Descargo de responsabilidad: no soy dueña de Dragon ball ni de ningún personaje del mismo.

El arte de sobrevivir

Capítulo doce

El plan

Vegeta estaba ligeramente dormido cuando llegó la mañana. La cama de su habitación era demasiado blanda para que durmiera, por lo que había dejado de intentarlo después de casi media hora. En cambio, pasó la mayor parte de la noche sentado con la espalda apoyada contra la pared de la esquina más cercana a la puerta de mármol. Era una posición estratégica de defensa; si alguien entraba inesperadamente, estaría un poco detrás de ellos en lugar de al frente. Después de todo, un guerrero siempre debía estar preparado.

Tenía las piernas estiradas frente a él, cruzadas a la altura de los tobillos y los brazos ligeramente cruzados sobre su armadura plateada. Desvestirse para dormir era un lujo que solo podía darse en la base, porque sabía que Nappa y Raditz también compartían su cuarto. Sin embargo, como estaba en una misión, era más vulnerable y, por lo tanto, rara vez, si alguna, se desprendía de ella. Esta era la mayor comodidad que iba a conseguir, así que apoyó la cabeza contra la pared, cerró los ojos y trató de descansar.

Pese a eso, nunca bajó la guardia por completo. Frunció el ceño y abrió poco a poco los ojos cuando sintió que alguien se acercaba. Miró hacia la puerta de mármol blanco, unos segundos más tarde, se abrió para que entrara la princesa Kyanna.

Vegeta se puso de pie rápidamente, justo cuando ella volvía su mirada hacia él. Kyanna todavía llevaba su elegante túnica blanca, aunque ahora tenía su largo cabello blanco suelto que acentuaba su delicada piel roja. El príncipe tragó saliva al hacer contacto visual. Su sueño se había visto afectado por estar despertándose constantemente, ya que su cuerpo se negó a dejarlo relajarse lo suficiente como para dormir, la mujer se había apoderado de este.

Kyanna sonrió, tenía una mirada de complicidad en sus ojos lavanda y, Vegeta recordó demasiado tarde, que podía leer la mente.

—Buenos día, príncipe Vegeta —lo saludó. Vegeta solo asintió una vez a modo de saludo. La mirada de Kyanna pasó con curiosidad hacia la cama—. ¿Anda algo mal con los que dispusimos para que durmieras?

Vegeta frunció el ceño.

—La cama es muy blanda en comparación a lo que estoy acostumbrado.

—Mmm, claro. Haré los arreglos. Un príncipe merece un buen sueño, después de todo.

—Tal vez sea así, pero también soy un guerrero, así que no hay necesidad. Puedo arreglármelas en cualquier lugar.

—Estoy segura de que puedes —respondió ella, su sonrisa creció y sus ojos lavanda casi brillaron. Vegeta se había preguntado después de su partida la noche anterior si exageró el atractivo de la mujer en su mente, pero al verla sonreír ahora, quedó aún más cautivado. Una mirada provocativa apareció en el rostro de ella por la forma intensa en que la estaba mirando y luego se volvió hacia la puerta—. Vamos, todos se están reuniendo. Es hora de hacer negocios —dijo, su voz de pronto sonó seria mientras salía con él siguiéndola de cerca.

—Entonces, ¿quién más es parte de esto? —preguntó Vegeta.

—Los conocerás pronto, ten paciencia.

—No soy un hombre paciente —gruñó él, sus ojos la examinaron desde atrás. Parecía que tenía el cabello tan suave que quería saber cómo se sentía contra su piel. Apretó las manos en puños.

—Aparentemente no. —Kyanna casi se rio—. Desafortunadamente, debemos ser pacientes, príncipe Vegeta, y prudentes también. Si cometemos un error ahora, estaremos muertos en poco tiempo.

Vegeta frunció el ceño y no dijo nada mientras ella lo conducía por el intrincado laberinto del palacio. Durante el día, todo lucía mucho más brillante, el cielo sobre ellos era de un naranja suave que hacía que las cosas parecieran cálidas y pacíficas. Sin embargo, sabía la verdad, no había nada pacífico en su misión. Incluso la princesa parecía caminar más rígida esta mañana que ayer, algo que no le pasó desapercibido.

Finalmente, llegaron al término de un largo pasillo y allí Kyanna hizo un gesto para que se abrieran las puertas de mármol negro. Entraron en una habitación grande, pero cerrada, con unas elaboradas antorchas a lo largo de las paredes que proporcionaban una iluminación tenue y bastante desfavorable. Las suaves llamas anaranjadas latían bajo el suelo de cristal haciendo juego con el cielo exterior. Pero, en lugar de sentirse cálido como el cielo, lo sentía como un infierno. Ya había otros allí mezclándose, algunos comían de un banquete que flotaba cerca a la parte posterior de la habitación. Eran alienígenas de todo tipo de razas y tamaños que producían un murmullo con sus conversaciones en voz baja.

—Si tienes hambre, puedes servirte del banquete que hemos dispuesto —dijo Kyanna e hizo un gesto hacia la parte de atrás. Vegeta la miró arqueando una ceja—. Comenzaremos en breve, una vez que todos estén aquí.

Él asintió con la cabeza antes de caminar más hacia el interior de la habitación mientras Kyanna se volvía para salir. Vegeta rápidamente vio a Jhainer parado a un lado solo contra la pared de piedra negra entre las antorchas y se acercó. El príncipe se apoyó contra la pared junto a él sin reconocerlo. Estaba demasiado nervioso para comer, solo se cruzó de brazos y tamborileó con impaciencia los dedos sobre su bíceps mientras examinaba a los otros alienígenas presentes; había unos quince en total. Su expresión cambió a una de molestia y leve preocupación; solo unos pocos iban vestidos como guerreros, aunque era difícil saber qué tan fuertes serían.

—¿Qué opinas? —preguntó Vegeta en voz baja.

Jhainer también cruzó los brazos sobre su armadura plateada frunciendo el ceño mientras lo hacía.

—Es difícil de juzgar sin un rastreador.

—Solo esos tres de la pared parecen luchadores, pero no de los buenos —comentó Vegeta con arrogancia.

La suave voz de Jhainer sonó divertida cuando respondió:

—Sí, y Nappa parece una amenaza más peligrosa que tú y Raditz empequeñece a tu pequeño recluta del planeta Drokania, aunque el chico es dos veces más poderoso. Las apariencias engañan, saiyayín.

—Hmm —gruñó Vegeta frunciendo el ceño con desdén por el recordatorio de que no era tan alto como debería haber sido. Su mirada se desvió hacia la comida que desaparecía rápido—. ¿Ya comiste?

—No tengo hambre —respondió Jhainer en voz baja. Vegeta respondió con un gruñido de comprensión y luego ambos cayeron en un tenso silencio. Vegeta no pudo evitar notar que esta era la primera habitación además de sus habitaciones personales que estaba completamente cerrada. Supuso que las conversaciones que se iban a mantener, incluso a una altitud increíble y con el riguroso examen de Kynton, eran demasiado peligrosas para el aire libre.

Finalmente, las puertas de mármol negro se abrieron de nuevo y entró Felsin seguido por la princesa Kyanna, a quien siguió su padre. Tan pronto como Kynton entró, las puertas se cerraron y, de repente, todos los murmullos de la habitación cesaron.

—Buenos días a todos —los saludó Felsin y Vegeta notó que de alguna manera lucía más viejo que cuando lo había visto en el torneo, el pelaje blanco de su cuerpo parecía más gastado que antes. Incluso su gran ojo rojo se veía más oscuro—. Primero permítanme agradecerles por venir. Algunos de ustedes están aquí con un gran riesgo personal, lo reconocemos y se los agradecemos profundamente.

»No nos hacemos ilusiones con respecto a los peligros que nos esperan. El cometido de esta misión es eliminar a Frízer y terminar con la tiranía de su familia en el universo. Esta misión es extremadamente peligrosa y si fallamos, quizás todos los que están en esta habitación mueran junto con todo los que alguna vez amaron. Ustedes han sido tocados de alguna manera por la crueldad de Frízer, así que saben que si fallamos, sus muertes no serán indoloras. A la luz de eso, si alguno no está preparado para hacer lo que sea necesario, incluyendo el sacrificio de su propia vida, por favor váyase ahora. No será golpeado ni juzgado ni detenido. Entendemos que los riesgos personales son demasiado grandes, así que ahora es el momento de irse. Después de hoy, no habrá vuelta atrás.

Felsin hizo una pausa y la tensión llenó la habitación. Nadie se movió ni dijo nada. Luego de unos momentos, miró a Kyanna. Ella asintió, levantó la mano y un corte circular en el piso de vidrio de repente giró y se elevó ante todos para formar una gran mesa redonda en el medio de la habitación con unas losas que levitaban a su alrededor donde podían sentarse. Todo osciló brevemente con las llamas rojas hasta que movió los dedos hacia un lado y el conjunto que levitaba se convirtió en piedra negra. Todos se acercaron para acomodarse alrededor de la mesa, excepto Jhainer y Vegeta que permanecieron contra la pared. Felsin tomó lentamente asiento a la mesa junto con Kynton y Kyanna que se sentaron a ambos lados de él.

—Ahora que ya tenemos su compromiso, debemos tener su discreción —dijo Kynton, su voz fue fuerte, firme y autoritaria.

Vegeta se animó, podía reconocer que el hombre era de la realeza por la autoridad que se entrelazaba a cada una de sus palabras. En ese momento, el príncipe saiyayín sintió el destello de algo parecido a la camaradería con Kynton y Kyanna, quienes sabían lo que se sentía gobernar un reino que se podía contar con una mano. Kyanna le había mencionado la noche anterior que eran similares en ese sentido, pero fue solo ahora, cuando el rey hechicero se dirigió formalmente a todos, que el príncipe se identificó con eso. Después de todo, no había muchos miembros de la realeza que sobrevivieran luego de que Frízer intentara aniquilar a toda su raza.

—Lo que digamos en esta habitación no puede salir de aquí —continuó Kynton mirando a todos los presentes, su ojo natural lucía severo, lo que hacía que su ojo digital fuera amenazador—. Un desliz de la lengua puede poner en peligro no solo nuestras vidas, sino el destino del universo. Así que incluso bajo la tortura más dura conocida, nunca deben ceder. ¿Entendido?

Siguieron murmullos de acuerdo y asentimientos. Jhainer y Vegeta permanecieron estoicos, sin reaccionar. La tortura no asustó a ninguno de los dos; en ese sentido, Frízer los había entrenado extremadamente bien. Su brutal régimen dio sus frutos en los dos jóvenes soldados con tolerancias al dolor increíblemente altas. Vegeta apostaría su vida a que nadie en la habitación podría soportar más dolor que ellos. El pensamiento lo hizo sentirse orgulloso y resentido al mismo tiempo. Un tic se apoderó de uno de sus ojos y sus dedos tamborilearon de nuevo a lo largo de su bíceps con impaciencia.

—¿Quieres llegar al punto ya? —preguntó Vegeta malhumorado, lo que llamó la atención de todos—. Dinos cómo vas a derrotarlo antes de que muramos de viejos.

—¿Ves? Esto es lo que pasa cuando invitas a basura que trabaja para Frízer —exclamó una voz profunda desde la mesa.

—¿Quién dijo eso? —gruñó Vegeta y se empujó de la pared, simultáneamente todos se levantaron al mismo tiempo.

Jhainer agarró al instante el brazo de Vegeta con fuerza, paralizando al saiyayín mientras ambos veían al alienígena que había hablado tan atrevidamente tomar una postura agresiva como si estuviera a punto de luchar contra el joven príncipe. Era un poco más alto que Vegeta, con la piel oscura y el cabello anaranjado que se erguía y corría por el centro de su cabeza hasta el cuello igual que un mohawk. Llevaba un uniforme negro de la cabeza a los pies con unas franjas azules y naranjas sobre las costillas como si fueran algún tipo de rango militar en un idioma que Vegeta no entendía. Un alienígena más pequeño y robusto de un color similar y con un uniforme a juego lo agarró del brazo para detenerlo. Vegeta le dio una mirada de odio en respuesta, estaba preparado para una pelea.

—Es suficiente —dijo Kynton con fuerza—. Vegeta, Dassius, alto.

Ante eso, Dassius apartó la mirada de Vegeta y la posó en Kynton, sus ojos anaranjados se volvieron acusadores.

—No nos dijiste que estos dos estarían aquí. —Extendió un dedo acusador hacia los soldados adolescentes—. Sabemos quiénes son, el príncipe saiyayín y el cambiaformas trikan. Ambos han masacrado a miles de millones en nombre de Frízer, gente que conocíamos, gente que amamos, ¿y los traes aquí para hacerlos parte del movimiento? —preguntó alzando la voz con furor. Unos intercambiaron miradas, algunos murmuraron y otros le dieron a Vegeta y a Jhainer miradas evaluadoras—. Te das cuenta…

—Dije que alto, Dassius —le ordenó Kynton dándole al alienígena que vociferaba una mirada de acero, su ojo digital pulsaba tanto como el orbe naranja en el bastón. Dassius apretó los dientes, pero cerró la boca—. Soy consciente de a quién hemos invitado a estar aquí. La realidad es que necesitamos gente de adentro si queremos tener éxito. Vegeta y Jhainer son unos de los soldados favoritos del régimen de Frízer, eso nos da acceso directo al interior con el que solo podríamos soñar de otra forma. No lo olvidemos, podría decirse que son los que corren mayor riesgo al estar aquí hoy. —Hizo una pausa y luego le frunció el ceño a los soldados adolescentes mientras agregaba—. Además, ayudarán en el rescate de Orrin. Hablaremos de eso más en privado cuando tengamos un descanso.

Vegeta miró a Jhainer, que se encogió de hombros confundido. Ninguno de los dos sabía quién era ese Orrin, pero fuera quien fuera, la perspectiva de su rescate alivió la tensión casi de inmediato. Dassius se relajó visiblemente, como si le hubieran quitado una pesada carga de los hombros. Dio un paso atrás hacia la mesa y a regañadientes tomó asiento, había aceptado lo que Kynton dijo, pero cruzó miradas de odio con Jhainer y Vegeta. Aun así, eso fue suficiente para que todos los demás se sentaran gradualmente y Vegeta retrocediera al lado de Jhainer.

—Ahora que terminamos con la logística —dijo la princesa Kyanna atrayendo todas las miradas hacia ella. Su voz era de alguna manera suave y fuerte al mismo tiempo. Esa confianza obtuvo la atención de todos—, expondremos lo que hemos planeado hasta ahora. Estamos abiertos a sus sugerencias sobre qué mejorar para aumentar nuestras posibilidades de éxito.

»Primero sacaremos a Frízer de su base y lo invitaremos aquí, al planeta Pilaz. Una vez que llegue, lanzaremos tres ataques simultáneos en tres lugares diferentes. Los objetivos son los soldados de Frízer, Cooler con su padre y sus soldados, y finalmente Frízer mismo.

»El primer ataque tendrá como objetivo la base de Frízer en el planeta Frízer número veintiuno. El objetivo aquí no es Frízer, sino el corazón de su ejército galáctico, sus soldados. Nuestro objetivo es matar a tantos como podamos; obviamente, habrá algunas excepciones. Jhainer y el príncipe Vegeta, los otros saiyayíns vivos si el príncipe Vegeta lo desea, y cualquier esclavo y niño pequeño que aún no esté corrompido.

Una imagen holográfica del planeta apareció en el centro de la mesa, la coloración era exacta al planeta base de Frízer. Vegeta por principios se negaba a llamarlo hogar, se negaba a siquiera pensar en él de aquella manera, aunque era lo más parecido que tenía a eso. Unos puntos rojos se juntaron en el extremo norte del planeta.

»Los puntos rojos aquí representan la población que consiste solo en los soldados y esclavos de Frízer. En un mundo ideal, destruiríamos todo el planeta, pero guardamos esa tecnología para el segundo ataque. Además, hay algunos a los que deseamos salvar, por lo tanto, atacaremos directamente.

»El comandante Dassius y sus hombres. —Hizo un gesto hacia el alienígena con el mohawk, el que había querido plantarle cara a Vegeta. Eso consiguió que el saiyayín frunciera el ceño—. Son los mejores pilotos de combate aéreo del universo y tienen las naves más avanzadas, una fuerza de la que sorprendentemente Frízer carece, ya que prefiere los asaltos terrestres, el combate cuerpo a cuerpo y la manipulación del ki.

»Aprovecharemos esa debilidad. Recurriremos al príncipe Vegeta y a Jhainer para que debiliten a los soldados de antemano con un veneno que los matará o debilitará antes de que usemos nuestra tecnología de interferencia para neutralizar a todos los rastreadores. De esa manera, ellos no nos sentirán venir hasta que sea demasiado tarde. Desafortunadamente, el técnico principal de la base tendrá que morir antes para que no pueda volver a poner los sistemas en línea; recurriremos nuevamente al príncipe Vegeta y a Jhainer para eso. Una vez que los soldados estén debilitados y aislados de sus rastreadores, el comandante Dassius lanzará una ofensiva aérea mientras una fuerza terrestre liderada por el teniente Mallax y sus hombres del planeta Vylan, todos hábiles y expertos en la manipulación del ki, aterrizan en el planeta para neutralizar desde abajo.

La princesa Kyanna terminó y asintió hacia el grupo de alienígenas que llamó la atención de Vegeta y de Jhainer. Eran los que el príncipe saiyayín había reconocido fácilmente antes como compañeros guerreros, un puñado de hombres estoicos que vestían armaduras negras y llevaban lo que parecían espadas a los costados, aunque las hojas no estaban envainadas y pulsaban un azul con humo. Su líder, quien supuso que era Mallax, desvió su mirada hacia Vegeta. El príncipe se sintió tranquilizado por la frialdad en sus ojos, ojos tan oscuros como los suyos, los ojos de un asesino despiadado. Podía reconocer a uno cuando lo veía. Mallax necesitaría de eso si iba a liderar un asalto directo a los hombres de Frízer. Parecía joven, no mucho mayor que Vegeta. Su piel era tan negra como su uniforme y una cicatriz blanca le recorría diagonalmente el rostro desde un ojo hasta la boca dividiéndole el labio de una forma desagradable.

»¿Hay alguna pregunta antes de continuar? —dijo Kyanna, su mirada se volvió de Mallax a Dassius, luego a Jhainer y luego a Vegeta.

—Va a tener que hacer más que bloquear a los rastreadores para atacar la base —comentó Jhainer.

—Tiene razón —intervino Vegeta—. Frízer tiene el planeta bajo vigilancia constante por si algo como eso sucede. Incluso si bloqueas los rastreadores, tendrás que eliminar la vigilancia, lo cual no será trivial. Los satélites y las sondas alrededor de todo el planeta están preparadas para detectar un asalto y devolver el fuego. No serán destruidos fácilmente, no sin sacar sus manos de allí.

Los murmullos se elevaron alrededor de la mesa. Kynton y Kyanna intercambiaron una mirada y después miraron a Felsin.

—Entonces no será suficiente con matar al técnico principal. Necesitaremos un científico en el interior de las filas técnicas, alguien lo suficientemente inteligente como para ayudarnos a neutralizar la vigilancia —dijo Kynton—. Necesitamos a alguien con experiencia específicamente en satélites.

Felsin asintió.

—Encontraré a alguien. —Miró a los jóvenes soldados adolescentes contra la pared—. Si ustedes dos eliminan al técnico líder, encontraré a alguien que pueda tomar el relevo de su puesto, así contaremos con una persona adentro.

Jhainer asintió en respuesta, pero Vegeta frunció el ceño.

—Además, el asunto del veneno… es un poco cobarde, ¿no crees? —preguntó el saiyayín, sus ojos oscuros se dirigieron hacia Kyanna con desaprobación—. ¿No tienes suficiente fe en los ataques aéreos y terrestres que estás planeando?

—Tenemos la máxima fe tanto en el comandante Dassius como en el teniente Mallax —afirmó Kyanna—. Pero no debemos permitir que el orgullo preceda a la victoria. Los hombres de Frízer no luchan con honor —agregó intencionadamente.

El labio de Vegeta tembló, su mirada de alguna manera se intensificó, sin embargo, no respondió nada a eso. Si bien nunca había sido derrotado en un combate uno a uno con nadie fuera de los hombres clasificados en el ejército de Frízer, ocasionalmente se había metido en más problemas de los necesarios en sus misiones debido a sus puntos de vista. Un enemigo envenenado, debilitado o no en su mejor momento, rebajaría su victoria en el campo de batalla, así que Vegeta evitaba tácticas tan cobardes y no tenía reparos en salirse de esa línea para asegurarse un desafío mayor. No era un código de honor, no tenía tal cosa, simplemente lo hacía para satisfacer su deseo saiyayín de obtener la mejor pelea y desafiar sus límites tanto como fuera posible. Unas cuantas veces, casi había pagado con su vida al hacerlo, pero eso no tenía importancia para él. Morir luchando contra los mejores siempre era preferible a una victoria vacía.

Aunque podía admitir que, al menos, en esta situación, las fuerzas especiales Ginyu por sí sola sería brutalmente difícil de derrotar, sin hablar de los otros soldados al mando de Frízer. Por lo tanto, permaneció en silencio frunciendo el ceño mientras observaba la mirada evaluadora de Kyanna sobre él.

—Haremos lo que sea necesario para asegurar la victoria manteniendo nuestras bajas al mínimo —agregó Kyanna como si hablara solo con él y abordara los pensamientos que Vegeta se había reservado. Él frunció el ceño odiando su habilidad para leer la mente. Ella miró a la habitación—. ¿Alguna otra pregunta? —Nadie dijo nada. La princesa esperó unos momentos más y luego continuó.

»La segunda ofensiva apuntará a Cooler y a King Cold. No nos serviría de nada eliminar a Frízer y a sus fuerzas, solo para que Cooler y King Cold llenen el vacío o nos persigan en busca de venganza. Así que los eliminaremos al mismo tiempo junto con todos los hombres bajo el mando de Cooler. Inteligencia dice que los dos iceyíns casi siempre están juntos en el planeta Cooler número treinta y dos, la base de operaciones de sus soldados.

El holograma cambió nuevamente sobre la mesa, pero esta vez, a algún tipo de arma. Parecía una especie de lanzamisiles, un arma consistente y amenazante, el gatillo indicaba que estaba destinado a que lo manejara una sola persona.

»Llamamos a esta arma el Destructor. Dispara un rayo mortal con la fuerza suficiente para destruir un sistema estelar completo, pero solo se puede usar una vez, ya que necesita muchos meses para volver a funcionar. Fue construido por nuestro equipo de expertos en armas que provienen del planeta Tiragon, pero que residen aquí, en el planeta Pilaz —explicó Kyanna señalando a dos pequeños alienígenas rojos con batas blancas que asintieron. En lugar de cuero cabelludo, sus cerebros eran visibles y se unían a sus pieles—. Estarán en las naves con el vicecomandante Rokk, que es el segundo después del comandante Dassius —dijo señalando al alienígena más fornido que había contenido a Dassius cuando quiso avanzar hacia Vegeta. Rokk se sentaba con los brazos cruzados y una mirada tensa en su rostro mientras miraba el arma holográfica girando sobre la mesa.

»Juntos usarán el Destructor desde el espacio para destruir el planeta base de Cooler, matando así a Cooler, a King Cold y a todos sus hombres. Dado que Inteligencia nos dice que, a diferencia de Frízer, Cooler no tiene esclavos sexuales ni sirvientes ni tampoco recluta niños soldados, no perdonaremos a nadie. En caso de cualquier falla técnica, el vicecomandante Rokk y sus hombres se harán cargo lanzando un asalto aéreo para destruir toda la vida en el planeta.

—¿Tienen la misma vigilancia que en el planeta base de Frízer? —preguntó Rokk, sus ojos anaranjados se dirigieron hacia Vegeta y Jhainer. Los dos jóvenes soldados intercambiaron una mirada de entendimiento y luego volvieron a verlo.

—No estoy seguro —admitió Jhainer—. Rara vez nos aventuramos en los sectores de Cooler.

—No es tan paranoico como Frízer, así que la suposición sería que no —agregó Vegeta—. Es mejor que todos ustedes verifiquen sus fuentes.

Kyanna asintió.

—¿Alguien más? —Cuando nadie respondió, miró a Kynton—. ¿Padre?

Kynton asintió, luego se inclinó hacia adelante y entrelazó su mano real con la del exoesqueleto que tenía sobre la mesa.

—El tercer ataque está dirigido específicamente a Frízer. Primero, lo alejaremos de su planeta base. Hicimos un arreglo a través de medios diplomáticos para que el planeta Pilaz se aliara con el imperio de Frízer después de que orquestamos una artimaña sobre que yo había esclavizado el planeta. Frízer no recuerda mi nombre porque han pasado quince años desde que destruyó mi planeta o me ha subestimado profundamente, independientemente de lo que sea, cualquiera de los escenarios es ventajoso. Eso permitió que Vegeta y Jhainer estuvieran aquí y permite la siguiente fase de nuestra estrategia.

»Una vez que el planeta Pilaz sea "liberado" de mi tiranía, realizaremos un desfile en honor a Frízer e invitaremos al tirano a que venga aquí personalmente a la celebración en su honor. Primero evacuaremos a los civiles; afortunadamente, ya hacen simulacros de preparación para un escenario en el que el planeta se queda sin recursos. El resto de los hombres aquí —señaló a los alienígenas restantes en la habitación, una mezcla de diferentes razas—. Ellos proporcionarán los guerreros de sus planetas, que se disfrazarán de civiles durante la celebración. Es en ese momento, en el que idealmente Frízer estará con la guardia baja, lanzaremos la tercera ofensiva.

Volvió a mirar a su hija, quien asintió. La princesa Kyanna dijo:

—No somos tan tontos como para creer que podemos destruir a Frízer en un combate cara a cara, porque no conocemos el alcance total de su poder. Debido a eso, he creado en el transcurso de los años un reino prisión en un plano diferente usando magia sofisticada, solo para Frízer, en el que no habrá nada más que él y el vasto vacío del espacio. Nuestro objetivo entonces es que mi padre y yo lideremos el asalto directo y lo enfrentemos en la batalla. Lo debilitaremos lo suficiente para que yo pueda transportarlo al reino prisión fuera de nuestro actual plano de existencia. Una vez que él esté allí, colapsaré el reino de nuevo a la nada, como una estrella moribunda implosionando sobre sí misma, así Frízer ya no existirá.

Ante esas palabras, todos se miraron, nunca habían escuchado tal cosa. Jhainer se inclinó más cerca de Vegeta, quien inclinó la cabeza lo suficiente para que el trikan le susurrara al oído.

—He oído hablar de eso —susurró Jhainer—. Es magia negra, pero siempre hay un precio que pagar.

Vegeta frunció el ceño y no respondió. Si eso significaba la destrucción de Frízer, entonces el precio a pagar valía la pena, sobre todo porque él no sería quien lo haría.

—La energía que permite que exista ese reino, la magia que lo une y le da la fuerza que necesitamos, se almacena en secreto, un secreto que solo yo conozco —continuó Kyanna. Luego hizo una pausa antes de decir—: ¿Alguna pregunta?

Cuando nadie habló, Felsin lo hizo.

—Para tener éxito, los tres asaltos deben darse simultáneamente. El momento será crucial. No hemos determinado cuándo avanzaremos, porque todavía hay algunas piezas móviles que deben ser ordenas. Repasaremos todo esto con más detalle en los próximos días, analizaremos los puntos claves, especialmente los del lado tecnológico. Por ahora, sin embargo, tomaremos un descanso y nos reuniremos de nuevo esta tarde para analizar aún más los roles individuales.

Kyanna se puso de pie, todos hicieron lo mismo y la mesa de piedra con las losas a su alrededor se volvieron a convertir y descendieron de regreso al suelo. Todos los alienígenas comenzaron a hablar entre ellos dando opiniones y comentarios a sus compañeros sobre la información presentada. Vegeta los examinó con una mirada dura mientras se acariciaba pensativamente el mentón. Esto era todo. Sí, había otros involucrados en la periferia, pero este grupo reunido aquí, sobre los anillos de este planeta, decidiría no solo su destino, sino el destino de todo el universo.

No tenía ninguna duda sobre su propio papel. Las tareas que le habían encomendado las podía hacer. Era menos de lo que se merecía, ya que fue elegido para un papel secundario, pero una vez más razonó que prefería desempeñar un papel pequeño y ahorrarse años de servidumbre forzada, a esperar que llegara su momento. Sabía que serían muchos años antes de que pudiera enfrentarse a Frízer solo.

Aun así, había una ansiedad tamborileando en su estómago ahora y su semblante adquirió una expresión adusta. El plan no era ni simple ni directo y muchas cosas podían salir mal. Un fracaso de cualquier tipo, una advertencia, una traición, una sospecha, una mirada equivocada, y todo el maldito asunto estrellaría en llamas. Sí, quería que esta misión fuera exitosa, como Jhainer le había señalado no hace mucho cuando tuvieron su traidora charla en el extremo sur del planeta base, pero eso no significaba que lo sería.

Una cosa era decir que estaba dispuesto a morir; otra, estar en esta habitación de tonos sombríos y rostros tensos, escuchando planes traidores que de repente hicieron que todo se sintiera muy real. La supervivencia lo había impulsado desde que comenzó a trabajar para Frízer, lo había empujado a través de misiones difíciles, le había dado la fuerza para luchar cuando pensaba que no podía hacerlo más. Tenía un destino que reclamar y el peso de toda una raza guerrera sobre sus hombros a la que vengar; debía sobrevivir sin importar cómo.

Por supuesto, había ocasiones en las que dejó de lado ese deseo, momentos en los que el dolor de su continua servidumbre se sentía demasiado pesado para soportarlo y era indiferente a la muerte e incluso la anhelaba. Esos momentos llegaban generalmente cuando era castigado hasta el punto de ruptura, como si los lugartenientes de Frízer quisieran más que solo golpearlo hasta prácticamente matarlo, sino también arrancarle la voluntad de sobrevivir.

Pero esos momentos también fueron fugaces; su orgullo y su fuerza siempre regresaban, y seguiría adelante más fuerte que antes y más comprometido que nunca con sobrevivir para poder tener algún día su sangrienta y violenta venganza. La supervivencia era una forma de arte, un estado mental; intentaron alejarlo de esa mentalidad y llevarlo a las profundidades de la desesperanza y la locura, pero solo pudieron tener éxito con pequeños arrebatos.

Ahora debía arriesgar su vida una vez más, lo que solía ser bastante normal en sus misiones. Aunque esto era diferente. En sus misiones, tenía el control total en el campo de batalla, donde rápidamente se ganaba una reputación no solo por su crueldad, sino también por su experiencia militar. Era un bastardo y un asesino duro para cualquiera que se atreviera a intentar enfrentarlo, pero si moría en batalla, podía aceptarlo. Esa era la forma en que un saiyayín debería morir: en el campo de batalla donde estaban más vivos, muriendo como un guerrero.

Lo más difícil de aceptar sería morir como víctima si este movimiento fracasaba, ya era difícil renunciar al control de su destino, poniéndolo en manos de otros, algunos de los cuales incluso lo odiaban solo por su reputación. Iba en contra de todos los instintos de supervivencia que tenía, ceder el control hasta ese punto, arriesgarse a una muerte deshonrosa y por primera vez, se preguntó si había tomado la decisión correcta.

Independientemente, ahora estaba comprometido. Había venido y escuchado los detalles de un movimiento de resistencia diseñado para acabar con todo el imperio Cold y la Organización Interplanetaria de Comercio. No solo escuchó, sino que acordó participar activamente. Incluso si volviera a Frízer para confesarse y suplicara perdón, algo que no creía que pudiera hacer porque su orgullo nunca lo permitiría, la muerte estaría garantizada. Además, sería una cobardía dar marcha atrás ahora, algo más que su orgullo tampoco permitiría. Había tomado la decisión mucho antes de aterrizar en el planeta Pilaz y ahora tenía que aceptar todo el peso de eso, sin importar que ahora se sintiera como una carga que había sido colocada sobre él.

De pronto captó la mirada de Kyanna, la princesa había apartado la mirada de su padre con quien estuvo hablando, le dijo algo a Kynton, luego le indicó al saiyayín que la siguiera y salió de la habitación. Como estuvo reflexionando, no se había dado cuenta de que Jhainer hablaba ahora con Mallax, el teniente de la cicatriz que lideraría las fuerzas terrestres en su base de operaciones. Ambos estaban de pie mirándose seriamente con los brazos cruzados y conversando en voz baja. Con Mallax de pie en ángulo, Vegeta pudo ver que la espada a su lado en realidad estaba compuesta sobre todo de humo azul pulsante; había visto algo similar antes, que se volvía sólido y letal al tocarlo. Buscó distraídamente a los ariscos pilotos, Dassius y Rokk, encargados de liderar los asaltos aéreos a los planetas de Frízer y Cooler, pero ya no estaban en la habitación.

Vegeta se apartó de la pared y se fue siguiendo a la princesa con su capa negra fluyendo detrás de él. También quería salir de la habitación e ir al aire libre donde el peso de la muerte inminente se sentía más ligero. Deseaba obtener la visión de Kyanna, que tenía un papel tan central y ver lo que ella realmente sentía acerca del plan. El príncipe miró a la izquierda y a la derecha, y luego vio a la princesa caminar por el pasillo alejándose de los demás. Al instante la siguió.

Dobló una esquina y casi chocó con Kyanna, quien se había detenido allí como si lo estuviera esperando. Paró justo a tiempo, frunciendo el ceño mientras miraba de cerca a la princesa hechicera. Se comportaba de un modo menos provocativo ahora, sus ojos lavanda lucían más serios y tensos. Parecía que el peso del universo estaba sobre sus hombros, lo que supuso que era verdad. Aun así, eso solo aumentó su atracción por ella, algo que era innegable ahora que estaban juntos de nuevo.

—Es mejor salir y respirar, el aire es seco allí —dijo Kyanna antes de que sus ojos lo evaluaran—. Entonces, ¿qué piensas de lo que escuchaste?

Él frunció el ceño y la miró de un modo sospecho.

—¿No lo sabes ya? —preguntó con brusquedad.

—No leo la mente de todos todo el tiempo, tengo que concentrarme en eso individualmente. Me desconecté de todos cuando estuve hablando, pero escuché un poco a algunos hombres cuando Felsin y mi padre hablaban, no creo haber captado tus pensamientos.

Era bastante cierto que no pudo leer con facilidad la mente de las personas al estar presentando los complejos planes sobre como derrocar al tirano intergaláctico, así que cuando habló, realmente se había desconectado de todos los demás. Sin embargo, era una mentira que hubiera ignorado a Vegeta cuando no estuvo hablando. Había sentido curiosidad por saber qué existía detrás de la máscara del soldado cauteloso y estoico que nunca titubeó durante la sesión informativa.

Al rozar los bordes de la mente del saiyayín, ella no estuvo preparada para el peso de los pensamientos y las emociones inquietantes de Vegeta. Era completamente diferente a la noche anterior cuando él se había concentrado solo en su atracción por ella, sus pensamientos en ese momento fueron dominados por una cantidad igual de lujuria e inseguridad. No, en la sala durante la sesión informativa, todo había fluctuado entre la determinación y la cautela, una lucha entre la necesidad de sobrevivir por su raza y aquello por lo que, si acaso, estaba dispuesto a morir. También encontró un pequeño rastro ocasional de miedo que palpitaba débilmente en lo más oscuro de su mente, algo que mantuvo enterrado hasta que terminó la sesión informativa, cuando inconscientemente comenzó a manifestarse como ansiedad.

Era normal, supuso, considerando que él y Jhainer venían a ser los más cercanos a Frízer y los más expuestos a él y a su crueldad. Muchos considerarían el miedo como una debilidad, incluido el príncipe; dudaba que Vegeta fuera siquiera consciente de esa emoción dentro de él. Ella pensaba lo contrario, que algo de miedo era bueno, porque significaba que no era estúpido y se daba cuenta de la gravedad de su misión. Kyanna también había escuchado las mentes de los demás, no quiso sondear más de lo necesario en la psique del saiyayín (se merecía algo de privacidad), pero en ninguno encontró un eco de sus propios sentimientos como lo hizo con el príncipe saiyayín. A pesar de la horrible crueldad que Vegeta había desatado en su corta vida, su atracción por él solo aumentó. Después de todo, aunque ella no había cometido masacres a su nivel, estaba lejos de ser inocente, había derramado mucha sangre para sobrevivir todo este tiempo.

—Hmm. Bueno, creo que hay muchas variables, muchas posibilidades de error —dijo Vegeta frunciendo el ceño, ajeno a las profundidades que Kyanna había atravesado en su mente—. Tres ataques simultáneos serán difíciles de coordinar.

Ella pareció quedarse pensativa.

—Eso será difícil a menos que los reunamos a todos en un solo lugar. Por lo que me han dicho, ese esfuerzo es casi imposible.

—Sí, Cooler y Frízer se odian desde que estoy en sus filas. —Vegeta hizo una pausa y frunció el ceño mientras pensaba—. Bueno, están los Juicios, donde los soldados son juzgados frente a King Cold y a uno de sus hijos, casi todos los hombres de Frízer y Cooler asisten. Acabamos de tener uno no hace mucho, así que pasará algún tiempo antes del siguiente. Además, como dije, uno de los hermanos siempre falta.

Kyanna asintió.

—Sí, he oído hablar de eso. Un asunto brutal en una noche llena de violencia.

—Sí, es bastante entretenido —sonrió él maliciosamente.

—Creo que el plan actual funcionará tal como está solo si todo encaje en su lugar.

Ante eso, la sonrisa de Vegeta se desvaneció.

—¿Confías en todos los de esa habitación? —preguntó, su intensa mirada estudió su reacción.

—Hemos examinado a todos tanto como ha sido posible. No tenemos más remedio que confiar en ellos ahora.

—¿Y estás dispuesta a morir si esa confianza es traicionada? —Vegeta la presionó, necesitaba escucharla decirlo. No significaría que confiaría en nadie, porque no era capaz de eso ni quería hacerlo. La confianza era una tontería, algo para los débiles, algo que estaba por debajo de él. Pero le ayudaría a dormir mejor por la noche si supiera que la jugadora central en el corazón de la resistencia estaba dispuesta a morir por la causa. Uno no podía salir victorioso de una batalla difícil sin estar preparado para arriesgarlo todo y como no estaría librando la batalla clave, tenía que saberlo.

—Sí —respondió Kyanna resueltamente, aunque Vegeta sintió una pequeña pizca de tensión en sus hombros—. He huido con mi padre lo suficiente desde lo de Frízer. Todos han sufrido lo suficiente... eso te incluye a ti, príncipe Vegeta.

—Ja —dijo el príncipe disgustado, como si ella lo hubiera ofendido—. No sufro, princesa Kyanna, sobrevivo.

Vegeta pudo sentir su cambio de humor cuando sus ojos lavanda parecieron oscurecerse con una mezcla de deseo y algo cercano a la comprensión. Kyanna se acercó suavemente a él y el calor lo inundó, los latidos de su corazón de repente se aceleraron cuando ella estuvo a unos centímetros de distancia. No podía quitarle la mirada de encima, así lo intentara, estaba hipnotizado no solo por su belleza, sino por su coraje al estar dispuesta a morir si eso significaba destruir a Frízer. Se ganó su respeto, lo que no era algo fácil. Vegeta tragó saliva y permaneció perfectamente quieto mientras esta mujer se acercaba tanto que su aliento se mezcló con el de él. Olía a cítricos mezclados con fuego y sintió un movimiento en su entrepierna cuando ella se acercó aún más.

—Quizás algún día puedas hacer algo más que sobrevivir —susurró Kyanna. Vegeta solo gruñó sin darse cuenta, ahora estaba más interesado en su cuerpo que en sus palabras. Sin saber muy bien qué hacer, porque, al parecer, había sido demasiado brusco al besarla la noche anterior, se inclinó ligeramente hacia adelante.

Kyanna aceptó la invitación, cerró la distancia e inició el beso que siguió decidiendo mostrarle cómo se hacía. No fue suave, pero tampoco rudo como el suyo la noche anterior. La cola de Vegeta soltó su cintura y el pelaje se erizó como si lo atravesara energía eléctrica, era una respuesta primaria habitual cuando estaba enfurecido y también, al parecer, cuando lo besaban así. Luego esta se comenzó a mover inconscientemente detrás de él por la creciente excitación. Sus dos primeros besos, uno con Aradeen y el otro con Kyanna, habían sido duros y brutales, ninguna de las dos se lo había devuelto y mucho menos lo había disfrutado. Pero al sentir que Kyanna le devolvía el beso mientras saboreaba el delicioso calor de su boca y al notar su disfrute, se puso duro como una roca en segundos. El placer que notó construirse en sus entrañas fue tan indescriptible que alejó el resto de sus pensamientos inquietantes junto con sus ansiedades, quizás por primera vez en todos sus años trabajando para Frízer.

Kyanna se apartó antes de lo que él deseaba haciéndolo gruñir desde lo más profundo de su pecho. Vegeta apretó los puños dolorosamente a los costados; no se había permitido tocarla y se negaba a hacerlo ahora, aunque la necesidad seguía allí. Ambos estaban cara a cara y ligeramente sin aliento cuando ella susurró contra sus labios:

—Quizás, algún día, finalmente puedas vivir.