Puede que sea estupido el si quiera pensar en poder ganar a una tripulación entera de más de 500 piratas. A lo mejor lo era, pero lo hecho, hecho esta. Y ahora, llena de sangre, con cortes en la cara y en los brazos, me doy cuenta de lo mala idea que fue enfrentar a esos piratas. A pesar de que yo soy fuerte, mi tripulación no lo era tanto y en consecuencia perdimos todo lo que habíamos conseguido. Nuestro barco probablemente este sumergido en el fondo del oceano. Y de los que podria llamar mis nakamas, no se nada.

Suspiro profundamente mientras agacho la cabeza. No se muy bien que hacer estando perdida en una de las miles islas del Grand Line. Lo único que se a ciencia cierta es que al lado de la corriente por la que ibamos podiamos ir a parar únicamente a tres islas, y las tres estaban habitadas, por lo que es un punto a favor, ya que igual con un poco de suerte me encuentran y pueden curar mis heridas.

Miro el log pose que llevo en mi muñeca y le doy un golpe a la arena, sobre la cual estoy sentada, al ver que aun indica el rumbo de nuestra siguiente isla, a la cual ya no iremos, porque ni si quiera puedo moverme.

Miro a mi alrededor esperando encontrarme con alguien, pero es en vano, ya que todo estaba como hacía 5 minutos cuando desperté de mi insconciencia.

Y sin querer ni poder evitarlo, caigo rendida en un sueño profundo.

Me despierto adolorida, el dolor de cabeza ha aumentado crecientemente. Aunque esta vez, no estoy ni en la playa, ni llena de sangre, ni mojada por las olas del mar que me habian llevado a la deriva en aquella pequeña barca.

Me encuentro tumbada en una cama, dentro de una habitación en la que parece no haber nadie, y en ese momento, en el que me doy cuenta de que no estoy ni en mi barco y que he perdido a todo el mundo, me hecho a llorar inconscientemente.

Él me cuido desde que tenía 4 años y nunca dudo de mí y viceversa, siempre confié en mi capitán. Cuando llegue al barco era él el unico que conseguía hablar conmigo y yo, al fin y al cabo era al único al que apreciaba, aunque fuera mínimamente.

Pero el día llego, él, mi antiguo capitán, murió por una enfermedad que le llevaba siguiendo durante 10 años. Todos en el barco lloramos por días y hasta pasado un mes no llegamos a la conclusión de que deberíamos seguir navegando en su honor. Todos estábamos demasiado deprimidos como para siquiera pensar en movernos de esa isla, en la cual estaba enterrado.

Su segunda mano se convirtió en el capitán y si soy sincera, nunca me cayó ni me caerá bien. Demasiado prepotente para mi persona. Miro a mi alrededor y no veo nada en especial, solo una habitación, sin ningún adorno ni nada que llame la atención. Solo una simple cama, en la que me encuentro tumbada ahora mismo y una pequeña mesita de noche, en la que se encuentra una bandeja con comida y una nota a su lado.

-''Cuando te encuentres en mejor estado, sal al exterior''- leo en voz alto intentando entenderla. La letra es bastante ilegible, aunque después de pasados varios minutos la logro comprender. Me como el almuerzo que hay sobre la mesita de noche y me levanto de la cama, intentando no caerme. No se cuanto tiempo llevaba tumbada ahí, pero lo sentía como si hubiera sido una eternidad. Miro a mi alrededor de nuevo y abro la puerta de la pequeña habitación con lentitud y tal es la sorpresa cuando la abro, que me encuentro que esto no era una simple habitación. si no que estaba montada en un barco y aun más en la sorpresa cuando veo a un grupo de personas mirándome fijamente, todas con la misma expresión en su cara: sorpresa y emoción.

No se muy bien como reaccionar, ni que decir, ni que hacer, por lo que me quedo callada mientras observo como un señor mayor, con una barba blanca y bastante grande se acerca hacia mi a paso lento.

-Bienvenida a mi familia.- grita y se escucha a los demás gritando cosas de fondo.- ¿Sabes quién soy jovencita?

Y ahí es donde me doy cuenta de la actual situación y caigo en que la persona que tengo delante no es más ni menos que...

-Shirohige...- murmuro sin creérmelo. Un Yonkou, un emperador del nuevo mundo se encuentra aquí, en la otra mitad del Grand Line y me ha rescatado de morir en aquella isla.

Junto a él avanzan 2 de sus comandantes, Marco, el Fenix y Ace puño de fuego, los dos se acercan a mi adelantándose a su capitán y me miran fijamente.

-¿Podrías decirnos que te había pasado para acabar en aquella isla en esas condiciones?- pregunta Marco. Pero sigo demasiado atónita como para poder responderle. -No tenemos todo el día.- eleva la voz levemente y me agarra de los hombros.

-Mi barco naufragó.- es lo único que puedo llegar a responder. Le miro con algo de temor, aunque me hayan sacado de esa isla, no se la intención de ninguno de ellos y no puedo llegar a confiar en nadie.– Nos atacó una flota de barcos.

-Marco, ve en busca de ropa decente para darsela.– ordena Barbablanca, mientras me mira con una gran sonrisa en su cara.– ¿Y donde estan tus nakamas ahora?

Le miro durante unos segundos y sin pensar si quiera mis palabras, le respondo. –Muertos.

Ace, el cual aun no había articulado palabra, se acerco un poco a su capitán y le susurró algo al oído, para después seguir a su compañero Marco.

-Lo siento mucho por tu pérdida, pero aquí no estamos para mirar al pasado, si no al futuro.- hace una pequeña pausa y continua hablando.- Así que dime, ¿cual quieres que sea tu futuro?

No sabía exactamente qué responder a esa pregunta, ¿cuál queria que fuese mi futuro?, es una gran pregunta que me temo que no tiene una respuesta clara.

Me encojo de hombros y le miro.- No lo se, no creo que deba saberlo, contando con que mi pasado siempre fue guiado por alguien, ahora que tengo esa libertad de elegir lo que quiero hacer, no se lo que anhelo.- hago una pausa para mirarle fijamente y vuelvo a hablar.- siempre he querido convertirme en alguien respetable, en alguien del cual no se rían. Alguien fuerte.

-Eso es un buen objetivo, muchos de mis hijos anhelan eso con toda su alma y aun no lo han conseguido. ¿Por qué te ves capacitada para ello?

-Porque si no pudiese hacerlo, ya estaría muerta.

Mi respuesta parece sorprender a Barbablanca, el cual se digna a mirarme fijamente con una expresión seria.- Te invito a unirte a mi familia.- me tiende su mano y me sonrie.

Abro levemente la boca sorprendida y le miro. No se muy bien que responder, nunca pense que esto llegaría a pasar. De echo, ni si quiera imaginaba que pudiese si quiera sobrevivir. Si quiero volverme fuerte, no lo puedo hacer sola.

Extiendo mi mano y agarro la suya.- Acepto.