Descargo de responsabilidad de Niteryde: No soy propietaria de Dragon ball z ni de ningún personaje del mismo.
El arte de sobrevivir
Capítulo trece
Sacrificios
Vegeta estaba extremadamente molesto porque Kyanna se retiró casi después de besarlo, dejándolo con una erección por segunda vez desde su llegada al planeta Pilaz. Desafortunadamente, ella tenía asuntos que debían ser atendidos y no había nada que él pudiera hacer para detener eso. La paciencia nunca fue su fuerte, pero no le quedaba más que soportarlo.
Sin embargo, antes de irse, la princesa se acercó a su oído para susurrarle que no lo dejaría en ese estado la próxima vez. Kyanna ya se había ido, pero Vegeta todavía sentía escalofríos al recordar esas palabras. Ahora entendía por qué Raditz solía bromear diciendo que las mujeres podían ser peligrosas no solo en el campo de batalla. Vegeta se quedó allí durante mucho tiempo recuperando la estabilidad, lo cual fue más difícil de lo que pensó, ya que su mente y su cuerpo seguían pensando en lo electrizante que se sintió besar a la princesa hechicera.
Finalmente, después de una rápida visita a su habitación donde se ocupó de sus necesidades para así poder recuperar algo de su cordura, Vegeta regresó al lugar donde habían sido informados sobre el plan. La mayoría de los que estuvieron durante la sesión informativa ahora permanecían afuera en pequeños grupos, involucrados en conversaciones secundarias.
Justo al lado de la entrada, vio a Jhainer y a Kynton con los dos pilotos de combate, Dassius y Rokk. Jhainer escuchaba mientras trataba de hablar con calma, pero los pilotos en particular parecían enojados. Aunque el adolescente trikan lucía impasible, Vegeta lo conocía desde que entró al servicio de Frízer, ya que Jhainer había sido entregado pocos días antes de su propia llegada. Debido a eso, el príncipe saiyayín reconoció las sutiles e inquietas contracciones de la gruesa cola de Jhainer debajo de su capa negra.
El joven trikan se fijó en él primero y, con un movimiento de cabeza, le indicó que se acercara. Vegeta avanzó hacia ellos cruzando los brazos sobre su armadura plateada mientras Kynton, Dassius y Rokk lo miraban. Dassius, en particular, cambió su mirada de odio de Jhainer a Vegeta, pero el príncipe saiyayín había sido el receptor de eso desde su llegada a las filas de Frízer. Para él, era como estar rodeado de aire, algo apenas perceptible.
—Kynton y sus invitados me estaban diciendo que rescatemos a Orrín —le contó Jhainer con gentileza, aunque Vegeta reconoció la molestia en su voz.
—¿Así? —preguntó el príncipe mientras recibía sin problemas la mirada de Dassius—. ¿Quién es y por qué deberíamos perder nuestro tiempo rescatándolo?
—Cuida tu boca, saiyayín, Orrín es mi hermano menor —gruñó Dassius, sus ojos que ardían de odio pasaron de uno al otro joven soldados frente a él. Kynton se acercó más para poner su mano del exoesqueleto en el hombro de Dassius y lo apretó como para calmarlo, pero el piloto se había exaltado y comenzó a gritar—: Que fue secuestrado por tu gente, los hombres de Frízer, justo antes de que ¡PURGARAN NUESTRO PLANETA NATAL!
—Dassius —dijo Kynton, su voz fuerte llamó la atención del piloto comandante que, demasiado enojado y nervioso para hablar, se limitó a levantar las palmas en señal de frustración antes de darse la vuelta y marcharse para estar solo.
—Estará bien —comentó con brusquedad el otro piloto, el vicecomandante Rokk mientras cruzaba los brazos con fuerza sobre su pecho fornido y evaluaba a los dos adolescentes que tenía al frente. Aunque no rebosaba de odio como su compañero piloto, sus ojos anaranjados tampoco eran amistosos—. Todo eso sucedió muy recientemente, así que todavía lo está procesando. Nuestro planeta fue purgado; desafortunadamente, la mayor parte de nuestra unidad de combate aéreo estaba fuera del planeta cuando sucedió, sino habríamos montado una defensa adecuada. Al menos todavía tenemos nuestras naves de caza, así que no todo está perdido —suspiró—. Como el hermano de Dassius, Orrín, también estaba fuera del planeta, sobrevivió a la purga; pero fue capturado por los hombres de Frízer.
—Quizás ustedes dos sepan dónde está —dijo Kynton mirando a Jhainer y a Vegeta—. Orrín estuvo participando en el mismo torneo de luchadores infantiles en el que conociste a Felsin. Lo hizo tan bien que quedó en primer lugar. Nuestras fuentes nos informaron que fue visto por última vez siendo forzado a entrar en una vaina espacial por uno de los hombres de Frízer, pero se habían ido antes de que alguien pudiera ayudarlo... el soldado llevaba una armadura que coincide con la de ustedes.
Vegeta y Jhainer intercambiaron una mirada de entendimiento por unos segundos, ambos se habían dado cuenta de que el chico en cuestión era el recluta de Manzín, el mocoso musculoso con la hoja curva en un brazo. Jhainer entrecerró los ojos deliberadamente hacia Vegeta y el príncipe le frunció el ceño antes de volver a mirar a los otros dos hombres.
—¿Cuál es exactamente la importancia estratégica de rescatar a ese niño? —preguntó.
Rokk lo miró con una visible molestia.
—¿Aparte del hecho de que es uno de los nuestros y el único familiar sobreviviente de nuestro comandante? ¿Necesitamos más razones para solicitar ayuda para rescatarlo?
—Acordamos utilizar nuestros recursos para ayudar a encontrar al hermano de Dassius a cambio de su ayuda en el combate aéreo cuando pusiéramos el plan en marcha —les explicó Kynton mientras miraba expectante a los dos jóvenes soldados—. Ahora ustedes están en nuestras filas, así que pueden ayudarlo.
—Hmm, Jhainer y yo debemos conversar en privado.
Sin decir otra palabra, el príncipe giró abruptamente sobre sus talones para alejarse por la dirección opuesta a la que había usado Dassius. Sintió que Jhainer caminaba detrás de él y cuando doblaron una de las esquinas del enrevesado palacio aéreo y se encontraron solos, Vegeta se volvió hacia el trikan.
—¿Qué opinas? —le preguntó en voz baja antes de levantar una mano enguantada para acariciar su barbilla.
Jhainer cruzó los brazos sobre su pecho
—Eso... es un problema —murmuró mientras uno de sus dedos que acababa en una garra azul golpeteaba su bíceps un par de veces, luego continuó—. Manzín no perderá de vista a ese chico una vez que él y Cui regresen de su purga. Probablemente aumentará al máximo el entrenamiento con él antes de que los reclutas peleen en el torneo. Incluso si hay un lapso en el que Manzín lo deje solo e intervenimos, será casi imposible que lo llevemos a una vaina espacial para mandarlo lejos sin que nadie se dé cuenta de que falta una nave... Todas las estrategias que se me vienen a la mente nos dejan a mí y a ti no solo expuestos, sino en riesgo.
Vegeta asintió.
—Estratégicamente, sería beneficioso si pudiéramos desaparecer a Orrín, así las probabilidades de que nuestros reclutas ganen aumentarían de uno a cuatro a uno a tres... Estoy de acuerdo en que un rescate real es peligroso. Nosotros no sacaríamos nada de esto, solo ayudaríamos a esos pilotos que nos odian.
—Me inclino a estar de acuerdo —concluyó Jhainer en voz baja—, pero Kynton parece esperar que cooperemos.
—Eso no significa que tengamos que hacerlo —murmuró Vegeta.
Jhainer lo miró con curiosidad.
—¿Qué estás pensando?
—Quieren que liberemos a Orrín del servicio de Frízer, así que yo digo que resolvamos esto matándolo discretamente. Él no tiene ningún rango, así que su vida no tiene valor. Les decimos a los pilotos, a Kynton y a quienquiera que quiera preguntar, que lo sacamos del planeta de manera segura e hicimos nuestra parte. Si alguna vez captan a alguien más de adentro, les confirmará que el niño ya no estaba allí. No sería nuestra culpa si nunca llega a reunirse con su hermano, porque no podemos hacernos responsables de su seguridad una vez que haya salido al espacio… las vainas espaciales funcionan mal a veces —concluyó Vegeta con una voz fría y metódica—. Así "satisfaceremos" lo que quieren esos pilotos, a Frízer no le importará, Manzín no sabrá a dónde fue el chico y todo con un riesgo mínimo para nosotros. Además, eso ayudará a nuestros reclutas. Bueno, ayudará al mío, Adriel, que indudablemente matará al tuyo y me dará otro punto.
—Quizás no importa quién gane o no el rango al final, porque es probable que el plan tenga éxito.
Vegeta arqueó una ceja.
—Si de verdad crees eso, trikan, cuando regresemos a la base, ve a decirle a Frízer que dejas el escuadrón y tu intento por ganar rango —lo desafió.
Jhainer lo fulminó con la mirada, lucía absolutamente amenazante con su ojo muerto. Cuando se veía así, Vegeta podía admitir que probablemente debía ser una última imagen aterradora para sus víctimas antes de que murieran por su mano.
Vegeta fácilmente le sostuvo la mirada por unos largos momentos clavándole la suya también fulminante. Cuando el silencio se prolongó, lo tomó como si Jhainer cediera en ese punto y resopló.
—Eso es lo que pensé.
—Sería aconsejable continuar esforzándose con el equipo de clasificación de rango... por si acaso —cedió Jhainer.
Vegeta asintió.
—¿Entonces estamos de acuerdo en que mataremos al chico?
—Sí, tú puedes encargarte de él, yo me ocuparé de matar al técnico principal.
—Está bien por mí —dijo Vegeta con una sonrisa maliciosa. El chico al que iba a matar significaba menos que nada para él, pero la idea de que eso perjudicaría las posibilidades de ganar rango a Manzín, le agradaba.
Jhainer asintió y luego frunció el ceño.
—Tienes que cuidarte de que la princesa Kyanna no vea el pensamiento en tu mente sobre el recluta de Manzín... Tampoco sabemos quién más puede leer las mentes aquí, quizás Kynton también pueda.
—Eso no es un problema para mí, trikan. Tengo disciplina mental. Asegúrate de mantener "tus" pensamientos bajo control.
Alguien se rio en voz baja desde un lado.
—Veo ya que conocieron personalmente a la princesa Kyanna.
Ambos volvieron las cabezas, era Felsin el que se acercaba a ellos. Vegeta cruzó los brazos sobre el pecho, con una expresión pensativa en su rostro mientras observaba al alienígena peludo. No había podido hablar con Felsin en privado desde su tenso encuentro en el torneo donde reclutó a Adriel. Al reflexionar sobre esa reunión encubierta, recordó que Felsin dijo que había tratado con su padre debido a que le debía lealtad al planeta Vegeta.
Por un momento fugaz, una parte suya estuvo tentada a preguntarle por su padre… pero el deseo desapareció rápidamente para ser reemplazado por el odio familiar y el resentimiento hacia el hombre que debería haberlo protegido y, que en cambio, lo entregó como un cobarde. Se negó obstinadamente a saber nada sobre él, porque su padre no se lo merecía.
—De hecho... especialmente Vegeta —dijo Jhainer con una sonrisa burlona que le ganó una mirada fulminante del príncipe a su lado.
—Ya veo —comentó Felsin—. Bueno, quería hablar con los dos sobre el veneno que queremos usar con los hombres de Frízer en el planeta base antes de que se lancen los asaltos aéreos y terrestres.
Sacó un frasco de la capa que llevaba. Era pequeño y delgado, del tamaño de un dedo, en un envase rojo sin etiqueta. Lo levantó para que ambos lo vieran.
—Si usan su ki y queman este frasco, el veneno se esparcirá por el aire como un gas transparente e indetectable. Se extenderá hasta cubrir toda la mitad norte del planeta y debilitará, si es que no mata, a la mayoría de los hombres de Frízer sin que ellos se den cuenta.
Jhainer y Vegeta miraron con cautela el frasco que no se veía tan potente como Felsin daba a entender. Sin embargo, ninguno quiso ponerlo a prueba. Vegeta finalmente asintió y se lo quitó al alienígena para meterlo en su armadura.
—Este es el antídoto —continuó Felsin mientras sostenía un frasco de un tamaño similar, pero de color azul que contenía mucho menos líquido que el frasco rojo—. Tomen una gota de esto y denle una gota a cualquiera que no quieran que se vea afectado. Háganlo antes de usar el veneno.
Luego le entregó el frasco a Jhainer, quien lo tomó y lo guardó dentro de su armadura.
—¿Los demás les hablaron sobre rescatar a Orrín? —los presionó Felsin.
—Sí, Kynton y los pilotos nos lo dijeron. Liberaremos al chico de la servidumbre de Frízer —dijo Vegeta con brusquedad y Jhainer asintió con la cabeza a su lado—. Lo enviaremos aquí en una vaina espacial poco después de que regresemos a la base —mintió sin problemas.
Felsin asintió antes de sacar dos frascos verdes más y se los entregó a los dos jóvenes soldados.
—Esto los ayudará a recuperarse en los próximos días. Si la mitad de los rumores sobre la brutalidad de Frízer hacia sus propios hombres son ciertos, es posible que los necesite. No los ayudará a recuperarse completamente, pero puede marcar la diferencia en sobrevivir el tiempo suficiente para que obtengan ayuda médica.
Jhainer tomó uno de los frascos y Felsin le extendió el otro a Vegeta, que se mofó.
—No soy un debilucho como Jhainer, no necesito de esos trucos —dijo ignorando deliberadamente el hecho de que el último frasco que Felsin le dio le había salvado la vida. Jhainer le lanzó una mirada asesina, pero Vegeta ignoró al soldado trikan y continuó—. ¿Qué sigue?
—Bueno, su actuación directa ha terminado —les explicó Felsin mientras guardaba el frasco—, pero los invitamos a quedarse los próximos dos días, nosotros repasaremos el plan con más detalle con nuestro equipo. Sus perspectivas sobre Frízer y sus hombres son inestimables, así que la juntaremos con los métodos y operaciones de los demás.
»Ahora... como Frízer les ha concedido unos días para estar aquí... podemos bloquear las señales en sus vainas espaciales y rastreadores para que los próximos días puedan viajar libremente sin ningún tipo de rastreo. Frízer asumirá que todavía siguen aquí, él nunca sabrá que se tomaron una licencia siempre que regresen dentro de unos días o se dirijan directamente a su planeta base después. Si están interesado en eso, hágamelo saber y lo arreglaremos lo antes posible, de lo contrario, el palacio es suyo.
Luego se inclinó ante ellos. Jhainer inmediatamente le devolvió la reverencia, pero Vegeta solo puso los ojos en blanco.
—¿Vas a quedarte o a salir del planeta? —le preguntó Jhainer una vez que estuvieron solos de nuevo. Vegeta se encogió de hombros.
—Quizás me quede —reconoció. Aunque estratégicamente era mejor si se iba pronto para ayudar a entrenar a Adriel, no creía que contar con unos pocos días haría una gran diferencia. Y si era honesto consigo mismo, tener unos días de seguridad general y comida suficiente se sentía como un lujo inaudito. No sabía cuándo, si es que alguna vez, volvería a tener alguna de esas cosas y mucho menos las dos—. ¿Y tú?
—Podría salir y ver si puedo visitar mi planeta natal por un par de días —admitió Jhainer en voz baja.
—Mmm.
La amargura y los celos se revolvieron en el estómago de Vegeta y un tic se apoderó de uno de sus ojos ante el pensamiento de que ambos habían sido ofrecidos a Frízer cuando eran niños más o menos a la misma edad, más o menos al mismo tiempo... para salvar el planeta de Jhainer, pero no el suyo. Aunque el trikan no había vuelto a su casa desde ese momento —según su conocimiento—, al menos todavía tenía un hogar.
Vegeta se volvió abruptamente sin decirle una palabra a Jhainer debido a la oleada de ira que se agitó en su interior y comenzó a vagar cavilando por el palacio durante algún tiempo.
Fue el olor a fuego lo que terminó sacándolo de sus pensamientos. Se detuvo con curiosidad frente a una puerta de madera oscura al final de un largo pasillo. La puerta le llamó la atención por ser tan diferente al resto, parecía más vieja y casi fuera de lugar en el lujoso palacio. Se acercó más, forzó su audición y pudo escuchar algunos gimoteos dentro. Al recordar que Felsin le había dicho que «el palacio era suyo», abrió la puerta.
La habitación era pequeña y en su mayor parte oscura, pero parecía haber un santuario al frente lleno de velas, cuyas llamas rojas creaban un ambiente inquietante. Avanzó más y vio en el santuario lo que parecía ser un altar con diferentes tipos de símbolos grabados, además había un puñado de losas de piedra levitando donde uno podía sentarse. Todo eso lo hizo reconocer que se trataba de una especie de sala de oración.
Y arrodillada al frente, encendiendo una vela, estaba la princesa Kyanna. Ella murmuraba suavemente, lo que no era del todo una sorpresa —aunque él mismo no era religioso, los saiyayíns habían honrado al Dios de la Muerte, así que no ignoraba por completo esas ideas—, pero lo que vio junto al altar lo impactó.
Había una jaula de hierro negro allí y dentro, lo que parecía ser un niño alienígena humanoide con mechones y ojos verdes, aproximadamente de la misma edad que él tuvo cuando fue entregado a Frízer. El niño estaba de rodillas en la jaula, con las manos atadas a la espalda y con una mordaza en la boca. Miró a Vegeta a los ojos; había desesperación y terror en su rostro surcado de lágrimas, su mirada era una que el príncipe conocía muy bien.
—Mi padre y yo consultamos el oráculo esta mañana antes del amanecer —dijo Kyanna, lo que llamó la atención de Vegeta. Ella todavía estaba concentrada en encender las velas frente al santuario e ignoraba al niño que sollozaba en la jaula a su derecha.
—¿El qué? —preguntó Vegeta con cautela.
—El oráculo, hay uno en casi todas las galaxias del universo. Son psíquicos que pueden comunicarse con los muertos y, tal vez, incluso una o dos veces con los dioses si son lo suficientemente fuertes —le explicó en voz baja mientras sacudía el cerillo—. Ella nos dio una advertencia.
Vegeta frunció el ceño.
—¿Qué advertencia?
—Ha escuchado algunos rumores en la otra vida de que uno de los dioses más poderosos ha estado respaldando a Frízer —respondió—. Hay muchos dioses, algunos protegen... otros destruyen. No hay forma de saber con certeza cuál es y ningún oráculo es lo suficientemente poderoso como para descubrirlo. Así que debemos recurrir al dios de la hechicería, el único del que sabemos que está de nuestro lado. Con oraciones y sacrificio, nos protegerá de cualquier dios que se haya puesto del lado de Frízer. Nos dará la fuerza para vencerlo.
Vegeta se paró frente al santuario para inspeccionar el altar más de cerca mientras cruzaba los brazos sobre el pecho. No reconoció ninguno de los símbolos grabados que estaban allí, pero debajo de todo eso, ante las velas, había un gran cuchillo con una hoja negra del largo de su antebrazo. Miró a un lado para ver a la princesa; Kyanna parecía bastante seria con la cabeza baja mientras recitaba una breve oración en un idioma que él no entendía.
Volvió a mirar la jaula y tuvo una idea de lo que ella quiso decir con sacrificio. Algo en la absoluta desesperanza del niño resonó en él, de la misma manera cuando Adriel se hizo un ovillo después de que lo golpeó en la cara y cayó al piso. Fue uno de esos momentos fugaces en los que sintió... algo, pero lo reprimió con experiencia.
—Tráeme al niño ahora, príncipe —le ordenó Kyanna luego de que acabó de orar y se levantó fácilmente.
Años de una familiar molestia desbordó a Vegeta.
—Tú no me das órdenes, princesa Kyanna —gruñó.
Kyanna entrecerró los ojos con una mirada ilegible y sus ojos lavanda se oscurecieron. Por primera vez, Vegeta le creyó cuando dijo que estaba bien versada en los horrores del universo. Él le sostuvo la mirada sin problemas e ignoraron al niño que lloraba silenciosamente en la jaula.
—¿Es esa la verdadera razón por la que no me lo quieres traer, príncipe Vegeta? ¿Porque no quieres que te «den órdenes»? —le preguntó ella finalmente mientras se volvía hacia el altar para recoger el cuchillo y lo hizo girar con destreza entre sus dedos—. ¿O no eres el salvaje que pensé que eras y prefieres no verme degollar a un niño inocente?
Los ojos de Vegeta se entrecerraron peligrosamente ante lo que ella estaba insinuando. Un segundo después, el saiyayín ya había abierto la jaula y arrojado al niño aterrorizado a los pies de Kyanna. Luego cruzó los brazos sobre su armadura, frunciendo el ceño mientras la miraba deliberadamente, como si la desafiara a cuestionar su crueldad otra vez.
Pero ahora la atención de Kyanna estaba solo en el niño, al que obligó a ponerse de rodillas en el altar ante las velas y los símbolos que Vegeta no entendía. El niño sollozaba tanto que su rostro se enrojeció, pero no pudo hacer nada para escapar del fuerte agarre de Kyanna, que lo tenía sujeto del cabello para mantenerlo en su lugar.
Ella hizo girar la hoja de nuevo.
—La sangre de los inocentes ayuda al dios de la hechicería a hacerse aún más fuerte, así que debemos hacer esto de vez en cuando, porque es él quien fortalece nuestra magia. Y necesitamos toda la fuerza posible para enfrentarnos a Frízer.
Con eso, el brazo de Kyanna se movió en un destello más rápido de lo que Vegeta pudo ver para cortar la garganta del niño. Ella lo mantuvo bruscamente sobre el altar con un fuerte agarre de su cabello mientras él hacía ruidos de asfixia y se desangraba con rapidez. Vegeta frunció el ceño antes de alejarse del alcance de la espesa sangre verde oscuro que se extendía velozmente por el suelo. Después de todo, no quería mancharse sus botas blancas.
Alzó la mirada justo cuando Kyanna soltaba al niño para dejarlo colapsar en el altar. Él sabía por experiencia que estaría muerto en segundos, así que dirigió su atención a la princesa que limpiaba el cuchillo de la sangre. Kyanna devolvió el arma, luego suspiró profundamente como si hubiera saciado una sed tremenda y echó la cabeza hacia atrás. El príncipe levantó una ceja cuando un suave resplandor amarillo la rodeó justo en el momento en que el niño moría.
Ella se volvió para encararlo y una mirada cautelosa apareció en el rostro de Vegeta al ver que se le acercaba. Las pupilas lavanda normales de la princesa habían desaparecido y ahora eran negras con un anillo lavanda brillante rodeando a cada uno. El resplandor amarillo palpitaba con la nueva fuerza que ella había adquirido y su cabello blanco fluía en ondas.
Vegeta se tensó e instintivamente bajó los brazos, retrocedió un pie y tragó saliva desconcertado mientras se preparaba para algún tipo de ataque. La postura defensiva fue suficiente para hacer que Kyanna se detuviera.
—¿Tienes miedo? —le preguntó y él no pudo captar lo que tramaba por su entonación.
Vegeta se rio de ella.
—No le tengo miedo a nada ni a nadie —dijo con desprecio.
Kyanna sonrió mientras el brillo a su alrededor se disipaba, pero sus pupilas inalteradas eran desafiantes.
—Entonces pruébalo.
Con una velocidad y una fuerza que lo dejaron sin aliento, Kyanna lo obligó a sentarse en una de las losas que levitaban frente al altar. Vegeta apenas se había dado cuenta de lo que estaba pasando cuando ella ya estaba sentada a horcajadas sobre él haciéndolo jadear inaudiblemente. No había vuelto a respirar antes de que la mujer capturara sus labios en un beso acalorado por la embriaguez de su nuevo poder y su deseo por él. Vegeta rápidamente se enfrentó a su fuerza como si se tratara de una batalla que no estaba dispuesto a perder. La acercó más con brusquedad para profundizar el ardiente beso, su cola se desenvolvió en algún momento y el pelaje se puso de punta cuando esta se estremeció por el fuego en su sangre.
De pronto, ella rompió el beso para levantarse frotándose contra su cuerpo; Vegeta soltó un gemido muy poco saiyayín cuando su rostro se encontró contra los senos de Kyanna mientras ella se mecía sobre él. El corazón le latía tanto y estaba tan duro que casi se mareaba, así que apenas pudo hacer más que tomarla por la cintura y agarrarse con fuerza.
Sin embargo, Vegeta recuperó la cordura cuando Kyanna llevó la mano a su erección. Él gruñó y le agarró la muñeca con fuerza obligándola a detenerse antes de que pudiera tocarlo.
Kyanna se rio en voz baja, no necesitaba ser una lectora de mentes para saber que no confiaba en ella.
—Es sabio ser cauteloso —le susurró al oído—. Pero si te dijera que le juré al dios de la hechicería que no te haría daño, ¿me creerías?
—No —gruñó él—, tu dios no significa nada para mí.
—Lo suponía.
Ella levantó su brazo libre y el cuchillo negro que había usado para matar al niño, que todavía estaba en la habitación con ellos, salió disparado hacia su mano. Los ojos de Vegeta se ampliaron por la alarma al detectar el ataque, pero antes de que pudiera apartarla para defenderse, Kyanna puso el mango del cuchillo en su palma y él lo agarró con fuerza.
—Esta hoja está hecha de un tipo especial de vidrio que solo se encontraba en nuestro planeta natal que fue destruido. Es la clave de mi magia. Si me apuñalas con esta hoja, moriría.
Vegeta la miró con recelo; revelar una debilidad era inaudito de donde venía y aunque no eran enemigos, él nunca habría compartido algo así si la situación hubiera al revés.
—¿Por qué me lo dices?
—Porque si te lastimo, tienes los medios para matarme a cambio… ¿ahora me crees?
—Hmm.
Vegeta no hizo nada durante unos segundos hasta que finalmente le soltó la muñeca, pero se mantuvo agarrando el cuchillo estratégicamente a un lado, cerca del pecho de Kyanna. Ella ignoró lo que el príncipe sostenía, especialmente cuando no vio que hiciera algún movimiento para evitar que su mano bajara hacia lo que quería de él. Ambos podían herirse gravemente, si no matarse el uno al otro en cualquier momento y esa seguridad pareció ser suficiente para que Vegeta permitiera que el contacto continuara.
Él estaba tenso por la expectativa, pero tan pronto como ella finalmente lo tocó, comenzó a respirar entrecortadamente. La breve conversación lo había dejado solo medio duro, pero Kyanna corrigió eso en segundos con unos dedos hábiles que supieron ponerlo como una piedra de nuevo. A Vegeta se le escapó un gemido, nunca nadie lo había tocado tan íntimamente y nunca hubiera imaginado que se sentiría tan bien.
—Puede que no tengas la experiencia de un hombre, pero tienes el tamaño de uno, príncipe Vegeta —susurró ella en reconocimiento mientras lo acariciaba más fuerte ahora. Los uniformes de los hombres de Frízer eran capaces de estirarse casi infinitamente para adaptarse a una variedad de transformaciones, así que el pantalón dejaba muy poco a la imaginación de Kyanna. Esas palabras y el contacto continuo lo hicieron estremecerse y el príncipe se encontró literalmente incapaz de responder. Toda la experiencia fue tan intensa que hizo que su pecho ardiera hasta que tuvo la vaga noción de que se asfixiaba.
Al sentir que estaba abrumando rápidamente al joven saiyayín inexperto y que él sin darse cuenta ahora contenía la respiración, Kyanna aminoró el paso. Vegeta finalmente exhaló y empezó a respirar hondo. Estaba sonrojado y sudaba. Gruñó cuando ella lo besó de nuevo, pero en el fondo no quería que ese tipo de placer terminara. Como si captara el pensamiento, Kyanna profundizó el beso y la cola de Vegeta se envolvió alrededor de su muslo sin que él se diera cuenta.
Cuando ella bajó la mano por debajo de su armadura buscando dónde comenzaba su pantalón para poder desnudarlo, él volvió a agarrarla de la muñeca con fuerza para hacer que se detuviera.
Vegeta tragó saliva, su rostro pareció enrojecerse aún más. Detestaba admitir, incluso para sí mismo, de que las palabras de Frízer resonaban en sus oídos, pero no podía negarlo. La reciente advertencia del tirano de lo que haría si alguna vez él engendraba un hijo no era algo que pudiera tomar a la ligera. El movimiento de resistencia no tenía garantías de éxito, así que su cordura ganó al final.
—Yo... no puedo arriesgarme a tener hijos —dijo con la voz ronca.
Kyanna lo miró a los ojos mientras se aventuraba en su mente para ver lo que no estaba diciendo. Los recuerdos y pensamientos sobre Frízer junto con el odio y el miedo que inspiraba, dominaban los pensamientos de Vegeta. Pudo escuchar la advertencia que el tirano le había dado fuerte y clara. Eso reforzó su creencia de que estaba del lado de la rectitud y que valía la pena hacer cualquier cosa para derrotar a Frízer. El fin justifica los medios.
—Fui gravemente herida en una pelea hace unos años —admitió Kyanna haciéndolo levantar una ceja—. Apenas sobreviví. Los niños no están en mi futuro porque no puedo tenerlos.
Vegeta frunció el ceño ante esas palabras y ella pudo ver y leer que no confiaba en lo que le estaba diciendo. Al recordar que él nunca había hecho esto antes, respiró hondo para calmar su lujuria. El calor corporal del saiyayín se había elevado y se sentía delicioso, pero decidió tomar un camino diferente para facilitarle las cosas. Cambió de táctica y una vez más alcanzó la banda de la cintura debajo de su armadura.
—Está bien, hay otras formas de dar y recibir placer sin ese riesgo. Permíteme ser yo quien te lo muestre —lo tranquilizó.
Vegeta tragó saliva de nuevo, pero le soltó la muñeca con reticencia, su otra mano todavía sujetaba el cuchillo para tomar represalias de inmediato si ella trataba de lastimarlo. Observó con avidez cómo Kyanna mientras bajaba, agarraba con los dedos la cintura de su pantalón y comenzaba a bajarlo. Su rostro se enrojeció en una mezcla de vergüenza y deseo cuando ella liberó su erección. El que lo mirara en ese estado hacia que se sintiera vulnerable de alguna manera, vulnerable e incómodo… pero también era estimulante. Se dio cuenta de lo que la mujer quería hacer y apretó con tanta fuerza el mango del cuchillo que sus nudillos se pusieron tan blancos como los guantes que llevaba.
Antes de que pudiera pensar en detenerla, Kyanna se agachó con una mirada traviesa y tomó solo la punta en su boca.
La mente de Vegeta inmediatamente se quedó en blanco y todo su cuerpo se sacudió por la sorpresa mientras echaba la cabeza hacia atrás y abría la boca. Los tacos de sus botas se clavaron con fuerza en el piso cuando ella lo llevó más profundo, haciéndolo gemir sin control y apretó los ojos. Sus terminaciones nerviosas estaban en llamas y la intensidad del placer lo cegaba mientras Kyanna lo trabajaba con precisión. Torpemente, se llevó la mano libre a algún lugar cerca del rostro y la pasó hasta su nuca. No tenía idea de dónde se suponía que debía ponerlo, pero solo lograba pensar en lo húmeda y cálida que se sentía su boca. Nunca supo cuando ella hizo que una de las losas que levitaba se desplazara hasta detrás de su espalda para darle apoyo, pero la sintió y lo agradeció.
Todo era demasiado nuevo e intenso y debido a eso duró menos de quince segundos antes de que maldijera en su idioma nativo hasta que su cuerpo se calmó; Kyanna emitió un sonido de satisfacción por hacer que el príncipe saiyayín gimiera en voz alta cuando alcanzó el clímax. Afortunadamente para ella, no habían consumado el apareamiento, porque él todavía no tenía aguante y la habría dejado insatisfecha. Sin embargo, la práctica hacía al maestro y ella siempre fue una gran fanática de la práctica.
Paralelamente, Vegeta, embriagado de placer y agradecido por el apoyo en su espalda, trataba de recuperar el aliento con la cabeza aún inclinada hacia atrás. Por una vez, su mente que estaba totalmente clara, se permitió disfrutar de las nuevas sensaciones por un corto tiempo. Se había llevado a sí mismo al clímax antes, pero nunca se sintió así. La tensión disminuyó, gruñó y levantó la cabeza para mirar a la mujer que lo acompañaba como si fuera un enemigo a punto de atacar cuando él estaba debilitado. Kyanna osadamente le acarició el pelaje de la cola haciéndolo estremecer, su sangre se agolpó y amenazó con ponerlo duro de nuevo.
Sin embargo, antes de que ella pudiera hacer otro movimiento, hubo un golpe seco en la puerta. Vegeta y Kyanna miraron hacia el ruido y ella preguntó con un tono tranquilo:
—¿Sí?
—Princesa Kyanna —dijo Felsin desde el otro lado de la puerta—. Su padre los solicita a usted y al príncipe Vegeta de inmediato. Tenemos visitas inesperadas... son hombres de Frízer —terminó ansiosamente.
De inmediato, Kyanna miró con sospechas a Vegeta mientras el saiyayín se tensaba, pero su lectura mental le permitió saber que también había sido tomado por sorpresa. Ella se puso de pie con facilidad y él se puso de pie tan pronto como se subió el pantalón. Vegeta pasó despreocupadamente por encima del cuerpo para dejar el cuchillo negro en el altar donde había estado y después la siguió. A ninguno de los dos les importaba que tanto el vestido blanco como las botas blancas llevaran la sangre del niño muerto,
—¿Sabes quién podría ser? —le preguntó Kyanna al llegar a la puerta.
—No —admitió Vegeta mientras la seguía fuera de la habitación para ir a encontrarse con Felsin, su cola ya estaba envuelta en su cintura.
Finalmente llegaron a una habitación en un pasillo del palacio y entraron en lo que parecía ser un centro de operaciones. Había técnicos frente a las pantallas holográficas, pulsando el aire y moviendo información en ellas mientras otros técnicos iban de un lugar al otro apresurados. En el centro se ubicaba un holograma del planeta Pilaz donde pudieron ver dos vainas espaciales holográficas acercándose rápidamente. Jhainer y Kynton estaban parados ante la imagen hablando en voz baja, pero se volvieron hacia Felsin, Kyanna y Vegeta cuando entraron.
—¿Qué está sucediendo? —preguntó la princesa Kyanna mientras se acercaba a la pantalla.
La mirada de Kynton descendió por el vestido de su hija y al ver la sangre del sacrificio, pareció complacido. Sin embargo, cuando su mirada se dirigió a Vegeta y vio la sangre a juego en sus botas junto con la forma en que su rostro todavía estaba enrojecido, entrecerró los ojos enojado antes de apartar la mirada. No era un lector de mentes como su hija, aunque no tenía que serlo. Jhainer, exasperado, negó con la cabeza hacia Vegeta, pero el príncipe se encogió de hombros sin hacerse problemas.
—Tenemos dos vainas espaciales acercándose que no podemos identificar desde tan lejos —respondió Kynton cuando Vegeta se acercó a Jhainer.
—¿No les harás un interrogatorio como lo hiciste con nosotros cuando nos acercamos al planeta? —le preguntó Vegeta con brusquedad antes de cruzar los brazos sobre su armadura.
—Están fuera del alcance de nuestras comunicaciones —le explicó Felsin mientras iba a examinar el hológrafo. Escribió en una terminología alienígena frente a la pantalla y una esfera azul rodeó el planeta, pero las vainas espaciales quedaron fuera—. Una vez que entren en la esfera azul, podremos comunicarnos.
—Yo digo que los derribamos ahora y los matamos antes de que aterricen —sugirió Vegeta frunciendo el ceño.
—¿Estás loco, saiyayín? —le dijo Jhainer, su voz suave sonó más contundente de lo habitual—. Si destruimos esas dos vainas espaciales, ya sabes lo que hará Frízer.
El príncipe se burló.
—Los derribamos, después nos vamos de inmediato y le explicamos al Gran Frízer que fueron bajas del rey hechicero, luego podemos decirle que eliminamos la amenaza después —le explicó Vegeta, sin siquiera darse cuenta de que se había referido a Frízer de un modo respetuoso.
—¿Así que fuimos lo suficientemente fuertes para derrotar al rey hechicero, pero no lo suficientemente para evitar que eso sucediera? Frízer descubrirá la mentira. —Jhainer negó con la cabeza—. Yo digo que los dejemos aterrizar y veamos qué quieren. Nuestras órdenes no fueron purgar el planeta, sino liberarlo de la supuesta tiranía de Kynton. Podemos reunirnos con ellos y decirles que completamos nuestra misión, así no verán nada extraño.
—¿Quieres dejarlos aterrizar y ver lo que quieren? —le preguntó Vegeta molesto—. ¿Por qué crees que los habrá enviado, trikan, cuando esta misión es nuestra? ¿Para comprobar que estemos bien? —se mofó. Desvió la mirada hacia Felsin, después a Kynton y finalmente a Kyanna—. A menos que todos quieran poner a prueba su plan de resistencia en los próximos veinte minutos, yo les digo que los maten de inmediato.
—¿Frízer podría querer vengar la pérdida de sus hombres? —preguntó Kyanna pensativamente mirando al saiyayín que tenía delante—. ¿Hay alguna posibilidad de que planeta Pilaz se vea obligado a pagar el precio?
Vegeta frunció el ceño y no respondió, incluso cuando Jhainer asintió junto a él. Kynton respiró hondo.
—Les pediremos que se identifiquen antes de aterrizar, luego los dos podrán reunirse con ellos. Dígales que estoy muerto y que estaban a punto de dejar el planeta. Este palacio está demasiado alto para ser detectado por los rastreadores de Frízer, lo hemos confirmado —les comunicó Kynton haciendo que Jhainer y Vegeta intercambiaran una mirada entre ellos. No querían preguntar cómo se había confirmado exactamente ese dato. Kynton miró a Felsin—. Quizás tú también puedas estar allí para confirmar que todo está bien en el planeta.
—Es un estúpido error dejarlos aterrizar —le aseguró Vegeta con firmeza—. Lo mejor es…
—Cuando quiera tu opinión, muchacho, te la pediré —lo interrumpió un Kynton enojado, su molestia por el involucramiento del saiyayín con su hija lo tenía furioso.
Los ojos de Vegeta ardieron de indignación, bajó los brazos y apretó los puños.
—¿Con quién diablos crees que estás hablando? —gruñó.
—¡Alto! —les gritó Kyanna a ambos con frustración—. No tenemos tiempo para esto. Es posible que los dos deban abandonar el planeta de inmediato para mantener el engaño. —Volvió su mirada hacia Felsin—. ¿Sus vainas espaciales han sido equipadas con el nuevo panel de comunicaciones?
Felsin asintió y miró a los dos jóvenes soldados que tenía ante él.
—Si en sus vainas espaciales dan la orden de «ejecutar prueba diagnóstico X12», se desactivará la comunicación incorporada y silenciará sus rastreadores. También lo vinculará con nosotros directamente. Cuando finalice la transmisión, simplemente digan «concluye prueba de diagnóstico X12» y hará que las comunicaciones vuelvan a funcionar. Los módulos se han colocado directamente en los paneles, así que, a menos que alguien desmonte los componentes eléctricos, nunca se darán cuenta. Por favor, no lo usen a menos que haya una emergencia. Demasiadas transmisiones harán que los técnicos de Frízer se den cuenta de la señal.
—Ahora levantaremos la señal de interferencia en el planeta para demostrar que han tenido éxito en su misión —anunció Kynton mientras le hacía una seña con su mano cubierta por el exoesqueleto a un técnico, eso hizo que Vegeta frunciera el ceño desaprobatoriamente y cruzó los brazos con fuerza sobre su armadura plateada.
Todos miraron el holograma frente a ellos cuando las vainas espaciales entraron en la zona azul. Kyanna le asintió con la cabeza a una mujer técnica y ella se colocó un dispositivo de comunicación que parpadeaba con una luz azul sobre la oreja.
—Nave espacial desconocida, identifíquese de inmediato y exponga el propósito de su visita —dijo la técnica casi mecánicamente.
—Venimos en nombre del Gran Frízer en representación de la Organización Interplanetaria del Comercio —respondió la voz de Manzín, Vegeta y Jhainer se miraron sorprendidos—. Estamos aquí para ayudar a nuestros hombres que ya están en tierra. No deseamos dañar al planeta Pilaz, pero si intentan algo sospechoso, tenemos más refuerzos listos para ser desplegados.
La técnica hizo una pausa y miró expectante al grupo detrás de ella. Kynton se limitó a asentir y la mujer respondió:
—Está autorizado a aterrizar, lo recibirán en el lugar en el que aterrice
Ella terminó la transmisión, Kynton asintió de nuevo y luego se volvió hacia el grupo que tenía detrás.
—Deben irse ahora, ellos tocarán tierra pronto. Los teletransportaré a los tres de regreso a sus vainas espaciales, ya que parece que aterrizarán en la misma área. Sus exploradores funcionarán ahora.
—Un minuto, padre, si es posible —dijo Kyanna, su voz dejaba claro que no estaba preguntando. Ella miró a Vegeta y le indicó que la siguiera mientras ignoraba a su padre enfurecido. Era la más fuerte de las dos, así que él cedió. Vegeta le lanzó a Kynton una mirada presumida y arrogante antes de seguir a la princesa a una parte tranquila del centro de operaciones. Ella se volvió hacia el joven saiyayín justo cuando él se le acercaba con los brazos cruzados defensivamente sobre el pecho.
Ella le dio de espaldas a todos una vez que tuvieron una apariencia de privacidad, aunque no era mucha, ya que algunos técnicos todavía corrían apresuradamente cerca de los dos.
—Parece que le gusté a tu padre. —Vegeta se rio entre dientes.
Kyanna le frunció el ceño.
—¿Felsin te dio el frasco de curación?
—Ja, no lo necesito.
Ella parecía irritada, pero no tuvo tiempo de discutir con él. En cambio, lo miró con atención.
—Vegeta… —comenzó a decirle dejando atrás su título—. No te lo comenté antes, porque tenía otros asuntos que atender. Cuando consultamos con el oráculo, me tomé la libertad de preguntar por ti.
Él parpadeó, pareció sospechar al principio y luego se vio confundido.
—¿Por qué? —dijo finalmente.
—Quería saber. Pregunto sobre aquellos que encuentro interesantes. Tú eres el último de tu linaje, tenía curiosidad por saber si alguna vez encontrarías la paz en tu vida. Ella dijo que si, que un día la encontrarás, aunque no sabe cómo ni cuándo. Eso, junto con el oráculo que nos dice que el reinado de Frízer terminará algún día, debe significar que nuestro movimiento tendrá éxito.
Vegeta frunció el ceño y cambió su peso torpemente entre sus pies.
—Esos oráculos no son los que derrotarán a Frízer —le informó con brusquedad—. Solo la fuerza puede hacerlo.
—Claro —asintió ella. Sus ojos, de un suave lavanda de nuevo, miraron a su padre que le estaba haciendo una seña para que terminara de hablar—. Bueno, entonces esto es un adiós por ahora. Estaremos en contacto. Mientras tanto, recuerda ser discreto y mantente a salvo.
Ella extendió la mano y puso la palma sobre la placa del pecho de Vegeta. Él asintió una vez y luego se volvió hacia donde Kynton lo estaba esperando con su capa negra fluyendo por detrás. Tan pronto como estuvo allí, se difuminaron y se perdieron de vista.
De vuelta en el nivel del suelo del planeta Pilaz, Vegeta se paró junto a Jhainer para observar las vainas espaciales que volaban por la atmósfera. Ambos estaban parados fuera del cráter donde se hallaba la vaina espacial de Vegeta, con Felsin parado a un lado esperando ansiosamente el aterrizaje. El explorador rojo del saiyayín estaba de nuevo encendido; con la interferencia levantada y viendo los números que se desplazaban, su conjetura había sido correcta, Cui era el otro hombre que venía con Manzín. El cielo era una mezcla de azules y púrpuras por el anochecer que se acercaba y los anillos del planeta donde estaba ciudad Halo, resplandecían sobre ellos. Ahora, sin la completa oscuridad que los rodeaba, pudo ver que habían aterrizado en medio de un desierto. La arena era una mezcla de rosa suave y azul oscuro que complementaba el cielo.
—¿Así que llegaste lejos? —preguntó Jhainer en voz baja mientras las vainas espaciales caían formando dos grandes explosiones de arena no muy lejos de donde se ubicaban. Vegeta le dio una sonrisa de suficiencia y el trikan resopló—. Lo imaginaba.
—Bueno, vamos a ver qué quieren estos tontos —gruñó Vegeta levitando antes de tomar vuelo.
Momentos después, aterrizó en el borde de otro cráter en la arena. Esta vez, la vaina espacial pertenecía a Manzín. Jhainer aterrizó detrás de él con Felsin materializándose usando su tecnología nativa a sus espaldas. Vegeta se cruzó de brazos y su mirada se volvió intensa cuando la vaina se abrió para que saliera Manzín.
El alienígena alzó la vista, hizo contacto visual con Vegeta y sus ojos se transformaron en rendijas negras mientras comenzaba a salir del cráter.
—Vegeta —lo saludó lacónicamente, sus ojos se dirigieron hacia el soldado trikan que venía a pararse junto al príncipe—. Jhainer.
—Manzín —dijo Vegeta con desprecio—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—¿No estás feliz de verme? —resopló Manzín mientras finalmente salía del cráter. Puso su mirada en el extraño que los acompañaba y frunció el ceño al reconocerlo—. ¿Supongo que usted es uno de los pilazianos?
Felsin se inclinó.
—Sí, vine para asegurarme de que todo estuviera bien aquí. Y para que usted y su compañero supieran que Vegeta y Jhainer han ayudado enormemente a este planeta al eliminar la amenaza del rey hechicero que nos esclavizó.
—Hmm... —murmuró Manzín antes de cruzar los brazos. Sus ojos pasaron a un azul claro mientras examinaba a Felsin, luego a Jhainer y luego a Vegeta. El príncipe saiyayín que sabía que ese color significaba que sospechaba, frunció el ceño y trató de actuar con normalidad.
—¿Y bien? ¿Por qué estás aquí? —le preguntó Vegeta de mal humor mientras Cui se acercaba a ellos después de haber salido de su propio cráter. Tanto la armadura plateada de Manzín como la de Cui estaban manchadas con algunos restos de sangre y el príncipe supo sin siquiera preguntar que venían directamente del planeta que habían purgado.
—Vegeta, sigues tan impaciente como siempre —se rio Cui—. Terminamos nuestra misión de purga y recibimos la orden de venir aquí inmediatamente después.
—¿Cuáles son las órdenes? —preguntó Jhainer.
—Bueno trikan, es simple. Estamos aquí con tres objetivos —le explicó Manzín, su mirada cayó en Vegeta nuevamente y sus ojos se volvieron negros por el odio. La mirada dejó en claro que no se había olvidado de su hermano y que en el futuro se lo haría pagar vengándose.
»El primero fue para ver cómo estaban y la situación. Como la interferencia en este planeta estaba bloqueando nuestras señales, la base no tenía forma de comunicarse con ninguno de ustedes. Nos enviaron para verificar que hubieran completado su misión y para ayudarlos a derrotar al rey hechicero si no lo había hecho todavía —continuó Manzín.
»Alzó la mano para activar su rastreador y Cui hizo lo mismo. Ambos comenzaron instintivamente a buscar los niveles de poder más altos, pero Vegeta ya había hecho una revisión y verificó lo que le dijeron antes: el palacio aéreo se ubicaba tan alto por encima de los anillos planetarios, que los rastreadores no detectaron a los guerreros que todavía estaban allí conspirando contra Frízer.
—Ja —dijo Vegeta en un tono arrogante—. Eliminamos al rey hechicero poco después de aterrizar. Felsin… —Hizo un gesto con la cabeza hacia el pilaziano—… en gratitud, nos permitió quedarnos y descansar una noche en la capital después del combate mientras ellos trabajaban para quitar la interferencia que los hombres del hechicero tenían alrededor del planeta —mintió sin dificultad, era consciente de que con los rastreadores de nuevo encendidos, la base podía escuchar lo que estaba diciendo.
—¿Dónde está el cuerpo del hechicero? —preguntó Cui—. El gran Frízer quiere su cabeza, si es posible.
—Está hecho cenizas —respondió Jhainer mientras agitaba la cola.
—Tú —gruñó Manzín mirando hacia Felsin ahora. Felsin se acercó y volvió a inclinarse—. ¿Cuál es tu nombre y rango?
—Soy Felsin, un diplomático de Pilaz. Viajo mucho para representar al planeta con fines comerciales, gubernamentales y ocasionalmente con fines de exploración tecnológica.
—¿Entonces estás calificado para hablar en nombre de tu planeta?
Felsin asintió.
—Sí.
—¿Están los líderes de su planeta satisfechos con el trabajo que Vegeta y Jhainer han hecho aquí? ¿Lo suficiente como para que ahora juren su lealtad a la Organización Interplanetaria de Comercio? —preguntó Manzín e hizo un gesto hacia su rastreador para decirle en silencio a Felsin que otros estaban escuchando.
—Sí, estamos bastante satisfechos. A cambio de los servicios prestados, juramos nuestra lealtad al Gran Frízer y a la Organización Interplanetaria de Comercio —respondió Felsin y se inclinó de nuevo.
—Parece que perdieron el tiempo, par de imbéciles —gruñó Vegeta—. La próxima vez, dile a Zabón que puedo completar mis putas asignaciones sin ninguna ayuda —agregó sarcásticamente. Sabía muy bien que Zabón había escuchado eso y probablemente se lo haría pagar más tarde, pero en este momento, no le importaba.
Manzín y Cui intercambiaron una mirada y luego observaron a Felsin y a los otros dos soldados adolescentes. Vegeta y Jhainer estaban tensos, aunque eso no era inusual, dada la gélida historia que tenían con ellos. Manzín se encogió de hombros al no captar ningún nivel de poder destacable, solo recogía a los civiles de las ciudades en el enorme planeta. Por lo que decía su rastreador, ellos eran los más fuertes y el solo hecho de que pudiera usar su rastreador significaba que la interferencia ya había sido levantada. No tenía ninguna razón para llevar el tema más lejos.
—Bueno, eso nos hace la vida más fácil —dijo Cui con una enorme sonrisa—. ¿Qué tal si nos quedamos aquí por una noche también, Manzín? Me vendría bien una comida decente.
Manzín le dirigió una mirada de fastidio.
—No podemos, idiota, tenemos que cumplir con nuestro segundo objetivo.
—¿Cuál es? —presionó Jhainer.
—Llevarlos de regreso de inmediato. El Gran Frízer ha convocado otra reunión con todo su ejército debido a algún tipo de emergencia. Los quiere a los dos allí, ya que todavía están vivos, eso es una pena porque yo esperaba que estuvieran muertos. Así que ya ven, sus pequeñas vacaciones han terminado.
Vegeta arqueó una ceja.
—¿Emergencia? —preguntó con una voz neutral—. ¿Qué tipo de emergencia?
—No lo sé, saiyayín, no soy su confidente —espetó Manzín—. Solo sé que se enteró de algo y ahora está enojado, así que debemos irnos pronto.
—¿Cuál es el tercer objetivo? —preguntó Jhainer sin inmutarse.
Manzín sonrió ampliamente y los rastreadores de Vegeta, Jhainer y Cui comenzaron a sonar.
Antes de que pudieran reaccionar, Manzín levantó la mano y disparó una violenta ráfaga de ki. Vegeta instintivamente se apartó del camino, pero como el otro soldado era más fuerte y veloz que él, no tuvo tiempo de ver que Felsin era el objetivo de la ráfaga. Para cuando lo miró sorprendido, el viejo pilaziano exhalaba su último aliento, con un agujero del tamaño de un puño atravesándole el pecho. Él y Vegeta hicieron contacto visual por un instante antes de que Felsin cayera de espaldas, muerto antes de que siquiera golpeara la arena.
Vegeta quedó brevemente aturdido, pero Jhainer fue más rápido en reaccionar y le gritó a Manzín:
—¿Qué hiciste, idiota? ¡Ese es un hombre de alto rango en este planeta que se supone que debemos proteger ahora!
—Habló de más cuando él y sus hombres se reunieron con el Gran Frízer en la base. El Gran Frízer quería que enviáramos un mensaje y pensó que el cadáver de Felsin era la mejor manera de hacerlo. Ahora lo pensarán dos veces antes de desafiarlo.
Vegeta miró a Manzín tensó, no sabía si Kynton y Kyanna de alguna manera vieron lo que acababa de suceder. Con su tecnología avanzada, por no hablar de la magia, no tenía ninguna duda de que sabían que Felsin acababa de morir, pero desconocía si iban a tomar alguna represalia contra Manzín.
Sin embargo, nada pasó. Manzín se dio la vuelta despreocupadamente, comenzó a bajar por el cráter y exclamó:
—Bueno, esta sí que fue una misión corta. Menos mal que no estaba fuera del camino. Vamos, no queremos llegar tarde a la reunión que el Gran Frízer ha convocado.
Vegeta y Jhainer intercambiaron una mirada mientra Cui también se iba. Luego, los dos miraron el cadáver de Felsin. No hubo represalias; si el par de hechiceros estaban al tanto de la situación, debieron haber decidido que la vida de Felsin no valía la pena para instigar nada en contra de los otros dos soldados que trabajaban para Frízer. No iban a poner en peligro a la resistencia por vengarlo y ambos se dieron cuenta en silencio de que lo mismo probablemente también les ocurriría a ellos.
Jhainer respiró hondo.
—Bueno, entonces vámonos, Vegeta. Manzín tiene razón, no queremos llegar tarde.
Vegeta asintió y frunció el ceño cuando miró el cuerpo de Felsin. De pronto, se encontró sintiendo una pizca de arrepentimiento por no haberle preguntado sobre su padre cuando tuvo la oportunidad. También respiró hondo y luego se volvió para regresar a su propia vaina espacial mientras se reprendía por el pensamiento.
Un par de minutos más tarde, las cuatro naves volvieron al espacio.
