DISCLAIMER:

Esta historia está basada en el cuento "EMBRUJO", que se publicó en la revista "ROMANCES", del mes de julio de 1951, escrito por la autora CARMEN G. GONZÁLEZ DE MENDOZA, conocida también, como MARIA DEL CARMEN GARRIDO (wikipedia)

Los personajes del manga y anime "INUYASHA" pertenecen a RUMIKO TAKAHASHI.

De la colección de revistas "ROMANCES" de mi Abuela, esta segunda adaptación, que espero que les guste...

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Kagome llego a su habitación sofocada, cómo quien hubiera corrido un maratón, cuando solo había intentando mantener la compostura caminando con la cabeza en alto, sintiendo su corazón latir con furia y su respiración desenfrenada por la adrenalina del momento.

Sé recargo sobre la puerta de su cuarto, tratando de controlarse, antes de que Kaede se levantara y se diera cuenta de su desconcierto y casi pego un grito, cuando sintió la voz de Sesshomaru cerca de oído, al otro lado.

_ Kagome, perdóname por favor, no sé qué me sucede cuando estoy a tu lado… permíteme compensarte…

Kagome se movió de donde estaba, pegando la frente sobre la dura madera, tratando de no llorar y sonreír al mismo tiempo, pues aunque sus palabras la hacían feliz, su corazón sufría por lo cruel que podía ser el Príncipe.

_ Mañana iremos todos a las aguas termales de la familia… ¿aceptas?.

Kagome sentía derretirse con su masculina voz, separada de su cuerpo por un par de centímetros, casi pudiendo sentir las vibraciones de la madera sobre la sensible piel de sus hombros.

_ Está bien, Sesshomaru sama; Buenas Noches…

_ Buenas Noches, Kagome…

Sintió unas ganas inmensas de llorar, cuando escuchó sus pasos silenciados por la alfombra del pasillo, y con unas terribles ganas de despertar a Kaede y su doncella y salir huyendo de ahí cuanto antes, pues el presentimiento de perder el corazón a causa de Sesshomaru, no la dejaba en paz.

_ Buenas Noches Señorita… ¿gusta que la ayude a entrar a la cama?.

Kagome apenas se sobresaltó al escuchar la voz de su doncella, que había despertado para ayudarle a desvestirse.

_ Duerme Olga, yo me la sé arreglar…

Ambas jóvenes se despidieron y Kagome pudo entrar a la lujosa habitación que Lady Izayoi había dispuesto para ella, quitándose sus joyas y desenredando su cabello, antes de desabrochar el vestido y meterse a dar un baño caliente que le ayudará a despejar cada recuerdo amargo de esa noche, tratando solo de concentrarse en la feliz sonrisa de Izayoi ante la sorpresa de su pequeño espectáculo y de aquella canción que la había conmovido hasta las lagrimas.

Se recostó sobre la suave cama, intentando conciliar el sueño y encontrar paz en el merecido descanso.

Pero antes de quedarse dormida, solo una palabra salió de sus labios en forma de suspiro:

_ Sesshoamru…

*O*O*O*

Después de un sueño inquieto, se había despertado solo al despuntar el alba, y se había asomado por la ventana que daba al jardín frontal, bebiendo su taza de té, mientras pensaba en todo lo vivido hasta ese día.

Kagome suspiró contra el cristal, empañandolo con su aliento, cómo lo hacía cuando niña, limpiando después con su manga la evidencia, tratando de que no sé perdiera su mirada en las actividades de Sesshomaru, que desde muy temprano parecía tan activo, ¿acaso los youkais no dormían?.

No sabía cuáles eran sus planes para ese día, pero no sé sentía tan entusiasmada cómo hubiera querido, intrigada y taciturna por el sube y baja que significaban las emociones de Sesshomaru.

Sesshomaru se había arrepentido de su trato, en cuanto la vio partir, cubriéndose el rostro con las manos y restregandolo con furia, tratando de enfocarse en lo primordial, intentando no salirse de lo planeado y actuar tempestivamente, guiado por sus emociones.

Y rápido, usando la velocidad que lo caracterizaba, había salido tras ella, esperando encontrarla antes de que se encerrara en su habitación, pero no había sido así, dando la vuelta para marcharse, antes de darse cuenta de su respiración al otro lado de la puerta.

Tenía una oportunidad, solo una, para seguir con el curso planeado.

Al día siguiente habían partido después de desayunar, con rumbo Sapporo, aún más allá, hacia las montañas, donde estaba casi oculto, un "pequeño" chalet, con todas las comodidades y servidumbre disponible y donde habían unas relajantes y hermosas termas, que habían sido propiedad de la Familia Taisho desde tiempos inmemorables.

Miroku Asami, Sango Seng Ho, Kagome, los hermanos Yoshida y Kagura Onigumo, había sido los invitados que acompañaron a Sesshomaru, y que habían hecho del viaje una delicia, a pesar de las caras amargadas de él y Kagura que se sentía ignorada por todos.

Jakotsu había notado la mirada de Sesshomaru, pendiente de cada gesto de Kagome, decidiendo intervenir de manera deliberada, negándole la atención de su pequeña hermana, tomándola del brazo y cruzandolo en el suyo, caminando siempre juntos, sin dejarla en ningún momento.

También Bankotsu había notado a su amigo, esa mirada del depredador que era, cuando ya ha localizado su objetivo.

Y consciente de que su hermano estaba haciendo su parte, él también se la pondria difícil a Sesshomaru, pues aunque sabía que tal vez ellos podían ser el uno para el otro, él no estaba en el mejor momento para tener una relación, y no quería que su querida amiga saliera lastimada en el intento, otra vez no.

Tenía que hacer que se diera cuenta de lo que sentía, lograr que se enfocara y dejará atrás ese rencor que desconocía, pero que desde la muerte de su hermano, no lo había dejado vivir en paz.

Lo quería y respetaba cómo un hermano, pues aunque él era un demonio de varios siglos de edad, Bankotsu había crecido cercano a su familia, entrenando con un antiguo general de la Casa Taisho, haciéndose amigo desde ese entonces, de los dos hermanos Taisho, con los que aprendió acerca de la vida y el mundo, volviéndose un amigo entrañable de ambos.

No había tenido planes de apartarse de ellos, nunca, pero había cometido el error de enamorarse de Kagura en su momento, pero aunque ella le había correspondido sosteniendo con él un romance en secreto, en cuanto la Princesa Izayoi la propuso cómo prometida de su hijo mayor, ella lo hizo a un lado, movida por su avaricia.

Nadie supo, más que Inuyasha, de su relación con ella y después de que se anunciara el compromiso de ambos, él había decidido irse a estudiar a Estados Unidos, donde conoció a Kagome, cuando apenas comenzaba su carrera y estudiaba en The Julliard School, al igual que Jakotsu.

Solo volvio a ver a Sesshomaru, hasta que supo de la muerte de Inuyasha, a través de los medios, dándose cuenta de la bestia herida en la que se había convertido, después de la terrible muerte de su hermano.

Suspiro mientras bebía su whisky y veía sin ver a su hermano y sus amigos jugando en la nieve, pensando en aquellos años, sintiendo aun el dolor en su pecho, pues habían sido demasiadas desgracias en un corto lapso de tiempo.

Sesshomaru se había acercado en silencio por detrás, sosteniendo también, un trago de whisky, notando la mirada concentrada, al parecer en Kagome, sintiendo una pequeña punzada de celos, dentro de él.

Había intentado averiguar al respecto, pero supuestamente Bankotsu solo veía a Kagome cómo una amiga.

Pero sabía que era posesivo con esa hembra, y al final, chasqueando la lengua y apurando el whisky, solo llego a la conclusión de que su único amigo humano, había caído en el embrujo de esa mujer también.

No había sido el único, ni lo sería tampoco…

_ Deberíamos de aprovechar que el descenso está en su mejor momento, y esquiar la pendiente…

Miroku no conocía los detalles de la familia Taisho, Sesshomaru creía que nadie de los ahí presentes, pues lo que antes era su deporte favorito, era ahora algo lleno de tristes recuerdos, que lograban ponerlo de mal humor.

_ ¡Si! y después comer algo de Soba y Sake…

Bankotsu miró a su amigo, para lo que solo basto una mirada y comprender que no contaría con él en ese paseo.

No le diría nada, sabía que su orgullo no le permitiría tocar ciertos temas con él, pero cuando Kagome dijo que ella prefería quedarse a descansar o tal vez bajar a la ciudad hacer algunas compras, sabía que al menos podía sacar a su amigo de los malos recuerdos en los que podía sumirse.

_ Bueno, entonces yo me quedaré a acompañarte e ir de compras contigo…

Sesshomaru de inmediato sintió su interior enervar y de manera fría, lógica e inteligente, intentaba encontrar el pretexto perfecto para ser él, el que acompañará a Kagome a la ciudad.

_ Si gustas, Bankotsu, puedo ser yo el que acompañe a la señorita LeBlanc a conocer la ciudad, no tenía pensado esquiar en esta ocasión, así que no traje mi equipo cómo ustedes, y sabes lo que pienso sobre rentarlos…

Bankotsu se anotó un triunfo interno, al ver que su amigo inventaba mil pretextos para estar al lado de ella.

_ Entonces yo también debería de quedarme e ir de compras con ellos.

Kagura intentaba arruinar sus planes, pero Sango fue muy inteligente, e intuyendo las intenciones de Bankotsu, intervino.

_ ¡Espera! hace apenas unos minutos me estas presumiendo lo buena que eras deslizándote y nos retamos a una competencia, sería muy descortés de tu parte hacerte para atras.

Kagura la miró con desprecio, pero sabía que Sango era fuerte y muy importante en el mundo de los negocios de la Moda, así que no la dejaría menospreciarla, y menos siendo solo una humana.

Kagome se retiró a su habitación para prepararse para partir, después de haberles deseado a sus amigos un feliz descenso.

_ Kagome san, ¿estás lista?...

Llegaron a la ciudad de Sapporo al atardecer, después de un silencioso viaje, en el que solo cruzaron las palabras imprescindibles.

Pero Kagome ya estaba acostumbrándose a su hermetismos y a su carácter cambiante, y realmente para ella estaba mejor así, pues no tenía ganas de tocar el tema del día anterior, cuestionar, sentir la necesidad de que él le pidiera disculpas.

Sesshomaru no sabía cómo recuperar el terreno perdido, entablar con ella una conversación cómo antes, sin que su rostro lo delatara o la furia de su carácter le explotara en el cuerpo.

Notaba su aura en paz, mientras apoyaba su rostro en el cristal del helicóptero, mirando hacía afuera camino a la ciudad.

_ Bueno, ya estamos aquí, ahora, ¿que quieres hacer?...

Caminaron por la ciudad, mientras Kagome curioseaba de aquí allá, probando todo lo que se encontraba al paso, feliz de conectarse de nuevo con la cultura de su padre.

_ Escuche mientras estaba dentro del combini, que en estos momentos está el festival de esculturas de nieves en el parque Odori, ¿vamos a verlas?...

Sesshomaru la miro con el rostro fruncido, y cómo quien habla de repente un idioma diferente, tratando de comprender que encontraba de especial en ir a ver tontas esculturas de nieve, efímeras, inútiles.

_ No ponga esa cara, Sesshomaru sama, intente divertirse un poco al menos…

Y a pesar de solo gruñir interiormente, la siguió, en un estado de irritabilidad, que solo los youkais y hanyous que caminaban también por la ciudad, sentían, preocupados de que el youkai más poderoso matara a la hermosa humana con la que caminaba junto.

Kagome se sentía segura y triunfadora, y poco a poco su personalidad traviesa y desafiante, volvía a ella dispuesta a salirse con la suya y hacerle ver al Príncipe quien era Kagome LeBlanc Higurashi.

Ajustó su abrigo y acomodo su bufanda, pues el frío de Hokkaido era algo a lo que no estaba acostumbrada, tan similar y diferente al de Rusia, donde actuó una temporada.

Sé sorprendió cuando Sesshomaru enredó en ella, la bufanda que traía cómo parte de su atuendo, más por moda, que por necesidad, y ella sintió su corazón saltar, sonrojándose, mientras intentaba ocultar su rostro de la mirada insistente de él.

¿Cómo podía ponerla en ese estado con un acción tan sencilla?, noto cómo la comisura de sus labios se había alzado levemente, en un intento de sonrisa triunfante, que la había hecho molestar.

Él no le ganaria, le haría pagar el descontento del día anterior.

El Parque de Odori se alzaba majestuoso frente a ellos, decorado con monumentales esculturas de hielo y nieve, iluminadas de manera artística, resaltando la belleza del frío y la nieve.

Kagome divertida tomaba fotos con su celular, mientras jalaba a Sesshomaru, olvidándose del mal humor que la había hecho pasar, mientras que él admiraba las réplicas de La Casa de la Luna, de Inu no Taisho en su forma youkai, enorme, imponente.

Kagome le había hecho muchas preguntas del pasado y no sé había dado cuenta, que había respondido cada una de ellas, hasta que la imagen de Inuyasha llego de nuevo a su memoria, recordando que aquella mujer de aspecto frágil e inocente, no era la mujer que lo hacía sentir que su mundo podía ser menor de ahí en adelante, si no su enemigo, la culpable del dolor más grande de su vida.

Su actitud cambió de inmediato y tomó la mano enguantada de Kagome, cruzandola por su brazo, acercandola a él, haciéndole parecer al mundo que ellos dos se "amaban" o estaban a punto de iniciar una vida juntos.

Kagome lo miro, un poco sorprendida y él, con una mirada ardiente, le sonrió cómo nunca había visto en él, dándose cuenta de lo hermosamente irreal que era, y cómo ella había sucumbido a sus encantos, admitiendo que el príncipe daiyoukai había logrado invadir su alma.

_ ¿Tienes hambre?, yo tengo ganas de comer miso ramen, y conozco un lugar que seguro amarás…

¿Miso ramen?, eso realmente la había desconcertado, aunque de manera alegre, pues ella sería más feliz comiendo en un lugar sencillo, que alguna elegante y estricto Kaiseki- ryori.

_ ¿Por qué esa cara? ¿no te gusta el ramen?...

Kagome sonrió, con el rostro iluminado.

_ De hecho es algo que adoro, y aunque Kaede en ocasiones me complace preparando, no es lo mismo que comer en el mismísimo Japón…

_ Bueno, iremos al Yokocho Ramen (callejón del ramen) y entraremos a mí Izakaya preferido…

Kagome no podía creer esa nueva faceta que estaba conociendo de él, feliz y al mismo tiempo preocupada, pes no sabía que iba a suceder después de eso.

Sesshomaru le servía un vaso de cerveza, convirtiéndose en el perfecto anfitrión, recomendandole sus platillos preferidos, mientras Kagome bajaba sus defensas y se relajaba a su lado, disfrutando de los deliciosos alimentos marinos.

_ En París la gente se emocionaba al verlo, Sesshomaru sama, pero aquí todo es tranquilo y puede caminar entre los suyos cómo si nada…

_ Llevo viviendo en Hokkaido más de 100 años, a pesar de mí rango, la gente me conoce bien y se a acostumbrado a mí presencia sin perder su respeto.

Kagome bebía un sorbo de té mientras lo veía comer un tenaza de cangrejo.

_ Nunca podré acostumbrarme a la cantidad de años que vive un youkai, es difícil de imaginar, así que supongo que debe de ser algo bueno.

_ Todo depende si eres feliz al lado de los que amas o si por el contrario estás solo en la vida, sin nadie con quien compartirla…

Sesshomaru apuro el último trago de cerveza y se levantó a pagar la cuenta, mientras Kagome lo miraba sonrojada, pensando en sus palabras, pues después de la muerte de aquella que consideraba su madre, él estaría en completa soledad al menos que la pudiera encontrar una pareja y tener hijos con los que construir nuevos lazos, y ella más que nadie comprendía esa situación, pues aunque sus años eran pocos, comparados con la larga vida de un youkai, si no fuera por la familia Yoshida, Kaede y Olga, ella estaría completamente sola en la vida, pues ya no tenía familia en ese mundo.

Caminaron en silencio de regreso al helipuerto, ya acostumbrada Kagome a los silencios pesados e incómodos de parte de él.

Sé vislumbraba a los lejos, entre los árboles y la blanca nieve, el tejado del Chalet y Kagome se concentró en la invernal y mágica vista, mientras que Sesshomaru, admiraba su rostro a la blanca luz de la luna.

Mientras caminaban hacía la entrada, sé escucho las notas suaves de una guitarra, seguramente de algún sirviente nostálgico, que le cantaba a la luna, y Kagome, sumergida en el embrujo de la noche, se detuvo y se atrevió a mirarlo a los ojos después de aquellos interminables minutos de silencio.

Tan varonil, bañado de plata, brillando en la noche.

_ Fue maravilloso todo esto… Gracias Príncipe Sesshomaru, por brindarme un placer semejante…

Él se inclinó y su rostro, varonilmente hermoso, quedó peligrosamente cerca del rostro de la artista.

Y cómo si quiera entibiar con su aliento, respondió de manera suave:

_ Yo también estoy obligado a darte las gracias Kagome, porque si yo proporcione el placer de un gran paseo, tú en cambio, me lo has brindado con tu dulce compañía y la belleza que posees…

Kagome no quiso oír más, era peligroso seguir en esa situación, sumergida en su ardiente mirada de sol, pues sé reconoció débil ante la pasión que se reflejaba.

_ Hasta mañana…

Le miro coqueta y sonrojada, bajando el rostro antes de darse vuelta y retirarse a sus aposentos.

Sesshomaru se sorprendió del brillo de sus ojos, ¿que había visto en el fondo de su mirada?, un destello tan acusador y maravilloso del amor que ella sentía por dentro, tan claro que tuvo que cerrar los suyos, para que no se reflejara en su rostro, lo que en ese momento él también sentía.

Y tuvo miedo de analizar la inquietud de su alma y encontrar en ella, algo inesperado y absurdo con lo que no contara.

Vio cómo cruzaba el vestíbulo, y tuvo deseos de desplazarse hacía ella y tomarla de manera violenta y besarla ferozmente hasta que se rindiera a él.

Sus instintos estaban a flor de piel y sus emociones alteradas y removidas.

"Mmph"

Entró a su habitación, aun en silencio, desvistiéndose lentamente, poniéndose la yukata y sentándose sobre el sillón, mirando hacía la noche mientras fumaba un cigarrillo.

"Kagome…"

Pensando que esa muchacha, de singulares ojos, estaba venciendo su voluntad, enamorandose cómo si una rafaga de locura pasional, o algo muy dentro de su ser lo empujara a buscar su compañía.

Algo tan instintivo, tan ancestral, cómo el reconocer a la persona "indicada" con todo su ser, un mito que no sabía si tenía algo de cierto.

Sus labios esbozan una sonrisa de inmensa desesperación, en el comúnmente frío rostro, pensado que la vida era a veces una mierda que se encargaba de jugar y voltear las cosas a su antojo y conveniencia, deseando dejarse llevar en "locura" y seguir con lo que dicta su alma, su corazón, todo su ser.

Desea razonar pero no puede, recordar que lo había llevado hasta ese punto, sin darse cuenta de cómo la imagen de Kagome, invade su pensamiento, perfilándose más real que nunca, mientras su nombre martillea sus sienes, al ritmo de su corazón.

Lo desconcertaba tanto su manera franca de ser, aunque incluyendo en su mirada un secreto que en ocasiones nublaba el brillo de sus ojos, y lo que lo hacía creer que era exactamente lo que creía de ella.

Sé levantó con decisión, pensando en caminar sobre la helada nieve, respirando el aire puro de las montañas.

Afortunadamente, todos dormían a esa hora, pues no sentía ganas de toparse con alguno y tener que explicar que hacía levantado.

La noche, silenciosa y oscura, le cubre y su cielo estrellado tiene el poder de calmarle los nervios que estaban en el punto de explotar en cualquier instante.

Brillaba cómo plata debido a luz de la luna reflejada en su cabello en su yukata de seda color blanco con hexágonos rojos, cuando de repente noto el aroma de Kagome dentro del invernadero, donde se alzaba magnífico, un pequeño jardín estilo japonés, en el clima primaveral que las termas proporcionaban.

Sé dirigió en silencio, para que no notara su presencia y verla de lejos, y fuera de su rango de visión, se quedó mudo al notarla etérea, con su yukata de blanco puro y su haori de tejido tan vaporoso y delicado, que se mecía al mínimo movimiento.

La luna también jugaba con su belleza, reflejado en el oscuro de su cabello, haciéndola ver cómo una aparición en medio de la noche, con su piel, casi tan blanca cómo la nieve, sus ojos apagado y un rictus triste en el rostro que no dejaba ni la menor duda.

Tan concentrado estaba en esconderse y disfrutar observar, que casi pego un brinco al escuchar su voz.

_ Mí Lord, creo que es mejor que se acerque, escondido de esa manera me pone de nervios.

¿Cómo lo había visto? él estaba de espaldas a ella y había entrado en sigiloso silencio.

_ ¿Cómo sabes que era yo?...

Respondió al fin, furioso de hallarse descubierto.

_ Solo lo sabía…

Kagome se volvió, enfrentandole con el rostro sonriente, borrando cualquier rastro de la tristeza anterior.

_ No comprendo, ¿acaso sabes detectar el youki?.

_ Tengo un antepasada que fue sacerdotisa, yo no tengo reiki, pero siempre he percibido la presencia youkai.

Sesshomaru, cada vez confundido, la mira de manera escrutadora, sin poder lograr catalogar esa alma femenina, que escapa de su sabiduría, ¿coqueta o sincera? ¿malvada o ingenua? ¿sé burlaba acaso?... su mandíbula tensa y una mirada de incredulidad, asomaron por su rostro.

_ ¿No me cree?...

Kagome sonreía burlona, mientras seguía caminando entre las flores, y Sesshomaru, intentando serenarse, se volvia a poner su máscara imperturbable, para poder responder.

_ ¿Por que no habría de creerle?...

_ Jajaja, no sea tan infantil, mí Lord, fingiendo un desinterés que no siente, sepa que puedo leerle el pensamiento.

Sesshomaru la miro, sardónico, acercándose lentamente, inclinando su rostro al de ella, que no hizo ni el menor movimiento de retroceso, mirándolo a los ojos, mientras sus labios cosquillean.

_ ¿Tan segura estás?...

Preguntó él, en un gesto mimoso, que sonrojo a Kagome pareciendole adorable.

_ ...¿En qué estoy pensando?.

Kagome lo miró a los ojos, brillantes cómo el fuego, y no necesitaba ser un genio, ni una adivina para notar la pasión con la que brillan, sintiéndose de pronto acalorada, desnuda, deseosa, respirando entrecortadamente.

_ Será mejor que lo calle, mi Lord, si no quiere ser llamado cómo se merece…

Kagome se dio vuelta, ajustándose el haori, queriendose marchar de ahí con el rostro encendido y su corazón latiendo a mil por hora.

_ ¡¿Acaso quieres volverme loco criatura?! ¡¿que clase de mujer eres, incitandome cómo lo haces, para luego dartelas de inocente colegiala?! ¡¿Crees que puedes jugar conmigo cómo lo hiciste con…?!

_ ¡NO CONSENTIRÉ QUE ME OFENDA! mi Lord…

Contestó Kagome, exaltada, interrumpiendo.

_ SOY UNA MUJER DIGNA, cómo lo es su madre o lo pudiera ser su hermana, si la tuviese.

Temblaban sus labios, seductores, furiosos, con las mejillas rojas del coraje, tan bella, tan mortalmente atractiva.

Y sintió deseos de poseerla, de someter esa boca con sus besos, de tomar ese cuerpo y hacerlo sumiso con sus caricias.

Kagome se dio cuenta del magnetismo que se alzaba peligroso entre ellos, atrayendo sus rostros poco a poco, pero despegó sus mirada de las hipnóticas pupilas del Daiyoukai, haciéndose a un lado, intentando huir de ahí.

La tomó de la muñeca, girandola sobre sus talones, para continuar viendo su rostro.

_ ¿Porque huyes? de todas maneras voy a besarte…

Sé acercó de nuevo a su rostro, pero nuevamente ella lo esquivo.

_ No esté tan seguro, Príncipe, no me gusta besar sin amor.

Una vez más quiso apartarse, pero esta vez Sesshomaru la tomó de la cintura.

_ Pero si no puedes negar que me quieres, ¿no es así?.

Kagome se quedó quieta, mirándole a los ojos espantada al ser descubierta, recobrando su temple casi de inmediato respondiendole valiente.

_ ¡¿Y si así fuera que?!...

Los ojos de Sesshomaru brillaron cómo el depredador que era…

_ Si así fuera… entonces no habría ningún impedimento para tomar, lo que tan ardientemente he deseado desde que te conoci Kagome… dejame amarte esta noche.

Hundió su nariz en el cuello de ella, aspirando su fragancia a flores, que reconocería en el infierno de ser asi, exitandose y excitando el cuerpo de ella, que trataba de zafarse de sus brazos.

_ No sigas Sesshomaru, usted no me quiere, y por un capricho, no quisiera dejar de lado mis ideales de entregarme a un hombre que lo guíe un cariño y un amor puro y sincero… lo suyo es un capricho que se formó bajo la luz del escenario, deseando una Kagome que no existe…

_ Qué mujer tan fascinante, aun cuando me rechazas con vehemencia, tu aroma, me llama, me atrapa, me seduce… dejame besarte o me volveré loco…

_ ¡N-no!... no puedo besar sin sentirlo…

Alzó sus brazos sobre su cabeza, sujetándola de las muñecas, acorralandola entre la pared y su cuerpo, estrechándose contra ella, lamiendo con la punta de su lengua, la pequeña oreja, sensitiva, que provocó un relámpago de placer en todo su cuerpo, mordiendo sus labios para no gemir, moviéndose cuerpo bajo el de él.

_ Tendrás que hacerlo, porque de lo contrario, soy capaz de tomar tus labios a la fuerza…

Recargo un poco más su peso y se adueñó de esos labios de color cereza, que llamaban a los suyo con cantos de sirena.

_ Te siento de esta manera tan mía…

Kagome respondía a sus besos con pasión, ardiendo bajo el peso de su cuerpo, asustandose de lo que sentía, dándose cuenta que su cuerpo ya no sentía miedo, alarmandose de lo fácil que era dejarse llevar.

_ ¿Qué has hecho Kagome? ¿qué has hecho en mí?...

Sesshomaru susurraba apasionado, sin soltarla de las muñecas, besando su boca dulce, lamiendo su cuello, haciéndola gemir, suspirar, removerse, mientras que su mano libre, bajaba por las fuertes piernas, metiéndose por debajo de la yukata de ella, sintiendo la suavidad irreal de la piel de ella, esquivando su sexo, dirigiéndose a sus senos redondos.

_ Me gustas cómo ninguna, me seduces, me siento esclavizado, cuando soy yo el que quiere hacerte mi esclava…

Kagome abrió los ojos espantada, rompiendose el hechizo, sacando fuerza de donde no las tenía , apartandolo para poder irse de ahí…

_ ¡No te vayas!...

Le dijo, casi cómo un rugido, sosteniendola del brazo, mientras Kagome sentía que su corazón podía estallarle en el pecho, palida del rostro, mientras intentaba recuperar toda su serenidad.

_ ¡Has de decirme que me quieres¡ ¡¿lo oyes?!... me amaras, seras mi esclava, y yo no te amare, ¡no!, no quiero amarte… haz de sufrir por todo lo que hiciste…

Sesshomaru parecía poseído y si algo de reiki había en su alma, salió en ese instante, de manera pequeña, pero lo suficiente cómo para que él apartara su mano de ella.

Kagome lo miro con lastima y con voz suave, intentando contener las lagrimas, le hablo con el corazón en la mano.

_ Loco… estás loco Sesshomaru, ni siquiera sabes lo que dices por el dolor que existe en ti, y que por más que quiero no logro comprender… y a pesar del miedo, no sé por qué mi corazón se empeña en quererte, ¿acaso será el destino?...

Y antes de que Sesshomaru tuviese tiempo de replicar, salió disparada, perdiéndose en las sombras de las nubes que habían cubierto la Luna.

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Aqui les dejo un capítulo más, que espero que hayan disfrutado, disculpándome una vez por la tardanza…

Pero cómo comente en mí otra historia, estoy en un momento de bastante estrés, pero al mismo tiempo de gran satisfacción, pero no sé preocupen, soy muy terca y termino lo que comienzo.

Les mando un mega abrazo a:

*Faby Sama

*Damalunaely

*ardalus

*Titita Taisho

*Veros

*LittleCurly21

*Mirai-Nikki22

*Okita Kagura

*Aoi Dandelion

*Kary

*Ai

*Azucena200

Gracias por sus comentarios y por continuar leyendome…

Les mando un abrazo supercalifragilisticoespialidoso hasta donde esten…

YOI MINO…