Capítulo 13 - El alquimista
Dumbledore había convencido a Harry de que no buscara otra vez el espejo de Oesed, y durante el resto de las vacaciones de Navidad la capa invisible permaneció doblada en el fondo de su baúl. Con mucho esfuerzo, Harry logró prácticamente olvidarse de lo que vio en el espejo. No fue nada fácil, pero lo consiguió.
Hermione, que volvió el día anterior al comienzo de las clases, estaba horrorizada ante la idea de Harry vagando por el colegio tres noches seguidas.
- ¿¡Y si Filch te hubiera atrapado!? – dijo, regañando al azabache. - ¿¡Porque tienes que ser tan imprudente!? –
- Pude serlo gracias a esto. – respondió él, mientras le enseñaba su capa invisible. - ¿Por qué me gusta verla regañándome? – pensó, sintiendo que se ruborizaba.
- Es…asombroso…- susurró Hermione, contemplando la capa que sostenía su mejor amigo.
- ¿Te gustaría probarlo? – preguntó Harry.
- ¿Estás seguro? -
- Claro, ¿porque no? -
Harry le puso a Hermione su capa, y esta se asustó al principio cuando no pudo verse las piernas. Poco después recordó que la capa hacía eso, volver invisible al que se lo ponía.
- ¡Alucinante! - dijo Hermione, mirando su medio cuerpo invisible. - Pero…es una pena que no hayáis podido encontrar nada sobre Nicolás Flamel. - añadió, un poco decepcionada.
- Tranquila, no hay que tirar la toalla. - dijo Harry con firmeza. - Yo creo que solo debemos buscar en la sección correcta…-
Ya casi habían abandonado la esperanza de descubrir a Flamel en un libro de la biblioteca, aunque Harry estaba seguro de haber leído el nombre en algún lado. Cuando empezaron las clases, Harry y sus amigos volvieron a buscar en los libros durante diez minutos durante los recreos. El azabache tenía menos tiempo que ellos, porque los entrenamientos de Quidditch habían comenzado también. Wood los hacia trabajar más duramente que nunca. Ni siquiera la lluvia constante, que había reemplazado a la nieve podía doblegar su ánimo.
- Oliver es extraordinario, no importa si el tiempo se pone en nuestra contra, porque el seguirá luchando por cumplir con su sueño…nuestro sueño…eso es, ¡hay que darlo todo! – Pensó Harry, inspirado por la actitud de su capitán.
Los Weasley se quejaban de que Wood se había convertido en un fanático, pero Harry apoyaba firmemente a su capitán. Consideraba que sus métodos eran los mejores Si ganaban el próximo partido contra Hufflepuff, podrían alcanzar a Slytherin en el campeonato de las casas, por primera vez en siete años.
Durante un entrenamiento en un día especialmente húmedo y lleno de barro, Wood les dio una mala noticia. Se había enfadado mucho con los Weasley, que se tiraban en picado y fingían caerse de las escobas.
- ¡Dejad de hacer tonterías! - bramó el capitán, enfadado. - ¡Ésas son exactamente las cosas que nos harán perder el partido! ¡Esta vez el árbitro será Snape, y buscará cualquier excusa para quitar puntos a Gryffindor! -
- ¿¡Que!? - inquirió Harry, tan alarmado como el resto del equipo. - ¿¡Snape!? -
George casi se cayó de verdad de su escoba ante la desagradable sorpresa. - ¡Pero eso es ridículo! - se quejó, escupiendo un poco de barro. - ¿Cuándo has visto tu a Snape haciendo de árbitro en un partido de Quidditch? -
- Es verdad. - añadió Fred. - No será imparcial. Menos si nosotros podemos sobrepasar a Slytherin...-
- No es culpa mía, - repuso Wood, malhumorado. - y lo sabéis…-
En ese momento, Harry entendió que debía hacer algo para que el equipo no perdiera los ánimos ante la "terrible" noticia. Se acercó a sus enfurecidos compañeros de equipo y sacó a relucir su coraje.
- ¿¡Y qué más da si Snape es el árbitro!? - bramó con coraje. - ¡Nada debe detenernos! Recordad, ¡somos el mejor equipo de este colegio! ¡Vamos a ir allí, vamos a hacer nuestro juego, y vamos a festejar la victoria en los morros de Slytherin y su jefe! -
Todo el equipo rugió animado, mientras que Wood miraba con asombro a Harry. - Buena charla, Harry. - le alabó. - Tienes razón, no hay que dejar que esta noticia nos decaiga. Por eso, entrenaremos con el objetivo de jugar limpio. Así no le daremos ninguna excusa a Snape para marcarnos faltas. -
Los demás jugadores se quedaron, como siempre, para charlar entre ellos al finalizar el entrenamiento, pero Harry se dirigió directamente a la sala común de Gryffindor. Allí encontró a sus dos mejores amigos jugando al ajedrez mágico.
El ajedrez era la única cosa a la que Hermione había perdido, algo que sorprendió y mucho a Harry.
- ¡Esto es ridículo! - se quejó ella, sin creerse aún que había perdido por tercera vez contra Ron.
- Si, lo mismo dijo Harry. - sonrió Ron. - Oh, y hablando del buscador estrella, ¿cómo va todo, amigo? - preguntó cuándo lo vio.
- ¿Estás bien Harry? – preguntó Hermione, mirándolo. - Te noto bastante serio. –
- El próximo partido, - dijo Harry, apretando un puño desafiante. - será de vida o muerte…-
Al oír aquellas palabras, Ron y Hermione se pusieron en pie y se acercaron a él, para exigir una explicación, la cual, tuvieron casi de inmediato. Bastaba con decir que el árbitro en el próximo encuentro de Quidditch sería Snape.
- ¡No juegues! - dijo de inmediato Hermione.
- ¡Diles que estás enfermo! - añadió Ron.
- ¡Finge que se te ha roto una pierna! - sugirió Hermione.
- ¡No, mejor rómpete una pierna de verdad! - dijo Ron.
Harry frunció el entrecejo. - De eso nada. Si no juego, Gryffindor tampoco puede jugar ¡No pienso permitir que Snape nos arrebate el titulo! - bramó, con la moral por las nubes. - ¡Iremos allí y haremos el mejor partido de nuestras vidas! Y cuando acabe el año, yo mismo le restregaré el titulo con el nombre de Gryffindor en la cara a ese puñetero imbécil. ¡Así aprenderá! -
- ¡Genial! - exclamó Ron con admiración. - Pero, ¿no te importa si ese viejo murciélago os la juega? -
- Sé qué hará todo lo posible por privarnos de vencer, así que cuando dé el pitido inicial iré tras la Snitch y la atraparé lo antes posible. - explicó Harry arrogantemente. - Si el partido acaba pronto, no le daré tiempo de hacer nada. -
- Eso suena de locos, pero podría funcionar. - dijo Hermione. - Ojalá todo salga bien y no tengamos más accidentes. -
- Tranquila, saldrá bien. - repuso Harry, sonriendo ampliamente. - Ya que de no ser así…¡Wood nos matará a todos! - añadió, riéndose a lo tonto, mientras que sus dos mejores amigos lo miraban con si se le hubiera ido la olla.
En aquel momento, Neville cayó en la sala común. Nadie se explicó cómo se las había arreglado para pasar por el agujero del retrato, porque sus piernas estaban pegadas juntas, con lo que reconocieron de inmediato el Maleficio de las Piernas Unidas. Había tenido que ir saltando todo el camino hasta la torre Gryffindor.
Todos empezaron a reírse, salvo Harry y Hermione.
- ¡Han usado Locomotor Mortis contra él! - señaló ella.
Harry blandió su varita y apuntó con ella a las piernas de Neville. - ¡Finite Incantatem! - dijo, formulando el contrahechizo.
Las piernas de Neville se separaron y pudo ponerse de pie, temblando.
- ¿Qué ha sucedido? - preguntó Hermione, ayudándolo a sentarse junto a Harry y Ron.
- Malfoy. - respondió Neville temblando. - Lo encontré fuera de la biblioteca. Dijo que estaba buscando a alguien para practicarlo. -
- ¡Oh, yo en tu lugar lo despellejo! - gruñó Harry, enfadado. - ¿¡Cómo se atreve!? – Hacía días que no escuchaba "novedades" con respecto a su archirrival. Una vez más, estaba molesto con Malfoy.
- ¡Ve a hablar con la profesora McGonagall! - lo instó Hermione. - ¡Acúsalo! -
Neville negó con la cabeza. - No quiero tener más problemas…- murmuró asustado.
- ¡Bueno, ya vale! ¡Tienes que hacerle frente, Neville! – dijo Ron, alzando el puño. - Está acostumbrado a llevarse a todo el mundo por delante, pero ésa no es una razón para echarse al suelo a su paso y hacerle las cosas más fáciles. -
- No es necesario que me digas que no soy lo bastante valiente para pertenecer a Gryffindor; eso ya me lo dice Malfoy… - dijo Neville, atragantándose.
Harry buscó en los bolsillos de su túnica y sacó una rana de chocolate, la última de la caja que Hermione le había regalado para Navidad. Se la dio a Neville, que parecía estar a punto de llorar.
- Mira, te voy a dejar esto bien claro…Tú vales por doce Malfoys. - dijo Harry con sus ojos brillosos, llenos de confianza y determinación. - ¿Recuerdas donde te puso el Sombrero Seleccionador? Exacto, en Gryffindor. - repuso de inmediato. - Si estás aquí es por algo. Tarde o temprano demostrarás a todos que eres tan valiente como cualquier orgulloso miembro de nuestra casa. Ahora, quiero que la próxima vez, actuares en consecuencia y le des un puñetazo en la nariz. - añadió, mientras que Ron lo animaba con la mirada.
Neville dejó escapar una débil sonrisa, mientras desenvolvía el chocolate. - Gracias Harry, de verdad, eres un gran amigo…Creo que me voy a la cama... ¿Quieres el cromo? Tú los coleccionas, ¿no? -
- Está bien, pero piensa bien en lo que te he dicho. - dijo Harry en tono orgulloso. - Y si necesitas ayuda con los gorilas de Malfoy, llámanos. Siempre es un placer repartir un par de moratones. -
- Si, siempre es bueno tener una excusa para barrer el suelo con ellos. – añadió Ron, mientras reía como un tonto.
- ¡Lo que tienen que hacer ustedes dos, es dejar ese comportamiento estúpido! - bramó Hermione, mientras tiraba de las orejas a sus dos mejores amigos. - ¡Par de barbaros! -
Pero tanto Harry como Ron se mantuvieron firmes en su postura. Al fin y al cabo, eran hombres de Gryffindor.
Mientras Neville se alejaba, riendo discretamente por las payasadas del trio, Harry miró el cromo de los Magos Famosos. - Vaya tela, Dumbledore otra vez…un momento…- miró fijamente la parte de atrás de la tarjeta. Luego levantó la vista hacia Ron y Hermione. - ¡No fastidies! - gritó, llevándose una mano a la frente. - ¡Hemos estado buscando a Flamel durante un mes y todo este tiempo he tenido la respuesta en frente de mis narices! -
- ¿¡Que!? - inquirió Hermione. - ¿¡De que estás hablando, Harry!? -
- Escuchen con atención: "El profesor Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago tenebroso Grindelwald, en 1945, por el descubrimiento de las doce aplicaciones de la sangre de dragón ¡y por su trabajo en alquimia con su compañero Nicolás Flamel!" - leyó Harry.
Hermione dio un saltito de alegría. No estaba tan excitada desde que le dieron la nota de su primer trabajo. Le dio un abrazo a Harry, haciendo que este se ruborizara.
- ¡Esperad aquí! - dijo, y se lanzó por la escalera hacia el dormitorio de las chicas. Harry y Ron casi no tuvieron tiempo de intercambiar una mirada de asombro y ya estaba allí de nuevo, con un enorme libro entre los brazos. - ¡Nunca pensé en buscar aquí! Lo saqué de la biblioteca hace semanas, para tener algo ligero para leer. -
- ¿Esto es ligero? - preguntó Ron, frunciendo el entrecejo, pero Hermione le dijo que esperara, que tenía que buscar algo y comenzó a dar la vuelta a las páginas, enloquecida, murmurando para sí misma.
Al fin encontró lo que buscaba.
- ¡Lo sabía! ¡Aquí está! - señaló excitada. - Nicolás Flamel es el único descubridor conocido de la Piedra Filosofal. -
- ¿La piedra Filosofal? - repitió Harry.
- ¿Qué es esa piedra? - preguntó Ron.
Hermione se aclaró la garganta y leyó lo siguiente:
El antiguo estudio de la alquimia está relacionado con el descubrimiento de la Piedra Filosofal, una sustancia legendaria que tiene poderes asombrosos. La piedra puede transformar cualquier metal en oro puro. También produce el Elixir de la Vida, que hace inmortal al que lo bebe.
Se ha hablado mucho de la Piedra Filosofal a través de los siglos, pero la única Piedra que existe actualmente pertenece al señor Nicolás Flamel, el notable alquimista y amante de la ópera. El señor Flamel, que cumplió seiscientos sesenta y cinco años el año pasado, lleva una vida tranquila en Devon con su esposa Perenela, de seiscientos cincuenta y ocho años.
- Madre mía, hay que ver cuánto han vivido…- susurró Ron, seguramente imaginándose lo que sería vivir más de medio milenio.
- Esto debe ser lo perro está custodiando en el tercer piso, la Piedra Filosofal de Flamel. - dijo Hermione, emocionada con el descubrimiento. - Seguro que le pidió a Dumbledore que se la guardase, porque son amigos y porque debe de saber que alguien la busca. ¡Por eso quiso que sacaran la Piedra de Gringotts! -
- Una piedra que convierte el metal en oro y hace que uno nunca muera…- dijo Harry con los brazos cruzados, mientras asimilaba toda la información leída por Hermione. - No solo Snape, sino cualquiera querría tener esa dichosa piedra en su poder. -
- Y no es raro que no pudiéramos encontrar a Flamel en "Estudio del reciente desarrollo de la hechicería". - dijo Ron. - Él no es exactamente reciente si tiene seiscientos sesenta y cinco años, ¿verdad? - Harry y Hermione asintieron.
A la mañana siguiente, en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, mientras copiaban las diferentes formas de tratar las mordeduras de hombre lobo, Harry y Ron seguían discutiendo qué harían con la Piedra Filosofal si tuvieran una. Hasta que Ron dijo que él se compraría su propio equipo de Quidditch y Harry recordó el partido en que tendría a Snape de árbitro.
- Ah…no puedo esperar a dejar en ridículo a Snape. – pensó el azabache con malicia. – Si, ya veremos si continúas riéndote, cuando dejemos segundos a tu equipo de serpientes malolientes…-
Sin embargo, a medida que se acercaba el día del partido y a diferencia de Harry, el resto del equipo parecía bastante nervioso. La idea de alcanzar a Slytherin en el torneo de la casa era maravillosa, nadie lo había conseguido en siete años, pero ¿podrían hacerlo con aquel árbitro tan parcial?
Harry no sabía si se lo imaginaba o no, pero veía a Snape por todas partes. Cada día que pasaba le costaba contener más las ganas de despotricar contra él en público. Por momentos, hasta se preguntaba si Snape no lo estaría siguiendo para atraparlo infraganti. Las clases de Pociones se convirtieron en torturas semanales para Harry, por la forma en que el maestro de pociones lo trataba. ¿Era posible que Snape supiera que ellos habían averiguado lo de la Piedra Filosofal? Harry no se imaginaba cómo podía saberlo...aunque algunas veces tenía la horrible sensación de que Snape podía leer los pensamientos.
- De ser así resultaría espeluznante. - pensó el azabache, tratando de hacer algo inútil: no pensar demasiado.
Harry supo, cuando le desearon suerte en la puerta de los vestuarios, la tarde siguiente, que Ron y Hermione se preguntaban si volverían a verlo con vida. Aquello no era lo que uno llamaría reconfortante, pues Harry se sentía insultado ante la falta de confianza por parte de sus mejores amigos en sus habilidades. El azabache, entre tanto, prestaba atención a las palabras del capitán Wood, mientras se ponía la túnica de Quidditch y cogía su Nimbus 2.000.
Ron y Hermione, entre tanto, encontraron un sitio en las gradas, cerca de Neville, que no podía entender por qué estaban tan preocupados, ni por qué llevaban sus varitas al partido. Lo que Harry no sabía era que sus dos amigos habían estado practicando en secreto el Maleficio de las Piernas Unidas, Locomotor mortis.
Se les ocurrió la idea cuando Malfoy lo utilizó con Neville, y estaban listos para utilizarlo con Snape, si daba alguna señal de querer hacer daño a Harry.
- No te olvides, es Locomotor mortis. - murmuró Hermione, mientras Ron deslizaba su varita en la manga de la túnica.
- Ya lo sé. – respondió este, enfadado. - No me des la lata. -
Mientras tanto, en el vestuario, Wood había llevado aparte a Harry
- No quiero presionarte Harry, pero si alguna vez necesitamos que se capture en seguida la Snitch, es ahora. Necesitamos terminar el partido antes de que Snape pueda favorecer demasiado a Hufflepuff. –
- No temas Oliver, - dijo Harry con determinación. - tan pronto como localice la Snitch está estará…¡en mis manos! -
- Ese es el espíritu. - respondió Wood sonriente.
- ¡Miren, todo el colegio está allí fuera! - dijo Fred, espiando a través de la puerta. - ¡Hasta Dumbledore ha venido al partido! -
- ¿¡Dumbledore!? – repitió Harry, corriendo hasta la puerta para asegurarse. Fred tenía razón, aquella barba plateada era inconfundible. - Oh, pobre Snivellus, me voy a mear de la risa si intenta jugárnosla con Dumbledore aquí presente…- pensó, mientras reía con algo de malicia.
Y efectivamente, por la presencia del director, Snape parecía enfadado, mientras los equipos desfilaban por el terreno de juego, algo que Hermione y Ron también notaron.
- Nunca vi a Snape con esa cara de pocos amigos…- dijo Hermione, con una pequeña sonrisa.
- Mira, ya salen. – señaló Ron. - ¡Eh! –. Alguien le había golpeado en la parte de atrás de la cabeza. Era el plasta de Malfoy.
- Oh, perdón Weasley, no te había visto. – dijo Malfoy, sonriendo burlonamente a Crabbe y Goyle. - Me pregunto cuánto tiempo durará Potter en su escoba esta vez. ¿Alguien quiere apostar? ¿Qué me dices, Weasley? -
Ron no le respondió: Snape acababa de pitar un penalti a favor de Hufflepuff, porque George le había tirado una Bludger.
- Empiezo a tener ganas de mearme de la risa. - pensó Harry, mirando a Snape con amargura mientras volaba con su escoba. - Será idiota…-
Hermione, que tenía los dedos cruzados sobre la falda, observaba sin cesar a Harry, que circulaba sobre el juego como un halcón, buscando la Snitch.
- ¿¡Sabéis por qué creo que eligen a la gente para la casa de Gryffindor!? – preguntó Malfoy en voz alta unos minutos más tarde, mientras Snape daba otro penalti a Hufflepuff, sin ningún motivo. - Porque es gente a la que le tienen lástima. Por ejemplo, está Potter, que no tiene padres, luego los Weasley, que no tienen dinero...Y tú, Longbottom, que no tienes cerebro. -
Ron empezaba a hervir de ira.
Neville se puso rojo y se volvió en su asiento para encararse con Malfoy. - ¡Yo valgo por doce como tú, Malfoy! - exclamó, con la voz un poco temblorosa.
Malfoy, Crabbe y Goyle estallaron en carcajadas, pero Ron, sin quitar los ojos del partido, intervino.
- ¡Así se habla, Neville! - dijo con firmeza.
Malfoy se burló. - Longbottom, si tu cerebro fuera de oro serías más pobre que Weasley, y con eso te digo todo. -
La preocupación por Harry estaba a punto de acabar con los nervios de Ron.
- Te prevengo Malfoy...- dijo entre dientes. - una palabra más y desearás no haber nacido…-
- ¡Mira Ron! – señaló de pronto Hermione, quien estaba emocionada.
- ¿Qué pasa? – preguntó Ron, tan rojo como su pelo.
Harry había salido en un espectacular vuelo, que arrancó gritos de asombro y vivas entre los espectadores. Hermione se puso de pie, con los dedos cruzados en la boca, mientras que Harry, que había visto a su mejor amiga, tuvo tiempo de hacerle un giño, cosa que para ella no pasó desapercibida porque sonrió con las mejillas rosadas.
- Tenéis suerte, Weasley, - dijo Malfoy. - es evidente que Potter ha visto alguna moneda en el campo. -
Ron finalmente estalló. - ¡SE ACABÓ! – rugió. - ¡TE VOY A HACER PICADILLO, MALFOY! –
Antes de que Malfoy supiera lo que estaba pasando, Ron estaba encima de él, tirándolo al suelo y comenzado a pegarle puñetazos en la cara. Neville vaciló, pero luego se encaramó al respaldo de su silla para ayudar.
- ¡Vamos, Harry! - gritaba Hermione, subiéndose al asiento para ver bien a Harry, sin darse cuenta de que Malfoy y Ron rodaban bajo su asiento intercambiando golpes, y sin oír los gritos y golpes de Neville, Crabbe y Goyle.
En el aire, Snape puso en marcha su escoba justo a tiempo para ver algo escarlata que pasaba a su lado, y que no chocó con él por sólo unos centímetros. Al momento siguiente Harry subía con el brazo levantado en gesto de triunfo y la mano apretando la Snitch.
- ¿Que sucede Snivellus? ¿No te dio tiempo de fastidiar más a mi equipo? - se burló Harry mentalmente, y mirando a Snape con arrogancia. - En ese caso, ¡vete llorando a las mazmorras! -
Las tribunas bullían. Aquello era un récord, nadie recordaba que se hubiera atrapado tan rápido la Snitch.
- ¡Harry es el mejor! - Hermione bailaba en su asiento y se abrazaba con Parvati Patil, de la fila de delante. - ¡Oye Ron! ¿Dónde estás? ¡Hemos ganado! ¡Gryffindor es el primero! - al bajar la vista, pudo ver que Ron y Neville seguían dándose de golpes con Malfoy y su pandilla.
Cuando Harry bajó de su escoba, recibió las felicitaciones de sus compañeros. Mientras que los estudiantes de Gryffindor se acercaban al terreno de juego, vio que Snape aterrizaba cerca, con el rostro blanco y los labios tirantes. Entonces Harry sintió una mano en su hombro y, al darse la vuelta, se encontró con el rostro sonriente de Dumbledore.
- Bien hecho. - dijo Dumbledore en voz baja, para que sólo Harry lo oyera. - Muy bueno que no buscaras ese espejo...que te mantuvieras ocupado... excelente...-
- Por supuesto, gracias profesor. – dijo Harry, dedicándole una mirada burlona a Snape. Este escupió con amargura en el suelo.
Un rato después, Harry salió del vestuario para dejar su Nimbus 2.000 en la escobera. No recordaba haberse sentido tan contento. Había hecho algo de lo que podía sentirse orgulloso. Ya nadie podría decir que era sólo un nombre célebre. El aire del anochecer nunca había sido tan dulce. Anduvo por la hierba húmeda, reviviendo la última hora en su mente, en una feliz nebulosa: los Gryffindors corriendo para llevarlo en andas, Ron y Hermione en la distancia, saltando como locos, Ron vitoreando en medio de una gran hemorragia nasal...
Harry llegó a la cabaña. Se apoyó contra la puerta de madera y miró hacia Hogwarts, cuyas ventanas despedían un brillo rojizo en la puesta del sol. Gryffindor a la cabeza. Él lo había hecho, le había demostrado a Snape...
- Vaya, y hablando del profesor cascarrabias…- observó.
Una figura encapuchada bajó sigilosamente los escalones delanteros del castillo. Era evidente que no quería ser visto dirigiéndose a toda prisa hacia el bosque prohibido. La victoria se apagó en la mente de Harry mientras observaba. Reconoció a la figura que se alejaba. Era Snape, escabulléndose en el bosque, mientras todos estaban en la cena...
- Interesante…¿A dónde irá esta vez? - se preguntaba Harry divertido, mientras se subía a su Nimbus 2.000, elevándose en el aire, para seguirlo sigilosamente desde los cielos. - Quizás no quiera quedarse porque de ser así nos reiríamos en su cara, o tal vez porque al fin empieza a tener remordimientos. Sería bueno, pero eso es tan probable como verle practicando ballet. -
Los árboles eran tan espesos que no podía ver adónde había ido Snape. Voló en círculos, cada vez más bajos, rozando las copas de los árboles, hasta que oyó voces, se deslizó hacia allí y se detuvo sin ruido, sobre un haya.
Con cuidado se detuvo en una rama, sujetando su escoba y tratando de ver a través de las hojas. Abajo, en un espacio despejado y sombrío, vio a Snape, pero no estaba solo, Quirrell también estaba allí. Harry no podía verle la cara, pero tartamudeaba como nunca.
- ¿Qué demonios pasa aquí? – se preguntaba Harry.
- ... n -no sé p -por qué querías ver-verme j -justo a -aquí, de entre t -todos los l lugares, Severus...-
- Oh…pensé que íbamos a mantener esto en privado…- dijo Snape con voz gélida - Después de todo, los alumnos no deben saber nada sobre la Piedra Filosofal…-
- Necesito acercarme más, - pensó Harry mientras se inclinaba hacia delante. - poco puedo entender al tartamudo y al señor susurros espesos…-
Quirrell tartamudeaba algo y Snape lo interrumpió. - ¿Ya has averiguado cómo burlar a esa bestia de Hagrid? – inquirió.
- P-p-pero Severus, y-yo...-
- Tú no querrás que yo sea tu enemigo, Quirrell…- susurró Snape, dando un paso hacia él.
- Y-yo no s-sé qué...-
- Tú sabes perfectamente bien lo que quiero decir...-
Una lechuza dejó escapar un grito y Harry casi se cae del árbol. Se enderezó a tiempo para oír a Snape decir: - …tu pequeña parte del abracadabra…Estoy…esperando. -
- P-pero y-yo no...-
- Muy bien…- lo interrumpió Snape - Vamos a tener otra pequeña charla muy pronto…cuando hayas tenido tiempo de pensar y decidir dónde están tus lealtades…-
Se echó la capa sobre la cabeza y se alejó del claro. Ya estaba casi oscuro, pero Harry pudo ver a Quirrell inmóvil, como si estuviera petrificado.
Harry regresó al castillo tras oír la conversación, y cuando entró a la sala común, Hermione le dio un toque de atención. A él le encantaba verla regañándole.
- ¡Harry! ¿dónde estabas? - preguntó Hermione con los brazos en jarra y en tono severo.
- ¡Ganamos! ¡Ganamos! ¡Ganamos! - gritaba Ron al tiempo que daba palmadas a Harry en la espalda. - ¡Y yo le puse un ojo negro a Malfoy y Neville trató de vencer a Crabbe y Goyle él solo! Todavía está inconsciente, pero la señora Pomfrey dice que se pondrá bien. Todos te están esperando en la sala común, vamos a celebrar una fiesta. Fred y George robaron unos pasteles y otras cosas de la cocina...-
- Un momento…- lo interrumpió Harry. - ¿os habéis peleado con Malfoy y compañía? -
- Si, - dijo Ron orgulloso. - ¡les dimos su merecido a esos memos! -
- ¡Sois unos tontos por pelearos! - bramó Hermione en tono mandón. - ¡Mira como a acabado Neville! ¡Y todo por su dichoso orgullo! -
- ¿Os habéis peleado con Malfoy y no me habéis invitado? - bufó Harry. Él también quería "arreglarle" la cara a Malfoy. - Genial…-
- Pero si estabas en el partido. - le recordó Ron. - ¿Qué íbamos a hacer? -
- Prolongar la pelea, después avisarme y así yo me lanzó de cabeza a la fiesta. - dijo Harry, sonriendo como un idiota.
- ¡Ya dejen las peleas tontas, parecéis burros! - exclamó Hermione, dándoles un golpe a los dos en la nuca.
Harry y Ron rieron, pero después el azabache se puso serio.
- Me gustaría seguir disfrutando del momento, pero primero tengo que hablarles de un tema más serio…- indicó Harry. Hermione y Ron intercambiaron miradas, antes de asentir. - Vamos a buscar una habitación vacía, ya veréis cuando oigáis esto...-
Se aseguró de que Peeves no estuviera dentro antes de cerrar la puerta, y entonces les contó lo que había visto y oído.
- Estamos en lo correcto, se trata de la Piedra Filosofal, - empezó Harry. - y Snape trata de obligar a Quirrell a que lo ayude a conseguirla. Le preguntó si sabía cómo pasar ante Fluffy y dijo algo sobre el "abracadabra" de Quirrell...Eso significa, que hay otras protecciones custodiando la Piedra. Además de Fluffy, probablemente hechizos y encantamientos defensivos. Quirrell puede haber hecho algunos de ellos, los cuales, Snape necesita romper...-
- ¿Quieres decir que la Piedra estará segura mientras Quirrell se oponga a Snape? - preguntó alarmada Hermione.
El azabache se encogió de hombros sin responder.
- En ese caso no durará mucho…- dijo Ron, cabizbajo.
Capítulo 14 - El Dragón de Hagrid
Sin embargo, Quirrell debía de ser más valiente de lo que habían pensado. En las semanas que siguieron se fue poniendo cada vez más delgado y pálido, pero no parecía que su voluntad hubiera cedido.
Cada vez que pasaban por el pasillo del tercer piso, Harry, Ron y Hermione apoyaban las orejas contra la puerta, para ver si Fluffy estaba gruñendo, allí dentro. Snape seguía con su habitual mal carácter, lo que seguramente significaba que la piedra estaba a salvo.
- Eso es, tu mantén la nariz ganchuda alejada de la Piedra…- pensó Harry.
Era notable el enfado de Snape. Con cada clase exigía ingredientes para pociones más difíciles de conseguir. Por suerte, Harry llegó a entender que la mayoría de dichos ingredientes se podía encontrar en los alrededores de los invernaderos de herbología y las cercanías a la cabaña de Hagrid (los mas espeluznantes solían estar mas apegados al bosque prohibido).
Una de las actividades que más le llegó a gustar a Harry era hacer excursiones en una zona del bosque no restringida, una vez pasaban por una puerta trasera cerca de la cabaña de Hagrid. Allí había arboles custodiados por Bowtruckles, una especie de guardianes de árboles inmensamente difíciles de detectar. Estos solían lanzarle ramas a Harry cada vez que tenía que ir a buscar Corteza de Árbol vitalizante.
- Me dan un buen ejercicio cada vez que vengo a por ingredientes para pociones. - pensó Harry, riéndose cuando una rama alcanzó a Ron.
- ¿No sería más fácil pedirles a Fred y George los ingredientes? - protestó Ron, frotándose la frente. - Estos bichos son muy hostiles cuando intentamos coger corteza. -
- Obviamente Ron. - replicó Hermione, agitando su varita y deteniendo tres ramas con "Wingardium Leviosa". - ¿Por qué crees que son guardianes de árboles? No te van a dejar coger su propiedad sin luchar por protegerla. -
- Además, - añadió Harry, esquivando otra rama. - conseguir ingredientes en este sitio es mucho más divertido. -
Harry y Hermione (demostrando su interés por preservar y mejorar las buenas notas) habían programado un horario de estudios para así no perder el fuelle en las clases. No podían permitirse el lujo de tirar por la borda el curso solo por estar centrados en Flamel y su Piedra. A Ron eso no le importaba demasiado, pero si el hecho de que sus mejores amigos lo arrastrarán cada dos por tres al aula de estudios de la Sala Común para repasar y preparar los exámenes. En su opinión, es lo que tenía el contar con un par de empollones como mejores amigos.
- Pero faltan siglos para los exámenes…- bufó Ron, mientras que Harry lo vigilaba de cerca para que no perdiera la concentración.
- ¡Diez semanas Ron! - replicó Hermione. - Eso no son siglos, es un segundo para Nicolás Flamel. -
- Ya, pero nosotros no tenemos seiscientos años. - le recordó el pelirrojo, frunciendo el entrecejo. - De todos modos, ¿para qué repasáis si ya os lo sabéis todo? -
- Siempre viene bien refrescar la memoria. Si no hubiera hecho eso durante mi educación muggle habría sacado notas bastante mediocres. - explicó Harry, mientras releía con calma su redacción para Transformaciones. - Considero que repasar y estudiar es esencial para obtener buenas notas, además de garantizar el poder pasar al siguiente curso. ¿O acaso crees que pasaremos de curso sin hacer nada, Ronald? – Hermione asintió con ganas, mientras que Ron rodó los ojos con exasperación.
Los profesores parecían pensar lo mismo que Harry y Hermione, ya que dejaban tantos deberes que las vacaciones de Pascua no resultaron tan divertidas como las de Navidad (en opinión de Ron). Pasaron la mayor parte del tiempo haciendo el trabajo suplementario en la biblioteca (porque durante el día Percy se encerraba en la Sala de Estudios, y bombardeaba a quien le acompañase con aburridas charlas sobre Prefectos), repasando los doce usos de la sangre de dragón o practicando movimientos con la varita.
- ¡Nunca podré acordarme de esto! - estalló Ron una tarde, arrojando la pluma y mirando por la ventana de la biblioteca con nostalgia. Era realmente el primer día bueno desde hacía meses. El cielo claro azulado, las nubes blancas y el aire anunciaban el verano.
Mientras Harry seguía pendiente de su lectura en "Mil hiervas mágicas y hongos", pudo escuchar como Ron decía: - ¡Hagrid! ¿Qué estás haciendo en la biblioteca? -
Hagrid apareció con aire desmañado, escondiendo algo detrás de la espalda. Parecía muy fuera de lugar; con su abrigo de piel de topo.
- Estaba mirando…- dijo con una voz evasiva que les llamó la atención - ¿Y vosotros qué hacéis? - de pronto pareció sospechar algo. - No estaréis buscando todavía a Nicolás Flamel, ¿no? -
- Oh, lo encontramos hace siglos. - dijo Ron con aire grandilocuente. - Y también sabemos lo que custodia el perro, es la Piedra Fi... -
- ¡RONALD! - exclamaron al mismo tiempo Harry y Hermione con tono de reproche.
- ¡Shhh! - Hagrid miró alrededor para ver si alguien los escuchaba - No podéis ir por ahí diciéndolo a gritos. ¿Qué os pasa? -
- Aún nos quedan unas pocas dudas, las cuales queríamos que nos dijeras. - dijo Harry, mirando con tranquilidad a su gran amigo. - Es sobre qué cosas más custodian la Piedra, además de Fluffy...-
- ¡Shhh! - repitió Hagrid. - Mirad, venid a verme más tarde. No os prometo que os vaya a decir algo, pero no andéis por ahí hablando, los alumnos no deben saber nada. Van a pensar que yo os lo he contado...-
- En ese caso, te veremos más tarde. - respondió Harry.
Hagrid se escabulló.
- ¿Qué escondía detrás de la espalda? ¿Creéis que tiene que ver con la Piedra? - dijo Hermione con aire pensativo.
- Voy a ver en qué sección estaba…- dijo Ron, cansado de sus trabajos.
Regresó un minuto más tarde, con muchos libros en los brazos. Los desparramó sobre la mesa.
- ¡Dragones! – susurró alarmado. - ¡Hagrid estaba buscando cosas sobre dragones! Mirad estos dos. "Especies de dragones en Gran Bretaña e Irlanda" y "Del huevo al infierno, guía para guardianes de dragones". -
- Oh, ahora me acuerdo, Hagrid siempre quiso tener un dragón. - comentó Harry. - Me lo dijo un día, durante el verano pasado cuando estaba alojado en el Caldero Chorreante. –
- Pero va contra nuestras leyes. - dijo Ron con gravedad. - Criar dragones fue prohibido por la Convención de Magos de 1709, todos lo saben. Era difícil que los muggles no nos detectaran si teníamos dragones en nuestros jardines. De todos modos, no se puede domesticar un dragón, es peligroso. Tendríais que ver las quemaduras que Charlie se hizo con esos dragones salvajes de Rumania. -
- Pero no hay dragones salvajes en Inglaterra, ¿o sí? - preguntó el azabache, mirando con curiosidad a su mejor amigo.
- Por supuesto que hay. - respondió Ron. - Verdes en Gales y negros en Escocia. Al ministro de Magia le ha costado trabajo silenciar ese asunto, te lo aseguro. Los nuestros tienen que hacerles encantamientos a los muggles que los han visto para que los olviden. -
- Entonces ¿en qué está metido Hagrid? - preguntó Hermione.
- Tiene pinta de que está metido en algo muy gordo…- asintió Harry.
Cuando llamaron a la puerta de la cabaña del guardabosques, una hora más tarde, les sorprendió ver todas las cortinas cerradas.
- ¿¡Quién es!? – preguntó Hagrid antes de dejarlos entrar, y luego cerró rápidamente la puerta tras ellos.
En el interior; el calor era sofocante. Pese a que era un día cálido, en la chimenea ardía un buen fuego. Hagrid les preparó el té y les ofreció bocadillos de comadreja, que ellos no aceptaron.
- No me entusiasma mucho comer comadreja…- pensó el azabache, mirando los bocadillos con la nariz arrugada.
- Entonces ¿queríais preguntarme algo? – preguntó Hagrid.
- Bien, vamos al grano. - dijo Harry con calma. - Nos preguntábamos si podías decirnos si hay algo más que custodie a la Piedra Filosofal a parte de Fluffy...-
Hagrid lo miró con aire adusto. - Por supuesto que no puedo. – repuso. - En primer lugar, no lo sé. En segundo lugar, vosotros ya sabéis demasiado, así que tampoco os lo diría si lo supiera. Esa Piedra está aquí por un buen motivo, la querían robar de Gringotts...Aunque eso ya lo sabíais, ¿no? Me gustaría saber cómo averiguasteis lo de Fluffy. –
- Oh, vamos Hagrid, - . - dijo Hermione, con voz afectuosa y lisonjera. - puedes no querer contarnos, pero debes saberlo. Tú sabes todo lo que sucede por aquí. Nos preguntábamos… en quién más podía confiar Dumbledore lo suficiente para pedirle ayuda, además de ti. -
Con esas últimas palabras, el pecho de Hagrid se ensanchó. Harry y Ron miraron a Hermione con orgullo.
- Vaya, sabe muy bien como persuadir a alguien. - pensó Harry con una sonrisa. - Hermione es increíble…-
- Bueno, supongo que no tiene nada de malo deciros esto... Dejadme ver... Yo le presté a Fluffy... luego algunos de los profesores hicieron encantamientos...la profesora Sprout, el profesor Flitwick, la profesora McGonagall…- decía Hagrid, contando con los dedos. - el profesor Quirrell y el mismo Dumbledore, por supuesto. Esperad, me he olvidado de alguien. Oh, claro, el profesor Snape. –
- ¿¡Snape!? – saltaron los tres estudiantes al mismo tiempo.
- Ajá... No seguiréis con eso todavía, ¿no? – preguntó Hagrid, mirándolos a los tres con el entrecejo fruncido. - Mirad, Snape ayudó a proteger la Piedra, no quiere robarla. – insistió.
- Maldición…si Snape es uno de los que ha colaborado con la protección de la piedra, es probable que sepa todos los encantamientos. - pensó el azabache. - Salvo el de Quirrell, y cómo pasar ante Fluffy…Aún así, esto complica las cosas…-
- Hagrid, tu eres el único que sabe cómo pasar ante Fluffy, ¿verdad? - preguntó Hermione con aparente preocupación. - Y no se lo dirás a nadie, ¿no es cierto? ¿Ni siquiera a un profesor? -
- Ni un alma lo sabe, salvo Dumbledore y yo - dijo Hagrid con orgullo.
- Eso está mejor…- murmuró Harry a los demás.
- Hagrid, ¿podríamos abrir una ventana? - se quejó Ron por el calor. - Me estoy asando…-
- No puedo chicos, lo siento. - respondió Hagrid. Harry notó que miraba de reojo hacia el fuego. Harry también miró.
- Hagrid... ¿Qué es eso? – preguntó Hermione, cuando ella se dio cuenta.
En el centro de la chimenea, debajo de la cazuela, había un enorme huevo negro.
- ¡Ah! - saltó Hagrid, tirándose con nerviosismo de la barba - Eso...eh...-
- ¿Dónde lo has conseguido, Hagrid? – inquirió Ron, agachándose ante la chimenea para ver de cerca el huevo. - ¡Debe de haberte costado una fortuna! -
- Lo gané, la otra noche. – explicó Hagrid. - Estaba en la aldea, tomando unas copas y me puse a jugar a las cartas con un desconocido. Creo que se alegró mucho de librarse de él, si he de ser sincero…-
- Pero ¿qué vas a hacer cuando salga del cascarón? - preguntó Hermione.
- Bueno, estuve leyendo un poco. – respondió Hagrid, sacando un gran libro de debajo de su almohada. - Miren, lo conseguí en la biblioteca: "Crianza de dragones para placer y provecho". Está un poco anticuado, por supuesto, pero sale todo. Mantener el huevo en el fuego, porque las madres respiran fuego sobre ellos y, cuando salen del cascarón, alimentarlos con brandy mezclado con sangre de pollo, cada media hora. Y mirad, dice cómo reconocer los diferentes huevos. El que tengo es un ridgeback noruego. Y son muy raros. -
Parecía muy satisfecho de sí mismo, pero Hermione no.
- Hagrid, tú vives en una casa de madera… - observó ella, frunciendo el ceño.
Pero Hagrid no la escuchaba, canturreaba alegremente mientras alimentaba el fuego.
Tras el té, el trio regresó al castillo con algo más de qué preocuparse: lo que podía sucederle a Hagrid si alguien descubría que ocultaba un dragón ilegal en su cabaña.
- Me pregunto cómo será tener una vida tranquila… - suspiró Ron, mientras noche tras noche luchaban con todo el trabajo extra que les daban los profesores.
Harry y Hermione, por otra parte, estaban muy felices por tener cosas que hacer. Ambos ya habían sido catalogados como dos de los mejores estudiantes de la escuela, ayudándose el uno al otro cuando era necesario, y así preparando mucho mejor los exámenes.
El azabache estaba muy feliz al lado de ella, compartiendo horas y horas de estudio, además de practicar hechizos juntos. Por otro lado, intentaba por todos los medios entender mejor aquel cosquilleó que sentía cuando la tenía tan de cerca. Era como una punzada electrizante que lo hacía sonrojarse, dándole ganas de salir corriendo hacia la enfermería, por si tenía fiebre.
Cuando no pensaba en Hermione y sus acaramelados ojos color marrón, Harry se entretenía practicando en solitario hechizos ofensivos y defensivos en algunos de sus ratos libres, porque las clases de Quirrel seguían siendo "una broma muy pesada", y el azabache no se sentía satisfecho con lo que enseñaba en sus clases.
Durante un desayuno, Hedwig entregó a Harry otra nota de Hagrid la cual ponía lo siguiente:
¡Está a punto de salir!
Ron quería faltar a la clase de Herbología e ir directamente a la cabaña, mientras que Hermione no quería ni oír hablar de eso. Sin embargo, y para sorpresa de Ron, a Harry le interesaba poder contemplar el nacimiento de un dragón.
- Oh, vamos Hermione. - insistió el azabache, tratando de convencerla. - ¿Cuántas veces en nuestra vida veremos a un dragón saliendo de su huevo? -
- ¡Tenemos clases! - dijo Hermione en tono severo. - Nos vamos a meter en líos y no vamos a poder hacer nada cuando alguien descubra lo que Hagrid está haciendo…-
- ¡Hermione! - susurró Harry. Malfoy estaba cerca de ellos y se había quedado inmóvil para escucharlos. - No…si Malfoy sabe de esto, tendremos un problema…- pensó con preocupación y enojo. No le gustó la expresión de la cara de su archirrival.
Después de unos cuantos intentos de persuasión, Hermione finalmente aceptó ir a la cabaña de Hagrid con Harry y Ron durante el recreo de la mañana.
Cuando al final de las clases sonó la campana del castillo, los tres dejaron sus trasplantadores y corrieron por el parque hasta el borde del bosque. Hagrid los recibió, excitado y radiante.
- ¡Ya casi está fuera! - dijo cuando entraron.
El huevo estaba sobre la mesa, tenía grietas en la cáscara. Algo se movía en el interior y un curioso ruido salía de allí. Todos acercaron las sillas a la mesa y esperaron, respirando con agitación. De pronto se oyó un ruido y el huevo se abrió. La cría de dragón aleteó en la mesa. No era exactamente bonito.
- ¡Caray! Parece un paraguas negro y hecho polvo…- pensó Harry, parpadeando los ojos.
Sus alas puntiagudas eran enormes, comparadas con su cuerpo flacucho, tenía un hocico largo con anchas fosas nasales, las puntas de los cuernos ya le salían. Tenía los ojos anaranjados y saltones. Al estornudar, volaron unas chispas.
- ¿No es precioso? - murmuró Hagrid. Alargó una mano para acariciar la cabeza del dragón. Este le dio un mordisco en los dedos, enseñando unos colmillos puntiagudos. - ¡Bendito sea! Mirad, conoce a su mami…- sonrió ampliamente.
- Hagrid…¿Cuánto tardan en crecer los ridgebacks noruegos? - preguntó Hermione.
Hagrid iba a contestarle, cuando de golpe su rostro palideció. Se puso de pie de un salto y corrió hacia la ventana.
- ¿Qué sucede, Hagrid? - preguntó el azabache.
- Alguien estaba mirando por una rendija de la cortina...- respondió Hagrid, con terror. - Era un chico...Va corriendo hacia el colegio. -
Harry fue hasta la puerta y miró. Incluso a distancia, era inconfundible. - ¡Maldita sea! Es Malfoy…- susurró entre dientes.
Algo en la sonrisa burlona de Malfoy durante la semana siguiente ponía nerviosos a Harry, Ron y Hermione. Pasaban la mayor parte de su tiempo libre en la oscura cabaña de Hagrid, tratando de hacerlo entrar en razón, antes de que al rubio se le diera por dar el chivatazo sobre el dragón.
- Hagrid, tienes que dejar que se vaya. - le insistió Harry a su gran amigo. - Él debe ser libre. -
- No puedo…- dijo Hagrid. - Es demasiado pequeño, se morirá… -
- Pero Hagrid…- Hermione empezaba a perder la esperanza de convencerle.
Miraron el dragón. Había triplicado su tamaño en sólo una semana. Ya le salía humo de las narices. Hagrid no cumplía con sus deberes de guardabosques porque el dragón ocupaba todo su tiempo. Había botellas vacías de brandy y plumas de pollo por todo el suelo.
- He decidido llamarlo Norberto. - dijo Hagrid, mirando al dragón con ojos húmedos. - Ya me reconoce, mirad. ¡Norberto! ¡Norberto! ¿Dónde está mami? -
- Compañero, creo que ya perdió el juicio…- murmuró Ron a Harry.
- ¡Hagrid, por favor, sé razonable! - insistió Harry en voz alta. - Pasarán dos semanas y Norberto será tan grande como tu casa. ¡Malfoy se lo contará a Dumbledore en cualquier momento y te meterás en un lío tan grande como el castillo que tenemos por colegio! -
Hagrid se mordió el labio. - Yo...yo sé que no puedo quedarme con él para siempre, pero no puedo echarlo, no puedo. -
El azabache se puso a pensar en algún plan para ayudar a su gran amigo. Si no se le ocurría algo, si no hacía algo…Hagrid no quería dejarlo en libertad, pero…¿y si otra persona se encargaba de Norberto? Alguien con experiencia en dragones, alguien como…
- ¡CHARLIE! - saltó de repente, mirando a su mejor amigo.
- ¿Eh? Oye Harry, que yo soy Ron. - bufó Ron. - Mi hermano está en Rumanía…-
- No Ron, no me entiendes. - entonces Harry miró a Hagrid con entusiasmo. - Escucha Hagrid, ¿y si otra persona se hiciera cargo de Norberto? ¿Tu accedería a dejar que se fuera con él? -
- ¿Que tienes en mente Harry? - preguntó Hermione con curiosidad.
- He pensado que podríamos enviar a Norberto con Charlie. - explicó Harry. - Él estudia y cuida dragones, ¿recuerdan? -
- ¡Es cierto! ¿¡Cómo no se me ocurrió antes!? - gritó Ron muy feliz. - ¡Charlie lo cuidará y luego lo dejará vivir en libertad! ¡Harry, eres un genio! -
- ¿Qué piensas de eso, Hagrid? - preguntó Hermione al semigigante.
Al final, sin más opciones, Hagrid aceptó que enviaran una lechuza para pedirle ayuda a Charlie.
La semana siguiente pareció alargarse. La noche del miércoles Ron encontró a Harry y Hermione sentados solos en la sala común, mucho después de que todos se fueran a acostar. El reloj de la pared acababa de dar doce campanadas cuando el agujero de la pared se abrió de golpe. Ron surgió de la nada, al quitarse la capa invisible de Harry. Había estado en la cabaña de Hagrid, ayudándolo a alimentar a Norberto, que ya comía ratas muertas.
- ¡Me ha mordido! - se quejó el pelirrojo, enseñándoles la mano envuelta en un pañuelo ensangrentado. - No podré escribir en una semana, os aseguro que los dragones son los animales más horribles que conozco, pero para Hagrid es como si fuera un osito de peluche. Cuando me mordió, me hizo salir porque, según él, yo lo había asustado. ¡Y cuando me fui le estaba cantando una canción de cuna! -
De repente, se oyó un golpe en la ventana oscura.
- ¡Mirad, es Hedwig! – saltó Harry, corriendo para dejarla entrar. - ¡Debe de traer la respuesta de Charlie! -
Los tres juntaron las cabezas para leer la carta.
Querido Ron
¿Cómo estás? Gracias por tu carta. Estaré encantado de quedarme con el ridgeback noruego, pero no será fácil traerlo aquí. Creo que lo mejor será hacerlo con unos amigos que vienen a visitarme la semana que viene. El problema es que no deben verlos llevando un dragón ilegal. ¿Podríais llevar al ridgeback noruego a la torre más alta, la medianoche del sábado? Ellos se encontrarán contigo allí y se lo llevarán mientras dure la oscuridad. Envíame la respuesta lo antes posible.
Besos, Charlie
- Con la capa invisible no será tan difícil...- pensó Harry mientras doblaba la carta. - Creo que la capa es suficientemente grande para cubrir a Norberto y a dos de nosotros…-
La prueba de lo mala que había sido aquella semana para ellos fue que aceptaron de inmediato. Cualquier cosa para liberarse de Norberto, y por ende, de Malfoy.
Se encontraron con un obstáculo. A la mañana siguiente, la mano mordida de Ron se había inflamado y tenía dos veces su tamaño normal. No sabía si convenía ir a ver a la señora Pomfrey. ¿Reconocería una mordedura de dragón? Sin embargo, por la tarde no tuvo elección. La herida se había convertido en una horrible cosa verde. Parecía que los colmillos de Norberto tenían veneno.
Al finalizar el día, Harry y Hermione fueron corriendo hasta el ala de la enfermería para visitar a Ron, a quien sin más opciones dejaron con la señora Pomfrey, y lo encontraron en un estado terrible.
- No es sólo mi mano…- susurró. - aunque parece que se me vaya a caer a trozos. Malfoy le dijo a la señora Pomfrey que quería pedirme prestado un libro, y vino y se estuvo riendo de mí. Me amenazó con decirle a ella quién me había mordido (yo le había dicho que era un perro, pero creo que no me creyó). No debí pegarle en el partido de Quidditch, ahora como venganza el muy imbécil lo arruinará todo…-
- Ese desgraciado…- masculló Harry entre dientes. - ¡Uno de estos días me las pagará todas! -
- No temas Ron, todo habrá terminado el sábado a medianoche…- dijo Hermione, pero eso no tranquilizó al pelirrojo. Al contrario, se sentó en la cama y comenzó a temblar.
- ¡La medianoche del sábado! - dijo con voz ronca. - Oh, no, oh, no... acabo de acordarme... la carta de Charlie estaba en el libro que se llevó Malfoy, se enterará de la forma en que nos libraremos de Norberto…-
Harry y Hermione no tuvieron tiempo de contestarle, apareció la señora Pomfrey y los hizo salir, diciendo que Ron necesitaba dormir.
- Es demasiado tarde para cambiar los planes. - dijo Harry a Hermione. - No tenemos tiempo de enviar a Charlie otra lechuza y ésta puede ser nuestra única oportunidad de librarnos de Norberto. Tendremos que arriesgarnos. Por suerte tenemos la capa invisible y eso Malfoy no lo sabe. -
Encontraron a Fang, el perro cazador de jabalíes, sentado afuera, con la cola vendada, cuando fueron a avisar a Hagrid. Éste les habló a través de la ventana.
- No os hago entrar…- jadeó. - porque Norberto está un poco molesto. No es nada importante, ya me ocuparé de él…-
Cuando le contaron lo que decía Charlie, se le llenaron los ojos de lágrimas, aunque tal vez fuera porque Norberto acababa de morderle la pierna.
- ¡Aaay! Está bien, sólo me ha cogido la bota... está jugando... después de todo es sólo un cachorro. -
- Bueno, ya lo tienes claro. Nos vemos el sábado por la noche. - dijo Harry. - Tenlo todo a punto. -
El cachorro golpeó la pared con su cola, haciendo temblar las ventanas. Harry y Hermione regresaron al castillo con la sensación de que el sábado no llegaría lo bastante rápido.
Tendrían que haber sentido pena por Hagrid, cuando llegó el momento de la despedida, si no hubieran estado tan preocupados por lo que tenían que hacer. Era una noche oscura y llena de nubes y llegaron un poquito tarde a la cabaña de Hagrid, porque tuvieron que esperar a que Peeves saliera del vestíbulo, donde jugaba a tenis contra las paredes.
- Estúpido Poltergeist. – bufó el azabache desde su mente.
Hagrid tenía a Norberto listo y encerrado en una gran jaula.
- Tiene muchas ratas y algo de brandy para el viaje. - dijo Hagrid con voz amable. - Y le puse su osito de peluche por si se siente solo. -
- ¿Un osito de peluche? - pensó Harry con una pequeña sonrisa. - Voy a lamentarlo por el pobre osito…-
- ¡Adiós, Norberto! - sollozó Hagrid, mientras Harry y Hermione cubrían la jaula con la capa invisible y se metían dentro ellos también. - ¡Mami nunca te olvidará! -
Cómo se las arreglaron para llevar la jaula hasta la torre del castillo fue algo que nunca supieron. Era casi medianoche cuando trasladaron la jaula de Norberto por las escaleras de mármol del castillo y siguieron por pasillos oscuros. Subieron una escalera, luego otra... Ni siquiera uno de los atajos de Harry hizo el trabajo más fácil.
- Ya casi llegamos…- resopló Harry, mientras alcanzaban el pasillo que había bajo la torre más alta.
Entonces, un súbito movimiento por encima de ellos casi les hizo soltar la jaula, olvidando que eran invisibles, se encogieron en las sombras, contemplando las siluetas oscuras de dos personas que discutían a unos tres metros de ellos.
La profesora McGonagall tenía sujeto a Malfoy por la oreja.
- ¡Castigo! - gritaba en tono autoritario. - ¡Y veinte puntos menos para Slytherin! ¡Vagando en medio de la noche! ¿¡Cómo te atreves!? -
- Usted no lo entiende, profesora. - gimoteó Malfoy. - Harry Potter vendrá, ¡y con un dragón! –
- ¡Qué absurda tontería! – bramó la profesora McGonagall con enfado. - ¿¡Cómo te atreves a decir esas mentiras!? Vamos, hablaré de ti con el profesor Snape... ¡Muévase, Malfoy! –
Harry tenía ganas de tirarse al suelo y reír sin parar. Después de aquello, la escalera de caracol hacia la torre más alta les pareció lo más fácil del mundo. Cuando salieron al frío aire de la noche, donde se quitaron la capa, felices de poder respirar bien, Hermione dio una especie de salto.
- ¡Malfoy está castigado! – dijo ella, muy contenta. - ¡Podría ponerme a cantar! -
- Me gustaría oírte cantar…- susurró Harry, mirando a Hermione a medida que notaba como sus mejillas aumentaban de temperatura.
- ¿Eh? – Hermione alzo una ceja, parecía confusa.
- Oh, nada, no es nada…- farfulló Harry, sonrojado. - Después si quieres lo celebramos por todo lo alto, pero ahora hay que contenerse…- añadió, riendo maliciosamente por dentro tras recordar la desgracia recaída sobre su archirrival.
Riéndose de Malfoy, esperaron, con Norberto moviéndose en su jaula. Diez minutos más tarde, cuatro escobas aterrizaron en la oscuridad.
Los amigos de Charlie eran muy simpáticos. Enseñaron a Harry y Hermione los arneses que habían preparado para poder suspender a Norberto entre ellos. Todos ayudaron a colocar a Norberto para que estuviera muy seguro, y luego Harry y Hermione estrecharon las manos de los amigos y les dieron las gracias.
Por fi, Norberto se había ido.
Bajaron rápidamente por la escalera de caracol, con los corazones tan libres como sus manos, que ya no llevaban la jaula con Norberto. Sin el dragón, y con Malfoy castigado, ¿qué podía estropear su felicidad?
La respuesta los esperaba al pie de la escalera. Cuando llegaron al pasillo, el rostro de Filch apareció súbitamente en la oscuridad.
- Oh no… pensó Harry. Acababa de acordarse de que se habían dejado la capa invisible en la torre. - Soy un completo imbécil…-
