Capítulo 27 - ¡Enemigos del heredero, temed!

Llegó octubre, un frío húmedo se extendió por los campos y penetró en el castillo. La señora Pomfrey estaba atareadísima debido a una repentina epidemia de catarro entre profesores y alumnos. Su poción "Pepperup" tenía efectos instantáneos, aunque dejaba al que la tomaba echando humo por las orejas durante varias horas. Como Ginny tenía mal aspecto, Percy le insistió hasta que la probó: el vapor que le salía de debajo del pelo producía la impresión de que toda su cabeza estaba ardiendo.

Chloe demostró ser una buena amiga para Ginny. Se preocupó por hacerle compañía durante aquellos días, al igual que Luna, que una y otra vez hablaba sobre que la epidemia era provocada por una nueva y extraña raza de insectos cosquilleantes que solo se podían ver con unas gafas especiales.

- Para mí que piensa que son como los mosquitos tigre…- pensó Harry.

Como Ginny se sentía mal, y Luna estaba más centrada en sus estudios (demostrando ser una digna Ravenclaw), Chloe fue la única interesada en aprender a batirse en duelo. Se reunió con Harry y Hermione en varias ocasiones, desenfundando su varita tan pronto como se presentaba ante ellos.

- ¿Le dijiste que podía practicar contigo? - le preguntó Hermione a Harry, la primera vez que Chloe vino a verlo tras su "crisis amistosa" por culpa de Lockhart. Los tres se encontraban cerca del Lago Negro, donde solían practicar el año anterior.

- Si Lockhart no es capaz de enseñar nada útil, alguien tiene que hacerlo. - replicó Harry, mientras le enseñaba a Chloe a lanzar el encantamiento aturdidor (Desmaius). Ella hizo correctamente el movimiento de varita, pero sin ejecutar el encantamiento. - Eso es, Chloe. Imagínate que buscas hacer un corte recto y preciso. Cuanto más recto, más efectivo será el encantamiento. -

Chloe utilizó el encantamiento sobre un diablillo que se escabullía entre los arbustos. - ¡Mira! ¡Le he dado! ¡Le he dado! - dijo alegremente, mientras saltaba.

- Es muy graciosa, ¿no crees? - comentó Hermione en voz baja, mientras contenía una risita.

- Si, y es muy entusiasta para aprender. - opinó Harry. Alzó la vista y por las nubes, daba la sensación de que pronto caería un chaparrón. - Vaya, será mejor que volvamos al castillo, antes de que nos pille la lluvia. -

- Y no intentes practicar en los pasillos, - le dijo Hermione a Chloe, mientras caminaban por el gran puente. - porque está prohibido y a ningún prefecto le temblará el pulso a la hora de quitarle puntos a nuestra casa. -

- A mí me sigue pareciendo absurdo que no podamos hacer magia fuera de las clases. - bufó Chloe. - ¡Se supone que estamos en una escuela de magia! -

La lluvia invadió el castillo durante esos días, el nivel del lago subió, los arriates de flores se transformaron en arroyos de agua sucia y las calabazas de Hagrid adquirieron el tamaño de cobertizos.

A pesar de ello, los ánimos de Harry y su capitán, Oliver Wood, no descendieron. Ambos se habían propuesto a humillar a Slytherin, a demostrarles que un puñado de escobas de último modelo no podían ganar partidos por sí solas, sino el valor y el talento, las dos grandes virtudes de los leones de Gryffindor.

Fred y George, que espiaban al equipo de Slytherin, habían comprobado por sí mismos la velocidad de las nuevas Nimbus 2001. Dijeron que lo único que podían describir del juego del equipo de Slytherin era que los jugadores cruzaban el aire como centellas y no se les veía de tan rápido como volaban.

Saber aquello, solo aumento las ganas de Harry por ridiculizar a Slytherin. Tras acabar el entrenamiento, el azabache iba caminando por el corredor desierto con los pies mojados, cuando se encontró a alguien que parecía preocupado. Era Sir Nicholas, el fantasma de la torre de Gryffindor, quien miraba por una ventana.

- No cumplo con las características...- murmuraba el fantasma, bastante desanimado. - Un centímetro...Si eso...-

- Hola Sir Nicholas. - Saludó Harry a su fantasma favorito.

- Hola, hola. - respondió Sir Nicholas (También conocido como Nick, o Nick Casi Decapitado), dando un respingo y mirando alrededor.

- Parece preocupado Sir Nicholas, - observó Harry. - ¿le ocurre algo? -

- ¡Bah! - Sir Nicholas hizo un elegante gesto con la mano. - Un asunto sin importancia... No es que realmente tuviera interés en pertenecer...aunque lo solicitara, pero por lo visto, no cumplo con las características. Pero cualquiera pensaría, cualquiera…- estalló de repente, volviendo a sacar la carta del bolsillo. - que cuarenta y cinco hachazos en el cuello dados con un hacha mal afilada serían suficientes para permitirle a uno pertenecer al Club de Cazadores Sin Cabeza. -

- Desde luego…- dijo Harry, dándose cuenta de que el fantasma esperaba que le diera la razón.

- Por supuesto, nadie tenía más interés que yo en que todo resultase limpio y rápido. - dijo Sir Nicholas. - Y habría preferido que mi cabeza se hubiera desprendido adecuadamente, quiero decir que eso me habría ahorrado mucho dolor y ridículo. Sin embargo...- abrió la carta y leyó indignado.

Sólo nos es posible admitir cazadores cuya cabeza esté separada del correspondiente cuerpo. Comprenderá que, en caso contrario, a los miembros del club les resultaría imposible participar en actividades tales como los Juegos malabares de cabeza sobre el caballo o el Cabeza Polo. Lamentándolo profundamente, por tanto, es mi deber informarle de que usted no cumple con las características requeridas para pertenecer al club. Con mis mejores deseos…

Sir Patrick Delaney-Podmore

- ¡Un centímetro de piel y tendón sostiene mi cabeza, Harry! - se quejó Sir Nicholas. - La mayoría de la gente pensaría que estoy bastante decapitado, pero no, eso no es suficiente para sir Bien Decapitado-Podmore. -

- Vaya, bendito problema. - asintió Harry. - Siento no poder ayudarle con eso, Sir Nicholas. Ojalá pudiera hacer algo, después de todo, siempre hace muchas cosas por nosotros…- añadió con una sonrisa triste. Realmente deseaba hacerle un favor a Sir Nicholas.

De repente, un maullido estridente llegó de algún lugar cercano a los tobillos de Harry. Bajó la vista y se encontró un par de ojos amarillos que brillaban como luces, era la Señora Norris, la gata gris y esquelética que Filch utilizaba como una especie de segundo de a bordo en su guerra sin cuartel contra los estudiantes.

- Será mejor que os vayáis, Harry. - dijo Sir Nicholas apresuradamente. - Filch no está de buen humor. Tiene gripe y unos de tercero, por accidente, pusieron perdido de cerebro de rana el techo de la mazmorra 5, se ha pasado la mañana limpiando, y si os ve manchando el suelo de barro...-

- Tienes razón, - dijo Harry, alejándose de la mirada acusadora de la Señora Norris. - hasta luego, Sir Nicholas.

Pero para su desgracia, Filch penetró repentinamente por un tapiz que había a la derecha de Harry, llamado por la misteriosa conexión que parecía tener con su repugnante gata, a buscar como un loco y sin descanso a cualquier infractor de las normas.

- ¡Suciedad! - gritó, con la mandíbula temblando y los ojos salidos de las órbitas, al tiempo que señalaba el charco de agua sucia que había goteado de la túnica de Quidditch de Harry. - ¡Suciedad y mugre por todas partes! ¡Hasta aquí podíamos llegar! ¡Sígueme, Potter! -

- Oh venga, ¿se pone así por un poquitín de barro? - pensó Harry, rodando los ojos. - Que exagerado…-

Así que Harry hizo un gesto de despedida a Sir Nicholas y siguió a Filch escaleras abajo, duplicando el número de huellas de barro. Harry no había entrado nunca en la conserjería de Filch. Era una habitación lóbrega y desprovista de ventanas, iluminada por una solitaria lámpara de aceite que colgaba del techo. En las paredes había archivadores de madera, por las etiquetas, Harry imaginó que contenían detalles de cada uno de los alumnos que Filch había castigado en alguna ocasión.

- Definitivamente, Fred y George son los estudiantes más divertidos de Hogwarts. - pensó Harry con una sonrisa, al ver que Fred y George tenían un cajón entero para ellos solos. - Cuando lo sepan se sentirán muy orgullosos. -

Filch cogió una pluma de un bote que había en la mesa y empezó a revolver por allí buscando pergamino.

- Cuánta porquería…mocos secos de lagarto silbador gigante...cerebros de rana...intestinos de ratón...Estoy harto...hay que dar un escarmiento... ¿Dónde está el formulario? Ajá... -

Encontró un pergamino en el cajón de la mesa y lo extendió ante sí, y a continuación mojó en el tintero su larga pluma negra.

- Nombre, Harry Potter, delito...- iba diciendo y escribiendo el conserje gruñón.

- Oh, vamos…- bufo Harry, haciendo un gesto de aburrimiento con las manos. - ¿Es un acto delictivo manchar con un poquitín de barro el suelo de la escuela? -

- ¡Sólo es un poco de barro para ti, muchacho! - gritó Filch. - ¡Pero para mí es una hora extra fregando! -

- Ah… ¿qué le cuesta aprender algún hechizo útil de limpieza? - se quejó Harry mentalmente. - Será posible…-

Repentinamente, se oyó un golpe tremendo en el techo de la conserjería, que hizo temblar la lámpara de aceite.

- ¡PEEVES! - bramó Filch, tirando la pluma en un acceso de ira. - ¡Esta vez te voy a pillar, esta vez te pillo! - Y, olvidándose de Harry, salió de la oficina corriendo con sus pies planos y con la Señora Norris galopando a su lado.

A Harry, Peeves no le gustaba en absoluto, pero en aquella ocasión no pudo evitar sentirse agradecido. Era de esperar que lo que Peeves hubiera hecho, y, a juzgar por el ruido, esta vez debía de haberse cargado algo realmente grande. Sería suficiente para que Filch se olvidase de Harry.

Pensando que tendría que aguardar a que Filch regresara, Harry se sentó en una silla apolillada que había junto a la mesa. Aparte del formulario a medio rellenar, sólo había otra cosa en la mesa, un sobre grande, rojo y brillante con unas palabras escritas con tinta plateada. Tras echar a la puerta una fugaz mirada para comprobar que Filch no volvía en aquel momento, Harry cogió el sobre y leyó.

- Bendita, bendita curiosidad, si…- pensó Harry (el curioso imprudente), comenzando a leer cosas que no eran de su incumbencia, como hacía siempre.

"EMBRUJORRÁPID"

Curso de magia por correspondencia

para principiantes

Harry frunció el entrecejo. - Pero… ¿esto qué eeeeeees? - pensó extrañado. Abrió el sobre y sacó el fajo de pergaminos que contenía.

¿Se siente perdido en el mundo de la magia moderna? ¿Busca usted excusas para no llevar a cabo sencillos conjuros? ¿Ha provocado alguna vez la hilaridad de sus amistades por su torpeza con la varita mágica? ¡Aquí tiene la solución! "Embrujorrápid", un curso completamente nuevo, infalible, de rápidos resultados y fácil de estudiar. ¡Cientos de brujas y magos se han beneficiado ya del método "Embrujorrápid"!

La señora Z. Nettles, de Topsham, nos ha escrito lo siguiente: "¡Me había olvidado de todos los conjuros, y mi familia se reía de mis pociones! ¡Ahora, gracias al curso Embrujorrápid, soy el centro de atención en las reuniones, y mis amigos me ruegan que les dé la receta de mi Solución Chispeante!"

El brujo D.J Prod, de Didsbury escribe "Mi mujer decía que mis encantamientos eran una chapuza, pero después de seguir durante un mes su fabuloso curso Embrujorrápid, ¡la he convertido en una vaca! Gracias Embrujorrápid."

Harry se rascó la nuca y pensó: - ¿Para qué demonios querrá Filch un curso de "Embrujorrápid"? A menos que él sea… ¡un momento! ¡Eso es! ¡Filch debe de ser un Squib! – Finalmente sacó a relucir su lucida mente, al descubrir algo tan ridículamente lógico.

Empezó a leer "Lección primera: Cómo sostener la varita. Consejos útiles", cuando un ruido de pasos arrastrados le indicó que Filch regresaba. Metiendo los pergaminos en el sobre, lo volvió a dejar en la mesa y en aquel preciso momento se abrió la puerta.

Filch parecía triunfante. - ¡Ese armario evanescente era muy valioso! - decía con satisfacción a la Señora Norris. - Esta vez Peeves es nuestro, querida. -

Sus ojos tropezaron con Harry y luego se dirigieron como una bala al sobre de Embrujorrápid que, como Harry comprendió demasiado tarde, estaba a medio metro de distancia de donde se encontraba antes, la cara pálida de Filch se puso de un rojo subido.

- Oh, oh…me parece que me espera un nuevo maremoto de ridículas quejas. - bufó Harry desde su mente, esperando la explosión de ira del Squib. - Bueno, he aquí el precio de la curiosidad. Adelante, que explote de una vez el conserje gruñón…-

Filch se acercó a la mesa cojeando, cogió el sobre y lo metió en un cajón. - ¿Has... lo has leído?

- Hm…no…- dijo Harry, haciéndose el inocente.

Filch se retorcía las manos nudosas. - Si has leído mi correspondencia privada...bueno…no es mía...es para un amigo...es que claro...bueno pues...-

- Le parece bien si le dejo tranquilo en su oficina mientras redacta un informe sobre Peeves, ¿señor Filch? - preguntó Harry, sugerente y con tranquilidad.

- Si…si…vete…no digas una palabra…- farfulló Filch. - Tengo que hacer el informe sobre Peeves…vete…-

Harry se fue tranquilamente del despacho de Filch, sonriente y divertido.

- ¡Harry! ¡Harry! ¿Funcionó? - Sir Nicholas salió de un aula deslizándose.

Tras él, Harry podía ver los restos de un armario grande, de color negro y dorado, que parecía haber caído de una gran altura.

- Convencí a Peeves para que lo estrellara justo encima de la conserjería de Filch - dijo Sir Nicholas, emocionado. - Pensé que eso le podría distraer. -

- ¿Has sido tú? ¡Por supuesto que funcionó, ni siquiera me van a castigar! - dijo Harry, con una amplia sonrisa. - Gracias Sir Nicholas, definitivamente le debo una. Si hay algo que pueda hacer por ti, solo dilo por favor. -

- Bueno, hay algo que podríais hacer por mí. - dijo Sir Nicholas. - Harry, ¿sería mucho pedir...? No, no vais a querer...-

- Adelante, - insistió Harry. - dígamelo, con confianza. -

- Bueno, el próximo día de Todos los Santos se cumplen quinientos años de mi muerte. - dijo Nick, irguiéndose y poniendo aspecto de importancia.

- Ya veo…Hm, ahora que lo pienso, sería una buena excusa para no ir a la fiesta de Halloween…- Pensó Harry detenidamente. A él no le hacía mucha gracia celebrar el Halloween el día en que murieron sus padres.

- Voy a dar una fiesta en una de las mazmorras más amplias. – dijo Sir Nicholas. - Vendrán amigos míos de todas partes del país, para mí sería un gran honor que vos pudierais asistir. Naturalmente, el señor Weasley y la señorita Granger también están invitados, pero me imagino que preferiréis ir a la fiesta del colegio. - añadió, mirando a Harry con inquietud.

- Para nada Sir Nicholas. - dijo Harry con una sonrisa. - Será un honor acudir a su fiesta este año. -

- ¡Mi estimado muchacho! ¡Harry Potter en mi cumpleaños de muerte! Y… ¿Tal vez podríais mencionarle a sir Patrick lo horrible y espantoso que os resulto? -

- Desde luego. - repuso Harry.

Un poco después…

- ¿¡Un cumpleaños de muerte!? - dijo Hermione entusiasmada, cuando Harry se hubo cambiado de ropa y reunido con ella y Ron en la sala común. - Estoy segura de que hay muy poca gente que pueda presumir de haber estado en una fiesta como ésta. ¡Será fascinante! -

- ¿Para qué quiere uno celebrar el día en que ha muerto? - dijo Ron, que iba por la mitad de sus deberes de Pociones y estaba de mal humor. - Me suena a aburrimiento mortal. -

- Sabes que no estoy obligando a nadie a venir. - repuso Harry, con los brazos cruzados. - Nick solo se ha encargado de dar las invitaciones. Es cosa vuestra si acudís o no. -

- ¡Bah! Está bien. - bufó Ron. - De todos modos, nunca he estado en un cumpleaños de muerte. -

La lluvia seguía azotando las ventanas, que se veían oscuras, aunque dentro todo parecía brillante y alegre. La luz de la chimenea iluminaba las mullidas butacas en que los estudiantes se sentaban a leer, a hablar, a hacer los deberes o, en el caso de Fred y George, a intentar averiguar qué es lo que sucede si se le da de comer a una salamandra una bengala del doctor Filibuster.

Fred había "rescatado" aquel lagarto de color naranja, espíritu del fuego, de una clase de Cuidado de Criaturas Mágicas y ahora ardía lentamente sobre una mesa, rodeado de un corro de curiosos. Harry estaba a punto de comentar a sus dos mejores amigos el caso de Filch y el curso Embrujorrápid, cuando de pronto la salamandra pasó por el aire zumbando, arrojando chispas y produciendo estallidos mientras daba vueltas por la sala.

- Oh…pobre lagarto, a veces pienso que ese par de dos se pasan de la raya con algunas de sus bromas. - pensó Harry, un poco molesto por el hecho de que los gemelos utilizaron al lagarto como conejillo de indias.

La imagen de Percy riñendo a Fred y George hasta enronquecer, la espectacular exhibición de chispas de color naranja que salían de la boca de la salamandra, su caída en el fuego, con acompañamiento de explosiones, hicieron que Harry olvidara por completo a Filch y el curso Embrujorrápid.

- Bueno, - pensó el azabache. - de todos modos, la gente ya debe de ser consciente de que el conserje gruñón es un Squib. ¡Bah! Qué más da…-

Cuando llegó Halloween, Harry, Hermione y Ron atravesaron el Gran Comedor, que estaba lleno a rebosar, donde brillaban tentadoramente los platos dorados y las velas, dirigieron sus pasos hacia las mazmorras.

También estaba iluminado con hileras de velas el pasadizo que conducía a la fiesta de Nick, aunque el efecto que producían no era alegre en absoluto, porque eran velas largas y delgadas, de color negro azabache, con una llama azul brillante que arrojaba una luz oscura y fantasmal incluso al iluminar las caras de los vivos.

Harry oyó un sonido como si mil uñas arañasen una pizarra.

- ¿¡A esto le llaman música!? - se quejó Ron.

Al doblar una esquina del pasadizo, encontraron a Sir Nicholas ante una puerta con colgaduras negras.

- Queridos amigos, bienvenidos, bienvenidos...- dijo con profunda tristeza. - Os agradezco que hayáis venido...-

Hizo una floritura con su sombrero de plumas y una reverencia señalando hacia el interior.

Lo que vieron les pareció increíble, la mazmorra estaba llena de cientos de personas transparentes, de color blanco perla. La mayoría se movían sin ánimo por una sala de baile abarrotada, bailando el vals al horrible y trémulo son de las treinta sierras de una orquesta instalada sobre un escenario vestido de tela negra.

Del techo colgaba una lámpara que daba una luz azul medianoche, al respirar les salía humo de la boca, aquello era como estar en un frigorífico.

- Oh…cuantos fantasmas…¿Qué tal si damos una vuelta? - propuso Harry, fascinado por ver a tantos fantasmas reunidos en el mismo sitio.

- Cuidado, no vayas a atravesar a nadie - advirtió Ron, algo nervioso, mientras empezaban a bordear la sala de baile.

Pasaron por delante de un grupo de monjas fúnebres, de una figura harapienta que arrastraba cadenas y del Fraile Gordo, un alegre fantasma de Hufflepuff que hablaba con un caballero que tenía clavada una flecha en la frente. Harry no se sorprendió de que los demás fantasmas evitaran al Barón Sanguinario, el fantasma de Slytherin.

- Oh, no…- dijo Hermione, parándose de repente. - Volvamos, volvamos, no quiero hablar con Myrtle la Llorona. -

- ¿Myrtle la Llorona? - le preguntó Harry con curiosidad.

- Ronda siempre los lavabos de chicas del segundo piso…- dijo Hermione.

- ¿Los lavabos? - Preguntó Ron.

- Sí, no los hemos podido utilizar en todo el curso porque siempre le dan tales llantinas que lo deja todo inundado. - dijo Hermione, estremeciéndose un poco. - De todas maneras, nunca entro en ellos sí puedo evitarlo, es horroroso ir al servicio mientras la oyes llorar. -

- ¡Comida! - exclamó Ron de repente.

Al otro lado de la mazmorra había una mesa larga, cubierta también con terciopelo negro. Se acercaron con entusiasmo, pero ante la mesa se quedaron inmóviles, horrorizados.

- Se ve…que estos fantasmas no han comido en años…- pensó Harry con una sonrisa nerviosa, a los demás les daba ganas de vomitar.

En unas preciosas fuentes de plata había unos pescados grandes y podridos, los pasteles, completamente quemados, se amontonaban en las bandejas, había un pastel de vísceras con gusanos, un queso cubierto de un esponjoso moho verde y, como plato estrella de la fiesta, un gran pastel gris en forma de lápida funeraria, decorado con unas letras que parecían de alquitrán y que componían las palabras.

Sir Nicholas de Mimsy-Porpington,

fallecido el 31 de octubre de 1492.

Harry contempló, asombrado, que un fantasma corpulento se acercaba y, avanzando en cuclillas para ponerse a la altura de la comida, atravesaba la mesa con la boca abierta para ensartar por ella un salmón hediondo.

- ¿Le encuentras el sabor de esa manera? - le preguntó Harry.

- Casi…- contestó con tristeza el fantasma, y se alejó sin rumbo.

- Supongo que lo habrán dejado pudrirse para que tenga más sabor. - dijo Hermione con aire de entendida, tapándose la nariz e inclinándose para ver más de cerca el pastel de vísceras podrido.

- Vámonos, me dan náuseas…- dijo Ron.

Pero apenas se habían dado la vuelta cuando un hombrecito surgió de repente de debajo de la mesa y se detuvo frente a ellos, suspendido en el aire.

- Ah, hola Peeves. - dijo Harry con una sonrisa leve, después de todo, el bromista y fastidioso poltergeist le había salvado de un castigo innecesario por parte de Filch.

A diferencia de los fantasmas que había alrededor, Peeves el poltergeist no era ni gris ni transparente.

- ¿Picáis? - invitó amablemente, ofreciéndoles un cuenco de cacahuetes recubiertos de moho.

- Vaya, míralo, cuando quiere puede ser amable…- pensó Harry, asombrado por ver el lado amable del travieso Peeves.

- No, gracias…- dijo Hermione.

- Os he oído hablar de la pobre Myrtle…- dijo Peeves, moviendo los ojos. - No has sido muy amable con la pobre Myrtle. ¡EH! ¡MYRTLE! -

- Ya se puso idiota otra vez…- bufó Harry mentalmente.

- No, Peeves, no le digas lo que he dicho, le afectará mucho… - susurró Hermione, desesperada. - No quise decir eso, no me importa que ella...Eh, hola, Myrtle…-

Hasta ellos se había deslizado el fantasma de una chica rechoncha.

- Nunca he visto a una chica tan triste como ella…- pensó Harry, mirando con algo de pena a la chica fantasma.

- ¿Qué? - preguntó enfurruñada.

- ¿Cómo estás, Myrtle? Me alegro de verte fuera de los lavabos. - dijo Hermione, fingiendo un tono animado. Myrtle sollozó.

- Ahora mismo la señorita Granger estaba hablando de ti… - dijo Peeves a Myrtle al oído, maliciosamente.

Harry no pudo evitar divertirse un poco con la tensión de la conversación, ¿porque será?

- Sólo comentábamos...lo guapa que estás esta noche…- dijo Hermione, mirando a Peeves.

- Ah…vamos Hermione, bien se te podría haber ocurrido algo mejor…- pensó Harry, negando lentamente con la cabeza.

Myrtle dirigió a Hermione una mirada recelosa.

- Te estás burlando de mí…- dijo, y unas lágrimas plateadas asomaron inmediatamente a sus ojos pequeños, detrás de las gafas.

- No, lo digo en serio...- repuso Hermione, dirigiendo su mirada hacia Harry y Ron. - ¿Verdad que estaba comentando lo guapa que está Myrtle esta noche? -

- Por supuesto…- dijo Harry con tono suave.

- ¡No me mintáis! - dijo Myrtle entre sollozos, con las lágrimas cayéndole por la cara, mientras Peeves, que estaba encima de su hombro, se reía entre dientes. - ¿Creéis que no sé cómo me llama la gente a mis espaldas? ¡Myrtle la gorda! ¡Myrtle la fea! ¡Myrtle la desgraciada, la llorona, la triste! -

- Se te ha olvidado "la granos" - dijo Peeves al oído.

- Peeves, eso no tiene gracia. - dijo Harry con severidad.

Myrtle estalló en sollozos angustiados y salió de la mazmorra corriendo. Peeves corrió detrás de ella, tirándole cacahuetes mohosos y gritándole…

- ¡La granos! ¡La granos! - canturreó alegre el travieso poltergeist.

- Genial, Peeves vuelve a las andadas. - bufó Harry molesto.

- ¡Oh, dios mío! - dijo Hermione con tristeza.

Sir Nicholas iba hacia ellos entre la multitud.

- ¿Os lo estáis pasando bien? -

- ¡Sí! - mintieron.

- Ha venido bastante gente. - dijo con orgullo Sir Nicholas. - Mi Desconsolada Viuda ha venido de Kent. Bueno, ya es casi la hora de mi discurso, así que voy a avisar a la orquesta. La orquesta, sin embargo, dejó de tocar en aquel mismo instante. -

Se había oído un cuerno de caza y todos los que estaban en la mazmorra quedaron en silencio, a la expectativa.

- Ya estamos…- dijo Sir Nicholas, con cierta amargura.

A través de uno de los muros de la mazmorra penetraron una docena de caballos fantasma, montados por sendos jinetes sin cabeza. Los asistentes aplaudieron con fuerza.

- Esos deben de ser los miembros del Club de Cazadores Sin Cabeza. - observó Harry, mientras miraba como desfilaban. - O eso creo…-

Los caballos galoparon hasta el centro de la sala de baile y se detuvieron encabritándose. Un fantasma grande que iba delante, y que llevaba bajo el brazo su cabeza barbada y soplaba el cuerno, descabalgó de un brinco, levantó la cabeza en el aire para poder mirar por encima de la multitud, con lo que todos se rieron, y se acercó con paso decidido a Nick, ajustándose la cabeza en el cuello.

- Supongo que ese debe de ser el tal Patrick…- señaló Harry.

- ¡Nick! - dijo con voz ronca. - ¿cómo estás? ¿Todavía te cuelga la cabeza? - Rompió en una sonora carcajada y dio a Nick unas palmadas en el hombro.

- Bienvenido, Patrick…- dijo Sir Nicholas con frialdad.

- ¡Vivos! - dijo sir Patrick, al ver a Harry, Ron y Hermione. Dio un salto tremendo pero fingido de sorpresa y la cabeza volvió a caérsele. La gente se rio otra vez.

- Muy divertido…- dijo Sir Nicholas con voz apagada.

- ¡No os preocupéis por Nick! - gritó desde el suelo la cabeza de sir Patrick. - ¡Aunque se enfade, no le dejaremos entrar en el club! Pero quiero decir...mirad el amigo...-

- ¡Hmph! Se ve que usted no conoce la auténtica naturaleza de Sir Nicholas…- empezó a hablar Harry.

- ¿Eh? - dijo la cabeza de sir Patrick.

- Tal vez sea cierto que no tiene la cabeza completamente separada del cuerpo…Pero justo esa es una de sus mayores virtudes…-

Todos tenían los ojos bien abiertos al oír a Harry.

- ¿Una de sus mayores virtudes? - preguntó Sir Patrick bufando. - ¿De qué le vale tener la cabeza casi decapitada? ¿Eh? -

- Más de lo que cree. – repuso Harry, andando de un lado para otro con tranquilidad. - A diferencia de usted, que da risa con la cabeza rebotándole de un lado para otro, la de Sir Nicholas provoca terror entre aquellos que le ven con la cabeza pendiente de un hilo…Mucho suelen huir despavoridos, les da pánico cuando hace eso. -

- Ah…pues…- Sir Patrick se quedó sin saber que responder. – ¡Ha! ¡Apuesto a que Nick te pidió que dijeras eso! –

- Oh, ¿en serio lo cree? – inquirió Harry con arrogancia. - Es una pena, creía que a los fantasmas les caía de perlas aquellos que infligen miedo sobre los mortales… Sir Nicholas, me parece que Sir Patrick no sabe cómo valorar el talento de un fantasma decente, es una auténtica…decepción. – dijo, guiñándole un ojo a Sir Nicholas.

- ¡Ah, es verdad! – Sir Nicholas parecía haber comprendido el plan de Harry. - Creo que me voy a olvidar de entran en ese tonto Club de Cazadores Sin Cabeza. No merecen contar con mi talento. – añadió, alzando la nariz y de brazos cruzados.

- E…espera un momento, Nick…- farfulló sir Patrick. Harry pudo notar que el fantasma tenía el tono de sus mejillas de un color diferente.

- ¿Sí? –

- Tal vez…tal vez debamos reconsiderar…tu ingreso. Bueno, ya sabes, si de verdad puedes hacer, eso…-

- Estoy seguro que contar con Sir Nicholas os hará más populares. – dijo Harry. - Por lo menos con él, evitareis hacer el ridículo…- añadió burlón.

- ¡Vale! ¡Estas dentro del club! - exclamó Sir Patrick con voz de decepción. - ¡Tú ganas, Nicholas! –

- ¡HURRA! -exclamó Sir Nicholas, más feliz que nunca. Tan pronto como lo celebró, su cabeza quedó pendiente de su hilo de carne, haciendo estremecer a sus compañeros fantasmas.

- Bu-bu-bueno…- farfulló sir Patrick. - Pue tal si para comenzar jugamos a Cabeza Hockey, ¿qué me dices, Nicholas? – propuso.

- ¡Excelente! ¡Mi primera actividad en el club! ¡Será un honor! –

- Mi trabajo aquí está hecho…- susurró Harry, limpiándose las manos. - Nos veremos después, Nick. -

- ¡Claro, y gracias por acudir a mi fiesta querido muchacho! – dijo Sir Nicholas, mientras se colocaba bien la cabeza. - ¡Nunca lo olvidaré! –

Y así, Harry, Ron y Hermione abandonaron la fiesta. Un minuto más tarde, se encontraban subiendo por el pasadizo lleno de velas negras.

- Has estado genial, Harry. – dijo Hermione, muy emocionada. - Nick nunca había podido entrar en ese club, y tú, ¡en una sola noche los has convencido! -

- Os confieso que no tenía idea si mi actuación iba a resultar efectiva. – comentó el azabache, sonriendo con orgullo. - Pero al final, ha salido bien después de todo. -

- Bueno, yo quiero ir al Gran Comedor. - dijo Ron con esperanza, abriendo el camino hacia la escalera del vestíbulo. - Quizás aún quede pudín…a menos que Malfoy se lo haya acabado todo. -

- ¿A cuál de los dos te refieres? - preguntó Hermione.

- A Chloe. - respondió Harry por su mejor amigo. - Y sigo sin entender porque sigues llamándola por su apelli…- y entonces lo oyó.

- Desgarrar...Despedazar...Matar... -

Fue la misma voz, la misma voz fría, asesina, que había oído aquel día en que le propinó una paliza a Draco Malfoy.

- Harry, ¿qué ocurre? - preguntó Hermione.

- Es de nuevo esa voz… ¿podéis oírla? -

- Nosotros no oímos nada. - dijo Ron. - ¿No te estarás imaginando cosas? -

- ¡No! - saltó Harry. - Yo…lo escucho perfectamente. - dijo, moviendo la cabeza en distintas direcciones.

- Deseado... durante tanto tiempo...-

- De verdad…¿no podéis oír nada de nada? –

- Vale, me estas asustando Harry...- dijo Hermione, estremeciéndose. - ¡Yo no escucho nada! -

- Ni yo tampoco. - repuso Ron. - Para mí que estar en ese cumpleaños te ha dejado hecho polvo. - supuso.

- Matar... Es la hora de matar...-

- Esto no es posible…- pensó Harry, cada vez más contrariado. - Si ellos no pueden oírlo y yo sí, significa, que no es ninguna broma de Peeves como supuso Chloe. -

La voz se fue apagando. Harry estaba seguro de que se alejaba... hacia arriba.

- ¡Se mueve, es por aquí! - gritó, y se puso a correr escaleras arriba hasta el vestíbulo. Harry apretó el paso para alcanzar rápidamente el primer piso, seguido de Hermione y Ron.

- Harry, ¿qué estamos...? -

- ¡Shhh! - mandó a callar el azabache.

Harry aguzó el oído. En la distancia, proveniente del piso superior, y cada vez más débil, oyó de nuevo la voz.

- Huelo sangre...¡HUELO SANGRE!

- ¡Demonios! ¡No sé quién es! ¡Pero…va a matar a alguien! - gritó, y sin hacer caso de las caras desconcertadas de sus amigos, subió el siguiente tramo saltando los escalones de tres en tres, intentando oír a pesar del ruido de sus propios pasos.

Harry recorrió a toda velocidad el segundo piso, Hermione y Ron lo seguían jadeando. El segundo piso estaba lleno de agua, como si las cañerías se hubieran roto. No pararon hasta que doblaron la esquina del último corredor, también desierto.

- Harry…¿qué pasa,? Dinos ya…- le preguntó Ron, secándose el sudor de la cara. - Yo no oigo nada…-

Pero Hermione dio de repente un grito ahogado, y señaló al corredor. - ¡Mirad! -

Delante de ellos, algo brillaba en el muro, se aproximaron, despacio, intentando ver en la oscuridad con los ojos entornados. En el espacio entre dos ventanas, brillando a la luz que arrojaban las antorchas, había en el muro unas palabras pintadas de más de un palmo de altura.

LA CAMARA DE LOS SECRETOS HA SIDO ABIERTA.

TEMED, ENEMIGOS DEL HEREDERO.

- ¿Qué es lo que cuelga ahí debajo? - preguntó Ron, con un leve temblor en la voz.

- Oh no…- dijo Harry, señalando el objeto que colgaba de una argolla. - Es la gata de Filch…la Señora Norris. -

La Señora Norris, estaba colgada por la cola en una argolla de las que se usaban para sujetar antorchas. Estaba rígida como una tabla, con los ojos abiertos y fijos.

- Vámonos de aquí. - dijo Ron, con voz temblorosa.

- No deberíamos intentar...- comenzó a decir Harry, sin encontrar las palabras.

- Hacedme caso…- insistió Ron. - mejor que no nos encuentren aquí…-

Pero era demasiado tarde. Un ruido, como un trueno distante, indicó que la fiesta acababa de terminar. De cada extremo del corredor en que se encontraban, llegaba el sonido de cientos de pies que subían las escaleras y la charla sonora y alegre de gente que había comido bien. Un momento después, los estudiantes irrumpían en el corredor por ambos lados.

La charla, el bullicio y el ruido se apagaron de repente cuando vieron la gata colgada. El trio de oro estaba solo, en medio del corredor, cuando se hizo el silencio entre la masa de estudiantes, que presionaban hacia delante para ver el truculento espectáculo.

De repente, una voz dijo: - ¡Temed, enemigos del heredero! ¡Los próximos seréis los sangre sucia! -

Era Draco Malfoy, que había avanzado hasta la primera fila. Harry apretó los dientes con rabia al escucharle. Tenía unas ganas horribles de abalanzarse de nuevo contra él y desfigurarle el rostro. Sin embargo, Hermione se percató de ello y lo agarró de la mano para que no hiciese nada tonto.

- ¡Tú eres tonto! - chilló alguien. Era Chloe, quien también se puso en primera fila para encararse con su hermano de Slytherin. - ¿¡De verdad piensas que esto es gracioso, Draco!? - inquirió, señalando la inscripción en el muro.

- ¡Tu cállate, traidora! - espetó Draco Malfoy, molesto.

- Ya, lo que tú digas, idiota…- replicó Chloe, en tono burlón.

Capítulo 28 - ¿Slytherin tiene un heredero?

- ¿¡Qué pasa aquí!? ¿¡Qué pasa!? - atraído sin duda por el grito de Malfoy, Argus Filch se abría paso a empujones. Vio a la Señora Norris y se echó atrás, llevándose horrorizado las manos a la cara. - ¡Mi gata! ¡Mi gata! ¿¡Qué le ha pasado a la Señora Norris!? - chilló. Con los ojos fuera de las órbitas, se fijó en Harry. - ¡Tú! - chilló, señalándolo. - ¡Tú! ¡Tú has matado a mi gata! ¡Tú la has matado! ¡Y yo te mataré a ti! ¡Te...! -

Harry no se movió. Lo miraba fijamente. - Intentaría explicar la situación, - pensó. - pero con lo asustado que está ahora eso sería inútil…-

- ¡Argus! -

- Ah…justo a tiempo, Dumbledore. - pensó Harry con una sonrisa leve.

Había llegado Dumbledore, seguido de otros profesores. En unos segundos, pasó por delante de Harry, Ron y Hermione y sacó a la Señora Norris de la argolla.

- Ven conmigo, Argus. - le dijo a Filch. - Vosotros también: Potter, Weasley y Granger. -

Lockhart se adelantó algo asustado. - Mi despacho es el más próximo, director, nada más subir las escaleras, puede disponer de él…-

- Gracias, Gilderoy. - respondió Dumbledore.

- ¡Hmph! Es sin duda una de las pocas cosas útiles que ha hecho este idiota…- bufó Harry, molesto.

La silenciosa multitud se apartó para dejarles paso. Lockhart, nervioso y dándose importancia, siguió a Dumbledore a paso rápido, lo mismo hicieron la profesora McGonagall y el profesor Snape.

Cuando entraron en el oscuro despacho de Lockhart, hubo gran revuelo en las paredes, Harry se dio cuenta de que algunas de las fotos de Lockhart se escondían de la vista, porque llevaban los rulos puestos.

- ¡Ha! Tan patéticos como el original…- pensó Harry con burla.

El Lockhart de carne y hueso encendió las velas de su mesa y se apartó. Dumbledore dejó a la Señora Norris sobre la pulida superficie y se puso a examinarla.

Dumbledore examinó el cuerpo de la Señora Norris de cerca con sus lentes de media luna, dándole golpecitos y reconociéndolo con sus largos dedos. La profesora McGonagall estaba casi tan inclinada como él, con los ojos entornados. Snape estaba muy cerca detrás de ellos, con una expresión que reflejaba seriedad.

Lockhart rondaba alrededor del grupo, haciendo sugerencias. - Puede concluirse que fue un hechizo lo que le produjo la muerte...quizá la Tortura Metamórfica. He visto muchas veces sus efectos. Es una pena que no me encontrara allí, porque conozco el contrahechizo que la habría salvado. -

- Lo que yo digo, este tío es idiota…- pensó Harry, rodando los ojos.

Dumbledore murmuraba ahora extrañas palabras en voz casi inaudible. Golpeó a la Señora Norris con su varita, pero no sucedió nada, parecía como si acabara de ser disecada.

- Recuerdo que sucedió algo muy parecido en Uagadugú - dijo Lockhart. - Una serie de ataques. La historia completa está en mi autobiografía. Pude proveer al poblado de varios amuletos que acabaron con el peligro inmediatamente. –

- Mira…haznos un favor a todos y cierra el pico. - Harry se cansaba de bufar.

Finalmente, Dumbledore se incorporó. - No está muerta, Argus…- dijo con cautela.

- ¿Que no está muerta? - preguntó Filch entre sollozos, mirando por entre los dedos a la Señora Norris. - ¿Y por qué está rígida? –

- La han petrificado. - explicó Dumbledore.

- Ah, ya me parecía a mí...- dijo Lockhart.

- Pero no podría decir como...-

- ¡Pregúntele! - chilló Filch, volviendo a Harry su cara con manchas y llena de lágrimas.

- Ningún estudiante de segundo curso podría haber hecho esto. - dijo Dumbledore con firmeza. - Es magia negra muy avanzada. -

- ¡Lo hizo él! - saltó Filch, y su hinchado rostro enrojeció. - ¡Ya ha visto lo que escribió en el muro! Él encontró... en la conserjería... Sabe que soy, que soy un...- Filch hacía unos gestos horribles.

- Puede que esto haya escapado a su observación, señor Filch, - dijo Harry de brazos cruzados. - pero a estas alturas, el colegio entero sabe que usted es un Squib. ¿Porque si no limpiaría utilizando métodos muggles? - Filch parecía que iba a tropezar y caerse. - Y ahora, permítame aclararle la situación. – siguió, empezando a enfadarse. – Yo no he tocado a la Señora Norris…-

- ¡Mentira! - gruñó Filch.

- Si se me permite hablar, señor director - dijo Snape desde la penumbra. - Potter y sus amigos simplemente podrían haberse encontrado en el lugar menos adecuado, en el momento menos oportuno…- Harry, Hermione y Ron lo observaban con sorpresa. Tras una pausa breve, siguió hablando. - Sin embargo, aquí tenemos una serie de circunstancias…sospechosas. ¿Por qué se encontraban en el corredor del piso superior? ¿Por qué no estaban en la fiesta de Halloween? -

- Si me lo permiten, puedo explicarlo…- dijo Harry con tranquilidad. - La semana pasada le prometí a Sir Nicholas que acudiría a su cumpleaños de muerte, que coincide con el día de hoy…Él nos invitó a mí y a mis amigos, por lo que acudimos sin falta. Al acabar la fiesta, estábamos agotados, por lo que en vez de ir al Gran Comedor decidimos regresar a la Torre de Gryffindor. Sin embargo, cuando llegamos al segundo piso, escuchamos el flujo del agua…- él suspiró antes de seguir. - Una vez más, mi curiosidad por enterarme de la situación se puso en mi contra, ya que me aventuré a averiguar qué sucedía…- los profesores lo escuchaban atentamente, mientras que sus amigos lo miraban perplejos. - Mis amigos me siguieron por todo el segundo piso. Como pudisteis ver, estaba inundado. Cuando doblamos la esquina del ultimo corredor, nos encontramos a la Señora Norris, colgada y petrificada, además de la inscripción en el muro. Es tal y como dice el profesor Snape: simplemente nos encontrábamos en el lugar menos adecuado…en el momento menos oportuno…-

Los profesores intercambiaron unas miradas. Harry no podía sentirse más satisfecho, porque por sus caras podía decirse que estaban asombrados por cómo había conservado la calma en un momento tan tenso.

- ¿Estas completamente seguro…Potter? - preguntó finalmente Snape.

- Por supuesto. - asintió Harry tranquilamente. - Si necesitan a alguien que corroboré mis palabras, podéis preguntar a Sir Nicholas o a cualquier fantasma que veáis en el castillo. Incluso a Peeves, él también estaba en la fiesta. -

Hubo un pequeño silencio, hasta que Dumbledore tomó la palabra.

- Bien, parece que todo está aclarado. - dijo, con un brillo en los ojos. - ¿Alguien duda de la palabra de Harry? -

Los profesores negaron con la cabeza. Todos ellos creyeron a Harry, pero Filch no.

- ¡Han petrificado a mi gata! - gritó. Tenía los ojos desorbitados. - ¡Exijo que se castigue a los culpables! -

Harry rodó los ojos. - Probemos con un botellazo en todo el cabezón…- pensó molesto.

- Podremos curarla, Argus. - dijo Dumbledore con paciencia. - La señora Sprout ha conseguido mandrágoras recientemente. En cuanto hayan crecido, haré una poción con la que revivir a la Señora Norris. -

- La haré yo. - acometió Lockhart. - Creo que la he preparado unas cien veces, podría hacerla hasta dormido. -

- Disculpe…- dijo Snape con frialdad. - Pero creo que el profesor de Pociones de este colegio soy yo…-

- Podéis iros. - dijo Dumbledore a Harry, Ron y Hermione.

Se fueron deprisa, pero sin correr, cuando estuvieron un piso más arriba del despacho de Lockhart, entraron en un aula vacía y cerraron la puerta con cuidado. Harry miró las caras ensombrecidas de sus amigos.

- Harry, ¿porque…no les contaste lo de, la voz? - Preguntó Hermione.

- Ah, ¿creéis que tendría que haberles hablado de la voz que oí? - preguntó Harry, algo más relajado

- No. - dijo Ron sin dudar.

- Exacto. - dijo Harry. - Pensarían que estoy chiflado o algo así…-

- Oír voces que nadie más puede oír no es buena señal, - dijo Hermione, un poco asustada. - ni siquiera en el mundo de los magos…-

- Eso lo sé muy bien. – repuso Harry. - Os aseguro que es la primera vez que me pasa esto…Hm…me parece que tenemos un nuevo misterio por resolver entre manos, chicos. - dijo con entusiasmo. - En el muro ponía "La cámara ha sido abierta", ¿cuál será su significado? -

- Me suena de algo…- dijo Ron despacio. - Creo que alguien me contó una vez una historia de que había una cámara secreta en Hogwarts...a lo mejor fue Bill. –

- Por cierto, ¿alguien me puede explicar que rayos es un Squib? – preguntó Hermione.

A Harry le sorprendió muchísimo que ella no lo supiera, porque tenía la tendencia a investigarlo todo. Tanto él como Ron se pusieron a reír.

- Bueno, no es que sea divertido realmente...pero tal como es Filch...- dijo Ron, sonriendo con satisfacción. - Un Squib es alguien nacido en una familia de magos, pero que no tiene poderes mágicos. Todo lo contrario a los magos hijos de familia muggle, sólo que los Squibs son casos muy raros. -

- Eso mismo os iba a contar yo la semana pasada. - comentó Harry divertido. - Me parece que con tantas cosas en la cabeza me había olvidado. Bueno, en cualquier caso, eso explica muchas cosas, como que odie tanto a los estudiantes. No por nada es el conserje gruñón. -

De algún lugar llegó el sonido de un reloj.

- Es medianoche. - dijo Hermione, negando con la cabeza. - Será mejor que nos vayamos a dormir, ya seguiremos discutiendo sobre esto mañana. -

Y los tres regresaron a la Sala Común, donde ya no había nadie, pues todos estaban dormidos.

Durante unos días, en la escuela no se habló de otra cosa que de lo que le habían hecho a la Señora Norris. Filch mantenía vivo el recuerdo en la memoria de todos haciendo guardia en el punto en que la habían encontrado, como si pensara que el culpable volvería al escenario del crimen. Harry le había visto fregar la inscripción del muro con el "Quitamanchas mágico multiusos de la señora Skower", pero no había servido de nada, las palabras seguían tan brillantes como el primer día.

- Vaya, definitivamente los Squibs no están hechos para usar magia, en fin…- pensó el azabache.

Cuando Filch no vigilaba el escenario del crimen, merodeaba por los corredores con los ojos enrojecidos, ensañándose con estudiantes que no tenían ninguna culpa e intentando castigarlos por faltas imaginarias como "respirar demasiado fuerte" o "estar contento".

- Tampoco es muy extraño. – pensó Harry. - Total, se pasa año tras año buscando escusas para tocar las narices a los estudiantes. Típico del conserje gruñón…-

Ginny parecía muy afectada por el destino de la Señora Norris. Según Ron, era una gran amante de los gatos.

- Pero si no conocías a la Señora Norris. - le dijo Ron para animarla. - La verdad es que estamos mucho mejor sin ella. -

- ¡Ron, eres un insensible! - chilló Chloe enfadada, mientras abrazaba a Ginny, quien se puso pálida. - ¿¡Cómo puedes decirle algo así!? -

- Vaaaaaale. - bufó Ron, rodando los ojos. - Bueno, como iba diciendo, cosas como éstas no suelen suceder en Hogwarts, atraparán al que haya sido y lo echarán de aquí inmediatamente. Sólo espero que le dé tiempo a petrificar a Filch antes de que lo expulsen. - Chloe lo fulminó con la mirada. Eso hizo que se estremeciera. - Es broma...- añadió rápidamente.

Por su parte, Harry y Hermione se pasaban esos días haciendo deberes, practicando magia con Chloe y "pateando" la biblioteca en búsqueda de algún libró que les hablara sobre la Cámara de los Secretos.

Ron estaba molesto porque aún no había acabado sus deberes de Historia de la Magia. El profesor Binns les había mandado un trabajo de un metro de largo sobre "La Asamblea Medieval de Magos de Europa".

- Maldita sea, no puede ser, - dijo furioso, soltando el pergamino que recuperó su forma de rollo. - ¡todavía me quedan veinte centímetros! Y vosotros habéis hecho más de metro y medio con esa letra tan pequeña…- bufo molesto.

- Ya deja de quejarte. - replicó Harry, de brazos cruzados. - Tenemos otras preocupaciones en mente…-

- ¿Cómo qué? -

- Pues, - dijo Hermione, con los brazos en jarra. - ¿cómo averiguar más sobre la leyenda de la Cámara de los Secretos? -

- Exacto, lo malo es que no queda ni uno de los ejemplares de "Hogwarts: Una historia" que había en el colegio. - dijo Harry, molesto. - Se los han llevado todos, y para colmo, ni Hermione ni yo trajimos nuestras copias del libro. Estúpidos libros de Lockhart…-

- Hermione, déjame leer tu trabajo…- le pidió Ron desesperado, mirando el reloj.

- No, no quiero. - dijo Hermione, repentinamente severa. - Has tenido diez días para acabarlo. -

- Sólo me faltan seis centímetros. - dijo Ron. - Vamos Harry, quizás tu…- le dijo al azabache, rezando porque le echase un cable.

- Bueno, si te hubieras acordado de preguntarme hace unos días tal vez…- dijo él en tono divertido. - En realidad me gustaría echarle un cable, pero si lo hago probablemente Hermione se enfade conmigo. - pensó detenidamente.

Sonó la campana, los tres se encaminaron al aula de Historia de la Magia, con Ron refunfuñando, mientras que Harry y Hermione rodaban los ojos, por los descuidos de su amigo pelirrojo.

Aquel día fue igual que cualquier otro. El profesor Binns, que dormía más que ningún otro profesor que Harry haya conocido, abrió sus apuntes y los leyó con un sonsonete monótono, como el de una aspiradora vieja, hasta que casi toda la clase hubo entrado en un sopor profundo, sólo alterado de vez en cuando el tiempo suficiente para tomar nota de un nombre o de una fecha, y volver a adormecerse.

Harry, como siempre, hacía grandes esfuerzos por prestar atención, y eso que había tomado medio litro de café antes de acudir a clase. Binns llevaba una media hora hablando cuando ocurrió algo insólito, Hermione alzó la mano.

El profesor Binns, levantando la vista a mitad de una sobre la "Convención Internacional de Brujos de 1289", pareció sorprendido.

- ¿Señorita...? -

- Granger, profesor. - dijo Hermione con voz clara. - Pensaba que quizá usted pudiera hablarnos sobre la Cámara de los Secretos -

- ¡Claro! ¿¡Cómo no se me ocurrió antes!? - pensó Harry, sorprendido. - Quien mejor para hablarnos del tema de la Cámara que el profesor de Historia de la Magia? Brillante Hermione, ¡brillante! -

Dean Thomas, que había permanecido boquiabierto, mirando por la ventana, salió de su trance dando un respingo. Lavender Brown levantó la cabeza y a Neville le resbaló el codo de la mesa.

El profesor Binns parpadeó. - Mi disciplina es la Historia de la Magia…- dijo con su voz seca, jadeante. - Me ocupo de los hechos, señorita Granger, no de los mitos ni de las leyendas. -

Entonces, Harry se puso en pie. - Le ruego que disculpe mi interrupción, profesor Binns, - dijo, con la máxima educación posible. - pero normalmente, las leyendas tienen como base un fundamento real…- Hermione le sonrío contenta.

El profesor Binns miraba a ambos con tal estupor, que el azabache adivinó que ningún estudiante lo había interrumpido nunca, ni estando vivo ni estando muerto.

- Veamos…- dijo lentamente el profesor Binns - Sí, creo que eso se podría discutir. Sin embargo, la leyenda por la que ustedes me preguntan es una patraña hasta tal punto exagerada, yo diría incluso absurda. -

- Pues los demás no piensan igual, profesor…- observó Harry, con una sonrisa orgullosa.

La clase entera estaba pendiente de las palabras del profesor Binns. Este miró a sus alumnos y vio que todas las caras estaban vueltas hacia él, lo cual, le dejó bien sorprendido.

- Muy bien…- dijo despacio. - Veamos...la Cámara de los Secretos...Todos ustedes saben, naturalmente, que Hogwarts fue fundado hace unos mil años por los cuatro brujos más importantes de la época. Las cuatro casas del colegio reciben su nombre de ellos. Godric Gryffindor, Helga Hufflepuff, Rowena Ravenclaw y Salazar Slytherin. Los cuatro juntos construyeron este castillo, lejos de las miradas indiscretas de los muggles, dado que aquélla era una época en que la gente tenía miedo a la magia, y los magos y las brujas sufrían persecución. - Se detuvo, miró a la clase con los ojos empañados y continuó. - Durante algunos años, los fundadores trabajaron conjuntamente en armonía, buscando jóvenes que dieran muestras de aptitud para la magia y trayéndolos al castillo para educarlos. Pero luego surgieron desacuerdos entre ellos y se produjo una ruptura entre Slytherin y los demás. Slytherin deseaba ser más selectivo con los estudiantes que se admitían en Hogwarts. Pensaba que la enseñanza de la magia debería reservarse para las familias de magos. Lo desagradaba tener alumnos de familia muggle, porque no los creía dignos de confianza. Un día se produjo una seria disputa al respecto entre Slytherin y Gryffindor, y Slytherin abandonó el colegio. - se detuvo de nuevo y frunció la boca. - Esto es lo que nos dicen las fuentes históricas fidedignas, pero estos simples hechos quedaron ocultos tras la leyenda fantástica de la Cámara de los Secretos. La leyenda nos dice que Slytherin había construido en el castillo una cámara oculta, de la que no sabían nada los otros fundadores. Slytherin, según la leyenda, selló la Cámara de los Secretos para que nadie la pudiera abrir hasta que llegara al colegio su auténtico heredero. Sólo el heredero podría abrir la Cámara de los Secretos, desencadenar el horror que contiene y usarlo para librar al colegio de todos los que no tienen derecho a aprender magia. -

- En otras palabras, Slytherin era el que más obsesionado estaba con la idea de excluir a aquellos con sangre muggle del uso de la magia…- pensó Harry, sacando conclusiones.

Cuando terminó de contar la historia, se hizo el silencio, pero no era el silencio habitual, soporífero, de las clases del profesor Binns. Flotaba en el aire un desasosiego, y todo el mundo le seguía mirando, esperando que continuara.

El profesor Binns parecía levemente molesto. - Por supuesto, esta historia es un completo disparate. Naturalmente, el colegio entero ha sido registrado varias veces en busca de la cámara, por los magos mejor preparados. No existe, es un cuento inventado para asustar a los crédulos. -

Hermione volvió a levantar la mano. - Profesor..., ¿a qué se refiere usted exactamente al decir "el horror que contiene" la cámara? –

- Se cree que es algún tipo de monstruo, al que sólo podrá dominar el heredero de Slytherin…- explicó el profesor Binns con su voz seca y aflautada. La clase intercambió miradas nerviosas. - Pero ya les digo que no existe…- añadió, revolviendo en sus apuntes. - No hay tal cámara ni tal monstruo. -

- Pero, profesor…- comentó Seamus Finnigan. - Si sólo el auténtico heredero de Slytherin puede abrir la cámara, nadie más podría encontrarla, ¿no? –

- Tonterías, O'Flaherty. - repuso el profesor Binns en tono algo airado. - Si una larga sucesión de directores de Hogwarts no la han encontrado...-

- Pero, profesor. - Intervino Parvati Patil. - Probablemente haya que emplear magia negra para abrirla...-

- El hecho de que un mago no utilice la magia negra no quiere decir que no pueda emplearla, señorita Patati - le interrumpió el profesor Binns. - Insisto, si los predecesores de Dumbledore…-

- Pfff…Patati…- murmuró Harry, intentando no partirse de risa.

- Pero tal vez sea preciso estar relacionado con Slytherin, y por eso Dumbledore no podría... - apuntó Dean Thomas, pero el profesor Binns ya estaba harto.

- ¡Ya basta! - dijo bruscamente. - ¡Es un mito! ¡No existe! ¡No hay el menor indicio de que Slytherin construyera semejante cuarto trastero! Me arrepiento de haberles relatado una leyenda tan absurda. Ahora volvamos, por favor, a la historia, a los hechos evidentes, creíbles y comprobables.

Y en cinco minutos, la clase se sumergió de nuevo en su sopor habitual.

- Para una vez que el profesor Binns nos cuenta algo tan interesante…- bufó Harry molesto, y preparado para atragantarse con más historia.

- Ya sabía que Salazar Slytherin era un viejo chiflado y retorcido, - dijo Ron a Harry y Hermione, mientras se abrían camino por los abarrotados corredores al término de las clases, para dejar las bolsas en la habitación antes de ir a cenar. - pero lo que no sabía es que hubiera sido él quien empezó todo este asunto de la limpieza de sangre. No me quedaría en su casa aunque me pagaran. Sinceramente, si el Sombrero Seleccionador hubiera querido mandarme a Slytherin yo me habría vuelto derecho a casa en el tren. -

Harry se río. - Bueno, en realidad, dudo mucho que Slytherin haya sido el único mago con esa mentalidad en aquella época de hace mil años. - dijo. - Según la historia, en su época los muggles se esforzaban por erradicar a las personas mágicas, porque nos tenían miedo. He de ahí que algunos magos y brujas más conservadores vean mal a los muggles. Slytherin no quería que ellos se introdujeran en el mundo de la magia, por el odio y el resentimiento que sentía. Es una pena, en realidad…la casa de Slytherin tiene buenos puntos en cuestión de valores, pero con la cantidad de magos oscuros que han salido de su casa, es obvio que se ha ganado a pulso una mala reputación…-

- ¿Eso crees? - preguntó Ron, frunciendo el entrecejo.

- Ron, si algo he llegado a comprender en lo poco que llevo en Hogwarts, es que la casa no juzga la personalidad del mago. - repuso el azabache. - Son nuestras acciones lo que justifican como somos. Podemos tener valores variados, eso es innegable, pero al final, nuestras acciones hablarán por nosotros, por si solas…Tengo una mínima esperanza de llegar a ver salir de Slytherin a personas de bien…También se puede aplicar esta teoría con las familias, o los conocimientos que posee la persona…-

Hermione parecía emocionada con las palabras de Harry, mientras que Ron parecía perdido.

- ¿Creéis que realmente hay una Cámara de los Secretos? - preguntó Ron, aclarándose la garganta y cambiando de tema.

- No lo sé. - respondió Hermione, frunciendo el entrecejo. - Dumbledore no fue capaz de curar a la Señora Norris, y eso me hace sospechar que quienquiera que la atacase no debía de ser...bueno...humano. -

- Si. - dijo Harry. - Debe tratarse de alguna criatura o animal monstruoso, pero saber que o quien fue…Me temo que aún no tenemos la respuesta a nuestro alcance…-

Al doblar la esquina se encontraron en un extremo del mismo corredor en que había tenido lugar la agresión, se detuvieron y miraron. El lugar estaba tal como lo habían encontrado aquella noche, salvo que ningún gato tieso colgaba de la argolla en que se fijaba la antorcha, y que había una silla apoyada contra la pared del mensaje "La cámara ha sido abierta".

- Aquí es donde Filch ha estado haciendo guardia. - dijo Ron.

Se miraron unos a otros, el corredor se encontraba desierto.

- Quizás sea un buen momento para analizar la escena del crimen…- comentó Harry con interés. - Hm…que raro, esto está chamuscado…aquí, y aquí…-

- ¡Ven y mira esto! - dijo Hermione. - Es extraño. -

El azabache se acercó a la ventana más próxima a la inscripción de la pared. Hermione señalaba al cristal superior, por donde una veintena de arañas estaban escabulléndose, según parecía tratando de penetrar por una pequeña grieta en el cristal. Un hilo largo y plateado colgaba como una soga, y daba la impresión de que las arañas lo habían utilizado para salir apresuradamente.

- ¿Habíais visto alguna vez que las arañas se comportaran así? - preguntó Hermione, perpleja.

- Para nada. - dijo Harry. - Nunca he visto este comportamiento entre ellas… ¿Y tú, Ron? ¿Ron? - volvió la cabeza hacia su amigo.

Ron había retrocedido y parecía estar luchando contra el impulso de salir corriendo.

- ¿Te ocurre algo malo, Ronald? - le preguntó Harry. - Estas temblando. -

- No...no me gustan...las arañas…- dijo Ron, muy nervioso.

- No lo sabía. - dijo Hermione, mirando sorprendida a Ron. - Pero que raro. Has usado arañas muchas veces en la clase de Pociones y ni una vez te hemos visto así. -

- Si están muertas no me importa…- explicó Ron, quien tenía la precaución de mirar a cualquier parte menos a la ventana. - No soporto la manera en la que se mueven. -

Hermione soltó una risita tonta.

- Vamos Hermione, no tiene gracia. - le replicó Harry en tono suave.

- ¡Eso! - dijo Ron impetuosamente. - Si quieres saberlo, cuando yo tenía tres años, Fred convirtió mi... mi osito de peluche en una araña grande y asquerosa porque yo le había roto su escoba de juguete. A ti tampoco te harían gracia si estando con tu osito, le hubieran salido de repente muchas patas y... -

- ¿Cómo convirtió tu osito de peluche en una araña? - inquirió Hermione. - Fred debía tener unos cinco o seis años. No creo que él, o George hayan podido... -

- Desde muy pequeños Fred y George han sido muy traviesos. - bufó Ron. - Deberíais haberles visto años atrás, ¡eran un par de demonios! Le robaban la varita a mi padre constantemente, y la usaban para hacer todo tipo de hechizos locos. Por aquel entonces ya eran muy creativos (para las travesuras). Es evidente que lograron transfigurar a mi osito…-

- Pues su creatividad no les a servido de mucho cuando se trata de las notas. - replicó Hermione, negando con la cabeza.

- Creo que podemos hablar sobre lo increíbles que son Fred y George en otro momento. - dijo Harry con calma. - ¿Recordáis toda aquella agua en el suelo? ¿De dónde vendría? Alguien ha pasado la fregona...-

- Estaba por aquí…- dijo Ron, recobrándose y caminando unos pasos más allá de la silla de Filch para indicárselo. - A la altura de esta puerta. -

Asió el pomo metálico de la puerta, pero retiró la mano inmediatamente, como si se hubiera quemado.

- ¿Y ahora qué pasa? - preguntó Harry con algo de impaciencia.

- ¡No puedo entrar ahí! - dijo Ron bruscamente. - Es un aseo de chicas…-

- Pero Ron, si no habrá nadie dentro. - dijo Hermione, poniéndose derecha y acercándose. - Aquí es donde está Myrtle la Llorona. Venga, echemos un vistazo. -

- Bien, quizás ella pueda contarnos algo, - pensó Harry. - en caso de que estuviera aquí aquel día. -

Y sin hacer caso del letrero de "No funciona", Hermione abrió la puerta. Era el cuarto de baño más triste y deprimente en el que Harry había puesto los pies.

Debajo de un espejo grande, quebrado y manchado, había una fila de lavabos de piedra en muy mal estado. El suelo estaba mojado y reflejaba la luz triste que daban las llamas de unas pocas velas que se consumían en sus palmatorias. Las puertas de los retretes estaban rayadas y rotas, y una colgaba fuera de los goznes.

- Hola, Myrtle, ¿qué tal? - dijo Hermione, saludando a Myrtle.

Harry y Ron se acercaron a ver, Myrtle la Llorona estaba sobre la cisterna del retrete, reventándose un grano de la barbilla.

- Esto es un aseo de chicas - dijo, mirando con recelo a Harry y Ron. - Y ellos no son chicas. -

- Eso es evidente, Myrtle. - dijo Harry con calma. - Hemos venido hasta aquí porque queríamos preguntarte algo. -

- ¿Y qué queríais preguntarme? - Preguntó la fantasma con tristeza.

- La noche de Halloween agredieron a un gato justo al otro lado de tu puerta. - le explicó el azabache. - ¿Viste a alguien por aquí aquella noche? -

- No me fijé. - dijo Myrtle con afectación. - Me dolió tanto lo que dijo Peeves, que vine aquí e intenté suicidarme. Luego, claro, recordé que estoy...que estoy...-

- Muerta, ya…- dijo Ron, con la intención de ayudar.

Myrtle sollozó trágicamente, se elevó en el aire, se volvió, se sumergió de cabeza en la taza del retrete, salpicándoles, y desapareció de la vista. A juzgar por la procedencia de sus sollozos ahogados, debía de estar en algún lugar del sifón.

Harry y Ron se quedaron con la boca abierta. Repentinamente, el azabache le dio un golpe en la nuca a su mejor amigo.

- ¡Oye! - se quejó Ron. - ¿¡Y eso por qué!? -

- Porque eres un insensible de las narices. - bufó Harry con fastidio. - Deberías aprender a escoger mejor las palabras, Ronald. ¡Tch! Perfecto, ahora nos quedamos sin testimonio, maldita sea. - negó con la cabeza, mientras que Ron se frotaba la nuca.

Hermione, que ya estaba harta, se encogió de hombros. - Tratándose de Myrtle, esto es casi estar alegre. - dijo desganada. - Bueno, vámonos...-

Harry acababa de cerrar la puerta a los sollozos gorjeantes de Myrtle, cuando una potente voz les hizo dar un respingo a los tres.

- ¡RON! -

Percy Weasley, con su resplandeciente insignia de prefecto, se había detenido al final de las escaleras, con una expresión de susto en la cara.

- ¡Esos son los aseos de las chicas! - gritó el prefecto Weasley. - ¿Qué estás haciendo? -

- Sólo echaba un vistazo. - dijo Ron, encogiéndose de hombros. - Buscando pistas, ya sabes…-

- Oh…va a estallar. - pensó el azabache. - Vaya, me recuerda un poco a la señora Weasley…-

- Marchaos...fuera...de aquí...- dijo Percy, caminando hacia ellos con paso firme y agitando los brazos para echarlos. - ¿No os dais cuenta de lo que podría parecer, volver a este lugar mientras todos están cenando? -

- ¿Por qué no podemos estar aquí? - replicó Ron acaloradamente, parándose de pronto y enfrentándose a Percy. - ¡Escucha, nosotros no le hemos tocado un pelo a ese gato, si es eso lo que piensas! -

- Eso es lo que dije a Ginny. - dijo Percy con contundencia. - Pero ella todavía cree que te van a expulsar. No la he visto nunca tan afectada, llorando amargamente, podrías pensar un poco en ella y, además, todos los de primero están asustados. -

- Si claro, por supuesto. - soltó Ron sarcásticamente. - A ti no te preocupa Ginny, "señor prefecto", - Hermione abrió la boca ante la sorpresa de sus palabras. - a ti sólo te preocupa que yo eche a perder tus posibilidades de ser Premio Anual. Por eso estás detrás de mí, de Fred y George, por miedo a no ser el elegido…-

- ¡Cinco puntos menos para Gryffindor! - dijo Percy secamente, llevándose una mano a su insignia de prefecto. - ¡Y espero que esto te enseñe la lección! ¡Se acabó el hacer de detective, o de lo contrario escribiré a mamá! -

Y se marchó con el paso firme y la nuca tan colorada como las orejas de Ron. Tanto Harry como Hermione miraron a Percy con enfado. Mientras se marchaban de los baños, Ron estuvo rajando de Percy por minutos, hasta el punto de volverse insoportable. Harry dio gracias a que llegaron a la sala común y que Ron optó por marcharse a la tienda de Fred y George para seguir hablando en caliente de su hermano prefecto.

Aquella noche, en la sala común, Harry y sus amigos escogieron los asientos más alejados del de Percy. Ron, a pesar de haber pasado varias horas, seguía de muy mal humor y seguía emborronando sus deberes de Encantamientos.

- Pero, ¿quién podría ser? - dijo Hermione con voz tranquila, como si continuara una conversación que hubieran estado manteniendo. - ¿Quién querría echar de Hogwarts a todos los Squibs y los de familia muggle? -

Harry se puso a pensar, y se le vino un nombre desagradable a la cabeza. - Bueno, si te refieres al imbécil de Draco Malfoy…-

- ¡Naturalmente! - exclamó Ron. - Ya lo oísteis, "¡Los próximos seréis los sangre sucia!". Venga, no hay más que ver su asquerosa cara de rata para saber que es él...-

- ¿Draco Malfoy, el heredero de Slytherin? - dijo escépticamente Hermione.

- Hm…fíjate en su familia. - dijo Harry, cerrando sus libros. - Todos (bueno, a excepción de Chloe) han pertenecido a Slytherin. Él siempre alardea de ello, podría perfectamente ser descendiente del mismo Slytherin. Su padre es un ser malévolo, aunque me temo que Chloe se niega a verlo de ese modo…-

- Olvídate de esa chiflada. - bufó Ron, mientras que Hermione exclamaba "¡Ronald!". - ¡Podrían haber conservado durante siglos la llave de la Cámara de los Secretos! Ya sabes, pasándosela de padres a hijos...-

- Bueno. - dijo cautamente Hermione. - Supongo que puede ser. -

- Pero, ¿cómo podríamos demostrarlo? - preguntó Harry, en tono misterioso.

- Habría una manera…- dijo Hermione hablando despacio, bajando aún más la voz y echando una fugaz mirada a Percy. - Por supuesto, sería difícil, y peligroso, muy peligroso…Calculo que quebrantaríamos unas cincuenta normas del colegio. -

- Si dentro de un mes más o menos te parece que podrías empezar a explicárnoslo, - dijo Ron, airado. - háznoslo saber, ¿vale? -

- De acuerdo…- repuso Hermione fríamente. - Lo que tendríamos que hacer es entrar en la sala común de Slytherin y hacerle a Malfoy algunas preguntas sin que sospeche que somos nosotros. -

Harry se puso a pensar. - ¿Cómo podríamos hacerle las preguntas sin levantar sospechas? Tendríamos que hacernos pasar por alguien cercano a él…suplantar a alguien de su confianza…- de repente, a Harry "se le encendió la varita". - ¡Eso es! -

- ¿Que? Oh venga, siempre estas igual. - se quejó Ron, haciendo un mohín. - A ver, ¿qué tienes en mente, Harry? -

- Creo que Hermione nos está sugiriendo utilizar la poción Multijugos. - dijo Harry mirando a Hermione con una sonrisa. - ¿Me equivoco? -

- Vaya, me has vuelto a pillar. - asintió Hermione, sonriendo. - Eso es exactamente en lo que pensaba. Snape lo mencionó hace unos días en clase, ¿te acuerdas? -

- Por supuesto, y de hecho...- dijo Harry, frotándose las manos. - Cuento con la receta y los pasos a seguir…-

Aquel comentario dejó a Hermione boquiabierta, mientras que Ron parecía cada vez más extrañado.

- ¿¡Lo dices en serio!? - saltó ella con emoción. - ¿¡Pero cómo!? -

- Las vacaciones en el Callejón Diagon dan para mucho. - explicó Harry. - Más de los que te puedes imaginar…Resulta que encontré la receta y los pasos a seguir en un libro muy interesante: "Moste Potente Potions". No fue fácil de conseguir, pero Tom tiene a muchos conocidos en su lista. Si os digo la verdad, la poción Multijugos es de las pociones menos horripilantes que encontré en ese libro. - se acercó más a ellos y murmuró: - Lo demás son pociones bastante desagradables. -

- ¡Eso es excelente, Harry! - dijo Hermione, con un brillo de entusiasmo.

- Bueno, ¿me vais a contar ya para que sirve esa dichosa poción o no? - bufó Ron molesto.

- La poción Multijugos es una poción muy complicada, que permite al bebedor tomar la forma de otra persona. - explicó Harry. - Si Hermione está pensando lo que creo que está pensando, podríamos utilizar la poción para suplantar a algunos estudiantes de Slytherin que sean de la confianza de Malfoy. Nadie nos reconocería, y seguramente seríamos capaces de sonsacarle algo a Malfoy sin levantar muchas sospechas. Lo más probable es que ahora mismo esté alardeando de lo que sabe en la Sala común de Slytherin, como si no lo conociera…-

- Esto del Multijugos me parece un poco peligroso. - dijo Ron, frunciendo el entrecejo. - ¿Y si nos quedamos para siempre convertidos en tres de Slytherin? -

- El efecto se pasa después de un rato… - dijo Hermione.

- Efectivamente, lo mejor de todo es que contamos con la receta y las instrucciones en nuestro poder. - dijo Harry con entusiasmo. - Bien es cierto que no llegué a elaborarla aún, no me dio tiempo. Esta es una buena excusa para prepararla. Sin embargo, si vamos a hacer esto, aún necesitamos contar con algunos ingredientes, los cuales, sé muy bien a quienes podemos acudir para que nos lo aporten…-

- ¿Ah sí? ¿Y quiénes son si se puede saber? - preguntó Hermione frunciendo el entrecejo.

- Dos jóvenes e idénticos emprendedores. - respondió el azabache, riéndose.

- Fred y George. - saltó Ron. - ¡Ellos tienen muchos ingredientes para pociones en su tienda! Además de proveedores bastante fiables…Bueno, eso dicen ellos. -

- Es mejor que husmear en los aposentos de Snape. - dijo Harry. - Hablaré con los gemelos más tarde para conseguir los ingredientes. Mientras tanto, os pido a ambos que busquéis un sitio adecuado donde poder elaborar la poción sin levantar sospechas, ¿vale? -

Hermione y Ron asintieron. Con el plan en marcha, Harry se fue a buscar a Fred y George para hacer su pedido.