Capítulo 41 - El Objetivo de Black

Pasaron un par de días desde que el perro negro que encontró Harry en el Callejón Diagon se escapó. No se volvió a saber de él.

- Es una pena. - pensó, recordando con algo de tristeza al perro. - Me empezaba a caer bien…-

Sin embargo, Harry tenía otras ideas en mente, que perfectamente le permitían dejar al perro como un buen recuerdo a corto plazo. Tal y como hizo el año anterior, acomodándose en su escritorio durante las tardes de ocio en el Caldero Chorreante, empezó a leerse los libros adquiridos para el nuevo año escolar. Estaba ilusionado con volver a Hogwarts e iniciar un nuevo año de aprendizaje mágico. A parte de las clases habituales, como Pociones o Transformaciones, Harry también cursaría sus optativas: Runas Antiguas, Aritmancia y Cuidado de Criaturas Mágicas.

A Harry seguía sin entrarle en la cabeza como lo haría Hermione para poder acudir a todas las clases, ya ella se había propuesto a hacer la locura de escoger todas las asignaturas optativas disponibles.

- Hm…tal vez Ron tenga un poco de razón y Hermione esté un poco loca. - pensó el azabache con una sonrisa, recordando cómo era su mejor amiga cuando se proponía las cosas. - Pero así es ella, que le vamos a hacer. Si dice que puede con todo, pues puede con todo. -

Harry siguió con su rutina habitual en el Caldero Chorreante. Después del desayuno, se dirigió al Callejón Diagon. Durante aquellos largos y soleados días fue explorando las tiendas y comiendo bajo sombrillas de brillantes colores en las terrazas de los cafés, donde los ocupantes de las otras mesas se enseñaban las compras que habían hecho otros estudiantes de Hogwarts.

- Es un lunascopio, amigo mío. - comentó un estudiante. - Se acabó el andar con los mapas lunares, ¿te das cuenta? -

O discutían sobre el caso de Sirius Black…

- Yo no pienso dejar a ninguno de mis chicos que salga solo hasta que Black vuelva a Azkaban. - dijo una madre con preocupación.

- ¡Hmph! No me privaré de ir a Hogwarts por culpa de un asesino fugado. - pensó Harry arrogantemente. - En Hogwarts siempre hay retos mucho más interesantes. A ver que nos cae este año... -

Harry necesitó mucho dominio para no gastarse todo el dinero enseguida. Tenía que recordarse que aún le quedaban cinco años en Hogwarts y no contemplaba la idea de pedirle dinero a los Dursley para los libros de hechizos.

- Ni loco les pido dinero a esos idiotas…- pensó con algo de enfado.

Tuvo la tentación de comprarse un juego de gobstones de oro macizo (era un juego mágico muy parecido a las canicas, en el que las bolas lanzaban un líquido de olor repugnante a la cara del jugador que perdía un punto). - Vaya, sería interesante ver a Ron perder en este juego…- pensó con una amplia sonrisa.

También le llamó la atención una gran bola de cristal con una galaxia en miniatura dentro, que habría venido a significar que no tendría que volver a recibir otra clase de astronomía, sin embargo…

- No es lo mismo ver las estrellas y las constelaciones en una bola de cristal que a través del telescopio. - pensó, prefiriendo por mucho el método tradicional para contemplar los misterios del espacio exterior. - Si, mejor con un telescopio. Es más interesante…-

Pero lo que más a prueba puso su decisión apareció en su tienda favorita, "Artículos de Calidad para el Juego del Quidditch", a la semana siguiente.

Deseoso de enterarse de qué era lo que observaba la multitud en la tienda, Harry se abrió paso para entrar, apretujándose entre brujas y magos emocionados, hasta que vio, en un expositor, la escoba más impresionante que había visto en su vida.

- Acaba de salir...prototipo...- le decía un brujo de mandíbula cuadrada a su acompañante.

- ¡Es la escoba más rápida del mundo! ¿A que sí, papá? - gritó un muchacho más pequeño que Harry, que iba colgado del brazo de su padre.

El propietario de la tienda decía: - ¡La selección de Irlanda acaba de hacer un pedido de siete de estas maravillas! ¡Es la escoba favorita de los Mundiales! -

Al apartar a una bruja de gran tamaño, Harry pudo leer el letrero que había al lado de la escoba.

SAETA DE FUEGO

Este ultimísimo modelo de escoba de carreras dispone de un palo de fresno ultra fino y aerodinámico, tratado con una cera durísima, y está numerado a mano con su propia matrícula. Cada una de las ramitas de abedul de la cola ha sido especialmente seleccionada y afilada hasta conseguir la perfección aerodinámica. Todo ello otorga a la Saeta de Fuego un equilibrio insuperable y una precisión milimétrica. La Saeta de Fuego tiene una aceleración de 0 a 240 km/hora en diez segundos, e incorpora un sistema indestructible de frenado por encantamiento. Preguntar precio en el interior.

- Maldita sea, ¡está escoba está genial! - pensó el azabache, tentado por la espectacular escoba. - Pero…no, a mí me gusta mucho mi Nimbus 2000. Ni de broma la cambiaría por otra escoba…-

Harry nunca había perdido un partido de Quidditch con su Nimbus 2000. ¿De qué le servía dejar vacía su cámara de seguridad de Gringotts para comprarse la Saeta de Fuego teniendo ya una escoba muy buena? Ni más ni menos que la escoba que le regaló la profesora McGonagall, la jefa de su casa, y una profesora que desde un inicio confió en sus habilidades, al menos, en el Quidditch.

Harry no preguntó el precio, pero regresó a la tienda casi todos los días sólo para contemplar la Saeta de Fuego.

En uno de esos días, se topó una vez más con los Malfoy, concretamente, con Draco Malfoy y Chloe.

- Potter…- susurró Draco Malfoy.

- Malfoy…- susurró Harry.

Se saludaron fríamente. Ambos rivales se fulminaron con la mirada, aunque Harry tenía ganas de ponerse a reír. A pesar de que ya no se insultaban mutuamente, ambos mantenían sus diferencias, y a Harry le resultaba tentadora la idea de batirse en duelo con él en pleno callejón.

- ¡Hola Harry! - le saludó Chloe, agitando su mano con una sonrisa afable e infantil.

Chloe era la hermana menor de Draco Malfoy. Ella era muy diferente a su hermano, no solo por su personalidad sino también por ser de casas distintas en Hogwarts. Cuando el Sombrero Seleccionador la colocó en Gryffindor todos se llevaron una gran sorpresa. Desde que se conocieron en el expreso de Hogwarts, ella se convirtió en la mejor amiga de Ginny (la hermana de Ron), y una amiga muy cercana a Harry (él fue, sin proponérselo, su primer maestro en la práctica de hechizos) y los demás.

- Hola Chloe. - dijo Harry con una sonrisa. - ¿Cómo han ido las vacaciones? - tras la pregunta, ella no parecía muy contenta. - ¿Dije algo malo? -

- Verás Potter, - intervino Malfoy. - a nuestro padre no le ha hecho mucha gracia ver a Chloe en Gryffindor. Podría decirse que la relación familiar se a…enfriado un poco. -

- Hm…ya veo…- suspiro el azabache. - Sabía que esto podía pasar, pero…no, definitivamente me lo esperaba. - pensó amargamente. - Está claro que Slytherin, su reputación y su orgullo, están por encima de todo para Lucius Malfoy…-

Tras soltar un suspiro, Chloe dijo: - No…no ha sido tan malo. Por lo menos Draco no me ha dejado tan sola. He hecho muchas cosas con él este verano (practicar magia, quidditch, jugar a los naipes explosivos…). Ahora es más divertido. - afirmó con una sonrisa.

Harry frunció el entrecejo con una sonrisa leve. - ¿En serio? - dijo, riéndose. - ¿Draco Malfoy, divertido? -

- Si, pero principalmente practicar hechizos en casa. - repuso Chloe, mientras giraba su varita con los dedos. - Será mejor que estés preparado, porque te espera un duelo bastante intenso con él este año. - añadió, señalando a su hermano.

- Han estado practicando el curso pasado, ¿cierto? - preguntó Malfoy, y Harry solo se encogió de hombros. - Ya me lo pensaba. Se ha vuelto muy hábil en los hechizos. - añadió, señalando a su hermana.

- De modo que te ha dado guerra. - dijo Harry, sonriendo orgullosamente. - No me esperaba menos (¡Aprendió del mejor!). - Chloe sacó un pañuelo y frotó su varita. - Hm…ahora que lo pienso, nunca me dijiste que tipo de varita tienes, Chloe. -

- Oh, pues como puedes ver, es de roble rojo, tiene 33,50 cm de largo y fibra de corazón de Dragón como núcleo. - explicó Chloe, alegrándose. - Recuerdo que el señor Ollivander la definió como "hermosa y atrevida". -

Harry asintió con aprobación. - Me lo imagino. - se frotó la nariz, antes de mirar a Malfoy desafiante. - Estoy ansioso por poner a prueba tu progreso, Malfoy…-

- Ya, - dijo Malfoy, alzando la nariz. - pues no esperes que sea cortés contigo en el duelo, Potter…-

- Si fueras cortés conmigo, - dijo Harry con arrogancia. - entonces ya no seríamos rivales. No, mejor que las cosas sigan a buen recaudo. - miró a Chloe y le preguntó: - ¿Ya habéis hecho las compras? -

- Si, hasta tengo escoba nueva. - dijo Chloe alegremente. - ¡Mi madre me ha comprado mi propia Nimbus 2001! Ella dijo que si no fuera tan pequeña me compraría una Saeta de Fuego, pero…-

- Pides demasiado, Chloe…- suspiró Draco, negando con la cabeza. - Ella es una excelente jugadora, - comentó, rodando los ojos y mirando a Harry. - pero lo que más le gusta hacer en el Quidditch es golpear Bludgers. Dice que quiere entrar en tu equipo en esa posición, el día en que los gemelos Weasley se jubilen. -

- Bueno, conociendo a esos dos no creo que tarden demasiado. - dijo Harry. - Cada vez tienen más asuntos entre manos con sus planes de futuro. Uno no muy lejano diría yo. -

- ¿Te enteraste de la noticia de los Weasley? - preguntó Chloe. - ¡Están en Egipto! Qué envidia…-

- En efecto, Ron me ha ido contando a través de cartas como fueron las cosas por allí. - dijo el azabache. - Aunque le entró repelús cuando un grupo de arañas le cayó del techo…- añadió, riéndose. - Por cierto, ¿cómo van las cosas con Ginny? Malfoy…-

Las mejillas de Draco Malfoy cambiaron de color instantáneamente. - ¿¡Qué estas insinuando, Potter!? - inquirió. Luego desvió la mirada y añadió: - E…ella nos regaló un chivatoscopio a Chloe y a mi…-

- Oh, a mi Ron me regaló uno. - dijo Harry, conteniendo una nueva carcajada. - Aunque de momento no parece que funcione. O no va o sencillamente no hay peligro mortal de por medio, lo cual es curioso en mi caso... -

- Hm…nuestros padres están cerca… - susurró Malfoy, mirando de reojo sus espaldas sin apenas girar la cabeza. - Será mejor que no nos vean hablando contigo, Potter…-

- Está bien, nos veremos en Hogwarts. – dijo Harry, enseñándoles un pulgar arriba. - Suerte…-.

Los dos se fueron. Mientras Harry se giraba para dirigirse al Caldero Chorreante, pudo ver el distinguido rostro despreciable de Lucius Malfoy, observándolo. Harry sonrió arrogantemente mientras giraba la cabeza.

- Debe de seguir preguntándose como un crío de doce años (ahora trece) pudo ridiculizarlo en un duelo…- pensó Harry, arrogantemente. - ¡Hmph! Se lo tiene bien merecido…-

Al pasar los días, Harry tenía muchas ganas de que llegara el 31 de agosto, para reencontrarse con Hermione y Ron. Por aquellos días llegaban al Callejón Diagon muchos alumnos de Hogwarts, ya que faltaba poco para el comienzo del curso.

Harry se encontró a Seamus Finnigan y a Dean Thomas, compañeros de Gryffindor, en la tienda "Artículos de Calidad para el Juego del Quidditch", donde también ellos se comían con los ojos la Saeta de Fuego

- ¿Te imaginas montar en ella, Harry? - le preguntó Dean, mientras frotaba el cristal del escaparate con su cara.

- Sería la caña…- suspiró Seamus, un poco triste. - Con esa escoba volarías mucho más rápido. Pero vale una fortuna amigo…-

- Lo sé, pero a mí me sigue gustando mi Nimbus 2000. - repuso Harry con orgullo. - No pienso deshacerme de ella para nada. -

Se tropezó también, en la puerta de Flourish y Blotts, con su amigo Neville Longbottom (un muchacho despistado de cara redonda). Este había perdido la lista de los libros, y su abuela le estaba regañando por eso.

- Vaya, pobre Neville. - pensó Harry. No parecía haber remedio para Neville. - ¿Hasta cuándo seguirá perdiendo las cosas? -

En la tienda, también se encontró con Luna Lovegood, a quien Harry conoció durante el año pasado, después de que Ginny se la presentara junto con Chloe.

- Hola Luna. - dijo Harry alegremente. - ¿Qué tal las vacaciones? -

- Muy bien. - repuso ella en tono soñador. - Mi padre se ha pasado el verano tratando de averiguar como lo hizo Sirius Black para escapar de la prisión de Azkaban. ¿Leíste las noticias? -

- Si, me las encuentro hasta en la sopa. - bromeó Harry. - ¿Qué tiene en mente tu padre? -

Mientras Luna le platicaba sobre unas luciérnagas que fundían las barras metálicas (como posible método de Black para escapar) y poniendo a prueba la maquinaria mental de Harry, él se percató de que Neville los estaba mirando.

- Creo que le vendrá bien algo de compañía. - pensó Harry, listo para invitar a su amigo de cara redonda a la charla. - Oye Luna, ¿te gustaría conocer a un amigo mío? -

- ¿En serio? - preguntó Luna con curiosidad. - ¿A quién? -

- ¡Oye Neville! - le llamó Harry en tono alegre. - Quiero presentarte a alguien. - a Neville, del sobresalto que se llevó, se le cayeron los libros que llevaba encima, ganándose un azote de su abuela. - Eso…no lo tenia en mente. - pensó, riéndose nerviosamente.

Mientras que la abuela estaba pagando los libros, Harry se encargó de hacer las presentaciones.

- Luna, este es Neville, un buen amigo y además, todo un maestro en Herbología. - comentó Harry con orgullo, haciendo que Neville se pusiera colorado. - Neville, ella es Luna, una amiga de Ginny y Chloe. Es experta en Criaturas mágicas y misteriosas, ¿cierto Luna? -

- Si, - dijo Luna en tono afable, extendiendo su mano. - mucho gusto…-

- I-igualmente…- tartamudeó Neville. - Mu-mucho gu-gusto…-

- Espero que este sea el principio de una preciosa amistad entre vosotros. - dijo Harry, con un brillo en los ojos. - Con su permiso, me retiro. Tengo que seguir con mis prácticas de hechizos. Nos vemos en el Expreso de Hogwarts…- añadió, mientras se iba de la tienda, dejando a Neville escuchando los relatos de Luna, con muchísima más atención que él.

Harry despertó el último día de vacaciones, pensando en que vería a sus dos mejores amigos en cualquier momento. Se levantó, se vistió, fue a contemplar por última vez la Saeta de Fuego, y se estaba preguntando dónde comería cuando alguien gritó su nombre. Se volvió, era una voz que llevaba tiempo esperando volver a oír.

- ¡Harry! - gritó a lo lejos una chica de cabello castaño. - ¡HARRY! -

- ¡Hola Hermione! - dijo Harry en voz alta, recibiendo un cálido abrazo por parte de su primera amiga. - me alegro mucho de verte…-

- Yo también, - dijo Hermione, riendo de felicidad. - hay tanto que quiero contarte…-

- Vaya, menudo bronceado. - observó Harry. Hermione estaba morena, como si hubiera pasado varios días yendo a la playa. - Te sienta muy bien. - añadió, haciendo que Hermione se sonrojara un poco.

- Bueno, - dijo la voz del pelirrojo favorido de Harry. - no tengas prisa por recibir un abrazo cariñoso de mi parte colega. Tomate tu tiempo. -

Era Ron, quien estaba en la entrada de la heladería Florean Fortescue comiendo un helado de chocolate, y mirándolo con una sonrisa. Volver a verlo era una alegría pues con Ron estaban las risas y la actualidad del mundo mágico. Ansioso por saber al detalle que habían hecho los Weasley durante sus vacaciones de Egipto, al mismo tiempo de conocer más del viaje de Hermione, saludó a Ron y los tres entraron dentro de la heladería.

Tras sentarse en una mesa en el balcón de la tienda, los tres empezaron a Hablar.

- Por fin nos vemos compañero. - dijo Ron con una sonrisa y palmeándole la espalda a Harry amistosamente. - Te buscábamos para ir juntos a hacer las compras. Hemos estado en el Caldero Chorreante, pero nos dijeron que habías salido. Luego hemos ido a Flourish y Blotts, y al establecimiento de la señora Malkin, y...-

- Bueno, - dijo Harry, sonriendo. - como ya os daréis cuenta, compré todas mis cosas el mismo día en que me llegó la carta de Hogwarts. ¿Qué hay de vosotros? -

- ¡Esta noche nos alojamos en el Caldero Chorreante! - sonrió Ron. - Mañana podremos ir todos juntos a King's Cross. ¡Ah, y Hermione también se aloja allí! -

Hermione asintió alegremente. - Convencí a mis padres para que dejaran quedarme. - dijo con una sonrisa. - Me han traído esta mañana, con todas mis cosas del colegio. Ya tenía ganas de volver por aquí.

- Y yo de veros de nuevo. - repuso Harry.

- Caray Harry, - dijo Ron. - cualquiera pensaría que te aburres en el Caldero Chorreante. Ya me gustaría a mí poder adelantar mi independencia. -

- No es que me aburra, es que normalmente estoy solo. - dijo Harry, riendo un poco. - Solo con cuatro gatos merodeando por mi ventana mientras que Hedwig vuela libremente por allí y por allá. Suelo practicar magia, entrenar y dar vueltas por el Callejón Diagon, pero poco más. -

- Pues no está mal. - bufó Ron.

- ¿Quieres tu propio espacio para pensar libremente en tu admiradora secreta? - preguntó Harry, queriendo fastidiarle un poco.

- Hm…tal vez…- dijo Ron, sonrojándose y encogiéndose de hombros. - Mientras no sea una niña tonta y fea la que quiere algo conmigo…-

- Estoy seguro de que es muy guapa. - repuso Harry, guiñándole el ojo a Hermione. - ¿Cierto Hermione? -

- Si, y muy divertida. - dijo Hermione, riéndose.

- ¿¡Entonces la conocéis!? - preguntó Ron exaltado. Sin embargo, Harry y Hermione solo se limitaron a reír.

- ¿Habéis comprado ya todos los libros y el material para el próximo curso? - preguntó Harry, cambiando de tema.

Ron frunció el entrecejo, antes de sonreír. - Mira esto…- dijo sacando de una mochila una caja delgada y alargada, y abriéndola. - ¡Tengo una varita mágica nueva! Treinta y cinco centímetros, madera de sauce, con un pelo de cola de unicornio. Ah, y también tengo todos los libros. - señaló una mochila grande que había debajo de su silla. - ¿Y qué te parecen los libros monstruosos? El librero casi se echó a llorar cuando le dijimos que queríamos dos. -

Harry se puso a reír. - Si, a mí me pasó algo parecido cuando fui a comprar los libros en Flourish y Blotts hace un mes…- miró a Hermione y añadió: - Y por lo que veo, ya lo tienes todo listo, ¿eh, Hermione? - preguntó, señalando no una sino tres mochilas repletas que había a su lado, en una silla.

- Así es. - respondió Hermione alegremente. - Son mis libros de Aritmancia, Cuidado de Criaturas Mágicas, Adivinación, Estudio de las Runas Antiguas, Estudios Muggles...-

- ¿Para qué quieres hacer Estudios Muggles? - preguntó Ron volviéndose a Harry y poniendo los ojos en blanco. - Tú eres de sangre muggle. Tus padres son muggles. ¡Ya lo sabes todo sobre los muggles! -

- Pero será fascinante estudiarlos desde el punto de vista de los magos. - repuso Hermione con seriedad.

- Bueno, - dijo Harry, en tono pensativo. - ojalá que con tantas cosas que hacer este año, tengas algo de tiempo para nosotros…-

Hermione suspiró. Obviamente no había pensado en tener tiempo para sí misma (para ser más precisos, tiempo para hacer algo alejada de los libros). - Lo siento Harry, - dijo en tono sincero y algo triste. - no había pensado mucho en ello cuando escogí todas las optativas. Pero ya estoy en ellas, sería desastroso no acudir a todas ellas pues los profesores me tienen anotada y cuentan con que acuda a esas clases y…-

El azabache cogió sus manos, poniendo sus ojos brillosos. - No temas, sé que es muy importante para ti pensar en el futuro académico. Y no, no me preocupa en absoluto tu posible horario. - dijo con determinación. - Eres Hermione Granger, la chica más increíble que he conocido, y que ha conocido el mundo mágico. Si tú dices que puedes con todo, ¡pues puedes con todo! -

Las mejillas de Hermione cambiaron de tono, posiblemente sintiéndose alagada por las palabras de su mejor amigo. - Todavía me quedan diez galeones…- dijo, comprobando rápidamente su monedero. - En septiembre es mi cumpleaños, y mis padres me han dado dinero para comprarme el regalo de cumpleaños por adelantado. -

Harry sonrió. Era cierto, Hermione cumpliría catorce años en septiembre. Por suerte, Harry ya tenía preparado su regalo, uno muy especial. Después de todo, no podía permitirse el lujo de dejarla sin un regalo apropiado.

- ¡Eso sería imperdonable! - pensó.

- ¿Por qué no te compras un libro? - dijo Ron, poniendo voz cándida.

- Si, si Ronald, - pensó Harry sarcásticamente. - justo lo que Hermione necesita. Más libros…-

- No, creo que no. - respondió Hermione sin enfadarse. - Lo que más me apetece es una lechuza. Harry tiene a Hedwig y tú tienes a Errol...-

- No, no es mío. - dijo Ron. - Errol es de la familia, lo único que poseo es a Scabbers. - se sacó la rata del bolsillo. - Quiero que le hagan un chequeo, - añadió, poniendo a Scabbers en la mesa, ante ellos. - me parece que Egipto no le ha sentado bien. -

Scabbers estaba más delgada de lo normal y tenía mustios los bigotes.

- Ahí está la tienda de animales mágicos. - señaló Harry, quien ya conocía el Callejón Diagon como la palma de su mano. - Puedes mirar a ver si tienen algo para Scabbers. Y de mientras, Hermione se puede comprar una lechuza. -

Así que pagaron los helados y cruzaron la calle para ir a la tienda de animales.

Como la última vez que visitaron la tienda, no había mucho espacio dentro. Hasta el último centímetro de la pared estaba cubierto por jaulas. Harry aún recordaba la jugarreta que le hizo al dependiente porque tenían que encontrar la balanza de Ginny, tras un pequeño accidente con los polvos flu. Olía fuerte y había mucho ruido, porque los ocupantes de las jaulas chillaban, graznaban, silbaban o parloteaban.

A diferencia de la última visita, era una bruja quien se encontraba detrás del mostrador, aconsejando a un cliente sobre el cuidado de los tritones de doble cola, así que Harry, Ron y Hermione esperaron, observando las jaulas. Un par de sapos rojos y muy grandes estaban dándose un banquete con moscardas muertas, cerca del escaparate brillaba una tortuga gigante con joyas incrustadas en el caparazón, serpientes venenosas de color naranja trepaban por las paredes de su urna de cristal, un conejo gordo y blanco se transformaba sin parar en una chistera de seda y volvía a su forma de conejo haciendo "¡plop!".

Había gatos de todos los colores, una escandalosa jaula de cuervos, un cesto con pelotitas de piel del color de las natillas que zumbaban ruidosamente y, encima del mostrador, una enorme jaula de ratas negras de pelo lacio y brillante que jugaban a dar saltos sirviéndose de la cola larga y pelada.

El cliente de los tritones de doble cola salió de la tienda y Harry le preguntó a la bruja: - ¿Qué fue del señor que atendía antes en esta tienda? -

Ella respondió: - El señor vivió muchos años cansado y estresado con el cuidado de todas estas preciosidades. - señaló a los animales que rodeaban la tienda. - Ahora se ha jubilado. Me imagino que habrá ido a relajarse al Lago Ness. -

- ¿El Lago Ness? - repitió Harry, pensando que el tipo se había vuelto loco.

- Si, para él no hay mejor lugar donde relajarse. - repuso la bruja. - Es curioso, porque no he recibido una sola carta suya desde entonces. Debe de estar muy ocupado tratando de pescar allí…-

- Hm…mientras no se lo haya tragado el monstruo del lago…- pensó Harry, mientras que Ron se aproximaba al mostrador.

- ¿En qué puedo ayudarte? - le preguntó la bruja a Ron.

- Se trata de mi rata…- le explicó a la bruja. - Desde que hemos vuelto de Egipto está descolorida. -

- Ponla en el mostrador…- le dijo la bruja, sacando unas gruesas gafas negras del bolsillo.

Ron sacó a Scabbers y la puso junto a la jaula de las ratas, que dejaron sus juegos y corrieron a la tela metálica para ver mejor.

- Hm…- dijo la bruja, cogiendo y levantando a Scabbers - ¿Cuántos años tiene? -

- No lo sé. - respondió Ron. - Es muy vieja, era de mi hermano. -

- ¿Qué poderes tiene? - preguntó la bruja examinando a Scabbers de cerca.

- Bueenoooo...- gaznó Ron, rodando los ojos.

Mientras que Ron estaba al pendiente de su rata, Harry estaba ayudando a Hermione a escoger una lechuza.

- ¿Qué te parece está? - preguntó Harry, señalando a una.

- No…no sé…- dijo Hermione, mientras observaba las lechuzas de reojo. No parecían convencerla.

- Una clienta difícil, ¿eh? - dijo Harry en tono divertido, escuchando también a la bruja que atendía a Ron.

- Ha pasado lo suyo…- comentó la bruja.

- Ya estaba así cuando me la pasó Percy. - se defendió Ron.

- No se puede esperar que una rata ordinaria, común o de jardín como ésta viva mucho más de tres años…- dijo la bruja. - Ahora bien, si buscas algo un poco más resistente, quizá te guste una de éstas...- señaló las ratas negras, que volvieron a dar saltitos.

- Presumidas…- murmuró Ron.

- Bueno, si no quieres reemplazarla, - dijo la bruja, sacando una pequeña botella roja de debajo del mostrador. - puedes probar a darle este tónico para ratas. -

- Vale. - dijo Ron. - ¿Cuánto...? ¡Ay! -

Ron se agachó cuando algo grande de color canela saltó desde la jaula más alta, se le posó en la cabeza y se lanzó contra Scabbers, bufando sin parar.

- ¡No, Crookshanks, no! - gritó la bruja, pero Scabbers salió disparada de sus manos como una pastilla de jabón, aterrizó despatarrada en el suelo y huyó hacia la puerta.

- Vaya, ahora me acuerdo. - pensó Harry con una sonrisa. - Es el nombre del gato que solía fastidiar al señor que se ocupaba de la tienda. Es la primera vez que lo veo salir. -

- ¡Scabbers! - gritó Ron, saliendo de la tienda a toda velocidad, detrás de la rata.

- Vaya, pobre Scabbers, - suspiró Harry. - parece que se le acaba el tiempo…-

- Oh, mira Harry, ¿no crees que es precioso? –

- ¿Hm? -

Hermione tenía en sus brazos a Crookshanks, El pelaje canela del gato era espeso, suave y esponjoso, pero el animal tenía las piernas combadas y una cara de mal genio extrañamente aplastada, como si hubiera chocado de cara contra un tabique. Sin embargo, en aquel momento en que Scabbers no estaba a la vista, el gato ronroneaba suavemente, feliz en los brazos de Hermione.

- ¡Tch! Felino suertudo…- pensó Harry, bufando un poco.

- ¿Te-te gusta Crookshanks? - le preguntó la bruja a Hermione, en tono de sorpresa.

- Si. - dijo ella, extrañada. - ¿Porque lo dice? -

- ¡Oh, no sabes cuánto me alegra oír eso! - dijo la bruja, muy feliz. - Verás, él ha estado toda una eternidad viviendo en la tienda. Nadie lo quería comprar y ha estado aquí año tras año esperando un dueño que le quiera…-

Hermione puso sus ojos brillosos y miró a Harry. - Harry…- dijo. - ¿puedo quedármelo? -

Harry frunció el entrecejo. - ¿Por qué me lo preguntas a mí? -

- Porque valoro mucho tu opinión. - dijo Hermione, mientras Crookshanks ronroneaba entre sus brazos.

- Si te agrada, entonces cómpralo. - dijo el azabache, encogiéndose de hombros. - Al fin y al cabo, tú tienes el dinero. -

Hermione asintió y le pagó a la bruja, quien parecía estar saltando de alegría mientras se metía al almacén de delicias para lechuzas.

- Míralo Harry, - sonrió ella. - está muy feliz conmigo. -

- Si, si…- suspiró Harry. ¿Estaba celoso del gato? - Oh, Ronald se dejó el tónico para su rata, será mejor que se lo lleve. - cogió la botellita roja y se la guardó en el bolsillo.

Harry y Hermione, con Crookshanks acurrucado entre sus brazos, salieron de la tienda para ir a buscar a Ron. Pero no hizo falta buscarlo, ya que él regresó, aparentemente molesto.

- No…no, ¡no! - gruñó Ron, bastante molesto. - Harry, por lo que más quieras, dime que Hermione no ha comprado ese monstruo…-

- Es precioso, ¿verdad? - preguntó Hermione, rebosante de alegría.

- ¡Hermione, ese ser casi me deja sin pelo! - se quejó Ron.

- No lo hizo a propósito. - se defendió ella. - ¿Verdad, Crookshanks? -

- ¿Y qué pasa con Scabbers? - preguntó Ron, señalando el bolsillo que tenía a la altura del pecho. - ¡Necesita descanso y tranquilidad! ¿Cómo va a tenerlos con ese ser cerca? -

- Hm…hablando del estado de salud de Scabbers…- dijo Harry, sacándose el tónico de su bolsillo. - Toma, no deberías dejar la medicina tirada por ahí…-

- Gracias Harry. - dijo Ron, agradecido.

- No te preocupes Ron, Crookshanks dormirá en mi dormitorio y Scabbers en el tuyo, ¿qué problema hay? - dijo Hermione. - El pobre Crookshanks...La bruja me dijo que llevaba una eternidad en la tienda. Nadie lo quería…-

- Me pregunto por qué será. - dijo Ron en claro tono de sarcasmo, mientras emprendían el camino del Caldero Chorreante a zancadas.

Encontraron al señor Weasley sentado en el bar leyendo "El Profeta".

- ¡Harry! - dijo levantando la vista y sonriendo - ¿Cómo estás? -

- Bien. - dijo Harry en el momento en que él, Ron y Hermione llegaban con todas sus compras. - Me alegro de volver a verle, señor Weasley. -

El señor Weasley dejó el periódico, y Harry vio la fotografía ya familiar de Sirius Black, mirándole.

- Vaya, ¿aún sigue suelto por ahí? - preguntó Harry.

- Si…- dijo el señor Weasley con el semblante preocupado. - En el Ministerio nos han puesto a todos a trabajar en su busca, pero hasta ahora no se ha conseguido nada…-

- ¿Tendríamos una recompensa si lo atrapáramos? - preguntó Ron. - Estaría bien conseguir algo más de dinero...-

La idea tentó, y mucho a Harry. No por el dinero, sino por el reto que supondría atrapar a aquel que logró escapar de Azkaban (Supuestamente, de donde nadie podía escapar).

- No seas absurdo, Ron. - dijo el señor Weasley, que, visto más de cerca, parecía muy tenso. - Un mago de trece años no va a atrapar a Black. Lo cogerán los dementores de Azkaban. Ya lo verás. -

- ¿Que un brujo de trece no va a atraparlo? - pensó Harry, sintiéndose insultado. - ¡Hmph! Si usted supiera señor Weasley…-

En ese momento entró en el bar la señora Weasley cargada con compras y seguida por los gemelos Fred y George, que iban a empezar quinto curso en Hogwarts, Percy, último Premio Anual, y Ginny, la menor de los Weasley.

Ginny, que el verano pasado se había sentido un poco cohibida en presencia de Harry, se dirigió hacia él como si fuera uno más de sus hermanos. - Hola Harry. - dijo - ¿Cómo han ido las vacaciones? -

- Han sido interesantes…- dijo Harry, antes de susurrarle: - Por cierto, ¿de verdad le regalaste un chivatoscopio a Malfoy y a Chloe? Recuerdo que el tío parecía estar más feliz que unas pascuas. -

- Si…- respondió Ginny en voz baja. A Harry le sorprendió cuando la vio sonrojarse. - pero por lo que más quieras, que no lo sepa nadie más. No quiero que los tontos de mis hermanos piensen mal de mí, o de él…-

- Comprendido. - dijo Harry rápidamente. Luego saludó a Percy.

- Es un placer verte, Harry. - dijo el nuevo Premio Anual, tendiéndole la mano de manera solemne. Como si él y Harry no se hubieran visto nunca.

- Vaya, vaya, - le saludó Harry con una sonrisa. - si es ni más ni menos que el nuevo Premio Anual de Hogwarts. Enhorabuena Percy, sabía que llegarías lejos. -

- Gra-gracias Harry, - dijo Percy, con un brillo en los ojos. - pero que sepas, que este cargo conlleva una mayor responsabilidad. Ahora está en mis manos instruir al resto de prefectos para que cumplan con sus funciones a la perfección. Ese será mi cometido en este último año antes de graduarme y empezar mi carrera en el Ministerio de Magia…- añadió con aires de grandeza, a lo que Harry rodó los ojos. Era como ser presentado a un alcalde.

- ¡Harry! - dijo Fred, quitando a Percy de en medio de un codazo, y haciendo ante él una profunda reverencia. - ¿Cómo está nuestro socio favorito? -

- Muy bien querido Freddy. - respondió Harry, saludando a George poco después. - Eh, ¿qué cuentas Georgie? -

- Aquí querido amigo, como siempre preparándolo todo para empezar con el ne-go-cio. - dijo George, tosiendo la última palabra. - Con ganas de empezar, ¿eh? - Harry asintió con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¡Harry! - dijo la señora Weasley alegremente, depositando sus compras sobre una silla vacía y abrazándole. - ¿Cómo has estado cielo? Supongo que has oído ya todas nuestras emocionantes noticias. - señaló la insignia de plata recién estrenada que brillaba en el pecho de Percy. - El segundo Premio Anual de la familia. - añadió, rebosante de orgullo.

- Y último…- dijo Fred en un susurro.

- De eso no me cabe ninguna duda. - dijo la señora Weasley, frunciendo de repente el entrecejo. - Ya me he dado cuenta de que no os han hecho prefectos. -

- ¿Para qué queremos ser prefectos? - dijo George, a quien la sola idea parecía repugnarle. - Le quitaría a la vida su lado divertido. -

Ginny se rio, mientras que Harry pensó que no había nada de malo en ser prefecto, pero no dijo nada.

- ¿Quieren hacer el favor de darle a su hermana un mejor ejemplo? - dijo la señora Weasley con reproche.

- Ginny tiene otros hermanos para que le den buen ejemplo. - dijo Percy con altivez. - Voy a cambiarme para la cena...-

Se fue y George dio un suspiro. - Intentamos encerrarlo en una pirámide…- le dijo a Harry en voz baja. - pero mi madre nos descubrió. -

Harry empezó a reírse. - Serán todo lo que quieran, ¡pero son una pasada! - pensó.

Aquella noche la cena resulto muy agradable. Tom, el tabernero, junto tres mesas del comedor, y los siete Weasley, Harry y Hermione tomaron los cinco deliciosos platos de la cena.

- ¿Saben? - dijo el señor Weasley de repente. - Como parte del premio, por este año, el Ministerio pone a nuestra disposición un par de coches. -

Todos lo miraron.

- ¿En serio? - preguntó Percy con curiosidad.

- Si Percy, lo hacen para conmemorarte. - dijo George, muy serio. - Y pondrán banderitas en el capó, con las iniciales "P. A." en ellas...-

- Por "Presumido del Año". - añadió Fred.

Todos, salvo Percy y la señora Weasley, soltaron una carcajada.

- ¿Os dais cuenta de la cantidad de equipaje que lleváis entre unos y otros? - dijo la señora Weasley? - Es cierto que gracias a Arthur podríamos ponerlo todo en nuestro Ford Anglia, pero para una vez que nos dejan ir en coches lujosos…- añadió pensativa. Parecía ilusionada con la idea de ir en los coches lujosos. - Lo tenéis todo listo, ¿verdad?

- Ron no ha metido aún las cosas nuevas en el baúl. - dijo Percy con tono de resignación. - Las ha dejado todas encima de mi cama. -

- Lo mejor es que vayas a preparar el equipaje, Ron, - le reprendió la señora Weasley. - porque mañana por la mañana no tendremos mucho tiempo. -

Ron miró a Percy con cara de pocos amigos, mientras que Harry sonreía divertido.

Después de la cena, todos se sentían algo pesados y adormilados. Uno por uno, fueron subiendo las escaleras hacia las habitaciones, para ultimar el equipaje del día siguiente. Sin embargo, Harry aprovechó que los Weasley habían entrado en sus habitaciones para compartir un momento a solas con Hermione en el pasadizo. No habían hablado mucho de las vacaciones durante las horas previas.

- ¿Qué tal París? - preguntó Harry.

- Es una ciudad increíble. - respondió ella con entusiasmo. - No solo subimos a la Torre Eiffel para que papá tomara fotos desde allí, también exploramos la Catedral de Notre Dame; pasamos varias veces por el Arco de Triunfo. Visitamos el museo de Louvre (madre mía, que belleza), ¡y hasta fuimos a Disneyland Paris! Sinceramente, nunca he sido muy fan de los parques de atracciones, pero después de este viaje creo que mi perspectiva ha cambiado positivamente…- se puso cabizbaja y añadió: - Estuve a punto de pedirles a mis padres que te llevaran con nosotros a Francia, pero…-

- No te preocupes…- dijo Harry, feliz por ella - Volvemos a estar juntos y nos espera un año lleno de magia y hechicería. Hogwarts no es Disneyland, pero es tan interesante como un parque de atracciones. Lo mejor es que estaremos juntos allí.

Después de un rato, cada uno se fue a su habitación. Harry escuchó un murmuro poco audible por parte de Hermione. Tal vez seguía un poco triste porque no llegó a invitar a Harry al viaje a Francia, o quizás también sea porque Harry fue el único de los tres que no llegó a viajar al extranjero de vacaciones.

- No debería pensar mucho en ello. - pensó Harry. - Se lo han pasado bien, y punto. Tal vez algún día, cuando deje Hogwarts me vaya de viaje a esos sitios. A Egipto y Paris, quizás a muchos sitios más. -

La habitación de Ron y Percy era contigua a la de Harry. Acababa de cerrar su baúl con llave cuando oyó voces de enfado a través de la pared, y fue a ver qué ocurría.

La puerta de la habitación 12 estaba entreabierta, y Percy gritaba: - ¡Estaba aquí, en la mesita! ¡Me la quité para sacarle brillo! -

- ¡No la he tocado! - gritó Ron, tan enfadado como su hermano. - ¿¡Te enteras!? -

- ¿Qué ocurre? - preguntó Harry, rodando los ojos.

- ¡Mi insignia de Premio Anual ha desaparecido! - bramó Percy, volviéndose a Harry.

- Vaya, eso es terrible…- dijo Harry, sin saber cómo sentirse al respecto.

- ¡Lo mismo ha ocurrido con el tónico para ratas de Scabbers! - añadió Ron, sacando las cosas de su baúl para comprobarlas. - Puede que me lo haya olvidado en el bar...-

- ¡Tú no te mueves de aquí hasta que aparezca mi insignia! - gritó Percy.

- ¡Deja de decirme lo que puedo o no hacer! - gruñó Ron. - ¡Esto no es Hogwarts, así que ni tu estúpida insignia ni tu túnica de Premio Anual te sirven aquí! -

Percy estaba listo para estallar, pero Harry intervino de inmediato. - ¡Cálmate Percy! - dijo en voz alta. - Enfadarte con Ronald no resolverá las cosas, hay que iniciar la búsqueda. Como ya tengo todo listo yo mismo iré a buscar ambas cosas. Así me distraeré un poco. -

- Te lo encargamos Harry. - dijeron al mismo tiempo Ron y Percy, sin dejar de fulminarse con la mirada.

Harry se hallaba en mitad de las escaleras, que estaban muy oscuras, cuando oyó dos voces airadas que procedían del comedor. Tardó un segundo en reconocer que eran las de los padres de Ron. Se quedó dudando, porque no quería que ellos se dieran cuenta de que los había oído discutiendo, y el sonido de su propio nombre le hizo detenerse y luego acercarse a la puerta del comedor.

Una vez más, la curiosidad del azabache salió a flote. - ¡Genial! ¡Chisme! ¡CHISME! - pensó, mientras soltaba una risilla amortiguada.

- No tiene ningún sentido ocultárselo. - decía acaloradamente el señor Weasley. - Harry tiene derecho a saberlo. He intentado decírselo a Fudge, pero se empeña en tratar a Harry como a un niño, tiene trece años y... -

- ¡Arthur, la verdad le aterrorizaría! - dijo la señora Weasley en voz muy alta. - ¿Quieres de verdad enviar a Harry al colegio con esa espada de Damocles? ¡Por Dios, está muy tranquilo sin saber nada! -

- En realidad, - pensó Harry. - prefería saber a qué me enfrento…-

- No quiero asustarlo, ¡quiero prevenirlo! - respondió el señor Weasley. - Ya sabes cómo son Harry, Ron y Hermione, que se escapan por ahí. Se han internado en el bosque prohibido dos veces. ¡Pero Harry no debe hacer lo mismo en este curso! -

- Pero él está a salvo, ¿de qué sirve...? -

- Molly, dicen que Sirius Black está loco, y quizá lo esté, pero fue lo bastante inteligente para escapar de Azkaban, y se supone que eso es imposible. Han pasado tres semanas y no le han visto el pelo. Y me da igual todo lo que declara Fudge a "El Profeta", no estamos más cerca de pillarlo que de inventar varitas mágicas que hagan los hechizos solas. Lo único que sabemos con seguridad es que Black va detrás...-

- Arthur, insisto, Harry estará a salvo en Hogwarts. -

- Pensábamos que Azkaban era una prisión completamente segura. Si Black es capaz de escapar de Azkaban, será capaz de entrar en Hogwarts. -

- Pero nadie está realmente seguro de que Black vaya en pos de Harry...-

Se oyó un golpe y Harry supuso que el señor Weasley había dado un puñetazo en la mesa.

- Molly, ¿cuántas veces te tengo que decir que... que no lo han dicho en la prensa porque Fudge quería mantenerlo en secreto? Pero Fudge fue a Azkaban la noche que Black se escapó. Los guardias le dijeron a Fudge que hacía tiempo que Black hablaba en sueños. Siempre decía las mismas palabras. "Está en Hogwarts, está en Hogwarts.", Black está loco, Molly, y quiere matar a Harry. Si me preguntas por qué, creo que Black piensa que con su muerte "Quien Tú Sabes" volvería al poder. Black lo perdió todo, la noche en que Harry detuvo a "Quien Tú Sabes". Y se ha pasado diez años solo en Azkaban, rumiando todo eso...-

Se hizo el silencio. Harry pegó aún más el oído a la puerta. - Hm…de modo que Black me busca…- pensó, con una sonrisa orgullosa. - Interesante…-

- Bien Arthur, debes hacer lo que te parezca mejor, pero te olvidas de Albus Dumbledore. Creo que nada le podría hacer daño en Hogwarts mientras él sea el director, supongo que estará al corriente de todo esto. -

- Por supuesto que sí, tuvimos que pedirle permiso para que los dementores se apostaran en los accesos al colegio. No le hizo mucha gracia, pero accedió. -

- ¿¡Que!? - pensó Harry, creyendo haber oído una broma demasiado pesada. - ¿¡Dementores en Hogwarts!? Esto no puede ser bueno, ni para Black, ni para nadie…-

- ¿No le hizo gracia? - preguntó la señora Weasley. - ¿Por qué no, si están ahí para atrapar a Black? -

- Dumbledore no les tiene mucha simpatía a los dementores. - respondió el señor Weasley con disgusto. - Tampoco yo se la tengo, si nos ponemos así...Pero cuando se trata con alguien como Black, hay que unir fuerzas con los que uno preferiría evitar. -

- Si salvan a Harry...-

- En ese caso, no volveré a decir nada contra ellos… - dijo el señor Weasley con cansancio. - Es tarde, Molly. Será mejor que subamos...-

Harry oyó mover las sillas, tan sigilosamente como pudo, se alejó para no ser visto por el pasadizo que conducía al bar.

La puerta del comedor se abrió y segundos después el rumor de pasos le indicó que los padres de Ron subían las escaleras, la botella de tónico para las ratas estaba bajo la mesa a la que se habían sentado.

Harry esperó hasta oír cerrarse la puerta del dormitorio de los padres de Ron y volvió a subir por las escaleras, con la botella. Fred y George estaban agazapados en la sombra del rellano de la escalera, partiéndose de risa al oír a Percy poniendo patas arriba la habitación que compartía con Ron, en busca de la insignia.

- Ah…así que la tenéis vosotros. - dijo Harry, conteniendo las ganas de reír. - Como no…-

- Si. - le susurró Fred al oído. - La hemos mejorado. -

En la insignia se leía ahora "Premio Asnal".

El azabache tuvo que hacer esfuerzos tremendos para no rodar por los suelos, partiéndose de risa. Le llevó a Ron el tónico para ratas, se encerró en la habitación y se echó en la cama.

- Hm…de modo que Black va a por mí...- pensó, mientras intentaba dormir. - ahora empiezo a entenderlo. Esos coches negros que nos llevarán mañana a la estación no forman parte del premio que ganó el señor Weasley. Los coches son para que ellos me escolten hasta la estación, como si ahora mismo estuviera bajo su protección. ¡Hmph! Puede que Black haya acabado con trece personas, pero no, no pienso tenerle miedo. He fastidiado a Voldemort dos veces desde que estoy en Hogwarts y, además, me he cargado a un basilisco. ¿Por qué debería asustarme? -

Pero la auténtica preocupación de Harry no era ni mucho menos Sirius Black, sino, los dementores. El azabache reconocía que aquellas horribles criaturas, guardianes de Azkaban, estaban poniendo a prueba su mente. Empezaba a tener pesadillas de alguien gritando y suplicando por su vida. No le gustaba en absoluto.

- Bueno, - dijo, riéndose levemente. - si Black viene a por mí, pues peor para él…-

- Claro que si amigo. - le respondió el espejo que tenía a su lado, con voz soñolienta.

Capítulo 42 - Dementores en el tren

A la mañana siguiente, Harry fue despertado con los rayos del sol. Era evidente que alguien había abierto las cortinas. Abriendo lentamente los ojos, pudo ver a Hermione, vestida con una chaqueta y pantalones tejanos.

- Buenos días. - dijo ella con una sonrisa. - ¿Cómo has pasado la noche? -

- Bien, muy bien…- respondió el azabache, con una sonrisa afable.

Sin embargo, la realidad era distinta. Harry había tenido una pesadilla, una que le traía los que probablemente eran sus peores recuerdos, pero gracias a la Oclumancia pudo mantener sus emociones bajo control y no preocupar a Hermione.

Para cambiarse, se ocultó tras unas cortinas, mientras que Hermione le ayudaba a empacar los libros que le quedaban. Una vez vestido, intentó convencer a Hedwig de que volviera a la jaula cuando Ron abrió de golpe la puerta y entró enfadado, poniéndose la camisa.

- ¡Cuanto antes subamos al tren, mejor! - gruñó él. - Por lo menos en Hogwarts puedo alejarme de ese chulito con placa que es Percy...-

- ¿Y ahora que os pasa? - preguntó Hermione, con los brazos en jarra. - ¿El tema de la insignia no fue suficiente ayer? -

- No, ahora es una estupidez. - se quejó Ron. - ¡Me está acusado de haber manchado de té su foto de Penélope Clearwater! Ya saben, su novia. Ha ocultado la cara bajo el marco porque su nariz ha quedado manchada...-

Harry estaba serio, pensando en la conversación de anoche. - Hm…- suspiró. - tal vez…deberías contaros esto…-

Hermione y Ron lo miraron sorpresivos, pero antes de que el azabache pudiera explicarse, fue interrumpido por Fred y George, que se asomaron a la habitación para felicitar a Ron por haber vuelto a hacer enfadar a Percy.

- Lo siguiente que harán será otorgarle la medalla al mérito porque ya no veo día en que Ron y Percy no discutan o peleen. - pensó Harry, rodando los ojos.

Bajaron a desayunar y encontraron al señor Weasley, que leía la primera página de "El Profeta" con el entrecejo fruncido, mientras que la señora Weasley hablaba con Ginny de un filtro amoroso que había hecho de joven. Las dos se reían con risa floja.

- ¿Qué nos ibas a contar? - preguntó Ron a Harry cuando se sentaron.

- Más tarde…- murmuró Harry, al mismo tiempo que Percy irrumpía en el comedor.

Con el ajetreo de la partida, Harry tampoco tuvo tiempo de hablar con Ron y Hermione. Todos estaban muy ocupados bajando los baúles por la estrecha escalera del Caldero Chorreante y apilándolos en la puerta, con Hedwig y Hermes (la lechuza de Percy) encaramadas en sus jaulas. Al lado de los baúles había un pequeño cesto de mimbre que bufaba ruidosamente.

- Vale, Crookshanks…- susurró Hermione a través del mimbre. - Te dejaré salir en el tren. -

- No lo harás. - dijo Ron terminantemente. - ¿Y la pobre Scabbers? -

Se señaló el bolsillo del pecho, donde un bulto revelaba que Scabbers estaba allí acurrucada. El señor Weasley, que había aguardado fuera a los coches del Ministerio, se asomó al interior.

- ¡Aquí están! - anunció. - Vamos, Harry. -

El señor Weasley condujo a Harry a través del corto trecho de acera hasta el primero de los dos coches antiguos de color verde oscuro, los dos conducidos por brujos de mirada furtiva con uniforme de terciopelo verde esmeralda.

El azabache estaba fastidiado, no le gustaba que lo escoltaran. - ¡Puede que tenga solo trece años, pero sé defenderme por dios! - se quejó mentalmente.

- Sube, Harry. - dijo el señor Weasley, mirando a ambos lados de la calle llena de gente.

Harry subió a la parte trasera del coche, enseguida se reunieron con él Hermione, Ron, y para disgusto de su mejor amigo, también Percy.

El viaje hasta King's Cross fue muy tranquilo. Hermione se había quedado un poco dormida y acostó su cabeza en el hombro de Harry, y él, no podía sentirse mas agradecido de tenerla tan cerca.

Los coches del Ministerio de Magia parecían bastante normales, aunque Harry vio que podían deslizarse por huecos que no podría haber traspasado el coche nuevo de la empresa de tío Vernon.

Llegaron a King's Cross con veinte minutos de adelanto. Los conductores del Ministerio les consiguieron carritos, descargaron los baúles, saludaron al señor Weasley y se alejaron, poniéndose, sin que se supiera cómo, en cabeza de una hilera de coches parados en el semáforo.

El señor Weasley se mantuvo muy pegado a Harry durante todo el camino de la estación.

- Oh vamos, no voy a escaparme para buscar a Black. - pensó Harry con fastidio, mientras rodaba los ojos. - Si quiere matarme pues que venga. Se lo pensará dos veces antes de si quiera intentarlo…-

- Bien, pues…- propuso el señor Weasley, mirándolos a todos. - Como somos muchos, vamos a entrar de dos en dos. Yo pasaré primero con Harry. -

- Esto es el colmo. - pensó Harry.

El señor Weasley fue hacia la barrera que había entre los andenes nueve y diez, empujando el carrito de Harry y, según parecía, muy interesado por el Intercity 125 que acababa de entrar por la vía 9. Dirigiéndole a Harry una elocuente mirada, se apoyó contra la barrera como sin querer.

Un instante después, cayeron de lado a través del metal sólido y se encontraron en el andén nueve y tres cuartos. Levantaron la mirada y vieron el expreso de Hogwarts, un tren de vapor de color rojo que echaba humo sobre un andén repleto de magos y brujas que acompañaban al tren a sus hijos.

De repente, detrás de Harry aparecieron Percy y Ginny. Jadeaban y parecía que habían atravesado la barrera corriendo. - ¡Ah, ahí está Penelope! - dijo Percy, alisándose el pelo y sonrojándose.

Ginny resopló entre risas, mientras que Harry trataba de no estallar en carcajadas.

Después de que Hermione y el resto de los Weasley se reunieran con ellos, Harry y el señor Weasley se abrieron paso hasta el final del tren. Pasaron ante compartimentos repletos de gente y llegaron finalmente a un vagón que estaba casi vacío.

Subieron los baúles, pusieron a Hedwig y a Crookshanks en la rejilla portaequipajes, y volvieron a salir para despedirse de los padres de Ron. La señora Weasley besó a todos sus hijos, luego a Hermione y por último a Harry. Éste se sintió embarazado pero muy agradecido cuando ella le dio un abrazo de más.

- Que mujer más cariñosa. - pensó con una sonrisa. - Definitivamente es como la madre con la que no me pude criar…-

- Cuídate Harry, ¿lo harás? - dijo la señora Weasley, separándose de él, con los ojos especialmente brillantes. Luego abrió su enorme bolso, dirigiéndose a los demás. - He preparado bocadillos para todos. - añadió. - Aquí los tenéis. Ron...no, no son de conserva de buey…Fred... ¿dónde está Fred? ¡Ah, estás ahí, cariño...! -

- Harry. - le dijo en voz baja el señor Weasley - Ven aquí un momento. -

Harry supuso que, tal vez, el señor Weasley deseaba iluminarle un poco acerca del tema Sirius Black, pero él ya estaba más que enterado. El señor Weasley señaló una columna con la cabeza y Harry lo siguió hasta ella. Se pusieron detrás, dejando a los demás con la señora Weasley.

- Tengo que decirte una cosa antes de que te vayas…- dijo el señor Weasley, con voz tensa.

- Si es sobre Sirius Black, descuide…- repuso Harry con tranquilidad.

- ¿Lo-lo sabes? - inquirió el señor Weasley, claramente sorprendido. - ¿Cómo has podido saberlo? -

- Inevitablemente oí la conversación que tuvo anoche con su esposa, - explicó Harry. - lo siento…-

- No quería que te enteraras de esa forma…- dijo el señor Weasley, nervioso.

- Dadas las circunstancias, considero que ha sido la mejor forma. - dijo Harry. - Así me he podido enterar y usted no ha faltado a su palabra con el ministro Fudge. -

- Harry, debes de estar muy asustado...-

Harry se río levemente, sonriendo con arrogancia. - ¿Yo? ¿Asustado? ¿Cómo iba a estar asustado? - preguntó. - No se confunda, no pretendo hacerme el héroe ni nada de eso…Pero, comparado con Voldemort, Black no será un problema, más teniendo en cuenta de que los dementores estarán merodeando por Hogwarts. Es más, voy a lamentarlo por él…-

El señor Weasley se estremeció al oír el nombre de Voldemort, pero no comentó nada. - Harry, sabía que estabas hecho...bueno, de una pasta más dura de lo que Fudge cree. - dijo, y Harry no pudo evitar sentirse alagado. - Me alegra que no tengas miedo, pero...-

- ¡Arthur! - gritó la señora Weasley, que ya hacía subir a los demás al tren. - ¡Arthur!, ¿qué haces? ¡El tren está a punto de irse! -

- ¡Ya vamos, Molly! - dijo el señor Weasley, pero se volvió a Harry y siguió hablando, más bajo y más aprisa. - Escucha, quiero que me des tu palabra...-

- ¿De qué seré un buen chico y me quedaré en el castillo? - preguntó Harry, frunciendo el entrecejo.

- No exactamente. - respondió el señor Weasley, más serio que nunca. - Harry, prométeme que no irás en busca de Black. -

Aquello descolocó un poco a Harry. Se oyó un potente silbido y pasaron unos guardias cerrando todas las puertas del tren.

- Prométeme, Harry. - dijo el señor Weasley hablando aún más aprisa. - Que ocurra lo que ocurra...-

- ¡Hmph! ¿Para qué iba yo a malgastar mi tiempo persiguiendo a un pirado que busca matarme? - inquirió el azabache con impaciencia. - Déjelo señor Weasley, se me va el tren, hablaremos del tema en otra ocasión. -

Y sin darle tiempo al señor Weasley de seguir hablando, Harry subió al tren de inmediato. Junto con sus amigos, se asomaron por la ventanilla y dijeron adiós con la mano a los padres de los Weasley hasta que el tren dobló una curva y se perdieron de vista.

- Bueno chicos, voy a buscar a Chloe y Luna. - dijo Ginny con una sonrisa, antes de irse. - Nos vemos en Hogwarts. - y se marchó.

- Vamos, busquemos un compartimento. - les dijo Harry a Ron y Hermione, en claro tono de aburrimiento. - Tengo que hablar con ustedes…-

Harry, Ron y Hermione fueron por el pasillo en busca de un compartimento vacío, pero todos estaban llenos salvo uno que se encontraba justo al final. En éste sólo había un ocupante: un hombre que estaba sentado al lado de la ventana y profundamente dormido.

Los tres se detuvieron ante la puerta. El expreso de Hogwarts estaba reservado para estudiantes y nunca habían visto a un adulto en él, salvo la bruja que llevaba el carrito de la comida.

El extraño llevaba una túnica de mago muy raída y remendada. Parecía enfermo y exhausto, aunque joven, su pelo castaño claro estaba veteado de gris.

- ¿Quién será? - susurró Ron en el momento en que se sentaban y cerraban la puerta, eligiendo los asientos más alejados de la ventana.

- Es el profesor R. J. Lupin. - susurró Hermione de inmediato.

- ¿Cómo lo sabes? -

- Lo pone en su maleta. - respondió Hermione, señalando el portaequipaje que había encima del hombre dormido, donde había una maleta pequeña y vieja, atada con una gran cantidad de nudos. El nombre, "Profesor R. J. Lupin", aparecía en una de las esquinas, en letras medio desprendidas.

- Me pregunto qué enseñará…- dijo Ron frunciendo el entrecejo y mirando el pálido perfil del profesor Lupin.

- Está claro. - susurró Hermione, sentándose al lado de Harry. - Sólo hay una vacante, ¿no es así? Defensa Contra las Artes Oscuras. -

- Bueno, espero que no sea como los anteriores…- dijo Ron, no muy convencido. - No parece capaz de sobrevivir a un maleficio hecho como Merlín manda. -

- Yo en tu lugar no lo subestimaría por su apariencia, - dijo el azabache, observando al adormitado profesor. - muchos caen en ese truco y acaban mal parados. Hm…Parece que está bien dormido, bien…creo que os lo puedo contar ahora…-

Harry explicó la conversación entre los padres de Ron y las advertencias que el señor Weasley acababa de darle. Cuando terminó, Ron parecía atónito y Hermione se tapaba la boca con las manos.

- ¿¡Sirius Black escapó para ir detrás de ti!? - inquirió ella, alterada, mientras Harry asentía tranquilamente. - Harry, tendrás que tener muchísimo cuidado. No vayas en busca de problemas...-

- ¡Hmph! Me da igual si ese sujeto me busca o no. - repuso Harry, de brazos cruzados.

- De todos modos, - dijo Ron. - no creo que seas tan loco como para ir tras un psicópata que busca matarte, ¿no? -

- Hm…no…- dijo Harry tranquilamente. - Sin embargo, si alguna vez viene a por mí y me encuentra…- añadió arrogantemente, mientras empuñaba la varita. - le va a ir muy mal…-

Hermione le dio un golpe en la nuca. - ¡Ni se te ocurra pensar eso! - dijo enfadada. - ¿¡Eres tonto o que!? Un asesino anda suelto, buscándote, ¿y tú te lo tomas en broma? -

- No me lo tomo en broma…- se quejó Harry. - Simplemente no lo veo como el mayor de los problemas…- de repente un terrible pensamiento invadió su mente. - Hay algo peor que Black, y eso, son los dementores…-

- ¿Dementores? - preguntaron Ron y Hermione al unísono.

- Pues claro, - dijo Harry con disgusto. - ya sabéis, los malditos guardianes de Azkaban. El señor Weasley dijo que merodearían por Hogwarts, en busca de Sirius Black…-

De algún lugar llegaba un leve silbido. Miraron por el compartimento.

- Viene de tu baúl, Harry. - dijo Ron.

Harry se puso en pie y alcanzando el portaequipaje.

Un momento después, había sacado el chivatoscopio de bolsillo de su túnica. Daba vueltas muy aprisa sobre la palma de su mano, brillando muy intensamente.

- ¿Eso es un chivatoscopio? - preguntó Hermione con interés, levantándose para verlo mejor.

- Sí...pero claro, es de los más baratos. - explicó Ron. - Se puso como loco cuando lo até a la pata de Errol para enviárselo a Harry. -

- ¿No hacías nada malo en ese momento? - preguntó Hermione con perspicacia.

- ¡No! - dijo Ron. - Bueno...no debía utilizar a Errol. Ya sabes que no está preparado para viajes largos... Pero ¿de qué otra manera hubiera podido hacerle llegar a Harry el regalo? -

- Hm…será mejor que lo meta en mi baúl…- dijo Harry. No quería despertar al profesor Lupin. Encerró su chivatoscopio en su baúl, tras cubrirlo con un calcetín.

- Podríamos llevarlo a que lo revisen en Hogsmeade. - dijo Ron. - Fred y George me han dicho que en Dervish y Banges, una tienda de instrumentos mágicos, venden cosas de este tipo. -

- ¿Sabes más cosas de Hogsmeade? - dijo Hermione con entusiasmo. - He leído que es la única población enteramente no muggle de Gran Bretaña...-

- Sí, eso creo. - respondió Ron de modo brusco. - Pero no es por eso por lo que quiero ir. ¡Sólo quiero entrar en Honeydukes! -

- ¿Qué es eso? - preguntó Hermione.

- ¡Es una tienda de golosinas! - respondió Ron, poniendo cara de felicidad. - Ahí tienen de todo: Diablillos de pimienta que te hacen echar humo por la boca, y grandes bolas de chocolate rellenas de mousse de fresa y nata de Cornualles, y plumas de azúcar que puedes chupar en clase y parecer que estás pensando lo que vas a escribir a continuación...-

- Pero Hogsmeade es un lugar muy interesante. - presionó Hermione con impaciencia. - En "Lugares históricos de la brujería" se dice que la taberna fue el centro en que se gestó la revuelta de los duendes de 1612. Y la "Casa de los Gritos" se considera el edificio más embrujado de Gran Bretaña...-

- Y enormes bolas de helado que te levantan unos centímetros del suelo mientras les das lengüetazos... - continuó Ron, que no oía nada de lo que decía Hermione.

Hermione se volvió hacia Harry. - ¿No será estupendo salir del colegio para explorar Hogsmeade? -

Harry asintió riendo. - ¿Sabéis lo que realmente me apetece de Hogsmeade? - Ron y Hermione lo vieron con sumo interés. - ¡Visitar las Tres escobas! ¡Si! ¡Ya quiero una ronda de la mejor cerveza de mantequilla! - dijo muy animado, entre risas.

- ¡Eeeeh! - coreó Ron con una sonrisa de oreja a oreja y chocando los cinco con Harry, mientras que Hermione se llevaba una mano a la cara.

Aprovechando las risas, ella enredó las manos en la correa de la cesta en la que iba Crookshanks.

- ¡No dejes suelta esa cosa! - exclamó Ron.

Pero ya era demasiado tarde. Crookshanks saltó con ligereza de la cesta, se desperezó, bostezó y se subió de un brinco a las rodillas de Ron, el bulto de su bolsillo estaba temblando y él se quitó al gato de encima, dándole un empujón irritado.

- ¡Apártate de aquí! - gruñó Ron, de mala gana.

- ¡No, Ron! - exclamó Hermione con enfado.

Ron estaba a punto de responder cuando el profesor Lupin se movió. Lo miraron con aprensión, pero él se limitó a volver la cabeza hacia el otro lado, con la boca todavía ligeramente abierta, y siguió durmiendo.

El expreso de Hogwarts seguía hacia el norte, sin detenerse. Y el paisaje que se veía por las ventanas se fue volviendo más agreste y oscuro mientras aumentaban las nubes. A través de la puerta del compartimento se veía pasar gente hacia uno y otro lado. Crookshanks se había instalado en un asiento vacío, con su cara aplastada vuelta hacia Ron, y tenía los ojos amarillentos fijos en su bolsillo superior. A la una en punto llegó la bruja regordeta que llevaba el carrito de la comida.

- ¿Crees que deberíamos despertarlo? - preguntó Ron, incómodo, señalando al profesor Lupin con la cabeza. - Por su aspecto, creo que le vendría bien tomar algo…-

Hermione se aproximó cautelosamente al profesor Lupin. - Eeh... ¿profesor? - dijo. - Disculpe...¿profesor? - El dormido no se inmutó.

- No te preocupes, querida. - dijo la bruja, entregándole a Harry unos pasteles de caldero. - Si se despierta con hambre, estaré en la parte delantera, con el maquinista. -

- Está dormido, ¿verdad? - dijo Ron en voz baja, cuando la bruja cerró la puerta del compartimento. - Quiero decir que...no está muerto, claro. -

- ¿En serio siempre piensa en lo peor? - pensó Harry, frunciendo el ceño.

- Claro que no tonto, mira, respira…- susurró Hermione, cogiendo el pastel en forma de caldero que le alargaba Harry.

Media hora más tarde, el tren traqueteaba, la lluvia golpeaba contra las ventanas, el viento rugía, pero el profesor Lupin seguía durmiendo.

- Debemos de estar llegando. - dijo Ron, inclinándose hacia delante para mirar a través del reflejo del profesor Lupin por la ventanilla, ahora completamente negra. Acababa de decirlo cuando el tren empezó a reducir la velocidad. - ¡Estupendo! - dijo, levantándose y yendo con cuidado hacia el otro lado del profesor Lupin, para ver algo fuera del tren. - Me muero de hambre. Tengo unas ganas de que empiece el banquete...-

- No podemos haber llegado aún - dijo Hermione mirando el reloj.

- Entonces, ¿por qué nos detenemos? -

El tren iba cada vez más despacio, a medida que el ruido de los pistones se amortiguaba, el viento y la lluvia sonaban con más fuerza contra los cristales. Harry, que era el que estaba más cerca de la puerta, se levantó para mirar por el pasillo, por todo el vagón se asomaban cabezas curiosas.

El tren se paró con una sacudida, y distintos golpes testimoniaron que algunos baúles se habían caído de los portaequipajes. A continuación, sin previo aviso, se apagaron todas las luces y quedaron sumidos en una oscuridad total.

- ¿Qué sucede? - dijo detrás de Harry la voz de Ron.

Harry volvió a tientas a su asiento.

- ¿Habremos tenido una avería? -

- No sé...-

Se oyó el sonido que produce la mano frotando un cristal mojado, y Harry vio la silueta negra y borrosa de Ron, que limpiaba el cristal y miraba fuera.

- Algo pasa ahí fuera…- dijo Ron, tembloroso. - Creo que está subiendo gente...-

La puerta del compartimento se abrió de repente y alguien cayó sobre las piernas de Harry, haciéndole daño.

- ¡Perdona! - gimoteó la voz de Neville. - ¿Tienes alguna idea de lo que pasa? ¡Ay! Lo siento...-

- Hola, Neville. - dijo Harry, tanteando en la oscuridad, y tirando hacia arriba de la capa de Neville.

- ¿Harry? ¿Eres tú? ¿Qué sucede? -

- ¡No tengo ni idea! - dijo el azabache, quien comenzaba a perder los nervios. - Siéntate...-

Se oyó un bufido y un chillido de dolor. Neville había ido a sentarse sobre Crookshanks.

- ¿Pero qué es esto? - bufó Harry, notando que Crookshanks pasaba por su lado. - Voy a preguntarle al maquinista qué sucede. - A continuación, oyó abrirse de nuevo la puerta, y después un golpe y dos fuertes chillidos de dolor.

- ¿Quién eres? -

- ¿Quién eres? -

- ¿Chloe? -

- ¿Hermione? -

- ¿Qué haces? -

- Iba a comprar chuches, pero me he perdido…-

- Entra y siéntate...

- ¡Aquí no! - gruñó Ron. - Estoy yo…-

- ¡Lo-lo siento! -

- ¡Ay! - exclamó Neville.

- ¡Silencio! - dijo de repente una voz ronca, por fin se había despertado el profesor Lupin. Harry oyó que algo se movía en el rincón que él ocupaba, nadie dijo nada. Se oyó un chisporroteo y una luz parpadeante iluminó el compartimento. El profesor Lupin parecía tener en la mano un puñado de llamas que le iluminaban la cansada cara gris, pero sus ojos se mostraban cautelosos.

- No os mováis…- dijo con la misma voz ronca, y se puso de pie, despacio, con el puñado de llamas enfrente de él, la puerta se abrió lentamente antes de que Lupin pudiera alcanzarla.

De pie, en el umbral, iluminado por las llamas que tenía Lupin en la mano, había una figura cubierta con capa y que llegaba hasta el techo, era un Dementor.

- Maldita sea…maldita sea…aléjate de mí…- murmuraba Harry, mientras que lentamente, sacaba su varita. Y entonces escuchó una aspiración larga, lenta, ruidosamente, como si quisiera succionar algo más que aire. El azabache comenzó a revivir los gritos que tanto lo atormentaban, apuntando su varita contra el Dementor, pegó un grito: - ¡ESPECTO PATRONUM! -

Un Patronus incorpóreo salió de la varita de Harry. El Dementor retrocedió y se fue, pero Harry comenzó a perder el conocimiento, escuchando gritos de desesperación resonando en su cabeza, hasta que finalmente cayó…

- ¡Harry! ¡Harry! - reconoció la voz asustadiza de Hermione. - ¿Estás bien? -

Alguien le daba palmadas en la cara, era Hermione, quien tenía la cara colorada y temblaba.

- ¿Qué? - Harry abrió los ojos.

Sobre él había algunas luces y el suelo temblaba. El expreso de Hogwarts se ponía en marcha y la luz había vuelto. Por lo visto había resbalado del asiento y caído al suelo. Hermione estaba arrodillada a su lado, y por encima de ella vio a Ron, abrazado por Chloe, a Neville y al profesor Lupin, mirándolo.

Al levantarse, el azabache pudo notar que estaba sudando. Estaba pálido y respiraba bruscamente. Una vez más, un Dementor había puesto a prueba sus emociones.

- ¿Te encuentras bien? - preguntó Ron, asustado.

- Si…no te preocupes. - dijo Harry, intentando recuperarse. - No es la primera vez que me toca vérmelas con un maldito Dementor…-

- ¿¡Que!? - preguntaron los demás al unísono.

- Un día, en el Callejón Diagon me topé con uno, - intentó explicarse Harry, pero estaba bastante cansado. - afortunadamente yo…-

- Conoces el encantamiento Patronus…- dijo el profesor Lupin, quien parecía bastante sorprendido. - Es la primera vez que veo a un alumno de trece años realizando magia tan avanzada. -

- Profesor Lupin… - dijo Harry, tratando de recobrar el aliento.

Lupin, con una sonrisa, le entregó chocolate a Harry. - Si conoces a los dementores, - dijo. - estoy seguro de que esto te será de ayuda…-

- Si, muchas gracias…- respondió azabache amablemente, recibiendo el chocolate.

- ¿Dónde aprendiste a hacer un Patronus, Harry? - preguntó el profesor Lupin con interés.

- Durante las vacaciones. - dijo Harry. - Investigué sobre los dementores después de que Hagrid nos contara a mí y a mis amigos su experiencia en Azkaban (¡Por cierto, en ningún momento merecía estar allí! Encerrarlo allí por decreto fue una vergüenza). Encontré en el encantamiento Patronus un mecanismo de defensa contra ellos, por lo que busqué un libro para aprender a realizarlo. -

- Pues debo decir que has hecho un progreso abrumador. - observó Lupin con una sonrisa pálida. - Esto se lo contaré al director. Con suerte, Gryffindor comenzará el curso con cincuenta puntos de premio. -

El grupo sonrío al oír aquella declaración. Después de repartir chocolates para todos, el profesor Lupin salió del compartimento para ir a hablar con el maquinista.

- ¿Seguro que estás bien, Harry? - volvió a preguntar Hermione, mirando a Harry.

- Si, de verdad, estoy bien…-

- Lo que hiciste fue alucinante. - dijo Ron, mientras devoraba un chocolate. - Es cierto que te desmayaste, pero aquella cosa plateada que salió de tu varita ahuyentó al Dementor. ¿Cómo dices que se llama? -

- Encantamiento Patronus…- dijo Harry. - Aunque, aún no lo he perfeccionado. Lo que visteis no era más que la forma incorpórea. Si consigo aprender la forma corpórea, podré repeler no solo a uno, sino a mucho más dementores. -

- Ha sido horrible. - dijo Neville, en voz más alta y temblorosa de lo normal. - ¿Notasteis el frío cuando entró? -

- Yo tuve una sensación muy rara…- respondió Ron, moviendo los hombros con inquietud. - Como si no pudiera ya volver a sentirme contento...- entonces se dio cuenta de que Chloe aun lo estaba abrazando. - Sabes que ya puedes soltarme, ¿no? -

Chloe enrojeció y se separó de inmediato. - L-lo siento…- farfulló, soltándole rápidamente y desviando la mirada a la puerta.

Harry miró la escena con una sonrisa, antes de explicarles a sus amigos, lo que los dementores eran capaces de hacer. La preocupación de sus compañeros no hizo más que aumentar. Apenas hablaron durante el resto del viaje.

Notas del Autor: Quería aprovechar este espacio para responder a un usuario que, a parte de disfrutar de este fic, y que al igual que muchos de ustedes ha sido paciente conmigo tras tardarme con los capítulos y más tras el reinicio del fic (No me pagan por hacer fics, tengo que ganarme la vida trabajando, que le voy a hacer xD) pienso que debo responderle.

Para Sg91: Gracias por entenderme, y si te soy sincero, la opción de hacer que Chloe acabara con el diario estaba entre mis opciones y la contemplé en su momento. Sin embargo, es aquí donde entra un problema y es que tu argumento de "la hija de un mortífago acabando con el diario" no encajaría por una gran razón que tú, al igual que todos los que lean este fic descubrirán más adelante…Bueno, quizás sí, quizás no, en fin. Cuando lo llegues a entender el día en que se revele ese motivo ya me dirás si igualmente encajaría o no tu sugerencia, la cual insisto que es muy buena.

PD: ¿Cómo sería un premio de 2+2 al Cuadrado? ¿Una figura del 2+2 dentro de un cuadrado? Lol xD. Gracias igualmente por el premio :3

Si tenéis dudas podéis preguntarme en los reviews (intentad que sean cosas relacionadas con el fic o en la historia que se basa el fic, etc, etc). Intentaré daros una respuesta apropiada sin introducir Spoilers de la historia. No vemos ;D