Capítulo 39 - Sentimiento reprimido

Harry había estado presente en varios banquetes de Hogwarts, pero en ninguno como aquél. Todos iban en pijama, y la celebración duró toda la noche. Harry no sabía si lo mejor había sido cuando Hermione se acercó a él para abrazarlo. Cuando se miraron, después de que todo hubiese acabado, solo le quedaba por preguntarse si ella le diría algo con respecto a lo que sentía.

Tampoco faltó Justin, que se levantó de la mesa de Hufflepuff y se le acercó veloz para estrecharle la mano y disculparse infinitamente por haber sospechado de él. Luego, Hagrid llegó, a las tres y media, dando a Harry y a Ron unas palmadas tan fuertes en los hombros que tiró a ambos contra el postre. Hermione y Chloe se libraron de milagro.

- Eso ha dolido…- dijo el azabache, saboreando un poco el pastel donde cayó su cara. - al menos el pastel está muy bueno…-

La cosa iba a mejor por momentos. La casa Gryffindor llegó a ganar hasta ochocientos puntos por el rescate de Ginny. Así, se aseguraron la Copa de las Casas por segundo año consecutivo, además de batir un nuevo registró en cuestión de puntos.

- ¡Trío de oro! ¡Trío de oro! ¡Trío de oro! - coreaban los gemelos Fred y George Weasley, suponiendo que, gracias a ellos, Gryffindor obtuvo el récord de puntos. Chloe aún se sentía distante, y a Harry le entró curiosidad de que, en aquel momento, Ginny era quien trataba de animar a quien tanto cuidó de ella durante el curso escolar.

- ¿Qué te pasa? - le preguntó Ron a Chloe. - ¿Ganamos por paliza a Slytherin y te pones así? Al igual en el fondo no te parece atractiva la idea de ganarles…-

- No, no es por eso. - dijo Chloe tímidamente. - Es que…-

- ¡Ah, bien! - dijo Ron, sonriendo. - En ese caso tendré más postre para mí. -

Chloe aporreó la mesa con las manos y se encaró con él. - ¡De eso nada, Weasley! - dijo enérgicamente. - ¡Está vez seré yo quien se quede con las rosquillas de mermelada! -

Mientras empezaban a discutir, la profesora McGonagall se levantó para anunciar que el colegio, como obsequio a los alumnos, había decidido prescindir de los exámenes.

- ¡Oh no! - exclamó Hermione, llevándose las manos a la cabeza.

Harry bufó un poco frustrado, pero estaba tan contagiado por la alegría de sus amigos que no le dio más importancia. Dumbledore anunció que el profesor Lockhart no podría volver el curso siguiente, debido a que tenía que ingresar en un sanatorio para recuperar la memoria. Algunos de los profesores se unieron al grito de júbilo con el que los alumnos recibieron estas noticias, sobre todo, McGonagall y Snape. Harry nunca los había visto tan contentos.

- ¡Si! - celebró Harry, saltando de alegría y riendo como un idiota. - ¡Venga! ¿¡Dónde están los cohetes y los globos!? ¡Esto hay que celebrarlo! - Hermione rodó los ojos divertida.

- ¡Qué pena! - dijo Ron entre risas, cogiendo una rosquilla rellena de mermelada e ignorando el puchero de Chloe. - Estaba empezando a caerme bien. -

El resto del último trimestre transcurrió bajo un sol radiante y abrasador. Hogwarts había vuelto a la normalidad, con sólo unas pequeñas diferencias: Las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras se habían suspendido; Lucius Malfoy había sido expulsado del consejo escolar, cosa que a Draco y a Chloe les traía sin cuidado; Ginny volvía a ser feliz, al lado de sus amigas y (según sospechaba Harry) de alguien más.

Al día siguiente, en la noche, aprovechando que todos los estudiantes tenían permiso para merodear por el castillo, debido a que todo el peligro ya había pasado, Harry se reunió con Ron y Hermione para hablar sobre su legado, considerando que había llegado el momento de revelar a sus dos mejores amigos tal secreto. Los tres se vieron en la (momentáneamente) desértica Sala Común de Gryffindor.

Harry les contó que su familia, desciende del mismísimo Godric Gryffindor, uno de los cuatro fundadores de Hogwarts; Que él resultó ser el elegido por el legendario fundador, debido a su condición de mestizo; Que Gryffindor descubrió los planes de Slytherin para erradicar a los estudiantes muggles de Hogwarts; Que dejó su legendaria espada con la intención de que su elegido la llegara a usar, y que, como tal, su deber era acabar con el monstruo que albergaba la Cámara, para que todos los estudiantes que llegaran a Hogwarts mantuvieran su derecho a la educación mágica intacta.

- ¿De modo que nuestro Gryffindor pilló al viejo Slytherin? - dijo Ron, quien había escuchado fascinado toda la historia. - Evidentemente tenía que ser él. No es por nada, pero nosotros siempre hemos estamos aquí para fastidiar los planes de esos chiflados de verde. -

- Pero es un poco extraño, - dijo Hermione, mientras se ponía pensativa. - que siendo el heredero de Gryffindor tengas también una cualidad de Slytherin. La lengua pársel…-

- Eso se debe a esto. - dijo el azabache, señalando su cicatriz. - Según Dumbledore, Voldemort me transfirió algunos de sus poderes la noche que me hizo la cicatriz…-

Ron y Hermione lo miraron sorpresivos.

- Aguarda un momento…- dijo Ron, algo asustado. - ¿me estás diciendo que tienes poderes de…de…"ya sabes quién"? -

- Si, eso parece. - dijo Harry, frunciendo el entrecejo. - Pero no quiere decir que me vaya a convertir en su psicópata asesino, ¿no? -

- ¡Por supuesto que no! - exclamó Hermione, escandalizada. - Tu eres una buena persona Harry. El chico más gentil que he conocido. De ninguna manera puedes ser malo, estoy totalmente segura. -

Harry esbozó una amplia sonrisa. - Gracias por no verme como un bricho raro…- dijo.

- No eres un bicho raro, - se río Hermione, mientras le daba un golpecito en la cabeza. - pero si un cabezota. -

- Oh, acabo de recordar algo más…- dijo Harry, sacando de su bolsillo el lingote de oro. Cuando vieron lo que sostenía, tanto Ron como Hermione se quedaron boquiabiertos.

- Ahí va…- susurró Ron en voz baja, mirando fijamente el lingote. - Harry, ¿de dónde has sacado esto? -

- Lo encontré tras la avalancha, - explicó Harry, llevándose una mano a la barbilla. - cuando Lockhart intentó quitarnos la memoria. Lo guardé y cuando estaba hablando con Dumbledore le pregunté que podía ser. Me habló sobre un Santuario oculto que construyó Gryffindor en su época. Ni siquiera el Sombrero Seleccionador sabe dónde puede encontrarse la entrada. Al parecer, esa tarea me corresponderá a mí. - se rio un poco. - Recuerdo que Ryddle dijo que le llevó cinco años descubrir la entrada a la Cámara de los Secretos…A ver si consigo batir su marca. -

- Un Santuario…- susurró Hermione con emoción.

- ¿Qué creéis que haiga dentro? - preguntó Ron. Por su expresión, a Harry le daba la sensación de que no sabía si considerar la información como buena o preocupante. - No…será que a Gryffindor se le dio por dejar encerrado a otro monstruo, ¿no? -.

- No lo sé. - dijo Harry, negando con la cabeza. - Según Dumbledore, se trata de un Santuario lleno de conocimiento y sabiduría, pero eso ya lo comprobaré. En cualquier caso, sea lo que sea que contenga, no creo que perjudique a nadie. Es decir, estamos hablando de Gryffindor, ¿no? -

- ¡Pues claro! - dijo Ron sobresaltándose. - Al menos él no era un viejo chiflado y retorcido. -

Harry dejó que Hermione observara con atención el lingote.

- Hm…que curioso. - dijo ella. - Entonces, este lingote pertenece a ese Santuario, ¿verdad? -

- Así es. - repuso Harry. - Eso significa que, evidentemente existe. -

Hermione sonreía tanto que parecía estar en la parte más emocionante de uno de sus muchos libros. - Pues estaría bien si intentamos encontrarlo. - dijo, mientras le regresaba el lingote a Harry. - Aunque me temo que va a ser más complicado que hallar la entrada de la Cámara. Pero…si pudimos descubrir el secreto de Slytherin, de seguro también podremos descubrir el de Gryffindor. -

- ¿Crees que tenga algún valor en el mercado? - preguntó Ron, mirando de reojo el lingote.

- Dudo de que sea algo que se pueda vender. - dijo Harry, guardándose el lingote. - Debe de ser una pieza importante. Quizás nos pueda servir para encontrar el Santuario…-

Tanto Hermione como Ron asintieron, y tras una interesante charla sobre el Santuario y sus posibles maravillas, optaron por irse a dormir.

Al día siguiente, Harry bajó a desayunar más temprano que de costumbre, lo cual, si se tenía en cuenta que los exámenes habían sido cancelados, era bastante extraño. Por la mañana, pudo comprobar que Chloe seguían tan animada como al principio. Entró a desayunar poco después de Harry y se marchó a jugar a los terrenos con Ginny y Luna.

Su estancia en Hogwarts estaba cerca de llegar a su fin, y Harry aún no había hablado con Hermione, y mucho menos revelado sus sentimientos hacia ella. Necesitaba hacerlo, lo sabía, pero aún seguía sin decidir cómo dar el paso.

- Vamos Harry. - pensó desde su mente. - Te has enfrentado al canalla de Voldemort dos veces, has derrotado un basilisco y humillado a Malfoy. ¿¡Es que no puedes decirle lo que sientes y ya!? -

Y de pronto, algo impactó sobre él, tirándolo al pasto de los terrenos cerca del lago y sacándole de sus pensamientos. Se había olvidado de que estaba en mitad de un duelo de practica con Chloe.

- ¿Harry? - dijo ella, mirándolo con el ceño fruncido. - ¿Estás bien? ¿Te hice daño? -

- No, no pasa nada. - farfulló Harry, sacudiendo la cabeza. - Es solo que estaba pensando en…-

- Déjame adivinar, - dijo Chloe con una sonrisa. - ¿sigues pensando en cómo le dirás a Hermione lo que sientes por ella? -

Harry se quedó de piedra. - ¿Pero…cómo? -

- A veces se te escapan tus pensamientos por donde no deben. - se río Chloe. - No te preocupes, no le he dicho nada a nadie, ni siquiera a Ginny. Aunque evidentemente ella lo a sospechado todo este tiempo. -

- Si, Ryddle ya se encargó de mencionarlo. - bufó Harry, sintiendo que se ruborizaba. - Sin embargo, por mucho que lo pienso…no sé. Es como si por un lado quisiera dar ese paso, pero por otra parte me siento incapaz. -

- Ven, - dijo Chloe, señalando la orilla del lago. - siéntate. -

Harry dudó unos segundos, pero decidió acompañarla, riéndose un poco al imaginarse a su pequeña amiga dándole consejos sobre cómo romper el hielo y dar el siguiente paso.

El agua fluía tranquilamente, era algo de lo más relajante. A lo lejos, Harry podía distinguir las figuras de Fred y George arrojándole comida al calamar gigante; a Ron escondido tras unos pilares esperando a que Crabbe y Goyle tropezaran con algunas de sus trampas y a Ginny hablando…¿con Draco Malfoy? Aquello le pareció extraño, pero no dijo nada.

- Dime, - empezó Chloe, tirando una piedra al lago. - ¿desde cuándo conoces a Hermione? -

- Pues, - dijo Harry, pensando. - nos conocimos hace más de dos años, en el Callejón Diagon. Fue de casualidad, ella iba cargada hasta arriba de libros y tropezó conmigo. Al principio se puso muy nerviosa por su torpeza, pero después de hablar por varias horas nos acabamos llevando bien. - una sonrisa se le dibujó en la cara. - La acompañé por todo el Callejón, de una tienda a otra junto a su pila de libros. Me presentó a sus padres y al final forjamos una buena relación. Mas adelante viajaríamos juntos por primera vez a Hogwarts. -

- Bien, entonces sois amigos desde hace más de dos años. - dijo Chloe. - ¿Desde cuándo empezó a gustarte? -

Harry se ruborizó, pero respondió: - No estoy muy seguro. Quiero decir, ella se empeña en decir que no es bonita cuando en realidad lo es. Sin embargo, cada vez que alguien señala sus dientes su moral cae por los suelos. Sus padres llevan tiempo intentando convencerla para que se ponga unos aparatos dentales, pero ella no quiere. -

- ¿Aparatos dentales? - preguntó Chloe. - ¿Para qué sirven? -

- Para corregir la posición de los dientes que estén torcidos, o en el caso de Hermione, alargados. - explicó Harry. - Sus padres son dentistas, así que saben lo que hay que hacer. -

- Te preguntaría que es un dentista, pero imagino que tiene que ver con los dientes. - dijo Chloe, pensativa. A Harry le parecía graciosa su cara pensativa. - Bueno, me parece que nos estamos desviando del tema. A ver…iré directamente al grano. ¿Cuál crees que es la razón por la cual eres incapaz de ir con Hermione y decirle lo que sientes? -

- Pues…- Harry se quedó meditando, mientras cogía una piedra y la lanzaba a las aguas del lago, donde saltó unas cinco veces hasta hundirse. - no estoy seguro, pero siento como si aún no estuviera preparado para decírselo a Hermione. -

- ¿Por qué? -

Rebuscando bien en su memoria se le vino a la cabeza la posible causa de sus dudas: Lockhart. ¿Por qué tenía que pensar en ese bueno para nada? ¿Por qué recordaba con tanta claridad el cómo había conseguido atraer a Hermione con sus libritos plagados de mentiras fantasiosas? Entonces, empezó a entender por qué…

- Porque no sé si soy yo…- dijo Harry finalmente, cabizbajo. - no sé si le gusto a ella…-

- ¿Por qué piensas eso? -

- Porque hasta ahora nos hemos tratado más como amigos cercanos por una especie de hermandad que como una pareja. - dijo Harry, sintiéndose frustrado. - Finalmente lo entiendo, aún no le he dado tiempo a escoger. -

- Pero no sabrás si le gustas hasta que se lo preguntes. - repuso Chloe. - ¿De verdad no quieres intentarlo? -

- Bueno…- suspiró Harry. - aún me quedan otros cinco años más en Hogwarts, ¿no? - y con una sonrisa añadió: - Además, puede que en ese tiempo las cosas cambien. Quiero estar seguro de que este sentimiento hacia ella es algo real y no algo pasajero. Si hay algo para lo que me ha servido mi experiencia con ese infeliz de Lockhart es para eso. No quiero vivir un encaprichamiento y obsesionarme con eso. Quiero estar seguro de que Hermione es la persona a la que quiero. -

- Vaya…- dijo Chloe, arreglándose el pelo. - no lo había pensado así…Bueno, si eso te ayuda a estar más centrado, me alegro. Supongo que algo hemos conseguido. -

- Si…- sonrió Harry. - y…hablando del tema. ¿Has encontrado a alguien interesante durante tu primer año? -

Entonces, las mejillas de Chloe se volvieron rosas. - Hm…no, no, para nada. - farfulló, jugueteando nerviosamente con los dedos. - ¿A qué viene esa pregunta? -

- Hm…bueno, - dijo Harry, sonriendo aún más. - Hace unos meses Ron recibió una tarjeta por San Valentín, entonces pensé: ¿Quién puede habérsela mandando? -

- ¡Oh, venga ya! - protestó Chloe, poniéndose roja. - ¿Cómo se te ocurre pensar eso? ¡De ninguna manera! A lo mejor Ron tiene por ahí alguna admiradora secreta, ¡pero desde luego que no soy yo! -

- Eso no me explica porque te has puesto roja. - observó Harry. - ¿Estas absolutamente segura? -

- ¡Si! - bufó Chloe, levantándose bruscamente. - ¡Definitivamente! Ahora si me disculpas, tengo que reunirme con Luna. Nos…nos vemos luego. - y salió corriendo rumbo al castillo.

- Bueno, - pensó Harry. - ya veremos si es verdad o no…-

Decidido a aclarar las cosas con Hermione, Harry decidió ir a buscarla. Preguntó a varias personas hasta que sus pasos lo condujeron a la torre de Astronomía. Allí, solo había una persona.

Hermione estaba entretenida, sacándole brillo a un telescopio y a sus espaldas, se podía contemplar el hermoso paisaje que ofrecían los terrenos de Hogwarts, a la luz del sol. Contrario a como esperaba sentirse, estaba tranquilo en vez de nervioso por estar tan cerca de ella, a solas.

- ¿Estas bien, Harry? - le preguntó Hermione, mientras dejaba el telescopio que estaba limpiando encima de una estantería.

- Si. - respondió Harry automáticamente. - ¿Qué hay de ti? ¿Te han pedido que limpies los telescopios? -

Hermione se rio un poco. - Bueno, - dijo. - con los exámenes suspendidos (aun no puedo creerlo), y con tanto tiempo libre, si no puedo distraerme con libros entonces debo encontrar otras actividades, ¿no te parece? -

- Hm…supongo. - dijo Harry, sonriendo.

Hermione lo miró, y soltó un suspiro. - Dime, ¿hay algo que quieras contarme? - preguntó.

- Tengo la vaga sensación de haber oído antes esa pregunta…- pensó Harry. - Hm…tal vez. ¿Tengo algo que contarte? - preguntó, sintiéndose tonto.

- Harry, la verdad es que esperaba que vinieras aquí. - dijo Hermione. - Quería hablar contigo sobre lo que pasó en la Cámara. -

Ya estaba. Harry sabía que para alguien con tan buena memoria como podía ser Hermione no se le iba a olvidar una vivencia como la de la Cámara. Maldiciendo a Ryddle por hablar de sus sentimientos, respiró un poco y mantuvo la compostura lo mejor que pudo.

- ¿Qué quieres que te diga? - preguntó Harry, tratando de encontrar mejores palabras, pero sin tiempo.

- Harry, - dijo Hermione, frotándose el brazo. - ¿por qué crees que Ginny tenía celos de mí? -

- ¿Eh? - aquello descolocó un poco a Harry. - Bueno…esto…-

- No sabía que a ella le gustabas. - dijo Hermione, mirando por el balcón. - ¿Has hablado con ella al respecto? -

- No. - respondió Harry. - No hay nada que hablar. Ella se había encaprichado de mí, eso es todo. Y en cuanto a sus celos, pues…pienso que esto empezó cuando nos escribiste a Ron y a mi durante las vacaciones de verano en la Madriguera. -

- ¿Qué? -

- Al ver lo entusiasmado que estaba por volver a verte ella…habrá interpretado las cosas de otra manera. - dijo Harry. - Quizás pensó que yo tenía algo más contigo. -

- Oh, - dijo Hermione, ruborizándose un poco. - no había pensado en eso. -

Se produjo un silencio. El viento sopló levemente arrastrando un cálido ambiente, roto parcialmente por los nervios de Harry. Era difícil renunciar a hacer lo que tenía que hacer, sincerarse y decirle a Hermione que ella le gusta, pero no era el momento. Aún les quedaba mucho camino por recorrer, y el pasar de sus años entre los muros de Hogwarts sería clave para saber si existía algo real entre ellos.

- Hermione, - dijo Harry, mirándola a los ojos. - gracias… -

- ¿Eh? -

- Quiero darte las gracias por no dejarme solo en la cámara. No quería meterte en esa situación, pero igualmente te empeñaste en seguirme…y me salvaste la vida, a mí y a Ginny. -

Hermione negó con la cabeza. - Tu derrotaste al basilisco, - dijo con una sonrisa. - te enfrentaste a Voldemort y a esa enorme serpiente sin retroceder. Yo nunca…he conocido a alguien tan valiente…-

Recordando un poco su pasado, escapando y enfrentándose a Dudley y sus amigotes, Harry tenía claro de donde había salido su personalidad desafiante.

- La vida que he llevado me ha hecho así, - dijo tranquilamente. - pero hasta mi llegada al mundo mágico todo lo hacía solo, sin nadie a mi lado. O al menos, así fue hasta que te conocí, y hasta que conocimos a Ron. -

- Y a Chloe, - añadió Hermione. - sin darnos cuenta se ha vuelto muy cercana a nosotros. -

- Si, - admitió Harry. - pero contigo empezó todo, Hermione. - le cogió de las manos y dijo con toda la sinceridad posible. - Gracias por ser mi mejor amiga. -

- Harry…- susurró Hermione, para luego soltar una risita. - madre mía. Creo que nunca me he arrepentido menos de tropezarme con alguien. -

- Y yo nunca me he alegrado tanto de ser aplastado por un montón de libros. - añadió Harry, empezando a reír.

Al final los dos rieron sin parar. Habían cumplido dos años en el mejor colegio de magia y hechicería, y tal y como lo pensaba Harry, les quedaba un largo camino por seguir.

Pasaron un par de días, y Harry y Hermione se llevaban como siempre, siendo los mejores amigos y estudiantes de Hogwarts, compartiendo tardes de diversión, repaso a las materias y practica mágica por el resto de los días antes de partir de vuelta a Londres.

Al mediodía, tras el almuerzo, Harry y Hermione se dirigieron a la cabaña de Hagrid. Habían quedado en reunirse con Ron en los terrenos para visitarle, y fue entonces cuando escucharon una conversación bastante seria.

- ¡No pienso volver a repetírtelo, Malfoy! - exclamó una voz bastante conocida. - ¡Aléjate de mi hermana! -

Harry y Hermione llegaron al lugar de donde venía los gritos. Era el famoso Circulo de piedra. La voz era de Ron, quien parecía muy furioso. En frente de ellos, a parte de él, estaban Ginny, Draco Malfoy y su hermana, Chloe.

Malfoy estaba encarándose con Ron, quien lo miraba con desprecio. - ¿Tienes algún problema, Weasley? - inquirió desafiante. - Si quieres, resolvámoslo ahora…-

- ¿¡Que dijiste!? - gritó Ron, hecho una furia.

- Oh vamos, - bufó Chloe. - no se peleen. -

- Ron, eres un idiota. - dijo Ginny, con los ojos entrecerrados.

Harry se dirigió hacia ellos rápidamente, seguido de Hermione.

- Eh, ¿¡qué está pasando aquí!? - irrumpió, mientras separaba a Malfoy y a Ron.

- Potter…- dijo Malfoy, aparentemente sorprendido de verlo.

- En realidad, todo esto es una tontería, Harry. - dijo Chloe, inflando los cachetes. A Harry le alegraba mucho verla comportándose así de nuevo. - Ginny y mi hermano estaban hablando tranquilamente, como llevan haciendo desde hace meses, pero el señorito Ronald Weasley piensa que ellos están saliendo. -

Harry parpadeó un par de veces, antes de decir: - ¿Hablando? ¿Saliendo? ¿Vosotros dos? -

- ¿Y desde cuando ustedes dos se llevan tan bien? - preguntó Hermione, frunciendo el entrecejo.

Malfoy se dispuso a hablar, pero Ginny se le adelantó.

- Bueno, - dijo ella. - Draco y yo empezamos a hablar desde hace meses (más o menos desde que perdí el diario). Decidimos encontrarnos en secreto para que mis hermanos no me molestaran. - resaltó, mirando a Ron con enfado. - Es un buen amigo, nos hemos estado viendo para estudiar juntos e intentar entender porque nuestras familias se llevan tan mal (bueno, creo que es mas culpa del señor Malfoy que de Draco, sinceramente). Tras lo que pasó en la Cámara, él vino a visitarme poco antes del banquete. Al parecer, se había enterado de que Chloe había entrado en la Cámara con ustedes y por eso también estaba preocupado. Esperó a que mamá y papá saliera para hablar con Percy y entonces entró. Se quedó haciéndome compañía hasta que nos marchamos juntos al banquete. Por supuesto, este es un gesto el cual este tonto es incapaz de esperar de su parte. - añadió, señalando a su hermano.

- Evidentemente. - dijo Ron con impaciencia. - ¿Quién iba a esperar que este idiota le diera una "visita"" a mi hermana? - añadió, fulminando con la mirada a Malfoy.

- ¡Ron! - exclamó Ginny, antes de decir: - Bueno, no nos volvimos a ver hasta el día siguiente, ahí fue cuando nos vimos en la biblioteca…Estudiamos juntos, aunque ya no tuviéramos exámenes. Luego hablamos de lo ocurrido este año (¡Por Merlín, que manera de empezar en Hogwarts!). Después de estos meses juntos finalmente me dijo que se sentía mal por la mala imagen que había dejado en la escuela, y yo le dije que me sentía mal por todo el daño que había causado durante el curso. Así es, somos amigos. Podría decirse que los dos lo hemos pasado muy mal, y que esas experiencias nos han unido más. -

- ¡Tch! Si, ya, claro, - dijo Ron con terquedad. - y yo me voy a tragar todo ese cuento…-

- No hacía falta que se los contarás… - murmuró Malfoy, desviando la mirada.

- ¡Ese es tu maldito problema, Ronald! - le regañó Ginny a su hermano. - ¡Cuando ves algo que no te gusta, actúas primero y preguntas después! -

- En eso tiene toda la razón, Ron. - dijo Hermione en tono severo. Ron se quedó callado.

- Hm…oye Malfoy. - dijo Harry, dirigiéndose a su archirrival.

- ¿Qué quieres, Potter? - preguntó Malfoy con calma.

- ¿Significa esto que ya no vas a ser el mismo plasta de siempre? - preguntó Harry, sin creer demasiado en lo que estaba preguntando.

- Bueno, si te refieres a que dejaré de lado mis estúpidos actos, como la discriminación de la sangre, las bromas pesadas y los insultos innecesarios, si…- dijo, pero le lanzó una mirada despectiva a Harry. - Pero quiero que tengas esto presente, Potter…Tu y yo somos rivales, eso no va a cambiar…De modo que no esperes que vayamos a ser amigos, ¿está claro? -

Harry esbozó una sonrisa orgullosa. - No me esperaba menos de mi eterno rival…- dijo satisfecho, levantando su mano, con la intención de estrechársela.

No supo realmente porque lo hizo, pero lo siguiente lo dejó más que sorprendido. Malfoy aceptó la mano, estrechándosela, pero manteniendo una mirada desafiante. Harry tuvo claro que a pesar del cambio de parecer de Malfoy, su rivalidad se mantendría, y Harry deseaba que el día en que ambos volvieran a batirse en duelo, llegara. Vio a Hermione esbozar una sonrisa, al igual que Chloe y Ginny, mientras que Ron fruncía el entrecejo.

- Espero que te emplees a fondo este verano, Malfoy…- dijo Harry, sonriendo con orgullo. - Estoy ansioso de volver a batirme en duelo contigo…-

- Será mejor que te prepares, Potter…- respondió Malfoy. - El curso que viene, puede que pierdas tu varita…-

- ¡Hmph! Como sea…- dijo el azabache, encogiéndose de hombros. - Oh, por cierto…- un recuerdo invadió su mente. - De casualidad, en el día de San Valentín, tu no sabrás quien le mandó la tarjeta a Ginny, ¿verdad? -

De repente, las mejillas de Malfoy enrojecieron. - ¿¡Y porque debería yo saber eso!? - gruñó molesto, mientras que Harry sonreía divertido.

Ginny miraba extrañada a Malfoy, pero al final no preguntó nada. Por otra parte, Chloe se dirigió a su hermano.

- Ya que estamos aquí, - dijo. - creo que deberías disculparte con alguien. -

- ¿Eh? - Malfoy alzó las cejas, pero se dio cuenta de a qué se refería, cuando Chloe apuntó con su dedo a Hermione. - Oh, es verdad…- tras acercarse a ella, dijo: - Siento haberte ofendido aquella vez, durante el entrenamiento de Quidditch. Prometo que no lo volveré a hacer…-

Hermione le sonrió afablemente. - Está bien, - dijo. - supongo que todos merecen una segunda oportunidad. -

- Oh venga…- bufó Ron.

- ¿Sigues enfurruñado porque no encuentras a tu admiradora secreta? - preguntó Harry con una sonrisa divertida. - Ya sabes, la que te mandó la tarjeta…-

Ron parpadeó los ojos unos segundos, antes de decir cabizbajo: - No…Hasta ahora no sé quién me la escribió. Aunque tengo que admitir que el poema era bastante pegadizo…-

- ¿En serio? - le preguntó Hermione con curiosidad. - ¿Y cómo era? -

- A ver si me acuerdo…- se puso a pensar Ron, y empezó a recitarlo.

Entonces Harry, mientras escuchaba a Ron decir algo como "Sus pecas son como rosas rojizas en una soleada tarde de verano" miró a Chloe. Ella se removía incomoda, con la mirada desviada, y alzando un poco más la vista pudo ver que estaba sonrojada.

- ¿De verdad tengo que escuchar eso? - se quejó Malfoy en voz baja.

- Un momento…- pensó el azabache, antes de hablar. - Oye Chloe, tu no conocerás a la persona que le mandó la tarjeta a Ronald, ¿verdad? - le preguntó.

Chloe se sobresaltó. Estaba tan roja que se podía ver algo parecido al vapor saliendo de sus orejas. - ¿De que-que estás tu-tu habla-ando? - preguntó, tartamudeando como Quirrell. - Yo n-no sé nada de nin-ninguna tarjeta-ta de Ro-Ron, ¿Va-vale? -

Ron no parecía enterarse de nada. - ¿Estas seguras de que no lo sabes? - preguntó. - A mí me gustó mucho el poema. A saber, quién me lo habrá enviado…-

- No te preocupes querido amigo. - le dijo el azabache, palmeándole la espalda amistosamente. - Estoy convencido de que algún día hallarás a esa persona tan especial…Bueno, ¿vamos a ver a Hagrid? - preguntó a Hermione.

- Claro. - dijo ella. - ¿Vienes Ron? -

Ron se encogió de hombros. - Pues sí, a eso íbamos después de todo…- se volvió hacia Malfoy y le dijo despectivamente: - Mas te vale que te andes con cuidado con mi hermana, Malfoy. Porque si me entero de ciertas cosas adornaré esa carita de imbécil que tienes con mi puño. -

- ¿¡Quieres hacer el favor de irte a ver a Hagrid de una vez!? - gritó Ginny, dándole un empujón. - ¡Ya, déjanos en paz! ¡Fuera! -

- ¡TE ESTARÉ VIGILANDO, MALFOY! - le gritó Ron desde la lejanía, una vez Harry se lo llevó a rastras.

Muy pronto llegó el momento de volver a casa en el expreso de Hogwarts. Harry, Ron, Hermione, Fred, George y Ginny tuvieron todo un compartimento para ellos, mientras que Chloe decidió viajar con su hermano Draco, ya que seguía sonrojándose cada vez que veía a Ron.

- Bueno, a saber, cuándo se decidirá a decirle lo que siente, - pensó el azabache. - porque Ron es lento cuando se trata de sentimientos tan profundos como el amor…-

Aprovecharon al máximo las últimas horas en que les estaba permitido hacer magia antes de que comenzaran las vacaciones. Jugaron al snap explosivo, encendieron las últimas bengalas del doctor Filibuster de Fred y George y jugaron a desarmarse unos a otros mediante la magia. Harry tuvo que parar rápidamente, ya que a él no le costaba nada desarmar a los demás.

Estaban llegando a Kings Cross cuando Hermione recordó algo.

- Oh, es cierto, Ginny...- dijo ella, en tono divertido. - ¿Qué es lo que le viste hacer a Percy, que no quería que se lo dijeras a nadie? -

- ¡Ah, eso! - dijo Ginny con una risita. - Bueno, es que Percy tiene novia. -

A Fred se le cayeron los libros que llevaba en el brazo. - ¿¡Qué!? -

- Es esa prefecta de Ravenclaw, Penélope Clearwater. - dijo Ginny. - Es a ella a quien estuvo escribiendo todo el verano pasado, se han estado viendo en secreto por todo el colegio. Un día, Chloe, Luna y yo los descubrimos besándose en un aula vacía. Le afectó mucho cuando ella fue...ya sabéis...atacada. No os reiréis de él, ¿verdad? - añadió.

- Ni se me pasaría por la cabeza…- dijo Fred, que ponía una cara como si faltase muy poco para su cumpleaños.

- Por supuesto que no…- corroboró George con una risita.

- Para nada…- añadió Ron, frotándose las manos y esbozando una sonrisita.

Harry rodó los ojos. - Por sus caras diría que Percy va a pasar un verano muy interesante, con estos tres dándole el día. - pensó divertido.

El expreso de Hogwarts aminoró la marcha y al final se detuvo. Harry sacó la pluma, un trozo de pergamino y se volvió a Ron y Hermione.

- Bien, esto es lo que se llama un número de teléfono…- dijo Harry, escribiéndolo dos veces y partiendo el pergamino en dos para darles un número a cada uno. - Tu padre ya sabe cómo se usar el teléfono, porque el verano pasado se lo expliqué. - dijo, dirigiéndose a Ron. - Es el número de la casa de los Dursley, pero ojo, solo estaré allí un mes, por lo que no esperéis que os responda el teléfono después de ese tiempo, ¿comprendido? -

Ambos asintieron. Tras recibir el número de Harry, Ron se fue con el resto de la familia Weasley. Mientras tanto, Harry se preparaba para despedirse de Hermione.

- Bueno, ha llegado el momento…- pensó Harry tristemente. - Solo me queda esperar un nuevo verano hasta volver a verla, a ella y a todos mis amigos. -

- Bueno, tus tíos estarán muy orgullosos de ti, ¿no? - dijo Hermione cuando salían del tren y se metían entre la multitud que iba en tropel hacia la barrera encantada. - ¿Y cuándo se enteren de lo que has hecho este curso? -

- ¿Orgullosos? - dijo Harry, riéndose. - Que va…¿Con todas las oportunidades que tuve de morir, y no lo logré? Estarán furiosos...-

- ¡Harry! - le regañó ella.

Harry no pudo evitar reírse de nuevo. - Puede parecerte raro, pero…me encanta cuando te enfadas…- dijo con una sonrisa afable.

Hermione se ruborizó un poco - O-oye, tomate las cosas en serio cuando te regaño…-

- Pues hasta ahora he disfrutado de todos y cada uno de tus sermones…- sonrió Harry. - No me canso de oírlos, es muy característico en ti…-

- Harry…- bufó Hermione, aún más sonrojada. - Hm…gracias por aguantarme…-

- Para mí es todo un placer…- dijo, mientras la abrazaba. - Te voy a echar de menos…-

- Y yo a ti, Harry…- respondió Hermione con los ojos llorosos.

Tras compartir un último abrazo, juntos, cogidos de la mano y esbozando un par de sonrisas, atravesaron la verja hacia el mundo muggle.

Año III - El Santuario Perdido

Capítulo 40 - El fugitivo de Azkaban y el encantamiento anti-dementores

La vida de Harry, con sus odiosos tíos y su "reformado" primo Dudley, era muy diferente con respecto a dos años atrás. Ellos eran hostiles con él, por ser un mago, lo cual, Harry no llegó a saber hasta el día en que conoció a su gran amigo Hagrid, en el Caldero Chorreante, el día que se escapó del zoológico tras lanzarle una boa a su primo accidentalmente.

El mundo mágico esperaba grandes cosas de Harry, y él, después de dos años en el Colegio Hogwarts de magia y hechicería, había demostrado ser todo un prodigio en la magia. Era un extraordinario duelista mágico, el cual había retado a todo tipo de criaturas mágicas, como las acromántulas, o el basilisco a finales del curso pasado. Desafió a varios magos, como su eterno rival en la escuela, Draco Malfoy, con quien desde el último año escolar llevaba una relación respetuosa, pero manteniendo su rivalidad; con el padre de este, Lucius Malfoy, a quien derrotó por muy poco, pero teniendo en cuenta que lo hizo con doce años ("- Casi trece. - añadió Harry"), el mérito era de tal magnitud, que dejó humillado al pobre infeliz que perdió su lugar en el consejo escolar.

- Ya lo sé, ¡hasta yo mismo me sorprendo de mis habilidades…- pensó el azabache, riéndose como un estúpido. - ¡Sobre todo porque me lo he ganado, dándolo todo en el estudio y la practica! ¡Si! -

Pero a pesar de sus logros, había alguien que seguía dándole quebraderos de cabeza: El despreciable de Voldemort, o como era conocido en sus años de estudiante, Tom Ryddle.

- Algún día tendré mi venganza…- pensó Harry con el rostro sombrío, recordando a su mayor enemigo. - Ryddle, no descansaré hasta verte desaparecer de este mundo…-

Harry se llevó una desagradable sorpresa cuando el malvado señor tenebroso se apoderó de su amiga Ginny, raptándola y llevándola a las profundidades de la Cámara de los Secretos, el cual fue creado por Salazar Slytherin, uno de los cuatro fundadores de Hogwarts.

Pero lo que afortunadamente también descubrió, fue que él era ni más ni menos que el heredero del legendario Godric Gryffindor, cosa que lo llenada de orgullo. Con su poderosa espada, Harry logró acabar con la vida del basilisco, que tenía amenazado a la escuela y, sobre todo, a los nacidos de muggles. El plan del heredero fue erradicado al fin, pero ese, no era más que un nuevo intento de Slytherin por sembrar el caos…¿O era cosa de Voldemort?

- ¡Hmph! ¿Dónde está la diferencia? - pensó Harry con fastidio. - Voldemort y su ancestro son tal para cual. Un par de cabro***…-

En cuanto a su relación con sus profesores, era magnifica, pues se llevaba bien con todos…o eso parecía. Tenía una especie de "acuerdo respetuoso no escrito" con su maestro de pociones, el profesor Snape.

- La cosa con el profesor Snape funciona así. - pensó Harry, riéndose. - Yo soy el alumno, él mi maestro…yo aprendo, y él enseña…yo cumplo con mi deber, y él me aprueba…Fácil, ¿verdad? -

Y con los Dursley, era prácticamente un juego. Harry tenía a sus tíos a flor de piel, ya que ellos no se atrevían a cuestionarle nada. Por eso, se pasaban todo el tiempo intentando interactuar con él lo menos posible. Mientras que Dudley se ponía contento cuando él estaba en la casa.

Su primo antes estaba gordo, pero Harry le influenció para que baraja de peso y se pusiera en forma. El azabache se llevó una gran sorpresa cuando regresó, pues aquel gordo que parecía un cerdo, se había vuelto un chico sano, con un cuerpo mejor dibujado y más ágil.

- Bien primo, muy bien…- le felicitó Harry poco después de volver de Hogwarts. - Dime, ¿cómo te ha ido con las chicas? -

- De fábula, no dejan de perseguirme. - presumió Dudley. - Mis amigos se preguntan si estoy usando algún tónico encantado para atraerlas, ¡Ha! Oye, ¿crees que existe algo así en tu mundo, Harry? -

- Si, está el filtro de amor o la Amortentia, pero no podrías usar ninguna de las dos, aunque quisieras. - bufó Harry, aparentemente molesto, pues no quería dar esperanzas de ese tipo a ningún Dursley, ni siquiera a su primo. - No nos permiten usar esas dos pociones en el mundo de los no mágicos…-

- Que lata, ¿no? - preguntó Dudley divertido. - Aunque, por lo que pude ver en la estación, a ti no te hace falta precisamente, ¿verdad? -

Harry se sonrojó ligeramente. - Si estás pensando lo que estás pensado, olvídalo. - dijo tajantemente. - Hermione es mi mejor amiga, nada más. -

Así era el nuevo Dudley Dursley. Había dejado de lado aquel gordo seboso que se las pasaba molestando a Harry, sacando lo mejor de él. Durante su mes en la casa de sus tíos, Harry se pasó los días haciendo todos sus deberes de vacaciones, pues quería ver si al regresar al Callejón Diagon aprendía algún hechizo o habilidad nueva.

Durante las vacaciones pasadas, Harry descubrió el poder de la Oclumancia, que permitía al mago proteger la mente contra todo aquel que buscara leerla en contra de su voluntad.

- Sí señor, me siento segurooooo…- pensó el azabache, triunfante.

Un día, su mejor amigo, Ron Weasley, que nunca en su vida había utilizado el teléfono, llamó a la casa de los Dursley.

Tío Vernon fue quien contestó. - ¿Diga? -

- ¿HOLA? gritó Ron desde el teléfono. - ¿HOLA? ¿ME OYE? ¡QUISIERA HABLAR CON HARRY POTTER! -

- ¡POTTER! - gritó la remolacha con bigotes (:V) - ¿¡Le has dado nuestro número a uno de tus raros amigos!? -

- Si…- dijo el azabache tranquilamente, encogiéndose de hombros. - ¿Hay algún problema…tío Vernon? - le preguntó con una sonrisa.

Vernon lo miró con la cara pálida. - Es para ti…toma…- farfulló. le entregó el teléfono a Harry y salió corriendo.

- ¡Vaya, pero si es Ronnie! - dijo Harry alegremente, desde el teléfono. - ¿Qué te parece el teléfono? -

- ¡Es una pasada! - dijo Ron con fascinación. - ¡Es mucho más practico que enviar mensajes usando lechuzas! Me pregunto porque no usamos estos chismes en el mundo mágico más a menudo…-

- Si hiciéramos eso, lo más probable es que dejaríamos de usar el servicio de lechuzas, - dijo Harry, mientras observaba como tío Vernon y tía Petunia lo miraban con miedo. - y eso en el mundo mágico es un gran negocio, amigo mío…-

- ¿Cómo van las vacaciones? – preguntó Ron.

- De lujo, - repuso Harry. - un poco más y me iré de vuelta a Londres. Ya casi acabé con los deberes teóricos de vacaciones. Los prácticos los haré en el Caldero Chorreante. -

- ¿¡Otra vez!? - preguntó Ron, bufando. - Venga ya Harry, ¿son vacaciones y te las pasas estudiando? -

- Es lo que hay. - sonrió Harry. - Será mejor que te pongas las pilas, a menos que quieras llegar a Hogwarts sin un mínimo de conocimiento útil. -

- Ya, ya, lo que tú digas. - bufó Ron. - Si yo hubiera querido que me dieran la lata con los deberes de vacaciones mejor habría llamado a Hermione. Pero claro, tampoco es que ella nos haya dejado su número de teléfono, ya le vale. -

- Si…es verdad…- pensó Harry dramáticamente. - ¿¡Como he podido ser tan tonto de no pedirle su número!? -

Algunos días más tarde, precisamente, llamó Hermione, pero ella lo hizo como cualquier muggle, pues estaba acostumbrada. Los dos compartieron una nueva experiencia cercana a la muerte el año pasado, y eso fortaleció más su gran amistad. Harry deseaba poder volver a verla cuanto antes. Lo mejor de todo fue que, a diferencia de la última vez que llamó Ron, Harry cogió el teléfono antes que cualquier Dursley.

- Hola, ¿con quién hablo? - preguntó Harry con educación.

- ¿Harry? - preguntó una dulce voz. - ¿Harry, eres tú? -

Emocionado, Harry dijo: - ¡Hermione! ¿Eres tú? -

- ¡Si! - respondió ella. - Oh Harry, como me alegro de oírte. Te echo mucho de menos…-

- Y yo a ti…- dijo Harry con una sonrisa. - Es una lástima que no sepa teletransportarme. Podríamos hacer los deberes juntos.

- Lo sé…- dijo Hermione. - ¿Sabes? Iré a Francia con mis padres para pasar las vacaciones. Nos vamos en una semana…-

- Lo entiendo. - dijo Harry, con algo de tristeza. Había pensado en llamarla para que viniera a pasar unos días al Caldero Chorreante, pero la idea quedó descartada. - Bueno, yo estaré en Londres para entonces, de ahí tendrás que escribirme. No te preocupes, te escribiré y enviaré a Hedwig. Así podrás contarme tus experiencias en Francia. -

Hermione soltó una risa telefónica. - Ya lo sé…- dijo. - En realidad, estoy ansiosa por volver a verte, y…-

- Lo sé… - dijo Harry. - yo también te echo de menos. -

- Me gustaría mucho poder llevarte a ti también, pero los pasajes estaban comprados desde marzo. - dijo ella con tristeza. Se escuchó un ruido, como de gente bajando por unas escaleras de madera. - Oh vaya, vienen mis padres. La próxima vez te escribiré… -

- En ese caso, espera mi mensaje primero. - dijo Harry. - Así me mandas el tuyo con Hedwig. Oh, y mándales saludos a tus padres de mi parte. -

- De acuerdo…- susurró Hermione. - Cuídate…nos veremos en el Callejón Diagon. -

- Vale, te esperaré. - y tras colgar, Harry se fue con el rostro soñador hasta su habitación, ante la mirada confusa y atemorizada de sus tíos. - ¿Y a estos tontos que más les da? - se preguntó desde su mente.

El mes se pasó volando, hasta que llegó el 19 de julio. El día en que Harry podía al fin marcharse de la casa de sus plastas tíos había llegado.

- ¡Si! - pensó emocionado. - ¡Vuelvo a ser libre! -

Tras despedirse de su primo, y de su temblorosa tía, subió al coche del tío Vernon, viajando hasta las cercanías del Caldero Chorreante.

- ¡Hasta la vista, tío Vernon! - dijo Harry alegremente, una vez bajó del coche con todas sus cosas.

El tío Vernon solo gruñó y se marchó pisando a fondo. Encogiéndose de hombros, Harry entró en el bar. Tom, el tabernero, estaba más feliz que una perdiz cuando lo recibió.

- ¡Señor Potter! - dijo Tom, dándole un fuerte abrazo a Harry - ¡Cómo me alegro de verle! ¿Qué tal las vacaciones en el mundo muggle? -

- Bien, supongo. - dijo Harry. - Estaba ansioso por regresar…-

- ¿La habitación de siempre? - preguntó un ansioso Tom.

- Por supuesto. - repuso Harry, asintiendo. - Bueno, en cuanto a mi equipaje…- añadió, señalando su baúl.

- ¡Sin problemas, señor Potter! - dijo Tom, más feliz que unas pascuas. - Vamos, no se quede ahí parado. ¡Suba, suba! Yo mismo llevaré todo a su habitación. Está en su casa, ni más ni menos, ¡adelante! -

Así se sentía Harry cuando estaba en el Caldero Chorreante, como en casa: rodeado de brujas y magos a diario. Estaba entre los suyos, pero sin duda, lo que más le gustaba a Harry era salir al Callejón Diagon y ver las novedades de las muchas tiendas que allí había.

Tal y como se planteó el verano pasado, Harry quería aprender algo nuevo y útil. Entonces, fue cuando recordó que unos meses atrás, Hagrid, su primer gran amigo, había pasado casi dos meses encarcelado en Azkaban, la prisión de magos. Cuando a finales del ultimo cursó visitó al guardabosques en su casa, este les explicó a Harry y compañía quienes eran los encargados de custodiar la prisión de los magos.

Eran criaturas conocidas como dementores, seres horribles de gran estatura y cubiertos por una capa de color negro. Ellos eran temidos porque se alimentaban de la felicidad y de los recuerdos alegres, dejando solo la tristeza y la desolación en sus víctimas. Asimismo, cuando estaban cerca de alguien producían un gran frío, gélido, haciendo descender rápidamente la temperatura de su entorno más cercano.

- Bueno, - pensó el azabache, mientras meditaba en su cama. - está claro que no es muy difícil saber cuándo tienes a uno de estos monstruos cerca…-

Sus caras estaban ocultas bajo una capucha que sólo se quitaban cuando tenían que dar el famoso "Beso del Dementor", que consistía en absorber el alma de la víctima por la boca, dejándola como una especie de concha vacía. Quitarle el alma a alguien era la única cosa que hacía que se quitasen la capucha y mostraran que había debajo de ella.

- Creo que absorber el alma de alguien es un castigo mucho peor que la propia muerte. - pensó Harry. - Es un destino que no deseo para nadie, bueno, tal vez para Voldemort. Ese miserable si se lo merece…-

El chocolate era uno de los primeros auxilios eficaces para los casos leves de contacto, subministrado a tiempo a una víctima para ayudarle a recuperar su fuerza después de un encuentro con los dementores.

- Si, - pensó Harry con una sonrisa. - para que luego digan que el chocolate solo sirve para satisfacer a las pailas gustativas, ¡fíjate! -

Harry también leyó un dato muy interesante cuando pasó por la biblioteca poco antes de ir de vacaciones. Se trataba de cierto encantamiento que podría ayudarle a combatir dementores, en caso de que estos se presentaran con el objetivo de atacarle, cosa que no creía que podría pasar, pero que, de todos modos, siempre venía bien aprender. Por eso, le pidió a Tom que le consiguiera una copia del Libro del Encantamiento Patronus.

- No tengo ganas de que esas sabandijas encapuchadas me absorban la felicidad…- pensó Harry, soltando un bufido.

El encantamiento Patronus servía para repeler dementores, siendo catalogado como el encantamiento protector más poderoso. Era la encarnación de la felicidad, dado que se tenía que pensar y concentrarse en un recuerdo feliz para invocar el Patronus.

Un Patronus correctamente invocado podía tomar dos formas diferentes: el Incorpóreo y el Corpóreo.

Un Patronus incorpóreo era un encantamiento que no contaba con forma sólida o definida. Era algo parecido a una nube de vapor o humo blanco que salía de la varita del mago o la bruja que lo invocaba. El encantamiento era efectivo para detener momentáneamente a los Dementores, aunque no los repelía, siendo considerada como una versión primitiva o más débil del Patronus corpóreo. Era usual verlo entre los magos y brujas principiantes en la práctica del encantamiento.

- O sea, que me esperan horas, días, e incluso meses de practica hasta que me salga bien, perfecto…- pensó Harry, sonriente ante el reto.

Un Patronus Corpóreo era la verdadera forma del encantamiento. Este se manifestaba comúnmente en un animal plateado, brillante y translúcido. La forma del animal variaba según la personalidad de cada individuo. Si un mago era también animago, su Patronus tomaría la forma del animal. La forma del Patronus podía tomar forma de criaturas mágicas. Los Patronus corpóreos si podían repeler Dementores.

- ¿Me preguntó cuál será el mío? - pensó el azabache, sacando su varita y empezando a rebuscar en sus memorias, a ver si encontraba algún recuerdo feliz. - Hm…tal vez sea un León. Después de todo, es el animal característico de Gryffindor, y al ser yo su heredero…Bueno, quien sabe, el tiempo me lo dirá…ahora, ¡a practicar! -

Así, Harry se pasó el resto de su estancia ultimando sus deberes prácticos de vacaciones, haciendo deporte, escribiendo a sus amigos y, sobre todo, a Hermione. Y por supuesto, practicando el encantamiento Patronus. - Bueno, me ha aparecido algo plateado, creo que empezamos bien…- pensó.

Sin darse cuenta llegó el día de su cumpleaños, y Harry estaba ansioso por saber qué ocurriría. Se levantó, aún con algo de sueño, pero ya no quería dormir más. - Hm…creo que me pasé con la práctica. - pensó entre bostezos. - Bueno, por lo menos, ahora me sale un Patronus Incorpóreo…más o menos…-

Tras ponerse las pantuflas, con su pijama y su gorro de dormir, el azabache decidió sentarse cerca de la ventana.

Miró el cielo, por si veía a Hedwig, que desde que estaban en el Caldero Chorreante se pasaba el tiempo dando vueltas libremente por todas partes.

- Quizás regrese con un ratón muerto en el pico, esperando mis elogios…- pensó Harry, ansioso por saber que iba a pasar. - O tal vez con mis regalos, quien sabe…-

La estancia en el Caldero Chorreante estaba siendo agradable, pero sin Hermione y los demás no era lo mismo. Harry miraba distraído por encima de los tejados y pasaron algunos segundos hasta que comprendió lo que veía. Perfilada contra el amanecer del sol y creciendo a cada instante se veía una figura de forma extrañamente irregular que se dirigía hacia Harry batiendo las alas. Se quedó quieto viéndola descender.

Tres lechuzas penetraron por la ventana, dos sosteniendo a otra que parecía inconsciente. Aterrizaron suavemente sobre la cama de Harry, y la lechuza que iba en medio, y que era grande y gris, cayó y quedó allí inmóvil. Llevaba un paquete atado a las patas.

- ¿Eh? - dijo Harry. - Pero…si es Errol. Vaya, pobrecillo, está muy cargado…-

Harry se lanzó inmediatamente sobre la cama, desató los cordeles de las patas de Errol, cogió el paquete y depositó a Errol en la jaula de Hedwig. Errol abrió un ojo empañado, ululó débilmente en señal de agradecimiento y comenzó a beber agua a tragos.

Harry volvió al lugar en que descansaban las otras lechuzas. Una de ellas era su propia Hedwig. También llevaba un paquete y parecía muy satisfecha de sí misma. Dio a Harry un picotazo cariñoso cuando le quitó la carga, y luego atravesó la habitación volando para reunirse con Errol.

- Hm…¿que se traerá entre manos con Errol? - pensó un poco picarón.

Harry no reconoció a la tercera lechuza, que era muy bonita y de color pardo rojizo, pero supo enseguida de dónde venía, porque además del correspondiente paquete portaba un mensaje con el emblema de Hogwarts.

Cuando Harry le cogió la carta a esta lechuza, ella erizó las plumas orgullosamente, estiró las alas y emprendió el vuelo atravesando la ventana.

- Oh, tal vez sea la lechuza de la profesora McGonagall. - pensó Harry. - Si mal no recuerdo, normalmente es ella quien se encarga de enviar las cartas de Hogwarts. - se sentó en su escritorio, cogió el paquete de Errol, rasgó el papel marrón y descubrió un regalo envuelto en papel dorado y la primera tarjeta de cumpleaños de su vida. Abrió el sobre con entusiasmo, cayeron dos trozos de papel, una carta y un recorte de periódico. Supo que el recorte de periódico pertenecía al diario de "El Profeta" porque la gente de la fotografía en blanco y negro se movían.

Harry recogió el recorte, lo alisó y leyó:

FUNCIONARIO DEL MINISTERIO DE MAGIA

RECIBE EL GRAN PREMIO

Arthur Weasley, director del Departamento Contra el Uso Incorrecto de los Objetos Muggles, ha ganado el gran premio anual Galleon Draw que entrega el diario El Profeta. El señor Weasley, radiante de alegría, declaró a El Profeta: "Gastaremos el dinero en unas vacaciones estivales en Egipto, donde trabaja Bill, nuestro hijo mayor, deshaciendo hechizos para el banco mágico Gringotts." La familia Weasley pasará un mes en Egipto, y regresará para el comienzo del nuevo curso escolar de Hogwarts, donde estudian actualmente cinco hijos del matrimonio Weasley.

Observó la fotografía en movimiento, y una sonrisa se le dibujó en la cara al ver a los nueve Weasley ante una enorme pirámide, saludándolo con la mano. La pequeña y rechoncha señora Weasley, el alto y calvo señor Weasley, los seis hijos y la hija tenían (aunque la fotografía en blanco y negro no lo mostrara) el pelo de un rojo intenso.

Justo en el centro de la foto aparecía Ron, alto y larguirucho, con su rata Scabbers sobre el hombro y con el brazo alrededor de Ginny, su hermana pequeña.

- Ah…no conozco a otras personas que se merezcan este premio más que ellos. pensó Harry con los ojoso brillosos y llenos de felicidad por la familia de su mejor amigo. - Son una familia honrada y se merecen lo mejor…- cogió la carta de Ron y la desdobló.

Querido Harry

¡Feliz cumpleaños! Ha sido una experiencia fascinante hablar contigo por teléfono. Mi padre estaba tan emocionado como yo cuando le platiqué sobre mis charlas contigo a través del artilugio muggle, fíjate, ahora quiere saber para qué sirve un ordenador.

Egipto es estupendo, Bill nos ha llevado a ver todas las tumbas, y no te creerías las maldiciones que los antiguos brujos egipcios ponían en ellas. Mi madre no dejó que Ginny entrara en la última, estaba llena de esqueletos mutantes de muggles que habían profanado la tumba y tenían varias cabezas y cosas así. Cuando mi padre ganó el premio de "El Profeta" no me lo podía creer. ¡Setecientos galeones! La mayor parte se nos ha ido en estas vacaciones, pero me van a comprar otra varita mágica para el próximo curso.

Harry recordaba muy bien cómo se le había roto a Ron su vieja varita mágica. Ocurrió durante el rescate en la Cámara de los Secretos. Entre Harry y Chloe le regresaron un Obliviate a Gilderoy Lockhart por medio del encantamiento Protego, que acabó con "el farsante" sin memoria, y la varita de Ron, partida por la mitad debido a la avalancha que provocaron cuando Lockhart impactó contra la pared.

- ¡Hmph! Eso le pasa por farsante chapucero. - pensó, arrugando la nariz. - En fin, ya sufrió bastante. No quiero recordar de nuevo a ese papanatas…-

Regresaremos más o menos una semana antes de que comience el curso. Iremos a Londres a comprar la varita mágica y los nuevos libros. Tengo muchas ganas de verte de nuevo colega.

Y deja de quemarte la cabeza con tantos deberes y estudios, no es bueno para la salud.

Ron

Posdata: Percy ha ganado el Premio Anual. Recibió la notificación la semana pasada.

Harry volvió a mirar la foto. Percy, que estaba en su séptimo y último curso de Hogwarts, parecía especialmente orgulloso. Se había colocado la medalla del Premio Anual en el fez que llevaba graciosamente sobre su pelo repeinado. Las gafas de montura de asta reflejaban el sol egipcio.

- Premio Anual…sin duda ha hecho méritos para lograr dicha posición. - pensó el azabache frunciendo el entrecejo, pero feliz por Percy. Podía ser muchas cosas, pero era una persona responsable, por lo que el cargo le sentaba como un guante. - Solo espero que no se le suba a la cabeza…-

Luego, Harry cogió el regalo y lo desenvolvió. Parecía una diminuta peonza de cristal, debajo había otra nota de Ron.

Harry, esto es un chivatoscopio de bolsillo. Si hay alguien cerca que no sea de fiar, en teoría tiene que dar vueltas y encenderse. Bill dice que no es más que una engañifa para turistas magos, y que no funciona, porque la noche pasada estuvo toda la cena sin parar. Claro que él no sabía que Fred y George le habían echado escarabajos en la sopa. Hasta pronto…

Ron

Harry puso el chivatoscopio de bolsillo sobre la mesita de noche, donde permaneció inmóvil, en equilibrio sobre la punta, reflejando las manecillas luminosas del reloj. Lo contempló durante unos segundos, satisfecho, y luego cogió el paquete que había llevado Hedwig.

También contenía un regalo envuelto en papel, una tarjeta y una carta, esta vez de Hermione.

Mi querido Harry

En primer lugar, ¡Feliz Cumpleaños! Ya tienes trece, quien lo diría. Espero que estés bien y no te sientas tan solo. Sé que, a pesar de estar en el Caldero Chorreante, echas de menos tenernos a Ron, a Chloe, a mí y a todos nuestros amigos cerca de ti, en Hogwarts. Yo me siento igual, me muero de ganas de volver a verte y empezar este nuevo año. -

- Yo también, Hermione…- pensó, mientras leía.

En estos momentos estoy en Francia de vacaciones y no sabía cómo enviarte esto, ¿y si lo abrían en la aduana?, ¡pero entonces apareció Hedwig con tu última carta! De verdad, muchas gracias por escribirme, es bueno saber de ti. El regalo te lo he comprado por catálogo vía lechuza. Había un anuncio en "El Profeta", me he suscrito, hay que estar al tanto de lo que ocurre en el mundo mágico.

- Hm…tal vez debería suscribirme yo también…- pensó. - Si, tal vez lo haga. -

¿Has visto la foto que salió de Ron y su familia hace una semana? Apuesto a que está aprendiendo montones de cosas, me muero de envidia. Los brujos del antiguo Egipto eran fascinantes. Aquí también tienen un interesante pasado en cuestión de brujería. He tenido que reescribir completa la redacción sobre Historia de la Magia para poder incluir algunas cosas que he averiguado.

Espero que no resulte excesivamente larga, comprende dos pergaminos más de los que había pedido el profesor Binns. Ron dice que irá a Londres la última semana de vacaciones. Que ganas tengo de volver a veros. Quien sabe, quizás también veamos a Chloe. Me envió una carta durante las vacaciones y me ha dicho que iría con su familia a por sus nuevos libros, pero sin concretarme el día. Quizás tenga miedo de tener una nueva pelea en Flourish & Blotts como el año pasado.

Muchos besos, Hermione.

Posdata: Ron me ha dicho que Percy ha recibido el Premio Anual. Me imagino que Percy estará en una nube. A Ron no parece que le haga mucha gracia.

Harry se río ante la posdata. - Pues claro, - pensó, mientras dejaba a un lado la carta de Hermione y cogía el regalo. - de seguro que piensa que Percy fanfarroneará más de la cuenta, como no…-

Pesaba mucho. Conociendo a Hermione, estaba convencido de que sería un gran libro lleno de difíciles embrujos, cosa que, desde luego, le entusiasmó, pero no. El corazón le dio un vuelco cuando quitó el papel y vio un estuche de cuero negro con unas palabras estampadas en plata "EQUIPO DE MANTENIMIENTO DE ESCOBAS VOLADORAS".

- Hermione…¡ERES FENOMENAL! - pensó Harry. Estaba tan feliz que quería ponerse a volar como una lechuza por los cielos, agitando los brazos como loco.

Contenía un tarro grande de abrillantador de palo de escoba marca Fleetwood, unas tijeras especiales de plata para recortar las ramitas, una pequeña brújula de latón para los viajes largos en escoba y un "Manual de mantenimiento de la escoba voladora".

Harry dejó a un lado el estuche y cogió el último paquete. Reconoció de inmediato los garabatos que había en el papel marrón, aquel paquete lo había enviado Hagrid, su gigantesco amigo, el guardabosques de Hogwarts.

Desprendió la capa superior de papel y vislumbró una cosa verde y como de piel, pero antes de que pudiera desenvolverlo del todo, el paquete tembló y lo que estaba dentro emitió un ruido fuerte, como de fauces que se cierran.

Harry tocó el paquete con el dedo, con precaución, si se trataba de un regalo de Hagrid…

Volvió a hacer el mismo ruido de cerrar de fauces. Harry cogió la lámpara de la mesita de noche, la sujetó firmemente con una mano y la levantó por encima de su cabeza, preparado para atizar un golpe.

Entonces cogió con la otra mano lo que quedaba del envoltorio y tiró de él, cayó un libro. Harry sólo tuvo tiempo de ver su elegante cubierta verde, con el título estampado en letras doradas, "El monstruoso libro de los monstruos," antes de que el libro se levantara sobre el lomo y escapara por la cama como si fuera un extraño cangrejo.

Cayó de la cama produciendo un golpe seco y recorrió con rapidez la habitación, arrastrando las hojas, hasta que se había escondido en el oscuro espacio que había debajo de su cama.

- Que raro es este libro…- pensó Harry, rascándose la nuca. - Bueno, si es como un animal, tal vez le apetezca un cebo…-

Mirando a su alrededor, Harry dejó caer una de sus pantuflas al suelo, se subió a la cama, y esperó. El monstruoso libro se fue a por la pantufla, y se la comió, entonces Harry saltó encima de él y lo cerró de golpe, dejándolo fuera de combate.

- Lo siento, me parece que no sé cómo hay que tratar a un libro monstruos, aún…- pensó el azabache.

Tras amarrarlo con una cuerda, lo dejó guardado en un cajón de su armario. Harry cogió la carta de Hagrid y la leyó.

Querido Harry.

¡Feliz cumpleaños! He pensado que esto te podría resultar útil para el próximo curso. De momento no te digo nada más. Te lo diré cuando nos veamos. Con mis mejores deseos...

Hagrid

Harry frunció el entrecejo, ¿cómo podría serle útil un libro que mordía? A menos que quisiera usarlo como una especie de "perro guardián". Dejó la tarjeta de Hagrid junto a las de Ron y Hermione, sonriendo con más ganas que nunca. Sólo le quedaba la carta de Hogwarts. Percatándose de que era más gruesa de lo normal, Harry rasgó el sobre, extrajo la primera página de pergamino y leyó:

Estimado señor Potter.

Le rogamos que no olvide que el próximo curso dará comienzo el 1 de septiembre. El expreso de Hogwarts partirá a las once en punto de la mañana de la estación de King's Cross, anden nueve y tres cuartos. A los alumnos de tercer curso se les permite visitar determinados fines de semana el pueblo de Hogsmeade. Le rogamos que entregue a sus padres o tutores el documento de autorización adjunto para que lo firmen.

También se adjunta la lista de libros del próximo curso. Atentamente…

Profesora M. McGonagall.

Subdirectora.

Harry extrajo la autorización para visitar el pueblo de Hogsmeade, y la examinó.

- Oh vaya, esto es un problema…- pensó Harry, pero sabiendo qué hacer. - Ni hablar, tendré que hacerle una visita "in extremis" a los Dursley…-

Tras desayunar, le dijo a Tom que iría a hacerle una visita rápida a sus tíos por "motivos académicos". Cogió un taxi y regresó a Prive Drive.

A tío Vernon no le hizo gracia ver de vuela a Harry.

- ¿¡Que haces aquí!? - inquirió con enojo.

- ¡Hmph! - soltó Harry, mirando a su tío con arrogancia. - Al parecer me hace falta una pequeña firma tuya para que yo pueda visitar un pueblo cercano a mi escuela. Así que, ¿te importaría firmármelo? -

- ¿¡Y porque debería firmarte yo eso!? - gruñó Vernon, con sus bigotes temblando como goma.

Harry sonrió con malevolencia. - Bien…- dijo fríamente. - si tanto deseas terminar convertido en almuerzo para perros, entonces…-

Tío Vernon, palideciendo, cogió la autorización, la firmó y se la entregó a Harry rápidamente.

- ¡TOMA! ¡TOMA! - gritó. - ¡AHORA VETE! ¡FUERA! - cerró la puerta con dureza y añadió: - Y si es posible…¡NO VUELVAS! -

- Lamentablemente tendré que volver. - bufó Harry poco después, mientras salía del barrio para tomar un taxi. - Así que…¡Hasta el año que viene, señor patata! -

Tras regresar al Caldero Chorreante, Harry guardó la autorización firmada y se fue al Callejón Diagon, para comprar todo el material esencial para el nuevo curso.

Fue a la botica para aprovisionarse de ingredientes para pociones, donde el propietario y pocionero de la tienda le comentó que estaba ante su último año y que estaba buscando a alguien para substituirle y dejarle la tienda como herencia. A Harry le habría gustado sustituirle, pero de manera temporal y solo durante su estancia de vacaciones, pero sabía que eso no era lo que buscaba el propietario.

- Quiere dejarle la tienda a alguien de manera permanente. - pensó Harry. - Bueno, tampoco tengo edad para ser el dueño de un local de pociones. -

Como la túnica del colegio le quedaba ya demasiado corta tanto por las piernas como por los brazos, visitó la tienda de Túnicas para Cualquier Ocasión de la señora Malkin y compró otra nueva. Y lo más importante de todo, tenía que comprar los libros de texto para sus tres nuevas asignaturas: Runas Antiguas, Cuidado de Criaturas Mágicas y Aritmancia.

Harry se sorprendió al mirar el escaparate de la librería. En lugar de la acostumbrada exhibición de libros de hechizos, repujados en oro y del tamaño de losas de pavimentar había una gran jaula de hierro que contenía cien ejemplares de El monstruoso libro de los monstruos. Por todas partes caían páginas de los ejemplares que se peleaban entre sí, mordiéndose violentamente, enzarzados en furiosos combates de lucha libre.

- Vaya con estos libros…- pensó el azabache. - Me parece que tendré que aturdir al mío antes de leerlo. Si, tal vez sea eso lo que hay que hacer…-

Harry sacó del bolsillo la lista de libros y la consultó por primera vez. "El monstruoso libro de los monstruos" aparecía mencionado como uno de los textos programados para la asignatura de Cuidado de Criaturas Mágicas. En ese momento Harry comprendió por qué Hagrid le había dicho que podía serle útil.

- Vaya, me lo regaló por mi cumpleaños. - pensó Harry, suspirando. - Un gran detalle sin duda amigo mío. Hm…a lo mejor Hagrid sabe cómo abrir ese puñetero libro sin que busque morderme…-

Cuando Harry entró en Flourish y Blotts, el dependiente se acercó a él.

- ¿Hogwarts? - preguntó de golpe. - ¿Viene por los nuevos libros, señor Potter? -

- Sí señor...- respondió Harry, frunciendo el entrecejo. - Verá, necesito...-

- ¡Quítese de en medio! - dijo el dependiente con impaciencia, haciendo a Harry a un lado.

- ¿Y ahora qué le pasa a este sujeto? - se preguntó Harry, con interrogantes imaginarios azotándole la cabeza.

El dependiente se puso un par de guantes muy gruesos, cogió un bastón grande, con nudos, y se dirigió a la jaula de los libros monstruosos.

- ¡Espere! - dijo Harry de inmediato. - Ése ya lo tengo, no lo necesito…- respondió, riendo nerviosamente.

- ¿¡Sí!? - El rostro del dependiente brilló de alivio. - ¡Cuánto me alegro! Ya me han mordido cinco veces en lo que va de día…- dijo cabizbajo

- Y… ¿porque no hace algo más practico e intenta aturdirlos antes de cogerlos? - sugirió Harry. - Bueno, es una sugerencia, usted inténtelo si quiere…-

- ¡Oh! ¡No había pensado en eso! - dijo el dependiente. - Excelente sugerencia señor Potter. ¿Necesita algún libro más? -

Harry asintió. Pidió "El Diccionario de Runas" y "Numerología y Gramática", para Runas Antiguas y Aritmancia respectivamente.

- El estudio de las Runas Antiguas es algo parecido a lo que suelen hacer los arqueólogos cuando husmean en cuevas y viejas tumbas. - pensó el azabache, entusiasmado con dos de sus optativas. - Mientras que Aritmancia es lo más parecido que eh visto a las clases de matemáticas, aunque no son operaciones precisamente, si no entender los números desde la perspectiva de los magos, adivinar su significado, si, será fascinante. -

- Vaya, Runas Antiguas y Aritmancia. - observó el dependiente. - Es usted una persona muy inteligente por lo que he visto hasta la fecha, señor Potter. -

- ¡Gracias! - dijo Harry, muy contento.

- ¿Algo más? - preguntó.

- Sí…- dijo Harry, consultando la lista de libros de nuevo. - Necesito Transformación, nivel intermedio y Libro reglamentario de hechizos, curso 3º.-

Diez minutos después, Harry salió de Flourish y Blotts con sus nuevos libros bajo el brazo, y volvió al Caldero Chorreante sin apenas darse cuenta de por dónde iba, y chocando con varias personas.

- Ahora me confundirán con Hermione por verme con tantos libros encima. - pensó el azabache divertido. - Si ella me viera…-

Subió las escaleras que llevaban a su habitación, entró en ella y arrojó los libros sobre la cama. Tras un suspiro de alivio, alzó la mano de forma automática, e intentó alisarse el pelo.

- Es una batalla perdida…- resopló el espejo.

- Si, quizás tengas razón…- admitió Harry. - Un momento, ¿y si probara con poción alisadora? Bueno, no creo que sea necesario en este momento, al fin y al cabo, a Hermione le agrada mi cabello azabache. -

Al día siguiente, el diario "El Profeta" hizo pública la huida de un fugitivo de Azkaban, cosa que sorprendió al azabache, ya que, hasta la fecha, nadie había logrado escapar de la prisión de los magos en toda su historia.

¡FUGA EN AZKABAN!

Ayer por la noche, el fugitivo y asesino en serie, Sirius Black, dejó una desagradable sorpresa al haber pasado a la historia, como el primer prisionero que consigue escapar de Azkaban.

Este fenómeno ha dejado a toda la comunidad, tanto mágica como muggle, en alerta máxima.

Desde el ministerio de magia, aseguran que Black es un mago tan oscuro, que ha sido capaz de burlar incluso a los guardianes de la prisión, los Dementores de Azkaban, quienes han iniciado la búsqueda y captura del peligroso homicida.

Se desconoce si Black recibió ayuda del exterior. La oficina de Aurores a iniciado la investigación para encontrar su paradero y proceder al arresto inmediato.

El ministro de magia, Cornelius Fudge, ha pedido colaboración a la ciudadanía, cautela y tranquilidad ante esta situación, confiando en que las fuerzas de seguridad mágicas del ministerio cumplirán con su objetivo y atraparán a Black.

- Vaya, quien lo diría, un tío que se fuga de Azkaban. - pensó el azabache, mientras enrollaba el periódico. - Eso manchará y mucho la reputación de la famosa prisión de los magos…Eh, mira por donde, ahora resulta que el encantamiento Patronus me va a ser de utilidad Si alguno de esos dementores se le ocurre buscar cerca de aquí…-

Pasaron unos días desde la fuga de Black, los dementores buscaban por todas partes del mundo mágico, si, también pasaron por el Callejón Diagon. "El Profeta" redactaba los avances en sus ediciones, aunque de avances, había pocos.

BLACK SIGUE SUELTO

El Ministerio de Magia confirmó ayer que Sirius Black, tal vez el más malvado recluso que haya albergado la fortaleza de Azkaban (junto a Bellatrix Lestrange), aún no ha sido capturado.

"Estamos haciendo todo lo que está en nuestra mano para volver a apresarlo, y rogamos a la comunidad mágica que mantenga la calma", ha declarado esta misma mañana el ministro de Magia Cornelius Fudge.

Fudge ha sido criticado por miembros de la Federación Internacional de Brujos por haber informado del problema al Primer Ministro muggle, ya que según ellos dicha información podría desatar el pánico entre su comunidad.

"No he tenido más remedio que hacerlo", ha replicado Fudge, visiblemente enojado. "Black está loco, y supone un serio peligro para cualquiera que se tropiece con él, ya sea mago o muggle. He obtenido del Primer Ministro la promesa de que no revelará a nadie la verdadera identidad de Black. Y, seamos realistas, ¿quién lo creería si lo hiciera?" Mientras que a los muggles se les ha dicho que Black va armado con un revólver (una especie de varita de metal que los muggles utilizan para matarse entre ellos), la comunidad mágica vive con miedo de que se repita la matanza que se produjo hace doce años, cuando Black mató a trece personas con un solo hechizo.

Aquella tarde, dando una vuelta por el Callejón Diagon, Harry se sorprendió cuando vio que las calles estaban heladas. Hacía frío y de ninguna manera podía ser normal, a menos que a alguien se le diera por conjurar un encantamiento capaz de cambiar el clima. Caminando y abrigado con su túnica porque no contaba con una chaqueta a mano, Harry se abrigó lo mejor que pudo. Justo cuando estaba a punto de llegar al Caldero Chorreante, sin saber porque, un Dementor apareció de la nada e intentó atacarle.

- Pero si yo no soy ningún fugitivo. - se quejó Harry. - ¡No me toques las narices! - blandió su varita y gritó: - ¡Expecto Patronum! -

De la varita de Harry, salió un Patronus Incorpóreo, que logró proteger al azabache el tiempo suficiente como para que al final, el Dementor huyera.

- Uff…menos mal que solo era uno…- pensó Harry cabizbajo. A pesar de toda la práctica que había realizado en las últimas semanas, aún no era capaz de realizar un Patronus corpóreo.

En ese momento, Harry pudo ver en lo profundo de una calle lo que parecía un enorme perro negro de gran tamaño.

- Hola chico, ¿estás bien? - preguntó, acercándose lentamente al perro. - No te preocupes, de seguro estabas asustado por ese estúpido Dementor. La verdad, a mí tampoco me agradan…-

El azabache extendió su mano, y el perro, lentamente, se le fue acercando cada vez más, hasta que finalmente, pudo tocar su cabeza.

- Vaya…pareces bastante…delgado. - observó con seriedad - ¿Qué te ha pasado? Hm…esto está mal, está muy mal. A saber, quién te habrá dejado así. -

El perro negro parecía que llevaba mucho tiempo sin comer, por lo que Harry, que llevaba unos pasteles de caldero en una bolsa, se los dio a él.

- No sé si te gusten, pero…- se calló casi de inmediato, al ver que el perro se comió los pasteles con todo y bolsa. - Bueno, bien, muy bien…- dijo sonriente. - Dime, ¿te gustaría venir conmigo? Creo que te vendría bien una ducha, hueles un poco mal, si te soy honesto…-

El perro, tras ladrar alegremente, le siguió. Cuando ambos llegaron al Caldero Chorreante, Tom los miró un poco extrañado.

- ¿Y ese perro, señor Potter? - preguntó el tabernero.

- Lo encontré en la calle. - dijo Harry tristemente. - Me sabía mal dejarlo ahí, y más en el estado en el que se encontraba. Por cierto, ¿tienes comida para perros? El pobrecillo está muy hambriento y…-

- Ya veo…- dijo Tom. - Hay que ver con esta gente, abandonando a animales de ese modo. No se preocupe señor Potter, afortunadamente, tengo delicias para caninos en mi almacén. En seguida le subo un saco bien gordo. -

- Excelente, yo de mientras iré a darle un baño. - dijo Harry, riéndose - Le vendrá bien, porque huele a rayos fritos. - añadió, y Harry se extrañó al ver que el perro alzó una oreja, como si frunciera el entrecejo. Lo condujo hasta una bañera del Caldero Chorreante y con unos movimientos de varita dijo: - ¡Fregotego! - el perro quedó cubierto de espuma de jabón, luego, con otro movimiento, Harry gritó: - ¡Aguamenti! - un chorro de agua salió de la varita del azabache, y el perro, quedó completamente limpio. - Bien, te ves mucho mejor así, y hueles de maravilla. – sonrió con satisfacción, mientras que el perro se sacudía para secarse. - Ahora ven, te voy a enseñar mi habitación. -

Tras llegar a la habitación, Harry fue hasta la chimenea, encendió el fuego y dejó que el perro se sentara en el sofá más grande. Al cabo de unos minutos, Tom apareció con un enorme saco de delicias para perro.

- Aquí tiene señor Potter. - dijo, dejando el saco a un lado de la cama de Harry. - Espero que sean del gusto de su invitado. -

- Por supuesto, muchas gracias Tom. - dijo Harry agradecido.

Alegremente, Tom salió por la puerta. Harry cogió un cuenco, blandió su varita y dijo: - Engorgio. - el cuenco creció de tamaño. Harry abrió el saco y lo llenó de comida. - Adelante chico, ve…- animó al perro.

El perro se abalanzó sobre la comida. Parecía que se había quedado corto con los pasteles de caldero.

- Pues vaya, sí que tiene hambre…- pensó Harry, mientras observaba al perro. - ¿Quiénes serán los energúmenos que lo habrán dejado solo? Será posible…- miró al reloj. Indicaba claramente las once de la noche. - Vaya que tarde es, será mejor que me vaya a la cama…-

Tras ponerse el pijama, el gorro de dormir, y cepillarse los dientes, Harry se acostó en su cama, dejando que el perro siguiera comiendo todo lo que quisiera.

A la mañana siguiente, sin embargo, Harry se sintió un poco apenado cuando se levantó, pues el perro ya no estaba. El cuenco de comida estaba completamente vacío, y no había rastro alguno del animal.

- Oh no…¿se habrá escapado? - se preguntaba Harry con preocupación.

Tras ducharse, cambiarse y arreglar un poco la habitación con algo de ayuda mágica, el azabache bajó al bar para desayunar.

- Eh Tom, ¿has visto al perro por aquí? - preguntó a Tom

- No señor Potter, me temo que ni yo ni nadie lo hemos visto. - dijo Tom un poco triste - Debe de haberse escapado por la noche, que se le va a hacer. Aunque estoy seguro, de que ese perro no olvidará fácilmente el gentil gesto que tuvo con el ayer…-

Harry sonrió, esperanzado de que al perro le fuera bien allá a donde fuera.

Nota del Autor: Con esto el segundo año está completo y de paso damos inicio al tercer año…Y también, de paso, me gustaría volver a dejar en claro porque de pasar del capitulo 120 y pico pasamos a volver atrás.

Me pasé todo un año corrigiendo errores (para concretar un poco más, a partir de marzo del 2018) tanto ortográficos como de la propia historia la cual pues no estaba yendo por donde yo quería. La idea sigue más o menos el camino que marqué desde un inicio, por supuesto, pero necesitaba retocar este fic para darle un poco mas de sentido y de paso hacerlo más completo.

Encontrareis que a pesar de corregir la mayoría de los errores aún quedan por ahí algunas palabras que no están escritas correctamente, pero evidentemente eso es un poco error del Word (¿o tal vez es un error que se genera a la hora de subir el capítulo? Ni idea).

Siento mucho hacer esto, y mas por todos aquellos que seguís este fic desde el inicio, y entiendo que al releerlo todo sea un poco (vale, en ocasiones muy) confuso, pero lo vuelvo a repetir si antes no lo he escrito: Es mi fic. Y si veo que hay cosas que no me gustan pues lo mejor es analizarlas y darle los retoques convenientes. Al principio fue solo el primer año, pero repasé el segundo, luego el tercer y luego el cuarto y el quinto. Hay cosas que, por supuesto han quedado bien y en ese sentido a penas cambiarán, pero hay cosas que faltaban y cosas que a mi parecer no ha quedado muy bien. Pienso que faltaba algo de información y motivación a ciertos acontecimientos y sucesos de la historia.

Para colmo está que a diferencia de ese año 2016 que es cuando empecé este fic, no cuento con la misma cantidad de tiempo para hacer ajustes, nuevo contenido y nuevos capítulos (porque si, los tengo, pero solo tengo la base y por tanto están ahí, incompletos).

Teniendo en cuenta todo esto y que prácticamente no toqué para nada el fic el año pasado, quiero agradecer la paciencia que estáis teniendo conmigo, porque sí, es una put*d* parar con el inicio del año cinco y de repente volver al principio, pero insisto en lo que digo: Es mi fic, vi cosas que no me gustaron y me puse las pilas para corregir errores, añadir más información y un mejor desarrollo de los personajes. Lo bueno de fanfiction es que se puede corregir, rectificar tu historia etc, etc.

En fin, por ahora dejo esto aquí. Gracias por leer este fanfiction y haré todo lo posible por alcanzar lo antes posible el año cinco para retomar la historia. Eso sí, os invito a releerlo todo para que entendáis mejor ese año cinco y los acontecimientos que sucederán allí.