Disclaimer: los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Llévate la luna
Chapter 3
—¿Por qué tardaste tanto? ¿Por qué se quedó dormida? ¿Qué te dijo? —Edward no paraba de bombardear a Emmett con sus preguntas, incluso lo había esperado en el pequeño salón con las luces encendidas para que respondiera todas sus dudas. Después de que él mismo encontrara a Bella en la arena dormida, no tuvo valor de hablarle, así que recurrió a su primo para que la despertase y llevase a casa.
Emmett siguió su camino subiendo los cuatro escalones con Edward pegado a sus pasos, entró a su recámara y se dejó caer cómo cual hoja de árbol seca sobre la cómoda cama, se colocó más almohadas bajo su cabeza, se cubrió con el fino edredón color negro, cruzó sus brazos sobre su pecho y apretó sus labios al tiempo que observaba a Edward sin mencionar palabra.
—¡Habla! —chilló Edward, movió su mano sobre la pared para encender el switch de la lámpara para iluminar el dormitorio.
—Se quedó dormida y la llevé a su casa. —se limitó a decir—. Apaga la maldita luz, mañana tengo examen.
—Eso ya lo sé —quitó de un tirón el edredón, haciendo que Emmett cambiará de posición ahora recostado sobre su costado colocó sus manos bajo su mejilla— ¿Que estaba haciendo aquí? ¿A quién buscaba?
De repente la habitación se llenó de carcajadas ahogadas y golpes secos para el colchón, eso fue suficiente para que el chico saliera de la recámara de su molesto primo dejándolo solo y con su ataque de risa.
Cuando entró a su dormitorio azotó la puerta con más fuerza de la necesaria y caminó hasta la ventana donde observó la luna, era ridículo estar viendo la luna, pero había algo en ella que ahora le llamaba la atención. Y es que ella aparecía con la luna.
—Bella es una aventurera, soñadora —dijo Emmett interrumpiendo sus pensamientos, al entrar a su habitación— La niña se escapa de su casa para admirar la luna y el mar, es una romántica. Me cae bien, me agrada.
—¿Eso te dijo? Quizás le dio pena decirte que se escapa para citarse con su novio, con ese chiquillo del otro día, ¿Si lo recuerdas?
—No, en realidad no recuerdo a nadie, tal vez es porque yo no me la pasé mirando en su dirección —espetó burlón—. Por cierto, tuve que aparcar el coche un bloque antes de su casa y después caminar. Porque la niña es lista y no quiere ser pillada. ¿Alguna otra cosa que desee saber el señor?
—Deberías decirle a Renée lo que su hija hace, es peligroso que ande sola por las calles. Digo, si el novio quiere verla que la busque él. —la voz contenida de Edward no pasó desapercibida para su primo.
—Te gusta, ¿cierto?
—Es una niña —mencionó acomodando su edredón y metiéndose bajo éste, apagó la lamparilla acurrucado bajo las mantas. Eso fue suficiente al menos por hoy, para que Emmett lo dejará en paz, ya mañana buscaría otra cosa para distraerlo.
Siempre estaría agradecido por no tener que levantarse temprano, y mucho más que Emmett no estuviera en las mañanas eso le daba total libertad de hacer lo que viniera en gana. Caminó vestido únicamente con bóxer por toda la casa, busco en la nevera que desayunar y se lamentó por no saber cocinar, tomó un pequeño bote con yogurt y un poco de fruta que estaba preparada en un tazón, la llevó hasta la encimera y se dispuso a desayunar. También miró un poco de televisión, no en realidad solo saltaba de canal en canal hasta que se aburrió. Se duchó y alistó para ir al entrenamiento, tomando su mochila y las llaves de su auto.
—¿Cómo va la escuela? —preguntó Phil después de entrenar, justo cuando vio a Edward salir rumbo al aparcadero.
—Eh... eh, bien —respondió nervioso, recordando que ni siquiera había abierto su ordenador portátil, ése que estaba sobre su buró.
—Es importante que estudies, Edward. Es la condición de estar aquí —lo reprendió Phil moviendo su mano a modo de despedida.
Edward llegó acalorado y fastidiado por el arduo entrenamiento al que había sido sometido gran parte de la mañana, dejó caer su mochila donde fuera que cayera y caminó hasta un sofá se tumbó sobre éste y empezó un chasquido de dientes.
—¿A qué se debe tu pésimo humor? —inquirió Emmett, tumbado en el sofá con una laptop sobre sus piernas.
—Hoy no quiero comer con Renée, debemos ir a otro lugar. ¿no crees? —mencionó el cobrizo como que no quiere la cosa— Además, tengo que estudiar, es mejor ordenar comida a domicilio.
—Como quieras —fue la respuesta de su primo quien tenía la vista sobre la pantalla del ordenador mientras tecleaba a toda velocidad— Hoy tengo una comida con unos compañeros.
—¡Suerte! —levantó su dedo pulgar para echarse a correr escaleras arriba.
Tomó su ordenador portátil y empezó a estudiar, solo pudo repasar diez minutos y se aburrió cerrando de golpe la pantalla, sus tripas empezaron ese ruido escandaloso, así que tomó su móvil para buscar algún restaurante, varias veces se tentó por llamar a Renée, pero se resistió optando por comida china.
—¿Cariño, cómo estás? —la voz de Esme siempre lo ponía de buen humor.
—Bien, ma. Extrañandoles, ¿Cómo va todo por allá? —Edward miró el reloj de pared eran las veinte horas y Emmett no había regresado, él había estado aburrido, comiendo una horrible e insípida comida china.
—Todo bien, mi vida. ¿Cómo va tu alimentación? —cuestionó Esme.
Se enfrasco en una plática con su madre por una hora donde hablaron de todo un poco, después de despedirse se sintió un poco mejor. Quizás era eso lo que hacía falta hablar más seguido con su madre.
Salió al patio para contemplar el mar y de inmediato echo de menos que no estuviera cierta niña de ojos color marrón, quitó sus chancletas y caminó descalzo por la arena.
Se sentó con sus piernas flexionadas tan sólo para disfrutar el bello sonido de las olas rompiendo en la orilla, era relajante escuchar eso, quizás por eso a Bella le gustaba venir de noche. ¿Por qué no habrá venido esta noche? Y eso fue suficiente para molestarse consigo mismo, pues no entendía porque su nombre siempre salía al tema. Se incorporó sacudiendo la arena de su trasero, miró en todas direcciones, porque qué tal si ella estaba por ahí, después sacudió su cabeza y se volvió a casa dando grandes zancadas.
—Pensé que ya no vivías aquí —dijo irónico al ver a su primo llegar un viernes por la noche.
—Solo vengo a darme una ducha —respondió subiendo las escaleras— No dormiré acá, así que cuídate y no hagas travesuras.
Edward solo puso los ojos en blanco. Ya se lo esperaba. Porque desde que Emmett andaba ilusionado con una compañera de universidad, no había día que estuviera en casa, y si por casualidad lo llegaba a mirar era cuando iba de salida.
Últimamente andaba de un humor insoportable, ni él mismo entendía qué le pasaba, ni siquiera entrenar todos los días lo saciaba, ni siquiera todas las veces que había ido al restaurante de los Swan; entonces supo cuál era su mal, no la había visto, una semana completa sin verla. Sonrió por recordar el día que preguntó por Bella.
—Me alegro que te haya gustado el salmón al ajillo —decía Renée mirando al plato vacío, casi limpio del joven— ¿Gustas algo más?
A tu hija, pensó.
—Tengo ganas de algo dulce, ¿tienes algún mousse o flan? —preguntó mirando a las mesas y no, no estaba ella.
—Zafrina prepara los mejores flanes, traeré una porción para ti. A mi Bella le fascinan, son sus favoritos. —respondió con una sonrisa mientras anotaba en su libreta.
—Oh, si… tu hija. —la voz "fingida" con desinterés, no pasó desapercibida por la joven madre, quien de inmediato lo miró, evaluando su postura. Esa que tenía desde que había llegado, ¿Cómo buscando algo?
—Sí... —llevó el bolígrafo a su boca sin dejar de observarlo—. Mi Bella, es una pena que toda la semana se perderá su ración de postre napolitano.
—¡Ah sí!, ¿Por qué? ¿Está enferma? Acaso está castigada, ¿es eso? —después de ser tan imprudente e entrometido, bajó su mirada cuando Renée entrecerró los ojos, por su repentino interés.
—Tiene tarea en equipo, es un proyecto importante para su calificación. Bella es muy estudiosa y responsable —comentó con una amplia sonrisa— No te preocupes —alargó su mano hasta el hombro del chico, palmeando un poco— Ya la verás la próxima semana.
—Te invitaría, pero no te dejan entrar —la voz de Emmett lo hizo aterrizar, estaba frente al él sonando las llaves de casa.
—¿Eh? ¿dónde? —respondió sin saber de qué trata el tema de Emmett.
—Edward, llevó cinco minutos explicando porque no puedo llevarte conmigo al pub —mencionó exasperado caminando hacia la salida— Olvídalo, te veré hasta el domingo, iré a verte al estadio.
Se dejó caer sobre el pasto sintético de la cancha después de finalizar su debut, por supuesto había anotado un gol y eso era como lava ardiendo recorriendo todas sus terminaciones nerviosas se sentía eufórico.
—¡Felicidades! —un joven rubio de mirada azul le tendió la mano para ayudarlo a incorporarse, Edward sonrió y aceptó— Todos esos gritos son por ti, traes locas a tus admiradoras, aunque seguro no saben nada de fútbol.
—Es solo por la anotación —respondió, mirando anonadado el estadio repleto de hinchas gritando tanto de su equipo como contrario, ambos jóvenes se encaminaron hasta el túnel para llegar a los vestidores entre reflectores que deseaban tener la mejor toma de su jugador estrella.
—¿Quieres venir con nosotros? —Jasper Hale preguntó, era tan alto como Edward, pero lo que llamó su atención fue la alianza en el dedo anular. Que parecía haber dejado petrificado al joven— Haré una barbacoa en mi casa, varios compañeros irán también.
—No lo sé —se despojó de su camisa del equipo para rebuscar en su casillero sus cosas personales—. ¿Jasper, eres casado?
El joven solo se echó a reír por la forma escandalizada en que preguntó.
—Sí, soy felizmente casado desde hace cuatro meses. —Edward no podía ni cerrar la boca por la sorpresa, su compañero se veía muy joven para estar casado—. Te presentaré a mi esposa, estoy seguro se llevarán bien.
—¿Por qué? —fue lo único que mencionó después de que su mandíbula se quedará entrincada—. Es decir, ¿cómo le haces para tener una esposa, si eres muy joven? ¿Y qué pasa con el fútbol?
—¿Eso qué? —Jasper encogió sus hombros— Alice es lo más importante para mi, el fútbol también me apasiona. Pero nunca lo pondría por encima de ella, soy afortunado en tener el amor de mi esposa y tener un trabajo… en el cual me pagan por divertirme.
—Yo soy feliz jugando en una cancha, no he encontrado nada más importante que eso —aseguró convincente— Sueño con ser seleccionado nacional y también jugar en Europa.
—Mucha suerte… —el rubio chocó su puño con él, al tiempo que sonreía con sinceridad— Aunque eres muy joven, no puedes saber lo que vendrá después. Yo también pensaba como tú, después llegó Alice y toda mi retrospectiva cambió.
—¿Por qué casarse tan joven?
—Ella estudia la universidad, ambos tenemos veintiún años. Fue amor lo que nos orillo a tomar la decisión de casarnos, es que no entenderías si nunca te has enamorado, solo te digo que el amor te hace cometer locuras y unas muy buenas. —Lo escuchó musitar.
Edward se quedó allí asimilando las palabras de su compañero, tal vez Emmett tiene razón en decir que necesita vivir cosas de su edad, meditó por más tiempo tras la ducha y después en los vestidores. Algo dentro de él lo incitaba a salir a darse la oportunidad de tener amigos, quizás la vida en solitario que había llevado todos estos años le estaba afectando en su persona, sí eso debía ser por eso le costaba tanto socializar.
—Edward, te estaba buscando —dijo Emmett caminando tras de él, Edward se volteó para esperarlo y se sorprendió al ver una escultural rubia de la mano de su primo—. ¿Dónde diablos te metes?
—No pensé que estuvieras aquí —el chico puso atención en el gran parecido de la acompañante con su compañero Jasper— Un compañero me invitó a una fiesta o algo así.
—¿Y piensas ir? —la incredulidad de su primo lo hizo entornar los ojos— Quiero que conozcas a Rosalie, es mi novia.
—Los planes se cancelaron… —un Jasper presuroso con su mochila en hombros de la mano de una chica de cabello color negro y risueña llegaron hasta ellos— Cada quién se fueron con sus familias, así que no hay de otra que buscar un restaurante.
—Hola, soy Alice Hale. —se presentó la chica con una amplia sonrisa, el joven la saludo de igual manera—. Eres un niño, muy alto pero niño.
—Yo conozco un restaurante muy bueno, ¿verdad Edward? —su primo intervino llevando un brazo sobre los hombros del cobrizo y el brazo libre sujetando la cintura de su hermosa novia, guiandoles a la salida.
—¿Ustedes se conocen? —cuestionó el chico sacándose del brazo de su primo.
—Estamos juntos en la universidad —intervino la rubia llamada Rosalie— además Jasper es mi hermano mellizo.
Bueno eso aclaraba el parecido y sobretodo la confianza de los cuatro, así que decidieron comer y no había otro lugar mejor que en el paraíso seafood.
Se sentía nervioso, aunque estaba disimulando muy bien supo que Emmett se percató de su estado, cuando entró en el lugar la razón por quien su corazón se acelera cada que la veía. Bella había entrado con un hermoso vestido amarillo de tiritas, su cabello castaño traía un medio recogido haciendo lucir sus rulos en las puntas, pero sin duda lo mejor fue cuando sus miradas se encontraron después de tanto tiempo.
No podía continuar negando lo que sentía, ella le gustaba y mucho. ¿Y qué tal si Bella sentía lo mismo? ¿Y qué si no? La miró caminar enfrente de su mesa, y en ningún momento quitó su vista de ella, al contrario no quería seguir escondiendo sus emociones.
Las miradas entre los dos continuaron por el resto de la tarde, hasta que la joven salió al aparcadero y Edward supo que era su oportunidad para hablar con ella. Bajo las miradas de estupor de sus acompañantes de los que ni siquiera puso atención a la charla que mantuvieron, salió tras la chica.
—Bella, espera —la joven se congeló en su sitio, todavía sin encontrar el valor para girarse a él— ¿Cómo has estado?
—Bien… y tú —musitó con sus mejillas sonrojadas. Edward llegó hasta ella para quedar de frente.
—Justo en este momento estoy perfecto —ella irguió su rostro para mirarlo— ¿Quieres caminar conmigo? Pensé que quizás te gustaría ir a la playa, ¿Qué dices?
Asintió con timidez.
Así caminaron hasta cruzar la gran avenida que separa el restaurante del vecindario donde habitan los adinerados, el silencio se prolongó un poco más de lo que debería haciendo sudar las manos del chico, quien no encontraba la manera de romper ese sosiego.
—Felicidades por el gol que anotaste —se sorprendió al escuchar la suave voz de Bella.
—¿Fuiste al estadio? —inquirió.
—Sí. —respondió divertida— Los Weber me invitaron. Son los padres de mi mejor amiga, les encanta ese deporte.
—¿Te gusta el soccer, también? —ambos quitaron su calzado cuando llegaron hasta la arena, el sol estaba por ocultarse. Así que no era problema caminar sobre ella.
—No entiendo mucho —balbuceó con su cabeza inclinada— Mi padre solo mira baseball, aunque mi madre parece que ahora prefiere el soccer.
—Yo puedo enseñarte, ¿solo dime que no entiendes?
—Solo entiendo cuando es un gol —levantó su rostro para verlo y eso fue lo único que necesito para perderse en su mirada.
Edward se echó a reír para romper esa burbuja que sentía con ella, aunque también lo hizo por su sinceridad al tener conocimiento nulo acerca de fútbol.
Se tumbaron en la arena hablando de sus aficiones, que no eran otras que contemplar el mar, la luna y jugar fútbol. El tiempo pasó entre anécdotas, risas, y reprensiones. Una por salirse a altas horas de la noche sin permiso y otro por no estudiar.
—Qué te parece si yo te enseño a jugar soccer y tú me ayudas a estudiar, ¿aceptas? —la oscuridad los había sorprendido, aún en la playa, los dos jóvenes se incorporaron sin ningún ánimo de despedirse.
—Trato. —el contacto de sus manos fue inevitable cuando sellaron su pacto.
A partir de ese momento el humor de Edward mejoró como por arte de magia, sus días eran más ligeros aunque practicará a diario, su cuerpo se sentía liviano algo así como si flotara, su sonrisa se quedó permanente en su rostro y empezaba a sentir un calor extraño en su pecho.
Las tardes se fueron haciendo cortas entre risas por no entender las reglas del juego y los zapes en la cabeza de Edward no se hicieron esperar por nunca entender nada de biología, ni de ninguna otra materia.
—No, no, así no es —decía Bella acuclillada mirando los borrones de la libreta de su amigo, llevaba toda la tarde explicándole formulas de calculo, la casa de la castaña era el sitio perfecto para estudiar. Porque sus padres no estaban y el silencio era lo que Edward necesitaba para concentrarse.
—Yo no sirvo para esto —bufó fastidiado tumbandose de espaldas sobre el piso— además tengo hambre.
—Vamos, Edward. —tiró de sus manos, logrando que él tirará con más fuerza haciéndola caer encima.
Este era el momento perfecto, ese que llevaba esperando desde hace un mes, llevó una mano a su cintura y la otra se fue a su bello rostro, sintió su respiración acelerarse y solo bastó levantar un poco su cabeza para alcanzar sus suaves labios. Sintió como ella se tensó en sus brazos pero al poco tiempo respondió con timidez, era un beso tierno, limpio, el primero de ambos. Cuando se separaron los dos estaban con sus rostros enrojecidos.
Bella se incorporó con rapidez acomodando su vestido y quitando sus cabellos de la cara, Edward hizo lo mismo, pero nunca la dejó de ver, haciendo que ella no levantará su vista.
—Me gustas... —confesó, acercándose a ella para tomar su mentón y hacer que lo mirara— me gustas mucho.
—También me gustas —la escuchó decir en voz baja.
Se inclinó lenta y concienzudamente hacia ella para volver a sentir sus labios calentitos, movió los suyos con más avidez sobre los de Bella, también colocó sus manos en su estrecha cintura acercandola a su cuerpo, mientras ella se aferraba a sus bíceps y de puntillas para estar más cómodos. El beso cobró intensidad, al grado de acariciar la delgada espalda casi con desespero al tiempo que las manos de ella acariciaban el pelo cobrizo de la nuca, logrando erizar su piel. A falta de oxígeno rompieron el beso y pudo notar los labios de su chica un poco hinchados, de inmediato sonrió complacido, emocionado y la envolvió en sus brazos sintiéndose el más afortunado.
Gracias por sus alertas, favoritos y por alentarme con sus reviews.
Gracias por leer.
