Capítulo 31 - Harry es "El heredero"
Una vez dejaron la escalera de piedra, la profesora McGonagall llamó a la puerta. Ésta se abrió silenciosamente y entraron. La profesora McGonagall pidió a Harry que esperara y lo dejó solo.
El azabache miró a su alrededor. Una cosa era segura: de todos los despachos de profesores que había visitado aquel año, el de Dumbledore era, con mucho, el más interesante.
Era una sala circular, grande, hermosa, en la que se oía multitud de leves y curiosos sonidos. Sobre las mesas de patas largas y finísimas había chismes muy extraños que hacían ruiditos y echaban pequeñas bocanadas de humo. Las paredes aparecían cubiertas de retratos de antiguos directores, hombres y mujeres, que dormitaban encerrados en los marcos.
Había también un gran escritorio con pies en forma de zarpas, detrás de él, en un estante, un sombrero de mago ajado y roto: era el Sombrero Seleccionador.
- Me pregunto si…- Harry aún recordaba lo que escuchó la primera vez que se puso el sombrero.
- ¿¡Mi…lord!? - Aquellas dos palabras aún resonaban en su cabeza.
¿El sombrero se lo había adelantado el día de su selección? ¿Él era heredero de Salazar Slytherin? Pero entonces, ¿Qué hacía en Gryffindor? No le encontraba ningún sentido a su selección. Tenía que preguntarle a que se refería, necesitaba saberlo.
- Disculpa, Sombrero Seleccionador…- dijo Harry, tratando de hablarle al Sombrero. - ¿Puedes oírme? - pero el Sombrero no respondió. Entonces recordó que el sombrero no hablaba por sí solo. Había que ponérselo para que hablara.
Harry dudó. Echó un cauteloso vistazo a los magos y brujas que había en las paredes. Seguramente no haría ningún mal poniéndoselo de nuevo. Sólo para ver si..., sólo para quitarse aquella duda de la cabeza.
Se acercó sigilosamente al escritorio, cogió el sombrero del estante y se lo puso despacio en la cabeza. Era demasiado grande y se le caía sobre los ojos, igual que en la anterior ocasión en que se lo había puesto. Harry esperó, pero no pasó nada.
Luego, una voz le dijo al oído: - Ah…mi lord, como me alegro de tenerle de vuelta por aquí. ¿Ha ocurrido algo? ¿Por qué está usted en el despacho del director? -
- ¿Porque me llamas así? - le preguntó Harry, frunciendo el entrecejo. - ¿Por qué me llamas "Lord"? Yo no soy ningún Lord Tenebroso…-
- "Lord" es un título, mi lord. - respondió el Sombrero. - No es necesario ser un mago tenebroso para tenerlo, sino ser el heredero de un Lord pasado. Y usted, da la casualidad que es el heredero de uno, ¡del más grande! Si se me permite añadir…-
- Entonces lo soy, ¿verdad? - preguntó Harry tristemente. - ¿Soy el heredero de Slytherin? -
Pero para su sorpresa, el Sombrero soltó una sonora carcajada.
- ¿El heredero…de Slytherin? - preguntó entre risas. - ¡Ha! Paparruchas, usted no es el heredero de esa vieja lengua de serpiente. ¿¡Como iba a serlo usted!? No mi lord, usted es, ni más ni menos, que el heredero de Godric Gryffindor, ¡mi creador y dueño! -
De todo lo que el Sombrero pudiera revelarle, aquella noticia lo descolocó completamente. No se lo podía creer: ¿Era el heredero de Gryffindor, no de Slytherin?
- Pude saberlo en el momento en que la profesora McGonagall me puso sobre su cabeza, mi lord. - dijo el Sombrero, en tono alegre. - En sus venas, corre la sangre de mi legitimo amo. Lo mismo pasó años atrás, cuando me pusieron sobre la cabeza de su padre, James Potter. -
- Entonces los Potter, ¿somos herederos de Gryffindor? - preguntó el azabache.
- Si…y no. - respondió el Sombrero. - Los Potter sois descendientes de Gryffindor, eso es verdad, pero mi creador solo escogería a uno como su elegido y legítimo heredero. Usted, no solamente es el último descendiente, es el que mi Lord Gryffindor tanto esperaba: un mestizo. -
- ¿Gryffindor quería que uno de sus descendientes fuera mestizo? - preguntó Harry, de brazos cruzados.
- Por supuesto. - repuso el Sombrero. - Para mí creador representa un símbolo de unión, por lo que estaba esperando a que alguno de sus descendientes tuviera a un mestizo entre sus filas. Y entonces, llegó usted mi lord. -
- Ya veo…- dijo el azabache, tratando de procesar toda aquella información.
- Solo usted es capaz de reclamar lo que legítimamente dejó guardado Gryffindor hace mucho tiempo para el encargado de cumplir con su última voluntad. - dijo el sombrero, comenzando a bostezar. - Pero ahora, no es el momento mi lord, debe de ser paciente…pues el día en que conozca su verdadero destino…llegará…-
- ¿Mi verdadero destino? - repitió Harry. - ¿Cuál es…? -
- Viene alguien, - dijo el Sombrero rápidamente. - por ahora eso es todo mi señor. -
No obtuvo más respuestas. Escuchó una especie de ronquido y entonces supo que había pasado: El sombrero se había quedado dormido. Riéndose, lo cogió por la punta y se lo quitó. Quedó colgando de su mano, mugriento y ajado. Lo dejó de nuevo en el estante.
Una cosa le había quedado bien clara a Harry gracias al Sombrero: él no era el heredero de Slytherin, sino de Gryffindor, del mismísimo fundador de la casa a la que pertenecía. Una enorme sensación de orgullo invadió el espíritu de Harry, haciendo que se sintiera mejor que nunca.
- No puedo creerlo, ¡soy…el heredero de Gryffindor! - pensó, aliviado y eufórico. – Entonces, no puedo ser yo quien está atacando a los nacidos de muggles. ¡Si! ¡Lo sabía! -
Mientras lo celebraba, pudo ver sobre una percha dorada detrás de la puerta, a un pájaro de aspecto decrépito que parecía un pavo medio desplumado. Harry lo miró, y el pájaro le devolvió una mirada torva, emitiendo de nuevo su particular ruido, parecía muy enfermo. Tenía los ojos apagados y, mientras Harry lo miraba, se le cayeron otras dos plumas de la cola.
- Hm…no parece que le quede demasiado tiempo de vida…- observó detenidamente.
El pájaro tenía los ojos apagados y, mientras Harry lo miraba, se le cayeron otras dos plumas de la cola. Estaba pensando en que lo único que le faltaba es que el pájaro de Dumbledore se muriera mientras estaba con él a solas en el despacho, cuando el pájaro comenzó a arder.
- ¡Oh no! ¡Se quema! -
Harry buscó por si había cerca un vaso con agua, pero no vio ninguno. El pájaro, mientras tanto, se había convertido en una bola de fuego, emitió un fuerte chillido, y un instante después no quedaba de él más que un montoncito humeante de cenizas en el suelo.
La puerta del despacho se abrió, entró Dumbledore, con aspecto sombrío.
- Pro-profesor, su pájaro...- farfulló el azabache, con la tensión por las nubes. - No pude hacer nada. Le ha consumido el fuego...-
Para sorpresa de Harry, Dumbledore sonrió.
- Ah, ya era hora. - dijo con un brillo en los ojos. - Hace días que tenía un aspecto horroroso, yo le decía que se diera prisa. -
- ¿Profesor? - dijo Harry, sintiéndose raro.
El director se rio de la cara que ponía Harry. - Fawkes es un fénix, Harry. Los fénix se prenden fuego cuando les llega el momento de morir, y luego…renacen de sus propias cenizas…- explicó, señalando al montoncito de cenizas.
Harry dirigió la vista hacia la percha a tiempo de ver un pollito diminuto y arrugado que asomaba la cabeza por entre las cenizas.
- Oh…- dijo el azabache, mirando con una sonrisa al pequeño fénix.
- Es una pena que lo hayas tenido que ver el día de su incineración. - dijo Dumbledore, sentándose detrás del escritorio. - La mayor parte del tiempo es realmente precioso, con sus plumas rojas y doradas. Fascinantes criaturas, los fénix…Pueden transportar cargas muy pesadas…sus lágrimas tienen poderes curativos y son mascotas muy fieles. -
Con el susto del incendio de Fawkes, Harry se había olvidado del motivo por el que se encontraba allí, pero lo recordó en cuanto Dumbledore fijó en él sus ojos penetrantes, de color azul claro.
Sin embargo, antes de que el director pudiera decir otra palabra, la puerta se abrió de improviso e irrumpió Hagrid en el despacho con expresión desesperada, el pasamontañas mal colocado sobre su pelo negro, y el gallo muerto sujeto aún en una mano.
- ¡No fue Harry, profesor Dumbledore! - dijo Hagrid deprisa. - Yo hablaba con él segundos antes de que hallaran al muchacho, señor, él no tuvo tiempo...-
Dumbledore trató de decir algo, pero Hagrid seguía hablando, agitando el gallo en su desesperación y esparciendo las plumas por todas partes.
- …no puede haber sido él, lo juraré ante el ministro de Magia si es necesario...-
- Hagrid, yo...-
- Usted se confunde de chico, yo sé que Harry nunca...-
- ¡Hagrid! - dijo Dumbledore con voz potente. – Tranquilo…yo tampoco creo, que Harry, haya atacado a esas personas. -
- ¡Pues claro que no! Oh…- dijo Hagrid, y el gallo dejó de balancearse a su lado. - Bueno…en ese caso, esperaré…fuera, señor director…- añadió con cierto embarazo, mientras salía del despacho.
Harry esbozó una sonrisa. Siempre podía contar con el apoyo de Hagrid.
- Gracias por creer en mí, profesor…- dijo agradecido, dirigiendo su mirada hacia el director de Hogwarts.
- No te preocupes, Harry. - dijo Dumbledore, acariciando su plateada barba. - Comprendo que tú no eres capaz de cometer semejantes actos. No obstante, me preguntaba si... ¿hay algo…que quisieras contarme? -
Harry lo pensó detenidamente. Quería preguntarle sobre porque era capaz de hablar pársel; quería saber si de casualidad sabía que él era el heredero de Gryffindor; por no hablar del ligero cambio de actitud por parte de Snape…Sin embargo, no quería poner en riesgo su interrogatorio a Malfoy, de modo que dijo:
- Por ahora no tengo nada relevante. Sin embargo, uno de estos días me gustaría poder hablar con usted sobre…-
- ¿Sí? -
- Bueno, es…algo muy extraño. No sabría explicarlo ahora mismo…¡Oh! Y no, no tiene nada que ver con estos ataques o la Cámara de los Secretos del que todo el mundo habla. Es sobre otro asunto en particular. No sé si me entiende…-
- Te entiendo, Harry…- dijo Dumbledore con una sonrisa afable. - Bueno, si es así, cuando te sientas mejor, puedes contármelo. Ahora, querido muchacho, te sugiero que vuelvas a la cama. Es bastante tarde y ambos necesitamos recomponer fuerzas. -
- Gracias señor. - dijo Harry, y sonriendo, abrió la puerta del despacho y salió escalera abajo. Después de oír como la gárgola volvía a moverse, se dirigió hacia la Torre de Gryffindor.
La doble agresión contra Justin y Sir Nicholas convirtió en auténtico pánico lo que hasta aquel momento había sido inquietud. Curiosamente, resultó ser el destino de Sir Nicholas lo que preocupaba más a la gente. Se preguntaban unos a otros qué era lo que podía hacer aquello a un fantasma; qué terrible poder podía afectar a alguien que ya estaba muerto. La gente se apresuró a reservar sitio en el expreso de Hogwarts para volver a casa en Navidad. Crabbe y Goyle, que siempre hacían lo mismo que Malfoy, habían firmado también para quedarse en vacaciones.
- Mejor, así habrá menos idiotas que me acusen porque supuestamente, al hablar pársel, soy el heredero del viejo chiflado obsesionado con erradicar a los nacidos de muggles. - pensó Harry, bastante molesto. Estaba harto de decirle a la gente que no era el heredero de Slytherin. - ¡Que no molesten! -
Harry había decidido no hablar con nadie sobre el descubrimiento de su linaje como el ultimo descendiente (elegido y heredero) de Godric Gryffindor. Le había dicho a Dumbledore que se lo contaría más adelante.
Sin embargo, ¿Por qué no se lo contaba a Ron y Hermione? A ellos les contaba prácticamente todo (No les había contado, por ejemplo, nada acerca de la Oclumancia, o el hecho de que viviera en una alacena bajo las escaleras de la casa de los Dursley durante diez años) ¿Por qué no les contaba aquel descubrimiento tan fascinante? ¿Por qué no cuando fácilmente les dejaría en claro que él no era el heredero de Slytherin? Sencillamente por dos razones: ambos confiaban en él, y también pensó que era mejor centrarse primero en encontrar al autentico heredero de Slytherin antes de tocar otros temas.
- Si sigue así la cosa, sólo nos quedaremos nosotros. - comentó Ron a Harry y Hermione una tarde. - Nosotros, Malfoy, Crabbe y Goyle. Serán unas vacaciones delicio…¡Ay! -
La entrada que custodiaba la Dama Gorda se había abierto. Volando hasta la cabeza de Ron fue la muñeca Barbie de Chloe. Tenía una especie de cohete atada a la espalda. Ron gimoteó, frotándose la cabeza (casi rascándosela) antes de mirar con furia a la muñeca.
- ¡Tú! - le gritó a la muñeca. - ¡Endiablada arma homicida! -
- Y Chloe también se queda. - añadió Hermione. Por su cara, parecía que estaba conteniendo las ganas de reír.
Las orejas de Ron estaban más rojas que su pelo. A Harry le recordaba inevitablemente a un mandril furioso. Entonces se tuvo que recomponer porque Ron había sacado su varita, y tenía toda la pinta de que le iba a hacer algo desagradable a la muñeca de Chloe, o a la misma dueña.
- ¡Ustedes son unos tontos! - se escuchó chillar a Chloe a lo lejos. Al cabo de unos segundos, entró de malhumor en la Sala Común. - ¡Ah! ¡Cielos, no! - gimió, al ver a Ron a punto de hechizar a Barbie.
- ¡Ronald, vamos compañero, contrólate! - jadeó Harry, mientras sujetaba a Ron por los brazos para que no hechizara a la muñeca. - ¡Solo…es un juguete! -
- ¡SUÉLTAME HARRY! - rugió Ron, sin soltar la varita. - ¡ODIO A LAS MUÑECAS! -
- ¡No es mi culpa! - exclamó Chloe, asustada tras ver la cara de Ron. - ¡De verdad, no lo es! -
Hermione, riéndose en voz baja, se acercó a la muñeca, la recogió, y se la dio a Chloe, mientras que Harry hacía todo lo posible por tranquilizar a Ron.
- ¿Tú has hecho esto? - le preguntó Hermione a Chloe, señalando el cohete usado.
- ¡Claro que no! - respondió Chloe, enfadándose. - ¡Han sido Fred y George! ¡Ataron ese cohete a la espalda de Barbie y la han hecho volar hasta aquí! ¡Casí la hacen estallar! -
- ¿Lo ves, Ronald? - le dijo Harry a Ron. - Han sido Fred y George. Solo a ellos se les podía ocurrir algo así. - añadió, antes de soltar a su amigo.
Sin embargo, Ron aún seguía enfadado. - Ya, bueno, eso no explica quien a sido el gracioso que abrió el retrato justo cuando "el arma del crimen", - dijo, señalando a la muñeca que sostenía Chloe. - iba a entrar en la Sala Común para acabar impactado ("¡Qué gran novedad! ¡No tenía idea de que pasaría!", añadió con sarcasmo) en mi cabeza. -
No era ningún chiste. En la cabeza de Ron había aparecido un chichón muy notable, tanto que parecía un rábano recién sacado de la tierra.
- Eso…- se escuchó la voz divertida de Fred, desde el agujero. - creo que es cosa nuestra…-
- Si…- añadió George, cuando ambos gemelos entraron en la sala. - Esperábamos que le diera a Percy, pero no fue así. Una pena. -
- ¿El cohete lo habéis hecho vosotros? - les preguntó Harry a los gemelos. - Nunca he visto uno que durara tanto…-
- La duración es solo una de sus asombrosas capacidades. - sonrió Fred. - Es uno de nuestros pequeños experimentos. Un prototipo, porque lo acabamos de probar. Ese pequeño cohete no solamente dura en el aire más de lo habitual; también cuenta con la posibilidad de modificar la trayectoria dos veces. -
- El resultado no podía ser más satisfactorio. - dijo George. - Un cálculo sublime: hacia arriba y dos giros a la derecha para que se dirigiera al retrato. La probamos con esa muñeca y voló desde el vestíbulo hasta aquí. - añadió, señalando a la muñeca de Chloe (ella infló los cachetes y miró a ambos con enfado).
- George estaba abajo, - comentó Fred. - yo me quedé en el séptimo piso por si acaso. Y bueno…quise probar suerte. - añadió, señalando la entrada a la Sala Común.
- ¡Oh, que bien! - se quejó Ron. - ¿¡Así que tengo pinta de prefecto pomposo!? ¿¡Eh!? -
- Bueno…-
- Si tú lo dices…-
Ron, volviendo a enfadarse, blandió su varita y fue corriendo a por ellos mientras gritaba "¡Ahora veréis, idiotas!". Fred y George se marcharon por el agujero, mientras se reían a carcajadas. Por un momento, Harry pensó que su mejor amigo se había convertido en una versión más joven de Percy.
…..
Si algo bueno tenía la actitud bromista de Fred y George durante aquellos días, era que incluso un asunto tan alarmante como el heredero de Slytherin lo consideraban divertido. Le salían al paso a Harry y marchaban delante de él por los corredores, gritando: - ¡Abran paso al heredero de Slytherin! ¡Aquí llega el brujo malvado, de veras...! -
- Eso, temedme, huid, y dejad ya de tocarme las narices…- pensaba Harry, quien se reía con Fred y George, a pesar de ser él la "victima" de sus burlas.
Pero Percy desaprobaba tajantemente este comportamiento. - ¡No es asunto de risa! - dijo con severidad.
- Quítate del camino, Percy. - dijo Fred. - Harry tiene prisa. -
- Sí, - añadió George, riéndose. - ¡va a la Cámara de los Secretos a tomar el té con su colmilludo sirviente! -
A Ginny no parecía hacerle mucha gracia, gritaba "¡Ah, no!" cada vez que Fred preguntaba a Harry a quién planeaba atacar a continuación, o cuando, al encontrarse con Harry, George hacía como que se protegía de Harry con un gran diente de ajo. En cambio, Chloe se partía de risa con las bromas, incluso después de que usaran a su muñeca para una de ellas. Los gemelos conseguían hacerla reír.
- ¡Ni que fuera un vampiro! - se reía Chloe, cada vez que George le mostraba el gran diente de ajo a Harry. - ¿No es genial? - le preguntaba a Ginny, pero ella se mantenía distante, como perdida. - ¿Te encuentras bien? No tienes buena cara, Ginny. -
Luna, que solía andar por Hogwarts con Ginny y Chloe, pensaba que Harry era un mago extraordinario, no solo por sus habilidades a nivel de hechizos, sino por su capacidad de hablar con las serpientes.
- Yo no creo que el pársel tenga nada de malo. - le dijo en tono soñador un día, cerca de la clase de Herbología. - Si le das un buen uso puede serte de utilidad para hacer grandes cosas. Siempre viene bien poder entender a los animales. -
- Gracias Luna, me alegro que por lo menos tu no me veas con malos ojos. - respondió el azabache, con una sonrisa.
- Oh, ¿crees que puedas aprender también el idioma de los Nargles? - le preguntó Luna con curiosidad, sacando de nuevo la cuestión de los Nargles.
- Ya empezamos…- pensó Harry, frunciendo el entrecejo.
Por fin concluyó el trimestre, y sobre el colegio cayó un silencio tan vasto como la nieve en los campos. Más que lúgubre, a Harry le pareció tranquilizador, y se alegró de que él, Hermione y los Weasley pudieran gobernar la torre de Gryffindor.
- Si Dean y Seamus estuvieran aquí, de seguro se mofarían conmigo poniendo una pancarta con el título "Esta torre pertenece ahora al heredero del viejo chiflado Slytherin" - pensó Harry con una sonrisa ligera.
Fred, George y Ginny habían preferido quedarse en el colegio a ir a visitar a Bill a Egipto con sus padres. Percy, que desaprobaba lo que llamaba su infantil comportamiento, no pasaba mucho tiempo en la sala común de Gryffindor. Ya les había dicho en tono presuntuoso que se quedaba en Navidad porque era el deber de un prefecto ayudar a los profesores durante los períodos difíciles.
- Tampoco es que tenga mucho trabajo por navidad, o sea, que hay poca gente…- pensó Harry, frunciendo el entrecejo.
Amaneció el día de Navidad, frío y blanco. Hermione despertó temprano a Harry y Ron, los únicos que quedaban en aquel dormitorio. Iba ya vestida y llevaba regalos para ambos.
- ¡Despertad! - dijo en voz alta, abriendo las cortinas de la ventana.
- ¡Hermione! - farfulló Ron, protegiéndose los ojos de la luz. - Sabes que no puedes entrar aquí…-
- Feliz Navidad a ti también. - le dijo Hermione, arrojándole su regalo. - Me he levantado hace casi una hora para añadir más crisopos a la poción. Ya está lista. -
Harry se sentó en la cama, despertando por completo de repente. - Nunca dejas de sorprenderme, Hermione…- le dijo a ella con una sonrisa.
- No ha sido nada. - dijo Hermione, riéndose y apartando a la rata Scabbers para poder sentarse a los pies de la cama. - Si nos decidimos a llevar a cabo nuestro plan, creo que tendría que ser esta noche. -
Harry asintió. - Muy bien, tengo en mente una idea para obtener el ultimo ingrediente…- dijo en tono divertido, dejando a sus dos mejores amigos intercambiando miradas con interrogantes imaginarios azotándoles en la cabeza.
En aquel momento, Hedwig aterrizó en el dormitorio, llevando en el pico un paquete muy pequeño.
- Hola querida amiga, gracias…- dijo Harry, cogiendo el paquete. - Toma, te has ganado una delicia para lechuzas. - añadió, sirviéndole la delicia en un cuenco plateado. Hedwig empezó a comer; se la veía muy contenta.
El paquete se lo enviaron los Dursley como regalo: era un mondadientes. Venía con una nota en la que le pedían que averiguara si podría quedarse en Hogwarts también durante las vacaciones de verano.
- ¡Ha! Ya me gustaría. - pensó Harry, haciendo una bola de papel con la nota. En realidad, si quería quedarse en Hogwarts, su estimado hogar. - ¿Qué piensan? ¡Bah! -
El resto de los regalos de Navidad de Harry fueron bastante más generosos. Hagrid le envió un bote grande de caramelos de café con leche que Harry decidió ablandar al fuego antes de comérselos. Ron le regaló un libro titulado "Volando con los Cannons", que trataba de hechos interesantes de su equipo favorito de Quidditch. Hermione le había comprado una lujosa pluma de águila para escribir.
- Siempre escoge las mejores para mi…- pensó Harry, mientras contemplaba la pluma como si fuera una valiosa joya.
Dan y Jean, los padres de Hermione, le enviaron una caja que contenía unos novedosos chicles sin azúcar y algo más envuelto con papel.
- Vaya, cicles sin azúcar…- pensó el azabache, probando un chicle. - Tiene sabor, ¡y sin azúcar! Interesante…-
Luego desenvolvió el paquete con papel. Lo que había dentro era un precioso florero, hecho a mano y cuidadosamente pintado. Tenía una curiosa y bien detallada firma escrita cerca de la parte superior.
- ¡Oh, es de mi madre! - dijo Hermione con una sonrisa. - A ella le gusta mucho la alfarería y la pintura. Son sus hobbies. -
- Vaya…debo admitir que tiene talento. - dijo Harry con asombro. Después abrió el último regalo y encontró un jersey nuevo, tejido a mano por la señora Weasley, y un plumcake. - Me encantan estos pasteles. - pensó, probando uno. - No entiendo porque la señora Weasley no abre una pastelería, una cafetería o un restaurante. Con todo el talento que tiene, bien podría armar su propio negocio. -
Ninguno podía dejar de asistir a la comida de Navidad en Hogwarts, aunque estuvieran algo nerviosos por tener que tomar luego la poción Multijugos. El Gran Comedor relucía por todas partes.
No sólo había una docena de árboles de Navidad cubiertos de escarcha, y gruesas serpentinas de acebo y muérdago que se entrecruzaban en el techo, sino que de lo alto caía nieve mágica, cálida y seca. Cantaron villancicos, y Dumbledore los dirigió en algunos de sus favoritos. Hagrid gritaba más fuerte a cada copa de ponche que tomaba. Percy, que no se había dado cuenta de que Fred le había encantado su insignia de prefecto, en la que ahora podía leerse "Cabeza de Chorlito", no paraba de preguntar a todos de qué se reían.
- Ese Freddy…- se río Harry mentalmente, mientras los demás miraban con burla a Percy.
Ron volvió a tener una nueva confrontación de comida con Chloe. Había tantos pasteles y caramelos en la mesa que ambos se peleaban por conseguir más que el otro. A Harry le pareció que estaba observando una pelea entre dos lobos, solo que, en vez de carne, se atiborraban de dulces. Como Ginny no quería probar bocado de nada, George le hizo un amago, engañándola y logrando colarle un pastel de caldero en la boca.
Con discreción, Harry miró hacia la mesa de Slytherin. Había algo raro en la cara de su archirrival, Draco Malfoy. Parecía inmerso en sus pensamientos, mientras que, a su lado, Pansy Parkinson no paraba de hacer comentarios despectivos sobre el nuevo jersey de Harry, o sobre Hermione, con quien se llevaba fatal.
- Bueno, creo que es hora de empezar…- susurró Harry, juntando su cabeza con Ron y Hermione para que solo ellos lo oyeran.
Los tres salieron del Gran Salón, y tras verificar que no había prefectos, profesores o fantasmas observándolos, Harry sacó de su túnica una bolsa de papel con dos pastelillos de chocolate dentro.
- ¿Ese es tu plan? - preguntó Ron, frunciendo el entrecejo. - ¿Darles más pasteles a Crabbe y Goyle? -
- Obviamente, no son pasteles comunes. - dijo Harry con paciencia. - Están rellenos de una poción para dormir. - explicó. - Todo lo que haremos será esperar a que ese par de gorilas salgan del Gran Comedor. Una vez estén solos, dejaremos los pasteles suspendidos en el aire y esperaremos a que se abalancen a por ellos. Una vez dormidos, les arrancamos un par de pelos y los escondemos por ahí. -
- Con lo ingenuos que son, de seguro que sale bien. - dijo Hermione. - Por cierto, conseguí un par de trajes de Slytherin de la talla de esos dos. Después de todo, son como un par de osos. -
- Excelente. - le dijo el azabache, con el pulgar arriba. - Tu ten lista la poción, Hermione, y déjanos el resto a nosotros. -
- Por cierto, ¿tú a quien vas a suplir, Hermione? - le preguntó Ron con curiosidad.
- Bueno, me lo he pensado mejor. - dijo Hermione, jugueteando con los dedos. - Creo que si hay más personas acompañando a Malfoy podría sospechar, así que…os lo dejo a vosotros. -
- ¿Eh? Oh, bueno, como quieras. - dijo Ron, mirándola con los ojos entrecerrados. - Pero para mí que es por la poción…- murmuró.
Hermione se fue al baño de Myrtle para tener la opción a punto. Mientras tanto, Harry y Ron se escondieron en el vacío vestíbulo después de la merienda de Navidad, esperando a Crabbe y a Goyle, que se habían quedado solos en la mesa de Slytherin, acometiendo cuatro porciones de bizcocho.
Ron hecho un rápido vistazo para ver si los dos "gorilas" salían de una vez.
- ¡Ya vienen, Harry! - le susurró a Harry.
- Ven aquí, escóndete. - le indicó este a Ron. A continuación, se aclaró la garganta, agitó la varita y susurró: - Wingardium Leviosa…-
Harry hizo flotar los dos pasteles con pócima para dormir, y para sorpresa de Ron, los dos Slytherins cogieron los pasteles. Sonriendo de forma estúpida, se metieron los pasteles enteros en la boca. Los masticaron glotonamente durante un momento, poniendo cara de triunfo. Luego, sin el más leve cambio en la expresión, se desplomaron de espaldas en el suelo.
- ¿Cómo pueden ser tal lerdos? - preguntó Ron, con gesto de asqueado.
- Después te lo preguntas, en marcha. - le indicó Harry. - Tenemos que esconder a estos imbéciles en algún lado. -
Capítulo 32 - ¿La redención de Malfoy?
Lo más difícil del plan fue arrastrar a los Slytherins hasta el armario, al otro lado del vestíbulo. En cuanto los tuvieron bien escondidos entre las fregonas y los calderos, Harry arrancó un par de pelos como cerdas, de los que Goyle tenía bien avanzada la frente, y Ron arrancó a Crabbe también algunos.
Les cogieron asimismo los zapatos, porque los suyos eran demasiado pequeños para el tamaño de los pies de Crabbe y Goyle. Luego corrieron hasta los aseos de Myrtle la Llorona. Apenas podían ver nada a través del espeso humo negro que salía del retrete en que Hermione estaba removiendo el caldero. Subiéndose las túnicas para taparse la cara, Harry y Ron llamaron suavemente a la puerta.
- ¿Hermione? -
Se oyó el chirrido del cerrojo y salió Hermione, con la cara sudorosa y una mirada inquieta. Tras ella se oía el "gluglú" de la poción que hervía, espesa como melaza. Sobre la taza del retrete había dos vasos de cristal ya preparados.
- Bien, aquí están las túnicas de la lavandería. - dijo Hermione, señalando una bolsa con túnicas de Slytherin. - Y ahí…bueno…- añadió, señalando el caldero. Vista de cerca, la poción parecía barro espeso y oscuro que borboteaba lentamente. - Así es como tiene que estar. -
Harry asintió. - Si la has hecho tú, entonces está perfecta Hermione, muy bien. - dijo con una sonrisa.
- Creo…que ahora sé porque no querías participar en el interrogatorio, Hermione…- dijo Ron, mirando con mala cara a la poción. - ¿Y ahora que, Harry? -
- Pues nada, estaba bastante claro. - repuso el azabache, haciendo una mueca de asco. - Hay que servir poción en dos vasos y cada uno echara los pelos de las "víctimas" en ellos…-
Hermione sirvió en cada vaso una cantidad considerable de poción. Mientras tanto, los dos "conejillos de indias" fueron a cambiarse de ropa. No tenían ganas de rasgar sus trajes. Luego, Hermione, con la mano temblorosa, entregó los vasos a Harry y Ron.
- Adelante, echad los pelos…- les indicó ella.
Los dos echaron los pelos en sus respectivos vasos. La poción emitió un potente silbido, como el de una olla a presión, y empezó a salir muchísima espuma. Al cabo de un segundo, se había vuelto de un amarillo asqueroso.
- Qué asco…- masculló Ron, arrugando la nariz. - Esencia de Crabbe…-
- Hermione, si quieres puedes taparte los ojos…- le sugirió Harry a Hermione, respirando con dificultad. - E-esto no va a ser agradable…-
No hizo falta insistirle. Hermione se volvió automáticamente hacia un lado de la pared, cerró los ojos y se tapó los oídos.
- Bueno...a tu salud, Ronald…- dijo Harry, alzando el vaso como si fuera una copa de vino mal fabricado.
- A tu salud…Harry…- respondió Ron, palideciendo.
Y tras chocar los vasos, ambos se tomaron la poción de un tirón. A Ron le entraron nauseas, y rápidamente se encerró en un retrete. Harry hizo esfuerzos bestiales para resistir los efectos desagradables de la poción Multijugos: se le empezaron a retorcer las tripas como si acabara de tragarse serpientes vivas, luego, un ardor surgido del estómago se le extendió rápidamente hasta las puntas de los dedos de manos y pies. Jadeando, se apoyó sobre los grifos, tuvo la horrible sensación de estarse derritiendo al notar que la piel de todo el cuerpo le quemaba como cera caliente, y antes de que los ojos y las manos le empezaran a crecer, los dedos se le hincharon, las uñas se le ensancharon y los nudillos se le abultaron como tuercas.
Los hombros se le separaron dolorosamente, y un picor en la frente le indicó que el pelo se le caía sobre las cejas. Se le ensanchó el pecho como un barril, los pies se ajustaban a la medida de los enormes zapatos que ahora llevaba puesto.
Hizo lo mejor que pudo para que Hermione no se sintiera tan incómoda, ella parecía estar pasándolo mal, y eso que no se había tomado la poción.
Todo concluyó tan repentinamente como había comenzado, rápidamente, lentamente, Harry alzó la vista para mirarse al espejo.
- Harry…¿e-estás bien? - preguntó Hermione, muy nerviosa, con las manos en los ojos.
- Bueno, - dijo Harry. De su boca surgió la voz baja y áspera de Goyle. - si quería parecerme a un gorila de Slytherin, pues si, podría decirse que sí. -
Hermione fue lentamente apartando las manos de los ojos, y al hacerlo, pudo ver que en vez de Harry, estaba Goyle.
- ¡A funcionado! - exclamó ella, muy emocionada por el éxito de la poción.
- Si, me veo horrible. - observó Harry, con la apariencia de "Un gorila con túnica negra y franjas verdes". - Al menos tengo como consuelo que los efectos se acabaran en una hora. Oh, eso me recuerda…¿Ronald? ¿Cómo vas tú? -
- Bien…creo… - contestó, proveniente de su derecha, el gruñido de Crabbe.
Ron abrió la puerta de su retrete, y de ahí, salió con el aspecto de Crabbe. Era idéntico a Crabbe en todo, desde el pelo cortado con tazón hasta los largos brazos de gorila.
- Que pasada…- dijo Ron, mientras se tocaba la nariz chata de Crabbe. - Me veo tan horrendo como el gorila Crabbe. -
- Será mejor que nos pongamos en marcha…- dijo Harry, aflojándose el reloj que oprimía la gruesa muñeca de Goyle. - Disponemos de una hora hasta volver a ser nosotros mismos. Hermione, ¿nos esperas aquí? -
- Si, yo iré recogiendo todo esto. - dijo Hermione. - Tened mucho cuidado. Ya me contareis como fue. -
Harry asintió. - Muy bien, nos vemos. - dijo. - Venga Ronald, en marcha. - le indicó a su mejor amigo.
Harry y Ron abrieron con cuidado la puerta de los lavabos, comprobaron que no había nadie a la vista y salieron.
- No muevas así los brazos…- le susurró Harry a Ron.
- ¿Eh? -
- Crabbe los mantiene rígidos...-
- ¿Así? -
- Sí, mucho mejor…-
Bajaron por la escalera de mármol. Gracias a "Hogwarts: Una historia", Harry sabía cómo llegar hasta la Sala Común de Slytherin. Lo único que debían hacer era aparentar y comportarse como un par de idiotas de Slytherin hasta llegar allí. Cuando estaban por llegar a la entrada de las mazmorras, una chica de pelo largo rizado salió de la entrada.
- Ah, ella es Penelope Clearwater. - pensó el azabache, al reconocer a la chica. - Es prefecta de Ravenclaw, y por lo que sé, a Percy le interesa mucho…-
- ¿Deberíamos decirle algo? - le preguntó Ron a él rápidamente y en voz baja.
- Tu solo actúa como un imbécil y todo saldrá bien. - dijo Harry.
- De acuerdo. - dijo Ron. Miró a Penelope y le dijo con voz de gorila: - ¡Eh, tu! ¿Qué haces en las mazmorras? -
- A eso le llamo yo meterse en el papel de lleno. - pensó Harry con diversión.
- ¿¡Co-como te atreves!? - bramó Clearwater, mirándolo despectivamente. - ¡Veinte puntos menos para Slytherin! -
- ¿¡Que!? - inquirieron Harry y Ron.
- Ya os escuché la semana pasada burlándoos de mi por ser nacida de muggles. - dijo Clearwater, mostrándose ofendida. - Si sabéis lo que os conviene, será mejor que volváis a vuestra Sala Común. - y se alejó a zancadas.
- Bueno…- dijo Ron, sonriendo ampliamente. - ¡Esto ha salido mejor de lo que esperaba! -
- Ya lo creo. - respondió Harry, riéndose un poco. - De no estar en una misión, podríamos hacer el idiota con este aspecto, y solo perjudicaríamos a Slytherin, así que... -
- Creo que a Fred y George les gustaría esa idea. - dijo Ron, riéndose.
Harry y Ron bajaron corriendo los escalones de piedra y se internaron en la oscuridad. Sus pasos resonaban muy fuerte cuando los grandes pies de Crabbe y Goyle golpeaban contra el suelo, pero temían que la cosa no resultara tan fácil como se habían imaginado. Los laberínticos corredores estaban desiertos. Fueron bajando más y más pisos, mirando constantemente sus relojes para comprobar el tiempo que les quedaba. Justo cuando llegaron al penúltimo corredor, se toparon con alguien: era Percy, quien estaba haciendo guardia.
- ¿Qué haces aquí? - preguntó Ron, con sorpresa. Percy lo miró ofendido.
- Eso…- respondió fríamente. - no es asunto de tu incumbencia. Tú eres Crabbe, ¿no? -
- Errrr... sí. - respondió Ron, con la cara atontada de Crabbe.
- Bueno, id a vuestros dormitorios. - dijo Percy con severidad. - En estos días no es muy prudente merodear por los corredores. -
- Pues tú lo haces. - señaló Ron.
- Yo soy un prefecto. - dijo Percy, dándose importancia. - Nadie va a atacarme. -
Harry rodó lo ojos. - ¿De verdad piensa que por ser prefecto nadie va a atacarle? - pensó, conteniendo las ganas de reír. - No quiero ni pensar como sería su mentalidad si fuera el director de Hogwarts…-
Repentinamente, resonó una voz detrás de Harry y Ron. Draco Malfoy caminaba hacia ellos, y por primera vez en su vida, a Harry le encantó verlo.
- Ah, estáis aquí. - dijo, mirándolos. Parecía malhumorado. - ¿Os habéis pasado todo el tiempo en el Gran Comedor, poniéndoos como cerdos? Os estaba buscando. Tengo que hablar con ustedes…- entonces, frunció el entrecejo cuando vio a Percy. - ¿Y tú que haces en territorio Slytherin, Weasley? - inquirió.
- Estoy haciendo guardia. - gruñó Percy, ofendiéndose más. - ¡Y muestra más respeto hacia un prefecto! -
- Por mi haz lo que quieras. - replicó Malfoy, mirándolo desafiante. - Y si quieres que muestre respeto, gánatelo. - añadió, antes de mirar a Harry y Ron. - Venga, ustedes dos, síganme de una vez. -
A Harry casi se le escapa disculparse ante Percy, pero se dio cuenta justo a tiempo. Él y Ron salieron a toda prisa detrás de Malfoy.
- Empiezo a cansarme de ese chulito pomposo con placa…- dijo, mientras tomaban el siguiente corredor. - Es increíble. Se piensa que por ser prefecto todos tienen que dirigirse hacia él como si fuera alguien importante…-
- ¿Sabes que hacía él aquí? - le preguntó Ron. Por su cara, Harry podía interpretar que le estaba dando la razón a Malfoy.
- He notado que últimamente entra y sale mucho por aquí, a hurtadillas. – dijo Malfoy. - Tal vez es tal y como dice Pansy: cree que va a pillar al heredero de Slytherin él solito. - se detuvo ante un trecho de muro descubierto y lleno de humedad. Harry lo miró y se dio cuenta que estaban ante la entrada de la Sala Común de Slytherin. - ¿Cuál es la nueva contraseña? - preguntó a Harry.
- Eh…- dijo Harry, imitando a Goyle cuando un profesor le hacía una pregunta.
Malfoy suspiró. - Déjalo Goyle, no te molestes. - negó con la cabeza. - La contraseña es "sangre limpia". - dijo, y se abrió una puerta de piedra disimulada en la pared. Malfoy la cruzó y Harry y Ron lo siguieron.
La sala común de Slytherin era una sala larga, semisubterránea, con los muros y el techo de piedra basta. Varias lámparas de color verdoso colgaban del techo mediante cadenas. Enfrente de ellos, debajo de la repisa labrada de la chimenea, crepitaba la hoguera, y contra ella se recortaban las siluetas de algunos miembros de la casa Slytherin, acomodados en sillas de estilo muy recargado.
- Esperad aquí. - dijo Malfoy a Harry y Ron, indicándoles un par de sillas vacías separadas del fuego. - Tengo que comprobar una cosa…-
Preguntándose qué era lo que Malfoy tenía que comprobar, Harry y Ron se sentaron, intentando aparentar que se encontraban en su casa.
- No me siento como en casa. - pensó el azabache, sintiéndose incómodo. - Me gusta más la Sala Común de Gryffindor. Esta tiene el aspecto idóneo para la gente gótica…-
Malfoy volvió al cabo de un minuto. Harry normalmente lo veía con aspecto meloso y burlón, pero había algo diferente en él. Era como si Malfoy no fuera Malfoy, porque parecía deprimido y molesto. Algo no iba bien.
- Theodore y Blaise están dormidos. - dijo Malfoy, mirando hacia la chimenea. - Creo que Pansy y las demás chicas también…- lentamente, les dirigió a ambos una mirada neutra. Era muy extraño. - Las cosas no van muy bien últimamente: el heredero de Slytherin, la Cámara de los Secretos, y un monstruo que petrifica a los…bueno, esos que vienen de la sangre muggle…-
- ¿No ha dicho lo de siempre? - pensó Harry, mirando a Malfoy como si se le hubiera caído un tornillo. - ¿Qué diablos te pasó, Malfoy? - se le escapó decir. Inmediatamente se tensó al darse cuenta.
Malfoy frunció el entrecejo. - ¿Qué me ha pasado? - repitió. - Nada, Goyle. No me sucede nada, salvo…- volvió a mirar hacia la chimenea. Harry se sintió un poco aliviado. Era posible que Crabbe y Goyle siempre le llamaran por su apellido. - Bueno…- dijo. - no tengo muchas ganas de volver a decir sangre sucia…-
- ¿Por qué? - preguntó Ron, mirándolo como se hubiera vuelto loco.
- Porque cada vez que lo hago acabo mal. - respondió Malfoy con enfado. - ¡Estoy harto de hacerle caso a mi padre! ¡Estoy harto de que quiera controlar mi vida! -
- ¿Tu padre controla tu vida? - le preguntó Harry, sin poder contenerse.
- Él me enseñó todo lo que sé…salvo, los hechizos que aprendí durante las vacaciones de verano. - dijo Malfoy, encogiéndose de hombros. - He intentado ser como él, pero cada vez que lo hago acabo mal parado. Aun no me puedo perdonar por lo que pasó en el partido de Quidditch contra Gryffindor. ¿Hace falta que os recuerde lo que me dijo Flint? ¡Ridículo, hice el ridículo según él! Y lo peor de todo es que tiene razón. Me centré en humillar a Potter y me olvidé de que mi misión era atrapar la Snitch. -
En una situación normal, a Harry le llenaría de satisfacción ver a Malfoy hundido en la derrota, pero aquel no era el caso. Por dentro, Harry lo que sentía era un repentino deseo de intentar entender a su archirrival, y de alabarle por hacer autocrítica.
- Mi padre no confiaba en que consiguiera un puesto en el equipo, por eso envió un set de Nimbus 2001 a los jugadores para que me admitieran. - gruñó Malfoy. - Yo creo que si hubiera hecho las pruebas habría entrado de todos modos. Ahora todos los Gryffindors van por ahí riéndose de mí por eso…-
- Le hubieras dicho a tu padre que no lo hiciera. - se le escapó decir a Ron.
- Pensé que solo quería obsequiar al equipo con una renovación de escobas, pero luego escuché a Flint hablando con Bletchey. - dijo Malfoy con amargura. - Allí pude confirmar mis sospechas…Mi padre hizo un trato con el equipo a cambio de mi admisión. -
- Eso no explica que ahora te niegues a llamar a…"esa gente", como de costumbre. - replicó Harry, tratando de mostrar desprecio con las palabras.
- ¿Esa gente? Oh, claro, los nacidos de Muggles…- suspiró Malfoy. - Lo siento chicos, pero, después de pensarlo por días lo tengo decidido: Tengo que cambiar. No estoy hecho para estas chorradas. Y vosotros también deberíais intentarlo. -
Harry y Ron abrieron la boca de tal manera que hacían parecer a Goyle y Crabbe más idiotas de lo habitual. Malfoy se rio un poco.
- De acuerdo, tal vez sea demasiado pediros eso. - admitió con tranquilidad. - Pero no estaría mal si lo intentarais. De lo contrario, bueno, no os lo tendré en cuenta. -
Aunque Harry pensaba que el cambio de actitud de Malfoy era demasiado como para creérselo, se dio cuenta de que estaban perdiendo el tiempo. Necesitaban respuestas lo antes posible. - Sabes, creo que te vendría bien ir a la enfermería. - se le ocurrió decirle a Malfoy.
Malfoy soltó una risa. - No he perdido la cabeza, Goyle, - repuso. - y ya que hablamos de la enfermería…- continuó diciendo pensativamente. - Me sorprende que "El Profeta" aún no haya dicho nada de todos esos ataques. Supongo que Dumbledore está tapándolo todo. Si no para la cosa pronto podría verse forzado a dimitir. Mi padre dice siempre que la dirección de Dumbledore es lo peor que le ha ocurrido nunca a este colegio, solo porque le gustan los que vienen de familia muggle…- arrugó un poco la nariz cuando dijo aquello. - Para ser honesto, yo no creo que sea mal director, pero a veces pienso que está un poco chiflado por su manera de hacer las cosas. -
Harry pensó que aquello fue lo mejor que Malfoy había dicho sobre Dumbledore. Lo más sorprendente fue ver a Ron asintiendo. Él también solía pensar que Dumbledore estaba chiflado.
- ¿Tú también crees que Potter es el heredero de Slytherin? - preguntó Harry.
- No, no lo creo. - respondió Malfoy. - Aunque me irrita que tenga tanta habilidad mágica…¿Os acordáis del duelo? No quería rendirme ante él, así le lancé la serpiente. Lo que no esperaba es que Potter fuera capaz de hablar pársel…Ahora todos piensan que él es el heredero, que es una amenaza, un mago oscuro, que quiere cargarse a los nacidos de muggles y todo eso. Bueno, yo creo que los que mejor le conocen no piensan igual. Si realmente es el heredero, ¿Por qué Granger no ha sido petrificada aún? -
Harry no pudo evitar ponerse contento por aquella respuesta. Era cierto, Hermione era la nacida de muggles más cercana a él y no le había pasado nada.
Ron parpadeó varias veces, antes de hablar. - ¿Qué hay de tu hermana? -
Harry miró a su mejor amigo con curiosidad. ¿Por qué preguntaba por Chloe?
- ¿Chloe? Bien, supongo. - dijo Malfoy, encogiéndose de hombros. - La he visto pelearse con Weasley en el Gran Comedor unas cuantas veces. Está muy acostumbrada a comer en grandes cantidades, aunque a diferencia de ustedes (par de cerdos), ella es demasiado activa e inquieta para su bien. -
- No os parecéis mucho. - observó Harry.
- La verdad es que no. - admitió Malfoy. - Hace algunos años incluso sospeché que en realidad no era mi hermana, pero todas mis dudas se despejaron cuando mis padres me mostraron el libro de familia. Y por si eso fuera poco, Chloe es idéntica a mi madre cuando era niña. - dijo, rodando los ojos. - Y a mi madre le encanta, por supuesto (la única que no se ha tomado tan a pecho su selección a Gryffindor). -
- ¿Por qué crees que está en Gryffindor? - preguntó Ron. Harry no entendía a que venía las preguntas sobre Chloe. ¿No estaban con Malfoy para hablar del heredero de Slytherin?
- Mi hermana no es como el resto de mi familia, o como yo…- dijo Malfoy, pensativamente mientras contemplaba las llamas de la chimenea. - Ella es una persona infantil e inocente. Es inteligente y tiene algo de astucia, desde luego, pero esas características no son su fuerte. La verdad es que me hubiera sorprendido que fuera seleccionada para Slytherin. A ella nunca le agradaron las costumbres de nuestra familia. ¿Intentó encajar? Si, varias veces, pero no se le daba bien llamar a un nacido de muggles "sangre sucia" sin lamentarse luego. Una vez mi padre la incitó a insultar a una niña muggle después de que la pelota de esta golpeara a mi hermana, e hiciera caer su helado (Mi hermana se enfada mucho cuando alguien le quita algún dulce que está comiendo). Ella la llamó sangre sucia, y cuando vio como esa niña salía corriendo, llorando…bueno, eso la dejó tocada. Desde entonces lo ha lamentado mucho, como si hubiera cometido algún crimen imperdonable. -
- No debe de haber sido fácil para Chloe el vivir con una familia con costumbres opuestas a la suyas. - pensó Harry, sintiendo tristeza por la hermana de Malfoy.
- Ella tenía razón. - siguió Malfoy. A Harry le costaba creer lo que escuchaba - Me lo dijo en repetidas ocasiones. Me dijo que, si seguía actuando como mi padre, acabaría siendo tan odiado como él…pero yo me negaba a aceptarlo. Pensé que este era el camino para ser poderoso y respetado pero es mentira, este no es el camino…-
Harry y Ron se miraron, ambos muy incrédulos y confusos. Todo lo que escuchaban de Malfoy era lo más extraño que habían oído en su vida.
- A diferencia de mí, Chloe si ha sabido ser ella misma, y hacer amigos, en cambio yo…- miró a ambos como si los viera por primera vez. - Sé que solo me seguís por gusto, y que esta, probablemente, sea la primera vez que soy sincero de verdad con ustedes. Necesito…saber encontrar mi camino…o de lo contrario, seguiré metido en el mismo agujero por siempre…- se aclaró la garganta antes de seguir. - Y vosotros también, os conviene aclarar sus propias ideas. Reflexionad de una vez…sed vosotros mismos. A veces pienso que no tenéis personalidad, eso molesta mucho…-
- Vale…- dijeron los dos, con cara de tontos.
Malfoy rodó los ojos. - Al menos así no me acusareis por no haber hecho el intento. - dijo suspirando, con una sonrisa leve, antes de pasar a un tema más serio. - Chloe me contó que su amiga Ginny está muy pálida y rígida últimamente. ¿Ustedes saben que le estará pasado? -
Los dos Gryffindors disfrazados negaron con la cabeza. A Harry le preocupó esa pregunta. ¿Qué le pasaba a Ginny?
- Ya me lo pensaba. - dijo Malfoy. - Debe de estar pasándolo bastante mal. Muchos de sus amigos son nacidos de muggles, no me extraña la verdad. -
- Ella siempre está al lado de tu hermana, ¿verdad? - preguntó Ron, como si no conociera a Ginny.
- Si…- respondió Malfoy. - Por lo menos ella podrá presumir de llevarse bien con un miembro de la familia Weasley, en cambio yo…- murmuró
- ¿Presumir? - repitió Harry.
- Bueno, presumir porque ella tiene total libertad para llevarse bien con cualquiera. - repuso Malfoy rápidamente. - Pero después de año y medio en Hogwarts, con la reputación que tengo, es bien seguro que yo en la vida pueda llevarme bien con otras familias como los Weasley. Mi padre y su manía de menospreciarlos por su escasa economía y por su apego con los muggles…- dijo, negando con la cabeza, y mirando el suelo. - Ahora que lo he pensado mejor, el señor Weasley es un tipo sorprendente. No tiene miedo de hacerle frente a mi padre, y es capaz de mantener a una gran familia con muy poco. Es muy difícil encontrar a alguien así…-
Ron lo miraba incrédulo, ¿Acaso Malfoy buscaba remediar sus errores?
- Ellos serán pobres, pero son una familia bondadosa y respetada. - dijo Malfoy. - En cambio nosotros…Es cierto que somos respetados, pero infligimos miedo en la gente. A veces por eso ni se acercan a mi…- bufó con molestia.
Harry quería seguir escuchando a Malfoy por más rato, pero el tiempo se les estaba acabando. Necesitaban información útil, en referencia al heredero de Slytherin.
- Oye…¿tú sabes quién es el heredero? - le preguntó Harry con impaciencia.
Malfoy lo miró unos segundos antes de responder: - No, y creo que te lo dije ayer, ¡bah! – se quejó. - Siempre se te olvida todo. Pero, ahora que lo recuerdo…si se algo…- susurró pensativo. Harry y Ron le prestaron más atención. - En realidad, mi padre no ha querido contarme nada sobre la última vez que se abrió la Cámara de los Secretos, a pesar de que aquello sucedió hace cincuenta años, y por tanto antes de su época. Él lo sabe todo sobre lo que pasó, pero dice que la cosa se mantuvo en secreto y asegura, que resultaría sospechoso si yo supiera demasiado. Sin embargo, sé esto: la última vez que se abrió la Cámara de los Secretos, murió un nacido de muggles. Así que supongo que sólo es cuestión de tiempo que muera otro…Lo que me lleva a pensar que, de no atrapar a ese heredero antes de que suceda, podrían incluso cerrar Hogwarts…- dijo con seriedad. - Si fuera el de siempre todo esto me parecería incluso gracioso, pero no puedo…serán muggles, pero son seres humanos, ahora lo tengo claro…No, Chloe me lo ha dejado claro. Me ha costado entenderlo, pero ahora sé que es así…- se puso en pie.
- ¿Sabes si cogieron al que abrió la cámara la última vez? - preguntó Harry, con cara incrédula distinguida de Goyle.
- Sí...Quienquiera que fuera, lo expulsaron. - dijo Malfoy. - Aún debe de estar en Azkaban, supongo…Mi padre dice que tengo que mantenerme al margen y dejar que el heredero de Slytherin haga su trabajo. -
Harry no tenía más dudas. Malfoy no era el heredero de Slytherin, y tampoco parecía interesado en atacar a los nacidos de muggles.
- Dice que el colegio tiene que librarse de todos los nacidos de muggles, pero que yo no debo mezclarme. - siguió Malfoy. - De todos modos, él ya tiene bastantes problemas por el momento. ¿Sabéis que el Ministerio de Magia registró nuestra casa la semana pasada? -
Harry intentó que la inexpresiva cara de Goyle expresara algo de preocupación.
- Así es. - asintió Malfoy. - No obstante, no encontraron gran cosa. Mi padre posee algunos objetos de Artes Oscuras muy valiosos, escondidos en nuestra propia "cámara secreta" debajo del suelo del salón. No me importaría entregar algunos de esos objetos oscuros al ministerio sin más. Salvo los libros, lo demás carece de valor…-
- ¡Ah! - exclamó Ron.
Malfoy lo miró, y Harry hizo lo mismo. Ron se puso rojo, incluso el pelo se le volvió un poco rojo. También se le alargó la nariz. La hora de que disponían llegaba a su fin, de forma que Ron estaba empezando a convertirse en sí mismo, y a juzgar por la mirada de horror que dirigía a Harry, a éste le estaba sucediendo lo mismo. Se pusieron de pie de un salto.
- ¿Y ahora que os pasa? - inquirió Malfoy.
- ¡Necesito algo para el estómago! - gruñó Ron, y junto con Harry, los dos echaron a correr.
- ¡No le digáis una palabra de nuestra charla a Pansy! - gritó Malfoy, antes de los dos se perdieran por el muro de piedra y metieran en el corredor.
Harry podía notarse los pies sueltos dentro de los grandes zapatos de Goyle, y tuvo que levantarse los bajos de la túnica al hacerse más pequeño. Subieron los escalones y llegaron al oscuro vestíbulo de entrada, en que se oían los sordos golpes que llegaban del armario en que habían encerrado a Crabbe y Goyle. Ignorando a los "gorilas durmientes", subieron corriendo hasta los lavabos de Myrtle la Llorona.
Allí, en el baño, vieron que Hermione no estaba, pero había dejado una nota encima de una caja. Harry la cogió y la leyó rápidamente.
"Chicos, se hace tarde. He decidido esperaros en la Sala Común. Vuestra ropa está en esta caja. Vístanse rápido y dejen la ropa de Slytherin dentro. Nos vemos."
- Vale, pues a cambiarse, Ron. - indicó Harry.
El pelirrojo asintió, y los dos se cambiaron de ropa. Después de unos minutos, con discreción, salieron del baño de Myrtle y se dirigieron hacia la Torre de Gryffindor. Al llegar a la Sala Común, se encontraron con Hermione, quien estaba repasando encantamientos, sentada al lado de la chimenea.
- Oh, por fin. - dijo ella, mirándolos aliviada. - ¿Cómo os ha ido? -
Al principio, Harry no tenía idea de por dónde empezar. Fue, con diferencia, la hora más larga de su vida. Trató de ordenar lo mejor posible toda la información que habían obtenido y empezó a hablar.
- Lo que te vamos a contar puede sonarte a cuento chino. - dijo finalmente. - Así que, será mejor que te prepares…-
Hermione cerró su libro de encantamientos y prestó atención. Harry y Ron le contaron todo lo que Malfoy les dijo: sobre que él no era el heredero, sobre cuando fue abierta la cámara la última vez y sobre su cambio de actitud. Mientras Ron hablaba, a Harry le pareció que uno de los tapices que decoraba la Sala se había movido, pero no dijo nada. En ocasiones escuchaba a alguien más, como emocionándose, pero no lograba ver de quien se trataba. Entonces recordó que estaban en la Sala Común de Gryffindor, y era posible que hubiera algún alumno aún despierto.
Hermione estaba boquiabierta. Harry pensó que, evidentemente, acaban de relatarle un cuento chino.
- Vaya, quien lo iba a decir. - dijo ella, pensativa, como si intentara procesar cuidadosamente toda la información recibida. - Me pregunto, ¿qué le habrá llevado a Malfoy a abrir los ojos y darse cuenta de sus acciones? -
- Quien sabe. - dijo Ron, intentando no darle mucha importancia. - Ya llevaba días bastante raro, pero no nos esperábamos algo así, ¿cierto Harry? -
- Así es. - dijo Harry, de brazos cruzados. - Pero no hemos montado todo este plan para que Malfoy nos cuente su vida, sino por lo del heredero de Slytherin, y la Cámara. -
- Entonces la Cámara fue abierta hace aproximadamente cincuenta años, - dijo Hermione, frotándose el brazo. - y murió un nacido de muggles en el proceso…vaya…-
- ¿Estas bien? - le preguntó Harry.
- Si, no te preocupes, es solo…- farfulló Hermione.
- Lo entiendo. - repuso Harry. - No permitiré que ese monstruo te ataque. Slytherin lamentará el día en que se le ocurrió dejar a un monstruo en el castillo para atacar a los nacidos de muggles…- añadió con enfado.
- Si. - dijo Ron. - Y a pesar de que todavía no hemos averiguado quién ha cometido las agresiones, mañana voy a escribir a mi padre para decirle que miren debajo del salón de Malfoy. - añadió sonriente.
- ¡Ronald! - le reprocharon Harry y Hermione.
- ¿Qué? - dijo Ron. - ¿No quería Malfoy limpiar el nombre de su familia? Pues que empiece limpiando su casa de magia oscura. -
- Que generoso de tu parte. - dijo Hermione con sarcasmo. - Bueno, hoy ha sido un día muy largo. Creo que me voy a dormir. -
- Yo también, - bostezó Ron. - aunque es probable que pasé mala noche. No me ha gustado nada hacerme pasar por Crabbe. -
- ¿Lo dices por él o por la poción? - le preguntó Hermione.
- Por ambas cosas. - bufó Ron, dirigiéndose a la escalera. - Buenas noches. -
- ¿Sabes? - le dijo Hermione a Harry, una vez Ron se perdió de vista. - Es muy raro que Malfoy se preocupe por Ginny. Es decir, no se conocen de nada. Solo se han visto casualmente, y cada vez que lo hacían él hablaba mal de los Weasley. -
- Si, a mí también me llama la atención. - dijo Harry, pensativo. - ¿Tendrá algo que ver con su cambio de parecer? Bueno, de todos modos, lo que hoy hemos averiguado no nos ha llevado más lejos de lo que esperábamos. Necesitamos más respuestas. -
- ¿Y dónde las vamos a encontrar? - preguntó Hermione, preocupada. - El tiempo pasa y puede haber más víctimas en cualquier momento. Si tan solo supiéramos de que criatura o ser se trata…-
- Pues nada, a seguir investigando. - repuso Harry. - Por ahora vámonos a dormir, o nos dormiremos en clase. -
- Habla por ti. - dijo Hermione, negando con la cabeza. - Últimamente te cuesta mucho prestar atención en Historia de la Magia. -
- Tenemos a un fantasma aburrido dando clases. - se quejó Harry. - Para colmo, él mismo se duerme en clases. ¿Qué esperabas? -
Hermione sonrió y le cogió de las manos - Que no tires la toalla. - dijo. - Que duermas bien, Harry. - y sin dejar de sonreír, se marchó hacia el dormitorio de las chicas.
Harry se quedó estático unos segundos, mientras sus sentidos trataban de volver a la realidad. Entonces, volvió del todo cuando escuchó una risita amortiguada. Sus sospechas se estaban confirmando: Alguien los había estado espiando.
Lentamente, se acercó hacia uno de los tapices y entonces lo vio. Unos zapatos de niña temblado. Harry blandió su varita, la agitó y susurró: - ¡Petrificus Totalus! -
Se escuchó un gemido y luego, como si fuera un pilar de poco tamaño, un cuerpo cayó al suelo desde atrás de un tapiz. Harry la reconoció en el acto, era Chloe.
- ¿Qué estabas haciendo detrás del tapiz? - le preguntó Harry a ella, una vez deshizo la inmovilización total.
- Bueno, - empezó Chloe, removiéndose con timidez. - como os habíais pasado varios días preguntándome por Draco pensé que ibais a hacerle algo malo. -
- ¿Qué pensabas que íbamos a hacerle, exactamente? - inquirió Harry, mirándola con el entrecejo fruncido.
- No sé. - farfulló Chloe, sonrojándose. - ¿Una broma muy pesada? ¿Una trampa mortal? ¿Convertirlo en un hurón con alguna poción? Nunca pensé que vuestro plan consistía en saber si Draco era el heredero de Slytherin. Venga ya, ¿Cómo iba a ser él? Piénsalo, si fuéramos descendientes de Slytherin alardearíamos de ello todo el tiempo. Bueno, por lo menos mis padres. -
- Ya, - espetó Harry. - eso no explica el porqué nos has espiado. -
- Bueno…esto…- dijo Chloe, jugueteando con los dedos. - Hace unas horas vi entrar a Hermione a la Sala Común, con ropas de Gryffindor y otras cosas. Entonces, recordé que hace unos días, en la biblioteca, os escuché hablar sobre la poción Multijugos. Como los gemelos me enseñan muchas bromas aproveché para preguntarles para que servía. ¿Te lo puedes creer? ¡Ellos lo saben! Y yo que muchas veces doy por hecho que son un par de tarados…El caso es que no me lo podía creer, ¿una poción para suplantar a otro? Temía que la usaríais para colaros en la habitación de Draco y colocarle una trampa. Solo…solo me quedaba saber cómo fue la cosa y… -
- Pues no fue para eso precisamente. - dijo Harry, y luego con una sonrisita añadió: - Sin embargo, es una excelente sugerencia. Quizás debería hablar con Fred y George…-
- ¡No! - gimoteó Chloe. - ¿Sabes cuánto tiempo llevo esperado que Draco cambie para bien? ¡Casi toda mi vida! No lo estropees Harry…-
- ¿Qué le dijiste para que se comportara así? - preguntó Harry. - Habló con mucha…sinceridad. No es propio de él…-
- Simplemente le eché en cara todas las tonterías que ha hecho. - explicó Chloe. - Al principio se puso arrogante, pero con el pasar de los días empezaba a darse cuenta. ¿Tanto le ha costado? Quizás solo le hacía falta estar el tiempo suficiente en Hogwarts para que abriera los ojos. -
- El mencionó a Ginny. - susurró Harry. - ¿Qué interés tiene en ella? -
- No estoy segura. - repuso Chloe. - Solo le comenté que últimamente no se encuentra bien, y es verdad. Está muy extraña Harry, constantemente está como…ansiosa por algo. Y cada noche me da la sensación que escribe en un libro, o diario, o lo que sea que esconda tras las cortinas. Bueno, es lo que llevo sospechando desde hace un tiempo…El caso es que está en ese plan hasta muy tarde. -
Harry se quedó un momento reflexionando, pensando en el comportamiento de Ginny. ¿Había alguna preocupación en ella, a parte de los acontecimientos relacionados con el heredero de Slytherin y sus ataques?
- Por ahora seguiré investigando con Ron y Hermione. - dijo finalmente. - Mientras tanto, estaría bien si continúas cuidando a Ginny. -
- Vale. - dijo Chloe, y luego se encogió. - Y siento haberos espiado. No quiero que pienses mal de mí, es solo que…-
- En el fondo siempre te ha importado tu hermano. - sonrió Harry. - Es normal. Lo supe cuando me preguntaste por él después de la paliza que nos dimos. - dirigiéndose a la habitación de los chicos añadió: - Anda, ve a dormir. Espero que vuelvas a verme en los terrenos para seguir practicando magia. -
- ¡Genial! - sonrió ella.
