Capítulo 35 - Siguiendo a las arañas
El verano estaba a punto de llegar a los campos que rodeaban el castillo. El cielo y el lago se volvieron del mismo azul claro y en los invernaderos brotaron flores como repollos. Pero sin poder ver a Hagrid desde las ventanas del castillo, cruzando el campo a grandes zancadas con Fang detrás, a Harry aquel paisaje no le gustaba.
Lo mismo podía decir del interior del castillo, donde las cosas iban de mal en peor. Sin Dumbledore de director, el miedo se había extendido más aún, y el sol que calentaba los muros del castillo parecía detenerse en las ventanas con parteluz. Apenas se veía en el colegio un rostro que no expresara tensión y preocupación, y si sonaba alguna risa en los corredores, parecía estridente y antinatural, y enseguida era reprimida.
Harry se repetía constantemente las últimas palabras de Dumbledore: "Sólo abandonaré de verdad el colegio cuando no me quede nadie fiel. Y Hogwarts siempre ayudará al que lo pida".
- Me pregunto, ¿con qué finalidad habrá dicho aquellas palabras? - pensó el joven mago, mientras se rascaba la nuca. - ¿A quién podemos pedir ayuda cuando todo el mundo está tan confundido y asustado? Honestamente, me da la sensación de que la ayuda somos Hermione, Ron y yo…-
McGonagall se ocupó de la dirección de la escuela de forma interina. Harry pensó que podría ser una magnifica directora si quisiera. De hecho, una tarde cuando estaban ambos consultando libros en la biblioteca se atrevió a lanzarle el cumplido, deseando que se animara a ser la sucesora de Dumbledore. Sin embargo, ella insistió que su cargo era algo temporal, y esperaba con ansias a que el consejo escolar recapacitara y trajera de vuelta a Dumbledore. Harry simplemente la admiró mas por su lealtad hacia el viejo director.
La indicación de Hagrid sobre las arañas era bastante más fácil de comprender. El problema era que no parecía haber quedado en el castillo ni una sola araña a la que seguir. Harry, Ron y Hermione las buscaban por todas partes, pero no había rastro de ellas. Además, se añadía la dificultad de que no les dejaban ir solos a ningún lado. Por tanto, tenían que desplazarse siempre en grupo con los alumnos de Gryffindor. La mayoría de los estudiantes parecían agradecer que los profesores los acompañaran siempre de clase en clase, pero a Harry le resultaba muy fastidioso.
- ¡Venga ya! - se quejaba desde su mente. - ¡No necesito que me protejan! ¡Yo mismo puedo patearle el culo a un maldito monstruo si quiero! -
Había un grupo de alumnos, sin embargo, que parecía disfrutar plenamente de aquella atmósfera de terror y recelo. Por un momento, Harry pensó que tal vez se trataría de Draco Malfoy, quien por cosas de la noche a la mañana había recuperado su estupidez (una parte de Harry deseaba que así fuera, pues la rivalidad entre ambos no era la mismo y se aburría). No fue el caso, porque Malfoy estaba concentrado en sus estudios y se limitaba a hablar poco durante aquellos días.
El grupo de idiotas que gozaba de la situación en el castillo eran Crabbe y Goyle, quienes acompañaban a Pansy Parkinson, a quien encontraron tan interesante como lo fue en su día el viejo Draco Malfoy. Ella, con su nariz chata y rostro excesivamente arrogante, se pavoneaba por el colegio como si acabaran de darle el Premio Anual. Harry no comprendió por qué esa chica se sentía tan a gusto hasta que, unos quince días después de que se hubieran ido Dumbledore y Hagrid, estando sentado detrás de él en clase de Pociones, la oyó regodearse de la situación ante Crabbe y Goyle:
- Siempre pensé que acabarían echando a Dumbledore. - dijo, sin preocuparse de hablar en voz baja. - Quizá ahora tengamos un director decente, alguien que no quiera que se cierre la Cámara de los Secretos. McGonagall no durará mucho, sólo está de forma provisional...-
Snape pasó al lado de Harry sin hacer ningún comentario sobre el asiento y el caldero solitarios de Hermione (no conseguía centrarse completamente en la poción que estaban preparando porque miraba muy enfadada a Parkinson).
- Me sorprende que los sangre sucia no hayan hecho ya todos el equipaje. - prosiguió Parkinson, sonriendo con malicia y hablando por lo bajo, solo para que Crabbe y Goyle la oyeran. - Os apuesto cuatro pasteles de calabaza a que el próximo muere. Quién sabe, quizás con suerte la siguiente sea Granger…-
La campana sonó en aquel momento, y fue una suerte, porque al oír las últimas palabras, Harry había saltado de su asiento, dando un fuerte golpe sobre la mesa con la mano y mirando con ira a Parkinson, aunque con el barullo de recoger libros y bolsas, su acción pasó inadvertida. La mirada furiosa de Hermione no había cambiado en toda la ultima hora de clase. Al parecer, ella estaba acostumbrada a recibir comentarios venenosos por parte de Parkinson.
- ¡Daos prisa, he de llevaros a Herbología! - les gritó Snape, y salieron en doble hilera, con Harry, Ron y Hermione en la cola. El primero conteniendo las ganas de hacer alguna locura. Solo se tranquilizó cuando Snape se quedó en la puerta del castillo y ellos continuaron por la huerta hacia los invernaderos.
El comentario de Parkinson solo le hizo recordar a Harry porque estaba muy preocupado esos días. Al ser hija de muggles, Hermione podía ser la próxima víctima, por eso, apenas se alejaba de ella. Incluso habían dejado de practicar magia con Chloe en los terrenos, limitándose únicamente a estudiar y hacer deberes.
La clase de Herbología resultó triste, porque faltaba Justin.
La profesora Sprout los puso a todos a podar las higueras de Abisinia, que daban higos secos. Harry fue a tirar un brazado de tallos secos al montón del abono y se encontró de frente con Ernie Macmillan.
Ernie respiró hondo antes de hablar formalmente: - Sólo quiero que sepas, Harry, que lamento haber sospechado de ti. Después de ver como proteges a Granger, me cuesta mucho pensar que tú seas el heredero de Slytherin. Lo siento…-
- Mejor tarde que nunca, acepto tus disculpas. - dijo Harry con bastante calma. - Ojalá esta experiencia te ayude a evaluar mejor a las personas…-
- Eh, si, lo tendré en mente, de verdad. - farfulló Ernie, asintiendo.
Harry asintió, antes de regresar con Hermione y Ron.
- Parece que ahora la gente no sospecha tanto de ti, ¿eh Harry? - dijo Ron.
- Si, - respondió Harry, sin darle importancia. - aunque se han empezado a percatar un poco tarde, creo yo…-
- Tienes que entenderlos, Harry. - le dijo Hermione, cogiéndolo de la mano. - Ellos hicieron sus suposiciones sin tener sobre la mesa pruebas contundentes. -
- Lo sé, - dijo el azabache con una sonrisa. - afortunadamente, siempre puedo contar con vosotros…-
Un instante después, Harry vio algo. Con la mirada, indicó a sus dos mejores amigos que observaban al suelo. Allí, a un metro de distancia, varias arañas grandes correteaban por la tierra.
- Pero si son…- observó Hermione, pero Harry le pidió que no dijera nada, ya que estaba llamando la atención de los demás.
Harry contempló a las arañas que se alejaban. - Parece que se dirigen hacia el bosque prohibido...- susurró. Hermione se estremeció y Ron se puso pálido.
Al acabar la clase, el profesor Snape acompañó a los alumnos al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras. Harry, Ron y Hermione se rezagaron un poco para hablar sin que los oyeran.
- Este es el plan. - empezó Harry. - Utilizaremos una vez más la capa de invisibilidad para ir a la cabaña de Hagrid. La dejaremos allí y nos llevaremos a Fang para que haga de guía por el bosque…-
- De acuerdo…- dijo Ron, que movía su varita mágica nerviosamente entre los dedos. - pero... ¿no hay...no hay hombres lobo en el bosque? - añadió, mientras ocupaban sus puestos habituales al final del aula de Lockhart.
Hermione trató de tranquilizarlo. - No te preocupes Ron. - dijo. - También contamos con criaturas buenas, como los centauros y los unicornios. -
Ron no había estado nunca en el bosque prohibido. Harry y Hermione se habían adentrado en él a mitades del curso pasado y, al menos Hermione, deseaba no tener que volver a ir. En cambio, la idea de hallar un nuevo desafío en aquel bosque lleno de criaturas bellas y espeluznantes le encantaba a Harry.
Lockhart entró en el aula dando un salto, y la clase se lo quedó mirando. Todos los demás profesores del colegio parecían más serios de lo habitual, pero Lockhart estaba tan alegre como siempre.
- ¡Venga ya! - exclamó, sonriéndoles a todos. - ¿Por qué ponéis esas caras tan largas? -
Los alumnos intercambiaron miradas de exasperación, pero no contestó nadie.
- ¿Es que no comprendéis que el peligro ya ha pasado? - les dijo Lockhart, hablándoles muy despacio, como si fueran tontos. - Se han llevado al culpable. -
- ¿A quién dice? - preguntó Dean Thomas en voz alta.
- Mi querido muchacho, el ministro de Magia no se habría llevado a Hagrid si no hubiera estado completamente seguro de que era el culpable - dijo Lockhart, en el tono que emplearía cualquiera para explicar que uno y uno son dos.
- ¡Ya lo creo que se lo llevaría! - dijo Ron, alzando la voz más que Dean.
- Me atrevería a suponer que sé más sobre el arresto de Hagrid que usted, señor Weasley. - dijo Lockhart, empleando un tono de satisfacción.
Ron comenzó a decir que él no era de la misma opinión, pero se paró en mitad de la frase cuando Hermione le arreó una patada por debajo del pupitre.
- Nosotros no estábamos allí ni sabemos nada, ¿recuerdas? - masculló ella en voz baja y fulminando a Ron con la mirada.
Pero la desagradable alegría de Lockhart, las sospechas que siempre había tenido de que Hagrid no era bueno y su confianza en que todo el asunto ya había tocado a su fin, irritaron tanto a Harry que sintió deseos de tirarle "Una vuelta con los espíritus malignos" a su cara de idiota, y de echo iba a hacerlo.
- ¡Alguien tiene que hacerlo! - se decía a si mismo mentalmente - ¡Tengo que hacerlo! ¡Tengo que dejarle la cara nueva! ¡Si! - También se escuchaban risas macabras en su cabeza, como si los diablos le incitaran a cometer un acto de locura.
No obstante, con Hermione tan cerca de él no había más remedio que aparcar esos oscuros deseos para otra ocasión.
Aquellos días, la sala común de Gryffindor estaba siempre abarrotada, porque a partir de las seis, los de Gryffindor no tenían otro lugar adonde ir. También tenían mucho de qué hablar, así que la sala no se vaciaba hasta pasada la medianoche.
Después de cenar, el azabache sacó del baúl su capa para hacerse invisible y pasó la noche sentado encima de ella, esperando que la sala se despejara. Fred y George retaron a Harry y Ron a jugar al snap explosivo, Chloe y Ginny se sentaron a contemplarlos. La pequeña Weasley muy retraída.
Mientras que Hermione repasaba una vez más "La adivinación antigua al alcance de todos", Harry y Ron perdieron a propósito, intentando acabar pronto, pero incluso así, era bien pasada la medianoche cuando Fred, George, Ginny y Chloe se marcharon por fin a la cama.
Los tres esperaron a oír cerrarse las puertas de los dos dormitorios antes de coger la capa, echársela encima y salir por el agujero del retrato.
El recorrido por el castillo también fue difícil, porque tenían que ir esquivando a los profesores. Al fin llegaron al vestíbulo, descorrieron el pasador de la puerta principal y se colaron por ella, intentando evitar que hiciera ruido, y salieron a los campos iluminados por la luz de la luna.
- Naturalmente…- dijo Ron de pronto, mientras cruzaban a grandes zancadas el negro césped. - Cuando lleguemos al bosque podría ser que no tuviéramos nada que seguir. A lo mejor las arañas no iban en aquella dirección. Parecía que sí, pero...- Su voz se fue apagando.
A Hermione le daban ganas de reírse, pero hacía un esfuerzo por no hacerlo. Harry pensó que al final ella llegó a comprender que el miedo de Ron hacia las arañas no era cosa de broma.
Llegaron a la cabaña de Hagrid, que parecía muy triste con sus ventanas tapadas. Cuando Harry abrió la puerta, Fang enloqueció de alegría al verlos. Temiendo que despertara a todo el castillo con sus potentes ladridos, se apresuraron a darle de comer caramelos de café con leche que había en una lata sobre la chimenea, de tal manera que consiguieron pegarle los dientes de arriba a los de abajo.
Harry dejó la capa sobre la mesa de Hagrid, pues no la necesitarían en el bosque completamente oscuro.
- Vamos Fang, daremos un paseo por el bosque…- le dijo Harry, dándole unas palmaditas en la pata, y Fang salió de la cabaña detrás de ellos. Muy contento, fue corriendo hasta el bosque y levantó la pata al pie de un gran árbol. - Bien, aquí vamos, ¡Lumos! - murmuró, para iluminar su varita. Ron y Hermione hicieron lo mismo, antes de seguir a los dos.
Harry les señaló en la hierba como dos arañas solitarias huían de la luz de la varita para protegerse en la sombra de los árboles.
- Vamos Ron, puedes hacerlo. - animó Hermione a Ron.
- Vale…- suspiró este, como resignándose a lo peor. - Pu-puedo hacerlo…si…su-supongo que puedo…no es…no es para ta-tanto…- tartamudeaba, con un ligero temblor en las piernas.
De esta forma penetraron en el bosque, con Fang correteando a su lado, olfateando las hojas y las raíces de los árboles. A la luz de sus varitas mágicas, siguieron la hilera ininterrumpida de arañas que circulaban por el camino.
Caminaron unos veinte minutos, sin hablar, con el oído atento a otros ruidos que no fueran los de ramas al romperse o el susurro de las hojas. Más adelante, cuando el bosque se volvía cada vez más espeso. Las estrellas del cielo ya no se veían y toda luz visible provenía de las varitas de Harry, Ron y Hermione. Vieron que las arañas se salían del camino.
Harry se detuvo y miró hacia donde se dirigían las arañas, pero, fuera del pequeño círculo de luz de la varita, todo era oscuridad impenetrable. Nunca se había internado tanto en el bosque. Podía recordar vívidamente que Hagrid, una vez que había entrado con él, le advirtió que no se saliera del camino. Pero para su mala suerte, Hagrid se hallaba a kilómetros de distancia, probablemente en una celda en Azkaban, y les había indicado que siguieran a las arañas.
- ¿Estáis bien? - les preguntó Harry a sus amigos.
- S-sí, no te preocupes. - farfulló Hermione. - ¿Y tú Ron? ¿Cómo lo llevas? -
- Bueno, hemos llegados hasta aquí, así que…- dijo Ron, cada vez más pálido, pero decidido.
- Muy bien, pues sigamos. - dijo Harry. Él se sentía más tranquilo que sus amigos, pues ya estaba acostumbrado a estar rodeado de arañas.
Siguieron a las arañas que se internaban en la espesura, no podían avanzar muy rápido, porque había tocones y raíces de árboles en su ruta. Caminaron durante una media hora por lo menos. A veces, las túnicas se les enganchaban en las ramas bajas y en las zarzas. Al cabo de un rato notaron que el terreno descendía, aunque el bosque seguía igual de espeso.
De repente, Fang dejó escapar un ladrido potente, resonante, dándoles un susto tremendo a Ron y Hermione.
- ¿Que pasa chico? - le preguntó Harry a Fang.
- ¿¡Qué sucede!? - preguntó Ron en voz alta, mirando en la oscuridad y temblando de miedo.
- Chicos…a-algo s-se mueve por ahí…- señaló Hermione, con voz entrecortada. Estaba tan asustada que se aferró al brazo de Harry. - Parece enorme…-
Escucharon, a cierta distancia, a su derecha. Parecía que algo se acercaba a ellos, pisando fuerte la tierra.
- ¡Oh no! - exclamó Ron, tan pálido como Malfoy. - ¡No, no, no no…! -
- ¡Silencio! - dijo Harry, mientras miraba a su alrededor. - Si sigues tartamudeando te oirá. -
- ¿¡Oírme!? - dijo Ron en un tono elevado y poco natural. - Yo sí lo he oído. ¡Fang! -
La oscuridad era tal, que parecía presionarles los ojos mientras aguardaban aterrorizados, a excepción de Harry, que se sentía extrañamente emocionado.
- Hm…¿qué creéis que estará haciendo? - preguntó Harry, sorprendiendo a sus amigos por su excesiva confianza.
- Yo…creo que va a tratar de atacarnos…- dijo Hermione, desesperada. - sea lo que sea…-
Se oyó un fuerte chasquido, y de repente sintió que algo largo y peludo lo agarraba por la cintura y lo levantaba en el aire. Mientras forcejeaba, oyó más chasquidos, y vio que las piernas de Ron se despegaban del suelo. Hermione chillaba aterrorizaba y Fang aullaba...Las luces de sus varitas se apagaron. Harry sintió que lo arrastraban por entre los negros árboles.
Levantando como pudo la cabeza, Harry vio que la bestia que lo sujetaba caminaba sobre seis patas inmensamente largas, peludas, y que encima de las dos delanteras que lo aferraban, tenía unas pinzas también negras. Tras él podía oír a otros animales similares, que parecían haber capturado a Ron y Hermione.
Se encaminaban hacia el corazón del bosque, Harry pudo ver a Fang que forcejeaba intentando liberarse de otro monstruo, aullando con fuerza.
- Hm…esto no tiene buena pinta…- pensó Harry, con los brazos cruzados, mientras la criatura seguía arrastrándolo, y él, seguía como si nada.
Hacía un tiempo que perdió el miedo a las criaturas espeluznantes. Después de estar a punto de ser asesinado por Voldemort hasta en dos ocasiones, no tenía la necesidad de asustarse por unos insectos. Además, era evidente que allá donde lo llevara el monstruo sería el mismo lugar donde acabarían Ron, Hermione y Fang. Por tanto, solo le quedaba tener paciencia.
Nunca supo cuánto tiempo pasó en las garras del animal, sólo que de repente hubo la suficiente claridad para ver que el suelo, antes cubierto de hojas, estaba infestado de arañas. Estaban en el borde de una vasta hondonada en la que los árboles habían sido talados y las estrellas brillaban iluminando el paisaje más terrorífico que se pueda imaginar.
No eran arañas diminutas como aquellas a las que habían seguido por el camino de hojarasca, sino arañas del tamaño de caballos, con ocho ojos y ocho patas negras, peludas y gigantescas.
- ¡S-son acromántulas! - chilló Hermione, temblando de miedo.
El ejemplar que transportaba a Harry se abría camino, bajando por la brusca pendiente, hacia una telaraña nebulosa en forma de cúpula que había en el centro de la hondonada, mientras sus compañeras se acercaban por todas partes chasqueando sus pinzas, emocionadas a la vista de su presa. La araña soltó a Harry, y éste, tras caer al suelo, se levantó y se limpió un poco la tierra y el polvo, como si nada.
A su lado, con un ruido sordo, cayeron Hermione, Ron y Fang. El perro ya no aullaba, se quedó encogido y en silencio en el mismo punto en que había caído. Ron parecía petrificado, su boca se había alargado en una especie de grito mudo y los ojos se le salían de las órbitas. Hermione tenía la cara pálida, los ojos agrandados y la boca abierta, ya no le parecía que la fobia de Ron hacia las arañas fuera cosa de risa.
Harry se acercó a ellos y trató de ayudar a sus amigos a ponerse en pie, pero estos eran incapaces de moverse.
De pronto, Harry se dio cuenta de que la araña que lo había dejado caer estaba hablando. No era fácil darse cuenta de ello, porque chascaba sus pinzas a cada palabra que decía.
- ¡Aragog! - llamaba. - ¡Aragog! -
Y del medio de la gran tela de araña salió, muy despacio, una araña del tamaño de un elefante pequeño. El negro de su cuerpo y sus piernas estaba manchado de gris, y los ocho ojos que tenía en su cabeza horrenda y llena de pinzas eran de un blanco lechoso, era ciega.
- ¿Qué hay? - dijo, chascando muy deprisa sus pinzas.
- Humanos. - dijo la araña que había llevado a Harry.
- ¿Es Hagrid? - Aragog se acercó, moviendo vagamente sus múltiples ojos lechosos.
- Desconocidos…- respondió la araña que había llevado a Ron.
- Matadlos…- ordenó Aragog con fastidio. - Estaba durmiendo...-
Harry lo miró ofendido. - ¡Eh! ¡Un momento! - se quejó, mientras que Hermione y Ron se aferraban rápidamente a él. - ¿Vas a matarnos? ¡Pues deberías saber que somos amigos de Hagrid! -
- Clic, clic, clic…- hicieron las pinzas de todas las arañas en la hondonada.
Aragog se detuvo. - Hagrid nunca ha enviado humanos a nuestra hondonada…- dijo despacio.
- Hagrid está metido en un problema muy grave…- respondió Harry, poniéndose serio. - Por eso, hemos acudido nosotros…-
- ¿En un grave problema? - dijo la vieja araña, en un tono que a Harry se le antojó de preocupación. - Pero ¿por qué os ha enviado? -
- Al parecer, la Cámara de los Secretos ha sido abierta de nuevo. - explicó Harry. - El Ministerio supuso que fue Hagrid, por ese motivo se lo han llevado a Azkaban…-
Aragog chascó sus pinzas enojado, y el resto de las arañas de la hondonada hicieron lo mismo.
- ¡Pero aquello fue hace años! - dijo Aragog con fastidio. - Hace un montón de años, lo recuerdo bien, por eso lo echaron del colegio. Creyeron que yo era el monstruo que vivía en lo que ellos llaman la Cámara de los Secretos. Creyeron que Hagrid había abierto la cámara y me había liberado. -
- Ah…de modo, ¿que tú no eres el monstruo de la Cámara? - preguntó Harry.
- ¿¡Yo!? - dijo Aragog, chascando de enfado. - ¡Yo no nací en el castillo! Yo vine de una tierra lejana. Un viajero me regaló a Hagrid cuando yo estaba en el huevo. Hagrid sólo era un niño, pero me cuidó, me escondió en un armario del castillo, me alimentó con sobras de la mesa. Hagrid es un gran amigo mío, y un gran hombre. Cuando me descubrieron y me culparon de la muerte de una muchacha, él me protegió. Desde entonces, he vivido siempre en el bosque, donde Hagrid aún viene a verme. Hasta me encontró una esposa, Mosag, y ya veis cómo ha crecido mi familia, gracias a la bondad de Hagrid...-
- Entonces, tú no has matado a nadie…- supuso Harry.
- Nunca. - dijo la vieja araña con voz ronca. - Mi instinto me habría empujado a ello, pero por consideración a Hagrid, nunca hice daño a un ser humano. El cuerpo de la muchacha asesinada fue descubierto en los aseos. Yo nunca vi nada del castillo salvo el armario en que crecí, a nuestra especie le gusta la oscuridad y el silencio. -
Harry se rascó la barbilla antes de hablar, con Hermione y Ron detrás de él, temblorosos.
- Bueno, entonces, ¿tú de casualidad conoces al monstruo que mató a la chica? - preguntó Harry. - Porque, sea lo que demonios sea esa cosa está atacando de nuevo…-
Los chasquidos y el ruido de muchas patas que se movían de enojo ahogaron sus palabras. Al mismo tiempo, grandes figuras negras parecían crecer a su alrededor.
- Lo que habita en el castillo es una antigua criatura a la que las arañas tememos más que a ninguna otra cosa. - dijo Aragog. - Recuerdo bien que le rogué a Hagrid que me dejara marchar cuando me di cuenta de que la bestia rondaba por el castillo. -
- Bien, ¿y qué es? - preguntó el azabache, ansiosamente.
Las pinzas chascaron más fuerte, parecía que las arañas se acercaban.
- ¡No hablamos de eso! - dijo con furia Aragog. - ¡No lo nombramos! Ni siquiera a Hagrid le dije nunca el nombre de esa horrible criatura, aunque me preguntó varias veces. -
Harry no quiso insistir, y menos con las arañas que se acercaban cada vez más por todos lados. Aragog parecía cansada de hablar, iba retrocediendo despacio hacia su tela, pero las demás arañas seguían acercándose, poco a poco, a él, Ron y Hermione.
- Está bien. - repuso Harry en tono severo. - Si no tienes nada más interesante que contarnos, nosotros nos vamos. -
- ¿Iros? - dijo Aragog despacio. - Creo que no...-
- Pe…pero…- farfulló Hermione, quien escuchó todo, pero apenas podía hablar.
- Si me hacéis caso podremos salir de aquí…- susurró Harry a sus amigos.
- Mis hijos e hijas no hacen daño a Hagrid, ésa es mi orden, pero no puedo negarles un poco de carne fresca cuando se nos pone delante voluntariamente. - dijo Aragog con malicia. - Adiós, amigos de Hagrid…-
- ¡Hmph! Ya…pues déjame decirte, que nosotros no tenemos muy buen sabor…- dijo Harry, mientras sacaba su varita. - ¡Tapaos los ojos! - les ordenó a sus amigos. Ellos lo hicieron (Ron cerró los suyos y usó las manos para taparle los ojos a Fang). Apuntando con la varita hacia la luna gritó: - ¡LUMOS SOLEM! -
Un poderoso destello de luz salió de la varita. Las arañas se revolvieron ruidosamente, como si intentaran protegerse. Harry supo desde ese instante que solo quedaba correr, y no detenerse por nada.
- ¿Y-ya podemos irnos? - preguntó Hermione, temblorosa. Harry la agarró de la mano.
- ¡Ron! - gritó él. - ¡Coge a Fang y larguémonos! ¡YA! -
No hizo falta, porque al momento que Ron le destapó los ojos, Fang salió huyendo del lugar, muy deprisa. Harry, Ron y Hermione salieron corriendo, esquivando gruesas ramas, troncos caídos, y algunas rocas que hallaron por el camino. El hechizo de Harry había dejado a las arañas aturdidas durante unos tres minutos, aproximadamente.
Al cabo de un rato, Harry empezó a oír el chasquido furioso de los hijos de Aragog. Mirando a sus espaldas, confirmó la evidencia. Las arañas iniciaron la persecución, a través de los arbustos y árboles, con los que también se iban topando. Harry creó pequeñas esferas "Lumos" y empezó a tirárselas a las arañas como si fueran granadas, provocando destellos luminosos que las detenían momentáneamente.
- ¡Hermione, cuidado! - gritó Harry.
Una acromántula se abalanzó a por Hermione. Afortunadamente, ella tenía la varita en la mano. - ¡Aranae Exumae! - gritó. Un destello de luz azulada impactó contra la acromántula, mandándola a volar.
- ¡Excelente! - exclamó el azabache, impresionado.
Pero aquella solo fue una de muchas otras acromántulas que les estaban pisando los talones. Desde los árboles, y diferentes arbustos, las arañas gigantes comenzaron a cerrarles el paso, apareciendo de sorpresa. Harry se sentía cada vez más emocionado a medida que avistaban el castillo.
- ¡Oh no! ¡Oh no! - gritaba Ron sin parar. - ¡Vienen más! - exclamó, señalando a las acromántulas que llegaban en grupos de tres. - ¡Odio hacer esto, pero no veo otra forma de salir! - sin dejar de correr, empezó a rebuscar en su túnica.
- ¿¡Que tienes pensado hacer!? - chillo Hermione, haciendo un escándalo.
Ron sacó una bolsa, y la arrojó al aire. De esta, hasta veinte Remolachas con bigotes gruñonas salieron disparadas. Estas empezaron a saltar y a gruñir contra las acromántulas, deteniéndolas momentáneamente, y obligándolas a soportar el apestoso olor de las explosiones que provocaban al acabar de gruñir.
- ¡Extraordinario Ronald! - exclamó Harry con una amplia sonrisa. - ¡Si lo vieran, Fred y George te harían un monumento! -
Ninguno de los tres sabía cuánto tiempo pasó, hasta que, por fin, salieron del bosque, muy agitados. Harry nunca había corrido tanto por un bosque, ni siquiera en su primer año. Las acromántulas restantes se volvieron a internar en el bosque. Ron y Hermione se desplomaron en el suelo, respirando con dificultad.
Harry entró en la cabaña de Hagrid a recoger la capa invisible. Fang, que llegó antes que ellos, se había acurrucado en su cesta, temblando debajo de la manta. Al salir, vio a Ron, con las manos y las rodillas en el suelo, tembloroso. Y a Hermione tapándose la cara pálida, con lágrimas en sus ojos.
- Siento mucho haberos hecho pasar por este mal trago. - se disculpó Harry, ayudando a Hermione a ponerse en pie.
- Lo sé, no te preocupes. - repuso ella, abrazando con fuerza a Harry. - Pero ahora entiendo mejor el miedo de Ron hacia las arañas…-
- Seguid a las arañas…¡Seguid a las arañas! - jadeó Ron sin fuerzas, limpiándose la boca con la manga. - ¡Nunca perdonaré a Hagrid! ¡Estamos vivos de milagro! -
- Tranquilo Ron, estoy segura de que Hagrid no esperaba que Aragog y sus hijos fueran a atacarnos. - razonó Hermione, aún agitada.
- ¡Ése es exactamente el problema de Hagrid! - estalló Ron. - Siempre se cree que los monstruos no son tan malos como parecen, y mira adónde lo ha llevado esa creencia, ¡a una maldita celda en Azkaban! -
- Bueno, por lo menos, ahora ya sabemos algo más…- dijo Hermione, tratando de recuperarse.
- ¿Ah sí? - preguntó Ron, aún alterado. - ¿Qué pretendía enviándonos allá? ¿Qué es lo que hemos averiguado? -
- Hagrid no abrió nunca la Cámara de los Secretos…- dijo Harry, echando la capa sobre Ron y Hermione. - Es inocente…-
Al aproximarse al castillo, Harry enderezó la capa para asegurarse de que no se les veían los pies, luego empujó despacio la puerta principal, para que no chirriara, sólo hasta dejarla entreabierta. Cruzaron con cuidado el vestíbulo y subieron la escalera de mármol, conteniendo la respiración al encontrarse con los centinelas que vigilaban los corredores.
Por fin llegaron a la sala común de Gryffindor, donde el fuego se había convertido en cenizas y unas pocas brasas. Al hallarse en lugar seguro, se desprendieron de la capa, dieron las buenas noches a Hermione (que para ella no iban a ser para nada buenas) y ascendieron por la escalera circular hasta el dormitorio.
Ron cayó en la cama sin preocuparse de desvestirse, estaba hecho polvo. Harry, por el contrario, no tenía mucho sueño, se sentó en el borde de la cama, pensando en todo lo que había dicho Aragog.
- Una criatura que merodea por algún lugar del castillo…¡Hmph! - pensó el azabache. - Me recuerda a Voldemort, más por el hecho de que las acromántulas no quisieran mencionar su nombre…No obstante, aún no estamos cerca de descubrir que criatura es y cómo demonios lo hace para petrificar a las personas… -
Ni siquiera Hagrid había sabido nunca qué se escondía en la cámara de los Secretos. Harry subió las piernas a la cama y se reclinó contra las almohadas, contemplando la luna que destellaba para él a través de la ventana de la torre.
No comprendía qué otra cosa podía hacer, nada de lo que habían intentado hasta el momento los había llevado a ninguna parte. Ryddle había atrapado al que no era, el heredero de Slytherin había escapado y nadie sabía si sería o no la misma persona que había vuelto a abrir la cámara. No quedaba nadie a quien preguntar, Harry se tumbó, sin dejar de pensar en lo que había dicho Aragog.
Estaba adormeciéndose cuando se le ocurrió algo que podía ser su última esperanza…
- ¡Eso es! - se le iluminó la varita, y se incorporó de repente.
Ron despertó con un aullido como los de Fang, abrió unos ojos desorbitados y miró a Harry.
- Ron, la chica que murió. - dijo Harry en voz baja. - Aragog dijo que fue hallada en unos aseos, ¿Y si no hubiera abandonado nunca los aseos? ¿Y si todavía estuviera allí? -
Bajo la luz de la luna, Ron se frotó los ojos y arrugó la frente, entonces lo comprendió. - ¿No pensarás...en Myrtle la Llorona? - Harry asintió.
Capítulo 36 - La Cámara Secreta
- ¡Eso es brillante, Harry! - dijo Hermione, muy emocionada. - ¡Brillante! -
- Con la cantidad de veces que hemos estado cerca de ella en los aseos, y no se nos ocurrió preguntarle. - dijo Ron con amargura durante el desayuno del día siguiente. - Y ahora ya ves...-
La aventura de seguir a las arañas había sido muy dura. Pero luego, burlar a los profesores para poder meterse en un lavabo de chicas (no uno cualquiera, sino el que estaba junto al lugar en que había ocurrido el primer ataque) les parecía prácticamente imposible.
En la primera clase que tuvieron, Transformaciones, sin embargo, sucedió algo que por primera vez en varias semanas les hizo olvidar la Cámara de los Secretos. A los diez minutos de empezada la clase, la profesora McGonagall les dijo que los exámenes comenzarían el 1 de junio, y sólo faltaba una semana.
- ¿Exámenes? - aulló Seamus Finnigan. - ¿Vamos a tener exámenes a pesar de todo? -
- ¿Perdona? Estamos en una escuela, ¿no? - bufó Hermione. De hecho, esa era la principal razón por la que Hogwarts seguía abierta.
- Exactamente, - dijo la profesora McGonagall con severidad. - el único propósito de mantener el colegio en funcionamiento en estas circunstancias es el de daros una educación. Los exámenes, por lo tanto, tendrán lugar como de costumbre. Confío en que estéis todos estudiando duro. -
Harry y Hermione asintieron. Se oyeron murmullos de disconformidad en toda el aula, lo que provocó que la profesora McGonagall frunciera el entrecejo aún más.
- Las instrucciones del profesor Dumbledore fueron que el colegio prosiguiera su marcha con toda la normalidad posible. - dijo la profesora McGonagall. - Y eso, no necesito explicarlo, incluye comprobar cuánto habéis aprendido este curso. -
Harry asintió, mientras contemplaba el par de conejos blancos que tenía que convertir en zapatillas. - Bien, al lío…- dijo, remangándose y blandiendo su varita.
Tres días antes del primer examen, durante el desayuno, la profesora McGonagall hizo otro anuncio a la clase.
- Tengo buenas noticias - dijo, y el Gran Comedor, en lugar de quedar en silencio, estalló en alborozo.
- ¡Vuelve Dumbledore! - dijeron varios, entusiasmados.
- ¡Han atrapado al heredero de Slytherin! - gritó una chica desde la mesa de Ravenclaw.
- ¡Vuelven los partidos de Quidditch! - rugió Wood emocionado.
- ¡Si! - gritó Harry animado.
Cuando se calmó el alboroto, la profesora McGonagall dijo: - La profesora Sprout me ha informado de que las mandrágoras ya están listas para ser cortadas. Esta noche podremos revivir a las personas petrificadas. Creo que no hace falta recordaros que alguno de ellos quizá pueda decirnos quién, o qué, los atacó. Tengo la esperanza de que este horroroso curso acabe con la captura del culpable. -
Hubo una explosión de alegría. Harry miró a la mesa de Slytherin, no parecían muy contentos, aunque a Malfoy, se le podía distinguir una sonrisa ligera.
- ¡Siendo así, podríamos interrogar a alguno de los petrificados! - dijo Hermione, muy feliz. - Como a Colin, a Justin, a Penélope…-
- O a Nick. - añadió Harry.
En aquel mismo instante, Chloe y Ginny se acercaron, y se sentaron junto a Ron. La hermana de este parecía tensa y nerviosa. Harry vio que se retorcía las manos en el regazo.
- ¿Qué pasa? - preguntó Ron, sirviéndose más gachas de avena.
Ginny no dijo nada, pero miró la mesa de Gryffindor de un lado a otro con una expresión asustada que a Harry le recordaba a alguien, aunque no sabía a quién.
- Suéltalo ya. - insistió Ron, mirándola.
- Hm…me recuerda a Dobby cuando no quería decir algo que, según él, estaba prohibido…- pensó Harry, recordando lo que era.
- Te-tengo algo que deciros…- masculló Ginny.
- ¿Qué es? - preguntó Harry.
Parecía como si Ginny no pudiera encontrar las palabras adecuadas.
- Vamos Ginny, puedes hacerlo...- le instó Chloe, mirando a Ginny con preocupación y sujetándola de los hombros. - Os aseguro que yo tampoco sé que es lo que tiene. - les dijo a Harry, Ron y Hermione. - Llevo preguntándoselo desde esta mañana…-
Ginny abrió la boca, pero no salió de ella ningún sonido. Hermione se inclinó hacia delante y habló en voz baja, para que sólo le pudieran oír Harry, Ron y Chloe.
- Ginny, ¿Tiene que ver con la Cámara de los Secretos? - preguntó Hermione con rapidez. - ¿Has visto algo o a alguien haciendo cosas sospechosas? -
Ginny cogió aire, y en aquel preciso momento apareció Percy Weasley, pálido y fatigado.
- Si has acabado de comer, me sentaré en tu sitio, Ginny. - dijo. - Estoy muerto de hambre, acabo de terminar la ronda. -
Ginny saltó de la silla como si le hubiera dado la corriente. Echó a Percy una mirada breve y aterrorizada, y salió corriendo, perseguida por Chloe, quien le fulminó con la mirada antes de salir corriendo tras ella.
Percy se sentó y cogió una jarra del centro de la mesa. Harry, Ron y Hermione lo miraron de mala manera.
- ¡Percy! - dijo Ron enfadado. - ¡Estaba a punto de contarnos algo importante! -
Percy se atragantó en medio de un sorbo de té. - ¿Qué era eso tan importante? - preguntó, tosiendo.
- Yo le acababa de preguntar si había visto algo raro, y ella se disponía a decir...- empezó Hermione en tono de protesta.
- ¡Ah, eso! No tiene nada que ver con la Cámara de los Secretos…- dijo Percy rápidamente.
Harry y sus dos amigos se miraron, parpadeando los ojos.
- ¿Cómo lo sabes? - preguntó Ron, arqueando las cejas.
- Bueno, si es imprescindible que te lo diga...- dijo Percy, con las mejillas rojas. - Ginny y Chloe, esto...me encontraron el otro día cuando yo estaba...Bueno, no importa, el caso es que...ellas me vieron hacer algo y yo…hm…les pedí que no se lo dijeran a nadie. Yo creía que mantendrían su palabra. No es nada, de verdad, pero preferiría...-
Harry y Hermione fruncieron el entrecejo, mientras que Ron sonreía divertido.
- ¿Qué hacías, Percy? - preguntó, sonriendo. - Vamos, dínoslo, no nos reiremos. -
Percy no devolvió la sonrisa. - Pásame esos bollos, Harry. Me muero de hambre. -
- ¡Hmph! Como quieras…- dijo el azabache, comprendiendo a medias lo que rondaba por la cabeza del prefecto.
Harry sabía que todo el misterio podría resolverse al día siguiente sin la ayuda de Myrtle, pero, si se presentaba, no dejaría escapar la oportunidad de hablar con ella.
Un poco más tarde, mientras Harry, que se había escaqueado de la fila de Lockhart para intentar hallar más pistas, estaba pasando por el pasillo que conducía a la biblioteca. El azabache trató de pensar en todas las pistas reunidas los gallos muertos; la inocencia de Hagrid; una chica que podría ser Myrtle murió en el baño; la criatura petrifica personas y asusta a las arañas…Pero aún quedaba una pista, una la cual no había pensado desde hacía buen tiempo.
La voz, la misteriosa voz tras las paredes, ¿que tenía que ver? Entonces, Harry recordó que él podía hablar Pársel, y que el único que entendía a las serpientes era él, mientras que los demás solo le escuchaban incitando o susurrando cosas con la lengua.
- Un momento…no será…- Entonces a Harry se le iluminó la varita. Tenía una posible idea de que podía ser. No por nada, había acompañado a Hermione a la biblioteca en numerosas ocasiones desde su llegada a Hogwarts.
Como gran habilidad, fue esquivando profesores y prefectos, hasta llegar a la biblioteca. Justo cuando estaba por dar la vuelta y atravesar la puerta, chocó de lleno con una chica de cabellos castaños.
- Pero que…- balbuceó Harry, doliéndose del golpe. - ¡Hermione! -
- ¡Harry! - era Hermione, frotándose la frente. - ¿¡Que haces aquí!? -
- Podría preguntarte lo mismo, ¿no? - preguntó Harry divertido, mientras ayudaba a Hermione a ponerse en pie.
- Ya lo sé...¡Oh! es verdad. - dijo Hermione, emocionándose. - Justo os iba a buscar a ti y a Ron. -
- ¿Para qué? -
- Recordé que tú puedes hablar Pársel…-
- ¿Y? -
- Pues que, en el pasado Halloween, tu escuchaste una misteriosa y siniestra voz, una la cual nadie a excepción de ti podía escuchar. -
- No me digas que…-
- Así es. - repuso Hermione. - He estado investigando en "Animales Fantásticos y donde encontrarlos", y he conseguido el capítulo que tanto buscaba. - le mostró a Harry una página que arrancó del libro mencionado. - ¡Aquí esta! ¡Este es el monstruo de la Cámara! -
" De las muchas bestias pavorosas y monstruos terribles que vagan por nuestra tierra, no hay ninguna más sorprendente ni más letal que el basilisco, conocido como el rey de las serpientes. Esta serpiente, que puede alcanzar un tamaño gigantesco y cuya vida dura varios siglos, nace de un huevo de gallina empollado por un sapo. Sus métodos de matar son de lo más extraordinario, pues además de sus colmillos mortalmente venenosos, el basilisco mata con la mirada, y todos cuantos fijaren su vista en el brillo de sus ojos han de sufrir instantánea muerte. Las arañas huyen del basilisco, pues es éste su mortal enemigo, y el basilisco huye sólo del canto del gallo, que para él es mortal."
- Ahora lo entiendo, el monstruo de la cámara es un basilisco, por eso solamente yo escuchó su voz, ya que es una serpiente…- dijo el azabache con los ojos bien abiertos. Sin embargo, en apenas unos segundos frunció el entrecejo. - Espera…aunque este pueda ser el monstruo, no veo como narices sigue por aquí. -
- ¿A qué te refieres? - preguntó Hermione.
- Los basiliscos tienen un promedio de vida de al menos 900 años. - dijo Harry. - Si el monstruo es un basilisco, debe tener más de mil años, ¿no crees? -
- ¡Ah! ¡Es cierto! - saltó Hermione, poniéndose a pensar. - Pero…si lo piensas bien, estamos hablando del monstruo de Salazar Slytherin. No se menciona mucho, pero todos sabemos que él conocía y practicaba magia oscura en su época. Tal vez encontró la manera de prolongar la vida de su Basilisco. -
- Hm…tal vez. - admitió Harry. - ¿Y qué hay de la alimentación? -
- También habrá encontrado un modo de alimentar a su monstruo, ¿no crees? -
- Si, es verdad. - se rio Harry. - Ese Slytherin…en fin. Has encontrado la respuesta antes que yo, Hermione. -
Hermione se ruborizó. - Oh vamos, no es para tanto. - repuso ella. - Solo se trata de juntar un par de pistas y el resto es cuestión de lógica…-
- Vamos, tenemos que encontrar a Ronald. - dijo Harry.
Ella asintió y juntos salieron corriendo del lugar. Cuando fueron por las escaleras para comunicarle el descubrimiento a Ron, se toparon con él, quien baja saltando los escalones de dos en dos.
- ¡Ronald! - exclamó Harry.
- ¿Qué haces aquí? - preguntó Hermione.
- He conseguido escaquearme para ir a buscar a Myrtle y preguntarle sobre la Cámara. - dijo Ron con orgullo. - ¿Y vosotros de dónde venís? -
- De la biblioteca. - dijo el azabache emocionado. - Cuando llegue, Hermione ya estaba allí. ¡Ah descubierto cual es la criatura de la Cámara! -
- ¿¡En serio!? - exclamó Ron, emocionado. - ¿Por qué siempre lo sabes todo? – preguntó divertido.
Hermione sonrío y le mostró la página del libro que arrancó, y entonces Ron lo pudo entender.
- El basilisco mata a la gente con la mirada, pero no ha muerto nadie…- dijo Ron frunciendo el entrecejo.
- Eso…es porque ninguno de ellos lo miró directo a los ojos. - explicó Harry. - Colin lo vio a través de su cámara de fotos. El basilisco quemó el carrete que había dentro, pero a Colin sólo lo petrificó. Justin debe de haberlo visto a través de Sir Nicholas. Él lo vería perfectamente, pero no podía morir otra vez...Y a Penelope la hallaron con un espejo al lado. Seguro que lo estaba usando para maquillarse, y cuando vio al basilisco con el espejo, quedó petrificada. -
- Exactamente Harry. - corroboró Hermione.
Ron se había quedado con la boca abierta. - ¿Y la Señora Norris? - susurró con interés.
- La noche de Halloween, cuando la hallamos, el pasillo estaba inundado con el agua que venía de los aseos de Myrtle la Llorona. - dijo Harry. - Seguro que la gata sólo vio el reflejo...-
- El canto del gallo para él es mortal, por eso mató a los gallos de Hagrid. - dijo Hermione. - El heredero de Slytherin no quería que hubiera ninguno cuando se abriera la Cámara de los Secretos. Las arañas huyen de él. ¿Os dais cuenta? ¡Todo encaja! - añadió satisfecha tras juntar todas las pistas.
- Pero ¿cómo se mueve el basilisco por el castillo? – preguntó Ron. - Una serpiente asquerosa...alguien tendría que verla...-
- Piensa Ronald, Myrtle murió en el baño, cada vez que había un ataque todo estaba lleno de agua…, y Harry era el único capaz de oír la voz del basilisco a través de las paredes…- dijo Hermione, tratando de iluminar a Ron.
Entonces, a Ron se le encendió la varita. - ¡Claro! ¡Usa las cañerías! - dijo.
- Efectivamente…- respondió ella sonriente.
- Entonces, tal vez la entrada a la Cámara de los Secretos esté en…-
- El baño de Myrtle la llorona…- dijo Harry con una sonrisa. - Todas las pistas nos llevan allí…-
- ¡Vamos! - sugirió Ron. - Por una vez habría que decírselo a los profesores. -
Harry y Hermione estuvieron de acuerdo y los tres se pusieron en marcha. Bajaron las escaleras corriendo. Como no querían que los volvieran a encontrar merodeando por otro pasillo, fueron directamente a la sala de profesores, que estaba desierta.
Era una sala amplia con una gran mesa y muchas sillas alrededor. Harry, Hermione y Ron caminaron por ella, pero la campana que señalaba el comienzo del recreo no sonó. En su lugar se oyó la voz de la profesora McGonagall, amplificada por medios mágicos.
- ¡Todos los alumnos volverán inmediatamente a los dormitorios de sus respectivas casas! ¡Los profesores deben dirigirse a la sala de profesores! ¡Les ruego que se den prisa! -
Harry se dio la vuelta hacia sus amigos. - ¿Habrá habido otro ataque? - se preguntaba, aturdido. - Porque ahora…-
- ¿Qué hacemos? - dijo Ron, aterrorizado. - ¿Regresamos al dormitorio? -
- ¡Esperen! - dijo Hermione mirando a su alrededor. Había una especie de ropero a su izquierda, lleno de capas de profesores. - Si nos escondemos aquí, podremos enterarnos de qué ha pasado. -
- Buena idea. - dijo Harry rápidamente.
Se ocultaron dentro del ropero. Oían el ruido de cientos de personas que pasaban por el corredor. La puerta de la sala de profesores se abrió de golpe. Por entre los pliegues de las capas, que olían a humedad, vieron a los profesores que iban entrando en la sala. Algunos parecían desconcertados, otros claramente preocupados. Al final llegó la profesora McGonagall.
- ¡Esto es terrible! ¡Ha sucedido! - dijo a la sala, que la escuchaba en silencio. - Una alumna ha sido raptada por el monstruo, y llevada a la cámara…-
El profesor Flitwick dejó escapar un grito. La profesora Sprout se tapó la boca con las manos. Snape se cogió con fuerza al respaldo de una silla y preguntó con preocupación: - ¿Estas segura, Minerva? -
- Si, ha sido el heredero de Slytherin. - dijo la profesora McGonagall, que estaba pálida. - Ha dejado un nuevo mensaje, debajo del primero: "Sus huesos reposarán en la cámara por siempre." -
Al oír eso, Harry quedó más aturdido, Hermione dejó escapar un grito amortiguado con sus manos y Ron se puso pálido. El profesor Flitwick derramó unas cuantas lágrimas.
- ¿Quién ha sido? - preguntó la señora Hooch, que se había sentado en una silla porque las rodillas no la sostenían. - ¿Qué alumna? -
La profesora McGonagall derramó unas lágrimas antes de responder. - Ginny Weasley…- Y se derrumbó.
Ron negó una y otra vez con la cabeza mientras se tapaba la cara. Hermione se llevó las manos a la boca, dejando escapar unas lágrimas, mientras que Harry estaba horrorizado, incapaz de creerse lo que escuchaba.
- Tendremos que enviar a todos los estudiantes a casa mañana…- dijo la profesora McGonagall entre lágrimas. - Éste es el fin de Hogwarts…Dumbledore siempre dijo...-
La puerta de la sala de profesores se abrió bruscamente. Por un momento, Harry estuvo convencido de que era Dumbledore, pero era Lockhart, y llegaba sonriendo.
- Lo lamento, me quedé dormido...¿Me he perdido algo importante? -
No parecía darse cuenta de que los demás profesores lo miraban con una expresión bastante cercana al odio. Snape dio un paso hacia delante.
- Una alumna ha sido raptada por el monstruo, Lockhart…- dijo, con sus clásicos susurros. - Se la ha llevado a la Cámara de los Secretos. Por fin ha llegado tu…oportunidad…-
Lockhart palideció.
- Así es, Gilderoy…- intervino la profesora Sprout. - ¿No decías anoche que sabías dónde estaba la entrada a la Cámara de los Secretos? -
- Yo...bueno, yo...- resopló Lockhart.
- Sí, ¿y no me dijiste que sabías con seguridad qué era lo que había dentro? - añadió el profesor Flitwick.
- ¿Yo...? No recuerdo...-
Harry echó un rápido vistazo a Hermione. La veía temblorosa, con una mirada irreconocible en el rostro. Parecía fría, y a la vez furiosa.
Snape mostro un rostro sombrío y lleno de odio, dirigido a Lockhart.
- Ciertamente, yo sí recuerdo que lamentabas no haber tenido una oportunidad de enfrentarte al monstruo antes de que arrestaran a Hagrid…- susurró, mientras se acercaba lenta y amenazadoramente hacia él. - ¿No decías que el asunto se había llevado mal y que deberíamos haberlo dejado todo en tus manos desde el…principio? -
Lockhart miró los rostros pétreos de sus colegas, en especial a Snape, a quien tenía en frente de sus narices. - Yo...yo nunca realmente...Debéis de haberme interpretado mal...-
- Lo dejaremos todo en tus manos, Gilderoy…- dijo la profesora McGonagall. - Esta noche será una ocasión excelente para llevarlo a cabo. Nos aseguraremos de que nadie te moleste. Podrás enfrentarte al monstruo tú mismo. Por fin está…en tus manos... -
Lockhart miró en torno, desesperado, pero nadie acudió en su auxilio. Ya no resultaba tan atractivo. Le temblaba el labio, y en ausencia de su sonrisa radiante, parecía flojo y debilucho.
- Mu-muy bien…Estaré en mi despacho, pre-preparándome... - Y salió de la sala.
- ¿En serio será tan imbécil como para enfrentarse al basilisco? - pensó Harry, sintiendo un inesperado deseo de reírse. - Bueno, nadie le echara de menos…-
- Bien…- dijo la profesora McGonagall, resoplando. - eso nos lo quitará de delante. Los Jefes de las Casas deberían ir ahora a informar a los alumnos de lo ocurrido. Decidles que el Expreso de Hogwarts los conducirá a sus hogares mañana a primera hora de la mañana. A los demás os ruego que os encarguéis de aseguraros de que no haya ningún alumno fuera de los dormitorios…-
Los profesores se levantaron y fueron saliendo de uno en uno.
Aquél fue el peor día de la vida de Harry. Él, Hermione, Ron, Fred y George se sentaron juntos en un rincón de la sala común de Gryffindor, incapaces de pronunciar palabra. Percy no estaba con ellos. Había enviado una lechuza a sus padres y luego se había encerrado en su dormitorio.
Ninguna tarde había sido tan larga como aquélla. Nunca la torre de Gryffindor había estado tan llena de gente y tan silenciosa a la vez. Cuando faltaba poco para la puesta de sol, Fred y George se fueron a la cama, incapaces de permanecer allí sentados más tiempo.
- Ginny sabía algo …- dijo Ron, hablando por primera vez desde que entraran en el ropero de la sala de profesores. - Por eso la han raptado...No se trataba de ninguna estupidez sobre Percy. Había averiguado algo sobre la Cámara de los Secretos, debe de ser por eso, porque ella era...- se frotó los ojos frenéticos. – Qui-quiero decir, ¡que es de sangre limpia! No puede haber otra razón. - hizo una pausa incomoda antes de preguntar: - ¿Creéis que existe alguna posibilidad de que ella no esté...? Ya sabéis a lo que me refiero…-
- ¡No! - chilló Hermione entre lágrimas. - ¡Ni que se te pase por la cabeza decir eso! -
En ese momento, vieron que Chloe salía de la sala de estudios y se iba al dormitorio. Su cara rosada y llena de lágrimas reflejaba perfectamente lo destrozada que estaba.
- ¡Chloe! - exclamó Ron, corriendo desesperadamente hacia ella. - Tu estuviste hoy con Ginny todo el día. ¿Sabes qué pasó con ella? ¿Dónde la viste por última vez? -
Aferrándose a su muñeca Barbie con fuerza, respondió: - Ella…ella me dijo que quería ir al baño…Me dijo que se sentía muy agobiada, que no quería que la molestaran…Yo…yo no sabía que hacer…-
- ¿Mencionó que tenía? - inquirió Ron en voz baja.
- No…ella no quería hablar de eso…- repuso Chloe. - La dejé tranquila en el baño, poco después de las cinco. Cuando fui a buscarla, ya no estaba allí…luego escuché hablar a la profesora McGonagall por el megáfono y…- entonces, dejando caer a su muñeca rompió a llorar aún más. Ron hizo un gesto inesperado y la abrazó a tiempo antes de que callera de rodillas. - ¿Porque…porque tuvo que pasarle esto? - sollozó en el pecho de Ron, al mismo tiempo que lo golpeaba suavemente. - Es…es mi mejor amiga…-
Hermione recogió la muñeca y le dio unas palmaditas en el hombro, mientras se ponía cabizbaja.
- Maldito seas, heredero de Slytherin…- pensó Harry, sintiendo como la ira crecía en su interior, al mismo tiempo que apretaba los dientes y los puños. - ¿¡Cómo te atreves a hacer sufrir a mis amigos!? ¡No te lo perdonaré! -
Hermione acompañó a Chloe hasta la habitación de las chicas, dejándola dormida. Cuando regresó para reunirse con Harry y Ron, el ultimo tuvo una idea.
- ¿Sabéis qué? Deberíamos ir a ver a Lockhart para decirle lo que sabemos. - sugirió. - Va a intentar entrar en la Cámara, podemos decirle dónde sospechamos que está la entrada y explicarle que lo que hay dentro es un basilisco. -
Harry se puso de brazos cruzados, haciendo una mueca de desprecio. - ¿Por qué deberíamos contarle a ese inútil lo que sabemos? - inquirió.
A Hermione tampoco le parecía atractiva la idea, pero dijo: - Bueno, él va a entrar en la Cámara, ¿no? Como mínimo que sepa a qué va a enfrentarse. -
- Está bien, - dijo Harry, poniendo los ojos en blanco. - pero que sea rápido...-
Los tres se levantaron, cruzaron la sala y salieron por el agujero del retrato. Oscurecía mientras se acercaban al despacho de Lockhart. Les dio la impresión de que dentro había gran actividad: podían oír sonido de roces, golpes y pasos apresurados.
Harry llamó, dentro se hizo un repentino silencio, luego la puerta se entreabrió y Lockhart asomó un ojo por la rendija.
- ¡Ah...! Pero si son Potter, Granger y Weasley...- dijo, abriendo la puerta un poco más. - En este momento estaba muy ocupado. Si os dais prisa…-
- Profesor, - dijo Hermione. - tenemos información para usted. -
- Creemos que podría serle útil…- añadió Harry con desgana.
- Ah...bueno...no es muy... - Lockhart parecía encontrarse muy incómodo, a juzgar por el trozo de cara que veían. - Quiero decir, bueno, bien. -
Abrió la puerta y entraron. El despacho estaba casi completamente vacío, en el suelo había dos grandes baúles abiertos. Uno contenía túnicas de color verde jade, lila y azul medianoche, dobladas con precipitación, el otro, libros mezclados desordenadamente. Las fotografías que habían cubierto las paredes estaban ahora guardadas en cajas encima de la mesa.
- ¿Se va a algún lado…profesor? - preguntó Harry, frunciendo el entrecejo.
- Está…haciendo el equipaje… - susurró Hermione, quien miraba incrédula los baúles.
- Esto...bueno, sí...- admitió Lockhart, arrancando un póster de sí mismo de tamaño natural y comenzando a enrollarlo. - Una llamada urgente...insoslayable...Tengo que marchar... –
Harry miró a Lockhart con furia. En su cabeza llegó a imaginarse muchas meteduras de pata por parte del profesor, pero en ningún momento esperaba algo así de él. Hermione miró a Lockhart con incredulidad. Se había quedado aturdida.
- ¿Y…mi hermana? - inquirió Ron con voz entrecortada.
- Bueno, en cuanto a eso...- dijo Lockhart, evitando mirarlo a los ojos mientras sacaba un cajón y empezaba a vaciar el contenido en una bolsa. - es ciertamente lamentable. Nadie lo lamenta más que yo...-
- ¡No puedo creer lo que estoy oyendo! - estalló Hermione, enfadada. - ¡Usted es el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras! ¡No puede irse ahora! -
- Bueno, he de decir que...cuando acepté el empleo...- murmuró Lockhart, amontonando calcetines sobre las túnicas. - No constaba nada en el contrato...Yo no esperaba...-
- ¿El contrato? - repitió Harry, soltando una risita que daba miedo. - ¡COBARDE! - gritó con ira, haciendo saltar a Lockhart. - ¿Así que el hombre que presume de haber hecho tanto sale corriendo por la puerta trasera? ¡Después de todo lo que dice en sus malditos libros! - añadió, cogiendo uno de los libros y tirándoselo en la cara.
- ¡Ay! - farfulló Lockhart, esquivando el libro. - Lo-los libros pueden ser mal interpretados. -
- ¡Los escribió usted pedazo de idiota! - gritó Hermione.
- Muchacha. - dijo Lockhart, irguiéndose y mirándolos con el entrecejo fruncido. - Usa el sentido común. No habría vendido mis libros ni la mitad de bien si la gente no se hubiera creído que yo hice todas esas cosas. A nadie le interesa la historia de un mago armenio feo y viejo, aunque librara de los hombres lobo a un pueblo. Habría quedado horrible en la portada. No tenía ningún gusto vistiendo. Y la bruja que echó a la Banshee que presagiaba la muerte tenía un labio leporino. Quiero decir...vamos, que...-
- ¡ES…UN…FARSANTEEEEE! - rugió Hermione, con los ojos brillosos y llenos de furia, mientras le daba una monumental bofetada a Lockhart. Ron vaciló, cubriéndose con las manos por si le fuera a dar a él.
Harry se acercó a Lockhart, mirándolo como si hubiera dejado a su presa sin salida. Después de aguantar las tonterías de un individuo tan tonto y presumido durante un año, no podía oculta la satisfacción que sentía mientras despotricaba abiertamente contra él.
- Vaya, vaya, que inesperado. - dijo con sarcasmo, y sonriendo con malicia. - El gran Gilderoy Lockhart ha resultado ser un farsante que ha dedicado su patética vida a llevarse la gloria de lo que han hecho otras personas. Bien, bien…-
- Harry, Harry… - dijo Lockhart, negando con la cabeza. - no es tan simple. Tuve que hacer un gran trabajo. Tuve que encontrar a esas personas, preguntarles cómo lo habían hecho exactamente y encantarles con el embrujo desmemorizante para que no pudieran recordar nada. Si hay algo que me llena de orgullo son mis embrujos desmemorizantes. Ah...me ha llevado mucho esfuerzo, Harry. No todo consiste en firmar libros y fotos publicitarias. Si quieres ser famoso, tienes que estar dispuesto a trabajar duro. - cerró las tapas de los baúles y les echó la llave.
- ¡CREÍ EN USTED! - gritó Hermione, mientras unas lágrimas furiosas resbalaban por sus mejillas. - ¡LEÍ TODAS SUS OBRAS! Como pude ser tan estúpida…- susurró cabizbaja y mirando hacia otro lado, avergonzada y enfadada. Harry tenía ganas de consolarla y de decirle que toda la culpa era de Lockhart, pero sabía que no era el momento.
- Veamos, creo que eso es todo. - dijo Lockhart, ignorando a Hermione. - Sí, sólo queda un detalle…- sacó su varita mágica y se volvió hacia ellos. - Lo lamento profundamente chicos, pero ahora os tengo que echar uno de mis embrujos desmemorizantes. No puedo permitir que reveléis a todo el mundo mis secretos. No volvería a vender ni un solo libro...-
Harry sacó su varita y gritó: - ¡EXPELLIARMUS! - mandó a volar la varita de Lockhart. Apuntó directamente a la cara del farsante. - Hemos tenido que soportar tus estupideces todo el año, para que al final, en el momento de la verdad, todo cuanto has dicho, todo cuanto has hecho creer a los demás, acabaran en puras mentiras…- dijo con frialdad. - y además…¡Has dejado a Hermione destrozada! - añadió enfadado.
- ¿Qué queréis que haga yo? - dijo Lockhart con voz débil - No sé dónde está la Cámara de los Secretos. No puedo hacer nada…-
- En realidad…- dijo Hermione de repente, sacando su varita y apuntando a Lockhart. - Resulta que nosotros sí sabemos dónde se encuentra la Cámara…y, además, si, hay algo que puede hacer. Algo útil por una vez en su vida…profesor…- añadió entre dientes, mirando a Lockhart con odio.
Harry sonrío maliciosamente, comprendiendo lo que quería hacer Hermione. - Ronald, enseñémosle al fanfarrón el camino hacia la Cámara…- le dijo a Ron.
- ¡Si! - dijo este, blandiendo su varita y apuntando a Lockhart furiosamente. - ¡Ahora muévete! Presumido…-
Hicieron pasar a Lockhart delante. A Harry le hizo gracia que temblara, mientras que Hermione le fulminaba con una mirada furiosa.
Myrtle la Llorona estaba sentada sobre la cisterna del último retrete. - ¡Ah, eres tú! - dijo ella, al ver a Harry. - ¿Qué quieres esta vez? -
- Necesito preguntarte algo…- dijo el azabache. - Dime, ¿Cómo moriste? -
El aspecto de Myrtle cambió de repente, parecía como si nunca hubiera oído una pregunta que la halagara tanto.
- ¡Oooooooh, fue horrible! - dijo encantada. - Sucedió aquí mismo, morí en este mismo retrete, lo recuerdo perfectamente. Me había escondido porque Olive Hornby se reía de mis gafas, la puerta estaba cerrada, yo lloraba…y entonces oí que entraba alguien. Decían algo raro, pienso que debían de estar hablando en una lengua extraña. De cualquier manera, lo que de verdad me llamó la atención es que era un chico el que hablaba. Así que abrí la puerta para decirle que se fuera y utilizara sus aseos, pero entonces...- Myrtle estaba henchida de orgullo, el rostro iluminado. - Me morí…-
- ¿Así sin más? - preguntó Harry. - ¿Cómo? -
- Ni idea…- dijo Myrtle en voz muy baja. - Sólo recuerdo haber visto unos grandes ojos amarillos. Todo mi cuerpo quedó como paralizado, y luego me fui flotando...- dirigió a Harry una mirada ensoñadora. - Y luego regresé, estaba decidida a hacerle un embrujo a Olive Hornby. Ah, pero ella estaba arrepentida de haberse reído de mis gafas…-
- Myrtle, ¿recuerdas dónde viste los ojos? - preguntó Hermione, esperanzada.
- Por ahí…- respondió Myrtle, señalando vagamente hacia el lavabo que había enfrente de su retrete.
Harry se acercó a toda prisa, mientras que Ron tenía a buen recaudo a Lockhart, quien tenía una mirada de profundo terror en el rostro.
Parecía un lavabo normal, examinaron cada centímetro de su superficie, por dentro y por fuera, incluyendo las cañerías de debajo. Y entonces Harry lo vio, había una diminuta serpiente grabada en un lado de uno de los grifos de cobre.
- Ese grifo no ha funcionado nunca…- dijo Myrtle con alegría, cuando intentaron accionarlo.
- Harry, ¿Y si intentas decir algo en pársel? - le sugirió Ron.
- Claro…el heredero de Slytherin puede hablar pársel. - dijo Hermione dirigiéndole una sonrisa a Ron. - Tal vez sea la lengua que usó para abrir la Cámara. Muy buena idea, Ron. -
Harry asintió, mirando al grifo. Mentalizó que tenía en frente una serpiente dijo: - Ábrete…-
Había salido de él un extraño silbido, y de repente el grifo brilló con una luz blanca y comenzó a girar. Al cabo de un segundo, el lavabo empezó a moverse. El lavabo, de hecho, se hundió, desapareció, dejando a la vista una tubería grande, lo bastante ancha para meter un hombre dentro. Harry oyó que Hermione soltó un gritito, mientras que Ron exhalaba un grito ahogado y levantó la vista. Estaba planeando qué era lo que había que hacer.
- Bien…- sonrió Harry. - creo que es hora de utilizar a nuestro conejillo de indias…-
Lockhart se puso pálido. - ¿A quién se refiere? - preguntó inútilmente.
- Pues a usted profesor…- señaló Hermione en tono amenazante, mientras forzaba a Lockhart a ponerse en frente del agujero.
- Chicos…- dijo con voz débil. - Chicos, ¿de qué va a servir? -
A Hermione le apareció una vena en la frente. Estaba que echaba humo. - ¡BAJE DE UNA VEZ! ¡SO IDIOTA! - rugió furiosa.
Estaba como una regadera. Le pegó una fuerte patada en el trasero a Lockhart, haciéndolo caer por el agujero. Harry la miraba con una amplia sonrisa mientras que a Ron le dio un tic en la mejilla.
- ¿Qui-quién eres tú? - preguntó Ron con los ojos abiertos como platos. - ¿Qué has hecho con Hermione Granger? -
- ¿De que estas hablando? - dijo Harry, riéndose. - Ella es nuestra Hermione, la de toda la vida. Me gusta cuando tiene mala leche…- pensó divertido.
- Esto está realmente sucio…- oyeron la voz de Lockhart, que sonaba asqueado. Confirmó así que había llegado abajo.
- Vale, está vivo, podemos bajar. - dijo el azabache, encogiéndose de hombros. - Si queréis, podéis volver a la Torre y…-
- ¡No empecemos, Harry! - exclamó Hermione con los brazos en jarra.
- ¡Vamos a ir contigo! - exclamó Ron, envalentonado y decidido. - ¡La vida de mi hermana está en juego! ¡No me quedaré atrás si puedo hacer algo! -
Harry asintió con una sonrisa, se metió en la tubería y se dejó caer, seguido de Ron y Hermione. Era como tirarse por un tobogán interminable, viscoso y oscuro. Podía ver otras tuberías que surgían como ramas en todas las direcciones, pero ninguna era tan larga como aquella por la que iban, que se curvaba y retorcía, descendiendo súbitamente.
El azabache calculaba que ya estaban por debajo incluso de las mazmorras del castillo. Detrás de él podía oír a Ron, que hacía un ruido sordo al doblar las curvas, mientras que Hermione chillaba por lo rápido que descendía. Y entonces, cuando se empezaba a preguntar qué sucedería cuando llegara al final, la tubería tomó una dirección horizontal, y él cayó del extremo del tubo al húmedo suelo de un oscuro túnel de piedra, lo bastante alto para poder estar de pie.
Lockhart se estaba incorporando un poco más allá, cubierto de barro y blanco como un fantasma. Harry se hizo a un lado, Ron salió también del tubo como una bala, pero no logró esquivar a Hermione, quien cayó encima de él.
- Lo siento…- susurró Hermione, un poco avergonzada.
- No te preocupes…- dijo Harry, mientras la ayudaba a ponerse en pie.
- Debemos encontrarnos a kilómetros de distancia del colegio…- supuso ella. Su voz resonaba en el negro túnel.
- Y debajo del lago, quizás… - observó Ron, afinando la vista para vislumbrar los muros negruzcos y llenos de barro. - ¿Eh? ¿Qué es ese ruido? -
Era como si del techo llegara un chillido de alguien cayendo. Harry alzó la varita y conjuró un "Lumos" para iluminar el túnel. El gritito se hacía cada vez más audible, al mismo tiempo que resonaron varios golpes. En apenas un minuto, algo salió disparado del hueco del túnel, impactando en Ron y haciéndolo caer.
- ¿¡Qué narices…!? - balbuceó Ron, doliéndose.
Harry apuntó con su varita hacia él y no se lo podía creer. Chloe estaba encima suyo.
- ¡Chloe! - chilló Hermione. - ¿¡Que estás haciendo aquí!? ¡Se supone que estabas dormida! -
- ¡Tu-tuve una pesadilla! - farfulló Chloe, levantándose todo lo rápido que podía. - No podía dormir…así que salí a buscar a Ginny. ¡Cuando llegué al bañó os escuché, y cuando entre vi el agujero por donde bajasteis! -
- Mira, aunque me alegre de que por una vez no sea tu estúpida muñeca la que me ha caído encima, - dijo Ron, malhumorado y poniéndose en pie. - tu no tendrías que estar aquí. Es peligroso, ¡vuelve a la cama! -
- ¡De eso nada! - protestó Chloe. - ¡Mi mejor amiga ha sido raptada y no me quedaré de brazos cruzados! Además, no es como si vosotros fuerais mayores de edad como para decirme lo que debo o no hacer. -
- Somos mayores que tú. - se quejó Ron.
- No sois ni prefectos ni adultos. - objetó Chloe con satisfacción. - ¡Así que no me voy a la cama! -
- Tampoco es que sepamos como volver. - dijo Harry, encogiéndose de hombros y cerrando el debate. - Mejor dejemos de perder el tiempo y pongámonos en marcha. - añadió, y comenzaron a andar. Sus pasos retumbaban en el húmedo suelo.
El túnel estaba tan oscuro que sólo podían ver a corta distancia. Mientras caminaban, Hermione le explicó rápidamente a Chloe la situación, para que supiera a lo que iban a enfrentarse. Harry pensó por un momento que su piel se había convertido en papel, por lo blanca que estaba. Sus sombras, proyectadas en las húmedas paredes por la luz de la varita, parecían figuras monstruosas.
- Os voy a dar un consejo…- dijo Harry en voz baja, mientras caminaban con cautela. - Al menor signo de movimiento cerrad los ojos de inmediato. - sonrió maliciosamente y añadió: - A menos, que tengáis deseos de morir…-
- ¡Harry! - le reprochó Hermione con la voz temblorosa. - No digas eso por favor…-
- ¡Das miedo, tío! - exclamó Ron asustado, mientras que Lockhart se estremeció. Chloe parecía que se comía las uñas.
El túnel estaba tranquilo como una tumba, y el primer sonido inesperado que oyeron fue cuando Ron pisó el cráneo de una rata. Harry bajó la varita para alumbrar el suelo y vio que estaba repleto de huesos de pequeños animales.
Harry fue marcándoles el camino, doblaron una oscura curva.
- Harry, creo que ahí hay algo...- dijo Hermione de un susurro, cogiendo a Harry por el brazo.
Se quedaron quietos, mirando. Harry podía ver tan sólo la silueta de una cosa grande y encorvada que yacía de un lado a otro del túnel, no se movía.
- Hm…quizás esté dormido…- murmuró, volviéndose a mirar a los otros dos. Lockhart se tapaba los ojos con las manos.
- No, no es el basilisco, es…- dijo Hermione, a quien le temblaban las piernas.
Harry volvió a mirar aquello, muy despacio, abriendo los ojos sólo lo justo para ver, el azabache avanzó con la varita en alto. La luz iluminó la piel de una serpiente gigantesca, una piel de un verde intenso, ponzoñoso, que yacía atravesada en el suelo del túnel, retorcida y vacía. El animal que había dejado allí su muda debía de medir al menos siete metros.
- Es…- dijo Chloe, con el corazón en el puño. - una piel de serpiente enorme...-
- ¡Caray! - exclamó Ron con voz débil.
Algo se movió de pronto detrás de ellos, Gilderoy Lockhart se había caído de rodillas.
- ¡Levántese! - le dijo Ron con brusquedad, apuntando a Lockhart con su varita. Lockhart se puso de pie, pero se abalanzó sobre Ron y lo derribó al suelo de un golpe.
Hermione pegó un grito, y Harry se quedó dónde estaba, sabía que si Lockhart estaba armado sería imprudente saltar hacia delante, en vez de eso, esperó el momento oportuno para intervenir.
Lockhart se incorporaba, jadeando, con la varita de Ron en la mano y su sonrisa esplendorosa de nuevo en la cara.
- ¡Aquí termina la aventura, chicos! Cogeré un trozo de esta piel y volveré al colegio, diré que era demasiado tarde para salvar a la niña y que vosotros cuatro perdisteis el conocimiento al ver su cuerpo destrozado. ¡Despedíos de vuestras memorias! - Levantó en el aire la varita mágica de Ron y gritó: - ¡Obliviate! -
Harry, que ya tenía la varita preparada, gritó: - ¡Protego! - pero no fue el único. Chloe había hecho lo mismo que él, y con la potencia combinada de los dos encantamientos protectores, el rebote del hechizo de Lockhart cobró mayor potencia.
Lockhart salió despedido hacia atrás y el impacto provocó una gran avalancha. Harry y Hermione echaron a correr hacia la piel de serpiente, escapando de los grandes trozos de techo que se desplomaban contra el suelo. Enseguida vio que se había quedado aislado y tenía ante sí una sólida pared formada por las piedras desprendidas.
El azabache abrió los ojos, y por un instante fue capaz de ver, entre el barro y la suciedad, un objeto brillante, dorado y rectangular. Al limpiarlo un poco pudo ver que tenía dibujada la figura de un león. - ¿Qué será esto? - se preguntaba, mirando lo que parecía ser un lingote de oro.
- ¡Harry! - exclamó Hermione. - ¿Estas bien? - preguntó tosiendo.
Rápidamente, Harry se guardó el lingote que acaba de encontrar. - Si…- respondió en el acto, intentando ver donde estaban Ron y Chloe. - ¡Ronald! ¡Chloe! ¿Estáis bien? - preguntó.
- ¿¡Quieres quitarte de encima!? - escuchó gruñir a Ron, desde el otro lado de las piedras caídas.
- ¡Pero si te he salvado la vida, tonto! - fue la voz de Chloe quien chilló con enfado esta vez.
- ¡Esto no habría pasado si te hubieras quedado quieta! - replicó Ron.
- ¡Si me hubiera quedado quieta, habríamos acabado idiotizados! - se quejó Chloe
- ¡No discutáis ahora! - dijo Hermione, tratando de no atragantarse con el polvo. - ¿Cómo os encontráis? -
- Estamos bien, pero el imbécil de Lockhart no. - dijo Ron. - Parece que el encantamiento protector de ambos le ha devuelto el hechizo. -
- ¡ESO LE PASA POR IDIOTA! - gritó enfadada Hermione. - So incompetente…- resopló molesta.
Escuchó un ruido sordo y un fuerte "¡ay!", como si Ron le acabara de dar una patada en la espinilla a Lockhart, y luego un gemido por parte de Chloe, como si se hubiera llevado una sorpresa.
- ¿Y ahora qué? - dijo la voz de Ron, con desespero. - No podemos pasar. Nos llevaría una eternidad...Rayos, ¿Dónde he puesto mi varita? -
- ¿Qué pasa con tu varita? - le preguntó Harry a Ron.
Ron tardó un poco en responder. - ¡Oh no! ¡La avalancha la ha destrozado, se ha partido en dos! - entonces volvió a discutir con Chloe. - ¡Mira lo que has hecho! ¿¡Y ahora que voy a hacer!? ¿¡Cómo haré los exámenes!? - inquirió enfadado.
- Bueno, - bufó Chloe. - si querías volverte un completo idiota, pues allá tú. -
- ¡Suficiente! - dijo Harry con firmeza. - Háganse a un lado, voy a volar esto…- añadió, apuntando con su varita. - ¡Bombar…! -
Hermione rápidamente lo detuvo. - ¡No seas tonto Harry! - exclamó. - Si lo haces podrías empeorar las cosas, y después nos costaría más tiempo salir de aquí. -
Harry se río un poco. - Vale, lo siento, tienes razón…- negando con la cabeza, se dirigió a Ron y Chloe. - Mantened la calma, chicos. Nosotros iremos a por Ginny, mientras tanto, haced todo lo que podáis por mover estas rocas. - indicó.
- Bien, manos a la obra. - dijo Chloe. - Será una buena oportunidad para probar el encantamiento levitatorio. -
- ¡Tened cuidado los dos! - dijo Ron. - ¡Y volved pronto! ¡No me dejéis tanto tiempo solo con estos dos chiflados! -
- ¿¡Me has llamado chiflada!? - se escuchó la voz de Chloe, y ambos empezaron a discutir de nuevo.
- Pfff…vaya rescate. - dijo Harry, reprimiendo una carcajada.
- Si, ahora volvemos…- dijo Hermione con una sonrisa nerviosa, antes de irse junto con Harry.
Y así, ellos solos, cruzando la piel de la serpiente gigante, enseguida dejaron de oír el distante jadeo de Ron y Chloe al esforzarse para quitar las piedras. El túnel serpenteaba continuamente, Harry y Hermione querían llegar al final del túnel. Al mismo tiempo, ambos estaban aterrorizados, por lo que pudieran encontrar en él.
- Ojalá…esté bien…no…ella está bien…si…ella está bien…- murmuraba para sí misma Hermione, dándose ánimos.
Y entonces, al fin, al doblar sigilosamente otra curva, vieron delante una gruesa pared en la que estaban talladas las figuras de dos serpientes enlazadas, con grandes y brillantes esmeraldas en los ojos. Se acercaron a la pared.
Harry no tuvo que hacer un gran esfuerzo para imaginarse que aquellas serpientes eran de verdad, porque sus ojos parecían extrañamente vivos.
- Aquí es…la entrada…- susurró Hermione. – Creo que debes ordenarle a que se abra…- le indició a Harry.
El azabache asintió. - Tal vez…lo mejor sea que te quedes aquí. -
- ¡No pienso hacer eso! - gritó Hermione. - El año pasado no tuve elección, pero esta vez, no quiero dejarte solo…No pienso hacerlo. - susurró con los ojos brillosos.
Harry abrazó a Hermione. A diferencia del año pasado, cuando los dos se alejaron para que solo uno cruzara el umbral de fuego y fuera a por la Piedra Filosofal, los dos cruzarían la última puerta.
- Gracias por ser tan testaruda…- susurró el azabache.
- De nada…- sonrió Hermione.
Harry se aclaró la garganta, y le pareció que los ojos de las serpientes parpadeaban. - Ábrete…- dijo en pársel.
Las serpientes se separaron al abrirse el muro, las dos mitades de éste se deslizaron a los lados hasta quedar ocultas. Harry y Hermione, blandiendo firmemente sus varitas, entraron dispuestos a enfrentar lo que fuera que hubiera dentro.
