Capítulo 23 - Regresando a Hogwarts

El final del verano llegó más rápido de lo que Harry habría querido. Estaba deseando volver a Hogwarts, pero, por otro lado, el mes que había pasado en La Madriguera había sido uno de los más felices de su vida. Le resultaba difícil no sentir envidia de Ron cuando pensaba en los Dursley y en la bienvenida que le darían cuando volviera a Privet Drive.

Harry pasó ese tiempo practicando magia con Ron, a escondidas, instruyendo a su mejor amigo con algunos conjuros útiles en los duelos, cosa que él no se atrevió a negar. Después del último episodio vivido con Malfoy, quería prepararse lo mejor posible para el día en que lo vieran de nuevo, seguramente, en el Expreso de Hogwarts.

Además de la practica mágica, Harry obligó de alguna forma a Ron y los gemelos a terminar sus deberes de vacaciones: ayudándolos lo mejor posible, dándoles las pistas justas y necesarias…Fue un gesto que la señora Weasley agradeció, y mucho.

Por otra parte, y a pesar de lo bien que se lo pasaba en La Madriguera, tenía muchas ganas de volver a ver a Hermione. Cuando se reencontraron en el Callejón Diagon pasaron un día repleto de aventuras, momentos divertidos y acción. Se preguntaba si llegaría a vivir una nueva aventura en su nuevo año escolar. Después de todo, en un lugar como Hogwarts cualquier cosa podía pasar.

La última noche, la señora Weasley hizo aparecer (por medio de un conjuro) una cena suntuosa que incluía todos los manjares favoritos de Harry y que terminó con un suculento pudín de melaza. Fred y George redondearon la noche con una exhibición de las bengalas del doctor Filibuster, y llenaron la cocina con chispas azules y rojas que rebotaban del techo a las paredes durante al menos media hora. Después de esto, llegó el momento de tomar una última taza de chocolate caliente e ir a la cama.

A la mañana siguiente, les llevó mucho rato ponerse en marcha. Se levantaron con el canto del gallo, pero parecía que quedaban muchas cosas por preparar. La señora Weasley, de mal humor, iba de aquí para allá como una exhalación, buscando tan pronto unos calcetines como una pluma. Algunos chocaban en las escaleras, medio vestidos, sosteniendo en la mano un trozo de tostada, y el señor Weasley, al llevar el baúl de Ginny al coche a través del patio, casi se rompe el cuello cuando tropezó con una gallina despistada.

A Harry no le entraba en la cabeza que ocho personas, seis baúles grandes, dos lechuzas y una rata pudieran caber en un pequeño Ford Anglia. Claro que no había contado con las prestaciones especiales que le había añadido el señor Weasley.

- Conque un encantamiento de extensión…hm…- dijo Harry con una sonrisa de interés.

- No le digas a Molly ni media palabra…- susurró el señor Weasley, al abrir el maletero y enseñarle cómo lo había ensanchado mágicamente para que pudieran caber los baúles con toda facilidad.

Cuando por fin estuvieron todos en el coche, la señora Weasley echó un vistazo al asiento trasero, en el que Harry, Ron, Fred, George y Percy estaban confortablemente sentados, unos al lado de otros.

- Los muggles saben más de lo que parece, ¿verdad? - dijo. Ella y Ginny iban en el asiento delantero, que había sido alargado hasta tal punto que parecía un banco del parque. - Quiero decir que desde fuera uno nunca diría que el coche es tan espacioso, ¿verdad? -

El señor Weasley arrancó el coche y salieron del patio. Harry se volvió para echar una última mirada a la casa. Apenas le había dado tiempo a preguntarse cuándo volvería a verla, cuando tuvieron que dar la vuelta, porque a George se le había olvidado su caja de bengalas del doctor Filibuster. Cinco minutos después, el coche tuvo que detenerse en el corral para que Fred pudiera entrar a coger su escoba. Y cuando ya estaban en la autopista, Ginny gritó que se había olvidado su diario y tuvieron que retroceder otra vez. Cuando Ginny subió al coche, después de recoger el diario, llevaban muchísimo retraso y los ánimos estaban alterados.

El señor Weasley miró primero su reloj y luego a su mujer. - Molly, querida...- empezó.

- No, Arthur. - respondió ella tajantemente.

- Nadie nos vería. - dijo el señor Weasley. - Este botón de aquí es un accionador de invisibilidad que he instalado. Ascenderíamos en el aire, luego volaríamos por encima de las nubes y llegaríamos en diez minutos, nadie se daría cuenta...-

- He dicho que no, Arthur. - dijo la señora Weasley. - No a plena luz del día. -

- Oh vaya, a mí me gusta volar... - bufó Harry mentalmente, un poco decepcionado, pero comprendiendo que la señora Weasley no tenía ganas de llamar la atención. Además, ¿ese accionador de invisibilidad era fiable? Nadie, salvo el señor Weasley, parecía saberlo.

Llegaron a Kings Cross a las once menos cuarto. El señor Weasley cruzó la calle a toda pastilla para hacerse con unos carritos para cargar los baúles, y entraron todos corriendo en la estación. Harry ya había cogido el expreso de Hogwarts el año anterior. La dificultad estaba en llegar al andén nueve y tres cuartos, que no era visible para los ojos de los muggles. Lo que había que hacer era atravesar caminando la gruesa barrera que separaba el andén nueve del diez. No era doloroso, pero había que hacerlo con cuidado para que ningún muggle notara la desaparición.

- Percy primero. - dijo la señora Weasley, mirando con inquietud el reloj que había en lo alto, que indicaba que sólo tenían cinco minutos para desaparecer disimuladamente a través de la barrera.

Percy avanzó deprisa y desapareció, a continuación, fue el señor Weasley. Lo siguieron Fred y George.

- Yo pasaré con Ginny, y vosotros dos nos seguís. - dijo la señora Weasley a Harry y Ron, cogiendo a Ginny de la mano y empezando a caminar. En un abrir y cerrar de ojos ya no estaban.

- Será mejor que nos demos prisa, Ron. - dijo Harry.

- Si, adelante. - respondió Ron.

Harry se aseguró de que la jaula de Hedwig estuviera bien sujeta encima del baúl, y empujó el carrito contra la barrera. No le daba miedo; era mucho más seguro que usar los polvos flu. Se inclinaron sobre la barra de sus carritos y se encaminaron con determinación hacia la barrera, cogiendo velocidad. A un metro de la barrera, empezaron a correr y atravesaron la pared. Tan pronto como aparecieron en el andén nueve y tres cuartos, supieron que se estaban haciendo tarde. El tren echaba vapor a trompicones, lo que significaba que estaba listo para salir.

- ¡Harry, Ron! - gritó la señora Weasley, quien se despedía de Ginny. - ¡Venga, moveos! ¡Se os va a escapar el tren! - se volvió y miró hacia una puerta. - ¡Fred, George! - llamó a los gemelos. - ¡Ayudadles a subir sus baúles, rápido! - los dos bajaron del tren para echar una mano.

Con la ayuda de Fred y George, Harry y Ron subieron sin problemas al tren, dejando el equipaje en el vagón de equipajes. "¡Justo a tiempo!" pensó Harry, porque el tren había comenzado a moverse. Miraron por la ventana y se despidieron del señor y la señora Weasley, agitando la mano, poco antes de que se perdieran de vista. Tan pronto como se volvieron para suspirar, se reencontraron con Hermione, quien los recibió con un abrazo sonriente y luego, con un sermón, fulminando a ambos con una mirada similar a la de la profesora McGonagall cuando se enfadaba.

- ¿¡Cómo se os ocurre llegar tan tarde!? - inquirió ella, en tono mandón. - Por un momento pensé que os ibais a perder el tren. Ron, ¿cómo te tengo que decir que te consigas un despertador? ¿No se supone que tu padre colecciona objetos muggles? -

Ron bufó molesto ("Como la echaba de menos", murmuró con sarcasmo), mientras que Harry esbozaba una sonrisa, como si disfrutara cada vez que Hermione los regañaba.

- ¡Harry! - Hermione le llamó la atención. - Harry, ¿me estas escuchando? - preguntó, con los brazos en jarra.

De repente, el azabache no tuvo más remedio que bajar de las nubes. - Oh…si, si te escucho…- farfulló. - Lo que sucede es que tuvimos unos…contratiempos antes de llegar. -

- Bueno, como sea. - dijo finalmente Hermione, mientras que Ron y Harry la seguían hacia el fondo del tren. - Será mejor que nos pongamos en marcha. A saber, si aún quedan cabinas libres por ahí…-

Mientras caminaban por los compartimentos, Harry se distrajo viendo pasar los árboles, montañas y el río, a través de las ventanas. Pasaron de compartimente en compartimento, de vagón en vagón, pero todos estaban llenos. No le importaba demasiado. Era agradable volver a subir en el tren de regreso a Hogwarts. No fue hasta que pasaron por el vagón del bar cuando Harry dejó de pensar en lo que podría encontrarse en su nuevo curso.

Detrás de la barra, con una bandeja de aperitivos y dos moles cubriéndole las espaldas, vieron ni más ni menos que a Draco Malfoy.

- ¡Vaya, vaya, mirad a quienes tenemos aquí! - dijo burlón. - El cara cortada, la hurraca y el sin blanca. - añadió, señalándolos, y haciendo que Crabbe y Goyle rodaban por los suelos, matándose de risa.

Harry se cruzó de brazos, mirando a Malfoy con desprecio; Hermione bufó muy enfadada, mientras se tocaba su pelo; Y Ron tenía las orejas rojas.

- Ya veo. - dijo el azabache con arrogancia. - ¿Me has estado esperando para ofrecerme lo que no quisiste el año pasado? -

Ron y Hermione lo miraron, como si no entendieran a que se refería. Malfoy parecía pensar lo mismo, y Harry no notó nada diferente en los rostros atontados de Crabbe y Goyle.

- ¿De qué hablas, Potter? - preguntó Malfoy, arrastrando las palabras.

- ¿Ya no te acuerdas? ¿O acaso piensas que lo olvidé? - inquirió Harry. - Si, gusano engreído, ¡me refiero al duelo! -

Entonces todos, a excepción de "los guardaespaldas" de Malfoy, parecían entender a qué se refería Harry. Él aún lo recordaba, la ilusión que sintió cuando su archirrival le propuso batirse en duelo en la Sala de Trofeos a medianoche, donde lo dejó tirado. El que llamara a Filch para que los pillaran a él y a sus amigos hizo que Harry lo odiara, considerándolo un cobarde.

- Ah, ya, claro…- dijo Malfoy, haciéndose el tonto. - ¿Qué duelo? -

- ¡Ese en el que nos dejaste tirados! - gritó Ron, con enfado.

- Para que luego llamaras a Filch y le dieras una excusa para castigarnos. - añadió Hermione.

- ¡Oh, si! - dijo Malfoy, sacando su varita. - ¿Entonces si queríais pelea? -

- ¿Te atreves a preguntarlo? - gruñó Harry, blandiendo la suya. - Si, ¿por qué no? El año pasado resolvimos esto a golpes. ¡Ahora lo resolveremos a base de hechizos! -

- ¡Tú lo has dicho! - le apoyó Ron, empuñando su varita.

- ¡Chicos! - exclamó Hermione, exaltada. - No creo que sea buena idea... -

- ¿Porque no Granger? ¿A caso te da miedo ver unas chispitas de nada? - se burló Malfoy, blandiendo su varita. - Claro, me imagino que no querrás arruinar esos tentáculos que tienes por pelo. -

Hermione apretó los dientes y blandió su varita, mientras fulminaba a Malfoy con la mirada.

- ¿Sabéis qué? - dijo Ron, mirando con emoción a Harry y Hermione. - Esto hace que viajar en tren sea divertido…-

- Lo mismo digo, colega. - sonrió el azabache. - ¿Listos para que os pateemos el culo? ¿Malfoy y gorilas? - preguntó burlón, mirando a los tres Slytherins.

- ¡Ahora verás, Potter! ¡Desmaius! - exclamó Malfoy, lanzándole un encantamiento aturdidor a Harry.

Harry no se esperaba que Malfoy supiera usar dicho encantamiento aturdidor. Afortunadamente, estaba más que preparado. Llevaba tiempo esperando tener un duelo contra él y zanjar cuentas.

- ¡Protego! – exclamó, regresándole el hechizo a Malfoy, a quien le impactó de pleno.

El hechizo debía contar con una potencia considerable, porque no logró ponerse en pie de inmediato. Enfadándose, Malfoy se puso a lanzar hechizos con rapidez. Ron no dejaba de lanzar "Flipendo" contra Crabbe, quien apenas podía defenderse de sus continuos ataques. Hermione, por su parte, hizo algo practico y a la vez "malvado" con Goyle: Le lanzó un "Petrificus Totalus", dejándolo inmóvil, y a continuación, un "Rictusempra", lo que provocó que el "gorila" se retorciera de cosquillas, hasta el punto de desesperarse.

Tenían a los tres Slytherins contra las cuerdas. Entre las prácticas de hechizos y sus últimas aventuras, Harry, Ron y Hermione habían adquirido experiencia en situaciones complicadas. Malfoy veía como sus "guardaespaldas" quedaban fuera de combate. No tenía más remedio que rendirse.

- Crabbe, coge a Goyle y larguémonos…- dijo Malfoy de mal humor. Estaba mareado y algo perdido.

Cabizbajos, se marcharon del vagón, humillados y derrotados. Antes de salir en dirección al siguiente vagón, Malfoy se dio un golpe contra la puerta en la cabeza. Abrió la puerta y siguió hacia delante. Crabbe iba detrás de él, llevando a Goyle a rastras, como si fuera un enorme saco de arena.

- ¡Eso, piérdanse idiotas! - exclamó Ron, victorioso.

- Que divertido…- dijo Harry, asintiendo con una sonrisa, para después mirar con sorpresa a Hermione. - Pero Hermione, en serio, lo que le has hecho a Goyle fue brutal. -

- ¿Creéis que me he pasado con él? - preguntó ella, cabizbaja.

- ¿Que te has pasado? - inquirió Ron, frunciendo el entrecejo.

- ¡A sido una pasada! - exclamaron los dos chicos al mismo tiempo, emocionados. Eso hizo sonreír a Hermione.

El vagón del bar, sin embargo, estaba echo un desastre. Habían volcado varias mesas, tirado varios manteles, roto algunas lamparas, e incluso las sillas se movían solas, de una manera que daba a entender que estaban ofendidas.

- No tengo idea de cómo ha pasado eso…- pensó el azabache, rascándose la nuca. - Para mí que fue cosa de Malfoy. -

- Bueno, está claro que no podemos dejar este vagón así. - dijo Hermione, lanzando un contrahechizo para detener a una de las sillas. - Venga, todos a limpiar. - ordenó.

- ¿¡Que!? - protestó Ron. - ¿Por qué tenemos que limpiar el desastre que ha hecho Malfoy? Búscale, y dile que limpie él. -

- Nosotros también contribuimos a dejar este vagón en estado lamentable. - objetó Hermione, mientras pronunciaba "Reparo" con su varita y dejaba una lampara como nueva.

- Y tampoco es que Malfoy y sus gorilas sean muy buenos ayudantes. - añadió Harry, deteniendo a tres sillas y acomodándolas en una mesa. - ¿Te lo imaginas? ¿Nosotros? ¿Pidiéndoles ayuda? Se mofarían de nosotros por meses. -

- Muy bien, si vuelvo a ver a Malfoy, - dijo Ron, dándole un puntapié a una silla. - haré que se atragante con un hechizo vomitababosas. -

- Una idea asquerosamente interesante. - dijo Harry con malicia, acomodando un mantel encima de otra mesa.

Tardaron al menos veinte minutos en acabar de dejar en orden el vagón del bar, pero lo consiguieron. Tuvieron mucha suerte porque apenas dos minutos después, Percy y una alumna de Ravenclaw, también prefecta, entraron dentro acompañados de varios alumnos de entre quinto y séptimo curso.

- Los niños no deben estar tanto tiempo en el bar del tren. - dijo Percy, mirando pomposamente a Harry, Ron y Hermione. - Os sugiero que volváis a vuestro compartimento. Vamos, fuera. -

Ron tenía ganas de gritarle algo a su hermano mayor, pero Harry sabía que, aunque fuera su hermano, eso no le impediría castigarlo, pues por algo era prefecto. Entre Hermione y él lo callaron y se lo llevaron a rastras hasta el último vagón sin decir una sola palabra, mientras que los estudiantes más grandes empezaban a ocupar las mesas y a servirse bebidas.

- "Los niños no deben estar tanto tiempo en…" - remedó Ron a su hermano. - ¿¡Habéis oído lo que nos ha dicho!? - bufó. - Ese estúpido pomposo prefecto de pacotilla…-

- Olvídalo Ron. - dijo Hermione. - Mejor vamos a sentarnos. -

Pero los compartimentos estaban completamente llenos. No debieron darse cuenta porque pasaron de un vagón a otro casi sin mirar. Harry pensó que se quedarían sin un compartimento donde sentarse, hasta que hallaron uno al final del vagón.

- ¿Se puede? - preguntó, abriendo la puerta del ultimo compartimento. Daba la casualidad, de que fue en ese mismo compartimento donde Hermione y él conocieron a Ron.

Para su sorpresa, allí encontró a Ginny, que los saludó con una amplia sonrisa. Estaba acompañada por Chloe (la hermana de Malfoy) y otra niña, de mirada soñadora, la cual estaba distraída leyendo al revés una revista conocida como "El Quisquilloso".

- ¡Hola chicos! - saludó Chloe alegremente. Ella estaba más cerca de ellos porque estaba sentada cerca de la puerta, lo que indudablemente molestó más a Ron.

- ¿¡Porque estas con Malfoy!? - inquirió él, mirando a su hermana. Chloe lo miró con los cachetes inflados.

- Porque quiero. - replicó Ginny, mirando desafiante a Ron. - ¿Hay algún problema? -

- No hay ningún problema. - repuso Hermione, apartando a Ron. - Me alegro de veros a las dos. ¿Qué tal el viaje? -

- Estábamos tranquilamente hablando de las vacaciones, - respondió Ginny. - y sobre en qué casa podríamos acabar. Oh, ¿sabéis quien es ella? - añadió, señalando a la niña de mirada soñadora que estaba sentada cerca de la ventana.

- Pues claro. - dijo Ron, encogiéndose de hombros. - Es Lunática Lovegood. -

- ¡Cuantas veces tengo que decirte que su nombre es Luna! - exclamó Ginny, molesta.

- Vale, lo siento. - dijo Ron, rodando los ojos. - Hola Luna. -

- Hola…- dijo la mencionada, sin dejar de leer su edición de "El Quisquilloso".

Luna tenía el pelo rubio, sucio y desgreñado, largo hasta la cintura, cejas muy claras y unos ojos saltones que le daban un aire de sorpresa permanente, la muchacha tenía un aire inconfundible de chiflada. Quizá contribuyera a ello que se había colocado la varita mágica detrás de la oreja izquierda, o que llevaba un collar hecho con corchos de cerveza de mantequilla.

- Ella es Luna Lovegood, es la hija de Xenophilius Lovegood. – les explicó Ron a Harry y Hermione. – Él es el director de la revista "El Quisquilloso", pero si conocéis la revista seguramente coincidís en que solo publican chorradas…-

- No publicamos chorradas. - dijo Luna con mucha tranquilidad. - Solo cosas que los demás son incapaces de ver y comprender…-

- Eh…es un placer conocerte, Luna. - farfulló Hermione, alzando la mano para estrechársela a Luna. Ella la miró durante unos segundos breves hasta que aceptó con una sonrisa. - Yo soy Hermione Granger. -

- Yo soy Harry…- saludó el azabache, parpadeando los ojos. - Harry Potter. –

- Es un placer conocerles. - dijo Luna, con una voz que sonaba bastante infantil, tanto como la de Chloe.

- Bueno, - dijo Ginny. - ¿No queréis acompañarnos? -

Ron vaciló ante la idea, sin embargo, Harry y Hermione no tuvieron ningún problema y se sentaron en los asientos libres. A Ron (quien finalmente cedió y se sentó en el único asiento libre que quedaba) no le hacía mucha gracia sentarse al frente de Chloe. Ella lo miraba sin dejar de sonreír, mientras cepillaba a su muñeca Barbie con un peine del tamaño de un pequeño cepillo de dientes.

- Si, si…- murmuró Ron. – Está preparando su arma homicida, para atinar de lleno sobre mi cabeza una vez más…-

- Sabes que te estoy escuchando, ¿verdad? – dijo Chloe, arqueando las cejas.

Hermione carraspeó, justo antes de que Ron dijera algo.

- Así que hablabais sobre qué casa os podría tocar. – dijo, tal vez intentando aligerar el ambiente entre Ron y Chloe. - Tu no deberías dudar mucho, Ginny. -

- No, no lo dudo. - repuso ella. - Es difícil si tenemos en cuenta que toda mi familia está en Gryffindor. No sé si me sentiría muy a gusto en otra casa…¡Ah, sí! Luna nos dijo que ella probablemente acabe en Ravenclaw. -

- ¿De verdad? - preguntó Hermione, en un tono absurdamente sorpresivo.

- Mi madre fue de Ravenclaw. - comentó Luna, balanceando las piernas. - Y mi padre también. No nos subestimes por nuestras ideas, pues nuestras mentes siempre han ido muy dedicadas al estudio y al descubrimiento. -

- Pero…¿Qué te hace pensar que te estoy subestimando? - preguntó Hermione, sonriendo nerviosamente.

- Tu cara lo dice todo. - señaló Luna. - Pero tranquila, no te lo tendré en cuenta. Nos acabamos de conocer después de todo. -

- Eh…bien, gracias Luna. - farfulló Hermione.

- Bueno, bueno, Ginny y Luna tienen claro dónde van a acabar. - dijo Ron, fulminando con la mirada a Chloe. - Y por supuesto, me imagino que esta loca con muñeca también lo tiene bastante claro. -

- ¡Ronald! - saltaron Ginny y Hermione.

Chloe, que estaba más concentrada en su muñeca que en la conversación. Dejó de peinarla y miró a Ron. - No hace falta que hagas un escándalo. - dijo. - Lo sé…- suspiró. - sé dónde está y ha estado siempre toda mi familia. Y si, es probable que acabe allí. ¿Pero sabes qué? Tenía la esperanza de poder hacer algunos amigos antes de ser elegida para la casa más odiada de Hogwarts. -

- Chloe, aún no sabes si…- empezó Ginny.

- ¿Y qué más da que acabe en Slytherin? - replicó Chloe, cabizbaja. - ¿Por qué eso tiene que impedir que seamos amigas? A mí me agradas mucho Ginny, y tú también Luna. -

- ¿Te agrado? - le preguntó Luna a Chloe. - ¿A pesar de todo lo que dicen de mí? -

- A ti solo te llaman loca. - dijo Chloe, tristemente. - A mi…directamente me odian cuando se enteran de que familia vengo…- soltó una risita carente de humor.

- Nunca has tenido amigos, ¿Chloe? - preguntó Hermione, en voz baja.

Chloe negó con la cabeza. - Los únicos niños y niñas que he conocido eran de las familias con la que mis padres tenían buen entendimiento. - dijo, encogiéndose de hombros. - Si es que se les puede llamar así. Esos niños…no eran muy agradables. Tenían la tendencia de excluirme de sus juegos porque yo no pensaba como ellos. -

- ¿A qué te refrieres? - preguntó Harry.

- Mis padres, y los padres de ellos…todos fueron inculcados con la misma idea. - explicó Chloe, con la mirada en sus zapatos. - "Los magos y las brujas tienen el poder…los muggles, carentes de magia, deben arrodillarse ante nosotros y sus descendientes, aunque tengan poder mágico, no merecen un lugar entre nuestra comunidad…" - recitó. - Desde hace años, varias familias tienen la firme creencia en que es insultante relacionarnos con muggles. He visto como mis padres se metían con ellos cuando pasaban a su lado. Como los insultaban y repudiaban…-

- ¿Y tú no hacías lo mismo? - preguntó Ron con brusquedad, ganándose una mirada severa por parte de los demás.

- ¿Para qué? - inquirió Chloe. - ¿Para qué iba a hacerlo? No son más que personas, como nosotros. - repuso. - Puede que no tengan magia, pero siguen siendo personas. Insultarles por no tener poderes mágicos y por perseguir a los magos y brujas en el pasado no tiene ni pies ni cabeza. Encima también se meten con los nacidos de muggles que poseen magia. Se niegan a aceptar a los que vienen de la vida muggle, lo ven inútiles cuando muchos de ellos se han apañado bien en nuestro mundo. -

Harry ya había escuchado aquella historia. Antiguamente, los muggles perseguían a los magos y brujas porque pensaban que eran demonios. También había algunos que los consideraban dioses, pero la mayoría los perseguía por miedo a que fueran malos. Por eso se creó la ley del Estatuto Internacional del Secreto Mágico, para salvaguardar a la comunidad mágica de los muggles y ocultar su presencia del mundo en general.

- Gente como mis padres encontraban en los actos pasados de los no mágicos su brillante excusa para volverse cafres con ellos, - siguió Chloe. - y con sus descendientes, sean mágicos o no. -

- Así que…no compartes la misma opinión que tus padres. - dijo el azabache.

- No…- suspiró Chloe. - Pero no importa lo que haga o diga, si al final acabaré en Slytherin…Sé que en Hogwarts mucha gente me verá mal porque ya hay muchos que saben que este año empiezo. Y yo que estaba ilusionada con venir…- rodó los ojos y añadió: - Por si eso fuera poco, la reputación del imbécil de mi hermano no ayudará en nada. -

- Y ahora, ¿Qué tienes que decir, Ron? - le preguntó Hermione a Ron.

- ¿Qué tengo que decir? - repitió Ron, sin entender.

- ¿Seguirás insistiendo en que ella es una mala influencia solo por ser de la familia que es? - le preguntó Harry.

Ron rodó los ojos. - Bueno, vale…- bufó. - Mira, si acabas en Slytherin, te prometo que no te buscaré para gastarte bromas. -

- ¡Ronald! - dijo Hermione, dándole un golpe en la nuca.

- Pues, - dijo Ginny, sonriendo. - tratándose de Ron, eso ha sido muy amable. -

- Por supuesto. - añadió Harry, riendo un poco. - Te aseguro, Chloe, que no escucharás nada mejor salir de él. Al menos por ahora. -

- Si acabas en Slytherin, - dijo Hermione, sonriéndola. - estaré contenta al saber que alguien de esa casa no nos va a insultar. -

- Me gustaría mucho que fueras mi amiga. - dijo Ginny, mirando a Chloe. - Hasta ahora solo conocía a Luna, pero no nos juntábamos mucho, a pesar de ser vecinas. -

- Eso es porque he acompañado a mi padre en sus viajes. - comentó Luna. - Pero no importa. Hoy he vivido un nuevo descubrimiento: La amistad. -

Chloe soltó un gritito y, llorando, se abrazó a Luna, y luego Ginny se unió al abrazo. Harry nunca había visto una escena tan tierna y emocional, ni siquiera en aquellas películas del canal de cine con las que tía Petunia se gastaba sus pañuelos.

- ¿Va todo bien por aquí? - preguntó una voz desde la puerta del compartimento.

Los seis miraron hacia la puerta. La señora del carrito de golosinas había aparecido.

- ¿Quieren algo del carrito, guapos? - preguntó la señora, con voz amable.

Harry, ilusionado en compartir el carrito entero con sus amigos, y sus nuevas amistades, se puso en pie para hacer la compra. Sin embargo, Chloe se le adelantó y se plantó en frente de ella.

- ¡Quiero todo el carrito! - chilló alegremente, mostrando una bolsa llena de galeones.

Ron se quedó en su asiento, con la boca abierta. Harry pensó que no debería sorprenderle, después de todo, la familia de Chloe tenía mucho dinero.

La señora del carrito vació todas las golosinas en el compartimento de Harry y compañía. Chloe pagó todo lo que pidió y después ella se marchó con paciencia.

- Siempre quise comprar chuches y compartirlo con mis amigos. - dijo Chloe, mientras abría con entusiasmo una rana de chocolate. - ¡Venga, no se queden allí parados! ¡Esto es una fiesta! -

Grageas Bertie Bott, ranas de chocolate, calderos de chocolate, plumas de azúcar, babosas de gelatina…las chuches quedaron esparcidas por todo el compartimento. Harry no podía evitar sonreír, porque era la segunda vez que se encontraba en un compartimento del Expreso de Hogwarts con montones de dulces dentro.

- ¡Cielos! - saltó Chloe, mirando el cromo de brujas y magos famosos que le había tocado. - ¡Me ha tocado Ptolomeo! -

La mandíbula de Ron se abrió ampliamente. Entonces Harry recordó que era precisamente el cromo que le había tocado a Chloe el único que le faltaba a Ron para completar su álbum de cromos.

- ¿No es ese el cromo que te faltaba, Ron? - preguntó Hermione, probando un palo de regaliz.

- Hm…no. – dijo Ron, mirando hacia la puerta.

- ¿De verdad? - preguntó Chloe, acercándose a él. - Oye, si lo quieres puedes decírmelo. No me importaría hacer un intercambio. -

Ron soltó un suspiró y miró con pocas ganas a Chloe. - Bueno, vale…- suspiró, llevándose una mano al bolsillo y sacando algunos cromos de brujas y magos famosos. - Tengo estos a mano, ¿te interesa alguno? -

Chloe analizó las cartas con suma curiosidad. Cada vez que cogía una carta y la miraba se llevaba una mano a la cabeza mientras decía "¡Otras!". Al parecer, ella no tenía en su colección ninguna de las cartas que Ron le estaba mostrando.

- ¿Puedo quedarme con Hesper Starkey? - preguntó Chloe, sosteniendo la carta número siete de la colección.

- ¡Hecho! - dijo Ron, muy contento, mientras recibía a Ptolomeo como si fuera un trofeo de Quidditch. - ¡Al fin…he acabado la colección! - exclamó, alzando el cromo.

- Al menos hasta que salgan más brujas y magos famosos. - añadió Ginny, riéndose.

Ron le enseñó la lengua a su hermana y se guardó la tarjeta. Chloe le hizo un gesto con la mirada para que dejara de rehusarse a probar bocado y se uniera al pequeño banquete de chuches. Después de pensárselo, y mucho, se quedó para él solo la caja con Grajeas Bertie Bott.

Mientras comían y charlaban tranquilamente, Hermione empezó a contar muchas cosas sobre los libros de Lockhart. Ginny, Chloe e incluso Luna hablaban de él con entusiasmo.

Harry tenía ganas de tirarse por la ventana del compartimento. - Lo peor es que lo tendremos de profesor este año…- bufó mentalmente, molesto con el nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, incluso antes de comenzar las clases.

Luna les contó algunas cosas sobre su vida cotidiana. Ella y su padre vivían en una vivienda de color oscuro con forma cilíndrica en la cima de una colina, ubicada cerca de Ottery St. Catchpole, por lo que efectivamente, eran vecinos de los Weasley. Trató de explicar al grupo lo que eran los Nargles.

- Los Nargles acostumbran a infestar los muérdagos y a robar las cosas de las personas, para luego devolverlas de manera muy misteriosa…- explicó ella con una sonrisa soñadora, pero nadie parecía entender qué diablos eran los Nargles.

El viaje, en general, fue bastante agradable. Incluso Ginny, a quien Harry recordaba más por su timidez, se mostró más sociable y se pasó el viaje hablando sobre Quidditch. A diferencia de Ron, a ella le gustaba el equipo de "Las Arpías de Holyhead", un equipo exclusivamente femenino. No fue hasta que el grupo escuchó la voz del maquinista, a través de un altavoz, cuando Ginny dejó de hablar.

- En veinte minutos llegaremos a la estación de Hogsmeade. - dijo. - Se les ruega a los estudiantes que comiencen a vestirse con sus túnicas y a recoger sus pertenencias de los compartimentos antes de salir. Gracias por su atención y disfruten del resto del trayecto. -

Tan pronto como escucharon el anuncio del maquinista, las chicas echaron a Harry y Ron del compartimento, porque tenían que ponerse las túnicas y arreglarse.

- Por supuesto. - bufó Ron. - Les daba pereza pedirnos "amablemente" que nos fuéramos. Es mejor echarnos a patadas. -

Pero a Harry no le importaba. El pensar que en breves instantes llegarían a Hogwarts lo dejaba tan contento que no se iba a molestar por el mal gesto de las chicas, sobre todo porque entre ellas, estaba Hermione.

Tras esperar diez minutos, las chicas salieron del compartimento con las túnicas puestas. Ginny, Chloe y Luna usaban túnicas sin franjas en las mangas de otro color porque aún no tenían casa. Ron pidió paso y Harry lo siguió hasta dentro del compartimento para ponerse las túnicas.

Salieron justo a tiempo, cuando el tren había comenzado a aminorar la marcha. Sonó el silbato, y los motores se detuvieron, liberando una nube de vapor que llegaba hasta el ultimo vagón, donde estaban Harry y compañía.

Capítulo 24 - Segundo año, en peligro mortal.

El azabache estaba feliz. Había vuelto a Hogwarts, su hogar. Las puertas del tren se abrieron a la vez. Los prefectos, en especial Percy y su compañera de Ravenclaw estaban supervisando los vagones, para evitar que nadie se quedará allí dentro.

Cuando Harry estaba por bajar, pudo ver como Percy sacaba a Neville y a su sapo Trevor de un armario donde guardaban las escobas de la limpieza. Por lo que pudo oír, Malfoy y sus amigotes le encerraron dentro, sellando la puerta para que no pudiera salir.

- Estúpido Malfoy. - pensó el azabache, enfadándose.

Sin embargo, la alegría volvió a él cuando al bajar del tren, pudo distinguir (tampoco era tan difícil) a Hagrid, que se encontraba en el andén, con una gran lampara para iluminar el camino y llamando a los alumnos de primer año.

- ¡Los de primer año, por aquí! - gritó Hagrid, haciendo gestos con la mano.

- ¡Eh, Hagrid! - le saludó Harry en voz alta.

- ¡Hola chicos! - gritó el guardabosques, con una amplia sonrisa y saludándoles con su gran mano.

Los estudiantes de primer año estaban armando una cola detrás de Hagrid, porque él tenía la tarea de guiarles por el lago, usando botes para llegar al castillo. A Harry le gustaba ese medio de transporte, aunque el primer año era el único en el que los alumnos usaban los botes para llegar a los muelles de Hogwarts. Siendo un estudiante de segundo curso, le tocada utilizar otro medio de transporte para llegar al castillo.

- Oh, iremos en botes. - dijo Luna con gran entusiasmo.

- ¡Estupendo! - dijo Chloe, cogiendo a Luna de la mano y brincando alegremente con ella hasta la cola de alumnos de primer año.

- ¡Nos vemos en el castillo! - les dijo Ginny a Harry, Ron y Hermione, alzando la mano, antes de perderse de vista con sus nuevas amigas y el resto de alumnos de primero.

Como estudiantes de segundo año, Harry, Ron y Hermione debían llegar al castillo por otro medio de transporte, uno que usarían a partir de ese momento hasta su último año en Hogwarts. Por lo que Harry sabía, y había escuchado de Fred y George, se trataba de unas diligencias que iban solas, es decir, sin nada tirando de ellas.

- Saben, - dijo Harry, cuando Hagrid ya se había marchado con los de primero. - es una pena que solo siendo alumnos de primero podamos ir en botes hasta el castillo. -

- ¿Lo dices por los botes? - preguntó Ron. - ¿O porque te cae bien el calamar del lago? -

- Por ambas cosas, supongo. - sonrió el azabache.

Antes de bajar del tren, se despidieron de Ginny, Chloe y Luna, quienes se fueron con Hagrid y los demás estudiantes de primero, hacia los botes.

El trío siguió al resto de los alumnos, salieron a un camino embarrado y desigual, donde les aguardaban al menos cien diligencias, todas tiradas por, lo que pudo observar Harry, lo cual le dio un ligero escalofrío, una especie de caballos alados, con un cuerpo esquelético, rostro de rasgos reptilianos y unas alas de aspecto curtido que recuerdan a las de un murciélago.

- Pero… ¿qué son estas cosas? - susurró Harry, acercándose lentamente a uno de esos caballos esqueléticos con alas.

- Son carros Harry, carros que van solos. - dijo Hermione. - A partir de este año, subiremos en ellos para ir a Hogwarts. -

- No me refiero a los carros, sino a lo que tira de ellos. - replicó Harry, mirando exaltado las figuras de los caballos alados con cuerpo esquelético.

- Nada tira de ellos, Harry. - susurró Ron, mirándolo como si hubiera perdido la cabeza. - Estos carros van solos. Todos mis hermanos me lo han dicho y ahora mismo lo puedo recalcar. Nada tira de ellos. -

Harry quería objetar y decirles que él si veía algo más, pero la situación era extraña, ¿porque él podía ver a esos caballos y los demás no? ¿A caso se estaba volviendo loco sin darse cuenta? Eso le hizo pensar al azabache que se trataba de otro misterio más de Hogwarts, pendiente de resolver. Decidió no darle más vueltas, ignorar la presencia de los caballos esqueléticos y subirse a una de las diligencias junto con sus dos mejores amigos.

La diligencia olía un poco a moho y a paja. El coche avanzaba lentamente hacia unas suntuosas verjas de hierro flanqueadas por columnas de piedra coronadas por estatuillas de cerdos alados. Al atravesar la verja, el carruaje cogió velocidad por el largo y empinado camino que llevaba al castillo.

- Hm…no está mal. - pensó Harry. - Aunque sigue gustándome mas el viaje en bote. -

Al llegar por fin, bajaron del carro. Harry sonrió al ver de cerca una vez mas el castillo, impaciente por acudir al banquete y presenciar la selección de las casas, esta vez, como un miembro oficial de la casa Gryffindor. Recordaba con claridad como fue su primer día en Hogwarts: Llegando a los muelles en los botes, siendo luego recibidos por la profesora McGonagall para luego pasar al Gran Comedor y que el Sombrero Seleccionador eligiera una casa para ellos.

En su mente, aún recordaba el modo en que él Sombrero lo llamó. "Mi señor" dijo, pero Harry no entendía porque lo había hecho. ¿A caso llamaba así a todo estudiante que se pusiera el sombrero? No lo sabía, y tan pronto como lo pensó se vio invadido por la curiosidad. ¿No debería preguntarle a Hermione, por ejemplo, como le había llamado a ella? ¿O tal vez a Ron? Ellos no habían hecho ninguna mención al respecto.

- ¡Ah, pero si es Harry! -

Una voz alegre, y a la vez desagradable lo sacó de sus pensamientos. Harry no se había dado cuenta de que en la primera diligencia viajaba Gilderoy Lockhart, quien ya se había bajado y estaba en frente de él. Llevaba una túnica color aguamarina y esbozaba su inconfundible sonrisa.

- Genial, no hay nada mejor que ver a este imbécil tan solo llegar al castillo. - bufó Harry mentalmente, antes de esbozar una sonrisa forzosa. - Hola, profesor. - dijo.

- ¿No es estupendo? - preguntó Lockhart, sin dejar de enseñar sus dientes. - ¡Un famoso le va a enseñar a otro famoso a defenderse contra las artes oscuras! No puedo esperar a tenerte en clase, Harry. Si quieres, podemos aprovechar este momento para que te de un consejo, de famoso a famoso. Verás, la fama es traicionera, y deberías tener cuidado con el (¿Cómo diría? ¡Oh, si!) juego de la fama, por así decirlo. No hagas muchas apariciones en publicó al principio y vigila las compañías…-

Harry hizo mohín e intentó interrumpir a Lockhart, pero el sujeto en cuestión no le hacía caso. Aprovechando que había cerrado los ojos y comenzado a relatarle dramáticamente alguna que otra anécdota sobre sus hazañas, le hizo señas a Ron para llevarse a Hermione (que miraba a Lockhart con fascinación) hasta las escaleras, y así mezclarse con el resto de estudiantes, dejando a Lockhart hablando solo.

- ¿Cómo puede fascinarle ese presumido de las narices? - pensó Harry con decepción, mientras escuchaba como Hermione protestaba porque ella quería seguir escuchando a Lockhart.

Se unieron al resto a través de las gigantescas puertas de roble, y en el interior del vestíbulo, que estaba iluminado con antorchas y acogía una magnífica escalera de mármol que conducía a los pisos superiores. A la derecha, abierta de par en par, estaban las puertas que daba al Gran Comedor, por donde todos empezaron a desfilar.

Harry pasó por un momento de súbita tensión cuando vio de nuevo a Draco Malfoy. Su archirrival estaba hablando en tono meloso sobre Lockhart y él ("Al parecer Potter quiere ser tan fanfarrón y presumido como ese zoquete de Lockhart", decía Malfoy). Se vio invadido por el deseo de convertir a Malfoy en una cucaracha y aplastarlo de un zapatazo, pero sabía que aún no podía transfigurar a nadie y convertirlo en insecto, al menos, hasta llegar a sexto curso.

Poco a poco, los estudiantes de cada casa se congregaron en las cuatro grandes y alargadas mesas del Gran Comedor, hasta que todo el mundo se encontró sentado, con las bajillas y cálices de plata vacíos en las mesas, esperando a que se dé el inicio del nuevo curso.

Unos minutos después, arriba, en las mesas de los profesores, los docentes y el director aparecieron y ocuparon sus asientos. Estaban Dumbledore, Hagrid, Flitwick, Sinistra…y por supuesto, Snape.

Severus Snape era el profesor que menos le gustaba a Harry. Y Harry resultó ser el alumno que menos le gustaba a Snape, que daba clase de Pociones y era cruel, sarcástico y sentía aversión por todos los alumnos que no fueran de Slytherin, la casa a la que pertenecía.

- No importa lo bien que hagas un trabajo. - pensó el azabache. - Snivellus nunca te valora como mereces. Es un imbécil. -

Sin embargo, Harry no esperaba encontrar a alguien tan odioso como el propio Snape. Entrando majestuosamente con su capa de aguamarina, apareció Gilderoy Lockhart, estrechando la mano de todos los profesores con gran excitación, antes de sentarse al lado de Snape.

- Mira por donde, - observó Harry. - los dos imbéciles se sientan juntos. -

Poco después, el cuchicheo de los estudiantes de primer año lo sacaron de sus pensamientos. Ellos desfilaron por el centro del Gran Comedor. Harry se sentía un poco nostálgico, al ver las caras de curiosidad, nervios y emoción que reflejaban los nuevos. Alcanzó a ver a Ginny, Chloe y Luna. Las dos primeras estaban pálidas y temblaban, mientras que la ultima seguía sonriendo mientras diría una mirada soñadora a la mesa de Gryffindor.

La profesora McGonagall iba delante de ellos, con un pergamino en una mano, y el famoso Sombrero Seleccionador de Hogwarts en la otra. Puso el sombrero sobre un taburete, delante de los recién llegados, y entonces, el sombrero empezó a cantar, como siempre.

Quizás pienses que por mi apariencia nada bueno te llevarás,

pero tan pronto como me tengas en tu cabeza tu opinión cambiarás.

En tu mente y en tu corazón, la respuesta hallaré,

a la incógnita de donde debes pertenecer.

Mil años atrás, los cuatro grandes magos del momento me eligieron,

y con sus dones me dieron el poder y la tarea de elegir bien por ti.

Así que relájate, toma asiento,

y te diré donde estarás a partir de este momento.

Con los valientes de Gryffindor,

donde la nobleza, la caballerosidad y el temple serán tu guía.

Con los perseverantes de Hufflepuff,

donde con lealtad y justicia alcanzarás tu meta.

O con los intelectuales de Ravenclaw,

donde con una mente abierta e ingeniosas ideas puedes construir tu futuro.

O con los astutos de Slytherin,

donde tu ambición y astucia te llevará a la gloria.

¡Así que tranquilo, que no muerdo! (aunque tampoco tengo dientes)

Tu cabeza estará a salvo, porque solo soy un humilde Sombrero Pensante.

El Gran comedor comenzó a aplaudir, mientras que Harry se reía, negando con la cabeza.

- Tiene una canción nueva para cada año. - dijo Ron, un poco aburrido. - Menuda lata, ¿no crees? -

- Bueno, así es el Sombrero Seleccionador. - dijo Harry, encogiéndose de hombros. - Solo sale una vez al año del despacho de Dumbledore, por lo que he escuchado. Me imagino que prepararse el discurso antes de la selección de casas es lo mejor que puede hacer con tanto tiempo libre. - pensó.

- Vaya, tanto Ginny como Chloe están muy nerviosas… - observó Hermione. - Es increíble que hace apenas un año atrás nosotros estábamos allí, con los pelos de punta. -

- Si. - repuso Ron. - Ahora le toca a mi hermana pasar por ese marrón. - añadió, riéndose.

Después de que los aplausos cesaran, la profesora McGonagall se puso al frente, abrió el largo pergamino, y empezó a llamar a los estudiantes.

- ¡Creevey, Colin! -

Harry vio a un muchacho de pelo y ojos castaños subir al taburete, para ponerse el sombrero. La profesora McGonagall le puso el sombrero y después de aproximadamente veinte segundos, este gritó: - ¡Gryffindor! -

Y Colín salió corriendo, sentándose con el resto de estudiantes de Gryffindor. Mientras recibía algunas palmaditas en la espalda, como gesto de bienvenida, se quedó boquiabierto en cuanto vio a Harry.

Luego, la profesora McGonagall llamó al siguiente alumno de la lista.

- ¡Weasley, Ginevra! -

- ¿Ginevra? - repitió Harry.

- Si, ese es su nombre de pila, - explicó Ron, riéndose. - pero no le gusta mucho y prefiere que la llamen Ginny. De hecho, toda la familia se ha acostumbrado a llamarla así. Quizás la única excepción sea mi vieja tía Muriel. - añadió, haciendo una mueca.

- Por tu cara diría que no es alguien con quien te lleves bien. - observó Hermione.

- Digamos que mi tía es…un poco especial. - dijo Ron rápidamente, antes de enfocar toda su atención en la selección de su hermana.

Ginny estaba echa un manojo de nervios, ya que por poco tropezaba y se caía cuando se subió al taburete. La profesora McGonagall le puso el sombrero, y casi tan pronto como su cabeza quedó engullida por el Sombrero Seleccionador, este gritó:

- ¡Gryffindor! -

Ginny saltó alegremente de su asiento, bajando del taburete y dejando el sombrero encima del taburete antes de salir corriendo hacia la mesa de Gryffindor, donde fue recibida inicialmente por los abrazos de sus hermanos, y las felicitaciones por parte de los orgullosos miembros de la casa.

Al mismo tiempo que Ginny se sentaba entre Percy y Hermione, la profesora McGonagall llamaba al siguiente estudiante.

- ¡Lovegood, Luna! -

Llegó el turno de Luna, que tal y como había demostrado desde su llegada, seguía tan tranquila y "paranoica" como en el tren. Se sentó en el taburete, la profesora le puso el sombrero en la cabeza, y al cabo de unos segundos, el sombrero dio su veredicto.

- ¡Ravenclaw! -

Tras dejar el sombrero sobre el taburete, Luna se dirigió hacia la mesa de Ravenclaw, dando brincos divertidos, y recibiendo las felicitaciones de sus nuevos compañeros en su nueva casa. Desde la mesa de Gryffindor, Harry y compañía le sonrieron.

- Vaya. - dijo Hermione, riéndose un poco. - Quien lo diría. -

- En realidad, - observó Harry. - tu no creías que ella acabaría en Ravenclaw, ¿verdad? -

Hermione enrojeció levemente y miró hacia la mesa de los profesores, en el preciso momento en el que la Profesora McGonagall llamaba al siguiente estudiante a ser seleccionado.

- ¡Malfoy, Chloe! -

Tan pronto como aquel nombre resonó en el Gran Comedor, toda la atención fue captada por Chloe. Harry pensó por un momento que ella estaba a punto de desmayarse, porque había perdido el poco color que le quedaba a su piel pálida. No podía moverse de los nervios que tenía. Era como si no quisiese ponerse el Sombrero. ¿Tenía miedo? ¿Estaba demasiado nerviosa, o en realidad no le gustaba el Sombrero? Podía ser, al fin y al cabo, pertenecía a una familia con aires de ser superficiales, o al menos, eso suponía Harry.

Moviéndose como si fuera una caricatura dibujada en papel, Chloe acabó sentándose en el taburete, haciéndolo temblar un poco. La profesora McGonagall, a su lado, la observó con una mirada calculadora. Luego, le puso el sombrero, cubriéndole la cabeza y dejando visible solo el cuello. Los minutos comenzaron a pasar. El sombrero hacía gestos extraños, como si estuviera discutiendo con la niña. Después de casi cuatro minutos de espera, el Sombreo gritó en voz alta:

- ¡Gryffindor! -

La voz del Sombrero hizo eco en el Gran Comedor, porque todos se habían quedado callados. Tratándose de un miembro de la familia Malfoy, lo que todos esperaban era que Chloe acabara en Slytherin. Fue un giro de acontecimientos espectacular, ni siquiera Harry era capaz de creérselo. La profesora McGonagall parecía consternada cuando le quitó el sombrero a Chloe. La niña, al principio, no se movió. Después de varios segundos, y para aligerar el ambiente, Harry empezó a aplaudir, y poco a poco sus compañeros de casa se unieron a él (¡Incluso Ron!), mientras que en el resto de las mesas se oían cuchicheos y murmullos.

La profesora McGonagall tuvo que pedirle a Chloe que se levantara, porque aún quedaban alumnos para ser seleccionados. Era como si se estuviera debatiendo internamente entre la euforia y la preocupación. Observando a la mesa de Slytherin, Harry pudo ver como Draco Malfoy la miraba con enfado y recelo. Lo mismo se podía decir de la mesa de Slytherin en general.

- Esto tiene que ser una broma. - le susurró Ron a Harry. - ¿Por qué Malfoy ha venido a Gryffindor? No tiene sentido, toda su familia siempre ha estado en Slytherin. -

Mientras la profesora se preparaba para llamar al siguiente estudiante, Chloe se sentó al lado de Ron, y él solo se pudo percatar de su presencia porque Harry le hizo señas con la cabeza.

- ¡Ah! - saltó Ron. - Eh…esto…hola. - farfulló.

- Espero que no te importe que me siente aquí. - dijo Chloe, cabizbaja y con algo de timidez.

- Bueno, no. - balbuceó Ron, como si contuviera las ganas de alejarse de ella. - Solo…-

- Ronald…- dijo Harry, tratando de pedirle con la mirada que la dejara en paz.

Acabar en una casa inesperada debía ser una sorpresa demasiado increíble para Chloe. Estaba callada y rígida, con la mirada clavada en la mesa. Ni siquiera se giraba para ver a los demás estudiantes de primero que estaban siendo seleccionados para las demás casas.

- ¿Estas bien? - le preguntó Harry, cuando la profesora McGonagall dejó de llamar a los estudiantes de primero para ser seleccionados, porque todos ya habían sido repartidos entre las cuatro casas.

- Si…- respondió Chloe con voz fúnebre.

- Pues no lo parece. - observó Ginny, mirándola por encima de Hermione, Harry y Ron.

- Dale tiempo. - dijo Hermione. - Creo ni ella misma esperaba terminar con nosotros en Gryffindor. -

- Alegra esa cara, Malfoy. - le dijo Fred, que estaba sentado al frente de ella con George y Lee Jordan. - Estas en la mejor casa de Hogwarts. -

- Si. - repuso George. - ¿Y sabes que es lo mejor? -

- ¿Qué? - preguntó Chloe en voz baja.

- Que automáticamente has sido tachada de nuestra lista de posibles víctimas. - respondió Fred con seriedad, mientras trazaba una línea en un pergamino con una serie de nombres.

Por lo que Harry pudo ver, era probablemente una lista con los nombres de aquellos alumnos a los que los gemelos gastaban bromas. Hermione tuvo que darse cuenta también, porque miraba la lista con desaprobación.

- ¿Victima de qué? - inquirió Chloe, parpadeando los ojos.

- De sus bromas. - respondió Lee. - Y si acababas en Slytherin, tampoco tenías porque preocuparte. Ellos suelen ser benevolentes con los de primero. -

- Y con los de segundo. - dijo Fred.

- Pero con los de tercero…- añadió George.

- Ay con los de tercero…-

- Eh, vosotros. - les llamó la atención Percy, que hasta el momento se mantuvo en un segundo plano. - Dejadlo ya. -

- Lo que diga el señor prefecto. - dijo Fred con aburrimiento.

- Si. - repuso George. - Mejor centremos nuestra atención en el top diez. ¿Qué me dices tú, Georgie? -

- No podía estar mas de acuerdo contigo. - sonrió George.

- ¿Y a quienes tenéis en ese "top diez"? - inquirió Percy, de mal humor. – No estaréis planeando un atentado contra la prefectura, ¿verdad? -

- ¡Cielo santo! Un atentado. – dijo Fred con indignación. - ¡Contra la prefectura! -

- Percy, no seas tonto, – dijo George. – solo somos un par de humildes bromistas. Tampoco es que vayamos a hacer alguna locura. –

- ¿En que estabas pensado? – preguntó Fred. - ¿Creías que íbamos a hacer explotar la Sala de Trofeos? –

- Si…- dijo George, haciendo un gesto malévolo – Tal vez pensó que íbamos a hacer volar por los aires los valiosos trofeos de sus admirados prefectos…-

Percy enrojeció, y justo cuando iba a gritarles algo a sus hermanos gemelos, la voz de Albus Dumbledore, el director, llamó la atención de todos los presentes. Incluso Chloe giró la cabeza para mirarlo. Ya no parecía tan petrificada como antes.

- ¡Saludos a todos, y bienvenidos un año más a Hogwarts! - exclamó el director, alzando las manos con un brillo en sus ojos. - Antes de empezar a degustar las delicias de esta agradable noche me gustaría dar la bienvenida a su nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras. Con ustedes, el profesor…-

Dumbledore no pudo seguir con la presentación, porque el propio Gilderoy Lockhart se había asomado por delante de él, haciéndolo a un lado, y comenzando a hablar como si fuera el director.

- Gilderoy Lockhart…- se presentó, con su "estupenda" sonrisa. - Caballero de la Orden de Merlín, de tercera clase. Miembro Honorario de "la Liga para la Defensa Contra las Fuerzas Oscuras", y cinco ocasiones galardonado…con "el Premio a la Sonrisa más Encantadora" de la revista "Corazón de bruja" …- añadió, con gesto galante.

Todas las chicas presentes suspiraron al ver y oír a Lockhart, mientras que los chicos tuvieron distintas reacciones: A unos les daba igual, otros fruncieron el entrecejo, y otros, como Harry, bufaron molestos.

- Déjenme decirles, que es un gran honor para mí haber venido para compartir mi experiencia y mis logros con todos los estudiantes de Hogwarts. – prosiguió Lockhart. - Volver a este castillo me trae mucha nostalgia, y hacerlo como profesor, me llena de orgullo. Espero que todos y cada uno de vosotros se haya ido leyendo mis obras, ya que pueden ser de mucha ayuda para entender mejor las lecciones que yo mismo me encargaré de ofreceros durante el año escolar. Muchas gracias a todos por su atención. ¡Os espero con mucho entusiasmo! - añadió, muy sonriente y haciendo una reverencia, antes de volver a sentarse en su sitio, con Snape de mal humor a su lado.

Dumbledore parpadeó varias veces los ojos, antes de acomodarse sus gafas de luna y continuar con su discurso. – Gracias, Gilderoy…- dijo. - y buena suerte…En fin, por ahora no tengo nada más que añadir, salvo… ¡Que comience, la fiesta! –

Y de la nada, las fuentes doradas y las copas que tenían delante se llenaron de pronto de comida y bebida. Tan pronto como vio aparecer la comida, Ron se lanzó al ataque.

- ¡Qué bien! - rugió Ron, alzando los cubiertos. - ¡Ya tenía hambre! –

- Pero Ron, si no han pasado ni dos horas desde que comimos chuches en el tren…- suspiró Hermione.

- ¡Bah! Eso era un aperitivo. - dijo el pelirrojo babeando, mientras se devoraba él solo un pollo entero. - ¡Esto! Es comida…-

Riendo y negando con la cabeza, Harry preparó sus cubiertos y empezó a servirse un pecho de pollo con patatas y salsa tártara.

- ¿Estás contenta de estar en Gryffindor, Ginny? – preguntó, mientras cortaba el pollo.

- Si. – respondió Ginny, sirviéndose unas patatas. - A decir verdad, estaba un poco nerviosa, pero al final, estoy aquí. Como mis padres y mis hermanos… -

- ¿Sabes? Me sorprendiste mucho cuando comenzaste a hablarme con tranquilidad. - comentó Harry. - Si te soy sincero, pensé que mi presencia en la Madriguera te incomodaba. -

Ginny se puso roja. – Oh, no, no es eso. – farfulló. - Lo que pasa es que…como explicártelo…Había pasado mucho tiempo desde la última vez que nos visitaba alguien desconocido, y cuando te vi…-

- ¿Defconocifo? – repitió Ron, con la boca llena (Harry entendió que dijo "¿Desconocido?". Bebió de su cáliz antes de añadir: - Pero si te has pasado todo el verano hablando de él. Sigo sin entender porque te escondiste justo cuando vino a pasar el resto del verano en casa. -

- En fin, eso no tiene importancia. - repuso Ginny, en voz baja e ignorando a su hermano. - Si te hice sentir mal, te pido disculpas. A veces me cuesta mantener una conversación…-

- Sin problemas. - dijo el azabache, ofreciéndole la mano. - ¿Amigos? -

- Amigos…- respondió ella con una sonrisa, aceptando el apretón de manos.

- ¡Eh! – se quejó Ron de repente. - ¡No te quedes todo el pollo para ti sola! -

Harry y Ginny miraron hacia la izquierda: Chloe se había servido casi todo el pollo, acompañado por una gran ración de patatas. Lo que mas le sorprendió al azabache fue ver la velocidad y las ganas con la que había empezado a devorar.

Ron se molestó. - ¡Eso era mío! – gruñó. - ¡Dámelo, Malfoy! -

- Lo siento, Weasley. – dijo Chloe, después de tragarse lo que tenía dentro. - Tú no eres el único que tiene hambre aquí. -

- ¡Cielos, lo que faltaba! - dijo Fred, riéndose. - ¡Ronnie tiene competencia! -

- ¡Cállate! - masculló Ron. - ¡Y tú! - se volvió hacia Chloe. - ¡Ya me estas dando la mitad! -

- ¡No! - respondió Chloe rápidamente, inflando los cachetes graciosamente y encarándose con él.

Ambos parecían dos lobos hambrientos y con muy mala uva. Empezaron a discutir ruidosamente, mientras se iban robando comida del plato del otro. Hermione, que desaprobaba tajantemente un comportamiento de semejante calibre en la mesa, iba a protesta. Sin embargo, Harry la tranquilizó, distrayéndola con una charla sobre las clases y los posibles horarios. Ron y Chloe no dejaron de pelearse por la comida y discutir hasta que Dumbledore se puso en pie, y con un gesto, hizo que las mesas quedaran limpias.

- Bueno, creo que ya hemos dejado tiempo más que suficiente para la cena. - dijo, frotándose su plateada barba. - A llegado el momento de que este viejo os aburra con unos cuantos detalles (¡Un poco de paciencia! ¡Pronto os podréis ir a dormir!): Los capitanes de Quidditch que deseen realizar pruebas de selección para sus equipos deberán presentarse en la sala de profesores y acordarlo tanto con el jefe de su casa como la señora Hooch. Los horarios se entregarán mañana a la hora del desayuno, para todos los cursos y todas las casas. Los jefes de cada casa y los prefectos se encargarán de repartirlos. Es por eso que tengo que pediros a todos que seáis puntuales. Si alguien se olvida de venir a desayunar, automáticamente se quedará sin horario. - Hermione asentía monótonamente mientras le escuchaba. – También, como cada año, el señor Filch (el conserje) me ha pedido que deje en claro, que la entrada al bosque prohibido está…absolutamente prohibida. No entréis allí... – una vez más, miró de reojo a los gemelos, quienes le lanzaron un par de idénticas sonrisas. – Ahora, los alumnos de primer año serán guiados por los prefectos de sus casas, concretamente, aquellos que hayan sido asignados para dicha tarea. – Percy infló su pecho con orgullo. Al parecer, una vez más le tocaría a él esa tarea. - Eso es todo queridos amigos. Y ahora, todo el mundo a la cama, ¡a galope! - añadió, en tono divertido.

En el mejor orden posible, los alumnos fueron desfilando hacia las puertas del Gran Comedor. Percy se quedó para guiar a los estudiantes nuevos de Gryffindor, no sin antes murmurar a los estudiantes de entre segundo y séptimo curso la nueva contraseña para entrar en la Torre.

Harry, Ron y Hermione, quienes ya no tenían que seguir al prefecto, se marcharon tranquilamente por el vestíbulo y subieron por la gran escalinata junto con los demás compañeros de su curso.

Cuando llegaron al sexto piso, al volverse, Harry pudo ver como Peeves (El travieso Poltergeist de Hogwarts) daba a los novatos su habitual "bienvenida". Esta vez se puso a lanzarles unas aparentemente viejas bombas fétidas. Al explotar, el olor era más repugnante de lo habitual.

- Pff…deben de ser las bombas fétidas que Fred y George dejaron por ahí el año pasado. – dijo Ron, tratando de soportar el olor que llegaba hasta donde estaban. - Siempre tienen algunas escondidas por todo Hogwarts. -

- ¿Sí? Pues se ve que Peeves disfruta mucho con ellas. - observó Harry, tapándose la nariz y asqueado.

- Mejor vámonos. - surgió Hermione, haciendo lo mismo. - No vaya a ser que también quiera divertirse metiéndose con nosotros. -

Los tres acabaron de subir las escaleras hasta alcanzar el corredor del séptimo piso, donde, oculta detrás de una pintura al óleo que representaba a una mujer gorda vestida con un vestido de seda rosa, estaba la entrada secreta a la torre de Gryffindor. Alguien ya se encontraba allí, era Neville Longbottom.

- ¿Contraseña? – exigió la Dama gorda.

- Esto…- fue todo lo que dijo Neville.

- Vaya, este debe de ser un nuevo récord. – dijo Ron en tono divertido. - Neville a olvidado la contraseña en menos de una hora. -

- Venga Ron, no tiene gracia. - le espetó Hermione.

Harry se acercó al niño de cara redonda. – Hola, Neville. – le saludó. - ¿Cómo va todo por aquí? –

- ¡Ah! Harry, chicos, me alegro de verles. – dijo Neville, con una sonrisa nerviosa.

- ¿Qué te pasó en el tren? – le preguntó Ron. – No te vimos en ningún compartimento. –

Harry, que había visto como Percy sacaba a Neville del pequeño armario de escobas del tren, iba a explicarlo, pero no fue necesario. Neville, aunque enrojecido, habló.

- Me-me encerraron. – tartamudeó. – Fueron los brutos de Malfoy y sus amigos. Si os digo la verdad, no parecían muy contentos. -

- Ah, ¿así que está enfadado? – dijo Harry, muy contento. – Bueno, ojalá le sirva de lección para que deje de molestarnos una temporada. -

- De todos modos, eso no le da derecho a Malfoy a desquitarse con otros. – replicó Hermione, con los brazos en jarra. – Me imagino que ya se lo habrás comentado a la profesora McGonagall, ¿verdad? – le preguntó a Neville.

- N-no…- respondió este, cabizbajo.

- ¡Pensé que ya lo habías superado! – se quejó Ron. - ¿Qué hablamos el año pasado? No dejes que Malfoy se salga con la suya. ¡Acúsalo! Y si intenta algo, avísanos a nosotros. -

Neville iba a responder, pero la voz irritada de la Dama Gorda les interrumpió.

- ¿¡Me van a decir la contraseña o no!? – preguntó enfadada. – No tengo porque escuchar sus cotilleos. ¡Si quieren hablar, háganlo dentro! -

- "Somormujo". - gaznó Harry, rodando los ojos.

- Correcto, adelante. - bufó la Dama Gorda, revelando el agujero que daba a la Sala Común de Gryffindor. - y tú, ¡asegúrate de no volver a olvidar la contraseña! – le regañó a Neville.

- S-si señora, lo siento…- se disculpó Neville.

Ron rodó los ojos. – Oh, venga, entremos de una vez…- gruñó, empujando a sus compañeros para que entraran.

Harry sonrió cuando volvió a entrar en la Sala Común. Una acogedora sala color escarlata y dorada: con sus sillones, sofás, sus retratos, su tablón de anuncios y su chimenea.

Mientras los alumnos iban poniéndose cómodos o subiendo a los dormitorios, a Ron se le pasó una idea por la cabeza.

- Eh, ¿qué os parece si vamos a ver qué novedades tienen Fred y George en su tienda? - preguntó con entusiasmo.

- Si…la misteriosa tienda de Fred y George…- dijo Hermione en tono misterioso. - ¡Esa tienda ilegal de la cual ustedes no me querían hablar! - se quejó, con su habitual tono de mandona.

- Porque te conocemos bien y sabemos que te vas a chivar a McGonagall. - bufó Ron.

- ¡Oigan! Yo soy una persona de confianza, pero debéis reconocer que lo que ellos hacen está mal. - dijo Hermione, exaltada. - Hacer dinero en la escuela, ¿¡A quien se le ocurriría!? Oh, claro, no sé para qué pregunto (Un par de idénticos bobos). Solo pido que tengáis un poco de conciencia, ¿¡tanto os cuesta!? -

- Si…- respondieron Harry y Ron. El primero con una sonrisa y el segundo con cara de aburrido y cansado.

Hermione iba a estallar, pero al final se contuvo. - Está bien…- dijo. - Si me la enseñáis, prometo no decir nada. -

- Podrías haber empezado por ahí. - dijo Ron. - Venga, aprovechemos que Percy aún tiene que enseñar a los de primero las habitaciones. -

El trio se dirigió a la sala de estudios de la torre, hasta alcanzar el retrato azul. Aquel retrato estaba al final del aula de estudios, donde habitualmente estudiaba Percy.

- ¿Contraseña? – preguntó el retrato.

- Bien…creo que la contraseña de este año es "Pitapatafrita". - dijo Ron.

- ¿Pitapatafrita? - repitieron Harry y Hermione al unísono, frunciendo el entrecejo.

- Correcto, adelante. – dijo el retrato, mientras se abría.

Los tres atravesaron el agujero, que les conducía hasta un baño abandonado, que, en comparación al año pasado, estaba notablemente mejorado. Fred y George habían decorado el lavabo, reparando algunas instalaciones, pintándolas con colores alegres y vivos. Había globos luminosos flotando, un dispensador de grageas Betty Bott, y chispas luminosas iluminando todo el "local".

- ¡Saludos trío de oro, y bienvenidos a nuestra fabulosa tienda! - exclamó Fred felizmente, lanzando al aire una lluvia de confetis.

En segundos, apareció George, haciendo una reverencia a los recién llegados. - Llena de fabulosos productos. – añadió.

- Para nuestros fabulosos clientes. – finalizó Fred, con una luz resplandeciente que hacía brillar a ambos gemelos. Estaban en su salsa.

- ¿Trío de oro? – repitieron Harry, Ron y Hermione al mismo tiempo, mirándose.

- Si, así es como todos os llaman. – dijo George. - Sobre todo porque siempre vais juntos. -

- Y os metéis en líos juntos, como en el curso pasado. - añadió Fred, divertido. - Tenéis algún lío nuevo entre manos, ¿trío de oro? -

- ¡Cállate Fred! - bufó Ron. - ¡Nosotros no queremos problemas!

- Es verdad, solo veníamos a…- decía Hermione, pero fue interrumpida por George.

- Oh, me sorprende verte por aquí Hermione. – dijo. - Creía que los artículos de broma no te gustaban. -.

- No me gustan, bueno, son gracioso y divertidos…- admitió ella. - Pero no soy mucho de gastar bromas. -

- Pues tranquila, en nuestra tienda siempre contamos con una amplia variedad de fabulosos productos. - repuso George. - Podéis echar un vistazo. Entre nuestras novedades, os podemos ofrecer…eh, ¿Fred? - dijo, dirigiéndose hacia su gemelo. - Las novedades, vamos hermano, que es para hoy. -

- En seguida, Georgie. – dijo Fred, agachándose por detrás de un circulo de grifos que utilizaban como mostrador y sacando una gran caja. - Tenemos como novedades de este año…- dijo, en tono de suspense, para luego mostrar el primer producto. - ¡El libro de hechizos Carpe Retractum! Os será muy útil para lanzar un lazo mágico a algún objeto y tirar de él. -

- Interesante…- dijo Harry, sosteniendo el libro de hechizos.

- Obviamente eso no es lo mejor. – repuso Fred. – La gran novedad de este año son las Bombas de remolachas con bigotes. – dijo, enseñando una esfera del mismo color que la remolacha. - Al explotar, salen un montón de remolachas gruñonas con bigotes, útiles para aguar la fiesta a los de Slytherin y pasar un buen rato de risas. - añadió

- Además, antes de desaparecer hacen una explosión fétida. - comentó George. - ¿A que es genial? -

- Eso, Georgie, ¡es porque somos geniales! – presumió Fred, alzando el puño como si fuera un conquistador.

La idea de las remolachas con bigotes se las dio Harry al acabar el curso pasado. De ahí que aquel par de liantes se les ocurriera una de sus locas ideas para su tienda secreta.

Ron empezó a rodar por los suelos riendo sin parar. - ¡Re-remolachas con bigotes! – dijo. - ¡Eso sí que es una pasada! –

- ¡Me llevaré veinte! - exclamó Harry, aguantándose la risa, mientras que Hermione rodaba los ojos divertida. – ¡Y también el libro de hechizos Carpe Retractum! - añadió.