Disclaimer: los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Llévate la luna
Chapter 5
—Por qué no vas a buscarla —sugirió Emmett, centrado en la computadora portátil mirando de reojo a Edward quien no dejaba de mirar el móvil— Digo, eres el novio, ¿no?
—No quiero verme como un "novio asfixiante" —hizo comillas en el aire resaltando las palabras mientras continuaba tumbado en el sofá—. Además, es noche debe estar cenando o tal vez durmiendo.
—Entonces envíale un mensaje de texto, no veo lo malo en desear bonita noche.
—¿Por qué no saliste con Rosalie? —indago el cobrizo, intentando hablar de otra cosa que no fuera Bella—. Es raro verte aquí.
Emmett levantó las cejas mirando por encima de la pantalla casi rodando los ojos.
—Ambos tenemos demasiados pendientes. Por cierto este fin de semana iremos a Forks, ¿vendrás con nosotros?
—No creo, me toca jugar.
—Bien. Entonces compórtate como buen chico —el grandote movió ambas cejas a la vez que esbozaba una sonrisa— Te compre esto.
Le lanzó una pequeña caja color negro que cayó en el estómago del cobrizo, la tomó con curiosidad y al leer lo que era, se la regresó con mayor velocidad rebotando en la cabeza de Emmett que solo se estremeció por las carcajadas que no pudo contener.
Esa noche no podía dormir se acomodó sobre su costado izquierdo abrazado de una almohada, después probó sobre su otro costado, rodó boca abajo enterrando el rostro por completo sobre el suave almohadón cuando sintió que sus pulmones necesitaban de oxígeno irguió un poco la cabeza resopló con incomodidad, por último se tumbó de espaldas mirando el techo como si fuese lo más interesante se frotó el rostro con ambas manos y entonces no comprendía qué diablos lo tenía inquieto, solo sentía una extraña necesidad de saber que había hecho Bella hoy, ¿por qué no le envió ningún texto? Una ligera sonrisa apareció cuando empezó a recordar algunos momentos con ella.
—Me gusta tu cabello —con su mano despeinó el pelo de Isabella, ella sólo lo miró con sus ojos entrecerrados por la molesta resolana—. Tiene reflejos rojizos bajo el sol.
—Me agrada que te guste, también me gusta el tuyo. —ella alargó su brazo para tocar el pelo de Edward, haciendo que él se inclinara un poco para que lo tocara—. Mm es muy suave. Sin embargo lo que más me gusta de ti… son tus ojos.
Envolvió la estrecha cintura con sus brazos levantando su menudo cuerpo sin mucho esfuerzo para tenerla a su altura, ella se sobresaltó abriendo mucho sus ojos marrones aunque después de unos segundos se permitió envolver las caderas del cobrizo con sus piernas y ese pequeño roce los hizo fundirse en un suave beso que al pasar de los minutos no era tan suave sino una necesidad de explorar mucho más, Bella sujetaba con sus pequeñas manos el rostro de él mientras Edward estaba casi arañando la espalda de ella con una impaciencia de desaparecer la prenda.
Tiro del edredón cubriendo su cara cuando se escuchó respirando de forma agitada, pensar tanto en los besos con Bella se estaba convirtiendo en su pasatiempo favorito.
…
Tumbado sobre el pasto sintético con el pelo adherido a su frente por el sudor, sus mejillas sonrojadas al tiempo que mantenía los ojos cerrados, tenía las piernas flexionadas con los manos sobre su estómago. Estaba completamente agotado, hoy no había sido un día bueno, el coach le había llamado varias veces la atención por no concentrarse. Es que solo no podía hacerlo cuando Isabella era la causante de este malestar, en la mañana le había enviado un texto que no pasaría por ella porque tenía que estar en el estadio y ella sólo había respondido con un "bien" y eso lo desencajó, empezó a hacerle miles de posibles escenarios: 1. Indiferencia, 2. Algo ocultaba, 3. Lo iba a terminar.
Sumido en sus nuevas preocupaciones, divago un poco más; su dulzura era sin duda lo más llamativo para él, aunque también estaba su alegría si eso también le agradaba, sobre todo cuando sus sonrisas eran para él, y por qué no aceptar que su físico lo tentaba demasiado, no sólo su bello e inocente rostro sino su cuerpo que aunque esbelto era muy tentador, y no hace mucho había descubierto que esas faldas que ella acostumbraba usar serian su tormento personal.
— Cullen, necesito hablar contigo. —la voz recia de Phil lo sacó de sus divagaciones, estaba erguido frente al él con el entrecejo fruncido, las manos en la cintura y una pierna ligeramente flexionada, notó su malestar por cómo entrecerró los ojos mandandole una fría mirada.
— ¿Qué pasa, Phil? —expresó un poco cohibido incorporándose de inmediato.
— Eso mismo me pregunto, ¿Qué pasa contigo? —espetó molesto— Desde hace días estás abstraído en tus pensamientos, también he sido comunicado que no has hecho los exámenes correspondientes para tu bimestre , ¿Sabes lo que eso significa?
Edward solo inclinó su cabeza avergonzado por fallar en su primer compromiso que le debía a su entrenador aunque también sintió una opresión en el pecho cuando comprendió el significado. Phil le había advertido que para estar en el equipo necesitaba terminar la escuela secundaria como mínimo y al paso que iba nunca lo haría.
— Lo siento. —susurro mirando el suelo— Te prometo…
— No, no quiero promesas —interrumpió—, Necesito hechos. Edward eres muy joven, tienes que tener en mente otros planes, debes tener más opciones por si una cosa no funciona tendrás un segundo plan. —exhaló, llevando su mano al hombro de Edward— Tienes potencial y lo sabes, entonces exígete más para llegar hasta donde ni siquiera lo has imaginado. No me refiero solo al soccer sino a una profesión académica, piénsalo.
— Por cierto... este fin de semana —agregó Phil— no jugarás, hasta que apruebes los exámenes y quiero las mejores notas.
Palmeo la espalda de Edward, éste no pudo articular palabra tan sólo se quedó boqueando sin poder procesar la información que el coach le había dicho.
…
Frustrado era poco, estaba encabronado hasta un punto que no quiso ir por Bella a la hora de salida, tampoco respondió a los mensajes de ella, ni de Emmett. Las hojas con apuntes que debía estudiar se encontraban esparcidas por todo lo ancho de su cama, él estaba sentado en el piso con sus codos apoyados sobre sus rodillas mientras tiraba de su pelo con sus dedos, mientras la laptop permanecía apagada y sin ninguna intención de ser usada por unas horas más incluso tenía unas inmensas ganas de patearla sería fácil ya que yacía en el suelo justo enfrente de sus pies.
No podía creer que Phil le hiciera eso, ¿qué mierda tenía que ver su nivel académico con que él prefiriera jugar? Podía comprender que algunos compañeros estudiaban y lo respetaba pero, él no soñaba con ser un gran licenciado o arquitecto, sus sueños eran otros. Entonces también quería ser respetado, ¿por qué era tan difícil de aceptar?
Miro hacia la ventana para cerciorarse que la claridad ya se había ido desde hace horas, eran las mismas que llevaba molesto sin tomarse ni un solo minuto para estudiar. Cuando el timbre lo sobresaltó, salió corriendo entre pataletas y chasquidos por quién se atreviera a irrumpir su momento infantil. El mismo que se esfumó cuando abrió la puerta y miró la sonrisa genuina de Isabella.
— Hola, ¿cómo estás? —pronunció la chica con esa voz pacífica, haciéndose paso entre él y la puerta para entrar a la casa—. ¿Edward, qué tienes? —inquirió asustada cuando el cobrizo azote la puerta con enfado.
— Nada —encogió los hombros caminando tras ella—, ¿viniste sola?
La chica solo lo miro con ambas cejas alzadas por la pregunta obvia.
— Quería verte. —declaro— Te he extrañado… mucho.
Y de nuevo como venía sucediendo desde hace tiempo Bella lo desarmó, se encontró con ella envuelta en sus brazos al tiempo que apoyaba su mentón en la cabeza de su chica. Se sentía bien, Bella le daba esa tranquilidad que tanto necesitaba.
— También me has hecho falta. —confesó, besando su coronilla mientras ella reía.
— ¿Quieres contarme qué pasa? —los delgados dedos de Bella rozaron la comisura de los labios de él haciéndolo estremecer.
Dio un hondo suspiro antes de asentir.
Se sentaron en el cómodo sofá mientras Bella escuchaba atenta el relato que el cobrizo daba, después de horas de explicaciones de pros y contras. Edward ya no estaba tan desanimado aunque seguía manteniendo su idea férrea, ¿Qué caso tiene estudiar?
— Está bien, acepto que seas mi tutora pero que conste que solo lo hago por ti.
— Siempre inicia las cosas por ti —sujetó su rostro con ambas manos— Confía en ti, estoy segura que lograrás todo lo que te propongas.
— ¿Me tendrás paciencia? Promételo, nada de golpes en mi cabeza —cuestionó frotando su nunca fingiendo miedo.
Ella sólo negó divertida.
— Tengo algo para ti. —Bella se inclinó un poco rebuscando en su crossbag una pulsera de cuero negro con un dije en forma de media luna que puso con avidez en la muñeca izquierda del cobrizo—. Es para que me recuerdes cuando no estemos juntos.
Edward miró con detenimiento la pequeña luna de plata que ahora adornaba su muñeca, recorrió con su dedo índice el metal, le pareció un hermoso detalle a la vez que se avergonzaba por no haber pensado en algo para ella. Despacio alargó su mano buscando su tacto sujetó con suavidad sus manos percibiendo una pulsera igual que la de él en la muñeca derecha haciéndolo sonreír cuando miro el dije en forma de balón.
— No necesito un balón para recordarte —musitó, apresando su labio inferior—. Sólo que me pareció algo muy representativo.
— Isabella, gracias. —besó sus labios—, Te estás convirtiendo en alguien muy importante para mi.
Se fundieron en un nuevo abrazo donde aspiró ese exquisito olor a fresa del cabello de Bella a la vez que enredaba un mechón de ella en su dedo, era tan suave y luminoso su pelo que podía pasar horas jugando con el.
…
Edward frunció los labios cuando escuchó el timbre miró hacia el buró eran las ocho de la mañana, volvió a cubrirse el rostro con las mantas ignorando el molesto ruido.
— ¡Bella! —se escuchó decir, incorporándose con rapidez llevándose entre los pies las sábanas. Bajo saltando los escalones, tropezando con la esquina del sofá golpeando su dedo chiquito del pie, soltó un fuerte grito junto a todas las malas palabras que conocía, hasta llegar al umbral de la puerta donde continuaba frotando su dedo.
Abrió la puerta para admirar la belleza matutina de su chica, ella estaba allí con su cabello recogido en una coleta donde sobresalen varios mechones sueltos, ahora lucía una cómoda blusa azul de tirantes insinuando su frágil cuerpo con una falda de mezclilla que llegaba justo a esos muslos que robaban su aliento con sus inseparables converse. Puso atención para notar su rubor excesivo cubriendo por completo su rostro mientras apretaba sus rosados labios era como si estuviera conteniendo su risa.
Entonces bajó su vista sobre su propio cuerpo mirando sus pies descalzos, siguiendo por sus piernas desnudas hasta llegar al bóxer negro que era lo único que vestía, cerró sus párpados, imaginando que eso no estaba ocurriendo también deseaba azotar la puerta sólo que sería descortés hacerle esa grosería a su novia.
Trago saliva ruidosamente, todavía debatiéndose en salir corriendo o invitarla a entrar.
— Me quedé dormido… iré a darme una ducha —balbuceó, girando sobre sus talones escuchando a sus espaldas una fuerte carcajada por parte de Bella.
Después de quince minutos sabía que tenía que enfrentar a Bella el momento embarazoso no podía atentar contra su autoestima.
— Estaba a punto de subir a buscarte, pensé que te habías transformado en renacuajo y te habías ido por la coladera. —expresó la chica desde la cocina, el olor inconfundible del tocino alertó a su estómago quien rugió como león a falta de alimento—. Te prepare el desayuno.
Le hizo un gesto para que se acercará a la encimera donde estaban servidos dos platos con huevos revueltos y tocino, también estaba otro plato con tostadas y dos vasos servidos con zumo de naranja.
— Bella, no era necesario. Estoy acostumbrado a desayunar cereal con yogurt. —miró la cara de desilusión de su novia y antes de que pensara lo que no era agregó—. Huele delicioso, gracias por consentirme si sigues así no te dejaré ir.
— Siento que me vieras semidesnudo —agregó, regocijándose con el carmesí de sus mejillas. A estas alturas ya no se sentía avergonzado, no era por ser pretencioso pero su cuerpo no estaba tan mal, aparte le agradaba la parte de molestar a Bella.
— No estás nada mal, de hecho estás muy, muy bien. —la escuchó musitar, al tiempo que sacudía la cabeza de un lado a otro—. Es mejor que terminemos pronto para iniciar con las lecciones.
Vaya, esto sí era nuevo la tímida Bella halagando su cuerpo eso le sorprendió, no en realidad le satisfacía saber ese punto.
— ¿Qué has hecho? —preguntó casual, dando una mordida a su tostada—, ¿terminaron su proyecto en equipo?
— ¡Ajá! —llevó su mano a la boca—, ese día terminamos muy noche. Fue el mismo día que un tipo estuvo a punto de arrollarme con su coche.
— ¿¡Qué¡? —exclamó el cobrizo, volviéndose a ella para escudriñar su cuerpo—. ¿Cómo fue? ¿Estás bien, te duele algo?
— Estoy bien. —confirmó riendo— solo fue un susto, fue mi culpa, cruce la calle sin mirar entonces solo escuché el chirrido de llantas cuando el auto se detuvo frente a mi. El tipo se puso furioso por atravesarme en su camino, aunque después se disculpó llevándome a casa, por eso no pude llamarte. Jacob se quedó en casa hasta que llegaron mis padres y les explicó lo ocurrido.
— ¿Jacob? —inquirió Edward con una ceja arqueada.
— Así se llama. —dio un nuevo bocado, volviendo a cubrir su boca— Es un tipo fanfarrón y muy chistoso. ¿Creerás que sigue disculpándose conmigo? Ya le advertí que otro arreglo más y me pondré a venderlos en la acera de mi casa.
En ese momento sintió una molestia en su interior, algo extraño que se extendía por su cuerpo, era como si le estuviesen inyectando furia dentro de sus venas. Celos era la palabra exacta, estaba celoso por estar escuchando a su novia hablar de otro. Fueron los nuevos sentimientos que lo obligaron a querer saber todo de ese tipo.
— ¿Cuántos años tiene Jacob?
— Veintitrés. Estudia comunicación y trabaja en una cadena televisiva.
Escuchar a Bella hablar como si nada de ese tipo, le dejaba un poco más tranquilo, seguro solo deseaba quedar bien para no meterse en líos por casi arrollarla. Los regalos a los que ella se refería eran parte de su conciencia. En unos días más nadie volverá a recordar el nombre de Jacob.
Sorry! me estoy tardando mucho en actualizar la historia, lamento por hacerlas esperar. Les prometo que en cuanto me sea posible les daré varios capítulos seguidos.
Vanesa, no dejaste tu nombre pero sé que eres tú. Muchas gracias por siempre estar conmigo, nunca me olvido de tus graciosos reviews que me dejabas en el otro fic. gracias por tu apoyo!
Debi Campos, muchísimas gracias por tus palabras.
Jane, MsMonik, Diannita Robles, PV, chimoltrufia69, Carol. gracias chicas!
Un beso.
