Capítulo 29 - ¡Ni una Bludger me detendrá!
Después del desastroso episodio de los duendecillos de Cornualles, Lockhart no había vuelto a llevar a clase seres vivos. Por el contrario, se dedicaba a leer a los alumnos pasajes de sus libros, y en ocasiones representaba alguno de los momentos más emocionantes de su biografía.
Por supuesto, esto irritó en grandes dimensiones a Harry. Para empezar, Hermione lo arrastraba a regañadientes a sus clases, debido a que de no acudir Lockhart tenía a su disposición enviar un parte a dirección para suspenderle sin llegar a final de curso. Harry deseaba poder oponerse sin sufrir consecuencias, pero sabía que Hermione tenía razón: Por muy inútiles que fueran las clases, había que acudir y no tirar el año por ser clases inútiles.
Tan pronto como estas "clases" concluían, Harry salía disparado del aula para que Lockhart no tuviera tiempo de acercarse a él. Lo último que necesitaba Harry era soportar más charlas absurdas sobre ser un famoso presumido y utilización de la fama para obtener ciertos beneficios aprovechando la atención mediática, cosa que a Harry le importaba poco o directamente nada.
Para colmo, Lockhart había intentado convencerle de que le ayudara a representar algunas de sus batallitas relatadas en sus libros.
- Es peor que un chicle en el zapato…- bufó Harry, molesto por no tener una clase de Defensa contra las Artes Oscuras decente.
Después de buscar cuidadosamente por el castillo, Hermione le sugirió a Harry usar el baño de Myrtle la Llorona como escondite para elaborar la poción Multijugos. A Harry le pareció una buena elección y le entregó a Hermione la hoja que contenía los ingredientes y los pasos a seguir para preparar la poción. Si cualquiera de ellos estaba demasiado ocupado como para continuar preparándola, uno u otro se encargaría se seguir con la elaboración.
- ¿Conseguiste los ingredientes, Harry? - preguntó Hermione.
- Por supuesto. - asintió Harry. - Fred y George son un par de hachas. Además, al ser yo quien pide el encargo, no hacen demasiadas preguntas…Bueno, eso, y que les pago bien…- pensó.
- Normal, eres su cliente número uno. - dijo Ron.
- Lo que sea. - dijo el azabache, sin darle mucha importancia. - Ahora bien, hay un último ingrediente que es esencial, el cual se aplica al final de todo. - añadió, y Hermione asintió.
- ¿Ingrediente especial? - preguntó Ron.
- Así es, Ron. - dijo Hermione, muy entusiasmada. - Necesitamos una muestra de ADN de la persona a la que vayamos a suplantar. -
- ¿ADN? - repitió Ron. - Espera, creo que sé, que es eso…- dijo, arrugando la nariz. - Tú quieres algo de los que vamos a suplantar…Oh, que horror…¿qué quieres que consigamos? ¿Uñas de los pies? - preguntó asqueado. Harry y Hermione hicieron muecas de asco.
- ¡No seas tonto! - replicó Hermione. - Yo creo que con un pelo es más que suficiente. -
- Exacto, pero por ahora eso es irrelevante. - dijo Harry. - Lo primero que debemos hacer es comenzar a elaborar la poción. En esta hoja contamos con todos los pasos a seguir. - señaló la hoja de instrucciones que sostenía Hermione. - Lo más importante (aparte de seguir los pasos a rajatabla) es tenerla lista en un mes. -
- ¿Un mes? - inquirió Ron, muy preocupado. - Pero Harry, en ese tiempo, ¡Malfoy puede atacar a la mitad de los hijos de muggles! -
- Lo sé querido amigo, pero ahora mismo es nuestro mejor plan. – dijo el azabache. - Reza… porque funcione…- añadió fríamente. Luego miró a Hermione. - A veces me pregunto qué haríamos sin ti, Hermione. No cabe duda de que has tenido una idea muy ingeniosa. -
Hermione se puso colorada. - Bueno, siempre intento encontrar las mejores soluciones posibles…- dijo. - Por otra parte…¡Será fascinante hacer esta poción! – chilló excitada.
- Hm…Oye Harry, ¿y si mañana intentas tirarle de la escoba? - le sugirió Ron. Harry, de forma automática, esbozó una sonrisa malvada.
- ¡Ron! ¡No le des ideas! – saltó Hermione, asustada. - ¡Harry lleva tiempo esperando el partido de mañana! Y Harry, - dijo, mirando al azabache. - te lo suplico, no cometas ninguna locura. No merece la pena…-
- ¡Hmph! No necesito cargarme a Malfoy para sentirme mejor. – respondió Harry arrogantemente. - Me bastará con darle la mayor de las humillaciones, dejándolo en ridículo en el escenario de batalla. ¡SI! ¡APLASTARÉ A SLYTHERIN! – gritó con emoción.
Hermione se llevó una mano a la cabeza, mientras que Ron parecía listo para ponerse a bailar.
…
Harry se despertó pronto el sábado por la mañana y se quedó un rato en la cama pensando en el partido de Quidditch.
- Primero atraparé la Snitch, después se las restregaré a esas serpientes en la cara, luego bailaré claqué sobre mi escoba, les gritaré "¡Yo soy la leche!", y luego…- Pensaba Harry, riéndose sin parar, impaciente por darle su merecido a esas víboras de Slytherin.
Después de estar tumbado media hora riéndose como tonto, se levantó, se vistió y bajó temprano a desayunar. Allí encontró al resto del equipo de Gryffindor, apiñado en torno a la gran mesa vacía. Todos estaban nerviosos y apenas hablaban, mientras que Wood, su gran capitán, estaba tan ansioso por jugar como él.
- ¡Hoy es el día, Harry! – dijo el capitán, muy entusiasmado. - ¡Hoy vamos a poner de rodillas a esas odiosas serpientes! -
- ¡Si! - asintió Harry enérgicamente. - ¡Ahora sabrán lo que es bueno! –
Buscador y guardián chocaron los puños, mientras que el resto del equipo los miraban rodando los ojos. Al parecer, Harry y Wood eran quienes más en serio se tomaban los partidos, sobre todo si el siguiente partido era contra Slytherin.
Cuando faltaba poco para las once, el colegio en pleno empezó a dirigirse hacia el estadio de Quidditch. Hacía un día bochornoso que amenazaba tormenta. Cuando Harry iba hacia los vestuarios, Ron y Hermione se acercaron corriendo a desearle buena suerte.
- ¡Machácales Harry! – exclamó Ron, con el puño al aire.
- ¡Lo haré, Ron! – dijo Harry con decisión. - ¡Tenlo por seguro! -
- Harry, ten mucho cuidado…- dijo Hermione con cara de preocupada.
- No te preocupes, todo marchará a la perfección…- le aseguró Harry a ella, mostrándole un pulgar arriba.
Tras despedirse de sus mejores amigos, Harry bajó a los vestuarios. Los jugadores se vistieron con sus túnicas rojas de Gryffindor y luego se sentaron a recibir la habitual inyección de ánimo que Wood les daba antes de cada partido.
- Los de Slytherin tienen mejores escobas que nosotros, eso no se puede negar. – empezó, paseándose por el vestuario y hablando dramáticamente. - Pero nosotros tenemos mejores jugadores sobre las escobas: hemos entrenado más que ellos y hemos volado bajo todas las circunstancias climatológicas…-
- ¡Y tanto! - murmuró George Weasley. - No me he secado del todo desde agosto…-
- ¡Y vamos a hacer que se arrepientan del día en que dejaron que ese pequeño canalla, Malfoy, les comprara un puesto en el equipo! – exclamó Wood. Con la respiración agitada por la emoción, se volvió a Harry. - Es misión tuya, Harry, demostrarles que un buscador tiene que tener algo más que un padre rico. Tienes que coger la Snitch antes que Malfoy, o perecer en el intento, ¡porque hoy tenemos que ganar! -
- ¡SI! – rugió Harry con decisión. Se puso en pie y se volvió para mirar a todo el equipo con un brillo en sus ojos. – ¡Ahora saldremos allí y les ofreceremos un gran despliegue de talento y voluntad! ¡Demostrémosles a esas serpientes quienes mandan aquí! -
Los leones "rugieron" y se pusieron en pie para recoger las escobas. Harry iba delante para saltar al campo, decidido y valiente. Allí estaba él para a su equipo hacia la victoria.
Cuando salieron al campo, fueron recibidos con gran estruendo, eran sobre todo aclamaciones de Hufflepuff y de Ravenclaw, cuyos miembros y seguidores estaban deseosos de ver derrotado al equipo de Slytherin, aunque la afición de Slytherin también hizo oír sus abucheos y silbidos.
Por su parte, la afición de Gryffindor ya había puesto en marcha la nueva pancarta dedicada a la estrella del equipo, con el título "Emperador Potter".
Harry miró la pancarta frunciendo en entrecejo, con una sonrisa nerviosa. – Pero eso ya es exagerado. - pensó. - Tampoco me interesa dominar un imperio. Si, está mejor coleccionar títulos…-
La señora Hooch, que ejercía una vez mas de árbitro, hizo que Flint y Wood se dieran la mano, y los dos contrincantes aprovecharon para dirigirse miradas desafiantes y apretar bastante más de lo necesario.
- Cuando toque el silbato. - dijo la señora Hooch. - tres...dos...uno...-
Animados por el bramido de la multitud que les apoyaba, los catorce jugadores se elevaron hacia el cielo plomizo. Harry ascendió más que ningún otro, aguzando la vista en busca de la Snitch.
- ¿¡Todo bien por ahí, cabeza rajada!? - le gritó Malfoy, saliendo disparado por debajo de él para demostrarle la velocidad de su escoba.
- ¡Eso, alardea todo lo que puedas, mimado! – le gritó Harry con enfado. Sentía deseos de hacer caso a la sugerencia de Ron y tirar a Malfoy de su escoba.
En aquel preciso instante, Bludger negra y pesada se dirigía velozmente hacía Harry. Faltó tan poco para que le golpeara, que al pasar cerca de él le despeinó más.
- ¡Por qué poco, Harry! - le dijo George, pasando por su lado como un relámpago, con el bate en la mano, listo para devolver la Bludger contra Slytherin.
Harry vio que George daba un fuerte golpe a la Bludger dirigiéndola hacia Adrian Pucey, pero la Bludger cambió de dirección en medio del aire y se fue directa, otra vez, contra Harry.
- Hm…que raro. – pensó Harry, observando extrañado la actitud de la Bludger. Descendió rápidamente para evitarla, y George logró golpearla fuerte contra Malfoy.
Una vez más, la Bludger viró bruscamente como si fuera un bumerán y se encaminó como una bala hacia la cabeza de Harry. Él aumentó la velocidad y salió zumbando hacia el otro extremo del campo, mientras oía a la Bludger silbar a su lado.
- Vale, ¡esto no es normal! - pensó Harry, empezando a alterarse. - Se supone que las Bludgers no se limitan a un solo jugador…Por cierto, ¿¡porque a mí precisamente!? -
Fred Weasley aguardaba en el otro extremo. Harry se agachó para que Fred golpeara la Bludger con todas sus fuerzas.
- ¡Ya está! - gritó Fred contento, pero se equivocaba.
Como si fuera atraída magnéticamente por Harry, la Bludger volvió a perseguirlo.
- ¡No soy un estúpido imán de Bludgers! - se quejó Harry, viéndose obligado a alejarse a toda velocidad. - ¡Rayos, tengo una Snitch que atrapar! -
Había empezado a llover. Harry notaba las gruesas gotas en la cara. Entre la caída del agua y la velocidad de su escoba, era cada vez era más difícil ver lo que pasaba con los otros jugadores. Por suerte, oyó la voz de Lee Jordan, que le puso al corriente de la situación del partido.
- ¡Slytherin en cabeza por seis a cero! -
- ¿¡Que!? - saltó Harry, molesto. - ¡Demonios, tengo que encontrar y atrapar la Snitch! ¡Pero está condenada Bludger no me deja en paz! -
La Bludger loca hacía todo lo que podía para derribar a Harry. Fred y George se acercaban tanto a él, uno a cada lado, que Harry no podía ver otra cosa que sus brazos, que se agitaban sin cesar, y le resultaba imposible buscar la Snitch, y no digamos atraparla.
- ¡Alguien...está...manipulando...esta...Bludger! - gruñó Fred, golpeándola con todas sus fuerzas para rechazar un nuevo ataque contra Harry.
- ¡Hay que detener el juego! - dijo George, intentando hacerle señas a Wood y al mismo tiempo evitar que la Bludger le partiera la nariz a Harry.
Wood captó el mensaje. La señora Hooch hizo sonar el silbato, Harry, Fred y George bajaron al césped, todavía tratando de evitar la Bludger loca.
- ¿¡Qué ocurre!? - inquirió Wood, cuando el equipo de Gryffindor se reunió, mientras la afición de Slytherin los abucheaba. - ¡Nos están dando una paliza! Fred, George, ¿¡dónde estabais cuando la Bludger le impidió marcar a Angelina!? -
- ¡Estábamos ocho metros por encima de ella, Oliver, para evitar que la otra Bludger matara a Harry! - dijo George enfadado. - Alguien la ha manipulado...no dejará en paz a Harry, no ha ido detrás de nadie más en todo el tiempo. Los de Slytherin deben de haberle hecho algo. -
- No me extraña, - añadió Fred con enojo. - no hay táctica mas chapucera que neutralizar al mejor del equipo. -
Por un momento, Harry perdió su enfado para sentirse complacido por las palabras de Fred.
- Pero las Bludger han permanecido guardadas en el despacho de la señora Hooch desde nuestro último entrenamiento, - dijo Wood, perplejo. - y aquel día no les pasaba nada...-
Harry finalmente estalló. - ¡Bueno, ya es suficiente! - los jugadores de Gryffindor giraron sus cabezas para mirarle. - ¡Una Bludger loca no me va a privar de dejar en ridículo a esos idiotas de verde! Fred, George, ustedes limítense a proteger a las cazadoras, dejad que yo mismo me las arregle con esa Bludger…- "ordenó", fulminando a la Bludger con la mirada.
- ¡No seas tonto! - dijo Fred con enfado. - ¡Te partirá en dos! -
Wood tan pronto miraba a Harry como a los Weasley.
- ¡Oliver, esto es una locura! - dijo Alicia Spinnet enfadada. - ¡No puedes dejar que Harry se las apañe solo con la Bludger, esto hay que investigarlo! -
- ¡NO VAMOS A PERDER POR UNA ESTUPIDA BLUDGER! - rugió Harry enfadado. - ¡Oliver, quedamos en que les daríamos una lección a esos cretinos! - señaló a los Slytherins. - ¡Ahora indica al equipo que me dejen solo contra la Bludger! -
- ¡Esto es culpa tuya! - dijo George a Wood, enfadado. - "¡Atrapa la Snitch o muere en el intento!" ¡Qué idiotez decir eso! -
- Para mí no es ninguna idiotez. - replicó el azabache. - Rendirse y echarse atrás ante un desafío va en contra de los principios de Gryffindor. ¡No pienso echarme atrás! -
- ¡No es un desafío, es un suicidio! - bramó Fred, mirándolo nervioso.
Llegó la señora Hooch. - ¿Listos para seguir? - preguntó a Wood.
Wood contempló la expresión absolutamente segura del rostro de Harry.
- Bien. - dijo. - Fred y George, ya lo habéis oído...dejad que se enfrente él solo a la Bludger. - se volvió hacia Harry y le dijo: - Este partido está en tus manos, Harry…-
Harry asintió con una expresión de seriedad y enfado. - Ni una Bludger me detendrá…- susurró entre dientes, con una mirada desafiante.
La lluvia volvió a arreciar, al toque de silbato de la señora Hooch, Harry dio una patada en el suelo que lo propulsó por los aires, y enseguida oyó tras él el zumbido de la Bludger. Harry ascendió más y más. Giraba, daba vueltas, se trasladaba en espiral, en zigzag, describiendo tirabuzones.
- ¡Eso! - gruñó Harry. - ¡Tú solo sígueme a mí! -
- ¿¡Haciendo prácticas de ballet, Potter!? - le gritó Malfoy burlón, mostrándole una peineta.
En el momento en que Harry dirigió a Malfoy una mirada de odio, vio la dorada Snitch. Volaba a tan sólo unos centímetros por encima de la oreja izquierda de Malfoy...pero Malfoy, que estaba muy ocupado riéndose de Harry, no la había visto.
Durante un angustioso instante, Harry permaneció suspendido en el aire, sin atreverse a dirigirse hacia Malfoy a toda velocidad, para que éste no mirase hacia arriba y descubriera la Snitch.
¡PLAM!
De repente, la Bludger lo alcanzó por fin. Le golpeó en el codo, y Harry sintió que le había roto el brazo. Débil, aturdido por el punzante dolor del brazo, desmontó a medias de la escoba empapada por la lluvia, manteniendo una rodilla todavía doblada sobre ella y su brazo derecho colgando inerte. La Bludger volvió para atacarle de nuevo, y esta vez se dirigía directa a su cara.
- No…voy… ¡A PERDER! - rugió Harry con dolor y rabia.
Se dirigió hacia aquella cara de expresión desdeñosa, y vio que Malfoy abría los ojos aterrorizado, pensaba que Harry lo estaba atacando.
- ¿¡Qué!? - exclamó en un grito ahogado, apartándose del rumbo de Harry.
El azabache se soltó finalmente de la escoba e hizo un esfuerzo para coger la Snitch. Sintió que sus dedos se cerraban en torno a la fría Snitch, pero sólo se sujetaba a la escoba con las piernas, y la multitud, abajo, profirió gritos cuando Harry empezó a caer, intentando no perder el conocimiento.
Con un golpe seco chocó contra el barro y salió rodando, ya sin la escoba. El brazo le colgaba en un ángulo muy extraño, sintiéndose morir de dolor, oyó, como si le llegaran de muy lejos, muchos silbidos y gritos. Miró la Snitch que tenía en su mano buena.
Harry soltó una carcajada leve. - En tu cara, Malfoy…- susurró entre risas dolorosas, pero sonriendo. - hemos…ganado…- y se desmayó, escuchando, entre la multitud, un gritó en especial, el de su mejor amiga, Hermione.
Cuando volvió en sí, todavía estaba tendido en el campo de juego, con la lluvia cayéndole en la cara. Alguien se inclinaba sobre él, vio brillar unos dientes.
- ¡Oh, no, tú no! - exclamó Harry con dificultad.
- No sabe lo que dice. - explicó Lockhart en voz alta a la expectante multitud de Gryffindor que se agolpaba alrededor. - Que nadie se preocupe, voy a inmovilizarle el brazo. -
- ¡No! - gimió Harry, intentó sentarse, pero el dolor era terrible. - Me gusta como está, gracias…- Oyó cerca un "¡clic!" que le resultó familiar. - ¡COLIN, NO ES BUEN MOMENTO PARA QUE ME HAGAS FOTOS! - le gritó al muchacho, entre furioso y dolorido.
- Vuelve a tenderte, Harry. - dijo Lockhart, tranquilizador. - No es más que un sencillo hechizo que he empleado incontables veces. -
- Preferiría ir a la enfermería…- sugirió Harry, casi suplicante. - Si…la señora Pomfrey me curará enseguida, lo sé…-
- Así debería hacerse, profesor. - dijo Wood, lleno de barro y sin poder evitar sonreír, aunque su buscador estuviera herido. - Fabulosa jugada, Harry, realmente espectacular. La mejor que hayas hecho nunca, yo diría. -
- Gra…gracias capitán…- dijo Harry con una sonrisa orgullosa, entre gemidos de dolor.
Por entre la selva de piernas que le rodeaba, Harry vio a Fred y George forcejeando para meter la Bludger loca en una caja. Todavía se resistía.
- Apartaos. - dijo Lockhart, arremangándose su túnica verde jade.
- No...¡no! - dijo Harry débilmente, pero Lockhart estaba revoleando su varita, y un instante después la apuntó hacia el brazo de Harry.
- ¡Braquiam…Emendo! - gritó Lockhart.
Harry notó una sensación extraña y desagradable que se le extendía desde el hombro hasta las yemas de los dedos. Sentía como si el brazo se le desinflara, pero no se atrevía a mirar qué sucedía.
- Oh…no…no…esto no puede ser…verdad…- pensó con horror. Hacía tiempo que no se sentía tan asustado.
Había cerrado los ojos y vuelto la cara hacia el otro lado, pero vio confirmarse sus más oscuros temores cuando la gente que había alrededor ahogó un grito y Colin Creevey empezó a sacar fotos como loco. El brazo ya no le dolía...pero tampoco le daba la sensación de que fuera un brazo.
- No…tengo…huesos en mi brazo…- pensó el azabache, palideciendo.
- ¡Ah! - dijo Lockhart. - Sí, bueno, algunas veces ocurre esto, pero el caso es que los huesos ya no están rotos, eso es lo que importa. Así que, Harry, ahora debes ir a la enfermería. Ah, señor Weasley, señorita Granger, ¿pueden ayudarle? La señora Pomfrey podrá...esto...arreglarlo un poco…-
Al ponerse en pie, Harry se sintió extrañamente asimétrico. Armándose de valor, miró hacia su lado derecho, lo que vio casi le hace volver a desmayarse. Por el extremo de la manga de la túnica asomaba lo que parecía un grueso guante de goma de color carne, intentó mover los dedos, pero no le respondieron. Estaba conmocionado. A penas podía articular una palabra. ¿Podría la señora Pomfrey hacer un milagro y devolverle los huesos del brazo? Se lo estuvo preguntando, con el puño restante en el corazón. De repente, un chillido y un forcejeo lo sacaron de sus pensamientos.
- ¿¡Pero que demonios le ha hecho!? - era Hermione.
Harry nunca la había visto tan furiosa. Estaba temblando y parecía que tenía ganas de abofetear a Lockhart. Afortunadamente (no para Harry), Ginny y Chloe (una con la cara pintada de escarlata y la otra de amarillo) aparecieron a cada lado de ella y la sujetaron por los brazos con fuerza para que no cometiera ninguna locura, menos en frente de tanta gente.
Lockhart, por otra parte, estaba tan ocupado tratando de explicar a las masas lo que había pasado con el brazo de Harry que ignoró a Hermione por completo.
- ¿¡Queréis soltarme de una vez!? - protestó Hermione, forcejeando. - ¡Soltadme! -
- ¡Tranquilízate Hermione! - jadeó Chloe. - Aunque no te guste es un profesor. ¿¡Quieres que te castiguen!? -
- El muy idiota te ha dejado sin huesos. - le susurró Ron a Harry, cuando se juntó con él. - Es una suerte que Ginny y esa loca con muñeca (Chloe) bajaran aquí. Hermione parece que quiere dejarle una cara nueva…-
Por alguna extraña razón, Harry se había olvidado de que no tenía huesos en el brazo y sonrió ampliamente. Sin embargo, a la señora Pomfrey aquello no le hizo gracia. Cuando trajeron al azabache a la enfermería, estalló.
- ¡Tendríais que haber venido enseguida aquí! - dijo hecha una furia, levantando el triste y mustio despojo de lo que, media hora antes, había sido un brazo en perfecto estado. - Puedo recomponer los huesos en un segundo, ¿¡pero hacerlos crecer de nuevo!? Pero que os pensáis, ¿¡que esto es San Mungo!? -
- Pero…va a poder, ¿no? - preguntó Hermione con la cara colorada y los ojos llorosos.
- Si, si, podré, pero será doloroso…- dijo en tono grave la señora Pomfrey, dando un pijama a Harry. - Tendrás que pasar aquí la noche, Potter. -
Hermione aguardó al otro lado de la cortina que rodeaba la cama de Harry mientras Ron lo ayudaba a vestirse. Le llevó un buen rato embutir en la manga el brazo sin huesos, que parecía de goma.
- Bueno, y ahora, que tienes que decir al respecto sobre Lockhart, ¿Hermione? - preguntó Ron a través de la cortina mientras hacía pasar los dedos inanimados de Harry por el puño de la manga.
- No quiero oír hablar más de ese individuo. - dijo Hermione, muy enfadada. - Lo que ha hecho está completamente fuera de lugar. Solo tenía que invocar una camilla y llevar a Harry a la enfermería, ¡pero no! ¡Tenía que lucirse una vez más en frente de todos y conjurar esa chapuza de "Braquiam Emendo"! -
- ¿Ese hechizo existe? - preguntó Ron. - Nunca lo he oído. -
- ¡Por el amor de Dios, claro que existe! - bufó Hermione. - ¡El problema es que ese idiota lo ha conjurado mal! ¡MUY MAL! Finalmente he podido ver cual es su problema. Se le ha subido tanto el ego que piensa que no hay nadie mejor que él, que lo sabe todo, que puede hacer bien cualquier cosa y no ve las consecuencias de lo que hace. Luego la gente se fascina con sus libros, sus charlas, sus túnicas y sus dientes perfectos y se olvidan de sus desastres. Es indignante…-
Harry pensó que le habían adelantado su cumpleaños.
- ¿Estas bien, Harry? - preguntó Ron, como si su amigo se hubiera vuelto loco. - Cualquiera diría que no te quedaste sin huesos. ¿Qué haces sonriendo? -
- Sonrío Ron…- dijo Harry en tono soñador. - porque soy un tipo muy afortunado. Os tengo a ambos a mi lado, incluso en momentos tan difíciles como este…-
- Harry… ¿cómo te sientes? - le preguntó Hermione a través de la cortina. - ¿Te duele? -
- No…- respondió Harry. - Ni duele ni sirve para nada…- al echarse en la cama, el brazo se balanceó sin gobierno.
Hermione y la señora Pomfrey cruzaron la cortina. La señora Pomfrey llevaba una botella grande en cuya etiqueta ponía "Crecehuesos".
- Me temo que vas a pasar una mala noche, Potter. - dijo ella, vertiendo un líquido humeante en un vaso y entregándoselo. - Regenerar huesos es siempre desagradable. -
- Nadie dijo que sería fácil, pero…aquí voy. - dijo el azabache, tomándose el líquido de un sorbo.
Lo desagradable, sin duda, fue tomar el Crecehuesos. Al pasar, le abrasaba la boca y la garganta. Harry hizo un esfuerzo enorme por no toser o escupir el líquido.
Sin dejar de criticar los deportes peligrosos y a los profesores ineptos, la señora Pomfrey se retiró, dejando que Ron y Hermione ayudaran a Harry a beber un poco de agua.
- ¡Pero hemos ganado! - le dijo Ron, sonriendo tímidamente. - Todo gracias a tu jugada. ¡Y la cara que ha puesto Malfoy...Parecía que te quería matar! -
- ¡Hmph! Que lo intente. - dijo Harry con arrogancia. - Incluso con un solo brazo soy capaz de dejarle sin hocico. -
- Me gustaría saber cómo trucó la Bludger. - dijo Hermione, intrigada.
- Muy bien, añade esa a la lista de preguntas que le haremos después de tomar la poción Multijugos…- dijo Harry, acomodándose en las almohadas. - Al menos…espero que sepa mejor que esta bazofia...- añadió, señalando la botella de "Crecehuesos".
- ¿Con cosas de gente de Slytherin dentro? Estás de broma…- observó Ron.
- Hermione, será mejor que empiecen con la poción. - le pidió Harry a Hermione. - Yo iré mañana y me reuniré con vosotros. -
- No te preocupes, ya nos ocupamos. - respondió Hermione. - Ahora descansa. - añadió, dándole un beso rápido a Harry en la frente, haciendo que se sonrojara.
Harry estaba a punto de dormirse y comenzar a soñar con Hermione y él montados en un corcel con alas, cuando de repente, se abrió de golpe la puerta de la enfermería. Sucios y empapados, entraron para ver a Harry los demás jugadores del equipo de Gryffindor.
- ¡Un vuelo increíble, Harry! - le dijo George. - Acabo de ver a Marcus Flint gritando a Malfoy algo parecido a que tenía la Snitch encima de la cabeza y no se daba cuenta. Malfoy no parecía muy contento. -
Harry empezó a reírse como nunca. - Entonces, todo cuanto ha pasado hoy a merecido la pena…- pensó satisfecho - Mi equipo ha ganado, los de Slytherin han perdido de forma estúpida, y ahora Hermione piensa, en definitiva, que Lockhart es idiota, si…hoy es un día perfecto…salvo por el dichoso Crecehuesos, ¡Qué asco! -
Habían llevado pasteles, dulces y botellas de zumo de calabaza, se situaron alrededor de la cama de Harry, y ya estaban preparando lo que prometía ser una fiesta estupenda, cuando se acercó la señora Pomfrey.
- ¡Este chico necesita descansar, tiene que recomponer treinta y tres huesos! - indicó en tono severo. - ¡Fuera! ¡FUERA! -
- Vaya, la señora Pomfrey tiene muy mal genio…- pensó Harry.
Dejaron solo a Harry, sin nadie que lo distrajera de los horribles dolores de su brazo inerte, pero feliz, porque al final, el día acabó bien.
Horas después, Harry despertó sobresaltado en una total oscuridad, dando un breve grito de dolor. Sentía como si tuviera el brazo lleno de grandes astillas. Por un instante pensó que era aquello lo que le había despertado, pero luego se dio cuenta de que alguien, en la oscuridad, le estaba poniendo una esponja en la frente.
- ¡Peeves! - gritó, pensando que era el poltergeist. - ¿¡Es que ni siquiera puedes dejar de fastidiar en la enfermería!? - y luego, al reconocer al intruso, exclamó: - ¡Dobby! -
Los ojos del tamaño de pelotas de tenis del elfo doméstico miraban desorbitados a Harry a través de la oscuridad. Una sola lágrima le bajaba por la nariz larga y afilada.
- Harry Potter ha vuelto al colegio… - susurró triste. - Dobby avisó y avisó a Harry Potter. ¡Ah, señor!, ¿por qué no hizo caso a Dobby? ¡Prometió a Dobby que no volvería! -
Harry se incorporó con gran esfuerzo y tiró al suelo la esponja de Dobby. - ¿Qué hace usted aquí? - preguntó.
- ¡Dobby se llevó semejante disgusto cuando se enteró de que Harry Potter estaba en Hogwarts, que se le quemó la cena de su señor! - dijo Dobby con tristeza. - Dobby nunca había recibido tales azotes, señor...-
- Mire, yo le dije aquel día que no volvería a Hogwarts "por ese día". - se explicó Harry. - Pero no dije nada de no regresar el 1 de septiembre. Sencillamente no me dejó terminar la frase…-
Dobby se sonó la nariz con una esquina del sucio almohadón que llevaba puesto.
- ¿Por qué lleva puesto eso, Dobby? - le preguntó el azabache con curiosidad.
- ¿Esto, señor? - preguntó Dobby, pellizcándose el almohadón. - Es un símbolo de la esclavitud del elfo doméstico, señor. A Dobby sólo podrán liberarlo sus dueños un día si le dan alguna prenda. La familia tiene mucho cuidado de no pasarle a Dobby ni siquiera un calcetín, porque entonces podría dejar la casa para siempre…- se secó los ojos saltones. - ¡Harry Potter debe volver a casa! - insistió. - Dobby creía que su Bludger bastaría para hacerle...-
- ¿Su Bludger? - repitió Harry, sombríamente. - ¿Qué quiere decir con "su Bludger"? ¿Usted es el culpable de que esa maldita bola intentara matarme? -
- ¡No, matarle no, señor, nunca! - dijo Dobby, asustado. - ¡Dobby quiere salvarle la vida a Harry Potter! ¡Mejor ser enviado de vuelta a casa, gravemente herido, que permanecer aquí, señor! ¡Dobby sólo quería ocasionar a Harry Potter el daño suficiente para que lo enviaran a casa! -
- Ah, ¿eso es todo? - dijo Harry, algo irritado. - Me imagino que no querrá explicarme por qué se empeña en enviarme de vuelta a casa hecho pedazos...-
- Ah, sí Harry Potter supiera...- gimió Dobby, mientras le caían más lágrimas en el viejo almohadón. - ¡Si supiera lo que significa para nosotros, los parias, los esclavizados, la escoria del mundo mágico...! Dobby recuerda cómo era todo cuando "El que no debe nombrarse" estaba en la cima del poder, señor. ¡A nosotros los elfos domésticos se nos trataba como a alimañas, señor! Desde luego, así es como aún tratan a Dobby, señor…- admitió, secándose el rostro en el almohadón. - Pero, señor, en lo principal la vida ha mejorado para los de mi especie desde que usted derrotó a "El que no debe nombrarse". Harry Potter sobrevivió, y cayó el poder del Señor Tenebroso, surgiendo un nuevo amanecer, señor, y Harry Potter brilló como un faro de esperanza para los que creíamos que nunca terminarían los días oscuros, señor...Y ahora, en Hogwarts, van a ocurrir cosas terribles, tal vez están ocurriendo ya, y Dobby no puede consentir que Harry Potter permanezca aquí ahora que la historia va a repetirse, ahora que la Cámara de los Secretos ha vuelto a abrirse...-
- Vuelto a abrirse…- repitió el azabache. - Un momento…-
Dobby se quedó inmóvil, aterrorizado, y luego cogió la jarra de agua de la mesilla de Harry y se dio con ella en la cabeza, cayendo al suelo. Un segundo después reapareció trepando por la cama, bizqueando y murmurando…
- Dobby malo, Dobby muy malo...-
- ¿Así que es cierto que hay una Cámara de los Secretos? - murmuró Harry. - Y... ¿dice que se había abierto en anteriores ocasiones? ¡Hable, Dobby! - sujetó la huesuda muñeca del elfo a tiempo de impedir que volviera a coger la jarra del agua. - Además, yo no soy de familia muggle. ¿Por qué va a suponer la cámara un peligro para mí? - inquirió.
- Ah, señor, no me haga más preguntas, no pregunte más al pobre Dobby…- tartamudeó el elfo. - Se están planeando acontecimientos terribles en este lugar, pero Harry Potter no debe encontrarse aquí cuando se lleven a cabo. Váyase a casa, Harry Potter. Váyase, porque no debe verse involucrado, es demasiado peligroso... -
- ¿Quién es, Dobby? - le preguntó Harry, manteniéndolo firmemente sujeto por la muñeca para impedirle que volviera a golpearse con la jarra del agua. - ¿Quién la ha abierto? ¿Quién la abrió la última vez? -
- ¡Dobby no puede hablar, señor, no puede, Dobby no debe hablar! - chilló el elfo. - ¡Váyase a casa, Harry Potter, váyase a casa! -
- ¡No me iré! - dijo Harry, con dureza y enfado. - ¡Hermione es de familia muggle y su vida está en peligro si es verdad que la cámara ha sido abierta! -
- ¡Harry Potter arriesga su propia vida por sus amigos! - gimió Dobby, en una especie de éxtasis de tristeza. - ¡Es tan noble, tan valiente...! Pero tiene que salvarse, tiene que hacerlo, Harry Potter no puede...-
Dobby se quedó inmóvil de repente, y temblaron sus orejas de murciélago. Harry también lo oyó, eran pasos que se acercaban por el corredor.
- ¡Dobby tiene que irse! - musitó el elfo, aterrorizado.
Se oyó un fuerte ruido, y el puño de Harry se cerró en el aire. Se echó de nuevo en la cama, con los ojos fijos en la puerta de la enfermería, mientras los pasos se acercaban.
- ¿Quién será a estas horas? -
Dumbledore entró en el dormitorio, vestido con un camisón largo de lana y un gorro de dormir. Acarreaba un extremo de lo que parecía una estatua, la profesora McGonagall apareció un segundo después, sosteniendo los pies. Entre uno y otra, dejaron la estatua sobre una cama.
- Traiga a la señora Pomfrey…- susurró Dumbledore, y la profesora McGonagall desapareció a toda prisa pasando junto a los pies de la cama de Harry. El azabache estaba inmóvil, haciéndose el dormido. Oyó voces apremiantes, y la profesora McGonagall volvió a aparecer, seguida por la señora Pomfrey, que se estaba poniendo un jersey sobre el camisón de dormir. Harry la oyó tomar aire bruscamente.
- ¿Qué ha ocurrido? - preguntó la señora Pomfrey a Dumbledore en un susurro, inclinándose sobre la estatua.
- Otra agresión. - explicó Dumbledore. - Minerva lo ha encontrado en las escaleras. -
- Tenía a su lado un racimo de uvas. - dijo la profesora McGonagall. - Suponemos que intentaba llegar hasta aquí para visitar a Potter. -
A Harry le dio un vuelco el corazón. - Oh no…no será…- lentamente y con cuidado, se alzó unos centímetros para poder ver la estatua que había sobre la cama, un rayo de luna le caía sobre el rostro.
Era Colin Creevey, tenía los ojos muy abiertos y sus manos sujetaban la cámara de fotos encima del pecho.
- ¿Petrificado? - susurró la señora Pomfrey.
- Sí …pero me estremezco al pensar...Si Albus no hubiera bajado por chocolate caliente, quién sabe lo que podría haber...- susurraba la profesora McGonagall.
Los tres miraban a Colin. Dumbledore se inclinó y desprendió la cámara de fotos de las manos rígidas de Colin.
- ¿Cree que pudo sacar una foto a su atacante? - le preguntó la profesora McGonagall con expectación.
Dumbledore no respondió, abrió la cámara.
- ¡Por favor! - exclamó la señora Pomfrey.
Un chorro de vapor salió de la cámara.
- Huy, eso huele a plástico quemado, me parece que no es buena señal…- Pensó el azabache.
- Derretido…- dijo asombrada la señora Pomfrey. - Todo derretido... –
- ¿Qué significa esto, Albus? - preguntó apremiante la profesora McGonagall.
- Significa…que es verdad que han abierto de nuevo la Cámara de los Secretos. - contestó Dumbledore.
La señora Pomfrey se llevó una mano a la boca. La profesora McGonagall miró a Dumbledore fijamente.
- Pero, Albus... ¿quién...? -
- La cuestión no es quién. - dijo Dumbledore, mirando a Colin. - la cuestión es cómo…-
- Entonces es cierto. - pensó Harry, confirmando lo que dijo Dobby. - La Cámara de los Secretos ha sido…abierta de nuevo…-
Capítulo 30 - Duelo y Pársel
Al despertar Harry la mañana del domingo, pudo ver que su brazo estaba otra vez articulado, aunque muy rígido. Se sentó enseguida y miró hacia la cama de Colin, pero estaba oculto tras las largas cortinas que el propio Harry había corrido el día anterior.
Al ver que se había despertado, la señora Pomfrey se acercó afanosamente con la bandeja del desayuno, y se puso a flexionarle y estirarle a Harry el brazo y los dedos.
- Todo va bien. - le dijo, mientras él apuraba torpemente con su mano izquierda las gachas de avena. - Cuando termines de comer, puedes irte. -
- Gracias, señora Pomfrey. - dijo Harry, agradecido.
Harry se vistió lo más rápido que pudo y salió precipitadamente hacia la torre de Gryffindor, deseoso de hablar con sus dos mejores amigos sobre Colín y Dobby, pero no los encontró allí. Entonces, se acordó de donde estaban.
- Oh, debe de estar elaborando la poción. - pensó, antes de salir por el retrato de la Dama Gorda. - Vaya, aún no me he levantado del todo. -
Cuando pasó por delante de la biblioteca, Percy precisamente salía de ella, y parecía estar de mucho mejor humor que la última vez que lo habían encontrado.
- ¡Ah, hola, Harry! - le saludó a Harry, muy contento. - Excelente jugada la de ayer, realmente excelente. Gryffindor acaba de ponerse a la cabeza de la copa de las casas, ¡ganaste cincuenta puntos! -
- Siempre es un honor dar lo mejor por Gryffindor. - dijo Harry con orgullo. - Por cierto, ¿has visto de casualidad a Ron y Hermione? -
- No, no los he visto. - respondió Percy, dejando de sonreír. - Espero que Ron no esté otra vez en el aseo de las chicas...-
- Oh, no te preocupes, aquello fue algo de lo más tonto. - dijo Harry. - Pero no lo hará más, te lo aseguro. En fin, hasta luego Percy. -
Harry se fue derecho al aseo de Myrtle la Llorona. Después de asegurarse de que no merodeaban por el lugar Filch ni ningún prefecto, abrió la puerta y oyó sus voces provenientes de un retrete cerrado.
- Tranquilos, soy yo…- susurró el azabache, entrando en los lavabos y cerrando la puerta.
Oyó un golpe metálico, luego otro como de salpicadura y un grito ahogado, vio a Hermione mirando por el agujero de la cerradura.
- ¡Harry! - dijo ella, dándole un fuerte abrazo. - Vaya susto que nos has dado, entra. ¿Cómo está tu brazo? -
- Mucho mejor, gracias…- dijo Harry, metiéndose en el retrete.
Habían puesto un caldero sobre la taza del inodoro, y un crepitar que provenía de dentro le indicó que habían prendido un fuego bajo el caldero. Prender fuegos transportables y sumergibles era una de las especialidades de Hermione.
- Hemos empezado a preparar la poción Multijugos. - le explicó Ron, después de que Harry cerrara de nuevo la puerta del retrete.
- Bien. - dijo, pero después se puso serio. - Ahora os tengo que contar algo de suma importancia. Prestad atención. -
Harry empezó a contarles lo de Colin, pero Hermione lo interrumpió. - Ya lo sabemos, oímos a la profesora McGonagall hablar con el profesor Flitwick esta mañana. -
- Cuanto antes le saquemos a Malfoy una declaración, mejor. - gruñó Ron. - ¿No piensas igual? Se ve que después del partido de Quidditch estaba tan sulfurado que la tomó con el pobre Colin. -
- Hay algo más… - siguió Harry, contemplando a Hermione, que partía manojos de centinodia y los echaba a la poción. - Dobby vino en mitad de la noche a hacerme una visita…-
Ron y Hermione levantaron la mirada, sorprendidos. Harry les contó todo lo que Dobby le había dicho...y lo que no le había querido decir, los dos lo escucharon con la boca abierta.
- ¿La Cámara de los Secretos ya fue abierta antes? - le preguntó Hermione.
- ¡Ha! Es evidente. - dijo Ron con voz de triunfo. - Lucius Malfoy abriría la cámara en sus tiempos de estudiante y ahora le ha explicado a su querido Draco cómo hacerlo, está claro. Sin embargo, me gustaría que Dobby te hubiera dicho qué monstruo hay en ella. Me gustaría saber cómo es posible que nadie se lo haya encontrado merodeando por el colegio. -
- Quizá pueda volverse invisible. - dijo Hermione, empujando unas sanguijuelas hacia el fondo del caldero. - O quizá pueda disfrazarse, hacerse pasar por una armadura o algo así. He leído algo sobre fantasmas camaleónicos...-
- Las armaduras no tiene capacidad para petrificar a nadie. - dijo Harry. - Tenemos una serie de posibilidades: puede tratarse de un poderoso mago oscuro, o una criatura monstruosa capaz de petrificar a la gente…Pero por obvias razones, hallar la respuesta no será algo que consigamos tan a la ligera. Aún debemos recolectar pistas y encajar las piezas... -
- Bueno, ya tendréis tiempo de sacar conclusiones más adelante. - les dijo Ron, echando crisopos encima de las sanguijuelas, arrugó la bolsa vacía de los crisopos y miró a Harry. - Así que fue Dobby el que te rompió el brazo. ¿Sabes qué, Harry? Si no deja de intentar salvarte la vida, te va a matar. -
Harry no pudo evitar soltar una pequeña risa. - Tal vez tengas razón, - dijo. - pero dejémosle. Ya debe tener suficiente soportando a sus dueños, sean quienes sean…-
La noticia de que habían atacado a Colin Creevey y de que éste yacía como muerto en la enfermería se extendió por todo el colegio durante la mañana del lunes. El ambiente se llenó de rumores y sospechas. Los de primer curso se desplazaban por el castillo en grupos muy compactos, como si temieran que los atacaran si iban solos.
Ginny, que se sentaba junto a Colin y Chloe en la clase de Encantamientos, estaba consternada. A Harry le parecía que Fred y George se equivocaban en la manera de animarla.
- Par de burros, ¿cómo se les ocurre animarla disfrazándose con esa estúpida piel y asustándola aún más? - bufó Harry, en referencia a los métodos de los gemelos para "animar" a su hermana.
Los gemelos solo se detuvieron cuando Chloe se puso a regañarles por su falta de tacto con Ginny. Pero como ella era bajita y graciosa, ellos solo se reían a carcajadas.
- ¿¡Queréis tomarme en serio!? - se quejó Chloe, con los cachetes tan inflados como un par de globos de agua. Incluso Ginny se reía un poco. - ¡Dejad de asustarla, par de idiotas! -
Por suerte para ella, Percy intervino y les dijo a Fred y George que iba a escribir a su madre para contarle que por su culpa Ginny tenía pesadillas. Automáticamente, los gemelos dejaron de molestarla.
Mientras tanto, a escondidas de los profesores, se desarrollaba en el colegio un mercado de talismanes, amuletos y otros chismes protectores. Neville había comprado una gran cebolla verde, cuyo olor decían que alejaba el mal, un cristal púrpura acabado en punta y una cola podrida de tritón antes de que los demás chicos de Gryffindor le explicaran que él no corría peligro, porque tenía la sangre limpia y por tanto no era probable que lo atacaran.
- Fueron primero por Filch…- dijo Neville, con el miedo escrito en su cara redonda. - ¡Todo el mundo sabe que yo soy casi un Squib! -
Harry rodó los ojos. - Pero no lo eres, porque eres un mago de los pies a la cabeza. - dijo con firmeza. - Y muy talentoso en Herbología, por lo que he visto. De modo que deja ya de preocuparte y tira esas baratijas inútiles. -
Durante la segunda semana de diciembre, la profesora McGonagall pasó, como de costumbre, a recoger los nombres de los que se quedarían en el colegio en Navidades. Harry, Ron y Hermione firmaron en la lista, porque Chloe les había contado que su hermano de Slytherin y ella se quedaban, además de sus "guardaespaldas" Crabbe y Goyle. En referencia a Draco Malfoy, les pareció muy sospechoso.
Las vacaciones serían un momento perfecto para utilizar la poción Multijugos e intentar sonsacarle una confesión, la cual, marchaba a trote, y hablando de pociones…
En la tarde del jueves, a Harry y sus amigos les tocaba una doble clase de Pociones. Lo cierto era que el nivel de tensión en las clases del profesor Snape, había bajado. Aunque tampoco se podía decir que mejoraran mucho. La primera diferencia que Harry notó en las clases de pociones de segundo año, era que Snape ya no hacía comentarios groseros hacia los estudiantes de otras casas; O restarle puntos a Gryffindor por cualquier cosa.
Pero si había algo que sorprendió de verdad a Harry, era que Snape había dejado de meterse con él de manera directa. No había ni murmullos ni tampoco intercambio de miradas odiosas.
Por otra parte, Snape seguía sin compensar adecuadamente el esfuerzo de los alumnos que no eran de Slytherin: Si hacías correctamente un trabajo de pociones o elaborabas una poción, no le daba puntos a tu casa.
Muy a pesar de todo, Harry pensó que la situación había mejorado enormemente.
- Prestad atención…- susurró el profesor Snape. La clase entera se silenció al instante, siendo solo el sonido de los calderos lo único que se escuchaba dentro. - Hoy elaboraremos una solución agrandadora…- explicó. - Creo que hasta el más zopenco de esta clase sabe cuál es la utilidad de esta poción, así que no os pediré explicación alguna. - Hermione, que ya había levantado la mano, la bajó de inmediato. - Espero que nadie se olvide de estudiar los ingredientes y los pasos a seguir, de lo contrario…- fulminó con una mirada gélida a todos los alumnos, incluidos a los de sus casas. - Creo que ya lo tenéis bastante claro. Lo lamentaré mucho por quien no capte el mensaje…- Neville se encogió en su asiento. - Bien, en la pizarra tenéis las instrucciones, y los ingredientes (como siempre) están en el armario. Id, en orden…No quiero que convirtáis está clase en un corral…-
Los estudiantes se juntaron en grupos, y un alumno por cada grupo se fue hacia el armario para coger los ingredientes necesarios para la solución agrandadora: ortigas secas, ojos de pez globo y bazo de murciélago.
Harry, que como de costumbre se sentaba en una mesa con Ron y Hermione, fue el encargado de hacerse con los ingredientes y volver a la mesa. Allí, repartió los ingredientes con sus amigos y se puso a elaborar su poción.
Al cabo de varios minutos, se estaba saliendo con la suya, ya que su poción estaba quedando perfecta.
- Bien, solo queda calentarlo durante treinta minutos…- murmuró Harry, mientras preparaba la poción.
En ese momento, Snape se detuvo para ver el progreso de la poción de Harry.
- Nada mal, señor Potter…- dijo Snape, con sus típicos susurros. - Como mínimo puedo decir que no es usted un completo inútil…-
- Aunque ya no me quite puntos por lo que sea, sigue siendo un poco idiota. - se quejó Harry mentalmente, haciendo un mohín cuando Snape se fue a observar la poción de Hermione.
- Recuerde el tiempo establecido para cada paso, Granger…- le dijo Snape a ella. - No ponga toda su confianza en los libros…-
- ¿Eh? Bueno…si, profesor. - farfulló Hermione, un poco nerviosa.
Después de decirle a Ron que su poción parecía un caldo pasado de fecha, Snape se dirigió a la mesa donde estaba Neville para ver cómo le iban las cosas. A diferencia de otras ocasiones, el profesor de pociones solo se limitó a corregirle unos pocos errores, antes de dirigirse hacia otra mesa.
Hermione frunció el entrecejo. - Esto es muy raro…- dijo en voz baja.
- ¿Tú crees? - susurró Harry.
- A cambiado…algo, - le dijo Hermione a él. - desde que empezó el curso. ¿Tú sabes que le ha pasado? -
- Hm…no…- dijo el azabache con una pequeña sonrisa.
- ¡Harry! - le regañó Hermione entre susurros.
- ¡Silencio! - espetó Snape. - No pierdan la…concentración…-
- ¿Lo ven? - susurró Ron de malhumor. - Sigue siendo el mismo vampiro cascarrabias de siempre…-
Al acabar la clase, muchos estudiantes salieron del aula de pociones con buenas caras. Para Gryffindor estaba siendo histórico. La clase de pociones era muy conocida por ser como un seguro de reducción de puntos, sin embargo, la cosa había cambiado. Aunque Snape siguiera sin concederle puntos a la casa de los leones, el cambio era más que evidente.
- No me a regañado. - dijo Neville, muy contento. - Me dio unas pocas indicaciones y con eso pude elaborar correctamente la solución agrandadora. -
- Ya te digo, ¿qué le habrá pasado? - se preguntaba Dean Thomas. - Ni siquiera le ha estallado el caldero a Seamus, ¡es un milagro! -
- ¡Cállate! - se quejó Seamus Finnigan. - ¡Yo no tengo la culpa de que me exploten las cosas! Además, por si no te has dado cuenta, ¡hoy no se me han quemado las pestañas! -
Dean y Neville se pusieron a reír, siendo observados desde el pasadizo que daba con las escaleras que daba al vestíbulo por Harry y sus amigos.
- Bueno, esto empieza a ser muy raro…- dijo Ron, arqueando las cejas. - Snape se pasó el año pasado criticándonos por todo, y ahora, de repente, la gente está contenta asistiendo a pociones. No sé…me siento tonto…-
- Vamos Harry, cuéntanos que pasó. - le dijo Hermione a Harry. - Sé que tú sabes algo…-
- ¿Yo? - preguntó Harry. - No hice nada de nada. Para mí que él solo se percató de lo que hacía y se ha limitado a no ser tan exageradamente severo con nosotros y parcial con su casa, tampoco le echéis mucha importancia al asunto. -
- Pues sí que ha tardado años en darse cuenta. - se burló Ron. - En la época de Bill como estudiante era tan odioso como en nuestro primer año. -
Harry se encogió de hombros. - Mejor vámonos, - dijo. - tenemos trabajo que hacer. -
Una semana más tarde, Harry y sus amigos cruzaban el vestíbulo cuando vieron a un puñado de gente que se agolpaba delante del tablón de anuncios para leer un pergamino que acababan de colgar. Seamus Finnigan y Dean Thomas les hacían señas, entusiasmados.
- ¡Van a abrir un club de duelo! - dijo Seamus con emoción.
- ¡La primera sesión será esta noche! - les comentó Dean. - No me importaría recibir unas clases de duelo, podrían ser útiles en estos días...-
- ¿Por qué? ¿Acaso piensas que se va a batir el monstruo de Slytherin? - preguntó Ron, pero lo cierto es que también él leía con interés el cartel, al igual que Harry.
- Me parece que han tenido una gran idea. - opinó Harry, leyendo el pergamino con gran interés. - Todos deberían de estar bien preparados para enfrentar cualquier peligro. ¿Os parece bien que vayamos esta noche? - les preguntó a sus amigos.
Aquella noche, a las ocho, Harry, Ron y Hermione se dirigieron deprisa al Gran Comedor. Las grandes mesas de comedor habían desaparecido, y adosada a lo largo de una de las paredes había una tarima dorada, iluminada por miles de velas que flotaban en el aire. El techo volvía a ser negro, la mayor parte de los alumnos parecían haberse reunido debajo de él, portando sus varitas mágicas y aparentemente entusiasmados.
- Me pregunto quién nos enseñará. - dijo Hermione, mientras se internaban en la alborotada multitud. - Alguien me ha dicho que Flitwick fue campeón de duelo cuando era joven, quizá sea él. -
- Con tal de que no sea...- entonces Harry vio a quien supuestamente se encargaría de "enseñarles". - No, tiene que ser una maldita broma…- bufó cabizbajo.
Gilderoy Lockhart se encaminaba a la tarima, resplandeciente en su túnica color ciruela oscuro, y lo acompañaba nada menos que Snape, con su usual túnica negra.
- ¿Hm? ¿Qué hará aquí Snape? - se preguntaba el azabache. - ¡Oh, tal vez él sea el encargado de enseñarnos! ¡Es cierto! ¡Él es experto en Artes Oscuras! De seguro es él, ojalá…por una vez, espero que sea él…-.
- ¡Venid aquí, acercaos! - exclamó Lockhart. - ¿Me ve todo el mundo? ¿Me oís todos? ¡Estupendo! El profesor Dumbledore me ha concedido permiso para abrir este modesto club de duelo, con la intención de prepararos a todos vosotros por si algún día necesitáis defenderos tal como me ha pasado a mí en incontables ocasiones. Para más detalles, consultad mis publicaciones. -
Muchas niñas suspiraron con simpatía. A Harry le daba nauseas que ellas fueran tan tontas por ver a Lockhart de esa manera. Su único consuelo era que Hermione, a diferencia de cómo era al principio del curso, miraba a Lockhart despectivamente.
- ¡Permitidme que os presente, a mi ayudante! - exclamó Lockhart, con una amplia sonrisa y señalando al profesor de Pociones. - ¡El profesor Snape! -
Snape se acercó a donde estaba Lockhart, con cara de pocos amigos.
- Huy…me parece que esto va a ser más interesante de lo que pensaba…- pensó el azabache con una sonrisa malévola.
- Él dice que sabe un poquito sobre el arte de batirse en duelo, y ha accedido amablemente a ayudarme en una pequeña demostración antes de empezar. - dijo Lockhart. - Pero no quiero que os preocupéis los más jóvenes, no os quedaréis sin profesor de Pociones después de esta demostración, ¡no temáis! -
- Por una vez, preferiría que Snape lo mandara al hospital…- le susurró Ron a Harry, haciendo que este asintiera enérgicamente.
En el labio superior de Snape se apreciaba una especie de mueca de desprecio.
- Definitivamente Lockhart es un estúpido. - bufó Harry mentalmente, ansioso por ver que haría Snape. - Cualquiera sin un mínimo de conocimiento sobre hechizos defensivos saldría corriendo sin más…-
Lockhart y Snape se encararon y se hicieron una reverencia. O, por lo menos, la hizo Lockhart, con mucha floritura de la mano, mientras Snape movía la cabeza de mal humor. Luego alzaron sus varitas mágicas frente a ellos, como si fueran espadas.
- Como veis, sostenemos nuestras varitas en la posición de combate convencional. - explicó Lockhart a la silenciosa multitud. - Cuando cuente tres, haremos nuestro primer embrujo. Pero claro está que ninguno de los dos tiene intención de matar al otro. -
- Oh…yo no estaría tan seguro…- susurró Harry malévolamente, viendo a Snape con los dientes apretados y fulminando con una mirada asesina a Lockhart. - Snape, empezarás a agradarme si envías a Lockhart a la enfermería hasta final de curso…-
- Un...dos...tres... - Ambos alzaron las varitas y las dirigieron a los hombros del contrincante.
- ¡Expelliarmus! - gritó Snape.
Resplandeció un destello de luz roja, Lockhart despegó en el aire, voló hacia atrás, salió de la tarima, pegó contra el muro y cayó resbalando por él hasta quedar tendido en el suelo.
Muchos de los presentes, para sorpresa de Snape, aplaudieron.
- ¡Muy buen comienzo, si señor! - dijo Harry alegremente.
- ¡Que potencia! - dijo Hermione sorprendida.
- En serio, necesito aprender a hacer eso. - bufó Ron, pero sonriente. - A Harry le sale…-
Lockhart se puso de pie con esfuerzo. Se le había caído el sombrero y su pelo ondulado se le había puesto de punta.
- ¡Bueno, ya lo habéis visto! - dijo, tambaleándose al volver a la tarima. - Eso ha sido un encantamiento de desarme; como podéis ver, he perdido la varita... ¡Ah, gracias, señorita Brown! - le agradeció Lockhart a Lavender, quien le devolvió la varita. - Sí, profesor Snape, ha sido una excelente idea enseñarle eso a los alumnos, pero si no le importa que se lo diga, era muy evidente que iba a atacar de esa manera. Si hubiera querido impedírselo, me habría resultado muy fácil, pero pensé que sería instructivo dejarles que vieran...-
- ¡Hmph! - pensó Harry, molesto con Lockhart. - Si claro, inventando alguna excusa para eludir una vez más la realidad. Eres un inútil y lo sabes…-
Snape parecía dispuesto a matarlo, y quizá Lockhart lo notara, porque dijo: - ¡Basta de demostración! Vamos a colocaros por parejas, profesor Snape, si es tan amable de ayudarme...-
Se metieron entre la multitud a formar parejas. Lockhart puso a Neville con Justin Finch-Fletchley, pero Snape llegó primero hasta donde estaban Ron y Harry.
- Potter. - susurró con su tono habitual. - ¿Qué te parece si buscamos un reto a…tu altura? ¿Te interesa? -
- ¿Que tiene en mente? - preguntó Harry con interés.
- Ya lo verás…- respondió Snape fríamente. - Sé que ten encantan los retos, así que…Weasley, tu ve con Finnigan. - ordenó. Ron se fue con Seamus. - Señor Malfoy…aquí…veamos qué puedes hacer contra el famoso Harry Potter. La señorita Granger que se ponga con Bulstrode. - le indicó a Hermione.
- ¿Un duelo contra Malfoy servido en bandeja de plata? - pensó Harry. Tan pronto como vio a su archirrival acercándose su emoción empezó a crecer. - Al fin, una oportunidad para dejarle en ridículo frente a todo el colegio…-
Malfoy se acercó, con un semblante malhumorado dibujado en el rostro. Harry pensó que debía seguir enfadado por la derrota de su equipo, así que se sintió más que satisfecho. Detrás de él iba una chica de Slytherin que le recordó a una foto que había visto en "Vacaciones con las brujas". Era alta, robusta, y su poderosa mandíbula sobresalía agresivamente. Hermione la saludó con una débil sonrisa que la otra no le devolvió.
- Ojalá no le haga nada malo a Hermione. - pensó Harry, preocupado por su mejor amiga, mientras se centraba en su confrontación con Draco. - Esa grandulona parece un oso gigante…-
- ¡Poneos frente a vuestros contrincantes! - dijo Lockhart, de nuevo sobre la tarima. - ¡Y haced una inclinación! ¿¡Varitas preparadas!? -
Harry y Malfoy apenas bajaron la cabeza, mirándose fijamente. Alzaron sus varitas como si fueran espadas, mientras se fulminaban con una mirada que incitaba a la lucha. Rayos y truenos imaginarios resonaban a su alrededor (El típico ambiente entre dos eternos rivales cuando estaban al borde de un "Duelo de Titanes").
- ¿Preparado…Potter? - inquirió Malfoy con frialdad y desprecio.
- Cuando quieras…Malfoy… - gruñó Harry, con el mismo tono.
Lockhart siguió dando instrucciones. - Cuando cuente hasta tres, ejecutad vuestros hechizos para desarmar al oponente, ¡sólo, desarmarlo! - advirtió. - No queremos que haya ningún accidente. Una, dos y…¡tres! –
El duelo estalló.
- ¡Desmaius! - gritaron al mismo tiempo los dos archirrivales. Sus hechizos colisionaron.
- Pe-pero que…- farfulló Lockhart, echándose bruscamente hacia atrás para evitar que los hechizos le hicieran daño.
- Esto va a ser muy interesante…- susurró Snape. Agitó la varita y creó un escudo para separar a los dos rivales del resto. Hizo bien, porque varios hechizos ofensivos rebotaron en dicho escudo.
Harry y Malfoy se lanzaron mutuamente encantamientos aturdidores, provocando que los allí presentes olvidaran sus duelos particulares y se giraran para observarlos, con caras de asombro.
Malfoy se movía con bastante rapidez, mientras que Harry, hacía los movimientos justos y necesarios para combatir a su contrincante. Aún no estaba ni sudando. Lockhart los observaba con la cara pálida. Probablemente se estaba dando cuenta de que los dos sabían más de Defensa contra las Artes Oscuras que el mismo. Harry nunca había visto a Snape con un rostro tan diferente a ocasiones anteriores. Parecía disfrutar viendo el duelo.
- ¡Fumos! - exclamó Draco, creando una especie de pantalla de humo, con la intención de complicar las cosas a Harry.
- Hm…interesante. - murmuró Harry, sonriendo arrogantemente. - Pero… ¡Finite! - Con ese conjuro, Harry borró parcialmente la barrera de humo, revelando lo suficiente a Malfoy. - Y ahora…¡Locomotor Mortis! - usó el hechizo de unión de piernas, e hizo que Malfoy cayera al suelo, sin remedio.
La pantalla de humo desapareció por completo, y las risas resonaron el en gran comedor. Allí estaban muchos, entre ellos, Chloe, quien asistió al club junto con Luna. Ella parecía estar disfrutando con el sufrimiento de su hermano mayor.
- Oh…mira cuantas luces. - dijo Luna Lovegood, mirando a Harry y Malfoy con sus ojos soñadores. - Pero los fantasmas se enfadarán. Están haciendo muchos destrozos. -
- Después lo repararán todo…- replicó Chloe, antes de dar un saltito de emoción. - ¡Menudo espectáculo! ¡Nunca me imaginé que Harry fuera tan hábil! Mi hermano lo tiene difícil…- dijo, con una sonrisa de satisfacción.
Malfoy, lejos de perder el tiempo, deshizo rápidamente el encantamiento de piernas unidas.
- ¡Finite Incantatem! - gruñó, apuntando su varita hacia sus piernas para terminar con el hechizo lanzado por Harry. Se puso en pie y respondió con un Flipendo rápido que impactó de lleno en la cara de Harry, rechazándolo hacia atrás.
- ¡Harry! - chilló Hermione.
- ¡Vamos Harry! - le animó Ron, aporreando la barrera de Snape.
- ¡Hmph! Me pillaste en guardia baja. - bufó Harry, poniendo en pie y conjurando un encantamiento escudo para rechazar otros dos hechizos de Malfoy. - Tu lo pediste. - añadió, limpiándose la sangre que había salido de un costado de su boca. Agitó su varita y respondió con un potente encantamiento repulso: - ¡Depulso! -
Malfoy salió volando despedido hacia atrás, impactando en la barrera de Snape. Furioso, se levantó bruscamente. - ¡Acabaré contigo, Potter! - gritó, agitando la varita. - ¡Expelliarmus! -
- ¡No si yo acabo contigo primero, Malfoy! - dijo Harry con desprecio. - ¡Expelliarmus! - gritó.
Las dos varitas conectaron, provocando una colisión entre ellas. Había un ligero temblor en el Gran Comedor. Los allí presentes contemplaban perplejos la batalla entre los dos estudiantes de segundo curso. Harry se imaginaba que estaban tratando de encontrar una explicación de porqué Malfoy y él eran tan habilidosos en el arte del duelo. El azabache aún no sabía como su archirrival había adquirido gran habilidad mágica en tan poco tiempo. Supuso que se había esforzado mucho en vacaciones para dar la talla contra él, después del fiasco del curso anterior.
Malfoy parecía tener muchas dificultades para mantener el pulso con Harry, mientras que él parecía bastante tranquilo, pues apenas se estaba esforzando. Después de varios segundos, Harry comenzó a caminar lentamente hacia Malfoy, ganando cada vez más y más terreno en el pulso, hasta que finalmente, lo mandó a volar por los aires con gran impulso.
La varita de Malfoy había caído. Los espectadores rompieron a aplaudir a Harry, mientras que este hacía una pequeña reverencia.
Snape agitó de nuevo la varita e hizo desaparecer la barrera. - Supongo que aún le queda mucho que practicar, señor Malfoy…- dijo, dirigiéndole una mirada fría a Malfoy.
Sin embargo, Malfoy no quería darse por vencido. Aun sabiendo que Harry había ganado el duelo, recogió su varita y le apuntó con ella de nuevo. - ¡Esto aún no ha terminado! - gruñó. Apunto su varita hacia el suelo, en dirección a Harry y dijo: - ¡Serpensortia! -
Hubo un estallido en el extremo de su varita, Harry vio que de ella salía una larga serpiente negra, caía al suelo entre los dos y se erguía, lista para atacar. Todos se echaron atrás gritando y despejaron el lugar en un segundo.
- ¿Ahora me lanzas serpientes, Malfoy? - bufó Harry, frunciendo el entrecejo. - Que faena…-
- No te muevas, Potter. - gruñó Snape. - Yo me ocuparé de ella. -
- ¡Permítame, profesor Snape! - dijo Lockhart con su gran sonrisa. Blandió su varita, y apuntando a la serpiente gritó: - ¡Volate Ascendere! -
La serpiente, en vez de desvanecerse, se elevó en el aire unos tres metros y volvió a caer al suelo con un chasquido. Furiosa, silbando de enojo, se deslizó derecha hacia Finch-Fletchley y se irguió de nuevo, enseñando los colmillos venenosos.
- ¿Y ahora qué haré? - pensó Harry, sin encontrar una solución. - Aún no sé cómo eliminar a esa serpiente por medio de un hechizos, rayos…¡Déjalo! ¡Apártate de él! - le gritó a la serpiente de manera inútil.
Pero para sorpresa del azabache, y de manera milagrosa, la serpiente bajó al suelo, tan inofensiva como una gruesa manguera negra de jardín, y volvió los ojos a Harry. A éste se le pasó la tensión. Sabía que la serpiente ya no atacaría a nadie, aunque no habría podido explicar por qué lo sabía.
Sonriendo, miró a Justin, esperando verlo aliviado, o confuso, o agradecido, pero ciertamente no enojado y asustado.
- ¿¡A qué crees que jugamos!? - gritó, y antes de que Harry pudiera contestar, se había dado la vuelta y abandonaba el salón.
- Pero si solo detuve a la serpiente…- bufó el azabache desde su mente. Entonces, empezó a mirar las caras de quienes le rodeaban. - Y ahora, ¿porque todos me ven con esas caras tan raras? - se preguntaba.
Snape se acercó, blandió la varita y apunto a la serpiente. - ¡Vipera…Ivanesca! - gritó. La serpiente desapareció en una pequeña nube de humo negro. Luego miró a Harry de una manera rara; era una mirada astuta y calculadora que a Harry no le gustó.
Fue vagamente consciente de que a su alrededor se oían unos inquietantes murmullos. - Pero, porque…- se preguntaba, cada vez más nervioso. - A menos que…no. No es posible, yo no puedo…-
Una fría y oscura idea se le había aparecido en su mente, una que anteriormente leyó en "Hogwarts: Una historia". Recordar cómo se les llamaba a aquellos magos y brujas que podían hablar con las serpientes lo llenó de preocupación. A su alrededor se oían unos inquietantes murmullos. A continuación, sintió que alguien le tiraba de la túnica por detrás.
- Vamos…- le dijo Ron al oído. - Vamos...-
Ron lo sacó del salón, y Hermione fue con ellos. Al atravesar las puertas, los estudiantes se apartaban como si les diera miedo contagiarse.
Cuando llegaron a la sala común de Gryffindor, que estaba vacía, Ron sentó a Harry en una butaca y Hermione le dijo: - Hablas pársel…¿Por qué no nos lo habías dicho? -
- ¿Qué? - preguntó Harry inútilmente. Él sabía muy bien de que estaba hablando.
- ¡Pársel! - dijo Ron. - ¡Puedes hablar con las serpientes! -
- Ah, eso…- farfulló Harry, desviando la mirada. Se aclaró la garganta antes de hablar. - Lo cierto es que, no es la primera vez que me pasa…Una vez (accidentalmente) le eché una boa constrictor a mi primo Dudley en el zoo...- sonrió tristemente ante el recuerdo. - Es una larga historia, pero ella me estaba diciendo que no había estado nunca en Brasil, y yo la liberé sin proponérmelo. Fue antes de saber que era un mago...-
- ¿Entendiste que una boa constrictor te decía que no había estado nunca en Brasil? - repitió Ron con voz débil.
- Si…- asintió Harry. - Por aquel entonces, pensé que lo que hice no era más que magia accidental, como muchas otras situaciones extrañas en la que me he visto involucrado…pero ahora sé que inconscientemente puedo hablar la lengua de las serpientes…E-es muy extraño la verdad, es decir: me dirijo hacia la serpiente hablándola en inglés, pero, hasta ahora no sabía lo que realmente estaba hablando. Decidme, ¿qué me escuchabais hablar? - preguntó con algo de miedo.
- Era como…si estuvieras incitando a la serpiente…- respondió Hermione con cautela. - Ha sido escalofriante, no me extraña que Justin se haya asustado…-
Harry se llevó las manos a la cara. - Si hubiera sabido esto yo…- susurró, empezando a reír sin ganas. - Seguramente la gente empezará a difundir la noticia de que soy una especie de tataranieto de Slytherin, y que por ello puedo hablar pársel…- añadió con molestia y tristeza.
- Oh vamos, eso no puede ser. - repuso Ron con tono serio. - Tu eres de Gryffindor, de los pies a la cabeza, no puedes…-
- Odio tener que decir esto, pero te costará mucho demostrarlo, Harry. - dijo Hermione cabizbaja. - Slytherin vivió hace unos mil años, así que bien podrías serlo…-
Harry la miró un momento antes de reaccionar. - Ne-necesito aclarar mis ideas, si me disculpan…- susurró, antes de levantarse de la silla y salir por el retrato de la Dama Gorda.
- Hermione, ¿tú que querías? ¿Animarle, o hacer que se sintiera peor? - escuchó a Ron reprocharle a Hermione lo que le había dicho, antes de que el retrato se cerrara.
El azabache caminó por los pasillos, sin detenerse por nada. Pasó de la euforia por derrotar a Malfoy en un memorable duelo a ser visto como un criminal. Negando con la cabeza, subió hasta lo alto de la Torre de Astronomía, aprovechando que estaba vacía y sin vigilancia alguna. Allí, se sentó cerca del balcón y se puso a reflexionar.
- A caso, ¿soy yo el heredero de Slytherin? - pensó, con los ojos cerrados. - Pero, si fuera así debería ser consciente de que lo soy…de lo que hago…No, no es posible, no he atacado a nadie, no he liberado a ningún monstruo, y mucho menos estoy en contra de los nacidos de muggles (en parte, yo también soy de sangre muggle). No puedo ser yo, definitivamente no puedo…Tiene que haber alguna explicación, sí, eso es, solo necesito encontrarla…-
Justo cuando Harry comenzaba a perder la esperanza de explicarle a la gente que él no era un tataranieto de Slytherin, sintió que alguien le tocaba el hombro suavemente. Se volvió para ver quién era, y de repente, sintió como si su corazón estuviera tocando en un grupo musical.
- Harry…- era Hermione, quien le miraba con tristeza. - Pe-perdona por lo que dije antes, no quería hacerte sentir mal, es que…-
Harry sonrío. - No me hiciste sentir mal. - repuso. - Pero…esto es demasiado. El pensar que puedo ser descendiente de…ese sujeto, me pone enfermo…-
Hermione se sentó a su lado. - Aunque lo fueras, eso no significa que seas una mala persona…- dijo. - Harry, tú eres un buen chico, un mago asombroso que siempre da lo mejor de sí mismo en cada momento y…- le cogió su mano derecha y añadió: - no pienso dejarte de lado, por mucho que la gente piense mal de ti, o de mi…-
- Gracias Hermione, de verdad…- dijo Harry con tono suave, dejando que Hermione apoyara su cabeza en su hombro.
Estuvieron así por varios minutos, perdiendo la noción del tiempo. Harry sentía deseos de quedarse por mucho más tiempo a solas con Hermione, y olvidarse del mal trago por el que había pasado al acabar el duelo. Cuando se volvió para mirarla, no pudo apartar la vista de aquellos ojos marrones y acaramelados.
Entonces su voz interior le dijo: "¿A qué esperas? Dile lo que sientes, no seas tonto".
- Hermione. - dijo Harry.
- ¿Sí? -
- Hace tiempo que quería decirte esto. - balbuceó el azabache, llevándose una mano al cuello y sintiendo que los nervios se le echaban encima. - Yo…-
- ¡Harry! ¡Hermione! ¿Dónde están? - interrumpió una voz.
Tras mirar hacia la entrada, pudo ver como Ron se acercaba a ellos. Harry no sabía si enfadarse con él por interrumpirle de nuevo y darle las gracias por lo nervioso que estaba.
- ¿Le pego o le doy un abrazo? - pensó Harry.
- Aquí estáis. - dijo Ron, jadeando. - Como os tardabais en volver empezaba a preocuparme. Deberíamos regresar a la torre cuanto antes, se está haciendo de noche y ya sabéis como se pone la profesora McGonagall cuando estamos fuera de la Sala Común a estas horas. -
Harry y Hermione se encogieron de hombros y siguieron a Ron.
- Por cierto, Harry, no les hagas caso a aquellos que piensen que eres el heredero de Slytherin o algo así. - le dijo Ron a Harry, con determinación. - Tu pasa de ellos, ya sabes que cuentas conmigo. -
- Gracias Ronald, me alegro de contar contigo, y con Hermione. - sonrió Harry, mirando a sus amigos. Hermione tenía aún las mejillas rojas.
Aquella noche, Harry pasó varias horas despierto. Por una abertura en las colgaduras de su cama, veía que la nieve comenzaba a amontonarse al otro lado de la ventana de la torre, y seguía meditando.
¿Era posible que fuera un descendiente de Salazar Slytherin? Al fin y al cabo, no sabía nada sobre la familia de su padre. Los Dursley nunca le habían permitido hacerles preguntas sobre sus familiares magos.
- Mis tíos siempre fueron unos ignorantes…- pensó con amargura.
En voz baja, trató de decir algo en lengua pársel, pero no encontró las palabras. Parecía que era requisito imprescindible estar delante de una serpiente.
- Que estupidez…- pensó, comenzando a enfadarse. - El sombrero no tuvo ninguna duda cuando me seleccionó para Gryffindor. ¡Yo soy de Gryffindor! ¡Y no tengo ningún parentesco con esa lengua de serpiente de Slytherin! -
Harry se volvió. Al día siguiente vería a Justin en clase de Herbología y le explicaría que le había pedido a la serpiente que se apartara de él, no que lo atacara, algo (pensó enfadado, dando puñetazos a la almohada) de lo que cualquier idiota se habría dado cuenta.
A la mañana siguiente, sin embargo, la nevada que había empezado a caer por la noche se había transformado en una tormenta de nieve tan recia que se suspendió la última clase de Herbología del trimestre. La profesora Sprout quiso tapar las mandrágoras con pañuelos y calcetines, una operación delicada que no habría confiado a nadie más, puesto que el crecimiento de las mandrágoras se había convertido en algo tan importante para revivir a la Señora Norris y a Colin Creevey.
Harry le daba vueltas a aquello, sentado junto a la chimenea, en la sala común de Gryffindor, mientras Ron y Hermione aprovechaban el hueco dejado por la clase de Herbología para echar una partida al ajedrez mágico.
Después de pensárselo durante varios minutos, Harry se puso en pie y salió por el retrato, preguntándose dónde estaría Justin.
El castillo estaba más oscuro de lo normal en pleno día, a causa de la nieve espesa y gris que se arremolinaba en todas las ventanas. Tiritando, Harry pasó por las aulas en que estaban haciendo clase, vislumbrando algunas escenas de lo que ocurría dentro. La profesora McGonagall gritaba a un alumno que, a juzgar por lo que se oía, había convertido a su compañero en un tejón. Aguantándose las ganas de reír como un tonto, Harry siguió su camino, pensando que Justin podría estar aprovechando su hora libre para hacer alguna tarea pendiente, y decidió mirar antes que nada en la biblioteca.
Al llegar allí, confirmó lo que suponía al principio: algunos de los de Hufflepuff que tenían clase de Herbología estaban en la parte de atrás de la biblioteca, pero no parecía que estudiasen. Entre las largas filas de estantes, Harry podía verlos con las cabezas casi pegadas unos a otros, en lo que parecía una absorbente conversación. No podía distinguir si entre ellos se encontraba Justin. Se les estaba acercando cuando consiguió entender algo de lo que decían, y se detuvo a escuchar, oculto tras la sección de "Invisibilidad".
- La verdad es que ahora mismo, me sería bastante útil hacerme invisible…- pensó el azabache, mientras prestaba atención a la conversación de los estudiantes de Hufflepuff.
- Así que…- decía un muchacho corpulento. - le dije a Justin que se ocultara en nuestro dormitorio. Quiero decir que, si Potter lo ha señalado como su próxima víctima, es mejor que se deje ver poco durante una temporada. Por supuesto, Justin se temía que algo así pudiera ocurrir desde que se le escapó decirle a Potter que era de familia muggle. Lo que Justin le dijo exactamente es que le habían reservado plaza en Eton. No es el mejor comentario que se le puede hacer al heredero de Slytherin, ¿verdad? -
- ¿Entonces estás convencido de que es Potter, Ernie? - preguntó asustada una chica rubia con coletas.
- Hannah... - le dijo solemnemente el chico robusto - Sabe hablar pársel, todo el mundo sabe que ésa es la marca de un mago tenebroso. ¿Sabes de alguien honrado que pueda hablar con las serpientes? Al mismo Slytherin lo llamaban "lengua de serpiente". Esto provocó densos murmullos, Ernie prosiguió: - Recordáis lo que apareció escrito en la pared? "Temed, enemigos del heredero." Potter estaba enemistado con Filch, a continuación, el gato de Filch resulta agredido. Ese chaval de primero, Creevey, molestó a Potter en el partido de Quidditch, sacándole fotos mientras estaba tendido en el barro, y entonces aparece petrificado. -
- Pero…- repuso Hannah, vacilando. - parece tan majo... y, bueno, fue él quien hizo desaparecer a "Quien vosotros sabéis". No puede ser tan malo, ¿no creéis? -
Ernie bajó la voz para adoptar un tono misterioso. Los de Hufflepuff se inclinaron y se juntaron más unos a otros, Harry tuvo que acercarse más para oírlas palabras de Ernie.
- Nadie sabe cómo pudo sobrevivir al ataque de "Quien ya sabéis". Quiero decir que era tan sólo un niño cuando ocurrió, y tendría que haber saltado en pedazos. Sólo un mago tenebroso con mucho poder podría sobrevivir a una maldición como ésa…- Bajó la voz hasta que no fue más que un susurro, y prosiguió. - Ya visteis como logró hacer frente a Malfoy sin apenas esfuerzo, eso tampoco es normal en alguien de su edad. Seguramente es por lo que "Quien ya sabéis" quería matarlo antes que a nadie. No quería tener a otro Lord Tenebroso que le hiciera la competencia. Me pregunto qué otro poder ocultará Potter…-
- Oh…¿piensas eso? - pensó Harry con furia. - Muy bien… -
Se puso la capucha y salió de detrás de la estantería, carraspeando sonoramente para que aquellos tontos se dieran cuenta de su presencia. A Harry le pareció divertida la forma en que lo miraban: todos parecían petrificados por su sola visión, y Ernie se puso pálido.
- Estoy buscando a Justin Finch-Fletchley…- dijo con frialdad. - ¿Le habéis…visto? - preguntó de un susurro, divirtiéndose por dentro. Después de todo, eso les pasaba por malpensados.
Los peores temores de los de Hufflepuff se vieron así confirmados, todos miraron atemorizados a Ernie.
- ¿Pa-para qué lo buscas? - le preguntó Ernie, con voz trémula.
- Para explicarle lo que sucedió realmente con la serpiente en el club de duelo…- respondió Harry con el rostro ensombrecido, más aún por la capucha. Realmente estaba enfadado, no por Justin, sino por los idiotas que lo acusaban sin pruebas.
Ernie se mordió los labios y luego, respirando hondo, dijo: - Todos estábamos allí, vi-vimos lo que sucedió…-
- Ah…entonces te darías cuenta de que, después de lo que le dije, la serpiente retrocedió…- le dijo Harry fríamente. Los de Hufflepuff estaban cada vez más asustados.
- Yo sólo me di cuenta… - dijo Ernie tozudamente, aunque temblaba al hablar. - de que hablaste en lengua pársel y le echaste la serpiente a Justin… -
- ¿Que yo se la eché? - repitió Harry frunciendo el entrecejo, para después reír macabramente, haciendo que el grupo de Hufflepuff lo mirara con más temor. - Si piensas eso entonces eres un pobre estúpido. – replicó, empezando a perder la paciencia. - Si mal no recuerdo, fue Malfoy quien hizo aparecer a esa dichosa serpiente. Yo solo me limité a hacer que no atacara a Justin…-
Los de Hufflepuff intercambiaron miradas, mientras que Ernie se puso aún más pálido.
- Puede que hable Pársel, eso es innegable…¿pero qué te hace pensar que eso, me convierte automáticamente en el heredero de Slytherin? - le preguntó Harry a Enrie, sacándose la capucha, y fulminándole con la mirada. - Antes de acusar a alguien, asegúrate… ¡De tener pruebas contundentes de por medio! ¡IDIOTA! - rugió, haciendo que Ernie se encogiera en su asiento.
Y a zancadas, Harry se fue de la biblioteca, cerrando la puerta bruscamente e ignorando los reproches de la señora Pince.
- Lord Tenebroso…que soy un Lord Tenebroso dice…- pensó, muy enfadado. - ¡Que sea bueno con los hechizos y derrote a mis enemigos no me convierte en un mago oscuro! ¡Y tampoco el estúpido pársel! -
Furioso como estaba, iba dando traspiés por el corredor, sin ser consciente de adónde iba, hasta que al fin se dio de bruces contra una mole grande y dura que lo tiró al suelo de espaldas.
- Ah, - dijo Harry, levantando la vista. - eres tú, Hagrid. -
Aunque llevaba la cara completamente tapada por un pasamontañas de lana cubierto de nieve, no podía tratarse de nadie más que Hagrid, pues ocupaba casi todo el ancho del corredor con su abrigo de piel de topo. En una de sus grandes manos enguantadas llevaba un gallo muerto.
- ¿Va todo bien, Harry? - preguntó Hagrid, quitándose el pasamontañas para poder hablar. - ¿Por qué no estás en clase? -
- La clase se a suspendido, por ahora… - respondió Harry, levantándose. - Y tú, ¿qué haces aquí? -
Hagrid levantó el gallo sin vida. - El segundo que matan este trimestre. O son zorros o chupasangres, y necesito el permiso del director para poner un encantamiento alrededor del gallinero. - Miró a Harry más de cerca por debajo de sus cejas espesas, cubiertas de nieve. - ¿Estás seguro de que te encuentras bien? Pareces alterado. -
- Nada relevante. - repuso Harry con tranquilidad - Bueno, será mejor que me vaya, Hagrid. Después tengo Transformaciones y debo recoger los libros. Nos vemos. - dijo, antes de irse.
Harry subió las escaleras y volvió por otro corredor. Estaba mucho más oscuro, porque el viento fuerte y helado que penetraba por el cristal flojo de una ventana había apagado las antorchas, iba por la mitad del corredor cuando tropezó y cayó de cabeza contra algo que había en el suelo.
Se volvió y afinó la vista para ver qué era aquello sobre lo que había caído, allí, sintió que el mundo le venía encima. Sobre el suelo, rígido y frío, con una mirada de horror en el rostro, y los ojos en blanco vueltos hacia el techo, yacía Justin Finch-Fletchley. Y eso no era todo.
A su lado había otra figura, componiendo la visión más extraña que Harry hubiera contemplado nunca. Se trataba de Sir Nicholas, pero no era transparente ni de color blanco perlado, sino negro y neblinoso. Flotaba inmóvil, en posición horizontal, a un palmo del suelo. La cabeza estaba medio colgando, y en la cara tenía una expresión de horror idéntica a la de Justin.
- Maldición…maldición…- resonaba una y otra vez en la cabeza del azabache.
Harry se puso de pie, con la respiración acelerada y el corazón ejecutando contra sus costillas lo que parecía un redoble de tambor. Miró enloquecido arriba y abajo del corredor desierto y vio una hilera de arañas huyendo de los cuerpos a todo correr. Lo único que se oía eran las voces amortiguadas de los profesores que daban clase a ambos lados.
- Debería salir de aquí…- pensó. - Pero…no…no puedo dejarlos así…¿Qué puedo hacer? -
Por una vez, Harry se quedó sin ideas. ¿Habría alguien que creyera que él no había tenido nada que ver? Aún estaba allí, aterrorizado, cuando se abrió de golpe la puerta que tenía a su derecha. Peeves el poltergeist surgió de ella a toda velocidad.
- ¡Vaya, si es Potter pipí en el pote! - cacareó Peeves a su lado, dando saltitos. - ¿Qué trama Potter? ¿Por qué acecha? -
Peeves se detuvo a media voltereta. Boca abajo, vio a Justin y Nick, cayó de pie, llenó los pulmones y, antes de que Harry pudiera impedirlo, gritó: - ¡AGRESIÓN! ¡AGRESIÓN! ¡OTRA AGRESIÓN! ¡NINGUN MORTAL NI FANTASMA ESTÁ A SALVO! ¡SALVESE QUIEN PUEDA! ¡AGREESIOOOÓN! -
- ¡CALLATE ESTUPIDO! - rugió Harry, entre nervioso y furioso.
Una puerta tras otra, se fueron abriendo todas las que había en el corredor, y la gente empezó a salir. Durante varios minutos, hubo tal jaleo que por poco no aplastan a Justin y atraviesan el cuerpo de Nick. Los alumnos rodearon a Harry. La furia comenzaba a emerger en su interior, teniendo unas ganas tremendas de sacar su varita y hacerlos huir a todos para que le dejaran en paz.
Los profesores pidieron calma, la profesora McGonagall llegó corriendo, seguida por sus alumnos, ella utilizó la varita mágica para provocar una sonora explosión que restaurase el silencio y ordenó a todos que volvieran a las aulas. Cuando el lugar se hubo despejado un poco, llegó corriendo Ernie, el de Hufflepuff.
- ¡Te han cogido con las manos en la masa! - gritó Ernie, con la cara completamente blanca, señalando con el dedo a Harry.
Harry simplemente lo miró con frialdad, intentando no agravar más la situación, no tenía ganas de iniciar algo loco e innecesario por el momento. Necesitaba más que nunca centrarse en el poder de la Oclumancia para no perder la cabeza e intentar transfigurarlo en un burro (aún no sabía cómo hacerlo, así que Ernie podía estar tranquilo), por ser tan idiota.
- ¡Ya vale, Macmillan! - dijo con severidad la profesora McGonagall.
Peeves se meneaba por encima del grupo con una malvada sonrisa, escrutando la escena, le encantaba el follón. Mientras los profesores se inclinaban sobre Justin y Nick Casi Decapitado, examinándolos, Peeves rompió a cantar.
- ¡Oh, Potter, eres un zote, estás podrido, te cargas a los estudiantes, y te parece divertido! -
Harry sonrío un poco. - Vale, tengo que admitir que esa canción tiene ritmo…- pensó, ocultando rápidamente su sonrisa.
- ¡Ya basta, Peeves! - gritó la profesora McGonagall, y Peeves escapó por el corredor, sacándole la lengua a Harry.
Los profesores Flitwick y Sinistra, del departamento de Astronomía, fueron los encargados de llevar a Justin a la enfermería, pero nadie parecía saber qué hacer con Nick.
Al final, la profesora McGonagall hizo aparecer de la nada un gran abanico, y se lo dio a Ernie con instrucciones de subir a Sir Nicholas por las escaleras. Ernie obedeció, abanicando a Sir Nicholas por el corredor para llevárselo por el aire como si se tratara de un aerodeslizador silencioso y negro. De esa forma, Harry y la profesora McGonagall se quedaron a solas.
- Por aquí, Potter. - indicó ella.
Harry iba a replicar, pero sabía que no era el mejor momento Se limitó a asentir y seguir a su profesora. Caminaron en silencio, doblaron una esquina, y ella se paró ante una gárgola de piedra grande y extremadamente fea.
- ¡Sorbete de limón! - dijo la profesora.
Se trataba, evidentemente, de una contraseña, porque de repente la gárgola revivió y se hizo a un lado, al tiempo que la pared que había detrás se abría en dos. Incluso nervioso como estaba por lo que le esperaba, Harry no pudo dejar de sorprenderse.
Detrás del muro había una escalera de caracol que subía lentamente hacia arriba, como si fuera mecánica. Al subirse él y la profesora McGonagall, la pared volvió a cerrarse tras ellos con un golpe sordo. Subieron más y más dando vueltas, hasta que, al fin, ligeramente mareado, Harry vio ante él una reluciente puerta de roble, con una aldaba de bronce en forma de grifo, el animal mitológico con cuerpo de león y cabeza de águila. Entonces supo adónde lo llevaba. Aquello debía de ser el despacho de Dumbledore.
