Disclaimer: los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Llévate la luna

Chapter 6

Las arduas clases particulares para su novio no iban muy avanzadas, incluso se estaba cuestionando seriamente si algún día empezaron, porque el pasar de los días transformados en semanas estaban por convertirse en meses y no recordaba por mas que intentara forzar a su memoria no podía evocar ningún día haber abierto siquiera la portátil.

Abrió los ojos acalorada contemplando la penumbra del pequeño salón de su casa, con Edward encima de ella muy entretenido en la curvatura de su cuello; succionando, besando, mientras sentía como vagaban las manos de él por sus muslos. Cada vez se dejaban llevar más y más. Aunque ya hubieran tenido varios roces, todavía no se sentía preparada para pasar al siguiente nivel, y sentir a Edward tan entusiasmado le causaba cierto malestar por no querer acceder a sus caricias.

— Edward, debemos estudiar. —susurró agónica, mientras su novio empezaba a besar su escote.

— No quiero. —murmuró sin detener su faena.

— Ya oscureció, quizá no tardan en llegar mis papás. —Esas parecían ser las palabras mágicas, cada que nombraba a sus padres Edward se tensaba retirándose de ella.

Lo primero que hizo al incorporarse, fue encender las lámparas de la estancia, se acomodó el cabello con sus dedos tratando de verse un poco presentable, también acomodó su ropa bajando un poco más la falda y recomponiendo su blusa. Miró con disimulo a Edward quien hacía lo mismo que ella, a sus ojos lucía adorable con sus mejillas encendidas y pelo alborotado.

— Será mejor que me vaya, mañana tengo entrenamiento a primera hora. —Edward se acercó hasta ella dejando un beso en su frente—. Pasare por ti en la noche.

Se abrazó a su cintura escondiendo su rostro en el torso de su novio.

— Te quiero. —escuchó susurrar al chico. Era la primera vez que le decía que la quería y ella tenía unas ganas de gritar de felicidad. Sin embargo, no lo hizo, solo se aferró más fuerte a él como si su vida dependiera de ese abrazo—. Buenas noches.

Se paró en el umbral de su casa, viéndolo partir hacia su coche, se quedó allí, mirando como Edward le lanzaba un beso al aire, agitando su mano despidiéndose de ella. Cerró la puerta dando un hondo suspiro, tratando de concentrarse para terminar unas tareas pendientes, corrió hasta su habitación tumbandose en la cama sacó su libreta de apuntes y comenzó a leer, con lápiz en mano empezó a deslizar por la hoja de papel haciendo uno que otro borrón. No había pasado mucho tiempo que se había concentrado por completo en la tarea de álgebra cuando escuchó el sonido de su ventana, no hacía falta mirar en la dirección porque sabía que era su mejor amiga, a la cual tenía un poco olvidada.

— ¿Ya pasó? —chilló Angela—, dime que por fin pasó, ¿Qué se siente?

Bella rodó los ojos a la vez que negaba todavía conteniendo la carcajada que le provocaba ver a su amiga deslizarse por el alféizar golpeando su cabeza con la parte superior de la ventana mientras con sus piernas se impulsaba para entrar de un brinco. Cuando lo logró se dejó caer sobre la cama con tanto impulso que provocó que Bella se tambaleara un poco sosteniéndose del respaldo de su cama.

— Habla —animó Angela—, por tu sonrisa voy a pensar que siguen practicando sin llegar a penales.

— ¡Eres una pervertida! —golpeó con el peluche que tenía en sus manos el hombro de su amiga— No hemos hecho nada… aún.

— Que raro, estuvieron muchas horas a solas y con la luz apagada. —entrecerró los ojos intuyendo algo más.

— Eso no tiene nada que ver, hemos estado solos aquí, en su casa y no ha pasado de solo besos…. ¡Un momento! ¿Nos estás espiando?

— ¿Quién crees que te echará aguas si tus padres llegan? Obvio, yo. —quitó sus gafas limpiando los vidrios con su blusa— Vendrán a mi cumpleaños, ¿cierto?

— Por supuesto. —se abalanzó a su amiga dándole un fuerte abrazo, se sentía contenta por muchas razones y una de ellas, era tenerla en su vida.

Se pusieron al corriente con viejas charlas, también hablaron de tareas y clases.

Se miró de todos los ángulos y seguía sin estar convencida de llevar ese vestido azul era muy revelador, lo straples no le convencía mucho aunque el vuelo de la falda le agradaba más, tenía un corte vaporoso hasta las rodillas combinado con esas zapatillas color negro de tacón alto que la hacía lucir más alta. Miró su semblante en el espejo y le gustaba el suave maquillaje que Ang aplicó en ella no era ni menos ni más, solo lo exacto para ella, su cabello suelto con sus hondas fijas siempre natural. Sin embargo ella sólo deseaba gustarle a él.

— Edward, acaba de llegar. —anuncio Renee detrás de la puerta de su habitación.

— En un momento salgo. —gritó Isabella, sin dejar de mirarse en el espejo.

— ¡Estás hermosa! —exclamó su madre con gesto emocionado cuando la miro de cuerpo entero. Se acercó hasta la chica para tomar su mano y hacerla girar con suavidad—. ¿Pasarán el evento por televisión? Dime que sí.

— No lo sé, mamá. Edward solo me dijo que es una entrega de galardones para deportistas. —encogió sus hombros—, me imagino que lo transmitirán diferido, esa clase de premios así son.

La señora Swan hizo un mohín.

Isabella estaba en el umbral esperando que su madre saliera para cerrar su dormitorio, cuando miro que Renee cerró la puerta por ella dejándolas dentro de la recámara.

— ¿Pasa algo, mamá?

— Quiero pedirte que seas precavida, y se cuiden bien. —advirtió con nerviosismo.

— Claro, Edward no consume alcohol es menor de edad.

— No me refiero a eso, lo digo por otras cosas que tú sabes bien. Ya sabes los embarazos no deseados —la joven enrojeció a la escala más alta, mirando sus zapatos como si fuesen lo más interesante. Antes de que su madre pusiera en alto su barbilla—. Yo también fui joven y tuve novios con manos de pulpo como Edward.

Bella la miró con horror, ¿cómo podría saber sobre eso? Edward era muy cuidadoso de no exponer marcas al menos no que se vieran a simple vista. Sintió su corazón retumbar con rapidez en sus oídos al mismo tiempo que se le ocurrió mirar de nuevo su escote no fuera que estuviera exhibiendo la última marca de su novio, esa que le hizo entre sus senos. Pero no, al menos no se veía.

— Bella, quiero que prometas que serás responsable. De ese modo me sentiré mejor.

— Mamá… yo. —murmuró la joven.

— Sé que va a ocurrir, sino es hoy, será otro día. No te estoy diciendo que me lo cuentes cuando ocurra, pero al menos quiero estar convencida de que eres consciente de las consecuencias si no se protegen. —suspiró resignada— Sí necesitas que te lleve al ginecólogo me sentiría mucho mejor.

La joven se sostuvo de la puerta estaba segura que si no lo hacía caería de bruces en cualquier momento, su madre era demasiado permisiva. Una mamá normal estaría dando un sermón de advertencia sobre perder la virginidad, o casi amenazando con poner candado de castidad para salvaguardar la pureza, sin embargo aquí estaba Renee diciéndole que si quería ella la llevaba a la clínica para iniciar algún método anticonceptivo.

— Prometo que no te fallaré. —su voz sonó convincente, dando un ligero apretón a las manos de su madre quien solo le sonrió con ternura.

Ambas caminaron intercambiando palabras sobre el evento al que Bella y Edward irían esta misma noche. Al llegar a la estancia Edward se puso de pie junto a Charlie y eso fue suficiente para hacer a la joven ruborizarse por el detallado escrutinio de su novio, al parecer el adolescente no era consciente que su suegro lo miraba ceñudo, mientras él solo podía mantener su mirada sobre la exquisita figura de su hija, hasta que se oyó un exagerado carraspeo.

— Hermosa mi niña —Charlie extendió los brazos haciendo a su hija arrojarse a ellos. La abrazó con fuerza besando su pelo, en un gesto para dejar claro que era la princesa de él—. Sólo por esta noche la hora de llegada es a la una, no más. Y no hay pretextos de ningún tipo.

Esas últimas palabras fueron dirigidas a Edward, que de inmediato asintió con sus manos en los bolsillos.

— La cuidaré con mi vida señor Swan. —respondió con seguridad, extendiendo su mano hasta Bella para tomarla de forma delicada.

Antes de salir estuvieron posando para la cámara de Renee donde Charlie no dejaba de mirar las manos de Edward las cuales se mantuvieron muy tranquilas solo en la cintura de la joven.

— Estás hermosa —susurró él mientras se aproximaban al auto.

— Tú estás muy guapo esta noche, mucho más que otros días —y sí lo estaba llevaba traje negro lo hacía verse muy apetecible demasiado guapo para su propio bien.

Miró al joven sonreir mientras daba marcha al automóvil, hoy se celebra una ceremonia para reconocer a los deportistas sobresalientes del año. Edward le había pedido que lo acompañará, al principio se opuso alegando no estar a la altura de esas fiestas pero después de verlo con su rostro cabizbajo no tuvo opción para rehusarse. Si bien ambos sabían a lo que se enfrentarían después de esta noche cuando por fin quedara revelada la identidad de la chica castaña que había robado el corazón del futbolista, se habían prometido hacer a un lado todo tipo de comentarios que provengan de la prensa. ¡Diablos! Si estaba asustada; más bien aterrada por enfrentarse a los micrófonos, reflectores y todo eso que era tan ajeno a su vida. Sin embargo, estaba convencida de que era realmente lo que deseaba hacer, ella quería apoyar a Edward en cada momento importante de su carrera, entonces este era la oportunidad ideal de empezar a hacerlo.

Suspiró cuando sintió que Edward entrelazo sus dedos con los de ella, miró sus manos unidas puestas sobre el muslo de él, esto era real, Edward se estaba convirtiendo en parte importante de su vida. No tenía idea cuánto iba a durar, porque él solo estaría tres años en la ciudad, después no sabía qué rumbo tomarán sus vidas porque ella también tenía sus propios planes… sacudió la cabeza quitando toda negatividad que pasara por su mente, sonrió de nuevo a la vez que daba un ligero apretón a los dedos de su novio. Ella no iba a preocuparse por el futuro, no ahora, tan solo viviría con todo su amor el presente. Ese bello presente que era Edward.

— ¿Estás lista? —el chico tendió su mano para ayudarla a descender del coche.

Su vista se perdió entre toda esa gente que murmuraba con micrófono en mano, tragó saliva sintiéndose aterrada y con unas inmensas ganas de salir corriendo. Cerró sus párpados dando un hondo suspiro aceptó la mano de Edward, él la tomó con suavidad siempre brindándole una sonrisa torcida, esa sonrisa que lograba deslumbrar a ella.

Caminaron con lentitud por una alfombra color púrpura posando para todas las diferentes cámaras que les pedían hacerlo, sentía su corazón palpitar a toda velocidad aunque tener las manos de Edward siempre en su cintura le daba cierta tranquilidad. No fue tan mal, todos deseaban saber quién era ella y su novio se sinceró con la prensa eso, pareció calmar la curiosidad al menos por esta noche.

— Quedaron encantados por ti. —expresó Edward en tono presumido, atrayéndola más cerca de su cuerpo—. Aunque ellos no tienen la suerte que yo tengo de tenerte solo para mí.

Sonrió por las palabras mencionadas escondiendo su rostro en el pecho de él para así evitar seguir mirando a un par de periodistas que no apartan su vista de ellos. Se adentraron en el teatro tomando cada quien sus lugares que eran muchas filas atrás así que eso la relajó un poco más, miró en todas direcciones buscando alguna cara famosa, sin embargo no logro distinguir a nadie al menos conocido. La ceremonia transcurrió entre aplausos y agradecimientos por parte de los ganadores; lo que la hizo replantearse que quizá muy pronto sería el turno de Edward, hoy había sido solo un tipo de ensayo de lo que realmente será su vida de hoy en adelante, y se convenció haberle gustado mucho, sobre todo de que estando junto a él eso era lo único seguro que le esperaba.

— Me alegro que hayas venido, Edward. —un señor con rostro enrojecido y pelo rubio, vestido en traje negro les saludo muy amable, sonriendo de manera tierna cuando tomó su mano—. Phil Dwyer, entrenador de su novio.

— Bella Swan —ella aceptó el saludo con nerviosismo—, he escuchado mucho hablar de usted.

El hombre enarcó una ceja mirando a Edward llevando su mano al hombro del chico para sonreír de nuevo hacia Bella.

— Espero que solo diga cosas buenas —le dio un guiño—, disfruten la noche chicos.

— Es un hombre de pocas palabras, pero es muy buena persona —expresó Edward cuando Phil se alejó de ellos saludando a cuanta persona se cruzaba en su camino.

— Emana muy buena vibra. —mencionó ella.

— ¿Nos vamos? —cuestionó el joven acercándose a Bella dejando un beso en su frente. Logrando que ella se abrazara a su cintura masculina escondiendo su rostro en él para asentir.

— ¿Bella? —esa voz grave la reconocería en cualquier lugar. La chica irguió la cabeza saliendo del protector abrazo de su novio, encontrándose con ese joven fanfarrón y fortachon.

— Jacob, ¿qué haces aquí?

— Estoy cubriendo el evento. —Mostró su carné un tanto pretencioso y con esa sonrisa arrogante—. Estás hermosa.

Sujetó la mano de ella haciéndola girar para él, mientras silbaba por lo bajo.

— Estás irreconocible, no puedo creer que seas tú. Es que así no pareces una niña —parecía no querer soltar su agarre de ella, lo supo por la fuerza con que sujetaba su mano—. Estás hecha toda una mujer, hermosa.

— Él es Edward Cullen, mi novio. —lo presentó de una manera dejando claro que no estaba sola. Un tanto también lo hizo para ignorar los cumplidos que Jacob le dio.

El rostro del moreno pareció palidecer cuando miro cómo el joven afianzó sus manos en la cintura de ella recomponiendose de inmediato con una sonrisa.

— Eres el novato, Cullen, ¿cierto? —mencionó Jacob.

— Tú eres el reportero que hizo se finalizara la conferencia de prensa porque no dejabas de interrumpir —aclaró Edward. Bajo la mirada sorprendida de Bella.

— Soy periodista deportivo hago mi trabajo, que tu coach no sea tolerante con la prensa. No es mi problema —la voz ruda de Jacob la puso en alerta que ellos no se caían en gracia.

— No, ustedes no hacen su trabajo, solo tergiversan todo lo que pueden. —rebatió Edward en el mismo tono.

— Vámonos. —Bella tiró de la mano de Edward con un poco más de fuerza porque el chico no deseaba hacerlo—. Hasta luego, Jacob.

El moreno solo le brindó una enorme sonrisa a ella y justo cuando caminaban a su espalda pudo escuchar un "adiós niño".

Edward soltó su mano cuando se encaminaron a la salida, miró su rostro enrojecido y notó el pésimo humor que le había dejado el discutir con Jacob, se mantuvo en silencio cuando subieron al coche haciendo incómodo el pequeño espacio, giró levemente su cabeza hacia la parte trasera donde el futbolista había lanzado con fuerza excesiva su saco que ahora yacía tirado en la tapicería. También puso atención a las venas de sus antebrazos visiblemente marcadas al igual que de las manos con las que sostenía el volante. Nunca lo había visto de esa manera que daba miedo, y más miedo sintió cuando miró que tomó la carretera hacia la playa en lugar de ir a su casa.

Aparcó fuera de la casa de él , lo escuchó dar hondas exhalaciones y llevar sus grandes manos a su cara para frotarlas sobre ella.

— Podemos hablar un rato —la voz ahora estaba tranquila o al menos eso pareció— Quiero caminar en la playa junto a ti.

No respondió solo bajó del auto con su mano extendida hacia él para que la siguiera y estuvo mejor cuando sintió su cálida mano sobre la de ella, hicieron el mismo recorrido de caminar por el lado lateral de la casa hasta llegar a la parte trasera donde los dos se despojaron de su calzado, en ella fácil solo sacar sus zapatillas altas, sin embargo Edward tenía que quitarse los zapatos negros, luego las calcetas después arremangarse el pantalón hasta los chamorros. Se tomaron sus manos para caminar sobre la arena, la oscuridad daba ese aspecto macabro al mar sin embargo el ruido de las olas era el mejor tranquilizante para la memoria. En ese lugar era fácil olvidarte de las cosas y del tiempo.

— No sabía que conocías a Jacob —trató de sonar casual—, si te molesta que le hable no lo haré más, no quiero volver a verte de mal humor por causa de él.

— En realidad no lo conozco, solo que él se ha hecho cargo de joder mi persona hablando pestes de mi. —lo miro suspirar— en realidad no sé cuál sea su problema conmigo. Pero eso no me importa, lo que me molestó fue ver que te conoce a ti y darme cuenta que le gustas.

Ella se detuvo de forma abrupta sosteniendo con fuerza la mano de Edward para que no siguiera con el recorrido.

— No le gusto, Jacob es mayor que yo. —alegó Bella— ¿De dónde sacas esa idea?

— Bella, no soy tan iluso para no darme cuenta en la forma lasciva en que te miraba. Quizá sea tonto pero no quiero que vuelvas a hablar con él, no te quiero cerca de Jacob Black.

— No volveré a cruzar palabra con él, además es muy fanfarrón. —ambos rieron por el sobrenombre, ella volvió a sentirse segura cuando los brazos de Edward la rodearon—. Te quiero, Edward.

— También te quiero. —se acercó a sus labios apenas rozandolos en un beso fugaz, donde ella se estremeció, no por el beso sino por la brisa fresca de la época—. Es mejor que entremos a casa, no quiero ser el causante de un resfriado.

— ¡No! —dijo Bella casi en un ruego— No quiero entrar.

— ¿Te quieres ir? Entonces te llevaré a tu casa. —el chico volvió a tirar de su mano animándola a seguirlo—. ¿Qué pasa?

Cuestionó Edward al ver que Bella no se movía.

— Quiero quedarme un poco más... aquí —señaló con la vista en la arena— ¿quieres?

Volvió a sentir su tacto sobre ella pasando su brazo por sus desnudos hombros tratando de cubrirla del viento frío cuando se sentaron sobre la arena.

— ¿Que crees que pasara con nosotros en unos años? —murmuró Bella apagándose más al cuerpo de él.

— Seremos más viejos. —reflexionó Edward con burla, ganándose un golpe en sus costillas—. ¡Oye! es razonable, ¿no crees? —guardó silencio por largos minutos— Aunque estoy deseando que sigamos juntos para ese entonces.

Ella se alejó un poco de su calor para poder mirar su rostro y darse cuenta que hablaba en serio, llevo su palma a la fría mejilla de él para acariciarla con suavidad, mientras Edward la contempla con ternura.

— Yo también quiero estar contigo... de todas las formas posibles. —los labios de él acallaron toda palabra que pensaba expresar.

Sintió que el beso fue cobrando intensidad, ya tenía experiencia en ellos porque siempre surgían de los besos tiernos, se dejó llevar una vez más por las tiernas caricias que Edward hacia a sus muslos, hasta que sintió la arena bajo su espalda, su corazón comenzó esa alocada carrera cuando sentía los labios de su chico vagar por su cuello y hombros. Aún así ella lo abrazo más fuerte quería sentirlo por completo, abrió sus ojos de golpe sintiéndose avergonzada cuando escuchó esos sonidos tan exitantes que provenían de ambos. Entonces se asustó de nuevo cuando una mano del cobrizo se metió bajo su falda, no es que no lo hubiera hecho antes, solo que ahora era diferente porque nunca había tocado de manera sutil sus bragas como lo estaba haciendo.

— Ed-Edward —susurro sofocada, deteniendo la mano de él— No podemos hacerlo aquí.

— ¿Quieres entrar? —indago Edward sin dejar de besar sus hombros.

Buena pregunta se cuestionó por un momento, por supuesto quería entrar pero sabía esta vez no había vuelta atrás, estaba segura que esa ansiada primera vez iba ocurrir esta noche si ella decía Sí. Sin embargo no era el momento aun no, todavía les faltaba muchas cosas por vivir, ahora solo estaban repletos de hormonas que los gobernaban y los seguirán conduciendo hasta no cumplir con su función. Entonces porque apurar los hechos cuando hay un curso que seguir. Dejemos que el tiempo hago lo suyo... Hasta ver que sucede.


¡Feliz Navidad! ! Muchas gracias por esperar cada actualización. Me disculpó por mis fallas ortográficas.