Sólo quería ser una flor
"¡Por lo más sagrado!, ¡qué me golpeó!", chilló Rós, intentando levantarse. Oh, no había resultado ser una flor -o esa flor, La Rosa- aparentemente. ¿Dónde estaba?, tampoco había flores cerca -o Rosas- o nada. Y había sólo oscuridad. Y algo andaba muy mal con él. Se sentía muy cansado. Así que dormiría -nada más podría hacer- y en la mañana -si la había- vería que más hacer.
Sí. Amanecía en ese lugar. Lo supo porque el sol le cocinó la cabeza. Así que abrió los ojos y notó el paisaje. Nope. No era el Espiral -con su foso oscuro, hogar del dragón negro- o algún lugar que conociera. En lontananza oía el mar...o algo similar. Y no había flores. ¿Qué falló?, todo. Al parecer. ¿Era mejor que su vida en la Escuela?, aún no lo sabía.
Y entonces sí lo noto. Algo muy mal le estaba pasando. ¡La cabeza le pesaba!, la movió -de un lado a otro- y vio... ¡Y vio un largo cabello oscuro!. Oh, por lo más Sagrado, ¡Qué le había pasado!. Y algo más se había movido. Así que bajó la vista... pero algo -a la altura del pecho- se la bloqueó. ¿Pechos, tenía pechos, como una mujer?, eso significaba que ¡Ahora era una mujer y en un lugar muy muy lejano!. Y esos pechos superaban a los de Lois, Nola y muchas otras novicias y chicas de su edad. ¡Y no podía parar de moverlos!, como haría cualquier muchacho que despertara como una chica -Y había pasado más de una vez-. Sip. Era una niña. Y ahora quería verse. ¿Era más linda que Lois o Nola?. Seguía con su inteligencia, pero ahora parecía tener otros intereses. Su apariencia, por ejemplo. En el suelo seguía la rosa. Rosa sonaba como nombre de niña -pensaba ahora- y al llamarse Rós, era lo más indicado. Sería esa Rosa al fin. Se llamaría como ella. Su nombre era Roza.
En un charco de agua clara, pudo verse al fin. Sus ojos eran tan oscuros como su cabello. La piel le recordaban a esos frutos alargados -exóticos- que adoraba su madre... ¿cómo se llamaban?, ¡almendras!. Ese era el color. Y era más linda que muchas niñas del Reino. Ahora era Roza y era feliz así... y no volvería más ni menos... atrás.
Tomó un baño -largo y profundo- para conocer mejor su nuevo cuerpo. Habían cosas nuevas -¡muy nuevas!- y otras, excitantes. No era más alta, ¡pero tenía muchas curvas!, y algo más. Algo que no esperaba y que le choqueó. ¡Comenzó a sangrar!. Obvio. Era una chica. Eso le pasaba todo el tiempo a las chicas. Cada mes, de hecho, y sólo no pasaba cuándo llevaban un bebé en el vientre o ya no podían concebir. ¡Y ella no quería llevar un bebé en ella!. Rós era virgen -jamás se interesó en esas actividades tan gentiles o comunes en jóvenes de su edad- y esperaba que, como Roza, también lo fuera y no llevara un bebé. ¿Cómo saberlo?. Ese sangrado mensual era un alivio y así lo celebró. Así que se limpió, se protegió su zona sangrante y se vistió. Por suerte, su ropa estaba apenas usada. Era nueva. Era para el baile de La Rosa. Sonrió.
plop!, ahora encajaba!
