Capítulo 37 - Los herederos se encuentran
Se hallaban en el extremo de una sala muy grande, apenas iluminada. Altísimas columnas de piedra talladas con serpientes enlazadas se elevaban para sostener un techo que se perdía en la oscuridad, proyectando largas sombras negras sobre la extraña penumbra verdosa que reinaba en la estancia.
Harry escuchó aquel silencio de ultratumba. ¿Estaría el basilisco acechando en algún rincón oscuro, detrás de una columna? ¿Dónde estaría Ginny?
Empuñando su varita con una mano, y cogiendo a Hermione con la otra, avanzó por entre las columnas decoradas con serpientes, sus pasos resonaban en los muros sombríos.
Harry iba con los ojos entornados, dispuesto a cerrarlos completamente al menor indicio de movimiento. Le parecía que las serpientes de piedra lo vigilaban desde las cuencas vacías de sus ojos, Hermione también se percató de ello, porque sujetaba con más fuerza su mano.
Al llegar al último par de columnas, observaron una estatua, tan alta como la misma Cámara, que surgía imponente, adosada al muro del fondo. Harry tuvo que echar atrás la cabeza para poder ver el rostro gigantesco que la coronaba, era un rostro antiguo y simiesco, con una barba larga y fina que le llegaba casi hasta el final de la amplia túnica de mago, donde unos enormes pies de color gris se asentaban sobre el liso suelo.
- Creo…que ese es Salazar Slytherin…- susurró Hermione, entre asombrada y asustada. - Oh no…- entre los pies, boca abajo, vieron una figura, llevaba túnica negra y tenía el cabello rojo encendido. - ¡GINNY! - chilló, corriendo hacia ella.
- ¡Resiste Ginny! - gritó Harry, siguiendo a Hermione.
Rápidamente, el azabache dejó en el suelo su varita y se puso a un lado de Ginny. Hermione cogió su mano, respirando con fuerza. - Oh no…no…no…¡está fría como el hielo! Y ahora que…-
- ¡Tenemos que despertarla, Hermione! - gritó Harry, quien también estaba desesperado.
- No despertará…- dijo una voz suave.
Hermione palideció, mientras que Harry se enderezó de un salto.
Un muchacho alto, de pelo negro, estaba apoyado contra la columna más cercana, mirándole. Tenía los contornos borrosos, como si Harry lo estuviera mirando a través de un cristal empañado, pero no había dudas sobre quién era.
- Tom... ¿Tom Ryddle? -
- ¿E…ese de ahí es Ryddle? - preguntó Hermione en voz baja, mientras abrazaba a Ginny de manera protectora.
Ryddle asintió con la cabeza, sin apartar los ojos del rostro de Harry.
- ¿Qué quieres decir con que no despertará? - dijo Harry desesperado. - ¿Ella no está... no está...? - preguntó, pensando en lo peor.
- Todavía está viva…- respondió Ryddle. - pero por muy poco tiempo…-
Harry lo miró detenidamente. Tom Ryddle había estudiado en Hogwarts hacía cincuenta años, y sin embargo, allí, bajo aquella luz rara, neblinosa y brillante, aparentaba tener dieciséis años, ni un día más.
- ¿Q-que eres exactamente? - preguntó Hermione, asustada.
- Soy un recuerdo…- respondió Ryddle tranquilamente, pero mirando a Harry. - guardado en un diario durante cincuenta años. -
Ryddle señaló hacia los gigantescos dedos de los pies de la estatua. Allí se encontraba, abierto, el pequeño diario negro que Harry había hallado en los aseos de Myrtle la Llorona.
- Es el diario…- susurró Hermione, mirando el diario que había en frente de sus narices.
- ¡Tienes que ayudarnos, Tom! - exclamó Harry - ¡Tenemos que sacarla de aquí! Hay un basilisco... ¡No sé dónde está, pero podría llegar en cualquier momento! -
Ryddle no se movió. Entonces, el azabache se dio cuenta de que él estaba sosteniendo su varita.
- Gracias…- dijo, tendiendo la mano para que el muchacho se la devolviera. Una sonrisa curvó las comisuras de la boca de Ryddle. Siguió mirando a Harry, jugando indolente con la varita. - Pero…¿a que estas jugando? ¡Escucha! - dijo con impaciencia. - ¡Tenemos que salir de aquí! Si aparece el basilisco...-
- No vendrá si no es llamado…- dijo Ryddle con toda tranquilidad.
- ¿Qué quieres decir? - inquirió Harry. - Mira, dame la varita, podría necesitarla…- dijo, exigiéndole que le devuelva la varita.
La sonrisa de Ryddle se hizo más evidente. - No la necesitarás…- repuso.
Harry lo miró con seriedad. - ¿A qué te refieres? Yo no… -
- He esperado este momento durante mucho tiempo, Harry Potter…- dijo Ryddle. - Quería verte, y hablarte…-
- Oh, ¡maldita sea Tom! - dijo Harry, perdiendo la paciencia. - Me parece que no entiendes la situación. Estamos en la Cámara de los Secretos…¡Ya tendremos tiempo de hablar luego! -
- Vamos a hablar ahora…- dijo Ryddle, sin dejar de sonreír, y se guardó en el bolsillo la varita de Harry.
- ¿Que está pasando aquí? - pensó el azabache, mirando a Ryddle con cautela. - ¿Cómo ha llegado Ginny a este estado? - preguntó, hablando despacio.
- Bueno, ésa es una cuestión interesante…- dijo Ryddle, con agrado. - Es una larga historia, supongo que el verdadero motivo por el que Ginny está así es porque abrió su corazón y le reveló todos sus secretos a un extraño invisible…-
- ¿De qué estás hablando? - inquirió Harry.
- Del diario…- respondió Ryddle. - de mi…diario. La pequeña Ginny ha estado escribiendo en él durante muchos meses, contándome todas sus penas y congojas. Que sus hermanos se burlaban de ella, que tenía que venir al colegio con túnica y libros de segunda mano. Que no podía presumir mucho frente a sus amigas, porque una era más lista y la otra más rica que ella. Que...- A Ryddle le brillaron los ojos. - Pensaba que el famoso, el bueno, el heroico, el gran Harry Potter no llegaría nunca a quererla...-
Harry se quedó boquiabierto. Miró ligeramente a Ginny, en los brazos de una Hermione que parecía incrédula ante las palabras de Ryddle.
- Claro que, hace casi un año que dejó de sentir ese encaprichamiento hacia ti. - dijo Ryddle, encogiéndose de hombros. - Fue frustrante para ella olvidarse de ti y de intentar verte como un amigo, pero hizo el esfuerzo. Por supuesto, a escondidas seguía frustrada, incapaz de no sentir celos hacia ella…-
- ¿De…qué estás hablando? - preguntó el azabache, cada vez más tenso y molesto.
- De esa sangre sucia que está sosteniendo a la pequeña Ginny. - dijo Ryddle, señalando a Hermione y mirándola despectivamente. - Si…así es Harry Potter. Ginny lleva desde hace un año preguntándose como una asquerosa sangre sucia pudo arrebatarle la oportunidad de amar al gran Harry Potter. -
Harry hirvió de ira por dentro. Quería pegarle a Ryddle, pero era consciente de que sería alto tan inútil como querer golpear al aire. - No te atrevas a llamarla así…- dijo entre dientes, algo sonrojado.
- Definitivamente es una lata tener que oír las tonterías de una niña de once años, - dijo Ryddle con fastidio. - pero me armé de paciencia y le contesté por escrito. Fui comprensivo, fui bondadoso…Ginny, simplemente, me adoraba. "Nadie me ha comprendido nunca como tú, Tom...", "Estoy tan contenta de poder confiar en este diario...", "Es como tener un amigo que se puede llevar en el bolsillo...".
Ryddle se rio con una risa potente y fría que parecía ajena. Harry lo miraba con furia.
- Si es necesario que yo lo diga, Harry, la verdad es que siempre he fascinado a la gente que me ha convenido. Así que Ginny me abrió su alma, y era precisamente su alma lo que yo quería. Me hice cada vez más fuerte alimentándome de sus temores y de sus profundos secretos. Me hice más poderoso, mucho más que la pequeña señorita Weasley. Lo bastante poderoso para empezar a alimentar a la señorita Weasley con algunos de mis propios secretos, para empezar a darle un poco de mi alma...-
- ¿¡Qué quieres decir!? - inquirió Harry, enfadado.
- ¿Todavía no lo adivinas, Harry Potter? - dijo sin inmutarse Ryddle. - Ginny Weasley abrió la Cámara de los Secretos. Ella retorció el pescuezo a los gallos del colegio y pintarrajeó pavorosos mensajes en las paredes. Ella echó la serpiente de Slytherin contra los tres sangres sucias y el gato del Squib. -
- ¡No! - exclamó Hermione en voz baja. Estaba llorando, y aferrada a Ginny. - ¡Eso no puede ser! -
- Sí…- dijo Ryddle con calma. - Por supuesto, al principio ella no sabía lo que hacía, fue muy divertido. Me gustaría que hubieras podido ver las anotaciones que escribía en el diario...Se volvieron mucho más interesantes...Querido Tom…- recitó, contemplando la furiosa cara de Harry. – "Creo que estoy perdiendo la memoria. He encontrado plumas de gallo en mi túnica y no sé por qué están ahí. Querido Tom, no recuerdo lo que hice la noche de Halloween, pero han atacado a un gato y yo tengo manchas de pintura en la túnica. Querido Tom, Percy me sigue diciendo que estoy pálida y que no parezco yo. Creo que sospecha de mí... Hoy ha habido otro ataque y no sé dónde me encontraba en aquel momento. ¿Qué voy a hacer, Tom? Creo que me estoy volviendo loca. ¡Me parece que soy yo la que ataca a todo el mundo, Tom! ¿¡Qué está pasándome!?" -
Harry tenía los puños tan apretados que se clavó las uñas en las palmas. Hermione por su parte, era incapaz de hablar, estaba pálida. Se aferró con más fuerza a Ginny.
- Le llevó mucho tiempo a esa tonta de Ginny dejar de confiar en el diario…- explicó Ryddle con fastidio. - A pesar de ser presa de mi influencia, pudo contar con amigas. Si, en especial esa estúpida chiquilla llamada Chloe. Es peor que un chicle en el zapato, no se despegaba de ella. En más de una ocasión estuvo muy cerca de descubrir a Ginny con mi diario. - soltó un bufido desagradable. - Al final, la propia Ginny acabó sospechando de mi diario e intentó deshacerse de él. ¿Y en manos que quien cayó? En las tuyas, Harry. Tú lo encontraste, y nada podría haberme hecho tan feliz. De todos los que podrían haberlo encontrado, fuiste tú, la persona a la que yo tenía más ganas de conocer...-
- ¿Y porque ansiabas tanto…conocerme? - preguntó el azabache con el rostro sombrío, y apretando los dientes.
- Bueno, verás, Ginny me lo contó todo sobre ti, Harry. - dijo Ryddle. - Toda tu fascinante historia…- sus ojos vagaron por la cicatriz en forma de rayo que Harry tenía en la frente, y su expresión se volvió más ávida. - Quería averiguar más sobre ti, hablar contigo, conocerte si era posible, así que decidí mostrarte mi famosa captura de ese zopenco de Hagrid, para ganarme tu confianza. -
- ¡HAGRID ES MI AMIGO! - estalló Harry. - ¡Tu! ¡Desgraciado! ¡Por tu culpa él fue expulsado de Hogwarts y perdió su varita! ¡Porque tú lo acusaste! -
Ryddle volvió a reírse con su risa sonora.
- Era mi palabra contra la de Hagrid. Bueno, ya te puedes imaginar lo que pensaría el viejo Armando Dippet. Por un lado, Tom Ryddle, pobre pero muy inteligente, sin padres, pero muy valeroso, prefecto del colegio, estudiante modelo…Por el otro lado, el grandullón e idiota de Hagrid, que tenía problemas cada dos por tres, que intentaba criar cachorros de hombre lobo debajo de la cama, que se escapaba al bosque prohibido para luchar con los trolls. Admito que incluso yo me sorprendí de lo bien que funcionó mi plan. Creía que alguien al fin comprendería que Hagrid no podía ser el heredero de Slytherin. Me había llevado cinco años averiguarlo todo sobre la Cámara de los Secretos y descubrir la entrada oculta... ¡como si Hagrid tuviera la inteligencia o el poder necesarios! -
- Y pensar que llegué a sentir pena por él…- gruñó Harry mentalmente, mientras escuchaba a Ryddle. - Maldito desgraciado…-
- Sólo el profesor de Transformaciones, Albus Dumbledore, creía en la inocencia de Hagrid. Convenció a Dippet para que retuviera a Hagrid y le enseñara el oficio de guarda. Sí, creo que Dumbledore podría haberlo adivinado. A Dumbledore nunca le gusté tanto como a los otros profesores...-
- ¡Hmph! Eso es evidente. - dijo Harry con una sonrisa orgullosa. - De seguro que Dumbledore descubrió tus intenciones, por eso no te quitaba el ojo de encima…-
- Bueno, es verdad que él me vigiló mucho más después de la expulsión de Hagrid, me fastidió bastante. - dijo Ryddle sin darle importancia. - Me di cuenta de que no sería prudente volver a abrir la Cámara mientras siguiera estudiando en el colegio. Pero no iba a desperdiciar todos los años que había pasado buscándola. Decidí dejar un diario, conservándome en sus páginas con mis dieciséis años de entonces para que algún día, con un poco de suerte, sirviese de guía para que otro siguiera mis pasos y completara la noble tarea de Salazar Slytherin. -
- Sí, claro. - replicó Harry, de brazos cruzados. - Pues te interesará saber, que tus planes no han servido de nada…Nadie ha muerto esta vez, ni siquiera la gata de Filch. Dentro de unas pocas horas la pócima de mandrágora estará lista, y todos los petrificados volverán a la normalidad…-
- ¿No te he dicho todavía? - se burló Ryddle. - Ya no me preocupa matar a los pobres sangre sucia. Desde hace meses mi único objetivo…has sido tú. -
- ¿Yo? - pensó Harry, mientras fruncía el entrecejo. - Caray, hay la obsesión que tienen algunos conmigo…-
- Imagina mi disgusto cuando alguien volvió a abrir mi diario, y ya no eras tú quien me escribía, sino Ginny. Ella te escuchó hablar del diario, se puso muy nerviosa y supuso que tú lo habías encontrado. ¿Y si averiguabas cómo funcionaba, y el diario te contaba todos sus secretos? ¿Y si, lo que aún era peor, te decía quién había retorcido el pescuezo a los pollos? Así que esa mocosa esperó a que tu dormitorio quedara vacío y te lo robó. Pero yo ya sabía lo que tenía que hacer. Era evidente que tú ibas detrás del heredero de Slytherin. Por eso hice que Ginny escribiera en la pared su propia despedida y bajara a esperarte. Luchó, gritó y se puso muy pesada, pero ya casi no le quedaba vida, había puesto demasiado en el diario, en mí. Lo suficiente para que yo pudiera salir al fin de las páginas. He estado esperándote desde que llegamos, sabía que vendrías. Tengo muchas preguntas que hacerte, Harry Potter. -
- Habla desgraciado…- dijo Harry, con ganas de matarlo. - ¿Qué quieres saber, ahora? -
- Bueno…- dijo Ryddle, sonriendo - ¿Cómo es que un bebé sin un talento mágico extraordinario logró derrotar al mago más grande de todos los tiempos? ¿Cómo escapaste sin más daño que una simple cicatriz, mientras que lord Voldemort perdió sus poderes? - en aquel momento apareció un extraño brillo rojo en su mirada.
- ¿¡Y a ti que más te da como le libré!? - gritó Harry. - ¡Ese canalla de Voldemort es posterior a ti! -
- Voldemort es…- dijo Ryddle imperturbable. - mi pasado…presente…y futuro…-
Sacó del bolsillo la varita de Harry y escribió en el aire con ella tres resplandecientes palabras.
TOM MARVOLO RYDDLE
Luego volvió a agitar la varita, y las letras cambiaron de lugar.
IM LORD VOLDEMORT
Harry se llenó de ira. El heredero de Slytherin, era ni más ni menos que su mayor enemigo.
- El…es Vo-Voldemort…- murmuraba Hermione, al borde del desmayo.
Harry se sorprendió al oír como Hermione logró pronunciar el nombre de Voldemort, aunque fuera en voz muy baja. Hasta aquel momento, el único que conocía y había pronunciado su nombre, a parte de él, fue Dumbledore.
- De modo, que eres tú…- dijo, fulminándole con la mirada llena de odio. - ¡Tch! ¿Porque no me sorprende? -
- Es un nombre que yo ya usaba en Hogwarts, aunque sólo entre mis amigos más íntimos, claro. - dijo Ryddle, con aires de gloria. - ¿Crees que iba a usar siempre mi despreciable y sucio nombre muggle? Yo, ¿que soy descendiente del mismísimo Salazar Slytherin, por parte de madre? ¿Conservar yo el nombre de un vulgar muggle que me abandonó antes de que yo naciera, sólo porque se enteró de que su mujer era una bruja? No…Me concedí un nuevo nombre, un nombre que sabía que un día temerían pronunciar todos los magos, ¡cuando yo llegara a ser el hechicero más grande del mundo! -
- ¡Sigue soñando, miserable! - gritó el azabache, apretando el puño. - ¡Albus Dumbledore es el hechicero más grande del mundo! -
- ¡Dumbledore ha sido expulsado del castillo gracias a mi simple recuerdo! - dijo Ryddle, irritado.
- ¡Jamás se irá del todo! - dijo Harry con determinación. - ¡No mientras haiga quienes le guarden lealtad! -
Llegaba música de algún lugar. Ryddle se volvió para comprobar que en la Cámara no había nadie más, pero aquella música sonaba cada vez más y más fuerte. Era inquietante, estremecedora y sobrenatural. Harry miraba a su alrededor, intentando observar que podría ser. Luego, cuando la música alcanzó tal fuerza que Harry la sentía vibrar en su interior, surgieron llamas de la columna más cercana a él.
Apareció de repente un pájaro carmesí del tamaño de un cisne, que entonaba hacia el techo abovedado su rara música. Tenía una cola dorada y brillante, tan larga como la de un pavo real, y brillantes garras doradas, con las que sujetaba un fardo de harapos. El pájaro se encaminó derecho a Harry, dejó caer el fardo a sus pies y se le posó en el hombro. Cuando plegó las grandes alas, Harry levantó la mirada y vio que tenía un pico dorado afilado y los ojos redondos y brillantes. El pájaro dejó de cantar y acercó su cuerpo cálido a la mejilla de Harry, sin dejar de mirar fijamente a Ryddle.
- Es un fénix…- dijo Ryddle, devolviéndole una mirada perspicaz.
- Fawkes… - susurró Harry.
- Y eso…- dijo Ryddle, mirando el fardo que Fawkes había dejado caer. - eso no es más que el viejo Sombrero Seleccionador del colegio…-
Así era. Remendado, deshilachado y sucio, el Sombrero yacía inmóvil a los pies de Harry. Ryddle volvió a reír, rio tan fuerte que su risa se multiplicó en la oscura Cámara, como si estuvieran riendo diez Ryddles al mismo tiempo.
- ¡Eso es lo que Dumbledore envía a su defensor, un pájaro cantor y un sombrero ajado! -exclamó en tono burlón. - ¿Te sientes más seguro, Harry Potter? ¿Te sientes a salvo? -
Harry no respondió. En ese momento, el Sombrero empezó a hablar a Harry mentalmente.
- Mi señor, ha llegado la hora de la verdad…- dijo el Sombrero.
- ¿Qué quieres decir? - preguntó Harry, mentalmente. ¿Cómo podía hablarle el Sombrero, si no se lo había puesto aun?
- Estáis ante el heredero de Slytherin…- dijo el sombrero. - Usted, como heredero de Gryffindor, tiene el deber de detenerlo. -
- ¿Cómo? -
- Con el arma del gran Godric Gryffindor. - respondió el sombrero. - Una vez la empuñe, será suya…Está, dentro de mí... -
- ¿Esta arma me servirá para luchar contra un basilisco? -
- Si la empuña, podrá mirar al basilisco fijamente a los ojos. - repuso el sombrero. - La espada le protegerá, confíe en mi…-
Entonces Harry pudo ver que, dentro del sombrero, había algo plateado, parecía una empuñadura. Ryddle empezó a hablar.
- A lo que íbamos, Harry. - dijo Ryddle, sonriendo todavía con ganas. - En dos ocasiones, en tu pasado, en mi futuro, nos hemos encontrado. Han sido dos ocasiones en que no he logrado matarte. ¿Cómo sobreviviste? Cuéntamelo todo. Cuanto más hables…más tardarás en morir…-
- Bueno, - empezó Harry, hirviendo de ira. - no sé porque perdiste tus poderes al atacarme…sin embargo, sé por qué no pudiste matarme…¡Porque mi madre murió para salvarme! Así es Voldemort, mi vulgar madre de origen muggle, a los que tanto desprecias aun cuando portas algo de ellos en tu interior…si, ella me salvó. -
- Harry…- escuchó hablar en voz baja a Hermione, pero él no le hizo caso.
- Yo te he visto de verdad, - dijo Harry, mirando a Ryddle. - te vi el año pasado…Eres un pobre diablo, apenas estás vivo. Si Tom…¡A esto te ha llevado tu gran poder! ¡Has pasado de ser un poderoso mago a convertirte en una patética sombra de lo que fuiste! ¡Eres horrible, e inmundo! -
Ryddle tenía el rostro contorsionado. Forzó una horrible sonrisa. - O sea que tu madre murió para salvarte...Sí, ése es un potente contrahechizo. Tenía curiosidad, ¿sabes? Porque existe una extraña afinidad entre nosotros, Harry Potter...Incluso tú lo habrás notado: los dos somos de sangre mestiza, los dos huérfanos, los dos criados por muggles. Tal vez somos los dos únicos hablantes de pársel que ha habido en Hogwarts después de Slytherin. Incluso nos parecemos físicamente...Pero, después de todo, sólo fue suerte lo que te salvó de mí. Eso es lo que quería saber…-
Harry miró a Hermione una última vez. - Hermione, coge a Ginny y sácala de aquí…- le susurró.
- Pero Harry, y tu… ¿Qué vas a hacer? - preguntó ella con voz temblorosa.
- Cumplir con mi deber…- dijo Harry, mirando desafiante a Ryddle. - ¡Ahora vete! ¡Corre! - le insistió a Hermione.
Hermione, con las piernas temblorosas, arrastró a Ginny lejos de donde estaban, y dejando a los dos herederos, cara a cara.
- ¡Y pase lo que pase, cierra los ojos! - le gritó Harry, antes de enfocar su completa atención hacia Ryddle.
Vio que su enemigo se detenía entre las altas columnas y dirigía la mirada al rostro de Slytherin, que se elevaba sobre él en la oscuridad. Ryddle abrió la boca y silbó...pero Harry comprendió lo que decía "¡Háblame, Slytherin, el más grande de los Cuatro de Hogwarts!".
Harry se volvió hacia la estatua, el gigantesco rostro de piedra de la estatua de Slytherin se movió.
- Ahora Harry, voy a darte una pequeña lección. – dijo Ryddle, riéndose. - ¡Enfrentemos los poderes de lord Voldemort, heredero de Salazar Slytherin, contra el famoso Harry Potter, que tiene de su parte las mejores armas de Dumbledore! –
- Más bien, el arma…y por supuesto que la tengo…- dijo Harry con una sonrisa orgullosa. Ryddle lo miró extrañado. - ¡Prepárate, Ryddle! ¡HOY, TÚ Y SLYTHERIN CAERÉIS ANTE EL PODER DE GRYFFINDOR! - rugió, sacando del Sombrero una larga espada plateada y brillante, con la empuñadura llena de fulgurantes rubíes del tamaño de huevos que, al tocarla, se iluminó con una luz blanca.
- ¿¡Que es lo que has dicho!? - exclamó Ryddle, entre sorprendido y asustado. - ¿Una… espada? -
Harry dejo el Sombrero en el suelo húmedo y se puso en guardia. - ¿A caso pensabas que Godric Gryffindor se iba a quedar ciego y pasivo, ante los planes de Slytherin? - preguntó en tono burlón. - No…él lo descubrió. Sabía que el castillo sería amenazado por el horror de la Cámara. Por eso, dejó esta espada. Una noble arma capaz de combatir cualquier obra del mal…y ahora, te demostraré su gran poder…- explicó, como si la espada le hubiera transmitido lo que acababa de decir a su cabeza.
Ryddle esbozó una sonrisa ligera. - ¡Hmph! Que fascinante…- susurró. - ¿Quién te crees? ¿El heredero de Gryffindor? -
- No creo que sea necesario responder a esa pregunta, - replicó Harry, sonriendo. - Ryddle…-
- Lo entiendo…- sonrió Ryddle. - Gryffindor…así que al final tú serás mi último obstáculo…- dijo despectivamente. - ¡Pues veamos lo que su heredero es capaz de hacer! ¡MATALO! - le ordenó al basilisco.
Del interior de la boca de la estatua, salió el gigantesco basilisco, mirando a Harry fijamente a los ojos, cosa que el azabache hizo también, con una sonrisa desafiante en su rostro.
- ¡No! - gritó Ryddle, incrédulo y asustado - ¡No puede ser! ¿¡Por qué!? ¿¡Porque no estás muerto!? ¡Si lo estas mirando directamente a los ojos! -
- ¡Hmph! Estúpido…- dijo Harry con arrogancia. - Al empuñar esta espada la mirada del basilisco no me afecta en absoluto. Ahora soy inmune a ella…-
- Maldito Gryffindor…- masculló Ryddle entre dientes. Estaba asustado y enfadado. - Veamos si sigues riéndote cuando el basilisco te mate con su veneno…¡MATALO YA! - ordenó al basilisco.
La gigantesca serpiente intentó golpear a Harry, con la intención de hacerlo caer y clavarle sus dientes, pero el azabache esquivaba los golpes y se movía con rapidez. Trató de arrinconarlo, pero eso fue un error, el azabache se movió con rapidez, a un lado y hacia delante, empuñando con fuerza la espada, intentó cortar el cuerpo de la serpiente.
- ¡HAAAA! - gritó Harry, abalanzándose sobre el cuerpo del monstruo, y haciéndole un corte ligero, pero no fue suficiente. El basilisco soltó un pequeño grito, aunque bastante desagradable, y apartó bruscamente a Harry con la cola. El joven mago se reincorporó rápidamente. - ¡Tch! Sí que es resistente el condenado…-
La serpiente siguió atacando con brutalidad para tratar de detener al heredero de Gryffindor, pero este, al poseer una habilidad física sin igual, esquivaba sus golpes.
Harry, sin saber aún como, hizo que la espada desprendiera fuego en su hoja, ante la atónita mirada de Ryddle. No estaba del todo seguro de lo que estaba haciendo, pero intuyó que debía intentar atacar al basilisco con las llamas. Agitó la espada en llamas y el fuego salió disparado hacia los ojos del basilisco, quemándolos y cegándole.
- ¡NOOOOO! - gritó Ryddle entre desesperado y furioso.
Harry echó un rápido vistazo a las estructuras cercanas al basilisco, planeando su siguiente movimiento. - Voy a poner fin a esto…- susurró, preparándose para atacar al monstruo.
Sin embargo, algo dejó sin aliento a Harry. En una esquina vio a Hermione, recogiendo el Diario. El Basilisco, cegado y desorientado, se balanceaba ferozmente sin rumbo fijo. Con la boca abierta y revelando sus afilados colmillos, atacó inconscientemente donde estaba ella.
- ¡AAAAAH! - gritó Hermione, incapaz de moverse ante el terror de tener al basilisco a punto de atacarla.
- ¡NO! - gritó Harry, corriendo con todas sus fuerzas a donde estaba Hermione.
Se plantó en frente de ella, con la espada en la mano. La bestia arremetió a ciegas, yendo directo a Harry. Decidido a acabar con el monstruo, le hincó la espada con todas sus fuerzas, hundiéndola hasta la empuñadura en el velo del paladar de la serpiente. Pero mientras la cálida sangre le empapaba los brazos, sintió un agudo dolor encima del codo.
Un colmillo largo y venenoso se le estaba hundiendo más y más en el brazo, y se partió cuando el monstruo volvió la cabeza a un lado destrozando por poco la enorme estatua de Salazar Slytherin, y con un estremecimiento se desplomó en el suelo.
- ¿Harry? - dijo Hermione casi sin voz.
Harry se dejó resbalar hasta quedar sentado en el suelo. Agarró el colmillo envenenado y se lo arrancó, pero sabía que era demasiado tarde. El veneno había penetrado. La herida le producía un dolor candente que se le extendía lenta pero regularmente por todo el cuerpo. Al extraer el colmillo y ver su propia sangre que le empapaba la túnica, lo tenía claro.
- No…- susurró Hermione, negando con la cabeza. - no…no…-
- Estas a salvo…- susurró Harry, sonriendo con tristeza. - eso es lo más importante. -
- Harry…- lloró Hermione. - Harry no…¡Dios mío, que he hecho! -
- ¡Estás muerto, Harry Potter! - festejó Ryddle, y contemplando el cuerpo sin vida del basilisco añadió: - Y aun así…estoy impresionado…Jamás pensé que tu serías el heredero de Gryffindor. Quizás, ese sea el motivo real por el que quise eliminarte. Si, tiene sentido…debí suponer que serías un enorme y fastidioso obstáculo en mis planes…Bueno, tal vez seas inmune a la visión del basilisco, pero no al veneno del basilisco. ¿Quieres saber algo más a lo que no eres inmune? ¿Qué tal…el maleficio asesino? - preguntó, mientras se preparaba para lanzar una maldición contra Harry.
- ¡Tch! - gimió Harry, sintiendo como poco a poco se le iban las fuerzas. - Bueno…de todos modos se acabó para mi…-
- Esto…- escuchó hablar a Hermione, aunque más que con tristeza lo hacía con furia. - es culpa tuya…-
Ryddle sonrió maliciosamente. - Tu querida madre sangre sucia ya no está aquí para salvarte…- le dijo a Harry. - Adiós, Harry Potter…¡Avada…! - de repente, un agujero se formó en su pecho. - ¡AAAAAH! - gritó con dolor.
Harry lo miró atónito. ¿Qué le estaba pasando a Ryddle? ¿Por qué le estaban apareciendo agujeros por todo el cuerpo? Entonces, vio detrás de él a Hermione, quien empuñaba el colmillo del basilisco que se había sacado. Con él, estaba agujereando las páginas del diario de Ryddle.
- ¡Desaparece! - chilló ella con rabia y lágrimas en los ojos. - ¡Desaparece monstruo! -
- ¡NO! - le gritó Ryddle a Hermione con desesperación. - ¡NOOOOOOOOOOO! ¡DETENTEEEEEEEEEEEEEE! -
- ¡HAZLO, HERMIONE! - gritó Harry, animándola con las fuerzas que le quedaban. - ¡DESTRUYELO! -
Hermione cerró el diario, y con todas sus fuerzas, clavó una última vez el colmillo de basilisco en él. Tom Ryddle pegó un grito largo, horrible y desgarrado, mientras le aparecían más agujeros. La tinta salió a chorros del diario, vertiéndose sobre las manos temblorosas de Hermione e inundando el suelo. Ryddle se retorcía, gritando, y entonces...desapareció tras explotar como un cohete artificial.
Se oyó caer al suelo la varita de Harry y luego se hizo el silencio, sólo roto por el goteo de la tinta que aún manaba del diario, y el jadeo de Hermione. El veneno del basilisco había abierto un agujero incandescente en el cuaderno.
- Hermione…- dijo Harry débilmente, empezando a ver con dificultad. - Gracias…-
Ella se acercó corriendo a donde estaba, poniéndose de rodillas y mirando la herida con desesperación. - No...Harry…- lloró. - Harry, no me dejes por favor…-
- No…no quiero hacerlo…- gimió Harry, sintiendo como su cuerpo empezaba a no responderle como debía. - aún…aún no te he dicho lo que…- pero en ese momento, Fawkes aterrizó a su lado. - Fawkes…- dijo con dificultad. - Gracias…por darme la oportunidad de enfrentarme a él...- la visión se le estaba yendo. Sintió que el pájaro posaba su hermosa cabeza en el brazo, donde la serpiente lo había herido.
- Está llorando…- dijo Hermione, hipando. - Fawkes está llorando. -
Harry parpadeó. Sólo un instante vio con claridad la cabeza de Fawkes. Por las brillantes plumas le corrían unas lágrimas gruesas como perlas. Entonces ocurrió. El dolor empezaba a irse, y poco a poco empezó a recuperar la visión, volviendo a ver el rostro de Hermione.
Harry movió un poco la cabeza, y allí estaba Fawkes, apoyándole todavía la suya en el brazo. Un charquito de lágrimas brillaba en torno a la herida...Sólo que ya no había herida.
- Lagrimas de Fénix…- susurró Harry, incrédulo ante lo que había pasado. Sus fuerzas volvían a él. - ¡Claro! ¡Las lagrima de Fénix son curativas! -
- ¡Oh, Harry! - lloró Hermione, abrazándolo con fuerza.
- Tranquila, - sonrió Harry, casi asfixiándose. - estoy bien. ¡Los dos estamos bien! -
Fue como si un rayo solar lo rodeara, y le devolviera el calor tras una larga y fría jornada. Ambos lo habían conseguido: derrotaron al basilisco, frustrando el plan de Slytherin y de Tom Ryddle quien, en realidad, era Lord Voldemort.
- Pero, - dijo Harry, una vez se pusieron de pie y este recogió su varita. - ¿por qué fuiste a por el diario? El basilisco podría haberte…-
- Es por lo que dijo Ryddle. - explicó Hermione, aun temblando. - ¡El diario! De allí salió él. Ryddle necesitaba que alguien escribiera en su diario, para apoderarse del alma de esa persona y revivir. Hubiera escapado por completo si Ginny hubiera muerto. Entonces supe que había que destruirlo antes de que fuera demasiado tarde. ¿Te das cuenta? No me habría gustado ver a ese…ese ser de vuelta y mas joven. Habría sido el fin…-
- Aun así, por poco te mata el basilisco. - dijo Harry, observando como su herida desaparecía.
- Lo sé…- lloró Hermione. - fui una tonta. Podrías haber muerto por mi culpa… -
- Sin embargo, - sonrió Harry. - esa tontería puede haber salvado a Ginny. No todo ha ido tan mal. - se quedaron unos segundos mirándose, mientras Hermione se limpiaba las lagrimas y comenzaba a calmarse.
- Quizás…- dijo ella. - deberíamos hablar de eso…-
- ¿A que te refieres? -
- El porque Ginny tenía celos de mí…-
Harry se quedó de piedra. Era increíble lo cerca que había estado de morir y de ver como todo acababa. Su mente no estaba para nada centrada en los sentimientos de Ginny que, por cosas de su curiosidad, hizo que Hermione terminara pensando en el porqué de los celos. Que fácil sería para Harry darle una explicación a Hermione, y sin embargo, no podía. ¿Por qué no le salía? No estaba seguro.
- ¿Harry? ¿Hermione? -
Justo cuando Harry tenía claro que tenía que intentar explicarle sus sentimientos a Hermione, ambos escucharon una voz que venía desde la salida de la Cámara. Era Ginny, quien parecía despertar de un largo sueño.
- ¿Te encuentras bien Ginny? - preguntó Harry, mientras que Hermione se frotaba los ojos, sonrojada.
- Si…bueno, no…pero si…no sé…- farfulló Ginny, muy apenada. - Oh, lo siento mucho. Intenté decíroslo en el desayuno, pero delante de Percy no fui capaz. Era yo…pero os juro que no quería hacerlo...Ryddle me obligó, se apoderó de mí y...- se quedó sorprendida, al ver el diario destruido, y el basilisco muerto. - ¿Cómo lo habéis matado? ¿Dónde está Ryddle? Lo último que recuerdo es que salió del diario…-
- No te preocupes, Ginny. - le dijo Hermione. - Lo sabemos todo, no tienes que culparte a ti misma. -
- Ryddle no era más que un mero recuerdo…- repuso Harry con seriedad y calma. - Él ya no existe, su diario ha sido destruido. No volverá a jugar con la mente de nadie, nunca más. -
- Oh…¿y ahora qué? - rompió a llorar Ginny. - ¡Me van a expulsar! Siempre quise estudiar en Hogwarts, desde que vino Bill, y ahora tendré que irme y… ¿qué pensarán mis padres? - se preguntaba con la voz ronca. Hermione la abrazó, tratando de consolarla.
- ¡GINNY! -
El nombre de Ginny resonó desde la entrada a la Cámara. Entre jadeos y prisas, Harry vio entrar a Ron y Chloe.
- ¡Oh, Ginny! - Chloe la alcanzó primero, y de un salto se aferró a ella. - Por un momento pensé… -
- Madre mía, que alivio. - suspiró Ron, esbozando una sonrisa cansada. - Si no estuviéramos en este lugar tan espeluznante, me dejaría caer ahora mismo. -
- ¿Va todo bien? - le preguntó Harry. - ¿Y Lockhart? -
- ¿Lock-hart? - preguntó Ginny, mientras Hermione soltaba un bufido.
- Oh, si lo vieras. - dijo Ron, riéndose un poco. - Bueno, está hecho una pena, ya lo verás. Por cierto, ¿de dónde ha salido ese pájaro? - le preguntó a Harry.
- Es el Fénix de Dumbledore. - respondió él.
- ¿Esa cosa…es el basilisco? - inquirió Chloe, mirando con temor el cadáver del monstruo.
- ¡Caray! - saltó Ron, cuando se dio cuenta. - E…está muerto, ¿verdad? -
- Si, y nos dio bastante guerra. - aseguró Harry, aun mirándose la herida que había sido curada gracias a las lágrimas de Fawkes. - Ah, eso me recuerda…-
Con cuidado, Harry se acercó a la enorme serpiente y sujetó con fuerza la Espada que había sacado del Sombrero Seleccionador, la cual estaba clavada dentro de la boca del monstruo. Agarrándola con las dos manos, hizo un impulso y sacó la espada clavada. Estaba cubierta de sangre y olía mal.
- Hm…no le vendrá mal un poco de limpieza a este chisme. - dijo Harry, haciendo una mueca.
- ¡Oh! ¿De dónde has sacado esa espada? - preguntó Ron, mirando con asombro el arma.
- De la chistera. - respondió Harry, señalando al Sombrero Seleccionador con una sonrisa, mientras se guardaba la espada en el cinto.
- Hay que ver. - suspiró Hermione, mientras recogía el diario que había agujereado. - Todo este revuelo causado por un maldito diario…Esto es…-
- ¿Un diario? - preguntó Chloe, acercándose a Hermione.
- Si, ha sido tal y como sospechabas. - dijo Harry. - Aunque lamentablemente, Ginny, tuviste que escoger el peor libro posible para escribir tus pensamientos. -
Ginny se puso cabizbaja, mientras las lágrimas seguían resbalando por sus mejillas. - Lo siento…- susurró. - Lo siento tanto…-
Negando con la cabeza, Ron abrazó a su hermana, a pesar de que al principio ella no parecía encantada con la idea.
- No puede ser…- dijo Chloe de repente. Hermione le había prestado el diario destruido.
- ¿Qué ocurre? - preguntó Harry, una vez bajó de la serpiente.
- "T.M. Ryddle". - leyó Chloe. - Este libro…lo he visto antes...¿Pero dónde? -
- ¿Lo has visto antes? - inquirió Hermione. - ¿Qué quieres decir con eso? -
Chloe abrió el diario, y repasó las páginas. Al cabo de unos instantes, parecía aturdida por algo. ¿En verdad había visto antes el Diario de Tom Ryddle? ¿De cuánto tiempo se trataba?
- ¿Qué pasa Chloe? - preguntó Ginny débilmente.
- No…no…- Chloe negó con la cabeza, dándole el diario a Harry. - No es nada…habrá sido mi imaginación…-
Harry se sentía invadido por el deseo de iniciar un interrogatorio, pero sabía que no era el momento. Aún con la batalla concluida, seguían atrapados dentro de la Cámara, sin salida alguna.
Fawkes los estaba esperando, revoloteando en la entrada de la Cámara. Harry se guardó el diario en la túnica una vez recogió su varita y fue hacia el fénix para seguirlo. Ron, junto con Hermione, cogieron a Ginny por los costados, de manera confortable y la guiaron hacia la salida. Chloe fue detrás de ellos, cabizbaja y aturdida. Dejaron atrás el cuerpo retorcido e inanimado del basilisco, y a través de la penumbra resonante regresaron al túnel. Harry oyó cerrarse las puertas tras ellos con un suave silbido.
Ron y Chloe habían hecho un gran trabajo, pues pudieron pasar por el túnel sin problemas. Tras unos minutos de andar por el oscuro túnel, a los oídos de Harry llegó la distante voz de alguien. Guiados por Fawkes, cuyas alas rojas emitían en la oscuridad reflejos dorados, desanduvieron el camino hasta la tubería. Gilderoy Lockhart estaba allí sentado, tarareando plácidamente.
- Bueno, ahí está. - señaló Ron, riéndose. - Perdió la memoria cuando intentó borrárnosla, pero Harry y Chloe rechazaron su hechizo y bueno…ahí lo tenemos. - le explicó a Ginny.
- ¡Hmph! ¡Eso le pasa por farsante! - gruñó Hermione de brazos cruzados. - ¡Cuando vuelva a la torre pienso tirar todas sus mentiras a la basura! -
Harry se sentía como si estuvieran en navidades. - Por mí, me habría desecho de esos libros tras la primera clase de ese imbécil. - pensó.
Lockhart los miró a todos afablemente. - Hola…Qué sitio tan curioso, ¿verdad? ¿Vivís aquí? -
- No…- respondió Ron, arqueando las cejas.
Harry se inclinó para mirar la larga y oscura tubería. - Hm…¿tienes alguna idea de cómo vamos a subir? - preguntó a Ron, pero él negó con la cabeza.
Fawkes había pasado delante de Harry y se hallaba revoloteando delante de él. Los ojos redondos del ave brillaban en la oscuridad mientras agitaba sus alas doradas. Harry lo miró, dubitativo.
- Parece como si quisiera que te cogieras a él...- dijo Ron, perplejo. - Pero pesas demasiado para que un pájaro te suba. -
Harry sonrío. - Fawkes, no es un pájaro normal…-
- ¡Es cierto! - exclamó Hermione, con un brillo en los ojos. - ¡Los fénix pueden llevar cargas tremendamente pesadas! -
Harry asintió, y empezó a explicar su nuevo plan. - Vamos a darnos la mano: Hermione, tu coge mi mano y la de Ginny. Ginny, tu coge la de Ron. Chloe, tu cogerás la otra mano de Ron y a Lockhart...-
- ¿Eh? -
- Se refiere a usted…- aclaró Ron a Lockhart. Chloe se limitó a asentir, sin decir una palabra.
- ¿Estas bien, Chloe? - le preguntó Hermione.
Harry se metió la espada y el Sombrero Seleccionador en el cinto. Hermione se aferró al brazo y a la túnica del azabache, y el, a las plumas de la cola de Fawkes, que resultaban curiosamente cálidas al tacto.
Una extraordinaria luminosidad pareció extenderse por todo el cuerpo del ave, y en un segundo se encontraron subiendo por la tubería a toda velocidad. Harry podía oír a Lockhart gritando alegremente.
- ¡Asombroso, asombroso! ¡Esto parece cosa de magia! -
El grupo no pudo evitar reírse, hasta Ginny, que cada vez parecía estar mejor. Sin embargo, Chloe seguía sin decir nada.
El aire helado azotaba el pelo de Harry, y cuando empezaba a disfrutar del paseo, el viaje por la tubería terminó. Los cinco fueron saltando al suelo mojado junto a Myrtle la Llorona, y mientras Lockhart se arreglaba el sombrero, el lavabo que ocultaba la tubería volvió a su lugar, cerrando la abertura. Myrtle los miraba con ojos desorbitados.
- Estás vivo…- dijo a Harry sin comprender.
- Vaya, pareces muy decepcionada… - respondió este, divertido.
- No, es que...había estado pensando. - le dijo Myrtle, ruborizándose de color plata. - Si hubieras muerto, aquí serías bienvenido, te dejaría compartir mi retrete…-
- ¡Uf! - dijo Ron, cuando salieron de los aseos al corredor oscuro y desierto. - ¡Harry, creo que le gustas a Myrtle! -
- Esto…creo que no. - dijo Harry, fulminando a Ron. Myrtle se marchó ofendida por un desagüe.
- ¿Adónde vamos? - preguntó Ron, mirando a Ginny con impaciencia. Harry señaló hacia delante. Fawkes iluminaba el camino por el corredor, con su destello de oro, lo siguieron a grandes zancadas, y en un instante se hallaron ante el despacho de la profesora McGonagall.
Harry llamó y abrió la puerta.
Capítulo 38 - La liberación de Dobby.
Hubo un momento de silencio cuando Harry, Hermione, Ron, Ginny, Chloe y Lockhart aparecieron en la puerta, llenos de barro, suciedad y, en el caso de Harry, sangre. Luego alguien gritó.
- ¡Ginny! - Era la señora Weasley, que estaba llorando delante de la chimenea. Se puso en pie de un salto, seguida por su marido, y se abalanzaron sobre su hija.
Harry les sonrió, para después mirar detrás de ellos. El profesor Dumbledore estaba ante la repisa de la chimenea, sonriendo, junto a la profesora McGonagall, que respiraba con dificultad y se llevaba una mano al pecho. Fawkes pasó zumbando cerca del azabache, para posarse en el hombro de Dumbledore. Sin apenas darse cuenta, Harry, Ron, Hermione y Chloe se encontraron atrapados en el abrazo de la señora Weasley.
- ¡La habéis salvado! ¡La habéis salvado! ¿Cómo lo hicisteis? -
- Creo que a todos nos encantaría enterarnos…- dijo con un hilo de voz la profesora McGonagall.
Harry empezó a contarlo todo, habló durante casi un cuarto de hora, mientras los demás lo escuchaban absortos y en silencio. Contó lo de la voz que no salía de ningún sitio. Que Hermione había comprendido que lo que él oía era un basilisco que se movía por las tuberías. Que junto con ella y Ron siguieron a las arañas por el bosque. Que Aragog les había dicho dónde había matado a su víctima el basilisco. Que habían adivinado que Myrtle la Llorona había sido la víctima, y que la entrada a la Cámara de los Secretos podía encontrarse en los aseos...
- Muy bien. - señaló la profesora McGonagall, cuando Harry hizo una pausa. - Así que averiguasteis dónde estaba la entrada, quebrantando un centenar de normas, añadiría yo. Pero, ¿cómo demonios conseguisteis salir con vida, Potter? -
Así que Harry, con una impresionante tranquilidad, les relató la oportuna llegada de Fawkes y del Sombrero Seleccionador, que le proporcionó la espada, disimulando lo mejor que pudo la relación entre el diario de Ryddle y Ginny. Ella apoyaba la cabeza en el hombro de su madre, sin dejar de mirar a Chloe, quien permanecía distante, como si no quisiera entrometerse mucho en la conversación.
- ¿Y si expulsan a Ginny? - pensó el azabache, ocultando su preocupación. - El diario de Ryddle no sirve ya como prueba, pues ha quedado inservible... ¿Cómo podemos demostrar que Ryddle era el causante de todo? -
Instintivamente, Harry miró a Dumbledore, y éste esbozó una leve sonrisa. La hoguera de la chimenea hacía brillar sus lentes de media luna.
- Lo que más me intriga…- dijo Dumbledore amablemente, mientras se frotaba la barba. - Es cómo se las arregló Lord Voldemort para embrujar a Ginny, cuando mis fuentes me indican que actualmente se halla oculto en los bosques de Albania. -
Harry le sonrío a Dumbledore. Siempre podía contar con él.
- ¿Qué... qué? - preguntó el señor Weasley con voz atónita. - ¿"Ya…sabes qui-quién"? ¿Ginny embrujada? Pero Ginny no ha... Ginny no ha sido... ¿verdad? -
Harry suspiró, con el rostro serio. - Fue este diario...- dijo, cogiéndolo y enseñándoselo a Dumbledore. Chloe desvió la mirada y Ginny la miró extrañada. - Ryddle lo escribió cuando tenía dieciséis años…-
Dumbledore cogió el diario que sostenía Harry y examinó minuciosamente sus páginas quemadas y mojadas.
- Soberbio…- dijo con suavidad. - Por supuesto, él ha sido probablemente el alumno más inteligente que ha tenido nunca Hogwarts. - Se volvió hacia los Weasley, que lo miraban perplejos. - Muy pocos saben que Lord Voldemort se llamó antes Tom Ryddle. Yo mismo le di clase, hace cincuenta años, en Hogwarts. Desapareció tras abandonar el colegio...Recorrió el mundo...profundizó en las Artes Oscuras, tuvo trato con los peores de entre los nuestros, acometió peligros, transformaciones mágicas, hasta tal punto que cuando resurgió como lord Voldemort, resultaba irreconocible. Prácticamente nadie relacionó a lord Voldemort con el muchacho inteligente y encantador que recibió aquí el Premio Anual…-
- Pero Ginny…- dijo la señora Weasley. - ¿Qué tiene que ver nuestra Ginny con él? -
- ¡Su... su diario! - dijo Ginny, con la voz algo débil. - He estado escribiendo en él, y me ha estado contestando durante todo el curso...-
- ¡Ginny! - exclamó su padre, atónito. - ¿No te he enseñado una cosa? ¿Qué te he dicho siempre? No confíes en cosas que tengan la capacidad de pensar, de las cuales no sepas dónde tienen el cerebro. ¿Por qué no me enseñaste el diario a mí o a tu madre? Un objeto tan sospechoso como ése, ¡tenía que ser cosa de magia oscura! -
- No…no lo sabía…- dijo Ginny cabizbaja. - Lo encontré dentro de uno de los libros que me había comprado mamá. Pensé que alguien lo había dejado allí y se le había olvidado...-
- Ya te hemos dicho que no es culpa tuya…- le susurró amablemente Hermione. - No has hecho nada malo Ginny…-
- ¡Claro! Aquel día en Flourish y Blotts. - pensó el azabache. - Lucius Malfoy…de algún modo, el metió el diario en su caldero, estoy seguro…- entonces miró a Chloe. Por sus mejillas resbalaban unas lágrimas, y Harry no podía evitar pensar que ella se había dado cuenta de lo que su padre había hecho.
- La señorita Weasley debería ir directamente a la enfermería. - terció Dumbledore con voz firme. - Para ella ha sido una experiencia terrible, no habrá castigo. Lord Voldemort ha engañado a magos más viejos y más sabios. - Fue a abrir la puerta. - Reposo en cama y tal vez un tazón de chocolate caliente, a mí siempre me anima - añadió, guiñándole un ojo bondadosamente. - La señora Pomfrey estará todavía despierta. Debe de estar dando zumo de mandrágora a las víctimas del basilisco. Seguramente despertarán de un momento a otro. -
Todos sonrieron ante la nueva buena noticia.
- No les han causado un daño irreversible. - dijo Dumbledore.
La señora Weasley salió con Ginny, y el señor Weasley iba detrás, todavía muy impresionado.
- ¿Sabes, Minerva? - dijo pensativamente el profesor Dumbledore a la profesora McGonagall. - Creo que esto se merece un buen banquete. ¿Te puedo pedir que vayas a avisar a los de la cocina? -
- Bien, - dijo resueltamente la profesora McGonagall, encaminándose también hacia la puerta. - dejaré que ajustes cuentas con Potter, Weasley, Granger y (vaya, quien lo diría) Malfoy. -
- Eso es - sonrió Dumbledore.
La profesora salió del despacho. Harry, Ron, Hermione y Chloe miraron a Dumbledore dubitativos.
- ¿Sois conscientes de que, en las pasadas horas, los cuatro habéis quebrantado unas doce normas de la escuela? - preguntó el director, con aparente seriedad, dirigiéndose a los tres.
- Si señor…- respondieron ellos.
- ¿Y de que son motivos suficientes para ser expulsados? -
- Si señor…- volvieron a responder, tensos y esperando el veredicto final.
- Por tanto, y bien merecido…- repentinamente, Dumbledore esbozó una sonrisa afable. - se os recompensará…con el Premio por Servicios Especiales al Colegio y.…veamos...sí, creo que doscientos puntos para Gryffindor por cada uno. -
Harry, Ron y Hermione intercambiaron miradas de felicidad (Hermione dio un saltito alegre). Sin embargo, Chloe solo se quedó aturdida.
- Pero hay alguien que parece que no dice nada sobre su participación en la peligrosa aventura. - añadió Dumbledore. - ¿Por qué esa modestia, Gilderoy? -
- Hay va, me había olvidado que estaba aquí…- pensó Harry, sarcásticamente.
- Profesor Dumbledore, - dijo Ron enseguida. - hubo un accidente en la Cámara de los Secretos. El profesor Lockhart…-
- ¿Soy profesor? - preguntó sorprendido. - ¡Dios mío! Supongo que seré un inútil, ¿no? -
- Si…- bufaron Harry y Hermione, con los ojos entrecerrados.
- Bueno, como sea, él intentó hacer un embrujo desmemorizante, - explicó Ron a Dumbledore tranquilamente. - pero entre Harry y Chloe le regresaron el embrujo con Protego. -
- Hay que ver. - dijo Dumbledore, moviendo la cabeza de forma que le temblaba el largo bigote plateado. - ¡Herido con su propio conjuro, Gilderoy! -
- ¿Conjuro? Yo no sé hacer ningún conjuro, pero creo que esos chicos si saben algo. - dijo Lockhart con voz tenue.
- ¿Os importaría llevar también al profesor Lockhart a la enfermería? - dijo Dumbledore a Ron y Hermione. - Quisiera tener unas palabras con Harry. ¡Ah! Y Señorita Malfoy, si es tan amable…- cogió una carta y se la entregó a Chloe. - ¿podría llevar esta carta a la lechucería en calidad de urgencia? Es para Azkaban. Me imagino que es deseo de todos tener de vuelta a Hagrid. -
Chloe asintió rápidamente y salió corriendo. Lockhart salió poco después acompañado por Ron y Hermione. Ella miró con curiosidad a Harry y Dumbledore mientras cerraba la puerta.
Dumbledore fue hacia una de las sillas que había junto al fuego. - Siéntate, Harry. - dijo, y Harry tomó asiento. - Antes que nada, Harry, quiero darte las gracias…- sonrió, parpadeando de nuevo. - Debes de haber demostrado verdadera lealtad hacia mí en la Cámara. Sólo eso, habría hecho, acudir a Fawkes…-
Acarició al fénix, que agitaba las alas posado sobre una de sus rodillas. Harry le sonrió, cuando Dumbledore lo miró directamente a los ojos.
- Así que has conocido a Tom Ryddle…- dijo Dumbledore pensativo. - Imagino que tendría mucho interés en verte. -
- Si…- dijo Harry amargamente. - Según él, ambos nos parecemos, pero yo sé que eso no es verdad. Después de todo, ambos somos diferentes en cuanto a personalidad y decisiones…-
- Exacto Harry. - afirmó el director. - Me alegro de que seas consciente de ello. -
- Sin embargo, no me explico una cosa…- dijo Harry, juntando las manos. - Profesor, ¿porque puedo hablar pársel? Es algo que quería preguntarle con anterioridad, pero no estaba demasiado seguro de hacerlo…-
- Tú sabes hablar pársel, Harry…- dijo tranquilamente Dumbledore. - porque Lord Voldemort, que es el último descendiente de Salazar Slytherin, habla pársel. Si no estoy muy equivocado, él te transfirió algunos de sus poderes la noche en que te hizo esa cicatriz. No era su intención, seguro... -
Harry frunció el entrecejo. - ¿Voldemort puso algo de él en mí? -
- Eso parece. - dijo el director tranquilamente, dirigiendo su mirada hacia la espada. - En cuanto a esta espada…sabía que tarde o temprano caería en tus manos…-
- ¿Profesor? -
- Estoy convencido, de que aquella charla que me propusiste hace unos meses era en referencia a tu linaje, ¿cierto Harry? - preguntó Dumbledore con una sonrisa.
- ¿Usted sabe quién soy? - Harry estaba atónito.
- ¿El heredero de Gryffindor? Por supuesto. - dijo Dumbledore, con un brillo en los ojos. - El Sombrero Seleccionador me despejó las dudas hace un año, y me lo contó todo. Hace muchos años, en sus últimos años de vida, Godric Gryffindor confirmó lo que tanto estaba sospechando. Salazar Slytherin creó una Cámara oculta en las profundidades del castillo, con un monstruo en su interior, con la intención de que dicho monstruo cumpliera con su ambición de eliminar a todos los magos y brujas nacidos de muggles que vinieran a estudiar en Hogwarts. -
- El basilisco…- dijo el azabache.
- Así es, Harry…- asintió Dumbledore. - Por eso, Gryffindor dejó oculta su espada, para que cuando llegara el momento de la verdad, su heredero, es decir, tu, la blandiera y con ella pusiera fin a la ambición de Slytherin. -
- Cuando empuñé la espada, el basilisco no pudo matarme con la mirada. - dijo Harry. - ¿Es un poder especial de la espada? -
- En sus tiempos de juventud, Godric Gryffindor se distinguía por ser un valiente aventurero, que recorría el mundo en busca de aventuras y retos. – explicó Dumbledore, como si le estuviera contando a Harry una vieja historia medieval. - Una vez, le pidió a un grupo de duendes forjarle una espada con la cual poder combatir a cualquiera que tuviera afinidad con el mal. La espada, como bien puedes observar, lleva grabada en su hoja el nombre de Godric Gryffindor, pues el pasó a ser su legítimo propietario y dueño. Con ella combatió a muchos magos, brujas y criaturas oscuras. Por supuesto, llegó a luchar contra basiliscos, una horrible creación, que antiguamente en su época eran más abundantes, pero con el pasar de los años, su existencia se volvió casi una leyenda…Antes de morir, dejó la espada al cuidado del Sombrero Seleccionador. A lo largo de los años, unos pocos miembros de la casa Gryffindor empuñaron alguna vez la espada, sacándola del sombrero, pero ninguno logró quedársela, ninguno…excepto tú. -
- Entonces, lo que dijo el Sombrero es cierto. - dijo Harry, contemplando la espada. - La espada, ¿es mía ahora? -
- Es tuya hasta que tú mismo desees lo contrario…- dijo Dumbledore acariciándose la barba.
- Ya veo…¿eh? - de repente, la espada desapareció. - ¡Ya no está! -
- Oh, eso es que ha regresado a su lugar de letargo. - dijo Dumbledore. - Según me contó el Sombrero Seleccionador, en Hogwarts, existe un Santuario oculto, construido por Gryffindor. Allí es donde la espada descansa, hasta que sea convocada de nuevo, ya sea por medio del sombrero o…por su heredero. -
- Entiendo…- respondió Harry boquiabierto, entendiendo más o menos lo explicado por el director.
- Tengo entendido que, dicho Santuario, solo puede ser hallado por el heredero. - añadió Dumbledore. - Tan solo él tiene acceso a los secretos que alberga…Vaya, tenemos otro misterio por resolver, ¿qué te parece, Harry? -
- Suena fascinante…- dijo Harry con una sonrisa, riendo un poco por la cara de su director. Entonces, se acordó del lingote de oro que encontró, antes de entrar en la Cámara. - Oh, es cierto, encontré esto cerca de la entrada a la Cámara. - añadió, enseñándole el lingote.
Dumbledore lo miró con asombro y curiosidad. - Hm, no cabe duda. - dijo. - Esta pieza pertenece a Gryffindor. -
- ¿En serio? -
- Por supuesto. - repuso Dumbledore, mirando con un brillo en sus ojos el brillante lingote. - Recuerda que el símbolo de la casa Gryffindor es un león, el sello y emblema de Gryffindor, ni más ni menos. Debe de pertenecer al Santuario. Lo que no me explico es como llegó hasta ahí…-
- Yo tampoco…- dijo Harry pensativo, mientras Dumbledore le regresaba el lingote. - Dígame una cosa, ¿tiene algo de especial que yo sea el heredero de un fundador? ¿Algún poder o influencia sobre este castillo? -
Dumbledore sonrió y dijo: - Si, porque desciendes de uno de los fundadores, y no, porque a pesar de ello, eres un mago más en el mundo, como otro cualquiera. De tener algo como un poder o influencia especial sobre el castillo, Voldemort, que es heredero de Slytherin, tendría que tener algún poder o influencia especial aquí, pero no lo tiene. -
- Esta bien, tengo otra cuestión. - dijo Harry, alzando las cejas. - Si el objetivo de Slytherin era eliminar a los nacidos de muggles, ¿cuál es mi cometido real? ¿Impedir que se salga con la suya? -
- Estoy convencido de que, al ser el heredero de quien se esforzó por mantener unido al castillo, y a las casas, a pesar de los oscuros deseos de Slytherin, tu cometido es mucho más grande que limitarse a dejar que se cumpla la oscura ambición de un hombre cegado por el odio…- dijo Dumbledore, dedicándole una sonrisa a Harry. - Pero eso, Harry, solo tú lo podrás averiguar…-
Harry asintió, con un nuevo misterio que resolver entre manos. Dumbledore abrió uno de los cajones del escritorio de la profesora McGonagall y sacó de él una pluma y un tintero.
- ¿Sabes? Creo que te conviene ir a comer algo y tomarte un descanso. - dijo. - Te sugiero que bajes al banquete. Tengo que redactar un anuncio para "El Profeta". Necesitamos un nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. - suspiró. -Vaya, parece que no nos duran nada, ¿verdad? -
- Si…- suspiró Harry, deseoso de que el siguiente profesor no resultara un completo idiota, como Lockhart. - Sigo sin entender cuál es el punto de contratar a un imbécil como profesor. - pensó con fastidio. Se levantó y se dispuso a salir, pero al escuchar el sonido de la puerta, se apartó bruscamente para que se abriera.
Lucius Malfoy estaba allí, con el semblante furioso, y también Dobby, encogido de miedo y cubierto de vendas.
- Buenas noches, Lucius…- dijo Dumbledore amablemente.
El señor Malfoy entró en el despacho, ignorando a Harry. Dobby lo seguía detrás, pegado a su capa, con una expresión de terror.
- Así que ese es el amo de Dobby, ¡la familia a la que sirve son los Malfoy! - pensó el azabache sorprendido. - Creo que mis sospechas se están confirmando…-
- ¡Vaya! - dijo Lucius Malfoy, fijos en Dumbledore sus fríos ojos. - Ha vuelto. El consejo escolar lo ha suspendido de sus funciones, pero, aun así, usted ha considerado conveniente volver. -
- Bueno, Lucius, verá…- dijo Dumbledore, sonriendo serenamente. - He recibido una petición de los otros once representantes, aquello parecía un criadero de lechuzas, para serle sincero. Cuando recibieron la noticia de que la hija de Arthur Weasley había sido asesinada, me pidieron que volviera inmediatamente. Pensaron que, a pesar de todo, yo era el hombre más adecuado para el cargo. Además, me contaron cosas muy curiosas, algunos incluso decían que usted les había amenazado con echar una maldición sobre sus familias si no accedían a destituirme. -
- ¡Hmph! Como no…- bufó Harry mentalmente, mirando al señor Malfoy con desprecio.
El señor Malfoy se puso aún más pálido de lo habitual, pero seguía con los ojos cargados de furia. - ¿Así que... ha puesto fin a los ataques? ¿Ha encontrado al culpable? - dijo con aire despectivo.
- Lo hemos encontrado. - contestó Dumbledore, con una sonrisa.
- ¿Y bien? ¿Quién es? - preguntó bruscamente Malfoy.
- El mismo que la última vez, Lucius…- dijo Dumbledore. - Pero esta vez, Lord Voldemort actuaba a través de otra persona, por medio de este diario…-
Levantó el cuaderno negro agujereado en el centro, y miró a Malfoy atentamente. Harry, por el contrario, no apartaba los ojos de Dobby. El elfo hacia cosas muy raras. Miraba fijamente a Harry, señalando el diario, y luego al señor Malfoy. A continuación, se daba puñetazos en la cabeza. Harry asintió, Dobby estaba confirmando sus sospechas sobre Malfoy y el diario.
- Ya veo... - dijo despacio Malfoy a Dumbledore.
- Un plan inteligente…- dijo Dumbledore con voz desapasionada, sin dejar de mirar a Malfoy directamente a los ojos. - Porque si Harry, aquí presente…- Malfoy dirigió a Harry una incisiva mirada de soslayo. - y sus amigos no hubieran descubierto este cuaderno...Ginny Weasley habría aparecido como culpable. Nadie habría podido demostrar que ella no había actuado libremente...-
Lucius Malfoy no dijo nada, su cara se había vuelto de repente como de piedra.
- Imagínese, - prosiguió Dumbledore. - lo que podría haber ocurrido entonces...Los Weasley son una de las familias de sangre limpia más distinguidas. Imagine el efecto que habría tenido sobre Arthur Weasley y su Ley de defensa de los muggles, si se descubriera que su propia hija había atacado y asesinado a personas de origen muggle. Afortunadamente apareció el diario, con los recuerdos de Ryddle borrados de él. Quién sabe lo que podría haber pasado si no hubiera sido así. -
El señor Malfoy hizo un esfuerzo por hablar. - Ha sido una suerte…- dijo fríamente.
Pero Dobby seguía, a su espalda, señalando primero al diario, después a Lucius Malfoy, y luego pegándose en la cabeza. Harry le indicó con la mirada que ya estaba al tanto de la situación.
- Señor Malfoy…¿Usted sabe cómo llegó ese diario a Ginny? - le preguntó Harry con una voz susurradora.
Lucius Malfoy se volvió hacia él. - ¿Por qué iba a saber yo de dónde lo cogió esa tonta? - preguntó con desprecio.
- Muy sencillo, porque usted se lo dio de regalo, ¿no lo recuerda? - dijo Harry, fulminándole con la mirada y alzando el tono. - Ocurrió a finales de verano en Flourish y Blotts. Usted le cogió su libro de transformaciones y coló el diario dentro, ¿a que sí? -
Vio que el señor Malfoy abría y cerraba las manos. - ¡Demuéstralo! - dijo, furioso.
- ¡Hmph! - fue todo lo que soltó Harry, mirando con furia a Malfoy.
- Nadie puede demostrarlo, - dijo Dumbledore, y sonrió a Harry. - puesto que ha desaparecido del libro todo rastro de Ryddle. Por otro lado, le aconsejo, Lucius, que deje de repartir viejos recuerdos escolares de Lord Voldemort. Si algún otro cayera en manos inocentes, Arthur Weasley se asegurará de que le sea devuelto a usted...-
Lucius Malfoy se quedó un momento quieto, y Harry vio claramente que su mano derecha se agitaba como si quisiera empuñar la varita. Pero en vez de hacerlo, se volvió a su elfo doméstico.
- ¡Nos vamos, Dobby! -
Tiró de la puerta, y cuando el elfo se acercó corriendo, le dio una patada que lo envió fuera. Oyeron a Dobby gritar de dolor por todo el pasillo.
- Hm…tengo que hacer algo por él. - pensó el azabache con seriedad - No puedo dejar que siga sirviendo a un ser tan despreciable…- se volvió hacia el director. - Profesor Dumbledore, ¿me permite que le devuelva el diario al señor Malfoy? -
- Claro, Harry. - dijo Dumbledore con calma. - Pero date prisa, recuerda el banquete. -
Harry asintió, cogió el diario y salió del despacho corriendo. Aún se oían alejándose los gritos de dolor de Dobby, que ya había doblado la esquina del corredor. Rápidamente, preguntándose si sería posible que su plan tuviera éxito, Harry se quitó un zapato, se sacó el calcetín sucio y embarrado, y metió el diario dentro. Luego se puso a correr por el oscuro corredor. Los alcanzó al pie de las escaleras.
- Señor Maaaalfoooy…- canturreó Harry en tono alegre, que pasó a ser severo en apenas un instante. - ¡Se dejó esto! - y le puso a Lucius Malfoy en la mano el calcetín maloliente.
- ¿¡Qué diablos...!? - Lucius Malfoy extrajo el diario del calcetín, tiró éste al suelo y luego pasó la vista, furioso, del diario a Harry. - Harry Potter, vas a terminar como tus padres uno de estos días…- dijo bajando la voz. - También ellos eran unos idiotas entrometidos. - Y se volvió para irse. - Ven, Dobby. ¡He dicho que vengas! -
Pero Dobby no se movió. Sostenía el calcetín sucio y embarrado de Harry, contemplándolo como si fuera un tesoro de valor incalculable. - Mi amo le ha dado a Dobby un calcetín…- dijo el elfo asombrado. - Mi amo se lo ha dado a Dobby...-
- ¿¡Qué!? - escupió el señor Malfoy. - ¿¡Qué has dicho!? -
- Dobby tiene un calcetín…- dijo Dobby aún sin poder creérselo. - Mi amo lo tiró, y Dobby lo cogió, y ahora Dobby...¡Dobby es libre! -
Lucius Malfoy se quedó de piedra, mirando al elfo. Luego embistió a Harry.
- ¡Has hecho…que libere a mi siervo! ¡MOCOSO! -
Harry se rio arrogantemente, pero Dobby gritó: - ¡Usted no hará daño a Harry Potter! -
Se oyó un fuerte golpe, y el señor Malfoy cayó de espaldas. Bajó las escaleras de tres en tres y aterrizó hecho una masa de arrugas. Se levantó, lívido, y sacó la varita, Dobby iba a amenazarle, pero…
No supo con exactitud porque iba a tomar la siguiente elección, ¿por su orgullo o su deseo de darle su merecido? Nada resultó más satisfactorio para Harry que dejarse llevar por el momento.
- Tranquilo Dobby, esto es cosa de magos…- le dijo Harry a Dobby en tono afable, mientras empuñaba su varita. - ¡En guardia, Malfoy! - exclamó, apuntando al señor Malfoy.
- ¿¡A caso…crees que puedes desafiarme, Potter!? - inquirió Malfoy, mientras apuntaba con su varita a Harry.
- No me diga que me tiene miedo. - se burló Harry, poniéndose la capucha. - Por su culpa, Ginny y muchas personas han corrido grabe peligro este año…No pienso dejarle marcharse de rositas después de lo que ha hecho…- dijo desafiante, mientras adoptaba una pose de duelista.
Harry le indicó a Dobby que no se moviera, mientras que él "negociaba" con Lucius Malfoy.
Los dos se batieron en duelo. Al principio, Harry pensó que, si pudo derrotar al hijo de Malfoy, era posible que al padre se le pudiera desafiar. Sin embargo, no fue como esperaba.
- Ahora verás. - masculló Harry.
Harry lanzó una derivarte del maleficio rechazo (Flipendo Duo), pero Malfoy no tuvo problemas en rechazarlo, y por poco, devolvérselo al lanzador del maleficio. Harry intentó aturdirlo con Desmaius, pero el señor Malfoy mostró mucha más habilidad que él.
- No…puede ser. - pensó Harry, empezando a asustarse. Malfoy conjuró un hechizo incendio que por poco le quema su brazo izquierdo. - Pero si mi habilidad mágica ha aumentado en poco tiempo. Me he enfrentado a Voldemort, dos veces…¿cómo es que…? -
Los hechizos de Harry a penas le estaban afectando. Este, sonriendo con malicia, dijo: - ¿Y eres tú quien derrotó al Señor Tenebroso? Escuché rumores de que eras talentoso muchacho, pero es evidente que solo lo eres entre los de tu edad. - agitó la varita, apuntó a Harry y añadió con maldad: - Lamentarás haberme desafiado, ¡Desmaius! -
El encantamiento aturdidor fue tan rápido y potente que a Harry no le dio tiempo de rechazarlo o esquivarlo. Impactó de lleno en su pecho y le hizo volar hasta impactar en la pared más cercana. Se llevó un fuerte golpe, tanto que lo hizo sangrar. ¿Así era la magia de los adultos?
- ¡Harry Potter, señor! - gimió Dobby, al ver como el joven mago había quedado aturdido.
- ¿Y eso es todo lo que el gran Harry Potter puede hacer? - inquirió Malfoy, guardándose la varita. Harry a penas le había hecho sudar. - Sé agradecido, maldito mocoso. Estás en Hogwarts, bajo la protección de ese necio de Dumbledore pero…¿Por cuánto tiempo? ¿Estará él siempre a tu disposición para protegerte? -
- ¿Pro-protegerme? - pensó Harry amargamente. - ¿¡PROTEGERME!? - ¿A caso él era alguien que necesitaba protección? Su madre ya se había sacrificado por él, y nadie más debía hacerlo. Borrosamente desde su mente llegó a ver la figura de una mujer pelirroja, alzando los brazos protectoramente, para que luego todo quedara cubierto por una poderosa luz verde. Su Oclumancia había quedado olvidada por un momento, y el sentimiento de cólera invadió su mente y su corazón. Alzó un poco la mirada, solo para ver a Malfoy sonriendo burlonamente.
Algo que no esperaba ocurrió. No estaba mirando a Malfoy, sino a Tom Ryddle, ¿Por qué estaba allí? Y luego vio a Voldemort, con sus ojos rojos y una sonrisita desagradable.
- Eres débil…patético…- dijo el mago oscuro, antes de volverse y marcharse por la puerta grande. - ¿Alguna vez tuviste una oportunidad contra mí? -
Harry nunca se había sentido tan humillado y ridiculizado. Su honor había quedado manchado y las victimas sin una merecida venganza. Entonces algo despertó en él, no podía rendirse. Se sintió más fuerte que nunca.
- Esto…- dijo, recogiendo su varita y levantándose lentamente mientras su cuerpo temblaba de ira. - no ha terminado... -
- ¿Que…? -
La única respuesta que tuvo Malfoy fue un rugido por parte de Harry, antes de que este se abalanzara a por él, soltando hasta cinco encantamientos aturdidores. Malfoy blandió rápidamente su varita, y esta vez con dificultad, logró rechazar casi todos los hechizos de Harry, salvo uno, que llegó a darle.
- ¿¡Como te atreves!? - gritó Malfoy, enfadándose.
Empezaron a resonar maleficios y contrahechizos por todo el lugar. Se estaba armando un escándalo, algunas armaduras de los alrededores empezaron a ser víctimas de algunos maleficios, que las dejaban destrozadas.
- ¿¡Co-cómo es posible!? - inquirió Malfoy, asustándose, mientras rechazaba con dificultad un poderoso hechizo "Incendio" que fue a parar a otra armadura. - ¿¡De donde has sacado este poder!? -
Harry no comprendía porque se estaba sorprendiendo, pero pronto empezó a entenderlo. Su poder mágico se había disparado, ¿pero cómo? No lo sabía, y no creía que todos los magos pudieran romper sus límites como él lo había hecho. Los años de práctica hacían más hábiles y poderosos a los magos (o al menos eso le enseñaron). ¿Por qué sus hechizos eran más potentes y efectivos una vez desató su ira contra Malfoy? ¿O quizás fue la visión distorsionada en la que vio a Voldemort? No lo comprendía del todo, pero no le importó, pues su orgullo, su honor, estaban siendo recuperados, y el entusiasmo de saber que podía alcanzar a los magos más poderosos en poco tiempo lo llenó de entusiasmo.
¿Había algo que le impedía disfrutar más del momento? Solo una cosa: Harry pensó que todo lo que hacía lo podía hacer, pero sin ser el absoluto gobernante de sus acciones. Era como si su cuerpo se guiara solo por impulsos e instintos, en vez de ser su mente quien manejara la situación. Le dio mala espina, pero decidió no darle importancia. Después de todo, estaba dándole batalla a Malfoy.
- ¡No puede ser! - gruñó Malfoy, siendo rechazado hacia atrás después de recibir una poderosa derivarte del maleficio rechazo. Salió volando, atravesando la puerta hasta el patio, donde cayó, se reincorporó y se preparó para recibir más hechizos por parte del enfurecido Harry.
En apenas unos minutos, en el patio, había pilares agrietados, e incluso algunas llamas de fuego rodeándooslos a los dos. Lucius demostraba que no era un oponente el cual se podía subestimar. Sus movimientos de varita eran rápidos, y estaban dejando en serio problemas a Harry, mientras que el joven mago tiraba de rabia, habilidad y reflejos para que los maleficios de su oponente no le llegaran.
Era sorprendente el hecho de que nadie más se acercara a ver el espectacular duelo. Harry y Malfoy conectaron sus varitas por medio de Expelliarmus, haciendo temblar el suelo levemente.
- ¡Harry Potter es un mago extraordinario! - vitoreó Dobby, dando saltos de alegría. Los dos magos anularon la conexión de las varitas y siguieron lanzándose hechizos. - ¡Harry Potter es muy poderoso! ¡Harry Potter le está dando su merecido al malvado amo Lucius! -
La batalla estaba pasando a ser bastante pareja, intensa en cuestión de magnitud, ninguno de los dos cedía. Malfoy empezaba a cansarse, mientras que Harry seguía atacándolo con rabia.
Entonces, aprovechando un descuido de Malfoy, Harry gritó: - ¡EXPELLIARMUS! - con todas sus fuerzas.
Una poderosa ráfaga rojiza amarillenta colisionó contra el cuerpo de Lucius Malfoy, derribándolo. Los dos detuvieron sus hechizos, mientras que Malfoy trataba de reincorporarse y recobrar el aliento.
- Te…acordarás de está…Potter…- dijo Malfoy, humillado, agitado y dolorido.
De repente, la rabia abandonó a Harry. Estaba un poco impactado por lo que veía a su alrededor: las columnas destrozadas, grietas en las paredes, la fuente hecha pedazos…y en el vestíbulo, armaduras y cuadros por los suelos…Tenía que encontrar una solución cuanto antes.
- Si…- jadeó, agitado y quitándose la capucha. - Hasta nuestro próximo encuentro…señor Malfoy…-
Lucius Malfoy, dirigiéndoles una última mirada de odio y susto, se cubrió por completo con la capa y salió apresuradamente, aunque un poco más y tropezaba torpemente.
- ¡Harry Potter, señor! - dijo Dobby, felicitando a Harry por el duelo. - ¡Eso ha sido increíble! -
- Bueno, aunque si te soy honesto, por un momento pensé que iba a perder…- reconoció Harry, mientras trataba de recuperar el aliento. - Creo que Malfoy no esperaba que tu llegarías a atacarle, y mucho menos que yo le desafiara. - miró sus manos y luego se limpió la sangre que tenía a un lado de los labios. Aquella fuerza que le impulsó a luchar como nunca había desaparecido. ¿Esa habilidad salió por el apuro que había pasado? ¿Por qué por un momento sintió tanto odio que llegó a confundir al señor Malfoy con Voldemort? ¿O quizás por el sentimiento de humillación que llegó a sentir? El caso era que había dejado de estar enfadado, pasando a estar más tranquilo. - Aún no cuento con la habilidad mágica necesaria como para enfrentarme a magos más experimentados que yo…- añadió, mirándose la mano y sonriendo tristemente. - De no ser por el ataque que le lanzaste antes, lo más seguro es que me habría ganado. - dijo, buscando un pretexto que no fuera el extraño e inesperado poder oculto con el que contaba.
- Dobby sigue pensando que Harry Potter es un mago extraordinario, señor…- repuso Dobby en tono afable. - Y además…¡Harry Potter ha liberado a Dobby! - chilló de nuevo, la luz de la luna se reflejaba, a través de una ventana cercana, en sus ojos esféricos.
- Es lo menos que podía hacer, Dobby…- dijo Harry sonriendo, mientras se frotaba la frente con sudor. - Pero hágame un favor: prométame que no volverá a intentar salvarme la vida…-
Una sonrisa amplia, con todos los dientes a la vista, cruzó la fea cara cetrina del elfo.
- Sólo tengo una pregunta, Dobby…- dijo Harry, mientras Dobby se ponía el calcetín de Harry con manos temblorosas. - Usted me dijo que esto no tenía nada que ver con "El que no debe de ser nombrado", ¿recuerda? -
- Era una pista, señor. - dijo Dobby, con los ojos muy abiertos, como si resultara obvio. - Dobby le daba una pista. Antes de que cambiara de nombre, el Señor Tenebroso podía ser nombrado tranquilamente, ¿se da cuenta? -
- Caray, eso fue un poco rebuscado, ¿no crees? - dijo el azabache, riéndose. - Será mejor que me vaya. Hay un banquete, y tengo muchas ganas de volver con mis amigos…Oh, pero antes, repararé todo esto…- dijo, mirando de reojo los destrozos provocados por el duelo.
Dobby le echó los brazos a Harry en la cintura y lo abrazó con fuerza.
- ¡Harry Potter es mucho más grande de lo que Dobby suponía! - sollozó, hizo chasquear sus dedos y de repente, los destrozos se fueron reparando, como si Dobby hubiera usado un poderoso encantamiento de reparación (Reparo). Fue como ver una película de diez minutos de duración. Las grietas desaparecieron, la fuente fue restaurada, y en el vestíbulo, las armaduras se repararon solas y los cuadros volvieron a su lugar.
- Impresionante. - dijo Harry en voz baja. - Los elfos son increíbles en la magia. - pensó, recordando que la raza de los elfos tenía magia muy poderosa, diferente a la de los magos, o al menos eso le explicó Hermione una tarde.
- ¡Adiós, Harry Potter! - dijo Dobby, dando un sonoro chasquido. El elfo desapareció y no se le volvió a escuchar.
- Hasta la vista, amigo Dobby. - sonrió Harry. De repente, cuando vio su reflejo en el agua de la fuente, le pareció haber visto como sus ojos tenían un color diferente, como rojizo brillante. Parpadeó unos segundos y cuando volvió a mirarse sus ojos seguían tan verdosos como de costumbre. ¿Habrá sido su imaginación? No estaba seguro. -
- Lo liberaste…-
Harry se volvió cuando escuchó aquella voz. Chloe había aparecido tímidamente detrás de una columna cercana a las puertas.
- ¿Sabes? - dijo ella, perpleja. - Me contaron muchas cosas de ti, Harry, sobre lo bueno que eres con los hechizos…pero jamás pensé que serías tan…tan fuerte. ¡Has estado increíble! -
- Bueno, no creo que tu padre se esperara que yo le hiciera frente. - dijo Harry, frotándose la nuca. - Creo recordar que te dije que no le tengo miedo. - añadió con una sonrisa.
- Me lo has dejado bastante claro, sí. - repuso Chloe, sonriendo débilmente. - ¿Estás bien? Me dieron ganas de intervenir, pero…no sabía si hacerlo. -
- Descuida, hiciste bien. - repuso Harry. - No me habría gustado que te entrometieras en el duelo y te enfrentaras a…él. Ese…- añadió con disgusto. - quería darle su merecido por todo lo que hizo, y también por lo de Dobby. Si vieras como lo trató cuando estábamos en el despacho de Dumbledore… -
- Gracias por liberarle. - dijo Chloe, cabizbaja. - Ha tenido que soportar por años el maltrato de mi padre…Siempre mirándolo como un ser inferior…-
- No pareces muy contenta a pesar de todo lo que has hecho. - observó Harry. - ¿Es por el diario? -
- Si tan solo…- de repente, Chloe empezó a llorar. - Si tan solo hubiera echado un vistazo en el cajón de su mesa de noche, yo…-
- Chloe…-
Chloe se llevó las manos a la cara. - So-soy horrible…- lloró. - Una mala amiga…Ese diario estaba en el escritorio de mi padre. Hace años lo encontré en un cajón, pero lo dejé porque no llevaba nada escrito. Había algo raro en él…sentía un repentino deseo de leerlo, aunque no hubiera nada escrito…me dio miedo. Decidí dejarlo donde estaba y evitar acercarme allí desde entonces…-
- Sigo sin entender porque piensas que eres una mala amiga. - empezó Harry, pero Chloe estaba muy apenada.
- ¡Porque si me hubiera dado cuenta…si tan solo hubiera visto donde estaba escribiendo…nada de esto habría pasado! - chilló ella. - ¡Nadie hubiera sido petrificado! ¡Ginny no habría sido manipulada y llevada a la Cámara! ¡Ella…ella podría haber muerto! -
- ¿Me estás diciendo que esto es culpa tuya? - inquirió Harry, incrédulo ante lo que escuchaba.
- Yo podría haberme desecho de ese maldito diario, y no lo hice…- lloró Chloe. - No quería invadir la privacidad de Ginny, porque un diario es algo muy, muy personal…Pero, aun así, si tan solo…-
- ¡Tonta! - le gritó Harry, haciéndola retroceder. - ¿Quieres dejar de culparte por cada estupidez que hace tu padre? - dijo enfadado. - Si él quiere ser un desgraciado pues deja que lo sea. ¡Pero tú eres tú! - Chloe lloró con más fuerza. - Tú afirmas que eres una mala amiga y, sin embargo, ignoras todo lo que has hecho por Ginny este año: No te has separado de ella, la has defendido cuando alguien la molestaba e incluso tuviste el valor de saltar por la entrada de la Cámara para ir en su ayuda, sin conocer aquello a lo que ibas a enfrentarte. - se acercó a ella y tocó suavemente su hombro. - ¿Aún crees que eres una mala amiga? Porque yo creo que eres una buena persona…-
- Pero Ginny…Ginny podría…-
- Si le hubiese pasado algo a Ginny, la responsabilidad habría sido de tu padre, y de Voldemort. - repuso Harry con seriedad. - Es tal y como Dumbledore insinuó: Tu padre quería librarse de los nacidos de muggles y perjudicar a los Weasley. Lo que no me esperaba es que llegara tan lejos como para querer soltar a un monstruo capaz de matar con la mirada…-
Chloe se volvió bruscamente, limpiándose las lágrimas de la cara con la manga de su túnica.
- No puedo creer que mi padre haya hecho algo así…- dijo, negando con la cabeza. - Él no…él no puede…-
- Sé que es difícil, - admitió Harry. - pero es una realidad que, con el tiempo, tendrás que asumir…-
En pocos segundos, Harry escuchó un bullicio que provenía desde la gran escalinata. Largas colas de estudiantes y profesores se dirigían hacia el Gran Comedor para el banquete. Harry se alegró de que nadie más presenciara su duelo con Lucius Malfoy, porque igual acababa teniendo problemas.
- Venga, alegra esa cara. - le dijo Harry a Chloe. - Vamos a tener un banquete, ¡y a esta hora! -
- Pero…-
- Oh, y por favor, no le digas a nadie lo que ha pasado aquí, ¿vale? No quiero que piensen que soy capaz de igualar a un mago adulto. -
