Los personajes de Naruto no me pertenecen, si no a Masashi-Sama. La historia es una adaptación. Al final estará el nombre de la autora y de la historia.

INOCENCIA

Naruto Namikaze

Londres, Inglaterra, 1816

Sería un secuestro limpio y sin complicaciones.

Irónicamente, el secuestro sería considerado legal en las Cortes excepto por los cargos de entrada, pero esa posibilidad no era significativa. Narutobi Menma Uzumaki Namikaze, el tercer marqués de St. Namikaze, estaba preparado para utilizar cualquier método que considerara necesario para obtener su objetivo. Si la suerte estaba de su lado, su víctima estaría profundamente dormida. Si no, una simple mordaza eliminaría cualquier ruido de protesta.

De un modo o de otro, legal o no, él se reuniría con su novia.

Naruto, como le llamaban sus amigos más cercanos, no tendría que actuar como un caballero, lo cual era una bendición considerando que esas tiernas cualidades eran completamente ajenas a su naturaleza. Además, el tiempo se estaba acabando. Sólo faltaban seis semanas para que hubiera una verdadera violación del contrato matrimonial.

Naruto no veía a la novia desde hacía catorce años, cuando se leyeron los contratos, pero la imagen que tenía en su mente no era muy fantástica.

No tenía muchas ilusiones sobre la muchacha, ya que había visto suficientes mujeres Hyūga como para saber que no eran nada extraordinario. No eran muy agraciadas en aspecto ni en disposición. La mayoría tenía forma de pera, con huesos grandes, los traseros más grandes, y si las historias no exageraban, apetitos gigantescos.

Aunque tener una esposa a su lado le parecía tan espantoso como nadar a medianoche entre tiburones, Naruto estaba preparado para soportar la prueba. Quizá si realmente se ocupaba del problema podría encontrar la forma de cumplir con las condiciones del contrato sin tener que estar con la mujer día y noche.

Durante casi toda su vida Naruto había estado solo, negándose a recibir consejos de ningún hombre. Sólo le confiaba sus pensamientos a su amigo Itachi. Sin embargo, las ganancias eran demasiado grandes como para que Naruto las ignorara. El botín que ofrecía el contrato después de un año de convivencia con lady Hinata compensaba cualquier repulsión que pudiera sentir o inconveniente que tuviera que soportar. Las monedas que recibiría por decreto de la corona fortalecerían la nueva sociedad que él e Itachi habían formado el verano anterior. La Emerald Shipping Company era la primera empresa legítima que habían emprendido, y estaban dispuestos a hacerla funcionar.

La razón era simple de comprender. Ambos hombres estaban cansados de vivir al margen de la ley. Habían entrado en la piratería por accidente y lo habían hecho bastante bien, pero ya no valía la pena correr los riesgos que implicaba. Naruto, actuando como el infame pirata Kyubi, se había convertido en una leyenda. Su lista de enemigos podía tapizar un gran salón de fiestas. La recompensa por su cabeza había aumentado tanto que hasta un santo se hubiera sentido tentado a convertirse en un traidor para obtenerla. Mantener en secreto la otra identidad de Naruto era cada vez más difícil. Sólo era una cuestión de tiempo que le atraparan, si continuaban con sus incursiones de piratas, así que finalmente Naruto accedió.

La Emerald Shipping Company fue fundada una semana después de haber tomado aquella trascendental decisión. Las oficinas fueron ubicadas en el corazón del distrito ribereño.

Había dos escritorios, cuatro sillas y un solo archivo, todo salvado de un incendio anterior. El inquilino anterior no se había molestado en llevárselos. Como las monedas iban a tener mucha demanda, los muebles nuevos estaban al final de la lista de compras. Primero necesitaban barcos adicionales para su flota.

Ambos conocían las idas y venidas de la comunidad de negocios. Ambos se habían graduado en la universidad de Oxford, aunque como estudiantes habían sido muy diferentes. Itachi nunca iba a ningún lado sin un grupo de amigos. Naruto siempre estaba solo. Sólo cuando los dos hombres se asociaron en un juego mortal de actividades gubernamentales secretas se formó un vínculo entre ellos.

Pasó mucho tiempo, más de un año, para que Naruto comenzara a confiar en Itachi. Habían ariesgado sus vidas el uno por el otro y por su amado país sólo para que sus superiores los traicionaran. Itachi se sorprendió cuando se conoció la verdad. Naruto no se sorprendió para nada. Él siempre esperaba lo peor de la gente y rara vez se decepcionaba.

Naruto era un hombre cínico por naturaleza y un luchador por hábito. Era un hombre que disfrutaba de una buena pelea y dejaba que Itachi limpiara el desorden.

Sasuke, el hermano mayor de Itachi, era el conde de Sharingan. Hacía un año que se había casado con Sakura, la hermana pequeña de Naruto, y sin saberlo había reforzado la amistad entre los dos. Sasuke y Naruto se habían convertido en hermanos por matrimonio.

Como Naruto era marqués e Itachi el hermano de un poderoso conde, los invitaban a todas las fiestas. Itachi se mezclaba fácilmente con la clase alta, y en cada ocasión aprovechaba para combinar el placer con la tarea de aumentar su clientela. Naruto nunca iba a ninguna fiesta, e Itachi le sugirió que probablemente ésa era la razón por la cual le invitaban.

Era un hecho que la sociedad no consideraba a Naruto como un hombre muy agradable. A él no le importaban esas opiniones, y prefería la comodidad de una taberna del muelle a la rigidez de un salón formal.

Al parecer, los dos hombres eran muy diferentes. Itachi era, como le gustaba señalar a Naruto cada vez que quería molestarle, el lindo de la sociedad. Itachi era un hombre atractivo, con ojos negros y un marcado perfil patricio.

Tenía el desagradable hábito de llevar su cabello oscuro tan largo como el de sus amigos, un resabio de sus días de pirata, aunque ese pecado menor no disminuía la perfección de su rostro sin cicatrices. Itachi era casi tan alto como Naruto, pero de contextura mucho más delgada, y tan arrogante como Brummell cuando la ocasión lo requería. Las damas creían que era increíblemente buen mozo. Itachi tenía una visible cojera debido a un accidente, pero eso parecía aumentar su atractivo.

En cuanto a su aspecto, Naruto no tenía tanta suerte. Parecía más un guerrero de la antigüedad que un moderno Adonis.

Nunca se molestaba en atarse el cabello rubio con una tira de cuero en la nuca como lo hacía Itachi, sino que lo dejaba caer naturalmente sobre sus hombros. Naruto era un hombre muy corpulento, con hombros y muslos musculosos, y sin nada de grasa en toda su contextura. Tenía ojos celestes, algo que sin duda llamaba la atención, si las damas no estaban demasiado apuradas como para alejarse de su gesto hosco.

Para los extraños, los dos amigos eran completamente opuestos. Itachi era considerado el santo, Naruto el pecador.

En realidad, sus modos de ser eran muy parecidos. Ambos ocultaban muy bien sus emociones. Naruto utilizaba el aislamiento y un temperamento rudo como armas contra el compromiso. Itachi utilizaba la superficialidad por la misma razón.

En verdad, la sonrisa de Itachi era una máscara al igual que el ceño de Naruto. Las traiciones pasadas habían entrenado bien a los dos hombres.

Ninguno de los dos creía en las historias de amor o en la tontería de vivir felices para siempre. Sólo los tontos creían en esas fantasías.

El ceño de Naruto era muy evidente cuando entró en la oficina. Encontró a Itachi holgazaneando sentado en un sillón de respaldo alto con los pies apoyados en el alféizar de la ventana.

—Lee tiene dos monturas listas, Itachi —le dijo Naruto, refiriéndose a su camarada de a bordo—. ¿Tenéis que hacer alguna diligencia vosotros dos?

—Tú sabes para qué son las monturas, Naruto. Tú y yo vamos a ir hasta los jardines para ver a lady Hinata. Esta tarde habrá mucha gente. Nadie nos verá si nos ocultamos entre los árboles.

Naruto se volvió para mirar por la ventana antes de responder.

—No.

—Lee cuidará la oficina mientras no estamos.

—Itachi, no necesito verla antes de esta noche.

—Maldición, primero necesitas verla bien.

—¿Por qué? —le preguntó Naruto. Parecía realmente perplejo.

Itachi negó con la cabeza.

—Para prepararte.

Naruto se volvió.

—No necesito prepararme —le contestó—. Todo está listo. Ya sé cuál es la ventana de su alcoba. El árbol de afuera sostendrá mi peso, ya lo he probado para estar seguro. Su ventana no tiene cerradura, y el barco está listo para zarpar.

—Has pensado en todo, ¿verdad?

Naruto asintió con la cabeza.

—Por supuesto.

—¿Y si ella no pasa por la ventana? ¿Pensaste en esa posibilidad?

Esa pregunta provocó la reacción que Itachi quería. Naruto parecía sorprendido, luego negó con la cabeza.

—Es una ventana grande, Itachi.

—Ella podría ser más grande.

Si Naruto se sintió desalentado ante esa posibilidad, no lo demostró.

—Entonces la haré rodar por la escalera —dijo lentamente.

Itachi se rió al imaginar la escena.

—¿No sientes curiosidad por saber cómo es?

—No.

—Bueno, yo sí —admitió finalmente Itachi—. Y como no voy a ir con vosotros en la luna de miel, es razonable que satisfaga mi curiosidad antes de que os vayáis.

—Es un viaje, no una luna de miel —replicó Naruto.— Deja de molestarme, Itachi. Ella es una Hyūga, por el amor de Dios, y la única razón por la que vamos a viajar es para alejarla de sus parientes.

—No sé cómo vas a soportarlo —le dijo ya sin sonreír y con una expresión de preocupación—. Dios mío Naruto, vas a tener que acostarte con ella para tener un heredero si quieres la tierra.

Antes de que Naruto pudiera comentar algo, Itachi continuó:

—Nó tienes que pasar por esto. La compañía valdrá adelante con o sin los fondos del contrato. Además, ahora que el rey Obito ha bajado oficialmente, el príncipe regente seguramente ordenará anular el contrato. Los Hyūga han hecho una intensa campaña para que cambie de idea. Podrías darle la espalda a esto.

—No —su tono fue enfático—. Mi firma está en ese contrato. Un St. Namikaze nunca rompe su palabra.

—No puedes hablar en serio —le contestó Itachi—. Los hombres de St. Namikaze han roto casi todo cuando están de mal humor.

Naruto tuvo que estar de acuerdo con esa observación.

—Sí. A pesar de todo, Itachi, yo no voy a dar la espalda a este asunto, como tú no aceptarías el dinero que te ofreció tu hermano. Es una cuestión de honor. Ya hemos hablado de esto. Ya he tomado una decisión.

Se apoyó sobre el marco de la ventana y suspiró profundamente.

—No dejarás de insistir hasta que acceda a ir, ¿verdad?

—No —le contestó Itachi—. Además, querrás contar la cantidad de tíos Hyūga y así sabrás contra cuántos tendrás que pelear esta noche.

Era un argumento mezquino, v ambos lo sabían.

—Nadie se va a interponer en mi camino Itachi.

La afirmación fue hecha en un tono suave y estremecedor.

—Conozco bien tus talentos especiales, querido amigo. Sólo espero que esta noche no haya una matanza.

—¿Por qué?

—Detestaría perderme toda la diversión.

—Entonces ven conmigo.

—No puedo —le respondió Itachi—. Un favor merece otro, ¿recuerdas? Tuve que prometerle a la duquesa que iría al recital de su hija, que el cielo me proteja, si ella ha encontrado la manera de que lady Hinata acuda a su fiesta esta noche.

—Ella no estará allí —le respondió Naruto— El maldito de su padre no la deja ir a ninguna función.

—Ella estará allí. El conde de Hyūga no se atreverá a ofender a la duquesa. Ella pidió específicamente que lady Hinata estuviera en la fiesta.

—¿Qué razón dio?

—No tengo la menor idea —contestó Itachi—. Se acaba el tiempo, Naruto.

—Maldición —después de decir eso Naruto se alejó de la ventana—. Entonces vamos.

Itachi era rápido para sacar ventaja de su victoria. Salió en seguida antes de que su amigo pudiera cambiar de parecer.

Mientras atravesaban por la ciudad congestionada, Itachi se volvió para preguntarle a Naruto:

—¿No te preocupa saber cómo identificaremos a Hinata?

—Estoy seguro de que ya lo has pensado —le señaló con frialdad.

—Lo hice —replicó Itachi con tono alegre—. Mi hermana Fuka me prometió que estaría cerca de Hinata toda la noche. Pero también he tomado mis precauciones.

Esperó un largo minuto para que Naruto le preguntara cómo había hecho eso y luego continuó:

—Si Fuka no puede cumplir con su misión, les pedí a mis otras tres hermanas que estuvieran preparadas para hacerlo. Sabes, viejo, podrías mostrar un poco más de entusiasmo.

—Esta salida es una completa pérdida de tiempo.

Itachi no estaba de acuerdo, pero se guardó su opinión, su amigo se rió.

—Deja que la duquesa se haga a la mar —le señaló al ver a los músicos que se encaminaban hacia la galería de abajo.— Contrató una orquesta completa.

—Por supuesto que lo recuerdo— contestó Itachi—. Pero las cosas podrían haber cambiado. Podría haber habido un mal entendido Su padre podría...

—¿Un mal entendido? Envié la nota un jueves, y era muy específico, Itachi.

—Lo sé —le dijo Itachi—. Les dijiste que ibas a recoger a tu novia el lunes.

—Tú pensaste que tendría que haberle dado más tiempo para que recogiera sus pertenencias. —Opininó.

Itachi hizo una mueca.

Ninguno de los dos volvió a hablar hasta que llegaron a los jardines y dejaron de cabalgar. Los árboles los ocultaban perfectamente, aunque podían ver bien a los invitados paseando por los jardines de la propiedad de la duquesa.

—Maldición, Itachi, me siento como un niño de escuela. Diez minutos, Itachi, y me iré.

—De acuerdo —le apaciguó Itachi. Se volvió para mirar a su amigo. Naruto estaba frunciendo el entrecejo—. Sabes, ella hubiera estado deseando irse contigo, Naruto, si hubieras…

—¿Estás sugiriendo que le envíe otra carta? —le preguntó Naruto. Levantó una ceja ante lo absurdo de esa posibilidad—. Recuerdas lo que su cedió la última vez que seguí tu consejo, ¿verdad?

—En defensa de mi caballero, lo hice, ¿verdad? debo decir que nunca pensé que huiría. Ella también fue rápida, ¿verdad?

—Sí, lo fue —respondió Naruto.

—Podrías haberla seguido.

— ¿Por qué? Mis hombres la siguieron. Yo sabía dónde estaba y decidí dejarla sola un poco más.

—¿Un aplazo en la ejecución, acaso?

Naruto se rió.

—Ella es sólo una mujer, Itachi, pero sí, supongo que fue una suspensión temporal.

—Hubo más que eso, ¿verdad? Sabías que ella estaría en peligro tan pronto como la reclamaras. Tú no vas a admitirlo, Naruto, pero a tu manera la estabas protegiendo al dejarla sola. Tengo razón, ¿verdad?

—Dijiste que no iba a admitirlo —replicó Naruto—. ¿Por qué te molestas en preguntar?

—Que Dios os ayude a los dos. El próximo año será un infierno. Todo el mundo tratará de mataros.

Naruto se encogió de hombros.

—Yo la protegeré.

—No lo dudo.

Naruto negó con la cabeza.

—La tonta compró un pasaje en uno de nuestros barcos para huir de mí. Eso aún me irrita. Es una ironía, ¿no te parece?

—En realidad, no —respondió Itachi—. Ella no podía saber que eras el dueño del barco. Tú insististe en mantener un socio en secreto en la compañía, ¿recuerdas?

—De otra manera no hubiéramos tenido clientes. Sabes bien que los hombres de St. Namikaze no son bien mirados. Aún son un poco toscos con las esposas —la mueca que hizo le indicó a su amigo que ese rasgo le parecía atractivo.

—Aún me parece extraño —le señaló Itachi—. Hiciste que tus hombres siguieran a lady Hinata, y también que la cuidaran, sin embargo no te molestaste en preguntarles cómo era ella.

— Tú tampoco les preguntaste —replicó Naruto.

Itachi se encogió de hombros. Volvió a mirar a los invitados que estaban en los jardines.

—Supongo que pensé que habías decidido que el contrato no valía la pena el sacrificio. Después de todo, ella... —perdió completamente el hilo de su pensamiento al ver que su hermana se dirigía hacia ellos. Otra mujer caminaba junto a ella—. Allí está Fuka. Si la tonta se moviera un poco hacia la izquierda... —no terminó la observación. El suspiro de Itachi llenó el aire—. Dios mío... ¿Esa es lady Hinata?

Naruto no le respondió. En verdad, no sabía si podía hablar en aquel momento. Su mente estaba completamente concentrada en la visión que tenía delante de él.

Era encantadora. Naruto tuvo que sacudir la cabeza. No, pensó, ella no podía ser su novia. La dama gentil que le estaba sonriendo tímidamente a Fuka era demasiado hermosa, demasiado femenina y demasiado delgada como para pertenecer al clan Hyūga.

Y sin embargo, había un parecido a aquella chiquilla de cuatro años que había sostenido en sus brazos, algo indefinible que le indicaba que ella era lady Hinata.

Ya no tenía aquella mata de rizos color negro. Tenía el cabello largo hasta los hombros, aún rizado, pero color negro con destellos azules. Su cutis parecía terso desde la distancia que los separaba, y Naruto se preguntaba si aún tendría la nariz llena de pecas.

Tenía una altura normal, teniendo en cuenta que miraba a los ojos a la hermana menor de Itachi. Sin embargo, su figura no tenía nada de especial. Era redondeada en los lugares indicados.

—Mira cómo se acercan los buitres —anunció Itachi—. Parecen tiburones rodeando a su presa. Tu esposa parece ser su blanco, Naruto— agregó—. Caramba, uno pensaría que tendrían la decencia de dejar tranquila a una mujer casada. Pero no puedo culparlos. Dios mío, Naruto, es magnífica.

Naruto estaba ocupado observando los hombres ansiosos que iban tras su novia. Sentía un deseo incontenible de borrarles las afectadas sonrisas de sus rostros. ¿Cómo se atrevían a tratar de tocar lo que le pertenecía?

Sacudió la cabeza ante su ilógica reacción por su novia.

—AIlí viene tu encantador suegro —le anunció Itachi—. Dios, no había notado lo encorvadas que tiene las piernas. Mira cómo la sigue —continuó—. No está dispuesto a perder de vista su botín.

Naruto respiró profundamente.

—Vamos, Itachi. Ya he visto suficiente.

Su voz no demostraba ninguna emoción. Itachi se volvió para mirarle.

—¿Y bien?

—¿Y bien qué?

—Maldición, Naruto, dime qué piensas.

—¿Sobre qué?

—Lady Hinata —Insistió Itachi—. ¿Qué piensas?

—¿La verdad, Itachi?

Su amigo asintió rápidamente con la cabeza.

Naruto sonrió lentamente.

—Ella pasará por la ventana.

Continuará...