Capítulo 15 - Una sombra en el bosque

Filch los llevó al despacho de la profesora McGonagall, en el primer piso, donde se sentaron a esperar; sin decir una palabra. Hermione temblaba. Excusas, disculpas y locas historias cruzaban la mente de Harry, cada una más débil que la otra. No podía imaginar cómo se iban a librar del problema aquella vez. Estaban atrapados. ¿Cómo podían haber sido tan estúpidos para olvidar la capa? No había razón en el mundo para que la profesora McGonagall aceptara que habían estado vagando durante la noche, para no mencionar la torre más alta de Astronomía, que estaba prohibida, salvo para las clases. Si añadía a todo eso Norberto y la capa invisible, ya podían empezar a hacer las maletas.

¿Harry pensaba que las cosas no podían estar peor? Estaba equivocado. Cuando la profesora McGonagall apareció, llevaba a Neville.

- ¡Harry! - estalló Neville en cuanto los vio. - Estaba tratando de encontrarte para prevenirte, oí que Malfoy decía que iba a atraparte. Dijo que tenías un drag...-

Harry negó bruscamente con la cabeza, para que Neville no hablara más, pero la profesora McGonagall lo vio. Lo miró como si echara fuego igual que Norberto y se irguió, amenazadora, sobre los tres.

- Nunca lo habría creído de ninguno de vosotros. - dijo la profesora, muy enfadada. - El señor Filch dice que estabais en la torre de Astronomía. ¡Es la una de la mañana! ¡Quiero una explicación! -

Harry se sintió muy mal cuando vio la cara de Hermione. Ella seguía temblando, incapaz de responder, igual que él. Miraba fijamente sus zapatillas, tan rígida como una estatua.

- Creo que tengo idea de lo que sucedió, no hace falta ser un genio para descubrirlo. - dijo la profesora McGonagall. - Te inventaste una historia sobre un dragón para que Draco Malfoy saliera de la cama y se metiera en líos, te he atrapado. -

- Pues, no negaré que me ha gustado ver a Malfoy castigado. - pensó Harry, cabizbajo y conteniendo un repentino deseo por reírse a carcajadas. - En fin, creo que de momento es mejor que no digamos nada. Maldición, no sé qué escusa pueda usar, me siento perdido…-

- Supongo que te habrá parecido divertido que Longbottom oyera la historia y también la creyera, ¿no? - inquirió la profesora.

Harry captó la mirada de Neville y trató de decirle, sin palabras, que aquello no era verdad, porque Neville parecía asombrado y herido. Harry trató de disculparse con su compañero con la mirada, pero no encontraba la forma, estaba demasiado pendiente de los regaños de su profesora. Pobre mete-patas Neville, el azabache sabía lo que debía de haberle costado buscarlos en la oscuridad, para prevenirlos.

- ¡Estoy disgustada! - bramó la profesora. - Cuatro alumnos fuera de la cama en una noche. ¡Nunca he oído una cosa así! ¡Y mucho menos por parte de los dos estudiantes más dotados del año! ¡Pensé que teníais más sentido común, que Gryffindor significaba más para ustedes! Los tres sufriréis castigos...Sí, tú también, Longbottom, nada te da derecho a dar vueltas por el colegio durante la noche, en especial en estos días. Es muy peligroso y se os descontarán cincuenta puntos de Gryffindor. -

- ¿Ci-cincuenta? - susurró Harry sorprendido y tembloroso. No se lo podía creer, iban a perder el primer puesto, lo que habían ganado entre las clases y el último partido de Quidditch.

- Cincuenta puntos cada uno…- sentenció la profesora McGonagall, resoplando a través de su nariz puntiaguda. Nadie dijo nada, estaban mudos, incapaces de reaccionar. - Ahora, volved a la cama, todos. Nunca me he sentido tan avergonzada de alumnos de Gryffindor…-

Ciento cincuenta puntos perdidos. Eso situaba a Gryffindor en el último lugar. En una noche, habían acabado con cualquier posibilidad de que Gryffindor ganara la copa de la casa. Harry sentía como si le retorcieran el estómago. ¿Cómo podrían arreglarlo? Estaba decaído, abatido, culpándose así mismo por lo sucedido, pero, por otra parte, había ayudado a su gran amigo Hagrid a que no estuviera metido en un lío con la ley por tener a un dragón en Hogwarts.

Cuando llegaron a la sala común, le explicó a Neville lo sucedido, disculpándose con él. El chico era muy buena persona, perdonó a Harry, y se fue a dormir.

Sin embargo, el azabache no estaba ni mucho menos contento.

- La culpa es mía…- murmuraba para sí mismo, cabizbajo, con los ojos llorosos, sentado en el sofá al lado de la chimenea. - la culpa…es mía…-

Cuando Hermione se disponía a subir a su habitación, se detuvo y lo miró. ¿Por qué lo hizo? Harry pensó que alguien como ella, quien se tomaba las reglas más en serio que nadie debería de estar muy, pero que muy disgustada por lo que había ocurrido. Sin embargo, allí estaba, sentándose a su lado.

- Lo siento…- susurró el azabache, con tono de tristeza. - Ahora mismo debes odiarme…por todo esto…-

- No te odio Harry…- repuso ella suavemente. - ¿porque piensas eso? -

- Es mi culpa. - dijo Harry, entre tristeza, rabia e impotencia. - Yo os metí en esto, a ti, y ahora a Neville…Lo peor de todo, es que toda nuestra casa a tenido que pagar el precio por mi insolencia…-

- Harry…- empezó Hermione, pero Harry no la dejó seguir.

- No seré capaz de verles a la cara de la misma manera que hasta ahora…- susurró, llevándose las manos a la cara y tratando de no llorar. - A partir de mañana todos me buscarán para culparme, y con todo el derecho, así debe ser…Todo el esfuerzo del año, tirado por la borda en una noche…por mi…y para colmo esta vez no ha sido Snape quien… -

- Ya basta Harry…- Hermione empezaba a temblar.

- Pero es la verdad…-

- ¡Harry Potter! - estalló ella. Cuando por fin Harry la miró a los ojos, pudo ver que derramaba lágrimas. - Tú eres una buena persona. Lo que has hecho hoy ha sido para ayudar a un amigo en problemas. - dijo con voz temblorosa. - Dime, ¿Cuántas personas son capaces de hacer lo que tú has hecho por ayudar desinteresadamente a otro? ¿¡Qué importa lo que te digan los demás!? Las cosas han salido mal en el último momento, eso puede ser verdad pero…no podemos rendirnos ahora…-

- Hermione…- Harry no sabía cómo reaccionar, estaba aturdido.

Ella apoyo su cabeza en el hombro de Harry. - No te culpes solo a ti…déjame compartir esa culpa contigo…- susurró, mientras lloraba a su lado.

Los dos se quedaron sentados, bastante juntos, y Harry dejó que sus lágrimas resbalaran libremente por sus mejillas. Permanecieron sentados en el sofá al lado de la chimenea, llorando en silencio, mientras perdían la noción del tiempo.

Tuvieron suerte de que nadie los viera durmiendo en el sofá una vez amaneció. Tan pronto como se despertaron, ambos se miraron, se sonrojaron y se fueron, cada uno a su habitación, para arreglarse un poco.

Al principio, los Gryffindors que pasaban por el gigantesco reloj de arena (que informaba de la puntuación de la casa) pensaron que había un error. ¿Cómo iban a tener, súbitamente, ciento cincuenta puntos menos que el día anterior? Y luego, se propagó la historia.

Harry Potter, el famoso Harry Potter, el héroe de dos partidos de Quidditch, el estudiante más brillante de primero, les había hecho perder todos esos puntos, él y otros dos estúpidos de primer año.

De ser una de las personas más populares y admiradas del colegio, Harry súbitamente era el más detestado. Hasta los de Ravenclaw y Hufflepuff le gritaban a la cara, porque todos habían deseado ver a Slytherin perdiendo la copa. Por dondequiera que Harry pasara, lo señalaban con el dedo y no se molestaban en bajar la voz para insultarlo. Para colmo y mayor humillación, los de Slytherin lo aplaudían y lo vitoreaban, diciendo: "¡Gracias, Potter; te debemos una!".

- Si, que tal si os debo una patada en…- maldecía Harry desde su mente.

No todo era tan malo ya que, por suerte para él, contaba con el apoyo de Ron y Hermione, quienes no se separaban de su lado cada vez que tenían que ir a clases.

- Se olvidarán en unas semanas. - le dijo Ron, tratando de animarle. - Fred y George han perdido puntos muchas veces desde que están aquí y la gente los sigue apreciando. -

- Pero nunca perdieron ciento cincuenta puntos de golpe, ¿verdad? - dijo Harry tristemente.

- Bueno...no…- admitió Ron.

A Harry le costaba mucho trabajo poder responder a las preguntas de sus profesores, debido a que cada vez que le tocaba, recibía un abucheo general de la clase. No lo podía evitar, se sentía dolido, hundido. Deseaba que la tierra se lo tragase para perder de golpe toda la vergüenza que sentía. Se sentía tan avergonzado que incluso consideró no merecer seguir siendo el buscador de Gryffindor.

- Os he fallado…- dijo Harry suspirando tristemente. - Por tanto, no merezco seguir siendo el buscador del equipo…- alzó la mirada y miró a su capitán a los ojos. - Renuncio, Oliver…-

- ¿¡Renunciar!? - exclamó Wood, alarmado. - ¿¡Qué ganaríamos con eso!? ¿¡Cómo vamos a recuperar puntos si no podemos jugar al Quidditch!? -

- Pero Wood, yo…-

- No sé qué habrá pasado para que perdieras todos esos puntos Harry, pero sé que no lo hiciste adrede. - Oliver miró a Harry con los ojos brillosos, y cogiéndole de los hombros para mirarle de frente. - Harry…tu eres un jugador único, no solo porque seas un buscador extraordinario, sino porque inspiraste confianza al equipo cuando sus esperanzas estaban por los suelos, levantándolos y animándolos a seguir. No puedes darte por vencido amigo, ahora no…-

- Capitán…- susurró Harry, con lágrimas en sus ojos.

- Ahora, sécate esas lágrimas y sube a tu escoba. - ordenó Wood con una sonrisa. - ¡A entrenar! -

- ¡Si! - súbitamente, Harry recobró la moral. Escuchar a Wood siempre le llenaba de valor.

A pesar de recuperar un poco la confianza, el resto del equipo no le hablaba durante el entrenamiento, y si tenían que hablar de él lo llamaban "el buscador". Wood les regañó por llamarle así y les dijo que, si continuaban con esa actitud, se vería obligado a intensificar más los entrenamientos. Fue sorprendente como aquella pequeña advertencia espabiló al equipo.

El azabache casi estaba contento de que se aproximaran los exámenes, ya que las lecciones que tenía que repasar alejaban sus desgracias de su mente, obligándole a centrarse en sus estudios. Él y sus amigos se quedaban juntos, trabajando hasta altas horas de la noche, repasando ingredientes de complicadas pociones, aprendiendo de memoria hechizos encantamientos, y repitiendo las fechas de descubrimientos mágicos y rebeliones de los duendes.

Una semana antes de que empezaran los exámenes, las nuevas resoluciones de Harry de no interferir en nada que no le concerniera sufrieron una prueba inesperada. Una tarde que salía solo por los pasillos, oyó que alguien gemía en un aula que estaba delante de él. Mientras se acercaba, oyó la voz de Quirrell.

- No…no…otra vez no, por favor... - parecía que alguien lo estaba amenazando.

Harry se acercó.

- Muy bien... muy bien. - oyó que Quirrell sollozaba. Al segundo siguiente, salió apresuradamente del aula, enderezándose el turbante. Estaba pálido y parecía a punto de llorar.

- Hm…tal vez Snape estaba de nuevo persuadiéndole para que le revelara el cómo deshacer sus encantamientos protectores…- pensó Harry cruzando los brazos.

Desapareció de su vista y el azabache pensó que ni siquiera lo había visto. Esperó hasta que dejaron de oírse los pasos de Quirrell y entonces inspeccionó el aula. Parecía vacía, pero la puerta del otro extremo estaba entreabierta. Harry estaba a mitad de camino, cuando recordó que se había prometido no meterse en lo que no le correspondía.

Al mismo tiempo, habría apostado doce Piedras Filosofales a que Snape acababa de salir del aula y, por lo que Harry había escuchado, Snape debería estar de mejor humor...Quirrell parecía haberse rendido finalmente.

Harry fue a la biblioteca, en donde Hermione estaba repasándole Astronomía a Ron. Tras sentarse con ellos para unirse al repaso, les contó lo que había oído.

- ¡Entonces Snape lo hizo! - saltó Ron. - Si Quirrell le dijo cómo romper su encantamiento anti-Fuerzas Oscuras...-

- Pero todavía queda Fluffy. - recordó Hermione.

- Tal vez Snape descubrió cómo pasar ante él sin preguntarle a Hagrid. - dijo Ron, mirando a los miles de libros que los rodeaban - Seguro que encontró un libro que dice cómo burlar a un perro gigante de tres cabezas. ¿Qué vamos a hacer, Harry? -

La luz de la aventura brillaba otra vez en los ojos de Ron, pero Hermione respondió antes de que Harry lo hiciera. - Ir a ver a Dumbledore. - dijo. - Eso es lo que debimos hacer hace tiempo. Si se nos ocurre algo a nosotros solos, con seguridad vamos a perder.

- Hermione, sabes que en eso te apoyaría, sin duda. - dijo Harry. - Pero hay un problema...-

- ¿Cual? - preguntó Hermione.

- No contamos con pruebas. Quirrell está demasiado atemorizado para respaldarnos y Snape sólo tiene que hacerse el inocente para que crean que él no estaba cerca del tercer piso en Halloween…- explicó el azabache, con voz severa y de brazos cruzados. - Decidme, ¿A quién pensáis que van a creer? ¿A él o a nosotros? No es exactamente un secreto que es un despreciable. Dumbledore creerá que nos lo hemos inventado para hacer que lo echen. Filch no nos ayudaría ni, aunque su vida dependiera de ello, pues él también nos odia. Además…se supone que no sabemos nada sobre la Piedra o Fluffy, si los profesores llegaran a saber lo que sabemos, nos meteríamos en más problemas. -

Hermione pareció convencida, pero Ron no.

- Pero Harry, si investigamos sólo un poco...-

- Se acabó, Ronald. - le interrumpió Harry en tono terminante, mientras repasaba un mapa de Júpiter y sus lunas. - Ya hemos investigado demasiado y perdido demasiado en esta aventura. Lo mejor que podemos hacer es centrarnos en cumplir con nuestros logros académicos. Fin de la historia… -

A la mañana siguiente, llegaron notas para Harry, Hermione y Neville, en la mesa del desayuno.

Vuestro castigo tendrá lugar a las once de la noche. El señor Filch os espera en el vestíbulo de entrada.

Prof M. McGonagall

En medio del furor que sentía por los puntos perdidos, Harry había olvidado que todavía les quedaban los castigos. De alguna manera esperaba que Hermione se quejara por tener que perder una noche de estudio, pero ella no dijo una palabra. Como Harry, sentía que se merecían lo que les tocara.

A las once de aquella noche, se despidieron de Ron en la sala común y bajaron al vestíbulo de entrada con Neville. Filch ya estaba allí y también Malfoy. Harry también había olvidado que a Malfoy lo habían condenado a un castigo, cosa que lo animó muchísimo.

- Seguidme…- dijo Filch, encendiendo un farol y conduciéndolos hacia fuera - Seguro que os lo pensaréis dos veces antes de faltar a otra regla de la escuela, ¿verdad? - susurró, mirándolos con aire burlón. - Oh, sí... trabajo duro y dolor son los mejores maestros, si queréis mi opinión... es una lástima que hayan abandonado los viejos castigos... colgaros de las muñecas, del techo, unos pocos días. Yo todavía tengo las cadenas en mi oficina, las mantengo engrasadas por si alguna vez se necesitan...- añadió entre risas malvadas. - Bien, allá vamos, y no penséis en escapar, porque será peor para vosotros si lo hacéis…-

- Oh, cállate ya viejo chiflado…- se quejó Harry mentalmente. Bastante tenían con estar castigados.

Marcharon cruzando el oscuro parque. Neville comenzó a respirar con dificultad. Harry se preguntó cuál sería el castigo que les esperaba. Debía de ser algo verdaderamente horrible, o Filch no estaría tan contento.

La luna brillaba, pero las nubes la tapaban, dejándolos en la oscuridad. Delante, Harry pudo ver las ventanas iluminadas de la cabaña de Hagrid. Entonces oyeron un grito lejano.

- ¿¡Eres tú, Filch!? ¡Date prisa, quiero empezar de una vez!

- ¡Oh, bien! Estaremos con Hagrid. - pensó Harry, algo más animado. - En ese caso no será un castigo tan aburrido…-

Su alivio debió aparecer en su cara, porque Filch dijo: - Supongo que crees que vas a divertirte con ese papanatas, ¿no? Bueno, piénsalo mejor, muchacho... es al bosque adonde iréis y mucho me habré equivocado si volvéis todos enteros…-

Al oír aquello, Neville dejó escapar un gemido y Malfoy se detuvo de golpe.

- Honestamente, el bosque no puede ser lo peor que he visto este año. - pensó de nuevo el azabache, con una sonrisa que expresaba ansias de aventura. - Además, siempre he sentido curiosidad por adentrarme allí. Esto será interesante…-

- ¿El bosque? - repitió Malfoy, quien no parecía tan indiferente como de costumbre. - Hay toda clase de cosas allí...dicen que hay hombres lobo. -

Neville se aferró de la manga de la túnica de Harry y dejó escapar un ruido ahogado.

- Eso es problema vuestro, ¿no? - dijo Filch, con voz radiante. - Tendríais que haber pensado en los hombres lobo antes de meteros en líos. -

Hagrid se acercó hacia ellos, con Fang pegado a los talones. Llevaba una gran ballesta y un carcaj con flechas en la espalda.

- Menos mal, estoy esperando hace media hora. – dijo. - ¿Todo bien, Harry, Hermione? –

- Yo no sería tan amistoso con ellos, Hagrid. - dijo con frialdad Filch. - Después de todo, están aquí por un castigo. -

- Por eso llegáis tarde, ¿no? - dijo Hagrid, mirando con rostro ceñudo a Filch - ¿Has estado dándoles sermones? Eso no es lo que tienes que hacer. A partir de ahora me hago cargo yo. -

- ¡Eso es Hagrid, tu mándalo a callar! - le animó Harry desde su mente.

- Volveré al amanecer…- dijo Filch. - Para recoger lo que quede de ellos…- añadió con maldad. Se dio la vuelta y se encaminó hacia el castillo, agitando el farol en la oscuridad.

- Sigue soñando, conserje gruñón…- bufó Harry desde su lucida mente.

Entonces Malfoy se volvió hacia Hagrid. - ¡No iré a ese bosque! -

- No vas a poder negarte esta vez, - se burló Harry desde su mente. - serpiente cobardica…-

- Lo harás, si quieres quedarte en Hogwarts. - dijo Hagrid con severidad. - Hicisteis algo mal y ahora lo vais a pagar. -

- ¡Pero eso es para los empleados, no para los alumnos! - se quejó Malfoy. - Yo pensé que nos harían escribir unas líneas, o algo así. Si mi padre supiera que hago esto, él...-

- ¡Te dirá que es así como se hace en Hogwarts! - gruñó Hagrid. - ¡Escribir unas líneas! ¿Y a quién le serviría eso? Haréis algo que sea útil, o si no os iréis. Si crees que tu padre prefiere que te expulsen, entonces vuelve al castillo y coge tus cosas. ¡Vete! -

Malfoy no se movió. Miró con ira a Hagrid, pero luego bajó la mirada, derrotado. Harry y Hermione estaban más felices que unas pascuas.

- Bien, entonces. - dijo Hagrid. - Escuchad con cuidado, porque lo que vamos a hacer esta noche es peligroso y no quiero que ninguno se arriesgue. -

Los condujo hasta el límite del bosque. Levantando su farol, señaló hacia un estrecho sendero de tierra, que desaparecía entre los espesos árboles negros. Una suave brisa les levantó el cabello, mientras miraban en dirección al bosque.

- Mirad allí. - señaló Hagrid. - ¿Veis eso que brilla en la tierra? ¿Eso plateado? Es sangre de unicornio. Hay por aquí un unicornio que ha sido malherido por alguien, es la segunda vez en una semana. Encontré uno muerto el último miércoles. Vamos a tratar de encontrar a ese pobrecito herido, tal vez tengamos que evitar que siga sufriendo. -

- ¿Y qué sucede si el que hirió al unicornio nos encuentra a nosotros primero? – preguntó Malfoy, incapaz de ocultar el miedo de su voz.

- No hay ningún ser en el bosque que os pueda herir si estáis conmigo o con Fang. - dijo Hagrid. - Ahora vamos a dividirnos en dos equipos y seguiremos la huella en distintas direcciones. Hay sangre por todo el lugar, debieron herirlo ayer por la noche, por lo menos. -

- ¡Yo quiero ir con Fang! - dijo rápidamente Malfoy, mirando los largos colmillos del perro.

- Muy bien, pero te informo de que es un cobarde…- advirtió Hagrid, fulminando al rubio con la mirada, antes de dirigirse a sus amigos. - Entonces yo, Harry y Hermione iremos por un lado y Draco, Neville y Fang, por el otro. Si alguno encuentra al unicornio, debe enviar chispas verdes, ¿de acuerdo? Sacad vuestras varitas y practicad ahora... está bien... Y si alguno tiene problemas, las chispas serán rojas y nos reuniremos todos... así que tened cuidado... en marcha. -

El bosque estaba oscuro y silencioso. Después de andar un poco, vieron que el sendero se bifurcaba. Harry, Hermione y Hagrid fueron hacia la izquierda y Malfoy, Neville y Fang se dirigieron a la derecha.

Lo normal era que, al estar en el bosque prohibido, a oscuras, con un asesino de unicornios suelto, cualquiera se sintiera en estado de continuo terror. Sin embargo, Harry estaba tan feliz como si se estuviera comiendo una empanada de melaza. Hermione se mantenía aferrada a su brazo, temblando de miedo, y aunque no fuera algo agradable para ella, para él era reconfortante. Mientras andaban, de vez en cuando, un rayo de luna a través de las ramas iluminaba una mancha de sangre azul plateada entre las hojas caídas.

Harry vio que Hagrid parecía muy preocupado.

- Hm…¿crees que sea un hombre lobo? - sugirió Harry.

- No, ellos no son muy rápidos. - dijo Hagrid con gesto sombrío. - No es tan fácil cazar un unicornio, son criaturas poderosamente mágicas. Nunca había oído que hubieran hecho daño a ninguno. -

Pasaron por un tocón con musgo. Harry podía oír el agua que corría: debía de haber un arroyo cerca. Todavía había manchas de sangre de unicornio en el serpenteante sendero.

¿Estás bien, Hermione? - le preguntó Hagrid a ella. - No te preocupes, no puede estar muy lejos si está tan malherido, y entonces podremos... ¡PONEOS DETRÁS DE ESE ÁRBOL! -

Hagrid cogió a Harry y Hermione, y los arrastró fuera del sendero, detrás de un grueso roble. Instintivamente, el joven Potter blandió su varita, mientras que el semigigante, cargó su ballesta y la levantó, lista para disparar. Los tres escucharon a alguien que se deslizaba sobre las hojas secas, parecía como una capa que se arrastrara por el suelo. Hagrid miraba hacia el sendero oscuro, pero, después de unos pocos segundos, el sonido se alejó.

- Lo sabía…- susurró Hagrid. - aquí hay alguien que no debería estar…-

- Tal vez sea un hombre lobo. - sugirió el azabache en voz baja.

- Eso no era un hombre lobo, ni tampoco un unicornio…- dijo Hagrid con gesto sombrío. - Bien, seguidme, pero tened cuidado. -

Anduvieron más lentamente, atentos a cualquier ruido. De pronto, en un claro un poco más adelante, algo se movió visiblemente.

- ¿¡Quién está ahí!? - gritó Hagrid. - ¡Déjese ver... estoy armado! -

- Eso es…¿un centauro? – señaló Harry boquiabierto, en cuanto vio a la criatura.

De la cintura para arriba, un hombre, con pelo y barba rojizos, pero por debajo, el cuerpo de pelaje zaino de un caballo, con una cola larga y rojiza. Harry había leído sobre ellos, pero era la primera vez que podía ver a un centauro de verdad.

- ¡Oh, eres tú, Ronan! - dijo aliviado Hagrid, quien se acercó y estrechó la mano del centauro. - ¿Cómo estás? -

- Que tengas buenas noches, Hagrid. - dijo Ronan. Tenía una voz profunda y acongojada - ¿Ibas a dispararme? -

- Nunca se es demasiado cuidadoso. - dijo Hagrid, tocando su ballesta. - Hay alguien muy malvado, perdido en este bosque. Ah, éste es Harry Potter y ella es Hermione Granger. Ambos son alumnos del colegio. Chicos, él es Ronan, es un centauro. -

- Hola…- saludaron Harry y Hermione al mismo tiempo, aún boquiabiertos.

- Buenas noches. - los saludó Ronan. - Estudiantes, ¿no? ¿Y aprendéis mucho en el colegio? -

- Si…- respondieron los dos estudiantes, todavía más boquiabiertos.

- Excelente…- dijo Ronan. Torció la cabeza y miró hacia el cielo. - Oh, esta noche, Marte está brillante…-

- Ajá…- dijo Hagrid, mirándolo ceñudo. - Escucha, me alegro de haberte encontrado, Ronan, porque hay un unicornio herido. ¿Has visto algo? –

Ronan no respondió de inmediato, se quedó con la mirada clavada en el cielo, sin pestañear, y suspiró otra vez. - Siempre los inocentes son las primeras víctimas…- dijo. - Ha sido así durante los siglos pasados y lo es ahora…-

- Sí, pero, ¿has visto algo, Ronan? - preguntó Hagrid. - ¿Algo desacostumbrado? -

- Marte brilla mucho esta noche…- repitió Ronan, mientras Hagrid lo miraba con impaciencia - está inusualmente brillante…-

- Sí, claro, pero yo me refería a algo inusual que esté un poco más cerca de nosotros. - dijo Hagrid. - Entonces, ¿no has visto nada extraño? -

Otra vez, Ronan se tomó su tiempo para contestar. - El bosque esconde muchos secretos…-

Un movimiento en los árboles detrás de Ronan hizo que Hagrid levantara de nuevo su ballesta, pero era sólo un segundo centauro, de cabello y cuerpo negro y con aspecto más salvaje que Ronan.

- Hola, Bane. - saludó Hagrid. - ¿Qué tal? -

- Buenas noches, Hagrid. - dijo Bane. - Espero que estés bien. -

- Sí, gracias. Mira, le estaba preguntando a Ronan si había visto algo extraño últimamente, han herido a un unicornio. ¿Sabes algo sobre eso? -

Bane se acercó a Ronan. Miró hacia el cielo y dijo: - Esta noche Marte brilla mucho… -

- ¡Y dale con Marte! - se quejó Harry desde su mente, cada vez más impaciente, mientras que Hermione seguía con los ojos bien abiertos sin decir nada. - ¿¡Es que no pueden decirnos algo útil!? -

- Eso dicen…- dijo Hagrid de malhumor. - Bueno, si alguno ve algo, me avisáis, ¿de acuerdo? Nosotros nos vamos…-

Harry y Hermione lo siguieron, saliendo del claro y mirando por encima del hombro a Ronan y Bane, hasta que los árboles los taparon.

- Nunca tratéis de obtener una respuesta directa de un centauro. - dijo Hagrid, irritado. - Son unos malditos astrólogos. No se interesan por nada más cercano que la luna. -

- ¿Y hay muchos de ellos aquí? - preguntó Hermione.

- Oh, unos pocos más...- respondió el guardabosques. - Se mantienen apartados la mayor parte del tiempo, pero siempre aparecen si quiero hablar con ellos. Los centauros tienen una mente profunda...saben cosas...pero no dicen mucho. -

- ¿Será un centauro lo que oímos antes? - pensó Harry, mientras intentaba averiguar quién hirió al unicornio. - No, no pueden ser ellos, debe de ser otra cosa. Además, aquella figura no parecía contar con patas de caballo precisamente…-

Pasaron a través de los árboles oscuros y tupidos. Harry tenía la desagradable sensación de que los vigilaban.

- Alguien nos vigila…- pensó Harry seriamente, con la varita en una mano, y Hermione en la otra. - apuesto que se trata del asesino…-

Acababan de pasar una curva en el sendero cuando Hermione vio algo alarmante.

- ¡Mirad! - exclamó. - ¡Chispas rojas, los otros tienen problemas! -

- ¡Vosotros esperad aquí! - gritó Hagrid mientras se alejaba de ellos. - ¡Quedaos en el sendero, volveré a buscaros! -

Lo oyeron alejarse y se miraron uno al otro, muy asustados, hasta que ya no oyeron más que las hojas que se movían alrededor.

- ¿Crees que les habrá pasado algo? - susurró Hermione, mas asustada que antes.

- A mí no me interesa lo que le suceda a esa serpiente despreciable de Malfoy. - dijo Harry de mala gana. - Pero si algo le sucede a Neville... jamás me lo perdonaré…-

- Harry…- susurró Hermione. Se acercó más a él y lo abrazó con fuerza.

- Tranquila, - dijo Harry con una sonrisa. - no estés nerviosa. Además, me tienes a mí. - sintió como su corazón latía bruscamente, y deseaba permanecer abrazada a ella durante mucho tiempo.

- Eso es verdad. - susurró Hermione. - Pero…es el bosque prohibido…y sin Hagrid aquí…-

- En eso tienes razón, este bosque es desconocido para nosotros…- admitió el azabache, pero resignado a dejarse invadir por el miedo.

Los minutos pasaban lentamente. Les parecía que sus oídos eran más agudos que nunca. Harry detectaba cada ráfaga de viento, cada ramita que se rompía. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Dónde estaban los otros?

Por fin, un ruido de pisadas crujientes les anunció el regreso de Hagrid. Harry y Hermione, que seguían abrazados, se separaron rápidamente con sonrojos en la cara, y desviando la mirada de uno del otro. Malfoy, Neville y Fang estaban con Hagrid, y él estaba furioso. Malfoy se había escondido detrás de Neville y, en broma, lo había cogido. Neville se aterró y envió las chispas.

- Vamos a necesitar mucha suerte para encontrar algo, - dijo Hagrid. - después del alboroto que habéis hecho. Bueno, ahora voy a cambiar los grupos...Neville, tú te quedas conmigo y Hermione. Harry, tú vas con Fang y este idiota. - añadió, señalando a Malfoy. Se acercó a Harry y le dijo en voz baja: - Lamento las molestias…-

- No te preocupes Hagrid, - dijo Harry con una sonrisa malévola. - yo me aseguraré de que el idiota no se meta en más problemas…- se sintió muy satisfecho cuando vio la cara de terror de Malfoy.

- Bien, lo dejo en tus manos Harry. - dijo Hagrid, mientras se iba junto con Neville y Hermione. - Ustedes dos, síganme. -

Así que Harry se internó en el corazón del bosque, con Malfoy y Fang. Anduvieron cerca de media hora, internándose cada vez más profundamente, hasta que el sendero se volvió casi imposible de seguir, porque los árboles eran muy gruesos.

Harry pensó que la sangre también parecía más espesa, había manchas en las raíces de los árboles, como si la pobre criatura se hubiera arrastrado en su dolor. Harry pudo ver un claro, más adelante, a través de las enmarañadas ramas de un viejo roble.

- Hm…no debe de andar muy lejos…- susurró Harry, sonriendo con arrogancia, mientras que Malfoy parecía aterrorizado. - Ignoro si vayas a hacerme caso, pero por el bien de tu existencia, te aconsejo no precipitarte…-

Algo de un blanco brillante relucía en la tierra. Se acercaron más y pudieron verlo: era el unicornio y estaba muerto.

Harry nunca había visto nada tan hermoso y tan triste, sus largas patas delgadas estaban dobladas en ángulos extraños por su caída y su melena color blanco perla se desparramaba sobre las hojas oscuras.

- Esto es horrible…- pensó Harry, mirando con tristeza el cadáver del unicornio. - No puedo creer que exista un ser capaz de hacerle algo así a un pobre unicornio…-

El azabache había dado un paso hacia el unicornio, cuando un sonido de algo que se deslizaba lo hizo congelarse en donde estaba. Un arbusto que estaba en el borde del claro se agitó... Entonces, de entre las sombras, una figura encapuchada se acercó gateando, como una bestia al acecho. Harry apuntó hacia él con su varita.

- ¿¡QUIEN ERES TU!? - gritó, con algo de temor en su interior.

Malfoy y Fang permanecieron paralizados. La figura encapuchada llegó hasta el unicornio, bajó la cabeza sobre la herida del animal y comenzó a beber su sangre.

- ¡AAAAAAAAAAAAAH! - Malfoy dejó escapar un terrible grito y huyó... lo mismo que Fang.

- ¡Tch! Gallina…- pensó Harry, aún centrado en el encapuchado. - Bueno, de todos modos, él solo estorbaría aquí…-

La figura encapuchada levantó la cabeza y miró directamente a Harry. La sangre del unicornio le chorreaba por el pecho, se puso de pie y se acercó rápidamente hacia él.

Harry se preparó para atacar al encapuchado, pero de pronto, un dolor le perforó la cabeza, algo que nunca había sentido, como si la cicatriz estuviera incendiándose.

- ¡Ah! ¡Esta vez me duele más! ¡No! ¡No es un buen momento! - pensó Harry, con los ojos cerrados, mientras luchaba por permanecer en pie y enfrentar al encapuchado.

Pasaron unos minutos antes de que se calmara. Cuando abrió los ojos, la figura se había ido. Un centauro estaba ante él. No era ni Ronan ni Bane, éste parecía más joven, tenía cabello rubio muy claro, cuerpo pardo y cola blanca.

- ¿Estás bien? - preguntó el centauro.

- Sí...gracias por tu ayuda. - dijo Harry agradecido. - ¿Sabes qué era eso? -

Antes de responder, observó a Harry con cuidado, fijando la mirada en la cicatriz que se veía amoratada en la frente de Harry.

- Tú eres el chico Potter. - dijo el centauro. - Es mejor que regreses con Hagrid. El bosque no es seguro en esta época en especial para ti. ¿Puedes cabalgar? Así será más rápido...mi nombre es Firenze. - añadió, mientras bajaba sus patas delanteras, para que Harry pudiera montar en su lomo.

- Mucho gusto Firenze, yo soy Harry Potter. - dijo el azabache. - Y si, puedo cabalgar, pero… ¿Estás seguro? - preguntó dudoso. - Leí que para un centauro el que una persona cabalgué sobre él es una ofensa muy grave…-

- No si se trata de ti, Harry Potter…- repuso Firenze, mientras que Harry montaba encima de él.

Del otro lado del claro llegó un súbito ruido de cascos al galope. Ronan y Bane aparecieron velozmente entre los árboles, resoplando y con los flancos sudados.

- ¡Firenze! - rugió Bane. -¿¡Qué estás haciendo!? ¡Tienes un humano sobre el lomo! ¿¡No te da vergüenza!? ¿¡Es que eres una mula ordinaria!? -

- ¿Te das cuenta de quién es? - inquirió Firenze. - Es el chico Potter. Cuanto antes se vaya del bosque, mejor. -

- ¿Qué le has estado diciendo? - gruñó Bane. - Recuerda, Firenze, juramos no oponernos a los cielos. ¿No has leído en el movimiento de los planetas lo que sucederá? -

Ronan dio una patada en el suelo con nerviosismo. - Estoy seguro de que Firenze pensó que estaba obrando lo mejor posible…- dijo, con voz sombría.

También Bane dio una patada, enfadado. - ¿¡Lo mejor posible!? - repitió con ira. - ¿¡Qué tiene eso que ver con nosotros!? ¡Los centauros debemos ocuparnos de lo que está vaticinado! ¡No es asunto nuestro el andar como burros buscando humanos extraviados en nuestro bosque! -

De pronto, Firenze levantó las patas con furia y Harry tuvo que aferrarse para no caer.

- ¿¡No has visto ese unicornio!? - preguntó Firenze a Bane. - ¿¡No comprendes por qué lo mataron!? ¿¡O los planetas no te han dejado saber ese secreto!? ¡Yo me lanzaré contra el que está al acecho en este bosque, con humanos sobre mi lomo si tengo que hacerlo! -

Y Firenze partió rápidamente, con Harry sujetándose lo mejor que podía, y dejó atrás a Ronan y Bane, que se internaron entre los árboles.

- ¿Lo ves, Firenze? - susurró Harry con preocupación. - Están ofendidos, no debiste dejarme montar…-

- No te preocupes Harry Potter. - dijo Firenze. - Para mí es todo un honor…-

- Vale…por cierto, ¿qué era esa cosa de la que me salvaste? – preguntó Harry.

Firenze redujo el paso y previno a Harry que tuviera la cabeza agachada, a causa de las ramas, pero no contestó. Siguieron andando entre los árboles y en silencio, durante tanto tiempo que Harry creyó que Firenze no volvería a hablarle, sin embargo, cuando llegaron a un lugar particularmente tupido, Firenze se detuvo.

- Harry Potter, ¿sabes para qué se utiliza la sangre de unicornio? – preguntó.

- No, me temo que aún no he encontrado ese apartado. – respondió Harry. - ¿Por qué lo preguntas? – preguntó, preocupado por la respuesta.

- Eso es porque matar un unicornio es algo monstruoso. - dijo Firenze con tristeza. - Sólo alguien que no tenga nada que perder y todo para ganar puede cometer semejante crimen. La sangre de unicornio te mantiene con vida, incluso si estás al borde de la muerte, pero a un precio terrible. Si uno mata algo puro e indefenso para salvarse a sí mismo, conseguirá media vida, una vida maldita, desde el momento en que la sangre toque sus labios…-

- Pero…¿quién estaría tan desesperado? - preguntó Harry, con los brazos cruzados y pensativo. - Si te van a maldecir para siempre, la muerte es mejor, ¿no crees? -

- Es así, - dijo Firenze. - a menos que lo único que necesites sea mantenerte vivo el tiempo suficiente para beber algo más, algo que te devuelva toda tu fuerza y poder, algo que haga que nunca mueras. ¿Harry Potter, sabes qué está escondido en el colegio en este preciso momento? -

- ¡La Piedra Filosofal! - saltó el azabache. - ¡Por supuesto...el Elixir de Vida! Pero no entiendo, quién...-

- ¿No puedes pensar en nadie que haya esperado muchos años para regresar al poder, que esté aferrado a la vida, esperando su oportunidad? -

Fue como si un puño de hierro cayera súbitamente sobre la cabeza de Harry. Por encima del ruido del follaje, le pareció oír una vez más lo que Hagrid le había dicho la noche en que se conocieron: "Algunos dicen que murió. En mi opinión, son tonterías. No creo que le quede lo suficiente de humano como para morir".

Abrió los ojos violentamente y susurró: - No puede ser…me estás diciendo…que el que mató al unicornio…y bebió de su sangre…¿era Voldemort? - se sentía incapaz de creerse aquella revelación.

- ¡Harry! - Hermione corría hacia ellos por el sendero, con Hagrid resoplando detrás. - Harry, ¿¡estás bien!? -

- Estoy bien…- dijo Harry, recibiendo el cálido abrazo de preocupación de Hermione, con mucho gusto. Dirigió su mirada hacia Hagrid y le dijo: - Me temo que el unicornio está muerto Hagrid. Está en ese claro de ahí atrás...- añadió.

- Aquí es donde te dejo, ya estás a salvo…- murmuró Firenze, mientras Hagrid corría a examinar al unicornio - Buena suerte, Harry Potter… Los planetas ya se han leído antes equivocadamente, hasta por centauros. Espero que ésta sea una de esas veces. -

Se volvió y se internó en lo más profundo del bosque, dejando a Harry entre preocupado y furioso. De ser todo esto cierto, solo podía significar algo. Tal y como algunos temían, Voldemort estaba vivo.

Ron se había quedado dormido en la oscuridad de la sala común, esperando a que volvieran. Cuando Harry lo sacudió para despertarlo, gritó algo sobre una falta en Quidditch. Sin embargo, en unos segundos estaba con los ojos muy abiertos, mientras Harry les contaba, a él y a Hermione, lo que había sucedido en el bosque.

- Esta es mi conclusión. - explicó Harry, con las manos en la espalda y paseando de un lado para otro, con un rostro serio. - Snape quiere la piedra para Voldemort...¡Y todo este tiempo pensábamos que Snape sólo quería ser rico! Maldita sea…-

- ¡Deja de decir ese nombre! - dijo Ron, en un aterrorizado susurro, como si pensara que Voldemort pudiera oírlos.

- ¡VOLDEMORT! - rugió Harry con furia.

- ¡Harry! - exclamaron Ron y Hermione, temblorosos.

- ¿Cuantas veces os lo tengo que repetir? - bufo el azabache. - ¡No tengo miedo de ese estúpido nombre! Así que, por última vez, no me molestes con esa tontería, Ronald. - se aclaró la garganta antes de continuar. - Firenze me salvó, pero no debía haberlo hecho, ya que Bane estaba furioso...Hablaba de interferir en lo que los planetas dicen que sucederá, deben decir que Voldemort ha vuelto. Bane piensa que Firenze debió dejar que Voldemort me matara…Supongo que eso también está escrito en las estrellas, menudo consuelo…- añadió, riendo con un poco de ironía. Hermione escuchaba el relato con atención, mientras que Ron se estremecía cada vez que Harry pronunciaba el nombre de Voldemort. - De modo, que lo único que tengo que hacer es esperar a que Snape robe la Piedra, entonces Voldemort podrá venir y acabar conmigo…Bueno, tampoco es que se lo vaya a poner tan fácil… - susurró con una sonrisa triste, mientras contemplaba el fuego de la chimenea.

Hermione parecía muy asustada, pero tuvo unas palabras de consuelo. - Harry, todos dicen que Dumbledore es al único al que "quien tú sabes" siempre ha temido. - dijo. - Con Dumbledore por aquí, "quien tú sabes" no te tocará. De todos modos, ¿quién puede decir que los centauros tienen razón? A mí me parecen adivinos, y la profesora McGonagall dice que ésa es una rama de la magia muy inexacta. -

Cuando Harry regresó a su habitación, y abrió la cama, encontró su capa invisible, cuidadosamente doblada. Tenía sujeta una nota…

Por si las dudas.

- Oh…gracias, seas quien seas…- agradeció Harry mentalmente, mientras doblaba la nota y guardaba su capa invisible en su baúl.

Capítulo 16 - Hay que proteger la Piedra.

Los días pasaron, y no había dudas de que Fluffy seguía bien y con vida, detrás de la puerta cerrada, custodiando la Piedra Filosofal.

Hacía mucho calor, en especial en el aula grande donde se examinaban por escrito. Les habían entregado plumas nuevas, especiales, que habían sido hechizadas con un encantamiento anti-trampa, para haber los exámenes teóricos.

A Harry no le hizo mucha gracia.

- ¡Bah! Ni que fuera a copiarme de alguien. - pensó bufando. - Menuda falta de confianza…-

También tenían exámenes prácticos, El profesor Flitwick los llamó uno a uno al aula, para ver si podían hacer que una piña bailara claqué encima del escritorio, La profesora McGonagall los observó mientras convertían un ratón en una caja de rapé, ganaban puntos las cajas más bonitas, pero los perdían si tenían bigotes.

- Pues es una pena que perdamos puntos por ponerle bigotes, me recordaría a la remolacha con bigotes en la que se convierte tío Vernon cada vez que se enfada. - pensó Harry, riendo como un tonto.

Snape los puso nerviosos a todos, respirando sobre sus nucas mientras trataban de recordar cómo hacer una poción para olvidar. Sin embargo, y para aumentar más su malhumor, Harry y Hermione recordaron como hacer la poción.

- Como le pica que seamos los primeros de la clase…- pensó el azabache con arrogancia.

Harry intentaba hacer caso omiso de las punzadas que sentía en la frente, un dolor que le molestaba desde la noche que había estado en el bosque. Neville pensaba que su compañero azabache era un caso grave de nerviosismo, porque no podía dormir por las noches. Pero la verdad era que Harry se despertaba por culpa de su vieja pesadilla, que se había vuelto peor, porque la figura encapuchada aparecía chorreando sangre plateada.

Tal vez porque ellos no habían visto lo que Harry vio en el bosque, o porque no tenían cicatrices ardientes en la frente, Ron y Hermione no parecían tan preocupados por la Piedra como él. La idea de Voldemort regresando los atemorizaba, desde luego, pero no los visitaba en sueños y estaban tan ocupados repasando que no les quedaba tiempo para inquietarse por lo que Snape o algún otro estuvieran tramando.

Prueba tras prueba, y examen tras examen, Harry fue cumpliendo con todas las expectativas, realizando con éxito todas sus pruebas, tanto teóricas como prácticas. Para el descontento de Snape, este no tuvo más remedio que darle la nota más alta en el examen de pociones, al igual que a Hermione, ya que Dumbledore le encargó a la profesora McGonagall que se asegurara de vigilarle durante su prueba, por lo que Snape no tuvo más remedio que ser imparcial.

- Chúpate esa, Snivellus. - se burló el azabache desde su mente, haciendo un gesto ganador.

Ron se preguntaba como Harry y Hermione se enteraban de sus notas antes de que estas salieran en el pergamino oficial. El azabache le explicó que después de cada examen, Hermione y él se pegaban a la puerta de cada clase a escuchar si de casualidad oían sus notas. Los profesores no decían exactamente la puntuación, pero por sus comentarios, ellos ya se hacían una idea.

El último examen era Historia de la Magia. Una hora respondiendo preguntas sobre viejos magos chiflados que habían inventado calderos que revolvían su contenido, y estarían libres, libres durante toda una maravillosa semana, hasta que recibieran los resultados definitivos de los exámenes.

Cuando el fantasma del profesor Binns les dijo que dejaran sus plumas y enrollaran sus pergaminos, Harry dejó escapar un suspiro. Para él estuvo tirado, pero obviamente, era estresante, sentía que la historia le saturaba el cerebro.

- Esto ha sido mucho más fácil de lo que pensé. - dijo Hermione, cuando se reunieron con los demás en el parque soleado. - No necesitaba haber estudiado el Código de Conducta de los Hombres Lobo de 1637 o el levantamiento de Elfrico el Vehemente.

- ¿También los repasaste? - preguntó Harry con orgullo, y contento por haber hecho bien su prueba. - Mejor, aunque reconozco que habría sido interesante si nos hubieran puesto preguntas relacionadas con ambos temas. -

- En eso tienes razón. - dijo Hermione muy sonriente.

A Hermione siempre le gustaba volver a repetir los exámenes. Harry también veía aquello con buenos ojos, pero él era más de expandir conocimientos prácticos. Por otra parte, Ron dijo que iba a ponerse malo si no se tomaban un respiro. Así que al final se fueron hacia el lago y se dejaron caer bajo un árbol.

Los gemelos Weasley y Lee Jordan se dedicaban a pinchar los tentáculos de un calamar gigante que tomaba el sol en la orilla.

- Os lo suplico, dejad un poco los repasos…- suspiró Ron, estirándose en la hierba. – Mejor alégrense. Aún falta una semana para que sepáis que sois los mejores, mientras que de seguro a mí me van a dar por todos lados, no hace falta preocuparse ahora. –

- ¡Tch! - se quejó Harry, mientras se frotaba la cicatriz. - Me gustaría saber qué significa esto…mi cicatriz sigue doliéndome. Me ha sucedido antes, pero nunca tanto tiempo seguido como ahora…-

- Ve a ver a la señora Pomfrey, - sugirió Hermione. - tal vez ella pueda ayudarte. -

- No estoy enfermo. - bufó Harry. - Creo que es un aviso, una señal de peligro inminente, pero no uno cualquiera…-

Ron no podía agitarse, hacía demasiado calor. - Harry, relájate, Hermione tiene razón, la Piedra está segura mientras Dumbledore esté aquí. De todos modos, nunca hemos tenido pruebas de que Snape encontrara la forma de burlar a Fluffy. Casi le arrancó la pierna una vez, no va a intentarlo de nuevo. Y Neville jugará al Quidditch en el equipo de Inglaterra antes de que Hagrid traicione a Dumbledore. -

Harry no pudo evitar reír ante ese último comentario. - Supongo que tienes razón…hablando del Quidditch, el sábado tenemos partido contra Ravenclaw, si ganamos nos alzaremos con el título. – dijo un poco más animado.

- Eso es, tu mejor piensa en el partido. - dijo, sorprendentemente, Hermione. - Después de todo, los exámenes ya terminaron. -

Harry asintió, pero no pudo evitar la furtiva sensación de que se había olvidado de hacer algo, algo importante. Estaba seguro de que aquella sensación inquietante nada tenía que ver con los exámenes. Vio una lechuza que volaba hacia el colegio, por el brillante cielo azul, con una nota en el pico. Hagrid era el único que le había enviado cartas, el nunca traicionaría a Dumbledore, nunca le diría a nadie cómo pasar ante Fluffy...nunca...pero...

- ¡ESO ES! - exclamó Harry, poniéndose en pie de un salto.

- ¿Adónde vas? - preguntó Ron con aire soñoliento.

- ¡Acabo de pensar en algo! - dijo Harry, con la tensión por las nubes. - ¡Tenemos que ir a ver a Hagrid ahora! -

- ¿¡Por qué!? - inquirió Hermione, mientras se levantaba.

- Decidme, - dijo Harry, subiendo por la colina cubierta de hierba - ¿¡no os parece un poco raro que lo que más deseara Hagrid fuera un dragón!? ¿¡Y que de pronto aparezca un desconocido que casualmente tiene un huevo en el bolsillo!? ¿¡Cuánta gente anda por ahí con huevos de dragón, que están prohibidos por las leyes de los magos!? ¿¡Por qué narices no se me ocurrió antes!? - se quejó, mientras se acercaban a la cabaña del guardabosques.

Hagrid estaba sentado en un sillón, fuera de la casa, con los pantalones y las mangas de la camisa arremangados, y desgranaba guisantes en un gran recipiente.

- Hola. ¿Habéis terminado los exámenes? - preguntó Hagrid sonriente. - ¿Tenéis tiempo para beber algo? -

- ¡Claro! - sonrió Ron, pero Harry lo interrumpió.

- ¡No! – bramó. - Tenemos prisa. Hagrid ¿Te acuerdas de la noche en que ganaste a Norberto? ¿Cómo era el desconocido con el que jugaste a las cartas? -

- No lo sé, no se quitó la capa. - dijo Hagrid sin darle importancia. Vio que los tres chicos lo miraban asombrados y arqueó las cejas. - No es tan inusual, hay mucha gente rara en Cabeza de Puerco, el bar de la aldea. Podría ser un traficante de dragones, ¿no? No llegué a verle la cara porque no se quitó la capucha. -

Harry, al igual que Hermione y Ron, palidecieron.

Esto no puede ser…- pensó el azabache antes de preguntar: - ¿De qué hablaste con él, Hagrid? ¿Mencionaste Hogwarts? –

- Puede ser, sí...- dijo Hagrid, con rostro ceñudo, tratando de recordar - Me preguntó qué hacía y le dije que era guardabosques aquí... de qué tipo de animales me ocupaba... se lo expliqué... y le conté que siempre había querido tener un dragón... y luego... no puedo recordarlo bien, porque me invitó a muchas copas. Déjame ver... ah sí, me dijo que tenía el huevo de dragón y que podía jugarlo a las cartas si yo quería... pero que tenía que estar seguro de que iba a poder con él, no quería dejarlo en cualquier lado... Así que le dije que, después de Fluffy, un dragón era algo fácil. -

- ¿Y él... pareció interesado en Fluffy? - preguntó Harry, tratando de conservar la calma.

- Bueno... sí... es normal. ¿Cuántos perros con tres cabezas has visto? Entonces le dije que Fluffy era buenísimo si uno sabía calmarlo, tocando música se dormía en seguida...- de pronto, Hagrid pareció horrorizado. - ¡No debí decir eso! ¡Olvidad que lo dije! ¡Eh! ¿¡adónde vais!? –

Harry, Ron y Hermione no se hablaron hasta llegar al vestíbulo de entrada, que parecía frío y sombrío, después de haber estado en el parque.

- ¡Tenemos que ir a ver a Dumbledore! ¡Hagrid le dijo al encapuchado cómo pasar ante Fluffy, y sólo podía ser Snape o Voldemort! - exclamaba Harry sin parar. - No fue difícil, después de emborrachar a Hagrid. Sólo espero que Dumbledore nos crea. -

Miraron alrededor, como si esperaran que alguna señal se lo indicara. Nunca les habían dicho dónde vivía Dumbledore, ni conocían a nadie a quien hubieran enviado a verlo.

- ¿Qué estáis haciendo los tres aquí dentro? - Dijo la profesora McGonagall, que llevaba muchos libros.

- Queremos ver al profesor Dumbledore. - dijo Hermione, agitada por la carrera.

- ¿Ver al profesor Dumbledore? ¿Por qué? - repitió la profesora, como si pensara que era algo inverosímil.

- Es algo importante, algo que hablamos con él hace unos días. – mintió Harry para restarle importancia al asunto. Sus amigos lo miraron con curiosidad.

- El profesor Dumbledore se fue hace diez minutos. - explicó la profesora McGonagall. - Recibió una lechuza urgente del ministro de Magia y salió volando para Londres de inmediato. –

- Se fue…- susurró Ron.

- Tenía que ser ahora…- seguido de Hermione.

- De acuerdo…- dijo Harry, con comprensión. - Entonces no hay nada que hacer, nosotros nos vamos, con permiso. -

Y antes de que la profesora McGonagall pudiera decir algo más, Harry arrastró a Hermione y Ron fuera del castillo.

- ¿¡Pero, porque Harry!? – preguntó Hermione con exaltación.

- ¿¡Que pasa con Snape y la Piedra!? – inquirió Ron muy confuso.

- Sin pruebas, no podemos demostrar nada…- aclaró Harry. – La profesora McGonagall no nos creerá. - ante ese dato, los dos solo pudieron ponerse cabizbajos. - Será esta noche. - dijo con gravedad. - Snape pasará por la trampilla esta noche. Ya ha descubierto todo lo que necesitaba saber y ahora ha conseguido quitarse de en medio a Dumbledore. Es evidente que él envió esa nota para que se marchara a Londres. Seguro que el ministro de Magia tendrá una verdadera sorpresa cuando aparezca Dumbledore.

- ¿Y ahora que hacemos Harry? – pregunto Hermione. Era toda una sorpresa que, por una vez, ella no supiera qué hacer.

- Bueno, al parecer no hay más opciones…- dijo el azabache, con una sonrisa orgullosa. - Iré esta noche, trataré de llegar y conseguir la Piedra antes que Snape. –

- ¡Estás loco! - dijo Ron.

- ¡No puedes hacer eso! - exclamó Hermione muy preocupada. - ¡Si te pillan te expulsarán! –

- ¡No importa! ¿¡No comprendéis la situación!? ¡Si Snape consigue la Piedra, Voldemort regresará! - gritó Harry, con furia. - ¿¡No habéis oído cómo eran las cosas cuando él trataba de apoderarse de mundo!? ¡Ya no habrá ningún colegio para que nos expulsen! ¡Lo destruirán o lo convertirán en un colegio para las Artes Oscuras! Perder puntos ahora es irrelevante. ¿Creéis que él dejará que vosotros y vuestras familias estén tranquilos, si Gryffindor gana la Copa de la Casa? – Ron se puso pálido. - No…ahora hay vidas en juego. Voy a entrar por esa trampilla, esta noche, y nada de lo que digáis me detendrá. Voldemort mató a mis padres, ¡no dejaré que nadie más muera por su culpa! - añadió con determinación.

- Tienes razón, Harry…- dijo Hermione, casi sin voz.

- Llevaré la capa invisible. – dijo el azabache. - Afortunadamente la he recuperado. -

- Pero ¿nos cubrirá a los tres? - preguntó Ron.

- ¿A los tres? – repitió Harry, frunciendo el entrecejo.

- Oh, vamos, - bufó Ron. - ¿no pensarás que te vamos a dejar ir solo? -

- ¡Por supuesto que no! - saltó Hermione con voz enérgica. - ¿¡Cómo crees que vas a conseguir la Piedra sin nosotros!? -

- Pero chicos…- Harry estaba incrédulo ante lo que escuchaba. - Si nos atrapan, también os expulsarán a vosotros. -

- Ya que no podemos detenerte, tu tampoco puedes hacer lo mismo con nosotros. - dijo Hermione tajante, mientras que Ron asentía con aprobación. - Iremos contigo Harry, lo quieras o no. -

Harry sonrió. – Es una suerte enorme el contar con amigos como vosotros…- pensó.

Tras la cena, los tres se sentaron en la sala común, lejos de todos. Nadie los molestó: después de todo, ninguno de los de Gryffindor hablaba con Harry, pero ésa fue la primera noche que no le importó. Hermione revisaba sus apuntes, confiando en encontrar algunos de los encantamientos que debería conjurar. Harry y Ron no hablaban mucho. Ambos pensaban en lo que harían. Poco a poco, la sala se fue vaciando y todos se fueron a acostar.

- Será mejor que vayas a buscar la capa…- murmuró Ron, mientras Lee Jordan finalmente se iba, bostezando y desperezándose.

Harry corrió por las escaleras hasta su dormitorio oscuro, sacó la capa y entonces su mirada se fijó en la flauta que Hagrid le había regalado para Navidad.

- Hm…podría serme útil contra Fluffy…- pensó Harry mientras cogía también la flauta y regresaba a la sala común.

- Es mejor que nos pongamos la capa aquí y nos aseguremos de que nos cubra a los tres. – sugirió Hermione. - Si Filch descubre a uno de nuestros pies andando solo por ahí...-

- ¿Qué vais a hacer? - dijo una voz desde un rincón, Neville apareció detrás de un sillón, aferrado al sapo Trevor, que parecía haber intentado otro viaje a la libertad.

- Nada, Neville, nada…- dijo Harry, escondiendo la capa detrás de la espalda.

Neville observó sus caras de culpabilidad. - Vais a salir de nuevo, ¿verdad? -

- No, no, no, no haremos nada. ¿Por qué no te vas a la cama, Neville? – Preguntó Hermione sonriendo con nervios de por medio.

Harry miró al reloj de pie que había al lado de la puerta. No podían perder más tiempo, Snape ya debía de estar haciendo dormir a Fluffy.

- ¡No, no podéis iros! - exclamó Neville. - ¡Os volverán a atrapar! ¡Y Gryffindor tendrá más problemas! -

- Tú no lo sabes lo que está pasando, - dijo Harry con seriedad. - esto es importante. -

Pero era evidente que Neville haría algo desesperado. - ¡No dejaré que lo hagáis! ¡Voy... voy a pelear con vosotros! -

- Oh venga, ¡Neville! - estalló Ron. - ¡Apártate de ese agujero y no seas idiota! -

- Ronald…- Harry rodó los ojos.

- ¡No me llames idiota! - bramó Neville, enfadándose. - ¡No me parece bien que sigáis faltando a las reglas! ¡Y tú fuiste el que me dijo que hiciera frente a la gente! -

- Sí, pero no a nosotros. - se quejó Ron, rodando los ojos.

Harry blandió su varita y apuntó a Neville. - De acuerdo Neville…- dijo con calma. - supongo que no me dejas otra opción. Pero que sepas que es por tu bien…- agitó la varita y dijo: - ¡Petrificus Totalus! -

Los brazos de Neville se pegaron a su cuerpo, sus piernas se juntaron, todo el cuerpo se le puso rígido, se balanceó y luego cayó al suelo, rígido como un tronco. Neville tenía la mandíbula rígida y no podía hablar. Sólo sus ojos se movían, mirándolos horrorizado.

- ¡Cielos! - saltó Hermione. - ¿Era necesario que recurrieras al encantamiento de inmovilización total? -

- Lamentablemente, sí. - repuso el azabache.

- Tío, eso ha sido bastante aterrador. - susurró Ron.

Harry se acercó a Neville y le dijo con una sonrisa triste: - Espero que puedas llegar a disculparme por esto, Neville…-

- Luego te lo explicamos…- dijo Hermione. - y lo sentimos mucho…-

- Si, después lo comprenderás …- añadió Ron, mientras se alejaban para cubrirse con la capa invisible.

Pero dejar a Neville inmóvil en el suelo no parecía un buen augurio. En aquel estado de nervios, cada sombra de una estatua les parecía que era Filch, y cada silbido lejano del viento les parecía Peeves que los perseguía.

Al pie de la primera escalera, divisaron a la Señora Norris.

- Oh, vamos a darle una patada, sólo una vez…- murmuró Ron en el oído de Harry, que negó con la cabeza.

- No quiero arriesgarme a que avise al conserje gruñón. – pensó el azabache. – Y luego este avise a McGonagall, y luego ella le diga a Dumbledore que nos expulsen y…-

Mientras pasaban con cuidado al lado de la gata, ésta volvió la cabeza con sus ojos como linternas, pero no los vio.

No se encontraron con nadie más, hasta que llegaron a la escalera que iba al tercer piso. Peeves estaba flotando a mitad de camino, aflojando la alfombra para que la gente tropezara.

- ¿Quién anda por ahí? - dijo súbitamente, mientras subían hacia él. Entornó sus malignos ojos negros. - Sé que estáis aquí, aunque no pueda veros. ¿Aparecidos, fantasmas o estudiantillos detestables? –

Se elevó en el aire y flotó, mirándolos de soslayo. - Llamaré a Filch, debo hacerlo, si algo anda por ahí y es invisible. –

- Oh, vete al diablo estúpido poltergeist…Ni hablar, no quería hacer esto, pero…- pensó Harry, antes de poner voz ronca. - Peeves, el Barón Sanguinario tiene sus propias razones para ser invisible. -

Peeves casi se cayó del aire de la impresión, se sostuvo a tiempo y quedó a unos centímetros de la escalera.

- Lo siento mucho, sanguinaria señoría…- dijo en tono meloso. - Fue por mi culpa, ha sido una equivocación... no lo vi... por supuesto que no, usted es invisible, perdoné al viejo Peeves por su broma, señor…-

- ¡Tengo asuntos que atender, Peeves! - gruñó Harry con la voz ronca. - ¡Mantente lejos de este lugar o te seguiré…te alcanzaré…te atraparé…y luego…! -

- ¡Lo haré, señoría, desde luego que lo haré! - dijo Peeves, elevándose otra vez en el aire y desapareciendo de su vista.

- ¡Genial, Harry! - susurró Ron.

- Ya, pero no me gusta depender del Barón Sanguinario. – bufó el azabache. – Ese maldito fantasma de Slytherin…en fin, vamos. -

Unos pocos segundos más tarde estaban allí, en el pasillo del tercer piso. La puerta ya estaba entreabierta.

- Bueno… - suspiró Harry. - Como podéis ver, Snivellus ya ha pasado ante Fluffy. -

- Espera, - dijo Ron, soltando una risita. - ¿Quién es ese Snivellus? -

- Ah, así es como llamo al imbécil de Snape. – dijo Harry, encogiéndose de hombros. – No lo sé, pero en algunas ocasiones, en mis sueños, ese nombre sonaba con bastante frecuencia. Pienso que encaja bien con ese tonto. -

- No sabes cuánto. – sonrió el pelirrojo. – Es más corto que llamarle "Pelo grasiento" o "Nariz ganchuda". -

- Cállense. – replicó Hermione. – Ya tendréis tiempo de hablar sobre el apodo de Snape más adelante. -

Ver la puerta abierta les hizo tomar plena conciencia de aquello a lo que tenían que enfrentarse. Por debajo de la capa, Harry se volvió hacia los otros dos.

- Si queréis regresar, no os lo reprocharé. - dijo Harry, con la esperanza de no poner en peligro a sus dos mejores amigos. - Podéis llevaros la capa, no la voy a necesitar. –

- No seas estúpido. - bufó Ron.

- Vamos contigo. - repuso Hermione.

- Oh…¿porque serán tan necios? - pensó Harry, mientras empujaba la puerta. - Me están siguiendo hacia un peligro mortal como si nada. Sin embargo, estoy impresionado y a la vez feliz de contar con amigos como ellos. -

Cuando la puerta crujió, oyeron unos gruñidos, los tres hocicos del perro olfateaban en dirección a ellos, aunque no podía verlos.

- ¿Qué tiene en los pies? - susurró Hermione.

- Parece un arpa. - observó Ron. - Snivellus debe de haberla dejado ahí…-

- Lo que significa, que Fluffy despertará en el momento en que se dejó de tocar. - dijo Harry, reprimiendo una risa y llevándose a los labios la flauta para comenzar a soplar. - Bueno, empecemos...-

No era exactamente una melodía, pero desde la primera nota los ojos de la bestia comenzaron a cerrarse. Poco a poco, los gruñidos se fueron apagando, se balanceó, cayó de rodillas y luego se derrumbó en el suelo, profundamente dormido.

- Sigue tocando…- advirtió Ron a Harry, mientras salía de la capa y se arrastraba hasta la trampilla. Podía sentir la respiración caliente y olorosa del perro, mientras se aproximaba a las gigantescas cabezas.

- Creo que podemos abrir la trampilla. – susurró el pelirrojo, espiando por encima del lomo del perro. - ¿Hermione, quieres ir primero? -

- ¡No, no quiero! – respondió ella apresuradamente.

- Si, ya lo suponía…- Ron apretó los dientes y anduvo con cuidado sobre las patas del perro. Se inclinó y tiró de la argolla de la trampilla, que se levantó y abrió.

- ¿Qué puedes ver? - preguntó Hermione con ansiedad.

- Nada, está todo oscuro...- dijo Ron. - no hay forma de bajar. La única opción que tenemos es dejarnos caer. -

Harry, que seguía tocando la flauta, hizo un gesto para llamar la atención de Ron y se señaló a sí mismo.

- ¿Quieres ir primero? ¿Estás seguro? - preguntó Ron. - No sé cómo es de profundo ese lugar. Dale la flauta a Hermione, para que pueda seguir haciéndolo dormir. -

Harry le entregó la flauta y, en esos segundos de silencio, el perro gruñó y se estiró, pero en cuanto Hermione comenzó a tocar volvió a su sueño profundo. Harry se acercó y miró hacia abajo, no se veía el fondo. Se descolgó por la abertura y quedó suspendido de los dedos.

- Si algo me sucede, no sigáis. - dijo el azabache con tono severo. - Id directamente a la lechucería y enviad a Hedwig a Dumbledore, ¿entendido? -

- De acuerdo. - respondió Ron.

- Bien, nos vemos abajo. -

Y Harry se dejó caer, aterrizando en algo mullido, con un ruido suave y extraño. Se incorporó y miró alrededor, con ojos desacostumbrados a la penumbra. Parecía que estaba sentado sobre una especie de planta.

- ¡Todo bien! - gritó al cuadradito de luz del tamaño de un sello, que era la abertura de la trampilla. - ¡Fue un aterrizaje suave, podéis saltar! -

Ron lo siguió de inmediato, aterrizando al lado de Harry.

- ¿Qué es esta cosa? – preguntó Ron

- Aún no lo sé, parece una planta, - dijo el azabache. - pero no la veo del todo bien. Supongo que está aquí para amortiguar la caída, ¡Adelante, Hermione! -

La música lejana se detuvo. Se oyó un fuerte ladrido, pero Hermione ya había saltado, cayendo al otro lado de Harry.

- Debemos de estar a kilómetros debajo del colegio…- dijo ella.

- Me alegro de que esta planta esté aquí…- suspiró Ron.

- ¿¡Te alegras!? - gritó Hermione de pronto. - ¡Miraos! -

Hermione saltó y chocó contra una pared húmeda. Tuvo que luchar porque, en el momento en que cayó, la planta comenzó a extenderse como una serpiente para sujetarle los tobillos. Harry y Ron, mientras tanto, ya tenían las piernas totalmente cubiertas, sin que se hubieran dado cuenta.

- ¡Oh, no! – se quejó Harry. - ¿Cómo no pude darme cuenta? Si tan solo me hubiera apartado rápidamente…-

Hermione pudo liberarse antes de que la planta la atrapara. En aquel momento miraba horrorizada, mientras los chicos luchaban para quitarse la planta de encima, pero mientras más luchaban, la planta los envolvía con más rapidez.

- ¡Agh! ¡Ya sé lo que es! - gritó Harry, mientras luchaba contra la planta. - ¡Un lazo del diablo! ¡Sabía que era demasiado raro tener tanta suerte! -

- ¡Oh, me alegro mucho de saber cómo se llama, es de gran ayuda! - gruñó Ron, tratando de evitar que la planta trepara por su cuello.

- ¡Oh, cállate! – se quejó Harry. Estaba demasiado ocupado con la planta.

- ¡De acuerdo, cálmense! - gimoteó Hermione. - ¡Estoy tratando de recordar cómo matarla! -

- ¡Hermione…recuerda…esta planta solo puede estar en la oscuridad, en la humedad! - masculló Harry, mientras la planta lo estaba apretujando. - ¡Tienes que quemarla! –

- Sí...por supuesto... ¡pero no tengo madera! - gimió Hermione, retorciéndose las manos.

- ¡Por el amor del cielo! - gritó de nuevo Harry, quien no conseguía coger su varita. - ¡El hechizo Incendio! ¡UTILIZA INCENDIO! -

- ¡Está bien! - gritó Hermione, agitando su varita y gritando: - ¡INCENDIO! -

Una ráfaga de fuego salió de la varita de la castaña. Las llamas envolvieron a la planta, en segundos, los dos muchachos sintieron que se aflojaban las ligaduras, mientras la planta se retiraba a causa de la luz y el calor. Retorciéndose y alejándose, se desprendió de sus cuerpos y pudieron moverse.

- Bien hecho Hermione. - le felicitó Harry con una sonrisa, mientras ayudaba a Ron a ponerse en pie. - Has estado genial. -

- Sí, y yo me alegro de que Harry no pierda la cabeza en momentos de crisis. - dijo Ron, frunciendo el entrecejo. - Porque eso de "no tengo madera"…o sea, eres una bruja, ¿no? -

- ¡Cállate! - se quejó Hermione, haciendo un puchero. - Con lo nerviosa que estaba no me acordaba del hechizo. Y además, ya estáis a salvo. Así que deja de quejarte. -

- Bueno, ya basta, estamos dentro y de momento estamos bien. - dijo Harry, recogiendo su varita del suelo. - Por ahora, tenemos que seguir, ¡Lumos! – dijo, encendiendo su varita para iluminarlos y conducir a sus amigos por un pasadizo de piedra el cual, era el único camino.

Lo único que podían oír, además de sus pasos, era el goteo del agua en las paredes.

El pasadizo bajaba oblicuamente y Harry se acordó de Gringotts. Con un desagradable sobresalto, recordó a los dragones que decían que custodiaban las cámaras, en el banco de los magos. Si encontraban un dragón, un dragón más grande...

- Norberto era una cría, pero un dragón adulto…- pensó el azabache, sintiendo deseos de tener un desafío digno en la aventura que estaban viviendo.

- ¿Oyes algo? - susurró Ron.

Harry escuchó un leve tintineo y un crujido, que parecían proceder de delante.

- ¿Será un fantasma? – preguntó Hermione.

- No, el sonido es más propio de un aleteo…- susurró Harry. - Como de insectos…-

Llegaron hasta el final del pasillo y vieron ante ellos una habitación brillantemente iluminada, con el techo curvándose sobre ellos. Estaba llena de pajaritos brillantes que volaban por toda la habitación, en el lado opuesto, había una pesada puerta de madera.

- ¿Crees que nos atacarán si cruzamos la habitación? - preguntó Ron.

- Solo hay un modo de averiguarlo. - respondió Harry. - Esperen aquí, iré yo primero. -

Cerró los ojos y cruzó corriendo la habitación. Esperaba sentir picos agudos y garras desgarrando su cuerpo, pero no sucedió nada. Alcanzó la puerta sin que lo tocaran. Movió la manija, pero estaba cerrada con llave.

Los otros dos lo imitaron. Tiraron y empujaron, pero la puerta no se movía.

- Vamos a ver...- dijo Hermione, blandiendo su varita y gritando "¡Alohomora!". Pero tampoco logró abrir la puerta. - Rayos, debe de tener algún encantamiento de seguridad especial. Hm…-

- Es evidente que esto no podía ser tan sencillo. - bufó Ron.

- Así parece ser. – suspiró Harry.

- ¿Y ahora qué hacemos? – preguntó Ron

Harry observó bien a los pajaritos brillantes que volaban, y se dio cuenta de algo. – Esos no son pajaritos…- susurró. - Son llaves…llaves aladas. Esto debe de ser cosa del profesor Flitwick, lo que quiere decir…- miró alrededor de la habitación, mientras los otros observaban la bandada de llaves. - Ajá... mirad ahí. – señaló. - Son escobas, la prueba consiste en conseguir la llave de la puerta. –

- ¡Pero hay cientos de llaves! – se quejó Hermione.

Ron examinó la cerradura de la puerta. – Hm…si es así, tenemos que buscar una llave grande, antigua, de plata. Probablemente, como la manija. -

- Bien, es hora de saber si tenéis madera para jugar al Quidditch. – sonrió Harry. - Coged unas escobas y seguidme. -

Cada uno cogió una escoba y de una patada estuvieron en el aire, remontándose entre la nube de llaves. Trataban de atraparlas, pero las llaves hechizadas se movían tan rápidamente que era casi imposible sujetarlas.

No obstante, el grupo contaba con Harry, el más joven buscador del siglo, con un don especial para detectar cosas que la otra gente no veía. Después de unos minutos moviéndose entre el remolino de plumas de todos los colores, detectó una gran llave de plata, con un ala torcida, como si ya la hubieran atrapado y la hubieran introducido con brusquedad en la cerradura.

- ¡Ahí está! ¡Tenemos que encerrarla! - gritó Harry, sin quitar los ojos de la llave con el ala estropeada. - ¡Ahora escuchadme! ¡Ron, ven desde arriba! ¡Hermione, quédate abajo y no la dejes descender! ¡Yo trataré de atraparla! ¿Estáis listos? ¡AHORA! - gritó, tras dar las instrucciones.

Ron se lanzó en picado, Hermione subió en vertical, la llave los esquivó a ambos, y Harry se lanzó tras ella. Iban a toda velocidad hacia la pared, Harry se inclinó hacia delante y, con un ruido desagradable, la aplastó contra la piedra con una sola mano. El resto de llaves cayeron y retumbaron por la habitación.

Aterrizaron rápidamente y Harry corrió a la puerta, con la llave retorciéndose en su mano, la metió en la cerradura y le dio la vuelta para abrir la vieja puerta. En el momento en que se abrió la cerradura, la llave salió volando otra vez, con aspecto de derrotada, pues ya la habían atrapado dos veces.

- Bien, siguiente…- dijo Harry con una sonrisa orgullosa, mientras entraba junto con sus amigos a la siguiente habitación. Felicitó a ambos por su cooperación y estupendo juego.

La habitación estaba tan oscura que no pudieron ver nada, pero cuando estuvieron dentro la luz súbitamente inundó el lugar, para revelar un espectáculo asombroso. Estaban en el borde de un enorme tablero de ajedrez, detrás de las piezas negras, que eran todas tan altas como ellos y construidas en lo que parecía piedra.

Frente a ellos, al otro lado de la habitación, estaban las piezas blancas. Harry, Ron y Hermione se estremecieron, pues las piezas blancas no tenían rostros.

- Vale…esto es un enorme tablero de ajedrez…- observó Harry, pensativo. - Por suerte, no solo tenemos a un experto, sino al mejor en la materia. ¿Ronnie? -

- Si, ya lo sé. - dijo Ron fulminando un poco con la mirada a Harry. - Tenemos que jugar para cruzar la habitación. -

- ¿Cómo? – preguntó Hermione.

- Creo…que vamos a tener que ser piezas. - respondió Ron.

Se acercó a un caballero negro y levantó la mano para tocar el caballo. De inmediato, la piedra cobró vida. El caballo dio una patada en el suelo y el caballero se levantó la visera del casco, para mirar a Ron.

- ¿Tenemos que... unirnos a ustedes para poder cruzar? - preguntó Ron.

El caballero negro asintió con la cabeza, Ron se volvió a los otros dos.

- Vale, supongo que tenemos que ocupar el lugar de tres piezas negras. -

- Recuerda Ron, tu eres el experto en ajedrez mágico. - dijo Harry, dándole ánimos. - Ha llegado el momento de que nos deleites con tu talento. Dinos que hacer. -

El pecho de Ron se hinchó. Parecía muy alagado. Al cabo de unos segundos ya sabía qué hacer. - ¡Lo tengo! - dijo. - Harry, tú ocupa el lugar de ese alfil y tú, Hermione, ponte en lugar de esa torre, al lado de Harry. -

Ambos asintieron y se pusieron en posición.

- ¿Y qué pasa contigo? -

- Yo seré un caballo. -

Las piezas parecieron haber escuchado porque, ante esas palabras, un caballo, un alfil y una torre dieron la espalda a las piezas blancas y salieron del tablero, dejando libres tres cuadrados que Harry, Ron y Hermione ocuparon.

- Las blancas siempre juegan primero en el ajedrez. - explicó Ron, mirando al otro lado del tablero. - Sí... mirad. -

Un peón blanco se movió hacia delante, Ron comenzó a dirigir a las piezas negras, se movían silenciosamente cuando los mandaba.

- Harry... muévete en diagonal. – señaló el pelirrojo. - Cuatro casillas a la derecha. –

La primera verdadera impresión llegó cuando el otro caballo fue capturado, la reina blanca lo golpeó contra el tablero y lo arrastró hacia fuera, donde se quedó inmóvil, bocabajo.

- Tuve que dejar que sucediera…- dijo Ron, conmovido. - Te deja libre para coger ese alfil, Vamos Hermione. -

Cada vez que uno de sus hombres perdía, las piezas blancas no mostraban compasión. Muy pronto, hubo un grupo de piezas negras desplomadas a lo largo de la pared. Dos veces, Ron se dio cuenta justo a tiempo para salvar a Harry y Hermione del peligro. Él mismo jugó por todo el tablero, atrapando casi tantas piezas blancas como las negras que habían perdido.

- Ya casi estamos…- murmuró Ron. - Dejadme pensar…-

La reina blanca volvió su cara sin rostro hacia Ron.

Ron esbozó una sonrisa triste. – Lo sabía…- susurró, mirando a la reina desafiante. - Así es como debe acabar… -

- ¿De…de que hablas Ron? – preguntó el azabache, temiendo la respuesta, pues se la estaba imaginando con solo ver el rostro de su mejor amigo.

- Solo hay un modo de ganar...- dijo Ron. - Debo dejar que me cojan…-

- ¡NO! - gritaron Harry y Hermione.

- ¡Así es el ajedrez! - bramó Ron con coraje. - ¡Hay que hacer algunos sacrificios! Yo daré un paso adelante y ella me cogerá...Eso te dejará libre para hacer jaque mate al rey, Harry. -

- Pero...-

- ¿Quieres detener a Snivellus o no? -

- Ronald...-

- ¡Si no os dais prisa va a conseguir la Piedra! -

No había nada que Harry y Hermione pudieran hacer, su mejor amigo iba a sacrificarse.

- ¿Listo? - preguntó Ron, con el rostro pálido pero decidido - Allá voy…no os quedéis una vez que hayáis ganado. -

Se movió hacia delante y la reina blanca saltó, golpeó a Ron con fuerza en la cabeza con su brazo de piedra y el chico se derrumbó en el suelo. Hermione gritó, pero se quedó en su casillero. La reina blanca arrastró a Ron a un lado, parecía desmayado.

Muy conmovido por el sacrificio de su mejor amigo, Harry se movió tres casilleros a la izquierda, el rey blanco se quitó la corona y la arrojó a los pies de Harry. Habían ganado.

Las piezas saludaron y se fueron, dejando libre la puerta. Con una última mirada de desesperación hacia Ron, Harry y Hermione corrieron hacia la salida y subieron por el siguiente pasadizo.

- ¿Y si él está...? - dijo Hermione con preocupación.

- Tuve tiempo de verlo, estaba respirando. - respondió Harry. - Eso significa que solo está inconsciente, menos mal... - suspiró antes de preguntar: - ¿Qué crees que nos queda? -

- Tuvimos a Sprout en el Lazo del Diablo, Flitwick con sus llaves aladas, y McGonagall transformó a las piezas de ajedrez. - dijo Hermione. - Eso nos deja el hechizo de Quirrell y el de Snape...-

Habían llegado a otra puerta, Harry empujó y abrió. Un tufo desagradable los invadió, haciendo que se taparan la nariz con la túnica. Con ojos que lagrimeaban debido al olor, vieron, aplastado en el suelo frente a ellos, un trol más grande que el que habían derribado, inconsciente y con un bulto sangrante en la cabeza.

- Ese nos habría hecho perder el tiempo, menos mal que ya está derrotado. – susurró Harry, mientras pasaban con cuidado sobre una de las enormes piernas.

- Aún no me puedo creer que tu solo te hayas encargado de uno en Halloween. – susurró Hermione con una sonrisa.

- Estrategia y habilidad, dos armas muy eficaces. - dijo Harry con arrogancia. - Sobre todo, contra grandullones sin cerebro. -

Abrió la próxima puerta, los dos casi sin atreverse a ver lo que seguía, pero no había nada terrorífico allí, sólo una mesa con siete botellas de diferente tamaño puestas en fila.

- Está debe de ser la prueba de Snape. – dijo el azabache. - ¿Ahora…que hacemos? -

Pasaron el umbral y de inmediato un fuego se encendió detrás de ellos, no era un fuego común, era púrpura. Al mismo tiempo, llamas negras se encendieron delante, dejándolos atrapados.

- ¡Mira! - Hermione cogió un rollo de papel, que estaba cerca de las botellas. Harry miró por encima de su hombro para leerlo.

El peligro yace ante ti, mientras la seguridad está detrás, dos queremos ayudarte, cualquiera que encuentres, una entre nosotras siete te dejará adelantarte, otra llevará al que lo beba para atrás, dos contienen sólo vino de ortiga, tres son mortales, esperando escondidos en la fila. Elige, a menos que quieras quedarte para siempre, para ayudarte en tu elección, te damos cuatro claves. Primera, por más astucia que tenga el veneno para ocultarse siempre encontrarás alguno al lado izquierdo del vino de ortiga. Segunda, son diferentes las que están en los extremos, pero si quieres moverte hacia delante, ninguna es tu amiga. Tercera, como claramente ves, todas tenemos tamaños diferentes, ni el enano ni el gigante guardan la muerte en su interior. Cuarta, la segunda a la izquierda y la segunda a la derecha son gemelas una vez que las pruebes, aunque a primera vista sean diferentes.

- Hm…¿piensas lo mismo que yo? – dijo Harry.

- Creo que sí, es un acertijo. - respondió Hermione con una sonrisa. - Muchos de los más grandes magos no han tenido una gota de lógica y se quedarían aquí para siempre. -

- Afortunadamente nosotros no hemos sido magos toda la vida, ¿verdad? - preguntó el azabache.

- En efecto, - sonrió Hermione. - lo único que necesitamos está en este papel. Siete botellas…tres con veneno… -

- Dos con vino, - continuó Harry con la frase. - una nos llevará a salvo a través del fuego negro y la otra hacia atrás, por el fuego púrpura…-

- Bien Harry, es hora del análisis. – dijo Hermione, poniéndose a pensar.

- Como usted ordene, mi lady. – respondió Harry, haciendo una pequeña reverencia, que hizo sonreír a Hermione.

Al cabo de unos instantes, ambos ya tenían la respuesta.

- Muy bien…- dijo Hermione, entregándole una botella a Harry. - Esta nos llevará por el fuego negro, hacia la Piedra, pero me temo que no hay más que un trago, lo que significa, que solo uno de los dos podrá ir hacia allí. – alzó otra botella con la mano izquierda y añadió: - Aquí tengo la que nos hará volver por el fuego purpura…-

- Bien...tómala, busca a Ron y coge las escobas del cuarto de las llaves voladoras. – dijo Harry, mirando a Hermione a los ojos. - Con ellas podréis salir por la trampilla sin que os vea Fluffy. Id directamente a la lechucería y enviad a Hedwig a Dumbledore. Ahora mismo lo necesitamos. –

- Y tu… ¿qué vas a hacer, Harry? – preguntó ella, con la voz temblorosa.

- No cuento con la habilidad suficiente como para vencer a Snape. – dijo el azabache, pensando en lo experto que podía ser Snape en las Artes Oscuras. – Aun así, creo que puedo detenerlo, momentáneamente…-

- Pero Harry...- dijo Hermione, con los ojos brillosos. - ¿y si "Quien tú sabes" está con él? –

- Bueno…- sonrió Harry, señalando su cicatriz. - Veremos si el destino vuelve a darme un poco de suerte…-

Los labios de Hermione temblaron, de pronto, se lanzó sobre Harry, lo abrazó y le dio un beso en la mejilla. Aquello lo pilló completamente por sorpresa. ¡Hermione le había dado un beso en su mejilla! Y en apenas segundos sintió como su corazón bombardeaba tan fuerte como un gran tambor.

- Hermione…- empezó Harry. Tenía los ojos bien abiertos, sonrojado.

- Harry...- le interrumpió Hermione, mientras le salían unas lágrimas. - Eres un gran mago, ya lo sabes…-

El azabache no lo podía evitar. Tenía la sensación de estar viviendo el "antes del final" de una de las novelas de tía Petunia. Hermione seguía abrazada a él, y Harry, deseaba poder irse con ella.

- No-no es mucho, …- farfulló el azabache, cada vez más sonrojado. - Es todo conocimiento y habilidad…Tu también eres una bruja extraordinaria. Apuesto a que serás la mejor de nuestra generación. -

- Tú tienes mucho más que el conocimiento y la habilidad…- dijo Hermione, mientras sus lágrimas resbalaban por sus mejillas enrojecidas. - Eres valiente, amable, un buen amigo y…no te rindes con facilidad. Por favor, prométeme que vas a volver…-

Por sus palabras, Harry pensó que a ella realmente le importaba lo que pudiera pasarle. Era increíble como en un año los dos había desarrollado una amistad tan estrecha, pero…¿De verdad aquello era amistad? Harry no podía evitar preguntarse si lo que sentía Hermione era exactamente lo mismo que él sentía por ella.

- Tranquila, no se desharán de mi tan fácilmente…- dijo Harry, con un rostro que reflejaba valor. Estaba decidido a detener a Snape y volver para contárselo a sus amigos. - Ahora tomate la poción, vamos. -

Hermione se tomó de un trago el contenido de la botellita redondeada y se estremeció.

- ¿Cómo te sientes? - preguntó Harry.

- Helada…- dijo Hermione.

- En ese caso corre, - dijo el azabache. - antes de que se termine el efecto. -

- Buena suerte...- susurró ella, alejándose de él. - Te-ten cuidado...-

- ¡CORRE! – exclamó Harry para que su mejor amiga se fuera.

Hermione giró en redondo y pasó directamente a través del fuego púrpura. Harry respiró profundamente y cogió la más pequeña de las botellas, listo para enfrentarse a las llamas negras.

- Es la hora…- dijo, y se bebió la poción de un trago.

Era realmente como si tragara hielo, dejó la botella y fue hacia delante. Se dio ánimo al ver que las llamas negras lamían su cuerpo, pero no lo quemaban. Durante un momento no pudo ver más que fuego oscuro, luego se encontró al otro lado, en la última habitación.