DISCLAIMER:

Esta historia está basada en el cuento "EMBRUJO", que se publicó en la revista "ROMANCES", del mes de julio de 1951, escrito por la autora CARMEN G. GONZÁLEZ DE MENDOZA, conocida también, como MARIA DEL CARMEN GARRIDO (wikipedia)

Los personajes del manga y anime "INUYASHA" pertenecen a RUMIKO TAKAHASHI.

De la colección de revistas "ROMANCES" de mi Abuela, esta segunda adaptación, que espero que les guste...

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Kagome se enredaba entre las suaves sábanas y el edredón de plumas de ganso del exclusivo hotel, tratando de robarle más minutos a su sueño, del que no quería despertar aún.

Pero apenas comenzaba a sentirse somnolienta de nuevo, cuando escucho los suaves golpes, en la puerta de su habitación, entrando Kaede en ella, dejando el almuerzo en la mesa de té, para poder abrir las gruesas cortinas que impedían el paso de la luz matinal.

_ Buenos días, señorita Kagome. Espero que haya descansado…

_ Mmm, si Kaede, gracias, ¿que hora es?...

_ Ya casi las diez de la mañana…

_ ¡Vaya que estaba agusto! no me di cuenta de la hora…

Kagome se estiraba y bostezaba perezosa, aun tratando de despertar del todo.

_ Bueno, es normal, su cuerpo necesita descansar, los ensayos habían sido pesados y anoche se acostó tarde, después de un largo día.

He traído su desayuno, si gusta, se lo acerco y lo come en la cama.

Kagome se levantó y besó a Kaede en la mejilla.

_ Gracias Kaede, que haria sin ti, voy a desayunar aqui en la mesita, y acompañame por favor, al menos con un café…

Ambas se sentaron, y comenzaron a comentar el éxito de la noche anterior, en su regreso exitoso en París, en uno de los mejores teatros de la ciudad.

_ Si gusta leer las noticias, he traído su Ipad, ire a ver quien toca la puerta.

Kagome seguía atacando su desayuno, con bastante hambre, mientras prendía su tableta, para enterarse de las críticas del día anterior.

Y en efecto, en primera plana estaban las fotografías de la noche anterior, con frases elogiosas, ensalzando su arte en exceso, llamándola incluso la "sacerdotisa del bel canto"... tan ilógico…

Un una sonrisa hastiada, pues ya su fama no la sorprendió, dejó su Ipad en la mesa y siguió disfrutando de su desayuno, atacando una tostada con mermelada casera, mientras su dedo arrastraba fotografía, tras fotografía, sin prestar mucha atención, más concentrada en su apetito, hasta que se detuvieron en una imagen en particular.

La imagen borrosa, obviamente tomada de lejos, de un hombre sentado junto al palco cercano al escenario, seguida de una más clara, aunque de distinta ocasión, donde mostraban la identidad del sombrío invitado.

Su fisonomía era perfecta y varonil, de profundos ojos dorados, algo lejanos y tristes, sobre un rostro serio, pensativo…

¿Donde lo había visto? el hombre de la fotografía le parecía familiar, pero no sabía de donde.

" El príncipe Daiyoukai, Sesshomaru Taisho, que asistió a la puesta en escena de "Madame Butterfly", y que se encuentra en la ciudad junto con la Princesa Izayoi Taisho."

Recordaba, que su amigo Bankotsu Yoshida, lo había mencionado alguna vez, cómo una cercana y querida amistad para él.

Pero ella tan concentrada en otras cosas y en otros problemas, no había puesto mucho atención en aquellos comentarios, en los que su queridísimo amigo juraba, que el famoso Daiyoukai era un erudito en arte, y que ambos serían una gran pareja, si es que sé llegaban a conocer.

Ella había reído divertida, pero continuó estudiando, sin prestar mucha atención a su plática.

La verdad admitía ser un tanto egoísta, pero también era verdad, que desde niña, su pasión había sido el canto, nunca se había preocupado por enamorarse, ni nada de eso, dedicando su tiempo y sus años, al estudio de su arte, encontrado su vocación y su amor en la Ópera.

Había sido criticada por gente cercana a ella, llamándola egoísta y demás… pero ¡bah! la verdad no le importaba, quienes realmente la querían, la estaban apoyando constantemente.

Volvió a contemplar las fotografías del Daiyoukai, prestando atención por primera vez, en el lugar en el que la lejana silueta borrosa, se hallaba sentada; dándose cuenta por primera vez, que aquel hombre de mirada furiosa y gesto agrio, que la dejará congelada por un instante, era el mismo "hombre" de esa fotografía, de gesto serio y orgulloso, pero algo triste y solitario.

Aquel youkai, de mirada cruel, con un tinte de salvaje fiereza, orgullo y odio, era Sesshomaru Taisho, el amigo de Bankotsu Yoshida, al que quería más que un hermano.

Era tan diferente al de la fotografía, y no podía evitar pensar, porque en la fotografía lucía para ella tan triste, mientras en su memoria, esa mirada, le había parecido todo lo contrario.

Su desayuno yacía en la pequeña mesa, olvidado, mientras contemplaba en su Ipad, la imagen misteriosa y enigmática del Daiyoukai que había capturado su atención.

Tomó la taza de café, sonriendo mientras pensaba que a ella nada le importaba lo que el Daiyoukai pensara en cada imagen, ni tampoco si era guapo o feo, bueno o malo.

Tomó un sorbo, y su rostro hizo un gesto de desagrado, dejándolo en la mesa.

_ Creo que si un día llegó a conocer a "su Alteza"... le reclamare ser el culpable de que mi delicioso café se enfriará…

Y sonreía divertida, pues jamás por su cabeza le pasaría esa posibilidad.

_ Señorita Kagome, ¿puedo pasar?...

La voz de Kaede, interrumpe su ensoñación, mientras veía por el gran ventanal el bullicio de la ciudad.

_ Adelante Kae…

Su voz se interrumpió, viendo cómo entraba por la puerta de su habitación, una invasión frondosa de flores bellísimas, que inundó la habitación de inmediato, de un suave y dulce perfume.

_ Kaede, ¿donde te escondes?...

Y se levantaba emocionada y sorprendida, para ayudar a su querida amiga y asistente.

Sin duda, ese ramo hasta el momento era el mejor que había recibido en toda su vida, pues eran todas y cada una de sus favoritas.

_ ¡Uff! me arrepiento de haber despacho a los Botones, pero no sabía en qué fachas andarias…

Kagome sonreía, aun sorprendida y maravillada, oliendo cada hermosa flor.

_ Aquí tiene la tarjeta. Y con permiso, llamaré a la doncella para que arregle su habitación.

Sé sentó sobre la cama, mientras la doncella entraba a preparar el baño, abriendo el pequeño sobre, dejando salir una sencilla pero exquisita tarjeta con el nombre de Sesshomaru Taisho escrito en ella, en letras doradas.

Solo eso.

Y por segunda vez, en esa mañana, vuelve a escuchar el nombre de Sesshomaru Taisho.

Toma su Ipad, y ve de nuevo su fotografía, preguntandose, ¿que le tiene deparado el destino?, mientras lee la tarjeta incrédula, volteandola por ambos lados, viendo dentro del escueto sobre una vez más, levantándose y buscando entre las flores algún otro mensaje, pero nada.

Presiente de un modo incierto, que algo inesperado y extraño suceso va a producirse en su vida, cambiándola, tal vez.

Nunca a sido romantica, ni nada por el estilo, y pocas veces ha sentido ese escalofrío premonitorio, recorrerla, y no puede evitar preguntarse, si el Daiyoukai, será el motivo de esa situación.

Sé sentía aturdida y no sabía definir, si ese sentimiento de aprensión en su alma, era a causa de su inexperiencia en estos temas.

Sé sentía feliz y temerosa, olía nuevamente el hermoso ramo de flores y se emocionaba, pues había sido vista por una persona que jamás hubiera pensado.

Pero también recordaba que era una figura pública, no una simple muchacha, la que era vista por un príncipe.

Y suspiraba nuevamente triste, pues no sabía qué pensar o sentir.

_ Por favor coloquen la flores en el salon…

Y sonriendo, aun pensativa, entró a tomar su baño.

*O*O*

Sé había vestido con un hermoso vestido color blanco con lunares negros, de talle ajustado, sin escote y de amplia y hermosa falda hasta las rodillas.

Sé estaba maquillando de manera sencilla, después de preparar su piel, mientras su doncella la peinaba, decidida a salir a caminar, sintiéndose una estrella de antaño, glamurosa y a la moda, sin importarle que la reconocieran o no.

Oyó los suaves golpes en la puerta, de mano de Kaede, anunciando su entrada.

_ Adelante…

_ Señorita Kagome, te busca afuera, Yoshida sama…

_ ¿Bankotsu está aquí?...

Sonrió con alegría y le pidió a su Asistente pedir que lo atendiera en lo que salía.

Termino de peinar sus cabellos, dejándolos sueltos pero relucientes, se puso unas zapatillas de tacón bajo y salió a recibir a su amigo, emocionada de poder verlo de nuevo, después de algún tiempo.

Bankotsu Yoshida, alto, de complexión delgada, pero fuerte, grandes manos, piel bronceada y ojos profundos, de un color azul tan oscuro, que parecían negros, sobre un rostro agradable, del que muchas madres escondían a su hijas; espero en la sala, tomando un té, en lo que su amiga decidió aparecer, cerciorándose que todo a su alrededor fuera cómodo y confortable, a la altura de su querida Kagome.

Cinco minutos pasaron, y apareció por la puerta la hermosa visión, sacada de un catálogo de moda, de los años sesentas.

_ Por un momento pensé estar viendo a Audrey Hepburn, pero me decepciones al ver que solo eras tu…

Sé acercó y le dio un cariñoso beso en la mejilla, mientras despeinaba su perfecto cabellos y regresaba a tomar su té.

_ Tan adorable como siempre, mi cruel amigo…

Ambos rieron de sus bromas, pues se conocían y sabían que los halagos estaban de más entre ellos.

_ Luces hermosa, ¿Cómo has estado?, te extrañe todos estos meses…

_ Estoy perfectamente, y también te he extrañado… ¿has desayunado, gustas que te traigan algo?...

Bankotsu le aseguro que todo se encontraba bien, mientras sacaba la cajetilla de cigarros y le ofreció uno a su amiga, que siempre que estaba con él, no perdía oportunidad de disfrutar alguno, aunque su instructor de canto sé los prohibiera para no correr el riesgo de perder su voz.

_ Debes de estar satisfecha por el triunfo obtenido en tu primera noche, ¿Verdad Kagome?.

Kagome sonrió mientras arrojaba el blanco humo por sus labios.

_ Te mentiría si dijera lo contrario, la verdad me siento satisfecha y halagada por el recibimiento del publico en Paris…

_ Yo diría que a todo París, no sólo al público de anoche. Los periódicos no dejan de halagarte, las críticas han sido maravillosas…

Kagome sonreía sonrojada y tímida, mientras apagaba el cigarrillo en el cenicero, pues las palabras de su amigo si le llegaban, más que las de los periódicos…

_ ¡Ya! no es para tanto…

_ ¿Aparte modesta?...

Bankotsu la miraba enternecido, pues a pesar de los años en medio de la fama, conservaba la inocencia que siempre le había gustado.

_ No sabes cómo lamento perderme tu actuación de anoche. Había prometido a madame Darsier, esposa del consulado, ya sabes el del Tratado Humano-Youkai

Había prometido acudir a su fiesta, y me fue imposible escapar de ese compromiso.

Y déjame decirte además, que fuiste el tema de conversación de esa noche.

_ Y como siempre, imagino que fuiste tú, el encargado de hacerme la propaganda.

Le decía burlona, mientras saboreaba un delicioso ecler, que venía en el servicio de té que Kaede arrimo para ambos.

_ Kagome, ¿Qué te parece si damos un paseo en carruaje por París? ver de nuevo el Arc de Triomphe, de Champs- elysées, la Torre Eiffel, Grand Palais. Podemos comer después, donde tu quieras, ir por tus macarons favoritos o caminar por el Bois de Bologne. Quiero compensar mi ausencia de anoche, asi que tu dime lo que quieres hacer.

Kagome sonrió feliz y agradecida, pues como siempre, los gustos de ambos estaban sincronizados.

_ Pues pensaba salir a pasear yo sola, pero me alegra mejor ir contigo…

Entró Kagome a su habitación, por una chaquetilla color negro a la cintura y manga hasta los codos, además de unos lentes color negro y un sombrero de ala ancha color rojo, que combinaba con sus zapatillas, pues si vas a París, viste con glamour.

Cuando salió, Bankotsu ya había hecho unas llamadas y sonrió orgulloso al ver la belleza de su amiga, que en esos momento definitivamente parecía una hermosa estrella del cine de la edad de oro.

Cuando salieron a la entrada del hotel, un hermoso carruaje tirado por cuatro de los más hermosos caballos blancos, aguardaba por ellos, sonriendo Kagome sorprendida, mientras su guapo acompañante, muy galantemente, la ayudaba a subir.

Sin dejar de prestar atención a la plática de Bankotsu, Kagome disfrutaba feliz, del sol y del hermoso paisaje, que solo París en ese perfecto día le podía ofrecer.

Miraba todo con curiosidad como si fuera la primera vez, pues ya eran varios años, fuera de la ciudad en la que creció después de mudarse de Japón con su padre.

Aquel sentimiento de confusión, que experimentó por primera vez después de aquel ostentoso ramo de flores, había quedado atrás, y en ese momento solo disfrutaba con alegría, la compañía de su querido Bankotsu.

Sé habían bajado a caminar, deteniéndose en la Torre Eiffel, donde entraron a almorzar al famoso restaurant "58 Tour Eiffel", disfrutando de la vista mientras bebían una copa del mejor vino francés.

Kagome de repente noto, que su corazón se aceleraba, y una extraña inquietud estremecía su alma, sintiéndose observada y extrañamente, en peligro.

Había youkais a su alrededor, y sabía que ella podía sentir el youki de ellos, una habilidad que había heredado de su abuela, que había sido Miko en un Templo Shinto.

Pero en la actualidad, los youkais no tenían necesidad de alzar su youki de esa manera, se consideraba una agresión, si un sagrado los llegaba a detectar.

Aunque en su caso, no llevaba un hábito de Miko, ni nadie sabía de sus habilidades.

Miró más allá del hombro de Bankotsu, disimuladamente, y en el otro extremo del Restaurant estaba sentado Sesshomaru Taisho, teniendo un almuerzo de negocios, con unos posibles inversionistas.

Lucía elegante y arrogante como siempre, con su traje color gris, a la medida de su escultural cuerpo, que combinaba perfecto con su cabello color plata, que brillaba hermoso con la diáfana luz solar que entraba por el gran ventanal.

Con despreocupada altivez, miraba a su alrededor, sin perder detalle de NADA, emanando de su persona una fuerza poderosa, llena de orgullosa nobleza, dándose cuenta, de que la miraba con distante expresión y duro rostro.

Regreso su mirada al rostro de su acompañante, después de perderse en ese breve instante, sintiéndose por primera vez, terriblemente turbada por la presencia de alguien del sexo opuesto, hombre o youkai.

Ella sabía que no había dejado de mirarle, cruzando su mirada con él de manera disimulada y accidental, viendo de repente cómo se levantaba, con movimientos lentos, fríamente calculados, dirigiéndose hacia donde estaban ellos.

Sentía su corazón latir con fuerza, su rostro se sonrojó, y desvió la mirada, mientras apretaba la servilleta en su mano con fuerza, dándose cuenta Bankotsu de su turbación.

_ Kagome, ¿Te encuentras mal querida? ¿quieres que nos marchemos?...

Pero no había alcanzado a terminar la frase, cuando noto la presencia de alguien parado a su lado.

_ Bankotsu Yoshida, ¿acaso ya no conoces a los amigos?...

_ ¡Sesshomaru san!...

Sé levantó de prisa, sorprendido y feliz, ignorando por un momento a su amiga, mientras abrazaba al Daiyoukai.

_ No sabes cuánto me alegro de verte aquí…

_ ¿Que ha sido de tu vida Bankotsu? tengo mucho sin saber de ti…

Bankotsu hablaba de prisa, tratando de abarcar todo el tiempo que no se habían visto, dando afectuosas palmaditas en su espalda, que solo años de sincera amistad, le daban libertad de hacer.

Mientras Sesshomaru sonreía calladamente, pues conocía su carácter natural y sencillo, de carácter fácil, que apreciaba mucho a pesar de ser todo lo contrario de él.

_ Anoche tuve el honor de saludar a tu Madre, la princesa Izayoi, en la fiesta de los Darsier, y no me comento que estuvieras aquí, pero bueno, no fue su culpa, la verdad esa noche, solo un tema estaba en boca de todos.

Y con una mirada significativa, señaló a Kagome, que estaba en silencio, contemplando la escena con verdadero interés.

_ ¿No me presentas a tu bella compañera, Bankotsu?...

La voz de Sesshomaru, sonaba demasiado irónica para su gusto, pero su amigo no lo vio así y de inmediato se puso en ello.

_ Perdonen ambos, mí falta de educación, me he distraído terriblemente.

Tomó de la mano a Kagome, ayudándole a levantarse de su asiento.

_ Ella es la Señorita Kagome LeBlanc Higurashi… de quien habras oido hablar… y él es Lord Sesshomaru Taisho, al que ya conoces por referencias…

_ Gusto en conocerlo Taisho sama… gracias por el hermoso ramo de flores…

Expreso Kagome, rehuyendo de la mirada de sorpresa de Bankotsu que ignoraba tal acción.

_ Dignas de usted, mademoiselle LeBlanc…

¡Qué enigmático le resultaba Sesshomaru Taisho!, tan capaz de decir lo más hermosos cumplidos para el oído de una mujer, sin siquiera una pequeña sonrisa, que iluminaba su rostro y dejara ver sus verdaderas intenciones, sintiéndose desconcertada, pues ¿para qué negarlo? ella las deseaba.

Era el único que la miraba, sin que en sus ojos se plasmará ese brillo de admiración, que ya la había llegado aburrir.

Tal vez por eso, ella se sentía inclinada hacia él de modo inconsciente.

_ Tenemos que reunirnos de nuevo, antes de que regrese a Japón, fue un gusto volver a verte Bankotsu, te dejo seguir disfrutando de tu cita… Mademoiselle LeBlanc, fue un placer conocerla.

Cuando se hubo marchado y que ambos amigos, disfrutaban de una última copa de vino, apreciando la hermosa vista de la ciudad, Bankotsu no pudo evitar preguntar.

_ No sabía que Sesshomaru te había enviado un ramo de flores, ¿Acaso estuvo en el estreno de anoche?... ¿Cómo no me lo dijo?, y yo encerrado en la fiesta esa…

_ Pues según lo que lei en los periodicos, asi fue. Supongo que le gustó mi actuación, por eso recibí las flores.

No le confesó, que se había dado cuenta de su presencia, pues se había sentado en el palco junto al escenario, ni tampoco la impresión que le causó su mirada, pues no quería especulaciones de parte de él…

_ Pues él es un gran conocedor de Arte, a pesar de ser un youkai que en el pasado estuvo más inclinado a la batalla, pienso yo, que es un modo de equilibrar su vida y sus gustos.

_ Pues tu no te quedas atras, querido Bankotsu, pues conozco tu pasión por las armas, además eres bueno en Judo y Kendo… supongo que de esa manera conociste a Sesshomaru…

_ Así es… mi Sensei fue un youkai, aliado de la Antigua casa del Oeste.

Kagome termino de beber su copa de vino, aparentemente sin prestarle la debida atención, fingiendo algo de desinterés, haciéndole creer que esos temas no le importaban.

Pero estaba cansada, su espíritu intranquilo, y le pidió que la llevara al Hotel a descansar, agradeciendo por el maravilloso día que habían pasado juntos.

_ Prometo ir a ver a las otras dos funciones que faltan… no me perderé el verte actuar como Madame Butterfly, por nada del mundo, estoy casi seguro que has sido la más hermosa Cio- Cio san, hasta ahora…

_ Exagerado como siempre… pero aun asi, espero que ahí estes, eres mi publico favorito…

Sé despidió con un tierno beso en la frente de Kagome y se marchó dejándola descansar.

Kagome se dejó caer en el mullido sillón, arrojando su sombrero y lentes a su lado, mientras se quitaba las zapatillas…

_ Okaeri nasai, Señorita Kagome, ¿disfruto su paseo?...

_ Tadaima Kaede, si lo hice, Bankotsu se lució esta vez…

Kaede arrimaba un servicio de té para ella, mientras se sentaba a su lado.

_ Yo no entiendo porque Bankotsu y usted no se casan, son tan felices juntos, los dos hacen una linda pareja… Y estoy casi segura de que él la ama como a nadie en el mundo…

Kagome sonrió mientras recostaba su cabeza en las piernas de Kaede, buscando sus mimos.

_ Ya pasamos por esa situación… y nos dimos cuenta que nos queremos más como hermanos, como amigos, que como posibles novios… él es demasiado sociable para mí estilo de vida.

Antes de que se quedara dormida, Kaede la guió a su habitación, y la cubrió maternalmente con las delicadas sábanas, suspirando, pues solo ella sabía, todo lo que esa dulce señorita venía cargando a cuestas y todo lo que le había costado deslindarse de todo.

_ ¡Ay Kikyo! cómo le ha costado desligarse de las secuelas que dejaste...

*OOO*O**O*

Bankotsu, había estado con ella, todos los siguientes días, durante los ensayos, coqueteando con sus compañeras.

O su penúltima función, cuando salió, junto con ella y toda la compañía a celebrar, uniéndose a ellos, Lord Sesshomaru, con el que solamente pudo intercambiar saludos corteses, pues casi era hora de que ella regresara al hotel, siendo acompañada, por un par de compañeras, cantantes de fondo, que estaban hospedadas en el mismo hotel.

A pesar de que sus acciones le hacían pensar en el carácter recio, frío y hasta algo violento de aquel ser, intuía que dentro de él existía un corazon , que latia como el de cualquier mortal, que ha pesar de los defectos o virtudes que pudiera tener, era quizás más noble de lo que pretendía y aparentaba y con unas ansias ocultas, de ternura infinita.

Sé preguntaba si esa noche iría al teatro, era su última función, y aunque la anterior no lo había visto hasta llegar al Restaurant, mientras cantaba sintió su mirada, buscandolo en el palco, disimuladamente, en que había estado la noche anterior, donde sólo encontró el rostro sonriente de su mejor amigo.

No sé lo confesaba, pero deseaba su admiración, sus elogios, sino como persona, al menos como artista.

Y entonces sonreía, y continuaba maquillándose, sonriendo como boba a la imagen de Cio- Cio san, que poco a poco iba cobrando vida en el espejo, mientras su primer Kimono descansaba en el soporte, esperando salir a escena.

Cuando hizo su aparición, sus primera mirada fue a él, que se encontraba sentado en el mismo palco, ocupando su sitio, erguido, gallardo y atractivo, con su traje de gala, atrayendo inconsciente, las miradas de algunas mujeres que esa noche se encontraban entre el público.

Una ligera inclinación de su rostro, le dio a entender, que a pesar de su indiferencia por el resto del mundo, estaba pendiente de ella, esa noche, sintiéndose absurdamente feliz.

¿Que le importaba, que su frío rostro no sonriera, si su mirada se clavaba en ella, con distinta expresión?...

Aquella noche actuó como nunca, cantando con su alma, atrapando a todos bajo su "hechizo", erizando la piel de muchos, haciendo llorar a otros, embebidos en su hermosa voz, en la tristeza de la hermosa historia de "Madame Butterfly", finalizando con una atronadora tempestad de aplausos, y una lluvia de flores.

Entró de nerviosa a su camerino, después de agradecer un par de veces más, de recibir el abrazo de todos sus compañeros, respirando con fuerza, sintiendo su corazón latir con fuerza.

¿Que había sido eso? ¿que había sido esa mirada?...

Toda su alegría por el triunfo avasallante, había desaparecido, barrido por esa mirada acusadora de parte de él, ¿acusadora de que? ¿ que había hecho ella?...

*O*O*O*O*O*O*O

Envuelta en su cálido abrigo, atravesaba el vestíbulo del teatro, acompañada de su doncella, además del Empresario del teatro y el Productor de la obra.

_ ¿ La recogerá algún chofer, Señorita LeBlanc? _ preguntó el Productor de la Obra, acompañado de su elegante esposa.

_ Hace rato que debiera estar aquí, pero veo que no es así…

_ Si no tiene inconveniente, podemos pasar a dejarla, no puede viajar en Taxi a esta hora…

_ Buenas noches… sin querer he escuchado su plática… si no tiene inconveniente, yo la llevaré a su Hotel Señorita LeBlanc…

La alta figura del Príncipe Daiyoukai se perfiló ante ellos, y sus palabras tuvieron la virtud de acelerar de nuevo su corazón.

_ Acepto su ofrecimiento Lord Sesshomaru… y muchas gracias por preocuparse, monsieur Charcof…

_ Toujour a votre service, mademoiselle… bonne nuit… (Siempre a sus ordenes, señorita… buenas noches).

Y se despidió de ambos, haciendo una pequeña reverencia.

Kagome sintió la mano de Sesshomaru sobre su cintura, siendo guiada hacia afuera, mientras eran seguidos por su doncella.

Jaken ya tenía su auto a la orden, abriendo la puerta para ambos, y guiando a la doncella al asiento de enfrente junto a él.

_ ¿Al hotel Señorita LeBlanc?...

Kagome no podía evitar mirar su rostro, de manera escrutadora, pues realmente no entendía el carácter cambiante y variante, respondiendo con un susurro:

_ Si..._

_ ¿Jaken san, escuchastes?... _ pregunto, mientras su chofer asentía.

_ No tiene mucha prisa, ¿verdad?

Era una pregunta, sin embargo parecía una orden, sintiéndose molesta y turbada a la vez, pues no estaba de acuerdo con el hecho de que que empleara ese carácter autoritario, del que según Bankotsu, siempre hacía alarde.

Y rebelándose contra la idea de llegar más tarde a su Hotel y pasar un poco más tiempo con él, contestó en el mismo tono:

_ Ninguna prisa, sin embargo, he de llegar a la misma hora todos los días, pues Kaede sama, tiene una tendencia a preocuparse demasiado por mi, y para eso faltan exactamente veinte minutos…

Decía Kagome viendo su reloj, mientras Sesshomaru la veía sorprendido, intentando ver si era broma lo que estaba diciendo, encontrando una tranquilidad que lo desconcertaba, logrando hacerlo sentir vulnerable.

_ ¿No puede hacer una excepción esta noche, señorita LeBlanc?

Pregunto al final, con frialdad.

_ ¿Porque habria de hacerlo?...

_ Porque sé lo estoy pidiendo, amablemente…

_ ¿Usted?... no me parece muy aficionado al trato social…

Le contestó Kagome rápidamente, mientras él se admiraba de su perspicacia.

_ En efecto, considero a la sociedad tan falsa y egoísta, que huyó en cuanto puedo…

Y mirando a los ojos, sintiéndose incómodo por dentro, continuo:

_ Sin embargo, le pido que me conceda su compañía por unos minutos, ¿no es eso lo que debería de decir?...

_ En efecto, mí Lord…

Contestó Kagome, intentando adivinar que pasaba por la mente de aquel Daiyoukai, que sonreía irónico…

_ Disculpe, extravagancias de mí carácter…

_ O caprichos de Principe, depende cómo se vea…

Nuevamente el desconcierto en la mirada de Sesshomaru, que ella noto gozosa, apuntando un pequeño triunfo, ella no era cualquier chica.

_ Y bueno, sea lo que sea, ¿será capaz de negarme los minutos que le pido?...

Sé había inclinado hacia ella, mirando con nueva luz en las pupilas, normalmente de dorado invierno, y en las que se notaba, acaso ¿ternura? ¿pasión?.

El perfume tenue y varonil, llegaba desde su cabellos color plata, particularmente bello, sintiendo que toda su voluntad comenzaba a flaquear, después de todo, él no la ofendio en nada, al contrario, todavía le había prestado el favor de llevarla hasta su hotel.

Si tenía un carácter autoritario y áspero, ¿pero a ella que más le daba?, él tenía un algo, que la atraía irremediablemente, aunque ese algo anulara su voluntad, molestando, pero al mismo tiempo, sintiéndose absurdamente dichosa de ser notada por él, queriendo complacerle.

Le miro a los ojos directamente, con una dulzura tan deliciosamente femenina y seductora, que Sesshomaru de repente se sintió preso de una desazón inexplicable.

_ Si sería capaz de negarme. Pero cómo no quiero que guarde un mal recuerdo de mí, le acompañaré un rato cómo desea.

_ Gracias _ contesto brevemente, con una velada expresión de triunfo que pasó desapercibida para la joven.

Kagome tocó delicadamente el hombro de su doncella, dándole a entender, que le enviara un mensaje a Kaede de su retraso.

En un inesperado movimiento, se apoderó de la pequeña y delicada mano enguantada de ella. depositando en ella un tenue y ligero beso, apartandola rápidamente y volviendo a ponerla sobre su regazo, intentando no lucir tan sorprendida.

_ Es usted adorable.

Y recargándose sobre su espalda, se encerró en un hermético mutismo.

No lograba entenderle.

Por mas que estudiaba, aquel carácter, no acertaba en descifrar su enmarañada psicología.

Desde que lo conocio, no dejaba de preguntarse, qué misterios guardaba esa alma torturada, que no le permitía sonreír, ni mostrarse tal cual era en realidad.

Sabía que su innata cortesía, tal vez producto de su años en el mundo, lo instaban a mostrarse cortés, educado, pendiente en cualquier momento de ella, de sus palabras, de sus gestos, pero siempre serio, hosco, impenetrable.

De súbito, el Daiyoukai rompió el silencio, interrumpiendo sus cavilaciones.

_ No le ha hablado Bankotsu Yoshida de mi ?

_ Si.

Contestó rápidamente, sintiendo su corazón latir rápidamente por la sorpresa.

_ … Y por cierto bastante bien. Me ha hecho un extenso currículum de sus cualidades, no cabe duda de que le aprecia bastante… creame.

_ Ha sido un gran amigo, y como tal, exagera mis virtudes.

Usted, ¿qué opinión sé ha hecho de mí?.

La pregunta, demasiado directa, la tomó por sorpresa, pero se recompuso de inmediato, intentando responder.

_ Es muy pronto, para poder juzgarlo con exactitud, mí Lord; hace solo unos días que lo conozco, y el carácter de cualquiera de género masculino, tiende a ser variable, sin llegar a conocer a alguien del todo.

Sesshomaru volteo a mirarla con el semblante visiblemente molesto, increpando con rudeza.

_ ¿Se preocupan acaso las mujeres, de llegar al fondo de ese corazón que tacha de voluble? Y cuando alguna vez lo consiguen, ¿acaso saben tratarlo como necesitan? ¡no!... solo proporcionan más que desengaños, amarguras, sufrimientos.

Juegan con el corazón de un hombre como si fuera un muñeco… son todas iguales, volubles y falsas…

Kagome parpadeo nerviosa, un par de veces, incrédula ante sus palabras, mientras sentía un frío asombro recorrer su cuerpo y un terrible desencanto inundó su alma, ¿porque hablaba asi? ¿porque la estaba insultando de aquel modo? ¿qué culpa tenía ella, de lo que "otra" hubiera hecho?.

Y miro sus manos en un puño, de dedos delgados, elegantes, con temibles garras, que lejos de darle un aspecto temible, lo hacían ver bien, cómo parte natural de él.

Y tuvo lástima, pues era seguro que su motivo debía de ser muy grande, para tener que hablar de esa manera.

Tuvo el deseo de acercarse y acariciar esas manos grandes de finos y elegantes dedos, que aun con garras, le parecían hermosas, y hacerle comprender, que aún había mujeres buenas y nobles, que daban más de lo que exigían cuando el amor las hacía presas; pero se contuvo, se sentía tan poquita cosa ella, se consideraba tan insignificante a su lado.

Con voz susurrante dijo:

_ ¿No creer que hay excepciones, mí Lord?.

Apartó la vista de la calle y la miro.

Estaba bellísima y deslumbrante, perdiéndose en sus azules ojos, tenía que reconocer algo a pesar suyo, y con la ira mal reprimida, masculló entre dientes…

_ Quizás… pero por mí parte, yo las detesto.

Y Kagome decidió guardar silencio, contrariada.

Aquella noche, recluida en sus habitaciones, le dio vueltas y vueltas a esa extraño acercamiento, sorprendiendola la mañana sin poder dormir, preguntandose que se proponia entonces, ese Daiyoukai, al querer al mismo tiempo cultivar su amistad.

Ese "hombre" por el que se sentía cada vez más dominada, a cada instante que pasaba, pues desde el primer momento en que lo vio, se sintió fuertemente atraída hacía él, y al ver cómo la vida seguía poniéndolo en su camino, llegó a la conclusión, que tal vez se trataba del amor de su vida.

Durante aquellos años, de constante deambular por el mundo, en que fue admirada, aclamada y amada, jamás pudo su corazón interesarse en nadie, concentrada en lo suyo y en superar miles de obstáculos para llegar a donde estaba.

Desde que murieron sus padres, siempre había sido así, apartándose del mundo, pero de repente aparecía aquel youkai sin igual, en su vida, poniéndola de cabeza con solo la frialdad de su mirada, pero al que de manera inconsciente había entregado su corazón.

Nunca se había preocupado por el amor, para que ahora en cuestión de días, se adueñaba de ella irremediablemente, convirtiéndola en una víctima más a la que inmolar, ya que algo intuitivo en su ser, le hacía presentir que jamas se fijaria en ella para amarla.

Solo la miraria con ¿odio? ¿resentimiento?, incluso tristeza, pero jamás el Príncipe Daiyoukai, Sesshomaru Taisho, la mirarían con amor.

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Bueno, las bases poco a poco están quedando asentadas en este misterio…

¿Les gusto? dejen un review y comenten al respecto, me agrada escuchar sus opiniones tratando de tomarlas en cuenta…

Gracias por sus hermosos comentarios, prometo actualizar más pronto…

Les mando un abrazo supercalifragilisticoespialidoso hasta donde estén…

YOI MINO