hacia la alfombra de su pequeño cuarto. Miró de nuevo por la ventana para corroborar que ningún vecino la haya visto y agradeció al cielo que su casa fuera de un piso, así era más fácil colarse por la ventana sin necesidad de exponer su vida.
Caminó de puntillas hasta el lado extremo de su habitación para entrar al baño que por suerte era solo para ella, se despojó de su vestido húmedo y con arena, así como de su ropa interior para entrar bajo la ducha.
Diez minutos después estaba en su cama con su pijama puesta y el cabello húmedo, se cobijó hasta el cuello con sus suaves mantas y cerró sus ojos para que el sueño la abordara, el mismo que no llegó, intentó contar borregos sin mucho éxito, hasta que llegó a su mente un par de ojos verde esmeralda que esta tarde habían tropezado con ella, haciéndola sonreír de manera automática.
Bella, una adolescente de quince años atraída por el mar y sus misterios, así como enamorada también lo estaba de la luna. Cada noche se escapa de casa para poder admirar su belleza. Hija única del joven matrimonio Swan los mismos que son dueños de un pequeño restaurante costero hacen lo posible para que su hija pueda realizar su sueño de estudiar Oceanografía en la más prestigiosa universidad.
Un ruido en la ventana la hizo despertar de su letargo, se incorporó de prisa para poder quitar el seguro de la ventana y dejar pasar a su vecina, mejor dicho su mejor amiga Angela, ella era otra adolescente como Bella. Sus rasgos latinos se acentuaban en sus facciones del rostro con unos bellos ojos oscuros que se ocultaban tras sus gafas, su cabello negro y espeso, hacen perfecta combinación con su piel trigueña. Ambas compartían la misma baja estatura y su complexión era delgada, sin mucha curva, aparentaban menos de quince y compartían la pasión por los ritmos caribeños que su amiga latina le había enseñado en todos sus años de amistad.
—Miré cuando llegaste —aseguró Angela dejándose caer sobre la cama—. No deberías seguir haciéndolo, es peligroso que andes sola por la calle a esta hora.
—Deberías acompañarme una noche, el mar es bello y la luna lo es más —se sentó junto a ella.
—No gracias. Yo si tengo miedo que me pillen mis padres —Isabella puso los ojos en blanco para dejarse caer de espaldas al colchón, por supuesto que su mejor amiga notó su evidente emoción—. ¿A qué viene esa sonrisa?
—En la tarde cuando te fuiste del restaurante… conocí a un chico muy guapo —se llevó uno de los osos de peluche que había sobre su cama y cubrió su rostro.
Su amiga intentó quitarle el peluche para que explicara con lujo de detalles sobre el chico que mencionaba, aunque nada funcionó, porque Bella no paraba de reír por la vergüenza que sentía.
—¿Quiero el nombre? Anda, ¿quién es? ¿le conozco? —empezó a darle cosquillas en el estómago para hacerla hablar.
—Se llama Edward no sé qué. Mamá mencionó que acaba de venir a vivir aquí, no exactamente —se corrigió sentándose de nuevo— Él le dijo que vivía en una de las casas de la playa —Angela levantó una ceja para que prosiguiera— Es el nuevo jugador del cosmos.
Bella se quedó pasmada cuando su amiga corrió de inmediato a su ordenador que estaba en una esquina de su habitación para ponerse a investigar todo referente al chico.
—Edward Cullen, joven promesa del cosmos tiene dieciséis años… aquí está su información —leía Angela en voz alta y sin aliento dando algunos clic, para empezar a mirar las fotos que aparecían en los diferentes portales deportivos, Isabella se acercó hasta ella, y miró emocionada las fotos.
Era un chico bastante alto, pelo cobrizo un poco desordenado, con unos hermosos ojos verdes enmarcados por unas largas y tupidas pestañas pero su mandíbula marcada era sin duda lo más llamativo de su rostro. Dieron un par de clic para continuar regocijándose la pupila, había demasiadas fotos del día que fue presentado, claro en todos lucía muy galán para los ojos de Bella, también había otras fotos donde se le veía jugando y no pudo evitar ruborizarse al poner atención de más en sus atléticas piernas de futbolista.
—Tiene contrato por tres años con el cosmos, debe ser muy bueno para que un equipo con tanto prestigio en Estados Unidos lo haya contratado —explicó Angela― ¿Qué más dijo Renée?
—Conoces a mi madre… casi está obligadolos a comer en el restaurante, ¡ah! Y también les dio su número de móvil por si gustan otro tipo de comida, no dudes que muy pronto los tengamos aquí en casa. Me refiero a el nuevo jugador y su guarura —Bella se metió bajo las mantas mirando su alarma que sonaría en seis horas para ir al instituto.
—Es todo un caso. —Angela se encaminó hasta la ventana, sacó primero una pierna y después la otra. Una vez fuera se volteo para ver a su amiga—. Mañana haremos lo posible por no demorar después de clases, presiento que nos espera un gran día.
Y con esas palabras y con una mirada verde guardada en su memoria se dejó vencer por el sueño.
La mañana prosiguió sin mucho ajetreo, todas las clases estuvieron en calma hasta la hora de salida; las adolescentes recorrieron el mismo camino de regreso por la avenida más transitada hasta llegar al pequeño restaurante. Siempre entrando por la parte trasera para saludar a Charlie quien es el cocinero.
—¡Hola, papi! —la joven castaña se abalanzó a los brazos de su padre para dejar un sonoro beso en su mejilla— ¿Cómo va todo?
—Hemos tenido un buen día, mucho mejor que otros —el hombre alto de cabello oscuro que oscila entre los treinta y cinco, era el padre más orgulloso de que su única hija siempre le mostrara su cariño sin importar el hedor a grasa y pescado que siempre tenía impregnado en su ropa. Le tendió entre sus manos los platillos de comida para las jóvenes.
—Tengo listo su postre —dijo una mujer de raza Hindú un poco mayor se trata de Zafrina, era la mujer que ayuda a Charlie en la cocina. Bella también se acercó a besar su mejilla como cada tarde que llega al lugar—. ¡Quiero ver esos platos vacíos! —la mujer se limitó a decir para mirar como las chicas salían de la cocina hasta la parte donde comían los clientes.
—¡Cariño! —Renee se acercó a su hija al tiempo que besaba un poco exagerada su mejilla, también hizo lo mismo con la amiga de Bella— Sus mochilas se quedan conmigo.
Les quitó sus pertenencias para dejarlas ir a comer a su habitual mesa de la esquina, esa donde pasaban la tarde comiendo para después hacer sus tareas. Esa era la única rutina de Isabella, ir al instituto, llegar al restaurante a comer y hacer deberes, cuando se necesitaba de su ayuda lo hacía gustosa, aunque casi no se necesitaba porque el pequeño negocio de sus padres no pasaba por el mejor momento, los años del restaurante lo habían enfrascado en viejas recetas aburridas, aparte que la competencia era cada vez mayor. Y sus padres sin contar con suficiente capital habían tenido que recurrir a un préstamo bancario para poder remodelar la fachada y verse un poco menos pobre a la vista de la transitada avenida principal.
—¿No ha llegado? —dijo Angela mirando en todas direcciones para ver los rostros de los pocos clientes de las mesas vecinas.
—No. Quizás no les gusto el lugar, ni la comida —respondió Bella un poco apesadumbrada, suspiro resignada de haber tenido aunque sea la oportunidad de toparse con el chico sensación de que los medios de comunicación no paraban de hablar. Se llevó una papa frita a su boca para continuar con su comida.
Después de comer su pescado frito, Zafrina puso frente a ellas su porción de flan napolitano, ambas empezaron a comer a la vez que hacían su tarea.
Fue entonces cuando unas carcajadas la sacaron de su concentración, levantó su vista en dirección a la entrada donde lo vio de nuevo, sus miradas volvieron a encontrarse por un poco más de las milésimas de segundos, su corazón se agitó emocionado cuando el joven cobrizo le sostuvo la mirada también con sus mejillas encendidas, ella avergonzada bajó inmediato su vista hacia el delicioso postre que estaba frente a ella, fue imposible no sentir nervios cuando su amiga giró su cabeza para ver al susodicho sin despistar que se dieran cuenta.
—¡No hagas eso! —con su libreta en mano dejó un golpe en la cabeza de Angela para que dejara de verlos.
—¿Qué te pasa? —se quejaba sobando su cabeza— ¿Vendrá de entrenar? Se ve cansado y acalorado.
—Hoy empezaba su entrenamiento a puerta cerrada con el equipo —confesó avergonzada por saber a detalle sobre su primer día. Sólo encogió sus hombros bajo la atenta mirada de su mejor amiga y prosiguió haciendo su tarea.
—¡Hola, Bella! —escuchó que la llamaban, su corazón hubiera brincado de emoción si no conociera esa voz, se trata de Eric Yorkie su compañero de clase, levantó su mirada para encontrarse con el menudo chico de rasgos asiáticos y pelo graso. Quien le sonreía petulante, tomándose la libertad como era su costumbre de sentarse junto a ella sin ser invitado siempre con el pretexto de no entender la tarea—. No entiendo la diferencia entre grasas y lípidos, ¿me explicas?
—Eric, debes de pedir tutorías, nunca entiendes nada. —respondió Bella un tanto malhumorada, al tiempo que miraba en dirección a la mesa del futbolista. Quien no dejaba de ver el celular, eso la trajo a la realidad.
—¿Dónde está Ben? —preguntó esperanzada Ángela.
—En su casa, lo castigaron sus papás por una semana —respondió Eric, probando un poco del postre de Bella, quien se incomodó por su mal hábito que lo caracterizaba e hizo un mohín al tiempo que le acercaba el postre frente al chico—. ¿Puedo comerlo todo?
Bella solo asintió a modo respuesta mientras ignoraba la plática de su amiga y Eric. Ella sólo podía volcar su atención hacia donde estaba el joven cobrizo quien sonreía animado hablando con Renée y el guardaespaldas, ¿Y si iba con algún pretexto con su mamá? No. Eso suena muy entrometido, así que decidió a continuar con su tarea.
—¿Qué dices, aceptas? —los brazos de Eric la rodearon con demasiado entusiasmo, logrando que la jovencita se pusiera de pie con el pretexto de ir al sanitario, esa fue la única manera que encontró para salir bien librada de Eric "empalagoso" Yorkie.
Escuchó los murmullos tras ella pero no dio importancia, caminó en línea recta y se prometió no mirar en dirección al chico. Así llegó al baño que está al fondo del restaurante, llegó hasta el lavabo para echar abundante agua y se contempló en el espejo. Su rostro libre de maquillaje e imperfecciones, estaba segura que todavía aguardaba algunos rasgos de niña, como su nariz demasiado pequeña y esa mirada achocolatada aun inocente como decía su madre, miró sus mejillas sonrojadas y bufó molesta porque siempre delataban su estado actual. Mirando siempre al espejo recogió su largo cabello en una coleta alta ese peinado la hacía lucir más niña aún, siguió bajando la vista por el espejo y miró su blusa blanca y falda a cuadros del uniforme.
Soy una niña, pensó.
—¿Bella, qué haces aquí tan solita? —preguntó Renée quien llevaba poco más de cinco minutos observando a su hija— Ángela y Eric se acaban de ir, estuvieron esperando por ti pero nunca saliste.
—¡Oh!... Me olvide de ellos —musitó con desánimo, su madre se acercó con disimulo y levantó el mentón de la chica escrutando a profundidad su reacción, Bella dio un paso atrás queriendo ocultar sus emociones—. ¿Qué pasa, mamá?
—Hum… nada. —se acercó de nuevo a su hija y la abrazo depositando un beso en su coronilla— Te amo, mi niña.
—Yo más, mami —respondió acurrucandose en el pecho de su madre. Isabella no entendía porque ella podía ser tan simplona cuando su madre tenía una belleza descomunal, que si bien hubiese deseado ser modelo seguro sería la más cotizada, con una estatura de 1.75cm su cabello rubio natural y unos hermosos ojos azules, de carisma impresionante, ella era de las personas más sociables y alegres que conocía. Y tenía la dicha de llamarla mamá.— ¿Necesitas ayuda con las mesas?
—No, cariño. —besó de nuevo sus cabellos— Puedes irte a casa si quieres, descansa porque esas ojeras me dicen que no has pasado buena noche.
Se abrazaron y de ese modo salieron hasta el salón donde se hallaban los clientes degustando de sus deliciosos platillos, la chica se tensó cuando su madre se detuvo frente a la mesa de los chicos que ahora se habían vuelto clientes distinguidos por como su madre los atendía.
—¿Necesitan algo más?, ¿Un postre?, ¿Café? —Renée se desvivía por atenderlos bien.
—Así está bien, muchas gracias. —respondió Edward con voz terciopelo casi haciendo erizar la piel de Bella aunque ni siquiera la había mirado ni un segundo. Ella se emocionó por escuchar su voz.
—¿Quién es ella? —Emmett preguntó con interés, brindándole una auténtica sonrisa a la jovencita.
—Es mi hija, Isabella —dijo Renée con pretensión mientras volvía abrazar a su hija.
—Bella Swan —corrigió la chica extendiendo la mano hacia él grandulón para saludarle de forma cordial— un gusto.
—Emmett McCarty —se presentó poniéndose de pie para estrechar a Bella en un cálido abrazo, la chica a su lado era diminuta y solo pudo reír cuando irguió su cabeza para mirar los hoyuelos que se formaban en las mejillas del guardaespaldas—. Mi primo te quiere conocer, ¿verdad Edward?
Bella miró en dirección al joven cobrizo quien ahora tenía las mejillas teñidas de un adorable color rosa y una mirada penetrante contra su NO guardaespaldas sino su primo. El joven también se puso de pie para alargar su mano, ese momento cuando su piel hizo contacto con la del chico, sintió un extraño cosquilleo que recorría su piel desde su mano hasta llegar a su estómago, levantó la vista para encontrarse con unos hermosos ojos verdes quien sonreía con inquietud, ella sonrió en respuesta.
—Soy Edward Cullen —dijo con nerviosismo mientras seguía sosteniendo la mano de la chica.
—¡Momento! —la voz de su madre la hizo volver a tierra, ambos jóvenes soltaron sus manos un poco exaltados por el grito de Renée— ¿Es o no tu guarura? —se llevó las manos a sus caderas, esperando por una respuesta.
—Somos primos… —declaró Edward en voz baja— Solo que Emmett es muy ocurrente, por eso dijo que era mi guardaespaldas.
—Lo hice por darle más realce a la situación, debo cuidar al mejor jugador de fútbol —Emmett solo encogió sus hombros con su cabeza inclinada, era gracioso ver a un hombre con descomunal estatura comportarse como un niño pequeño.
—Eres tan adorable —Renée solo dio una suave palmada en la espalda del chico—. Los dejo, seguiré con mi trabajo.
—Hasta luego —musitó Bella despidiéndose de los chicos y dio media vuelta presurosa tomó su mochila y salió de allí.
Hoy solo quería volver a casa y rememorar lo que había ocurrido; no podía creer que el jugador estrella le hubiera hablado, ni mucho menos saludado. Se tocó su mano con la otra y las llevó cerca de su pecho, sonrió emocionada hasta llegar a la parte trasera del restaurante donde siempre está su bicicleta, no tomó mucho tiempo para que subiera en ella y pedaleó hasta tomar el camino más corto para llegar a casa.
Hasta el momento era la mejor sensación cuando el cabello revolotea por el aire dándole en el rostro o simplemente despeinando su coleta, Bella cada tarde después de comer y hacer tareas regresa a casa en bicicleta, donde hace de todo un poco, ordena, lava, cocina o duerme una siesta en lo que llegan sus padres de trabajar, hoy no era la excepción pero al menos se sentía en las nubes mientras hacía sus deberes en su hogar.
—¡Cariño, es hora de cenar! —Renée entró a la habitación de su hija. Bella se sobresaltó cuando le tocó el hombro, ella mantenía sus audífonos puestos mientras escuchaba música y estaba tumbada en la alfombra junto a la ventana, siempre contemplando la luna. De forma brusca tiró de los auriculares para mirar a su madre con los ojos muy abiertos por el susto.
—¡Madre! —exclamó negando con una mano sobre su pecho, se incorporó para sentarse en modo indio— No los escuché llegar, ¿qué hora es?
—Las diez de la noche, ¿tienes algo que hacer? —su madre le lanzó una mirada dubitativa al tiempo que entre cerraba los ojos, Bella por su parte solo negó y apartó su vista de ella.— Señorita, usted y yo tenemos que hablar.
Renée tiró de su mano para ayudarla a ponerse de pie hasta sentarse las dos al borde de la cama.
—¿Hablemos de Eric? —juntó las cejas emocionada—, ¿te gusta?
—Es mi compañero de clases, es un poco fastidioso, todo el tiempo esta detrás de mí y no, no me gusta. —respondió la joven de forma rápida.
—Es un poco infantil, sin embargo hacen bonita pareja. Me muero por saber que tienes novio, ya me anda por ser de esas madres tapaderas y alcahuetas —envolvió a su pequeña en sus brazos y dejó un beso sobre su coronilla— Quiero que tengas una adolescencia normal, no me gusta que siempre estés encerrada aquí, mientras las niñas de tu edad se divierten.
—La soledad es buena, a mi me agrada —solo encogió los hombros cuando su madre la miró desde el umbral de su habitación.
—Duerme, mi niña. Le diré a tu padre que ya cenaste.
Lo primero que hizo al ver a su madre cerrar, se levantó de un salto para caminar de puntillas y asegurar el pestillo en su puerta, quitó su viejo pijama para ponerse un vestido ligero y calzar sus converse, soltó su cabello, tomo su móvil para saltar por su ventana. Miró la casa de al lado a oscuras y supo que sus vecinos los Weber no estaban, esa era la razón que Ángela no la buscara en toda la tarde.
Después de correr unos diez bloques, hasta llegar a la avenida principal, bajó su ritmo a caminar despacio. Quitó sus tenis para que sus pies sintieran la arena y volvió a correr esta vez en dirección al mar, caminó por toda la orilla sin prestar mucha atención a las hermosas mansiones que allí hay.
Se tumbó sobre la arena tan sólo para contemplar el cielo oscuro con el montón de lucecitas que eran las estrellas, suspiró lento cuando la luna estaba sobre ella, hoy no iba a bailar o solo deseaba admirar su belleza y que el mar arrullara sus sueños.
—¡Hola! —escuchó una voz a lo lejos, de repente se sintió mojada hasta la cintura, abrió los ojos de golpe.
Se hallaba en la playa; se había quedado dormida, se incorporó con rapidez pensando en la hora y no miró su móvil por ningún lado—. ¿Buscas esto? —volvió a escuchar aquella voz...
La historia es diferente porque hay más romance, aunque no se quedarán adolescentes. Es lo único que les puedo decir.
Gracias Debi Campos por tus bellas palabras. PV, así empieza la historia con su juventud. Aniesttefy, gracias por tu apoyo. Diannita Robles, por supuesto ayúdame con eso y muchas gracias. Vanesa Mtz, gracias por estar de nuevo. Jane Bells, muchas gracias por el apoyo. MsMonik, gracias por estar al pendiente de mi.
Gracias por leer!
