Capítulo 47 - El milagro del Patronus

El profesor Dumbledore mandó que los estudiantes de Gryffindor volvieran al Gran Comedor, donde se les unieron, diez minutos después, los de Ravenclaw, Hufflepuff y Slytherin. Todos parecían confusos.

- Los demás profesores y yo tenemos que llevar a cabo un rastreo por todo el castillo. - explicó el profesor Dumbledore, mientras McGonagall y Flitwick cerraban todas las puertas del Gran Comedor. - Me temo que, por vuestra propia seguridad, tendréis que pasar aquí la noche. Quiero que los prefectos monten guardia en las puertas del Gran Comedor y dejo de encargados a los dos Premios Anuales. Comunicadme cualquier novedad - añadió, dirigiéndose a Percy, que se sentía inmensamente orgulloso. - Avisadme por medio de algún fantasma. - se detuvo antes de salir del Gran Comedor. - Bueno, necesitareis...-

Con un movimiento de la varita, envió volando las largas mesas hacia las paredes del Gran Comedor. Con otro movimiento, el suelo quedó cubierto con cientos de mullidos sacos de dormir rojos.

- Felices sueños…- dijo el profesor Dumbledore, cerrando la puerta.

El Gran Comedor empezó a bullir de excitación, los de Gryffindor contaban al resto del colegio lo que acababa de suceder.

- ¡Todos a los sacos! - gritó Percy. - ¡Ahora mismo, se acabó la charla! ¡Apagaré las luces dentro de diez minutos! -

- Lo que diga el presumido del año. - gaznó Fred, riéndose. Percy se acercó a sus hermanos y empezó a sermonearles.

- Vamos. - dijo Ron (riéndose) a Hermione y a Harry. Cogieron tres sacos de dormir y se los llevaron a un rincón.

- ¿Creéis que Black sigue en el castillo? - susurró Hermione con preocupación, tendiendo su saco.

- Evidentemente, - dijo Ron. - Dumbledore piensa que es posible. -

- Es una suerte que haya elegido esta noche, ¿os dais cuenta? - dijo Hermione, mientras se metían vestidos en los sacos de dormir y se apoyaban en el codo para hablar. - La única noche que no estábamos en la torre...-

- Supongo que con la huida no sabrá en qué día vive. - bostezó Ron, acomodándose. - No se ha dado cuenta de que es Halloween, de lo contrario, habría entrado aquí a saco. - Hermione se estremeció.

- No todo ha sido tan malo esta noche, - dijo Harry, tras taparse con el saco. - por lo menos, he pasado un gran día con ustedes…-

- Bueno, - sonrió Hermione. - es una alegría que hayas dejado de lado esa negativa a festejar el Halloween. -

- Bien, me alegro por Harry. - dijo Ron apresuradamente. - ¿Qué tal si intentamos dormir? - se dio la vuelta y de repente dijo: - ¿Qué diablos haces aquí? -

Harry (frunciendo el entrecejo) alzó la vista. Al lado de Ron estaba Chloe, acostada en su saco y abrazado a su muñeca Barbie.

- Me quedé sin sitió. - dijo ella tímidamente. - No te importa, ¿verdad? -

- Bu-bueno, solo…- farfulló Ron. - intenta mantener esa cosa fuera de mi vista. - gruñó, señalando la muñeca.

- Deja en paz a Barbie. - se quejó Chloe.

- Pues dile que deje en paz mi cabeza. - replicó Ron.

- No te ha hecho nada en meses. - se defendió Chloe. - ¿Qué digo? No te ha hecho nada en años. -

Mientras Ron y Chloe volvían a discutir tontamente, Harry se puso a escuchar las diferentes hipótesis de sus compañeros de clase sobre la intrusión de Sirius Black en Hogwarts.

- ¿Cómo ha podido entrar? -

- A lo mejor sabe cómo aparecerse. - dijo un alumno de Ravenclaw que estaba cerca de ellos. - Cómo salir de la nada. -

- A lo mejor se ha disfrazado. - dijo uno de Hufflepuff, de quinto curso.

- Podría haber entrado volando. - sugirió Dean Thomas.

- Me gustaría poder volar a voluntad propia…- pensó Harry, ante aquella interesante posibilidad. - pero…¿existirá esa habilidad? -

- Hay que ver…- bufó Hermione, perdiendo la paciencia. - ¿Es que soy la única persona que ha leído "Hogwarts: Una Historia"? - Harry se aclaró la garganta. - Oh, es verdad, tú también te lo leíste. Lo siento. - dijo, riéndose un poco.

- Eso ya lo sabemos. - respondió Ron, aprovechando que Chloe se había dado la vuelta, empezando a dormir. - ¿A dónde quieres llegar? -

- Lo que intento decir es que el castillo no está protegido sólo por muros… - explicó Hermione. - sino también por todo tipo de encantamientos para evitar que nadie entre furtivamente. No es tan fácil aparecerse aquí. Y quisiera ver el disfraz capaz de engañar a los dementores. Vigilan cada una de las entradas a los terrenos del colegio. Si hubiera entrado volando, también lo habrían visto. Filch conoce todos los pasadizos secretos y estarán vigilados. -

- ¡Voy a apagar las luces ya! - gritó Percy, cansado de sermonear a Fred y George. - Quiero que todo el mundo esté metido en el saco y callado. -

- ¿Eso le incluye? - dijo Ron perezosamente.

Todas las velas se apagaron a la vez. La única luz venía de los fantasmas de color de plata, que se movían por todas partes, hablando con gravedad con los prefectos, y del techo encantado, tan cuajado de estrellas como el mismo cielo exterior. Entre aquello y el cuchicheo ininterrumpido de sus compañeros, Harry se sintió como durmiendo a la intemperie, arrullado por la brisa, pero al mismo tiempo, disfrutaba del momento. Hermione estaba muy cerca de él, y Harry no podía evitar admitir que era muy extraño dormir tan cerca de ella, pues estaban separados solo por un par de sacos de dormir.

- Ojalá que con el tiempo lo nuestro sea posible. - pensó Harry, mientras contemplaba con una sonrisa el rostro de Hermione, quien trataba de dormirse.

Cada hora aparecía por el salón un profesor para comprobar que todo se hallaba en orden. Hacia las tres de la mañana, cuando por fin se habían quedado dormidos muchos alumnos, entró el profesor Dumbledore. Harry vio que iba buscando a Percy, que rondaba por entre los sacos de dormir amonestando a los que hablaban. Percy estaba a corta distancia de Harry, Ron y Hermione, que fingieron estar dormidos cuando se acercaron los pasos de Dumbledore.

- ¿Han encontrado algún rastro de él, profesor? - le preguntó Percy en un susurro.

- No. - respondió este. - ¿Por aquí todo bien? -

- Todo bajo control, señor. -

- Bien. No vale la pena moverlos a todos ahora. He encontrado a un guarda provisional para el agujero del retrato de Gryffindor. Mañana podrás llevarlos a todos. -

- ¿Y la señora gorda, señor? - preguntó Percy.

- Se había escondido en un mapa de Argyllshire del segundo piso. - dijo Dumbledore. - Parece que se negó a dejar entrar a Black sin la contraseña, y por eso la atacó. Sigue muy consternada, pero en cuanto se tranquilice le diré al señor Filch que restaure el lienzo. -

Harry oyó crujir la puerta del salón cuando volvió a abrirse, y más pasos.

- ¿Señor director? -

Era el profesor Snape. Harry se quedó completamente inmóvil, aguzando el oído.

- Hemos registrado todo el primer piso, no estaba allí, - dijo. - y Filch ha examinado las mazmorras. Tampoco ha…encontrado rastro de él. -

- ¿Y la torre de astronomía? - preguntó Dumbledore. - ¿Y el aula de la profesora Trelawney? ¿Y la pajarera de las lechuzas? -

- Lo hemos registrado todo...- dijo Snape.

- Muy bien, Severus. La verdad es que no creía que Black prolongara su estancia aquí. -

- ¿Tiene alguna idea de cómo pudo entrar, profesor? - preguntó Snape.

Harry alzó la cabeza ligeramente, para desobstruirse el otro oído.

- Muchas, Severus, pero todas igual de improbables. -

Harry abrió un poco los ojos y miró hacia donde se encontraban ellos. Dumbledore estaba de espaldas a él, pero pudo ver el rostro de Percy, muy atento, y el perfil de Snape, que parecía serio.

- ¿Se acuerda, señor director, de la conversación que tuvimos poco antes de...comenzar el curso? - preguntó Snape, abriendo apenas los labios, como para que Percy no se enterara.

- Me acuerdo, Severus. - dijo Dumbledore. En su voz había como un dejo de reconvención.

- Parece...- dijo el profesor Snape. - casi imposible...que Black haya podido entrar en el colegio sin ayuda del interior. Expresé mi preocupación cuando usted señaló...-

- No creo que nadie de este castillo ayudara a Black a entrar. - dijo Dumbledore en un tono que dejaba bien claro que daba el asunto por zanjado. El profesor Snape no contestó. - Tengo que bajar a ver a los dementores. Les dije que les informaría cuando hubiéramos terminado el registro. -

- ¿No quisieron ayudarnos, señor? - preguntó Percy.

- Sí, desde luego…- respondió Dumbledore fríamente. - Pero me temo que mientras yo sea director, ningún Dementor cruzará el umbral de este castillo. -

Percy se quedó un poco avergonzado, Dumbledore salió del salón con rapidez y silenciosamente. Snape aguardó allí un momento, mirando al director con una expresión de profundo resentimiento para luego marcharse él también. Harry miró a ambos lados, a Ron y a Hermione. Tanto uno como otro tenían los ojos abiertos, reflejando el techo estrellado.

Durante los días que siguieron, en el colegio no se habló de otra cosa que de Sirius Black. Las especulaciones acerca de cómo había logrado penetrar en el castillo fueron cada vez más fantásticas; Hannah Abbott, de Hufflepuff, se pasó la mayor parte de la clase de Herbología contando que Black podía transformarse en un arbusto florido.

Luna Lovegood sacó a relucir una de sus fantásticas teorías mientras hablaba con Ginny y Chloe durante el desayuno, sobre que Black llegó al castillo por medio de un Thestral y oculto bajo una capa invisible.

- Mira, - pensó Harry. - de todas sus teorías, esa me parece la menos descabellada entre sus invenciones. -

Habían quitado de la pared el lienzo rasgado de la señora gorda y lo habían reemplazado con el retrato de Sir Cadogan y su pequeño y robusto caballo gris. Esto no le hacía a nadie mucha gracia, a nadie, menos a Harry, a quien le caía bien ese retrato. Sir Cadogan se pasaba la mitad del tiempo retando a duelo a todo el mundo, y la otra mitad inventando contraseñas ridículamente complicadas que cambiaba al menos dos veces al día.

- Está loco de remate. - le dijo Seamus Finnigan a Percy, muy enfadado. - ¿No hay otro disponible? -

- Ninguno de los demás retratos quería el trabajo. - suspiró Percy. - Estaban asustados por lo que le ha ocurrido a la señora gorda. Sir Cadogan fue el único lo bastante valiente para ofrecerse voluntario. -

- ¡Hmph! Idiotas desagradecidos, - pensó Harry con indignación. - que poco saben valorar el valor incalculable del gran Sir Cadogan, ¡él es un digno guardián de nuestra torre! -

En medio de toda la charla sobre Black, se comentaba que había una bruja merodeando los alrededores del Castillo, investigando y buscando pistas sobre el fugitivo. Nadie sabía quien era pues iba todo el tiempo con una capucha puesta. Sin embargo, Ron tenía una idea de quién podía ser.

- Debe de ser Snyde, - dijo, durante el desayuno. - lleva días intentando encontrar a Black, pero este es muy bueno escabulléndose. Ni siquiera los Dementores dan con él. -

- Si fue capaz de escapar de un sitio plagado de esos malditos seres que no te extrañe que sea capaz de ocultarse de ellos. - dijo Harry, rodando los ojos. - Ahora mismo estará pensando en cual será su siguiente golpe para intentar matarme…- pensó, con un latiente deseo que encontrar a Black y darle su merecido.

Si había algo que empezaba a sacar de sus casillas a Harry de verdad era que lo vigilaban de cerca. Los profesores buscaban disculpas para acompañarlo por los corredores. Percy (obrando, según sospechaba Harry, por instigación de su madre) le seguía los pasos por todas partes como un perro guardián extremadamente pomposo.

- Esto empieza a ser cansino. - se quejó Harry por dentro. - En mi primer año derroto a un Troll, a Quirrell poseído por Voldemort y pongo a salvo la Piedra Filosofal. En segundo me enfrento a Voldemort en su versión joven y mato a un Basilisco (omitiendo por supuesto el que nadie debe saber ni por asomo que dejé en ridículo al padre de Malfoy). Bueno, al parecer nada de lo que he hecho o demostrado vale algo en esta escuela para confiar en mí y en mis habilidades, estupendo. ¡ME DA IGUAL QUE QUIERAN PROTEGERME! ¡COMO SIGAN ASÍ LOS HECHIZARÉ A TODOS! -

Para colmo, la profesora McGonagall lo llamó a su despacho y lo recibió con una expresión tan sombría que Harry pensó que se había muerto alguien.

- No hay razón para que te lo ocultemos por más tiempo, Potter. - dijo muy seriamente. - Sé que esto te va a afectar, pero Sirius Black...-

Apretando los puños, Harry notó como se le sobresalía una vena al lado de su cicatriz. Estaba harto de ser subestimado. - Ya sé que va detrás de mí… - dijo, intentando no estallar. - El señor Weasley me lo contó. Después de todo, él trabaja en el Ministerio de Magia...-

La profesora McGonagall se sorprendió mucho. Miró a Harry durante un instante antes de responder: - Ya veo…bien. En ese caso comprenderás por qué creo que no debes ir por las tardes a los entrenamientos de Quidditch. Es muy arriesgado estar ahí fuera, en el campo, sin más compañía que los miembros del equipo...-

- Profesora…- dijo Harry, tratando de mantener la calma. - ¿me lo parece a mí…o todos en esta escuela están subestimando mis habilidades? - añadió entre dientes.

La profesora McGonagall frunció el entrecejo. - Potter, nadie te subestima…- dijo. - pero entiéndelo. Como profesores tenemos una responsabilidad, y debemos cuidar de nuestros alumnos, - y antes de que Harry abriera la boca añadió: - sin…excepciones. -

Aquello irritó aún más a Harry, pero no se atrevía a hacer su rabieta en frente de la profesora McGonagall otra vez. Quizás, su único consuelo era que no estaba presente la señora Pomfrey para tacharlo de delicado.

- Bueno, entiendo que se preocupen por mi…- dijo Harry, tratando de razonar con ella. - sin embargo, tengo que entrenar. El sábado tenemos el primer partido. Necesito prepararme, como los demás. -

La profesora McGonagall meditó un instante. Harry sabía que ella deseaba que ganara el equipo de Gryffindor y tener un año más la Copa de Plata en su despacho. Al fin y al cabo, había sido ella la primera que había propuesto a Harry como buscador.

- Hm…- la profesora McGonagall se puso en pie y observó desde la ventana el campo de Quidditch, muy poco visible entre la lluvia. - Bien, supongo que tenemos que hacer todo lo posible para conservar nuestra reputación como el mejor equipo de Hogwarts. De todas formas, Potter, estaría más tranquila si un profesor estuviera presente. Le pediré a la señora Hooch que supervise tus sesiones de entrenamiento. -

Harry asintió. - Bueno, es mejor que quedarse sin entrenar…- pensó, antes de gruñir mentalmente. - Si Black no estuviera dando vueltas por Hogwarts como un buitre…-

El tiempo empeoró conforme se acercaba el primer partido de Quidditch. Impertérrito, el equipo de Gryffindor entrenaba cada vez más, bajo la mirada de la señora Hooch. Luego, en la sesión final de entrenamiento que precedió al partido del sábado, Oliver Wood comunicó a su equipo una noticia no muy buena.

- ¡No vamos a jugar contra Slytherin! - les dijo muy enfadado. - Flint acaba de venir a verme. ¡Vamos a jugar contra Hufflepuff! -

- ¿¡Como!? - inquirió Harry, enfadándose.

- ¿Por qué? - preguntaron todos.

- La excusa de Flint es que uno de sus cazadores se lesionó tras provocar a un centauro, cuando iban de excursión por el bosque prohibido junto con Hagrid. - dijo Wood, rechinando con furia los dientes. - Pero está claro cual el verdadero motivo: no quieren jugar con este tiempo, porque piensan que tendrán menos posibilidades...-

- ¡Hmph! Hay que ver hasta qué punto pueden llegar a hacer el ridículo. - se burló Harry de mala gana. - ¿Qué sucede? ¿No tienen un sustituto? -

- Creo que ya conoces la respuesta a eso, Harry…- bufó Wood.

- ¡Bah! Pueden inventar todas las escusas que quieran, - dijo Harry. - pero en algún momento tendrán que enfrentarse a nosotros. - entonces se echó a reír discreta y maliciosamente. - y cuando lo hagan, jamás lo olvidarán…- pensó.

- Hemos practicado todos estos movimientos suponiendo que íbamos a jugar contra Slytherin, y en su lugar tenemos a Hufflepuff, - se quejó Wood. - y su estilo de juego es muy diferente. Tienen un nuevo capitán, es el buscador, Cedric Diggory...-

De repente, Angelina, Alicia y Katie soltaron una carcajada.

- ¿Qué? - preguntó Wood, frunciendo la frente ante aquella actitud.

- Es ese chico alto y guapo, ¿verdad? - preguntó Angelina.

George soltó un bufido. Parecía molesto.

- ¡Y tan fuerte y callado! - añadió Katie, y volvieron a reírse. A Wood no le parecía para nada gracioso.

- Es callado porque no es lo bastante inteligente para juntar dos palabras. - replicó Fred. - No sé qué te preocupa, Oliver. Los de Hufflepuff son pan comido, la última vez que jugamos con ellos, Harry cogió la Snitch al cabo de unos cinco minutos, ¿no os acordáis? -

- Si, ya lo sé. - dijo Harry, de brazos cruzados. - Pero te recuerdo que eso fue hace dos años. -

- Así es y, además, ¡jugábamos en condiciones muy distintas! - gritó Wood, con los ojos muy abiertos. - Diggory ha mejorado mucho el equipo. ¡Es un buscador excelente! ¡Ya sospechaba que os lo tomaríais así! ¡No debemos confiarnos! ¡Hay que tener bien claro el objetivo! ¡Slytherin intenta pillarnos desprevenidos! ¡Hay que ganar! -

- Tranquilízate, Oliver. - dijo Fred alarmado. - Nos tomamos muy en serio a Hufflepuff. Muy en serio…-

- Pues no lo parece. - observó Wood, rodando los ojos. - ¿Es tanto pedirle al equipo que no se duerma durante las charlas sobre las tácticas o en pleno vuelo? -

- ¿Es mucho pedirle al señor capitán que no nos levante cada mañana a las seis? - bostezó George, estirando los brazos, mientras varios miembros del equipo se reían.

- ¡Hmph! No me interesa quien sea nuestro oponente. - se burló Harry, sonriendo arrogantemente. - Atraparé la Snitch cueste lo que cueste, ¡por mi como si caen truenos! -

El día anterior al partido, el viento se convirtió en un huracán y la lluvia cayó con más fuerza que nunca. Estaba tan oscuro dentro de los corredores y las aulas que se encendieron más antorchas y faroles.

- Al igual esto me pasa por hablar demasiado. - pensó Harry, riéndose con nerviosismo.

El equipo de Slytherin se daba aires, pero Malfoy no parecía muy contento.

- Ese idiota…- dijo este de malhumor, hablando con Ginny del cazador de Slytherin que se había lesionado. Ambos estaban sentados en unas ventanas del patio. - ¿quién le manda a enfurecer a aquel centauro? -

- ¿Qué hizo para hacerlo enfadar? - le preguntó Ginny.

- ¿Tu qué crees? - Malfoy frunció el entrecejo y dijo: - El muy tonto quería montarse encima de él, como si fuera un caballo. A cambio el centauro lo mandó a volar de una patada, haciendo que se estrellara contra un árbol. - y entonces se burló. - Debiste verlo, en realidad, fue bastante gracioso. -

- Vaya, - pensó Harry, mientras los observaba desde la puerta junto con Ron. - parece que a Malfoy no le ha hecho mucha gracia quedarse sin jugar contra nosotros. -

Y a Ron no le hacía ninguna gracia ver a su hermana pequeña tan cerca de Malfoy.

- Míralos, se están riendo. - masculló este en voz baja. - ¿Por qué se llevan tan…bien, esos dos? -

- Hm…por una vez no tengo ni idea. - dijo Harry, pensando abiertamente. - ¿Recuerdas cuando lo interrogamos en su sala común? - le dijo a Ron en voz baja. - Allí mostró un mínimo interés en ella. -

- Es odioso, - dijo Ron en voz baja. - que de la noche a la mañana pase de ser el idiota más grande de este mundo a un niño bueno. - escupió al suelo tras decir eso. - No importa, para mí siempre será un idiota. -

Harry se puso a reír en voz baja, mientras negaba con la cabeza. Entonces su mente volvió al partido contra Hufflepuff.

Entre clase y clase, Oliver Wood se le acercaba a toda prisa para darle consejos.

Antes de que se le acercara por tercera vez, Harry tuvo que esquivarle, de lo contrario no llegaría a tiempo para la clase de Defensa contra las Artes Oscuras. Todos estaban ya sentados, a la espera del profesor Lupin, pero quien entró en el aula no era él.

Era el profesor Snape, quien entraba con…elegancia. Cerró la puerta de un portazo, blandió su varita y empezó a cerrar las ventanas, dejando el aula casi a oscuras. Luego, ya en el centro de la clase, hizo aparecer un lienzo blanco, y en frente de este, un proyector con diapositivas.

- Wow…- pensó Harry, muy impresionado. - cuando quiere, el profesor Snape puede tener estilo…

- En vista de que el profesor Lupin se encuentra incapacitado para ejercer la docencia el día de hoy, yo seré quien de la clase…- explicó Snape brevemente. - Ahora, id a la página 394…-

Harry empezó a pasar las páginas del libro de texto hasta llegar al último capítulo.

- ¿Hoy veremos Licántropos? - preguntó, leyendo el tema con interés. Snape se limitó a asentir.

- Pero profesor…- dijo Hermione, que parecía incapaz de contenerse. - todavía no podemos llegar a los hombres lobo. Está previsto comenzar con los hinkypunks. -

- Señorita Granger, - dijo el profesor Snape con calma. - ya tendréis tiempo de estudiar ese apartado en cuanto su profesor regrese a impartir su asignatura. En cambio…considero que conocer a los Licántropos os puede resultar muy útil…- Harry vio como sus ojos brillaban de una manera extraña. El profesor parecía extrañamente entusiasmado con lo que iba a explicar en clase. - más de lo que os podéis imaginar…-

La clase intercambió miradas, antes de asentir lentamente.

- ¿Quién de vosotros puede decirme cómo podemos distinguir al hombre lobo…del lobo auténtico? - preguntó Snape.

Todos estaban silencio, todos, a excepción de Hermione. Ni siquiera Harry había llegado a ese apartado.

- ¿¡Cómo lo hace Hermione para verse tantos libros!? - pensó Harry incrédulo. Se había leído muchos apartados, pero ni siquiera él se había molestado en leer sobre los licántropos. - Hasta yo tengo un límite en los estudios. -

- Un momento Granger. - pidió Snape, con una extraña amabilidad. - ¿Hay alguien más…que lo sepa? ¿No? - negó con la cabeza y dijo: - Alcornoques ignorantes…Está bien Granger, proceda... -

Hermione parpadeó varias veces antes de responder.

- El hombre lobo difiere del verdadero lobo en varios detalles: El hocico puede ser un poco más corto, las pupilas más pequeñas, la cola más corta en vez de grande y de pelo largo. - explicó ella. - La verdadera diferencia es el comportamiento, los verdaderos lobos no son muy agresivos, y las autoridades mágicas creen que la mayoría de los cuentos clásicos que los representan como depredadores estúpidos hablan en realidad de hombres lobos, no de lobos de verdad. Un lobo no atacaría a un humano excepto en circunstancias excepcionales. El hombre lobo, sin embargo, ataca a los humanos casi exclusivamente y no representa casi ningún peligro para otras criaturas. -

Harry no pudo evitar sonreír. - Al final tendré que aceptar que Hermione es la mejor. - pensó.

- Muy bien Granger…- dijo con una sonrisa leve. - cinco puntos para Gryffindor. - La clase entera volvía a estar atónita. Para todos los que conocían al profesor Snape era muy raro verle dando puntos a Gryffindor. Casi tan sorprendente e ilógico como ver a un Filch amable.

Después de unos minutos breves, cada alumno fue tomando notas sobre los hombres lobo del libro de texto, mientras Snape rondaba entré las filas de pupitres, asegurándose de que todos prestaban atención a sus explicaciones. Y así fue, hasta que el timbre sonó.

Pero antes de que todos se retiraran, Snape los retuvo. - Escribiréis una redacción de dos pergaminos sobre las maneras de reconocer y matar a un hombre lobo, - dijo. - para el lunes por…la mañana…Pueden irse. -

Los alumnos comenzaron a retirarse, pero todos ellos estaban en silencio. Había reacciones dispares: Algunos se lo tomaron mal, por tener que hacer un trabajo de dos pergaminos, otros se lo tomaron como algo bastante educativo (como fue en el caso de Harry y Hermione), y otros, pues como cualquier clase aburrida y común.

- ¿¡Dos pergaminos para el lunes!? - bufó Ron. -Tenía que ser Snape…-

- Pues me parece que exageras, - dijo Hermione. - yo creo que para tratarse del profesor Snape lo que nos ha dejado es solo una pequeñez. - entonces, frunció el entrecejo al recordar algo. - ¿Ustedes saben porque me detuvo antes de dejarme responder al empezar la clase? -

- Hermione, - dijo Harry, empezando a reírse. - tu posees tantos conocimientos que ningún profesor duda de tus capacidades. Quizás el profesor Snape quería comprobar si había alguien más capaz de responder a su pregunta, pero al parecer no fue así. Ni siquiera yo había leído ese apartado. - admitió, rascándose la nuca. - Por otra parte, has conseguido cinco puntos más para Gryffindor, enhorabuena. - Hermione estaba tan sonrojada que no podía decir nada, salvo asentir.

Al día siguiente, Harry se despertó muy temprano. Había soñado con algo bastante alegre. Él llevaba puesto una armadura dorada, iba montado sobre Buckbeak, blandiendo la Espada de Godric Gryffindor y luchando contra un dragón que tenía acorralada a una princesa, en lo alto de una Torre.

- ¡Socorro! ¡Socorro! - chillaba una chica, quien iba vestida con un precioso vestido blanco, desde lo alto de la gran torre. - ¡Salvadme, oh mi valiente caballero! -

- ¡Apártate de ella, monstruo! - bramó el azabache. - ¡Te mandaré a las profundidades del infierno! ¡De donde no volverás a salir, porque lo digo yo! - gritó con orgullo, alzando su resplandeciente espada. - ¡Buckbeak! ¡A por él! -

En ese momento, algo, o alguien, le sacó bruscamente de sus fantasías.

- ¡Eh! ¿¡Quién esta jod*endo mi fantasía caballeresca!? - bufó el azabache mentalmente, aun como mentalidad medieval.

Por un instante creyó que lo había despertado el ruido del viento, luego sintió una brisa fría en la nuca y se incorporó en la cama. Peeves flotaba a su lado, soplándole en la oreja.

- ¡Peeves! ¿¡Por qué me despiertas!? - inquirió enfadado. Peeves hinchó los carrillos, sopló muy fuerte y salió del dormitorio hacia atrás, a toda prisa, riéndose, y librándose de un hechizo por parte del azabache.

Harry tanteó en busca de su despertador y lo miró.

- ¿¡Cuatro y media de la mañana!? Ese maldito...- pensó algo que escandalizaría a Hermione, si lo oyera.

Se dio la vuelta y procuró volver a dormirse. Pero una vez despierto fue difícil olvidar el ruido de los truenos que retumbaban por encima de su cabeza, los embates del viento contra los muros del castillo y el lejano crujir de los árboles en el bosque prohibido.

Unas horas después se hallaría allí fuera, en el campo de Quidditch, batallando en medio del temporal. Finalmente, con el entusiasme de volver a jugar al Quidditch, se levantó, se vistió, cogió su Nimbus 2.000 y salió silenciosamente del dormitorio.

Cuando Harry abrió la puerta, algo le rozó la pierna. Se agachó con el tiempo justo de coger a Crookshanks por el extremo de la cola peluda y sacarlo a rastras.

- Hm…¿Sabes? Creo que Ron tiene algo de razón contigo…- le dijo Harry, frunciendo el entrecejo. - Hay muchos ratones por aquí, vamos, ve a cazarlos. - añadió, echando a Crookshanks con suavidad, para que bajara por la escalera de caracol. - Y si puedes, deja de molestar a Scabbers. -

El ruido de la tormenta era más fuerte en la sala común. Harry tenía demasiada experiencia para creer que se cancelaría el partido. Los partidos de Quidditch no se cancelaban por nimiedades como una tormenta, una tormenta, que no hacía más que aumentar su entusiasmo.

- Es el escenario perfecto para una honorable batalla…- pensó Harry entusiasmado, pero recordando a que rival se enfrentaba, bufó. - Sería más épico si nuestro rival fuera Slytherin…-

Wood le había indicado quién era Cedric Diggory en el corredor. Diggory estaba en quinto y era mucho mayor que el azabache. Los buscadores solían ser ligeros y veloces, pero el peso de Diggory sería una ventaja con aquel tiempo, porque tendría muchas menos posibilidades de que el viento le desviara el rumbo.

- Si, un tipo duro, pero no importa quién sea mi oponente, mi objetivo no es otro que atrapar la Snitch y darlo todo por mi equipo. – Pensó un Harry más que decidido.

- ¡En guardia, malandrín! - lo retó sir Cadogan.

- Tranquilo Sir Cadogan, soy yo. - dijo Harry en tono afable.

- ¡Ah! ¡Mi fiel amigo y compañero, me alegro mucho de verte! ¿¡Vas a salir para luchar por la gloria de nuestra casa!? -

- A eso voy honorable caballero…- respondió el azabache con seriedad.

- ¡Excelente! - dijo Sir Cadogan. - ¡Buena suerte en su batalla, camarada Potter! -

Harry le hizo una reverencia respetuosa y salió por el agujero.

Se fue a desayunar al Gran Comedor, tomando un plato grande de gachas de avena. Cuando ya había empezado con las tostadas, apareció el resto del equipo.

- Va a ser difícil…- dijo Wood, sin probar bocado.

- Deja de preocuparte, Oliver. - lo tranquilizó Alicia. - No nos asustamos por un poquito de lluvia. -

Pero era bastante más que un poquito de lluvia. El Quidditch era tan popular que todo el colegio salió a ver el partido, como de costumbre. Corrían por el césped hasta el campo de Quidditch, con la cabeza agachada contra el feroz viento que arrancaba los paraguas de las manos.

Una vez en el vestuario, los miembros del equipo se pusieron la túnica escarlata y aguardaron la habitual arenga de Wood, pero ésta no se produjo. Wood intentó varias veces hablarles, tragó saliva con un ruido extraño. Después de un carraspeo, miró al equipo con seriedad, cogió una bolsa y sacó de ella lo que parecían ser unas gafas de buceo.

- Estas gafas están hechizadas para repeler el agua, - explicó Wood con dificultad. - las vais a necesitar para no perder la visibilidad una vez salgamos al exterior. Hace mucho tiempo que nos las uso, casi desde que entré al equipo por primera vez. - dijo con una mezcla de nostalgia y preocupación. - Será mejor que os las pongáis, - añadió, tras ver la cara de algunos miembros del equipo. - los de Hufflepuff también las llevarán puestas, así que no pongáis escusas para no llevarlas. -

Y sin rechistar, todos los jugadores se equiparon con las gafas especiales para repeler el agua. Luego, Wood cabeceó desesperanzado y les indicó por señas que lo siguieran.

El viento era tan fuerte que se tambalearon al entrar en el campo, a causa del retumbar de los truenos. No podían saber si la multitud los aclamaba, un ambiente muy épico, en opinión de Harry.

Los de Hufflepuff se aproximaron desde el otro extremo del campo, con la túnica amarillo canario y también, con las gafas especiales puestas. Los capitanes de ambos equipos se acercaron y se estrecharon la mano. Diggory sonrió a Wood, pero Wood parecía tener la mandíbula encajada y se limitó a hacer un gesto con la cabeza.

- ¡Montad en las escobas! - indicó la señora Hooch, con algo de dificultad por la tormenta.

Harry sacó del barro el pie derecho y pasó la pierna por encima de la Nimbus 2.000. La señora Hooch se llevó el silbato a los labios y dio un pitido que sonó distante y estridente, dando comienzo al partido.

El azabache se elevó rápidamente, pero la Nimbus 2.000 oscilaba a causa del viento. La sostuvo tan firmemente como pudo y dio media vuelta de cara a la lluvia.

- ¡Bah! Un poquitín de lluvia no me va a detener…- pensó desafiante.

Atravesó el campo de un lado a otro, adelantando jugadores y esquivando Bludgers. La lluvia era de tal magnitud que, a Harry, a pesar de contar con una vista parecida a la del halcón, le costaba un poco distinguir la Snitch de las gotas de agua.

El viento no le permitía oír los comentarios. La multitud estaba oculta bajo un mar de capas y de paraguas maltrechos. En dos ocasiones estuvo a punto de ser derribado por una Bludger.

Era cada vez más difícil sujetar la escoba con firmeza. El cielo se oscureció, como si hubiera llegado la noche en plena mañana. Con el primer relámpago llegó el pitido del silbato de la señora Hooch.

Harry vio a Wood, que le indicaba por señas que descendiera, ya que no lograba escucharle bien del todo. Todo el equipo aterrizó en el barro, salpicando.

- ¡He pedido tiempo muerto! - gritó a sus jugadores. - Venid aquí debajo. -

Se apiñaron en el borde del campo, debajo de un enorme paraguas. Harry se quitó las gafas y se las limpió con la túnica.

- ¿Cuál es la puntuación? -

- Cincuenta puntos a nuestro favor, pero si no atrapamos la Snitch seguiremos jugando hasta la noche. -

- Este temporal del demonio reduce en cierta medida la velocidad de mi escoba…- se quejó Harry. - Sin embargo, eso no me impedirá coger la Snitch. -

- ¡De acuerdo, entonces, vamos a ello! - exclamó Wood.

- ¡SI! – gritó el azabache, dispuesto a enfrentarse a la madre naturaleza con tal de lograr la victoria.

Recobrando la moral, Harry fue a por todas. Aceleró la escoba a través del aire turbulento buscando en todas direcciones la Snitch, esquivando una Bludger, pasando por debajo de Diggory, que volaba en dirección contraria...

Brilló otro rayo, seguido por el retumbar de un trueno, la cosa se ponía cada vez más peligrosa. Harry tenía que atrapar la Snitch cuanto antes...

Se volvió, intentando regresar hacia la mitad del campo, pero en ese momento otro relámpago iluminó las gradas y Harry vio algo que lo distrajo completamente.

- ¿El Grim…? - susurró Harry, mirando impresionado la silueta de un enorme y lanudo perro negro, claramente perfilada contra el cielo, inmóvil en la parte superior de las gradas.

- ¡Harry! - gritó Wood angustiado, desde los postes de Gryffindor. - ¡Harry, detrás de ti! -

Harry miró hacia atrás con los ojos abiertos de par en par. Cedric Diggory atravesaba el campo a toda velocidad, y entre ellos, en el aire cuajado de lluvia, brillaba una diminuta bola dorada... Con un sobresalto, Harry pegó el cuerpo al palo de la escoba y se lanzó hacia la Snitch como una bala.

- ¡Vamos Nimbus! - gritó a su escoba dándole ánimos, al mismo tiempo que la lluvia le azotaba la cara. - ¡Debemos atraparla! -

Pero algo extraño pasaba, un inquietante silencio caía sobre el estadio. Ya no se oía el viento, aunque soplaba tan fuerte como antes. Era como si alguien hubiera quitado el sonido, o como si Harry se hubiera vuelto sordo de repente.

- ¿¡Que está pasando!? - pensó Harry, pero luego, empezó a comprender la situación. - Oh no…no es posible…- susurró.

Le penetró en el cuerpo una ola de frío horrible y ya conocida, exactamente en el momento en que veía algo que se movía por el campo, debajo de él.

- Son…¡los dementores! - exclamó Harry, al percatarse de que unos cien dementores estaban debajo de él.

Harry empuñó su varita (casi siempre la lleva encima a todas partes, para usarla en casos de emergencia desde el asunto de Lockhart), dispuesto a combatirlos y a alejarlos del estadio, pero aún no había logrado convocar un Patronus corpóreo, el único capaz de repelerlos.

- Tengo que hacerlo…- se decía así mismo, rebuscando en su mente algún recuerdo feliz.

Los dementores, uno por uno, fueron ascendiendo, y poco a poco fueron rodeando a Harry. Para empeorar su tormento, en su mente, comenzaba a escuchar aquellos terribles gritos que tanto lo atormentaban durante algunas noches.

- A Harry no…a Harry no…a Harry no, por favor…-

- ¡Apártate, estúpida sangre sucia! ¡Esto no te concierne! -

- A Harry no…te-te lo ruego…no…Cógeme a mí…mátame a mí en su lugar...-

- ¡NOOOOOOO! - gritó Harry con furia. No podía soportar oír sufrir a su madre.

Los dementores subían y subían a donde se encontraba Harry, y él, hacía lo que podía por defenderse.

- ¡Expecto Patronum! - gritó, pero de su varita solo salió un Patronus incorpóreo, que no hacía más que detener momentáneamente a dos dementores, como mucho.

- Maldición…- pensó él con frustración, sintiéndose débil. - porque…¿porque no puedo pararles? ¿A caso yo…soy débil? -

Se sacó bruscamente las gafas de buceo, dejando paso unas lágrimas amargas que resbalaban por sus mejillas, e instantáneamente se congelaban ante la presencia de los dementores.

- Como…- pensó entre furioso y humillado. - ¿Cómo voy a proteger a las personas que quiero…si no soy capaz de protegerme a mí mismo? -

- ¿Cómo divides tu alma? - escuchó de repente en su mente. Era una voz que reconocía perfectamente.

- ¿Esa voz? - pensó Harry, sintiendo como le invadía a ira. - ¡RYDDLE! -

- Bueno…- dijo otra voz, la cual Harry desconocía. - Debes entender que se supone que el alma tiene que permanecer intacta y dentro del cuerpo, separarla es un acto violatorio, no es natural…-

- Pero, ¿cómo lo haces? -

- Mediante un acto maligno...el acto maligno por supremacía…Mediante un…asesinato. -

- ¿Asesinato? - pensó Harry, quien no comprendía lo que estaba pasando por su agobiada cabeza. - ¿Separar el alma? ¿¡Qué significa todo esto!? - se llevó las manos a la cabeza, y mirando hacia arriba gritó: - ¿¡Que está pasándome!? -

Cada vez le pesaba más la respiración. Los dementores le estaban rodeando por completo. La oscuridad se hacía cada vez más y más grande, ocultando hasta el último gramo de luz visible.

Harry podía oírlo y sentirlo, estaba agonizando.

- ¡Harry! ¡Harry! ¡Harry! ¡HARRY! -

Podía escuchar las voces de sus amigos: Hagrid, Ron, los gemelos, Chloe, Ginny, Neville…

En su mente, Harry comenzó a ver su vida en imágenes, como si esta estuviera pasando frente a sus ojos. Era una muy mala señal. Entonces hubo un grito que sintió como le llegaba al alma.

- ¡HARRY! -

Incluso la lluvia fue incapaz de callarla. Hermione alzó tanto la voz que incluso a tantos metros de altura la llegó a escuchar con tanta claridad, que por un momento pensó que la tenía al lado suyo, como siempre hacía.

- Hermione…- pensó Harry, mientras miraba como los dementores se acercaban para devorar su felicidad. - tu siempre te empeñas en que no haga las cosas solo…siempre te empeñas en ayudarme…- sintió como su una luz cálida invadiera su corazón. - y también Ron…Chloe…todos…No, apenas he empezado...aún tengo un largo camino que recorrer, no puedo…¡no puedo rendirme ahora! - entonces, borrosamente pudo ver como una cálida luz plateada cubría su cuerpo. Sin saber del todo lo que hacía, apuntó con su varita hacia arriba y gritó con todas sus fuerzas: - ¡EXPECTO PATRONUM! -

Una poderosa luz plateada salió de la varita de Harry, cada vez se agrandaba más y más, obligando a los dementores a retroceder. La gigantesca luz estaba adoptando una forma, el azabache pudo distinguirlo, a pesar de tener los ojos llorosos.

- Es un león…- susurró con lágrimas de felicidad en su rostro, contemplando la majestuosidad del gigantesco león plateado, el cual soltó un potente rugido, haciendo desaparecer a los dementores.

La tormenta se detuvo, los cielos se despejaron y el resplandor del sol invadió todo el estadio. Harry no se lo podía creer, lo había conseguido, pero no era un mero Patronus corpóreo, su tamaño era inusualmente enorme, tanto que parecía del tamaño de una constelación.

…..

Desde el palco de profesores, Albus Dumbledore, que se había preparado para intervenir y salvar a Harry, vio con ojos perplejos el asombroso logro de su alumno.

- ¿¡Qué es eso!? - se preguntó la profesora McGonagall, quitándose las gafas.

- Parece un…Patronus, - dijo Severus. Hacía años que Albus no lo veía tan asombrado. - pero no se asemeja en nada a uno normal. - entonces este miró al director. - ¿Señor director? -

- No Severus. - respondió Albus, adivinando la posible pregunta de Severus. - Es la primera vez en mi vida que veo…ese Patronus. No, yo diría…que es algo más que un Patronus…-

- ¿Qué quieres decir, Albus? - le preguntó Minerva.

- Harry, - dijo Albus, con una sonrisa. - no ha utilizado un recuerdo feliz para crear ese Patronus, de eso no me cabe duda. Ha debido recurrir a…algo mucho más importante…-

Desde abajo, se podían distinguir gritos de asombro. Harry se imaginó que todos ellos estaban impresionados ante lo que veían sus ojos. No podía evitar preguntarse si también podían sentir la calidez que invadía su corazón. Mientras se hacía la pregunta, empezó a notar como lo vencía el cansancio. No tenía fuerzas ni para seguir sujetando su escoba.

Incapaz de mantenerse por más tiempo consciente, Harry cayó de su Nimbus, y empezó a descender a gran velocidad, sin apartar la vista del majestuoso león luminoso de plata, a quien contemplaba con una amplia sonrisa.

Por un momento pensó que su imaginación le estaba jugando una mala pasada, pero no era nada de eso. El gigantesco Patronus corpóreo, sorprendentemente, voló hacía él, convirtiéndose en una enorme bola de luz plateada, el cual cubrió todo su cuerpo. Harry sintió aún más la sensación cálida y confortable, como si alguien muy querido lo estuviera sosteniendo entre sus brazos.

Lentamente, como si fuera una estrella que caía del cielo, Harry descendió hasta el centro del estadio, ante la mirada sorpresiva del público.

Aquellos que miraban desde las gradas veían a una gigantesca bola de luz plateada descendiendo desde el cielo. Todos contemplaban el enorme resplandor que rodeaba al joven mago, el cual lo hacía descender con lentitud.

Cuando Harry sintió que su cuerpo tomaba contacto con la hierba mojada, pudo darse cuenta de que ya estaba en el césped del campo. Lentamente, sin desearlo, cerró los ojos, esbozando una sonrisa y perdiendo el conocimiento, a medida que la luz plateada se apagaba.

No supo con exactitud cuánto tiempo estuvo inconsciente, pero Harry se sintió como si hubiera pasado todo un mes alejado de la realidad, entre una ola de felicidad, tranquilidad y cariño. Entonces, mientras pensaba en ello, empezó a oír voces, además de los sollozos de una chica, a quien conocía muy bien.

- Hermione…- susurró él en voz baja.

- Harry…- dijo ella en voz baja, casi sin poder hablar. - ¿puedes…oírme? -

Lentamente, Harry abrió los ojos. Al mirar hacia derecha contempló el rostro de Hermione, quien sostenía su mano, con la cara colorada, y los ojos enrojecidos, lo que le hizo pensar al chico que ella había llorado.

- Perdóname…- dijo Harry con dificultad. - te he dejado un mal recuerdo…-

- Harry, - dijo Hermione, limpiándose las lágrimas con un pañuelo. - no-no es culpa tuya, han sido los dementores…-

Harry miró a su alrededor. Hermione no estaba sola, también estaban Ron, Chloe, Ginny y casi todo el equipo de Gryffindor.

- Harry…- dijo Ron. - ¿Cómo te encuentras? -

La memoria de Harry fue recuperando los acontecimientos por orden: El relámpago, la figura de un perro negro, la Snitch, los dementores, voces raras, los gritos y…el majestuoso Patronus.

- ¿Qué fue…lo que pasó? - preguntó Harry, sintiéndose aturdido.

- No sabríamos explicarlo. - empezó a hablar Fred. - Fue muy extraño. Tú, de alguna manera, hiciste aparecer una luz gigantesca en el cielo. -

- Fue alucinante, - dijo George, mirando a Harry con asombro. - dejó de llover, las nubes desaparecieron, al igual que los dementores, y el sol volvió a salir. -

- Creíamos que eras un fantasma. - comentó Alicia. - Daba algo de miedo verte rodeado de aquella luz…-

- El Patronus…- susurró Harry. Casi ni se le escuchó. - ¿Qué hay del partido? - preguntó de repente. - ¿Cómo acabó? -

Nadie respondió a su pregunta, y no pasaron más de cuatro minutos hasta que la horrible verdad cayó sobre Harry como una losa.

- No…no puede ser. - dijo, aterrorizado. - No me digan que hemos perdido…-

- Diggory atrapó la Snitch, - respondió George. - poco después de que hicieras aparecer aquella gran luz. Él también se quedó asombrado por lo sucedido. Después de que tocaras el suelo, él quiso que se anulara el partido, quería que se repitiera, pero ganaron limpiamente, incluso Wood lo ha admitido. -

Harry asintió lentamente. - ¿Dónde está Oliver? - preguntó, notando que su gran capitán no estaba presente.

- Él está en las duchas. - respondió Fred. - Pero no te preocupes, has hecho tanto por el equipo que desde luego no te va a reprochar nada. Algún día tenía que pasar. -

- ¡Tch! Maldición…- dijo Harry, dando con enfado un golpe suave contra su colchón. - Si tan solo hubiera atrapado la Snitch antes de que esos insectos…-

- ¿¡Pero tú eres tonto o que!? - gritó Hermione alterada, dándole un golpe en la cabeza a Harry y haciendo que los demás pegaran un salto de pánico. - ¡Los dementores invadieron el campo! ¡Tú no tienes la maldita culpa de nada! - respiró hondo y dijo con tristeza: - Así que haz el favor de descansar y recupérate lo antes posible…-

Mientras se frotaba la cabeza, Harry le dijo con una sonrisa: - Me recuperaré antes si no me añades una lesión cerebral. - Hermione se sonrojó y en voz muy baja dijo "Lo siento".

- Tienes que levantar ese ánimo Harry. - dijo Chloe, acercándose a él. - Alguna vez tenía que pasar, y encima fue por mala suerte. -

- Por supuesto que sí, - dijo Ginny, guiñándole el ojo. - además, aún se puede remontar. -

- Hemos perdido por cien puntos, ¿no? - dijo Fred, sacando un pergamino y una pluma de su túnica. - Si Hufflepuff pierde ante Ravenclaw y nosotros ganamos a Ravenclaw, y Slytherin...-

- Hufflepuff tendrá que perder al menos por doscientos puntos. - dijo George.

- Pero si ganan a Ravenclaw...-

- Eso no puede ser, los de Ravenclaw son muy buenos. -

- Pero si Slytherin pierde frente a Hufflepuff...-

- Todo depende de los puntos...Un margen de cien, en cualquier caso...-

Harry guardaba silencio, habían perdido. Por primera vez en su vida había perdido un partido de Quidditch. Sin embargo, no todo fue tan malo, ya que al fin había logrado convocar un Patronus Corpóreo, y no un cualquiera, sino uno majestuoso y enorme.

Después de unos diez minutos, la señora Pomfrey se presentó en la enfermería para echarlos a todos y que dejaran a Harry en paz.

- Luego vendremos a verte. - le dijo Fred. - No te tortures Harry, sigues siendo el mejor buscador que hemos tenido. - Harry asintió, soltando una pequeña sonrisa.

El equipo salió en tropel, dejando el suelo manchado de barro. Chloe y Ginny vieron que Luna pasaba por el pasillo y se reunieron con ella, antes de que la señora Pomfrey les cerrara la puerta con cara de mal humor.

Ron se acercó un poco más a la cama de Harry, quien tenía a Hermione a su lado.

- Dumbledore estaba muy enfadado. - dijo Hermione, mientras le frotaba la mano a Harry con suavidad. - Nunca lo había visto así, y no me extraña. Podrías haber muerto Harry, si no llega a ser por…aquella luz…El profesor Dumbledore nos dijo que aquel Patronus no era un corpóreo común, nunca antes había visto algo así. Harry, ¿tú puedes explicarnos que pasó? -

El azabache miró hacia el techo. - Fue…algo muy extraño. - dijo, mientras recordaba su batalla con los dementores. - ellos me rodearon…me encerraron en una profunda oscuridad…vi mi vida pasar a través de mis ojos…- tanto Ron como Hermione palidecieron. - Pero luego…me sostuve a una pequeña luz de esperanza…- añadió con una sonrisa afable. - sentí un cálido abrazo, sacándome de esa oscuridad…y dejando paso a la luz…-

- ¿Y que era…esa luz? - le preguntó Hermione de un susurro.

- Eras tú, Hermione…- dijo Harry, haciendo que ella se sonrojara mucho. - era Ron, Chloe, Ginny, Luna, los gemelos, incluso Neville…es algo extraño. Era como si todos estuvieran allí, sosteniéndome para que no cayera. Creo que fue eso, pensé en todos vosotros y creo que eso me impulsó a no darme por vencido, a darlo todo hasta el último aliento…-

Ron no parecía "enterarse de la película". - A ver si lo he entendido, - dijo. - pensaste en nosotros, ¿y gracias a eso pudiste hacer aparecer a ese gigantesco león plateado? -

- La verdad, Ronald, - dijo Harry, riéndose. - es que no sé muy bien lo que hice. Lo primero que pensé era que mi Patronus corpóreo era como cualquier otro, al menos hasta que se volvió mucho más grande. Si Dumbledore dice que es inusual, tal vez debería preguntarle que es, según él, lo que ocurrió. - de repente, recordó algo muy importante. - Por cierto, ¿alguien sabe dónde está mi Nimbus 2.000? - Ron y Hermione se miraron. - Eh...¿Qué pasa? - preguntó.

- Bueno, - dijo Hermione con voz vacilante. - cuando te caíste... se la llevó el viento…-

- ¿Y? -

- Y chocó...chocó...contra el sauce boxeador. -

Harry sintió como si una parte de él se hubiera ido a una mejor vida. Su preciada Nimbus 2.000, el regalo que con tanto cariño recibió por parte de la profesora McGonagall, había ido a parar en el Sauce Boxeador, el único árbol de todo el colegio que repartía golpes.

- ¿Y? - preguntó, temiendo la respuesta.

- Bueno, - dijo Ron. - ya sabes que al Sauce Boxeador no le gusta que lo golpeen. -

- Por supuesto…- suspiró Harry.

- El profesor Flitwick la trajo poco antes de que recuperaras el conocimiento. - explicó Hermione en voz muy baja.

Se agachó muy despacio para coger una bolsa que había a sus pies, le dio la vuelta y puso sobre la cama una docena de astillas de madera y ramitas. Era todo lo que quedaba de la fiel y finalmente abatida escoba de Harry.

Él no pudo evitar soltar unas lágrimas sobre los restos de su fiel amiga, quien cayó en combate, tras una más que honorable batalla ante los Dementores.

Capítulo 48 - Un mapa único

La señora Pomfrey insistió en que Harry se quedara en la enfermería el fin de semana. Él no se quejó, pero no le permitió que tirara los restos de la Nimbus 2.000. Sabía que era una tontería y que la Nimbus no podía repararse, pero Harry no podía evitarlo. Era como perder a uno de sus mejores amigos.

Al sostener los restos, las imágenes de él atrapando la Snitch, ganando la Copa de Plata en su primer año, y mofándose de Malfoy y los Slytherins le invadían la mente.

- Te echaré de menos vieja amiga…- pensó Harry, mientras acariciaba la bolsa con los restos de su Nimbus 2.000. - nunca olvidaré todos esos maravillosos momentos que pasamos juntos hasta el final…-

Harry tenía pensado darle un entierro digno a su escoba. Era lo menos que él consideraba que podía hacer para honrar su memoria.

Lo visitó gente sin parar, todos con la intención de infundirle ánimos y de alabarle por su gigantesco Patronus, todos ellos sin dejar de hablar maravillas de él. Hagrid le envió unas flores llenas de tijeretas y que parecían coles amarillas. Chloe, junto con Ginny y Luna le trajeron unas ranas de chocolate, deseándole de nuevo una pronta recuperación.

- ¡Genial! - pensó el azabache, muy feliz. - ¡Más para mi colección! -

El equipo de Gryffindor volvió a visitarlo el domingo por la mañana, esta vez con Wood, que aseguró a Harry que no lo culpaba en absoluto. Ron no se separaba de él hasta la noche, y Hermione…ella no quería separarse de Harry en absoluto.

Y aunque a Harry le contentaba tenerla tan cerca, insistió en que debía centrarse en acabar sus trabajos, por lo que le pidió que le trajera sus libros para así hacer juntos el trabajo sobre como matar licántropos encargado por Snape.

- Pero es una bobada hacer este trabajo…- se quejó Ron.

- De eso nada, Ronald. - dijo Harry. - Estar en la enfermería no es excusa para dejar de lado mis obligaciones académicas. - Hermione asintió con aprobación, mientras lo acompañaba con sus deberes.

Ron y Hermione no se iban hasta que llegaba la noche, incluso Chloe se unía a ellos, trayendo algunos pasteles de caldero para acompañarlos y cenar algo juntos. Para Harry le resultó más llevadero su estancia en la enfermería con ellos cerca.

A pesar de contarles lo ocurrido durante el partido ante Hufflepuff, Harry no les había dicho nada (más bien, a nadie) acerca del Grim, porque sabía que Ron se asustaría, Chloe iniciaría un interrogatorio más profundo y Hermione se burlaría ("¿En serio sería capaz de reírse? - pensó Harry, temiendo la respuesta."). Harry no podía evitar preguntarse si lo que vieron sus compañeros en la primera clase de adivinación sobre él era verdad. ¿Iba a acosarlo el Grim hasta la muerte? ¿Iba a pasar él el resto de su vida esperando las apariciones del animal?

- Incluso si ese fuese el caso, - pensó Harry, negándose a dejarse intimidar por chorradas como malos augurios. - no dejaría de hacer lo que hago. -

Fue un alivio regresar el lunes al bullicio del colegio, donde estaba obligado a pensar en otras cosas, aunque tuviera que soportar las burlas de Pansy Parkinson, la examiga de Malfoy, quien había adquirido una excesiva obsesión por molestarlo, sobre todo por tener a Hermione como mejor amiga.

- ¿En serio hay necesidad de tener a un grupo de Slytherin fastidiando? - pensó Harry.

Hermione, por supuesto, estaba que echaba chispas. En más de una ocasión, Harry y Ron tuvieron que agarrarla de los brazos para que no empezara a pelearse con ella, sin varita ni hechizos de por medio.

- Ya solo me falta ver a estas dos rodando por los suelos y jalándose de los pelos, - pensó Harry con los ojos entrecerrados, mientras Hermione despotricaba contra Parkinson, y esta se burlaba de su pelo. - Si, reconozco que sería un buen espectáculo…-

Durante la clase de pociones, Snape se interesó por el estado de salud de Harry, lo cual para Harry le pareció extraño.

- ¿Cómo te encuentras, Potter? - susurró como siempre.

- Bien, - respondió Harry, algo confuso. - mucho mejor. Gracias por preguntar…-

- Supongo que…- dijo Snape, con el rostro frio y calculador. - a partir de ahora ya no tendremos que preocuparnos por si los dementores intentan atacarte de nuevo…-

- Así es, - dijo Harry, sonriendo y tratando de ocultar sus ganas de presumir. - ahora estoy preparado. Por cierto, tengo los dos pergaminos que nos encargó en su clase de Defensa contra las Artes Oscuras. - añadió, entregándole los pergaminos a su profesor.

El profesor de pociones los ojeó detenidamente, antes de asentir. - Bien…- dijo. - al igual que la señorita Granger, te tomas en serio las clases…Ahora que ya conoces a los licántropos, estás suficientemente preparado como para sobrevivir a ellos…en caso de que te los encuentres…-

Harry frunció el entrecejo ante tal comentario, pero no dijo nada.

Tras concluir la clase de pociones, Harry y sus amigos se dirigieron a la clase de Defensa contra las Artes Oscuras. Y para la agradable sorpresa de todos, allí estaba el profesor Lupin, quien parecía en mejor estado de salud.

Las togas de siempre le quedaban grandes y tenía ojeras. Sin embargo, sonrió a los alumnos mientras se sentaban, y ellos prorrumpieron inmediatamente en quejas sobre el trabajo que dejó el profesor Snape durante la enfermedad de Lupin.

- Vaya con el profesor Snape…- dijo Lupin con decepción. - Sólo estaba haciendo una sustitución ¿Por qué tenía que mandaros trabajo? -

- No sabemos nada sobre los hombres lobo...-

- ¡... dos pergaminos! -

- ¿Le dijisteis al profesor Snape que todavía no habíamos llegado ahí? - preguntó el profesor Lupin, frunciendo un poco el entrecejo.

Volvió a producirse un barullo.

- Si, pero dijo que íbamos muy atrasados...-

-... no nos escuchó...-

- ¡... dos pergaminos! -

Harry y Hermione rodaron los ojos exasperados, mientras murmuraban cosas como "vagos", "flojos" o "exagerados".

- ¡Bah! Paquetes. - pensó Harry con fastidio. - Siempre se quejan y luego se olvidan de que los trabajos también cuentan para mejorar las notas. -

El profesor Lupin sonrió ante la indignación que se dibujaba en todas las caras. - No os preocupéis. - dijo. - Hablaré con el profesor Snape, no tendréis que hacer el trabajo. -

Casi todos rompieron en aplausos y vítores, mucho más contentos que antes. Sin embargo, ni a Harry ni a Hermione les hizo gracia. Ellos habían trabajado muy duro en los deberes de Snape.

- ¡Oh, no! - exclamó Hermione, decepcionada. - ¡Yo ya lo había terminado! -

- Y yo también. - bufó Harry, un poco molesto.

Lupin les dio una sonrisa afable a los dos. - En ese caso, - dijo. - os concederé una nota extra a los dos por tomaros la molestia. - y ambos le sonrieron con satisfacción.

Tuvieron una clase muy agradable. El profesor Lupin había llevado una caja de cristal que contenía un hinkypunk, una criatura pequeña de una sola pata que parecía hecha de humo, enclenque y aparentemente inofensiva.

- Atrae a los viajeros a las ciénagas. - dijo el profesor Lupin mientras los alumnos tomaban apuntes. - ¿Veis el farol que le cuelga de la mano? Le sale al paso, el viajero sigue la luz y entonces...-

El hinkypunk produjo un chirrido horrible contra el cristal.

Al sonar el timbre, todos, Harry entre ellos, recogieron sus cosas y se dirigieron a la puerta, pero...

- Espera un momento, Harry. - le dijo Lupin. - Me gustaría hablar contigo. -

Harry volvió sobre sus pasos y vio al profesor cubrir la caja del hinkypunk.

- Me han contado lo del partido, - dijo Lupin, volviendo a su mesa y metiendo los libros en su maletín. - y lamento mucho lo de tu escoba. ¿Será posible arreglarla? -

- Me temo que no…- respondió Harry con algo de tristeza. - El Sauce Boxeador lo dejó hecho pedazos, no hay nada que hacer... -

- Plantaron el Sauce Boxeador el mismo año que llegué a Hogwarts. - explicó Lupin, bajando la cabeza. - La gente jugaba a un juego que consistía en aproximarse lo suficiente para tocar el tronco. Un chico llamado Davey Gudgeon casi perdió un ojo y se nos prohibió acercarnos. Ninguna escoba habría salido airosa. -

El azabache asintió - ¿Ha oído también lo de los dementores? - preguntó. Lupin le dirigió una mirada rápida.

- Sí, lo oí. - dijo Lupin. - Creo que nadie ha visto nunca tan enfadado al profesor Dumbledore. Estaban rabiosos porque Dumbledore se negó a dejarlos entrar en los terrenos del colegio...Supongo que no pudieron resistirse a la gran multitud que había en el estadio. Toda aquella emoción... El ambiente caldeado... Para ellos, tenía que ser como un banquete. Fue la razón por la que te caíste, ¿no? -

- Más o menos. - dijo Harry. - Logré convocar un Patronus, pero…Dumbledore dijo que era…-

- ¿Inusual? -

- Si…- dijo Harry en tono sorpresivo. - ¿cómo lo sabe? -

- Él me contó lo que sucedió en el campo, - respondió el profesor Lupin, mirando a Harry con gran interés. - Dijo que jamás en su vida había algo tan hermoso y majestuoso brillar desde el cielo. Dumbledore afirmó que tú no usaste un recuerdo para convocar ese Patronus Harry, sino que se trataba de algo más. De ser así podría explicar porque en vez de ser repelidos, aquellos Dementores fueron exterminados…-

Harry no daba crédito a lo que oía. - Yo…- dijo, sin terminar de creérselo. - ¿yo exterminé a los Dementores? -

- Si Harry…- dijo Lupin. El tampoco parecía poder explicárselo a sí mismo. - El encantamiento Patronus lo mucho que hace es repeler a los Dementores, esa es su principal función. - hizo una pausa antes de seguir. - pero Harry, ¿eliminarlos? Es la primera vez que sucede. - añadió con seriedad, aunque parecía feliz de decirlo. - No a existido jamás un mago con la capacidad de hacer algo así, o al menos por lo que conocemos ciñéndonos a la historia mágica…-

- Pero como…- susurró Harry. - ¿cómo he conseguido eliminar a los Dementores con aquel Patronus? No lo entiendo…-

- Dumbledore está estudiando a fondo las capacidades del Patronus, - dijo el profesor Lupin, tocando el hombro de Harry. - en cuanto encuentre la respuesta, te lo hará saber. Lo que has hecho ha sido un extraordinario descubrimiento, ha sido de tal manera, que incluso ha decidido mantener la eliminación de aquellos dementores en secreto. Quizás estemos mejor un tiempo sin una presencia tan abundante de esos seres. -

Harry asintió, sintiéndose impaciente por conocer la conclusión de la investigación de Dumbledore. - Al menos no tendré a esos insectos cerca de mí por un tiempo. - dijo. - ¿Sabe? Cuando me rodearon, por un momento pensé que moriría allí…pero me negué a darme por vencido sin haberlo dado todo antes, y eso que motivos para rendirme no me faltaban. Bastaba con escuchar la voz de mi madre el día en que Voldemort la mató y…- a su mente llegaron las voces de Ryddle y aquella persona misteriosa que le hablaba de como dividir su alma. - Odio admitirlo, - suspiró. - pero desde mi primer encuentro con los Dementores siento como si me afectaran más que a los demás. He visto como se acercaban a otros y estos no reaccionaban como yo ante su presencia. Quizás deba aceptar que soy más vulnerable a ellos. -

- Los Dementores te afectan más que a los demás porque en tu pasado hay cosas horribles que los demás no tienen. - dijo Lupin. Un rayo de sol invernal cruzó el aula, iluminando su cabello gris las líneas de su joven rostro. - Los Dementores están entre las criaturas más nauseabundas del mundo. Infestan los lugares más oscuros y más sucios. Disfrutan con la desesperación y la destrucción ajenas, se llevan la paz, la esperanza y la alegría de cuanto les rodea. Incluso los muggles perciben su presencia, aunque no pueden verlos. -

- Hm…si, - admitió Harry. - aunque se deba principalmente al repentino cambio en el entorno cuando están ellos. -

- Si alguien se acerca mucho a un Dementor, - dijo Lupin, con el rostro sombrío. - éste le quitará hasta el último sentimiento positivo y hasta el último recuerdo dichoso. Si puede, el Dementor se alimentará de él hasta convertirlo en su semejante: en un ser desalmado y maligno. Le dejará sin otra cosa que las peores experiencias de su vida. Y el peor de tus recuerdos, Harry, es tan horrible que derribaría a cualquiera de su escoba. - con una sonrisa afable añadió: - Si eres capaz de luchar contra ellos, a pesar de todo lo que te ha ocurrido…es posible que este en presencia del más fuerte de los magos. Tu voluntad de no rendirte es impresionante. -

Harry no pudo evitar pensar que aquellas palabras fueron las mejores que había recibido por parte de un profesor. Lupin era de los pocos que no lo subestimaban.

A finales de noviembre, Ravenclaw logró derrotar a Hufflepuff en el partido de Quidditch. El estado de ánimo de Harry mejoró mucho. Gryffindor no había perdido todas las posibilidades de ganar la copa, aunque tampoco podían permitirse otra derrota. Wood recuperó su energía obsesiva y entrenó al equipo con la dureza de costumbre bajo la fría llovizna que persistió durante todo el mes de diciembre.

Harry no vio la menor señal de los Dementores dentro del recinto del colegio. Su número había quedado reducido a causa de su espectacular Patronus. Entonces fue cuando pensó que era el ambiente idóneo para practicar magia sin preocuparse demasiado por su presencia en los terrenos.

Chloe estuvo semanas preguntándole a Harry como crear un Patronus tan enorme (ni siquiera se había leído la teoría), pero este le insistía en que no sabía cómo hacer uno igual al del partido contra Hufflepuff.

- No sé cómo crear un Patronus de semejantes dimensiones, - dijo. - pero puedo hacer un corpóreo completo y normal. Observa…- agitó la varita, y mientras pensaba en su primer encuentro con Hermione dijo: - ¡Expecto Patronum! -

Un león plateado salió de la varita de Harry. Quizás no era aquel gigantesco león el cual exterminó a los dementores, pero desde luego era lo que Harry siempre quiso. Crear al corpóreo.

- Oooooh…- dijo Chloe, mientras acariciaba la cabeza del Patronus como si se tratara de un gatito muy grande. - ¿Crees que yo también pueda hacer uno así? -

- Desde luego, - dijo Harry, sonriendo. - pero te llevará un tiempo lograrlo. Un Patronus requiere de mucha práctica. Ah, eso me recuerda…- dio un salto y adoptó una pose de combate mágico. - Aún no he puesto a prueba tus habilidades este año. Vamos Chloe, quiero ver si mejoraste con tu hermano en vacaciones. -

- ¡Vale! - Chloe blandió su varita y se preparó para atacar. - Pero te aviso que esta vez no se me desvían los hechizos. -

- Bien…- dijo Harry con entusiasmo. - Entonces voy preparándome por si tengo que rechazarlos yo mismo…- pensó.

- ¡Desmaius! - exclamó Chloe, lanzando correctamente el encantamiento aturdidor. Bien conjurado y direccionado fue directo hacia Harry.

Harry agitó su varita y dijo "¡Protego!" justo cuando el encantamiento iba a impactar sobre él, actuando de reflejo y devolviéndole el ataque a Chloe.

- ¡Wow! - gimió ella, haciéndose a un lado para que el encantamiento no le diera.

- Muy bien. - dijo Harry con satisfacción. - Si los encantamientos te salen así supongo que ya va siendo hora de pasar al siguiente nivel. - alzó la varita y añadió: - Será mejor que te prepares. Voy a atacar. -

Chloe infló sus cachetes y dijo: - ¡Ya no me hagas esperar y lanza el hechizo que quieras! -

Harry agitó su varita, haciendo una especie de flecha para luego decir: - ¡Vermillious Tria! -

Una descarga de rayos eléctricos en forma de estrellas salió disparada de la varita del azabache, acercándose peligrosamente a Chloe.

- ¡Ya lo hice antes! ¡Vamos! ¡Yo puedo! - gimoteó ella, antes de agitar su varita y gritar: - ¡Protego! -

Con un escudo mágico e invisible, el hechizo de Harry fue rechazado exitosamente, lo que hizo que este se sintiera orgulloso (en parte él había sido como un maestro para Chloe) y emocionado ante un posible desafío.

- Venga, - dijo Harry, poniéndose en guardia. - quiero ver si eres capaz de seguirme el ritmo. -

Chloe sonrió entusiasmadamente. - ¡Que bien! - dijo alegremente. - ¡Te estoy dando problemas! -

- ¿En serio? - pensó Harry, rodando los ojos. - ¡Muy bien, aquí voy! - dijo.

Ambos se pasaron dos horas lanzándose hechizos en mitad de los terrenos, sin que nadie interrumpiera el pequeño duelo. Harry tuvo que admitir que Chloe había mejorado mucho practicando con su hermano en vacaciones. Había adoptado su propio estilo de duelo y era difícil atinarla. A pesar de todo, Harry volvió a ganar.

- ¡Oh, venga! - se quejó Chloe, tras ser derribada por un Expelliarmus in extremis.

- Estoy impresionado. - dijo Harry, secándose el sudor con la manga. - Tu progreso está siendo fascinante, más de lo que imaginaba. Creo que voy a tener que seguir practicando o acabaras ganándome. -

- ¡Algún día te daré tu merecido, Harry! - bufó Chloe, poniendo una cara muy cómica de queja.

- Si me detengo, - pensó Harry, sonriendo. - por supuesto que lo hará…-

Dos semanas antes de que terminara el trimestre, el cielo se aclaró de repente, volviéndose de un deslumbrante blanco opalino, y los terrenos embarrados aparecieron una mañana cubiertos de escarcha. Dentro del castillo había ambiente navideño.

El profesor Flitwick, que daba Encantamientos, ya había decorado su aula con luces brillantes que resultaron ser hadas de verdad, que revoloteaban. Los alumnos comentaban entusiasmados sus planes para las vacaciones.

Ron y Hermione habían decidido quedarse en Hogwarts para hacer compañía a Harry, y él se sintió muy agradecido.

- Y lo mejor de todo…- pensó entusiasmado. - ¡pasaré las navidades con Hermione! -

Para satisfacción de todos, estaba programada otra salida a Hogsmeade para el último fin de semana del trimestre. Sin embargo, una noticia desagradable llegó a oídos de Harry. La profesora McGonagall lo llamó a su despacho.

Parecía más severa de lo normal.

- Potter, - dijo ella, quitándose las gafas. - hay indicios de que Sirius Black ha sido visto merodeando por los alrededores de Hogsmeade. Por lo que entre todos hemos decidido que, por esta vez, es mejor que no vayas. -

- ¿¡Que!? - inquirió Harry, sin contenerse. - Profesora, esto es ridículo, Black no es una amenaza para mí. Puedo llevar la situación si se presenta sin ningún problema. - se quejó. Estaba cansado de que los profesores subestimaran sus habilidades.

- ¡Te quedarás en el castillo! - dijo la profesora con los ojos de halcón, saltando de su asiento y dando un fuerte golpe sobre su escritorio. - ¡Y ES MI ULTIMA PALABRA! -

Harry se quedó helado. Era la primera vez que la Profesora McGonagall se enfadaba con él de verdad, estaba echando chispas. Harry pensó que era mejor calmarla cuanto antes.

- Lamento mucho mi actitud profesora…- dijo él, cabizbajo. - Si es deseo del profesorado el que me abstenga de ir a Hogsmeade en esta ocasión, así será. Me quedare…-

McGonagall se relajó, y volvió a sentare. - Bien…- dijo. - ya puedes irte, Harry. -

Harry se marchó del despacho de la Profesora McGonagall, indignado y enfadado. Se perdería la visita a Hogsmeade por culpa de Sirius Black.

- ¡Bah! ¿Qué coj*nes va a hacerme Black? - pensó con fastidio. - ¿Coger un cuchillo y lanzarse a por mí a lo Rambo? Bobadas, soy perfectamente capaz de desarmarlo y humillarlo si quiero, ¡es más! ¡Yo mismo podría detenerle y encerrarlo de nuevo en Azkaban! Tienen a un grupo llamado Aurores cuyo trabajo es atrapar a magos tenebrosos y fugados como Black, y siguen ahí sin saber dónde está ese tío. Hasta han tenido que llamar a una cazarrecompensas para ir tras él, esto es penoso. -

Una vez en la sala Común, le explicó su situación a Ron y Hermione. Ella, para mayor disgusto de Harry, estaba de acuerdo con la Profesora McGonagall.

- No es por decir que exagera, pero exagera. - pensó Harry con decepción. - Hasta Hermione subestima mis habilidades…-

Por otra parte, Ron demostró porque era su mejor amigo. Se molestó mucho al saber que no podrían tomarse unas cervezas de mantequilla en las Tres Escobas.

- Por lo menos mi mejor amigo me apoya…- pensó Harry, sonriendo.

La mañana del sábado de la excursión, Hermione pensó en quedarse con Harry, sin embargo, este le insistió en que se fuera con Ron, que la próxima visita sería en otro gran periodo de tiempo. Después de pensárselo bien, Hermione finalmente cedió a ir junto con Ron. Harry se despidió de ellos, envueltos en capas y bufandas, y subió solo la escalera de mármol que conducía a la torre de Gryffindor.

Había empezado a nevar y el castillo estaba muy tranquilo y silencioso.

- ¡Pss, Harry! -

Se dio la vuelta a mitad del corredor del tercer piso. Vio a Fred y a George que lo miraban desde detrás de la estatua de una bruja tuerta y jorobada.

- ¿Qué hacéis? - preguntó Harry con curiosidad. - ¿Cómo es que no estáis camino de Hogsmeade? -

- Hemos venido a darte un poco de alegría navideña antes de irnos…- le dijo Fred, guiñándole el ojo misteriosamente. - Entra aquí...- le señaló con la cabeza un aula vacía que estaba a la izquierda de la estatua de la bruja.

Harry entró detrás de Fred y George. George cerró la puerta sigilosamente y se volvió, mirando a Harry con una amplia sonrisa.

- Nos enteramos de que te castigaron sin ir a Hogsmeade. - dijo Fred, empezando a repartirse los diálogos con su gemelo.

- Y no nos pareció justo…-

- Que le hicieran eso…-

- A nuestro cliente favorito…-

- Por ello, tenemos para ti…-

- Un regalo navideño por adelantado, Harry - dijo finalmente George.

Fred sacó algo de debajo de la capa y lo puso en una mesa, haciendo con el brazo un ademán rimbombante. Era un pergamino grande, cuadrado, muy desgastado. No tenía nada escrito. Harry, sospechando que fuera una de las bromas de Fred y George, lo miró con detenimiento.

- ¿Qué es esto? -

- Esto, Harry, es el secreto de nuestro éxito. - dijo George, acariciando el pergamino.

- Nos cuesta desprendernos de él, - confesó Fred. - pero anoche llegamos a la conclusión de que tú lo mereces más que nosotros. Considéralo como nuestro pago por comprar siempre en nuestra tienda. -

- De todas formas, - añadió George. - nos lo sabemos de memoria, tuyo es. A nosotros ya no nos hace falta. -

- ¿Pero para que sirve este pergamino? ¿Es…mágico? - preguntó el azabache, analizando cuidadosamente el pergamino.

- Es mucho más que eso…- dijo Fred. - explícaselo Georgie. -

- Bueno, - dijo George. - Harry…cuando estábamos en primero... y éramos jóvenes, despreocupados e inocentes...- Harry soltó una carcajada. Dudaba que Fred y George fueran inocentes alguna vez. - Bueno, más inocentes de lo que somos ahora...tuvimos un pequeño problema con Filch. -

- Tiramos una bomba fétida en el pasillo y se molestó. -

- Así que nos llevó a su despacho y empezó a amenazarnos con el habitual...-

- ... castigo...-

- ... de descuartizamiento...-

- ... y fue inevitable que viéramos en uno de sus archivadores un cajón en que ponía "Confiscado y altamente peligroso".

- No me digáis que...- dijo Harry, sonriendo.

- Bueno, ¿qué habrías hecho tú? - preguntó Fred. - George se encargó de distraerlo lanzando otra bomba fétida, yo abrí a toda prisa el cajón y cogí...esto. -

- No fue tan malo como parece. - dijo George. - Creemos que Filch no sabía utilizarlo. Probablemente sospechaba lo que era, porque si no, no lo habría confiscado. -

- ¿Y sabéis utilizarlo? -

- Si. - dijo Fred, sonriendo con complicidad. - Esta pequeña maravilla nos ha enseñado más que todos los profesores del colegio. -

- ¡Bah! Eso no puede ser…- dijo Harry, mirando el pergamino.

- Ah, ¿sí? - preguntó George. Sacó la varita, tocó con ella el pergamino y pronunció unas palabras: - Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas. -

Inmediatamente, a partir del punto en que había tocado la varita de George, empezaron a aparecer unas finas líneas de tinta, como filamentos de telaraña. Se unieron unas con otras, se cruzaron y se abrieron en abanico en cada una de las esquinas del pergamino. Luego empezaron a aparecer palabras en la parte superior. Palabras en caracteres grandes, verdes y floreados que proclamaban…

Los señores Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta

proveedores de artículos para magos traviesos

están orgullosos de presentar

EL MAPA DEL MERODEADOR

Era un mapa que mostraba cada detalle del castillo de Hogwarts y de sus terrenos. Pero lo más extraordinario eran las pequeñas motas de tinta que se movían por él, cada una etiquetada con un nombre escrito con letra diminuta. Estupefacto, Harry se inclinó sobre el mapa. Una mota de la esquina superior izquierda, etiquetada con el nombre del profesor Dumbledore, lo mostraba caminando por su estudio. La gata del portero, la Señora Norris, patrullaba por la segunda planta, y Peeves se hallaba en aquel momento en la sala de los trofeos, dando tumbos. Y mientras los ojos de Harry recorrían los pasillos que conocía, se percató de otra cosa: aquel mapa mostraba una serie de pasadizos en los que él no había entrado nunca. Muchos parecían conducir...

- Este mapa…¡ES LA LECHEEEEEEEE! – pensó Harry muy emocionado. Era como tener todo Hogwarts en la palma de tu mano.

- Exactamente a Hogsmeade. - dijo Fred, recorriéndolos con el dedo. - Hay siete en total. Ahora bien, Filch conoce estos cuatro. - los señaló. - Pero nosotros estamos seguros de que nadie más conoce estos otros. Olvídate de éste de detrás del espejo de la cuarta planta. Lo hemos utilizado hasta el invierno pasado, pero ahora está completamente bloqueado. Y en cuanto a éste, no creemos que nadie lo haya utilizado nunca, porque el sauce boxeador está plantado justo en la entrada. Pero éste de aquí lleva directamente al sótano de Honeydukes. Lo hemos atravesado montones de veces. Y la entrada está al lado mismo de esta aula, como quizás hayas notado, en la joroba de la bruja tuerta. -

- Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta…- suspiró George, señalando la cabecera del mapa. - Les debemos tanto...-

- Hombres nobles que trabajaron sin descanso para ayudar a una nueva generación de quebrantadores de la ley…- dijo Fred solemnemente.

- Bien. - añadió George. - No olvides borrarlo después de haberlo utilizado. -

- De lo contrario, - dijo Fred en tono de advertencia. - cualquiera podría leerlo. -

- No tienes más que tocarlo con la varita y decir "¡Travesura realizada!", y se quedará en blanco. –

- Así que, joven Harry…- dijo Fred, imitando a Percy admirablemente. - Pórtate bien. -

- Nos veremos en Honeydukes…- le dijo George, guiñándole un ojo. Salieron del aula sonriendo con satisfacción.

Harry se quedó allí, mirando el mapa milagroso. Vio que la mota de tinta que correspondía a la Señora Norris se volvía a la izquierda y se paraba a olfatear algo en el suelo. Si realmente Filch no lo conocía, él no tendría que pasar por el lado de los dementores. Pero incluso mientras permanecía allí, emocionado, recordó algo que en una ocasión había oído al señor Weasley: "No confíes en nada que piense si no ves dónde tiene el cerebro".

- El señor Weasley es muy precavido…- pensó Harry.

Harry recorrió con el dedo el pasadizo secreto que llevaba a Honeydukes. Entonces, muy rápidamente, como si obedeciera una orden, enrolló el mapa, se lo escondió en la túnica y se fue a toda prisa hacia la puerta del aula. La abrió cinco centímetros. No había nadie allí fuera. Con mucho cuidado, salió del aula y se colocó detrás de la estatua de la bruja tuerta. ¿Qué tenía que hacer? Sacó de nuevo el mapa y vio con asombro que en él había aparecido una mota de tinta con el rótulo "Harry Potter". Esta mota se encontraba exactamente dónde estaba el verdadero Harry, hacia la mitad del corredor de la tercera planta. Harry lo miró con atención. Su otro yo de tinta parecía golpear a la bruja con la varita. Rápidamente, Harry extrajo su varita y le dio a la estatua unos golpecitos. Nada ocurrió. Volvió a mirar el mapa. Al lado de la mota había un diminuto letrero, como un bocadillo de tebeo. Decía "Dissendio".

- ¡Dissendio! - susurró Harry, volviendo a golpear con la varita la estatua de la bruja. - ¡Este mapa es el mejor del mundo! -

Inmediatamente, la joroba de la estatua se abrió lo suficiente para que pudiera pasar por ella una persona. Harry miró a ambos lados del corredor, guardó el mapa, metió la cabeza por el agujero y se impulsó hacia delante. Se deslizó por un largo trecho de lo que parecía un tobogán de piedra y aterrizó en una tierra fría y húmeda.

Se puso en pie, mirando a su alrededor. Estaba totalmente oscuro. Levantó la varita, murmuró ¡Lumos!, y vio que se encontraba en un pasadizo muy estrecho, bajo y cubierto de barro. Levantó el mapa, lo golpeó con la punta de la varita y dijo "¡Travesura realizada!" El mapa se quedó inmediatamente en blanco. Lo dobló con cuidado, se lo guardó en la túnica, y con el corazón latiéndole con fuerza, sintiéndose al mismo tiempo emocionado y temeroso, se puso en camino.

…..

El día en Hogsmeade no estaba resultando tan interesante como Hermione pensó que podía ser al principio. Los estudiantes fueron corriendo a diferentes establecimientos, pero visitando principalmente lugares como Zonko, Las Tres Escobas y Honeydukes. Ron no había tardado ni diez segundos en entrar allí desde que llegaron.

Negando con la cabeza, Hermione decidió darse una vuelta por las calles de Hogsmeade y reunirse con Ron luego. Al pasar cerca del local de Madame Pudipié, Hermione pensó que era un bonito lugar donde tener una cita.

¿En quien pensaba ella cuando hablaban de parejas? Cada vez que se hacia esa pregunta, la primera persona que se le venía a la cabeza era Harry, pues él a sido el primero chico que la trató de manera diferente a los primeros chicos que había conocido. Gentil, amable, estudioso, valiente, fuerte. Sin embargo, también tenía esa arrogancia que en ocasiones le apartaba de la realidad.

- Si tan solo Sirius Black no estuviera suelto. - pensó ella, cabizbaja. - No entiendo como Harry no puede pensar un poco en su propia seguridad. Él piensa que un asesino no puede con él, pero se equivoca. Black no es alguien a quien se deba subestimar…-

En Zonko, vio de nuevo a Fred y George a través de la ventana, hablando entusiasmadamente con el señor Bilmes y Tulip Karasu. Hermione sabía de antemano que aquel señor era uno de los principales proveedores de la tienda secreta de los gemelos.

- La verdad, - pensó, negando con la cabeza. - a veces pienso que hacen mal montando un negocio secreto dentro de la escuela. Mira que sacar tajada de los niños tontos que les gusta malgastar el dinero en bromas. Que desperdicio. -

Con el viento azotándole, Hermione se ajustó su bufanda y siguió su camino. Lo cierto era que, sin Harry, su visita a Hogsmeade no estaba siendo entretenida. Incluso cuando su mejor amigo se quejaba por cosas como la excesiva vigilancia sobre él o aquellos que subestimaban sus habilidades, no podía evitar pensar en que su compañía siempre era necesaria.

- Es difícil para mí no estar con él. - pensó con tristeza. - Quitando lo arrogante que es a veces, Harry es un caballero, un chico muy amigable. Con él siempre me siento más cómoda. Las cosas son más sencillas y entretenidas si está cerca. - alzó la vista y, a lo lejos, vio la famosa Casa de los Gritos, rodeada por unos cuantos Dementores. - Con esas criaturas tan cerca de nosotros, la verdad, no apetece mucho salir…-

- Genial, esto es genial. - escuchó la voz de alguien, quejándose. - Para una vez que vengo y me encuentro a los estúpidos dementores merodeando por Hogsmeade. ¿No puede una tomarse unas cervezas de mantequilla tranquilamente sin tenerlos tan cerca? No sé para qué volví a ese cuchitril de taberna. Quizás debí probar en Cabeza de Puerco…-

Por su tono, Hermione pensó que se trataba de una chica. Y por su manera de hablar le dio la sensación de que se trataba de una persona aburrida y malhumorada. Iba cubierta con una capucha y un abrigo negro. Estaba contemplando la Casa de los Gritos.

- Aún me sigo preguntando si hay espíritus en esa casa…- murmuró ella. Se cruzó de brazos y añadió de un bufido. - Vaya, no le vendría mal un arreglo. Empieza a parecerse a la choza de Hagrid. -

No supo con exactitud porque lo hizo. Normalmente, Hermione no se dejaba llevar mucho por las palabras ofensivas de ciertas personas, pero había algo en esa chica que no le gustaba.

- La cabaña de Hagrid no tiene nada de malo. - replicó ella, incapaz de contenerse.

- ¿Hm? - la chica se volvió para mirarla. Lo único que Hermione podía ver en ella, aparte de medio rostro (parecía tener unos veinte años), era un alargado mechón de pelo color anaranjado. - ¿Quién eres? - preguntó.

- Hermione Granger. - respondió ella, fulminando a la mujer.

- ¿Granger? - repitió la chica. - Creo que escuché ese nombre antes en "Las Tres Escobas". Si, la gente suele hablar de ti, de lo cerca que estas de Harry Potter y un Weasley (aunque no sé cuál de ellos, como son muchos...). -

- ¿A si? - farfulló Hermione. No esperaba ser conocida, aunque pensándolo bien, estar cerca de Harry conllevaba a serlo.

- También he oído que eres una de las mejores brujas de tu generación, - prosiguió la chica, aunque por su sonrisa parecía que se reía. - pero estoy segura de que no eres la más poderosa. Evidentemente, ese título me pertenece. -

- Nunca me ha interesado ser la bruja más poderosa. - dijo Hermione tranquilamente. - Yo solo quiero sacar las mejores notas para aspirar a una buena carrera cuando acabe mis estudios. -

La chica hizo un sonido parecido a las arcadas. - Entonces no eres de Slytherin. - dijo con decepción. - ¿Eres de Ravenclaw? -

- Soy de Gryffindor. - respondió Hermione, sintiéndose orgullosa.

- ¡Oh, qué horror! Eso es aún peor…- gaznó la chica. - ¿Explicará eso por qué Slytherin dejó de ganar la Copa de las Casas? (¡Seguro que gracias a ti Gryffindor gana muchos puntos!). Obviamente, eso no pasaba en mi etapa en Hogwarts. Conmigo, Slytherin siempre ganaba. -

Hermione sabía sobradamente que antes de su llegada Slytherin había ganado la Copa de la Casa siete veces seguidas. Sin embargo, le costaba trabajo creer que fuera todo gracias a una chica tan creída.

- ¿No crees que eres un poquito fanfarrona? - bufó Hermione.

- Solo digo la verdad. - dijo la chica arrogantemente. - No tiene nada de malo recordar gracias a quien Slytherin fue superior…-

- Si, toda una Slytherin. - dijo Hermione, chasqueando la lengua. - Adiós. - y se dispuso a marcharse, pero entonces la mujer apareció en frente de ella. - ¿E-eso fue aparición? -

- Obviamente. - dijo la chica, sonriendo malévolamente.

- ¿Y ahora qué quieres? - inquirió Hermione con impaciencia. - Mira, tengo mejores cosas que hacer que estar aquí escuchándote hablar de esa manera. Así que si me disculpas…-

- Desde el momento en que te vi, - dijo la chica, con una sonrisa malévola. - supe que eras una sangre su…- carraspeó y añadió: - bueno, eso, una niña de muggles. Aunque a diferencia de otros, tu no pareces ser una cobardica. -

- ¡Oh! ¡Por todos los cielos! - se quejó Hermione, irritada. - ¿¡Qué quieres!? -

- Ver si tienes tanto potencial como ese cerebro tuyo. - dijo la chica, blandiendo su varita y adoptando una posé de duelista. - Considera esto un honor, niña. No todos los días te enfrentas a la bruja más poderosa. -

- Esto tiene que ser una broma. - dijo Hermione, soltando una risita. - Eres mayor que yo, evidentemente tienes más potencial mágico. No tiene sentido que pelee contigo. -

Se dio la vuelta y se dispuso a marcharse rápidamente, y entonces "¡Plaf!". Se chocó con un extraño muro de hielo. Hermione sacudió su cabeza y tocó con las manos el hielo que la rodeaba, dejándola sin salida.

- ¿¡Que-que es esto!? - dijo ella, asustándose. - ¿¡Que pretendes!? - inquirió, volviéndose hacia la joven adulta.

- Que fácil es rehusarse a un duelo. - se burló la chica. - Pero ahora no tienes elección. Si quieres salir de aquí, niña, demuéstrame tu potencial mágico. -

- ¡Esto es absurdo! - dijo Hermione, desesperada. Sin encontrar una mejor solución, blandió su varita. - Muy bien, si esto es lo que quieres… -

- Adelante. - dijo la chica. - Lánzame cualquier hechizo, no te cortes. -

- ¡Desmaius! - dijo Hermione, agitando su varita y lanzando el encantamiento aturdidor.

- Típico. - dijo la chica, sonriendo. Agitó su varita y dijo: - ¡Depulso! -

- ¡Protego! - gritó Hermione, protegiéndose a tiempo.

La ventisca aumentó con el pasar de los minutos. Las dos brujas continuaron lanzándose hechizos con gran habilidad, pero Hermione no podía evitar sentirse frustrada. Tenía la desagradable sensación de que la chica solo estaba jugando con ella.

- Así debe sentirse Harry cada vez que se ve superado… - pensó Hermione tristemente, pero entonces tuvo que reaccionar con rapidez. La bruja adulta le había lanzado un encantamiento explosivo que por poco impactaba sobre ella.

- ¿Qué tal si aprovechamos el frío? - dijo la chica con malicia. Agitó la varita y dijo: - ¡Meteolojinx! -

La nieve se elevó en el cielo y comenzó a atacar a Hermione, golpeándola y rechazándola hacia atrás.

- ¡Ya tuve suficiente! - gritó Hermione, escapando de la nieve. - ¡Expelliarmus! - gritó, tratando de desarmar a la mujer.

- ¡Oh! - gimió la bruja, viendo como su varita saltaba de su mano. El encantamiento conocido como "Meteolojinx" había perdido su efecto.

Hermione no se lo esperaba. Había vencido a una bruja mayor que ella, e inevitablemente se sintió afortunada de haber practicado duelo con Harry, Ron y Chloe.

- Como odio ese hechizo. - masculló la bruja, sin embargo, sonrió. - Muy bien…-

No supo cómo pudo pasar, pero tan pronto como la bruja hizo un gesto con la mano, Hermione salió despedida hacia atrás, cayendo de trasero sobre la nieve.

- Bueno, - dijo la chica, recogiendo su varita. - has tenido suerte de que hoy no me encontraba muy fina. Si, a veces me confío un poco, de lo contrario…-

- Definitivamente suena como una Slytherin…- dijo Hermione, negando con la cabeza mientras se ponía en pie. - Eso fue magia no verbal, ¿verdad? -

- Con ese cerebro tuyo es evidente que algún día sabrás como hacerlo. - dijo la bruja. De repente, esbozó una sonrisa. - Nada mal para una niña de muggles. Puede que si estés preparada en caso de que…bueno... -

- ¿Era una prueba? - preguntó Hermione, sin enfadarse. - Lo dices por Sirius Black, ¿no? -

- Quizás esto te parezca absurdo, - dijo la bruja. Entonces, Hermione pudo verle los ojos: estos eran de color violeta. En realidad, era guapa. - pero Sirius Black es de lejos el menor de tus problemas, niña. Estando yo aquí no debes preocuparte por él. La verdadera amenaza está en Hogwarts. -

- ¿Entonces cuál es la verdadera amenaza? - inquirió Hermione.

- El niño que sobrevivió…- replicó la bruja, sonriendo malévolamente.

Aquello descolocó completamente a Hermione. ¿Harry era la amenaza? ¿Qué pasaba con Harry? Su mejor amigo solo era una amenaza para los malos, no para sus amigos. ¿En que estaba penando esa bruja? Sin lugar a dudas fue la respuesta que menos esperaba.

- Estás de broma, ¿verdad? - dijo Hermione, riéndose. - ¿Qué Harry es una amenaza? ¿Cómo puedes pensar eso? Él tan solo es un chico de trece años y…-

- ¿Con un poder extraordinario, tal vez? - dijo la bruja, acercándose a ella. - Cuando yo era estudiante, los profesores acudían a mi para que yo me encargara de solucionar sus malditos problemas…-

- ¿Qué clase de problemas? - preguntó Hermione, dudando que los profesores le pidieran algún tipo de ayuda a una chica tan grosera y mentirosa.

- Son problemas que ahora están resueltos, nada de lo que tengas que preocuparte. - dijo la bruja, sin dejar de sonreír. - Tu amigo, sin embargo, fue una de las más grandes amenazas a las que me enfrenté hace cinco años. En si no era una amenaza para nosotros, desde luego, pero si para los sangre su…- carraspeó. - ¡Jod**! ¡Vale! ¡Los muggles y sus hijos con o sin magia! Como tú…- Hermione notó que tenía las cejas gruesas. - No podía controlar el enorme poder que tenía escondido, y que probablemente aún tenga. Si yo fuera tú tendría mucho cuidado, pues el día que se vuelva completamente inestable podría acabar haciéndole daño a esos estúpidos muggles o…a ti y a tus amigos…-

- ¡No te creo! - gritó Hermione, apretando los puños. - ¡Harry es una buena persona! ¡De ninguna manera amenazaría a inocentes! - con una mirada de furia añadió: - ¡Mientes! -

- Que ingenua eres, - se burló la bruja. - pero no te culpo, eres solo una mocosa. Aún te queda mucho por aprender…- se volvió y empezó a alejarse.

- ¿¡Qui-quién diablos eres!? - inquirió Hermione, apretando lo dientes. - ¿¡De que conoces a Harry!? -

- Le conozco, - respondió la bruja, soltando una carcajada. - pero me temo que él ya no me recuerda. En fin, que pases una feliz tarde, Granger…Oh, y por si te lo preguntas…soy Mérula Snyde. -

- ¿Mérula Snyde? - repitió Hermione, sorprendiéndose - ¿Tú no eres esa cazarrecompensas que va tras Black? -

- Si, - respondió Snyde, dándose importancia. - y a diferencia de esos inútiles del Ministerio, yo no me detendré hasta que Black caiga ante mis manos. - y al mismo tiempo que la nieve volaba por la velocidad del viento, la chica desapareció.

No podía ser cierto. No había manera remota en que Harry, que constantemente defendía a los débiles y se enfrentaba a los peligros más grandes (como Voldemort) fuera una amenaza. Pero, ¿sería cierto lo que le había contado aquella bruja tan desagradable? Según Snyde, cinco años atrás Harry perdió el control sobre sus poderes. Pero de ser así, ¿Por qué Harry no le mencionó nada?

- Es posible que los únicos que sepan si esto es cierto o no se encuentren en el Ministerio de Magia. - pensó ella detenidamente, mientras caminaba hacia Honeydukes. - Los Dursley lo trataron muy mal, y en el colegio muggle su situación no era mejor. Quizás de tanto provocarle acabara por enfurecerse tanto como para perder el control y…¡No! ¡No pienso caer en eso! Harry es una buena persona con un gran corazón. Por muy mal que le traten no es capaz de hacerle daño a gente inocente. Yo creo que esa mujer simplemente está loca. Me siento tonta por creer en sus mentiras…-

Maldiciendo en voz baja a la bruja fanática de la sangre pura a la que había enfrentado (y vencido sin proponérselo), Hermione finalmente entró en Honeydukes para reunirse con Ron.

- ¿Dónde estabas? - le preguntó él, una vez ella entró. - Menuda pinta tienes. Ni que te hubieras enfrentado a un troll. -

- Casi, casi…- dijo Hermione de mal humor.

- Anima esa cara, - dijo Ron, sonriendo. - y vamos a ver que encontramos en las estanterías. -

- Está bien…- suspiró Hermione, intentando olvidar su encuentro con la extraña e irritante bruja.

….

Tardó mucho, pero a Harry le animaba la idea de llegar a Honeydukes. Después de una hora más o menos, el camino comenzó a ascender. Jadeando, aceleró el paso. Tenía la cara caliente y los pies muy fríos. Diez minutos después, llegó al pie de una escalera de piedra que se perdía en las alturas. Procurando no hacer ruido, comenzó a subir.

Luego, de improviso, su cabeza dio en algo duro. Parecía una trampilla. Aguzó el oído mientras se frotaba la cabeza. No oía nada. Muy despacio, levantó ligeramente la trampilla y miró por la rendija. Se encontraba en un sótano lleno de cajas y cajones de madera.

Salió y volvió a bajar la trampilla. Se disimulaba tan bien en el suelo cubierto de polvo que era imposible que nadie se diera cuenta de que estaba allí. Harry anduvo sigilosamente hacia la escalera de madera. Ahora oía voces, además del tañido de una campana y el chirriar de una puerta al abrirse y cerrarse. Mientras se preguntaba qué haría, oyó abrirse otra puerta mucho más cerca de él. Alguien se dirigía hacia allí, un par de pies bajaba por la escalera. Harry se ocultó tras un cajón grande y aguardó a que pasaran. Oyó que el hombre movía unas cajas y las ponía contra la pared de enfrente. Tal vez no se presentará otra oportunidad... Rápida y sigilosamente, salió del escondite y subió por la escalera.

Al mirar hacia atrás vio un trasero gigantesco y una cabeza calva y brillante metida en una caja. Harry llegó a la puerta que estaba al final de la escalera, la atravesó y se encontró tras el mostrador de Honeydukes. Agachó la cabeza, salió a gatas y se volvió a incorporar.