Capítulo 49 - El Padrino
Honeydukes estaba tan abarrotada de alumnos de Hogwarts que nadie se fijó en Harry. Pasó por detrás de ellos, mirando a su alrededor. - Estupendo, por una vez consigo pasar desapercibido. - pensó alegremente.
Harry, incapaz de contener una risa de travieso, se apretujó entre una multitud de chicos de sexto, y vio un letrero colgado en el rincón más apartado de la tienda ("Sabores insólitos"). Ron y Hermione estaban debajo, observando una bandeja de pirulíes con sabor a sangre. Harry se les acercó a hurtadillas por detrás.
- Quizás hubiera sido mejor quedarme con Harry. - suspiró Hermione. - podríamos haber aprovechado para adelantar algunos trabajos pendientes para la semana que viene…-
- Deja de pensar tanto en los deberes, - dijo Ron de un bufido y sosteniendo una bandeja con caramelos. - no tenemos visitas a Hogsmeade a diario. Intenta aprovechar al máximo la visita por Merlín…-
- Ya lo sé, es que…-
- Parece ser una evidencia que los dulces no son tu fuerte, Hermione…- dijo Harry de repente, llamando la atención de sus amigos.
- ¡Harry! - chilló Hermione, sorprendida. - ¿Qu-qué haces aquí? ¿Cómo... co-como lo has hecho? -
- ¡Ahí va! - dijo Ron muy impresionado. - ¡Has aprendido a materializarte! -
- ¿Eh? No, para nada. - dijo Harry, frunciendo el ceño. Bajó la voz para que ninguno de los de sexto pudiera oírle y les contó lo del mapa del merodeador.
- ¿Por qué Fred y George no me lo han dejado nunca? - se quejó Ron, una vez salieron de Honeydukes. - ¡Son mis hermanos! -
- ¡Pero Harry no se quedará con él! - dijo Hermione, como si la idea fuera absurda. - Se lo entregará a la profesora McGonagall. ¿A que sí, Harry? -
- Si claro, - bufó Ron. - junto con la capa invisible. No te digo…-
- No puedo hacerlo. - dijo Harry tajantemente. - Si lo entrego tendré que explicar de dónde lo conseguí. Entonces Filch se enteraría de que Fred y George se lo cogieron. - razonó.
- Pero ¿y Sirius Black? - susurró Hermione. - ¡Podría estar utilizando alguno de los pasadizos del mapa para entrar en el castillo! ¡Los profesores tienen que saberlo! -
Harry se encogió de hombros. A él no le importaba lo que intentara Black, ya que de encontrarlo haría que el encuentro fuera "inolvidable".
Ron, sin embargo, se aclaró la garganta y señaló un rótulo que estaba pegado en la parte interior de la puerta de la tienda.
POR ORDEN DEL MINISTERIO DE MAGIA
Se recuerda a los clientes que hasta nuevo aviso los dementores patrullarán las calles cada noche después de la puesta de sol. Se ha tomado esta medida pensando en la seguridad de los habitantes de Hogsmeade y se levantará tras la captura de Sirius Black. Es aconsejable, por lo tanto, que los ciudadanos finalicen las compras mucho antes de que se haga de noche.
¡Felices Pascuas!
- ¿Lo veis? - dijo Ron en voz baja. - Me gustaría ver a Black tratando de entrar en Honeydukes con los dementores por todo el pueblo. De cualquier forma, los propietarios de Honeydukes lo oirían entrar, ¿no? Viven encima de la tienda. -
- Sí, pero...- parecía que Hermione se esforzaba por hallar nuevas objeciones.
- ¿Me vas a delatar? - le preguntó Harry, sonriendo.
- No, - dijo Hermione, en claro tono de duda. - pero una cosa no quita la otra. Has venido a Hogsmeade sin el consentimiento de la Profesora McGonagall. Si te pillan…-
- Oh venga, - bufó Ron. - ¿podemos hacer algo que no sea buscar y resaltar todas las pegas de que Harry esté aquí? -
- Entiendo que Hermione esté preocupada, - dijo Harry, intentando ser razonable. - pero como estoy convencido de que ella entiende, Black no me preocupa en absoluto. Personalmente, no puedo esperar a que intente venir a por mí. - blandió la varita y añadió: - Quizás si lo atrapo consiga que los profesores al fin dejen de tomarme por un debilucho. -
- Harry, - empezó Hermione. - sé que para ti es frustrante que los profesores no tomen más en cuenta tus habilidades. Pero no es necesario que pongas en riesgo tu vida para demostrarles nada. Tienen una obligación que es velar por tu seguridad. -
Aquello molestó a Harry. ¿Por qué Hermione no entendía que él no necesitaba la protección de nadie? Sus padres ya se habían sacrificado por él, no necesitaba que nadie más muriera para salvarle. Sin embargo, decidió callarse y guardarse la varita en vez de responder. No quería iniciar una discusión con ella.
- A veces pienso que se te va la olla, amigo. - dijo Ron, riéndose. Se quedó pensativo, mirando la caja de píldoras. - ¿Creéis que Fred picaría y cogería una cucaracha si le dijera que son cacahuetes? -
- Lo tienes difícil, - dijo Harry, forzando una sonrisa. - tanto él como George son un par de bromistas experimentados…-
Después de pagar los dulces que habían cogido, salieron los tres a la ventisca de la calle. Subieron por la calle, inclinando la cabeza contra el viento. Ron y Hermione gritaban con la boca tapada por la bufanda.
- Ahí está correos. -
- Zonko está allí. -
- Podríamos ir a la cabaña de los gritos. -
- Bah, bah…¿Sabéis bien a donde quiero ir…verdad? - preguntó Harry con una amplia sonrisa. Hermione entrecerró los ojos, seguramente imaginándose la respuesta. - ¡Exactamente! ¡A tomar cerveza de mantequilla en las Tres Escobas! -
- ¡Eeeeeh! - dijo Ron, riendo y chocando los cinco con su mejor amigo.
- Sabía que dirías eso…- suspiró Hermione, haciendo un mohín.
Cruzaron la calle y a los pocos minutos entraron en el bar. Estaba calentito, lleno de gente, de bullicio y de humo. Madame Rosmerta servía a un grupo de pendencieros en la barra.
- Ahí esta Madame Rosmerta…- dijo Ron de un suspiro. - Voy por las bebidas, ¿eh? - añadió sonrojándose un poco.
Harry y Hermione rieron divertidos, mientras se dirigían a la parte trasera del bar, donde quedaba libre una mesa pequeña, entre la ventana y un bonito árbol navideño, al lado de la chimenea.
Decidido a no hablar más de Sirius Black, y preocupar más a Hermione, Harry aprovechó el momento para hablar con ella sobre los próximos trabajos que debían presentar para las distintas asignaturas que cursaban. Hizo bien, pues sabía que cumplir académicamente era una de las máximas prioridades de Hermione, más si se tenía en cuenta la locura que cometió al cursar todas las optativas.
Luego, Ron regresó cinco minutos más tarde con tres jarras de caliente y espumosa cerveza de mantequilla.
- ¡Felices Pascuas! - dijo levantando la jarra, muy contento.
- ¡Igualmente compañero! - respondió Harry, riendo como un tonto, brindando con Ron y la Hermione y bebiendo cerveza de un tirón.
Una repentina corriente de aire lo despeinó (no había mucho que despeinar, para ser honestos). Se había vuelto a abrir la puerta de Las Tres Escobas. Harry echó un vistazo por encima de la jarra y casi se atragantó. El profesor Flitwick y la profesora McGonagall acababan de entrar en el bar con una ráfaga de copos de nieve. Los seguía Hagrid muy de cerca, inmerso en una conversación con un hombre corpulento que llevaba un sombrero hongo de color verde lima y una capa de rayas finas, era Cornelius Fudge, el ministro de Magia.
- ¿¡Pero qué demonios hacen aquí!? - pensó Harry, ante la inesperada sorpresa.
En menos de un segundo, Ron y Hermione obligaron al azabache a agacharse y esconderse debajo de la mesa, empujándolo con las manos. Chorreando cerveza de mantequilla y en cuclillas, empuñando con fuerza la jarra vacía, Harry observó los pies de los tres adultos, que se acercaban a la barra, se detenían, se daban la vuelta y avanzaban hacia donde él estaba.
- ¡Mobiliarbo! - susurró Hermione.
El árbol de Navidad que había al lado de la mesa se elevó unos centímetros, se corrió hacia un lado y, suavemente, se volvió a posar delante de ellos, ocultándolos.
- Buena idea Hermione…- le susurró el azabache, felicitándola por su genialidad.
Mirando a través de las ramas más bajas y densas, Harry vio las patas de cuatro sillas que se separaban de la mesa de al lado, y oyó a los profesores y al ministro resoplar y suspirar mientras se sentaban.
Luego vio otro par de pies con zapatos de tacón alto y de color turquesa brillante, y oyó una voz femenina. - Una tacita de alhelí...-
- Para mí…- indicó la voz de la profesora McGonagall. - dos litros de hidromiel caliente con especias. -
- Gracias, Rosmerta. - dijo Hagrid. - Un jarabe de cereza y gaseosa con hielo y sombrilla. -
- ¡Mmm! - dijo el profesor Flitwick, relamiéndose.
- El ron de grosella tiene que ser para usted, señor ministro. -
- Gracias, Rosmerta, querida. - dijo la voz de Fudge. - Estoy encantado de volver a verte. Tómate tú otro, ¿quieres? Ven y únete a nosotros...-
- Muchas gracias, señor ministro. -
Harry vio alejarse y regresar los llamativos tacones. ¿Cómo no se le había ocurrido que también para los profesores era el último fin de semana del trimestre? ¿Cuánto tiempo se quedarían allí sentados? Necesitaba tiempo para volver a entrar en Honeydukes a hurtadillas si quería volver al colegio aquella noche...A la pierna de Hermione le dio un tic.
- ¿Qué le trae por estos pagos, señor ministro? - dijo la voz de Madame Rosmerta.
Harry vio girarse la parte inferior del grueso cuerpo de Fudge, como si estuviera comprobando que no había nadie cerca. Luego dijo en voz baja: - ¿Qué va a ser; querida? Sirius Black. Me imagino que sabes lo que ocurrió en el colegio en Halloween. -
- Sí, oí un rumor. - admitió la señora Rosmerta.
- ¿Se lo contaste a todo el bar, Hagrid? - dijo la profesora McGonagall enfadada. Hagrid se encogió dónde estaba, mientras jugueteaba con sus enormes dedos.
- ¿Cree que Black sigue por la zona, señor ministro? - susurró la señora Rosmerta.
- Estoy seguro. - dijo Fudge escuetamente.
- ¿Sabe que los Dementores han registrado ya dos veces este local? - inquirió Rosmerta. - Me espantaron a toda la clientela. Es fatal para el negocio señor ministro…-
- Rosmerta querida, a mí no me gustan más que a ti. - dijo Fudge con incomodidad. - Pero son precauciones necesarias...un mal necesario. Acabo de tropezarme con algunos, están furiosos con Dumbledore porque no los deja entrar en los terrenos del castillo. -
- Menos mal. - dijo la profesora McGonagall tajantemente. - ¿Cómo íbamos a dar clase con esos monstruos rondando por allí? -
- Bien dicho, bien dicho. - dijo el pequeño profesor Flitwick, cuyos pies colgaban a treinta centímetros del suelo.
- De todas formas, - objetó Fudge. - están aquí para defendernos de algo mucho peor. Todos sabemos de lo que Black es capaz...-
- Pues sinceramente, - dijo la Madame Rosmerta. - prefiero mil veces que Snyde esté buscando a Sirius Black antes que tener a esos Dementores espantándome la clientela. Vamos a ver, ¿alguien puede explicarme para que la han contratado si los Dementores siguen con ese trabajo? -
- No hemos contratado a Snyde, - dijo Fudge, en claro tono de incomodidad. - ella se ha decidido a capturar a Black a cambio de nada. Creo que sigue empeñada en manchar la buena reputación de nuestro Ministerio y de la oficina de Aurores. -
- Por lo que he oído, - dijo la profesora McGonagall en tono misterioso. - ha hecho un buen trabajo capturando a varios magos oscuros en los últimos años. -
Fudge soltó un bufido. - Ya, bueno, pero…-
- ¿Mérula está buscando a Black a cambio de nada? - preguntó Hagrid, en un tono preocupante. - Realmente suena mucho a su manera de hacer las cosas. -
- Aun recuerdo cuando estaba en la escuela. - dijo el profesor Flitwick, en tono solemne. - Fue una de las alumnas más talentosas que jamás hemos tenido. Muy trabajadora, muy empeñada en superarse año tras año…y además, fue también un miembro muy valioso del Coro del Sapo. ¡Cantaba maravillosamente! -
- Y también era muy problemática. - añadió la Profesora McGonagall. - ¿Recuerdas sus primeros años? Severus podrá decir todo lo que quiera, pero ella causaba muchos problemas: gastándoles bromas pesadas a sus compañeros o humillándoles para alimentar su ego. -
- Sin embargo, también habrá que decir que con el tiempo dejo de lado todo eso. - dijo el profesor Flitwick, a la defensiva. - Centrarse en sus estudios le hizo bien. Lo que no entiendo es porque se dedica a perseguir y capturar magos oscuros por su cuenta en vez de aspirar a algún cargo importante (¡Qué manera de desperdiciar tiempo y talento!). ¿Nunca os habéis planteado contratarla para ser Aurora? - le preguntó al ministro.
- Hace tres años, - respondió Fudge con indignación. - cuando ella se graduó. Rufus envió a un representante para ofrecerle un puesto, y sin embargo su respuesta fue de lo más repugnante. ¡Se burló del Ministerio! ¡Llamándonos incompetentes y afirmando que prefería ahogarse en el Lago Negro antes que trabajar para nosotros! ¿¡Os lo podéis creer!? - explicó, aporreando la mesa (Harry se esforzó con contener una carcajada). Luego bajó el tono y añadió: - Oh, pero yo sé muy bien porque está resentida con nosotros. Rufus me lo comentó poco después: Los padres de Mérula eran seguidores que "Quien vosotros ya sabéis" y, por tanto, están en Azkaban. -
La señora Rosmerta soltó un chillido amortiguado por sus manos. Sin embargo, ni Hagrid ni los profesores se sorprendieron.
- Eso ya lo sabíamos, Cornelius. - dijo la profesora McGonagall tranquilamente.
- Me imagino que sí, - bufó Fudge. - pero que sus padres estén merecidamente entre rejas no es excusa para que ella nos insulte de esa manera porque hiciéramos nuestro trabajo. Créanme, si acababa como Black y se pasaba al lado tenebroso no me hubiera extrañado en lo absoluto. Hay costumbres que se llevan en la sangre, ¿no? -
- No diga eso. - protestó Hagrid, indignándose. - Es cierto que Mérula tiene mal genio, pero no es una bruja malvada. ¡Eso téngalo por seguro! -
Parecía que Hagrid conocía bien a la tal Mérula Snyde. ¿Era cierto que sus padres fueron seguidores de Voldemort? Harry pensó que no era justo juzgar a esa bruja solo porque sus padres escogieran el camino equivocado. Los adultos tomaron un trago de sus bebidas y siguieron hablando.
- ¿Sabéis? Todavía me cuesta creerlo…- dijo pensativa Madame Rosmerta. - De toda la gente que se pasó al lado Tenebroso, Sirius Black era el último del que hubiera pensado...Quiero decir, lo recuerdo cuando era un raño en Hogwarts. Si me hubierais dicho entonces en qué se iba a convertir, habría creído que habíais tomado demasiado hidromiel. -
- No sabes la mitad de la historia, Rosmerta…- dijo Fudge con aspereza. - La gente desconoce lo peor…-
- ¿Lo peor? - dijo Madame Rosmerta con la voz impregnada de curiosidad. - ¿Peor que matar a toda esa gente? -
- Desde luego, eso quiero decir. - dijo Fudge.
- No puedo creerlo. ¿Qué podría ser peor? -
- Dices que te acuerdas de cuando estaba en Hogwarts, Rosmerta…- susurró la profesora McGonagall. - ¿Sabes quién era su mejor amigo? -
- Pues claro. - dijo Madame Rosmerta riendo ligeramente. - Nunca se veía al uno sin el otro. ¡La de veces que estuvieron aquí! Siempre me hacían reír. ¡Un par de cómicos, Sirius Black y James Potter! -
- ¿Qué? Black…y mi padre…¿Eran mejores amigos? - Harry estaba atónito.
- Exactamente. - dijo la profesora McGonagall. - Black y Potter, cabecillas de su pandilla. Los dos eran muy inteligentes, excepcionalmente inteligentes. Creo que nunca hemos tenido dos alborotadores como ellos. -
- No sé…- dijo Hagrid, riendo entre dientes. - Fred y George Weasley podrían dejarlos atrás. -
- ¡Cualquiera habría dicho que Black y Potter eran hermanos! - terció el profesor Flitwick. - ¡Inseparables! -
- ¡Por supuesto que lo eran! - dijo Fudge. - Potter confiaba en Black más que en ningún otro amigo. Nada cambió cuando dejaron el colegio. Black fue el padrino de boda cuando James se casó con Lily. Luego fue el padrino de Harry. Harry no sabe nada, claro. Ya te puedes imaginar cuánto se impresionaría si lo supiera. -
- ¿Black es…mi padrino? - pensó Harry, impactado ante tal revelación. - No…no puede ser…-
- ¿Porque Black se alió con "Quien Ustedes Saben"? - susurró Madame Rosmerta.
- Aún peor, querida...- Fudge bajó la voz y continuó en un susurro casi inaudible. - Los Potter no ignoraban que "Quien Tú Sabes" iba tras ellos. Dumbledore, que luchaba incansablemente contra "Quien Tú Sabes", tenía cierto número de espías. Uno le dio el soplo y Dumbledore alertó inmediatamente a James y a Lily, les aconsejó ocultarse. Bien, por supuesto que "Quien Tú Sabes" no era alguien de quien uno se pudiera ocultar fácilmente. Dumbledore les dijo que su mejor defensa era el encantamiento Fidelio. -
- ¿Cómo funciona eso? - preguntó Madame Rosmerta, muerta de curiosidad.
El profesor Flitwick carraspeó. - Es un encantamiento tremendamente complicado, - dijo con voz de pito. - supone el ocultamiento mágico de algo dentro de una sola mente. La información se oculta dentro de la persona elegida, que es el guardián secreto. Y en lo sucesivo es imposible encontrar lo que guarda, a menos que el guardián secreto opte por divulgarlo. Mientras el guardián secreto se negara a hablar, "Quien Tú Sabes" podía registrar el pueblo en que estaban James y Lily sin encontrarlos nunca, aunque tuviera la nariz pegada a la ventana de la salita de estar de la pareja. -
- De modo que intentaron ocultarnos por medio del encantamiento Fidelio…- pensó Harry, procesando con paciencia toda la información que escuchaba.
- ¿Así que Black era el guardián secreto de los Potter? - susurró Madame Rosmerta.
- Naturalmente. - dijo la profesora McGonagall. - James Potter le dijo a Dumbledore que Black daría su vida antes de revelar dónde se ocultaban, y que Black estaba pensando en ocultarse él también...Y aun así, Dumbledore seguía preocupado. Él mismo se ofreció como guardián secreto de los Potter. -
- ¿¡Sospechaba de Black!? - exclamó la señora Rosmerta.
- Dumbledore estaba convencido de que alguien cercano a los Potter había informado a "Quien Tú Sabes" de sus movimientos. - dijo la profesora McGonagall con voz misteriosa. - De hecho, llevaba algún tiempo sospechando que en nuestro bando teníamos un traidor que pasaba información a "Quien Tú Sabes". -
- ¿Y a pesar de todo James Potter insistió en que el guardián secreto fuera Black? -
- Así es. - confirmó Fudge. - Y apenas una semana después de que se hubiera llevado a cabo el encantamiento Fidelio...-
- ¿Black los traicionó? - musitó Madame Rosmerta.
- Desde luego, Black estaba cansado de su papel de espía. Estaba dispuesto a declarar abiertamente su apoyo a "Quien Tú Sabes". Y parece que tenía la intención de hacerlo en el momento en que murieran los Potter. Pero como sabemos todos, "Quien Tú Sabes" sucumbió ante el pequeño Harry Potter. Con sus poderes destruidos, completamente debilitado, huyó. Y esto dejó a Black en una situación incómoda. Su amo había caído en el mismo momento en que Black había descubierto su juego. No tenía otra elección que escapar...-
Harry apretó el puño y sus dientes con rabia, conteniendo las ganas de estallar.
- Sucio y asqueroso traidor…- dijo Hagrid, tan alto que la mitad del bar se quedó en silencio.
- ¡Ssh! - dijo la profesora McGonagall.
- ¡Me lo encontré! - bramó Hagrid. - ¡Seguramente fui yo el último que lo vio antes de que matara a toda aquella gente! ¡Fui a la casa de Lily y James a buscar a Harry, después de su asesinato! Allí estaba Black, sosteniendo a Harry entre sus brazos. Tenía una herida grande en la frente y sus padres habían muerto...No se me ocurrió preguntarme lo que había ido a hacer allí. No sabía que él había sido el guardián secreto de Lily y James. Pensé que se había enterado del ataque de "Quien Vosotros Sabéis" y había acudido para ver en qué podía ayudar. Estaba triste, pálido y tembloroso. ¿Y sabéis lo que hice? ¡ME PUSE A CONSOLAR A AQUEL TRAIDOR ASESINO! - exclamó.
- Hagrid, por favor…- dijo la profesora McGonagall. - baja la voz. -
- ¿Cómo iba a saber yo que su turbación no se debía a lo que les había pasado a Lily y a James? ¡Y encima tonto de mí! ¡Si me dijo que la culpa fue suya! ¡Lo dijo! ¡Y yo pensando que sencillamente se sentía culpable, pero no! Para colmo hace su teatro, ahí gritando que ojalá lo hubieran matado a él, pues si, ¡ojalá! Pero no, no fue así por desgracia. ¡Lo que le turbaba era la suerte de "Quien Vosotros Sabéis"! Le consolé, diciéndole que debíamos ser fuertes por Lily, James y Harry, y entonces me dijo Tienes razón, yo me haré cargo de Harry. Él es mi responsabilidad". ¡Ha! ¡Pero yo tenía órdenes de Dumbledore y le dije a Black que no! Dumbledore me había dicho que Harry tenía que ir a casa de sus tíos. Black discutió, pero al final tuvo que ceder. Me dijo que cogiera su moto voladora para llevar a Harry hasta la casa de los Dursley. Tendría que haberme dado cuenta de que había algo raro en todo aquello. Adoraba su moto. ¿Por qué me la daba? La verdad es que una moto deja demasiadas huellas, es muy fácil de seguir. Dumbledore sabía que él era el guardián de los Potter. Black tenía que huir aquella noche. Sabía que el Ministerio no tardaría en perseguirlo. Pero ¿y si le hubiera entregado a Harry, ¿eh? Apuesto a que lo habría arrojado de la moto en alta mar. ¡Al hijo de su mejor amigo! Y es que cuando un mago se pasa al lado tenebroso, no hay nada ni nadie que le importe. -
- Todo eso no me lo contaste, Hagrid…- pensó Harry sombríamente, sintiendo como su furia crecía por dentro.
Tras la perorata de Hagrid hubo un largo silencio. Luego, Madame Rosmerta dijo con cierta satisfacción: - Pero no consiguió huir, ¿verdad? El Ministerio de Magia lo atrapó al día siguiente. -
- ¡Ah, sí lo hubiéramos encontrado nosotros...! - dijo Fudge con amargura. - No fuimos nosotros, fue el pequeño Peter Pettigrew, otro de los amigos de Potter. Enloquecido de dolor, sin duda, y sabiendo que Black era el guardián secreto de los Black, él mismo lo persiguió. -
- ¿Pettigrew...? - preguntó Madame Rosmerta. - ¿Aquel gordito que lo seguía a todas partes? -
- Adoraba a Black y a Potter. - dijo la profesora McGonagall. - Eran sus héroes…No era tan inteligente como ellos y a menudo yo era brusca con él. Podéis imaginaros cómo me pesa ahora...- su voz sonaba como si tuviera un resfriado repentino.
- Venga, venga, Minerva…- le dijo Fudge amablemente. - Pettigrew murió como un héroe. Los testigos oculares, muggles, por supuesto, tuvimos que borrarles la memoria...Nos contaron que Pettigrew había arrinconado a Black. Dicen que sollozaba "¡A Lily y a James, Sirius! ¿Cómo pudiste...?", Y entonces sacó la varita. Aunque, claro, Black fue más rápido. Hizo polvo a Pettigrew. -
La profesora McGonagall se sonó la nariz y dijo con voz llorosa. - ¡Qué chico más alocado! ¡qué bobo! Siempre fue muy malo en los duelos. Tenía que habérselo dejado al Ministerio...-
- Os digo que, - gruñó Hagrid. - si yo hubiera encontrado a Black antes que Pettigrew, no habría perdido el tiempo con varitas...Lo habría descuartizado, miembro por miembro…-
- No sabes lo que dices, Hagrid. - dijo Fudge con brusquedad. - Nadie salvo los muy preparados Magos de "Choque del Grupo de Operaciones Mágicas Especiales" habría tenido una oportunidad contra Black, después de haberlo acorralado. En aquel entonces yo era el subsecretario del Departamento de Catástrofes en el Mundo de la Magia, y fui uno de los primeros en personarse en el lugar de los hechos cuando Black mató a toda aquella gente. Nunca, nunca lo olvidaré. Todavía a veces sueño con ello. Un cráter en el centro de la calle, tan profundo que había reventado las alcantarillas. Había cadáveres por todas partes. Muggles gritando. Y Black allí, riéndose, con los restos de Pettigrew delante...Una túnica manchada de sangre y unos... unos trozos de su cuerpo. - La voz de Fudge se detuvo de repente. Cinco narices se sonaron. - Bueno, ahí lo tienes, Rosmerta. - añadió con la voz tomada. - A Black se lo llevaron veinte miembros del "Grupo de Operaciones Mágicas Especiales", y Pettigrew fue investido Caballero de primera clase de la Orden de Merlín, que creo que fue de algún consuelo para su pobre madre. Black ha estado desde entonces en Azkaban. -
Madame Rosmerta dio un largo suspiro. - ¿Es cierto que está loco, señor ministro? -
- Me gustaría poder asegurar que lo estaba…- dijo Fudge. - Ciertamente creo que la derrota de su amo lo trastornó durante algún tiempo. El asesinato de Pettigrew y de todos aquellos muggles fue la acción de un hombre acorralado y desesperado. Cruel, inútil, sin sentido. Sin embargo, en mi última inspección de Azkaban pude ver a Black. La mayoría de los presos que hay allí hablan en la oscuridad consigo mismos. Han perdido el juicio...Pero me quedé sorprendido de lo normal que parecía Black. Estuvo hablando conmigo con total sensatez, fue desconcertante. Me dio la impresión de que se aburría, me preguntó si había acabado de leer el periódico. Tan sereno como os podáis imaginar, me dijo que echaba de menos los crucigramas. Sí, me quedé estupefacto al comprobar el escaso efecto que los Dementores parecían tener sobre él. Y él era uno de los que estaban más vigilados en Azkaban, ¿sabéis? Tenía Dementores ante la puerta día y noche. -
- Pero ¿qué pretende al fugarse? - preguntó Madame Rosmerta. - ¡Dios mío, señor ministro! No intentará reunirse con "Quien Usted Sabe", ¿verdad? -
- Me atrevería a afirmar que es su...su...objetivo final…- respondió Fudge evasivamente. - Pero esperamos atraparlo antes. Tengo que decir que "Quien Tú Sabes", solo y sin amigos, es una cosa...pero con su más devoto seguidor, me estremezco al pensar lo poco que tardará en volver a alzarse...-
- Ya veo…- pensó Harry, conteniendo las ganas de gritar de rabia. - ¡y sabiendo todo esto, me lo han estado ocultando! Si, siempre me ocultan cosas, ¡cosas sobre mí! Y para colmo…¡Casi siempre me acabo enterando de la peor manera posible! -
Hubo un sonido hueco, como cuando el vidrio golpea la madera. Alguien había dejado su vaso.
- Si tiene que cenar con el director, Cornelius, lo mejor será que nos vayamos acercando al castillo. -
Todos los pies que había ante Harry volvieron a soportar el cuerpo de sus propietarios. La parte inferior de las capas se balanceó y los llamativos tacones de Madame Rosmerta desaparecieron tras el mostrador.
Volvió a abrirse la puerta de Las Tres Escobas, entró otra ráfaga de nieve y los profesores desaparecieron.
Harry tenía los ojos casi cerrados, su cara estaba sombría, su mano tenía una herida por la fuerza con la que cerró el puño mientras escuchaba la conversación.
- ¿Harry? -
Las caras de Ron y Hermione se asomaron bajo la mesa. Los dos lo miraron fijamente, sin saber qué decir, porque la cara que reflejaba Harry era algo que solo Voldemort producía en él…era odio.
- Os veré en el castillo…- susurró Harry, poniéndose la capucha y saliendo apresuradamente de "Las Tres Escobas".
- ¡Harry! - exclamó Hermione, pero este no le hizo caso.
Harry no fue directamente hacia Honeydukes para volver a Hogwarts por el pasadizo secreto. Caminó a zancadas, tropezándose con varias personas sin importarle en lo más mínimo (pasó algo extraño: al alzar la mano para apartar a alguien lo mandó a volar, como si hubiera lanzado un "Depulso" muy potente). La cabeza le daba vueltas, su corazón bombeaba bruscamente, sintiendo una furia como pocas veces había sentido. Ni siquiera Malfoy había provocado eso en él.
Una vez se alejó lo suficiente del pueblo, e ignorando la presencia de los dementores en la lejanía, Harry apretó los dientes, cerró los ojos y gritó de rabia. No le importó ver que había destrozado la valla que separaba la Casa de los Gritos del resto del terreno. Había oído suficiente, y deseaba no tener que enterarse de nada más una vez volviera al castillo.
- ¿¡A qué c*jones esperas!? - gruñó, empezando a andar de un lado para otro, dando patadas a la nieve y maldiciendo a Black y a los hipócritas que le ocultan cosas. - ¡SAL DE UNA VEZ, BLACK! ¿¡No me querías!? ¡Aquí me tienes, maldito! ¡En bandeja de plata! ¡Sal y hazme frente, y prepárate! ¡Te voy a dejar una cara nueva! ¡ACABARÉ CONTIGO! - añadió, lanzando sin querer un Depulso que tumbó un árbol muerto. Luego, al verse la mano se dio cuenta de que tenía una herida.
Se sentó en una roca y sacó el lingote de oro que llevaba en el bolsillo de su túnica, buscando con él tranquilizarse antes de volver al castillo. Entonces algo extraño ocurrió.
El lingote brilló con una luz dorada. - ¿Qué es esto? - se preguntó el joven mago. Había tocado el lingote con su mano herida.
A continuación, sintió como una cálida sensación dentro de él y observando detenidamente, se dio cuenta de que su cuerpo había brillado momentáneamente. El lingote dejó de brillar, quedando solo una mancha de sangre.
- Que raro. - pensó Harry, sintiéndose extraño, a la vez que en su mente tenía conocimientos que antes no poseía. Extendió su mano y repentinamente, hizo aparecer fuego. - ¡Ah! - gimió él, pero no se quemó. Era como si el fuego no pudiera hacerle nada. - Alucinante…- contempló una vez mas el lingote y pensó: - ¿Qué secretos ocultará esto? - se guardó el lingote y se puso en pie, decidido a volver al castillo.
Tras un regreso in extremis a Hogwarts, a Harry le dolía la cabeza, sentía tanta ira que quería desfogarse, con lo que sea, ya que, de no hacerlo, podría hacer daño a alguien inconscientemente.
- ¡Que no me encuentre! - pensó Harry con rabia. - ¡Porque si lo hace no me contendré! ¡Lo destrozaré antes que lo hagan Snyde o los Dementores! -
¿Por qué nadie le había explicado nada de aquello? ¿Por qué nadie le había explicado nunca que sus padres habían muerto porque les había traicionado su mejor amigo?
- Al parecer es divertido que vivas sin saber la verdad. - pensó Harry con sarcasmo.
Ron y Hermione observaron intranquilos a Harry durante toda la cena, sin atreverse a decir nada sobre lo que habían oído, porque Percy estaba sentado cerca. Cuando subieron a la sala común atestada de gente, descubrieron que Fred y George, en un arrebato de alegría motivado por las inminentes vacaciones de Navidad, habían lanzado media docena de bombas fétidas.
Harry, que no quería que Fred y George le preguntaran si había ido o no a Hogsmeade, se fue con discreción hasta el dormitorio vacío y abrió el armario. Echó todos los libros a un lado y rápidamente encontró lo que buscaba, el álbum de fotos encuadernado en piel que Hagrid le había regalado hacía dos años, que estaba lleno de fotos mágicas de sus padres.
Se sentó en su cama, corrió las cortinas y comenzó a pasar las páginas hasta que...Se detuvo en una foto de la boda de sus padres. Su padre saludaba con la mano, con una amplia sonrisa. El pelo negro y alborotado que Harry había heredado se levantaba en todas direcciones. Su madre, radiante de felicidad, estaba cogida del brazo de su padre. Y allí... aquél debía de ser. El padrino.
Harry nunca le había prestado atención. Si no hubiera sabido que era la misma persona no habría reconocido a Black en aquella vieja fotografía. Su rostro no estaba hundido y amarillento como la cera, sino que era hermoso y estaba lleno de alegría.
- ¡Hmph! ¿Trabajaría ya para Voldemort cuando sacaron la foto? - pensó Harry, fulminando con una mirada de furia a la imagen de Black. - ¿Planeaba ya la muerte de mis padres? Está claro que Azkaban no es suficiente…los Dementores no le afectan. Merece algo más…-
Harry cerró de golpe el álbum y volvió a guardarlo en el armario. Se quitó la túnica y se metió en la cama, asegurándose de que las cortinas lo ocultaban de la vista.
Se abrió la puerta del dormitorio.
- ¿Harry? - preguntó la dubitativa voz de Ron.
Harry, sin embargo, no respondió y optó por dormirse cuanto antes, teniendo una serie de sueños extraños. Todo estaba oscuro, tan solo se veía su figura, con muchas voces rodeándole.
- ¿No podrías dividir tu alma en más piezas? - dijo una voz que a Harry le desagradaba bastante. - ¿No sería mejor, te haría más fuerte, dividir tu alma en más pedazos? Digo, ¿qué no es siete el número mágico más poderoso, no podrían siete ...? –
- ¡Por las barbas de Merlín, Tom! - se quejó otra voz - ¡Siete! ¿Qué no es lo suficientemente malo el matar una vez? Y en cualquier caso…suficientemente malo el hecho de dividir el alma…pero el quebrantarla en siete ocasiones …-
- Me pregunto…- pensó Harry. - ¿a que vendrá todo ese rollo de la división del alma? Pero reconozco una de esas voces, por supuesto, es del maldito Tom Ryddle…Voldemort…-
Desde el brutal ataque de los Dementores durante el partido contra Hufflepuff, Harry tuvo unos sueños muy extraños. Él estaba en una especie de circulo luminoso, en mitad de la oscuridad, escuchando voces a su alrededor, voces de gente que no conocía, voces de momentos que ni siquiera llegó a vivir. ¿Qué significaban esas voces?
- Son como los recuerdos de otro, - pensó Harry. - vistos desde mis sueños. Es muy extraño…-
Al despertarse, había hallado el dormitorio desierto. Se acercó al baño de los chicos para asearse y se encontró de nuevo con ese extraño fenómeno: Los iris de sus ojos brillaban ligeramente con una luz rojiza. Al cabo de unos segundos, la luz se apagó, dejando sus ojos tan verdosos como de costumbre.
- Esto no pasaba antes. - pensó, sin saber si debía preocuparse o no. - ¿Será un efecto secundario de mi primer encuentro con los Dementores? No, no lo creo…esto ya pasaba a finales del año pasado. ¿Y esas voces? ¿Qué significa todo esto? -
Entre dudas, se vistió y bajó por la escalera de caracol hasta la sala común, donde no había nadie más que Ron, que se comía un sapo de menta y se frotaba el estómago, y Hermione, que había extendido sus deberes por tres mesas.
- ¿Dónde está todo el mundo? - preguntó Harry, parpadeando los ojos varias veces mientras hablaba.
- ¡Se han ido! - dijo Ron, mirando a Harry detenidamente. - Hoy empiezan las vacaciones, ¿no te acuerdas? Es ya casi la hora de comer. Pensaba ir a despertarte dentro de un minuto. -
- Gracias Ronald. - dijo Harry tranquilamente. Se sentó en el sofá, y con su varita, encendió el fuego de la chimenea.
Al otro lado de las ventanas, la nieve seguía cayendo. Crookshanks se extendido delante del fuego, como un felpudo de pelo canela.
- Harry… ¿Te encuentras bien? - dijo Hermione, mirándole la cara con preocupación.
- Si…- dijo Harry, con una incómoda sensación de que pronto sus amigos empezarían a hacerle preguntas respecto a Black.
- Escucha, Harry…- dijo Hermione en tono severo, moviéndose de su asiento y dirigiéndose a él. - Debes de estar realmente disgustado por lo que oímos ayer, pero…- nerviosa, y jugueteando con sus pulgares añadió en tono preocupante: - por favor, no hagas ninguna tontería. -
- ¿Qué tontería? - preguntó el azabache frunciendo el entrecejo.
- Como ir a por Black. - dijo Ron, tajante.
Harry soltó una risa leve. - ¡Hmph! Estos dos han estado ensayándose el discurso, bien…bien…- pensó, encogiéndose de hombros. - Vale, a ver, ¿por qué creéis que debería ir tras él? - preguntó como si nada.
Tanto Ron como Hermione se quedaron aturdidos. Desde luego esa no era la respuesta que ellos esperaban por parte de Harry.
- Bueno…esto…- dijo Ron, desviando la mirada y hablando nerviosamente. - ya sabes, por lo que oímos en las Tres Escobas. -
- Si, ya lo sé…- dijo Harry. - ¿Qué hay con eso? -
Hermione frunció el entrecejo. - ¿No…estas enfadado? - preguntó
Harry siguió tranquilo, limitándose a encogerse de hombros de nuevo como respuesta. Una parte de él le pedía que se tomara esa situación con la mayor tranquilidad posible y que no le diera mas vueltas. Sin embargo, la otra parte comenzaba a sugerirle que se volviera loco y saltara por la ventaba a seguir el rastro de Black, como si fuera un perro rastreador.
- ¿Estás seguro? - preguntó Ron, empezando a asustarse.
- Oh, - dijo Harry, sonriendo con arrogancia. - ¿que acaso queréis que me enfade? -
- ¡NO! - gritaron Ron y Hermione.
- Ya me lo suponía. - dijo Harry, negando con la cabeza. - No os preocupéis, sé controlar perfectamente mis emociones…- añadió, sin creérselo porque evidentemente le estaba costando, incluso con una práctica avanzada en Oclumancia.
- A ver si lo he entendido. - dijo Ron, claramente inconforme ante la actitud de Harry. - ¿No estas enfadado con Black, a pesar de lo que ha hecho? ¿A pesar de que Hagrid, la profesora McGonagall o Fudge te han ocultado que se trata de tu padrino? -
- ¡Ronald! - chilló Hermione. Claramente ella se estaba dando cuenta de que Ron estaba "metiendo más leña al fuego" en vez de apagarlo.
En ese momento, Harry perdió la poca paciencia que le quedaba. - Que controle mis emociones no significa que no esté enfadado con él, - dijo. - que de sobra lo estoy. - Ron y Hermione palidecieron. - Sin embargo, debo decir que no solo se trata de Black (¡Que refuercen todo lo que quieran la seguridad, me da igual! ¡Mas le vale que no me encuentre porque lo lamentará!), sino que me indigna que oculten información sobre mí, ¡SOBRE MÍ! Como si yo no pintara nada. -
- Bueno, - farfulló Hermione. - míralo de esta manera: Ellos habrán pensado que conocer esta verdad podría afectarte negativamente y…-
- ¡Pues si piensan eso es evidente que no me conocen para nada! - exclamó Harry. Ron y Hermione se sobresaltaron. - ¿Qué no me iba a gustar? Vale, pero tampoco me va a gustar que me oculten cosas que, sintiéndolo mucho, para mí, es peor. -
- Está bien, ahí tienes razón, - dijo Ron rápidamente. - ¡pero entiéndelo! Se preocupan por ti Harry, solo quieren protegerte. -
- Pues tener a los Dementores merodeando por los terrenos del castillo, - señaló Harry de mala gana. - no es una protección muy convincente (¡Imbécil de Fudge, por permitir que esos malditos campen a sus anchas por ahí!). Es más, es peor que tener a Black…no sé, saltando desde el tejado para intentar acuchillarme, por ejemplo. -
- ¡No digas eso! - gimió Hermione.
- Snyde y compañía pretenden capturarle y enviarlo de vuelta a Azkaban. - dijo Harry, mirando al fuego de la chimenea. - ¡Hmph! ¿Para qué? Los Dementores no parecen afectarle…si ya escapó una vez no cabe duda de que puede hacerlo de nuevo. Él está empeñado en buscarme, supuestamente porque desea poner fin a mi existencia y complacer a su querido amo, a Voldemort. - sonrió sombríamente y añadió: - Por tanto, no. No necesito ir en su búsqueda…-
Pasaron unos breves segundos, hasta que Hermione reaccionó y miró asustada a Harry.
- Harry…- dijo temblorosamente. - no me digas…que estas esperando a que Black…-
Tan pronto como Hermione dijo aquello, Ron se dio cuenta de lo que Harry tramaba.
- Tú…- dijo asustado. - tú quieres que él…tú quieres que él te en-encuentre, ¿verdad? -
- Si Sirius Black me encuentra…- dijo Harry, sonriendo con malicia. - y lo llego a tener en frente de mi…quizás yo sea lo último que vea en su vida…-
- No…- dijo Ron muy tenso. - ¿A-acaso quie-quieres...matar a Black? - inquirió.
- ¡No seas tonto! - dijo Hermione, con miedo. - Harry no quiere matar a nadie, ¿verdad que no, Harry? -
Harry solo se encogió de hombros, se puso en pie, y se encaminó hacia la salida de la Sala Común. - Mientras no me encuentre…- dijo. - yo no tendré por qué ser su verdugo…-
- ¡NOOOO! - gritó Hermione, corriendo hacia él y abrazándole por la espalda. - Harry…Harry te lo ruego…no lo hagas…- susurró, empezando a llorar. - T-tú no eres un a-asesino…-
Al notar sus lágrimas en su espalda, Harry se dio la vuelta para mirarla. Cuando Hermione detuvo sus lágrimas, él suspiró, algo enfurruñado.
- Está bien…- dijo con desgana. - no lo mataré…- Hermione se quedó más tranquila. – Pero que conste, lo hago solo por ti. Eso sí, quiero dejarte en claro que como mucho le dejaré una cara nueva y se lo entregaré yo mismo a los Dementores (¡aunque no sirva de nada porque puede escapar de nuevo!). - añadió con enfado. - En caso de encontrarlo…-
- De acuerdo. - asintió ella. - pero no lo mates. - pidió de nuevo, mientras se secaba las lágrimas y Harry asentía.
Ron por su parte, suspiró aliviado. - Harry…- dijo. - si te soy honesto, a veces pienso que estas tan loco como Dumbledore. -
Ante ese comentario, Harry soltó una risa más alegre. - Entonces, - dijo. - debo sentirme alagado…-
El tenso ambiente que invadió la Sala Común unos instantes atrás se relajó, y los tres volvieron a sonreír. Sin embargo, y a pesar de lo dicho, Harry tenía claro una cosa: No iba a dejar que Black se fuera de rositas a Azkaban. No sin antes recibir un merecido castigo de su parte en formato de una soberana paliza.
Capítulo 50 - Un extraordinario regalo de navidad.
La navidad llegó a Hogwarts. En todo el castillo habían colgado los acostumbrados adornos navideños, que eran magníficos (a pesar de que apenas quedaban estudiantes para apreciarlos). En los corredores colgaban guirnaldas de acebo y muérdago; dentro de cada armadura brillaban luces misteriosas y en el vestíbulo los doce habituales árboles de Navidad brillaban con estrellas doradas. En los pasillos había un fuerte y delicioso olor a comida que, antes de Nochebuena, se había hecho tan potente que incluso Scabbers sacó la nariz del bolsillo de Ron para olfatear.
La mañana de Navidad, Ron despertó a Harry tirándole la almohada.
- ¡Despierta, los regalos! -
- ¡Estupendo! - dijo Harry, incorporándose muy animado.
Entornando los ojos para ver en la semioscuridad. Miró a los pies de la cama, donde se alzaba una pequeña montaña de paquetes. Ron rasgaba ya el papel de sus regalos.
- Otro jersey de mamá, ¡marrón otra vez! - bufó Ron, tirando el jersey a su cama. - Mira a ver si tú tienes otro. -
Harry tenía otro. La señora Weasley le había enviado un jersey rojo con el león de Gryffindor en la parte de delante, una docena de pastas caseras, un trozo de pastel y una caja de turrón. Al retirar las cosas, vio un paquete largo y estrecho que había debajo.
- ¿Qué es eso? - preguntó Ron mirando el paquete y sosteniendo en la mano los calcetines marrones que acababa de desenvolver.
- No sé...- susurró el azabache.
Harry abrió el paquete y ahogó un grito al ver rodar sobre la colcha una escoba magnífica y brillante. Ron dejó caer los calcetines y saltó de la cama para verla de cerca.
- No puedo…creerlo…- dijo Ron con la voz quebrada por la emoción.
- Es una…- susurró el azabache con una sonrisa de oreja a oreja.
Era una Saeta de Fuego, idéntica a la escoba de ensueño que Harry había ido a ver diariamente a la tienda del Callejón Diagon. El palo brilló en cuanto Harry le puso la mano encima. La sentía vibrar. La soltó y quedó suspendida en el aire, a la altura justa para que él montara. Sus ojos pasaban del número dorado de la matrícula a las aerodinámicas ramitas de abedul y perfectamente lisas que formaban la cola.
- ¿Quién te la ha enviado? - preguntó Ron en voz baja.
- Mira a ver si hay tarjeta - dijo Harry.
Ron rasgó el papel en que iba envuelta la escoba. - ¡Nada! Caramba, ¿quién se gastaría tanto dinero en hacerte un regalo? -
- Bueno…- dijo Harry, atónito. - algo es seguro: no fueron los Dursley. - soltó una risa.
- Tal vez fue Dumbledore. - dijo Ron, dando vueltas alrededor de la Saeta de Fuego, admirando cada centímetro. - Te envió anónimamente la capa invisible...-
- La capa era de mi padre, - dijo Harry. - Dumbledore solo se limitó a remitírmela. A ver, no se gastaría en mí cientos de galeones, él no puede ir regalando a los alumnos cosas así. - razonó.
- ¡Oh! ¿Y si fue McGonagall? Quizás fue ella, ¡recuerda que te regaló la Nimbus 2.000! - dijo Ron emocionado. - Ella no querrá ver a su buscador estrella sin una escoba en condiciones, y que mejor que una escoba profesional. ¡La mejor del mundo! ¡Una Saeta de Fuego! -
- Dudo que McGonagall me regale una escoba nueva y tan cara, por mucha consideración que tenga conmigo…- intentó razonar Harry. - mira, no intentes sacar hipótesis así por así. Si no lo sabemos, pues no lo sabemos. -
En ese momento, apareció Hermione, con el camisón puesto y llevando a Crookshanks, que no parecía contento con el cordón de oropel que llevaba al cuello. Se acercó a Harry para darle un abrazo y decirle: - Feliz navidad, Harry. -
- Feliz navidad, Hermione…- respondió el azabache, con las mejillas sonrojadas.
- ¡Eh! No metas esa cosa aquí. - dijo Ron, sacando rápidamente a Scabbers de las profundidades de la cama y metiéndosela en el bolsillo del pijama. Pero Hermione no le hizo caso. Dejó a Crookshanks en la cama vacía de Seamus y contempló la Saeta de Fuego con la boca abierta.
- ¡Vaya, Harry! - dijo con asombro. - ¿Quién te la ha enviado? -
- No tengo ni idea. - repuso Harry, rebosante de felicidad y rascándose la nuca. - No traía tarjeta, por lo que no sé a quién debo darle las gracias. ¡Y vaya que debo dárselas! Con la falta que me hacía una escoba nueva…¡Ahora podré volver a entrenar! -
Ante su sorpresa, Hermione no estaba emocionada, ni siquiera intrigada. Al contrario: se ensombreció su rostro y se mordió el labio.
- ¿Qué te ocurre? - le preguntó Ron.
- No sé…- dijo Hermione. - Pero es raro, ¿no os parece? Lo que quiero decir es que es una escoba magnífica, ¿verdad? -
Ron suspiró exasperado. - ¡Es la mejor escoba que existe, Hermione! - aseguró.
- Así que debe de ser carísima...- susurró ella.
- Probablemente costó más que todas las escobas de Slytherin juntas. - dijo Ron con cara radiante.
- Bueno, - dijo Hermione con una mirada calculadora. - ¿quién enviaría a Harry algo tan caro sin si quiera decir quién es? -
- ¿Y qué más da? - preguntó Ron con impaciencia. - Escucha, Harry, ¿puedo dar una vuelta en ella? ¿Puedo? -
Harry se encogió de hombros. - Claro, - dijo. - cuando quieras amigo. -
- Creo que por el momento nadie debería montar en esa escoba…- dijo Hermione.
Harry y Ron la miraron.
- Vamos a ver… ¿y porque no deberíamos montar en ella? - preguntó el azabache, con los ojos entrecerrados.
Pero antes de que Hermione pudiera responder, Crookshanks, saltó desde la cama de Seamus al pecho de Ron.
- ¡LLÉVATELO DE AQUÍ! - bramó Ron, notando que las garras de Crookshanks le rasgaban el pijama y que Scabbers intentaba una huida desesperada por encima de su hombro. Cogió a Scabbers por la cola y fue a propinar un puntapié a Crookshanks, pero calculó mal y le dio al baúl de Harry, volcándolo.
Ron se puso a dar saltos, aullando de dolor. A Crookshanks se le erizó el pelo, un silbido agudo y metálico llenó el dormitorio. El chivatoscopio de bolsillo se había salido de los viejos calcetines de tío Vernon y daba vueltas encendido en medio del dormitorio.
- ¡Oh no! ¡Me había olvidado de ese dichoso chisme! - dijo Harry, agachándose y cogiendo el chivatoscopio. - Nunca me pongo esos calcetines si puedo evitarlo...-
En la palma de la mano, el chivatoscopio silbaba y giraba. Crookshanks le bufaba y enseñaba los colmillos.
- Sería mejor que sacaras de aquí a ese gato…- bufó Ron, estaba sentado en la cama de Harry, frotándose el dedo gordo del pie. - ¿No puedes hacer que pare ese chisme? - preguntó a Harry mientras Hermione salía a zancadas del dormitorio, los ojos amarillos de Crookshanks todavía maliciosamente fijos en Ron.
- Si mal no recuerdo, tú me enviaste el chivatoscopio…- bufó Harry. - Para mí que debe pensarse que tengo a mis espaldas a Sirius Black con un cuchillo a punto de apuñalarme (si, la verdad es que pienso mucho en esa absurda teoría, que quieres que te diga), o al Grim sobrevolando el castillo. - dijo, en tono divertido. - Vaya, parece que no tiene buen aspecto, pobrecillo…- observó, dirigiendo su mirada a Scabbers.
- ¡Es el estrés! - exclamó Ron. - ¡Si esa estúpida bola de pelo la dejara en paz, se encontraría perfectamente! -
- Hm…ahora que recuerdo, - pensó el azabache, frotándose la barbilla. - aquel día en el Callejón Diagon, la mujer de la tienda de animales mágicos había dicho que las ratas sólo vivían tres años,a menos que Scabbers tenga poderes ocultos, dudo que pueda prolongar más su vida…-
Aquella mañana, en la Sala Común de Gryffindor, el espíritu navideño estuvo ausente. Hermione había encerrado a Crookshanks en su dormitorio, pero estaba enfadada con Ron porque había querido darle una patada. Ron seguía enfadado por el nuevo intento de Crookshanks de comerse a Scabbers.
- Tal vez debería intentar razonar con ambos…- pensó el azabache.
Aprovechando que Ron estaba durmiendo, Harry quiso hablar con Hermione sobre la Saeta de Fuego, en la Sala Común.
- Vamos Hermione, - dijo Harry. - dime, ¿porque ves con malos ojos a la escoba que me han regalado? -
- Piénsalo detenidamente. - dijo Hermione, perdiendo la paciencia. - Te han regalado una escoba, y no una cualquiera, sino la más cara del mercado, la mejor. Tienes a un asesino tras de ti, Harry. ¿No crees que Sirius Black puede intentar asesinarte, por un medio táctico? Por ejemplo…una escoba embrujada…Si pudo escapar de Azkaban es capaz de hacer de todo, incluso robar la escoba más cara del mundo…-
Harry se puso serio. - ¿Crees que la escoba está embrujada? -
- Cabe dentro de lo posible, - admitió Hermione, cogiendo las manos de Harry. - pero pienso que…antes de que te subas a ella y te vea caer de los cielos otra vez, es mejor que la revisen. Podríamos llevárselo a la profesora McGonagall. -
El azabache pensó por unos segundos, antes de responder. - Muy bien…¿Quieres que se la llevemos a la profesora McGonagall? -
- Es lo mejor Harry…por favor…- le pidió Hermione amablemente.
Harry suspiró. - Me desagrada pensar que la mejor escoba del mundo podría recibir todo tipo de revisiones, incluso pueden llegar a desmontarla…pero…si me lo pides tú…sabes que no puedo decirte que no…- respondió con una sonrisa.
Hermione sonrío. - Harry…- susurró.
- No puedo decirle que no a mi mejor amiga. - susurró Harry, mientras la abrazaba. - Gracias por preocuparte por mi…-
- Siempre lo haré, - dijo con una sonrisa. - aunque seas tan cabezota que pareces empeñado en meterte en problemas. -
- No necesito buscar los problemas si estos me encuentran a mi primero. - sonrió Harry, y se puso en pie. - Iré a por la Saeta, ahora vengo. -
El azabache fue a por su escoba, pero cuando salió de la habitación para regresar a la Sala Común, Ron iba tras él, diciéndole de todo.
- ¡Estás loco! - gritó, alterado. - ¡Le entregarás a McGonagall la mejor escoba del mundo! -
- Es mejor no correr riegos Ronald, sé paciente. - dijo Harry determinantemente. - Además, es mi escoba y, por tanto, yo decido que hacer con ella. -
Ron bufó molesto. - Bien, como quieras, pero estoy seguro que de esto no es más que otro de los caprichos de Hermione, ¡siempre cedes a lo que ella te dice! -
Ante esa respuesta, el azabache lo miró con el rostro sombrío.
- Solo cedo cuando entiendo que tiene razón…- replico. - pero te interesará saber que incluso ella tiene momentos en los que se equivoca. Y aunque sea tan orgullosa como para admitirlo, hasta es capaz de aceptar cuando está equivocada…- añadió. - Claro que para ella es rematadamente difícil aceptar sus errores. -
- Bueno…- se quejó Ron. - ¡Entonces, comprenderás que ella se equivoca a la hora de defender a capa y espada a su estúpido gato! -
Harry y Ron siguieron discutiendo hasta que amos llegaron a la Sala Común. Hermione estaba allí sentada, con Ginny y Chloe (con su muñeca Barbie entre sus brazos) a su lado. Ellas acababan de vestirse.
- Hola chicos, ¿Qué pasa? - dijo Ginny, a quien se le agrandaron los ojos al ver la escoba que llevaba Harry. - ¿¡Esa es la Saeta de Fuego!? - preguntó entusiasmada.
- Así es, iré con Hermione a ver a la profesora McGonagall para que la examinen. - explicó el azabache con tranquilidad. - Así nos aseguraremos de que no esté embrujada. - dirigió su mirada a Chloe y le preguntó: - ¿Tu tampoco regresaste a tu casa por navidad? -
Chloe negó con la cabeza. - No…- dijo tristemente. - no me convenía. De hecho, Draco también se quedó para pasar las navidades conmigo, y con Ginny. -
- ¡Oh, es cierto! - exclamó Ginny, un poco colorada y poniendo en pie de un salto. - ¡Habíamos quedando en vernos en el vestíbulo! ¡Os veo luego! - dijo, antes de marcharse por el retrato de la Dama Gorda.
Ron bufó molesto. Aún no se acostumbraba a ver a su hermana tan cerca de Draco Malfoy. Cada vez sospechaba más, y más de que esos dos eran algo más que amigos. En ese momento, Chloe tiró de su camiseta con timidez.
- Oye Ron. - dijo tímidamente.
- ¿Qué es lo que quieres? - dijo Ron de mal humor, fulminando con la mirada a la muñeca Barbie.
- ¿Qui-quieres venir conmigo al Gran Comedor…para desayunar juntos? - preguntó Chloe, con las mejillas rosadas. - Tengo hambre y no me gustaría quedarme sola…-
- Hm…vale. - dijo Ron, no muy seguro. - pero solo iré si te deshaces de esa maldita muñeca. No vaya a ser que me empuje por las escaleras. - añadió.
De repente, Chloe se puso furiosa. - ¡Ay! ¡Por las barbas de Merlín! - bufó, rascándose la cabeza y corriendo hacia su dormitorio. En apenas unos segundos, volvió al vestíbulo sin su muñeca. - ¡Mira, ya está! - dijo, agitando los brazos. - ¿Estas contento? ¿¡EH!? - chilló, saltando y agarrando a Ron del jersey hasta tenerlo cara a cara. - Ahora, ¿¡vas a bajar conmigo o no!? - inquirió, alzando peligrosamente un puño, como queriendo golpearle.
Harry vio toda la escena bastante impresionado, incapaz de articular una sola palabra. Hermione se tapó rápidamente la boca (se le podía escuchar una extraña risa amortiguada).
Ron, por su parte, se había quedado aturdido. - Esto…- dijo asustado. - de acuerdo, gracias. Vamos a comer, ¿vale? -
- ¿Pues a que estamos esperando? - dijo Chloe, inflando sus cachetes cómicamente. - ¡Vamos, que tengo hambre! - añadió, arrastrando a Ron por el retrato mientras este decía "¡Socorro!".
Cuando los dos se marcharon rumbo hacia la Gran Escalinata, Harry empezó a reírse ruidosamente con Hermione.
- Madre mía. - dijo ella, sujetándose la barriga. - Menudo carácter tiene. -
- Pobre Ronald. - se compadeció Harry, riéndose. - Será mejor que deje de fastidiarla con la muñeca o volverá a ponerse de mal humor. -
- ¿Cuánto crees que Ron tardará en darse cuenta de lo que ella quiere? - preguntó Hermione con una risita.
- Conociendo a Ronald, - dijo Harry, sonriendo. - le doy lo que queda de curso…y si hace falta, el año que viene. Venga, vamos a hablar con la Profesora McGonagall. -
Harry y Hermione se pusieron en marcha hacia el despacho de la profesora McGonagall. Al llegar, tocaron la puerta de su despacho, pidiendo entrar, y haciéndolo tras contar con su permiso.
- Potter, Granger, ¿Qué hacéis aquí? Es la hora del desayuno. - dijo McGonagall, quien no pudo evitar mirar la escoba de Harry. - Potter…esa escoba no es…- susurró con asombro.
- Si profesora, - dijo Harry. - es una Saeta de Fuego. -
La Profesora McGonagall observó la escoba con asombro. - ¡Es magnifica! - dijo. - ¿Quién te la ha regalado? -
- No lo sabemos profesora. - dijo Hermione, yendo al grano. - A Harry se la mandaron sin ninguna nota. -
La emoción de la Profesora McGonagall se fue instantáneamente. - Entonces, - dijo. - ¿no sabéis quien pudo enviártela, Potter? - preguntó a Harry.
- No profesora, - dijo Harry, negando con la cabeza. - Hermione sospecha que pudo habérmela enviado Sirius Black. Piensa que podría estar embrujada, por lo que antes de montar en ella considera que lo mejor es que sea examinada. -
McGonagall asintió con aprobación. - Sabia decisión señorita Granger. - dijo, cogiendo la Saeta de Fuego. - Hablaré con el profesor Flitwick para hacerle unas pruebas. Si todo marcha bien Potter, te la devolveremos cuanto antes. -
Harry y Hermione asintieron, dejando la escoba en manos de McGonagall.
A la hora del almuerzo bajaron al Gran Comedor y descubrieron que habían vuelto a arrimar las mesas a los muros, y que ahora sólo había, en mitad del salón, una mesa con doce cubiertos. Se encontraban allí los profesores Dumbledore, McGonagall, Snape, Sprout, Flitwick y Hagrid, junto con Filch, el conserje, que se había quitado la habitual chaqueta marrón y llevaba puesto un frac viejo y mohoso.
Solo había otros tres alumnos junto con Harry, Ron y Hermione. Eran Ginny, Chloe y su hermano, el único alumno de Slytherin que quedaba en el colegio.
Ginny estaba sentada al lado de Malfoy. Ambos parecían muy contentos, mientras hablaban sobre sus regalos de navidad. Ron y Chloe se sentaron juntos, mirando con distintas expresiones a sus hermanos (Ron con un tic nervioso en su mejilla diestra y Chloe con una sonrisa muy cómica).
Por su parte, Harry estaba feliz de pasar unas cómodas navidades al lado de Hermione, dejando a un lado los problemas relacionados con Sirius Black y la Saeta de Fuego.
- ¡Felices Fiestas! - dijo Dumbledore, dirigiéndose a los únicos seis alumnos presentes. - Como somos tan pocos, me pareció absurdo utilizar las mesas de los colegios. -
- Profesor, - dijo Harry, alzando su cáliz con zumo de calabaza. - ¿recibió mi regalo? -
Dumbledore asintió con un brillo en los ojos. - Muchas gracias, Harry. - dijo. - Creo que por una vez pasaré unas navidades bien calentitas. - añadió, acariciándose la barba.
- ¿Qué le regalaste? - le preguntó Hermione en voz baja a Harry.
- Unos cómodos calcetines de lana. - respondió este, mientras brindaba con ella. - Nunca tiene suficientes. -
- ¡Cohetes sorpresa! ¡Vamos Severus, anima el ambiente! - dijo Dumbledore entusiasmado, alargando a Snape el extremo de uno grande de color de plata. Snape lo cogió a regañadientes y tiró. Sonó un estampido, el cohete salió disparado y dejó tras de sí un sombrero de bruja grande y puntiagudo, con un buitre disecado en la punta.
Harry, al igual que los demás no pudieron evitar reírse discretamente ante lo ridículo que se veía Snape con ese sombrero. Apretando los labios, Snape empujó el sombrero hacia Dumbledore, que enseguida cambió el suyo por aquél.
- ¡A comer! - aconsejó a todo el mundo, sonriendo.
Harry empezó a repartir patatas asadas entre su plato y el de Hermione. Ron y Chloe no se molestaron en esperar y se lanzaron a por el pollo asado. Tanto uno como el otro se sirvieron grandes cantidades de comida, incluida la ensaladilla.
- ¿Piensas comerte todo eso? - preguntó Ron, mirando el enorme plato de Chloe.
- Si me estoy sirviendo todo esto es por algo, ¿no? - preguntó ella, divertida. - ¿Vas a querer esa pechuga de pollo? ¿O me lo quedo yo? -
- ¡De eso nada! - dijo Ron, cogiendo la pechuga. - ¡Yo también tengo hambre! -
Y como si fuera una competición de comida, ambos se pusieron a devorar los alimentos a gran velocidad.
- E…esto es para ti… - escuchó Harry hablar a Draco Malfoy con Ginny en voz baja. Este estaba mostrándole discretamente una cajita de color rojo chillón con un lazo verde.
- Draco…¿de verdad es para mí? - dijo Ginny con voz incrédula, sus mejillas había cambiado ligeramente de color, sin embargo, Harry no sabía si era por el contenido de la cajita o porque casi terminaba atragantándose con las patatas.
- Solo acéptalo, ¿vale? - dijo Malfoy, con un tono diferente en sus mejillas. - Feliz Navidad, Ginny…-
Ginny cogió la cajita, y sin darle tiempo a Malfoy a reaccionar le dio un beso en la mejilla, haciendo que este se quedara como de piedra. Al ver eso, Ron se atragantó con el pollo.
- ¡Ron! - chilló Chloe. - ¡Toma agua, rápido! - dijo, palmeándole la espalda y pasándole un cáliz con agua que este no pudo negar.
Harry sonrió divertido ante "los ataques de hermano mayor sobreprotector" que padecía Ron.
- ¿Hasta cuándo va a dejar de comportarse así? - dijo Hermione, negando con la cabeza.
- Es Ron, - dijo Harry, encogiéndose de hombros. - así que no esperes milagros de la noche a la mañana. - mientras cortaba su pieza de pollo con el cuchillo pensó: - Ahora que lo pienso, Malfoy me preguntó una vez si iba a ir tras Black. Quizás ya va siendo hora de preguntarle al respecto. Puede que sepa algo que yo no…-
Mientras ambos se reían juntos, las puertas del Gran Comedor volvieron a abrirse. Era la profesora Trelawney, que se deslizaba hacia ellos como si fuera sobre ruedas. Dada la ocasión, se había puesto un vestido verde de lentejuelas que acentuaba su aspecto de libélula gigante.
- ¡Sybill, qué sorpresa tan agradable! - dijo Dumbledore, poniéndose en pie.
- He estado consultando la bola de cristal, señor director. - dijo la profesora Trelawney con su voz más lejana. - Y ante mi sorpresa, me he visto abandonando mi almuerzo solitario y reuniéndome con vosotros. ¿Quién soy yo para negar los designios del destino? Dejé la torre y vine a toda prisa, pero os ruego que me perdonéis por la tardanza. -
- Por supuesto. - dijo Dumbledore, parpadeando. - Permíteme que te acerque una silla...- E hizo, con la varita, que por el aire se acercara una silla que dio unas vueltas antes de caer ruidosamente entre los profesores Snape y McGonagall. La profesora Trelawney, sin embargo, no se sentó. Sus enormes ojos habían vagado por toda la mesa y de pronto dio un leve grito.
- ¡No me atrevo, señor director! - exclamó ella. - ¡Si me siento, seremos trece! ¡Nada da peor suerte! ¡No olvidéis nunca que cuando trece comen juntos, el primero en levantarse es el primero en morir! -
Harry se río discretamente, mientras que Hermione rodaba los ojos, exasperada.
- Nos arriesgaremos, Sybill. - dijo impaciente la profesora McGonagall. - Por favor, siéntate, el pavo se enfría. -
La profesora Trelawney dudó, luego se sentó en la silla vacía con los ojos cerrados y la boca muy apretada, como esperando que un rayo cayera en la mesa.
La profesora McGonagall introdujo un cucharón en la fuente más próxima. - ¿Quieres callos, Sybill? -
La profesora Trelawney no le hizo caso. Volvió a abrir los ojos, echó un vistazo a su alrededor. - Pero ¿dónde está mi querido profesor Lupin? -
Chloe escupió un poco de pollo al reírse en silencio. - ¿Le…le gusta Lupin? - preguntó en voz baja a Ron.
- Y yo que sé, - dijo Ron, encogiéndose de hombros. - tu solo come y calla. - añadió impaciente. Chloe infló sus cachetes y lo fulminó con una mirada bien cómica.
- Me temo que ha sufrido una recaída. - dijo Dumbledore, animando a todos con señas a que se sirvieran. - Es una pena que haya ocurrido el día de Navidad. -
- Hm…el profesor Lupin parece que es una persona con la salud delicada. - pensó el azabache. - Ojalá eso no le impida regresar para el comienzo de las clases…por este año no me ha hecho tanta falta practicar magia en solitario o con mis amigos. Qué raro…-
- Pero seguro que ya lo sabías, Sybill. - dijo la Profesora McGonagall.
La profesora Trelawney dirigió una mirada gélida. - Por supuesto que lo sabía, Minerva. - dijo en voz baja. - Pero no quiero alardear de saberlo todo. A menudo obro como si no estuviera en posesión del ojo interior, para no poner nerviosos a los demás. -
Hermione se llevó la mano a la frente. - Ella realmente no lo sabe todo…- murmuró para sí misma, incapaz de contenerse.
- Eso explica muchas cosas…- respondió la profesora McGonagall.
La profesora Trelawney elevó la voz. - Si te interesa saberlo, he visto que el profesor Lupin nos dejará pronto. Él mismo parece comprender que le queda poco tiempo. Cuando me ofrecí a ver su destino en la bola de cristal, huyó. -
- Me lo imagino. -
- ¿Qué le habrá dicho para que huyera? - preguntó Harry a Hermione en voz baja.
- No lo sé ni me interesa…- replicó ella, también en voz baja.
- Dudo… - observó Dumbledore, con una voz alegre pero fuerte que puso fin a la conversación entre las profesoras McGonagall y Trelawney. - que el profesor Lupin esté en peligro inminente. Severus, ¿has vuelto a hacerle la poción? -
- ¿Poción? - pensó Harry. - Ah…tal vez el profesor Snape le esté elaborando una cura para su enfermedad, sea cual sea. - supuso.
- Sí, señor director - respondió el Profesor Snape.
- Bien, - dijo Dumbledore. - entonces se levantará y dará una vuelta por ahí en cualquier momento. -
La profesora Trelawney se comportó casi con normalidad hasta que, dos horas después, terminó la comida. Atiborrados con el banquete y tocados con los gorros que habían salido de los cohetes sorpresa, Harry y Ron fueron los primeros en levantarse de la mesa, y la profesora dio un grito.
- ¡Queridos míos! ¿Quién de los dos se ha levantado primero? ¿Quién? -
- No sé…- dijo Ron, mirando a Harry con inquietud. Este solo se encogió de hombros, restándole importancia al asunto.
- Dudo que haya mucha diferencia…- dijo la profesora McGonagall fríamente. - A menos, que un loco con un hacha esté esperando en la puerta para matar al primero que salga al vestíbulo... -
La reacción no se hizo esperar. Los seis estudiantes estallaron en risas. Harry comenzó a rodar por los suelos. Hermione, quien aún estaba en la mesa, se cruzó de brazos y empezó a reírse ocultando el rostro. Ron se partía tanto la caja que se apoyó en Chloe, quien dejó de reír y se sonrojó. Ginny y Malfoy no se contuvieron y se pusieron a reír abiertamente.
La profesora Trelawney se molestó, mientras que la profesora McGonagall parecía satisfecha con lo que dijo.
Al abandonar el Gran Comedor, mientras que todos se dirigían hacia la gran escalinata, Harry detuvo a Malfoy. Tenía una conversación pendiente con él.
- Malfoy. - dijo Harry. - Necesito hablar contigo un momento…a solas…-
Malfoy lo miró un seguido, antes de volverse para mirar a Ginny. - Espérame en la biblioteca, enseguida voy. - dijo. Ginny asintió, despidiéndose de él antes de irse escalera arriba.
- Vamos al patio de transformaciones…- indicó Harry y Malfoy lo siguió.
Los dos se pusieron en marcha. Harry tuvo tiempo de oír a Ron preguntándole a Hermione sobre a donde se iban. Por supuesto, ella tampoco sabía el motivo, y Harry se sintió satisfecho de que así siguiera, pues no quería preocuparles mas de lo que ya les preocupó durante las fiestas.
El Patio de Transformaciones era donde normalmente se encontraba un atajo para llegar a la clase con la Profesora McGonagall. Harry escuchó una vez que los alumnos de séptimo salían al patio a realizar transformaciones que requerían de más espacio.
Dejando de lado por un momento sus deseos de llegar a séptimo curso y hacer cosas alucinantes sin límites, Harry miró a Malfoy una vez los dos se encontraban en medio del patio con al menos seis centímetros de nieve a sus pies.
- Hace un par de meses me preguntaste si iba a ir tras Black. - dijo sin rodeos. - Bien…ahora tengo razones para ir tras él…-
- ¿Qué es lo que has descubierto? - preguntó Malfoy, cruzándose de brazos.
- Te lo explicaré, - dijo Harry con un repentino entusiasmo. No se encontraba diariamente con su eterno rival cara a cara, y el ambiente nevado era un escenario interesante para la práctica mágica en duelos. Lentamente, blandió su varita. - pero primero, sería interesante llevar a cabo el duelo de este año. Quiero comprobar tus avances…-
- ¡Hmph! Con que esas tenemos. - replicó Malfoy, sonriendo maliciosamente. - Espero que el temporal no te impida usar todos tus movimientos…- añadió, remangándose y empuñando su varita.
- Confiaré en que tu no tengas ese problema - respondió Harry con arrogancia.
Frente a frente, ambos hicieron la clásica reverencia, adoptaron sus respectivas poses de duelo e iniciaron la pelea.
Maleficios y contrahechizos saltaron por todo el patio. Harry se dio cuenta de lo afortunado que era debido a la nevaba, ya que amortiguaba el ruido desde el interior del castillo, impidiendo que los profesores se dieran cuenta de su enfrentamiento. Algunos conjuros rebotaban al contactar con las gárgolas que había a su alrededor, las cuales eran de metal.
- ¡Tch! Eso estuvo cerca. - pensó Harry, después de esquivar un encantamiento aturdidor que rebotó en una gárgola. - ¡Desmaius! - exclamó, apuntando a Malfoy.
Malfoy apartó la nieve a patadas y gritó: - ¡Protego! - desviando el hechizo de Harry. - ¡Ahora verás, Potter! - apuntó hacia Harry y dijo: - ¡Bombarda! -
Con gran esfuerzo, Harry saltó y esquivó el encantamiento explosivo al que recurrió Malfoy.
Bombarda, el encantamiento explosivo, era un encantamiento usado para provocar pequeñas explosiones en un objetivo apuntado con la varita. La explosión era lo suficientemente potente para hacer volar una puerta de hierro o una ventana con barrotes. Harry desconocía aún sus capacidades sobre humanos, pero se podía hacer una idea.
- Mejor que no me dé. - pensó. - Vaya, - dijo, sonriendo. - debo admitir que no esperaba ni de lejos que te pusieras tan agresivo, Malfoy…-
- ¿Agresivo? - inquirió Malfoy, entusiasmándose. - Solo intento darle emoción a este duelo, Potter…-
- No esperaba menos. - dijo Harry, apuntando con su varita a Malfoy y gritando: - ¡Colloshoo! -
Malfoy esquivó rápidamente aquella maldición. Harry intentó pegarle los zapatos contra el suelo, pero era evidente que su rival conocía esa maldición.
- Buen intento, Potter. - se burló Malfoy. - Pero será mejor que te las ingenies mejor si quieres vencerme. -
Los dos reanudaron el duelo, lanzándose Desmaius mutuamente, provocando pequeños destrozos a su alrededor. A pesar de estar luchando en condiciones climatológicas no tan optimas, ambos magos daban un buen espectáculo. De haber más público presente, sería algo sencillamente extraordinario, para la vista de ellos.
Para dar conclusión al duelo, Harry optó por recurrir al Expelliarmus; Malfoy hizo lo mismo, ambos encantamientos desarmadores conectaron y provocaron una colisión. Malfoy había mejorado claramente su poder mágico, y Harry tuvo que emplearse a fondo para obligarle a retroceder hasta mandarlo a volar.
Malfoy salió despedido hacia atrás, cayendo sobre el suelo nevado. Al alzar la vista, pudo ver que Harry le ofrecía la mano.
- Has…estado impresionante. - dijo Harry, tratando de tomarse un respiro y ayudando a Malfoy a ponerse en pie. - esta vez me has puesto en serios problemas. Será mejor que me ponga las pilas o acabaras conmigo…-
- ¡Tch! Algún día te ganaré, Potter…- bufó Malfoy, molesto.
- Bueno, - dijo Harry, pasando a un tono más serio. - ahora que hemos puesto a prueba nuestros talentos, es hora de contarte lo que he descubierto…-
Harry le resumió a Malfoy la conversación que escuchó a escondidas en las Tres Escobas, sobre Sirius Black y su relación con sus padres. Que él era el guardián secreto, que traicionó a su familia al revelar la ubicación de su casa, y por él, ellos murieron a manos de Voldemort.
- Malfoy…- dijo Harry, endureciendo la mirada. - ¿tu sabías esto? -
- Conocía la historia a medias…- dijo Malfoy, sin dejarse intimidar. - Mi padre estaba hablando con mi madre una noche sobre Sirius Black y su fuga, una semana antes de ir a tomar el Expreso de Hogwarts. Mi padre mencionó que Black había traicionado a los Potter, y que por ello todo el ministerio tenía la creencia de que iría en tu búsqueda, con la intención de acabar el…trabajo. - el viento se deslizaba por los alrededores provocando un incómodo silencio.
- Ya veo. - dijo Harry, sacando algunas conclusiones. - Pero hay algo que no entiendo. ¿Qué te hizo pensar que iría tras Black? -
- Eres un sujeto muy impulsivo. - dijo Malfoy, llevándose una mano a la frente. - Pude comprobarlo de primera mano el año pasado. -
- Bueno, - replicó Harry. - no habría tenido que darte una paliza si no hubieras ofendido a Hermione de esa manera. -
- Mis padres me educaron así, - objetó Malfoy. - no es cosa mía. -
- Que curioso. - dijo Harry. - Que yo sepa, Chloe no se ha comportado como una tonta supremacista de sangre y superficial desde que la conocí. -
- Ella siempre ha sido demasiado inocente como para darle importancia a eso. - dijo Malfoy, desviando la mirada. - En cambio yo…me he pasado toda la vida creyendo en la supremacía de la sangre. No ha sido hasta que llegué a Hogwarts que me di cuenta de que en realidad no tenía importancia. Además…- sonrió antes de decir: - solo nosotros podemos enseñarles a esos inútiles a usar la magia como es debido. -
- ¡Hmph! Eso suena más a ti. - dijo Harry, riéndose.
- ¡Tch! Eres despreciable. - bufó Malfoy. - De todos modos, ¿piensas ir tras él? - preguntó con curiosidad.
- ¿Te refieres a Black? - preguntó Harry, y Malfoy asintió. - No iré tras él…- dijo. - pero si me lo encuentro solo me limitaré a capturarle. Claro que primero le dejaré un pequeño recuerdo en la cara. - añadió, alzando un puño. - La realidad es que, si no fuera por Hermione, Black podría acabar siendo hombre muerto…-
- Para mí que Granger solo está interesada en que no te castiguen por capturar al fugado número uno de Azkaban. - dijo Malfoy, riéndose.
- ¿Castigarme por capturar a Black? - Harry frunció el entrecejo. - ¿En serio serían capaces de hacer eso?
- Ser el famoso Harry Potter no te librará siempre de los castigos de los profesores. - dijo Malfoy, sonriendo maliciosamente. - Así que procura no meterte en problemas. Ahora bien, si lo haces tampoco pasaría nada si acaban expulsándote. -
- Ni en tus sueños, Malfoy. - bufó Harry.
Tras una interesante conversación, ambos regresaron al interior del castillo, cada quien por su lado.
