—¿Cuánto queda para llegar?—preguntó molesto Zarek.

Acheron puso los ojos en blanco ante el comportamiento del semidiós, parecía un niño impaciente por llegar, como lo soportaba Astrid era incomprensible para él.

—Ya no mucho—

Urian le palmeó el hombro a Zarek—Vamos viejo gruñón—

El hombre espeluznante le dirigió una mirada que habría asustado al mismísimo diablo.

—Mejor te guardas esos comentarios, que yo sepa eres más viejo que yo y será mejor que no me provoques para romper tus huesos y enviarte de una patada a un geriátrico—

Acheron los separó antes de que se mataran entre ellos y suspiró parecía una niñera o el padre de ambos.

Se encontraban en el monte Fairweather, la gran montaña, se encontraba en el parque nacional y reserva de la Bahía de los Glaciares en Alaska y también cerca de Canadá. Las condiciones en ese lugar eran muy severas y Zarek era el único que no mostraba incomodidad pues había vivido en Alaska durante muchos años y estaba acostumbrado.

Otra de las razones por las que el hombre estaba impaciente, odiaba el frío con pasión.

Se habían dividido en varios grupos para mirar en los distintos parques y montañas sin ningún resultado. Este tenía que ser, era de los últimos que habían mirado.

Había una tormenta de nieve muy fea ¿cómo alguien podría vivir allí? Pero también era un buen escondite un lugar apartado y de esas condiciones mantendría alejados a todos.

Urian escudriñó a su alrededor hasta que vio algo.

—¡Eh chicos mirad allí!—señaló hacia un punto.

El grupo se acercó hacía donde señalaba Urian y se quedaron sin aliento, allí había una gran mansión parecía del estilo renacentista inglés y se encontraba pegada a un lado de la montaña entre los riscos, y en una de las habitaciones en la parte más alta del edificio estaba la habitación que Samia vio.

—Este es el lugar—Acheron estaba sorprendido si no hubiera sido por Urian no lo habrían encontrado, de hecho podía percibir magia de forma prácticamente imperceptible y una especie de espejismo hacía que la mansión se confundiera entre los riscos—Muy listo el que ocultó su morada además en Alaska, donde los dioses no suelen aventurarse y los Were Hunters tampoco—

Se adentraron en el lugar, todo estaba oscuro excepto por unas velas, el lugar estaba amueblado con muebles elegantes y antiguos, pinturas exquisitas y en el salón había sofás y una chimenea en el que crepitaba fuego.

Urian silbó mientras miraba a su alrededor.

—Tengo que reconocérselo a ese demonio, la casa es una pasada pero lúgubre—

—Lo que te va vamos—dijo Zarek.

—¡Parad los dos!—dijo Acheron les dirigió una mirada que les advertía que tuvieran cuidado y que se callaran—Ahora podríamos alertarlos—

Ambos asintieron teniendo un tinte rojo en sus mejillas por la vergüenza y miraron por todo el lugar, ya estaban por ir a las escaleras y subir al segundo piso cuando vieron una puerta oculta tras una cortina, entraron y se quedaron con la mandíbula floja por lo que vieron.

Allí había un enorme jardín en una especie de bóveda parecida a un invernadero donde pasaba la luz del sol, muchas plantas crecían en el suelo, flores silvestres crecían libremente por donde quisieran y una cascada caía formando un riachuelo y mariposas volaban entre ese ambiente apacible.

—Hermoso—dijo Urian.

Acheron y Zarek estuvieron de acuerdo, además de asombrados ¿cómo se las apañó el que hizo esto? ¿mantener las plantas y este pequeño jardín? A su alrededor notaron que el aire era cálido, el dueño de esa mansión debió usar sus poderes para que las plantas pudieran crecer y no sufrir las adversidades de frío.

Acheron miró el lugar hasta que vio algo que le llamó la atención, era una estatua se acercó para mirarla bien y un sudor frío le recorrió.

La estatua era exactamente igual a él, mismo rostro la complexión y llevaba una túnica griega de los tiempos en que fue mortal, pero lo que más le impactó es que alguien había puesto un ramo de flores y una vela estaba encendida en el pedestal de la estatua.

—Guau colega—dijo Urian que también había reconocido las similitudes entre la estatua y Acheron—Parece ser que tienes un acosador o acosadora—

—¿Será obra de la loca pelirroja?—dijo Zarek.

Acheron también lo pensó en un principio pero Artemisa jamás habría puesto una estatua de él y que los dioses sospecharan de ella y su conexión con Ash, la diosa ponía su estatus y reputación por encima de todo y nunca permitirían que lo relacionaran con él.

Con una puta.

Quitando esos pensamientos Acheron salió del jardín con los dos. Miró una vez más la estatua de él, había algo en ella...decidió que ahora lo más importante eran las piedras.

—Artemisa no es, ella lo juró por el Styx es otra persona—

—Pues no me veo a ese demonio teniendo esta estatua—dijo Zarek.

Acheron asintió tenía que ser su amo, ahora con más ganas de descubrir quién era se aventuraron al segundo piso.

Registraron la biblioteca y las otras habitaciones pero nada, siguieron buscando hasta que oyeron una melodía, un piano fueron al último piso donde encontraron por fin la habitación acristalada.

Ash y los demás entraron con cuidado en el lugar pero se detuvieron cuando vieron una figura sentada en una silla frente al piano mientras veía una partitura, estaba de espaldas a ellos e iba encapuchado.

Acheron se acercó discretamente pero se detuvo cuando le habló.

—Sois muy listos, habéis encontrado este escondite, os felicito—

Todos se congelaron por la voz, era una mujer y ahora que estaban cerca a pesar de que estaba de espaldas podían ver las curvas y figura femeninas.

La mujer dejó la partitura en el piano, se colocó una máscara que ninguno de los tres reparó antes y se volvió hacia ellos, Urian perdió todo el color al reconocerla.

—Hola Urian cuanto tiempo—

Urian miró a la mujer enmascarada atónito.

—¿Reyne?—