Capítulo 17 - La cara oculta
Harry entró en la última habitación. Ya había alguien allí, pero no era Snape, ni tampoco era Voldemort, era Quirrell.
- Pero que…- dijo el azabache, incrédulo. - ¿¡usted!? -
Quirrell sonrió, su rostro no tenía ni sombra del tic. - Sí, yo…- dijo con calma. - Me preguntaba si me iba a encontrar contigo aquí, Potter. -
- Vaya, y yo que pensé que Snape…- bufó el azabache, frunciendo el entrecejo.
- ¿Severus? - Quirrell rió, y no fue con su habitual sonido tembloroso y entrecortado, sino con una risa fría y aguda - Sí, Severus parecía ser el indicado, ¿no? Fue muy útil tenerlo dando vueltas como un murciélago enorme. Al lado de él ¿quién iba a sospechar del po-pobre tar-tamudo p-profesor Quirrell? -
Harry lo miró raro, no se lo podía creer. - Pero esto es absurdo…- dijo. - Snape…él trató de matarme. -
- No, no, no. ¡Yo traté de matarte! - declaró Quirrell. - ¡Tu amiga, la señorita Granger, accidentalmente me atropelló cuando corría a prenderle fuego a Snape, en ese partido de Quidditch! ¡Y rompió el contacto visual que yo tenía contigo! Unos segundos más y te habría hecho caer de esa escoba, y lo habría conseguido, si Snape no hubiera estado murmurando un contramaleficio, tratando de salvarte. -
- Un contramaleficio…- murmuró Harry, sin poder creérselo. - ¿Snape…trató de salvarme? -
- Por supuesto. - dijo fríamente Quirrell. - ¿Por qué crees que quiso ser árbitro en el siguiente partido? Estaba tratando de asegurarse de que yo no pudiera hacerlo otra vez. Es gracioso, en realidad... no necesitaba molestarse. No podía hacer nada con Dumbledore mirando. Todos los otros profesores creyeron que Snape trataba de impedir que Gryffindor ganase, se ha hecho muy impopular...Y qué pérdida de tiempo cuando, después de todo eso, voy a matarte esta noche…-
Quirrell chasqueó los dedos. Unas sogas cayeron del aire y se enroscaron en el cuerpo de Harry, sujetándolo con fuerza.
- ¡Tch! - dijo Harry entre dientes. - Desgraciado…-
- ¡Eres demasiado molesto para vivir, Potter! - gruñó Quirrell. - ¡Igual que tus entrometidos amigos! Tú y ese par de tontos, deslizándose por el colegio, como en Halloween, porque me descubrieron cuando iba a ver qué era lo que vigilaba la Piedra. -
- ¿¡Que!? – gritó Harry, enfadado. - ¡Usted fue el que dejó entrar al troll! –
- Claro. Yo tengo un don especial con esos monstruos. – dijo Quirrell con arrogancia. - ¿No viste lo que le hice al que estaba en la otra habitación? Desgraciadamente, cuando todos andaban corriendo por ahí para buscarte, Snape, que ya sospechaba de mí, fue directamente al tercer piso para ganarme de mano, y no sólo hizo que mi monstruo no pudiera matarte, sino que ese perro de tres cabezas no mordió la pierna de Snape de la manera en que debería haberlo hecho…Ahora, espera tranquilo, Potter. Necesito examinar este interesante espejo…-
De pronto, Harry vio lo que estaba detrás de Quirrell.
- ¿El espejo de Oesed? - pensó Harry, desconcertado. - ¿¡Pero que hace aquí!? Dumbledore me dijo que lo trasladarían a otra casa. -
- Este espejo es la llave para poder encontrar la Piedra. - murmuró Quirrell, dando golpecitos alrededor del marco. - Era de esperar que Dumbledore hiciera algo así...pero él está en Londres...Cuando pueda volver, yo ya estaré muy lejos. Veo la Piedra...se la presento a mi maestro...pero ¿¡dónde está!? –
Lo único que se le ocurrió a Harry para ganar tiempo, fue tratar de que Quirrell siguiera hablando y dejara de concentrarse en el espejo.
- Lo vi a usted y a Snape en el bosque...- susurró de golpe.
- Sí. - dijo Quirrell, sin darle importancia, paseando alrededor del espejo para ver la parte posterior. - Me estaba siguiendo, tratando de averiguar hasta dónde había llegado. Siempre había sospechado de mí. Trató de asustarme...Como si pudiera, cuando yo tengo a lord Voldemort de mi lado...-
- ¿¡QUE!? – gritó Harry desde su mente. – Entonces es cierto. Este bastardo quiere entregarle la Piedra a Voldemort. Si lo hace, el miserable que asesinó a mis padres volverá…-
Quirrell salió de detrás del espejo y se miró en él con enfado. - Veo la Piedra... se la presento a mi maestro... pero ¿dónde está? -
Harry luchó con las sogas qué lo ataban, pero no se aflojaron. - ¡Maldita sea! – se quejó desde su mente. – Tengo que evitar que Quirrell centre toda su atención en el espejo, o a este paso se apoderará de la Piedra. – sacudió la cabeza y dijo: - No le creo con respecto a Snape. Ese sujeto es un veneno como profesor. Cumples haciendo bien las cosas en sus clases y acaba burlándose de ti en la cara. Aquí solo hay algo que es verdad: ¡Snape me odia! -
- Oh, sí, claro que sí. - dijo Quirrell, con aire casual. - Estaba en Hogwarts con tu padre, ¿no lo sabías? Se detestaban. Pero nunca quiso que estuvieras muerto. -
- ¿Mi padre y Snape se conocían? ¿Se detestaban? Esto es nuevo…- pensó el azabache con seriedad – Ahora que lo pienso, quizás esa sea la razón por la que me trata peor que a su pelo en sus clases. – fijó de nuevo su mirada en Quirrell y le dijo: - Hace unos días yo lo oí a usted, llorando... por un momento pensé que Snape lo estaba amenazando. -
Por primera vez, un espasmo de miedo cruzó el rostro de Quirrell. - Algunas veces me resulta difícil seguir las instrucciones de mi maestro...Él es un gran mago y yo soy débil...-
- ¿Quiere decir que él estaba en el aula con usted? - inquirió Harry. - ¡Voldemort estaba en Hogwarts! ¿¡Como es que ni Dumbledore se percató de ello!? -
- Él está conmigo dondequiera que vaya. – dijo Quirrell con calma, y Harry lo miró ceñudo. - Lo conocí cuando viajaba por el mundo. Yo era un joven tonto, lleno de ridículas ideas sobre el mal y el bien. Lord Voldemort me demostró lo equivocado que estaba, no hay ni mal ni bien, sólo hay poder y personas demasiado débiles para buscarlo...Desde entonces le he servido fielmente, aunque muchas veces le he fallado. Tuvo que ser muy severo conmigo…No perdona fácilmente los errores. Cuando fracasé en robar esa Piedra de Gringotts, se disgustó mucho. Me castigó... decidió que tenía que vigilarme muy de cerca...-
- El trató de robar la piedra en Gringotts…- pensó el azabache, alarmado. - ¡Claro! ¡El día del atraco, él estaba en el Caldero Chorreante! ¿¡Cómo he podido ser tan estúpido como para no acordarme!? –
- No comprendo... ¿La Piedra está dentro del espejo? ¿Tengo que romperlo? –
- Lo que más deseo en el mundo en este momento…es encontrar la Piedra antes de que lo haga Quirrell. - pensó Harry, intentando hallar una solución. - Entonces, si miro en el espejo, podría verme encontrándola... ¡Lo que quiere decir que veré dónde está escondida! Pero, ¿cómo puedo mirar sin que ese payaso se dé cuenta de lo que quiero hacer? –
- ¿Qué hace este espejo? ¿Cómo funciona? – se preguntaba Quirrell - ¡Ayúdame, Maestro! –
Y para el horror del azabache, una voz le respondió, una voz que parecía salir del mismo Quirrell. - Utiliza al muchacho...Utiliza al muchacho...- susurraba en tono agudo.
A Harry se le agrandaron los ojos. – Esa voz…me resulta desagradablemente familiar…-
- Sí... Potter...ven aquí. -
Hizo sonar las manos una vez y las sogas cayeron. Harry se puso lentamente de pie.
- Ven aquí. - repitió Quirrell. - Mira en el espejo y dime lo que ves…-
Cuando Harry se aproximó al espejo, se vio reflejado, agitado y preocupado, pero un momento más tarde, su reflejo le sonrió. Puso la mano en el bolsillo, sacó una piedra de color sangre, le guiñó un ojo y volvió a guardar la Piedra en el bolsillo y, cuando lo hacía, Harry sintió que algo pesado caía en su bolsillo real. De alguna manera había conseguido la Piedra.
- No puedo creerlo…¡la tengo! – pensó emocionado.
- ¿Bien? - dijo Quirrell con impaciencia. - ¿Qué es lo que ves? -
Harry se calmó, y como no podía ser de otra manera, mintió.
- Me veo estrechándole la mano al profesor Dumbledore. - dijo, con una pequeña sonrisa. - Soy un estudiante más mayor. He llegado a ser Premio Anual…es estupendo. –
- ¡Quítate de ahí! – gruñó Quirrell.
Cuando Harry se hizo a un lado, sintió la Piedra Filosofal contra su pierna. ¿Se atrevería a escapar? Una parte de él se negaba a hacerlo: Era su orgullo.
- Él miente... él miente...- habló la voz aguda, aunque Quirrell no movía los labios.
- ¡Potter, vuelve aquí! - gritó Quirrell. - ¡Dime la verdad! ¿¡Qué es lo que has visto!? -
- A usted bailando samba. - replicó Harry en tono burlón, mientras empuñaba la varita. - ¿No le digo? -
- ¡POTTER! - rugió Quirrell, enfadado.
- Mientras usted se ha pasado enseñándonos métodos anti-vampiros durante el año, - dijo el azabache arrogantemente, y Quirrell se estremeció un poco. - yo he ido practicando hechizos útiles. Esta vez no tendrá tanta suerte si utiliza sus cuerditas porque estaré listo. -
- Tu…- gruñó Quirrell.
- Déjame hablar con él...- dijo de nuevo la voz aguda. - Cara a cara...-
Quirrell vaciló antes de decir: - ¡Maestro, no está lo bastante fuerte todavía! –
- Tengo fuerza suficiente…para esto. -
Quirrell, que empezaba a desenvolver su turbante. La cabeza de Quirrell parecía extrañamente pequeña sin él. Entonces, Quirrell se dio la vuelta lentamente. Donde tendría que haber estado su nuca, había un rostro, la cara más terrible que Harry hubiera visto en su vida. Era de color blanco tiza, con brillantes ojos rojos y ranuras en vez de fosas nasales, como las serpientes. Tan pronto como reconoció el horrible rostro, el azabache apretó los dientes, sintiendo como su corazón latía con brusquedad y la ira se apoderaba de él.
- Harry Potter... - susurró.
- Voldemort…- masculló Harry, mirando a su mayor enemigo sombríamente.
- ¿Ves en lo que me he convertido? - dijo Voldemort. - No más que en sombra y quimera...Tengo forma sólo cuando puedo compartir el cuerpo de otro... Pero siempre ha habido seres deseosos de dejarme entrar en sus corazones y en sus mentes...La sangre de unicornio me ha dado fuerza en estas semanas pasadas... tú viste al leal Quirrell bebiéndola para mí en el bosque... y una vez que tenga el Elixir de la Vida seré capaz de crear un cuerpo para mí... Ahora... ¿por qué no me entregas la Piedra que tienes en el bolsillo? -
Harry soltó una carcajada carente de risa, haciendo temblar a Quirrell. - ¿Tú crees que voy a ser tan estúpido de permitir que vueltas? - replicó con furia, apuntando con su varita a la nuca de Quirrell. - ¿¡Para que!? ¿¡Para que sigas divirtiéndote, matando inocentes y convirtiendo la vida de las personas en un infierno!? No…¡Así que mejor conviértete en nada y desaparece! -
- No seas tonto. - se burló Voldemort. - Mejor que salves tu propia vida y te unas a mí... o tendrás el mismo final que tus padres... Murieron pidiéndome misericordia...-
- ¡ESO QUISIERAS TU! – rugió Harry. – Miserable…-
- Qué conmovedor…- susurró Voldemort, riéndose. - Siempre consideré la valentía... Sí, muchacho, tus padres eran valientes... Maté primero a tu padre y luchó con valor... Pero tu madre no tenía que morir... ella trataba de protegerte... Ahora, dame esa Piedra, a menos que quieras que tu madre haya muerto en vano…-
- ¡Mis padres jamás permitirían que tú te salieras con la tuya, y yo tampoco! - gritó el azabache, mirando con rabia a Voldemort. - ¿¡Quieres la Piedra!? ¡Pues ven a por ella! –
- ¡ATRAPALO! - gritó Voldemort, claramente enfadado. Quirrell voló hacia el azabache, tratando de cogerle.
Impulsado por la ira, Harry apuntó firmemente hacia Quirrell con su varita y gritó: - ¡EXPELLIARMUS! -
¡BANG! Una potente ráfaga amarillenta impactó en el pecho de Quirrell, haciéndolo tambalearse y caer hacia atrás. El azabache sonrió con satisfacción al ver que el mayor golpe lo recibió Voldemort, en su horrible cara.
- ¿¡Que haces, merluzo!? - gruñó Voldemort, doliéndose por el golpe. - ¡Ve a por él! -
Harry guardó su varita y apretó los puños. Sentía un fuerte dolor en su cicatriz, pero se esforzó en ignorarlo. Tenía a Voldemort en frente suyo, y no quería perder la oportunidad de hacerle pagar por la muerte de sus padres. Quirrell, quien miraba a Harry con ira, se abalanzó de nuevo a por él. El azabache esquivó la mano de Quirrell, y le dio un fuerte puñetazo en su rostro. Sorprendentemente, logró hacerlo retroceder, pero no solo eso. Quirrell chillaba exageradamente adolorido.
- ¡AAAAAAH! ¡QUEMA! ¡QUEMA! - gimoteaba Quirrell, mientras que la mejilla donde Harry le pegó se iba convirtiendo en polvo.
- Pero, ¿qué es esto? - susurró Harry, mientras se miraba las manos. ¿Qué clase de magia había utilizado?
- ¡ATRÁPALO! ¡Atrápalo! - rugió Voldemort, y Quirrell arremetió contra Harry, haciéndolo caer al suelo y apretándole el cuello con las dos manos...
La cicatriz le dolía como nunca. Harry rugió de rabia y le propinó otro golpe a Quirrell, provocando que lo soltara. Sin darle tiempo a reaccionar, abalanzó sobre Quirrell y logró tumbarle en el suelo. A continuación, empezó a golpearle en la cara, como hacía con aquellos que se metían con él cuándo estaba en su antiguo colegio. A veces escapaba, y otras veces, tenía que enfrentarse a niños más grandes que él. Mientras golpeaba el rostro de su profesor con rabia, en su mente se visualizaban fragmentos de amargos recuerdos sobre su pasado, envuelto de dolor y una furia incontenible.
Harry lo sabía. En ese momento, más que en ningún otro, sentía mucho odio hacia Voldemort, y hacia Quirrell. Siguió golpeando sin parar al profesor poseído, haciendo que la cara de Voldemort se fuera convirtiendo poco a poco en polvo. Así fue, hasta que finalmente, Quirrell dejó de gritar.
Harry se puso en pie y se apartó rápidamente, jadeando. ¿Lo había matado? Una punzada de horror invadió su corazón. Él nunca había hecho algo tan horrible, pero sabía que, en una situación de vida o muerte, había que escoger entre vivir o dejarse matar. ¿No quería Quirrell matarle? ¿Entonces para que preocuparse? Tuvo que apartar aquellos pensamientos de su mente, porque en apenas unos segundos, una sombra salió del cuerpo de Quirrell. Era Voldemort. Este gritó de ira y se abalanzó contra Harry.
El joven mago blandió su varita, apuntó hacia su enemigo y gritó. - ¡INCENDIO! –
El hechizo voló hacia Voldemort, pero este huyó, atravesando las llamas. Harry pateó un trozo de roca, enfurruñado, porque había dejado escapar a Voldemort. Por otra parte, había conseguido mantener a salvo la Piedra, por lo que había cumplido con el objetivo principal. Resultaba extraño, en realidad. Harry no tenía deseos de conseguir la Piedra, y aun así, esta vino a parar a su bolsillo. Con cuidado, sacó la Piedra de su bolsillo, la sostuvo, y la miró con los ojos bien abiertos, como si fuera una joya majestuosa.
- La Piedra Filosofal…- pensó el azabache, en las cosas que podría hacer con la Piedra. - Con esta piedra, podría ser inmortal…tener todo el dinero que quisiese…pero…- entonces negó con la cabeza. -No me dará aquello que tanto deseo…eso es algo que está por encima del poder…- admitió, con una sonrisa triste. Se sintió mejor sin la presencia de Voldemort. Su cicatriz ya no le dolía y su respiración volvía a ser normal.
El azabache, miró una última vez al espejo de Oesed. Ahí estaban de nuevo sus padres, y toda la familia Potter, sonriéndole, a su lado. Pero esta vez, había alguien más.
- Que…- murmuró Harry, acercándose más al espejo.
A su derecha, besando tiernamente su mejilla, estaba Hermione, y parecía más feliz que nunca, con él. Y a su izquierda, estaba Ron, levantando la Copa de Plata de Quidditch y vitoreándole.
No se lo podía evitar preguntar: ¿Los deseos más profundos y desesperados de su corazón, habían cambiado? Por lo que pudo ver, ya no solo era su familia, sino sus mejores amigos, a los que deseaba ver.
En ese momento, las llamas que cubrían la salida se apagaron, y por allí, bajó el mismísimo Albus Dumbledore. Harry se preguntaba cómo había vuelto tan rápido de Londres.
- ¡Profesor Dumbledore! – saltó con asombro. - Pero como…-
- Oh Harry, me alegro de que estés bien. – dijo Dumbledore con un brillo en los ojos, mientras tocaba con su mano el hombro de Harry, sonriente. – Pensé que no aguantarías tanto. Debes de contar con más agallas de las que aparentas, como para haber mantenido un duelo con un mago mayor que tú. -
Harry miró con una sonrisa afable a su director. – Aquí tiene, profesor. - dijo, mientras le entregaba la Piedra al director de Hogwarts. – Si, conseguí mantener a raya a Voldemort, por ahora…Él tenía poseído al profesor Quirrell. –
- Ya veo…- dijo Dumbledore, recibiendo la Piedra. - Entonces, Lord Voldemort sí que estaba con él. -
- Así es señor. - repuso Harry. - Aunque si le soy honesto, no sé cómo lo hice para dejarle así…- añadió, señalando los restos de Quirrell.
- Hm…creo que lo mejor será dejar las explicaciones para mañana. - dijo Dumbledore, guiñándole el ojo. - Hay mucho que hacer, y tú, deberías ir a ver a la señora Pomfrey. -
Harry sonrió y asintió. Dumbledore lo acompañó de vuelta hacia la entrada, donde estaba la trampilla por donde saltó junto con sus amigos. Mientras volvían, observó que todo estaba tal y como lo dejaron, a excepción de Hermione, y de Ron, ya que los dos no estaban. Cuando alcanzaron el muro donde antes había un lazo del diablo, Dumbledore tocó tres puntos de un muro, abriendo un pasadizo secreto.
Allí había una escalera de caracol. Dumbledore y Harry subieron por él, hasta que después de subir aproximadamente seis pisos, llegaron a la habitación donde estaba Fluffy. El perro de Tres cabezas estaba en un profundo sueño. A un lado suyo, alguien había hechizado un tocadiscos clásico, el cual reproducía una agradable melodía. Harry, por un momento, sintió deseos de tirarse al suelo a dormir, aunque no sabía si era por la música o por lo tremendamente exhausto que se encontraba.
No supo realmente que le daba fuerzas para acompañar a Dumbledore varios pisos más arriba, hasta llegar a la enfermería, pero lo hizo. Allí, el directo le dejó, diciéndole que hablarían al día siguiente, antes de marcharse de vuelta a su despacho. Cuando Harry entró, la señora Pomfrey se puso a preparar una cama para él, mientras este observaba a Ron, que seguía inconsciente en una de las camas.
- Está bien. – dijo la señora Pomfrey, al ver la cara de preocupación del azabache. – Solo tuvo una caída estrepitosa. No hay daños graves. –
- Menos mal…- suspiró Harry. – Disculpe, ¿Hermione no ha pasado por aquí? – preguntó.
- ¿La señorita Granger? – dijo la señora Pomfrey, frunciendo el ceño. – Vino a ver como se encontraba tu amigo, pero después tuvo que irse. Francamente, debería considerarse afortunada, y vosotros también. – gruñó. - Mira que andar merodeando por el castillo a estas horas, y solo para acabar heridos. –
Harry iba a disculparse, pero la señora Pomfrey le ordenó que se acostara. Al cabo de unos minutos, y después de que le vendaran las heridas, se quedó dormido.
Al día siguiente, casi en la noche, Harry se despertó en su cama. Se dio cuenta de que tenía unas pocas vendas con heridas leves, nada que la señora Pomfrey no pudiera curar. Alzando la vista, se dio cuenta de que Ron ya no estaba, lo que quería decir que su mejor amigo había madrugado, probablemente, para ser de nuevo el primer en ir a desayunar. Bajando la mirada vio al borde de su cama una enorme cantidad de paquetes, que parecían la mitad de una tienda de golosinas.
- Wow…parece que ahora no me odian tanto…- pensó Harry, sonriente.
Fue entonces cuando Dumbledore entró para verle. – Buenos tardes, Harry…- le saludó en tono jovial. - Oh, vaya, regalos de tus amigos y admiradores. Lo que sucedió en las mazmorras entre tú y el profesor Quirrell es completamente secreto, así que, naturalmente, todo el colegio lo sabe. .
Harry solo pudo sonreír con orgullo ante eso.
- Creo que tus amigos, los señores Fred y George Weasley, son responsables de tratar de enviarte un inodoro. - dijo Dumbledore, radiante y sonriente. - No dudo que pensaron que eso te divertiría, sin embargo, la señora Pomfrey consideró que no era muy higiénico y lo confiscó. -
Harry se río. - Si, eso es muy propio de Fred y George. – dijo. - Por cierto, ¿Qué hora es? –
- Son las siete de la tarde. - respondió Dumbledore, y antes de que Harry preguntara por sus amigos dijo: - El señor Ronald Weasley y la señorita Granger estarán muy aliviados al saber que te has recuperado. Han estado sumamente preocupados. -
- ¿Ellos están bien? -
- No te preocupes Harry, ambos están bien. –
Harry asintió, más aliviado. Su mejor amigo arriesgó su vida en la prueba de ajedrez, y Hermione…deseaba que a ella no le hubiera pasado nada malo durante su recorrido de regreso.
- ¿Y qué hay de la Piedra? – preguntó el azabache.
- Veo que no quieres que te distraiga. - sonrió Dumbledore. - Muy bien, la Piedra, el profesor Quirrell no te la pudo quitar. Me apresuré en volver, y cuando llegué pude ver que tú mismo ya te encargaste de solucionarlo, de lo cual, como dije en su momento, me dejó muy impresionado. No todos los estudiantes de primer año han sido capaces de hacer lo que tú has hecho en esta ocasión. –
Harry se ruborizó, sintiéndose enormemente alagado. - ¿Recibió la lechuza que envió Hermione? – preguntó.
- Nos debimos cruzar en el aire. – admitió Dumbledore. - En cuanto llegué a Londres, me di cuenta de que el lugar en donde debía estar era el que había dejado. La verdad es que tuve miedo de haber llegado demasiado tarde. –
- La verdad es que yo tampoco pensé si iba a ser capaz de mantener la Piedra a salvo…- respondió Harry con sinceridad.
- No estaba preocupado por la Piedra, muchacho, sino por ti...- repuso Dumbledore en tono afable. - Creí que el esfuerzo te mataría. Durante un terrible momento tuve miedo de que fuera así, afortunadamente, como he podido comprobar, eres capaz de sobrellevar con inteligencia, astucia y habilidad situaciones de alto riesgo. En lo que se refiere a la Piedra, fue destruida. –
- ¡La destruyeron! – saltó Harry, consternado. - Pero…eso significa que el señor Nicolás Flamel…-
- ¡Oh, sabes lo de Nicolás! - dijo contento Dumbledore. - Hiciste bien los deberes, ¿no es cierto? Bien, Nicolás y yo tuvimos una pequeña charla y estuvimos de acuerdo en que era lo mejor. -
- Ah…entonces, él y su mujer van a morir…- - susurró el azabache, cabizbajo. - Al no contar con la Piedra…-
- Tienen suficiente Elixir guardado para poner sus asuntos en orden y luego, sí, van a morir… -
Dumbledore sonrió ante la expresión de desconcierto que se veía en el rostro de Harry.
- Para alguien tan joven como tú, estoy seguro de que parecerá increíble, pero para Nicolás y Perenela será realmente como irse a la cama, después de un día muy, muy largo. – dijo Dumbledore, con los ojos brillosos. - Después de todo, para una mente bien organizada, la muerte no es más que la siguiente gran aventura, ¿sabes? La Piedra no era realmente algo tan maravilloso, ¡Todo el dinero y la vida que uno pueda desear! Las dos cosas que la mayor parte de los seres humanos elegirían... El problema es que los humanos tienen el don de elegir precisamente las cosas que son peores para ellos. -
- Tiene razón. – dijo Harry, sonriendo tristemente. - De hecho, cuando sostuve la Piedra, pensé en todo eso. En lo que podría hacer con ella…Pero entonces llegué a la conclusión de que todo cuanto la Piedra pudiera ofrecerme, no me brindaría lo que realmente más anhelo…-
Dumbledore asintió con los ojos más brillosos. – Eres un chico muy sabio Harry. – dijo. - Confío en que mantengas ese buen juicio por muchos años…-
Harry asintió. - ¿Profesor, usted cree, que este no es más que un primer intento de Voldemort para regresar al poder? Yo creo que, con el vagando por ahí, de bien seguro buscará otros medios…-
- Tienes razón Harry, y me alegro de que pronuncies ese nombre sin miedo alguno. – dijo Dumbledore, frotando su larga y plateada barba. - Es cierto, está por ahí, en algún lugar, tal vez buscando otro cuerpo para compartir...Como no está realmente vivo, no se le puede matar. Él dejó morir a Quirrell, muestra tan poca misericordia con sus seguidores como con sus enemigos. De todos modos, Harry, tú tal vez has retrasado su regreso al poder. La próxima vez hará falta algún otro preparado para luchar y, si lo detienen otra vez y otra vez, bueno, puede ser que nunca vuelva al poder. -
Harry asintió con una sonrisa orgullosa, teniendo en mente que él estaría allí siempre que lo intentara. – Profesor, hay algunas cosas más que me gustaría saber, si me las puede decir...cosas sobre las que quiero saber la verdad...-
- La verdad…- suspiró Dumbledore. - Es una cosa terrible y hermosa, y por lo tanto debe ser tratada con gran cuidado. Sin embargo, contestaré tus preguntas a menos que tenga una muy buena razón para no hacerlo. Y en ese caso te pido que me perdones, por supuesto, no voy a mentirte. -
Harry asintió con comprensión. - Voldemort dijo que sólo mató a mi madre porque ella trató de evitar que me matara. – dijo. - Pero, ¿por qué iba a querer matarme a mí en primer lugar? –
- Vaya, la primera cosa que me preguntas y no puedo contestarte. – dijo Dumbledore, jugueteando con los dedos. - No hoy, no ahora, lo sabrás, un día...Quítatelo de la cabeza por ahora, Harry. Cuando seas mayor...-
El azabache rodó los ojos. – Ya estamos con la típica escusa de "Cuando seas mayor"…- bufó mentalmente.
- Ya sé que eso es odioso...- prosiguió Dumbledore. - bueno, cuando estés listo, lo sabrás. –
- Está bien…- suspiró Harry. - Que tal esta, ¿por qué Quirrell no podía tocarme? –
- Tu madre murió para salvarte. – respondió Dumbledore. - Si hay algo que Voldemort no puede entender es el amor. No se dio cuenta de que un amor tan poderoso como el de tu madre hacia ti deja marcas poderosas. No una cicatriz, no un signo visible...Haber sido amado tan profundamente, aunque esa persona que nos amó no esté, nos deja para siempre una protección. Eso está en tu piel. Quirrell, lleno de odio, codicia y ambición, compartiendo su alma con Voldemort, no podía tocarte por esa razón. Era una agonía el tocar a una persona marcada por algo tan bueno. -
Harry quedó asombrado. El amor era realmente poderoso, más que el odio.
- Y la capa invisible...- susurró. - ¿Sabe quién me la mandó? –
Los ojos de Dumbledore brillaron de nuevo. - Ah... Resulta que tu padre me la había dejado y pensé que te gustaría tenerla. – dijo. - Cosas útiles...tu padre la utilizaba sobre todo para robar comida en la cocina, cuando estaba aquí. –
Harry sonrío, pensando que compartía algo en común con su padre. Efectivamente, ambos eran temerarios.
- Tengo otra. - dijo.
- Muy bien, dispara. – le animó Dumbledore.
- Quirrell dijo que Snape…- empezó el azabache.
- El profesor Snape, Harry. – le corrigió el director.
- Bueno, vale. – bufó Harry. - Quirrell dijo que el profesor Snape me odia, porque odiaba a mi padre. ¿Eso es verdad? -
- Bueno, ellos se detestaban uno al otro. – dijo Dumbledore. – Es como un caso parecido en la actualidad, cuando la escuela habla de tu relación con el señor Malfoy. - Harry se cruzó de brazos, mostrándose arrogante. - Y entonces, tu padre hizo algo que Snape nunca pudo perdonarle. -
- ¿Qué hizo? – preguntó el azabache.
- Le salvó la vida. –
- ¿En serio? – Harry frunció el entrecejo.
-Sí...- afirmó Dumbledore, en plan soñador. - Es curiosa la forma en que funciona la mente de la gente, ¿no es cierto? El profesor Snape no podía soportar estar en deuda con tu padre...Creo que se esforzó tanto para protegerte este año porque sentía que así estaría en paz con él. Así podría seguir odiando la memoria de tu padre, en paz...-
- O sea, que el profesor Snape me odia porque mi padre le salvó la vida…- dijo Harry, con la mano en la barbilla. - Vale, creo que puedo entenderlo un poco. -
- ¿Sí? – preguntó Dumbledore en tono de sorpresa.
- El profesor Snape debe de ser una persona orgullosa, - supuso el azabache, encogiéndose de hombros. - y se habrá sentido humillado cuando mi padre le salvó. Aquello debió ser un duro golpe para él, o al menos, eso creo. –
- No, no, no, es, más o menos así. – repuso Dumbledore. - Podría decirse que esa es una de las razones. -
- Bien, puedo entender que el profesor tenga rencor hacia mi padre, pero…- Harry intentó preguntar lo siguiente sin quejarse. - ¿porque debe pagar su frustración conmigo, y con el resto de sus alumnos? -
- ¿Severus hace algo malo en clases? – preguntó Dumbledore, con tranquilidad.
- Si. - dijo Harry con seriedad. - Se dirige hacia sus alumnos con aires de desprecio, infravalorándolos, llenándolos de miedo, haciéndoles sentirse incomodos, débiles y humillados. Perdone que se lo diga, pero no me parece un trato apropiado por parte de un profesor hacia sus estudiantes...por muy estricto que sea. -
- Esa…no me parece una actitud correcta por parte de un profesor. – dijo Dumbledore.
- ¡Claro que no es correcta! – se quejó Harry. – Hermione y yo hemos cumplido con todo lo que nos ha exigido a nivel académico, y aun así se sigue burlando de nosotros. ¡Un día llamó "insufrible sabelotodo" a Hermione porque ella respondió a una de sus preguntas! -
- No te preocupes, Harry. - dijo Dumbledore, frotando el cabello azabache de Harry. - Tendré una charla con Severus, pero te sugiero, que no esperes milagros. – añadió. - Severus es un poco especial. Hay que tenerle un mínimo de paciencia. –
- Bueno, lo intentaré entonces. – dijo Harry. - Dígame, cuando acabe el curso…¿qué será de mí? –
- Tendrás que regresar con tu familia Harry, como todo el mundo. – respondió Dumbledore.
- Pero…no quiero ir con los Dursley…- dijo el azabache cabizbajo - Siempre me han tratado hostilmente. Son insoportables, ellos creen que los magos somos unos monstruos y siempre hablan mal de todo lo que ellos consideran como rarezas. Como yo…-.
- Tranquilo Harry. – dijo Dumbledore. - En las vacaciones pasadas, Hagrid me contó todo lo sucedido. - suspiró. - Te puedo asegurar que tus tíos no volverán a tratarte hostilmente. Pero eso no quiere decir que vayan a tratarte amigablemente, me temo…-
- Dígame, ¿cabe dentro de lo posible que pueda alojarme de nuevo en el Caldero Chorreante, pasadas unas semanas? – preguntó Harry, esperanzado. - Si para usted es tan esencial que yo regrese con los Dursley…-
Dumbledore se acarició la barba antes de responder. - Me parece bien, - dijo. - Con que permanezcas un mes con tu familia debe de ser más que suficiente. -
Harry frunció el entrecejo. - ¿Puedo saber porque es tan importante que esté con ellos? –
- Esa pregunta tendrá su respuesta. - dijo Dumbledore, riéndose un poco. - Pero como la primera que me hiciste, debo pedirte que esperes para saberlo, a su debido tiempo. –
- De acuerdo…- suspiró Harry.
- Bien, permanecerás un mes con los Dursley, - dijo el director. - y si quieres, cumplido el plazo, puedes ir a Londres y alojarte en el Caldero Chorreante, pero solo, con una condición…-
- ¿Cuál? - preguntó el azabache esperanzado.
- Deberás informarme de tu situación. - dijo Dumbledore con una sonrisa. - Es solo para saber que te encuentras bien y yo no tenga que preocuparme en ir a buscarte, ¿lo entiendes? -
- Sí, señor. - respondió Harry, con suma alegría.
- Excelente…¿tientes alguna última pregunta más que hacerme? -
Harry pensó rápidamente, antes de preguntar: - ¿Cómo pude hacer que la Piedra saliera del espejo? -
- Ah, bueno, me alegro de que me preguntes eso. - rio Dumbledore. - Fue una de mis más brillantes ideas y, entre tú y yo, eso es decir mucho…sólo alguien que quisiera encontrar la Piedra, encontrarla, pero no utilizarla, sería capaz de conseguirla. De otra forma, se verían haciendo oro o bebiendo el Elixir de la Vida. Mi mente me sorprende hasta a mí mismo...-
Harry se río. - No me cabe la menor duda profesor…-
Dumbledore sonrió afablemente. - Bien, te sugiero que comiences a comer esas golosinas. Ah, las grageas de todos los sabores. - saltó, cuando vio la caja de caramelos. - En mi juventud tuve la mala suerte de encontrar una con gusto a vómito y, desde entonces, me temo que dejaron de gustarme…pero creo…que no tendré problema con esta bonita gragea, ¿no te parece? -
- Adelante. - le invitó Harry con una sonrisa.
Sonrió y se metió en la boca una gragea de color dorado, luego se atragantó. - ¡Ay de mí! ¡Cera del oído! -
Harry se río con alegría. - Bueno, pues ha tenido suerte, - afirmó. - yo también tuve una experiencia desagradable cuando me tocó la de vomito. -
- Oh, ¿tú también? - preguntó Dumbledore, divertido. - Es bastante desagradable…-
Tras un cruce de simpáticas miradas, Harry y Dumbledore se rieron juntos.
Un par de horas después, la señora Pomfrey le dio el alta a Harry. El joven mago, tras cargar todas las golosinas en una bolsa tan grande como la de papa Noel, salió en dirección a la sala común de Gryffindor. Allí estaban sus dos mejores amigos, Ron y Hermione, jugando de nuevo al ajedrez mágico.
- ¡Harry! - gritó Hermione emocionada, saltando tan rápidamente de la mesa que la acabó tumbándola, con todo y ajedrez mágico. Se abalanzó sobre Harry y le dio un fuerte abrazo, haciendo que el chico volviera a sonrojarse.
- Genial compañero, me alegro de tenerte de vuelta. - dijo Ron sonriente, dándole un buen apretón de manos a Harry e ignorando a las piezas de ajedrez esparcidas por los suelos.
El azabache esbozó una amplia sonrisa. - Yo también me alegro de veros. - dijo. - Por cierto, estoy sorprendido Ron, te recuperaste muy pronto. -
- Oh, solo quedé inconsciente con unas pocas heridas leves. - dijo Ron. - Menos mal que ya estás bien, y justo a tiempo. Mañana es el partido contra Ravenclaw. -
- Sí, estoy con ganas de jugar mañana y lograr el triunfo. - dijo el azabache. - La Copa será para Gryffindor…-
- ¿Y bien? - preguntó Ron de pronto. - ¿No piensas contarnos lo que pasó? ¡Todo el mundo habla de ello! -
- ¿Es cierto que te encontraste con "Quien tú sabes"? - preguntó Hermione, en tono cauteloso.
Fue una de esas raras ocasiones en que la verdadera historia era aún más extraña y apasionante que los más extraños rumores. Harry les contó todo: Quirrell, el espejo, la Piedra y Voldemort. Sus dos mejores amigos eran muy buen público, jadeaban en los momentos apropiados y, cuando Harry les dijo lo que había debajo del turbante de Quirrell, Hermione gritó muy fuerte.
- ¿Entonces la Piedra no existe? - dijo por último Ron. - ¿Flamel morirá? -
- Así es. - dijo Harry. - Pero como diría nuestro querido director: "para las mentes bien organizadas, la muerte es la siguiente gran aventura…"- añadió, con un tono que sonaba a sabiduría.
- Siempre dije que era un viejo chiflado… - dijo Ron, muy impresionado por lo loco que estaba su héroe.
Harry se río. - ¿Y qué os pasó a vosotros dos? - preguntó.
- Bueno, yo volví. - dijo Hermione. - Desperté a Ron y, cuando íbamos a la lechucería para comunicarnos con Dumbledore. Lo encontramos en el vestíbulo de entrada, y él ya lo sabía, porque nos dijo "Harry se fue a buscarlo, ¿no?". Y subió al tercer piso. -
- ¿Crees que él quería que lo hicieras? – preguntó Ron. - ¿Enviándote la capa de tu padre y todo eso? -
- ¡Bueno! - estalló Hermione. - ¡Sí lo hizo…eso es terrible...te podían haber matado! -
Harry sonrío con orgullo. – No es así…- repuso. - Dumbledore es una persona muy especial. Creo que él, de manera indirecta, me puso a prueba, para ver de lo que era capaz de hacer. Él debe de saber, más o menos, todo lo que sucede aquí. Acepto que debía de saber lo que íbamos a intentar y, en lugar de detenernos, nos enseñó lo suficiente para ayudarnos. No creo que fuera por accidente que me dejó encontrar el espejo y ver cómo funcionaba…es casi como si él pensara que yo tenía derecho a enfrentarme a Voldemort, si podía...-
- Pero Harry…- suspiró Hermione.
- Ya te dije que no es tan fácil deshacerse de mí. - dijo Harry con una sonrisa afable. - Y… quiero daros las gracias, a los dos, por haberme seguido en un momento tan crucial como el de ayer. Jamás lo olvidaré…-
- Para están los colegas Harry. - respondió Ron con determinación. - Para apoyarnos, en las buenas y en las malas. -
- Eres un tipo muy valiente, Ronald. - dijo el azabache, tocando el hombro de su amigo. - Mucho más de lo que tu familia podría soñar jamás. -
Ron tenía los ojos brillosos, como si estuviera contendiendo las ganas de ponerse a brincar alegremente por la sala.
- Hermione...- susurró Harry, volviéndose hacia ella.
- Me alegro mucho de que estés bien…- dijo Hermione, con los ojos llorosos y abrazando de nuevo a Harry.
- No…si quieres, no me sueltes…- pensó él, sonriente y sonrojado al mismo tiempo, mientras que Ron veía la escena con cara de extrañado. - Por mí no hay…problema…-
Después de dejar las golosinas en su habitación en la Torren de Gryffindor, y aprovechando que sus amigos se quedaron enganchados con otra partida de ajedrez mágico, Harry cogió su capa de invisibilidad (había vuelto a aparecer misteriosamente dentro de su baúl) y se fue a ver a Hagrid. Al tocar la puerta, esta se abrió. El semigigante abrazó al joven mago con fuerza.
- ¡Todo...fue... por mi maldita culpa! - lloró Hagrid amargamente. - Yo le dije al malvado cómo pasar ante Fluffy. ¡Se lo dije! ¡Podías haber muerto! ¡Todo por un huevo de dragón! ¡Nunca volveré a beber! ¡Deberían echarme y obligarme a vivir como un muggle! -
- Tranquilo Hagrid, ya pasó todo. - dijo Harry con una sonrisa afable. - Además, lo habría descubierto igual, estamos hablando de Voldemort. Lo habría sabido de todas formas, aunque no me dijeras nada. -
- ¡Podrías haber muerto! - sollozó Hagrid. - ¡Y no digas ese nombre! -
- ¡VOLDEMORT! - gritó Harry, y Hagrid se impresionó tanto que dejó de llorar - Me encontré con él y lo llamé por su nombre. Vamos, alégrate Hagrid, salvamos la Piedra, ya no está, no la podrá usar. - rebuscando en su bolsillo, sacó una rana de chocolate. - Ten, una rana de chocolate. Tengo muchísimas, amigo mío…-
- Gracias Harry…- sonrió Hagrid entre lágrimas. - eres un maravilloso amigo…¿Té? -
- Siempre es un placer…- respondió Harry con una amplia sonrisa.
Y así, el guardabosques y el joven mago platicaron durante un par de horas, mientras tomaban un delicioso té caliente, y comentando lo que podría ser el partido de mañana.
Capítulo 18 - El heroísmo tiene premio
Llegó el sábado, y con él, un partido decisivo. Gryffindor estaba ante su gran oportunidad. La posibilidad de romper su mala racha en la Copa de Quidditch, y de ganarla siete años después.
Wood se sintió muy aliviado cuando supo que podía contar con Harry para el partido. Él y el equipo tenían miedo de haberlo perdido tras conocer su enfrentamiento con Quirrell y Voldemort. Harry estaba muy contento porque gracias a aquel acontecimiento, sus compañeros ya no se mostraban tan fríos y distantes hacia él.
En el Gran Comedor, durante el desayuno, la gente armaba mucho jaleo con emocionantes charlas sobre el último partido. Era obvio que, tras pasar por la jornada de exámenes, los alumnos no tuvieran otra cosa en mente, incluso los más adultos hablaban del tema. Los alumnos de Gryffindor y Hufflepuff que pasaron cerca de Harry le fueron animando para que hiciera un buen juego, mientras que unos pocos lo amenazaron con ignorarle de por vida si jugaba horriblemente.
- Pues que me ignoren. - bufó el azabache, haciendo un mohín.
La mesa de Slytherin estaba realmente a flor de piel, en especial Draco Malfoy, que miraba a Harry con odio. Seguramente estaba esperanzado en que no se encontrara en condiciones de participar en el partido, ya que eso prácticamente hubiera garantizado la derrota de Gryffindor, al jugar con uno menos.
- Pues que se jo**…- se burló el azabache. - Le vamos a dar una paliza a Ravenclaw y a restregaros el título en la cara. – pensó decidido.
El estadio estaba a rebosar de gente de todas las casas. Los alumnos de Gryffindor prepararon pancartas para animar a su equipo. Seamus Finnigan y Dean Thomas hicieron una muy especial dedicada a Harry, con el nombre de "Larga vida al rey Potter", con chispas brillantes a su alrededor, cortesía de Hermione. Hagrid también estaba entre ellos (por algo fue alumno de Gryffindor cuando estudiaba), con un gorro rojo y dorado en la cabeza que de lejos parecía la punta de un lápiz.
Por su parte, los estudiantes de Ravenclaw hicieron una especie de animación con pajaritos azules y blancos. Estos se juntaban y escribían las letras del nombre "Ravenclaw" de manera continua.
Oliver estaba en el vestuario, repasando por última vez la estrategia que iban a emplear durante el partido. Harry estaba encantado de volver a ser tratado bien por su equipo, quienes dejaron de llamarle "buscador a secas" desde hacía varios entrenamientos. Como ya era costumbre, Oliver soltó uno de sus épicos discursos.
- Este…no es un partido cualquiera…- empezó en tono dramático. - Este, es el final…el final de una era, de una era de…-
- De mala racha constante…- bufó George. - Que sí, Oliver. Ya lo sabemos, no hace falta que nos des la lata…-
- ¡Oh, cállense! - rugió Wood con el puño al aire. - ¡Y tómense este partido en serio! Es nuestra gran oportunidad. ¡Hoy podemos ganar la Copa y llenar de orgullo y honor a nuestra casa! ¡Haremos a Gryffindor campeón y escribiremos nuestros nombres en la historia de Hogwarts! -
- ¡SI! - rugió Harry con fuerza, seguido de sus compañeros.
- Bien Harry, si pudiste con "quien tú sabes" y un profesor, atrapar la Snitch debe ser algo tan parecido a un paseo por el parque. - dijo Wood, mostrándole un pulgar arriba a su buscador estrella. - Es tu momento Harry, es hora de ganar. -
- ¡Si mi capitán! - asintió Harry con ganas, mientras que Fred y George lo apoyaban con un coro dramático.
- Bien, ¿chicas? - dijo Oliver, dirigiéndose a las cazadoras. - Es hora de que demostréis a los de Ravenclaw quienes son las dueñas del rodeo. -
- ¡Si! - gritaron muy animadas Alicia, Angelina y Katie, las cazadoras del equipo.
- ¿Fred? ¿George? -
- ¿Si mi comandanteeeeee? - dijeron ambos hermanos, poniéndose firmes y haciendo una burla, aguantándose las ganas de reír como idiotas.
- ¡Sin piedad! - gritó Wood, con el puño al aire. - ¡Id allí y detened todas las Bludgers que se interpongan en nuestro camino! ¡Sed Fred y George! -
- ¡Sí señor, seremos Gred y Feorge! - bromearon los dos golpeadores.
El equipo entero soltó una carcajada. Las chicas empezaron a rodar por los suelos, matándose de risa, y Harry se tuvo que apoyar en una silla para no caerse como ellas. Wood comenzaba a perder la paciencia.
- Como siempre, consiguen bajar la tensión en momentos así…- pensó Harry, tratando de recuperarse tras reír como los demás.
- ¡Ya está bien! - exclamó Wood. - ¡A jugar! ¡Y a ganar! -
Después de que las chicas dejaran de reírse ruidosamente, respiraron con profundidad, y siguieron a Wood, Harry y los gemelos Weasley con las escobas a mano. Cuanto más se acercaban a la puerta de salida, más audible se hacía el bullicio de la grada.
La puerta se abrió. Los jugadores subieron a sus escobas, y tras dar unas patadas al suelo, se elevaron por los cielos, empezando a volar por todo el estadio. El ambiente era impresionante. Todo el colegio estaba presente, y por supuesto, Dumbledore. Su inconfundible y plateada barba lo delataba. También estaba Snape, sentado a su lado, con los brazos cruzados y de malhumor, como siempre.
Luego, a un lado de los profesores, se encontraba sentada la profesora McGonagall, que como ya iba siendo habitual, se sentaba al lado del comentarista, Lee Jordan. Probablemente para asegurarse de que no dijera nada fuera de lo que ella consideraba como "permitido".
Mirando hacia el lado de las gradas donde se encontraba la afición de Gryffindor, Harry sonrío al ver sobre sus cabezas una nueva pancarta iluminada, con el nombre "Larga vida al rey Potter".
- ¿Ahora me nombran monarca? - pensó Harry entre risas, mientras saludaba a sus amigos desde el aire. - ¿Cómo quieren que sea rey si no tengo corona? -
- ¡Bienvenidos! ¡Damas, caballeros, director, profesores y Hagrid, al partido que tanto estábamos esperando! - gritó Lee Jordan, con su habitual sentido del humor. - ¡El equipo de Gryffindor está a las puertas de conquistar la Copa de Quidditch, y solo lo logrará si consigue imponerse al equipo de Ravenclaw! ¿¡Acabará este equipo con una mala racha que dura ya siete años!? ¿¡Se alzarán hoy con el título!? ¡Siéntense, coman palomitas, y disfruten del espectáculo! - anunció con energía.
- ¡Eh, Lee! ¡Que no venden palomitas! - se quejó Ron, en voz alta. - Jo…-
La señora Hooch se puso en el centro del campo, con la Quaffle en una mano, y su silbato en la otra. - ¡Ya conocéis las normas, juego limpio! - dijo severamente. - ¡Será una final, pero no un suicidio! ¡Ahora…que comience el partido! - Y tras dar el pitido inicial, lanzó la Quaffle al aire, dando comienzo al encuentro.
- ¡Los cazadores de Ravenclaw tiene la Quaffle! ¡Roger Davies la recibe y se lanza directamente hacia los anillos defendidos por Oliver Wood! ¡Oh! ¡Una Bludger le ha dado de lleno a Davies! ¡La Quaffle cae, pero es atrapada por Katie Bell! -
Harry observaba con atención el partido, esperando su turno para moverse. Entonces su atención se volcó en la grada, donde podía mirar a una Hermione radiante como la luz del sol, charlando con sus amigos. Él ya lo pensaba, desde él mismo día en que se conocieron…Era preciosa, inteligente, buena amiga, en ocasiones mandona…pero siempre estaba allí, apoyándolo…
- ¡Harry! - escuchó el gritó de Oliver. - ¿¡Que haces, Harry!? ¡Concéntrate en el partido! ¡Busca la Snitch! -
- ¿¡Eh!? - farfulló Harry, sacudiendo la cabeza. - Oh, es verdad. Lo siento, capitán. -
Acelerando con su escoba, Harry empezó a explorar la zona en búsqueda de la Snitch dorada que necesitaba atrapar si quería que su equipo ganara.
- Me alegro de que por fin todo haya terminado. - dijo Hermione sonriente. - Lo que significa que Harry va a tener un partido bastante cómodo. -
- Aunque tratándose de la final, tampoco es que vaya a ser demasiado cómodo. - opinó Hagrid.
- Bueno…- dijo Hermione de un suspiro. - por mucho que Gryffindor gane la Copa de Quidditch, eso no será suficiente para impedir que Slytherin se lleve la Copa de la Casa…-
- Puede que eso sea verdad. - admitió Ron. - Pero oye, como mínimo, les podremos restregar la Copa de Quidditch por la cara a esos idiotas. -
- Oh, eso tampoco está tan mal. - sonrió Hermione, más animada.
- ¡Y ANGELINA JOHNSON ANOTA! - anunció Lee Jordan. - ¡Gryffindor va por delante, treinta a cero! -
Harry seguía observando con atención, hasta que…
- ¡Ahí está! - pensó Harry con una sonrisa orgullosa, mientras salía disparado a toda velocidad, persiguiendo la Snitch. - ¡Es hora de cazar! -
- ¡Oh! ¡Harry Potter ha visto la Snitch! - gritó Lee. - ¡El buscador de Gryffindor va tras ella, seguido por el buscador de Ravenclaw! ¡Ha! ¡Qué listillo! -
- ¡Jordan! - exclamó McGonagall, regañándolo como siempre. - ¡Ese comentario sobraba! -
Harry estaba siendo perseguido no solo por su rival directo (el buscador rival), sino también por las Bludgers que le habían tirado los golpeadores de Ravenclaw. Afortunadamente, tenía sus propias "Bludgers" cubriéndole las espaldas.
- ¡Gracias Fred, George! – agradeció Harry.
- ¡De nada! - sonrió Fred.
- ¡Solo cómpranos algo después…! - añadió George.
- ¡Y estamos a mano! - dijeron los gemelos.
- ¡Hecho! -
- ¡VAMOS HARRY! - gritó Hermione, dándole ánimos a Harry.
El azabache se quedó boquiabierto al ver que ella estaba sentada en el hombro derecho de Hagrid. Y en el otro, estaba Ron, degustando un pastel de calabaza y mostrándole un pulgar arriba a su mejor amigo.
- Nada mejor que un buen pastel de calabaza para compensar la falta de palomitas. - pensó Harry, mostrándoles el pulgar arriba mientras se concentraba de nuevo en la Snitch.
Para no ser un clásico entre Gryffindors y Slytherins, la tensión estaba por las nubes. El bullicio se hacía titánico en ocasiones, por ejemplo, cuando Katie estuvo a punto de caerse de la escoba después de recibir el impacto de una Bludger. Wood se enfadó con los gemelos y les exigió que se dejaran de distracciones. Harry tenía la impresión de que Katie miraba al capitán de Gryffindor con cierto interés.
Pasaron varios minutos. Tras presenciar algunas jugadas de contrataque directo, Gryffindor y Ravenclaw estaban empatados a cien puntos. Para deshacer el entuerto, necesitaban de Harry.
El joven mago estaba muy cerca de la Snitch. No la había alcanzado con anterioridad por culpa de un cazador que, por poco, lo derriba de su escoba.
Harry empezaba a enfurruñarse, porque la Snitch se le estaba escapando de nuevo. Entonces, en la grada, la sonrisa burlona de Snape apareció de nuevo ("¿Intentará hechizarme de nuevo?", pensó sarcásticamente). El temor de lo que pasaría si Gryffindor no se llevaba la Copa de Quidditch…las burlas que recibirían por parte de Slytherin…Snape burlándose de ellos…el enfado volvió a emerger en Harry, y fulminando con la mirada a la Snitch, aceleró con todo. La Snitch cambió de dirección y cayó en picado. Harry hizo lo mismo.
- ¿¡Que está haciendo!? - gritó Ron, boquiabierto. Se le había caído el pastel.
- ¡Harry! ¡Reduce la velocidad! - gritó Hermione, muy asustada. - ¡HARRY! -
- ¡Madre mía, está loco, se estrellará! - exclamó Hagrid, tapándose los ojos.
Pero justo cuando todos pensaba que el joven mago iba a impactar en el suelo, este puso recta su escoba con un movimiento magistral, aprovechando bien su peso sobre un costado, y equilibrando de este modo la escoba. Con su brazo derecho, logró coger la Snitch.
- ¡LA TENGOOOOOO! - gritó Harry al cielo, levantando al público de sus asientos, entre aplausos por parte de casi todos, y pitidos por parte de Slytherin.
- ¡LA TIENE! – chilló Lee Jordan. - ¡LA TIENE! ¡LA TIENEEEEEEEEEE! – estaba tan emocionado que, sin querer, le dio un beso a la profesora McGonagall en su mejilla.
Los alumnos de Gryffindor saltaron desde la grada, rompiendo a aplaudir y vitorear a su equipo, apoyados por los alumnos de Hufflepuff, mientras que algunos Ravenclaws estaban cabizbajos, y otros se estaban burlando de los miembros de la casa Slytherin, quienes empezaron a desfilar en dirección a la salida, sin poder hacer nada más que gruñir y despotricar contra Harry.
- ¡HARRY! ¡HARRY! ¡HARRY! - gritaba Wood sin parar, con el puño al aire y lágrimas de emoción en su rostro.
El azabache empezó a reírse a carcajadas cuando vio a Malfoy cubriéndose la cabeza con su túnica, porque algunos estudiantes le estaban tirando comida desde la grada al salir. Mientras que Crabbe y Goyle trataban de capturar algunos pastelitos que volaban hacia ellos.
El equipo de Gryffindor en su totalidad aterrizó sobre la hierba. Fueron a por Harry y, entre todos, lo agarraron por los brazos y las piernas y comenzaron a mantear al buscador más joven en un siglo.
- ¡Tres hurras por Harry! - gritó Oliver, más eufórico que nunca. - ¡El mejor buscador de la historia de Gryffindor! -
- ¡Hip hip! ¡HURRA! ¡Hip hip! ¡HURRA! ¡Hip hip! ¡HURRA! - rugieron los miembros del equipo de Gryffindor, manteando a Harry hasta tres veces.
Harry se sentía como si estuviera flotando en una enorme manta de nubes. – Si…esto sí que merece la pena…- pensó, muy satisfecho de su mismo.
Tras el manteo, apenas tuvo tiempo de tomarse un respiro porque recibió el abrazo y los toques cariñosos por parte de sus compañeros de equipo. Aún le dolía las costillas por su lucha contra Voldemort, pero lo disimuló muy bien. No quería estropear el mejor momento del año. Poco después, los estudiantes de Gryffindor invadieron el campo y rodearon al equipo. Hermione se lanzó a por Harry y le dio un fuerte abrazo.
- ¡Eres el mejor, Harry! – chilló ella, casi entre lágrimas.
- Oh…no ha sido nada, de verdad…- farfulló Harry, muy sonrojado y riendo como un tonto.
- ¡Bien hecho, compañero! - le felicitó Ron, aporreándole la espalda. - Deberías haber visto la cara de Malfoy. ¡Fue todo un poema! -
Harry asintió monótonamente, mientras contemplaba en rostro radiante de Hermione, que era lo único que realmente captaba su atención. Su corazón bombeaba bruscamente y por una vez no estaba seguro si se debía a la emoción por haber ganado la Copa de Quidditch o porque su mejor amiga estaba en frente de él, sonriendo ampliamente.
A sus espaldas, los estudiantes bajaron el volumen del bullicio, porque Dumbledore entró en el campo y se acercaba al equipo de Gryffindor, junto con la profesora McGonagall. Ella tenía los ojos tan brillosos como los del director, además de la Copa de Quidditch, la cual cargaba como si fuera un bebé recién nacido.
- Es para mí un gran placer…entregar la Copa de Quidditch, ¡a Gryffindor! - anunció Dumbledore, con un brillo en los ojos.
La profesora McGonagall, con una sonrisa de oreja a oreja, le dio la Copa a Wood, y este, se quedó boquiabierto una vez la sostuvo entre sus manos.
- Por favor…decidme que no es un sueño…- susurró Oliver, temblando, y sosteniendo la Copa con lágrimas en sus ojos. - Decidme que es real…-
- Oliver…lo has esperado por mucho ¿verdad? - pensó Harry con una sonrisa y una lagrima de emoción resbalando en su mejilla al ver la reacción de su capitán. Él también estaba muy feliz por haber traído la felicidad a su equipo.
- Vale. - dijo Fred, y le dio un golpe en la nuca a Wood.
- ¡Eh! - se quejó Wood.
- ¿Lo ves? - dijo George
- Es real. - añadió Fred.
- Vamos Wood. -
- ¡Levántala de una vez! – le animaron los gemelos Weasley, soltando confetis luminosos y arrancando unos cuantos aplausos.
Y alzando la Copa de plata, con un sonoro "¡SIIIII!" La casa Gryffindor alzó el título, con todo orgullo. Sin saber cómo, Harry vio a Fred y George soltando confetis y cohetes festivos de sus túnicas, animando así la celebración. La alegría fue más grande al ver el rostro de decepción por parte de los miembros de Slytherin, que se retiraban del estadio, refunfuñando y soltando todo tipo de pestes contra los Gryffindors.
- ¡Venga! - exclamó Fred. - ¡Vamos a mantear a McGonagall! -
- ¿¡QUE!? - saltó la profesora McGonagall, alterada.
- ¡Si! - dijo Wood, muy emocionado. - ¡Ella me recomendó a Harry! -
El equipo entero cogió a la jefa de la casa Gryffindor como lo hicieron con Harry, y entre todos, empezaron a mantearla.
- ¡Tres hurras por la profesora McGonagall! - gritó Wood, mientras la profesora permanecía quieta, siendo cargada por su equipo. - ¡Hip hip! ¡HURRA! ¡Hip hip! ¡HURRA! ¡Hip hip! ¡HURRA! - gritó todo el equipo, jugándose un severo castigo por semejante acto.
Dumbledore comenzó a reír, con los ojos brillosos y muy contento. Hermione miraba a su profesora preferida con una sonrisa de oreja a oreja, mientras que Ron rodaba por el suelo, junto con Dean, Seamus y Neville, riendo sin parar.
En circunstancias normales, la profesora McGonagall se habría enfadado y les habría empezado a soltar un sermón, pero esta vez, no fue así. Ella estaba radiante de felicidad, como si su habitual semblante severo se hubiera esfumado. No se le notaba ni pizca de enfado.
- ¡Muchachos! - exclamó la profesora McGonagall, sonriendo ampliamente. - ¡A celebrar! -
- ¡SI! - rugieron los leones.
Y como si fueran una marcha, los orgullosos miembros de la casa Gryffindor se dirigieron, todos juntos, al castillo, con las banderas escarlatas al viento y la Copa de plata saltando de un lado para otro.
La fiesta fue un absoluto desmadre. Fred y George habían robado mucha comida de las cocinas del colegio, y presentaron un buen banquete solo reservado para alumnos de Gryffindor. Wood permaneció sentado sobre una butaca, sacándole brillo a la Copa siempre que podía, y molestándose cuando Fred trataba de usarla para beber cerveza de mantequilla (una bebida muy popular en el mundo mágico) en ella.
Ron charlaba con varios estudiantes de Gryffindor, relatándoles la aventura que vivió con Harry y Hermione cuando fueron a proteger la Piedra. El azabache se imaginaba que su mejor amigo nunca había gozado de tanta atención, porque explicaba todo con tanta emoción, que le faltaba poco para empezar a firmar autógrafos.
Aquel fue uno de esos extraños días, donde Hermione no llegó a tocar un solo libro. Muy inusual, pero comprendía que se debía a varios motivos: El curso escolar había acabado, no había más exámenes, habían sobrevivido a su aventura para proteger la Piedra Filosofal y habían ganado la Copa de Quidditch. ¿Hacía falta más motivos? Harry pensó que no.
Por otra parte, sentía como si ella lo atrajera de alguna manera, como un imán muy potente. Harry apenas prestó atención a las charlas de sus compañeros, por lo que se sentó al lado de Hermione, y pasó con ella el resto de la fiesta, sintiendo en ocasiones un breve impulso por acercarse más a su lado y comprender mejor lo que sentía.
Dos días después de la gran victoria de Gryffindor, todos estaban preparados para asistir a la fiesta de fin de curso de la noche del lunes.
Cuando Harry y sus amigos entraron en el Gran comedor, estaba decorado con los colores de Slytherin, verde y plata, para celebrar el triunfo de aquella casa al ganar la copa durante siete años seguidos. Un gran estandarte, que cubría la pared detrás de la Mesa Alta, mostraba la serpiente de Slytherin.
Ningún miembro Gryffindor se atrevió a reprocharle nada a Harry. Después de todo, gracias a él, pudieron presumir de haber conquistado la Copa de Quidditch, además de ganar cien puntos más para su casa, lo que también quería decir que Gryffindor se aupaba hasta el tercer lugar. Al menos no estaban últimos en la clasificación de las casas, como antes del partido. Se deslizó en una silla, entre Ron y Hermione, en la mesa de Gryffindor, y trató de hacer caso omiso del hecho de que todos se ponían de pie para mirarlo. No tenía idea si era por lo de siempre (su fama), o la reciente popularidad que se había ganado en el colegio, como un gran buscador y estudiante.
Cuando por fin todos estaban sentados en sus mesas, Dumbledore se puso en pie, silenciando el cuchicheo general.
- ¡Otro año se va! - dijo alegremente Dumbledore. - Y voy a fastidiaros con la charla de un viejo, antes de que podáis empezar con los deliciosos manjares. ¡Qué año hemos tenido! Esperamos que vuestras cabezas estén un poquito más llenas que cuando llegasteis...-
Harry solo pudo sonreír ante las palabras de su director. – Este Dumbledore, siempre tan gracioso. -
- Ahora tenéis todo el verano para dejarlas bonitas y vacías antes de que comience el próximo año...- prosiguió Dumbledore. - Bien, tengo entendido que hay que entregar la copa de la casa y los puntos ganados son: en cuarto lugar, Hufflepuff, con trescientos cincuenta y dos puntos; en tercer lugar, Gryffindor, con cuatrocientos doce puntos; Ravenclaw tiene cuatrocientos veintiséis, y Slytherin, cuatrocientos setenta y dos.
Una tormenta de vivas y aplausos estalló en la mesa de Slytherin. Harry pudo ver a Draco Malfoy golpeando la mesa con su copa.
- ¡Tch! Será lo único que celebres este año, idiota…- pensó Harry, fulminando a Malfoy con la mirada.
- Sí, sí, bien hecho, Slytherin. - dijo Dumbledore. - Sin embargo, los acontecimientos recientes deben ser tenidos en cuenta. -
Todos se quedaron inmóviles. Las sonrisas de los Slytherin se apagaron un poco.
- Así que…- dijo el director. - tengo algunos puntos de última hora para agregar. Dejadme ver, sí... Primero, para el señor Ronald Weasley...- Ron se puso tan colorado que parecía un rábano con insolación. - por ser el mejor jugador de ajedrez que Hogwarts haya visto en muchos años, premio a la casa Gryffindor con cincuenta puntos. –
Las hurras de Gryffindor llegaron hasta el techo encantado, y las estrellas parecieron estremecerse. Se oyó lo que Percy les decía a los otros prefectos.
- Es mi hermano, ¿sabéis? - dijo pomposamente. - ¡Mi hermano menor! ¡Consiguió pasar en el juego de ajedrez gigante de McGonagall! -
Ron miró a Harry, y este le felicitó con la mirada antes de murmurarle algo.
- ¿Lo ves? Has hecho algo increíble al final. - dijo. - Ahora puedes decir que has logrado algo grande, algo por lo que la gente te recordará y te puedas sentir orgulloso de ello…-
- Gracias amigo…- susurró Ron, incapaz de ocultar su felicidad.
Por fin se hizo el silencio otra vez.
- Segundo... a la señorita Hermione Granger...- siguió Dumbledore, y ella se sobresaltó en su asiento. - Por el uso de la fría lógica al enfrentarse con el fuego, premio a la casa Gryffindor con cincuenta puntos. -
Alguien que hubiera estado en la puerta del Gran Comedor habría creído que se había producido una explosión por tan fuertes que eran los gritos que salieron de la mesa de Gryffindor. Hermione enterró la cara entre los brazos. Harry tuvo la casi seguridad de que estaba llorando. Los cambios en la tabla de puntuaciones pasaban ante ellos: Gryffindor estaba cien puntos más arriba. ¡Ya habían superado a Slytherin!
Y obviamente, todos lo notaron. Porque tanto las mesas de Gryffindor como las de Ravenclaw y Hufflepuff empezaron a cuchichear, emocionados. La mesa de Slytherin parecía estar presenciando un entierro.
- Felicidades Hermione…- le susurró Harry.
- Pero, tú también ayudaste…- susurró Hermione, un poco cabizbaja.
- Ah, ¿y qué hay del lazo del diablo? – preguntó el azabache, divertido. – Ron y yo habríamos muerto asfixiados de no ser por ti. Y yo no resolví la prueba de Snape solo, ¿recuerdas? Sin ti no lo habría logrado. -
Hermione no quería acreditarse nada. ¿Cómo podía? ¿Quién se preocupó por él desde el principio? ¿Quién los sacó del apuro cuando escapan de Filch? ¿Quién los ayudó a sacar a Norberto? ¿A averiguar todo sobre Flamel? ¿A proteger la Piedra? Harry no entendía porque ella se avergonzaba.
Cuando Hermione estuvo a punto de replicar algo más, Ron la interrumpió.
- ¡Hemos superado a Slytherin! – susurró rápidamente. - ¡La Copa será para noso...! -
- Tercero... al señor Harry Potter...- el azabache también se sobresaltó cuando Dumbledore pronunció su nombre. - por todo su temple y sobresaliente valor, premio a la casa Gryffindor con sesenta puntos. –
El estrépito fue total. Los que pudieron sumar, además de gritar y aplaudir, se dieron cuenta de que Gryffindor tenía muchos más puntos que Slytherin, quinientos setenta y dos. Para sorpresa de todos, Dumbledore no se detuvo allí.
- Hay muchos tipos de valentía. - dijo sonriendo Dumbledore. - Hay que tener un gran coraje para oponerse a nuestros enemigos, pero hace falta el mismo valor para hacerlo con los amigos. Por lo tanto, premio con diez puntos al señor Neville Longbottom. –
Harry, Ron y Hermione se pusieron de pie y vitorearon a Neville, que, blanco de la impresión, desapareció bajo la gente que lo abrazaba. Nunca había ganado más de un punto para Gryffindor.
- El heroísmo tiene su premio, Neville. - sonrió Harry, mostrándole el pulgar arriba a Neville. - Enhorabuena. -
- Pe-pero…- farfulló Neville con incredulidad.
- Mira Neville, ¿has visto a Malfoy? - dijo Ron entre risas, haciendo que Neville se olvidara de lo que iba a replicar, y riera junto con él. - ¡Parece que le hubieran dejado petrificado! -
- Lo que significa, ¡que hay que hacer un cambio en la decoración! - gritó Dumbledore sobre la salva de aplausos, porque Ravenclaw y Hufflepuff estaban celebrando la derrota de Slytherin.
Dio una palmada. En un instante, los adornos verdes se volvieron escarlata, los de plata, dorados, y la gran serpiente se desvaneció para dar paso al león de Gryffindor.
- Gryffindor gana…¡La Copa de la Casa! - exclamó Dumbledore.
Los aplausos y gritos de alegría no se hicieron esperar. Los estudiantes de Gryffindor, Hufflepuff y Ravenclaw tiraron sus gorras hacia el aire, mientras que los miembros de Slytherin hundían sus rostros en los platos de comida, cabizbajos.
Snape estrechaba la mano de la profesora McGonagall, con una horrible sonrisa forzada en su cara. Captó la mirada de Harry y el muchacho supo de inmediato que los sentimientos de Snape hacia él no habían cambiado en absoluto. Aquello no lo preocupaba. Parecía que la vida iba a volver a la normalidad en el año próximo, o a la normalidad típica de Hogwarts.
- No puedo esperar a volver a enfrentarme a ti, Snivellus…- pensó Harry, sonriendo con burla y volcando su atención a la mesa de su casa.
Todos se abrazaban, reían, saltaban, y no paraban de gritar emocionados. En cuanto a Harry, bueno, el volvía a estar envuelto entre los brazos de Hermione, quien lloraba de alegría en su hombro, cosa que a él le daba mucho gusto, el poder abrazarla de manera protectora y confortable.
Tres días después de las celebraciones, llegaron los resultados de los exámenes. Ron se sorprendió al ver que había sacado buenas notas, mientras que Harry y Hermione, como era de esperar, sacaron la nota máxima en todos los exámenes, siendo los mejores del año. Hasta Neville pasó a duras penas, pues sus buenas notas en Herbología compensaron su bajo rendimiento en Pociones. Ellos confiaban en que suspendieran a Goyle, que era casi tan estúpido como malo, pero él también aprobó. Era una lástima, pero como dijo Ron, no se puede tener todo en la vida.
Sin darse cuenta, sus armarios se vaciaron, sus equipajes estuvieron listos, el sapo de Neville apareció en un rincón del cuarto de baño...Todos los alumnos recibieron notas en las que los prevenían para que no utilizaran la magia durante las vacaciones, a menos que fueran supervisados por magos y brujas adultos.
- Siempre espero que se olviden de darnos esas notas. - dijo con tristeza Fred, mientras arrugaba la nota y se la tiraba en la cabeza a George.
Así pues, llegó el día de volver a casa. En el caso de Harry, la cosa era regresar con sus detestables tíos al número 4 de Prive Drive. Confiaba en que Dumbledore les hubiera dicho lo justo y necesario como para que no lo molestaran en vacaciones.
Como alumnos de primero, a Harry y los demás de su mismo año les tocaba volver a cruzar el lago en botes hasta la estación del pueblo, siendo guiados por Hagrid. Justo cuando Harry estaba a punto de subir al tren de regreso a Londres, Hagrid le pidió que esperara.
- ¿Ibas a irte sin despedirte? - preguntó Hagrid. - Que malvado…-
- Oh, ¿cómo crees? – sonrió Harry, mientras le daba un abrazo amistoso al guardabosques.
- Quería darte un pequeño regalo. - dijo el semigigante, dándole su regalo a Harry. - Es muy especial. Espero que te guste. –
Parecía un libro con una hermosa cubierta de cuero. Harry lo abrió con curiosidad... Estaba lleno de fotos mágicas, sonriéndole y saludándolo desde cada página. Estaban su madre y su padre...
- Envié lechuzas a todos los compañeros de colegio de tus padres, pidiéndoles fotos...- dijo Hagrid. - Sabía que tú no tenías...¿Te gusta? -
- Es precioso…- susurró Harry, contemplando con emoción el álbum. - Hagrid…muchas gracias…-
- Oh, te voy a echar de menos, Harry…- dijo Hagrid dándole un abrazo al joven mago.
- Y yo a ti, y a Hogwarts…- susurró el azabache. - que ganas tengo de que llegue el siguiente curso…-
….
Mientras contemplaba la estación de Hogsmeade desde lo alto de la Torre de Astronomía, Albus Dumbledore no podía evitar esbozar una amplia sonrisa. Había descubierto al fin un gran secreto, el cual llevaba sospechando desde hacía años.
La familia de Harry, los Potter, provenía de un linaje legendario. No era un linaje cualquiera, era mucho más de lo que Albus habría esperado. Siempre que pensaba en Lord Voldemort, y el linaje al que él pertenecía, mantenía esa pequeña esperanza.
Estas se hicieron realidad, cuando el Sombrero Seleccionador se lo comentó un día en su despacho.
Flashback…
- ¿Estás seguro de que es él? - le preguntó Albus al Sombrero.
- ¡Absolutamente! - repuso el Sombrero. - Tiene que ser él, señor director. Con solo ponerme en su cabeza lo supe. La sangre de mi creador corre por sus venas, al igual que muchas de las características que tanto lo definían…Por un momento pensé que había vuelto casi mil años atrás, cuando él aún seguía vivo…-
- Pero Harry…¿porque precisamente Harry? - se preguntaba Albus.
- Es el primer Potter con sangre mezclada. - dijo el Sombrero. - Nunca, en todos los años que han pasado, mi señor había tenido a un descendiente de ese tipo. Él lo dijo bien claro: "El primer mestizo de mi descendencia será el elegido". -
Fin del Flashback…
- De modo…que tú eres el heredero, Harry…- pensó Albus, sintiendo tristeza, pero a la vez esperanza. Si Harry fue capaz de pararle los pies a Lord Voldemort en su intento por volver, eventualmente, podría cumplir con su destino. Podría detener al mago más peligroso de todos los tiempos y salvar al mundo mágico y muggle. - Aún no es el momento, Harry…eres muy joven y acabas de empezar. Te quedan muchos retos por delante, pero sé que tu voluntad y tu valor te ayudaran a superarlos, así como tus amigos…- El tren había empezado a calentar los motores y a expulsar humor por la chimenea. Estaba a punto de partir. - Buena suerte…Heredero de Gryffindor…-
…
Harry y sus amigos subieron al expreso de Hogwarts, charlando y riendo, mientras el paisaje campestre se volvía más verde y menos agreste. Comieron las grageas de todos los sabores, pasaron a toda velocidad por las ciudades de los muggles, se quitaron la ropa de magos y se pusieron camisas y abrigos...
Y bajaron en el andén nueve y tres cuartos de la estación King Cross. Tardaron un poco en salir del andén, un viejo y enjuto guarda estaba al otro lado de la taquilla, dejándolos pasar de dos en dos o de tres en tres, para que no llamaran la atención saliendo de golpe de una pared sólida, pues alarmarían a los muggles.
- Tenéis que venir y pasar el verano conmigo, los dos. - dijo Ron. - Os enviaré una lechuza. -
- Gracias Ron, será interesante conocer a toda tu familia. - dijo Harry.
La gente los empujaba mientras se movían hacia la estación, volviendo al mundo muggle, algunos le decían...
- ¡Adiós, Harry! -
- ¡Nos vemos, Potter! -
- Sigues siendo famoso… - dijo Ron, con una sonrisa burlona.
- No allá donde voy, pero mejor. - dijo Harry con un suspiro. - Necesito alejarme un poco de todo ese rollo de la fama. Ojalá que los Dursley se limiten a dejarme en paz...- murmuró.
Él, Hermione y Ron pasaron juntos a la estación.
- ¡Mira mamá! ¡Es él! ¡Es Harry Potter! – chilló una niña pelirroja. Era Ginny Weasley, la hermana pequeña de Ron, que iba de la mano con la señora Weasley, su madre.
- Miren, ahí está Ginny. - señaló Ron, bufando. - ¿A qué es pesada? -
- Tranquila, Ginny, es de mala educación señalar con el dedo. – dijo la señora Weasley. Se acercó a los chicos y les sonrió. - Tú debes de ser Harry. – dijo, cuando lo vio. - Me alegro de conocerte. -
- Lo mismo digo, señora Weasley. - dijo Harry con una sonrisa afable. Ginny se escondió detrás de su madre, parecía bastante tímida. - Quiero darle las gracias por el jersey y el pastel. Para mi significa mucho. –
- Oh, no fue nada…- dijo la señora Weasley, sintiéndose alagada. - Y decidme, ¿habéis tenido un año movidito? –
- Mucho…- dijeron al mismo tiempo Harry y Ron.
- ¿Ya estás listo? – inquirió una voz gruñona.
Era tío Vernon, todavía con el rostro púrpura, todavía con bigotes y todavía con aire furioso ante la audacia de Harry, llevando una lechuza en una jaula, en una estación llena de gente común. Detrás, estaban tía Petunia y Dudley, con aire aterrorizado ante la sola presencia de Harry.
Hacía un año que no los veía, pero por alguna razón, Harry no se sentía aterrorizado de volver con ellos. Al contrario. Pensó que desde el momento en que volviera con ellos, las cosas serían diferentes, porque él se encargaría de que fueran diferentes.
- ¡Usted debe de ser de la familia de Harry! - dijo la señora Weasley.
- Por decirlo así…- dijo tío Vernon. - Date prisa, muchacho, no tenemos todo el día. -
- No me iré sin antes despedirme…- dijo Harry, con seriedad.
Tío Vernon vaciló, antes de darse la vuelta para ir hacia la puerta. Harry esperó para despedirse de sus dos mejores amigos.
- Nos veremos durante el verano, entonces…- dijo Ron. - ¡Ay! - gimió, cuando algo que cayó desde arriba le impactó en su cabeza.
Harry miró al suelo, y le pareció que estaba viviendo un "déjà vu". Ahí estaba la muñeca de Barbie que vio la primera vez que entró en el andén nueve y tres cuartos, cuando por la ventana del tren espiaba a Ron y su familia. Sus sospechas se confirmaron poco después. La misma niña rubia y de mirada graciosa que vio aquella vez reapareció (había crecido un poco, pero seguía mostrando el mismo aire infantil), y Harry se preguntaba si Ron comenzaría a odiar a las muñecas.
- ¡Ay no! ¡Mi hermano es un tonto! - chilló la niña rubia, alcanzando a su muñeca. - Pobre Barbie, a este paso la romperá. -
- ¡Oh, no! - se quejó Ron, frotándose la cabeza. - ¡Tú de nuevo! - bufó. - ¿Qué tienes en contra de mi cabeza? -
- ¡Anda, pero si eres tú! - dijo la niña. - No es mi culpa, de verdad. - protestó, inflando los cachetes. Su cara era muy graciosa. - Esta vez fue mi hermano. Está enfadado porque ha tenido un año horroroso. ¡Ha! Seguramente se pondrá a lloriquear en su habitación por el resto del verano. ¡Que divertido! -
- ¿Quién será su hermano? - pensó el azabache. Intentó buscar a la familia de la niña con la mirada, pero había muchos padres y niños presentes, pura multitud.
- Ah, ¿sí? - inquirió Ron, mirando con furia a la niña rubia. - ¡Pues dile a tu hermano que si lo veo le dejaré un buen recuerdo en el ojo! - dijo, alzando un puño.
- ¡Ronald! - le regañó su madre. - No le hables así. Además, parece una niña tan dulce…¿Cómo te llamas, cielo? -
- Chloe. - respondió ella, dando un saltito alegre. - Bueno, tengo que irme. Mis padres me esperan en el aparcamiento. Hasta luego, oh, y siento que tu cabeza sea el objetivo favorito de mi hermano. - añadió, sonriendo a Ron.
- ¡Solo date el piro, vamos! - le exigió Ron.
Y dando brincos alegres, Chloe se perdió de vista entre la multitud.
- Oh, maldita sea. - resopló Ron. - Espero no verla nunca en Hogwarts. Que pesadilla. -
- Pero, ¿qué dices? - dijo Hermione, indignada. - Yo pienso que es adorable. ¿Has visto cómo te ha mirado? -
- Como un bufón. - replicó Ron, haciendo un mohín. – Gracias por recordármelo. -
- Bueno, anímate amigo, - dijo Harry, palmeándole el hombro. - ya estamos de vacaciones. Estaré esperando tu mensaje. Cuídate mucho, Ronald. -
Y tras un abrazo amistoso, Ron se fue con su familia. En ese momento, Dan y Jean se encontraron con Harry.
- Hola Dan, - dijo Harry alegremente. - Jean, me alegro de veros. -
- Lo mismo digo jovencito, - dijo Dan con una sonrisa. - y veo…que te sigues llevando muy bien con nuestra hija. -
Harry y Hermione no se dieron cuenta. Después de despedirse de Ron los dos caminaron juntos, cogidos de la mano. Tan pronto como se percataron, ambos se soltaron y miraron hacia lados opuestos, sonrojados.
Jean se puso a reír antes de hablar. – Si, se ve que os lo pasáis muy bien en Hogwarts. -
- Ajá…- murmuró Harry. - Esto, quiero darles las gracias por el kit dental que me regalasteis por navidad. Me ha sido muy útil. -
- Si, puedo ver que te ha sido de gran ayuda. - dijo Dan muy contento. - Ahora tienes los dientes tan blancos como los de nuestra pequeña Hermi. –
- Hm…es una pena que tengas que ir con tus tíos. – suspiró Jean. - Ojalá no sean tan duros contigo esta vez. -
- No se preocupe, estaré bien. – dijo Harry con seguridad.
- Hermi, nosotros vamos yendo al coche. – dijo Dan, dedicándole una sonrisa al azabache. - buena suerte, Harry. -
Harry asintió. Dan y Jean se fueron hacia la salida, con las cosas de Hermione.
- ¿Hermione? - Harry se volvió. Pudo ver que su amiga estaba sonrojada y con un brillo en sus ojos.
- Te voy a echar de menos, Harry…- susurró Hermione, dándole a Harry un fuerte abrazo, y mirando insegura a tío Vernon. Tal vez estaba impresionada de que alguien pudiera ser tan desagradable. - Ten cuidado por favor, y no te olvides de escribirme…-
Cuando la miró a los ojos, Harry sintió un impulso que le invitaba a acercase más a ella. Pero no se sentía con valor para ir más allá. Después de pensarlo por todo el año, desde que conoció a Hermione, llegó a una conclusión…
- Yo también te voy a echar de menos…- dijo finalmente, con una sonrisa afable.
Hermione le dedicó una última sonrisa radiante, antes de irse con sus padres. Harry la saludó con la mano, sintiendo tonto por haber dejado escapar una gran oportunidad. Aunque pensándolo bien, tampoco quería montar una escena dramática en frente de los Dursley.
- Hasta nuestro próximo encuentro…- dijo desde su mente, mientras seguía a los Dursley hasta su coche familiar. - Creo…que tu realmente me gustas…-
Y ahí estaba su conclusión. Al fin lo entendía…era aquel sentimiento que una vez lo salvó de las garras de Lord Voldemort. ¿O era distinto? Después de todo, aquella vez fue el amor de su madre, y Hermione no era ningún familiar cercano, no…ella era su mejor amiga. ("¡Que complicado es el amor!" pensó Harry) A pesar de tener dificultades para encajar todo el enredo sobre el amor, algo sí que tenía claro. Lo que sentía hacia Hermione, era amor, y no un amor amistoso. Harry siguió lamentándose por no haberle dicho nada a su mejor amiga, de no preguntarle lo que ella sentía por él, pero…tampoco era demasiado tarde.
En el próximo curso la volvería a ver, y deseaba que para entonces ya contara con el valor suficiente como para decirle lo mucho que la quería…
Nota del Autor:
¡Hola a todos! Llevo mucho tiempo sin entrar (he tenido mucho trabajo.-.). Siento mucho haberme ido tanto tiempo, pero es que he tenido tantas cosas en la cabeza que al final me hice un lío. Y entre líos, estaba esta historia.
Sé que lo que voy a hacer a continuación va a fastidiar a algunos (Lo siento, no me apuntéis con las pipas porfa D: ) Pero tomé la decisión de retocar todos los capítulos. Hay muchas cosas que vi que no me gustaron mucho y he decidido darles varios retoques.
La historia que habíais leído hasta ahora no cambiara mucho, eso sí, se desarrollara de manera distinta y es posible que ese par de dos (Harry y Hermione) no lleguen a tomar el siguiente paso tan pronto como pasó en la primera versión de la historia.
Dejaré el primer año para que lo leáis y en unos días subiré el segundo año al completo.
Estoy rectificando algunas cosas y por ahora (os puedo decir) estoy revisando el año 3. Ya os daré detalles cuando pueda.
En fin, siento mucho fastidiaros con esto, pero al final (eso creo) pienso que merecerá la pena.
Gracias por vuestra paciencia. ¡Nox!
