Miro por la ventana de la habitación del capitán mientras espero a que entre con lo que seria mi ropa nueva.

-Necesito que me digas dos cosas.- Barbablanca habla mientras cierra la puerta en cuanto entra al interior de la habitación. Asiento sin mirarle, dándole a entender que le respondería con total sinceridad.- Lo primero, ¿has tomado la fruta del diablo?- me pregunta y asiento de nuevo.

El se rasca su barba pensativo y comienza a andar en dirección mía. -Lo segundo, ¿confiarás tu vida hasta el fin a tu familia?- pregunta mientras se sienta en su gran trono y me mira esperando una respuesta por mi parte.

-Si.- digo sin si quiera pensarlo.

Dos semanas más tarde.

Nos encontramos viajando rumbo a una de las islas de las cuales se encarga Barbablanca. Según me han explicado, dichas islas tienen la protección del mismo y así evitan ser atacadas.

-¡Niña!- me llama uno de los cocineros. Siento un poco de molestia por dicho apodo pero decido guardármelo para mi. Me acerco a él y espero a que continué hablando. -Necesito que busques a Jozu y Marco. Tienen que venir cuanto antes a ver esto.- asiento y corro en la dirección que me ha indicado.

En cuanto llego me los encuentro hablando junto a Ace, este ultimo estaba cargando sus pertenencias sobre una pequeña barca. No sabia muy bien que estaba pasando, pero por la tensión que se puede ver en la cara de Marco, decido alejarme de la zona.

Pasado un rato vuelvo y me encuentro a Marco solo, mirando al suelo. Decidida me acerco a él y le doy un suave golpe en su espalda.

-Dios, perdóname Eri.- me río levemente al ver su cara de sorpresa, me imagino que no se esperaba que estuviese aquí.- ¿Ha pasado algo?- le explico la situación y el asiente mientras corre en dirección a la cocina.

No vuelvo a saber nada sobre lo que había ocurrido hasta el día siguiente, cuando Padre nos convoca para hablar de unos temas que al parecer hacen que la mayoría de la tripulación estén preocupados.

-Como casi todos sabéis.- comienza a hablar mientras se pone en pie.- Ace ha ido en busca de Teach.- de fondo se oyeron algunas quejas. Seria engañarme a mí misma si dijese que entendía de que estaban hablando. Pero supongo que ya llegaría el momento de saberlo.- ¡Silencio!- grita y hace callar a todo el mundo en menos de una milésima de segundo.- Pero ese no es el único problema. La marina va tras Ace. Y desde hace apenas unos meses los poblado a los cuales tengo el deber de proteger, están muriéndose poco a poco. La gente contrae enfermades las cuales no podemos curar, ni si quiera sabemos cual es la causa. Por eso pido que la gente que no tenga miedo de morir, me acompañe a mi, junto a algunos de los comandantes rumbo a esas islas, con la intención de ayudar al máximo número de población que podamos.- hace una breve pausa y gira su cabeza en dirección al océano.- se que muchos estáis preocupados por él. Pero es mi hijo, os prometo que estará bien. Es fuerte.

-Pero padre.- grita un chico que se encuentra al fondo.- Ace desobedeció tus ordenes al irse.

Barbablanca niega levemente con la cabeza y le mira con una sonrisa: -Él solo esta haciendo lo que le parece correcto.- se acerca un poco a él y posa su mano en su hombro.- Él es un chico que ha perdido a alguien a quien quería y a pesar de que su decisión sea impulsiva, nosotros somos su familia y estamos aquí para apoyarle. Pase lo que pase.

Sus palabras me conmueven levemente y me limpio con la camiseta unas lagrimas que me caen por el rostro. Todos quieren mucho a Ace y están preocupados. Y a pesar de que no le conozco, me preocupa que le pueda llegar a pasar algo.

Pasan 15 días desde que organizamos el viaje a las islas. Tanto 5 comandantes como varios capitanes viajarían junto a barbablanca a las islas, mientras que Marco y otros varios capitanes se encargarían de irse a las ciudades mas ricas en recursos para conseguir todos los medicamentos necesarios.

El día anterior me habían echo elegir entre que preferiría hacer, si viajar junto a Marco o ir con él. No me lo pensé demasiado y acepte ir en busca de medicinas, ya que necesita ir a una ciudad urgentemente en busca de algunas cosas que necesitaba comprar.

Barbablanca, a pocas horas de irnos, llamo a Marco y otros 2 comandantes a su habitación, donde estuvieron encerrados una hora aproximadamente.

Yo mientras tanto me encontraba charlando con un grupo de gente que nos encontrábamos reunidas.

-¿Cuántos años decías que tenias?- pregunta uno de ellos mirándome fijamente, sin dejarme responder continua hablando.- Unos 15 o 16 ¿no?

Pongo los ojos en blanco y niego con la cabeza: -19, 19 años.- digo con voz firme. Es cierto que mi apariencia confunde, tener la cara algo redonda y ser algo baja no ayuda mucho. Pero tampoco es que parezca que soy una niña pequeña.

-¿Y cual es tu poder?- miro a uno de los comandantes, el cual hizo esa pregunta y abro los ojos levemente.- Tu akuma no m-... le interrumpo en medio de la frase. Le había entendido desde un principio.

-Mi fruta del diablo es... básicamente la de ser un demonio.- les miro y continuo hablando.- El poder es absorber la energía vital de los demás y bastantes más cosas. Es una paramecia.- dicho comandante me miraba con los ojos abiertos.

-Esa fruta.. esa fruta... era la de uno de los piratas mas temidos en la era se Roger.- no pensé que nadie fuera a averiguarlo hasta que yo se lo dijese, pero así es.

-Es mi padre.- no se muy bien como explicar todo lo que paso en ese momento, en el momento en el que mi padre falleció. Mi madre me tenia cogida en brazos mientras yo observaba (o al menos lo intentaba) el fondo marino. Con tan solo dos años, no era consciente de nada. Hasta que nos empezaron a atacar y mi madre grito, agarrándome con mas fuerza. Lo que paso después es un recuerdo bastante borroso.

Las personas que nos atacaban no eran más ni menos que dos almirantes y venían a dar caza a mi padre por haber colaborado con el mismísimo Roger, el cual había fallecido hacía dos años. ¿Cual era su intención buscando a todos los piratas más importante? ¿Dar fin a esa era pirata?

Suspiro resignada por no haber podido ayudar a nadie en aquella época.

-¡Hijos míos!- interrumpió Barbablanca la conversación, mientras me miraba fijamente a los ojos. Él ya sabía toda esa historia, él la vivió de primera mano y por eso quiso acogerme en su tripulación. Me lo explico todo cuando fui a hablar con él aquella vez.- Partiremos en breves. Os pido que vayáis metiendo las cosas en vuestros respectivos barcos y que zarpéis en cuanto antes. La vida de la población depende de ello.

Todos abandonamos la zona y con rapidez no dirigimos a nuestras respectivas habitaciones. Cogí mi pequeña mochila y metí las cosas que consideraba necesarias para este viaje, ya que necesitaba tener espacio para cosas que probablemente comprara una vez hubiésemos llegado a la ciudad.

Una vez montada en el barco, observo a Marco sonreír ampliamente, se nota que lo que hablo con padre hace apenas unas horas le ha alegrado, por lo que decido acercarme a él y establecer una agradable conversación entre ambos.

En cuanto todos estamos montados y nos hemos despedido de Barbablanca, Marco se gira para mirarnos y levanta un brazo, mientras grita:

-¡Familia!¡Es hora de que vayamos en busca de Ace!