Aqui como siempre, su amiga Judy Hopps trayéndoles un nuevo capitulo... Na mentira no soy Judy sino su siempre amiga Heron.


Capitulo siete: Recuerdos.

Como siempre el Equipo Alquimia se encontraba en su estación espacial perfeccionando sus tácticas y técnicas de equipo en un simulador especial.

—Recuerda bien Andros, es solo una simulación, avancemos con precaución— le apoyaba Ayi quien era su instructor y compañero de simulación.

—De acuerdo— dijo el dragoncito.

Ambos se movían en la oscuridad de un edificio vacío, procurando no ser visto por las cámaras de seguridad que se movían. Ayi levanto un poco la mirada para verificar que todo estuviese despejado, pero noto que había tres personas armadas "Araam ¿Qué planeas?" se preguntó el conejo. Este le comenzó hacer algunas señas al dragoncito quien respondió igual, el pequeño salió primero y disparo al pecho de uno de los tres sujetos, luego Ayi quien tenía dos pistolas en ambas manos. Subieron al siguiente piso donde ahora había cinco sujetos con escudos anti disturbios, nuevamente se mantuvieron los dos a escondidas y claro que no podían contra ellos con simples armas, así que usarían otra táctica. Andros noto que los cinco se encontraban frente a la puerta de acceso al siguiente piso, tomo una botella y la lanzo contra el muro rompiéndose en pedazos, uno de los sujetos fue a inspeccionar, Ayi en ese momento usando la culata de su escopeta golpeo al sujeto que se acercó, los demás se comenzaron preguntar por su aliado y todos fueron a investigar, Andros lanzó una granada de humo y Ayi acabo con todos.

Ya en el último nivel se encontraba un Ascendido, la habitación se encontraba completamente despejada e iluminada para el combate. Ambos se encontraban nerviosos ante el poder del enemigo, Andros comenzó con una granada de plasma para paralizarlo, corrió al frente del Ascendido y arremetió una embestida la cual hiso rodar al pony de armadura negra. Ayi se quedaba mirando como el dragoncito combatía. El Ascendido uso su arma laser en contra del dragón pero este usando su aliento de fuego para crear una cortina de humo y escapar de su visión, aunque el Ascendente poco le importo y disparó su arma dándole en el brazo a Andros quien soltó su propia arma, el enemigo voló a gran velocidad y tacleo al pequeño dragón quien quedo en el suelo, intento levantarse pero tenía al enemigo sobre el apuntándole con el arma. Andros ya está estaba esperando el disparo para fracasar en esta misión, pero al abrir uno de sus ojos miro a Ayi quien había disparado en la cabeza al Ascendiente para caer muerto y desaparecer.

—Primera regla: Siempre mira las posibilidades y segunda regla: Nunca te quedes sin sorpresas— le decía de manera seria el conejo al dragón mientras le tendía la mano.

—Sí, terminemos con esto y vayamos a cenar— le dijo el dragón mientras se levantaba.

Los dos llegaron hasta la última habitación donde se encontraba Maya con un cronometro, está el verlos lo detuvo.

—Dos horas, con treinta minutos, cincuenta nueve segundos y diez centésimas— les decía el marcador con decepción.

—Una vergüenza para este equipo— tajo seriamente la gata.

— ¡Oye, el niño hiso lo que pudo!— defendió el conejo al dragoncito.

—Sí, es mi primera vez no seas dura— también se defendió Andros.

—Yo lo decía más que todo para Ayi, un instructor no debe interferir en las pruebas de sus alumnos más de lo necesario. En cuanto a ti Andros buen trabajo, pero para tu próxima vez te instruirá Jet— explico la gata mientras se retiraba del salón holográfico.

—Vamos que no me quiero perder las costillas de gusano espacial que estas cocinando Araam— comento enojada la gata.

Los tres llegaron al comedor justo en el momento que el gigante minotauro estaba sirviendo la cena.

—Y bien ¿Cómo le fue al pequeño en su primer simulador?— pregunto Jet mientras revisaba algunos archivos en su pantalla holográfica.

—Me tarde más de la cuenta— respondió Andros algo triste.

— ¿Cuánto más de la cuenta?— indago el minotauro.

—Dos horas y media— respondió nuevamente Andros.

Ambos hicieron un gesto de asombro, Agatha hablo.

—Bueno, es tu primera vez. Así que solo debes mejorar tus tiempos si quieres ser del equipo de búsqueda y rescate— intento consolar la mujer al dragón.

—Sí no te desanimes aun, aun te falta mucho tiempo para los exámenes reales— apoyo Maya.

Al terminar todos de cenar se fueron directo a sus respectivas habitaciones. Andros en su cama no dejaba de moverse. Este despertó asustado y completamente sudoroso.

—Nuevamente— hablo para sí mismo.

El dragón abandono su cuarto para dirigirse al observatorio del cual se podía ver el eterno cosmos trabajar incansablemente. Se sentó frente al vidrio a contemplar el maravilloso sol blanco que orbitaba en la galaxia de Can Mayor, llamado así por tener una nebulosa con parecido a un perro. Andros miraba el espacio cuando alguien le pregunta.

— ¿Volviste a tener el mismo sueño?

Andros se volteo y vio a Maya quien se encontraba desnuda, esta se acercó y se sentó alado del dragón.

—Últimamente eh estado soñando lo mismo— comento Andros.

—Bueno, algo te ha de estar diciendo el sueño— agrego Maya mientras acariciaba la cabeza del dragón que estaba apoyada sobre su pecho.

—Pero ¿Qué quera decir?— se preguntaba el dragón.

— ¿De qué trata?— le pregunto Maya.

—Es algo confuso, primero me encuentro con otros dos dragones mucho más grandes que yo sobre volando unas planicies volcánicas, luego una extraña luz me ciega y aparezco en una cámara de regeneración frente a unos científicos de diferentes especies y al final tengo un flashazo y nada— le explicaba el dragón a la gata la cual se miraba fascinada ante el sueño del pequeño dragón.

—Bueno, debo decir que esto no es mi área, pero conozco alguien que pueda ayudarte.

— ¿Quién?— pregunto el dragoncito.

—Se llama Fernando y es un psicólogo— le contesto.

— ¿Un psicólogo?— pregunto nuevamente.

—Sí, trabaja en la Estación Central Vulpina a quince mil años luz, se encarga de escuchar a muchos de la Federación, ya sabes por los casos de homicidio y esas cosas, aunque tiene un doctorado con especialidad en los sueños.

—Ya veo, si tal vez lo vaya a visitar— comento el dragoncito un poco más animado.

—Bien, ahora a dormir— ordeno la gata.

—Maya ¿Puedo dormir contigo por esta vez?— le pregunto el dragoncito por última vez.

—Todas las que ocupes niño— le contesto con una sonrisa.

Una vez comenzadas las actividades Maya y Andros se subieron en un Seraph, una unidad de transporte espacial con máximo de dos usuarios, ambos se embarcaron hacia otra galaxia usando el salto hiperespacial, llegando en tan solo diez minutos. Al bajar del vehículo Maya y Andros fueron recibidos por algunos miembros novatos y un suboficial al mando llamada Shaona de pelaje blanco con ojos amatistas, vestía con una camisa azul profundo con corbata negra, unos pantalones y la cual era una gata de la misma especie que Maya, ambas se abrazaron amistosamente.

—Bienvenidos a la Estación Vulpina ¿A qué se debe esta inesperada visita Maya?

—Solo venimos a ver a Fernando, hicimos una cita hace unas horas.

—De acuerdo, siéntanse como en casa— decía agradecida Shaona.

Maya y Andros sonrieron por cortesía. Caminaron hasta el consultorio del psicólogo. Tocaron la puerta y este les indico que pasaran. Al verlo se trataba de un zorro del ártico antropomórfico, usaba una saco negro, debajo de este una camisa hawaiana y una corbata blanca, unos pantalones azules. Al ver a su amiga, se levantó de su escritorio.

—Maya amiga, gusto en volverte a ver… Y tú debes ser Andros ¿No?

El dragón solo asintió.

—A mí también me agrada verte Fer, pero no vengo a charlar contigo, sino mi compañero.

—De acuerdo pequeñín, recuéstate en aquel sofá— le indicaba el zorro al pequeño dragón.

—De acuerdo Fer, vendré en dos horas— se despedía Maya.

El dragoncito se recostó y el zorro se colocó en una silla cerca del sillón.

En sus patas tenía los archivos de fichaje de Andros, Fernando pregunto.

— ¿Cómo vez a Maya pequeñín?

—Disculpe— se excusó Andros.

—Bueno, perdona, es que le pedí a Maya algunos archivos tuyos y aquí dice que no tienes padres.

—Ah, eso sí, no es que no tenga pero no hace tiempo que no los veo y pues creo que Maya a pesar de ser mi líder, la veo más como una madre, de hecho los veo como una familia.

—Síndrome de sustitución— atizo el zorro.

— ¿Qué es eso?— pregunto Andros.

—Bueno, en si no es una enfermedad como tal, pero suele suceder con quienes han perdido familiares desde edades tempranas, asocias a tus compañeros como si se trátese de tu familia. Pero ahora háblame de tu sueño.

Andros le explico sobre el sueño que tiene constantemente, Fernando escuchaba con mucha atención el sueño del dragón.

—Vaya es difícil de explicarte, pero lo que tu vez no es un sueño como parece, en realidad lo que vez son recuerdo en forma de sueño.

—R… Recuerdos— murmuro Andros.

—Tú eres un dragón Kiryano.

—Esa es mi especie.

—Bueno, como decirlo… Tu planeta natal Kiirye explotó por causa de una supernova, la cámara de regeneración con los científicos, se trataba de un hospital de conservación de especies muertas de la F.S.I, lo lamento mucho niño— le decía con serio pesar el zorro.

—Q… Quiere… Me está diciendo que soy el último de mi especie— incrédulamente decía Andros.

—Lo lamento, pero se sobre eso gracias a unos contactos que tengo en dichas instalaciones.

—Gracias doctor, ahora me siento peor.

—Aunque siempre puede haber posibilidades, ya que se han visto avistamientos de tu especie en otros planetas— comentaba el zorro, esperándole darle algunas esperanzas.

—Eso significa que podre reencontrarme con mis padres— decía esperanzado el dragoncito.

—Probablemente.

—Gracias, en verdad me ha ayudado mucho— le agradecía el pequeño dragón.

—No fue nada pequeñín, es mi trabajo, mira toma este caramelo.

Andros tomo el dulce y quito la envoltura para comerlo.

Mientras tanto en la cocina Maya charlaba con Shaona mientras ambas tomaban una taza de té, Shaona bajo su taza y la de Maya, ambas se acercaron lentamente y se dieron un largo beso apasionado frente algunos de los cadetes que se encontraban presentes, al terminar ambas se contemplaron.

—Demonios, ¿Cómo rayos podemos aguantar estar lejos de la otra?— pregunto Shaona.

—No tengo idea, pero te amo mi linda gatita— le mimaba Maya.

—Yo igual mi fierecilla— le respondía con un apodo Shaona.

Ambas continuaron juntas abrazadas como si de una pareja se trataran, mientras que muchos de los hombres se encontraban las miraban con lujuria. Ambas paseaban muy enamoradas, cuando entraron a un cuarto de limpieza, para sucumbir a sus deseos carnales. Entre pasiones y amores ambas felinas se agasajaban cuando la puerta automática se abrió, frente a ellas se encontraba un intendente con asombro este cerró la puerta automática ruborizado al igual que las dos felinas.

Estas salieron de aquel cuartito sin parecer sospechosas, fue cuando se toparon con Andros caminando tranquilamente. Maya le pregunto.

—Andros ¿Cómo te fue con Fernando?

—Bien, pero dice que ese sueño en realidad es un recuerdo de cómo murió mi planeta natal y como fui restaurado en un hospital— respondió algo triste.

—Lo lamento Andros, no debí preguntar— se lamentó Maya.

—No te preocupes.

—Bueno, regresamos ya a la nuestra Estación Espacial o quieres quedarte un rato más— le sugería Maya a Andros.

—Sabes, lo que ahora quiero es volver a encontrar a mis padres— le decía con algo de nostalgia.

—Pero, no dijiste…

—Que exploto mi planeta natal sí, pero también me dijo el doctor que se han visto avistamientos de dragones de mi especie en otros planetas y quisiera poderlos ver al menos una vez— parecía anhelar el volverse a encontrar con su especie.

—De acuerdo Andros, iremos a la Gran Estación Universal a pedir información sobre los avistamientos de tu especie— le sonreía Maya su compañero. Este solo la abrazo felizmente.

De regreso en el muelle de desembarque Maya y Andros subían a su nave, cuando son interceptados por Shaona.

—Déjenme los acompaño— les pidió la gata acompañarlos.

—Pero ¿No tienes cosas que hacer aquí gatita?— le pregunto Maya.

—No descuida, le pedí a un amigo que está loco por mí que terminara mis tareas, nadie se enterara que me escape de mi puesto de trabajo.

—Bueno en marcha, aunque estaremos algo apretados— accedió Maya a que su amante los acompañara.

Embarcándose en una nueva aventura.