DISCLAIMER:

Esta historia está basada en el cuento "EMBRUJO", que se publicó en la revista "ROMANCES", del mes de julio de 1951, escrito por la autora CARMEN G. GONZÁLEZ DE MENDOZA, conocida también, como MARIA DEL CARMEN GARRIDO (wikipedia)

Los personajes del manga y anime "INUYASHA" pertenecen a RUMIKO TAKAHASHI.

De la colección de revistas "ROMANCES" de mi Abuela, esta segunda adaptación, que espero que les guste...

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Había sido una noche digna de un cuento de hadas ruso, aunque ellos mismos estuvieran en japón, el ambiente nevado, la Troika, la noche de ensueño habían logrado crear el ambiente.

Sé despertó Kagome en medio de la noche, acostada ya en su propia cama y le costó trabajo darse cuenta, que lo vivido horas antes había sido una linda realidad, se sentía inspirada y seguía con deseos de cantar, con ideas en la cabeza dando vueltas, perfectas para una futura producción.

Y a pesar de ser plena madrugada, Kagome se levantó de la suave cama y acercándose al escritorio que estaba en su habitación, tomó su laptop y comenzó a escribir todas las ideas que invadian su mente, formando un posible plan de trabajo que enviaria a sus productores y su director, pues hasta ahorita, ninguna propuesta había capturado su atención del todo.

Cuando terminó, ya había había amanecido y Kaede, su asiente, había tocado la puerta suavemente, pensando que aún dormía.

_ Buenos días Señorita Kagome, pensé que aun estaria durmiendo, iba a pasar para arreglar la ropa que usaría el día de hoy.

_ Buenos días Kaede… me desperté cuando aún estaba oscuro, realmente me sentía inspirada y necesitaba cuanto antes escribir todo lo que estaba en mí mente, ¿que opinas de este plan de trabajo?...

Kaede se sentó a su lado mientras que Olga, su doncella, comenzaba a preparar tres distintos outfits, para que eligiera que usar ese día.

_ Es muy interesante, cantar óperas de personajes masculinos y femeninos también es algo muy exigente, ¿está segura que su voz no lo resentirá?...

Kagome sonreía tierna y agradecida por la preocupación de aquella mujer de edad madura, que la había acompañado desde sus inicios, y que había sido recomendada por su abuela, pues en aquel entonces era una madre que había quedado viuda y con una hija en la universidad, que necesitaba con urgencia trabajar.

Y aunque actualmente viajaba con ella por todo el mundo, desempeñaba su trabajo tranquila pues su hija ya sé había casado y formado su propia familia.

Kaede siempre había sido protectora con ella, maternal, cumpliendo su trabajo con disciplina y dedicación, siendo empujada por ella cuando más lo necesito, por eso valoraba su opinión y la respetaba cómo una madre.

_ No te preocupes Kaede, organizare las cosas para viajar esta misma semana a mí departamento en Nueva York, donde comenzare de inmediato, a ejercitar mi voz y a aprenderme las canciones. Estoy segura que aprobaran este programa.

Kaede asintió optimista, y sé sintió tranquila al verla tan entusiasmada, pues últimamente había notado cómo había sido afectada por el Príncipe Daiyoukai.

Kagome, a pesar de su edad, todavía era una joven inocente, que había vivido demasiado en poco tiempo y que tal vez la gracia de Dios la había sacado a flote, pero que no sabía ella, cómo reaccionaría ante una decepcion de amor, pues por desgracia, sabía más el Diablo por viejo, que por ser Diablo, y estaba segura de que Sesshomaru Taisho solo provocaría dolor en ella.

_ Señorita Kagome, he preparado su baño y su ropa está sobre la cama.

Kagome agradeció a Olga mientras sonreía, y se levantaba para despejarse y comenzar el día.

_ Ya que te has levantado tan temprano, pediré que te traigan el desayuno a la habitación.

_ Solo café está bien, en realidad no tengo mucha hambre, puedo esperar hasta que sirvan el desayuno.

Ese día Kagome tenía planeado montar a caballo y visitar el mismo sendero que la noche anterior, buscando más inspiración, disfrutando de la soledad sin tener que aparentar frente a Sesshomaru.

Así que se vistió con ropa cálida y cómoda para montar, y después de beber su café, salió con rumbo a las cuadras.

_ Buenos días Kagome sama…

Un mozo de las cuadras que en ese momento estaba limpiando los establos, le dio los buenos días, intrigado y sorprendido por ver a esa bella mujer ahí a tan tempranas horas de la mañana.

_ Quisiera salir a montar, ¿tendrás una yegua tranquila, acostumbrada a los extraños y dócil de manejar?... no soy una experta montando.

_ Si claro señorita…

El mozo, que era un hanyou, entró a los establos, invitandola a pasar para que no estuviera de pie en el frío y lo ayudará a ensillar a la hermosa yegua, que tenía que irse acostumbrando a ella.

Kagome entró con gusto, sin saber que en los mismos establos, acicalando al dragón de dos cabezas, estaba Sesshomaru acompañado de otro mozo, a los que les había dicho que no dijeran que estaba ahí.

A escondidas, la veía acariciar a los sementales y a las yeguas que en ese momento estaban comiendo avena, mientras la yegua morcilla(*) que montaria, comía zanahorias directamente de sus manos, en lo que la ensillaba el mozo de la cuadra.

_ ¿Va ir muy lejos Señorita?...

El mozo inteligente, sabía que su amo querría saber esa informacion, asi que casualmente pregunto, para que él mismo escuchara.

_ Ire por el sendero al río que visitamos ayer en la noche en el trineo, me ha gustado mucho el paisaje y quiero verlo ahora de día.

El Mozo la ayudó a montarse, y ella se encaminó lentamente, antes de echar a andar la yegua a medio trote, dejandole que hiciera ejercicio.

Algo que siempre había disfrutado, era montar a caballo y siempre que tenía oportunidad en Estados Unidos, viajaba hasta Albany, en Nueva York, para dedicar unas horas a pasear a caballo.

No era una Jinete cómo para las olimpiadas, pero sabía montar y manejar un caballo bastante bien, cómo para salir sola a montar, incluso se sentía en paz, tarareando una vieja balada suavemente, pues no quería poner nerviosa a la yegua y correr el riesgo de que se encabritara.

Más no contaba, con que en ese preciso momento, un conejo salia disparado, perseguido por un zorro que paso entre las patas de la yegua, espantandola, mientras que se alzaban en dos patas, lanzando por los aires a Kagome, que no alcanzó a sujetarse de las riendas, procurando sacar los pies de los estribos mientras caía, pues era algo muy importante que le habían enseñado en casos así, para no correr el riesgo de ser arrastrada en caso de que el animal se lanzará a carrera.

Sé había estrellado contra el suelo, que aunque cubierto de nieve no dejaba de ser duro, quebrándose una pierna y perdiendo el conocimiento después de una leve herida en la cabeza, que había comenzado a sangrar.

Bankotsu había ido al cuarto de Kagome a avisarle que estaban por bajar a desayunar, pero según Kaede, ella se había ido hacía dos horas a montar a caballo y estaba segura que no tardaba en volver, pues solo había desayunado un simple café ya que quería desayunar con todos los demás.

_ Gracias Kaede san, bajare entonces a los establos a esperarla…

Cuando llegó, se dio cuenta de que Sesshomaru estaba en los establos, cuidando su caballos que también eran su adoración.

Y sonreía en su interior mientras volvía a pensar nuevamente en cómo Kagome y él tenían tantos gustos en común.

_ ¡Ohayo!...

Sesshomaru no sé sorprendió de verlo ahí, pues ya se estaba acostumbrando a lo protector que podía ser con aquella a la que llamaba hermana, sintiéndose en ocasiones culpable de ser él, el que tumbaría la máscara de aquella "hipócrita".

_ Buenos días Bankotsu, ¿vienes a ayudar?...

Sesshomaru sonreía con burla, pues sabía la fobia que le tenía a los caballos, a los que no podía ni tocar, mientras su amigo pateaba la paja para lanzarsela encima.

_ ¡Ja! que gracioso amaneciste Sesshomaru san… pero no, me dijo la asistente personal de Kagome, que salió a cabalgar desde hace dos horas y que no debe tardar en llegar.

Sesshomaru asintió apenas, mientras seguía revisando las pezuñas de uno de sus sementales favoritos, un hermoso caballa andaluz palomino, al que siempre ponía especial esmero.

Bankotsu se sirvió té del termo que habían preparado para Sesshomaru y mientras lo veía trabajar, escuchó el relincho de la yegua de Kagome, contento de que hubiera llegado pues ya tenía hambre.

Pero Sesshomaru se puso de pie, en modo alerta, pues no noto el aroma de Kagome junto con la yegua.

La yegua entró trotando sola, pues después de haber quedado sola había decidido regresar a su cuadra por su cuenta, mientras que Kagome había quedado tirada inconsciente.

_ ¡Sesshomaru! ¿esa yegua montaba Kagome?...

_ Si, iré a buscarla, mantenlo encendido, y dile a los mozos que preparen la camioneta para posible traslado.

Le lanzó un radio portátil de dos vías y montándose en su caballo que solo ocupó un tirón de riendas, se echó a correr a todo trote siguiendo la huella olfativa que la yegua de Kagome había dejado.

La había hallado cerca del río, tirada en el suelo y con la pierna rota, bajando de un salto del caballo que aún trotaba, corriendo a su lado con velocidad sobrehumana, hincándose a su lado para ver si estaba con vida o sé había desnucado, sintiendo su corazón retorcerse de angustia, sin pensar siquiera en rencores pasados, solo en el dolor que sentiria perderla.

_ ¡Kagome! ¡Kagome! despierta por favor…

Reviso que sus cuerpo no tuviera más heridas de las que se veían y saco el radio para comunicarse con Bankotsu.

_ Bankotsu adelante…

_ Aquí Bankotsu, ¡¿la haz encontrado?!... cambio…

_ Sí, parece que se ha roto una pierna y tiene una herida en la cabeza, traigan la camioneta con lo necesario para primeros auxilios, al Sendero, dile a los mozos que a altura del paso de piedras. Sesshomaru, cambio y fuera…

Sé quitó el suéter que estaba usando rasgando en muchas tiras, y usando la carona de la silla de montar, pudo inmovilizar su pierna, revisando la herida de la cabeza que solo había sido superficial y donde la sangre ya había coagulado.

_ Kagome…

Fue apenas un susurro pues aún sentía la angustia alojada en su estómago, mientras recuerdos desgarradores intentaban de colarse de nuevo por su mente.

_ Kagome, despierta por favor…

Y acaricio su rostro suavemente, sintiendo que el alma le volvía al cuerpo cuando la vio reaccionar, aguantandose las de ganas de abrazarla contra su cuerpo cuando que vio que comenzó a abrir los ojos.

_ Se-Sesshomaru?

Intento hacer un movimiento brusco, que Sesshomaru freno antes de que pudiera lastimarse, y fue cuando sintió el dolor en cada parte de su cuerpo, sintiendo que casi le faltaba la respiración por el dolor en las costillas y en la espalda.

_ Permanece quieta, te haz fracturado la pierna…

Kagome lo miró confundida por verlo a su lado, sintiendo cómo se humedecian los ojos, tratando de contener el dolor, sintiéndose desamparada, recordando aquella terrible noche, tratando de respirar para que la ansiedad no sé apoderara de ella cómo hacía antes.

Él había sentido el dolor en sus redondos ojos azules que lo miraban con lagrimas escurriendo, y con una desolacion en su mirada que provocaba querer abrazarla y no soltarla, protegiéndola del mundo entre sus brazos.

_ Tranquilizate… Bankotsu y un par de mozos están a punto de llegar con una camioneta que nos ayudará a trasladarte y necesitas estar quieta para que tu pierna no sufra complicaciones.

No puedo evitar sentir un escalofrío recorrerle, pues Sesshomaru se había acercado hasta su rostro y le había hablado de modo suave, en un susurro, con una mirada de verdadera preocupación en su rostro, una mirada que había visto en algún otro lugar, pero no podía recordar dónde.

Sesshomaru acomodo su cabello procurando no lastimar la herida que se había hecho en la cabeza, contento de escuchar a lo lejos el sonido del motor de la camioneta.

_ ¡Kagome! ¿Estas bien?... Sesshomaru, ¿qué ha pasado?

Entre Ginta y Hakaku, los dos mozos de las cuadras bajaron la tabla de traslado, donde ayudaron a su amo a acomodar a Kagome, pasandole el collarín que él mismo acomodo mientras Bankotsu sujetaba con firmeza los cinchos de la tabla.

_ Yo conduciré…

Sesshomaru conocía mejor que nadie los terrenos de su propiedad, además de que sus instintos youkai evitarian los baches que podrían hacer saltar la camioneta y lastimar a Kagome, así que entre Ginta y Bankotsu sujetaban la tabla para evitar que se moviera, mientras Hakaku desinfectaba la herida de su cabeza, que no había sido profunda, ni ocuparía sutura.

Llegaron al helipuerto a donde estaban llegando Jakotsu y Kaede, seguidos de los demás, preocupados de ver a Kagome en ese estado.

_ ¡¿Qué ha pasado Bankotsu?!... ¡Kagome!...

Jakotsu estaba al borde de la histeria apenas contenido por Kaede, que ante la situación trataba de guardar la calma lo más que podía.

_ ¡Sé ha quebrado la pierna! ¡la llevaremos al hospital!

El sonido de las hélices apenas dejaba que la voz de Bankotsu llegara hasta su hermano y mirando a Kagome, que tenía la mirada asustada y preocupada, sostuvo su mano, mientra Sesshomaru daba instrucciones a Jaken, que pilotearia el helicoptero, y pidiendo por radio permiso para aterrizar en el helipuerto del hospital más cercano.

_ Todo estará bien imouto-chan

Kagome no supo en qué momento se sumió en la inconsciencia, soñando en el pasado, recordando a su familia y cómo en esos momentos se sentía tan sola y dolorida, y quería llorar cómo en otra ocasión.

Tristes recuerdos querían ahogarla en la desesperación y por más que intentaba despertar, la bruma de los fuertes analgesicos que habían usado para su pierna, no la dejaban abandonar sus recuerdos y sus pesadillas.

Y volvió a sentir aquella cachetada que la había tumbado en el suelo confundida, y el peso de aquel que se empeñaba en lastimarla, rasgando su vestido, acariciando su piel con fuerza, gruñendo de desesperacion y frustracion, mientras que ella, asustada, había dejado de luchar en el momento en que la había desflorado con fuerza, llevandose aquella virtud efímera que tanto se había empeñado en guardar… y de repente las lagrimas bajando por su cuello, deseando que todo terminara de una vez, queriendo llorar ella también, hasta que algo muy dentro de ella, se dio cuenta del dolor con el que lloraba aquel que todavía estaba montado en ella…

"Kikyo, ¡¿porque?! ¿porque me hiciste esto?"

Y entonces odio a alguien más que a aquel despojo de ser que resultó estar más herido que ella.

Kikyo la había traicionado, Kikyo le había vendido…

Y entonces se quedó sola en aquella habitación, desnuda, lastimada y herida, con el corazón roto y el alma en silencio, ella era un cascarón vacío, y así la había encontrado Kaede, que de inmediato llamó a una ambulancia y después a los hermanos Yoshida, mientras trataba de hacerla volver en sí.

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Hola! ¿les gusto?...

Sé que está un poco más corto que los que normalmente escribo, pero es necesario que la cortara aquí.

Gracias por su hermosos reviews y por todas las lindas palabras y buenos deseos… en serio mil gracias…

Saludos a aquellas que me leen por primeras y también a las que me vienen siguiendo a pesar de todo…

Les mando un abrazo supercalifragilisticoespialidoso hasta donde esten….

YOI MINO :)