Capítulo 45 - El mayor miedo de Harry

Las clases siguieron su curso con normalidad. A parte de las asignaturas habituales (Pociones, Encantamientos, Transformaciones, etc), junto con Aritmancia y Cuidado de Criaturas Mágicas estaba también la clase de Runas Antiguas.

En su mayoría, era prácticamente todo teórico, ya que tan solo había que estudiar las escrituras antiguas de la magia rúnica.

La profesora Bathsheda Babbling, quien se encarga de impartir la asignatura de Runas Antiguas, era una mujer apasionada de las reliquias antiguas, los fósiles, los jeroglíficos y el olor a roca desenterrada, con años y años de antigüedad de por medio.

Ella aparentemente se veía joven (aunque tenía unos cuarenta años): bajita, delgada, de cabello corto y oscuro. A diferencia del resto de los profesores, su vestimenta era muy similar a la de una exploradora, ya que siempre llevaba puesto un conjunto de scout. Cuando hablaba en clase lo hacía describiendo (detalladamente) la belleza que ocultaba las profundidades de la Tierra.

- A veces pienso que ella duerme con un fósil, en vez de un osito de peluche…- pensó Harry frunciendo el entrecejo, pero centrado en clase.

A diferencia de la profesora Vector, Babbling no era tan estricta y exigente. Su carácter carismático lo dejaba bien claro. Lo que realmente pedía en sus clases era aprenderse de memoria el diccionario rúnico, más un puñado de redacciones sobre las distintas palabras aprendidas en clase.

Harry ya se imaginaba a sí mismo en un futuro, siendo una especie de Indiana Jones, pero en el mundo mágico: pateando tumbas antiguas y descifrando runas mágicas.

- Habilidades para balancearme como Tarzán y un cerebro con ingeniosas ideas para salir de aprietos precisamente no me faltan. - pensó con arrogancia.

Por otro lado, estaban de nuevo las clases de pociones con el profesor Snape. Desde principios de su tercer año, Harry pudo notar que Snape deambulaba por el castillo malhumorado, tanto como en su primer año, aquel en el que se topó de lleno con su lado más hostil y grosero.

- Por aquellos días, el apodo "Murciélago con mala leche" le habría sentado como anillo al dedo. - pensó Harry, riéndose. - Pero ahora solo puedo decir que es "El paciente y buen maestro de pociones, pero con mala leche de vez en cuando". -

A pesar de ello, en sus clases seguía actuando igual que durante el curso anterior: Instruyendo a sus alumnos y orientándolos por si se perdían entre los pasos de cualquier poción o filtro (manteniendo en ocasiones su tono sarcástico y malhumorado). Quien más agradeció aquel gesto fue sin duda Neville Longbottom, el estudiante con más problemas recordatorios que Harry jamás había conocido.

- Pero es un buen tipo, - pensó con una sonrisa. - eso nadie lo puede negar. -

Durante la última clase, todos debían preparar una "Solución para encoger". El profesor Snape, (aunque su tono no era el más apropiado para intentar calmar a una persona) le habló a Neville para que no perdiera los nervios.

- Longbottom, si temes al fracaso nunca vas a aprender…- le dijo con su conocida voz susurradora, pero sin burla de por medio. - A veces la mejor forma de alcanzar el éxito, es con un…tropiezo…-

- ¿Lo dice en serio profesor? - preguntó Neville, con la voz temblorosa.

- Si...ahora céntrate y esfuérzate al máximo...- dijo sin más, antes de dirigirse a las mesas de Slytherin.

Ron fruncía el entrecejo cada vez que veía al buen Snape. - Para mí que en segundo le descontaminaron el cerebro…- dijo en voz baja. - Bueno, sigue siendo un murciélago con mala leche. -

- Déjalo ya, Ron. - le replicó Hermione.

- Pero…-

- Ya sabemos que tú no te tragas algo así tan a la ligera. - dijo Harry, rodando los ojos. - Ojalá en otros tres años más seas capaz de asumirlo. -

Ron soltó un bufido, mientras se ponía a calentar su caldero.

- ¡Eh, Harry! - dijo Seamus Finnigan, inclinándose para cogerle prestada a Harry la balanza. - ¿Has oído? "El Profeta" de esta mañana asegura que han visto a Sirius Black. -

- ¿Dónde? - preguntaron con rapidez Harry y Ron. Malfoy, quien estaba a una mesa de ellos, también parecía interesado en la conversación.

- No muy lejos de aquí…- dijo Seamus, que parecía emocionado. - Lo ha visto una muggle, por supuesto, ella no entendía realmente. Los muggles piensan que es sólo un criminal común y corriente, ¿verdad? El caso es que telefoneó a la línea directa, pero cuando llegaron los del Ministerio de Magia, ya se había ido. -

- No muy lejos de aquí...- repitió Ron, mirando a Harry de forma elocuente.

Unos minutos más tarde, Snape los reunió a todos, para poner a prueba la poción, y para sorpresa de los presentes, eligió la de Neville.

Cuando faltaba poco para que terminara la clase, Snape se dirigió con paso firme a Neville, que se sobresaltó al lado de su caldero.

- Venid todos y poneos en corro para ver lo que le sucede al sapo de Longbottom. - dijo Snape con tranquilidad. - Si ha conseguido fabricar una solución para encoger, el sapo se quedará como un renacuajo. -

Los de Gryffindor observaban con impaciencia y los de Slytherin con entusiasmo, pues prácticamente todos ellos daban por fallida la poción de Neville.

- ¿Pro-profesor…está seguro de que es buena idea? - preguntó Neville. Parecía como si estuviera parado al frente de un precipicio.

- ¿Hasta cuándo vas a dejar de tener confianza en ti mismo…Longbottom? - preguntó Snape frunciendo el entrecejo. Cogió al sapo de Neville, Trevor, y le dio unas gotitas de la "Solución para encoger" que el muchacho de cara redonda preparó.

Se hizo un silencio total, mientras Trevor tragaba. Luego se oyó un ligero "¡plop!" y el renacuajo Trevor serpenteó en la palma de la mano de Snape. Los de Gryffindor prorrumpieron en aplausos.

Neville miraba incrédulo como su poción había tenido éxito. Si algo llamó la atención de Harry, más que la poción, fue ver la sonrisa leve que esbozaba Snape. El maestro de pociones sacó una pequeña botella del bolsillo de su toga, echó unas gotas sobre Trevor y éste recobró su tamaño normal.

- Cinco puntos para Gryffindor…- le dijo Snape a Neville con aprobación. - Bien hecho…-

La clase entera estaba atónita, ¿Snape le acababa de dar puntos a Gryffindor? ¿A Neville? Ya solo faltaba ver a Ron estudiándose la biblioteca entera, pero no, Ron estaba ahí, tan boquiabierto como el resto.

- Ahora…¡largo de aquí! - dijo Snape, con su tono habitual. - Estudiantes…-

Los alumnos salieron del aula, en su mayoría, sonrientes, y es que, las clases con Snape, aparte de ser educativas, eran entretenidas. La revolución fue tal, que a Ron se le hacía bastante extraño.

- ¡Cinco puntos para Gryffindor! - dijo Ron con testarudez. - ¡Cinco puntos por una poción! ¡Por una poción de Neville! En serio, ¿Qué está pasando aquí? ¿Alguien me puede despertar? Me parece que sigo soñando. Madre mía, esto es increíble. -

- Vamos Ronald, - se rio Harry. - ya no exageres…-

- Pero es de libro Harry, ¡de libro! - dijo Ron, llevándose una mano a la cabeza. - ¿Hm? Y ahora…¿dónde está Hermione? -

Harry también se volvió. Estaban en la parte superior de las escaleras, viendo pasar al resto de la clase que se dirigía al Gran Comedor para almorzar.

- Venía detrás de nosotros. - dijo Ron, frunciendo el entrecejo.

Malfoy, que pasaba por ahí, se detuvo a espaldas de Harry.

- ¿Irás a por Black? - le pregunto a Harry de un susurró.

- Mientras no me dé razones no tengo por qué ir tras él…- respondió Harry con el mismo tono.

Malfoy asintió. - De acuerdo, - dijo. - pero intenta no hacer alguna de las tuyas, pase lo que pase…- y tras decir aquello, se fue.

- ¿En que estará pensando ese ahora? - inquirió Ron, mirándolo como a un bicho raro.

Harry se encogió de hombros para no darle importancia, pero las palabras de Malfoy hicieron que comenzara a revolotear hipótesis en su maquinaria cerebral.

- Mira, ahí está Hermione…- dijo, con una sonrisa.

Hermione jadeaba un poco al subir las escaleras a toda velocidad, con una mano sujetaba la mochila, y con la otra sujetaba algo que llevaba metido en la túnica.

- ¿Cómo lo hiciste? - le preguntó Ron.

- ¿El qué? - preguntó a su vez Hermione, reuniéndose con ellos.

- Mira, déjalo. - bufó Ron. - No tiene sentido que lo pregunte si no lo puedes decir…-

- ¡Oh, no! - gimoteó Hermione, después de que a su mochila se le abriera una costura.

A Harry no le sorprendía. Contenía al menos una docena de libros grandes y pesados. Con una velocidad sin igual, Harry se agachó para recoger los libros y pararse en frente de Hermione, victorioso.

- ¿Necesita que le eche un cable…señorita Granger? - preguntó Harry, guiñándole un ojo a Hermione.

- Muchas gracias, Harry. - dijo Hermione con una sonrisa

Feliz por intervenir en el momento indicado, Harry cargó la "montaña" de libros mientras Hermione usaba su varita para reparar la mochila, añadiéndole algunos parches para reforzarla. Luego, metió sus libros dentro y los tres se pusieron en marcha.

El profesor Lupin no estaba en el aula cuando llegaron a su primera clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Todos se sentaron, sacaron los libros, las plumas y los pergaminos, y estaban hablando cuando por fin llegó el profesor. Lupin sonrió vagamente y puso su desvencijado maletín en la mesa. Estaba tan desaliñado como siempre, pero parecía más sano que en el tren, como si hubiera tomado unas cuantas comidas abundantes.

- Buenas tardes. - dijo. - ¿Podríais por favor, meter los libros en la mochila? La lección de hoy será práctica, sólo necesitaréis las varitas mágicas. -

La clase cambió miradas de curiosidad mientras recogía los libros. Nunca habían tenido una clase práctica de Defensa Contra las Artes Oscuras, a menos que se contara la memorable clase del año anterior, en que el antiguo profesor había llevado una jaula con duendecillos y los había soltado en clase.

- Estúpido Lockhart con sus estúpidos Duendecillos de Cornualles haciendo estupideces en el aula con los estúpidos cuadros del estúpido memo ese…- pensó Harry con fastidio. Recordar a Lockhart no le hacía gracia.

- Bien, - dijo el profesor Lupin cuando todo el mundo estuvo listo. - si tenéis la amabilidad de seguirme...-

Desconcertados, pero con interés, los alumnos se pusieron en pie y salieron del aula con el profesor Lupin. Este los condujo a lo largo del desierto corredor. Doblaron una esquina. Al primero que vieron fue a Peeves el poltergeist, que flotaba boca abajo en medio del aire y tapaba con chicle el ojo de una cerradura.

Peeves no levantó la mirada hasta que el profesor Lupin estuvo a medio metro. Entonces sacudió los pies de dedos retorcidos y se puso a cantar una monótona canción.

- Locatis lunático Lupin, locatis lunático Lupin, locatis lunático Lupin...-

- Hm…¿para qué será esa canción? - pensó Harry con curiosidad. - No tengo ni idea, pero suena bastante gracioso…-

Aunque casi siempre era desobediente y maleducado, Peeves solía tener algún respeto por los profesores. Todos miraron de inmediato al profesor Lupin para ver cómo se lo tomaría. Ante su sorpresa, el mencionado seguía sonriendo.

- Yo en tu lugar quitaría ese chicle de la cerradura, Peeves. - dijo amablemente. - El señor Filch no podrá entrar a por sus escobas. -

Peeves no prestó atención al profesor Lupin, salvo para soltarle una sonora pedorreta. El profesor Lupin suspiró y sacó la varita mágica.

- Es un hechizo útil y sencillo. - dijo a la clase, volviendo la cabeza. - Por favor, estad atentos. –

Alzó la varita a la altura del hombro, dijo ¡Waddiwasi! y apuntó a Peeves. Con la fuerza de una bala, el chicle salió disparado del agujero de la cerradura y fue a taponar la fosa nasal izquierda de Peeves, éste ascendió dando vueltas como en un remolino y se alejó como un bólido, zumbando y echando maldiciones.

- ¡EXCELENTE! - pensó Harry, totalmente asombrado con su nuevo profesor. - ¡ES INCREIBLE! ¿¡Tan sencillo era fastidiar a Peeves!? Tengo que tomar nota de esto. -

- ¡Chachi, profesor! - dijo Dean Thomas, asombrado.

- Gracias, Dean. - respondió el profesor Lupin, guardando la varita. - ¿Continuamos? -

Se pusieron otra vez en marcha, mirando al desaliñado profesor Lupin con creciente respeto. Los condujo por otro corredor y se detuvo en la puerta de la sala de profesores.

- Entrad, por favor. - dijo el profesor Lupin abriendo la puerta y cediendo el paso.

En la sala de profesores, una estancia larga, con paneles de madera en las paredes y llena de sillas viejas y dispares, no había nadie salvo un profesor. Snape estaba sentado en un sillón bajo y observó a la clase mientras ésta penetraba en la sala.

- Hola, profesor Snape. - saludó Harry con una sonrisa afable.

- Potter… -dijo Snape, con su tono habitual. Luego miró al profesor Lupin y añadió: - Harás aquí la clase… ¿Lupin? -

- Así es Severus. - respondió Lupin amablemente.

- Bien, ya sabes dónde dejé tu…encargo…- dijo el profesor Snape. - Hablamos luego. - añadió, antes de marcharse.

- ¿Encargo? - se repitió Harry desde su mente.

- Ahora… - dijo el profesor Lupin llamando la atención del fondo de la clase, donde no había más que un viejo armario en el que los profesores guardaban las togas y túnicas de repuesto.

Cuando el profesor Lupin se acercó, el armario tembló de repente, golpeando la pared.

- No hay por qué preocuparse. - dijo con tranquilidad el profesor Lupin cuando algunos de los alumnos se echaron hacia atrás, alarmados. - Hay un Boggart ahí dentro. -

- ¡Un Boggart! ¿¡En serio!? - pensó Harry, alucinado. Por supuesto, él ya sabía lo que era un Boggart, pero aquella sería la primera vez que vería uno. Por otra parte, parecía que casi todos pensaban que era algo preocupante.

- A los Boggarts les gustan los lugares oscuros y cerrados. - prosiguió el profesor Lupin. - Los roperos, los huecos debajo de las camas, el armario de debajo del fregadero...En una ocasión vi a uno que se había metido en un reloj de pared. Se vino aquí ayer por la tarde, y le pregunté al director si se le podía dejar donde estaba, para utilizarlo hoy en una clase de prácticas. La primera pregunta que debemos contestar es…¿qué es un Boggart? - Harry y Hermione alzaron la mano casi al mismo tiempo. - Vaya…me alegro de contar con tan entusiastas alumnos en mi clase. - dijo en tono afable. - Y ahora, ¿cómo resuelvo este dilema? - murmuró pensativo.

Harry suspiró. - Está bien profesor, - dijo. - que responda Hermione…-

- Muy bien, ¿Hermione? - preguntó Lupin.

- Es un ser que cambia de forma. - resumió Hermione en pocas palabras. - Puede tomar la forma de aquello que más miedo nos da. -

- Yo no lo podría haber explicado mejor. - admitió el profesor Lupin, y Hermione se puso radiante de felicidad. - El Boggart que está ahí dentro, sumido en la oscuridad, aún no ha adoptado una forma. Todavía no sabe qué es lo que más miedo le da a la persona del otro lado. Nadie sabe qué forma tiene un Boggart cuando está solo, pero cuando lo dejemos salir; se convertirá de inmediato en lo que más temamos. Esto significa…- prosiguió, optando por no hacer caso de los balbuceos de terror de Neville. - que ya antes de empezar tenemos una enorme ventaja sobre el Boggart. ¿Sabes por qué, Harry? -

Era difícil responder a una pregunta con Hermione al lado quien, por cierto, no dejaba de ponerse de puntillas con la mano levantada, pero esta vez el elegido para responder era Harry, por lo que de ninguna manera se iba a quedar sin responder.

- Al ser muchos los que estamos aquí presentes, el Boggart no sabe qué forma debería adoptar…- respondió Harry con una sonrisa.

- ¡Exacto! - dijo el profesor Lupin devolviéndole la sonrisa. Y Hermione bajó la mano algo decepcionada, con Harry mirándola divertido. - Siempre es mejor estar acompañado cuando uno se enfrenta a un Boggart, porque se despista. ¿En qué se debería convertir, en un cadáver decapitado o en una babosa carnívora? En cierta ocasión vi que un Boggart cometía el error de querer asustar a dos personas a la vez y el muy imbécil se convirtió en media babosa. No daba ni gota de miedo. El hechizo para vencer a un Boggart es sencillo, pero requiere fuerza mental. Lo que sirve para vencer a un Boggart es la risa. Lo que tenéis que hacer es obligarle a que adopte una forma que vosotros encontréis cómica. Practicaremos el hechizo primero sin la varita. Repetid conmigo…¡Riddíkulus! -

- ¡Riddíkulus! - repitió la clase.

- Bien. - dijo el profesor Lupin. - Muy bien, pero me temo que esto es lo más fácil. Como veis, la palabra sola no basta. Veamos, necesito un voluntario…Oh, Neville, ¿te gustaría intentarlo? -

Neville estaba como de piedra, pero lentamente asintió y se puso al frente del armario, con Lupin a su lado.

- Bien, Neville. - prosiguió el profesor Lupin. - Empecemos por el principio ¿qué es lo que más te asusta en el mundo? - Neville movió los labios, pero no dijo nada. - Perdona, Neville, pero no he entendido lo que has dicho. - dijo el profesor, sin enfadarse.

- Un…un perro grande…- dijo Neville temblando. - de tre-tres cabezas…-

Harry lo recordaba como si fuera ayer. Aquella noche, en su primer año, cuando él y sus amigos huían de Filch. Aquel día, acudieron a un duelo con Malfoy, uno al que el de Slytherin no acudió. No obstante, durante la huida entraron por error en la única habitación que no debían entrar para esconderse, donde estaba Fluffy, el antiguo perro de Hagrid, que por aquel entonces custodiaba la trampilla que conducía hasta el espejo de Oesed, donde ocultaron la Piedra Filosofal.

- Aun recuerdo aquellas babas y ese feo aliento…- pensó Harry, un poco asqueado.

Muchos en la sala se estremecieron, en especial Ron y Hermione, quienes acompañaron a Harry las dos veces que visitaron a Fluffy.

- Oh vaya, creo que el profesor Dumbledore me comentó que hace un par de años tenían a un perro así en la escuela…- dijo Lupin pensativo, antes de mirar a Neville. - Muy bien, Neville, ahora quiero que pienses en algo gracioso en el que puedas convertir al Boggart. -

- ¿Co-como qué? - preguntó Neville tembloroso.

El profesor Lupin le susurró su sugerencia a Neville en el oído para que nadie más lo escuchara.

- ¿Podrás hacerlo? - preguntó amablemente.

Neville asintió lentamente, mientras sacaba su varita. El armario tembló más violentamente.

- Si a Neville le sale bien. - añadió el profesor Lupin. - Es probable que el Boggart vuelva su atención hacia cada uno de nosotros, por turno. Quiero que ahora todos dediquéis un momento a pensar en lo que más miedo os da y en cómo podríais convertirlo en algo cómico...-

La sala se quedó en silencio. Harry meditó...¿qué era lo que más le aterrorizaba en el mundo?

Para él era muy sencillo responder a esa pregunta: nada. En realidad, no se le ocurría que podía ser. Algo si tenía claro, no era Voldemort, ni siquiera los dementores, no, era algo que, en lo profundo de su corazón, le perturbaba en ocasiones. Entonces, sin darse cuenta, la oportunidad de comprobar que era ese miedo estaba al alcance, con la clase del profesor Lupin.

Harry lo miró y le dio la impresión de haber escuchado su voz, afirmando que era mejor no dejarle enfrentarse al Boggart, ya que al igual que muchos otros, debía de pensar que Voldemort le causaba terror. Sin pensarlo por más tiempo, Harry se acercó discretamente al profesor Lupin.

- Disculpe, profesor…- le dijo en un susurro.

- ¿Si Harry? -

- Mire, puede que usted no se sienta muy cómodo dejándome enfrentarme al Boggart, - dijo el azabache con calma. - pero le puedo asegurar, que mi mayor temor no es Voldemort…-

Harry se sorprendió al ver la cara de su profesor, Lupin estaba atónito, como si el azabache le hubiera leído la mente. Tras unos segundos, Lupin respondió con algo de lentitud.

- ¿Estás seguro, Harry? - preguntó Lupin. - Estas totalmente seguro de que Voldemort, ¿no es tu mayor miedo? –

Harry se quedó más sorprendido. Hasta ese momento, las dos únicas personas a la que había escuchado pronunciar el nombre de su mayor enemigo eran Dumbledore y Hermione. Con Lupin, ya eran tres.

- Si profesor, - repuso. - le pido que confíe en mi…-

- Está bien, - asintió Lupin. - pero si la situación lo requiere, intervendré. -

Harry asintió y regresó con los demás. La mayoría de sus compañeros tenía los ojos fuertemente cerrados.

- Arrancarle las patas…- murmuraba Ron.

El azabache sonrío adivinando de que se trataba: lo que más miedo le daba a Ron eran las arañas. Mientras que Hermione no parecía tenerlo claro. Estaba callada y pensativa.

- ¿Todos preparados? - preguntó el profesor Lupin. - todos asintieron, arremangándose. - Nos vamos a echar todos hacia atrás, Neville, - dijo. - para dejarte el campo despejado, ¿de acuerdo? Después de ti llamaré al siguiente, para que pase hacia delante...Ahora todos hacia atrás, así Neville podrá tener sitio para enfrentarse a él. -

Todos se retiraron, arrimándose a las paredes, y dejaron a Neville solo, frente al armario. Estaba pálido y asustado, pero se había arremangado la túnica y tenía la varita preparada.

- A la de tres, Neville. - dijo el profesor Lupin, que apuntaba con la varita al pomo de la puerta del armario. - A la una... a las dos... a las tres... ¡ya! -

Un haz de chispas salió de la varita del profesor Lupin y dio en el pomo de la puerta. El armario se abrió de golpe, rompiéndose por poco, de él apareció Fluffy, ladrando con fuerza, cuyos dientes y enorme apariencia desató el terror entre los que jamás lo habían visto.

Neville entró en pánico, cayó al suelo tirándose hacia atrás, moviendo la boca sin pronunciar palabra. Fluffy se le acercaba, estaba a punto de poner su cabeza encima de él y entonces…

- ¡Ri-Riddíkulus! - gritó Neville entrecortadamente.

Se oyó un chasquido como de látigo. Fluffy adoptó la forma de un gracioso y divertido globo luminoso no explosivo, en forma de un pequeño e inofensivo perrito de tres cabezas.

Cuando este empezó a desinflarse y a sobrevolar la sala, fue soltando pequeñas chispas luminosas. Hubo un sonoro aplauso entre risas.

- ¡Excelente! - dijo el profesor Lupin, muy contento. - Bien hecho Neville. - ¡Parvati! ¡Adelante! -

Parvati avanzó, con el rostro tenso, el globo de Fluffy se volvió hacia ella, Se oyó otro chasquido y en el lugar en que había estado el globo de Fluffy, apareció una momia cubierta de vendas y con manchas de sangre. Había vuelto hacia Parvati su rostro sin ojos, y comenzó a caminar hacia ella, muy despacio, arrastrando los pies y alzando sus brazos rígidos...

- ¡Riddíkulus! - gritó Parvati. Se soltó una de las vendas y la momia se enredó en ella, cayó de bruces y la cabeza salió rodando.

- ¡Seamus! - gritó el profesor Lupin. Seamus pasó junto a Parvati como una flecha. ¡Crac! Donde había estado la momia se encontraba ahora una mujer de pelo negro tan largo que le llegaba al suelo, con un rostro huesudo de color verde, una Banshee. Abrió la boca completamente y un sonido sobrenatural llenó la sala: un prolongado aullido que fastidió a Harry.

- ¡Odio a las Banshees, son escandalosas! - pensó.

- ¡Riddíkulus! - gritó Seamus.

La Banshee emitió un sonido ronco y se llevó la mano al cuello. Se había quedado afónica. ¡Crac! La Banshee se convirtió en una rata que intentaba morderse la cola, dando vueltas en círculo, a continuación... ¡crac!, se convirtió en una serpiente de cascabel que se deslizaba retorciéndose, y luego... ¡crac!, en un ojo inyectado en sangre.

- ¡Está despistado! - gritó Lupin. - ¡Lo estamos logrando! ¡Dean! –

Dean se adelantó. ¡Crac! El ojo se convirtió en una mano amputada que se dio la vuelta y comenzó a arrastrarse por el suelo como un cangrejo.

- ¡Riddíkulus! - gritó Dean.

Se oyó un chasquido y la mano quedó atrapada en una ratonera.

- ¡Excelente! ¡Ron, te toca! -

Ron se dirigió hacia delante. ¡Crac! Algunos gritaron. Una araña gigante, de dos metros de altura y cubierta de pelo, se dirigía hacia Ron chascando las pinzas amenazadoramente. Por un momento, Harry pensó que Ron se había quedado petrificado. Pero entonces...

- ¡Riddíkulus! - gritó Ron.

Las patas de la araña desaparecieron y el cuerpo empezó a rodar. Lavender Brown dio un grito y se apartó de su camino a toda prisa. El cuerpo de la araña fue a detenerse a los pies de Harry.

Como un torrente, la tensión inundó la sala. Lupin parecía un poco nervioso, y los demás, estaban a la espera de saber cuál era el mayor temor de Harry. ¡Crac! Hubo un murmullo general plagado de confusión. En medio de Harry había un muchacho, uno que era idéntico a él. Era como un clon, pero este llevaba una túnica de Slytherin, iba encapuchado, con la piel pálida; los iris de sus ojos eran rojos y esbozaba una estremecedora y malévola sonrisa en el medio rostro visible.

- De alguna manera, siempre supe a lo que yo tanto temo…- pensó, mirando a su clon malvado con una mezcla de terror y odio. Inmediatamente recordó lo que ocurrió a finales del curso pasado, cuando después de batirse en duelo contra Lucius Malfoy miró su reflejo en el agua de la fuente. Blandió su varita, apuntó al Boggart y dijo: - ¡Riddíkulus! -

El clon de Harry pasó a convertirse en un gracioso espantapájaros. Arrancó unas cuantas risas, por su cuerpo de paja, su ropa polvorienta, su sombrero ajado y su cara, que estaba tapada con una pancarta que ponía "Que guapo soy :V".

- Vaya, miren que guapo es…- señaló Ron entre risas.

Harry sonrío, pero sin ganas. La imagen de su clon malvado lo dejó hundido en un mar de posibles hipótesis.

- ¡Muy bien Harry, muy bien! - dijo el profesor Lupin, quien parecía más aliviado. - ¡Hermione, es tu turno! -

Harry le cedió el paso a Hermione, quien se plantó en frente del espantapájaros. ¡Crac! La gente estaba atónita, Harry y Lupin incluidos: El Boggart de Hermione era…

- ¿¡Eh!? - dijo Harry, con los ojos abiertos como platos. - ¿La…profesora McGonagall? -

- ¿¡P-pe-pero porque Hermione!? - inquirió Ron, atónito. - Si tú aprecias mucho a la profesora McGonagall. -

- ¡Hermione Granger! - empezó a hablar el Boggart con forma de McGonagall, con un enfado monumental. - ¿¡Cómo has podido avergonzar a Gryffindor de esta manera!? ¡Mira estas notas! - exclamó, señalando un boletín de notas. Eran todas mediocres. - ¡Son las peores de la escuela! -

- ¡NOOOOOOOOOOOOO! - chilló Hermione, llevándose las manos a la cabeza y mirando hacia el techo. La escena era de auténtico drama.

Las reacciones, eran bastante obvias si se trata de Hermione: casi todos empezaron a reírse sin parar. Ron, Dean y Seamus estaban rodando por los suelos, asfixiándose de tanto reír. Lupin parpadeaba los ojos sin parar y Harry hacía un esfuerzo catedrático por no echarse a reír con los demás. No quería hacer sentir mal a Hermione.

- Vamos Hermione. - dijo Lupin en tono amable. - El conjuro, adelante, puedes hacerlo. -

Hermione negó con la cabeza. Estaba colorada y con los ojos llenos de lágrimas.

- No, no puedo…- dijo con la voz ronca. - No puedo hacerlo profesor…- y empezó a llorar.

Harry, con una sonrisa afable, se acercó a Hermione y la abrazó, dejando que sus lágrimas empaparan su pecho, sin importarle en absoluto.

- ¡Aquí! - gritó el profesor Lupin, avanzando hacia "la profesora McGonagall. ¡Crac! Durante unos segundos vieron una esfera de un blanco plateado que flotaba en el aire, delante de Lupin, que dijo "¡Riddíkulus!" casi con desgana. La esfera se convirtió en globo luminoso no explosivo y se marchó volando de regreso al armario. - ¡Muy bien! – dijo, mientras la clase prorrumpía en aplausos. - Muy bien, Neville. Todos lo habéis hecho muy bien. Veamos... cinco puntos para Gryffindor por cada uno de los que se han enfrentado al Boggart...Además de cinco añadidos para Harry y Hermione. -

- Pe-pero yo no he…- farfulló Hermione, con la cara colorada.

- Harry y tú contestasteis correctamente a mis preguntas al comienzo de la clase…- dijo el profesor Lupin en tono afable. - Muy bien todo el mundo, ha sido una clase estupenda. Como deberes, vais a tener que leer la lección sobre los Boggart y hacerme un resumen. Me lo entregaréis el lunes, eso es todo. -

Los alumnos abandonaron entusiasmados la sala de profesores. Harry por un momento dejó aparcado el tema de su Boggart, y se centró en consolar a Hermione, quien aún temblaba.

- ¿Habéis visto cómo he podido con la Banshee? – dijo Seamus.

- ¿Y la mano? – dijo Dean, imitándola con la suya.

- ¿Y al perrito de tres cabezas? Que cuco quedó. -

- ¿Y mi momia? –

- Lo de Harry fue bastante raro, - comentó Lavender Brown. - pero al final resultó tan cómico…-

- Y lo de Hermione…- dijo Parvati con una risita. - Si lo llega a saber McGonagall…- y aquel grupo comenzó a reírse ruidosamente.

- Ha sido la mejor clase de Defensa Contra las Artes Oscuras que hemos tenido. ¿No es verdad? - dijo Ron, emocionado, mientras regresaban al aula para coger las mochilas. - Pero Hermione, en serio, lo tuyo es de libro…- añadió, aguantase las ganas de reír.

- ¡No tiene gracia! - se quejó Hermione, con enfado y la cara colorada.

- En parte la tiene…- dijo Harry, dejando boquiabierta a Hermione, pero antes de que ella estallara añadió: - Me parece ridículo que tengas un miedo así, porque eres la bruja más inteligente de Hogwarts, ¿cómo ibas tu a sacar unas notas tan mediocres? No, eso es imposible, y lo sé. -

- Bueno, tal vez sea cierto, pero…- intentaba excusarse la castaña.

- Tranquila…ya pasó todo, ¿vale? - le dijo Harry en tono afable, antes de dirigirle una mirada severa a Ron. - Y tu ni te rías, ¿entendido? -

Ron se encogió de hombros. - Está bien, - dijo. - por lo menos tu admites que su Boggart es patético. La verdad es que yo me esperaba que fuera algún monstruo o la perdida de alguien importante, vamos, los miedos más comunes…- entonces frunció el entrecejo. - Hablando del tema. Oye Harry, ¿que se supone que representa tu Boggart? -

- No tengo porque decíroslo…- bufó Harry.

- ¿Eh? ¿Y por qué no? - preguntó Hermione.

Tratando de encontrar rápidamente una excusa, Harry dijo: - Fácil, esta será…mi pequeña venganza por lo tuyo Hermione. Yo también tengo derecho de ocultarle cosas a mis mejores amigos -

- ¡Harry! - le reprochó Hermione. - ¡Lo mío es serio! -

- Y lo mío también. - dijo Harry, tajante. - Así que hasta que no nos cuentes lo tuyo, yo no tengo porque revelar nada, punto final. -

- Oh, vamos Harry…- bufó Ron.

- No, no y no. - repuso Harry, de brazos cruzados. - Hasta que Hermione no se decida a contarnos su secretito, yo no diré nada. -

Hermione se puso cabizbaja, gruñendo. Lo normal sería oír otro de sus clásicos sermones (esos que tanto le gustaban a Harry), pero no. Harry se imaginaba que el método que ella usaba para asistir a las clases debía ser algo tan único como para guardarlo en tan alto secreto, porque una vez más y pese al chantaje se negó en redondo a revelar su secreto.

…..

En muy poco tiempo, la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras se convirtió en la favorita de la mayoría. Sólo Pansy Parkinson y sus "gorilas" de Slytherin criticaban al profesor Lupin.

- Mirad cómo lleva la túnica. - solía decir ella, murmurando alto cuando pasaba el profesor. - Parece un asqueroso elfo doméstico. - y comentarios tan despreciables como ese ponían a prueba la paciencia de Hermione.

A nadie más le interesaba que la túnica del profesor Lupin estuviera remendada y raída. Sus siguientes clases fueron tan interesantes como la primera. Después de los Boggarts estudiaron a los gorros rojos, unas criaturas pequeñas y desagradables, parecidas a los duendes, que se escondían en cualquier sitio en el que hubiera habido derramamiento de sangre, en las mazmorras de los castillos, en los agujeros de las bombas de los campos de batalla, para dar una paliza a los que se extraviaban.

De los gorros rojos pasaron a los kappas, unos repugnantes moradores del agua que parecían monos con escamas y con dedos palmeados, y que disfrutaban estrangulando a los que ignorantes que cruzaban sus estanques.

- Hasta ahora, a parte de Dumbledore, es el profesor con más sentido del humor que he conocido, - pensó Harry con una sonrisa sobre el profesor Lupin. - y además…¡sabe impartir bien su asignatura! Ya podrían aprender de él los demás. -

Harry, como el resto de sus compañeros, pensaba que las clases con Lupin eran las mejores, pero él también se lo pasaba muy bien con las demás clases, a excepción de Historia de la Magia. Las largas charlas de historia con el profesor Binns (y sus constantes cabezaditas) a veces podían con él.

Las clases de Pociones cada vez eran más entretenidas. Los estudiantes que acudían salían de ellas con la lección bien aprendida, y es que Snape, a pesar de conservar su estricta forma de dirigirse hacia los demás, se había convertido en un profesor más paciente e imparcial con sus estudiantes, a quienes echaba un cable, lo justo y necesario como para que estos sigan sus instrucciones correctamente.

- Me pregunto, ¿qué le tendrá tan furioso cuando no está en clase? - se preguntaba el azabache, pensando en las veces que el profesor Snape se veía con el profesor Lupin.

Harry seguía acudiendo con suma normalidad a Aritmancia, cuyos números metían al muchacho en un mundo lleno de operaciones complicadas, comparaciones sorprendentes y montañas de redacciones para entregar por cortesía de la profesora Vector.

- Y yo que pensaba que nadie ponía más deberes que McGonagall, - pensó divertido. - pues mira, me equivoqué de pleno. -

Por otra parte, en Runas Antiguas encontraba más diversión, al haberse metido en la cabeza medio diccionario de runas, el azabache ya tenía un par de peldaños más avanzados que el resto de sus compañeros, salvo Hermione, quien tampoco perdía el ritmo.

- Es mi mejor amiga y mi mayor rival a nivel académico. - pensó Harry, sonrojándose. - La verdad es que no me importa si me gana a la hora de responder, yo quiero que sea feliz. -

Las clases de Cuidado de Criaturas Mágicas con Hagrid también eran una gozada. Tras la lección con hipogrifos, Hagrid preparó para otra de sus lecciones una excursión por el bosque prohibido (con permiso de Dumbledore) para mostrarles a los alumnos (a una distancia considerablemente segura) la naturaleza de los centauros.

Mientras iban por el bosque, Firenze, aquel centauro que salvó a Harry en su primer año cuando se topó con Voldemort, se detuvo en frente de la clase, saludándolos a todos.

- Harry Potter, - saludó Firenze. - me alegro mucho de volver a verte. -

- Lo mismo digo Firenze, - dijo Harry con una amplia sonrisa. - hacía tiempo que no te veía por aquí. -

- Han sido dos años, sí. - admitió Firenze. - ¡Oh! Y por lo que veo, has traído a toda una clase…- observó con asombro y entusiasmo. - ¿Vienen contigo también, Hagrid? -

- Así es Firenze, - dijo Hagrid con orgullo. - ahora soy profesor. -

- ¿De veras? - preguntó asombrado. - Sabia que acabarías siéndolo, ¡Los planetas me lo dejaron bien claro! - Hagrid, Harry y Hermione rodaron los ojos exasperados.

- Oh no, - pensó Harry, llevándose una mano a la frente. - ya empezamos la clase de astrología…-

- Bueno, ¿cómo va todo por la manada? - preguntó Hagrid rápidamente.

- La realidad es que estamos todos bastante asustados. - dijo Firenze de un suspiro. - Esas horribles criaturas encapuchadas, sí, me refiero a los dementores, son lo peor de lo peor. Nos obligan a mantenernos más alejados de las fronteras de la escuela…ojalá Marte nos diga que hacer…-

Y antes de que Hagrid y su clase tuvieran que soportar una larga y prolongada charla relacionada con los planetas y sus lunas (por cortesía de Firenze) se alejaron de regreso a Hogwarts, con paso ligero.

Capítulo 46 - ¡Sirius Black está en Hogwarts!

Llegó el 19 de septiembre, y con él, el decimocuarto cumpleaños de Hermione. Harry estaba hecho un manojo de nervios porque a diferencia de sus años anteriores, quería hacerle una fiesta de cumpleaños. Había hablado del tema con Ron y Chloe cada vez que Hermione no estaba presente para planificar la fiesta, aunque sabían que sería complicado.

No se trataba solo de que estaban en un colegio exigente o de que no existía un buen lugar para celebrar una fiesta sin que los profesores metieran las narices o que las condiciones climatológicas no fueran idóneas (en parte por culpa de los Dementores). La realidad era que el curso había empezado de manera muy brusca, a diferencia de los años anteriores.

Las asignaturas optativas cobraban su peso en formato de deberes y estudio (afectando principalmente a Hermione) y si a eso le añadíamos el aumento en la exigencia por parte de las asignaturas habituales, pues se hacía peor.

Quizás los alumnos de segundo y primero no tenían tantos deberes encima (estando en septiembre, no se les exigía mucho de inicio), pero desde luego partiendo de tercero para arriba la cosa cambiaba. El calendario hacía inviable organizar una fiesta para invitar a unos cuantos amigos para que se unieran y organizar una fiesta, por ejemplo, cerca de la cabaña de Hagrid.

Antes, por supuesto, habían buscado por todo el castillo un lugar donde poder hacer la fiesta, pero ninguna aula o habitación reunía los requisitos idóneos para hacer dicha fiesta más que la Sala Común. En los terrenos era difícil permanecer a largo plazo por culpa de los Dementores, quieres hacían guardia fuera del castillo. Un ambiente alegre y amigable como podía ser una fiesta sería peligroso, ya que atraería a esas criaturas, tentándolas a quedarse con la felicidad de los jóvenes.

- Dichoso Sirius Black, - se quejó Harry mentalmente. - si no se hubiera escapado no tendríamos a los malditos dementores por ahí sueltos…-

Por tanto, y descartando tajantemente los terrenos, decidieron que lo mejor era hacer una pequeña fiesta en la Sala Común. Para ello, en primer lugar, necesitaban alejar a Percy todo lo posible y que no se enterara de que lo que iban a hacer. Al parecer, y según él, en la vida se han celebrado cumpleaños dentro de la Sala Común de Gryffindor por nadie.

Por supuesto, Harry no estaba de acuerdo, y decidido a hacerle la fiesta a Hermione, convenció a Fred y George para idear un plan con el fin de apartar a Percy durante un tiempo de la Sala Común.

- Tener ocupado a nuestro Premio Asnal no será un problema. - dijo Fred, llenando una mochila vieja con varios artículos de broma. - Todo lo que necesitamos que se distraiga durante 4 horas, ¿no? -

- Si, - dijo Harry, sentando en una de las cajas de la tienda secreta. - pienso que será suficiente. Aunque es una pena que no podáis estar en la fiesta. -

- Nos las apañaremos para no perdérnosla. - dijo George, colocando cuidadosamente unas bengalas del Dr. Filibuster en la mochila. - Pienso que él nos será útil como relevo. -

- ¿Él? -

- Paciencia socio, - sonrió Fred. - ya lo entenderás luego. -

Sin conocer del todo el plan de los gemelos, Harry regresó a la Sala Común para ver como iban los preparativos. El escenario pintaba muy bien.

Entre Chloe, Ginny y Luna (era muy raro ver a alguien de otra casa en la Sala Común de Gryffindor, pero tampoco le dieron mucha importancia) habían decorado el techo con lacitos rojos y dorados. Luna le había añadido figuras un tanto extrañas para Harry, y el propio Harry pensó en un principio que se trataban de garabatos recordados con tijeras hasta que mirando con más detenimiento llegó a la conclusión de que estaban basadas en las muchas creencias imaginarias de ella, como por ejemplo los Nargles.

- Bueno, no queda tan mal. - pensó Harry.

- De verdad que no me creo que exista una norma que prohíbe celebrar un cumpleaños en la Sala Común. - comentó Chloe. Harry intentó contener la risa al verla de puntillas encima de una silla. Ni así llegaba a los lazos. - Que tontería. -

- No deberías creerte todo lo que dice Percy. - replicó Ginny. - A mi hermano se le ha subido a la cabeza su posición como Premio Anual. Es evidente que no existe ninguna norma contra los cumpleaños. Normalmente celebramos las victorias del equipo de Quidditch aquí. -

- Si, pero con permiso de McGonagall. - añadió Ron, aprovechando su altura y terminando de colgar la figura de una Snitch en uno de los lazos. - Dudo mucho que ella nos permita celebrar un cumpleaños. Es obvio que si Percy ve esto no dudará en darle el chivatazo para que nos castiguen. -

- No te preocupes por el castigo. - dijo Harry. - Si pasa cualquier cosa asumiré la responsabilidad. Para mí ya es importante que hayáis colaborado. -

- Bueno, es lo menos que podemos hacer por los amigos. - dijo Luna, subiendo encima de Chloe y colgando lo que parecía un rábano en uno de los lacitos. - Es un gran detalle de tu parte hacerle una fiesta. -

- Solo quiero alejarla un poco de todo el estrés que está teniendo en estos momentos. - aclaró Harry. Ron se cansó de tener a Crookshanks todo el tiempo intentando cazar a Scabbers (quien estaba en el bolsillo de su túnica) y le arreó una patada para que se fuera a la habitación de las chicas. - Acabamos de empezar tercero y ya comienza a tener problemas de sueño. No me está gustando a donde está yendo. -

Soltando un bufido tras un último intento por colgar una estrella en otro lacito, Chloe bajó de su silla y dijo: - ¿No crees que deberías intentar persuadirla para que deje Adivinación? No ha pasado ni un mes desde que empezamos y se pasa el día soltando improperios conta Trelawney y su clase. -

- Está decidida a seguir. - repuso Harry. - De nada sirve insistirle, por tanto, mi prioridad es bajarle los humos y que no se estrese demasiado. -

De repente, el retrato de la Dama Gorda se abrió. Harry se asustó pensando que era Hermione, pues solo estaba lista la Sala Común y poco más. Por suerte, solo era Neville con la tarta de cumpleaños.

- ¿Po-podéis echarme una mano? - dijo él, entre jadeos.

- Ya me encargo yo. - se ofreció Ron, cogiendo la tarta y dejándola encima de la mesa mas cercana, la cual, estaba decorada con un mantel de flores rosadas y rodeada de algunos regamos para la cumpleañera. - ¿Has visto a Hermione? -

- Si, - dijo Neville, tratando de recuperar el aliento. - por poco me descubre con la tarta, pero me las arreglé para que no me viera cuando pasaba cerca del segundo piso. No creo que tarde mucho en llegar. -

- Bien, entonces debemos estar preparados. - dijo Harry. - ¿Qué hay de Seamus y Dean? -

- Están castigados. - respondió Neville, dejándose caer en el sofá. - ¿Recuerdas lo de esta mañana en Pociones? -

- Caray, - dijo Ron, riéndose un poco. - justo cuando pensaba que por fin se había terminado la mala suerte de Seamus y sus calderos explosivos…¿Cómo lo hará para provocar explosiones como si nada? -

- Quizás le guste la pirotecnia, - sugirió Harry. - pero no le gusta admitirlo. Aunque no entiendo porque Snape tuvo que castigar a Dean también. -

- Le castigó por reírse tras la explosión. - dijo Neville.

- Vaya excusa para castigarle. - bufó Ron. - Snape en el fondo no a cambiado. Sigue dejando que Parkinson se burle de nosotros por ser la niña mimada de Slytherin y a Dean le puede castigar porque es de Gryffindor y por reírse. ¿Dónde está esa imparcialidad de la que tanto presume? -

- ¡Chicos! - dijo Chloe, quien estaba en la entrada a la Sala Común. - Es Hermione, ya está aquí. -

- Vale, - dijo Harry, escondiéndose tras el sofá y preparando unos confetis. - todos a sus puestos, ¡vamos! -

Ginny apagó las luces poco después de que todos encontraran un sitio donde esconderse, ya fuera debajo de las mesas o detrás de algún tapiz.

Tan pronto como el retrato se abrió y Hermione llegó a la Sala Común todos saltaron con trompetas en sus bocas, echando confetis al aire y gritando: - ¡Feliz Cumpleaños, Hermione! -

La mochila de Hermione cayó al suelo, mientras que ella se quedaba boquiabierta. Claramente no lo esperaba. - ¿Esto…esto…que está pasando? -

- ¿Está ese horario loco que tienes haciéndote perder la noción del tiempo? - dijo Chloe, riéndose.

- Yo creo que son los Torposoplos. - dijo Luna, con su cara soñadora. - Han debido embotarte tanto el cerebro que ya desconoces hasta el día que es. -

- ¿Qué diantres es un Torposoplo? - preguntó Hermione, frunciendo el entrecejo.

Antes de que Luna respondiera, Harry se adelantó y dijo: - Olvídalo. Solo queríamos tener un gesto contigo. No es solo porque seas una gran amiga y nos hayas ayudado en tantas cosas (por no mencionar los deberes de Historia de la Magia), sino para alejarte un poco de tanto estrés. Necesitas desconectar un poco. -

- Escuchad, - dijo Hermione, suspirando. - os agradezco mucho este gesto por vuestra parte, pero tengo muchísimo trabajo y…-

- ¡No fastidies! - gruñó Ron. - ¿Nos hemos pasado la tarde arreglando la Sala Común, teniendo a tu maldito gato molestando todo el tiempo y nos quieres dejar tirados? -

- Pero…tengo que…-

- Te vas a quedar y vas a disfrutar de la fiesta. - dijo Ginny, fulminándola con la mirada. A Harry le parecía una versión en miniatura de la señora Weasley. - Hemos conseguido librarnos de Percy para esto, tenemos regalos para ti y hasta te hemos traído una tarta. -

- Bueno…- dijo Hermione, riendo con nerviosismo. - si me lo pones así…-

Poco después de que Hermione cediera a disfrutar de la fiesta, Fred y George entraron en la Sala Común, con montones de pasteles de caldero.

- No se preocupen por Percy. - dijo Fred, dejando el montón de pasteles de caldero encima de otra mesa. - Peeves lo tiene bien ocupado. -

- Tengo miedo de saber cómo convencieron a ese plasta a mantener ocupado a Percy. - dijo Ron, empezando a comer.

- ¿Qué habéis hecho para distraerle? - preguntó Hermione, fulminando a los gemelos.

- Bueno, - empezó George, riéndose por bajo. - nada del otro mundo. Digamos que dejamos una pequeña sorpresa en la sala donde se reúnen los Premios Anuales con los Prefectos. -

- Ah, claro. - dijo Harry. - Por eso necesitabais esa mochila llena de artículos de broma. -

- Nosotros solo nos molestamos en distribuir la mercancía en distintas partes de la sala, antes de salir pitando. - explicó Fred, riéndose. - Fue una suerte que Peeves accediera. Percy va a tener faena para rato. -

- ¿Os ha pillado algún prefecto? - preguntó Ginny.

- Ninguno. - respondió George.

- ¿Cómo? - preguntó Hermione. - Solo hay una posible entrada y salida de allí. -

- ¿Cómo lo sabes? - preguntó Chloe con curiosidad. Tenía hasta seis pasteles de caldero entre sus brazos.

- A ver si lo adivino, - dijo Ron. - ¿"Hogwarts: Una historia"? -

- No exactamente. - dijo Hermione. - Un día, hablando casualmente con Penelope Clearwater me lo explicó. Solo hay una entrada y una salida. -

- Bueno…- dijo George. - tal vez exista más de una entrada. -

- ¿Eh? -

- Nada, - repuso Fred. - Es "secreto de genios", como nosotros. -

La fiesta fue bastante entretenida después de todo. Pasaron la tarde jugando a los Snaps explosivos y comiendo dulces durante más de tres horas. Poco antes de que volviera Percy, Hermione abrió todos sus regalos

Harry le regaló una pluma dorada con el nombre de Hermione grabada. Ron, en vez de regalarle un libro optó por darle un pack con seis ranas de chocolate. Chloe le regaló un dibujo animado (muy bien dibujado, por cierto) donde aparecían ella, Harry, Ron, Hermione, Ginny y muchos estudiantes con cañitas de pescar encima del calamar del lago (Hermione soltó una carcajada, pues la caricatura era muy chistosa). Ginny le regaló una bufanda de las "Arpías de Holyhead", su equipo de Quidditch favorito (Ron soltó un bufido y Harry pensó que lo que Ginny quería era incitar a Hermione a que se hiciera seguidora de ese equipo de Quidditch). Luna, con su sonrisa soñadora le entregó un libro llamado "Animales fantasmas de Gran Bretaña", el cual tiene información básica sobre los fantasmas de los animales y la forma de reconocerlos y comunicarse con ellos (escrito por Mopsy Fleabert).

- No sé si a Hermione le entusiasman mucho los fantasmas. - pensó Harry, mientras observaba como Hermione miraba el libro con curiosidad. - Yo creo que es como un inicio hacia el entendimiento de los seres imaginarios de Luna. -

Neville le regaló un nuevo frasco para pociones (le dijo a Harry que pensó en regalarle una Flor Voladora, una planta mágica que aparentemente es feísima y posee tentáculos largos y oscilantes. No la escogió como regalo porque tenía miedo que Hermione la confundiera con un Lazo del Diablo). Fred y George, con sonrisas idénticas le regalaron un kit con bombas fétidas, algo que no entusiasmó mucho a Hermione pero que en agradecimiento por el gesto decidió quedárselo.

Al final, Hermione se sintió muy agradecida por la fiesta. Una vez volvió Percy (con un humor de perros) decidió ir al dormitorio de las chicas de tercero a dejar todos sus regalos y a encerrarse en la Sala de Estudios de la Torre para continuar con sus deberes porque tenía la urgencia de acabarlos todos.

Harry no sabía si la pequeña fiesta había sido algo bueno o no. Sin embargo, pensó que fue mucho mejor que sencillamente no celebrar nada y dejar un cumpleaños como un día corriente más. Pensó que tal vez necesitaban trabajar mejor en una próxima fiesta, una que conllevara quebrantar algunas reglas con tal de hacerla más interesante.

….

A comienzos de octubre, hubo una cosa que dejó Harry con el entusiasmo por las nubes. Se aproximaba la temporada de Quidditch y Oliver Wood, el gran Capitán del equipo de Gryffindor, convocó una reunión un jueves por la tarde para discutir las tácticas de la nueva temporada.

Wood, a pesar de haber cumplido con su objetivo en Hogwarts, el cual era levantar el título de Copa como capitán del equipo de Quidditch de Gryffindor, no estaba satisfecho. Por supuesto, hacía honor a su fama de deportista ambicioso, algo de lo que Harry también se enorgullecía.

- Bueno, - bufó Wood - por culpa de un monstruo petrificador de estudiantes, ¡no pudimos reanudar la temporada el año pasado! - entonces pasó a un tono más alegre. - Pero como mínimo, mantenemos nuestra vigencia como campeones de Copa. - miró a todos con orgullo y nostalgia. - ¿Es increíble verdad? Tres años juntos…este…es mi último año con ustedes, y debo decirles con total sinceridad que…jamás olvidaré todos los partidos que he disputado a vuestro lado. - dijo, con los ojos brillosos. - Sois para mí, el mejor equipo que ha tenido este colegio jamás, sois los mejores y yo, he podido ser el guardián de tan extraordinario grupo…-

- Oliver…- Harry tenía también los ojos brillosos. Su Capitán hablaba en tono de despedida.

- Contamos con tres cazadoras estupendas…- Wood señaló a Alicia Spinnet, Angelina Johnson y Katie Bell. Esta última se sonrojó. - Tenemos dos golpeadores invencibles. -

- Déjalo ya, bobo…- susurró Fred, quien parecía aguantarse las ganas de reír y llorar al mismo tiempo.

- Y tenemos…- dijo Oliver, señalando a Harry. - al mejor buscador de la historia de este colegio, con quien hemos ganados todos los partidos, y por supuesto, el título. -

- Y nosotros, - añadió Harry con orgullo. - contamos con el mejor capitán que el mejor equipo podría desear…-

Oliver no pudo más. Le dio un fuerte apretón de manos a Harry y luego un abrazo entre lágrimas, y el equipo se unió a él a continuación, haciendo piña.

- Os voy a echar tanto de menos…- susurró con voz entrecortada.

- Anímate Oliver…- dijo Katie, soltando unas lágrimas. - aún…aún no hemos empezado la temporada…-

Wood se limpió sus lágrimas, y tras recobrar el aliento dijo: - Tenéis razón. Pues bien, antes de que me vaya, quiero dejar bien claro al resto de las casas que Gryffindor es el campeón. Así que…-

- ¡A ENTRENAR! - rugieron los leones al unísono, alzando sus puños al cielo.

Con la moral por las nubes, el equipo comenzó las sesiones de entrenamiento, tres tardes a la semana. El tiempo se enfriaba y se hacía más húmedo, las noches más oscuras, pero no había barro, viento ni lluvia que pudieran empañar la ilusión de ganar una vez más la enorme Copa de plata.

Bueno, quizás solo había una cosa: las pesadillas que Harry estaba teniendo con respeto a la muerte de sus padres ante Voldemort.

Una noche, tras levantarse bruscamente de la cama tras revivir de nuevo esa pesadilla, Harry se acercó a uno de los grifos del baño cerca de la habitación de los chicos. Cuando se miró al espejo, pudo distinguir como una extraña luz rojiza en los iris de sus ojos. Algo parecido le había pasado tras su gran duelo contra Lucius Malfoy. Le empezaba a dar mala espina, ¿Qué podía hacer? Nada. Pensó que lo mejor era no centrarse mucho en aquel fenómeno y centrarse en el Quidditch y sus clases.

Una tarde, después del entrenamiento, Harry regresó a la sala común de Gryffindor, y a pesar del frío, nada enturbiaba el enorme entusiasmo del muchacho a la hora de pensar en la Copa de Quidditch. Al entrar, la sala estaba muy animada.

- ¿Qué ocurre chicos? - preguntó a Ron y Hermione, que estaban sentados al lado del fuego, en dos de las mejores sillas, terminando unos mapas del cielo para la clase de Astronomía.

- ¡Primer fin de semana en Hogsmeade! - le dijo Ron, señalando una nota que había aparecido en el viejo tablón de anuncios. - Finales de octubre. Halloween. -

- Estupendo. - dijo Fred, que había seguido a Harry por el agujero del retrato. - Tengo que ir a la tienda de Zonko, casi no nos quedan bombas fétidas. -

- Si, - pensó Harry - Zonko es uno de los mejores proveedores de la tienda de Fred y George aquí en Hogwarts. -

- Será maravilloso, ¿a qué si Harry? - preguntó Hermione, entusiasmada.

Harry asintió, pero en el fondo deseaba contar con una nueva excusa para no celebrar nada el día de Halloween. - Si, lo será…- dijo, esbozando una sonrisa leve. Rápidamente se dio cuenta de que Hermione iba a preguntarle a que venía su desgana, pero Crookshanks saltó con presteza a su regazo. Una araña muerta y grande le colgaba de la boca.

- ¿Tiene que comerse eso aquí delante? - preguntó Ron, frunciendo el entrecejo.

- ¡Bravo, Crookshanks! - dijo Hermione sonriente. - ¿La has atrapado tú solito? -

Crookshanks masticó y tragó despacio la araña, con los ojos insolentemente fijos en Ron.

- No lo sueltes. - pidió Ron irritado, volviendo a su mapa del cielo. - Scabbers está durmiendo en mi mochila. -

- Bueno, no tengo tiempo que perder, - dijo Harry, sacando su material para empezar a redactar pergaminos y dibujar mapas. - tengo muchísimo trabajo. -

- Oh, ¿te importaría revísame el mapa, Harry? - le preguntó Ron.

- Está bien, - dijo Harry, revisando las anotaciones y dibujos de Ron. - a ver que tenemos aquí…-

A Hermione no le hacía mucha gracia que Harry ayudara tanto a Ron, y él lo sabía, pero al final no dijo nada. Crookshanks seguía mirando a Ron sin pestañear, sacudiendo el extremo de su peluda cola. Luego, sin previo aviso, dio un salto.

- ¡EH! - gritó Ron, apoderándose de la mochila, al mismo tiempo que Crookshanks clavaba profundamente en ella sus garras y comenzaba a rasgarla con fiereza. - ¡SUELTA, ESTÚPIDO ANIMAL! -

Ron intentó arrebatar la mochila a Crookshanks, pero el gato siguió aferrándola con sus garras, bufando y rasgándola.

- ¡No le hagas daño, Ron! - gritó Hermione. Todos los miraba, Ron dio vueltas a la mochila, con Crookshanks agarrado todavía a ella, y Scabbers salió dando un salto...

Harry, sin previo aviso, blandió su varita, apuntó a los dos animales en plena persecución y dijo: - ¡Petrificus Totalus! - tanto al gato como a la rata quedaron paralizados. Hermione y Ron se giraron para mirarlo, ambos boquiabiertos, al igual que el resto de estudiantes que estaban allí presentes. - No tengo porque aguantar otro estúpido episodio de "Tom y Jerry". - dijo, empezando a enfadarse. - Venga Ronald, pon a salvo a Scabbers…y ahora…¡Dejadme estudiar en paz! - añadió de mal humor, volviendo su nariz hacia sus pergaminos.

Ron miró a Hermione, esperando una respuesta, pero ella solo se encogió de hombros. Olvidando el pequeño conflicto, Ron puso a salvo a Scabbers de regreso en su bolsillo, mientras que Hermione llevó a Crookshanks a su habitación, y una vez allí, lo dejó dormido tras deshacer el encantamiento petrificador.

Al día siguiente, los tres tenían en primer lugar Herbología, con los estudiantes de Hufflepuff del mismo curso, la asignatura favorita de Neville. El día de hoy, les tocaba trabajar con los Puffapop.

- El Puffapod es una planta mágica que produce vainas grandes, de color rosa llenas de granos brillantes. - explicó Harry mentalmente para sí mismo. - Pero también produce algo de pesadez…ten dan ganas de dormirte a su lado, bueno, solo un poquito…-

Luego tuvieron Transformaciones. Cuando estaban por llegar a la puerta, un alboroto producido al principio de la hilera los distrajo. Lavender Brown estaba llorando, Parvati la rodeaba con el brazo y explicaba algo a Seamus Finnigan y a Dean Thomas, que escuchaban muy serios.

- ¿Qué ocurre, Lavender? - preguntó Hermione preocupada, cuando ella, Harry y Ron se acercaron al grupo.

- Esta mañana ha recibido una carta de casa. - susurró Parvati. - Se trata de su conejo Binky. Un zorro lo ha matado. -

- ¡Vaya! - dijo Hermione. - Lo siento, Lavender...-

- ¡Tendría que habérmelo imaginado! - dijo Lavender en tono trágico. - ¿Sabéis qué día es hoy? -

- Hm…¿16 de octubre? - dijo Harry de brazos cruzados, y con la mirada seria.

- ¡Exacto! - exclamó Lavender. - ¡" Eso que temes ocurrirá el viernes 16 de octubre"! ¿Os acordáis? ¡Tenía razón! -

El azabache frunció el entrecejo. - Oye Ronald, - dijo, mirando a Ron. - ¿tú sabes de que está hablando Lavender? -

- Creo que es una de las predicciones mortales de la profesora Trelawney…- bufó este.

- Vaya, vaya…- murmuró Harry.

Toda la clase se acababa de reunir alrededor de Lavender. Seamus cabeceó con pesadumbre.

Hermione titubeó. - Tú, tú... ¿temías que un zorro matara a Binky? -

- Bueno, no necesariamente un zorro…- dijo Lavender; alzando la mirada hacia Hermione y con los ojos llenos de lágrimas. - Pero tenía miedo de que muriera. -

- Vaya…- dijo Hermione. Volvió a guardar silencio. Luego preguntó de nuevo. - ¿Era viejo? -

- No... - dijo Lavender sollozando. - ¡So... sólo era una cría! -

Parvati le estrechó los hombros con más fuerza.

- Pero entonces, ¿por qué temías que muriera? - preguntó Hermione.

Parvati la fulminó con la mirada.

- Bueno, miradlo lógicamente…- añadió Hermione hacia el resto del grupo. - Lo que quiero decir es que...bueno, Binky ni siquiera ha muerto hoy. Hoy es cuando Lavender ha recibido la noticia...- Lavender gimió. - Y no puede haberlo temido, porque la ha pillado completamente por sorpresa. -

Harry rodó los ojos y se acercó a Hermione.

- Hermione…- empezó a hablarle a ella, susurrándole al oído. - ¿Recuerdas que la mayoría de magos y brujas ignoran la lógica? No tiene caso que te empeñes en hacerles ver las cosas desde nuestra perspectiva…-

- Pero Harry, - se quejó Hermione, dirigiéndose hacia él en voz baja. - alguien tiene que hacerles entrar en razón. -

El azabache bufó cabizbajo. - Pero es inútil…- dijo, negando con la cabeza.

Ron, quien escuchó la conversación como pudo, frunció el entrecejo. Quizás preguntándose que era, según para ellos dos, la lógica. Evidentemente Harry no tenía por qué explicárselo.

La profesora McGonagall abrió en ese momento la puerta del aula, y toda la clase fue a ocupar sus asientos respectivos. Harry tenía a Ron y Hermione acompañándolo a su lado.

Después de pasar la clase, resumiendo el tema de los animagos, el timbre sonó, y McGonagall sacó a flote el tema de las visitas a Hogsmeade.

- ¡Un momento, por favor! - dijo en voz alta, cuando los alumnos empezaban a salir. - Dado que sois todos de Gryffindor, como yo, deberíais entregarme vuestras autorizaciones antes de Halloween. Sin autorización no hay visita al pueblo, así que no se os olvide. -

Neville levantó la mano. - Perdone, profesora. - dijo con timidez. - Yo... creo que he perdido...-

- Tu abuela me la envió directamente, Longbottom. - dijo la profesora McGonagall. - Pensó que era más seguro. Bueno, eso es todo, podéis salir. -

Harry sonrío, la abuela había hecho muy bien. De lo contrario, el pobre Neville se hubiera quedado sin visitar Hogsmeade.

Todos fueron entregando las autorizaciones, sin embargo, cuando le tocó a Harry entregar el suyo, a McGonagall se le dibujó un rostro severo.

- Potter, - dijo. No parecía nada contenta. - veo que has logrado obtener la autorización…-

- Así es. - respondió Harry, frunciendo el entrecejo por la mirada de su profesora. - ¿Ocurre algo malo, profesora? -

- Oh no, - dijo la profesora rápidamente. - no es nada, no te preocupes…- pero luego ella le susurró algo. - Ten mucho cuidado por favor…- y se marchó hacia su mesa.

Harry estaba confuso, pero no dijo nada más.

La mañana del día de Halloween, Harry se despertó al mismo tiempo que los demás y bajó a desayunar. Por un lado, estaba animado: sería su primer día en Hogsmeade. Y por el otro, pensativo, pues parecía que a McGonagall le preocupaba ver a Harry paseando por el pueblo.

- Pues le guste o no a McGonagall, tu trajiste la autorización, - repuso Ron. - y por tanto te vienes con nosotros a Hogsmeade. -

- Ron, entiéndelo, ella está preocupada por Harry. - dijo Hermione, quien también estaba preocupada.

- ¿Pero por qué? - preguntó Ron, rodando los ojos.

- Porque Sirius Black lo está buscando. - replicó Hermione, en voz baja. - Lo profesores deben de saberlo, de lo contrario, la profesora McGonagall no estaría tan preocupada. Es su deber velar por la seguridad de los estudiantes. -

- ¡Hmph! Por mi como si me busca el diablo…- bufó Harry. Tanto Ron como Hermione lo miraron entre sorprendidos y temblorosos. - No me interesa que Black esté husmeando por Hogsmeade, - siguió, arrogantemente. - si me lo encuentro, pues será peor para él…No dejaré que un preso de Azkaban me impida ir a Hogsmeade a probar una ronda de cerveza de mantequilla como Dios manda. -

Y así, soportando miradas de preocupación mientras salían, Harry y sus amigos fueron con el resto de estudiantes, de tercer año en adelante, rumbo al pueblo de Hogsmeade.

Cruzaron por un camino largo, bien largo y nevado. Mientras andaba, a Harry le daba la extraña sensación de que estaba siendo vigilado, cosa que, desde luego, no le agradaba en absoluto.

- Y ahora que serán…- pensó, con los ojos entrecerrados. - ¿Los dementores? ¿Sirius Black? ¿O tal vez algún profesor que se empeña en subestimar mis habilidades? ¡Demonios! ¿¡Como les tengo que decir que no-necesito-protección!? -

Tras pasar una última curva, todos se sorprendieron, o por lo menos, todos los estudiantes de primero. Hogsmeade era un pintoresco lugar está lleno de tiendas y lugares fantásticos por explorar.

- Oh…vamos a Honeydukes, - les pidió Ron a sus amigos - ¡vamos a Honeydukes! - Harry y Hermione rodaron los ojos.

- Está bien Ron, - dijo Hermione con impaciencia. - de todos modos, por alguna tienda hay que empezar. -

- Si…y después, ¿qué tal una cerveza de mantequilla en las Tres Escobas? - sugirió Harry con una sonrisa.

- ¿Porque tengo la extraña sensación de que te gusta demasiado la cerveza de mantequilla? - le preguntó Hermione, frunciendo el entrecejo.

- Hm…no se…- respondió Harry, frotándose la nuca divertido. - quizás sea porque le cogí el gusto durante mi estancia en el Caldero Chorreante, y me han hablado tan bien de la cerveza que ofrece las tres escobas que no puedo esperar a probar una. -

Ron estaba tan impaciente, que cogió a sus mejores amigos y los arrastró hasta Honeydukes, mientras que las personas que paseaban a su alrededor miraban la escena entre risas, más por las caras que ponían Harry y Hermione.

Honeydukes era una tienda con una gran variedad de caramelos.

- Y además, fabrican su propio chocolate, - pensó Harry, mientras algunas babas salían de su boca, al presenciar tanto chocolate. - debo admitir que esto esta excelente…-

Las paredes estaban ocultas detrás de filas y filas de estanterías rebosantes de dulces, había desde grageas de todos los sabores y abejas picantes, hasta los aún más extraños tarros de cucarachas.

- Apuesto a que Fred y George estarían ansiosos por comprarse uno de esos tarritos con cucarachas, - pensó Harry, rodando los ojos con diversión. - pero en vez de cucarachas pondrían arañas para fastidiar a Ronald…

Tras armarse de chuches, Harry y Hermione tuvieron que sacar a Ron a rastras de la tienda para que dejara de llenar el saco de más chuches. Los tres encontraron a Fred y George en la tienda de artículos de broma Zonko.

- ¡Bienvenidos chicos! - saludaron los gemelos, con una lluvia de confetis y chispas luminosas a sus espaldas.

- Está tienda es…-

- Nuestra inspiración…-

- Para nuestra futura…-

- ¡Proeza! - dijeron juntos.

- Si para vosotros es una gran proeza vender artículos para gastar bromas…- suspiró Hermione, negando con la cabeza.

- Madre mía, Potter, - dijo Fred divertido. - tu novia anda floja en cuestión del sentido del humor. -

- Es verdad, Freddy, - dijo George en tono burlón. - me parece que nuestro pequeño Harry se convertirá en un viejo aburrido si sigue saliendo con una aburrida como ella. -

Harry empezó a reírse, mientras que Hermione fulminaba a los gemelos con la mirada.

- No es aburrida, - repuso Harry entre risas - lo que sucede es que ella tiene un gran sentido de la responsabilidad y, bueno, para ella, triunfar como bromistas no es precisamente el mayor de lo logros. De cualquier manera, podría decirse que entre vosotros y ella lo único que hay son diferentes puntos de vista. -

Los gemelos se encogieron de hombros, mientras que Hermione parecía complacida por lo que Harry dijo. Había distintos puntos de vista entre unos y otros.

- ¡Saludos jóvenes! - dijo la voz de un señor regordete con bigote. - Veo que ya estáis pensando en cuál es la mejor opción para la mejor broma. ¡Yo no esperaba menos! -

- Hola señor Bilmes. - le saludaron Fred y George al mismo tiempo.

- ¡Cuidado! - gritó el señor Bilmes. - ¡Detrás de ustedes! ¡Un Ironbelly ucraniano! -

Ron pegó un enorme grito y saltó sobre los brazos de Hermione. Esta, bufando, lo dejó caer. Fred y George se rieron a carcajadas.

El señor Bilmes se unió a las carcajadas. - ¡Vaya cara se le ha quedado al muchacho! Hacía tiempo que no usaba esta broma tan clásica. Como digo siempre, a veces los mejores trucos son los clásicos. - explicó, mientras que los gemelos se destornillaban de risa.

- Bilton Bilmes es el propietario de la mejor tienda de bromas del mundo, - le explicó Fred a Harry, después de que dejaran de reír. - es decir, esta misma. Es un tipo guay. Si alguna vez necesitamos elaborar buenas bromas es un ayudante de primera. -

- Llevo años enseñando a los jóvenes bromistas a divertirse de verdad. - dijo el señor Bilmes, sin dejar de sonreír. - Ah…los artículos de broma nunca pasan de moda. ¡Cada año son más alucinantes! Oh, es cierto. Jóvenes Gryffindors. - miró a Fred y George. - Tengo vuestro pedido. ¡Tulip! - gritó hacia la puerta que daba con el almacén. - ¡Cuando quieras puedes sacar el pedido que ya sabes! -

- ¡En seguida! - se escuchó la voz de una chica tras la puerta.

- ¿Tulip trabaja aquí? - preguntó Fred, mientras que Harry se preguntaba de que conocían a esa chica.

- Oh, perdonad que lo no mencionara antes. - sonrió el señor Bilmes. - Karasu llegó hace un mes. Dijo que tuvo problemas con sus padres y que como se aburría mucho con ellos decidió trabajar en mi tienda tras mudarse al pueblo. La verdad es que desde su llegada las ventas se han disparado por las nubes. Tiene talento para las bromas. -

- Sin duda alguna. - dijo George, riéndose.

- ¿Quién es Tulip? - le preguntó Harry a George.

- Pues…-

Justo cuando iba a responder la puerta del almacén se abrió. De allí apareció una chica pelirroja que, a juzgar por su rostro y por el apellido parecía ser de Turquía.

- Aquí lo tenemos. - dijo ella alegremente, mostrando una enorme y bien decorada bolsa. Cuando vio a los gemelos sonrió ampliamente. - ¡Fred! ¡George! ¿De verdad sois vosotros? -

- No sabía que habías conocido a un par de cerebros más a parte de nosotros. - dijo Fred, sonriendo.

- No, por supuesto que no. - repuso Tulip, acercándose a ellos. - Solo un par de genios como vosotros acudirías a esta preciosidad. - añadió, alzando la bolsa que llevaba.

- ¿Saben? - dijo el señor Bilmes, mirando a los gemelos. - Es curioso. Hace años que nadie me pide una de estas. No me extraña en realidad. Son raras y muy caras. -

- ¿Por qué? - preguntó George.

- Porque la única manera de que paguéis esta preciosidad es con - haciendo una pausa dramática, el señor Bilmes dijo el precio. - 417…millones…¡trillones! ¡De galeones! -

- ¿¡Que!? - inquirió Hermione. Ron se puso pálido y parecía al borde del desmayo.

Harry frunció el entrecejo. Pensó que no había forma de que alguien pudiera pagar semejante barbaridad de precio. Ni siquiera él tenía tanto dinero mágico en las arcas de Gringotts.

- No le hagáis caso. - sonrió Tulip. - Para él, toda la mercancía vale millones. -

- Por supuesto, - prosiguió el señor Bilmes. - este par de astutos diablillos, - señaló a los gemelos. - han cumplido con mis encargos. Por tanto, aquí tiene su recompensa. ¡La Bomba Fétida Jumbo! -

- ¡Estupendo! - gritaron los gemelos alegremente, al mismo tiempo que recibían la bomba.

- A ver si os pasáis luego y tomamos algo en las Tres Escobas. - le dijo Tulip a los gemelos. Miró a Harry, Ron y Hermione y añadió: - Estaría bien que me presentarais a vuestros amigos. -

- Por supuesto. - respondieron ellos, con idénticas sonrisas.

- En fin, tengo mucho trabajo allí dentro. - dijo Tulip, rodando los ojos. - Hasta luego. -

- ¿Para qué queréis esa bomba fétida? - les preguntó Ron a sus hermanos, una vez el señor Bilmes se puso a atender a otros niños y Tulip volvió al almacén. - ¿Qué diferencia tiene con las bombas fétidas normales? -

- Esta preciosidad deja a su víctima con un horroroso olor fétido por semanas. - explicó George con una risilla. - Es el instrumento ideal para nuestro plan de rescate. -

Harry se tensó. - ¿Rescate? - inquirió.

- No es lo que piensas Harry. - dijo Fred con calma. - Lo que pasa es que Filch confiscó uno de nuestros envíos, y lo tiene en su despacho. -

- Tenemos que sacarlo de ahí un buen rato mientras buscamos el paquete. - dijo George, frotándose la nariz. - Con esto será más que suficiente para que Filch no aparezca por horas en su despacho. -

- Pero vosotros no habéis visto ni oído nada. - dijo Fred seriamente.

- O les contaremos a todos como Ron saltó épicamente a los brazos de Hermione. - añadió George, y sin darle tiempo a Ron para que estallara, los dos se fueron corriendo de la tienda con su "Bomba Fétida Jumbo".

Tras mirar una última vez la larga lista de artículos que había en Zonko para partirse la caja de risa, Harry, Ron y Hermione siguieron con su visita por Hogsmeade, calle abajo. Por el camino, pudieron contemplar la Oficina de Correos.

Al menos trescientas lechuzas, desde unas muy grandes y grises hasta mochuelos, esperan para enviar mensajes. Están separadas por un código de colores, dependiendo de cuanta rapidez requiere la carta que quieres enviar.

- Hay que ver cuantas lechuzas, - pensó Harry. - bueno, siempre supuse que en algún sitio debían de descansar y organizar los envíos. -

Su última parada fue las Tres Escobas. Harry estaba tan feliz que entró dando un saltito bien gracioso, haciendo que sus amigos, y los que estaba alrededor lo miraran de manera extraña.

- ¡YIUJUUUU! - exclamó Harry, muy feliz y riendo como un tonto, mientras que sus amigos rodaban los ojos divertidos. - ¡Cerveza de mantequilla! ¡Cerveza de mantequilla! -

Buscaron un lugar cerca de la chimenea para sentarse. Hasta allí se acercó una mujer con curvas y con una cara bonita. Ron parecía sonrojado.

- U-usted es Ma-Madame Rosmerta, ¿verdad? - preguntó en voz baja, mientras que Harry y Hermione lo miraban entre risas discretas.

- Así es encanto. - dijo Rosmerta con una sonrisa afable. - Y bien, ¿que desean los niños? -

- Tres cervezas de mantequilla por favor. - dijo Harry, sonriendo.

- Oh, usted es el señor Potter. - observó la mujer, quien parecía muy feliz. - Encantada de verlo por fin en las Tres Escobas, enseguida les traigo el pedido. Si me disculpan...- dijo, dirigiéndose a la barra.

Harry se frotó las manos, impaciente. Le había cogido un gran gusto a la cerveza de Mantequilla, y tras escuchar que la mejor se elaboraba en las Tres Escobas, estaba ansioso por probarla.

- ¿Que sucede Ronald? - preguntó Hermione divertida. - ¿A caso…te mola la señorita Rosmerta? -

- ¡Eso no es verdad! - dijo Ron, enrojeciendo.

Harry miraba a Ron entre risas, pero antes de que pudiera seguir con el juego, tres cervezas de mantequilla estaban ya sobre la mesa.

- Aquí tenéis, que las disfrutéis mucho. - dijo Rosmerta sonriente, mientras se dirigía hacia otras mesas.

Harry probó un sorbo, y lo primero que sintió fue, como si se sumergiera en el fantástico mundo de la espumosa cerveza de mantequilla fresquita. Estaba, ni más ni menos, que ante la mejor cerveza de mantequilla que haya probado en su corta vida.

- ¡Está excelente! - dijo Ron, alzando su jarra. - Mis hermanos tenían razón. Comparadas con las del Caldero Chorreante, esta es la mejor. -

- Es muy rica. - dijo Hermione, mientras se limpiaba la espuma de la nariz. - ¿Qué te parece Harry? ¿Harry? -

Harry no lograba articular una sola palabra. Se puso a reír como un tonto y esbozó una sonrisa de oreja a oreja.

- Pues…parece que le ha encantado. - dijo Ron divertido.

Poco después, los gemelos hicieron su aparición acompañados por Tulip Karasu, la dependienta que trabajaba en Zonko con el señor Bilmes. Se sentaron con Harry y compañía y comenzaron a hablar sobre como una talentosa estudiante que en su día fue de Ravenclaw, terminó trabajando en una tienda de artículos de broma.

- Mis padres siempre han sido muy estrictos conmigo. - dijo Tulip, mientras tomaba una cerveza de mantequilla. - Nunca han querido entender que yo en ningún momento he querido entrar en el Ministerio de Magia como ellos. Es un lugar para morirse de aburrimiento. -

- Mencionaste que estuviste en Ravenclaw. - dijo Hermione. - Si no pensabas ir al ministerio, ¿para qué clase de carrera te has preparado? -

- Estudie varias funciones para el Ministerio, - explicó Tulip, haciendo una mueca. - en caso de que no tuviera más remedio que entrar allí. Por supuesto estar entre gente aburrida no es lo mío. Durante mis años en Hogwarts descubrí que soy muy buena a la hora de descubrir futuras estrellas musicales. -

- ¿Hablas de cuando descubriste el talento musical de John? - preguntó Fred. - Rara vez lo oí cantar. -

- Bueno, desde la última vez que cantó con las Brujas de Macbeth no ha estado muy entusiasmado en ello. - admitió Tulip. - Sin embargo, fue muy amable de cantar con Dennis en el Coro del Sapo. Fue tan genial…-

- ¿Quién es John? - preguntó Harry, sintiendo como si ese nombre le sonara vagamente. - ¿Y quién es Dennis? -

- Dennis es mi fiel amigo. - sonrió Tulip, sacando de su túnica a su sapo con lo que parecía una bomba fétida atada a la espalda. - ¿A que es hermoso? -

- ¡Es el mejor amigo de un bromista! - dijeron Fred y George, muy contentos.

- Esa…- farfulló Hermione, cubriéndose detrás de Harry. - esa bomba no explotará. ¿verdad? -

- No te preocupes, - dijo Tulip, riéndose. - solo se activará si yo así lo quiero. Bueno, en cuanto a John Anderson, - resaltó. - sí, ese es su nombre. Fue uno de mis mejores amigos durante mi etapa en Hogwarts. Lo conocí en tercero cuando buscaba información sobre su hermano desaparecido. -

- ¿Qué le pasó a su hermano? - preguntó Hermione con intriga.

- Desapareció, - respondió Tulip. - nadie supo de él por años. No sé si os suena de algo el nombre de Jacob Anderson…-

- ¡Si! - saltó Ron, dando un porrazo en la mesa con su jarra de cerveza. - Ya me acuerdo, cada vez que Bill hablaba de John mencionaba a Jacob y su búsqueda de las bóvedas Malditas. -

- ¿Bóvedas Malditas? - repitieron Harry y Hermione.

Se produjo un silencio incomodo en las Tres Escobas. A Madame Rosmerta se le cayó un pedido con tres jarras de cerveza de mantequilla, mientras que otros rápidamente giraban sus cabezas, como intentando ignorar lo que se había dicho.

- Bajad la voz. - dijo Tulip, acercándose más a la mesa y hablando en un tono un poco mas bajo. - Las bóvedas Malditas son, tal y como se llaman, bóvedas que contenían maldiciones especiales. Estas causaron muchos problemas en años anteriores, como un misterioso hielo invadiendo el castillo sin detenerse; alumnos con somnambulismo que provocaba que se perdieran en el bosque prohibido; otra que encerraba a estudiantes dentro de retratos sin déjales salir…A la hermana de una de mis mejore amigas prácticamente le cambió la vida esa experiencia. -

- Me lo puedo imaginar. - dijo Harry. - ¿Qué habrá sido de esas bóvedas? - pensó. - Bueno, pensándolo bien, me parece lógico que no se hable mucho del tema. Es probable que Dumbledore lograra dar con la clave para detener esa amenaza. -

- ¿Qué pasó con las bóvedas? - preguntó Hermione. - ¿Por qué las estaban buscando si contenían esas maldiciones? -

- Se creía que las bóvedas contenían mucho más que maldiciones, - dijo Tulip. - tales como tesoros en oro, conocimiento, profecías o algún que otro artefacto mágico. Yo misma estuve al principio buscándolas, cuando conocí a…- Harry y compañía se quedaron mirándola hasta que finalmente respondió: - Mérula Snyde. -

- ¡Vaya! - dijo Fred, sorprendido. - Nunca nos dijiste que Mérula y tu buscasteis las bóvedas. -

- ¿Mérula Snyde? - repitió Ron. - Me suena ese nombre...De hecho, hace poco mi padre mencionó que había alguien tras Sirius Black en una de sus cartas, una especie de cazarrecompensas llamada " ". ¿Será ella? -

- ¿¡Mé-Mérula se ha convertido en cazarrecompensas!? - inquirió Tulip. - ¿¡Pero que rayos le pasa!? ¡Pensé que haría realidad su sueño de ser cantante! - exclamó, dando un porrazo en la mesa.

- ¿Ella también cantaba? - preguntó Harry, pero no hubo respuesta. Tulip se guardó a Dennis, dijo un "hasta luego" bastante rápido y se marchó. Parecía triste.

- Creo que hemos tocado un tema delicado. - observo Hermione con tristeza.

- ¿Es porque dije que Mérula es cazarrecompensas? - preguntó Ron. - Solo comenté lo que me dijo mi padre en una carta. En fin, no sé ustedes, pero yo pienso que es bueno que alguien como Snyde vaya tras Black. Mi padre dijo que ella se ha convertido en una bruja muy poderosa. -

- Mérula fardaba de ello todo el tiempo cuando estaba en Hogwarts. - comentó Fred, tomando un sorbo de su cerveza de mantequilla.

- Solía autodenominarse "La bruja más poderosa" de Hogwarts. - añadió George, chochando su jarra con la de su gemelo. - Claro que en más de una ocasión John demostró ser superior. -

- Aunque también habrá que decir que poco a poco Mérula le fue pisando los talones. - dijo Fred. - Los dos competían todo el tiempo por ver quién era el mejor, y se podría decir que esa rivalidad fue clave para que su casa se llevara todas las copas de la casa anteriormente. -

- No me digan que esos dos eran de Slytherin. - gruñó Harry. - Ellos ganaron siete Copas de la Casa consecutivamente, ¿fue por esos dos? -

- En gran medida y por lo que nos han contado Bill y Charlie, sí. - respondió George, haciendo una mueca.

- Mejor ni te cuento lo que pasó cuando ambos decidieron unirse al equipo de Quidditch. - añadió George, y Harry deseaba no tener que escuchar una humillación más hacia su casa.

- ¿Tú la conoces, Ron? - le preguntó Hermione, misteriosamente.

- ¿A quién? -

- A Mérula. -

- Ah, - dijo Ron, rascándose la nuca. - pues sí, aunque vagamente. Recuerdo que una vez estuvo en casa por navidad, hace mucho tiempo. -

- Fue en la navidad del 86. - comentó Fred. - Aquel día hizo un hechizo muy chulo para provocar una nevada. Fue una excelente adición a la fiesta de navidad. -

- ¿No fue a su casa con su familia? - preguntó Harry, un poco extrañado.

- Hm...no. - dijo George. - Por lo que nos dijo ella, no vivía con sus padres, si no con su tía, la cual ni se preocupaba por ella. -

Harry asintió y no dijo nada más. El no tener una familia que te quiera era algo demasiado familiar para él.

Su primera visita a Hogsmeade, por lo general, fue lo mejor del año. Harry se quedó con ganas de volver a Hogsmeade y, sobre todo, a las Tres Escobas (esperando también escuchar más historias interesantes, pues era un sitio genial para ponerse al día). Tras dejar todas las compras en la Sala Común, tocaba acudir al banquete de Halloween.

Era una pena para él, sin duda, pero Harry no encontró ninguna excusa para escaquearse de la fiesta, ya que Hermione lo arrastró hasta el Gran Comedor para comer con los demás.

- Vamos Harry, - dijo Hermione, tratando de razonar con él. - no puedes privarte de celebrar el Halloween solo por…bueno…ya sabes. -

- Es que…- empezó Harry, desviando la mirada de su plato lleno de golosinas. - no me parece correcto. ¿Por qué no quieres entenderlo? -

- Mira amigo, no puedes estar toda la vida huyendo del Halloween solo porque "Quien tú sabes" se le haya dado por matar a tu familia ese día. - dijo Ron, intentado ser lo más sensible posible. - ¡Auch! - gimió, cuando Chloe le dio un codazo, llamándolo "insensible" mientras seguía comiendo. - Míralo de este modo: a ellos no les gustaría verte así, intentando por todos los medios evitar celebrar un día tan especial solo porque tuvieron semejante mala suerte. -

- Ron tiene razón Harry, ya va siendo hora de que lo asimiles…- dijo Hermione, mientras le frotaba el hombro al azabache. De repente, alzo las cejas y dijo: - Un momento, ¿Le acabo de dar la razón…a Ron? - Chloe y Ginny se miraron, y comenzaron a reírse sin parar.

- Te pica que tenga razón a veces, ¿verdad? - bufó Ron, haciendo un mohín cuando los gemelos se rieron en su cara.

Harry, por una vez, soltó una sonrisa leve. Se limitó a comer y permanecer en la fiesta, mirando una actuación de los fantasmas de Hogwarts. Saltaron de los muros y de las mesas para llevar a cabo un pequeño vuelo en formación. Sir Nicholas, el fantasma de Gryffindor, cosechó un gran éxito con una representación de su propia desastrosa decapitación.

- Mira, eso ha conseguido animarme un poco…- pensó Harry.

Harry, Ron y Hermione, siendo de los últimos en levantarse de la mesa, siguieron al resto de los de su casa por el camino de la torre de Gryffindor. Pero cuando llegaron al corredor al final del cual estaba el retrato de la señora gorda, lo encontraron atestado de alumnos.

- ¿Por qué no entran? - preguntó Ron intrigado. Harry miró delante de él, por encima de las cabezas, el retrato estaba cerrado.

- Dejadme pasar, por favor. - dijo la voz de Percy. Se esforzaba por abrirse paso a través de la multitud, dándose importancia. - ¿¡Qué es lo que ocurre!? No es posible que nadie se acuerde de la contraseña. ¡Dejadme pasar, soy el Premio Anual! -

- ¡Si! ¡Abran paso a su alteza real! - corearon Fred y George burlones.

La multitud soltó una carcajada, pero luego guardó silencio, empezando por los de delante. Fue como si un aire frío se extendiera por el corredor.

Oyeron que Percy decía con una voz repentinamente aguda. - ¡Que alguien vaya a buscar al profesor Dumbledore, rápido! -

Las cabezas se volvieron, los de atrás se ponían de puntillas. - ¿Qué sucede? - preguntó Ginny, que acababa de llegar.

Chloe, quien estaba frente al cuadro de la Señora Gorda, se abrió paso entre sus compañeros para alcanzar Harry, Ron, Hermione y Ginny.

- ¡Es la Señora Gorda! - exclamó ella, muy alterada. - ¡No está! -

- ¿No está? - repitió Harry. - ¿Y ahora que le ha pasado? -

- ¡Anda, mi madr...! - exclamó Hermione, cogiéndose al brazo de Harry, y haciendo que este se sonrojara.

La señora gorda había desaparecido del retrato, que había sido rajado tan ferozmente que algunas tiras del lienzo habían caído al suelo, faltaban varios trozos grandes.

Dumbledore dirigió una rápida mirada al retrato estropeado y se volvió. Con ojos entristecidos vio a los profesores McGonagall, Lupin y Snape, que se acercaban a toda prisa.

- Hay que encontrarla. - dijo Dumbledore. - Por favor, profesora McGonagall, dígale enseguida al señor Filch que busque a la señora gorda por todos los cuadros del castillo. -

- ¡Apañados vais! - dijo una voz socarrona.

- Mira, el que faltaba…- bufó Harry.

Era Peeves, que revoloteaba por encima de la multitud y estaba encantado, como cada vez que veía a los demás preocupados por algún problema.

- ¿Qué quieres decir, Peeves? - le preguntó Dumbledore tranquilamente.

La sonrisa de Peeves desapareció, no se atrevía a burlarse de Dumbledore. Adoptó una voz empalagosa que no era mejor que su risa.

- Le da vergüenza, señor director. No quiere que la vean, es un desastre de mujer. La vi correr por el paisaje, hacia el cuarto piso señor, esquivando los árboles y gritando algo terrible. - dijo con alegría. - Pobrecita. - añadió sin convicción.

- ¿Dijo quién lo ha hecho? - preguntó Dumbledore en voz baja.

- Sí, señor director. - dijo Peeves, con pinta de estar meciendo una bomba en sus brazos. - Se enfadó con ella porque no le permitió entrar, ¿sabe? - Peeves dio una vuelta de campana y dirigió a Dumbledore una sonrisa por entre sus propias piernas. - Ese Sirius Black tiene un genio insoportable. -

Los ojos de Harry se abrieron de golpe. - ¿¡Black ha estado aquí!? Vaya, mira que ha llegado tan lejos solo para buscarme. - pensó con un aire que le invitaba al desafío. - Interesante…-